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Yo soy la puerta


Título original: I am the Gate by OshoCopyright (c) 1988 OSHO International Foundation, www.osho.com/copyrights. Todos los derechos reservados Todas las charlas de Osho han sido publicadas como libros, y están también disponibles las grabaciones originales en audio. Las grabaciones en audio y el archivo completo de texto puede encontrarse on-line en la Biblioteca Osho en www.osho.com/library OSHO(r) es una marca registrada de Osho International Foundation, www.osho.com/trademarks

Yo soy la puerta (2021) OSHO

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D.R. © Editorial Lectorum, S.A. de C. V., 2019

Batalla de Casa Blanca Manzana 147-A, Lote 1621

Col. leyes de Reforma, 3a Sección

C.P. 09310, Ciudad de México

Tel. 5581 3202

www.lectorum.com.mx

ventas@lectorum.com.mx

Noviembre 2021

D.R. © Portada: Angélica Carmona Bistráin

D.R. © Imagen de Portada: Shutterstock

D.R. © Traducción: Jeannine Diego

Característica tipográficas aseguradas conforme la ley.

Prohibida la reproducción parcial o total sin autorización escrita del editor

Índice

1  .

2  Capítulo 1 · Yo soy conciencia, yo soy libertad

3  Capítulo 2 · Sannyas: viviendo en la inseguridad

4  Capítulo 3 · Enfrentando la realidad

5  Capítulo 4 · Amor, gracia y divinidad

6  Capítulo 5 · La meditación y los caminos hacia el despertar interior

7  Capítulo 6 · Los secretos de la explosión espiritual

8  Capitulo 7 · Los misterios ocultos de la iniciación

9  Capítulo 8 · Yo soy la puerta

10  Capítulo 9 · Incluso en un solo momento

11  Sobre el autor

12  Sobre El Osho International Meditation Resort

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Las charlas contenidas en este libro se llevaron a cabo en una época durante la cual el trabajo de Osho daba un giro cuando dejó de viajar por la India y llegó a instalarse en Bombay y (tal y como él lo indica en el último capítulo) cuando realizó un cambio correspondiente en el enfoque de su labor—. El material ha sido actualizado para lectores contemporáneos, con la omisión de algunas referencias a hechos históricos específicos.

Capítulo 1 · Yo soy conciencia, yo soy libertad

Por favor disculpa que te haga preguntas tan personales. Pregunto sólo porque siento que se trata de los interrogantes que posee mucha gente. ¿Quién eres tú! ¿Por qué motivo has venido al mundo? ¿Cuál es tu labor aquí, y cómo se logrará esta labor?

No tiene importancia que las preguntas sean o no personales, puesto que, para mí, la persona como tal no existe. Tú no puedes hacer preguntas personales porque no hay alguien en tomo a la cual relacionarse como persona. De hecho, el hacer preguntas personales no es presuntuoso, pero el asumir que una persona es, en definitiva, sí es presuntuoso. La persona no existe, es una no-entidad. De hecho, no hay persona, o hay únicamente una persona. Sólo lo divino se puede considerar como algo que posee personalidad, puesto que únicamente lo divino puede poseer un centro. Nosotros no poseemos ningún centro.

El centro no existe pero asumimos un centro. El centro es hipotético, ilusorio. Sentimos que sin un centro, la vida no es posible. El centro asumido es el ego.

Tú puedes pensar que tu pregunta es personal. En tanto que la pregunta esté dirigida a mí, está dirigida a una no-entidad. En lo que respecta a mí, de ningún modo siento ser una persona. Entre más profundo vaya uno, se es menos. Y al alcanzar el máximo centro de uno mismo, deja en absoluto de existir el yo.

En segundo lugar, tú me preguntas quién soy yo. Yo digo que no soy. Siempre les pido a aquellos que buscan, que se pregunten: "¿Quién soy yo?" No para que lleguen a saber quiénes son, sino únicamente para que llegue el momento en que la pregunta se haga de modo tan intenso, que aquel que pregunta no está ahí; queda sólo la pregunta misma. Un momento se presenta cuando la pregunta es absolutamente intensa, cuando ha llegado a lo más profundo posible; entonces, se revela lo absurdo de aquella pregunta. Uno llega a saber que nadie puede preguntarse: ¿Quién soy yo?", ni hay a quien se le pueda preguntar: ¿Quién eres? . La pregunta se hace, no con la intención de obtener una respuesta, sino para trascender la pregunta misma. No hay nadie adentro; de hecho, no hay nadie en absoluto adentro, y en cuanto el interior se desmorona, tampoco hay un exterior. En el momento en que no se es interiormente, no hay exterioridad. Entonces, el mundo entero se hace un todo. Entonces, la existencia es un todo, sin estar dividida entre el yo y el tú. Por lo tanto, para mí, la pregunta: "¿Quién eres?", no tiene ningún sentido. Más bien, la única pregunta relevante es: "¿Qué es?". Es decir, no quién, sino qué. Porque el qué puede ser el todo. Se puede hacer la pregunta en torno a la totalidad, en tomo a todo aquello que existe.

La pregunta ¿qué es? es existencial y no existe en ella ninguna dicotomía; no divide. Pero la pregunta "¿quién?", divide, desde un principio. Acepta la dualidad, la multiplicidad, la dualidad de los seres.

Sólo existe el ser, mas no hay seres.

Cuando digo que sólo existe el ser, me refiero a que sólo existe el estado de ser, porque uno no puede existir sin el otro. Si no hay otro, el decir que uno existe carece de sentido.

Así que realmente no existe el ser, sino el estado de ser. Siempre digo que no existe un Dios, sino la divinidad, el estado de lo divino, puesto que la palabra 'ser', como tal, conlleva una limitación. La palabra 'Dios', como tal, conlleva una finitud; no puede ser infinita. Pero el estado de ser o de lo divino se vuelve infinito; contiene todo lo que es. Incluye todo, nada es excluido. Así que, cuando tú preguntas: "¡Quién eres tú?", la pregunta, para mí, significa "¡Qué es?". Para mí, no puede significar otra cosa mas que eso.

Tú has hecho, a través mío, una pregunta extremadamente fundamental. Lo que es, no soy yo, sino el ser mismo, la existencia misma. Si uno va a lo más profundo de una gota, encontrará el océano. Una gota es meramente una gota sólo a nivel superficial. Al ser la existencia misma, la naturaleza esencial de una gota de agua, es la misma que la del océano. Es oceánica. Por lo tanto, sólo en la ignorancia, uno es una gota de agua. En el momento en que uno sabe, hay un océano.

Tú me has hecho una pregunta acerca del océano. Al responder a esa pregunta, mi respuesta no se trata únicamente de mí mismo, sino de ti también. Al responder, mi respuesta no se trata únicamente de mí mismo, sino de todo lo que existe.

¿Qué existe? Hay tantas capas. Si uno percibe únicamente la superficie, la materia existe. La materia es la superficie de la existencia. En su búsqueda, la ciencia se ha ocupado únicamente de la superficie; para la ciencia, sólo la materia es real y todo lo demás no lo es. Pero, ahora, la ciencia ha dado un paso hacia delante y ha dicho que la materia no es, sino que la energía es. La energía es la segunda capa, es más profunda que la materia. Si uno va a lo profundo de la materia, no hay materia, sino energía. Pero eso tampoco es suficiente porque, más allá de la energía, existe la conciencia.

Por lo tanto, cuando tú preguntas: "¿Quién eres tú?", yo respondo: "Yo soy conciencia". Y esta respuesta incluye todo; todo es conciencia. Respondo únicamente como un representante del todo. Es posible que tú no hayas escuchado que eres conciencia, es posible que tú no hayas sabido que eres conciencia, pero yo respondo incluso por ti. La conciencia existe, y cuando digo que algo existe, significa que jamás estará en la no existencia. Si algo puede caer en la no existencia, significaría que, en realidad, jamás existió. Habrá sido puramente fenomenológico, sólo pareció existir.

Entonces, todo lo que cambia es fenomenológico; no es verdaderamente existencial. Todo aquello que cambia es sólo la superficie. El núcleo más esencial nunca cambia. Está y siempre está en el presente. Jamás se puede decir que fue, jamás se puede decir que será. Cuando sea que es, es. Sólo se le aplica el presente. No hay pasado ni futuro, porque el pasado y el futuro se tornan relevantes únicamente cuando algo cambia. Cuando algo es, no hay pasado ni futuro, únicamente hay el presente. Por supuesto que el significado del presente será distinto, muy distinto. Para nosotros, el presente significa algo que existe entre el pasado y el futuro. Pero si no hay pasado ni futuro, el presente es algo muy distinto. No es algo entre el pasado y el futuro. El presente es sólo un momento; un momento entre dos inexistentes: el pasado que se ha ido y que ya no es, y el futuro que aún no ha llegado. Entre estos dos inexistentes, existe un momento presente. Eso es imposible. Entre dos inexistentes, no puede haber existencia. Sólo parece que la hay.

Cuando digo que existe la conciencia, no me refiero a algo del pasado y del futuro, sino a algo eterno, mas no perdurable, puesto que el término 'perdurable' conlleva un sentido del tiempo. Cuando digo que siempre existe en el presente, me refiero a que es intemporal; "existencia" significa que es intemporal. Está más allá del tiempo y, de modo simultáneo, más allá del espacio, porque todo lo que es en el espacio será inexistente. De modo similar, todo lo que es en el tiempo, será inexistente. Y el tiempo y el espacio no son dos cosas separadas. Es por eso que las relaciono. Son una misma cosa. El tiempo es únicamente una dimensión del espacio. El movimiento en el espacio es el tiempo; el tiempo que no está en movimiento es el espacio. La existencia es intemporal y no espacial.

Por lo tanto, creo que tú entenderás cuando digo que soy alguien intemporal y no espacial. Pero mi "yo" lo incluye todo. Tú mismo estás incluido, el que pregunta está incluido. Nada está excluido. Entonces, será más fácil responder a tu pregunta.

Todo aquello que cambia tiene un propósito; hay algo que necesita hacerse, tiene un propósito para existir. En cuanto se cumple el propósito de algo, cae en la inexistencia. Pero todo aquello que es realmente existencial carece de propósito, porque no hay ningún propósito que se pueda cumplir. Y si hay algún propósito y éste es cumplido, entonces la existencia se toma insignificante. Por lo tanto, sólo las cosas temporales tienen propósitos. Están intencionadas para algo. Se puede decir del siguiente modo: son medios para algún fin. Esto es lo que significa que algo tenga un propósito. Existe para que algo se cumpla. En el momento en que se cumple, esos medios se van. Pero yo seré necesitado siempre, y cuando digo "yo", incluyo todo. No contiene ningún propósito.

La existencia carece de propósito. Es por eso que se le llama leela: una obra de teatro. La existencia como tal no tiene ningún propósito que cumplir. No va hacia ninguna parte. No tiene fin. Pero aún así, va; aún así, va mucho. Por lo tanto, debe ser una léela, una obra de teatro; nada más que una energía que fluye hacia afuera. Esto se puede relacionar conmigo. No seré nada en absoluto. Aún así, hablo de hacer cosas.

Al saber que uno es parte de la conciencia cósmica, uno se da cuenta que no hay un propósito. Uno existe meramente como una obra de teatro; claro que la obra de teatro se toma cósmica, multidimensional. Uno hace mucho, pero aún así, no hay ningún hacedor, como tampoco un propósito; estas cosas no están ahí. Entonces, se convierte en una obra de teatro.

