Читать книгу: «Descripción de Grecia. Libros I-II»
BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 196

Asesor para la sección griega: CARLOS GARCÍA GUAL
Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por FRANCISCO JAVIER GÓMEZ ESPELOSÍN .
© EDITORIAL GREDOS, S. A. U., 2008
López de Hoyos, 141, 28002 Madrid.
www.editorialgredos.com
REF. GEBO299
ISBN 9788424932282.
INTRODUCCIÓN
I. PAUSANIAS: FECHA DE SU VIDA Y DE LA COMPOSICIÓN DE SU OBRA
Pausanias vivió y escribió durante el s. II de nuestra Era, una época en que Grecia y todos los países que él conoció formaban parte del Imperio Romano. En esta época, la de los Antoninos, Adriano, Antonino Pío, Marco Aurelio, que ha sido considerada como uno de los periodos más felices de la historia romana, había paz, prosperidad y seguridad. Grecia continental, al contrario de la Grecia periférica, estaba arruinada. Muchos tesoros griegos habían desaparecido ya, cientos de estatuas llevadas a Italia, otras destruidas en sus lugares de origen, muchos lugares convertidos en ruinas: de la famosa Tirinte quedan unas murallas ciclópeas (Pausanias, II 25, 8; VIII 33, 3); de Tebas, la acrópolis (VIII 33, 2; IX 7, 6); Delos y Micenas ya no son nada (II 16, 5, y VIII 33, 2). Pero Grecia, por su pasado, era un testimonio imperecedero de una cultura superior y universal, y el griego, la lengua de esa cultura elevadísima por la que sienten gran entusiasmo los emperadores, que fueron grandes protectores de la cultura griega, fundaron y fomentaron escuelas y bibliotecas, emprendiéndose así la restauración del clasicismo griego.
Así pues, en esta época que mira hacia el pasado, que quiere conservar la civilización griega que desaparece, encaja perfectamente una Descripción de Grecia , como la que Pausanias nos ha legado, con sus monumentos, su historia, sus leyendas, una Descripción que pretende transmitir, como otras obras de otros autores, la cultura helénica.
Sobre la fecha en que vivió y compuso su obra, la Helládos Periḗgēsis , título que aparece en Esteban de Bizancio y la en mayoría de los manuscritos, tenemos en el propio Pausanias no pocos datos e indicaciones. Pausanias escribió los diez libros de que consta su obra probablemente entre el 160 (al menos después del 143) y el 180 (al menos después del 175), por tanto casi enteramente en el reinado de Marco Aurelio, en contra de la opinión del siglo pasado que daba las fechas 117-138, basada en los pasajes en los que Pausanias se refiere al año 125 con las expresiones kat’emé, ep’emoû, kath’hēmâs, eph’hēmôn , “en mi tiempo” : así la institución en Atenas de la phylḗ de Adriano (I 5, 5) o la olimpiada 226.a (V 21, 15), que tuvieron lugar en dicho año 125. Pero ahora se está de acuerdo en que Pausanias se refiere no a lo que estaba escribiendo entonces, sino a que había nacido por entonces. Esas expresiones cubren toda la vida del autor 1 .
Alusiones importantes en su obra a fechas son las siguientes: en I 19, 6, hace referencia al Estadio de Atenas, reedificado en mármol blanco por Herodes Ático en el 143; en consecuencia, el libro I debió de ser escrito después del 143. El Odeón de Herodes en Atenas aún no estaba construido cuando comienza el libro I : si la mujer de Herodes, en cuya memoria fue construido el Odeón, murió en el 160, el edificio sería más tardío. Para el libro V tenemos una fecha significativa: el 173 d. C., pues afirma (V 1, 2) que han pasado 217 años desde la restauración de Corinto, que tuvo lugar en el 44 a. C. El libro VIII (43, 6) menciona la campaña de Marco Aurelio contra los germanos y los sármatas (167-176). El último libro, el X, es exactamente datado por la mención de la invasión de los costobocos (X 34, 5) en el año 170 2 .
II. PATRIA
El mundo griego periférico, a diferencia de la Grecia Madre, especialmente la provincia de Asia, que era una de las más prósperas de Oriente, conoce un renacimiento artístico y literario, además del económico, y las clases más cultas y ricas vuelven su mirada a la madre patria, que es la cuna de la cultura de la que ellos se alimentan. De ese mundo periférico proceden, con excepciones como Plutarco y Herodes Ático, originarios de la Grecia Madre, muchos de los grandes autores de la época, como Dión Crisóstomo, Dión de Prusa, Elio Arístides, Luciano, Antonino Polemón, y también Pausanias, por lo que podemos deducir de su obra.
El conocimiento detallado de Lidia así como las referencias a leyendas, monumentos de allí, que él mismo ha visto, en particular la región del monte Sípilo, a la que se asocia la leyenda de Tántalo y de sus hijos, apuntan a esta región como lugar de origen. Su patria pudo ser la ciudad de Magnesia del Sípilo, que menciona varias veces en su trabajo. Pausanias dice expresamente que quedan todavía vestigios de que Pélope y Tántalo vivieron par’hēmîn “entre nosotros” (V 13, 7).
Algunos filólogos han interpretado este pasaje en el sentido de que Pausanias vivió allí durante algún tiempo, dado que los hombres de letras viajaban mucho en el s. II 3 .
Aunque no se puede afirmar con seguridad, sí se puede conjeturar que es originario de esta región de Lidia, concretamente de Magnesia del Sípilo, porque dice explícitamente “entre nosotros” cuando se refiere a la región del monte Sípilo, porque sus descripciones de esta región son exactas y su conocimiento demasiado preciso como para que no se trate de su país de origen, y, en definitiva, por ese amor a la tierra que manifiesta al hablar de la zona.
También menciona muy frecuentemente a Pérgamo y sus monumentos, famosa por su gran biblioteca y sus santuarios, especialmente el de Asclepio; conoce lo relativo a las ciudades de Asia Menor occidental, su estado actual, su historia, su mitología; y en el libro VII trata extensamente la colonización jónica, con grandes alabanzas a su clima, sus santuarios y otras maravillas (cf. especialmente VII 5, 4 y 10).
III. OTROS ESCRITORES DEL MISMO NOMBRE
Como de Pausanias solamente sabemos lo que él mismo nos dice, y no se habla nada de él ni en su época ni posteriormente, incluido el periodo bizantino, algunos eruditos lo han identificado con escritores de su tiempo que tienen el mismo nombre.
La única mención de Pausanias, el pasaje VIII 27, 14, está en un contemporáneo suyo, Eliano (Varia Historia XII 61), pero ha sido considerada una interpolación por Diller 4 . El primer signo de que ha sido leído viene, unos 350 años después de la muerte del autor, con Esteban de Bizancio, que lo utilizó para tomar de él nombres de ciudades griegas y sus étnicos.
La hipótesis de que no era otro que el sofista Pausanias de Cesarea de Capadocia, discípulo de Herodes Ático, citado por Filóstrato (Vidas de los Sofistas II 13) fue hecha en el 1506 por Xilander-Sylburg en su edición de Pausanias y se mantuvo hasta 1766, en que fue puesta en duda por Goldhagen y Siebelis. A esta identificación se han hecho las siguientes objeciones: la comarca de Capadocia es ignorada en la larga lista de “autopsias” atestiguadas en la Periegesis ; el periegeta menciona varias veces a Herodes Ático sin decir que es discípulo suyo; ni Filóstrato ni La Suda, que mencionan trabajos del sofista, citan la Descripción de Grecia como obra del sofista Pausanias.
Otros han optado por un Pausanias de Antioquía junto al Orontes, autor de una obra histórica sobre Siria, al cual hace referencia Esteban de Bizancio, sin duda el mismo que el cronógrafo citado por Malalas, pero el estilo y las intenciones de ambos autores son diferentes 5 .
Galeno (de locis affectis III 14), por su parte, conoce a un sofista llamado Pausanias, venido de Siria, que había vivido en Roma, pero no dice que sea de Siria. La referencia es insuficiente para sacar conclusiones.
Otro Pausanias del s. II es el autor del léxico ático conocido por Focio, Bibl . 153, y numerosas citas en los comentarios de Eustacio, un léxico similar al de Elio Dionisio de la época de Adriano. De este Pausanias nada se sabe.
La tesis del origen damasceno de Pausanias, al que menciona Constantino Porfirogéneta, en el s. X , entre los más famosos escritores de geografía, ha sido particularmente defendida por Robert y tomada en consideración por Pasquali y Regenbogen 6 basándose en las referencias de la Periegesis , que muestran un cierto conocimiento de Siria y Palestina, sin duda mucho menos numerosas que las consagradas a Lidia o a Jonia. Pero Diller 7 ha demostrado que Pausanias de Damasco es un contemporáneo y colega de Menipo, geógrafo menor del s. I a. C., y autor de un periplo en trímetros cómicos comúnmente conocido como Pseudo-Scymnus .
Parece, pues, que lo mejor, a falta de datos decisivos, es no identificarlo con ningún otro escritor del mismo nombre y atenernos a la opinión tradicional de considerar a nuestro autor un griego nacido sin duda no lejos de Magnesia del Sípilo.
IV. VIAJES DE PAUSANIAS
La paz y la seguridad de que disfrutaba el Imperio Romano durante el s. II d. C. permitía viajar con relativa seguridad, por negocios o por placer, y sin trabas de lengua, ya que con el latín y el griego el viajero podía hacerse entender en todo el imperio. De la obra de Pausanias se deduce, unas veces porque lo dice expresamente, otras porque su descripción detallada así lo demuestra, que viajó por muchos países. Conoce gran parte de la zona occidental y central de Asia (Tróade, Misia, Jonia, Caria, Galacia, Frigia). Nos habla de Jordania, del lago Tiberíades, del Mar Muerto, de Antioquía, Siria, Palestina. Estuvo en Egipto, donde vio las pirámides, el coloso de Memnón en Tebas, el oasis de Amón. Conoce también Bizancio, Tasos, Rodas, Delos, Andros, Egina. Estuvo en Italia, en Roma, en las ciudades de Campania, pero probablemente no en Sicilia: su descripción del estrecho de Mesina no está de acuerdo con la realidad. Nos ha descrito bien Cerdeña, aunque no pretende haberla visto. De Grecia continental, aunque no ha descrito la parte norte, conoce Tesalia, fue a Macedonia y tal vez al Epiro (por lo menos habla con cierta familiaridad de Dodona, de su oráculo, de los ríos de la Tesprótide). Es probable, pues, aunque no necesario, que haya viajado por todos estos lugares que demuestra conocer.
Aunque no sabemos cuándo, por qué y de qué modo viajó Pausanias, evidentemente estos viajes eran muy costosos, lo que quiere decir que Pausanias disponía de abundantes medios económicos, necesarios para realizar estos viajes. Su contemporáneo Apuleyo gastó en viajes la mayoría de la fortuna que heredó, y Pausanias viajó todavía más que él. Probablemente procede de alguna familia rica que puede proporcionar a su hijo una sólida educación. Desde luego, no hubiera podido realizar estos viajes siendo un hombre de escasos recursos económicos.
V. CARACTERÍSTICAS DE LA OBRA: ESTRUCTURA , CONTENIDO , MÉTODO , FIN Y PÚBLICO
1. Estructura
La Helládos Periḗgēsis consta de diez libros, en los que describe la región del Ática, Mégara, Corinto, la Argólide, las restantes regiones del Peloponeso, Beocia, Fócide y parte de la Lócride. Es, pues, una descripción solamente de la Grecia continental, pero no de las islas, ni de Asia Menor, ni de las colonias occidentales, sino de la Grecia madre. Y dentro de la Grecia continental falta parte de la Lócride, la Dóride, Etolia, Acarnania, Epiro y Tesalia. Lo descrito es aproximadamente la provincia de Acaya del Imperio Romano, aunque ésta incluía también Etolia. En VII 16, 10, cuando habla de Hellás parece efectivamente referirse a la provincia de Acaya, que en su tiempo representaba lo que se llama comúnmente Grecia. Excluía el Epiro (que incluía Acarnania) y Macedonia (que incluía Tesalia). Etolia, sin embargo, sí pertenecía a la provincia de Acaya. Las comarcas de Etolia, Acarnania, Tesalia, tenían poco interés para Pausanias desde el punto de vista histórico, artístico y cultural, además de que las dos últimas no pertenecían a Grecia. No describe tampoco Eubea, aunque ha leído historias locales de allí (VIII 14, 12) y describe el camino de Tebas hacia Calcis (IX 18 ss.). Finalmente, de la Dóride y de la Lócride oriental no trata en absoluto, y de la Lócride occidental, muy brevemente al final del libro X.
Como la obra carece de una introducción o prefacio y de un epílogo, e incluso Pausanias nunca le da un título, ya que, como hemos dicho, el de Helládos Periḗgēsis es el que le da Esteban de Bizancio y es el de la mayoría de los manuscritos (otros la llaman Historíai ), no sabemos si la intención del autor era la descripción de toda Grecia, aunque ello se puede deducir de I 26, 4, cuando dice que tiene que describir pánta tà Hellēniká , “toda Grecia” o más literalmente “todos los asuntos griegos”, pero de una manera selectiva, “eligiendo lo más digno de mención” (III 11, 1). A decir verdad, lo indefinido de pánta tà Hellēniká abre la puerta a todas las posibilidades. La obra podría extenderse indefinidamente.
Dado el final un tanto brusco, se ha planteado la cuestión de si se ha perdido una parte de su obra o si Pausanias tenía la intención de escribir más y no lo hizo. El caso es que la falta de un epílogo no prueba de por sí que la obra hubiera quedado sin concluir o que se perdiese parte de ella, dado que también falta una introducción. Existen además otros datos: la cita de Esteban de Bizancio de un libro 11 de la Periegesis en su artículo “Tamina”, nombre de una ciudad de Eubea, ha llevado a suponer a algunos eruditos un libro 11 dedicado a Eubea que se habría perdido. La referencia ha sido explicada por A. Meineke (en su edición de E. de Bizancio, ad loc .) como un error de 11 en lugar de 1 (IA’ en lugar de A’), y de hecho pertenece no a “Tamina”, sino a “Tanagra”, citada en I 34, 1, que es la entrada siguiente a “Tamina”. En la obra no aparece semejante topónimo y del libro XI no hay rastros.
