Читать книгу: «Tratados hipocráticos III»

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BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 91


Asesor para la sección griega: CARLOS GARCÍA GUAL .

Según las normas de la B. C. G., las traducciones de este volumen han sido revisadas por M.a DOLORES LARA NAVA .

© EDITORIAL GREDOS, S. A.

Sánchez Pacheco, 81, Madrid, 1997.

Las traducciones, introducciones y notas han sido llevadas a cabo por: C. G.a Gual (Sobre la dieta ), J. M.a Lucas de dios (Sobre las afecciones ), B. Cabellos Álvarez (Apéndice a «Sobre la dieta en las enfermedadesagudas ») e I. Rodríguez Alfageme (Sobre el uso de los líquidos y Sobre el alimento ).

PRIMERA EDICIÓN , 1986.

REF. GEBO207

ISBN 9788424931056.

SOBRE LA DIETA

(Perì diaítēs )

INTRODUCCIÓN

El tratado Perì diaítēs es uno de los escritos más amplios y variados del Corpus Hippocraticum . Hemos preferido traducir su título por Sobre la dieta —en lugar de Acerca del régimen de vida —, porque así conservamos el término griego originario; pero la palabra debe ser tomada en su acepción más amplia: se trata de prescribir un régimen de alimentos y de ejercicios para mantener o recobrar la salud, atendiendo al equilibrio que es la condición indispensable de ésta. Esta obra, dividida por su autor en cuatro libros, representa «la culminación del desarrollo de la teoría dietética en el período clásico», según la expresión de W. D. Smith 1 . Es, desde luego, el escrito más amplio y más sistemático sobre este tema, tan importante dentro de la medicina hipocrática.

Desde sus primeros párrafos el autor se nos presenta como un ecléctico, que conoce y piensa utilizar las obras de otros en la medida en que le parecen válidas, pero reclama para sí una mayor sistematicidad y un enfoque global que se echa de menos en los escritos de sus precursores. Esta visión de conjunto, más clara y completa, es lo que reclama como mérito fundamental de su exposición. Por ello, intenta exponer, en su libro I, una concepción general de la naturaleza humana recurriendo a teorías filosóficas, de acuerdo con un programa que esboza en el capítulo segundo del mismo. En los libros siguientes su escrito cobra un perfil más empírico, al describir los alimentos y ejercicios, pero este afán sistemático de resumir en una exposición completa y orgánica la teoría dietética es lo que da un sello peculiar al tratado. Por otro lado, como se ha señalado repetidamente, caracteriza a este autor la finalidad no sólo terapéutica, sino básicamente profiláctica con la que propone sus tratamientos.

Saber conduce a prever y a proveer, y así por los síntomas puede el terapeuta detectar la evolución de la enfermedad, que surge como desequilibrio, y puede, mediante un régimen dietético que compense los efectos nocivos del mismo, volver al enfermo a su condición saludable natural. Los elementos básicos de esta teoría son muy sencillos: alimentación y ejercicios tienen efectos contrarios; los procesos fundamentales en el cuerpo son los de repleción (plēsmonḗ) y vaciamiento (kénōsis); todo exceso es perjudicial; los alimentos presentan varias dynámeis («cualidades naturales, influencias, efectos») que el buen médico ha de conocer para ponerlas al servicio de su tratamiento. Con una concepción tan sencilla de la enfermedad y el tratamiento, nuestro autor propone un método dietético que no sólo trata de medicar al enfermo, sino de prevenir la enfermedad antes de que ésta se desarrolle. Sus prescripciones se basan en el reconocimiento previo, la prodiágnōsis , y es justamente por ello por lo que se le ha calificado como precursor o fundador de la medicina preventiva.

En su tratamiento, el autor de Sobre la dieta recurre a alimentos naturales y a ejercicios físicos, dosificados y graduados para producir un cambio inverso al del proceso morboso; rehúye la administración de fármacos, y no deja de ser curioso el hecho de que, cuando en algunas pocas ocasiones acude al eléboro, propone, a la vez, como alternativa un tratamiento sin uso de tal droga. Este recurrir a lo natural, evitando la farmacopea, es uno de los rasgos de nuestro autor, cercano probablemente a un paidotríbēs famoso: Heródico de Selimbria. Otro trazo característico es su afición a las teorías de algunos filósofos presocráticos (Anaxágoras, Arquelao, Empédocles, Heráclito, algún pitagórico, acaso Protágoras, etc. 2 ) acerca de la naturaleza humana, y sus aparentemente escasos conocimientos anatómicos concretos —p. ej., esas vagas alusiones a los tres períodoi del interior del cuerpo humano— que parecen limitar su formación y práctica profesional.

A costa de repetir estas líneas, parece interesante recoger el programa que se nos presenta en el cap. 2:

«Afirmo que quien pretende componer acertadamente un escrito sobre la dieta humana debe, antes que nada, reconocer y discernir la naturaleza del hombre en general; conocer de qué partes está compuesto desde su origen, y distinguir de qué elementos está dominado. Pues si no reconoce la composición fundamental, será incapaz de conocer lo que de ella se deriva. Y si no discierne qué es lo dominante en el cuerpo, no será capaz de procurarle lo conveniente al ser humano. Por tanto, eso debe conocerlo el autor de tal escrito y, juntamente con ello, la cualidad de todos los alimentos y las bebidas con las que nos mantenemos, qué propiedad tiene cada uno, tanto si proviene de su misma naturaleza, como si es debida a la ocasión forzada y a la técnica del hombre. Pues es preciso saber cómo hay que disminuir la influencia de las cosas que son fuertes por su naturaleza y cómo hay que potenciar el vigor de las débiles, por medio de la técnica, cuando quiera que se presente el momento oportuno para lo uno y lo otro.

Los que ya conocen lo dicho ahora, todavía no poseen con ello el tratamiento completo para medicar al hombre, ya que no puede el ser humano mantenerse sano sólo comiendo, sino que tiene además que practicar ejercicios. Pues presentan influencias opuestas entre sí comidas y ejercicios, pero se complementan con vistas a la salud. Porque los ejercicios físicos producen naturalmente un gasto de lo acumulado, mientras que los alimentos y bebidas restauran lo vaciado.

Conviene, según está admitido, discernir la influencia de los ejercicios físicos, tanto de los naturales como de los violentos, y cuáles de ellos proporcionan un aumento de las carnes y cuáles una disminución; y no sólo esto, sino además las relaciones convenientes de los ejercicios con respecto a la cantidad de alimentos, la naturaleza de los individuos y las edades de los cuerpos, y su adecuación a las estaciones del año, a las variaciones de los vientos y a las situaciones de las localidades en que se habita, y la constitución del año. Hay que conocer las salidas y las puestas del sol, de modo que se sepa prevenir los cambios y los excesos de las comidas y bebidas, de los vientos, y del universo entero, de todo lo que, ciertamente, les vienen a los seres humanos las enfermedades.»

A lo largo de los tres primeros libros el autor intenta cumplir con ese amplio programa. Comienza, pues, por exponer sus ideas sobre la naturaleza del hombre en general (I, caps. 3-36), tomando como base de su antropología un dualismo sustancial, del fuego y el agua como componentes últimos del organismo, y pasando a tratar de embriología, anatomía, genética, caracterología, con un amplio excursus sobre la doctrina del cuerpo como microcosmos y la curiosa mímēsis que las téchnai realizan inconscientemente de ciertos procesos somáticos 3 . El libro II comienza tratando de las constituciones de los lugares y de los vientos (caps. 37-38), y prosigue con un catálogo de las dynámeis de los alimentos y de los ejercicios (caps. 39-66) desde una perspectiva dietética. También el libro III comienza con una breve digresión, sobre el régimen propio de las distintas épocas del año (cap. 68), y luego expone los tratamientos adecuados en quince casos de enfermedad, basándose en los síntomas y en un diagnóstico previo o prodiágnōsis de la situación, causada por una preponderancia morbosa de los alimentos o de los ejercicios (caps. 69-85). El libro IV (caps. 86-93), bastante más breve que los anteriores, trata de los sueños en cuanto signos premonitores, tekmḗria , de determinados desarreglos corporales.

Como se ve, el plan seguido está de acuerdo con el programa, y en conjunto puede decirse que la composición de la obra revela un notable cuidado en pos del sistema y de la claridad del conjunto. Esta unidad de composición ha sido destacada por H. Diller y R. Joly. Mientras que el primer estudio fundamental sobre el tratado, el de C. Fredrich (Hippokratische Untersuchungen , Berlín, 1899), insistía en las múltiples influencias filosóficas detectables en el texto (sobre todo en el libro I, que tiene, a este respecto, una posición especial), y consideraba a nuestro autor como un «compilador» de opiniones anteriores, H. Diller y R. Joly, por distintos caminos, ya que los estudios de uno y otro aparecieron casi a un mismo tiempo 4 , han insistido en la realización detallada de un plan unitario.

Ya W. Jaeger (en Paideia , II, 1944) señalaba que «el autor es un filósofo y un sistemático, aunque apenas lo caracterizaríamos con justicia calificándolo de simple compilador». Las páginas que Jaeger dedica al examen del tratado 5 son muy interesantes, y significan un avance de la posición mantenida por Fredrich 6 . En nuestro autor encontramos un afán de completar en una síntesis superior los logros de sus predecesores en el estudio de la dietética, como él mismo nos dice; es, mucho más que un compilador, un ecléctico, y no es un mero teórico, sino un tratadista observador y empírico, como muestran muchos detalles de los libros II y III, que sabe concertar sus teorías con la observación de datos y hechos, y al que sería injusto negar una visión cuidada del conjunto de la obra y una cierta originalidad en lo que respecta a su doctrina de la prodiágnōsis , que es precisamente aquello en lo que él mismo insiste como «invención» propia, heúrēma , y una gran dosis de sistematismo en la redacción de su obra. Es, además, un autor muy consciente de su condición de tal, de escritor para un público bastante amplio, y de redactor de un sýngramma , un tratado que se inserta en una tradición, la de los escritos de dietética que pretende coronar. En los caps. 1 y 2 del libro I, aparecen, ocho veces, formas del verbo syngráphō , y esas repeticiones indican esa consciencia del escritor 7 .

Que era alguien instruido en filosofía lo muestran las numerosas influencias que pueden detectarse en el libro I de filósofos anteriores, a veces estilísticas (de Heráclito) y, especialmente, de fondo (sobre todo, de Anaxágoras y Arquelao, pero también de algunos pitagóricos y de Empédocles y de algunos sofistas). Y también lo muestra su programa, que tiene cierta similitud con el que Platón atribuye al propio Hipócrates, en un conocido pasaje del Fedro 8 . Se trata de un escritor ilustrado, más cercano a los ambientes de los filósofos que otros autores del CH , pero a la vez un experto en temas médicos, distinto de los autores criticados por el hipocrático que escribió Sobre la medicina antigua .

Contrasta, en efecto, la generalidad y esquematismo de las teorías expuestas en el libro I sobre la naturaleza del hombre y la constitución del mismo, apuntaladas sobre tesis de algunos presocráticos, con las listas detalladas de alimentos y de ejercicios que encontramos en el libro II 9 . E, incluso, con la cautela que testimonia en el cap. 39, con el que prologa ese catálogo de alimentos, que seguramente está basado en una lista tradicional, como señalan R. Joly y W. D. Smith. «Todos cuantos han intentado expresarse de modo general acerca de la cualidad básica de las cosas dulces o saladas o grasas o sobre alguna otra sustancia del mismo tipo, no andan bien informados. Porque no tienen la misma cualidad unas que otras las cosas dulces, ni las grasientas, ni ninguna de las demás por el estilo. Pues muchas cosas dulces son laxantes, y otras son astringentes, unas desecan y otras humedecen... Así que no es posible acerca de todas en conjunto demostrar que son de tal o cual manera. De cada una en particular yo enseñaré la cualidad que posee.» Y, a continuación, empieza a tratar de los efectos de la cebada, los panes diversos, el ciceón , el trigo, etc., con el mismo sentido crítico con que lo postulaba el autor de Sobre la medicina antigua . A los asertos generales de base filosófica, postulados abstractos de abolengo presocrático, suceden una serie de observaciones basadas, en parte, en la tradición y, en parte, en la experiencia que se refieren a datos muy concretos en la línea de la medicina hipocrática empírica y tradicional. (Una lista de alimentos y sus propiedades que guarda relación con otras que están en otros textos del CH , como Sobre las afecciones o con algunos párrafos del Apéndice a sobre la dieta en las enfermedades agudas ) 10 .

Es difícil precisar la fecha en que se escribió Sobre la dieta . W. Jaeger, que aproximaba su texto a los escritos de Diocles, dice que debió de escribirse bien entrado el s. IV . G. S. Kirk lo cree posterior al 350 a. C 11 . R. Joly prefiere, con buenas razones a nuestro parecer 12 , situarlo hacia el 400 a. C., una fecha ya defendida por C. Fredrich.

NOTA BIBLIOGRÁFICA

El texto seguido en la versión ha sido el editado por Robert Joly, Hippocrate. Du régime , «Les Belles Lettres», París, 1967.

He tenido a la vista, además, las ediciones anteriores de: E. Littré en Oeuvres complètes d’Hippocrate , volumen VI, París, 1849, págs. 462-663, y de W. H. S. Jones, Hippocrates IV , Londres-Cambridge (Mass.), 1931, páginas 223-447.

Los tres volúmenes citados presentan el texto acompañado de una traducción, sea francesa o inglesa. He contado también con la versión al italiano de U. Biasieli Dilemmi (hecha sobre el texto editado por R. Joly), publicada en Opere di Ippocrate , ed. por M. Vegetti, Turín, 1976, 2.a ed. ampliada.

Para una bibliografía sobre este tratado remito a las obras citadas en las notas de la Introducción.

CARLOS GARCÍA GUAL


1 W. D. SMITH , «The Development of Classical Dietetic Theory», en Hippocratica , París, 1980, pág. 583.

2 La influencia fundamental, como ya señaló C. Fredrich y, luego, ha precisado R. Joly, es la de Anaxágoras y su discípulo Arquelao. La influencia de Heráclito, cuyo estilo sentencioso parece imitar el autor del Perì diaítēs en varios pasajes del libro I, es menor de lo que apuntan algunos críticos guiados por una impresión de primera lectura. También, en puntos concretos, es importante el influjo de los pitagóricos, precursores en el campo de la dietética y en el estudio del alma.

