Читать книгу: «Las competencias argumentativas»

Las competencias argumentativas
La visión desde la educación
Julián De Zubiría Samper
Colección Pedagogía Dialogante
LAS COMPETENCIAS ARGUMENTATIVAS
La visión desde la educación
© Autor
JULIÁN DE ZUBIRÍA SAMPER
Libro ISBN 978-958-20-1403-2
Primera edición: 2006
Segunda edición: 2009
© COOPERATIVA EDITORIAL MAGISTERIO
Este libro no podrá ser reproducido en todo o en parte,por ningún medio impreso o de reproducciónsin permiso escrito del editor.
PRINTED IN COLOMBIA
La argumentación continúa siendo el único medio disponible para cerciorarse de la verdad, ya que las pretensiones de verdad que devienen problemáticas no pueden examinarse de otro forma. No hay ningún acceso inmediato, ningún acceso que no esté filtrado discursivamente, a las condiciones de verdad de las creencias empíricas.
Habermas, 2002.
A
mis hermanas y hermanos,
quienes me ayudaron a gestar mis primeros argumentos.
A
mis amigos,
por permitir que mis argumentos se diferenciaran
y contagiaran de afecto.
A
mis adversarios,
por lo que les debo en independencia de criterio
y en contrargumentación.
Contenido
Las competencias argumentativas
Introducción
La crisis de la escuela
Los cambios de paradigma en educación
¿Qué condiciones son necesarias para que se produzca un cambio de paradigma en educación?
¿Estamos cambiando los paradigmas en educación?
Características de las innovaciones en educación
Investigación e innovación
Los agentes de la innovación
Los obstáculos de las innovaciones
El éxito de las innovaciones
1) La claridad de las metas institucionales y la identificación de la comunidad con ellas.
2) La calidad de la dirección educativa
3) Los vínculos alcanzados con la sociedad
4) Énfasis en las habilidades básicas
Criterios para evaluar innovaciones educativas exitosas
¿Cómo romper los paradigmas en educación?
¿Por qué no se consolidan las innovaciones?
Evaluación de competencias argumentativas
Bibliografía Capítulo 1
¿Qué son las competencias?
Germen del concepto
Tipos de competencias
Las competencias esenciales según diversos estudios
Las competencias según Harvard
Las competencias según la Comisión de Educación en Estados Unidos
Las competencias según la Universidad de Antioquia y Corpoeducación
El ICFES y las competencias en Colombia
Las críticas a las nuevas pruebas de Estado
Los cambios que introducen las nuevas pruebas de Estado
¿Cuáles competencias cognitivas seleccionó el ICFES?
Evaluación de competencias argumentativas
Bibliografía Capítulo 2
¿Qué es argumentar?
¿Por qué argumentamos?
Opinión y argumentación
Argumentación y limitaciones del pensamiento
Algunas características de la argumentación
¿Existen diversos tipos de argumentos?
a) Argumentos causales
b) Argumentos empíricos
c) Argumentos analógicos
d) Argumentos de autoridad
Principales problemas de los argumentos de autoridad
e) Argumentos deductivos
Evaluación de competencias argumentativas
Algunas reglas de la argumentación
1. Regla del paso previo
2. Regla de las falacias
Las verdaderas razones ocultas tras los argumentos falaces
3. Regla de la completud
4. Regla del lenguaje y de las definiciones
Las definiciones
5. Regla de la coherencia
6. Regla de la verificación
7. Regla de las fuentes
8. Regla de la causalidad
Evaluación de competencias argumentativas
Argumentación y educación
a) Para escribir y/o leer ensayos
b) Para elaborar exposiciones
c) La idea central, la macroestructura y la argumentación en una película
d) Para elaborar evaluaciones
Para terminar 201
Bibliografía Capítulos 3, 4 y 5
El autor
Introducción
La crisis de la escuela
Difícilmente en las últimas décadas se encuentra una institución social tan resistente a los cambios como la escuela. Difícilmente podríamos conocer una institución tan monolítica, tradicional y conservadora como lo ha sido la escuela durante siglos. Hasta hace algunas décadas, otras instituciones le disputaron el poco honroso papel de ser una de las instituciones más detenidas en el tiempo. Entre ellas, sobresalían la familia, los partidos políticos y la iglesia. Sin embargo, éstas han sido transformadas de manera sensible en los últimos 40 años, mientras que, por el contrario, la escuela pareciera seguir haciendo esfuerzos por permanecer como una de las instituciones más conservadoras y anquilosadas de nuestro tiempo.
La familia que todos conocimos hasta hace poco tiempo fue sensiblemente transformada y diversificada en las últimas décadas. La familia nuclear, constituida por el padre, la madre y los hijos, y que articulaba en torno suyo a una extensa gama de primos, tíos y abuelos, hoy constituye sólo una de las tantas posibilidades de organización familiar humana.
Por lo menos cinco rasgos esenciales caracterizaban las familias hasta los años sesenta en Colombia:
En primer lugar, era evidente el total predominio del matrimonio católico sobre cualquier otra forma de pareja. Las investigaciones permiten concluir que para los nacidos entre 1910 y 1914, en Colombia, el 82% de las parejas constituían vínculos católicos e indisolubles.
En segundo lugar, la estructura familiar era esencialmente patriarcal. El poder, el sustento y la autoridad estaban fundamentalmente centralizados en el padre. Esto se acompañaba por una clara y acentuada división de roles en el hogar y fuera de él. La mujer debía permanecer en el hogar, mientras que el hombre se dedicaba al trabajo y a la vida pública. Las decisiones fundamentales recaían siempre en el hombre. La cara positiva de ello fueron los altos tiempos de comunicación en el hogar de los hijos con la madre.
En tercer lugar, existían mecanismos relativamente fuertes para ratificar la endogamia de clase y de etnia. Culturalmente no eran aceptados los matrimonios entre clases y etnias diferentes. La violación de esas temáticas se volvió totalmente reiterada en las telenovelas y radionovelas, precisamente porque permitían realizar, en la televisión y en la radio, aquello que no era posible en la vida real.
En cuarto lugar, la descendencia no era regulada, salvo por los métodos más tradicionales y naturales, que siempre resultan ser los menos efectivos. Los padres tenían los hijos que “Dios manda al mundo” y las madres planificaban por el incierto y natural método del “ojímetro”.
Finalmente, la familia extensa cumplía siempre un papel central en la formación de los menores; en especial, los primos, los tíos y los abuelos estaban pendientes del comportamiento de los niños de la familia y tenían autoridad para actuar cuando les parecía necesaria una modificación. La familia extensa actuaba como formador y apoyo a los diversos miembros de la comunidad.
La vinculación de la mujer al trabajo, la píldora y la revolución sexual de los sesenta; la liberación femenina que le siguió, la relativa generalización de los jardines escolares, la invasión del hogar por televisores y celulares, la comida “chatarra”, los electrodomésticos y la creciente aceptación de la diversidad sexual, son, entre otros, factores esenciales que le asestaron un duro y mortal golpe a la familia patriarcal vigente en los últimos siglos.
La familia se diversificó, dando paso a hijos que viven sin los padres, grupos de jóvenes o de ancianos que comparten techo, fogón y comunicación; se hicieron relativamente más comunes los hogares de homosexuales, la convivencia de padres sin hijos, con hijos de otros matrimonios, o incluso, los matrimonios sin convivencia (los denominados “solos” en Francia). Aparecieron, así, nuevos y múltiples grupos de convivencia y unión, matrimonios de “prueba”, “arrejuntamientos”, muy frecuentes separaciones, vida familiar sin presencia de los dos padres o con uno de ellos conviviendo en una nueva relación.
Todo ello, en su conjunto, condujo a una profunda y generalizada transformación y diversificación de la estructura familiar, hasta hace poco tiempo una de las instituciones sociales más conservadoras, monolíticas y tradicionales.
Otro tanto ha sucedido con los partidos políticos, que por mucho tiempo fueron entidades históricas rígidas, disciplinadas y verticales, asociadas al poder que representan las clases sociales con altos niveles de “conciencia de clase”, como solían llamarlas Marx y Lenin, y, que actuaban de manera organizada, como grupo de presión de intereses, ante el propio Estado. Así fueron los partidos denominados tradicionales, con sus emblemas, recursos, patriarcas y gamonales propios y respaldados por una historia de batallas de siglos, guerras, conspiraciones, chantajes y sobornos en torno a la conquista del poder y el Estado. Una de las encarnaciones más tristes y ejemplares de la naturaleza humana (Merani, 1976).
En las últimas décadas, los partidos políticos tradicionales fueron sustituidos en el escenario público y político latinoamericano por movimientos flexibles, maleables y coyunturales, articulados en torno a caudillos. Éstos últimos se podrían caracterizar como líderes que saben interpretar las angustias y las ideas comunes en la gente, las ideas del pueblo, como solía decir el caudillo colombiano Jorge Eliécer Gaitán en la primera parte del siglo pasado, precisamente antes que fuese asesinado, muy seguramente por la alianza de los mismos partidos políticos tradicionales colombianos a los que denunciaba (Alape, 1986). Surgen así estructuras volátiles con baja disciplina y muy reducida permanencia histórica. Movimientos como éstos sostenían por lo menos seis gobiernos latinoamericanos a mediados del 2005; entre ellos, Tavaré en Uruguay, Lula en Brasil, Kirchner en Argentina, Uribe en Colombia y Chávez en Venezuela, por mencionar algunos de los más destacados. Unos años atrás fue elocuente la permanencia durante cerca de una década en el poder del movimiento creado por Fujimori en el Perú. Paralelamente con este proceso se diluyeron los históricos partidos Liberal y Conservador en Colombia, Acción Democrática y COPEI en Venezuela o el APRA y el PPC peruano, entre otros.
