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No te olvides de tu memoria


LLORENÇ GUILERA

NO TE OLVIDES

DE TU MEMORIA

Las claves para conservarla y mejorarla


© Llorenç Guilera, 2014.

© de esta edición: RBA Libros, S. A., 2014.

Avda. Diagonal, 189 - 08018 Barcelona.

rbalibros.com

Las ilustraciones de las páginas 74, 86 y 88 son de Javier Guarga.

Primera edición: abril de 2014.

RBA INTEGRAL

REF.: OEBO876

ISBN: 9788416267576

Queda rigurosamente prohibida sin autorización por escrito del editor cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra, que será sometida a las sanciones establecidas por la ley. Pueden dirigirse a Cedro (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesitan fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 91 70219 70 / 93272 04 47).

Todos los derechos reservados.

A mi hija Andrea, que permanecerá para siempre en mi memoria como la dulce niña que fue.

A mis hijos Martí y Borja, y a mi sobrino Demian, que alimentan mis mejores memorias prospectivas.

A Mariella, mi memoria auxiliar más fiable, que me recuerda siempre quién quiero ser.

A Elisabet Riera, por acordarse de mí; a Anna Periago y Clara Sabriá, por confiar en mí; a Rosa Marcellés, por proporcionarme el estímulo que mis neuronas necesitaban; a Alejandro Vázquez y Mariella del Riego, por ayudarme a mejorar la expresión de mis ideas.

CONTENIDO

Introducción

1. Eres tu memoria

Un divorcio sin sentido

Eres tu memoria

La memoria es esencial

En qué consiste la memoria

Las propiedades de una buena memoria

Apóyate en las memorias externas, pero no te abandones

Distintos grados de pérdida de memoria

Las principales causas de pérdidas de memoria

2. La grabación de la memoria

La memoria requiere una buena percepción previa

La memoria requiere atención

La capacidad de concentración

Sensación de saber

Cómo se graban las memorias

Sistemas y tipos de memoria

Los tipos de memoria según su durabilidad

Las memorias y las zonas cerebrales

La verdadera función de la memoria

Sin memoria no se puede aprender

Estrategias para mejorar la grabación de tu memoria

3. El almacenaje de la memoria

La conservación de la memoria

¿Qué hacer para mantener el almacén en condiciones?

La gimnasia neuróbica

Alimentación, hábitos y memoria

Promesas y peligros de las drogas

4. La recuperación de la información

Un proceso complejo

Los siete «pecados capitales» de la memoria

Otros «pecados» de la memoria

La «virtud» de olvidar a voluntad

5. La indexación de la memoria

Indexar significar «indicar»

Memorizar números de hasta seis cifras

Memorizar números de siete o más cifras

Memorización de nombres sueltos

Memorizar listas de objetos por inicios de palabras

Memorizar un conjunto no ordenado de objetos

Memorizar listas de nombres mediante un recorrido geográfico

Memorizar combinaciones de números y letras

Anexos

I. Tests de medición de la concentración y las memorias

La atención es lineal, secuencial y frágil

Tests de autoevaluación de la capacidad de concentración

Fundamentos teóricos sobre la medición de la memoria

Tests de autoevaluación de la memoria

Medición psicométrica de la memoria: principales tests

Notas finales

II. Juegos para mejorar tu memoria

Entrenarse jugando

Juegos de concentración

Juegos que combinan memoria auditiva y visual

Juegos de memoria auditiva

Juegos de atención y concentración visual

Juegos para mejorar la memoria de trabajo

Juegos de memoria semántica

Juegos para reforzar la memoria geográfica

Soluciones a los ejercicios

III. Sistemas avanzados de memorización

Indexación de números con colores

Indexación de series numéricas mediante famosos

Indexación de series numéricas mediante fonéticos (o sistema mayor)

El sistema mayor aplicado a listas de hasta diez objetos

Indexación de listas mediante días-rima o meses-rima

Memorizar listas ordenadas de hasta diez objetos

Indexar listas ordenadas mediante fonéticos de letras

Indexación de listas mediante letras-forma

IV. Fitoterapia para la debilidad de la memoria

Plantas que mejoran el riego sanguíneo

Plantas antioxidantes

Plantas tranquilizantes

Plantas que potencian la memoria

Algunas referencias bibliográficas

INTRODUCCIÓN

La memoria no es un sistema único y monolítico. Abarca, en realidad, una combinación entrelazada de diversas funciones cognitivas alojadas en nuestro cerebro. Es decir, funciones que están a cargo de nuestras neuronas.

La capacidad de saber dónde estamos, de podernos orientar hacia dónde queremos ir, de recordar de manera inmediata lo que acabamos de leer o escuchar, de acordarnos de lo que comimos ayer, de cuál es el título de la película que vimos la semana pasada, de lo que tenemos previsto hacer mañana, del nombre de las personas con las que nos relacionamos, de en qué fecha cumplen años, de qué les gustaría que les regalásemos, y muchas cosas más, caben bajo el concepto común de lo que llamamos «memoria».

La memoria nos permite recordar hechos sucedidos en el pasado y cosas que acaban de ocurrir, datos aprendidos hace años en el colegio o instrucciones recibidas hace un instante. Nos posibilita también avanzarnos al futuro: anotar en nuestra corteza cerebral la lista de todas las tareas que planeamos hacer mañana mismo o en los próximos días y en qué contextos y a qué horas.

La memoria dispone de una fenomenal base de datos que acumula con cierto desorden que a veces recuerda un desván, todo hay que decirlo— números, letras, frases, colores, formas, sonidos, imágenes, hechos, movimientos, emociones y experiencias, entre otras muchas cosas.

Desde bien jóvenes aprendemos que nuestra memoria no siempre es totalmente fiable, que a veces nos devuelve recuerdos parcialmente falseados y lo que es más preocupante— otras veces tarda una enormidad de tiempo en aportarnos lo que le pedimos, o todavía peor— lo ha olvidado por completo.

Los fallos más frecuentes de memoria son:

• No poder recordar el nombre de una persona o de una cosa.

• No reconocer a quién corresponde una cara que sabes conocida.

• Olvidar un número que era importante.

• No poder recordar una información que has grabado anteriormente en tu memoria.

• Olvidarte de una cita.

• No recordar que tenías previsto hacer una determinada actividad o tarea.

• No recordar dónde has dejado un objeto importante. O extraviarlo (que es lo mismo pero un poco peor).

• Olvidarte de coger, comprar (o cualquier otra acción), un objeto que tenías previsto coger, comprar…

• Olvidar conocimientos que habías estudiado.

Pero no siempre los fallos de memoria y los olvidos son indicativos de que estás perdiendo capacidad de memoria. A menudo, lo que se consideran fallos o pérdidas de memoria no son sino alteraciones de otras facultades. Puede que lo recuerdes diferente porque lo percibes de forma distinta. Puede que no lo recuerdes bien porque en el momento de grabarlo tenías la mente ocupada en otra cosa y no prestaste la debida atención.

Para que nos funcione la memoria de datos, hechos o vivencias, hace falta, en primer lugar, que nuestros sentidos perciban todo ello en condiciones; en segundo lugar, que estemos prestando atención a nuestros sentidos; en tercer lugar, que las informaciones a retener se graben de manera correcta en las zonas adecuadas del cerebro destinadas a cada tipo de grabaciones especializadas. Pero, así y todo, no tenemos ninguna garantía de que la grabación perdure eternamente, ni de que su recuperación sea fácil y rápida: todos hemos sufrido alguna vez aquello de que el recuerdo lo tenemos «en la punta de la lengua» pero no hay manera de que salga, o nos decimos: «Lo sé, pero ahora no me viene a la memoria».

La verdad es que no solemos preocuparnos de cuidar nuestra memoria hasta que nos empieza a fallar más de la cuenta. La aparición de importantes «lagunas» de memoria, los episodios de desorientación o la incapacidad para llevar a cabo una tarea que antes realizábamos casi sin pestañear son causas razonables de preocupación, puesto que pueden ser indicativos de los estadios iniciales de algunas enfermedades degenerativas.

Pero, tal como han dejado claro las recientes investigaciones del premio nobel Eric Kandel con un equipo de neurocientíficos de la Universidad de Columbia, el declive de la memoria puede ser un síntoma del envejecimiento del cerebro, pero no siempre es un indicativo precoz de un futuro alzhéimer, ni mucho menos.

Kandel y su equipo han demostrado que hay una proteína cuya desaparición paulatina con la edad es la causa del debilitamiento de la memoria. La denominan RbAp48 y está en cantidades abundantes en el hipocampo de la gente joven, mientras que escasea de forma gradual en el hipocampo de la gente mayor.

El hipocampo es una de las agregaciones neuronales más importantes del cerebro para la formación de recuerdos. Se ubica en la parte interna de los lóbulos temporales y forma parte de la zona que llamamos sistema límbico. Entre sus muchas funciones está la de transformar las vivencias del día (memoria de trabajo, de corto plazo) en recuerdos con vocación de permanencia (memoria de largo plazo). Pero es también la clave para evocar las vivencias en su contexto original y para ayudarnos a situarnos geográficamente, es decir: a orientarnos.

Se ha comprobado que si les suprimen la proteína RbAp48 del hipocampo a ratones jóvenes, pierden su capacidad de aprendizaje. En cambio, si se les suministra RbAp48 al hipocampo, los ratones viejos recuperan la memoria y la capacidad de aprendizaje perdidas y se sitúan a la par de los jóvenes.

La diferencia con el alzhéimer es importantísima: en esta enfermedad se produce una destrucción irreversible del tejido neuronal que ataca la corteza entorrinal del hipocampo. En el proceso natural de envejecimiento del cual nos habla Kandel, el proceso es reversible. Hay una carencia de la proteína en el giro dentado del hipocampo que tenemos la firme esperanza de que en un tiempo prudencial los laboratorios farmacéuticos puedan encontrar la manera de proporcionarla.

A la espera de este psicofármaco futuro, el equipo de la Universidad de Columbia consensúa con la inmensa mayoría de psicólogos que la mejor manera de conservar la memoria se basa en dieta sana, ejercicio físico y actividades intelectuales.

Pero hay muchas más causas además del envejecimiento— que pueden provocar un declive de memoria de manera temporal y perfectamente reversible. Puede ser que la persona se vea sometida a un exceso de estrés que desaparecerá si se relaja. O a una ansiedad momentánea que se esfumará cuando supere sus miedos. O a una depresión reactiva fácil de solucionar poniéndole cabeza y corazón. Cabrían también otras muchas explicaciones, como el cansancio después de haber realizado un sobresfuerzo intelectual, los efectos secundarios al tomar alguna medicación o la falta de entrenamiento, entre otros.

