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CABALLEROS DEL REY

NOBLEZA Y GUERRA EN EL REINADO

DE ALFONSO EL MAGNÁNIMO

Jorge Sáiz Serrano

UNIVERSITAT DE VALÈNCIA

Este libro obtuvo el Premi Senyera de Investigaciones Históricas (2003) concedido por el Ayuntamiento de Valencia.


Esta publicación no puede ser reproducida, ni total ni parcialmente, ni registrada en, o transmitida por, un sistema de recuperación de información, en ninguna forma ni por ningún medio, ya sea fotomecánico, fotoquímico, electrónico, por fotocopia o por cualquier otro, sin el permiso previo de la editorial.

© Jorge Sáiz Serrano, 2008

© De esta edición: Universitat de València, 2008

Coordinación editorial: Maite Simón

Fotocomposición y maquetación: Inmaculada Mesa

Cubierta:

Imagen: Alfonso el Magnánimo y sus caballeros representados en una batalla contra musulmanes, miniatura de Lleonard Crespí del Salterio y Libro de Horas de Alfonso el Magnánimo (c. 1442), Brithish Library, Ms. Ad. 28962, f. 78.

Diseño: Celso Hernández de la Figuera

Corrección: Pau Viciano

Realización de ePub: produccioneditorial.com

ISBN: 978-84-370-6897-8

A Pilar y Nuria,

protagonistas de mi mejor historia

ÍNDICE

PORTADA

PORTADA INTERIOR

CRÉDITOS

DEDICATORIA

ÍNDICE

INTRODUCCIÓN

SIGLAS Y ABREVIATURAS UTILIZADAS

PRIMERA PARTE

I. LAS GUERRAS DE ALFONSO EL MAGNÁNIMO

1. LA EXPEDICIÓN NAVAL DE 1420 Y LA PRIMERA INCURSIÓN NAPOLITANA (1421-1423)

2. LA OPERACIÓN DE PRESIÓN POLÍTICA CONTRA CASTILLA DEL VERANO DE 1425

3. LAS CAMPAÑAS DE LA GUERRA CON CASTILLA DE 1429-1430

4. LA EXPEDICIÓN MEDITERRÁNEA DE 1432

5. LA CONQUISTA DE NÁPOLES: LAS CAMPAÑAS FINALES DE 1441-1442

6. LAS CAMPAÑAS CENTRO-ITALIANAS ENTRE 1443 Y 1448

II. LA ORGANIZACIÓN MILITAR Y EL PAPEL DE LA CASA REAL

1. EL PESO Y LA ORGANIZACIÓN TÁCTICA DE LA CABALLERÍA EN LOS EJÉRCITOS

2. LA MOVILIZACIÓN Y LA HEGEMONÍA DEL RECLUTAMIENTO A SUELDO

3. UNA ADMINISTRACIÓN MILITAR CENTRALIZADA DESDE LA CASA REAL

4. LA CASA REAL, BASE DE UNA CLIENTELA MILITAR: CORTESANOS Y PENSIONADOS DEL REY

III. LA EVOLUCIÓN DEL EJÉRCITO DE CABALLERÍA. UNA VÍA CLIENTELAR HACIA TROPAS PERMANENTES

1. EL PESO DE LA CLIENTELA MILITAR DEL REY EN LAS CAMPAÑAS HISPÁNICAS (1425-1430)

2. LA REGULARIZACIÓN DE CONTINGENTES EN LA CONTINUIDAD DE LA GUERRA (1432-1442)

3. LA CONSOLIDACIÓN DE UNA CABALLERÍA PERMANENTE TRAS LA CONQUISTA DE NÁPOLES (1443-1448)

SEGUNDA PARTE

IV. LAS COMPAÑÍAS NOBILIARIAS DE CABALLERÍA: ENTRE LAS CLIENTELAS Y EL MERCADO

1. UN MODELO ALTONOBILIARIO: LA GENTE DE ARMAS DEL DUQUE DE GANDÍA Y DEL CONDE DE LUNA

2. FAMILIARES, CLIENTES Y CONTRATADOS EN LAS COMPAÑÍAS DE LA BAJA NOBLEZA

3. LAS COMPAÑÍAS DE PROFESIONALES. LA GENTE DE ARMAS DE EIXIMÉN PÉREZ DE CORELLA Y DE RAMON BOÏL

V. CABALLEROS Y HOMBRES DE ARMAS: CONDICIÓN SOCIAL, ORIGEN Y EQUIPO DE LOS COMBATIENTES

1. LOS HOMBRES DE ARMAS A TRAVÉS DE LOS REGISTROS DE MOSTRES

2. PERFILES DE COMBATIENTES A CABALLO EN LA VALENCIA DE 1430: ENTRE LA BAJA NOBLEZA Y LAS CLASES MEDIAS

VI. NOBLEZA Y SERVICIO MILITAR

1. LA PARTICIPACIÓN EN LAS GUERRAS DEL REY. UNA MILITARIZACIÓN DESIGUAL

2. LA CARRERA DEL CABALLERO: CULTURA NOBILIARIA Y PATROCINIO REAL

3. CABALLEROS DEL REY: CONDICIONANTES Y PERFILES DE LA PROFESIONALIZACIÓN MILITAR

VII. LA RENTABILIDAD DE LA GUERRA

1. EL IMPACTO DE LA GUERRA EN LA ECONOMÍA NOBILIARIA. COSTOS Y RIESGOS

2. LOS BENEFICIOS PLURALES DEL SERVICIO MILITAR AL ESTADO

3. LA PARTICIPACIÓN EN LA RENTA CENTRALIZADA COMO ALTERNATIVA A OTRAS FUENTES DE INGRESO

CONCLUSIONES

FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA

BIBLIOGRAFÍA

APÉNDICE 1.

1. LINAJES NOBILIARIOS VALENCIANOS EN LAS GUERRAS DE ALFONSO EL MAGNÁNIMO

2. CUADROS

INTRODUCCIÓN

La nobleza valenciana del siglo XV residía lejos de sus patrimonios rurales en las principales ciudades del reino, mayoritariamente en la capital, Valencia. Era una nobleza urbana y rentista que vivía cada vez menos de sus pequeños señoríos y cada vez más de los recursos monetarios que le ofrecía tanto su participación en el dinamismo económico y mercantil valenciano, fruto del esplendor de la capital, como sus servicios al Estado, al rey, al reino o a la ciudad. Entre esos servicios y fuentes de renta estaba el más honroso y tradicional: haber dejado alguna vez a lo largo de su vida sus cómodos alberchs y palaus urbanos marchando a la guerra como combatiente de caballería pesada, hombre de armas, y liderando una comitiva armada, sobre todo en los ejércitos del rey.

Y es que en la Valencia del Cuatrocientos la nobleza continuaba firmemente vinculada a la guerra. Desde modestos donzells y cavallers de reciente procedencia ciudadana hasta poderosos nobles de antiguos linajes aristocráticos asentados desde los tiempos de la conquista cristiana, todos veían en la ejercicio de la actividad militar una obligación propia de su condición social al tiempo que una oportunidad de beneficios. Ser noble seguía asociándose a servir como caballero pesadamente armado, como hombre de armas. Y ello en unos tiempos en los que la caballería como arma militar vivía el momento de su apogeo final por toda Europa, coincidiendo con una sólida cultura e ideología caballeresca que mantenía la cohesión del conjunto de la clase feudal y vivía una fuerza paralela al propio peso de los hombres de armas en los ejércitos.

Durante el largo reinado de Alfonso el Magnánimo, coincidente con el siglo de oro económico y cultural de la ciudad y reino de Valencia, los nobles valencianos tuvieron amplias oportunidades para servir en las guerras del rey. Fue la época en la que caballeros como Joanot Martorell y Ausiàs March, antes de escribir sus grandes obras, participaron, al igual que sus coetáneos de otros linajes, en el espectacular ciclo de guerras que condujeron a Alfonso V a rivalizar con el poderoso vecino peninsular, Castilla, y a conquistar el reino de Nápoles en la Italia del Renacimiento. El destino de muchos nobles valencianos fue ser caballeros del rey en los ejércitos y armadas, en los frentes hispánico, mediterráneo e italiano. Ellos todavía consideraban la guerra como su principal función social al tiempo que una honorable oportunidad de enriquecimiento. En esa vía muchos nobles seguían la línea de sus antepasados quienes ya habían servido al rey en los siglos XIII y XIV, en la conquista del reino de Valencia, en los diferentes episodios de la expansión mediterránea de la Corona (en Sicilia, Cerdeña) o en la rivalidad con Castilla. Pero las transformaciones en las estructuras políticas y militares implicaban que marchar a las guerras del rey ya no fuera igual para Joanot Martorell, Ausiàs March y sus contemporáneos, protagonistas de este trabajo, que para los caballeros que conquistaron Valencia a los musulmanes o para quienes ganaron Sicilia y Cerdeña, aunque hubiese una profunda línea de continuidad en la concepción nobiliaria de la guerra. ¿Cómo se integraban realmente los nobles valencianos en los ejércitos reales de la primera mitad del siglo XV?; ¿cuántos marcharon a las guerras de Alfonso el Magnánimo y en qué medida obtuvieron beneficios de ellas?

El presente estudio en su formulación más concisa pretende responder precisamente a esos dos grandes interrogantes. Por un lado, cómo y dónde se vinculó la nobleza en la guerra; por otro lado, por qué participaba en las mismas y hasta qué punto ello era realmente rentable. Las primeras cuestiones nos llevan a examinar la caballería en los ejércitos: la caballería, como arma militar y manifestación social de la presencia de la nobleza en la guerra, y la organización del potencial militar feudal, las compañías nobiliarias y el ejército real de caballería (su estructura, organización, reclutamiento) que suponen el marco de integración nobiliario en la guerra. Los segundos interrogantes suponen ahondar en las complejas relaciones existentes entre la nobleza y la guerra, en las razones sociales y económicas de su servicio militar, cuestionando por qué unos nobles participaban más que otros y desglosando cuál era la rentabilidad de la guerra confrontando riesgos y beneficios.

Para abordar ambas perspectivas hemos partido de la riqueza documental del Arxiu del Regne de València (ARV), un gran archivo del Cuatrocientos valenciano que permite adoptar una perspectiva de Estado al custodiar los registros de la Tesorería general de la Corona de Aragón en el reinado de Alfonso V. Se trata de la fuente central para estudiar el ejército y organización militar, aunque hemos ampliado la consulta a fondos financieros adicionales y a registros de la Cancillería no sólo en el citado archivo sino también en el Arxiu de la Corona d’Aragó (ACA) y, en menor medida, en el Archivio di Stato de Palermo (ASP). Por su parte, en el examen de la nobleza valenciana hemos acudido a fondos complementarios (judiciales y notariales) en el ARV y en otros archivos locales. Para concretar las líneas del trabajo hemos recurrido al método prosopográfico y a la elaboración, a partir del estudio combinado de los diversos fondos documentales, de cinco grandes bases de datos que cubrían los diversos temas analizados.

Paralelamente, el marco teórico del estudio se ubica en la interpretación de las relaciones intranobiliarias y entre Estado y nobleza durante la crisis del feudalismo como sistema social, con el problema de fondo del debilitamiento de las rentas agrarias y la reacción de la nobleza al respecto. Entre las principales estrategias de respuesta nobiliaria destaca la redistribución de rentas y tierras y su creciente participación en los recursos estatales, básicamente a través de la guerra; pero también una redefinición de las redes de dependencia a partir de clientelas de remuneración monetaria centralizadas en las Casas feudales. Este esquema explicativo derivado del materialismo histórico se presenta válido como marco de referencia aunque margina, a nuestro juicio, la variable político-militar, el desarrollo del Estado y la transformación de las estructuras militares. Por ello hemos pretendido hacerlo converger con los resultados de diferentes líneas de investigación al respecto: trabajos sobre la formación del Estado, la fiscalidad estatal y el crédito, la interpretación militarista del desarrollo del Estado esgrimida por la sociología histórica; y la consideración de las innovaciones militares bajomedievales como las raíces de la «revolución militar» de la edad moderna. Finalmente, señalar que en nuestra aproximación a la historia social de la guerra y la nobleza, destaca el peso de las aportaciones de la historiografía anglosajona, la que cuenta con mayor tradición sobre el tema al hilo del debate en torno al feudalismo bastardo y las clientelas nobiliarias.

El protagonismo de esta obra, y de ahí el título inicial, recae en el análisis de caballeros del rey, en las dimensiones militares y socioeconómicas de lo que implicaba para la nobleza valenciana servir como combatiente a caballo en los ejércitos de Alfonso Ello supone centrar nuestra atención en quienes en el reino de Valencia del siglo XV, como en el resto de territorios de la Corona de Aragón y de Europa, eran los principales protagonistas (los caballeros, los hombres de armas) y beneficiarios (la nobleza) de la guerra. Desde esta perspectiva el estudio se organiza en dos partes. Por un lado, el escenario bélico en el que participó la nobleza: la guerra y la evolución de las estructuras militares en el reinado de Alfonso el Magnánimo. Por otro lado, las dimensiones militares, sociales y económicas de la vinculación nobiliaria en la guerra.

En la primer parte (capítulos I-III) se examina en profundidad el contexto militar del periodo, dirigiendo nuestra atención a la guerra, la organización militar y los ejércitos de caballería. Se aborda así, en primer lugar (capítulo I) el espectacular ciclo de guerras del rey entre 1420 y 1448, poniendo especial énfasis en la retribución y composición del ejército. A continuación profundizamos en la organización militar (capítulo II): partiendo del peso de la caballería en los ejércitos, se realiza un examen de la movilización y reclutamiento, así como una valoración del modelo de administración militar y el peso de la Casa Real. Finalmente, se presenta la evolución de los ejércitos de caballería (capítulo III) poniendo de relieve el cambio esencial que se detecta, la emergencia de fuerzas permanentes favorecida por la recurrencia de la guerra, la reorganización de la estructura clientelar de la caballería real y el dinamismo de la política financiera real.

En la segunda parte (capítulos IV-VII) abordamos en detalle las dimensiones de la inserción de la nobleza en la guerra. Los dos primeros capítulos (capítulo IV-V) pretenden ser una radiografía de las bases sociales de la caballería en los ejércitos del rey. Se examinan, de esta forma, por un lado, la estructura y formación de las compañías nobiliarias de caballería, destacando el respectivo peso de las clientelas y el mercado en la movilización de combatientes y los elementos de cambio según el grado de presencia en la guerra de los nobles; y por otro lado, los hombres de armas, su diversa condición social, procedencia geográfica y el coste y distribución de su equipamiento (armadura, caballos). En los dos últimos capítulos (capítulos VI-VII) se abordan los caracteres del servicio en los ejércitos de los nobles y los beneficios que así obtuvieron. Inicialmente se busca determinar sus niveles de integración en la guerra cuantificando el grado de militarización de los linajes valencianos a partir de su presencia documentada en el ciclo militar entre 1420-1448, para pasar a examinar las etapas comunes de la carrera del caballero y la formación, aprendizaje y entrenamiento en las armas, una cultura nobiliaria compartida con patrocinio del rey. Posteriormente se profundiza en los condicionantes sociales de la profesionalización armada, en los perfiles sociales (según jerarquía nobiliaria, grado de vinculación clientelar con el rey y posición en el linaje) de quienes realmente llegaron a ser caballeros del rey al servir regularmente en sus campañas. Concluimos el estudio abordando el problema de la rentabilidad de la guerra para la nobleza. Se aborda la actividad militar desde el punto de vista económico, interrogándonos en qué medida la guerra se constituyó como fuente de rentas frente a otros ingresos. Para ello se parte de un examen de los costos y riesgos que supuso la práctica armada, desde la adquisición y mantenimiento del equipo, hasta las penurias y peligros del seguimiento de los ejércitos, la vulnerabilidad económica y los rescates. Se desglosan a continuación la tipología de beneficios que reportaba la guerra, desde los tradicionales (botín y recompensas señoriales) hasta las retribuciones monetarias (soldadas, pensiones, rentas, etc.). Finalmente, a partir de ejemplos concretos, se examina la importancia que para la nobleza supuso su participación en la renta centralizada fruto del servicio militar profesional en comparación con sus otras fuentes de ingresos (señoriales y crédito), con el fin de ofrecer una valoración global de la rentabilidad de la guerra para la nobleza valenciana. El estudio aporta finalmente un apéndice con los principales nobles valencianos que sirvieron en las guerras de Alfonso el Magnánimo, sus caballeros del rey: ordenados por linajes, se señala el modelo de profesionalización militar que encarnan, su ascendencia familiar y una breve reseña de su carrera militar.

* * *

El presente libro es fruto de la reelaboración de una parte de mi tesis doctoral, titulada «Guerra y nobleza en la Corona de Aragón. La caballería en los ejércitos del rey (siglos XIV-XV)», finalizada en septiembre de 2002, defendida en la Universitat de València en marzo de 2003 y galardonada con el Premi Extraordinari de Doctorat en Geografia i Història en su convocatoria de 2004. El trabajo es resultado de un largo camino de trabajo discontinuo pero insistente iniciado en 1992, al obtener mi licenciatura. A lo largo de esos años los interrogantes aumentaron al mismo ritmo que descendían las seguridades teóricas propias de un ambicioso comienzo. Paralelamente también me beneficié del diálogo y experiencias de investigación compartidas con un grupo de amigos y colegas. De hecho, han sido muchas las personas que, de una manera o de otra, han hecho posible que este trabajo, en su inicial versión de tesis doctoral, llegara a buen puerto. En primer lugar, Antoni Furió, cuya paciencia, consejos, tiempo invertido y extremada exigencia en la dirección de la tesis han permitido aciertos y, sobre todo, han evitado numerosos errores. Hago extensivo el agradecimiento a los profesores que aceptaron formar parte del tribunal y enriquecieron la tesis con sus sugerencias y críticas, Paulino Iradiel (presidente), Enric Guinot (secretario), Miguel Ángel Ladero Quesada, Maria Teresa Ferrer i Mallol y Francisco García Fitz. Mención especial merece la ayuda inestimable prestada por mis amigos y compañeros. En un momento dado el germen de este trabajo tuvo que renacer de sus cenizas. A ello contribuyo mucho el amigo Antonio José Mira. Junto a él, Luis Pablo Martínez, Juan Vicente García Marsilla, Pau Viciano y Juan Francisco Pardo también han compartido fructíferas conversaciones respecto al tema que, sin duda, lo han enriquecido. Quepa decir igualmente que la investigación conducente a este trabajo se ha beneficiado del respaldo de determinados nichos institucionales y ayudas financieras. Por una parte, los integrantes del Departament d’Història Medieval de la Universitat de València (profesores y administrativos), del que fui miembro entre 1994 y 1997 en calidad de becario de FPI a cargo de la Conselleria de Cultura, Educació i Ciència de la Generalitat Valenciana, con el proyecto de investigación «Estado, Guerra y Sociedad en la Corona de Aragón y el reino de Valencia (siglos XIVXV)». Por otra parte, del Department of History de la University of Edinburgh, donde disfruté de la cálida hospitalidad del profesor Anthony Goodman durante una estancia como Postgraduate Worker entre junio y julio de 1997. Finalmente, la Fundación Caja Madrid también contribuyó con sendas becas predoctoral (1998-1999) y postdoctoral (2004-2005), financiando los dos últimos proyectos de investigación previos al presente estudio, titulados «Guerra, nobleza y Estado en la Corona de Aragón en la Baja Edad Media: nobleza y caballería en los ejércitos reales (siglos XIV-XV)» y «Organización militar y nobleza en la Corona de Aragón en la Baja Edad Media». Quisiera expresar mi agradecimiento, por supuesto, al Excelentísim Ajuntament de València que galardonó esta obra con el Premi Senyera de Investigaciones Históricas en el año 2003, así como al Servei de Publicacions de la Universitat de València, por darme ambos la oportunidad de que viera la luz. Pero es en mis padres y hermanas y, sobre todo en los últimos años, en Pilar de donde provienen los ánimos y el cariño que han hecho posible la escritura de todas y cada una de las letras de este libro. A la recién llegada, a nuestra hija Nuria, le debo la inspiración e ilusión final para acabarlo. Y sin más, con todo mi cariño, a mi hermana Cristina.

SIGLAS Y ABREVIATURAS UTILIZADAS




PRIMERA PARTE

EL ESCENARIO MILITAR. GUERRA Y EJÉRCITOS DE CABALLERÍA

I. LAS GUERRAS DE ALFONSO EL MAGNÁNIMO

Nuestro estudio de la vinculación de la nobleza valenciana en la guerra dispone del excepcional marco de observación que suponen las campañas emprendidas por Alfonso V el Magnánimo entre 1420 y 1448. Un periodo, en el que el monarca dirigió en persona sus ejércitos, que destaca por la variedad de frentes y escenarios: entre 1420, su bautismo en las armas con la expedición sarda y corsa, finalizada en el fallido sitio de Bonifacio, y 1448, el final de una larga campaña centro-italiana cerrada con el frustrado asedio a la villa toscana de Piombino. En ese persistente ciclo militar sobresale la empresa de conquista del reino de Nápoles y los posteriores conflictos italianos. La conquista de Nápoles se convirtió en el objetivo prioritario del monarca desde 1421 sólo interrumpido por conflictos dinásticos con Castilla (1425, 1429-1430). A partir de los registros financieros del rey (sobre todo la Tesorería General), fondos de la Cancillería, la información proporcionada por las crónicas, así como diferentes trabajos sobre el reinado del Magnánimo, es posible sintetizar el contexto político-militar de la Corona de Aragón en ese periodo intentando una aproximación global a la composición, estructura y financiación de las fuerzas militares del rey en estrecha vinculación con los imperativos financieros y políticos del modelo de Estado de la Corona de Aragón.[1]

1. LA EXPEDICIÓN NAVAL DE 1420 Y LA PRIMERA INCURSIÓN NAPOLITANA (1421-1423)

A inicios de mayo de 1420, Alfonso V comenzaba sus empresas militares zarpando de Els Alfacs rumbo a Cerdeña, llevando tras sí una flota de galeres, galiotes y naus entre catalanas –partidas desde Salou, Sant Feliu, Cotlliure y Roses– y valencianas –desde el Grao de Valencia– que se conjuntaron en Mahó, en Menorca, y marcharon a Cerdeña a la ciudad de l’Alguer donde se concentró el ejército real. Iniciaba una empresa que había sufrido numerosas prórrogas en su partida: retrasos derivados por la propia inexperiencia directiva de un nuevo rey que iniciaba su andadura militar, pero también retrasos políticos por la dependencia financiera del rey respecto a la sociedad política de sus reinos convocada en Cortes. De hecho, la expedición de 1420, el «bautismo militar» de Alfonso V dirigido a pacificar las rebeliones sardas y combatir la ingerencia genovesa en Córcega, manifestaba hasta qué punto la monarquía carecía de la necesaria independencia política y financiera como para disponer por sí misma de los recursos pecuniarios para movilizar una armada con todo lo que ello implicaba. Y dependencia financiera implicaba dependencia militar.

Y es que Alfonso V, como sus predecesores en el trono, no disponía de fuerzas militares permanentes a su servicio, conducidas por capitanes y comandantes nombrados por él, pagadas regularmente por el erario real y movilizables a su libre deseo. No existía un ejército del rey como tal, sino ejércitos ocasionales: el ejército real era el heterogéneo contingente de tropas que la administración regia movilizaba para campañas determinadas, a cuya finalización se desmovilizaba. Si el rey quería disponer de fuerzas armadas debía recurrir al potencial militar vinculado a la nobleza de sus reinos y a sus principales centros urbanos. Erigir el ejército del rey era movilizar al servicio de la monarquía sólo una parte de ese potencial. El monarca podía tener acceso a la parte del león de ese potencial en el caso de operaciones defensivas circunscritas dentro de los reinos peninsulares de la Corona. Entonces entraban en juego los mecanismos de movilización general defensiva local que daban pie a diferentes cuerpos de milicias urbanas y compañías feudales costeados directamente por nobles y ciudades, aunque generalmente esa movilización obligatoria acabara canjeándose por entregas de dinero. Y es entonces, sobre todo, en ese nivel de amenaza de la integridad territorial de los reinos y por tanto de necesidad defensiva, cuando la sociedad política y sus aparatos institucionales (Cortes y Diputaciones) podía poner a disposición del monarca fuerzas militares substanciales, salidas de ese potencial nobiliario y urbano y movilizadas por una contratación a sueldo merced a la fiscalidad estatal gestionada por la propia sociedad política. De hecho, desde mediados del Trescientos, un modelo de Estado en la Corona de Aragón que dejaba la gestión de la nueva fiscalidad en manos de la sociedad política, de Cortes y Diputaciones,[2] había otorgado a ésta las competencias necesarias para intervenir en materia militar concediendo un estrecho margen de maniobra a las tropas que con los nuevos impuestos fuesen contratadas: sólo podrían servir para operaciones defensivas, dentro de los reinos, o acudir en casos de necesidad en ayuda del monarca a operaciones exteriores. La pérdida de independencia financiera de la monarquía en la segunda mitad del siglo XIV también había equivalido a la reducción de su independencia militar para acceder al potencial armado de nobles y centros urbanos. Alfonso V, como también su padre Fernando I, el primer Trastámara en la Corona, eran conscientes de que si deseaban disponer del margen de maniobra apropiado para dotarse de una fuerza militar significativa debían socavar esa dependencia (política) financiera respecto a las Cortes y Diputaciones de sus reinos buscando una financiación alternativa, bien saneando el patrimonio real o bien poniendo en pie una nueva política financiera basada en el crédito público a gran escala.[3] Para poder contratar a sueldo tropas de caballería, el núcleo de los ejércitos y el desembolso militar más caro, pero también para reclutar contingentes de infantería, sobre todo ballesteros, era necesario disponer de capital con rapidez y libre de la negociación política en Cortes, mediante créditos institucionales asegurados sobre las rentas patrimoniales y reunidos mediante la emisión de deuda pública censal, o recurriendo a la intermediación financiera de mercaderes y banqueros.

Entre 1419-1420 Alfonso V todavía no había puesto en marcha los cimientos de esa nueva política financiera. Aunque dispuso de capital libre de negociación con las oligarquías de sus reinos (un subsidio clerical de 60.000 flor. y una primera entrega –50.000 flor.– de la dote castellana de la reina María) buena parte de la financiación de la armada provino de los donativos y préstamos negociados en Cortes valencianas y catalanas entre 1419 y 1420 (cerca de 100.000 flor.).[4] Gran parte de ese capital se destinó a la contratación y armamento de galeras, el flete de naves para la armada y la compra y fabricación de bescuit para la misma;[5] pero no a la inversión más cara, levantar un ejército a sueldo. Siendo la primera expedición de Alfonso como nuevo rey, confiaba atraerse a su servicio a aquellos nobles, cavallers, donzells u hòmens de paratge y ciutadans de sus diferentes reinos que deseasen enrolarse de forma voluntaria y sin recibir soldada alguna: a todos ofreció sólo gràcies e favors si le servían gratuitamente. En abril de 1419 el rey envió cartas de convocatoria (ampraments) a 619 miembros de las diferentes jerarquías nobiliarias de sus reinos y del patriciado urbano invitándoles a que si querían servirle en la expedición articulasen compañías armadas a su cargo (a sa messió, a ses despeses).[6] A ese mayoritario contingente gratuito, a sa despesa, se le unirían las tropas que el rey contrató a sueldo directa o indirectamente. Indirectamente en la medida en que cada galera contratada aportaba 20 hombres de armas y 30 ballesteros;[7] pero también directamente ya que hemos documentado el reclutamiento de 124 compañías que suponían un contingente de 782 hombres de armas, sin que conozcamos ni la soldada ni el tiempo de servicio.[8] Resulta por tanto arriesgado cuantificar el número de embarcaciones y el contingente participante. Dificulta la labor una financiación de la armada descentralizada, que no fue registrada únicamente en la tesorería real sino, con toda seguridad, en varias contabilidades dispersas paralelas a la misma;[9] pero también unos preparativos fragmentados territorialmente, con armamentos de naves y movilización de tropas diferenciados en Cataluña y en Valencia. Aunque podemos estimar que la flota pudo ser de cerca de 30 galeras y 14 naves,[10] es difícil una valoración global del ejército movilizado ante el carácter de servicio mayoritariamente gratuito de las compañías participantes. Podríamos, no obstante, aventurar que Alfonso V movilizó un ejército considerable integrado por cerca de 1.500 ballesteros y 4.000 combatientes de caballería, de los cuales sólo un millar estarían contratados y el resto integrados en compañías de servicio gratuito.[11] A este contingente se fueron agregando, a lo largo del verano de 1420 en l’Alguer, las guarniciones de las ciudades sardas bajo dominio aragonés y compañías contratadas de gente de armas de los nobles sicilianos.[12] Una vez pacificó los focos sardos rebeldes, pactando con el sedicioso vizconde de Narbona, el rey volvió sus miradas sobre Córcega, donde, tras reforzar militarmente su dominio sobre la ciudad de Calvi, puso sitio a la ciudad de Bonifacio, pro-genovesa, entre la primera quincena de octubre de 1420 y comienzos de enero de 1421. El conocido fracaso en esta operación conllevó el licenciamiento y desarticulación de gran parte de las tropas del rey quien retornó a Cerdeña.[13] Allí celebró un Parlamento en Cagliari en febrero de 1421, asegurándose 50.000 flor. a pagar en cinco años por los estamentos sardos.[14] Posteriormente partió hacia Sicilia donde se concentró, entre fines de febrero y junio, en el refuerzo financiero y militar de su flota y ejército. En junio de 1421 partía de Mesina hacia su primera aventura militar en Nápoles.

La empresa napolitana, que se había gestado en agosto de 1420 tras aceptar el rey la oferta de la embajada de la reina Juana II de Nápoles para que interviniera en su apoyo en las luchas sucesorias internas, suponía un giro en la línea mediterránea tradicional de la Corona de Aragón, que siempre buscaba estabilizar el dominio militar en Cerdeña y Sicilia y anular a Génova. La aceptación de la oferta por Alfonso V abría un nuevo frente diplomático y militar, el napolitano, que acabaría transformándose en el decisivo de su reinado. Así, aunque inicialmente en septiembre de 1420, tras aceptar la oferta, sólo desvió un contingente hacia tierras napolitanas (12 galeras y 3 galiotas al mando de Ramon de Perellós), confirmó su decidida política intervencionista tras liberarse del estancamiento corso y una vez reforzado financieramente en Sicilia, partiendo hacia Nápoles en mayo de 1421. Allí llegó el 7 de julio con una flota de 16 galeras y 8 naves y al mando de cerca de 1.000 ballesteros y 1.000 hombres de armas, siguiéndole «entre señores y caballeros muy pincipales de su corte hasta mil y quinientos».[15] Era, con todo, un contingente insuficiente para combatir a sus rivales, los condottieri Muzio Attendolo y Francesco Sforza, defensores de la candidatura al trono de Luis de Anjou. Precisamente por ello el rey había retrasado su llegada al reino de Nápoles hasta disponer de un mayor potencial militar. Por un lado en el sur del reino, en el ducado de Calabria –título obtenido por el rey como heredero y ahijado de Juana II–, el apoyo de barones locales y la llegada de tropas y provisiones desde Sicilia.[16] Y por otro lado, en el norte, asegurándose el servicio de un condottiere relevante, el noble perugino Braccio da Montone, contratado con soporte financiero florentino y nombrado conestable del reino napolitano.[17] En total, para su primera incursión napolitana, Alfonso V se encaminaba a dirigir nada menos que cerca de 5.000 caballos, aunque el grueso (4.000 caballos) provenían del ejército de Braccio.[18]

Con todo, su situación militar y política iría haciéndose insostenible por su ruptura con Juana II (quien adoptaba como heredero a Luis de Anjou), el estancamiento de las tropas de Braccio y las duras ofensivas antiaragonesas del clan Sforza. Para escapar de una previsible debacle necesitó del apoyo militar y naval sufragado por las Cortes catalanas de 1421-1423 y sólo a cambio de aceptar una ofensiva pactista y la firme promesa de regresar de su aventura napolitana. A comienzos de 1423, recibió una ayuda catalana de 8 galeras y 10 naves con más de 1.000 ballesteros y 500 hombres de armas, capitaneados por el hermano menor del monarca, el infante Pedro.[19] Gracias a esas fuerzas, a fines de octubre de 1423 el rey abandonaba Nápoles de regreso a sus dominios ibéricos con 18 galeras y 12 naves, no sin antes haberse asegurado una base de operaciones en la bahía de Nápoles conquistando la isla de Ischia. En ruta proyectó una ofensiva sobre las costas genovesas que las malas condiciones meteorológicas transformaron en el ataque y saqueo de la ciudad de Marsella entre el 19 y 20 de noviembre de ese año. Cuando llegó a las costas catalanas en diciembre el conjunto de las tropas a su cargo, al igual que la flota, comenzaron a desarticularse. No había necesidad alguna de mantener operativo aquel potencial militar. A comienzos de 1424, del enorme ejército que había estado a las órdenes del rey entre julio de 1421 y diciembre de 1423 (las tropas que trajo el rey, las italianas del condottiere Braccio y algunos barones napolitanos y el refuerzo catalán de 1423), sólo permanecía activo una reducidísima parte: un pequeño contingente acantonado en Nápoles al mando del infante Pedro, al cual se agregaron efectivos comandados por capitanes de Braccio. En total cerca de 1.200 caballos y 1.000 infantes, en su mayoría italianos.[20]

2. LA OPERACIÓN DE PRESIÓN POLÍTICA CONTRA CASTILLA DEL VERANO DE 1425

En diciembre de 1423 Alfonso el Magnánimo regresaba a la península claramente a disgusto y con la firme intención de retornar a Nápoles en cuanto se lo permitieran el contexto político italiano y nuevos preparativos armados. Pero las luchas de facciones nobiliarias en Castilla por el control del Estado, en las que tomaban parte activa sus hermanos los infantes de Aragón (Enrique, maestre de Santiago, y Juan, príncipe-consorte de Navarra) y la resistencia de la monarquía castellana sustentada en la hábil política del favorito real, Álvaro de Luna, iban a arrastrar al Magnánimo a graves conflictos con el poderoso vecino castellano. El encarcelamiento de su hermano Enrique en Castilla (preso desde junio de 1423) impidió al rey acompañar en junio de 1424 a la nueva armada de 24 galeras comandada por Frederic d’Aragó, conde de Luna, que partía de Barcelona hacia Nápoles, de donde rescató al infante Pedro y, tras reforzarse en Sicilia, atacó la pequeña isla tunecina de Kerkenna.[21] En Nápoles, la situación no había podido quedar peor: sólo permanecían bajo dominio aragonés zonas del sur del ducado de Calabria, la isla de Ischia y en la capital las fortalezas de Castelnuovo y Castel dell’Ovo con pequeñas guarniciones.

