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Mara Glozman - Karina Savio
Manual para estudiar textos académicos
Prácticas, conceptos y métodos en los procesos de lectura y escritura
Con prólogo de Elvira Narvaja de Arnoux

Glozman, Mara
Manual para estudiar textos académicos : prácticas, conceptos y métodos en los procesos de lectura y escritura / Mara Glozman ; Karina Savio ; prólogo de Elvira Narvaja de Arnoux. - 1a ed . - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Centro de Publicaciones Educativas y Material Didáctico, 2020.
(Universidad ; 21)
Libro digital, EPUB
Archivo Digital: descarga y online
ISBN 978-987-538-774-4
1. Educación Superior. 2. Comprensión del Texto. 3. Manuales. I. Savio, Karina. II. Narvaja de Arnoux, Elvira, prolog. III. Título.
CDD 378.170281
Colección Universidad
Coordinación editorial: Daniel Kaplan
Corrección de estilo: Miriam Steinberg
Diseño de cubierta: Déborah Glezer
Diagramación: Déborah Glezer
Los editores y las autoras adhieren al enfoque que sostiene la necesidad de revisar y ajustar el lenguaje para evitar un uso sexista que invisibiliza tanto a las mujeres como a otros géneros. No obstante, a los fines de hacer más amable la lectura, dejan constancia de que, hasta encontrar una forma más satisfactoria, utilizarán el masculino para los plurales y para generalizar profesiones y ocupaciones, así como en todo otro caso que el texto lo requiera.
1˚ edición, marzo de 2019
Edición en formato digital: noviembre de 2020
Noveduc libros
© Centro de Publicaciones Educativas y Material Didáctico S.R.L.
Av. Corrientes 4345 (C1195AAC) Buenos Aires - Argentina
Tel.: (54 11) 5278-2200
E-mail: contacto@noveduc.com www.noveduc.com
ISBN 978-987-538-774-4
Conversión a formato digital: Libresque
A Elvira Arnoux, por su pasión hacia la docencia y su permanente apuesta a la construcción de conocimiento transformador.
ELVIRA NARVAJA DE ARNOUX. Profesora emérita de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Dirige la maestría en Análisis del Discurso en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Es responsable de la sede argentina de la Cátedra UNESCO en Lectura y Escritura y en ese marco ha implementado la carrera de Especialización en Procesos de Lectura y Escritura. Dirige, además, el proyecto interdisciplinario “El derecho a la palabra. Perspectiva glotopolítica de las desigualdades / diferencias”. Ha dirigido, en el área, las obras colectivas Escritura y producción de conocimiento en las carreras de postgrado (Santiago de Arcos, 2009) y Pasajes. Escuela media/Enseñanza superior (Biblos, 2009).
MARA GLOZMAN. Doctora en Letras y magíster en Análisis del Discurso por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Investigadora del CONICET y profesora de Lingüística (UBA). Dicta cursos de posgrado vinculados con los estudios del discurso. Fue docente en distintos ámbitos universitarios de enseñanza de la escritura, entre ellos la cátedra de Semiología del Ciclo Básico Común (UBA) y el Taller de Escritura Académica (Universidad de San Andrés). Desde 2004 participa en proyectos dedicados a investigar las prácticas escriturarias y discursivas.
KARINA SAVIO. Doctora en Letras con orientación en Lingüística y magíster en Análisis del Discurso por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Es investigadora del CONICET y se desempeña como profesora adjunta del Taller de Lectura y Escritura de la Universidad Nacional Arturo Jauretche. Dicta diferentes cursos sobre escritura académica para carreras de grado y de posgrado. Ha coordinado el área de escritura en el ingreso a la Universidad de San Andrés. Ha participado y dirigido diversos proyectos de investigación relacionados con el área desde 2005. En la actualidad, dirige el proyecto “La escritura académica: un estudio sobre el sentido y los efectos de prácticas pedagógicas inclusivas” (UNAJ).
Índice
Cubierta
Portada
Créditos
Dedicatoria
Sobre las autoras
Prólogo
Presentación El discurso académico Ejercicios, prácticas y conceptos teóricos Instrucciones para leer el manual
Parte I. Conceptos introductorios Capítulo 1. La lectura y la escritura en los procesos de estudio 1. Prácticas de lectura y escritura 2. Los géneros discursivos 3. De la pantalla al papel 4. Los elementos paratextuales 5. Adecuación y corrección 6. Pautas de autocorrección: revisión del uso de la tilde Capítulo 2. El enunciador y el enunciatario 1. Los conceptos de enunciador y de enunciatario 2. Las marcas de subjetividad 3. La construcción de la identidad autorial 4. El enunciatario del texto académico 5. El registro formal 6. Pautas de autocorrección: revisión de la concordancia Capítulo 3. La polifonía 1. El concepto de polifonía 2. La polifonía lingüística 3. El discurso referido 4. Referencias y bibliografía 5. La intertextualidad 6. Dialogismo e interdiscurso 7. Pautas de autocorrección: revisión del uso de dos puntos y comillas
Parte II. Secuencias textuales Capítulo 4. Las secuencias expositivas y las secuencias explicativas 1. Las secuencias textuales 2. Los textos expositivos 3. Los textos explicativos 4. El enunciador, el enunciatario y la estructura de un texto expositivo-explicativo 5. Reiteración de palabras y mecanismos de sustitución 6. Pautas de autocorrección: revisión del uso de la coma Capítulo 5. Las secuencias argumentativas 1. La argumentación: perspectivas y definiciones 2. Los textos argumentativos y la construcción enunciativa 3. La estructura de los textos argumentativos 4. Las técnicas argumentativas 5. Los marcadores discursivos 6. Pautas de autocorrección: revisión del uso del punto
Parte III. Prácticas de lectura y escritura académicas Capítulo 6. Leer para estudiar 1. Las prácticas académicas de lectura 2. Situar el texto en sus condiciones de producción 3. Niveles de información y tipos de enunciados 4. Algunas prácticas de estudio 5. Pautas de autocorrección: revisión del uso de paréntesis, guion largo y corchetes Capítulo 7. Complementación y confrontación de fuentes 1. Textos complementarios o confrontativos 2. La complementación de textos 3. La confrontación de textos 4. Pautas de autocorrección: revisión de la correlación verbal Capítulo 8. La tarea de escribir 1. La escritura académica como práctica 2. La planificación del escrito 3. La puesta en palabras 5. Dos géneros académicos: la respuesta de examen parcial y la monografía 6. Pautas de autocorrección: revisión de los pronombres relativos
Parte IV. Anexos Anexo I. Resolución de consignas Capítulo 1. La lectura y la escritura en los procesos de estudio Capítulo 2. El enunciador y el enunciatario Capítulo 3. La polifonía Capítulo 4. Las secuencias expositivas y las secuencias explicativas Capítulo 5. Las secuencias argumentativas Capítulo 6. Leer para estudiar Capítulo 7. Complementación y confrontación de fuentes Capítulo 8. La tarea de escribir Anexo II. Recomendaciones bibliográficas y obras de consulta Bibliografía específica Bibliografía general Manuales de lectura y escritura universitarias Referencias bibliográficas
Prólogo
El Manual para estudiar textos académicos. Prácticas, conceptos y métodos en los procesos de lectura y escritura, de Mara Glozman y Karina Savio, se inscribe en una importante tradición de la universidad argentina que, desde la apertura democrática, se propuso intervenir pedagógicamente en este campo tanto al inicio de la enseñanza superior como en la articulación entre esta y la enseñanza secundaria.
Para definir dispositivos didácticos que estimularan y acompañaran el proceso de apropiación de los géneros propios del ámbito académico se requirieron no solo investigaciones puntuales acerca de los modos de leer y de escribir de los estudiantes, sino también la evaluación, por parte de los docentes, de las actividades que encaraban y de las dificultades que identificaban en la resolución de las consignas. Esto dio lugar a una abundante producción tanto en el campo de la investigación como en el diseño de secuencias didácticas adecuadas al nivel, que cristalizaron en textos que circularon ampliamente y que asignaron al campo de la lectura y la escritura en la universidad un dinamismo destacable. Los resultados obtenidos hicieron posible a partir de 1996 la constitución de la red latinoamericana Cátedra Unesco en Lectura y Escritura.
El objetivo de los emprendimientos didácticos que se han sucedido a lo largo de más de dos décadas es, por un lado, facilitar el dominio, por parte de los estudiantes, de los géneros evaluativos habituales en los estudios superiores: entre otros, respuestas a cuestionarios, informes de lecturas, resolución de parciales presenciales o domiciliarios, monografías, exposiciones orales a partir de una síntesis escrita, comentarios críticos de materiales propios de las disciplinas. Por otro lado, tender a que adquieran conocimientos discursivos y habilidades de base que les permitan enfrentar eficazmente los desafíos generados por los avances tecnológicos y las transformaciones sociales que inciden, e incidirán cuando egresen, en prácticas, géneros, soportes, modos de circulación y formas de articular lo verbal con otros sistemas. Asimismo, un objetivo importante es que los estudiantes alcancen un dominio de la propia lengua, como herramienta semiótica fundamental para el desarrollo intelectual y para el ejercicio de sus futuras tareas como científicos o profesionales. Y, finalmente, que se formen como ciudadanos capaces de desarrollar un pensamiento crítico, participar adecuadamente en las actividades sociales en las que se requiere el apoyo del texto escrito y ejercer acabadamente el derecho a la palabra en el ámbito público.
El libro que prologamos se centra en el discurso académico, pero este es enmarcado reiteradamente en una concepción amplia de la lectura y la escritura, en la que se consideran los vínculos con las diversas prácticas sociales, históricamente constituidas. Se muestra cómo en ellas los sujetos activan competencias variadas y tienen propósitos diversos según los ámbitos institucionales en los que las realizan y las tareas específicas que deben encarar. El manual focaliza el estudio, en tanto práctica que exige un trabajo detenido sobre los textos, y la resolución de las tareas de escritura que se solicitan en el nivel superior del sistema educativo, pero ambos se contrastan con los requerimientos de otros espacios sociales.
Atentas a la importancia de los conocimientos teóricos sobre la discursividad para alcanzar un desempeño adecuado, las autoras inician cada capítulo con excelentes síntesis de las problemáticas que abordan, en las que articulan, particularmente, los aportes de la Teoría de la Enunciación y de la Lingüística textual. Recorren, así, temas fundamentales como los géneros, los dispositivos enunciativos, los estilos, los registros, las figuras retóricas o las secuencias textuales. Entre estas últimas privilegian las expositivas, explicativas y argumentativas y en relación con ellas se consideran procedimientos como el ejemplo, la reformulación, la analogía, el encadenamiento causal y la definición, además de las citas de autoridad, la concesión o la refutación. Asimismo, interrogan los modos de estructuración propios de cada tipo considerando tanto las regularidades más habituales como la perspectiva retórica. Buscan, así, desarrollar en sus destinatarios una sensibilidad textual que facilite y profundice el trabajo con textos académicos, estimulando la capacidad inferencial y estableciendo las bases que sostengan la producción y la interpretación.
Mara Glozman y Karina Savio avanzan progresivamente en el desarrollo de los temas gracias a actividades que, si bien contemplan la figura del docente y la interacción en el aula, implementan un andamiaje suficiente y preciso que permite que puedan ser resueltas por el estudiante. Por otra parte, al final del manual, responden a las consignas, orientan sobre su resolución y sugieren recorridos posibles, completando así la tarea pedagógica emprendida.
Los textos en los que se basan las actividades, muy bien seleccionados, provienen de diferentes campos del saber y ponen en relación al lector con autores, temas o tradiciones que han marcado la vida de nuestras sociedades o que han tenido un peso decisivo en los debates científicos o pedagógicos. Algunos fragmentos se centran en aspectos significativos del estudio del lenguaje que no solo sirven para contextualizar las opciones teóricas del manual, sino también para identificar líneas ineludibles del pensamiento lingüístico contemporáneo.
Las preguntas que orientan las tareas que se requieren están destinadas a intervenir en el aprendizaje de estrategias comprensivas que permitan relacionar los conocimientos que el estudiante ha adquirido con la información provista por el texto, además de facilitar la resolución de ejercicios de escritura de diferente alcance, que ponen en juego variadas modalidades textuales. En todos los casos se hace visible la importancia de la lectura y la escritura en el desarrollo de los aprendizajes y se trata de que los alumnos vayan internalizando modos de interrogar tanto los textos como sus propias prácticas. Así podrán formular las preguntas que les permitan evaluar su comprensión, regular el ingreso de conocimiento previo, reparar en los problemas que el texto plantea y profundizar en el tema abordado.
Cierran los capítulos indicaciones normativas (referidas a la tildación, la concordancia, los signos de puntuación, la correlación verbal y el uso de los pronombres relativos) que tienen en cuenta el registro propio de los textos académicos y que tienden a facilitar el paso de los mecanismos heterorreguladores a los autorreguladores, de allí que las titulen “pautas de autocorrección”. En la medida en que esas normas se dominen se podrán derivar recursos cognitivos a la atención de otros aspectos del texto en una instancia crucial como es la revisión del escrito.
A lo largo de los capítulos, aunque las problemáticas consideradas se acentúen en algunos de ellos, se atiende a temas lingüístico-discursivos esenciales para la lectura y escritura, sobre todo de textos complejos como los que circulan por el medio académico. Así se abordan, entre otros, conectores, anáforas, tipos de encadenamientos secuenciales y modos de insertar enunciados referidos. En todo momento se conjugan la lectura y la escritura y se muestra cómo los saberes adquiridos mediante la reflexión metalingüística en una práctica se transfieren a la otra.
A los aspectos enunciativos considerados se agregan los procedurales: búsqueda de información, contraste de fuentes, elaboración de fichas y de cuadros, planes, borradores, estrategias de revisión. Se insiste en los modos en que la lectura es convocada en la escritura: materiales previos a un trabajo, relecturas a medida que se escribe o al finalizar, representación del lector previsto. Y se orienta respecto de cómo la lectura apela a la escritura incluso en gestos aparentemente menores como los subrayados, la toma de notas o las reflexiones en los márgenes, en lo que interviene el propio proceso comprensivo y la representación de la tarea que se debe realizar. Los ejercicios que las autoras proponen, así como las orientaciones para su resolución, activan el paso de una práctica a la otra.