¿Entrenamiento? ¿Tiene sentido entrenar la memoria? Pues sí, absolutamente. Con las redes neuronales sucede lo mismo que con los músculos: la inacción les hace perder la forma. Los circuitos neuronales que llevan mucho tiempo sin utilizarse van perdiendo energía y, si no hay restauración providencial de las sinapsis, pueden, incluso, apagarse.

Es conveniente, pues, entrenar para conservar; hacer ejercicios mentales para mantener activas las neuronas. Está demostrado que es la mejor forma de prevención contra la degradación de la memoria que todos queremos evitar porque a todos nos asusta.

Y a la gente joven, que se ve obligada a emplearse a fondo para cursar sus carreras, les conviene tener presente que la memoria es una capacidad que se puede incrementar con ejercicios y con estrategias nemotécnicas.

En esta obra se ha tratado de dar una información rigurosa, basada en los conocimientos que la neuropsicología ha aportado en las últimas décadas, para que puedas conocer mejor el funcionamiento del complejo sistema que llamamos memoria.

En el capítulo 1 se aportan una serie de argumentos para comprender la importancia que tiene la memoria en la formación de la identidad única y diferente de cada persona. «Eres tu memoria» no es una licencia literaria del profesor Luis Rojas Marcos para remarcar la importancia de poder recordar; es un hecho comprobado que somos aquello que recordamos ser.

En el capítulo 2 se analiza cómo se produce la grabación de los distintos tipos de recuerdos y cuáles son los elementos esenciales para que este proceso se realice con garantías de permanecer el tiempo necesario. No te hace falta retener todas las informaciones eternamente. Acordarte, por ejemplo, del número de fila y butaca para la sesión de teatro a la que asistirás hoy, dejará de tener valor mañana mismo y no tendrá ninguna utilidad seguir recordándolo. Se detallan los diferentes tipos de memoria que tenemos y para qué sirve cada una. Como remate del capítulo, se exponen algunas estrategias para mejorar las condiciones en que se producen las grabaciones de la memoria para así poder mejorar su calidad, su duración y su fiabilidad.

En el capítulo 3 se explica cuáles son los factores que redundan en mantener el almacén de la memoria en perfectas condiciones. En esencia: comer bien y dormir mejor; hacer vida sana; evitar toxinas y sustancias peligrosas; y evitar, entre otras cosas, el estrés y sus tensiones, la depresión y su falta de motivación.

En el capítulo 4 se detalla cómo funciona el acceso a las informaciones guardadas en la memoria y cuáles son las características de la recuperación que se obtiene. Se explica que el funcionamiento de la memoria es siempre una recreación y está reñido con el deseo utópico de alta fiabilidad, y cuáles pueden ser las alteraciones habituales de los recuerdos en una memoria sana y normal. Se revisan también las diferentes causas que pueden producir pérdidas de memoria temporales o permanentes— y las correspondientes maneras de procurar evitarlas.

En el capítulo 5 se exponen los principales métodos que se han inventado para ayudar a indexar las informaciones que queremos memorizar a largo plazo. Se indica para qué tipos de informaciones es útil cada método, cómo hay que aplicarlo, y se ilustra con ejemplos concretos para facilitar su aprendizaje.

En el anexo I se incluyen varios tests para evaluar los distintos tipos de memoria existentes: memoria visual, memoria auditiva, memoria prospectiva, memoria de corto plazo y memoria de largo plazo. Se busca que cada persona pueda obtener un mayor conocimiento de cómo funcionan sus sistemas de memoria de cara a mejorarlos en todo lo que pueda (que suele ser mucho más de lo que se imagina).

En el anexo II se relacionan una buena cantidad de juegos y ejercicios pensados para mantener en forma las distintas clases de memoria. Son pruebas sencillas (recordar series de números, combinaciones de palabras, listas de objetos…) que pueden servir tanto como herramienta diagnóstica para detectar carencias como de ejercicios de estimulación y mantenimiento. Estos ejercicios persiguen un doble objetivo: por una parte, ofrecer a quien los realice una valoración general final sobre el estado de su memoria y, por otra, mostrarle formas de trabajar su capacidad memorística en diversas vertientes (desde la atención y la capacidad de concentración a la memoria inmediata, o desde la capacidad de nombrar objetos hasta el recuerdo a largo plazo…). En conjunto, se configura una completa tabla de gimnasia mental, pensada para mantener la memoria y en consecuencia, la mente— en las mejores condiciones posibles.

En el anexo III se detallan unos pocos sistemas avanzados de indexación de memoria, que escapan, a buen seguro, al interés de la mayoría. Pero que aquí están para el que quiera profundizar en el tema.

En el anexo IV se hace una breve introducción a la aplicación de la fitoterapia para paliar la debilidad de memoria. Pero quien de verdad tenga interés en aplicarla, recibe la sugerencia de no limitarse a conocimientos tan someros y acudir a un dietista profesional.

Y esta reflexión nos lleva a la recomendación que abarcaría todo el libro. El objetivo que se persigue transmitiendo este conocimiento es que cada quien pueda cuidar, mantener y mejorar su memoria por sí mismo; pero si la lectura de este texto te hace ver que te convendría la ayuda de un profesional, será señal de haber cumplido con el principal objetivo planteado: que «no te olvides de tu memoria». Necesitas cuidarla y mejorarla para mejorar tu calidad de vida.

Sant Joan Despí, septiembre de 2013

1

ERES TU MEMORIA

UN DIVORCIO SIN SENTIDO

Es muy curioso el fenómeno que se ha ido extendiendo en la sociedad actual de ningunear el valor real de la memoria. Podemos ver con qué tranquilidad cualquier persona afirma en público, sin ningún reparo, «¡qué mala memoria tengo!». Y hasta es posible que lo exprese vanagloriándose, creyéndose a pies juntillas que «es de sabios ser distraído», que tener fallos de memoria es, no tan solo justificable, sino un signo distintivo de una persona de gran actividad intelectual, alguien que tiene tantas cosas en su cabeza que hay que saberla disculpar cuando, de vez en cuando, se le olvide alguna. Cada vez es más frecuente encontrarse con personas que te dicen «no me fío de mi memoria» como manera implícita de darte a entender «pero confío plenamente en mi inteligencia».

No veremos, sin embargo, que nadie afirme en público «¡qué mala inteligencia tengo!». Nadie es capaz de reconocer frente a los demás que su inteligencia le falla más de lo que él quisiera, aunque no tendrá inconveniente en calificar su capacidad memorística de un auténtico desastre y quedarse a sus anchas.

Se le concede a la inteligencia un gran valor social que lo tiene— y se minusvalora la memoria que debería tenerlo— como si fuera el recurso intelectual de los que carecen de inteligencia suficiente. Es harto frecuente que la gente considere que existe un divorcio entre memoria e inteligencia; un concepto que no tiene ningún sentido porque es totalmente erróneo desde un punto de vista científico. Es un error que proviene, por una parte, del merecido descrédito que se han ganado antiguos métodos educativos basados en memorizar aunque no se comprendiera; y por otra parte, de la desmesurada confianza que se ha ido extendiendo sobre la ayuda que actualmente nos proporcionan las memorias electrónicas, de todo tipo, y este enorme almacén de informaciones en red que llamamos internet.

La psicología cognitiva demostró hace años que no hay inteligencia que pueda funcionar si no viene precedida de una capacidad de aprendizaje, y que la inteligencia se basa en la capacidad de procesar adecuadamente las informaciones disponibles. Obviamente, estas dos facultades no pueden operar si no tienen a su disposición una capacidad importante de memoria.

➲Sin memoria no es posible aprender nada. Sin memoria ni tienes sobre qué razonar ni puedes tener conductas inteligentes.

Si no eres capaz de recordar, no dispondrás de informaciones sobre las cuales aplicar tu inteligencia, no acumularás conocimientos aprendidos ni experiencias vividas, no dispondrás de antecedentes sobre los cuales inferir qué te conviene hacer. En pocas palabras, sin memoria no tendrás identidad.

ERES TU MEMORIA

Eres tu memoria. Eres aquel que recuerdas ser. Tu identidad física es tu cuerpo, tu ADN y tu herencia genética, pero tu identidad psíquica es la acumulación estructurada y digerida de tus vivencias.

➲Si perdieras tu memoria, perderías tu identidad.

El principal horror que sufren las personas con amnesia retrógrada producida por un tumor o una lesión cerebral es no poder recordar quiénes son, es quedarse vacíos de vivencias pasadas.

LA MEMORIA ES ESENCIAL

Necesitas acordarte de tus sensaciones, emociones, sentimientos y vivencias pasadas para poder asociarlas con las actuales y tomar decisiones inmediatas en centenares de temas cotidianos que te sobrevienen (cómo vestirte, qué comes, dónde tienes que ir, por dónde vas, quién te espera y qué espera de ti, qué tienes que hacer…). Lo que llamamos intuición o sexto sentido está fundamentado en la atracción o repulsión inmediata que te causa un objeto, una persona o una situación por contraste (consciente o inconsciente) con los objetos, personas y situaciones que llevas acumuladas en tu experiencia vital. Tu intuición está plenamente basada en la memoria activa de tus vivencias y es personal e intransferible; forma parte intrínseca de tu identidad.

Necesitas tu memoria para poder hacer la más mínima cosa. Para moverte por la vida, necesitas acordarte de los nombres de las cosas, de los lugares y de las personas (para poder hablar de ellas y para entender de qué te están hablando). Necesitas acordarte de las fechas y de las horas para situar tu pasado y afrontar con éxito tus planes de futuro. Necesitas acordarte de tus razonamientos anteriores, tus juicios y tus criterios formalizados para no estar siempre partiendo de cero. Necesitas acordarte de cómo se hacen las cosas para no ser un eterno bebé en la vida y un eterno aprendiz en tu profesión. Necesitas acordarte de las cifras y medidas más significativas del entorno en el que te desenvuelves (qué temperaturas, qué volúmenes, qué dimensiones, cuántas etapas hacen falta, etc.) para optimizar tus acciones y ser más eficaz. Necesitas acordarte de dónde están las cosas y las personas, y qué hay que hacer para desplazarse de un lugar a otro. Necesitas acordarte de cómo se relacionan los lugares con las personas que los ocupan y cómo se llama y a qué se dedica cada una de ellas. Necesitas que tu memoria de trabajo (o memoria operativa) esté limpia y dispuesta para poder aplicarla a los procesos cognitivos que requiere tu cerebro en orden a analizar, clasificar e integrar lo que a cada instante te está ocurriendo.

