Читать книгу: «Himnos. Tratados.»

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BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 186


Asesor para la sección griega: CARLOS GARCÍA GUAL .

Según las normas de la B. C. G., la traducción de esta obra ha sido revisada por CONCEPCIÓN SERRANO AYBAR .

© EDITORIAL GREDOS, S. A.

Sánchez Pacheco, 81, Madrid, 1993.

www.editorialgredos.com

REF. GEBO289

ISBN 9788424932183.

INTRODUCCIÓN GENERAL

I. EL AUTOR Y SU OBRA

En la frontera de dos mundos, entre Grecia y el Cristianismo, se alza la figura de Sinesio de Cirene. Pocos casos podrán encontrarse en la historia de la literatura en los que obra y vida de un autor se compenetren de forma más esclarecedora. El escritor y el hombre resultan indisociables 1 .

De él diríamos algo parecido a lo que afirmaba Menéndez Pelayo del Marqués de Santillana: «Gran señor en poesía como en todas sus cosas». Aun así no le haríamos justicia como literato, pues estaríamos omitiendo sus tratados y su extenso e interesantísimo epistolario.

1. Las fuentes

Escasa información acerca de nuestro autor nos transmiten los bizantinos Evagrio, Juan Mosco, Focio, la enciclopedia de Suidas y Nicéforo Calisto 2 . Será, por ello, la propia obra de Sinesio la fuente principal de donde tendremos que entresacar sus datos biográficos.

De una forma más o menos precisa leemos algunas indicaciones tanto en los Himnos (por ejemplo, el VII) como en sus escritos en prosa (sobre todo los de circunstancias: Sobre la realeza, A Peonio , etc.). Mención especial merecen las 156 Cartas 3 , a través de las cuales nos acercamos a su vida a partir del año 395, a pesar de las dificultades que presentan de datación y destinatarios.

2. Nacimiento, familia y formación

La antigua colonia de los dorios en Libia, fundación de Bato de Tera 4 , Cirene, «la rica en laserpicio» 5 , fue la patria de Calímaco y también la de Sinesio. Como ocurre con Capadocia, tierra de los grandes padres Basilio, Gregorio de Nacianzo y Gregorio de Nisa, la Cirenaica se la reparten familias nobles de viejo abolengo. A una de ellas, «la casa de los Hesíquidas» 6 , pertenece nuestro autor, que nació alrededor del 370 de nuestra era.

Dentro de la Pentápolis líbica 7 , Cirene ya está lejos de ser la floreciente ciudad de antaño. Pobre y ruinosa nos la describe el propio Sinesio 8 : tanto el gobernador de la Libya Superior como el arzobispo metropolitano residen en Ptolemaida.

De los miembros de su familia estamos medianamente informados por el H. VII y las Cartas 9 . Su padre, Hesiquio (quien, según la costumbre griega, daría nombre al primogénito de nuestro personaje 10 ) habría tenido cuatro vástagos: Evoptio, Sinesio, Estratonice y otra hija 11 , cuyo esposo sabemos que se llamaba Amelio (de este matrimonio nació una niña).

El epistolario nos revela la estrecha unión y la confianza existentes entre Sinesio y su hermano mayor. Seguramente fue éste quien lo sucedió como obispo de Ptolemaida 12 , dado que el representante de la Pentápolis en el Concilio de Éfeso (en el 431, unos dieciocho años después de la muerte de nuestro autor) se llama Evoptio.

En su educación Sinesio no se distinguió de los niños y jóvenes de su tiempo. En la Carta 45 nos habla de un paidotríbēs , a quien, entre otros preceptores, se le habría encargado formar al muchacho, sin tener que pasar (pues así lo permitía la situación acomodada de su familia) por las escuelas del grammatistḗs y el grammatikós. El objetivo sigue siendo la elocuencia 13 , gracias a la cual se llegaba a la abogacía o a los cargos públicos 14 .

En lo que respecta a sus enseñanzas literarias, Sinesio parece haber bebido en la tradición clásica por medio de los repertorios y antologías propios de la época 15 , si bien conoce de primera mano a Homero y Platón. De entre los autores helenísticos e imperiales (descubrimos las huellas de Teócrito, Mesomedes, Plutarco, Aristides, Filóstrato, etc.), se siente heredero de Dión de Prusa, admirable como sofista y como filósofo 16 , modelo, en la teoría y en la práctica, omnipresente en su obra.

También sería iniciado Sinesio en el aprendizaje de las ciencias, como corresponde a un habitante de Cirene, patria de Teodoro (el geómetra que dialoga en el Teeteto platónico) y Estrabón 17 .

No obstante, los estudios nunca lo apartaron de su pasión por las armas, la caza y los ejercicios ecuestres 18 .

3. Hipatia 19

Antes del 395 20 Sinesio ha residido durante tres o cuatro años en Alejandría, emporio de la cultura. La introducción científica que recibió en su ciudad natal le sería muy útil para asistir a las lecciones de la hija del matemático Teón, Hipatia, cuyas enseñanzas matemáticas, astronómicas y de filosofía neoplatónica 21 gozaban de un enorme prestigio. Ella será su «auténtica iniciadora en los misterios de la filosofía», su «madre, hermana y maestra» 22 durante toda su vida. Su sincera amistad, su devoción a Hipatia se reflejan en las líneas del epistolario. De su mano accedió tanto a la metafísica como a las ciencias aplicadas 23 . Tras la decepción de su viaje a Atenas, del que hablaremos más abajo, Sinesio escribirá 24 :

... la piel es lo que queda como único vestigio de la vida de antaño..., una vez que de allí ha emigrado la filosofía... Ahora, en nuestro tiempo, es Egipto el que acoge y nutre la semilla de Hipatia.

Sobrevivió a su discípulo, para morir de forma brutal en el 415, víctima del fanatismo cristiano, aunque más por razones políticas que de otro tipo.

4. Armas y letras

En el 395 Sinesio está de nuevo en Cirene. Probablemente fueron las incursiones de las tribus del desierto 25 las que aceleraron su regreso. La cuestión ahora es proteger los dominios familiares al sur de la Marmárica. Para ello se pone al frente de una tropa que logra rechazar a los invasores 26 .

Una vez cumplido su deber 27 , Sinesio volverá a ocuparse de la caza, los caballos y los libros. En estos años seguramente se componen el Himno IX y el V y se da comienzo al I, y también hay que situar quizá 28 en estos días de tranquilidad su viaje a Atenas. Allí ni siquiera el Pórtico Pintado hace honor a su apelativo: la fama de la ciudad se cimenta más en la miel del Himeto que en la sabiduría y la elocuencia 29 .

Asimismo cabe adjudicar al ocio de que en estos momentos 30 disfruta Sinesio su Elogio de la calvicie , ingenioso paígnion , en refutación del Elogio de la cabellera de Dión Crisóstomo.

Muy pronto, sin embargo, le estará reservada una misión importante. Sus conciudadanos le considerarán el más indicado para representarlos ante Arcadio (desde el 395 al frente del Imperio Romano de Oriente) y solicitar una reducción de impuestos para aquella provincia esquilmada tanto por los nómadas libios como por la avidez de los funcionarios.

Durante tres años Sinesio se sumergió en las profundidades de la diplomacia cortesana.

5. La embajada

Desde agosto del 399 a la primavera del 402 Sinesio se encuentra, pues, en Constantinopla. Poco antes de su llegada, la capital ha asistido a la ruina de Eutropio, a pesar de la elocuente homilía que en su defensa pronunciara San Juan Crisóstomo. Además de sus cartas de presentación, de los dones de costumbre y del imprescindible oro, el embajador ha preparado un escrito de homenaje y un regalo muy particular al conde Peonio, su protector 31 .

A Sinesio lo recibe Aureliano, nombrado prefecto tras la caída en desgracia de su hermano Cesario que cuenta con el apoyo del godo Gainas y las tropas bárbaras. Más tarde, en la primavera del 400, nuestro autor vivirá la condena de exilio dictada por el emperador contra Aureliano, fruto de las intrigas de Cesario, y, en sus Relatos egipcios o sobre la Providencia , verá en el enfrentamiento de estos dos personajes la lucha entre Osiris y Tifón, entre el Bien y el Mal 32 .

Su discurso ante el emperador, Sobre la realeza , logró su propósito. Incluía la crítica de una administración y de unos cargos civiles entregados a los godos (a los que él llama «escitas» en las dos últimas obras citadas) y de un ejército formado por mercenarios germanos, entre otras intenciones políticas muy acordes con el pensamiento de Aureliano, entonces en el poder. Sinesio consiguió la exención de cargas curiales y la reducción de impuestos para su país 33 .

6. El matrimonio

En el verano del 402 ya está Sinesio en Cirene 34 y al año siguiente marchará de nuevo a Alejandría, quizá respondiendo a la llamada de su hermano Evoptio 35 . Lo cierto es que allí contrae con una cristiana de la nobleza alejandrina solemne matrimonio, bendecido por el arzobispo de Alejandría: «Dios, la ley y la sagrada mano de Teófilo me dieron a mi mujer» 36 .

En el 404 nace su primer hijo, Hesiquio. En estos felices años publica sus Cinegéticas , escritas años atrás, y, ante el éxito 37 , se dedica al Dión o sobre su norma de vida , biografía apologética de su maestro, el de Prusa, a la vez que una defensa de sus propios ideales.

A fines de ese año, sin embargo, Sinesio ha de empuñar de nuevo las armas contra macetas y ausurianos 38 . La paz no reinará hasta las postrimerías del 405. Por la Carta 55 nos enteramos de un fasto acontecimiento: le nacen al feliz matrimonio dos hijos gemelos. Pero otro «hijo» 39 vio la luz unos meses antes: su tratado Sobre los sueños , que el autor enviará a Hipatia solicitando su sabia opinión 40 . Con su análisis cabal, con sus teorías platónicas y cristianas y con una exposición que conjuga lo serio y lo risible, a la manera de Platón 41 , el escritor deviene filósofo.

Hasta el 410 Sinesio disfrutará de una existencia tranquila entregada a «la oración, la lectura y la caza» 42 , según propia confesión, a pesar de que en sus Cartas 52 y 95 el panorama parece ser distinto: luchas internas y problemas con las tribus nómadas 43 . Por todo ello fijará su residencia en Ptolemaida, donde, en el 410, un suceso imprevisto afectará notablemente su vida.

7. El episcopado y los últimos años

En la primavera de ese año muere el metropolitano de Ptolemaida. El clero y el pueblo, conscientes de la valía de Sinesio para las diversísimas responsabilidades que se le exigen a un obispo de esta época, lo aclaman como sucesor 44 .

Por rotundas que en un principio fueran sus negativas, la Carta 11 (de inicios del 411) nos lo muestra ya consagrado: «un platónico con mitra» 45 que en absoluto abjuró de sus ideas filosóficas acerca de la preexistencia del alma, la eternidad del universo y la inmortalidad (pero no la resurrección de la carne) 46 ; un gran señor feudal convertido en el más alto dignatario eclesiástico de la Cirenaica, en cuyas convicciones siempre estuvieron fundidos platonismo y cristianismo 47 .

Su buena disposición llegaba hasta el punto de comprometerse a renunciar a la caza o a sus estudios pero no a separarse de su mujer, aunque es posible que se viera obligado a hacerlo, porque no vuelve a mencionarla en su correspondencia 48 . Sinesio, al aceptar su ministerio, responderá tanto a la llamada de Dios como a la confianza que en él han depositado sus compatriotas y reconocerá «que el sacerdocio no es un alejamiento de la filosofía sino una ascensión hacia ella» 49 .

No cabe dudar de que su bautismo fue posterior a la elección 50 , pero esto no impidió que su comportamiento como obispo fuera ejemplar en todas sus obligaciones, también, por supuesto, en la lucha contra las herejías, como la de Eunomio, discípulo de Arriano 51 .

En el 411, ya desde su encumbrada posición, pronuncia su Discurso I (Catástasis minor) en honor del dux o comandante militar Anisio que abandona su cargo. Poco después tendrá que afrontar la muerte de su primogénito, Hesiquio, «el más querido de sus hijos» 52 , y, en medio de su angustia, otra invasión, de los ausurianos 53 , como para poner a prueba al nuevo dux , Inocencio.

Ante lo desesperado de la situación, Sinesio remitirá su al prefecto del pretorio en persona, Antemio su Catástasis maior , en la que describe la devastación y el asedio de Ptolemaida. Cercado por los enemigos, la desgracia lo persigue: «de mis tres hijos ya sólo uno me queda», escribirá a Evoptio 54 . Pero no se deja llevar por el abatimiento, sus obligaciones requieren una diligente actuación, incluso la visita pastoral a las iglesias de Hídrax y Palebisca 55 .

Todavía el año 411 le reserva una prueba: los abusos contra todo lo divino y humano del praeses Andronico, sucesor de Genadio, además de lo ilegal de su nombramiento 56 , conseguido a fuerza de intrigas, merecerán la desaprobación del obispo y su intento de proteger a las víctimas de sus injusticias 57 . En sus Cartas 41 y 42 «contra Andronico» leemos, respectivamente, una requisitoria formal y la primera excomunión de la historia de la Iglesia. El gobernador será destituido. Sinesio, por su parte, sabrá perdonarlo 58 .

El pastor no ha olvidado, en absoluto, a su grey. Los dos fragmentos de Homilías que conservamos 59 están relacionados con la Pascua de Resurrección (el catorce de abril) del 412. En estos años postreros compone también los Himnos VI, VII y VIII 60 .

Pero el final de su vida tampoco estará exento de trágicos sucesos: el exilio de su hermano Evoptio, para evitar el nombramiento de decurión 61 y la ruina económica aneja, por lo general, al cargo; la muerte del patriarca Teófilo 62 ; y la pérdida de su tercer hijo, ya en el invierno del 412-413, de la que se consuela, curiosamente, con Epicteto 63 y no con los pasajes bíblicos.

En sus tres últimas Cartas , la 10, la 16 y la 81, dirigidas a Hipatia, su maestra de siempre, le confiesa su hastío, su cansancio. En ellas escuchamos el canto de cisne del poeta, del filósofo, del obispo 64 .

II. SINESIO Y LA POSTERIDAD

«La inteligencia y la fuerza» de las obras de Sinesio y «el encanto 65 de sus cartas» se pregonan en los cuatro versos dodecasílabos que, junto con una miniatura del obispo en su escritorio, encabezan el manuscrito Athous Vatopedinus 685 (V) (ss. XII -XIII ).

Sinesio fue para Bizancio no sólo un modelo en la forma, sobre todo por su estilo ático, sino también en el contenido, como maestro de espiritualidad. Si exceptuamos la edad obscura de la crisis iconoclasta (desde principios del s. VIII hasta mediados del X ), nuestro autor se convirtió en figura relevante tanto por su papel de dignatario religioso (así en Evagrio o, más tarde, en Juan Mosco) 66 como por su valía literaria e intelectual, que, al decir de Focio 67 , era un título de gloria para Cirene.

En el siglo X Suidas 68 testimonia la admiración que causaba su epistolario y, a partir de esta fecha, Sinesio llegará a ser una autoridad del aticismo, comparable a los clásicos por excelencia o a otros escritores más cercanos, como Luciano o Dión de Prusa. De este modo, su influencia es manifiesta (a veces incluso se recurre a citar pasajes concretos de sus obras), entre los siglos XI y XIV , en Teofilacto, Juan Tzetzes, Tomás Magistro, Teodoro Metoquites o Macario Crisocéfalo 69 .

Pero es Miguel Pselo (viva encarnación del renacimiento literario del s. XI ) la figura bizantina en la que notamos la huella más profunda de Sinesio 70 . De acuerdo con las directrices del Dión , el secretario de Constantino IX, Monómaco, propugna la cooperación de la retórica y la filosofía en la paideía y reconoce en las enseñanzas platónicas una verdadera propedéutica para la doctrina cristiana 71 .

Otras obras merecieron también el interés de los estudiosos. Nicéforo Grégoras comentará el tratado Sobre los sueños en el siglo XIV y, ya en el XV , Jorge Escolario pone en prosa el texto de los Himnos 72 .

De su influencia posterior contamos con menos indicios, aunque las continuas ediciones parciales o totales de su obra parecen atestiguarla. Lo que, desde luego, sí es cierto es que, como hombre de acción y de letras, en él podemos ver un ilustre precursor de gloriosos nombres de la literatura española, desde el Marqués de Santillana a Garcilaso.

III. CÓDICES , EDICIONES Y TRADUCCIONES . NUESTRA VERSIÓN

1. Códices

a) Himnos. — Todos los manuscritos que contienen los Himnos de Sinesio proceden de un mismo arquetipo, aunque, por algún accidente material sufrido por uno de los primeros apógrafos en el siglo IX o X , se constituyeron dos familias, α у β, con diferencias notables entre sí 73 .

En los códices de la familia β, la más fidedigna para Terzaghi, se incluyen los Himnos III y VIII, excluidos de α, pero no el X, apócrifo, que sí figura en los manuscritos del otro grupo. De acuerdo con β, Terzaghi restableció ya en sus ediciones de 1916 y 1939 el orden en el que la tradición bizantina más antigua disponía los Himnos , frente al hasta entonces aceptado de F. PORTUS (ed. 1568) 74 .

Los manuscritos principales de la familia β son:

— Siglo XIII :

λ = Vatic. gr. 64, año 1269-70, sólo con H. I 1-380.

V = Ath. Vatop. 685 75 .

— Siglos XIII -XIV :

E = Vatic. Urb. gr. 129.

G = Vatic. gr. 94.

Z = Scorial. X.I.13 (gr. 352).

— Siglo XIV :

D = Paris. gr. 1039 , olim Reg. 2914.

F = Vatic. Barb. gr. 81 , olim 286 76 .

b) Tratados. — Los manuscritos 77 principales son:

— Siglos X -XI :

s = Cod. Paris. Coislinianus 249.

— Siglo XI :

A = Cod. Laurent. LV 6.

— Siglo XII :

C = Cod. Laurent. LXXX 19.

— Siglos XII -XIII :

b = Cod. Monacen. gr. 476.

β = Cod. Vatic. gr. 91.

— Siglo XIII :

V = Ath. Vatop. 685.

c) Cartas. — El catálogo exhaustivo de Garzya 78 reúne 261 códices (con dos familias, x e y , quizá de un solo arquetipo, α). Los principales son:

— Siglo XI :

A = Laurent. LV 6.

Ang = Angel. 13.

Patm = Patm. 706.

— Siglo XIII :

Al = Ath. Lavr. 123.

Av = Ath. Vatop. 685.

C = Cantabr. Add. 2603 B.

Ur = Vatic. Urb. gr. 128.