Para explicar el proceso anterior hay que tener en cuenta la creciente vinculación, desde mediados del siglo pasado, de las clases emergentes a la educación universitaria. El acceso a Internet, a la tecnología y la globalización contemporánea, la creciente y acelerada urbanización latinoamericana producida en la centuria anterior; el auge de los movimientos sociales; la elevación en los niveles de cultura ciudadana; la aparición de la llamada sociedad civil y el distanciamiento cultural con la corrupción, entre otros, son todos ellos factores que contribuyeron al debilitamiento de los partidos políticos latinoamericanos. Con ello, la elección de por quién votar dejó de ser transferida en la sangre y pasó muy recientemente a ser una decisión un poco más conciente y reflexiva, en especial en las grandes ciudades.
Otro tanto sucedió con la iglesia. La iglesia centralizada, profundamente conservadora, “católica, apostólica y romana”, como solía autodenominarse, la del Papa infalible, ¡escogido por el propio espíritu santo! La que hasta hace muy poco tiempo celebraba la misa de espaldas a los fieles, en una lengua que no hablaban los creyentes y en la que quienes estaban a cargo de ofrecer los cursos prematrimoniales eran sacerdotes a quienes se les ha prohibido el matrimonio. La iglesia de los sacerdotes que nunca han convivido con una mujer, que no saben lo que es levantarse todos los días y volver a decidir si se renueva el amor y que no conocen las alegrías y las contradicciones inmensas de la convivencia cotidiana, se ha debilitado en la última época. Esta iglesia dejó de ser la única respaldada por el Estado, los partidos políticos y la escuela, con lo que se reconocieron, tardíamente, principios de equidad e igualdad frente a la libertad individual y religiosa.
Esa iglesia infalible y conservadora, que en un acto de enorme irresponsabilidad ha decidido prohibir el uso del condón, favoreciendo con ello la transmisión de enfermedades sexuales mortales. Esa iglesia ha sido reventada en mil pedazos por diversos movimientos cristianos, carismáticos, que acuden a la relación personalizada, a la celebración eucarística alegre, expresiva, con cantos, gritos, lágrimas e informalidad. Esa iglesia ha sido relegada por movimientos religiosos que incluso operan como “teoterapia” para tantos casos de famosos exdrogadictos “convertidos” de la noche a la mañana en fervientes creyentes, como serían los casos mundialmente conocidos de Richie Ray, Boby Cruz, Cat Stevens o Santana, para mencionar tan solo a algunos. Y en nuestro medio, resulta aún mucho más escandaloso el tránsito de verdaderos hampones sociales hacia las “nuevas” religiones, uno de cuyos últimos y más lamentables ejemplos es el campesino Garavito, violador confeso de más de cien niños y jóvenes colombianos durante las últimas décadas del siglo pasado.
Por el contrario, la escuela tradicional, a pesar de la profunda crisis que padece en Colombia, América Latina y el mundo entero, se resiste a cambiar. Se resiste a adecuarse a las nuevas demandas de la sociedad, pese a que los cambios sociales, económicos, políticos y culturales han hecho que una escuela centrada hasta el momento en la rutina, el aprendizaje mecánico, el cumplimiento y la obediencia, pierda sentido en la época contemporánea.
La escuela tradicional dio respuestas a las demandas del mundo de la fábrica y las instituciones, tal como la conocimos a nivel mundial hasta inicios de los años sesenta. La escuela tradicional prepara empleados cumplidores, obedientes y rutinarios para las instituciones anquilosadas y las fábricas de la segunda ola (Toffler, 1994). Y los prepara bien para los fines que la sociedad le asignó. Pero la sociedad ha cambiado de manera sensible y le exige nuevas y complejas demandas a la escuela actual.
En una época altamente flexible e individualizada, no puede ser dominante una escuela masificadora y rutinaria que prepara al niño como si todos los niños fueran iguales en capacidades, intereses y edades de pensamiento y desarrollo valorativo y como si el mundo fuera a permanecer estático por largo tiempo. En una época profundamente cambiante y en la que se estima que el conocimiento humano está siendo duplicado cada doce años, resulta casi un absurdo centrar la educación en los aprendizajes específicos, los cuales se olvidan –según las investigaciones de David Ausubel– en un 92% en menos de dos meses (Ausubel, 1963 y Novak, 1982)1. En una época globalizada, con más de mil millones de computadores interconectados que alteraron para siempre el mundo laboral, la escuela tradicional, heteroestructurante y centrada en la palabra del maestro (Not, 1983 y 2000), no tiene la más mínima opción de supervivencia a largo plazo.
En estas condiciones hay que “volver a pensar la educación” y hay que trabajar por crear una escuela que favorezca el pensamiento, la comprensión lectora, el interés por el conocimiento, la solidaridad y la autonomía (De Zubiría, 2002).
En las últimas dos décadas más de medio centenar de países iniciaron programas de reforma educativa a la educación básica; en más de la mitad de ellos, lograr mayores niveles de desarrollo intelectual se convirtió en una de las tareas principales. Así lo tuvieron en cuenta la reforma educativa norteamericana (1986), la venezolana (1982) y la española (1985) y lo contemplan los actuales procesos reformistas en Costa Rica, la Unión Europea, Japón, Corea y Chile, para mencionar sólo algunos de los principales intentos de adecuación de la educación a los profundos cambios sociales y económicos vividos por la sociedad en las últimas cuatro décadas.
En nuestro medio se han presentado positivos avances en este sentido, los cuales se expresan fundamentalmente en la Ley General de Educación (Ley 115 de 1994) y en los recientes cambios realizados en las llamadas pruebas de Estado.
Los principales cambios han tenido que ver con la exigencia de que cada institución adopte un Proyecto Educativo Institucional –PEI– que permita pensar con claridad las metas institucionales y favorezca la identificación de la comunidad con ellas. Posiblemente éste sea el cambio más importante introducido en las últimas décadas en la educación colombiana, pues pone a pensar a los docentes, padres, directivos y estudiantes, en el tipo de institución que quieren consolidar y promueve su reflexión sobre las prioridades que debe asumir la escuela como institución a corto, mediano y largo plazo.
Así mismo, otros cambios tendrán que ver con el traslado de la dirección educativa hacia los sistemas de evaluación. Mientras que hasta los años ochenta, el MEN dirigía la escuela prescribiendo sus propósitos y contenidos y verificando policivamente su cumplimiento, en la década del noventa, la manera de dirigir la educación es a partir de los sistemas de evaluación. Como claramente lo expresa la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI), la evaluación no es sino una forma distinta y nueva de hacer política (OEI, 1994). Y, en este contexto, hacer política es una nueva forma de dirigir la educación. De allí la generalización de evaluaciones muestrales y censales en nuestro medio en la última década.
Un tercer cambio ha tenido que ver con la creación de Consejos en los que participan directivos, docentes, egresados, padres, estudiantes y representantes de la comunidad, para orientar las instituciones educativas. De esta manera se busca incorporar la escuela a la comunidad y al mundo de la producción.
Un cuarto cambio importante ocurrido en la última década tiene que ver con la profunda transformación de las pruebas de Estado a los estudiantes que culminan la educación media y la modificación de las pruebas para otros niveles, que de evaluar informaciones particulares, rutinarias y mecánicas, pasaron a evaluar competencias.
Cambios menos pertinentes se han vivido a nivel de los lineamientos curriculares, los estándares educativos y los mecanismos y reglamentos referidos a la promoción de los estudiantes, aspectos éstos en los que las políticas gubernamentales han sido profundamente erráticas y han degenerado en la promoción del alumno por decretos administrativos, la casi total permisividad curricular e incluso la prohibición para realizar tareas en las casas, como lo destaca el siguiente texto del propio Ministerio de Educación Nacional:
Ninguna práctica educativa que dañe las relaciones del niño en su familia puede ser benéfica aun cuando le ayude a mecanizar o afirmar conceptos. Tal es el caso de las tareas obligatorias, las cuales se convierten diariamente en motivo de discordia en las familias, pues los adultos deben obligar a los niños a realizar una gran cantidad de deberes escolares, muchas veces sin sentido. En algunas ocasiones hasta llevan al niño a mirar a sus padres como ignorantes.
Si el deseo de conocer es natural en el niño, parece absurdo obligarlo a aprender. El carácter de obligatoriedad se hace necesario cuando el contenido está fuera de los intereses, necesidades, aptitudes y actitudes del alumno.
(Ministerio de Educación Nacional,
Fundamentos psicológicos del currículo, 1993)
En un anterior texto del autor, se comentaba este lineamiento del MEN en los siguientes términos, que ahora nos permitimos reiterar:
Si las tareas impuestas por las instituciones educativas tradicionales son inadecuadas –como de hecho lo son– pues hay que cambiar las tareas; pero resulta absurdo concluir de allí que hay que acabar con las tareas. Esto me recuerda el “chiste” de un hombre que llegó a su casa y encontró a su mujer siéndole infiel con otro hombre en el sofá… Para “resolver el problema” decidió ¡vender el sofá!
Rechazar las tareas y los ejercicios resulta, desde un punto de vista pedagógico, una propuesta infantil e ingenua, comprensible en niños escolares pero no en un Ministerio de Educación, salvo que esté abiertamente interesado en campañas populistas que mejoren la imagen del gobierno a costa del deterioro de la calidad de la educación de los colombianos. Resulta a todas luces imposible lograr niveles de dominio en cualquier área del conocimiento, el deporte, las artes o los valores, si no se garantizan altos niveles de ejercitación bajo la dirección y orientación de los mediadores de la cultura. Esto lo conocen desde hace siglos todos los artistas y los deportistas; lo comprendió durante miles de años la Escuela Tradicional y después de esto lo vienen a desconocer las propuestas pedagógicas de vanguardia. Para tocar guitarra bien se requiere de por lo menos veinte a veinticinco años de dedicación diaria intensa; para pintar con calidad no sería suficiente dedicar dos décadas de trabajo diario… Y ahora resulta que para acceder a los más importantes conocimientos de la cultura, para comprender lo que a los hombres le ha demandado dos millones de años el construirlo, no se requiere ningún esfuerzo individual!...