El monarca asistió a distancia a estas operaciones ya que en el verano de 1424 había tomado la decisión de abordar el problema de la prisión de su hermano Enrique, iniciando preparativos militares para articular un ejército con el que presionar a la facción dominante en Castilla. Entre julio y diciembre de ese año, 993 nobles, cavallers, donzells y ciutadans, catalanes, valencianos y aragoneses, eran convocados por oficiales de dichos reinos y cortesanos para que se preparasen para servir a sueldo del rey.[22] Para financiar los tres meses de servicio ofrecidos, Alfonso V procuró lograr capital eludiendo cualquier tipo de negociación con las Cortes de sus reinos. No quería hacer frente a las resistencias y cortapisas políticas que le provocaría su convocatoria y buscó dinero propio (rentas patrimoniales, subsidios señoriales o clericales, peñora de joyas reales, etc.).[23]

De esta forma reclutó 140 compañías que aportaron 1.476 combatientes a caballo para servir durante tres meses en la frontera de Aragón librándoseles pagos avanzados de la soldada (acorriments) fraccionados en dos entregas: 785 efectivos eran asoldados en Zaragoza por el tesorero Ramon Berenguer de Lorach desde su contabilidad financiera,[24] y 695 caballos en Valencia por Joan Mercader, baile general del reino de Valencia, desde su bailía general.[25] A ellos habría que unir los contratados en el principado de Cataluña por Joan Çafont, oficial de la tesorería, a través una contabilidad al efecto creada en Barcelona, que ascenderían a cerca de 1.000 caballos.[26] Pero también los efectivos asoldados en Gascuña, más de 800 caballos, entre las 300 lanzas del noble Gracia d’Agramunt y otros gascones;[27] así como las compañías lideradas por quienes servían a sa despesa, que en esta ocasión serían las menores; y, finalmente, el apoyo militar desde dentro de Castilla.[28] Al mismo tiempo el rey solicitaba entre abril y mayo de 1425 contingentes de ballesteros a sueldo para tres meses a diversas ciudades y villas aragonesas y del norte del reino de Valencia, por un total de cerca de 450 efectivos.[29]

Así, Alfonso V a comienzos del verano de 1425 disponía a su servicio un formidable ejército: unos 4.000 caballos (de los cuales más de 3.000 a sueldo) y en torno al medio millar de ballestos.[30] Un ejército que, en sus fuerzas de caballería, se acercaba al potencial que tuvo a su servicio en su estancia en Nápoles cuatro años antes. Pero ahora era una operación militar sui generis y de muy corta duración: con la gente de armas acordada para tres meses, no tenía pensado atacar Castilla sino ejecutar una maniobra de presión político-militar. Con esta intención salió de Zaragoza el 29 de junio y entre los meses de julio, agosto y septiembre remontaba el curso del Ebro instalando sucesivos campamentos a lo largo de la frontera navarra con Castilla.[31] Tras una entrevista tensa con su hermano Juan en agosto entre Tudela y Tarazona, rechazaba las presiones de los castellanos partidarios de Enrique de entrar en Castilla hacia Burgos: el peligro de una guerra desaconsejaba la operación. Sin fondos para poder renovar la soldada de las tropas era muy arriesgado: la mejor alternativa era presionar una negociación manteniendo su ejército dispuesto en la frontera. Agilizó las negociaciones con las embajadas castellanas y el 3 septiembre de 1425, junto con cortesanos y su hermano Juan, llegaba a un pacto (Pacto de Araciel) con miembros del Consejo real de Castilla: se aceptaba la liberación del infante Enrique restaurando parcialmente sus dominios, con el compromiso de que mantuviese fidelidad al rey de Castilla. Sin embargo, esperando la liberación de facto del infante, Alfonso V permaneció con su ejército acampado amenzadoramente entre San Vicente (Navarra) y Briones (Castilla) entre el 24 de septiembre y el 14 de octubre;[32] una ubicación perfecta para entrar en Castilla si se rompía lo pactado, favorecida por la docilidad política del reino de Navarra, cuya corona había pasado a manos de su hermano Juan ese mes. Cuando el nuevo rey de Navarra trajo al infante Enrique al lado del Magnánimo, éste trasladó su ejército a Tarazona, donde permaneció hasta el 23 de noviembre: a partir de entonces las tropas que mantenía todavía asoldadas comenzaron a ser licenciadas.

De 1426 a 1428 el rey de Aragón volvía sus miradas hacia la empresa napolitana retomando preparativos navales y militares.[33] En esos años la situación política en Nápoles abría posibilidades de retorno mientras que las arcas de la Tesorería se llenaban con nuevos fondos (dote de la reina, subsidios clericales, donativos de Cortes aragonesas y valencianas de 1428).[34] Los dispositivos militares para una flota se reemprendieron con vigor: durante todo el año 1427 se ofrecíó soldada a miembros de la nobleza para servir con hombres de armas «en la armada que fa de present lo senyor rey»,[35] y la Tesorería real invertía en 1428 cerca de 350.000 ss. en preparativos navales (contratación y construccción de naves y galeras, fabricación de aparejos diversos para la armada).[36] Todo parecía dipuesto para el retorno. Pero una vez más el problema castellano alejó al rey de Aragón de Nápoles.

3. LAS CAMPAÑAS DE LA GUERRA CON CASTILLA DE 1429-1430[37]

La victoria del partido de los infantes de Aragón en la corte castellana pronto se mostró muy frágil. En febrero de 1428 Álvaro de Luna aprovechó las desavenencias entre Juan, rey de Navarra, y Enrique, maestre de Santiago, y alejó a ambos de la corte: obligó al primero a regresar a Navarra y al segundo a partir hacia los dominios de la orden de Santiago en el sur con el pretexto de defender la frontera con Granada. Ante la pérdida de hegemonía de los Antequera en la corte castellana el rey de Navarra logró convencer a Alfonso V de que la única solución era repetir una operación de presión político-militar como la del verano de 1425. A comienzos de enero de 1429 el Magnánimo se entrevistaba personalmente con el infante Enrique en Chelva, y en marzo, en Tudela, sellaba un pacto con Juan de Navarra: la decisión de reunir tropas para dirigirse a la frontera aragonesa había sido tomada.

3.1 Las operaciones del verano de 1429 en el frente aragonés: dos incursiones en Castilla, dos ejércitos

Los preparativos para articular un ejército de caballería comenzaron de inmediato. Las convocatorias (ampraments) se cursaron entre febrero y marzo y ofrecieron soldada para tres meses a quienes aceptasen servir al rey, dejando abierta la posibilidad de continuar el débito armado si se pagaba una nueva soldada.[38] Y al igual que en 1425, para financiar la contratación, la monarquía utilizó capital libre de negociación en Cortes: recurrió al tesoro o cambra real, a sus rentas patrimoniales, al secuestro de rentas y bienes de castellanos, a los restos de subsidios estamentales por cobrar y, sobre todo, a donativos y créditos del patriciado barcelonés.[39]

Con este capital se abrieron tres frentes de contratación de compañías de gente de armas para servir durante tres meses: en el principado de Cataluña, en Barcelona, Lleida y Perpinyà, en el reino de Aragón, en Zaragoza, y en el reino de Valencia, en su capital, Valencia. Para reclutar en esos tres frentes, de nuevo la monarquía flexibilizaría su maquinaria administrativa y financiera. Por una parte la contratación de tropas en Cataluña era gestionada desde la tesorería, directa e indirectamente. Directamente ya que el tesorero Francesc Sarçola reclutó en Barcelona desde su contabilidad financiera 623 caballos;[40] e indirectamente en la medida en que el tesorero comisionó a agentes de su oficio para que contrataran tropas en Lleida y en Perpinyà, en total cerca de 300 efectivos: en marzo de 1429 Bernat Plaça recibía del tesorero 6.885 flor.[41] con los que administraba el reclutamiento de 164 caballos en Lleida;[42] en ese mismo mes, Marc Joan percibía 10.000 flor. para ir a Perpinyà con los que contrataría, supervisado por Bernat Albert, procurador reial dels comtats de Roselló e Cerdanya, unos 150 caballos.[43] Por otra parte y paralelamente, Joan Mercader, baile general de Valencia, y Pere Ferrer, oficial de la tesorería, reclutaron gente de armas en los reinos de Valencia y de Aragón, respectivamente 469 y 595 caballos, a través de dos contabilidades creadas ex profeso en ambos reinos y nutridas con caudales diversos, fondos que no pasaban por la tesorería y se administraban localmente.[44] Las compañías a sueldo, contratadas esta vez –a diferencia de 1425– con un único pago de tres meses de soldada, sumaban un total de 2.000 caballos. A ellos habría que unir los aportados por quienes acudieron a servir gratuitamente («a ses despeses») que, como en 1425, serían una clara minoría.

En conjunto estimamos en cerca de 2.500 combatientes de caballería el ejército que articuló Alfonso V entre marzo y junio de 1429: con esa fuerza comenzaba el 23 de junio una incursión en tierras castellanas acompañado por su hermano Juan, rey de Navarra.[45] Apoyándose en el éxito de la operación de 1425, esperaba que esa exhibición de fuerza, unida a previsibles disidencias entre la nobleza castellana, obligasen al rey de Castilla a restaurar el poder de la rama Antequera de los Trastámara. Su recorrido por tierras castellanas procuró en todo momento presentarlo no como una invasión sino como una misión pacífica para restaurar el bien del reino.[46] Cuidaba así la disciplina de la gente de armas y procuraba la reparación monetaria sistemática de los víveres y suministros que tomaban en su ruta por Castilla.[47] Buscaba apoyos nobiliarios en Castilla, cerca de Hita, pero no los encontró: el condestable Álvaro de Luna y Juan II habían truncado toda posibilidad de disidencia nobiliaria y lo que incialmente consistió en una incursión de presión política, acabó provocando una guerra abierta entre las coronas de Aragón y Castilla: Juan II le declaraba oficialmente la guerra el 29 de junio.

A partir de entonces, tras una batalla campal frustrada entre los días 1 y 2 de julio, las tropas castellanas avanzaron sobre Aragón: a una cabalgada inicial de Álvaro de Luna el 4 de agosto, siguió la marcha de Juan II al mando de un nutrido ejército en dirección a Calatayud, donde se habían retirado los reyes de Aragón y Navarra.[48] Sin embargo, careciendo de los pertrechos y el suministro regular de vituallas necesarios para una guerra de asedio, tuvo que detenerse ante el primer obstáculo militar de relevancia, el castillo de Ariza. La ofensiva castellana quedó estancada. Por el contrario entre julio y agosto, el rey de Aragón logró prepararse para una contraofensiva fulminante en Castilla que, entre el 26 de agosto y el 9 de septiembre, conquistó siete fortalezas (entre ellas Deza, Ciria, Borovia, Vozmediano y Serón) y aseguró firmemente la defensa del frente. Para lograrlo dispuso de una eficiente intendencia[49] y de la práctica reestructuración de las tropas a su servicio, una total renovación de su ejército. La burocracia estatal aragonesa obtendría el dinero necesario para renovar el contrato de la mayor parte de la caballería asoldada, diversificaría sus contingentes reclutando compañías de ballesteros catalanes y valencianos, y movilizaría milicias locales de ciudades y villas del reino de Aragón a través de una convocatoria de servicio general obligatorio, parte de las cuales conmutarían su presencia con pagos en metálico. Para la nueva incursión, la estructura y composición del ejército se renovaría completamente.

El tiempo de servicio de la gente de armas, tres meses, quedaba cubierto a finales de agosto. Las compañías contradas sólo permanecerían en el ejército si se les pagaba un nueva soldada: eran necesarios fondos en gran cantidad y con presteza. Y para lograrlos el tesorero Francesc Sarçola estaba en Barcelona. Gracias a una hábil política financiera, negociando créditos con los dos principales centros urbanos de la Corona (Valencia y Barcelona), los oficiales reales lograron la liquidez necesaria para prorrogar el servicio de sus efectivos asoldados. Así, el tesorero contrató el 3 de agosto con los consellers de Barcelona un crédito de 50.000 flor. asegurado por las rentas del patrimonio real del principado y librado al contado a traves de dos dites en la Taula de Canvis.[50] Con ello se aseguró el servicio a sueldo por un mes más de gran parte del contingente principal del ejército, la caballería pesada: en total 1.360 caballos, cuya soldada sería renovada parte en las jornadas previas al inicio de la contraofensiva, entre el 14 y el 25 de agosto en Calatayud, parte durante la campaña.[51]

Paralelamente, entre julio y agosto se contrató unos 550 ballesteros a sueldo para servir durante dos meses: la ciudad de Valencia aceptaba el 8 de julio correr a cargo con la contratación y envío de 100 ballesteros,[52] mientras que oficiales de la tesorería reclutaban en la primera semana de agosto compañías de ballesteros en Vilafranca del Penedés, Cervera y Barcelona, por un contingente próximo a 450 efectivos.[53] Así a la gente de armas se irían uniendo contingentes de ballesteros profesionales que iban siendo acontonados a su llegada en las estàncies o guarnicions de ocho villas y lugares aragoneses en la frontera con Castilla.[54] En el reino de Aragón el rey realizó una movilización general defensiva de hueste a todas sus ciudades y villas y logró articular milicias locales por cerca de 1.500 efectivos entre ballesteros y lanceros.[55] El ejército real, a lo largo de agosto de 1429, aglutinaba un contingente compacto y coordinado centralizadamente por la burocracia real, parte del cual emprendería la fulgurante ofensiva de conquista de castillos castellanos. Aunque no conservó la totalidad de la gente de armas de la primera incursión, el dinero obtenido permitió renovar la soldada de más de 1.360 caballos, a los que se unirían las compañías de ballesteros reclutadas (en Cataluña y Valencia) y las milicias locales aragonesas. Un ejército diferente del de la ofensiva política de junio, compuesto por un total aproximado de 1.500 caballos y en torno a 2.000 de infantería entre ballesteros y lanceros.[56]

El coste financiero y administrativo para mantener articulado este ejército no pudo, sin embargo, ser llevado más allá de la primera quincena de septiembre. La campaña se cerraría con intentos fallidos de entrar en Castilla por Soria y de ocupar la localidad castellana de Alfaro en la frontera con Navarra, viéndose obligado el rey a regresar a Tarazona el 13 de septiembre.[57] Se había ido agotando el tiempo de servicio de la soldada de gran parte de la caballería y de las compañías de ballesteros.[58] Aunque al inicio de la operación, tras el saqueo de Deza, hubo muchas deserciones de combatientes que huían del ejército con el botín logrado sin la correspondiente licencia,[59] las verdaderas dificultades comenzaron con el agotamiento del tiempo de servicio de las tropas asoldadas para continuar con graves problemas de escasez de víveres y la declaración de una epidemia entre los caballos de su ejército.[60] El resultado fue la práctica desarticulación del mismo, reducido a un contingente de 400 combatientes de caballería y sólo 30 ballesteros, acantonado entre Daroca y Tarazona y en las fortalezas castellanas ocupadas.[61] Ante esta situación hubo de adoptarse una posición defensiva salpicada por cabalgadas e incursiones fronterizas desde ambos bandos.

3.2 La continuación de la guerra y la fluctuación del ejército del rey

A partir de entonces Alfonso V no tenía más remedio que convocar a las Cortes de sus reinos y negociar con la sociedad política de Aragón, Cataluña y Valencia una ayuda militar que le garantizase la defensa. Entre noviembre y diciembre, las Cortes del reino de Aragón reunidas en Valderobles y las del reino de Valencia reunidas en Traiguera-Sant Mateu, acordarían ayudar al rey sufragando la contratación de tropas: los estamentos aragoneses aceptaron el 4 diciembre financiar la soldada de cuatro meses de 1.000 caballos (750 hombres de armas y 250 pajes) y 1.000 infantes,[62] mientras los valencianos decidían el 9 de diciembre sufragar con el mismo tiempo de servicio otros 1.000 caballos (750 hombres de armas y 250 pajes).[63] Unos efectivos que no estarían dispuestos hasta mayo del año siguiente. Por el contrario, las Cortes catalanas de Tortosa rechazaban una ayuda militar y ofrecían únicamente en enero de 1430 un crédito de 30.000 flor. asegurado sobre el donativo del concilio clerical que ponía fin al cisma eclesiástico.[64]

La ausencia del rey del frente aragonés, por su negociación en Cortes en el otoño de 1429, coincidió con una mayor contundencia de la guerra en el reino de Valencia. En este reino, en octubre, los oficiales reales reclutaron a sueldo por tres meses un contingente de 500 hombres de armas capitaneados por el governador Eiximén Pérez de Corella;[65] una fuerza asoldada de caballería que, apoyada por milicias locales, realizaría una ofensiva a gran escala hacia tierras manchegas y murcianas a finales de año. El frente valenciano se había abierto en la segunda quincena de julio con cabalgadas castellanas desde Murcia que amenazaron Xàtiva, la segunda ciudad del reino, y gran parte de las comarcas valencianas meridionales y centro-orientales. El ataque de mayor impacto fue el de las tropas del adelantado de Murcia, Alfono Yáñez Fajardo, sobre los arrabales y alquerías de Xàtiva el 15 de julio. Durante julio y agosto, debido a las constantes cabalgadas castellanas, la ausencia de las compañías nobiliarias de gente de armas –con el rey en el frente aragonés–, la ineficiencia de las convocatorias de movilización general defensiva cursadas y las dificultades de obtener capital (secuestros de bienes de castellanos y de dinero de la Diputació del General, obtención de préstamos forzosos en la ciudad de Valencia, etc.), el Parlament reunido para la defensa del reino tuvo que adoptar una posición defensiva, acantonando contingentes asoldados de ballesteros y lanceros en castillos y villas de frontera (en Xiva y Bunyol 300 efectivos, entre Biar y Caudete, 100). El retorno del gobernador del reino y, con él, el del grueso de tropas de caballería valencianas, era la única posibilidad de preparar una contraofensiva. El inicio de la misma tuvo su antecedente en la expedición de la milicia de Xativa capitaneada por Joan Rotlà, lochtinent de governador de Xuquer enllà que en septiembre atacó Villena.[66] Aunque la verdadera ofensiva fue la de diciembre de 1429 dirigida por el governador Corella con una nutrida participación de compañías nobiliarias valencianas (500 caballos a sueldo) apoyadas por contingentes de ballesteros y milicias locales. Un ataque que derrotó al adelantado de Murcia y asestó un duro golpe a las villas castellanas de Almansa, Yecla y Villena.[67]

Con la llegada del nuevo año, 1430, la guerra se prolongaría con la apertura de un «frente interior» por la alineación pro-castellana del conde de Luna cuyas importantes posesiones en los reinos de Aragón y Valencia suponían una amenaza muy seria. Para ocupar sus señoríos, confiscados por la sedición del conde, hubo que desviar parte de las tropas movilizadas en los frentes aragonés y valenciano, en una campaña en la primera quincena de febrero, entre el 30 de enero y el 14 de febrero, en la que intervinieron 400 combatientes a caballo comandados por el rey y contratados en enero para servir durante dos meses.[68]

Tras esta operación, los máximos esfuerzos del Magnánimo se concentraban en mantener operativo un ejército suficiente para la defensa de la frontera de Aragón y de las posiciones consolidadas en Castilla, ya que para finales de la primavera se esperaba una dura ofensiva castellana. El problema era disponer de un mínimo potencial militar. El ejército que el rey estaba en disposición de reunir no le permitía bajo ningún concepto ofrecer ayuda militar a sus hermanos Enrique y Pedro y le obligaba a mantener una posición defensiva. Tras fracasar en la contratación al conde de Foix de 500 combatientes de caballería (250 hombres de armas y 250 pillarts) y 200 ballesteros a sueldo por cuatro meses,[69] dependía únicamente del medio millar de caballos (542) aglutinado alrededor de integrantes de la Casa Real,[70] esperando que las tropas que estaban siendo reclutadas y movilizadas por las Cortes de Aragón y de Valencia estuviesen pronto dispuestas.

Para finales de mayo e inicios de junio el rey de Aragón, primero en Cariñena y luego en Tarazona, preparaba una angustiosa defensa, esperando la concentración de las tropas asoldadas y realizando convocatorias de movilización general defensiva, la mayor parte frustradas, en Aragón, Cataluña y Valencia.[71] Contratados directamente por la tesorería no pudo reunir más que 500 caballos[72] y los efectivos acantonados en tres castillos castellanos ocupados (22 hombres de armas y 103 ballesteros entre Cihuela, Deza y Borovia).[73] Los 1.000 combatientes a caballo pagados por los estamentos aragoneses sólo estaban dispuestos para la defensa de Aragón y no para ninguna incursión en Castilla, al igual que los 1.000 caballos sufragados por los brazos valencianos, quienes también se oponían a salir del reino descuidando la defensa de sus fronteras. La situación era dramática: siendo muy optimista sólo reuniría cerca de 3.000 caballos. El 8 de julio salía de Tarazona para acantonarse y defender la frontera sur de Calatayud.[74] La única alternativa posible era una solución negociada. Finalmente la ofensiva castellana no llegó a producirse ya que el 25 de julio se ponía punto final a la guerra con la publicación de las treguas de Majano, acordadas por las embajadas de Castilla y la Corona de Aragón nueve días antes.[75] Las treguas cerraban una guerra no deseada por el rey y aceleraban la desarticulación del conjunto del ejército aragonés.

4. LA EXPEDICIÓN MEDITERRÁNEA DE 1432

En pleno mes de junio de 1430, concentrado en la defensa de la frontera de Aragón, Alfonso V expresaba su anhelo de entrendre en los afers d’ Itàlia ab tot ànim e voluntat en cuanto se liberase de las complicaciones castellanas.[76] Las treguas de Majano abrían la posibilidad de retomar por fin la empresa napolitana. Una posibilidad que no desaprovechó. A lo largo de 1431 se iniciaron intensos preparativos navales y militares en las ciudades de Barcelona y Valencia, centros neurálgicos de la expedición naval de 1432, denominada en la documentación como «lo viatge que [el rey] entén fer vers les parts marítimes per honor e reverència de Deu, exalçament de sa reyal corona e aucmentació de sos regnes e terres».[77] De la experiencia de su anterior operación naval de 1420, el rey había sacado la conclusión de que debía centralizar los dispositivos en las dos principales ciudades de la Corona, y a la vez procurarse una financiación libre de negociación en Cortes en la medida en que fuese posible. De hecho, ni se convocaron los estamentos aragoneses ni los valencianos, pero sí los catalanes: el 20 de julio de 1431 convocaba Cortes en la ciudad de Barcelona que se inauguraban el 18 de agosto.[78] Sin embargo era consciente que tendría que negociar duramente con la sociedad política catalana para obtener un subsidio. Así para proveeerse de capitales con rapidez recurrió desde el principio a operaciones crediticias (en Barcelona con mercaderes y en la ciudad de Valencia, créditos de la ciudad y del obispado asegurados con rentas patrimoniales) que le reportaron cerca de 105.100 flor.[79]

Con estos fondos inició una contratación de tropas que presentó dos frentes de reclutamiento, administrados ambos desde la tesorería, en las ciudades de Barcelona y Valencia, donde a partir de principios de septiembre de 1431 se abrieron las correspondientes taules d’acordament.[80] Correspondió a Barcelona, ciudad en donde Alfonso V permanecía desde mediados de marzo de ese año, inaugurar oficialmente la contratación de tropas, tanto gent d’armes como ballesters, mediante una espectacular ceremonia de apertura el 6 de septiembre. Ese día una solemne procesión, presidida por el rey, secundado por el obispo y clero barcelonés y por caballeros portando los estandartes y banderas de la armada, partía de la catedral de Barcelona hacia la plaza de la Llotja. Ante el portal de la misma, donde estaba instalada la taula d’acordar, se había construido un entarimado para albergar la ceremonia. A la llegada del cortejo, Alfonso V subía al escenario instalándose en un sitial bajo una gran bandera con armas reales de Aragón, mientras los diferentes caballeros izaban los estandartes y banderas a sus flancos. Seguidamente el capitán de la flota, mossèn Ramón de Perellós, arrojaba monedas hacia los asistentes y se dirigía a la taula d’acordar contigua al escenario, depositando 15.000 flor. para contratar las tropas, dando por oficialmente inaugurado el enrolamiento. El objetivo de tan solemne ritual era proclamar de forma grandiosa que el Estado ofrecía sueldo a quien quisiese alistarse pero también, indirectamente, realizar un llamativo acto público para reafirmar el objetivo estatal de monopolizar la conducción y ejercicio de la guerra. En la citada taula d’acordar, el tesorero, Francesc Sarçola, comenzaría a contratar tropas durante dos meses hasta el 6 de noviembre, concentrándose el reclutamiento de las compañías de caballería entre los días 6 y 28 de septiembre. Paralelamente en la ciudad de Valencia, Pere Ferrer, oficial de la tesorería comisionado para administrar allí los alistamientos, abría, desde la segunda quincena de septiembre, una taula d’acordament en la plaza de la Llotja de dicha ciudad para contratar gent d’armes, y desde el 4 de noviembre otra taula d’acordar, ubicada en la plaza de la Figuera, encargada de enrolar la tripulación de la galera real (marinos, remeros y combatientes), la primera inaugurada con una ceremonia similar a la de Barcelona.[81] Al igual que el tesorero, Pere Ferrer comenzaba a contratar compañías armadas el 22 de septiembre tarea que prolongaría hasta el 24 de octubre. En otoño el acordament en Barcelona quedaba concentrado en el reclutamiento de ballesteros, mientras que en Valencia se procedía a iniciar el alistamiento del personal de la galera real: hasta inicios de 1432 ninguna de las taules volvería a contratar compañías de gente de armas. Durante el mes de enero (entre los días 2 y 28) en Barcelona se reanudaba el reclutamiento de compañías, al igual que ocurriría en Valencia entre enero y febrero.

En conjunto se contrató el servicio de tres meses de 1.000 ballesteros, organizados en 40 condestabilías (compañías a cargo de condestables) de 25 efectivos y un total de 239 comitivas de gente de armas que aportaban un contingente de 1.021 combatientes de caballería, entre hòmens d’armes (510) y pillarts (511),[82] en el trancurso de dos ciclos de pagos en Barcelona y Valencia: entre septiembre y octubre de 1431 en adelanto de un mes de soldada (acorriment de sou) y entre enero-febrero de 1432 en cumplimento de dos meses más (acorriment e paga complida). En consonancia con el proyecto de reunión y salida de la flota previsto para finales de marzo, el rey pretendía concentrar las tropas contratadas a lo largo de la primera quincena del citado mes en els Alfacs, a donde deberían ir acudiendo desde Barcelona y Valencia, y donde los respectivos capitanes deberían realizar las mostres o alardes ante los oficiales encargados de pasarles revista, el escrivà de ració y sus ayudantes. A tal fin fueron convocadas, a través de crides publicadas en Valencia y Barcelona, durante el mes de febrero.[83] Sin embargo, la celebración de las Cortes de Cataluña, que entretenía al rey desde agosto de 1431, retardó los planes a la primera quincena de mayo, cuando el monarca pudo concluir las citadas Cortes obteniendo de ellas –tras arduas negociaciones– un substancioso subsidio de 80.000 flor. La inyección de capital a la tesorería que ello supuso permitió ampliar el tiempo de servicio de los efectivos contratados desde el año anterior: así, Bernat Sirvent, el nuevo tesorero que ese mes de mayo sustituía a Francesc Sarçola, pagaba entre los días 20 y 21 la soldada adelantada de un mes más al conjunto de tropas,[84] asegurándose, en total, cuatro meses de prestación militar.

No debemos creer, sin embargo, que los 1.000 ballesteros y 1.021 soldados de caballería asoldados por la tesorería conformaban la totalidad del ejército que embarcó en 1432. El Dietari del Capellà nos informa que la monarquía contrató 2.000 ballesteros y 4.000 combatientes de caballería, (2.000 hombres de armas y otros tantos servidores armados o pillarts), a los que se sumarían los efectivos aportados por quienes ofrecieron combatientes a su costa, a sa despesa, sin percibir soldada, según la crónica tres mília gentilshòmens.[85] Independientemente de la cifra total, que habría sido exagerada, es más que probable que en los registros de la tesorería no conste la totalidad del contingente movilizado. Dejando a un lado las tropas que acudieron sin percibir soldada que obviamente, por su naturaleza gratuita, no podemos documentar en administraciones financieras, puede suponerse que el reclutamiento a sueldo no estuviese todo él concentrado en la tesorería real. Parte de la labor reclutadora bien podría haber sido gestionada por administraciones financieras locales o bien por oficiales reales manejando capitales públicos en virtud de comisiones específicas generando alguna contabilidad paralela a la tesorería que, hasta el momento, no hemos podido documentar, como de hecho ya había ocurrido en 1425 y 1429. Sin embargo, pensamos que no serían muchos más de los registrados en la tesorería el total concurrente: como máximo contrataría 1.500 combatientes de caballería que unidos a los que servían a sa despesa podrían cifrar un total de 2.000.[86]

El 29 de mayo de 1432 Alfonso V zarpaba de Els Alfacs con una flota de unas 27 galeras y 10 naves.[87] El destino era por todos conocido: dirigirse a la isla de Sicilia para preparar una nueva campaña hacia el reino de Nápoles. Tras hacer escala sucesivamente en las Baleares (en Palma y en Maó), en Cerdeña (l’Alguer y Cagliari) y en Sicilia (en Palermo),[88] la flota intentó una operación de ayuda al castillo de la ciudad de Tropea, en la baja Calabria, sitiado por fuerzas del duque de Anjou, aunque dada la imposibilidad de desembarcar efectivos, el 6 de julio echaba anclas en Mesina.[89] La situación napolitana desaconsejaba una inmediata expedición por lo que tras ser engrosada la flota con refuerzos sicilianos,[90] partía hacia la isla tunecina de Djerba. De hecho, aunque el objetivo de la expedición naval era reemprender la guerra en Nápoles, Alfonso V barajaba seriamente la posibilidad, desde abril de 1431, de atacar posiciones tunecinas una vez llegado a Sicilia.[91] Suponía una amenaza la impunidad con la que el rey de Túnez había realizado incursiones corsarias sobre las costas sicilianas en 1425 y un ataque a Malta en 1429. Repetir una operación como la realizada por la armada al mando del infante Pedro en 1424 era una buena alternativa para lograr un botín y, sobre todo, para mantener activa la flota y ejército. Pero también podía resultar útil un espectacular éxito militar que le reportase la necesaria fama entre las cortes italianas, principalmente en la curia papal a fin de exigir subsidios de cruzada en un futuro. El 15 de agosto el estol reial llegaba a Djerba. Tras cruzarse el rey de Aragón con el de Túnez cartas de desafío, el ejército real iniciaba una breve campaña en la segunda quincena de ese mes que aunque ni pudo conquistar la isla ni reportó un remesa de cautivos importante, sí logró desarticular el ejército musulmán y obtener un botín substancioso del campamento tunecino.[92]

De regreso a Sicilia a inicios de septiembre, el monarca decidió trasladarse a la isla de Ischia, base aragonesa frente a Nápoles, para esperar allí que un fuerte soporte militar en el reino napolitano le permitiese reemprender la guerra.[93] A tal fin, a lo largo de octubre y noviembre desde Mesina renovó la soldada de su flota y ejército, la de su gente de armas el 22 de noviembre (el mismo día que lo hacía con sus galeras) y la de los ballesteros en ruta hacia Ischia y una vez llegó a la misma (los días 6, 15 y 30 de diciembre): en total las tropas que condujo a Ischia eran 560 ballesteros (en 21 condestabilías)[94] y 782 combatientes de caballería (en 192 comitivas).[95] Con esas fuerzas y 20 galeras zarpaba el 1 de diciembre de Mesina rumbo a Ischia donde desembarcaba el 22 de ese mes.[96] Allí permanecería estancado hasta julio de 1433. Recibió esperanzado a nobles napolitanos afines y esperó en vano una coyuntura propicia para marchar hacia Nápoles. Pero los vaivenes de Juana II en aceptar sus derechos al trono (el 6 de abril revocaba la adopción de Luis d’Anjou readmitiendo al Magnánimo, aunque en junio cambiaba de opinión), las dificultades militares de sus partidarios napolitanos y la declaración de una inoportuna epidemia entre sus tropas, le obligaron a desestimar cualquier ataque a Nápoles y a decidir abandonar Ischia el 3 de julio de regreso a Sicilia.[97]

5. LA CONQUISTA DE NÁPOLES: LAS CAMPAÑAS FINALES DE 1441-1442

El final de la guerra sucesoria en Nápoles y la conquista del reino por Alfonso V se logró con las campañas de 1441-1442, aunque las bases de su victoria descansan en la evolución político-militar entre 1433-1440.[98]

Entre julio de 1433 y abril de 1435 Alfonso V residió en el reino de Sicilia, a excepción de una nueva aventura sobre las costas tunecinas en el verano de 1433. Allí permaneció concentrado en la planificación logística y financiera de su flota y ejército, y a la espera de la llegada de sus hermanos desde la península: los infantes Enrique y Pedro lo harían en octubre de 1433 y Juan de Navarra en julio de 1434. En noviembre de ese año fallecía Luis d’Anjou, el heredero elegido por la reina Juana II, quien igualmente moriría tres meses después, el 2 de febrero de 1435, no sin antes haber rechazado como sucesor a Alfonso el Magnánimo y nombrado al hermano de Luis d’Anjou, René d’Anjou, conde de Provenza, por entonces cautivo del duque de Borgoña. Era el momento de reemprender la guerra: Alfonso V se autoproclamaba rey de Nápoles y en abril zarpaba con su flota hacia Ischia. En mayo desembarcaba tropas para sitiar con refuerzos locales Gaeta, la segunda ciudad del reino. Gaeta (al igual que Bonifacio en Córcega en 1421) sólo fue auxiliada por Génova que le envió apoyo naval. Los acontecimientos se precipitaron y lo que pudo ser una rápida victoria aragonesa se transformó en el espectacular desastre ocurrido en la bahía de Ponza el 4 de agosto de 1435: la flota real que salió al encuentro de una armada genovesa caía derrotada y el rey, sus hermanos y los numerosos nobles e integrantes de su corte que le acompañaban fueron capturados y enviados al duque de Milán, Filipo María Visconti, señor nominal de Génova. Sin embargo la habilidad diplomática del rey pudo transformar su derrota y captura en una alianza y una liberación:[99] un pacto con el duque de Milán en octubre de 1435 (por el que el duque respaldaría al Magnánimo en la conquista de Nápoles y éste al duque contra el condottiere Sforza y el papado, repartiéndose sus áreas de influencia en Italia, Milán al norte y Nápoles al centro-sur) dejaba al rey las manos libres para continuar la guerra.