Imagínate per unos instantes que una mañana sonara el despertador, como todos los días, pero hubieses perdido la memoria durante la noche. De entrada no sabrías detener el despertador. Te molestaría enormemente su zumbido, pero no sabrías qué significa ni cómo se para. No recordarías que te esperan en tu trabajo, ni cómo te llamas. Tu habitación, tus ropas, tus pertenencias serían totalmente extrañas y las verías por primera vez. Si te contemplases en un espejo, no reconocerías quién es la persona que te está mirando desde el otro lado. Sentirías hambre y no sabrías qué puedes hacer para apaciguarla. Si te movieses por la casa buscando comida descalzo y en pijama— y entrases por casualidad en la cocina, al ver alimentos estos estimularían tus instintos y, muy probablemente, después de olerlos y palparlos, acabarías tomando la decisión de comerlos, ignorando qué son, cómo se llaman y que hasta ayer utilizabas platos y cubiertos. La nevera sería para ti un armario blanco más. La buena noticia podría ser que no te hubieses olvidado de caminar ni de hablar, ni de los procedimientos corporales básicos de tu lenguaje y motricidad. Pero en este supuesto horroroso que hemos imaginado, estarías totalmente desposeído de todo lo que hasta ayer había dado sentido a tu vida y a ti mismo. Y es que gracias a la memoria somos lo que somos y sabemos quiénes somos. Gracias a la memoria nuestra vida adquiere el sentido de la continuidad.

➲La memoria es lo que nos permite saber cada mañana cuando nos despertamos que somos la misma persona que se fue a dormir anoche.

Sin memoria, cada día, cada instante, serían nuevos, sin enlace con el pasado, sin sentido del presente, sin visión de futuro.

➲Todo lo que sabemos, todo lo que hacemos y todo lo que planificamos se lo debemos a nuestra capacidad de recordar lo que hemos aprendido, lo que hemos vivido y lo que deseamos hacer en el futuro.

La memoria es, pues, una capacidad psíquica importantísima que debemos saber conservar y, en lo posible, mejorar.

Este libro pretende aportarte todo esto: un mayor conocimiento de cómo está estructurada y cómo funciona tu memoria; y proponerte estrategias, técnicas y métodos para que puedas aumentar sus actuales propiedades y sacarle un mayor provecho del que les has sacado hasta la fecha.

De entrada, hay que tener muy claro el concepto de que la memoria humana es un sistema complejo de procesamiento de la información, que tiene tres etapas fundamentales: la grabación, el almacenaje y la recuperación. En cada una de las tres etapas pueden presentarse distintos inconvenientes. Los principales: los olvidos y las alteraciones de los contenidos. Si el procesamiento te falla en cualquiera de ellas, te falla la memoria: no tienes acceso a la información.

Este libro tiene la intención de dar a conocer el funcionamiento detallado del sistema para que ayude a evitar en lo posible estos grandes problemas. Propone, además, diferentes tests para conocer y evaluar las propiedades y características de los distintos tipos de memoria poseídos; y ejercicios para conservar y mejorar dichas capacidades.

EN QUÉ CONSISTE LA MEMORIA

Memoria es, pues, la capacidad de registrar, almacenar (o retener) y recuperar información. O, como dicen algunos textos, la regla nemotécnica de las tres «R».

➲La memoria efectúa tres funciones sucesivas: Registrar, Retener y Recuperar.

Originalmente era una capacidad que se otorgaba únicamente a las personas y, por extensión, al resto de seres vivos, pero las tecnologías electrónicas nos han llevado a admitir que es también correcto aplicar el término «memoria» a gran cantidad de dispositivos (analógicos o digitales) inventados por el hombre, puesto que disponen de las funciones de registro codificado, almacenaje de larga duración y capacidad de descodificación de la información que contienen.

En un sentido más amplio, también se puede decir, por ejemplo, que las abolladuras y los arañazos de un objeto son la memoria de cuáles han sido sus andaduras. Y que mi rodilla «se acuerda» de las lesiones sufridas cuando le exijo un exceso de rendimiento.

LAS PROPIEDADES DE UNA BUENA MEMORIA

La capacidad

Es la cantidad de información que la memoria es capaz de almacenar.

Puesto que la teoría matemática de la información de Claude E. Shannon y Warren Weaver establece que cualquier información puede codificarse en binario, es posible utilizar los bits como unidad universal de medida de la capacidad de una memoria. Teniendo en cuenta que las memorias digitales de tecnología electrónica se miden actualmente en gigabits (millones de bits) o incluso terabits (millones de gigabits)—, es natural que sintamos que nuestra capacidad de almacenaje de datos (cifrada en unos ochocientos mil millones de palabras) pueda ser fácilmente superada por una máquina. Esta comparación no debería provocarnos otra cosa que orgullo sobre la capacidad de invención de los seres humanos. Disponer de almacenes de datos externos que nos permitan ampliar nuestra capacidad biológica no debe hacernos sentir minusválidos frente a las herramientas que hemos creado, sino orgullosos de saber superar de manera tan espectacular las limitaciones que nos otorga nuestra biología; el mismo orgullo que nos proporciona haber inventado el avión para desplazarnos a velocidades imposibles para nuestro sistema locomotor natural, o haber inventado el microscopio electrónico, que nos permite observar las estructuras internas de la materia con una resolución millones de veces superior a la de nuestra vista.

La velocidad de retención

Es el intervalo de tiempo que requiere la memoria para conseguir la grabación duradera de la información.

La mejor velocidad de la memoria humana se mediría en décimas de segundo. Con la dificultad añadida de que a veces, sobre todo para datos numéricos y fechas, la grabación solo se consigue después de varias repeticiones de la entrada de información.

Los dispositivos electrónicos pueden construirse con velocidades de grabación miles de veces superiores, y rara vez requieren repetición de la entrada.

La velocidad de recuperación

Es el intervalo de tiempo que requiere el acceso y recuperación de la información almacenada.

En el mejor de los casos, la memoria humana requiere milisegundos. Muy frecuentemente, los tiempos se alargan a segundos, o incluso a minutos, por dificultades en el acceso: «Lo sé, pero ahora no me viene a la memoria», «Lo tengo en la punta de la lengua, pero ahora mismo no sabría decírtelo».

Los dispositivos electrónicos pueden construirse con velocidades de acceso y recuperación miles de veces superiores.

La durabilidad (o permanencia)

Es el intervalo de tiempo en el que la memoria es capaz de mantener en perfecto estado la información que se le ha grabado.

El cerebro humano está estructurado biológicamente con redes neuronales destinadas a tener memorias de distinta durabilidad. Desde este punto de vista, se habla de memoria inmediata o memoria sensorial; memoria de trabajo (de corto plazo) y memoria de largo plazo (con vocación de durabilidad ilimitada). La memoria a largo plazo recibe a veces el nombre de memoria histórica, memoria autobiográfica o memoria episódica porque es la que contiene la vida de la persona, es decir, la parte esencial de su identidad.

Los borrados de memoria en el cerebro humano no siempre son voluntarios y pueden obedecer a una gran complejidad de causas: lesiones o tumores cerebrales, sustancias químicas presentes en la sangre, carencia de ciertas hormonas o neurotransmisores, envejecimiento de las neuronas… En los dispositivos electrónicos, la durabilidad la podemos gobernar a placer entre unos nanosegundos y un tiempo prácticamente ilimitado.

La fiabilidad

Una memoria tiene alta fiabilidad si la información recuperada en cualquier momento posterior a su grabación es cien por cien idéntica a la que en su momento se grabó. En el capítulo 4 veremos con mayor detalle que la pérdida de fiabilidad es la principal y más frecuente falla de la memoria humana.

Las memorias electrónicas son fiables al cien por cien porque se limitan a reproducir siempre lo que se les entregó y en la misma secuencia que se les entregó.

La memoria humana no funciona de la misma manera.

➲La memoria humana no reproduce lo que se le entregó; lo reconstruye.

No le es posible aplicar una simple reproducción secuencial por la simple razón de que el sistema de almacenaje en las redes neuronales está absolutamente fraccionado y disperso. Los elementos de la información son distribuidos en zonas distintas del cerebro según su tipología. Por ejemplo: el color de un objeto, su forma, su movimiento, su tacto, su olor son almacenados en distintas zonas especializadas del cerebro, y recordar el objeto significa recomponer el todo a partir de sus partes. Recordar es para el humano reconstruir una vivencia integrando de nuevo los elementos que la componen.

El hipocampo tiene un rol protagonista en esta reconstrucción, y un hipocampo que trabaje en malas condiciones nos generará, con alta probabilidad, errores o carencias en la reconstrucción que afectarán directamente a la fiabilidad del recuerdo.

➲La memoria humana dista mucho de ser un dispositivo de alta fiabilidad.

Los recuerdos, en temas delicados (como pueden ser los testimonios en un tribunal que juzga causas criminales), merecen ser puestos en cuestión y, siempre que sea posible, consensuarlos con otras personas o contrastarlos con otros tipos de registros.

➲Un recuerdo nunca es una copia exacta de la información registrada. Es siempre una reconstrucción a partir de distintas zonas de almacenaje.

Como veremos más adelante, esta reconstrucción es bastante más creativa de lo que pensamos y no está regida por el azar. La memoria tiene la función de ir adaptando nuestros recuerdos del pasado a nuestros intereses y creencias del momento actual. Con el transcurso de los años, va añadiendo y sustrayendo detalles a los recuerdos para conformar nuestra imagen propia del «¿quién soy yo?», del pasado a nuestras necesidades del presente y de proyección al futuro.

APÓYATE EN LAS MEMORIAS EXTERNAS, PERO NO TE ABANDONES

Es comprensible que, al comparar tu memoria con la de los dispositivos de diversos tipos que nos rodean, sientas que no vale la pena esforzarte en retener cosas en tu memoria; que para conservar datos numéricos, fechas concretas y nombres complicados, lo más inteligente es utilizar los dispositivos electrónicos. Es doblemente comprensible tu actitud si, además, en tu niñez fuiste víctima de un sistema de educación que abusaba de la retentiva memorística y te hizo aborrecer los ingentes esfuerzos de dudosa utilidad necesarios para retener la lista de los reyes godos o la tabla de los números primos.