En muchos casos las tareas solicitadas en el medio universitario exigen la integración de fuentes. Esto implica no solo la comprensión de los textos involucrados, sino también la capacidad de reconocer vínculos intertextuales que puedan establecer enlaces conceptuales y retóricos como, por ejemplo, acuerdo / disenso, coincidencia / contradicción. Conscientes de la importancia de estas operaciones, las autoras destinan un capítulo a la complementación y confrontación de fuentes. En esto es decisivo, además del volver reiteradamente sobre los textos, el reconocimiento de la orientación argumentativa de cada uno, de los diferentes puntos de vista que adoptan o del diálogo que un texto entabla con otros. Son pasos esenciales para asumir posiciones fundamentadas frente a las problemáticas a las que aquellos remiten.
Debemos destacar, finalmente, la importancia asignada a la contextualización de los textos de estudio, de allí que el manual proponga indagar en las condiciones de producción y de circulación, determinar el interdiscurso en el que los textos se inscriben y las memorias discursivas que activan. En estas búsquedas que el estudiante debe hacer colaboran la puesta en relación, en el despliegue didáctico, de textos cercanos temáticamente y las diversas indicaciones sobre los aspectos a los que hay que atender, entre otros, los datos del paratexto y los modos de buscar información confiable y actualizada.
En síntesis, el texto que presentamos surge de una reflexión sostenida, a partir de la experiencia docente en el nivel superior, orientada por un conocimiento detenido de los fenómenos discursivos y de los procesos de lectura y escritura. Esto lleva a que la claridad expositiva, propia de un emprendimiento didáctico, se acompañe de un rigor teórico apreciable a la vez que se seleccionan y jerarquizan los aportes de las ciencias del lenguaje en función de los aprendizajes que los estudiantes deben hacer. Este difícil equilibrio entre la implementación didáctica y la precisión conceptual, al que está sometido todo autor de manual, ha sido logrado acabadamente por las autoras.
Elvira Narvaja de Arnoux
Presentación
En su Diccionario etimológico de la lengua castellana, Joan Corominas data la aparición de la palabra estudiante hacia el año 1462. Es, junto con otras expresiones, uno de los derivados del sustantivo latino studium: ‘gusto, pasión, aplicación, dedicación, estima, estudio’. Las palabras, tanto en sus formas como en sus sentidos, cambian con el paso del tiempo, con las mutaciones lingüísticas y las transformaciones históricas: estudiar, en la actualidad, trae efectivamente otras resonancias. Aun así, este pequeño juego etimológico nos permite iniciar el recorrido con una primera reflexión: qué es, pues, estudiar sino avocarse de manera comprometida a una problemática, actividad, rama del conocimiento. En gran medida, a eso nos dedicamos los docentes: no solamente a transmitir ciertos conocimientos y saberes específicos según nuestra área o rama del saber; también nos dedicamos a formar estudiantes, sujetos que estudien, que tengan al saber en estima. Dedicación –y muchas veces pasión– que nos empuja también a nosotros a estudiar, que nos inspira a estudiar con el fin de formarnos por nuestros propios intereses y para seguir enseñando.
En esta dirección puede aportar también otra pequeña reflexión etimológica: estudiante y docente. Si miramos estas palabras por un momento desde su raíz latina, muestran un carácter de práctica activa y continua: ambas tienen en común, en efecto, la forma del participio presente activo. De manera análoga a oyente, cantante, vidente, estudiante y docente remiten a sujetos que realizan en continuidad la práctica de estudiar y/o la práctica de enseñar, hacer ver y conocer.
En este libro procuramos acompañar al docente en ese proceso de formar estudiantes en lo que atañe a una de las formas del estudio que atraviesa áreas y ramas del conocimiento: aquella que se realiza con, sobre y a través de textos. Como docentes al frente de diferentes cursos contamos con un saber o, mejor dicho, con un universo de saberes específicos. Nuestra propuesta pretende brindar herramientas orientadas a bordear la dimensión del cómo hacer con ese universo en el espacio áulico o en otros espacios en los que realizamos prácticas docentes. Nos motiva una convicción compartida: las ganas o la decisión de encarar el estudio de una determinada cuestión, de una materia o una carrera, de una perspectiva disciplinar o la producción de cierto autor precisan ser promovidas, acompañadas y sustentadas (en la gran mayoría de las veces) por un andamiaje que ayude a organizar las actividades, que presente ciertas pautas, que nos conduzca a planificar los pasos a seguir, explicite posibilidades y formas institucionalizadas ante las cuales posicionarse; en suma, un andamiaje que exponga y proponga opciones orientadas a que paulatinamente se vaya adquiriendo una relación más próxima, más fluida, con los materiales de estudio y la producción escrita. Y, para ello, el papel del docente es medular.
En un momento en el que cada vez más las propuestas de actualización en la formación docente tienden hacia los dispositivos de las nuevas tecnologías y las nuevas formas de producción y lectura, creemos necesaria una reflexión sobre el texto y su relación con los procesos de escritura, lectura y estudio, una reflexión que articule conceptos teóricos y herramientas prácticas con una propuesta de ejercicios para que el trabajo en el aula sea en alguna instancia “extracurricular” que el docente quiera promover. Varios de los conceptos tal vez ya sean conocidos o familiares para el docente del área de Lengua y Literatura, pero verán que en el manual se propone un trabajo articulado entre conceptos y actividades, proporcionando definiciones y explicaciones que podrían, con un proceso de adecuación a cada situación, utilizarse como texto en contextos de enseñanza.
Este volumen está pensado en tal dirección: como un conjunto organizado de nociones teóricas, pautas operativas y ejercicios. En tanto la lectura y la escritura son transversales a los diversos campos del conocimiento, se ofrece, entonces, como material de trabajo no solo para aquellas materias que aborden la especificidad de estos procesos, sino también para aquellas en las que leer y escribir sean procesos inherentes al estudio. Nos acercamos, entonces, no a todos los géneros o tipos de prácticas de lectura y escritura sino, en particular, a un cierto conjunto que suele ser evocado en muchas ocasiones y que en las últimas décadas se ha vuelto importante en distintas instancias de formación, en los últimos años de la escuela secundaria, en los institutos terciarios, en los profesorados, entre otros ámbitos fundamentales de nuestra educación. Este es un manual, en fin, que pretende un acercamiento a las prácticas vinculadas con la singularidad de aquello que suele denominarse discurso académico y a sus modos de enseñanza.
EL DISCURSO ACADÉMICO
Antes de que el lector se sumerja en este manual, quisiéramos detenernos brevemente en una expresión frecuente en los textos que buscan dar cuenta de las dinámicas de la lectura y de la escritura universitaria, y que, por diversas razones, también figura aquí: discurso académico. En efecto, aquel interesado en bucear por estas páginas advertirá en múltiples ocasiones la presencia y utilización de esta categoría, a la que se le puede atribuir, en una primera impresión, un carácter cristalino. El discurso académico –y así se lo suele definir– es el discurso que nace, se produce y circula dentro de una institución, a saber: la Academia. En este sentido, agrupa una diversidad de géneros –monografías, tesinas, respuestas de exámenes parciales, exámenes finales orales, entre muchos otros– y está emparentado con el discurso científico. Si bien esta definición puede ser objeto de numerosas críticas, la mayoría de ellas no cuestiona el vínculo entre este tipo de discurso y la institución en la que se constituye. Nosotras, por el contrario, concebimos que esta visión encierra un sentido que esconde un fenómeno de mayor complejidad.
Hoy en día, el discurso académico, entendido desde esta mirada restringida, ha traspasado su muro institucional en tanto deja sus huellas en otros géneros discursivos que no pueden ser pensados estrictamente como “académicos”. Esta situación podría atribuirse, entre otros factores, a que la universidad legitima, en las condiciones actuales, un saber cuyo prestigio se presenta naturalizado dentro de la sociedad e instituye un reconocimiento social que ha motivado a que distintas prácticas profesionales, que antes estaban por fuera de la institución, se encuentren bajo su órbita. De allí que carreras como las de Cine o de Enfermería se hayan convertido, en los últimos años, en carreras universitarias. El discurso académico ocupa así cierta posición privilegiada, que, a su vez, opera –en algunos casos, de manera implícita– como una fuente discursiva “modélica”.
Ahora bien, tomando en cuenta lo que señalamos respecto del discurso y de la institución de la que recibe su nombre, nos interesa reparar en otra cuestión nodal relativa a esta categoría: el discurso académico no debe asumirse como un discurso homogéneo, universal y totalizante. Es más bien un conjunto o haz de rasgos diversos, que responden a determinados aspectos lingüísticos, textuales y discursivos, que exponemos a lo largo de este manual, y que pueden aparecer con mayor o menor intensidad en los diferentes textos. Es por este motivo que una nota de opinión que se publica en un diario, por ejemplo, pueda tener ciertas características propias del discurso académico, aunque forme parte del discurso periodístico. Y es, por ello, que en un artículo de investigación en psicoanálisis algunas marcas de subjetividad, como la intrusión del “yo”, vedadas en otros campos del saber, se empleen con regularidad. Cada dominio adoptará aquellos rasgos que más se avienen con sus singulares modos del decir.
Considerando esta caracterización general de lo “académico”, escribimos este manual pensando que en la actualidad hay numerosos individuos que, por distintas razones, tienen la motivación de familiarizarse con este tipo de discurso: un estudiante de una carrera terciaria o de un instituto de formación, un estudiante universitario de grado o de posgrado, un docente que enseñe en la escuela media, pero también cualquier persona que quiera acceder al lenguaje académico con el fin de conocer, aprehender y, a su vez, de reflexionar en torno a sus dinámicas. Creemos que el manejo de las particularidades del “discurso académico” se ha vuelto, cada vez más, parte de los requisitos de formación de la ciudadanía en general.
Frente a este escenario, buscamos que el docente que lea este texto, y a través de sus prácticas el estudiante también, se apropie de aquellos conceptos que introducimos y desarrollamos, que le sean de utilidad para que los pueda operacionalizar en su propia tarea y frente a la singularidad de su auditorio. En otras palabras, los enfoques teóricos que adoptamos en las próximas líneas y nuestras sugerencias se brindan como una invitación a que el lector pueda apostar a un trabajo sistemático, constante, que modifique las prácticas de lectura, de estudio y de escritura adaptándolas a los requerimientos de sus ámbitos de la práctica docente. Pretendemos desplegar ciertas opciones para que cada sujeto pueda contribuir a hacer conscientes algunos fenómenos que muchas veces se presentan como “neutrales”. En este punto, no podemos dejar de destacar que las formas de la escritura implican siempre una toma de posición.
Por otra parte, quisiéramos señalar que a diario nos encontramos, en nuestras aulas, con algunas ideas que pueden obstaculizar el trabajo y el desempeño individual, y que incluso pueden llegar a desalentar a los estudiantes a emprender una carrera terciaria o universitaria. Frases como “no puedo escribir”, “me cuesta estudiar porque no tengo memoria”, “nunca voy a entender esto”, “con leer una vez me alcanza” son habituales en estos ámbitos. Los conceptos con los que trabajamos en este manual y nuestras recomendaciones apuntan a agujerear los cimentos de estas ideas que conllevan cierta visión estática de dichos procesos. La escritura, de esta manera, no es pensada aquí como una habilidad innata, un don que se tiene o no se tiene. El estudio tampoco es entendido como una capacidad individual con la que se nace. Y la lectura no es el resultado de leer una única vez el texto. Por el contrario, las tres son prácticas que se ejercitan, se aprenden, se trabajan… y ¡se transforman! Y es necesario que exista un vínculo entre ellas: la actividad de estudiar en relación con el discurso académico requiere de una articulación estrecha entre la lectura y la escritura.
EJERCICIOS, PRÁCTICAS Y CONCEPTOS TEÓRICOS
Como sabemos por nuestra experiencia, transformar los modos de vincularse con la escritura, la lectura y el estudio no es una tarea simple; por el contrario, pone en juego un conjunto complejo de aspectos que inciden, en mayor o en menor medida, en nuestras prácticas.
Ciertamente, el ejercicio constante de la escritura y la lectura, así como el ensayo de diversas maneras de organizar el estudio son aspectos fundamentales. Estas conforman, pues, una parte importante del trabajo. Ahora bien, tal como las entendemos, estas prácticas no implican la reiteración mecánica de una forma estandarizada –escribir, por ejemplo, una y otra vez un texto breve que responda al formato “respuesta de parcial”–, sino un proceso de reformulación y transformación paulatina, de revisión y reflexión sobre las palabras, las estructuras lingüísticas y las formas enunciativas que hilvanan esos textos. Y hay en ello un aspecto que, como ya hemos sugerido, es relevante: las ideas que tengamos sobre la escritura, sobre la lectura y sobre el estudio tienen efectos materiales. Esto significa que no solo es importante la ejercitación; también es importante, a medida que se avanza, ir horadando esas ideas que representamos en el apartado anterior: “no puedo escribir”, “me cuesta estudiar porque no tengo memoria”, “nunca voy a entender esto”, “con leer una vez me alcanza”.
Es por ese motivo que a las cuestiones que queremos trabajar en este manual nos acercamos primero mediante aproximaciones teóricas. Creemos, en este sentido, que conocer ciertos conceptos –sobre el discurso y sus procesos, sobre las secuencias textuales, sobre aspectos lingüísticos– permite pensar mejor las propias prácticas de escritura, de lectura y de estudio. De esta manera, es posible introducir algunas explicaciones y, como uno de sus efectos, comenzar a desarmar ese imaginario de “falencia individual” que suele circular como si fuera una verdad evidente.
Las nociones teóricas valen aquí en tanto cumplen esa función explicativa, y se podrá observar a lo largo de los diferentes capítulos que abrevamos en perspectivas y conceptos heterogéneos. Tal heterogeneidad también se debe a que buscamos ejercitar y pensar tipos de prácticas relacionadas pero distintas: reflexionar sobre las prácticas de escritura requiere movilizar una mirada teórica y conceptual diferente de la que sustenta el trabajo sobre los modos de lectura o con los dispositivos de estudio. Pero también hay otra causa: los discursos son complejos e involucran dimensiones diversas: entraman elementos lingüísticos, producen/reproducen imágenes y representaciones, adquieren cierto prestigio o lugar canónico dentro de un campo, expresan decisiones argumentativas, acarrean sentidos y expresiones cuyo origen es ignorado por quien enuncia.
Veamos desde esta perspectiva una cuestión que resulta especialmente importante a lo largo del manual: la cuestión del sujeto y sus relaciones con lo dicho. Esta cuestión atraviesa distintas dimensiones de lo discursivo, que buscamos aquí aprehender poniendo a funcionar conceptos de procedencia dispar. Se trata de nociones cuya distinción resulta operativa a los fines de este volumen. Por un lado, trabajamos con la noción de enunciador, que –tal como aquí la entendemos– remite a una figura que se construye internamente a cada texto, que se desprende del modo en que el sujeto se presenta a través de sus palabras. Por otro lado, retomamos la noción de autor para referirnos a una posición en cierto campo, tradición o disciplina (por caso, Ferdinand de Saussure en la lingüística, Émile Durkheim en la sociología, Sigmund Freud en el psicoanálisis). Así, si el enunciador es un elemento interno al texto, una imagen que el discurso proyecta, el autor se ubica en los bordes del texto: allí donde el discurso aparece organizado en instituciones, trayectorias, publicaciones.