El libro X, en efecto, puede estar sin terminar a juzgar por la promesa que hace en IX 23, 7, referente a un tratamiento posterior de la Lócride, concretamente de la de Opunte, que no parece haber cumplido: da la impresión de que escribe con cierto apresuramiento y cansancio. Hay indicios de que pudo dejarlo sin terminar o de que ha llegado a nosotros incompleto. Tal vez murió antes de terminar su trabajo. Carecemos de datos para solucionar este problema. En cualquier caso, le faltaba poco 8 . El argumento fundamental para defender que el trabajo está acabado son las referencias cruzadas 9 . Son más de 100: 66 que remiten a lo que se ha dicho ya y unas 35 que anticipan lo que va a ser tratado después. Además, en los primeros libros hay muchas referencias a los últimos (VIII-X), pero ninguna a un libro posterior al X. Con lo cual podemos concluir que este libro fue el último que Pausanias escribió y tuvo la intención de escribir, y que desde un principio trazó el plan de su obra con todo detalle. Ya en el libro I remite al IX (I 24, 5 = IX 26, 2). Hay promesas aisladas que no ha cumplido, pero son pocos casos y es de extrañar que no se haya olvidado más frecuentemente.
Las muchas referencias cruzadas atestiguan también que Pausanias escribió los libros en el orden en que los conservamos y que la división actual también se debe a él 10 . Un argumento a favor de esto es el hecho de que Pausanias haya construido el comienzo de los libros de modo parecido. La distribución en libros corresponde, con la excepción del I (Ática y Megáride) a las divisiones geográficas y su sucesión corresponde exactamente al itinerario tomado por un viajero metódico.
En cuanto al libro I , algunos eruditos son de la opinión de que fue publicado separadamente bastante tiempo antes que los otros 11 . La prueba que aducen es que en los otros libros hay añadidos al libro I , correcciones o rectificaciones a sus aserciones y descripciones, que implicarían que éste había sido ya publicado, pues de lo contrario habría podido intercalar estos addenda en el lugar de su manuscrito que hubiera querido. Así, en VII 20, 6, Pausanias dice que no ha hecho mención en su descripción del Ática del Odeón construido en Atenas por Herodes Ático, porque la había elaborado antes de que comenzase su construcción; y en VIII 5, 1, rectifica su aserción de I 41, 2, a propósito de la época en que Hilo intentó regresar al Peloponeso.
Lo que es evidente es que el libro I se diferencia claramente de los restantes libros: la descripción de Atenas es mucho más breve e incompleta que las descripciones de ciudades de los libros posteriores. En Atenas falta una introducción histórica, que después es de regla. Pero, sobre todo, el orden topográfico de la descripción en el libro I es mucho menos observado que en los libros posteriores: hay frecuentemente grandes saltos y la descripción incompleta está dispuesta por agrupaciones de cosas, no siguiendo la sucesión de lugares en el terreno. Probablemente cuando compuso este libro no había establecido bien su método, ya claramente fijado en los siguientes.
2. Contenido
Los diez libros describen lugares, monumentos, obras de arte y relatan mitos, leyendas, hechos históricos, hechos maravillosos. Hay, pues, que distinguir dos elementos de los que él mismo habla en I 39, 3: los lógoi y los theōrḗmata , distinción especialmente puesta de relieve por Robert 12 . Los lógoi son los mitos, la historia, las reflexiones. Los theōrḗmata son las cosas que se pueden ver, las descripciones de los lugares y sus monumentos, de los que es guía y testigo, mientras de los 16-goi es sólo transmisor, dependiendo de las fuentes escritas u orales a su disposición.
α) Theōrḗmata . Con Pausanias recorremos casi todas las regiones de Grecia hasta sus más alejados rincones. Junto a las grandes ciudades y santuarios, como la ciudad de Atenas o el santuario de Apolo en Delfos, que contienen una gran cantidad de importantes edificios, monumentos y obras de arte, a los que Pausanias dedica muchas páginas, tenemos los medianos y los pequeños pueblos o templos, algunos de ellos en ruinas, en los que su relato es breve. Son varios cientos de sitios los que describe.
La exactitud de estas descripciones está asegurada por la comparación de su relato con el resultado de las excavaciones modernas. Numerosos sitios descritos por Pausanias han sido excavados y numerosos monumentos mencionados por él han sido identificados. Gracias a sus informaciones podemos dar nombre a un gran número de lugares antiguos en ruinas y a gran parte de los edificios y templos hallados en las excavaciones. Sin su libro no sabríamos muchas veces qué divinidad fue venerada en este o en aquel templo, qué utilidad tendría éste o aquel edificio, cómo se llamaba el lugar cuyos restos se han encontrado.
Así, el pasaje de Pausanias II 16, donde nos describe las ruinas de Micenas, dio pie a Schliemann para sus excavaciones en la acrópolis y el descubrimiento de las tumbas de los Atridas con sus tesoros.
Los resultados de las recientes excavaciones de la ciudad de Calípolis 13 confirman lo que Pausanias dice acerca de la destrucción (X 22) y su información es necesaria para entender la causa del fuego y fijar su fecha exacta.
El relato de la descripción de Mesenia (IV 31, 4-33, 3) está lleno de detalles que han sido ampliamente confirmados por los restos de los sitios excavados, trabajos de arte, inscripciones y monedas, y esos detalles, a su vez, han servido como llave para importantes descubrimientos y conclusiones 14 . Es un trabajo cuidadoso y concienzudo. Está demostrado que, cuando hay alguna contradicción, por lo general son los eruditos modernos los que están equivocados y no Pausanias.
A veces, aunque no muy frecuentemente, también describe el paisaje o los productos naturales del país. En general, las montañas, los ríos, las fuentes (algunos de los cuales pueden ser nombrados gracias a Pausanias) por donde pasa sólo existen en cuanto evocan un recuerdo del pasado, una historia de amor: así, lo que le interesa del río Iliso es que Bóreas arrastró a Oritía lejos de sus orillas y la hizo su esposa (I 19, 5); del río Selemno recuerda que fue un pastor enamorado de una ninfa y murió de amor (VII 23, 1 y ss.); el enamorado Alfeo continúa su curso a través del Adriático para reunirse con su amada en Siracusa (V 7, 2-3). Quizá en el libro VIII, dedicado a Arcadia, se puede apreciar más que en otros la capacidad del autor de sentir y representar la naturaleza y el paisaje, aunque siempre filtrado a través de la mitología y del pasado.
A veces habla también de los productos naturales: las palmeras de Áulide (IX 19, 8), los mirlos blancos del Cilene (VIII 17, 3), las conchas que pescan en Bulis para el tinte de púrpura (X 37, 3), la miel del Himeto (I 32, 1), las diversas clases de encinas arcadias (VIII 12, 1), las dos clases de gallos de Tanagra (IX 22, 4), los ungüentos de Queronea (IX 41, 7), etc.
β) Lógoi . Son de contenido histórico, mitológico, paradoxográfico. Los relatos históricos , al igual que los de otro tipo, aparecen inspirados por un determinado lugar, un monumento, etc. Los introduce para dar vida con hechos históricos a las descripciones de regiones, ciudades y monumentos. No parece que busque las causas de los últimos acontecimientos ni que haya intentado ser un historiador, por lo que no debería ser juzgado con los criterios aplicados a los historiadores. Tampoco está tan claro el que haya un plan histórico en la obra de Pausanias, como Ebeling ha querido ver 15 . Los pasajes históricos sirven para introducir una determinada región o ciudad, o para explicar el contexto histórico de un monumento (estatua honorífica, dedicación a los dioses, monumento público de los que cayeron en la guerra). Pero mientras sus descripciones se ha probado que son cuidadas y fidedignas, hay un gran número de errores y defectos en su narrativa histórica: así, en II 8, 4, cita al rey Antígono Gonatas como tutor de Filipo V, y en VII 74 a Antígono Dosón, esta última vez correctamente; en I 6, 8 identifica erróneamente al Ptolomeo honrado con la creación de la tribu Ptolemais en Atenas con Ptolomeo II en lugar de Ptolomeo III; también vio un trofeo en Mantinea de una batalla, en la que dice que luchó y murió el rey espartano Agis (VIII 10, 5-10): o el espartano no era un rey, o su nombre no era Agis, o no murió aquí; tal vez vio un trofeo de la batalla del 418 a. C. en Mantinea donde un rey espartano Agis luchó, pero resultó victorioso. Hay muchos pasajes como éste que plantean dificultades 16 . Otro error más grave lo comete en IX 32, 5 y X 35, 2, cuando habla de que Haliarto fue incendiada por los persas en lugar de en la guerra contra Perseo, que es lo correcto. Puede haber tergiversado una frase o confundido varios acontecimientos. Hay que tener en cuenta que, salvo cuando se trata de un monumento que ha visto o una inscripción, en que es testigo ocular, en el tema histórico tiene que depender de otros historiadores o informadores, puestoque la mayoría de lo que refiere es un pasado antiguo siempre para Pausanias, y es un problema difícil identificar sus fuentes.
En cuanto a los relatos míticos y religiosos , nos habla de cultos de diversas divinidades y héroes, sobrenombres de muchos dioses, sacrificios de distinta clase y de los más diversos tiempos, de las fiestas y procesiones, de las más diversas celebraciones y costumbres consagradas a través de la tradición. Tenemos cuentos populares, como los que hay en el folklore de muchos países: así, el del joven que vence al león y gana la mano de la princesa (Alcátoo de Mégara) (I 41, 3 ss.); el de Trofonio y Agamedes, que construyeron el tesoro de Hirieo y fueron pillados robando el tesoro (IX 37, 5 ss.); o el de la defensa que hace la serpiente del niño en Anficlea (X 33, 9 ss.). Recoge Pausanias muchos mitos, entre los que cabe destacar por su singularidad el de los amores de Posidón y Deméter bajo la forma de caballo y yegua (VIII 25, 5 ss.) o el de Atis y Agdistis (VII 17, 9 y ss.). Hay leyendas heroicas que sólo transmite Pausanias, como la del parricida Orestes en delirio que, acosado por las Furias, se come un dedo, a consecuencia de lo cual las Furias se convierten de negras en blancas, porque consideran este hecho como una expiación (VIII 34, 2 ss.); o la leyenda trágica de la muerte de Hirneto (II 28, 3 ss.). Asimismo nos narra costumbres como la de las vírgenes de Trecén que antes de su matrimonio dedicaban un bucle de sus cabellos en el templo de Hipólito (II 32, 2); o las muchachas de Mégara, que hacen libaciones antes de casarse en la tumba de Ifínoe y le ofrecen las primicias de su cabello (I 43, 4); o la de quemar las piernas de las víctimas sobre leño de álamo blanco en los sacrificios a Zeus en Olimpia (V 14, 2). Cuenta supersticiones como la creencia de que en cada sacrificio ofrecido a Zeus en el monte Liceo un hombre se metamorfoseaba en lobo, pero podía recobrar su forma primitiva si se abstenía durante nueve años de comer carne humana (VIII 2, 6); o la de que el agua de tal fuente cura la rabia (VIII 192-3). Percibimos, pues, algo de la abundancia multicolor de mitos, sagas e historias que se contaban en todas las ciudades griegas.
Los thaýmata o mirabilia son las cosas o fenómenos que producen asombro, que habían sido contenido de un género literario particular durante la época helenística, que también se cultivaba en la época imperial. Así nos cuenta que en el Orontes se halló un cadáver de gran tamaño, de más de once codos, que era de Orontes, de la raza de los indios (VIII 29, 4), y en IV 35, 10-13 hace una digresión sobre fuentes maravillosas, y nos habla de terremotos y de corrientes del océano, de animales y plantas extraños, de costumbres y objetos particulares.
3. Método
En cada región tratada, con excepción del Ática, que fue la primera que describió y cuando no tenía todavía fijado su método, el orden que sigue en su exposición es estrictamente topográfico. Esto supone en Pausanias la suficiente capacidad para ordenar y estructurar de una manera unitaria todo el material que recoge. Comienza los libros, con excepción del primero, con una introducción general sobre la historia de la región, sus mitos, sus migraciones, sus héroes. También suele hacer este tipo de introducción a las ciudades importantes, e inserta pasajes históricos a propósito de determinados monumentos. Desde la frontera va por el camino más corto a la capital, anotando todo lo que le parece interesante, digno de mención. Ya en la capital, describe sus edificios, monumentos y obras de arte, y después se dirige por un camino hasta las fronteras, vuelve a la capital y emprende otro camino, y así hasta que, después de recorrer todos los caminos principales hasta las fronteras, pasa a la región vecina, que describe de la misma manera. En realidad, más que describir, pues no es esto lo que quiere aportar al lector, explica los lugares que visita, que son testimonios de una tradición valiosísima, y lo hace con toda objetividad. De esta disposición parece desprenderse que el trabajo fue concebido como una guía para viajeros.
Ahora bien, dada la abundancia del material de que dispone, tiene forzosamente que seleccionar, y en esta selección se manifiesta el gusto del autor, sus preferencias, y el gusto de la época. Está generalmente reconocido que tiene dos principios de selección: sus gustos de anticuario y su curiosidad religiosa.
Los monumentos descritos son casi siempre antiguos (desprecia todo lo que es moderno, de acuerdo con la tendencia de su época hacia lo arcaico), de carácter sagrado y sólo secundariamente profano. Cuanto más antiguo es un monumento, mayor es la veneración del autor hacia él. Los tres monumentos tratados con mayor detalle son el arca de Cípselo en Olimpia, el trono del Apolo de Amiclas y las pinturas de Polignoto en Delfos. Las obras de arquitectura le inspiran devoción particular. Las obras que prefiere describir son las de los siglos V -VI a. C. y primera mitad del III . En Delfos, por ejemplo, todas las ofrendas citadas por Pausanias son seguramente, o muy probablemente, anteriores al 260 a. C. En el ágora de Atenas incluye edificios antiguos modestos, pero omite el magnífico pórtico de Átalo del s. II a. C. y el pórtico de Éumenes o el monumento de Agripa. En Olimpia ignora la Exedra de Herodes Ático (cuando menciona los edificios de este contemporáneo suyo con gran admiración y alabanza). A pesar de su preferencia por las obras arcaicas, no falta en su obra la mención de trabajos de época helenística y romana, y así, por ejemplo, admira mucho a Damofonte de Mesenia (s. II a. C.), siendo el único escritor antiguo que lo menciona.
