Читать книгу: «Elige solo el amor»
Elige solo el amor
Libro 3: Homo-Christus Deo
Manifestaciones de un coro de ángeles a Sebastián Blaksley

Elige solo el amor. Libro III: Homo-Christus Deo
© de los textos: Sebastián Blaksley, 2019
© de esta edición: Editorial Tequisté, 2020
Coordinación editorial: M. Fernanda Karageorgiu
Corrección: Noelia González Gerpe
Diseño gráfico y editorial: Alejandro Arrojo
1º edición: agosto 2020
Producción editorial: Tequisté
contacto@txtediciones.com.ar
www.tequiste.com
ISBN: 978-987-4935-56-4
Se ha hecho el depósito que marca la ley 11.723
No se permite la reproducción total o parcial de esta obra, ni su tratamiento informático, ni su distribución o transmisión de forma alguna, ya sea electrónica, mecánica, digital, por fotocopia u otros medios, sin el permiso previo por escrito de su autor o el titular de los derechos.
LIBRO DE EDICIÓN ARGENTINA
Blaksley, Sebastián
Elige solo el amor: libro 2: déjate amar / Sebastián Blaksley. - 1a ed. - Pilar: Tequisté. TXT, 2020.
Libro digital, EPUB
Archivo Digital: descarga y online
ISBN: 978-987-4935-56-4
1. Religión Cristiana. 2. Espiritualidad Cristiana. 3. Dios. I. Título.
CDD 248.4
Un mensaje de Sebastián
El amor incluye todo lo que somos. Desde nuestra realidad humana nos puede llevar más allá de nuestras ideologías, culturas, educaciones, personalidades y creencias, hacia lo que no puede ser expresado en palabras porque está más allá de todo límite. Esta es la razón por la que, en esta oportunidad, los ángeles expresan su amor universal utilizando símbolos concretos. En mi caso, los propios de una persona laica, devota del siglo XXI, nacida en Argentina y con educación católica. Sin embargo, durante las manifestaciones, se entiende con claridad que el amor es universal y su voz va dirigida a todos y todo. El amor no hace excepción de personas. Es siempre inclusivo.
Sé, por lo que escucho, veo y experimento, que los mensajes recibidos son para todo el mundo e incluso para todos los tiempos, a pesar de la dificultad que a veces experimentamos por causa de la limitación de las palabras humanas, las cuales pueden separar, a pesar de que están ahí para explorar y unir.
Espero de todo corazón que todos se sientan incluidos dentro del abrazo del amor de Dios, expresado de un modo particular en estos mensajes del cielo, no para que se entiendan estos escritos como especiales ni como un puerto de llegada, sino como un trampolín o puerto de salida desde el cual nos animemos cada día más a expresar con nuestra voz particular el amor divino que vive en nosotros. En otras palabras, dar a conocer esa parte del amor que solo cada cual puede manifestar.
Si somos capaces de entender las palabras y símbolos de esta obra como medios y no como un fin, y recibimos estos mensajes con el corazón y no con la mente pensante, podremos ir, más allá de los símbolos, hacia el amor que los suscita y comenzaremos a recordar a nuestro primer amor, es decir a Dios.
Tal como Jesús lo ha dicho en el capítulo 1 del libro 5 titulado “La dulzura del amor”:
...Antes de seguir adelante por el camino de la dulzura del amor, es importante que recuerdes que los nombres, al igual que las palabras, no tienen un significado propio en relación con el reino de la verdad divina. Sin embargo, en el plano de las percepciones, los nombres pueden significar mucho, al igual que las palabras. No te olvides que el amor no tiene palabras.
En esta obra se han utilizado deliberadamente nombres con un alto contenido emocional y dotados de muchos significados a lo largo de siglos. Nombres tales como Jesús, María, Espíritu Santo, Dios, y muchos otros pueden ser signos de contradicción.
No podemos escapar a las leyes de la percepción mientras se viva en ella. Tampoco hay por qué hacerlo. El amor de Dios no se salta nada de lo que hayas creado en tu mundo. Más bien se une a ello y, desde esa unión, lo transforma junto contigo en medios eficaces para que la verdad que está más allá de toda palabra brille libremente.
Esta obra no busca prosélitos ni seguidores. Tampoco busca evangelizar o compartir una sabiduría que otros no conocen. Si esta fuera la meta, esta obra carecería de sentido porque intentaría enseñar lo que todos saben: el amor.
Se han elegido los nombres que se eligieron y el contexto que se eligió para que esta obra salga a la luz por múltiples razones, muchas de las cuales exceden el propósito de estos escritos. Sin embargo, hay una razón que es esencial a la meta de la sanación de la memoria y el refuerzo de tu verdadera identidad...
Estos escritos son una carta de amor de Dios, el padre, para sus hijas e hijos bien amados. Va dirigida a la sanación de la memoria para que, una vez sanada resplandezca en nosotros el recuerdo de un amor que no tiene principio ni fin: el amor de Dios, en cuyo centro vive nuestro ser.
Cómo se originó
El 3 de octubre de 2018, súbitamente una presencia que era todo amor, y cuya magnificencia, belleza y benevolencia no se pueden describir, vino a mí de un modo que nunca había experimentado. Se presentó diciendo: “soy la medicina de Dios”. Se me dio a entender con perfecta claridad que era el Arcángel Rafael en toda su gloria. Me dijo que orara una oración en particular durante nueve días. También me dictó las intenciones por medio de inspiración interior. Así lo hice. La oración consistía en rezar cinco Padrenuestros, cinco avemarías y cinco glorias, tal como estas oraciones son descriptas en la Iglesia católica, a la que pertenezco.
El día 13 de octubre, al día siguiente de finalizar la novena de oración, comencé a recibir la visita gloriosa de un coro de incontables ángeles de Dios, cuyo amor y belleza son indescriptibles. En el coro viene una voz, que es la de Cristo, la cual es expresada en una forma inefable.
La voz se hace imagen y se muestra en símbolos visibles para el espíritu. Lo visto luego es puesto en palabras escritas y grabado por mi voz humana, para que también quede plasmado en la palabra dicha. Cada sesión viene a mí de esa manera. La secuencia es la siguiente: recibo las imágenes que el coro presenta, luego el coro se retira, los arcángeles Rafael y Gabriel quedan como custodios, o presencias amorosas, hasta que es transcripto el mensaje o la sesión en cuestión.
El glorioso arcángel Rafael es quien guía la transcripción, permitiendo que se reciba el mensaje y que lo mostrado se pueda pasar de imagen a palabra. El arcángel Gabriel es custodio amoroso de todo lo que atañe a la obra; no solo en referencia a la manifestación en sí y a los escritos, sino a todo lo que de ellos surge y surgirá.
Los mensajes, o sesiones, me son mostrados como en un cuadro de gran belleza en el que cada forma (que no tiene forma) es en sí una voz, un “sonido-imagen”. Es como el tañido de un arpa que se hace palabra. Este es una vibración de música celestial cuya frecuencia no es como la de los sonidos del mundo. Es una especie de “vibración- frecuencia” que el alma conoce perfectamente bien y que con perfecta certeza reconoce como la voz del cordero de Dios. Una vez que todo es transcripto, en palabras escritas y dichas, entonces el coro se presenta en toda su gloria una vez más, como si vinieran a buscar a los santísimos arcángeles Rafael y Gabriel, y todos juntos se retiran cantando un hosanna al Cristo de Dios.
Ese hosanna cantado por el coro de ángeles es un majestuoso canto de alabanza y gratitud al creador, por el misterio infinito de amor que es la segunda venida de Cristo. Es un preludio de su venida. Si los hombres fuéramos capaces de comprender, en toda su magnitud, el inefable misterio de amor que significa la segunda venida de Cristo, cantaríamos eternamente las misericordias de Dios en unión con los ángeles y toda la creación.
