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WB 105
A7-21
Enfoque práctico e integral del soporte de vida / César Arias Velásquez [y otros 25] – Primera edición -- Medellín: UPB, 2021.
419 páginas : 16,5x23,5 cm.
ISBN: 978-958-764-983-3 (versión epub)
1. Urgencias médicas – 2. Cuidados críticos – 3. Tratamiento de urgencia – 4. Atención a la salud -- I. Título
CO-MdUPB / spa / rda
SCDD 21 / Cutter-Sanborn
© Alejandro José Urbina Sánchez
© Alfredo Caballero Arenas
© Andrés David Aranzazu Ceballos
© Andrés Felipe Estrada Atehortúa
© Carolina González Serna
© César Augusto Arias Velásquez
© Felipe Carrasco Vélez
© Iván Felipe Luna Gómez
© Jhon Mario Cardona Betancur
© Johanna Caicedo Valle
© Jose Manuel Florez Ramos
© Juan Camilo Botero Guarín
© Juan Pablo Acosta Zapata
© Juliana Vargas Arboleda
© Junior Emmanuel Hidalgo Orozco
© Lina María Herrera Agudelo
© Manuela Guzmán Castañeda
© María Isabel Palacio Mejía
© María Paulina Villa Saldarriaga
© Mateo Zuluaga Gómez
© Natalia Restrepo Restrepo
© María Salomé Rivera Martínez
© Santiago García Rodríguez
© Sebastián Calle Díaz
© Tatiana Arroyave Peña
© Ximena Vazart Hernández
© Editorial Universidad Pontificia Bolivariana Vigilada Mineducación
Enfoque práctico e integral del soporte de vida
ISBN: 978-958-764-983-3 (Versión epub)
Primera edición, 2021
Escuela Ciencias de la Salud
Gran Canciller UPB y Arzobispo de Medellín: Mons. Ricardo Tobón Restrepo
Rector General: Pbro. Julio Jairo Ceballos Sepúlveda
Vicerrector Académico: Álvaro Gómez Fernández
Decano de la Escuela de Ciencias de la Salud y Director de la Facultad de Medicina: Marco Antonio González Agudelo
Editor: Juan Carlos Rodas Montoya
Gestor Editorial: José Gabriel Franco Vásquez
Coordinación de Producción: Ana Milena Gómez Correa
Corrección de Estilo: Isadora González Rojas
Diseño y diagramación: Geovany Snehider Serna Velásquez
Fotografías: Carlos Estrada Siegert
Ilustraciones: Andrea García Mesa
Infografías: Andrea García Mesa y Geovany Snehider Serna Velásquez
Dirección Editorial:
Editorial Universidad Pontificia Bolivariana, 2021
Correo electrónico: editorial@upb.edu.co
www.upb.edu.co
Telefax: (57)(4) 354 4565
A.A. 56006 - Medellín - Colombia
Radicado: 2037-29-10-20
Prohibida la reproducción total o parcial, en cualquier medio o para cualquier propósito sin la autorización escrita de la Editorial Universidad Pontificia Bolivariana.
Contenido
Introducción
Capítulo 1. Estructuras que soportan la atención en salud
Junior Emmanuel Hidalgo Orozco, Iván Felipe Luna Gómez, Salomé Rivera Martínez y Jose Manuel Florez Ramos
Capítulo 2. Soporte básico de vida adulto
Johanna Caicedo Valle, Junior Emmanuel Hidalgo Orozco y María Paulina Villa Saldarriaga
Capítulo 3. Soporte básico de vida pediátrico
Alfredo Caballero Arenas, Andrés Felipe Estrada Atehortúa y Andrés David Aranzazu Ceballos
Capítulo 4. Soporte avanzado de vida adulto
Alfredo Caballero Arenas, Andrés Felipe Estrada Atehortúa, Junior Emmanuel Hidalgo Orozco y Felipe Carrasco Vélez
Capítulo 5. Situaciones especiales – Intoxicado
Andrés Felipe Estrada Atehortúa
Capítulo 6. Soporte avanzado de vida pediátrico
Alfredo Caballero Arenas, Andrés Felipe Estrada Atehortúa y Andrés David Aranzazu Ceballos
Capítulo 7. Cambios fisiológicos en el embarazo y adaptación neonatal
Junior Emmanuel Hidalgo Orozco, Sebastián Calle Díaz, Ximena Vazart Hernández y Santiago García Rodríguez
Capítulo 8. Soporte de vida gestante
Johanna Caicedo Valle y Junior Emmanuel Hidalgo Orozco
Capítulo 9. Soporte de vida neonatal
Junior Emmanuel Hidalgo Orozco, Andrés Felipe Estrada Atehortúa, César Augusto Arias Velásquez y Juan Camilo Botero Guarín
Capítulo 10. Cuidados posparo
Junior Emmanuel Hidalgo Orozco y María Salomé Rivera Martínez
Capítulo 11. Arritmias
Junior Emmanuel Hidalgo Orozco, Alfredo Caballero Arenas Tatiana Arroyave Peña y María Salomé Rivera Martínez
Capítulo 12. Obstrucción de la vía aérea
Alfredo Caballero Arenas y César Augusto Arias Velásquez
Capítulo 13. Oxigenoterapia y vía aérea
Junior Emmanuel Hidalgo Orozco, Natalia Restrepo Restrepo y Manuela Guzmán Castañeda
Capítulo 14. Dolor torácico
Juan Pablo Acosta Zapata, César Augusto Arias Velásquez y Juliana Vargas Arboleda
Capítulo 15. Síndrome coronario agudo en el servicio de urgencias
Juan Pablo Acosta Zapata, César Augusto Arias Velásquez y Juliana Vargas Arboleda
Capítulo 16. Accidente cerebrovascular isquémico conocimientos iniciales del tema. Parte 1
Alfredo Caballero Arenas, Alejandro José Urbina Sánchez y Jhon Mario Cardona Betancur
Capítulo 17. Accidente cerebrovascular isquémico. Parte 2
Alfredo Caballero Arenas y Ximena Vazart Hernández
Nota al pie
Introducción
Enfrentarse a un paciente en el escenario urgente, en el que la mezcla de miedo, angustia, esperanza, desesperanza y la necesidad de recibir ayuda se convierten en un ambiente hostil para muchos, estimula al profesional de la salud que se desempeña en la sala de urgencias a adquirir continuamente habilidades y conocimientos que le permitan ofrecer esa ayuda de la mejor forma.
Es por esto por lo que esta revisión ofrece un abordaje diagnóstico y terapéutico de las situaciones más comunes en los servicios de urgencias, para mostrar las herramientas de baja, mediana y alta complejidad en un algoritmo lógico, coherente y práctico, que facilita al lector organizar una estructura mental de cada tema revisado, pues, como se mencionó antes, la mayoría de las situaciones urgentes ameritan la toma de decisiones rápidas y acertadas para beneficiar a los pacientes.
Los temas se abordarán desde los principios básicos y generales de cualquier condición urgente, hasta las situaciones más específicas que requieren un manejo avanzado y multidisciplinario, lo que permitirá a quien se encuentra en la baja complejidad estabilizar y manejar de la mejor forma, con los recursos disponibles, a un paciente que será trasladado a la alta complejidad; y a quien lo recibe en la alta complejidad, brindar todo el arsenal terapéutico, científico y humano para mejorar los desenlaces.
Los capítulos se escriben en un lenguaje técnico completamente comprensible, tanto para el personal médico en formación como para los profesionales que se desempeñan en los servicios de urgencias, o en algún otro servicio intrahospitalario o extrahospitalario donde se puedan presentar este tipo de situaciones.
Capítulo 1. Estructuras que soportan la atención en salud
Junior Emmanuel Hidalgo Orozco
Médico
Iván Felipe Luna Gómez
Ingeniero Biomédico, Magíster en Gestión Tecnológica
María Salomé Rivera Martínez
Estudiante Medicina, monitora UED
Jose Manuel Florez Ramos
Profesional de Enfermería, Magíster en Cuidado Cardiovascular, Abogado
El cuidado de la salud requiere de una estructura que soporta la atención; en el siguiente capítulo se desarrollan dos aspectos clave:
• Basado en fundamentos internacionales y algunos lineamientos territoriales, se presenta la legislación de la atención en salud con una aproximación desde los diferentes niveles de entrenamiento y los distintos ámbitos que pueden generar una demanda de atención (intra y extrahospitalario).
• Como ejemplo magno de una necesidad de atención en salud se encuentra el sistema de alerta y respuesta rápida conocido como código azul para la atención eficaz de aquellos que presentan inestabilidad fisiológica significativa, que pone en peligro la vida, concretamente el paciente en paro cardiorrespiratorio.
Legislación, una aproximación desde los niveles de entrenamiento y ámbitos de atención
Existen diferentes contextos en los que una persona puede llegar a necesitar ayuda y así mismo distintas formas en las que puede recibirla. A grandes rasgos se puede partir de relacionar dos ámbitos espaciales: extrahospitalario e intrahospitalario, y definir distintos niveles de atención que van desde los primeros auxilios hasta la atención médica.
¿Qué es y quién necesita atención en salud?
Según la Ley 1438 de 2011, la Atención Primaria en Salud (APS) es la estrategia de coordinación intersectorial que permite la atención integral e integrada, desde la salud pública, la promoción de la salud, la prevención de la enfermedad, el diagnóstico, el tratamiento y la rehabilitación del paciente en todos los niveles de complejidad (1); con oportunidad, calidad y eficiencia (2), a fin de garantizar un mayor nivel de bienestar en los usuarios. En Colombia es una estrategia que contempla tres componentes integrados e interdependientes: la acción intersectorial/transectorial por la salud, la participación social, comunitaria y ciudadana, y los servicios de salud. No es solo una provisión sectorial de servicios de salud, sino la acción coordinada del Estado, las instituciones y la sociedad para el mejoramiento de la salud y la creación de un ambiente sano y saludable (1).
Ligado a lo anterior es preciso definir qué son los primeros auxilios, según el Comité de Enlace Internacional sobre Resucitación (ILCOR, por sus siglas en inglés, International Liaison Committee on Resuscitation), la Asociación Americana del Corazón (AHA, por sus siglas en inglés, American Heart Association) y las pautas de la Cruz Roja Americana, son los comportamientos de ayuda y atención inicial provista ante una enfermedad o lesión aguda (3). y aun cuando se presten de forma emergente y en ocasiones en condiciones precarias, las evaluaciones e intervenciones de primeros auxilios deben ser médicamente sólidas y estar basadas en evidencia científica o, en ausencia de tal evidencia, en consenso de expertos (3).
En relación con la demanda de atención, además de lo relacionado con los primeros auxilios, según el Manual de Procedimientos e Intervenciones del Plan Obligatorio de Salud, la atención inicial de urgencias incluye las siguientes actividades:
• Evaluación y atención médica.
• Atención médica que requiera sutura.
• Atención médica con cuidado en observación hasta por 24 horas.
• Atención médica con cuidado en hidratación.
• Estabilización.
• Remisión del paciente que lo requiera.
• Interconsulta especializada.
¿Quién puede proveer la atención en salud? – De los niveles de formación
La atención en salud puede ser provista por una persona con diferentes niveles de entrenamiento (4), a saber:
• Rescatador lego no entrenado, que basado en las definiciones del Diccionario de la Real Academia Española (DRAE), podemos ampliar estos términos en: persona que rescata, es decir: libera de un peligro, daño, trabajo, molestia u opresión; siendo esta falta de conocimientos.
• Rescatador lego entrenado.
• Proveedor de cuidado de la salud.
Quienes comparten como objetivos preservar la vida, aliviar el sufrimiento, prevenir futuras enfermedades o lesiones y promover la recuperación. Tener presente que siempre se debe partir de la premisa que se aplica a todos los niveles: prima el cuidado personal.
• Las competencias del proveedor de primeros auxilios incluyen (3):
• Reconocer, evaluar y priorizar la necesidad de primeros auxilios.
• Proporcionar cuidado mediante el uso de conocimientos, habilidades y
• comportamientos apropiados.
• Reconocer limitaciones y buscar atención adicional cuando sea necesario.
Al considerar estos niveles de formación es preciso reconocer que la educación en primeros auxilios puede aumentar las tasas de supervivencia, reducir la gravedad de las lesiones y resolver los síntomas en una variedad de enfoques, por lo que las sociedades internacionales recomiendan que la educación en primeros auxilios sea universalmente disponible (3). Esto aumentaría entonces en el medio la presencia de personal lego no entrenado, logrando la constitución de una fortaleza social y ciudadana como antesala a quien por vocación decida continuar su formación ante la disponibilidad en nuestro medio de la tecnología en atención prehospitalaria disponible desde el 2002 y la técnica desde el 2008; formación que permite proveer un servicio a la comunidad en el sitio de la ocurrencia del evento, que se articula con el sistema general de seguridad social en salud, como parte ulterior en relación con la formación de personal sanitario.
¿Dónde se puede recibir la atención en salud? – Sobre el ámbito extra e intrahospitalario
La atención en salud puede ser provista entonces en el lugar de la ocurrencia de un evento que establece la demanda o necesidad, así como puede iniciarse en una institución prestadora de servicios de salud producto de la consulta de los pacientes de forma espontánea, generalmente al servicio de urgencias.
En la ciudad se estableció para la atención de eventos de ámbito prehospitalario mediante el acuerdo municipal 021 de 2004, una Red de Atención de Urgencias y Emergencias del Municipio de Medellín(5), logrando una integración entre el Departamento Administrativo para la Gestión del Riesgo de Emergencias y Desastres (DAGRED), la Secretaría de Movilidad, la Policía Nacional, la Empresa Social del Estado (ESE) Metro salud y demás Institución Prestadora de Servicio de Salud (IPS) del municipio (6).
El otro contexto espacial es el intrahospitalario, para lo cual se debe poner de hecho un componente legislativo fundamental, y es que no se puede considerar hospitalario cualquier lugar que se autodefina como tal, sino aquellos que cuentan con la habilitación, en este caso, de los servicios de urgencias, entendido como aquel proceso mediante el cual se demuestra que se cumplen con condiciones básicas e indispensables de:
• Capacidad técnico-administrativa.
• Suficiencia patrimonial y financiera.
• Capacidad tecnológica-científica.
Así mismo, la norma de habilitación describe unos criterios o estándares que son entendidos como la unidad básica sobre el cual se realiza la verificación orientada hacia el análisis de los riesgos y la seguridad en la atención de los pacientes, son los siguientes:
• Talento humano.
• Infraestructura.
• Dotación.
• Medicamentos, dispositivos médicos e insumos.
• Procesos prioritarios (incluye guías de práctica clínica, información documentada, plan hospitalario de emergencias, protocolo de atención)
• Historia clínica y registros.
• Interdependencia: servicios “adyuvantes” necesarios, ejemplo de interdependencia para el servicio de urgencias: imagenología, laboratorio, cirugía.
¿Cómo se puede recibir la atención en salud? – Una aproximación a los sistemas de respuesta intra y extrahospitalario
Una persona que necesite atención en salud puede recibirla, como mencionamos anteriormente, provista por personal lego no entrenado, lego entrenado o personal sanitario, pero está sujeto también al lugar donde esta será suministrada; ya que puede ser personal sanitario, pero si se encuentra en ámbito extrahospitalario, probablemente, dados los recursos que pueda emplear, pueda verse limitado a prestar medidas de primeros auxilios.
El alcance de los primeros auxilios está influenciado entonces por restricciones tanto de entrenamiento como reglamentarias, por lo tanto, los alcances son variables y deben definirse según las circunstancias, las necesidades y los requisitos reglamentarios (3).
En nuestro medio, como se describió previamente, la ciudad de Medellín cuenta con una red de atención que ante una emergencia médica, violencia sexual o familiar, o fallecimiento por causa violenta se puede acceder a través de la línea telefónica única 123.