Se nota que se encuentra más a gusto cuando trata los templos, santuarios, estatuas, altares, exvotos, es decir el arte y la arquitectura religiosa, de la que nos da toda clase de detalles, que cuando describe edificios y estatuas profanas. Templos y santuarios son mencionados de una manera bastante completa, aunque sean pequeños. No pasa en silencio ningún templo, ningún santuario, por pequeño que sea, incluso aquellos de los que no quedan más que ruinas. En los lugares más pequeños, Pausanias señala regularmente sólo los santuarios. A los edificios profanos, por el contrario, les presta muy poca atención y faltan la mayor parte de las veces.
También es de destacar, tanto en lo relativo a los monumentos como a las tradiciones, su preferencia por lo raro, por lo menos conocido, por las curiosidades, siguiendo en esto la línea de erudición helenística, que coleccionaba las tradiciones locales o los cultos raros. Prefiere las tradiciones menos conocidas, tal vez porque las supone más antiguas y verdaderas (I 27, 4), o porque escribe para una élite que se distingue por su conocimiento sobre las cosas griegas
Además, Pausanias es un anticuario, no un artista. Las viejas obras de arte tienen para él un valor de recuerdo y de símbolo. Sobre su sentido artístico no están de acuerdo sus críticos, pero lo cierto es que distingue las obras de arte clásico de las más tardías (III 16, 1) y pudo de hecho identificar al artista por su estilo: “Deducimos que (la imagen de Atenea Políade en Eritras) es obra de Endeo, entre otros datos, por el estilo de la imagen” (VII 5, 9); o lo deduce por comparación con otras: “Ninguno del lugar pudo decir quién fue el autor, pero el que ha visto el Heracles de Sición podría concluir que el Apolo de Egira es obra del mismo Láfaes de Fliunte” (VII 26, 6); “La imagen (del Apolo Ismenio) es del mismo tamaño que la que está en Bránquidas y su forma no es diferente en nada. Quien ha visto una de estas imágenes y ha sabido quién es su autor no precisa de mucho ingenio para, al ver la otra, saber que es una obra de Cánaco” (IX 10, 2).
Con estos criterios mencionados Pausanias se ha esforzado por incluir en su guía todos los lugares que tuvieran algo digno de mención, sin regatear esfuerzos, aunque estuvieran despoblados o costara mucho llegar a ellos. De este modo nos ha permitido recuperar mediante excavaciones importantes monumentos y obras de arte que se habrían perdido irremediablemente si no hubiera sido por sus noticias.
Esa predilección por el pasado frente al presente, común a sus contemporáneos, tiene también una correspondencia en su predilección por la historia de la Grecia de la gran época, la de la independencia. El presente inmediato carece de acontecimientos y los tres o cuatro siglos que preceden son obscuros e insignificantes. Trata acontecimientos diseminados a través de siete siglos desde el periodo arcaico tardío, cuando la historia suplanta a la mitología, hasta su propio tiempo, pero refiere poco de su tiempo, el s. II , y en general poco de la historia del Imperio Romano, los doscientos años desde la batalla de Actium hasta la invasión de Grecia por los costobocos y la guerra danubiana en el 170. El interés de Pausanias en la historia de Grecia parece detenerse en la guerra aquea del 146 a. C. y la destrucción de Corinto por los romanos, con la excepción de la catástrofe que aconteció a Atenas en el 86 a. C., cuando el ejército de Sila saqueó la ciudad.
No trata todos los periodos por igual. Del s. V escribe en su mayor parte de las Guerras Médicas, muy poco de la Pentecontecia y casi nada de la Guerra del Peloponeso. Dice bastante del s. IV : la hegemonía de Tebas, Filipo de Macedonia y Alejandro, sus sucesores, y mucho más del s. III y de la primera mitad del II (hasta el 146 a. C.). Los factores que causan esta desproporción pueden ser varios 17 : a) los monumentos que impulsan a Pausanias a hacer narraciones históricas son más numerosos de época helenística que de época clásica; b) no sintió la necesidad de volver a contar lo que ya había sido contado por Heródoto y Tucídides (s. V ) y Jenofonte (parte del s. IV ). Así, dice en I 23, 10: “Lo referente a Hermólico, el luchador del pancracio, y a Formión, el hijo de Asópico, lo dejo de lado, porque ya han escrito otros sobre ello”; c) a veces pretende completar o corregir tradiciones consolidadas: “estas cosas las contó Heródoto una a una con verosimilitud, y no tengo intención de escribirlas, pues ya han sido bien contadas anteriormente, pero sí añadir …” (II 30, 4); d) quiere llenar las lagunas de la época posterior a Alejandro Magno. En I 6, 1 dice: “Las hazañas de Átalo y Ptolomeo son tan antiguas que no subsiste ya su fama, y los que estuvieron con los reyes para escribir las hazañas han sido olvidados todavía antes. Por esto se me ocurrió escribir las acciones que llevaron a cabo…”.
A pesar de esta selección, el trabajo de Pausanias contiene una buena cantidad de información histórica y es asimismo una fuente de información preciosa para los estudiosos de la religión griega.
4. Finalidad y público destinatario de la obra. ¿Guía turística u obra literaria?
Según se dé primacía a uno u otro componente de la obra de Pausanias, ésta se entiende de una forma u otra. C. Robert 18 concede la mayor estimación a los lógoi . Según él, la obra de Pausanias no es concebida como una descripción geográfica y turística, sino como una colección de lógoi en primer lugar; la periegesis no sería más que una excusa literaria, como el banquete en Ateneo, el marco exterior de la narración para poder unir a los monumentos excursos de todo tipo. El total sería una historia multicolor, como las que se escribían entonces frecuentemente, una mescolanza de historias interesantes. Si así fuera, Pausanias no habría necesitado citar gran cantidad de monumentos que no sugieren ninguna explicación ni excursos particulares.
Robert se basaba esencialmente en que la Periegesis de Pausanias no merecía crédito como guía. Pero desde el momento en que los resultados de las excavaciones arqueológicas no dejan dudas sobre la “autopsia” de Pausanias, su obra es considerada primariamente como una guía 19 para viajeros. La descripción de Grecia no es un medio, sino el fin principal del trabajo. El elemento topográfico, basado en una lista de monumentos, sería la médula espinal. Los lógoi ilustrarían una descripción que sin ellos podría ser monótona. El elemento topográfico es continuo y claramente sistemático, basado en el empirismo que caracteriza el andar del paseante. La elaboración en cuanto a la forma de las digresiones mitológicas e históricas es más ocasional y fortuita, carece en mayor medida de sistema y sentido de la proporción. Dice Casson 20 que, si imprimiésemos el texto de Pausanias a modo de una guía moderna, con las introducciones históricas y las largas descripciones en tipo pequeño y los asuntos subordinados relegados a notas y apéndices, se vería claramente que el corazón de la obra es una descripción de monumentos y lugares que visitó en persona y observó cuidadosamente. De hecho, desde la Antigüedad ha sido utilizado como guía, tuviese él o no intenciones topográficas.
En lugar de largas descripciones con datos exactos de lugar, lo que hay son breves indicaciones destinadas al lector que ve ante sí los monumentos descritos. Expresiones como “Cruzando el Anigro en dirección a Olimpia por el camino recto, no muy lejos, a la derecha del camino, hay un lugar elevado…” (V 6, 4), “Bajando del ágora por el camino llamado Eutea hay un santuario de Apolo a la derecha del Prostaterio. Éste se encuentra apartándose un poco del camino” (I 44, 2), “El Apolo que está más cerca del león es de los masaliotas” (X 18, 7), “El hombre junto al que están los niños dicen que es Ptolomeo, hijo de Lago” (VI 15, 10), sólo tienen sentido si se piensa que el lector está ante el monumento mismo. Cuando se desvía de la secuencia topográfica, por regla general, lo advierte expresamente, aunque hay excepciones, como la descripción de Atenas, que es interrumpida varias veces e introducida de nuevo en otras partes. Pero en el libro I ya hemos dicho que se explica porque no había encontrado todavía un método oportuno de tratar su materia. Tampoco se sigue la secuencia topográfica en los lugares pequeños, en los que había poco que mencionar y era innecesario un riguroso cumplimiento del principio topográfico. También en Olimpia se apartó del principio topográfico, pues en Olimpia en un espacio relativamente pequeño están juntas una cantidad enorme de los monumentos más diversos. Describir estos monumentos en agrupación local supondría grandes dificultades. Entonces los distribuye por objetos: edificios más importantes, altares, ofrendas, primero las estatuas de Zeus, luego las otras ofrendas y, finalmente, las estatuas de vencedores, en las que domina en general el principio topográfico, con excepciones puestas de relieve por Pausanias (V 14, 4; 14, 10).
Sin embargo, recientemente se ha llegado a una estimación más equilibrada: así se ha puesto de relieve que los lógoi son parte integral, son esenciales, y no digresiones de los theōrḗmata 21 . Son tan importantes los unos como los otros. La igualdad intencionada de ambos componentes lo muestra, por ejemplo, I 39, 3, que forma el cierre de la descripción del Ática: “Esto es, en mi opinión, lo más notable del Ática por lo que respecta a las tradiciones y monumentos…”. Ambos conceptos son realzados por Pausanias, y en ningún lugar de su trabajo nos dice que conceda preferencia a los theōrḗmata frente a los lógoi . Lo que le importa es “lo más notable”, y con esto se refiere tanto a uno como a otro componente. Además, los lógoi , el componente mitológico e histórico, no deben entenderse como digresiones entre otras razones porque formaban parte de la materia que atraía al “turista”, y que de hecho eran objeto de explicación por parte de los guías. Noticias de escritores antiguos nos muestran que los “turistas” de la época tenían predilección por los monumentos del pasado, y especialmente por los de tipo sagrado, al mismo tiempo que gustaban de la historia y de la mitología 22 . De modo que, al seleccionar su material, Pausanias no sólo dejaba allí reflejados sus gustos, sino que intentaba complacer al “turista”.
Pero es tan extenso el material de los lógoi , y a veces tan accesorio, que da la impresión de que Pausanias lo incluyó con la esperanza de interesar a un círculo más amplio de lectores que no fueran precisamente “turistas” (que poco después de la muerte de Pausanias desaparecieron, cuando ya estaba totalmente arruinada la cultura antigua) y que pudieran encontrar entretenimiento e información en la lectura, tal vez hombres instruidos en el pasado y en la religión griega, eruditos amigos de curiosidades y de relatos extraños, sofistas, y ello tanto por la variedad de temas tratados como cuidando su estilo, según veremos, para que resultase una obra literaria. Evidentemente, Pausanias tenía intenciones literarias. Pero no se pueden separar los dos motivos, ni intentar averiguar si uno u otro predominó en la intención de Pausanias. Podemos decir con Reardon 23 que las intenciones de Pausanias no son ni exclusivamente literarias ni exclusivamente históricas o periegéticas, sino culturales, en el sentido que el siglo II daba a este concepto. Pausanias quiere complacer recordando la herencia de la tradición, y lo hace emprendiendo y describiendo una periegesis auténtica, que al mismo tiempo es ya una obra literaria. Tiene intenciones literarias, quiere instruir y agradar, lo mismo que Arriano, Ateneo, Diógenes Laercio, Polieno, pues la paideia que informa las obras de todos ellos y todo el periodo es el mundo griego, la historia, la vida griega. Precisamente Reardon, teniendo como precedentes los estudios de Marrou y de Bompaire, nos ofrece una interesante visión de conjunto de la literatura y la cultura de los siglos II y III d. C. y pone de relieve su capacidad de conservar y transmitir las ideas de fondo de la civilización griega; y en este sentido no hay siglo que sea más consciente, respetuoso y afianzador de esa tradición que el s. II . Así se explicaría “el arte por el arte” como una consecuencia natural de la fidelidad a la tradición literaria, y también la mimesis, expresión literaria del concepto de “educación”, de la paideia .
VI. PREDECESORES: EL GÉNERO PERIEGÉTICO
El título de la obra de Pausanias parece haber sido, según hemos visto, Helládos Periḗgēsis , y a él se le ha llamado el “Periegeta” y el “Guía”. Periegetas se llama a los cicerones o guías que existían en muchas ciudades desde antiguo. Sin duda, en el siglo II hubo un florecimiento del turismo porque existían las condiciones adecuadas, y había guías en muchos lugares interesantes, dispuestos a acompañar al turista y enseñarle todas las curiosidades y a contarle todas las anécdotas a cambio de una retribución 24 . La actividad de los periegetas aparece muy bien caracterizada en Plutarco (de Pyth. or . 395a). La actividad de los periegetas se llama periḗgēsis y el verbo empleado es periēgéomai “llevar alrededor”, “hacer ver en detalle”, o su equivalente perieltheîn , y antes en Platón (Fedro 230c) tenemos xenageîn “conducir a extranjeros, servirles de guía”. Pero la periḗgēsis designará también un trabajo de literatura, que es una descripción o explicación detallada de tipo anticuario, histórico, mitológico, de regiones, ciudades, santuarios, grupos de monumentos.
El género de la literatura periegética había comenzado en el s. III a. C. Por lo tanto, llevaba varios siglos de andadura y se cierra con Pausanias, autor de la única obra completa del género que ha llegado a nosotros. Tiene puntos de contacto con otros géneros literarios, como la geografía, la historia local, la mitología. Ha sido utilizado a veces como sinónimo del periplo o del periodo de los geógrafos, pero aunque se relaciona con éstos es un género independiente. Sus orígenes hay que buscarlos en Hecateo de Mileto, en las Genealogíai (estudios étnicos) y en la Períodos gês (descripción geográfica), salidos de la poesía épica, en los Períploi (circumnavegaciones o descripciones de las costas), escritos para uso de los navegantes, en las Historias de Heródoto, donde se describen países y pueblos no griegos.
