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Liliana Ferrero
La experiencia de migrar
Reflexiones psicoanalíticas

Ferrero, Liliana
La experiencia de migrar : reflexiones psicoanalíticas / Liliana Ferrero. - 1a ed . - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Biebel, 2020. Libro digital, EPUB
Libro digital, EPUB
Archivo Digital: descarga y online
ISBN 978-987-8362-16-8
1. Ensayo Psicológico. 2. Clínica Psicoanalítica. 3. Migración. I. Título.
CDD 150.195
© Liliana Ferrero
© Ediciones Biebel, 2020
Realización de cubierta: Ramiro Pazo
Diagramación de páginas: Cálamus (contacto: calamus.doc@gmail.com)
Edición en formato digital: octubre de 2020
Ediciones BIEBEL
José Juan Biedma 1005, (1405)
Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina
Tel. (54-11) 4582-3878
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Libro de edición argentina
Producido en la Argentina
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Conversión a formato digital: Libresque
Agradecimientos
A mi familia,
a la Dra. Rosa Sloin de Berenstein,
a la Dra. Lilia Bordone,
a la Dra. Silvia Nussbaum,
al Dr. Rodolfo Moguillansky
y a todos los colegas de APdeBA
que generosamente colaboraron en esta tarea.
… cuantiosas ponencias sentimentales oscuras,
tanto más poderosas cuando más difícilmente
dejábanse expresar en palabras,
la clara conciencia de una íntima identidad,
la secreta familiaridad de poseer
una misma arquitectura anímica …
Sigmund Freud
Discurso a los miembros de la Sociedad B’nai B’Rith (1926)
Obras completas, Tomo III, Biblioteca Nueva
Prólogo
Tenemos una larga relación amistosa y profesional con Liliana Ferrero.
Sabemos de su largo trabajo en el tema de este libro y hemos compartido actividades, jornadas y Congresos sobre esta cuestión en Italia y sabemos de su enorme tarea sobre la misma en la Argentina.
Este libro da cuenta de esta trayectoria teórica y clínica.
En este rico e interesante ensayo Liliana Ferrero aborda de manera inteligente y comprometida el tema de la migración.
En el mismo comienza estableciendo distinciones claras entre la emigración, la inmigración y la migración y a la par esclarece que su interés estará focalizado en la migración, entendiendo a esta como el proceso mediante el cual una persona, familia o grupo se aleja de su lugar de origen y su nuevo asentamiento provoca cambios tanto en los migrantes mismos como en la cultura de los pobladores del lugar al que se ha migrado.
Son muy pertinentes las precisiones que realiza respecto de las diferentes disciplinas que son las adecuadas para comprender este difícil problema.
Aclara con agudeza cómo han sido diferentes las migraciones desde Europa a la Argentina de fines del siglo XIX y comienzos del XX de las posteriores a la Segunda Guerra Mundial y las distingue de las migraciones que se han dado en las últimas décadas desde el tercer mundo hacia Europa.
Hace consideraciones muy ricas sobre cómo influyen las diferentes consecuencias de estos procesos de acuerdo con nivel educativo y las condiciones psicológicas de los diferentes migrantes.
Propone sin desestimar estos diferentes abordajes incorporar una mirada psicoanalítica sobre esta cuestión. Con esta finalidad realiza un extenso relevamiento de diferentes autores incorporando su propia mirada.
En su minuciosa descripción enfatiza la importancia que tienen los duelos provocados y promovidos por los movimientos migratorios. Es destacable cómo transita en su narrativa por el difícil sendero que da cuenta de la complejidad que esta problemática tiene sin caer en soluciones simplistas. Para ello, con delicadeza, va imbricando las historias personales y su desarrollo infantil con la especificidad de la migración.
La autora, con generosidad y franqueza, nos muestra en un caso tratado por ella las dificultades contratransferenciales que tiene con una paciente migrante en tanto ella es también una migrante. Nos muestra con elegancia cómo procesa esto para poder comprender y ayudar a su paciente.
En la segunda parte lleva adelante un apasionante desarrollo a partir del mito de Jasón y los Argonautas y nos narra cómo en este mito se puede leer una experiencia de migración en la que simbólicamente se va a un país en busca de algo que traerá la más grande felicidad, prosperidad y gloria.
Cuenta la lucha entre hermanos, padres e hijos con el fin de conseguir el tan ansiado objetivo.
En síntesis, habla de viajes peligrosos que no permiten pensar en lo que se ha dejado atrás, el esfuerzo psicológico que esta migración representa.
Se enfatiza en este relato la idealización que en ocasiones acompaña la migración desestimándose los dolores y duelos que se juegan en ella.
Esta segunda parte tiene como bonus una detallada descripción de talleres con emigrantes e inmigrantes.
Finaliza con un pormenorizado desarrollo acerca de la mujer migrante y el adolescente migrante.
Vemos en este libro cómo una psicoanalista examina en su práctica clínica la manera con que el psicoanálisis da una perspectiva muy apropiada a la cuestión de la migración.