Identifíquese. Solicite que lo comuniquen con agencia de salud (esto ahorra tiempo).
Una vez transferida la llamada, identifíquese nuevamente, informe el evento, lo que ha realizado hasta el momento, dónde se encuentra, si requiere algo en particular (Desfibrilador Externo Automático -DEA-, equipo de extracción vehicular) y siempre pregunte si puede colgar.
Desde el punto de vista que se relaciona con el ámbito intrahospitalario es preciso tener en cuenta ciertos aspectos normativos (7), dado que, existen más de 2500 normas que regulan lo correspondiente a la temática de salud:
• En Colombia existe un sistema de seguridad social integral regulado en la Ley 100 de 1993, el cual está compuesto a su vez por: sistema general de pensiones, el sistema general de seguridad social en salud, el sistema de riesgos profesionales y servicios sociales complementarios (8).
• El Sistema General de Seguridad Social en Salud (SGSSS) es el que regula el servicio público esencial de salud, además, de crear las condiciones de acceso de toda la población para todos los niveles de atención, así mismo, se resalta que cuando se habla del derecho a la salud se está haciendo referencia a un aspecto concreto: garantizar al ser humano ciertas prestaciones que le ayuden a mantener o recuperar su salud física y mental.
• El SGSSS se fundamenta en determinados principios, entre estos se encuentran: calidad, eficacia, oportunidad, equidad, obligatoriedad, protección integral, libre escogencia, autonomía de las instituciones, descentralización administrativa, participación social, concertación.
• El sistema se estructura sobre la base de la regulación y el financiamiento.
• La regulación del sistema opera orientada sobre dos variables básicas que constituyen el conjunto de reglas fundamentales para la operación de las Empresas Promotoras de Salud (EPS) y su relación con las Instituciones Prestadoras de Servicio (IPS), las cuales son el Plan de Beneficios en Salud (PBS) y la Unidad de Pago por Capitación (UPC). Lo que significa que el sistema se encuentra regulado por un plan de beneficios único y por un precio para este, que al ser fijo promueve la contención de costos en la prestación de los servicios y la adopción de modelos de atención que le den importancia a la promoción y prevención (9). Acerca del financiamiento: el sistema busca universalizar la cobertura del seguro, por la vía de la cotización o impuestos sobre la nómina (régimen contributivo) o mediante el subsidio público (régimen subsidiado) (9). Así entonces, los recursos son de carácter mixto; para cubrir a la población del régimen contributivo se tiene contemplada la cotización como un porcentaje de los ingresos salariales o de los ingresos declarados por parte de la población afiliada y para el caso de la población del régimen subsidiado se combina un aporte proveniente de la cotización del régimen contributivo con recursos fiscales que provienen de las transferencias de la nación a municipios y departamentos, del presupuesto nacional y de otras fuentes públicas (9).
• Para la generación y distribución de estos recursos se conserva vigente la solidaridad y se busca que los aportes individuales estén determinados por la capacidad de pago y los beneficios por la necesidad. El sistema cuenta con el Administrador de Recursos del Sistema General de Seguridad Social en Salud (ADRES), el cual es un fondo que está organizado en varias subcuentas, por ejemplo: subcuenta de compensación, subcuenta de solidaridad, subcuenta de promoción, subcuenta ECAT (eventos catastróficos y accidentes de tránsito).
• La Ley 100 del 93 establece determinados actores que influyen en la prestación de los servicios de salud, a continuación, se describen algunos:
– Entidades Promotoras de Salud (EPS): núcleos organizativos básicos del SGSSS, cuya función primordial es organizar y garantizar la prestación del Plan de Beneficios en Salud (PBS).
– Institución Proveedora de Salud (IPS): hospitales, consultorios, centros de atención básica y todos los profesionales que agrupados o individualmente ofrecen sus servicios a través de las EPS.
– Administradora de Riesgos Laborales (ARL): son las encargadas de administrar a través de la afiliación de los usuarios y la contratación de los servicios para la prestación del servicio en caso de accidente o enfermedad laborales. Entiéndase por esto cualquier situación traumática que se desencadene por acción de las funciones laborales directas o la enfermedad que es generada por acción de las rutinas propias del oficio que se realiza.
• Para ingresar al SGSSS se debe estar en uno de dos regímenes que son excluyentes: contributivo (personas con capacidad de pago) o subsidiado (personas sin posibilidad de pago).
• Además del cubrimiento que se provee a través del régimen contributivo y subsidiado, existen casos especiales en los que se identifican:
– Ante accidentes de tránsito: Seguro Obligatorio de Accidentes de Tránsito (SOAT).
– Administrador de Recursos del Sistema General de Seguridad Social en Salud (ADRES) (10): además de sus funciones de reconocimiento y pago de las unidades de pago por capitación y demás recursos del aseguramiento obligatorio en salud, provee cobertura en caso de desastres naturales, accidentes de tránsito por vehículos fantasma, sin SOAT o con ellos vencidos (11,12).
• Para garantizar el uso racional de los servicios de salud y ayudar a financiar el sistema, la Ley 100 autorizó el cobro de cuotas moderadoras y copagos. Las cuotas moderadoras son sumas de dinero que cancelan los afiliados y beneficiarios cada vez que utilizan los servicios de salud. El copago se aplican única y exclusivamente a los afiliados beneficiarios del régimen contributivo y los afiliados al régimen subsidiado, según lo establecido en el artículo 3º y 11 del Acuerdo 260 del Consejo Nacional de Seguridad Social en Salud (13) (Ver Tabla 1).
Tabla 1. Sobre la cuota moderadora y el copago.
| Cuota moderadora | Copago | |
| Objetivo | Regular la utilización del servicio de salud y estimular su buen uso. | Valor del servicio demandado con finalidad para ayudar a financiar el sistema. |
| Aplica para | Cotizantes y beneficiarios solo régimen contributivo. | Beneficiarios de ambos regímenes. |
Fuente: Adaptado de lo establecido en el artículo 3ro y 11 del Acuerdo 260 del Consejo Nacional de Seguridad Social en Salud (13)
En personas no aseguradas, los costos de la atención por enfermedad general serán asumidos por la respectiva IPS pública, con los recursos que le transfiere el Estado (los denominados recursos de oferta).
Es de aclarar que la atención inicial de urgencias1 no requiere de copagos, cuotas moderadoras, convenios ni contratos con las entidades aseguradoras, como tampoco, autorización ni orden previa por parte de las mismas. Sin embargo, sí se requiere autorización de la aseguradora en caso de ser necesario realizar procedimientos adicionales, luego de estabilizar al paciente y que se defina su destino inmediato.
• También el SGSSS permite que los usuarios del régimen contributivo puedan acceder a la compra de planes adicionales de salud que corresponde a los planes complementarios y las pólizas de salud, que consienten acceder a una mayor cobertura, comodidad y oportunidad en los servicios.
Además de lo anterior, existen responsabilidades adicionales de las IPS en relación con la atención de urgencias:
– Identificar la causa de la urgencia para proveer los soportes necesarios para otras actividades legales, cuando se trata de accidentes de trabajo, enfermedad profesional, etc.
– Identificar el estado de aseguramiento de los pacientes.
– Informar a la respectiva EPS o ARL el ingreso de un afiliado, dentro de las 12 horas hábiles siguientes a la solicitud del servicio o en el caso de no asegurados (independiente de la capacidad de pago) a la dirección de salud.
Código azul
Para lograr uniformidad en la respuesta de una situación de emergencia se generaron un conjunto estandarizado de códigos de color que ayudan, tanto al personal de salud como a todos los miembros de los hospitales, a realizar diferentes acciones según el código activado.
En nuestro medio, el azul corresponde al sistema de alerta y respuesta rápida para la atención eficaz de aquellos que presentan inestabilidad fisiológica significativa y que pone en peligro la vida.
Este sistema se da en tres momentos, inicialmente dos asistenciales en donde opera una vía aferente (reconocimiento de pacientes periparo o en paro, con subsecuente activación de la alerta) y una vía eferente (respuesta del equipo de atención), y finalmente un carácter administrativo que incluye la auditoría y gestión de calidad.
A continuación, se definen términos, se relaciona el equipo de respuesta y se presentan aspectos éticos en torno a la atención del paciente en contexto de paro cardíaco.
Definición de conceptos
Paro respiratorio: ausencia de movimiento de la caja torácica y abdomen, además, no se siente ni se escucha el aire que exhala la víctima durante 7 a 10 segundos.
Paro cardíaco: ausencia de pulso en un vaso mayor, así como la no presencia de signos indirectos de circulación (respiración, tos y movimiento) por espacio de 6 a 10 segundos.
Soporte vital básico: se define como la atención no invasiva que se hace a un paciente y que debe incluir valoración primaria, manejo ventilatorio básico de la vía aérea, oxigenoterapia, desfibrilación automatizada externa o manual, contención de hemorragias, compresiones torácicas, inmovilización y traslado de pacientes.
Soporte vital avanzado: se define como los procedimientos organizados encaminados para la atención del paro cardiorrespiratorio de manera invasiva, esto incluye la valoración primaria y secundaria, el manejo ventilatorio básico y avanzado de la vía aérea, oxigenoterapia, desfibrilación externa (tanto automática como manual), reconocimiento electrocardiográfico, contención externa de hemorragias, compresiones torácicas, masaje cardíaco, la inmovilización, el traslado de pacientes, la reposición de volumen y administración de medicamentos.
Certificado de formación de la competencia: según la derogada resolución 2003 de 2014, se definía como al documento, no conducente a título, que acredita que quien está autorizado para ejercer una ocupación, profesión o especialidad ha participado en un proceso de formación dirigido a adquirir, fortalecer o actualizar los conocimientos, destrezas, habilidades, aptitudes y actitudes, según los criterios definidos para su actuación idónea en un servicio determinado (14), sin embargo, en la actual resolución de habilitación que es la 3100 del 25 de noviembre 2019 se reglamenta que es necesario que el talento humano en salud realice actividades de formación continua para ejercer una ocupación, profesión o especialidad, dirigidas a adquirir, fortalecer o actualizar los conocimientos, destrezas, habilidades, aptitudes y actitudes, para su actuación idónea en cada uno de los servicios de salud que sean ofertados dentro de la IPS (15).
Grupos poblaciones: según la definición impartida por la sociedad americana y europea respaldada por la International Liaison Committe on Resuscitation (ILCOR):
• Recién nacido: es considerado hasta los 28 días luego del parto.
• Infante: desde el mes hasta el año.
• Niño: hasta desarrollar caracteres sexuales secundarios.
• Adulto: después de desarrollar caracteres sexuales secundarios.
Tenga presente que se agrupa bajo población pediátrica los pacientes: recién nacido, infante y niño.
Código azul y equipo de respuesta
Como se destacó anteriormente, el código azul es un método estandarizado de un sistema de alerta para notificar prontamente y activar un equipo de respuesta rápida para la atención temprana y eficaz de aquellos pacientes que presentan inestabilidad fisiológica significativa, que pone en peligro la vida por inminencia de paro. Es un sistema que puede ser activado por la persona que determine la situación crítica ya descrita, debe acudir aquel que tenga entrenamiento y que el paciente que requiere atención sea parte de grupo poblacional que “habitualmente atiende”, excepto si se encuentra en otro código azul.
Para la activación efectiva se recomienda siempre identificar el grupo poblacional, así como el sitio de ocurrencia del evento, ejemplo: “Código azul (grupo poblacional: adulto, pediátrico, obstétrico) en (sitio de ocurrencia). En (sitio de ocurrencia), código azul (grupo poblacional: adulto, pediátrico, obstétrico).”
Sobre la atención del paciente en paro se debe lograr un enfoque de equipo bien coordinado con roles definidos; esto es tan importante como las habilidades individuales de alta calidad para la reanimación cardiopulmonar. La recomendación de la Asociación Americana del Corazón para las conformación de un equipo es establecer nueve posiciones (Imagen 1), con la siguiente distinción y respectivas funciones:
• Líder:
– Prescribir medicamentos.
– Vigilar e interpretar los sistemas de monitoreo.
– Asesorar y constatar que todas las personas cumplan sus funciones.
– Verificar vía aérea adecuada.
– Supervisar masaje efectivo.
– Podrá cambiar las funciones de cualquier miembro del equipo y reemplazarlo de ser necesario.
– Toma la iniciativa para la decisión conjunta de continuar o finalizar la intervención.
– Decidir sobre las interconsultas, pertinencia de exámenes y procedimientos.
• Asistente de vía aérea:
– Realiza los procedimientos para mantener una vía aérea permeable y efectiva.
– Provee oxigenación mediante presión positiva con bvm (bolsa- válvula-mascarilla), sea mediante máscara facial, tubo orotraqueal o máscara laríngea y verifica la expansión torácica. Así como la auscultación en caso de intubación orotraqueal.
– Descartar las causas por las cuales no se pueda garantizar una adecuada RCP.
– Dar ventilaciones de una manera coordinada con las compresiones torácicas.
• Asistente de compresiones:
– Realiza ciclos de compresiones por dos minutos.
– Se alterna con el asistente de monitoreo y desfibrilación cada 5 ciclos o 2 minutos (o antes si aparecen signos de fatiga).
– Si es posible entre más reanimadores ocupen esta posición mejor (asistente de compresiones en espera), siempre y cuando no afecten la dinámica del equipo.
• Asistente de monitoreo y desfibrilación:
– Verifica pulso cada dos minutos o cuando el líder así lo indique.
– Opera el desfibrilador: aplica las paletas del desfibrilador con gel, verificar contacto del personal con el paciente y suministra la descarga a la indicación del líder.
– Se alterna con el asistente de compresiones cada 5 ciclos o 2 minutos (o antes si aparecen signos de fatiga).
• Asistente de medicamentos:
– Canalizar accesos venosos requeridos o implementación de rutas alternas como acceso intraóseo.
– Verificar medicamentos preparados y mezclados y por parafraseo con el líder: verifica medicamento y dosis.
– Administrar los medicamentos prescritos por el líder (directo-empujar-elevar).
– Verificar tiempo e informar al asistente de historia clínica.
• Auxiliar de vía aérea:
– Revisa conexiones y la adecuada posición de los dispositivos.
– Prepara los insumos para la permeabilización de la vía aérea.
– Apoya los procesos de intubación orotraqueal.
– Facilita el proceso de aspirado y control de secreciones.
– Fija dispositivos y verifica la adecuada insuflación del sistema de vía aérea avanzada (sea neumotaponador de tubo orotraqueal o volumen de máscara laríngea).
• Auxiliar de medicamentos:
– Apoya procesos de canalización de accesos venosos.
– Prepara y envasa los medicamentos ordenados por el líder.
• Circulante:
– Consigue el desfibrilador.
– Retiro de ropas u otros elementos conservando la cadena de custodia.
– Conecta los electrodos.
– Verifica conexiones.
– Consigue los elementos adicionales solicitados.
– Estar atento a las instrucciones del líder.
• Historia clínica:
– Registrar secuencial y cronológicamente el proceso de reanimación.
– Informa a todo el equipo el tiempo transcurrido.
– Contabiliza los ciclos, informando el transcurso de los dos minutos.
– Mantener informado al líder.
– Describir las órdenes y actividades realizadas.
Medicamentos
Dosis
Tiempos
Complicaciones
Respuesta a las maniobras
– Al finalizar la atención, diligencia el formato de código azul.
Imagen 1. Conformación de un equipo adaptado al protocolo de nueve posiciones.

Fuente: Realizado por los autores
A partir del 2020, tras la pandemia por la COVID-19, a fin de evitar la exposición del personal a la producción de aerosoles, las guías sugieren la disminución del personal presente en el espacio de reanimación, haciendo énfasis en la inclusión y adecuado uso de los elementos de protección personal (EPP) (16). Para esto divide el espacio de la atención en tres zonas, las que denominaremos: zona de atención, de transición y segura, basado en el grado de exposición a los aerosoles y se reasignan las funciones en cinco roles de reanimador (Imagen 2).
Imagen 2. Número de reanimadores y distribución espacial conforme a las zonas de atención y EPP necesarios.

Tanto en la zona de atención como en la zona de transición se deben emplear todos los elementos de protección personal para la exposición a aerosoles: máscara N95 o de alta eficiencia o elastomérica; protección ocular; bata antifluidos o desechable y guantes.
Fuente: Realizado por los autores
Aspectos éticos de la reanimación
Las metas de la reanimación incluyen preservar la vida, restaurar la salud, aliviar el sufrimiento y limitar la discapacidad. Siempre que se desconozca o sean inciertas las preferencias personales del paciente (respeto a la autonomía, que se alcanza cuando se toman decisiones informadas), lo éticamente apropiado es tratar la condición de emergencia hasta que se disponga de información adicional que sea adecuada con las circunstancias y de la que se pueda establecer evidencia (17).
¿Cuándo no es apropiado iniciar y cuándo limitar las intervenciones de reanimación cardiopulmonar?
• Respete la autonomía del paciente, en el caso en que tome la decisión informada del disentimiento para medidas de reanimación o voluntades anticipadas, estas no se ejecutarán. La decisión de limitar las intervenciones o retirar el soporte de vida es justificable si se determina que:
• El paciente tiene muerte cerebral o tiene signos clínicos claros de muerte irreversible (ej.: rigor mortis, livideces, decapitación, descomposición).
• El médico y el responsable del paciente (cuando este no puede tomar una decisión informada), acuerdan que no se pueden cumplir los objetivos del tratamiento.
• La carga para el paciente del tratamiento supera cualquier beneficio.
Además de lo mencionado, cabe resaltar que en otras circunstancias, en contexto de paro intrahospitalario, la decisión de interrumpir los esfuerzos de reanimación recae en el líder, en puesta en común con el equipo de respuesta y se basa en la consideración de muchos factores, entre ellos, si el evento fue o no presenciado, el tiempo transcurrido hasta la reanimación cardiopulmonar, el ritmo inicial de paro, el tiempo hasta la desfibrilación, la enfermedad comórbida y si existen signos de retorno a la circulación espontánea en algún momento durante los esfuerzos de resucitación. Las reglas de decisión clínica para la terminación de la reanimación intrahospitalaria pueden ser útiles para reducir la variabilidad en la toma de decisiones; sin embargo, la evidencia de su fiabilidad es limitada, y las reglas deben validarse prospectivamente antes de su adopción.
Los pacientes en la etapa final de una enfermedad incurable deben recibir atención que garantice su autonomía, comodidad y dignidad. Siempre deben proporcionarse intervenciones que minimicen el sufrimiento y el dolor, la disnea, el delirio, las convulsiones y demás complicaciones terminales (3,4,17).