Y debe señalarse que un hacedor no puede existir sin un propósito, así como un propósito no puede existir sin un hacedor. Son dos polaridades de un mismo ego, y el ego se siente muy incómodo si no hay un propósito. El ego se satisface a través de los propósitos. Algo ha de hacerse, uno ha de lograr hacerlo, uno ha de alcanzar algún lugar, uno ha de crear algo. Uno tiene que crear una firma. Por lo tanto, el ego tiene un propósito. Por otro lado, la existencia carece de propósito. A menos que uno conozca lo que está más allá del ego, no ha conocido nada en absoluto.

Así que, para mí, todo es sólo una obra de teatro. Ni soy, ni existe un propósito. Sin embargo, las cosas están sucediendo, siguen adelante. Por lo tanto, te puedes preguntar: "¿Por qué siguen adelante?". Siguen adelante porque no tiene ningún propósito detenerlas, y no hay nadie para detenerlas. ¿Me entiendes? No hay nadie que las detenga, y no tiene ningún propósito detenerlas. Por lo tanto, está en la naturaleza que sigan adelante. Uno se convierte en un conducto. No se puede ser conducto de modo activo; de modo activo, uno jamás puede ser un medio. Sólo la pasividad hace que uno sea un medio, y la pasividad significa que uno no es. De otro modo, uno sería verbalmente pasivo, pero el ego estaría siempre activo. En el momento en que uno es pasivo, el ego no es. La pasividad significa la ausencia del ego.

Por lo tanto, yo soy completamente pasivo. Lo que sea que sucede, sucede. Nunca me pregunto por qué, puesto que no hay a quién preguntarle. Incluso, si uno encontrara a alguien, si encontrara a Dios mismo, él simplemente se reiría. Incluso él no podría responder. No podría responder porque el concepto de la causalidad, el concepto del por qué, tiene un sentido sólo dentro de un flujo dividido. Si se contemplan un principio y un fin, entonces la causalidad adquiere sentido. Si se entiende el flujo entero como algo sin fin, sin comienzo, entonces, todas las cosas entran en otras y todas las cosas provienen de otras. Así como las olas del mar, toda ola tiene otra detrás, y toda ola tiene algo en frente, algo por delante, otra ola. Y el mar entero tiene olas. Las olas son eternas.

Nadie pregunta "¿por qué?" salvo los seres humanos. Así que nadie más experimenta ansiedad alguna.

Cuando la mente humana se angustia, crea preguntas y luego proporciona respuestas. Las preguntas carecen de sentido y, por lo tanto, las respuestas carecen más aún de sentido. Pero, debido a que fabricamos preguntas, no podemos estar en calma a menos que encontremos las respuestas. Por ende, seguimos encontrando respuestas y creando preguntas. Si uno es capaz de ver el sinsentido de hacer preguntas y responderlas, posiblemente se dé cuenta que está sosteniendo un monólogo consigo mismo. Aunque fueras tú quien hiciera las preguntas y yo quien las respondiera, es la mente humana que pregunta y la mente humana que responde. Es un juego de escondidillas entre partes de la misma mente. No importa quién pregunte ni quién responda.

La mente humana pregunta y la mente humana responde, y hemos creado una maraña tal de respuestas y preguntas, pero no se ha respondido a una sola pregunta. Las preguntas han permanecido donde siempre han estado. Si uno logra percatarse de toda esta procesión de preguntas y respuestas, este esfuerzo sin sentido ni fruto y que no lleva a ninguna parte —si uno se da cuenta de todo este sinsentido, como de relámpago— entonces uno se puede reír de lo absurdo de la mente humana. Y en el momento en que hay risa, uno trasciende la mente humana del todo. Entonces, no hay pregunta alguna, ni hay respuesta alguna. Entonces se ama. No hay un propósito ni hay una causa. Entonces, el hecho de vivir, en sí mismo, basta.

Tú preguntas y yo te respondo, pero yo, como tal, no puedo hacer ninguna pregunta. En cuanto a mi, no hay respuesta alguna, ni hay pregunta alguna. Sigo viviendo, así como las olas del mar, o como las hojas del árbol, o las nubes en el cielo, sin pregunta alguna y sin respuesta alguna. Y en el momento en que me di cuenta de todo este absurdo de preguntas, algo se derrumbó completa y totalmente. Fue una resurrección. Renací. Renací dentro de una dimensión cósmica —no como un yo, sino como la conciencia cósmica misma.

En esta dimensión cósmica, todo es una obra de teatro. Cuando uno entiende —y no sólo entiende, sino que se da cuenta— de que todo es una obra de teatro, está en completa calma, absolutamente. Entonces, no hay tensión. Uno está relajado. No hay ego.

El ego no se puede relajar. Vive de tensiones, se nutre de tensiones. Cuando no hay ego, no hay tensión. Y entonces, ahí está uno: incluyendo todo. Entonces, no hay pasado y, por lo tanto, no hay futuro. Uno es la eternidad. Entonces, cualquier cosa que suceda es un suceso; no es que uno lo esté haciendo. No es que algo se haya de cumplir a través de uno. Todas estas son nociones ilusorias. Incluso una persona religiosa pensará en estos términos, en hacer algo. Entonces, el ego se habrá acomodado, se habrá tomado piadoso y más peligroso. Si el ego está ahí, ambos, el hacedor y las cosas, hechas están ahí. Sólo han cambiado los objetos, pero el proceso es el mismo.

Para mí... y cuando me refiero a "mí", no hay nadie a quien me refiera; se trata sólo de un instrumento lingüístico del cual hago uso para que tú entiendas lo que digo. Para mí, no hay nadie a quien se le pueda referir como tú o yo. Pero, entonces, el lenguaje sería imposible. Es por eso que la verdad no se puede expresar con lenguaje. No puede adquirir ninguna forma lingüística, porque el leguaje es creado por aquellos que no son; por falsos, por inexistentes. El ego mitológico ha creado el lenguaje. Proviene del ego, jamás podrá trascenderlo. Por lo tanto, aunque uno sepa que no hay nadie a quien se le pueda referir como "yo", se tiene que utilizar en el lenguaje. Y le recuerdo que no hay ningún ser. En lo que respecta a este "yo", no hay nada que hacerse, porque las cosas suceden por sí solas. Nosotros mismos sucedemos. Nosotros mismos somos sucesos. La existencia misma es un suceso, no algo que se hace. Por lo tanto, sería mejor si digo que el viejo concepto de Dios como creador, no tiene sentido para mí—no diré "Dios el creador", porque la expresión refleja nuestro entendimiento egocéntrico de la creación, del hacer—. Tal y como nosotros "hacemos" algo, Dios ha "hecho" el mundo. Nos hemos proyectado a nosotros mismos sobre el plano cósmico, por lo cual hay la creación y el creador. La dicotomía está ahí. Para mí, Dios es aquello que sucede —no el creador, sino aquello que continúa sucediendo—. Dios significa aquello que sigue eternamente. Por lo tanto, todo lo que sucede, es Dios. No hay un creador, ni una creación. La dicotomía misma es egocéntrica —nuestras proyecciones sobre el plano cósmico.

Al saber que, en uno mismo, no existe la dicotomía del hacedor y el hacer, se sabe que no existe ningún hacedor ni cosa que se haga —sólo sucesos—. Y, cuando se da esta revelación del suceso eterno, no hay una carga, no hay una tensión. El nacimiento de uno es un suceso, y la muerte de uno será un suceso. El hecho de estar aquí es un suceso, el hecho de no estar aquí será un suceso. Uno no está en ninguna parte.

¿De dónde viene este ego que piensa que "yo soy", que "yo estoy haciendo"? Viene a través de la memoria. La memoria de uno continúa grabando sucesos. Uno nace, uno es niño, luego viene la juventud, luego uno es viejo. Las cosas suceden —el amor sucede, el odio sucede, y la memoria continúa grabando—. Cuando uno mira hacia el pasado, toda la memoria acumulada se convierte en "yo". "Yo" amé a alguien. Sería mejor y más exacto decir que, en alguna parte, el amor sucedió, mas yo no fui el hacedor. Pero el recuerdo de que "yo amé", ha sucedido del mismo modo en que suceden el nacimiento o la/muerte.

Si una persona puede recordar esto durante tan sólo veinticuatro horas, que las cosas suceden y que no hay hacedor, esta persona no volverá a ser la misma. Pero es muy difícil recordarlo, incluso durante un solo momento.

Lo más difícil es recordar que los hechos están sucediendo y que uno no es el hacedor. Por ejemplo, yo estoy hablando. Si digo: "Yo estoy hablando", y mi intención es decir que "yo" estoy hablando, entonces he malinterpretado el fenómeno. No sé cuál será el próximo enunciado. Cuando llegues, tú lo sabrás y lo sabré yo. Es un suceso, por lo cual yo no puedo relacionarme con él. Algo surge a través de mí. No soy hacedor, en absoluto. Algo sucede dentro de mí.

Esto es a lo que nos referimos cuando decimos que los Vedas son impersonales. Decimos que no son creados por personas.

Con esto, nos referimos a que aquellos que compilaron los Vedas, lo saben, saben que algo es un suceso. No son hacedores, sino que algo llega a ellos. Ellos son sólo el conducto, el medio, el vehículo. Incluso el ser un vehículo es un suceso. No es por mano propia que se han convertido en vehículos. De no ser así, la misma falacia existiría a otro nivel.

Ve al fondo de cualquiera de tus actos, y hallarás sucesos. No habrá acto, puesto que no hay actor. Entonces, ¿cómo puede uno preguntar por qué? ¿Quién puede responder a esta pregunta? La casa está vacía, el dueño no es. Deja que las cosas continúen sucediendo. La casa misma, sin su dueño, es capaz de sucesos.

Intenta comprenderlo con más claridad. Buda lo dijo tantas veces: "Cuando caminamos, no hay caminante, sólo camino". ¿Cómo se puede comprender esto? ¿Si no soy, cómo puedo caminar? Camina y busca dónde es que estás. Encontrarás únicamente el camino. No podemos comprender cómo es que alguien puede decir que hay locución, más no locutor. Pero, al llegar al fondo de lo que es el acto de hablar, uno encuentra que no hay locutor, sino únicamente locución. De hecho, no ha habido poetas, sino que la poesía ha sucedido. No ha habido pintores, sino que la pintura ha estado sucediendo.

Pero el vehículo se convierte en el dueño. La memoria crea la falacia. Pero, para mí, la falacia no es. La memoria no me puede atrapar, ha perdido su dominio sobre mi. Por lo tanto, todo sucede, pero no hay hacedor. Y todo lo que ha de suceder, sucederá. Yo no seré el detonador; no seré el amo.

Al saber que uno no es, se convierte en amo, en un sentido muy distinto. Y si uno no es, entonces no puede ser esclavizado, en el sentido negativo. Entonces, la libertad es absoluta. Entonces, nadie puede esclavizarlo a uno. Entonces, no puede existir la esclavitud, ni posibilidad de la misma. Sin embargo, hay una situación paradójica, y es un hecho: el que intenta ser amo, siempre estará en peligro de convertirse en esclavo. Aquel que pierde su ser, su mando, sus esfuerzos, su hacedor, está más allá de cualquier esclavitud. Es libre, tan libre como el cielo. Es la libertad misma —ni siquiera libre, porque cuando uno es libre, existe el agente—. Aquél es la libertad. Así que, si le parece, diré que yo soy libertad. Y no hay ninguna razón, porque si hay razón, uno no es libre. Uno está ligado a ella, atado a la razón. Al existir algo que uno ha de hacer, está atado. Y entonces uno no es libre.

