Читать книгу: «Vida pitagórica. Protréptico.»
Asesor para la sección griega: CARLOS GARCÍA GUAL .
Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por JORGE CANO CUENCA .
© EDITORIAL GREDOS, S. A.
Sánchez Pacheco, 85, Madrid, 2003.
www.editorialgredos.com
REF. GEBO395
ISBN 9788424936914.
VIDA PITAGÓRICA
INTRODUCCIÓN
1. DATOS BIOGRÁFICOS DE JÁMBLICO
Poco se sabe de la vida de Jámblico 1 . Nacido en Calcis, en Celesiria 2 , fue discípulo de Porfirio (quince años mayor que Jámblico, aproximadamente), aunque los contactos entre estos dos filósofos debieron de ser escasos, dado que Jámblico apenas salió de su Calcis natal. Hay quien duda incluso que fuera discípulo suyo 3 . No obstante, algunos datos dispersos sobre su vida (aunque poco fiables) se conocen gracias a la obra de Eunapio de Sardes 4 . Sobre la fecha concreta de su nacimiento (hacia la segunda mitad del siglo III de nuestra era) se piensa que pudo tener lugar en el año 250 e incluso cinco o siete años antes 5 ; en cuanto a su muerte, debió ocurrir hacia el año 325 6 . A tenor de estas fechas, su vida activa docente se enmarca esencialmente en Siria, en Antioquía, donde vivió rodeado de sus discípulos (pero no es seguro que residiera y ejerciera en Alejandría) y su fallecimiento se produce en el reinado del emperador Constantino I el Grande 7 .
Durante el reinado de los emperadores Diocleciano y Constantino, ejerció la dirección de la escuela que fundó en Siria 8 (primero en Apamea y, después, en Dafne), cuando se separó, por discrepancias, de su maestro Porfirio en Roma. A su muerte, fue sustituido por su discípulo y colaborador Sópatro de Apamea, según refiere el léxico Suda 9 . También fueron colaboradores de Jámblico Teodoro de Asine y Dexipo 10 . Cabría añadir que mereció el entusiástico aprecio del emperador Juliano 11 (el Apóstata, entre los cristianos), que llegó a considerarlo tan importante como Platón. Hay que tener en cuenta que tanto este emperador como Jámblico eran unos fervientes partidarios de restaurar la religión tradicional con las innovaciones que aportaba el neoplatonismo y la armonía cósmica del pitagorismo (en el caso de Jámblico), a pesar de que el cristianismo ganaba adeptos en las escuelas filosóficas y entre los mismos amigos de Jámblico.
En cuanto a la filosofía en sí de Jámblico, habría que precisar, en principio, sus diferencias respecto a su maestro Porfirio. En efecto, mientras que éste encarna una concepción filosófica basada en la piedad, el respeto a los seres animados y en la creencia en un Dios supremo (frente al que se encuentran los dioses parciales e inteligibles), que todo lo ve y gobierna, y al que el ser humano, con un alma pura y castos pensamientos, debe intentar asimilarse, amén de una observancia de los preceptos pitagóricos (que, a su vez, enraizan en las doctrinas órficas 12 ), Jámblico, por su parte, respeta también las doctrinas pitagóricas 13 , sobre todo en su concepción de la armonía cósmica que influye positivamente en los humanos, y en el simbolismo y en la matemática, pero insiste, sobre todo, en el poder rector del intelecto, de la mente (ho noûs) , en la renuncia a todo lo material e incorpóreo y en la existencia de un alma inmaterial y eterna, entre otras cosas, que más adelante se precisará, sobre todo a propósito de su obra Protréptico .
Y por otra parte, dentro de esta diferenciación entre maestro y discípulo, se debe destacar también la teúrgia de Jámblico frente a la religiosidad escueta de Porfirio 14 .
2. LA «VIDA PITAGÓRICA»
Esta obra, propiamente, no es una biografía de Pitágoras, sino una especie de recomendación para ajustar nuestra vida al modo de vida pitagórico; un estilo de vida útil para el cuerpo y para el alma 15 . La Vida pitagórica formaba parte de un conjunto de diez libros, que recibía el nombre de synagōgḗ (Synagōgé tôn Pythagoreíōn dogmátōn 16 ), como si se tratara de un cuerpo de doctrina pitagórica. De los diez libros se perdieron seis, y los cuatro que se han conservado pasan por ser los primeros de esa decena. Los títulos de los cuatro libros que se han conservado son los siguientes: Vida pitagórica, Protréptico, Ciencia común matemática e Introducción a la aritmética de Nicómaco . En cuanto a la temática y títulos de los seis libros desaparecidos son éstos: el libro quinto versaba sobre Física; el sexto sobre Ética; el séptimo, sobre Teología aritmética; el octavo era una especie de introducción a la teoría musical de los pitagóricos; el noveno era igualmente una introducción a la geometría y el décimo era una especie de tratado de astronomía . Estas tres últimas obras son como una especie de continuación de la Introducción a la aritmética de Nicómaco 17 .
Formaban, pues, estas diez obras, como hemos dicho anteriormente, un cuerpo de doctrina pitagórica, relacionadas entre sí, de manera que podría decirse que constituían una especie de programa de enseñanza pitagórica, del que las dos primeras obras, objeto del presente trabajo, Vida pitagórica y Protréptico , venían a ser una parte introductoria. Pero se debe matizar también que, dentro de la conexión existente entre las diez obras, el Protréptico (orientación y exhortación a la filosofía en general) guarda una relación temática muy estrecha con la Vida pitagórica , al igual que ocurre con el tratado Sobre la abstinencia respecto a la Vida de Pitágoras , obras ambas de su maestro Porfirio 18 .
Pero centrándonos en la Vida pitagórica , podemos señalar en principio su considerable extensión frente a la biografía sobre el sabio de Samos de su maestro Porfirio, Vida de Pitágoras 19 , que Jámblico, sin duda, debió tener en cuenta. En efecto, la obra de Jámblico se divide en treinta y seis capítulos, que comprenden, a su vez, doscientos sesenta y seis parágrafos, lo que supone ciento cincuenta páginas de texto griego 20 , mientras que la biografía de Porfirio contiene treinta y seis páginas de texto griego 21 . En consecuencia, el contenido de doctrina y enseñanzas pitagóricas en la obra de Jámblico es mucho más rico que en la biografía de su maestro Porfirio. Sin embargo, el texto de Jámblico adolece de oscuridad y desorden sin cuidar con rigor la ilación del relato. Quizá no tuvo tiempo de elaborar un material disperso que había recopilado 22 . Por lo demás, algunos escritos de la época mostraban también estos defectos, evidenciando falta de rigor y conexión interna.
Habría que aludir, por último, en este apartado, al hecho de que los treinta y seis capítulos de la obra van especificados al comienzo de la misma, para poner al lector en antecedentes de su contenido, pero no siempre se sintetiza la temática del capítulo.
A) Fuentes de la «Vida pitagórica»
El primer estudioso de las fuentes de la Vida pitagórica de Jámblico fue K. Meiners, hace ya más de dos siglos 23 . Para este investigador, esta obra es un conglomerado de diversa procedencia. En primer lugar, según su punto de vista, los cinco primeros capítulos pertenecerían a Apolonio de Tiana (hasta el parágrafo 29 inclusive) por su unidad de estilo; después, hasta el parágrafo 37, atribuía su procedencia a Nicómaco. Y sucesivamente asignaba la pertenencia de las demás partes de la obra a otros autores, tales como Aristóxeno, Dicearco, Heráclides Póntico, Antonio Diógenes, Hermipo, Clearco, Neantes e Hipóboto 24 . Con posterioridad a Meiners, es muy conocido el estudio que hizo sobre las fuentes de esta obra de Jámblico el filólogo E. Rohde 25 , que esencialmente concluía que Jámblico se había basado en Nicómaco y Apolonio de Tiana. La cuestión está, pues, abierta y no hay una opinión unánime ni definitiva sobre las fuentes de la Vida pitagórica de Jámblico.
Son muchos más los estudios que podríamos aportar acerca de las fuentes 26 , pero damos por terminada la cuestión con el breve planteamiento que hemos expuesto.
B) El texto de la «Vida pitagórica»
En la historia de la transmisión del texto de las obras de Jámblico, se está de acuerdo, en general 27 , en que el códice originario del que partieron otros es el Florentinus Mediceus Laurentianus 86.3 (F). Precisamente la primera parte de este códice (escrito en el siglo XIV ) contiene los cuatro primeros libros de la synagōgḗ , esto es, los cuatro libros que se han conservado de los diez de que constaba. Al no incluirse en el presente trabajo el texto griego, no insistimos más sobre los códices existentes 28 de la obra de Jámblico.
C) Ediciones y traducciones de la «Vida pitagórica»
La editio princeps de la obra (juntamente con el Protréptico ) se debe a Johannes Arcerius Theodoretus, humanista holandés (1538-1604), Iamblichi Chalcidensis De vita pythagorica et Proptrepticae orationes ad philosophiam . Fechada en 1598, en Franeker, y va acompañada de versión latina. La siguiente edición, fechada en 1707, Amsterdam, se debe a L. Kuster y va acompañada de la versión latina que en 1700 realizó L. Obrecht. La misma traducción latina corregida acompaña a la edición de T. Kiessling, Leipzig, 1815. Igualmente, la versión latina de Obrecht, de nuevo corregida, figura en la edición de A. Westermann, París, 1862 (con un apéndice de la obra de Diógenes Laercio). La primera edición crítica en importancia es la de A. Nauck, San Petersburgo, 1884.
En el pasado siglo, la edición más importante es la de L. Deubner, De vita pythagorica liber , Teubner, Leipzig, 1937, revisada y corregida por U. Klein, Stuttgart, 1975. Ésta es la edición que hemos seguido para nuestra traducción de la obra de Jámblico, al igual que otros traductores de esta misma obra en los últimos tiempos.
En cuanto a las traducciones latinas que se han mencionado, conviene destacar la de U. Obrecht pues, según Deubner, la tuvieron en estima los editores posteriores (como se ha visto por su inclusión en algunas ediciones del texto de Jámblico); la versión se publicó en 1700, sin el nombre del autor y sin determinar el lugar 29 .
Importante parece ser también la versión latina de Scutelio 30 , Pythagorae vita ex Iamblicho collecta , Roma, 1556.
En lenguas modernas, siguiendo un orden cronológico, recogemos las siguientes:
T. TAYLOR , Iamblichus. Life of Pythagoras, or Pythagoric life , Londres, 1818; reimpres., 1965, debida a J. M. WATKINS .
M. VON ALBRECHT , Iamblichos. Pythagoras. Legende, Lehre, Lebensgestaltung (griego-alemán), Zúrich-Stuttgart, 1963.
G. CLARK , Iamblichus: On the Pythagorean Life , Liverpool University Press, Liverpool, 1989.
J. DILLON , J. HERSHBELL , On the Pythagorean way of life . Society of Biblical Litterature. Texts and translations núm. 29, Atlanta, 1991.
M. GIANGIULIO , Giamblico, La vita pitagorica: testo greco a fronte , con introd. y not., Biblioteca Universali Rizzoli, 1991.
L. BRISSON , A. PH . SEGONDS , Jamblique. Vie de Pythagore . Intr. trad. y n., Les Belles Lettres, París, 1996.
En español tenemos una versión debida a E. A. Ramos Jurado, Vida pitagórica , con introducción y notas, Etnos, Madrid 1991. Se observa alguna omisión del texto griego, pero es correcta y elegante en algunas ocasiones.
Esta versión pretende ser fiel al texto griego original de la edición de Deubner-Klein, que es el que se ha seguido, dentro de las limitaciones que impone la comprensión de cualquier lector. Aunque no se ofrece el texto griego, hemos señalado la razón o procedencia de los términos o expresiones entre ángulos y corchetes por la fidelidad que, creemos, se debe al texto original. Por último, en lo que respecta a las notas, cuando se trata de un hecho muy conocido (sobre todo, en mitología), y los testimonios son muy abundantes, no se aporta su procedencia.
3. BIBLIOGRAFÍA
Ya se ha mencionado bibliografía importante en las páginas procedentes, sobre todo en el apartado anterior («Ediciones y traducciones de la Vida pitagórica» ). También es importante, hasta el año de su publicación (1975), el repertorio bibliográfico que ofrece la edición de la Vida pitagórica de Deubner-Klein, en sus addenda (XX-XXVIII). En principio, habría que destacar aquí las obras más relevantes, entre las reseñadas, y otras que no se han mencionado en aspectos parciales y concretos del pitagorismo.
E. BALTZER , Pythagoras, der Weise von Samos (repr. facs. de la ed. de Nordhausen de 1868), Walluf de Wiesbaden, 1973. Una nueva reimpresión (Heilbronn, 1991) añade un cuadro sinóptico.
W. BURKERT , Weisheit und Wissenschaft. Studien zu Pythagoras, Philolaos und Platon , Nuremberg, 1962. (Hay una versión inglesa, debida a E. L. MINAR, JR ., Cambridge [Massachusets], 1972, con el título de Lore and Science in Ancient Pythagoreanism .
V. CAPPARELLI , La sapienza di Pitagora , CEDAM, 2 vols., Padua, 1941 (I) y 1944 (II).
B. CENTRONE , Introduzione ai Pitagorici , Bari, 1996.
A. DELATTE , Études sur la Littérature Pythagoricienne , París, 1915.
—, Essai sur la Politique Pythagoricienne , París, 1922.
M. DETIENNE , Homère, Hésiode et Pythagore , Bruselas-Berchem, 1962.
—, La Notion de Daimon dans le Pythagorisme antique , París: Université de Liège, 1963.
J. DUPUIS , «Note sur le serment des Pythagoriciens», REG 7, 1894.
K. VON FRITZ , «Pythagoras und die Pythagoreer», en PAULY -WISSOWA , Realencyclopädie der Klassischen Altertumwissenschaft , vol. XXIV, 1 (1963), cols. 171-268.
—, Grundprobleme der Geschichte der antike Wissenschaft , Walter de Gruyter, Berlín-Nueva York, 1971.
A. GIANOLA , La fortuna di Pitagora presso i Romani dalle origini fino al tempo de Augusto , Catania, 1921.
J. HAUSLEITER , Der Vegetarismus in der Antike , Berlín, 1935.
K. KERÉNYI , Pythagoras und Orpheus,Präludien zu einer zukünftigen Geschichte der Orphik und des Pythagorismus , Zúrich, 3.a ed., 1950.
G. E. R. LLOYD , Ancient Culture and Society. Early Greek Science: Thales to Aristotle , Londres, 1970. La ciencia pitagórica se estudia en el cap. III.