De regreso a las operaciones armadas Alfonso V tuvo que combatir entre 1436 y 1440 a cuatro rivales esenciales: desde un principio a los nobles pro-angevinos (la guerra napolitana era una pugna de bandos nobiliarios); al papado (Eugenio IV), señor nominal del reino napolitano, decidido a impedir el triunfo aragonés actuando, entre el otoño de 1437 y febrero de 1438, a través de su brazo armado, el patriarca-condottiere Vitteleschi; pero también desde 1438 al propio René d’Anjou quien, libre de su cautiverio borgoñón, se puso al frente de barones locales, recibió un decidido apoyo de Génova, sublevada contra el dominio milanés, y atrajo a su causa a un condottieri reputado como Jacobo Caldora; y, finalmente, a la amenazante presencia en el norte del reino del condottiere Francesco Sforza, señor de la marca de Ancona, región de los estados pontificios fronteriza con el reino napolitano –donde también disponía de importantes señoríos–, interesado en consolidar su poder local y quien sería atraído tardíamente a la causa angevina. Para el monarca la guerra se presentaba dura y larga. La isla de Ischia junto con Gaeta, tomada por el infante Pedro el 25 de diciembre de 1435, se convirtieron en las principales bases de los ejércitos y galeras del rey. Inicialmente fracasó en su intento por acabar pronto la contienda con un golpe decisivo (fallido asedio de Nápoles en otoño de 1438 en el que pereció su hermano, el infante Pedro); pero la inesperada muerte de Jacobo Caldora (noviembre de 1439) favoreció la decisión real de ir estrechando un cerco sobre Nápoles que comenzó con las operaciones de 1439-1440: las conquistas de Acerra (diciembre de 1439), Aversa (enero de 1440) y Benevento (diciembre de 1440) extendían una tenaza sobre la capital casi insalvable.

Las campañas de 1441 fueron decisivas para completar el asedio sobre Nápoles ya que buscaron anular a lo largo del verano la oposición armada al este de Nápoles (bases de capitanes de Sforza) dejando vía libre para el asalto definitivo a la capital en otoño. Para llevarlas a cabo el rey disponía a su servicio el mayor potencial armado de sus guerras italianas, y sin la mediación de grandes condottieri –a diferencia de su primera incursión napolitana en 1421–, aunque se trataba en su mayor parte (73 %) de fuerzas aportadas por nobles, capitanes y hombres de armas napolitanos e italianos.[100] Un potencial armado, de hecho, muy elevado. A través del cotejo sistemático de los pagos de soldada contenidos en las cèdules de la tesorería de enero-febrero de 1441[101] y en las órdenes reales de pago de abril a junio,[102] con los propios pagos efectuados en abril registrados en la contabilidad de la tesorería del periodo marzo-julio del mismo año,[103] cuantifico un ejército real integrado nada menos que por 5.498 caballos (1.832 lanzas) organizados en 289 compañías y 1.600 tropas de infantería (1.400 infantes y 200 ballesteros en un total de 18 condestabilías). En ese ejército no incluyo a los efectivos que, a pesar de tomar sueldo de las finanzas reales, lideraban dos importantes condottieri que servían en otros frentes de la campaña real de 1441 y ejercían sobre sus tropas un mando virtualmente independiente del rey. Por una parte los 2.100 caballos (700 lanzas) y 500 infantes comandados por el principal barón local, el príncipe de Tarento, Giovanni Antonio del Balzo Orsini, gran condestable del reino; y, por otra, el contingente similar (700 lanzas y 500 infantes) a cargo de los condottieri Antonio y Ramon Caldora.[104] Uniendo el ejército real a esos efectivos el global asoldado por Alfonso V en 1441 ascendió a la impresionante cifra de 2.600 infantes y 9.396 caballos (3.232 lanzas). Buena parte de esos efectivos serían los que iniciarían el asedio final a Nápoles a comienzos de noviembre de 1441.

Centrémonos, no obstante, a partir de las tropas articuladas para el verano de 1441, en la movilización del ejército real, sus pagos de soldada y fuentes de financiación, plenamente ilustrativas de la mecánica empleada por el rey en sus guerras italianas. En primer lugar hay que reseñar que el grueso del ejército real de 5.500 caballos y 1.600 infantes no se reclutaba para la presente operación ex profeso sino todo lo contrario. Buena parte de los capitanes y líderes de comitivas armadas, tanto de gente de armas como de infantes, ya venían sirviendo al rey desde anteriores campañas, sobre todo desde 1439, aunque en 1440-1441 tropas a cargo de nobles y caballeros valencianos y sicilianos llegaron a tierras napolitanas a reforzar el ejército real.[105] Era en gran parte un ejército veterano y plenamente movilizado. Es probable que el grueso del mismo estuviese con Alfonso V en enero en Benevento, ciudad que el 19 de diciembre del año anterior había sido rendida;[106] de ahí, la mayoría de las tropas se desplazarían hacia Aversa, mientras que otros contingentes se dirigirían a Capua y a Gaeta, a reunirse con los efectivos que allí permanecían y a abastecerse de caballos de guerra que, regularmente, eran enviados desde Sicilia a esta última ciudad.[107] En el mes de abril el 80 % de las tropas estaban reunidas ya en la ciudad de Aversa donde se encontraba el rey y el resto en Gaeta.[108] Había finalizado una campaña y el ejército se acantonaba esperando la reanudación de las operaciones. Para llevar cabo el siguiente objetivo y mantener dispuestas las tropas, el rey dependía de poder dar el correspondiente pago adelantado de soldada, el acorriment de sou o emprestança, librado regularmente durante la primavera y fijado en una cantidad de 60 duc. por lanza que remuneraba el servicio armado durante el periodo anual de campañas (6-7 meses): sólo ese dinero avanzado permitiría que el ejército se mantuviese operativo. Para ello el tesorero Mateu Pujades fraccionó los pagos en tres tipos de cantidades, 3, 10, 6-7 y 30 duc. por lanza. Mientras entre el 18 y 19 de febrero ejecutaba el primer pago de 3 duc.,[109] a lo largo del mes de abril libraba las tres cantidades restantes: dos entregas de diversas piezas de draps a razón de 10 duc.[110] y otras tantas en metálico por 30 duc. y un complemento de entre 6 y 7 duc. (variable según las compañías).[111] En total había pagado el acorriment o emprestança de 60 duc. la lanza, dos tercios del mismo en dinero (40 duc.) y el resto en draps (20 duc.).

En este pago combinado de los adelantos de soldada en diners, en moneda, y en especie, en draps, hemos de ver uno de los mecanismos de financiación del reclutamiento de tropas más usado por Alfonso V. Aprovechaba una tradición italiana poco difundida, pagar parte de la soldada no en metálico sino en especie (en paños, grano, sal, vino, etc.), readaptándola en su beneficio de forma muy amplia.[112] Procedía a la adquisición masiva de draps de la industria textil de sus dominios peninsulares para complementar el numerario como medio de pago. Con los draps pagaba parte del sueldo de sus tropas evitando los transtornos a la dinámica económica peninsular que hubiera reportado las transferencias de ingentes cantidades de moneda para pagar soldadas sólo en metálico. Aprovechaba la producción textil de las ciudades más importantes de la Corona en favor propio, en sustitución de la circulación de numerario: desde 1425, aunque de forma masiva a partir de 1436 y, sobre todo, 1440-1441, era frecuente que el rey comisionase a oficiales hacia Valencia, Mallorca o Barcelona para que comprasen partidas de paños destinadas al acorriment de sus tropas.[113] El circuito de intercambios entre sus dominios deçà e dellà mar, productos textiles, pero también el tradicional trigo siciliano e incluso sal ibizenca,[114] era rentablemente utilizado por el rey para financiar sus campañas al tiempo que beneficiaba el desarrollo económico de sus ciudades mercantiles y productoras peninsulares.[115]

Pero junto a la adquisición de draps, otra mecánica para evitar la excesiva transferencia de numerario era la utilización exhaustiva de letras de cambio giradas desde Nápoles hacia Barcelona, Valencia o Palermo y utilizadas para anticipar ingresos desde subsidios de Cortes a rentas patrimoniales en los dominios ibéricos y sicilianos.[116] Pero también el propio crédito bancario siciliano jugó un papel fundamental en la dotación de fondos para sufragar la contratación de tropas.[117] A él habría que añadir los frecuentes préstamos realizados de nobles, cortesanos, mercaderes y oficiales que servían al rey en Nápoles (tanto italianos como peninsulares): préstamos, a veces asegurados sobre la asignación de ingresos, que efectuaban para lograr una promoción concreta en el entorno real.[118] En conjunto, en la estructura de los ingresos de la tesorería general de marzo a julio de 1441 se aprecia perfectamente el predominio del crédito de mercaderes y oficiales reales (35 % de las entradas), así como el empleo de letras de cambio como medio de anticipo de los recursos (40 %) de la tesorería de los dominios ibéricos del rey (receptoria general de occident) y de la tesorería del reino de Sicilia.[119] Finalmente entre las fuentes de financiación militar, aunque en menor medida, también habría que incluir a los propios recursos napolitanos (rentas e impuestos en las ciudades reales, subsidios, donativos, etc.) que ya comenzaban en 1440-1441 a dotar de capitales a la tesorería, a pesar de que el incompleto control político-militar del reino impedía la afluencia regular de fondos.[120] Compras de draps y créditos constituyeron, pues, los ejes financieros de la soldada del ejército real de 1441 con 5.500 caballos y 1.600 infantes.

Al frente del grueso de ese ejército salió el rey de Aversa a fines de abril con la finalidad de conquistar, al noreste de Nápoles, sobre todo en la provincia de Capitanata, diversos castillos y posesiones de Francesco Sforza, un nido de capitanes y combatientes pro-angevinos. Entre el 10 de mayo y 20 de junio cayeron en su poder un total de siete plazas entre asedios y rendiciones, destacando la ciudad y castillo de Caiazzo, ubicada entre Capua y Benevento.[121] El 9 de julio, al frente tan sólo de 2.446 caballos y 1.200 infantes,[122] acampaba en Ursaria cerca de la localidad de Troia, señorío del condottiere Sforza y donde se habían acantonado los seis principales capitanes de éste que quedaban en la región y algunos refuerzos enviados por René d’Anjou. Todos ellos al ver que tan sólo una parte del ejército real estaba acantonado, decidieron salir a hacerle frente. El rey sin dudarlo les presentaba combate campal y los derrotaba el 10 de julio (batalla de Troia) obligándoles a dispersarse. Dos días después se trasladaba a Biccari (cerca de Troia) plaza que tomaba y saqueaba. Se había anulado buena parte de la oposición al este de Nápoles y el asedio final de la misma se presentaba libre. Cuando el 25 de noviembre representantes de René d’Anjou contrataban en Cremona al grueso del ejército del condottiere Francesco Sforza (3.000 caballos y 1.000 infantes), libre de sus compromisos armados contra el duque de Milán, hacía ya un mes que el conjunto del ejército de Alfonso el Magnánimo había comenzado el asedio definitivo de Nápoles. Era demasiado tarde.

De hecho, tras la rendición de diversas localidades próximas a la capital en la primera quincena de octubre (Pico, Pontecorvo –donde el rey comandó el despliegue de 1.105 caballos–, Roccagiuglema, Roccavindola),[123] a lo largo del resto de dicho mes e inicios de noviembre el ejército real ya comenzaba a reunirse en las afueras de Nápoles en varios campamentos, ubicando el central en la llanura de Campovechio donde se instalaba el rey.[124] Sin aflojar en ningún momento el férreo cerco sobre Nápoles, dejando el mando nominal del campamento principal a su hijo Ferrante, bajo la supervisión de su tutor, el noble valenciano Eiximén Pérez de Corella, el monarca comandaba las fuerzas reales que tomaban, entre marzo y abril de 1442, Pozzuoli y Torre del Greco, en los alrededores de la capital, y ocupaban la totalidad de la península sorrentina, rindiendo Sorrento, Vico y Massa. A finales de mayo todo estaba dispuesto para un ataque final que se inició el 1 de junio, tras abrir, por traición, una brecha en la muralla norte de la capital. Al día siguiente caía la misma y René d’Anjou se vio obligado a huir.[125] Al Magnánimo sólo le quedaba castigar la sedición del condottiere Antonio Caldora, quien se había pasado al bando angevino. Para ello se desplazó a las proximidades de Carpenone, señorío de Caldora, con la intención de combatirlo. El 28 de junio el rey y su ejército vencían en batalla campal a Caldora. A partir de entonces las resistencia militar que podía encontrar era muy reducida, por la precipitada retirada de las escasas tropas fieles al conde Sforza. El rey aprovechó la oportunidad y, en una campaña desarrollada entre julio y octubre, lograría controlar la casi totalidad de la provincia norteña de los Abruzos así como las tierras de Apulia y Capitanata al este de Nápoles. Entre julio y agosto dirigirió su ejército hacia el norte, hacia los Abruzos, protagonizando un auténtico paseo militar que redujo a su obediencia la práctica totalidad del territorio, retornando posteriormente hacia el sur (hacia la Apulia y Capitanata) donde, a lo largo de octubre, compró la fidelidad de nobles y castellanos locales obteniendo el control de toda la zona.[126] A partir de entonces, Alfonso V controlaba todo el reino napolitano excepto cuatro ciudades, dos en el extremo norte (Teramo y Civitella en los Abruzos conservadas por Sforza) y dos en el sur (Tropea y Reggio en la Calabria, reductos angevinos).[127]

Para llevar a cabo esas decisivas operaciones de 1442, Alfonso V dispuso directamente a su cargo de unos efectivos algo más numerosos que los movilizados para las campañas de 1441. Las fuentes disponibles, las cèdules de pago de la tesorería entre febrero y octubre de 1442,[128] permiten acercarnos a las dimensiones del ejército que participó en el asedio y asalto de la capital durante la primavera, pero también a las que actuaron durante el verano e inicios de otoño. Podemos conocer los efectivos que movilizó el rey en las operaciones previas a la toma de Nápoles, a partir del estudio sistemático de los pagos de soldada librados entre febrero, abril y, sobre todo, en mayo:[129] un ejército de nada menos que cerca de 9.000 hombres. En concreto había mantenido contratados 6.252 caballos (2.084 lanzas) organizados en 259 compañías y 2.809 efectivos de infantería, entre 2.626 infantes y 156 ballesteros en un total de 18 condestabilías y un pequeño contingente de 27 espingarders. Tomada la capital, no todas esas fuerzas participarían en la batalla de Carpenone y las campañas desarrolladas entre julio y octubre. Para dichas operaciones el Magnánimo dispuso a su servicio de menos efectivos, cerca de 4.500 hombres, en concreto 2.743 caballos (914 lanzas y 1 tercio de lanza) en 216 comitivas armadas y 1.767 efectivos de infantería (1.579 infantes y 161 ballesteros en 18 condestabilías y 27 espingarders), tal y como revelan los pagos de soldada efectuados entre julio y septiembre.[130]

A comienzos de noviembre, a pesar de que el control militar del reino napolitano era casi total, el Magnánimo continuaría manteniendo unas fuerzas militares considerables. Lo exigía la defensa de las tierras conquistadas, tanto las zonas del interior del reino, donde la fidelidad de los barones y nobles locales era dudosa, como sus fronteras, en concreto la norte, la provincia de los Abruzos, territorio donde todavía se localizaban núcleos de resistencia y que limitaba con la marca de Ancona, el refugio del conde Francesco Sforza y su ejército. Para proteger la zona y combatir a Sforza mantuvo acantonado durante el invierno una sección de su ejército, 1.500 caballos (500 lanzas) y 500 infantes, que puso al mando del noble valenciano Ramon Boïl, camarlenc y virrey de los Abruzos, unas fuerzas a las que uniría el ejército del condottiere Nicolo Piccinino (4.000 caballos y 2.000 infantes) contratado por el rey en septiembre.[131]

6. LAS CAMPAÑAS CENTRO-ITALIANAS ENTRE 1443 Y 1448

El final de la conquista de Nápoles no supuso, pues, la desmovilización del ejército del rey. La guerra de conquista le había dotado de tropas permanentes que continuaron movilizadas en las diferentes operaciones que emprendió desde 1443 hasta 1448, mientras comandó en persona sus ejércitos. A lo largo de esos años siempre dispuso de tropas en pie de guerra, tanto secciones de su ejército como efectivos contratados a condottieri, cuya cuantía fluctuó en función de la disponibilidad de las finanzas reales y de las necesidades que le impuso el ciclo de «guerras justas y necesarias» en el que se vio inmerso.[132] Unos conflictos que se desarrollarían en escenarios diversos: en el propio reino napolitano, rindiendo enclaves hostiles o sofocando rebeliones baroniales, como la del virrey de Calabria (1444); y, sobre todo, en el difícil tablero político de la Italia central (1443-1448), donde desplegó una política encaminada a extender su influencia sobre las tierras del papado, aliándose con el duque de Milán (Filippo Maria Visconti) y con un dócil papa (Eugenio IV) en contra del conde Francesco Sforza y granjeándose por ello la abierta hostilidad de Venecia y Florencia. Esa política llevaría al rey a intervenir entre 1442 y 1445 en la marca de Ancona combatiendo a Sforza, su principal rival, pero también en la Toscana entre 1446 y 1448. La movilización de sus ejércitos entre 1443 y 1448 siempre obedecería a la misma pauta, acorde con la corta duración de las propias campañas bélicas. Durante la primavera preparativos financieros y pagos de soldada (acorriment e imprestanza), despliegue de tropas en campaña durante el verano e inicios del otoño y acuartelamiento de los efectivos a lo largo del invierno, aunque manteniendo operativas tropas en la frontera norte e incluso enviando contingentes expedicionarios a Génova, a Milán y a Roma en apoyo de sus respectivos aliados en esos estados, la facción genovesa de los Adorni, el duque de Milán Filippo Maria Visconti y el papa Eugenio IV.

La contratación de los efectivos y el pago de soldadas obligaba a las finanzas reales a dispendios extraordinarios concentrados en breves periodos de tiempo. Para afrontarlos, el monarca continuó con la misma política financiera: masivas compras y distribución de paños (draps) como medio complementario de pago;[133] y uso generalizado de letras de cambio para adelantar capital en Nápoles sobre rentas reales o subsidios de Cortes a percibir en sus dominios valencianos, catalanes y sicilianos.[134] A ello habría que unir una racionalización de las finanzas reales con la introducción de un impuesto directo para todo el reino napolitano (un fogaje) y el recurso al crédito y redes bancarias de mercaderes y banqueros.[135] Ahora bien, desde 1443, la disponibilidad de las arcas reales se beneficiaría de las finanzas de la Iglesia: el rey logró del papa Eugenio IV, también interesado en la expulsión del condottiere Sforza de la marca de Ancona, la aceptación de su posición en Nápoles y una estrecha alianza cercana a la sumisión, al aceptar todo tipo de cargos y prebendas eclesiásticos solicitadas por el rey para sus agentes y al otorgar unos subdidos más que generosos: 140.000 duc. (200.000 flor.) en 1443 y 40.000 duc. en 1446, fondos que ayudaron a contratar las tropas reales.[136]

Entre 1443 y 1445, para las expediciones a la marca de Ancona contra Sforza, el grueso de las fuerzas contratadas se desplegaba en campañas no más de seis o siete meses (generalmente de mayo-junio a octubre-noviembre), aunque al finalizar las mismas durante los meses invernales, al tiempo que la mayoría de las fuerzas se retiraba a las principales ciudades reales (Nápoles, Capua, etc.), siempre se acantonaban contingentes considerables en la frontera norte (en los Abruzos) o en la propia marca de Ancona, al mando de nobles cortesanos o de capitanes y condottieri locales regularizados al servicio del rey. Solamente para la movilización del ejército real que finalizó en el fallido asedio de la localidad costera de Piombino (agosto de 1448), en la Toscana, el grueso del ejército real estuvo desplegado durante cerca de dos años, desde noviembre de 1446 a septiembre de 1448, desde su partida hacia el norte y acuartelamiento invernal cerca de Roma, en Tívoli, hasta su movilización hacia la Toscana. Ahora bien, las tropas que intervinieron en esa campaña comenzaron a ser contratadas a partir de la febrero de 1446, mientras que ese año el rey disponía en activo cuantiosas fuerzas en la marca de Ancona y enviaba al duque de Milán un nutrido contingente de apoyo.

Podemos examinar la movilización y dimensiones de las fuerzas militares que Alfonso V desplegó en el centro de Italia entre 1445 y 1448 a partir de los fondos de la tesorería (contabilidad y cèdules de pago) disponibles en ese periodo.[137]

En febrero de 1443 Alfonso el Magnánimo entraba triunfalmente en Nápoles, dando por concluidas sus campañas de conquista y control militar del reino. Como ya comentamos, del ejército real sólo permanecían movilizadas las fuerzas a cargo de Ramon Boïl en el norte, los Abruzos, reforzadas con el ejército del condottiere Nicolo Piccinino, contratado desde septiembre de 1442. El monarca no tardó en retornar a las operaciones ya que para inicios del verano reforzaba las fuerzas de Boïl acudiendo a la marca de Ancona a combatir a Sforza.[138] Antes, durante la primavera, celebraría un Parlamento con la nobleza local en el que reorganizó las estructuras militares del esquilmado reino napolitano: canceló cualquier vestigio del servicio feudatario, comprometiéndose a no volver a convocarlo bajo la forma del cobro del scutage, y prohibió que cualquier noble o barón reclutara gente de armas por su cuenta, autorizándose ejércitos privados sólo para servir en el ejército real.[139] Para reforzar esa decisión comenzaría a contratar gente de armas a la nobleza local, iniciando con los pagos de soldada la articulación de su ejército. A mediados de junio partió con sus tropas hacia el norte a unirse con Boïl y Piccinino, a quien se le renovó la condotta en julio. Gran parte del dinero necesario para la contratación de sus fuerzas lo obtendría el monarca de las arcas de la Iglesia. En febrero, en Terracina, cerraba un acuerdo con el legado papal, Ludovico Scarampo, cardenal de Aquileia: a cambio de que el rey expulsara al conde Sforza de la marca de Ancona, feudo papal, lograba una estrecha alianza con el papa Eugenio IV quien le otorgaba la bula de investidura sobre el reino napolitano y le concedía un subsidio de 140.000 duc. (200.000 flor.) a recaudar sobre todo el clero de los dominios ibéricos e italianos del rey, que sería anticipado mediante préstamos y letras de cambio.[140] Con ese capital pudo reunir el rey un formidable ejército, entre 9.000 y 10.000 hombres: la mitad eran las tropas de Piccinino (4.000 caballos y 1.000 infantes) mientras el resto procederían de las comandadas por Boïl, virrey de los Abruzos, y de las fuerzas que movilizó el rey desde Nápoles. Tal exhibición de potencial militar obligó a huir a Sforza de la marca e incluso provocó que algunos de sus capitanes y jefes de escuadras entraran a sueldo del rey. El ejército combinado del rey y Piccinino, actuando en nombre de la Iglesia, había logrado en agosto y septiembre reconquistar casi toda la marca. Sin embargo, un cambio de las alianzas en los estados norditalianos obligó al rey a ralentizar primero y paralizar después todas las operaciones. Para inicios de septiembre se encontró con la oposición de los principales estados italianos e incluso su único aliado en el norte, el duque de Milán, dio un giro y firmó la paz con el conde Sforza, su yerno. Paralelamente Milán también había firmado la paz con Venecia y Florencia. Todos ellos aceptaron ayudar a Sforza contra el Magnánimo y el papa contratando 5.000 caballos y 1.000 infantes que se unirían a las propias fuerzas del conde. Ante esta situación, a fines de septiembre el rey decidía retirarse de la marca, dejando sólo guarniciones al mando de Boïl y de un condottiere regular de su ejército, Paolo di Sangro, quienes quedaban como comisarios reales y de la Iglesia para la defensa de la marca, en particular Boïl, quien fue encargado de ocupar Teramo, en los límites de la marca y los Abruzos. A inicios de noviembre el ejército real retornaba a los cuarteles de invierno en los Abruzos, volviendo el monarca a Nápoles en diciembre. Los seis meses de campaña le supusieron, como reconoció el rey en 1446, un desembolso próximo a los 800.000 duc.[141]

En la primavera de 1444, de nuevo se iniciaban preparativos financieros y contratación de tropas para otra expedición real a la marca de Ancona. Las únicas fuerzas en activo eran las comandadas por Ramon Boïl y Paolo di Sangro en la marca, a las que unía de nuevo el ejército de Piccinino, a quien el rey firmaba una condotta anual en febrero.[142] Para lograr la liquidez necesaria para pagar las soldadas, entre febrero y marzo se giraron desde Nápoles doce letras de cambio, firmadas por el propio monarca o por Guillem Pujades, como reebedor de les peccúnies de la cort, dirigidas a Valencia, al tesorero Mateu Pujades, que permitieron disponer por anticipado, de mercaderes, cortesanos y oficiales reales, nada menos que 92.583 duc.;[143] un capital que, como reconoció el rey, debía de ser pagado a cuenta de los restos del subsidio eclesiástico de 140.000 duc. obtenido el año anterior.[144] El rey disponía de dinero fresco e informaba al papa del inicio de la articulación y reclutamiento de las tropas, a través del memorial que el 26 de marzo enviaba a su representante en Roma.[145] Según reconocía, ese día ya había pagado y enviado a unirse con Piccinino en la marca a 2.400 caballos (800 lanzas) a cargo del duque de Melfi (Tommasso Caracciolo) y tres condottieri de su ejército. Pretendía reunir para el 23 de abril 10.000 caballos. Informaba cómo ya había dado medio acorriment e imprestanza a 3.000 lanzas, procedentes de las ciudades del dominio real y de diferentes capitanes, y confiaba completar pronto la mitad restante. Pero una grave enfermedad del rey retrasó los planes hasta fines de junio. En julio las fuerzas que comandaba a unirse al ejército papal en la marca de Ancona contra Sforza se habían reducido a 5.000 caballos, según informaba al príncipe de Tarento solicitándole que enviase efectivos, reducción quizás relacionada por el empleo de parte de las tropas en un contingente expedicionario enviado en apoyo de sus aliados en Génova.[146]

A mediados de julio el rey partió de Capua hacia el norte, hacia Teano, donde esperaba reunir el conjunto de sus fuerzas. Pero un nuevo y grave contratiempo, una rebelión baronial, le obligó a dividir su ejército y a desistir de marchar personalmente hacia la marca. El noble siciliano Antonio de Centelles Ventimiglia, marqués de Crotone y virrey de Calabria, quien marchaba con 300 caballos a reunirse con el ejército real, se declaró en rebeldía y retornó a sus dominios del sur donde se acantonó. El rey canceló su marcha hacia el norte y tuvo que fraccionar el ejército que había ido contratando en dos frentes, hacia al norte, a los Abruzos, y hacia el sur, a la Calabria.[147] Regresó con el grueso de sus fuerzas hacia Nápoles, enviando en persecución de Centelles inicialmente a 1.000 caballos dirigidos por Paolo di Sangro. Sólo pudo enviar hacia el norte a un contingente dirigido por el noble aragonés Lope Jiménez de Urrea, camarlec, por el caballero valenciano Gracia de Cabanyelles, conde de Troia, y por el conde Orso Orsini, canceller del reino napolitano. Unas fuerzas que se unirían a las tropas que mantenía en los Abruzos, en Atri, Ramon Boïl. Pero antes de que ese ejército se reuniese en el norte, la situación militar había girado completamente a favor del conde Sforza quien entre julio y agosto desbarataba las tropas del condottiere real Niccolo Piccinino. Sforza reconquistó toda la marca de Ancona y venció y capturó al hijo de Piccinino por lo que las fuerzas del Magnánimo tuvieron que desplegarse en la frontera de los Abruzos, antes de retirarse a sus cuarteles invernales a fines de noviembre. Todo lo que se había ganado el año anterior en la marca lo recuperó victoriosamente Sforza en dos meses, obligando a las tropas reales a mantener una posición defensiva. Mientras tanto, el rey, al mando de la mayor parte de las tropas que había contratado en la primavera, dirigía personalmente una larga campaña en Calabria contra Antonio Centelles, marqués de Crotone, desde mediados de octubre de 1444 hasta fines de febrero de 1445. En unas operaciones en pleno invierno pudo rendir Crotone en enero y Catanzaro, donde se había refugiado Centelles, en febrero. A inicios de marzo regresaba hacia Nápoles.

En mayo de 1445 en Nápoles se volvía a preparar otra campaña en la marca contra Sforza. El Magnánimo aprovechaba la necesidad del pontífice Eugenio IV de ayuda frente a la presión militar de Sforza sobre los estados papales y renovaba su alianza, obteniendo las últimas concesiones de su bula de investidura sobre el reino napolitano. También recuperaba su alianza con el duque de Milán, de nuevo enfrentado con su yerno Sforza, por lo que la coyuntura era más que propicia para expulsar definitivamente al conde de la marca de Ancona.[148] Para las operaciones del verano de 1445[149] de nuevo movilizó un considerable ejército, que podemos conocer a partir de los fragmentos de cèdules de la tesorería conservados de ese año, entre septiembre y diciembre.[150] A finales de julio el rey salió de Capua hacia Teano, donde debían concentrarse, camino del norte, las fuerzas contratadas. Encontró dificultades para articular las tropas asoldadas, ya que tardaron en llegar al punto de reunión y, como confesó, tuvo que ralentizar su marcha para evitar el desprestigio de atravesar tierras de barones con pocas compañías de gente de armas.[151] Pero a inicios de septiembre el conjunto de tropas reales fueron llegando a los Abruzos. En total, según revelan los pagos de soldada de septiembre y octubre recogidos en las cèdules de la tesorería, había movilizado un ejército de cerca de 4.500 hombres: 2.746 caballos (915 lanzas y 1 tercio de lanza) organizados en 168 comitivas armadas y 1.596 efectivos de infantería (entre 1.400 infantes y 191 espingarderos).[152] Parte de esas tropas, en concreto 1.652 caballos (550 lanzas y 2 tercios de lanza) organizados en 62 comitivas armadas, las enviaría al mando del noble siciliano Giovanni de Ventimiglia, marques de Gerace, a unirse a las fuerzas papales que combatían a Sforza en la marca de Ancona. Pero el monarca y el resto del ejército no pasaron a la marca sino que permanecieron en los Abruzos, debido a la carestía de víveres en la zona, castigada por el constante trasiego de tropas y, en parte, por desconfianza respecto a las tropas papales, comandadas por el cardenal d’Aquileia. En los Abruzos las fuerzas reales iniciaron el asedio del último reducto que disponía el conde Sforza en el reino napolitano, el castillo de Civitella. Pero a comienzos de septiembre el rey se retiró hacia el sur, primero a Teramo y más tarde a Atri, dejando el mando de las operaciones del ejército real que asediaba Civitella a Ramon Boïl y enviando un pequeño contingente a cargo de Berenguer d’Erill a reforzar las tropas del marqués de Gerace. El resultado de las operaciones fue un completo éxito. Las fuerzas combinadas papales y reales lograron entre noviembre y diciembre ocupar la práctica totalidad de la marca de Ancona, expulsando al conde Sforza y sus tropas: de hecho, el 25 de diciembre Boïl rendía Civitella.

Para finales de 1445 por fin parecía que la situación militar tanto el extremo norte del reino, en los Abruzos, como en la vecina marca de Ancona, se estabilizaba a favor del Magnánimo y sus aliados, el papa y el duque de Milán. Sin embargo tan sólo se trataba del parón invernal de las operaciones. En primavera el conde Sforza reinició las hostilidades y continuó combatiendo las tierras papales. Contaba con el decidido apoyo de Venecia y Florencia: Venecia se encontraba en enfrentamiento abierto con Milán desde 1426 y se oponía a cualquier alianza entre Visconti y el Magnánimo; Florencia, aliada a su vez de Venecia, no podía consentir que el rey consolidara su influencia sobre el papado. La permanente guerra entre los estados norditalianos favorecía las intenciones de los comandantes profesionales, entre ellos el conde y condottiere Sforza quien, buscando consolidar un estado propio en la marca de Ancona, reaunudaba las operaciones a mediados de marzo. Ante ello era necesario que el ejército del rey continuase operativo para una nueva campaña en las fronteras norte del reino napolitano, en los Abruzos, pero también en Nápoles y otras ciudades reales. Por ese motivo, desde febrero de 1446, las finanzas reales siguieron pagando la soldada (acorriments e imprestanza) al conjunto de sus tropas, tanto a las que habían pasado el invierno en la frontera como a aquéllas retornadas a Nápoles.

El 3 de febrero de 1446 el monarca informaba al cardenal de Aquileia que esperaba reunir un ejército de 2.000 caballos y 1.000 infantes, aunque confiaba ampliarlo hasta 9.000 caballos para marchar personalmente hacia la marca en abril.[153] Aunque era una previsión optimista por las dimensiones y fecha de partida, la información de la tesorería confirma el inicio de la articulación del ejército en febrero. Ese mes comenzaba un ciclo de pagos de soldada que continuaría a lo largo de todo el año. Es probable que todavía no se se conociese la partida de las tropas, pero era necesario iniciar el lento proceso de articulación del ejército librando los correspondientes adelantos fraccionados de soldada. Las cèdules de la tesorería del primer semestre de 1446 permiten conocer la mecánica del pago y la cuantía de las tropas. En febrero el tesorero Mateu Pujades comenzaba a pagar 4 duc. por lanza y en marzo el cumplimiento de la emprestança de 60 duc. a 1.675 caballos (558 lanzas y 1 tercio de lanza) dispuestos en 135 pequeñas comitivas de la escuadra real.[154] En abril el tesorero libraba media emprestança (30 duc.) a 7 conducters a cargo de 1.269 caballos (423 lanzas).[155] En mayo también se pagaba otra media emprestança a 24 capitanes y hombres de armas a cargo de 350 caballos (116 lanzas y 2 tercios de lanza), así como a parte de la escuadra de Ramon Boïl, 555 caballos (185 lanzas) en 48 comitivas y 850 infantes en 13 condestabilías.[156] Hasta entrado el verano no se reanudaba la contratación de tropas pagándose al grueso de fuerzas del ejército. Para entonces ya se había obtenido del papa (el 23 de abril) una bula que le autorizaba a atacar, si era necesario, a Florencia, el principal aliado de Sforza, así como un subdisio de 40.000 duc. para sufragar los gastos, a percibir sobre el clero de los reinos ibéricos del monarca.[157] Obtenido el subsidio, como reconocía el propio rey el 2 de mayo, ya se enviaba a Roma en apoyo de las tropas papales que marchaban hacía el frente contra Sforza, un contingente de 2.000 caballos y 500 infantes, y aseguraba que pronto enviaría hacia el norte, a los Abruzos, otros 1.000 caballos y 1.000 infantes.[158] En junio el ejército del conde Sforza, más de 6.000 hombres, atacaba Roma; el cardenal de Aquileia y Eugenio IV deseaban una ayuda militar mayor y más rápida por parte del rey, aunque no querían que las tropas fueran dirigidas por el monarca, quizás por desconfianza de verle al frente de un poderoso ejército cerca de Roma.[159]

El grueso de las fuerzas del Magnánimo no estuvo preparado hasta bien entrado el otoño debido a una enfermedad del rey y, sobre todo, a la entrada de capital en las arcas reales, vía créditos y letras de cambio. Conforme iba lográndose liquidez se reanudaban los pagos de soldada a partir de agosto y especialmente a lo largo de septiembre cuando se pagó adelantos de media emprestança (con libranzas de 20 y de 10 duc.) al conjunto de escuadras del ejército real: en agosto 807 caballos (219 lanzas en 37 comitivas) y 650 infantes en 12 conestabilías,[160] y en septiembre 2.931 caballos (977 lanzas en 242 compañías), 320 infantes en 5 condestabilías y 31 espingarderos.[161] Para octubre el monarca ya estaba en condiciones de informar del despliegue del conjunto de su ejército: enviaba en ayuda del duque de Milán 2.500 caballos y él comandaba personalmente 5.000 para socorrer el ejército papal del cardenal de Aquileia.[162] Las cèdules de la tesorería confirman que el conjunto de combatientes que había ido recibiendo soldada del rey entre febrero y septiembre superaban los 7.500 caballos: en concreto 7.687 caballos (2.562 lanzas y 1 tercio de lanza, en 494 comitivas) junto a 2.000 efectivos de infantería (1.970 infantes en 31 condestabilías y 31 espingarderos).[163] Su contratación había supuesto a las arcas reales un desembolso próximo a los 40.000 duc.[164] y sólo era la media paga. Durante la segunda quincena de octubre, todavía en Nápoles, las tropas percibirían la mitad restante (30 duc. lanza, recibiendo algunas compañías pagos en draps por 10 duc. lanza),[165] al tiempo que las fuerzas que partían de la marca de Ancona hacia Milán, al mando de Ramon Boïl, 2.137 caballos (713 lanzas y 1 tercio de lanza), recibían dos acorriments más a fines de octubre y de noviembre.[166] A inicios de noviembre de 1446 el rey partía de Nápoles hacia el norte al mando del grueso de su ejército, en el momento en que disponía del camino libre hacia la Italia central, sin oposición alguna de su teórico aliado, el ejército papal que, desde fines de septiembre, se encontraba asediado en el territorio de Rimini por las fuerzas de Sforza.[167] De hecho ni el papa Eugenio IV ni su comandante el cardenal de Aquileia deseaban ver al Magnánimo dirigirse con su gran ejército al escenario de los enfrentamientos. Entre noviembre y diciembre, mientras por los rigores invernales se retiraban a sus cuarteles las fuerzas papales y las de Sforza, venecianas y florentinas, Alfonso V conducía su ejército, en un lento y tortuoso viaje, en dirección a Roma. El 29 de diciembre solicitaba al papa un subdisio de 20.000 duc. para mantener su ejército durante el invierno ya que como rey, según reconoció, no podía permitirse vivir sobre el terreno como cualquier otro condottiere. Como quiera que el papa rechazó concederle subsidio alguno, el monarca proclamó la plena independencia de su ejército de las fuerzas pontificias. El 8 de enero de 1447 acampaba en las cercanías de Roma, en Tívoli, posición privilegiada para vigilar y controlar al estado papal. Allí permancería junto a su ejército durante los próximos ocho meses.