También sería posible, por último, remitir la producción textual, aunque no en todos los casos, a cierta persona, encarando a partir de ello una reseña biográfica más personal. En este manual nos interesa trabajar con los dos primeros conceptos: el de enunciador en tanto imagen del sujeto que enuncia y el de autor en tanto posición en un campo.
Planteábamos, además, que la heterogeneidad teórica también está motivada por los requerimientos del aprendizaje/enseñanza para los distintos tipos de prácticas de las que nos ocupamos. Y esto se hace patente si pensamos desde este punto de vista un concepto que divide aguas entre teorías sobre el sujeto, el lenguaje y el discurso: la categoría de intención. Al respecto, en estas páginas se podrá observar que en las actividades de lectura nos ocupamos de desplazar esta categoría: de la pregunta espontánea por qué quiso decir el autor nos movemos hacia un ejercicio que busca detenerse en los elementos, rasgos, enunciados y trazos presentes (o ausentes) del texto. Cuando nos centramos en operaciones de escritura, en cambio, nos proponemos generar una reflexión previa a la puesta por escrito –instancia de planificación–, una búsqueda de las formas y sentidos que mejor se avienen al problema a tratar y al género discursivo, una reflexión posterior –revisiones y autocorrección–. En ese sentido, contamos con que haya una intención que oriente el proceso de producción textual: un papel activo y una mirada más consciente del estudiante-escritor respecto de sus prácticas escriturarias.
INSTRUCCIONES PARA LEER EL MANUAL
El manual consta de cuatro partes, en la última se incluye un apartado final con recomendaciones bibliográficas y obras de consulta para los docentes, en vistas a su propia formación y, a través de ello, a la formación de los estudiantes. En la primera de ellas, nos detenemos a presentar algunos conceptos generales que consideramos son fundamentales en las prácticas de lectura y de escritura, y que son pensadas como un punto de partida: género discursivo, paratexto, adecuación y corrección, enunciador y enunciatario, las marcas de subjetividad, registro formal, polifonía, discurso referido, intertextualidad, dialogismo, interdiscurso, entre otros. Este primer tramo le permitirá al lector reflexionar en torno a las diversas variables que se ponen en juego en la producción y también en la lectura de los textos, que exceden el aspecto meramente gramatical. En la segunda parte, nos enfocamos en las secuencias textuales que se advierten con mayor frecuencia en el discurso académico: las secuencias expositivas, las secuencias explicativas y las secuencias argumentativas. Identificar y reconocer este tipo de secuencias son herramientas que contribuyen a facilitar la lectura y a elaborar textos más adecuados a su finalidad. La tercera parte está orientada a las prácticas de lectura y de escritura institucionalizadas. Aquí abordamos la problemática de la lectura académica, las prácticas de estudio –olvidadas la mayoría de las veces en las propuestas pedagógicas–, los escritos complementarios y los escritos confrontativos, y el proceso de escritura de un texto académico. Asimismo, presentamos dos géneros académicos habituales en estos ámbitos: la respuesta del examen parcial presencial escrito y la monografía. Por último, la cuarta parte consta de dos anexos. En el Anexo I se han incorporado las resoluciones de las actividades propuestas a lo largo del manual, así como algunas sugerencias respecto al abordaje de las consignas. El Anexo II incluye recomendaciones bibliográficas y obras de consulta; explicitamos allí qué autores y textos utilizamos en el manual para exponer los conceptos más importantes para que el docente pueda profundizar y ampliar respecto a cada tema.
Todos los capítulos, por otra parte, contienen una última sección denominada “Pautas de autocorrección”. Esta sección recupera algunos aspectos normativos que se suponen conocidos (e incorporados) por los estudiantes pero que, frecuentemente, están ausentes en sus actividades escritas. La pregunta que motiva este último apartado con el que se cierra cada capítulo es, entonces, cómo hacer para enseñar estas cuestiones “elementales” sin que el estudiante se sienta incomodado por no saberlas. Nuestra respuesta, nuestra propuesta, especialmente pensando en instancias de docencia, es que sean presentadas, justamente, como criterios de autocorrección, es decir, como aspectos necesarios a tener en cuenta a la hora de revisar un escrito. Por ello, se repasa el uso de las tildes, la concordancia, los dos puntos, las comillas, la coma, el punto, el paréntesis, el guion largo, los corchetes, la correlación verbal y los pronombres relativos.
Esta organización del manual no implica necesariamente una lectura lineal de los capítulos. Por el contrario, como ya hemos comentado en esta presentación, nuestro texto se ofrece al lector y lo invita a realizar su propio recorrido en función de sus necesidades e inclinaciones. Los capítulos 6 y 8, que focalizan en las prácticas de lectura, estudio y escritura, fueron pensados incluso como capítulos de consulta, a los que se puede recurrir en el momento que se lo considere oportuno.
PARTE I
Conceptos introductorios
CAPÍTULO 1
La lectura y la escritura en los procesos de estudio
1. PRÁCTICAS DE LECTURA Y ESCRITURA
Comenzaremos nuestro recorrido mediante una reflexión en torno a la lectura y la escritura como prácticas, en general, y como prácticas académicas, en particular. Tomamos como punto de partida, para ello, una primera observación: en las sociedades actuales existen múltiples situaciones en las cuales intervienen la lectura y la escritura, que generan diversos modos de leer y de escribir, de acuerdo a los contextos y formas de aparición de los enunciados escritos, a los fines y criterios, tiempos y espacios en cuyo marco se realizan estas actividades. Muy seguido oímos frases como “los jóvenes ya no leen”, “se ha perdido el hábito de la escritura” y otras semejantes; nada más lejano de la compleja realidad actual, en la cual la palabra escrita ocupa un lugar, en cierta medida, omnipresente: carteles, publicidades, revistas, pasacalles, volantes; también las redes sociales, la televisión, los medios digitales, los diversos modos de comunicación por dispositivos móviles involucran prácticas de lectura y escritura. Ciertamente, la imagen y el material audiovisual tienen una centralidad insoslayable, pero en la gran mayoría de los casos la palabra escrita aparece implicada, se hace presente.
En esas frases reiteradas, que reproducen estereotipos, hay una imagen estática, idealizada, respecto de qué es “leer” y qué es “escribir”. Frente a esa imagen idealizada, prescriptiva, que supone que hay solo una (buena) manera de la lectura y la escritura, resulta fundamental pensar y delimitar las distintas formas, los distintos tipos de relaciones que entablamos con la lectura y la escritura, reconocer la diversidad de las prácticas discursivas y sus especificidades: no se trata entonces de reprender ciertas formas sino de ir incorporando otras, según los ámbitos y propósitos de las actividades.
La escritura y la lectura, por lo tanto, constituyen prácticas que adquieren rasgos específicos de acuerdo a las situaciones concretas, a los fines, a los ámbitos en los cuales se desarrollan y en gran medida a aquello que se suele llamar “soporte”: la lectura –y la escritura– en pantalla suponen formas y dinámicas muy diferentes del ejercicio de lectura y escritura en papel. En este manual iremos, pues, reflexionando en torno de estas cuestiones, de manera tal de poder, paulatinamente y mediante ejercicios integradores, aproximarnos a aquellos modos de leer y de escribir que resultan adecuados, que son frecuentes y productivos en los procesos de estudio. Por ejemplo, la lectura asociada al ocio recreativo –lectura de un libro, de una revista, del diario, lectura en las redes sociales– tendrá características diferentes de las prácticas lectoras que tienen como fin la búsqueda de información, por caso, en un espacio laboral; las prácticas vinculadas con la comunicación digital, a su vez, también presentan ciertas dinámicas escriturarias y lectoras que no resultan pertinentes en otro tipo de marcos situacionales.
Estas consideraciones son relevantes no solo para pensar –como veremos más abajo– las diferencias entre textos en distintos soportes. También encontramos diversidad de modos de lectura en textos en apariencia del mismo “formato”: si los textos a los cuales el lector se acerca por ocio creativo o recreativo pueden –y suelen– ser leídos una sola vez, esta misma dinámica aplicada a los materiales de estudio resulta insuficiente; en efecto, la diferencia entre el primer acercamiento a un texto, su lectura y su estudio sistemático es determinante en el marco de la formación académica. Es preciso, pues, desterrar una creencia que suele producir dificultades en las instancias iniciales de la formación: leer un texto no es estudiarlo, la primera lectura es solo el punto de partida de un proceso más profundo. Pero esto no es necesariamente así cuando el lector se aproxima, por gusto, a una novela, una revista, una página literaria.
En cuanto a la escritura, también será preciso revisar cierto imaginario dominante: la idea de que consiste en una actividad que surge de la creación/creatividad espontánea e individual. Esta representación no es una buena caracterización de los procesos de escritura en general, y tampoco es apropiada para orientar las prácticas escriturarias en las instancias de estudio de las que nos ocupamos.
En verdad, existen múltiples modos de producir textos escritos. En algunos casos puede ocurrir que haya procesos relativamente “espontáneos”. Pero mayormente un texto escrito no surge de una sola vez, sino que es el producto de un proceso; en el caso de los textos que denominamos “académicos”, el proceso de trabajo pone en juego una serie de etapas, entre ellas, la selección o delimitación de la problemática a trabajar, la búsqueda de las fuentes, la planificación de la estructura textual, la puesta por escrito, la revisión y la corrección. Por otro lado, las formas que adopta un texto académico nunca expresan enteramente una elección o una decisión individual; más allá de intereses, gustos y particularidades subjetivas, estas prácticas de escritura tienen –como veremos más adelante con mayor detenimiento– un grado relativamente alto de estandarización (aunque esto varía de acuerdo a las perspectivas disciplinares) y están en gran medida delimitadas por dinámicas propias del ámbito en el que se producen.
Pensar la lectura y la escritura como prácticas implica, entonces, por un lado, entenderlas en términos de procesos antes que de acontecimientos (o, en todo caso, como una sucesión de acontecimientos), es decir, como algo que no se da de una sola vez sino como una actividad que se va desarrollando en distintas instancias sucesivas y cuyas huellas quedan inscriptas en los textos, bajo la forma de correcciones, de reformulaciones, de subrayados, de comentarios. Por el otro, veremos en los próximos apartados que se trata de actividades enmarcadas en condiciones específicas, actividades que responden no solo a la voluntad de quien escribe, lee y estudia, sino también a criterios de índole material, histórica, institucional, que orientan aspectos temáticos así como del estilo y las formas lingüísticas que se emplean.
Actividad Nº 1
Lea una vez los fragmentos textuales que se presentan a continuación y subraye, durante la lectura, aquellos enunciados que considere más relevantes:
Texto 1
La palabra “civilización”, empleada por primera vez en 1757 por el marqués de Mirabeau, tuvo un lugar eminente entre las ideas-imágenes que han atravesado la época moderna. Prontamente, el vocablo designará algo más que un proceso creciente de refinamiento de las costumbres, para integrar dos acepciones. Por un lado, el concepto indicará el “movimiento” o proceso por el cual la humanidad había salido de la barbarie original, dirigiéndose por la vía del perfeccionamiento colectivo e ininterrumpido. Por otro lado, la noción apuntará a definir un “estado” de civilización, un “hecho actual”, que era dable observar en ciertas sociedades europeas. (…)
El empleo de la noción de civilización suponía una asociación con otras ideas afines, pero también entrañaba el descubrimiento de su reverso, el lado opuesto de la civilización, aquel estado del cual ella provenía y al que había superado: la barbarie. En efecto, las dos acepciones del término civilización (comprendida como movimiento de la humanidad hacia un ideal o como estado de sociedad) implicaban automáticamente la existencia de una barbarie original.
Como es conocido, “bárbaro” fue un término acuñado por los griegos para designar al extranjero, aquel que no pertenecía a la polis; definición que tuvo primeramente alcances políticos y más tarde culturales. “Bárbaros” fueron también, durante la Antigüedad tardía, las tribus invasoras que devastaron el Imperio romano. Hacia el siglo XVIII, el contra-concepto fue utilizado tanto para indicar la existencia de un estado anterior, en el cual permanecían otras culturas, contrapuestas al estado actual de las sociedades europeas, como para designar la alteridad. Bárbaro es así un vocablo a través del cual no se define sino que se califica al Otro, estigmatizado por aquel que se sitúa desde una civilización comprendida como valor legitimante.
Svampa, Maristella. 2006. El dilema argentino. Civilización o barbarie.
Buenos Aires: Taurus, pp. 17-18.
Texto 2
Nuestro diagnóstico general del nacionalismo es sencillo. De las tres etapas de la historia humana, la segunda es la agraria y la tercera la industrial. La sociedad agraria tiene ciertos rasgos generales: la población está formada mayoritariamente por productores agrícolas, por campesinos. Solo una minoría de la población que constituye la sociedad es especialista, ya sea en la milicia, la política, la religión o la economía. Asimismo, la mayoría de las poblaciones agrarias se ven afectadas por las otras dos grandes innovaciones de la era agraria: el gobierno centralizado y el descubrimiento de la escritura. (…)
Los tres factores cruciales que operan en esta sociedad (producción de alimentos, centralización política y alfabetización) engendran una estructura social en la cual los límites culturales y políticos rara vez son congruentes.
La sociedad industrial es muy diferente. (…) Se basa y depende del crecimiento cognitivo y económico, y este acaba dejando atrás y desalentando la posibilidad de un nuevo crecimiento dramático de la población. Varios factores –una alfabetización generalizada, la movilidad y, por tanto, el individualismo, la centralización política, la necesidad de una costosa infraestructura educativa– la empujan a una situación en que los límites políticos y culturales generalmente son congruentes. Ante todo, el estado es el encargado de proteger, no una fe, sino una cultura, y de sustentar un sistema de educación inevitablemente homogéneo y uniformador, el único que puede producir el tipo de personal capaz de cambiar de un trabajo a otro dentro de una economía en crecimiento y, claro está, de realizar trabajos que implican la manipulación de significados y personas, más que de cosas. (…)
En la mayoría de las cerradas microcomunidades de la era agraria los límites de la cultura eran los del mundo, y a menudo la misma cultura pasaba desapercibida, resultaba invisible: nadie la concebía como la frontera política ideal. Actualmente, con la movilidad, se ha vuelto visible (…). Los hombres aman realmente su cultura, y ello se debe a que ahora perciben la atmósfera cultural (en vez de darla por supuesta) y saben que no pueden respirar ni encontrar su identidad fuera de ella.