— Siglos XIII -XIV :

Pb = Paris. gr. 2998.

U = Vatic. Urb. gr. 129.

— Siglo XIV :

Ma = Matr. gr. 69.

P = Paris. gr. 1038.

— Siglo XV :

L = Laurent. LV 8.

2. Ediciones 79

1499 M. MUSURO , Venecia (apud Aldum): editio princeps de las Cartas en el corpus de los epistológrafos griegos.

1553 A. TURNEBE , París: editio princeps de los Tratados.

1567 G. CANTER , Basilea: editio princeps de los Himnos.

1568 F. PORTUS , París: Himnos.

1590 J. BRUNELLI , Roma: Himnos.

1605 F. MOREL , París: Cartas (con traducción latina).

1612 D. PÉTAU , París: obras completas (con traducción latina). Reediciones: 1631, 1633, 1640.

1792 G. KONSTANTAS , Viena: Cartas 80 .

1825 J. FR . BOISSONADE , París: Himnos ( en Poetarum Graecorum Sylloge XV: Lyrici).

1825 J. KRABINGER , Munich: Sobre la realeza (con trad. alemana).

1834 J. KRABINGER , Stuttgart: Elogio de la calvicie (con trad. alemana).

1835 J. KRABINGER , Sulzbach: Relatos egipcios (con trad. alemana).

1850 J. KRABINGER , Landshut: Tratados.

1859 J. P. MIGNE (PG LXVI), París: obras completas (con traducción latina; este editor repite el texto y la versión de PÉTAU , 1633, excepto en el caso del Elogio de la calvicie , tomado de KRABINGER , 1834).

1871 W. CHRIST -M. PARANIKAS , Leipzig: Himnos.

1873 R. HERCHER , París: Cartas (en Epistolographi Graeci ).

1875 J. FLACH , Tubinga: Himnos.

1916 N. TERZAGHI , Nápoles: Himnos.

1925 J. F. BOISSONADE , París: Himnos (en Poetar. Graec. Sylloge XV).

1939 N. TERZAGHI , Roma: Himnos.

1939 M. M. HAWKINS , tesis, Munich: Himno I.

1944 N. TERZAGHI , Roma: Tratados.

1959 K. TREU , Berlín: Dión (con trad. alemana; incluye edición y versión alemana de la Carta 154).

1964 G. STRAMONDO , Miscell. Stud. Letter. Crist. Ant. 14 (1964), 5-79: Sobre el regalo (con trad. italiana; como libro independiente, en Centro di Studi sull’antico Cristianesimo, Catania, 1964).

1968 A. DELL ’ERA , Roma: Himnos (con trad. italiana).

1970 A. GARZYA , Nápoles: Dión (con trad. italiana).

1973 A. GARZYA , Nápoles: Sobre la realeza (con trad. italiana).

1978 CH . LACOMBRADE , París: Himnos (con trad. francesa).

1979 A. GARZYA , Roma: Cartas.

1989 A. GARZYA , Turín: obras completas (con trad. italiana; esta edición reproduce sustancialmente el texto de LACOMBRADE para los Himnos , de TERZAGHI para los Opúsculos y del propio A. GARZYA para las Cartas ).

3. Traducciones

Además de las ediciones bilingües indicadas en el apartado anterior, existen las siguientes traducciones en lengua moderna de la obra de Sinesio 81 .

M. ANGELELLI , Delle opere di Sinesio , Bolonia, 1827.

A. CASINI , Epistolario , Milán, 1969 (con disposición de las cartas en orden cronológico).

— , Tutte le opere di Sinesio di Cirene , Milán, 1970.

L. CAVALLERI , Sinesio di Cirene. Catastasi , Milán, 1979.

J. COURTIN DE CISSÉ , Les Hymnes de Synèse Cyrénéan, évesque de Ptolémaïde , París, 1581.

G. M. DREVES , «Der Sänger der Kyrenaika» , Stimmen aus Maria-Laach 52 (1897), 545-562 (textos selectos de los Himnos ).

H. DRUON , Oeuvres de Synésius, traduites entièrement pour la première fois en français et précédées d’une étude biographique et littéraire , París, 1878.

A. FITZGERALD , The Letters of Synesius of Cyrene , Londres, 1926.

— , The Essays and Hymns of Synesius of Cyrene, including the Address to the Emperor Arcadius and the Political Speeches , 2 vols., Londres, 1930.

G. H. KENDAL , In praise of baldness , Vancouver, 1985.

A. KEMPFI , «De Synesio Cyrenaeo eiusque optimi regis speculo» , Meander 17 (1962), 307-317, 441-454, 487-502 (trad. polaca del Perì basileías , con introducción sobre Sinesio y la versión latina del opúsculo por Stanislas Ilowski, Venecia, 1563).

B. KOLBE , Der Bischof Synesius von Kyrene als Phisiker und Astronom beurtheilt, nebst der ersten deutschen übersetzung der Rede des Synesius de dono , Berlín, 1850.

— , Des Bischofs Synesius von Kyrene zwei hinterlassene Homilien , Berlín, 1850.

CH . LACOMBRADE , Le Discours sur la royauté de Synésios de Cyrène , París, 1951.

W. LANG , Das Traumbuch des Synesius von Kyrene, übersetzung und Analyse der philosophischen Grundlagen (Heidelb. Abhandl. Philos. Geschich. 10) , Tubinga, 1926.

F. LAPATZ , Lettres de Synésius, traduites pour la première fois et suivies d’Études sur les derniers moments de l’hellénisme , París, 1870.

M. V. LEVČENKO , «Sinezij Kirenskij O tsarstve. Perevod i prednslovie» , Viz. Vrem. 6 (1953), 327-337.

M. MEUNIER , Synésius, Hymnes , París, 1947.

T. MICHELS , Mysterien Christi. Frühchristliche Hymnen aus dem Griechischen übertragen , Münster, 1952 (trad. de dos himnos).

I. MYER , Synesius, On Dreams , Filadelfia, 1888.

B. NICOLOSI , Il De providentia di Sinesio di Cirene , Padua, 1959.

A. STEVENSON , The Ten Hymns of Synesius, Bishop of Cyrene, in English Verse , Printed for private circulation, 1865.

En nuestra lengua sólo contamos con la aportación de MENÉNDEZ PELAYO y su Oda teológica (Himno I de Sinesio de Cirene, obispo de Ptolemaida) 82 .

4. Nuestra versión

Nos hemos basado en el texto de LACOMBRADE (1978) para los Himnos y en el de TERZAGHI (1944) para los Opúsculos. Al citar las Cartas de Sinesio o traducir algunos pasajes, hemos seguido la edición de GARZYA (1979) 83 . En nuestra versión, que pretende ser, ante todo, fiel, hemos tenido en cuenta, principalmente, las de Lacombrade y Garzya 84 .

BIBLIOGRAFÍA

Incluimos aquí monografías y estudios sobre Sinesio y su obra. En las notas a la introducción y a la versión se leerán otros títulos no directamente relacionados con nuestro autor. Puede consultarse además la bibliografía incluida en A. GARZYA , Opere di Sinesio di Cirene. Epistole, Operette, Inni , Turín, 1989, págs. 41-51.

ST . ANDRES , Die Versuchung des Synesios , Munich, 1971.

I. G. ARGYRAKOS , Melétē toù Astrolabíou toù Synesíou Kyrḗnēs , Atenas, 1958.

A. H. ARMSTRONG , «The way and the ways. Religious tolerance and intolerance in the fourth century A. D.» , Vigiliae Christianae 38 (1984), 1-17.

J. R. ASMUS , «Synesius und Dio Chrysostomus» , Byzant. Zeitschr. 9 (1900), 85-151.

N. AUJOULAT , «Les avatars de la phantasía dans le traité des songes de Synésios de Cyrène» , Koinonia 7 (1983), 157-177.

T. D. BARNES , «Synesius in Constantinople» , Greek, Roman and Byzant. Stud. 27 (1986), 93-112.

—, «When did Synesius become bishop of Ptolemais?» , ibid. 325-329.

G. BETTINI , L’attività publica di Sinesio , Udine, 1938.

C. BIZZOCHI , «L’ordine degli inni di Sinesio» , Gregorianum 23 (1942), 91-115, 202-237.

—, «La tradizione storica della consecrazione episcopale di Sinesio di Cirene» , ibid. 25 (1944), 130-170.

—, «La irregolarità della consecrazione di Sinesio come congettura» , ibid. 27 (1946), 261-299.

—, «Gli inni di Sinesio interpretati come mistiche celebrazioni» , ibid. 32 (1951), 347-387.

A. BONADIES -NANI , «Gli inni di Proclo» , Aevum 26 (1952), 385-409.

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1 Cf. CH . LACOMBRADE , Synésios de Cyrène. Hymnes, París, 1978, pág. V. En adelante citaremos esta edición (cuya introducción nos ha sido muy útil) de forma abreviada: «ed. LACOMBRADE ».

2 Se hallarán las citas concretas en el siguiente apartado, «Sinesio y la posteridad», nn. 65-68.

3 Cf. el apartado «Códices, ediciones y traducciones...», n. 83 en esta misma introducción.

4 Cf. HERÓDOTO , IV 155; CALÍMACO , Himno II (A Apolo) 65 ss.

5 CATULO , VII 4.

6 H. VII 31. Según Disc. II 303a, Sinesio desciende del propio Heracles.

7 Formada por Apolonia, Arsínoe, Berenice, Cirene y Ptolemaida.

8 Cf. Real. 2d.

9 Las citas concretas en H. VII 19-41, nn. 4-6.

10 Cf. P. MAAS , «Verschiedenes II: Hesychios, Vater des Synesios von Kyrene», Philologus 72 (1913), 450 s.

11 Cf. ya U. VON WILAMOWITZ , «Die Hymnen des Proklos und Synesios», Sitzb. Ak. Berl. 14 (1907), 281.

12 La transmisión familiar de la dignidad eclesiástica es corriente en esta época en el Oriente cristiano; cf. ed. LACOMBRADE , pág. IX, n. 2.

13 Leemos una crítica de los ejercicios oratorios (melétai) en Sobre los sueños 155b ss. Sobre la figura del rétor cf. Dión 54d ss.

14 Sirvan de ejemplo el abogado Pilémenes de la Carta 103 y Herculiano, condiscípulo de Sinesio, que se nos presenta al servicio del prefecto de Egipto (Heracliano) en las Cartas 144 y 146.

15 Cf. Dión 61c. Según se desprende de la Carta 129, son los comentarios de Alejandro de Afrodisia los que le acercan a Aristóteles.

16 Cf. Dión 37a.

17 Cf., por ejemplo, H. V 9 ss.

18 Cf. Carta 105 a su hermano Evoptio.

19 Sobre esta interesante figura cf. R. ASMUS , «Hypatia in Tradition und Dichtung», Studien zur vergleich. Literaturgesch. 7 (1907), 11-44; J. M. RIST , «Hypatia», Phoenix 19 (1965), 214-225; y el estudio que le dedica LACOMBRADE en Bull. de la Soc. Toulous. d’Ét. Class. 166 (1972), 5-20.

20 Sabemos que en esta fecha nuestro autor se ha reinstalado en Cirene: Cf. LACOMBRADE , Synésios..., pág. 24, n. 2.

21 Según J. M. RIST , art. cit., pág. 216 (contra la opinión de otros estudiosos y el testimonio de SÓCRATES , Hist. ecl. VII 15) en el platonismo de Hipatia apenas se notaba la influencia de Plotino. Se apoya en el hecho de que lo mismo ocurre con Sinesio, en cuyas Cartas (de acuerdo con el cómputo que se hace en la traducción de FITZGERALD , 1926, pág. 16) sólo se leen nueve citas de Plotino y tres de Porfirio frente a las ciento veintiséis de Platón, treinta y seis de Plutarco y veinte de Aristóteles (para mayor detalle cf. la nueva edición de GARZYA de las Cartas, 1979, págs. 299-317).

22 Cartas 16 y 137.

23 Mencionemos la realización de un planisferio celeste (cf. ed. LACOMBRADE , pág. XVIII) y el dato sobre el «hidroscopio» (un pesalicores o areómetro) de la Carta 15.

24 Carta 136, a su hermano Evoptio.

25 De la invasión ausuriana nos informa FILOSTORGIO , Hist. ecl. 11, 8. En la Carta 41 se menciona a los ausurianos y en la 130 a los macetas (en otras se alude a ellos).

26 Cf. Carta 104.

27 Hasta el 405 (y, luego, el 411) no habrá necesidad de recurrir otra vez a las armas.

28 Los testimonios (cf. Cartas 56 y 136) con que contamos no nos ayudan demasiado al respecto: cf. ed. LACOMBRADE , pág. XXII.

29 Cf. Carta 136.

30 Cf. LACOMBRADE , Synésios..., pág. 79. Sus Cinegéticas, obra en verso perdida (de la que tenemos noticias por las Cartas 101 y 154), pueden pertenecer a este período (cf. ed. LACOMBRADE , pág. XXIII, n. 4), si bien GARZYA , en su ed. de las Cartas (1979, pág. 170), las cree compuestas en Cirene alrededor del 392.

31 Es su obra A Peonio. Sobre el regalo. Consistía éste en un «astrolabio», un planisferio celeste grabado en plata: cf. la introducción al opúsculo.

32 Cf. PLUTARCO , Sobre Isis y Osiris 371b ss. En la segunda parte de estos relatos Sinesio narrará la insurrección popular del 12 de julio del 400 contra los godos, revuelta que provocó el regreso triunfal de Aureliano (enero del 401).

33 Cf. la Carta 100 y el H. I 474 ss.

34 El seísmo de Constantinopla en la primavera del 402 aceleró sin duda su retorno.

35 Cf. Carta 5.

36 Cf. Carta 105.

37 Cf. Carta 101 y, arriba, n. 30.

38 Cf. Cartas 130, 132 y 133.

39 Como él llamaba a sus libros (Carta 1), imitando a PLATÓN , Fedro 278a, Banquete 209c ss.

40 Cf. Carta 154.

41 Cf. Sueños 130a.

42 Cf. Carta 41, contra el gobernador Andrónico.

43 Cf. LACOMBRADE , Synésios..., págs. 209-212.

44 Contra esta fecha, generalizada para su elección como obispo, BARNES ha propuesto recientemente («When did Synesius become bishop of Ptolemais?», Greek, Roman and Byzant. Stud. 27 [1986], 325-329) el año 406.

45 QUASTEN , Patrología II..., pág. 114.

46 Cf. Carta l05.

47 Cf. CAMPENHAUSEN , Los Padres de la Iglesia I..., págs. 165 ss.; y E. HOFFMANN , «Platonismus und Mystik im Altertum», Sitzungsb. Heidelb. Ak. Wiss., 1935, 147. Para unas ideas generales sobre el pensamiento de Sinesio, cf. nuestra introducción a los Himnos, punto I y n. 18.

48 Cf. Carta 105 y LACOMBRADE , Synésios..., pág. 225 y n. 31.

49 Cf. Cartas 11 y 96.

50 Nuestras fuentes son Evagrio, Focio y Calisto. San Ambrosio en Milán y Nectario en Constantinopla son ejemplos anteriores de elecciones irregulares como la de Sinesio: cf. ed. LACOMBRADE , pág. XXXVI, n. 4.

51 Cf. Carta 4.

52 Cf. Cartas 41 y 79.

53 Cf. Carta 69.

54 Cf. Carta 89.

55 Cf. Carta 66.

56 Un gobernador no podía ejercer el mando en su provincia de origen y éste, precisamente, es el caso de Andronico, cf. LACOMBRADE , Synésios..., pág. 230, n. 7.

57 Cf. Cartas 48, 73 y 79.

58 Cf. Carta 90, al patriarca Teófilo.

59 Un tercer fragmento lo incluye Terzaghi en la Hom. II 297c-298b.

60 A lo largo de su vida ha ido componiendo los demás, como veremos en la introducción a los Himnos.

61 Cf. Carta 93.

62 Cf. Carta 12.

63 EPICTETO , Fr. 169 SCHWEIGHÄUSER , en la Carta 126 (y cf. las Cartas 10, 16, 70 y 81).

64 También se atribuye a SINESIO un texto alquímico del siglo IV : «De Sinesio el filósofo a Dióscoro, Anotaciones al libro de Demócrito» (cf. ed. GARZYA , 1989, págs. 801 ss.). Dos hexámetros de «SINESIO EL FILÓSOFO » conservados en la Ant. Plan.: el 76 (quizá una inscripción: Los tres Tindáridas, Cástor, Helena, Polideuces ) y el 79 (el de la Carta 75, 3). Ant. Plan. 267 se atribuye a «SINESIO EL ESCOLÁSTICO ». Sobre el opúsculo Perí pyretōn (De febribus), de otro SINESIO : cf. ed. GARZYA , 1989, pág. 10, n. 1.

65 El término utilizado es cháris, el mismo (junto con hēdonḗ ) que empleó Focio (Biblioteca I, cod. 26, pág. 15, 1. 31-34, HENRY ) al referirse a la correspondencia de nuestro autor. Cf. Sueños 148 b.

66 Cf. EVAGRIO , Hist. ecl. I 15 (donde también se le reconoce como filósofo). JUAN MOSCO , en su Prado Espiritual, hablará incluso de un milagro.

67 En el pasaje citado de su Biblioteca.

68 Suidas I 4, 468 ADLER .

69 Cf. ed. LACOMBRADE , págs. XLVI s. (y, en general, XLIV-XLIX). Como curiosidad recordaremos que UMBERTO ECO , en su célebre novela El nombre de la rosa (segundo día, tercia), hace que fray Guillermo de Baskerville recurra, entre otros, a Sinesio (¿Egipc. 126a; Dión. 45a, 47a?) para corroborar sus propias opiniones.

70 Sobre Pselo y Sinesio, cf. U. CRISCUOLO , Koinonia 5 (1981), 7-23; y, de este mismo autor, Michele Psello, Epistola a Giovanni Xifilino, Nápoles, 1973 (sobre todo, págs. 13 y 41).

71 Cf. la introducción a los Himnos. NICÉFORO CALISTO (s. XIV ), en su noticia sobre nuestro autor (Hist. ecl. XIV 55), incluirá la Carta 105.

72 Contamos como prueba con el manuscrito Paris. gr. 1289 (P): cf. ed. LACOMBRADE , pág. 28.

73 Cf. ed. TERZAGHI (1939), págs. XII ss. (también de este mismo autor, «La tradizione manoscritta degli Inni di Sinesio», Stud. Ital. Filol. Class. 20 [1913], 450-497), y ed. LACOMBRADE , págs. 25 ss.