La brújula que alimenta este ensayo es la de resaltar la importancia del aporte psicológico para entender los procesos migratorios y los particulares modos de resolución que cada quien, migrante, encuentra. Hablar de procesos psicológicos es un modo muy amplio de referirnos al tema de interés de Liliana ya que se trata de una psicoanalista interesada en la mirada que ofrece el psicoanálisis. Su énfasis está puesto en los duelos que cada migrante y sus familias experimentan, estableciendo una conexión entre los posibles modos de resolución de los mismos con la forma en que, desde el punto de vista de la autora, quien amparándose en distintas teorías y autores del psicoanálisis, propone que dichas resoluciones están fuertemente influidas por las historias infantiles, el atravesamiento de duelos, situaciones traumáticas y contenciones alcanzadas en la historia infantil.
Para nosotros ha sido una experiencia muy placentera y de aprendizaje leer este libro y nos sentimos muy honrados en prologarlo.
Silvia Nussbaum - Rodolfo Moguillansky
Introducción
En las primeras páginas de este trabajo expongo algunos conceptos sobre migración en relación con lo social, cultural, psiquiátrico y etnopsiquiátrico. Sin lugar a dudas, las causas y las consecuencias sociales de las experiencias migratorias en la actualidad son tan importantes que se justifica el hecho de que sean estudiadas desde distintos ángulos y en muy diversos ámbitos, visto el tema de los desplazamientos masivos que se han producido a partir de fines del siglo XIX en adelante y en particular en la primera parte del siglo XXI, especialmente en Europa.
Para ello presento el análisis de una paciente que atravesó una migración, particularizando vivencias contratransferenciales.
En la segunda parte presento, además de otros temas referidos a quiénes migran, el aporte de distintas miradas de la cultura a esta experiencia.
Ciudadanía, nacionalidad, segregación, discriminación, integración cultural, etcétera son fenómenos que se estudian desde muy distintas disciplinas. En este sentido se habla de ciclos migratorios producidos por diferentes situaciones (económicas, sociales o industriales; booms económicos, momentos de crisis petroleras o socioculturales), sin dejar de mencionar la importancia de los reagrupamientos familiares y una preocupación por la “segunda generación”, la generación de los hijos. En un intento de entender esta lógica se toman en cuenta también las causas inmediatas y sus efectos sobre las sociedades de recepción.
Si bien existen posturas que consideran que las disciplinas que estudian este fenómeno levantan barreras entre sí para el conocimiento de esta experiencia, un debate entre ellas enriquece la mirada interdisciplinaria. De ahí que aporto algunas ideas psicoanalíticas sobre el tema, consecuencia de lo mucho que vengo investigando conceptualmente sobre la experiencia migratoria. Ojalá ayuden en la comprensión de este fenómeno y sean tomadas en cuenta para futuros debates.
Mi experiencia ha sido con migrantes cuya movilización, si bien ha sido también forzada por diversas razones, no reviste la gravedad que tiene, por ejemplo, la actual migración de los africanos hacia el continente europeo que casi a diario conocemos a través de los medios de comunicación. Viviendo en la Argentina, no he tenido todavía la ocasión de observar y reflexionar sobre este tipo de migraciones, aunque al final de este trabajo expondré algunas consideraciones que han surgido sobre el tema.
No es mi intención aportar una solución a la problemática que se discute sino proponer a una reflexión profunda sobre el migrante, las complejidades de su personalidad y su comportamiento, además de interesarme en la repercusión que produce el hecho de migrar en su estructura psicológica profunda.
En el trabajo con los migrantes considero que los aspectos a tenerse en cuenta son:
1 Motivos y causas de las migraciones. Hay motivos muy singulares a cada individuo, muchos de ellos de índole psicológica, propios de la personalidad y de la situación familiar.
2 Las causas sociales son determinantes. No se pueden comparar, por ejemplo, las migraciones de Europa hacia América Latina de fines del siglo XIX y principios del siglo XX a las que tuvieron lugar después de 1945 en adelante o las actuales migraciones africanas hacia Europa.
3 Motivos de orden más global que pueden ser generalizables.
4 Se puede pensar este fenómeno desde distintos niveles: mi elección ha sido trabajar desde un nivel observacional y aportar la consiguiente conceptualización basada en la experiencia. El recorrido ha sido ir desde la práctica hacia el intento de entender estas observaciones a través de las teorías psicoanalíticas que manejo; a partir de ese punto de partida, ha habido un permanente vaivén y un intento de observación de estos fenómenos.
Primera parte
Una definición de emigrar, inmigrar y migrar
El diccionario define lo que se entiende por emigrar y por inmigrar. “Emigrar es dejar una persona, familia o habitante de un país su propia patria con el ánimo de domiciliarse en otro país y por inmigrar se entiende llegar a un país para establecerse en él los que estaban domiciliados en otro”.1 Migrar involucra ambos términos.
Umberto Eco sostiene que
“hay que distinguir el concepto de ‘inmigración’ del de ‘migración’. Tenemos ‘inmigración’ cuando algunos individuos (muchos incluso, pero en medida estadísticamente insignificante con respecto a la cepa de origen) se transfieren de un país a otro (como los italianos o los irlandeses a América, o los turcos hoy a Alemania). Los fenómenos de inmigración pueden controlarse políticamente, limitarse, impulsarse, programarse o aceptarse.”2
En cambio, considera que se produce migración cuando “todo un pueblo poco a poco se desplaza de un territorio a otro y no tiene importancia cuántos permanecen en el territorio original sino en qué medida los migrantes cambian radicalmente la cultura del territorio al que han migrado.”