Yo soy la libertad absoluta, en el sentido de que nada ha de hacerse. Yo soy una espera. Las cosas sucederán, y yo las aceptaré. Y si no suceden, aceptaré el no-suceso. Y sigo esperando. Esta espera hace que uno sea un medio para las fuerzas divinas de la existencia. Mucho se hace a través de uno cuando el hacedor no es; nada se hace a través de uno cuando el hacedor está ahí. Cuando el hacedor está ahí, uno es. Uno está haciendo algo que es imposible. Porque el hacedor es imposible, la cosa hecha no puede ser posible.

Uno está envuelto en un esfuerzo absurdo, y el único resultado será la frustración. Cuando no se es, siempre se obtiene el éxito. No puede haber fracaso, porque jamás se ha pensado en ser algo; e incluso si sucede el fracaso, éste es un suceso. Si sucede el éxito, es un suceso. Y cuando ambos suceden, uno se toma indiferente. No tiene importancia; cualquiera de los dos está bien.

Por lo tanto, puedo concluir que cuando digo "yo", todos están incluidos. Yo soy conciencia y yo soy libertad. Utilizo dos palabras: 'conciencia' y 'libertad', sólo para que el misterio sea más entendible para ti. De otro modo, ambas palabras tienen el mismo significado. Conciencia es libertad y libertad es conciencia. Entre menos libertad exista, más materia existe. Entre más libertad exista, más conciencia existe.

Cuando decimos que esta mesa es "material", queremos decir que no es libre para moverse. Cuando decimos que tú eres un ser consciente, tú eres libre hasta cierto nivel. Pero si tú te conviertes en la conciencia misma, al ir hacia lo profundo y conocer la fuente...

Sé que tú eres la conciencia misma, no el ser consciente. La conciencia no es una cualidad adjunta a ti, sino que tú eres la conciencia misma. Tú eres completamente libre.

Entonces, procede desde cualquier lugar. Sé más libre o más consciente, y lo otro resultará de modo automático. Sé más libre, y serás más consciente; no podrá ser de otra manera, porque la conciencia crea la libertad. Y cuando uno es absolutamente consciente, es absolutamente libre. Entonces, la existencia de uno no tiene ninguna causa ni propósito. Entonces, todo es un suceso, y un suceso es una léela.

¿Tú has alcanzado el autoconocimiento? Y, ¿cómo explicas tu relación con la existencia y con la gente?

La palabra que estás utilizando, 'autoconocimiento', es incorrecta, puesto que el conocimiento siempre significa una trascendencia del yo. La palabra 'autoconocimiento' es, por ello, contradictoria. Si uno alcanza el conocimiento, sabe que no hay un yo. Si uno no alcanza el conocimiento, existe un yo. Mientras que el yo es un no-conocimiento, el conocimiento es la ausencia del yo. Por lo tanto, no puedo decir que he alcanzado el auto-conocimiento. ¡Sólo puedo decir que no hay un yo ahora!

Hubo un yo —eso fue sólo hasta la puerta—. En el momento en que se entra al templo del conocimiento, ya no se encuentra. Es una sombra que lo sigue a uno hasta la puerta, y no sólo lo sigue, sino que se prende de uno —pero sólo hasta la puerta; no puede entrar al templo—. Si uno tiene que mantenerla, tendrá que permanecer afuera. El yo es lo último que uno tiene para desechar. Uno puede desecharlo todo, pero desechar el yo es tan imposible porque el esfuerzo del autoconocimiento, la empresa del autoconocimiento, es un esfuerzo por parte del yo, para el yo. En el momento en que uno alcanza el conocimiento, uno ya no es; uno no hará el intento.

Por lo tanto, todos los grandes maestros han utilizado palabras falaces. 'Autoconocimiento' es una palabra falaz. Pero uno no comprende cuando dicen 'no-autoconocimiento'. Se vuelve absurdo. Pero es lo verdadero: el no-autoconocimiento. Sólo Buda utilizó anatta, el no-yo. Sólo Buda lo utilizó. Es por eso que él fue desterrado de la India. Fue expulsado y el budismo no pudo arraigarse a menos que el budismo comenzara a utilizar la palabra 'autoconocimiento'. En China y en Japón, el budismo volvió, y volvieron a utilizar el 'autoconocimiento'. Buda utilizaba el 'no-autoconocimiento'. Yo también utilizo el no-auto-conocimiento. Ese es el único conocimiento.

En el momento en que no hay un yo, uno se toma cósmico.

¡Es un juego maravilloso! El conocerse a sí mismo es el único juego, sin duda, el más grande, el máximo. El yo no es algo que debe protegerse; es algo que debe destruirse. Es la barrera que impide alcanzar el potencial máximo de uno, que impide alcanzar el conocimiento máximo.

Por lo tanto, no puedo decir que he alcanzado el autoconocimiento. Diré que he alcanzado el no-autoconocimiento, y éste es el único conocimiento posible. Ningún otro conocimiento existe. El énfasis de todos aquellos que dicen haber alcanzado el autoconocimiento, es sobre el yo y no sobre el conocimiento. Mi énfasis es sobre el conocimiento. Por eso es que niego, de modo enfático, el yo.

¿Cómo me relaciono con el cosmos y con otra gente? Una relación, como tal, existe entre dos seres. Yo soy uno que no está relacionado, uno que no está dentro de una relación. Una relación siempre se da entre dos. Esto puede parecer paradójico, pero en toda relación, uno permanece sin relacionarse, porque una relación existe entre dos. Los dos están. Por lo tanto, una relación es sólo una fachada que oculta la dualidad. Por momentos, uno se engaña pensando que está relacionado, pero, de nuevo, uno es. Uno ha vuelto a caer sobre sí mismo, y no hay relación.

Por ejemplo, cuando estamos involucrados en el supuesto amor, parecemos estar relacionados. Creamos la falacia de una relación, pero, de hecho, sólo nos engañamos a nosotros mismos. Los dos seguirán siendo dos. Independientemente de la cercanía, los dos siguen siendo dos. Incluso en la comunión sexual, serán dos. Este estado de ser dos sólo genera la falacia del estado de ser uno solo. El estado de ser sólo uno jamás puede existir entre dos seres. El estado de ser uno únicamente puede existir entre dos no-seres.

En cuanto a mí, no estoy relacionado con la realidad cósmica, en absoluto. Y, con eso, no quiero decir que estoy aislado. Me refiero a que no hay nadie que pueda existir en una relación. En cuanto a la realidad cósmica, yo soy uno, y la realidad cósmica es una conmigo.

Desde mi lado, yo soy uno, pero en cuanto a los otros, no soy uno desde su lado. Ellos están relacionados. Alguien está relacionado como amigo, alguien está relacionado como enemigo, alguien está relacionado como hermano, y alguien está relacionado como discípulo. Puede ser que ellos estén relacionados conmigo, pero yo no estoy relacionado con ellos. Y todo el suceso que se da dentro de mí está en hacer que no estén relacionados. Pero no puede haber ningún esfuerzo por parte de ellos. Sólo puede tratarse de un conocimiento del no-yo.

Si ellos saben que no hay nadie que pueda ser un discípulo, como tampoco hay nadie que pueda ser un gurú, si saben que no hay nadie que se pueda relacionar con alguien, sólo entonces, el yo se derrumba y el vacío de uno está al desnudo. Y no hay ropa que otorgue una frontera, un yo. En la desnudez absoluta, cuando uno sabe que no hay un yo, uno no es más que un espacio, un cielo interior, vacío —entonces, se vuelve uno solo—. O se puede decir que, entonces, uno realmente se relaciona. Cuando el estado de ser uno solo sucede, el yo de uno mismo no es.

Tú me has preguntado cómo estoy relacionado con el cosmos y con la gente. Para mí, el cosmos y la gente no son dos cosas separadas. Lo cósmico sucede de tantas formas, y una de esas formas es la gente. Lo cósmico sucede de tantas formas: el sol, las estrellas, la tierra, los animales, la gente. Sólo varían las frecuencias, la divinidad es la misma. Así que, para mí, el cosmos y la gente no son dos cosas separadas.

Cualquier cosa que yo haya dicho, no' proviene del pensamiento. Es un hecho. Pero si pienso —y tengo que pensar para comprender su lado— entonces, tú estás relacionado conmigo porque tú eres, y siempre y cuando seas, estarás relacionado. Eso crea una situación difícil. A diario, momento a momento, crea una situación difícil.

Tú te sientes relacionado conmigo. Sientes que perteneces a mí. Entonces, comienza a esperar que yo debo de pertenecerte a ti. Por motivo de esa expectativa, sé que estás destinado a la frustración. Una persona que es un yo, está destinada a la frustración, aunque quizá le lleve más tiempo. Sin embargo, si tú eres una persona que es un no-yo, no te llevará ni siquiera un corto tiempo. Cada momento será frustrante porque no se satisfarán tus expectativas. No hay nadie que las satisfaga.

Por lo tanto, soy muy irresponsable, porque no hay nadie que pueda ser responsable. Hay respuestas, pero nadie que sea responsable, por lo cual, cada respuesta es, por ello, atómica. No puede ser una secuencia, por lo cual tú no puedes esperar nada del momento que seguirá. Ni siquiera yo mismo lo sé. La respuesta va a ser atómica, cada una en sí misma, completa y de ningún modo relacionada con el pasado o con el futuro.

El ego es una serie de eventos, sucesos y recuerdos. Así es porque tú existes dentro de una serie —e intentas tomarme a mí como una serie, pero eso se vuelve difícil—. Por lo tanto, todos se sentirán, en algún momento, enojados conmigo, porque mi respuesta es atómica y no parte de una serie. La respuesta que es parte de una serie se convierte en responsabilidad. Entonces, tú puedes apoyarte.

Yo soy un muy mal apoyo. Nunca se puede contar conmigo —yo mismo no puedo contar conmigo mismo—. No sé lo que está por suceder. Acepto y estoy completamente abierto ante cualquier cosa que suceda. Y nunca pienso en términos de una relación, no puedo pensar; más bien, vivo en términos de ser uno sólo.

Cuando tú estás cerca de mí, no quiere decir que estoy relacionado contigo. Yo me convierto en uno sólo contigo. Y tú interpretas esta condición de ser uno sólo, como amor. Pero el ser uno solo no es amor ni odio, porque todo lo que se conoce como amor, se puede convertir en odio en cualquier momento. Aunque esta condición de ser uno solo jamás se puede convertir en odio. Tú puedes estar cerca o lejos, tú puedes ser un amigo o un enemigo; no tiene importancia. En lo que respecta a mí, tú puedes irte o venir hacia mí, no tiene importancia.

Una relación es condicional; el estado de ser uno solo es incondicional. Una relación siempre tiene condiciones. Si algo en las condiciones cambia, la relación cambiará. Todo está siempre encima de un volcán. Toda relación está siempre en un estado de oscilación, siempre en el proceso de morir, siempre cambiando. Por lo tanto, toda relación crea temor, porque siempre existe el peligro de que se rompa. Y entre más temor haya, más uno se aferra y, entre más se aferra uno, crea más temor. Pero el estado de ser uno solo es todo lo contrario. El estado de ser uno solo es incondicional. Existe porque no se tiene la esperanza de alguna condición, alguna expectativa, alguna satisfacción, algún resultado futuro. No está condicionado por el pasado, ni por el futuro. Es una existencia momentánea y atómica, sin relación con el pasado ni con el futuro.

