Читать книгу: «Odas y fragmentos»

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BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 111

Asesor para la sección griega: CARLOS GARCÍA GUAL .

Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por JOSÉ S. LASSO DE LA VEGA .

© EDITORIAL GREDOS, S. A.

Sánchez Pacheco, 81, Madrid. España, 1988.

REF. GEBO224

ISBN 9788424931537.

INTRODUCCIÓN GENERAL
1. Datos biográficos

Pocas, y a veces discordantes, son las noticias que los autores antiguos nos han transmitido sobre la vida de nuestro poeta 1 . Además de algunas informaciones sobre su familia, su patria y su supuesta datación cronológica, las fuentes sólo nos hablan de su relación con Píndaro y Hierón y, muy escuetamente, de su exilio en el Peloponeso. Por eso nos vemos obligados a reconstruir, en buena parte, su biografía a partir de los datos que se pueden deducir de su obra, con el consiguiente riesgo que, muchas veces, supone tomar como alusiones personales expresiones que, quizá, pertenezcan, en realidad, al bagaje convencional de un determinado género poético. Todo ello explica las diferencias de opinión que, a veces en puntos importantes, pueden observarse entre los filólogos, a pesar de que los temas han sido tratados a menudo con notable sabiduría e ingenio.

LÍMITES CRONOLÓGICOS DE LA VIDA DE BAQUÍLIDES . FECHA DE SU NACIMIENTO Y SU MUERTE . — Baquílides era natural de Yúlide, ciudad de la isla de Ceos, la más occidental de las Cíclades, dispuestas circularmente en torno a Delos, el gran santuario jónico. Su padre, Midón o Mídilo, era a su vez hijo de Baquílides, destacado atleta; su madre, de nombre desconocido, era hermana menor del gran poeta Simónides. Así, descendiente de atletas por la rama paterna y de poetas por la materna, Baquílides parecía predestinado a cantar a los vencedores en los juegos deportivos griegos. Apenas nada más se puede decir de su familia; simples conjeturas son la admisión de su origen noble y su relación, dado el nombre de nuestro poeta y de su abuelo, con algún culto dionisíaco de la isla, cuya riqueza principal, y casi única, eran precisamente los viñedos.

La fecha del nacimiento de Baquílides ha sido un tema muy discutido. Eusebio sitúa su acmḗ (más o menos cuarenta años de edad) en 467 a. C., pero el Chronicon Paschale lo hace en 480 2 . Jebb, en la introducción de su admirable edición, considera un error la noticia del Chronicon Paschale y, atendiendo al dato de Eusebio, fija el nacimiento de Baquílides ca . 507, lo que estaría en consonancia con la tradición de que nuestro poeta era más joven que Píndaro, nacido ca . 518. Más o menos de la misma opinión es Taccone, que propone ca . 510 como año de nacimiento de Baquílides. Algún tiempo después, los trabajos de Körte y, posteriormente, Severyns 3 pusieron en duda estas afirmaciones. De entrada, Jebb rechaza el testimonio del Chronicon Paschale , porque, al situar el nacimiento de Baquílides ca . 520, contradiría la tradición de que Píndaro era más viejo; pero esta tradición, arguyen Körte y Severyns, aparece, por primera vez, en Eustacio (siglo XII d. C.) y, posteriormente, en Tomás Magistro, y es desconocida en las Vidas de Píndaro más antiguas 4 . Ello quiere decir que, al no ser conocida tampoco con certeza la fecha de nacimiento de Píndaro, tal tradición se ha podido originar por dos vías: en primer lugar, ha podido basarse en la impresión personal que experimentaría un autor antiguo al comparar las obras de ambos poetas, y que Eustacio nos ha transmitido tal cual; en segundo lugar, dado que la oda pindárica más antigua que podemos fechar con seguridad es Pítica X, del año 498, y que Eustacio debía conocer esta noticia, así como también que la acmḗ de Píndaro solía situarse en 480 (coincidiendo con las Guerras Médicas) y la de Baquílides en 467, dedujo que nuestro poeta era más joven que el tebano. Nos hallamos, entonces, dentro de un círculo vicioso: no se puede probar la veracidad del texto de Eustacio basándonos en que la acmḗ de Baquílides se sitúa en 467, ya que en ella se basó Eustacio para afirmar que Baquílides era más joven que Píndaro.

Pero, en realidad, es inútil toda discusión destinada a condenar la fecha del Chronicon Paschale . En un estudio pormenorizado, demuestra Severyns 5 que los datos que nos proporciona esta obra son errados, seguramente a causa de un ejemplar en el que las cifras de las Olimpíadas, escritas al margen, fueron trastocadas. Reconstruyendo el texto original, Severyns concluye que los datos coinciden exactamente con los de Eusebio, al situar la acmḗ de Baquílides en 467. Ambos testimonios remontan entonces a una misma fuente, quizá Apolodoro de Atenas, que acostumbraba a hacer coincidir la acmḗ de una persona con un suceso importante de su vida o de su tiempo: en el caso de Baquílides, la composición de su tercer epinicio para Hierón de Siracusa (468), que marca el punto culminante de su carrera, y la propia muerte del tirano, acaecida en 467.

En consecuencia, tampoco los antiguos tenían noticias ciertas sobre la fecha de nacimiento de Baquílides y la determinaron por conjetura; sería, en efecto, mera casualidad que nuestro poeta rondara los cuarenta años en el momento culminante de su carrera.

¿Cuál es, entonces, su año de nacimiento? Körte 6 desarrolló la siguiente hipótesis, que, aunque ha tenido gran aceptación 7 , se trata, no debemos olvidarlo, de una mera especulación. Sabemos que Simónides nació en 556 y que su hermana, la madre de Baquílides, era más joven. Si ésta nació, por ejemplo, en 546, en 507 tendría treinta y nueve años, edad muy elevada para una mujer griega, que solía casarse entre los quince y veinte años; si nació después de 546, entonces sería mayor la diferencia de edad con su hermano Simónides. De todo ello concluye Körte que Baquílides debió de nacer ca . 518-517.

Estas consideraciones tan aventuradas pueden, sin embargo, tener confirmación, en primer lugar, en la noticia de Suda (s.v. Diagóras; cf. infra , «Testimonios sobre la vida y el arte de Baquílides», núm. 5c) de que Diágoras el ateo era posterior a Píndaro y Baquílides, que aparecen, por tanto, como contemporáneos (Severyns); y, en segundo lugar, en el estudio de la propia obra de Baquílides, que en su Oda 13, datable en los años ochenta del siglo V , muestra un estilo plenamente maduro y se permite, incluso, competir con Píndaro, que compuso para la misma ocasión su Nemea V.

También la fecha de la muerte del poeta ha sido objeto de discusión; igualmente, debido a una noticia que nos transmiten los cronógrafos, según la cual la vida de Baquílides se prolongó supuestamente hasta la Guerra del Peloponeso: «Es conocido Baquílides, el escritor de poemas» en 431, de acuerdo con Eusebio, o en 428, de acuerdo con Jorge Sincelo. Jebb admite como bueno este dato y pretende explicar la expresión «es conocido» de dos maneras: o bien quiere decir que, una vez muertos Simónides y Píndaro, alcanzó Baquílides su mayor prestigio, al quedar como máximo representante de la lírica coral; o bien significa, simplemente, «aún vivía y era famoso».

No obstante estos esfuerzos de Jebb, la mayoría de los filólogos reconocen que la expresión «era conocido» indica, sin duda, el momento en que un personaje empieza a destacar o bien está en el apogeo de su fama 8 , de modo que son incompatibles los dos datos de Eusebio, que sitúan la acmḗ del poeta en 467 y en 431. Esta última fecha debe de ser un error, y así lo ha demostrado Fatouros 9 : el Baquílides que, según Eusebio y Jorge Sincelo, «era conocido» en la época de la Guerra del Peloponeso no es el poeta lírico, sino un flautista del mismo nombre, natural de Opunte, que un escolio a Aristófanes, Nubes 331, afirma que aparecía en la obra Sofistas del cómico Platón.

Que la vida de nuestro poeta no se prolongó hasta tan tarde intentó demostrarlo Körte 10 , antes de la publicación del artículo de Fatouros, con dos argumentos: por un lado, puesto que Baquílides compuso importantes obras para Atenas y sería el más notable poeta lírico vivo, sin duda hubiera dejado huellas en la literatura de la época, sobre todo en la comedia, cosa que no ocurre; por otro, si hubiera muerto ca . 430, habría sido incluido en las listas de «longevos» a las que tan aficionados eran los griegos. En consecuencia, piensa Körte que Baquílides debió de morir poco después de 452, año en que compuso sus últimas odas datables (epinicios 6 y 7), opinión que comparten casi todos los autores posteriores 11 .

LOS COMIENZOS DE SU CARRERA . — Ningún dato cierto poseemos acerca de la infancia, adolescencia y primeras producciones de Baquílides. Su niñez y juventud debió de pasarlas en Ceos, isla de la que siempre habla con gran cariño y cuyos mitos locales se complace en narrar. En ella se desarrollaría su formación, en la que el espíritu jónico, y sobre todo el de la cercana Atenas, influiría notablemente, y no sería descabellado pensar que nuestro poeta comenzó a cobrar fama en las fiestas de la propia isla, en particular en las que se celebraban en Cartea en honor de Apolo, donde se inició también su tío Simónides. Éste, cuando Baquílides nació, gozaba ya de gran reputación fuera de Ceos (en algún período entre 527 y 514 se encontraba en Atenas, bajo la tutela del tirano Hiparco), y es lógico suponer que ejerciera gran influencia en la educación musical de su sobrino y en los comienzos de su carrera profesional. En efecto, su residencia en Tesalia entre 514 y 490, componiendo para las más importantes familias, ha sido vinculada con una posible estancia de nuestro poeta en aquella parte de Grecia, que Severyns 12 ha deducido con los siguientes argumentos. En primer lugar, en el Fr . 15, un hiporquema, es mencionada Atenea Itonia, divinidad de origen tesalio, pero a la que también se rendía culto en Beocia; aunque la mayoría de los comentaristas se mantienen en prudente reserva, con una ligera preferencia hacia el culto beocio, Severyns, basándose en un razonamiento de Reinach 13 , se inclina, más bien, a pensar que se trata de una composición para el santuario tesalio. En segundo lugar, en 18, 21 se hace alusión a Posidón Liteo, culto local tesalio poco conocido, lo que sería indicio de una estancia de Baquílides en la región, estancia que, por otro lado, debe de ser anterior a los años setenta, en los que se fecha el ditirambo 18. Finalmente, contamos con el epinicio 14 14 , compuesto para el tesalio Cleoptólemo, vencedor en la carrera de carros de los Juegos Petreos, competición local tesalia; el hecho de que nuestro poeta celebrara un triunfo en juegos de tan poca categoría indicaría que es una obra de juventud, cuando aún no había alcanzado gran prestigio. Severyns concluye, entonces, que Simónides pudo introducir a su sobrino ante sus amigos tesalios, antes de su partida para Atenas en 490; además, Tesalia sería el primer lugar de encuentro entre Baquílides y Píndaro, que en 498 compuso su Pítica X en honor del tesalio Hipocleas.

Por la misma época se puede fechar la canción dedicada a Alejandro Filheleno, rey de la cercana Macedonia entre 498 y 454 (Fr . 20B) 15 . Naturalmente, no podemos conocer con exactitud las relaciones entre Baquílides y Alejandro, pero es curioso que también Píndaro compusiera un encomio para el mismo personaje (Frs . 120-121 Snell).

BAQUÍLIDES Y EGINA . — Ambos poetas vuelven a encontrarse, poco después, en la isla de Egina, cuando componen un epinicio cada uno para cantar el triunfo nemeo de Píteas, entre 487 y 480, más probablemente en 485 o 483 (Baquílides, 13, y Píndaro, Nemeas V). Sin embargo, pronto se convertirá Píndaro en el poeta preferido de los eginetas, hasta el punto de que de Baquílides sólo conocemos otra oda dedicada a un atleta de la isla, Tisias, celebrado en el epinicio 12, de fecha desconocida; Severyns 16 lo sitúa hipotéticamente en la época en la que las relaciones entre el poeta tebano y los eginetas eran turbias, ya que a éstos no les gustó nada el tratamiento que Píndaro había dado a su héroe Neoptólemo en el Peán VI, de lo cual intenta justificarse en su Nemea VII (485?).

