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Historias cortas, de poder, de amor y de tragedia

Jorge Osvaldo Bazán

Historias cortas, de poder, de amor y de tragedia

Jorge Osvaldo Bazán

SERVICOP

Índice

Portada

Portadilla

Legales

Prólogo

A modo de introducción

1.- Torcuato y Regina

Teatros y flores

La deuda y la Revolución del Parque

Persiguiendo el amor

La cárcel y el infarto.

Bibliografía

2.- Fidel, Marita, Dalita y las otras

Marita entra en acción

El despecho y la conjura.

La hora de Dalia Soto del Valle

Epílogo

Bibliografía

3.- “El rubio” que enamoró a colegialas

En la cúspide

Cargando los cartuchos

La lista de buena fe

Bibliografía

4.- El Che y Aleida

Amanecer revolucionario

El despertar de Aleida

Bibliografía

5.- Luis María y Justa

El desfile y el amor

Secretos de Recoleta

Bibliografía

6.- Pepe y Lucía

Pepe y los Tupamaros

Fugas y calabozos

Tabaré inmortal

La mansión para los ricos.

Bibliografía

7.- Elisa y Francisco

Gaspar y el desarrollo independiente

Apogeo de Francisco

Pasión de Francisco y Elisa

Vientos de guerra fratricida

Inmolación de niños y hombres

Bibliografía

8.- Jorge Luis, su madre y sus novias

Nómina pasional

Amor libertario

¿Yoko Ono?

Bibliografía

9.- Hipólito y su “soltería”

Luisa, Luis y Rufina

La segunda muerte de Rufina

Presidente y soltería

Bibliografía

10.- El General y su sobrina

El general contradictorio

Boleadoras y a prisión.

Bibliografía

11.- Martín Miguel y Carmencita

Casamiento y soledad

Martirologio

Bibliografía

12.- Hector y Elsa. Crucifixión y resurrección

Tiempos de felicidad

Masacre

Bibliografía

13.- Juan Manuel Fangio, el secuestro y sus hijos secretos

El secuestro

Hijos y entenados

Bibliografía

14.-Justo José y Dolores

Aparece Dolores

Bibliografía

16.- Agustín y Susana

Bibliografía

17.- José Gervasio, sus amores, y sus penas

Soldado de 33 años

El exilio forzado

Sus mujeres y la prole

Bibliografía

18.- Salvador y “La Payita”

Los amores

La “Payita”

El golpe en marcha

Bibliografía

19.- Líber y Lili

La historia de Liber

El fin del matarife

La dictadura

Lilí

Liberación y últimos días

Bibliografía

20.- Juan Domingo y sus amores

Historia de espías

Terremoto y romance

Otra vez solo

Evita, regreso y final

Bibliografía


Bazan, Jorge OsvaldoHistorias cortas, de poder, de amor y de tragedia / Jorge Osvaldo Bazan. - 1a ed. - La Plata : Arte editorial Servicop, 2021.Libro digital, EPUBArchivo Digital: descarga y onlineISBN 978-987-803-095-11. Narrativa Argentina. 2. Relatos. I. Título.CDD A863

© 2021, Jorge Osvaldo Bazán

Primera edición en formato digital: abril de 2021

Versión: 1.0

Digitalización: Proyecto 451

ISBN 978-987-803-095-1

Hecho el depósito que establece la Ley 11.723

No se permite la reproducción parcial o total, el almacenamiento, el alquiler, la transmisión o la transformación de este libro, en cualquier forma o por cualquier medio, sea electrónico o mecánico, mediante fotocopias, digitalización u otros métodos, sin el permiso previo y escrito del editor. Su infracción está penada por las leyes 11.723 y 25.446 de la República Argentina.

Prólogo

Los historiadores, generalmente olvidan en el vestíbulo los girones de los amores, aventuras, pasiones y deseos íntimos de los próceres y personalidades ilustres: Ingresan de súbito al recinto esplendoroso del academicismo a narrar con textos asépticos los hechos anodinos y tediosos que van a desnaturalizar sus historias, despojándolos de todo rasgo humano. O son dioses o son demonios. Jamás personas comunes, de carne y hueso, con virtudes y defectos que exhiban sus esencias vitales.

Cuando algunos estudiosos pretenden introducir en los resquicios de la historia, las vidas privadas de sus protagonistas, les llueven las críticas, sobre todo cuando se trata de indagar, en profundidad, el pasado de sus inmaculados héroes de la impoluta esfera pública en la que ruedan desde los ámbitos de la política, la cultura, el deporte, la religión o el quehacer social.

Jorge Osvaldo Bazán, el autor de este libro, no olvida ni soslaya nada, en esta excelente incursión que emprende para escribir “Historias cortas, de poder, de amor y de tragedia”. Al contrario, con maestría, coraje y hemorragias de audacia, no arroja en el hall de entrada lo que debe exhibir en el salón de exposiciones. Lo muestra todo. Se diría que, como un experimentado sembrador, dejó caer en los surcos bien abiertos, durante su tarea investigativa, todas esas simientes que al final de sus germinaciones le iban a permitir una cosecha exitosa de los frutos sabrosos que obtuvo gracias a su obcecado y tenaz peregrinar por bibliotecas, hemerotecas, archivos y reservorios poco frecuentados.

No es de otro modo que, finalmente, este hombre polifacético-ingeniero, político, periodista, escritor, docente universitario- que siempre nos deleitó con sus columnas pletóricas de historias singulares-difundidas en diarios locales- desembarca en la rampa de una muy buena obra, perfilándose, definitivamente, como un excelente narrador de sucesos históricos encuadrados prolijamente, en sus respectivos contextos políticos.

Este llamativo fruto literario, producto del sacrificio y del empecinamiento por el abordaje original de las micro y macro historias, es toda una originalidad cultural en Formosa, porque pocas veces un investigador se anima a contar, sin tapujos y sin medias tintas, aspectos poco conocidos o directamente ignorados, de luminarias o mártires del escenario nacional y latinoamericano. Lo hizo recurriendo a un estilo vistoso, preciso y ameno; con mucha sutileza y superlativo respeto hacia los personajes estudiados.

Enhorabuena, por la rica cosecha de Jorge Osvaldo Bazán, que se atrevió a desarrollar historias repletas de anécdotas impactantes y deslumbrantes. Nada tiene que envidiar a algunos autores que intentaron-a nivel nacional- adentrarse en estos géneros de la narrativa histórica.

Bazán nos demuestra, que la humanidad de los seres que rozan la inmortalidad, esculpidos en bronce, no brotará de sus actos públicos relatados por los amanuenses de la historia desabrida de Latinoamérica, sino de sus vidas íntimas, de sus deseos, pasiones, afectos y acciones más viscerales.

La Historia Oficial ha despojado a nuestros próceres del ejercicio del amor, en todas sus variantes emotivas, (adoración, afecto, pasión, sexo, lujuria, y demás devaneos sentimentales o carnales). De esa forma, los vienen presentando como seres incompletos, que buscan eternamente su otra parte, para integrarse como realmente merecen y así ser mejor comprendidos por la nuevas generaciones; de igual modo que el solitario viento y la persistente lluvia, añoran la irascibilidad de los truenos y relámpagos para conformar la potencia de una verdadera tempestad.

El autor de “Historias cortas, de poder, de amor y de tragedia”, irrumpe para infundir vida a tantos personajes disímiles entre sí, contándonos intimidades de sus vidas privadas que nos llevan al asombro y la estupefacción, por no decir al sobresalto o a la intriga, por las curiosidades que nos acerca sobre ellos, como lo haría un explorador trashumante, que muestra sus hallazgos a los espectadores en una plaza pública, luego de regresar de un azaroso viaje por geografías vedadas.