J. PÉPIN , Mythe et allegorie , Études Augustiniennes, París, 1976.
E. S. STAMATIS , Πʋθαγόρας ο Ʃάμɩος, Atenas, 1981 (resumen en Inglés).
J. C. THOM , The Pythagorean golden verses , Leiden-Nueva York, 1995.
C. J. DE VOGEL , Pythagoras and Early Pythagoreanism , Assen, 1966.
E. ZELLER , R. MONDOLFO , La Filosofia dei Greci nel suo sviluppo storico , La Nuova Italia, 3 vols., Florencia, 1967 (versión italiana, revisada y complementada, a cargo de R Mondolfo, de la obra original alemana de E. Zeller, cuya edición se inicia en el año 1892) La visión de Pitágoras y del pitagorismo comprende las páginas 386-685 del vol. II.
1 Con el número 242 de esta colección, se ha publicado una traducción, con introducción y notas, de la obra de JÁMBLICO , Sobre los misterios egipcios , debida a E. A. RAMOS JURADO; en las págs. 15-21 de su introducción, hace un estudio de la vida y obras del autor, que refunde y amplía la introducción que ya hizo sobre la vida y obra de Jámblico en su traducción de la Vida pitagórica de este autor (Edit. Etnos, Madrid, 1991). En consecuencia, no nos extenderemos demasiado en este apartado sobre la vida, obras y filosofía de Jámblico, para centrarnos, a continuación, en el estudio de su Vida pitagórica y, más adelante, en el Protréptico que conforman el presente volumen.
2 Esto es, la Siria Profunda. Se refiere a la depresión existente entre el Líbano y la cadena montañosa conocida como Antilíbano (hoy, Dschebel Esscharki)
3 Concretamente, piensa así G. MAU , en PAULY -WISSOWA- KROLL , Real Encyclopädie der Klassischen Altertumswissenschaft , VIII, I 645, 1 (en lo sucesivo, citado RE ). También, por otra parte, según Eunapio (vid. n. sig.) parece que Jámblico primeramente fue discípulo de Anatolio, un peripatético, de formación matemática, cuyas enseñanzas dejaron una gran huella en sus obras; después, en Roma, de Porfirio, cuando éste andaba ya en edad avanzada. Tras distanciarse del maestro, dejó Roma (no se sabe exactamente cuándo) y abrió escuela en Apamea, donde ejerció su magisterio.
4 Datos que MAU (vid. n. ant.) considera «historias fantásticas». Véase EUNAPIO , La vita dei sofisti , ed. de I. GIANGRANDE , Roma, 1956, y la correspondiente edición de W. C. WRIGHT , en The Loeb Class. Libr, Londres, 1952. La obra de Eunapio (Vitae sophistarum) está consagrada especialmente a los filósofos neoplatónicos; hay también, en la colección Didot, una edición de esta obra, París, 1849. En español hay una versión debida a Francisco de P. SAMARANCH con el título de Vida de filósofos y sofistas , Buenos Aires, Aguilar, 1975; las páginas consagradas a Jámblico, en esta obra, son las comprendidas entre la 43 y 51. Otros testimonios de autores antiguos como los de Juan MALALAS (Chronographia , edic. L. DINDORF , Berlín, 1831) o los del Léxico Suda también son poco fiables.
5 Véase la introducción a la vida y obras de Jámblico de E. DES PLACES , en su edic. del Protréptico , Les Belles Lettres (texto griego y traducción), París, 1989, donde se precisan todos los datos biográficos sobre nuestro autor. La traducción inglesa de la Vida pitágorica de JÁMBLICO (con introducción y notas sobre la vida y obras del autor) de G. CLARK es del mismo año (aunque ésta cita, en su bibliografía, la edición del Protréptico de DES PLACES del año 1986) y lleva por título On the pythagorean life , Liverpool; estudia la vida y obra de Jámblico, incidiendo en sus relaciones con el cristianismo, entre otros aspectos, aunque, en su introducción (pág. xv), manifiesta que no se debe suponer que Jámblico escribió su Vida pitagórica «como un manual para el clero pagano». También M. VON ALBRECHT ha publicado una edición bilingüe (griego-alemán) de la Vida pitagórica con este título, Pythagoras, Legende, Lehre, Lebensgestaltung. Artemis, Zúrich-Stuttgart, 1963. Este autor no intenta (en el prólogo de su obra) profundizar sobre las fuentes de la Vida porque, en su opinión, ya lo han hecho consagrados investigadores, sino abordarla como documento de una época y testimonio del propio Jámblico.
6 Insiste en esta fecha E. DES PLACES (ibid. , n. a) frente a otros estudiosos que piensan que su muerte ocurrió en el año 330, como B. DALSGAARD LARSEN , Jamblique de Chalcis. Exégète et philosophe , Aarhus, 1972, pág. 42, y J. BIDEZ , «Le philosophe Jamblique et son école», Revue des Études Grecques , 32 (1919), 29-40, trabajo muy importante este último, a pesar del mucho tiempo transcurrido, para conocer la vida y filosofía de nuestro autor, traducido también al alemán, muchos años después de su aparición, en una obra que lleva por título Die Philosophie des Neuplatonismus , Darmstadt, 1977, que comprende diversos artículos, y coordina como editor C. ZINTZEN. El artículo de J. BIDEZ , «Der Philosoph Jamblich und seine Schule» figura en la pág. 281.
7 Cuya muerte tuvo lugar en el año 337, el día de Pentecostés.
8 La fundación de la escuela y la fama que Jámblico consiguió entre sus discípulos, lo testimonia Eunapio, Vitae phil. , págs. 457-458 (edic. DIDOT).
9 Véase el artículo correspondiente en la relación de filósofos del léxico. Posteriormente, Sópatro abrió escuela en Constantinopla y allí fue condenado a muerte por practicar la magia.
10 Sobre fragmentos e información de estos dos autores (y también de Sópatro), véase Friedrich UEBERWEG , Grundriss der Geschichte der Philosophie , 2 vols., Basilea-Stuttgard, 1926 (l.a , 1909), 1, pág. 613
11 Disc. IV 146a y Disc. VII 217b.
12 Lo que ya se ha puesto de manifiesto por K. KERÉNYI , Pythagoras und Orpheus. Präludien zu einer zukünftigen Geschichte der Orphic und des Pythagoreismus , Zúrich, 1950.
13 No se presenta aquí una visión general de la doctrina y ciencia pitagóricas, por haberlas tratado ya el traductor en la introducción a la Vida de Pitágoras de PORFIRIO , págs. 13-18, en esta misma colección. En notas al pie de página se plantearán las observaciones pertinentes, bien referidas a la presente obra de Jámblico, bien a su confrontación con la obra de su maestro Porfirio.
14 La teúrgia y la filosofía de Jámblico han sido estudiadas, entre otros, por B. DALSGAARD LARSEN en «La place de Jamblique dans la philosophie antique», Entretiens sur l ’antiquité classique (Fondation Hardt, XXI): De Jamblique à Proclus , Ginebra, 1974. Resalta este autor, al comienzo de este trabajo, la doble consideración que mereció Jámblico entre sus contemporáneos: por un lado, pasaba por ser «un teúrgo, fanático y crédulo sin originalidad alguna»; por otro, se le tenía por «un auténtico filósofo, un exégeta de valor». Por aducir otro testimonio, debe citarse el artículo de E. DES PLACES (en las mismas Entretiens ) que lleva por título «La religion de Jamblique», donde hace una análisis del término teúrgia , sus orígenes y antecedentes en la antigüedad tardía. Otros autores estudian la teúrgia en el neoplatonismo tardío, en general, y en Jámblico, en particular, como, p. ej., S. EITREM («La théurgie chez les néoplatoniciens et dans les papyrus magiques» Simboloe Osloenses , 22 [1942] 48-78), E. DES PLACES («Jamblique et les Oracles Chaldaïques», Comptes rendus de l’Acd. des Inscr. , 1964, pags. 178-184), B. NASEMANN (Theurgie und Philosophie in Jamblicus De misteriis; Stuttgart, 1991) y G. SHAW , Theurgy and the soul: the neoplatonism of Iamblichus , Univer. de Pensilvania, 1995; en los repertorios bibliográficos de estas obras (y otras que omitimos) se encuentran amplias referencias al tema.
15 Lo que no impide que algún estudioso, a propósito de la Vita pythagorica , la mencione, como si se tratara de una biografía. Así, por ejemplo, J. PÉPIN , en Mythe et allégorie , París, 1976, pág. 95, traduce el título por Vie de Pythagore y V. CAPPARELLI , en La sapienza di Pitagora , CEDAM, 2 vols., Padua, 1941, I, pág. 592, lo vierte por Vita di Pitagora. Omitimos la mención de otros estudios, recientes y no recientes, que plantean así el título de la obra
16 Esta calificación se debe a SIRIANO , en sus comentarios a la Metafísica de Aristóteles (In metaphisicam , 103-107, ed. KROLL). Sobre la significación y origen del término synagōgḗ , véase B. DALSGAARD LARSEN , Jamblique de Chalcis. Exégète et philosophe , Aarhus, 2 vols., 1972, I, pág. 67.
17 Como indica el propio Jámblico al final de esta obra, In Nicomachi Arithmetica introductio liber , ed. H. PISTELLI , Teubner, Leipzig, 1894, págs. 125, 23 y sigs.
18 Así lo entiende V. CAPPARELLI , en su ya citada obra La sapienza di Pitagora , vol. I, Padua, 1941, pág. 595.
19 Cf. nuestra mencionada traducción de la Vida de Pitágoras de PORFIRIO (supra n. 13) pág. 10 (a ella haremos referencia cuando la ocasión lo requiera). Existe, por otra parte, otra biografía del sabio de Samos en la antigüedad, la de DIÓGENES LAERCIO (que encabeza el libro VIII de sus Vidas de los filósofos más ilustres ).
20 En la edición de L. DEUBNER , Iamblichi de vita pythagorica liber , Teubner, Leipzig, 1937.
21 En la edición de E. DES PLACES , «Les Belles Lettres», París, 1982.
22 El hecho lo resaltó ya, en la antigüedad, su biógrafo EUNAPIO, 460 , como señala G. CLARK (op. cit. , pág. XI).
23 Cf., al respecto, la citada obra de CAPPARELLI , La sapienza di Pitagora , vol I, pág. 602, donde se detalla el análisis y estudio que hizo el erudito alemán, cuya obra manejó Capparelli en versión francesa (Histoire de l’origine des progrès et de la décadence des sciencies dans la Grèce , París, 1799).
24 De estos autores destacamos a: Aristóxeno de Tarento, discípulo de Aristóteles, cuya akmḗ la sitúa el Léxico Suda en 316 a. C.; fueron numerosos sus escritos sobre armonía musical, y en su teoría de las almas siguió a Pitágoras; Dicearco de Mesina, también discípulo de Aristóteles, autor de varias biografías, entre ellas una de Pitágoras, y Neantes, historiador originario de Cícico, que vivió hacia el año 200 a. C. y escribió una extensa obra de la que quedan escasos fragmentos.
25 Hace bastante tiempo también (más de un siglo), en su artículo «Die Quellen des Jamblichus in seiner Biographie des Pythagoras», Rhein. Mus. 26 (1871), 554-576 y 27 (1872), 23-61. Posteriormente, MEAUTIS , en Recherches sur le Pythagorisme , Neuchatel, 1922, en el apéndice de la obra, Les sources de la Vie du Pythagore par Jamblichus d'aprés Erwin Rhode , rechazó la opinión del estudioso alemán. En tiempos más recientes (relativamente), rechaza también la fuente de Nicómaco, como autor de una biografía sobre Pitágoras, J. A. PHILIP en «The biographical tradition-Pythagoras», Transactions and procedings of the American Philological Association 90 (1959), 185-194. Piensa también este autor que se basa esencialmente en la biografía de Porfirio y presenta, además, un planteamiento muy completo de las fuentes de la Vida pitagórica de Jámblico, según diversos críticos, al igual que analiza los temas comunes que trata este autor y su maestro Porfirio. Este análisis, de las coincidencias entre Porfirio y Jámblico, también lo ha llevado a cabo E. A. RAMOS JURADO , en «Jámblico de Calcis y el género biográfico». Habis 22 (1991), 283-295, 288-290. La cuestión ciertamente es compleja y, por aducir un último testimonio, referimos la opinión de P. GORMAN , en «The Apollonios of the neoplatonic biografíes of Pythagoras», Mnemosyne 38 (1985), 130-140. Piensa este crítico que la ajudicación del § 254 de Jámblico y el § 2 de Porfirio a Apolonio de Tiana es falsa, y que hacer depender la cuarta parte de la obra de Jámblico de este mismo autor no es una suposición ni aceptable ni válida. Piensa, en definitiva, que el autor de la obra es Jámblico y que sus múltiples fuentes quedan aún por determinar.
26 Entre ellos, por aducir algún testimonio más, podemos citar a W. BERTERMANN , De Iamblichi Vitae Pythagorica fontibus , Diss., Könisberg, 1913, y a W. BURKERT , en una obra muy importante sobre pitagorismo, en general, Weisheit und Wissenschaft. Studien zu Pythagoras, Philolaos und Platon , Nuremberg, 1962, págs, 86-94 (sobre las fuentes de Jámblico). Más reciente aún es el ya citado trabajo de E. A. RAMOS JURADO , art. cit. en n. anterior, pág. 295. En su opinión, tras analizar las distintas biografías sobre Pitágoras, concluye que el género biográfico de Jámblico está enmarcado «en la categoría de hombre divino», de acuerdo con «un modelo alejandrino gramatical y suetoniano».
27 A. NAUCK se mostró reticente a admitir este hecho, en el prólogo de su edic., de la Vita Pythagorica , San Petersburgo, 1884, pág. XLIV. Sin embargo, el humanista Lucas Holstein (1596-1661) ya había considerado que este códice era el arquetipo, como observa L. DEUBNER en el prefacio (pág. v) de su edición (ya mencionada) de la Vita , Teubner, Leipzig, 1937 (Stuttgart, 1975, revisada por U. KLEIN).
28 Para el lector interesado en el estudio de los códices y familias, véase la edición de DEUBNER , pág. v y sigs. de su prefacio y la de E. DES PLACES , pags. 20-24 de su introducción.
29 Véase al respecto, la edición de DEUBNER , pág. XIV y n. 2.
30 Propiamente, no se dispone de ella. Se menciona esta versión en los prefacios de ediciones de otras obras de Jámblico (del Protréptico , Leipzig, 1888, debida a H. PISTHELLI y de la Ciencia común matemática , editada por N. FESTA , Leipzig, 1891); por otra parte, se duda de si tradujo toda la obra o parte de ella. Véase la problemática de esta versión en la ya citada edición de DEUBNER -KLEIN (en lo sucesivo, así citada) de la Vita pythagorica , págs. XX-XXI.
SINOPSIS
1 .
Proemio sobre la filosofía de Pitágoras, al que precede una invocación a los dioses y se pone de manifiesto, a la vez, la utilidad y dificultad de la tarea.