Por lo tanto, yo siento el estado de ser uno solo con el cosmos y con la gente y, desde el cosmos, el sentimiento es el mismo. Al sentirme uno con el cosmos, desde el cosmos, el sentimiento es el de ser uno solo. En algún momento, yo no sentía esto, pero ahora sé que el cosmos siempre ha sentido esto en tomo a mí.

El estado de ser uno solo siempre está en flujo, siempre ha estado en flujo; para el cosmos, ha habido una espera eterna. Ahora, lo siento yo en tomo al cosmos; también lo siento en tomo a la gente. En el momento en que alguien siente este estado de ser uno solo en tomo a mí, aquella persona se convierte en parte de lo cósmico. Y cuando uno siente ese estado de ser uno solo con tan sólo una otra persona, ha conocido el sabor. Ha conocido el sabor del éxtasis. Entonces, puede lanzarse hacia el todo.

Por lo tanto, esto es lo que está sucediendo a mi alrededor. No digo que estoy haciendo —esto está sucediendo a mi alrededor. Yo te diré a ti que te acerques a mí, sólo para darte a probar de este estado de ser uno solo, y si tú puedes darte cuenta de esto, incluso por tan sólo un momento, jamás volverás a ser el mismo. Es un esfuerzo que requiere de mucha paciencia, es desconocido e impredecible. Nadie puede saber cuándo se acerca el momento. A veces, la mente de uno está tan sintonizada, que puede sentir ese estado de ser uno solo. Es por ello que insisto en la meditación, porque no es nada más que el sintonizar la mente a tal grado, que uno se puede lanzar hacia ese estado de ser uno sólo.

Para mí, la meditación significa la sintonía de la mente con el estado de ser uno sólo. Esto puede suceder únicamente cuando la meditación ha ¡do más allá de uno; de otro modo, no puede suceder. Si está por debajo de uno —si uno lo está haciendo, si uno es el que controla—, no puede suceder, porque uno es la enfermedad. Por lo tanto, yo te persuado de practicar la meditación, dentro de la cual, al atravesar ciertos límites, tú dejarás de ser. La meditación te dominará. Poco a poco, tú serás empujado. Por supuesto que tú iniciarás la meditación, porque no puede ser de otra forma. Tendrás que iniciarla tú, pero tú no la terminarás. En algún punto intermedio, en algún lugar, el suceso ocurrirá. La meditación te atrapará. Tú serás arrojado y entrará la meditación. Entonces, tú estarás en sintonía con el cosmos. Entonces, serás uno solo.

El estado de ser uno solo es importante, la relación no es importante. Una relación es sansar: el mundo. Y es por la relación que debemos nacer una y otra vez. Al conocer el estado de ser uno solo, no hay nacimiento y, entonces, no hay muerte. Entonces, no hay nadie salvo uno mismo. Todos están incluidos. Uno se ha vuelto cósmico. Antes de que llegue el estado de ser uno solo, el individuo debe apartarse. Antes de que llegue lo divino, el ego debe apartarse.

El ego es la fuente de toda relación. El mundo es relación. El estado de lo divino no es una relación, la divinidad no es una relación. Lo divino no es el yo. Esto significa que no se puede ser uno con él. Por lo tanto, un bhakta, un devoto, jamás puede alcanzar lo cósmico, porque piensa en términos de una relación —una relación con el Dios padre, el Dios amante, el Dios amado—. El devoto sigue pensando en términos del yo y del otro. Jamás puede trascender el ego. Esto es muy sutil, porque el devoto siempre está luchando por rendirse. La devoción, el camino a la devoción, es el camino de la rendición. El devoto intenta rendirse, pero ante alguien.

Si uno intenta rendirse ante alguien, el otro está ahí. Y el otro no podría existir si uno no es; por lo tanto, uno sigue existiendo entre sombras. Uno se olvidará de sí mismo, pero el olvidarse de sí mismo no significa rendirse. Se recuerda lo divino de tal modo, que uno mismo deja de recordarse, pero uno sigue estando en el fondo, existiendo entre sombras. De no ser así, Dios no podría existir como el otro.

Por lo tanto, el camino de la devoción, tal y como existe, no puede llevar a lo trascendente, a lo cósmico, a ser uno solo. Para mí, no se trata de rendirse ante alguien!, sino simplemente de abandonar el yo —no a los pies de alguien, sino simplemente abandonarse—. Cuando no hay un yo, entonces uno se convierte en uno solo. i

El yo puede seguir generando las semillas, puede seguir creando la decepción. Y la decepción más grande y más segura es aquella del devoto y de Dios —una decepción religiosa—. Cualquier decepción que se toma religiosa puede ser peligrosa, porque ni siquiera se puede negar. Incluso, el negarla, genera culpa. Uno se sentirá culpable al negarle el yo a lo divino, pero para lo divino, el yo es la proyección del ser de uno. En el momento en que uno es un no-yo, no existe un yo en lo que respecta a la existencia. La existencia entera se ha tomado un no-yo. Y cuando toda la existencia deja de ser un yo, uno se hace uno solo con ella.

El no-yo es el camino.

El no-yo es la devoción verdadera.

El no-yo es la rendición auténtica.

Por lo tanto, el problema es siempre el yo. Incluso si pensamos en la liberación, moksha, pensamos en la libertad para el yo, no en la libertad del yo. Pensamos que, entonces, seremos libres. Pero entonces no se puede ser libre —moksha no es la libertad para el yo, sino la libertad del yo—. Por lo tanto, yo existo dentro de un no-yo, dentro de un flujo, en un proceso del abandono del yo. No soy un yo, como tampoco hay alguien que sea un yo.

Por ejemplo, las olas están en el mar, pero cada ola se interpreta a sí misma de modo equivocado, como algo separado del mar. La ola parece estar separada. Se puede engañar a si misma —hay tantas olas alrededor, y cada ola parece ser distinta—. Mi ola es más alta y la suya será más baja, o mi ola será más baja y la suya será más alta. ¿Cómo puede ser lo mismo? Y las olas no pueden asomarse a lo profundo del mar. Sólo se conoce la superficie. Tu ola se está muriendo, y la mía es joven y crece. Tu ola ha llegado a la costa, y yo estoy aún lejos de esa costa. ¿Cómo puedo pensar que ambos somos lo mismo? Sin embargo, pensemos o no que así es, somos lo mismo.

Entonces, la ola que se conoce como "yo" no es un ego, ni un yo. Esta ola ha sabido que el océano es la ola. La ola es sólo un fenómeno superficial. Una superficie es una apariencia, un movimiento. Esta ola que llamo "yo", no ha sabido que la ausencia de olas, el mar sin olas, es lo real. Incluso tu ola no es distinta.

He conocido aquello que lo une todo. Tú puedes denominarlo autoconocimiento, pero yo no lo haré. Yo lo denominaré no-autoconocimiento, porque esta esencia es la de todos los conocimientos. Esto es el no-yo. Creo que tú comprendes lo que estoy queriendo decir.

Cualquier cosa que yo haya dicho puede no ser lo que pretendo decir, y lo que pretendo decir puede no ser lo que he dicho. Así que no confundas lo que digo con lo que pretendo decir, pero siempre mira hacia lo profundo. Siempre escucha aquello que no se ha dicho, sino que ha sido señalado. Todo lo que es profundo, todo lo que es lo máximo, sólo se puede mostrar, mas no se puede decir. Y yo estoy diciendo cosas que no se pueden decir. Por lo tanto, no pienses en mis palabras. Siempre desecha las palabras como algo sin significado; luego, ve a lo profundo del significado carente de palabras, al significado silencioso. Siempre está ahí, debajo de la palabra.

Las palabras siempre están muertas, el significado siempre vive. Uno puede estar abierto a las palabras, pero uno jamás puede estar abierto a través de la comprensión intelectual. Uno puede estar abierto con todo su ser, no sólo con el intelecto. No es que el intelecto malinterprete a momentos —el intelecto siempre malinterpreta—. No es que el intelecto se equivoque a momentos —el intelecto es el error mismo—. Siempre se equivoca. Por lo tanto, ten simpatía por cualquier cosa que se diga. No trates de comprenderla, deja que penetre en lo más profundo de tu ser. Sé vulnerable y abierto a ella. Deja que se te meta en lo profundo del corazón. No crees barreras intelectuales. Entonces, participando con todo su ser, sabrás. Quizá no comprendas, pero sabrás. Y el comprender no basta, hace falta saber. El intelecto comprende; el ser, sabe. El intelecto es únicamente una parte, su ser es lo verdadero.

Cuando se sabe algo, se sabe con la sangre, se sabe con los huesos, se sabe con los latidos del corazón. Pero si uno comprende, lo hace únicamente con el mecanismo de la mente, la cual no es muy profunda. Es sólo un instrumento, un instrumento utilitario que es necesario para la sobrevivencia, que se necesita para estar relacionado, pero que se convierte en una barrera en el esfuerzo por alcanzar el estado de ser uno sólo, la muerte espiritual y la resurrección. Es meramente un instrumento natural para poder sobrevivir. No está intencionado para revelar la verdad absoluta. No está intencionado para conocer los misterios ocultos —y los misterios están ocultos.

Por lo tanto, cualquier cosa que yo esté diciendo, no pienses en ella. Vete a casa y deja que repose. Déjala entrar, deja que te penetre. No te protejas a ti mismo; ábrete. Cada protección propia va en contra del saber. Y sólo cuando esa cosa haya alcanzado la parte más recóndita de tu ser, será conocida y realmente comprendida. Eso es lo que se quiere decir con shraddha: fe. No significa creencia. La creencia es intelectual. Uno puede creer intelectualmente, uno puede desmentir intelectualmente —ambas cosas son intelectuales—. La fe no es en absoluto intelectual. Es la participación mística completa. Es el ser uno solo con los misterios ocultos. Es un salto.

Por ello, en cuanto a cualquier cosa que yo diga, no me interesa en absoluto la teoría, no me interesa en absoluto ninguna filosofía. Me interesa el salto existencial. Cuando digo algo, es sólo para conducirte a ti hacia aquello que no se puede decir. Y cuando utilizo palabras, es sólo para conducirte a ti hacia el silencio. Cuando hago alguna aseveración, es sólo para señalar aquello que no se puede aseverar. Mi expresión no es realmente para expresar algo, sino para señalar lo inexpresable.

Así que ten simpatía, porque sólo la simpatía puede ser la apertura. Deja que lo que yo haya dicho, descienda dentro de ti; florecerá. Si la semilla va hacia lo profundo, florecerá. Cuando llegue la flor, tú sabrás qué es aquello que se ha dicho, pero que no se pudo decir. Tú sabrás aquello que se ha dicho, pero que permanece sin decirse.

Capítulo 2 · Sannyas: viviendo en la inseguridad

¿Por qué le das sannyas a casi cualquier persona que viene a verte! ¿Cuál es tu idea de sannyasf ¿Qué obligación implica?