74


Terzaghi Portus
I III
II IV
III V
IV VI
V II
VI VII
VII VIII
VIII IX
IX I

75 Este interesante códice Athous Vatopedinus 685 (V) contiene la obra íntegra en verso y prosa de Sinesio: cf. PIGNANI , «Duo codici inesplorati degli Inni di Sinesio», Parole e Idee 12-14 (1970-72), 80-81; CRISCUOLO , «Un codice inesplorato delle opere di Sinesio», Epet. Hetair. Byzant. Spoud. 39-40 (1972-73), 322-324.

76 Acerca de este manuscrito, cf. DELL ’ERA , «Appunti sulla tradizione manoscritta degli Inni di Sinesio», Quad. Urb. Cult. class. 3 (1967), 75-80.

77 Para el recuento de los códices, breve descripción y estudio, cf. ed. TERZAGHI , págs. IX-CXXXV.

78 Cf. ed. GARZYA , 1979, págs. VIII-XXXII, y, de este mismo autor, «Inventario dei Manoscritti delle Epistole di Sinesio», Atti Accad. Pontan. 22 (1973), 251-294.

79 Algunas otras que aquí no registramos se citan en las ediciones de J. KRABINGER , 1850, págs. XXIX ss., A. GARZYA , 1989, págs. 38 s., y A. GARZYA , 1979, págs. XXXII ss.

80 Cf. R. ROMANO , «Gregorio Konstantas e la sua edizione delle Epistole di Sinesio (Vienna, 1792)», Jahrb. österr. Byzant. 32 (1982), 239-248.

81 Aparte de las versiones latinas que acompañan a las ediciones de MOREL (1605), PÉTAU (1612) y MIGNE (1859), WEISS , en sus notas sobre el humanismo inglés del s. XV («New Light on Humanism in England during the 15th century», Journal of the Warburg and Courtauld Institute 14 [1951], 21 ss.), nos informa de una traducción latina del Sobre los sueños realizada por John Free. Por otro lado, en los artículos de VOGT citados en la Bibliografía se incluyen las traducciones al alemán de varias Cartas de Sinesio, así como de las dos Catastáseis (VOGT , Paradoxos Politeia... ) y del opúsculo Sobre el regalo (VOGT -SCHRAMM , Festschrift... ).

82 Cf. M. MENÉNDEZ PELAYO , Biblioteca de traductores españoles, t. III, Madrid, C.S.I.C., 1953.

83 Garzya, como Migne, incluye 156 piezas, frente a las 159 de Hercher (pero las tres últimas cartas de este editor no son auténticas): cf. FRITZ , «Unechte Synesiosbriefe», Byzant. Zeitschr. 11 [1905], 75-86, aunque TERZAGHI (Rendiconti Acc. Lincei, 1917, 624-633) pensaba lo contrario acerca de la 159. La 158 se atribuye a Nicetas Magister (cf. KARLSSON , «Une lettre byzantine attribuée à Synésius», Eranos 50 [1952], 144-145).

84 Hemos manejado también la edición de PÉTAU (PETAVIUS ) de 1612, con traducción latina, de la que existe un ejemplar en la Biblioteca de la Catedral de Jerez de la Frontera (en el fondo D. Juan Díaz de la Guerra). Quede aquí constancia de nuestro agradecimiento al Sr. Canónigo Bibliotecario, D. Domingo Gil Baro, Pbro., por la ayuda que nos prestó.

HIMNOS

INTRODUCCIÓN

Tradición y originalidad

Asistimos en el siglo IV a una considerable proliferación de la poesía cristiana que aprovecha los recursos de la lírica del paganismo para conseguir sus propios objetivos. Tanto en el lado de la herejía, con Apolinar de Laodicea, como en el de la ortodoxia, con el sirio Efrén, los griegos Sinesio y Gregorio de Nacianzo y los latinos Hilario, Ambrosio y Prudencio, se intenta crear «una verdadera literatura cristiana, que fuera capaz de ofrecer productos de valía en todos los géneros» 1 .

Son, por su parte, los himnos la forma más indicada, ya desde los comienzos, para cantar a Cristo. El testimonio de Plinio el Joven (Cartas X 96, 7: ...quod essent soliti stato die ante lucem convenire carmenque Christo quasi deo dicere secum invicem...; y cf. Tertuliano, Apologético 39, 18) es elocuente 2 , y todavía más preciso el de Juan Crisóstomo (Homilía 9.a sobre la Carta a los Colosenses) con la importancia que concede a estas composiciones en la formación de los jóvenes.

El obispo de Ptolemaida, en concreto, nos ofrece una colección donde quedan plasmadas, de un modo u otro, tanto su extensa cultura como las diferentes etapas de su vida. Si excluimos el X, obra mediocre escrita por el bizantino Jorge Pecador en el siglo x 3 , en los nueve himnos originales el lector se enfrenta a una amalgama interesantísima de pensamientos y concepciones de diversa procedencia, pero, al mismo tiempo, a la expresión íntima y sincera de inquietudes y deseos en una poesía honda y sentida 4 . A la herencia de los clásicos griegos deben añadirse las influencias que provienen de su vasto caudal de conocimientos (incluso de la astronomía de Hiparco en el H. V) y de las ideas reinantes en su época y su ambiente. Pocos ejemplos tan claros como éste para comprobar cómo se produjo la conjunción, el choque a veces, entre lo pagano y lo cristiano en ese confuso conglomerado característico de la baja antigüedad.

No nos sorprende la presencia de elementos platónicos y neoplatónicos en sus versos. Ya Celso 5 acusaba a algunos cristianos de tergiversar dichos y doctrinas de Platón; Justino comparaba a Sócrates y Jesús en sus dos Apologías 6 ; y Panteno y Clemente de Alejandría enseñaban los principios filosóficos del platonismo 7 . Pero, además, junto a las reminiscencias y paralelos de la poesía griega clásica y postclásica (Homero, Píndaro, Anacreonte, Eurípides, Mesomedes, etc.) 8 se descubren ideas que podemos encontrar en el pitagorismo, el orfismo, el gnosticismo, los tratados herméticos o los Oráculos caldeos 9 .

Sinesio, de acuerdo con la tradición, maneja los ritmos de antaño y el dialecto dorio, que, aun siendo ya en su época una lengua muerta 10 , en absoluto impedía la utilización litúrgica de sus composiciones 11 .

Con estos recursos formales se nos transmiten a menudo pensamientos derivados de la gnosis (la valentiniana u otras), con reflejos en el vocabulario 12 , y, quizá, incluso del maniqueísmo 13 . Todo el bagaje cultural del autor se pone al servicio de su mensaje religioso, por más que, a veces, lo haga de un modo chocante. La tríada neoplatónica del Uno-Bien, el Noûs o Intelecto y el Alma pasa a ser en sus versos «el poder de tres cúlmenes» de la Trinidad cristiana 14 , si bien el poeta, de ningún modo sometido a la autoridad de Plotino (Enéadas II 9, 1; V 1, 10), niega la jerarquización de las tres hipóstasis para acercarse progresivamente a los dogmas nicenos 15 .

En otros casos, Sinesio se mantiene en la línea del paganismo, así respecto a la eternidad del mundo, el eterno retorno, o la concepción del universo 16 .

Son, en fin, los textos evangélicos otra fuente inspiradora, tanto los canónicos (para los temas de la Epifanía y de la Ascensión: H. VI y VIII) como los apócrifos (para el «descenso a los infiernos», también del H. VIII). Pero aun aquí hallaremos trazos 17 que manifiestan la dependencia de la cultura griega: «detrás del Cristo de Sinesio se perfila el Heracles de Píndaro o Eurípides» 18 .

Cronología

Es dudoso que el antiguo orden de los himnos, restablecido por Terzaghi en su edición de 1916 19 , sea el que escogió el propio Sinesio, como pretendía el filólogo italiano 20 .

Si por su perfección formal el Himno IX se ha situado en último lugar y si los dos primeros himnos de la colección son tan afines como para que se pudiera incurrir en monotonía, ello ha de achacarse a la intervención, como en el caso de las Cartas , de un editor póstumo 21 .

Cronológicamente es el Himno IX el que encabeza la serie 22 . En esta obra, compuesta en su juventud durante su primera estancia en Alejandría (392-395), antes de volver a Cirene, se advierte, tanto en la forma como en el contenido, un notable influjo de la Grecia pagana. En el extremo opuesto se encuentran las tres piezas cristianas, VI, VII y VIII (en las que se emplea el telesileo). Si el Himno VII puede ser algo posterior al matrimonio de Sinesio (y anterior al nacimiento de su primer hijo, de modo que los niños del v. 30 serían los sobrinos o sobrinas del poeta), el VI y el VIII pertenecerían al período episcopal. Acaso leemos en el VI los últimos versos de nuestro autor.

Entre estos hitos se encontrarían los himnos restantes. La composición del III, el IV y el V podría haber precedido a la embajada (399), habida cuenta del anhelo de conseguir la gloria por su elocuencia y sus hechos, como se manifiesta en H. III 36-38 y IV 31-33. Quizá tengamos en el Himno V otro de los más antiguos de la colección. En él parece muy vivo el recuerdo de las enseñanzas astronómicas de Hipatia.

Por último, la afinidad de los Himnos I y II permite tratarlos como un grupo aparte. El II es claramente la obra de Sinesio ya obispo, dado el cuidadoso encadenamiento de ideas y la seguridad con que zanja ciertos problemas teológicos. El I, sin embargo, da la impresión de haber sido elaborado a lo largo de las diversas etapas del poeta: desde una fecha anterior a la embajada en la Corte 23 hasta sus años de episcopado (cf. vv. 45, 363, 452). La desproporción existente entre este himno, con sus setecientos treinta y cuatro versos, y los demás (disparidad, por otra parte, que no sorprende en un género como el hímnico) se explica por esta característica.

Métrica

Sinesio, siguiendo también en este campo las pautas de los gnósticos 24 , ha elegido las cadencias del mélos y no las del hexámetro. Éstos son los cinco tipos de versos que utiliza:

— Dímetros jónicos menores o anacreónticos (por anaclasis): H. V y IX.

— Tetrapodia espondaica cataléctica: H. III.

— Trímetros jónicos menores: H. IV.

— Monómetros anapésticos (empleado por Mesomedes katà stíchon): H. I y II (y el 〈X〉).

— Telesileo: H. VI, VII y VIII.

En los primeros himnos compuestos por Sinesio el metro usado está, podríamos decir, más próximo a la Grecia pagana, representada por Anacreonte y Safo en H. IX 2 s. Sin embargo, en los últimos (la trilogía cristiana) el poeta recurre al telesileo, ritmo antañón del que, no obstante, se pregona inventor en H. VI 1 y al que considera el más apto para cantar a «Jesús de Sólimo».

Por otra parte, a pesar de la extraordinaria formación de Sinesio, se observan ciertas particularidades en su prosodia y métrica que denotan la lejanía de los modelos clásicos: vacilación en la cantidad de las semivocales en los vocablos arcaicos; el grupo muta cum liquida puede hacer o no posición; escasez de elisiones; algunas irregularidades en la construcción de los versos, etc. 25 .

En definitiva, a través de la colección nos vamos acercando (concretamente con los telesileos de los Himnos VI-VIII, que ya no parecen sino una combinación de heptasílabos y octosílabos) a la isosilabia y la homotonía características de la lírica bizantina. Con el Himno VI, en particular, estamos ya muy cerca del kontákion 26 .

1 Cf. W. JAEGER , Early Christianity and Greek Paideia = Cristianismo primitivo y Paideia griega [trad. E. C. FROST ], México, 1965, pág. 112.

2 Cf. el comentario al respecto de M. BRIOSO SÁNCHEZ , Aspectos y problemas del himno cristiano primitivo , Salamanca, 1972, págs. 31 ss.

3 Cf. la introducción al H . X.

4 Cf. el hermanamiento de filosofía y poesía en la Carta 1 (al poeta Nicandro).

5 Cf. ORÍGENES , Contra Celso VI 19.

6 Cf., por ejemplo, Apología I 46: «Los que vivieron conforme al Lógos son cristianos,... como, entre los griegos, Sócrates, Heráclito y otros semejantes...». Cf. EUSEBIO , Hist. ecl. IV 8, 4 ss.

7 Cf. EUSEBIO , ibid. V 9 ss. Don ANTONIO TOVAR (en su Vida de Sócrates , Madrid, 1986, pág. 52) nos recordaba que Erasmo añadía a Sócrates en las letanías (Sancte Socrates, ora pro nobis) .

8 En las notas a «Códices, ediciones y traducciones...», en la Introducción general, señalamos los más importantes. Para un detallado examen de fuentes cf. ed. TERZAGHI , págs. 67 ss.

9 Compuestos o, mejor, compilados por Juliano el Teúrgo (cf. E. R. DODDS , The Greeks and the Irrational = Los griegos y lo irracional [trad. M. ARAUJO ], Madrid, 1980, pág. 266; y F. GARCÍA BAZÁN , Oráculos Caldeos. Numenio de Apamea, Fragmentos y testimonios , Madrid, 1991, págs. 12 ss.). Sobre esta obra Proclo escribió un amplio comentario (cf. MARINO , Vita Procli 26). Para su influencia en Sinesio cf. THEILER , Die chaldäischen Orakel... , y, en neoplatónicos y escritores cristianos, cf. F. GARCÍA BAZÁN , «El legado de los Oráculos Caldeos. Sobre la tríada ‘fe, verdad y amor’ (Oráculos 46 y 48)», Homousios 1 (1986), 2.

10 Cf. E. BOUVY , Poètes et mélodes. Études sur les origines du rythme tonique dans l’hymnographie de l’Église grecque , Nimes-París, 1886, pág. 69; y ed. LACOMBRADE , pág. 4, nn. 3 y 4.

11 Cf., sobre todo, la introducción al H. VI, que, con el tema de la Epifanía, constituye un verdadero tropárion (recuérdese que conservamos tropária de Epifanía del siglo IV , con indicios ya de ritmo acentual: cf. M. BRIOSO , Aspectos y problemas... , pág. 79). El título del manuscrito Athous Vatopedinus 685 (V) también nos orienta en esta dirección: Synesíou episkópou hýmnoi émmetroi eis tḕn hagían triáda kaì eis diaphórous heortàs despotikás.

12 Cf., sobre todo, H. I: aiṓn, árrēn, bythós, thêlys, ríza , etc.

13 Cf. ed. LACOMBRADE , pág. 40.

14 H. IX 66 y n. 17 a este verso.

15 Cf. H. I 120 ss., II 117 ss.

16 H. I 323 ss., V 9 ss., etc.; cf. Egipc. 127 s.

17 Cf. H. VIII 16 y n. 6 a este verso.

18 Ed. LACOMBRADE , pág. 21, que cita a WILAMOWITZ , Sitzb. Ak. Berl. 14 (1907), 288. Una excelente recopilación de las ideas fundamentales del pensamiento de Sinesio se leerá en ed. GARZYA , 1989, págs. 21-33.

19 Cf. en la Introducción general al apartado dedicado a los códices de los Himnos.

20 Ed. TERZAGHI , pág. XVIII.

21 Esta hipótesis ya fue defendida por WILAMOWITZ , Sitzb. Ak. Berl. 14 (1907), 292 y 294. Cf. ed. LACOMBRADE , págs. 12 s.

22 Cf., asimismo, la introducción a cada uno de los himnos.

23 Puede que antes del 395 existiera ya un primer esbozo, si se considera que en la Carta 141 (A Herculiano) se alude a este himno. GARZYA (en su edición de las Cartas , Roma, 1979, pág. 247) piensa que en realidad se hace referencia a una obra perdida de Sinesio.

24 Cf. ed. LACOMBRADE , págs. 7 s.

25 Para esta y otras cuestiones cf. ed. DELL ’ERA , págs. 16-19, y ed. LACOMBRADE , págs. 22-25.

26 Cf. M. BRIOSO , Aspectos y problemas... , págs. 109 ss., y ed. LACOMBRADE , pág. 25, n. 3. En la prosa, Sinesio aplica ya la regla (adoptada luego por Sofronio y por autores del siglo x) de terminar la sentencia en un doble dáctilo, cf. N. FERNÁNDEZ MARCOS , Los Thaumata de Sofronio. Contribución al estudio de la incubatio cristiana , Madrid, 1975, págs. 9 s., n. 20. En general, sobre las cláusulas en la prosa de Sinesio cf. TERZAGHI , Didaskaleion 1 (1912), 205 ss.

HIMNO I

En este gran poema, verdadera «epopeya íntima» (ed. LACOMBRADE , pág. 41) del autor en el camino de su vida «hacia las moradas, hacia el seno» de Dios (vv. 710 s.) , se entrecruzan las concepciones místicas del neoplatonismo con las doctrinas cristianas, aunque no tan nítidamente expuestas como en el Himno II. Tras la exhortación a su propia alma a que cante «al rey de los dioses» (v. 8), el poeta glorifica sin descanso al Padre (en medio del silencio sagrado de la naturaleza: vv. 72-85), a la Unidad y la Trinidad (la Mónada y la Tríada platónicas y neoplatónicas: vv. 210 ss.), al Espíritu Santo («sabia Voluntad» del Altísimo: vv. 220 s.) y al Hijo, «indefinible Progenie» (vv. 236 ss.). Hasta el final se suceden las sinceras confesiones del autor, la acción de gracias, la súplica, la oración. Las repeticiones son frecuentes, la sintaxis y la versificación relajadas. El poeta parece abandonarse al entusiasmo (ed. LACOMBRADE , pág. 42) en pos de su añorada meta.

El hecho de que en la colección se encuentren seguidos dos himnos (I y II) con analogías tan notables, lo que puede resultar monótono, debe achacarse, como ya vimos, al encargado de la edición póstuma y no al propio poeta. No sólo se cuentan hasta veinticinco versos idénticos, sino que reaparecen términos e ideas (purificación, luz, materia) que enlazan ambas composiciones.

La elaboración del himno ha sido lenta. Sinesio ha ido añadiendo sus versos a lo largo de los años. Un antiguo poema, al que se alude en dos cartas (141 y 143) a su amigo Herculiano (alrededor del 395), se ha visto incrementado en la época de la embajada a la corte (hacia el 402) y, por último, en el período episcopal (410-413).

Métrica: monómetro anapéstico (cf. H. II). El anapesto puede ser sustituido por el espondeo. Además, en el primer pie se admite el dáctilo y en el segundo el tríbraco y el troqueo.

¡Venga, alma mía! Aplicándote a los himnos sacros, [5] aquieta los aguijones nacidos de la materia 1 y refuerza los vigorosos empujes de la inteligencia 2 . Al rey de los dioses [10] trenzamos una corona 3 sacrificio 4 incruento, libaciones de versos 5 .