Pero no te equivoques. No abandones el cultivo y mantenimiento de tus capacidades memorísticas. Tienes razón cuando afirmas que no tiene sentido hacer esfuerzos para retener la lista de los reyes godos o el día concreto en que se perdió o ganó una batalla en la Edad Media. Estos y otros muchos datos los puedes consultar en internet, incluso desde tu teléfono móvil, en el momento en que los puedas necesitar. Haces bien en no molestarte cargando tu memoria con datos tan insulsos como estos. Pero te equivocas mucho si extiendes esta abdicación de esfuerzo a datos e informaciones de todo tipo.

Entre los mejores placeres de la vida está la cultura, el cultivo de la mente y el espíritu. Y cultura es el eterno aprendizaje de nuevas formas, nuevos conceptos, nuevos caminos para explorar.

➲Si no ejercitas tu memoria no será posible que tu cultura se amplíe. Puede que manejes mucha información (con las modernas tecnologías resulta muy fácil), pero tu cultura no se habrá enriquecido.

De la misma manera que tu cuerpo pierde su estado de forma si te apoltronas en el sofá y nunca haces ejercicio físico, tu memoria pierde facultades si no la estimulas a diario y no la mantienes en forma. Y, ya sabes, si pierdes memoria, pierdes identidad. Pierdes capacidad de relación con las personas que te rodean y, a la larga, de comprensión de lo que te acontece. En el límite, puedes contemplar en qué se puede convertir tu vida viendo el sufrimiento de los ancianos aquejados de alzhéimer incipiente.

Haces bien en no memorizar los teléfonos o direcciones de correo de toda tu red social y confiar en que el directorio de tu teléfono inteligente los conservará perfectamente. Pero acuérdate, por lo menos, de los de tus familiares y amigos más íntimos. Y acuérdate de bajar regularmente una copia de seguridad de tu directorio telefónico a tu ordenador. Que tu memoria de previsión de futuro no olvide que tu teléfono móvil puede mojarse, estropearse, perderse o serte sustraído por un ladrón desaprensivo.

Tu frase: «Es que tengo muy mala memoria y no me puedo fiar de ella» la han pronunciado o podrían pronunciarla el cien por cien de los seres humanos. Haces bien en no fiarte plenamente de ella. Y actúas sabiamente apoyándote en las memorias electrónicas que el progreso ha puesto a tu alcance y contrastando con ellas de forma continuada para corroborar las informaciones que recuerdas. Pero por mala que sea tu memoria, es esencia de tu persona, es el pilar de tus actuaciones cotidianas, de tus relaciones personales, de tu comunicación con el entorno. Tus piernas también son limitadas y no pueden correr a 80 km/h; por ello recurres a un vehículo motorizado cuando necesitas desplazarte a esas velocidades. Pero si renuncias sistemáticamente a andar a pie la más mínima distancia, tus piernas, tu corazón y tus pulmones se anquilosarán y acabarás necesitando que te transporte un vehículo para ir hasta la esquina de tu casa.

¿Qué pensarías de alguien de tu círculo social que no se esfuerza en acordarse de cómo te llamas, que no recuerda lo que hablasteis en el último encuentro ni ha realizado o analizado nada de lo que prometió porque «Lo siento, se me olvidó…»?

➲Para acordarse de las cosas hace falta percibirlas adecuadamente, poner atención suficiente en ellas y tener deseo verdadero de conservarlas en la memoria.

DISTINTOS GRADOS DE PÉRDIDA DE MEMORIA

Se pueden sufrir pérdidas de memoria de muy distintos grados. De entrada:

➲Es fundamental distinguir la pérdida de memoria esporádica y reversible de las permanentes e irreversibles.

¿Quién puede presumir de que nunca en su vida ha tenido un olvido de algo que realmente le importaba? Probablemente nadie en sus cabales se atribuiría ese mérito. Todo el mundo ha tenido algún fallo de memoria que le ha causado molestias o, peor aún, auténticos perjuicios. Olvidarte de una cita crucial; perder unas llaves importantes o un objeto personal de gran valor económico o sentimental; no poder recordar el nombre de una persona que tiene tu futuro en sus manos; no poder recordar quién te dio una información clave… son fallos frecuentes y comunes. Son fallos que te molesta tener y que, si se repiten con una frecuencia excesiva en los últimos tiempos, te preocupan seriamente.

A veces, una persona es incapaz de recordar lo que sucedió el día anterior o unas horas antes y, sin embargo, conserva en plenas condiciones el resto de su memoria. En estos casos se habla de un episodio de amnesia, que es un fallo de memoria transitorio y temporal. Lo pueden haber originado diversas causas, pero una de las más frecuentes es un traumatismo craneal o un fuerte choque psicológico.

Algunos problemas médicos que son perfectamente tratables pueden causar síntomas como olvidos y pérdida de la memoria a corto plazo. Dentro de este grupo de causas tenemos: reacciones a una medicación, tumores cerebrales, problemas de tiroides, lesiones en la cabeza, fiebre alta, deshidratación, consumo de alcohol, deficiencia de vitamina B12 o escasa nutrición, entre otras razones.

Otro tipo muy distinto de pérdida de memoria acontece cuando la persona olvida muy a menudo situaciones recientes y, sin embargo, conserva en perfectas condiciones su memoria autobiográfica de muchos años atrás (amnesia anterógrada). Este tipo de amnesia suele presentarse en personas de edad avanzada y puede ser el primer aviso de una progresiva demencia senil.

LAS PRINCIPALES CAUSAS DE PÉRDIDAS DE MEMORIA

➲Dado que son muchos los factores que pueden afectar al correcto funcionamiento del cerebro, muchas son las causas que pueden provocar la pérdida eventual o permanente de memoria.

De hecho, son tantas las enfermedades que pueden causar pérdidas esporádicas de memoria que muchos médicos de urgencias incorporan la exploración de la memoria en sus exámenes clínicos, junto a las variables tradicionales de la presión arterial, la temperatura, el pulso y la respiración.

Cuando un paciente, preocupado por sus eventuales amnesias, acude a un médico o a un psicólogo para que le recomiende el tratamiento adecuado, el profesional deberá diagnosticar primero a cuál de las posibles causas se debe la pérdida de memoria.

En la tabla de la página siguiente se encontrará una explicación de por qué cada una de estas causas provoca carencias en la memoria y por otro lado, una propuesta de ejercicios o actuaciones concretas que pueden llevarse a cabo para paliar los problemas de memoria ocasionados por cada una.


Causas de pérdida de memoria y recomendaciones para solucionarlas
CausaRecomendaciones
Edad avanzada. Como en el caso de otros órganos, a partir de los cincuenta años el cerebro sufre las consecuencias del paso del tiempo, y el envejecimiento de las neuronas y la disminución de la proteína RbAp48 en el hipocampo hacen que se incrementen las disfunciones esporádicas de algunas sinapsis, cosa que influye de forma decisiva (aunque no irreversible) en la pérdida de calidad de la memoria.• Ejercicios para mejorar la memoria (Ver Anexo II).• Gimnasia mental y neuróbica.• Ejercicio físico y alimentación sana.
Enfermedad vascular cerebral. El cerebro necesita un buen riego sanguíneo para tener el aporte de oxígeno que precisa para mantener su actividad y capacidad. Los pacientes con problemas vasculares en el cerebro pierden capacidad de concentración y de memoria. El peligro es que estos pacientes puedan sufrir un ictus cerebral que dañe partes importantes de sus memorias.• Ejercicio físico y alimentación sana.• Posibilidad de anticoagulantes con receta médica.• Ejercicios para mejorar la memoria (Ver Anexo II).• Gimnasia mental.
Insuficiente oxígeno al cerebro. Puede producirse como consecuencia de un paro cardíaco, un paro respiratorio o complicaciones tras una anestesia.• Tratamiento por médico especialista.
Degeneración neurológica del cerebro. Es una pérdida de la función cerebral que ocurre con ciertas enfermedades y afecta la memoria, el pensamiento, el lenguaje, el juicio y el comportamiento. Se incluyen las demencias seniles, el alzhéimer, el párkinson, la esclerosis múltiple, la enfermedad de Huntington y otras.• Tratamiento neurológico.• Apoyo de gimnasia cerebral.
Tumor cerebral. El crecimiento anómalo de un tumor interno en el cerebro puede impedir el funcionamiento normal de partes esenciales del neocórtex.• Neurocirugía.
Lesiones o traumatismos craneales. Un hematoma interno causado por un golpe en el cráneo puede afectar el funcionamiento de la memoria vecina.• Tratamiento por médico especialista.
Tratamientos contra el cáncer. Tanto la radioterapia, como la quimioterapia o los trasplantes de médula ósea pueden acarrear pérdidas temporales de memoria.• Ejercicios para mejorar la memoria (Ver Anexo II).• Gimnasia mental y neuróbica.• Alimentación y vida sanas.
Infecciones. Algunos agentes infecciosos del sistema nervioso pueden dañar en ocasiones de forma irreversible— la memoria y el resto de capacidades intelectuales. Entre las posibles infecciones del cerebro están la enfermedad de Lyme (provocada por picaduras de garrapatas infectadas), la enfermedad de las vacas locas (encefalopatía espongiforme bovina), la sífilis o el sida.• Imprescindible recurrir a un médico especialista en infecciones neurológicas.
Cirugía cerebral. Algunas intervenciones quirúrgicas en el cerebro pueden seccionar conexiones neuronales que afecten zonas enteras de memoria.• De muy difícil solución.• Consultar neurocirujanos.
Hipotiroidismo. La deficiencia de las hormonas tiroideas está asociada a una pérdida progresiva de la memoria y de otras funciones intelectuales superiores.• Ejercicios para mejorar la memoria (Ver Anexo II).• Gimnasia mental.• Tratamiento de la tiroides por un especialista en medicina interna.
Depresión. La confusión derivada de una fuerte depresión puede ocasionar pérdidas temporales de memoria.• Tratamiento psicoterapéutico de la depresión.• Ejercicios para mejorar la memoria (Ver Anexo II).• Gimnasia mental.
Amnesia disociativa. En los casos de este trastorno mental es muy habitual que la pérdida de memoria se reduzca a unos pocos hechos traumáticos que se olvidan, como mecanismo de defensa inconsciente, frente al exceso de dolor o malestar que su recuerdo provocaría en el sujeto.• Tratamiento psicoterapéutico del trastorno mental.
Deshidratación. Investigaciones recientes han demostrado que la capacidad de memoria a corto plazo, las habilidades aritméticas, la concentración, la capacidad visual, la atención y los procesos de repetición podrían verse afectados cuando no se cuenta con la cantidad de líquido necesario en el organismo. La falta de agua, de la misma manera en que interfiere en el resto de los procesos vitales, perjudica también a las células del cerebro.• Dieta de hidratación intensiva.• Vida y alimentación sanas.• Ejercicios de memoria (Ver Anexo II).
Carencia de vitamina B12. La insuficiencia a niveles drásticos de vitamina B12 puede afectar el funcionamiento del sistema nervioso central y, como consecuencia, provocar disfunciones en la memoria.• Administración de vitamina B12.• Vida y alimentación sanas.• Ejercicios de memoria (Ver Anexo II).
Consumo de alcohol o drogas. El abuso prolongado de estas sustancias está directamente relacionado con la pérdida lenta y progresiva de la memoria y con las dificultades para la concentración.• Centro de rehabilitación.• Ejercicios de memoria (Ver Anexo II).