(De Zubiría, 2001).
Este libro trata sobre una de las competencias evaluadas en las nuevas pruebas de Estado y defenderá la necesidad de considerar ésta como un propósito central en la escuela. Al argumentar se exponen ideas o razones para sustentar, convencer y discernir entre diversas opciones. Por la naturaleza de la presente obra, esto se vincula con las profundas transformaciones en las pruebas de Estado realizadas a partir del año 2000. Para ello partiremos de la pregunta y la reflexión sobre cómo y bajo qué circunstancias se generan los cambios en educación; a partir de allí daremos paso a la reflexión, conceptualización y discusión actual sobre el concepto de competencia en el contexto educativo colombiano (capítulo segundo). En el capítulo tercero abordaremos el concepto de argumentación, intentando precisar el género y sus “diferencias específicas”, como afirmaba Aristóteles. En el capítulo cuarto realizaremos una caracterización sobre las posibles reglas a tener en cuenta al elaborar argumentos, para culminar con un capítulo de transferencias hacia la educación (capítulo quinto). En este último capítulo brindaremos ejemplos en los campos del salón de clase, la evaluación, la lectura, la escritura, la exposición de un tema y la observación de imágenes visuales o películas, con los cuales un profesor podría desarrollar las competencias argumentativas de sus estudiantes.
El pensamiento se desarrolla mediante la ejercitación de las habilidades inferenciales y el aprehendizaje de conceptos y redes conceptuales (Carretero, 1989). En el primer caso, la habilidad para pensar, deducir e inferir se desarrolla gracias al ejercicio sistemático y mediado, permitiendo con ello su consolidación. En el segundo caso, el aprehendizaje, la diferenciación y la reorganización de conceptos y redes conceptuales, permiten nuevas representaciones mentales.
En esta obra hablaremos de una de las maneras para desarrollar el pensamiento: la que tiene que ver con las operaciones intelectuales. En tanto operación intelectual, la argumentación ocupa un escalón alto, dado que exige la construcción de proposiciones que soporten y apoyen ideas centrales, ligadas todas ellas con contenidos particulares. Es cierto que demanda un dominio del pensamiento formal, pero también lo es el hecho de que representa un paso posterior a éste. Es así como en las operaciones inductivas vamos de casos particulares a más generales, de proposiciones singulares a proposiciones particulares y de éstas a otras más generales; en tanto en las operaciones deductivas procedemos en sentido contrario. Como veremos más adelante, en la argumentación se pueden utilizar, entre otros, los dos procedimientos anteriores, pero al hacerlo, recurrimos a situaciones reales, multideterminadas, complejas y lo hacemos de manera ramificada y no lineal2 .
En consecuencia, el sentido final de este libro es el de explicar las características de las competencias argumentativas, de manera que se oriente su ejercitación mediada por parte de los docentes en las escuelas de educación media e inicios de la universidad y que se faciliten aplicaciones en la lectura, escritura, observación de cine, realización de exposiciones y formulación de evaluaciones por parte de los docentes. Solo usted podrá decir qué tanto se cumplió con lo previsto.
1 Esta investigación ratifica resultados encontrados a comienzos del siglo pasado por Ebbinghaus, quien señaló que al cabo de unas pocas horas ya se había olvidado cerca del 80% de los conocimientos aprendidos cuando el aprendizaje era mecánico y no significativo (De Zubiría, Clivio y Giraldo, 2004).
2 Ver al respecto el Capítulo 3.
Los cambios de paradigma en educación
Las experiencias innovadoras específicas, al desequilibrar la rutina del sistema educativo e introducir elementos conflictivos, van corriendo permanentemente el límite de lo posible.
(Aguerrondo, I. 1992)
Las épocas se conocen por las preguntas que formulan y por la manera como las abordan, por lo que valoran y por la forma como lo hacen; por las prácticas dominantes en la cultura y por las que han abandonado en el camino. Vivimos una época caracterizada por profundos y sensibles cambios. La tesis de Eurípides pareciera haberse formulado veinticinco siglos antes de volverse realidad: “Lo esperado no se cumple y para lo inesperado un dios abre la puerta”. La incertidumbre cubre todos los poros de la vida. De esta manera, no es claro si la compañera de hoy estará con nosotros mañana, ni si existirán las mismas empresas, familias, torres, prácticas sociales, valores e ideas; o si las verdades y los mitos actuales serán repensados o condenados al fuego de la inquisición moderna. El mundo de carne y hueso y el de las ideas, los amores y las palabras, se vuelve cada día más flexible, inestable y cambiante. El futuro se llama incertidumbre postulaba hace apenas unos años Morin (2000) y en el cine, “Forrest Gump”, “Corre Lola, corre”, “La vida en dos instantes”, “Antes y después” y “Jurassic Park”, recreaban la tesis de que el azar juega a los dados con la vida, contrariando la tesis de Einstein un siglo atrás. Vivimos una época en la que han vuelto a triunfar paradigmas derivados en mayor medida de Heráclito que de Parménides.
¿Qué neoyorquino se acostó el 10 de septiembre del 2001 pensando que a la mañana siguiente no existirían sus torres queridas, o que la carta de su amante llevaría una amenaza a su sistema inmunológico? ¿Quién hubiera previsto que EEUU bombardearía la miseria y el hambre para perseguir a un fanático musulmán, alumno ejemplar suyo meses atrás; y que días después, desafiando a la ONU y a la opinión pública mundial se atrevería a argumentar falazmente la existencia de armas nucleares y de destrucción masiva en Irak, para poder controlar las segundas reservas más ricas del oro negro y para imponer sus maneras de interpretar la realidad en la convulsionada región del Medio Oriente3? ¿Quién previó acaso la implosión del sistema socialista días, meses o aún años antes? ¿Quién sugirió que sería tan fácil para EEUU ganar la guerra en Irak y tan difícil, subsistir en la postguerra?
La velocidad con la que cambian las ideas, los productos, las empresas, los servicios y el mismo mundo económico, contrasta con la lentitud alcanzada por los cambios en educación. ¿Quién no reconocería que las empresas, los productos, los partidos políticos o las familias se han acoplado, para bien o para mal, a los sensibles cambios del mundo actual? Por oposición, cómo se parecen las escuelas de hoy a las de ayer, cómo se parecen sus textos, sus maestros, sus métodos, sus fines, sus manuales de convivencia. ¡Cómo son de lentos los cambios en educación!
Según los estudios realizados hace tres décadas por Huberman para la UNESCO, desde que aparece la idea inicial en la cabeza del innovador hasta la generalización de ésta, se recorre en general un período de tiempo cercano a una centuria (citado por Restrepo, 1994). Siendo el sistema educativo un elemento crucial de subsistencia y reproducción de la cultura, la escuela actúa como eslabón fundamental en el proceso de vinculación de las nuevas generaciones a los valores, las prácticas y los saberes de la cultura humana y de allí su tendencia natural a la conservadurización, su histórica y generalizada resistencia al cambio. Casi una centuria para cambiar las ideas nucleares, un enfoque o un modelo pedagógico, cuando los cambios tecnológicos actuales se desactualizan al cabo de días o a lo sumo semanas, como lo recuerda a diario la propia pantalla en los programas antivirus del computador.
La resistencia al cambio puede verse de manera irónica en nuestro medio con el eufemismo de “Escuela Nueva”, con el cual se denominan los planteamientos pedagógicos autoestructurantes (Not, 2000 y De Zubiría, 2004) que encuentran sus raíces filosóficas en Rosseau y sus expresiones pedagógicas fundamentales en Montessori, Claparede, Freinet y Decroly. Denominación que sigue utilizándose ciento treinta años después de formulados sus principios esenciales (De Zubiría, J, 2001).
Otra manera de evidenciar lo extrañas que son las transformaciones sensibles en la educación es tener en cuenta que el propio término y la idea de innovar se asoman en la historia de las ideas pedagógicas apenas hace un tiempo. En 1964, Miles formula por primera vez un concepto de innovación educativa partiendo de las reflexiones de innovación cultural del antropólogo Barnett (Ibid, pág. 23) y solo hasta 1973 y por encargo de la UNESCO, Huberman (1973) realiza un estudio internacional sobre las innovaciones, publicado bajo el título “Cómo se realizan los cambios en educación: una contribución al estudio de la innovación”, el cual postula como definición la siguiente:
Mejoramiento que se puede medir, deliberado y con pocas probabilidades de suceder a menudo.
(Citado por Restrepo, pág. 23, 1994)
Es de destacar lo novedoso del concepto de innovación y lo reciente de su uso en la literatura educativa. A nivel de la praxis, en América Latina se presenta un despertar de las prácticas educativas innovadoras durante las décadas del setenta y ochenta, siendo un movimiento especialmente impulsado por los maestros y que en Colombia se conoció con el hermoso nombre del “Movimiento Pedagógico”. Movimientos particularmente importantes se presentarán en estas décadas en Colombia, Brasil y Perú. Pareciera como si se innovara desde abajo, presionando al Estado para reformar desde arriba. Las innovaciones anteceden, jalonan y direccionan las reformas educativas que vendrán años después.
La resistencia pospone el cambio, pero no lo evita. Pese a la resistencia que presenta, la escuela tiene que ajustarse a los nuevos requerimientos sociales e individuales de las nuevas épocas. Estos cambios pueden adoptar una de las tres formas siguientes: renovar, reformar e innovar.
Son renovaciones cuando, sin dirección, planeación e intencionalidad, se presentan modificaciones y ajustes leves y muy graduales en el trabajo educativo, producto de la dinámica misma de ajustar el acto y el proceso de enseñanza. En consecuencia, las renovaciones son llevadas a cabo por los docentes, carecen de intencionalidad, planeamiento y dirección, y responden a los ajustes inevitables que demanda una práctica rutinaria realizada durante tiempos prolongados.
