Читать книгу: «Orden y progreso: Manuel Caballero y los géneros periodísticos»

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Catalogación en la publicación UNAM. Dirección General de Bibliotecas

Nombres: Bonilla de León, Laura Edith, 1960- , autor.

Título: Orden y progreso: Manuel Caballero y los géneros periodísticos / Laura Edith Bonilla de León.

Descripción: Primera edición | Naucalpan de Juárez, Estado de México : Universidad Nacional Autónoma de México, Facultad de Estudios Superiores Acatlán, 2020.

Identificadores: LIBRUNAM 2083322 (libro electrónico) | ISBN 978-607-30-3218-6 (libro electrónico).

Temas: Caballero, Manuel – Influencia | Periodismo – México – Historia – Siglo XIX | Periodismo – México – Historia – Siglo XX |Reporteros y reportajes.

Clasificación: LCC PN4967 (libro electrónico) |DDC 079.7209034—dc23

Portada: D.G. Juan Humberto Báez Rendón

Corrección de estilo: Idalia Trujillo Toledo

Diseño editorial: Zita Patricia Flores Angeles

Primera edición digital: 2020

D.R. © 2020 UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO

Ciudad Universitaria, Alcaldía Coyoacán,

C.P. 04510, Ciudad de México, México.

FACULTAD DE ESTUDIOS SUPERIORES ACATLÁN

Av. Alcanfores y San Juan Totoltepec s/n,

C.P. 53150, Naucalpan de Juárez, Estado de México.

ISBN: 978-607-30-3218-6

Esta edición y sus características son propiedad de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Prohibida la reproducción total o parcial por cualquier medio sin la autorización escrita del titular de los derechos patrimoniales.

Hecho en México

Made in Mexico

A Leopoldo como siempre

Índice de contenido

PRESENTACIÓN

INTRODUCCIÓN

CAPÍTULO 1 EL PERIODISMO DE OPINIÓN

1.1 El periodismo de opinión en el contexto histórico

1.2 La gacetilla

1.3 La crónica 1.3.1 La crónica de acontecimientos sociales, desfiles, eventos políticos y el ferrocarril

Desfiles

Ferrocarril

1.4 El boletín

1.5 El artículo

CAPÍTULO 2 EL PERIODISMO MODERNO EN EL MÉXICO MODERNO

2.1 La transformación del periódico y la profesionalización del trabajo periodístico

2.2 Los temas del periodismo

2.3 La influencia del periodismo norteamericano

CAPÍTULO 3 EL PERIODISMO INFORMATIVO DENTRO DEL ORDEN Y PROGRESO

3.1 La nota informativa

3.2 La entrevista

3.3 El reportazgo

3.3.1 La demostración de la verdad

3.3.2 La descripción detallada

3.3.3 La audacia del periodista

3.3.4 La narración de la muerte

3.4 De la nota de sensación a la nota de color

FUENTES DE CONSULTA

Bibliográfica

Hemerográfica

PRESENTACIÓN

La obra que tiene en sus manos: Orden y progreso: Manuel Caballero y los géneros periodísticos es un libro de historia fundamentado en las transformaciones que estos géneros tendrán en el Porfiriato, particularmente a través de uno de sus más destacados artífices, Manuel Caballero, el primer periodista moderno en México.

Explicar el desarrollo histórico de los géneros periodísticos en nuestro país, y particularmente la transición entre los opinativos y los informativos, podría parecer una empresa fácil, pero no lo es; ya que entender esos cambios implica una plena identificación del objeto histórico a estudiar, y en el caso de los géneros, esto resulta más complicado de lo que se supone.

El estudio de los géneros textuales constituye un campo de gran interés para diversas disciplinas, entre ellas la literatura, la lingüística, la comunicación, los análisis del discurso y los estudios culturales en general. La importancia de los géneros se debe a su relación con la capacidad comunicativa de los hablantes de una lengua, pero también porque revelan las estructuras de comunicación que son significativas en las diversas sociedades humanas.

Heinemann y Viehweger han destacado que los hablantes tienen una capacidad para descubrir las estructuras globales que rigen la comunicación textual y que resulta fundamental para su desenvolvimiento social:

[…] Los hablantes han conseguido en su actividad comunicativa un saber sobre clases de textos o saber de tipificación que los capacita para actuar en distintas esferas comunicativas, en tanto producen y entienden textos que pueden relacionar sistemáticamente con situaciones, contextos e instituciones. Es decir, los hablantes reconocen un aviso publicitario, una intimación judicial, una clase magistral, etc.1

Por tanto, el reconocimiento del género textual ayuda no sólo a comprender la información que se transmite de ese modo, sino sobre todo a anticipar la función que pretende cumplir el texto y la intencionalidad de su enunciación.

Por otra parte, en la primera mitad del siglo XX Mijaíl Bajtín había señalado que la construcción de géneros discursivos obedecía a una necesidad de facilitar la comunicación en esferas sociales y culturales con funciones e intenciones recurrentes e importantes de los grupos humanos, y había postulado la distinción entre los géneros primarios que se emplean en la vida cotidiana, vinculados con la interacción directa de los participantes y con intencionalidades personales; y los géneros secundarios como:“[…] novelas, dramas, investigaciones científicas de toda clase, grandes géneros periodísticos, etc. —surgen en condiciones de la comunicación cultural más compleja, relativamente más desarrollada y organizada, principalmente escrita: comunicación artística, científica, sociopolítica, etc.”.2

Con base en esta primera clasificación, se entienden los géneros periodísticos como estructuras comunicativas que requieren de un alto grado de organización y se encuentran sometidos a intencionalidades institucionales y con una función social de gran relevancia.

También el teórico soviético destacó que la consideración de un género textual depende de tres factores: un estilo funcional apropiado a las intencionalidades del texto, su articulación con una esfera social en la cual el texto adquiere sentido y propósito, y la estabilidad de esta interrelación, es decir, que su uso sea recurrente en esa esfera y con ese estilo. El estilo es un fenómeno intratextual, formal y lingüístico, la esfera social es externa al texto pero determina sus características. Por ello, el análisis de los géneros textuales no puede hacerse sólo desde una perspectiva, también tiene que articular la forma y el contexto para explicarlos y entenderlos.

Por lo anterior, el lingüista Eugenio Coseriu afirma el carácter eminentemente histórico del género, ya que éste sería un rasgo común en determinados textos que permite todavía el reconocimiento de un individuo histórico (el texto):

Porque es propio de los individuos históricos presentar continuidad y presentar en todo momento rasgos que ya tenían antes y que seguirán teniendo y que pueden desaparecer, en principio totalmente, aunque en lo empírico no ocurre casi nunca. Gracias a estos rasgos continuos existen los individuos históricos: un pueblo, un estado, y un género literario que puede llegar a ser muy distinto al final de lo que fuera en un momento inicial.3

Por ello, el lingüista rumano afirma que no es posible un estudio científico de los géneros textuales, sino que únicamente es posible consignar su historia. Más allá de lo determinante de esta afirmación, es cierto que los géneros textuales se transforman a lo largo del tiempo, lo que demuestra su íntima relación con el contexto social, político, cultural y económico que impone distintas necesidades comunicativas o cambios en las esferas de conocimiento.

Con base en esta breve revisión, nos queda claro que los géneros no pueden definirse sólo por su forma, ni únicamente por su contenido y sus temas, sino por la interrelación entre ambos planos, y que esta relación entre forma y contenido no es homogénea, estática ni continua.

Lo anterior enfatiza la importancia del libro que el lector tiene ahora en sus manos: un estudio histórico de los géneros periodísticos en un momento de transición en los esquemas políticos del siglo XIX y XX en México.

Se ha estudiado mucho la historia de la prensa mexicana: periódicos, periodistas, tecnología, acontecimientos políticos, sus funciones sociales y culturales, pero pocas veces se ha aplicado el método histórico para explicar la compleja interrelación de los géneros periodísticos y el sistema de ideas y conocimientos que los moldean en una etapa histórica específica, esa es la virtud de la autora de esta obra, que con gran rigor, claridad y perspicacia nos ofrece una mirada a la comprensión de las necesidades comunicativas del porfiriato en las planas de sus periódicos.

Luis Felipe Estrada Carreón

INTRODUCCIÓN

Este trabajo se hizo pensando en los alumnos que de manera temprana se adentran en la historia del periodismo en México y quieren saber cuándo, cómo y porqué se comenzaron a utilizar los géneros periodísticos en nuestro país. Existe mucho material para trabajar este tema, se han escrito y se siguen haciendo libros sobre el periodismo en tiempos pasados. Por ejemplo, al adentrarnos en el Instituto de Investigaciones Bibliográficas de la UNAM podemos encontrar las indagaciones, reflexiones e interpretaciones sobre el tema. Los estudios pioneros de María del Carmen Ruiz Castañeda y los subsecuentes nos han permitido entender la importancia de la historia del periodismo y al mismo tiempo comprender su función social.