Ese largo periodo de inactividad militar sólo puede explicarse por la muerte del papa Eugenio IV a fines de febrero y la incógnita por la elección de un nuevo pontífice (Nicolás V), pero también por su rechazo a empeñar el grueso de sus fuerzas en Lombardía, en defensa de Milán contra Venecia, si persistía la hostilidad de Florencia. Pero Alfonso el Magnánimo no tenía verdaderas aspiraciones expansionistas en el norte de Italia y, de hecho, carecía de los recursos para consolidar una hegemonía en la zona. Mantener una postura belicosa en Italia era la excusa perfecta para evitar regresar a sus dominios ibéricos y ayudar a su hermano Juan de Navarra en la contienda civil castellana que incluso amenazaba con una nueva guerra abierta con Castilla. La lógica de conflictividad interestatal italiana y sus alianzas, en la que participaba al frente del reino de Nápoles como un contendiente más, era lo que le había llevado a enemistarse con Venecia y Florencia.[168] Esta sería la causa que le obligaría a entrar en guerra con Florencia, a la que enviaría un ultimátum en diciembre de 1447 amenazándole si no retiraba su apoyo a Venecia en la guerra con Milán. De hecho, a fin de mantener operativo el ejército para el destino que fuese necesario, en la primavera de ese año la tesorería iniciaba nuevos ciclos de pago de soldada (acorriments de 10, 20 y 30 duc. lanza) a las tropas acampadas en Tívoli, iniciados a fines de abril y concentrados, sobre todo, a lo largo de junio y julio.[169]

Los acontecimientos se precipitaron tras la muerte, el 13 de agosto de 1447, de su principal aliado, el duque de Milán, Filippo Maria Visconti. Los sucesos siguientes, una rebelión comunal milanesa que capturó al capitán de las tropas reales allí desplegadas, Ramon Boïl, y el vacío de poder creado en Milán, a merced de los condottieri Piccinino hijo y, sobre todo, Sforza, a quien el duque había establecido como heredero y que acabaría por hacerse con el poder como nuevo duque de Milán, obligaron al rey a poner de nuevo en marcha su ejército. El rey se vio obligado a movilizar sus tropas, 4.000 caballos, hacia el norte ese mismo de agosto aunque sin destino claro, ya que carecía de verdaderas ambiciones en Lombardía y no deseaba enemistarse con una Florencia reforzada por la contratación de los condottieri Sigismundo Malatesta y Frederico de Montefeltro. Por ello el rey zanjó sus diferencias con Sforza, comprometiéndose a no oponerse a sus aspiraciones al ducado de Milán a cambio de que quedase vasallo nominal del Magnánimo.[170] Fue entonces cuando buscó un trofeo militar que mantuviese su prestigio en Italia y justificase su costosa campaña. Y eligió la villa costera de Piombino, una ciudad-estado aliada de Florencia, que podía utilizar como base de operaciones navales contra Génova y resultaba útil para Córcega. El ejército real partió hacia la región toscana atravesando territorio de Siena y abriendo una campaña desastrosa entre agosto de 1447 y septiembre de 1448. Durante la misma sólo logró la rendición comprada de la pequeña villa próxima de Castiglione della Pescaia pero fracasó en el asedio de Piombino (junio-septiembre de 1448), debido a las malas condiciones sanitarias del campamento real, a los refuerzos enviados a los sitiados por mar y a la llegada del grueso del ejército florentino, que precipitó la retirada aragonesa.

Para las operaciones entre 1443-1448, la estructura del potencial militar desplegado revela que el rey dispuso de tropas permanentes, regularmente remuneradas y profesionales. Como más adelante analizaremos, la continuidad de la guerra y la política financiera arbitrada facilitaron la emergencia de fuerzas permanentes.

[1] Recurriremos a documentación inédita (registros de la cancillería real y de contabilidades financieras, sobre todo la Tesorería General), información de las crónicas y a diferentes trabajos sobre el reinado de Alfonso V entre ellos, los recogidos en el XVI CHCA. La Corona d’Aragona ai tempi di Alfonso il Magnanimo, Nápoles, 2000, y sobre todo la excepcional biografía de Alfonso el Magnánimo de Ryder. Una reciente síntesis del contexto bélico de la Corona de Aragón entre 1420-1448 puede verse en J. Sáiz, «Nobleza y expansión militar de la Corona de Aragón: la nobleza valenciana en las guerras del rey (1420-1448)», Anuario de Estudios Medievales, 33/2 (2003), pp. 729-780, especialmente, pp. 733-744.

[2] Sobre la fiscalidad estatal en el ámbito de la Corona vid. M. Sánchez, El naiximent de la fiscalitat d’Estat a Catalunya (segles XII-XIV), Girona, 1995, pp. 129-134; J. A. Sesma, «Fiscalidad y poder. La fiscalidad centralizada como instrumento de poder en la Corona de Aragón (siglo XIV)», Espacio, Tiempo y Forma. Historia Medieval, t. I (1989), pp. 446-463.

[3] J. Sáiz y L. P. Martínez, «Actividad militar y crecimiento del Estado: la financiación de la guerra en la Corona de Aragón y en el reino de Valencia (1416-1431)», comunicación presentada al XV CHCA, inédita. Sobre la tesorería real vid. C. López, «La estructura de los ingresos de la Tesorería General de Alfonso V el Magnánio y la conquista de Nápoles (1424-1447)», en XIV CHCA. La Corona d’Aragona in Italia (secc. XIIIXVII), vol. III, Sassari, 1996, pp. 573-593; sobre la deuda pública censal contratada por los municipios vid. A. Furió, «Deuda pública e intereres privados. Finanzas y fiscalidad municipales», Edad Media, 2 (1999), pp. 35-79; sobre el saneamiento del patrimonio real y las pautas de su política financiera para el caso valenciano vid. E. Vidal, «Política patrimonial de Fernando I y Alfonso V en el reino de Valencia», en IV CHCA, Palma de Mallorca, 1955, vol. I, pp. 495-504 y, sobre todo, W. Küchler, Les finances de la Corona d’Aragó al segle XV (Regnats d’Alfons V i Joan II), València, 1997, pp. 7-9, 327-482; una reciente síntesis sobre las bases financieras del reino de Valencia (rentas patrimoniales, subsidios de cortes y créditos) en las guerras del Magnánimo puede verse en: A. J. Mira Jódar, «La financiación de las empresas mediterráneas de Alfonso el Magnánimo. Bailía General, subsidios de Cortes y crédito institucional en Valencia (1419-1455)», Anuario de Estudios Medievales, 33/2 (2003), pp. 695-727.

[4] W. Küchler, Les finances..., op. cit., pp. 213-215; Ryder, pp. 88-89 y 93.

[5] L. P. Martínez, Guerra, Estado y economía productiva en la Corona de Aragón en la Baja Edad Media, Valencia, 1995, tesis de licenciatura inédita, p. 446.

[6] ACA, CR, n.º 2.668 fols. 51v-72v. Ampraments per la anada a Sicília (Barcelona, 29-IV-1419).

[7] BCCV, Fondo Mayans, n.º 677, fol. 89r.

[8] Según un libro-registro de notaments parcialmente transcrito en: A. Capmany, Ordenanzas de las Armadas Navales de la Corona de Aragón, Madrid, 1787, Apéndice n.º II, pp. 17-21; ACA, Apéndice General, n.º 1.031.

[9] Como la administración que el baile general del reino de Valencia hizo del donativo estamental: ARV, MR, n.º 9.816.

[10] BCCV, Fondo Mayans, n.º 677, fol. 99v. A. Capmany, Ordenanzas..., cit., Apéndice n.º II, p. 4; Dietari, p. 115; Dietari de la Deputació del General de Cathalunya, F. Udina (ed.), vol. I, Barcelona, 1974, p. 44.

[11] Si ciframos en cerca de 30 las galeras participantes, y a razón de 40 ballesteros y 20 hombres de armas por cada una, obtenemos 1.200 ballesteros y 600 hombres de armas que unidos a los 782 cuya contratación a sueldo nos consta supondrían cerca de 1.500. Con toda probabilidad podemos aventurar un número mucho mayor de gente de armas en compañías gratuitas que se embarcarían en las naus: si concurrieron 14 naus y cada una podría embarcar al menos 200 hombres de armas podemos aventurar cerca de 2.500 efectivos.

[12] ACA, CR, n.º 2671, fol. 81r, citado en Itinerario, pp. 30-31.

[13] Ibid. fol. 46, citado en Itinerario, p. 47.

[14] A. Boscolo, «Il Parlamenti di Alfonso il Magnanimo», en Acta Curiarum Regni Sardinie n.º 3, Id. (ed.), Cagliari, 1991, pp. 8-14.

[15] Zurita, vol. V, lib. XIII, p. 561; Ryder, pp. 121-122.

[16] Desde entonces convirtió el reino de Sicilia en una importante cabeza de puente para controlar el ducado de Calabria y, durante toda la empresa napolitana, como una fuente de aprovisionamiento de caballos, trigo, capitales y efectivos para los tropas: ASP, CSP, Debitti della Corte, n.º 1.061 bis (1420-1421), fols. 152r153r, 162r, 166r, 194r (flete de naves para llevar caballos, compra de caballos y vituallas); Ibid. Cancelleria, n.º 54 (1422-1423), fols. 93v-94r, 106v, 111r-114r, 186v-187r, 223r-v, 241r-243v, 250v-251r, 265v-266v, 317v y 333r (licencias para exportar trigo a 13 nobles sicilianos que aportan efectivos suarumque gencium equorumque, certa armorum gencium comitiva). Véase también: H. Bresc, Un monde méditerranéen. Economie et societé en Sicile. 1300-1450, Roma-Palermo, 1986, vol. II, pp. 854-855; I. E. Mineo, «Note su guerra e aristocrazia in Sicilia tra il primo e il terzo decennio del Quatrocentto», Cheiron, 23 (1995), pp. 49-65, sobre todo pp. 56-58; P. Corrao, «Administrazione ed equilibri politici nel Regno di Sicilia (1416-1443)», en XVI CHCA..., op. cit., vol. I, pp. 179-198, sobre todo, pp. 183-184.

[17] Ryder, pp. 118-119; Zurita, vol. V, lib. XIII, p. 558. El cargo de condestable le situaba al mando de las tropas reales.

[18] ACA, CR, n.º 2.671, fol. 173r, citado en Itinerario, p. 50.

[19] Ryder, p. 136; Dietari, pp. 118-119; J. Vicens Vives, Els Trastàmares..., op. cit., pp. 113-117.

[20] Zurita, vol. V, lib. XIII. pp. 593-594.

[21] ASP, CRP, Debitti della Corte, n.º 1.062 (1424-1425), fols. 26r-v, 97r-v, 124r, 279r-280r, 323r, 339r, 390r-391v y 465r; H. Bresc, Un monde méditerranéen..., op. cit., vol. II, p. 855. Ryder, pp. 155-156.

[22] ACA, CR, n.º 2.797, fols. 1r-16r, 26v-35r.

[23] ARV, MR, n.º 44, fol. 327r; ACA, CR, n.º 2.797, fol. 40v; W. Küchler, Les finances..., op. cit., p. 215; Ryder, p. 162.

[24] ARV, MR, n.º 8.760 (tesorería real enero-junio 1425) fols. 96r y ss., e ibid., n.º 8.761 (julio-diciembre 1425) fols. 62r y ss.

[25] Ibid., n.º 44 (bailía general, 1424) fols. 327r-329v e ibid. n.º 45 (1425), fols. 355v-360r.

[26] ACA, CR, n.º 2.797, fol. 24v. ARV, MR, n.º 8.760, fol. 68v.

[27] ACA, CR, n.º 2.797, fols. 10v, 49v; Ryder, p. 159.

[28] Zurita, vol. V, lib. XIII, p. 644.

[29] ACA, CR, n.º 2.797, fols. 35r y 42r; Ibid., n.º 2.645, fol. 64r, citado en Itinerario, p. 73.

[30] El Dietari del Capellà cifra en 5.000 los hombres de armas que reunió el rey: Dietari, p. 128.

[31] Ryder, pp. 164-165; Itinerario, pp. 73-74.

[32] Itinerario, pp. 74-75; Zurita, vol. V, lib. XIII, p. 653. Aunque disponía de menos efectivos (1.800 caballos) eran suficientes para amenazar la corte castellana: en breves días podía llegar a Burgos.

[33] ACA, CR, n.º 2.797, fol. 78r.

[34] Ryder, pp. 189-190. Sobre la oferta de las Cortes valencianas vid. AMV, PC, yy-10, fols. 167r y ss.; W. Küchler, Les finances..., op. cit., p. 158.

[35] ACA, CR, n.º 2.797, fols. 57r-77v.

[36] ARV, MR, n.º 8.772 (enero-junio 1428) y 8.773 (julio-diciembre 1428).

[37] El ejército real en dicho conflicto tuve ocasión de analizarlo en J. Sáiz, «Estado y poder militar en la Corona de Aragón: el ejército del rey en la guerra con Castilla (1429-1430)», comunicación presentada al XV CHCA, inédita.

[38] ACA, CR, n.º 2.797, fols. 79v-82r.

[39] La Tesorería disponía de importantes reservas de numerario que habían llenado las arcas durante 1428 y comienzos de 1429. El rey invirtió en la contratación de tropas esos fondos y en mayo de 1429, como complemento ideal, logró donativos y créditos libres de hipotecas e intereses procedentes de la élite mercantil de la ciudad de Barcelona: L. P. Martínez y J. Sáiz, «Actividad militar y crecimiento del Estado. La financiación de la guerra...», cit.

[40] ARV, MR, n.º 8.774, fols. 107r y ss.

[41] Ibid., n.º 8.774, fols. 102r y 106r.

[42] Ibid., n.º 9.813 (3), fols. 98r-110r.

[43] Ibid., n.º 8.774, fol. 100r-v; ACA, CR, n.º 2.797, fol. 80v. ARV, MR, n.º 8.774, fol. 26r.

[44] En Valencia, restos del subsidio de las Cortes valencianas de 1428, dinero derivado de la venta en Valencia de trigo siciliano del rey y préstamos de la ciudad de Valencia: ARV, MR, n.º 9.823 (3), fols. 41r-48r. En Zaragoza, restos del subsidio de las Cortes aragonesas de 1428, préstamos de particulares e institucionales (de la ciudad de Zaragoza) y secuestros de rentas (arzobispado de Zaragoza): ARV, MR, n.º 9.384, fols. 42r-48r.

[45] Según Zurita el ejército de Alfonso V era de 2.000 hombres de armas (Zurita, vol. V, lib. XIII, p. 700), mientras que las crónicas castellanas lo cifran entre 2.500-3.000 caballos: vid. Crónica de Juan II, Madrid, 1953, cap. 12, p. 457, col. a; Crónica de don Álvaro de Luna, condestable de Castilla, maestre de Santiago, J. de Mata Carriazo (ed.), Madrid, 1940, cap. 19, p. 76. Las discrepancias obedecerían, sin duda, a la contabilización de las tropas del rey de Navarra junto con las del Magnánimo y a la presencia de tropas de servicio gratuito «a sa despesa».

[46] ACA, CR, n.º 2.685, fol. 11, citado en Itinerario, pp. 91-92.

[47] ARV, MR, n.º 8.774, fols. 181v-182v, 184v-185r, 186r-187v, y n.º 8.777 fols. 52v-53r.

[48] Sobre el ejército castellano vid: F. Torres García, «La guerra en Castilla durante la primera mitad del siglo XV: las campañas de D. Álvaro de Luna a través de las crónicas», Revista de Historia Militar, 63 (1987) pp. 9-35, sobre todo, p. 24.

[49] Sobre esa incursión y el papel de la intendencia aragonesa vid. L. P. Martínez, «Guerra, Estado y organización social de la producción. La Corona de Aragón en guerra con Castilla, 1429-1430», Anuario de Estudios Medievales, 23 (1993), pp. 445-471, sobre todo, pp. 448-453.

[50] El 4 de agosto, de 132.000 ss. b. y el 12 del mismo mes, de 421.800 ss. b. Francesc d’Arinyo, secretario real, también contrató un préstamo de 50.000 flor. con los jurats de Valencia el 8 de julio: sin embargo Valencia, carente de la sólida infraestructura bancaria de Barcelona, sólo materializó 20.638 flor. De la importancia del crédito como puntal de las finanzas reales en este momento de necesidad, da buena prueba el hecho de que el 90 % de los ingresos de la tesorería en el mes de agosto era capital proveniente de préstamos (cerca de 720.000 ss.): L. P. Martínez y J. Sáiz, «Actividad militar y crecimiento del Estado. La financiación de la guerra...», cit.

[51] Según órdenes de pagos en los sitios de Deza y Ciria: ARV, MR, n.º 8.777, fols. 87r-90r y 93r-v, 98v y 106r.

[52] AMV, MC, A-29, fols. 125v-127v; ibid., C-C, O-12, fol. 177r-v.

[53] ARV, MR, n.º 8.777 fols., 74r, 83v, 77v-78v.

[54] Hariza, Cetina, Nuévalos, Ateca, Aranda, Vilella, Monreal y Moros: ACA, CR, n.º 2.713, fols. 16r-v, 25r-v.

[55] ACA, CR, n.º 2.713, fols. 2v-7r, 11v.

[56] De esas tropas sólo hemos contabilizado 1.360 caballos y 550 ballesteros desde la tesorería real (ARV, MR, n.º 8.777 fols. 62v-78v, 87v-90r) ya que para la gente de armas no todos los pagos de soldada indican la cuantía de la compañía; y para el caso de la infantería al ser contratada localmente en las villas aragonesas tendría su reflejo en las fuentes financieras locales. Zurita cifra las tropas en 1.400 caballos y 2.000 infantes: Zurita, vol. V, lib. XIII, p. 721.

[57] ACA, CR, n.º 2.791, fols. 16v-17r, 18v, 21v; Itinerario, p. 97.

[58] Zurita, vol. V, lib. XIII, p. 721.

[59] ARV, GOV, n.º 4.255, fol. 167r-v; ACA, CR, n.º 2.791, fol. 9r.

[60] ACA, CR, n.º 2.677 fol. 120r.

[61] ARV, MR, n.º 8.777, fols. 93v-94r, 96v-97r, 99r, 101r, 109r, 110r-v, y n.º 9.386, fols. 26v y 28r.

[62] J. A. Sesma y E. Sarasa (eds.), Cortes del reino de Aragón. 1357-1451. Extractos y fragmentos de procesos desaparecidos, Valencia, 1976, pp. 107-132; L. M.ª Sánchez, Cortes, monarquía y ciudades en Aragón durante el reinado de Alfonso el Magnánimo (1416-1458), Zaragoza, 1994, pp. 219-220.

[63] AMV, PC, yy-12, fol. 30r; ARV, RC, n.º 231, fol. 236r-v.

[64] L. P. Martínez-J. Sáiz, «Actividad militar y crecimiento del Estado...», cit. 65.

[65] ARV, MR, n.º 9.823 (3), fols. 49r-59v.

[66] Sobre la guerra en tierras valencianas: ARV, GOV, n.º 4.255, fol. 24r, 100r-113r, 225r-v; Crónica de Pere Maça, J. Hinojosa (ed.), Valencia, 1979, pp. 57-58.

[67] Ibid. p. 58. La guerra continuaría en las comarcas valencianas con cabalgadas sobre Castilla como la realizada por Ramon Boïl sobre Iniesta con captura de gran botín de ganado. Sobre el impacto del conflicto en el reino de Valencia vid.: J. Hinojosa, «Las fronteras valencianas durante la guerra con Castilla (1429-1430)», Saitabi, 37 (1987), pp. 149-157; A. Díaz, «Alzira, una población de retaguardia en la guerra contra Castilla de 1429-1430», Al-gezira, Revista d’Estudis Històrics-Ribera Alta, 3 (1987), pp. 93-113; J. Sáiz, «Noblesa i formació de tropes de cavalleria al País Valencià tardomedieval: la participació a les guerres reials del llinatge del senyor d’Albaida», Alba. Revista d’estudis comarcals d’Ontinyent i la vall d’Albaida, 9, (1994), pp. 151-162; Id., «La intervención del poder real en los castillos nobiliarios valencianos en tiempos de guerra (1424-1430)», en A. Furió y J. Aparisi (ed.), Castells, torres i fortificacions a la Ribera del Xúquer. VII Assemblea d’Història de la Ribera, Valencia, 2002, pp. 145-166.

[68] ARV, MR, n.º 8.778, fols. 55r, 59r, 60v-63r y n.º 9.386, fols. 54r, 55v, 59r y 60r-63r.

[69] ACA, CR, n.º 2.684, fols. 26v-27r e Ibid. n.º 2.713, fol. 125v.

[70] ARV, MR, n.º 8.778, fols. 86v, 101v, 104r, 119v e Ibid. n.º 9.386, fols. 78r, 84v y 85v.

[71] ACA, CR, n.º 2.686, fols. 98r-99v, 102r. ARV, RC, n.º 233, fols. 69v-70v.

[72] ARV, MR, n.º 8.778, fols. 113r-v, 118v, 121r-v, e ibid. n.º 9.384, fols. 53v-54v.

[73] Ibid. fol. 78v y n.º 8.778, fol. 126v.

[74] ACA, CR, n.º 2.758, fol. 198r, citado en Itinerario, p. 103.

[75] Ryder, pp. 215-216; M. Gual Camarena, «Las treguas de Majano entre Aragón, Navarra y Castilla (1430)», Cuadernos de Historia de España, 16 (1951), pp. 79-109. Las operaciones continuarían hasta finales de agosto de 1430 con ataques marítimos castellanos al reino de Valencia y a Ibiza, y contraofensivas valencianas en Sieteaguas y Buñol: vid. Zurita, vol. V, lib. XIII, pp. 769-770 y Crónica de Pere..., cit., p. 60.

[76] ACA, CR, n.º 2.686, fol. 120r, citado en Ryder, p. 221.

[77] ARV, MR, n.º 8.780, fol. 88r. Sobre sus preparativos, vid. Ryder, pp. 225-232; A. Santamaría, Aportación al estudio de la economía valenciana durante el siglo XV, Valencia, 1966, pp. 191-214.

[78] Ryder, p. 21; J. Vicens Vives, Els Trastàmares..., op. cit., p. 124. 79.

[79] W. Küchler, Les finances..., op. cit., pp. 382-396, 398-399, 471-473.

[80] Sobre el reclutamiento de las tropas de la expedición de 1432, vid. J. Sáiz, «La caballería de Alfonso el Magnánimo en la expedición mediterránea de 1432. Reclutamiento y estructura de tropas en los ejércitos reales de la Corona de Aragón», Saitabi. Volum extraordinari (1996), pp. 23-64, especialmente, pp. 28-32.

[81] ARV, MR, n.º 8.780, fol. 139r; ibid., n.º 8.785, fol. 71v.

[82] Ibid., n.º 8.780, fols. 88r-91r, 115r, 120v-121r, 137r-138r; n.º 8.785, fols. 54r-58v, 87v, 91v, 112r-114r.

[83] ACA, CR, n.º 2.689, fol. 150r, citado en Itinerario, p. 112; ARV, MR, n.º 51, fol. 126v. ARV, RC, n.º 233, fol. 190r.

[84] ACA, MR, n.º 422, fols. 65r-71r.

[85] Dietari, p. 143.

[86] Atendiendo a la cuantía de efectivos que se movilizaban para grandes expediciones navales, como la armada Sicilia del infante Martín en 1392 donde concurrieron 21 galeras y en torno a los 2.000 hombres de armas: Zurita, vol. IV, lib. X, pp. 764-765; F. Giunta, Aragoneses y catalanes en el Mediterráneo, Barcelona, 1989, pp. 224-226.

[87] ARV, MR, n.º 8.780, fols. 71r, 85v, 128r, 144v, 154r, 155r, n.º 8.785, fols. 64v, 69v; Dietari, pp. 139-140.

[88] Itinerario, p. 114.

[89] Zurita, vol. VI, lib. XIV, p. 18; Ryder, p. 234.

[90] Dietari, pp. 144-145.

[91] ACA, CR, n.º 2.889, fols. 7r y 47r; F. Cerone, «Aproposito di alcuni documenti sulla seconda espedizione d’Alfonso V contra l’isola Gerba», Anuari del Institut d’Estudis Catalans, 3 (1909-1910), pp. 83-84.

[92] Zurita, vol. VI, lib. XIV, pp. 19-20; Ryder, pp. 235-236; ACA,CR, n.º 2.689, fol. 169r, citada en Itinerario, pp. 115-116.

[93] Zurita, vol. VI, lib. XIV, pp. 21-23, 32-42; Ryder, pp. 236-237.

[94] ACA, MR, n.º 422, fols. 158r-v, 161r y 166r.

[95] Ibid., fols. 149r-152v.

[96] Ibid., fol. 162r; Ryder, p. 238.

[97] Zurita, vol. VI, lib. XIV, pp. 43-46, 54-55; Ryder, pp. 238-241.

[98] El mejor análisis del periodo: Ryder, pp. 241-300. Otras síntesis útiles en N. F. Faraglia, Storia della lotta tra Alfonso V e Renato d’Angiò, Lanciano, 1938; E. Pontieri, Alfonso il Magnánimo, re di Napoli, 1435-1458, Nápoles, 1975, pp. 39-48; C. Cuadrada, «Política italiana de Alfonso V de Aragón (1420-1442)», Acta Medievalia, 7-8 (1986-7), pp. 269-309, sobre todo, pp. 281-291.

[99] Sobre la derrota de Ponza, captura y liberación del rey vid. E. Benito, «La liberación de los prisioneros de Ponza», Hispania, 93 (1964), pp. 27-65; T. Marinnis, «La liberazioni di Alfonso d’Aragona, prigionero dei genovesi», ASPN, 25, (1955), pp. 101-106.

[100] Sobre las campañas y el ejército de 1441 véase J. Sáiz, «Los capitanes de Alfonso el Magnánimo en la conquista del reino de Nápoles: la caballería del ejército real de 1441», en XVI CHCA..., op. cit., vol. I, Nápoles, 2000, pp. 981-1009, sobre todo, pp. 981-984.

[101] Transcritas en FA-I, pp. 100-112.

[102] ARV, MR, n.º 9.401 s. f. y n.º 9.402 (1) (órdenes reales de pago y fragmentos de cèdules entre abril y junio de 1441); e ibid., n.º 9.573 s. f. (registro misceláneo que contiene una cedula de los pagos en draps dados en Gaeta el 4 de abril).

[103] ARV, MR, n.º 8.790 (tesorería real en Nápoles marzo-julio de 1441), fols. 70v, 73r, 75v, 81r, 79r, 99r-102r, 105v, 109r, 110r-119v; ibid., n.º 9.402 (2), fols. 150v-189v (fragmento de las dates de la tesorería entre octubre y diciembre de 1441).

[104] Ibid., fols. 218v y 182v, respectivamente.

[105] La falta de registros seriados de la tesorería para 1436-1440 no impide confirmar la continuidad de buen número de líderes de compañías, sobre todo desde 1439, a partir del análisis de los fragmentos de cèdules de pago de la tesorería conservadas: Minieri, pp. 1-24; FA-I, pp. 83-91. Igualmente desde 1440 puede documentarse la partida desde los reinos de Valencia y de Sicilia hacia Nápoles de gente de armas al mando de nobles y caballeros: ARV, GOV, n.º 2.804, mano 1, fols. 8v y 20r, et passim; ASP, CSP, Conti (1440), n.º 845, s. f.).

[106] Ryder, p. 300; Zurita, vol. VI, lib. XV, pp. 224-225.

[107] Sobre el itinerario del ejército y del rey vid. FA-I, p. XXV; Zurita, vol. VI, lib. XV, pp. 225-227; Itinerario, p. 154. ARV, MR, n.º 8.790, fol. 193r-v.

[108] ARV, MR, n.º 8.790, fols. 70v-119v; FA-I, pp. 98 y ss.

[109] FA-I, p. 100.

[110] En Aversa los días 13, 18 y 20 de abril (ARV, MR, n.º 9.573, s. f., y n.º 8.790, fols. 129v-135v, 136r-137r); en Gaeta los días 4, 5 y 6 de abril (ibid. y n.º 8.790, fols. 126r-127v y 138r-v). Sólo entre el 4 y 13 de abril se libraron draps de una extensa área geográfica (Cataluña, Valencia, Mallorca, Inglaterra) por valor de 9.120 duc.: ibid. n.º 9.573, s. f.

[111] En Gaeta los días 4 y 5 de abril (ibid. fols. 100r-101r) y en Aversa entre el 10 y 19 (ibid, fols. 99v-100r, 110r y ss.).

[112] Véanse los ejemplos recogidos de pagos de soldada en especie (sal, vino, paños, etc.) por: M. Mallet, Signori e mercenari. La guerra nell’Italia del Rinascimento, Bolonia, 1984, p. 142 y L’organizzazione militare di Venecia nel’400, Roma, 1989, p. 163. Con todo, se trataba de una tradición poco difundida y no utilizada en otros Estados italianos de la forma sistemática que lo haría Alfonso V. Al respecto es sintomático el hecho de que en el memorial de descripción del reino de Nápoles que elaboró Borso d’Este, hermano del marqués de Ferrara Leonello d’Este, en su visita al reino de Nápoles en 1444, se hiciese eco de esta mecánica de pago: vid. Ch. Foucard, «Descrizione della città de Napoli e statistica del Regno nell 1444», ASPN (1877), pp. 721-757, p. 754.

[113] Sobre la financiación de parte de la soldada con draps véase A. Ryder, «Cloth and Credith. Aragonese war finance in the mid fifteenth century», War & Society, 2 (1984), pp. 1-21. Aunque las primeras referencias las vemos en 1421 y 1425 (ARV, MR, n.º 42, fol. 280r; ibid., RC, n.º 232, fols. 119r-220r), las compras de paños de los reinos de la Corona fueron masivas en vísperas de la conquista, como por ejemplo los más de 500 draps valencianos adquiridos a fines de 1441, gracias a un crédito de la ciudad de Valencia de 60.000 ss. reunido mediante la emisión de deuda pública censal: A. Ryder, «Cloth..., cit., p. 7; W. Küchler, Les finances..., op. cit., pp. 421-422.

[114] ARV, MR, n.º 9.402 (2), fol. 180v.

[115] Esa política propiciaba indirectamente la creación de una especie de «mercado común mediterráneo» en los dominios del rey, integrando la producción y centros comerciales de la Corona de Aragón y Nápoles; vid. M. Del Treppo, Els mercaders catalans i l’expansió catalano-aragonesa, Barcelona, 1976; id., «Alfonso il Magnanimo e la Corona d’Aragonna», en XVI CHCA..., op. cit., vol. I, pp. 1-17, especialmente, pp. 3-4; y las divergentes reflexiones de Ryder, pp. 208, 323 y 464, Id. «Cloth..., cit», p. 15; S. R. Epstein, An island for itself. Economic development and social change in late medieval Sicily, Cambrigde, 1992, pp. 95-97 y ss.; C. Cuadrada, «Politica italiana...», cit., pp. 296-301.

[116] El recurso a este mecanismo, aunque conocido, sería masivo entre 1436-1448 véase: W. Küchler, Les finances..., op. cit., pp. 475-482; A. Ryder, El reino..., op. cit., pp. 207-208; H. Lapeyre, «AlfonsoV et ses banquiers», Le Moyen Age, 67 (1967), pp. 93-136; R. Conde, «La letra de cambio en el sistema financiero de Alfonso el Magnánimo», en XIV CHCA..., op. cit., vol. III, pp. 257-269; G. Navarro y D. Igual, «Mercaderesbanqueros en tiempos de Alfonso el Magnánimo», en XVI CHCA..., op. cit., vol. I, pp. 949-967, especialmente pp. 951-955.

[117] C. Traselli, Note per la storia dei banchi in Sicilia nel XV secolo, Palermo, 1993, pp. 193-228; P. Corrao, «Administrazione ed equilibri politici nel Regno di Sicilia...», cit., pp. 185-186.

[118] A. Ryder, El reino..., op. cit., pp. 223-225; FA-I, pp. 93-98.

[119] C. López, «La estructura...», cit., pp. 590 y 592; ejemplos de lletres de canvi en: ARV, MR, n.º 8.790, fols. 71v-72r.

[120] Ryder, p. 301; FA-I, pp. 93-98.

[121] ARV MR, n.º 8.790, fols. 157r-v y 169r; ibid. n.º 9.401, s. f. e ibid., n.º 9.402 (1), s. f. Desde Caiazo el 27 de mayo solicitaba al tesorero de Sicilia la compra de caballos para el ejército: ASP, CSP, Debiti della Corte, n.º 1.063, fol. 158r-v.

[122] ARV, MR, n.º 8.790, fols. 221v-225v.