Menciona migraciones que han cambiado la cultura y la herencia biológica de los indígenas y otras que fundaron una nueva civilización “a la cual incluso los indígenas (los que sobrevivieron) se adaptaron.”
También incluye dentro de las migraciones las interrumpidas (las de los árabes a la península ibérica) y formas de migración programada y parcial (las de los europeos hacia el Este y hacia el Sur) en las cuales los migrantes cambiaron la cultura de los habitantes del lugar.
Establece, entonces, una clara diferenciación entre las migraciones y las inmigraciones. Estas últimas, según el autor, son aceptadas políticamente y son las que se adaptan a las costumbres del nuevo país, mientras que los migrantes son aquellos que modifican “radicalmente” la cultura del nuevo territorio. Para él los actuales movimientos de personas del Tercer Mundo a Europa son migraciones, porque dentro de un tiempo, quizás largo, la cultura será modificada y el continente será “coloreado”. Son migraciones no aceptadas políticamente pero que poco a poco modificarán a los habitantes del lugar.
Algo más interesante opina Eco con respecto a los racistas que, a medida que pasa el tiempo “deberían ser (en teoría) una raza en extinción”. Y más interesante aun cuando toca el fenómeno de la intolerancia: la “intolerancia más peligrosa es precisamente aquella que surge en ausencia de cualquier doctrina, como resultado de pulsiones elementales.3
Deseo hacer un pasaje por algunos estudios realizados con diferentes autores que permiten ver la importancia de la cultura en la observación y la comprensión de este fenómeno. A través de estudios europeos se verá cómo es entendida la migración y las consecuencias que tiene, en diversos campos, para quienes la atraviesan. Estos autores piensan las migraciones desde la óptica de la etnopsiquiatría.
En las Actas del V Congreso Anual de la Sección de la Suiza Italiana de la Societá Svizzera di Psichiatria Sociale del Canton Ticino (Suiza)4 los autores de las investigaciones realizadas sostienen que la migración no es más considerada como un evento que puede desencadenar síntomas psicopatológicos sino que es vista como un factor estresante que puede provocar síntomas de adaptación, curables en breve tiempo.
Los autores de estos estudios llevaron a cabo una investigación que pone en evidencia el resultado de los riesgos de las migraciones internas en relación con las internacionales.
Las conclusiones a las que arribaron fueron:
1 una mayor incidencia de problemas psiquiátricos en personas provenientes de lugares culturalmente más distantes;
2 se pronuncian por la hipótesis de un “polideterminismo convergente” (De Martis y Montanini) en cuanto a que, además, la emigración debida a motivos de carácter económico está caracterizada por eventos diversos, recorridos existenciales diferentes y elementos personales que también tendrían incidencia en la patología psiquiátrica que forma la base de la mayor frecuencia de las internaciones psiquiátricas;
3 puede tener incidencia sobre los familiares de los que emigran.
Los resultados de este estudio destacaron que cuanto más arraigada es la cultura de un lugar son menores las posibilidades de adaptarse a ella, ya que quita de alguna manera posibilidad a la capacidad de respuesta integradora y a la tolerancia al cambio del mundo.
El etnocentrismo, dicen los autores, lleva a accionar de acuerdo con los prejuicios y precondicionamientos y opinan que la dificultad del migrante para entrar en el mundo nuevo puede provocarle desde un comienzo una respuesta paranoide. Esta reacción recae también sobre aquellas personas que los ayudan a integrarse. Opinan, pues, que es necesario formar a los agentes que operan en ese sector a fin de que esto no suceda. Y concluyen que la historia humana es la historia de las migraciones y de sus encuentros; por lo tanto, migración es igual a intercambio y contacto cultural es igual a encuentros.
En otro estudio europeo,5 Ilario Rossi, su autor, menciona el hecho de que hablar de pluralismo cultural significa también hablar de pluralismo médico pero que la problemática migratoria obliga a comprender mejor las consecuencias que provoca en el mundo de la cura e incentiva a los profesionales involucrados a elaborar una medicina transcultural. Sostiene, además, que actualmente las sociedades deben enfrentarse a rápidos cambios sin ningún precedente en la historia de la humanidad.
Entre estos cambios están las migraciones en masa, que provocan intercambios culturales nuevos. En el caso particular del psicoanálisis, la comprensión psicológica de los migrantes interroga constantemente los conocimientos teóricos y también la práctica. El encuentro entre terapeutas y migrantes conlleva contenidos muy especiales que revelan detalles culturales que implican diferencias, sea en la concepción del cuerpo, en la salud y en la enfermedad, así como en los sistemas de representación de la vida y de la muerte. Esto lleva, dice el autor, a una confrontación entre valores existenciales basados sobre presupuestos distintos, que obligan a relativizar el acercamiento a la enfermedad mental.
De hecho, el encuentro entre el análisis de los funcionamientos psíquicos y la dimensión cultural del desorden mental induce a un nuevo diálogo entre antropología y psiquiatría para encontrar una progresiva elaboración intercultural de nuevos contenidos en la comprensión de los procesos de las relaciones entre los seres humanos y de los procesos psicopatológicos. Como así también de metodologías innovadoras en el ámbito de los procesos terapéuticos.