Su época de surgimiento como género independiente y de florecimiento fue la helenística en relación con los esfuerzos de entonces por reunir la herencia del pasado y explotarla científicamente, y se acepta que el estímulo para ello remonta a Aristóteles. No ha sobrevivido apenas nada de la abundante literatura periegética, excepto citas de fragmentos, nombres de varios autores y unos cuantos títulos. Bischoff 25 da una lista de 68 nombres que la tradición transmite como periegetas, o bien que a la vista de sus fragmentos se pueden incluir entre los periegetas, de los cuales se pueden utilizar para una historia de la Periegesis apenas unos diez, y no con seguridad. Los gramáticos se han interesado bastante en este tipo de literatura. De los escasos restos de la literatura periegética que ha llegado a nosotros se pueden sacar algunas conclusiones, no muchas, sobre el contenido, forma y fin de este género literario.
Se suele distinguir 26 entre una periegesis geográfica, que remontaría a Hecateo y Heródoto, aunque limitada a un espacio más reducido, comarcas o ciudades individuales, con mezcla de intereses eruditos y prácticos, y una periegesis histórica o anticuaria, que no tiene un interés geográfico y que va expresamente a las antigüedades, especialmente los monumentos. La periegesis geográfica puede tomar material de la periegesis anticuaria (sería el caso de Pausanias). La histórica o anticuaria trata detalladamente los monumentos, bien en grupos del mismo tipo, bien todos los monumentos de un determinado lugar o santuario, o bien se mezclan estos dos principios. Conservamos títulos como éstos: Descripción de Siracusa, Descripción de Troya, Descripción de los tesoros de Delfos, Descripción de los tesoros de Atenas , etc. Se pretende hacer una descripción lo más completa posible del tema que se elige, y no solamente el emplazamiento y el aspecto, sino su historia, su valor anticuario, aspectos mitológicos o anecdóticos en relación con ellos. Esto, evidentemente, lleva a extensos excursos, que pueden apartarse mucho del tema principal. La limitación topográfica permite un mayor detalle y exactitud en los comentarios sobre los monumentos. La explicación es fundamentalmente histórico-anticuaria, pero no artística. No cabe duda de que estos eruditos reunían un inmenso material para explicar los monumentos de manera cuidadosa y exacta.
Los autores más famosos son Diodoro (de la segunda mitad del s. IV o del s. III a. C.), Heliodoro de Atenas (del s. II a. C.) y, sobre todo, Polemón de Troya (del s. II a. C.), escritor culto, que busca lo raro con un sentido genuinamente científico, que en su abundante producción expuso su cuidadosa investigación personal y que tocó muchos temas de la cultura griega: tradiciones mitológicas, problemas gramaticales, formas de culto, ciencias naturales, geografía, historia. No despreció el hacer una descripción interesante por medio de todo tipo de anécdotas e historias, pero en general estos autores pertenecen al campo de la literatura propiamente científica, no prestan demasiada atención a la forma estilística y son designados expresamente como periēgētaí , representando la Periegesis en su forma más pura.
El tránsito entre Hecateo y la logografía jónica a la periégesis de Polemón (s. II a. C.) lo representan el papiro de Hawara, publicado por Wilcken en el Genethliakon für Robert (Berlín, 1910), y Heraclides Crítico. La periegesis de Hawara es un ejemplo temprano de una guía de viajeros. Su autor vivió en el s. III a. C., y los fragmentos conservados en el papiro de alrededor del 100 d. C., muy breves, contienen una periegesis de Atenas que va en orden topográfico del Pireo a Atenas. El autor señala un par de edificios que le llaman la atención y distingue entre lógoi y theōrḗmata .
Por lo que respecta a Heraclides, autor en el s. III a. C. de un trabajo perì tôn tês Helládos póleōn , del que se conservan fragmentos bajo el nombre de Dicearco, no tiene interés ni anticuario ni artístico. Su obra, a juzgar por lo que conservamos, es una periegesis del Ática y de Beocia, impresiones de viaje compuestas a la manera de una guía turística, y basadas en la observación de la vida presente, de la fauna y de la flora, sin lógoi con un estilo cuidado.
Parece, pues, que hay una gran diferencia entre Pausanias y sus predecesores: éstos escribían monografías sobre lugares concretos, incluso monumentos concretos, para un círculo más restringido de lectores instruidos, mientras que el fin de Pausanias es de mayor envergadura y para un público más extenso: escribir un libro-guía de los lugares y monumentos dignos de mención de toda Grecia, un libro que instruyese y complaciera al mismo tiempo.
VII. FUENTES
Pausanias habla muy poco de las fuentes que ha utilizado, no cita obras que ha debido de consultar, y las que cita, en su mayor parte, se han perdido o no quedan de ellas más que fragmentos. De manera que es tarea dificilísima y poco fructífera intentar identificar los autores no citados, pero utilizados, y las obras desaparecidas. Por otro lado, no hay que olvidar que Pausanias era un hombre culto, con amplio conocimiento literario, y que gran parte de los datos que nos transmite son lugares comunes, aprendidos en las escuelas, que se repetían en todas partes, y que no podría precisar de dónde procedían.
En este aspecto hay que distinguir entre la parte histórica o explicativa y la periegética o descriptiva. Para la primera ha tenido que depender necesariamente (salvo para los acontecimientos que sucedieron durante su vida) de documentos escritos o de relatos orales. Para la parte periegética o descriptiva no ha necesitado de otros, le han bastado sus ojos, aunque haya podido consultar también otros autores.
A) En cuanto a la parte histórica, ha utilizado muchas fuentes literarias , en primer lugar los poetas épicos, sobre todo para sus relatos de época mítica y heroica. Entre los poetas, el que le merece más confianza es Homero (II 21, 10): es una autoridad en cuestiones mitológicas y leyendas y lo cita numerosísimas veces. Pero también utiliza otros poemas cíclicos y épicos como la Naupactia , los Cantos Ciprios , la Iliupersis , la Pequeña Ilíada , la Miníada , la Edipodia , la Tesprótide , los Nostos , la Tebaida , colocando esta última inmediatamente después de las dos grandes epopeyas de Homero, ya que para él es también obra suya. De Hesíodo no habla muy bien, y aunque no tiene duda sobre su paternidad de los Trabajos , la tiene sobre la de la Teogonía y la de las Grandes Eeas . Cita a Asio de Samos, Cinetón de Esparta, Aristeas de Proconeso, Paniasis. De Eumelo de Corinto sólo cree que es auténtica una de las obras que se le atribuyen. También desconfía de la atribución de algunos versos a un antiquísimo Filamón de Argos. Cita las Argonáuticas de Apolonio y conoce al poeta alejandrino Euforión de Calcis. Cita los himnos de Panfo y de Olén, que le interesa por su participación en los ritos de Ilitía, así como por el papel que juega en los comienzos de los cultos de Delos y Delfos. De Museo tiene sólo por auténtico el Himno a Deméter . Los Himnos Órficos los tiene en gran estima, son para él casi equiparables a los homéricos, pero no todo lo que se atribuye a Orfeo es auténtico, parte de ello es atribuible a Onomácrito. Es consciente de que hay muchas obras tardías que circulan con nombres que no les corresponden (cf. I 14, 3; 22, 7; II 37, 3; VI 18, 6, etc.).
De entre los líricos conoce los poemas de Alceo, Alcmán, Arquíloco, Safo, Píndaro, Estesícoro, Telesila de Argos, Praxila de Sición. Al que más cita es a Píndaro.
Tiene poco interés en los trágicos. Con el que más simpatiza es con Esquilo. No cita jamás a Eurípides como fuente, una sola vez a Sófocles, otra a Aristófanes.
En cuanto a los historiadores, parece haber utilizado mucho a Heródoto (para la historia griega hasta las Guerras Médicas), a Tucídides, en menor medida, para la Pentecontecia, y a Jenofonte, junto con Tucídides, para la Guerra del Peloponeso, aunque a estos dos últimos apenas los cita. Pausanias presupone que los grandes trabajos de historia son conocidos y renuncia a explicaciones con la advertencia de que son generalmente conocidos (I 23, 10; II 30, 4).
Otros historiadores que nombra expresamente Pausanias son Hecateo, Helánico, Filisto, Jerónimo de Cardia, Carón de Lámpsaco, Antíoco de Siracusa, Ctesias, Teopompo, Anaxímenes de Lámpsaco, Mirón de Priene. La actividad historiográfica de Polibio es recordada solamente en VIII 30, 8.
Aparecen citadas también historias locales, que suelen ser transmisoras de cuentos raros, de tradiciones singulares y anómalas: la obra en verso de Liceas de Argos, la Historia de Corinto atribuida a Eumelo, la de los atidógrafos Androción y Clitodemo, la Atthís en verso de Hegesínoo, la Historia de Orcómeno de Calipo, la de Hipéroco de Cumas y otros autores poco conocidos.
Apenas son utilizados los oradores, y falta casi totalmente la literatura helenística, con unas pocas citas de poetas y muy poco de historiadores. En cambio, sí utiliza la literatura de su tiempo.
No quiere decir que tenga que haber leído todos los autores que cita, sino que puede citarlos de segunda mano, pues muy probablemente la mayor parte de sus conocimientos procede de florilegios y manuales que había en gran número en su tiempo.
Pero, naturalmente, las fuentes citadas constituyen sólo una parte de las utilizadas. Es probable que utilizara, por ejemplo, a Plutarco para la biografía de Epaminondas, a Polibio para la historia acaica o la biografía de Filopemen, a Diodoro, a quien no cita.
En el terreno de la mitología, probablemente la fuente más importante es la Biblioteca de Apolodoro y también la obra de Filón de Biblos.
En el terreno de la taumasiología son posibles fuentes Filostéfano de Cirene e Isígono de Nicea, aunque aquí además de sus lecturas, hay que contar con la experiencia directa de Pausanias, en la que, naturalmente, cabe la exageración.
Ejerce una cierta crítica en relación con estas fuentes: cuando los relatos se contradicen, los sopesa y opta por el que le parece más verosímil o menos problemático. Así, cuando va a contar las guerras de Mesenia, cita expresamente sus fuentes: una historia en prosa de la primera guerra, obra de Mirón de Priene, y una en verso de la segunda, obra del megarense Riano de Bene. Y a propósito de una divergencia de estos autores acerca de la fecha de Aristómenes (IV 6, 4), prefiere el testimonio de Riano al de Mirón, pues, en su opinión, la verdad y la verosimilitud no son cualidades de éste. Ha visto los prejuicios que quitan objetividad a la obra de algunos historiadores, como, por ejemplo, la de Jerónimo de Cardia (I 9, 5), fuente para la primera época de la historia de los Diádocos, llena de parcialidad en favor de Antígono y de hostilidad hacia Lisímaco por haber destruido éste su ciudad natal; o la de Filisto en favor de Dionisio (I 13, 9), porque espera obtener la autorización de entrar en Siracusa.
Ha utilizado amplia y excelentemente el registro eleo de los vencedores olímpicos, que cita numerosísimas veces, quizá no los documentos originales depositados en los archivos de Élide, sino los publicados por el sofista Hipias de Élide, de los que seguramente circulaban varias copias.
Otra fuente de información son las tradiciones locales, orales u escritas, y los guías locales, a los que frecuentemente se refiere como anticuarios hoi tà archaía mnemōneúontes o exegēgētaí , o con expresiones similares (I 31, 5; 35, 8; 41, 2), que se encuentran en la mayor parte de los lugares importantes y de los que sin duda tomó tradiciones locales, medidas de edificios, información valiosa y datos interesantes, pero igualmente con espíritu crítico. No puede dudarse de que en cada lugar de Grecia había multitud de relatos orales sobre su historia, sus monumentos, su culto, que al menos conocían los instruidos del lugar o los sacerdotes.
La mayor parte de las veces es imposible distinguir la clase de fuente de la que proceden los datos de Pausanias. Las expresiones que pertenecen a la esfera de “decir” u “oír”, como légein, phánai, homologeîn, onomázein, kaleîn, akoúein, pynthánesthai , no siempre pueden referirse a tradiciones orales, pues las mismas expresiones son empleadas para las citas literarias. Es un modo antiguo general de citar. Algunas expresiones del tipo de légousi se consideran como arcaísmos imitados de Heródoto.
Otra fuente importante, que vale tanto para la parte histórica como para la periegética, y de la que Pausanias ha sacado numerosísimos datos, son las inscripciones. Las que conservamos prueban que Pausanias las ha interpretado correctamente cuando nos transmite su contenido o un resumen, pero también con espíritu crítico. Así, en el gimnasio de Anticira ve la estatua en bronce del atleta Jenodamo de esta ciudad (X 36, 9), ganador del premio del pancracio en Olimpia; pero Pausanias no encuentra el nombre en el registro de los Juegos Olímpicos, deficiencia de la que deduce que la victoria de Jenodamo debió de tener lugar en la 211.a olimpiada, que es la única que falta en el registro.
Pausanias ha transcrito numerosas inscripciones, principalmente métricas, palabra por palabra, y ha resumido un buen número de ellas a lo largo de todos sus libros, pero especialmente en el V y en el VI, en el V las que están grabadas en los monumentos de Olimpia, y en el VI las de las basas de las estatuas de los vencedores. Pausanias describe unas doscientas estatuas de vencedores. Cada inscripción de este tipo incluye habitualmente el nombre del atleta, su patronímico, su étnico, la prueba en la que fue vencedor y el escultor que hizo la estatua, y frecuentemente la fecha de la victoria y otros datos que pudieran ser interesantes. Pausanias toma los datos que le interesan y pone buen cuidado al expresarse en distinguir lo que está en el texto de la inscripción en cuestión y lo que, dado el caso, es añadido como explicación del autor a través de un “parece”, o “se dice” o giros parecidos, lo cual demuestra su esmerada honradez.