Por ese motivo, esta obra, de alto valor histórico, además de literario, va más allá del anecdotario, y se introduce en camino virgen, sin rodeos ni atajos, para dimensionar el pulso vital de sus hombres y mujeres biografiados.

Con el cúmulo de investigaciones que desata capítulo tras capítulo, el autor nos va descubriendo la intensa ligazón entre el poder, el amor y la tragedia en la historia argentina y latinoamericana (no podemos dejar de observar que Bazán cuenta historias de personalidades del Paraguay, del Uruguay, de Chile, además de la Argentina). En consecuencia estos hombres y mujeres ya no son los comediantes aburridos que desfilan por las páginas de los manuales de historia convencional, porque vamos percatándonos de qué manera sus avatares amorosos y pasionales fueron orientando, en gran medida sus vidas, lo que hicieron con ellas y, por ende sus conductas públicas en el ejercicio del poder.

Bazán, empapado de sencillez, con una pluma fluida y luciente, mediante la destreza de un escritor regional que apunta hacia más allá de los confines de la Patria Chica, he enfilado con este valioso libro hacia nuestra Gran Patria Grande Latinoamericana.

Y eso hay que celebrarlo, con gratitud, leyendo y releyendo estas páginas con sabor a amores, amoríos, aventuras pasionales, traiciones afectivas y, asimismo, lealtades y afectos correspondidos; pero, ante todo, con la satisfacción de poder conocer mejor la trastienda de esta gran feria de vanidades que erigió la Historia Tradicional para ocultar los rasgos de humanidad de nuestros héroes, vanamente endiosados o ilusoriamente demonizados.

Dr. Marcos Raúl Molares

Historiador

A modo de introducción

El genial Gabriel García Márquez dijo una vez: “Yo no he escrito una línea que no sea sobre el poder, y sobretodo sobre el más poderoso, importante, grande y eterno de todos los poderes que es el poder del amor”.

Cuando imaginé escribir este libro, mi intención siempre fue bucear en la historia de amores y desamores de personas de carne y hueso que pasaron por esta vida con penas y glorias. Presidentes, militares, dictadores, escritores, deportistas, caudillos y mártires que conocieron el apogeo y también la decadencia y que vivieron grandes pasiones insondables, aún en el fragor de la lucha o en los meandros secretos de los amores clandestinos. De eso se trata. No busco escribir biografías, ni ensayos; para ello hay estudiosos como Felipe Pigna o Araceli Bellota; o hubo intelectuales como Félix Luna, Fermín Chávez o José María Rosa que lo hicieron de maravilla. Pero lo que sí trato de hacer, humildemente, desde estas páginas, es describir el contexto histórico en que se desenvolvieron nuestros protagonistas, para poder entender cabalmente el porqué de la conducta o de la toma de decisiones del momento.

Este libro sólo es un racconto tal vez desordenado de la vida y de la muerte de algunos personajes de la historia, desde el costado menos conocido, el de sus amores, amoríos, o percances personales en posturas que confirman, al fin y al cabo, su condición de seres humanos, con sus aciertos y miserias.

Hace décadas que leo y escribo. Allá por 1992, cuando comencé a elaborar las principales notas domingueras del diario “La Mañana”, el de mayor circulación de Formosa, y luego en el diario “Tiempo formoseño” debía realizar un gran esfuerzo para plasmar dentro de una extensión determinada en caracteres, bastante generosa por cierto, la crónica casi siempre política pero con un fuerte anclaje histórico, con el que lograba despegarme de las pasiones del momento, cumpliendo a rajatabla las instrucciones de los propietarios de los medios, que por supuesto no iban a tolerar que hiciera de ese espacio una pretendida “tribuna de doctrina” en mi exclusivo beneficio. A pesar de mi profesión de ingeniero en construcciones y de docente universitario, siempre tuve una especial dedicación o anclaje hacia la literatura, y a la interpretación de los hechos históricos, como lector compulsivo, claro está, lo cual pudo ser volcado en mi larga actividad periodística, en programas de radio y televisión que tuve a mi cargo y también durante mi paso por la dirección del principal medio de difusión de la provincia de Formosa, “Lapacho” Canal 11, donde me desempeñé durante 18 años y seis meses.

En mi libro “Columnista invitado” (Setiembre de 2016) a lo largo de sus 434 páginas pude recrear las publicaciones de mis notas periodísticas en los diarios “La Mañana” y “Tiempo Formoseño” y este trabajo que ahora pongo a consideración de mis lectores, es la inauguración de un nuevo estilo personal que pretendo sea bien valorado por aquellos que se inmiscuyan en sus páginas.

Dije más arriba que no se trata de biografías y ni siquiera de un libro de historia a la usanza tradicional. Desde una posición ideológica concreta porque todo lo que hacemos siempre está teñido de ideología, intento mostrar el lado humano de personajes que ya no están, que se fueron hace tiempo, y en los cuales se han invertido ríos de tinta para aclamarlos o denostarlos. No es este el caso. He leído todo lo que pude y he hecho las interpretaciones que me parecieron razonables, reconociendo que “Los hechos son sagrados pero la interpretación es libre”. Y esta frase, tan usada en los últimos tiempos, se remonta a casi un siglo atrás, cuando el matutino inglés “The Guardian”, celebraba su centenario, en 1921. El entonces editor Charles Prestwich Scott, que además de periodista era miembro del Parlamento, y llevaba 50 años trabajando en el periódico al momento de la celebración, pronunció lo que resume de manera magistral la tarea de quienes escribimos.

Con la proposición: “Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo”, aparecida en “Meditaciones del Quijote”, Ortega y Gasset insiste en lo que está en torno al hombre, todo lo que lo rodea, no sólo lo inmediato, sino lo remoto; no sólo lo físico, sino lo histórico, lo espiritual.

Y “los yo” y sus “circunstancias” de los personajes involucrados en este libro, son expuestos con la mayor honestidad intelectual posible, tratando de amalgamar además los “hechos” con las “interpretaciones”. Siempre en relatos cortos, casi íntimos, resumiendo en pocas páginas décadas de vida, de sueños, de triunfos, de sufrimientos, y de muerte.

Al final de cada una de las historias, se adjunta la bibliografía sobre las fuentes consultadas para todos aquellos que quisieran profundizar más la historia de cada uno de los personajes, o cotejar lo que aquí se escribe. Con respecto a las fuentes, debo aclarar que me he encontrado en algunos casos con contradicciones, es decir, con datos de autores o publicaciones respetables que sin embargo poseen información contradictoria. En esos casos, dejo librado al lector la interpretación libre y razonable.

Quiero agradecer profundamente al Dr. Marcos Raúl Molares por las cálidas palabras que constituyen el Prólogo de este libro. Que un historiador de su talla, autor de los cuatro tomos que conforman la “Historia General de Formosa” me presente de esta manera constituye un privilegio tal vez desmesurado.

Dedico esta obra a mi esposa, la Profesora Dora Isabel Caíno, por su ayuda, observaciones, correcciones y sus consejos, y a mis hijos Fernando Raúl, Santiago Jesús y Maria Florencia, que siempre me alentaron en pos de este proyecto.

Hechas las aclaraciones de rigor, avancemos con la propuesta, y espero que sea del agrado de todos.

Ciudad de Formosa, enero de 2021.

