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Dirección editorial: Natalia Hatt

Corrección: Nadín Velázquez

Diseño de cubierta: Marta Cuchillero, Nadín Velázquez y H. Kramer

Diseño de interior: H. Kramer

Hatt, Natalia

Cuaderno de un loco / Natalia Hatt. - 1a ed . - Crespo : Natalia Alejandra Hatt, 2018.

Libro digital, EPUB

Archivo Digital: descarga

ISBN 978-987-778-750-4

1. Novelas Epistolares. 2. Literatura Juvenil Argentina. 3. Literatura Argentina. I. Título.

CDD A860

© 2018 Natalia Hatt

© 2018 Editorial Vanadis

www.editorialvanadis.com

Todos los derechos reservados. Prohibidos, dentro de los límites establecidos por la ley, la reproducción total o parcial de esta obra, el almacenamiento o transmisión por cualquier medio las fotocopias o cualquier otra forma de cesión de la obra sin previa autorización escrita de la editorial.

ISBN: 978-987-778-750-4

Distribuido por Bookwire.

Vieytes 1254, Crespo, Entre Ríos. Diciembre de 2018.

CONTENIDO

NOTA AL LECTOR

PÁGINA 1

PÁGINA 2

PÁGINAS 3 Y 4

PÁGINAS 5 Y 6

PÁGINA 7

PÁGINAS 8 Y 9

PÁGINA 10

PÁGINA 11

PÁGINAS 12, 13 Y 14

PÁGINA 15

PÁGINA 16

PÁGINAS 17 Y 18

PÁGINAS 19 Y 20

PÁGINAS 21 Y 22

PÁGINAS 23 Y 24

PÁGINAS 25 Y 26

PÁGINA 27

PÁGINA 28

PÁGINA 29

PÁGINAS 30, 31 Y 32

PÁGINAS 33, 34 Y 35

PÁGINAS 36 Y 37

PÁGINA 38

PÁGINA 39

PÁGINAS 40 Y 41

PÁGINAS 42 Y 43

PÁGINA 44

PÁGINAS 45 Y 46

PÁGINAS 47 Y 48

NOTA ADJUNTA #1

NOTA ADJUNTA #2

NOTA ADJUNTA #3

NOTA ADJUNTA #4

NOTA ADJUNTA #5

CARTA DE BRUNO A LUCILA

NOTA ADJUNTA #6

NOTA ADJUNTA #7

NOTA ADJUNTA #8

NOTA ADJUNTA #9

NOTA ADJUNTA #10

NOTA ADJUNTA #11

CARTA DE LUCILA PARA BRUNO

SEGUNDA CARTA AL LECTOR

EL FINAL DE ESTA HISTORIA DE LOCOS

A MODO DE EPÍLOGO, CARTA DE BRUNO

AGRADECIMIENTOS

SOBRE LA AUTORA

Dedicado a todos aquellos a quienes el amor alguna vez les robó la cordura…

NOTA AL LECTOR

Estimado lector:

Quiero que sepas que lo que aquí vas a encontrar son las notas de un loco enamorado, dedicadas a la mujer que amaba con muy poca cordura. Las dejó en un cuaderno que, después de cierto recorrido, terminó llegando a mis manos.

Me fascinó tanto esta historia que quise transcribirla y compartirla con otros —este es un material que no podía guardarme solo para mí—. Pronto descubrirás por qué resolví esto.

También me tomé algunas otras libertades, como corregir errores de ortografía y de estilo —ya que nuestro protagonista no es un loco de los más letrados—. Hacer que este material se convirtiera en un libro requería también de mi parte un gran esfuerzo por mejorar su formato y volverlo más ameno al lector. Tuve una oferta por parte de una editorial y no lo dudé dos veces; supe que podía confiarles este trabajo.

Se trata de un cuaderno de cuarenta y ocho páginas lisas en tamaño carta, escrito en letra pequeña a veces un tanto ininteligible. Aquí está todo su contenido, incluyendo notas adjuntas que lo acompañaban entre sus páginas y que fueron transcritas como anexos, al final. Para no arruinar la historia, recomiendo leerlas al último, en el orden lineal en el que aparecen y no a medida que leas el cuaderno. Sin embargo, como las notas son en cierta forma respuestas al contenido del mismo, sí te recomiendo releer sus páginas cuando llegues a esta sección final del libro para poder entender el «diálogo» entre los personajes.