A ti en el mar, a ti sobre las islas, a ti en los continentes, [15] en las ciudades y las ásperas montañas y por nuestras famosas 6 planicies, cuando detengo las dos plantas de mis pies, a ti, bienaventurado, te canto, Creador del [20] universo.

A ti, Señor, la noche me lleva a cantarte; a ti de día, [25] a ti al alba, a ti al atardecer te elevo mis himnos. Lo saben los rayos de los blanquecinos astros y las revoluciones [30] de la luna, y bien lo sabe el sol, soberano 7 de los puros astros, de las almas justas santo custodio. [35]

Hacia tus moradas, hacia tu seno 8 alzo, fugitiva de la materia envolvente 9 , mi ala ligera, gozoso de haber [40] llegado a tus umbrales.

Ahora hasta los sagrados recintos de tus solemnes misterios he llegado suplicante; ahora hasta la cumbre [45] de estas famosas montañas he llegado suplicante; ahora [50] al gran valle de la desértica Libia he llegado, estribación meridional 10 que ningún impío soplo profana, ni marca [55] la huella de los hombres presos de las cuitas de la ciudad.Es aquí donde, a ti, mi alma, pura de pasiones, libre de [60] deseos, ajena a fatigas, lamentos, iras y discordias, [65] rechazando todo cuanto nutra su ruina 11 con lengua pura [70] y piadosa conciencia te rendirá el himno debido.

Callen 12 el éter y la tierra; deténgase el mar, deténgase [75] el aire; cesen las ráfagas de los impetuosos vientos; cese la violencia de las rugientes olas, el curso de los ríos, los [80] pedregosos manantiales. Manténganse en silencio los confines del universo durante este sacrificio de himnos sagrados.[85] Húndase en la tierra el reptar de la serpiente;húndase en la tierra también la serpiente alada 13 , demonio [90] de la materia, nube del alma, que se complace con espectros 14 , que contra nuestras plegarias azuza sus canes. [95] Tú, padre, tú, bienaventurado, tú a esos perros devoradores de almas apártalos de mi alma, de mi plegaria, de [100] mi vida, de mis obras. Que esta libación de nuestras [105] entrañas agrade a tus venerables ministros, expertos barqueros de himnos sagrados 15 .

Ya me dirijo a la línea de partida de los versos santos; [110] ya resuena una voz 16 en mi mente. Bienaventurado, apiádate de mí 17 , Padre, apiádate de mí, si, transgrediendo [115] el orden del universo, transgrediendo mi condición, puse mi mano en lo que es tuyo.

¿De quién será ese ojo penetrante, de quién ese ojo poderoso que, aun ofuscado por el embate de tus relámpagos, [120] no se entornará? Mirar fijo a tus radiantes antorchas no es lícito ni siquiera a los dioses. La inteligencia, [125] al caer desde tu atalaya 18 , se complace en lo que está cerca de ti, ansiosa de alcanzar lo inalcanzable, de ver el [130] resplandor que destella en el insondable abismo. Tras descender de lo inaccesible 19 , en la forma primordial 20 clava [135] el dardo de su mirada: de ahí tomó para tus himnos flores [140] de luz 21 y dio fin a su incierto ataque, devolviéndote lo tuyo 22 .

[145] Pues ¿qué no es tuyo, Señor? Padre de todos los padres, padre de ti mismo, protopadre sin padre 23 , hijo [150] de ti mismo 24 , Uno anterior a la unidad, semilla de los seres, centro de todo, intelecto original sin esencia 25 , raíz [155] de los mundos primigenios, luz toda refulgente 26 , sabia infalibilidad, fuente de sabiduría, intelecto velado por sus [160] propios rayos, ojo de ti mismo, dominador de la tormenta, creador de la eternidad, con vida eterna 27 , más allá de [165] los dioses, más allá de los intelectos, pero gobernador de unos y otros, intelecto creador de lo intelectual, canal sustentador [170] de los dioses 28 , creador del espíritu 29 y alimento de las almas 30 , fuente de las fuentes 31 , principio de los principios, raíz de las raíces. Eres la Unidad de las unidades 32 , el Número de los números, la Unidad y el Número, [175] el Intelecto y el Intelectual 33 , y lo Inteligible y lo anterior a lo inteligible, el Uno y el todo, el Uno a través del todo, [180] el Uno anterior al todo, la semilla del todo, la raíz y el retoño, la naturaleza en los intelectuales, femenino y [185] masculino 34 .

Una y otra vez lo dice el intelecto iniciado en tus misterios, mientras danza en torno al inefable abismo 35 . [190]

Tú eres lo creador, tú lo creado, tú lo iluminador, tú lo envuelto en resplandores, tú lo manifiesto, tú lo oculto, [195] luz oculta por sus propios rayos, el uno y el todo, uno [200] en ti mismo y a través del todo 36 . Pues tú te derramaste, inefable procreador, para procrear un Hijo, gloriosa sabiduría [205] demiurga 37 ; pero, aun derramado, permaneces en las indivisibles divisiones de este parto.

[210] Te canto un himno a ti, Unidad, te lo canto a ti, Trinidad 38 : eres Unidad, siendo Trinidad; eres Trinidad, siendo Unidad, y esta división intelectual mantiene inseparable [215] ya lo partido. En tu Hijo te derramaste por tu sabia [220] Voluntad y esta misma Voluntad germinó cual una naturaleza intermedia inexpresable 39 . A lo que es preesencial 40 no es lícito llamarlo segundo, procedente de ti; ni es lícito hablar de un tercero, procedente de lo primero. [225]

Alumbramiento sacro, inefable generación, eres el límite de las naturalezas, de la creadora y de la creada. Venero [230] el orden oculto de los intelectuales 41 : contiene algo en medio 42 , no sujeto a orden. [235]

Indefinible Progenie de un Padre indefinible, alumbramiento a través de ti, a través de ese alumbramiento tú mismo te revelaste, revelado a la vez que el Padre por [240] la Voluntad del Padre: Voluntad eres tú siempre junto al Padre. Ni siquiera el tiempo, de profundo curso 43 , conoce [245] estos inefables nacimientos y la eternidad vetusta no supo de esta procreación de infinito desarrollo 44 : a la vez que el [250] Padre se reveló el que iba a ser engendrador de la eternidad.

¿Quién, acerca de lo inexpresable, se pronunció por [255] una división? 45 . Impías son las audacias de los ciegos mortales de lengua artificiosa. Mas tú eres el dador de la luz, [260] de la luz intelectual, y apartas del torcido extravío las entrañas de los mortales justos, para que en la tiniebla de [265] la materia no se hundan.

A ti, Padre de los mundos, Padre de las eternidades, el solo hacedor de los dioses, santo es alabarte. A ti los [270] intelectuales 46 te cantan, Señor; a ti los intelectos astrales, guías del universo 47 de resplandeciente mirada, te entonan [275] sus himnos, a ti bienaventurado, y en torno a ellos el cuerpo glorioso danza 48 . Te canta todo el linaje de los [280] bienaventurados (los que están alrededor del universo y por medio del universo, los orbitarios 49 y los de fuera de las [285] órbitas rigen las partes del universo cual sabios protectores, acompañantes de los insignes timoneles 50 que del orden 51 [290] angelical dimanan) y 52 la gloriosa raza de los héroes, que a través de las obras de los mortales por ocultos caminos [295] pasa, a través de las obras humanas 53 , y el alma indoblegable y la que se doblega al peso de lo terrenal y su sombrío destello. A ti la bienaventurada naturaleza y la progenie [300] de la naturaleza te cantan himnos, a ti, bienaventurado: las riges con soplos vivificadores 54 traídos desde tus canales 55 , [305] avanzando entre remolinos. Pues tú, guía de los mundos inmaculados 56 , eres la naturaleza de las naturalezas: [310] tú fomentas la naturaleza, la que es origen de los mortales y reflejo de la sempiterna 57 , para que incluso la última [315] porción del universo participe de la vida en alternancia comunicada 58 : pues no era lícito que la hez del mundo [320] rivalizara con las cumbres 59 . Lo que ha sido definitivamente ordenado en el coro de los seres ya no perece nunca; [325] unos de otros, todos, entre sí se benefician: el círculo eterno de lo perecedero se ve fomentado por tus soplos. [330] Para ti la naturaleza maternal 60 instituye sus coros por [335] medio de todas las maravillas forjadas con sus peculiares colores y sus peculiares obras y, a partir de las diversas [340] voces de los vivientes 61 , crea una sola armonía al unísono. A ti todo te ofrece una alabanza perenne: la aurora y la [345] noche, los relámpagos y las nieves, el cielo de inextinguible ardor 62 y las raíces de la tierra, el agua, el aire, [350] todos los cuerpos, todos los espíritus, las semillas, los frutos, los árboles y las hierbas, las raíces, las plantas, [355] las bestias y los volátiles y los bancos de los que nadan con sus aletas 63 . Mira también mi alma incapaz, desfallecida, [360] que en esta Libia tuya, en este venerable sacerdocio, [365] con piadosas plegarias te canta, mientras la cerca la nube de la materia; pero tu mirada, Padre, puede traspasar la materia 64 .

[370] Ahora, mi corazón, alimentado por los himnos a ti, aguzó mi entendimiento con sus fogosos empujes. Tú, Señor, [375] haz resplandecer las luces de la elevación 65 ; concédeme, Padre, que aquélla 66 , tras huir del cuerpo, no se hunda [380] más en la ruinosa ofuscación 67 de la tierra y, mientras en las cadenas de este género de vida material permanezco preso, sea propicia, ¡oh, bienaventurado!, la fortuna que [385] me sustente, que su soplo no sea un impedimento para mi inteligencia ni con penosas preocupaciones corroa mi vida, como para no estar yo atento a las cosas de Dios; que en nada tal me vea ya envuelto: de todo esto huyo [390] gracias a tus dones y, tras coger de praderas vírgenes [395] esa corona para ti trenzada 68 , te ofrezco esta alabanza a ti, guía de los mundos inmaculados, y a tu Hijo, sabio [400] por tu propia sabiduría, el que de tu inefable seno dimanó. En ti permanece, aun habiendo brotado de ti, [405] para dirigirlo todo con sus sabias inspiraciones, para regir [410] el abismo de las canosas eternidades, para regir las alas del escarpado 69 universo hasta incluso el grado más bajo 70 de los seres, la parte terrenal, iluminando 71 las [415] entrañas piadosas, y para disipar las fatigas y las cuitas [420] de los sufridos 72 mortales, dispensador de bienes que aleja los pesares. ¿Qué asombro cabe en que Dios, el artesano del universo, rechace de sus propias obras a las fuerzas [425] del mal 73 ?

Para pagarte esta deuda, príncipe del gran universo, vine de Tracia, cuyo suelo habité durante tres años junto [430] [435] a la mansión del señor de aquella tierra 74 . Soporté fatigas, soporté dolores bañados en muchas lágrimas, mientras [440] sobre los hombros llevaba a mi madre patria. Quedaba la tierra regada con el sudor de mis miembros, que [445] luchaban día tras día; quedaba mi lecho regado con las lágrimas de mis ojos, que sollozaban noche tras noche 75 . [450] Los templos que fueron construidos, Señor, para tus sagradas ceremonias, todos los visité 76 , cual postrado suplicante, [455] y sus baldosas mojé con el llanto de mis párpados, [460] no fuera yo a afrontar un viaje inútil. Supliqué a los dioses auxiliares, a cuantos tienen como posesión los fértiles llanos de Tracia, y a los que, enfrente 77 , rigen el [465] suelo de Calcedonia, a quienes coronaste, Señor, con angelicales [470] rayos, a ellos tus santos ministros. Conmigo estos bienaventurados participaron de mis plegarias, conmigo participaron de mis muchas fatigas. No me era entonces [475] grata la vida por causa de las vejaciones que sufría mi tierra patria, a la que tú, Señor, pusiste lejos de [480] los pesares, tú, príncipe perenne del universo. Extenuada [485] ya mi alma, abatidos ya mis miembros, afianzaste la fuerza de mis coyunturas, insuflando vigor a mi alma paciente 78 , y un dulce término de mis penalidades descubriste, [490] otorgando a mis trabajos, Señor, conforme a mi deseo, [495] un respiro de las prolongadas fatigas.

Todo esto resérvaselo tú, bienaventurado, a los libios [500] durante el largo curso del tiempo por mi recuerdo de tu beneficencia y por los horribles sufrimientos de mi alma. A este suplicante concédele una existencia indemne: líbrame de tormentos, líbrame de enfermedades 79 , líbrame [505] de cuitas que nutren la ruina. Dispénsale a tu siervo una [510] vida acorde con el intelecto: no dictes 80 para mí una lluvia terrenal de riquezas, Señor, como para no estar yo atento [515] a las cosas de Dios 81 ; ni la cabizbaja pobreza acose mi morada, arrastrando hacia la tierra las preocupaciones de mi ánimo. Ambas cargas oprimen al alma en la tierra, [520] ambas causan el olvido del intelecto, siempre que tú, [525] bienaventurado, no le tiendas tu poderosa ayuda. Sí, Padre, fuente de la pura sabiduría, haz resplandecer en mis entrañas la luz intelectual proveniente de tu seno, [530] haz relampaguear en mi corazón el rayo de sabiduría [535] proveniente de tu poder 82 y para este sacro sendero hacia ti concédeme como contraseña tu sello 83 , arrojando de [540] mi vida y de mi plegaria los demonios de la materia, que nutren la ruina, y mi cuerpo consérvalo sano, inaccesible [545] a odiosos daños, y mi espíritu consérvalo impoluto 84 , Señor.

Es cierto que ahora llevo la sombría mancha de la [550] materia y me embargan los deseos, ataduras terrenales. Mas tú eres el redentor, tú eres el purificador: líbrame de los [555] males, líbrame de las enfermedades, líbrame de mis grilletes. [560] Tu semilla llevo, chispa de una inteligencia noble postrada en el abismo de la materia. Pues tú en el universo [565] depositaste el alma y a través del alma en el cuerpo sembraste la inteligencia 85 , Señor 86 .

[570] Apiádate de tu hija, bienaventurado. De ti bajé para trabajar a jornal en la tierra, pero en vez de jornalera me [575] convertí en esclava 87 : la materia me trabó con los grilletes de sus artes mágicas 88 . Me queda, sí, me queda algo [580] de vigor, escaso, en mi oculta pupila 89 : aún no extinguió todo su poder, sino que un enorme oleaje se ha derramado [585] encima, dejando ciega esa mirada de Dios. Apiádate, Padre, de tu hija suplicante, a la que muchas veces, por cierto, aplicada como está a la ascensión intelectual 90 , [590] el deseo de la concupiscente materia la ahoga 91 . Tú, Señor, haz resplandecer las luces de la elevación 92 , enciende llama y fuego y acrece esa pequeña semilla en [595] el sanctasanctórum de mi cabeza. Entronízame, Padre, [600] en el poder de esa luz vivificadora, en el que la naturaleza no pone su mano, de donde ni la tierra ni el hilo fatal de la necesidad 93 me traigan nunca de regreso. Que lo [605] abandone, que huya de tu siervo este engaño del nacer 94 : ¡así estuviera, Padre, el fuego en medio entre la agitación [610] terrenal y yo! Concede, Progenitor, concede a tu ministro [615] abrir ya las alas intelectuales. Que lleve ya el alma suplicante el sello 95 del Padre, terror de los odiosos demonios [620] que desde los escondrijos de la tierra saltan arriba e inspiran [625] a los mortales impulsos contrarios a Dios, pero contraseña de tus puros ministros, que en los abismos del glorioso universo son los portadores de las llaves de las ígneas [630] ascensiones, para abrirme las puertas de la luz y para que [635] yo, arrastrándome sobre este suelo de vanidad, no pertenezca más a la tierra. De mis ígneas obras 96 dame aquí también un fruto testimonial, unas palabras veraces y [640] cuantas cosas fomentan en las almas la inmortal esperanza. [645]

Me arrepiento de mi vida terrenal. Id en mal hora pitañas 97 de los impíos mortales y soberanías de las ciudades; [650] id en mal hora todas las dulces ofuscaciones y ese [655] favor de disfavor con los que la tierra lisonjea al alma y la hace su sierva. ¡Oh, qué mísera! ⟨Se embriagó, sí⟩ 98 [660] y de sus propios bienes bebió el olvido, hasta topar con la porción aborrecible. Pues son dos las que tiene la materia, [665] alcahueta mediadora 99 : quien tendió la mano a su mesa y alcanzó lo de sabor a miel, seguro que mucho llorará ante la porción amarga, al venir aparejadas las adversidades. [670] Pues esta imposición de la necesidad 100 terrenal escancia a los mortales una vida que es de doble procedencia 101 : [675] el vino sin aguar y el bien sin mezcla, eso es Dios y las cosas de Dios.

[680] Embriagada por la dulce copa 102 , alcancé la región del mal, me metí en la trampa 103 , conocí la ofuscación de [685] Epimeteo 104 . Odio las leyes mudables: hacia el prado 105 sin cuitas del Padre me apresuro 106 , tiendo las alas fugitivas, fugitivas de los dones de ambigua doblez de la [690] materia.

Mírame, custodio de la vida intelectual, mira esta alma tuya suplicante sobre la tierra, aplicada como está a las [695] ascensiones intelectuales. Tú, Señor, haz resplandecer las luces de la elevación 107 , dándome alas ligeras 108 ; corta [700] las ataduras; afloja la hebilla de estas pasiones de ambigua doblez, con las que la engañosa naturaleza doblega las [705] almas sobre la tierra; a mí, que huyo de la ofuscación del cuerpo, concédeme un rápido salto para lanzarme hacia [710] tus moradas, hacia tu seno, de donde mana la fuente del alma. Cual gota celestial, he sido derramada sobre la tierra: [715] devuélveme a tu fuente 109 , desde donde fui derramada, fugitiva errante 110 ; consiente que me una a la luz [720] primigenia; consiente que, tutelada por ti, con el coro señorial eleve, de modo piadoso, himnos intelectuales; consiente, Padre, que me una a tu luz y no me hunda en [725] la ofuscación terrenal y, mientras en las cadenas de este género de vida material permanezco preso, sea propicia, [730] ¡oh, bienaventurado!, la fortuna que me sustente 111 .

1 Sinesio escribe hylēgenéas (un hápax eireménon ) oístrous , las pasiones y deseos (literalmente, «los tábanos», cf., por ejemplo, EURÍPIDES , Hipólito 1300 o Argonáuticas órficas 47) originados por la materia (hýlē , desde Aristóteles).