1.- Torcuato y Regina

“Hay amores tan bellos, que justifican todas las locuras que hacen cometer”

Plutarco

El matrimonio entre el ex-Presidente de la Nación Marcelo Torcuato de Alvear y Regina Pacini fue para la época la cuestión más discutida y criticada en los exclusivos salones de la Sociedad Rural o en el Círculo de Armas, y en las mansiones de La Recoleta de las familias acaudaladas que jamás aprobaron que el mejor candidato se casara con una portuguesa plebeya.


Teatros y flores

El romance de Marcelo Torcuato de Alvear y Regina Pacini es una de las historias de amor más desafiantes e impactantes, por no decir novelesca que recuerde la alta sociedad argentina, de finales del siglo XIX.

Regina Pacini había nacido en Lisboa, Portugal, el 6 de enero de 1871 y era hija de la española Felisa Quintero y del barítono italiano Pietro Andrea Giorgi-Pacini. Por influencia paterna se convirtió en soprano estudiando en París y debutó en Lisboa en 1888. “Soprano” es aquella que posee la voz más aguda en el marco de una armonía. Y Regina la tenía, con creces. Con sólo 17 años construyó, desde entonces, una brillante carrera lírica, en actuaciones memorables tanto en El Liceo de Barcelona, la Scala de Milán y hasta la Ópera de París. Pero pronto aparecería en su horizonte un argentino que daría que hablar: Marcelo.

Nieto de Carlos María de Alvear, quien alcanzara el rango de general, político, diplomático, y que además integró el Regimiento de Granaderos a Caballo de José de San Martín, del cual fue también su padrino de casamiento. Con sólo 25 años fue Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata.

Marcelo había nacido el 4 de octubre de 1868. El padre de Marcelo, Torcuato Antonio de Alvear y Sáenz de la Quintanilla fue el primer intendente de la ciudad de Buenos Aires, entre 1883 y 1887. Su madre fue Elvira Pacheco y Reinoso. Es decir, era casi el único joven porteño con prosapia y alcurnia, a diferencia de las otras familias supuestamente “patricias” de la época, que sólo habían amasado fortuna merced al contrabando o a la generosa repartija de tierras otrora en manos de los indígenas masacrados por la campaña del desierto.

En 1899, Regina cantó primero en Montevideo y luego por primera vez en Argentina en el Teatro Politeama, situado en la Av. Corrientes 1490. Por sugerencia de su primo Diego, Marcelo se instaló en uno de los palcos. Y allí sucedió el “milagro”. El soltero de 31 años más famoso, “pinton” y adinerado de Buenos Aires, el más codiciado y ganador, dueño de una prestancia que no le iba en zaga con su enorme estatura y simpatía, se había enamorado instantáneamente de esa pequeña joven de 28 años que sería luego tildada de “petiza” y “fea” por las envidiosas y ricas celestinas de fin de siglo.

Al final de la actuación, Alvear le envió centenares de rosas blancas y rojas y una pulsera de oro y brillantes que llegaron al camarín de la ruborizada soprano, y hasta el presidente Julio Argentino Roca pasó a saludarla junto con sus hijas. Pero la cantante rápidamente devolvió la joya y volvió a Europa. Por aquellos años, un diario porteño dio la lista de regalos que recibió la artista, que incluía “Prendedor con brillantes y perlas del Presidente de la República, “Alhajero cincelado” de la empresa Bernabei, “Estatuilla de bronce del Señor Giudice Caruso, y “Bombonera con miniatura” del Sr. Guglielmo Carusón”.

La deuda y la Revolución del Parque

Para comprender a Marcelo, debemos estudiar el contexto de la época. La “Guerra de la Triple Infamia”, tuvo lugar entre 1864 y 1870, como veremos más adelante. Y el gobierno de Mitre arrancó en 1862 hasta 1868, al cual lo sucedió Sarmiento (1868-1874). Quiere decir que ambos abarcaron los años de contienda. La “Guerra grande” fue impulsada por Gran Bretaña, que no toleraba el desarrollo independiente y exitoso del Paraguay, que además no se había endeudado en una sola libra esterlina como sí lo había hecho la Argentina en 1824 con la Baring Brothers por un millón de esa moneda con un interés del 6% anual, que con gastos de intermediación y comisiones varias el dinero que llegó al país fue de 560.000 libras.

Ahora bien, al comenzar la guerra, Mitre solicita financiamiento urgente a Londres, que le facilita 2.500.000 libras, que con la “poda” habitual quedó en 1.735.000 libras. Cuando Don Bartolomé termina el mandato, la deuda externa argentina ya era de casi 5.000.000 de libras, y cuando hace lo propio Sarmiento, la deuda ya estaba en los 14.500.000 libras!Es decir, esos próceres inmaculados nos metieron en la guerra infame, y nos hicieron pagar los gastos con intereses y comisiones exorbitantes, al sólo efecto de cumplir con los deseos imperiales de la Corona. Y hago esta introducción porque ahora aparece Marcelo Torcuato en acción.

El 26 de julio de 1890 estalló en Buenos Aires un levantamiento cívico- militar que se conoce como la famosa “Revolución del Parque”. La rebelión se gestó como corolario de la gran crisis económica que se produjo por el irresponsable endeudamiento con Inglaterra. En 1889, el gobierno de Miguel Angel Juárez Celman se declaró en cesación de pagos, el primer default formal de la historia y ello hizo que la banca Baring presionara para que, de ser necesario, se utilizara la fuerza para el cobro de las acreencias, lo que ya había pasado con Egipto y Turquía. Las negociaciones se volvieron durísimas e Inglaterra reclamó, para refinanciar la deuda, el control de la aduana, un drástico aumento de impuestos, el remate de tierras productivas y una brutal devaluación, (¿Le resultan familiares al lector estas exigencias?). Es decir, se reclamaba un ajuste salvaje que nadie estaba en condiciones de soportar. Ante ese panorama, en el ejército comenzó a gestarse un movimiento insurreccional, algunos estancieros aportaron dinero y armas y el 26 de julio, bajo el paraguas de la Unión Cívica comienza la sublevación. Los combates duran tres días, con centenares de muertos, al cabo de los cuales se impone el oficialismo, que luego de una victoria pírrica queda muy desgastado. La Unión Cívica se parte en dos, por un lado, la Unión Cívica Radical Antipersonalista, llamados “los rojos” y la Unión Cívica Radical, de Yrigoyen y también de Marcelo, llamados “los líricos”. Los rojos apoyaron más tarde el golpe contra Yrigoyen y luego integraron la Concordancia que llevó al poder al general Justo, gobierno que fue elegido en medio de la proscripción de la UCR y sobretodo de la figura de Alvear.

El dandy argentino con apenas 22 años había participado de la revolución, que desemboca en la renuncia del presidente, siendo reemplazado por Carlos Pelegrini. Gracias a esa contienda, Marcelo conoce a los flamantes líderes del centenario partido, y se afianza como un cuadro político de fuste, circunstancia que sería decisiva a la hora de elegir al candidato a presidente en 1922.