¿Quién soy yo? Seguro te estarás preguntando eso.

No voy a develar mi identidad ahora porque es irrelevante. Prefiero que esto permanezca como un misterio hasta el final. Soy un personaje de este libro, es lo único que te puedo decir ahora.

Espero que disfrutes el sumergirte en estas líneas carentes de cordura y sentido común. Te aseguro que este es un viaje que valdrá la pena.

PÁGINA 1

La locura está en todas partes: en las calles, en la escuela, en tu casa —e incluso podría estar esperándote debajo de la cama—. No podés escaparte de ella. Hay cosas que solo un loco puede hacer. Y si vos no sos ese loco, seguro ya hay uno asignado para vos.

Yo soy tu loco, ese que te ama y que jamás dejará de hacerlo, ese que te mira cuando dejás la ventana abierta, ese que te sigue a todas partes, siempre unos metros por detrás. Ese loco del que aún no sabés nada, pero que pronto conocerás.

A partir de este momento escribo lo que pienso en este cuaderno de cuero de cuarenta y ocho páginas para entregártelo algún día. ¿Cuándo? Supongo que cuando lo llene por completo, porque eso es lo más lógico. ¿No?

Cuando lo llene habrá llegado el momento de que me conozcas y sepas que de vos estoy enamorado.

Espero no decepcionarte y estar haciendo bien mi trabajo como loco asignado.

Te veré luego.

PÁGINA 2

«Solo un loco puede amarte como yo te amo», dice la nota que dejé debajo de tu almohada esta noche. Aproveché a entrar en el momento en que tu vieja salió por el fondo y se puso a charlar con la vecina de atrás. Sabía que iba a demorarse varios minutos, así que no dejé pasar la oportunidad para mirar dentro de los cajones de tu cómoda, con gran interés en tu ropa interior. Imaginé cómo te quedaría puesta cierta tanga negra de encaje y, con ese pensamiento en mente, salí a esperar que regresaras.

Miré tu ventana desde la distancia, ansioso por ver cómo reaccionabas al encontrar mi mensaje, pero, por desgracia, tu vieja llegó a tu pieza y se puso a revisar tus cosas. «¿Por qué es tan invasiva?», me pregunto. Vio el papel que se asomaba y lo agarró. De más está decir que lo destrozó y que nunca vas a ver esa nota.

No sé si te va a decir algo al respecto. Supongo que no, ¿por qué habría de hacerlo? Seguro está celosa ante la idea de que alguien te ame. Debe querer que seas su esclava, que te quedés a cuidarla hasta que cumpla los cien años. Pero esa vieja no sabe con quién se mete, vos vas a poder tomar las decisiones que quieras. No puede obligarte a quedarte ahí. Ya cumpliste los veinte y tenés todo el derecho del mundo a ser libre.

Llegaste a tu casa y tu mamá te gritó. No escuché bien qué fue lo que te dijo, pero azotaste la puerta y te acostaste a dormir, no sin antes cerrar las cortinas y quitarme el acceso a tu vida privada, ese que tanto anhelo. Tuve que volverme a casa.

Solo vivo a una cuadra, pero para mí es como si fueran mil kilómetros. Me acosté y no pude dejar de pensar en vos y en tu pelo ondulado, largo y de color café. ¿Olerá también así? Me dan ganas de acercarme por detrás y olfatearlo cual perro para comprobarlo, pero no sé cómo reaccionarías; quizá sea demasiado atrevido. No, debo pedirte permiso antes de hacer algo así.

Algún día será.

PÁGINAS 3 Y 4

Hoy desperté extrañándote más que nunca. Necesitaba verte de nuevo y sabía dónde encontrarte. Tenés clases de fisiología a las ocho, así que llegué un rato antes que vos y esperé sentado casi al fondo del salón para mirarte desde ahí y seguir imaginando el aroma de tu pelo café.