Gellner, Ernest. (1983) 1994. Naciones y nacionalismos.
Madrid: Alianza, pp. 143-144.
1. Señale aquellos aspectos, elementos o expresiones que considere de difícil comprensión.
2. Busque en el diccionario las palabras o expresiones desconocidas y anote en los márgenes el significado que considere más apropiado para el enunciado en cuestión.
3. Relea con atención los dos textos.
4. Revise los criterios utilizados para destacar enunciados durante la primera lectura: ¿volvería a subrayar los mismos fragmentos después de la segunda lectura?
Sí No
5. ¿Nota diferencias en la comprensión de los textos entre la primera y la segunda lectura?
Sí No. ¿Cuáles? Especifique.
6. a. ¿A qué refiere la expresión “contra-concepto” utilizada en el Texto 1? b. ¿A qué podría deberse el uso de esta expresión?
7. A partir de la lectura del Texto 2, ¿cuáles son, según Gellner, las principales diferencias entre la sociedad agraria y la sociedad industrial?
8. ¿Considera que la primera lectura de los textos fue suficiente para responder cabalmente las preguntas 6 y 7?
Sí No
Actividad Nº 2
Lea comparativamente los siguientes fragmentos:
Texto 1
En este trabajo voy a tratar la postura de dos autores frente al sobre el tema de la posición del intelectual en la politica. Los textos que voy a trabajar son de Pierre Bourdieu, un sociologo y de Edward Said, un critico politico y teorico literario. Para poder desarrollar este texto voy a analizar, comparar y valorar los diferentes pensamientos y las posturas de esta problematica. A partir de las diferentes opiniones que se presentan voy a fundamentar mi perspectiva del problema y mi opinión personal.
Texto 2
Este trabajo aborda la postura de dos autores frente al tema de la posición del intelectual en la política. Los textos que se toman como fuente bibliográfica son de Pierre Bourdieu, un sociólogo francés, y de Edward Said, un crítico político y teórico literario de origen palestino. El análisis que este trabajo presenta consiste en una comparación de las diferentes posturas que se expresan en los textos de Bourdieu y de Said en torno de esta problemática. Luego de exponer las posiciones de dichos autores, el texto presenta una valoración personal de las perspectivas expuestas.
1. Identifique las principales diferencias entre el Texto 1 y el Texto 2.
2. Elabore una hipótesis sobre los posibles motivos que llevaron a corregir cada uno de los elementos o expresiones sustituidas, suprimidas o agregadas.
2. LOS GÉNEROS DISCURSIVOS
Hemos enunciado en el apartado anterior algunos criterios que operan como punto de partida para orientar la producción de textos y la lectura. Una de las cuestiones señaladas –que constituye un pilar del proceso de incorporación de estos saberes prácticos– es el hecho de que existen regularidades entre textos elaborados en los mismos espacios institucionales. Esto significa que existen características relativamente estables que identifican y distinguen los textos académicos de otros conjuntos textuales, características que en gran medida no dependen de la voluntad ni del estilo individual sino de las especificidades de esta esfera de la comunicación social. La noción de género discursivo permitirá sistematizar y observar en concreto el funcionamiento de estas cuestiones.
Cada ámbito o esfera en la que se articulan relaciones sociales en una determinada sociedad –ámbitos laborales, familia, medios de comunicación, escuela, etc.– presenta características distintivas tanto en las formas de la comunicación, en general, como en los rasgos que adoptan los discursos asociados a esas esferas, instancias o ámbitos específicos. Los textos adquieren, entonces, rasgos estilísticos comunes (vocabulario, expresiones, modos de formulación, enunciados frecuentes, etc.), ciertos formatos y recurrencias temáticas en relación con cuál y cómo sea su ámbito o esfera de la comunicación. Los textos periodísticos, por ejemplo, tendrán características diferentes de aquellos que circulan en el aparato escolar. Estos últimos, a su vez, tendrán diferencias significativas si se los compara con las producciones escritas vinculadas con la educación superior. Estas diferencias, observables en las formas lingüísticas, en los modos de construcción textual, en los temas y en el estilo global –tipo de adjetivos utilizados, presencia o ausencia de la primera persona, formas específicas de las frases, tipo de vocabulario, entre otros aspectos– responden en gran medida a las características sociales e históricas de las instituciones o instancias en cuyo seno se producen los textos. Cuando se pueden identificar los rasgos en común de un conjunto de textos que responden a un mismo ámbito de la comunicación se ha podido delimitar un género discursivo.
Los géneros discursivos son, pues, tipos relativamente estables de enunciados que, en virtud de la esfera de la sociedad en la que se producen y circulan, presentan regularidades estilísticas, estructurales y temáticas. Todo género discursivo tiene, por consiguiente, un determinado grado de estabilidad, aunque este grado varía de acuerdo a la esfera o al ámbito de la comunicación. En este sentido, los géneros literarios presentan quizá un grado menor de homogeneidad que, por ejemplo, los géneros asociados a las instituciones legislativas. Es importante señalar que las transformaciones históricas que se van dando en las sociedades y en sus ámbitos de comunicación conllevan, a su vez, cambios en los géneros discursivos; así, determinadas formas de construcción textual y de expresión en los géneros académicos producidos décadas atrás podrían generar una mirada de extrañamiento en la actualidad, puesto que el discurso académico responde hoy en día indudablemente a nuevas pautas institucionales y a condiciones sociohistóricas diferentes.
Finalmente, realizamos una distinción que resulta productiva a la hora de incorporar estas nuevas prácticas de lectura y de escritura: la distinción entre discurso académico y géneros académicos. Cuando hablamos de discurso académico nos referimos al conjunto de regularidades que tienen en común todos los géneros académicos, esto es, a las constantes estilísticas, enunciativas, discursivas en general. Por otra parte, podemos identificar una diversidad de géneros académicos –que se distinguen entre sí por sus formatos y por algunos aspectos estilísticos–, tales como el examen presencial, la monografía, el apunte de clase, entre otros. Todos ellos presentan, por consiguiente, una matriz de rasgos en común, pero cada uno de ellos tiene, a su vez, características propias a las que el estudiante deberá atender.
Actividad Nº 3
Lea con detenimiento los siguientes fragmentos escritos por Laura Kornfeld1:
Texto 1
Hace unos días, Juan Forn observaba jocosamente en estas páginas que la revista Cabildo es como Barcelona, pero en serio. Bien: Pedro Luis Barcia, presidente de la Academia Argentina de Letras, es como el funcionario de Educación Juan Estrasnoy, el impagable personaje de Capusotto del latiguillo “estamos preocupados porque los jóvenes usan mal el lenguaje”, pero en serio. Desde 2001, Barcia se ha preocupado por resaltar la “decadencia” en el lenguaje de los jóvenes. Vale aclarar que ningún estudio científico avala sus afirmaciones catastrofistas: no hay estadística que dé cuenta de una disminución del vocabulario promedio de los jóvenes, ni ontología que le otorgue mayor valor lingüístico a “buenísimo” que a “re bueno”, ni usos de los insultos que sean más legítimos que otros, por citar algunos de sus caballitos de batalla. Sus resquemores se apoyan apenas en el axioma “todo tiempo pasado fue mejor” que, justamente por su referencia al sentido común, encuentra buen eco mediático.
Kornfeld, Laura. 2010. “Lenguaje y sentido común”, en Página 12, 9/4/2010.
Texto 2
Kornfeld, Laura
UNGS / UBA/ CONICET. Argentina
El español de la Argentina: descripción de las variedades y políticas sobre la lengua
Entre la prolífica obra lingüística de Berta Vidal de Battini (1900-1984), se destaca El español de la Argentina, cuya primera versión data de 1954 (la segunda, definitiva, apareció diez años después, editada por el Consejo Nacional de Educación). En ese libro, basado en las investigaciones de campo de su autora, se enumeran una serie de particularidades léxicas, morfosintácticas y fonológicas dialectales de distintos puntos del país, con el objetivo manifiesto de proporcionar a los maestros elementos para el conocimiento y reconocimiento de las particularidades regionales. Menos entusiasmo provocan las conclusiones que se extraen de ese meticuloso análisis: luego de una morosa descripción de cada pronunciación, expresión o estructura gramatical que no corresponden al español estándar, Vidal de Battini recomienda corregir la mayor parte de las particularidades en aras de la homogeneización social y cultural propugnada como objetivo central de la educación pública argentina. El español de la Argentina resulta, así, menos un estudio teórico que un proyecto de política lingüística, si bien las 34 recomendaciones de corrección sistemática vienen matizadas por el reconocimiento de que no hay una norma unívoca para todo el país, sino que esta debe ser pluricéntrica.
En la preceptiva sugerida en El español de la Argentina, juega, pues, un papel central el concepto de corrección lingüística, que se define monolíticamente a partir del habla de la “gente culta” del país, opuesta a las “impropiedades y defectos” del habla vulgar. En ese sentido, Battini participa del puritanismo lingüístico del grupo de investigadores creado en torno de la figura de Amado Alonso, director del Instituto de Filología de la UBA durante el período 1927-1946, aunque en ella se exprese de forma visiblemente más moderada que en otros integrantes, como el propio Amado Alonso o Américo Castro.
La presente comunicación se propone no solo revisar los principales aspectos reunidos por Vidal de Battini que atañen a la morfosintaxis de las variedades del español de la Argentina, sino también discutir su ideología en relación con la norma para una lengua nacional, ideología que a lo largo de las décadas ha seguido impregnando la concepción de la lengua, y particularmente de la gramática, en la enseñanza.
Libro de resúmenes del Congreso Regional de la Cátedra UNESCO en Lectura y Escritura. “Cultura escrita y políticas pedagógicas en las sociedades latinoamericanas actuales”. Los Polvorines: Biblioteca Nacional – Universidad Nacional de General Sarmiento, 2010, p. 76.
Texto 3
“No hay edición de la Gramática de la Real Academia que no pondere ‘el envidiado tesoro de voces pintorescas, felices y expresivas de la riquísima lengua española’, pero se trata de una mera jactancia, sin corroboración”, observó Jorge Luis Borges en “El idioma analítico de John Wilkins”. Más allá de la jactancia, me interesa la insistente analogía que ve al léxico del español como un tesoro y que tiene, indudablemente, resonancias mortuorias. Igual que los tesoros, los cadáveres suelen estar enterrados; así, a través de muchos siglos y muchos diccionarios, la RAE se ha dedicado pacientemente a exhumar palabras desaparecidas, décadas o siglos antes, de la boca de los hablantes. Según esa concepción, el léxico sería un inmenso cementerio que se extiende incluso más allá de la vista de la lengua (ya que luego de los límites estrictos de lo que podemos llamar español están las palabras del latín y del griego y el sánscrito en un camposanto que se vuelve potencialmente infinito). ¿Por qué esa manía mortuoria? Los léxicos muertos –supongo– tienen el atractivo del orden, de la prolijidad, igual que los cementerios. Nada se sale de su lugar allí. Los léxicos vivos, en cambio, son desordenados, cambiantes, imprevisibles, difíciles de dominar y de clasificar. En esa concepción de la lengua, el lugar de un lingüista sería el de las lloronas que, en el velorio, se lamentan de todo lo bueno que se perdió… porque, al fin de cuentas, todo tiempo pasado fue mejor.
A diferencia de esa concepción tradicional, la lingüística moderna tiene, por principio, un irrefrenable impulso vital que la aleja de los cementerios. En el interés de la gramática generativa por los aspectos creativos del lenguaje, por ejemplo, no hay, nunca, siquiera una mínima valoración normativa. Ninguna lengua, ningún dialecto, sociolecto o cronolecto es más valioso que otro desde esta perspectiva: todos encarnan igualmente bien las sorprendentes propiedades de los lenguajes humanos, propiedades que, como advierte Noam Chomsky, nos definen como especie biológica y dicen mucho sobre cómo está estructurada nuestra mente.
En este ensayo pretendo ocuparme de una porción del vocabulario del español de la Argentina que no corre absolutamente ningún peligro de quedar bajo tierra: los insultos.
Kornfeld, Laura. 2010. “Gramática y política del insulto”, en Question, Vol. 1, Nº 29, pp. 1-2.
1. ¿Podría identificar en qué ámbitos fueron producidos/publicados los textos dados?
Sí No. Señale los elementos que le permiten sustentar su respuesta.
2. ¿Cuáles son las principales diferencias temáticas, estilísticas y estructurales que encuentra entre los textos?
a. Temáticas:
b. Estilísticas:
c. Estructurales:
3. Subraye los adjetivos que aparecen en cada texto. ¿En alguno de los fragmentos dados aparecen con mayor frecuencia adjetivos que expresan una valoración o posición de quien enuncia?
Sí No. ¿En cuál?
¿A qué podría responder esta característica?
4. A partir de las respuestas anteriores, formule una hipótesis sobre los géneros discursivos en los que se podrían inscribir los fragmentos textuales leídos.
3. DE LA PANTALLA AL PAPEL
La emergencia y generalización de los dispositivos digitales transforma, ciertamente, aspectos importantes de las prácticas de lectura y escritura. En algunos casos las diferencias respecto de la lectura en papel involucran a primera vista el “soporte”: la lectura en pantalla, los e-books y otros dispositivos traen aparejadas otras formas de aproximarse y de disponerse frente a los textos. Si adoptamos una mirada material sobre las prácticas de lectura, veremos que estos dispositivos y la forma de lectura que conllevan –la lectura en pantalla y especialmente la lectura en pantallas móviles– implica una transformación más amplia que el simple “soporte”: el cuerpo cambia de posición, los ámbitos, momentos y situaciones de lectura suelen diferir, las manos se ocupan de otro modo, los tiempos de la lectura también tienen una disposición diferente. Es interesante reflexionar sobre esta cuestión porque lleva a pensar y observar qué “microprácticas” ponemos en juego en las distintas modalidades y situaciones de lectura: si tomamos nota al leer, si leemos de manera continua un mismo texto, si volvemos hacia atrás para revisar alguna parte del texto que requiere una relectura.
A los fines de nuestro manual conviene, además, que consideremos otros efectos de esta composición sociocomunicacional y tecnológica actual: la emergencia de determinados géneros discursivos surgidos del funcionamiento de los dispositivos con pantalla, en especial de los dispositivos móviles, que acompañan justamente el movimiento de las personas durante cada una de sus actividades diarias y/o que operan como medio de difusión y comunicación de figuras públicas, instituciones, organizaciones políticas, organismos. Pensemos, pues, en las formas de intervención en redes sociales como el Facebook, en las características textuales del género “tweet”, en los rasgos lingüísticos y los tipos de enunciados de los “comentarios” en línea. Estos no solo son actualmente objeto de análisis y descripciones de los especialistas, sino también material para la producción literaria. En efecto, hay novelas, relatos y cuentos que versan sobre estas formas o que están producidos a partir de chats, tweets (tuits), intervenciones en Facebook. Circula, incluso, el término “tuiteratura”, que busca explicar las prácticas literarias que trabajan con estas tecnologías.