En el caso del periodismo mexicano durante el Porfiriato, tema de esta investigación, debemos reconocer la deuda con la obra De la opinión a la noticia, de Irma Lombardo, la cual ha servido de guía para este trabajo, ya que evidencia el vínculo entre el periodismo de opinión e informativo, así como su proceso de profesionalización a finales del siglo XIX.

A los alumnos que estudian periodismo les interesa en particular el funcionamiento del periodismo en el presente; sin embargo, con esta investigación queremos mostrarles que los géneros periodísticos actuales comenzaron a desarrollarse durante el siglo XIX, y en la medida que el país se fue transformando, los géneros también sufrieron modificaciones.

Pese a la distancia temporal, hay similitudes y diferencias en el trabajo realizado por los periodistas en el pasado y el presente. En todo momento, a través del manejo de los géneros periodísticos, han hecho una interpretación del contexto que los rodea:

El periodismo puede considerarse un método de interpretación sucesiva de la realidad social. Como tal método, se basa en unos supuestos. 1. La realidad puede fragmentarse en periodos. El único periodo que se trata de interpretar es el actual, y ése es precisamente el que no había sido interpretado todavía por el medio. Al unificar un periodo, el medio define el presente social. 2. La realidad puede fragmentarse en unidades completas e independientes (hechos), capaces de interpretarse en forma de textos breves y autónomos (noticias). 3. La realidad interpretada debe poder asimilarse en tiempos variables por un público heterogéneo. 4. La realidad interpretada debe encajar en un espacio (periódico) o tiempo (programación de radio y televisión) dados. 5. Para que el público capte la realidad y tome parte en ella los medios se valen de una gama de filtros o formas convencionales (géneros periodísticos), que van de la información pura al comentario polémico.1

El trabajo periodístico se ha construido paralelamente al devenir histórico, ha abrevado de él y lo ha interpretado. La investigación histórica nos ha permitido observar que este fenómeno se ha generado tanto en el pasado como en el presente. Hemos abundado en el estudio del periodismo en México a finales del siglo XIX y encontramos que son muchas las vertientes por las que se puede estudiar: pueden ser políticas, en la medida que representan los intereses de los distintos bandos políticos; económicas, donde su conversión a empresa requiere de elementos como la inversión, la publicidad y las subvenciones; sociales, dado que en él se representan los cambios en la sociedad propiciados por lo político y lo económico; y culturales porque se escribe el pensamiento de la época que se ve representado en la literatura, la poesía, la moda, el teatro, o la pintura, por citar algunos ejemplos.

Podemos analizar a los artífices de este medio de comunicación: periodistas, reporteros, directores, redactores y tipógrafos. El estudio puede ampliarse para tratar los elementos que forman físicamente el periódico, como son el diseño, la tipografía, el papel, las ilustraciones, número de páginas, secciones, diseño, cabezal o los géneros periodísticos. Estos últimos son nuestro objeto de estudio, para comprender su desarrollo y uso en los últimos treinta años del Porfiriato, destacando las circunstancias políticas, económicas, culturales y sociales que marcaron su forma y función.

En los años de lucha y definición del país independiente, durante buena parte del siglo XIX, los géneros de opinión, apoyados por la información, contribuyeron a moldear el país; así el artículo, el editorial, la crónica (con una estructura literaria) y el boletín, nombre que se le dio a un texto ubicado en el mismo lugar, siempre con el mismo título y utilizado en casi todo el siglo XIX porque ahí el periodista daba sus opiniones (algo similar a la columna), todos se usaron con gran frecuencia en los momentos de mayor violencia política, especialmente, desde el surgimiento del México independiente y hasta 1876. Fue en ese periodo cuando las razones y las pasiones políticas llevaron a los distintos escritores a construir con palabras y en papel, el país que deseaban.

La situación de los géneros sufrió modificaciones cuando Porfirio Díaz llegó a gobernar al país, ya que de ser fundamentalmente de opinión pasaron a ser mayormente informativos. Así, entre el control de la información que ejerció el gobierno y el deseo por transformar al periódico en una empresa capaz de vender la noticia libre de ataduras políticas, se desarrollaron la nota informativa, la entrevista y el reportazgo.

Nos interesa, en este caso, destacar el trabajo del periodista Manuel Caballero quien utilizó los géneros periodísticos de opinión y de información. Situado entre dos etapas, una de conformación política del país y otra de estabilidad dentro del orden y progreso, destacando a través del periodismo su idea de país.

En el primer caso, el de la conformación política del país, utilizó los géneros de opinión, tomó posiciones ante los acontecimientos, y apoyó o desconoció causas políticas. En la segunda etapa, realizó un periodismo informativo, libre de opiniones. Este trabajo tuvo su propia dinámica y respondió a las condiciones históricas de su momento, por lo que nos permite conocer los elementos de modernidad en la interpretación que hizo el periodista del acontecer diario, además de observar la puesta en práctica de sus ideas a la hora de llevar a cabo esta actividad.

Caballero profesionalizó el quehacer del periodista y consideró que su trabajo era el de “buscar la noticia” por la ciudad, así que declaró que él y sus colaboradores eran reporters, y no meros redactores.

En el periódico El Noticioso apareció la primera entrevista que conocemos de él, ya antes se recurría a este género para obtener información, aunque a veces como complemento de algún texto. En todo caso, lo que aquí queremos señalar es que Manuel Caballero la utilizó de manera sistemática en su trabajo cotidiano. Utilizó también el reportazgo, género con el que realizó investigación para obtener, desde un punto positivista, la verdad de los acontecimientos. Con este género redactó, de manera sensacionalista, crímenes, robos a negocios, asaltos a casas, estafas, derrumbes, terremotos o temas de interés humano. Y ante el control que el gobierno de Manuel González y Porfirio Díaz ejercieron a la prensa que hablaba de política, se dedicó a dar notas informativas libres de opiniones políticas.

Lo que podemos observar es que, paradójicamente, la profesionalización del periodismo se llevó a cabo en el gobierno de Díaz, y el uso de la nota informativa, la entrevista y el reportazgo, respondió muy bien al control político gubernamental. Aunado a todo ello, la influencia del periodismo norteamericano, constituido dentro de un marco de desarrollo económico capitalista que vio en el periodismo una empresa, fue decisiva para el periodismo mexicano.

Desde entonces el periodismo se convirtió en una actividad profesional que selecciona, de todo lo que ha ocurrido, un fragmento de la realidad, para darlo a conocer:

Corresponde por eso a la actividad profesional llamada periodismo dar de la realidad social presente una versión concentrada, dramatizadora, sugestiva, que escoja lo más interesante de todo lo que se sepa que ha ocurrido y hasta lo retoque para ajustarlo a las necesidades del tiempo y del espacio.2

El periodismo responde al contexto donde se desarrolla y valora la información según las circunstancias económicas y políticas de su momento y contribuye a formar los valores de una sociedad, de ahí que haga, como hemos dicho antes, una interpretación de la realidad:

La actividad profesional de los periodistas en los medios consiste en una interpretación sucesiva de la realidad social. Tal interpretación resulta posible gracias a la reducción de la realidad a hechos que puedan comunicarse como noticias. Estas noticias, ampliadas por medio de reportajes y crónicas y comentadas en artículos, editoriales y debates radiados o televisados, forman la imagen cambiante de la realidad de que se sirve el público para estar enterado, comentarla e intervenir en ella y de que se sirven también los protagonistas de las acciones sociales para lo mismo. Los medios actúan de este modo como mediadores generalizados. Esta es su función social.3

Incursionar en los periódicos de la época del Porfiriato nos ha permitido observar cómo se estructuró el uso y manejo de los géneros periodísticos informativos, y al hacerlo, comprendemos que necesariamente abrevaron de su contexto, se moldearon con él, lo interpretaron y tomaron una posición ante su momento, de tal manera que cumplieron una función social.4

Utilizar los géneros periodísticos, ya sea de opinión o de información, implicó tener una posición ante los acontecimientos, de ahí nuestro interés en ver cómo fue ese uso y cuál fue la intención al utilizarlos y desarrollarlos. Por eso nos hemos permitido transcribir, en muchos de los casos, los textos completos, para que los alumnos puedan ver cómo se estructuraron y comprendan a la vez la intencionalidad del periodista al realizarlos. Además de hacer un trabajo de recopilación e interpretación histórica, queremos que los estudiantes, y todos aquellos interesados en el estudio del periodismo en México, puedan ver en los distintos géneros periodísticos la información e interpretación que con ellos se hizo de un presente, así como la manera en que se estructuraron, de ahí la intención de poner los textos tal y como aparecieron en su momento, así que, además de la hemerografía, pusimos un índice de los géneros periodísticos y hemos respetado la ortografía de la época, para se pueda apreciar tanto el estilo como la escritura.