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LA GRABACIÓN DE LA MEMORIA

LA MEMORIA REQUIERE UNA BUENA PERCEPCIÓN PREVIA

Si una persona percibe con errores o con desviaciones la realidad, su memoria acarreará para el resto de su vida dichos errores y desviaciones. Si por un problema de la luz crepuscular o de su mala percepción cromática, ha visto que el coche de color azul que atropelló a su vecina y se fugó sin asistirla era verde, morirá afirmando que el coche era verde y testimoniará bajo juramento que no era azul.

Hay que tener muy presente que:

➲La percepción de la realidad es siempre subjetiva y los sentidos a veces nos engañan.

En los laboratorios de investigación sobre las percepciones se han inventariado cantidad de ilusiones visuales, auditivas y del resto de los sentidos que pueden afectar a cualquier persona según el contexto. Conocerlas a fondo puede ayudar a no caer en ellas, pero escapa a los objetivos de este libro. Bastará, por el momento, con prevenir su aparición.

Los seres humanos tenemos tantos tipos de memorias sensoriales como sentidos distintos que facilitan nuestra captación del mundo que nos rodea: memoria visual para recordar lo que hemos visto, memoria auditiva para evocar lo que hemos oído, memoria olfativa para rememorar lo que hemos olido, memoria gustativa para distinguir los sabores experimentados, memoria táctil para reconocer lo que hemos tocado. La acción conjuntada de las cinco recibe el nombre de memoria inmediata.

Como es natural, es muy difícil que una persona disponga del mismo nivel de calidad en los cinco tipos de memorias sensoriales.

➲Lo más frecuente es que cada persona tenga un sentido preferente como mejor canal de percepción de su entorno y que, en consecuencia, el tipo de memoria asociado a dicho canal lo tenga a un nivel más desarrollado.

Si un estudiante necesita recitar en voz alta lo que está estudiando, nos está indicando que confía principalmente en su memoria auditiva. Si otro estudiante necesita escribir y dibujar diagramas o cuadros sinópticos, es evidente que está recurriendo a su memoria visual. Un sumiller basa su oficio en su buena memoria olfativa. Un cocinero, en su memoria gustativa. En el anexo I se incluyen algunos tests, sencillos pero eficaces, con los que cada persona puede medir la diferente calidad de sus memorias sensoriales.

Los sentidos no son infalibles y pueden deformar o cambiar la realidad, pero a veces es la mente la que se autoengaña porque oye y ve lo que quiere oír y ver, y se niega a percibir la realidad indeseada por una resistencia mental previa. Si un marido se niega a aceptar que su mujer le es infiel con su mejor amigo, en los cuchicheos íntimos de ella con este no verá otra cosa que una inocente relación entre buenos compañeros. Pero también puede ser víctima del fenómeno contrario y ver, como le pasaba a Otelo, insinuaciones y coqueteos donde solo hay simple amistad.

➲Cuanto más sepamos sobre el funcionamiento de los distintos tipos de memoria, más eficaces podremos ser en la optimización de su utilización.

Para percibir la realidad de la mejor forma posible, la fórmula está al alcance de cualquiera y comporta cuatro niveles de actuación.

1. En primer lugar, debes afinar tus sentidos todo lo que esté en tus manos. Si tienes algún defecto visual o auditivo, debes confiar en un profesional para que te ayude.

2. En segundo lugar, no renuncies a potenciar tus percepciones con ayudas artificiales adecuadas a cada situación. Una lupa te permitirá ampliar la resolución de tu vista de cerca; un microscopio te permitirá ver partículas minúsculas que el ojo desnudo no distingue; unos prismáticos te acercarán la visión de objetos y personas lejanos; unas gafas de visión nocturna te permitirán tener mejor vista que los gatos; etcétera.

3. En tercer lugar, puedes mejorar tu capacidad de observación. En cualquier situación debes buscar la conciencia plena de lo que tus sentidos perciben. El menor de los detalles puede ser la clave que dé un sentido totalmente diferente a lo que estás percibiendo.

Tienes que estar siempre atento a la comunicación verbal, pero procurando que no se te escape ni un ápice de la comunicación no verbal. Los antropólogos, psicólogos y sociólogos han demostrado hasta la saciedad que la comunicación no verbal contiene más información que la verbal. Las miradas, los silencios, las muecas de la cara, los gestos de las manos y la postura corporal complementan la información que se te comunica verbalmente y, a veces, la contradicen.

Si tu jefe te felicita por el resultado de tu último trabajo, pero su gesto es adusto, y su cara y postura corporal te muestran un distanciamiento, ¿a cuál de las dos informaciones contradictorias has de hacer caso? ¿Al beneplácito que te expresan sus palabras o al disgusto que te transmite su lenguaje no verbal? Podría ser que la gestualidad negativa de tu jefe se deba a un tema distinto. Puede que tenga mala salud, o un problema familiar o vete a saber qué. Si tienes suficiente confianza con él, se lo preguntarás y saldrás de dudas. Pero si no, será mejor que hagas caso a los antropólogos expertos y te quedes con la alerta de que, al parecer, al jefe no le ha complacido del todo tu último trabajo.

4. Y aquí conectarás con el cuarto nivel. Debes evitar caer en percepciones sesgadas por miedos irracionales o prejuicios.

A Otelo le produce tanto miedo pensar que Desdémona le pueda ser infiel que prefiere la certeza de que le es infiel. Prefiere equivocarse a seguir sufriendo. Vale la pena reflexionar sobre este mecanismo insano de la psicología humana. Y evitar caer en él. Y procurar también no caer en el prejuicio de que el informal será eternamente informal, el torpe solo puede hacerlo todo mal, el eficiente siempre cumple con lo que se le pide y otros ejemplos similares. Verás y oirás lo que tus prejuicios te lleven a ver y oír si no abres bien los sentidos a lo que en realidad está ocurriendo.

En la conducta humana no existen los «siempre» ni los «nunca». Dicen los psicólogos que el mejor predictor de la conducta de una persona es su conducta pasada. Tienen razón y hay que tenerlo presente para gobernar nuestras expectativas (buenas o malas). Pero no se debe confundir una predicción, que solo nos indica una cierta probabilidad, con una certeza. La certeza la puede dar únicamente la observación afinada, con conciencia plena y sin prejuicios ni temores absurdos, de lo que realmente ha sucedido.

LA MEMORIA REQUIERE ATENCIÓN

La atención es la focalización consciente de nuestra mente hacia un estímulo determinado.

De los millones de estímulos que llegan en paralelo al cerebro a lo largo del día, a través de todos los sentidos, la atención filtra automáticamente las secuencias que puede focalizar de manera consciente y el resto se pierde directamente o se almacena en memorias inconscientes de más difícil acceso.

➲La atención es siempre un hilo único y secuencial que se rompe a la más mínima distracción y debe recuperarse cada dos por tres.

El cerebro humano no tiene capacidad para procesar varios hilos de información al mismo tiempo, y por ello se concentra en el hilo del estímulo que considera más importante.

Y ¿cómo se establece cuál de los múltiples estímulos sensoriales de todo tipo que nos llegan en paralelo merece ser destacado? Es un proceso automático que realiza el cerebro instintivo (el cerebro reptiliano). Cualquier alerta sensorial que pueda ser vinculada a uno de los múltiples instintos básicos que nos rigen (nutrición, temperatura, conservación de la integridad física, reproducción, protección a los niños, etc.) será procesada inmediatamente con el máximo nivel de atención.

Hay oficios y habilidades especiales que nos pueden inclinar a pensar que existen personas excepcionales capaces de prestar su atención a dos o más cosas simultáneamente. Como ejemplos: un controlador aéreo ocupándose de las coordenadas de varios aviones a la vez; un crupier controlando simultáneamente todas las apuestas que están sobre la mesa; un hombre orquesta tocando tres o más instrumentos a la vez… Pero la realidad es que estas personas solo tienen un hilo único de atención, como todo el mundo. Lo que estos profesionales hacen es conmutar su atención de manera rotativa y a gran velocidad entre las distintas secuencias separadas que controlan. La sensación resultante es que consiguen todos los controles en el mismo instante, pero la realidad es que han dedicado milésimas rotativas de segundo a cada tema que gestionan. La comprobación de que no comparten la atención entre temas simultáneos de manera natural la tenemos en el agotamiento que esas personas experimentan. Los controladores aéreos, por ejemplo, están obligados por convenio laboral a alternar su esforzada labor cotidiana con dilatadas sesiones de descanso intercaladas.

Debido a la conciencia extendida de que la atención es única e indivisible en cada instante, muchos países han establecido la prohibición legal de atender el teléfono sin manos libres mientras se conduce, y cualquier experto en seguridad recomendará taxativamente no usar herramientas peligrosas mientras se mira la televisión.

LA CAPACIDAD DE CONCENTRACIÓN

Pero hay que insistir en que la atención es un hilo muy frágil que se rompe fácilmente y hay que recuperar cada dos por tres para que se logre grabar en la memoria aquello que se está percibiendo. Si se dirige la atención a otro tema, la grabación del tema anterior puede que no llegue a efectuarse o que se realice de una manera débil de fácil borrado, por tanto, al poco tiempo.

La atención tiene una amplitud variable (el campo perceptivo que abarca), un nivel determinado de intensidad (puede ser superficial o profunda) y una persistencia variable (lo que llamamos capacidad de concentración). Si quieres que tus percepciones se graben con suficiente energía en tu memoria, hace falta que les prestes tu atención con la debida amplitud de miras y le dediques la oportuna intensidad y concentración.

➲Cuanta más concentración de la atención prestes a una información, más probabilidad tendrás de memorizarla adecuadamente.