Persiguiendo el amor

Pero el amor todavía no correspondido no fue óbice para su bautismo en la política. Para Alvear, al mismo tiempo, sus ímpetus juveniles lo llevaron a iniciar la “persecución” de Regina, que ya se había convertido en su obsesión. En los escenarios lujosos de Montecarlo, Madrid, Londres, París y Budapest, y en todos los que cantara Regina, los infaltables ramos de flores ya no sólo cubrían su camarín sino también los teatros enteros. La obstinación constante, casi patológica de nuestro personaje tuvo su recompensa cuando en 1903, tras casi cuatro años de súplicas y declaraciones de amor, Regina también se enamoró y por fin el derrotero europeo tuvo su justa compensación, aunque los compromisos futuros de la soprano la ataron todavía por cuatro años más al viejo continente. La noticia del noviazgo cayó como balde de agua fría en las solemnes fiestas y tertulias de la oligarquía porteña, pero la boda, contra viento y marea, se planificó y llevó a cabo en Lisboa, el 29 de abril de 1907, a las siete de la mañana, para esquivar a la prensa, evitando el indisimulado rencor de las ricas familias, propias y extrañas, que por lo bajo despotricaban contra la “advenediza portuguesa”, y que fueron burlados por los flamantes esposos, que se casaron lejos de Buenos Aires y a una hora poco convencional.

El regalo de bodas fue el castillo “Coeur Volant”, a diez kilómetros al oeste de París, cercano al palacio de Versalles donde la pareja de recién casados (que recién volvió en 1911 para el casamiento de la sobrina de Marcelo) encontró el sosiego y la paz que en la capital argentina no hubieran tenido.

En 1912 Marcelo fue elegido diputado. Y la vida de Regina se había tornado difícil. Su esposo había sacado de circulación todos los discos con las grabaciones realizadas por ella, con lo cual su pasado estaba borrado, como si nunca hubiera cantado. En 1917 la pareja se fue a vivir a Francia al ser designado embajador, Europa estaba en guerra y la residencia de los Alvear se había convertido en un lugar de reunión de diplomáticos y personajes de la realeza, como la propia Amelia, Reina de Portugal e íntima amiga de Regina. Por esos días, Marcelo donó un hospital de sangre, acción que fue correspondida por el gobierno de Francia que le otorga la Legión de Honor, reconocimiento creado en 1802 por Napoleón Bonaparte para distinguir a aquellos que demostraran méritos eminentes al servicio del país galo. Cuando finalizaba el primer mandato de Yrigoyen, éste nombra a Alvear como su sucesor, que sin estar en la Argentina, sin participar de la campaña electoral, el 2 de abril de 1922 logra un impactante triunfo con el 46,06% de los votos superando por más de 36 puntos porcentuales al conservador Norberto Piñero. Marcelo asume el poder el 12 de octubre de 1922. Regina contaba por entonces con 51 años.

Cuentan las crónicas de la época, que era tal el odio que las familias “de la alta sociedad” profesaban por esa “pareja despareja” (para ellas), que sólo cuando el general y ex- presidente Julio Argentino Roca, en una ocasión se acercó a saludar a Regina y Marcelo, que cenaban solos en una mesa apartada, el matrimonio se liberó de “la sanción social”, que de todas formas no había hecho demasiada mella en ellos.

Volviendo a Marcelo Torcuato, fue elegido presidente de la República hasta 1928, (por entonces los períodos eran de seis años) y al finalizar su mandato, Don Hipólito fue electo por segunda vez, pero en 1930 se produjo el primer golpe de estado de la historia, cuando el general José Félix Uriburu tomó el poder con la anuencia de la Corte Suprema.

En cuanto a la obra de gobierno de Alvear, mucho se ha escrito y discutido si fue una gestión de tipo conservadora o progresista. A ese respecto, el docente e investigador universitario Fernando del Corro, explica que durante 1922 a 1928, por la política industrial implementada, se radicaron en Argentina 58 consorcios extranjeros, como General Motors, Ford Motor Company, que llegó a fabricar 100.000 Ford T. También se instalaron las envasadoras Crush y Coca-Cola, la petrolera Standard Oil, la alimentaria Royal, los laboratorios Parke Davis y Colgate - Palmolive. Además, se creó el frigorífico Nacional, que luego pasó a llamarse “Lisandro de la Torre”, para competir con empresas británicas y estadounidenses que manejaban a su antojo ese negocio. Y pocos saben que el ministro de Hacienda de Marcelo era un venezolano que había llegado de niño al país, que se llamaba Rafael Herrera Vargas, que aplicó un arancel del 25% a todos los bienes importados y un impuesto a la herencia. Todo ese combo provocó la llegada de 600.000 inmigrantes, mientras los obreros alcanzaron salarios más elevados con una legislación protectora de mujeres y menores. Pero Alvear también tuvo otro latinoamericano como ministro, y me refiero al almirante paraguayo Manuel Tomás Domecq García, que fue impulsor de la creación de la marina mercante, con el astillero que lleva su nombre. Casi al final del mandato, también se creó la Fábrica Militar de Aviones.

La historia de Domecq es interesante y vale un comentario. Había nacido en Tobatí, Paraguay. Tenía sólo seis años cuando se animó a portar un sable que era más grande que él, durante la Batalla de Acosta Ñú, al final de la guerra de la Triple Infamia. Miles de niños fueron masacrados, y él fue uno de los pocos sobrevivientes. Huérfano, quedó en manos del ejército brasilero, que por ocho libras esterlinas de rescate se lo entregó a una tía, y tiempo después fue enviado a nuestro país al cuidado de un tío estanciero que lo crio, ingresando de joven a la marina de guerra, donde llegó a ser almirante.

Pero volvamos a Marcelo.

La cárcel y el infarto.

Pasaron apenas tres años para que Marcelo fuera encarcelado en la isla Martín García por el nuevo régimen del general Agustín P. Justo, que curiosamente había sido el ministro de guerra durante su presidencia, y que llegara al gobierno en elecciones fraudulentas en plena “década infame”, proscribiendo a Marcelo, que constitucionalmente podía aspirar a un nuevo mandato. Regina cruzó en una barca más de cincuenta veces el Río de la Plata, en algunas ocasiones con las aguas embravecidas y con lluvia, para llevarle ropa, comida y otras cosas personales. En 1933 Marcelo fue deportado a Europa en un barco de la Armada, y cuando éste se quedó sin combustible para seguir el viaje, Alvear avaló el aprovisionamiento del buque con su propio peculio.

Gobernaba como dijimos el general Agustín P. Justo, y resulta jocoso que algunos historiadores/opinólogos como Rosendo Fraga afirmen que el militar, que también era ingeniero, había llegado al poder legítimamente, cosa que se da de bruces con el exilio forzoso, la prisión o la proscripción de los opositores, como le ocurrió a Marcelo Torcuato. Durante la “década infame”, todo estaba permitido, menos la Unión Cívica Radical.

A Alvear la prisión lo afectó gravemente, y la verdad es que complicó viejas lesiones cardíacas. Marcelo había gastado casi toda su fortuna en política, viajes y un estilo de vida que no podía sostenerse aún en tiempos de bonanza. Tampoco durante su paso por la casa rosada había amasado riquezas por métodos “non sanctos”, por lo cual hasta su situación patrimonial había decaído notablemente. De las 60.000 hectáreas que había heredado de su abuelo materno, el general Pacheco, no quedaba casi nada.

En 1937, Marcelo se presentó como candidato a presidente por la Unión Cívica Radical, pero no pudo contra la maquinaria electoral del fraude y perdió contra Roberto Marcelino Ortiz, de la Unión Cívica Radical Antipersonalista que también había sido ministro de obras públicas durante su presidencia, y luego ministro de hacienda de Justo. Alvear sólo ganó en las provincias de Córdoba, Catamarca y Tucumán. Todo eso lo afectó física y emocionalmente, y el deterioro de su salud se hizo cada vez más evidente. A pesar de los avatares de la vida, la soprano siguió cultivando su vieja pasión. Regina fundó en 1938 La Casa del Teatro donde se encuentra el coliseo “Regina” para que funcionara también como albergue para artistas jubilados con problemas económicos. Un soberbio edificio de diez pisos ubicado en la avenida Santa Fé al 1200 en pleno barrio de Retiro, que hizo célebre la entrega anual de los premios Florencio Sánchez.