Unas ciento cincuenta basas con inscripción de estatuas de vencedores han sido encontradas. En unos treinta y tantos casos se puede comparar la inscripción original con el resumen de Pausanias. Y entonces se nos muestra que copió lo esencial de las inscripciones, que lo hizo con el mayor cuidado y que tuvo que saber leer varios alfabetos antiguos, distintos dialectos, y que frecuentemente ha superado las dificultades que las piedras desgastadas presentaban. También se da el caso de que aparezcan errores y fallos en el informe de los hechos verdaderos o conclusiones falsas. Es particularmente notorio el caso del pórtico de los atenienses, construido, según Pausanias (X 11, 6), con las riquezas ganadas en la Guerra del Peloponeso, pero que en realidad lo fue con ocasión de las dos batallas del Euripo en el 506, en que los atenienses vencieron a los beocios y a los calcidios. En el pórtico hay una inscripción de alrededor del 500 a. C. (BCH 1881, 700) que alude a esta victoria. La inscripción que enumera las ciudades vencidas y a la que se refiere Pausanias era la que estaba dentro del pórtico y hace referencia a trofeos marítimos y a escudos consagrados durante la guerra del Peloponeso (la campaña de Formión tuvo lugar en el 429 a. C.). Tal vez no se dio cuenta de la diferencia de caracteres gráficos entre ambas dedicatorias, separadas casi por un siglo. Sus datos son fidedignos, aunque sus interpretaciones alguna vez puedan fallar.
Cabe preguntarse hasta qué punto es fiel a las formas dialectales que encontró Pausanias en las inscripciones cuando las transcribe palabra por palabra, si copió las inscripciones tal y como las leyó o bien las modificó, si introdujo cambios por formas dialectales más conocidas para él y sus posibles lectores, porque sería de esperar que, dados la precisión de sus descripciones y su interés por la conservación del pasado, también pusiese el máximo interés en mantenerse lo más fiel posible a los documentos de ese pasado, que sin duda ninguna vio. Son muy escasas las inscripciones citadas textualmente por Pausanias cuyo original ha sido encontrado. Son muchas, en cambio, las citadas textualmente, en su mayoría métricas, pero no encontradas. Las tres inscripciones citadas textualmente que han sido encontradas, pero en un estado muy fragmentario, son V 10, 4; V 22, 3 y V 24, 3. Observamos en este sentido una modernización de grafías en el texto de Pausanias y la sustitución de una forma dialectal por otra más docta. Por lo demás, el texto de Pausanias es fiel al de las inscripciones en cuestión. Los cambios observados pueden deberse al propio Pausanias o a la transmisión 27 .
Por lo que respecta a las inscripciones métricas citadas textualmente, pero no encontradas, en total 28, hemos observado en nuestra investigación unas características lingüísticas semejantes a las que poseen las inscripciones en verso de las distintas regiones de Grecia, que han sido estudiadas por K. Mickey 28 . En la lengua de estas inscripciones existe una gran uniformidad: se tiende a evitar las formas características de los dialectos locales y se encuentran en ellas un buen número de formas no locales, especialmente sacadas de las lenguas literarias. Teniendo en cuenta esta tesis, quizá no habría que esperar grandes diferencias entre los originales y la forma que nos ha llegado de Pausanias, dado que la transmisión del texto, según veremos, presenta muy pocas variantes, especialmente por lo que a la lengua respecta. Su fidelidad a estos documentos antiguos, no sólo de contenido, sino de la forma, creemos que es patente, aunque no se pueda demostrar en detalle si la modernización de la grafía o la sustitución de alguna forma dialectal por otra más docta se debe a él o a la transmisión. En cualquier caso, es evidente que Pausanias hace observaciones de tipo lingüístico y nos da noticias sobre la historia y la prehistoria de la lengua griega: “antes de que los Heraclidas retornaran al Peloponeso, los argivos hablaban el mismo dialecto que los atenienses” (II 3, 7); o sobre el cambio o permanencia de un determinado dialecto: “los megarenses cambiaron tanto sus costumbres y su lengua que se convirtieron en dorios” (de atenienses que eran) (I 39, 5); “los mesenios anduvieron errantes fuera del Peloponeso aproximadamente trescientos años, en los cuales no abandonaron ninguna de sus costumbres patrias ni olvidaron el dialecto dorio, sino que conservaron, incluso hasta nuestros días, el dorio más puro del Peloponeso” (IV 27, 11); nos habla de diferencias dialectales en el vocabulario y en la fonética: por ejemplo, que llaman Badi al río en dialecto local (V 3, 2), que las imágenes de Zeus son llamadas Zanes por los nativos (V 21, 2), y otras (II 32, 10; V 17, 5; VIII 23, 3; 25, 6; etc.); o hace sus observaciones sobre el modo de escritura de las inscripciones: habla del bustrofedón, de inscripciones en vueltas difíciles de seguir (V 17, 6), en letras antiguas (V 22, 3), con las letras de derecha a izquierda (V 25, 9), escritas en dórico (II 27, 3) 29 .
B) Por lo que respecta a la parte descriptiva o topográfica, también podríamos preguntarnos si el conocimiento de los lugares y de los monumentos que describe se debe a su propia observación o a los libros, o a las dos cosas a la vez. Pausanias nunca confiesa haber tomado en préstamo ninguna de las descripciones a autores anteriores, y a veces afirma haber visto lo que describe explícitamente, idṑn oîda “conozco porque lo he visto” (V 12, 3; 20, 8; IX 39, 14), o implícitamente, théas áxios “digno de ver”, en numerosos lugares. No existe razón, en nuestra opinión, para dudar de su palabra, de modo que se pueden aceptar sin reservas sus afirmaciones. Lo que ocurre es que este tipo de afirmaciones las hace muy pocas veces en comparación con los lugares en que no dice nada. Por otro lado, la visión directa es compatible con el uso de obras escritas, colecciones de varios tipos o manuales. Es posible que Pausanias se haya informado antes de sus viajes en la literatura accesible sobre los monumentos o lugares de Grecia que él quería visitar. De la literatura pueden proceder datos sobre distancias o medidas, pues no es probable que se pusiera a medir él mismo, aunque a veces hay apreciaciones aproximadas que sí proceden de él. No se puede excluir, en suma, cierta dependencia de fuentes periegéticas. Pudo utilizar mapas, periplos y otros documentos topográficos. Es natural que Pausanias consultase las obras de escritores anteriores que tratasen el mismo tema que él, pero los títulos y fragmentos que nos han llegado de éstos no prueban que Pausanias los haya copiado. A finales del s. XIX se admitió que una buena proporción de la parte descriptiva no procedía de su propio conocimiento, sino de la literatura, y especialmente de Polemón 30 , incluso en aquellos casos en que no se puede negar una visión directa. A ello contribuyó el hecho de que apenas menciona monumentos posteriores a la segunda mitad del s. II a. C. Frazer 31 ha hecho la comparación de Pausanias con los fragmentos que se conservan de Polemón, y aunque hay numerosas coincidencias en la mención de objetos y tradiciones comunes, dado que se trata del mismo tema, sin embargo nada prueba que Pausanias haya copiado a su predecesor, con el que no coincide en numerosos detalles y puntos de vista.
Hoy no se puede dudar de la “autopsia” de Pausanias. Es asombroso comprobar lo fidedignos e instructivos que son sus datos y cómo una expresión lingüística que parece insignificante, o una particularidad, o un detalle en la lectura, reciben sobre el terreno pleno sentido y facilitan importantes conclusiones. Pasajes como VIII 22, 7, a propósito de las aves estinfélidas: “Es difícil distinguir claramente si eran una obra de madera o de yeso, pero me pareció, por lo que pude deducir, más bien de madera que de yeso”, o IX 33, 7, a propósito del santuario de Alalcómenas: “También había en mi tiempo otra cosa que contribuyó a la destrucción del templo. Una hiedra grande y fuerte que crecía junto a él separó sus junturas y apartó las piedras unas de otras”, prueban la “autopsia” y que describe lo que existía verdaderamente en su tiempo y no antes.
El mérito del trabajo es que tenemos en él una descripción de la Grecia del s. II d. C. por un viajero que la conoce y que ha visitado hasta sus más alejados rincones. Frecuentemente asegura Pausanias que este o aquel templo está destruido, que no tiene techo o imagen de culto, que aquella localidad está abandonada y que sólo quedan ruinas visibles y Grecia no estaba así en época helenística. De Lusos, por ejemplo, sólo conoció ruinas (VIII 18, 8), mientras la ciudad y el santuario estaban todavía en pie en la época helenística. Algunos monumentos que menciona proceden de s. II d. C.: así, una estatua de Adriano en Cineta (VIII 19, 1) y otra en Olimpia (V 12, 6), ofrendas de Nerón (V 12, 8), la más reciente estatua de Zeus en Olimpia, del año 125 d. C. (V 21, 15). No se puede decir que en todo su trabajo mencione Pausanias como existente un monumento que ya no exista en su tiempo; por el contrario, muchas veces señala que un determinado monumento ya no existe; así, los tesoros de Delfos están vacíos (X 11, 1). Lo que da es lo que verdaderamente existe en su tiempo: es, pues, una descripción de la Grecia de su tiempo tal como la vio. Es, pues, una guía.
Por lo que respecta a su modo de trabajar, se ha dicho con frecuencia que Pausanias es un ingenuo, pero lo cierto es que no acepta todo lo que lee ni todo lo que oye: “yo quiero escribir de acuerdo con los megarenses, pero no puedo estar de acuerdo en todo con ellos, sino que estoy convencido de que…” (I 41, 4); “… es para mí obligado decir lo que dicen los griegos, aunque no es necesario creerlos en todo” (VI 3, 8). Muchas veces expresa su escepticismo: “pero para mí es increíble que se convirtiera de hombre en pájaro (I 30, 3); “otros creerán esta historia” (IX 8, 1); su elección es crítica: “Los guías megarenses no dicen nada relativo a ella, pero yo escribiré lo que creo que sucedió” (I 42, 4). Se nota un esfuerzo por separar lo que ha visto, oído o leído de cualquier comentario que pueda él hacer sobre el tema. La honradez de Pausanias consiste en particular en distinguir cuidadosamente entre el hecho y la interpretación, entre la descripción y el logos. Cuando abandona los hechos o la descripción, multiplica las expresiones: “dicen”, “los megarenses dicen”, “a mí me parece”, etc.
En sus comentarios personales aplica frecuentemente su inteligencia y conocimientos para llegar a conclusiones que no son siempre acertadas, como en VI 9, 4-5, en que, a propósito de una inscripción conmemorativa de la victoria en carro de Gelón, hijo de Dinómenes de Gela, en el 488, deduce que no puede tratarse del tirano de Sicilia, sino de un particular, porque el tirano debería figurar como ciudadano de Siracusa y no de Gela. Pausanias piensa que se apoderó de Siracusa en el 491, y está equivocado: en realidad tomó Gela en el 491 y Siracusa en el 485. Luego el Gelón de la inscripción sí es el tirano.
Pero esto no menoscaba su largo trabajo de descripción, sus virtudes de minuciosidad, diligencia, precisión en la información y comentario serio, tal como lo testifican numerosísimas excavaciones en toda Grecia y la transmisión de la esencia de más de 200 inscripciones atléticas. Roux 32 dice que los estudiosos modernos no han encontrado un solo error topográfico en su obra, y Daux 33 afirma que Pausanias tiene menos errores que los trabajos de muchos estudiosos modernos con más medios a su disposición. Uno de los ejemplos más notables es el de la topografía de Delfos, testimonio auténtico, en que una observación más precisa y objetiva ha permitido mostrar que los monumentos daban la razón a Pausanias en contra de las hipótesis modernas.
VIII. PAUSANIAS ESCRITOR: MODELOS LITERARIOS
Hemos dicho ya que Pausanias no quiere solamente ser un “guía”, sino que se esfuerza en escribir, en dar a su obra el carácter de trabajo de literatura. Para ello no podía dejar de aplicar las recetas de escuela que la retórica imponía. La retórica colorea toda la producción literaria, y en relación con ella está el movimiento de la Segunda Sofística, un movimiento orientado hacia la defensa de la tradición, “imitativo” de los modelos clásicos, que puso su meta e ideal en la creación de una elocuencia eficaz, en el arte de poder improvisar un discurso perfecto lingüísticamente sobre un tema determinado o componer grandes discursos cuidadosamente trabajados con el mayor boato de la retórica sobre los más diversos temas. Era una oratoria epidíctica, una oratoria de lucimiento, en la que lo que menos importaba era el tema, el contenido, pues la oratoria política había muerto con la libertad de palabra y la judicial apenas interesaba; no se apreciaban las ideas nuevas y originales, sino la forma, la expresión oral, la perfección técnica. Los grandes maestros en este arte alcanzaron gran fama y fueron extraordinariamente apreciados tanto como maestros de retórica cuanto en calidad de oradores ambulantes en los más diversos lugares, alcanzando una elevada posición económica y algunos de ellos estrecha vinculación con los emperadores. Los más importantes representantes de esta “retórica pura”, como la llama Reardon, son Herodes Ático y Elio Arístides. Pausanias no pertenece a este grupo, pero sólo podía transmitir la cultura helénica siendo un autor digno, y esto sólo lo podía conseguir aplicando a su materia los procedimientos de estilo que se aprendían en la escuela. Reardon 34 lo incluye en el grupo de escritores que él llama de la “retórica aplicada”, un grupo bastante heterogéneo, que comprende filósofos como Favorino, Máximo de Tiro, historiadores como Arriano o Herodiano, compiladores como Eliano o Polieno, a los cuales les interesaba instruir y divertir.
Por un lado, el estilo de Pausanias es sencillo, sin adorno, sin elegancia, con frases desprovistas de ritmo y armonía, pero al mismo tiempo es un estilo muy trabajado. Es una mezcla de sencillez y de pretensión que hacen trabajosa su lectura.
En efecto, sus características más llamativas son la colocación no natural de las palabras (cf., por ejemplo, VI 2, 8; VIII 10, 2; X 20, 3; X 22, 3) y la variatio , que ha marcado la composición en su totalidad. Se esforzó por la variedad y la evitación de la uniformidad a cualquier precio (cf., entre los muchos ejemplos, I 6, 7; II 17, 5; V 15, 2; VI 2, 2). Busca cambiar la expresión por todos los medios. Cuando le sea posible, evitará la repetición de expresiones y construcciones de frases iguales con palabras o construcciones parecidas o de igual significación o mediante perífrasis. Las posibilidades de la lengua griega son utilizadas al máximo. Pero su materia era particularmente difícil para esto, dada la secuencia topográfica de los lugares que tenía que describir y la enumeración de un sinfín de cosas semejantes.