2 .
Sobre Pitágoras, su origen, su patria, su crianza, su educación, viaje y regreso a casa, su salida de allí hacia Italia y, en general, sobre toda su vida.
3 .
Sobre su viaje por mar a Fenicia, sobre su actividad allí y sobre su partida de este lugar hacia Egipto y el modo en que tuvo lugar.
4 .
Sobre su ocupación en Egipto y el modo en que se trasladó de allí a Babilonia, cómo allí entró en contacto con los magos y cómo regresó de nuevo a Samos.
5 .
Sobre su actividad en su estancia en Samos, y cómo instruyó a un homónimo suyo con un método admirable, su viaje a Grecia y el modo de actividad en Samos.
6 .
Motivos por los que se trasladó a Italia, sobre este viaje, planteamiento general sobre la personalidad de Pitágoras y sobre su filosofía.
7 .
Algunos aspectos generales de su actuación en Italia y el tipo de palabras que, públicamente, dirigió a la gente.
8 .
Cuándo y cómo se trasladó a Crotona, y qué actuación tuvo en su primer encuentro y qué palabras dirigió a los jóvenes.
9 .
En qué términos se expresó entre los Mil, que presidían el gobierno, sobre las mejores palabras y modos de vida.
10 .
Qué consejos dio a los niños de Crotona en el templo de Apolo Pitio, en su primera estancia.
11 .
Qué refirió a las mujeres de Crotona, en el templo de Hera, en su primera estancia.
12 .
Sobre su disertación acerca de filosofía, y que fue el primero que se dio a sí mismo el nombre de filósofo y por qué motivo.
13 .
Sobre la facultad educativa de las palabras de Pitágoras que se extendía tanto a las fieras como a los animales irracionales, y los numerosos testimonios de ello.
14 .
Sobre el principio de su educación que consideraba como el recuerdo de vidas anteriores, que las almas habían vivido anteriormente, antes de encarnarse en los cuerpos en que casualmente residen.
15 .
Sobre su inducción a la educación, comenzando por la percepción sensible y sobre el modo en que enderezaba las almas de sus discípulos por medio de la música y cómo poseía ese perfecto enderezamiento.
16 .
Sobre la práctica purificadora que él mismo utilizaba, sobre la práctica completa de la amistad, y la forma en que ésta predispone a los discípulos para la filosofía.
17 .
Cómo Pitágoras efectuaba el examen de los discípulos que se le acercaban por primera vez, y qué pruebas de carácter les aplicaba antes de introducirlos en la filosofía.
18 .
En qué categorías y de qué modo distribuyó Pitágoras a sus discípulos, y por qué motivo los clasificó así.
19 .
Sobre los muchos caminos de educación útil de la humanidad que Pitágoras descubrió, su relación, según se dice, con Ábaris, y cómo lo condujo hasta la cima más alta de la filosofía por otras vías educativas.
20 .
Cuáles eran las prácticas específicas de la filosofía pitagórica y cómo las proporcionaba Pitágoras y cómo ejercitaba a los que iban constantemente a participar en la filosofía.
21 .
Sobre el modo de vida que Pitágoras estableció y planteó a sus discípulos para que lo realizaran cuidadosamente durante todo el día, y determinados consejos acordes con el modo de vida.
22 .
Sobre el modo de educación por medio de sentencias pitagóricas, que atañen a la vida y suposiciones hypolḗpseis humanas.
23 .
Sobre la exhortación a la filosofía por medio de símbolos, el significado inefable y oculto de sus doctrinas, que fue transmitido por Pitágoras únicamente a los que recibieron instrucción, de acuerdo con la práctica de los egipcios y de los teólogos más antiguos entre los griegos.
24 .
De qué alimentos se abstuvo en general Pitágoras, y de cuáles ordenó a sus discípulos abstenerse, y como promulgó diversas leyes al respecto de acuerdo con la vida privada de cada uno y por qué motivos.
25 .
De qué modo, a través de la música y del canto, educó a las gentes en determinados momentos, precisamente cuando los padecimientos las agobiaban, y qué purificaciones de las enfermedades del alma y del cuerpo realizó por medio de la música y de qué modo las efectuaba.
26 .
De qué modo y por qué método logró Pitágoras el hallazgo de la armonía y de las proporciones armónicas y cómo transmitió a sus discípulos toda la ciencia sobre estos temas.
27 .
Cuántos bienes, políticos y de utilidad pública, transmitió él mismo y sus discípulos a los hombres a través de obras, palabras, el establecimiento de constituciones, la promulgación de leyes y otras muchas y bellas actuaciones.
28 .
Cuántos hechos divinos y admirables llevó a cabo, y cuántos que tienen que ver con la piedad y que por la misericordia de los dioses proporcionan a los hombres el más grande beneficio, que también fueron enviados al linaje humano gracias a Pitágoras.
29 .
Sobre la filosofía de Pitágoras, cuál era y en qué clase de géneros y especies se dividía, y cómo logró la rectitud y exactitud de los primeros hasta los últimos poderes cognoscitivos y lo transmitió a los hombres.
30 .
Sobre la justicia, y la gran contribución que hizo Pitágoras a ella para los hombres, y cómo se ocupó de ella desde los géneros extremos hasta las últimas clases, y lo transmitió a todos.
31 .
Sobre la templanza, cómo la practicó Pitágoras y la transmitió a los hombres a través de palabras, obras y de toda clase de actividad creadora, y cuántas y qué especies de ella determinó entre los hombres.
32 .
Sobre el valor, cuántas y qué clase de recomendaciones transmitió Pitágoras a los hombres, y cuántas prácticas y labores nobles realizó él personalmente y otras que hizo que llevaran a cabo sus discípulos.
33 .
Sobre la amistad, cuál era, y cuál era su dimensión en Pitágoras y cómo la hizo extensiva a todos, y cuántas clases de ella estableció, y qué labores concordes con sus ocupaciones realizaron los pitagóricos.
34 .
Algunos relatos dispersos sobre lo que dijo e hizo el propio Pitágoras o los que recibieron de él la filosofía; cuantos no se han mencionado en la ordenada exposición de las virtudes sobre su persona.
35 .
Sobre el levantamiento que se produjo contra los pitagóricos, y dónde estaba Pitágoras y por qué motivo hombres despóticos y desalmados los atacaron.
36 .
Sobre la sucesión de Pitágoras y de su muerte, y nombres de hombres y mujeres que recibieron su filosofía.
VIDA PITAGÓRICA
Al comienzo 1 de toda filosofía, al menos para toda la [1] [ 1 ] gente sensata, es costumbre sin duda invocar a la divinidad, pero con mayor razón, por supuesto, conviene hacerlo con la filosofía que lleva el nombre del divino Pitágoras. En efecto, al haber sido transmitida aquélla en un principio por los dioses, no se puede comprender más que con la ayuda de éstos, porque, además de ello, su belleza y grandeza sobrepasa la capacidad humana para captarla de repente; solamente, al menos, bajo la dirección de un dios benévolo, se podría asir algo de ella, acercándosele poco a poco, con suavidad.
Pues bien, por todas estas razones invoquemos a los dioses [2] como guías, encomendémonos a nosotros mismos y a nuestra exposición a ellos y sigámoslos por donde nos lleven, sin reparar en que esta escuela, durante mucho tiempo, ha sido descuidada, encubierta de enseñanzas extrañas y de algunos símbolos secretos, ensombrecida por muchos escritos falsos y espurios, pero además se ha visto entorpecida por otras muchas dificultades de este tipo. Porque nos basta la voluntad de los dioses, con la que es posible soportar dificultades todavía más pesadas que éstas. Y después de los dioses, propondremos como guía nuestro al fundador y padre de la filosofía divina, una vez que nos hayamos remontado un poco sobre su linaje y patria.
[ 2 ] [3] Según se dice, Anceo, que vivió en Same de Cefalonia 2 , descendía de Zeus; esta fama bien pudo deberse a su virtud o a una especie de grandeza de alma, pero en inteligencia y reputación superaba a los demás cefalonienses. La Pitia le había vaticinado que debía reunir un contingente de ciudadanos de Cefalonia, Arcadia y Tesalia, añadirle otros ciudadanos de Atenas, Epidauro y Calcis, colonizar, al mando de todos ellos, una isla llamada Melánfilo, por la calidad de su suelo y de su tierra 3 , y denominar Samos a la ciudad, como réplica de Same, la de Cefalonia.
[4] En efecto, éste fue el oráculo:
Anceo, la marítima isla de Samos, en lugar de Same,
pido que colonices. Pero su nombre es Filis .
La prueba de que se agruparon colonos de los lugares antes mencionados no sólo se basa en las honras y sacrificios que tributaron a los dioses —porque se da la circunstancia de que son originarios de los lugares de procedencia de las gentes que se congregaron—, sino también en las relaciones de parentesco y en las reuniones que suelen celebrar los samios. Dicen, en efecto, que Mnemarco 4 y Pitaide, los padres de Pitágoras eran de esta casa y de la estirpe de Anceo, el fundador de la colonia.
Siendo comentado, entre sus conciudadanos, este noble [5] linaje, un poeta oriundo de Samos, afirma que era hijo de Apolo con estas palabras:
Pitágoras lo engendró con Apolo, grato a Zeus,
Pitaide, que era la más bella entre las samias 5 .
Merece la pena mencionar cómo prevaleció esta tradición. A este Mnemarco de Samos, que se hallaba comerciando en Delfos en compañía de su esposa, cuando su embarazo todavía no era evidente, la Pitia le vaticinó, en una consulta que efectuó por medio de un oráculo sobre un viaje por mar a Siria, que sería extraordinariamente grato y provechoso, que su mujer estaba ya embarazada y que daría a luz un niño que sobresaldría por su belleza y sabiduría sobre todos los que hasta la fecha habían existido, y que sería, para el linaje humano, de grandísima utilidad durante toda su vida.
[6] Mnemarco considerando que la divinidad no le habría profetizado sobre su hijo, sin haberle hecho él la consulta, salvo que realmente estuviera destinado a ser una especial eminencia en sí y un don divino, cambió entonces inmediatamente el nombre de su esposa, Parténide 6 , por el de Pitaide, por el hijo y la profetisa.
[7] Cuando dio a luz a su hijo en Sidón de Fenicia, lo llamó Pitágoras 7 , porque había sido profetizado por Apolo Pitio. Debe rechazarse, en efecto, en este punto la suposición de Epiménides, Eudoxo y Jenócrates 8 , en el sentido de que Apolo se unió con Parténide, que ésta quedó encinta, sin estarlo previamente, y que lo contó a través de la profetisa. Esto, pues, de ninguna manera debe admitirse.
[8] Sin embargo, nadie podría poner en duda, que el alma de Pitágoras, bajo la dirección de Apolo 9 , bien era compañera suya, bien mantenía una especial afinidad con este dios, y que había sido destinada a la humanidad, si ello se argumenta con este mismo nacimiento y con la sabiduría de toda índole de su alma. Tales son los hechos sobre su nacimiento.
Cuando Mnemarco regresó a Samos procedente de Siria [9] con una abundante ganancia y copiosos recursos, edificó un santuario a Apolo, bajo la advocación de Pitio, y educó a su hijo en variadas e importantes disciplinas, porque lo confió y lo puso en manos ya de Creófilo, ya de Ferécides de Siro 10 , ya de casi todos los sabios en temas sagrados, para que fuera instruido suficientemente, en la medida de sus posibilidades, en los asuntos divinos. Y creció, afortunado, el más hermoso de los que se tiene noticia y el más divino.
Cuando murió su padre, creció en gran seriedad y prudencia, [10] y siendo todavía muy joven merecía ya de los de mayor edad la consideración y el respeto, y cuando se le veía hablando, a todos atraía, y a todo aquel que le dirigía su mirada le parecía admirable, de tal modo que por la mayoría se aseguraba con razón que era hijo de un dios. Fortalecido por semejante notoriedad, por la educación recibida desde su cuna y por su natural apariencia divina se desarrolló aún más, mostrándose digno de los privilegios que poseía. Ordenaba su existencia por medio de prácticas religiosas, por las ciencias, por selectas normas de vida, por la firmeza de su alma, por la continencia corpórea, por la serenidad de sus palabras y actos, por una inimitable calma, sin verse jamás poseído por la cólera, la risa, la envidia, la pendencia ni por ninguna otra perturbación o arrebato, como si se tratara de una divinidad buena que se hubiera aposentado en Samos.
[11] Por ello, siendo aún un muchacho, su gran fama llegó hasta los sabios, hasta Tales, en Mileto, y hasta Bías, en Priene, y se extendió a las ciudades vecinas y muchos ya en muchos lugares, proverbialmente, celebrando al joven samio de larga cabellera 11 , lo divinizaban y lo divulgaban. Pero cuando estaba a punto de gestarse la tiranía de Polícrates, previendo, a la edad de dieciocho años, aproximadamente, a dónde se encaminaba ésta y cómo sería un obstáculo para su propósito y afán de aprender, por el que se esforzaba por encima de todo, de noche sin que nadie lo notara, en compañía de Hermodamante, de nombre, y de sobrenombre Creófilo, del que se decía que era descendiente del Creófilo que mantuvo vínculos de hospitalidad con el poeta Homero (de quien parece fue amigo y maestro de todo), se trasladó pormar con Ferécides, junto a Anaxímandro, el filósofo de la naturaleza, y junto a Tales 12 , en Mileto.
Se presentó a cada uno de ellos, alternativamente, y se [12] relacionó de tal modo, que todos lo apreciaron, admiraron sus dotes naturales y lo hicieron partícipe de sus reflexiones. Y especialmente Tales lo acogió complacido, al admirar también la diferencia que presentaba respecto a los demás jóvenes, porque superaba con mucho la fama que le había precedido. Le hizo partícipe de cuantos conocimientos pudo, y aduciendo como pretexto su vejez y mala salud le instó a que se embarcara rumbo a Egipto y se relacionara especialmente con los sacerdotes de Menfis y Dióspolis 13 . En efecto, de ellos obtuvo aquello por lo que la gente lo tiene por sabio. Afirmaba que él no estaba dotado, ni por la naturaleza ni por la práctica, de tantas facultades como observaba en Pitágoras. Así, por todo ello, se difundió la buena nueva: si Pitágoras se relacionaba con los sacerdotes mencionados, sería el más divino y el más sabio por encima de todos los hombres.
Entre otras cosas, sacó provecho de Tales por ahorrarse [13] [ 3 ] especialmente tiempo, al renunciar por ello a beber vino, a comer carne e incluso antes a la gula, y atenerse a la comida de cosas suaves y de fácil digestión, y consiguiendo con ello un sueño corto, vigilia, pureza de alma y una salud corporal perfecta e inquebrantable, se hizo a la mar rumbo a Sidón, pues sabía que era su patria natal y pensaba con razón que desde allí le sería más fácil la travesía a Egipto.