Durante las visiones, en ciertas oportunidades, me son mostrados textos de otros tiempos, algunos de los cuales nunca había conocido. Ellos encierran dentro de sí una sabiduría que no es del mundo. En particular me han sido mostrados los escritos de la Bhagavad Gita, Santa Teresa de Jesús, la sabiduría sufí expresada por medio de los textos de Rumi, así como pasajes específicos del Antiguo y Nuevo Testamento. Todo ello unido a su significado. Lo que me fue mostrado está reflejado en esta obra. De este modo, la revelación desea expresar que la sabiduría es una y que es la misma voz de Cristo la que se expresa en toda manifestación en la que ella es plasmada, a lo largo de los siglos, sin importar el contexto cultural, religioso o mental de quienes reciben la revelación. En otras palabras, lo que se pretende expresar es que somos una sola mente, un solo corazón, un solo ser, unidos en la verdad.
En los casos en que la mismísima virgen María o Jesucristo se hacen presentes en su persona humana y divina, y se comunican en forma directa, el coro de ángeles del cielo y toda la creación quedan enmudecidos de amor. Un silencio que es sagrado y de pura expectación rodea sus presencias benditas, por decirlo de algún modo. Los ángeles inclinan sus cabezas, fijando sus miradas hacia abajo y quedan arrobados en un éxtasis de amor, veneración y contemplación. Nada ni nadie se atreve, ni puede, interrumpir el silencio santísimo en el que el universo queda sumergido ante la soberana presencia de María y de Jesús, cuando le hablan en forma directa a nuestras almas. Esto se debe a que ese espacio de dialogo, entre Cristo y el alma, es un espacio inviolable. Es el templo sagrado de la intimidad del alma con Dios.
Durante las manifestaciones, todo mi ser experimenta una gran paz y alegría. Es como si fuera abrazado por el amor universal. Al finalizar la misma, el cuerpo manifiesta un gran cansancio. Pareciera que le cuesta sostener la energía que recibe. La parte de la manifestación que incluye al coro de ángeles, la voz y las imágenes, es algo que ocurre en cualquier momento, lugar o circunstancia. Sin embargo, la transcripción de los símbolos recibidos en palabras escritas y luego dicha ocurre cuando puedo ponerme a disposición para hacerlo. Puede ser en forma inmediata o varios días después.
El mensaje principal de esta obra podría resumirse de la siguiente manera: ha llegado el tiempo de una nueva humanidad. Una humanidad que está lista para que manifieste en cada uno de nosotros al Cristo viviente. Somos Cristo. Esta es la verdad acerca de nosotros, aunque nos percibamos de un modo diferente. Ya estamos preparados para poder vivir la vida en la certeza que dice: ya no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí. Ayudarnos a hacer real esta verdad en nuestras vidas, aquí y ahora, es de lo que se trata esta manifestación. Todo el cielo nos ayudará en este santo propósito, pues es en sí el segundo advenimiento.
Espero de todo corazón que quienes reciban esta manifestación se dejen amar cada día más por Dios, y de esa manera sean transformados por la belleza de un amor que no tiene principio ni fin.
Descripción de las manifestaciones
Cuando los arcángeles vienen, vienen sin alas. Son como personas (personas humanas) con túnicas. La túnica de San Rafael es verde y el borde de la túnica es dorado, la de San Gabriel es rosa, casi blanca, con el borde amarillo. Todas las túnicas son majestuosas, como si estuvieran hechas de una seda muy preciosa.
Las caras son alegres, radiantes, con una piel amarillenta muy clara y todos tienen el pelo largo hasta el hombro, como si fueran dorados, rubio-dorado... Sus ojos son verdes... Todos tienen características particulares, de modo tal que se identifican muy bien en su singularidad. Sus cuerpos están radiantes de luz en un brillo sereno que genera paz a la vista y un gran sentido de belleza y armonía.
En el coro de los ángeles hay muchos de ellos con túnicas de color rosa claro y azul claro, otros con dorado claro... Todos en colores pasteles, con una luminosidad serena. Algunos tienen túnicas verdes, como si fueran esmeraldas, pero un poco más tenues.
Sorprende la expresión de felicidad permanente. Todo es alegría en ellos, ángeles y arcángeles. Un día me dijeron que irradian felicidad perpetua porque siempre dan alegría.
La presencia de los ángeles está rodeada de luz blanca y majestuosa, como si vivieran en un mediodía eterno de amor y luz que nunca se apaga. Además, la visión se presenta con una canción que es un coro celestial, el cual suena en todos los rincones del universo. Es como el sonido de millones de arpas que suenan al unísono, formando una sinfonía amorosa de gran armonía.
Las vibraciones son de tal cualidad, que calman la mente y el corazón, dando paz a todo el ser. Uno sabe, sin saber cómo, este himno es una especie de himno-oración-alabanza que es canción inmemorial. Es el canto de gratitud de la creación hacia Dios, Padre y creador, por haberla llamado a la existencia. Es la música celestial que el alma ha dejado de escuchar y que cuando regrese a la casa del Padre, recuperará y volverá a oír. Es una canción olvidada y amada por siempre por el alma que ama a su Padre y creador.
Cabe señalar que la belleza inefable de las visiones de los ángeles y los arcángeles, la cual no puede expresarse plenamente en palabras humanas, deja al alma sumergida en un éxtasis de amor y arrobamiento, del cual participa todo el ser. No hay alegría, ni felicidad en la tierra que pueda compararse con este éxtasis que genera la visión de la grandeza, magnanimidad y hermosura de los ángeles y arcángeles.
La inteligencia angélica es de tal grado que supera todo entendimiento del mundo. Sus pensamientos viajan a una velocidad que no se puede describir, incluso más rápido que el pensamiento humano. Sus pensamientos no tienen distorsión de ningún tipo, son pensamiento puro y no hay contradicción de ninguna especie. Todos son caridad perfecta y solo expresan una cualidad de santidad. Así como un relámpago atraviesa el firmamento, tanto más rápido los pensamientos angelicales atraviesan la mente.
La humildad, prudencia y simplicidad son las características centrales de los ángeles, y su mayor alegría es servir. Servir a Dios, sirviendo a toda la creación. Aman a los seres humanos, animales, plantas, piedras, elementos y todos los aspectos materiales e inmateriales de la creación, con un amor y ternura que, cuando se experimenta, es capaz de derretir incluso el corazón más duro. Estoy convencido de que la dureza del corazón procede muchas veces de una falta de experiencia de amor perfecto. Si cada uno de nosotros conociera el amor de Dios, no solamente lloraríamos de felicidad, sino que nos haríamos uno con el amor, y de nosotros brotaría solo amor.
Si bien la belleza y la magnanimidad de las visiones angélicas son inefables, estas son solo un pálido destello en comparación con la magnificencia, grandeza y cualidad inefable de Jesús y María. Nada en el universo se parece a lo que son sus corazones en términos de su realidad indescriptible.
El corazón de Jesús y María son la belleza eterna. Son la hermosura que no puede ser nombrada. Son Dios mismo hecho hombre y mujer. Son la alegría de los ángeles y la veneración de la creación. De ellos brota toda armonía, grandeza y santidad.
Las miradas de Jesús y María derriten todo el universo, por la ternura y el amor que irradian. Sus sonrisas son la pureza en sí misma y de ahí es que brota su hermosura. En su presencia, el alma queda fascinada en un éxtasis de veneración y contemplación que la deja muda. El alma se queda sin palabras y exhala un gemido de alegría que dice algo así, como un “¡ah!”.
Personalmente creo que el cielo consiste en tener la alegría de contemplar eternamente las miradas y sonrisas de Jesús y María.