Los criterios para abstenerse o terminar las medidas de reanimación en grupos poblacionales diferente del adulto, se escapan de los alcances de esta guía.
Apoyo emocional a la familia
En el pasado, los miembros de la familia a menudo han sido excluidos de estar presentes durante el intento de reanimación de un familiar. Una preocupación teórica es la posibilidad de que los miembros de la familia se vuelvan perjudiciales, interfieran con los procedimientos de reanimación o desarrollen síncope; otra, es la posibilidad de mayor exposición a responsabilidad legal; sin embargo, estos no se reportan en la literatura (3,4,17).
Varias encuestas sugirieron que la mayoría de los miembros de la familia desean estar presentes durante un intento de reanimación, manifestando que estar al lado de un ser querido y despedirse durante los últimos momentos de su vida fue reconfortante y que les ayudó a adaptarse a su muerte. Varios informes retrospectivos observan reacciones positivas de miembros de la familia, muchos de los cuales dijeron que tenían la sensación de haber ayudado a su ser querido y de aliviar su propia aflicción (3,4,17).
Los padres y otros miembros de la familia rara vez preguntan si pueden estar presentes a menos que los proveedores de atención médica los alienten a hacerlo. Los miembros del equipo de reanimación deben ser sensibles a la presencia de miembros de la familia durante los esfuerzos de reanimación, asignando a un miembro del equipo que permanezca con la familia para responder preguntas, aclarar información y ofrecer comodidad (3,4,17).
Referencias
1. Atención Primaria en Salud [Internet]. [citado 13 de julio de 2020]. Disponible en: https://www.minsalud.gov.co/salud/Paginas/Atencion-primaria-en-salud.aspx
2. Metrosalud. Derechos y deberes de los usuarios [Internet]. [citado 13 de febrero de 2018]. Disponible en: http://www.metrosalud.gov.co/usuarios/preguntas-frecuentes
3. Singletary EM, Charlton NP, Epstein JL, Ferguson JD, Jensen JL, MacPherson AI, et al. Part 15: First Aid: 2015 American Heart Association and American Red Cross Guidelines Update for First Aid. Circulation. 3 de noviembre de 2015;132(18 suppl 2):S574-89.
4. Kleinman ME, Brennan EE, Goldberger ZD, Swor RA, Terry M, Bobrow BJ, et al. Part 5: Adult Basic Life Support and Cardiopulmonary Resuscitation Quality: 2015 American Heart Association Guidelines Update for Cardiopulmonary Resuscitation and Emergency Cardiovascular Care. Circulation. 3 de noviembre de 2015;132(18 suppl 2):S414-35.
5. Acuerdo Municipal 021 de 2004: Red de Atención de Urgencias y Emergencias para el Municipio de Medellín. 2004.
6. Atención Prehospitalaria para Medellín (APH) [Internet]. [citado 13 de febrero de 2018]. Disponible en: http://www.metrosalud.gov.co/metrosalud/pyp/102-aph
7. Ley 100 de 1993.
8. Cartilla del ABC.pdf [Internet]. [citado 17 de marzo de 2020]. Disponible en: https://www.minsalud.gov.co/Documentos%20y%20Publicaciones/CARTILLA%20DEL%20ABC.pdf
9. Restrepo Z JH. Economía y financiamiento de la salud. En: Fundamentos de salud pública. 3.a ed. Medellín, Colombia: Corporación para Investigaciones Biológicas; 2013.
10. Artículo 66 de la Ley 1753 de 2015.
11. Administradora de los Recursos del Sistema General de Seguridad Social en Salud -ADRES [Internet]. [citado 13 de febrero de 2018]. Disponible en: http://www.adres.gov.co/Inicio/Acerca-de-la-entidad/-Qu%C3%A9-es-la-ADRES
12. Decreto 2265 de 2017.
13. Conceptos-sobre-copagos-cuotas-moderadoras.pdf [Internet]. [citado 7 de julio de 2020]. Disponible en: https://www.minsalud.gov.co/sites/rid/Lists/BibliotecaDigital/RIDE/IA/SSA/Conceptos-sobre-copagos-cuotas-moderadoras.pdf
14. Resolución 2003 de 2014. Bogotá (Colombia): Ministerio de Salud y Protección Social, (28 de mayo de 2014).
15. Resolución No. 3100 de 2019.pdf [Internet]. [citado 13 de julio de 2020]. Disponible en: https://www.minsalud.gov.co/Normatividad_Nuevo/Resoluci%C3%B3n%20No.%203100%20de%202019.pdf
16. Edelson DP, Sasson C, Chan PS, Atkins DL, Aziz K, Becker LB, et al. Interim Guidance for Basic and Advanced Life Support in Adults, Children, and Neonates With Suspected or Confirmed COVID-19: From the Emergency Cardiovascular Care Committee and Get With The Guidelines-Resuscitation Adult and Pediatric Task Forces of the American Heart Association. Circulation [Internet]. 23 de junio de 2020 [citado 14 de julio de 2020];141(25). Disponible en: https://www.ahajournals.org/doi/10.1161/CIRCULATIONAHA.120.047463
17. Mancini ME, Diekema DS, Hoadley TA, Kadlec KD, Leveille MH, McGowan JE, et al. Part 3: Ethical Issues: 2015 American Heart Association Guidelines Update for Cardiopulmonary Resuscitation and Emergency Cardiovascular Care. Circulation. 3 de noviembre de 2015;132(18 suppl 2):S383-96.
Capítulo 2. Soporte básico de vida adulto
Johanna Caicedo Valle
Médica, Especialista Medicina de Urgencias
Junior Emmanuel Hidalgo Orozco
Médico
Sebastián Calle Díaz
Médico
María Paulina Villa Saldarriaga
Médica
Introducción
El paro cardíaco es una de las principales causas de muerte en todos los ámbitos, se ha evidenciado que cerca del 70% de estos suceden en un ambiente extrahospitalario, de los cuales el 50% no son presenciados por un testigo. La sobrevida en un ambiente extrahospitalario es de tan solo 10.8% en comparación con el 22.3% a un 25.5% que ocurren en el ámbito intrahospitalario (1,2).
El reconocimiento inmediato de un paro cardíaco repentino y la activación del sistema de respuesta de emergencia, la reanimación cardiopulmonar (RCP) temprana y desfibrilación rápida con un desfibrilador externo automático (DEA), juegan un papel importante en la sobrevida de este tipo de pacientes.
Si bien la atención prehospitalaria conectada a programas de acceso público a la desfibrilación tiene una importancia relevante, es de aclarar que hoy en día el ritmo cardíaco durante el PCR más frecuente en ambos escenarios son los ritmos no desfibrilables, presentándose en un 80% de los casos (3).
En el ambiente intrahospitalario, el paro cardíaco es frecuentemente el resultado de trastornos que ocasionan disminución crítica de la oxigenación miocárdica con disminución de la contractilidad que culmina en una actividad cardíaca eléctrica sin pulso y finalmente asistolia (4,5).
Fisiología
Entender la compleja fisiología de la perfusión cardíaca y cerebral durante la reanimación es crucial para reducir la morbilidad y la mortalidad. El paro cardíaco se define como el cese de la actividad mecánica del corazón que resulta en la ausencia de circulación sanguínea y la perfusión tisular. La detención de la circulación significa un abrupto corte en el aporte de oxígeno y glucosa a las células de los diferentes tejidos siendo los más sensibles a la noxa el corazón y el cerebro. La magnitud del daño producido dependerá de la condición previa del paciente y del tiempo que tome el retornar a la circulación normal (6-8).
Cuando la causa del paro cardíaco es reversible se deben realizar todos los esfuerzos posibles para lograr un retorno a la circulación espontánea con funciones cardíacas y cerebrales preservadas. Tanto en ritmos desfibrilables como no desfibrilables es fundamental la identificación temprana de la causa del paro para realizar intervenciones específicas (como la desfibrilación temprana en ritmos desfibrilables, coronariografía emergente en infarto agudo de miocardio o fibrinólisis en trombo embolismo pulmonar) (6-8).
Se han identificado cinco componentes principales para la reanimación cardiopulmonar de alta calidad, los cuales representan la reproducción del proceso fisiológico en mención: la frecuencia de las compresiones torácicas, la profundidad de compresión, la reexpansión del tórax, mínimas interrupciones en las compresiones y una adecuada ventilación. Con cada compresión la presión intratorácica aumenta ya que el corazón se comprime entre el esternón y la columna vertebral produciendo a su vez un aumento de la presión auricular derecha y aórtica, lo que permite restaurar un gradiente de presión significativa entre la aorta y la aurícula y secundariamente entre el ventrículo izquierdo y derecho, generando un aumento del gasto cardíaco (6-8).
La sangre es impulsada desde el corazón hacia el cerebro, arterias coronarias y el resto del cuerpo debido a la presencia de las válvulas unidireccionales en el corazón y el gradiente de presiones que existe entre el tórax y las regiones no torácicas del cuerpo (6-8).
Las compresiones torácicas realizadas adecuadamente, generalmente no supera el 25% del gasto cardíaco que tenía el paciente previo al paro cardiorrespiratorio, en las mejores condiciones solo proporciona del 10 % al 30 % del flujo sanguíneo normal al corazón y entre el 30 % al 40 % del flujo sanguíneo normal al cerebro, sin embargo, consigue generar una presión de perfusión coronaria mínima para permitir el retorno a la circulación espontánea si se logra controlar la causa que provocó el paro. Con el tiempo, la efectividad de las compresiones torácicas disminuye sustancialmente si las maniobras de reanimación se prolongan sin lograr el retorno a la circulación espontánea (6-8).
En los primeros cinco minutos después del paro cardíaco, las reservas de ATP (Adenosín Trifosfato) celular se agotan, por lo que se pierden las bombas iónicas dependientes de ATP, produciéndose depleción intracelular de potasio y magnesio, inactivación de los canales de sodio, activación de los canales de calcio, con posterior isquemia y muerte celular (6-8).
Cuando se comprime el tórax demasiado lento, demasiado rápido, con mucha o poca profundidad, los resultados clínicos se ven afectados adversamente. Asimismo, todas las interrupciones a las compresiones torácicas son extremadamente perjudiciales, ya que cada vez que se suspenden se debe comenzar desde cero para lograr un gradiente coronario efectivo. Estas pérdidas de tiempo significan una mayor isquemia celular, metabolismo anaerobio y apoptosis con peor pronóstico para el paciente (6-8).
Cadena de supervivencia
En 1991 se introduce el concepto de cadena de supervivencia, partiendo del hecho de que proceder siempre en el mismo orden, de una forma organizada y secuencial permitía orientar las acciones de rescate, evaluar los resultados y finalmente impactar en los desenlaces de los pacientes en paro.

En cualquier reanimación la cadena es tan fuerte como su eslabón más débil.
A partir del año 2015 se dividió la cadena de supervivencia en dos, que cubre el paro intrahospitalario y el extrahospitalario. La implementación adecuada y efectiva de la cadena de supervivencia (Imagen 1) aumenta la sobrevida. En el 2020 se adiciona un eslabón a ambas cadenas denominado Recuperación (Imagen 1), como una estrategia de apoyo a la superviviencia desde el final del tratamiento agudo de una enfermedad crítica hasta la rehabilitación multimodal (tanto a corto como a largo plazo), tanto para los sobrevivientes como para las familias después de un paro cardíaco. Este nuevo eslabón reconoce la necesidad de que el sistema de atención apoye la recuperación, discuta las expectativas y brinde planes que aborden el tratamiento, la vigilancia y la rehabilitación para los sobrevivientes de un paro cardíaco y sus cuidadores a medida que hacen la transición de la atención del hospital al hogar y regresan a sus funciones y actividades sociales.
Imagen 1. Cadena de supervivencia para el paciente en paro cardíaco intrahospitalario (PCIH) y del paciente extrahospitalario (PCEH).

Fuente: Adaptada por los autores de (9).
Antes de hablar sobre el proceso de resucitación, es necesario conocer los dos sistemas de atención (9) pues las causas, los procesos y los resultados de la reanimación son muy diferentes para el paro cardíaco extrahospitalario (OHCA), de sus siglas en inglés out-of-hospital cardiac arrest e intrahospitalario (IHCA) de sus siglas en inglés in-hospital cardiac arrest, que se reflejan en sus respectivas Cadenas de Supervivencia. En OHCA, el cuidado de la víctima depende del compromiso y la respuesta de la comunidad, en comparación, la vigilancia y la prevención son aspectos críticos del IHCA.
Paro cardíaco intrahospitalario
La mayoría de los paros cardíacos intrahospitalarios se han dividido en origen cardíaco (arritmias, falla cardíaca o infarto agudo de miocardio) o no cardíaco, siendo las causas cardíacas las más frecuentes (50%-60%) y en segundo lugar la falla respiratoria (15%-40%), dejando por sentado que el ritmo cardíaco durante el PCR (paro cardiorrespiratorio) más frecuente en ambos escenarios son los ritmos no desfibrilables, presentándose en un 80% de los casos. En todo caso se ha demostrado un deterioro progresivo antes de que suceda el evento, lo cual lo hace, la mayoría de las veces, predecible y por esta razón el sistema de respuesta intrahospitalario se centra en la prevención, reconociendo tempranamente el deterioro neurológico, la insuficiencia respiratoria y el choque para poder intervenir y controlar (3).
La identificación temprana de pacientes con riesgo de deterioro permite el accionar de grupos médicos especializados llamados habitualmente “Equipos de Respuesta Rápida” (Rapid Response Teams) que mejoran los resultados del paciente. Para la activación de dichos equipos nos basamos en la alteración de algunos parámetros básicos como la temperatura, presión arterial sistólica, respiración, pulso y alteración del sensorio.
Una de las escalas con mayor apogeo en la actualidad es la MEWS (Modified Early Warning Score), que mide los parámetros fisiológicos ya mencionados y en base a estos clasifica el riesgo que el paciente tiene de presentar eventos adversos (10).
El cálculo de las variables para estadificar MEWS se puede realizar de forma sencilla sin necesidad de intervenciones invasivas, su resultado facilita la categorización de pacientes de alto riesgo de mortalidad y permite identificar pacientes que requieran traslado a UCI o unidad de cuidados intermedios (10).
Tabla 1. Modified Early Warning Score.

Fuente: Tomado de (10).
De no ser evitable, una vez presentado el paro cardiorrespiratorio, es ideal que todas las instituciones cuenten con un sistema de código azul y un protocolo mediante el cual se pueda lograr una respuesta sincrónica en la cual se brinde RCP de alta calidad mediante compresiones efectivas, ventilación y desfibrilación temprana. Se sugiere conformar el equipo de código azul así:
1. Líder-coordinador.
2. Asistente de la vía aérea.
3. Asistente de masaje-circulación (incluye desfibrilación).
4. Asistente de medicamentos.
5. Asistente circulante.
6. Auxiliar de historia clínica-registro de la reanimación.

Revisar las recomendaciones de la guía interina por pandemia COVID-19 Capítulo 1. Estructuras de atención en salud.
Una vez iniciada la RCP básica, se debe seguir lo más pronto posible con la reanimación avanzada y proveer a quienes sobreviven los cuidados posparo, debido a que los pacientes que retornan a la circulación espontánea presentan una serie de cambios fisiológicos agrupados en lo que se ha denominado el síndrome posparo cardíaco, que incluye injuria cerebral, disfunción miocárdica, síndrome de reperfusión y una patología aguda o crónica subyacente que precipitó dicho evento, para ello se requiere una evaluación detallada de cada uno de estos síndromes para trasladar al paciente al lugar adecuado en donde haya los recursos para intervenirlo con la ayuda de un grupo interdisciplinario.
Paro cardíaco extrahospitalario
La mayoría de los paros cardíacos extrahospitalarios suceden en la casa y muchos de ellos sin presencia de testigos. Es necesario que, frente a esta situación, la comunidad esté preparada para abordarla de una manera sistemática teniendo en cuenta la cadena de supervivencia, con el fin de disminuir la incidencia de efectos adversos (9).
Luego de llamar al sistema de emergencias, la RCP es potencialmente salvavidas si se hace de la manera correcta, y junto con la desfibrilación temprana son doblemente eficientes en comparación con la RCP sola, además, la RCP sola con compresiones torácicas no es menos efectivo que la RCP tradicional (compresiones y ventilaciones) en adultos con paro cardíaco extrahospitalario (9).
Para que toda esta cadena se lleve a cabo, el sistema de emergencias (en nuestro caso, 123) debe estar entrenado para dar las indicaciones necesarias para realizar compresiones correctas y hacer llegar lo más pronto posible el personal necesario acompañado de un DEA (desfibrilador externo automático) o si es el caso, indicar el uso de este si en la escena ya se cuenta con el DEA.
Una vez haya llegado la ambulancia con el personal capacitado para esta situación se debe trasladar al paciente para realizarle soporte vital avanzado y cuidados posparo.
Reanimación
Al momento de enfrentarse a cualquier tipo de emergencia se deben verificar las condiciones mínimas de seguridad, que el entorno en el que se encuentra el paciente sea seguro, tanto para él como para la persona que atiende la emergencia. Esto se logra mediante un escaneo rápido de la ubicación y el entorno del paciente para asegurarse de que no haya amenazas físicas, peligros tóxicos o eléctricos. Tenga presente que la seguridad del área aplica también para el ámbito intrahospitalario (11,12).