Además, postula que la etnopsiquiatría puede ser una posible vía de encuentro. Ella, dice el autor, presta su atención de igual manera al funcionamiento psíquico y a los contenidos culturales y basa su trabajo sobre lo que se convino en llamar “la homologación estructural entre psique y cultura”. Desde este lugar la experiencia vivencial puede ser interpretada como una forma de cristalización de las representaciones de la cultura y esta última como una proyección de las expresiones de la psique, lo que lleva a la elaboración de nuevos instrumentos de acercamiento y comprensión. La disciplina estará preocupada en no confundir el malestar mental con la diversidad cultural. A esto seguramente se añadirán nuevas formas de psicopatología, desconocidas en estas latitudes, pero permitirá tomar en cuenta la separación, la mutación y la aculturación de las resistencias culturales que conlleva cada trayectoria migratoria.
En otro trabajo, la Dra. Helia Carenzio y la Dra. Pia Pagani6 postulan que el migrante vive situaciones de ruptura en su continuum existencial y que para entenderlo es necesario considerar que desemboca en una profunda crisis de identidad. Esta crisis será expresada según el contexto grupal de origen, que varía de cultura en cultura en su modalidad expresiva, pero de todos modos siempre se encuentran ansiedades paranoides, depresivas y confusionales con relación a lo nuevo, a lo que se deja y a lo que hace a la integración entre lo que se ha dejado y lo nuevo. Al mismo tiempo alertan sobre la necesidad de tener presente que, si bien la cultura es importante, no se debe perder de vista que debajo del “sombrero” de la cultura –y mirando el fenómeno solamente desde ese lugar– se corre el riesgo de confundir lo “típico” con lo individual (“subjetivo”) de cada individuo.
El Dr. Michele Mattia7 se ocupa de verificar la hipótesis de una correlación entre el desarraigo sociocultural y el surgimiento de las perturbaciones mentales del migrante. Las conclusiones fueron que el desarraigo psicosocial corresponde preferentemente a los sujetos no profesionales (amas de casa, desocupados, jubilados) y a aquellos que desarrollan tareas manuales (obreros, albañiles, camareros, etcétera). De estos estudios surge una hipótesis: los sujetos de bajo nivel técnico y cultural están menos preparados psicológicamente al nuevo contexto y son más susceptibles, por lo tanto, de sufrir una enfermedad mental de origen psicosocial. Los diagnósticos más frecuentes fueron: trastornos del estado de ánimo, dependencia del alcohol y de drogas, y esquizofrenia.
La pregunta más elemental que considera importante es la siguiente: ante un evento psicopatológico surgido en coincidencia con la migración, ¿dicho evento se habría verificado igualmente por fuera de esta particular situación (o sea, en el lugar de origen) o bien debería atribuirse a las nuevas y cambiantes condiciones? ¿Existe una correlación entre el desarraigo sociocultural y el surgimiento de la enfermedad mental en el migrante?
Los factores psicosociales desfavorables tienen la responsabilidad del estallido y del mantenimiento del trastorno psíquico, entre los cuales tienen mayor incidencia el desarraigo, la dificultad de comprensión psicológica de la nueva idiosincrasia en lo que se refiere a lo laboral, social, relacional y la falta de instituciones de soporte para el migrante. La falta de un rol social bien definido impulsa al migrante a vivir en una condición anómica, que lo hace sentir como expulsado de su país de origen e integrado en el nuevo país en una “categoría inferior”. Concluyen que los individuos más “fuertes”, flexibles y con mayores posibilidades de someterse a una aculturación social, laboral y relacional se integran al nuevo ambiente, contribuyendo a la creación de riqueza económica y cultural, mientras que los más “débiles” y frágiles son repelidos y sufren trastornos psicosociales de distinta índole.
También respecto de las migraciones africanas a Europa se buscan causas sociales, políticas y económicas. Actualmente el interés general se cifra sobre todo en la integración del migrante a la comunidad. Si los migrados poseen suficientes oportunidades de participación en la nueva sociedad pueden producirse contactos espontáneos entre los miembros de los diversos grupos en el lugar de trabajo, en el colegio, durante el tiempo libre, etcétera. Al mismo tiempo, si se produce, se verifica la sospecha de que el contacto entre las etnias dé lugar a una competencia entre ellas, con aumento de las tensiones sociales. Sin embargo, existe la posibilidad de que no sea esta una causa para privar a los migrados de las oportunidades de integración, ya que se convertirían en una clase étnica inferior y marginada, lo cual conduciría a problemas aún mayores.
Por su parte, Raimondo Cagiano de Azevedo ha escrito sobre las migraciones internacionales8 e incluye el concepto de democracia social, que dice que pasa por la integración entre la economía y lo social. Es así que hay países que en las migraciones priorizan solamente la parte económica, otros la social y esto representa en sí un problema para las migraciones. Piensa que sabemos cómo mirar lo económico, pero no todavía cómo acomodar lo social. Menciona también algún tipo de migraciones ampliando más el radio de cómo se las considera comúnmente. Escribe sobre:
migraciones micro: son aquellas que se establecen en el seno de una familia, para poder emigrar con un proyecto y estar luego en condiciones de enviar fondos al país de origen. El problema que tiene este tipo de migración es que el migrante, al llegar al país de destino, se encuentra con una respuesta “macro”, donde entra el Estado, las relaciones entre los distintos Estados involucrados, las políticas sociales, de orden público, etcétera, que obstaculizan las decisiones racionales tomadas por los miembros de las familias que quieren migrar. Dificultad que cae dentro del proyecto de enviar dinero al país de origen. De todas maneras, pareciera que una de las alternativas sería la que considera que el país de destino retiene aquellos que son trabajadores válidos o que los necesita y otra es la de sustituir aquellos que no resultan tan funcionales. Si bien estos conceptos deben ser aún estudiados en profundidad, ya hay países que los están poniendo en práctica.