El texto se conforma de tres capítulos. El primero está dedicado a dar una explicación del uso de los géneros periodísticos de opinión en un contexto de construcción del país durante el siglo XIX, donde predominaron diversos pensamientos políticos e ideológicos. Fue un periodismo que se hizo conforme se desarrollaron los acontecimientos, de ahí su gran riqueza, dado que la realidad se organizó no solo a través de temas sino de géneros periodísticos.

El capítulo dos trata de cómo el periódico y el trabajo periodístico se transformaron a medida que comenzó la estabilidad del gobierno de Porfirio Díaz. Se incluye además, la influencia del periodismo norteamericano en el mexicano, aun antes de mediados de los años setenta. Finalmente, el capítulo tres trata del periodismo informativo, de su predominio por sobre los géneros de opinión, e igual que en el primero se hace una relación de los géneros periodísticos con el contexto, donde se puede observar que el trabajo periodístico no fue menor, pues respondió al contexto, fue producto de él, abrevó de él a la vez que regresó a la sociedad su propia interpretación de la realidad.

Finalmente debemos decir que solo a partir de la investigación en los periódicos del siglo XIX hemos podido hacer este trabajo, no hay manuales ni teorías que nos puedan explicar cómo fue el periodismo en esos tiempos, y solo la revisión de las páginas amarillas, que registraron un presente, que para nosotros hoy es historia, nos permitió acercarnos a una parte del pasado que vamos conociendo e interpretando poco a poco.

CAPÍTULO 1
EL PERIODISMO DE OPINIÓN
1.1 El periodismo de opinión en el contexto histórico

El periodismo ha sido testigo privilegiado en la historia diaria. Pero ser espectador y actor en el siglo XIX mexicano, cuando todo era revueltas, cuando desde finales del virreinato incluso, hasta los tiempos de don Porfirio el ambiente era de luchas y guerras, exigía técnicas: para recopilar la información, para procesarla y para publicarla. Durante esa época, en periódicos y revistas se podían encontrar multiplicidad de textos de carácter político, en los que plumas y sables se blandían por igual, por lo que su carácter opinativo cortaba a liberales hoy, a conservadores mañana.

El ring político estaba en las páginas de la prensa, ya fuera de opinión o informativas. Ante el triunfo del liberalismo, sus actores y la idea de una nueva nación, llegó el momento de superar los géneros tradicionales como lo eran el boletín y el artículo, casi literarios en su forma, cultos muchas veces gracias a quienes los escribían, pero con la necesidad de alcanzar nuevos desarrollos antes de perecer entre los obituarios de todos los días. Las nuevas condiciones políticas y los reacomodos económicos, por decir lo menos, exigían la modernización del periodismo mexicano. Ya en ese siglo XIX en el que se gestó la nación, hubo una guerra de Independencia, Iturbide y su Imperio, el de Maximiliano, la República Restaurada, el Porfiriato, la Revolución y tantas guerras de tipo religioso, hubo también las condiciones formativas para el periodista que tomó las riendas de ese oficio con la intención de profesionalizarlo: Manuel Caballero.1

Cuando este visionario empresario comenzó a desarrollar a su manera el periodismo, en México había un ambiente pleno de liberalismo, romanticismo y positivismo que permeaba casi toda acción política, cultural, económica y social. Durante los años de gobierno de Porfirio Díaz la prensa logró en forma gradual transformaciones que fueron consecuencia de las modificaciones políticas y del desarrollo económico. Un gobierno que aspiraba a la transformación, como el de Porfirio Díaz, tenía que fomentar la modernización. El positivismo le dio las bases ideológicas, porque al buscar el orden, la paz y el progreso, buscó también fomentar el desarrollo del país y la inversión extranjera; al hacerlo incidió necesariamente en otras actividades como fueron las sociales y culturales.

Se procuró el desarrollo económico y se formó un Estado al servicio de los intereses financieros, protector de la propiedad privada y al servicio de la administración; todo esto contribuyó a la formación del México moderno. Las inversiones se concentraron en ferrocarriles, minería, industria, finanzas y comercio. Los ferrocarriles no sólo fueron importantes como vehículos de transporte, también contribuyeron al desarrollo económico del país. El periodismo formó parte de estos cambios, y compartió el espacio para seguir opinando, moralizar, y hacer rimas y versos con las noticias, al destacar en la información de los acontecimientos.

El quehacer gubernamental que llevó a la implantación del proyecto de modernización económica y política, con todas sus consecuencias al interior de la sociedad porfiriana, se entiende mejor al notar los avances tecnológicos que junto al proceso productivo promovieron el desarrollo. Así que los ferrocarriles, el telégrafo, la electricidad y el teléfono fueron de especial importancia en esta época para toda actividad económica, y en el caso particular del periodismo en su transformación modernizadora.

El trabajo periodístico también devino en moderno con la fuerza de aquellas transformaciones. El empuje mismo le hizo conocer, generar e impulsar mejores técnicas en la manera de allegarse la información y redactarla. Manuel Caballero incorporó diversas innovaciones tecnológicas a su trabajo periodístico y logró modernizarlo, seguido de El Imparcial que se sumó a los nuevos estilos cada vez más exitosos de hacer periodismo.

Pero un Estado feliz de ganarle al pasado necesitaba conformar un proyecto comunicativo que ayudara a la difusión de obras, logros y conocimiento, proyecto que incluyera al periodismo y su proceso modernizador en una consecuente convivencia, resultado de los cambios del país. Es así como se entiende el apoyo que el gobierno le dio a través de las subvenciones.

Sin embargo, cercanía y convivencia no se pelearon con independencia y autonomía, porque aquel periodismo hubo de favorecer las pretensiones de progreso de la nación con la condición de que la temática política no fuera diferente a la del Estado. Visionario o no, el periodismo también sacó provecho de las nuevas tecnologías que se desarrollaban en el país. Los ferrocarriles se empezaron a establecer desde la década de los setenta, la luz eléctrica en 1881, y en esa década la telefonía también empezó a desarrollarse. Felipe Gálvez afirma que sin la tecnología no podríamos entender las innovaciones que tuvo la prensa:

Porque la etapa porfírica de nuestro diarismo estuvo acompañada por la feliz coincidencia de la entrada en uso, a escala del orbe, de maravillosos ingenios tecnológicos que contribuyeron a liberar el potencial laboral y creativo de tipógrafos y redactores.

Pensemos por un momento en lo novedoso y aligerador que para el trabajo periodístico resulta el solo anuncio, en el México de 1874, de la posible irrupción en nuestras redacciones de la máquina de escribir, patentada en 1872 por Cristopher Lathan Sholes[…] la estilográfica llegó doce años más tarde hasta los bolsillos internos de sus levitas: en 1884, cuando junto con el teléfono se adueñó de un sitio de relieve en las sombras de las redacciones.2

Más que herramientas, estos avances tecnológicos fueron facilitadores para que el trabajo periodístico mexicano cambiara poco a poco en forma y organización. Respecto al fondo temático, el impulsor del cambio fue la política y sus agitados acontecimientos quienes le permitieron avanzar por rumbos diferentes a los heredados por sus predecesores. El nuevo periodismo, moderno y modernizante, más apto para los nuevos tiempos, se gestaba irremediablemente.

En resumen, para que el periodismo sufriera cambios radicales en su concepción y desarrollo, tenían que existir las condiciones tecnológicas, políticas, económicas y sociales que le permitieran transformarse. El ferrocarril generó y transportó noticias; el telégrafo las acercó; el teléfono posibilitó la inmediatez y la electricidad facilitó el trabajo. Manuel Caballero supo vincular estos elementos al periodismo, su trabajo fue producto de aquellas circunstancias. La tecnología revolucionó el trabajo periodístico y Caballero apreció su valor desde el primer momento. El uso del cable mexicano en El Noticioso contribuyó a ampliar la visión de los lectores al recibir noticias extranjeras. Con el recurso del teléfono y la aparición de la electricidad se ofrecieron noticias inmediatas y oportunas. En ese periódico, bienvenida la tecnología a casa, se contó con una línea telefónica para su servicio; para establecer comunicación sólo había que marcar el número nueve.

Los telegramas, otro inusitado avance de la época, obligaron a Caballero y a todo periodista o corresponsal, la generación de noticias sintetizadas, libres de comentarios a diferencia del estilo de opinión anterior. Nació así la economía informativa que llevó, en el futuro, a dar la entrada de la nota a manera de resumen.