Son innovaciones cuando son gestadas por equipos de docentes e investigadores, por colectivos pedagógicos que le apuestan a su idea original y buscan, mediante ella, dar respuesta a una problemática previamente evaluada, generando una ruptura a la manera de concebir y trabajar en las escuelas; constituyéndose así en una opción flexible y original que sirva de antesala a las reformas educativas.
Son reformas cuando buscan en el sistema educativo cambios macro para atender reclamos e inconformidades previamente señalados por los padres, los educadores o los pedagogos. Por lo general, éstas son orientadas por el propio Estado e implican modificaciones legales, aunque no necesariamente los cambios legales impliquen las reformas (Ander-Egg, 1997).

Como puede verse, los cambios en educación se diferencian según el nivel de flexibilidad alcanzado, los agentes que los orientan y el ritmo y la magnitud de la transformación buscada. De esta manera, las renovaciones son cuantitativas, lentas y graduales, carecen de intencionalidad y plan, y son llevadas a cabo por los propios maestros en su práctica diaria. Por otra parte, las reformas son menos abiertas, radicales y flexibles que las innovaciones, pero más generales en su cubrimiento, más precisas en sus fines y representan un cambio macro, por lo general con impactos legales.
Estudiaremos entonces en detalle la naturaleza y las características de las innovaciones educativas y las condiciones para que se produzca un cambio de paradigma en educación.
¿Qué condiciones son necesarias para que se produzca un cambio de paradigma en educación?
Para resolver la pregunta anterior partiremos de una situación relativamente análoga, relacionada con los motivos, las circunstancias y las condiciones en las cuales se disuelven las estructuras familiares. ¿Por qué se separan las parejas que se separan y por qué conforman otras parejas? ¿Por qué llega un momento en el cual no pueden seguir viviendo como pareja? ¿Qué hace que esa unidad que nació con tanta fuerza, pasión y entrega, ahora se disuelva? Las anteriores son preguntas de enorme pertinencia en el mundo contemporáneo, dado que el 67% de las parejas norteamericanas y el 35% de las colombianas han tomado esta decisión antes de cumplir los primeros cinco años de matrimonio (Goleman, 1997, Gutiérrez y otros, 1997).
El germen de este proceso muy seguramente tiene que ver con la insatisfacción. La pareja, articulada y cohesionada ve cómo aparecen grietas a su compromiso, intimidad y pasión (Sternberg, 1994). Disminuyen la comunicación y la confianza, y, por ende, el enamoramiento. Los integrantes de la pareja conviven, pero hablan menos. Hablan, pero confían menos entre sí. Comparten, pero intiman menos; y gozan, pero se apasionan menos. En algún momento del desarrollo, sus proyectos de vida comenzaron a tomar rumbos diferentes y por ello disminuye la comunicación y los espacios de construcción común.
Es muy probable que esta situación tienda a presentarse en mayor medida en los primeros años del matrimonio y en parejas de jóvenes, cuando el conocimiento y la definición están a la orden del día. Precisamente por ello, es el momento donde la relación es más inestable. Ha echado menos raíces y definido en menor medida su estructura, los roles de cada uno de ellos, las características y la naturaleza de la pareja conformada. Así mismo, la tensión se eleva en mayor grado en este período. La fase previa es casi siempre la más conflictiva y crítica. Es la época de los platos rotos, los silencios inmensos, la culpabilidad mutua, la burla a la familia del otro, las sospechas ilimitadas, el seguimiento detectivesco, la duda, la revisión de las libretas telefónicas y las agendas; y la de los monosílabos en la comunicación, cuando no el mutismo total. Se pierde la confianza, disminuye la intimidad y la pasión aminora.
La insatisfacción en la pareja gesta una nueva fase que podríamos denominar de exploración. Es el momento en el cual se desea conocer otras personas para ampliar las posibilidades de establecer nuevas relaciones; o bien sea para agredir, generar celos, culpar o vengarse de anteriores “exploraciones” de la pareja. En estas circunstancias se simula la convivencia mediante el romance o el noviazgo y se explora si mejorarán los niveles de intimidad, pasión y compromiso y si esta situación podría conducir a una relación más estable de pareja. Se piensa y se miran nuevas opciones. Seguramente, esta fase es más frecuente mientras más joven sea la pareja y mientras más jóvenes sean sus miembros.
La tercera y última fase es la de la verificación. Hay que tomar la decisión y para ello se quiere disminuir el riesgo. Así mismo, es necesario prever si la nueva pareja tendrá una vida más estable y complementaria. De manera bastante sabia, en las comunidades indígenas se presentan los matrimonios de prueba con una función similar a la descrita. La verificación puede conducir o no a la convivencia, permitiendo elevar el grado de seguridad con el cual se toma la decisión.
De manera análoga, para que se presente un cambio de paradigma es necesario estar insatisfecho con el paradigma anterior; desconfiar de sus bondades, distanciarse de sus explicaciones, interpretaciones y medidas derivadas. El paradigma anterior deja de explicar y de resolver adecuadamente las preguntas que se resolvían antes. Aparecen la duda y el conflicto frente al paradigma vigente y se disminuye la confianza. En términos de Kuhn, se inicia la revolución científica; y, debido a ello, se rechazan la teoría y la explicación anterior y se cambian las preguntas y los problemas para analizar.
Los paradigmas son estables y se reproducen mediante la ciencia normal ya que brindan explicaciones que, en un momento histórico dado y en ciertas circunstancias, terminan siendo satisfactorias para la comunidad académica. Es así como en la película “Paradigma” (poco adecuada para entender lo que es un paradigma, pero muy pertinente para comprender el papel de los conceptos en la representación mental), un joven que marcha en un vehículo en sentido contrario a otro, le grita al conductor de éste, al culminar una curva extensa, “marranos…”, ante lo cual, indignado, el ”agredido” responde con una lista de improperios similar a la del capitán Haddock en Tintín… Momentos después, el joven se estrella con una manada de marranos. La anécdota es ilustrativa. Como demostró ampliamente Piaget, leemos la realidad con nuestros esquemas y conceptos. Y estos esquemas, conceptos y redes conceptuales restringen la posibilidad de interpretar de manera novedosa un hecho o de formularnos una nueva pregunta.
La crisis paradigmática en la ciencia es evidente en el caso de Newton con el rechazo de la explicación aristotélica de la caída de los cuerpos mediante la figura de un hijo pródigo volviendo a casa; en el de Einstein, con el rechazo de la explicación mecánica del movimiento, que no tiene en cuenta el carácter relativo del tiempo y el espacio; o en el de Marx, con el rechazo de las “robinsonadas” de los economistas clásicos para explicar la producción y el intercambio de bienes y servicios.
Con la insatisfacción se inician el cambio paradigmático y la revolución científica, de la misma manera que se inicia la crisis matrimonial con la insatisfacción producida por la disminución de la comunicación, la intimidad, la pasión y el compromiso.
La segunda fase en un cambio paradigmático es la de la exploración. En estas circunstancias, se inicia en la ciencia la búsqueda de explicaciones, opciones y alternativas diferentes. La insatisfacción con los paradigmas vigentes conduce a la búsqueda de nuevos paradigmas.
Ante esta situación, con gran probabilidad y en un primer momento, reaparecen los paradigmas abandonados. Y ello no debe extrañarnos, ya que la exploración entra en contradicción con las explicaciones anteriores, y debido a su estado embrionario, los nuevos paradigmas muy seguramente no lograrán superar a los anteriores. Es así como, ante las dificultades de los enfoques constructivistas en España, se fortalecieron nuevamente las interpretaciones tradicionales en educación, antes de que apareciera la superación a las debilidades señaladas. Como manifestaba Kuhn:
La característica más sorprendente de los problemas de investigación normal que acabamos de ver es quizá la de cuán poco aspiran a producir novedades importantes, conceptuales o fenomenales.
(Kuhn, 1970)
De esta manera, la ciencia normal suprime frecuentemente innovaciones fundamentales, debido a que resultan necesariamente subversivas para sus compromisos básicos.
Como en los matrimonios, la fase de exploración en la historia de la ciencia es la más crítica, particularmente si la exploración se da de manera abierta y encontrándose los dos paradigmas frente a frente. Es la fase que puede terminar peor. Los insultos y las grescas son relativamente similares en los matrimonios y en la ciencia. De manera análoga, las parejas intentan sobrellevar las tempestades y permanecer unidas. Pero ello dependerá de la fortaleza que la nueva relación signifique o, en el caso de la ciencia, de la claridad y explicación que brinde.
La tercera fase es la de la validación. En ella se ponen a prueba las hipótesis y se verifica si se resolvieron adecuadamente los problemas planteados. Para aceptarse como paradigma, una teoría debe resolver mejor que su antecesora los problemas detectados (Kuhn, 1970). Si ello se cumple, cambia nuestra representación del mundo: el nuevo paradigma se establece; pero si ello no se logra, se siguen buscando paradigmas alternos.
Por lo general, en la nueva fase el nuevo paradigma es frágil y no logra superar al anterior. Ésta es la fase más crítica y en la cual con mayor probabilidad puede volver a restablecerse el paradigma anterior. Al fin de cuentas, este paradigma explicaba e interpretaba adecuadamente, hasta el momento, los hechos y las situaciones diversas. El nuevo paradigma deberá superar al anterior y dar mejores y más claras explicaciones a los fenómenos naturales y sociales. De lo contrario, no se establecerá como nuevo paradigma.
Al finalizar el establecimiento del nuevo paradigma vemos el mundo como si fuera redondo, reconocemos al Sol como centro del sistema planetario; el tiempo y el espacio se perciben de manera relativa y consideramos la ley de la gravitación como si hiciera parte de la misma naturaleza. El nuevo paradigma se ha establecido y la realidad es vista según los novedosos anteojos conceptuales recién adquiridos.
¿Estamos cambiando los paradigmas en educación?