3 Sobre el tema del microcosmos y las posibles influencias orientales, véase el minucioso comentario de R. JOLY , Recherches sur le traité pseudo-hippocratique Du régime , París, 1961, págs. 35-52, y sobre la mímesis de los procesos naturales, ibid ., págs. 52-75.

4 El artículo de H. DILLER , «Die innere Zusammenhang der hipp. Schrift De victu », apareció en Hermes (1959), 39-56, y está recogido en sus Kleine Schriften zur antiken Medizin , Berlín-Nueva York, 1973, págs. 71-88.

5 Corresponden a las págs. 816-29 de la trad. esp. en un tomo de Paideia , México, 1957 (trad. de W. ROCES ).

6 Anterior a las páginas de Jaeger es el estudio de A. PALM , Studien zur hippokratischen Schrift Perì diaítēs , Tubinga, 1933.

7 Me parece que éste es un trazo personal de nuestro autor. No olvidemos que los textos de la medicina hipocrática aparecen al tiempo que se hace más «escrita» la cultura griega. (Cf. I. M. LONIE «Literacy and the Development of Hippocratic Medicine», en Formes de pensée dans la Collection Hippocratique , Ginebra, 1983, págs. 145-61; aunque no habla en concreto de este tratado.)

8 Hemos tratado de esto en nuestra «Introducción general» a Tratados hipocráticos , I, Madrid, B. C. G., 1983, págs. 34-7. Contra la tesis de W. D. Smith de que el autor de Sobre la dieta fuera el mismo Hipócrates, polemiza, de nuevo, R. JOLY en «Platon, Phèdre et Hippocrate: vingt ans après», en el vol. Formes de pensée... (Actes del IV coloquio internacional hipocrático celebrado en Lausannne, del 21 al 26 de septiembre de 1981), págs. 407-22, y en «Hippocrates and the School of Cos», en Nature Animated , M. RUSE ed., Dordrecht, 1983, págs. 29-47.

9 GALENO , que admiraba especialmente este libro, reputándolo digno de Hipócrates, nos testimonia (en VI, 473 K.) que circulaban ediciones sueltas del mismo, unas comenzando en el § 37 y otras en el 39. También Diocles de Caristo utilizaba este libro con frecuencia.

10 Sobre la relación de Sobre la dieta con otros textos del CH remito a R. JOLY , Recherches ..., págs. 183-209, y a las notas de nuestra traducción. Está, al parecer, en cierta relación con los tratados cnidios, pero no es un texto de esa escuela; sino como se ha dicho, un ecléctico atento a muy diversas corrientes.

11 G. S. KIRK , Heraclitus, The Cosmic Fragments , Cambridge, 1954, págs. 27 y sigs.

12 Entre ellas nos parece que es clara la que un eclecticismo filosófico como el del libro I, que hace un pastiche de Heráclito, y acude a Anaxágoras, a Empédocles y a otros presocráticos, habría sido arcaizante en exceso en la segunda mitad del siglo IV . El estudio detallado de la prosa de los tres últimos libros no permite, por nuestros restringidos conocimientos sobre la cuestión, llegar a una datación concreta.

SOBRE LA DIETA
LIBRO I

Si yo considerara que alguno de quienes me han precedido [1 ] en escribir acerca de la dieta humana adecuada a la salud había expuesto en sus escritos, en conjunto y en detalle, conociéndolo correctamente, cuanto le es posible abarcar a la inteligencia humana, a mí me bastaría, tras el trabajo realizado por otros, con reconocer lo que es atinado y valerme de estos resultados en la medida en que cada uno de ellos me pareciera ser útil. Ahora bien, son muchos los que ya han escrito sobre estos temas 1 , pero ninguno aún supo bien cómo debían tratarse por escrito. Unos acertaron en un punto, otros en otro; pero en el conjunto todavía no lo hizo ninguno de mis predecesores. No obstante, no es justo hacerle reproches a ninguno de ellos por no haber podido completar sus descubrimientos; más bien hay que elogiarlos a todos por haber emprendido tal investigación.

Con que no vengo dispuesto a censurar lo que no se ha dicho acertadamente, sino que mi intención es confirmar con mi asentimiento lo que está bien entendido. Porque todo cuanto mis predecesores han expuesto acertadamente no me es posible describirlo de manera diferente si lo describo correctamente. En cuanto a lo que han escrito de modo equivocado, con sólo rechazarlo y decir que no es así, nada concluiré. Con exponer lo que me parece acertado en cada tema dejaré claro cuál es mi propósito.

Y hago estas observaciones iniciales por la razón siguiente: que la mayoría de la gente, una vez que han oído al primero que dio explicaciones sobre algo, no aguardan a los que luego comentan sobre el tema, sin advertir que es propio del mismo proceso intelectual 2 reconocer lo dicho acertadamente y descubrir lo que aún no estaba enunciado.

Yo pues, como dije, confirmaré con mi aprobación lo que esté expuesto acertadamente, y en cuanto a lo dicho inexactamente mostraré cómo es en realidad. Y todo aquello que ninguno de los anteriores intentó explicar, yo indicaré 3 también cómo se presenta.

Afirmo que quien pretende componer acertadamente [2 ] un escrito sobre la dieta humana debe, antes que nada, reconocer y discernir la naturaleza del hombre en general; conocer de qué partes está compuesto desde su origen y distinguir de qué elementos está dominado. Pues si no reconoce la composición fundamental, será incapaz de conocer lo que de ella se deriva. Y si no discierne qué es lo dominante en el cuerpo, no será capaz de procurarle lo conveniente al ser humano 4 . Por tanto, eso debe conocerlo el autor de tal escrito y, juntamente con ello, la cualidad 5 de todos los alimentos y las bebidas con las que nos mantenemos, qué propiedad tiene cada uno, tanto si proviene de su misma naturaleza, como si es debida a la ocasión forzada y a la técnica del hombre. Pues es preciso saber cómo hay que disminuir la influencia de las cosas que son fuertes por su naturaleza y cómo hay que potenciar el vigor de las débiles, por medio de la técnica, cuando quiera que se presente el momento oportuno para lo uno y lo otro.

Los que ya conocen lo dicho ahora todavía no poseen con ello el tratamiento completo para medicar al hombre, ya que no puede el ser humano mantenerse sano sólo comiendo, sino que tiene además que practicar ejercicios. Pues presentan influencias opuestas entre sí comidas y ejercicios, pero se complementan con vistas a la salud. Porque los ejercicios físicos producen naturalmente un gasto de lo acumulado, mientras que los alimentos y bebidas restauran lo vaciado 6 .

Conviene, según está admitido, discernir la influencia de los ejercicios físicos, tanto de los naturales como de los violentos, y cuáles de ellos proporcionan un aumento de las carnes y cuáles una disminución; y no sólo esto, sino además las relaciones convenientes de los ejercicios con respecto a la cantidad de alimentos, la naturaleza de los individuos, y las edades de los cuerpos, y su adecuación a las estaciones del año, a las variaciones de los vientos y a las situaciones de las localidades en que se habita, y la constitución del año. Hay que conocer las salidas y las puestas del sol, de modo que se sepa prevenir los cambios y los excesos de las comidas y bebidas, de los vientos y del universo entero 7 , de todo lo que, ciertamente, les vienen a los seres humanos las enfermedades.

Y con haber analizado todo eso aún no queda completa la investigación. Si, además de esto, pudiera hallarse, en cada caso, la proporción de alimentos y el número ajustado de ejercicios que no ofrecieran un desequilibrio ni por exceso ni por defecto, así se descubriría de manera exacta la salud para los individuos. Ahora bien, mientras que todo lo dicho anteriormente está investigado y descubierto, tal como es, esto es imposible descubrirlo.

Cuando uno está presente y puede observar a un hombre que en el gimnasio se desviste y realiza sus ejercicios físicos, puede conocerlo de forma que puede mantenerlo sano, privándole de algunas cosas y complementando su dieta con otras. Pero si uno no está presente, le resulta imposible prescribir con exactitud 8 alimentos y ejercicios. Por otra parte si, aunque sea en muy pequeña dosis, los unos resultan inferiores a los otros, forzoso será que con el paso del tiempo el cuerpo se vea vencido por el exceso y caiga enfermo. Así que con esto queda dicho lo que me parece que es posible investigar.

Mis predecesores, en efecto, han emprendido la investigación hasta este punto, pero ni siquiera estas cosas las han enunciado correctamente. En cambio, yo las he expuesto hasta el fondo, y además he descubierto el diagnóstico previo 9 , que indica antes de que el individuo caiga enfermo por efectos del exceso en qué sentido se producirá el desequilibrio. Porque las enfermedades no les atacan a los hombres de improviso, sino que se incuban poco a poco para declararse luego de golpe 10 . Yo he descubierto a fondo lo que sufren los pacientes y cómo hay que recompensar esto para recobrar la salud, antes de que lo sano en el hombre sea derrotado por lo enfermo. Con que se añada esto a lo ya escrito concluye la tarea objeto de mis propósitos.

[3 ] Los seres vivos, tanto el hombre como todos los demás, están constituidos por dos elementos, diferentes en cuanto a su propiedad esencial, pero complementarios en su funcionamiento 11 : fuego y agua. Ambos aunados son autosuficientes frente a todos los demás y para sí mismos; pero cada uno por sí, separadamente, no lo es ni para sí mismo ni ante ningún otro.

En cuanto a su propiedad natural cada uno posee esto: el fuego puede moverlo todo en cualquier circunstancia y el agua nutrirlo todo en cualquier caso 12 . A su vez, por turnos, cada uno domina y es dominado hasta lo más amplio y lo mínimo en lo posible. Porque ninguno puede imponer su dominio totalmente por la razón siguiente: al fuego, al avanzar sobre lo último del agua le falta la nutrición; de modo que se retira adonde encuentra de qué nutrirse; y al agua, al avanzar sobre lo último del fuego, le falta movimiento, con que en eso se detiene, y cuando se detiene ya no es potente, sino que ya se consume en alimento del fuego que la ataca.

Por eso ninguno de los dos puede imponer su dominio de un modo absoluto. Si alguna véz quedara vencido cualquiera, el que fuera, de los dos, nada de lo que existe sería tal cual es ahora; pero mientras sea así, los seres continuarán siempre siendo los mismos, y ninguno de estos principios ni ambos a la par se extinguirán. De modo que el fuego y el agua, como dejo dicho, son autosuficientes en todo y para todo igualmente para un máximo y un mínimo.

[4 ] A cada uno de ellos, respectivamente, se le asocian estas cualidades: al fuego lo cálido y lo seco; al agua lo frío y lo húmedo. Pero cada uno retiene algo del otro: el fuego del agua lo húmedo; pues existe humedad en el fuego; y el agua del fuego lo seco; pues hay sequedad en el agua 13 . Siendo así estos principios, de uno y otro se segregan muchas y varias formas, tanto de simientes como de seres vivos, que no son nada semejantes entre sí ni en su aspecto ni en su modo de actuar. Porque como los elementos no se fijan jamás en un mismo punto, sino que continuamente están mudándose hacia esto y lo otro, por necesidad resultan distintos los seres que se originan segregándose de ellos.

En realidad nada perece de todas las cosas ni nada nace que ya antes no existiera 14 . Sólo varían 〈los seres〉 combinándose y disgregándose. Pero los humanos estiman que lo que crece viene a nacer desde el Hades a la luz, y que lo que mengua desde la luz al Hades perece. Pues dan más crédito a sus ojos que a su entendimiento, cuando no son capaces siquiera de juzgar sobre lo visible. Yo en cambio explico estas cosas de acuerdo con la razón 15 . Seres vivos, en efecto, los hay tanto aquí como allí. Y no es posible que algo, si está vivo, muera a no ser junto con todo. ¿ Pues adónde irá a morir? Ni tampoco que lo que no existe se origine, pues ¿de dónde vendría a existir? Lo que sucede es que todo aumenta y disminuye hasta el máximo y el mínimo de sus posibilidades.

Lo que en mi charla llamo «nacer» o «perecer» lo describo así de acuerdo con la gente, pero aclaro que se trata de que eso se mezcla y se disgrega. Lo que sucede es de este modo: nacer y perecer es lo mismo; mezclarse y disgregarse, lo mismo; aumentar y disminuir, lo mismo; nacer y mezclarse, lo mismo; morir y separarse, lo mismo; cada ser frente a todos y todos frente a cada uno, lo mismo, y nada de todo ello es lo mismo. Pues la convención es contraria a la naturaleza respecto de todo esto.

Todas las cosas, divinas y humanas, se mueven cambiando [5 ] arriba y abajo. El día y la noche se mueven hasta un máximo y un mínimo. Como la luna va hasta un máximo y un mínimo, asaltos del fuego y del agua, así también el sol va hasta lo más largo y lo más breve, y todo es lo mismo y no lo mismo. Luz para Zeus, oscuridad para Hades; luz para Hades, oscuridad para Zeus; lo de allí viene aquí, y lo de aquí va allá; en cualquier época, en cualquier lugar contrarrestan aquellas cosas la función de éstas y, a la par, éstas de aquí la de aquéllas.

Pero 〈los hombres〉 no saben lo que hacen, mientras que creen saber lo que no hacen, y desconocen lo que ven. Sin embargo todo les sucede por una divina necesidad, tanto lo que quieren como lo que no quieren. Al presentarse acá las cosas de allá, y al ir allí las de aquí, mezclándose unas con otras, cada una cumple el destino asignado, en su aumento y su disminución. A todas les viene la destrucción, a unas de otras, a lo mayor de lo menor y a lo menor de lo mayor; y se desarrolla lo mayor a partir de lo menor, y lo menor a partir de lo mayor.

[6 ] Todas las cosas, así el alma del hombre, y el cuerpo igual que el alma, están implicadas en un orden 16 . En el ser humano se introducen partes de partes, conjuntos de conjuntos, que presentan una combinación de fuego y de agua, los unos para tomar, los otros para dar. Los que toman causan disminución, los que dan aumentan. Unos hombres sierran un madero: el uno empuja, el otro tira. Hacen lo mismo, disminuyendo aumentan 17 . Tal es la naturaleza del hombre: lo uno empuja, lo otro tira; lo uno da, lo otro recibe; y a lo uno se lo da y a lo otro se lo toma; y le da a esto tanto más y le toma a esto tanto menos. Cada parte conserva su espacio propio; las unas, al disminuir, se separan yendo a ocupar un espacio menor; las otras, al progresar hacia lo mayor, se mezclan y pasan a una disposición superior. Las partículas extrañas, heterogéneas, son expulsadas de un lugar que les es ajeno.