Existen también otras dimensiones que merecen consideración. Cuando estamos frente a ciertos materiales habituales en soporte digital –diarios, sitios web, redes sociales– las relaciones entre “texto” y “otros elementos”, o entre “elementos lingüísticos” y “no lingüísticos” son en ocasiones simbióticas, no resultan siempre sencillamente delimitables y marcan de alguna manera el ritmo de la atención: en la pantalla se enlazan y aparecen frases, enunciados, textos, imágenes, “links” (enlaces hacia otra página de internet), ventanas emergentes y otro tipo de mecanismos que intervienen en los procesos de lectura, sobre los cuales vamos sucesivamente colocando nuestra mirada.
¿Pero qué acontece cuando nos aproximamos a textos que presentan un formato más “tradicional”, menos articulado por estas tramas multimodales, es decir, esos otros textos cuya dinámica de lectura no responde a las prácticas actualmente habituales de la comunicación cotidiana?
Cuando precisamos abordar esos textos más extensos, generalmente producidos de manera autónoma de las imágenes (muchos de ellos previos a la “era digital”), que forman parte de los materiales que solemos leer como bibliografía en los cursos y seminarios de formación institucional, se ponen en juego diversas cuestiones. Pueden incluso surgir dificultades, porque requieren una forma de la actividad a la que muchos no están acostumbrados: se trata de textos que precisan otro ritmo de lectura, otras dinámicas y otra relación con el tiempo. Para quienes están “naturalmente” habituados a las modalidades del lapso breve, de los tweets y sus 140 caracteres, la lectura de material bibliográfico trae un gran desafío, desafío que involucra también al cuerpo: paciencia –pues son textos que van desarrollando las cuestiones de a poco, con idas y vueltas, citas y refutaciones–, atención continua en un mismo objeto, cierta actividad pausada de las manos, que acompañan la lectura con el ejercicio del subrayado y de las anotaciones, sean estas manuscritas en los márgenes de las hojas o bajo la forma de comentarios en la lectura digital.
Aquí introducimos otro aspecto relevante de las prácticas de estudio, que aparecerá en distintos momentos de este manual: la necesidad de incorporar la práctica del subrayado y la anotación, la pregunta y la interrogación escrita del y sobre el texto con el que estamos trabajando. En este punto, si la lectura se realiza en pantalla, precisará ser acompañada por herramientas que habiliten este ejercicio: algunos dispositivos cuentan con esta posibilidad; en otros casos será necesario disponer de otra herramienta complementaria para realizar anotaciones, comentarios y preguntas. Estudiar con textos requiere, como andamiaje fundamental, la articulación integrada de procesos de lectura y escritura.
Actividad Nº 4
Lea con atención el siguiente tweet:
| UNESCO en español Verified accountþ@UNESCO_es 64 lenguas indígenas centroamericanas podrían desaparecer de aquí al año 2050 http://bit.ly/1NrkKdx #centroamérica |
1. Busque información sobre la UNESCO.
a. ¿Cuándo fue creada?
b. ¿Cuáles son sus principales objetivos? Para ello puede visitar su página web (www.unesco.org).
c. Señale toda la información que se provee en el tweet. Tome en cuenta no solo el enunciado que se publica, sino también el lugar en el que aparece, la página web y el hashtag (etiqueta precedida por el símbolo numeral #) al que se hace referencia.
2. ¿Cuál es el propósito de este tweet? ¿Con qué finalidad se publica?
3. Reflexione en torno a las ventajas y a las desventajas de las publicaciones en esta red social.
Ventajas:
Desventajas:
4. En el artículo de la página de la UNESCO al que se reenvía en el tweet se mencionan los siguientes datos:
• Se estima que para el año 2050, 64 lenguas indígenas centroamericanas que están amenazadas van a desaparecer; están en peligro 8 lenguas en Costa Rica, 4 en Belice, 2 en El Salvador, 23 en Guatemala, 8 en Honduras, 11 en Nicaragua y 8 en Panamá.
• Herramientas de software como traductores en línea, correctores gramaticales y ortográficos, así como navegadores para la utilización de las lenguas en internet se están empoderando a una gran gama de usuarios que son hablantes nativos de las lenguas dominantes.
• UNESCO crea un manual de ruta centroamericano para salvar lenguas indígenas.
• Solo 5 % de las lenguas del mundo están representadas en internet, lo que sugiere a este medio como una herramienta de transmisión intergeneracional y de documentación para las lenguas en peligro que no está siendo utilizada.
• Más del 50 % de las 6700 lenguas que se hablan hoy están en peligro de desaparecer en el año 2050. Y esto tiene efectos negativos evidentes en el desarrollo social y el empoderamiento individual.
5. A partir de estos datos adicionales, escriba un breve artículo cuyo título recupere el enunciado del tweet: “64 lenguas indígenas centroamericanas podrían desaparecer de aquí al año 2050”. El texto no debe superar las quince líneas.
Actividad Nº 5
Lea con atención la siguiente información que se publica en la página de la UNESCO:
¡Los idiomas sí que cuentan!
La UNESCO promueve la diversidad lingüística y el plurilingüismo
Los idiomas, y sus complejas consecuencias en la identidad, la comunicación, la integración social, la educación y el desarrollo, son elementos de importancia estratégica para los pueblos y el planeta Tierra.
Hay una conciencia cada vez mayor de que los idiomas desempeñan una función esencial en el desarrollo, al garantizar la diversidad cultural y el diálogo intercultural, y también en la consecución de la educación para todos y el fortalecimiento de la cooperación, la construcción de sociedades del conocimiento integradoras y la conservación del patrimonio cultural, así como en la movilización de la voluntad política para aplicar los beneficios de la ciencia y la tecnología al desarrollo sostenible.
Por lo tanto, es urgente adoptar medidas para estimular un compromiso internacional de amplio espectro con miras a la promoción del plurilingüismo y la diversidad lingüística, que comprenda la salvaguardia de las lenguas en peligro de desaparición.
Habida cuenta de que las cuestiones relativas a las lenguas son fundamentales para todos los ámbitos del mandato de la UNESCO, la Organización promueve una estrategia interdisciplinaria para el plurilingüismo y la diversidad lingüística, en la que participan todos los sectores del programa: educación, cultura, ciencias exactas y naturales, comunicación e información y ciencias sociales y humanas.
Texto recuperado de http://www.unesco.org/new/es/culture/themes/cultural-diversity/languages-and-multilingualism/
1. ¿Qué promueve la UNESCO y cuál es el motivo de este interés?
2. ¿Por qué se atribuye a las lenguas una “función esencial”?
3. Relacione la información que aquí se brinda con el tweet del ejercicio anterior.
4. Imagine que usted trabaja en el área de prensa de la UNESCO. Escriba un tweet que sintetice lo que aquí figura. Recuerde que no debe superar los 140 caracteres.
Actividad Nº 6
a. Observe detenidamente las siguientes capturas de pantallas:
| Captura 1. | |
| Captura 2. | |
| Captura 3. | |
1. Reflexione sobre el modo en que se organiza el contenido de cada una de estas capturas. Considere la disposición de los elementos lingüísticos y no lingüísticos, el tamaño de la letra y el color.
2. ¿Qué elementos lingüísticos y no lingüísticos se destacan en cada una de estas capturas? Especifique cada uno de ellos y mencione su función.
Captura 1
Lingüísticos:
No lingüísticos:
Captura 2
Lingüísticos:
No lingüísticos:
Captura 3
Lingüísticos:
No lingüísticos:
3. ¿Cuál o cuáles de los elementos mencionados en el punto anterior no podrían figurar en la versión impresa del diario?
4. Atendiendo solamente a los elementos más visibles, elabore una hipótesis respecto de qué trata el artículo.
b. Luego de realizar las actividades del punto anterior, lea el artículo completo:
Más de una lengua en el aula
Por razones históricas o por la persecución a minorías, el 40 por ciento de los chicos del mundo no puede ir a la escuela en su propio idioma. El resultado es una drástica diferencia de nivel con las mayorías.
El cuarenta por ciento de los estudiantes del mundo no recibe su educación en su propio idioma, y las consecuencias son un claro retraso en el aprendizaje y una situación de desigualdad entre pobres y ricos en muchas naciones en desarrollo. El anuncio proviene del informe sobre seguimiento de la educación en el mundo elaborado por un equipo independiente y publicado oficialmente por la Unesco, la entidad para la cultura y la educación de las Naciones Unidas. El informe se titula “Si no entendés, ¿cómo vas a aprender?”, fue presentado ayer y refuerza un tema de acceso a la lengua propia que la Unesco viene impulsando desde hace años.
Las razones de la imposición de un lenguaje que no es realmente común a todos los chicos, o a veces el cambio de un lenguaje a otro entre la primaria y secundaria, son históricas y políticas. En las Américas se impone el español sobre las lenguas nativas por el pasado colonial, mientras que en Estados Unidos la inmigración internacional deja a muchos chicos en desventaja ante un sistema escolar monolingüe en inglés. En países como Irán se usa el farsi, excluyendo otras lenguas históricas y en África se utiliza el francés o el inglés por herencia colonial y por la enorme cantidad de lenguajes que se hablan en el continente.
Pero las consecuencias de esta situación son una clara dificultad del progreso de los alumnos que no hablan la lengua en que reciben clases y crea una fuerte desigualdad ante los que sí la hablan. El informe cita el caso de Honduras, donde el 94 por ciento de los chicos de sexto grado que hablan castellano como primera lengua pudieron adquirir las habilidades de lectoescritura esperables para su edad. Pero entre los chicos indígenas, que hablan otras lenguas en su casa, este porcentaje se reduce a un preocupante 62 por ciento. En Irán, los porcentajes son del 95 por ciento de los alumnos de esa edad que hablan farsi y del 80 entre los que hablan otras lenguas. En Costa de Marfil, donde la enseñanza es en francés, la situación es todavía peor, con apenas el 55 por ciento de los chicos de quinto grado que hablan francés en casa aprobando los tests, frente a un tremendamente bajo 25 por ciento de los que hablan otras lenguas.
Muchas veces, la imposición de un lenguaje refleja relaciones políticas ajenas a la cuestión educativa. Honduras solía tener escuelas en lenguas nativas, pero cambió a un sistema únicamente en español. En Turquía, la prohibición de dar clases en kurdo se registra con un 50 por ciento de los adolescentes de esa etnia y lengua con dificultades para leer y escribir, muy por abajo del 80 por ciento de los que hablan turco. Uno de los peores casos es Pakistán, donde se enseña únicamente en urdu, pese a que apenas el 8 por ciento de la población lo habla como primera lengua.
La Unesco no se limita a señalar un problema sino que propuso varias soluciones. La primera es que todas las naciones multilingües creen un sistema en el que los primeros seis años de educación sean en la lengua local o regional, no necesariamente en la nacional. También se recomienda que los maestros sean bilingües y enseñen en respeto y valorización de la lengua y cultura minoritaria, y que los gobiernos creen materiales educativos aptos. Esto va a requerir esfuerzos importantes en países como Senegal o Mali, donde apenas el ocho y el dos por ciento de los profesores, respectivamente, dice que es capaz de enseñar en dos lenguas. Sin embargo, la Unesco señaló dos casos donde los resultados educativos de este enfoque fueron excelentes, Guatemala y Etiopía. En el primer caso, se hizo lugar a las lenguas nativas minoritarias en las escuelas, en el segundo se dispuso un federalismo lingüístico en las escuelas primarias para acomodar las grandes minorías tigriña y oromo.
La directora general de la Unesco, Irina Bokova, resumió la iniciativa como “alentar el pleno respeto hacia el uso de la lengua materna en la enseñanza”. Para la funcionaria internacional, esto no sólo mejora los resultados de lectoescritura y contenidos básicos, sino que genera una actitud de “tolerancia, la cohesión social y la paz”.
Página 12. Suplemento Sociedad, 20/2/2016.
Recuperado de www.pagina12.com.ar
1. Subraye las ideas principales del texto.
2. ¿Cuál es la problemática que se señala en el artículo?
3. ¿Cuáles son las consecuencias de imponer un idioma no materno en la educación?
4. Mencione los ejemplos que se citan en el informe de la UNESCO.
5. ¿Cuáles son las soluciones que se proponen?
Actividad Nº 7
Luego de la lectura y de la elaboración de las Actividades Nos. 4, 5 y 6 conteste las siguientes preguntas:
1. ¿Qué diferencias advierte entre los tres textos seleccionados? Tome en consideración la extensión, el lugar de aparición y los propósitos de estas publicaciones. Vincule estas diferencias con la noción de “género discursivo” trabajada.
2. ¿Qué diferencias encuentra entre la lectura de un texto en un medio digital y la lectura de un texto impreso?
4. LOS ELEMENTOS PARATEXTUALES
La noción de “paratexto” surgió antes de la emergencia de los dispositivos que permiten y generalizan la lectura en pantalla. Tomaremos, pues, de esta noción, aquellos aspectos que nos brindan recursos para aproximarnos a los textos bibliográficos.
Se suele denominar “paratexto” al conjunto de elementos que acompañan y/o dan forma al cuerpo textual. Con fines expositivos, conviene distinguir tres tipos de componentes paratextuales según su materialidad. Existen componentes paratextuales de materialidad lingüística: títulos, notas, referencias bibliográficas, índices, epígrafes, resúmenes, información biográfica sobre los autores, entre otros. Aunque no es un aspecto sobre el que este manual profundice, también hay que considerar dentro del paratexto las imágenes, los cuadros y las tablas. Por último, además de las manifestaciones verbales y de las icónicas, el paratexto incluye aspectos vinculados con la edición y el diseño significativos como indicio de lectura: cambios en la tipografía, márgenes, tamaño de la letra, y otros aspectos de la puesta en página que contribuyen a comprender la organización global e identificar las partes que componen el texto, así como sus relaciones de dependencia y subordinación.