Ya sea crítico o informativo, el trabajo que realizó Manuel Caballero se dividió en dos etapas: la primera consistió en un periodismo más de corte editorial sobre los acontecimientos políticos del país: la reelección de Lerdo de Tejada, de quien tenía una postura firme y en contra, la llegada de Porfirio Díaz al gobierno, la oposición a la elección de Manuel González y el apoyo hacia Trinidad García de la Cadena, para ejemplificar. En la segunda etapa se realizó un periodismo informativo más desarrollado, mejor estructurado y acorde más bien con el pensamiento positivista de aquellos momentos e, inevitable, con el gobierno de Porfirio Díaz.

Manuel Caballero abrevó del pensamiento que permeó la época y que estuvo integrado por la reminiscencia de ideas ilustradas, románticas, liberales y positivistas. Tuvo estudios profesionales, su paso por la escuela de derecho le permitió tener una formación general y como muchos hombres de su tiempo convertirse, a través del periodismo, en guía y vigilante de lo que sucedía en materia política, económica y cultural. Este tipo de trabajo lo desarrolló en la primera etapa de periodista a través de la gacetilla, el boletín y el artículo; en la segunda se dedicó a utilizar los géneros informativos que son la nota informativa, la entrevista, el reportazgo, actualmente el reportaje, y la crónica informativa.

1.2 La gacetilla

Era común en los periódicos del siglo XIX dar información de noticias a través de la gacetilla; al encargado de realizar ese trabajo se le denominó gacetillero. A Manuel Caballero le tocó dar sus primeros pasos en la labor informativa en esa sección. La gacetilla de esa época puede definirse como una sección del periódico que presentó diversos temas, generalmente seleccionados de información obtenida de otras publicaciones. Muchas veces el gacetillero se limitaba a recortar la información de otros periódicos y acomodarla en la página destinada a dicha sección. Regularmente las notas incluidas en esta sección fueron informativas, aunque en ocasiones también hubo opinión. La información de la gacetilla fue diversa, desde política, hasta social y cultural. Irma Lombardo la describe de la siguiente manera:

En la gacetilla se ofrecían notas informativas sobre cualquier suceso, ya fuera de la capital, del resto de la República o del extranjero. Los temas eran sumamente variados, puesto que dependían del criterio de selección del gacetillero o encargado de esta sección. Esta persona se dedicaba a recortar con tijeras –de allí el nombre de “tijeretazos” a muchas de las informaciones del siglo XIX– noticias procedentes de otros periódicos, nacionales o extranjeros, que se intercambiaban por correo o bien llegaban por transporte marítimo. Los gacetilleros seleccionaban, elegían, sintetizaban y daban un título al material adaptado; de acuerdo con el criterio del director del periódico se daba o no punto de vista sobre los sucesos que se incluían, pues como menciona Heriberto Frías, el gacetillero era una apersona “polemista y ardía en la ira política del periódico, cuyo programa se asimilaba a toda conciencia, y empleaba, amén de las tijeras, la ironía y el sarcasmo en sus comentarios, y el énfasis, la hipérbole y el lirismo de sus ataques”. Como se observa, si bien la gacetilla era una de las formas de proporcionar actualidad, oportunidad y variedad al periódico, no estaba exenta de comentarios.3

La gacetilla fue, para quienes la hacían, toda una escuela periodística pues a través de ella se escribió sobre todos los temas que no cabían en las otras secciones, bastaba redactar pequeñas cabezas para ir indicando de qué trataba cada parte del conjunto de la nota. Manuel Caballero fue el encargado de la gacetilla del periódico El Siglo Diez y Nueve del 7 de junio al 15 de julio de 1876. De marzo a octubre de 1877 redactó la gacetilla llamada “Párrafos” en el periódico La Época.

El estilo periodístico de Caballero se fue delineando poco a poco, fundamentalmente cuando se permitió comentar las noticias, hay que aclarar que muchos otros periodistas hicieron lo mismo. En la gacetilla se escribió de todo. Caballero no dejó tema citadino sin registrar, así fuera con información tomada de las páginas de otros diarios.4 En eso radicó su importancia, en la selección de información general o variada. De tal forma que hoy se puede reconstruir su idea periodística comenzando por esta sección, porque no resulta inocente el recorte de tijeras y engrudo hecho por este gacetillero. En la selección de la información y en el comentario estuvo el trabajo de este periodista. El aprendizaje y la experiencia que adquirió en la gacetilla se reflejaron en el desarrollo de su trabajo periodístico de los años siguientes, en géneros como el boletín, el artículo y la crónica. Un ejemplo de gacetilla:

Las Noticias.- Según las que publica el Diario y que en otro lugar de Tulancingo por los pronunciamientos, y que dimos el sábado, con referencia a las noticias que en ese día circulaban: se nos ha informado que el telegrama recibido dice algo distinto de lo que se publica, y aunque la diferencia es poca, sin embargo, por lo que pueda valer, diremos lo que se nos ha comunicado.

El ataque comenzó a las ocho de la mañana; en la tarde llegaron dos columnas de las fuerzas del gobierno: una de ochocientos hombres al mando del general Altamirano, y otra de mil doscientos a las inmediatas órdenes del general Alatorre; ambas columnas entraron a la población, sin embargo, los pronunciados continuaron su ataque hasta las nueve de la noche, a cuya hora se retiraron.

En el ataque a Pachuca murió Tito Flores. Creemos que ahora no habrá inconveniente en que se ponga en libertad a su familia.

Se confirma la traslación del Gobernador del Estado de Hidalgo a la ciudad de Tulancingo, sobre lo que habían guardado silencio los periódicos del gobierno.

En todos estos sucesos se nota parte de los revolucionarios un principio de organización de que hasta ahora había carecido, y como consecuencia, toman la iniciativa en las operaciones. Debe creerse, pues, que próximamente tendrá lugar sucesos de mayor importancia, lo que es de desear para que cuanto antes tenga una solución las presentes dificultades.

Defunción.-Tenemos el sentimiento de anunciar que antes de ayer falleció víctima del tifo, la Sra. Leoncia Díaz Covarrubias, esposa de nuestro amigo, el Sr. D. Juan Sánchez Azcona, senador por Tabasco. Damos a nuestro amigo y a la apreciable familia de la finada, el más sentido pésame.

San Ángel.- Hemos oído decir que ayer a las nueve de la mañana, una fuerza de infantería de 60 o 70 hombres, se fugó de San Ángel, marchando a unirse con los pronunciados. En el momento de la deserción hubo una ligera escaramuza en la que resultaron dos heridos de la fuerza que permaneció fiel, los cuales fueron traídos a esta capital. Por la tarde estuvo el señor ministro de la guerra en la citada población, custodiado por una fuerza de caballería. ¿Habrá llamado su atención las frecuentes desgracias de San Ángel?

Tropelías.- Menciona el Diario las que recientemente se han cometido con los pasajeros del ferrocarril de Veracruz, y a ser cierto esos hechos, merecen toda condenación. Decimos a ser ciertos, porque el origen de esa noticia es un periódico reeleccionista de Veracruz, que siempre está dando noticias de sensación sobre el ferrocarril; admitimos, sin embargo, que sea cierto, y condenamos enérgicamente esos hechos.

Pero el Diario, que tiene frases tan enérgicas contra esos actos de los pronunciados ¿No las encuentra para el general de una de las fuerzas de Oriente, que ha ido a las haciendas cometiendo incalificables exacciones, y llevándose al administrador y a los peones cuando no se han satisfecho sus exigencias?

Uno de los hechos escandalosos es el de la hacienda de la Concepción, donde hubo necesidad de dar quinientos pesos para libertar al administrador y a tres peones. Se puso al primero en libertad, pero no a los últimos; el ministro de la guerra mandó devolver los quinientos pesos, pero ni pesos ni peones han vuelto a la hacienda. ¿Qué diferencia encuentra el Diario entre estos actos y lo que él censura? La diferencia es que son más punibles los cometidos por los gafes del gobierno, en razón a que estos tienen la obligación de proteger la propiedad después que se pagan las contribuciones al gobierno.

Postulación.- Dice un periódico que ya son numerosos los periódicos que postulan el Sr. Lerdo. Creemos que en toda la república al llegar lo mucho que se saca de la tesorería para subvencionar periódicos. A este propósito secundamos una idea del Monitor. No nos atrevemos a dudar de lo que afirmen los colegas que postulan al Sr. Lerdo, si bajo palabra de honor, asientan en sus columnas, que ni sus editores ni sus redactores están subvencionados, y que no reciben dinero del gobierno ya general, ya del Estado respectivo, para el sostenimiento de su publicación, o a causa de ella. Respecto de algunos colegas, convendría que manifestaran también si están redactados por empleados del gobierno federal o del Estado respectivo.