Este ítem incluye aspectos relacionados con la bioseguridad, para lo cual se recomienda que el paciente tenga puesta mascarilla quirúrgica y que el reanimador cuente con elementos de protección, inicialmente mascarilla quirúrgica y una vez se progrese a soporte avanzado por riesgo de generar aerosoles cuente con mascarilla de alta eficiencia o máscara elastomérica, así como protección ocular y bata antifluido o desechable.
Después de la verificación de la escena se hace contacto con el paciente y si no responde se activa el sistema de emergencias de la siguiente forma: se debe comunicar con la línea de emergencias del lugar del evento (ejemplo, para Medellín, Área Metropolitana: 123), proceda con identificarse, presentar la situación de emergencia en la que se encuentra, suministrar la ubicación exacta, solicitar un desfibrilador automático externo y seguir las instrucciones que le brinden en la línea. Recuerde, siempre antes de finalizar la llamada, preguntar si puede colgar. Si el auxiliador se encuentra solo, él mismo debe activar el sistema de emergencias; en caso de que se encuentre acompañado debe solicitar a la otra persona que active el sistema mientras él evalúa si el paciente tiene pulso y respira (11).
Si el paciente no responde, verifique la respiración, mire, escuche y sienta (Imagen 2). Si tiene respiración anormal (jadeos o boqueo-gasping) o ausente, es razonable para el personal lego, es decir personal que no es de salud, pero cuenta con entrenamiento básico, asumir que el paciente está en paro cardíaco sin necesidad de verificar pulso e iniciar RCP (11,12).
Imagen 2. Técnica del MES: mirar, escuchar y sentir (12).

Fuente: Realizado por los autores
Esta recomendación es soportada en el inicio de las compresiones torácicas en pacientes que están inconscientes, pero no en el paro cardíaco se asocia con tasas bajas de eventos adversos significativos. Los eventos adversos notados incluyeron dolor en el área de las compresiones torácicas (8,7%), fractura ósea (costillas y clavícula) (1,7%) y rabdomiólisis (0,3%), sin lesiones viscerales descritas.

Desde la instauración de la emergencia sanitaria por COVID-19 se definió que debe evitarse la aproximación a la vía aérea. La evaluación de la vía aérea debe ser de forma visual o identificando si tiene respiración anormal (boquea).
En el caso en que el primer respondedor sea personal salud, además de evaluar la respuesta se debe verificar el pulso carotideo, el cual deber ser palpado en 10 segundos e idealmente con la evaluación de la respiración, teniendo presente que, en caso de no estar seguro, considerar el pulso como NO presente (11,12).
Esta evaluación plantea varios tipos de escenarios para el personal de salud, ante un paciente sin respuesta (11,12):
1. Pulso presente, respiración normal: se debe monitorear de cerca al paciente y activar el sistema de respuesta de emergencia.
2. Pulso presente, sin respiración o respiración anormal (paro respiratorio): se debe evaluar si el paciente tiene riesgo de intoxicación por opiáceos (tratamiento con altas dosis de opioides, prescripción con benzodiacepinas u otros sedantes, uso concomitante de alcohol); en caso de tenerla, se considera la de administración de naloxona por vía intramuscular (0,4 mg) o intranasal (2 mg) tan pronto como se tenga disponible y repetir si es necesario cada 4 minutos. En todos los casos en los que se presente este escenario se recomienda suministrar ventilaciones cada 6 segundos, con la técnica que se revisará posteriormente.
3. Pulso no presente sin respiración o respiración anormal (paro cardiorrespiratorio): si es intrahospitalario, active código azul e inmediatamente inicie reanimación cardiopulmonar (RCP).

Diferencie un sistema de emergencia de un sistema de alerta y respuesta rápida (código azul).
El principal criterio para activar un sistema de emergencia es el paciente sin respuesta.
La reanimación cardiopulmonar sigue la siguiente secuencia conocida en el soporte básico de vida como CABD primario (11):
• C: realización de compresiones torácicas.
• A: vía aérea: garantizar la permeabilidad.
• B: ventilaciones.
• D: desfibrilar.
• Cuidados posparo.
Imagen 3. Algoritmo de soporte básico de vida para la atención para el paciente adulto en paro cardiorrespiratorio (11).

Las compresiones torácicas deben administrarse con prontitud, siendo estas el componente más crítico de la RCP (Siendo la RCP de alta calidad, junto con la desfibrilación para aquellos con ritmos desfibrilables, la intervención más importante para salvar la vida de un paciente en paro cardíaco). Kouwenhoven et al. desarrollaron la técnica de compresiones torácicas externas para la RCP en posición supina en 1960 (1). Para realizar la compresión torácica externa, el reanimador debe poner el talón de una mano en el tercio inferior del esternón del pecho de la víctima y el talón de la otra mano encima de la primera para que las manos se superpongan (No parece importar si la mano dominante o no dominante se pone en contacto con el esternón), con los brazos completamente estirados (no doblar los codos) y deben formar un ángulo de 90° con respecto al cuerpo del paciente (perpendicular a la pared del tórax). Las compresiones torácicas deben tener una frecuencia, profundidad, grado de retroceso del tórax adecuadas; reduciendo al mínimo las interrupciones entre las mismas. Las Guías 2015 a la fecha destacan estas características para compresiones de alta calidad (11):
• Frecuencia de compresiones: comprimir a una velocidad de 100 a 120 por minuto.
• Profundidad: en el adulto debe lograr un desplazamiento esternal de 5 cm. Esta profundidad permite aumentar la presión intratorácica. Una compresión con una profundidad mayor a 6 cm aumenta el riesgo de generar lesiones.
• Expansión: debe permitir la recuperación completa del diámetro del tórax (reexpansión), favoreciendo así el retorno venoso y el flujo sanguíneo cardiopulmonar, sin separar las manos del torso del paciente, ni rebotando sobre este.
• Continuidad: evite al máximo las interrupciones. Con el propósito de objetivizar este criterio se presenta entonces el concepto de fracción de compresión torácica el cual es el porcentaje de tiempo en el que los re animadores realizan compresiones torácicas durante un paro cardíaco. La fracción de compresión torácica se definió como la proporción de tiempo de reanimación sin circulación espontánea durante el cual se administraron compresiones torácicas, el cual debe ser al menos el 60%.
– Las pausas previas y posteriores a la descarga en las compresiones torácicas deben ser lo más breves posible.
– Es razonable reanudar inmediatamente las compresiones torácicas después de la administración de una descarga. Incluso cuando tiene éxito, la desfibrilación suele ir seguida de un período variable (y en ocasiones prolongado) de asistolia o actividad eléctrica sin pulso, durante el cual es aconsejable administrar RCP mientras se espera el retorno del ritmo y el pulso.
– Para los adultos en paro cardíaco que reciben RCP sin una vía aérea avanzada, es razonable hacer una pausa en las compresiones para administrar 2 respiraciones, cada una administrada durante 1 s. Para lo cual se debe evitar separar las manos del pecho del paciente.
– Si se va a proceder a la inserción de un tubo orotraqueal, se recomienda que las pausas no deben ser mayores a 10 segundos contados a partir del momento en que se visualizan las cuerdas
• Ventilación precisa: cuando las compresiones se asocian a la ventilación se debe evitar hiperinflación (solo el volumen necesario para expandir el tórax).
Adicionalmente, para garantizar la calidad debe contar con una superficie rígida (todos los carros en la parte posterior cuentan con una tabla rígida; sin embargo, su implementación nunca debe retrasar el inicio de las compresiones) (11).
Si al cabo de dos minutos, no cuenta con desfibrilador, evalúe la presencia de signos clínicos de vida; ante la ausencia, NO verifique pulso y PROSIGA con las compresiones torácicas (11,13).
Tan pronto cuente con un DEA o un desfibrilador, verifique el ritmo, independiente del tiempo que lleve realizando compresiones; recuerde que es esencial la terapia eléctrica temprana (Ver adelante verificación de ritmo y terapia eléctrica) (11,13,14).
Reanimación en equipo: practicar la RCP en equipo se traduce en llevar a cabo varias acciones a la vez. Por ejemplo, un reanimador activa el SEM (Sistema de Emergencias Médicas), mientras un segundo inicia las compresiones torácicas, un tercero administra la ventilación y un cuarto consigue un desfibrilador externo automático (DEA) y lo prepara. También recuerde que cada 2 minutos de compresiones o tan pronto quien realiza dicha maniobra declare fatiga y dependiendo del número de reanimadores, si se cuenta con más de uno, ubicarse a cada lado del paciente, para un relevo coreográfico que disminuya al máximo la interrupción de las compresiones (11,12).
Imagen 4. Posición correcta de las manos para la reanimación cardiopulmonar (13).

Fuente: Realizado por los autores
En algunas ocasiones, los pacientes se encuentran en prono y debido a que el reposicionamiento retrasa la RCP y la desfibrilación (15), entonces puede realizarse en esta posición (16-18). En 1992 describieron el primer reporte de caso de RCP exitosa en posición prono en dos pacientes en neurocirugía, mediante la técnica nombrada por el autor como “maniobra de compresión precordial inversa” (19) y se ha demostrado que genera presiones arteriales medias suficientes (incluso más altas que las compresiones torácicas anteriores –en supino–) (18).

Esta técnica tomó mayor relevancia a partir del 2019 por motivo de la pandemia COVID-19, en la que fue necesario reanimar pacientes que se encuentran ventilados en posición prono.
Los métodos sugeridos para administrar compresiones torácicas posteriores a un paciente en prono son dos. En el primer método una mano se extiende sobre cada escápula, y en el segundo, el talón de una mano se pone en la columna vertebral con la segunda mano encima de la primera, como con las compresiones esternal convencionales (19-21), (realizar compresiones entre las vertebra torácicas 7 y la 10). No hay una recomendación específica sobre la frecuencia y la profundidad de las compresiones al paciente en decúbito prono (22); en paralelo a las recomendaciones de paciente en supino se debe considerar una frecuencia de 100 a 120 por minuto con una profundidad de 5 cm.
La contrapresión es crítica para un retorno exitoso a la circulación espontánea, por lo tanto, el tórax (debajo del esternón) debe estar soportado con lo cual se logra una profundidad de compresión efectiva, o parcialmente efectiva, el 75% del tiempo (15).
Además de las compresiones torácicas, la desfibrilación puede ser necesaria (15) y se puede realizar con éxito en pacientes en prono. Se puede lograr con paletas o almohadillas autoadhesivas (parches) (15), los cuales se pueden ubicar en la línea medio axilar izquierda y sobre la escápula derecha (18).
A: Aérea, permeabilización
Para permeabilizar la vía aérea se deben tener en cuenta dos escenarios, en el primero el paciente está traumatizado y se debe realizar la subluxación mandibular (Imagen 5), o el escenario en que el paciente no está traumatizado y el auxiliador debe realizar la maniobra frente-mentón (Imagen 6) para abrir las vías respiratorias de la víctima (11,13). El uso de un complemento de las vías respiratorias (por ejemplo, cánulas orofaríngeas o nasofaríngeas) puede ser razonable en pacientes inconscientes, sin tos o reflejo nauseoso para facilitar la ventilación con un dispositivo de BVM, siendo preferente una vía respiratoria oral debido al riesgo de postura intracraneal de los dispositivos nasofaríngeos en pacientes con fracturas de la base del cráneo.
Imagen 5. Subluxación de mandíbula (13).

Fuente: Realizado por los autores
Imagen 6. Maniobra de frente-mentón (13).

Fuente: Realizado por los autores
En el contexto de un trauma craneal y y de cuello o cuando se sospecha o no se puede descartar una lesión en la columna, los reanimadores deben mantener la inmovilización manual del movimiento de la columna y no utilizar los dispositivos de inmovilización espinal pues pueden dificultar el mantenimiento de la permeabilidad de las vías respiratorias y proporcionar una ventilación inadecuada. Así mismo se debe aclarar que se debe realizar una maniobra de inclinación de la cabeza y elevación del mentón (frente mentón) si la vía aérea no se puede abrir con una subluxación de la mandíbula ni la inserción de un accesorio de la vía aérea incluso en casos de posible lesión de la columna porque la necesidad de abrir las vías respiratorias supera el riesgo de más daño de la columna en el paciente con paro cardíaco.
B: Breathing, respiración
Para la ventilación, se puede realizar respiración boca a boca (preferiblemente si se cuenta con un dispositivo de barrera, Imágenes 7 y 8). Si se dispone del dispositivo BVM (bolsa-válvula-máscara), hay que conocer la técnica adecuada para generar un buen sello que consta de la maniobra de la C y la E (Imagen 9), y una vez esté disponible, proveer la mayor concentración de FiO2 (fracción inspirada de oxígeno) (11,13).
Imagen 7. Boca-Boca con barrera (13).

Fuente: Realizado por los autores
Imagen 8. Ventilación con máscara (13).

Fuente: Realizado por los autores
Imagen 9. Ventilación con BVM implementando maniobra de la C y E (13).

Fuente: Realizado por los autores
Es importante tener en cuenta que cada ventilación debe tener una duración aproximada de 1 segundo y el volumen a emplear debe ser el suficiente para lograr la expansión del tórax (evitando la hiperinflación), las compresiones torácicas no deben interrumpirse más de 10 segundos en total (11,13).

La ventilación durante la reanimación es una de las condiciones que más aerosoles puede generar. Por riesgo de infección por SARS-COV2 se recomienda que la ventilación de ser posible se realice mediante dispositivos de ventilación conectados a filtro microbiológico, y que el sello de la máscara sea a dos manos (técnica de la doble C y E), con volúmenes de insuflación bajos.
La causa más común de dificultad de ventilación es una vía aérea abierta incorrectamente, por lo que, si el tórax de la víctima no se eleva con la primera respiración de rescate, reposicione la cabeza realizando la inclinación de cabeza-elevación de mentón nuevamente y luego administre la segunda respiración de rescate.
D: Detección y desfibrilación
Es importante tener presente que la desfibrilación temprana es la intervención más crítica al momento de enfrentar a un paciente en paro cardiopulmonar, debido a que el ritmo más frecuente de paro es la fibrilación ventricular y si no se interviene a tiempo puede pasar a ser una asistolia, si se pudiera proveer una desfibrilación temprana o incluso inmediata (en los primeros 5 minutos) muchos pacientes sobrevivirían al paro cardíaco con mínimas secuelas neurológicas, mientras que la RCP sola, sin desfibrilación, es insuficiente para restablecer un ritmo de perfusión en un paciente con fibrilación ventricular. Aquí radica la importancia de siempre recordar pedir un DEA para llevar a cabo una RCP efectiva que impacte en la mortalidad del paciente (11,13,14).

EL DEA DEBE SER USADO TAN PRONTO COMO SE TENGA DISPONIBLE; así no se haya completado un ciclo completo de RCP. Se deben interrumpir las compresiones cuando el DEA esté listo para descargar.
Para el uso correcto del DEA, proceda con los siguientes pasos: encienda el DEA, ponga los parches en el pecho del paciente (estos pasos sin interrumpir las compresiones, salvo que no existan más reanimadores, solo parar el masaje para la detección del ritmo cuando así lo indique el DEA), si el ritmo es desfibrilable verifique que nadie esté tocando al paciente y suministre la descarga e inmediatamente reinicie las compresiones (Imagen 10) (11,13,14).
Imagen 10. Pasos para el uso del DEA (13).