[14] Allí se encontró con los descendientes de Moco 14 , el filósofo de la naturaleza y profeta, y con los demás hierofantes fenicios, y se inició en todos los rituales sagrados que en especial se celebraban en Biblos, Tiro y en muchas partes de Siria, sin emplearse en tal cometido por superstición, como ingenuamente se podría suponer, sino más bien por deseo y afán de asistencia a la ceremonia y por la precaución de que se le escapara algo digno de aprenderse, que se salvaguarda en los cultos secretos o misterios de los dioses. Comprendió, además, que los rituales sagrados de allí son, en cierto modo, importados y originarios de Egipto y confió, por ello, en participar en rituales más bellos, más divinos y más puros en Egipto y, maravillado por las enseñanzas de su maestro Tales, se embarcó sin demora con unos marineros egipcios que, en un momento muy oportuno, habían llegado a la costa que se extiende al pie del Monte Carmelo de Fenicia, donde muchas veces Pitágoras se retiró en soledad por la zona del templo. Aquéllos lo recibieron complacidos, pues preveían sacar provecho de su juventud y, si lo vendían, un alto precio.
[15] Después, sin embargo, durante la navegación, al comportarse con moderación, seriedad y de un modo congruente con su habitual forma de vida, mejoraron su disposición respecto a él, y observando, por la modestia del muchacho, algo sobrehumano, recordaron que fue visto por ellos, nada más anclar, descendiendo de la cima del Monte Carmelo (sabían que era el más sagrado entre los montes y que era inaccesible para la mayoría), caminando tranquilamente y sin volverse, sin que se le interpusiera en su camino roca alguna escarpada o impracticable, y deteniéndose ante la nave tan sólo dijo: «¿El viaje es a Egipto?». Al asentir ellos, embarcó y se sentó en silencio donde especialmente no iba a ser un estorbo para los marineros.
A lo largo de toda la navegación, permaneció en una [16] única y misma postura durante dos noches y tres días, sin comer ni beber ni dormir, salvo que, sin que nadie lo advirtiera, según estaba en su perseverancia sedentaria e inalterable, durmiera un poco. Además, aconteció que la navegación fue para ellos, en contra de lo esperado, ininterrumpida y de un impulso directo, como si estuviera presente un dios. Comparando tales hechos y sacando, en consecuencia, sus conclusiones, se convencieron de que realmente viajaba con ellos de Siria a Egipto algo así como un dios. Y completaron el resto del viaje con un profundo respeto y con expresiones y actitudes más respetuosas de lo que acostumbraban y empleaban entre sí y con él, hasta que el barco, con las circunstancias más favorables y la ausencia total de olas, llegó a la costa egipcia 15 .
Allí, al desembarcar, todos lo sostuvieron respetuosamente [17] y, acogiéndolo de uno a otro, lo situaron sobre la arena más limpia y ante él improvisaron un altar y, amontonando sobre él cuantos frutos tenían, como si depositaran una especie de primicias por la carga, cambiaron el fondeadero del barco al lugar donde tenían fijada la meta de su viaje. Por su parte, Pitágoras, que padecía una gran debilidad corporal a causa de tan prolongado ayuno, no se opuso entonces a su desembarco, a la ayuda de los marineros y a la conducción de mano en mano, ni, cuando aquéllos se fueron, se abstuvo por mucho tiempo de probar los frutos que se hallaban expuestos, sino que cogió convenientemente parte de ellos, repuso fuerzas y se puso a salvo por las poblaciones cercanas, manteniendo en todo momento el mismo carácter tranquilo y sosegado.
[ 4 ] [18] Desde allí frecuentó todos los santuarios con muchísima diligencia y con un riguroso estudio, siendo admirado y apreciado por los sacerdotes y profetas con que se relacionaba y, recibiendo un aprendizaje muy detallado sobre cada asunto, no desdeñó ni una enseñanza de los que en su época merecían estima ni persona de renombre por su inteligencia ni rito iniciático, donde quiera que fuera, que mereciera la pena, ni lugar sin visitar que, con su llegada, creyera encontrar algo extraordinario. En consecuencia, visitó a todos los sacerdotes, sacando provecho, junto a cada uno, de sus particulares conocimientos.
[19] Veintidós años 16 permaneció en Egipto en centros sagrados, estudiando astronomía y geometría e iniciándose —no por un repentino impulso ni por casualidad— en todos los rituales de los dioses, hasta que, apresado por las tropas de Cambises, fue llevado a Babilonia. Allí se relacionó gustoso con los magos que lo recibieron con el mismo agrado y fue instruido en lo que ellos veneraban y aprendió perfectamente el culto de los dioses, llegando junto a ellos a la cumbre de la aritmética, de la música y de las demás disciplinas y, habiendo transcurrido otros doce años, regresó a Samos a la edad, aproximadamente, de cincuenta y seis años.
[ 5 ] [20] Reconocido por algunas personas de edad avanzada y admirado no menos que antes (pues les pareció más bello, más sabio y más semejante a los dioses), su patria públicamente le pidió que ayudara a todos y los hiciera partícipes de sus inquietudes y, sin rehusarlo, se dispuso a realizar un modo de enseñanza simbólico, semejante del todo a la educación de Egipto en la que había sido instruido, aunque los samios no asumieron entusiásticamente tal sistema ni se adaptaron a él ordenadamente y según convenía.
Pues bien, como nadie se presentó ni deseó propiamente [21] las disciplinas que, de cualquier modo, intentaba inculcar a los griegos, sin mostrarse arrogante ni menospreciar a Samos, por el hecho de ser su patria, quiso que sus compatriotas disfrutaran de la belleza de las ciencias, aunque fuera en contra de su voluntad; en consecuencia, se valió de un madurado plan. Habiendo observado con atención, en el gimnasio, a un joven —de los que se dedican a ejercicios gimnásticos y corpóreos, pero, por otra parte, pobre y sin recursos— que, bien dotado y en acompasados movimientos, jugaba a la pelota, pensó que lo convencería si se le proporcionaban abundantes medios de vida que lo libraran de preocupaciones. Llamó al joven después de su baño y le prometió que le procuraría recursos suficientes para el desarrollo y práctica de sus ejercicios gimnásticos de un modo continuo, si gradualmente, sin esfuerzo y de un modo constante, aceptaba (de manera que no supusiera incesantemente una sobrecarga) algunas enseñanzas que él mismo, cuando era un muchacho, había aprendido de extranjeros, pero que ya las estaba perdiendo a causa de su vejez y la falta de memoria que ésta conlleva.
El joven se avino a ello y, con la esperanza de medios [22] de vida, aceptó y Pitágoras intentó introducirlo en la enseñanza de la aritmética y de la geometría, efectuando las demostraciones de cada caso en un ábaco y, durante la enseñanza de cada esquema que había diseñado, le ofreció al joven por su esfuerzo tres óbolos como salario. Pasó en esta ocupación mucho tiempo, empleándolo en el estudio con mucho empeño, seriedad y un orden perfecto, otorgándole por la comprensión de cada esquema tres óbolos.
[23] Pero cuando el joven, encauzado en un recto camino, captó la excelencia, el goce y el progreso de la ciencia, el sabio comprendió lo que sucedía y que el joven no se retiraría ya voluntariamente ni renunciaría a la ciencia, aunque le pasara lo peor, y simuló la pobreza y la falta de los tres óbolos.
[24] Y una vez que aquél le dijo: «Pero incluso sin éstos estoy dispuesto a aprender y a recibir tus enseñanzas», le respondió: «Pues ni siquiera yo mismo tengo ya víveres para mi sustento. En consecuencia, he de emplearme en la procura de las necesidades del día y del sustento diario y no está bien que uno se distraiga con el ábaco y actuaciones vanas e inútiles». Así que el joven, que no estaba dispuesto a desvincularse de la ciencia, dijo: «Yo también, en lo sucesivo, te abasteceré y, en cierto modo, te mostraré mi afecto filial como hace la cigüeña con sus padres; por cada esquema, pues, yo mismo te ofreceré a cambio tres óbolos».
[25] Y a partir de este momento, quedó tan prendado de las ciencias, que fue el único de los samios que acompañó a Pitágoras. Era tocayo suyo e hijo de Eratocles. Como es sabido, se conocen sus estudios sobre gimnástica y su dieta para alimentar a los atletas de entonces a base de carne en lugar de higos secos, y su imputación indebida a Pitágoras, el hijo de Mnemarco.
Se dice que, por la misma época, despertó la admiración en Delos, cuando se acercó al altar llamado incruento, consagrado a Apolo Engendrador, y le tributó honores. Desde allí se dirigió a todos los oráculos. También permaneció en Creta 17 y en Esparta por causa de sus leyes. Se hizo estudioso e investigador de todas éstas, regresó a casa y se aplicó al estudio de las tareas que se habían quedado abandonadas.
Y en primer lugar fundó en la ciudad una escuela, el [26] llamado todavía hoy Hemiciclo de Pitágoras, en el que ahora los samios deliberan sobre asuntos públicos 18 , considerando que es necesario que se realice el estudio sobre lo bello, lo justo y lo útil en este lugar, que fundó el que se aplicó al cuidado de todos estos temas.
Fuera de la ciudad, apropió una gruta para impartir su [27] filosofía; en ella pasó la mayor parte del día y de la noche, y llevó a cabo el estudio de los temas útiles de las ciencias, discurriendo del mismo modo que Minos 19 , el hijo de Zeus. Y tanto se diferenció de los que posteriormente utilizaron sus enseñanzas, que aquéllos se vanagloriaban grandemente de pequeños planteamientos y, en cambio, Pitágoras perfeccionó la ciencia sobre los fenómenos celestes y la definió con demostraciones completas aritméticas y geométricas.
Mas, con todo, aún hay que admirarlo más por sus últimas [28] [ 6 ] realizaciones. En efecto, al tener su filosofía una gran difusión y decidir toda Grecia admirarle, los mejores y más sabios acudieron a Samos por su causa y quisieron participar en su sistema de educación. Promovido por sus conciudadanos a todas las embajadas y obligado a tomar parte en los actos públicos, no sólo comprendió que le resultaba difícil, obediente a las leyes de su patria, permanecer allí y consagrarse a la filosofía, sino también que los que anteriormente se habían dedicado a la filosofía habían pasado su vida en el extranjero; reflexionando todas estas cosas consigo mismo evitó los cargos públicos, también, como algunos aseguran, por echar en cara el poco aprecio por la educación de sus conciudadanos de aquel entonces de Samos, se dirigió a Italia, considerando como su patria el territorio que comprendía un amplio contingente de personas que estaban dispuestas a aprender.
[29] Y primeramente, en la muy famosa ciudad de Crotona 20 , consiguió muchos seguidores con sus exhortaciones. [Se cuenta que se ganó seiscientos partidarios, que no sólo por su causa se movieron a la filosofía, que él impartía, sino también por lo que se cuenta, que se convirtieron en seguidores del método de vida comunitaria, tal como lo prescribió.
[30] Eran éstos los que filosofaban, pero la mayoría eran oyentes, a los que llaman «acusmáticos».] 21 . En una sola lección, según dicen, la primera que públicamente pronunció nuestro hombre, nada más pisar Italia, se le adhirieron por sus palabras más de dos mil, siendo ganados con tanta fuerza que ya no regresaron a casa, sino que juntamente con sus hijos y mujeres fundaron un enorme auditorio y poblaron la llamada unánimemente Magna Grecia. De él recibieron leyes y normas, como si se tratara de preceptos divinos, que regían todos sus actos, y se mantuvieron en concordia en toda reunión de condiscípulos, siendo alabados y felicitados por las gentes de su entorno. Consideraron comunes sus patrimonios, como se ha dicho anteriormente, y catalogaron a Pitágoras en lo sucesivo entre los dioses, como una deidad buena y muy benefactora de la humanidad. Unos lo celebraban como Apolo Pitio, otros como Apolo de los hiperbóreos; otros como Peán, otros incluso como una de las deidades que habitan la luna; unos, en fin, lo estimaban como una divinidad olímpica determinada y otros como otra distinta, [manifestando] que se había aparecido a las gentes de entonces, en figura humana, para ayuda y corrección del genero humano, para obsequiar a la naturaleza mortal con la chispa salvadora de la felicidad y de la filosofía; un bien mayor que éste —donado por los dioses a través de este Pitágoras— ni se ha presentado ni se presentará jamás. Por eso, todavía hoy, el proverbio proclama «la cabellera de Samos» con el más grande respeto 22 .
Y cuenta también Aristóteles, en sus escritos Sobre la [31] filosofía pitagórica 23 , que, entre los temas más secretos, fue guardada por los hombres de la secta la siguiente distinción: Dios forma parte del ser vivo racional, también el ser humano, y, por así decirlo, Pitágoras. Y muy razonablemente pensaron que era un ser de tal clase, por cuya mediación se introdujo una concepción recta y acorde con la realidad acerca de los dioses, los héroes, los démones, el universo, el vario movimiento de las esferas y astros, eclipses, declinaciones, anomalías, excentricidades, epiciclos, y acerca de todo lo existente en el universo: cielo, tierra y naturalezas intermedias, visibles e invisibles. Así se introdujo una concepción correcta y acorde con la realidad que no se contradice, en modo alguno, con ninguna de las evidencias o de las percepciones intelectuales. Se implantaron también entre los griegos las ciencias, tanto las contemplativas como todas las que dependen del conocimiento, que originan realmente la visión del alma y purifican la mente de la ceguera que motivan otras ocupaciones, con la finalidad de poder ver los principios auténticos y las causas de todo, en general.
[32] La mejor constitución, la concordia entre los ciudadanos, «las cosas de los amigos son comunes» 24 , el culto a los dioses, la piedad con los difuntos, la promulgación de leyes, la educación, la prudencia en el lenguaje, el respeto a los demás seres vivos, la continencia, la templanza, la sagacidad, la práctica divina y todo aquello, por decirlo de una vez, que es ambicionado y ansiado por los amantes del saber tuvo su aparición gracias a él. Con razón, pues, por todo esto, que ahora exponía, admiraban a Pitágoras tan intensamente.
[ 7 ] [33] A continuación, se debe ahora explicar cómo se estableció en el extranjero y entre quiénes habló, en primer lugar, qué palabras pronunció, sobre qué temas y a quiénes las dirigió; pues, de ese modo, se harán comprensibles para nosotros las circunstancias de su actividad y las que tuvieron lugar en la vida de su época. Se dice, en efecto, que, cuando se estableció en Italia y Sicilia, encontró ciudades que estaban sometidas unas a otras, unas durante años y otras recientemente, y, concibiendo una decisión libertadora, a través de sus partidarios en cada una de ellas, las redimió y las hizo libres, en concreto, Crotona, Síbaris, Catania, Regio, Hímera, Acragante, Tauromenio y algunas otras, para las que promulgó leyes, valiéndose de Carondas de Catania y Zaleuco de Locro 25 ; mediante tales leyes continuaron por mucho tiempo con una legislación eficacísima, provocando la envidia de las gentes de su entorno.