En la actualidad, ¿se han presentado las fases descritas anteriormente y el paradigma tradicional educativo ha sido superado? O, en caso contrario, ¿en qué fase de su transformación estamos?
Sin ninguna duda, vivimos un periodo de una profunda y generalizada insatisfacción con el paradigma tradicional educativo anterior, ya que éste dejó de responder a las preguntas y demandas de la sociedad. De manera casi general, la familia, los investigadores, los maestros, los estudiantes y la sociedad en su conjunto, expresan altos niveles de insatisfacción con la escuela. Se quejan de ella, de sus bondades y de sus logros. Desconfían de sus alcances, de sus propósitos y de sus metodologías. La sociedad en su conjunto no está satisfecha de la escuela. Los industriales se quejan de no recibir los empleados requeridos; los padres consideran que sus hijos aprenden poco; los investigadores encuentran que efectivamente se aprehende mucho menos de lo que creían los maestros; y los niños y los maestros se aburren profundamente en los procesos educativos adelantados. La frase común en los estudiantes “Quiero ir a la escuela pero no entrar a las clases” (citado por Aguilar, 1998), refleja la profunda inconformidad con los aspectos abordados y directamente trabajados en la escuela. Enorme diferencia con la situación presentada medio siglo atrás en el mundo, cuando el maestro, a la par con el cura y el médico, era una de las figuras más preciadas en los pueblos, estudiar era sinónimo de ascenso social y la celebración de un grado, era, junto con los quince y el matrimonio, una de las fiestas sociales más importantes en la vida familiar.
Parece claro que en un mundo globalizado, flexible, individualizado, altamente cambiante y simbólico, se sienta insatisfacción frente a una escuela homogenizante, rutinaria y rígida, creada para formar empleados y obreros y que respondía a las demandas de una sociedad agraria en transición a una sociedad industrial, pero de ninguna manera a una sociedad revolucionada por las telecomunicaciones, la globalización y la flexibilidad. La sociedad en su conjunto, le plantea a la escuela nuevas demandas, entre las cuales están el desarrollo del pensamiento, la formación valorativa, la comprensión lectora y la creatividad (De Zubiría, 2001).
En un mundo tan cambiante, posiblemente cada mañana nos preguntemos si debemos permanecer en el colegio o en la empresa a la que nos hemos vinculado. Día a día nos hacemos las mismas preguntas. Puede ser que mañana no exista el colegio, desaparezca la fábrica en la que trabajamos, se desintegre el partido político en el cual militamos o lleguemos a casa y ya no esté nuestra esposa. La vida social, económica, política y personal es profundamente cambiante y la escuela tradicional parece no darse cuenta de ello.
Como puede verse, es el momento ideal para iniciar la exploración. Y en eso estamos. Pululan las opciones para ofrecer una alternativa diferente a la escuela tradicional; y se ha iniciado la fase para conocer, discutir, socializar, revisar y explorar con algunas de ellas. Entre ellas estarían:
• Escuela Nueva
• Cambio conceptual
• Aprendizaje significativo y variantes desde las teorías de Ausubel y Novack
• Enseñanza para la comprensión
• Multiplicidad de variantes del constructivismo
• Pedagogía Meranista
• Teoría de la Modificabilidad Cognitiva
• Propuestas derivadas de la visión múltiple de la inteligencia
• Pedagogía conceptual
• Anillo matemático
Sin embargo, en términos generales, sólo marginalmente se ponen a prueba los nuevos enfoques adoptados. Todavía no se siguen, evalúan, revisan y ajustan las nuevas propuestas. Todavía son muy tímidos los esfuerzos para llegar a la fase tercera y definitiva del cambio paradigmático en educación.
La paradoja evidente es que pese a la insatisfacción, la escuela tradicional todavía sigue dominando ampliamente en Colombia, América Latina y el mundo entero. Como afirmaba Delval, en España, hace algunos años:
Así pues, podemos afirmar que el tipo de enseñanza que se proporciona en la mayoría de las escuelas, incluidas las de los países más desarrollados, tiene como objetivo la producción de individuos sumisos y contribuye al mantenimiento del orden social, es en muchos aspectos una preparación para el trabajo dependiente y alienado, por lo que limita los cambios sociales y constituye un freno al potencial creativo de los individuos.
(Delval, 1989)
Esta tesis es abiertamente confirmada por los teóricos de la “Enseñanza para la Comprensión”, Howard Gardner y David Perkins. Al respecto este último señalaba, en un duro juicio a la escuela estadounidense:
Los alumnos egresan hoy de la escuela primaria, secundaria e incluso de la universidad con enormes lagunas en los conocimientos básicos acerca del mundo en el que viven…muchas personas siguen manteniendo una concepción completamente errónea del mundo en el que viven. Y, lo que es peor, no usan lo que saben…
La respuesta es simple: necesitamos un aprendizaje reflexivo; necesitamos escuelas en donde predomine el pensamiento y no solo la memoria…
Es irritante y desalentador que los alumnos no posean la información que supuestamente deberían poseer. Una encuesta realizada hace poco reveló que dos tercios de los jóvenes norteamericanos de diecisiete años son incapaces de ubicar la fecha de la Guerra de Secesión…La mitad ignora que Stalin gobernó la Unión Soviética durante la Segunda guerra mundial…Tres de cada cinco no atina a definir el Holocausto. El 36% ubica el caso de Watergate antes de 1950, y uno de cada cinco, antes de 1900…Uno de cada tres no sabe donde está Francia en el mapa de Europa…
(Perkins, 1995)
Robert Reich, colega de Gardner y Perkins, ex ministro de Estado bajo la administración de Bill Clinton y reconocido mundialmente por su best seller “El trabajo de las naciones”, en un tono similar llega a estimar que el 92% de las escuelas estadounidenses eran claramente tradicionales (Reich, 1993).
Posiblemente por la seguridad que genera la tradición, la mayor parte de las innovaciones latinoamericanas no han superado la fase intuitiva y embrionaria de su desarrollo. Son innovaciones en gestación, en las que las ideas apenas comienzan a materializarse, pero carecen del rigor que le imprimen los sistemas de seguimiento e investigación. En particular, desconocen totalmente sistemas de coevaluación o de evaluaciones externas a la realizada por el propio equipo creador4.
Según los estimativos de Perkins, el 95% de las innovaciones perecen antes de cumplir cinco años (Perkins, 1995). Y según los registros y seguimientos realizados por el Convenio Andrés Bello en América Latina, de 193 innovaciones que habían sido registradas y socializadas en los encuentros entre innovadores y educadores realizados entre el año 1985 y el año 2000, el 86% de ellas no tenía ningún proceso de evaluación o investigación en curso; en el 9% se adelantaban procesos evaluativos; en el 4% se llevaban a cabo programas de investigación y solo el 1% presentaba programas de investigación y evaluación simultáneos. ¡Dos innovaciones con programas de investigación y evaluación en toda América Latina! (Blanco y Messina, 2000).
Las anteriores estadísticas evidencian que, hasta el año 2000, en la región sólo dos innovaciones podrían considerarse en proceso de consolidación y 26 en un nivel de transición hacia ésta. El resto, cerca de 165 innovaciones, seguían en su fase de gestación. Para entender estas estadísticas habría que tener en cuenta la seguridad y protección que nos brinda la tradición y el miedo que generan la libertad y la soledad; el aislamiento, la desprotección y la extrañeza que produce la innovación.
Características de las innovaciones en educación
La innovación agita el mar de las certezas y genera incertidumbres, allí donde la tradición anclaba sus principios.
(Aguilar, 1998)
Innovar es crear, producir ideas que transformen las maneras de pensar y actuar en educación. Para poder hacerlo se requiere flexibilidad para ver relaciones, prácticas o procesos antes no vistos. De esta manera, es necesario presentar altos niveles de flexibilidad y descentración para garantizar una visión desde ángulos y posturas diferentes. Así mismo, este proceso demanda altos niveles de originalidad, elaboración propia o singularidad que conduzcan a sustentar tesis contraculturales, identificar problemas que otros no ven, preguntas o soluciones no formuladas previamente5 . La innovación exige también elaboración o capacidad para trabajar una misma idea, una y otra vez; para seguir encontrando formas de pulir, corregir y revisar la idea, el problema o la pregunta inicial. Gracias a estas habilidades se logran reestructurar las ideas o los procesos previstos inicialmente.
Según lo anterior, ¿qué características tienen las innovaciones en educación? ¿Cómo las distinguimos de otros procesos de cambio educativos? ¿Cómo reconocerlas? ¿Cómo caracterizarlas? Para ello recurriremos, según nuestro criterio, a sus tres características esenciales. Una innovación:
a) Es un cambio cualitativo y deliberado de la actividad educativa. Decimos que la innovación implica una ruptura, en tanto transforma de manera significativa la forma como se venía trabajando en un campo y un tiempo determinados. Con ello, la innovación crea nuevas maneras de pensar, sentir y hacer en educación, generando nuevas preguntas, ideas, productos y procesos. No importa si se está en un nivel educativo micro o macro, la innovación es deliberadamente formulada por el innovador como norte para orientar el accionar de la comunidad educativa y en esta misma medida es susceptible de ser evaluada y se puede determinar hasta qué punto fueron alcanzadas las finalidades buscadas.
b) Genera un espacio educativo flexible y abierto. La innovación es doblemente frágil, en tanto no cuenta con el conocimiento necesario para dar respuesta a sus preguntas novedosas y en tanto debe dar justificaciones y respuestas a los padres, alumnos y maestros que se acercan a ella. Al carecer de la experiencia y el conocimiento acumulado, la innovación se torna necesariamente flexible y abierta. Abierta, en tanto sus preguntas no tienen una respuesta previamente determinada y a que está “abriendo trocha” en el terreno educativo, explorando caminos inciertos. Flexible, en tanto los problemas a resolver son diferentes y cambiantes, lo que exige mayor capacidad adaptativa e inteligencia institucional. De esta forma, los innovadores acceden a caminar en un mar de incertidumbres, soportados en un pequeño archipiélago de certezas, pero con el profundo convencimiento de que ésta es la ruta adecuada para realizarlos. Como afirma Restrepo, “la innovación no es entonces teoría; es acción, es conocimiento aplicado, es praxis” (Ibid, pág. 62).
c) Exige formular de una manera novedosa el acto educativo. Con ello cambia las concepciones y las prácticas educativas. La innovación debe dar respuestas diferentes a los problemas previamente formulados y plantear nuevas preguntas donde antes no las había; para lograrlo exitosamente, deberá recorrer un camino no recorrido con anterioridad. La tesis de Mafalda es particularmente válida para el proceso innovador: “¡Ahora que tengo las respuestas, me cambian las preguntas!”. De allí que sea un proceso relativamente original.