Considerando los objetivos de este manual, el aparato paratextual puede ser pensado como un mecanismo de aproximación entre el texto y el lector; de hecho, el primer contacto con el material bibliográfico suele ser a partir de los elementos que conforman el paratexto. En este sentido, tanto los títulos como el índice, las referencias bibliográficas, los prólogos y demás componentes funcionan en alguna medida como instrucciones que orientan y acompañan la lectura: el acercamiento preliminar a algunos de estos elementos permite que cuando el lector aborde el cuerpo textual ya cuente con una hipótesis o con una idea aproximada acerca del enfoque, la temática y/o la organización del texto principal. Otros componentes paratextuales –las notas por ejemplo– funcionan como un andamiaje al cual se recurre mientras se realiza la lectura, proporcionando en gran medida conocimientos complementarios para una mejor comprensión. En particular en el caso de los libros, los prólogos y las notas pueden ser responsabilidad del autor, del editor o del traductor, especialmente cuando se trata de una edición que incluye un aparato crítico.
Así, los elementos paratextuales contribuyen de manera efectiva al desarrollo del proceso de lectura; es central para situar el texto en sus condiciones de producción, para identificar datos relevantes sobre el autor y el campo disciplinar en el cual el trabajo se inscribe y para proporcionar al lector un primer acercamiento a aquellos textos de abordaje complejo y/o cuya temática resulta, en principio, poco conocida.
Actividad Nº 8
Observe con atención el siguiente fragmento textual:
La consecuencia política inmediata de este análisis es la ruptura con la visión jacobina de la soberanía, ligada con la obsesión de que no se formen “estados dentro del estado”, según su penetrante fórmula. Si “la” sociedad es un organismo, por el contrario es a su vez un arreglo dinámico y funcional de organismos; y aquí el poder social solo podría ser difuso.
Únicamente la doctrina del organismo social, para la cual todo se hace por graduaciones, y que no admite más que lo relativo –escribe Espinas–, sabe reservar a los ciudadanos una parte de la acción que delegaron. Esta doctrina es al mismo tiempo una doctrina de gobierno; la organización no se concibe sin concentración, ni la concentración sin delegación (1).
De este modo introduce una ruptura con las concepciones republicanas precedentes de la política y de las instituciones derivadas del derecho natural. Los principios de 1789 son ciertamente para él histórica y moralmente dignos de admiración. Cumplieron una función crítica decisiva y permitieron combatir eficazmente al Antiguo Régimen, pero no descansaron en una comprensión de los hechos que les permita fundar un orden nuevo. “Los principios inmortales –concluye– no nos pueden suministrar ninguna solución acerca de los problemas de organización social más urgentes” (2).
(1) Alfred Espinas, “Les études sociologiques en France”, 3º artículo, Revue philosophique, vol. xiv, 1882, p. 515.
(2) Ibid., 2º artículo, p. 362.
Rosanvallon, Pierre. (2004) 2007. El modelo político francés. La sociedad civil contra
el jacobinismo, de 1789 hasta nuestros días. Buenos Aires: Siglo XXI, pp. 215-216.
1. Describa la puesta en página y los aspectos tipográficos.
2. ¿Qué cambios observa en la disposición de los márgenes, en la tipografía y/o en el tamaño de la letra?
3. Formule una hipótesis sobre los motivos de la disposición material observada.
Actividad Nº 9
Lea los siguientes textos, atendiendo a sus rasgos genéricos:
Texto 1
La consolidación de la radio en la Argentina fue un proceso marcado por importantes transformaciones culturales, económicas y políticas. Lejos de la primera experiencia de 1920 con los “locos de la azotea”, la radio se instaló como nuevo medio de comunicación, entretenimiento y consumo, de un modo inusitado para los parámetros de la época. Una verdadera “locura” radial invadió la vida cotidiana de la Argentina de esos años. La radio se volvió el centro de la vida hogareña. Poseer una emisora, producir un programa, armar o comprar un aparato receptor, escuchar y participar de las “fonoplateas” fueron algunas de las posibilidades que planteaba el nuevo medio. Ubicada en la red de otros medios de comunicación de la época, la radio fue un escenario cultural, informativo y político.
Este libro explora y analiza esas dimensiones, en un intento por dar cuenta de la compleja y novedosa experiencia que implicó el ingreso de la radio en la vida cotidiana de la Argentina desde los años veinte hasta el peronismo.
Texto 2
Barbara Cassin (París, 1947) es filósofa y filóloga doctorada en las universidades de Lille y la Sorbona, y actualmente es directora de investigaciones en el Centre National de la Recherche Scientifique de París. Se ha dedicado fundamentalmente a las obras de los sofistas, de Parménides y de Aristóteles, para poner de relieve la relación entre la retórica y la ontología en la textualidad antigua y, asimismo, en la perspectiva de las recuperaciones contemporáneas de la relación entre la práctica de la filosofía y el lenguaje.
Entre sus obras, cabe mencionar: Le plaisir de parler (1986), La décision du sens (con Michel Narcy, 1989), Aristote et le logos (1997), Voir Hélène en toute femme: d’Homère à Lacan (2000). También ha dirigido la edición de Positions de la sophistique (1986), Nuestros griegos y sus modernos. Estrategias contemporáneas de apropiación de la Antigüedad (1992) y el monumental Vocabulaire européen des philosophies: dictionnaire des intraduisibles (2004).
Texto 3
ÍNDICE Sobre los autores – 9 Prefacio – 11 Introducción – 13 Antecedentes de la derecha argentina David Rock 23 La derecha durante los primeros gobiernos radicales, 1916-1930 Sandra McGee Deutsch 71 De la Asociación del Trabajo a la revista Criterio: encuentros entre propietarios e ideólogos, 1919-1929 María Ester Rapalo 113 La derecha durante la Década Infame, 1930-1943 Ronald H. Dolkart 151 La derecha argentina y las prácticas antisemitas, 1930-1943 Daniel Lvovich 201 La derecha y los peronistas, 1943-1955 Richard J. Walter 247 La derecha y los gobiernos civiles, 1955-1976 Leonardo Senkman 275 La derecha y los gobiernos militares, 1955-1983 Paul Lewis 321 Conclusión – 371 Índice de nombres – 385
1. Relea atentamente la contratapa transcripta como Texto 1 y formule un título para el volumen al que refiere.
2. El Texto 1 fue extraído de la contratapa de un libro de Andrea Matallana. Tomando como modelo el Texto 2, invente una breve biografía de la autora, suponiendo que será incorporada en la solapa del libro. Puede buscar datos sobre ella o bien utilizar datos ficticios.
3. El Texto 3 es el índice del libro La derecha argentina. Nacionalistas, neoliberales, militares y clericales, publicado en Buenos Aires por editorial Vergara en 2001. A partir del título del libro y el de cada capítulo que compone el volumen, redacte un texto que pueda operar como contratapa de la publicación.
5. ADECUACIÓN Y CORRECCIÓN
Hemos destacado al comienzo del capítulo la naturaleza procesual de la escritura académica. Señalamos, asimismo, el carácter de práctica de esta actividad, en tanto constituye un saber –y un saber hacer– vinculado con un ejercicio, condicionado por el marco institucional en el que se desarrolla y con el cual el estudiante podrá ir familiarizándose a medida que incorpore nuevos hábitos, costumbres y mecanismos que sustenten la producción de textos escritos.
En términos generales, los factores y condiciones a los cuales la escritura deberá atender para el desarrollo de las actividades académicas pueden ser concebidos como un continuum que presenta dos polos: los criterios de adecuación y los criterios de corrección.
En el primer caso, se trata de aspectos vinculados con la adecuación genérica específica, con los rasgos propios de los diversos textos según los ámbitos en los que se producen y circulan. Esto incluye un componente central del estilo, que veremos con mayor detenimiento en el capítulo siguiente: el registro. Por su parte, los criterios de corrección remiten a aquellos aspectos que regulan dimensiones de la escritura independientemente del género discursivo. Un ejemplo paradigmático de ello son los modos estándares de presentación de los textos, las normas de ortografía y el uso de los signos de puntuación. En este plano, la corrección dependerá también de la actualización y del acceso sistemático a la información sobre los cambios que se llevan a cabo y se formalizan desde las instituciones normativas –nos referimos, en particular, a los cambios ortográficos–. Asimismo, los criterios de corrección alcanzan aspectos gramaticales, como la concordancia (entre el sujeto y el verbo conjugado, entre un pronombre y su referente) y otras cuestiones de índole morfosintáctica.
Las condiciones que afectan la organización y la articulación de los textos –relación entre los párrafos, uso de marcadores y conectores, relaciones de sentido entre las palabras y frases, funcionamiento textual de los pronombres, el mantenimiento del hilo temático global– presentan, de alguna manera, rasgos vinculados con ambos polos. Resulta, pues, importante distinguir, entre las cuestiones enumeradas, dos dimensiones que participan de la configuración de los textos: la cohesión y la coherencia. La cohesión es el conjunto de las relaciones que se entablan entre elementos de un mismo texto en el nivel léxico-gramatical. Son estas relaciones las que hacen de una serie de oraciones un texto integrado, una unidad textual. Las relaciones cohesivas son, entonces, aquellas que ligan las oraciones de un texto entre sí a través de la reiteración de palabras, del uso de expresiones diferentes que tienen en el texto un mismo referente, de pronombres que remiten a un elemento de una oración anterior o posterior, de conectores y marcadores que vinculan y organizan los párrafos. Si en una oración aparece el nombre propio Ferdinand de Saussure y en la siguiente aparece este autor, se entabla allí una relación de cohesión a partir de las dos expresiones utilizadas, que comparten el referente. La coherencia se vincula, en cambio, no con los mecanismos léxico-gramaticales que dan unidad al texto sino con la continuidad temática. Se trata de un aspecto sobre el cual en ocasiones juega la escritura literaria, generando efectos de lectura. En el caso de los textos académicos, es importante que el estudiante tenga en cuenta, de manera reflexiva, cuál es el eje central que organiza el despliegue temático y, si hay subtemas, cómo conducir una organización global que resulte clara para el lector y que responda efectivamente a los objetivos fijados. En los géneros académicos la claridad y la continuidad son, entonces, los valores que priman a la hora de revisar un texto desde el punto de vista de la coherencia temática.
La cohesividad y coherencia son aspectos sobre los cuales es preciso reflexionar y que deben revisarse de acuerdo a un criterio de corrección. No obstante, a diferencia de las normas ortográficas, las cuestiones de organización y articulación textual pueden –y suelen– regirse también por criterios de adecuación genérica. Dicho de otro modo, al igual que en el caso de la coherencia, las formas específicas que adquiere la cohesión –por ejemplo, el uso de determinados conectores o el grado de reiteración de ciertos elementos léxicos– dependen del género discursivo.
Esto último resulta especialmente relevante cuando se solicitan prácticas de escritura no ejercitadas hasta el momento. En particular, es fundamental tener en cuenta que aquellas expresiones que resultan plausibles en ciertas condiciones enunciativas (en una conversación cotidiana, por caso, o en instituciones de educación media) pueden resultar inadecuadas en otras. Se trata, entonces, de considerar un criterio de adecuación genérica, aunque la distinción entre adecuación y corrección en el nivel del léxico –esto es, de las palabras y unidades del vocabulario de la lengua– es ciertamente compleja. Determinar si una palabra es correcta depende en muchos casos no solo del registro y/o del estilo sino de la variedad dialectal que opere como referencia. Para el español, en efecto, existen diferencias recurrentes entre las distintas variedades regionales, así como diccionarios –entre ellos, el Diccionario de la Real Academia Española y el Diccionario integral del español de la Argentina– que dan cuenta de las distintas variedades.
Esta presentación de los dos polos –adecuación y corrección– pretende funcionar como guía para una actividad importante en la producción de textos escritos, que suele ser poco considerada: las instancias de revisión y autocorrección. Como explicaremos con mayor detenimiento al final del manual, se trata de una labor que debe ser paulatinamente incorporada al proceso de escritura. Y no se trata de una labor sencilla. La adecuación estilística –y/o de registro– constituye un proceso gradual, que requiere de una reflexión sistemática sobre el lenguaje y sus variaciones. En cuanto a los criterios de corrección, el estudiante debe regirse por pautas que se suponen ya incorporadas, esto es, que suelen corregirse o señalarse en las distintas disciplinas pero que no forman parte de los contenidos que se enseñan en las materias. Es preciso, por consiguiente, que conozca cuáles son los elementos a los cuales convendría prestar especial atención al momento de revisar y autocorregir el propio escrito.
Actividad Nº 10
Revise atentamente los siguientes textos. El Texto 1 fue extraído de apuntes de clase realizados por un estudiante. El Texto 2, en cambio, es un fragmento de un parcial presencial:
Texto 1
Saussure: la lengua es un sist. de signos.
• Los signos estan conformados por 2 partes complementarias, dos caras de una misma moneda: significado (sgdo) y significante (ste). Sgdo = concepto, aspectos conceptuales, psiquico. Ste = imagen acustica, aspectos materiales del signo, huella psiquica de la forma material a la cual se asocia el sgdo.
• Tanto el sgdo como el ste pueden variar a lo largo del tpo (diacronia), pero no en un momento determinado (sincronia). Variables diacronicamente, invariables sincronicamente, porque no varian de individuo a individuo en un momento determinado.
• El sist. ling. siempre es concebido desde un pto de vista sincronico.
Texto 2
Segun Ferdinand de Saussure, la lengua puede ser definida como un sist de signos. Cada signo es una unidad psiquica conformada por 2 planos, un sgdo y un ste, que son dos caras de una misma moneda. El sgdo remite a los aspectos conceptuales del signo, mientras que el ste es la imagen acustica, la huella psiquica de la forma material a la cual se asocia el sgdo. En cuanto a la variacion del signo, este puede variar tanto en su dimension conceptual como en su dimens. material pero solo desde un pto de vista diacronico, es decir, si se considera la variación del signo a lo largo del tpo. Si, en cambio, se observa el funcionamiento del signo en un momento dado de la hist. de la lengua, es decir, sincrónicamente, el signo no varia, es invariable, puesto que todo individuo asocia el mismo sgdo al mismo ste.
1. Analice los textos en términos de criterios de adecuación: ¿son adecuados a los géneros discursivos a los cuales responden/buscan responder? Especifique en qué aspectos los textos resultan adecuados/inadecuados.
2. Analice los textos en términos de criterios de corrección: ¿son correctos los textos? Especifique en qué aspectos los textos resultan correctos/incorrectos.
3. Reescriba el Texto 2 atendiendo a los criterios de adecuación y de corrección necesarios.
6. PAUTAS DE AUTOCORRECCIÓN: REVISIÓN DEL USO DE LA TILDE
Uno de los aspectos normativos a los cuales es preciso atender en una etapa de autocorrección es la ortografía: es importante, antes de entregar el texto, realizar una última revisión del escrito –suele ser necesaria más de una revisión– que se oriente exclusivamente a (auto)corregir errores de ortografía. Se trata, así, de una lectura que ya no observa cuestiones “de contenido” del texto producido, sino que apunta a detenerse en esta dimensión normativa. En el caso específico de las tildes, las prácticas sistemáticas de revisión permitirán que los estudiantes las vayan incorporando al texto escrito con mayor naturalidad a medida que su relación con la escritura académica se vuelva más próxima y fluida.