Eliminó de raíz la sedición, la discordia y, sencillamente, [34] la división de opiniones, no sólo entre sus compañeros y sus descendientes por muchas generaciones, según se cuenta, sino también en general entre todas las ciudades de Italia y Sicilia, tanto dentro de ellas mismas como entre unas y otras. Con frecuencia, la siguiente sentencia suya se divulgaba para todos en cualquier lugar, tanto para muchos como para pocos, semejante al oráculo de un dios que se hubiera obtenido mediante consulta, como si fuera una especie de resumen y recapitulación de sus opiniones [el siguiente apotegma] 26 : «Hay que desterrar y cercenar con cualquier medio, con el fuego, con la espada y con todos los recursos posibles la enfermedad del cuerpo, la ignorancia del alma, el despilfarro del vientre, la sedición de la ciudad, la discordia del hogar y, en general, la desmesura de todo» 27 ; por medio de esto, con muchísimo afecto, le recordaba a cada uno sus preceptos más valiosos.
[35] Así, pues, era su modo común de vida, en aquella época, en sus palabras y en sus hechos.
[ 8 ] Pero si hay que recordar particularmente lo que hizo y dijo, hay que decir que llegó a Italia en la sexagésima segunda olimpiada, en la que obtuvo la victoria en el estadio Erixias de Calcis, e inmediatamente se hizo famoso y se agolpaban a su alrededor con admiración, como anteriormente, cuando viajó a Delos. En efecto, allí con sólo acercarse a orar al altar de Apolo Progenitor, que es el único incruento, recibió la admiración de los isleños.
[36] Y por aquel tiempo, cuando caminaba de Síbaris a Crotona, se encontró en la costa con unos pescadores, que arrastraban del fondo del mar una red ya cargada, y les dijo conocer la cantidad que portaba, precisándoles el número de peces. Y los hombres estaban decididos a hacer lo que les pidiera, si acertaba; entonces les ordenó que dejaran los peces vivos hasta que los contaran exactamente. Lo más asombroso fue que ninguno de los peces que se habían quedado fuera del agua durante el recuento pereció, al menos mientras él estuvo presente 28 . Después de pagar a los pescadores por los peces, se marchó a Crotona, y aquéllos difundieron lo sucedido y, cuando supieron su nombre por unos muchachos, lo divulgaron a toda la gente. Y los que lo oyeron desearon ver al forastero, cosa que ciertamente no les ofreció dificultad, pues uno se podía quedar estupefacto, si miraba su rostro, y suponer su verdadera naturaleza.
[37] A los pocos días entró en un gimnasio. Los muchachos se agolparon a su alrededor y se cuenta que les dirigió unas palabras 29 , por las cuales los invitaba a expresar su respeto a los mayores, manifestando que en el universo, en la vida, en las ciudades y en la naturaleza es más estimado lo que precede en el tiempo que lo que sigue, como, por ejemplo, lo es más el levante que el poniente, el amanecer más que el atardecer, el principio más que el fin, la creación más que la destrucción y, de un modo semejante también, los autóctonos más que los foráneos, y, a su vez, los dirigentes en las colonias y los fundadores en las ciudades y, en general, los dioses más que los démones, y éstos más que los semidioses, y los héroes más que los hombres, y entre éstos son más estimados los progenitores que los descendientes.
Dijo esto para inducirlos a un aprecio mayor de sus padres [38] que de sí mismos. Les aseguró que les debían un agradecimiento tan grande como sería el de que, una vez muertos, tendrían que pagar al que fuera capaz de traerlos a la luz. En consecuencia, era justo que amaran, más que a todos, a sus primeros y mayores benefactores, y que jamás los hicieran sufrir. Sólo nuestros padres nos preceden por los beneficios que reporta el nacimiento, y de todos los éxitos que consiguen los hijos son responsables los progenitores, que nos hacen un gran beneficio, cuando muestran que no es posible pecar contra los dioses. Pues también es natural que los dioses puedan perdonar a los que honran a sus padres por encima de todo, porque igualmente, el honrar a la divinidad lo hemos aprendido de ellos.
Por lo cual también Homero ensalzó con idéntica denominación [39] al rey de los dioses, al llamarle «padre de los de los dioses y de los mortales» 30 , y muchos otros mitógrafos han referido que los soberanos divinos disputaban por apropiarse el afecto de los hijos, que era compartido, en cuanto correspondía a la existencia de una pareja de padres y, por este motivo, desempeñaban al mismo tiempo el papel de padre y de madre: uno engendró a Atenea y la otra a Hefesto, con una naturaleza distinta a la suya propia, a fin de participar en un afecto más distante de ellos.
[40] Y estando de acuerdo todos los presentes en que el juicio de los inmortales era el más sólido, declaró a los crotoniatas, por el hecho de que Heracles era el héroe patrio de los colonizadores 31 , que era necesario obedecer de buen grado los preceptos de nuestros progenitores y que sabían por tradición que la misma divinidad, que obedecía a otra mucho mayor, había afrontado penosos trabajos y había fundado en honor de su padre el certamen olímpico victorioso como celebración victoriosa de sus gestas 32 . Manifestó también que, en sus relaciones mutuas, podían conseguir de ese modo que jamás hicieran enemigos a sus amigos, y, a su vez, convirtieran lo más rápidamente posible en amigos a sus enemigos, y ejercitaran, con la cortesía con sus mayores, el afecto a sus padres, y, por el respeto humano a los demás, la concordia con los hermanos.
A continuación, habló sobre la templanza, asegurando [41] que la edad de los muchachos representaba una prueba de la naturaleza, por ser la época en que poseen los deseos más intensos. Después, indujo a reflexionar [dignamente] 33 , porque al niño, a la muchacha, a la mujer y a los ancianos conviene aspirar únicamente a esta virtud, y en especial a los jóvenes. Y manifestaba incluso que era la única que compendiaba los bienes del cuerpo y del alma, porque preservaba la salud y el deseo por las más valiosas ocupaciones.
Pero se evidenciaba también por una situación contrapuesta. [42] En efecto, tanto los bárbaros como los griegos, cuando se enfrentaron en tomo a Troya, cayeron en las más terribles desgracias por la intemperancia de uno solo 34 , unos en la guerra, otros a su regreso por mar, y sólo por 〈esta〉 35 injusticia aplicó la divinidad el castigo, por un decenio y un milenio más, cuando vaticinó la toma de Troya y el envío de las doncellas por los locrios al templo de Atenea troyana 36 . Invitaba también a los jóvenes a recibir educación, incitándoles a considerar que sería raro juzgar la mente como lo más efectivo de todo y con ésta reflexionar sobre lo demás, y a no consumir tiempo alguno ni esfuerzo en ejercitarla, y en esto se asemeja el cuidado del cuerpo a los malos amigos, en que rápidamente se pierde, mientras que la educación permanece hasta la muerte, como los hombres de buena condición; para algunos, en cambio, incluso después de la muerte, se conserva como fama imperecedera.
[43] Y otras cosas por el estilo instituyó, unas recogidas de historias y otras de preceptos, proclamando que la educación es una buena disposición común a los que destacan en cada generación. Estos hallazgos suyos, en efecto, han supuesto la formación para los demás. Y esto es tan importante por naturaleza que, entre las cosas que son elogiadas, unas no es posible transferirlas, como, por ejemplo, la fuerza, la belleza, la salud, el valor; en cambio, el que entrega otras ya no las posee, como, por ejemplo, la riqueza, los cargos públicos y otras muchas que omitimos. La educación, sin embargo, se puede traspasar y el que la otorga nada pierde.
[44] De modo semejante, algunas cosas no están a disposición de los hombres para su adquisición, pero reciben la educación y la aceptan de acuerdo con su particular preferencia. Después, de esta forma, cuando uno se dedica a las tareas de la patria, se hace notorio no por su desvergüenza, sino por la formación recibida. Pues casi por una formación recibida difieren los hombres de las bestias, los griegos de los bárbaros, los hombres libres de los siervos, los filósofos de los hombres corrientes, y en general poseen una supremacía tan grande, que hombres que corran más rápidos que otros en Olimpia, de una sola de sus ciudades, se encuentran siete 37 ; en cambio, que sobresalgan por su sabiduría, en todo el orbe habitado, solamente se cuentan siete. Y en el tiempo en que vivió fue el único que superó a todos en la filosofía. Y, en efecto, este nombre de filósofo se lo dio a sí mismo, en lugar de sabio.
Estos temas de conversación mantuvo con los jóvenes [45] en el gimnasio.
Pues bien, cuando los jóvenes comunicaron a sus padres [ 9 ] lo que había dicho, los Mil 38 llamaron a Pitágoras a la sede del gobierno y, alabándolo por las palabras que había dirigido a sus hijos, le pidieron que, si tenía algo útil que decir a los crotoniatas, lo manifestara a los que estaban al frente del gobierno. Entonces él les aconsejó, en primer lugar, que fundaran un santuario en honor de las Musas, para conservar la concordia existente. Pues todas estas deidades tienen también la misma advocación, por tradición forman un conjunto entre sí, se alegran especialmente por los honores comunes y, en general, el coro de las Musas es uno solo y el mismo, pero incluso comprende el consenso, la armonía, el ritmo y todo lo que predispone a la concordia. Mostraba el poder de las Musas no sólo para aplicarse a las más bellas reflexiones, sino también para la concordia y armonía de los seres.
A continuación les indicó que debían considerar que tenían [46] su patria como un depósito dejado por la mayoría de sus conciudadanos. En efecto, debían administrarla de tal modo que crearan una confianza que se transmitiera a sus descendientes. Y que esto resultaría más seguro, si eran ecuánimes con todos los ciudadanos y prestaban su atención solamente a lo justo, porque todos los hombres, sabedores de que toda comarca precisa de la justicia, crearon el mito de que la misma posición puede ocupar Temis junto a Zeus, Dike junto a Plutón y la ley en las ciudades, para que, el que no obrara en justicia en aquello que se ordenara, se manifestara al mismo tiempo como delincuente del universo entero.
[47] Pero convenía que los miembros del consejo no abusaran de dios alguno para realizar un juramento, sino que emplearan unas fórmulas tales, que incluso sin juramentos inspiraran confianza y organizaran su propia casa de tal modo que fuera posible compaginar su ocupación pública con la actividad privada. Y que mantuvieran una actitud digna ante sus descendientes, por ser los únicos entres los seres vivos que han obtenido la percepción de esta actitud y que se relacionaran ante la esposa, partícipe de su vida, en la idea de que, si los pactos con los demás se consignan en tablillas y estelas, los que se conciertan con las esposas se refrendan en los hijos. E intentaran ser amados por sus descendientes no por los vínculos naturales, de los que no eran responsables, sino por su libre elección, puesto que este beneficio era voluntario.
[48] Y que ellos se esforzaran, por su parte, por tener contacto únicamente con sus mujeres, y que éstas, a su vez, no engendraran hijos bastardos por el desprecio o la perversidad de sus esposos. Además, que, al tomar un varón esposa del hogar con libaciones, considerara que se la llevaba ante sí como a una suplicante ante los dioses; también que, por su posición y prudencia, fuera un ejemplo para los de la casa que gobernaba y para sus conciudadanos. Debían procurar que ninguno cometiera delito alguno, en la idea de que no se sustrajeran al delito sólo por temor al castigo legal, sino que tendieran hacia la justicia por respeto a la nobleza de su manera de ser.
[49] Y animaba a rechazar la pereza en sus actuaciones, porque no había más bien que la oportunidad en cada acción. Y precisaba que la mayor de las injusticias era separar entre sí a los hijos y a los padres. Debían considerar que el mejor era aquel que tenía capacidad por sí de prever lo conveniente, y el segundo en calidad el que, por lo acaecido a otros, consideraba la utilidad, y el peor, aquel que se demora, hasta experimentar un sufrimiento, para darse cuenta de lo que es mejor. Afirmaba también que los que quieren prosperar no se equivocan si imitan a los que son coronados en las carreras, pues no causan daño a los que son sus rivales; simplemente, desean obtener la victoria. Y convenía a los que se dedican a la política no desagradar a sus oponentes, sino ser útiles a sus oyentes. Animaba al que aspiraba a un auténtico renombre a ser tal como quisiera mostrarse a los demás. Pues el consejo no es una cosa tan sagrada como el elogio, ya que el uso del primero pertenece exclusivamente a los hombres, y el del segundo es más propio de los dioses.
Después se dirigió a todos de esta forma: «Vuestra ciudad [50] fue fundada, como dicen, por Heracles 39 , cuando, injuriado por Lacinio 40 , condujo los bueyes a través de Italia, y dio muerte a Crotón, que acudía en su ayuda, durante la noche, por desconocimiento, al creer que se trataba de un enemigo y, después de ello, anunció ante su tumba que se fundaría una ciudad con su nombre, si él llegaba a conseguir la inmortalidad». De manera que añadió: «Por el favor del beneficio concedido conviene que ejerzáis un gobierno con justicia». Ellos lo escucharon y fundaron un templo en honor de las Musas y expulsaron a las concubinas que habitualmente tenían y le pidieron que diera charlas por separado: a sus hijos, en el templo de Apolo Pitio; a sus esposas, en el templo de Hera.
[ 10 ] [51] Dicen que, una vez persuadido, imbuyó a los muchachos tales recomendaciones: que no iniciaran una injuria ni se defendieran de los que los injuriaran. Y les animó a esforzarse por recibir la educación que correspondía a su edad. Sostenía que un buen muchacho estaba mejor dotado para mantener, durante toda la vida, un buen carácter, pero al que no estaba bien dotado en esta edad se le hacía difícil. Mejor dicho, resultaba imposible encaminarse desde un mal comienzo a un final feliz. Además de esto, manifestó que los muchachos eran los preferidos de los dioses, y por este motivo afirmó que, en las épocas de sequía, eran enviados por las ciudades a pedir agua a los dioses, por entender que la divinidad escuchaba especialmente a aquéllos y que eran los únicos, por mantenerse completamente puros, que tenían permiso para pasar su tiempo en los templos.
[52] Por este motivo también todos pintaron y representaron a los dioses más propicios a los hombres, Apolo, Eros, con la edad de unos niños. También es conocido que 〈algunos〉 41 juegos en los que se corona al vencedor se instituyeron por motivo de niños: los juegos píticos porque Pitón 42 fue vencido por un niño; los juegos de Nemea y los ístmicos se celebraron también por un niño, por la muerte de Arquémoro 43 y de Melicertes 44 . Y aparte de lo que se ha dicho, en la fundación de la ciudad de Crotona, Apolo anunció al jefe de la fundación que tendría descendencia, si llevaba una colonia a Italia.