Pensamos que todas las innovaciones comparten las características anteriores. Es decir, todas realizan una ruptura a la manera como venía trabajándose en educación y generan, así, un sistema original, flexible y abierto. Pese a estas similitudes, es evidente que se diferencian en sus fines, sus maneras de trabajar y sus concepciones pedagógicas, filosóficas y políticas.
En nuestro medio, el Instituto de Pedagogía Autoactiva de Grupos, (IPAG, 1968), dejó de utilizar los textos y le apostó al trabajo grupal y directo del estudiante, poco conocido hasta entonces en educación. La Escuela Pedagógica Experimental (EPE, 1978), eliminó las calificaciones, volcó su energía al trabajo por proyectos y a las Actividades de Totalidad Abiertas y dio profunda autonomía a sus maestros para organizar el currículo, para decidir las actividades a realizar o para determinar sus procesos evaluativos. Por su parte, el Instituto Alberto Merani (IAM,1988), revindicó la necesidad de educar a los niños con talento, privilegió el trabajo en pensamiento, comprensión lectora, valores y habilidades esenciales, definió nuevos fines a la educación, elaboró un currículo bastante original, creó sus propios textos y generó un novedoso sistema de evaluación (IAM, 2000). Casi un siglo atrás, el Gimnasio Moderno (1914) había retomado de Decroly la idea de trabajar en Centros de Interés que promovieran e impulsaran las motivaciones infantiles, desarrolló los postulados de Montessori al adecuar los salones a las necesidades y condiciones de los niños; y en general defendió principios y postulados de la Escuela Nueva al privilegiar los talleres, las manualidades y las excursiones. Todos ellos, aunque desde posiciones diversas, representan una clara ruptura a la manera como para entonces venían adelantándose las prácticas educativas en nuestro país.
Innovar es crear y como tal exige originalidad, capacidad para ver ideas, procesos, métodos y alternativas diferentes donde la gran mayoría no las ha visto. De esta manera, en nuestro país fueron novedosos los talleres y el énfasis artístico del Juan Ramón Jiménez (1963), el trabajo grupal y con guías del IPAG, la autonomía curricular de la EPE o el énfasis en valores, conceptos, comprensión lectora y desarrollo del pensamiento postulado por el Instituto Alberto Merani. Sin embargo, esta novedad por ellos gestada busca generalizarse al sistema educativo en su conjunto. La innovación, como hemos dicho, es la instancia que anticipa y jalona las reformas educativas, y el fin último de toda innovación es generar modificaciones en el sistema educativo en su conjunto.
Como afirma Aguilar (1998), el innovador emprende un viaje hacia un destino no muy bien definido, pero con la convicción de la necesidad de hacerlo; y este acto implica una mentalidad profundamente abierta, creativa y flexible. El innovador es el colono de las ideas, que en lugar de tumbar la selva, intenta echar al piso los paradigmas que dominaban las prácticas y reflexiones anteriores. De manera similar al colono, recorre un camino no recorrido con anterioridad y de allí la necesidad de revisar de manera profunda y sistemática si es el camino correcto o no.
Los educadores sabemos que la mayor parte de los docentes suele enseñar de la manera más convencional y debido a ello no confrontamos nuestras prácticas e ideas anteriores y no investigamos. También sabemos que de los pocos que investigan tan solo unos tantos convierten lo investigado en ensayos; que de los pocos que escriben, unos cuantos publican; que de los pocos artículos que se publican, muy pocos son leídos; y que cuando se leen, muy pocas veces se entienden.
Recuerdo aún las expresiones de los primeros maestros que nos acompañaron en la gestación del IAM cuando decían que la institución les generaba una enorme angustia y temor al saber que lo que hoy era verdad mañana podría no serlo y que lo que hoy se les decía a los padres, mañana podría interpretarse de manera contraria. La mayor parte de los maestros –y de los seres humanos– no soporta la ambigüedad, no puede caminar en terrenos inciertos y se “estresa” al tener que moverse en senderos poco firmes, cambiantes y flexibles. La creatividad, en una cultura conformista, es mucho más escasa de lo que se cree (Sternberg y Lubart (1995). Por el contrario, la flexibilidad implica la capacidad de tolerar lo ambiguo, lo contradictorio y lo múltiple (Aldana, 2000).
Las innovaciones se diferencian entre sí, ya que responden a preguntas, problemas y necesidades diferenciadas. Teniendo en cuenta lo anterior, podríamos señalar, por lo menos, cuatro tipos fundamentales de innovaciones:
a) Las que buscan transformar los fines mismos de la escuela, que denominaremos críticas o finalistas.
b) Las que buscan cambios en las maneras de enseñar, que denominaremos didácticas.
c) Las que redefinen mecanismos de gobierno y participación, a las que denominaremos organizativas.
d) Las que quieren transformar los medios o instrumentos del trabajo educativo, las cuales denominaremos innovaciones instrumentalistas.
Las primeras son necesariamente las más radicales, las que subvierten la educación, las que jalonan los cambios educativos en una u otra dirección. Las segundas, modifican las maneras de trabajar en el aula y las relaciones entre alumnos, los saberes y los maestros. Las terceras cambian la estructura de la institución y los mecanismos de participación, gobierno y dirección. Por su parte, las últimas solo tocan marginalmente la estructura educativa, manteniendo los fines y las enseñanzas intactas, pero cualificando los instrumentos de trabajo.
Las innovaciones críticas o finalistas abordan retos de diferente naturaleza, entre los que sobresalen los claramente pedagógicos y aquellos cuya finalidad es más amplia e incluyen elementos sociopolíticos. Ejemplos de las primeras en Colombia serían el Gimnasio Moderno, el Liceo Juan Ramón Jiménez, el IPAG, la EPE, la Escuela Nueva o el IAM. Ejemplos de las segundas serían la propuesta de Freire a nivel internacional y la Escuela Claretiana “Filo de Hambre” en Huila.
En ensayo publicado por Freire, este pedagogo ratificaba la clasificación que hemos dado anteriormente expresándose así: “Siempre concebí la enseñanza de la lectoescritura de adultos como un acto político, como un acto de conocimiento y por tanto como un acto creativo” (Freire, 2001). La educación era para Freire una práctica de la libertad, un espacio de liberación de los oprimidos.
Así mismo, en nuestro medio serían ejemplos de innovaciones didácticas el Anillo Matemático o el programa la Red de la Universidad Nacional; al tiempo que las innovaciones instrumentalistas estarían representadas por los programas de construcción y sistematización de las escuelas distritales adelantado en especial entre los años 1997 y 2000, ó los programas de educación virtual de Capitel.
En el estado del arte más reciente sobre las innovaciones en América Latina (Blanco y Messina, 2000) podemos encontrar que el campo de innovación más frecuente en la región es el que tiene que ver con innovaciones didácticas. La pregunta del maestro sigue siendo la esencial en educación. Por el contrario, mucho menos esfuerzos se han adelantado para desarrollar programas de cambio más amplio y radical.

Investigación e innovación
Aislada, la innovación marcha hacia el deterioro; monitoreada se renueva, se potencia.
(Restrepo, 1996)
Entre innovación e investigación podríamos encontrar multiplicidad de niveles de interdependencia, aunque por la naturaleza del presente texto solo destacaremos el papel de la investigación en el jalonamiento y la consolidación del proceso innovador.
En primer lugar, la investigación permite evaluar los impactos logrados hasta el momento y las debilidades presentadas en este proceso. Como ha demostrado Morin (2000), los sistemas de ideas se autoprotegen de sus propios errores rechazando la información que no les conviene o no pueden integrar. De esta manera, el innovador podría encontrar en la investigación los mejores elementos para repensar, redireccionar o reformular sus esfuerzos iniciales.
De otro lado, la investigación aterriza el idealismo propio del innovador. Al innovador se le dificulta plasmar sus ideas ya que su personalidad lo hace presa fácil del idealismo. Es esencialmente un soñador que tiende a enamorarse más de la idea que de la realidad innovada. En este sentido, la investigación introduce elementos de objetividad, de separación entre lo ideal y lo posible y entre lo posible y lo real; aspecto que permite evaluar los alcances logrados y las posibilidades reales de seguir transformando la escuela. La racionalidad del investigador introduce elementos que contrarrestan el entusiasmo del innovador. De esta manera, la investigación permite un acercamiento más ecuánime, realista y objetivo del problema a resolver y del alcance logrado en ello.
En tercer lugar, la investigación puede frenar las tendencias hacia el tradicionalismo, inevitables en todo proceso innovativo. La investigación coloca de manera directa al innovador frente a sus logros, avances y tropiezos. Muestra las grandes dificultades del proceso adelantado, identifica los factores que se resisten al cambio y la fortaleza de éstos; de allí que al tiempo que se gana en objetividad, se alimenta el impulso inicial que condujo al innovador, revitalizándose su actitud.
En cuarto lugar, la investigación sirve como mecanismo para controlar la fragilidad propia de la innovación. En tanto la fragilidad proviene del desconocimiento del terreno por recorrer y de la necesidad de brindar explicaciones a padres y maestros antes de recorrer dicho camino, la investigación dota al innovador de argumentos y justificaciones de los procesos adelantados y facilita, de esta manera, su direccionamiento.