2 Cf. también la oposición materia (hýlē) / inteligencia (noûs) en JÁMBLICO , De comm. mathem. scientia 4, y PROCLO , Institutio Theologica 72, etc.

3 Plékomen stéphanon (cf. H. I 396 ss., IV 5 y 24): cf. EURÍPIDES , Hipólito 73 (= GREGORIO DE NACIANZO , Christus patiens 2582). Según los escolios (ed. Schwartz) el Hipólito stéphanon puede ser una corona o, en sentido figurado un himno. Cf., en general, el motivo de la corona trenzada en las Odas de Salomón I 2, V 12, IX 8 ss., XVII 1, XX 7 s., que constituyen la colección más antigua conservada de himnos cristianos.

4 Thým’ (a) anaímakton , cf. GREGORIO DE NACIANZO , Carm. II 10, 1; PORFIRIO , De Abstin. II 45. Estos sacrificios se oponen a los sangrientos (hiereîa , cf. TUCÍDIDES , I 126; PLATÓN , Leyes 782c), condenados explícitamente por OROSIO IV 21, 5 ss.

5 Para la ofrenda que consiste en la alabanza de los labios, cf. Salmos 34, 1 s.; Odas de Salomón XVI 1 s., XX 4, XL 2; Corpus Hermeticum, Poimandres I 31.

6 Aunque el epíteto kleinós es de uso rutinario (y vacío de significado) en la lengua poética del s. IV (ed. LACOMBRADE , n. ad loc. ), aquí encierra un sentimiento sincero, al volver el poeta a Cirene después de tres años en Constantinopla, cf. WILAMOWITZ , Sitzb. Berl. Ak. Sb. 14 (1907), 283.

7 Prýtanis: en los LXX, Sabiduría 13, 2, los astros, «lumbreras celestes», son prytáneis kósmou (Vulgata: aut solem et lunam, rectores orbis terrarum).

8 Kólpos: «designa el amor creador del Padre» (ed. LACOMBRADE , n. ad loc .), como en los Oráculos caldeos. Cf. Himnos de Qumrán 19 (col. X 16): «Mi alma se siente acogida en el regazo de tu amor» (M. JIMÉNEZ -F. BONHOMME , Los Documentos de Qumrán , Madrid, 1976, pág. 121).

9 Para esta traducción de tanaâs , cf. ed. LACOMBRADE , n. ad loc.

10 Cf. la Carta 148: «al extremo sur de la Cirenaica», donde se hallaba la propiedad de Sinesio.

11 Kēritrepê: H. I 66, 509, 540): cf. HESÍODO , Los trabajos y los días 418, kēritrephéōn anthrṓpōn , «de los hombres nacidos para la muerte» (o la desgracia).

12 De euphameítō / aithḗr , tenemos un paralelo en el Himno al Sol de Mesomedes. Cf. CALÍMACO , Himno a Apolo 18, euphemeî kaì póntos.

13 En Efesios 2, 2, Pablo menciona al «soberano del imperio del aire».

14 Fantasmas o sombras: el epíteto eidolōcharḗs hace referencia a la insubstancialidad de la materia (cf. ed. LACOMBRADE , n. ad loc .). Para la imagen de los perros de los versos siguientes (93 s., 96 s.): Salmos 22, 17; Odas de Salomón XXVIII 14 (cf. Salmos 57, 5; y, en un contexto distinto, SOLÓN , 24, 27 ADRADOS ).

15 Porthmeûsi... hýmnōn: cf. EURÍPIDES , Alcestis 253, nekýōn... porthmeús (Caronte); y, en sentido metafórico, LIBANIO , Discursos XVIII 15.

16 Omphá , voz divina, procedente de los dioses, ya en HOMERO : cf. Il. II 41, XX 129, etc.; Od. III 215, etc. Esta voz divina (que sustituye, en cierto modo, a la invocación a la diosa de los himnos y la épica tradicional) le permite al poeta comenzar propiamente (desde el «arrancadero» o línea de partida, balbîdas ) sus alabanzas a Dios.

17 Hílathi moí , «séme propicio», fórmula griega corriente en súplicas y oraciones a los dioses: Od. III 380; Himnos homéricos XX 8; TEÓCRITO , Idil. XV 143; etc.

18 Para el tópico de la luz vencedora de las tinieblas, cf., por ejemplo, Ev. Juan 1, 4; Odas de Salomón XV 2; Himnos de Qumrán 16 (col. VIII 34 s.), 17 (col. IX 26 s.); IRENEO , Contra las herejías I 29, 1 s.; ORÍGENES , Contra Celso V 11; PROCLO , Himnos V 9 s., VI 31 ss.; etc. Para el de la inteligencia humana incapaz de alcanzar las alturas de Dios («desde tu atalaya», en el v. 127), cf. Romanos 11, 33; Odas de Salomón XXVIII 20; ORÍGENES , Contra Celso VI 17; HIPÓLITO , Refutación de todas las herejías V 7, 23; PLOTINO , Enéadas I 7, 1, 20; etc.

19 Ábaton: «inaccesible (el camino) a los sabios y a los no sabios», escribe PÍNDARO , Olímp. III 44 s.

20 Sigo la traducción de Lacombrade de epì prōtophaès (aplicado a la luna nueva en TRIFIODORO , 517) eîdos , términos para referirse al Hijo, cf. H. II 87 ss. (prōtósporon eîdos en H . V 42 y IX 64).

21 Cf. la imagen en Oráculos caldeos, Fr. 34, 2 y 37, 14 DES PLACES ; PSEUDO -DIONISIO AREOPAGITA , De divinis nominibus 645b.

22 El sentido de estos versos es oscuro. Parece que el poeta piensa que sólo a través del Hijo y el Espíritu puede la inteligencia humana «presentir el esplendor del Padre» (cf. ed. LACOMBRADE , n. ad loc .). Recuérdese, Ev. Juan 14, 7: «Si me conocéis a mí, también a mi Padre lo conoceréis» (cf., Ev. Juan 8, 19, y ORÍGENES . Contra Celso VI 17).

23 Patérōn pántōn / páter, autopátōr, / propátōr apátōr: cf. Hebreos 7, 3, apátōr... amétōr (Melquisedec, prefiguración de Cristo); Himnos órficos X 10 (phýsis) autopátōr, apátōr (cf. JÁMBLICO , Mist. egipc. VIII 2); NONO , Dionisíacas XLI 53 (phýsis) apátōr... amétōr.

24 Cf. la apóstrofe « Virgen Madre, hija de tu hijo » de DANTE , Divina Comedia, Paraíso XXXIII 1 (cit. en ed. LACOMBRADE , n. ad loc .). Cf. un comentario sobre el «Pre-Padre» gnóstico en J. MONTSERRAT TORRENTS , Los gnósticos I, Madrid, 1983, págs. 252 s.

25 Proanoúsie: anoúsios (opuesto a ousiṓdēs ) es la dýnamis de Dios en PROCLO , Institutio Theologica 121. Dios es anterior a la noción misma de esencia (cf. ed. LACOMBRADE , n. ad loc .). Cf. las palabras de PLOTINO sobre el «inteligente primario» en Enéadas V 6, 1. Para noûs , «intelecto» («mente-espíritu»), cf. el comentario de J. MONTSERRAT TORRENTS , Los gnósticos I, pág. 92, n. 8.

26 Amphiphaés , cf. Oráculos caldeos, Fr. 1, 4 DES PLACES .

27 En la piedra Rosetta (línea 4), por ejemplo, leemos este adjetivo, aiōnóbios , aplicado a Ptolomeo («... imagen viva de Zeus, hijo de Helio, Ptolomeo, de vida eterna , amado por Ptah...»); y a Hermes en los papiros de magia griegos (Papyri graecae magicae V 176 PREISENDANZ ).

28 Ochetēgè theôn: Lacombrade traduce «arteria vivificante de los dioses». El término, en sentido metafórico, también se lee en NONO , Paráfrasis al evangelio de Juan IV 21, XVI 13.

29 Pneumatoergè , el Espíritu Santo, aunque también cabría entender «creador de los espíritus».

30 Psychotróphe , cf. Himnos órficos XVI 3 «(Hera) que concede a los hombres suaves brisas, alimentos de las almas » (o de la vida).

31 La misma expresión en Oráculos caldeos, Fr. 30 DES PLACES .

32 O «la mónada de las mónadas», cf. IRENEO , Contra las herejías I 11, 3; ATENÁGORAS , Legación en favor de los cristianos 6 («... uno define a Dios como número inefable... Dios es la mónada, esto es, el uno»); PLOTINO , Enéadas V 1, 8, 25 («el Uno primario»); V 3, 12, 51 («el Uno en sí»); V 3, 15, 5 («el Uno absoluto»); etc.

33 Para una correcta interpretación, cf. P. HADOT , Porphyre et Victorinus I, París, 1968, pág. 99 (cit. en ed. LACOMBRADE , n. ad loc .): Jámblico, en contraposición a Plotino en este punto, distingue un mundo inteligible (noētós) y los dioses intelectuales (noeroí) que lo contemplan.

34 Está demostrado (cf. ed. LACOMBRADE , pág. 82, n. 2) que todo este simbolismo místico (cf. H. V 60 ss.) deriva de los Oráculos caldeos (para las expresiones «el uno y el todo...», cf. PLOTINO , Enéadas V 3, 11, 9). No obstante, los puntos de contacto con las ideas gnósticas valentinianas son evidentes: cf., por ejemplo, IRENEO , Contra las herejías I 1, 1; I 11, 3; I 15, 1 s.; cf., también, Corpus Hermeticum, Poimandres I 9 y 15; Asclepios 20; y el evangelio gnóstico El libro secreto de Juan 1, 16 s.; 3, 8.

35 Cf. Oráculos caldeos, Fr. 18 DES PLACES ; IRENEO , Contra las herejías I 1, 1; PLOTINO , Enéadas VI 9, 8 s.; PSEUDO -DIONISIO AREOPAGITA , De divinis nominibus 913 b.

36 Cf. vv. 159 y 180 s. De nuevo la repetida coincidentia oppositorum en el Ser Supremo: cf. J. MONTSERRAT TORRENTS , Los gnósticos I, pág. 94, n. 13.

37 Cf. Corpus Hermeticum, Poimandres I 9 (ho noûs apekýēse héteron noûn dēmiourgón); y, por ejemplo, TEÓFILO DE ANTIOQUÍA , A Autólico I 4 (Kýrios..., patḕr..., dēmiourgòs dè kaì poietḕs...); o ARÍSTIDES , Apología XV 3 (tòn theòn ktístēn kaì dēmiourgòn...). Sobre el demiurgo en la gnosis cf. J. MONTSERRAT TORRENTS , Los gnósticos I, págs. 268 s. Para el término prochytheís , «derramado, emanado», cf. H. II 109, n. 16. La idea de que Dios derrama el Espíritu Santo (verbo ekchéō ) está en Joel 2, 28; Hechos 2, 23; Tito 3, 6; ATANASIO , Epístolas a Serapión III 1; etc.; y cf. ATANASIO , Discurso contra los arrianos II 18; PLOTINO , Enéadas VI 8, 18, 20.

38 Mónas,..., triás: este último término, antes de adquirir su sentido cristiano en la patrística (desde Teófilo de Antioquía), fue utilizado por PLATÓN (Fedón 104a, etc.; cf. ARISTÓTELES , Metafísica 1081a34) y, posteriormente, por los neoplatónicos (cf. ed. LACOMBRADE , n. ad loc .). Por otra parte, estas palabras de Sinesio sobre la Trinidad están estrechamente conectadas con las de GREGORIO DE NACIANZO , Discursos XXXIX 11.

39 El Espíritu Santo, cf. H. II 94 ss.

40 Tò prooúsion ón: Lacombrade y Garzya traducen también «preesencial». Este epíteto es aplicado por JÁMBLICO , Mist. egipc. VIII 2 y X 5, al «dios creador que procede del Uno». De cambiar la puntuación del texto (dando, pues, al verbo blastánō valor transitivo), traduciríamos (vv. 219-224): «... y esta misma voluntad, naturaleza intermedia inexpresable, hizo germinar lo que es preesencial. Para los vv. 222-226, cf. el discutido pasaje de PLATÓN , Cartas II 312e (= ATENÁGORAS , Legación en favor de los cristianos 23, 4): «En torno al rey de todo está todo y por él existe todo y él es la causa de todo lo bello; en torno al segundo está lo segundo y en torno al tercero lo tercero». En estas palabras (escritas «para que el que lea no entienda», según el propio Platón) reconocieron los escritores cristianos un primer apunte del misterio de la Santísima Trinidad. Cf. H. II 90 ss.

41 Cf. n. 33.

42 «Entre el Autor de la vida (v. 230) y el Verbo que la ha recibido (v. 231) existe la Voluntad mediadora» (ed. LACOMBRADE , n. ad loc .). Cf. H. II 96 ss.

43 Es decir «de curso ilimitado». El epíteto bathýrroos se aplica tradicionalmente al océano y a los ríos.

44 Ni siquiera la eternidad pudo conocer esa procreación del Hijo, por carecer éste de límites temporales (cf. ed. TERZAGHI , pág. 101). En PLOTINO , Enéadas VI 8, 20, 24 s., el Uno-Bien trasciende la eternidad (cf. J. IGAL , Porfirio, Vida de Plotino. Plotino, Enéadas I-II, Madrid, 1982, pág. 47).

45 Sigo la traducción de Lacombrade para ebrábeuse tomán.

46 Hoi noeroí: cf. n. 33.

47 Cf. n. 7.

48 Cf. H. II 155 ss. Por este cuerpo glorioso ha de entenderse «el cielo de los astros fijos, cuyo movimiento parece opuesto al de los planetas» (ed. LACOMBRADE , n. ad loc .).

49 Seres divinos (zōnaîoi) que gobiernan las órbitas planetarias o que se encuentran fuera de la región o esfera celeste (ázōnoi): cf. SERVIO , Ad Aen. XII 118; PROCLO , Comentario al Parménides , pág. 494 STALLBAUM .

50 Oiēkophórous es un hápax , cf. oiakonómos en ESQUILO , Prometeo encad. 149; y oiakostróphos en PÍNDARO , Ístm. IV 78 BOWRA ; ESQUILO , Los siete contra Tebas 62, Prometeo encad. 515; EURÍPIDES , Medea 523, etc.

51 Seirá: la «serie» o «la cadena», cf. DAMASCIO , Sobre los principios XLV 95. PROCLO , Comentario al Timeo I 341, habla de angeliké táxis.

52 Se sobreentiende «te canta».

53 Cf. ORÍGENES , Contra Celso VII 70; en palabras de Celso, las obras de un dios, de los ángeles, de los démones o de los héroes están bajo la ley del Dios Supremo.

54 Zeidṓrois: también Sinesio debe de entender este epíteto como derivado de záō (no de zéa ) y equivalente a biódōros (según la explicación de Hesiquio): cf. EMPÉDOCLES , Fr. 151 DIELS -KRANZ (de Afrodita); NONO , Dionisíacas XII 23 (de Helio), XXII 276 (de Dioniso).

55 En estos versos también existen semejanzas con los Oráculos caldeos , cf. ed. LACOMBRADE , n. ad loc .

56 Cf. vv. 400 s.

57 Indalmôna: hápax conjetura de Christ (indálmonas codd.). Cf. ed. LACOMBRADE , n. ad loc.: «La naturaleza de aquí abajo es un reflejo de la naturaleza eterna».

58 Para la acción divina en el mundo hay que contar, pues, con diversos grados, que se especifican así en ed. LACOMBRADE , n. ad loc. (que cita a W. THEILER , Die Chaldäischen Orakel... , pág. 25, n. 2):

noētón

noerón

hyperkósmion

enkósmion

bythós

empýrion

aithérion

hylaîon

pēgaîon

ázōnon

zōnaîon

59 Para esta expresión y la idea del pasaje, cf. MACROBIO , Sueño de Escipión I 12, 15, que llama al cuerpo «la hez de lo divino».

60 Mḗteira sólo está documentada antes como varia lectio (de Zenódoto y Aristófanes de Bizancio, en lugar de dmḗteira ) en Il . XIV 259.

61 Literalmente: «a partir de las vidas con distintas voces».

62 Pasaje discutido. Otra traducción podría ser: «el cielo infatigable y ardiente».

63 Para esta alabanza universal a Dios, cf. Salmos 19, 1-5; pero también el tratado pseudo-aristotélico De Mundo VI 399b.

64 Cf. JÁMBLICO , Mist. egipc. V 11 s.

65 Anagōgà pháē: se trata de la elevación de las almas, como en JULIANO , Discursos 173c y JÁMBLICO , Mist. egipc. II 6, etc.

66 Se sobreentiende «mi alma», cf. v. 358.

67 Aquí, con átē , ya no alude Sinesio a la «intervención psíquica» en el hombre por parte de un agente externo (cf. E. R. DODDS , The Greeks and the Irrational = Los griegos y lo irracional [trad. M. ARAUJO ), Madrid, 1980, págs. 19 ss.; y F. A. GARCÍA ROMERO , «La intervención psíquica en los Posthomerica de Quinto de Esmirna», Habis 17 [1986], 109-116), sino a la obcecación del alma sometida a la materia, a lo terrenal (cf. vv. 264 s.).

68 Cf. n. 3.

69 Kranaoû: esta aplicación a kósmou es original de Sinesio.

70 Neátou pythménos: «el último fondo», cf. SOLÓN , 1, 10, ADRADOS , ek neátou pythménos.

71 Cf. PLOTINO , Enéadas II 9, 2, 15.

72 Éste parece ser aquí el sentido de dierôn (cf. la corrección de Wilamowitz, dyerôn ), ya interpretado así por el alejandrino Calístrato en Od. VI 201. Cf. ed. LACOMBRADE , n. ad loc.

73 Sigo la traducción de Lacombrade para kêras.

74 Se trata de su estancia en Constantinopla.

75 Cf. Salmos 6, 7; Himnos de Qumrán 17 (col. IX 4 s.).

76 En el texto griego hay un anacoluto: neoì... epì pántas éban.

77 Es decir, en la orilla opuesta del Bósforo, donde en el 685 a. C. los megarenses fundaron Calcedón (para, posteriormente, alrededor del 615 a. C. fundar Bizancio en la orilla europea).

78 Tlámoni psychâi: cf. PÍNDARO , Píticas I 48.

79 Cf. Odas de Salomón XVIII 3.

80 El verbo empleado es krínō , que con el sentido de «adjudicar» o «atribuir» ya está en PÍNDARO , Píticas VIII 84 y SÓFOCLES , Áyax 443.