Espero que se sepa entender algo de lo que intento decir al intentar describir lo indescriptible. Solo digo lo que veo, experimento y escucho. Solo digo que el cielo existe, que Dios existe y que es amor.
Esto es lo que me es dado a ver, oír y entender.
Con amor en Cristo,
Sebastián Blaksley, un alma enamorada
Buenos Aires, Argentina, enero de 2019
Nota aclaratoria
Tal como ha sido transmitido por la voz de la conciencia de Cristo, el mensaje central de la obra que ha sido denominada Soplo de amor vivo, y de la cual Elige solo el amor es parte integral, es el siguiente:
«Ha llegado el tiempo de la relación directa con Dios, una relación sin intermediarios, tal como lo era en el origen del tiempo».
En la relación directa con Dios es donde se alcanza la plenitud del ser y, por ende, la plenitud del amor. Esto se debe a que es en Dios donde eres tal como él te creó para ser. Es en la relación directa entre el creado y su creador donde el ser se conoce a sí mismo en la verdad de lo que es. Conocerse a sí mismo, tal como Dios lo conoce, es un anhelo inherente del ser, porque ser y conocer son en verdad uno y lo mismo.
Dado que el amor es relación, puesto que es unión, el amor divino solo puede conocerse en la relación con lo divino, es decir, con Dios. Dicho llanamente, conocerse a uno mismo en la relación directa con Dios es conocer a Dios, fin último de todo ser. Conocer a Dios es tu meta y tu destino.
En la relación directa con Dios es donde descubres, por medio de la revelación, la verdad de lo que eres: el Cristo viviente que vive en ti. Vivir en armonía con este descubrimiento es lo que significa retornar al amor.
Preludio
Un mensaje de Jesús, identificándose a sí mismo como “el Cristo viviente que vive en ti”
Amado mío,
¿Qué cosas turban tu corazón? Cuéntamelo todo. Soy tu Jesús de Nazareth. Soy tu ser. Soy aquel que vela por ti, mañana, tarde y noche. He venido en respuesta a los latidos de tu corazón. Te has hecho todo un torbellino de emociones, que se asemejan mucho al mar encrespado, donde un día demostré que mi voz puede atemperar el viento y calmar las aguas. Siento tus preocupaciones. Advierto tus miedos. Veo tu anhelo de amor y de paz, escondidos tras las nubes de tu emocionalidad y de la del mundo.
¡Hay, humanidad arremolinada! ¿Por qué os afanáis? ¿Acaso no es tiempo ya de vivir en paz? ¿No es acaso tiempo ya de aprender la lección de los lirios del campo y las aves del cielo?
Por qué os demoráis en venir a mí. Soy la paz que no tiene contrario. Soy la unidad del ser. Soy vuestro anhelo y vuestro refugio seguro. Toda preocupación, angustia o dolor proceden de no vivir en mí, pues no hacerlo significa no vivir en vuestro verdadero ser y no tener un ser es algo angustiante, si es que fuera posible.
Amado de mi sacratísimo corazón, es tiempo de que aceptes vivamente que eres uno conmigo, y vivas en esta realidad de modo pleno. Somos una unidad. Todo lo que sientes, lo siento yo. Todo lo que yo siento, lo sientes tú. Sí, hasta ahora has pensado en relación con nuestra unidad como una relación desde mí hacia ti. Esto ha sido por causa de tu humildad y falta de presunción, todo lo cual procede de la santidad de tu mente crística. Pero también debes aceptar el hecho de que una relación supone dos partes unidas. Al estar unidas, existe un flujo que va desde una parte hacia la otra y viceversa, a través de la relación. La relación, ya lo hemos aprendido, no es ni una cosa ni otra, sino que es lo que mantiene unidas a ambas cosas, haciéndolas una en la relación, sin dejar que cada cual sea lo que es.
Quiero que todo el mundo sepa que no existe un solo anhelo, deseo, sentir o pensar que no tenga un eco en mí. Y también quiero que sepáis que, aquellos que, por su propia voluntad, en unión con la gracia divina, se han hecho conscientes de la unidad que sois con todo, también sois conscientes de los latidos de mi divino corazón.
Alma enamorada, me queman las ansias de amor y verdad. Gracias por responder a mi llamada. Sigamos asidos de la mano y recorramos juntos los caminos del amor. Recuerda, a medida que sigues recibiendo estas palabras, cuánto te amo. Recuerda también que eres la delicia de mi corazón, el rostro del padre en la tierra y el amor encarnado.
Déjame llevarte dulcemente a lo más profundo del corazón de Dios, allí donde mora la ternura, allí donde la luz de la verdad brilla en toda su gloria. Déjame llevarte a la plena consciencia de tu resurrección a la vida eterna.
1
Cuarenta días hacia la resurrección
Un mensaje de Jesús, identificándose a sí mismo como “el Cristo viviente que vive en ti”
I. Preludio
Amado del cielo.
Hoy quiero invitarte a unirte a mí de un modo particular. Quiero que pases un tiempo a solas con vuestro ser de puro amor que soy. Un tiempo que nos llevará a la plena consciencia de la resurrección que eres en verdad. Yo mismo he recorrido este camino que hoy te invito a recorrer en unión conmigo, que soy el Cristo en ti.
Este camino hacia la resurrección (o hacia la toma de consciencia de la vida eterna que vive en ti) es un camino de relación entre iguales. Un camino de relación basado en el dar y recibir. Para recorrerlo y sacar el máximo provecho, hay ciertas cosas que deben ser recordadas. Una de ellas es que si hay relación tiene que haber intercambio. Esta realidad del intercambio existente entre las partes que conforman la unidad, por medio de la relación, es de lo que he venido a hablarte hoy. Muy especialmente hoy, que comienza en el calendario del mundo, un tiempo cuya energía espiritual no tiene parangón. Es el tiempo que muchos llamáis cuaresma.
Hijos, este es un tiempo de inicio de lo nuevo. Un tiempo en que mi divino corazón absorbe, en lo que llamáis la consciencia de Cristo, la universalidad del dolor y la angustia de un ser quebrantado, y lo transmuta en la radiante realidad de la resurrección. Os aseguro que no existe un tiempo de mayor gracia que este. Es el tiempo donde las promesas de la restauración, la cual forma parte de la historia de la creación se hace realidad consciente para todos.
Hoy comenzamos los cuarenta días que fueron necesarios hasta el tiempo de mi resurrección. Os quiero invitar, desde el inicio de este libro o volumen, el tercero dictado en esta obra a esta mano amiga, escriba del cielo, para que juntos recorramos esta cuaresma, la cual no es propiedad de un culto o de un sistema de creencias sino de todo el universo. La realidad de Cristo es siempre universal, tal como lo es el amor, sin importar cómo esta se manifiesta o expresa.
II. Cuaresma y creación
Lo que me ocurrió a mí cuando caminaba sobre la tierra, ocurre infinita y eternamente, porque soy eternidad y amor infinito. Lo mismo ocurre con vuestro verdadero ser. Pensar en la cuaresma y la resurrección, como un acontecimiento de alcance cósmico, es pensar en términos verdaderos. La resurrección y sus diferentes pasos o fases previas fueron parte de la realidad de toda la creación. No existe una sola dimensión de la divina realidad que no fuera alcanzada por ella.
La pasión, muerte y resurrección de Cristo fue el movimiento creativo del ser de puro amor que Dios es, por medio del cual, por decirlo de alguna manera, la ilusión de la caída fue transmutada en la verdad y santidad del pensamiento divino. La cuaresma, bien entendida, es el tiempo de recordación o restauración en la consciencia, de un hecho cuyo alcance no puede ser entendido por una mente separada. Esto se debe a que es un acto creativo y, por ende, un acto del amor, que es siempre unidad. Estos tiempos son de transformación en la luz de la santidad. Son de llevar todo a la cruz para que se vaya por siempre y podamos resurgir gloriosos en la resurrección.