Entraste y te sentaste donde siempre. Llevabas unos shorts de jean deshilachados, que dejaban ver tus hermosas piernas largas esculpidas en casi toda su extensión, y una remera blanca con el logo de los Rolling Stones. Hoy llevabas el cabello planchado y suelto —¿cuándo tuviste tiempo para plancharlo?— y te habías puesto esos lentes enormes de los que te olvidás la mayor parte del tiempo.

El aula se llenó pero igual pude observarte muy bien desde donde estaba. La clase empezó y la hoja para firmar la asistencia comenzó a circular. Por supuesto que no escribí mi nombre ahí cuando pasó por mi banco. Yo no soy un alumno inscrito, pero nadie sabe eso. Esto es lo bueno de las universidades. Nadie se conoce en los cursos de más de cincuenta alumnos. Uno se puede infiltrar con mucha facilidad, tanta que nadie se daría cuenta.

¿Me reconocerías como uno de tus compañeros si me cruzaras por la calle? Tal vez no, o tal vez sí. De ese modo quizá podría invitarte a tomar algo. En una de esas aceptarías. Sos muy simpática y tenés la sonrisa más hermosa que haya visto… Aunque tus ojos esconden una tristeza enorme, más que seguro por culpa de tu vieja estúpida.

***

Después de comerme dos horas de esa clase tan aburrida, decidí seguirte a la cafetería.

Pensé que quizá me animaría a presentarme cuando estuvieras sentada en el lugar de siempre, continuando la lectura de ese libro de tapa verde que empezaste hace tres noches. Te diría mi nombre y me presentaría como tu compañero de fisiología. Quizá te pediría los apuntes de algún día que diría haber faltado. Sería fácil.

Pero cuando te vi sumergida en las páginas de ese libro que sabía que estarías leyendo, me acobardé y me senté a dos mesas de distancia, desde donde continué con mi tarea de observarte.

Estaba por levantarme para irme cuando lo vi llegar y el odio comenzó a carcomer mis entrañas. Es alto, unos diez centímetros más que yo; también es más musculoso y es rubio. Se sentó con vos y te agarró de la mano. No necesité ver nada más. Me fui a la mierda.

¿Cuándo fue que pasó eso? ¿Cómo fue que no me di cuenta de que te habías conseguido un novio?

Lo odio. Lo odio. Lo odio.

PÁGINAS 5 Y 6

Después de verte con él me sentí para la mierda. Yo, ilusionado con la idea de tener un futuro con vos, cuando en realidad ya tenías a alguien… Aunque estoy seguro de que debe ser algo muy reciente.

Estuve varios días tirado en casa sin salir a ninguna parte. No hice más que mirar la tele, fumar y tomar cerveza. Tengo un departamento chico y vivo solo, por si te preguntás.

Poco a poco pude convencerme de que necesitaba levantarme. Salí a dar una vuelta por el vecindario y te vi de nuevo. Estabas sacando la basura. Te noté tan frágil, tan necesitada de alguien que te protegiera, que pensé que no debía darme por vencido tan rápido. Por eso en ese momento me propuse no dejar que él se quede con vos. Tengo que demostrarte que ese tipo no vale la pena, que yo soy mucho mejor. Tengo que averiguar más de él para demostrarlo.

***

El miércoles siguiente volví a ir a la clase de fisiología. Nos sentamos donde siempre. Pasó la hoja de la asistencia y esta vez miré tu nombre y contemplé tu hermosa letra antes de pasarla hacia la izquierda. Me prometí que algún día tendría el placer de pronunciar tu nombre todos los días: Lucila… ¿Acaso hay un nombre más lindo que ese?

En la cafetería volviste a encontrarte con él. Tenías media hora libre antes de tu próxima clase. Tomé una gaseosa mientras los miraba, deseando poder escuchar más que la ocasional carcajada. Tomé notas de todo, más que nada de lo que él hacía. Necesitaba estudiar al enemigo.

A las diez y media salieron de ahí y cada uno se fue para un lado diferente. Vos a tu clase de anatomía, y él… Tuve que seguirlo para descubrirlo.