BAQUÍLIDES Y ATENAS . — Severyns 17 sitúa el que llama «período ateniense» de Baquílides, con el que se inicia la época de madurez del poeta, entre la segunda mitad de los años ochenta y la década de los setenta, basándose en los datos que se pueden obtener de los poemas que compone para Atenas o están relaciondos con ella (10, 17, 18, 19) 18 . 17 y 18 se pueden fechar, con bastante probabilidad de acertar, entre 478 y 470; 19 es, seguramente, anterior, ya que se trata de una obra más sencilla y en ella parece que Baquílides se está presentando al público ateniense; en fin, 10 es imposible de fechar con los datos que poseemos.

El «período ateniense» de nuestro poeta coincidiría, entonces, en buena parte, con las estancias de Simónides en la ciudad, donde debió de residir mucho tiempo entre 490 y 476, año en el que, ya octogenario, partió para Sicilia. Durante este período, Simónides se convirtió en el poeta griego por excelencia, cantor de la victoria sobre los persas, y, particularmente en Atenas, en el maestro del ditirambo, género en el que consiguió multitud de triunfos. No sería, pues, de extrañar que Baquílides acudiera a Atenas a probar suerte en la época en la que Simónides estaba en su apogeo y en un género del que su tío era el amo y señor.

BAQUÍLIDES Y SICILIA . — La estancia de Baquílides en Sicilia, en la corte de Hierón, marca el punto culminante de su carrera literaria; allí coincidió con Simónides y Píndaro, y la tradición nos habla de las disputas que tuvieron lugar entre el tebano y los dos poetas jónicos, problema muy discutido en el que no podemos entrar ahora 19 .

Precisamente con Hierón alcanzó Sicilia su máximo esplendor en la primera parte del siglo V a. C., pero fue Gelón, su hermano mayor, el fundador de la dinastía. Era Gelón jefe de la caballería del ejército de Hipócrates, tirano de Gela desde 498. A la muerte de éste, la ciudad se negó a reconocer a sus hijos; Gelón, su tutor, acudió en su ayuda, pero, una vez sofocada la rebelión, prescindió de sus tutelados y se hizo él mismo con el poder. Seis años más tarde se apoderó de Siracusa, aprovechando la petición de auxilio de los oligarcas, expulsados por el régimen democrático. Estableció allí su residencia (dejando el gobierno de Gela en manos de Hierón) y se dedicó a engrandecer la ciudad y ampliar sus dominios. En lo que respecta a la política exterior, su mayor éxito fue la victoria de Hímera sobre los cartagineses (481), que lo convirtió en el jefe indiscutible del más poderoso Estado de Occidente; esta batalla supuso la detención del empuje de los bárbaros en la parte occidental de Grecia, como la victoria de Salamina salvó a la Grecia Oriental.

Pocos años después de Hímera moría Gelón (478), y fue Hierón su sucesor, aunque teóricamente sólo debía reinar durante la minoría de edad de un hijo de su hermano, cuyo nombre desconocemos. La tiranía de Hierón fue para Siracusa una época de extraordinaria riqueza y esplendor. Su corte se convirtió, como era habitual en las tiranías, en el centro cultural de todo el helenismo occidental, y a ella acudieron los más importantes poetas de entonces, Esquilo, Epicarmo, Jenófanes, Simónides, Píndaro, Baquílides 20 ; su riqueza se hizo patente con sus numerosas victorias en los concursos hípicos de los juegos más importantes y con sus espléndidas ofrendas a los santuarios (como unos trípodes de oro o el famosísimo Auriga que su hermano Polizalo consagró al dios de Delfos); su prestigio se vio acentuado con la victoria de Cumas sobre los etruscos (474) y con la fundación de la ciudad de Etna (475), que el propio Hierón consideraba su mayor timbre de gloria.

En este ambiente propicio a las artes desarrolló Baquílides su actividad literaria en la Grecia Occidental. Tres epinicios dedica nuestro poeta a Hierón (3, 4, 5), a los que hay que añadir un encomio, el Fr . 20C. La oda más antigua es, sin duda, el epinicio 5, el cual celebra la misma victoria que la Olímpica I de Píndaro, que fue, al parecer, el poema encargado oficialmente 21 . Baquílides dice enviar su canción «desde su muy divina isla» (vv. 10-11), lo que se ha interpretado (aunque no se puede afirmar con seguridad absoluta) en el sentido de que el poeta estaba en Ceos por esa época; además, como se dice «huésped» de Hierón (v. 11), se ha pensado en una estancia anterior de Baquílides en Sicilia, durante la cual pudo inaugurar sus relaciones de hospitalidad con el tirano. El problema no es, sin embargo, tan sencillo, ya que la palabra «huésped» se utiliza convencionalmente en el género del epinicio para designar las relaciones entre poeta y cliente, de modo que, en el estado actual de nuestros conocimientos, no podemos asegurar si hubo una estancia de Baquílides en Sicilia anterior a 476 ni, por supuesto, precisar la fecha de ésta.

Lo cierto es que, durante casi diez años, la carrera profesional de Baquílides estuvo muy ligada a la figura de Hierón, y precisamente su punto culminante es el epinicio 3 (del año 468), ya que el tirano prefirió a nuestro poeta antes que a Píndaro para celebrar su triunfo deportivo más importante y ansiado.

Poco después morían Hierón en Etna y Simónides, a los noventa años, en Acragante. Trasibulo, hermano y sucesor de Hierón, fue depuesto tras apenas un año de reinado, y la democracia fue de nuevo instaurada en Siracusa. Es lógico suponer que, para entonces, Baquílides habría ya regresado a la Grecia Oriental, puesto que nada lo retenía en aquellas tierras 22 .

ÚLTIMOS AÑOS DE SU PRODUCCIÓN . — Dos son los puntos que se deben estudiar en este apartado: 1) las odas dedicadas por Baquílides a sus compatriotas; 2) su exilio en el Peloponeso. Sobre el primero, nuestras informaciones son más abundantes, por lo que es conveniente tratarlo en primer lugar.

Cinco epinicios dedicados a atletas de Ceos datan de este período: 1, 2, 6, 7 y, quizá, 8. Celebran 6 y 7 la misma victoria, la conseguida por Lacón en el estadio infantil de los Juegos Olímpicos en el año 452. Más difíciles de datar son los epinicios 1 y 2, que también cantan el mismo triunfo, el del niño Argeo en los Juegos Ístmicos; normalmente se suele situar su composición en la década 464-454, inclinándose algunos (Severyns, Snell) por 456, otros por 460 (Körte) y, en fin, Maehler por 454-452. En ningún dato podemos basarnos para fechar la Oda 8.

La única noticia que poseemos sobre el exilio de Baquílides en el Peloponeso es la transmitida por un texto de Plutarco 23 . Generalmente se admite su veracidad, y solamente ha sido puesta en duda por Festa. Ahora bien, ¿en qué período de la vida del poeta tuvo lugar? Carecemos de datos para emitir un juicio seguro, pero, en principio, tres son las posibilidades: 1) antes de 476; 2) entre 476 y 452; 3) después de 452. Jebb y Taccone se pronuncian por la última, suponiendo, naturalmente, que la vida de Baquílides se prolongó hasta la Guerra del Peloponeso, lo cual parece descartado. Entre las otras dos opciones es preferible la segunda: en 1908 fue hallado un importante fragmento de un peán compuesto por Píndaro para ser cantado en Delos por los ceyos (Peán IV), y debe de haber alguna razón que explique el hecho de que los ceyos encargaran un poema al rival de sus dos poetas nacionales, Simónides y Baquílides; la razón bien pudiera ser que Simónides había muerto ya y Baquílides se encontraba en el exilio. En su Ístmica I (vv. 1-10) afirma Píndaro que ha abandonado momentáneamente la composición de un peán para los ceyos a fin de realizar un epinicio para un compatriota; se trata, sin duda, del Peán IV. Desgraciadamente, no se puede fechar con seguridad ninguno de los dos poemas, aunque para la Ístmica I se propone 458, con muchas dudas. Si ello es cierto, en ese año nuestro poeta se encontraba exiliado. Combinando estos datos tan inseguros con la ubicación cronológica de los epinicios dedicados a atletas de Ceos, Körte 24 propone la siguiente sucesión de acontecimientos:


entre 464 y 460Odas 1 y 2; principio del exilio;
458peán de Píndaro para los ceyos;
antes de 452fin del exilio;
452Odas 6 y 7.

En cambio, Severyns 25 reconstruye así la biografía de Baquílides durante esos años:


antes del exilio: 476, 470, 468epinicios 5, 4, 3,
466 (?)epinicio 8;
sentencia de exilio: después de abril de 466 (?);
durante el exilio: actividad literaria en el Peloponeso,
458 (?)Peán IV de Píndaro;
después del exilio: 456 (?)epinicios 1 y 2,
452epinicios 6 y 7.

Pero, corno el propio Severyns reconoce, «no debemos hacernos ninguna ilusión sobre su exactitud», y, con los datos de que disponemos, solamente caben hipótesis más o menos probables sobre la cuestión 26 .

2. Las obras de Baquílides y los géneros literarios a que pertenecen

La obra de Baquílides sólo nos era conocida por las no muy abundantes noticias que nos habían transmitido los autores antiguos, hasta que en 1896 el Museo Británico adquirió los restos de dos rollos de papiro, hallados en una sepultura, que contenían poemas suyos y fueron publicados un año después por Kenyon. Posteriormente se han ido añadiendo otros hallazgos de mucha menor extensión.

El descubrimiento de Baquílides ha sido, sin duda, una de las principales aportaciones de los papiros a la literatura griega antigua, ya que, además de permitirnos acceder a un autor de primera fila del que casi no sabíamos nada, han salido a la luz nuevas obras que pertenecen a géneros de difícil estudio, entre otros motivos, por falta de un material comparativo más amplio y variado; es el caso del epinicio y el ditirambo y también del encomio.

Nuestro poeta fue, en efecto, incluido por los filólogos alejandrinos en el canon de los nueve grandes líricos 27 y, como tal, su obra fue reunida y objeto de una edición crítica, que, probablemente, remonta a Aristófanes de Bizancio (ca . 200 a. C.). Parece que sus poemas fueron agrupados en nueve libros, seis de los cuales contenían los cantos dirigidos a dioses (himnos, peanes, ditirambos, prosodios, partenios e hiporquemas), y los tres restantes las composiciones dedicadas a hombres (epinicios, encomios, poemas eróticos). Sólo nos ha llegado una parte relativamente reducida de su obra.

Uno de los rollos conservados del papiro londinense contiene los Epinicios , odas destinadas a celebrar los triunfos en los juegos atléticos, compuestas generalmente por encargo de los vencedores o allegados suyos. Antes de la aparición de la obra de Baquílides, los únicos testimonios de que disponíamos para estudiar este tipo de poemas (aparte de algunos fragmentos de Simónides, 506-519 PMG , otros del propio Baquílides y dos de un epinicio a Alcibíades atribuido a Eurípides, Frs . 755-756 PMG ) era la colección de epinicios pindáricos, por lo que las nuevas obras descubiertas vinieron a contribuir, en gran medida, al mejor conocimiento del género, ya que los epinicios de nuestro poeta se convirtieron prácticamente en el único punto de comparación, y a menudo de contraste, de los poemas de Píndaro.

Conocemos la existencia de cantos de victoria desde época de Arquíloco (siglo VII a. C.), a quien se atribuye una canción 28 que aún se cantaba, en tiempos de Píndaro, en honor de los vencedores en los Juegos Olímpicos 29 . Estas sencillas composiciones debieron de ir ganando poco a poco en complejidad hasta desembocar en las obras maestras de Píndaro y Baquílides, en quienes el género culmina, y casi podemos decir que también acaba, en parte por un cambio en los gustos literarios, que se inclinan hacia el nuevo ditirambo de Melanípides y hacia el gran teatro ateniense, y en parte por las grandes modificaciones sociales y políticas de la época, que afectaron profundamente a la concepción aristocrática del mundo en la que había nacido y crecido el epinicio.