Cada alma, que tiene sus partes mayores y menores, circula por sus propias partículas, sin necesitar de la adición o de la supresión de partes, sino que tan sólo requiere un espacio de acuerdo con el aumento y la disminución de sus componentes; cumple sus funciones en cualquier espacio al que llega y acoge lo que le sobreviene 18 . Lo que no es del mismo género no puede quedarse en lugares que le son inconvenientes, y así vaga sin rumbo y al azar; en cambio los elementos que se juntan unos a otros conocen a qué se agregan; porque se agrega lo conveniente con lo conveniente, mientras que lo inconveniente guerrea y combate y se distancia lo uno de lo otro. Por eso el alma del hombre crece en el ser humano y en ningún otro más; y del mismo modo ocurre en los demás grandes animales. Cuando sucede de otro modo, se producen separaciones violentas de lo demás 19 .

Ahora voy a dejar de tratar de los demás seres vivos, [7 ] y me explicaré acerca del hombre. Pues bien, en el ser humano penetra un alma que contiene una combinación de fuego y agua, y es una parte del cuerpo humano 20 . Sus partes, tanto masculinas como femeninas, se forman muchas y variadas, y aumentan con el régimen de vida adecuado al hombre. Forzoso es que las partes del hombre contengan todos sus constituyentes, pues de aquel que no hubiera desde un principio una partícula no podría desarrollarse ni recibir nutrición, sea mucha o poca, ya que carecería de base para su posterior crecimiento.

Conteniéndolos todos, cada parte crece en su propio espacio, recibiendo la nutrición que proviene de un agua seca y de fuego húmedo, introduciéndose algunos elementos a la fuerza y expulsando otros. Del mismo modo que los carpinteros sierran un madero, el uno tira y el otro empuja, y hacen lo mismo; y al presionar hacia abajo se desliza hacia arriba, ya que no admitiría bajar fuera de su momento, y si se lo fuerza todo se estropea. Así la nutrición humana: lo uno tira, lo otro empuja; forzando hacia adentro sale afuera, y si se hace violencia a contratiempo todo va al traste.

[8 ] Cada parte mantiene su propia disposición durante tanto tiempo como su espacio lo admite, y cuando ya no y tampoco recibe suficiente nutrición para el desarrollo máximo de sus posibilidades, entonces cambia a un espacio más amplio, tanto las partes femeninas como las masculinas, impulsadas del mismo modo por fuerza y necesidad. Las que primero cumplen el destino asignado, éstas se separan primero, y al mismo tiempo se combinan unas con otras. Pues cada parte primero se separa, y luego se combina de nuevo.

Una vez que han cambiado de lugar y consiguen insertarse en un sistema armonizado según relaciones musicales exactas, en el que aparecen las tres consonancias, cuarta, quinta y octava, viven y se desarrollan con los mismos ingredientes que antes. Pero si no consiguen alcanzar este acuerdo armónico, y no resultan acordados los graves con los agudos en el primer intervalo o en el segundo o en la octava, si un solo tono falla, todo el acorde queda malogrado, como que no podría servir de acompañamiento al canto 21 . Entonces cambian de lo mayor a lo menor antes del momento asignado, porque desconocen lo que hacen.

Acerca de machos y hembras, de por qué nacen unos [9 ] y otras daré mis explicaciones al avanzar el escrito. Pero cualquiera que sea el sexo de la parte que avanza y consigue la armonía, ésta se mueve, siendo húmeda, por efecto del fuego. Al moverse se inflama y consigue su nutrición de los alimentos y del aire respirado que penetran en la mujer; así al comienzo en todo igualmente, en tanto que es algo tierno. Pero por efecto del movimiento y del fuego se seca y se solidifica; y al solidificarse se endurece en toda su superficie. Entonces el fuego, que queda encapsulado, ya no puede obtener suficiente nutrición ni expulsa el aire interno a causa de la dureza de la capa envolvente. De modo que consume la humedad del interior.

En cuanto a las partes duras y secas por naturaleza en el organismo, éstas no se consumen en nutrición del fuego, sino que se hacen más sólidas y se quedan compactas al faltarles la humedad, y son las que se denominan huesos y tendones. El fuego, a partir de la humedad combinada y agitada por él, organiza el cuerpo de acuerdo con la naturaleza y según el destino asignado de este modo: a través de las partes duras y secas no pueden forjarse pasajes duraderos, porque ahí no obtiene nutrición, lo que sí puede en las partes húmedas y blandas, ya que éstas le sirven de sustento. Pero también en éstas hay una sequedad que no es consumida por el fuego, y estas partes se cohesionan unas con otras.

El fuego que está encerrado en lo más dentro es el más abundante y consigue hacerse una salida más amplia, porque lo húmedo era por allí más abundante, y eso es lo que llamamos «vientre» 22 . De allí salió hacia afuera, una vez que se encontró falto de alimento, y se fabricó conductos para el aire respirado y la obtención y distribución de los alimentos. La parte encerrada, que era la más húmeda del fuego, produjo en esos espacios interiores del resto del cuerpo tres conductos, que son lo que se llaman «venas cavas». Y entre éstas, lo que resta del agua se concentra y se densifica sólidamente en lo que se llaman las «carnes» 23 .

[10 ] En resumen, el fuego todo lo ha organizado por sí mismo en el interior del cuerpo, a imitación del universo, acordando lo pequeño con lo grande y lo grande con lo pequeño 24 . La cavidad estomacal es como el órgano más amplio, recipiente para el agua seca y húmeda, a fin de proporcionarla a todo el resto y recibir de todo lo demás, a la manera del mar, nutridor de los animales adaptados a él y destructor de los inadaptados. En torno a esta 〈cavidad estomacal〉 produjo el fuego una condensación de agua fría y húmeda, conducto para un aire interior frío y caliente, a imitación de la tierra, que transforma todo lo que cae sobre ella. Y al consumir esto y desarrollar lo otro, ha logrado una dispersión de agua ligera y de fuego aéreo, invisible y visible, secreción de lo compacto, en lo que se mueve cada elemento para llegar a hacerse visible en el momento prefijado. En el interior el fuego ha formado tres circuitos, que se corresponden entre sí tanto por dentro como por fuera: el uno en las cavidades de lo húmedo, a la manera de la luna, el otro en la capa sólida circundante, a la manera de los astros, y el circuito medio que alcanza tanto el interior como el exterior, a la manera del sol.

El fuego más cálido y más intenso, que domina todo, que todo lo dirige de acuerdo con la naturaleza, inaccesible a la vista y al tacto, es aquel del que depende el alma, la inteligencia, el pensamiento, el crecimiento, la disminución, el movimiento, la alteración, el sueño, el estar despierto. Éste lo gobierna todo en todo momento, tanto lo de aquí como lo de allí, sin vacilar jamás.

Los hombres no saben observar lo invisible a partir [11 ] de lo visible 25 . Porque usan técnicas semejantes a la naturaleza humana y lo ignoran 26 . La providencia de los dioses 27 les enseñó a imitar sus propias funciones, sabiendo lo que hacen pero desconociendo lo que imitan. Pues todo es semejante siendo distinto, concertado siendo divergente, dialogante sin entrar en diálogo, poseedor de razón siendo irracional. Opuesto es el modo de ser de unas cosas y otras, concertándose entre sí. Porque convención y naturaleza, con las que actuamos en todo, no andan de acuerdo, concordando 28 .

Los hombres han establecido ellos entre sí lo convencional, aunque ignoran sobre qué bases lo establecieron; pero la naturaleza de todo la ordenaron los dioses. Lo que los hombres establecieron jamás se mantiene en los mismos términos ni correcta ni incorrectamente, pero cuanto los dioses determinaron persiste justamente. Tanto se diferencia lo recto y lo no recto.

[12 ] Yo voy a demostrar que las artes conocidas son similares a los procesos experimentados por la naturaleza humana, tanto visibles como internos. Así en el caso de la 〈técnica〉 adivinatoria 29 . Por los signos visibles conoce lo invisible y por lo invisible lo visible, y por lo que es conoce el futuro, y por los muertos lo vivo, y por los hechos irracionales comprenden los adivinos, el que es sabio siempre de modo acertado, el que no es sabio unas veces sí y otras no. Eso es un simulacro de la vida y la naturaleza del hombre. Un hombre, tras haberse unido a una mujer, engendra un niño. Por lo visible conoce lo invisible, cómo será. La razón humana, que es invisible, conociendo lo visible avanza desde el niño hasta el hombre; por el presente conoce el futuro. No es similar el muerto al vivo; pero por el cadáver se conoce al ser viviente. El estómago carece de entendimiento, pero con él entendemos que tenemos sed o hambre. Las mismas experiencias están en la base del arte adivinatoria y de la naturaleza humana. Para quienes las conocen están siempre correctas, para los que no las conocen de manera permanente, unas veces sí y otras no.

Los artesanos funden el hierro con el fuego, presionando [13 ] al fuego con el soplo del aire; le sustraen el alimento que tenía, y volviéndolo maleable lo baten y lo moldean. Y con el alimento de otra agua 〈el hierro〉 se hace resistente. Lo mismo hace con el hombre el maestro de gimnasia: le sustrae mediante el fuego la nutrición de que disponía, presionándolo mediante la respiración. Y cuando se ha vuelto maleable 〈el individuo〉, lo golpea, lo moldea, y lo purga; y éste con una aportación de aguas de otra parte se vuelve resistente.

También los bataneros hacen eso: pisotean, baten, [14 ] estiran, y con rudo tratamiento fortalecen, cortando lo que sobresale y recosiendo embellecen los tejidos. Lo mismo le ocurre al hombre con ese tratamiento.

Los zapateros cuartean lo entero en trozos y de los [15 ] trozos hacen piezas enteras; cortando y taladrando lo que está pasado las recomponen en buen estado. También eso le pasa al ser humano. De sus conjuntos se cuartean trozos y de estos trozos ensamblados se originan conjuntos nuevos; sometidos a punzadas y cortes por los médicos en lo que tienen deteriorado, recuperan la salud. Y esto es lo propio de la medicina: rechazar lo que causa dolor, y al eliminar lo que motiva el dolor devolver la salud. La naturaleza por sí misma lo sabe: hace incorporarse al que está echado y reposar al que está en agitación, y también otros trazos de la medicina los posee la naturaleza.

[16 ] Los carpinteros sierran: el uno empuja, el otro tira, y ambos están haciendo el mismo trabajo; al empujar sube un lado y desciende el otro. Al hacer menor hacen mayor. Imitan la naturaleza del hombre. La respiración expele el aire y lo atrae; hace lo mismo en ambos casos. Por un lado oprime, por otro impulsa hacia arriba. De una sola alma, al dividirse, resultan otras, más o menos numerosas, más o menos grandes.

[17 ] Los arquitectos construyen sus obras conjuntadas de materiales diversos, humedeciendo los secos, secando los húmedos, troceando las piezas enteras y ensamblando las troceadas. De no ser así no resultaría lo que debe ser. Imitan la dieta del hombre: humedeciendo lo seco, secando lo húmedo, 〈los seres humanos〉 trocean lo entero y recomponen lo troceado. Todo eso, que es diverso, se armoniza.

[18 ] Las composiciones musicales no son idénticas a partir de los mismos tonos, de los agudos y de los graves, similares en el nombre, pero desiguales en su son. Los que más difieren mejor se acuerdan, y los que muy poco difieren muy poco se ajustan. Y si uno compone todo en un solo tono, elimina el placer. Los cambios más amplios y más varios son los más placenteros.

Los cocineros les preparan a la gente platos de manjares varios, distintos, que se combinan de varios modos, y de los mismos ingredientes resultan cosas diferentes, alimento y bebida para el hombre. Si todo lo hicieran igual, no habría en ello deleite. Ni si en el mismo plato lo combinaran todo tampoco estaría bien.

Los instrumentos de percusión en música dan unas notas altas y otras bajas. La música imita a la lengua 30 que distingue lo dulce y lo ácido de lo que se le da a gustar, lo desacorde y lo acorde. Y da los sonidos altos y bajos, y no es correcto dar los altos bajos ni los bajos altos. Cuando la lengua está bien afinada hay placer en el acorde y disgusto en lo discordante.

Los curtidores tensan, frotan, peinan, lavan; del mismo [19 ] modo se trata a los niños. Los canasteros dando vueltas al cesto lo trenzan, y partiendo de un comienzo concluyen volviendo al mismo comienzo. Lo mismo acaece en el ciclo del cuerpo: donde comienza ahí viene a concluir.

Trabajan otros el oro: lo baten, lo lavan, lo funden. [20 ] Al fuego suave, pero no al violento, se solidifica. Y, una vez que lo tienen trabajado lo utilizan para todo. El hombre sacude el trigo, lo lava, lo muele, y lo utiliza cociéndolo al fuego; pero no se aglutina en el cuerpo con un fuego violento, sino con uno suave.

Los escultores hacen una imitación del cuerpo sin [21 ] alma, y forman seres no dotados de razón, a partir de agua y tierra, humedeciendo lo seco y secando lo húmedo; recortando lo que sobra y añadiendo lo que falta, desarrollando (sus obras) de lo más pequeño a lo más grande. Lo mismo sucede en el hombre: va creciendo de lo más pequeño a lo más grande, eliminando lo que sobra, añadiendo lo que falta, humedeciendo lo seco y secando lo húmedo.

Los alfareros hacen girar el torno, y éste no se desplaza [22 ] ni adelante ni atrás, y al moverse en los dos sentidos a la vez imita la rotación del universo. Y con la misma rueda que voltea sobre sí fabrican variados cacharros, nada semejantes uno a otro, a partir de los mismos materiales y con los mismos instrumentos. Lo mismo les pasa a los hombres y al resto de los animales. En el mismo ciclo son modelados todos, de los mismos materiales y con los mismos órganos, tornando seco lo húmedo y húmedo lo seco, y no son semejantes en nada.