Fuente: Realizado por los autores
Como ya se indicó, después de realizar la descarga el reanimador debe reanudar de inmediato las compresiones torácicas, a los dos minutos el DEA va a sensar de nuevo el ritmo y pueden presentarse dos opciones (11,13,14):
1. Recomendar una descarga: en cuyo caso se descarga al paciente e inmediatamente se inician de nuevo las compresiones.
2. No recomendar una descarga: en este momento el reanimador no lego debe tomar el pulso, presentado las siguientes situaciones
a. No hay presencia de pulso: indica que el ritmo de paro pasó de ser desfibrilable a ser NO desfibrilable. Se deben iniciar inmediatamente las compresiones torácicas hasta que el DEA vuelva a sensar el ritmo.
b. Presencia de pulso: en cuyo caso el paciente ya salió del paro cardíaco. Inmediatamente se debe evaluar la respiración, en caso de no estar presente o tener mal patrón respiratorio se procede a dar una ventilación cada 6 segundos. Si el paciente sí respira adecuadamente se debe ubicar en posición lateral de seguridad y esperar que el sistema de emergencias llegue y lo traslade para cuidados posparo posteriores.
NOTA: el personal lego ante el cambio de no recomendar la descarga, NO debe tomar pulso, y debe continuar compresiones, salvo que el paciente tenga signos clínicos de vida.
1. Secuencia para el uso de un desfibrilador automático externo (DEA) (11,13,14).
2. Identificar el paro cardiorrespiratorio.
3. Iniciar compresiones torácicas inmediatamente (secuencia 30:2), enviar a alguien por un DEA y alertar al sistema de atención prehospitalaria, solicitando una ambulancia de traslado asistencial medicalizado.
4. Al disponer del DEA, realizar su operación con los 4 pasos universales (encender el DEA, conectar los electrodos, pegar los electrodos al pecho del paciente, seguir instrucciones).
5. Si el equipo indica DESFIBRILACIÓN o SHOCK asegurar el área y que nadie toque al paciente.
6. Oprimir el botón de desfibrilación o shock y reiniciar inmediatamente maniobras de RCP.
7. Si el equipo no indica desfibrilación o shock, iniciar o continuar inmediatamente maniobras de RCP con una secuencia 30:2 si el paciente NO tiene pulso.
8. Cada dos minutos reevaluar y continuar las indicaciones de voz y visuales.
En Colombia, la Ley 1831 de 2017 establece la obligatoriedad, la dotación, disposición y acceso a los Desfibriladores Externos Automáticos (DEA) en los transportes de asistencia básica y medicalizada, así como en los espacios con alta afluencia de público incluyendo los servicios de transporte público como el metro. De acuerdo con la Ley 1831 de 2017 el personal médico, paramédico, auxiliar y de apoyo de transportes asistenciales públicos y privados, los efectivos de las fuerzas militares y de policía destinados a lugares con alta afluencia de público, los brigadistas en salud, personal de enfermería, los salvavidas, guías, instructores, entrenadores, los docentes o titulares de educación física, recreación y deporte, los guardianes de establecimientos carcelarios o penitenciarios, y los administradores de propiedades y copropiedades privadas en los términos del artículo anterior recibirán capacitación y certificación en uso del DEA por parte de las secretarías departamentales o municipales de salud, de acuerdo con la reglamentación y supervisión del Ministerio de Salud y Protección Social (23).
Para información sobre descarga manual con desfibrilador, ver SOPORTE AVANZADO DE VIDA EN EL ADULTO.
Signos de que el paciente ha salido del paro (13)
• Presencia de pulso
• Se levanta
• Se mueve
• Abre los ojos
• Respira normalmente
Por último, luego de que el paciente ha salido del paro cardíaco se debe verificar si respira adecuadamente, en caso de que no respire, se debe abordar como un paro respiratorio, para lo cual se le suministrarán ventilaciones cada 6 segundos hasta que respire de manera autónoma. Una vez se confirma que el paciente salió de paro cardiorrespiratorio, se debe poner al paciente en posición lateral de seguridad (hacia cualquiera de los dos lados, derecho o izquierdo) con el fin de reducir el riesgo de broncoaspiración en el paciente inconsciente (Imagen 11) y revisar signos vitales (por lo menos pulso y respiración) cada dos minutos mientras se hace cargo el personal del SEM (11,13, 24).
Imagen 11. Posición lateral de seguridad (13)

Fuente: Realizado por los autores
Bilbiografía
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24. Zideman DA, De Buck EDJ, Singletary EM, Cassan P, Chalkias AF, Evans TR, et al. European Resuscitation Council Guidelines for Resuscitation 2015 Section 9. First aid. Resuscitation [Internet]. 2015 Oct;95:278–87. Available from: http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/26477417
Capítulo 3. Soporte básico de vida pediátrico
Alfredo Caballero Arenas
Médico, Especialista Medicina de Urgencias
Andrés Felipe Estrada Atehortúa
Médico, Especialista Medicina de Urgencias
Andrés David Aranzazu Ceballos
Médico, Residente de Pediatría
Introducción
En la población pediátrica, el paro cardiorrespiratorio es una situación clínica poco frecuente y en contraste con los adultos, el origen cardíaco no es la principal causa. En ellos el paro cardiorrespiratorio es una consecuencia final del deterioro clínico progresivo secundario a una falla respiratoria o choque, debido a trauma, síndrome de muerte súbita del lactante, dificultad respiratoria o sepsis como causas más comunes, las cuales conducen a una vía común como la hipoxia, hipercapnia y la acidosis que desencadena en bradicardia, hipotensión y culmina en un paro cardiorrespiratorio (1,2). Por lo tanto, es fundamental reconocer tempranamente a los pacientes con deterioro clínico de cualquier causa, para proporcionar un tratamiento efectivo y oportuno, evitando así desenlaces fatales. Los ritmos de paro más frecuentes son la actividad eléctrica sin pulso y la asistolia; la fibrilación ventricular (FV) solo se encuentra en el 5% al 15% de los casos (3).
En las últimas décadas la sobrevida en el paro cardiorrespiratorio intrahospitalario (PCIH) en la población pediátrica ha mejorado debido al reconocimiento temprano y al inicio de la reanimación cardiopulmonar (RCP) de alta calidad (4). El retorno espontaneo a la circulación (REC) en el PCIH ha aumentado del 39% a un 77%, y la sobrevida al alta hospitalaria de un 14% a un 43% (5). Además, la implementación de maniobras de reanimación cardiopulmonar (RCP) por tiempo prolongado no es fútil en esta población; el 12% de los pacientes que recibieron maniobras de RCP por más de 35 minutos, sobrevivieron al alta y el 60% de estos, tuvieron buenos resultados neurológicos5. Lamentablemente, esta mejoría en la sobrevida al alta no se extrapola al paro cardiorrespiratorio extrahospitalario (PCEH), siendo de 3-10% en menores de 1 año y 9-19% en niños entre 1 y 18 años (3).
Definiciones
Cuando las guías de reanimación se refieren a la población pediátrica, abarcan tres grupos etarios: neonato, lactante y niño. Para su distinción es importante tener en cuenta las siguientes definiciones (3).
• Neonato: desde el momento del nacimiento hasta los 28 días (Ver reanimación neonatal).
• Lactante: aplica para aquellos niños entre 1 mes y 1 año de vida.
Niño: aquellos entre un año de vida hasta la pubertad, definida como el desarrollo de tejido mamario en mujeres y la presencia de vello axilar en los hombres (caracteres sexuales secundarios).
Cadena de supervivencia
Al igual que en el paciente adulto, la población pediátrica tiene su propia cadena de supervivencia, compuesta igualmente por cinco eslabones, con una variación muy importante en el primer eslabón.
Imagen 1. Cadena de supervivencia para el paciente pediátrico.

Fuente: Adaptado de las nuevas Guías AHA 2020.
Prevención
Puede ser aplicada en el ambiente intra y extrahospitalario. En casos intrahospitalarios se basa en el reconocimiento temprano de pacientes con deterioro clínico progresivo, mediante la observación minuciosa de los pacientes en riesgo y la implementación de equipos de respuesta rápida, frente a cambios notados en la condición basal del paciente, desencadenando medidas terapéuticas oportunas y adecuadas que prevengan el desarrollo de un paro cardiorrespiratorio (6,7). Se ha estudiado la implementación del PEWS (Pediatric Early Warning score) como predictor clínico del desarrollo, pero en una revisión sistemática de 2017 se encontró que no hubo disminución en la mortalidad cuando se aplicó.
En el ambiente extrahospitalario consiste en implementar medidas para evitar situaciones de riesgo como intoxicaciones, lesiones traumáticas, asfixia por cuerpo extraño en la vía aérea o síndrome de muerte súbita del lactante; algunas de estas medidas son: uso de silla vehicular pediátrica, uso de cinturón de seguridad, respetar los límites de velocidad, evitar envasar tóxicos en recipientes que llamen la atención del lactante/niño, evitar automedicar al paciente, impedir que el lactante/ niño juegue con objetivos pequeños para disminuir el riesgo de obstrucción de la vía aérea por cuerpo extraño y evitar acostar al lactante boca abajo, entre otras (8).
Soporte básico de vida
La implementación de un soporte de vida pediátrico (SVB) de alta calidad incluye tener en cuenta factores como una secuencia adecuada para atender al paciente en paro cardiorrespiratorio, si se dispone de uno o dos reanimadores y cumplir las características de una RCP de alta calidad (9).
El primer paso cuando nos enfrentamos a un niño con posible paro cardiorrespiratorio es comprobar la seguridad de la escena, buscar respuesta y conseguir ayuda, las cuales se resumen en las siguientes recomendaciones (10):
• Hay que asegurar que la escena sea segura para el reanimador y la víctima.
• Comprobar si la víctima responde. Toque al niño en el hombro o al lactante en el pie y exclame “¿Estás bien?”
• Si la víctima no responde, pida ayuda a las personas que se encuentran cerca y active el sistema de emergencias.
El segundo paso es comprobar si el lactante o niño respira con normalidad y si tiene pulso. Para evitar demoras, la evaluación de la respiración y el pulso no debe durar más de 10 segundos (9).
• Respiración: se debe comprobar verificando si el tórax del paciente se eleva y desciende, se pueden tener dos escenarios:
– La víctima respira, por lo que se debe vigilar hasta que llegue ayuda.
– La víctima no respira o solo jadea/boquea, lo que es un signo de paro respiratorio y si no tiene pulso o es menor de 60 latidos, asociado a signos de hipoperfusión (frialdad, piel moteada o cianótica), está en paro cardiorrespiratorio y se deben iniciar maniobras de RCP de inmediato.
• Pulso: la comprobación del pulso dependerá de la edad del niño y se describe así (9) (ver Imagen 2):
– Lactante: se debe palpar en la arteria braquial.
– Niño: se debe palpar en la arteria carótida o femoral.
Imagen 2. Toma de pulso en el paciente pediátrico (9).

Fuente: Realizado por los autores.
Con los datos obtenidos en el reconocimiento del paro cardiorrespiratorio y su comprobación mediante la verificación de la respuesta, pulso y respiración, tenemos los siguientes escenarios clínicos que van a determinar la respuesta ante tales situaciones (9), ver tabla 1.
Tabla 1. Escenarios clínicos en el reconocimiento de un paciente con posible paro cardiorrespiratorio (9).
| Escenario | Acción |
| La víctima respira con normalidad y tiene pulso | Vigilar a la víctima, posición lateral de seguridad |
| La víctima no respira con normalidad, pero tiene pulso | Realice ventilaciones de rescate (1 ventilación cada 2 a 3 segundos) • Evalúe el pulso cada dos minutos • Si no hay pulso o es menor de 60 y hay signos de hipoperfusión, inicie RCP por dos minutos y si no responde active el sistema de emergencias para conseguir un dea |
| La víctima no respira con normalidad o solo jadea/boquea y no tiene pulso | Se encuentra solo y fue un colapso súbito • Deje a la víctima y active el sistema de emergencias • Consiga el dea y el material para emergencias • Inicie maniobras de RCP y use el dea apenas se encuentre disponible Se encuentra solo y no fue colapso súbito • Inicie RCP y manténgala por 2 minutos, si luego de dos minutos el paciente no responde, active el sistema de emergencias para conseguir un dea y vuelva a la víctima para reiniciar RCP |
Un paso fundamental es saber cuándo activar el sistema de emergencias, lo cual va a depender del número de reanimadores y del contexto clínico en el cual nos encontremos, por lo que a continuación se describen las principales recomendaciones (9).
• Si es un único reanimador y no fue un colapso súbito y se identifica al paciente que no responde, se debe gritar para pedir ayuda o activar el sistema de emergencia vía celular en altavoz, en un primer momento. Si posterior al reconocimiento del paro cardiorrespiratorio, el inicio de RCP por dos minutos sin evidencia de respuesta y aún no ha sido activado el sistema de emergencias, diríjase a activarlo para la consecución prioritaria de un DEA y regrese con la víctima lo antes posible para usar el DEA o reiniciar la RCP (9).
• Si es un único reanimador y presenció un colapso súbito, el paciente fue víctima de electrocución o tiene antecedentes de cardiopatía, la recomendación es dejar el paciente o activar el sistema de emergencia de inmediato por vía celular, para la consecución de un DEA antes de iniciar maniobras de reanimación (9).
• En caso de dos reanimadores, uno de los reanimadores inicia RCP y otro activa el sistema de emergencias de manera simultánea (9).
Para que una reanimación cardiopulmonar sea exitosa, debe tener un orden y esquema que permita realizar paso a paso cada uno de los pasos sugeridos por las sociedades expertas como la American Heart Association (9), de donde se extrapola las siguientes recomendaciones:
• La secuencia de atención al paciente pediátrico en paro cardiorrespiratorio no varía en comparación con la del adulto, se debe realizar siguiendo la secuencia CAB (Compressions-Airway-Breathing), con el objetivo de disminuir el tiempo de inicio de las compresiones torácicas y el tiempo de “no flujo sanguíneo” (3).
• El algoritmo de la RCP en la población pediátrica varía según lo encontrado en la valoración clínica y si se dispone de uno o dos reanimadores (3).
• Los cinco componentes de la RCP de alta calidad son:
1. Frecuencia de compresiones: comprimir a una velocidad de 100 a 120 por minuto (3).
2. Profundidad: en el lactante debe lograr un desplazamiento esternal de al menos un tercio del diámetro anteroposterior del tórax, lo que equivale a 4 centímetros (cm) en el lactante y en el niño de 5 cm (3).
3. Expansión: debe permitir la recuperación completa del diámetro del tórax (reexpansión) (3).
4. Continuidad: evite al máximo las interrupciones (3).
5. Ventilación precisa: cuando las compresiones se asocian a la ventilación, se debe evitar la hiperinflación (solo el volumen necesario para expandir el tórax) (3).
A continuación, se describe la secuencia de abordaje C-A-B-D recomendada como maniobras de RCP, tanto en adultos como en niños en el contexto de un paro cardiopulmonar (3):
C: Circulación, compresiones torácicas
Deben ser dadas a una frecuencia adecuada, no hay datos suficientes para evaluar la frecuencia de compresiones en la población pediátrica, por lo tanto, se extrapola de la frecuencia recomendada en los adultos, es decir, 100-120 por minuto. El ciclo recomendado de compresiones/ventilaciones a utilizar es 30/2 si solo hay un reanimador o 15/2 si se dispone de dos reanimadores. Cada 2 minutos se debe cambiar el reanimador que está realizando las compresiones torácicas o antes si se encuentra fatigado (9).
Los datos acerca de la importancia de la profundidad de las compresiones torácicas exclusivamente en esta población son limitados; se recomienda comprimir el tórax al menos un tercio de su diámetro anteroposterior, esto equivale a 4 cm en lactantes y 5 cm en niños. Se debe permitir la recuperación completa del tórax entre compresión y compresión, y minimizar las interrupciones (3). En lactantes, la manera de realizar las compresiones torácicas puede variar según el número de reanimadores; si hay dos reanimadores se recomienda la técnica de dos manos (11) (Imagen 3), pero si solo hay un reanimador se utiliza la técnica de dos dedos (11) (Imagen 4). La forma adecuada de realizar estas maniobras se describe en la tabla 2.
Tabla 2. Técnica de compresión torácica con dos manos o con dos dedos (11).
| Maniobra de dos manos (Dos reanimadores) | Maniobra de dos dedos (Un reanimador) |
| Un reanimador pone sus manos alrededor del tórax del paciente y los dedos pulgares en la ½ inferior del esternón o un través de dedo por debajo de la línea intermamaria. | El reanimador pone sus dos dedos medios de una mano en la ½ inferior del esternón o un través de dedo por debajo de la línea intermamaria. |
| Se inician las compresiones torácicas de alta calidad. | Se inician las compresiones torácicas de alta calidad. |
| Un segundo reanimador se encarga de la vía aérea y la ventilación con bolsa máscara o maniobra boca-boca/nariz. | El mismo reanimador se encarga de la vía aérea y la ventilación con bolsa máscara o maniobra boca-boca. |
| Continuar compresiones/ventilaciones en relación 15:2 o de manera asincrónica cuando se tenga una vía aérea segura. | Continuar compresiones/ventilaciones en relación 30:2 o de manera asincrónica cuando se tenga una vía aérea segura. |
Imagen 3. Técnica de dos manos (11).

Fuente: Realizado por los autores.
Imagen 4. Técnica de dos dedos (11).

Fuente: Realizado por los autores.
En niños, la manera recomendada de realizar las compresiones torácicas es con la maniobra de una mano (Imagen 5). Se pone el talón de una mano sobre la ½ inferior del esternón y se continúan los pasos ya descritos (9).
Imagen 5. Técnica de compresiones torácicas en niños (9).