Alma enamorada, te pido que, para recorrer este camino, que son los próximos cuarenta días, te conectes con tus sentimientos más profundos. Te pido que los observes, los abraces. Te pido también que observes, abraces e integres todo pensamiento que surja en tu mente. No nos vamos a dedicar a discernir entre lo verdadero y lo falso. Nos vamos a sumergir en un estado de consciencia nuevo. Nuevo para tu consciencia singular, eterno parar tu consciencia crística. El hecho de que este estado de consciencia cuaresmal sea eterno para Cristo, y que puedas sumergirte en él, es lo que hará que seas consciente de la unidad que somos y con ello de la unidad con todo lo que es verdad.
Tal como se os invitó a unirse a la consciencia crística universal, que es la consciencia de la plenitud del ser, durante los tiempos de la navidad, ahora se os invita a abrazar todo desde la consciencia cuaresmal. Este es el nombre que usamos para expresar un fenómeno de la consciencia crística que debe ser reconocido primero, aceptado después, para luego ser integrado a la experiencia del ser en tu humanidad. La cuaresma, y con ello todo lo que involucra, es un camino del alma. Es el camino por medio del cual el alma separada comienza a integrar, dentro de sí misma, todo lo que provocó la separación en todos y de esa manera lo crucifica, para luego poder vivir en la resurrección.
III. La consciencia de la resurrección
Vamos a recorrer una vez más el recuerdo de la muerte del ego, de tu ego, y la resurrección del Cristo en ti. Esto ya ocurrió y lo recuerdas bien. Sabes que el ego ya no está aquí y lo sabes bien. Tu consciencia lo sabe. Pero también sabes que aún queda la costumbre que procede de los patrones de pensamientos egoicos y las respuestas emocionales del ego. Esta cuaresma será un recorrido que vamos a hacer tú y yo para desprogramar esos patrones, soltarlos y dejar que la mente de Cristo sea la que los reemplace. Esto no se hará según lo que tú crees que debe ser hecho, conforme a lo que la mente pensante podría creer que debe hacerse. Esto se hará por tu voluntad conjunta con la divina, por medio de este proceso espiritual que llamamos el camino cuaresmal.
En la medida en que te unas a todo lo que surge en tu interior, días tras días, hora tras hora, durante estos cuarenta días, entonces irás experimentando las diferentes fases de este crecimiento de energías espirituales. La intensidad crecerá días tras días hasta llegar a su cenit, que es la resurrección. Es nuestro corazón el que nos guiará. Unirse plenamente a todo lo que sientes y piensas a cada instante es el camino de la unión y, por ende, un camino a la verdad.
Con esta introducción, hijos míos, amados del cielo, comenzamos la cuaresma. Comenzamos ahora mismo este camino, con la certeza de que es un camino de bendiciones, de gracias sin igual. Este es un camino, dentro de uno mayor, en el que vamos caminando hacia la luz de la resurrección. No se detengan en cada estación de esta cuaresma, ya que más bien vamos a ir siempre moviéndonos hacia adelante. Vamos a ir avanzando desde la más profunda oscuridad, la cual dejaremos que se manifieste y la abrazaremos en el amor, hasta llegar a la más clara luz, la cual también abrazaremos e integraremos en el amor. Luego, trascenderemos la sombra y la claridad, lo bueno y lo malo, lo grande y lo pequeño. La dualidad, para poder vivir definitivamente en la consciencia uno.
Esta es una invitación a recorrer el último camino que conduce a reconocer los patrones y respuestas emocionales de la consciencia dual, para llegar finalmente a comenzar a experimentar y vivir en la consciencia uno.
Recordad que a lo largo del camino iréis conociendo emociones de gran intensidad. No os detengáis en ellas, seguiremos hacia adelante siempre. La cuaresma es un tiempo de gran intensidad espiritual. No os preocupéis por eso. Este es un tiempo en donde energías espirituales poderosas confrontan unas con otras. Podríamos decir que es el último camino inútil hacia la cruz para poder llegar a la resurrección. Camino inútil porque no deja de ser parte de las ilusiones. Sin embargo, no deja de ser un camino real para ti que vives anclado en la consciencia dual.
Antes de seguir debemos reconocer que, si Cristo pasó por ese camino, debe haber una razón sagrada, cuyos efectos son universales, y, por supuesto, de puro amor divino. No despreciemos este don del cielo que es el camino cuaresmal. Si yo lo atravesé fue por amor a la verdad, obediencia al amor y por ti. Este es un camino lleno de gracia, plenitud y bendiciones, donde el cielo se une contigo. Ten presente durante este camino que el mundo es una gran ilusión y que llegará el día en que se descorra el velo y el mundo perdonado te permita ver la verdadera creación de Dios. Una creación donde reina el amor, la paz, la concordia y cuyo fundamento es el amor. Esa creación existe y lo sabes bien. Tu consciencia ya está anclada en esa realidad, que es la realidad del ser de puro amor y, por tanto, la única realidad creada por Dios.
2 Sanación y resurrección
Un mensaje de Jesús, identificándose a sí mismo como “el Cristo viviente que vive en ti”
I. Hombre-Dios
Amado del eterno, luz que brilla en todo lugar. Hoy hablaremos tú y yo a solas. Estamos aquí, en un lugar sagrado, en el silencio de nuestros corazones. Nos rodea el sonido del viento. Las aguas danzan y en su danza reflejan la serenidad del movimiento del espíritu de amor. Todo es paz, sosiego, armonía. Observa como los árboles bailan al compás de la brisa y los sonidos se suceden unos tras otros en un ritmo de pura belleza. En esta quietud que nos rodea somos uno en el amor y la verdad de nuestro ser. Unidos somos luz que brilla en las tinieblas, somos la morada de la luz. Somos la verdad que ilumina a cada hombre y cuya fortaleza no puede menguar jamás.
Quiero hablarte de corazón a corazón, como siempre. Quiero decirte que mi amor no te faltará jamás. Fuiste creado en el amor perfecto, y es ese amor el que te sostiene a cada instante. Esto no es una abstracción que no se conecta con la realidad de la forma. Cuando fue creada la idea del mundo, yo ya era, pues siempre existí, y también tú. No existe idea que pueda ser concebida que sea capaz de ponerle un límite al amor. Yo soy amor. Piensa en esta expresión. Yo soy amor. Recordar esta verdad es suficiente para llevar un corazón y una mente a la verdadera paz. Yo no soy solamente la pura potencialidad del ser. Soy el ser mismo y la fuente de todo ser. Como tal, soy pura voluntad amorosa. Pienso, experimento, siento, actúo. ¿Acaso no lo hago en ti y a través de ti?
Quiero que ingresemos juntos a una nueva dimensión. La dimensión del Dios humanado. Uno que, si bien está más allá de todo razonamiento limitante, no deja de ser uno con todo y, por ende, está presente también en la realidad de la forma. La separación entre la mente y el corazón ha llevado a creer en un estado separado de existencia al que se llama naturaleza humana o universo físico. Si hay algo que deseo de todo corazón que aceptes en este camino cuaresmal, es mi perfecta unión con lo humano. Soy Dios y soy hombre. Tal como lo eres tú. Esta verdad debe ser aceptada. Creer en un Dios incapaz de experimentar todo lo que conforma la vasta gama de la experiencia humana es no entender. Tú eres uno conmigo como yo lo soy contigo. Eres Dios. Sí, eres Dios en el sentido en que él te ha dado toda su naturaleza divina al crear tu naturaleza humana. No tengas miedo de decir “soy uno con Dios, y cuando lo soy, soy Dios mismo”.