[23 ] Un caso parecido es el de la escritura: combinación de figuras, signos de la voz humana, capacidad de rememorar los hechos pasados, y de indicar lo que debe hacerse 31 . El conocimiento se construye con siete figuras. Todo eso lo ejecuta el hombre, tanto el que sabe de letras como el que no sabe. A través de siete estructuras también se construyen las sensaciones del hombre: el oído en contacto con los sonidos, la vista con lo visible, las narices con el olor, la lengua con el sabor de lo gustoso y lo desagradable, la boca con el habla, el cuerpo con el tacto, los conductos interiores y exteriores con el aire cálido o frío. Gracias a estos sentidos le llega al hombre el conocimiento.

[24 ] El esfuerzo competitivo, el aprendizaje gimnástico es algo así por el estilo: 〈los maestros de gimnasia〉 enseñan a transgredir las normas según una norma, a ser injustos justamente, a engañar, hurtar, robar, cometer actos violentos, a lo peor de la mejor manera 32 . El que no hace eso es malo, y el que lo hace bien bueno. Una muestra de la insensatez popular. Admiran eso, y consideran que entre todos 〈los participantes〉 sólo uno es bueno, y todos los otros malos. Muchos son los que admiran, pocos los que entienden.

Las gentes que acuden al mercado hacen lo mismo. Los hombres practican el engaño comprando y vendiendo. Y el que más engaña, ése recibe admiración. Bebiendo y enfureciéndose hacen lo mismo. Corren, pelean, combaten, roban, engañan, y uno solo de todos es premiado. El arte del actor embauca a los espectadores. Dicen unas cosas y piensan otras; los mismos entran y salen que no son los mismos. Propio del hombre es decir esto y hacer aquello, y que la misma persona no sea la misma, y sostener unas veces un juicio y otras otro. Así que todas las artes tienen algo en común con la naturaleza humana.

El alma humana que, como ya dejé dicho, presenta [25 ] una combinación de fuego y agua y las partes del ser humano, se introduce en todo ser vivo que respira, y ciertamente en cualquier humano, sea joven o viejo. Pero no en todos se desarrolla del mismo modo, sino que en los cuerpos más jóvenes, donde la circulación es rápida y el cuerpo está creciendo, se inflama y se consume ligera en el desarrollo del cuerpo. En cambio, en los de más edad, cuando la circulación ya es lenta y el cuerpo está más frío, se gasta en la mengua del individuo.

Pero todos los cuerpos 〈humanos〉 que están en su plenitud y en las edades de procreación pueden nutrirla y desarrollarla. Un guerrero que puede dar comida a numerosos hombres es un jefe poderoso, pero cuando éstos le abandonan se ve más débil. Así es también para cada cuerpo. Los que pueden nutrir muchísimas almas ésos son los más fuertes, y a medida que éstas les abandonan son más débiles 33 .

[26 ] Lo que penetra en otro terreno no se desarrolla, tan sólo lo que penetra en la mujer se desarrolla si encuentra las condiciones favorables. Entonces todos sus miembros se distinguen y se desarrollan a la vez, y ninguno con anterioridad o retraso sobre otro 34 . Los mayores por su condición natural se hacen visibles antes que los menores, sin haber nacido antes ninguno.

No todos los seres se estructuran en el mismo tiempo, sino que unos van más deprisa y otros más despacio, según como consiga cada uno el fuego y la nutrición. El caso es que algunos alcanzan a ser visibles a los cuarenta días, lo otros a los dos meses, y los otros a los cuatro. Y del mismo modo llegan al nacimiento: unos más aprisa, a los siete meses, completamente formados, y los otros, más lentamente, a los nueve meses se muestran a la luz por completo con la composición que mantendrán a lo largo de su vida.

[27 ] Con que machos y hembras se originan regularmente, en lo posible, de este modo. Las hembras, que son más afines al agua, se desarrollan a partir de comidas, bebidas y hábitos fríos, húmedos y blandos; los machos, más próximos al fuego, de los alimentos secos y cálidos y de una dieta semejante. De modo que si se quiere engendrar una hembra hay que adoptar un régimen afín al agua, y, si un varón, hay que mantener una pauta afín al fuego. No sólo al hombre le conviene hacerlo, sino también a la mujer.

Porque lo que se desarrolla no es sólo 〈el germen〉 segregado por el hombre, sino también el de la mujer, por lo siguiente 35 . Ninguna de las dos partes tiene de por sí suficiente movimiento a causa de la abundancia de lo húmedo y por la debilidad del fuego para consumir el flujo y volverlo sólido. Pero cuando ambos 〈gérmenes〉 se encuentran convergiendo en un mismo lugar, se suman uno al otro, el fuego con el fuego y el agua con el agua del mismo modo. Si entonces han caído en lugar seco, se produce el movimiento y el fuego domina al agua confluyente, y desde este encuentro se desarrolla el fuego, hasta el punto de no ser apagado por el flujo que sobreviene, sino que resiste su avance y lo solidifica sobre la base ya formada. Pero si caen en húmedo, enseguida desde un comienzo 〈ambos gérmenes〉 se apagan y se disuelven en el proceso de mengua.

Sólo en un día de cada mes pueden solidificarse unidos y dominar los flujos que les sobrevienen, y eso siem-pre que resulte que han convergido en un mismo lugar al mismo tiempo desde ambos lados 36 .

[28 ] Pueden cohesionarse mutuamente lo femenino y lo masculino porque en uno y otro de los progenitores se nutren uno y otro 37 y porque el alma es lo mismo en todos los seres vivientes, aunque el cuerpo de cada uno sea diferente. En efecto el alma siempre es idéntica, tanto en el más grande como en el más pequeño; porque no se altera ni por su condición natural ni por presiones, en tanto que el cuerpo nunca es el mismo, ni por naturaleza ni a la fuerza, ya que algo de él se disgrega en todo y algo se mezcla con todo.

En el caso de que las partes segregadas por ambos progenitores sean masculinas, se desarrollarán según su fundamento, y de ellas nacerán hombres brillantes por su espíritu y fuertes de cuerpo, con tal de que no les perjudique su régimen de vida posterior 38 . En el caso de que lo procedente del hombre sea masculino, y lo de la mujer femenino, y que se imponga lo masculino, el alma más débil se funde con la más fuerte, ya que no tiene adónde retirarse que le sea más apropiado en lo que está a su alcance. Pues lo menor se dirige a lo mayor y lo mayor converge con lo menor. Y juntamente dominan lo que tienen a su disposición. El cuerpo varonil se desarrolla, en tanto que lo femenino disminuye y se aleja en pos de otra suerte. Y esos individuos son menos brillantes que los anteriores; sin embargo, al im-ponerse lo masculino proveniente del hombre, son varoniles y reciben con justicia tal apelación.

Pero si lo masculino proviene de la mujer y lo femenino del hombre, y se impone lo masculino, esto se desarrolla del mismo modo que lo de antes, mientras que lo femenino mengua. Los que nacen sobre esta base son afeminados, y se les llama así con razón. Estas tres son, pues, las maneras de formarse los hombres, que se distinguen en que lo son más o menos 〈hombres〉, por la combinación del agua y del fuego, de sus elementos y sus alimentos, crianzas y usos. Me explicaré al avanzar el tratado también sobre estos puntos.

El ser femenino se origina de la misma manera. [29 ] Cuando lo femenino se segrega de ambos progenitores, nacen las hembras muy femeninas y muy hermosas. Si lo femenino proviene de la mujer, y lo masculino del varón, y se impone lo femenino, resultan unas mujeres más bravas que las anteriores, pero también éstas son moderadas. Mas cuando lo femenino viene del varón, y lo masculino de la mujer, y domina lo femenino, éste se desarrolla según el mismo modo, pero de ahí salen unas mujeres más bravas que las anteriores y las llaman masculinas.

Si alguno no cree que el alma se fusiona con el alma, que observe los carbones 39 . ¿Acaso al echar los no encendidos a los ya ardientes, fuertes sobre débiles, y darles así el alimento, no forman todos un cuerpo homogéneo? Y allí no puede distinguirse uno de otro, sino que se inflaman en un mismo montón, y el conjunto es semejante al final. Y cuando se han gastado el alimento de que disponían se disuelven en lo invisible; eso es lo que sufre también el alma humana.

[30 ] Acerca del nacimiento de gemelos la explicación lo aclarará del siguiente modo: en lo fundamental la causa está en la matriz de la mujer 40 . Pues si a uno y a otro lado del orificio de entrada ambos costados se han desarrollado por igual, y están receptivos de igual manera, y se han secado tras la menstruación, resulta capaz de dar nutrición a las simientes que recibe del hombre, en caso de que se escindan a ambos lados de la matriz por igual. Si la simiente es abundante, pues, por parte de ambos progenitores y se desprende fuerte, puede desarrollarse a ambos costados, porque consigue la nutrición conveniente. En otro caso no nacen gemelos.

Cuando lo segregado por ambos progenitores es masculino, resulta forzoso que se origine un varón en ambos costados, y cuando es femenino, de uno y de otro, que nazcan hembras. Y cuando uno es femenino, y otro masculino, aquel de los dos que se impone, ese sexo se desarrolla. Los gemelos nacen parecidos entre sí por estas razones: en primer lugar, porque se desarrollan en idénticos lugares; luego, que ambos han sido segregados al mismo tiempo; luego, que se desarrollan con los mismos alimentos, y que salen conjuntamente en el parto a la luz.

[31 ] La superfetación resulta del modo siguiente: cuando la matriz está cálida y seca naturalmente, y lo mismo la mujer, y el esperma llega seco y cálido, no hay ya en la matriz ninguna humedad que domine la simiente que allí cae. Por eso desde un comienzo ésta se consolida y vive, pero no puede perdurar, sino que incluso viene a destruir el embrión ya existente, porque no les sirven a ambos las mismas cosas.

[32 ] El agua más ligera y el fuego más suave, al conseguir su combinación en el cuerpo humano, dan como resultado la constitución más saludable por los motivos siguientes: en las mayores variaciones de las estaciones del año ni la una ni el otro se condensan hasta su extremo, ni el agua llega a lo más denso en los aflujos del agua, ni el fuego en los del fuego, ni en los cambios de las edades ni con los usos de comidas y bebidas. Pues ambos 〈tal agua y tal fuego〉 pueden admitir muy colmada generación y plenitud. El bronce más dúctil y suave admite la mezcla más firme y resulta el más bello. Y el agua más ligera y el fuego más suave al entrar en combinación resultan del mismo modo. Así que los que tienen esa constitución natural viven en estado saludable todo el tiempo, hasta los cuarenta años, y algunos hasta la extrema vejez. Y a aquellos a los que les ataca alguna enfermedad después de los cuarenta años, no suelen morir.

Todos los cuerpos que tienen una combinación del fuego más fuerte y del agua más densa son fuertes y vigorosos, pero requieren mucho cuidado. Pues tienen muchos cambios en uno y otro sentido, y tanto en los aflujos del agua caen en dolencias enfermizas como en los del fuego, de un modo semejante. A tal individuo, para enfrentarse a las estaciones del año, le conviene utilizar un régimen de vida afín al fuego, al sobrevenir el aflujo del agua, y cuando sea el aflujo del fuego utilizar un régimen dietético afín al agua, variándolo paulatinamente de acuerdo con la estación.

Cuando el agua más espesa y el fuego más ligero se encuentran combinados en un cuerpo, se dan tales efectos que hay que diagnosticar una naturaleza fría y húmeda. Estos cuerpos son más enfermizos en invierno que en verano, en la primavera que en otoño. Respecto de las edades, los más sanos son los niños; en segundo lugar, los adolescentes; y muy enfermizos son los más viejos y los de edades próximas. Y estas naturalezas envejecen rápido. A éstos les conviene mantener una dieta de todo aquello que calienta y seca, tanto en alimentos como con ejercicios, y realizar los ejercicios que afectan al exterior del cuerpo más que al interior.

Si el fuego más húmedo y el agua más densa logran su combinación en el cuerpo, hay que reconocer una naturaleza húmeda y cálida por los siguientes síntomas: tales personas enferman sobre todo en primavera, y muy raramente en otoño, porque en la primavera hay un exceso de la humedad, y en el otoño una justa proporción de sequedad. De sus edades la más enfermiza es la juventud. Los cuerpos se desarrollan deprisa y están propensos a los catarros. Les conviene llevar una dieta de aquello que enfría y seca, tanto de comidas y bebidas como de ejercicios, y en cuanto a estos ejercicios físicos les conviene más realizar los que afectan al interior del cuerpo.

Si se combinan el fuego más fuerte y el agua más ligera, la naturaleza será seca y cálida. En estos individuos la enfermedad se presenta durante los aflujos del fuego, y la salud en los del agua. Cuando están en su edad de plenitud, en la buena disposición de su carne, son más propensos a las enfermedades, y los más sanos son los viejos, y de igual modo en las edades próximas a una y otra. Les convienen dietas que enfrían y humedecen, y aquellos ejercicios físicos que, calentando y consumiendo un mínimo, procuren muchísimo refresco. Los de tal condición natural son de larga vida y logran una bella vejez.

Si se da una combinación del fuego más suave y del agua más seca, la naturaleza resultante es fría y seca, enfermiza en el otoño, saludable en primavera, y se comporta de ese modo en las épocas cercanas a una y otra estación. Su edad enfermiza es en torno a los cuarenta años, y los más sanos son los niños. De modo parecido sucede en las cercanías de uno y otro período. Las dietas (que le convienen) son las que siendo cálidas humedecen, y ejercicios que, adoptándose paulatinamente, calientan con suavidad, sin consumir mucho de las reservas naturales.

Así que acerca del diagnóstico de la naturaleza humana esto es lo que hay que discernir al considerar la constitución fundamental 41 .

En cuanto a las edades, por sí mismas presentan las [33 ] siguientes características 42 . El niño está formado con una combinación de elementos húmedos y cálidos, porque está compuesto por ellos y con ellos se desarrolla. En efecto, lo que está muy próximo al nacimiento es muy húmedo y muy cálido, y crece al máximo, y de igual manera lo que está más cercano. El joven es una mezcla de elementos cálidos y secos, cálidos porque la aportación de fuego se impone sobre el agua; y secos porque la humedad de la infancia ya se ha consumido, una parte gastada en el crecimiento del cuerpo, otra en el movimiento del fuego, y en parte por los ejercicios físicos. El hombre, cuando su cuerpo detiene su crecimiento, es seco y frío, porque el fluir de lo cálido ya no se impone, sino que queda detenido, y al aquietarse el cuerpo en su crecimiento se queda enfriado. Pero aún le resta lo seco de la edad anterior, y aún no tiene la humedad de la edad siguiente y del aflujo de agua 〈de la vejez〉, y por eso está dominado por elementos secos. Los viejos son fríos y húmedos, a causa de la retirada del fuego, y del aflujo del agua, es decir, distanciamiento de lo seco y constitución de lo húmedo.