Cinco años después, el 23 de marzo de 1942, Regina vivió su día más triste, cuando un infarto puso fin a la vida de Marcelo, a los 74 años. En diálogo con sus correligionarios, ya les había dicho que estaba “con un pie en la tumba”. Se sentía mal, se sentía morir. Fue velado en la Casa Rosada, por pedido de su esposa. Antes, habían tenido ese privilegio Bartolomé Mitre, Quintana y Pellegrini (los tres fallecidos en 1906), Roque Sáenz Peña (muerto en el cuarto año de su mandato en 1914), y Julio A. Roca que falleció en octubre de ese año.

Estando en ejercicio de la presidencia, Marcelo había donado 40 hectáreas de su propiedad para que se creara en el viejo partido de Las Conchas, hoy Tigre, un pueblo que pasó a llamarse “Don Torcuato”, que con el tiempo se convirtió en un lugar de residencias magníficas de descanso familiar. Allí se construyó “Villa Elvira”, la casa que habitaran los Alvear hasta el final de sus vidas. Allí también transcurrieron los últimos días de los 94 años que vivió Regina, después de 23 años de viudez. Por ello, cada día 23 (de doble significado) ella visitaba la tumba de Marcelo en el cementerio de La Recoleta, con un ramo de rosas blancas como aquellas que habían engalanado los teatros de Europa. Cuentan que luego de cada visita, invitaba a almorzar al anciano cuidador de la Recoleta, en señal de gratitud. Durante sus últimos años era visitada por Elena Faggionato, esposa del Presidente Frondizi, y por la esposa del Presidente Illia, Silvia Martorell.

Regina falleció el 18 de septiembre de 1965. Sus restos fueron velados en la Casa del Teatro. Su féretro fue llevado a La Recoleta, donde permaneció en el suelo del panteón familiar durante dos años, hasta que alguien lo ubicó en el nicho contiguo al de Marcelo.

Una importante localidad del departamento General Roca del alto valle del Río Negro lleva el nombre de “Villa Regina”, en honor a Marcelo que en 1924 había firmado el decreto de creación de la colonia (Río Negro fue territorio nacional hasta 1955), que poco tiempo después se colmaría de inmigrantes italianos a causa de la Primera Guerra Mundial. Un justo homenaje a la ilustre señora que conquistó el corazón del dandy más famoso de la época, con el cual construyó una de las mejores historias de amor jamás contada.

La denominación de Guerra de la Triple Infamia a la contienda que involucró a Argentina, Brasil y Uruguay contra Paraguay entre 1864 y 1870, surge como una posición ideológica concreta y de otros escritores como José Pablo Feinmann, frente al imperdonable genocidio.

Bibliografía

“Los nombres del poder . Alejandro Cattaruzza. Fondo de cultura Económica . 1997

“Alvear” Félix Luna. Cúspide libros. Editorial Sudamericana.

“Nacimiento y reproducción de la deuda externa” . David Cufré. “Página 12” 14/06/2004.

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2.- Fidel, Marita, Dalita y las otras

“Asomaba a tus ojos una lágrima y a mis labios una frase de perdón, más, habló el orgullo y se enjugó tu llanto...

Y la frase en mis labios expiró”.

Gustavo Adolfo Bécquer


En el instante en que Fidel Castro Rus cayó preso luego del fallido ataque al cuartel Moncada, en Santiago de Cuba, ocurrido el 26 de julio de 1953, el joven abogado creyó que sus sueños revolucionarios tal vez desaparecieran frente al pelotón de fusilamiento. Pero el hecho de estar casado con Mirta Balart Gutiérrez, hermana de Rafael Diaz Balart, por entonces Subsecretario del Interior del gobierno del dictador Fulgencio Batista, le salvó la vida. Así y todo, la separación de su primera esposa sería sólo un episodio menor de la agitada vida política y sentimental que le aguardaba.

Fidel era hijo de un prominente empresario azucarero de origen español, que había tenido otros seis hijos con Lina Rus, una de sus empleadas domésticas que vivía en una humilde casa cercana. Si bien luego de separarse de su primer esposa Don Ángel Castro se casó con Lina, durante mucho tiempo Fidel tuvo que soportar el mote de “bastardo”, hasta que pudo llevar el apellido paterno. En 1945, ese cubano casi desconocido, estudiante de derecho en la Universidad Nacional de La Habana, imbuido de una mística revolucionaria que lo llevó a liderar el centro de estudiantes de su facultad, comenzó a soñar con aventuras casi utópicas, como el intento de derrocamiento del dominicano Rafael Trujillo en 1947, y a participar un año después, del “Bogotazo” tras el asesinato del líder liberal colombiano Eliezer Gaitán. Ello no impidió su casamiento con Mirta, atractiva veinteañera en 1948. Como luna de miel, durante tres meses viajaron a Miami y Nueva York. La unión iba sobre ruedas, y a los 11 meses vino al mundo Ángel Fidel Castro Díaz Balart. Todo hacía suponer que a la novel pareja les aguardaba un futuro dorado, sin complicaciones económicas. Fidel se graduó en 1950, y abrió un pequeño bufete. Entró de lleno al Partido Revolucionario Auténtico que lo nominó para una candidatura al Congreso, para las elecciones que debían llevarse a cabo en junio de 1952, al término del mandato de Carlos Pío Socarrás. Pero el golpe de estado de Fulgencio Batista cambió todos los planes. Radicalizado, tratando de organizar un levantamiento popular, comenzó el largo trajinar que tuvo para él un final más que feliz. Por el lado del ex- sargento devenido en presidente, ya estaba entregado en cuerpo y alma no sólo a los capitales foráneos, mayormente norteamericanos sino también a la propia mafia, que había iniciado sus actividades en el pequeño país a principios de 1920, compuesta por cuatro “familias”, todos organizados bajo la supervisión de Meyer Lansky, que en la película “El Padrino” está representado como Hyman Roth, y todos recordarán la escena de la terraza del hotel de La Habana, donde corta la torta con la que celebra su cumpleaños acompañado por Michael Corleone y otros caciques.

En 1952 Fidel tuvo otro romance fugaz y secreto con Natalia Revuelta, una activista socialista muy involucrada en la revolución, que quedó embarazada de una niña que llamaron Alina, que en su juventud renegara de su padre y que luego viajara a Miami, donde se cambió de nombre y comenzó a conspirar furiosamente contra el castrismo.

Casi al mismo tiempo, Castro se involucró con María Laborde, y nació Jorge Ángel, químico de profesión que prefería el anonimato, y que hizo público el vínculo con su padre muchos años después.

Volviendo a la militancia, el impetuoso e idealista Fidel emprendió la locura de pretender tomar el cuartel Moncada, el más importante de Cuba. Así, el 26 de julio de 1953, 135 combatientes irregulares, con poca logística y mal armados intentaron lo imposible, y fueron derrotados y la mayoría aniquilados, en la primera acción revolucionaria que marcaría la posterior caída del dictador. Castro fue apresado y condenado a 15 años de prisión. La mafia le pidió a Batista un escarmiento ejemplificador, y hasta el fusilamiento de Fidel, pero la oportuna mediación de los Díaz Balart logró una amnistía en 1955, de la cual se arrepentirían cuatro años más tarde. Después del ataque al Moncada, y tal vez al enterarse de la relación de Castro con otras mujeres los padres convencieron a Mirta de poner fin a la relación y el matrimonio se separó.