Fuente: Realizado por los autores.
Dada la fuerte asociación entre hipoxia y paro cardiorrespiratorio en la población pediátrica, no se recomienda el uso rutinario de solo compresiones torácicas sin ventilaciones; sin embargo, si el o los reanimadores no están dispuestos a dar ventilaciones, se podrían utilizar esta técnica, teniendo en cuenta que la RCP ideal en la población pediátrica debe incluir compresiones y ventilaciones (9).
A: Aérea, permeabilización
Se debe permeabilizar la vía aérea con maniobras básicas, como la extensión de la cabeza por medio de la maniobra frente-mentón o la tracción mandibular; se recomienda usar la primera maniobra para los pacientes sin sospecha o con diagnóstico de trauma cervical y la segunda para los que tienen sospecha o diagnóstico de trauma cervical (Imagen 6).
Imagen 6. Maniobras de permeabilización de la vía aérea.

Fuente: Adaptado de Código Azul y Reanimación Cardiopulmonar Básica Adultos y Niños. 1.ª ed. Hospital Pablo Tobón Uribe. 2016.
B: Breathing, respiración
En todos los pacientes la respiración no debe durar más de un segundo y debe ser efectiva (expandir el tórax), de no ser así, debe reposicionarse la cabeza y luego volver a suministrar la respiración. Para suministrar las ventilaciones en el lactante, se recomienda usar la maniobra boca – boca/nariz, realizando el cierre de la boca del paciente, y en el niño la maniobra a usar es boca – boca, ocluyendo la nariz del paciente; si se dispone de dispositivos para ventilar al paciente, debe preferirse la bolsa autoinflable con un volumen de 450-500 ml para lactantes y niños. Dada la complejidad que podría generar el uso de un dispositivo bolsa-válvula-máscara (BVM), se recomienda su uso solo cuando hay dos reanimadores (3).
En pacientes en paro respiratorio o que respiran con dificultad, suministre 20 a 30 respiraciones por minuto (1 cada 2 a 3 segundos), en caso de tener una vía aérea asegurada, la frecuencia de respiraciones se disminuye entre 8 a 10 por minuto. Recuerde que en caso de paro cardiorrespiratorio y vía aérea asegurada las compresiones torácicas y las ventilaciones se hacen de manera independiente y no coordinadas (asincrónico) (3,12).
D: Detección y desfibrilación
El uso del DEA en la población pediátrica durante el soporte vital básico es recomendado para los ritmos desfibrilables (FV y TVSP), algunos equipos tienen sistemas de atenuación pediátricos para reducir la energía liberada. En menores de 8 años, un desfibrilador manual con palas de tamaño pediátrico es recomendado, de no estar disponible podría usarse un DEA con atenuador, de no contarse con ninguno de los dos se debe usar el desfibrilador o el DEA convencional. En niños se recomienda el uso del DEA con atenuador, sin embargo, si no se tiene este sistema de atenuación, podría usarse un DEA convencional. Tenga presente que debe existir una distancia mínima de 5 cm entre parche y parche o entre paleta y paleta. En caso de ser necesario, posiciónelas de forma anteroposterior (3).
Luego de realizar todas las maniobras del soporte vital básico recomendadas de manera exitosa, es de vital importancia reconocer los signos de que el paciente ha salido del paro, entre ellos (3):
• Presencia de pulso
• Se levanta
• Se mueve
• Abre los ojos
• Respira normalmente
Por último, una vez se confirma que el paciente salió de paro cardiorrespiratorio, se debe poner en posición lateral de seguridad (hacia cualquiera de los dos lados, derecho o izquierdo) con el fin de reducir el riesgo de broncoaspiración en el paciente inconsciente (Imagen 7) y revisar signos vitales (por lo menos pulso y respiración) cada dos minutos, mientras se hace cargo el personal del SEM (10). A continuación, a manera de resumen, se pone a disposición el algoritmo del SVB, tanto para uno como para dos reanimadores (9) (Algoritmo 1- Imagen 8).
Imagen 7. Posición lateral de seguridad (10).

Fuente: Realizado por los autores.
Imagen 8. Reanimación pediátrica con uno y dos reanimadores (9).

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Capítulo 4. Soporte avanzado de vida adulto
Alfredo Caballero Arenas
Médico, Especialista Medicina de Urgencias
Andrés Felipe Estrada Atehortúa
Médico, Especialista Medicina de Urgencias
Junior Emmanuel Hidalgo Orozco
Médico
Felipe Carrasco Vélez
Médico, Residente de Ortopedia
Introducción
El soporte avanzado de vida consiste en realizar una serie de conductas médicas encaminadas a contrarrestar la causa del paro cardiorrespiratorio y de esta manera lograr el retorno de la circulación espontánea en el paciente. Esto incluye el uso de vasopresores, el uso de antiarrítmicos, la aplicación de terapia eléctrica intermitente según el ritmo cardíaco encontrado durante el paro cardiorrespiratorio (PCR), el momento adecuado de realizar una intubación orotraqueal (IOT) y el inicio de terapia médica dirigida a contrarrestar las posibles causas reversibles del PCR.
El PCR se presenta en el escenario extrahospitalario o intrahospitalario. En ambos el primer paso de la atención es reconocer el estado de paro cardíaco, luego activar el sistema de emergencias médicas e iniciar las maniobras de reanimación cardiopulmonar (RCP) básicas y procurar por una desfibrilación temprana en caso de estar indicada; estas medidas terapéuticas en conjunto son las que más han demostrado mejorar el retorno a la circulación espontánea y la sobrevida al alta hospitalaria, por encima del inicio de vasopresor, el uso de antiarrítmicos o la IOT inmediata (1).
La incidencia, causas, ritmo cardíaco intraparo y sobrevida al alta hospitalaria pueden variar según el escenario del PCR, intra o extrahospitalario. Así:
• Incidencia del paro cardiorrespiratorio intrahospitalario (PCRIH): en los Estados Unidos de Norteamérica se estima en 292.000 casos por año, dicho de otra manera, 9 a 10 casos por cada 1000 pacientes hospitalizados. La incidencia del paro cardiorrespiratorio extrahospitalario (PCREH) se calcula en 350.000 casos por año.
• Causas del PCRIH clásicamente se han dividido en origen cardíaco (arritmias, falla cardíaca o infarto agudo de miocardio) o no cardíaco, siendo las causas cardíacas las más frecuentes (50%-60%) y en segundo lugar la falla respiratoria (15%-40%), la cual es más frecuente en pacientes con hospitalizaciones prolongadas; de igual manera el origen cardíaco es el más usual en el PCREH.
• Tipo de ritmo: el ritmo cardíaco durante el PCR más frecuente en ambos escenarios son los ritmos no desfibrilables, presentándose en un 80% de los casos.
• La sobrevida al alta hospitalaria es de aproximadamente 25% en PCRIH y del 10%-12% en PCREH (2).
El punto de partida para iniciar las maniobras de RCP avanzada es la identificación del ritmo cardíaco intraparo lo más pronto posible, lo que permitirá agrupar los pacientes en dos grupos, aquellos con ritmos desfibrilables (taquicardia ventricular sin pulso – TVSP y fibrilación ventricular – FV) y aquellos con ritmos no desfibrilables (Asistolia y actividad eléctrica sin pulso – AESP); con base en esto se tomarán las decisiones posteriores (1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8) (Tabla 1).
En el presente documento se revisarán los aspectos más importantes acerca del algoritmo de abordaje de los ritmos desfibrilables y los no desfibrilables. Recomendamos al lector tener claro los conceptos de RCP de alta calidad y la manera adecuada de realizarla, de este modo podrá aprovechar al máximo la presente revisión.
CABD secundario
Los algoritmos de atención del paciente en paro se basan en la determinación del tipo de ritmo (desfibrilable o no desfibrilable), razón por la cual esta detección se constituye como una prioridad. Previo a la revisión de este destacado aspecto presentamos a continuación el CABD secundario pues se acopla, como veremos posteriormente, al proceso de atención y acompaña en paralelo el desarrollo de los algoritmos del soporte avanzado.
C: Circulación, accesos vasculares
El enfoque tradicional para emplear la farmacoterapia de emergencia es por vía intravenosa periférica. Sin embargo, la obtención de un acceso intravenoso en condiciones emergentes puede resultar un desafío según las características del paciente y experiencia del operador que provoca retrasos en los tratamientos farmacológicos. Por lo anterior, el acceso intraóseo (IO) se implementa cada vez más como un enfoque de primera línea para el acceso vascular emergente, debido a la relativa facilidad y velocidad con que se puede lograr, una mayor tasa de instauración exitosa en comparación con la canulación intra venosa y el riesgo de procedimiento relativamente bajo.

El establecimiento de una vía intravenosa periférica sigue siendo un enfoque inicial razonable, pero se puede considerar el acceso IO cuando una vía intravenosa no es exitosa o factible.
Farmacoterapia - Medicamentos vasopresores
La adrenalina (ampolla de 1mg/1ml) se recomienda para administrar a pacientes en paro cardíaco (COR · LOE B-R). Con base en los protocolos utilizados en los ensayos clínicos, es razonable suministrar 1 mg de adrenalina cada 3 a 5 min.
Respecto al tiempo para administrar en pacientes con ritmo no desfibrilable es aconsejable aplicarla tan pronto como sea posible; en caso de ritmos desfibrilables se sugiere el uso de adrenalina después de que hayan fallado los intentos iniciales de desfibrilación.
Farmacoterapia - Medicamentos no vasopresores
A continuación, se hace una presentación de los medicamentos sin efectos hemodinámicos directos (“no presores”) como medicamentos antiarrítmicos y otros como el magnesio, bicarbonato de sodio y calcio, que no se recomiendan de forma rutinaria, pero que en algunos casos seleccionados o circunstancias específicas (como se describe más adelante en las causas reversibles de paro), pueden tener un posible beneficio.
• Amiodarona (ampolla de 150mg/3ml): derivado de benzofurano yodado con propiedades electrofisiológicas complejas; aunque está clasificado como un agente antiarrítmico de clase III de Vaughan-Williams, debido a su inhibición de los canales de potasio de salida, el fármaco también tiene efectos de bloqueo de los canales de sodio de clase I, efectos antiadrenérgicos de clase II y efectos de bloqueo de los canales de calcio de clase IV. Está indicada en fibrilación ventricular (FV) o taquicardia ventricular sin pulso (TVSP), refractarias, en estos casos se recomienda una dosis intravenosa inicial de 300 mg de forma directa, empujar con bolo de 20 ml de solución salina, la dosis inicial de amiodarona se administra luego del tercer intento de desfibrilación.
– Otras indicaciones como control de TV monomórfica hemodinámicamente estable, taquicardia de complejo ancho de origen incierto, taquicardias supraventriculares no controladas por adenosina, maniobras vagales, o para controlar la frecuencia ventricular rápida en fibrilación auricular o taquicardias de complejos anchos, debidas a la conducción de la vía accesoria en arritmias atriales prexcitadas se revisarán en el capítulo de arritmias.
• Lidocaína (vial de 50ml al 2% -20mg/1ml-): es un fármaco antiarrítmico estabilizador de la membrana que actúa aumentando el período refractario de los miocitos. Disminuye la automaticidad ventricular y su acción estética local suprime la actividad ectópica ventricular. La lidocaína suprime la actividad de los tejidos arritmogénicos despolarizados e interfiere mínimamente con la actividad eléctrica de los tejidos normales. Está indicada en fibrilación ventricular (FV) o taquicardia ventricular sin pulso (TVSP), refractarias, a una dosis inicial de 100 mg (1–1,5 mg/kg) a la tercera descarga. Se puede aplicar un bolo adicional de 50 mg, si es necesario, tras la quinta descarga. La lidocaína es menos eficaz en presencia de hipokalemia e hipomagnesemia, que deben corregirse de inmediato.
• Sulfato de magnesio (ampolla de 2g/10 ml): es un componente importante de muchos sistemas enzimáticos, especialmente aquellos involucrados con la generación de ATP en el músculo. Juega un papel importante en la transmisión neuroquímica, donde disminuye la liberación de acetilcolina y reduce la sensibilidad de la placa motora terminal. Se usa en caso de taquicardia ventricular polimórfica, a dosis de 2 gramos (g), intravenoso por vía periférica directo, empujado por 20ml de solución salina normal y elevación de la extremidad. Se puede repetir a los 10 a 15 minutos (11).
– En pacientes que no están en paro con taquicardia ventricular polimórfica, en quienes se ha documentado prolongación del segmento QTc (puntas torcidas) o hipomagnesemia, se recomienda utilizar 2 g diluidos en 100 ml de dextrosa, para pasar en 10 minutos de forma intravenosa periférica. Debido a que el trastorno de base en estos pacientes es la prolongación del QT se debe dejar una infusión 2 g para 8 horas o dosis por horario de 2 g IV cada 8 horas, por 7 a 48 horas hasta que el intervalo QT sea < 500 milisegundos.
• Calcio (gluconato o cloruro): el calcio juega un papel vital en los mecanismos celulares que subyacen a la contracción del miocardio. Se emplea en circunstancias especiales como en hiperkalemia, sobredosis de bloqueadores de calcio y de betabloqueadores. En un paro cardíaco el calcio se puede proporcionar mediante una inyección intravenosa rápida. La dosis inicial es de 10 ml de cloruro calcio al 10%, dosis que puede repetirse si es necesario. La dosis por kilogramo de peso es 45 a 50 mg/kg IV.
– Tenga presente no administrar soluciones de calcio y bicarbonato de sodio simultáneamente por la misma vía, para evitar la precipitación.
• Bicarbonato de sodio (ampolla de 10mEq/10ml): podría considerarse su uso en casos de hiperkalemia e intoxicación por bloqueantes de canales de sodio (incluido los antidepresivos tricíclicos) asociados con QRS ancho, a dosis de 1 mEq/kg (7, 8).
A y B: Vía aérea y ventilación avanzada
Las pautas del soporte de vida enfatizan la importancia de mantener la oxigenación del cerebro como el objetivo más importante del manejo de las vías respiratorias, siendo subsidiaria la eliminación de CO2 y la protección de las vías respiratorias hasta que se logre un retorno de la circulación espontánea (ROSC).
Durante los primeros minutos después de un paro cardíaco, el suministro de oxígeno al cerebro está limitado principalmente por la reducción del flujo sanguíneo (no por el contenido sanguíneo en sí, el cual presuntamente está disminuido en circunstancias especiales como la hipoxia (ver adelante, causas reversibles de paro), lo que lleva a la recomendación de que la realización de compresiones torácicas de alta calidad tenga prioridad sobre la ventilación durante el período inicial del soporte de vida.
El manejo de las vías respiratorias durante un paro cardíaco generalmente comienza con una estrategia básica como la ventilación con BVM, la cual podría seguirse usando durante las maniobras de RCP avanzada pues no hay evidencia contundente que confirme que el manejo avanzado de la vía aérea con IOT o dispositivos supraglóticos mejore la sobrevida o los resultados neurológicos. Sin embargo, puede ser útil para los reanimadores dominar una estrategia avanzada de vía respiratoria (tubo orotraqueal), así como una segunda estrategia (de respaldo, como los dispositivos supraglóticos) para usar si no pueden establecer el primero de elección.
No hay un momento exacto durante las maniobras de RCP en el cual la literatura recomiende realizar la IOT, la decisión final sobre el uso, tipo y momento de una vía aérea avanzada requerirá la consideración de una serie de características del paciente y del proveedor que no se definen fácilmente en una recomendación global. Lo que sí se recomienda es lo siguiente:
• En presencia de operadores entrenados, la IOT o los dispositivos supraglóticos pueden ser usados una vez su equipo esté listo para el procedimiento y este no interfiera con la calidad de la RCP.
• Si la adecuación de una vía aérea avanzada afecta las compresiones torácicas, los reanimadores pueden considerar posponer la inserción de la vía aérea hasta que el paciente no responda a los intentos iniciales de reanimación y desfibrilación u obtenga retorno a circulación espontánea.
• La realización de la IOT y la verificación del tubo orotraqueal (TOT) deben realizarse con mínimas interrupciones de la RCP.

Desde la instauración de la emergencia sanitaria por COVID-19 se definió que para asegurar con éxito al primer intento la intubación orotraqueal, se pueden suspender las compresiones torácicas.
• No se deben usar medicamentos para sedar o relajar el paciente que está en paro cardiorrespiratorio y se le van a realizar maniobras avanzadas para el manejo de la vía aérea.
• No se recomienda hacer presión cricoidea (maniobra de Sellick) (COR 3 LOEC-LD).
• Una vez realizada la IOT, se aconseja usar una onda de capnografía para confirmar la posición del TOT, monitorear su correcta posición y la calidad de la RCP.
• En pacientes con IOT que continúen en paro cardiorrespiratorio, la ventilación debe realizarse de manera asincrónica con las compresiones torácicas, suministrando una respiración cada 6 segundos (10 respiraciones por minuto).