Además utiliza otros muchos recursos de estilo que se encuentran en escritores clásicos, como epanalepsis, anáforas, paralelismos antitéticos, quiasmos, lítotes, pero mientras los escritores clásicos hacen de ellos una utilización parca, Pausanias los emplea de una manera excesiva y amanerada. De este modo logra una lengua muy artística y nada natural, pues al trabajar la expresión en extremo, hace que su estilo sea incómodo y ofrece considerables dificultades a la comprensión.
Desde el siglo pasado se ha planteado la cuestión de los modelos que imita. La imitación de Heródoto y Tucídides, un elemento importante en Pausanias, la han tratado Pfundter y Fishbach respectivamente 35 , y, por otro lado, Boeckh 36 inició en el siglo pasado la tesis de la influencia del estilo asiánico de su paisano Hegesias de Magnesia del Sípilo, maestro de retórica que, imitando la sencillez de Lisias cayó en un estilo afectado y melindroso, tesis que han seguido numerosos estudiosos. La aceptación de la influencia de Hegesias o asiánica se basa sobre todo en la colocación no natural de las palabras.
A la tesis de Boeckh se ha opuesto Blass, para quien la construcción del periodo sin ritmo no es propia de Hegesias, mientras que las típicas características del estilo asiánico, como la frase desmenuzada, miembros cortos con ritmos llamativos, secuencias rápidas y cortas, expresiones ampulosas, monotonía de ritmos, oraciones tipo verso, cuidado en la evitación del hiato, no aparecen en Pausanias. También Pasquali 37 rechaza la tesis de la igualdad de estilo entre Pausanias y Hegesias: Pausanias moderniza a Heródoto en el estilo de sus contemporáneos, no en el de Hegesias.
Engeli 38 se interesó por el aspecto de la variatio y estudió el modo de variar la expresión en las relaciones de coordinación.
La última monografía dedicada al estilo de Pausanias es la de O. Strid 39 , que hace un análisis minucioso tratando de ver lo que hay de clasicismo, de asianismo, de influencia de Heródoto y de Hegesias. Aparte de los diveros influjos de la prosa helenística, él ve un clasicismo básico en la lengua y en el estilo, principalmente de cuño herodoteo, pero también se sirve de Tucídides como modelo: así en los anacolutos, en parte también en la colocación de palabras; incluso la variatio , cuestión principal en Pausanias, se remonta más, según este autor, a Tucídides que a Heródoto. Pero Pausanias está en su amaneramiento y exceso muy lejos de sus modelos. También es de la opinión de que debe rechazarse la tesis de que Pausanias escribe en estilo asiánico, ni en el sentido de Hegesias, ni en el de los representantes de la segunda Sofística, y aunque se halla bastante solo, en algunos aspectos coincide con Arriano, Filóstrato y Eliano, participando todos ellos en una orientación de estilo que evita los periodos largos bien construidos, que no se ocupa de la construcción de la frase, sino que encuentra gusto en el anacoluto y no tiene cuidado en evitar el hiato. Para Strid es injusta la consideración de escritor de poca calidad que tiene entre algunos críticos.
En conclusión, es evidente que Pausanias quiso hacer un trabajo interesante y atractivo desde el punto de vista literario, de forma que la variedad y la policromía en cuanto al contenido tuviesen un paralelo en el estilo. Intentó no aburrir a sus lectores, y se esforzó por la variedad y la evitación de la uniformidad a cualquier precio, tomando como modelos sobre todo a Heródoto y a Tucídides, pero yendo más allá y desarrollando un estilo ecléctico, aunque en su totalidad uniformemente propio, estilo que no sabemos si correspondería a las demandas estéticas del gusto literario de sus contemporáneos. Sea como sea, el cuidado esmeradísimo que Pausanias consagra al estilo es en sí muy digno de alabanza, aunque el resultado no nos guste a los modernos, ya que para evitar la monotonía y alcanzar la variedad en la expresión tiene que sacrificar a veces la sencillez y la claridad. En general, como escritor, sólo ha merecido un lugar más bien modesto.
IX. PERSONALIDAD DE PAUSANIAS . PENSAMIENTO POLÍTICO . CREENCIAS RELIGIOSAS
Pausanias habla muy poco de sí mismo y pocas veces manifiesta abiertamente sus opiniones, su manera de pensar. Sin embargo, aunque es difícil, se puede intentar perfilar algunas conclusiones sobre su personalidad.
Lo que no ofrece duda es que es un hombre de su tiempo, un hombre típico del s. II , de la misma época, de la misma familia espiritual que Elio Aristides, o Plutarco, o Adriano, cuyas opiniones son más o menos las de sus contemporáneos, como vamos a ver.
1. Pensamiento político
Hay que destacar el gran amor de Pausanias a Grecia –principalmente a la Grecia Madre–, su patriotismo, y una profunda tristeza por la decadencia que la ha conducido a ser gobernada por otros, a convertirse en provincia romana, ella que siempre deseó la libertad.
Sólo le interesa la historia de la Grecia independiente, hasta el 146 a C., fecha de la destrucción de Corinto por los romanos. En cambio, cuenta muy poco sobre su propio tiempo y sobre el Imperio Romano en general. La literatura del periodo hace pocas referencias a Roma. El hecho histórico ante el que reacciona no es el establecimiento del Imperio Romano, sino la desintegración de la tradición griega. No es expresamente hostil al gobierno romano en general, aunque sí a romanos en particular. Es un súbdito leal, admite la benevolencia general de la administración romana y exalta a los emperadores bajo los que le tocó vivir, sobre todo a Adriano (I 5, 5), pero también a Antonino Pío (VIII 43, 3 ss.), que amaban a Grecia y que fueron sus bienhechores. Como hombre apasionado por la Antigüedad, por todo lo que era archaîos , no puede disimular el disgusto que experimenta ante las depredaciones de Roma sobre los objetos artísticos de Grecia (VIII 46, 1; X 7, 1), especialmente las de Sila y Nerón (IX 33, 6), reconocidamente crueles y rapaces, pero también las de Augusto.
Lamenta el hecho de que Grecia sea gobernada por extranjeros que no han contribuido a la cultura griega, de la misma manera que es enemigo de todos los que amenazaron o disminuyeron la libertad de los griegos: los persas, los macedonios, los tiranos griegos, los celtas. Incluso cuando está gobernada por emperadores excelentes, para Pausanias, la dominación romana no es más que tolerable. Gurlitt y Regenbogen son de la opinión de que su actitud hacia Roma es hostil. Pero, en general, los puntos de vista no son tan extremos: así, Heer no ve ninguna animosidad política contra Roma ni considera a los romanos responsables de la triste situación de Grecia, cuya decadencia había comenzado mucho antes. Parece haber aceptado la dominación romana porque reconoce la incapacidad de los griegos para gobernarse a sí mismos. Dice Heer que si hay resentimiento en Pausanias, no es político, es de orden “nacionalista” y habla de “amargura secreta”, pues Grecia es superior a Roma por su civilización 40 .
Su gran amor a Grecia y a su libertad le lleva a juzgar a las diferentes ciudades griegas de acuerdo con su comportamiento en los momentos de peligro para la libertad, es decir, si lucharon por Grecia, la defendieron y se rebelaron contra los que habían roto esos ideales, o se mantuvieron neutrales o estuvieron al lado del enemigo (cf. IV 28, 2-3; V 4, 9; VII 6, 5-7; VIII 6, 2-3; X 3, 4, etc.). Manifiesta las razones que tuvieron, según ellos, para obrar de un modo u otro, pero no los perdona y se encarga de hacer ver cómo pagaron por no haber cumplido con su deber. Solamente los atenienses cumplieron siempre con ese honroso deber de luchar por la libertad de Grecia, de aquí que ésta la perdiera cuando Atenas ya no tuvo fuerzas para defenderla (VII 6, 8-9). Y, del mismo modo, no siente ningún aprecio por los políticos que oprimieron o lucharon contra Grecia de algún modo: Filipo, hijo de Amintas, Ca-sandro y su familia (IV 28, 4; IX 7, 2-3), etc., mientras que se preocupa de señalar a los benefactores de Grecia, Milcíades, Codro, Leónidas, Temístocles, etc., a los que considera como los principales patriotas (VIII 52), y también algunos particulares, Adrasto, Faílo de Crotón (VII 6, 6; X 9, 2), etc.
Admira a Atenas, campeona de la libertad griega, más que a ninguna otra ciudad, y esta admiración deja su huella en sus gustos artísticos y literarios, en su versión de los acontecimientos, en su interpretación de la política, de la historia, de la mitología. Todo lo ve a través de Atenas. Por eso le perdona incluso su gobierno democrático, “que no ha hecho prosperar a ninguna ciudad más que a Atenas” (IV 35, 5). No es en absoluto un entusiasta de la democracia: “Fue una decisión justa, a pesar de ser del pueblo” (I 29, 7) (y también I 8, 2 ss., y 18, 8). No confía en ella. Respecto a la monarquía, es buena si lo es el monarca. Es la forma de gobierno menos inaceptable. La oligarquía no le gusta, pero sobre todo detesta la tiranía (cf. cómo pinta a los tiranos en I 25, 7-8; II 8, 2-3; IV 29, 10, etc.). Se puede decir que sus opiniones sobre las distintas clases de gobierno son poco más o menos las de su tiempo.
2. Creencias religiosas de Pausanias
Quizá donde más se revela la personalidad de Pausanias es en su curiosidad e interés por la religión. Su actitud religiosa se explica por ser un hombre de su tiempo y por estar lleno de romántica exaltación por la Antigüedad. Aparece como creyente partidario de la antigua religión griega en todas sus formas de manifestación. Esto ha llevado últimamente a J. Elsner 41 a verlo como un peregrino, pues su fuerza religiosa lo diferencia significativamente de los viajeros de intereses más generalmente anticuarios, llegando incluso a compararlo con los relatos más tempranos de peregrinos cristianos, como el de Egeria. Pausanias, al igual que Elio Arístides y tantos otros, guarda en su corazón una piedad profunda y sincera. Ella es la mejor salvaguarda contra el azar y maestra de la vida de los hombres. Tiene fe en lo divino, nunca pone en duda la existencia de los dioses, y alaba a los atenienses porque “son piadosos con los dioses más que otros… y es muy claro que los que tienen más piedad que otros, tienen una buena fortuna equivalente” (I 17, 1); y a los beocios de Tanagra porque “son los que tienen mejores prácticas entre los griegos en el culto a los dioses, pues sus casas están a un lado y a otro los santuarios, por encima de ellas, en un lugar puro y lejos de los hombres”.
Los dioses y los hombres pertenecen a esferas distintas y hay una barrera insuperable entre ellos: la mortalidad de los hombres. Así, cuando relata que Sémele fue sacada del Hades por Baco, dice: “pero yo estoy persuadido de que Sémele de ningún modo murió, pues era mujer de Zeus” (II 31, 2). El hombre no puede convertirse en dios ni después de su muerte ni en vida. Condena a los romanos y a sus emperadores deificados (VIII 2, 5): “Pero en mi tiempo, como la maldad ha crecido muchísimo y se ha extendido por toda la tierra y todas las ciudades, ya ningún hombre se ha convertido en dios, excepto en la adulación a los poderosos, y la venganza de los dioses está reservada para los injustos tarde y cuando se van de aquí”.
Los dioses llevan una vida feliz lejos de la humanidad, pero, eso sí, han intervenido e intervienen activamente en el curso de los acontecimientos, recompensando a los buenos (I 40, 2-3; X 32, 4) y, sobre todo, castigando a los malos (I 20, 7; I 33, 2; III 10, 3-5). Su cólera (mḗnima o también díkē theôn) , cuando reciben una ofensa, destruye a los culpables: “… (Filipo) violó continuamente los juramentos de los dioses, traicionó los pactos en todas las ocasiones y despreció la fidelidad más que ningún hombre. La cólera de los dioses no le llegó tarde, sino antes que todos los que conocemos (VIII 7, 5-6); “no escaparon a la cólera del dios ni Menófanes, ni el propio Mitrídates” (III 23, 5). En muchos casos el castigo es motivado por atentar contra la propiedad sagrada, como en el de Mitrídates y Menófanes, por su ataque a Delos, la isla sagrada de Apolo (III 23, 5). Pero el peor de los crímenes es el que se comete contra los suplicantes: fue la causa de la destrucción de la ciudad de Hélice (VII 24, 5-6), del terrible final del caudillo espartano Pausanias (III 17, 9) y del general romano Sila (I 20, 7). Además, “el hombre no tiene ningún camino para evitar el destino impuesto por la divinidad” (I 5, 4).
Siguiendo el camino emprendido por Píndaro y por Platón, a los dioses los despoja de toda maldad. Donde los dioses intervienen directamente en los destinos humanos, el autor no emplea nunca los nombres familiares de los dioses, sino tó theion o ho theós . Heer 42 ve aquí el henoteísmo de los estoicos y cree que estas expresiones se refieren a Zeus, por el que muestra una reverencia muy piadosa.
Entre los dioses asigna a Zeus el primer rango. Es el más grande de los dioses griegos y el árbitro de los destinos del mundo: “Es evidente para todos que el destino obedece sólo a él (Zeus), y que este dios regula las estaciones según es necesario” (I 40, 4). Zeus es el primer dios del Olimpo, del que los otros no son más que manifestaciones secundarias. Es el padre de los dioses y de los hombres, guardián de la Hélade, juez y consejero. Sólo él entre las divinidades del Olimpo es supremo y todopoderoso.
Deméter y Core, las divinidades de Eleusis, ejercen una gran fascinación sobre Pausanias. Él fue iniciado en los misterios eleusinos, y como tal guarda silencio sobre los ritos de los misterios: “Lo que está dentro del muro del santuario un sueño me prohibió describirlo, y es evidente que a los no iniciados no les es lícito ni siquiera conocer aquellas cosas que les está prohibido ver” (I 38, 7; cf. también I 14, 3; I 37, 4; V 10, 1; X 31, 11). Conoce los de Andania, y los considera los más dignos de estimación después de los de Eleusis (IV 33, 5), y otros ritos, como los ejecutados de noche en honor de Dioniso (II 37, 6).