Fidel viajó a México, donde conoció al “Che” Guevara y organizó su regreso para la toma del poder. Contaba por entonces con 29 años.

El 2 de diciembre de 1956, después de haberse organizado y planificado el regreso a la isla en el exilio mexicano, el maltrecho y viejo yate “Granma”, que apenas se mantuvo a flote con 86 revolucionarios, recaló en Cuba iniciando la acción militar que culminaría con la toma del poder el 1° de enero de 1959, frente a un ejército desmoralizado, sin jefe, (fugado al exterior con las alforjas llenas de dólares), que por lo menos los quintuplicaba en cantidad de efectivos. Cuatro meses después de la hazaña, Fidel llegó a Nueva York y durante los cinco días que estuvo, fue aclamado como un héroe conquistador; era tan grande como Elvis Presley, lo comparaban con George Washington, y las mujeres quedaban embelesadas, para ellas era la reencarnación de Rodolfo Valentino.

(Diario Daily News- Nueva York).

Mirta, alejada ya de su pequeño hijo se enfrentó definitivamente con Fidel al casarse con Emilio Nuñez Blanco, un acérrimo enemigo de la revolución y terminó por autoexiliarse en España, donde rehizo su vida.

El enamoradizo comandante, según muchas versiones, tuvo otro devaneo con Celia Sánchez Manduley, una oficial valiente que con arrojo se plegó a la revolución desde el desembarco del Granma y que fue muy querida por toda la plana mayor del Movimiento 26 de julio. En Cuba recuerdan que cuando el yate se aproximaba a la costa, ella logró infiltrarse disfrazada (con una falsa panza de embarazada) dentro de las tropas de Batista para obtener información vital que salvó muchas vidas. Fue de hecho la primera mujer que integró el Ejército Rebelde, y su presencia se volvió indispensable. A propósito, en 1957 Raúl Castro le escribe: “Tu te has convertido en nuestro paño de lágrimas más inmediato y por eso todo el peso recae sobre ti. Te vamos a tener que nombrar madrina oficial del Destacamento.” Era cinco años mayor que Fidel, y se ganó el derecho de ser la Secretaria Ejecutiva del Consejo de Ministros y miembro especial del Partido Comunista Cubano.

Marita entra en acción

Y aquí volvemos a los amoríos. Cuando Marita Lorenz murió el 31 de agosto de 2019, por un infarto, se llevó para siempre el secreto que mejor guardó: Qué fue verdad y qué no en la vida legendaria que siempre contó que tuvo. Nacida en Bremen (Alemania) en 1939, del matrimonio de un capitán de barco alemán y una actriz estadounidense muy vinculada a los servicios de inteligencia de E.E.U.U.

En plena segunda guerra mundial, su padre Heinrich hizo conexión con grupos de contrainteligencia franceses. Al ser descubierto, los nazis recluyeron a toda la familia en el campo de concentración de Bergen-Belsen. Poco tiempo después, a los siete años, Marita sería violada por un oficial norteamericano. Al término de la contienda mundial Heinrich Lorenz, fue contratado como capitán de un lujoso crucero de pasajeros llamado “Berlín IV”, que llegó a La Habana en febrero de 1959, a poco más de un mes de la huida de Fulgencio Batista de la isla, y de la toma del poder por los revolucionarios. Antes de anclar en el puerto, el líder cubano se aproximó al buque, a bordo de una lancha repleta de hombres armados. El propio Fidel pidió subir a bordo, lo cual fue aceptado de inmediato.

Aquí sigue el relato de Marita:

“Me fijé en el mayor de ellos, que fumaba un puro y le pregunté que quería. Subir al barco para verlo me contestó. Y yo le dije de acuerdo, suba. Estaba subyugada. Fidel desprendía una fuerza seductora terrible”.

“Estás en territorio alemán le dije, pero me respondió: Sí, pero las aguas son cubanas”.

“Me preguntó dónde quedaba mi camarote. Una vez allí, tras abrir la puerta, me empujó al interior, me atrajo hacia él, me abrazó y me besó. Ese fue el primer beso de un hombre. Yo tenía 19 años”.

Una semana después, Marita estaba en Nueva York, y Fidel le telefoneó pidiéndole que volviera a La Habana. Allí se hospedó en una lujosa suite del Hotel Habana Libre, que había sido inaugurado el 19 de marzo de 1958 como parte de la cadena Hilton, siendo expropiado y rebautizado por la revolución. Al poco tiempo Marita quedó embarazada, pero tras un confuso secuestro, que no se supo nunca cómo había ocurrido, ni quienes lo llevaron a cabo, supuestamente abortó, aunque algunas fuentes afirman que el bebé, un varón, fue alejado de su madre y criado lejos de ella.

La cuestión es que quedó muy afectada después de ese episodio, y de hecho la pareja se separó. Marita volvió a los Estados Unidos, donde la CIA le mostró fotos de un feto muerto alegando que eran los restos del bebé abortado, culpando a Fidel del fatal desenlace. Existen indicios y afirmaciones de muchos periodistas, como es el caso del ruso Dmitry Lijanov que confirma que ese niño nacido en forma prematura en realidad no falleció y que se llamó Andrés.

El despecho y la conjura.

La cosa es que despechada por el líder de la revolución, y confundida por las continuas presiones, se alistó en la Brigada Internacional Anti-Comunista, que funcionaba en Florida, siendo contactada por los grupos anticastristas, que buscaban desesperadamente alguna forma de asesinar a Fidel. En eso también andaba el mafioso de Miami Sam Giancana que confesaba haber perdido más de cien millones de dólares con la caída del régimen de Batista y su entorno, que habían hecho de la isla un país donde las multinacionales norteamericanas hacían su agosto, con el alcohol a raudales, el juego, la prostitución y el lavado de dinero. Todo lo cual se acabó con la llegada de Fidel Castro al poder.

La CIA entonces convenció a Martita de llevar a cabo un plan siniestro que suponía volver a Cuba, acercarse a Fidel y aprovechando cualquier momento de intimidad envenenarlo con dos pastillas de cianuro que debía llevar escondidas en un frasco de crema Hinds.

Ella volvió a La Habana, donde su amante la esperaba ansioso.

Sigue su relato:

“Cuando entré a la suite, Fidel estaba acostado vestido con su uniforme, con los ojos cerrados y un cigarro en la boca”.

“Me fui al baño y tiré las pastillas en el inodoro. Estaba horrorizada”.

“Al salir, me di cuenta que su cartuchera con la pistola estaba sobre una mesa. De pronto se paró, sacó la pistola, la cargó, me miró fijamente y me dijo: Sé que vienes a matarme, pero nadie me puede matar. Toma, y aprieta el gatillo.”

“Enseguida hicimos el amor.”

“Cuando todo había pasado, salí de la habitación y bajé al lobby llorando. Allí advertí la presencia de dos agentes de la CIA leyendo el diario, que al verme en ese estado pensaron que había cumplido la misión. Pero no pude hacerlo. Aún lo amaba.”

La historia de Marita y Fidel termina aquí. Ella se estableció en los Estados Unidos, donde conoció al general Marcos Pérez Giménez, ex presidente de facto de Venezuela, con el cual convivió y hasta tuvo un hijo. Después de un tiempo se casó con un empresario inmobiliario y se dice que siempre siguió vinculada a la CIA, que no cejaba en el intento de matar a Fidel. En cierta ocasión, un agente arrepentido no quiso disparar con una bazuca contra Castro desde una ventana. En otro de los atentados, ocurrido en 1963, los espías hicieron llegar a un camarero del Hotel Habana Libre, donde el Jefe tenía sus oficinas, otra cápsula de cianuro que debía ser introducida en uno de los batidos que Fidel consumía mientras trabajaba. La cuestión es que esa cápsula quedó adherida a las paredes del congelador donde se la había guardado y no pudo ser utilizada.