Sobre la evolución del género desde sus orígenes, prácticamente nada podemos decir. El primer autor de epinicios conocido por nosotros es Simónides, cuyos poemas presentaban ya, al parecer, los rasgos fundamentales que encontramos en Baquílides y Píndaro: alabanza del vencedor, su familia y su patria, mito ilustrativo y parte gnómica. Para la conversión de una sencilla canción en honor del vencedor en un género literario perfectamente caracterizado, debieron de intervenir varios factores. Uno de ellos debió de ser, indudablemente, de carácter socio-político: los nobles del siglo VI , en primer lugar, dieron gran importancia a las victorias atléticas, que honraban al propio vencedor, a su familia y a su patria ante toda la Hélade; por otro lado, el florecimiento económico de la época bajo el impulso del comercio favoreció las artes, «y las favoreció no tanto por amor al arte, cuanto por deseo de gloria y de poder: a través de la obra del artista el rico señor o el aristócrata de la ciudad y, sobre todo, el tirano trataban de ennoblecerse y de consolidar el propio poder político» 30 . A ello se unió el impulso que recibieron, en la primera mitad del siglo VI , los juegos nacionales de los griegos, fuertemente ligados al culto en origen 31 .

Los Juegos Píticos, que tenían lugar en Delfos en honor de Apolo, se celebraban en épocas remotas y su fundación se relacionaba con el oráculo de Apolo Pitio y la muerte de la serpiente Pitón a manos del dios; pero sólo en 582 comenzaron a celebrarse cada cuatro años, en el mes de agosto del tercer año de cada Olimpíada; el premio era una corona de laurel.

Los Juegos Ístmicos en honor de Posidón (que conmemoraban, aunque hay otras leyendas alternativas sobre su fundación, al héroe local corintio Melicertes, al que su madre Ino arrojó consigo al mar, transformándose ella en la diosa Leucótea y él en el dios Palemón) pasaron, también en 582, a celebrarse cada dos años, en abril-mayo, coincidiendo con el segundo y cuarto año de cada Olimpíada; el premio era una corona de apio.

La fundación de los juegos en honor de Zeus Nemeo se pone en relación con las competiciones fúnebres que los argivos realizaron en memoria de Arquémoro 32 ; adquirieron carácter bienal en 573, celebrándose en el mes de julio del segundo y cuarto año de cada Olimpíada, y el premio era una corona de apio fresco.

Por fin, los Olímpicos, en honor de Zeus, eran los más antiguos y prestigiosos juegos. Conmemoraban el recuerdo del héroe Pélope, cuya tumba se encontraba en el santuario; pero a esta leyenda se añadió posteriormente otra, que atribuía el origen de la competición a Heracles 33 . Se celebraban cada cuatro años, en julio-agosto, y la primera Olimpíada se fecha en 776. El premio era una corona de olivo.

Estos cuatro eran los más importantes juegos, y los vencedores en ellos eran sobremanera honrados, en especial cuando obtenían el título de periodoníkēs , al alcance de pocos, ya que designaba al triunfador en los cuatro grandes juegos dentro de un mismo período olímpico 34 . Pero también había numerosos juegos locales de menor importancia, que se celebraban generalmente cada año; tanto Píndaro (Nemeas IX y X) como Baquílides (14 y, quizá, 14B) cantan victorias conseguidas en ellos, pero más a menudo los mencionan cuando recuerdan pasados triunfos de atletas que han vencido en alguno de los grandes juegos (cf., por ejemplo, Baquílides, 10, 30 ss.).

Las pruebas y las categorías en que los participantes eran divididos varían de unos festivales a otros. Se conocen tres categorías: niños, jóvenes y adultos, y gran variedad de pruebas, que podemos clasificar así: 1) carreras ecuestres: carreras de carros de cuatro caballos (la prueba más espectacular y el triunfo más deseado por los competidores, que sólo estaba al alcance de familias adineradas que podían permitirse los múltiples gastos exigidos), de caballos montados y de carros tirados por mulas (prueba disputada sólo en Olimpia y durante un corto período de tiempo; cf. Píndaro, Olímpicas V y VI); 2) carreras a pie: estadio (192 m.; era la prueba más importante en Olimpia, cuyo vencedor daba nombre a la Olimpíada), diaulio o doble estadio, híppios drómos (4 estadios; cf. Baquílides, 10), carrera larga (24 estadios, 4.608 m.) y carrera con armas (con armadura completa al principio y después sólo con un escudo de bronce); 3) pugilato, lucha y pancracio (combinación de boxeo y lucha libre, en la que se permitían casi toda clase de recursos) 35 ; 4) pentatlo, conjunto de cinco pruebas (salto de longitud, carrera de velocidad, lanzamiento de disco y de jabalina, lucha); 5) certámenes musicales, que comprendían, al menos, cuatro modalidades: canto con cítara, canto con flauta, flauta solista y flauta con coro 36 .

El epinicio es una composición destinada a ser cantada y bailada por un coro, con acompañamiento de lira, forminge o flauta. Ello quiere decir que solamente tenemos acceso a uno de los tres elementos, el texto, ya que la música y la coreografía se han perdido por completo; es un hecho que se debe tener siempre en cuenta, ya que pone de manifiesto las limitaciones de nuestro conocimiento del género, al estar privados de dos componentes primordiales. La representación de la obra podía hacerse en el mismo lugar del triunfo, y en ese caso se trataba generalmente de breves composiciones, o bien al regreso del vencedor a su patria en la fiesta de celebración de la victoria, para la cual solía componer el poeta una oda más larga y brillante, provista de un relato mítico más o menos largo.

La comparación entre los epinicios de Píndaro y Baquílides permite distinguir claramente la existencia de elementos convencionales del género, que se repiten a menudo y cuya importancia se ha apreciado debidamente sólo en los últimos cincuenta años, sobre todo a partir del fundamental libro de Schadewaldt 37 . Se trata, en primer lugar, de «tópicos de contenido», una serie de motivos e imágenes propios del género (el «motivo de la envidia» que el poeta debe rechazar para alabar a su cliente; la imagen de la nave, el carro o la flor para designar la oda; la idea de que la victoria atlética necesita del canto del poeta para alcanzar fama inmortal, etc.), «lugares comunes» del epinicio que han sido estudiados por Bundy y su escuela 38 . En segundo lugar, hallamos lo que se puede llamar «tópicos de forma», elementos cuya combinación arma la estructura del epinicio y que son los siguientes 39 : mito, invocación poética, petición de bienes futuros, mención de los datos de la victoria, alabanzas del vencedor, su patria, su familia y otras alabanzas, máximas de carácter general y alusiones del poeta a su arte.

El poeta compone su epinicio ensamblando tales elementos, que, en cierta medida, tienden a ocupar un lugar determinado dentro del poema, de modo que la estructura de éste es, a grandes rasgos, siempre la misma, aunque el poeta, de acuerdo con sus intenciones particulares en cada caso, introduce variaciones de una oda a otra, modificando el orden habitual de los elementos o resaltando aquel que por un motivo u otro le interese. Así, la estructura general de un epinicio con mito de Baquílides es la siguiente 40 :

A) Invocación inicial a una divinidad, a la que siguen la mención de los datos de la victoria (el nombre del vencedor, su patria, los juegos y la prueba en que ha triunfado; a menudo son, asimismo, mencionados el dios de los juegos y el padre del atleta) y las primeras alabanzas, del vencedor y, en el caso del epinicio 13, también de la patria; la única variación que se permite Baquílides con respecto a este esquema es la intercalación de un breve mito (Odas 9 y 13) o de un símil (5).

B) La parte central del poema está, generalmente, ocupada por el mito, que no es, como durante mucho tiempo se ha sostenido, una irrelevante digresión sin ninguna relación con el resto del poema, sino un elemento esencial, que ilumina las partes no míticas mediante la analogía o el contraste 41 . El cuidado que pone el poeta en la elección de una determinada leyenda y su manera de narrarla (escogiendo una versión y no otra, insistiendo en unos aspectos y callando otros) demuestra claramente que ha tenido muy en cuenta la especial situación del destinatario, su familia o su patria y que el relato mítico no es un mero adorno, sino una parte fundamental para la comprensión del poema en conjunto.

C) Tras el mito, vuelve otra vez el poeta al presente, considerado ahora bajo las nuevas luces que ha aportado el relato mítico 42 . Encontramos, generalmente, una nueva ronda de alabanzas, en las que siempre se hace el elogio del vencedor, al que acompañan la loa de la patria (9, 13), del padre (1) o del entrenador (13); sigue, en todos los casos, una larga parte gnómica central, que deja al final de la oda, excepto en el epinicio 1, una última serie de alabanzas, en las que es elogiado otra vez el vencedor (salvo en 13), y ocasionalmente la patria (9) o el padre (13). Sólo 5 se cierra con el deseo de bienes futuros, elemento frecuente en los epinicios pindáricos.

Máximas de carácter general y alusiones del poeta a su arte se emplean para introducir o concluir un elemento o para hacer la transición entre un elemento y otro o entre dos partes de un mismo elemento 43 .

De lo dicho anteriormente se deduce la existencia de tres tipos de componentes, cuya integración en un conjunto homogéneo ha planteado el problema central de la crítica pindárica y, por ende, baquilidea: la unidad del epinicio, tema demasiado complejo para ser abordado aquí con pormenor 44 . Tenemos, en primer lugar, el «programa» concreto de cada oda, que comprende las alusiones a la victoria y las alabanzas del vencedor, su patria y sus allegados; en segundo lugar, el mito, paradigma pasado de la acción presente; por fin, en tercer lugar, las máximas y las referencias del poeta a su arte, en las que éste, como educador que es, expone verdades intemporales que reflejan su concepción del mundo e iluminan sus palabras, llevando a un plano general el caso particular de la victoria que canta.

¿La obra ha ido creciendo sin previa meditación de plan o forma un conjunto unitario? En nuestra opinión, tal unidad existe, aunque ya los comentaristas alejandrinos acusaran a Píndaro de introducir «irrelevantes digresiones» en sus epinicios, y también entre los filólogos de finales del siglo XIX y primera parte del XX predominó, bajo el influjo de la obra de Drachmann 45 , la idea de que los elementos tradicionales del epinicio eran demasiado diversos para poder organizarse en un conjunto unitario; este movimiento antiunitario culminó en la figura de Wilamowitz, para quien el epinicio era una sucesión de «escenas» sin mucha ligazón entre sí y en las cuales, entre muchas partes prosaicas, hay brillantes pasajes (purpurei panni) que constituyen las perlas de la poesía pindárica.

La unidad del epinicio no debe buscarse fuera del poema en sí, en una «idea fundamental» (Grundgedanke, summa sententia , breve máxima que contendría el pensamiento desarrollado en la oda) o en un suceso histórico alegorizado por el poeta, como hicieron los filólogos del XIX ; tampoco en un «símbolo» o imagen que se repite a menudo en la oda 46 , ni es necesario sustituir la unidad de cada poema por la unidad total de la obra, por una «concepción del mundo», un sistema de valores que la recorra toda ella y le dé homogeneidad 47 . Cada epinicio tiene su propia unidad interna, que consiste, como ha demostrado Schadewaldt 48 , en la fusión de los sucesos conmemorados por el poeta, que determinan el «programa», con la intención personal del autor (que éste deja traslucir, particularmente, en las referencias a su arte y en las máximas), quien dispone la elección de los hechos y las ideas entre el amplio material tradicional que tenía a su disposición, así como su ordenación en el poema; son los «fines subjetivos» del poeta los que determinan la elección de los hechos y las ideas, que constituyen la «unidad objetiva» del poema 49 . Por otro lado, el análisis de la estructura formal de cada epinicio demuestra que el poeta ha diseñado su obra con gran cuidado. Mediante una serie de recursos formales, de construcciones simétricamente organizadas (quiasmos, paralelismos, enmarcamientos y otras figuras más complicadas, para cuya demarcación desempeñan un papel importante técnicas como la «composición en anillo») 50 , el poeta marca los límites del poema y de cada uno de sus miembros, pero, a la vez, se cuida mucho de señalar las relaciones que se establecen entre ellos, para dejar claro que el poema es un todo homogéneo, en el que las partes se iluminan unas a otras y al conjunto, como corresponde a una obra de arte unitaria 51 . De lo cual se deduce que cada epinicio no ha ido surgiendo al azar, por mera asociación de ideas 52 , sino que es el resultado de un «plan de construcción» muy meditado y cuidadosamente elaborado, que garantiza su unidad.