El Sr. General Alatorre.- Pasajeros llegados por el tren de anoche nos aseguran que el Sr. Alatorre se encontraba ayer de regreso en Apam. Creemos que la noticia puede ser cierta y en tal caso, ¿por qué habrá retrocedido sin que librar la batalla a que parecían orillados los contendientes?

Chusma.- Hemos tenido a mal que el general Alatorre llame chusma a los revolucionarios; y lo hemos tenido a mal, porque en los combates que con ellos ha tenido dicho general, han mostrado que no son chusmas. No nos hubiera extrañado que otro jefe hubiera usado de esa frase; en el general Alatorre lo extrañamos y lo sentimos.

Últimas noticias.- Por personas llegadas del rumbo de Cuernavaca, sabemos que ayer en la mañana los pronunciados atacaron a Cuernavaca; esto explica la salida del coronel Valle anoche, con caballería, rumbo a Cuernavaca, sin duda con el fin de auxiliar a los de la población. El general Alatorre regresó a Apam sin novedad, y parece que los pronunciados que habían asediado a Tulancingo se retiraron rumbo a Chignahuapan.5

1.3 La crónica

El periodismo fue, durante el siglo XIX, un terreno fácil para sembrar ideas de las distintas facciones políticas con la finalidad de convencer y ganar aliados a sus causas. Durante los primeros cuatro años del gobierno de Porfirio Díaz se pudo realizar este periodismo proselitista porque la situación política lo permitía. En la medida que se avivaron las pasiones políticas el periodismo también estuvo ahí, impulsando los géneros de opinión que tomaron mayor fuerza cuando el campo político estuvo en lucha. También, claro, los periodistas cultivaron sus géneros de información; en la medida en que Porfirio Díaz se reeligió impidió las disertaciones políticas que lo afectaran negativamente. De ahí que los géneros periodísticos fueran viables para fundamentar su gobierno.

Un género utilizado con frecuencia en el periodismo fue la crónica. Este género se distinguió por relatar los acontecimientos tal y como iban sucediendo. A la luz de nuestros días, uno de sus valores está en que contribuyó con datos gracias a la minuciosidad de la narración, con nombres, lugares y detalles en orden cronológico, porque el tiempo se percibía sólo en una forma lineal, tal como ocurría en “la realidad”, y con la condición fundamental de que hablara de la actualidad. Manuel Caballero escribió crónica para dar información, pero también para comentar.

Una modalidad de la crónica informativa fue la parlamentaria, que como su nombre lo indica se dedicó a contar acontecimientos y decisiones tomadas en las distintas sesiones del Congreso. En el periódico El Siglo Diez y Nueve Caballero comenzó a publicar este tipo de crónica a partir de 1877. Al escribirla señaló cronológicamente el desarrollo de las reuniones. Comenzó con la hora en la que se leía la lista de presentes, se daba lectura de la sesión anterior y un resumen de lo tratado; luego redactó la discusión del tema del día, señalando quienes fueron los oradores. Escribió de manera dialogada cuando fue necesario y al final señaló la hora del término de la sesión.

Meses después volvió a realizar el mismo trabajo en la gacetilla de La Época, que se tituló “El Congreso”. La redacción de ésta fue igual que la realizada en su primer periódico: cronológica y en forma dialogada. De la experiencia de la crónica en estos dos periódicos, Caballero tomó las ideas políticas para definir una posición a favor de la construcción del país y del gobierno de Porfirio Díaz.

Desde el comienzo de su trabajo periodístico Caballero realizó crónica de sucesos cotidianos, pero, a diferencia de la crónica parlamentaria, escribió sus impresiones, en ocasiones emitió juicios y describió el entorno. El tiempo, es decir, el momento en que sucedieron los hechos, y por lo tanto la actualidad, fueron los requisitos indispensables para su narración, además del espacio donde se desarrollaron los hechos para ubicar al lector en el lugar de los acontecimientos.

También hizo crónica de situaciones que no necesariamente presenció y reconstruyó con su pluma combinando la noticia y el comentario. Este es el caso de la información sobre Porfirio Díaz y su viaje de incógnito en un barco en 1876, que publicaron varios periódicos de Veracruz, y trata de lo difícil que fue para este personaje llegar a ese puerto. Los datos los confirmó con entrevistas que le ayudaron a validar el hecho, al narrar el suceso y comentarlo tomó una posición política abiertamente a favor de Díaz, de esa manera política y periodismo se fueron desarrollando.

El texto es muy atractivo y desde el comienzo da al personaje un aire de misterio, luego procede a describir el lugar, el entorno del barco, la gente e incluso los tiburones de su alrededor. A la mitad de la nota, la intensidad de la expectación va en aumento al descubrirse que quien iba en el barco era Díaz y cómo de manera inesperada se arrojó al mar. Relató cómo lo rescataron para luego hacer una reflexión en la que tomó abiertamente partido por el personaje, además de darnos un elemento constante en sus posteriores escritos, pues iba descubriendo que los hechos raros, extraños o integrantes llamaban mejor la atención de los lectores.

Al comenzar la crónica antes referida, hace la descripción de un personaje del que no da el nombre, en un buque salido de Nueva Orleans; y narra con aires de misterio cómo era y cómo se comportaba. Como buen narrador, nos ubica en el lugar del acontecimiento tanto inverosímil como noticioso, igual que el comportamiento del personaje no identificado. Manuel Caballero quiso ir incrementando el tono de suspenso, asociando el peligro a un tiburón que rodeaba al buque, al tiempo que resaltaba la audacia del hombre quien en un acto de escape decidió arrojarse al mar. Después de la audacia descubrió que el personaje era Porfirio Díaz. Caballero, ya del lado de este personaje, hizo hincapié en lo enfermo que estaba. La idea era mostrar a los demás la simpatía que el héroe despertaba. Para dar autenticidad al trabajo periodístico mencionó sus fuentes, que fueron los periódicos y el recurso de la entrevista a testigos presenciales del evento.

Caballero fue insistente en la capacidad del hombre para sortear el peligro, característica de unos cuantos, con lo que deja ver su formación positivista y su interpretación del periodismo a partir de la visión de la época que vivía. Con esto señaló, según su formación y el estilo de hacer periodismo de la época, que eran los grandes hombres los triunfadores en la vida, y ellos eran los que hacían la historia y conducían al país por el camino del bien. Comparó a Díaz con la grandeza de Juárez y la pequeñez de Lerdo de Tejada, con quien tenía pleito político por considerarlo incapaz de gobernar el país. En el remate de la crónica afirmó que Porfirio Díaz era un hombre particular y lleno de virtudes, llamado a cambiar al país y a la historia del mismo; a la vez que recordaba la pequeñez política de Lerdo de Tejada. Por escribir de esta manera fue duramente criticado por periódicos como El Eco, además de calificar su redacción risible y sus datos inverosímiles. La crónica no tuvo título.

Desde la salida del vapor de Nueva Orleans llamó la atención un pasajero, excéntrico en sus costumbres y que se mantuvo retraído en su camarote durante la navegación. Se le atribuía nacionalidad alemana, y era asistido por un médico alemán también. Según éste, aquel acceso de extravío, necesitaba asiduos cuidados y era conducido a México para que aquí se distrajera y tuviera un remedio en la distracción. Los vestidos que usaba el viajero confirmaban este parecer: guardaba constante silencio y evitaba el trato con sus compañeros de viaje. Nadie extrañó ésta costumbre excéntrica después de sabido el estado de la salud del viajero.

Se aproximó el vapor a Tampico: el calado de estos vapores no les permite entrar al puerto, y se mantienen fondeados lejos de la costa, a una distancia que no baja de tres millas. Embarcó allí una fuerza, y desde entonces más retraído estaba el viajero. Se ofreció una comida a bordo del vapor a la que concurrieron algunas personas de Tampico y varios oficiales de los buques americanos de guerra, fondeados en aquélla rada. Súpose el estado del viajero, y se propusieron algunos divertirse a costa de su monomanía. Así lo hicieron, pero el desconocido acudió a su pistola, y con enérgicas interjecciones hizo comprender que si se proseguían las burlas estaba resuelto a hacerse respetar. Se supuso que éste era uno de los accesos a que el viajero estaba expuesto y todos se retiraron.

Un tiburón rodeaba al buque, y las demás personas que en este se encontraban, se divertían en arrojarle mendrugos de pan; repentinamente la monotonía de aquélla diversión se interrumpió con el grito de “un hombre al agua”. Era el desconocido viajero que, sin ser percibido se había desnudado y lanzado al mar: se notó que el golpe de la caída le había de pronto hecho perder la dirección: no tardó en orientarse, y entonces se presentó el espectáculo del hombre que, venciendo y dominando al elemento, hendía las olas y se dirigía con maravillosa agilidad y destreza hacia la costa.