Tiene también un interés especial por Asclepio, en consideración al brillo de sus santuarios de Asia Menor y de Epidauro en Grecia (II 11, 5-7; II 26, 8).
Apolo había perdido parte de su esplendor a los ojos de los griegos. Pausanias ve en él un poder subordinado a Zeus, cuyos designios cumple como dios oracular. Todos los comentaristas modernos se han dado cuenta de la prisa con la que el autor ha recorrido el santuario de Delfos, sólo una vez, sin volver sobre sus pasos 43 . Su relato del santuario está lleno de silencios. Esboza el pasado legendario del templo, la historia de los Juegos Píticos y la de la anfictionía, pero lo relativo al templo de Apolo, centro del santuario, es decepcionante. No ha penetrado en el ádyton , ni ha visto la tumba de Dioniso ni la estatua de Apolo. Es posible que tenga prisa por terminar su trabajo, tal vez la enfermedad o alguna otra ocupación le obligue a ir tan deprisa. Heer 44 se pregunta si es posible que haya un resentimiento político de Pausanias contra Delfos por haber tomado partido siempre en favor de los lacedemonios, o que prejuicios religiosos hayan motivado la insensibilidad del autor por el santuario. Para Pausanias, Apolo no es objeto de veneración. Su relación con Dioniso le echa para atrás.
Con respecto a los adivinos y profetas tiene una prudente reserva (X 5, 6), pero los oráculos le inspiran una gran consideración (I 34, 2-5; IX 8, 3). A los terribles ritos del oráculo de Trofonio se ha sometido él mismo (IX 39, 5-14). Y siente profundo respeto por la Tique, la divinidad más poderosa en lo que concierne a los asuntos humanos: “sé que la divinidad gusta de realizar siempre cosas nuevas y que de la misma manera la fortuna cambia todas las cosas fuertes y las débiles, las que empiezan y las que terminan, y que las conduce con imperiosa necesidad y como le parece” (VIII 33, 1-4).
En cuanto a los sacrificios a los dioses, es un espectador atento, los describe con seriedad, pero reconoce su ignorancia en la materia, no los comprende y guarda silencio sobre los sacrificios humanos (VIII 38, 7). Los tiempos han cambiado y, a los ojos de Pausanias y sus contemporáneos, los ritos se han vaciado de lo que había sido su esencia, pero nunca se le escapa una palabra de crítica, excepción hecha de los sacrificios humanos en el Liceo, frente a todos estos ritos tan particulares, actos de culto y prescripciones. A lo largo de toda su obra nos transmite información sobre una serie de ritos que sin duda estaban vivos en su época.
Aunque acepta el conjunto de la religión de su país –en este sentido es un tradicionalista–, Pausanias no es insensible a las contradicciones, a las inverosimilitudes que presentan numerosos mitos y tradiciones griegas, y es incrédulo con respecto a un gran número de leyendas corrientes (como lo manifiesta en II 17, 4 al hablar de la transformación de Zeus en cuco). Hay un pasaje, VII 23, 7-8, especialmente discutido, en el que Pausanias manifiesta abiertamente su propia opinión. Es aquel en el que cuenta su conversación con un hombre de Sidón, que le dice que los fenicios tenían concepciones más elevadas sobre los dioses que los griegos, identificando a Apolo con Helio como padre de Asclepio. Él le contesta que en Titane la misma imagen es llamada Higiea y Asclepio, y ello porque el curso del sol sobre la tierra es la fuente de la riqueza para los hombres. Frazer 45 piensa que es la actitud de un creyente libre de toda traba espiritual que ha vislumbrado por un momento que los dioses no existían. Para Gurlitt 46 es una manifestación de la arrogancia griega que no acepta tener que aprender algo de otros pueblos. Heer, al igual que Robert 47 , piensa que el Periegeta se revela aquí como un adepto de la doctrina estoica, como sin duda lo eran sus compatriotas de Asia Menor Dión Crisóstomo y Estrabón. La interpretación que proporciona el estoicismo le facilita la tarea de salvaguardar el honor de los dioses y poner al abrigo de la crítica al pueblo que desde tiempo inmemorial ha rendido a estas divinidades un culto fiel.
Otro pasaje discutido es el VIII 8, 3, en el que cuenta la historia de Crono y de Rea, de cómo Crono se comía a sus hijos según iban naciendo. Él, según nos dice, al comenzar su obra no tomaba en serio estos mitos, pero al llegar a Arcadia se le ocurrió que los tenidos por sabios hablaban antaño no directamente, sino por enigmas, y que esta historia acerca de Crono es un fragmento de filosofía griega, a pesar de lo cual seguirá exponiendo la tradición. Frazer 48 lo interpreta como un cambio de actitud, como la pérdida de su escepticismo de juventud y su conversión en piadoso. Heer 49 , por el contrario, cree que es su familiaridad con el espíritu jonio lo que le ha llevado a la conclusión de que los mitos no son más que símbolos de un misterio. En realidad, como ha observado Habicht 50 , ambos pasajes concuerdan con la concepción de su época de que los dioses son seres divinos con naturalezas inespecíficas, más allá de la comprensión humana, no con personalidades distintas y rasgos antropomórficos. También él piensa que ha sido influido por doctrinas estoicas y que, aunque sigue la tradición, no la entiende literalmente como verdad. La filosofía estoica conserva en lo posible los dioses tradicionales mediante el método de la alegoría, que es en definitiva una racionalización de la religión tradicional. Y en Pausanias se da, evidentemente, la racionalización de los mitos y de las leyendas, y, consecuentemente, una concepción más filosófica y profunda de la divinidad.
En cuanto a su carácter, se ha dicho que es un hombre modesto, discreto, serio, sensible ante las vicisitudes humanas, un pesimista, que no se hace ilusiones sobre el hombre: “Pero no todo se cumple para el hombre según su voluntad” (II 8, 6); “que un hombre esté siempre fuera de los infortunios o que una nave tenga siempre un viento favorable no es posible que podamos encontrarlo” (VIII 24, 14).
Además, es evidentemente un hombre culto, con una sólida educación, como se deduce de las citas que hace de escritores, con una memoria excelente y una gran capacidad de síntesis, con cierto espíritu crítico, honesto, escrupuloso, pero no un pensador profundo ni un espíritu brillante, sin originalidad ni creatividad, pero tampoco las necesitaba para el tema que se propuso y llevó a cabo con honestidad y exactitud: conservar para la posteridad la herencia del pasado, haciendo buen uso de los medios de que disponía. Ha consagrado su esfuerzo al mantenimiento de la grandeza helénica, la tradición, la cultura. Quería reunir los elementos de la tradición que definieron a lo largo de siglos el alma de Grecia, quería asegurar la permanencia de ese mundo de valores, de ese modo de vida que los emperadores del s. II han puesto artificialmente en honor y que siente que está amenazado y de hecho va tan dolorosamente a faltar. Para los arqueólogos, los historiadores del arte y los estudiosos de la religión, su trabajo es de indescriptible valor. Dice Frazer 51 ; “Sin él las ruinas de Grecia serían en su mayor parte un laberinto sin llave, un enigma sin respuesta. Su libro proporciona la llave para el laberinto, la respuesta a muchos enigmas. Será leído y estudiado tanto tiempo como la antigua Grecia continúe atrayendo la atención y despertando el interés de los hombres”.
De ahí que no merezca todas las críticas y calumnias que ha recibido, si bien es verdad que también son muchos ya los que han reivindicado su mérito y buen hacer.
X. PAUSANIAS Y LA POSTERIDAD: ACTITUDES ENCONTRADAS ANTE SU OBRA
Es quizá uno de los escritores antiguos que más sometido ha estado a críticas por parte de los eruditos modernos, especialmente los alemanes. Su predilección por los monumentos del pasado ha proporcionado a sus detractores los principales argumentos: se le acusa de no haber visto o haber visto muy poco de lo que describe, habiéndose contentado con copiar a escritores anteriores, especialmente a Polemón de Troya (s. II a. C). Por tanto, él no habría presentado a sus lectores una pintura de la Grecia de su tiempo, sino de la de tres siglos antes. El que inició el ataque fue U. von Wilamowitz-Moellendorff 52 : a propósito de I 23, 9, en que Pausanias habla de un decreto que autoriza el regreso del exilio del historiador Tucídides, de la muerte de éste, y de su mnḗma , Wilamowitz objeta que Tucídides habría regresado del exilio como consecuencia de una amnistía general y que el mnḗma sería el de un homónimo del historiador. Esto, y en general todo el libro I , según Wilamowitz, habría sido mal copiado de una fuente periegética, concretamente de Polemón (el fragmento 4 de este periegeta, llegado a nosotros en la vida de Tucídides por Marcelino Fr.Hist.Gr.II , coincide con el citado pasaje de Pausanias), uniendo en él cosas que vio, pero también otras, que son las más, que leyó, imitando a Heródoto con simplicidad infantil.
En otros trabajos posteriores renueva Wilamowitz su ataque contra Pausanias 53 insistiendo en que cita a escritores anteriores que de hecho no ha leído, o muy poco, inventándose algunas de sus fuentes, que la mayoría de las citas son de segunda mano y que no ha visto lo que dice que ha visto. No es extraño que Heer 54 hable de la “mala fe” de Wilamowitz cuando no quiere creer que Pausanias ha ido a Figalía para ver el santuario de la Deméter Melena, del cual da una descripción completa y por el que Pausanias se sentía atraído irresistiblemente.
Wilamowitz, con su gran autoridad, atrajo a otros que le siguieron en sus críticas, como Hirschfeld, Wernicke, y principalmente Kalkmann 55 , quien sostiene que Pausanias es un hombre de biblioteca, que lo mejor de su trabajo lo ha tomado de otros, especialmente de Polemón, aunque no se atreve a negar que Pausanias visitó algunos lugares. Niega rotundamente que haya visto todo lo que dice y no le concede ni talento ni trabajo esmerado. Más tarde, siguen esta misma línea Robert y Pasquali, alumnos de Wilamowitz 56 . Robert es hipercrítico respecto al origen del escritor, que identifica con Pausanias de Damasco, así como con el carácter general de la obra, a la que califica de pantodapḗ historía “historias variadas”, que serían lo más importante, lo esencial, mientras que las partes topográficas o periegéticas serían sólo el marco, desempeñando, pues, un papel menos importante. Pasquali, sin embargo, reconoce que las partes topográficas tienen más importancia que la que le concede Robert y se dirige especialmente a aclarar las relaciones con las obras periegéticas precedentes, apuntando a Hecateo y a Heródoto como últimos modelos de toda la literatura periegética. Su punto de vista es puramente literario, con poca atención a lo arqueológico.
Casi al mismo tiempo que comenzaban las críticas a Pausanias aparecían también escritos en su defensa, el más decisivo el de Gurlitt 57 –que es una refutación de los puntos de vista de Wilamowitz–, para el cual los datos periegéticos propiamente dichos pertenecen a las informaciones mejor atestiguadas que nos han llegado de la Antigüedad. Pausanias recorrió Grecia y su obra responde por una parte a lecturas, a cosas sabidas, a la tradición oral, y por otra a recuerdos personales de su viaje. Subraya, además, Gurlitt la unidad de criterio en el método a lo largo de toda su obra, siguiendo un riguroso orden topográfico. Le siguen Heberdey, Petersen, y Frazer y Hitzig-Blümner con sus monumentales comentarios 58 , los cuales defienden la honradez, la credibilidad de Pausanias, la exactitud de sus datos, la “autopsia” en la que se basan. Heberdey hace hincapié en que la obra de Pausanias no es un libro de memorias personales de viaje, sino una periegesis, una compilación de datos eruditos de todo tipo; por tanto, no se le puede exigir que se base solamente en la recogida personal de todo el material. Petersen, para quien la periegesis es esencialmente una guía, hace hincapié en numerosas expresiones que son verdaderas fórmulas de guía.
Posteriormente, los comentarios particulares de Trendelenburg para Olimpia, de Daux para Delfos, de Roux para Corinto, de Bölte para Esparta, de Thompson y Wickerley para Atenas, así como la excelente introducción de Meyer y el artículo fundamental de Regenbogen 59 , están en la misma línea y muestran la exactitud de los datos de Pausanias y su importancia para la arqueología.
Las dos monografías más recientes sobre el periegeta son ardientes defensoras de éste: la de Heer 60 , que compara el talento y la elegancia de Estrabón, que no ha visto la mayor parte de los lugares que describe, con la pesadez de Pausanias, que sí ha visto lo que describe; y la de Habicht 61 , bien documentada y clara, que traza el perfil de Pausanias, sacando partido de las escasas confesiones indirectas en que se revela la personalidad del autor, a quien considera fundamentalmente como un guía descriptivo de un país que le apasionaba. Pone el énfasis en el valor arqueológico de Pausanias en relación con sitios que todavía no habían sido excavados cuando se publicaron los dos grandes comentarios de Frazer y de Hitzig-Blümner. Para Habicht, la cuestión hoy, dado que Pausanias ha sido defendido de todas las acusaciones que le han hecho Wilamowitz y sus seguidores, está no ya en lo que Wilamowitz ha dicho de Pausanias, sino en cuál es la causa de la inquina hacia él. Recogiendo datos de las publicaciones del filólogo en relación con Pausanias, e incluso de un diario suyo no publicado, Habicht saca a la luz que su odio contra el periegeta proviene del ridículo que hizo cuando servía de guía a un grupo de gente en 1873. En esta fecha visitó Grecia, y como quiera que era considerado experto en asuntos de geografía y topografía griega, después de alguna preparación previa en Atenas, partió con Pausanias bajo el brazo. Cuando el grupo dejó Olimpia y se dirigió hacia Arcadia, hacia la ciudad de Herea, nada en Pausanias (VI 21, 3 ss.) parecía tener sentido, nada coincidía con la realidad. Y es que, como el propio Wilamowitz descubrió más tarde, Pausanias describe el camino en dirección opuesta, desde Arcadia hacia Olimpia, de E. a O., por donde él había venido a Olimpia. El propio Wilamowitz admitiría francamente que su mala opinión de Pausanias procedía de esta amarga experiencia. Aquí estarían las raíces de su “vendetta” contra Pausanias. Además, este odio se incrementó más tarde, cuando Schliemann, al que despreciaba, con Pausanias como guía, llevado por unas pocas líneas suyas correctamente interpretadas, excavó las tumbas reales en Micenas. Era más de lo que Wilamowitz podía soportar, y al año siguiente publicó su primer ataque contra Pausanias.