En todos los seres vivos los machos son más cálidos [34 ] y secos, y las hembras más húmedas y frías por los mo-tivos siguientes. Desde un comienzo cada uno 〈de los sexos〈 se originó con tales caracteres y se desarrolla gracias a ellos, y tras el nacimiento los machos se sirven de unos hábitos de vida más esforzados, de manera que se calientan y se secan, mientras que las mujeres llevan un régimen de vida más húmedo y más tranquilo, y llevan a cabo una eliminación del calor de su cuerpo cada mes.

[35 ] A propósito de la llamada inteligencia del alma y de la necedad sucede lo siguiente. El fuego más húmedo y el agua más seca al lograr su combinación en un cuerpo consiguen su mayor inteligencia, ya que el fuego retiene del agua la humedad y el agua del fuego la sequedad 43 . Cada uno de ambos es así de lo más autosuficiente. Ni el fuego muy necesitado de alimento va a buscarlo lejos, ni el agua falta de movimiento se queda inerte. Así que cada uno es muy autosuficiente tanto solo frente al otro como en la mezcla con él. Pues lo que menos necesita de sus circunstancias, eso se aplica más y mejor a lo presente, el fuego que se mueve mínimamente a no ser por obligación, y el agua que se mueve lo más posible no siendo retenida por la fuerza. El alma que tiene la combinación de estos elementos es la más sensata y la más memoriosa. Y si por algún influjo cualquiera de éstos creciera en exceso o se agostara, resultaría la más estúpida 44 , porque es, con estas cualidades, de lo más autosuficiente.

Si se da una combinación del fuego más puro y del agua 〈la más pura〉, y el fuego resulta ser algo inferior al agua, también salen individuos inteligentes, pero inferiores a los de antes, ya que al ser dominado el fuego por el agua y al hacerse lento su movimiento, se dirige más torpemente hacia las sensaciones. Son considerablemente constantes tales almas en lo que se aplican. Y si se sigue una dieta correcta, puede 〈el tal individuo〉 resultar más inteligente y agudo de lo que prometía su natural 45 . Le conviene a éste utilizar los tratamientos afines al fuego, sin hartazgos ni de comidas ni de bebidas. Por lo tanto le conviene practicar carreras de velocidad, para que el cuerpo se vacíe de lo húmedo y que lo húmedo se condense más pronto. Luchas, friegas, y ejercicios gimnásticos semejantes no le conviene practicar, para que los poros no se hagan más amplios y se colmen de exceso, pues en ese caso sería fatal que el movimiento del alma se hiciera pesado. Conviene dar paseos, tanto después de comer como de mañana y después de las carreras. Después de comer, para que el alma reciba un alimento más seco que los alimentos ingeridos; de mañana, para que los conductos se vacíen de humedad, y no se obstruyan los poros del alma; tras los ejercicios físicos, a fin de que las secreciones producidas por la carrera no se queden en el cuerpo, ni se mezclen al alma, ni obstruyan los conductos ni se altere el alimento. Y conviene recurrir a los vómitos para purificar el cuerpo, en caso de que los esfuerzos físicos lo hagan insuficientemente, y tomar alimento tras los vómitos aumentándolo poco a poco durante cuatro días al menos, o más. Es más conveniente tomar friegas que baños, y tener trato sexual con más frecuencia al producirse los flujos de agua, y con menor frecuencia en los del fuego.

Si en uno se presenta la potencia del fuego inferior a la del agua, forzosamente su alma será más lenta, y éstos son los que llaman bobos. Al ser, por tanto, lento el movimiento circular del alma, en un breve punto la alcanzan las sensaciones, que son rápidas, y en poco se mezclan a causa de la lentitud del movimiento circular. Pues las sensaciones del alma, las que vienen por la vista o el oído son rápidas, y las del tacto más lentas y más fáciles de aprehender. Por eso tales individuos perciben éstas no menos que las demás personas, es decir las de frío, calor y otras por el estilo. Pero todas aquellas que hay que percibir por la vista o el oído, que no se saben de antemano, no son capaces de captarlas. Pues si el alma no es agitada por el fuego que la impulsa, no puede percibir qué sucede.

Tales almas no lo experimentan por su tosquedad. Pero si siguen un buen régimen, también éstos pueden mejorarse. Les conviene un tratamiento como el del caso anterior, con los alimentos más secos y en menor cantidad, y con ejercicios más abundantes y más vivos. También les conviene tomar baños de vapor, y tener vómitos después de estos baños, con un aumento de la alimentación tras los vómitos en un período más largo que en el caso anterior. Y si se hace esto puede mejorar su salud y su inteligencia.

Si en mayor medida resulta dominado el fuego por el agua presente, tenemos esos individuos que llaman necios unos y otros idiotas. La locura de éstos deriva a una mayor torpeza y lentitud. Éstos lloran sin ningún motivo, temen lo que no es terrible, se duelen de lo que no es penoso, y no perciben en realidad nada de lo que deben percibir los sensatos. Les conviene tomar baños de vapor y purgarse a fondo con eléboro 46 después de los baños, y seguir la dieta recomendada en el caso anterior. Necesitan delgadez y sequedad.

Si el agua obtiene una potencia inferior a la del fuego que ofrece una combinación pura, en los cuerpos con buena salud el alma de esta clase es inteligente y percibe prontamente lo que le afecta, y no ofrece muchas alteraciones. Por tanto la naturaleza de esta clase es de un alma buena. Pero también este individuo puede hacerse mejor con una dieta correcta, y peor con una mala. A éste le conviene un régimen de vida más bien afín al agua, evitando los excesos de comidas, bebidas y ejercicios, y con carreras de fondo y díaulos y lucha de palestra y todos los demás ejercicios gimnásticos, haciéndolos sin ningún exceso. Pues si conserva su cuerpo en disposición saludable y no está alterado por nada, la combinación de su alma es inteligente.

Si la potencia del agua está aún más dominada por el fuego, es forzoso que esta alma sea más vivaz en tanto en cuanto se mueve más deprisa, y que atiende más deprisa a las sensaciones, pero que sea menos estable que las anteriores, puesto que selecciona más deprisa los datos que se le presentan y se dirige hacia más objetos por su rapidez. A éste le conviene un régimen dietético más afín al agua que en el caso anterior; y tomar pan de cebada más que de trigo, y mejor pescados que carnes, y una bebida más aguada, y tener menos relaciones sexuales; y en los ejercicios físicos servirse sobre todo de los naturales y en gran número, y de los violentos servirse sólo en caso de necesidad, y pocos. Y de vómitos sólo tras los hartazgos, para que se vacíe el cuerpo, pero que se caliente lo mínimo. A estos tipos les conviene ser flacos para ser inteligentes, pues de la abundancia de carnes es fatal que se origine una inflamación en la sangre. Y cuando esto le ocurre a un alma semejante, se instala en la locura, al quedar dominada el agua y extendido el fuego. Les conviene a éstos dedicarse a sus ocupaciones después de haber comido más que en ayunas, ya que su alma está más asentada al estar impregnada de la alimentación conveniente que al estar falta de alimento.

Si aún más el agua está dominada por el fuego, semejante alma es demasiado vivaz y es forzoso que tenga pesadillas. A éstos los llaman maniáticos, puesto que están muy próximos a la locura. Pues con una inflamación corta y a destiempo enloquecen, ya sea en momentos de embriaguez o de abundancia de carne o en una comilona de carne. Por tanto un individuo de este tipo debe abstenerse de todo eso y de cualquier otro hartazgo, y de los ejercicios gimnásticos violentos; debe consumir pan de cebada de harina gruesa, y verduras hervidas, a excepción de las laxantes, y pequeños pescados en salmuera; y lo mejor es que beba agua, si lo soporta, y si no, lo más parecido a esto, a base de un vino blanco y suave. Además muchos paseos matinales, y después de comer sólo para mantenerse en pie, a fin de que los alimentos no se sequen con estos paseos de después de la comida, y que el cuerpo se vacíe por la mañana. Y tomar baños completos de agua tibia mejor que darse unciones. Les conviene también en verano recurrir a siestas cortas durante el día, no muchas, de modo que el cuerpo no se deseque por causa de la estación. Es provechoso en primavera que se purguen con eléboro después de haber tomado baños de vapor, y luego recurrir a una dieta sedante, y tampoco este individuo debe dedicarse a sus trabajos en ayunas. Con estos cuidados el alma de este tipo puede ser la más inteligente.

[36 ] Con que acerca del alma, de que sea inteligente o insensata, la causa es esta combinación, como queda aquí descrito por mí. Y mediante la dieta puede hacerse mejor o peor. Cuando domina el fuego en sus cursos, tal vez es posible aumentar el agua, y cuando domina el agua en la combinación acrecer el fuego. Con esto se hacen las almas más inteligentes o más insensatas 47

De los siguientes caracteres no es causa la combinación dicha: el irascible, el indolente, el artero, el simple, el malévolo, el benévolo. De todos éstos la causa está en la naturaleza de los poros a través de los que se mueve el alma. Pues según cómo sean los conductos por los que el alma circula y a los que el alma se lanza y en los que se mezcla, así se forma el carácter. Por eso no es posible variar tales disposiciones mediante la dieta, porque no es posible moldear de nuevo una naturaleza oculta.

De igual modo también de cómo sea la voz son causantes los pasos 48 por donde se mueve el aire respirado. Según cómo sean aquellos por los que el aire se mueve y a los que el aire encuentra, tal será forzosamente la voz. Y a ésta es posible volverla mejor o peor porque se pueden hacer más suaves o más ásperos los pasos del aire inspirado, pero lo anterior es imposible cambiarlo mediante la dieta.

LIBRO II

La situación de las regiones y la naturaleza de cada [37 ] una hay que considerarla del modo siguiente 49 . En ge-neral puede decirse esto: la que está en zona meridional es más cálida y seca que la situada hacia el norte, ya que está más cerca del sol. En estas regiones es necesario que tanto las razas de los humanos como los vegetales de su suelo sean más secos, más cálidos y más fuertes que los de los países contrarios. Así, por ejemplo, la raza de Libia en comparación con la del Ponto y las más próximas a una y a otra.

Consideradas en sí mismas las regiones se presentan así: las altas y áridas y situadas hacia el mediodía son más secas que los llanos con la misma orientación, porque tienen menos humedad, ya que aquéllas no pueden retener el agua de lluvia, y éstos sí pueden. Las lacustres y pantanosas humedecen y calientan. Recogen calor, porque son cóncavas, están abrigadas y no las baten los vientos. Humedecen porque las plantas de su suelo —de las que se nutren los hombres— son más húmedas, y el aire que respiramos es más denso a causa del agua en su estancamiento.

Los valles que no tienen tales aguas resecan y caldean. Caldean porque son cóncavos y están protegidos; y resecan a causa de la sequedad de los alimentos, y porque el aire que respiramos, siendo seco, atrae la humedad de los cuerpos para su propio alimento, no teniendo nada más húmedo a su disposición como nutrición. Cuando en tales regiones los montes están orientados hacia el sur, soplan en ellas los vientos del sur abrasadores e insalubres. Pero cuando los montes están orientados al norte, los soplos del Bóreas acarrean perturbaciones y producen enfermedades.

Cuando estos valles orientados al norte están vecinos a los poblados, o bien tienen enfrente una isla en el mar, esa región resulta cálida y enfermiza, ya que ni el Bóreas soplando ofrece una aportación de viento saludable ni se refresca con los vientos veraniegos.

En cuanto a las islas, las cercanas a la tierra firme son de inviernos más duros, y las situadas en alta mar tienen más caldeado el invierno, ya que las nieves y hielos quedan retenidos en la tierra continental y de allí envían los vientos fríos a las islas cercanas, mientras que las de alta mar no tienen tal demora 〈de nieves y hielos〉 en el invierno.

Acerca de los vientos, de cuál es la naturaleza y la [38 ] potencia que presenta cada uno, hay que distinguirlas del modo siguiente. Todos los vientos tienen la capacidad natural de humedecer y enfriar los cuerpos de los animales y las plantas por estas razones: forzosamente esos vientos soplan desde la nieve y el hielo, de terrenos helados, de ríos y lagos y de un suelo húmedo y frío. Y los más fuertes vientos proceden de condiciones más fuertes y más potentes, los más débiles de condiciones menos duras y más débiles. Así pues como hay aire en el interior de los animales 50 , así también lo hay en todos los demás seres, en unos menos y otros más, según su tamaño. Por naturaleza, pues, todos los vientos pueden enfriar y humedecer. Pero según la disposición de las regiones y lugares a través de los que se originan los vientos en cada terreno, resultan diferentes unos de otros: más fríos, más cálidos, más secos, más húmedos, más enfermizos, más saludables.

Respecto a la causa de cada uno hay que conocer lo siguiente: el Bóreas sopla frío y húmedo, porque proviene de tales regiones y discurre por lugares tales que el sol no los alcanza y no les sorbe la humedad, desecando el aire de modo que 〈el viento〉 llega a la tierra habitada conservando su potencia propia, siempre que la disposición de la región no la destruya.

Y para los que habitan muy cerca resulta muy frío, y mucho menos para los que habitan mucho más lejos.

El viento del sur sopla desde lugares semejantes por su naturaleza a los del viento norte. Pues soplando desde el polo sur, surgiendo de la abundante nieve, el hielo y las zonas duramente congeladas, forzosamente será para los que habitan por allí cerca de éste tal cual es para nosotros el Bóreas. Pero no llega igual a cualquier región. Porque al soplar a través de los accesos del sol y a través de la zona meridional su humedad es absorbida por el sol. Al desecarse se hace más ligero, por lo que necesariamente llega aquí seco y cálido 51 .