Como consecuencia de esto, era necesario comprender [53] que Apolo, por una parte, asumía la previsión de su descendencia y, por otra, todos los dioses, el desarrollo de los muchachos. Debían ser dignos del afecto de aquéllos y ejercitarse en escuchar, a fin de poder hablar, pero partiendo ya sin demora por la senda que van a transitar hasta la vejez, debían seguir a los que se han ido y no replicar cosa alguna a los mayores. En efecto, de este modo pretenderían después, probablemente, que los jóvenes no se les enfrentaran. A causa de las recomendaciones se reconoce que nadie pronunció su nombre, sino que todos lo llamaban «divino».
Se dice que, acerca de los sacrificios, reveló a las mujeres [54] [ 11 ] en primer lugar que dado que otra persona iba a efectuar las súplicas por ellas, aspiraran a que aquél fuera una persona de bien, por entender que los dioses atienden a estas personas, y que, de este modo, prestaran mucha atención a la buena compostura, a fin de tenerlos bien dispuestos a atender sus súplicas. En segundo lugar, que lo que iban a ofrendar a los dioses lo elaboraran con sus manos y lo llevaran a los altares sin ayuda de sirvientes, como, por ejemplo, tortas, pasteles de cebada, miel e incienso, pero que no tributaran honores a la divinidad con sacrificios y matanzas y que, en una sola ocasión, no hicieran un gran gasto, como si ya no se fueran a acercar jamás al altar. En sus relaciones con los maridos, les pedía que tuvieran en cuenta que comúnmente los padres, en consideración a la condición femenina, les habían concedido amar más a los que estaban casados con ellas que a los que las habían engendrado. Por ello, era correcto no oponerse a sus esposos, o bien estimar entonces que ellas dominaban, cada vez que los maridos las sometían.
[55] Incluso proclamó en la reunión —lo que se hizo célebre— que, en el mismo día en que cohabitaran con su marido, era lícito, por la ley divina, que se acercaran a los templos, pero jamás si la relación no era lícita. También anunció que a lo largo de toda su vida fueran discretas en sus palabras y que cuidaran de que los otros, cuantas veces hablaran sobre ellas, también lo fueran y no perdieran la fama adquirida y no refutaran a los mitógrafos que tienen en cuenta la justicia de la mujer por el hecho de ceder vestidos y adornos, cuando alguien los necesita, sin testigos, sin que surjan pleitos ni controversias por ese reconocimiento de confianza. Así crearon el mito de las tres mujeres que usaban un solo ojo a causa de una afable cooperación 45 . Si se trasladara este hecho a los varones, a saber, que el que ha tomado antes alguna cosa la ceda de buen grado, con una disposición incluso a repartir las cosas propias, nadie se lo creería, porque no es propio de su naturaleza.
Pero incluso Pitágoras, que es llamado el más sabio de [56] todos, que había modulado la voz de los hombres, y que, sobre todo, llegó a ser el inventor de los nombres, bien se trate de un dios, de un demon, o ya de un ser humano de carácter divino, en el convencimiento de que el género femenino es el que más propende a la piedad, asignó a cada edad suya la denominación de una divinidad: a la soltera llamó «kore»; a la que se daba en matrimonio, «ninfa»; a la que había dado a luz hijos, «mater» y a la que había tenido un nieto, en dialecto dorio, «maia». En consonancia con esto está el hecho de que los oráculos de Dodona y Delfos se daban a conocer por medio de una mujer. A raíz de sus elogios a la piedad, es tradición que se estableció, en razón a la sencillez, un cambio tan grande en el modo de vestir, que ninguna se atrevió a ponerse lujosos vestidos, sino que todas depositaron en el templo de Hera un sinnúmero de vestidos.
Se dice también que propagó lo siguiente: por el territorio [57] de Crotona se difundió de boca en boca la virtud de un varón para con su esposa, la de Ulises cuando no aceptó de Calipso la inmortalidad, a cambio de abandonar a Penélope, y, en consecuencia, se reservaba a las esposas el demostrar la nobleza de su conducta para con sus maridos, a fin de merecer idéntica alabanza. Simplemente, se recuerda que por las conversaciones mencionadas se originó una enorme consideración y respeto por Pitágogas y no sólo en la ciudad de Crotona, sino también, a través de esta ciudad, en Italia.
[ 12 ] [58] Se dice que Pitágoras fue el primero en darse a sí mismo la denominación de filósofo 46 , no por el hecho de hacer únicamente uso de un nombre nuevo, sino también por dar a conocer útilmente un tema apropiado. Pues, dijo, el acceso de los hombres a la vida se asemeja a la multitud que acude a las grandes concentraciones porque, al frecuentarlas hombres de todas clases, cada uno acude a ellas por una necesidad distinta (uno se apresura con su cargamento para comerciar y obtener unos beneficios, otro llega, en busca de la fama, para demostrar su fuerza física; hay también una persona, de una tercera categoría, ciertamente más liberal, que se presenta a esas reuniones para contemplar el paisaje y las bellas realizaciones, esto es, por la calidad de las obras o palabras, que suelen darse en estas concentraciones solemnes). En consecuencia pues, así también, en la vida, se congregan hombres de todas clases en un mismo lugar con sus inquietudes. En efecto, domina a unos el deseo de riquezas y lujo, y a otros, el ansia del mando y poder y las ambiciones obsesivas por la gloria. Pero el modo más auténtico de hombre es el que acepta la contemplación de lo más bello, al que otorgamos la denominación de filósofo.
[59] Pues bien, bella era la observación de todo el firmamento y del curso de sus astros, si se contempla su orden. Sin embargo, se produce por la participación en lo primario y en lo inteligible de tal modo: lo primario es la naturaleza de los números y de las proporciones —que se extiende a través de todas las cosas— con arreglo a las cuales todas estas cosas están establecidas cuidadosamente y ordenadas convenientemente, y la sabiduría es realmente una especie de conocimiento que se ocupa de las cosas bellas, primarias, divinas y puras que siempre se mantienen en sí de la misma manera, por cuya participación también las demás cosas pueden llamarse bellas. Y la filosofía es el deseo de tal contemplación. Por consiguiente, también la inquietud por la educación era bella al propender por medio de Pitágoras al enderezamiento de los hombres.
Pero también, si hay que creer a importantes historiadores [60] [ 13 ] suyos, antiguos y, a la vez, dignos de crédito, Pitágoras había conseguido en sus palabras el poder de relajar tensiones y de aconsejar hasta en los animales irracionales, demostrando con ello, que, por la enseñanza que se recibe, todos se convierten en seres racionales, lo que es de aplicación para los que se consideran indómitos e irracionales. En efecto, según dicen, retuvo a la osa de Daunia 47 , que causaba grandes estragos a los lugareños, la acarició durante mucho tiempo, le dio de comer torta de cebada y frutos secos y la soltó, tras haberla comprometido bajo juramento a no tocar ya un ser vivo. Se retiró inmediatamente a los montes y a los encinares y, desde entonces, ya no se la vio atacar ni siquiera a un ser irracional.
En Tarento vio un buey, en un prado de variadas hierbas, [61] que había agarrado unas matas de habas y, acercándose al boyero le recomendó que le dijera al buey que se abstuviera de las habas. El pastor se chanceó de él por lo de «dijera» y le indicó que no sabía decirlo en la lengua de los bueyes, pero que si él sabía, su recomendación resultaba inútil; que él debía aconsejar al buey. Se acercó, pues, él mismo y durante un gran rato susurró al toro al oído, y entonces no sólo lo apartó de buen grado, sin problemas, de las habas, sino que dicen que nunca más, en modo alguno, aquel buey probó las habas y que por muchísimo tiempo permaneció en avanzada edad por el templo de Hera, en Tarento, y todos lo llamaban «el buey sagrado de Pitágoras», alimentado con la comida que le ofrecía la gente que se lo encontraba.
[62] Mientras conversaba casualmente, en unas olimpiadas, con sus discípulos sobre los augurios de las aves, los presagios y las señales celestes, pues algunas son también en sí mensajes para aquellos hombres que realmente son gratos a los dioses, se dice que un águila, que sobrevolaba el lugar, descendió a donde estaban y, tras acariciarla, la dejó ir de nuevo 48 . Por estos y parecidos hechos, demostró que tenía el dominio de Orfeo sobre las fieras, al hechizarlas y dominarlas con el poder de su voz.
[ 14 ] [63] Con todo, de su preocupación por los hombres hizo su principalísimo comienzo, que debían asumir también los que iban a aprender la verdad sobre otros temas. En efecto, de un modo muy evidente y claro, recordaba, a la mayoría de los que con él se encontraban, la vida anterior, que su alma había vivido entonces, en otro tiempo, antes de vincularse al cuerpo actual y demostraba, con testimonios irrefutables, que había sido Euforbo, el hijo de Pántoo, y debelador de Patroclo, y especialmente de los versos de Homero celebraba, entonaba armoniosamente al son de la lira y a menudo declamaba los siguientes, los del epitafio de Euforbo:
Se mancharon de sangre sus cabellos, semejantes a los de las Gracias
y sus rizos, entrelazados con oro y plata.
Y cual frondoso plantón de olivo cuida un hombre,
en un lugar solitario, donde brota el agua en abundancia,
crece hermoso, y lo sacuden corrientes
de toda clase de vientos, y se cubre de flores blancas,
pero de repente se presenta un viento acompañado de una gran tormenta,
lo arranca de su hoyo y lo tiende por tierra.
Así al hijo de Pántoo, Euforbo, de buena lanza de fresno,
el Atrida Menelao, después que le dio muerte, lo despojó de su armadura .
Pues lo que se cuenta sobre el escudo de este frigio Euforbo 〈expuesto〉 49 en Micenas, juntamente con los despojos troyanos en honor de la argiva Hera, lo omitimos por considerarlo muy popular 50 . Pero lo que queremos mostrar por medio de todos estos testimonios es el hecho de que él mismo conocía sus anteriores vidas y empezó, a partir de ahí, en atención a los demás, a traerles a la memoria la vida que anteriormente habían tenido.
[ 15 ] [64] Considerando que el cuidado que se ejerce sobre los hombres se inicia a través de la percepción sensible (si se contemplan esquemas y bellas apariencias, y se pueden escuchar bellos ritmos y melodías), estableció como primordial la educación artística recibida a través de ciertas melodías y ritmos, y a partir de éstos se producían las curaciones de las actitudes y pasiones humanas, y se restituían las armonías originales de las potencias del alma. El control y curación de las enfermedades, tanto de las que afectan al cuerpo como de las que afectan al alma, fueron también concepciones suyas. Y, por Zeus, lo que, por encima de todo, es especialmente notable: prescribió y estableció para sus discípulos las llamadas adaptaciones y terapias, ideando de manera divina combinaciones de ciertos sones diatónicos, cromáticos y armónicos, por medio de los cuales fácilmente orientaba y reconducía a una situación contrapuesta las pasiones del alma, que recientemente habían aparecido y desarrollado entre ellos de un modo inconsciente, a saber, aflicciones, arrebatos de cólera, compasiones, envidias extrañas, temores, deseos de todo tipo, ambiciones, apetitos, orgullos, debilidades y violencias. Por medio de melodías apropiadas enderezaba hacia la virtud cada una de estas afecciones, como si se tratara de una combinación de remedios salvadores.
[65] Y cuando al anochecer sus discípulos se encaminaban a dormir, los apartaba de los ajetreos y alborotos diarios, purificaba su mente del desorden en que estaba envuelta y les proporcionaba sueños apacibles, tranquilos e incluso proféticos. A su vez, al levantarse del lecho, los liberaba del sueño pesado, de la modorra y de la pereza por medio de algunos modos específicos de cantos y melodías interpretados con una ejecución simple, valiéndose de la lira y de la voz. Ya no adaptaba o se proporcionaba para sí mismo tal solución de la misma manera, por medio de instrumentos o incluso de la voz, sino que, valiéndose de un carisma divino indecible e impensable, aplicaba sus oídos y ajustaba su mente a las sublimes sinfonías del universo, escuchando él solo y comprendiendo, según se manifestaba, la universal armonía y consonancia de las esferas y de los astros que se mueven entre ellas; armonía que produce una especie de melodía mucho más profusa y abundante que las humanas, a causa del movimiento y de su órbita, muy rítmica y, a la vez, de una perfección muy bella y variopinta, porque se compone de sones disímiles y diferenciados por su gran variedad, velocidad, tamaño y posición, situados entre sí en una proporción muy armoniosa.
Como rociado por esta melodía y bien ordenado mentalmente [66] y, por así decir, ejercitado físicamente, ideó ofrecer a sus discípulos algunas imágenes de estos temas, en la medida de lo posible, imitándolas con ayuda de instrumentos y, simplemente, de la voz. Pues creía que era el único en sí, entre todos los seres de la tierra, que podía comprender y escuchar los sonidos cósmicos, y por su misma fuente y raíz natural, se consideraba a sí mismo digno de aprender, investigar e igualarse, por su aspiración y facultad mimética, a los seres celestiales, como si afortunadamente él solo hubiera sido dotado para ello por la divinidad que lo engendró. Y sostenía que los demás hombres, a la vista de su persona y de los beneficios que de él habían recibido, debían de estar satisfechos por su ayuda y enmendarles por medio de imágenes y consejos, al no poder ellos apropiarse realmente de los modelos primarios y genuinos.
Del mismo modo, ciertamente, se hace con aquellos a [67] los que no les es posible fijar la vista continuamente en el sol a causa de la intensidad lumínica de sus rayos: discurrimos mostrarles los eclipses en aguas profundas o bien también a través de pez fundido o de un espejo ennegrecido, en atención a la debilidad de su vista, e ideando una alternativa de percepción para los que desean tal cosa, aunque sea demasiado floja. Parece también que Empédocles se expresó enigmáticamente sobre Pitágoras y sobre su constitución corpórea, extraordinaria y donada por los dioses, que superaba a los demás, cuando dice:
Había entre ellos un varón, poseedor de sólidos conocimientos,
que había adquirido una enorme riqueza de inteligencia,
señor de toda clase de obras, especialmente de las sensatas,
pues cada vez que se aplicaba con toda su inteligencia,
fácilmente, por supuesto, dilucidaba cada tema del universo,
en diez o en veinte generaciones humanas 51 .
En efecto, las expresiones «extraordinario», «dilucidaba cada tema del universo» y «riqueza de inteligencia» y otras de parecida índole son propias, particularmente, de una personalidad extraordinaria y muy competente, con relación a los demás, en visión, en percepción auditiva y en pensamiento.