Por lo que respecta ya concretamente a los epinicios de Baquílides, se han conservado, total o parcialmente, dieciséis de ellos. No están ordenados ni por el lugar de la victoria (como los de Píndaro) ni por el tipo de prueba (como los de Simónides), sino que el criterio de organización seguido por los alejandrinos no parece muy claro 53 . La razón para situar en cabeza de la colección los epinicios 1 y 2 fue ya apreciada por Kenyon: el mito del primer epinicio narra una leyenda local de Ceos, patria del poeta, y el segundo celebra la misma victoria. Viene a continuación el más importante encargo que recibió Baquílides y punto culminante de su carrera (3, que canta el mayor triunfo olímpico de Hierón), al que siguen los otros dos epinicios dedicados al tirano de Siracusa (4 y 5). Tras ellos, otros tres poemas compuestos para ciudadanos de Ceos (6, 7 y, quizá, 8), mientras que el criterio de ordenación a partir de 8 es oscuro: 9, 10 y 11 celebran a personajes de poca relevancia; 12 y 13, a atletas de Egina; por fin, 14 (y, quizá, también, 14A y 14B, de los que poco podemos decir) fue compuesto para un festival menor, de ahí que ocupe uno de los últimos lugares de la colección.

El segundo rollo conservado del papiro londinense contiene los Ditirambos (en origen, canción de Dioniso, íntimamente ligada a su culto), ordenados alfabéticamente, ya que estas obras tenían título 54 . También el descubrimiento de tales poemas, aunque pertenecientes a una etapa ya muy avanzada de la evolución del género, ha sido importante, puesto que no son demasiado abundantes los ejemplos que nos han llegado de este género tan popular en la Antigüedad, por lo que su origen, desarrollo y características sólo los conocemos de forma parcial 55 . Por eso, no es de extrañar que, apenas publicado el papiro de Baquílides, los filólogos se preguntaran si los poemas incluidos entre los ditirambos son realmente tales o algunos de ellos pertenecen a otro género y han sido erróneamente clasificados como ditirambos 56 . En realidad, plantearse esta cuestión supone poner en tela de juicio la clasificación que los filólogos alejandrinos hicieron de los géneros líricos 57 , ya que pudieron incluir entre los ditirambos obras de otro género por el simple hecho de que su contenido era esencialmente narrativo; es ésta, en efecto, una característica del ditirambo que ya fue señalada por Platón (República 394c) y Pseudo-Plutarco (Sobre la música 10) y de la que precisamente nos hablan los escolios a Baquílides 58 : el comentarista (¿Dídimo?) 59 afirma que Aristarco consideró un ditirambo la Oda 23 por su contenido narrativo y censuró a Calímaco por haberla incluido entre los peanes. En lo que atañe particularmente a los poemas de Baquílides (ya muy alejados del espíritu dionisíaco, a diferencia de los de Píndaro) 60 , el problema no está resuelto definitivamente, pero se suelen considerar, aunque sin unanimidad, ditirambos auténticos 15, 16, 18 y 19; por su parte, 17 parece ser un peán compuesto para ser cantado por los ceyos en Delos, y 20 semeja una composición con el estilo y el tono de un himeneo, si bien lo poco que de ella conservamos no nos permite asegurar nada 61 .

De los demás géneros que cultivó Baquílides es poco lo conservado, pero los fragmentos transmitidos por los autores antiguos o hallados en los papiros nos dan una clara idea de lo mucho que hemos perdido de la obra de nuestro poeta, que conocemos, por tanto, muy parcialmente.

De los Himnos a los dioses quedan escasísimos restos (Frs . 1A-3), que parecen atestiguar la existencia de cantos de este tipo en honor de Hécate y quizá de Deméter o Perséfone, así como de un «himno de despedida» en honor de Apolo (Fr . 1A), clase de himnos en la que Baquílides parece haber destacado especialmente.

Algo más de fortuna hemos tenido con los Peanes , cantos cultuales en honor de Apolo. Ya se ha dicho que la Oda 17 pudo no ser propiamente un ditirambo, sino un peán cantado por los ceyos en Delos. Además de este poema se conserva parte de un peán compuesto para ser representado en el santuario de Apolo Piteo en Ásine (Fr . 4), así como dos breves fragmentos (5 y 6) que no podemos adscribir a ninguna obra en particular.

De los Prosodios (cantos procesionales entonados por un coro que se dirigía hacia el templo o el altar de un dios) sólo conservamos unos cuantos versos (Frs . 11-13), que, además, son de carácter gnómico, por lo que no nos permiten determinar la ocasión en que fueron cantados. Nuestra información es aún más escasa para los Partenios (cantos para coros de doncellas) de nuestro poeta: sólo disponemos de una noticia de Pseudo-Plutarco que incluye a Baquílides entre los autores de «partenios dorios».

No sabemos exactamente cómo se representaban los Hiporquemas , pero es seguro que en ellos la correspondencia entre danza y canto era más estrecha que en cualquier otro tipo de composiciones corales 61bis . La representación tenía lugar en torno al altar del dios durante el sacrificio de las víctimas. Como en el caso de los prosodios, de los hiporquemas de Baquílides sólo se han conservado unos pocos fragmentos (14-16, a los que quizá se pueda añadir 21); de ellos únicamente del 15 podemos determinar la ocasión: fue representado en honor de Atenea Itonia, probablemente en Tesalia o Beocia.

También es muy poco, desgraciadamente, lo que poseemos de sus Poemas eróticos (Frs . 17-19). Los Frs . 20-21, algunos de ellos de notable extensión, pueden ser bien Encomios o bien Escolios o canciones de banquete, duda que también se presenta en la obra de Píndaro 62 .

Finalmente, una serie de fragmentos y noticias (22-53), generalmente de poca extensión, no se pueden adscribir con seguridad a un determinado género, y otros (53A-66) son de atribución dudosa. Contamos, asimismo, con dos Epigramas que la Antología Palatina atribuye a nuestro poeta.

3. Lengua y estilo de Baquílides

Baquílides, de origen jónico, compone en el artificial dialecto de la lírica coral, lengua literaria que no se corresponde con ninguna hablada en un determinado lugar y se caracteriza por su colorido dorio. En nuestro poeta, sin embargo, los rasgos propios de los dialectos jonios son más frecuentes que en Píndaro, según puede observarse, por ejemplo, por el mantenimiento en ocasiones de ē frente a ā (estos elementos jónicos son especialmente numerosos en el Fr . 20A). Junto a ellos son abundantísimas las formas, palabras y expresiones de la lengua épica, y, por fin, de cuando en cuando, nos tropezamos con alguna, rara, forma eolia 63 .

Un problema más complicado es la justa valoración de su poesía. Baquílides ha sufrido la «desgracia» de tener enfrente, como prácticamente únicos representantes de un importante género literario, a un poeta de la inmensa talla de Píndaro, y ello ha influido notablemente en su apreciación. Ya en la Antigüedad, en el tratado Sobre lo sublime 64 , de la comparación entre ambos sale ganador Píndaro, y parecido juicio se repite a menudo entre los filólogos modernos, hasta llegar, incluso, a afirmaciones que no dudamos en calificar de despectivas, como las expresadas por Wilamowitz o Christ (para quien la fama de Baquílides hubiera salido ganando, si no hubiera despertado de su sueño de siglos). Frente a manifestaciones de este tipo, ya en los primeros años que siguieron a la publicación del papiro algunos autores (con Jurenka y Mallinger a la cabeza) abogaron por una estimación más objetiva del poeta, que debía basarse en el estudio pormenorizado de su obra, explicándola antes de condenarla. La comparación, casi inevitable, con Píndaro debía tener como fin no constatar la superioridad del gran tebano, sino destacar aquellos rasgos que Baquílides comparte con Píndaro y aquellos otros por los que se distingue de él; nuestro poeta, no debemos olvidarlo, fue un autor apreciado, comentado e imitado en la Antigüedad, e incluido en el catálogo de los nueve líricos 65 .

En vano buscamos en Baquílides el ímpetu abrasador de Píndaro al que alude Pseudo-Longino, la profunda religiosidad que confiere a su poesía una gran dimensión teológica y ética, la fuerza abrumadora de su frase escultórica, las espléndidas caracterizaciones de personas, ciudades o escenas con breves y enérgicos trazos, sus atrevidas metáforas y brillantes imágenes, el estilo profético y oscuro de sus narraciones míticas, en las que hechos significativos son a menudo omitidos o, simplemente, aludidos. Los méritos de Baquílides son muy otros, reflejo de una personalidad bien diferente. Es un poeta más fácil, de estilo claro, noble y equilibrado, elegante y gracioso, que destaca sobre todo por su talento narrativo, describiéndonos brillantes cuadros llenos de vida, luz y color, en los que el relato rápido y fluido alterna con la presentación pormenorizada y dramática de las escenas clave.

Uno de los rasgos más sobresalientes de la poesía de Baquílides, como notó ya Kenyon, es el abundantísimo uso de epítetos, muchísimos de los cuales se encuentran solamente o por primera vez atestiguados en su obra dentro de la literatura griega conservada 66 ; buena parte de ellos expresan, en amplísima gama, brillo, color, flores. Una segunda característica del uso que Baquílides hace de los epítetos es su concentración: no sólo califica con un adjetivo casi a cada substantivo, sino que a veces caracteriza a una persona u objeto con dos, tres o, incluso, más (ejemplos notables son 5, 98-99; 5, 138-139; 11, 37-39; 13, 194-195) 67 . No obstante, a menudo nuestro poeta utiliza la concentración de epítetos con gran habilidad, para contrastar dos pasajes; es lo que Segal ha llamado «técnica de contracción y expansión de los epítetos», de la que puede servir como ejemplo el epinicio 4, en cuya primera estrofa se acumulan uno tras otro, en tanto que la segunda casi carece de ellos. También ha observado Mallinger que, cuando a un substantivo acompañan dos o más epítetos, uno de ellos es normalmente abstracto, mientras que otro enfatiza una cualidad particular.

Ahora bien, ¿estos adjetivos son un mero adorno superfluo o tienen un especial significado en el contexto en que aparecen? Muchos filólogos han sostenido, en efecto, que Baquílides emplea los epítetos libremente, como ornamento de su poesía, y no siempre de la manera apropiada; otros, en cambio, ya desde Mallinger y Jebb y sobre todo recientemente, en reacción contra esta actitud, han intentado atribuirles un significado y función propios y demostrar el acierto de Baquílides en la elección de los calificativos. Un ejemplo característico de esta división de opiniones podría ser 5, 98-99, donde Ártemis es llamada «coronada de capullos», «venerable», «de blancos brazos»; se ha criticado su irrelevancia e, incluso, su falta de coherencia con el contexto 68 , pero sin razón, ya que diversos trabajos han demostrado que la elección es muy afortunada. En primer lugar, «coronada de capullos», epíteto atestiguado por vez primera en Baquílides, califica a Ártemis como diosa de la fertilidad, y fue precisamente en unas fiestas agrícolas donde Eneo descuidó las ofrendas a la diosa y se atrajo su ira, que desencadenó todos los tristes sucesos narrados en el mito; Baquílides no menciona explícitamente este hecho tan importante, pero quizá lo sugiera al emplear tal adjetivo. En segundo lugar, «venerable» indica el rango divino de Ártemis y, como ya observó Mallinger, es el calificativo abstracto que acompaña casi siempre a las divinidades cuando son calificadas por más de un epíteto. Por fin, «de blancos brazos» es epíteto, ya desde Homero, propio de la diosa Hera; al aplicar Baquílides, por única vez en la literatura griega conservada, el adjetivo característico de la diosa enemiga de Heracles a la diosa enemiga de Meleagro, está subrayando indirectamente la identidad de ambos héroes, idea básica en el relato mítico de la oda 69 . Casos como éste nos llevan a pensar que Baquílides no utiliza los epítetos como mero adorno, sino que, al contrario, juegan éstos un papel importante para la comprensión del poema y merece la pena tomarse el trabajo de estudiar su valor y función en cada pasaje.