Actividad Nº 11
Revise y corrija el siguiente texto de acuerdo a las normas vigentes para el uso de tildes:
M. Bajtin, desde una perspectiva semiotico-social, ha realizado uno de los mayores aportes al estudio de la tematica al introducir el concepto de genero discursivo en tanto conjunto de enunciados relativamente estable ligado a una esfera social determinada. Resulta relevante enunciar, entonces, cuales son sus principales aportes en este sentido. Su concepcion del lenguaje como objeto ideologico-social, la inclusion y preocupacion por el contexto y el campo de lo implicito en los intercambios discursivos ya en las primeras decadas de este siglo, lo han convertido en un pionero indiscutible de los estudios textuales.
En realidad, la lingüistica aborda en forma relativamente reciente la problematica de la tipologizacion de textos debido a las tendencias o corrientes dominantes en la disciplina. Si bien los estudios filologicos datan de por lo menos el siglo vii antes de Cristo, la lingüistica se constituye como disciplina a comienzos de este siglo, especialmente a partir de la obra de Ferdinand de Saussure, el padre del estructuralismo, quien delimita el objeto de esta ciencia estableciendo (entre otras) una dicotomia que marco por muchos años su evolucion y desarrollo: lengua y habla. Objeto primordial de la nueva disciplina debia ser la lengua, el sistema convencional de signos relacionados entre si, patrimonio social de una comunidad, base de la comunicacion por medio del lenguaje. Decadas mas tarde una corriente tal vez tan influyente como el estructuralismo pero sin trascender en igual medida a las otras ciencias, el transformacionalismo de Noam Chomsky, establecio una nueva dicotomia, competencia y actuacion, y continuo la tradicion linguistica de limitarse al primer miembro de la dicotomia y desechar al segundo. Asi, la linguistica por muchos años se dedico al estudio del sistema (o competencia), postergando decididamente el habla (o actuacion). Por otro lado, en general, la oracion fue concebida por las corrientes mencionadas como el contexto maximo de analisis. La reduccion de la investigacion a los aspectos sistematicos del lenguaje y la centralizacion del interes en los fenomenos oracionales explican la preocupacion tardia de la linguistica por establecer tipologias de textos.
Adaptado de Ciapuscio, Guiomar Elena. 1994. Tipos textuales.
Buenos Aires: Instituto de Lingüística. Facultad de Filosofía y Letras. Universidad
de Buenos Aires: Cátedra de Semiología. Oficina de Publicaciones. Ciclo Básico Común.
Lectura optativa
En español, se utilizan tres criterios para la colocación de tildes:
a. reglas generales;
b. tilde diacrítica;
c. tilde en palabras con hiato.
a. Las reglas generales se desprenden de la clasificación de la palabra según su acentuación –esto es, según cuál sea su sílaba tónica–:
• las palabras agudas llevan tilde cuando terminan en N, S o vocal;
• las palabras graves llevan tilde cuando no terminan en N, S o vocal;
• las palabras esdrújulas llevan tilde en todos los casos.
b. La tilde diacrítica es aquella que se utiliza para distinguir dos palabras con una misma grafía. Se coloca en los pronombres interrogativos y exclamativos, con el fin de evitar confusiones respecto de otro tipo de pronombres, como los relativos. Los pronombres interrogativos y exclamativos, por lo tanto, siempre llevan tilde, se trate de interrogaciones/exclamaciones directas o indirectas, como en el siguiente caso: Los investigadores aún se preguntan dónde, cómo y por qué se produjo tal recambio en la fauna oceánica.
En el caso de los monosílabos, llevan tilde diacrítica solo si existe otra palabra con la misma forma material. Los más frecuentes son los siguientes:
| tú | Pronombre personal: tú eres | tu | Adjetivo posesivo: tu auto |
| él | Pronombre personal: él hace | el | Artículo: el libro |
| mí | Pronombre personal: para mí | mi | Adjetivo posesivo: mi agenda |
| sé | Forma conjugada del verbo “saber”: yo sé | se | Forma pronominal: se lo comentaron; se llama Juan |
| dé | Forma conjugada del verbo “dar”: dé lo mejor que pueda | de | Preposición: el texto de Saer |
| más | Adverbio de cantidad: más intenso | mas | Conector concesivo: busca mas no encuentra |
| té | Sustantivo que significa “infusión”: té de tilo | te | Pronombre personal: te lo dije |
| sí | Adverbio de afirmación: sí, lo vi | si | Conjunción condicional: si lo vieras |
Existen otros casos de tilde diacrítica, como aquella que se coloca en el adverbio aún, palabra que, cuando lleva tilde, significa “todavía”.
c. El hiato es la presencia, en la misma palabra, de dos vocales seguidas que pertenecen a sílabas diferentes. Se coloca tilde sobre la vocal cerrada del hiato (i, u) cuando esta es tónica y la vocal abierta (a, e, o) que la precede o la sigue es átona: melodía, río, dúo, grúa, raíz, entre otras.
NOTA
1 Laura Kornfeld es investigadora en Lingüística y profesora universitaria. Dirige proyectos de investigación en la UBA, la Universidad Nacional de General Sarmiento y el CONICET.
CAPÍTULO 2
El enunciador y el enunciatario
1. LOS CONCEPTOS DE ENUNCIADOR Y DE ENUNCIATARIO
Como señalamos en el capítulo anterior, el discurso académico tiene características propias, que lo singularizan de otros discursos (el discurso periodístico, el discurso político, el discurso escolar, el discurso publicitario, por ejemplo). Uno de estos rasgos distintivos y particulares está relacionado con la construcción de un enunciador y de un enunciatario “académicos”.
En primer lugar, aclaremos qué significado le otorga la lingüística a los conceptos de enunciador y de enunciatario. Al emplear el lenguaje, el sujeto siempre elabora una imagen de sí mismo en lo que dice, es decir, en su enunciado. Proyecta sobre su discurso una imagen de sí que no necesariamente se corresponde con la persona que emite el mensaje. Veamos un ejemplo: un estudiante escribe un trabajo práctico para entregar en una materia, luego le manda un e-mail a un amigo y, finalmente, pide telefónicamente un turno con un doctor. En cada una de estas acciones, este joven cumple distintos roles y construye necesariamente diferentes enunciadores. Estos enunciadores no se desprenden de las características de personalidad de la persona, sino de los enunciados efectivamente realizados, que varían de acuerdo a la situación de comunicación en la que fueron elaborados y del género discursivo utilizado. En otras palabras, el enunciador es el sujeto configurado en el texto (ya sea oral o escrito) y no la persona que lo ha pronunciado.
El enunciador, por tanto, puede adquirir diversos y numerosos atributos. Puede ser más formal o más informal, puede involucrarse subjetivamente o generar un efecto de mayor objetividad, puede ser más o menos técnico, más o menos especializado. De esta forma, puede reunir diferentes propiedades que se encontrarán implícitas en las palabras enunciadas. En el ejemplo anterior, podríamos suponer que al pedir un turno con el médico el estudiante proyectará un enunciador formal, cortés y distante; en cambio, en el e-mail a su amigo se presentará de manera informal y cercana. Por otra parte, en el trabajo práctico elaborará un enunciador formal, técnico y especializado, acorde a los parámetros académicos. Estos rasgos pueden deducirse del discurso, ya que el sujeto deja huellas de su presencia en el acto de enunciar. Entre estas marcas, podemos mencionar el vocabulario, el tono, los modos de formulación de las oraciones, los pronombres personales y posesivos que se seleccionan.
Por otro lado, en el otro polo de la enunciación, encontramos el enunciatario. Al igual que el enunciador, el enunciatario no es equivalente al receptor del mensaje o interlocutor, sino que se elabora al interior del enunciado mismo. De esta manera, el enunciador y el enunciatario son dos papeles que se constituyen de manera recíproca y complementaria en el texto, es decir, no provienen del exterior del discurso. El hablante puede configurar diferentes tipos de enunciatarios: más o menos informado, más o menos especializado, desconocedor del tema que se aborda, familiar, autoritario. El enunciatario que se elabora puede coincidir o no con el receptor del mensaje. Por ejemplo, si en un acto de confusión el joven se equivoca y manda el e-mail a un profesor, el enunciatario que allí aparece (familiar, cercano) no responde al lector real del e-mail enviado. De la misma forma que el enunciador, el enunciatario se encuentra conformado por el vocabulario, los modos de formulación de las oraciones, el tono y los pronombres personales y posesivos, entre otros.
Las construcciones del enunciador y del enunciatario no son siempre conscientes, la mayoría de las veces no lo son. Se relacionan no solo con el género discursivo empleado, sino también con la posición social, ideológica, cultural, histórica en la que se ubica el sujeto. Un buen lector y un buen escritor pueden identificar y reconocer el enunciador y el enunciatario de un texto. Este acto le sirve al lector como estrategia de lectura, mientras que al escritor le permite comunicar con mayor efectividad su mensaje.
Actividad Nº 12
Lea los siguientes textos:
Texto 1
Tú olerás, en el fondo de tu dolor, ese incienso que no acaba de disiparse y sabrás, detrás de tus ojos cerrados, que las ventanas han sido cerradas también, que ya no respiras el aire fresco de la tarde: solo el tufo del incienso, el rastro del sacerdote que pasará a darte la absolución, un oficio extremo que tú no pedirás, que aceptarás, sin embargo, para no gratificarlos con tu rebeldía de última hora: querrás que todo suceda sin que tú le debas nada a nadie y querrás recordarte en una vida que a nadie le deberá nada.
Fuentes, Carlos. (1962) 1993. La muerte de Artemio Cruz.
Santiago de Chile: Fondo de Cultura Económica, p. 126.
Texto 2
De sus años de infancia en el seno de una familia normal y conformista, Jacques conservó un recuerdo aterrador. Educado en un clima de religiosidad asfixiante y de perpetuos conflictos domésticos, no paraba también él de pelearse con su abuelo al que despreciaba y del que hará públicamente un retrato de una violencia inaudita, un año después de la muerte de su padre.
Roudinesco, Elisabeth. (1993) 2005. Lacan. Esbozo de una vida, historia
de un sistema de pensamiento. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, p. 26.
Texto 3
Esta contribución busca rendir homenaje a Jean-François Halté, continuando el debate científico que se inició respecto a la oralidad y su enseñanza, luego de la publicación de su obra La didáctica del francés (1992). Al retomar las proposiciones de Halté (1993) referidas a la oralidad –que él llama la “serpiente de mar”–, nos referiremos principalmente al artículo “Integrar la oralidad: por una didáctica de la actividad lingüística” (Halté, 2005) y discutiremos tres temas desarrollados en sus textos:
• la oralidad como objeto de enseñanza: ¿puede enseñarse la oralidad? Si es así, ¿qué oralidad enseñar?, ¿cómo hacer de lo oral un objeto enseñable?
• la integración de las relaciones oralidad / escritura en la enseñanza: ¿cómo enfrentar la continuidad entre la oralidad y la escritura?
• las dimensiones didácticas y pedagógicas ligadas a la enseñanza-aprendizaje de la oralidad: ¿cómo articular la oralidad objeto a enseñar con la oralidad como herramienta de aprendizaje de los pedagogos?
Dolz, Joaquín; Gagnon, Roxana. 2010. “El género textual, una herramienta didáctica para desarrollar el lenguaje oral y escrito”, en Lenguaje, Vol. 38, Nº 2, Santiago de Cali, diciembre de 2010, p. 497.
Texto 4
MORFEO. Morfeo es uno de los mil hijos del Sueño (Hipno). Su nombre (derivado de la palabra griega que significa “forma”) indica su función: está encargado de adoptar la forma de seres humanos y mostrarse a las personas dormidas, en sueños.
Grimal, Pierre. (1979) 2004. Diccionario de mitología griega y romana.
Buenos Aires: Paidós, p. 366.
1. Señale el género discursivo al que pertenece cada uno de estos textos.
Texto 1:
Texto 2:
Texto 3:
Texto 4:
2. a. Caracterice las figuras del enunciador y del enunciatario construidas en cada texto.
b. ¿Qué elementos le permitieron establecer estas caracterizaciones?
3. ¿Qué relación existe entre estos géneros y los enunciadores y enunciatarios configurados?
4. ¿Cuál o cuáles textos pueden inscribirse dentro del discurso académico? ¿Por qué?
Actividad Nº 13
Tomando en cuenta este manual, describa las imágenes del enunciador y del enunciatario que aquí se realizan.
2. LAS MARCAS DE SUBJETIVIDAD
Antes de adentrarnos a los modos en que se configuran el enunciador y el enunciatario en el discurso académico, es necesario reflexionar, como primer paso, sobre los lugares en los que la subjetividad se inscribe, sea mediante el uso de deícticos o mediante la manifestación en el texto de una valoración, un punto de vista, una consideración afectiva. Ya hemos comentado que el sujeto deja rastros de su presencia en aquello que dice. Los deícticos, los subjetivemas y las modalidades son algunas de las marcas en las que se pone en juego la subjetividad de quien enuncia. En tal sentido, es importante que el escritor pueda administrarlas y emplearlas de manera adecuada. Veamos brevemente cada una de ellas.
Los deícticos
En primer lugar, los deícticos son elementos del lenguaje que relacionan los enunciados con la situación de enunciación. Mientras que el enunciado es lo efectivamente dicho, la enunciación se define como la puesta en funcionamiento de la lengua por un acto individual de apropiación. Ilustremos esta diferencia con un breve ejemplo. Si alguien encuentra un papel en el suelo en el que se lee “Te espero allá mañana a las siete”, solo puede conocer el enunciado pero no la enunciación. Por este motivo, no podría responder las siguientes preguntas que remiten a las circunstancias en las que ese papel fue escrito: ¿quién lo escribe?, ¿para quién es?, ¿dónde lo/la espera?, ¿a qué día se refiere?, ¿cuándo lo escribió? Los deícticos son, entonces, marcas lingüísticas del enunciado que señalan aspectos del acto de enunciación. En el ejemplo mencionado, los términos como “te”, “allá” y “mañana” y la desinencia verbal que remite al tiempo presente solo pueden comprenderse en función de una situación enunciativa específica.