Para mí, sannyas no es algo muy serio. La vida misma no es demasiado seria, y aquel que está serio, siempre está muerto. La vida es sólo una energía desbordante sin ningún propósito y, para mí, sannyas es vivir la vida sin propósito. Vive tu vida como un juego y no como un trabajo. La así denominada mente seria, la cual está enferma, en efecto, convertirá el juego en trabajo. Los sannyasins hacen todo lo contrario: convierten el trabajo en juego. Si uno puede asumir esta vida como un mero sueño, una actuación-sueño, entonces es un sannyasin. Aquel que considera la vida como un sueño, un sueño-drama, ha renunciado. La renunciación no es el abandonar el mundo, sino cambiar de actitud. La actitud de cambiar al mundo es algo serio. Por eso es que puedo iniciar a cualquiera en sannyas. Para mí, la iniciación misma es un juego. No exigiré ningún requisito, independientemente de que alguien cuente o no con los requisitos, porque los requisitos se piden cuando se hace algo serio. Por lo tanto, todos, por el simple hecho de existir, cuentan con los suficientes requisitos para jugar. Cualquiera puede jugar, incluso sin contar con los requisitos, no tiene importancia, porque todo es sólo un juego. Por eso no exigiré ningún requisito.

Y, del mismo modo, mis sannyas no implican ninguna obligación. En el momento en que uno es un sannyasin, está en completa libertad. Significa que, entonces, uno ya no tiene que tomar ninguna decisión. Ha tomado la última decisión: el vivir en la indecisión, el vivir con libertad.

Aquel que vive decidiendo cosas jamás puede ser libre. Siempre está atado a su pasado porque la decisión se tomó en el pasado. Jamás se puede tomar una decisión para el futuro porque el futuro es desconocido y cualquier decisión que se tome estará atada al pasado. El momento en que uno está iniciado en sannyas, se ha iniciado en un futuro inexplorado, no planeado. Entonces, ya no está atado al pasado. Uno será libre para vivir. Eso significa actuar, jugar y ser cualquier cosa que le suceda a uno. Esto es la inseguridad.

El renunciar a un nombre, a una propiedad, no es realmente inseguridad, es una inseguridad muy superficial. La mente permanece siendo la misma, la mente que pensaba aquella propiedad como una forma de seguridad. Incluso la propiedad no es seguridad alguna y uno morirá con toda su propiedad. Incluso una casa no es seguridad alguna, uno morirá dentro de ella. Por lo tanto, la falsa noción de que la propiedad, la casa, los amigos y la familia, son formas de seguridad, aún prevalece en la mente que piensa: "He renunciado; ahora vivo en la inseguridad".

Sólo aquella mente, sólo aquella persona que vive sin estar atada a su pasado, vive en la inseguridad. La inseguridad significa no estar atado al pasado; y tiene tantos significados, porque todo lo que uno sabe viene del pasado. Incluso la mente de uno es del pasado.

Por lo tanto, alguien que renuncia al conocimiento está verdaderamente renunciando a algo. Uno mismo proviene del pasado, no es más que un cúmulo de experiencias. Así que aquel que renuncia a sí mismo, renuncia a algo. Todos los deseos y todos los anhelos y todas las expectativas —todo esto confirma el pasado—. Aquel que renuncia a su pasado, renuncia a sus deseos, a sus anhelos, a sus expectativas.

Entonces, uno será igual que el vacío, que la nada, que un nadie. Sannyas significa desechar toda afirmación de ser alguien.

Entonces, uno se introduce a la no-identidad, al estado de ser nadie. Por lo tanto, esta es la última decisión de la mente, con lo cual el pasado se cierra. La identidad se rompe, la continuidad no existe. Uno es nuevo; renace.

Cualquier persona con vida cumple con los requisitos para vivir en la inseguridad. Si uno va a vivir realmente, uno debe vivir en la inseguridad. Todo arreglo de seguridad es una renuncia a la vida. Entre más seguridad se tenga, menos se vive. Entre más muerto se esté, más seguro se está, y viceversa. Por ejemplo, un hombre muerto no puede volver a morir, él es inmune a la muerte. Un hombre muerto no puede estar enfermo, por lo cual es inmune a la enfermedad. Un hombre muerto está tan seguro, que aquellos que siguen viviendo le pueden parecer ridículos —viven en la inseguridad.

Si uno está vivo, es inseguro. Entre más inseguro, más vivo. Por lo tanto, para mí, un sannyasin es una persona que decide vivir al óptimo, al máximo; es igual que una flama quemándose de ambos polos.

No hay ninguna obligación, no hay ningún compromiso. Uno no está sujeto a disciplina alguna. Si se le quiere llamar disciplina a la inseguridad, ese es otro asunto. Por supuesto que es una disciplina interna. ¡Uno no seria anarquista, no! ¿Cuándo he dicho que una persona será anarquista? La anarquía siempre está atada a un orden, a un sistema. Si se renuncia al orden, jamás se puede ser desordenado. ¡No se trata de negar el orden, sino de renunciar a él, y entonces la renuncia significa estar ordenado! Es únicamente una actuación, una obra de teatro para los ojos de otros. Uno no se lo tomará en serio, se trata sólo de un papel dentro del juego. Uno camina hacia la izquierda o hacia la derecha, por el bien de otros, por el bien del tránsito, pero no hay seriedad en ello; nada en ello es serio.

Por lo tanto, el sannyasin no va a ser desordenado. En lo que respecta al sannyasin mismo, en lo que respecta a su conciencia interior, no habrá orden. Eso no significa que habrá desorden, porque el desorden siempre es parte del orden. Cuando hay orden, existe la posibilidad del desorden. Cuando no hay orden, no hay desorden, porque hay espontaneidad. Momento a momento, se vive; momento a momento, se actúa. Cada momento está completo en sí mismo. Uno no decide por él. Uno no decide cómo actuar. El momento le llega a uno, y uno actúa. No hay predeterminación, no hay ningún plan previo.

El momento le llega a uno. Uno le sucede al momento y, sea lo que sea que salga, uno debe dejarlo venir. Más y más, uno sentirá que crece dentro de sí mismo una disciplina —una disciplina que se hace de momento a momento. Es una dimensión muy distinta, así que será mejor comprenderla claramente. Cuando uno decide con anticipación qué hacer, es porque piensa que no está lo suficientemente consciente para actuar de modo espontáneo cuando llegue el momento. No se tiene confianza en sí mismo; por eso uno toma decisiones con anticipación.

Y aún entonces, uno está decidiendo. Uno no puede actuar en el momento, por lo tanto, ¿cómo decidir con anticipación? Ahora se tiene menos experiencia. Uno tendrá más experiencia cuando llegue el momento. ¿Si yo no puedo creer en el "yo" de mañana, cómo puedo creer en el "yo" de hoy? Y cuando tengo que decidir con anticipación, no tiene ningún sentido. Sólo será destructivo.

Decido hoy y actúo mañana. Pero mañana, todo habrá cambiado. Todo será nuevo, y la decisión será vieja. Y si no actúo de acuerdo con el momento, hay culpa. Por lo tanto, todo aquello que enseña que deben tomarse decisiones con anterioridad, genera culpa. No actúo y luego me siento culpable. Y si actúo, entonces no puedo actuar de modo adecuado, y seguramente vendrá la frustración.

Por lo tanto, yo digo que no hay que comprometerse con ninguna decisión, y así, se puede ser libre. Permite que cada acto, cada momento, te llegue, y permite que tu ser completo decida... en ese momento. Deja que la decisión venga al tiempo que sucede el acto. Nunca permitas que la decisión preceda al acto, puesto que, de lo contrario, el acto jamás será total. Uno debe de saber que cuando se toman decisiones con anticipación, se decide con el intelecto. El ser completo jamás puede participar en esa decisión si el momento no ha llegado. Si yo amo a alguien y decido que, cuando me encuentre con él o con ella, actuaré de esta u otra manera, que diré esta u otra cosa, que haré tal cosa y no tal otra, esto sólo puede ser del intelecto, de la mente. Esto jamás podrá ser total, puesto que el momento no ha llegado. El ser total no ha sido retado y, por lo tanto, ¡cómo puede actuar el ser completo?

Y cuando he decidido con anterioridad y llega el momento, el ser total no podrá actuar porque estará presente la decisión. Por lo tanto, sólo imitaré, seguiré y copiaré lo anterior. Seré el hombre falso. No seré real porque no seré total. Tendré un plano que me indique cómo actuar; actuaré de acuerdo con ese plano. De nuevo, este acto será del intelecto y no del ser completo. Entonces, o se tiene éxito o se fracasa, pero en ambos casos, se ha fracasado, porque el ser total no pudo ser parte. No se sentirá amor.

Así, permite que llegue el momento, que el momento te rete y que tu ser completo actúe. Entonces, el acto será total. Entonces, el ser completo participa en el acto. ¡Entonces, estarás completamente dentro del acto! Y lo mejor saldrá de esta totalidad y nunca de las decisiones. Por lo tanto, sannyas significa vivir momento a momento, sin ningún compromiso con el pasado. Y seguiré entregándole sannyas a todo aquel que esté conmigo, incluso por un solo momento, porque, como he dicho, no sé nada en absoluto acerca del mañana. Por lo tanto, no puedo esperar. Si tú llegas en este momento, lo que sea que haya que hacerse, se hará. En este momento, no puedo esperar. No sé nada acerca del mañana, acerca de lo que sucederá, y no puedo hacer planes. Así que en el momento en que tú estás conmigo, lo que sea que se esté haciendo, se hará en este mismo momento. No puede ser pospuesto porque para mí no hay futuro alguno.

Y este sannyas no es el viejo sannyas. Es un concepto totalmente nuevo, o bien un concepto totalmente antiguo que había sido olvidado por completo —se le puede llamar de cualquiera de las dos formas—. Es el concepto más nuevo a la vez que el más antiguo, porque cuando ha habido sannyas, en verdad, así ha sido. Pero siempre hay imitadores y no se pueden negar: son. Existen imitadores y siempre los habrá. Y hacen de todo una disciplina porque sólo una disciplina puede ser imitada.

Sannyas no se puede imitar. La libertad no se puede imitar y, por lo tanto, sannyas jamás se puede imitar. Pero, ¿qué pueden hacer aquellos imitadores? Harán de esto un sistema —los imitadores siempre crean sistemas—. Salvo destruir sannyas, no destruyen mucho más, porque la vida como tal se vive como una imitación. La imitación sucede, el mundo entero imita. La crianza misma es una imitación —del lenguaje, de la moralidad, de la sociedad, de la cultura; todo es a través de la imitación—. Todo es absorbido por medio de la imitación.

Por lo tanto, las imitaciones tienen éxito en todo menos en lo que respecta a sannyas. Ahí, destruyen mucho. No pueden destruir ninguna otra cosa, porque, en todas partes, la imitación es la regla. No se puede ser libre con el lenguaje, se debe imitar. No se puede ser libre con la estructura social, se debe imitar. Los imitadores tienen éxito en todas partes. Sólo con respecto a sannyas, la dimensión de la libertad absoluta es algo con lo cual los imitadores se toman muy peligrosos porque su dimensión misma es todo lo contrario. La imitación destruye sannyas. Jesús es imitado, existe la imitación de Cristo. Donde sea que se imiten sannyas, sannyas deja de existir. Cuando digo que no hay compromiso, significa que no habrá imitación.

Tú eres totalmente libre, yo te arrojaré hacia una apertura. Esto es a lo que se refiere el término iniciación. No se trata de reducir tus opciones, sino de lanzarte a un cielo abierto. Es empujarte a volar en un cielo abierto. Por supuesto que no hay rutas ni mapas, no puede haberlos. Y no puede haber ningún camino trazado en el cielo. Tienes que volar a solas, tienes que depender sólo de ti mismo. Tu existencia será tu compañía —la única compañía.