Pero el mayor timbre de gloria de Baquílides ha sido siempre su talento narrativo. Baquílides es un escritor puntillista, que gusta de los pormenores pintorescos, y ello se puede apreciar no sólo en sus narraciones míticas (véase, por ejemplo, la descripción de Heracles preparando su arco en 5, 71 ss.), sino también en las partes de sus epinicios que se refieren a la «actualidad». Nuestro poeta describe la victoria con mucha mayor frecuencia que Píndaro (cf. 5, 43 ss.; 9, 27 ss.; 10, 21 ss.; 11, 15 ss.) y, lo que es más importante, lo hace entrando a menudo en pormenores impensables en el tebano (un ejemplo típico es la descripción de 10, 21 ss., con el anónimo atleta cayendo sobre el público llevado de su impulso). La descripción del triunfo, en efecto, suele ser en Baquílides mucho más extensa y colorista, y a la vez más superficial, que en Píndaro, quien pasa por ella como sobre ascuas (Olímpicas VIII 67 ss., IX 89 ss.; Píticas VIII 81 ss.), excepto cuando relata las competiciones de héroes míticos que dieron origen a los juegos (Olímpicas X 64 ss., Ístmicas I 23 ss.). Este gusto por el pormenor pintoresco pudiera ser debido a la influencia de Simónides, a juzgar por los escasos restos que nos han llegado de sus epinicios. A lo dicho hay que añadir la frecuencia con que Baquílides recurre al aplauso del público o a su intervención para encarecer la alabanza (3, 9 ss.; 5, 48-49, 9, 30 y 35; 10, 21 ss.; 11, 17 ss.), rasgo igualmente muy raro en Píndaro (cf., por ejemplo, Olímpicas IX 93, y X 72-73) 70 .

El relato mítico ocupa en la obra de Baquílides un lugar más destacado que en la de Píndaro, y en él es donde el arte del poeta alcanza su cumbre, con la hábil combinación de relato fluido y escenas de diálogo dramático cuidadosamente descritas 71 . La técnica narrativa de Baquílides, con su manera directa, continua y pormenorizada de efectuar el relato y la introducción de elementos patéticos, está más próxima a la épica que la de Píndaro, quien elige un episodio o escena del mito y la describe con enérgicos trazos, pero no demasiado extensamente. Con frecuencia, Baquílides inicia el mito in medias res , especialmente en los ditirambos, o lo acaba bruscamente (cf. las Odas 15 y 16 y el mito del epinicio 5); este último recurso tiene su razón de ser y no se trata, como afirma Lesky 72 a propósito del epinicio 5, «simplemente de un abandono en el tema, a la manera de Alcmán», sino que es un efecto buscado por el poeta, que, en ese caso concreto, cierra su narración dejando en el oyente, que conocía perfectamente el desarrollo posterior de la leyenda, la impresión del nombre de Deyanira, que habría de ser causante indirecta de la muerte del héroe 73 .

Baquílides, en general, estructura con gran cuidado sus relatos míticos; hace abundante uso de la técnica de la «composición en anillo» y de otros procedimientos narrativos como son la «cronología retrógrada» (se inserta dentro de la narración principal otra que la precede cronológicamente; cf. Oda 11), la «mirada retrospectiva» (Oda 13) o la técnica de los «anillos concéntricos» (Oda 3: introducción, vv. 23-29 ~ conclusión, vv. 53-62; actitud de Creso, vv. 29-35 ~ actitud de sus hijas, vv. 49-52; palabras de Creso, que ocupan el centro del relato, vv. 35-49) 74 .

Este cuidado en la composición se puede apreciar también en las partes no míticas, donde, como en el mito, las repeticiones verbales 75 desempeñan un papel fundamental para establecer nexos entre los distintos miembros de un poema, señalando las relaciones temáticas existentes entre ellos y destacando una serie de procedimientos formales (la ya mencionada «composición en anillo», enmarcamientos, quiasmos, paralelismos, etc.) que aseguran la unidad composicional del poema y de cada una de sus partes.

Por último, igualmente las máximas (otro de los componentes característicos del epinicio y de la lírica coral en general) de Baquílides han sido comparadas con las de Píndaro. Es cierto que las sentencias de nuestro poeta no suelen alcanzar la profundidad de las pindáricas, pero también es exagerado afirmar que carece de pensamientos propios o, incluso, que sus palabras no son atinadas 76 . Diferente es, asimismo, el manejo funcional que ambos poetas hacen del elemento gnómico; mientras que Píndaro prefiere las sucintas máximas individuales, perfectamente imbricadas en su contexto, Baquílides acostumbra a presentarlas en grandes bloques, a la manera de la elegía jónica, sobre todo en la sección final de sus epinicios. Otra característica de las sentencias baquilideas, que ha resaltado especialmente Kirkwood, es la tendencia a aparecer no en boca del propio poeta, sino de alguno de sus personajes (generalmente en el relato mítico, pero también en la parte de actualidad: 3, 9 ss., en boca del público; 3, 76 ss., en boca de Apolo; 5, 191 ss., sentencia atribuida a Hesíodo), a quienes hace decir lo que conviene a cada situación, de modo que el elemento gnómico adquiere así una notable función dramática.

4. Métrica

Ya se ha dicho que en la lírica coral la música era un elemento primordial; perdida para nosotros irremediablemente, tenemos que conformarnos con el estudio de la estructura métrica de los poemas, cosa que ofrece también grandes dificultades.

Las odas de Baquílides presentan, normalmente, una forma triádica, es decir, cada sistema se compone de tres estrofas, de las cuales las dos primeras (estrofa y antístrofa) tienen la misma estructura métrica (y, probablemente, igual música y coreografía), en tanto que el patrón rítmico de la tercera (epodo) es diferente. No obstante, algunos poemas carecen de epodo y consisten únicamente en la repetición de una misma estrofa (4; 6; quizá 7 y 8; 18; Frs . 20A, 20B, 20C y, quizá, 20D).

Cada estrofa se subdivide, a su vez, en varias unidades menores. Tenemos, en primer lugar, el período, la verdadera unidad estructural de un pasaje lírico, concepto recuperado para la filología moderna por Boeckh en el siglo pasado y que es definido por Dain 77 como «un conjunto métrico que tiene una cierta extensión y presenta elementos tan estrechamente unidos entre sí que el ritmo permanece suspendido hasta el final»; el final de un período viene marcado por la presencia de determinados criterios formales, como hiato, brevis in longo , catalexis, pausa sintáctica, etc. El período, a su vez, puede ser «mayor» o «menor» (un período mayor puede dividirse en varios períodos menores); los indicios puramente métricos que los determinan son los mismos, de modo que la distinción entre períodos mayores y menores ha de hacerse, en primer lugar, estudiando la estructura métrica interna y, en segundo lugar, conjugando la métrica con el sentido, la sintaxis y la retórica. Por debajo de estrofa, período mayor y período menor (que algunos llaman «verso»), nos queda aún una última unidad rítmica, el côlon , que se caracteriza por no presentar ninguna de las marcas métricas determinantes de período y por la posibilidad de encabalgamiento o «côlon continuo» 78 .

El ritmo empleado más a menudo por Baquílides, con gran diferencia sobre el resto, es el dáctilo-epítrito, que, como su nombre indica, resulta de una combinación de elementos dactílicos y epitríticos (estos últimos son secuencias en las que la relación entre las partes es 3:4, o sea, bien ); estos elementos, cuyas posibilidades de combinación son muy numerosas, son los siguientes, de acuerdo con la extendida notación de Maas:


D
e
E
d1
d2

Similares a los dáctilo-epítritos son los versos dáctiloyámbicos que Baquílides emplea en los ditirambos 19 y, quizá, 20.

Menos frecuentemente encontramos versos eolios, cuya base es el coriambo, (2; 3; 4; 6; 16; 18; Frs . 5, 11, 12 y 20A); mención especial merece el epinicio 3, cuyas estrofas están compuestas en versos eolios y los epodos en dáctilo-epítritos. Los eolios se combinan a menudo con dáctilos (4 y 16), jónicos (6, Fr . 20A), troqueos (Fr . 11) y, sobre todo, yambos (2; 3; Frs . 11 y 20A).

Yambos solos utiliza Baquílides en composiciones menos solemnes, como hiporquemas y poemas eróticos (Frs . 14 y 18), y lo mismo podemos decir de los créticos (Frs . 15 y 16) y los troqueos (Fr . 17; cf., también, Fr . 21). Objeto de gran discusión es el metro «de origen yámbico» del ditirambo 17, que se encuentra también en Píndaro, Olímpicas II y Fr . 108a Snell 79 .

5. Baquílides y la literatura antigua

En primer lugar, las reminiscencias homéricas en la obra de Baquílides son abundantísimas, de modo que, además de haber sido estudiadas específicamente en varios trabajos 80 , se señalan prácticamente en todos los comentarios a sus poemas. Hesíodo es el único poeta que Baquílides menciona explícitamente (5, 192), y ecos de sus obras pueden apreciarse en otros lugares (por ejemplo, 5, 4 ss., donde hay reminiscencias de Teogonía 96-103). Hay, asimismo, algunas versiones de mitos y algunos pasajes que sugieren la influencia del ciclo épico (el ditirambo 16, por ejemplo), de Estesícoro, Alcmán, Íbico, Alceo (16, 5), Safo (9, 27-29), Teognis, Solón (1, 159 ss.; 10, 39 ss.) o Anacreonte 81 . Mucho más importante debió de ser el influjo de Simónides, pero desgraciadamente no podemos calibrarlo con exactitud debido a los escasos restos que de sus obras nos han llegado; no obstante, ya se ha dicho que en rasgos como el gusto de Baquílides por narrar pintorescamente los pormenores de la victoria pudiera haber un reflejo de la obra de su tío.

Capítulo aparte merecen las posibles imitaciones o reminiscencias de los poemas pindáricos 82 , donde nos tropezamos, muy a menudo, con la dificultad de discernir si ciertas expresiones pertenecen al acervo tradicional del género o son, realmente, imitaciones. Desde luego, lo que sí se puede asegurar es que Baquílides no depende tanto de Píndaro como se supuso en los años siguientes a la publicación del papiro, cuando llegaban incluso a aducirse pasajes en que nuestro poeta imitaba supuestamente al tebano como prueba para datar cronológicamente algunos epinicios (aunque, en algún caso, es más probable que el poema de Baquílides sea anterior).

También se han querido ver en algunas expresiones baquilideas reminiscencias de Esquilo y de Frínico (5, 138 ss.); para las relaciones entre Traquinias de Sófocles y los poemas en que Baquílides se ocupa de la historia de Heracles y Deyanira, puede verse nuestra introducción y notas al ditirambo 16.

En cuanto a la reputación de la obra de Baquílides en la Antigüedad 83 , sorprende que no sea citado por ningún autor de los siglos V y IV y que apenas encontremos ecos de sus poemas en los escritores de ese tiempo (se ha pensado que Eurípides, Bacantes 862 ss., pudiera ser eco de Baquílides, 13, 83-90; igualmente se ha hecho hincapié en la influencia que los relatos de Baquílides han podido tener en las pinturas vasculares). La época alejandrina pone fin a ese silencio. Aunque parece ser que ya Aristóxeno de Tarento estudió la música de sus poemas, fueron los filólogos alejandrinos quienes con mayor dedicación se ocuparon de la edición y comentario de las obras de Baquílides; tenemos noticias del trabajo de Calímaco, Aristófanes de Bizancio, Aristarco, Ptolomeo (contemporáneo o alumno del anterior), Dídimo y Dionisio Faselita; fragmentos o noticias suyas nos han transmitido los escolios a Homero, Hesíodo, Píndaro, Aristófanes, Apolonio Rodio y Calímaco; es imitado por Teócrito (Idilio 16) 84 y, entre los latinos, por Nevio (véase el Fr . 19, con la nota correspondiente); Meleagro de Gádara lo cita en su Corona 85 .