migraciones en tránsito: parecería que las categorías de “países de destino” y “países de origen” han sido superadas: hay países que pueden ser considerados de destino, de origen y de tránsito. Esta última es la migración que más riesgos corre, ya que supone involucrar un número de sujetos vulnerables que migran en un momento difícil de su vida y, si bien no son flujos constantes, puede representar un problema, ya que corren el riesgo de no contar con la protección de los derechos humanos más elementales y de terminar en países poco favorables. Se trata, pues, de una migración clandestina que pone en riesgo la vida personal y la cohesión social.
Como se puede ver, todos los estudios apuntan a encontrar leyes, generalidades o a describir síntomas y ansiedades relacionados con el fenómeno migratorio, pero ninguno de estos trabajos considera la mirada psicoanalítica. Si se pudiese incluir el punto de vista de la psicología profunda en la observación de esta problemática es muy probable que se enriqueciera su comprensión y podría ser mejor abordada desde la prevención o ser resuelta en forma diferente.
En estos estudios se resaltan los factores psicosociales que pueden llevar al migrante a vivir una crisis. Estos factores son principalmente desarraigo, discrepancias entre expectativas y realizaciones, aislamiento social, bajo nivel socioeconómico, educación e idioma, sensibilidad de la personalidad, diferencia cultural, etcétera.
Algunos sugerentes aportes psicoanalíticos
León y Rebeca Grinberg9 aportaron aspectos psicoanalíticos fundamentales sobre la experiencia migratoria que guían claramente la comprensión de estos fenómenos. Intentaré enriquecerlos con algunos conceptos surgidos durante mi labor con migrantes.
Los conceptos vertidos por los Dres. Grinberg ayudan a internarse por los caminos intrincados de esta experiencia, en la cual, a mi entender, a veces no es factible encontrar un hilo conductor común a todos para su explicación. Y creo que, siguiendo lo que dice S. Freud en su conferencia ante los miembros de la Sociedad B´Nai B´Rith en 1926,10 lo que dificulta el trabajo son justamente “las cuantiosas ponencias sentimentales ocultas, tanto más poderosas cuanto más difícilmente dejábanse expresar en palabras”.
Las propuestas de los Dres. Grinberg hacen pensar acerca de por qué hay individuos que deciden migrar y pueden superar (o no) la crisis que ello implica. Y por qué hay individuos que –inmersos en las mismas condiciones económicas, sociales y políticas– deciden quedarse.
Para ellos es importante, además:
“establecer una diferenciación entre los llamados ‘trabajadores extranjeros’ y los ‘inmigrantes’ propiamente dichos. Los primeros son, en el sentido amplio del término, personas que trabajan temporariamente en un país que no es el propio, pero tienen el proyecto cierto de volver a su país de origen en un plazo determinado, mientras que los segundos han decidido establecerse en el nuevo país en forma permanente, aunque tengan la posibilidad de retornar al país del cual provienen.”11
Los primeros “tienen el pensamiento más puesto en la vuelta que en la ida” (en palabras de F. Calvo, citado por los Dres. Grinberg), mientras que los segundos sufren mucho más profundamente la vivencia de haber perdido todo, ya que su partida tiene un carácter definitivo. A esto se agrega, según mi experiencia clínica, que tanto unos como otros deben superar duelos por todo lo dejado y por la decisión tomada.
En relación con los migrantes temporarios, he comprobado que, a pesar de las decisiones tomadas en familia, en muchos casos se produce una ruptura de la pareja o una insatisfacción de uno de los cónyuges por habitar en un país extranjero, dado que han tenido que renunciar a su trabajo o a su carrera y se sienten descontentos por estas decisiones. También se producen problemáticas con los hijos que, sobre todo cuando son adolescentes, deben cambiar de escuela, de idioma, de compañeros y, sobre todo, de grupos.
Desde el vértice psicoanalítico se comprenden estos sentimientos porque la superación de duelos tempranos está siempre vigente, ya que se trata de un soporte imprescindible para lograr sentirse uno mismo en situaciones difíciles e inciertas.
Los autores también hablan de migraciones voluntarias y migraciones forzadas. Esta diferenciación es relativa, dicen, ya que hay migrantes que no están obligados a migrar y se ven “forzados” a hacerlo por temor a que las condiciones socioeconómicas de su lugar de origen puedan empeorar en un futuro.
En mi opinión, hay una diferencia fundamental entre las migraciones voluntarias y las forzadas. En las primeras la emocionalidad es distinta de las segundas, ya que ellas han sido decididas conscientemente, planificadas y organizadas con tiempo. Esto determina un estado emocional diferente de aquel que, como en el caso de las forzadas, el individuo debe escapar de su país como sea, ya que el peligro se refiere a la vida misma –luchas políticas, hambre, accidentes naturales, etcétera.