81 Cf. vv. 390 s.

82 Para esta «iluminación», por medio de la cual se puede ascender hacia Dios, cf. PLOTINO , Enéadas V 3, 12, 40; V 55, 23; VI 4, 15; y JÁMBLICO , Mist. egipc. I 12, III 13 y 21.

83 El sello divino del alma, al que también se refieren los Oráculos caldeos, Fr. 2, 3 y 109, 3 DES PLACES .

84 Cf. Sabiduría 7, 22, y Oráculos caldeos, Fr. 104 DES PLACES .

85 Cf. PLATÓN , Timeo 30b. Para la mención de la «chispa» o «centella» (spinthḗr) del v. 561, cf. IRENEO , Contra las herejías I 24, 1; HIPÓLITO , Refutación de todas las herejías V 19, 16; CLEMENTE DE ALEJANDRÍA , Extractos de Teódoto III 1 s.

86 Desde el v. 24 se repite el vocativo ánax (que traducimos por «Señor»; vv. 144, 271, 375, 450, etc., ya aplicado a los dioses en Il. XVI 514; Od. V 445, 450, etc.), siempre a final de verso (monómetro anapéstico), donde Sinesio no admite el dáctilo y, por tanto, no utiliza kýrie , que sí podría haber encajado en el primer pie. El término kýrie es corriente en los textos cristianos, pero no aparece en los Himnos de nuestro autor.

87 Cf. SINESIO , Sueñ. 139c.

88 Mágois... téchnais: cf. FILÓSTRATO , Vida de Apolonio I 2.

89 Es decir, la mirada o luz superior que reside en el ser: cf. BOECIO , Cons. filos. III, m. 11, 9 ss. (cit. en ed. LACOMBRADE , n. a H. IX 101); CLEMENTE DE ALEJANDRÍA , Extractos de Teódoto I 3; e HIPÓLITO , Refutación de todas las herejías V 19, 6 s.

90 Cf. la ascensión del alma a la región inteligible en PLATÓN , República 517b.

91 Cf. Corpus Hermeticum X 24: «el alma ahogada por el cuerpo».

92 Cf. vv. 375 s. y n. 65.

93 Anánkē , de antiguo personificada como representación del destino.

94 Literalmente: «este engañoso nacimiento» (o generación). Lacombrade traduce «ce monde spécieux de la génération».

95 Este sello es el bautismo, como, a veces, en los textos herméticos y gnósticos y en los Padres de la Iglesia: cf. CLEMENTE DE ALEJANDRÍA , Extractos de Teódoto 83 (acerca de los valentinianos); HERMAS , El Pastor , Comparación IX 16, 4, «el sello es el agua»; IRENEO , Epídeixis 3 y 100.

96 Cf. Oráculos caldeos, Fr. 66 DES PLACES .

97 Lêmai (cf. la Carta 105): Lacombrade traduce «ilusiones legañosas» («illusions chassieuses»). El término ya lo utiliza en sentido metafórico («lo que ofusca u obscurece la mente») ARISTÓFANES , Pluto 581, y, entre los escritores cristianos, TEODORETO en su comentario a 2 Corintios 3, 18 (tês apistías lêmai) . Cf. el verbo lemaó en PLOTINO , Enéadas I 6, 9, 26 («el ojo legañoso de vicios...») y TEODORETO , Expositio rectae confessionis 17.

98 Traducimos la conjetura de Lacombrade para esta laguna. Mariotti propuso «⟨de sus propios dones⟩».

99 Mastropós: este término con sentido metafórico ya está en JENOFONTE , Banquete IV 57 y LUCIANO , Amores 16.

100 Cf. n. 93.

101 La fuente primera de esta imagen está en las dos tinajas de Zeus de Il. XXIV 527 ss.

102 El término utilizado, krētḗr , ha perdido su sentido etimológico (la vasija para mezclar el vino y el agua: de keránnymi , «mezclar»). La copa es de vino puro, con lo que se insiste en la idea de los vv. 675 ss. Cf. PLATÓN , Fedro 247e.

103 Cf. los Himnos de Qumrán 10 (col. V 37 ss.).

104 Al aceptar a Pandora por esposa: cf. HESÍODO , Trabajos y días 59 ss.

105 Según la opinión de Terzaghi (ed., págs. 159 s.), los familiarizados con Homero identificarían este prado con el de los asfódelos de Od. XI 539, por donde marcha el alma de Aquiles tras su conversación con Odiseo. Cf., también, Salmos 23, 2.

106 El verbo speúdō es corriente para designar la búsqueda del Padre: Oráculos caldeos, Fr. 115 DES PLACES ; PLOTINO , Enéadas I 6, 8, 16; III 4, 2, 12; etc.

107 Cf. vv. 375 s. y n. 65.

108 Cf. vv. 37 s.

109 Cf. BOECIO , Cons. filos. III, m. 9, 22 ss. La influencia directa de Sinesio sobre este autor latino parece excluida. Las afinidades se explican, según Courcelle (cit. en ed. LACOMBRADE , n. ad loc. ), porque el pensamiento de Boecio debe bastante a las enseñanzas de Amonio.

110 Cf. ESQUILO , Agamenón 1282.

111 Cf. vv. 379 ss.

HIMNO II

Considerado ya por Wilamowitz (Sitzb. Ak. Berl. 14 [1907], 284) como una variación o continuación del precedente, el Himno II se distingue por el orden en el encadenamiento de las ideas frente al entusiasmo desbordante del I (cf. ed. LACOMBRADE , pág. 42).

Tras la invocación inicial y la petición de silencio a todo el cosmos (cf. H. I 72 ss. y II 28 ss.), en la parte central se ensalza, primero, a Dios, uno y trino (vv. 60 - 140), y, seguidamente, al Verbo, «gloriosa progenie» (vv. 141 - 226). La plegaria al «Padre incognoscible, inexpresable», cierra el himno.

Sin duda estamos ante la obra de Sinesio ya obispo. Esta datación tardía la prueba, entre otros datos, la profesión de fe trinitaria del poeta (según los dogmas de Nicea), expresada sin la «extrema timidez» del Himno I (cf. ed. LACOMBRADE , pág. 44). También los términos empleados por Sinesio insisten en lo mismo (lógos o hyiós para referirse a la segunda hipóstasis: cf. vv. 130, 135, 221, y n. 14).

Métrica: monómetro anapéstico (cf. H. I).

A ti al amanecer, a ti al avanzar la mañana, a ti al [5] mediodía, a ti al acabar la sacra jornada y por la noche muy divina, te canto, Progenitor, médico 1 de las almas , médico de los cuerpos, dador de sabiduría, que alejas las [10] enfermedades, que das a las almas una existencia sin penas, no agobiada por la inquietud terrenal, madre de [15] pesares, madre de las pasiones, de las cuales permanezca pura mi vida, a fin de que, en un himno sin mezcla 2 , pueda yo ocuparme de la oculta raíz de todas las cosas [20] y no me aleje de Dios por causa de ofuscaciones disuasoras 3 . A ti, bienaventurado, te canto, príncipe del universo. [25]

Que la tierra guarde silencio ante estos himnos a ti 4 , ante estas plegarias a ti; que calle todo cuanto el universo [30] contiene, pues obra tuya es, Padre. Cese el zumbido de los vientos, el murmurio de los árboles, el estruendo de las [35] aves; que el éter calmoso, que el aire calmoso oiga este [40] canto; que la corriente de las aguas sin ruido ya se detenga sobre la tierra. Que quienes impiden los himnos santos, [45] esos demonios gozosos de los escondrijos abismales y habitantes de las tumbas 5 , se den ya a la fuga ante mi [50] piadosa plegaria; y que los buenos bienaventurados, ministros del Progenitor intelectual, cuantos tienen como posesión las profundidades y las alturas del universo, escuchen [55] propicios estos himnos al Padre y propicios eleven mis súplicas.

[60] ¡Oh, Unidad de las unidades 6 !, ¡oh, Padre de los padres, principio de los principios 7 , fuente de las fuentes, [65] raíz de las raíces, bien de los bienes, astro de los astros, mundo de los mundos, idea de las ideas 8 , abismo de belleza, [70] semilla oculta, Padre de las eternidades 9 , Padre de los inefables mundos intelectuales, desde donde se destila [75] el soplo inmortal que, flotando sobre el peso de los cuerpos 10 , enciende ya un segundo universo! Te canto, bienaventurado, [80] un himno por medio de mi voz; te canto, bienaventurado, un himno también por medio de mi silencio, pues cuanto percibes de mi voz, todo eso también lo [85] percibes de mi silencio intelectual.

Canto un himno al Hijo, el primogénito 11 y luz primordial. [90] Hijo gloriosísimo de un Padre inefable, a ti, bienaventurado, a la vez que al gran Padre, te canto un [95] himno y también al alumbramiento, después de ti 12 , del Padre, Voluntad fecunda, principio intermedio 13 , Espiración Santa 14 , centro del Progenitor, centro del Hijo. Ella misma es la madre, ella misma la hermana, ella [100] misma la hija 15 , la que dio a luz a la raíz oculta. Pues [105] para que el Padre se efundiera en el Hijo, esta misma efusión encontró su germen 16 : se colocó en medio, Dios [110] procedente de Dios a través de Dios Hijo y, a través de esta gloriosa efusión del Padre inmortal, el Hijo encontró [115] su germen.

Eres Unidad, siendo Trinidad, Unidad que permanece, sí, y eres Trinidad también 17 . Esta división intelectual [120] mantiene inseparable ya lo partido: aun habiendo brotado de él, permanece la Progenie en su Progenitor y, a su vez, [125] desde fuera dirige las cosas del Padre, haciendo bajar a este mundo la felicidad de esa vida de donde la obtiene él mismo, el Verbo 18 a quien canto mi himno a la vez [130] que al gran Padre. El Intelecto del Padre inefable te crea 19 [135] y tú, concebido, eres el Verbo de tu Progenitor, el primero que brota de la raíz primera, la raíz de todo lo posterior [140] a tu gloriosa generación. La Unidad inefable, la semilla de todas las cosas, te sembró a ti, semilla de todas las [145] cosas. Pues tú estás en todas las cosas y a través de ti la naturaleza suprema, la intermedia y la ínfima 20 se beneficiaron de los buenos dones de tu Padre, de la vida fecunda. [150] Para ti la esfera perenne gira en su infatigable revolución; [155] bajo tu mandato la septena de los astros ejecuta su danza opuesta a las vigorosas rotaciones de la gran bóveda 21 ; [160] muchos luminares embellecen un único repliegue 22 [165] del universo por voluntad tuya, Hijo gloriosísimo. Tú, pues, al recorrer la bóveda celestial, mantienes incesante el curso de las eternidades y bajo tus sagradas disposiciones, [170] bienaventurado, se apacienta en los confines del éter, profundo sin límites, el rebaño de los blanquecinos astros. [175] Tú a los del cielo, tú a los del aire, tú a los de la tierra y a los de debajo de la tierra les repartes sus trabajos [180] y les distribuyes la vida. Tú eres el soberano y el dispensador del intelecto para los dioses y para cuantos mortales embebieron las lluvia de la porción intelectual 23 . Tú eres el que das el alma a aquellos cuya vida y naturaleza [185] están sujetas del alma en incansable tensión. El germen ciego del alma cuelga de tu cadena 24 y cuantos [190] están privados de todo soplo recogen de tu seno la cohesión hecha porvenir, por medio de tu poder, del inefable [195] seno paterno, de la Unidad oculta, desde donde el canal [200] manadero de la vida 25 es llevado hasta la tierra, por medio de tu poder, a través de los universos intelectuales [205] sin límites. De allí descendida, el mundo visible recibe la fuente de los bienes, imagen del intelectual 26 . Obtuvo [210] aquél un segundo sol 27 , creador de mirada brillante de [215] una luz de tardío resplandor, custodio de la materia que [220] nace y de la que muere, hijo del intelectual, arquetipo de lo sensible 28 , procura de bienes surgidos en el mundo por voluntad tuya, Progenie gloriosísima. [225]

Padre incognoscible, Padre inexpresable, incognoscible por el intelecto, inexpresable en palabras, eres el Intelecto [230] de los intelectos, el alma de las almas, eres la naturaleza de las naturalezas. Ante ti doblo mi rodilla: míralo, me [235] postro en tierra yo, tu siervo, tu ciego suplicante. Tú, dador de la luz, de la luz intelectual, apiádate, bienaventurado, de mi alma suplicante: aparta las enfermedades, aparta [240] [245] las cuitas devoradoras de almas, aparta al indigno perro infernal, demonio terreno, de mi alma, de mi plegaria, de [250] mi vida, de mis obras 29 . Que fuera de mi cuerpo, fuera de mi espíritu, fuera de todo lo nuestro se mantenga este [255] demonio. Que me deje, que huya de mí este demonio de la materia, salvaguarda de las pasiones, el que obstaculiza [260] el camino de la elevación, el que refrena mi impulso en busca de Dios. Dame, Señor, como amigo, como compañero, [265] al santo ángel 30 del santo poder, al ángel de la [270] plegaria de divino fulgurar, querido bienhechor, custodio del alma, custodio de la vida, guardián de mis súplicas, [275] guardián de mis obras. Mi cuerpo, que lo preserve puro de enfermedades; mi espíritu, que lo preserve puro de corrupción; [280] a mi alma, que le procure el olvido de las pasiones, para que, en esta vida mía, crianza de la tierra, [285] se alimente con los himnos a ti el ala de mi alma, y para que, en la vida posterior a la parca y al peso de las cadenas [290] terrenales, pura de materia, recorra el camino hacia tu morada, hacia tu seno, de donde mana la fuente del alma. [295] Tú dame la mano, tú llámame, tú, bienaventurado, haz elevarse de la materia a mi alma suplicante.

1 En el texto griego, paiṓn. Peón es primero el médico de los dioses en Il . V 401, etc., pero luego el término pasa a ser un sobrenombre de Apolo (cf. Himno homérico a Apolo 517, etc.). El sentido con el que aquí se emplea, ya aparece en ESQUILO , Agamenón 99, y SÓFOCLES , Filoctetes 168.

2 A partir de la lectura de R , Lacombrade ha conjeturado amigôs Alégō: Dios es «el bien sin mezcla» (H. I 676, y cf. JÁMBLICO , Mist. Egipc. I 9) y así debe serlo su himno. El resto de los códices ofrecen lecturas incorrectas métricamente. DellʼEra propone amenḗs alégō.

3 Cf. JÁMBLICO , Mist. Egipc. II 5.

4 Cf. H. I 72 ss. Para el silencio de la naturaleza ante el himno al Señor de la creación, cf. Corpus Hermeticum XIII 17.

5 Según PLATÓN , Fedón 81c-d, existen almas que no se han librado de su deseo del elemento corporal y dan vueltas alrededor de las tumbas.

6 Cf. H. I 174 ss. y n. 32.

7 Cf. H. I 171 ss.

8 Cf., en otro contexto, Theologumena Arithmeticae 4 y 17, he monàs eîdos eidôn tynchánei.

9 Cf. H. I 267.

10 Cf. PLATÓN , Fedón 81c.

11 Aquí Dios-Hijo es el primogénito, prōtógonos , que es epíteto de dioses en PAUSANIAS , I 31, 4 (Perséfone), en Himnos órficos VI 1 (Eros), etc.

12 No hemos de entenderlo como sucesión temporal, sino como causalidad ontológica entre las tres hipóstasis (ed. LACOMBRADE , n. ad loc. ). Cf. J. MONTSERRAT TORRENTS , Los gnósticos II, págs. 393 ss.

13 Cf. H. I 217 ss.

14 Hagían pnoián: esta «espiración» no es sino el Espíritu Santo, al que Sinesio no llama hágion pneûma. Varias razones se han aducido para el cambio de la denominación ortodoxa (cf. n. siguiente). Seguramente tengan razón quienes piensan que pneûma era un término demasiado preciso en la lengua técnica del neoplatonismo para que pudiera designar otro concepto, ya que por él se entendía «la envoltura astral que reviste al noûs al atravesar las órbitas planetarias, cuando cae en el mundo de la generación» (ed. LACOMBRADE , n. ad loc. ). Habría que tener en cuenta, no obstante, que pnoiá se adapta mejor que pneûma al monómetro anapéstico y, también, que ATENÁGORAS , Legación en favor de los cristianos 7, escribe tês parà toû theoû pnoês , «del soplo procedente de Dios».

15 El Espíritu es «madre» porque por su mediación nació el Hiio (vv. 106 s.; pnoiá es femenino). También es «hermana» e «hija» por proceder del Padre. Para el gnóstico (según HIPÓLITO , Refutación de todas las herejías V 8, 44; cf. Evangelio copto de Felipe 17), el Hijo nace de la unión del Trascendente (Padre) con el «espíritu virginal»: cf. J. MONTSERRAT TORRENTS , Los gnósticos II, pág. 393.

16 Es decir, «nació». Para designar la «procesión, emanación o efusión» de las hipóstasis, Sinesio emplea los términos prochéein, próchysis , en vez de ekporeúesthai, ekpóreusis de los Padres (cf. LACOMBRADE , n. ad loc. ). La razón puede ser, de nuevo, que estos últimos se adaptan mal al metro o que PLOTINO , Enéadas V 2, 1, 16, ya usó proéchee (cf. J. IGAL , Porfirio, Vida de Plotino. Plotino, Enéadas I-II , pág. 28, n. 65).

17 Cf. H. I 212 ss.

18 El Lógos de Ev. Juan 1, 1. Cf. la n. siguiente.

19 Cf. Corpus Hermeticum, Poimandres I 6: «El Verbo luminoso procedente del Intelecto es el Hijo de Dios ... el Intelecto es Dios Padre».

20 CLEMENTE DE ALEJANDRÍA , Extractos de Teódoto 54, nos habla de tres naturalezas engendradas: la irracional o terrena, la racional o psíquica y la espiritual. Cf., también, los tres géneros, angélico, psíquico y terreno, de HIPÓLITO , Refutación de todas las herejías V 6, 7.

21 Cf. H. I 277, n. 48: para el movimiento de los planetas opuesto al de las estrellas fijas, cf. PLATÓN , República 617a, Timeo 36b ss., y ARISTÓTELES , Del Cielo 285b ss.

22 Para la expresión, cf. EURÍPIDES , Orestes 1631, Helena 44, etc.

23 La tierra y la lluvia se comparan con el alma humana y la acción divina (cf. ed. LACOMBRADE , n. ad loc. ). Acerca de las aguas que vivifican can el espíritu, cf., por ejemplo, Isaías 32, 15 ss.; 44, 3 ss.; Ev. Juan 4, 10 ss.; 7, 37 ss.; Apocalipsis 22, 1.