La vida es igual que el cielo. No es como los senderos de la tierra, no puede seguirse ningún camino trazado, seguirlo es imposible. Se tiene que estar a solas. La iniciación significa que ahora yo te empujo hacia la soledad. Entonces, estarás completamente solo, sin depender de nadie, ni siquiera de mí. Requiere de valentía. Imitar es fácil, seguir es fácil, depender de alguien es fácil. Pero el estar a solas sin mapa alguno, sin disciplina alguna, sin sistema alguno, requiere de la mayor valentía. Y un sannyasin es alguien que tiene valentía. Esta valentía no se puede imitar, tiene que desarrollarse por medio del vivir.

Tú te equivocarás, te extraviarás. Eso está implícito. Pero, por medio del error, aprenderás, y por medio del extravío, darás con lo correcto. No hay otra manera. Tienes que atravesar dificultades. Este caminar a solas, este volar a solas... uno tiene que atravesar toda esta austeridad. Y este sannyas es distinto también en otro sentido, porque el viejo sannyas, es decir, el supuesto sannyas que predomina, es más una renunciación social que una renunciación espiritual. Incluso su estructura social es más fisiológica que espiritual.

Sannyas es básicamente espiritual. Por lo tanto, uno puede recibir sannyas en cualquier lugar, donde sea que se encuentre. Exige que uno se involucre interior, profunda y espiritualmente. Desde mi punto de vista, entre más se esté fisiológicamente involucrado, menos existe la posibilidad de ir a lo profundo porque, una vez que lo fisiológico esté involucrado, uno jamás se saldrá de ahí. Jamás saldrá de ahí porque hay imposibilidades intrínsecas: si alguien intenta estar por encima de sus deseos, está luchando por algo que es imposible, puesto que el deseo es natural. El cuerpo no puede existir sin el deseo. Así que uno continuará aferrado al cuerpo y el deseo seguirá estando ahí —menos, por supuesto, pero estará—. Y entre más débil sea el cuerpo, el deseo será sentido con menos fuerza. Por lo tanto, uno seguirá debilitándose, pero a menos que uno muera, el cuerpo tendrá deseo.

No sólo existen los deseos, sino las necesidades. Las necesidades se deben satisfacer y, entre mejor se satisfagan, menos nos inquietan, menos nos exigen, menos tiempo se requiere para ellas. De modo que si uno está luchando con necesidades fisiológicas, desperdiciará su vida entera. Este proceso, este viejo sannyas es negativo; el luchar contra algo. Por supuesto que fortalece al ego. Si uno es capaz de matar un deseo, puede volverse más egoísta. Si uno puede negarle al cuerpo un deseo particular, se vuelve más egoísta. La lucha, de cualquier modo, siempre satisface y fortalece al ego.

Para mí sannyas es algo positivo, mas no negativo. No significa negar las necesidades corporales. No significa negar las necesidades superficiales, sino desarrollar e incrementar el interior de uno. No significa luchar contra algo, sino dedicarle toda la energía a hacer que algo crezca. El ser debe de crecer y madurar. Entre más crece el ser, menos será uno su ego. Y una vez que haya crecido el ser, se sabe lo que es el deseo y lo que es la necesidad. De lo contrario, jamás se podrá saber; jamás se podrá hacer una distinción entre un deseo y una necesidad.

El deseo siempre es desquiciado, la necesidad es siempre sensata. Si uno niega sus deseos, se vuelve suicida. Si uno sigue incrementando sus deseos, de nuevo, se vuelve suicida. Si sigue negando sus deseos, está cometiendo el suicidio. Si uno sigue incrementando sus deseos, de nuevo, está cometiendo el suicidio, de modo distinto.

Si los deseos se vuelven demasiado, si los deseos son excesivamente grandes, uno se volverá loco. La tensión será insostenible. Si uno niega sus deseos, de nuevo crea tensiones que se volverán insostenibles. Por lo tanto, hay dos tipos de mentes suicidas: una que continúa negando sus necesidades, y la otra, que sigue transformando sus deseos en necesidades. Y esta distinción nunca se puede hacer de modo externo. Nadie puede decidir por uno cuál es el deseo y cuál es la necesidad. La conciencia propia será la medida porque mientras que para uno algo puede constituir una necesidad, para otro, eso mismo constituye un deseo. No hay ninguna respuesta prefabricada.

Sólo se puede decir que aquello sin lo cual uno no puede existir, es la definición mínima de una necesidad. Pero la conciencia propia es la que decidirá, ultimadamente, y tampoco eso se puede decidir de modo definitivo, ya que hoy, algo puede ser una necesidad y mañana, eso mismo puede ser un deseo. En este momento, es una necesidad y, en otro, un deseo. Pero cuando hay conciencia positiva, uno está al tanto de su propia mente y de sus mañas y de su potencial destructivo; cuando uno esté consciente de su ego, de las formas en que el ego se fortalece, de las formas en que se nutre, sabrá distinguir.

No soy negativo. Sannyas, neo-sannyas, es absolutamente positivo. Significa desarrollar algo dentro de uno. Yo te otorgaré una actitud positiva en tomo a tu ser, no una actitud negativa. Tú no deberás negar nada. Por supuesto que muchas cosas pueden negarse —tú mismo no las negarás, sino que sucederán de modo automático—. Entre más vayas hacia tu interior, más se encogerá tu exterior. Entre menos se sea un ser interno, más se debe sustituir a sí mismo de modo externo. Uno continuará expandiéndose. Pero no luches con tu yo expansivo y exterior. Lucha con la semilla que eres tú, que puede crecer a tal grado que este sinsentido externo se derrumbará de modo automático. Una vez que se conocen las riquezas interiores, no hay nada del mundo exterior que se les compare. Una vez que se conoce la felicidad interna, el disfrute es absurdo, todo lo que sucede en nombre del entretenimiento es absurdo, estúpido. Simplemente se derrumba, una vez que se conoce el éxtasis interior. Entonces, todo aquello que se conoce como felicidad y alegría, no será nada más que un engaño. Pero no antes —a menos que uno haya conocido la felicidad interior, no se puede decir eso, y si se dice, estará engañándose aún más.

Una actitud positiva en tomo a sannyas significa una dimensión del todo distinta. Uno puede estar en el lugar en el que esté, uno puede continuar haciendo todo lo que está haciendo —ningún cambio externo se requiere de inmediato—. Por supuesto que habrá cambios, pero llegarán por sí solos. Cuando lleguen, permite que lleguen, pero no trates, no hagas ningún esfuerzo. No los fuerces a llegar. Y yo veo una mayor posibilidad de sannyas positivos, de renunciación positiva, en el mundo que está por venir. Ese concepto negativo de negarse a sí mismo era posible antes por muchas razones. Una es la forma en que estaba estructurada la sociedad. Todas las sociedades agrícolas podían permitir que hubiera algunas personas sin trabajo alguno. Pero entre más se industrializa la sociedad, menos existe la posibilidad de que existan familias unidas. Entre más individualidad exista, menos probabilidad habrá de que existan familias unidas. Una estructura económica suelta permitía la existencia de más familias unidas, pero entre más planeada sea la economía, menos probable será que existan familias unidas. Hoy en día, aquellos que eran sadhus y monjes parecen explotadores. Ahora no pueden ser respetados, ahora no pueden existir. Desde mi punto de vista, todos deben hacer lo que puedan hacer; uno debe contribuir a la sociedad en la que existe. Uno no debe permanecer siendo un explotador. Uno no debe ser —y la persona religiosa no puede ser— un explotador. Y si una persona religiosa puede explotar, no podemos esperar que otros no lo hagan.

Para mí, un sannyasin no será un explotador. Se ganará la vida. Será un productor y no un consumidor. Un concepto productivo va de la mano con lo positivo. El viejo concepto de los monjes no productivos cabía dentro de la actitud negativa. La actitud positiva tendrá más implicaciones. Por ejemplo, el viejo concepto de sannyas negaba muchas cosas. Negaba la familia, negaba el sexo, negaba el amor. Negaba todo aquello que contribuye a la felicidad de una sociedad —todo aquello que contribuye a la felicidad de uno—. Negaba. Yo no niego.

Eso no significa que permito. Cuando digo que no niego, sólo significa que un momento puede llegar cuando una persona se vuelva completamente trascendente en tomo a, por ejemplo, el sexo. Eso es otra cosa que no es un requisito, sino una consecuencia. No se necesita previo a sannyas, vendrá después de sannyas. Y uno no debe sentir culpa si no llega. El viejo concepto es muy cruel, era sádico y masoquista. El sexo se negaba porque el sexo parece brindar un poco de felicidad.

Tantas religiones permitieron el sexo sin felicidad. Sólo se podía utilizar con fines de reproducción, pero no se debía obtener ninguna felicidad de ello. Sólo así, dejaba de ser un pecado. El sexo no es realmente un pecado. "Pero uno no debe de ser feliz. La felicidad es un pecado". Para mí, todo lo que se le da a los seres humanos no debe ser negado; no debe ser suprimido. Permite que el florecimiento llegue primero. Entonces, verás qué tantos canales de energía han cambiado su curso. Y la diferencia será enorme.

Si se niega el sexo, también se niega el amor. Aquellos sannyasins que niegan, carecen de amor. Hablan de amor, pero carecen de amor. Hablan del "amor universal". Siempre es más fácil hablar del amor universal que amar a un individuo —eso es más difícil—. Amar a todo el universo es fácil; nada está involucrado. Y aquel que piensa en términos de la negación, hablará del amor universal y seguirá negando y desarraigando los sentimientos individuales.

La religión que niega el sexo tendrá que negar el amor, porque con amor, existe toda posibilidad de que el sexo le siga. Pero desde mi punto de vista, si el sexo no se niega sino que se transforma con el crecimiento positivo, no existe ninguna necesidad de negar el amor. Uno puede ser amoroso. Y, a menos que uno sea amoroso, la energía que llegue a uno, que no transite a través del canal sexual, no puede ser utilizada. Se volverá destructiva. Desde mi punto de vista, un amor que crece es la única posibilidad de trascender el sexo.

El amor debe crecer. Debe ascender hacia el universo, pero no debe comenzar ahí, jamás surge de lo lejano. Y aquel que piensa que uno debe de comenzar desde lo lejano, se está engañando. Toda trayectoria debe de comenzar de lo cercano. El primer paso que ha de ser tomado, no puede ser tomado desde lo lejano. Uno debe ser un individuo amoroso. Y entre más profundo se hace el amor, uno se vuelve menos sexual y más se extenderá el amor.

Por lo tanto, yo no negaré nada, porque, ultimadamente, se busca la dicha. Todos buscamos la dicha. La felicidad no se ha de negar, pero cuando hay una explosión de dicha, uno sabrá que lo que había considerado como felicidad, es falso. Aunque no se puede desechar en ese momento. Permite que llegue la dicha primero. Eso es lo que significa el crecimiento positivo. Permite que algo se dé dentro de ti, algo mayor, sólo entonces se desechará lo menor. Y tu ego no se fortalecerá a causa de ello porque, cuando se desecha, se desecha algo sin uso, sin valor. Todos los que dicen haber renunciado hablan de haber dejado esto o aquello. De este modo, demuestran que nada extraordinario ha sido logrado. Cualquier cosa a la cual hayan renunciado sigue siendo importante. Existe en su memoria, sigue siendo parte de su mente, les sigue perteneciendo. Por supuesto que han renunciado, pero, ¿cómo puede uno renunciar a algo que no le pertenece? Si uno sigue pensando en la renunciación, sigue siendo dueño. En un sentido negativo, uno es dueño.