Se echó un bote al mar para alcanzarle, lo que se logró a más de mil quinientas varas del buque: esta distancia había sido recorrida a nado por aquél desconocido: se le recogió y se le trajo a bordo; el incógnito había desaparecido, el disfraz ya no existía; aquél desconocido era el general Díaz, se había creído descubierto, y estado en medio de fuerza enemiga, vio la espectativa de una prisión al llegar a Veracruz. Buscó en su audacia y en su serenidad un medio de salvarse, y aventuró su vida en medio del mar, sin más esperanza que su valor y su fortuna. Los que conozcan esa costa, los peligros que en ella se corren y la larga distancia de la playa al feudesdero (sic) de los vapores, pueden comprender la magnitud del peligro, y que hay mucho de heróico en arrostrar con él a trueque de no caer en las manos de un adversario.

El general Díaz fue vuelto a bordo y le sobrecogió una fiebre que le duró dos días: el delirio que le sobrevino no dejó duda de su identidad: durante la noche del segundo día desapareció de su camarote, sin que los demás pasajeros tuvieran noticia de él. Su primera aparición ha sido en Jalapa: es de suponer que tomó un nuevo disfraz y que desembarcó en Veracruz, atravesando así en medio de sus contrarios.

Estas aventuras tienen un carácter novelesco e inverosímil, porque todo lo que sale de las esferas de las acciones ordinarias tiene aquél carácter. No nos es posible, sin embargo, dudar de lo que acabamos de referir: todos los pasajeros lo relatan, y a varios de ellos los hemos oído: los periódicos y las correspondencias de Veracruz lo reproducen, y si se ha puesto en duda, es solo por lo inverosímil del caso y porque son acciones verdaderamente extraordinarias, las acometidas por el general Díaz para trasladarse de la frontera a oriente.

Pudo atravesar el interior desde Monclova por lugares poco frecuentados, pero comprendió que lo más audaz era lo más seguro; nuestros lectores percibirán que esto es exacto, pero no podrán menos de confesar que solo los caracteres bien organizados son los que buscan su seguridad en la audacia: pasar por entre sus enemigos, solo y en medio de los peligros consiguientes, burlar a sus contrarios son propósitos que no a todo el mundo es dado tener. Que una persona insignificante proceda así, nada tiene de particular porque su propia oscuridad es su mejor disfraz, pero que el jefe de la revolución arrostre con tanto peligro, que una persona generalmente conocida, a quien la menor indiscreción puede perder, se aventure como lo hizo el general Díaz, por exigirlo así los intereses de la causa que defiende es lo que impresiona vivamente la imaginación y da la medida del arrojo y de las pasiones generosas de D. Porfirio Díaz.

El rasgo de arrojarse al mar cuando se creyó descubierto, para liberarse de sus enemigos, prefiriendo los mayores peligros a caer en manos de aquéllos, es de un hombre de extraordinario carácter. Descubierto verdaderamente, y sin embargo, no desmayar en su empresa; huir de la vista de sus enemigos en un vapor donde se transportaban cuatrocientos hombres de la federación, en reducidísimo recinto aislado en medio del mar, son acciones que enaltecerán el carácter de cualquier hombre.

No conocíamos el secreto de la popularidad del general Díaz, pero sus recientes hechos nos lo manifiestan: ese secreto es el que tienen los grandes caracteres para sobreponerse a los demás hombres, es el que tuvo el gran Juárez para hacerse estimar aún de sus propios adversarios: los hechos de un hombre dotado de gran carácter impresionan a la generalidad, porque salen de la esfera común. No cabe duda que el Sr. Lerdo es la autoridad legal hasta el 30 de noviembre [1876] por cuyo motivo estamos de su lado; pero la imparcialidad nos obliga a reconocer que entre el Sr. Lerdo, por una parte, evadiendo la responsabilidad de la prisión de Bianchi para que recayera sobre el gobernador del Distrito, negando a la corte de justicia que la causa de esa prisión fueran los mártires del pueblo, y atormentando a los presos políticos, y, por otra, el general Díaz aventurándose solo entre sus enemigos, entregándose a las olas cuando se creyó descubierto, prefiriendo pasar por grandes peligros a trueque de no caer en manos de sus contrarios, hay una distancia de tal manera inmensa que la más audaz imaginación se puede medir. ¡Tanta pequeñez hay de aquél lado, tanta grandeza de pasiones en éste!6

Esta crónica nos muestra al periodista que transitó entre la línea informativa y la de opinión, por un lado, hizo un relato informativo de los acontecimientos como fueron sucediendo y sin alterar la temporalidad de los hechos. Y por otro, no dejó pasar la oportunidad de dar su opinión, misma que tuvo un carácter político e ideológico. Porque para él, Porfirio Díaz como Benito Juárez habían guardado el secreto de algunos hombres que era el de la grandiosidad y solo en ellos podía recaer la construcción del país: “ese secreto es el que tienen los grandes caracteres para sobreponerse a los demás hombres, es el que tuvo el gran Juárez para hacerse estimar aún de sus propios adversarios: los hechos de un hombre dotado de gran carácter impresionan a la generalidad, porque salen de la esfera común”. Con este ejemplo de crónica podemos observar la unión entre periodismo y política. Con la crónica se aspira a informar de lo positivo que tienen los personajes destacados de una sociedad a la vez que trata de convencer que son ellos quienes pueden hacer las transformaciones que el país necesitaba. Es importante señalar que la fecha de la crónica es de 1876, año que marcará los cambios en el país a través de la llegada de un nuevo grupo al gobierno, y que luego, con otros géneros periodísticos informativos, se dará nuevo cauce a la política moderna del Porfiriato.

1.3.1 La crónica de acontecimientos sociales, desfiles, eventos políticos y el ferrocarril

Manuel Caballero escribió sobre acontecimientos sociales, aunque no existió ninguna sección con ese nombre, mediante la crónica se informó de ese tipo de noticias. La recreación escrita sobre una fiesta en la ciudad de México fue un ejemplo con el cual abonó que para informar había que estar en el lugar de los hechos, así que fue testigo de un suceso de actualidad y lo describió con sus apreciaciones personales. Al comenzar escribió sus impresiones; anotando la hora marcó el comienzo, después describió el baile y su entorno. Tuvo especial interés en que lo que escribía llegara a un público, a quien empezó a ver como consumidor de noticias, por lo que a través de este relato trató de hacerlo partícipe del evento:

La tertulia del señor Barrón

El juicio público se había adelantado. Todo el mundo anunciaba una fiesta espléndida, digna casi de marcar una época en los anales de la elegancia y el buen gusto mexicanos.

No había en esto ciertamente mucho de profecía. Conocidas son en México las dotes que como hombre de gusto y como caballero fino y galante adornan al Sr. Barrón, y al leer invitaciones firmadas por él, existía ya un dato de qué partir para augurar la suntuosidad de la fiesta.

A las diez de la noche un gentío inmenso se agrupaba a la puerta de la mansión del Sr. Barrón para ver descender de sus carruajes a las bellas y elegantísimas damas que comenzaban a concurrir a la tentadora cita. La calle misma presentaba un aspecto magnífico con las oleadas de la multitud y con su larga procesión de coches que al detenerse en el término de su viaje arrancaban invariablemente expresiones de admiración y sorpresa.

No era otra cosa lo que causaba la entrada a la casa del Sr. Barrón. Dos días antes habíamos visto todos, un patio severo, sin un arbusto, sin una planta sola; y como si una maga hubiese pasado su prodigiosa varilla por allí, el patio se había transformado de improviso en un jardín encantado.

Era preciso creer en la verdad de las inverosímiles improvisaciones del Conde de Montecristo. Alfombras de césped y tapices de flores; guirnaldas de verdura y callecillas caprichosas; arbustos y plantas cargadas de rosas y perfumes; estatuas y glorietas, y sobre aquélla creación que parecía despertada del no ser por un fiat omnipotente, se miraba suspensa una soberbia constelación de astros resplandecientes, destacándose del fondo azul de un cielo sereno como nunca, y prestando a aquél nuevo paraíso la luz encantada y casi ofuscante de multitud de soles.

Entre las calles del jardín, una alfombra encarnada salpicada de partículas de oro, conducía desde el vestíbulo de la casa, hasta el pie de la soberbia escalera de mármol blanco por donde debía llegarse a los salones.

En la escalera, una nueva causa de placer sorprendía a los concurrentes. Habíase improvisado allí una gruta maravillosa, con sus paredes destilando gotas de agua cristalina entre las rocas cenicientas y las vegetaciones de humedad; y en el centro, y rodeado de céspedes y flores, se miraba un estante diáfano y sereno, en cuyo fondo se reproducía, reverberando, el disco de un sol de fuego, suspendido de la elegante cúpula de la escalera.