Muchas personas se quejan injustamente de tener mala memoria. No se acuerdan del nombre de la persona que les acaban de presentar porque no han concentrado debidamente su atención. No han retenido a qué hora se ha fijado la reunión porque no han escuchado con la debida atención. Los maestros de primaria tienen más que sabido que algunos niños no aprenden lo suficiente en clase porque no son capaces de concentrar su atención (síndrome del trastorno de déficit de atención e hiperactividad o TDAH). El TDAH es una alteración del funcionamiento cerebral que en Europa y Estados Unidos se ha calculado que afecta entre un 3 y un 5 por ciento de los niños de siete a trece años. El trastorno fue introducido en el catálogo de diagnósticos médicos en 1994 y tiene un fuerte componente hereditario, aunque también está muy influido por entornos con un exceso de estimulaciones a la atención.

Algunos adultos hiperactivos o dispersos padecen del mismo mal. No tienen problemas de memoria; tienen problemas de falta de atención.

Para concentrar la atención tienes que centrarla y enfocarla por completo en los estímulos de tu interés, ignorando y desechando todos los demás que te llegan a través del resto de sentidos y que intentan llamar tu atención para pasar a ser el nuevo foco. Son los estímulos que llamamos distractores.

➲Las distracciones disminuyen de forma drástica el rendimiento en las diferentes áreas de la vida (en el trabajo, en los estudios e, incluso, en la vida personal y social).

La capacidad de un buen observador consiste en saber aplicar de manera concentrada la atención de todos sus sentidos a la realidad que ha decidido atender, sin distraerse de su objetivo por estímulos que intuye que son de menor relevancia.

La capacidad de concentración de la atención es una habilidad que, como un músculo, puede ejercitarse y entrenarse para mejorarla, desarrollarla y lograr que trabaje mejor en nuestro beneficio. En el anexo II se incluyen algunos ejercicios que tienen como objetivo ayudar a incrementar la capacidad de concentración de la atención. La única vía posible para mejorarla es la práctica reiterativa de ejercicios que obliguen a concentrarla.

SENSACIÓN DE SABER

No hay que perder de vista, sin embargo, que en la memoria se producen continuamente grabaciones no atendidas, grabaciones inconscientes. La atención es siempre una capacidad lineal y secuencial, pero las percepciones son paralelas y simultáneas. Hay cosas que penetran en nuestra memoria sin nuestro permiso.

➲En tu cerebro dispones de una cantidad inmensa de grabaciones de vivencias e informaciones que no sabes que las has grabado, pero que, sin embargo, las tienes ahí y están a la disposición automática e inmediata de esa capacidad mental que llamamos «intuición».

A veces tenemos una sensación clara de que tenemos conocimiento sobre un tema concreto (feeling of knowing) pero no tenemos acceso consciente ni formalizado de por qué lo sabemos ni en qué momento lo hemos aprendido.

Si al visitar tu librería habitual has mirado, sin prestarle especial atención, la portada de un libro que se titula Nuestra incierta vida normal, serás incapaz de recordar más adelante quién es el autor. Si te lo preguntasen, dirías que no lo sabes. Pero si te presentasen una lista con tres alternativas: 1) José Antonio Marina, 2) Luis Rojas Marcos, y 3) Antonio Damasio, es posible que sintieras la certeza de que el autor es Luis Rojas Marcos y experimentaras la sensación de que lo sabías y lo habías olvidado. No es exacto, no lo habías olvidado; lo sabías pero no eras consciente de ello. Tus ojos lo habían leído sin prestarle atención consciente.

➲Gracias al inmenso potencial de informaciones que tenemos acumuladas en nuestra memoria inconsciente podemos tomar decisiones intuitivas con un nada desdeñable índice de aciertos.

CÓMO SE GRABAN LAS MEMORIAS

Antes de entrar en la complejidad de la memoria humana, será de gran ayuda entender cómo funciona cualquier sistema de memoria artificial desarrollada por el hombre.

Este mismo libro constituye un buen ejemplo de ello. Se ha impreso grabando el texto, con tinta negra, letras y signos de puntuación sobre un papel. Puedes entender lo escrito porque conoces el alfabeto latino utilizado y la función de cada signo de puntuación; sabes cómo se pronuncian los sonidos que aquí se representan; conoces el idioma utilizado y la mayoría de las palabras que lo componen. En resumen: es una información que se ha codificado pero que tú puedes comprender porque conoces el sistema de descodificación. Es lo que llamamos «saber leer». Si un hablante de otras lenguas no conoce el alfabeto, o cómo suenan las sílabas, o cómo hay que interpretar los puntos y las comas, o qué significan las palabras utilizadas, no podrá acceder a las informaciones aquí contenidas.

El sistema de codificación que hemos usado para escribir tiene 40 signos (27 letras y 13 signos de puntuación). A diferencia de ello, los sistemas de codificación de los dispositivos electrónicos son binarios (solo tienen dos signos). Es el elemento atómico de información que llamamos «bit». Apagado o encendido; magnetismo norte o magnetismo sur; activado o desactivado; abierto o cerrado; cero o uno. Pero combinando 8 bits podemos representar 256 signos distintos de codificación. Más que suficiente para las necesidades normales de los seres humanos.

La forma en que las neuronas realizan la codificación de la información es un tema complejo que estudian las neurociencias y que presenta todavía muchas incógnitas. Se ha comprobado que pueden alternar información analógica con información digital, y que su sistema de codificación se basa en la sucesión de niveles de energía de picos de biocorrientes eléctricas y de ritmos de estos picos a distintas temporalidades. No deja de ser muy similar al sistema que inventó Morse.

➲Las neuronas pueden propagar rápidamente señales a través de largas distancias. Esto lo logran mediante los pulsos eléctricos llamados «potenciales de acción», que pueden viajar a través de las fibras nerviosas.

Las neuronas sensoriales cambian su actividad disparando secuencias de potenciales de acción en diferentes patrones temporales, ante la presencia de estímulos sensoriales externos (sentidos exteroceptivos), tales como la luz, el sonido, el olor y el tacto, o de estímulos internos del propio cuerpo (sentidos interoceptivos). La información proporcionada por los estímulos se codifica en forma de patrones de potenciales de acción y se transmite hacia la memoria de trabajo. Allí puede finalizar su existencia, una vez procesada, o ser traspasada a la memoria de largo plazo para que tenga mayor permanencia.

➲La grabación, almacenaje y recuperación de cualquier tipo de información tiene que recurrir a alguna red neuronal y está sometida, en consecuencia, a la fragilidad de su funcionamiento y a la vulnerabilidad que dicha red presenta intrínsecamente.

Y si se produce un fallo en el acceso a la memoria, es cuando solemos decir: «Lo tengo en la punta de la lengua, pero no me sale» o «Lo sé, pero ahora mismo no hay forma de acordarme de cómo se llama».

SISTEMAS Y TIPOS DE MEMORIA

La memoria no es un sistema monolítico y unitario. Se habla, de forma abstracta y referencial, del «sistema» de memoria, pero la realidad psicobiológica del cerebro es que existen «distintos sistemas» de memorias.

➲Bajo el nombre de «memoria» englobamos un conjunto de sistemas mixtos (cerebrales, conductuales y cognitivos) separables pero interrelacionados.

Y que no tienen ningún sentido si no los vinculamos a los procesos cerebrales de información a los que sirven: instintos, emociones, intuiciones, razonamientos y planificaciones de futuro.

SISTEMAS DE CLASIFICACIÓN DE LA MEMORIA

Se pueden clasificar los distintos sistemas de memoria según muy diversos criterios:

• Según su origen: memorias innatas (parte instintiva de las memorias procedimentales) y memorias adquiridas por la educación y el entorno (el resto).

• Según el nivel de consciencia: conscientes o inconscientes, implícitas o explícitas.

• Según el tipo de información que almacenan: procedimentales, sensoriales, emocionales, episódicas (o autobiográficas) y prospectivas.

• Según el tiempo verbal: retrospectiva (o autobiográfica) y prospectiva.

• Según el tipo de aportación que hacen al conjunto global: sensoriales, contextuales, geográficas, semánticas, autobiográficas (o episódicas) y prospectivas.

• Según la durabilidad que tienen: inmediatas (o sensoriales), de corto plazo (o de trabajo) y de largo plazo.

A efectos de conocer mejor cómo funcionan y ver cómo se pueden mejorar los rendimientos, será útil la táctica analítica aquí empleada de «divide y vencerás»; pero conviene no perder de vista que, se mire como se mire, se fraccione y se analice como mejor nos convenga, los sistemas de memoria no dejan de ser partes de un mismo todo: el funcionamiento global del cerebro.

La memoria humana no siempre se registra de manera consciente. Se ha demostrado que la cantidad de información registrada de forma inconsciente es muy superior a la registrada de forma consciente. Y también se ha contrastado que ambos tipos de información condicionan de forma contundente nuestras decisiones y nuestras acciones vitales. De hecho, la sensación de certeza y seguridad inmediata que tenemos frente a la atracción o repulsión hacia una persona, objeto o situación totalmente nuevos ese sexto sentido que llamamos «intuición»— se basa en la combinación de memoria consciente e inconsciente de nuestras vivencias anteriores.

También está claro que en los seres vivos existen informaciones transmitidas por vía genética de padres a hijos de manera automática e innata. Son las memorias grabadas en los cromosomas, que configuran las respuestas automáticas que llamamos «instintos». Son las memorias de la especie transmitidas por herencia genética al cerebro reptiliano del recién nacido para condicionar sus acciones de cara a aumentar su probabilidad de supervivencia. Un recién nacido llora cuando tiene hambre para llamar la atención de su madre (o, en su ausencia, de los adultos que estén a su cargo) para que lo alimente. No podemos decir que recuerde nada, puesto que nada ha vivido todavía, pero la memoria heredada de la especie le proporciona la información básica que necesita para conseguir alimentarse.

Las memorias almacenan datos, razonamientos y planes de futura actuación desprovistos de emoción alguna, pero también pueden almacenar sensaciones físicas y emociones.

➲Está demostrado que las informaciones, vivencias y planes de futuro asociados a fuertes emociones positivas o negativas— son las que mejor se conservan en la memoria humana y las que se recuperan con mayor facilidad y mejor fiabilidad.

LOS TIPOS DE MEMORIA SEGÚN SU DURABILIDAD

En la década de 1960 se desarrolló el estudio de las memorias humanas en función de su durabilidad. El psicólogo británico Donald E. Broadbent fue el primero en diferenciar tres niveles de permanencia de las memorias y defender un modelo estructural que resulta muy útil para entender los problemas de almacenaje, retención y recuperación que se sigue empleando hoy en día.