[123] ARV, MR, n.º 9.402 (2), fols. 149r-189v. Contra Pontecorvo dirigió el rey 1.106 caballos (368 lanzas y 2 tercios de lanzas) organizadas en esquadres o conjuntos de comitivas de lanzas: ibid. fols. 151v-155r.

[124] Sobre el comienzo del asedio de la capital y sus campamentos vid: Zurita, vol. VI, lib. XV, pp. 239-240; Itinerario, pp. 188-190; F. Mateu Llopis, «Algunos documentos referentes a la gestión del Tesorero de Alfonso V, Mateu Pujades, en Nápoles, y al itinerario del rey (1441-1447)», Hispania, 3 (1941), pp. 425-427, sobre todo, pp. 428-429; y FA-I, pp. 113-114.

[125] ARV, MR, n.º 9.403, s. f.; Zurita, vol. VI, lib. XV, pp. 251-257; Ryder, pp. 303-306.

[126] Zurita, vol. VI, lib. XV, pp. 258-261, 264-267 y Ryder, pp. 307-308.

[127] ACA, CR, n.º 2649, fol. 174r, citado en Itinerario, pp. 197-198.

[128] ARV, MR, n.º 9.403, s. f.

[129] Los pagos de soldada de la caballería efectuados los días 2 y 30 de febrero, 1, 8, 16, 22. 23, 24 y 26 de abril, 3, 11 y 28 de mayo (el grueso de los pagos en la bastida de Campovechio contra Nàpols); por su parte los pagos a la infantería los días 17, 23 y 30 de febrero, 3, 9, 18, 29 y 31 de abril, 1 y 21 de mayo: ibid., s. f.

[130] Los pagos a la caballería se realizaron los días 29 de junio, 2 y 4 de julio (el grueso de ellos, en lo camp davant Carpenone), y el 26 de septiembre. Y los librados a la infantería los días 20, 22 y 26 de julio, y 9, 18 y 21 de septiembre: ibid., s. f.

[131] Las tropas contratadas a partir de octubre suman 536 lanzas (1.608 caballos) en 10 comitivas y 800 infantes, cantidad cercana a las fuerzas al mando de Ramon Boïl; por su parte, las negociaciones con Piccinino comenzaron el 2 de septiembre: ibid., s. f. Sobre las operaciones militares estivales y el despliegue de tropas en los Abruzos: ibid., GOV, n.º 2.403, mano 2, fol. 139v; Zurita, vol. VI, lib. XV, pp. 263, 265 y 267.

[132] Un detenido estudio de la dinánima político-militar a partir de 1443 en Ryder, pp. 312-376 e id., «La politica italiana di Alfonso d’Aragona (1442-1458)», ASPN (1959), pp. 43-106, y (1960), pp. 235-294.

[133] Parte de los susidios eclesiásticos (1443, 1446) y ayudas de Cortes (de Valencia en 1446) que obtuvo el rey sirvieron para comprar draps: en 1443, 3.000 draps y en 1446, 1.000: A. Ryder, «Cloth...», cit., pp. 7-9.

[134] El registro ARV, MR, n.º 9.405 contiene gran número de letras de cambio negociadas entre Nápoles y las plazas peninsulares entre 1444-1447, 168 de las cuales fueron analizadas por H. Lapeyre, «Alfonso V et ses banquiers...», cit. El uso masivo de este mecanismo fue la principal novedad del periodo: R. Conde, «La letra de cambio...», cit.

[135] Una completa visión sobre las finanzas del Magnánimo en Nápoles vid. A. Ryder, El reino de Nápoles..., op. cit., pp. 201-254. Sobre el papel del crédito y la renovada política financiera del monarca véanse, respectivamente, C. López, «La estructura de los ingresos...», cit., pp. 578-579, 582, 590 (cuadro III) y 592 (cuadro VII); M. del Treppo, «Il re e il banchiere. Strumenti e processi di razionalizzacione dello stato aragonese di Napoli», en Spazio, società e potere nell’Italia dei Comuni, Europa Mediterranea, Quaderni I, Nápoles, 1986, pp. 281-282, especialmente pp. 285-295. Sobre los grupos de mercaderes-banqueros al servicio del monarca véase D. Igual, «Entre Valencia y Nápoles. Banca y hombres de negocios desde el reinado de Alfonso el Magnánimo», En la España Medieval, 24 (2001), pp. 103-143, sobre todo, pp. 117-119.

[136] W. Küchler, Les finances..., op. cit., pp. 218-219; Ryder, pp. 317-332.

[137] ARV, MR, n.º 9.385 (volumen misceláneo que contiene cèdules de pago de la tesorería entre septiembre y diciembre de 1445 y entre octubre de 1446 y marzo de 1447), s. f.; ibid., n.º 9.407 (cèdules de pago de la tesorería de enero a junio de 1446); ibid, n.º 9.408 (cèdules de pago de la tesorería de octubre a diciembre de 1446) y, ibid. n.º 8.791 (cuentas de la tesorería general entre abril de 1446 y diciembre de 1447).

[138] A. Ryder, «La politica italiana...», cit., cap. I, pp. 56-60; Ryder, pp. 317-318.

[139] A. Ryder, El reino de Nápoles..., op. cit., pp. 302 y 422. Giovanni Antonio del Balzo Orsini, príncipe de Tarento, gran condestable del reino y con un poder casi autónomo, era el único barón autorizado a disponer de tropas privadas.

[140] W. Küchler, Les finances..., op. cit., pp. 218-219.

[141] ACA, CR, n.º 2.940, fol. 19r, citado en Itinerario, p. 237.

[142] ACA, CR, n.º 2.903, fol. 118v: El 25 de febrero el rey firmaba una condotta de un año de duración por la que Piccinino serviría con sus 5.000 hombres (4.000 caballos y 1.000 infantes) por 156.013 duc.: A. Ryder, El reino..., op. cit., pp. 310-311.

[143] Cáculo realizado a partir de las letras de cambio de 1444, recogidas en ARV, MR, n.º 9.405 y publicadas por D. Igual, «Entre Valencia y Nápoles...», cit., pp. 119-121.

[144] El 21 de abril de 1444 el rey ordenaba al tesorero que las magnas sumas solicitadas con letras de cambio dirigidas a éste debían pagarse mediante ese subsidio eclesiástico autorizándole, caso de no poderse recaudar, a cargar censales: ACA, CR, n.º 2.720, fol. 15r, citado en A. Ryder, El reino..., op. cit., p. 208. Durante 1444, con la necesidad de liquidez para soldadas, continuaron girándose letras de cambio hacia Valencia (dos en mayo por 8.300 duc., una en junio por 360 duc. y una en septiembre por 920 duc.); entre febrero y octubre, los 16 cambios de Nápoles a Valencia dotaron a las arcas reales de 102.163 duc.: D. Igual, «Entre Valencia y Nápoles...», cit., pp. 120-121.

[145] ACA, CR, n.º 2.698, fols. 43v-49v, citado en A. Ryder, «La politica...», cit., p. 67; id., El reino..., op. cit., pp. 310-311.

[146] ACA, CR, n.º 2.698, fol. 63r, carta real del 22 de julio, citado en A. Ryder, El reino..., op. cit., p. 305, nota 24 y 311.

[147] Sobre la rebelión de Centelles en Calabria (por el descontento baronial ante la renovada presión fiscal del monarca e incluso por una posible disidencia baronial siciliana contra el rey) y las operaciones del ejército en los Abruzos y en Calabria vid. Zurita, vol. VI, lib. XV, pp. 307-308, 310, 324; E. Pontieri, La Calabria a metà del secolo XV e la rivolta di Antonio Centelles, Nápoles, 1963; Ryder, p. 319; id. «La politica italiana...», cit., pp. 68-70.

[148] A. Ryder, «La politica italiana...», cit., pp. 85-97; Ryder, pp. 319-320.

[149] Zurita, vol. VI, lib. XV, pp. 347-349; A. Ryder, «La politica italiana...», cit., pp. 89-91; Ryder, p. 320.

[150] ARV, MR, n.º 9.385, s. f.

[151] ACA, CR, n.º 2.698, fol. 98r, citado en Itineriario, p. 219; A. Ryder, El reino..., op. cit., p. 311.

[152] Los pagos de las soldada de la caballería constan el 11, 12 y 17 de septiembre y los de la infantería el 14 y el 17; en octubre los pagos se realizaron los días 7, 8, 5 15, 22 y 30: ARV, MR, n.º 9.385, s. f.

[153] ACA, CR, n.º 2.699, fols. 33v-35r, citada en A. Ryder, El reino..., op. cit., p. 312; id., «La politica italiana...», cit., p. 98.

[154] Los días 2 de febrero y 21 y 24 de marzo en Nápoles; algunos de los pagos se efectuaron per mans de Joan de Miraball, es decir, utilizando créditos del banco de Giovanni Miroballo: ARV, MR, n.º 9.407, fols. 102v-104v, 120r-v, 125v-126r, 130v-131r.

[155] Los días 6, 12, 18 y 26: ibid., 134v, 142v, 145r-v, 144v y 147v.

[156] Ibid. fols. 193v-196v y 198r-v. Se trata de los capitanes y hombres de armas que figuran en ese pago pero no del conjunto de tropas que dirigió Boïl ya que sumando las incluidas en pagos posteriores (ibid., n.º 8.791, fols. 248v-250r) cifran un total de 2.137 caballos (713 lanzas y 1 tercio de lanza) en 60 comitivas.

[157] W. Küchler, Les finances..., op. cit., pp. 218-219; A. Ryder, «La politica italiana...», cit., p. 100; Ryder, p. 320.

[158] ACA, CR, n.º 2.940, fol. 7r-v, carta real transcrita en A. Ryder, «La politica italiana...», cit., pp. 104-105.

[159] Ibid., p. 101.

[160] Los pagos de agosto los días 7, 9, 10, 12, 23 y 28: ARV, MR, n.º 9.408, fols. 24v-25r, 28r-29r, 36r-37r, 39r-v.

[161] Los pagos de septiembre en los días 10, 15, 19, 23, 29 y 28: ibid., fols. 49v-51r, 52r-54r, 57r-59v, 61v-64v.

[162] Como informaba el 14 de octubre: ACA, CR, n.º 2.940, fols. 19v-20r, transcrita en Itinerario, pp. 237-239.

[163] ARV, MR, n.º 9.407 fols. 102v-104v, 120r-v, 125v-126r, 130v-131r, 134v, 142v, 145r-v, 144v y 147v, 193v-196v y 198r-v; ibid., n.º 9.408, fols. 24v-25r, 28r-29r, 36r-37r, 39r-v, 49v-51r, 52r-54r, 57r-59v, 61v-64v.

[164] Sólo en soldadas el desembolso que tuvo que hacer frente la tesorería ascendió en concreto a 39.172 duc.: ibid.

[165] En octubre los días 14, 16, 17, 18, 19, 21, 28 y 30 en moneda y el día 31 en draps: ARV, MR, n.º 8.791 fols. 190v-193v, 194v-198v, 202v, 204v-206v, 208r-209v, 210r-212r, 235r-239r, 240r; ibid., n.º 9.385, s. f., también contiene al final del registro las cédules de la tesorería de octubre a diciembre de ese año.

[166] Entre el 22 de octubre y el 28 de noviembre: ibid. fol. 248v-251r.

[167] A. Ryder, «La politica italiana...», cit., p. 235.

[168] Ryder, pp. 340-341; id., «La politica italiana...», cit., p. 249.

[169] ARV, MR, n.º 8.791, dates de abril, junio y julio, fols. 322r, 338r-340r, 347r-v, 358r-361v, 362v373v, 376r-384r, 394r-401v, 405r-408r, 410r-414v, 423r.

[170] A. Ryder, «La politica italiana...», cit., pp. 260-262, Ryder, p. 322 y del mismo autor. «Alfonso d’Aragona e l’avvento di Francesco Sforza al ducato di Milano», ASPN, (1961), pp. 9-45.

II. LA ORGANIZACIÓN MILITAR Y EL PAPEL DE LA CASA REAL

Los registros administrativos y financieros de la monarquía permiten acercarnos al modelo de reclutamiento y encuadramiento de los ejércitos reales de la Corona de Aragón en la primera mitad del siglo XV. Examinaremos la organización militar desde el punto de vista de la élite del ejército, las tropas de caballería. En primer lugar, la movilización y convocatorias (ampraments). En segundo lugar, los caracteres de las modalidades de servicio existentes (gratuito o contratado), deteniéndonos en la modalidad dominante, el servicio voluntario a sueldo a partir de los pagos y contratos de acorriment. En tercer lugar, el encuadramiento y estructuras de mando y la fisonomía de la administración militar con el crucial papel de la Casa Real, base de una clientela militar del rey.

1. EL PESO Y LA ORGANIZACIÓN TÁCTICA DE LA CABALLERÍA EN LOS EJÉRCITOS

El siglo XV es la época por excelencia de los hombres de armas (hòmens d’armes, hommes d’armes, men at arms, homines armati), los tiempos de una caballería pesada mucho mejor equipada que en épocas anteriores, gracias, por lo general, al arnés blanco, la armadura blindada de placas con junturas articuladas que cubría por completo el cuerpo repartiendo equitativamente el peso. Una caballería pesada polivalente y adaptada a las diferentes manifestaciones de la guerra, a las batallas campales y cabalgadas pero también a la guerra de asedio, a los asaltos y defensas de puntos fortificados. Esa realidad choca con el doble tópico existente respecto al papel militar de la caballería medieval: su supremacía absoluta entre los siglos XI-XIII y su irreversible decadencia entre los siglos XIV-XV. Dos imágenes exageradas –fruto de una escasa reflexión sobre la práctica cotidiana de la guerra medieval y sobre la transformación social y militar de los ejércitos– que dificultan la comprensión de la amplia capacidad de adaptación de la caballería como élite militar.[1] Lejos del mito de su decadencia militar, en la Europa de fines del XIV y del siglo XV, la caballería pesada vivía realmente su máximo prestigio en la guerra, coincidiendo, precisamente, con el florecimiento de todos los elementos de la cultura caballeresca, (símbolos, rituales –torneos, justas, pasos de armas, etc.–, literatura y tratadística) estrechamente conectados con la guerra y, todavía, con una función militar formativa.[2]

La Corona de Aragón no fue ajena a todos esos fenómenos europeos. Desde fines del Trescientos y durante la primera mitad del XV, en una Corona de Aragón más vinculada militarmente en escenarios franco-italianos, se detecta una revalorización de la caballería pesada, los hòmens d’armes, y una significativa reducción de la caballería ligera (los cavalls alforrats), de presencia destacada en el siglo XIV, en claro contraste con Castilla donde la importancia de esta última se mantuvo estable.[3] Las campañas de Alfonso el Magnánimo confirman esta tendencia, como la guerra de Castilla de 1429-1430 donde la caballería pesada (caballeros armats a la guisa, con armadura completa) aparece claramente mayoritaria respecto a la ligera (los armats a la gineta).[4] También es destacable el peso del conjunto de fuerzas de caballería sobre las de infantería entre 1420-1448: en los ejércitos de Alfonso V las fuerzas de infantería suponían menos de una cuarta parte del total de combatientes a sueldo en los ejércitos del rey.[5]

Importancia cuantitativa pero también cualitativa ya que la caballería pesada era la espina dorsal de los ejércitos, el arma más cara y valorada y, por tanto, la que concentraba el grueso de la inversión militar del Estado. Así puede comprobarse examinando los gastos en soldada de tropas gestionados por la Tesorería General en tiempos de guerra, en 1429-1430 (guerra con Castilla) y en 1446-1447 (preparativos e inicio de la campaña centro-italiana). La estructura y peso del gasto en soldada en esos bienios puede verse en la tabla 1 (1429-1430), con cantidades indicadas en sueldos[6] y la tabla 2 (1446-1447), referidas en ducados y su correspondencia en sueldos.[7]

TABLA 1

Estructura y peso del gasto en soldadas de la Tesorería general de la Corona de Aragón

(marzo 1429-octubre 1430): preparativos y desarrollo de la guerra con Castilla (en ss.)


Fuente: ARV, MR, n.º 8.774, 8.777, 8.778 y 8.779.

TABLA 2

Estructura y peso del gasto en soldadas de la Tesorería general de la Corona de Aragón

(septiembre 1446-diciembre 1447): preparativos y desarrollo campaña (en duc. / ss.)


Fuente: ARV, MR, n.º 8.791

Como se aprecia, la contratación de tropas de caballería, tanto en 1429-1430 como en 1446-1447, concentraba cerca del 90 % del desembolso en soldadas y absorvía un tercio del gasto gestionado por la Tesorería General durante los conflictos armados.[8] Resalta la coincidencia en el porcentaje que supone la contratación de tropas de caballería entre ambos periodos de guerra, aunque en 1446-1447 el dispendio de la caballería se ha duplicado respecto a 1429-1430, de 1’4 a 3’5 millones de sueldos, un fiel reflejo del aumento de las dimensiones del ejército real en Italia respecto al movilizado en las campañas hispánicas (de cerca de 7.600 caballos frente a sólo 2.500 caballos). Pero también nos acerca al propio crecimiento del presupuesto y volumen de recursos manejados por el Estado por la presión de la guerra, que también se ha duplicado, de algo más de 4’5 millones de sueldos en 1429-1430 a 9 millones en 1446-1447. Ahora bien, en ambos bienios, tanto en las campañas hispánicas como en las italianas, reclutar y mantener contratadas compañías de gente de armas, de caballería pesada, sigue siendo, de largo, la partida de gasto más elevada a la que deben hacer frente las finanzas reales.

Unas fuerzas de caballería, articuladas en compañías a cargo de la nobleza, que en los registros financieros constan con una tipología variada en función de la naturaleza de las campañas. En las operaciones navales las comitivas están organizadas a partes iguales por hòmens d’armes, los soldados con armadura completa, y por pillarts, combatientes auxiliares con equipo ligero.[9] En las campañas hispánicas (en 1425 y 1429-1430) las compañías constan sólo por el número de caballos u hombres de armas a caballo (rocins y/o hòmens d’armes a cavall, hòmens a cavall armats), especificándose en ocasiones por hòmes d’armes y patges (servidores auxiliares del hombre de armas).[10] La «lanza», la característica unidad táctica en la que se organizaban las fuerzas de caballería en los ejércitos europeos, es prácticamente testimonial en las campañas hispánicas[11] y parece concentrarse en los territorios donde su presencia es hegemónica, en la frontera catalana con Francia, en Castilla y, sobre todo, en las campañas en Italia.[12] Para esos casos conocemos que la lanza en los ejércitos del rey de Aragón se componía, como la lancia italiana o la lance francesa de ese periodo –décadas de los 20 y 40 del XV– de tres hombres a caballo (el hombre de armas, combatiente principal con armadura completa y a cargo de una montura de guerra, el auxiliar armado más a la ligera y un servidor desarmado) que se corresponden con el home d’armes, el pillart y el patge.[13] La lanza catalanoaragonesa de tres hombres también comparte con la lancia italiana y con las lances que comanda el rey en sus campañas italianas, el carácter de ser una unidad organizativa de fuerzas de caballería, dejando al margen a tiradores o ballesteros, quienes aparecen entre las compañías de infantería.[14]

Cabe destacar igualmente que en las compañías de lanzas de Alfonso V en Italia no existe mención alguna a ballesteros o tiradores a caballo, a diferencia de lo que ocurrirá en las compañías de Francia o Borgoña.[15] Sí que se constata la presencia caballos que no forman una lanza, a cargo de uno o dos auxiliares o servidores, que la documentación denomina como un terç o dos terços de lança.[16] Detrás de la contabilización de esos terços de lances quizás se apunte la ampliación numérica de la lanza italiana, fenómeno documentado en los ejércitos transalpinos de la segunda mitad del XV por la agregación de más servidores y combatientes auxiliares pero no de tiradores a caballo.[17] Los ballesteros del ejército del Magnánimo, como en otros ejércitos italianos, se integran entre la infantería y en condestabilías de ballesters: los tiradores, desde infants de peu a infants provisionats (infantería vinculada al rey) se contabilizan en comitivas de paghes dirigidas por condestables.[18] Algunos de estos condestables, los de mayor prestigio y continuidad de servicio, percibían soldada por sus compañías de infants y por pequeñas comitivas de lanzas, aunque por separado.[19] Pero a pesar de no integrarse entre las lanzas de caballería, las fuerzas de infantería participaban en las operaciones en estrecha coordinación con los hombres de armas.

De hecho, las tropas de caballería de Alfonso V demostraron su eficiencia y polivalencia militar combatiendo tanto a caballo como a pie. Así lo podemos apreciar en algunos episodios narrados en las crónicas y en la información que la Tesorería nos aporta sobre el despliegue de tropas en operaciones concretas. Por ejemplo, el Dietari del capellà recoge la organización de las fuerzas catalano-aragonesas que combatieron en la ciudad de Nápoles en agosto de 1423, donde se aprecia la coordinación de caballería (hombres de armas y pillarts) e infantería (ballesteros) en la distribución de efectivos en los turnos de guaytes de portals de la ciudad y en las diferentes barricadas de combate (barreres) al castillo de Capuana.[20] Una organización semejante la encontramos en el asalto final a Nápoles en mayo de 1442, como lo recogen las cèdules de la Tesorería: consta la acción combinada de tropas de infantería (356 combatientes) y caballería (78 efectivos) que estan en la bastida de Campovechio contra Nàpols.[21] Las fuerzas de caballería combatían a caballo pero, cuando era necesario, desmontaban y tomaban parte en los asaltos y asedios de fortalezas y posiciones fuertes.[22] La práctica cotidiana de la guerra confirma que frente a escasos enfrentamientos de tropas en campo abierto (en batalla campal), predominaba la defensa o asalto de posiciones fuertes: una guerra de asedio, en castillos o en fortificaciones campales (barreres, bastides), que exigía la acción coordinada entre infantería ligera (infants, equipados con espada, escudo y lanza corta, diferentes a los lanceros), tiradores especializados (ballesteros y también contingentes de escopeteros)[23] y los hombres de armas, que desmontaban para el combate y mantenían su papel de élite armada.

2. LA MOVILIZACIÓN Y LA HEGEMONÍA DEL RECLUTAMIENTO A SUELDO

En la Corona de Aragón de la primera mitad del XV la participación de tropas de caballería en las expediciones ofensivas del rey era de carácter voluntario bajo una doble modalidad de servicio: por una parte contratada (acordament), sujeta al pago de soldadas (acorriments de sou) a los líderes de comitivas armadas por el número de combatientes que ponían en servicio; y por otra gratuita, sin percibir soldada alguna al ser costeada por quien concurría en el ejército (servicio militar a sa despesa). Las modalidades tradicionales de servicio obligatorio, tanto el servicio armado de feudatarios como la movilización general defensiva (host), habían perdido su eficiencia en la dotación de efectivos armados a los ejércitos.[24]

El servicio militar de los beneficiarios de feudos de bolsa hacía prácticamente un siglo que había perdido su vigencia militar: los feudos-renta había ido convirtiéndose en pensiones monetarias con una función militar secundaria y marginada en la organización militar al recurrir la monarquía, prioritariamente desde mediados del siglo XIV, a la contratación a sueldo como principal mecanismo para dotarse de gente de armas para sus ejércitos.[25] Por su parte, la movilización general defensiva, restringida a los casos de necesidad urgente, nunca daba los resultados deseados, obligando a la administración real a recurrir a la contratación a sueldo para articular contingentes operativos. Un ejemplo de la ineficiencia de la convocatoria de host fue la defensa del reino de Valencia en agosto de 1429 frente a las cabalgadas castellanas, recién iniciada la guerra con Castilla. El día 11 de ese mes Francesc Corts, regent de la governació del reino de Valencia, informaba al rey de que el Parlamento reunido para organizar la defensa, ante el acoso constante de tropas castellanas al reino, que realizaban entradas y salidas, había decidido no convocar hosts generals sino lograr fondos para reclutar a sueldo gente de armas e infantes, reconociendo explícitamente que «lo convocament dels hosts dessús dites sería molt dampnós al regne e de poch profit».[26] De hecho, tanto las convocatorias de hosts para los reinos de Aragón y Valencia, como la movilización general para el principado de Cataluña (por el usatge Princeps namque), sólo eran operativas en un breve periodo de tiempo, en las propias fronteras y nunca como base esencial para dotarse de contingentes relevantes para el ejército. Por ejemplo, en la guerra con Castilla en el frente aragonés del verano de 1429, la movilización de hosts en Aragón sólo resultó útil como medida a corto plazo (durante el mes de agosto) para dotar de infantería (ballesteros y lanceros de milicias locales costeadas por las propias villas) a un ejército cuyo grueso provenía de la gente de armas e infantería contratada. Unas milicias obligatorias que no siempre concurrieron, ya que algunas localidades conmutaron su débito armado por un pago.[27] Las modalidades dominantes eran, pues, de naturaleza voluntaria bien fuera percibiendo soldadas (acordament, acorriments de sou) bien fuera de forma gratuita, a costa de los propios nobles y caballeros (a ses despeses).

La movilización de contingentes de tropas de caballería era una operación compleja y de larga duración.[28] Una operación que comenzaba con las convocatorias o ampraments, fase previa de la reunión de un ejército para cuya planificación y coordinación se ponían en funcionamiento las redes clientelares del rey. De hecho en la Corona de Aragón, como cualquier Estado monárquico bajomedieval, el rey disponía en su clientela inmediata, en la domus regia, de los recursos humanos necesarios para la movilización armada.

En principio, el monarca y su consell reial regulaban las condiciones de la oferta de servicio armado (destino y duración de la expedición, soldada o gratificaciones, etc.) y establecían la nómina de individuos y linajes a convocar (recurriendo a los listados disponibles en la cancillería real). La planificación de las expediciones quedaba, pues, en manos de los consells reials: una red de consejos integrada por nobles y caballeros con la dignidad de consellers y por burócratas profesionales, y formada por el consell reial que seguía la persona del monarca y sus apéndices territoriales en los reinos o principados.[29] Pero para operaciones militares concretas, sobre todo navales, el consell reial central generaría comisiones específicas, unos consells militares (como el Consell dels fets de la armada) documentados para las campañas navales de 1420 y 1432.[30] En esos consells militares se planificarían globalmente las campañas y se tomarían las primeras medidas de movilización: estipular las condiciones del servicio y ordenar la tramitación de las cartas de convocatorias (ampraments).[31]

La gestión de las convocatorias en cada uno de los reinos y principados de la Corona quedaba a cargo de nobles y caballeros vinculados a la Casa Real con cargos cortesanos (cambrers, copers, camarlencs, majordoms, uixers d’armes, cavallerissos, alguzirs, etc.). Al dirigir la movilización a nivel territorial se constituían en reclutadores del rey. Se encargaban de hacer cumplir localmente las instrucciones establecidas por el monarca y su consell (identidad de los convocados y condiciones del servicio), contando para ello con el apoyo de oficiales reales de cada reino (batles, governadors, procuradors, etc.). Su presencia está ampliamente documentada en todos los preparativos de expediciones armadas, siendo el ejemplo más relevante, por la magnitud y alcance territorial, la convocatoria de los 993 miembros de linajes nobiliarios y, en menor medida ciudadanos, de los reinos de Valencia, Aragón y el principado de Cataluña que fueron requeridos, entre mediados de 1424 e inicios de 1425, a participar en la operación militar de presión política contra Castilla del verano de 1425. En la gestión de convocatorias en esos territorios encontramos a nueve cortesanos (tres camarlencs, tres cambrers, un majordom, un coper y un cavallerís), apoyados por diferentes oficiales reales.[32] De igual forma en las movilizaciones entre 1419-1429 en el reino de Valencia, podemos ver a los mismos cortesanos, demostrando hasta qué punto el monarca confiaba en quienes más disponían de la experiencia y competencia organizativa al respecto.[33]

Los cortesanos reclutadores dirigían todo el proceso de convocatorias. Recibían las instrucciones del rey en memoriales con las condiciones del servicio (su duración, el destino, las gratificaciones en concepto de soldadas o de participación en el botín), así como pliegos de cartas credenciales del monarca a su favor dirigidas a quienes debía convocarse.[34] Informaban de las condiciones y debían inducir a los convocados a servir voluntariamente en las campañas, contactando personalmente con ellos o coordinando el reparto de las lletres d’amprament mediante la red de porteros y correos de las administraciones reales locales.[35] A continuación debían sondear las disponibilidad de servicio de los convocados y recoger la cuantía e identidad de quienes aceptaban y el número aproximado de combatientes que aportarían, como consta en las instrucciones que el monarca enviaba a sus reclutadores.[36] El objetivo, no siempre cumplido, era informar al rey y su consell, a fin de que acometiesen con antelación las medidas logísticas y financieras necesarias (preparación del avituallamiento, construcción o contrata de naves y galeras, recluta de tropas, embarque de las mismas y las monturas, etc.). El cumplimiento de todas esas órdenes puede seguirse para casos concretos, como la expedición naval de 1420 en el reino de Valencia.[37] Unas labores que los cortesanos realizaban en sus propios reinos, apoyados a veces por caballeros o escribanos reales comisionados al efecto y asesorando a los oficiales locales del rey (governadors, procuradors reials, batles, etc.).

Las convocatorias (ampraments) a nobles, cavallers, donzells, gentilshòmens e ciutadans, dejaban la posibilidad bien de acogerse al servicio a sueldo (la inmensa mayoría) o bien de servir gratuitamente (liberalment servir a lurs despeses).[38] Sólo para la armada 1420 se ofreció servicio gratuito en exclusiva.[39]

La expedición naval de 1420 fue la que, por sus particularidades, presentó un mayor servicio gratuito, a sa despesa. Tratándose de la primera campaña que Alfonso V realizaba como rey, confió atraer a aquellos integrantes de linajes nobiliarios o del patriciado urbano de sus reinos que deseasen servirle sin soldada, ofreciéndoles sólo «degut sguart a vostres servirs ab effusió de gràcies e favors».[40] La doble oferta de gràcies e favors suponía una oferta pecuniaria y socio-política, normalmente a posteriori de su servicio. Económica al percibir algunos de los participantes subsidios (ajudes o gràcies) por seguir la armada real;[41] o beneficios y recompensas por los servicios prestados.[42] Pero, en segundo lugar, ofrecer favors también equivalía, en cierta medida, a abrir la puerta de una posible promoción social a quienes iniciasen una trayectoria de vinculación personal en las guerras del rey. La oferta no era despreciable y explicaría la alta participación nobiliaria en esta primera armada real.

El servicio gratuito (a sa despesa) continuó en las expediciones posteriores a 1420 en todos los dominios del rey de Aragón.[43] Pero se trataba de una modalidad que perdería fuerza al hilo de la permanencia de la guerra: operaciones napolitanas de 1421-1423, expedición a Castilla de 1425, guerra de Castilla de 1429-1430, campaña naval de 1432 y guerras italianas. En la continuidad de la guerra, la necesidad de mantener tropas sólo podía ser cubierta mediante la contratación a sueldo centralizada desde la Tesorería y no con una participación irregular y gratuita de nobles y caballeros que dejaba en sus manos la iniciativa de servir en el ejército. El recurso a compañías gratuitas devino cada vez más ineficiente al dificultar que la monarquía comprometiera el servicio continuo de quienes combatían a sus costas. Por ello, el servicio a sa despesa nunca supuso para el ejército más que un flujo minoritario de combatientes y siempre subsidiario respecto al reclutamiento a sueldo, como demuestra la cuantía de gente de armas documentada a sueldo en campañas como las de 1425 y 1429.

El reclutamiento a sueldo suponía la forma dominante de movilización de tropas. Una modalidad contractual cuyos caracteres pueden seguirse en dos series de fuentes: por un lado, las condiciones de servicio reflejadas en los registros de cancillería (como en 1425 o en 1428) y por otro, los asientos de pago de soldadas recogidos en las contabilidades financieras de la monarquía (entre 1425 y 1432).

En los memoriales de convocatoria consta el destino y duración de las campañas (generalmente, tres meses con posibilidad de prórroga) y la cuantía y mecánica de pago de la soldada. En principio se ofrecía pagar soldada mensual por el número de combatientes que comprometiera poner en servicio quien aceptaba participar en el ejército. La soldada mensual variaba según el tipo de operaciones (terrestres o navales). En las campañas a Castilla de 1425 y 1429-1430, las lanzas de tres combatientes (el hombre de armas, el pillart y el patge), recibían 30 flor.[44] Sin embargo, la tasa más generalizada para estas campañas era el pago de 15 flor. por hombre de armas con armadura pesada a caballo ya que las compañías se organizaban en hòmens d’armes u hòmens a cavall armats o a veces sólo en caballos o rocins.[45] La oferta de una soldada mensual menor a 15 flor. no encontró buena acogida entre los combatientes, como ocurrió en el frente valenciano de la guerra con Castilla en el verano de 1429.[46]

Para expediciones navales, como la de 1432 o la frustrada armada de 1428, la soldada quedaba fijada en 10 flor. mensuales por el hombre de armas dotado del arnés blanco o armadura de placas (que la documentación denomina home d’armes armat de cap fins al peus, o ab arnès complit) y 5 flor. por pillart, aunque en ocasiones, como en 1428, se ofertara 15 flor. por el hombre de armas con armadura de placas acompañado de otro hombre de armas con equipo más ligero (armat de cors davant braços e celada o barreta).[47] Como se ve, la unidad básica de cómputo de las soldadas era el hombre de armas completamente equipado.[48] También conviene destacar que la cuantía de la soldada descendía en las campañas navales (10 flor.) respecto a las operaciones terrestres (15 flor.). Ese descenso estaría relacionado con el aumento de los servicios logísticos ofrecidos por el Estado a las tropas, en el ámbito armamentístico y alimentario (lanzas, bescuit, etc.), vinculado al carácter de expediciones navales exteriores, un descenso que también se documenta en ejércitos como el navarro o el veneciano del Cuatrocientos.[49]

Sin embargo, de cara a definir el modelo contractual, más que en la cuantía de la soldada, interesa centrarnos en su mecánica de pago. Como recogen los memoriales de convocatoria, la administración se comprometía a entregar la soldada completa antes del servicio armado.[50] Esas entregas avanzadas de la soldada, denominadas acorriment, normalmente se fraccionaban en dos pagos –un anticipo (acorriment de sou) y un cumplimiento (acorriment de sou e paga complida)– y se efectuaban con gran antelación a las campañas, entre tres y cinco meses antes. Así lo vemos en los registros financieros entre 1425 y 1432. Un ejemplo para la armada de 1432 ilustra esa mecánica.[51] El 11 de septiembre de 1431, en Barcelona, el tesorero libraba al caballero mossèn Arnau March, 45 flor. en concepto de acorriment del sou de dos hòmens d’armes, uno de ellos él mismo, y dos «pillarts ab los quals (...) ha promés servir lo senyor rey per III mesos, en lo viatge que, Déu volent, entén fer prestament vers les parts marítimes». Cuatro meses más tarde, el 4 de enero de 1432, el mismo personaje recibía del tesorero otros 45 flor. en acorriment de sou e paga complida de los dos hombres de armas y dos pillarts. Finalmente, siete días antes de la partida de la armada, el 22 de mayo, el citado caballero obtenía un último pago de soldada de 30 flor. por su comitiva como «acorriment e paga complida (...) per un mes (...) ultra aquells tres mesos dels quals ja han tret albarà d’escrivà de ració». La tesorería real había contratado para servir en la armada de 1432 durante cuatro meses la compañía de cuatro combatientes de Arnau March pagándole 120 flor., a razón de una soldada mensual de 10 flor. por hom d’armes y 5 flor. por pillart, cuya entrega se le dividía en una libranza anticipada de 90 flor., fraccionada en dos mitades de 45 flor., y un pago final de 30 flor. La totalidad de compañías contratadas para la armada de 1432 seguiría este modelo en las tres series cronológicas de pagos de la soldada de cuatro meses consignadas en los registros de la tesorería entre septiembre y octubre de 1431, entre enero y febrero de 1432 y los días 21 y 22 de mayo. Como en 1432, la contratación de gente de armas para la operación sobre la frontera castellana de 1425 también fue progresiva. Los pagos de la soldada de los tres meses de servicio, previstos en su inicio para finales de junio de ese año, se efectuaron en dos entregas: un adelanto de la soldada de un mes entre marzo y mayo y un cumplimiento de los dos restantes a lo largo de la primera quincena de junio. Finalmente, para la primera entrada a Castilla de junio 1429, de nuevo vemos la anticipación de los pagos entre marzo e inicios de mayo, aunque esta vez en una única entrega por los tres meses de servicio.