En el siglo I a. C., Dionisio de Halicarnaso nos transmite un fragmento de un hiporquema (Fr . 15) y Estrabón corrige a nuestro poeta un error geográfico (Fr . 49; cf. también, infra , «Testimonios sobre la vida y el arte de Baquílides», núm. 2a). Baquílides ejerció, asimismo, cierta influencia sobre los más importantes poetas latinos de esta época, como Tibulo (I 10, resonancia del Fr . 4, 61 ss.) 86 , Virgilio (Eneida V 290 ss., VI 305 ss.) 87 y, sobre todo, Horacio 88 .

Ya en el siglo I d. C., se ha creído ver en Juvenal, VIII 20 y 60-61, reminiscencias de sendos pasajes baquilideos 89 , y el poeta es citado en el célebre pasaje del tratado Sobre lo sublime (si es que pertenece a esta época; cf. infra , «Testimonios sobre la vida y el arte de Baquílides», núm. 9A) y varias veces en la obra de Plutarco (1, 159-161; Frs . 4e, 27, 53A; infra , «Testimonios sobre la vida y el arte de Baquílides», núm. 6). Relativamente numerosas son, igualmente, las citas y ecos en autores del siglo II y principios del III , gramáticos, metricistas y compiladores de proverbios, como Apolonio Díscolo (1, 76; 13, 58; Fr . 39), Zenobio (Frs . 4c, 6, 34), Hefestión (Frs . 16, 18, 19), y otros autores, como Luciano (Fr . 15e), Eliano (Fr . 15d), Aquiles Tacio (Fr . 15f), Apuleyo (que quizá aluda a los poemas eróticos), Ateneo (Frs . 4b, 15c, 17, 20Bb, 21, 30a, 40), Aulo Gelio (Fr . 20Db) y Clemente de Alejandría (15, 50; Frs . 5a, 23, 25, 26, 55, 56), que parece estar bastante familiarizado con la obra de Baquílides 90 .

Más escasamente se nombra al poeta ya entrado el siglo III (Menandro el Rétor, el Fr . 1Ab; Porfirión, a propósisto de una imitación horaciana del ditirambo Casandra ) y durante el siglo IV (Himerio, el Fr . 43; Amiano Marcelino, el Fr . 38; Servio, los Frs . 8 y 19 y una noticia sobre el ditirambo 17).

Hemmerdinger 91 ha hecho recientemente un inventario de los autores medievales que citan a Baquílides: del siglo V , Hesiquio (3, 44; Fr . 34), Teodoreto (Fr . 5b; probablemente haya tomado la cita de Clemente de Alejandría), Estobeo, el autor que más pasajes de nuestro poeta nos ha transmitido (11, 1 y 4-7; 5, 50-55 y 160-162; Frs . 1, 4d, 11, 12, 13, 14, 24, 54, 57), y Siriano (Fr . 32); del VI , los gramáticos latinos Prisciano (Fr . 33) y Lactancio Plácido (Fr . 15A); del x, Suda (Fr . 29a; infra , «Testimonios sobre la vida y el arte de Baquílides», núms. 1 y 5c); del XII , el Etymologicum Magnum (Frs . 29b y 35), Eustacio (1, 8; Frs . 30, 44b), Tzetzes (Fr . 52) y, quizá, Nicéforo, Constantino y, ya en el XIII , Teodoro 92 ; del XIV -XV , el Lexicon Sabbaiticum (Fr . 29b). A estos testimonios hay que añadir las noticias de cronistas (Jorge Sincelo, Chronicon Paschale , y otros), compiladores de proverbios (Miguel Apostolio), etc.

Naturalmente, la influencia de Baquílides en las literaturas posteriores es prácticamente inexistente, y la mención de su nombre en una de las Ode barbare de Carducci («In una chiesa gotica») no pasa de ser una simple anécdota; únicamente algunos pasajes entonces conocidos fueron traducidos al latín por humanistas como el gran Hugo Grotius 93 .

6. Transmisión del texto de Baquílides

El núcleo principal de nuestro texto de Baquílides lo constituyen dos volúmenes de un papiro del Museo Británico (núm. 733) que fue hallado en 1896 en un sepulcro de una aldea egipcia llamada Meir, cerca de Al-Kussîyah; publicado al año siguiente por Kenyon, la edición fue mejorada por el paciente y sabio trabajo de muchos filólogos, entre los que descuellan, por citar algunos hitos, Blass (autor de las ediciones teubnerianas de 1898, 1899 y 1904), Jebb (1905) y Snell (1934, 1949, 1958, 1961 y 1970, esta última con la colaboración de Maehler). La escritura de este papiro (que se sigla A ) ha sido bautizada por Medea Norsa con el nombre de «uncial baquilidea» y es una letra clara, severa y de grandes dimensiones; se data al inicio del siglo II d. C. Dos fragmentos publicados en 1941 por la papiróloga recién citada pertenecían originalmente al mismo papiro 94 .

A este hallazgo se han ido añadiendo paulatinamente otros de mucha menor extensión e importancia. Son los siguientes:

Papiro B (Papiro de Oxirrinco 23.2368), del II d. C.; contiene los escolios a las Odas 22-23.

Papiro C (Papiro de Oxirrinco 23.2364 y Papiro Ashmole 20), del II d. C.; con las Odas 24-28.

Papiro D (Papiro de Berlín 16139 y 21209), de tiempos de Adriano o Trajano; Oda 24.

Papiro H (Papiro de Oxirrinco 23.2366), con los Frs . 1A y 1B; quizá date del siglo II d. C.

Papiro L (Papiro de Oxirrinco 23.2363), de ca . 200 d. C.; contiene los epinicios 14A y 14B.

Papiro M (Papiro de Oxirrinco 23.2367), del II d. C.; escolios a los epinicios 3-5.

Papiro O (Papiro de Oxirrinco 8.1091), también del II d. C.; 17.47-78 y 91-92.

Papiro P (Papiro de Oxirrinco 11.1361 y 17.2081e), que nos ha legado fragmentos relativamente extensos, 20-20C; es del siglo III d. C.

Papiro Q (Papiro de Oxirrinco 23.2362), del III d. C.; contiene Frs . 20D-20F.

Papiro T (Papiro de Oxirrinco 3.426), con el Fr . 4; del III d. C.

Papiro U (Papiro de Oxirrinco 23.2361), de ca . 200 d. C.; contiene el Fr . 19.

Otros papiros nos han transmitido fragmentos de atribución dudosa:

Papiro de la Sociedad Italiana 10.1181, del II -III d. C.; Frs . 60-61.

Papiro de Oxirrinco 6.860, ca . 100 d. C.; Fr . 62.

Papiro de Oxirrinco 4.673, del III d. C.; Fr . 63.

Papiro de Berlín 16.140, del I -II d. C.; Fr . 64.

Papiro de Oxirrinco 23.2365, del II d. C.; Fr . 65.

Papiro de Oxirrinco 23.2395, del III d. C.; Fr . 66.

7. Traducciones españolas de Baquílides. Nuestra traducción

Ciertamente, Baquílides no ha tenido mucha fortuna entre nosotros. Antes de la publicación del papiro londinense, algunos fragmentos del poeta habían sido traducidos en verso castellano por los hermanos Canga-Argüelles (Obras de Sapho, Erinna, Alcmán, Stesíchoro, Alceo , Íbico, Simónides, Bachílides, Archíloco, Alpheo, Pratino, Melanípides , traducidas del griego en verso castellano por D. Joseph y D. Bernabé Canga-Argüelles, Madrid, 1796), divididos en Odas (Frs . 4, 61 ss.; 20B, 6 ss.; 11, y 21), Epigramas (Epinicios 5, 37 ss.) y Fragmentos (Fr . 4, 21 ss., y otros tres hoy atribuidos a Simónides). Estas versiones han sido reimpresas, posteriormente, en diversas antologías de poetas líricos griegos, como la publicada en Madrid en 1898, que incluye también traducciones de Baráibar, Menéndez y Pelayo, Conde y Ayensa, y, lo que es más grave, en dos recopilaciones recientes, la de F. C. Sainz de Robles para la colección Austral (Madrid, 1963) y la de F. Montes de Oca en la Editorial Porrúa (México, 1973; el recopilador, por cierto, atribuye las traducciones a A. Esclasans). Flaco favor hacen, desde luego, los dos últimos libros citados a nuestra filología, al presentar tan paupérrimos testimonios de un poeta bien conocido desde hacía setenta u ochenta años. A ello hay que añadir, además, una absoluta falta de rigor crítico; por ejemplo, Sainz de Robles comienza diciendo, en unas breves líneas introductorias, que Baquílides era sobrino de Simónides y tío de Esquilo (!), y en la escasa bibliografía cita las ediciones de Kenion (sic) , afirmando que es la más completa y mejor depurada (cuando Snell había publicado ya la octava edición teubneriana), y de Blatz (sic) , y el artículo de J. (sic) Körte y el libro de Severyns (sin la inicial del nombre de pila, con lo que evita volver a equivocarse).

Cuando, al descubrirse la obra del poeta, se multiplicaron las traducciones, totales o parciales, de sus poemas en los países con mayor tradición en filología clásica e, incluso, en otros que no tenían tanta, España quedó nuevamente al margen y el primer trabajo que sobre el nuevo Baquílides se hizo en nuestro país fue un curioso librito, publicado sin fecha 95 , en el que se incluía el texto griego del ditirambo 18, con versión castellana literal (a cargo de P. Bosch Gimpera), castellana en verso (J. Montaner y Castaño), catalana (V. Solé de Sojo), gallega (J. Gigirey Rodríguez) y vasca (J. Azcue). Desgraciadamente muy poco es también lo que se ha hecho después. Contamos con algunas traducciones de poemas sueltos, como los epinicios 3 (en Antología de la poesía lírica griega. Siglos VII-IV a. C ., selección, prólogo y traducción de C. García Gual, Madrid, 19832 , y en el libro de D. Castellanos citado en la bibliografía, donde también se traducen los ditirambos 17 y 18) y 13 (E. François, «La Oda XII [XIII] de Baquílides», Anal. de Filol. Clás . 4 [1947-1949], 91-113); pero la única traducción al castellano con pretensiones de exhaustividad es la que Jesús Lens ha publicado en tres partes: «Ditirambos», Est. Clás ., Supl., 2.a serie de trad., 5 (Madrid, 1967), 163-175; «Epinicios», ibid ., 177-206, y Fragmentos , Granada, 1975. Se trata de una buena versión, atenta a los muchos problemas críticos que el texto plantea; Lens traduce todos los epinicios y ditirambos (salvo aquellos pasajes que se conservan muy fragmentariamente, como el comienzo del ditirambo 15, el final del 19 o los ditirambos 22-25) y, de los fragmentos, solamente aquellos que reproducen palabras literales del poeta, sin clasificarlos por géneros e indicando simplemente en las notas los que son de atribución dudosa. La introducción es muy breve.

En este aspecto, casi han corrido mejor suerte otras lenguas de nuestro país, ya que, además de las traducciones del ditirambo 18 citadas más arriba, M. Balasch preparó para la colección Bernat Metge (Barcelona, 1962) una edición bilingüe greco-catalana de las obras de nuestro poeta, que incluye, además, una extensa introducción general e introducciones parciales a cada género y a cada oda en particular; traduce Balasch las Odas 1-22 y, entre los fragmentos, sólo los literales, como Lens. Conviene señalar, por último, la versión gallega que, a la manera de Pascoli en Italia, hace el poeta Ramón Cabanillas del Fr . 21 (en Versos de alleas terras e de tempos idos. Parafrasis galegas , Santiago de Compostela, 1955, segunda edición en Obra completa , Buenos Aires, 1959, pág. 418): «Eu non teño fachenda / nin púrpuras / nin gandos / nin facenda, / pro teño un alma allea de inquedade, / chea da paz sinxela da bondade, / e, amáis, teño unha musa saudosa / que me regala, ás veces, unha rosa; / e, enchendo meus degaros manseliños, / en vasos de Beocia añexos viños.»

Así pues, dada la escasez de la bibliografía española sobre Baquílides, nos hemos propuesto traducir no sólo todos los epinicios, ditirambos y fragmentos (tanto los que constituyen palabras textuales como los que nos dan alguna noticia sobre la obra de nuestro poeta), sino incluso los pocos escolios a sus poemas que nos han llegado (alguno de ellos muy interesante) y los testimonios que sobre su vida y su arte nos han transmitido los autores antiguos, con el fin de obtener, al menos, una imagen lo más completa posible de la obra de Baquílides.