Pero cuando uno conoce un fenómeno mayor —una mayor dicha, una mayor felicidad— entonces, no se está renunciando a las cosas. Simplemente caen por si solas, como las hojas secas de un árbol. Nadie se entera y nadie lo escucha, las hojas simplemente caen. El árbol no se inmuta ante la caída de sus hojas, ni queda herida alguna. Por lo tanto, para mí, todo tiene su momento para suceder, su momento de madurez —la madurez lo es todo—. Uno debe de madurar; de lo contrario, uno estará deambulando sin necesidad y acosándose a sí mismo sin necesidad y destruyéndose sin necesidad. Uno debe madurar y la oportunidad llegará por sí sola.

La renunciación se logra a través del crecimiento positivo. Es eso lo que quiero decir a través de mis sannyas: la renunciación a través del crecimiento positivo. No existe negatividad alguna, negación alguna, supresión alguna.

Acepto al ser humano tal y como es. Por supuesto que mucho es potencial, pero tal y como es, no se le ha de condenar. El es la semilla, y si se condena a la semilla, ¿cómo se puede aclamar al árbol? Acepto al ser humano tal y como es, completamente, sin negación alguna. Sólo que no digo que sea todo lo que puede ser, que este sea el final. Digo únicamente que este es el principio. El ser humano es sólo una semilla que puede desarrollarse en un gran árbol, mismo que puede crecer y convertirse en divinidad. Cada ser humano puede ser un dios. Pero ahora, tal y como es, únicamente es una semilla. La semilla ha de ser protegida, la semilla ha de ser amada y a la semilla ha de ser otorgada toda oportunidad de crecer.

Sannyas significa que uno se ha dado cuenta que es una semilla, un potencial. Esto no es el final. Esto es sólo el principio, y ahora uno debe tomar la decisión de emprender ese crecimiento inicial. Ese crecimiento llega a través de la libertad, ese crecimiento llega a través de la inseguridad. Uno ve una semilla, parece muy segura. Un árbol no es tan seguro. La semilla está cerrada, completamente cerrada. En el momento en que muere la semilla y el árbol comienza a crecer, el potencial comienza a activarse. Existen peligros —habrá inseguridad, habrá toda posibilidad de destrucción, algo muy delicado luchando contra todo el universo—. Pero ahora uno es sólo una semilla, no hay ningún peligro.

Ser un sannyasin significa que ahora, uno toma la decisión de crecer. Y esta es la última decisión. Ahora, uno tendrá que luchar, ahora tendrá inseguridad, tendrá peligro y tendrá que luchar y enfrentarlo momento a momento. Esta lucha de momento a momento, esta lucha dentro de lo desconocido, este vivir dentro de lo desconocido, es la verdadera renunciación.

La decisión de crecer es una gran renunciación —una renundación a la seguridad que se le ha otorgado a la semilla, una renunciación a la integridad que se la ha otorgado a la semilla—. Pero esta seguridad es a cambio de algo muy grande. La semilla está muerta, sólo vive potencialmente. Puede vivir, o puede permanecer muerta. A menos que crezca, que se convierta en árbol, estará muerta. Y, según mi experiencia, los seres humanos, a menos que decidan crecer, a menos que den un salto hacia lo desconocido, serán como semillas: muertas, cerradas.

Ser un sannyasin significa tomar la decisión de crecer, tomar la decisión de entrar en el peligro, tomar la decisión de vivir en la indecisión. Esto parece una paradoja pero no lo es. Uno tiene que comenzar por algo e incluso, para vivir en la indecisión, uno tiene que tomar una decisión en algún momento. Incluso entrar en la inseguridad significa ir hacia alguna parte y uno lo tiene que decidir. Yo auxilio tu decisión y creo una situación en la que puedas tomar una decisión. Neosannyas puede ir al núcleo mismo del mundo. Puede alcanzar a cualquier persona porque no se requiere de nada especial —sólo entendimiento.

Otra cosa que me gustaría explicar es que este sannyas no está vinculado con ninguna religión. En esta tierra, todo tipo de sannyas ha sido parte de una religión particular, una secta particular. Eso también es una medida de seguridad. Uno renuncia y, sin embargo, pertenece. Uno dice: "Me he alejado de la sociedad", pero pertenece a la secta. Uno continúa siendo hindú, musulmán o sikh. Uno sigue siendo algo.

En realidad, sannyas significa ser simplemente religioso, más no estar atado a ninguna religión. De nuevo, es un gran salto hacia lo desconocido. Las religiones son conocidas pero la religiosidad es desconocida. Una secta tiene sistemas, la religiosidad no tiene sistemas. Una secta tiene escrituras; la religiosidad sólo tiene existencia, mas no escrituras.

Este sannyas es existencial, religioso, no sectario. Esto no significa que este sannyas le niegue a un mahometano su mahometanismo, que este sannyas le niegue a un cristiano su cristianismo. ¡No! Significa, en realidad, lo contrario. Significa que le brindará a los cristianos el verdadero cristianismo. Le brindará al hindú el verdadero hinduismo, porque entre más se vaya a lo profundo de la religión hindú, el hinduismo caerá y quedará únicamente la religiosidad. Entre más se vaya a lo profundo del cristianismo, menos se parecerá al cristianismo y más se parecerá a la religiosidad. De pronto, se llega al centro de la religión. Cuando digo que, al convertirse en sannyasin, no se pertenece a ninguna religión como tal, no me refiero a que se esté negando el cristianismo o el hinduismo o el jainismo. Sólo se niega la parte muerta que se ha convertido en una carga para la religión. Sólo se niega la tradición muerta y uno devela y descubre, de nuevo, la corriente viva, la corriente viva que existe debajo de todo lo muerto: las tradiciones muertas, las escrituras muertas, los guruísmos muertos, las iglesias muertas.

Uno vuelve a encontrar la corriente viva. Siempre está ahí, pero tiene que ser redescubierta; cada cual tiene que redescubrirla. No puede ser transferida, no puede ser transmitida. Nadie se la puede dar a uno. Cualquier cosa que se haya dado estará muerta. Uno tendrá que escarbar dentro de sí mismo, de otro modo, jamás se hallará. Por lo tanto, no doy una religión, sólo doy el empujón para que cada quien encuentre la corriente viva. Será el hallazgo de cada quien, jamás puede ser el de otro. No estoy transmitiéndole nada a nadie.

Hay una parábola...

Buda llega un día con una flor en la mano. Debe impartir un sermón, pero se queda callado. Aquellos que han venido a escucharlo, comienzan a preguntarse qué está haciendo. El tiempo transcurre. Nunca había sucedido algo así y los que han venido se preguntan qué está haciendo Buda. Se preguntan si hablará o no. Entonces, alguien pregunta: "¿Qué está haciendo? ¿Ha olvidado que hemos venido a escucharlo?"

Buda responde: "He comunicado algo. He comunicado algo que no puede ser comunicado por medio de las palabras. ¿Lo han escuchado o no?"

Nadie lo ha escuchado. Pero un discípulo —un discípulo desconocido, que se ha presentado por primera vez, un bhikkhu llamado Mahakashyapa— ríe con fuerza. Buda dice: "Mahakashyapa, acércate. Te entrego esta flor y declaro que todo lo que haya podido brindar por medio de las palabras, se los he brindado a todos ustedes. Aquello que es realmente significativo, aquello que no se puede brindar por medio de las palabras, se lo entrego a Mahakashyapa".

La tradición Zen se ha preguntado una y otra vez: "¿Pero, qué es lo que le fue transmitido a Mahakashyapa?" —una transmisión sin palabras—. ¿Qué ha dicho Buda? ¿Qué ha escuchado Mahakashyapa? Y siempre que hay alguien que sabe, esa persona ríe, y el relato permanece como un misterio. Cuando alguien entiende, vuelve a reír. Donde haya personas que son estudiosas, quienes saben mucho y no saben nada, discutirán en tomo a lo que se ha dicho, decidirán en tomo a lo que ha sido escuchado. Pero alguien que sabe, se ríe.

Bankei, un gran maestro Zen, dijo: "Buda no dijo nada. Mahakashyapa no escuchó nada".

Entonces, alguien pregunta: "¡Buda no dijo nada?"

"Así es", respondió Bankei. "Nada fue dicho, nada se escuchó. Fue dicho y fue escuchado. Yo soy testigo".

Entonces otro dijo: "Usted no estuvo allí".

Y Bankei respondió: "No hace falta haber estado allí. Cuando nada ha sido comunicado, no hace falta que alguien sea testigo. Yo no estuve allí y, sin embargo, soy testigo". Alguien más rió y Bankei dijo: "Él también fue testigo".

La corriente viva no puede ser comunicada. Siempre está ahí, pero uno tiene que acercarse a ella. Está cerca, a la vuelta de la esquina. Está dentro de uno, uno mismo es la corriente viva. Pero uno nunca ha estado adentro. La atención de uno siempre ha estado afuera, uno ha sido orientado hacia afuera. Uno ha fijado su atención. El enfoque de uno ha sido fijado, de modo que uno no puede concebir lo que significa estar adentro. Incluso cuando hace el intento por estar adentro, simplemente cierra los ojos y sigue estando afuera.

El estar adentro significa un estado en el cual no existe el adentro ni el afuera. El estar adentro significa que no hay una frontera entre uno mismo y el todo. Cuando no hay nada afuera, sólo entonces, se llega a la corriente interna. Y cuando uno lo ha podido atisbar, se transforma. Entonces, uno sabe algo que el intelecto no puede comprender, sabe algo que el intelecto no puede comunicar.

Y sin embargo, uno tiene que comunicarse —incluso por medio de una flor, incluso por medio de una risa—. No hay ninguna diferencia, son gestos. ¿Acaso hay alguna diferencia entre utilizar los labios o las manos o una flor? Únicamente el gesto es nuevo y por eso es inquietante para los demás. Pero es un gesto, igual que lo es un par de labios que se mueven. Hago un ruido y es un gesto. Permanezco callado y es un gesto. Pero el gesto es nuevo, desconocido para ti, por lo cual tú piensas que algo es distinto. Nada es distinto. La corriente viva no puede ser comunicada y, sin embargo, tiene que ser comunicada —de algún modo, tiene que ser señalada; de algún modo, tiene que ser demostrada.

En el momento en que alguien está listo pata aceptar sannyas, es para esa persona una decisión que conduce a una gran búsqueda y es un gesto que, para mí, significa que la persona está lista para emprender un salto. Y cuando alguien está listo para cambiar, para deshacerse de una vieja identidad, para renacer como alguien nuevo... Cuando alguien está listo, no necesita cumplir con ningún requisito; eso no tiene importancia. El estar listo es el único requisito. Cuando alguien está listo, yo estoy listo para empujar. No es necesario que esa persona llegue, pero, ¿no es maravilloso que comience?

El que esa persona llegue, no es el punto, en absoluto. Pero uno comienza. El comienzo es algo grandioso. Llegar no es tan grandioso. Comenzar es grandioso porque cuando alguien llega, es capaz. Y cuando alguien comienza, no es capaz. ¿Me entiende? Cuando alguien comienza, es incapaz. Por eso, el comienzo es el milagro.

Un buda no es un milagro. Un buda es capaz, por eso llega. Es tan matemático, que no hay ningún milagro. Pero cuando alguien se acerca a mí, con todos sus deseos, con todos sus anhelos, con todas sus limitaciones, y piensa comenzar, es un milagro. Y cuando yo tenga que elegir entre Buda y aquella persona, elegiré a ésta. Esta persona es un milagro: un ser tan incapaz y tan valiente.