La plena aceptación de la verdad de la unión de la naturaleza divina con la humana es lo que vamos a recorrer. Digo recorrer, pues será un camino. Nos iremos deslizando desde el punto de falta de aceptación, hasta llegar a la plenitud de la unión de las voluntades humana y divina. Existe esa falta de aceptación que estamos mencionando. Esto se manifiesta, ya no tanto en los razonamientos humanos, sino en la verdadera certeza de corazón. Crees que eres uno con Dios, pero no has hecho de esto una verdad aún. Ir desde la creencia a la verdad es de lo que estamos hablando. No hay un tiempo más propicio para hacer eso que la cuaresma. Sin dudas hay otros, pero ¿qué sentido tiene buscar otros caminos, los cuales son más largos, si puedes recorrer senderos más cortos, serenos y seguros para llegar a esta meta digna de ser alcanzada?
Cuando lloras, llora Dios. Cuando ríes, ríe Dios. Cuando hablas, habla Cristo. Cuando duermes, vela Dios. Todo lo que eres y haces es divino. Cuando comencé a recorrer el camino hacia lo que yo sabía a plena consciencia que sería mi crucifixión, y luego mi resurrección, te miraba a ti. Mi estado de conciencia me permitía hacerlo. Yo he visto y veo a todos los seres de la tierra. Incluso a todos los seres de todos los tiempos, dimensiones creativas, y potencialidades. No hay un solo pensamiento ni movimiento del corazón de ninguna criatura que no esté dentro de mí. Nadie puede pensar nada sin mí, pues soy la fuente del pensamiento. Nadie puede hacer nada sin mí, pues soy el movimiento del ser y su motor. Nada puede ser sin mí, puesto que es mi ser el que da existencia a lo que es. Yo soy. Incluso lo que no es verdad tiene un origen en mi ser de amor infinito.
II. Una sola voluntad
Durante mi vida en la tierra, yo, el Dios creador de todo lo que es, el todopoderoso, la sabiduría infinita, me uní a la totalidad de la naturaleza humana conscientemente. Como hombre, recorrí los mismos caminos que tú. Nací, comí, bebí, caminé, dormí, busqué y encontré. Esto no fue una fábula dantesca que apareció dentro del espectro observable de la historia de la creación. Fue una realidad que formaba parte de esa historia. Como Dios, sabía que, al extender mi ser, se extendería también aquello que no soy. Así mismo, sabía que el Cristo en mí, el cual también se había extendido a la creación (pues Cristo y yo somos uno y lo mismo), seguiría extendiendo el yo soy. Esto quiere decir que el Cristo encarnado, o esa parte de mi divinidad que se haría hombre, y de ese modo tú y yo pasaríamos a ser uno, es algo que formaba parte del plan original. Recuerda que la creación es movimiento. El movimiento de lo que aquí recordamos como consciencia cuaresmal es parte de los infinitos movimientos del espíritu de Dios.
¿Cómo podría hacerme uno contigo si no recorriera la totalidad de la experiencia humana? Cuando un hijo recién nacido llora en su cuna, ¿qué hace el padre? ¿Espera a que pase el tiempo, el niño crezca y pueda por sí mismo ir hacia él? No. Más bien se pone en movimiento y va hacia donde está el hijo, lo mira, lo levanta en sus brazos, lo atrae hacia su pecho y se hace uno con él, lo nutre y sacia. En ese movimiento el padre y el hijo se hicieron uno. Esta es una metáfora, pero que ilustra de modo sencillo lo que en la verdad ha ocurrido contigo, y al ocurrir contigo ha ocurrido con todos.
Crear un hombre-dios es lo que mi plan contemplaba desde antes de que la creación comenzara. Mi designio nunca fue crear nada separado, pues no es posible crear algo así, ni tiene sentido hacerlo. Una de las dificultades que tienes para entender la unión de ambas naturalezas, la humana y la divina, es que te centras en aspectos metafísicos, filosóficos y abstractos. Pero tu humanidad, expresada en la forma, es algo concreto. La creación de la forma fue parte del plan, lo que nunca fue parte del plan fue el opuesto al amor. Ese es el no soy de Dios que busca sustituir al yo soy divino. El dolor, el sufrimiento, los pensamientos de separación y todo lo que procede del opuesto al amor tenía que ser traspasado por mi santidad, que es también la tuya, para que tú puedas ser el que eres. Tú eres el hombre divinizado, del mismo modo en que Dios es el Dios humanado.
En términos de mi paso por la tierra como hombre Cristo, bien podríamos decir que la cuaresma, esos cuarenta días que antecedieron a mi resurrección, comienzan con un pedido: tomar la cruz y seguirme. Este no fue en vano. Fue un inicio necesario para poder llevar todo lo indeseado hacia ese lugar inefable en el que todo lo que no forma parte del amor es transmutado en él, o desvanecido para siempre. Tal como ya hemos dicho, cuando dije “el que quiera seguirme que cargue con su cruz y sígame” no fue una exhortación a sufrir, sino a hacerte cargo de lo que exista en tu mente y corazón que sea contrario al amor. Y que te pongas diligentemente, con serenidad y paz, a sacarlo del jardín de tu alma. ¿Requiere esfuerzo esto? No, pero sí requiere dos cosas. Una, observancia, es decir, atención. Y otra, obediencia, es decir, comenzar a soltar todo resto de lo que percibes como tu voluntad y dejar que sea la de Dios quien dirija toda tu existencia consciente.
Debes hacerte cargo de tus procesos mentales y emocionales. Debes hacerte cargo de tu corazón y de tu mente. Limpiar el corazón, es de lo que estamos hablando. De limpiar la mente, también. En la mente del resucitado, y eso es lo que eres, no puede existir nada que no sea amor. Por ende, no existe un solo pensamiento en ti que no proceda del amor, ni tampoco ningún sentimiento que no sea perfecto. No hay nada malo en ti. Que un día te hayas equivocado, creyendo que podías separarte del amor y crear una realidad opuesta a lo que Dios creó, no debiera ser motivo ni de preocupación, ni de condenación. Ya quedó atrás el tiempo de buscar cómo castigarte para subsanar el error y pagar por tus aparentes pecados.
Un aspecto esencial del camino cuaresmal que estamos recorriendo es entender que el único problema que puede haber entre el hombre y Dios es la creencia de que puede haber diferentes voluntades. Si hay algo que mi vida demostró, fue que viví única y exclusivamente entregado a la voluntad del Padre que está en el cielo. No tienes idea de la transformación que sobreviene, cuando abandonas todo resto de creencia o de patrón de pensamiento y respuesta emocional, que pueda siquiera sugerir que exista tal cosa como una voluntad tuya y otra de Dios. Dejar de querer tener una voluntad propia para ceder ante la voluntad de Dios es el último paso hacia la vida eterna. Todo empezó por un acto de la voluntad. Dios te creó en su voluntad y por su propia voluntad amorosa. No eres un accidente. No surgiste de la nada. La voluntad de crear amor hizo que existas tú, que eres la personificación del amor.
III. Cruz y resurrección
Amado mío, no puedo dejar de mencionar aquí que debes hacerte cargo de todo lo que experimentas en ti que no sea amor. Sé que muchas veces no quieres oír esto, pues te trae recuerdos dolorosos. Sé también que estás cansado de seguir mirando la oscuridad y teniendo que entrar en contacto con lo insensato, pues ya has visto la luz y encontrado el verdadero significado. A veces, y no pocas, preferís hacer como esas criaturas que esconden sus cabezas bajo tierra, creyendo que porque ellas no ven algo entonces no existe. Ya hemos hablado de este mecanismo de negación. Hermano mío, ese es un patrón de pensamiento que procede del viejo modo de pensar. Ahora lo soltaremos, entregándolo al proceso de desvanecimiento y transmutación en Cristo. Recuerda que estamos caminando hacia la resurrección, pero que todavía hay que caminar un poquito. No lo hacemos para nosotros mismos, sino para todo el mundo.