Mis observaciones me han llevado a encontrar distintos tipos de migraciones además de las voluntarias y forzadas: individuales o de familia, grupales (por reunificación de la familia), internas, internacionales, cercanas, lejanas, etcétera.
En cuanto a los migrantes, además de los mencionados, encontramos a los exiliados, aquellos que tienden a permanecer en el país para ver si pueden radicarse en él, refugiados, etcétera.
Por qué se migra o por qué no y en calidad de qué se lo hace son elementos que marcan cómo se llega a “domiciliarse en otro país” y no comprenden solamente una significación material sino que engloban y resaltan toda una situación psicológica, afectiva, que conllevan estas decisiones para aquellos que se van y para aquellos que se quedan.
En esta experiencia se presentan varias situaciones: la del individuo que se va, la de aquel que llega y la de quienes se quedan. El migrante deberá enfrentar no sólo sus propios sentimientos por la ida sino también se verá en la necesidad de elaborar los sentimientos que provienen de aquellos que no se van. Los que se quedan también viven esta situación como angustiante: la partida de seres queridos los deja perplejos, preocupados, tristes, responsables o, en algunos casos, aparentemente indiferentes; estados de ánimo que de algún modo demuestran al que parte.
En esta experiencia y de acuerdo con relatos de migrantes, el que llega al nuevo país se enfrenta con lo extraño, lo extranjero, lo distinto; se ve foráneo y se siente como tal, vivirá en lo desconocido a lo que fuera su cotidianidad, a su entorno, a su idioma y cultura en general y enfrentando el temor que todo esto le produce. Todo lo cual le hace imaginar peligros ante los que puede sucumbir.
S. Freud afirma que esta extrañeza atemoriza porque está en relación con los complejos infantiles que se hacen patentes en esta experiencia debido a que ella provoca situaciones altamente ansiógenas y llenas de incertidumbre.12 Uno de los significados que para los aspectos más profundos y primitivos de la mente vivencia el extranjero que llega con deseos de trabajar y de adaptarse será como el de aquella situación altamente peligrosa que la prematuridad de los primeros tiempos de vida no le permitía defenderse y se sentía expuesto a los terrores y peligros más grandes. Estos mismos sentimientos invaden a aquellos que reciben al extranjero que llega al nuevo país con deseos de trabajar e insertarse.
El Complejo de Edipo también tiene mucho que decir sobre este tema. ¿Cuánto de esto tiene que ver con temores de pérdida de lugares privilegiados por la venida de hermanos, por competencias con los padres, por competencia fraternas, etcétera?
S. Freud escribe a Fliess en octubre de 1897 (carta n. 71) que el mito griego de Edipo retoma una “compulsión del destino que todos respetamos” porque todos hemos sido en germen y en la fantasía un Edipo y lo percibimos. Y retrocedemos ante ello “dominados por la represión que separa nuestro estado infantil de nuestro estado actual”. Por ello, dice, la tragedia griega Edipo Rey de Sófocles provoca un hechizo apasionante.
Con el parricidio realizado por la horda primitiva (Tótem y Tabú) S. Freud explica cómo se crea la humanidad: la ley de la prohibición del incesto es instaurada y es transmitida. La cultura se ha diferenciado de la naturaleza. El Complejo de Edipo no hace más que mostrar (a través de las fantasías originarias) la ley trasmitida filogenéticamente.
S. Freud entra en el mito de Edipo, se apropia de él y explica que su eficacia proviene de la intervención de la instancia prohibida que impide la satisfacción de los deseos incestuosos e instaura la ley. Esto trasciende lo individual y estructura la vida psíquica del sujeto. Así la teoría psicoanalítica freudiana define el Complejo de Edipo como el “conjunto organizado de deseos amorosos y hostiles que el niño experimenta respecto a sus padres”.13
Desde otras teorías psicoanalíticas (Melanie Klein) se puede pensar que lo primitivo es disruptivo, es paranoide hacia lo diferente. Desde el desarrollo temprano el que no gratifica al niño es persecutorio. Si subsiste no elaborado suficientemente es posible que en una situación crítica como es la migración, las ansiedades persecutorias vuelvan y dificulten el pasaje por el Complejo de Edipo.
En la teoría de Melanie Klein la elaboración del Complejo de Edipo en el marco de la posición esquizoparanoide da como resultado ansiedades paranoides y complejiza las identificaciones del mismo.
Dada la importancia que tiene lo señalado para el ser humano, tendrá consecuencias emocionales tanto en aquel que llega al nuevo país como aquel que recibe al “diferente” y hasta podría pensarse en la posibilidad de ser usado como instrumento.
El migrante es, pues, ese intruso que viene a quitarnos el reino y el poder absoluto, temor y odio vivenciado por los aspectos infantiles todavía vigentes en todo ser humano,14 desplazado en la posibilidad de ocupar el empleo soñado, de conseguir pareja que sea aceptada por toda la familia, de bienestar en general (“el migrante es sucio y roba”), de quitar la casa para darle obligatoriamente un asilo (situación que puede depender de la realidad o del mundo interno por motivos religiosos o culturales), etcétera.
¿De qué manera llega el migrante a un nuevo país? Siempre aflorarán sentimientos de celos, desafíos, competitividades y, sobre todo, rabia por no poder tener lo que tiene el otro. Ese otro es el habitante del nuevo país. Estos sentimientos (más o menos conscientes) harán, seguramente, muy difícil su adaptación. Debe tenerse en cuenta, además, el desconocimiento del nuevo idioma que le procurará dificultades para entenderse más profundamente con el otro.