Las instrucciones reales que los reclutadores debían comunicar a los convocados resumen el motivo de la entrega anticipada de las soldadas: debían explicar a los nobles que se preparasen a acudir a los centros de contratación previstos, grandes centros urbanos, donde, en las mesas públicas de reclutamiento a cargo de oficiales de la tesorería (las taules d’acordament), recibirían la soldada de un mes para que «se pusieran a punto» (per que·s puxen metre a punt); cuando fueran convocados a reunirse con el ejército real, percibirían la soldada de los meses restantes del servicio, comprometiéndose a continuar en el ejército, mientras la administración financiera mantuviese los pagos de soldada en la cuantía mensual estipulada.[52] Ponerse a punto para servir en los ejércitos o armadas equivalía a mantener operativa la comitiva armada que habían aceptado aportar en la fecha estipulada. El tiempo de servicio comenzaría el día previsto de concentración del conjunto de efectivos del ejército cuando, en el lugar señalado, se pasara revista a las compañías contratadas registrando las exhibiciones o mostres que los capitanes realizaban de sus comitivas, verificando que las mismas contaban con las unidades, armamento y monturas por las que el capitán había recibido la soldada, para así salvaguardar a la administración regia de posibles fraudes.

Hasta la realización de las mostres, los nobles debían hacer frente a los gastos que suponía la puesta a punto del equipo completo del hombre de armas, ya fuera su mantenimiento o su compra. Sin embargo, ello no siempre se afrontaría con las garantías monetarias oportunas dado el alto coste del equipamiento, entre los 3.500 y 5.000 ss. (estimando un arnés completo y dos o tres caballos, uno de ellos de calidad). De hecho, para los nobles, la necesidad de preparar el costoso equipamiento (compra de caballos, recambio de piezas del arnés, etc.), podía convertirse en un problema financiero de primer orden, máxime para unas economías domésticas nobiliarias sometidas a un endeudamiento crónico y dotadas, generalmente, de poca solvencia para soportar dispendios onerosos.[53] Los acorriments, las soldadas anticipadas, facilitarían al menos parte de la liquidez necesaria para la preparación del equipo. En primer lugar para la reposición o compra de monturas. En los protocolos notariales en los periodos previos a las campañas documentamos casos de nobles comprando caballos y comprometiéndose a pagar el precio de la montura en fechas cercanas a las de recepción del acorriment: por ejemplo, el 26 de marzo de 1429, el noble Pere Maça de Liçana recibe de Joan Roís de Sanctaclara, ciudadano de Valencia, una montura de guerra (ronchini cosseri) prometiendo pagarle los 145 flor. de precio durante el mes de mayo,[54] mes en el que recibiría el acorriment de los tres meses de servicio en el ejército real.[55] Pero también podían destinar el acorriment a la reparación o encargo de fabricación del arnés: en los contratos de fabricación de armaduras, los artesanos estipulaban unos 20 días para la entrega de la pieza completa a los clientes;[56] en esas condiciones, los nobles con acorriments a tres o más meses vista de las expediciones, disponían de tiempo para dedicar a ello parte del capital recibido.

Por otra parte, los acorriments también podían ser invertidos en la formación de las compañías. Los nobles podían pagar por adelantado a quienes iban a integrar sus comitivas ordinarias (companyies ordinàries de cavall), asegurándose así el concurso de miembros de su casa y clientela o de su linaje, como de nuevo confirman los protocolos notariales en los momentos previos a la articulación del ejército. Por ejemplo, el noble Ramon de Riusec, alias Bernat Centelles, contratado por la administración real en mayo de 1429 a cargo de una compañía de 95 caballos (67 hombres de armas y 28 patges), nueve días después de recibir el adelanto íntegro de su soldada de tres meses de servicio,[57] comienza a distribuir la cantidad recibida entre los caballeros y líderes de comitivas que integran su nutrida compañía, uno de ellos el caballero Gracià de Montsoriu: el 14 de mayo el donzell Francesc de Riusec, procurador de Gracià de Montsoriu e integrante de su comitiva de 10 caballos (8 hombres de armas y 2 patges), confiesa recibir de Bernat Centelles 5.520 ss. como solido et patrocinio del citado grupo armado.[58] Los nobles y caballeros podrían, pues, invertir parte del acorriment en la contratación de nuevos efectivos para organizar sus respectivas compañías. Ello también quedaría confirmado por el hecho de que algunos de los caballeros o nobles que recibieron un adelanto de soldada por una comitiva determinada, volverían a las taules d’acordament para recibir nuevos desembolsos al haber ampliado el grupo armado que ponían en servicio con más efectivos.[59]

La inyección de capital de los acorriments se trataba de un starter, un capital anticipado imprescindible para poner en funcionamiento la maquinaria militar, para adquirir el equipamiento o reclutar las comitivas. Un buen testimonio de la importancia de los acorriments lo encontramos en las respuestas de los caballeros y nobles a los cortesanos reclutadores, como, por ejemplo, en las convocatorias en el reino de Valencia para la armada de 1420, en la que no se ofertó soldada alguna. El 1 de julio de 1419 desde Valencia, los reclutadores que sondeaban la disponibilidad de servicio de la nobleza valenciana, los uixers d’armes Francesc Maça y Aznar Pardo, informaban al rey que aunque habían encontrado en los convocados una gran voluntad por participar, algunos excusaban comprometerse alegando estar ocupados en otros menesteres; sin embargo, el motivo que aducían la mayor parte de ellos era la inexistencia de soldadas (gatges), reconociendo explícitamente que si el monarca las ofreciese, librándoseles los correspondientes acorriments, se comprometerían muchos más pudiéndolos invertir en la compra de caballos.[60] El acorriment bien hubiera podido servir para la adquisición de unas monturas, la parte más cara del equipo, que por entonces escaseaban.[61]

En definitiva, los nobles disponían en los acorriments de una fuente de liquidez rápida para la preparación de su comitiva y a varios meses vista de su presencia en los ejércitos. Mediante estas libranzas anticipadas del sou o acorriments, el Estado se aseguraba que quienes aceptaban servir en el ejército dispusiesen del capital necesario y con la antelación oportuna para mantener operativa la comitiva armada que habían aceptado aportar. La mecánica de pago progresiva de las soldadas hacía que la función de las mismas no fuera la mera retribución por participar en el ejército. Iba más allá ya que también suponía una capitalización monetaria a los linajes nobiliarios proveedores de hombres de armas. De esta forma la administración estatal intervenía, aunque indirectamente, en la propia formación de compañías de caballería.

Detrás de las condiciones de servicio asoldado ofertadas por la monarquía en las convocatorias y de los propios asientos de pago de soldadas de las administraciones financieras, subyace una relación contractual que, a falta de una denominación concreta, podríamos catalogar como contrato de acorriment. Los caballeros, nobles u hombres de armas cerraban compromisos contractuales de servicio militar con la monarquía tras aceptar las ofertas recogidas en las convocatorias y tras percibir sus respectivas soldadas. Ahora bien, formalmente no vamos a encontrar contratos de acorriment ya que la regulación del compromiso de servicio de los nobles y caballeros súbditos del rey no se fijaría por escrito sino, con toda seguridad, mediante compromisos verbales que éstos cerrarían con el monarca o con los cortesanos que les convocaban, aprobando las condiciones de servicio ofertadas. De hecho, los únicos contratos escritos que podemos encontrar son aquéllos que regulan el servicio de nobles extranjeros, en forma de capítols firmados por éstos y el rey, donde se recogen las condiciones del servicio armado aceptadas por ambas partes (características de las tropas, cuantía y mecánica de pago de la soldada, duración del servicio, distribución de ganancias de botín y excepciones del servicio), muy próximas a las propias condiciones ofertadas por los cortesanos en las convocatorias.[62] Los nobles y caballeros de los reinos y principados del rey, tras ser informados de la oferta, aceptarían verbalmente esas condiciones de servicio, sin mediar capitols o contratos escritos y sólo podría fijarse por escrito al percibir los pagos de soldada, en el tenor de las àpoques y los albarans d’escrivà de ració que generaba la administración financiera, originando la vinculación contractual de acorriment.

Este modelo de reclutamiento a sueldo de gente de armas guarda gran sintonía con otros ejemplos europeos. El contrato de acorriment es asimilable a los contratos de servicio armado de diferentes Estados europeos, desde las condotte italianas hasta las lettres de retenue francesas y las indentures inglesas.[63] El mayor grado de formalización de todos ellos, recogiendo in extenso cláusulas relativas a la dimensión, caracteres y armamento de la compañía, duración del contrato y posibilidad de prórroga, soldada, etc., no impide su similitud con los contratos de acorriment. Así aunque las administraciones financieras catalano-aragonesas no generaron documentación análoga, en último extremo, tanto esos contratos franceses, ingleses e italianos como el acorriment catalano-aragonés atienden al mismo objetivo: enrolar a sueldo combatientes en el ejército capitalizándolos previamente para el ejercicio de su servicio. Las diferencias formales existentes no impiden que las disposiciones que definían a los contratos de acorriment en las instrucciones de convocatoria sean las mismas que las de los otros contratos europeos. Semejanza que es muy evidente en la mecánica de pago anticipado de la soldada: el acorriment de sou es funcionalmente lo mismo que el prest de la indenture inglesa[64] o el prêt a compter de la lettre de retenue francesa;[65] pero también es idéntico a la prestanza o imprestanza de la condotta italiana,[66] como demuestra la asimilación en los registros de la tesorería en Italia de ambos términos (acorriment o emprestança).[67] Las similitudes entre la condotta italiana y el acorriment catalano-aragonés son todavía más estrechas, desbordando el ámbito de la contratación de tropas ya que los pagos en acorriment también eran extensibles a una variada gama de servicios civiles y bélicos al Estado (como la construcción y equipamiento de embarcaciones), como ocurría en tierras italianas con las condotte.[68]

El reclutamiento a sueldo con contratos de acorriment era, pues, el modelo hegemónico de movilización de gente de armas. Las campañas italianas a partir de 1436, en la medida en que la continuidad de la guerra exigía un estado de movilización de efectivos casi permanente, provocarían algunos cambios. El reclutamiento asoldado en Italia presenta unas características propias que exigen un examen más detallado. A diferencia de las campañas hispánicas de 1425 y 1429-1430 o las armadas navales de 1420 y 1432, el ejército real en tierras italianas no es contratado ex profeso para las operaciones ya que se encuentra en permanente servicio. La inmensa mayoría de quienes sirven a Alfonso V en la guerra de conquista del reino napolitano (1436-1442) militan en un ejército real en movilización continua; lo que vemos, pues, es una periódica renovación de contratos de servicio a capitanes y líderes de comitivas armadas. Tras la conquista del reino, la persistencia de la guerra entre 1443 y 1448 consolida contingentes de caballería en servicio permanente del rey. El Magnánimo en los años 40 del Cuatrocientos dispondrá del servicio regular de compañías de caballería pesada lideradas por cortesanos, caballeros y hombres de armas vinculados a la Casa Real, por capitanes y condottieri estabilizados a su servicio o por hombres de armas directamente enrolados por la administración real (lanze spezzate), al igual que otros estados italianos en las décadas centrales del siglo XV, como Venecia o Milán.[69] Los pagos de acorriment o emprestança suponen, en la práctica, la renovación de un ejército ya contratado, una mecánica rutinaria que sirve para mantener operativas las tropas e iniciar una operación. Podemos comprobarlo si examinamos la remuneración a lo largo de más de un año de dos combatientes del ejército, los caballeros valencianos Lluís Pardo y Lluís de Montagut.

Entre enero de 1441 y julio de 1442, en las campañas finales de conquista de Nápoles, el caballero valenciano Lluís Pardo, a cargo de una comitiva de 4 lanzas (12 caballos), percibió las siguientes cantidades. El 18 de enero en Benevento, tras finalizar las operaciones de rendición de dicha localidad, recibe 6 duc. en acorriment del sou de los 6 caballos que consta que entonces dirige.[70] Al mes siguiente, el 19 de febrero en Sessa, liderando sus 4 lanzas, es remunerado con 12 duc.[71] Ambos pagos de pequeña cuantía (1 ducado por caballo o 3 duc. por lanza) suponen un pequeño adelanto de ayuda, un acorriment, previo al total de la emprestança de 60 duc. por lanza. La emprestança de sus 4 lanzas, un total de 240 duc., la recibe a lo largo del mes de abril fraccionada en cuatro entregas, dos en moneda (120 duc., 40 duc. por lanza) y dos en paños (por valor de 80 duc., 20 duc. por lanza): en metálico percibe el 5 de abril, en Gaeta, 120 duc. (30 duc. por lanza) y el 16, en Aversa, 40 duc. (10 duc. por lanza);[72] en draps, el 6 de abril, en Gaeta, dos entregas de partidas de draps de lana y de seda por valor de 10 duc. cada una.[73] El resto del año, durante el desarrollo de las operaciones militares, será remunerado con dos libranzas más de pequeña cuantía, 3 duc. por lanza: el 18 de julio en el camp reial prop Ursara se le pagan 5 duc., sin especificarse la cuantía de su comitiva;[74] y el 15 de octubre en el camp contra Ponticorvo 8 duc. por su comitiva de 8 caballos (2 lanzas y 2 tercios de lanza).[75] Finalizadas las campañas, el 21 de diciembre en la localidad de Presenzano, donde está junto al monarca, percibe otro pequeño pago de 4 duc.[76] En la primavera del año siguiente, para contratar su participación en las operaciones de toma final de la ciudad de Nápoles, la tesorería le retribuye con media emprestança: 30 duc. por lanza (120 duc. por sus 4 lanzas), que percibe fraccionados en dos pagos de 15 duc., recibidos el 15 de abril en Pozzuoli y el 28 de mayo en el camp de Mazzaria de la Reina.[77] Finalmente, tras la toma de la Nápoles y su presencia en la batalla de Carpenone (25 de junio), el 26 de septiembre, en el camp de la praderia prop Pintola, recibe una libranza de 4 duc. por lanza.[78]

Una mecánica parecida se aprecia en la remuneración del caballero Lluís de Montagut entre noviembre de 1445 y julio de 1447. El 4 de noviembre de 1445, en las operaciones del ejército desplegado en la frontera de los Abruzos y a cargo de una comitiva de 3 lanzas, percibe un pequeño pago de 4 duc. por lanza (12 duc.).[79] De regreso a Nápoles el 2 de febrero, formando parte de los hòmens d’armes de la esquadra de les banderes del senyor rey, recibe otra libranza de igual cantidad, un acorriment de 4 duc. por lanza (12 duc.).[80] Siete meses más tarde, el 25 de octubre, en vísperas de la partida del ejército real hacia el norte, ingresa 90 duc. por su comitiva: un pago que, como el conjunto de los hombres de armas de la escuadra real de la que forma parte, lo recibe «en acorriment del sou e per la emprestança del present any de certes lanses a raó de XXX ducats per lança que deven tenir en sou e servey del dit senyor».[81] Al año siguiente, entre mayo y julio, se renueva su servicio en el ejército esta vez al mando de un grupo de 5 lanzas, pagándosele un total de 40 duc. por lanza (200 duc.) fraccionados en dos libranzas: el 31 de mayo una entrega de draps de lana por valor de 10 duc. por lanza y el 13 de julio un pago en moneda (150 duc.) a razón de 30 duc. por lanza.[82]

La retribución del servicio armado de la inmensa mayoría de los capitanes y hombres de armas del ejército se acogía a las pautas expuestas en los ejemplos citados. Los líderes de comitivas de lanzas del ejército, tanto si se encontraban acuartelados como si estaban en campaña, recibían regularmente sus emprestançes durante la primavera, mediante pagos fraccionados, en moneda (duc.) o en especie (en draps), en función de la liquidez de las finanzas reales, como una condición previa para su movilización armada, a fin de costear la preparación de su servicio a lo largo del año.[83] Aunque conocemos la cuantía de la soldada mensual pagada por las finanzas reales, 8-10 duc. por lanza,[84] las compañías del ejército son remuneradas no por su servicio mensual, sino a partir de una emprestança establecida de 60 duc. por lanza que retribuía por anticipado el ejercicio de las operaciones militares a realizar a lo largo de un año, generalmente durante seis meses (entre mayo y octubre) y que permitía la preparación y puesta a punto de las comitivas (adquisición de monturas, armas, subcontrata de combatientes, etc.).[85] Ahora bien, en el transcurso de las operaciones y, sobre todo, durante los periodos de inactividad militar, al finalizar las campañas y acuartelarse las tropas, la tesorería continuaba pagando a las comitivas pequeñas cantidades para su mantenimiento (3 o 4 duc. por lanza equivalentes a 1 duc. por caballo). Tanto en los pagos de las emprestançes como en esos pequeños desembolsos, resulta prácticamente imposible establecer qué cantidades percibían respectivamente los líderes de las comitivas y los combatientes integrantes, ante la ausencia de información documental al respecto.[86] La escasa documentación vinculada al reparto de cantidades, en las cèdules de pago de la Tesorería, nos informa únicamente cómo los capitanes de escuadras del ejército podían distruibir las cantidades recibidas entre los jefes de las comitivas de lanzas que las integraban, al igual que harían los líderes de comitivas armadas distribuyendo las remuneraciones entre sus combatientes (hombres de armas y auxiliares).[87]

En cada pago de soldada se aplicaba una comisión de descuento del 4 %, el dret d’elatge o elagio, cuya finalidad sería la retribución del personal de la administración militar (sobre todo el escrivà de ració y su equipo), al igual que ocurría en otros ejércitos italianos del Cuatrocientos.[88] El dret d’elatge o alage se deducía como mínimo sobre una de las entregas fraccionadas de la soldada, como consta en los asientos de la Tesorería al ser descontada con regularidad en los pagos conjuntos a diferentes capitanes y jefes de comitivas; también afectaba incluso a aquéllos que eran contratados por primera vez o que servían ocasionalmente en las filas del ejército real.[89] No obstante, el rey dispensaba de su cobro en algunos pagos a hombres de armas de la Casa Real o a determinados capitanes con cargos en la administración militar, quedando reconocida su exención (quitis del dret d’elatge).[90]

Aunque el pago de las libranzas fraccionadas de soldada dependía, en buena medida, de la disponibilidad de numerario de las finanzas reales, también hemos de pensar que el monarca priorizase el orden y forma de pago a determinados hombres de armas y capitanes. Los combatientes favorecidos eran los hombres de armas de la Casa Real y los integrantes de la escuadra real (la esquadra de les banderes del senyor rey), la mayoría de los cuales también estaba vinculado a la domus regia. La tesorería les libraba el grueso de sus emprestançes antes que a otras secciones del ejército y, para el caso de los hombres de armas ibéricos, en pagos muy próximos.[91]

En definitiva, en el reinado del Magnánimo la modalidad dominante de reclutamiento de gente de armas era el contrato de servicio a sueldo, el contrato de acorriment, asimilable a la condotta. Un modelo de reclutamiento a sueldo que había experimentado cambios respecto a su consolidación en la Corona de Aragón de la segunda mitad del XIV.[92] La continuidad de la guerra entre 1420 y 1448 amplió el servicio de las tropas de caballería. Si en las campañas hispánicas entre 1425-1430 o las expediciones navales de 1420 y 1432, las compañías estaban en activo un máximo de tres o cuatro meses, durante las operaciones, la situación cambió durante las guerras italianas, fruto de una movilización casi permanente: acabó contratándose así tropas a partir de desembolsos anuales (emprestançes) que remuneraban su servicio al menos durante medio año, el semestre característico de campañas, mientras que a lo largo de éstas o en los periodos de inactividad, continuaban librándose pequeños pagos para el mantenimiento de las tropas. Tras la conquista del reino de Nápoles, los integrantes del ejército real irían regularizado sus contratos y dispondrían ya de condotte fijas: veremos tropas permanentes, profesionales y organizadas en unidades de cierta uniformidad, como más adelante analizaremos, a pesar de que su regularidad de pago dependía de la disponibilidad de capital de la Tesorería y de su movilización para diferentes operaciones, como en otros ejércitos italianos de mediados del XV.[93]

3. UNA ADMINISTRACIÓN MILITAR CENTRALIZADA DESDE LA CASA REAL

Para coordinar los diferentes niveles de la administración militar (desde la convocatoria, movilización y reclutamiento hasta el encuadramiento y mando de los efectivos), el rey disponía de los recursos humanos necesarios en su clientela inmediata, en la Casa Real: se trata de los cortesanos (desde oficios palatinos como camarlencs, cambrers, copers, uixers d’armes, a cargos de competencias militares como el condestable, el senescal, el marescal) y también algunos oficiales administrativos de su corte (como el escrivà de ració y el tresorer). Las funciones administrativas de los cortesanos del rey con competencias militares (condestable, senescal, alguzirs, uixers d’armes, etc.), apoyados por oficiales de la domus regia investidos de tales competencias (como el escrivà de ració) pueden seguirse en diferentes ordinacions reales desde el reinado de Pedro IV.[94]

Los oficios cortesanos vinculados a la administración militar eran tres: el condestable, el senescal y los alguzirs.[95] El condestable asumía las mayores competencias de jurisdicción militar por delegación del monarca.[96] Por él pasaba la deliberación, como miembro del consell reial y junto al escrivà de ració, senescal y alguzirs, de la cantidad y cualidad de compañías de caballería y de infantería a contratar, pero también la inspección y control de las mismas (mostres). Se ocupaba, en general, de coordinar cuatro ámbitos fundamentales para formar el ejército: a) la dirección de los servicios logísticos, desde el abastecimiento y alojamiento de las tropas (provisions de viandes, mercat dels viures, alotjament de la host) hasta la provisión de artefactos e ingenios de sitio y sus especialistas (engins e altres artelleries); b) la articulación de las tropas (ajustament de companyies soldejades, campaments) y la ordenación de los efectivos en movimiento (en orden de marcha –ordre com deuen anar los hòmens de peu e de cavall e adzembles–, vigilancia –guaites–, espionaje –descubridors–, etc.) y en combate (setges, batalles); c) la supervisión de la disciplina y deserción de los combatientes; y d) finalmente, la distribución de los beneficios de la guerra (el botín de cabalgadas y de fortificaciones o ciudades asediadas y rendidas). Una amplia y variada labor por la que el condestable percibía unos substanciosos derechos, a través de porcentajes sobre el botín y la soldada de las tropas, y para la cual había contado, hasta la reordenación de sus funciones en 1369, con el apoyo directo de tres oficiales de la Casa Real: escrivà de ració, alguzirs y senescal.[97]

El escrivà de ració intervenía en la decisión de las compañías que debían contratarse aunque su principal cometido era la inspección (mostra) y registro exhaustivo por escrito de los integrantes de las mismas, así como la expedición de órdenes de pago al tesorero sobre las soldadas de los combatientes (albarans d’escrivà de ració de acorriment de sou).[98] El senescal, hasta su asimilación al oficio de condestable, participaba en la elección de efectivos y compañías a contratar, aunque su especialización era el examen de las compañías de caballería y el control de las monturas militares (mostra de companyies y estimes de cavalls), la recepción de sagrament e homenatge de los combatientes a caballo contratados y, finalmente, la reposición o restitución de caballos inutilizados en combate. Por su parte, los alguzirs asumían idéntica labor sobre la decisión de efectivos a contratar, su inspección o mostra y la toma de sagrament e homenatge que debían prestar los mismos, aunque su principal tarea eran las competencias policiales en el orden y disciplina de los integrantes de la host.

Antes que profundizar en esas funciones del condestable, senescal, alguzirs y escrivà de ració, reguladas a mediados del XIV, es interesante ver hasta qué punto continuaban vigentes en la primera mitad del siglo XV.

Las competencias militares del escrivà de ració continuaban plenamente operativas. El escrivà de ració y su equipo de ayudantes (un lochtinent y seis escrivans) cumplían regularmente sus funciones en la administración de los pagos de soldada y en la inspección (mostra) de los contratados, estando siempre presentes en los momentos de articulación de los ejércitos y siguiendo a los mismos en campaña. También podemos confirmar la permanencia de las labores de los alguzirs, sobre todo su colaboración con el escrivà de ració en la revista o mostra de las tropas y en la recepción del sagrament e homenatge de éstas. La documentación analizada confirma la actuación de ambos oficiales, como en el reclutamiento asoldado por cuatro meses de la gente de armas sufragada por el brazo real de las Cortes valencianas (586 caballos), de la ayuda armada de 1.000 rocins concedida por las Cortes de 1429 al rey por la guerra con Castilla.[99]

El escrivà de ració y su equipo constituían una auténtica burocracia militar encargada del control de los pagos de soldada y la verificación de las compañías asoldadas. Sus funciones extra-curiales (control del conjunto de tropas asoldadas del ejército) superaban con creces su labores internas en la Casa Real (control de la remuneración del personal de ésta). El colectivo dirigido por el escrivà de ració reunía un conjunto de oficiales auxiliares (escrivans, ajudants de la escrivania de ració, del ofici de escrivà de ració) que oscilaba entre los 10 y 14 empleados, personajes de condición no nobiliaria, procedentes de las clases medias urbanas;[100] siempre presente en los momentos de pago y contratación de los efectivos –al lado de oficiales y escribanos de la tesorería– el personal de la escrivania de ració llevaba un riguroso control en libros-registro de las compañías de gente de armas a sueldo del rey (de su cuantía y calidad), emitiendo los certificados de pago de las soldadas y acompañando regularmente los ejércitos en campaña.[101] De la existencia de dichos registros tenemos constancia de forma indirecta, en las anotaciones al margen de los asientos de la contabilidad de la Tesorería real, donde el escrivà de ració certifica los correspondientes pagos de soldada.[102] Desgraciadamente, para todas y cada una de las expediciones armadas acometidas por el monarca no se ha conservado ninguno de dichos registros del escrivà de ració, desde los llibres de notaments, los llibres de acorriment a los llibres de mostres; estos últimos contendrían la nómina completa de las diferentes compañías armadas, especificando la identidad, armamento y montura de sus miembros, como se recoge en las mostres incluidas en el registro de las actas del brazo real de las Cortes valencianas de 1429-1430.[103]

En la administración y control de los pagos de soldadas también participaban oficiales, auxiliares o escribanos de la tresoreria, de tal forma que se puede afirmar que, en su práctica cotidiana, la administración financiera militar recaía tanto en el equipo del escrivà de ració como en el del tresorer.[104] Los tesoreros reales disponían a su servicio de un grupo de agentes de la tesoreria de entre 6 y 7 empleados como mínimo, que acometía todo tipo de labores relacionadas con la gestión del gasto militar.[105] Como se aprecia en los registros de cèdules de la Tesorería o en su contabilidad central, los escribanos de la tesorería, acompañados por personal de la escrivania de ració, eran los encargados de pagar las soldadas, remunerando a los integrantes del ejército, tanto en su momento de articulación como en campaña;[106] ahora bien, en ocasiones algunos oficiales de la tesorería eran comisionados para la recluta en diferentes territorios generando contabilidades paralelas a la Tesorería general a cargo de fondos específicos.[107]

En definitiva, el personal de la escrivania de ració junto con el de la tresoreria, constituía una burocracia militar que si bien emanaba de la Casa Real funcionaba con perfiles administrativos claros, asimilable tanto a los tresoriers des guerres de la organización militar francesa como a los collaterali y provedittori que fiscalizaban las compañías contratadas en los ejércitos italianos.[108]

Ello no ocurre, sin embargo, en otros cortesanos con competencias de administración militar. Es el caso, en primer lugar, del senescal cuyas funciones militares resulta difícil documentar. El cargo persistía sólo para los reinos de Sicilia y Nápoles ya que, desde la ordinació de Pedro IV de septiembre de 1369, el oficio había sido asimilado al de condestable como suprema autoridad militar tras el rey. Detrás del silencio documental es probable que esté su reconversión en un lucrativo cargo honorífico. En el reino de Sicilia ejerció el cargo en tiempos de Alfonso V el noble Guillem Ramon de Montcada, conde de Caltassineta y de Aderno y conseller del rey.[109] En el reino de Nápoles a la llegada del Magnánimo, en la corte de Juana II, el oficio de senescal (gran siniscalco), continuando la tradición local de origen normando y angevino, era el máximo cargo palatino y mando supremo del ejército real junto con el condestable (gran conestabile) ejerciendo el control del reclutamiento de tropas reales. Pero en la práctica ambos oficios carecían de operatividad como administración militar efectiva y se reservaban a grandes nobles locales y condottieri destacados como fuente de renta y vinculación a la corte regia.[110] Igual se puede afirmar respecto al oficio de marescal. Un cargo ausente en las ordinacions militares promulgadas desde mediados del Trescientos y que sólo funcionaba para el reino de Sicilia donde es probable que, en su tradición local, atendiese a competencias de justicia militar similares a las ejercidas por los maréschaux del reino de Francia.[111] El cargo de marescal quedó asociado al linaje altonobiliario valenciano de los Centelles: Bernat de Centelles (Ramon de Riusech) fue marescal y conseller sucesivamente de Martín el Humano y Fernando I, conservando sus oficios con el Magnánimo: en 1419 consta como marescal del regne de Sicilia, cargo que heredaría su hijo Francesc Gilabert Centelles.[112] Respecto al relevante oficio de condestable, la documentación nos indica que mantendría, aunque con carácter nominal, parte de sus funciones de administración militar, como vemos en la guerra de Castilla. Entonces el rey recriminaba a su condestable, el noble catalán Arnau Roger, conde de Pallars, su tardanza en acudir al punto de reunión del ejército en junio de 1429, aludiendo especialmente a su oficio;[113] también confirmaba la relevancia del condestable al referirse al conjunto de su ejército de forma jerárquica (condestable, marescal, capitanes y hombres de armas).[114] Con todo, la trayectoria de quien ejerce tal cargo, un conde de Pallars más vinculado a sus negocios feudales y patrimoniales, haciendo frente a bandosidades y problemas de endeudamiento, que a las guerras del rey, contrastaría con las necesidades de servicio como condestable.[115]

El condestable, marescal y senescal eran, por tanto, en la primera mitad del Cuatrocientos, más que cargos institucionales con competencias en administración militar y con vínculos salariales con el monarca, rangos cortesanos reservados a las supremas jerarquías nobiliarias de la Corona con mayor capacidad de movilización militar. De hecho, con la concesión de dichos oficios es más que probable que la monarquía buscara fomentar la concurrencia militar de los principales linajes nobiliarios, tal y como consta para otros Estados feudales del siglo XV como el ducado de Saboya.[116] La permanencia de esos cargos cortesanos ligados a la administración militar no originaría burocracias administrativas, como sí se observa donde la persistencia de la guerra fue constante, como los reinos de Francia e Inglaterra, donde se revalorizarían esos oficios (sobre todo el maréschaux y el constable) emergiendo en su entorno pequeñas burocracias de jurisdicción militar entre fines del siglo XIV y durante el XV.[117] Por el contrario en la Corona de Aragón, los oficios de condestable, marescal y senescal únicamente mantendrían las mismas funciones que el conjunto de cortesanos (camarlencs, majordoms, copers, cambrers, uixers d’armes, etc.)

Unos cortesanos que eran, ante todo, la élite clientelar del rey disponible para los más diversos cometidos en cualquier reino y cuyas competencias en la administración militar podemos caracterizar en dos grandes ámbitos. En primer lugar, en la movilización y reclutamiento, gestionando las convocatorias y la contratación de quienes participarían en el ejército. En este nivel, como ya vimos, los cortesanos ejercían como reclutadores en sus territorios de origen, colaborando con la administración real local (batles, governadors, procuradors, etc.). En segundo lugar, en la formación del ejército, quedando al frente de conjuntos de comitivas armadas, bien en campaña o bien en guarniciones como cuadros de mando del ejército (en escuadras, batallas, guarniciones, etc.). Disponemos de ilustrativos ejemplos del mando de tropas a cargo de cortesanos en las campañas hispánicas e italianas del Magnánimo.

En la guerra de Castilla de 1429-1430 en su frente aragonés, vemos a cortesanos y a pensionados de casa del senyor rey al mando de contingentes diversos en su naturaleza (caballería e infantería) y procedencia (catalana, aragonesa o valenciana), todos ellos acantonados en villas aragonesas o castellanas tras su conquista, a lo largo de la frontera y en diferentes fases del conflicto. Por ejemplo en julio de 1429 parte del ejército quedó distribuido en estàncies o guarnicions en castillos o fortificaciones de villas aragonesas al sur de Calatayud y a lo largo de la frontera castellana, todas a cargo de cortesanos o caballeros de la Casa Real.[118] Pero es en el marco de las guerras italianas donde mejor se aprecia el papel de los altos cargos cortesanos (camarlencs, majordoms, copers, uixers d’armes) en manos de la alta nobleza comandando secciones del ejército en campaña y en diferentes asedios o batallas campales. Las crónicas y los registros de la Tesorería confirman que a lo lago de las campañas italianas del rey, sea en su inicio en 1421 o en sus postrimerías en 1448, ejercieron como comandantes del ejército, como cuadros de mando a cargo de esquadres o conjuntos de compañías de lanzas del ejército (denominados capesquadres) los siguientes cortesanos: los nobles valenciano-sicilianos Pere de Cardona, camarlenc, su hermano Alfons y Guillem Ramon de Montcada, camarlenc, conseller y senescal del reino de Sicilia; los nobles castellanos Íñigo de Guevara, majordom y su hermando Fernando; los nobles catalanes Galcerán de Requesens, uixer d’armes, Berenguer d’Erill, coper y Ramon de Perellós, camarlenc; el noble valenciano-aragonés Lope Jiménez de Urrea, camarlenc, y los nobles valencianos Ramon Boïl, camarlenc y Eiximén Pérez de Corella, coper.[119]

Las máximas estructuras de mando del ejército real emanan, pues, de un círculo cortesano: nobles y caballeros, estrechos colaboradores personales del monarca y vinculados a la casa del senyor rey, que concentran poder político y militar y disponen de las mayores competencias en el encuadramiento militar, aunque sin generar cuadros administrativos formalizados. La organización del ejército está, pues, fuertemente centralizada en la Casa Real. A la hora de encuadrar el potencial militar de cara a una operación concreta (un asedio, una batalla campal), el rey confiaba el mando a esos nobles cortesanos, especialmente a quienes más confianza le proporcionaban, ya que habían actuado a su lado desde los comienzos de su carrera, como sus compañeros de armas. Mientras el monarca dirigió en persona sus ejércitos, entre 1420 y 1448, siempre estuvo acompañado por esos cortesanos de altas jerarquías nobiliarias, de los reinos de la Corona o de su tierra natal, Castilla.