La deixis se organiza a través de las categorías de persona, espacio y tiempo. Los deícticos de persona engloban los pronombres personales y posesivos de primera y segunda persona, las desinencias verbales que reenvían a la primera y a la segunda persona, y los apelativos. Por su parte, los deícticos de espacio están constituidos por adverbios –cerca, lejos, ahí, aquí, allí– o pronombres demostrativos –este, ese, aquel–. Finalmente, los deícticos de tiempo están conformados por las desinencias temporales de los verbos y por adverbios de tiempo o expresiones temporales –en este momento, hoy, ahora, la semana pasada–.
Los subjetivemas
En segundo lugar, los subjetivemas son unidades léxicas que presentan una carga de subjetividad. Es importante aclarar que, de cierto modo, todas las unidades léxicas de la lengua tienen esta posibilidad. No obstante, la utilización de algunas de ellas conlleva efectos de mayor o menor objetividad de acuerdo a las circunstancias de uso. En este sentido, el eje objetivo-subjetivo debe entenderse como un eje gradual, relativo al contexto y no dicotómico. Unidades como “profesor”, “tuerca” o “juguete” tienden hacia el polo objetivo, mientras que “genial”, “aburrido” o “interesante” se acercan hacia el polo subjetivo. Por otra parte, en el conjunto de subjetivemas podemos distinguir aquellos que involucran rasgos afectivos y aquellos otros que implican rasgos evaluativos. “Tristeza”, “amor”, “divertido”, “alegre” manifiestan afectividad; en cambio, “belleza”, “correcto”, “apropiado”, “lejano” expresan evaluación.
La modalidad
Por último, la modalidad refiere a la relación que el enunciador establece con el enunciatario, con su propio enunciado y con el mensaje. El primer caso, denominado modalidades de la enunciación, se clasifica en: asertiva (mediante la que el enunciador afirma o niega un enunciado), interrogativa (por la que el enunciador intenta obtener una respuesta o realiza una afirmación a través de una pregunta retórica), exclamativa (a través de la que se expresa sorpresa, perplejidad, asombro) e imperativa (por medio de la que se formula una orden). Esta modalidad también incluye adverbios que tienen la propiedad de calificar la enunciación en la que aparecen: “Sinceramente, ese color te queda perfecto”, “Francamente, este tema me aburre”. El segundo caso, las modalidades del enunciado, caracteriza la actitud del enunciador con respecto a aquello que dice. Dentro de este tipo de modalidad, podemos ubicar el modo verbal (indicativo, subjuntivo, imperativo) y los adverbios modales (“probablemente”, “sin duda”, “quizás”). También, dentro de este tipo de modalidad, se advierte la modalidad lógica, que está basada en criterios lógicos: lo necesario/lo contingente, lo seguro/lo dudoso, lo obligatorio/lo facultativo. El tercer caso, las modalidades del mensaje, está en relación con la distribución de la información del enunciado y la posición que los componentes ocupan dentro de la frase. No es lo mismo afirmar “el presidente fue elegido por la gran mayoría de los votantes” que “la gran mayoría de los votantes eligió al presidente”. El énfasis otorgado a “el presidente” y a “los votantes” varía en ambas frases de acuerdo al lugar en que estas construcciones se ubican.
Actividad Nº 14
Lea los siguientes textos:
Texto 1
Desde su actividad refleja y, con mayor razón, desde la formación de sus primeros hábitos, el lactante se muestra capaz de realizar dos operaciones que tienen que ver con la elaboración de las series temporales. En primer lugar, sabe coordinar sus movimientos en el tiempo y ejecutar así algunos actos antes que otros en un orden regular. Por ejemplo, sabe abrir la boca y buscar el contacto, antes de succionar; sabe dirigir su mano hacia la boca y también dirigir la boca hacia el pulgar antes de introducirse éste entre los labios, etc.
Piaget, Jean. (1977) 1998. La construcción de lo real en el niño.
México D.F.: Grijalbo, p. 295.
Texto 2
Rodeando la cuna del bebé, la familia opina sobre sus parecidos y sus gracias: “Es igualito a la madre cuando tenía seis meses… los mismos ojos”, dice ufana la abuela materna, mientras una tía festeja muy entusiasmada el rítmico golpeteo del sonajero contra la baranda de la cuna “¡Cómo juega!…”. (…)
Seguramente no pensaron ustedes –o sí lo pensaron–, que desde el primer día del nacimiento comienza a desarrollarse la inteligencia en ese ser que tan sólo parece disfrutar de vida animal o al menos elemental y primaria. ¿Nunca se preguntaron ustedes cómo aprende a pensar el niño?… Pues a través de sus primeros movimientos. Para recordarlo vamos a usar la descripción que hace Piaget sobre el desarrollo del pensamiento lógico (…).
Giberti, Eva. (1961) 1968. Escuela para padres. Vol. II.
Buenos Aires: Esece editora, p. 9.
1. Señale los géneros a los que pertenecen ambos fragmentos. Tome en cuenta que Jean Piaget (1896-1980) fue un psicólogo suizo que realizó importantes estudios sobre la infancia y que Eva Giberti (1929) es una psicóloga argentina que fundó un movimiento en el que, entre otras tareas, difundió temas de psicología infantil para aquellos padres interesados en reflexionar sobre la maternidad y la paternidad.
2. Marque y transcriba, si los hubiere, los deícticos que aparecen. Ubique cuáles son sus referentes.
3. Si los hubiere, identifique los subjetivemas en ambos textos y transcríbalos.
4. ¿Cuáles son las modalidades de la enunciación que se emplean? ¿Cuáles son las modalidades del enunciado? Justifique el empleo de estas modalidades, considerando el género al que pertenecen.
5. A partir de rastrear las marcas de subjetividad en estos fragmentos, establezca, si las hubiere, diferencias entre ellos. ¿Podría pensarse que uno de los fragmentos es más “objetivo” que otro? ¿Por qué? Relacione su respuesta con el género discursivo.
Sí No
3. LA CONSTRUCCIÓN DE LA IDENTIDAD AUTORIAL
Luego de desarrollar sucintamente algunas de las marcas de subjetividad que pueden presentarse en los discursos, introduciremos los modos en los que frecuentemente se elabora un enunciador académico.
Los trabajos que han analizado las huellas de la identidad autorial en diferentes escritos académicos afirman que el escritor (estudiante/profesional) evidencia a través de sus palabras su propia competencia en la materia que aborda. La representación sobre sí mismo que el sujeto vuelca en el escrito está en función de crear una imagen de autoridad y credibilidad frente a los lectores. De esta forma, se contribuye a lograr una mayor eficacia en la comunicación, que dependerá de la habilidad del autor de reflejar en el texto la imagen de un enunciador “real”, creíble y sólido en el conocimiento de las normas de la disciplina en la que se enmarca. Es por ello que la construcción de un enunciador académico que reúna estas características sirve a la producción de un discurso persuasivo. El sujeto que enuncia se adjudica la autoría de sus argumentos, la toma de decisiones vinculadas al proceso de investigación y su posición en relación con los temas investigados. Inclusive, su intervención permite demarcar y destacar su propio trabajo respecto de investigaciones o trabajos anteriores. En este sentido, es muy preciso en el uso de la terminología, en la definición de conceptos, en la fundamentación de sus argumentos. También es fiel a las fuentes que cita, emplea con corrección las normas gramaticales y ortográficas, demuestra que es competente en el tema que se aborda.
Ya hemos afirmado que el enunciador se presenta a partir de ciertas marcas que se observan en el texto. En el caso del discurso académico, en particular, en los trabajos o parciales que escriben los estudiantes, una de estas marcas es el uso de estrategias de despersonalización, mediante las que se aspira a elaborar un discurso aparentemente “neutro” y “objetivo”, y también, en menor medida, de la primera persona del plural. El empleo del deíctico “yo”, de la primera persona del singular, queda relegado a casos excepcionales.
Veamos algunas de las estrategias de despersonalización a través de las cuales los estudiantes se presentan por fuera de la escena enunciativa:
1. Las nominalizaciones:
• La revisión de la historia de la infancia sugiere que el niño tal como hoy se lo conoce resulta una construcción reciente.
2. Las construcciones pasivas desagentivadas y las construcciones impersonales:
• A partir del recorrido por los distintos autores, se pretende demostrar la hipótesis presentada.
3. Los verbos con sujetos inanimados:
• Este trabajo tiene el propósito de realizar un análisis crítico de los desarrollos teóricos elaborados por Saussure en torno al signo lingüístico.
4. Las formas verbales no personales –participios, infinitivos, gerundios–:
• Los textos del autor analizado plantean diversas contradicciones.
5. Los giros impersonales con infinitivo:
• Es posible afirmar que la globalización trae tantos beneficios como perjuicios sociales.
Este procedimiento, relacionado con el punto 4, implica el uso del infinitivo integrando una construcción que permite evitar el uso de la primera persona: cabe+infinitivo; es +adjetivo+infinitivo; hay que +infinitivo.
Estas estrategias de despersonalización y el “nosotros académico” aparecen en los textos cumpliendo diversos roles. Pueden contribuir, en primer lugar, a la organización y a la estructuración del escrito:
• En este trabajo, partiremos de la noción de globalización y, luego, discutiremos con los autores seleccionados.
Pueden, en segundo lugar, conducir la lectura. En este sentido, el enunciador no propone ni produce nueva información, ni tampoco analiza ni evalúa datos o trabajos de otros autores. Por el contrario, este rol le permite al sujeto aclarar, precisar, resaltar cierta información, desplegar –en algunos casos, con cierto tono didáctico– el contenido desarrollado. El objetivo último es el de asegurar la comprensión:
• Veamos algunos usos que se les ha dado a estos términos.
• A modo de ejemplo, cabe mencionar el siguiente caso.
Asimismo, estas estrategias y la primera persona del plural pueden aparecer para dar cuenta de una investigación. En los estudios superiores, este rol es frecuente en las monografías:
• El propósito de esta monografía es analizar el sujeto de la enunciación en “Casa tomada”, de Julio Cortázar.
• La pregunta que nos formulamos fue la siguiente: ¿es posible detectar casos precoces?
Por otra parte, el enunciador se presenta para evaluar o producir conocimientos. Dentro de este rol, el sujeto se perfila como evaluador de saberes previos o generador de nuevos conocimientos. De esta forma, adopta una postura analítica y reflexiva, fijando, en muchos casos, su posición:
• Consideramos que el psicoanálisis no es una disciplina científica.
• Es posible sostener que el neoliberalismo fue defendido ampliamente por los sectores financieros.
Por último, nos podemos referir al rol de representante. En este rol, el enunciador se incluye dentro de una comunidad mayor (por ejemplo, una comunidad científica, un país, los seres humanos en general):
• En nuestro país, desde hace más de 30 años, la Dra. Lydia Coriat dirige un equipo interdisciplinario.
Actividad Nº 15
Lea atentamente el siguiente texto:
[Introducción] A fines de 1952 el Congreso Nacional de nuestro país, impulsado por un proyecto del Poder Ejecutivo, promulgó a rango de ley el Segundo Plan Quinquenal de la Nación. Se trató de un plan de gobierno confeccionado para el segundo mandato presidencial de Juan D. Perón –que quedó trunco por el golpe de Estado de septiembre de 1955–. El texto del Segundo Plan Quinquenal devino de inmediato materia de estudio en la escuela secundaria y en los profesorados nacionales. Además, tuvo una enorme difusión en la sociedad civil a través de los medios masivos de comunicación y mediante un conjunto de materiales que producían, reproducían y formulaban el texto legal, entre los cuales se destacó el Manual Práctico del 2º Plan Quinquenal (en adelante, Manual Práctico), un libro de formato popular, editado y difundido por la Subsecretaría de Informaciones de la Presidencia de la Nación.
El propósito de este trabajo es analizar algunos procedimientos de reformulación con los cuales el Manual Práctico retoma y glosa el enunciado que expresa el objetivo idiomático del Segundo Plan Quinquenal. Puesto que se estudian principalmente los aspectos diferenciales entre el texto fuente y el texto meta (Fuchs 1994), se trata de un análisis contrastivo que opera entre los desajustes, las omisiones, las expansiones, las transformaciones específicas realizadas en el proceso de adaptación de la norma legal al texto de divulgación. El análisis se organiza en dos instancias, que funcionan como dos niveles o dimensiones analíticas. (…)
[Conclusión] Cabe destacar que, a lo largo del trabajo, hemos podido reconocer en los fragmentos seleccionados del Manual Práctico del 2º Plan Quinquenal los componentes y dimensiones característicos de los textos de divulgación.
El análisis pone de manifiesto una tensión entre los componentes didáctico y persuasivo, por un lado, y los mecanismos de legitimación del texto de divulgación en las fuentes, por el otro.
Adaptado de Glozman, Mara. 2008. “Divulgación política y reformulación
de textos legales: el Manual Práctico del 2º Plan Quinquenal (1953)”, en Rasal.
Revista de la Sociedad Argentina de Lingüística, Nº 1/2, 2008, pp. 67-78.
1. Subraye las estrategias de despersonalización y los deícticos de persona que aparecen.
2. Transcriba un ejemplo de cada uno de los roles desarrollados arriba.
3. ¿Cómo caracterizaría el enunciador de este texto?
Actividad Nº 16
Lea el siguiente resumen de un artículo:
Mi trabajo presenta la hipótesis de adquisición de la teoría interaccionista de Claudia Lemos extendida a aquellas situaciones en que los adultos escriben textos propios del discurso científico. Los estudiantes que comienzan a escribir textos académicos pueden compararse con los niños cuando están adquiriendo su primera lengua. Advierto una primera posición entre quien escribe y la lengua, cuando los textos escritos por los estudiantes se generan exclusivamente por la mediación de lo que han leído o han escuchado a través de sus profesores. Los textos aparecen como un conjunto de enunciados fragmentarios que no alcanzan un significado global. Encuentro una segunda posición que se manifiesta cuando el estudiante comienza a involucrarse con el discurso científico en el que debe generar sus textos. Reconozco esta segunda posición porque el texto presenta muchos errores como lapsus y omisión de recursos gramaticales adecuados. Como en la primera posición, se ha generado un texto fragmentario, pero ya no se trata de un grupo de enunciados aislados sino de un texto que muestra errores lexicales y gramaticales que me hacen pensar que el estudiante desconoce su propia lengua. Finalmente, ubico una tercera posición que surge cuando el estudiante trata de corregir y reescribir su texto con mayor o menor éxito. Denomino este hecho como la escucha del estudiante respecto de su propio decir. Mi trabajo analiza tres ejemplos en relación con la segunda y la tercera posición. En un primer momento, desarrollaré la teoría de Lemos y, luego, desplegaré los ejemplos mencionados.
1. Subraye las marcas de primera persona del singular.
2. Reemplace estas marcas por estrategias de despersonalización y/o por el “nosotros académico”.
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