Resultó ser que se cruzó al gimnasio de enfrente, donde trabaja. Supe que a esa hora entraba porque se fue a cambiar y a las once empezó a dar una clase de zumba a un grupo de chicas de más o menos tu edad. Yo me quedé observándolo todo desde las escalinatas de tu facultad.

Un instructor de zumba no puede ser nada confiable. Estoy seguro de que no puede serlo. Solo tengo que demostrarlo.

Esta vez no pude quedarme porque tenía que volver a casa. Mi vieja venía a almorzar. Tengo que fingir que sigo estudiando para que siga pasándome plata. Por eso, mientras caminaba de regreso, iba pensando en la historia que le iba a contar.

A mamá le miento pero porque no me queda otra opción. Pero con vos… Con vos siempre voy a ser sincero.

PÁGINA 7

Hoy estoy muy molesto. Mi vieja siempre me deja alterado, pero hoy fue mucho peor que todas las veces que me visita. Por suerte solo lo hace una vez al mes.

—Ya hace dos años que deberías haber terminado de estudiar —me recriminó—. A partir del mes que viene te voy a pasar menos plata. Buscá un trabajo, o un compañero para compartir el alquiler, vos decidís.

¡Es una desgraciada! Hasta el mes pasado no tenía problema en pasarme los diez mil pesos que necesito para vivir. Ahora solo me va a dar la mitad, y eso es lo que me cuesta el alquiler. Ni buscando un compañero podría con todos mis gastos.

Me enojé tanto que, cuando se fue, pateé la mesa junto con todo lo que tenía arriba.

Ya me calmé un poco. Supongo que voy a tener que buscar un trabajo de unas horas para hacer algo de plata. No pienso matarme laburando todo el día, y mucho menos compartir el alquiler. Nunca me he llevado muy bien con nadie. La gente, a decir verdad, no suele ser de mi agrado. Prefiero la soledad.

Vos sos la única excepción. No me cansaría nunca de estar con vos, de cuidarte, mimarte y de mirarte incluso cuando duermas.

No te dejaría sola en ningún momento, te lo juro.

PÁGINAS 8 Y 9

Esa misma tarde volví a tu facultad a eso de las siete, pero esta vez para ver si él estaba trabajando en el gimnasio, con ánimos de investigarlo. Cursás todo de mañana y sé bien a qué clases puedo meterme y a cuáles no. Vengo haciéndolo desde hace varios meses, casi desde principios de año.

Quizá te preguntes cómo fue que me fijé en vos, dónde te vi por primera vez. Te voy a contar todo sobre eso.

Fue en abril pasado, cuando te mudaste a este barrio. Estaba deambulando por la vereda, sin propósito —suelo hacer eso, salgo a caminar y camino hasta que mis pies decidan que quieren descansar—. Ese día solo había caminado una cuadra y vi un camión de mudanzas frente a esa casa linda de dos pisos que varias veces me había parado a contemplar, la que ahora es tu casa.

Me ganó la curiosidad y me detuve; quería saber qué vecinos nuevos tendría. Antes vivía una pareja con gemelos insoportables. Sabía que no iba a extrañar verlos en el barrio a esos malcriados. Bueno, mirando y mirando, te vi salir por la puerta de enfrente a buscar más cajas para entrar.

Hacía bastante calor. Llevabas tu pelo en un rodete desprolijo, una musculosa roja y blanca a rayas y una calza pescadora negra bastante ajustada. Tus lentes enormes te daban un aire de intelectual y sofisticada al mismo tiempo. Me pareciste hermosa y simpática, lo cual me pareció extraño. Nunca me habían atraído demasiado las chicas —tampoco los hombres, no te vayas a confundir—.

***

Quizá será porque en el secundario mis compañeras se burlaban de mí porque era gordo y usaba anteojos culo de botella. Incluso cuando bajé de peso y me puse lentes de contacto seguían ignorándome y tratándome como a un insecto. Me decían que nunca se fijarían en un tipo como yo y que moriría virgen. Las mujeres siempre fueron malas conmigo y se encargaron de dejarme pisoteado en el suelo cada vez que pudieron.