Como es natural en un autor que nos ha llegado en las condiciones del que ahora traducimos, el texto presenta numerosas lagunas, algunas de ellas de gran extensión; no obstante, cuando las lagunas son breves y podemos entrever más o menos el sentido global del pasaje, pero ninguno de los suplementos propuestos ofrece suficientes garantías, hemos optado por introducir en nuestra traducción una de las conjeturas posibles, que facilite la lectura. En cuanto a los fragmentos, nos ha parecido conveniente presentarlos con su contexto, ya que éste puede proporcionar interesantes informaciones accesorias; asimismo, cuando un pasaje nos ha sido transmitido por más de un autor, se ofrecen todos los testimonios, distinguidos por una letra minúscula que acompaña al correspondiente número del fragmento (1a, 1b, 1c, etc.; 1Aa, 1Ab, 1Ac, etc.).

Contamos, afortunadamente, con una edición modélica de la obra de nuestro poeta, la de B. Snell-H. Maehler (Carmina cum fragmentis , Leipzig, 197010 ), cuyo texto hemos seguido; no obstante, nos apartamos de él en los siguientes pasajes:




1 Para todos los textos citados, véanse infra , págs. 259-270, «Testimonios sobre la vida y el arte de Baquílides». Tampoco abundan las anécdotas sobre nuestro poeta, tan frecuentes, por ejemplo, en el caso de Píndaro y Simónides. Sobre la fiabilidad de este tipo de informaciones y la manera de interpretarlas, véase M. P. LEFKOWITZ , The lives of the Greek poets , Londres, 1981.

2 El propio Eusebio, en otro pasaje (cf. testimonio 4B), coloca la acmḗ de Baquílides en 451; sobre este error de las fuentes, véase A. SEVERYNS , Bacchylide. Essai biographique , Lieja-París, 1933, pág. 18, n. 12.

3 A. KOERTE , «Bacchylidea», Hermes 53 (1918), 140 y sigs.; SEVERYNS , Bacchylide …, págs. 17 y sigs.

4 Cf. H. MAEHLER , Die Lieder des Bakchylides , Leiden, 1982, I, página 7 (= MAEHLER ).

5 Bacchylide …, págs. 24-25.

6 «Bacchylidea», págs. 141-142.

7 Por ejemplo, SEVERYNS , Bacchylide …, págs. 27 y sigs.; SCHMID STAEHLIN , Geschichte der griechischen Literatur , Munich, 1920-1948, I, pág. 524 (aun sin decidirse del todo); M. BALASCH , Odes , Barcelona, 1962, págs. 13 y sigs. ( = BALASCH ); MAEHLER , I, págs. 6-7; en cambio, A. LESKY , Historia de la literatura griega (trad. esp. de J. M. DÍAZ REGAÑÓN y B. ROMERO , Madrid, 1976), págs. 229-230, se limita a decir que la fecha que nos da Eusebio del apogeo de Baquílides «debe de ser aproximadamente exacta».

8 Cf., sobre todo ello, SEVERYNS , Bacchylide …, págs. 19 y sigs.

9 G. S. FATOUROS , «Bakchylides der Flötenspieler, nicht Bakchylides der Dichter», Philol . 105 (1961), 141-149.

10 «Bacchylidea», págs. 144-145; cf., también, SCHMID -STAEHLIN , Geschichte …, I, pág. 529, y SEVERYNS , Bacchyiide …, págs. 145-146.

11 MAEHLER (I, pág. 7) piensa que si Eusebio menciona otra vez a Baquílides en el año 451 (cf. supra , n. 2), es porque seguramente entonces tuvo lugar su muerte. Añade que nuestro poeta no compuso más epinicios en honor de sus compatriotas después de 452, pese a que tenemos noticias de que, poco más tarde, atletas de Ceos lograron importantes triunfos; ello indicaría que Baquílides había muerto ya.

12 Bacchyiide …, págs. 30 y sigs.

13 Los beocios no harían un encargo al rival de su poeta nacional, Pindaro (TH . REINACH , «Deux fragments d’ hyporquèmes anonymes», en Mélanges Henri Weil , París, 1898; reimpr., Amsterdam, 1974, pág. 421).

14 De 14B, en honor del tesalio Aristóteles, nada se puede decir.

15 Cf. n. 38 ad loc .

16 Bacchylide …, pág. 54.

17 Ibid ., págs. 54 y sigs.

18 Véase la introducción a estos poemas.

19 Véanse los textos infra , en nuestros «Testimonios sobre la vida y el arte de Baquílides». Las opiniones oscilan entre la negación del valor de la tradición (L. A. MICHELANGELI , «Dopo il Bacchilide pubblicato nel Museo Britanico», Riv. Stor. Ant . 3 [1898], 44-61) hasta la aceptación en masa de todas las noticias (B. GENTILI , Bacchilide. Studi , Urbino, 1958, págs. 24-28). Véanse también R. C. JEBB , Bacchylides. The poems and fragments , Cambridge, 1905, págs. 13 y sigs. ( = JEBB ); BALASCH , págs. 21 y sigs.; SEVERYNS , Bacchylide …, págs. 69 y sigs.; C. A. M. FENNELL , «On the relation between Bacchylides and Pindar», Proc. Cambr. Philol. Assoc . 25 (1907), 15-16; S. GZELLA , en Eos 58 (1969-1970), 19-32 y 171-179, y 59 (1971), 189-202, y el libro de E. STEHR , Bakchylides in seinem Verhältnis zu Simonides und Pindar. Ein Sängerkrieg im Altertum , Rostock, 1923.

20 Cf. infra , «Testimonios sobre la vida y el arte de Baquílides», número 2c.

21 Véase la introducción al poema.

22 Sobre la fecha de composición del epinicio 11, también dedicado a un griego occidental, véase la introducción al mismo.

23 Cf. infra , «Testimonios sobre la vida y el arte de Baquílides», número 6. Ignoramos la causa del exilio, pero debió de ser seguramente cuestión política, más probablemente política local.

24 «Bacchylidea», págs. 146-147; también SCHMID -STAEHLIN , Geschichte …, I, págs. 528-529.

25 Bacchylide …, págs. 123 y sigs.; se basa en: 1) la datación de 1 y 2 en 456; 2) el hecho de que, entre 464 y 456, los ceyos debieron de conseguir muchas victorias deportivas, que Baquílides no canta; 3) en los epinicios 1 y 2 el poeta insiste extraordinariamente en su origen jónico, quizá como reacción contra el encargo del peán a Píndaro.

26 Así, por ejemplo, U. VON WILAMOWITZ -MOELLENDORFF (Pindaros , Berlin-Zurich-Dublín, 1966, 2.a ed. inalterada de la primera de 1922, páginas 414-415) piensa que Baquílides estaba aún en el exilio en 452, cuando compuso sus epinicios para Lacón. En cambio, BALASCH (páginas 32 y sigs.) prefiere situar el exilio entre los años 476-464.

27 Cf. infra , «Testimonios sobre la vida y el arte de Baquílides», números 9B y C.

28 Fr . 324 de la edición de WEST , que lo considera espurio.

29 Olímpicas IX 1 ss.

30 B. GENTILI , «Aspetti del rapporto poeta, commitente, uditorio nella lirica corale greca», Studi Urbinati 39 (1965), 70-78, concretamente pág. 71.

31 Para más detalles sobre ellos, se puede consultar M. FÉRNANDEZ GALIANO , Píndaro. Olímpicas , Madrid, 1944; así como las traducciones de la obra de Píndaro de P. BÁDENAS -A. BERNABÉ (Madrid, 1984) y de A. ORTEGA (Madrid, 1984, en esta misma colección). Obras importantes sobre el tema son las de E. N. GARDINER (Athletics of the ancient world , Oxford, 1930; reimpr. con correcciones, 1955), y R. PATRUCCO (Lo sport nella Grecia antica , Florencia, 1972).

32 Cf. nn. 2 y 3 al epinicio 9, para las dos leyendas alternativas sobre la fundación de los juegos.

33 Véanse las Olímpicas I y X de PÍNDARO respectivamente, y, en relación con el mito de Pélope, BAQUÍLIDES , 8, 26 ss.

34 Algo parecido ocurre en la actualidad en las competiciones tenísticas, donde obtienen distinción especial los escasísimos deportistas que en un mismo año consiguen ganar los cuatro grandes torneos de Inglaterra, Francia, Estados Unidos y Australia.

35 Cf. BAQUÍLIDES , 13, 46 ss., sobre todo el V . 49.

36 El único epinicio conocido que celebra la victoria en un certamen musical es la Pítica XII de PÍNDARO .

37 Der Aufbau des pindarischen Epinikion , Halle, 1928. No obstante, el estudio del tema había sido ya sugerido un siglo antes por G. HERMANN , en su reseña de la edición pindàrica de Dissen, en Jahrb. für Philol. und Paed . 1 (1831), 44-91.

38 Studia Pindarica , Berkeley-Los Ángeles, 1962. Para Baquílides en particular, véase el libro de J. K. FINN , A study of the elaboration and function of epinician conventions in selected odes of Bacchylides , Duke Univ., 1980.

39 Después de Schadewaldt han sido estudiados de forma sistemática por E. THUMMER (Pindar. Die isthmischen Gedichte , Heidelberg, 1968-1969), C. O. PAVESE («Semantematica della poesia corale greca», Belfagor 23 [1968], 389-430), R. HAMILTON (Epinikion. General form in the odes of Pindar , La Haya, 1974) y, con especial incidencia en la obra de Baquílides, F. GARCÍA ROMERO (Estructura de la oda baquilidea: estudio composicional y métrico , Madrid, 1987, 2 vols.).

40 Los epinicios de Píndaro, aun coincidiendo en líneas generales con este esquema, suelen contener variaciones más numerosas y profundas; cf. HAMIITON (Epinikion…) y GARCÍA ROMERO (Estructura …, págs. 1213 y sigs., sobre todo págs. 1260-1261).

41 Para una historia de la valoración de la función del mito, punto esencial en el conflictivo tema de la unidad del epinicio, cf. A. KOEHN KEN , Die Funktion des Mythos bei Pindar , Berlín-Nueva York, 1971.

42 Entre los epinicios de Baquílides, sólo en 11 no se vuelve a la actualidad después del mito; en la obra de Píndaro son mucho más numerosos los epinicios con mito no central.

43 Sobre la función de las sentencias, cf. H. BISCHOFF , Gnomen Pindars , Würzburgo, 1938, para Píndaro, y GARCÍA ROMERO (Estructura …, págs. 1170 y sigs.), para Baquílides.

44 La historia del problema en D. C. YOUNG , «Pindaric criticism», The Minnesota Review 4 (1964), 584-641 (recogido en W. H. CALDER -J. STERN [EDS .], Pindaros und Bakchylides , Darmstadt, 1970, págs. 1-95), y J. S. LASSO DE LA VEGA , «La Séptima Nemea y la unidad de la oda pindárica», Est. Clás . 21 (1977), 59-139.

45 Moderne Pindarfoltolkning , Copenhague, 1891 (con un resumen en latín).

46 G. NORWOOD , Pindar , Berkeley-Los Ángeles, 19562 (hay trad. it. de la 1.a ed., Bari, 1952).

47 H. FRAENKEL , en su reseña al libro de Schadewaldt, en Gnomon 6 (1930), 1-20.

48 Que recoge, precisa y completa las viejas teorías de A. BOECKH (Pindari Epiniciorum interpretatio Latina , Leipzig, 1821; reimpr., Hildesheim, 1963; y reseña de la edición de Dissen, recogida en Gesamm. Kleine Schriften , VII, Leipzig, 1872, págs. 369-403).

49 Cf. LASSO DE LA VEGA , «La Séptima Nemea…», passim; G. F. GIANOTTI , Per una poetica pindarica , Turín, 1975, págs. 116 y sigs.