[ 16 ] [68] Pues bien, éste es el perfeccionamiento de las almas que llevó a cabo a través de la música. Y otro tipo de purificación de la mente, y por igual de toda el alma, practicó por medio de toda clase de ejercicios, del modo siguiente. Creía que se debía comenzar naturalmente por el esfuerzo de los aprendizajes y los ejercicios e instituir, para todos aquellos que instintivamente cometieran desenfrenos y avaricias, pruebas severas, castigos de todo tipo y reprensiones que se ejercieran con el fuego o la espada, que no pudiera aguantar ni resistir ninguna persona de mala condición. Además de esto, enseñó [entre] 52 sus discípulos la abstinencia de todos los seres vivos e incluso de determinados alimentos, que imposibilitaban la lucidez y claridad mental; la continencia verbal y el silencio total, que se ejercitaba por muchos años por el dominio de la lengua, y la continua e incesante investigación y reasunción de los temas más difíciles de comprender.
Y por los mismos motivos, también aleccionó sobre la [69] abstinencia del vino, la sobriedad en los alimentos, la parvedad en el sueño, y sobre el natural desprecio y repudio de la fama, de la riqueza y de otros temas semejantes, y también sobre el respeto sincero para con los que nos han precedido, una igualdad sin reparos y benevolencia con nuestros coetáneos, y una atención e incitación hacia los más jóvenes exentas de envidia. Igualmente, sobre la amistad de todos para con todos: de dioses para los hombres a través de la piedad y la sabia veneración; de las creencias entre sí; en general, del alma con el cuerpo; de lo racional hacia 〈los modos de〉 53 lo irracional a través de la filosofía y de su contemplación; de los hombres entre sí, esto es, de los ciudadanos por medio de una norma saludable, por un lado, y, por otro, de los miembros de distintas comunidades por medio de una concepción natural correcta. Además, del esposo para con la esposa o para con los hermanos y parientes por medio de una concordia justa y, en concreto, de todos para todos y, además, con algunos seres irracionales por la justicia, la natural relación y solidaridad, ya también sobre la amistad del cuerpo humano consigo mismo, la pacificación y conciliación de potencias ocultas que le son contrarias por medio de la salud y el régimen de vida que a ésta lleva y de la templanza en la imitación del bienestar de los elementos cósmicos.
[70] En la síntesis y recapitulación de estos nombres, 〈que es〉 54 uno solo y el mismo, esto es, el de amistad, el inventor y legislador, de un modo generalmente aceptado, fue Pitágoras. En resumen, para sus discípulos fue el máximo responsable de la relación más conveniente con los dioses tanto en estado de vigilia, como en sueños, lo que jamás se produce en un alma perturbada por la cólera, ni enajenada, por supuesto, por la aflicción, por el placer o por algún otro deseo indecoroso, ni tampoco por la ignorancia que es el más impío y pernicioso de todos ellos. Valiéndose de todos estos recursos de un modo divino sanó y purificó su alma, reanimó y preservó lo que en ella había de espíritu divino y condujo su mirada divina hacia lo inteligible, porque, según Platón 55 , su preservación es más valiosa que diez mil miradas humanas. Sólo con la mirada penetrante, y fortalecido y provisto de las ayudas convenientes se percibe la verdad sobre todos los seres. Fijándose este objetivo, llevó a cabo la purificación de la mente, y se impuso tal modelo de educación, poniendo su mirada en estos fines.
[ 17 ] [71] Una vez que adoptó estas disposiciones para la educación de sus discípulos, se le acercaban los jóvenes y querían ser sus discípulos, pero no accedía inmediatamente a ello. Antes les imponía una prueba y un juicio crítico, indagando, en primer lugar, cómo se relacionaban con sus padres y demás familiares y, en segundo lugar, observando si su risa era destemplada, si guardaban silencio y si su charla era improcedente, e incluso la índole de sus pasiones, los amigos con que se trataban y su convivencia con ellos y en qué ocupaban especialmente el día y qué era lo que les causaba alegría y tristeza. Examinaba, además, su figura, su andar, y todo el movimiento de su cuerpo, y llevaba a cabo un examen fisiognómico, por medio de sus rasgos naturales, ya que consideraba que eran pruebas que ponían de manifiesto el carácter oculto de su alma.
Y al que examinaba de esa manera, lo despedía para ser [72] menospreciado por tres años, poniendo a prueba su constancia, su auténtico deseo de aprender y si estaba suficientemente preparado para la gloria como para despreciar la honra. Después de esto, a los que se le sumaban les ordenaba que mantuvieran silencio por cinco años, poniendo a prueba su control, por entender que esto era mucho más difícil que las demás limitaciones, es decir, la continencia verbal, tal como se nos ha manifestado por los que han instituido los misterios. Como es sabido, en este tiempo las posesiones de cada uno, esto es, sus haciendas, eran bienes comunes 56 , de modo que las entregaban, para este fin, a personas significadas, que, en su condición de administradores y legisladores, se denominaban «políticos». Y si los candidatos eran considerados dignos de participar en los preceptos, una vez que se les juzgaba por su vida y por otras actitudes suyas, después de un silencio por cinco años se convertían, en adelante, en «esotéricos» y, dentro de su velo de lino, escuchaban y veían a la vez a Pitágoras. Pero antes de esto, sin esa prenda, participaban de sus lecciones sin verlo, escuchándolo sólo, dando prueba, durante mucho tiempo, de sus comportamientos particulares.
[73] Pero si resultaban rechazados en el examen, recibían una hacienda doble, y una sepultura, como si sus «cooyentes» 57 (pues así se llamaban los seguidores de Pitágoras) levantaran un túmulo a cadáveres, y cuando se encontraban con ellos, se comportaban como si se encontraran con otros cualquiera, y decían que aquellos que habían formado en la esperanza de que fueran hombres de bien gracias a las ciencias estaban muertos. Creían que los que tenían dificultades para aprender eran unos disminuidos y, por así decir, unos imperfectos y unos estériles.
[74] En consecuencia, después del examen fisiognómico a que los sometía, en su figura, su caminar, el resto de sus movimientos y su configuración natural, les comunicaba buenas esperanzas de su parte. Y tras el silencio por cinco años, tras los rituales iniciáticos inherentes a disciplinas tan importantes, tras las limpiezas y purificaciones tan frecuentes e importantes del alma, que se han originado de variados planteamientos especulativos de esta clase; por medio de las cuales la perspicacia y buena disponibilidad del alma se fijan en todos por completo, si alguno todavía se evidenciaba lento e incapaz de comprender, tras levantarle a tal individuo una estela y un monumento funerario en el ámbito de la escuela (como se dice que ocurrió con Perilo de Turios y Cilón, el caudillo de Síbaris, que fueron desaprobados por los pitagóricos) lo expulsaban del auditorio, dotándole de una cantidad de oro y plata (entre ellos estaba establecido que éstos eran comunes, siendo administrados comunitariamente por algunas personas adecuadas para ese cometido, a las que denominaban, por su oficio, «administradores»). Y si alguna vez coincidían con él ocasionalmente, consideraban que era una persona completamente distinta, en vez de aquella otra que, para ellos, estaba muerta.
Por lo cual también Lisis, replicando a un tal Hiparco [75] que hacía partícipes de sus lecciones a los que no habían sido iniciados y se habían sumado sin aprendizaje científico y educación, dice: «Cuentan además que tú filosofas en público con los que te encuentras, lo que precisamente desaprueba Pitágoras, como tú, Hiparco, aprendiste, con esfuerzo, pero no lo cuidaste, querido amigo, al disfrutar del lujo de vida siciliano, al que no tenías necesidad de rebajarte. Si has cambiado de idea, me alegraré, pero si no, estás muerto. En tal caso, dice, es ley divina confiar a la memoria los preceptos sagrados y humanos y no hacer partícipes de los beneficios de la sabiduría a los que ni siquiera en sueños tienen purificada su alma. Pues no es lícito ofrecer a los que uno se va encontrando lo que se ha conseguido con esfuerzo, a costa de grandes sacrificios, ni proporcionar los misterios de las dos diosas de Eleusis 58 a profanos: los que llevan a cabo estas acciones son por igual injustos e impíos.
Es bello considerar cuánto espacio de tiempo empleamos [76] en limpiar 〈las suciedades〉 59 que han arraigado en nuestro pecho, hasta que un día, con el paso de los años, nos hacemos receptores de sus doctrinas. En efecto, al igual que los tintoreros, una vez que hacen una limpieza previa, tratan con cáustica las partes a teñir de los vestidos, para que reabsorban la tintura de un modo indeleble y jamás desaparezca, del mismo modo también este hombre divino preparaba las almas de los que deseaban la filosofía, para no verse defraudado por alguna persona de las que se esperaba que fueran hombres de bien. Y ello debido a que no proporcionaba palabras engañosas ni argucias, con las que muchos sofistas atrapan a los jóvenes, sin emplear su tiempo en cosa alguna de valía, sino que era conocedor de los asuntos divinos y humanos. Por ello éstos, considerando su enseñanza como un pretexto, hacen muchas y terribles cosas, capturando en sus redes a los jóvenes de un modo inadecuado y planificado.
[77] Por consiguiente, a los oyentes los hacen difíciles y ariscos. En efecto, mezclan, a los caracteres alborotados y turbulentos, esquemas de enseñanza y discursos divinos, como si alguien en una profunda cisterna, llena de fango, vertiera agua pura y transparente; remueve, en efecto, el fango y enturbia el agua. Naturalmente, el sistema es el mismo en los que enseñan que en los que aprenden; la maleza es espesa y densa en la mente y, en el corazón de los que no se han iniciado ritualmente en la ciencia con pureza, ensombrece toda la docilidad, mansedumbre y racionalidad del alma e impide abiertamente que lo inteligible se desarrolle y progrese. Yo podría, en primer lugar, yendo en pos de ellas, darle nombre a las madres de esa maleza: el desenfreno y la avaricia. Y ambas son, por su propia índole, prolíficas.
[78] Del desenfreno se originan matrimonios ilícitos, corrupciones, borracheras, placeres antinaturales y ciertas pasiones violentas que arrojan a simas y precipicios, porque ya las pasiones forzaron a algunos a no respetar a madres ni a hijas y, por supuesto, se consolidan mediante el desprecio de la ciudad y de la ley, al modo de un tirano, amarrando los brazos por la espalda a sus víctimas, como si de prisioneros se tratara, llevándolas con violencia a una perdición extrema. Y de la avaricia se engendran robos, rapiñas, parricidios, saqueos de templos, envenenamientos y todo lo que está hermanado con esto. Por consiguiente, es preciso en primer lugar dejar limpio, con fuego, hierro y con toda clase de recursos científicos, el bosque en el que moran estas pasiones y, manteniendo la razón libre de tantos males, plantarle entonces algo útil de las enseñanzas que transmitimos.
Tan grande y tan cuidadosa atención de las ciencias creía [79] Pitágoras que debía de hacerse de ese modo antes de abordar la filosofía; consideraba de un alto valor y muy rigurosa la investigación sobre su enseñanza y la transmisión de sus conocimientos, probando y analizando las opiniones de los que le salían al paso con temas variados e innumerables aspectos de teoría científica.
Después de esto, digamos cómo a cada uno de los elegidos [80] [ 18 ] los clasificaba según su valía: porque no era justo que todos participaran por igual en lo mismo, si no eran de una naturaleza semejante, ni tampoco era justo que unos participaran en todas las audiciones más valiosas y otros absolutamente en nada. Esto sería, en efecto, insolidario e injusto. Sin embargo, por el hecho de dar a cada uno la parte apropiada de las lecciones que le atañían, asignó beneficios a todos, en la medida de sus posibilidades y salvaguardó la racionalidad de la justicia, al otorgar muy especialmente una enseñanza digna a cada uno. En consecuencia, por este procedimiento, a unos los llamó «pitagóricos», y «pitagoristas» 60 a otros, del mismo modo que llamamos «áticos» a unos y «aticistas» a otros. Distinguió así de un modo conveniente las denominaciones, y estableció que unos eran auténticos, y determinó que los otros se mostraran como aspirantes de aquéllos.
[81] Estableció, por consiguiente, que la hacienda de los pitagóricos fuera común y que a la vez la convivencia continuara a lo largo de todo el tiempo 61 ; en cambio, ordenó que los otros tuvieran posesiones privadas, pero que fueran a un mismo lugar, unos con otros, a estudiar.
Y de este modo, en ambas especialidades, se estableció esta transmisión de saberes por parte de Pitágoras. Por lo demás, había de otra manera dos especialidades de filosofía. En efecto, había también dos categorías de los que se dedicaban a ella: los «acusmáticos» y los «matemáticos» 62 . De ellos, los matemáticos eran reconocidos por los otros como pitagóricos; en cambio, éstos no aceptaban a los acusmáticos, ni tampoco que su temática perteneciera a Pitágoras sino a Hípaso. El tal Hípaso, dicen unos que era crotoniata y otros que metapontino.
[82] La filosofía de los acusmáticos consiste en sentencias indemostrables y sin argumentación 63 : «así deben practicarse». Y las demás, que fueron pronunciadas por él, intentan conservarlas como enseñanzas divinas. Y no pretenden hablar por sí mismos ni que se deba hablar, sino que asumen que, entre ellos, los que posean el mayor número de sentencias están mejor dotados para la sabiduría. Todas las sentencias así 〈llamadas〉 64 se dividen en tres clases: la primera, en efecto, corresponde a la pregunta «¿Qué es?», la segunda «¿Qué es en más alto grado?», la tercera «¿Qué se debe hacer o no hacer?». Tales eran, pues, las sentencias, como, por ejemplo, de la primera clase, «¿Qué son las islas de los bienaventurados?, el Sol y la Luna» 65 ; «¿Qué es el oráculo de Delfos?, la tetraktýs » 66 ; «¿Qué es exactamente la armonía de las Sirenas?» 67 . En cuanto a las de «¿Qué es en más alto grado?», por ejemplo, «¿Qué es lo más justo?, hacer sacrificios»; «¿Qué es lo más sabio?, el número y, en segundo lugar, lo que pone denominaciones a las cosas». Así: «¿Qué es lo más sabio entre nosotros?, la medicina»; «¿Qué es lo más bello?, la armonía»; «¿Qué es lo más poderoso?, el pensamiento». «¿Qué es lo más valioso?, la felicidad». «¿Cuál es el dicho más verdadero?, que los hombres son malvados». Por ello también dicen que elogió al poeta Hipodamante de Salamina 68 , que compuso estos versos:
Oh dioses, ¿de dónde procedéis?, ¿por qué habéis llegado a ser tales?
Hombres, ¿de dónde procedéis?, ¿por qué os habéis hecho tan perversos?