Por otra parte, los Dres. Grinberg toman el concepto de M. Klein (1963) del sentimiento de soledad basado en la vivencia de incompletud derivado del fracaso de una integración personal plena y la proyección de partes del self sentidas como irrecuperables para dar cuenta de la dificultad que el migrante sufre al no sentirse perteneciente a ningún lugar ni a ningún grupo nuevo. Y además toman el concepto de la capacidad de estar solo de Winnicott (1959) para pensar que si el migrante la ha adquirido se encontrará en mejores condiciones para atravesar la experiencia migratoria y tolerar sus consecuencias.
En el capítulo 3 –Quiénes emigran– del libro ya citado concluyen:
“no existe un tipo de personalidad específica que condicione la tendencia migratoria, pero sí pensamos que puede haber una mayor o menor predisposición a migrar, basada en la constitución e historia de cada individuo, que puede ponerse de manifiesto en función de circunstancias y motivaciones externas e internas, en un momento dado, llevándolo a emigrar.”15
También opinan que en el estudio de esta experiencia se podrán encontrar algunas reacciones emocionales de los sujetos migrantes que son comunes a todos. En efecto, y a modo de ejemplo, en relación a esto último, muchos migrantes expresan en la pintura, en la literatura, la música, etcétera e incluso en el área empresarial su modo de transformar los sentimientos y emociones que lo invaden durante la elaboración de los duelos de la experiencia migratoria, reparando así el dolor a través de la acción estética. Logran de este modo una adaptación acorde a la cultura del país que lo acoge y también crean vínculos entre los pueblos y sus culturas, aun muy diversas. En la segunda parte de este trabajo el lector podrá encontrar algunas características generales observadas en migrantes venidos antes y después de la Segunda Guerra Mundial.
Los conceptos de los Dres. Grinberg ayudan a la observación. De hecho, la práctica psicoanalítica me lleva a compartir sus conceptos.
Esta experiencia, sin duda, golpea fuertemente la identidad individual, construcción que, a pesar de funcionar como de hilo conductor de la personalidad, está en constante evolución durante todas las etapas vividas por cada individuo. Desde el punto de vista psicoanalítico, considero que el sentido subjetivo de identidad (o sea, la conciencia de sí mismo) es el resultado de varias identificaciones sucesivas que se logran a partir de procesos de introyección. Estos incluyen aspectos de las imágenes de los padres en primer lugar y, sucesivamente, de las personas que asumen el rol significativo en la vida del niño y del adolescente y, además, los factores constitucionales y los ambientales que resultan alterados en las migraciones.
Hablar de migración es hablar de un tema conflictivo, tanto para aquel que nunca ha migrado y está encarando una migración como para aquel que ya lo ha hecho y para el que debe quedarse y despedir al que se va. Coincido con el concepto de crisis que toman los Dres. Grinberg para explicar las causas de una migración, puntualizado también por René Kaes.16 Este autor dice que siendo la crisis una experiencia vivida como un cambio brusco e importante, la violencia de su manifestación da cuenta de que se trata de un impacto grave, desintegrador y que sugiere pensar en una ruptura, vivida como separación y un desgarramiento. También sostiene que vivir una crisis produce una pérdida y especialmente la de la capacidad de crear. Sin embargo, si se trata de un individuo sano recuperará su integridad, estando así capacitado para que sus potencialidades creadoras le permitan salir de la crisis.
También es importante considerar el sentimiento de aquel que migra solo (que deja sus padres o sus hijos) de aquel otro que lo hace con su familia. O si es una madre que debe dejar a sus hijos, si es un adolescente que deja a sus padres, si la exigencia de viajar es voluntaria o si es exigida por familiares, etcétera.
Los campos de observación y conceptualización son muy vastos en esta experiencia, pero no son aún tenidos en cuenta en profundidad cuando se habla de este tema.
¿Representa la migración un trauma?
Desde la teoría freudiana del trauma, el fenómeno migratorio puede ser responsable del desencadenamiento de una angustia, señal de un peligro de desborde psíquico –en el cual tienen un lugar importante las series complementarias– que es potenciado por un sentimiento de desamparo, en el sentido freudiano, que caracteriza la experiencia migratoria (Freud, 1925). Este aumento del peligro interno y externo que, según S. Freud, remite al trauma del nacimiento, no hace más que actualizar en forma violenta el peligro que significa el estado de prematuridad con el que el ser humano viene al mundo y que deja una marca desde el inicio de su vida. No se trata sólo de un desequilibrio en la economía psíquica del sujeto que vive la experiencia traumática sino que una nueva y real vivencia de pérdida y separación resignifica el trauma inicial.
El concepto de trauma aparece en S. Freud cuando atribuye la etiología de las neurosis a experiencias traumáticas pasadas, ocurridas especialmente en la infancia. Su condición necesaria es que el sujeto se encuentre en situaciones psicológicas especiales, por lo que la situación afectiva no le permite una reacción adecuada, impidiendo la integración del acontecimiento en su vida psíquica.