En las zonas de muy cerca necesariamente desarrolla tal potencia, cálida y seca, como la que muestra en Libia: abrasa las plantas y, sin que se advierta, deseca a los humanos. Puesto que, en efecto, no puede absorber humedad ni de la mar ni de un río, sorbe lo húmedo de los hombres y de las plantas del todo. Y cuando cruza el mar, como es cálido y ligero, colma de hume-dad abundante la región a la que aboca. Fatalmente el Noto es cálido y húmedo, de no ser que las posiciones de los terrenos sean causas 〈de otra cosa〉. De un modo semejante se presentan las cualidades de los otros vientos.

Según cada una de las regiones los vientos son del modo siguiente. Los vientos que desde el mar van hacia las tierras, o bien desde la nieve, los hielos, o las lagunas o los ríos, todos humedecen y refrescan tanto a vegetales como a animales, y procuran salud a los cuerpos, siempre que no se excedan en su frialdad. Entonces éstos causan daños, porque producen grandes cambios de calor y de frío en los cuerpos. Esto lo sufren quienes habitan en terrenos pantanosos y cálidos cerca de fuertes ríos. Pero los otros vientos que soplan desde los lugares antedichos son beneficiosos, al aportar el aire puro y sereno y ofrecer humedad al principio cálido del alma.

Todos los vientos que soplan hacia el interior de la tierra son necesariamente más secos, porque se van desecando a causa del sol y del suelo. No pudiendo extraer su nutrición de otra parte, los vientos atraen lo húmedo de los seres vivos, y dañan tanto a las plantas como a los demás seres vivos. Y todos los que por encima de las montañas llegan a las poblaciones, no sólo desecan, sino que además perturban el aire que respiramos, y también los cuerpos de los humanos, de manera que producen dolencias. Con que hay que distinguir la naturaleza y la potencia de cada uno de ese modo; y cómo hay que precaverse ante cada uno de ellos lo indicaré al avanzar en el tratado.

De alimentos y bebidas hay que distinguir la cualidad [39 ] fundamental de cada uno, sea natural o bien artificial, de esta manera siguiente. Todos cuantos han intentado expresarse de modo general acerca de la cualidad básica de las cosas dulces o saladas o grasas o sobre alguna otra sustancia del mismo tipo, no andan bien informados 52 Porque no tienen la misma cualidad unas que otras todas las cosas dulces, ni las grasientas, ni ninguna de las demás por el estilo. Pues muchas cosas dulces son laxantes, y otras son astringentes, unas desecan y otras humedecen. De igual modo sucede con todas las demás. Hay algunas que son astringentes y otras laxantes, unas son diuréticas y otras nada de eso. De igual modo sucede con las cosas que rescaldan y las demás semejantes: tiene una una cualidad y otra tiene otra. Así que no es posible acerca de todas en conjunto demostrar que son de tal o cual manera. De cada una en particular yo enseñaré la cualidad que posee.

La cebada es por naturaleza algo frío y húmedo, y [40 ] deseca. Contiene también algo purgativo procedente del jugo de la cáscara. La prueba es que si quieres hervir los granos de cebada sin mondar, el zumo resulta fuertemente purgativo. En cambio, si la mondas, 〈el zumo〉 es, más bien, refrescante y astringente.

Pero cuando la tuestas, lo húmedo y purgativo desaparece por efecto del fuego, y lo restante es frío y seco. En cuantas ocasiones haya que refrescar y desecar, la harina de cebada puede lograrlo así, usándola en cualquier tipo de masa. Tal es la efectividad que tiene el pan de cebada. Las harinas no bien cribadas dan menos alimento, pero son más laxantes. Las puras son más alimenticias y menos laxantes. El pan de harina amasado de antemano, humedecido, basto, resulta ligero, y es laxante y refresca. Refresca porque se humedeció con agua fría, es laxante porque se digiere pronto, y ligero porque una gran parte del alimento se separa y se expulsa con el aire respirado. Pues como los conductos son muy angostos para tal alimento al sobrevenir más no pueden aceptarlo, y una parte, que se ha aligerado, la expulsan con el aliento, y otra, al quedar dentro, produce flatos. Y ésta es ya expulsada por arriba en eructos, ya por abajo con las heces. Así que una gran parte del alimento se pierde fuera del cuerpo.

Pero si te propones dar el pan de cebada apenas recién amasado, esa masa resulta astringente; ya que, al estar seca la harina y no habiéndose aún impregnado de agua, al caer en el vientre atrae la humedad de éste, que está caliente. Pues resulta por naturaleza que lo caliente atrae lo frío, y lo frío lo caliente. Y al consumirse la humedad del vientre es forzoso que éste se reseque, y que por el agua que ha penetrado junto con la masa de cebada lo que allí está se enfríe. Con que en todos los casos en que conviene refrescar o desecar a uno que está con diarrea o con alguna otra inflamación, un pan de este tipo actuará eficazmente.

En cambio, un pan seco, de harinas bien molidas, no es tan astringente al estar muy condensado, pero da más alimento al cuerpo, ya que los conductos acogen el alimento que se disuelve tranquilamente. De modo que hace su recorrido lentamente, pero sin producir gases ni eructos. El pan de cebada bien molido, amasado con anterioridad, alimenta menos, es más laxante y produce más gases.

[41 ] El ciceṓn 53 hecho con harinas de cebada sólo con agua enfría y alimenta, y con vino alimenta, calienta y es astringente; con miel calienta menos y alimenta, y es más laxante, siempre que la miel no sea pura; en ese caso, es astringente. Con leche, todos los ciceones son alimenticios, pero si la leche es de vaca 54 es astringente, y si es de cabra mas bien laxante, mientras que el de leche de oveja lo es menos, y resulta más laxante con leche de yegua o de burra.

[42 ] Los trigos son más fuertes y más alimenticios que las cebadas, pero menos laxantes, y lo mismo su jugo. El pan basto reseca y es laxante, el blanco alimenta más, pero es menos laxante. Entre los tipos de panes el que tiene levadura es ligero y laxante; ligero, porque la humedad la consume el ácido de la levadura, a la que sirve de alimento; y es laxante porque pronto es digerido. El pan sin levadura (ácimo) es menos laxante y más nutritivo. El que está amasado con su zumo es muy ligero, pero suficientemente nutritivo, y resulta laxante. Alimenta porque es blanco, pero es ligero porque está amasado con una sustancia muy ligera y tiene de ella su levadura y está cocido al fuego. Resulta laxante porque lo suave y laxante del trigo se le mantiene agregado.

En cuanto a los panes mismos, los más nutritivos son los más grandes, porque su humedad queda menos consumida por el fuego. Y los horneados son más nutritivos que los cocidos sobre el hogar o con un asador, ya que están menos abrasados por el fuego. Los cocidos en el clíbano 55 o bajo las cenizas son los más secos; los segundos por la ceniza, los otros a causa del barro cocido que absorbe la humedad. Los hechos con la flor de la harina son los más fuertes de todos ellos, y aún más los de la flor del grano, y son muy nutritivos, si bien no son igualmente laxantes.

La harina pura, embebida de agua además, refresca, como la infusión de ese agua pasada por el fuego. Una infusión hervida de esas harinas bastas resulta ligera y laxativa. Las harinas hervidas en leche son más laxantes que las hervidas en agua, a causa del suero, y sobre todo en el caso de las 〈leches〉 laxantes. Todas aquellas harinas que se cuecen o se tuestan con miel o aceite calientan y provocan eructos; son provocadoras de eructos porque siendo alimenticias no son de fácil digestión, y son caloríferas porque contienen en la misma sustancia grasas y materias dulces mal avenidas entre sí que reclaman una cocción distinta. La flor de la harina y el grano, hervidos, son fuertes y sustanciosos, pero no laxantes.

La espelta es más ligera que el trigo, y los derivados [43 ] de ella son parecidos a los del trigo, pero más laxantes. La avena humedece y refresca, tanto si se come como si se bebe en un caldo.

[44 ] Las harinas de cebada y de trigo recién cocidas son más secas que las viejas, por estar más cercanas al fuego y a la preparación. Cuando envejecen, lo cálido se evapora y lo frío penetra en ellas. Los panes calientes resecan, los fríos menos, y aún menos los del día pasado, y provocan una cierta delgadez.

[45 ] Las habas son algo sustancioso, pesado y flatulento. Flatulento porque los conductos no pueden acoger el alimento que les llega en masa, y pesado porque tiene pocos residuos en su nutrición. Los guisantes dan menos gases, y son más digestivos. Los blanquecinos y los alargados son más laxantes que los otros, y menos flatulentos, siendo nutritivos. Los garbanzos blancos son laxantes, diuréticos y nutritivos; su parte carnosa alimenta, la dulce es diurética, y la salada resulta laxante. El mijo —en grano o en salvado— es seco y astringente. Junto con los higos es fuerte para los que trabajan. El mijo solo, hervido, es nutritivo, pero no se digiere fácilmente. Las lentejas producen calores y perturbaciones, sin ser laxantes ni astringentes. La arveja es pesada y fuerte; engorda y llena y da al hombre buen color. El grano del lino es nutritivo y astringente; y tiene algo de refrescante también.

Las semillas de salvia tienen efectos muy parecidos. La almorta es por naturaleza algo fuerte y cálido, pero mediante la preparación resulta más ligera y refrescante y es laxante. El jaramago humedece y es laxante. La semilla de pepino actúa más de diurético que de laxante. El sésamo no lavado es laxante, llena y engorda; resulta laxante a causa de la cáscara externa, y llena y engorda por su parte carnosa. Lavado es menos laxante, pero llena y engorda más; y seca y abrasa a causa de su sustancia grasa y oleaginosa. El cártamo es laxante. La amapola es astringente, sobre todo la negra, pero también la blanca. Sin embargo, es nutritiva y fuerte. Los jugos de todas estas plantas son más laxantes que sus granos. Por lo tanto hay que cuidar en la preparación, en todos los casos en que quieras resecar, de extraerles el zumo y utilizar sólo la pulpa; y en los que quieras purgar aprovechar más el zumo y menos la pulpa, y ésta más jugosa.

Acerca de los animales que comemos conviene hacer [46 ] las siguientes precisiones. La carne de bovino es fuerte, astringente y de difícil digestión para el estómago, ya que este animal es de sangre densa y abundante. Así que sus carnes son pesadas para el cuerpo, y tanto la carne misma como la leche y la sangre. En cambio la leche de oveja es ligera e igualmente la sangre, y la carne por el estilo. La carne de cabra es más ligera que las anteriores y es más laxante.

Las carnes de cerdo dan al cuerpo más fuerza que ésas, y son bastante laxantes, porque 〈el cerdo〉 tiene las venas finas y con poca sangre, y mucha carne. La carne de cordero es más ligera que la de oveja, y la de cabrito más que la de cabra, ya que son menos sangrientas y más húmedas. Porque incluso los animales que son secos y fuertes por naturaleza, cuando son tiernos, son laxantes, y cuando crecen lo son menos.

Y de igual modo las de ternera en relación con las de vaca. Pero las de cochinillo son más pesadas que las de cerdo, pues por naturaleza este animal es abundante en carne y de poca sangre, y tiene un exceso de humedad mientras es joven. Así que, cuando los poros no aceptan la nutrición que les llega, ésta queda retenida, calienta y perturba el intestino. Las carnes de asno son laxantes, y la de los asnillos aún más, y también las de los caballos, aún más ligeras. Las de perro resecan y calientan y dan vigor, pero no son laxantes. La de los cachorros humedece y es laxante y más diurética. La de jabalí reseca y da fuerza y es laxante. La de ciervo reseca, es menos laxante, y es más diurética. La de liebre es seca y astringente, y produce alguna orina. La de zorro es más húmeda, y también diurética. También la de erizo terrestre es diurética y humedece.

[47 ] En cuanto a las aves, pasa lo siguiente. En general todas son más secas que las de los cuadrúpedos. Pues todos los animales que no tienen vesícula carecen de orina y de saliva, ya que a causa del calor del vientre se consume la humedad procedente del cuerpo en el alimento para el elemento cálido, de modo que no tienen orina ni saliva. Y en quien está falto de tal humedad, es forzoso que la carne sea seca. La más seca es la de la paloma torcaz, en segundo lugar la de la perdiz, y en tercero las de la paloma, la gallina y la tórtola. La más húmeda es la de la oca. Las que se nutren de granos son más secas que las otras. Las carnes de pato y de las demás aves que viven en los pantanos o sobre las aguas son todas húmedas.

[48 ] De los pescados los más secos son éstos: la escorpena, el «dragón», el «caliónimo», el salmonete, el «glauco», la perca, el sábalo. Los peces de roca son casi todos ligeros, como, p. ej., el tordo marino, el merlo, el gobio, y el «elefitis». Estos peces son más ligeros que los que son viajeros, porque al estar tranquilos presentan una carne suave y ligera. En cambio, los que van errantes y batidos por las olas, fortalecidos por el esfuerzo, tienen una carne más firme y pesada. Rayas, angelotes, platijas y los semejantes son ligeros. Cuantos tienen su alimento en lugares fangosos o pantanosos, como róbalos, mújoles, anguilas, esos peces son más pesados, porque encuentran su alimentación entre el agua fangosa y lo que crece en tales lugares, de donde incluso el aire respirado que un hombre inhala le daña y le abotarga.

Los peces de río y de laguna son aún más pesados que éstos. Los pulpos, las sepias y los de especie semejante ni son ligeros, según parece, ni laxantes, y debilitan la vista; en cambio los caldos hechos con ellos son laxantes. En cuanto a los moluscos, por ejemplo, las ostraperlas, lapas, púrpuras, bocinas, y ostras, su pulpa es astringente, mientras que su caldo es laxante. Los mejillones, las pechinas, y las telinas son más laxantes que los anteriores, y lo son sobre todo las ortigas de mar. Los peces cartilaginosos hidratan y son laxantes. Los huevos de erizos y el jugo de langosta son laxantes, como el «arkos», y también los cangrejos, sobre todo los de río, pero también los marinos, y son diuréticos.

Los pescados en salmuera hacen adelgazar y resecan. Los grasos son en buena medida laxantes. De los puestos en salazón, los más secos son los marinos, y luego los de río, mientras que los de lago son los más húmedos. De los pescados en salazón aquellos que son los más secos 〈de por sí〉 lo son también en salmuera.