[83] Éstas y otras de este tipo son las sentencias de esta segunda categoría. En efecto, cada una de ellas responde especialmente al modelo «¿Qué es en más alto grado?». Y esta sabiduría es la misma que la llamada de los siete sabios. Pues tampoco aquéllos investigaban qué es el bien, sino qué lo es especialmente; no qué es lo difícil, sino qué es lo más difícil (que es el conocerse a sí mismo 69 ); ni tampoco qué es lo fácil, sino qué es lo más fácil (que es seguir la costumbre). En efecto, las sentencias de este tipo suelen coincidir con el tipo de sabiduría de los Siete Sabios. Éstos, en efecto, fueron anteriores a Pitágoras. En cuanto a las sentencias del tercer tipo que plantean «qué se debe hacer o no se debe hacer» son de esta clase. Por ejemplo, «Es necesario procrear» (pues hay que dejar en nuestro lugar cuidadores de la divinidad) o «Es necesario, en primer lugar, calzarse el pie derecho» o bien «No hay que caminar por los caminos que transita la gente», «Ni meter la mano en un recipiente de agua lustral», «Ni bañarse en un baño público». En todos estos casos, en efecto, no se sabe si los usuarios comunes son puros.
También otras sentencias son de esta índole: «No hay [84] que ayudar a depositar una carga a otra persona» (pues no hay que hacerse responsable de la comodidad), sino cooperar a levantarla. «No unirse a una mujer rica, para tener hijos». «No hablar sin luz». «Ofrendar libaciones a los dioses por el asa de la copa»: por tratarse de un augurio, y para no beber por la misma parte. «No llevar en un anillo como adorno la figura de un dios»: para que no se mancille. Pues es una estatua la que debe plantarse en la casa. «No hay que maltratar a la mujer propia», porque es una suplicante, y por ello la conducimos desde el hogar, y la tomamos de su mano derecha. «Ni 〈sacrificar〉 70 un gallo blanco, pues es un suplicante, consagrado a Men 71 , por lo que también indica la hora».
«No aconsejar nada al que pide consejo salvo que sea lo [85] mejor, porque el consejo es sagrado». «Los esfuerzos son un bien y los placeres, de cualquier modo que sea, un mal». «Es necesario que seamos castigados, si venimos con la intención de castigar». «Es necesario hacer sacrificios y acercarse a los templos con los pies descalzos». «No hay que desviarse para ir a un templo, pues no se debe tratar a un dios de una manera accesoria». «Bueno es morir resistiendo y con heridas en el pecho; con las heridas por detrás, lo contrario». «El alma humana únicamente no accede a aquellos animales a los que es lícito sacrificar». Por este motivo «se debe comer exclusivamente aquellos animales aptos para el sacrificio, que sean comestibles, pero no ningún otro ser vivo». Pues bien, así son una clase de sentencias; otras, que poseen una considerable extensión, proponen de qué modo es necesario actuar en torno a los sacrificios en cada ocasión, el resto de los 〈honores a los dioses〉 72 , el cambio de residencia de este mundo y qué ritual se debe seguir en los enterramientos.
[86] En algunas sentencias, por lo demás, se añade el dicho de «〈por〉 73 qué motivo es necesario». Por ejemplo: «Es necesario procrear para dejar a otro como adorador suyo de los dioses», pero ningún razonamiento se añade en otras. Y algunas de las explicaciones parecerán originarias, y otras tardías. Por ejemplo, sobre «No partir el pan, porque no conviene al juicio que tenga lugar en el Hades». Las explicaciones verosímiles que se aducen a tales sentencias no son pitagóricas, sino de algunos estudiosos de fuera de la secta que imaginan e intentan conseguir un razonamiento verosímil, como, por ejemplo, sobre lo que se acaba de decir: «por qué motivo no se debe partir el pan». En efecto, unos dicen que no se debe dividir lo que está unido (en su origen, al modo bárbaro, todos los amigos se reunían ante un pan único), otros, en cambio, aseguran que no es necesario considerar un presagio el hecho de que se parta el pan y se haga pedazos al principio.
Sin embargo, todo lo que estas sentencias definen sobre el hacer o no hacer busca el objetivo de lo divino; y éste es su principio, y toda su vida está estructurada para acompañar a la divinidad, y ésta es la justificación de esta filosofía.
[87] Pues la gente se comporta ridículamente cuando busca el bien en un sitio distinto al de los dioses, del mismo modo que si alguien, en un territorio gobernado por un monarca, reverenciara de entre los ciudadanos a un gobernador y descuidara a su soberano absoluto; tal cosa, en efecto, creen también los pitagóricos que hacen los hombres. Puesto que ciertamente Dios existe y es el señor de todo, se está de acuerdo en que es necesario pedirle el bien al señor, porque a todos aquellos a los que aman y con los que se alegran, a ésos les otorgan los bienes; en cambio, con los que manifiestan una actitud adversa, lo contrario.
Ésta, y de tal índole, era la filosofía de los acusmáticos. Pero había un tal Hipomedonte, pitagórico de la ciudad de Ásine, [en Argos] 74 , que decía que Pitágoras habló de justificaciones y demostraciones de estas sentencias, pero que, a causa de transmitirse a través de muchas personas y siempre bastante torpes, se había suprimido la justificación, y quedaron los planteamientos escuetos. Los matemáticos pitagóricos reconocen que éstos, por lo que respecta a sus enseñanzas, son también pitagóricos, pero aseguran que es incluso más verdadero lo que ellos proclaman. Y afirman que la causa de semejante discrepancia es la siguiente.
Procedente de Samos, en Jonia, en la tiranía de Polícrates, [88] llegó Pitágoras, cuando Italia estaba en su apogeo, y se hicieron amigos suyos los gobernantes de las ciudades. Entre éstos, con los de mayor edad, que no disponían de tiempo libre por ocuparse en los asuntos políticos, dado que le era difícil relacionarse con ellos por medio de las ciencias y sus demostraciones, mantenía conversaciones sencillas, considerando que era igualmente útil saber qué era necesario hacer aunque no se conociera el motivo, del mismo modo que los que están bajo el cuidado de los médicos, por no oír las causas de cada cosa que tienen que hacer, no dejan de conseguir su salud. Y con cuantos jóvenes se encontraba, que tenían capacidad para esforzarse y aprender, se relacionaba con ellos por medio de demostraciones y sesiones científicas. Ellos, por su parte, los matemáticos, surgieron de éstos y los otros, los acusmáticos, a partir de aquellos. Y en cuanto a Hípaso 75 se dice sobre todo que era un pitagórico, pero por el hecho de divulgar mediante un dibujo, por primera vez, la esfera de doce pentágonos 76 desapareció en el mar por impío, mas pudo coger fama de inventor, y eso que todo pertenecía «a aquel hombre» 77 . En efecto, denominan así a Pitágoras, y no lo llaman por su nombre.
[89] Los pitagóricos dicen que divulgaron la geometría de esta manera. Uno de los pitagóricos perdió su hacienda y, como esto fue un hecho desgraciado, se le concedió hacer fortuna a costa de la geometría. Y la geometría recibía, por parte de Pitágoras, el nombre de histōría 78 . Pues bien, ésta es la información que hemos recibido sobre la diferencia entre cada una de las enseñanzas y entre cada uno de los discípulos de Pitágoras. En efecto, conviene matizar que se trata de los que oyen a Pitágoras dentro y fuera del velo, o los que lo oyen a la vez que lo ven, o los que lo oyen sin verlo, y los que están definidos como «dentro» y «fuera» no son otros que los mencionados, y, siguiendo en esta misma línea, es necesario colocar por debajo a los políticos, a los administradores y a los legisladores.
[ 19 ] [90] En general, merece la pena saber que Pitágoras encontró muchas vías de educación, y transmitía la parte de su saber de acuerdo con la propia naturaleza y capacidad de cada uno. Y ésta es la prueba más grande de ello: cuando, procedente de los hiperbóreos, vino Ábaris el escita 79 , desconocedor de la educación griega, por no estar iniciado en ella, a una edad avanzada, no lo admitió, en aquel momento, a través de variados temas, pero en lugar del silencio por cinco años, de la escucha por un período de tiempo tan grande y de las demás pruebas, lo hizo capaz de una vez de escuchar sus enseñanzas, y en el más breve plazo le explicó el contenido de su tratado Sobre la naturaleza y de otro que versaba Sobre los dioses 80 .
En efecto, llegó Ábaris de los hiperbóreos, sacerdote del [91] Apolo de allí, de avanzada edad, y muy experto en temas sagrados. Regresaba de Grecia a su país, a fin de depositar, para su dios, en el templo de los hiperbóreos el oro que había recogido. Y cuando pasaba por Italia, vio a Pitágoras y lo comparó especialmente con su dios, del que era sacerdote, y convencido de que no era otro, ni tampoco alguien parecido a aquél, sino que realmente era el mismo Apolo, y por las rasgos tan venerables que había observado en él y por las características que el sacerdote le había reconocido, devolvió a Pitágoras el dardo que había traído cuando salió del templo, para que le fuera de utilidad ante las incomodidades que surgieran en tan dilatada caminata. Subido en él, pues, pasó tramos intransitables, como ríos, lagunas, terrenos pantanosos, montes y otros lugares por el estilo y por medio de las palabras que pronunciaba, según se cuenta, llevaba a cabo purificaciones y eliminaba epidemias y vendavales de las ciudades que le solicitaban su ayuda.
[92] Por lo demás hemos oído decir que Lacedemonia, después de que fue purificada por Pitágoras, ya no padeció epidemias, siendo así que había contraído antes este padecimiento muchas veces a causa de la insalubridad del lugar, en que está fundada, a causa del ambiente sofocante que provocan las cumbres del Taigeto, como ocurre con Cnoso en Creta. Se cuentan otros testimonios parecidos del poder de Ábaris. Pitágoras aceptó el dardo sin sorprenderse por ello y sin preguntar el motivo por el que se lo había dado, pero, como si realmente fuera el mismo dios, se llevó aparte a Ábaris y le mostró su muslo de oro como prueba de que no mentía, le enumeró cada una de las ofrendas que se exponían en el templo, ofreciéndole un testimonio suficiente de que no lo había comparado mal, y añadió que había venido para el cuidado y bien de la humanidad, y por ese motivo había adoptado forma humana, para que, sorprendidos de su superioridad, no se alteraran y rehusaran su enseñanza. Le instó a que permaneciera allí y participara en la corrección de los que se encontraran e hiciera partícipes del oro, que había reunido, a los compañeros, que se hallaban movidos por la razón de un modo semejante, de suerte que confirmara de hecho la máxima que decía: «Los bienes de los amigos son comunes» 81 .
[93] Se quedó entonces, como acabamos de decir, y le adoctrinó Pitágoras, de un modo resumido, en ciencias de la naturaleza y en teología, y, en lugar del vaticinio a través de sacrificios, le transmitió la presciencia a través de los números, considerando que ésta era más pura, más divina y más apropiada a los números celestiales de los dioses, pero le dio a conocer a Ábaris unos ejercicios que se adaptaban a él. Pero volvamos de nuevo al motivo por el que tuvo lugar el presente tratado. Intentó Pitágoras, como es sabido, enderezar a la gente de diferentes maneras, de acuerdo con la naturaleza y posibilidades de cada uno. Sin embargo, todo lo referente a estos temas no se ha transmitido a las gentes ni es fácil exponer lo que se ha confiado al recuerdo.
Pero expongamos unos pocos y bien conocidos ejemplos [94] de conducta pitagórica y unos recuerdos de las prácticas de aquellos hombres.
En primer lugar, en la realización de la prueba, examinaba [ 20 ] si podían «refrenar el habla» (era ésta la expresión que usaba) y observaba si, al aprender lo que oían, eran capaces de mantenerlo en secreto y guardarlo; en segundo lugar, si eran modestos. Ponía más empeño en que callaran que en que hablaran. Examinaba también todo lo demás, no fuera a ser que se excitaran incontroladamente ante la pasión o el deseo, reparando siempre en estas cosas con atención, como, por ejemplo, de qué manera se comportaban ante la cólera o bien ante el deseo, o si eran pendencieros o ambiciosos, o cómo se comportaban ante la rivalidad o la amistad. Y si al examinarlo todo con rigor quedaba manifiesto que estaban dotados de un buen carácter, entonces examinaba su capacidad de aprendizaje y su memoria. En primer lugar, si podían seguir sus lecciones con rapidez y destreza; en segundo lugar, si les acompañaba el afecto y la templanza por las enseñanzas que se impartían.
Examinaba, en efecto, si eran de una docilidad natural y [95] a esta condición la llamaba «perfeccionamiento» (katárty sis ) 82 . Y consideraba la fiereza como contraria a tal método de vida: porque a la fiereza acompaña la impudicia, la desvergüenza, el desenfreno, la intemperancia, la torpeza, la anarquía, el deshonor y otros defectos por el estilo; en cambio, a la docilidad y a la mansedumbre siguen conceptos contrarios. Pues bien, en la prueba observaba tales rasgos y con ese objetivo ejercitaba a sus discípulos; escogía a los que se acomodaban a los beneficios de su ciencia y de este modo intentaba elevarlos al saber. Pero si observaba que alguno no se adaptaba, lo despedía como si fuera de una raza extraña y extranjera.
[ 21 ] Acerca de las actividades, que había encomendado para todo el día a sus discípulos, hablaré a continuación, porque, bajo su dirección, así obraban los que seguían sus pasos.
[96] Estos hombres hacían paseos matutinos en solitario y por parajes tales en que solía haber calma y una tranquilidad adecuada, donde había templos, bosques y sitios para regocijarse. Creían, en efecto, que era necesario no encontrarse con alguien hasta sosegar su propia alma y ordenar su mente. Y tal tranquilidad era apropiada para el sosiego de la mente, pues consideraban turbador introducirse entre la gente, nada más levantarse. Por lo cual todos los pitagóricos escogían los lugares de un carácter más sagrado. Y entonces, después del paseo matutino, se relacionaban entre sí, especialmente en los templos y, si no, en lugares de ese tipo. Y ese momento lo empleaban para la enseñanza, el aprendizaje y la corrección de la conducta.
[97] Después de tal ocupación, se dedicaban al cuidado del cuerpo. La mayoría se ungía el cuerpo y se ejercitaba en las carreras y los menos en la lucha a cuerpo en jardines y bosques; otros, en saltos con pesas 83 o prácticas pugilísticas sin adversario, procurando elegir los ejercicios adecuados para fortalecer el cuerpo. Para desayunar, tomaban pan, miel o un trozo de panal, pero durante el día no probaban el vino 84 . Y, después del desayuno, empleaban el tiempo en temas de política interna, en política exterior y en relaciones con los forasteros, de acuerdo con las prescripciones legales. En efecto, querían tratarlo todo en los momentos que seguían al desayuno. Y al atardecer, de nuevo se dirigían a los paseos, pero no hacían propiamente el paseo del mismo modo que el de la mañana, sino de dos en dos o de tres en tres, recordando las enseñanzas y ejercitándose en nobles ocupaciones.
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