En 1920, en Más allá del principio de placer, introduce el concepto:
“aquellas excitaciones procedentes del exterior que poseen suficiente energía para atravesar la protección son las que denominamos traumáticas (...) No siendo ya evitable la inundación del aparato anímico por grandes masas de excitación, habrá que emprender la labor de dominarlas, esto es, de ligar psíquicamente las cantidades de excitación invasoras y procurar su descarga.”17
Se nota, entonces, que Freud sigue fiel a su teoría de la economía psíquica.
En 1925 en “Inhibición, síntoma y angustia” modifica su teoría de la angustia y postula la aparición de la angustia señal toda vez que el sujeto se encuentre en situaciones de peligro, siendo el prototipo de este afecto el momento del nacimiento, basado en el trabajo del Dr. Otto Rank. En ese artículo sostiene que “La angustia es un estado afectivo que naturalmente sólo puede ser sentido por el Yo” y sigue diciendo:
“Distinguimos de nuevo aquí muy fundadamente dos casos: el primero que en el Ello suceda algo que active algunas de las situaciones peligrosas para el Yo y le mueva a dar la señal de angustia para iniciar la inhibición; el segundo, que se constituya también en el Ello una situación análoga a la del trauma del nacimiento, en la cual surge automáticamente la reacción angustiosa. Estos dos casos se aproximan, acentuando que el segundo corresponde a la primera y primitiva situación de peligro, y el primero, en cambio, a cualquiera de las condiciones de la angustia, ulteriormente derivadas de tal situación.”18
En el mismo escrito continúa:
“Al exponer el desarrollo de las diferentes situaciones partiendo de la primitiva del nacimiento, modelo de todas ellas, no afirmamos, desde luego, que cada una de las ulteriores condiciones de la angustia invalida por completo las anteriores. [...] El peligro del desamparo psíquico corresponde a la época de la carencia de madurez del Yo; el peligro de la pérdida del objeto a la de dependencia de otros en los primeros años infantiles; el peligro de la castración, a la fase fálica; y el miedo al Superyó, al período de latencia. Pero todas estas situaciones peligrosas y condiciones de la angustia pueden subsistir conjuntamente y provocar la reacción angustiosa del Yo en épocas posteriores a las correspondientes o actuar varias de un modo simultáneo. Probablemente, existen también relaciones muy estrechas entre la situación peligrosa de que se trate y la forma de la neurosis consiguiente.”
En su trabajo Construcciones, duelo y experiencias traumáticas19 el Dr. Jorge Maldonado hace un análisis de la importancia de la reconstrucción histórica y lo desarrolla en comparación con la interpretación del “aquí y ahora”. Desea delimitar las áreas de acción de ambos procedimientos como instrumentos terapéuticos.
Opina que la reconstrucción modifica la acción determinante del factor histórico y que “es necesario e inevitable establecer un nivel de inferencias acerca de cómo pudo haber sido esa realidad material sin lo cual no es posible demarcar los otros niveles de hipótesis”, dado que entre el acontecimiento original y su huella mnémica inconsciente han intervenido una serie de transformaciones de acuerdo con la percepción que intervino en la selección y deformación de los acontecimientos percibidos.
Establece una hipótesis: “la recuperación del recuerdo no es un fin en sí mismo sino una consecuencia de una renuncia establecida por la aceptación de la pérdida, es la forma mediante la cual ésta puede expresarse”
La experiencia traumática conlleva dolor y una imposibilidad de elaborarlo.
En su hipótesis el Dr. Maldonado dice que, en relación a los efectos de la experiencia traumática, “puede establecerse si se tienen en cuenta las condiciones imaginarias del sujeto que existían con anterioridad a la experiencia.” Y aclara:
“En este enfoque el énfasis está puesto no en el acontecimiento traumático en sí, sino a en las condiciones precedentes (tanto de la realidad interna como externa), que él desarrolla en su trabajo, y en considerar que el 'factor traumatizante', que por consiguiente escapa a la elaboración, está determinado por la imposibilidad del sujeto de renunciar a una relación objetal que fue perdida, o bien renunciar a una concepción imaginaria de la realidad que ya no puede sostenerse a partir del episodio traumático”.
Encuentro esto muy coherente, ya que −en general en la imaginación o en la relación familiar de muchos migrantes− encontré elementos que distorsionaban el criterio de realidad. La idealización de lo que iban a encontrar les dificultó la adaptación, sin haber tenido contacto con el dolor por haber partido y su aceptación.
Al encontrarse en un lugar nuevo, con distinta cultura, distinto idioma, etcétera, más de uno se enfermó y dio lugar a conductas que impidieron amoldarse a su nuevo país, extendiendo este comportamiento a su familia (si la formó) muchas veces dando vida a niños enfermos, ya sea orgánica o psíquicamente.
Sigue diciendo el Dr. Maldonado: “Así el carácter esencial de la situación traumática estaría dado por la pérdida de un tipo de organización del Yo o de una visión de la realidad, que regía hasta el momento en que sobrevino el acontecimiento traumático”. Para nuestro trabajo, en el momento en que el migrante se encontró en el nuevo país.
El autor explica que el episodio traumático externo es solamente el desencadenante, “en tanto actúa privando al Yo de objetos o de una visión de la realidad, que permiten un tipo de organización de sí y de ordenamiento de la realidad que le da coherencia y que preexiste al trauma”. Para él, la elaboración de una situación traumática no es más que la elaboración de un duelo.
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