Finalmente, la investigación amplía los horizontes de la innovación. Careciendo de seguimiento e investigación, la innovación tiende a encerrarse endogámicamente en sí misma y no logra evaluar con facilidad ni objetividad sus fortalezas o sus debilidades. De allí que investigando se amplíen sus horizontes al permitir evaluaciones más descentradas, independientes y relativamente más objetivas.

Como afirmaba Bernardo Restrepo en el Primer Encuentro Latinoamericano de Innovadores e Investigadores en Educación:
El acompañamiento investigativo es no sólo conveniente para poder potenciar o abandonar las innovaciones oportunamente, sino que la ausencia investigativa hace perder el rumbo a experiencias innovadoras promisorias o las mantiene en escenarios estrechos en los que se va marchitando progresivamente, cuando podrían irrigar espacios más amplios y enriquecerse con aportes varios que darían mayores posibilidades a la generalización de sus logros.
(Restrepo, 1996)
Los agentes de la innovación
El porvenir pertenece a los innovadores.
(Guide, A.)
Según los estudios de Miles (1964), Huberman (1973) y Restrepo (1994), la innovación es llevada a cabo por un grupo de docentes que evidencian un conjunto de características en general comunes. Y seguramente debe ser así, ya que para formular una propuesta original que genere una ruptura en los procesos pedagógicos tradicionales, necesariamente hay que poseer algunas características especiales. El innovador es rebelde, poco normativo y crítico; de otra manera no se entendería su rechazo a las formas tradicionales de enseñar y su convicción plena en la necesidad de superarlas. Es seguro y de personalidad fuerte, sólo así se comprende el que inicie una aventura contra la tradición y la cultura educativa misma. De allí el convencimiento con el que habla, necesario para convencerse a sí mismo, pero sobre todo para convencer a su equipo de trabajo y a la comunidad de padres y alumnos en la que actúa, de que ésa es la ruta correcta para adoptar. Es creativo e inteligente analíticamente para poder encontrar las oportunidades que estaban ocultas y las preguntas sin formulación previa donde otros no las veían. Necesariamente es idealista para poder convencerse de la posibilidad de trasformar la realidad y de creer conocer la manera para hacerlo. En términos de Sternberg, diríamos que por lo general presenta un estilo de pensamiento interno, liberal, global y legislativo, estilo bastante acorde con su perfil configurador (Sternberg, 2000). Es decir, es un individuo que nada contra la corriente cultural y que postula tesis que ayudan a moldear o configurar las ideas de su medio y que busca cambiarlo y adecuarlo a sus principios y orientaciones. Prefiere el trabajo en grupos pequeños, atiende problemas generales y es abierto, cambiante y flexible en sus formulaciones y estrategias. Los innovadores suelen ser entusiastas y arriesgados. Prefieren pensar y actuar por sí mismos, aunque con su entusiasmo lideren necesariamente a sus equipos y con el riesgo que asumen generen confianza en sus maestros, padres y alumnos.

Los obstáculos de las innovaciones
Aquel que desea lanzarse desde las alturas, debe aprender a volar con el viento en contra.
(Proverbio chino)
Las innovaciones sacan a flote las contradicciones latentes en la práctica educativa tradicional y generan incertidumbres donde había certezas. Hacen visibles y evidentes las debilidades de los procesos adelantados y polemizan con los intereses y las interpretaciones vigentes. De allí que sea apenas lógico que se enfrenten a una serie de obstáculos de naturaleza diversa; obstáculos ideológicos y materiales que se presentan tanto interna como externamente, explícitos y ocultos.
El principal obstáculo ideológico tiene que ver con la resistencia al cambio que representan los padres de familia, el equipo de maestros y la comunidad académica en general. Para abrirse paso, la innovación tiene que crear un espacio propio y validarse socialmente.
Los padres suelen ser el principal obstáculo a vencer ya que dudan de las bondades de la innovación y actúan con especial temor y cuidado. Ellos han sido formados de manera generalizada en la Escuela Tradicional y, por lo general, su punto de referencia será éste. ¿Por qué aquí no se enseña como...? ¿Por qué todavía no han visto....? ¿Por qué no tienen clases de....? ¿Por qué los dejan hacer...? Esas suelen ser algunas de sus observaciones más frecuentes. La mayor parte de los padres son, por tanto, una fuerza tradicional que frena, cuestiona y limita el proceso innovador.
Por ser profundamente conformista, la cultura no prepara para enfrentar situaciones disímiles. La mayoría de los integrantes de los colegios piensa, habla y actúa de manera similar. En una innovación, a los padres les resulta difícil comprender que sus hijos ingresen a un curso diferente al que venían cursando; que para ubicarlos en dicho curso se tengan en cuenta criterios diferentes a los utilizados en la escuela regular; que existan áreas, textos y metodologías diferentes a las tradicionales; que los estudiantes dejen de “ver” algunas asignaturas durante algunos periodos y que profundicen en otras durante esos mismos años; que no estudien las mismas asignaturas que sus hermanos o primos. Esto genera una gran ansiedad en los padres de familia, tanto mayor, cuanto más tradicionales sean.
La ansiedad de los padres de familia proviene del hecho de que sus hijos asisten a instituciones educativas que cambian de manera significativa la manera de educar. Y será mayor mientras más significativos y esenciales sean los cambios realizados.
Dado que el origen de la ansiedad es el enfrentarse a una innovación pedagógica, sólo será posible disminuirla cuando los padres comprendan a cabalidad la naturaleza de la innovación, cuando se identifiquen con ella y confíen en sus bondades. Para ello, además de su propia, singular y lenta experiencia, no hay más posibilidad que leer los fundamentos y documentos institucionales y reflexionar sobre ellos o dialogar e intercambiar con personas que conocen de tiempo atrás la institución. Desafortunadamente, los materiales suelen ser muy reducidos en las fases iniciales de la innovación. Por lo general, los documentos son muy escasos, dado que repensar la escuela y escribir no son tareas fáciles de compartir durante el tiempo de gestación de la innovación. El tiempo que demanda resolver los problemas novedosos que genera la innovación suele no dejar espacio para la escritura durante los años iniciales de la ruptura y el tiempo de lectura de los documentos institucionales suele ser bajo entre los padres de familia, quienes prefieren casi exclusivamente a los docentes e innovadores para que les expliquen los fundamentos, las políticas y los mecanismos de la institución. Como puede entenderse fácilmente, los profesores e innovadores no podrán resolver una a una las múltiples inquietudes generadas por la innovación en los padres de familia, si no se asegura que ellos logren mayores niveles de lectura de los documentos institucionales.
Se deriva de lo anterior que las innovaciones requieren de los padres de familia altos niveles de lectura de los libros y de los documentos institucionales, así como una más alta participación de los padres antiguos, con el fin de evitar que sean exclusivamente los profesores e innovadores los encargados de resolver las dudas que genera la innovación ante las familias.
Los profesores representan la segunda resistencia ideológica ya que no se acomodan fácilmente a los cambios previstos, tienden a desconocerlos y a no implementarlos en la práctica. No han sido ni formados ni capacitados para ello y, en este sentido, tienden a repetir sus propios procesos de formación. Su resistencia es silenciosa y clandestina y, debido a ello, bastante perniciosa para el proceso innovador. El maestro lleva la tradición en la cabeza. Recordándonos a los encomenderos, los maestros “obedecen pero no cumplen”; oyen pero no escuchan, asienten pero no acatan. Una muestra de ello son las investigaciones del MEN realizadas a mediados de la década pasada. En ellas se encontró que, durante los primeros diez años en primaria, los profesores tienen una curva ascendente en el desarrollo de las competencias de los alumnos. Pero también se encontró que esta curva se vuelve descendente después del décimo año. En primaria, a partir del año diez, cada día nuestros alumnos aprenden menos con sus mismos maestros, porque nosotros enseñamos menos. Eso dicen las investigaciones del MEN.
En una segunda etapa los docentes podrían incluso convertirse en un obstáculo para seguir innovando, dado que comienzan a defender los aspectos inicialmente formulados por la innovación. Aspectos, que como es natural en toda innovación, tienen que seguir cambiando.
El tercer grupo de resistentes al cambio lo constituyen los refractarios. Como afirma Pasteur:
En todo descubrimiento hay tres etapas: convencerse uno mismo de su bondad, convencer a los demás, y tercero, que es el más divertido, pero el menos productivo, convencer a los detractores.
(Pasteur, citado por Patarroyo, 1991)
Los detractores son miembros de la comunidad académica, conscientes de los cambios deseados y de sus implicaciones, que se enfrentan directamente a las ideas innovadoras para defender sus intereses, sus maneras de actuar previamente y sus representaciones anteriores. Representan el paradigma vigente y en esta medida, mientras más tradicional sea su visión, más posibilidades de resistencia presentarán.
Muy seguramente por ello tenía razón Maquiavelo cuando afirmaba que:
No hay nada más difícil de llevar a cabo, ni nada más dudoso de éxito, ni más difícil de conducir, que iniciar un nuevo orden de cosas. Porque el reformador tiene enemigos en todos aquellos que sacan provecho del antiguo orden, y solo distantes defensores en aquellos que se beneficiarían del nuevo orden.
(Maquiavelo, El Príncipe, 1513)
Otro obstáculo ideológico tiene que ver con la ausencia de pares, de comunidad académica y de espacios con quienes y donde dialogar, intercambiar experiencias, metodologías o pruebas y confrontar las ideas y los procesos innovadores. Este problema será mayor en tanto la innovación tenga pretensiones transformadoras más amplias y radicales y en tanto sus propósitos sean más originales en el medio. Esta situación puede favorecer posturas poco flexibles, simplistas y reduccionistas en el equipo innovador, que atentan contra la naturaleza multidimensional, contradictoria, dialéctica y compleja de la realidad y el pensamiento (Morin, 2000); dándole de paso la razón a Einstein cuando afirmaba que era más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio.