Según el modelo conceptual de tres niveles de durabilidad, la información de las percepciones es recogida de manera inmediata por las memorias sensoriales y traspasada solo en aquellas partes que reciben la correspondiente atención— a la memoria de trabajo. En la memoria de trabajo ingresa el estímulo captado y a propósito y debido a ese estímulo— el cerebro accede a las informaciones existentes en las memorias a largo plazo que sean necesarias para procesar el mencionado estímulo.

Se denomina «de trabajo» por la capacidad que posee de realizar tareas que implican simultáneamente almacenamiento y manipulación de la información: por ejemplo, leer y entender lo que se lee requiere mantener una determinada información en la mente mientras va obteniendo nueva información.

El resultado del proceso será la actuación de respuesta del individuo y, posiblemente, aportarán nuevas grabaciones para almacenar en las memorias de largo plazo con vocación de larga permanencia. Si al procesar las informaciones más antiguas que han sido accedidas se ha detectado que hacía falta modificarlas, se actualizarán sus grabaciones en la memoria a largo plazo.

Tenemos, pues, tres tipos de memorias de muy distinta vocación de permanencia:

•Memorias sensoriales

•Memoria de trabajo

•Memoria de largo plazo

Memorias sensoriales

Son de poca capacidad y corta durabilidad. Se define una para cada sentido perceptivo (memoria visual, memoria auditiva, memoria olfativa, memoria gustativa y memoria táctil). Están destinadas a recoger la información de los estímulos sensoriales y pasarla lo más rápido posible a la memoria de trabajo. Su permanencia es de décimas de segundo y su funcionamiento es automático, espontáneo y no requiere la intervención de la conciencia (aunque esta puede estar presente). Algunos autores, al conjunto de memorias sensoriales, tomadas como si fueran una unidad, la denominan memoria inmediata.

Mediante la atención pasamos partes de estas memorias al siguiente nivel: la memoria de trabajo. El resto de informaciones se pierden a nivel de la conciencia, aunque pueden recalar directamente de forma inconsciente en la memoria de largo plazo y ser recuperadas por los procesos intuitivos que ejecute en su momento el hemisferio derecho del cerebro.

Memoria de trabajo

Llamada también memoria operativa (por la función que realiza) o memoria de corto plazo (por su poca durabilidad). Su permanencia es de entre diez y treinta segundos. Ensambla las informaciones procedentes de las memorias sensoriales con aquellos conocimientos y vivencias almacenados en la memoria de larga duración que sean útiles a los procesos que el cerebro necesita realizar: hablar con las palabras adecuadas, comprender lo que escuchamos, identificar lo que vemos, aplicar la lógica, decidir qué hacemos, etcétera.

Biológicamente, la memoria de trabajo, o de a corto plazo, no es más que una potenciación temporal de las conexiones neuronales que pueden llegar a convertirse en memoria de largo plazo mediante un proceso de repetición y de asociación significativa, como se esquematiza en la ilustración.


Grabación en la memoria de largo plazo mediante repetición

Los neurocientíficos no ubican a la memoria de trabajo en una posición fija del cerebro. Al parecer, puede situarse de manera flotante en distintas redes neuronales según el momento o los procesos requeridos. Se ha comprobado que ha de ser activada desde la corteza prefrontal y que involucra la participación de otras zonas de la corteza cerebral, como pueden ser el lóbulo temporal, para los significados de las palabras, o el lóbulo occipital, para las imágenes visuales.

Algunos científicos consideran que la calidad de la memoria de trabajo es mejor predictor de los logros en el aprendizaje académico que el habitual coeficiente intelectual, porque la memoria de trabajo es realmente independiente del nivel socioeconómico del individuo, cosa que no se puede afirmar del coeficiente intelectual, fuertemente dependiente del entorno socioeconómico familiar. Se ha comprobado, además, que la memoria de trabajo puede ser estimulada y mejorada a cualquier edad, y esto tiene un impacto enorme en la plasticidad del cerebro, en la mejora de las capacidades cognitivas y de aprendizaje del individuo.

Estudios llevados a cabo en la Universidad de Stirling, en Escocia, demostraron que un programa diseñado para ejercitar la memoria de trabajo de los niños logró mejorar sustancialmente sus rendimientos escolares con solo ocho semanas de prácticas.

Algunas tareas con memoria de trabajo son:

• Juegos de ordenador

• Cocinar

• Escribir

• Recordar números de teléfono

• Encontrar una dirección

• Recordar lo que dice el profesor

• Leer

• Resolver una adivinanza

• Jugar al ajedrez

• Resolver un problema matemático

• Comprar

• Preparar la mochila

Memoria de largo plazo

Llamada así porque está diseñada para tener durabilidad ilimitada, para lo cual implementa un cambio permanente en el sistema neuronal. Una parte de ella recibe el nombre de memoria episódica (o memoria autobiográfica) porque está constituida por episodios fechados temporalmente y localizados geográficamente (aunque a veces con poca precisión). El tiempo durante el cual se mantendrán vivos los recuerdos dependerá del grado de profundidad con el que se haya procesado la información, así como de las recuperaciones repetitivas que se hayan podido hacer periódicamente de los contenidos almacenados.

➲El grado de profundidad con que se graba un recuerdo depende de los impactos sensoriales y emocionales que lo acompañan.

Biológicamente, se materializa con un potencial activo de mayor energía en las sinapsis afectadas. Las pérdidas (olvidos), deterioros y alteraciones de las memorias de largo plazo pueden ser ocasionados por muy distintas causas que analizaremos con detalle más adelante.


Estructura de memorias según su durabilidad

Dentro del sistema de memorias de largo plazo se han ido distinguiendo distintos tipos de memorias específicas, destinada cada una de ellas a dar satisfacción a una función cognitiva de primera magnitud, como pueden ser: aprender a hablar, aprender a ubicarse geográficamente, reconocer patrones de imágenes y otras varias.

➲No se han podido determinar los límites de capacidad y durabilidad que pueden alcanzar las memorias de largo plazo. A efectos prácticos, podríamos decir que es ilimitada.

Las memorias de largo plazo más destacadas son cuatro:

• Memoria procedimental. Almacén de los procedimientos locomotores e instintivos innatos, y de los aprendidos a base de repetirlos: andar, mantener el equilibrio, alimentarse, bailar, jugar al tenis y cualquier otra rutina motriz del cuerpo.

• Memoria semántica. Almacén de todos aquellos conocimientos sobre hechos generales que son independientes de la experiencia personal. Por ejemplo: los meses del año, las capitales de los países, la altura del Everest o los conocimientos lingüísticos.

• Memoria episódica. Llamada también autobiográfica o retrospectiva. Almacén de las vivencias acumuladas. Formando parte de ella podemos distinguir algunas memorias especializadas:

—Memoria geográfica. Mapa mental de los espacios físicos que conocemos.

—Memoria contextual. Capacidad de relacionar informaciones sensoriales de los cinco tipos con una vivencia particular.

—Memoria emocional. Almacén de los impactos emocionales de mayor intensidad vinculados a las vivencias experimentadas.

• Memoria prospectiva. Capacidad de recordar nuestros deseos y planes de futuras actuaciones. Como ejemplo: la agenda diaria.


Diagrama que muestra la relación entre los distintos tipos de memoria

Una vez vistas en su conjunto, pasemos a analizar cada una de las memorias de largo plazo una a una:

Memoria procedimental

La memoria procedimental es la memoria que nos permite «saber cómo». Forma parte de la memoria de largo plazo y se considera una forma de memoria implícita que no requiere la intervención de la conciencia para ser grabada. Almacena los procedimientos de interacción con el entorno, es decir, el recuerdo de las habilidades motoras y ejecutivas que vamos adquiriendo: desde anudarse los cordones de los zapatos hasta montar en bicicleta, jugar al mus o pilotar un avión.

➲Los recuerdos procedimentales se recuperan automáticamente, sin necesidad de una atención especial ni de control consciente.

Solo pueden adquirirse a través de una práctica intensa y para manifestarse requieren las actuaciones o conductas concretas que los crearon. Para que se grabe el procedimiento de una actividad determinada, se requiere la repetición sistemática hasta que todos los sistemas neuronales implicados en la ejecución de la tarea trabajen de forma conjunta y automática. Las ubicaciones principales de la memoria procedimental, según las neurociencias, se encuentran en el cerebro reptiliano, principalmente en el estriado dorsolateral y en los ganglios basales.

Memoria semántica

Es el almacén de hechos, información del lenguaje y conocimientos del mundo físico y social.

➲La memoria semántica guarda el conocimiento de palabras y conceptos, sus propiedades y sus relaciones.

Almacena conocimientos permanentes, con independencia del momento concreto en que los obtuvo y siempre los refiere a los símbolos verbales, sus significados, sus propiedades y sus relaciones. Es decir: al lenguaje.

La parte específica que aplica sobre el habla se denomina memoria lingüística. Desde los primeros balbuceos, el niño aprende a entender y utilizar el lenguaje verbal de los adultos que lo atienden. Normalmente en un único idioma, pero en ocasiones en dos o más. El niño va identificando las palabras con sus significados y los va almacenando en regiones especializadas de su córtex para retenerlas, identificarlas y, con el tiempo, aprender a pronunciarlas correctamente.

Si te preguntan «¿qué vale más: un fuerte o un bolívar?», sabes que un bolívar es una moneda venezolana y que la palabra «fuerte» alude a una construcción militar de defensa. Pero como no te cuadra que comparen ambas cosas, teniendo en cuenta la construcción de la frase infieres que «un fuerte» debe ser algún tipo de unidad monetaria.

Acabas de usar la capacidad de deducción inferencial que tiene la memoria semántica: puedes manejar y generar nueva información que nunca has grabado explícitamente con anterioridad, pero que se encuentra implícita en los contenidos de las palabras que conoces. Esta capacidad permite entender el significado de una nueva frase o de un nuevo concepto que viene formulado mediante palabras ya conocidas y, lo que es aún más interesante, generar nuevos conceptos y nuevos significados. Sin esta capacidad, la posibilidad de aprendizaje sería prácticamente nula.

Memoria geográfica

Cuando nos movemos con facilidad por las calles de una ciudad que conocemos o por las estancias de un edificio que ya hemos recorrido, empleamos nuestra memoria geográfica, es decir, el mapa mental que hemos interiorizado de los espacios y sus relaciones. No es un mapa como los que dibujan los cartógrafos. Es un mapa cognitivo.

➲Con la memoria geográfica no somos capaces de dibujar con precisión las dimensiones reales de las calles, edificios o habitaciones, pero sabemos en qué orden tenemos que recorrerlas.