La hora de Dalia Soto del Valle

Fidel llegó a Cienfuegos aquella mañana de 1962 para dar un discurso sobre alfabetización. A sus 36 años, pudo divisar entre la muchedumbre a una jovencita de 17 años, y se cruzaron la mirada. Esa noche, en la cena en la escuela de Trinidad, ambos se quedaron solos y desde allí jamás se separaron hasta el último día del líder cubano. Al mes, la bella rubia de ojos azules ya había quedado embarazada y al varón lo llamaron Alexis Castro Soto del Valle. Dalia se fue a vivir a La Habana, al barrio de Punta Brava, en una enorme casona con un chofer que hacía las veces de custodia, donde Fidel la visitaba algunas noches. Habían pasado tres años desde el divorcio con Mirta.

Siempre en segunda o tercera fila en los actos oficiales, Dalia soportó estoicamente las condiciones extremas de compartir parte de su vida con alguien como Fidel. Casi nadie en Cuba la conocía, porque a Fidel, obsesionado con la seguridad, no le gustaba mezclar los asuntos de Estado con su vida familiar. Según uno de sus custodios, Juan Reinaldo Sánchez, los intentos de asesinato reales fueron entre cien y doscientos, usando como vimos, desde venenos hasta bombas. Castro jamás dormía dos noches seguidas en una misma casa, Y Dalia lo aceptaba, aunque ello facilitara la multiplicación de amantes de su pareja. El “New York Post”, en una nota del escritor Fernando Lizama-Murphy, incluso haciendo alusión al documental del cineasta canadiense Ian Halperin (disponible en You Tube), estima que fueron varios miles las mujeres las que fueron amantes del comandante. Según el mismo diario, Fidel pedía una damita para después del desayuno, otra para después del almuerzo y otra para después de la cena. En los años ochenta, finalmente Dalia y Fidel se casaron por civil, en presencia de los cinco varones de aquella relación. Ella sabía que el anonimato era innegociable. Los hijos fueron llamados Alexis, Alex, Alejandro, Antonio, y Ángel. Todos con la “A” de Alejandro Magno, el personaje histórico favorito de Fidel. En la isla, por costumbre ninguno de los dirigentes ha mostrado a sus parejas. Tampoco Raúl Castro, que jamás se lo vió en público con su esposa Vilma Espín, legendaria combatiente que acompañó al hermano del líder desde 1959 hasta su fallecimiento en 2007. En Cuba se decía “Fidel es como un jesuita que no puede prescindir de las mujeres, pero que no las quiere cerca de la parroquia”.

Y esa costumbre se rompió cuando el tiempo comenzó a minar la salud del comandante. Durante la movilización popular del 26 de julio del 2003, todos advirtieron que Dalita estaba al lado de Fidel, ayudándolo a caminar. Y desde allí se la vio siempre con él en cada audiencia como ocurriera durante la recepción del presidente francés Francois Hollande y del propio Papa Francisco. Dalita fue “la luz de los ojos de Fidel” hasta su fallecimiento. Acompañó sus infidelidades durante 55 años, y esa relación se “blanqueó” recién en 1999. Al poco tiempo Fidel comenzó con problemas intestinales que se fueron agravando, que derivaron en una diverticulitis por la cual tuvo que ser operado siete veces. El 27 de julio de 2006 se le perforó el intestino grueso que se infectó. Los médicos aconsejaron una colostomía, para colocarle una “bolsita” externa para el desecho de las heces, pero Castro se negó. A partir de allí siguió su lento deterioro, y con todo en contra logró vivir diez años más.

Epílogo

Natalia Revuelta murió de cáncer y soltera en 1979. Fidel murió el 25 de noviembre de 2016 a los 90 años. Su hijo mayor, Fidelito Castro Díaz Balart, físico nuclear graduado en la Unión Soviética, se suicidó en La Habana, a los 68 años, el 02 de febrero de 2018, producto de una profunda depresión que no pudo superar luego de la muerte de su padre. Siguió el mismo camino que los ex-presidentes Carlos Prío Socarrás y Osvaldo Dorticós que terminaron con sus vidas por elección propia. Marita falleció a los 80 años en Oberhausen, Alemania, por un paro cardíaco, el 31 de agosto de 2019. Se cuenta que estuvo hospedada un tiempo en un geriátrico en Nueva York. Mirta Díaz Balart aún vive, en Madrid, con 92 años.

Parece ser cierto que nadie podía matar a Fidel. Solo el tiempo...

Bibliografía

Documental “Cuba libre”. Declaraciones de Marita Lorenz Netflix 2019.

“Marita One Womans Extraordinary Tale of Love and Espionaje From Castro To Kennedy” 1993. Ted Schwartz.

“Plausible Denial” 1992. Mark Lane.

“Mi querido Fidel, mi vida, mi amor, mi traición”. 1965. Marita Lorenz. Casa del libro.com

Película “The spy who loved Fidel Castro” Amazon.com

Documental “Querido Fidel: La historia de Marita Lorenz” de Wilfred Huismann.

“Marita Lorenz, ex amante de Fidel Castro”. El Pais.com

“Marita Lorenz, la agente que no quiso envenenar a Fidel Castro”. Sam Roberts. The New York Times. 07/09/2019.

“Querido Fidel, una de amor y de espías” La Nación .com

www.bbc.com “La fascinante historia de Marita y Fidel”

www.cubanet.org “La espía que amó al Comandante” Entrevista exclusiva de Dmitry Lijanov a Marita Lorenz publicada por Nota Clave 509/19

“La visita de Fidel a Nueva York” Daily News. Nueva York. Abril 1959.

“Fidel: A Critical Portrait” Tad Szulc. Primera biografía de F.Castro. New York Times.

“La enigmática esposa que acompañó a Fidel Castro hasta el final”. Pacho Escobar. Las 2 Orillas. 26/11/2016.

“Dalia Soto del Valle.Vivir a la sombra de Fidel” Crónica de Fernando Lizama-Murphy. 4/12/2016.

“De qué murió Fidel”. Angélica Lagos Camargo. Diario El Mundo 02/12/2016. España.

3.- “El rubio” que enamoró a colegialas

“En el amor todo ha terminado cuando uno de los amantes piensa que sería posible una ruptura”

Paul Charles Bourget

La historia política del dictador que gobernó el Paraguay por 35 años no es materia de este libro. Por el contrario, se trata de contar aspectos poco conocidos de su vida pasional, que si bien no es ignorada por la mayoría del pueblo guaraní, las generaciones jóvenes no han tenido acceso directo a esos datos, que si no fueran muchos de ellos desopilantes, carecerían de importancia.


El por entonces general de brigada del arma de artillería con mando en Paraguarí, ciudad cercana a Asunción, Alfredo Stroessner Matiauda, apodado “el rubio” conoció en 1938 a la humilde maestra Eligia Mora. Ella había nacido en la localidad de Villa Hayes, que lleva el nombre de aquel presidente norteamericano Rutherford Hayes, el 19° mandatario, que al término de la “Guerra de la Triple Infamia” (1864-1870) tuvo a su cargo el laudo arbitral sobre límites entre Argentina y Paraguay, que benefició a la nación guaraní que pudo conservar, por lo menos en parte, una amplia zona del Chaco Boreal.