Al llegar a lo alto de la escalera, los concurrentes comenzaban a ser objeto de las más finas atenciones y de los cumplidos más delicados.

Duéleme mucho no conocer a la sociedad mexicana para hablar de todas y cada una de las personas de quienes quisiéramos hacerlo.

Poco tiempo llevo de estar en la capital, y al encontrarme de improviso en una fiesta tan soberbia como la del jueves, no sabía qué cautivaba más mi admiración, si la inteligencia y cortesía del Sr. Barrón o la actividad y finura de sus encargados de atender a los concurrentes; si la hermosura, distinción y elegancia supremas de las damas, o el efecto que producían pasando unas tras otras entre nubes de flores y de encajes, sin tocar casi las alfombras con sus diminutos pies, como si fuesen las diosas de un cielo recién creado, que llegasen a habitar por vez primera los ámbitos vaporosos inundados de luz y armonía.

Mientras la concurrencia llegaba, la banda de zapadores ejecutaba magníficas piezas en un patio interior.

Tuve el capricho de no penetrar a los salones hasta que estaban casi llenos, hasta que ví desfilar ante mis ojos ofuscados, aquélla pléyade asombrosa de mujeres radiantes las más de juventud y de belleza, de lujo y de elegancia.

La orquesta, colocada en una galería de cristales inmediata a los salones de baile, preludió por fin unas cuadrillas. Eran las diez y media de la noche y crucé la perfumada extensión de los gabinetes y antesalas.

¡Qué riqueza de muebles y tapices, qué gusto en los decorados, qué mérito en las pinturas, qué lunas tan diáfanas y colosales, qué alfombras, qué candelabros, qué detalles y qué conjunto!

Provinciano, venido a México por vez primera, no tuve embarazo en detenerme delante de cada cosa que me admiró, en tener sus frases para cada objeto de arte, un elogio para cada uno de los primores de lujo y de buen gusto que se iban desplegando ante mi vista.

Traspuse por último el dintel de los salones de baile...

Mi pluma no tiene frases para describir aquéllo, como mi lengua no pudo entonces articular una palabra. Quedéme mudo ante tanta belleza, estático ante aquél conjunto, deslumbrado con aquél esplendor. Sentí algo como el desvanecimiento del vértigo, algo como el anonadamiento del mareo; por un instante me zumbaron los oídos y se oscureció mi vista.

Jamás había tenido un espectáculo semejante ante mis ojos, y más de alguno de los que estaban a mi lado debe haber reído de mi inocente asombro; pero lo importante en aquéllos momentos era abarcar en una mirada sola aquél conjunto embriagador; contemplar, como si fuesen una sola, aquéllas mujeres hechiceras y sonrientes que comenzaban a cruzarse en los caprichos del baile, confundiendo en las caudas de sus riquísimos trajes, los colores de las flores, como si el viento pasara agitando los arbustos de un jardín para entrelazar las camelias y las rosas, los jazmines y los geranios encendidos. Lo importante era embriagarse con aquélla movible combinación de ojos que chispeaban, de labios que sonreían, de voces que llenaban los ámbitos del salón con sus sonidos armónicos y angelicales, de gargantas más suaves que la seda, más blancas que las perlas, que aspiraban en vano al triunfo de la hermosura, ciñéndose en torno de los cuellos más nítidos y de los brazos más mórbidos y delicados, o entrelazándose en las madejas de rizos de cabezas, ora rubias como la flotante melena de un querubín, ora negras como un girón del manto de las tinieblas. Y entre aquéllos ojos, y entre aquéllas sonrisas, y entre aquéllas perlas, brillando con fantásticas irradiaciones los relámpagos multicolores de los ríos brillantes, en cuyas limpias facetas se reproducían las luces de las miradas y de las bujías, produciendo la confusión de resplandores de mil astros, que se hubieran agrupado allí para ofuscar con sus destellos.

Yo no os contaré qué damas se encontraban en el baile porque a ninguna conocí: otros escritores habrán tomado tal vez minuciosas listas. Jorge Hammeken y Juvenal y Fidel, os dirán detalles que sacien vuestra curiosidad: yo os doy mis impresiones sin ocuparme de si D. Carlos bailó mucho o poco, de si el marqués de Ponce de León o el vizconde de Monserrate obtuvieron preferencias de tal o cual dama o de ninguna.

Hay más todavía; cuando yo hube admirado aquél conjunto, cuando me hube dado cuenta de la impresión que me producía, ni aún quise perder mis ilusiones del cielo dirigiendo la palabra a una mujer o pidiendo una etiqueta para inscribir mi nombre, cosa que habría conseguido, merced a los oficios de dos o tres amigos que me instaban porque bailase.

Yo necesitaba ver en aquélla reunión los fantásticos giros de seres superiores que volaban por los ámbitos de un cielo inaccesible para mí.7

El periodista no pudo disimular que iba de sorpresa en sorpresa, llenando la crónica con sus opiniones sobre los personajes que ahí veía, aunque se lamentó de no poder conocer a todos y retratarlos con su pluma.

El papel del cronista era mostrar la magnificencia del lugar, así que música, objetos, adornos y un ambiente pleno de condiciones para vivirlas y relatarlas ocuparon un papel importante en el escrito. Cada lugar por el que pasó fue registrado de forma cronológica. El salón de baile fue el último que describió transmitiendo su asombro, línea por línea.

El final de la crónica es una reflexión acerca de un trabajo que debe aprender a desarrollar y, sobre todo, como periodista, a estar presente en los eventos para dar cuenta de ellos. Con la crónica se informó de los acontecimientos sin abandonar su punto de vista, e inclusive, su involucramiento emocional con el fin de comunicar lo más vívido posible a sus lectores.

Desfiles

Otro tema ideal para la crónica fue el de los desfiles, y la Ciudad de México fue ideal pues en ella se desarrollaron muchos de ellos, incluyendo los de carácter oficial. La costumbre de marchar provenía particularmente de Roma en el siglo II a. C., el general triunfante en una gran batalla marchaba para solicitar el reconocimiento oficial del triunfo al Senado. En un contexto como el mexicano, donde se buscó construir un país moderno a partir de un pasado glorioso, el modelo romano fue el ideal, de ahí que durante todo el Porfiriato se vieran celebraciones importantes que siempre remataban con un desfile.

El ejemplo siguiente es sobre las fiestas patrias. Para obtener la información, Caballero recorrió dos días el Zócalo de la ciudad en 1877. En la entrada de su crónica dio un comentario, luego procedió a narrar los acontecimientos del día 15 y el desfile del 16 de septiembre, para terminar con los juegos artificiales que cerraron la noche y también su crónica.

No es posible negarlo: muy lucidas estuvieron las fiestas con que se solemnizó el aniversario de la Independencia(...) y si esto prueba algo, es, a juicio nuestro, que se ha reanimado la confianza pública, que han revivido las esperanzas de una era de ilustrado, patriota y a un intencionado gobierno.

Excesivamente concurrido estuvo el paseo del Zócalo la noche del 15. Una gran multitud de gente de todas clases de la sociedad llenaba el jardín.

El 16 estuvo animadísimo. Se dijo que marcharían seis mil hombres del Ejército. Nos parece que la fuerza que desfiló por la avenida de Plateros excedía aquélla cifra, y fueron dignos de elogio el buen porte, el equipo y el excelente personal. Todos los cuerpos presentan marcial y distinguido aspecto; pero absolutamente ninguno agradó tanto como el de rurales, que marchó a la retaguardia de la columna (...) Tiempo ha que se viene indicando que esa organización de los rurales sería la que probablemente habría de convenir a la caballería del ejército nacional, y el cuerpo que marchó anteayer parece confirmar este parecer.

En la noche del 16 el Zócalo volvió a estar igualmente concurrido. Las jóvenes más hermosas, elegantes y distinguidas se reunieron allí, y, todavía a las once y media era numerosa la concurrencia. Luego vinieron los juegos artificiales.8

A continuación, otro ejemplo relacionado con la celebración del Día del Trabajo en 1877; en esta crónica Manuel Caballero comenzó introduciendo el tema con un tono declamatorio, haciendo énfasis en el gran premio internacional que reconocía a los obreros de México. En épocas así, no perdió la oportunidad de señalar y agradecer que en el crecimiento y desarrollo del país estuvieran las fuerzas obreras.

El adelanto científico, artístico, industrial, fabril y manufacturero de la República había sido laureado en el Gran Certámen internacional de Filadelfia, y los apóstoles del trabajo celebraban sus triunfos, recibiendo del primer magistrado de la nación los premios acordados a la inteligencia y la laboriosidad.