Todos hemos experimentado el placer de recuperar con éxito una memoria geográfica que no éramos conscientes que teníamos. Llegas a un pueblo que apenas recordabas que existía y al ver sus callejuelas y sus establecimientos te viene súbitamente a la memoria todo el mapa mental de cómo es el pueblo. «Ahora, al llegar a la esquina, aparecerá la iglesia y, justo al lado, aquella fantástica fonda en la que me acabo de acordar que una vez almorzamos».

Sin la presencia física del contexto, esta memoria no está accesible. Si te hubieran preguntado cómo era el pueblo mediante su nombre, puede que recordaras que lo visitaste en un viaje anterior. Puede incluso que recordaras vagamente que almorzaste en él y te viniera una imagen con grandes vacíos de su geografía concreta. Pero hasta que no recibas el primer impacto visual que te permite acceder a toda la información almacenada, no dispondrás del mapa de navegación. Una vez más, vemos que la memoria almacenada no es accesible si no se recupera a través de los índices adecuados.

También aquí existen fuertes diferencias individuales. Hay personas de excelente memoria geográfica y personas que casi nunca recuerdan por dónde han andado y tienen frecuentes pérdidas de orientación.

Evidentemente, la falta de construcción de mapas geográficos mentales para que nos guíen puede deberse a una falta de atención («¿Para qué me molesto en aprendérmelo si siempre me llevan?»). Pero también puede deberse a que el hipocampo no funcione correctamente. Las neurociencias han demostrado que el hipocampo es el principal responsable de contrastar la información espacial que llega a nuestra memoria de trabajo con la información históricamente almacenada de lugares y espacios conocidos. Si no has dormido bien, o has abusado del alcohol u otras sustancias; si estás físicamente agotado o acabas de recibir un impacto emocional muy fuerte, tu hipocampo puede encontrarse saturado y ser incapaz de ofrecerte el sentido de la orientación que te brindaría en condiciones normales.

Memoria contextual

El hipocampo vincula de manera continua y automática la vivencia actual con vivencias anteriores similares y recupera las informaciones del contexto que las acompañaron. Puede funcionar también en el otro sentido: un estímulo sensorial actual puede invocar vivencias anteriores que tuvieron el mismo impacto sensorial. Un olor especial te recordará en qué contexto lo experimentaste anteriormente. Y lo mismo se puede afirmar de cualquier estímulo sensorial que experimentes con suficiente intensidad. El hipocampo te aporta recuerdos de circunstancias contextuales similares por si te son de utilidad, por si haciendo uso de ellos puedes inferir una experiencia anterior que te sirva de guía para tomar las decisiones y actuaciones más acertadas. También funciona con el contexto geográfico. Volver a un lugar conocido te suele evocar las vivencias que tuviste en él.

➲Cuando se graban las vivencias, se acompañan siempre de información contextual. Si al intentar recuperar una memoria, el contexto actual es diferente al grabado se puede generar un auténtico bloqueo de la memoria.

Todos hemos experimentado la molesta sensación de ser saludados por una persona que evidencia que nos conoce perfectamente y no ser capaces de reconocerla. Suele ocurrir cuando a esa persona la tienes asociada a un contexto diferente al presente. «Sé que su cara me es conocida, pero no logro identificarla. ¿De qué la conozco? ¿Del trabajo? ¿Del colegio de mis hijos?» Por más que lo intentes, la memoria estará bloqueada hasta que caigas en situar a la persona en el contexto adecuado. Hasta que no te des cuenta de que, pongamos por caso, es tu dentista y que nunca hasta hoy lo habías visto en la calle y sin la bata blanca, andarás totalmente perdido. Te sabe mal que se dé cuenta de que no lo has reconocido. Te parece una falta de consideración y por eso sufres intentando recuperar la memoria. La mejor recomendación que se te puede ofrecer cuando tienes la seguridad de conocer a una persona pero no logras ubicarla es, precisamente, repasar ordenadamente los posibles espacios geográficos donde puedas haberla conocido y tomar como pista importante que lo más probable es que la hayas conocido vestida de otra manera. Si este recurso no te funciona, plantéate recurrir a la sinceridad y explicarle que sabes que lo conoces, pero que en ese momento estás desubicado y que te disculpe. Tan pronto como te diga dónde os relacionáis habitualmente, saltará la chispa en tu memoria y muy probablemente— te avergonzarás de no haberlo reconocido antes.

Memorias emocionales

A principios del siglo XX, el fundador del psicoanálisis, Sigmund Freud, dijo: «No hay memoria sin contexto emocional». Con ello estaba indicando que se recuerdan mejor aquellas cosas agradables o desagradables que fueron vividas con emociones, con alegría o tristeza, con rabia o miedo, amor u odio.

Pero hasta el desarrollo de las neurociencias actuales no se ha empezado a ver con mayor claridad cómo funciona realmente la memoria emocional.

➲Se sabe que el cerebro se aprovecha de las emociones fuertes y de los neurotransmisores que se liberan durante la respuesta a ellas para regular la intensidad con que almacena los recuerdos, de manera que los recuerdos que están asociados a una información cargada de emociones permanecen grabados con mayor nivel de energía en el cerebro.

Por esta misma razón nos acordamos con más facilidad de aquellos datos, hechos o experiencias que se vivieron acompañados de una carga emocional y afectiva, es decir, aquellos que nos han marcado o conmovido.

➲Las emociones son las compañeras inevitables de los estímulos que activan los instintos básicos.

Son las respuestas automáticas del cerebro reptiliano para preparar fisiológicamente el cuerpo para que sea capaz de actuar adecuadamente en lo que se supone que va a ocurrir a continuación. Si ves una fiera salvaje que amenaza con atacarte, tu instinto de supervivencia te prepara para la acción que se supone que vas a hacer: huir. Tu adrenalina sube a tope, tu corazón bombea mucho más deprisa e intensamente para que le llegue oxígeno al corazón y a todas tus células. Es la emoción que llamamos «miedo».

Las primeras décimas de segundo de una emoción son imparables. Las partes superiores del cerebro neocórtex y corteza prefrontal— pueden frenar de inmediato una emoción que consideren inapropiada para el momento y las circunstancias que se están viviendo, pero no pueden evitar que los instintos provoquen las primeras décimas de segundo del inicio de la emoción. Por ejemplo: vas caminado por la calle con una persona que te cae mal y, de repente, ella tropieza y se hace daño. Es probable que tu respuesta emocional automática sea de alegría, puesto que le tienes manía, pero, inmediatamente, tu educación, tu sentido adquirido de la convivencia y la solidaridad, harán que reprimas esa alegría inapropiada y la sustituyas por la natural preocupación hacia una persona en apuros, y la ayudes de la mejor manera que puedas.

Las emociones básicas en las que están de acuerdo todos los autores son:

• Miedo. Del que derivan: ansiedad, desconfianza, fobia, nerviosismo, inquietud, terror, preocupación, aprehensión, remordimiento, sospecha, pavor y pánico. Directamente provocado por el instinto de conservación cuando los sentidos perciben que el peligro que amenaza tu integridad supera tus fuerzas y te convendría huir. El miedo es una emoción positiva cuando es proporcional a la amenaza, puesto que ayuda a mantenerte vivo e indemne. Se convierte en una emoción negativa cuando es desproporcionado en relación a la amenaza real y te hace huir de manera pusilánime de cosas que deberías afrontar.

• Cólera. Y sus parientes cercanos: enojo, mal genio, atropello, fastidio, molestia, furia, resentimiento, hostilidad, animadversión, impaciencia, indignación, ira, irritabilidad, violencia y odio. Está directamente provocada por el instinto de conservación cuando los sentidos valoran que puedes luchar y eliminar la amenaza que está perturbando tu integridad física. En este caso es una emoción positiva, porque te lleva a la autoafirmación, a la búsqueda de tu territorio, a defender lo que es tuyo, lo que es justo. Pero cuando la ira se vuelve irritabilidad, agresividad, resentimiento y odio, se vuelve contra ti, te hace tomar decisiones desproporcionadas y puede acabar perjudicando tu salud.

• Alegría. O sus matices cercanos: disfrute, felicidad, alivio, capricho, extravagancia, deleite, dicha, diversión, estremecimiento, éxtasis, gratificación, orgullo, placer sensual, satisfacción y euforia. Generada por la percepción de que vas a poder satisfacer, sin límites a la vista, alguna de tus necesidades básicas: nutrición, sexo, triunfo sobre los rivales, reconocimiento de los demás, etc. Es claramente positiva. Solo puede ser negativa si caes en una euforia desproporcionada y te desprendes indebidamente del instinto de conservación.

• Tristeza. O sus variantes próximas: aflicción, autocompasión, melancolía, desaliento, desesperanza, pena, duelo, soledad, depresión y nostalgia. Provocada por la necesidad de aceptar una pérdida importante que afecta a tu equilibrio vital con lo que te rodea. La muerte o desaparición de un ser querido, la pérdida de alimentos, objetos o herramientas que te daban seguridad, la imposibilidad de conseguir algo que deseabas con toda tu alma, etc. Es una emoción positiva porque te permite reequilibrarte, encontrarte con tu esencia más íntima y seguir adelante con tu mundo recompuesto a las nuevas circunstancias. Se convierte en negativa cuando te quedas anclado en la pérdida sufrida y no eres capaz de mirar hacia el futuro.

Existen otras emociones consideradas básicas por algunos autores, pero son cada vez más los que opinan que son derivadas de la interacción entre el cerebro reptiliano y las partes superiores del cerebro. De la misma manera que combinando en distintas proporciones los tres colores básicos se puede generar una paleta infinita de colores, con las emociones ocurre lo mismo. Se juntan, se mezclan, se combinan, se procesan y se complican estas cuatro emociones básicas cuando interviene el neocórtex o los lóbulos prefrontales. Por eso, muchos autores distinguen en su léxico científico entre emociones (generadas directamente en el sistema límbico bajo los impulsos de los instintos dictados por el cerebro reptiliano) y sentimientos (generados por el proceso subsiguiente, efectuado por las partes superiores del cerebro, de esas emociones básicas). Si una persona te atrae mucho a nivel físico, sentirás hacia ella la emoción de la atracción sexual. Si deseas compartir tu vida y tu futuro con ella, estarás experimentando el sentimiento que llamamos amor.

En cualquier caso, es importante destacar que muchas de las vivencias vienen acompañadas de un nivel fuerte de emociones y/o sentimientos que se graban de manera intensa en las memorias especializadas al efecto. Está comprobado, por ejemplo, que:

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13 ноября 2024
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9788416267576
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