Vos parecés una chica muy dulce; le sonreís a la gente que pasa caminando por la vereda. A mí aún no porque no me he atrevido a acercarme lo suficiente. Ya no soy feo, pero me da miedo no resultarte atractivo y que se repita la misma historia.

Por eso decidí no presentarme pero igual quise seguirte cada paso. Necesitaba saber todo de vos. Te seguí a la facultad y averigüé tu nombre, empecé a ir a las clases muy concurridas y te observaba cuando las cortinas de tu casa estaban corridas. Trotaba detrás de vos en el parque y caminaba a solo unos metros de distancia cuando salías a hacer compras. Aún lo sigo haciendo.

Pero, bueno, ¿a qué venía todo eso? Me fui por las ramas. Ah, te contaba que fui a verlo a él. Cuando llegué justo se iba porque había terminado su última clase. Iba a seguirlo, pero un cartel pegado en el vidrio me llamó la atención. Fui a leerlo:

«Se busca personal de limpieza. Varón o mujer mayor de 18 años».

Entré a preguntar. Hablé con el encargado, un tipo musculoso de unos treinta años. Le comenté que era estudiante y que necesitaba trabajar solo un par de horas al día. Al parecer le resulté convincente, aunque dijo que estaría a prueba las primeras dos semanas antes de que me contratara definitivamente. Debo ir de lunes a sábado a las diez de la noche, hora a la que cierran. Me toca limpiar el salón, la oficina de administración y los baños. No es un gimnasio demasiado grande, y en unas dos horas termino con todo. Me pagan ciento veinte pesos la hora, así que voy a hacerme unos seis mil pesos al mes. Nada mal, justo lo que necesito y un poquito más. Voy a poder comprarme ropa.

Y de paso voy a poder averiguar más sobre él. Sé que anda en cosas turbias y lo voy a demostrar.

PÁGINA 10

Ahora recuerdo por qué odio tanto trabajar. Recibir órdenes no es lo mío. Debería ser jefe, pero aún no se me da la chance y no anhelo para nada tanta responsabilidad. Me conformaría con hacer plata de la forma fácil. Algún día descubriré el secreto. De momento, nada me convence...

Hoy fue mi primer día de trabajo, como podrás notar. Cuando llegué justo terminaba una clase de pilates. El dueño me dio todas las indicaciones habidas y por haber, y me dijo que le tocara timbre cuando terminara para que pueda cerrar todo como corresponde. Vive en un departamento en el mismo edificio en el que está el gimnasio.

Me dejó solo limpiando, cosa que empecé a hacer enseguida al tiempo que planeaba una estrategia para seguir al rubio. No estaba ahí, ni daba clases hasta la hora en la que yo llegaba, así que no me lo iba a cruzar. Desde el gym no podría hacer mucho, pero algo debía encontrar.

«Deben tener los datos de los instructores en alguna parte», se me ocurrió, y no me equivoqué. Al limpiar la oficina encontré una agenda. Ahí estaban anotados los datos tanto de los clientes como los instructores, pero estos últimos estaban diferenciados de los demás.

«Pablo Stieben, instructor de zumba y ritmos latinos», decía su entrada. Ahí aparecían su teléfono y su dirección. Como él es el único instructor de zumba en el gym, estoy seguro de que no puede ser otra persona. Encontrarlo fue fácil. El trabajo ahora será vigilarlo.

Terminé de limpiar según lo acordado y pensé ir a ver qué hacía Pablo, pero hoy no había logrado verte y lo necesitaba con urgencia, así que pasé por tu casa y me quedé un rato fuera, entre las sombras.

Te pido disculpas. Creo que pisé a tu gato cuando me escondí detrás del arbusto. Aunque también podría haber sido el gato del vecino. Si fue así, no me importa.

Mañana saldrás a correr temprano como acostumbrás todos los sábados. Estaré corriendo detrás de vos como siempre.

Por ahora no puedo alcanzarte, pero sé que algún día lo haré.

PÁGINA 11

Mientras corría detrás de vos esta mañana, maravillado por el movimiento de tu cola de caballo al viento, no pude dejar de pensar en cómo haría para presentarme ante vos.