50 El estudio de la estructura formal del mito en el epinicio pindàrico fue ya emprendido por L. ILLIG (Zur Form der pindarischen Erzählung , Berlín, 1932), pero las construcciones simétricas afectan también a las partes no míticas (cf., recientemente, C. GREENGARD ,The structure of Pindar’s epinician odes , Amsterdam, 1980); para Baquílides, cf. GARCÍA ROMERO , Estructura…, passim .

51 Cf. PLATÓN , Fedro 264c: «todo discurso debe tener una composición a la manera de un animal, con un cuerpo propio, de tal modo que no carezca de cabeza ni de pies, y tenga una parte central y extremidades, escritas de manera que se correspondan unas con otras y con el todo».

52 B. A. VAN GRONINGEN , La composition littéraire archaïque grecque , Amsterdam, 19602 , pág. 386: «La unidad de las odas solidamente construidas es, pues, más el resultado del azar, es decir, del estado de ánimo del poeta, que de una intención consciente y voluntaria por su parte.»

53 Sobre el tema, cf. las ediciones de B. SNELL -H. MAEHLER (Carmina cum fragmentis , Leipzig, 197010 , pág. VIII [ = SNELL -MAEHLER ]), y MAEHLER (I, págs. 36-37); también C. GALLAVOTTI , «Studi sulla lirica greca, 6 e 7», Riv. Filol. Istr. Class . 22-23 (1944-1945), 8-9, y J. IRIGOIN , «Prolégomènes à une édition de Bacchylide», Rev. Étud. Gr . 75 (1962), 59-60.

54 Cf. R. PFEIFFER , Historia de la filología clásica , trad. esp. de J. VICUÑA y R. LAFUENTE , Madrid, 1981, vol. I, pág. 239.

55 Cf. A. W. PICKARD -CAMBRLDGE , Dithyramb, tragedy and comedy , Oxford, 1927; 2.a ed. rev., 1962. Véanse también, recientemente, G. A. PRIVITERA , «Il ditirambo da canto cultuale a spettacolo musicale», Cultura e scuola 43 (1972), 56-66, recogido en C. CALAME , Rito e poesia corale in Grecia. Guida storica e critica , Roma-Bari, 1977, págs. 25-37, y J. L. MELENA , «Perfiles generales para una historia del ditirambo como género literario», Tabona 4 (1983), 181-223.

56 D. COMPARETTI («Les dithyrambes de Bacchylide», recogido en CALDER -STERN [EDS .], Pindaros …, págs. 391-404), que cree que todos son ditirambos; H. JURENKA («Die dithyramben des Bakchylides», Wiener Studien 21 [1899], 216-224), que sólo acepta 18 y quizá 19; cf. U. VON WILAMOWITZ -MOELLENDORFF , Die Textgeschichte der griechischen Lyriker , Berlín, 1900.

57 Cf. A. E. HARVEY , «The classification of Greek lyric poetry», Class. Quart . 5 (1955), 157-175; más en general L. E. ROSSI , «I generi letterari e le loro leggi scritte e non scritte nelle letterature classiche», Bull. Inst. Class. Stud . 17 (1971), 69-94, y C. CALAME , «Réflexions sur les genres littéraires en Grèce archaïque», Quad. Urbin. Cult. Class . 17 (1974), 113-128.

58 Véase nuestra traducción de los escolios a la Oda 23.

59 PFEIFFER , Historia …, vol. I, pág. 394.

60 Cf. F. LONGONI , «Nota sulla storia del ditirambo. Ancora a proposito di P. Berol . 9571 verso», Acme 29 (1976), 305-308; PRIVITERA , «Il ditirambo…», pág. 33.

61 Para más detalles, véase la introducción a cada uno de los poemas.

61bis Cf. A. M. DALE , «Stasimon and Hyporcheme», Eranos 48 (1950), 14-20, recogido en Collected papers , Cambridge, 1969, págs. 34-40.

62 Cf. HARVEY , «The classification…», págs. 157 y sigs.; B. A. VAN GRONINGEN , Pindare au banquet , Leiden, 1960, págs. 11-18; igualmente nuestra n. 35 a los Fragmentos de Baquílides.

63 Un estudio detallado de la lengua de Baquílides puede verse en JEBB , págs. 79 y sigs.; MAEHLER , I, págs. 9 y sigs.; J. SCHOENE , «De dialecto Bacchylidea», Leipz. Stud. Klass. Philol . 19 (1899), 179-309, y R. A. FELSENTHAL , The language of Greek choral lyric. Alcman, Stesichorus, Ibycus and Simonides , tesis doct., Univ. Wisconsin, 1980.

64 Véase infra , «Testimonios sobre la vida y el arte de Baquílides», num. 9A.

65 Hoy se considera fuera de lugar la afirmación de U. VON WILAMOWITZ -MOELLENDORFF (Bakchylides , Berlín, 1898, págs. 8-9) de que los antiguos incluyeron a Baquílides en el canon de los nueve líricos porque no conservaban obras suficientes de otros poetas.

66 Una pormenorizada clasificación de los epítetos de Baquílides puede verse en JEBB , págs. 69 y sigs. Según E. D. TOWNSEND (Bacchylides and lyric style , Bryn Mawr College, 1956), de las ca . 230 palabras que se encuentran sólo o por primera vez atestiguadas en el poeta, la inmensa mayoría son adjetivos compuestos, junto a catorce substantivos y verbos y un adverbio.

67 Este rasgo es muy raro en Píndaro, pero no inexistente; cf. H. C. AVERY , «Pindar and four epithets», Arion 2 (1963), 128-129.

68 L. R. FARNELL , «Archaeological notes to Bacchylides», Class. Rev . 12 (1898), 344; TOWNSEND , Bacchylides …, págs. 32 y 79-80.

69 Que, al aplicar el epíteto característico de un personaje a otro, se intenta establecer algún tipo de relación entre ellos, es idea que encontramos ya entre los antiguos. Véase el Fr . 4 ALLEN de la Tebaida , transmitido por PAUSANIAS , VIII 25, 8: «En la Tebaida se dice que Adrasto huyó de Tebas ‘llevando sus vestidos en estado lamentable, con Arión de oscura cabellera’, y pretenden que estos versos insinúan veladamente que Posidón era padre de Arión» (porque el epíteto «de oscura cabellera» es usado por Homero como calificativo de Posidón).

70 El público tiene ya un papel destacado en el canto XXIII de la Ilíada , en los juegos fúnebres en honor de Patroclo (vv. 721, 728, 766-767, 815, 847, 869, etc.).

71 Sobre el particular, véase, especialmente, el artículo de G. M. KIRK -WOOD , «The narrative art of Bacchylides», en Studies in honor of H. Captan , ed. L. WALLACH , Ithaca, 1966, págs. 98-114.

72 Historia …, pág. 231.

73 Véase la n. 24 ad loc .

74 Cf. la bibliografía citada supra , n. 50.

75 El estudio de las repeticiones de palabras e imágenes en el epinicio de Píndaro fue ya iniciado en el siglo pasado por Mezger, pero se ha reavivado, con nueva metodología, bastante recientemente, e igualmente se ha emprendido el análisis de la obra de Baquílides desde este punto de vista, sobre todo en los trabajos de J. STERN , Metrical and verbal patterns in the poetry of Bacchylides , tesis doct., Columbia, 1965; J. DUMORTIER , «De quelques associations d’images chez Bacchylide» recogido en CALDER -STERN (EDS .), Pindaros …, págs. 413-420; M. R. LEFKOWITZ , The victory ode: an introduction , Park Ridge, 1976; P. T. BRANNAN , «Hieron and Bacchylides. An analysis of Bacchylides’ fifth Ode», Class. Fol . 26 (1972), 185 y sigs.; GUZMÁN GUERRA , «Función de las repeticiones verbales en Baquílides. La estructura de la Oda 17», Habis 7 (1976), 9-19, y GARCÍA ROMERO , Estructura …

76 WILAMOWITZ (Pindaros , pág. 318) y FARNELL («Archaelogical…», página 343), respectivamente.

77 A. DAIN , Traité de métrique grecque , París, 1965, pág. 159.

78 Seguimos la opinión hoy más extendida al distinguir estos cuatro elementos. No obstante, conviene advertir que no hay unanimidad; así, M. L. WEST (Greek metre , Oxford, 1982) no acepta la distinción entre períodos mayores y menores, y J. IRIGOIN («Colon, vers et période», en Studia Aristophanea W. J. W. Koster in honorem , Amsterdam, 1967, págs. 65-73; cf. también Rev. Philol . 31 [1957], 234-238) admite solamente tres, etc.

79 Véase el apartado de la bibliografía dedicado a la métrica.

80 V. TOMMASINI , «Imitazioni e reminiscenze omeriche in Bacchilide», Stud. Ital. Filol. Class . 7 (1899), 415-439; A. KRAJEWSKI , De Bacchylide Homert imitatore , Cracovia, 1907; H. BUSS , De Bacchylide Homeri imitatore , tesis doct., Giessen, 1913 (otros muchos ejemplos añade en su reseña A. EBERHARD , Berl. Philol. Woch . 34 [1914], 1220-1228).

81 Para este último, cf. GENTILI , Bacchilide …, págs. 118 y sigs.

82 Cf. W. K. PRENTICE , De Bacchylide Pindari artis socio et imitatore , Halle, 1900.

83 Cf. R. LA CARA , «La fama di Bacchilide presso gli antichi», Riv. Stor. Ant . 10 (1906), 514-536; JEBB , págs. 74 y sigs.; SCHMID -STAEHLIN , Geschichte …, vol. I, págs. 538-539.

84 Cf. A. SZASTYŃSKA -SIEMION , «De Theocrito veterum lyricorum imitatore», Eos 57 (1965), 59-70 (en polaco, con un resumen en latín).

85 Antología Palatina IX 1, 34.

86 J. S. LASSO DE LA VEGA , «Sobre algunas fuentes griegas de Tibulo I 10», en Simposio tibuliano (Murcia, 1985), págs. 46 y sigs.

87 E. PARATORE , «Bacchilide e Virgilio», Wien. Stud . 69 (1956), 289-296; R. J. CLARK , «TWO Virgilian similes and the ‘Hρακλέους κατάβασις», Phoenix 24 (1970), 244-255.

88 L. MACCARI , Bacchilide e Orazio , Urbino, 1899; K. BRANDT , «De Horatii studiis Bacchylideis», en Festschrift J. Vahlen , Berlín, 1900, páginas 297-315; R. LA CARA , «Orazio e Bacchilide», Class. Neolat . 4 (1908), 161-167; T. SINKO, «De Horatii carmine I 15 eiusque exemplari graeco», Eos 29 (1926), 135-155.

89 E. H. BLACKENEY («Parallels to Juvenal VIII 20», Classical Review 12 [1898], 209), y BALASCH (pág. 51) respectivamente.

90 N. I. STEFANESCU , «LOS poetas líricos Píndaro y Baquílides en la obra de Clemente de Alejandría», Ortodoxia 12 (1960), 240-252 (en rumano); Q. CATAUDELLA , «Citazioni bacchilidee in Clemente Alessandrino», en Forma futuri. Studi in honore di Michele Pellegrino , Turin, 1975, págs. 119-125; I. OPELT , «Bakchylides in der christlichen Spätantike», Jahrb. Ant. Christ . 18 (1975), 81-86.

91 «Bacchylide. À propos de l’histoire du texte au moyen âge», Byz. Forsch . 6 (1979), 79-82.

92 Sobre estos tres autores, en los que quizá haya una reminiscencia de BAQUÍLIDES , 3, 44-45, cf. también D. CHRISTIDIS , «Bακχυλίδη έπινίκοι 3, 44-45», Hellenica 34 (1982-1983), 352-355 y 580-581.

93 Véase A. ROERSCH , «Bacchylide et les poètes néo-latins», Musée Belge 3 (1899), 211-213.

94 «Due frammenti fiorentini del papiro di Bacchilide P. Brit. Mus . 733», Ann. Scuoi. Norm. Pisa 10 (1941), 155-163; contiene parte de los epinicios 4 y 12.

95 De la edición de BALASCH (págs. 61-62) tomamos la noticia de que el libro fue editado en 1910 en Barcelona; en los ficheros de la Biblioteca Nacional de Madrid aparece la fecha 1911 entre signos de interrogación.

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30 января 2026
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9788424931537
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