De los animales domésticos los que pacen en los bosques [49 ] y los campos son más secos que los que se crían bajo techado, porque en sus ejercicios al aire libre se secan bajo el sol y con el frío, y viven respirando un aire más seco. Son más secos los animales salvajes que los domésticos, y los que comen poco que los que comen mucho, los que comen heno más que los que comen hierba, los que comen frutos más que los que no los comen, los que beben poco más que los que beben mucho, los que tienen mucha sangre más que los que tienen poca o ninguna, los adultos más que los muy viejos o los jóvenes, los machos más que las hembras, los no castrados más que los castrados, los negros más que los blancos, y los velludos más que los lampiños. Los contrarios son más húmedos.

De los animales por sí mismos las carnes más fuertes son las más sometidas a esfuerzos, y las más abundantes en sangre y las del costado por donde se recuestan 〈los animales〉. Las más ligeras son las que menos se fatigan, y las de poca sangre, y las que quedan a la sombra, y todas las más interiores del animal. Entre las desprovistas de sangre el cerebro y la médula son las más fuertes; y las más ligeras son cabezas, pies, sexos y tendones. De los peces las carnes más secas son las de la parte de arriba, y las más ligeras las de bajo el vientre, y las cabezas son más húmedas a causa de la grasa y del cerebro.

[50 ] Los huevos de las aves son un alimento fuerte, nutritivo y flatulento. Fuerte, porque están muy cerca del origen de la vida; nutritivo, porque eso es la leche para el recién nacido, y flatulento, porque de un pequeño volumen se desarrollan enormemente.

[51 ] El queso es fuerte, ardiente, nutritivo y astringente. Fuerte, porque está muy cerca del origen de la vida; nutritivo, porque es el residuo sólido de la leche; ardiente, porque es graso; y astringente, por estar concentrado con zumo 〈de higuera〉 56 y con cuajo.

[52 ] El agua es fría y húmeda; el vino, caliente y seco, y tiene de su poso algo laxante además. De los vinos, los tintos y ásperos son más secos, y no son ni laxantes ni diuréticos ni expectorantes. Resecan por su calor, al consumir la humedad del cuerpo. Los tintos suaves son más húmedos, y producen gases y son más laxantes. Los tintos dulces son más húmedos y más débiles, y producen gases al introducir humedad. Los blancos ásperos calientan, pero no resecan, y son más diuréticos que laxantes. Los vinos jóvenes son más laxantes que los otros, por estar más cerca del mosto y son más nutritivos, y también los aromáticos más que los que no tienen aroma, por ser más maduros, y más los gruesos que los ligeros. Los ligeros son más diuréticos. Y los blancos y los ligeros dulces son más diuréticos que la-xantes, y refrescan, adelgazan y humedecen el cuerpo, y debilitan la sangre, desarrollando en el cuerpo el principio rival a la sangre 57

El mosto produce gases y causa perturbaciones y vacía la tripa. Causa gases porque calienta, vacía como con una purga el cuerpo, y causa perturbaciones al fermentar en el estómago, y es laxante. Los vinos ácidos refrescan, adelgazan y humedecen. Refrescan y adelgazan al producir la evacuación de la humedad del cuerpo, y humedecen a causa del agua que penetra en el cuerpo con el vino.

El vinagre es refrescante, porque gasta y consume la humedad que hay en el cuerpo, y es más astringente que laxante porque no es nutritivo y sí agrio. El mosto hervido calienta, humedece y evacua. Calienta por ser vinoso, humedece por ser nutritivo, y produce evacuaciones por ser dulce y encima estar hervido. El vino de últimos residuos humedece, produce evacuaciones y es flatulento, como el mosto.

La miel pura calienta y seca, pero con agua humedece [53 ] y es laxante para los biliosos, y es astringente para los flemáticos. El vino dulce es más laxante para los flemáticos 58 .

En cuanto a las hortalizas 59 sucede lo siguiente. El [54 ] ajo es cálido y laxante y diurético, bueno para el cuerpo, dañino para los ojos 60 . Porque, al efectuar una purga enorme del cuerpo, debilita la vista. Es laxante y diurético, a causa de sus efectos purgantes. Cocido es más suave que crudo. Produce gases por la retención del aire interno. La cebolla es buena para la vista, pero mala para el cuerpo, porque es cálida y ardiente y no es laxante. Pues no le da alimento al cuerpo ni le ayuda. Al calentarlo le seca por efecto de su jugo. El puerro caliente menos, y es diurético y laxante. Tiene también algo de purgativo; humedece y hace cesar la acidez de estómago. Hay que comerlo al final. El nabo humedece, disolviendo el flegma con su aspereza; pero las hojas en menor medida. Para la artritis es dañina la raíz, que permanece en el estómago y es de difícil digestión. Los berros caldean y disuelven la carne, y coagulan el flegma blanco, hasta llegar a producir estranguria. La mostaza es cálida. También ella es laxante y produce dificultad en la orina. También el jaramago provoca efectos semejantes a esos. El coriandro es cálido y astringente, y calma los ardores de estómago, y si se come al final produce además sueño. La lechuga es más fría antes de que tenga su jugo; a veces causa debilidad en el cuerpo. El eneldo es cálido y astringente, y detiene los estornudos cuando se huele. El apio es más diurético que laxante; pero sus raíces son más laxantes que la planta misma. La albahaca es seca y astringente. La ruda es más diurética que laxante, y tiene algo coagulante, y si se bebe antes sirve de alivio contra las pócimas venenosas. El espárrago es seco y astringente. La salvia es seca y astringente. La hierba mora refresca e impide las poluciones nocturnas. La verdolaga fresca refresca, pero seca calienta. La ortiga purga. La calaminta calienta y purga. La menta calienta y es diurética y detiene los vómitos; y si uno la come a menudo, derrite el semen hasta producir pérdidas, e impide la erección y deja el cuerpo débil 61 . La acedera, que calien-ta, es laxante. El armuelle es húmedo, sin embargo no es laxante. El bledo es cálido, no laxante. La col calienta, y es laxante, y evacua las sustancias biliosas. El zumo de acelgas es laxante, pero la planta es astringente; las raíces son más laxantes que las hojas de acelga. La calabaza calienta, humedece y es laxante, pero no es diurética. El nabo es ardiente, y humedece y perturba el cuerpo, pero no es laxante, y provoca disuria. El poleo calienta y es laxante. El orégano calienta, y evacua los humores biliosos. La ajedrea actúa de modo semejante. El tomillo es cálido, es laxante y diurético, y evacua los humores flegmáticos. El hisopo calienta y evacua los humores flegmáticos.

Entre las hierbas salvajes, las que en la boca son cálidas y bienolientes, ésas calientan y son más diuréticas que laxantes. Aquellas que tienen una naturaleza húmeda, fría e inconstante u olores pesados, son más laxantes que diuréticas. Las que son acres o ásperas son astringentes. Las que son picantes y de buen olor, son diuréticas. Las que son picantes y secas en la boca, resecan. Las que son ácidas son también refrescantes. Son diuréticos los zumos del hinojo marino, del apio, las infusiones de ajo, de citiso, de hinojo, de puerro, de culantrillo, de hierba mora. Y son refrescantes éstos: el escolopendrio , la menta, el seseli , la achicoria, la pimpinela, el hipérico , las ortigas. Laxantes y purgantes son los caldos de guisantes, lentejas, cebada, acelgas, col, mercurial, saúco, cártamo, *** Estas plantas son más laxantes que diuréticas.

[55 ] En cuanto a la fruta pasa lo siguiente. Las frutas en sazón son más laxantes, y las verdes más que las secas. Vamos a exponer la propiedad natural de cada una.

La mora calienta, humedece y es laxante. Las peras maduras calientan, humedecen y son laxantes. Las duras son algo astringente. Las peras silvestres de invierno maduras son laxantes y limpian el vientre. Pero las verdes son algo astringente. Las manzanas dulces son difíciles de digerir; las ácidas maduras lo son menos. Los membrillos son astringentes y no laxantes. Los caldos de manzanas sirven para detener los vómitos y son diuréticos. Incluso su olor va bien contra los vómitos. Las manzanas silvestres son astringentes; cocidas son más laxantes. Contra el asma los zumos y las mismas manzanas bebidas son benéficas.

Las serbas, los nísperos, los frutos de cornejo y los demás por el estilo son astringentes y bloquean la tripa. El jugo de la granada dulce es laxante, y tiene algo ardiente. Las granadas vinosas son flatulentas, y las agrias son más refrescantes. Los granos de todas ellas son astringentes. Los pepinos crudos son cosa indigesta; los melones son diuréticos y laxantes, pero dan gases.

Las uvas son cálidas y húmedas, y son laxantes, sobre todo las blancas. Cierto que las dulces calientan bastante, porque guardan ya mucho calor. Las verdes calientan menos, pero si se toman en bebida purgan. Las pasas son algo ardiente, pero son laxantes.

Los higos verdes humedecen, son laxantes y dan calor. Humedecen por ser jugosos, calientan y son laxantes por su zumo dulce. Los primeros higos son los peores, porque son los de más leche, y los últimos son los mejores. Los higos secos son ardientes, pero son laxantes.

Las almendras son un alimento ardiente, pero nutritivo. Ardiente por su aceite, nutritivo por su pulpa. Las nueces redondas son semejantes. Las anchas, maduras, son nutritivas, y si están peladas son laxantes, y producen gases. Las pieles, en cambio, son astringentes. Las bellotas de encina, de roble, y los hayucos son astrigentes, crudos o tostados; cocidos, menos.

Las carnes grasas son ardientes, pero laxantes. Las [56 ] carnes conservadas en vino resecan y alimentan; resecan a causa del vino, y alimentan por la carne. Conservadas en vinagre calientan menos a causa del vinagre, y alimentan bastante. Conservadas en sal las carnes son menos nutritivas, por quedar privadas de la humedad por la sal; adelgazan, resecan y son bastante laxantes 62 .

De cada uno de estos alimentos conviene disminuir o aumentar sus propiedades específicas del modo siguiente, en el conocimiento de que todo, tanto animales como plantas, está compuesto de fuego y agua, y con esto aumenta y en esto se resuelve. Así que a los alimentos fuertes se les priva de su propiedad cociéndolos y enfriándolos varias veces; a los húmedos se les arrebata la humedad pasándolos por las brasas y tostándolos; y a los secos 〈se les cambia su propiedad〉 mojándolos y rociándolos; a los salados se los moja y se cuecen; a los amargos y ácidos se los mezcla con los dulces, y a los astringentes con los grasientos. Y de todos los demás conviene tomar noticia por lo ya dicho.

Todo lo que está pasado por el fuego y tostado es más astringente que lo crudo, porque el fuego le ha arrebatado la humedad, el zumo y lo grasiento. Así que cuando cae en el estómago, atrae hacia sí la humedad de la cavidad, y obtura los orificios de los conductos veno-sos, secando y calentando, de manera que contiene los desagües de la humedad.

Todos los alimentos que provienen de las zonas áridas, secas y tórridas, son más secos y más caloríferos y aportan mayor vigor al cuerpo, porque son más pesados, más densos y más nutritivos, con el mismo volumen, que los que vienen de regiones húmedas, lluviosas y frías. Éstos son más húmedos, ligeros y fríos. Por lo tanto no sólo hay que conocer la cualidad específica de los cereales, de las bebidas, y de los animales, sino también sus lugares de origen. Cuando, en efecto, se quiera procurar al cuerpo un alimento más fuerte de los mismos comestibles, habrá que recurrir a los que procedan de regiones áridas, tanto en cereales como en bebidas y en carnes. Y cuando se quiera una nutrición más ligera y más húmeda, recurrir a los de regiones más lluviosas.

Las cosas dulces, picantes, saladas, amargas, ásperas y carnosas dan naturalmente calor, tanto las que son secas como las húmedas. Pero todas las que tienen una parte predominante de sequedad en su interior, éstas resecan y calientan. Cuantas tienen una parte mayor de humedad, todas ésas a la vez que dan calor humedecen y son más laxantes que las secas. Pues al dar más alimento al cuerpo, provocan una revulsión en el vientre, y al traer humedad resultan laxantes. Todo lo que, aportando calor, reseca, ya sea comida o bebida, y que no provoca ni salivación ni orina ni deposiciones, reseca el cuerpo por lo siguiente: al calentarse el cuerpo se vacía de la humedad, en parte por los mismos alimentos, y en parte porque lo humedo se consume en alimento para el calor del alma, y en parte porque, calentándose y haciéndose más sutil, se evapora a través de la piel.

Las sustancias dulces y las grasas y las oleaginosas dejan repleto, porque se derraman a partir de un pequeño volumen. Al calentarse y al derramarse colman el calor del cuerpo y causan una sensación de plenitud.

Las sustancias ácidas, picantes, astringentes, ásperas, bastas, o secas, no llenan, porque dejan abiertos y limpian los orificios de los conductos venosos. Que los unos secando, los otros mordiscando y contrayendo, hacen que se agite y se concentre en un pequeño volumen la humedad que hay en la carne, y se hace grande el vacío en el cuerpo. Con que cuando quieras saturar con pocos alimentos o vaciar con más, utilizar unos u otros.

Todos los alimentos frescos dan más vigor que los demás por esta razón, que están más cerca de lo vivo. En cambio los viejos y pasados son más laxantes que los frescos, porque están más cerca de la corrupción 63 . Los alimentos crudos provocan cólicos y eructos, porque aquello que debe efectuarse con ayuda del fuego, eso lo lleva a cabo el estómago, que es más débil que los alimentos ingeridos. Los platos que se preparan con salsas son ardientes y húmedos, porque tienen ingredientes grasos, cálidos, y con propiedades diversas unas de otras en un mismo guiso. Los preparados en salmuera o en vinagre son mejores y no ardientes.

Respecto a los baños pasa lo siguiente. El agua [57 ] potable humedece y refresca, pues da humedad al cuerpo. El baño salado calienta y reseca, ya que teniendo un calor natural atrae fuera del cuerpo la humedad. Los baños calientes en ayunas adelgazan y refrescan, pues por el calor arrebatan la humedad del cuerpo; y al verse privada la carne de la humedad, el cuerpo se enfría. Después de la comida calientan y humedecen, al desparramar lo húmedo que hay en el cuerpo en un volumen mayor. Los baños fríos lo contrario: al cuerpo en ayunas le dan algo de calor y humedad, y al que ya ha comido se lo quitan, estando húmedo, y, al ser algo frío, lo llenan de la sequedad que conllevan. La abstinencia de baños reseca, al consumirse lo húmedo; y la privación de ungüentos otro tanto.