No me interesa en absoluto el fin que alguien pueda lograr. Sólo me interesa el comienzo. Esa persona comienza y sé que cuando hay un comienzo, la mitad del fin ya se ha logrado. El comienzo es lo más importante. Cuando hay un comienzo, uno seguirá creciendo.

No es cuestión de un día o dos, no es cuestión de tiempo. Puede suceder al momento siguiente, o puede que no suceda sino al cabo de muchos nacimientos, pero una vez que se ha comenzado, uno no volverá a ser el mismo. La decisión misma de aceptar sannyas es un gran milagro del cambio. Puede ser que no se logre sino al cabo de muchos nacimientos, pero uno no volverá a ser el mismo. Esto llegará de nuevo y volverá a suceder. Este recuerdo de haber tomado la decisión de ser libre, siempre estará presente en todas las esclavitudes, en todas las sumisiones a las que esté uno sujeto. Esta decisión de ser libre, este anhelo de ser libre, este anhelo de trascender, estará esperando su oportunidad. Por lo tanto, ¿cómo puedo negarle a alguien un comienzo? ¿A quién debo preguntarle si alguien está calificado o no? Si la existencia misma le permite a uno existir, si le permite la vida, y nunca le pregunta a uno: "¿Está usted calificado?", entonces, ¿quién soy yo para hacer esa pregunta?

Yo no estoy brindando la vida, yo no estoy otorgando la existencia, sólo estoy brindando una conversión. Cuando la existencia está preparada para damos la vida, debemos de estar calificados, con todas nuestras limitaciones y debilidades. Uno debe de ser preciado, incluso ante los ojos de la existencia, uno debe de ser preciado. ¿Quién soy yo para negarle a alguien el comienzo? Pero a veces los gurús se piensan más sabios que la existencia misma. Deciden quién está calificado y quién no. Incluso Dios mismo se acerca a ellos —y ellos deciden quién está calificado y quién no—. Y siempre que alguien se acerca, se acerca Dios. Así que no se ría: siempre que se acerca alguien, se acerca Dios, porque no es nadie más quien puede acercarse.

¿Quién soy yo para negar a alguien cuando se acerca a mí? Tal vez no lo sepa esa persona, tal vez no esté consciente de ello, pero yo estoy consciente de ello: que Dios está en busca de sí mismo. Por eso es que no puedo negarlo, sólo me puedo alegrar por su comienzo. Por eso es que no se hace ninguna distinción, por eso no se requiere que la persona esté calificada. Y sannyas es necesario en este momento, para la humanidad entera. La humanidad entera lo necesita. Nos hemos vuelto tan ignorantes de la corriente viva, nos hemos vuelto tan ignorantes de la divinidad de adentro y de afuera, que cada uno de nosotros debe de hacerse consciente. De lo contrario, la situación decaerá tanto, que tal vez nos tardemos un siglo en recuperamos. Ha estado sucediendo por mucho tiempo.

Darwin pensaba que éramos animales; ahora, se piensa que somos autómatas. ¡Los animales al menos tienen alma! Ellos tenían alma; ahora, nosotros no. Y pronto tampoco seremos unos autómatas tan eficientes, porque habrá computadoras, habrá mecanismos mejores; no sólo seremos máquinas, sino máquinas muy ordinarias.

Esta es la creencia —no es conocimiento— que se le ha impuesto a la humanidad a lo largo de tres siglos. Ahora se ha vuelto más prominente. Es una creencia, así como cualquier otra creencia. No importa que la ciencia lo sustente, es una creencia. Y cuando la humanidad comience a creerlo, será difícil revivir las almas humanas...

Por ello, los días que están por venir, serán determinantes. Los años que están por venir, decidirán el destino de los próximos siglos. Esto será determinante —determinante en el sentido de que la creencia de que los seres humanos somos sólo máquinas, instrumentos mecánicos naturales, será predominante—. Cuando esta creencia se vuelva predominante, será muy difícil volver a hallar esa corriente perdida y oculta. Se hará cada vez más difícil; incluso, hoy en día, se ha vuelto tan difícil. Hay tan pocas personas en este mundo que realmente conocen la corriente viva —se pueden contar con los dedos de una mano. Aquellos que hablan, sólo están hablando. Muy poca gente realmente sabe, y con cada día que pasa, esa cantidad disminuye. Aquellos que saben, no están siendo reemplazados por otros. Cada día que pasa, hay menos y menos personas que conocen la corriente viva, que conocen la realidad que yace debajo, que conocen la conciencia, que conocen lo divino.

Los años por venir serán decisivos. Por lo tanto, aquellos que están, de cualquier modo, listos para comenzar, serán iniciados por mí. Si diez mil son iniciados y uno sólo alcanza la meta, vale la pena tomarse la molestia. Y a todo aquel que llegue a conocer algo acerca de este mundo interior, le pediría que vuelva y que toque en todas las puertas, que se pare encima de los techos y que proclame que algo dichoso, que algo inmortal, que algo divino, es.

Sé testigo; ve y sé testigo de ello; de lo contrario, la creencia de lo mecánico prevalecerá. Es más fácil verlo ahora, más adelante no será fácil reemplazarlo. La mente es, de algún modo, plástica, más plástica hoy en día —lista para ser moldeada de acuerdo con cualquier modelo. Porque todas las viejas creencias han sido arrancadas, la mente está vacía y sedienta de pertenecer a cualquier cosa —incluso, a una creencia de lo mecánico. Cualquier sinsentido que le puede dar a uno el sentimiento de pertenencia, que le pueda hacer sentir a uno que sabe lo que es la realidad, será acogido. Y la mente humana se aferrará a este sinsentido.

No se debe desperdiciar ni un solo momento. Aquellos que saben aunque sea un poco, aquellos que han experimentado tan siquiera un atisbo, deben hablar de ello con otros. Y la última parte de este siglo no es tan insignificante como puede parecer. Es muy importante y, de cierto modo, más importante que los siglos mismos. Porque el ritmo del cambio es tan veloz, que estos treinta años son como treinta siglos. Lo que no se pudo hacer en treinta siglos, se podrá hacer en treinta años, en tres décadas. La velocidad del cambio es tal, que el tiempo que parece tan pequeño, no lo es.

Hay tres creencias que van a matar, que van a destruir el último puente entre la humanidad y la corriente de lo divino que yace por debajo. Una es la creencia de que la mente es sólo una máquina. La segunda es el comunismo —que un hombre y que la relación de un hombre con la sociedad es únicamente un fenómeno económico—. En dado caso, no hay corazón, el hombre no es decisivo —la estructura económica es decisiva—. El hombre está únicamente en manos de las fuerzas económicas, de fuerzas ciegas. Marx dice que no es la conciencia lo que dicta una sociedad, sino la sociedad la que dicta la conciencia. En ese caso, la conciencia no sería nada. Si no es decisiva, no es.

Y, en tercer lugar, está el concepto de la irracionalidad. Las tres creencias son: el concepto darwiniano que se ha convertido en la creencia de que el ser humano es una máquina; luego, el concepto marxista que ha convertido a la conciencia en un epifenómeno de las fuerzas económicas y, finalmente, el concepto freudiano de la irracionalidad: que el hombre está en manos de fuerzas naturales, del instinto. En dado caso, el hombre hace lo que sea que tenga que hacer y no hay conciencia, sino una noción ilusoria de que estamos conscientes.

Los profetas de hoy son Freud, Darwin y Marx. Los tres se posicionan en contra de la libertad y los tres se posicionan en contra de la inmortalidad.

Por lo tanto, yo seguiré empujando a todos hacia el mundo interior, con la esperanza, claro, con la férrea esperanza de que alguno llegue a la corriente viva, la satchitananda, y que sea capaz de expresarlo a través de su ser completo, que lo viva. Si tan sólo unas cuantas personas pueden vivirlo hoy en día, el curso de la humanidad que ha de venir, cambiará. Pero esto sólo puede suceder, no a través de la enseñanza, sino a través de la vivencia. Por eso insisto en que sannyas es un comienzo para el vivir. Y si tú piensas que cuando alguien se acerque a mí, simplemente le daré sannyas, te equivocas. Puedo decir que yo le he dado sannyas a cualquier persona que se ha acercado a mí, pero no es el caso. Parece ser así, pero no es el caso. En el momento en que alguien se acerca a mí, sé mucho acerca de él, más incluso de lo que él mismo sabe de sí mismo.

Ayer, alguien vino a verme en la mañana, y yo le dije que recibiera sannyas. Ella se sobrecogió. Me pidió que le diera tiempo para pensarlo y decidir, al menos dos días. Yo le dije: "¿Quién conoce de dos días? ¿Acaso requiere de tanto tiempo? Recíbelo ahora, en este momento". Pero ella no fue decisiva, así que accedí a que se diera dos días para pensarlo. Hoy por la mañana, vino y lo recibió. No esperó dos días, sino uno sólo. Le pregunté: "¿Por qué? Le he dado dos días. ¿Por qué ha vuelto tan pronto?" Ella respondió: "A las tres de la mañana, de pronto, desperté, y algo desde muy adentro, me dijo: 'Ve y recibe sannyas'."

No es una decisión que ella haya tomado, sino una decisión que fue tomada por ella, por la parte más recóndita de su mente. Pero, desde el momento en que entró en el cuarto, yo la conocía, conocía esa parte de su mente que ella misma llegó a conocer veinte horas más tarde.

Cuando le digo a alguien que reciba sannyas, hay razones distintas para cada persona a quien se lo digo. O ha sido un sannyasin en la vida anterior, o lo ha sido en algún momento de su larga trayectoria.

Yo le había dado un nombre ayer, pero hoy lo tuve que cambiar, porque le había dado aquel nombre de acuerdo con su indecisión. Ahora, le he dado un nombre distinto que le será de ayuda. Cuando ella vino esta mañana, ella misma estaba decidída. Ese otro nombre ya no era necesario. Y le di el nombre de Ma Yoga Vivek, porque ahora, la decisión ha provenido de su vivek: su conciencia.

Ma Yoga Tao está aquí, por ejemplo. Ella ha sido un sannyasin tres veces. Le he dado el nombre de Tao porque, en una vida anterior, era china y era un monje taoista. Puede ser que ella no lo sepa, pero le he dado el nombre de Tao. Algún día, ella lo recordará, y entonces sabrá por qué le he dado un nombre chino. Ahora es irrelevante, pero en el momento en que ella recuerde que fue un monje taoista, sabrá por qué razón ese nombre le fue dado.

Todo es significativo. Podrá no ser tan obvio, y puede que no sea posible explicártelo. Tantas cosas permanecerán sin explicación durante un largo tiempo, pero entre más receptivo te vuelvas, más podré explicarte. Entre más profunda sea tu capacidad de simpatía, más profunda será la verdad que se podrá revelar. Entre más racional sea la discusión, menos podrá revelarse la verdad, porque sólo las verdades menos importantes pueden comprobarse con la razón. La verdad más profunda no se puede comprobar con la razón.

Entonces, a menos que yo sienta que tú puedes tener tanta simpatía que esa razón no entre, no te podré decir. Tengo que permanecer en silencio en cuanto a tantos puntos —no porque esté queriendo guardar algo, sino porque no te sería de utilidad, e incluso, podría hacerte daño.

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Дата выхода на Литрес:
23 июня 2025
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241 стр. 2 иллюстрации
ISBN:
9786074570496
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