También señala Habicht como cosa curiosa la antipatía que manifestó Frazer hacia Wilamowitz en unas cartas a Housman, publicadas por Ackerman, que no es, en su opinión, sino reacción ante los ataques de Wilamowitz a Pausanias, antipatía estrictamente controlada cuando escribió su comentario y que entonces no fue nunca más allá de alguna fina ironía. El propio Habicht se une a las voces que reivindican a Pausanias, haciendo ver hasta qué punto los resultados de las excavaciones arqueológicas y la confrontación con las inscripciones que Pausanias utiliza dan testimonio de la honradez y precisión del periegeta en su pesado trabajo, la tarea de conservar para la posteridad todo lo que pudiera de la herencia del pasado, con instrumentos limitados.
Se puede decir con Meyer 62 que la información que nos ha transmitido sobre la realidad de la antigua Grecia es mayor que la de ningún otro libro de la Antigüedad. Es una suerte que se nos haya conservado un libro así, pues es el único que poseemos de esta clase, y es también una suerte que fuera escrito en esta época, en la que Pausanias tenía ante sus ojos muchos de los antiguos monumentos, la mayoría, aunque destruidos en parte.
Hoy el autor ha triunfado sobre sus críticos y está totalmente reivindicado.
XI. LA TRANSMISIÓN TEXTUAL
Sean cuales fueran sus intenciones, no sabemos la difusión que tuvo la obra de Pausanias en su tiempo. Algunos eruditos han conjeturado que debió de ser escasa y que no despertó interés, por el hecho de que en el contenido y en el espíritu es expresión fiel de las condiciones y de la cultura propia de un periodo histórico bien determinado y breve, el s. II. Estas condiciones pronto iban a cambiar de tal modo que harían innecesaria una descripción de la antigua Hélade.
Sin embargo, sobrevivió al derrumbamiento del mundo antiguo junto a escritores como Plutarco, Dión Crisóstomo, Arístides, Filóstrato y Luciano, y llegó a Bizancio.
Lo más probable es que no circulasen muchos ejemplares de la Periegesis , pues esto no era habitual, al menos para libros voluminosos, sino que hubiese ejemplares limitados entre sus conocidos, o tal vez el autor hubiese depositado un ejemplar en alguna gran biblioteca de Roma o de una ciudad de Oriente.
A comienzos del s. VI llega a las manos de Esteban de Bizancio un antiguo ejemplar de la Periegesis , la copia del autor o un apógrafo en diez rollos de papiro, con lo cual está a salvo. La Periegesis por su componente geográfico e histórico le venía muy bien como fuente para su trabajo Etnica de toponimia y etnonimia. La hizo transcribir en un códice de pergamino en escritura uncial.
Después, en el 900, el arzobispo Aretas de Cesarea hizo transcribir este texto en la nueva escritura minúscula. Más tarde la Periegesis desaparece durante trescientos años. En el léxico de La Suda de finales del s. X se encuentran 26 extractos de la Periegesis , cuyo origen es problemático: tal vez proceden de algún intermediario. Los filólogos Tzetzes y Eustacio, del s. XII no la mencionan. Máximo Planudes, en torno al 1300, en la época del gran florecimiento cultural bizantino, la leyó en la biblioteca de la Chora de Constantinopla, donde fue también leída una generación más tarde por Nicéforo Gregoras.
En el s. XV la encontramos en Italia en el famoso códice de Niccolò Niccoli.
1. Los manuscritos
El gran esfuerzo de edición, de traducción y de crítica se produjo en la segunda mitad del s. XIX . Schubart 63 comenzó el examen de los manuscritos de la Periegesis de Pausanias en su edición de 1838, donde él dio la primera lista de los 18 códices e hizo el primer intento de clasificarlos, repartiéndolos en tres familias, resultado al que llegó también Spiro, pero con una clasificación diferente 64 . La tradición directa de la Periegesis , está, pues, constituida por 18 manuscritos. Ningún papiro nos ha procurado hasta hoy el menor fragmento. La tradición indirecta conservada por los compiladores de excerpta , los gramáticos o los lexicógrafos es poco importante.
Frente a Schubart y Spiro, Diller 65 , que ha examinado los testimonios sobre Pausanias desde el s. II al XV , ha establecido que no ha existido más que una única copia a la vez de la Periegesis (no hay variantes en la tradición, sino una sucesión de códices únicos necesarios por el desgaste del material y la ilegibilidad de la escritura) y que los manuscritos derivan, directamente o no, de un ejemplar único o arquetipo. Sabemos que en 1418 este códice había pasado a Italia y había sido adquirido por Niccolò Niccoli de Florencia, que lo legó a la biblioteca del convento de San Marcos, donde fue conservado hasta el siglo siguiente, en que desapareció. Entretanto fue leído por varios humanistas, que lo copiaron en 5 manuscritos que derivan directamente del ejemplar de Niccoli, ninguno de los cuales es anterior al 1450. Ellos son la base del texto que tenemos hoy, de acuerdo con las investigaciones de Diller.
Los manuscritos primarios son los siguientes:
El V (Venecia, Biblioteca Marciana, graecus 413) es el apógrafo inmediato, el más antiguo, del viejo códice de Florencia que perteneció a Besarión y llegó a Venecia en el 1469. Es un códice de pergamino, muy cuidado, provisto de escolios antiguos y de correcciones marginales o insertadas entre las líneas, que se deben a diferentes manos.
El F (Florencia, Biblioteca Laurentiana, 56-11) es un códice de lujo y el mejor de los testimonios de Pausanias. El escriba, Joannes Rhosus, era famoso en su tiempo por su bonita letra y su cuidadosa copia. Contiene numerosos escolios al libro I .
El P (París, Biblioteca Nacional, graecus 1411) es inferior al F , pero quizá tan bueno como el V y desde luego válido como tercer testimonio para establecer el texto.
El Ma (Madrid, Biblioteca Nacional, 4564) es un manuscrito de papel que contiene desde el comienzo del libro I hasta el cap. 26, 5, y aunque el copista no es muy atento, es el único en proporcionar la lectura correcta en 12 lugares.
El L (Leiden, Universitatsbibliotheek, B.P.G. 16 k), códice de papel, contiene en 384 folios el texto de la Periegesis en 4 partes y 4 manos. Sólo la primera parte, desde el comienzo del libro I a 42, 1, con un cambio de mano en I 37, 4, aparece como un manuscrito primario. Tiene numerosas faltas y omisiones.
Los manuscritos secundarios tienen las siguientes características:
Ningún manuscrito conocido parece haber sido copiado sobre el P , el Ma , o sobre la primera parte del L . Los manuscritos secundarios son, pues, todos salidos del V o del F .
Del F deriva directamente el Fa de Florencia (Laurentianus 56, 10), un hermoso códice de pergamino muy correcto. El escriba debió de ser Demetrius Chalcondyles, profesor de griego en Florencia (1475-1491). Diller ha demostrado que el Fa deriva del F, y no el F del Fa , como había supuesto Spiro.
Del Fa derivan dos manuscritos del s. XVI : el Ag (Roma, Biblioteca Angelica, codex C. 2. 11 (gr . 103)), de papel, escrito por Valeriano Albini de Forli, y el gemelo de éste, Pd (París, Bibl. Nat., codex graecus 1400), de papel.
Del V derivan un total de once manuscritos:
El más antiguo apógrafo directo del V es un códice de pergamino, el Lb (Leiden, Universiteitsbibliotheek, codex B.P.G. 16 L), escrito por el sacerdote cretense Georges por orden de Domiciano Calderini (1446-1478).
Del Lb deriva el Pb (París, Bibl. Nat., codex graecus 1400), de papel, del s. XVI . No contiene más que el libro I e integra en el texto las correcciones secundarias del Lb . Perteneció a Janus Lascaris, y más tarde al cardenal Ridolfi y a Catherine de Médicis.
El segundo manuscrito directamente copiado sobre el V es el Pt (Roma, Biblioteca Vaticana, codex Palatinus graecus 56), de papel, copiado hacia 1493. El Pt ha estado sujeto a colación y corrección por una segunda mano. Estuvo en la Biblioteca Palatina en Heidelberg, que pasó a Roma.
Entre los apógrafos del Pt , el más antiguo es el R (Florencia, Biblioteca Riccardiana, codex graecus 29), de papel, escrito por dos manos con numerosas correcciones marginales o en el texto. Fue copiado del Pt antes de que éste fuese colacionado y corregido y es anterior a 1497, fecha de su apógrafo el Pa (París, Bibl. Nat., codex graecus 1399), de papel, firmado por P. Hipselas de Egina en 1497 en Milán. Está lleno de adiciones, variantes y correcciones, e incorpora en el texto adiciones que se encuentran de primera mano en el margen del R . El Pa ha debido de ser revisado cuando el R estaba sometido a una segunda revisión en Milán por la escuela de Demetrius Calcondiles probablemente.
Del Pa revisado derivan Np (Nápoles, Bib. Naz., codex III Aa 16 bis), de papel, así como la segunda y la tercera parte del L (Leiden, Universiteitsbibliotheek, codex B. P. G. 16 K), de papel, escrito por cuatro manos en cuatro partes, pues la tercera parte de este manuscrito parece pertenecer a la tradición salida del F (para la primera parte, cf. supra , manuscritos primarios).
El Ms (Moscú, Biblioteca del Sínodo, codex graecus 500), de papel, del s. XV (antes 194 y 193), cuya primera parte (libros I a V hasta V 14, 2) deriva de Pt y la segunda (libros VI a X) de R . Perteneció a Máximo Margounios, obispo de Citera que vivió en Venecia después de 1584.
El Va (Viena, Oesterreichische Nationalbibl., codex hist. gr . 23), de papel, de fines del s. XV , escrito por tres manos, deriva del R en primer lugar, después de un códice perdido que contamina el R y el Ms, y finalmente del Ms sólo.
El Vb (Viena, Nationalbibl., codex hist. gr . 51), de papel, es apògrafo del R después de que éste fuese revisado.
Los dos códices de Viena pertenecieron al humanista Johannes Sambucus (1521-1584).
2. Los fragmentos 66
Un cierto número de manuscritos contienen extractos de la Periegesis , una parte de los cuales es independiente de la tradición representada por el ejemplar de Niccoli. Entre todos destaca el Parisinus gr . 1409, de comienzos del s. XIV (folios 26v -44r ). El texto representa la colección de extractos debida a Máximo Planudes (fines del s. XIII -comienzos del XIV ). A los extractos de Pausanias (en total 168) le preceden extractos de Estrabón y le siguen extractos de Dión Casio.
El Parisinus gr . 1630, de alrededor del 1300 (fol. 96rv y 99r ), que contiene extractos de gramáticos e historiadores, ofrece dos extractos de Pausanias.
El Palatinus gr . 129 (Heidelberg) (fol. 31r , 44v , 46r , 48v , 90r , 93v, 95v , 96r , 100v ) es un libro de notas autógrafo de Nicéforo Gregoras (alrededor del 1290-1360), en donde aparecen excerpta de Pausanias, no todos de la misma fuente: los de los folios 90r -93v , 95v , 96r proceden de la Synagogé de Planudes, pero no el resto.
El manuscrito de Darmstadt 2773 (mediados del s. XIV ), que es conocido principalmente por su material lexicológico y gramatical y por excerpta de Marco Aurelio, contiene fragmentos cortos de Pausanias (fols. 16v , 42v y 109v ).
El Vaticanus gr . 701 (finales del s. XIV ) contiene comentarios al Almagesto de Ptolomeo y otros astronomica . Los fragmentos de Pausanias son numerosos en el fol. 87v .
El Neapolitanus II . C.32 data del primer tercio del s. XIV . En los fols. 285-305v contiene 1231 extractos de Pausanias con una tradición independiente tanto de la colección planudea como de la tradición representada por los manuscritos que dependen del ejemplar de Niccoli.
El Palatinus gr . 209 del s. XIV contiene un breve fragmento en el fol. 280v .
Seis manuscritos con fragmentos datan del s. XV :
El Parisinus suppl. gr . 1194 tiene pequeños extractos en el fol. 1 y en el 49v .
El Ferrariensis II 253 tiene una cita de Pausanias, VI 9, 8 en el fol. 102.
El Barberinianus gr . 237 contiene extractos en los folios 52-63v extractos y forma parte de la tradición de Va .
El Ricardianus 27 tiene fragmentos de Pausanias (fols. 88-180v ) muy abreviados y transformados.
El Vaticanus gr . 2236 (segunda mitad del s. XV ) en los fols. 174v -176v , según M. Casevitz 67 , debe ser tomado en consideración para el establecimiento del texto, de igual manera que los manuscritos de base, para el comienzo del libro III. hasta 2, 6.
Antes del estudio de Diller, un numeroso grupo entre ellos, derivado del V, ha estado sujeto a sistemática colación y a deliberada interpolación, y, sorprendentemente el V y el F han estado entre los manuscritos menos conocidos de Pausanias, mientras varios de los interpolados habían recibido amplia atención. La propuesta de Diller era colacionar totalmente V, F y P para reemplazar las lecturas del viejo códice perdido, siguiendo a esta recensio una emendatio , investigación de las corrupciones, omisiones e interpolaciones del texto del viejo códice. Es natural que a lo largo de la transmisión haya sufrido daño el texto, principalmente omisiones y errores, lagunas debidas a líneas omitidas y a saltos y errores, pero en consideración a la fecha tardía del manuscrito que ha sobrevivido, el texto que nos ha llegado no está demasiado desfigurado.
Fruto de las investigaciones de Diller es la edición en Teubner de M. H. Rocha Pereira, que nosotros seguimos, que ha colacionado todos los códices primarios y una gran parte de los otros reconstruyendo el stemma de los códices de distinta manera que las anteriores, para confirmar las opiniones de Diller y para aclarar y concretizar la derivación de los manuscritos, a pesar de la transmisión fuertemente contaminada e interpolada.
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