En definitiva, en los caracteres de la administración militar de Alfonso el Magnánimo, podemos diferenciar dos niveles, ambos centralizados en la Casa Real, aunque con diverso grado de desarrollo administrativo. Por un lado, las competencias financieras y de gestión del gasto militar, a cargo de oficios estructurados y con cargos formalmente administrativos: se trata de la pequeña burocracia militar (oficiales y escribanos) dependiente del escrivà de ració y del tresorer, vinculada a la domus regia pero dotada de funciones externas muy amplias (contratación, pago, control de las tropas, etc.). Por otro lado, las competencias de movilización, jurisdicción y mando sobre el ejército, que emanan del conjunto de cortesanos del monarca: oficios como camarlencs, copers, cambrers, etc. pero también el condestable, senescal, quienes no tenían dedicación exclusiva a la administración militar sino a cualquier cometido (político, diplomático o militar) al servicio del monarca. En este segundo nivel nos encontramos ante una clientela feudal centralizada y reorganizada al servicio del monarca. Examinando su operatividad en la movilización de tropas de caballería y en el encuadramiento y mando de las mismas, podemos convenir que funciona como una administración militar ágil aunque poco formalizada, que se expande o reduce según las necesidades militares y administrativas del monarca, al igual que se militariza y dilata la Casa Real en tiempos de guerra dotando al rey de contingentes de gente de armas. Se trata de nobles y caballeros con oficios cortesanos y con medios para servir al rey en aquellas demandas que éste les requiere. Su actuación en la administración militar se despliega en forma de comisiones, de encargos y servicios temporales, sin generar un sistema de «oficios» sí presente en otros niveles (financiero, judicial, etc.): así veremos a cambrers, camarlencs o copers ejerciendo, en virtud de una orden o nombramiento real, como reclutadores o como capesquadres, pero no asistiremos a la configuración de cargos propiamente dichos en esas competencias.[120] Se trata de una administración militar que sólo está parcialmente representada por oficios estructurados y especializados (en la pequeñas burocracias de la escrivanía de ració y la tresoreria) quedando el resto en un círculo nobiliario cortesano cuya persistencia no supone retraso alguno respecto a otros Estados: más bien se trata de una vía de desarrollo de la administración militar derivada de la reorganización de clientelas feudales centralizadas desde la Casa Real, dentro del refuerzo de clientelas nobiliarias propio del periodo bajomedieval.[121] De hecho, la relativa debilidad de la administración militar de la Corona de Aragón, parcialmente encarnada en oficios organizados, es algo que también vamos a encontrar en otros estados italianos, a pesar de las diferencias de nivel de desarrollo administrativo vinculadas al grado de consolidación de contingentes permanentes.[122] Y una dualidad parecida, entre un nivel administrativo formal y un nivel clientelar, también se aprecia en otros estados europeos con dirección nobiliaria o feudal (el ducado de Milán o el reino de Francia).[123]

En último extremo, en el contexto de la estructuras estatales de Antiguo Régimen, perspectiva necesaria para comprender la organización militar bajomedieval, el ámbito militar es el más tardío en generar un nivel de desarrollo burocrático. Los tesoreros, escribanos, cancilleres del monarca a pesar de conservar una vinculación patrimonial al monarca, ya que forman o han formado parte de la Casa Real, han ido ampliando sus funciones extra-curiales y logrado generar desarrollos administrativos formales, merced al desarrollo de la administración, política y financiera, y a la gestación de la fiscalidad. Por el contrario las cadenas de mando del ejército y la movilización y encuadramiento continuarán ejercidas por servidores patrimoniales del rey, por nobles y caballeros cortesanos, una clientela feudal renovada y centralizada en torno a la Casa Real. Precisamente porque la vía clientelar es una de las primeras líneas de desarrollo de estructuras militares permanentes en los Estados feudales.[124]

4. LA CASA REAL, BASE DE UNA CLIENTELA MILITAR: CORTESANOS Y PENSIONADOS DEL REY

La importancia militar de los nobles y caballeros vinculados a la Casa Real exige que profundicemos en detalle en sus pautas de servicio y mecanismos de vinculación. De hecho, todos los miembros de la clase feudal, incluido el rey, cuando participaban en la guerra movilizaban a los mismos sectores de su clientela, fuera un caballero a su pequeño séquito de escuderos y servidores, fuera un noble a sus caballeros y escuderos de casa, vasallos y partidarios, o fuera el rey a sus cortesanos, los nobles vinculados a la Casa Real. Todos ellos cuando iban a la guerra se rodeaban en primer término de quienes constituían una clientela militar: sus servidores y seguidores, procedentes de familias nobiliarias de menor rango pero también de otras clases sociales, que vivían de los recursos del señor, fuera de forma permanente o temporal –durante su periodo formativo– y basaban sus vías de promoción social en el servicio al mismo. Para comprender la importancia de esa clientela militar del rey es necesario examinar la Casa Real en los mismos términos que cualquier otra corte señorial.

Para ello, partiremos de una interpretación amplia del peso social y funcional de la clientela feudal en el periodo bajomedieval, en términos de «feudalismo bastardo» entendido como el conjunto de formas organizativas del poder social de la clase feudal.[125] El desarrollo de las clientelas feudales en los siglos XIV y XV, con el aumento y diversificación social de integrantes pensionados por las Casas, constituye un fenómeno europeo al calor de la redefinición de las jerarquías nobiliarias que se deriva de la crisis bajomedieval.[126] El refuerzo de las clientelas feudales más allá de Inglaterra, ámbito privilegiado de estudio,[127] también ocurre en el resto de Europa.[128] Concentrar su estudio en la presencia o no en otros territorios europeos de contratos de servicio vitalicios al estilo inglés (indentures of retainers de caballeros y escuderos pensionados en las Casas feudales), distorsiona el análisis ya que la esencia del fenómeno no recae en la presencia o no de esas formas contractuales.[129] Incluso en Inglaterra, el desarrollo de nuevas clientelas feudales no es protagonizado tanto por la proliferación de servidores pensionados o retenidos por contratos (retainers) como por el aumento del personal vinculado a las Casas feudales. El centro de las nuevas relaciones de dependencia clientelares entre la clase nobiliaria sigue estando en la Casa feudal,[130] núcleo organizativo del conjunto de servidores y seguidores patrimoniales de cualquier miembro de la clase feudal, incluyendo al rey. El nuevo sistema clientelar de remuneración monetaria se solapa y convive con las tradicionales fidelidades feudo-vasalláticas y utiliza formas de retribución y vinculación propias de las casas señoriales y de sus redes vasalláticas (salarios, pensiones, feudos de bolsa, etc.). La clave de su desarrollo en el periodo bajomedieval hay que buscarla en el refuerzo de la comunidad de intereses y relaciones de fidelidad y lealtad que se crean entre el conjunto de la clase feudal, entre la monarquía y nobleza, y en el seno de la misma, entre magnates y baja nobleza. En último extremo, el desarrollo de las Casas y clientelas feudales no sería más que una nueva armonía entre nobleza y Estado feudal en expansión, entre clase y Estado, que permitiera la reproducción del sistema a nivel social y político.[131]

Y es desde esta perspectiva amplia es desde donde pretendemos profundizar en las formas de vinculación, mecanismos de retribución y pautas de servicio de los grupos de la clientela militar del rey. Para ello proponemos un modelo de análisis de la Casa Real, entendida como colectivo de servidores de la organización patrimonial del rey, concibiéndola como una serie de círculos concéntricos según el nivel de vinculación con el monarca y la estabilidad de servicio a la misma.[132] Podríamos considerar así tres grupos: a) domésticos y oficios administrativos; b) cortesanos y caballeros de casa; y c) pensionados y familiares de integrantes de la casa. El primer grupo se caracterizaría por su nivel de servicio regular, a tiempo completo, mantenidos y sustentados por la Casa con salarios periódicos: englobaría a los servidores propiamente domésticos, al frente de las necesidades cotidianas del rey (alimentación, transporte, vestido, abastecimiento, etc.) y a los oficiales e integrantes de los departamentos de gobierno y administración central de los recursos gestionados por la misma –departamentos de la Casa Real con atribuciones públicas, estatales– a nivel financiero (tresorer, maestre racional, escrivà de ració) y administrativo (canceller, secretaris, etc.). El segundo grupo englobaría a aquellos otros nobles que sirven y acompañan al rey de forma discontinua a pesar de formar parte de la Casa, vinculados a la cámara privada del rey o a la dirección nominal de labores domésticas (transporte, alimentación, caza, etc.) y que originalmente prestarían servicios de escolta, siendo la companyia que garantizaba su seguridad personal y representaba su estatus.[133] Serían nobles con cargos cortesanos (como camarlenc, majordom, cambrer, coper, por citar sólo cuatro oficios), o como cavallers, donzells o patges de casa del senyor rey, siendo para algunos de estos una fase de su proceso educativo feudal.[134] Todos habían relegado cualquier función doméstica derivada de sus titulaciones en la domus regia (desde el servicio en la cámara y mesa señorial hasta la dirección de departamentos domésticos) a un carácter nominal y secundario respecto a las competencias que realmente asumían, de naturaleza política y militar. Por sus funciones eran la élite de la clientela real. Se trataría de un colectivo muy fluctuante, según las necesidades e itinerancia del rey: sus cargos o títulos en la Casa Real no obligaban a un servicio continuo pero condicionaban la prestación de débitos político-militares a cambio de retribuciones extraordinarias (ajudes, gràcies, pagos en sustentació), su principal remuneración antes que los salarios ordinarios (quitacions) vinculados a sus cargos o títulos.[135]

Finalmente cabría identificar a un tercer círculo de integrantes de la clientela que se caracterizaría por no ser miembros de la Casa y mantener un nivel de servicio y presencia en su entorno muy irregular: un colectivo heterogéneo que incluiría a todo aquél que prestaba servicios al rey y su Casa cuando éste lo requería a cambio de pagos monetarios. La diversidad del colectivo de servidores del rey de remuneración monetaria y de servicio inestable a la Casa, dificulta cualquier taxonomía general.[136] Habríamos de incluir, inicialmente, al personal de las diferentes administraciones territoriales de la monarquía vinculados periódicamente a la corte regia. Pero también a pensionados eventuales de la Casa real, como por ejemplo en la corte de Alfonso V entre 1424-1432, a los napolitanos sustentados por la tesorería real. Finalmente, y sobre todo, habría que considerar a los familiares de integrantes de la domus regia movilizados al servicio del rey en la guerra, cuando acudían junto a sus parientes cortesanos o caballeros de la domus regia. Con todo, no puede afirmarse que este tercer círculo de la clientela constituya una categoría rígida y cerrada. Las fronteras entre este colectivo clientelar ajeno a la propia Casa y el anterior, el grupo de cortesanos y caballeros de casa, no podemos considerarlas bajo ningún concepto como nítidas y definidas. Todo lo contrario. Existía una estrecha relación y constante movilidad entre ambos ya que compartían fuertes vínculos sociales y funcionales: funcionales, al cumplír cometidos similares de naturaleza político-militar; sociales, ya que, generalmente, un mismo linaje reunía a representantes de ambos grupos. En el caso del rey, los casos de interrelación funcional y parentelar entre ambos grupos de su clientela son muy abundantes. Los linajes que aglutinaban cortesanos de la domus regia (copers, cambrers, algutzirs, uxer d’armes), también acogían a oficiales de las administraciones territoriales de la monarquía (governador, batle, etc, algunos ejercidos por los propios cortesanos o por sus lochtinents) y a cavallers, patges o donzells de casa del senyor rey.[137] Habría que considerar, pues, la existencia de linajes dependientes o satélites del rey que conformaban un partido cortesano y proporcionaban los principales servicios político-militares requeridos por el monarca. Centrémonos, por tanto, en el examen de ambos colectivos de la clientela militar, cortesanos, caballeros y pajes del rey y pensionados de su casa.

Por cortesanos de la Casa Real (Apéndice 2, cuadro 2.1) englobamos aquellos cargos regidos por personal nobiliario y que, en la Casa de Alfonso V, según el cotejo de su reglamentación interna con las ordinacions de Pedro IV y los registros de la tesorería, agruparía a 14 oficios, que en función de su número de integrantes, suman un colectivo de 33 nobles y caballeros.[138]

En función de las labores domésticas que nominalmente se les atribuía, podemos organizarlos en dos conjuntos. En primer lugar los vinculados a la alimentación y servicio en la mesa real, a la cuadra real y a la caza, bajo la autoridad de dos majordoms: 2 copers, 2 botellers, 2 panicers, 2 trinxants o escuders dels coltells, 2 sobrecocs, 1 cavallerís, 2 falconers majors. A este grupo habría que añadir el oficio de munter major, ausente en la reglamentación interna.[139] En segundo lugar, aquéllos ligados a la cámara real bajo la autoridad de dos camarlencs: 6 cambrers, 1 armer, 2 rebosters, 4 uixers d’armes y 2 alguzirs. Como se aprecia, en la relación constan oficios que, a primera vista, ejercerían tareas domésticas: como los panicers, sobrecocs y trinxants difícilmente asociables a caballeros cortesanos. Ahora bien, en función de la condición noble de quienes ostentan tales cargos, estipulada en las ordenanzas y documentada en los registros de la tesorería, y las competencias que asumían sirviendo al monarca (consejeros, diplomáticos, soldados y capitanes del ejército) todos son cortesanos del rey. Aunque algunos desempeñasen esporádicamente la función de sus oficios, acompañando al rey en la cámara y en la mesa real, a todos les unía, por encima de sus competencias nominales, sus funciones políticas y militares. Unos cortesanos cuyo número real excedía el personal estipulado en las ordenanzas (33 miembros), como consta en la contabilidad de la tesorería real y los registros de la Cancillería. Por ejemplo, en la tesorería del primer semestre de 1429 figuran 36 cortesanos, entre ellos 10 cambrers, casi el doble de los reglamentados, y sin que exista una correspondencia exacta con el número de integrantes estipulados por las ordenanzas.[140] Es, no obstante, una imagen parcial: los cortesanos que sirvieron en la cort durante ese periodo (analizando desde las quitacions hasta todo tipo de remuneraciones), pero no el total existente, imposible de calcular a partir de los registros de la tesorería. Para conocer el potencial de cortesanos del rey debe combinarse la información de las contabilidades financieras con los registros de la Cancillería (como las convocatorias militares y a Cortes), analizando periodos de movilización armada. Desde esa perspectiva, ese mismo año, se documentan nada menos que 45 cortesanos participando en la incursión de junio del ejército real a Castilla. Entre ellos, localizo nada menos que 17 cambrers, 4 copers y 3 cavallerissos, frente al número ordinario de sólo 6 cambrers, 2 copers y un cavallerís.

Diversos factores explicarían el desfase entre el número reglamentado y la cifra real de nobles con dichos oficios. En principio derivaría de la necesaria rotación de servicio en la corte de la nobleza cortesana. Atendiendo al funcionamiento de la Casa real como un colectivo itinerante y fluctuante, parece claro que las ordenanzas sólo recogerían el personal teórico con dichos oficios, el número ordinario que debía acompañar y servir en la cort real. La necesidad del monarca de disponer regularmente de un servicio nobiliario en su entorno, en la dirección de labores domésticas en la cámara y mesa real, sólo podía ser cubierta, ante la itinerancia de la corte, si se concedía el privilegio de ser oficial palatino a nobles y caballeros de diferentes reinos y principados. Ahora bien, la proliferación de nobles con oficios cortesanos también derivaría de la expansión de una clientela personal del rey. Aquel caballero o noble que disfrutaba del privilegio de servir en el entorno más próximo y cotidiano del monarca, procedería de los linajes nobiliarios más afines y fieles, de tal forma que tradicionalmente tales servicios se reservaban a la clientela inmediata del monarca. La concesión de cargos cortesanos a gran número de caballeros y nobles, en la medida en que el disfrute de dichos oficios era una fuente de rentas (desde quitacions o salarios hasta pensiones y rentas extraordinarias) y privilegios (privilegios jurisdiccionales por ser familiar del rey), equivalía a pensionar y recompensar a la nobleza por los servicios prestados. Pero también era un medio para asegurar la continuidad de los mismos, ya que ser cortesano obligaba a la plena disponibilidad de servicio al monarca. La proliferación de oficios cortesanos confirmaría, pues, la existencia de una red clientelar nobiliaria del rey. Tras la codificación de las ordinacions de la domus regia, y tras la estabilización de su mecánica retributiva durante la segunda mitad del siglo XIV,[141] se habría consolidado un proceso por el que el rey de Aragón mantenía activa y vigente una amplia red de caballeros y nobles cortesanos por sus diferentes reinos. Prueba de ello es la cuantía de cortesanos en la corte de Alfonso V pero también en el tránsito de los siglos XIV al XV, en la de Martín I, donde un exhaustivo estudio del personal que formó parte del consell reial a partir de los registros de la cancillería real, documenta un mínimo de 111 cortesanos durante su reinado, todos ellos nobles y caballeros catalanes, valencianos y aragoneses: 41 camarlencs, 9 majordoms, 20 uixers d’armes, 20 alguzirs y 21 cambrers.[142] Dada su importancia conviene abordar someramente su organización institucional y su forma de retribución.

De ese conjunto de oficios palatinos predominan dos a nivel institucional: majordoms y camarlencs. El majordom era la máxima autoridad en la domus regia, en la dirección de la casa y mesa real, estando los cargos vinculados a estos ámbitos sometidos a su jurisdicción; su autoridad se extendía sobre todos los miembros de la Casa Real, con la excepción del camarlenc quien controlaba la cámara real y los oficios de Estado (canceller, tresorer, escrivà de ració, mestre racional), sus respectivas áreas de influencia (cancillería-escribanía y finanzas) y cargos vinculadas a éstas. Las Ordinacions de Pedro el Ceremonioso fijaron que, ante la itinerancia de la Casa Real, Cataluña, Aragón y Valencia y Mallorca debían estar provistas de un majordom de la alta nobleza, para ejercer sus funciones cuando la cort llegase a cada territorio.[143] Por su parte los camarlencs, estipulados en las Ordinacions del Ceremonioso como dos nobles, controlaban la cámara real (cama, armas, joyas, etc.) y custodiaban la persona del soberano, actuando como filtro entre el rey y el exterior de la Casa, teniendo a su cargo los oficios relacionados con la cámara como cambrers, escuders y ajudants de cambra, armer y sotsarmer, uixers d’armes, alguzirs, porters de maça, etc.[144] Pero, por encima de esas funciones, majordoms y camarlencs por su vinculación a familias altonobiliarias próximas al rey, ejercían ante todo competencias políticas ejecutivas (debían ser consellers, miembros del consell reial) y militares (cuadros de mando del ejército).[145]

Al igual que ambos máximos cargos palatinos, los oficios cortesanos vinculados a la cámara real (cambrers, armers, uixers d’armes, alguzirs), al servicio en la mesa real (copers, botellers, sobrecocs, panicers, trinxants o escuders dels coltells) o a la caballeriza y la caza (cavallerissos, munters major, falconers major, etc.), habían relegado a un nivel secundario sus labores domésticas. En algunos casos cumplían funciones políticas efectivas, al asociar su oficio en la corte a cargos en las administraciones territoriales del rey (governadors, batles, justicias), o al oficio de conseller, participando en el sistema de consells reales.[146] Ahora bien, lo que singulariza al conjunto de cortesanos era el ejercicio de misiones diplomáticas (en embajadas y negociaciones entre Estados) y sobre todo militares. A este respecto se ha destacado la particular función que en la Casa de Alfonso V en Nápoles ostentaron oficios de la cámara real como cambrers y uixers d’armes, los primeros, líderes de compañías armadas y los segundos, activos agentes diplomáticos.[147] Pero la función militar, desde la aportación de compañías a las labores ya comentadas de movilización y mando, puede extenderse, de hecho, a todo noble o caballero cortesano. No en vano tradicionalmente los cortesanos estaban obligados a servir en el ejército y a aportar un mínimo tasado de caballos de guerra cuando acudían a la Casa Real, por lo que en caso de necesidad podía emerger un contingente de gente de armas rápidamente movilizable a partir del entorno cortesano.[148]

Los sistemas de remuneración con los que la monarquía retenía el servicio de esos cortesanos destacan por su flexibilidad. Tenían estipulado unos ingresos anuales ordinarios, quitacions por su estancia en la cort a cargo de un número de monturas, pero su presencia ocasional y rotatoria así como la naturaleza de sus funciones, imponía que el grueso de su retribución derivase de pagos extraordinarios en concepto de ajudes, gràcies o libranzas per sa sustentació. La cuantía de éstos superaba con creces sus ingresos ordinarios. Por ejemplo el noble valenciano Ramon Boïl como coper, si servía regularmente en la cort durante un año percibiría 3.330 ss. de su cargo, entre quitació anual (2.880 ss., en terçes de 960 ss.) y dret de vestir (450 ss.);[149] sin embargo desde 1428 tenía asignada una cantidad anual tres veces mayor: 1.000 flor. (11.000 ss.) que el rey le otorgó «en sustentació de son stat mentre al dit senyor [rey] li plaurà o de altra sustentació o remuneració lo haurà procehit»: una gracia extraordinaria y temporal que cobraba en cuatro pagas anuales.[150] Su retribución extraordinaria no le obligaba a residir en la cort y remuneraba de forma más que rentable su disponibilidad al servicio militar del rey. Los pagos extraordinarios podían triplicar los honorarios ordinarios, aunque éstos (sumando sus quitacions, drets de vestir y, ocasionalmente, drets del ofici) ya suponían de por sí unos ingresos substanciosos, como se ve en el cuadro 2.2.

Como se aprecia esos ingresos oscilaban entre máximos próximos a los 7.000-6.500 ss., para los más altos cargos (majordoms y camarlencs) y mínimos cercanos a los 2.000 ss. (sobrecocs, botellers, panicers, trinxants, cavallerissos, cambrers, falconers majors, rebosters), pasando por cantidades que rondaban los 3.000 ss. (copers, uixers d’armes, alguzirs). Eran las cantidades que podían percibir cuando acompañasen regularmente la cort, pero no la retribución global por su disponiblidad al servicio del rey, que derivaría más de unos pagos extraordinarios que podríamos clasificar en dos tipos. Por una parte, anualidades fijas fraccionadas en entregas, referidas como pensiones y gràcies de manteniment o sustentació y concedidos en recompensa a servicios prestados.[151] Por otra parte, donos de una vez, bien entregas dadas graciosament o gràcies, bien con una finalidad citada, como subsidios o ajudes por sus gastos siguiendo la cort o, sobre todo, como ayudas para su equipamiento militar (de caballos, armas y armaduras).[152] La concesión y cuantía de esos pagos extraordinarios estaría vinculada a múltiples factores, entre ellos, principalmente, relaciones personales de fidelidad, afinidad y servicio del cortesano al rey. Así, las cifras de donos y anualidades más altas, más de 10.000 ss., se reservarían a cortesanos altonobiliarios íntimos compañeros de armas del monarca, sus principales agentes diplomáticos y cuadros de mando en su ejército.[153] Las cuantías predominantes serían inferiores a 10.000 ss., para caballeros cortesanos de menor jerarquía (cambrers, uixers, alguzirs, etc.) y serían donos de una vez para equipo militar o para sufragar sus gastos en la cort. Con todo, estamos ante pagos extraordinarios y como tales no sujetos a reglamentación ni por oficios ni por cantidades: su concesión, cuantía, e incluso continuidad, iba a depender de la solidez de los vínculos de servicio y fidelidad del cortesano al monarca y, sobre todo, de la política de recompensas de éste.

Al lado de los cortesanos también hemos de incluir a los cavallers, donzells y patges de la Casa Real quienes comparten condición nobiliaria y servicio político-militar. De hecho, pajes, escuderos y caballeros de casa son los rangos inferiores en la promoción interna hacia oficios cortesanos. Su presencia en la Casa Real deriva del funcionamiento de la misma en términos específicamente feudales, como cualquier otra corte nobiliaria que acogía a jóvenes de linajes menores, dependientes o clientes. La domus regia repoducía las pautas de educación nobiliaria a la mayor escala. La Casa o corte del rey de Aragón, como la del rey de Inglaterra, Francia o Castilla, funcionaba, en cierta medida, como el principal espacio educativo de linajes nobiliarios de los territorios de la Corona de Aragón, donde podían acceder jóvenes de la nobleza, pero también del patriciado urbano. Tradicionalmente, cavallers y fills de cavallers podían ser acogidos en la misma con regularidad, educándose en la cort reial, en la proximidad al rey y al conjunto de sus cortesanos, y formarían el grupo de milites de domo regis, un séquito y escolta militar documentado desde el siglo XIII.[154] A partir de Pedro el Ceremonioso, las ordenanzas de la Casa Real prescribieron un mínimo regular de 20 fills de cavallers como guardia palatina. Y en la Casa de Alfonso V vemos vint escuders qui fills de cavallers són apellats, tasados con una quitació diaria de 3 ss. por el caballo que cada uno de ellos estaba obligado a aportar a la cort, aunque, como los cortesanos, quizás hubiese más de 20 fills de cavallers de Casa Real.[155] Con todo los donzells, escuders y cavallers de Casa Real frecuentarían muy raramente la cort, tal y como revela el escaso número documentado incluso en momentos de articulación del ejército –como la primera mitad de 1429–, la coyuntura teóricamente más representativa de su función.[156] Todo apuntaría a que, en el reinado de Alfonso el Magnánimo, ser caballero, doncel o escudero de casa del rey era una titulación honorífica, carente de la función de compañía, escolta y contingente militar. La existencia de un colectivo importante de caballeros y escuderos de la Casa Real respondería a un modelo de corte más tradicionalmente feudal, propio de los siglos XIII y XIV, cercano a la domus regia de Pedro el Grande, a finales del Doscientos donde los militi de domo regis sí cumplirían funciones de compañía, como escolta y séquito armado;[157] o a la casa de grandes aristócratas, como la corte del marqués de Villena y del duque de Gandía a fines del XIV e inicios del XV, donde sí puede verse a un destacado grupo de caballeros y escuderos de casa con servicio rotario pero continuo en la corte y operativos en la guerra.[158] El silencio documental respecto a los caballeros y donceles de la domus regia podría deberse a que hubieran sido desplazados en su servicio de compañía personal del monarca por otro oficio de la Casa Real, los patges.[159] A diferencia de los escasos cavallers y donzells de casa localizados, sí que consta un colectivo regular de patges percibiendo quitacions por su servicio en la Casa Real entre 1424 y 1431: 23 en 1424, 40 en 1427, 55 en 1428 y 44-45 en 1429 y 1431.[160] Es más que probable que, al menos en la casa de Alfonso V, el cargo de patge, ausente en su reglamentación pero vinculado al servicio en la cambra real, suplantase el lugar que caballeros y escuderos de casa poseían anteriormente.[161]

A nivel social, el grueso de los patges pertenecen a jóvenes de linajes nobiliarios vinculados a la monarquía (valencianos como los Boïl, Ciscar, Corella, Mercader, Soler, catalanes como los Erill o Batle, sicilianos como Vintimiglia por citar algunos), todos en su fase de aprendizaje en el privilegiado espacio de la cort real.[162] A nivel funcional, el colectivo de patges servía en la cambra del monarca –a modo de escolta doméstica–, siguiendo de forma regular la cort, como revela su presencia fija en las cuentas del tresorer cobrando sus quitacions.[163] Como los cortesanos, los patges participaban en el ejército real al frente de hombres de armas: 15 de los 44 patges documentados en 1429 comandaron efectivos en la entradas a Castilla del verano de 1429.[164] Y también, al igual que cualquier otro caballero cortesano, junto a sus quitacions percibían pensiones, ayudas y donativos del monarca, para sufragar sus gastos en la corte y, sobre todo, para equiparse de monturas, armas y armaduras.[165] La pertenencia al colectivo de patges, como donzells, cavallers de casa del rey, abría la posibilidad de promoción en la domus regia al colectivo de oficios cortesanos.[166] De hecho, la trayectoria tipo de los miembros de la nobleza integrados en la Casa Real era su ascenso desde el cargo de patge, durante su proceso educativo en la cort sirviendo en la cambra real, al de cambrer como caballero vinculado a la cámara, pero también a otros oficios como los de uixer o armer. Obviamente no todos los patges ascendieron a oficios cortesanos, al depender de la política regia de recompensas. Incluir un joven noble entre los patges, donzells o cavallers de la corte regia, gratificaba los servicios prestados por un linaje y se reservaba a familias con tradición de servicio y fidelidad.[167] Pero también podía ser una recompensa a nuevos linajes para asegurar su fidelidad futura.[168] Un reclutamiento de nobles y caballeros para la Casa Real que, dentro las pautas del servicio feudal, dependía por igual de relaciones personales y de la propia tradición familiar.

Analicemos finalmente el grupo más representativo de los agentes externos a la Casa Real de remuneración monetaria, el colectivo de pensionados por el rey: individuos de diferente condición social, nobles y ciudadanos, que frecuentaban la domus regia sin pertenecer a la misma y recibían periódicas rentas de la tesorería real mediante las cuales el monarca buscaba recompensar o asegurar servicios, suyos o de su linaje. Entre esos pensionados cabe destacar, como antes comentamos, el grupo de napolitanos de origen noble, pero también algunos burgueses e incluso eclesiásticos, sustentados por la tesorería real entre 1424 y 1432. Representarían a aquellas familias napolitanas que apoyaron la causa de Alfonso V en su primera campaña (1421-1423) y que tras el regreso del monarca a sus dominios ibéricos abandonaron Nápoles para seguir en servicio del rey de Aragón como refugiados político. Su apoyo a las pretensiones del Magnánimo por conquistar el reialme de Nàpols no sólo les forzaría a abandonar su tierra, regresando con el rey a la península ibérica a fines de 1423. También les ocasionaría pérdidas que su nuevo patrón, Alfonso V, se encargaría de recompensar.[169] Los napolitanos que acompañaron al monarca no constituían un colectivo muy numeroso, rondaban los 40 individuos: en 1425-1427 documento a 31 napolitanos pensionados mientras que en el primer semestre de 1429 figuran 14.[170] Todos eran mantenidos por el rey con donativos de la tesorería real, como gràcies genéricas o gràcies per lur susteniment o per sustentació de sa vida, con cantidades que oscilabaºn entre los 25 y 100 flor.[171] Un reducido grupo de esos napolitanos de condición noble, al menos siete caballeros documentados, concentraba los donativos de mantenimiento de mayor cuantía y de carácter más regular y difrutaban de un equipamiento militar sufragado por la tesorería.[172] Esos caballeros napolitanos encarnarían el modelo típico de pensionados o retainers: servían al monarca y su corte, sin ser miembros de ella, a cambio de pagos monetarios periódicos, frecuentarían la corte con asiduidad y muchos militaban en el ejército como hombres de armas o a cargo de comitivas. En último extremo, detrás de esos napolitanos pensionados habría que ver una política de Alfonso V dirigida a crearse una clientela propia entre la nobleza napolitana. Una política que le dotase del necesario sustento militar en tierras italianas cuando esos linajes se movilizasen en la conquista del reino Nápoles, como así sucedió.

[1] Al respecto remito a las siguientes síntesis: Ch. Allmand, «New Weapons, New Tactis», en G. Parker (ed.), The Cambrigde Illustrated History of Warfare. The victory of the West, Cambridge, 1995, pp. 92-105, sobre todo, pp. 98-99; Ph. Contamine, La guerra en la Edad Media, Barcelona, 1984, pp. 169-170; J. A. Fernández de Larrea, «Guerra y sociedad en Europa occidental durante la Baja Edad Media (siglos XIIIXV)», en La guerra en la Historia. Décimas Jornadas de Estudios Históricos, Salamanca, 1999, pp. 45-94, especialmente, pp. 47-76; J. Flori, Caballeros y caballería en la Edad Media, Barcelona, 2001, pp. 116-120; Id. La caballería, Madrid, 2001, pp. 82-83; F. García-Fitz, Ejércitos y acividades guerreras en la Edad Media europea, Madrid, 1998, pp. 30-34; J. Hale, Guerra y sociedad en la Europa del Renacimiento, 1450-1620, Madrid, 1990, p. 63; B. S. Hall, Weapons & Warfare in Renaissance Europe, Baltimore-Londres, 1997, pp. 9-40; M. Keen, La caballería, Barcelona, 1986, pp. 287-297; M. Vale, War and Chivalry. Warfare and Aristocratic Culture in England, France and Burgundy at the End of the Middle Ages, Londres, 1981, pp. 100-128. Sobre la mejora del equipo del hombre de armas, vid. A. Ayton, «Arms, Armour and Horses», en M. Keen (ed.), Medieval Warfare. A History, Oxford, 1999, pp. 186-208, sobre todo, pp. 203-206; D. Edge y J. Miles, Arms & armour the medieval knight, Nueva York, 1993, pp. 96-135. El peso de las tropas de caballería en los ejércitos italianos, navarros, franceses e ingleses puede seguirse respectivamente en: M. Mallet, Signori e mercenari..., op. cit., pp. 150-153; J. A. Fernández de Larrea, Guerra y sociedad en Navarra durante la Edad Media, Bilbao, 1992, p. 75; Ph. Contamine (dir.), Historie militaire de la France, 1. Des origines a 1714, París, 1992, pp. 183-184; M. Prestwich, Armies and Warfare in the Middle Ages. The english experience, Londres, 1995, pp. 52-56; A. Curry, «English Armies in the Fifteenth Century», en A. Curry y M. Hughes (ed.), Arms, Armies and Fortifications in the Hundred Years War, Londres, 1994, pp. 44-47.,

[2] El mito de una «decadencia» de la caballeria bajomedieval basado en argumentos culturalistas (la cultura caballeresca como evasión e idealización de un pasado de hegemonía perdida) comenzó con las tesis de Huizinga (J. Huizinga, El otoño de la edad media. Estudio sobre las formas de vida y el espíritu durante los siglos XIV y XV, Madrid, 1981 (ed. orig. 1919) e influyó en la polarización de estudios culturales e ideológicos sobre la caballería bajomedieval, sobre todo entre la historiografía franco-italiana (F. Cardini, Guerre di primavera. Studi sulla cavalleria e la tradizione cavalleresca, Florencia, 1992). La revisión del mito vino con las aportaciones de una historiografía anglosajona (M. Vale, M. Keen) que defendió la correspondencia entre el apogeo de la cultura caballeresca y una guerra bajomedieval en la que la caballería sigue estando altamente presente y valorizada, vid. A. Barbero, «Guerra, nobiltà, onore fra Trecento e Quattroceno nella storiografia anglosassone», Studi Storici, 27 (1986), pp. 173-201.