“Ña Ligia”, como la llamaban, era tan silenciosa como dedicada a su hogar y sus hijos. Dos años mayor que su esposo, fue la madre de Gustavo, Graciela y Hugo Alfredo Stroessner Mora. Bajita, trigueña, gordita, con una permanente sonrisa, vio cómo su vida cambiaba cuando se instalaron en la mansión Mburuvicha Roga o “casa del Jefe”, la inmensa residencia que terminó de construir el presidente de entonces general Higinio Morínigo en 1942 sobre la avenida Mariscal López, y que funciona como la residencia oficial del presidente del Paraguay.

En la cúspide

Alfredo asumió tal jerarquía a los 41 años. El país venía de soportar una cruenta guerra civil (1947) durante la cual casi la tercera parte de la población tuvo que emigrar. Y “El alemán”, como también se lo conocía, gobernó con mano de hierro durante 35 años.

El diario “Última hora” de Asunción, en su edición del 08 de setiembre de 2016 en una nota del periodista Rodrigo Houdín, bajo el título “Stroessner, la colección de amantes y su otra familia oculta” nos revela datos impactantes de la vida privada de quien asumiera la presidencia el 15 de agosto de 1954 hasta el golpe del 3 de febrero de 1989.

Es que las aventuras amorosas del hombre más poderoso del país fueron la comidilla de toda una sociedad asuncena, mayoritariamente machista que no veía con malos ojos que “El Jefe” hiciera gala de incontables amoríos clandestinos, aunque ello implicara involucrar a jovencitas que se deslumbraban ante los favores y fervores del general.

El caso de Martina Rojas, conocida popularmente como Chinaí, de sólo 13 años de edad es una muestra de ello. Lejos de ser codiciado por su físico, o dotes de galán, sin embargo, el presidente poseía el poder, que como sabemos, es afrodisíaco. Se destacaba, es cierto, por su trato amable con las mujeres. Cuando la relación llegaba a su fin, se preocupaba de que la “agraciada” consiguiera un buen marido, y si era necesario, ese rol era ocupado por oficiales de las fuerzas armadas con los cuales las chicas se aseguraban un futuro tranquilo y sin sobresaltos económicos. “El rubio” premiaba con ascensos a todos aquellos militares que estuvieran dispuestos a casarse con sus novias jovencitas, una vez que el general perdiera interés en ellas.

Fue así que, en esa búsqueda incesante de nuevos desafíos maritales, en 1960 conoció a María Estela “Ñata” Legal, una hermosa guaireña de 13 años, cuando él ya pisaba los 47. Esa relación rápidamente creció entre la semiclandestinidad, ya que Alfredo la visitaba todas las semanas.

Con esa mujer, el presidente tuvo dos nenas, María Estela y María Teresa y un hijo del corazón, llamado José. La primera de las chicas se casó con un norteamericano y se estableció en EEUU, la otra, se convirtió en una conocida ginecóloga que ejerce su profesión en Asunción.

Según el periodista paraguayo Anibal Medina (“Stroessner”), el dictador tuvo al menos 34 hijos con distintas mujeres.

Pero el caso de Ñata fue singular. Según relata Bernardo Neri Fariña en su libro “El último Supremo”, Ñata vivía en el barrio Ita Pytá Punta sobre la calle 20, detrás de lo que hoy es la Facultad de Filosofía, y luego se trasladó a una mansión sobre la avenida Aviadores del Chaco, frente al Shopping del Sol. Muchos de los lectores se acordarán de ese chalet hermoso, erigido en lo alto de una lomada de pasto verde. Fariña afirma que ella fue la novia más estable de Alfredo desde que este se afianzó como presidente.

Ni el amor que sentía por Ñata, o su avanzada edad, ni el sobrepeso, fueron impedimentos para que su poder lo llevara a liarse con una gran cantidad de mujeres. Ninguno de sus amoríos duró mucho tiempo.

“Ñata fue la novia más célebre del general desde que este se afianzó como presidente de la República”, dice el autor.

“Había un poco de todo en la lista de sus conquistas. En su mayoría eran jovencitas, varias en el mismo umbral de la tierna pubertad”, describió el investigador Miranda. Los actos de colación e inauguraciones en colegios servían a Stroessner para elegir a sus “víctimas”.

Cargando los cartuchos

En una oportunidad, a comienzos de los 70, la salud sexual de “El rubio” comenzó a presentar los lógicos desgastes del tiempo. Y aquí cuento una anécdota que me fue referida por uno de sus protagonistas. Por entonces, había saltado a la fama la Doctora Ana Aslán, una científica rumana pionera en gerontología y geriatría que descubrió que la procaína, o en su versión comercial Gerovital contiene elementos claves que previenen el envejecimiento. Esa sustancia era usada por los dentistas para atenuar el dolor de muelas. Presidentes como Kennedy, Lindon Johnson, De Gaulle, Francisco Franco y hasta Pinochet; artistas como Chaplin, Henry Fonda, Omar Sharif, Pablo Picasso y Salvador Dalí, habían requerido los servicios de la Dra. Aslán. Pero esa célebre médica también estaba experimentando con inyección de células de ovejas nonatas, borregos estudiados y perfectamente sanos a los cuales se les extraían sustancia de una glándula llamada timo, que se encuentra por detrás del esternón. Este tratamiento, muy poco conocido por aquellos años, suponía mejorar en los pacientes inyectados su apetito sexual, reducir el cansancio propio de la edad, y otros beneficios. La cuestión es que el General, tal vez necesitado de “renovar los cartuchos” contactó por intermedio de la Embajada Paraguaya en Buenos Aires al Dr. Ludovico Niesner, un médico que había estudiado en Europa la técnica de la rumana. Este galeno era amigo de mi padre, y le pidió que lo acompañara a Asunción para tratar al presidente Stroessner. Para eso vino a Formosa. Me acuerdo que poco tiempo antes había asumido la presidencia de facto en Argentina el ignoto General de Brigada Roberto Levingston.

Lo que sigue encomillado es lo que Ludovico me contó de esa experiencia que en cierta forma fue traumática.

“Llegamos a la frontera y allí nos estaba esperando un auto de la custodia presidencial que nos llevó hasta el Hotel Guaraní. Serían las seis de la tarde. Al otro día pasaron a buscarnos y fuimos directamente hasta Mburuvicha Roga, donde nos hicieron pasar a un amplio living con vista a los inmensos jardines. Al instante se hicieron presentes tres médicos. uno de los cuales era el propio ministro de salud Adán Godoy Gimenez.”

“Con gesto adusto me preguntaron en qué consistía el tratamiento que le ofrecería al mandatario. Con lujo de detalles le expliqué que le daría Gerovital, combinado con el trasplante de células de borrego. En esta última parte otro de los médicos presentes me indicó que no había experiencia suficiente a nivel mundial, sobretodo por los efectos colaterales. Y allí salió la amenaza: Si algo malo le pasaba al General nosotros no volvíamos a Argentina.”

“Muy incómodo por el destrato, entonces le dije que nos retiraríamos inmediatamente, pero en ese momento apareció el presidente, y luego de los saludos, nos dijo que sí o sí se sometería al tratamiento estipulado.”

“De allí me llevaron a una sala equipada con todo tipo de elementos de reanimación cardíaca para que constate las instalaciones y al otro día se llevó a cabo la práctica. El general experimentó algo de fiebre pero felizmente a las 48 horas ya estaba de muy buen humor y contento.”

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