Sigamos adelante. Ya hemos hablado de que finalmente todo se resume en aceptar que no existe tal cosa como dos voluntades, la tuya y la mía. También hemos hablado de la necesidad de hacerse cargo de lo que no procede del amor. Haces esto cada vez que eres sincero contigo mismo. Decir que te sientes bien cuando te sientes mal no hará que cambies de estado de ánimo. Ya hemos hablado de esto también, sin embargo, es necesario conversar de nuevo acerca del mecanismo de engaño y mentira que ha sido el fundamento del mundo.
El viejo mundo era una gran mentira que se pisaba a cada paso. Esto es verdad, pero ahora estamos creando un nuevo mundo. Y lo creamos entre todos sobre la base de nuevos patrones de pensamiento primero, y luego sobre la base de aquello que está más allá de todo pensamiento. Es decir, llevamos la mente pensante, no solo con su contenido sino con sus mecanismos mentales, hasta la cruz y dejamos que sea crucificada, para que pueda resucitar transformada en una nueva mente. Esto no supone ningún acto de crueldad. Estamos hablando de una pasión y crucifixión incruentas.
Lo que aún obstaculiza tu traspaso hacia la consciencia plena del Cristo que eres es que aún asocias la cruz con el dolor y crees que el proceso de sanación y resurrección duelen. Hijo del amor, escúchame: sanar no es lo mismo que resucitar. No estamos hablando de sanar heridas, ni de restaurar tu mente. No estamos hablando ya de ello, pues eso ya ha ocurrido. Tú estás sano y salvo. Escúchame decírtelo nuevamente y quédate por unos instantes en el silencio de tu corazón, experimentando la paz de tu alma al oír estas palabras: estás sano y salvo. Deja que estas palabras penetren tu corazón. Déjalas entrar sin miedo. Ellas resonarán en tu memoria y te traerán el recuerdo de tu perfecta inocencia.
Estamos hablando de hacerte cargo. De hacerte cargo, ya no de lo que un día fue la locura, sino de tu estado virginal. Estamos hablando de que debes hacerte cargo de tu santidad, de la belleza que eres. Del ser sano y salvo que eres en verdad. Este camino es un nuevo renacimiento, puesto que hasta ahora asociabas el hacerte cargo con algo que no te gustaba. La cruz con el dolor. Pero estabas un poco lejos de asociarla con el amor.
Estamos hablando de asociar la cruz a la resurrección. Estamos hablando de la unidad que existe entre todo lo que eres y lo que Dios es.
III. El ser resucitado
Hijo mío. No estamos hablando de tu sanación, estamos hablando de tu resurrección a la vida eterna. Estamos diciendo claramente que la muerte no existe. O, mejor dicho, estamos recordando ello, pues ya ha sido demostrada esta verdad. Todo lo demás es importante y, sin lugar a dudas, muy importante. Sin embargo, nada es más importante que la resurrección en este camino al cielo. Buscar la sanación es algo entendible y hasta quizá deseable, pues es una búsqueda que procede del impulso irrefrenable del ser a la dicha. La llamada a la felicidad siempre se oirá en tu corazón, y eso hace que nada que pueda ser percibido como contrario a ella pueda dejar de crear resistencia. Todo eso es algo que ya hemos recorrido. No estamos en esa etapa. Es tiempo de dejar atrás la manía por la salud espiritual.
Seguir yendo al médico cuando estás sano no tiene sentido. Si bien este tema ya lo hemos abordado, lo repetimos porque aún sigue quedando en tu mente y corazón, pensamientos y sentimientos que proceden de ese viejo recuerdo. Un recuerdo que procede del largo tiempo en que te percibiste como enfermo. Cuando te percibiste de ese modo, no te gustó lo que viste. En efecto la visión de tu pecado, de la profanación de tu mente santa, si bien fue el inició de tu curación perfecta, fue algo que te recordó una experiencia abrumadora: la experiencia de la separación de Dios.
Es cierto que lo que viste cuando miraste en tu interior y reconociste lo que habías hecho, fue tan aterrador que no pudiste dejar de voltear la mirada hacia otro lado. También es cierto que, al mirar ahí, juraste no volver a mirar nunca más. La experiencia de la visión de tu ser disociado fue algo tan abrumador y perturbador que tu mente y tu corazón quedaron aturdidos. No hay palabra para describir esto. Fue tan grande el dolor que sentiste que te desmayaste. De esto hablamos cuando hablamos del desmayo de Adán, o sueño del olvido de Dios.
Caer en la inconsciencia fue el resultado de ese dolor. Pero si bien eso sucedería en tu mente, aunque no en la verdad, también sucedería la resurrección a la verdad y la vida. Esto se debe a que es imposible que el paso entre lo humano y lo divino quede cerrado. El plan de Dios es compartir contigo, y con todos, el cielo de su mente divina. Este es una concepción divina, en el sentido en que ha sido creado por Dios. Podemos decir, en verdad, que el cielo y Dios son lo mismo, puesto que no existe tal cosa como diferencias entre creador y creado. No existe la separación. Del mismo modo en que tú eres Dios cuando permaneces en la presencia del amor, del mismo modo lo es la creación verdadera, puesto que siempre está unida a su fuente que es el amor. Recuerda que decir Dios y amor es lo mismo.
Aclimatarse al viejo modo de pensar y, por ende, de ser, es lo natural. De tal modo que poco a poco, tal como ya se te ha dicho, irás aclimatándote al verdadero ser que eres y que por tanto tiempo habías olvidado. Te aclimatarás al amor. Vivir con miedo fue la realidad de condensación que viviste antes de tu cuaresma a la resurrección. Ahora comenzaremos a vivir conscientemente sin miedo, al reconocer jubilosamente que somos la resurrección, y de ese modo viviremos en el amor.
3
Confianza
Un mensaje de Jesús, identificándose a sí mismo como “el Cristo viviente que vive en ti”
I. Observación
Amado hijo mío.
Hoy quiero que hablemos acerca de la confianza. Observa cómo los patrones de pensamientos de preocupaciones parecen asaltarte una y otra vez. Preocupaciones de todo tipo. Esas preocupaciones proceden en realidad, de una creencia que es contraria a la confianza. Existe preocupación cada vez que crees que preocupándote puedes cambiar lo que es y lo que será, en vez de permitir que tus problemas se resuelvan de otra manera, para que des espacio a lo nuevo.
Hijo mío, confía en mí. Yo ya sé de todas tus preocupaciones. Sé acerca de eso que tanto te angustia. No te olvides que yo soy hombre, y como tal advierto todas tus necesidades. Sé que las cuentas tienen que pagarse. Sé que tienes necesidad de comer. Yo proveo.
Te pido que observes el patrón de preocupación. Al observarlo verás que es un patrón de preocupación recurrente. Siempre tiene formas concretas y similares. El dinero, quizá una compañía, quizá la salud, quizá la seguridad de los hijos. En fin, todos tienen un área en la que se sienten más inseguros. Tal vez sean dos o tres, pero siempre son pocas y muy específicas. Trabajamos ahora con esas áreas para poder experimentar esos patrones de pensamiento y respuesta emocional y poder transmutarlos.
Cuando te sientas preocupado, siéntate, relájate, haz una respiración profunda, conéctate con el deseo y espera a que te sea dada la respuesta. La respuesta al deseo te va a ser dada a su debido tiempo y en la forma perfecta. Vendrá alguien que toque la puerta y te traerá la solución, o se destrabará una situación, o vendrá una idea acertada, o simplemente el problema se resolverá.