24 El v. 192 recuerda las palabras de Zeus en Il. VIII 19.

25 Cf. Juan 6, 57 s.; 10, 10; 1 Juan 5, 11 s.

26 Existe cierta semejanza de estos versos con JENOFONTE , Memorables IV 3, 13.

27 En PLATÓN , República 509d, el bien es el rey del mundo inteligible (noetoû génous te kaì tópou) y el sol del visible (horatós) .

28 Del mundo sensible (aisthetôn , lectura de los manuscritos V, R): cf. PLATÓN , Político 285e; República 529d; PLOTINO , Enéadas V 3, 8, 12 s. Sobre el mundo sensible en Plotino, cf. J. IGAL , Porfirio, Vida de Plotino. Plotino, Enéadas I-II , págs. 71 ss.

29 Cf. H. I 96 ss., y n. 14.

30 Posible alusión al ángel custodio; cf. Mateo 18, 10; Hechos 12, 15; Hebreos 1, 14 (quizá con antecedentes en Génesis 24, 7; Salmos 91 (90), 11; o los apócrifos Jubileos 35, 17); asimismo, el evangelio apócrifo Historia de José el carpintero XIII 5 s. ORÍGENES y GREGORIO TAUMATURGO (antes de las precisiones de SAN AMBROSIO y las críticas de SEVERIANO DE GÁBALA ) también hablan de él. Precedentes o paralelos de estas ideas se encontrarán en las doctrinas del parsismo, las creencias órficas y pitagóricas, el daímon socrático (o el de Plotino) o el estoicismo (EPICTETO , Pláticas I 14, 12; etc.). Sobre el tema cf. J. RIES (ed.), Anges et Démons. Actes du Colloque de Liège et de Louvain-la-Neuve (Homo religiosus 14), Louvain-la-Neuve, 1989.

HIMNO III

Glorificación del Hijo de la «esposa virgen», y plegaria y aclamación de Dios, uno y trino, se suceden en estos versos, que se distinguen «por su densidad, sobriedad y fervor» (ed. LACOMBRADE , pág. 68).

Los Himnos III, IV y V parecen posteriores al IX y anteriores al nombramiento de Sinesio como embajador en la corte de Constantinopla (399).

Métrica: tetrapodia espondaica cataléctica (cf. el Himno al Sol de Mesomedes).

Cantamos un himno al Hijo de la esposa 1 , de la esposa no desposada bajo la ley fatal 2 del concúbito con los hombres.

La inefable voluntad del Padre sembró el germen de [5] Cristo. El venerable alumbramiento de la esposa reveló en forma de hombre a quien vino como portador de la luz [10] fontanal 3 . Tu inefable brote conoce la raíz de las eternidades 4 . Tú mismo eres la luz fontanal, rayo de resplandor unido al Padre, y, tras abrir brecha en la tenebrosa [15] materia, en las almas puras resplandeces. Tú mismo eres el fundador del universo 5 , el hacedor de la esfera de los gloriosos astros, el enraizador del centro de la tierra, y [20] tú mismo el salvador de los hombres. Por ti conduce sus caballos Titán 6 , inextinguible fuente del día; por ti la luna, con su faz de toro 7 , disipa las tinieblas de la [25] noche; por ti también se producen los frutos y por ti se apacientan los rebaños. Desde tu inefable fuente envías un rayo fecundo y alimentas las alas de los universos 8 ; de [30] tu seno germinó la luz, el intelecto y el alma.

Compadécete de esta tu hija, aprisionada por los miembros mortales y por las normas de la materia, impuestas por el destino. Así preserves incólume del daño de las enfermedades 9 [35] el vigor de mis miembros. Concede a mis palabras la persuasión, concede a mis obras la gloria, a fin de que ambas estén acordes con el antiguo renombre [40] de Cirene y Esparta 10 . Que mi alma, sin soportar la huella de las penas, lleve una vida sosegada, fecunda, con sus dos pupilas 11 fijas en tu resplandor, para que, limpio de materia, me apresure yo por senderos sin retorno, fugitivo de los pesares de la tierra, a unirme a la fuente [45] del alma. Una vida tal, inmaculada, facilítamela a mí, a tu citarista, cuando, al dirigirte yo mi canto, glorifique tu raíz, altísima gloria del Padre, y también a ese Soplo 12 , [50] sentado a tu vera, en medio de la raíz y del brote, y cuando, al cantar el poder del Padre, con estos himnos a ti [55] ponga fin al insigne alumbramiento del alma 13 .

Te saludo, oh fuente del Hijo; te saludo, oh imagen 14 del Padre; te saludo, oh cimiento del Hijo; te saludo, oh [60] sello del Padre; te saludo, oh potestad del Hijo; te saludo, oh belleza del Padre, y te saludo, Soplo inmaculado, centro del Hijo y del Padre 15 : así quieras tú 16 enviármelo, [65] de acuerdo con el Padre, para que riegue de vida las alas de mi alma y dé cumplimiento a los dones divinos.

1 Nýmphas: En H. VI 3, VII 5, VIII 2, 11 y 29, Sinesio empleará parthénos , más acorde con la ortodoxia, pero sin que entre ambos términos exista en absoluto oposición (como la que establece la poetisa PRAXILA , Fr. 3 DIEHL ).

2 Moiraíais koítais: el poeta insiste en la virginidad de la madre de Jesús, como ya hacía, por ejemplo, JUSTINO en su Diálogo con Trifón 43, 7 s.

3 Phōtòs pagaíou: el Señor es «fuente viva» y «luz» en Salmos 36, 10.

4 Cf. H. I 248 ss. y n. 44.

5 Kósmou ktístas: cf. en la versión de los LXX, Eclesiástico 24, 8, ho ktístes hapánton; 1 Pedro 4, 19; JUSTINO , Apología Segunda VI 2; ARISTIDES , Apología XV 3; CLEMENTE , Carta primera a los corintios XIX 2 (ktístēn toû sýmpantos kósmou) .

6 El Sol, como en EMPÉDOCLES , 38 DIELS ; Argonáuticas órficas 512; Himnos órficos VIII 2, etc.

7 Taurôpis: Dioniso es taurōpós en Himnos órficos XXX 4, mientras que, ibid. IX 2, a la luna se la llama taurókerōs , «la de cuernos de toro».

8 Cf. Salmos 36, 10: «Porque en ti está la fuente de la vida y en tu luz vemos la luz».

9 Cf. H. I 544 ss.

10 Cirene fue fundada por Bato (según HERÓDOTO , IV 155, y cf. CALÍMACO , Himno a Apolo 65), que procedía de Tera, colonia de Esparta.

11 El ojo del alma y el del cuerpo, o «la imagen tradicional de la hija de Dios (v. 31), dotada de forma humana» (ed. LACOMBRADE , n. ad loc. ).

12 De nuevo el Espíritu Santo, intermedio entre el Padre y el Hijo: cf. H. I 217 ss., II 97 s.

13 Por su canto el poeta nace a la vida mística (cf. ed. LACOMBRADE , n. ad loc. ).

14 El término aquí empleado es morphá , mientras que en el Nuevo Testamento (2 Corintios 4, 4; Colosenses 1, 15) es eikṓn . Por su parte, leemos ágalma en Visión de Doroteo 2 (cf. PLATÓN , Timeo 37c).

15 Cf. n. 12.

16 El poeta pide al Hijo que le envíe el Espíritu Santo. En el texto no está explícita la invocación al Hijo (añadida por Lacombrade en su traducción por razones de claridad), que era totalmente innecesaria, pues en los primeros siglos del cristianismo el Verbo podía recibir el nombre de Padre (cf. ed. LACOMBRADE , n. ad loc. ), como atestigua, entre otros escritos, la Epístola a Diogneto IX 6. Recuérdese, además, que Sabelio, llevando al extremo la herejía modalista, propuso la identidad del Padre y del Hijo. Concepciones similares quizá tengamos, por ejemplo, en las Odas de Salomón VII 3-17, VIII 20-22. Contra los sabelianos ya escribía SAN DIONISIO (Papa, 259-268) en su Carta 2. La herejía fue anatematizada en el Concilio Romano del 382.

HIMNO IV

Son numerosas las analogías del Himno IV con el precedente. Se dedican los primeros versos al nacimiento del Hijo como emanación del Padre, para insistir luego en las dos funciones, reveladora y creadora, de aquél (vv. 11-23). El poeta concluye con una plegaria, pero sin la aclamación final del Himno III.

Su fecha de composición debe ser muy cercana a la de éste.

Métrica: trímetro jónico menor (frecuentemente alterado por anaclasis).

A la vez que a la fuente santa, por sí misma engendrada, más allá de las inefables unidades, vamos a coronar 1 al Dios inmortal, al glorioso Hijo de Dios, Hijo único procedente de un Padre que es único, con las sabias flores [5] de estos himnos. A ese Hijo lo hizo surgir de su incognoscible seno el inexpresable alumbramiento de la Voluntad paterna, que reveló los frutos de aquella generación del Padre y, al revelarlos, se reveló el Intelecto, fijo en el medio 2 : [10] ellos, aun derramados 3 , permanecen en la fuente.

Sabiduría del Intelecto del Padre, resplandor de su belleza, a ti, engendrado, el Padre te concedió engendrar. Tú eres la semilla del Padre, iluminadora de lo oculto 4 , pues a ti, principio de todo, el Creador te encomendó el [15] introducir en los cuerpos las formas procedentes de los intelectuales 5 . Tú gobiernas la sabia bóveda del cielo, el rebaño de los astros siempre lo apacientas; tú, Señor, imperas sobre el coro angélico y la legión demoníaca 6 ; tú, también, en torno a la naturaleza perecedera danzas 7 , [20] tu indivisible Espíritu alrededor de la tierra lo divides y a la fuente de nuevo restituyes lo que fue dado, librando a los mortales de la necesidad de la muerte.

Sé propicio para con las coronas 8 de estos himnos a [25] ti concediéndole a tu poeta una vida bonancible; la vagarosa corriente de los estrechos 9 deténla, desecando el funesto oleaje de la materia; rechaza las enfermedades del alma y del cuerpo; el empuje aniquilador de las pasiones aplácalo; protégeme de las calamidades de la riqueza y la pobreza; a mis obras otórgales un glorioso renombre; [30] entre los pueblos ábreme las puertas de una buena fama, coronándome con los primores de un hablar dulce y persuasivo, para que mi intelecto, sin perturbación, recoja el fruto del ocio y no gima yo en medio de las cuitas mortales, sino que desde esos canales 10 tuyos que llevan a las [35] alturas riegue yo mi intelecto con los alumbramientos de tu sabiduría.

1 Cf. H. I 9, n. 3. También en PÍNDARO , Olímpicas I 8 s., se conjugan estas tres ideas: el himno, la corona trenzada (a la que alude con el verbo amphibállomai ) y la sabiduría. Por su parte, la imagen de la «fuente santa» (el Padre) del v. 1 (pagâs hagías; cf. H. I 157, 171, etc.) sirve también en la Patrística para referirse a las Sagradas Escrituras, cf. HIPÓLITO DE ROMA , El Anticristo I 1 (del mismo modo en el judaísmo, cf., en los textos de Qumrán, el Documento de Damasco , col. III 17, col. VI 5; y Números 21, 18).

2 De nuevo el Espíritu Santo: cf. H. III 53, n. 12.

3 Cf. H. I 207 ss. Tanto «los frutos» como el «Intelecto» deben ser los sujetos del verbo ménousi (cf. ed. LACOMBRADE , n. ad loc. ), con lo que se insiste en la unidad de las tres hipóstasis.

4 Para esta interpretación, más acorde con la función reveladora del Verbo, cf. ed. LACOMBRADE , n. ad loc. Otra posibilidad (así Terzaghi y Dell’Era) sería: «Tú eres la semilla oculta, resplandeciente, del Padre».

5 Para PLOTINO , Enéadas IV 3, 5, «las almas nacen de las inteligencias».

6 Cf. H. VIII 33.

7 Cf. H. I 190, n. 35.

8 Cf. v. 5, n. 1.

9 Eurípōn: «de los estrechos», donde es mayor la violencia del flujo y reflujo de las aguas, violencia que era proverbial en el estrecho entre el Ática y Eubea, llamado antonomásticamente el Euripo: cf. EURÍPIDES , Ifigenia entre los Tauros 6 s.; ARISTÓTELES , Ética a Nicómaco 1167b 7.

10 Cf. H. I 306, II 203.

HIMNO V

Con el nacimiento de un nuevo día el poeta vuelve a cantar a Dios, como hacían los antiguos cristianos, según el testimonio de PLINIO EL JOVEN , Cartas X 96, 7 (recuérdese que, desde muy pronto, se asoció la resurrección de Cristo con el nacimiento del sol: cf. CIPRIANO , Cartas 63, 16). A una concepción del universo basada en los alejandrinos le sigue la alabanza de la Trinidad (v. 26) y su poder, con expresiones que apuntan (como en el H. I) al gnosticismo o a la mística de los Oráculos caldeos (cf. n. 17).

Tanto el contenido (aún se percibe con fuerza el influjo de Hipatia) como la versificación (muy familiar a la lírica pagana) hacen pensar que nos encontramos ante uno de los himnos más antiguos.

Métrica: dímetro jónico menor, a menudo por anaclasis, bajo la forma de anacreóntico (cf. H. IX).

De nuevo la luz, de nuevo la aurora, de nuevo el día resplandece tras la tiniebla noctívaga. Canta de nuevo, corazón [5] mío, en himnos mañaneros a Dios, que dio la luz a la aurora, que dio a la noche estrellas, coro que danza alrededor del universo.

[10] La superficie de la materia turbulenta 1 la ocultó el éter, alzado en lo más puro del fuego, donde la luna radiante corta el extremo inferior de su órbita 2 . Más allá de la octava esfera 3 de esas revoluciones portadoras de [15] astros, un flujo vacío de estrellas, que arrastra bajo su seno los repliegues 4 de curso retrógrado 5 , danza en torno al gran Intelecto 6 , que con sus blanquecinas alas cubre [20] los extremos del universo soberano 7 . Más adelante, un bienaventurado silencio envuelve la indivisible división de los Intelectuales y de los Inteligibles 8 .

La única fuente, la única raíz brilla bajo la forma de [25] una triple luz: pues allí el abismo del Padre, allí también el Hijo glorioso, ese alumbramiento del corazón, sabiduría artesana del universo 9 , y el resplandor de unidad de la [30] Espiración Santa 10 brillan. La única fuente, la única raíz revela la opulencia de sus bienes y al germen supraesencial 11 [35] que hierve bajo los impulsos generadores: aquélla ilumina 12 los admirables resplandores de las esencias bienaventuradas, desde donde, ya en el universo, el coro [40] de imperecederos soberanos 13 canta en himnos intelectuales la gloria del Progenitor y a la primera Forma por él sembrada. Cerca de sus benévolos creadores, el ejército inmarcesible [45] de los ángeles, unas veces con la mirada fija en el Intelecto, recoge el principio de la belleza, otras con la mirada fija en las esferas, rige los abismos del universo, [50] arrastrando el universo superior hasta incluso el último confín de la materia, donde la naturaleza abatida crea la [55] turba tumultuaria y artificiosa de los demonios 14 : desde allí los héroes 15 , desde allí el espíritu 16 , diseminado ya alrededor de la tierra, vivifican las partes del mundo por medio de sus formas variopintas.

Todo se sujeta a tu voluntad. Tú eres la raíz de las [60] cosas presentes y de las pasadas, de las futuras, de las posibles; tú eres el padre, tú la madre; tú el varón, tú la [65] mujer 17 ; tú la voz, tú el silencio; la naturaleza generadora de la naturaleza; tú el Señor, la eternidad de la eternidad. Sea lícito proclamarlo: gran gloria a ti 18 , raíz del universo; gran gloria a ti, centro de los seres, Unidad de los números [70] inmortales, soberanos originales sin esencia 19 . Gran gloria a ti, gran gloria a ti, porque de Dios es la gloria.

A los coros de mis himnos presta propicios oídos; [75] revélame la luz de la sabiduría; derrama sobre mí una gloriosa felicidad; derrama sobre mí la gracia con la lustrosa unción de una vida bonancible, arrojando lejos la pobreza [80] y la calamidad terrenal de la riqueza; rechaza de mi cuerpo las enfermedades y el desordenado empuje de las pasiones 20 . Las cuitas que afligen las entrañas recházalas de [85] mi vida, para que al plumaje de mi intelecto no lo abrume la ofuscación de la tierra 21 , y, así, levantando mis alas en libertad, pueda yo danzar alrededor de los misterios [90] tan inefables de ese germen tuyo.

1 Polykýmonos: literalmente, «agitada por muchas olas», como el mar en SOLÓN , 1, 19 ADRADOS ; EMPÉDOCLES , 38, 3 DIELS .

2 Es la órbita del satélite (cf. la idea en el Sueño de Escipión ciceroniano, De Republica VI 17) la que separa el mundo sublunar de las regiones superiores del universo, constituidas por el éter, que es ese quinto elemento divino, de sutil fuego (pyrípnous en Himnos órficos V 3), sobre el que versan los primeros capítulos del tratado aristotélico Del Cielo 269a-270b.

3 La octava esfera es la de las estrellas fijas, por debajo de la cual se hallan las otras siete de los planetas: cf. PLATÓN , República 616d ss.; CICERÓN , De Republica VI 17; IRENEO , Epídeixis 9.

4 Los «repliegues» del cielo o del éter: cf. H. II 161, n. 22.

5 Fue Hiparco el primero en hablar de esta novena esfera, «la más exterior de todas y sin estrellas» (según el testimonio del bizantino JUAN FILÓPONO , De opificio mundi XV 20), en relación con su gran descubrimiento de la precesión de los equinoccios.

6 Para CICERÓN , De Republica VI 17, la más exterior de las nueve esferas es «el dios supremo».

7 El «universo soberano» corresponde al empýrios kósmos de los Oráculos caldeos. El epíteto poliós , que traducimos por «blanquecino», alude al fuego astral (cf. H. I 30, II 173) y a la eternidad (cf. H. I 410 s.): cf. ed. LACOMBRADE , n. ad loc.

8 Cf. H. I 177, n. 33.

9 Cf. H. I 425.

10 Cf. H. II 98, n. 14.

11 Hyperoúsion: cf. el término en PLOTINO , Enéadas VI 9, 3; PROCLO , Institutio Theologica 115; etc.

12 Prolámpei con valor transitivo, como en H. IV 13, n. 4.

13 Sinesio parece referirse así «a la primera clase de dioses hipercósmicos, a los arcángeles de Jámblico» (ed. LACOMBRADE , n. ad loc. ): cf. Mist. Egipc. II 4 y 7.