Se recomienda utilizar filtro microbiológico (filtran virus o bacterias) al emplear un BVM o cuando se cuente con un dispositivo supraglótico o tubo orotraqueal.
Pacientes con ritmos desfibrilables
Una vez reconocido el estado de PCR se activa el sistema de emergencias, se inician las maniobras de RCP básicas y se conecta el paciente a una fuente de oxígeno de alto flujo; es importante mencionar que los efectos deletéreos de la hiperoxia en el síndrome posparo no se extrapolan al estado intraparo (1,3).
Tabla 1. Ritmos de paro cardíaco (1,4,5).
| Desfibrilables | No desfibrilables |
FIBRILACIÓN VENTRICULAR Actividad eléctrica desorganizada que se define como un patrón oscilatorio muy rápido e irregular, con deflexiones de amplitud y contorno variable, sin lograr identificar componentes auriculares o ventriculares (1). | ASISTOLIA Ausencia de actividad eléctrica ventricular (1,4). |
TAQUICARDIA VENTRICULAR SIN PULSO Representa la actividad eléctrica organizada del miocardio ventricular, que característicamente NO produce contractilidad para mantener perfusión (1). | ACTIVIDAD ELÉCTRICA SIN PULSO Despolarización eléctrica organizada del corazón, sin actividad mecánica cardíaca suficiente para generar un ritmo que permita la perfusión corporal adecuada (1,5). |
Independientemente de si se trata de un PCRIH o PCREH, el ritmo cardíaco debe ser identificado lo más pronto posible dentro de las maniobras de reanimación, lo que permitirá el inicio inmediato de la terapia eléctrica tipo desfibrilación en los ritmos que se definen como desfibrilables (TVSP y FV). La desfibrilación es la medida terapéutica que ha demostrado mejoría en el retorno a la circulación espontánea en este tipo de pacientes, con una efectividad del 85%-98% para equipos con onda bifásica. Hay que aclarar que en el escenario intrahospitalario debe preferirse el uso del desfibrilador manual sobre el desfibrilador externo automático (DEA) (1,3,9). Algunos aspectos para tener en cuenta al usar la desfibrilación son:
• Ubique las paletas o los parches: la posición convencional es esternal-apical. Uno de los electrodos se instala a la derecha del esternón, debajo de la clavícula. La paleta o el parche apical se ubica en la línea medio axilar izquierda. Tenga presente que hoy en día más pacientes se presentan con dispositivos médicos implantables (cardiodesfibriladores, cardioversores o marcapasos); se recomienda situar el electrodo al menos 8 cm de distancia o emplear una posición alterna para los electrodos (anterolateral o anteroposterior) (9).
• Con miras a disminuir la impedancia del tórax se debe: aplicar gel transmisor, disminuir el vello corporal, retirar humedad, poner las paletas en posición transversal; además el electrodo apical debe estar libre de cualquier tejido mamario y se recomienda que el operador cuando usa las paletas, las aplique firmemente contra el tórax (se estima una fuerza de 8 kg en el adulto, con la cual mejora la interface entre el electrodo y la piel además que se reduce el volumen torácico) (1,9).
• Recuerde que uno de los criterios de compresión de alta calidad implica disminuir al máximo las interrupciones (10). La pausa previa a la descarga debe mantenerse en un mínimo absoluto. Para minimizar este tiempo se recomienda:
– Cargar el desfibrilador manual durante las compresiones torácicas antes o después de un análisis de ritmo programado (precarga).
– Continuar las compresiones durante la carga del desfibrilador. Esta estrategia depende de un equipo eficiente, coordinado por un líder que se comunique de forma efectiva.
• El operador debe garantizar la seguridad del equipo de atención, por lo tanto, debe avisar previamente que va a realizar una descarga y antes de realizarla, asegurarse de que nadie esté tocando al paciente.
• Deben preferirse los desfibriladores bifásicos sobre los monofásicos. La dosis en los bifásicos es 120-200 julios (J) y en caso de usar un monofásico, la dosis es 360 J. Si se desconocen las características del equipo, debe usarse la mayor dosis posible o la recomendada por el fabricante (1,3).
• Se define una desfibrilación exitosa como aquella que da por terminada la arritmia en los 5 segundos posteriores a la descarga.
• No se recomienda el uso de dosis escalonada de energía, en caso de necesidad de descargas repetitivas intermitentes (cada dos minutos), es decir, deben usarse dosis fijas (360 julios o 200 julios según el desfibrilador), teniendo como punto de partida las recomendaciones del fabricante del equipo y la mayor dosis posible en el desfibrilador manual (1,9).
• No se recomienda el uso de descargas continuas en caso de FV o TVSP refractarias; es decir, solo se recomienda usar descargas repetitivas intermitentes (1,9).
• La decisión de realizar la desfibrilación se toma luego de analizar el ritmo cardíaco, al terminar cada ciclo de dos minutos, y definir que el ritmo es desfibrilable (1,3,9,10).
Inmediatamente después de la descarga inicial se reinician las compresiones torácicas de alta calidad por dos minutos, simultáneamente se obtendrán dos accesos venosos periféricos si no se cuenta aún con ellos (o en su defecto, un acceso intraóseo); al terminar los dos minutos se verificará el ritmo cardíaco de paro y se procederá según lo encontrado, ritmo desfibrilable o no (algoritmo 1) (1,3,10). La presencia de pulso central solo debe verificarse en caso de presentarse un cambio en el ritmo cardíaco (por ejemplo, morfología del QRS o de la frecuencia) al terminar cada ciclo de dos minutos (1,3).
Si se continúa ante la presencia de un ritmo desfibrilable se aplicará la segunda descarga, sin verificar el pulso central previamente, siguiendo las recomendaciones ya descritas; se repite el ciclo (reinicio de compresiones torácicas/ventilaciones) por dos minutos, simultáneamente se inicia el uso del único vasopresor recomendado a la fecha: adrenalina (ampollas de 1 mg/1ml) cada 3 a 5 minutos hasta el retorno a la circulación espontánea o el cese de las maniobras de RCP, indicando al equipo de atención que su aplicación debe ser seguida por un bolo de 20 ml de SSN 0.9% y elevar la extremidad por la cual se administró el medicamento (1,3). En cuanto al uso de vasopresores en ritmos desfibrilables debe considerarse:
• Iniciar la dosis luego de la segunda descarga y en la forma de uso ya descrita. Dosis mayores a 1 mg no son recomendadas (1,3,6,7).
• La administración de otros vasopresores (metoxamina o isoproterenol), con o sin adrenalina durante las maniobras de RCP avanzada, no ofrecen ventajas sobre la aplicación de solo adrenalina. Respecto a la vasopresina, durante el paro cardíaco, puede considerarse la administración en combinación de la adrenalina, pero al igual que los otros vasopresores no ofrece ninguna ventaja como sustituto de la adrenalina por sí sola (1,3).
• La evidencia epidemiológica acerca del uso de adrenalina en un episodio de PCR es controversial y varía según el escenario (intra o extrahospitalario) y el ritmo cardíaco de paro (desfibrilable o no). En casos de PCREH, escenario en el que se han realizado los principales estudios clínicos, su uso se asocia a un aumento de la sobrevida al alta hospitalaria, mejor resultado neurológico, mayor retorno a la circulación espontánea y aumento en la sobrevida a la admisión hospitalaria, sin embargo, estos resultados no son reproducibles ni consistentes en todos los estudios.
Pasados los dos minutos se verifica nuevamente el ritmo cardíaco, de persistir un ritmo desfibrilable, se debe administrar una nueva desfibrilación (la tercera) y reiniciar de manera inmediata el ciclo de compresiones torácicas/ventilaciones por dos minutos; simultáneamente se ordena el inicio intravenoso de un antiarrítmico (amiodarona o lidocaína), decisión para la cual deben tenerse en cuenta las siguientes consideraciones (1,3,11):
• Se debe considerar su inicio en casos de FV/TVSP que no respondan a las compresiones torácicas, la terapia eléctrica y el uso de vasopresor. El objetivo es aumentar la tasa de éxito en las siguientes descargas. El uso de antiarrítmicos se asocia a un aumento del retorno a la circulación espontánea en pacientes con FV/TVSP refractarias a la desfibrilación (que no responden a la primera descarga) pero no tienen impacto en la sobrevida al alta hospitalaria ni en el resultado neurológico.
• Puede elegirse la amiodarona o la lidocaína, no hay diferencias significativas entre ellas. Se recomienda elegir uno de los dos medicamentos y no el uso intercalado de ellos.
• La amiodarona (ampollas de 150 mg/3 ml) debe iniciarse en dosis de 300 mg luego de la tercera descarga y podría usarse una dosis adicional de 150 mg después de la quinta descarga.
• La lidocaína (ampollas al 1% o 2%, es decir, 10 mg/ml o 20 mg/ml respectivamente) debe iniciarse en dosis de 1-1.5 mg/kg luego de la tercera descarga y podría usarse una dosis adicional de 0.5-0.75 mg/kg después de la quinta descarga.
• La evidencia clínica del uso de antiarrítmicos en PCRIH se extrapola de estudios en el escenario extrahospitalario. A la fecha de la revisión de la guía de reanimación por parte de la ILCOR en el año 2018, no se encontraron ensayos clínicos controlados de uso de antiarrítmicos en pacientes con PCRIH. Se considera que estos medicamentos pueden ser administrados de manera más temprana en el ambiente intrahospitalario (11).
El procedimiento anterior debe repetirse cada dos minutos: desfibrilación cuando está indicada, compresiones torácicas/ventilación y detección de ritmo; tomando las respectivas decisiones en consecuencia. En caso de presentarse un cambio en el ritmo, se debe verificar inmediatamente el pulso central por un espacio no mayor de 10 segundos y proceder según lo encontrado, así (1):
• Presencia de pulso: verificar respiración e iniciar soporte ventilatorio en caso de paro respiratorio o iniciar cuidados posparo.
• Ausencia de pulso: definir cambio a algoritmo de ritmo no desfibrilable.
El retorno a la circulación espontánea se comprueba por medio de la presencia de pulso central y presión arterial, aumento abrupto y sostenido en la onda de capnografía (≥ 40 mmHg) u ondas de presión arterial espontánea en caso de contar con un catéter de monitoría intraarterial (1).
Pacientes con ritmos no desfibrilables
Durante un episodio de PCR, independiente si se trata de un PCRIH o PCREH, al identificar el ritmo cardíaco de paro podemos encontrar un ritmo no desfibrilable (asistolia o AESP) hasta en el 80% de los casos (2).
• Asistolia: es la ausencia de actividad eléctrica y mecánica cardíaca, se representa por una línea isoeléctrica y plana. Ante la presencia de asistolia deben iniciarse maniobras de RCP y, sin suspenderlas, verificar todas las conexiones del equipo (dispositivo-cables, cables-paciente, dispositivo-paletas, paletas-paciente). Adicionalmente, verificar cuidadosamente el trazado electrocardiográfico en búsqueda de actividad eléctrica, ya que la presencia de estas indica que se puede obtener respuesta ante la estimulación cardiotorácica. Si hay duda de si se trata de una asistolia o una fibrilación ventricular fina, no hay verdadero beneficio en establecer la diferencia (en este caso no hay indicación de cambiar la sensibilidad o cambiar la derivada) y no se debe intentar la desfibrilación; por el contrario, continuar las compresiones y las ventilaciones teniendo presente que, si son de alta calidad, puede mejorar la amplitud y la frecuencia de una posible FV y mejorar la tasa de éxito ante una descarga (1,3,4).
• Actividad eléctrica sin pulso (AESP): es definida como una disociación entre la actividad eléctrica y la actividad mecánica del corazón. Se manifiesta por tener un ritmo cardíaco organizado sin evidencia de contracción miocárdica y, por lo tanto, sin pulso. De acuerdo con esta definición, cualquier arritmia sin presencia de pulso, diferente a la FV o la TVSP, debe ser considerada una AESP. Un fenómeno llamado pseudo-AESP se refiere a la ausencia de pulso y una débil contracción cardíaca evidenciada por ecocardiografía, pero que no logra generar pulso; en términos prácticos y dada la escasa disponibilidad de esta ayuda diagnóstica, todos los pacientes deben ser enfocados como una AESP (1, 3, 4, 5).
Una vez se identifica un ritmo no desfibrilable se debe reiniciar el ciclo de compresiones torácicas/ventilaciones por dos minutos y desde el primer ciclo iniciar la adrenalina en dosis; intervalo y forma de aplicación ya descrito. En caso de PCRIH con ritmo no desfibrilable, el uso temprano de adrenalina (1 a 3 minutos) se asocia con aumento en el retorno a la circulación espontánea, sobrevida al alta hospitalaria y mejor resultado neurológico. Recuerde que se debe verificar el ritmo cada dos minutos y si se presenta un cambio en este, proceder a comprobar la presencia de pulso y proceder según hallazgos (1,3,6,7).
Imagen 1. Algoritmo universal de manejo de paro cardíaco (1).

Los ritmos no desfibrilables se relacionan con situaciones clínicas que en algunos casos podrían ser reversibles si reciben un tratamiento adecuado y oportuno, es por esto por lo que en este escenario clínico el equipo de atención, además de las medidas estándar, debe iniciar lo antes posible la búsqueda activa de esta probable causa y proceder con su corrección inmediata. El factor diferenciador en el abordaje y pronóstico de este escenario clínico es la búsqueda y resolución de la probable causa. Tradicionalmente las guías internacionales de RCP recomiendan iniciar esta búsqueda por medio las 5Hs y 5Ts (hipovolemia, hipoxemia, hidrogeniones, hipo/hiperkalemia e hipotermia; y neumotórax a tensión, taponamiento cardíaco, toxinas, trombosis coronaria y tromboembolismo pulmonar); sin embargo, algunos otros autores solo mencionan 4Hs y 4Ts excluyendo los hidrogeniones y la trombosis coronaria (1,3,6,7,8).
Es importante mencionar que el enfoque diagnóstico de las probables causas debe hacerse de manera rápida, basado en los antecedentes del paciente, los factores de riesgo, la enfermedad actual y la evolución clínica; son pocas las ayudas diagnósticas que podemos utilizar y la no disponibilidad inmediata del resultado en este escenario hace difícil estar plenamente seguros del diagnóstico. Se recalca que no se debe ordenar la toma de paraclínicos durante el PCR.
El análisis del ritmo cardíaco en la telemetría (cardioscopio) durante el PCR podría ayudar a diferenciar las 5Hs y 5Ts, dividiéndolas según la amplitud del complejo QRS. Se asume que el QRS estrecho es relacionado a problemas mecánicos cardíacos como el taponamiento cardíaco, el neumotórax a tensión o el tromboembolismo pulmonar (TEP). Por el contrario, el QRS ancho se asocia a trastornos metabólicos o isquémicos, por ejemplo, hipo/hiperkalemia o intoxicación por bloqueadores de canales de sodio. La AESP por trombosis coronaria (infarto agudo de miocardio) podría manifestarse con complejos QRS anchos o estrechos. Otras ayudas diagnósticas como la ecocardiografía se reservan para personal entrenado en su realización e interpretación. No se deben solicitar gases arteriales durante el PCR pues técnicamente es difícil tomar la muestra en un paciente que no tiene pulso, se desvía la atención del personal de enfermería hacia una actividad innecesaria y además el resultado de estos puede tomar varios minutos (5).
A continuación, haremos una breve revisión acerca del diagnóstico y manejo de algunas de las 5Hs y 5Ts. Remitimos al lector al documento de reanimación en el paciente intoxicado para revisar lo referente a ese tema. No se menciona la acidosis (hidrogeniones) pues no existe evidencia de que apoye el uso de bicarbonato IV en estos pacientes, ni tampoco la trombosis coronaria, en tanto las maniobras convencionales de RCP no varían y tienen como objetivo buscar el retorno a la circulación espontánea para poder llevar el paciente a coronariografía inmediata.
Imagen 2. Algoritmo para la aproximación sistemática de las causas reversibles de paro cardiorrespiratorio según la morfología del QRS (5).