«Buenos días, soy Bruno. Necesito entregarte este cuaderno».

No, eso no va a funcionar.

«Hola. Soy Bruno y sé cosas oscuras sobre tu novio».

Tampoco. A no ser que me conozcas antes, sé que reaccionarás mal. Soy loco pero tampoco toco timbre en la plaza.

Me he dado cuenta de que tengo que buscar otra forma de acercarme a vos por primera vez, y es por eso que decido secuestrar a tu gato. No le pasará nada, todo tiene una buena finalidad. El fin justifica los medios, ¿no es así?

Alegaré que lo encontré perdido y pondré un cartel. Vas a llamarme y vendrás corriendo a buscarlo a casa. Diré que ya te he visto en la facultad y más que seguro nos pondremos a charlar de eso, aunque espero que no salga ningún tema de tus clases porque no entiendo ni una chota. Por suerte no decidí estudiar Odontología. Sé que ahí hubiera durado menos que en Ingeniería en sistemas. Abandoné a mitad del primer año pero no quise regresar a casa. Mamá vive sola en un pueblo de mala muerte donde todos me conocen y me evitan. Prefiero quedarme en la ciudad y por eso miento. Seguiré mintiendo por más tiempo, pero ahora con tal de tenerte cerca.

Ahora mismo estoy saliendo a buscar a tu gato...

PÁGINAS 12, 13 Y 14

Ya es hora de la siesta. Sé que tanto vos como tu mamá se acuestan a dormir un rato aprovechando que es sábado y el gato se queda echado en el sol, más que nada cuando está fresquito como hoy. Sé que a mí me gustaría hacer lo mismo si fuera gato. De cierto modo me siento identificado con ellos porque son independientes y pueden vivir solos con total tranquilidad. Solo requieren del cariño de una persona: su dueño —a veces ni eso— y los demás les importan un carajo, al igual que a mí.

Caminé hasta tu casa, verifiqué que las ventanas estuvieran cerradas (indicador de que están durmiendo) y me metí por el pasillo del costado, rumbo al patio trasero. Algún día deberían poner rejas. Digo yo nomás de metido, aunque eso me dificultaría el trabajo, pero alejaría a los ladrones y violadores. Es demasiado fácil entrar a tu casa si uno se lo propone. Trepar a tu ventana es cosa de principiantes, y sé que esta no cierra del todo bien, así que podría entrar de noche a observarte cualquier día de estos, lo cual no es para nada una mala idea. Solo que he temido despertarte y eso me ha detenido.

Las veces que entré lo hice por la puerta de atrás cuando no te encontrabas y tu vieja estaba entretenida con la vecina. No es difícil para mí escabullirme sin que nadie me vea; sé aprovechar los momentos en los que la gente está distraída haciendo otras cosas. Supongo que serviría como ladrón en los colectivos urbanos. Nadie se daría cuenta hasta que fuera demasiado tarde... Pero eso conlleva meterme en espacios reducidos —que ya de por sí me dan fobia— y llenos de gente. Demasiado tengo ya con estar en tu clase una vez o dos veces a la semana.

Bueno, volviendo al tema del gato. Llegué al fondo y lo encontré donde siempre. Él me ignora todas las veces que me ve deambulando por ahí. Supongo que ya está acostumbrado. Pero hoy, sin embargo, se enojó mucho al verme. Creo que ha de ser porque el otro día lo pisé y sigue ofendido. Sí, debe ser eso.

Pude agarrarlo —con bastante esfuerzo, porque el muy desgraciado se subió al árbol y tuve que trepar detrás de él y tirarlo de la cola para poder cazarlo—, y me lo llevé a casa... No sin antes recibir unos cuantos arañazos en la cara y manos. Pero no te preocupes, no le temo al dolor si es por vos.

Llegamos a casa y lo dejé encerrado en el baño, donde maulló por varias horas como un condenado a muerte. Mientras tanto, diseñé unos carteles que pegaré más tarde por el barrio. En este hay una foto del gato —tuve que elegir de entre unas cien ya que no se quedaba quieto—, e indicaciones sobre cómo contactarse conmigo para buscarlo.