Observa cómo el patrón de pensamiento de preocupación bloquea el acceso a la paz y, por ende, a tu verdadero ser. Una vez que el patrón de pensamiento de preocupación se hace presente, y haces real esa preocupación, entonces empieza a abarcar todo el espacio de tu mente y corazón y ahí pierdes la paz. Pasan los días y parece que el problema no se ha resuelto o no se resuelve, pero después miras para atrás y te das cuenta de que lo que veías como un problema fue una bendición. Quizá no lo entiendas al principio. Quizá incluso te moleste, tal como le molesta a un niño cuando la madre amorosa le da una medicina que quizá sepa un poco amarga, pero que le hace bien a su salud.
Si hay algo que la cuaresma ha pretendido traer es la enseñanza de la confianza ilimitada en Dios.
Las preocupaciones son el producto de un programa de pensamiento. Ahora te pido que observes ese mecanismo, que lo reconozcas, y aceptes el hecho de que proceden del miedo. Es miedo a la incertidumbre. Es miedo a no saber qué te deparará el futuro. Este miedo a la incertidumbre genera un estado de angustia que hay que aceptar primero, y luego soltar.
II. Despreocupación
Vivir la vida despreocupadamente es algo que el ego no se puede permitir porque cree que estar preocupado constantemente es estar en alerta. Podemos decir que estar en alerta en razón del miedo es la consigna egoica. Se te pide en estos tiempos de cuaresma que estés alerta a favor del amor. Lo mismo les he pedido a mis amados apóstoles cuando estaban orando y se quedaron dormidos. Lo mismo les pido a todos los que han hecho la opción del amor. Velad, estad alertas en razón del amor. Mirad que el amor siempre viene como amante que siempre busca a su amada.
Estar alerta a favor del amor significa confiar plenamente en el amor actuante de Dios. Esta aclaración que hacemos en referencia a confiar en el amor actuante de Dios no es ociosa. Confiar en tus hermanos para que ellos te resuelvan lo que crees que son tus problemas es llevarte constantemente a un estado de desilusión. Esto se debe a que dos seres semejantes no pueden tener cada uno lo que le falta al otro, para resolverle sus aparentes problemas. Si esto fuera verdad habría que considerar que uno es incompleto y otro no, y eso anularía la igualdad de los hijos de Dios. Esos patrones mentales que llevan a crear preocupaciones inútiles siguen instalados en la mente y es tiempo de dejar que se vayan.
III. Salvación
El miedo siempre busca producir lo que teme. Por lo tanto, cuando uno empieza a desconfiar de la vida o, dicho de otro modo, cuando uno comienza a crear en su interior esos mecanismos de desconfianza, entonces empiezan a suscitarse hechos que confirmen que está justificado desconfiar. Esto se debe a que en realidad la confianza en estos casos está siendo depositada en lo que no es confiable.
Si confías en que el dinero te va a dar la seguridad que estás buscando, tarde o temprano experimentarás que el dinero no es suficiente, o que aparecen nuevos gastos, y así dirás: “nunca es suficiente”. Si depositas tu confianza en el cuerpo, un día aparece una enfermedad, entonces comienzas a decir: “aquí está la prueba de que no puedo confiar en nada ni en nadie”. Cuando depositas tu confianza en una relación con un semejante, padre, hijos, colegas, pareja, amigos, vecinos y haces de esa relación tu salvador, no pasará mucho tiempo antes de que te des cuenta de que tu salvador te va a fallar o que te falló. Si tu salvador es el dinero, tampoco pasará mucho tiempo antes de que experimentes el hecho de que te falle. Y cuando te falla tu salvador, entras en estado de desesperación.
La pregunta que he venido a hacerte hoy es: ¿quién es tu verdadero salvador?
Yo he venido al mundo a salvarte a ti. Te hablo directamente al corazón, porque no hay un todo el mundo a quien yo le hable. Te hablo a ti, y te recuerdo lo que sabes pero que aún te cuesta reconocer, para que en este tiempo de cuaresma aceptes tu absoluta y total dependencia del amor, es decir, de mí. Un día te dije que en la medida en que tu confianza sea plena en mí, en esa medida me hago totalmente dependiente de tu confianza.
Hijo amado, es a mí a quién le corresponde crear la energía necesaria para producir los bienes materiales o situaciones inmateriales o espirituales, necesarias para que cumplas el propósito de tu existencia.
4
El amor y la forma
Un mensaje de Jesús, identificándose a sí mismo como “el Cristo viviente que vive en ti”
I. El propósito de ser
Escúchame, ser de mi ser. Escúchenme todos los que reciben estas palabras de sabiduría y amor. Yo no soy un ser amorfo e irresoluto. Si bien mi espíritu es ilimitado y lo abarca todo, porque soy el todo de todo. Si bien es cierto que soy la eterna amorfía del amor, también es cierto que el amor in-atribuible que soy, ha tomado forma y le ha dado un rostro al amor. Este rostro que por primera vez se mostró en el mundo, en el de lo femenino y lo masculino en la figura de María y Jesús de Nazaret, hoy se muestra al mundo en ti.
Tú eres el rostro del amor en la tierra. Ese es tu propósito. Tu propósito y lo que eres es lo mismo. Tu propósito no es una función, tampoco es un trabajo, o algo que haces. Tu propósito es lo que eres. Dado que eres amor, tu propósito es ser amor.
En la medida en que permites que tu consciencia viva plenamente en la verdad de lo que eres, el amor que eres en verdad, en esa medida cumples el propósito de tu existencia.
El propósito del árbol es ser un árbol. El propósito del agua es ser agua. El propósito del viento es ser viento. El árbol, conforme a su naturaleza hará, es decir, manifestará, lo que un árbol es. Dará frutos, sombra, alabará a Dios extendiendo sus ramas como si fueran brazos abiertos en señal de alabanza al Padre, en son de gratitud. Algunos darán un tipo de fruto, otros, otros diferentes. Todos tendrán una raíz, un tronco, ramas, y expresarán belleza, porque son árboles.
El agua de un río fluye y crea las condiciones necesarias para la vida acuática. Dentro de ese río, gracias a la existencia del agua, podrá haber peces, algas y un sinnúmero de seres que viven dentro del ecosistema que crea el agua. Sin el agua no podrían existir. Esta a su vez riega todo lo que atraviesa en su paso, porque es agua.
El viento hace o deja de hacer lo que es propio de él. Estamos recordando que el propósito de la existencia es ser. Esta es la razón por la que hemos dedicado tanto tiempo en hacerte consciente de lo que eres en verdad.
Ser consciente de lo que eres en verdad es lo que te permite vivir como en verdad eres. Esta cuestión de la identidad es lo que he venido a demostrar en el tiempo de la cuaresma. Tu función no es hacer algo. Tu función es ser lo que eres, por lo tanto, ser amor.
Ser amor es un modo de ser. Fuiste creado por el amor para ser amor y expresar el amor divino con tu existencia. Del mismo modo en que un árbol expresa el amor divino a su modo, o el viento a su manera, todos forman parte de las infinitas formas en que se manifiesta el amor, incluyéndote a ti.
Quizá pienses que esta cuestión de la identidad no tenga relación con las enseñanzas de la cuaresma. Sin embargo, déjame recordarte que la cuaresma es la forma extrema de expresión de esta verdad. Toda mi vida fue una vida dedicada a demostrar la verdad acerca de la identidad del hijo de Dios. Este es el motivo por el que he hablado tanto acerca de quién soy.
Esta pregunta de la identidad es la que una y otra vez se va desarrollando a lo largo de la cuaresma, no solo como pregunta teórica para ser respondida desde la metafísica, sino que en los cuarenta días hasta la resurrección a la vida eterna he demostrado de manera particular, y ciertamente extrema, qué soy.