Hipoxia
Es la causa más común de PCR de origen no cardíaco. Su manifestación más frecuente es la desaturación, llegando a comprometerse el estado de consciencia cuando la saturación de oxígeno es menor al 60%. Basado en datos de estudios en animales, se postula que el PCR puede presentarse 3 a 11 minutos luego del inicio de la asfixia.
Dentro de las enfermedades más importantes relacionadas con el desarrollo de PCR secundario a hipoxia se mencionan: el episodio de obstrucción de la vía aérea por cuerpo extraño, el asma casi fatal, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica exacerbada y la neumonía (7).
Los objetivos del tratamiento durante la RCP son la resolución de la posible causa y el manejo avanzado de la vía aérea de una manera precoz para evitar la hipoxemia prolongada y la consecuente encefalopatía hipóxico-isquémica como secuela. La revisión del tratamiento de cada una de las causas mencionadas escapa a los objetivos del presente documento (6,7,8).
Hiperkalemia
El potasio es un electrolito involucrado en la conducción nerviosa, muscular y cardíaca. Su concentración normal en el cuerpo es entre 3.5 mEq/L y 5.5 mEq/L. La hiperkalemia es la alteración electrolítica que más se asocia con arritmias graves y PCR, para poder sospechar esta condición clínica nos apoyamos en tres aspectos fundamentales (6,7,8):
• La historia clínica en la que buscamos antecedentes que sugieran incrementos de los niveles séricos de potasio como enfermedad renal crónica (ERC), lesiones graves de tejido muscular (rabdomiólisis, quemaduras graves, síndrome de lisis tumoral), falla cardíaca crónica, diabetes mellitus y algunos medicamentos (IECAS, ARAII, diuréticos ahorradores de potasio, AINE, ß- Bloqueadores, trimetroprim).
• Los síntomas previos al PCR tales como parestesias, debilidad muscular, parálisis flácida y la hiporreflexia.
• Ayudas diagnósticas como los niveles séricos de potasio y el electrocardiograma (EKG). La medición del potasio sérico no está disponible en todos los centros de atención ni se cuenta de manera inmediata con el resultado, así que no es de ayuda en el contexto del paciente en PCR; por el contrario, el EKG y la monitoría del ritmo cardíaco por cardioscopio pueden mostrar alteraciones en su trazado compatibles con hiperkalemia, las más comunes son: ondas T altas y picudas, aplanamiento de las ondas P, QRS ensanchado, taquicardia, fibrilación ventricular o bloqueos AV.
El manejo de la hiperkalemia en el paciente con pulso depende de dos factores fundamentales que son los valores de potasio en sangre y la presencia o no de alteraciones en el EKG; sin embargo, en el paciente en PCR en quien se sospecha la hiperkalemia como posible origen, el primer paso es iniciar las maniobras de RCP básica y avanzada de alta calidad, y concomitantemente instaurar medidas que aumenten la probabilidad del retorno a la circulación espontánea en este contexto, estas son (7, 8):
• Gluconato de calcio (ampollas de 1 gr/10 ml): 15 a 30 ml IV (45-50 mg/kg IV) para pasar en 2 a 5 minutos, dosis que se puede repetir en 3-5 minutos. Esta medida tiene como objetivo estabilizar la membrana celular por medio de la restauración del potencial de membrana.
• Infusión de 10 UI de insulina regular + 25 gr de Dextrosa en Agua Destilada (DAD) en bolo; es decir 250 ml de DAD al 10% o 500 ml de DAD al 5%. Esta infusión tiene como objetivo aumentar el ingreso del potasio al espacio intracelular.
• Bicarbonato de sodio 50 mEq IV para pasar en 5 minutos diluidos en DAD al 5%. El rango de dosis es de 1 a 2 mEq/kg de peso.
• Una vez el paciente retorne a la circulación espontánea, se deben instaurar medidas para remover el potasio del torrente sanguíneo, esto se hace por medio de la hemodiálisis.
Imagen 3. Alteración en EKG por hiperkalemia (6).

Hipokalemia
Es definida como la concentración extracelular menor a 3.5 mEq/L. Se presenta en entidades relacionadas con aumento de las pérdidas (diarrea, uso de laxantes, vómito, aumento de las pérdidas renales o uso de diuréticos), disminución en el consumo o asociado a depleción del magnesio. La presencia de hipomagnesemia altera el transporte de potasio del espacio intra al extracelular e incrementa su excreción (6, 7, 8).
El EKG nuevamente juega un papel fundamental en el diagnóstico, la presencia de ondas T de baja amplitud o invertidas, depresión del segmento ST, ondas U en V2-V3 y bloqueos AV aumentan la sospecha diagnóstica (7).
En un paciente con hipokalemia y PCR inminente (arritmias ventriculares malignas) o ya en estado de paro, deben iniciarse las maniobras de reanimación básica y avanzada de alta calidad e iniciar medidas que aumenten la probabilidad de retorno a la circulación espontánea, tales como (7):
• Cloruro de potasio 10 mEq IV por vía periférica para infundir en 5 minutos o 2 mEq/minuto durante 10 minutos (una ampolla para infundir en 10 minutos). Se postula que, por cada 20 mEq infundidos, la concentración sérica de potasio aumenta en 0.2 mEq (12).
• Sulfato de magnesio 2 gr IV por vía periférica para infundir en 1-2 minutos empujado por 20 ml de solución salina normal y elevación de la extremidad (12).
Hipotermia
La hipotermia se presenta cuando la temperatura corporal está por debajo de 35° celsius (C), se clasifica en leve (35°-32°), moderada (32°-28°), grave (28°-24°). El PCR se presenta normalmente cuando la temperatura se encuentra por debajo de 24°. El diagnóstico debe hacerse, idealmente, con la toma de temperatura central (timpánica, vesical o rectal). Algunos signos como la pérdida del estado de conciencia y no tiritar indican mayor gravedad (7).
Uno de los principales factores que predisponen a una pérdida de la regulación de la temperatura y favorecen la hipotermia es el consumo de alcohol. Así mismo, las personas víctimas de ahogamiento en lagunas o ríos pueden ser llevadas al servicio de urgencias por sospecha de hipotermia. El enfriamiento corporal disminuye el consumo del oxígeno en la célula lo que confiere un efecto protector, a 18°C el cerebro puede soportar hasta 10 veces más hipoxia de lo que haría a 37°C, por tal motivo los pacientes con hipotermia deben recibir maniobras de reanimación por largo tiempo y no se debe certificar la muerte del paciente hasta que se haya regulado la temperatura (“nadie está muerto hasta que esté caliente y muerto”) (7).
En lo que respecta a las maniobras de RCP se deben tener en cuenta algunos aspectos diferenciales (7):
• No hay temperatura inferior límite para el inicio de las maniobras de RCP.
• La toma del pulso carotideo debe hacerse por espacio de 1 minuto.
• Dada la rigidez del tórax por la hipotermia, debe considerarse el uso de dispositivos mecánicos para realizar las compresiones torácicas.
• La bradicardia revierte espontáneamente con el recalentamiento, no se recomienda la implantación de marcapaso cardíaco.
• Si se detecta un ritmo desfibrilable, se debe usar la terapia eléctrica estándar, si el ritmo persiste luego de 3 descargas, debe diferirse las otras descargas hasta lograr una temperatura mayor a 30°C.
• Deben evitarse los medicamentos (vasopresores y antiarrítmicos) hasta que el cuerpo esté a una temperatura mayor de 30°C.
• No iniciar medidas de RCP ante signos de muerte irreversible (decapitación, sección completa del tronco, descomposición o cuerpo totalmente congelado).
• Ante temperatura corporal mayor de 30°C se deben realizar las maniobras de RCP convencionales.
Hipertermia
La hipertermia ocurre cuando el cuerpo falla en su capacidad de realizar la termorregulación y la temperatura corporal excede la homeostasis corporal. Se asocia a condiciones exógenas (exposición a fuentes de calor) o endógenas (producción de calor). Algunas de las condiciones patológicas asociadas a hipertermia son el colapso por calor, el golpe de calor y la hipertermia maligna. No existen estudios del manejo de estas condiciones clínicas en pacientes con PCR y por lo tanto no hay claridad si se deben hacer o no modificaciones en el protocolo de RCP convencional. Además de las maniobras de RCP de alta calidad, debe procurarse por realizar un enfriamiento corporal por medio de líquidos endovenosos (LEV) fríos; aplicando apósitos fríos en cuello, axilas e inglés y administrar dantroleno en casos de hipertermia maligna (7).
Hipovolemia
Se define como una reducción en el volumen intravascular. Es la principal causa de muerte por paro cardíaco traumático (7,8) es de aclarar que la RCP en paciente víctima de trauma es un contexto completamente diferente y no será abordado en el presente texto. Se considera absoluta cuando el origen es hemorrágico o relativa cuando se presenta en el contexto de un shock vasopléjico (anafilaxia y sepsis).
Las medidas terapéuticas deben seguir la secuencia de RCP de alta calidad. En presencia de sepsis o cualquier otra causa de hipovolemia de origen no traumático, debe infundirse un bolo de 30 ml/kg de cristaloides intravenosos (IV) tibios y asegurar la vía aérea lo antes posible para contrarrestar otros mecanismos fisiopatológicos como la acidosis o la hipoxia. En paciente con choque anafiláctico el PCR se presenta por choque vasopléjico o por paro respiratorio causado por el edema en la vía aérea y la consecuente hipoxia, llevando a un PCR en caso de no recibir el tratamiento específico de manera oportuna (adrenalina 0.5 mg IM en casos de choque anafiláctico cuando aún el paciente tiene pulso) (7). Ante la presencia de PCR en este escenario deben iniciarse maniobras de RCP de alta calidad, bolo de LEV, uso de vasopresores a dosis intravenosa y aseguramiento precoz de la vía aérea (7, 8). Para profundizar más acerca del manejo de la anafilaxia invitamos a lector a revisar las guías internacionales del tema. Las maniobras de RCP en paciente víctima de trauma son un contexto clínico diferente y escapan al objetivo de esta revisión.
Neumotórax a tensión
Se define como la acumulación de aire en el espacio pleural que causa inestabilidad hemodinámica o falla ventilatoria, sus causas más importantes son: trauma, asma, EPOC, neumotórax espontáneo o iatrogenia en pacientes que reciben ventilación con presión positiva. El diagnóstico es netamente clínico ya que no hay tiempo de acudir a una sala de rayos X. Clínicamente se caracteriza por disnea súbita, asimetría en la expansión torácica, ingurgitación yugular, desviación de la tráquea al lado contralateral, timpanismo a la percusión e hipoventilación pulmonar ipsilateral (7,8).
En la estabilización inicial del paciente se debe realizar una toracentesis, que consiste en una descompresión con aguja de 14 gauge. El procedimiento se realiza puncionando el tórax del paciente en una de las dos siguientes ubicaciones: en el segundo espacio intercostal con línea medioclavicular o en el quinto espacio intercostal con línea axilar anterior del hemitórax afectado; siempre realizar el procedimiento por el borde superior de la costilla inferior para evitar la punción del paquete vasculonervioso intercostal y no retirar el alma del catéter. Luego de la reanimación o estabilización inicial debe realizarse el tratamiento definitivo por medio de una toracostomía (sonda a tórax) (13).
Tromboembolismo pulmonar
Es la causa del 2% al 9% de los PCR que ocurren fuera del hospital y del 5% al 6% de los que ocurren en el entorno hospitalario. Tiene una mortalidad entre el 65% y 90%, sin embargo, solo el 5% de los casos de tromboembolia pulmonar (TEP) desarrollan un PCR (7).
El diagnóstico del TEP durante el paro cardíaco es difícil. La sospecha diagnóstica es fundamental y se basa en la historia clínica y los antecedentes del paciente; adicionalmente el análisis de la onda de capnografía y de la ecografía cardíaca durante el PCR son elementos que pueden orientar hacia el diagnóstico. Se deben considerar los siguientes aspectos:
• Síntomas previos al paro cardíaco como disnea súbita, dolor torácico pleurítico, tos, hemoptisis, síncope o signos de trombosis venosa profunda.
• Antecedentes personales de TEP o TVP previo, cirugía mayor en las últimas 4 semanas, diagnóstico activo de cáncer, uso de anticonceptivos orales o viajes con reposo prolongado.
• Si se logró realizar un EKG en el periodo antes del paro, la sospecha diagnóstica aumenta ante la presencia de bloqueo de rama derecha del haz de hiz, inversión de las ondas T en V1 a V4, patrón S1Q3T3 o QR en V1.
• La incapacidad para lograr una adecuada onda de capnografía durante las maniobras de RCP, a pesar de realizar las maniobras de RCP de alta calidad, debe hacer sospechar TEP.
• La ecografía cardíaca en la cabecera del paciente, sin interrumpir las compresiones torácicas y en manos de personal entrenado, puede orientar hacia el diagnóstico de TEP.
El ritmo de paro más frecuente en el TEP es la AESP. El TEP es la única indicación para realizar trombólisis venosa durante el PCR, la implementación de este tratamiento se relaciona con aumento del retorno a la circulación espontánea, sobrevida al alta hospitalaria y mejores resultados neurológicos; los resultados son mejores entre más temprano se aplique durante la RCP. La dosis recomendada es 50 mg de Alteplase IV (factor activador del plasminógeno), pudiéndose repetir a los 15 minutos. Estos pacientes deben ser sometidos a RCP por tiempo prolongado, es decir, al menos 60-90 minutos. La cirugía para remover el émbolo o la trombectomía mecánica no se recomiendan en el contexto de RCP (8).
Taponamiento cardíaco
Se define como la presencia de líquido en el saco pericárdico que genera presión en el corazón e impide su correcta contractilidad. Tiene altos índices de mortalidad al causar colapso hemodinámico debido a la reducción del llenado atrial y ventricular, aparece principalmente en el contexto de trauma y posoperatorio de cirugía cardíaca.
El tratamiento definitivo es la toracotomía de emergencia con el fin de reparar el defecto y drenar el pericardio; en casos en los que no esté disponible se puede recurrir a una pericardiocentesis guiada por ecografía con el fin de drenar la sangre de manera momentánea, en casos extremos en los que no haya disponibilidad de imagen, se puede realizar el procedimiento sin este apoyo (7,8).
Manejo de la vía aérea durante las maniobras de RCP
El manejo de la vía aérea durante la RCP básica debe realizarse con un dispositivo bolsa-válvula-máscara (BVM).
Monitoreo durante las maniobras de reanimación
El seguimiento de ciertos parámetros fisiológicos durante el PCR es de vital importancia para poder mejorar la calidad de la RCP. Aspectos como la medición de CO2 expirado, presión arterial diastólica, presión arterial sistólica y saturación venosa central han sido postulados como útiles para monitorear las maniobras de RCP, sin embargo, no se ha establecido la meta numérica para cada uno, excepto para (1,3):
• Medición de CO2 expirado: valor < 10 mmHg debe orientar a mejorar la calidad de la RCP.
• Presión arterial diastólica: valor < 20 mmHg debe orientar a mejorar la calidad de la RCP.
Aspectos adicionales
¿Cuál es el límite de tiempo de las maniobras de reanimación cardiopulmonar?
Una pregunta frecuente a la que se enfrentan los equipos de RCP es cómo decidir cuándo terminar las maniobras de reanimación. El primer escenario, el ideal, para terminar las maniobras de RCP es cuando el paciente retorna a la circulación espontánea. En caso contrario, debemos mencionar que el límite superior de tiempo para realizar maniobras de RCP es desconocido. No existe un criterio único que permita al líder del equipo decidir dar por terminado las maniobras de RCP. Se mencionan en la literatura algunos parámetros a considerar como: si el paro fue o no presenciado, el tiempo de inicio de la RCP, el ritmo cardíaco al inicio del paro cardíaco, comorbilidades y estado basal antes del paro; sin embargo, el único parámetro mencionado por las guías de reanimación como un aspecto a evaluar durante las maniobras de RCP es la medición de CO2 expirado por medio de capnografía, un valor menor a 10 mmHg, inmediatamente después de realizar una IOT o 20 minutos después de iniciar las maniobras de RCP, se relaciona con pocas posibilidades de retorno a la circulación espontánea o sobrevida. No hay estudios que valoren este parámetro en pacientes con ventilación por medio de bolsa-válvula-máscara y no debe ser usado como parámetro único (1).
En casos de PCREH se recomienda considerar la terminación de las maniobras de RCP cuando se cumplan todos los siguientes criterios: paro cardiorrespiratorio no presenciado, no se iniciaron maniobras de RCP por los testigos, no retorno a la circulación espontánea luego de la atención en el sitio del evento y terapia eléctrica no recomendada por el desfibrilador externo automático.
Uso de esteroides durante las maniobras de RCP
Un aspecto novedoso en las guías de la American Heart Association (AHA) del año 2015, el cual no ha sido modificado en las actualizaciones posteriores publicadas hasta la redacción de este documento, es el uso de esteroides durante el PCR, teniendo las siguientes consideraciones (1):
• No existen estudios en donde usen solo esteroides durante el paro cardiorrespiratorio.
• En PCRIH la combinación durante las maniobras de RCP de vasopresina, epinefrina y metilprednisolona, seguido de hidrocortisona en el periodo posparo puede ser considerado, sin embargo, no se recomienda su uso rutinario.
• En PCREH el uso de esteroides es de beneficio incierto, no se recomienda su uso rutinario.
Bibliografía
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12. Ashurst J, Sergent SR, Sergent BR. Evidence-Based Management Of Potassium Disorders In The Emergency Department. Emerg Med Pract. 2016;18(11):1-24.
13. Advanced trauma life support. 10th ed. Chicago, IL: American College of Surgeons; 2018.
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Actividad eléctrica desorganizada que se define como un patrón oscilatorio muy rápido e irregular, con deflexiones de amplitud y contorno variable, sin lograr identificar componentes auriculares o ventriculares (1).
Ausencia de actividad eléctrica ventricular (1,4).
Representa la actividad eléctrica organizada del miocardio ventricular, que característicamente NO produce contractilidad para mantener perfusión (1).
Despolarización eléctrica organizada del corazón, sin actividad mecánica cardíaca suficiente para generar un ritmo que permita la perfusión corporal adecuada (1,5).