[58 ] El darse ungüentos calienta, humedece y ablanda. El sol y el fuego resecan por esta razón: que, siendo justamente calientes y secos, atraen la humedad del cuerpo. La sombra y los fríos moderados humedecen, pues dan más que toman (humedad). Todos los sudores, al salir, adelgazan y resecan, al abandonar la humedad el cuerpo. El coito adelgaza, humedece y calienta; calienta a causa del ejercicio y de la secreción de lo húmedo, adelgaza por la evacuación, y humedece a causa de lo que queda en el cuerpo de lo licuado 64 a causa del ejercicio.

[59 ] Los vómitos adelgazan a causa de la evacuación de la comida, sin embargo no resecan, a no ser que al día siguiente se adopte el tratamiento adecuado; sino que humedecen más bien, a causa de la repleción y del derretimiento de la carne producido por el esfuerzo. Pero si al día siguiente uno deja que esto se consuma en alimento de lo cálido y se va aumentando la dieta de modo paulatino, desecan. El vómito libera la tripa estreñida, y estriñe la que está más suelta de lo oportuno, al humedecer aquélla y contraer esta otra. Por tanto, si uno quiere producir un efecto astringente, hay que producir el vómito muy deprisa tras haber comido, antes de que el alimento que es húmedo descienda hacia abajo, y servirse sobre todo de alimentos astringentes y de los picantes. En cambio, si se quiere soltar el vientre, conviene retener los alimentos 〈en el vientre〉 el mayor tiempo posible, y recurrir a alimentos y bebidas ásperos, salados, grasos y dulces.

Los sueños, en ayunas, adelgazan y enfrían, si no [60 ] son largos, pues eliminan la humedad natural 〈en el cuerpo〉. Pero si son prolongados, al calentarla derriten la carne y relajan el cuerpo y lo dejan débil. Después de la comida al calentar humedecen, esparciendo la comida por el cuerpo. Tras los paseos matutinos es cuando el sueño reseca en grado máximo.

El no dormir tras las comidas daña, al no dejar al alimento que se disuelva; al que está sin comer le procura un cierto adelgazamiento, pero le daña menos. La inactividad humedece y deja el cuerpo débil, pues el alma que está inactiva no consume la humedad originada en el cuerpo. El ejercicio reseca y pone el cuerpo fuerte.

Una única comida 〈al día〉 adelgaza, reseca y estriñe el vientre, porque lo húmedo del estómago y de la carne es consumido por el calor del alma. El desayuno consigue los efectos contrarios a la comida única. El agua caliente como bebida adelgaza en todo y de igual modo el agua fría. El frío excesivo tanto en el aire respirado como en la comida y en la bebida congela la humedad del cuerpo y estriñe el vientre por el frío y la solidificación. Pues domina a la humedad del alma. También los excesos de calor solidifican 〈lo húmedo〉 de modo que así tampoco hay difusión de éste. Todo lo que al calentar el cuerpo, sin aportarle alimento, vacía de humedad la carne sin producir un exceso, causa en el hombre un enfriamiento; pues al evacuarse la humedad existente, se enfría a medida que se llena del aire que penetra de fuera.

En cuanto a los ejercicios 65 hay que apreciar la [61 ] cualidad que tienen del modo siguiente. Hay, en efecto, unos que son naturales, y otros violentos. De ellos los naturales son el ejercicio de la vista, del oído, de la voz, y del pensamiento 66 .

Así pues, el ejercicio de la vista tiene esta propiedad: aplicándose el alma a lo que observa se mueve y se calienta; y al calentarse se seca, porque se vacía de lo húmedo. A través del oído, cuando le llega un ruido, el alma se agita y se esfuerza, y con este esfuerzo se calienta y se seca. En todo lo que el hombre piensa, se agita su alma, se caldea y se reseca, por esos esfuerzos, trabaja gastando su humedad, vacía las carnes, y enflaquece al individuo. Todos los ejercicios de la voz, sean discursos, lecturas o cantos, todos ellos agitan su alma. Y al agitarse se caldea y se reseca, y gasta su humedad.

[62 ] Los paseos son, desde luego, naturales, y lo son mucho más que los demás ejercicios, pero tienen algo de violento. La cualidad propia de cada uno de ellos es la siguiente. El paseo de después de la cena 67 reseca el vientre y el cuerpo, y no deja que el estómago acumule grasa por lo siguiente: al moverse el hombre, se calientan los alimentos y el cuerpo, de modo que la carne atrae lo líquido y no permite que se concentre en torno al estómago. Así que el cuerpo se llena, y el estómago adelgaza. Se reseca por lo siguiente: al moverse y calentarse el cuerpo, lo más ligero de la nutrición se consume, una parte por el calor congénito 68 , y otra se pierde con la respiración hacia el exterior, y en parte también se va a la orina. Y queda como resto lo más seco de los alimentos dentro del cuerpo, de modo que se resecan el estómago y la carne.

Los paseos matutinos adelgazan, dejan la cabeza despejada y alerta, y el oído vivaz, y liberan el estómago. Adelgazan porque el cuerpo, al moverse, se calienta, y la humedad disminuye y se elimina, en parte mediante la respiración, y parte al sonarse y al escupir, y en parte se gasta en alimento para el calor del alma. Liberan el estómago, porque al penetrar desde arriba en éste, que está caliente, el aire frío, el calor se retira ante el frío. Dejan despejada la cabeza por la razón siguiente: cuando el vientre se vacía, al estar caliente, atrae hacia sí lo húmedo del resto del cuerpo y de la cabeza. Y al vaciarse 〈de humedad〉 la cabeza, se purifican la vista y el oído. Y se pone uno alerta. Los paseos después de los ejercicios físicos dejan los cuerpos purgados y flacos, al no permitir que la exudación de la carne producida por el esfuerzo se concentre, sino que la eliminan.

De las carreras, las dobles y de fondo 69 , aumentadas [63 ] paulatinamente, al calentar la carne pueden cocerla y fundirla, y así aumentan por digestión la potencia de los alimentos en la propia carne, y dejan los cuerpos más lentos y más firmes que las carreras sencillas. Son más convenientes a los que comen mucho, y más en invierno que en verano.

Las carreras con vestidos tienen la misma propiedad, pero como calientan más deprisa dejan los cuerpos más húmedos, si bien con menos color, porque el aire puro que se recibe no purifica (el cuerpo), sino que éste se mueve en el mismo aire durante el ejercicio. De modo que esto les conviene a los individuos secos y a los de abundante carne que quieren perder peso, y a las personas de edad por la frialdad de su cuerpo.

Los díaulos y los dobles díaulos consumen menos la carne, y secan más, porque los esfuerzos que se producen en las partes internas del alma extraen lo húmedo de la carne y enflaquecen el cuerpo y lo secan. Las carreras simples consumen menos la carne, pero resecan y contraen al máximo la carne y el vientre, ya que, al necesitar una respiración muy rápida, atraen la humedad hacia esos esfuerzos.

[64 ] Los ejercicios gimnásticos agitados con brusquedad son, para los individuos enjutos, inconvenientes. Pues producen desgarramientos por lo siguiente. Estando caliente el cuerpo, adelgazan mucho la piel, condensan la carne menos que las carreras, y vacían la carne de su humedad. Las flexiones y elevaciones de brazos caldean mucho menos la carne, y aguzan el cuerpo y el alma, y evacuan el aire.

La lucha libre y el frotamiento ofrecen en mayor medida el ejercicio a las partes externas del cuerpo, y calientan, endurecen y hacen que se desarrolle la carne por lo siguiente. Por un lado las partes por naturaleza duras se hacen más compactas al ser frotadas, y las huecas se desarrollan, como es el caso de los conductos venosos. Porque al calentarse y secarse atraen hacia sí el alimento a través de los poros, y luego aumentan. La lucha de cuerpo a tierra tiene unos efectos semejantes a los de la lucha libre, y reseca más a causa del polvo, y desarrolla menos carne. La lucha de manos y dedos reseca y atrae las carnes hacia arriba, y efectos similares logran la lucha con el saco y la gimnasia de brazos 70 . La retención de la respiración fuerza los poros (a abrirse) y adelgaza la piel y puede expulsar la humedad de la piel.

Los ejercicios gimnásticos en el polvo y los del [65 ] cuerpo untado en aceite difieren en lo siguiente. El polvo es frío, el aceite cálido 71 . Durante el invierno el aceite ayuda al desarrollo, porque impide que el frío arrebate nada al cuerpo. Durante el verano el aceite, que produce un exceso de calor, hace que se funda la carne, cuando se recalienta a causa de la estación, del aceite y del esfuerzo. El polvo de los ejercicios gimnásticos favorece el desarrollo durante el verano, pues al refrescar el cuerpo no deja que se recaliente hasta el exceso. En cambio en invierno enfría y congela. Quedarse en el polvo después de los ejercicios durante un rato breve en el verano es provechoso, porque refresca; pero si es mucho tiempo reseca demasiado y deja los cuerpos duros y secos como leños. El frotamiento de aceite mezclado con agua reblandece e impide un peligroso recalentamiento.

En cuanto a las torceduras y tensiones 72 que se [66 ] producen en el cuerpo, ocurre lo siguiente. Las personas que no tienen hábito de hacer gimnasia se lastiman en cualquier ejercicio. Pues ninguna parte de su cuerpo está entrenada para ningún esfuerzo. Los cuerpos ejercitados, por su parte, pueden lastimarse por los ejercicios desacostumbrados; e incluso se lastiman por los ejercicios habituales, si los practican con exceso. Ésos son, en efecto, los tipos de los achaques.

La propiedad característica de éstos es la siguiente. Quienes no están entrenados, teniendo la carne húmeda, al esforzarse en los ejercicios, en cuanto el cuerpo se les calienta, sufren un enorme derretimiento de su carne. Lo que entonces se exuda o se elimina con la respiración no causa fatiga sino a la parte del cuerpo vaciada así contra lo habitual. Pero lo que queda de esa licuefacción causa fatigas no sólo a la parte vaciada del cuerpo de modo inhabitual, sino también a la que recibe esa humedad. Porque no es un líquido 73 connatural al cuerpo, sino muy contrario. Pues no se acumula por igual en las partes desprovistas de carne 〈y en las otras〉, sino que se concentran en las carnosas, hasta el punto de provocar dolencia en éstas hasta que se expulsa. Puesto que desde luego no tiene circulación, quedando en reposo, se recalienta ella y lo que se le añade.

Si la secreción es abundante, se impone incluso sobre lo que está sano, de modo que recalienta en exceso todo el cuerpo, y resulta el principio de una fuerte fiebre. Pues al ponerse la sangre caliente y ser atraída, acelera la circulación que se da en el cuerpo, y por medio de la respiración se purifica todo el cuerpo; y el humor concentrado, al calentarse, se aligera y se expulsa de la carne hacia afuera a través de la piel, que es lo que se llama «sudor cálido». Una vez segregado éste, la sangre se reafirma en su movimiento natural, y la fiebre remite, y la fatiga cesa, en general, al tercer día.

Estos achaques, pues, hay que tratarlos del modo siguiente: disolviendo lo acumulado mediante baños de vapor y baños calientes, y con paseos no forzados, de modo que 〈los pacientes〉 queden limpios, y recuperen la disminución de la carne con ayuda de breves alimentos y adelgazando.

Conviene, además, untarse con aceite sosegadamente durante un buen rato, para no recalentarse con el esfuerzo, y frotarse con ungüentos sudoríparos y emolientes, y dormir en cama blanda.

A quienes ya tienen hábito de ejercicios el achaque les viene de esfuerzos desacostumbrados por los motivos siguientes. Sea cualquier ejercicio al que el cuerpo no esté entrenado, forzoso es que la carne esté húmeda en relación a este punto, en el que no está acostumbrado a esforzarse, como es el caso de los que no practican la gimnasia en cualquier ejercicio. Entonces necesariamente la carne se fundirá, se disgregará y se acumulará como en el ejemplo anterior. Conviene seguir este tratamiento: acudir a los ejercicios habituales, para que el humor concentrado calentándose disminuya y se purgue, y el resto del cuerpo no se humedezca ni se quede inactivo. Conviene recurrir a los baños calientes también en este caso, y a ungüentos de igual modo que en el caso anterior. Pero no necesita para nada de los baños de vapor, ya que los ejercicios calentándolo suficientemente disminuyen y eliminan el líquido amontonado.

Las luxaciones 〈o lesiones〉 producidas por los ejercicios habituales se originan del modo siguiente. De un ejercicio moderado no proviene ninguna tensión. Pero cuando se esfuerza uno más de lo oportuno, reseca demasiado su carne. Así que ésta se vacía de su humedad, y se caldea y sufre dolor, se estremece y cae en una fiebre bastante prolongada, a no ser que uno la trate correctamente. En ese caso, en primer lugar hay que bañar al enfermo en un baño ni demasiado caliente ni demasiado abundante, luego darle a beber después del baño un vino suave, y que coma de cena muy varios y muchos alimentos, y como bebida que tome un vino aguado y suave, y en abundancia, y luego que conserve mucho tiempo en el estómago 〈la comida〉 hasta que los conductos venosos se llenen y se hinchen. Luego, que vomite, y después de un breve paseo que se acueste blandamente. Luego conviene aumentar lentamente los alimentos y los ejercicios habituales durante seis días, y en éstos disponer al individuo en su régimen acostumbrado de comida y bebida 74 .

Este tratamiento tiene la siguiente propiedad: puede rehidratar el cuerpo resecado en exceso sin caer en exceso. Si, desde luego, fuera posible, conociendo cuál es la causa de la dolencia, curarla mediante la dosis conveniente de alimentación, bien estaría así. Pero eso es imposible, y lo otro es fácil. Porque el cuerpo reseco, al recibir todo tipo de alimento, atrae de cada alimento lo conveniente a cada parte del cuerpo, que queda llena y humedecida, y, tras vaciarse el estómago por el vómito, rechaza el exceso. El vientre, al quedar vacío, se revuelve. Entonces, la carne regurgita la humedad que le sobra, y no suelta la que le es adecuada, a no ser por violencia bien de medicamentos o de ejercicios o por alguna otra revulsión. Acudiendo a un tratamiento progresivo reconducirás el cuerpo a su anterior régimen de vida suavemente.

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