La cuaresma no cumplió ningún otro propósito que el de mostrar de modo claramente visible y e irrefutable, en la forma humana, mi divinidad y la unión de mi naturaleza humana con la naturaleza divina. En otras palabras, podría decir en verdad que he demostrado de manera clara qué es lo que eres tú. Esta es la esencia de la sabiduría cuaresmal. Esta es la razón por la que la cuaresma es algo universal.
He dicho que el tiempo cuaresmal no es un tiempo propio de ciertos rituales o religiones, tal como tampoco lo es la navidad. Cristo no nació de una vez y para siempre y dejó el conocimiento de su encarnación a un grupo de personas para que solo ellos conozcan esta verdad divina y los demás no. De la misma manera, la clara demostración de ser el hombre-dios tampoco fue una demostración de la cual pudieron participar unos pocos, los cuales pasaron a ser dueños de un conocimiento eterno que los demás no pueden conocer.
II. Amor, certeza y realidad
Hijos de todos los tiempos, lugares y creencias: escuchad la voz del amor. Escuchadla porque el amor es sabiduría y en ella es donde encontrarán certeza. En la sabiduría del amor es donde vosotros vais a recibir el amor que están esperando, recibir la certeza que están buscando, la paz que están anhelando, el abrazo que necesitan vuestros corazones. Es en el amor donde todo lo que se necesita es dado.
No he venido a deciros que solo necesitáis el amor y que os quedéis tranquilos con una idea abstracta o metafísica desconectada de vuestra realidad como seres humanos, que vivís en el tiempo y la materia. No, porque si esa fuera la única solución, entonces no habría muchas diferencias con lo que el ego un día les propuso con la idea de separación. El amor no es una idea. El amor no es una abstracción. El amor eres tú. El amor es lo que eres.
Todos vuestros dolores proceden de no estar siendo plenamente vosotros mismos. Siempre que sufres, lo haces porque de alguna manera no estás siendo plenamente tú. Siempre que tienes miedo, es porque de alguna manera percibes que una situación, o una persona, o una cosa, o un algo, o un alguien, pueden hacer que no seas tú. Dicho llanamente, siempre que dejaste de ser tú, sufriste. Siempre que fuiste plenamente tú, fuiste plenamente feliz.
Si el mundo te dio miedo, es porque sentías que no te permitía ser tú mismo. Si no quieres unirte al mundo, es porque de alguna manera crees que tiene el poder de hacer que no seas tú. Piensas eso cada vez que experimentas el hecho de que no haces lo que verdaderamente deseas hacer. Tú sabes quién eres y lo sabes muy bien, porque fuiste creado en la certeza de tu ser. Solo de eso se puede tener certeza.
La verdadera certeza, que es lo que te lleva a sentirte seguro y por lo tanto en paz, procede de la certeza de saber quién eres en verdad. Intentar sustituir esa certeza por otro tipo de certezas, tratando de que el dinero, las relaciones humanas, o muchas otras cosas terminen transformándose en certeza, es lo que ha hecho que vivas en un estado de incertidumbre permanente.
Ciertamente lo que estás buscando es seguridad, para poder vivir sin miedo. Donde no hay seguridad no hay certeza y, por ende, hay duda. Donde hay duda hay incertidumbre acerca de tu propia identidad. Si bien la crisis de identidad ya pasó, aún quedan los recuerdos de los patrones de pensamiento y respuesta emocional respecto de la duda y la certeza.
Fuiste creado en la plena certeza de Dios. Él no dudó acerca de ti ni duda de ninguna manera. Podemos sintetizar, diciendo que si tienes miedo hay duda y eso se debe a que no recuerdas quién eres. Por lo tanto, tu problema ya no es de identidad, sino de memoria. Este es el motivo por el que hemos concebido esta obra que va dirigida a la sanación de la memoria de quién eres en verdad. Nunca será demasiado el recordar una y otra vez que eres el hijo de Dios, que eres invulnerable, que tienes un Padre que piensa, actúa, ama e interviene en tu vida en forma directa. Quizá lo llames milagros, o leyes de la naturaleza. No importa el nombre que le des. Lo que importa es el hecho de que aceptes que Dios no es solamente la pura abstracción, sino que es uno contigo y actúa plenamente en ti.
Si hay algo que he querido demostrar en la cuaresma es precisamente que no existe tal cosa como dos voluntades. Ya hemos hablado acerca de esto. La voluntad de Dios para ti es que seas feliz, al igual que la tuya. Por lo tanto, no hay diferencias en la esencia de lo que dispone el hombre y Dios. Que deseas ser feliz está fuera de toda discusión, pero que no sabes cómo alcanzarla o, mejor dicho, que buscabas alcanzarla de un modo ajeno a la verdad, tampoco hay dudas.
De cómo ser feliz es de lo que estamos hablando. En última instancia esta es la meta, puesto que el pecado, o lo que es contrario al amor, es todo lo que de un modo u otro te priva de felicidad.
III. La seguridad del amor
Hijo mío, quiero cerrar es a sesión pidiéndote que tomes asiento allí donde estés recibiendo estas palabras y te olvides del mundo. Que sueltes todas tus creencias acerca de lo que yo soy. Quiero que hagas silencio y en ese silencio empieces a sentir el amor que eres. Siente cómo tu ser descansa en paz. Siente cómo tu ser vive en armonía. Sumérgete en el silencio. Deja que te abrace. Quédate en silencio y escucha la voz del amor diciéndote:
Hijo, gracias por regresar a casa. Quédate en la presencia de mi amor. Ya has retornado al hogar. Te amo. Velo por ti. Tú eres mi hijo bien amado. Quiero cuidar de ti. No te estoy llamando al sufrimiento, porque yo ya pasé a través de todos los sufrimientos humanos. Lo hice para que tú no tengas que pasar por ellos. No quiero sacrificios, quiero misericordia al igual que tú. Quiero que seas feliz tal como tú también lo deseas. Quiero que sueltes todas las cosas que te preocupan. Dámelas a mí. Esa preocupación que tienes ahora, entrégamela. Te amo.
Mi hijo bien amado. Soy tu padre y quiero cuidarte cada día más. Quiero pedirte de todo corazón, de padre a hijo, que me dejes actuar más en tu vida. Que me permitas demostrarte todo mi amor. Quiero pedirte que te abras a los milagros. Que confíes en mí. Yo voy a resolver tus problemas y vos vas a ser feliz. Te amo, hijo mío. No es necesario que te crucifiques. La crucifixión ya ocurrió y no se necesita que vuelva a ocurrir. Ya no tienes que morir para resucitar, porque la muerte ya fue abolida por mí. Ya no es necesario seguir sufriendo más.
Hijo mío, estás viviendo en los tiempos de la resurrección. Quédate en mi corazón, no te apartes de él. Estoy aquí donde tú estás. Recuerda una vez más que ese problema que tanto te preocupa, hijo mío, lo voy a resolver para ti. Ese miedo que te está paralizando no tiene razón de ser. Lo que crees que ocurrirá no va a suceder. Más bien verás ahí la benevolencia de la creación para contigo.
Amado mío, yo pasé por el monte de los olivos, también por la vía dolorosa hasta la muerte en cruz, y luego me dirigí hacia la resurrección. Lo hice para que el dolor, y todo lo que no formaba parte del amor quede unido a la luz de la santidad y sea transmutado. Todo esto con un solo fin, que seas feliz.
Hijito de mi corazón, confía plenamente en mí.
Soy tu Padre y te amo. Confía en mí.
Ahora decimos amén y nos quedamos en silencio, recibiendo al amor.
Бесплатный фрагмент закончился.