14 «Los demonios de la materia»: cf. H. I 90, 541, II 258.

15 Sigo la interpretación de Lacombrade y Garzya, que consideran hérōs nominativo plural contracto. Estos héroes son auxiliares de la divinidad: cf. H. I 292; JÁMBLICO , Mist. Egipc. II 1.

16 «En esta procesión del ser al no-ser» (ed. LACOMBRADE , n. ad loc. ), sin atender al orden jerárquico, Sinesio ha mencionado, desde el v. 45, a los ángeles, los demonios, los héroes y el espíritu.

17 Cf. H. I 186, n. 34.

18 Literalmente: «salve», «te saludo», «mi mayor saludo».

19 Cf. H. I 152, n. 25 y 174 s., n. 32.

20 Cf. H. IV 28 ss.

21 Tanto la idea como los términos empleados son un reflejo de PLATÓN , Fedro 246d-e.

HIMNO VI

La sobriedad de este «canto de Epifanía» (cf. ed. LACOMBRADE , pág. 84) contrasta con el lirismo del resto de la colección. Sobre la base del texto evangélico (Mateo 2, 1 ss.), Sinesio compone ya algo muy parecido a un kontákion bizantino. Por otra parte, ciertas características testimonian su uso litúrgico (cf. n. 3).

Los Himnos VI, VII y VIII forman una «trilogía cristiana» y pertenecen al período comprendido entre el matrimonio de Sinesio y su elevación al episcopado. Cronológicamente, este himno, por su simplicidad y perfección métrica, ha de ser el último.

Métrica: telesileo acataléctico (cf. H. VII y VIII).

Yo, el primero, encontré una melodía para ti, bienaventurado, inmortal, gloriosa progenie de una virgen 1 , [5] Jesús de Sólimo 2 , para tañer con armonías recién fijadas las cuerdas de mi cítara. Sé, pues, benévolo, Señor, y acepta los musicales tonos de mis cantos sagrados 3 .

Vamos a entonar un himno al imperecedero Dios, al [10] gran Hijo de Dios, al que engendra el universo, descendencia del Padre creador de la eternidad, a su naturaleza omnipresente 4 , a su sabiduría infinita, para los del cielo [15] Dios, para los de debajo de la tierra cadáver 5 .

Cuando sobre la tierra te derramaste de un vientre mortal, la muy juiciosa ciencia de los magos se asombró, [20] irresoluta, ante el nacimiento de una estrella 6 . ¿Qué era esta criatura dada a luz? ¿Quién este Dios oculto? ¿Dios, cadáver 7 o rey? Vamos, presentad 8 vuestras dádivas: el [25] don fúnebre de la mirra, la ofrenda de oro, la suave fragancia del incienso. Eres Dios, recibe el incienso; el oro [30] al rey se lo traigo; a la mirra la tumba le corresponderá 9 .

Purificaste la tierra y las olas marinas y los caminos [35] demoníacos, las sutiles corrientes del aire 10 , y los rincones infernales, tú, socorredor de los muertos, Dios enviado al Hades 11 .

[40] Sé, pues, benévolo, Señor, y acepta los musicales tonos de mis cantos sagrados 12 .

1 Parthénou: cf. H. III 1, n. 1.

2 Sinesio emplea el término Solymḗie , «solimeo, de Sólimo», de ascendencia homérica (Il. VI 184, 204; Od. V 283) en vez de Hierousalēn , que figura en las Cartas 41 y 42. En cuanto a los sólimos, HERÓDOTO , I 173, los identifica con los milias de Licia, y QUINTO DE ESMIRNA , Posthoméricas II 122, califica a su ejército de «sagrado», hierón , pero esto no parece tener relación con el nombre de Jerusalén (Hierosólyma, Hierousalēm) , sino con el culto de Zeus Solimeo.

3 Los vv. 7-9 forman un estribillo que se repite al final, vv. 40-42. Esta característica y la invitación a los fieles del v. 26 apuntan hacia una utilización litúrgica del himno: cf. ed. LACOMBRADE , págs. 11 y 85.

4 Pantomigê: literalmente, «mezclado con todas las cosas».

5 Un Dios que fue cadáver para vencer definitivamente a la muerte: cf. el v. 25 y, por ejemplo, Romanos 6, 9.

6 Cf. Mateo 2, 1 ss.

7 Cf. v. 17, n. 5. Poco más abajo, en los vv. 30-32, se relacionarán con estos tres términos los tres presentes de los magos.

8 Cf. n. 3.

9 Es la exégesis que se encuentra en toda la tradición patrística: por ejemplo en IRENEO , Contra las herejías III 9, 2; ORÍGENES , Contra Celso I 60 («el oro como a rey, la mirra como a mortal, el incienso como a Dios»); etc. Como antecedente literario puede citarse (ed. LACOMBRADE , n. ad loc. ) a PRUDENCIO , Cathemerinon XII 69 ss. Recuérdese, en el caso de la mirra, que este bálsamo se empleaba, entre otros usos, para ungir a los difuntos (cf. Juan 19, 39) y para, mezclado con el vino, ofrecerlo a los ajusticiados como bebida embriagadora (cf. Marcos 15, 23).

10 Celso (cf. ORÍGENES , Contra Celso VHI 31 y 58) creía que los daímones poblaban el aire y el éter. Esta idea procede de creencias populares que dejan su huella, por ejemplo, en la filosofía pitagórica y en múltiples escritos: cf. QUINTO DE ESMIRNA , Posthoméricas I 252 s., XI 465 s.; e incluso I Tesalonicenses 4, 17.

11 Tanto en estos versos como en el H. VIII se ha querido ver la influencia de la figura y el mito de Heracles. Para este tema y el del descenso de Cristo a los infiernos, cf. H. VIII 16, n. 6.

12 Cf. n. 3.

HIMNO VII

Este himno, sin consideraciones doctrinales, se reduce simplemente a una íntima plegaria que el poeta hace a Cristo por sí mismo y por su familia (vv. 19-41). Tanto los primeros versos como los últimos contienen una doxología.

Debió de ser compuesto poco después del matrimonio del autor, en 403 ó 404.

Métrica: telesileo con y sin catalexis (cf. H. VI y VIII).

Al compás de la armonía doria 1 elevaré el sonoro acento de las cuerdas de mi lira, incrustada de marfil, en honor a ti, bienaventurado, inmortal, gloriosa progenie de una [5] virgen 2 .

Tú conserva mi vida totalmente indemne, soberano, haciéndola inaccesible a los pesares, tanto de noche como de día. Haz resplandecer en mis entrañas la llama que [10] nace de la fuente intelectual. A mi juventud concédele la fuerza de unos miembros sanos y la gloria en sus empresas 3 , y lleva los prósperos años de mi existencia hasta [15] una vejez placentera, incrementando en mí el don precioso de la sabiduría junto con la salud.

[20] Protege a mi hermano 4 , a quien, hace poco, tú, inmortal, me devolviste de nuevo a la luz, cuando ya su pie franqueaba las puertas del mundo subterráneo. Mis cuitas, [25] y mis lamentos, mis lágrimas y el fuego que ardía en mi interior los extinguiste: y es que, muerto como estaba, le diste vida, Padre, por mor de tu siervo. A mis dos hermanas 5 [30] y a los dos niños protégelos. Toda la casa de los Hesíquidas 6 ampárala bajo tu mano. A la compañera de mi lecho conyugal, Señor, a mi esposa, presérvala lejos [35] de las enfermedades, indemne, fiel, concorde, desconocedora de proposiciones 7 clandestinas: que esta sagrada unión cuide ella de mantenerla totalmente inmaculada, santa, [40] inaccesible a inicuos deseos.

Mi alma, libre de los grilletes de la vida terrenal, sustráela a los pesares y a la ruinosa ofuscación 8 y concédele [45] elevar sus himnos junto con los coros de los santos.

En honor de la gloria de tu Padre, en honor de tu poder 9 , bienaventurado, de nuevo compondré mis himnos, [50] de nuevo entonaré para ti mi canto y, pronto, templaré de nuevo mi cítara totalmente inmaculada.

1 La más seria, digna y viril, y, por tanto, la más adecuada para la educación de los jóvenes: cf. PLATÓN , República 399a-c; ARISTÓTELES , Política 1342bl0 s. BASILIO , Discurso a los jóvenes IX 9.

2 Cf. H. VI 2 s., n. 1.

3 En unos términos bastante parecidos se expresa PROCLO , Himno a Helio 40 ss. La petición a Dios de salud y fortaleza es constante en los versos de Sinesio (H. I 507, 544 ss., II 275 s., III 34 s., IV 28, V 83, VII 5 s.): cf. Eclesiástico 38, 9; Odas de Salomón 18, 3; PSEUDOHIPÓLITO , Eis tò hágion Páscha , pág. 119, 2 ss. NAUTIN (recuérdese que, según la repetida frase de JUVENAL , X 356, lo que el hombre sabio debe rogar a los dioses es la salud de alma y cuerpo). Como se ha observado (cf. ed. LACOMBRADE , n. ad loc. ), Sinesio desea que ninguna pasión, corporal o anímica, lo aparte de su ideal. Puede que también le influyan las concepciones generales del Filebo platónico.

4 Evoptio, hermano mayor de Sinesio según se indica en la Carta 95. En general, la correspondencia de nuestro poeta revela el amor y la confianza que le unían a su hermano, de cuyo peligro de muerte y milagrosa salvación se nos informa en estos versos.

5 Por la Carta 75 conocemos el nombre de una de ellas, Estratonice. De la otra sabemos, por la Carta 145, que su esposo se llamaba Amelio y que tenía una hija. LACOMBRADE , Rev. Étud. Grec. 69 (1956), 67 ss., piensa que los dos niños del v. 30 no son los hijos de Sinesio, sino sus sobrinos o sobrinas.

6 Hesiquio era el nombre del padre de Sinesio y, según la costumbre griega, también el del hijo primogénito de nuestro poeta (cf. Carta 55).

7 Oárōn: Lacombrade traduce «galanterías».

8 Cf. H. I 380, 708, 729; V 88.

9 Cantar la gloria de Dios es un deber también para EPICTETO , Pláticas I 16, 19 ss., y es una idea repetida, por ejemplo, en los himnos de las Constituciones Apostólicas: cf. Constit. Apost. VII 48, 3 ... soì prépei aînos, soì prépei hýmnos, soì dóxa prépei...

HIMNO VIII

Conservamos en este himno un canto triunfal, un epinicio de Cristo, «Padre coronado, glorioso» (vv. 10 y 28), deslumbrante imagen propia del Pantocratṓr (que ya en esta época se ve representado en pinturas y mosaicos), sin alusión alguna a la cruz (cf. ed. LACOMBRADE , pág. 92). Sinesio nos transmite en sus versos una nueva muestra del «descenso a los infiernos», de raigambre profana, con el claro antecedente del conocido texto apócrifo del Nuevo Testamento (cf. n. 6). Como en el caso del VI (sobre la Epifanía), el Himno VIII (con el tema de la Ascensión en su parte central, vv. 31-54) también parece destinado a un uso litúrgico.

Pertenece al período episcopal (410-413), pero es anterior al Himno VI.

Métrica: telesileo con y sin catalexis (cf. H. VI y VII).

A ti, amadísimo, glorioso, bienaventurado, progenie de la virgen de Sólimo 1 , te canto mi himno, a ti que arrojaste de los grandes jardines del Padre a aquella trampa insidiosa, [5] la infernal serpiente, que ofreció el fruto prohibido, alimento de un destino penoso, a la joven primigenia 2 .

A ti, coronado 3 , glorioso, a ti te canto mi himno, [10] Padre, hijo 4 de la virgen de Sólimo.

Descendiste hasta la tierra para habitar, con un cuerpo mortal, entre los efímeros 5 hombres, y descendiste al [15] fondo del Tártaro 6 , donde, por millares, las naciones de las almas se hallaban bajo el dominio de la muerte: se estremeció 7 ante ti entonces el viejo Hades, el de antiguo [20] origen, y el perro devorador de pueblos 8 , ⟨demonio⟩ 9 de poderosa fuerza, se retiró del umbral. Tras librar de [25] sus pesares a los coros santos de las almas, junto con los cortejos inmaculados elevas himnos al Padre.

A ti, coronado, glorioso, a ti te canto mi himno, [30] Padre, hijo de la virgen de Sólimo.

En el momento de tu ascensión 10 , soberano, temblaron las incontables naciones de los demonios del aire 11 ; quedó atónito el coro inmortal de los inmaculados astros [35] y el éter, radiante de gozo, sabio padre de la armonía, [40] templó la música de su lira de siete tonos 12 para el canto triunfal. Sonrió el Lucero de la mañana, mensajero del día, y el dorado Véspero, el astro de Citerea 13 . Con su cuerno luminoso lleno de un flujo de fuego los guiaba la [45] Luna, pastor de los dioses nocturnos. Su cabello de vasto resplandor 14 lo desplegó Titán 15 a tu inefable paso; reconoció al Hijo de Dios, intelecto de la mejor ciencia 16 , [50] principio de su propio fuego.

Tú, batiendo tus alas, de un salto atravesaste la bóveda [55] del cielo 17 , el azul firmamento, y te detuviste en las inmaculadas esferas intelectuales, donde está la fuente de los bienes y el cielo callado 18 . Allí no habita ni el Tiempo, [60] de profundo curso 19 , el de los pies infatigables, que arrastra a los nacidos de la tierra, ni las indignas calamidades [65] de la materia de profundo oleaje 20 , sino la propia Eternidad inmarcesible, la de antiguo origen, que es a la vez joven y vieja y custodia la sempiterna morada de los [70] dioses.

1 Cf. H. VI 3 s. (nn. 1 y 2), VII 5.

2 Cf. Génesis 3, 1 ss.; 2 Corintios 11, 3.

3 Cf. H. I 9, n. 3.

4 Intentamos mantener la imprecisión del original. En Sinesio, como vimos en H. III 66 (n. 16), el Hijo puede recibir el nombre de Padre.

5 Ephamérois: ya PÍNDARO , Píticas VIII 95, llamaba a los hombres «efímeros», «seres de un día».

6 La bajada a las regiones infernales cuenta con clarísimos antecedentes (ya desde el Poema de Gilgamesh ) en la literatura clásica: no sólo en Od. XI o en el mito de Er en PLATÓN , República 614b ss., por citar algunos ejemplos, sino también en el descenso al Hades de Salmoxis (HERÓDOTO , IV 95 s.; y cf. II 122) o el mismo Pitágoras (DIÓGENES LAERCIO , VIII 41). Pero Sinesio ha tenido muy presente un apócrifo neotestamentario, el Descenso de Cristo a los infiernos (la segunda parte del llamado Evangelio de Nicodemo , del todo independiente de la primera, las Actas de Pilato ), cuyo origen, aunque no su redacción actual, puede remontarse al siglo II d. C. Por otra parte, WILAMOWITZ (Sitzb. Ak. Berl. 14 [1907], 288) creía ver la figura de Heracles (mencionado por el poeta en sus Cartas 45 y 150) detrás de este Cristo de Sinesio. Téngase en cuenta que Heracles (que ya en la tragedia griega personifica al héroe salvador y se nos presenta como ideal ético) fue considerado por el estoicismo como el verdadero tipo del sabio (así en el Hercules furens de SÉNECA o en su De constantia II 1: cf. SERVIO , Ad Aen. VI 123, 395) y sus trabajos como un camino purificador del alma (cf. DIÓN DE PRUSA , Discursos V 23). Una cierta identificación de Cristo con Heracles ya se lee, por ejemplo, en JUSTINO , Apología I 54, 9. En el contexto gnóstico también encontramos al héroe: cf. HIPÓLITO , Refutación de todas las herejías V 26, 27 s.

7 Cf. Descenso de Cristo a los infiernos (versión latina B) II 2 («Entonces llegó Satanás, señor de la muerte, huyendo aterrorizado...»), III 1 («... la tierra y todos los lugares del infierno se estremecieron...»), IV 1 («Señor de la muerte, ¿por qué tienes miedo y tiemblas?»), VI 2 («... se espantó Satanás...»), VIII («Y he aquí que, de repente, el infierno se estremeció,...»).

8 Laobóros (hápax): en el citado Descenso de Cristo a los infiernos (recensión griega) IV 1 y 2, V 2, se califica al Hades de pamphágos , «devorador de todos».

9 Traducimos la conjetura de Mariotti, daímōn (cf. H. I 90 ss.), que puede tener a su favor (cf. ed. LACOMBRADE , n. ad loc. ) el hecho de que a Belcebú, en la versión latina A del Descenso , se le llama tricapitinus , «tricéfalo», al igual que el perro Cerbero (cf. SÓFOCLES , Traquinias 1098; APOLODORO , Biblioteca II 5, 12). Cf. M. SIMON , Hercule et le Christianisme , Estrasburgo-París, 1955, págs. 112 ss.

10 Frente a Hechos 1, 3-11, donde se habla de los cuarenta días que pasaron entre la resurrección y la ascensión de Cristo, en los versos de Sinesio no existe entre los dos acontecimientos ningún corte cronológico, en consonancia, pues, con Marcos 16, 19, Lucas 24, 50-53, Juan 20, 17, y, en general, con los escritores cristianos de los primeros siglos: cf. ed. LACOMBRADE , n. ad loc.

11 Cf. H. VI 36, n. 10.

12 Parece que el dato tradicional de las siete cuerdas de la lira (cf. Himno homérico a Hermes [IV] 51; IÓN DE QUÍOS , Fragmentos elegíacos 3, 3 BERGK ; EURÍPIDES , Alcestis 446; etc.) se une aquí a la noción de la música de las ocho esferas (cf. H. V 14; y PLATÓN , República 616d ss.), que, según el testimonio de CICERÓN , De Republica VI 18, producen siete sonidos distintos, imitados por los hombres doctos en los instrumentos de cuerda y en los cantos.

13 El planeta Venus como lucero de la tarde: cf. PLATÓN , Epinómide 987b.

14 Euryphaê: en el Himno homérico XXXI 2 y 4, la esposa de Hiperión y madre de Helio es Eurifesa.

15 Cf. H. III 20, n. 6.

16 Aristotéchnan: este epíteto se aplica a Zeus en PÍNDARO , Fr. 48, 2 BOWRA .

17 Ouranoû/... nṓtōn: cf. una expresión similar en PLATÓN , Fedro 247c.

18 «El cielo de silencio» traduce Lacombrade, donde se encuentra la morada de los dioses trascendentes, según los Oráculos caldeos, Fr. 16 DES PLACES .

19 Cf. H. I 245, n. 43.

20 Cf. H. V 9, n. 1.

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30 января 2026
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9788424932183
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