Tiene que funcionar. Estoy seguro de que sí.

Más tarde, lo dejé en el baño y salí a buscar comida y piedras sanitarias. Aproveché la salida para ir hasta la casa de tu novio. Él no estaba ahí, seguramente habría salido, pero fui observando su casa para encontrarle los puntos débiles. Y los tiene, por lo que en algún momento podré entrar en búsqueda de evidencia en su contra, cuando no haya nadie.

Aún no sé con quién vive. Se trata de un dúplex en medio de otros dos. Podría vivir solo, o quizá con algún amigo. No lo sé. No creo que viva con su familia, pero tampoco puedo descartarlo todavía. De momento sé que a esa hora no había nadie ahí porque toqué el timbre y me oculté esperando a ver si salía alguien, lo cual no sucedió.

No entraré a la casa hasta estar seguro y haberlo observado por más tiempo, pero lo haré. Sé que hay mucho ahí que él no quiere que veas. Es mi sexto sentido susurrándome al oído.

Volví a casa. Todavía no pegué los carteles, lo haré mañana o el lunes. El gato ha dejado de maullar pero sigue comportándose de forma agresiva cuando me acerco. Tuve que ponerme los guantes de cuero para poder agarrarlo otra vez y mantenerlo alejado de mi cara. Espero que los arañazos que me ha dejado no se noten tanto cuando vengas a buscarlo.

Ahora duerme debajo de mi cama porque ahí se siente más seguro y cree que no puedo hacerle nada. Sí, una vez que tuve las piedras sanitarias lo dejé andar suelto por la casa. Espero que no rompa nada y se porte bien.

Ahora me voy a dormir una siesta antes de irme a trabajar al gimnasio. Esto de andar secuestrando gatos y espiando casas ajenas es un poco agotador.

Espero verte pronto, mi hermosa princesa, y espero que me perdones por haber secuestrado a tu gato; sé que estarás preocupada. Es por una buena causa, ya lo vas a ver.

Te amo... Te amo mucho más que tu gato. ¿Te gustaría ser mi única dueña? La dueña de mi alma y corazón.

PÁGINA 15

¡Tu gato se comió mi hamburguesa!

Después de levantarme de la siesta preparé la cena, la dejé arriba de la mesa y me fui al baño. Cuando volví, el desgraciado se la había comido.

Claro, yo me había olvidado de alimentarlo. Fue ahí que le puse un bol con el balanceado que le compré. Es del más barato, así que espero que lo coma. Mi presupuesto no da para comprarle uno caro.

Tuve que irme a trabajar con el estómago vacío por su culpa, ya que no quería llegar tarde al trabajo. Fue por ese motivo que, este sábado de noche, ni bien terminé de trabajar, me fui enseguida a casa a comer. Encontré al gato durmiendo en mi cama. Parece que ya se acostumbró al lugar y no le molesta tanto mi presencia.

Cuando caminé hasta tu casa más tarde ya habías salido. Solés hacerlo los sábados de noche pero yo no soy de seguirte a los lugares que frecuentás. El ambiente nocturno no me resulta muy agradable y el ruido suele dejarme aturdido.

Volví a casa y me dormí. El animal desgraciado me despertó varias veces y casi deseé regresártelo antes de cumplir mi objetivo. Pero fui fuerte y lo soporté.

Ahora es domingo de tarde y acabo de pegar varios carteles en la cuadra y a la vuelta. Los coloqué en postes de luz y afuera de varios kioscos. Sé que debés estar preocupada porque él no aparece así que vas a prestar atención a mi cartel y me vas a mandar un mensaje.

Espero que sea pronto, aunque la idea de verte cara a cara me causa mucha ansiedad.

No, ya sé que no sos como mis compañeras de la secundaria. Vos sos diferente y vas a ver en mí lo que las demás nunca supieron ver. Estoy seguro de que sí. No hay nada que temer.

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269,83 ₽
Возрастное ограничение:
0+
Дата выхода на Литрес:
23 января 2025
Объем:
71 стр. 3 иллюстрации
ISBN:
9789877787504
Издатель:
Правообладатель:
Bookwire
Формат скачивания:

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