Los obstáculos de la infraestructura y administración son también barreras a derrotar; en particular, porque la innovación, gestada por maestros, nace rica en ideas e ilusiones, pero débil en realidades y posibilidades económicas y administrativas. Sin embargo, su papel negativo por lo general suele ser sobrevalorado y sobredimensionado por los equipos de docentes que quieren iniciar una innovación.
El perfil del innovador lo hace distanciarse comúnmente de las tareas cotidianas administrativas; pero resulta que sin resolver éstas, no es posible pensar en aquéllas. La innovación se enfrenta, así, a obstáculos administrativos, económicos, legales y materiales, que pueden limitarla, aunque no de la manera tan significativa como suelen considerar los docentes. Veamos sintéticamente cada uno de ellos.
a) Administrativos. Con frecuencia durante las fases iniciales, lo administrativo tiende a absorber el proceso innovador, a invadir todos los espacios y a exigir la mayor parte de la destinación de tiempos y recursos económicos y de personal; ambos necesariamente escasos. De un lado, en las fases de gestación se hace casi inevitable la ausencia de división del trabajo entre los innovadores; todos terminan por realizar casi todas las tareas. Todos se involucran en las reflexiones y en las actividades diarias de diversa naturaleza. De otro lado, la inhabilidad de los innovadores para pensar la innovación en términos prácticos y para resolver problemas cotidianos agrava el problema. La ausencia inicial de división del trabajo se origina en la necesidad de enfrentar grupalmente las nuevas y difíciles realidades a las que se ven abocados los innovadores; en tanto que la inhabilidad para enfrentar problemas cotidianos proviene en mayor medida de la personalidad propia de los innovadores.
b) Económicos. La innovación exige dinero adicional invertido en investigación que aclare, bibliografía que complemente y capacitación que precise, los cuales no suelen ser problemas fáciles de resolver por parte del equipo de maestros innovadores. Éste resulta un problema crucial en el corto y el mediano plazo, lo que puede incluso asfixiar su surgimiento. Sin embargo, su peso tiende a sobredimensionarse por parte de los educadores innovadores. Es así como superado el tiempo inicial de gestación y plasmación, los obstáculos económicos tienden a debilitarse, ya que toda buena y pertinente idea, terminará necesariamente por encontrar espacios y mecanismos para su financiación.
c) Legales. La legislación puede limitar el desarrollo de innovaciones promisorias y, en caso de ser muy rígida, vertical y autoritaria, llegar a asfixiarlas en su propia gestación. Así mismo, una legislación más abierta y flexible puede favorecer enormemente los procesos innovadores en sus fases iniciales6 .
d) Materiales y de recursos didácticos. El proceso innovador requiere recursos didácticos y materiales acordes con el cambio generado por la innovación. Demanda nuevos textos y recursos didácticos, que obviamente no se encuentran en el mercado. Hay que producirlos y esto demanda ingenio, tiempo y recursos materiales. Nuevamente, mientras más amplia y radical sea la innovación, más complejo se torna resolver este tipo de obstáculos7.
El éxito de las innovaciones
La innovación no es un fin en si misma, sino un medio para mejorar los fines de la educación.
(Blanco y Messina, 2000)
Diversas investigaciones mundiales encuentran características comunes a las instituciones educativas de mayor calidad; entre ellas se podrían destacar las realizadas por Weber (1971), Edmonds (1979 y 1982) y la OCDE (1994), las cuales ubican como criterios esenciales: la claridad e identificación de la comunidad con las metas institucionales, los vínculos alcanzados con la comunidad, la cohesión y colegiabilidad entre sus miembros, la estabilidad y las oportunidades de capacitación de profesores y directivos, la cantidad e intensidad del uso del tiempo en el centro, la delimitación y precisión curricular, la claridad y periodicidad de las evaluaciones adelantadas sobre los alumnos y la institución; y el ‘’clima’’ de la institución, entre otros.
En una investigación adelantada hace poco tiempo como tesis de grado por dos egresados del Instituto Alberto Merani (De Zubiría, J, Calentura L y Acero H, 2002), se rastrearon los principales aspectos que diferenciaban a las instituciones de muy alta y de muy baja calidad académica en Bogotá. Para ello tomamos los resultados del ICFES del año 2000, seleccionamos a los cincuenta colegios de mayor y de peor balance académico en las pruebas de Estado en Bogotá y establecimos entre ellos los aspectos que en mayor medida los diferenciaban. En dicha investigación se llega a resultados bastante similares a los encontrados a nivel internacional. He aquí una síntesis de los mismos.

1) La claridad de las metas institucionales y la identificación de la comunidad con ellas.
Creo que si se mirase siempre al cielo se acabaría por tener alas.
(G. Flaubert)
Las buenas escuelas son aquellas que brindan un clima propicio para la enseñanza y el aprendizaje y para poder obtenerlo se requiere que sean claros los fines y el norte que tiene la institución; se requiere saber hacia dónde va y cuáles son sus prioridades. Una institución con metas claras generará un clima propicio para el desarrollo de la actividad educativa.
La investigación muestra que la existencia, la lectura y la discusión del Proyecto Educativo Institucional –PEI– entre los profesores es una variable claramente diferenciadora de la calidad de una institución educativa. Lo anterior ratifica las conclusiones mundiales que asignan un papel central a la delimitación de propósitos en las instituciones de calidad. En Bogotá, en las instituciones de mayor calidad, los maestros han participado activamente en la elaboración del PEI y éste ha sido leído, discutido y compartido por ellos. En las instituciones de menor calidad, o no existe el PEI o existe a nivel formal, pero no ha sido reflexionado, discutido y construido por la comunidad.
Muy posiblemente en las universidades nacionales parece cumplirse en mayor medida el criterio señalado en las asignaturas que en la propia institución. A nivel de asignaturas resulta relativamente común elaborar y delimitar el proyecto a seguir: propósitos, textos, lecturas y trabajos, organizados en forma de cronograma. Este criterio evidencia la necesidad de exigir la entrega de proyecciones por asignatura y por área. Sin embargo, resulta a todas luces clara la falta de trabajo conjunto sobre fines y prioridades por parte del equipo de maestros y directivos. Con gran seguridad, la mayor parte de universidades tiene un PEI elaborado, reflexionado, discutido, escrito e impreso de manera bastante formal, con baja participación de directivos, muy baja de docentes y administrativos y casi nula de estudiantes y egresados. En este contexto, los PEI de las universidades y de la mayor parte de colegios –hasta este momento– solo cumplen el requisito formal de constituirse como documentos para presentar ante las visitas de inspectores oficiales o como requisitos legales para futuros trámites administrativos y legales.
2) La calidad de la dirección educativa
Todas las investigaciones sobre la evaluación institucional conceden un lugar de primer orden al papel del director en la institución educativa. De él depende, en buena medida, el llamado ‘’clima institucional’’, o medio ambiente en el que se realizan las actividades de educación y aprendizaje. Los directores pueden frenar o impulsar de manera decisiva procesos de enseñanza adecuados por parte de los maestros, pueden señalar con claridad las prioridades a ser trabajadas, orientar el trabajo del colectivo y evaluar los aciertos y errores en el camino recorrido; pero también pueden no hacerlo o hacerlo de manera poco clara y con bajo nivel de liderazgo. Lo esencial, según las investigaciones adelantadas, tiene que ver con su papel como líderes pedagógicos.
El principal papel del director puede observarse en:
a. El liderazgo pedagógico que ejerza sobre profesores y estudiantes. De allí el enorme riesgo, tanto en colegios como en universidades, de que los rectores y directivos se conviertan en administradores y dejen en segundo lugar sus funciones académicas. Esa visión de privilegiar lo administrativo y lo gerencial, desconoce que la tarea esencial de un directivo educativo es esencialmente pedagógica y no administrativa.
b. Las expectativas positivas que exprese frente a los alumnos y maestros (Terrassier, 2002). Expectativas positivas y realistas que permitan a estudiantes y profesores avanzar, dado que se trabaja desde su zona de desarrollo próximo (Vigotsky, 1994).
c. La capacidad de realizar un seguimiento permanente con retroalimentación. El seguimiento de los propósitos, los procesos, los alumnos, los profesores y las condiciones, socializado ante la comunidad, permite superar las debilidades presentadas, ubicar los obstáculos y socializar los procesos más exitosos, de manera que sirvan de guía y de impulso a otros procesos en curso.
De allí la observación asertiva de Hechinger:
Nunca he visto una buena escuela con un mal director, ni una mala escuela con un buen director. He visto como malas escuelas se convertían en buenas, y lamentablemente, como destacadas escuelas se precipitan rápidamente hacia su declive. En todos los casos, el auge o el declive podía verse fácilmente reflejado en la calidad del Director’.
(Fred Hechinger
citado por Davis, G y, Thomas, A, 1979)
3) Los vínculos alcanzados con la sociedad
Educar es universalizar.
(Savater, 1997)
Una sensible preocupación educativa contemporánea tiene que ver con la necesidad de buscar una mayor inserción de la institución educativa con la comunidad. En una acepción más general, Drucker (1994) hablará de la creciente tendencia contemporánea a insertar la escuela en la sociedad.
Como criterio asociado a la calidad en las instituciones de educación básica y media se encuentran los vínculos de la institución educativa con otras instituciones de su misma naturaleza, la frecuencia y periodicidad de intercambios académicos y deportivos y la participación de la institución en actividades de la comunidad local, regional o nacional.
La pregunta derivada de las investigaciones anteriores para las instituciones educativas tiene que ver con indagar qué tanto nexo ha logrado la educación con el sector empresarial, con otros niveles educativos, el gobierno, los centros de investigación o los medios de comunicación, entre otros. ¿Qué propuestas ha hecho de superación de problemáticas locales, regionales o nacionales?
4) Énfasis en las habilidades básicas
Бесплатный фрагмент закончился.