Con especialidad las calles del cinco de mayo estaban elegante y profusamente adornadas, y en los balcones de las casas y en las puertas de los talleres se veían graciosos emblemas y sencillos trofeos levantados en honor de las clases trabajadoras. Digna fue de notarse la exquisita galantería con que el señor Ministro de Alemania hizo enarbolar la bandera de su patria sobre el palacio de la Legación, vistiendo también de costosas colgaduras sus balcones.

A las nueve de la mañana, hora señalada para dar principio a la solemnidad, el señor general Díaz, acompañado de los miembros del gabinete y de las demás personas que compusieron la comitiva, se presentó en el salón sin hacerse esperar, como parece ser costumbre de ciertos personajes. Las localidades del salón estaban de antemano ocupadas por Comisiones de todas las Sociedades científicas, literarias, industriales, obreras y mutualistas de la capital.

El adorno del local era sencillo, pero de buen gusto, y ocupados los palcos por damas elegantes, y perfectamente iluminado el recinto por multitud de lámparas, aparecía verdaderamente deslumbrador aquél conjunto. La fiesta comenzó con música, después los discursos. El discurso del Sr. Chavero, conciso, pero elegante, erudito, oportuno, florido y altamente patriótico, produjo un gran efecto en todos los corazones allí agrupados que palpitaban con entusiasmo viril saludando la victoria del trabajo.

El señor general Díaz, cortés, afable y comedido, dijo a cada uno de los agraciados, palabras amistosas y felicitaciones sinceras alentándoles a seguir luchando por el verdadero engrandecimiento de la patria. Una fiesta como la de que nos ocupamos no podía menos que encender la inspiración en algunos de nuestros poetas y Juan de Dios Peza, el cantor dulce, sentido, melancólico y tierno cuando habla del amor, se mostró allí grandioso, sublime, arrebatador, levantado, verdaderamente incomparable en unas décimas en que todos los sentimientos de patriotismo, de amor al trabajo y de gloria a las ciencias y a las artes se desbordaron en frases elocuentes, en giros llenos de majestad y de elevación.

Nuestro querido hermano fue objeto de una verdadera ovación por parte del público a quien los versos de Juan exaltaron y conmovieron hasta la locura. Un pobre y humilde artesano ocupó también la tribuna y en frases no estudiadas felicitó a sus hermanos y pidió al gobierno protección para las artes y la industria nacional.

El pueblo puede muy bien no ser ilustrado. Jamás habrá escuchado siquiera los nombres de los grandes economistas. Ignorará todas las teorías sobre protección y libre cambio, pero conoce la práctica y tiene admirable buen sentido para comprender lo que conviene a sus intereses y a su prosperidad. El evento terminó con música. A la una de la tarde terminó la fiesta, retirándose la comitiva y la concurrencia que fue numerosísima. Fiestas como esa necesita el país, fiestas que lleven el estímulo y el aliento al corazón obrero; fiestas que despierten nobles emulaciones y nos conduzcan a grandes resultados, levantando de su postración a las beneméritas y honradas clases trabajadoras.

¡Honra para ellas que, abandonadas y perseguidas, han sabido ornar sus frentes con lauros de una gloria legítimamente conquistada!9

El pensamiento del autor se puede apreciar en los elogios a los trabajadores, la fecha de esta crónica, 1877, es crucial dado que en esa época se estaba gestando la idea de la necesidad de una estabilidad no solo política sino también económica y que la lucha entre las distintas facciones, que a lo largo del siglo XIX habían entablado, tenían que terminar en un proyecto económico liberal, donde se valorara la inversión de capital así como la fuerza de trabajo que lo movía, de ahí que Caballero no dudara en llamar a los trabajadores “beneméritas y honradas clases trabajadoras”.

En la siguiente crónica hizo una pequeña descripción del entorno. Con la hora señaló el inicio de los acontecimientos, y con la música dio la pauta para comenzar a escribir los discursos. Y como en las crónicas suelen suceder cosas inesperadas, Caballero destacó el discurso improvisado de un trabajador. Finalmente, con la hora llegó el final del evento y el cronista, con su autoridad de buen opinador, dictaminó su juicio del evento. En el remate retornó al principio de la crónica, en el que cantó glorias a los trabajadores.

Los acontecimientos políticos también fueron escritos a manera de crónica. En la que a continuación presentamos se habla de este tema; en lo que se refiere a su estructura hay una novedad en la entrada, ya que la hizo tomando información de la invitación de mano que se repartió con anticipación, y señaló la importancia de los personajes en el evento. En realidad, Caballero, al comenzar de esta manera, estaba haciendo trabajo político a favor de un candidato con el que congeniaba y al que ayudaba a hacer su carrera política. Con esta crónica se evidencia que el vínculo entre periodismo y política era estrecho, por eso el periodista la puso en el espacio del boletín, que estuvo dedicado a la política.

Los representantes del Estado de Zacatecas y algunos amigos del Sr. general Trinidad García de la Cadena, tienen la honra de invitar a usted al banquete que tendrá lugar el 23 del corriente, a la una de la tarde, en el Tívoli de San Cosme.

México, mayo de 1880

Correspondiendo a esta cortés invitación, a la una y media de la tarde estaban ya en el Tívoli los señores Zamacona Manuel, Zamacona Joaquín, Ignacio Mejía, Protasio P. Tagle, Leonardo C. Portillo, Enrique Pazos, Condés de la Torre, Dr. Buenrostro, José María Vigil, Ignacio Cumplido, Wenceslao Rubio, Manuel Carmona y Valle, Dr. Ismael Salas, Sr. Errazu, Sr. Olmedo, Sr. Barros y otras muchas personas invitadas, además de los que forman el círculo cadenista… A las dos menos cuarto de la tarde los invitados se sentaron a la mesa, la cual se había dispuesto en el salón verde como saben nuestros lectores, que se halla situado en el piso alto del establecimiento, con vista sobre el gran parque [...] Después de la interpretación de la marcha García de la Cadena vinieron los brindis, el senador López Portillo... hizo votos porque en el naufragio que amenaza a la república y a las instituciones, fuera uno de los salvadores de ellas el Sr. García de la Cadena... Leopoldo Zamora: yo brindo, con satisfacción vivísima, porque el día de mañana os vea como hoy, reunidos, prestando de acuerdo el contingente de nuestras valiosas dotes, entregadas de consuno, solamente a la honrosa tarea de inaugurar una era de verdadera prosperidad para nuestra patria... Protasio Tagle: En el fondo de esta reunión íntima se percibe claramente una idea, un sentimiento, una aspiración que a todos nos es común: la patria. Tenemos, aún en medio de la cordial animación de este festín, una preocupación constante, su felicidad. Coincidimos en el dulce acariciamiento de una esperanza para conseguirla: la paz. Realicemos, pues, el medio inmediato de llegar a ese fin supremo ¿En qué forma? Por la unión... Para nosotros, (liberales) derecho, justicia y ley son ideas sobre cuyo significado no discutimos. Comulgamos en aspiraciones a la libertad, en su más amplia inteligencia. Convenimos en los medios de plantear en el suelo de nuestra patria el reinado de la democracia... su objetivo, el deseo de la unificación del gran partido liberal.

El Sr. Vigil lo hizo por la prensa y por la reconstrucción del gran partido liberal.

El Sr. Paz... brindó porque si este necesitaba (el partido liberal), en la crisis presente, de un hombre que salvase las instituciones y acaudillase al partido del progreso, ese hombre fuera el candidato popular, el demócrata gobernador de Zacatecas.

Las cinco y media de la tarde marcaban los relojes del salón, cuando los invitados abandonaron la mesa y se trasladaron a los boliches y a las avenidas del parque [...] a las siete y tres cuartos de la noche terminó una fiesta de las que todos guardarán gratísimos recuerdos [...] Si –como todo hace esperar– estas nuestras aspiraciones se traducen en consoladoras realidades, estará satisfecha la ambición de los que postulando al Sr. García de la Cadena para la Presidencia, hemos pensado antes que en nuestra candidatura, en la gran familia liberal a que pertenecemos; y en que, más que el triunfo de nuestra fracción, nos importa el de la falange progresista, civilizadora y humanitaria que lleva en la República, por estandarte, la enseña venerable de la democracia.10

La crónica como género periodístico permitió a Caballero informar a la vez que asentar con detalle su punto de vista político, porque le interesaba hacer labor proselitista. Así los lectores podían conocer más de cerca al político que personalmente le parecía el idóneo. La crónica también le permitió destacar ideas y palabras textuales de los protagonistas. El final del evento fue también el final de la crónica; al mencionarlo, Caballero asumió su postura política a favor de la democracia y con esa idea remató su texto.

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211 стр. 3 иллюстрации
ISBN:
9786073032186
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Bookwire
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