[3] Sobre los ejércitos y la caballería en la Corona de Aragón y el equipo del cavall armat (con arnés de mallas o lorigas) y del alforrat (con cubiertas de cuero y montado a la gineta, derivado de la guerra de frontera contra el Islam) vid. M. de Riquer, L’arnès del cavaller. Armes i armadures catalanes medievals, Barcelona, 1968, pp. 67-68; M.ª T. Ferrer i Mallol, «La organización militar en Cataluña en la Edad Media», en Conquistar y defender. Los recursos militares en la Edad Media Hispánica. Revista de Historia Militar, n.º extraordinario (2001), pp. 119-222; J. Sáiz, «La organización militar en la expansión mediterránea de la Corona de Aragón, siglos XIV-XV», R. Narbona (ed.), en XVIII CHCA. La Mediterrània de la Corona d’Aragó, segles XIV-XVI vol. I, Valencia, 2005, pp. 737-764; J. Sáiz, «Los ejércitos de caballería de la Corona de Aragón en las guerras de Alfonso el Magnánimo», en Fueros y milicia en la Corona de Aragón, s. XIV a XVIII, Valencia, 2004, pp. 29-53. Sobre los ejércitos y caballería en Castilla: A. Ladero Quesada, Castilla y la conquista del reino de Granada, Granada, 1987, pp. 13-14; id., «La organización militar de la Corona de Castilla durante los siglos XIV y XV», en La incorporación de Granada a la Corona de Castilla. Actas del Symposium Conmemorativo del Quinto Centenario, Granada, 1993, pp. 195-227, p. 212; id., «Recursos militares y guerras de los Reyes Católicos», en Conquistar y defender..., op. cit., pp. 383-420, sobre todo, pp. 391-392.

[4] El análisis del equipamiento de combatientes a caballo en 1430, en la única nómina completa disponible (445 combatientes), confirma que un 95 % son hombres de armas (425 de ellos, la mayoría, armats de totes ses armes a la guisa y unos pocos sólo ab cuirasses) frente a sólo 20 hombres armats a la gineta: AMV, PC, YY-14, fols. 42r-71v. El arnés y armamento a la guisa, es una terminología del ámbito peninsular que equivale a llevar el arnés complit o armadura completa.

[5] Véase la tabla 1 de J. Sáiz, «La organización militar en la expansión mediterránea...», cit., pp. 741-742.

[6] A partir de los registros de la Tesorería de ese bienio: ARV, MR, n.º 8.774, 8.777, 8.778 y 8.779. Aplicamos los cambios monetarios contenidos en dichos registros unificando todos los pagos (en doblas, florines, sueldos de Barcelona, sueldos de Jaca, ducados, etc.) a sueldos de Valencia (ss.). Los datos fueron presentados en J. Sáiz, «Estado y poder militar en la Corona de Aragón...», cit. y publicados en id., «Los ejércitos de caballería de la Corona de Aragón...», cit., p. 34.

[7] Analizando los asientos de dates de la contabilidad de ese periodo (ARV, MR, n.º 8.791, fols. 161r476r) que concentra, con poquísimas excepciones, los pagos realizados en ducados. Aunque el cambio de un ducado en 1446 oscilaba de 15-16 ss., aplico el cambio más elevado, 18 ss.; sobre el cambio de ducados a sueldos, vid. W. Küchler, Les finances..., op. cit., pp. 428-429.

[8] Incluso sería mayor, ya que ni se contabiliza en 1429-1430 el gasto de las contabilidades paralelas a la Tesorería ni en 1446-1447 se consideran los pagos en especie, en paños (draps): la tesorería repartió draps para pagar soldadas por 42.838 duc. (771.084 ss.), por lo que el dispendio total en soldadas de compañías de lanzas supuso 196.600 duc. (3.538.800 ss.), un 21 % cubierto por pagos en draps: ARV, MR, n.º 8.791 fols. 235r-240r, 338r-340r, 358r-373v, 394r-401v y 435r.

[9] ARV, MR, n.º 8.780, fol. 88r; ACA, MR, n.º 422, fol. 65r e ibid., CR, n.º 2797, fol. 67r. El pillart equivaldría al coutillier, el combatiente auxiliar principal que con al paje acompañaba al hombre de armas en la caballería francesa del XV: Ph. Contamine, La guerra..., op. cit., p. 163.

[10] Variados ejemplos en: ARV, MR, n.º 44, fol. 327r; ibid. n.º 8.760, fols. 96r-v, n.º 45, fol. 355r; ibid., n.º 9.823 (3), fol. 41r; Ibid. n.º 8.774, fol. 107r; ibid., n.º 9.358, fol. 87v y n.º 8.777 fol. 55v; ibid., n.º 8777, fol. 107 y ss. y 8.778 fol. 61r y ss.; ACA, CR, n.º 2.797, fol. 80v.

[11] Se limita en 1425-1429 a las convocatorias en Cataluña y algunos pagos de soldada a combatientes castellanos: ACA, CR, n.º 2.797, fol. 23v y 49v; ARV, MR, n.º 8.760, fol. 96r, ibid., n.º 8.777, fols. 69r-v y 98v; ibid., n.º 9.386, fols. 26v y 28v.

[12] Ph. Contamine, La guerra..., op. cit., p. 163; M. Mallett, Signori e mercenari..., op. cit., p. 153; M. A. Ladero Quesada, «La organización militar de la corona de Castilla...», cit., p. 212.

[13] ACA, CR, n.º 2.797, fol. 49v; ibid., n.º 2.684, fol. 26v; ARV, MR, n.º 8.760, fol. 96r. Ph. Contamine, La guerra..., op. cit., p. 163; M. Mallett, Signori e mercenari..., op. cit., p. 153.

[14] Sobre los caracteres de la lancia en Italia, y la organización de las tropas de caballería e infantería remito a los tratados de dos nobles que militaron en los ejércitos de Alfonso V: P. Pieri, «Il ‘Governo et exercitio dela militia’ di Orso Orsini e i ‘Memoriali’ di Diomede Carrafa», ASPN, 19 (1933), pp. 99-212, especialmente, pp. 108-114. Sobre la organización de la caballería en Italia vid. M. Mallett, Signori e mercenari..., op. cit., pp. 153-156; A. Barbero, «L’organizzacione militare del ducato sabaudo durante la guerra de Milano (1449)», Società e Storia, 71 (1996), pp. 1-38, sobre todo, pp. 4-8.

[15] Aunque las compañías de lances de Francia y Borgoña sólo integraban hombres de armas y sus servidores y auxiliares, toda relación de combatientes de caballería contabilizaba igualmente a arqueros y ballesteros a caballo cuya importancia táctica provocaría su plena integración en las lances franco-bogoñonas desde mediados del Cuatrocientos, llegando a lanzas (lances fournie o lance guarnie) de más de 3 caballos, de 6 en Francia y hasta de 9 en Borgoña; vid. J. Hale, Guerra y sociedad..., op. cit., p. 64; M. Vale, War and Chivalry..., op. cit., pp. 121-125; Ph. Contamine, Guerre, État et société a la fin du Moyen Âge. Études sur les armées des rois de France, 1337-1494, París-La Haya, 1972, pp. 278-282 y 466-482.

[16] Como los diversos casos de los pagos de soldada en las campañas entre 1441-1447: ARV, MR, n.º 8.790, n.º 8.791.

[17] Con lancie de 4, 5 y hasta 6 caballos: M. Mallett, L’organizzacione militare di Venezia.., op. cit., pp. 94-96; id., Sigrnori e mercenari..., op. cit., pp. 153-154; M.ª N. Covini, L’esercito del Duca. Organizacione militare e istituzioni al tempo delgi Sforza (1450-1480), Roma, 1998, pp. 365-366.

[18] El término paghes era asimilable a un pequeño grupo de infantes (2 y 3) y así lo recogen los asientos de la contabilidad de la Tesorería al remunerar las soldadas de los condestables según el número de paghes (o pagens) a su cargo: vid. variados ejemplos en ARV, MR, n.º 9402 s. f., ibid. n.º 9.385 s. f.; n.º 8.791 passim. Sobre la terminología y organización de la infantería italiana: P. Pieri, «Il ‘Governo et exercitio dela militia’...», cit., pp. 113-114 y 140-142; M.ª N. Covini, «Guerra e ‘conservazione dell stato’. Note sulle fanterie sforzesche», Cheiron 23, (1995), pp. 67-104. Los infantes provisionats constan en el ejército del Magnánimo tras la conquista de Nápoles, en 1445-1446: ARV, MR, n.º 9.385, s. f. e ibid. n.º 9.407 fols. 195r-v y 202r.

[19] Variados ejemplos en ARV, MR, n.º 9.407, fol. 195r-v; ibid. y n.º 9.408, n.º 8.790 y 8.791. También se documenta ello en el ejército veneciano de la segunda mitad del XV: M. Mallett, L’organizazione militare..., op. cit., p. 108.

[20] Por ejemplo en la guayta de porta Petruxa se desplegó 284 hombres de armas liderados por 4 nobles y 200 ballesteros a cargo de 9 condestables; y en las guardias contra el castillo hubo turnos de ataque, cada uno con 100 hombres de armas y 100 pillarts capitaneados por un noble y 120 ballesteros liderados por 5 condestables: vid. Dietari del Capellà..., op. cit., pp. 121-123.

[21] A saber, 440 paghens (330 infantes) comandados por 5 conestables, 26 ballesters a cargo de 3 conestables y 78 cavalls liderados por 18 hòmens d’armes: ARV, MR, n.º 9.403, s. f.

[22] Como el ejemplo que recoge el Panormita del ataque al castillo de Benalbergo en 1440: A. Becadelli, Dels fets e dits del gran rey Alfonso. Versió catalana de Jordi de Centelles, ed. de E. Duran, Barcelona, 1990, p. 227.

[23] Sobre esta nueva infantería ligera (que combate a la usança de Itàlia) y, en general, sobre la renovación de la infantería y la presencia de escopeteros, vid. P. Pieri, «Alfonso V d’Aragona e le armi italiane», en IV CHCA, vol. I, Palma de Mallorca, 1959, pp. 121-126; M. Mallett, Signori e mercenari.., op. cit., pp. 158-164.

[24] Sobre las transformaciones en las estructuras de reclutamiento, vid. J. Sáiz, «La organización militar en la expansión mediterránea...», cit., pp. 750-754 y 761-762. Para las modalidades de servicio obligatorio, incluyendo el de host o movilización general, a nivel de la Corona y para el caso valenciano, remito a: BCCV, Fondo Mayans, n.º 622, fols. 175r, 186r-188v; L. Klüpfel, «El règim de la confederació catalano-aragonesa a finals del segle XIII», Revista Jurídica de Catalunya, 35 (1929), pp. 298-308; 36 (1930), pp. 298-331, sobre todo n.º 36, capítulo VI «Exèrcit., i flota», pp. 298-308; M.ª T. Ferrer i Mallol, Organització i defensa d’un territori fronterer. La governació d’Oriola en el segle XIV, Barcelona, 1990, pp. 225-235; id., «La organización militar de Cataluña...», cit., pp. 156-166; L. Querol Roso, Las milicias valencianas desde el siglo XIII al XV. Contribución al estudio de la organización militar del antiguo reino de Valencia, Castellón, 1935, pp. 49 y 88.

[25] El servicio militar de feudatarios (poseedores de cavalleries) perdió su valor militar entre la conquista de Sicilia de 1282 y la guerra con Castilla de 1356-1365, cuando incluso en contextos defensivos se prioritarizaba la contratación a sueldo. A fines del XIV era un recurso secundario y residual, un mero patrón de movilización para la defensa local, a diferencia de Castilla donde los feudos-renta (pagos por tierra y acostamiento) mantuvieron su importancia militar. Al respecto y una comparación con Castilla, vid. J. Sáiz, «La organización militar en la expansión mediterránea...», cit., pp. 750-751 y 761; id., «Una clientela militar entre Castilla y la Corona de Aragón...», cit., pp. 116-124.

[26] ARV, GOV n.º 4.255, fol. 113r.

[27] ARV, MR n.º 9.386, fols. 1r y 2v; ibid, n.º 8.777, fols. 12r, 13r-15r, 21v-23r. Este tipo de servicio de nuevo demostró su inoperatividad en el verano de 1430, cuando otra convocatoria de hosts en Aragón y de Princeps namque en Cataluña fracasó, por lo que el rey cobró cuantiosas multas a ambos territorios: ARV, MR, n.º 8.779, fols. 32r, 35v-36r, 39r-40v y 42v; Ryder, p. 218, nota 115 y p. 225, nota 9.

[28] Sobre la movilización de la caballería, vid. J. Sáiz, «Del amprament al acorriment. La movilización de tropas de caballería en las campañas de Alfonso el Magnánimo (1420-1432)», en El Mediterráneo: hechos de relevancia histórico-militar y sus repercusiones en España. V Jornadas Nacionales de Historia Militar, Sevilla, 1997, pp. 329-352; id., «La organización militar en la expansión mediterránea...», cit., pp. 742-753.

[29] Como el consell del senyor rey resident en la ciutat de Valencia: vid. C. López, «Notas en torno al Consejo Real de Valencia entre la guerra de Castilla y la conquista de Nápoles (1429-1449)», en XV CHCA..., op. cit., t. I, vol. 2, pp. 255-274.

[30] En la expedición de 1420 los registros de cancillería informan de deliberaciones de lo que podríamos considerar como un consell constituido ex profeso e integrado por el rey ab sos barons, cavallers, ciutadans e altres experts en los affers de Cerdenya: ARV, RC, n.º 622, fol. 221v. Más explícito, en la expedición mediterránea de 1432, consta el Consell dels Fets de la armada compuesto por persones ordenades en los dits afers per lo dit senyor [rey], entre ellos los consellers reales, el tesorero y los nobles con mandos navales (capità general, almirall, vicealmirall, etc.): ARV, MR, n.º 8.780, fol. 66v. La actividad de consells militares ya se ve en campañas del XIV, como las guerras sardas de Pedro IV, vid. A. Beauchamp, «‘Que ivarçosament nos trametats la hajuda que demandaus haviem’. L’organisation du soutin militaire au roi Pierre IV d’Aragon durant la campagne de Sardaigne (1354-1355)», en XVIII CHCA..., op. cit., vol. I, pp. 435 y ss.

[31] En la correspondencia de la cancillería real durante la planificación de campañas, como en marzo de 1429, el monarca reconoce en más de una ocasión, como era él y miembros de su consell, quienes ordenaban a quiénes se debía convocar (amprar): ARV, RC, n.º 455, fol. 35r.

[32] J. Sáiz, «Del amprament al acorriment. La movilización de tropas de caballería...», cit., p. 336.

[33] Así, para la armada de 1420, coordinaron el largo proceso de convocatorias transcurrido entre abril de 1419 y marzo de 1420, Francesc Maça y Aznar Pardo, uixers d’armes, Eiximén Pérez de Corella y Bernat de Centelles, copers, y el cambrer Berenguer Mercader, apoyados por el batle general Joan Mercader. Para las expediciones a Castilla de 1425 y 1429, y para la frustrada armada de 1428, de nuevo participan Eiximén Pérez de Corella y Berenguer Mercader, en 1425 y 1429 con Guillem de Vich, cambrer y en 1428 con Lluís de Vilarasa, uixer d’armes: ibid., p. 337.

[34] En los registros de la cancillería real se conservan memorials que informan de la mecánica al respecto, como para el periodo 1425-1429, en ACA, CR, n.º 2.797, fols. 24r-v, 58r-v y 68r.

[35] Como la convocatoria valenciana de la armada de 1420 (BCCV, Fondo Mayans, n.º 677, fols. 103r-107v) o los ampraments de junio de 1429 que constan en el registro del hoste de correus de la ciudad de Valencia: ARV, VARIA, n.º 502, fols. 4r-5r.

[36] Como, en 1428, donde indicaba que el reclutador «sabrà e finirà de continent cascú ab quina e quanta gent offerta servir al dit senyor rey e farà memorial de les ofertes que cascun li farà e ab quanta gent»: ACA, CR, n.º 2.797, fol. 68r.

[37] De los 167 convocados en la primavera de 1419, sólo 29 aceptarían participar en la armada que partiría a inicios de mayo de 1420. El batle general del reino, Joan Mercader, quien tramitó los ampraments de 1419, y los cortesanos reclutadores en el reino, dos uixers d’armes (Francesc Maça y Aznar Pardo) informarían al rey de la cuantía de los que se acogían a la convocatoria. Posteriormente, entre febrero y marzo de 1420, el baile general junto a dos copers (Eiximén Pérez de Corella y Bernat de Centelles) y un cambrer (Berenguer Mercader) tramitarían los llamamientos finales a los voluntarios para embarcar en els Alfacs y en Valencia: J. Sáiz, «Del amprament al acorriment. La movilización de tropas de caballería...», cit., p. 338.

[38] Según expresión del monarca en 1425 refiréndose a quienes aceptaron servirle sin sou en mayo de 1425: ACA, CR, n.º 2.797, fol. 40r-v.

[39] Ampraments per la anada a Sicilia (Barcelona, 29-IV-1419): ACA, CR, n.º 2.668, fols. 51v-72v.

[40] Tal y como refleja el tenor de las lletres d’amprament que envió a los 619 convocados: ACA, CR, n.º 2.668, fol. 51v.

[41] Se trata, generalmente, de pagos de entre 30-100 flor. realizados «en ajuda de les despeses que li covench fer seguint l’armada del dit senyor [rey]», como los que perciben determinados caballeros y cortesanos del rey: ARV, MR, n.º 9.826 (2), fols. 17r, 20r y 21v.

[42] Un ejemplo. Berenguer Mercader, hijo del batle general del reino de Valencia, recibió 2.000 flor. del rey (orden dada en el sitio de Bonifacio, 30-X-1420), «per los grans e agradables servís (...) al dit senyor fets, e senyaladament en la adquisició dels regnes de Cerdenya e de Còrcega, en la qual a ses pròpries despeses loablement hi havia suat, no esquivats los perills, majorment que les insígnies de la cavalleria de les del dit senyor»; había participado en la armada acompañando a su pariente (probablemente su tío), mossèn Berenguer Mercader, major de dies, uixer d’armes, quien también fue premiado por militar a ses despeses con 500 flor.: ARV, MR, n.º 41, fols. 260r y 273v.

[43] En los ejércitos del Magnánimo en las expediciones de 1420, 1425, 1429 y 1432 participan de forma gratuita y voluntaria nobles catalanes, valencianos y aragoneses, como vemos en las recompensas reales: ARV, GOV, n.º 2.803, mano 2, fols. 38r-v y 43r; ibid., MR, n.º 41, fol. 260r. Ese tipo de servicio también se documenta en el reino de Sicilia en las primeras décadas del siglo XV: E. I. Mineo, «Note su guerra e aristocracia in Sicilia...», cit., pp. 56 y 62, nota 15.

[44] ACA CR, n.º 2.797, fol. 23v.

[45] Aunque a veces se indicaba una soldada diaria de medio florín –equivalente a 15 flor. mensuales– (ibid., fol. 80v y ARV, MR, n.º 8.774, fol. 107r y n.º 9.823 (3), fol. 41r) lo más habitual era su tasación mensual (ibid. n.º 44, fol. 327r).

[46] El Parlamento reunido para la defensa del reino ofreció el 9 de agosto 10 flor. mensuales pero, como reconocieron los nobles y oficiales reales asistentes al mismo, «attés que ab lo sou de deu florins que donaven a la gent d’armes, per ço com era poch, no s’i trobava gent d’armes», cuatro días despúes se decidió, tras consultar a nobles elegidos al efecto, subir la tasa y librar «tant sou quant lo rey dona o ha acostumat de donar a cascun rocí per cascun dia e no pus»: ARV, GOV, n.º 4.255, fols. 109r-v y 114r-v.

[47] ACA, CR, n.º 2.797, fol. 67r, ibid. MR, n.º 422, fol. 65r y ARV, MR, n.º 8.780, fol. 88r.

[48] Sobre la nomenclatura y tipología del equipamiento del hombre de armas en la Corona de Aragón, vid. M. de Riquer, L’arnés del cavaller..., op. cit., pp. 93-133.

[49] Sobre la intervención estatal en el campo armamentístico: vid. L. P. Martínez, «Guerra, Estado y organización social de la producción...», cit., pp. 453-469. En la guerra de Castilla de 1429-1430 la tesorería real navarra corría a cargo del suministro alimentario y libraba soldadas menores que en anteriores campañas: vid. J. A. Fernández de Larrea, Guerra y sociedad..., op. cit., p. 81. En Venecia, la soldada de las lanzas también bajaría prácticamente a la mitad a lo largo del XV, de 15 a 7-8 duc. (M. Mallett, L’organizzacione militare..., op. cit., pp. 161-162), reducción vinculada a la intervención del Estado en el equipamiento y servicios a las tropas.

[50] ACA, CR, n.º 2.797, fols. 24r-v, 58r-v y 68r.

[51] J. Sáiz, «Del ampramet al acorriment. La movilización de tropas de caballería...», cit., p. 344.

[52] Como consta en el memorial de instrucciones del rey a su cortesano reclutador en Cataluña para la expedición de 1425: «que explique a tots los qui han offert que·s metant a punt de continent en manera que per tota la Quaresma sian prests e que vagen a Barcelona hon los serà liurat lo sou de un mes per que·s puxen metre a punt a rahó de XXX florins per lança, e aprés tota hora e de continent que·ls manarà partir per venir en servir del dit senyor [rey] los manarà donar sou per a dos meses, e d’allí a la dita rahó mentre los retendrà en son servey»: ACA, CR, n.º 2.797, fol. 23v.

[53] Sobre la cuantía del equipo completo del hombre de armas y, en general, sobre el coste de la preparación de la guerra, remito más adeltante y en profundidad a los capítulos V y VII.

[54] APPV, n.º 26.190, notario Sanç Sala, 26-III-1429.

[55] ARV, MR, n.º 9.823 (3), fol. 42r.

[56] L. P. Martínez, «Guerra, Estado y organización social de la producción...», cit., pp. 455-456.

[57] El 5 de mayo recibe en Valencia 51.292 ss. 6 d, la soldada íntegra de su gran compañía: ARV, MR, n.º 9823 (3), fol. 45v.

[58] APPV, n.º 25.675, Bernat Terriça, 14 de mayo de 1429.

[59] Tomando el caso de la contratación para la armada de 1432, son numerosos los casos que pueden aducirse: por ejemplo el noble valenciano Ramon Boïl, el 6 de septiembre de 1431 cobraba la media soldada de una compañía de 10 combatientes ampliando la misma a 12 efectivos, al recibir otro pago el 18 de septiembre por 2 combatientes más; al igual que harían, Baltasar Torres, Joan Llull (quienes pasaban de 2 a 4 combatientes), mossèn Remiro de Funes (de 4 a 6) y mossèn Galcerán de Requesens (de 10 a 12): ARV, MR, n.º 8.780, fols. 88r, 89v, 90r-v y 91r.

[60] En concreto, los cortesanos informaron al rey que «tothom ha gran voluntat en servir vostra senyoria, mas huns no poden e los altres tenen faenes. Mas de la major part dels que·ns han respost ha hom un sentiment que, en cas que vostra senyoria ne donàs gatge, hi hirien molts donant-los algun acorriment, car en veritat senyor lo mils dispost haurà prou a fer atés que no·y pot hom trovar hun rocí»: J. Sáiz, «Del ampramet al acorriment. La movilización de tropas de caballería...», cit., p. 347.

[61] Así parece confirmar la prohibición real de exportar fuera del reino cavalls, cosers e rocins a fin de concentrar las monturas disponibles para la armada: ARV, MR, n.º 39, fols. 264r-v.

[62] Como, por ejemplo, el contrato firmado por el rey en junio de 1425 con el noble gascón Gracià d’Agramunt, los Capítols fets e fermats entre lo senyor rey de una part e mossèn Gracià d’Agramunt de la part altra: ACA, CR, n.º 2797, fols. 49v-50r. Contratos o capítols de ese tipo especifican las condiciones por las que el rey conduce (condueix) a su servicio capitanes mercenarios, denominados en la documentación en Nápoles como conducters de gent d’armes. En primer lugar la cuantía y características de la compañía: el rey contrata 300 lanzas y 50 ballesteros de Gracià d’Agramunt. En segundo lugar la cuantía de la soldada: 30 flor. al mes por lanza, 6 flor. por ballestero y un pago mensual de 100 flor. al capitán mientras sirva al rey; así como su mecánica de pago progresivo: el monto del primer mes (3.400 flor.) por anticipado en Barcelona, donde se encuentra el capitán, los dos meses siguientes en Bearn, en agosto, cuando se le ordene partir al servicio del rey, y finalmente, el mes restante cuando llegue con la compañìa al lado del monarca. En tercer lugar, la distribución del botín y ganancias: un quinto del botín para el rey. Finalmente, las excepciones del débito armado: servir al rey excepto contra el rey de Inglaterra, de Navarra y el conde de Foix. Buena parte de esas cláusulas de servicio también figuran en las ofertas que debían comunicar los cortesanos reclutadores a los nobles y caballeros de los dominios del rey, como, por ejemplo, en 1425, en Cataluña: Memorial de les coses que en Guillem de Santcliment, cavalleris del senyor rey, deu fer per lo dit senyor: ibid., fols. 23v-24r.

[63] Sobre las condotte, M. Mallett, Signori e mercenari..., op. cit., pp. 86-93; M.ª N. Covini, L’esercito del duca..., op. cit., p. 41; sobre las lettres de retenue: Ph. Contamine, Guerre, État et société..., op. cit., pp. 55-61; sobre las indentures: M. Prestwich, Armies and Warfare..., op. cit., pp. 89-96; Ch. Allmand, La guerra de los Cien Años. Inglaterra y Francia en guerra, c. 1300-c. 1450, Barcelona, 1990, pp. 133-134; A. Ayton, «English Armies in the Fourteenth Century», en A. Curry y M. Hughes (dir.), Arms, Armies..., op. cit., pp. 21-38, sobre todo pp. 25-27.

[64] M. Prestwich, Armies and Warfare..., op. cit., pp. 86-87; Ch. Allmand, La guerra de los Cien Años..., op. cit., p. 149.

[65] Ph. Contamine, Guerre, État et société..., op. cit., pp. 59-61 y 242.

[66] M. Mallett, Signori e mercenari..., op. cit., pp. 90-91; M.ª N. Covini, L’esercito del duca..., op. cit., p. 359.

[67] ARV, MR, n.º 8.790, fols. 99r-102r.

[68] M. Mallett, Signori e mercenari..., op. cit., p. 86.

[69] Sobre el proceso de formación de la caballería permanente remito al próximo capítulo y a vid. M. Mallett, L’organizzacione militare..., op. cit., pp. 59-60; M.ª N. Covini, «Condottieri ed eserciti permanenti negli stati italiani nel XV secolo in alcuni studi recenti», Nuova Rivista Storica, 69 (1985), pp. 329-352; id., L’esercito del duca..., op. cit., pp. 37-59.

[70] FA-I, vol. I, p. 132.

[71] Ibid., p. 103.

[72] ARV, MR, n.º 8.790, fol. 100v y 117r.

[73] En concreto percibe draps de seda por valor de 39 duc. 2 tarins (casi 10 duc. por sus 4 lanzas) y draps de lana por de 40 duc. (10 duc. por sus 4 lanzas): ibid., fols. 126v y 132v.

[74] Percibe (en acorriment de les cavalls que cascú d’ells tenen, como indica el asiento de pago conjunto) 5 duc. y 2 tarins sin especificar la cuantía de su comitiva, probablemente 5-6 caballos (entre 1 lanza y 2 tercios de lanzas y 2 lanzas) a razón de 1 duc. por caballo o 3 duc. la lanza: ibid., fol. 222v.

[75] Integrado en la esquadra de Marino Caracciolo, conde de Sant’Angel: ibid., n.º 9.402, fol. 154v.

[76] FA-I, p. 127.

[77] ARV, MR, n.º 9.403, s. f., cèdules de pago de la Tesorería de abril y mayo de 1442.

[78] Ibid., s. f., cèdules de pago de la Tesorería de septiembre de 1442.

[79] ARV, MR, n.º 9.385 s. f. cèdules de pago de la Tesorería de noviembre de 1445.

[80] ARV, MR, n.º 9.407, fol. 103r.

[81] Ibid., n.º 8.791, fol. 205v.

[82] Ibid., fol. fol. 340r y 379r.

[83] Una mecánica de pago similar en sus entregas cadenciales también se ve en los ejércitos de Venecia y Milán: M. Mallett, L’organizzacione militare..., op. cit., pp. 163-164; M.ª N. Covini, L’esercito del duca..., op. cit., pp. 48 y 359-360.

[84] En raras ocasiones se pagaba en base mensual. Un caso documentado confirma los 10 duc. por lanza: el 28 de mayo de 1442 Jacobo Orsini percibe per la paga de I mes de XX lances, CC ducats: ibid., n.º 9.403, s. f., cèdules de pago Tesorería de mayo de 1442. Ryder, a partir de las cèdules de pago de la tesorería transcritas establece entre 8-10 duc. mensuales por lanza las condotte reguladas por base mensual: A. Ryder, El reino de Nápoles..., op. cit., p. 321.

[85] En la descripción de la administración napolitana que en 1444 realizó Borso d’Este se hizo eco de esa tasa de ducati 60 de imprestanza per lanza que retribuía el Magnánimo a su ejército per conducta, es decir como contrato regular de servicio: Ch. Foucard, «Descrizione della città de Napoli...», cit., p. 754.

[86] En el ejército veneciano tampoco se documenta: M. Mallett, L’organizzacione militare..., op. cit., nota 101, pp. 161 y 164.

[87] Por ejemplo, el 26 de septiembre de 1442, en un pago a 9 hombres de armas de 2 duc. a cada uno se informa cómo las entregas son efectuadas por el conde de Aderno (el noble Guillem Ramon de Montcada, camarlenc) d’aquells L ducats que li foren donats per repartir entre l’esquadra sua: ARV, MR, n.º 9.403, s. f.

[88] La deducción por elatge se documenta tanto en órdenes reales de pago como en los asientos de pago de soldada en la contabilidad de la tesorería o en las cedules: ARV, MR, n.º 9.401, s. f.; ibid., n.º 8791, fol. 162v, n.º 9.403, 9.407, 9.408, 8.790 y 8.791; FA-I, pp. 98-99. Deducciones semejantes sobre las soldadas destinadas a la retribución de la administración militar u otros fines públicos, también se ven en el ejército milanés (onoranze) veneciano (onozanza di San Marco, del 4-10 %) y en otros como el pontificio y florentino, vid. M.ª N. Covini, L’esercito del duca...cit., pp. 359-360; M. Mallett, Signori e mercenari..., op. cit., pp. 142-143; id., L’organizzacione militare..., op. cit., p. 162.

[89] Ejemplos al respecto pueden verse en julio de 1442, tras la victoria de Carpenone contra Antonio Caldora, en los pagos realizados a nuevos capitanes contratados, algunos vinculados antes a Caldora: ARV, MR n.º 9.403, s. f.; Ibid., n.º 9.385, s. f.

[90] Así consta, por ejemplo, en abril de 1441, en un pago a 11 líderes de comitivas armadas, muchos de ellos hombres de armas de Casa Real, efectuado «en acorriment de la gent d’armes que cascun d’ells tenen en sou e servey del dit senyor [rey] quitis de dret d’alage»: ibid., n.º 8.790, fol. 102r. Otros ejemplos de exención en 1446 en: ibid., n.º 8.791, fol. 161v.

[91] Es el caso, por ejemplo, de los hombres de armas castellanos de casa del senyor rey quienes en 1446 percibieron su emprestança de 60 duc. por lanza en dos pagos casi consecutivos, sin apenas fraccionar la cantidad: el 21 de febrero 7 duc. por lanza y cuatro días después los 53 duc. restantes en compliment de la emprestança de LX ducats per lança: ARV, MR., n.º 9.407, fol. 120r-v y 125v-126r.

[92] El predominio del reclutamiento a sueldo comienza a documentarse en los acordaments navales del primer tercio del XIV y ya era un hecho tras la guerra con Castilla de 1356-1365 y las posteriores ordinacions militares de Pedro IV: J. Sáiz, «Del amprament al acorriment...», cit., pp. 350-351; id., «La organización militar...», cit., p. 752.

[93] Como en Milán o en Venecia donde, a pesar de la existencia de fuerzas permanentes, la irregularidad en los pagos para su movilización (en sus prestanze) era una constante marcada por las dificultades financieras y administrativas: M.ª N. Covini, «Condottieri ed eserciti permanenti...», cit., pp. 345-346; id., L’esercito del duca..., op. cit., p. 48; M. Mallett, L’organizzacione militare..., op. cit., p. 164.

[94] ARV, RC, n.º 622 fols. 143v-158r.

[95] Ibid., fols. 143r-156v.

[96] Ibid. fols.146r-156v: Odinació feta per lo senyor rey sobre l’ofici de condestable, promulgada en septiembre de 1369 por la que asimila el oficio de senescal catalán al de condestable y en la que también se especifican cometidos de otros oficiales de la casa –alguzirs, escrivà de ració– que colaboraban con el condestable en sus funciones.

[97] Ibid. fols. 143r-146r: Odinació novellament feta per lo senyor rey sobre los officis de senescalia e alguazirs seus dada en Sant Mateu el 2 de mayo de 1365, en la que también se especifican las funciones militares del escrivà de ració.

[98] Sobre sus competencias en la administración del ejército, a la ordinació citada en la nota anterior, puede añadirse CODOIN, vol. V, pp. 161-165, donde se recogen sus funciones en el control de los pagos del personal de la domus regia.

[99] El 10 de abril de 1430, cuando los diputados del brazo real abrían la taula d’acordament para contratar efectivos, el caballero valenciano y alguzir Pere Ciscar tomaba sagrament e homenatge en la ciudad de Valencia a los seis capitanes del contingente (Eiximén Pérez de Corella, Pero Maça de Liçana, Vidal de Blanes, Ramon Boïl, Mateu Pujades y Joan Palomar) por los efectivos que comprometían aportar, pasar revista (mostra) y servir al rey y por los cuáles habían percibido la mitad de su soldada correspondiente AMV, yy-14, PC, fols. 24v-30v. Durante la primera semana de mayo Pere Martí, escrivà de ració del rey, ayudado por el alguzir Pere Ciscar, efectuaba las revistas e inspecciones (mostres) de las tropas de los respectivos capitanes delante del palau reial de Valencia, ante la presencia de otros oficiales reales y los diputados del brazo real; tras prestar la mostra, los capitanes recibían la segunda mitad de su soldada de manos de los disputados del brazo real, tras haber confirmado éstos, junto con el escrivà de ració, la cantidad y calidad de los combatientes (hòmens d’armes, patges y genets): ibid. fols. 41v-71v.

[100] Fueron escrivans de ració del rey entre 1420 y 1446, tres valencianos (Gabriel Navarro, Pere Martí y Antoni Olzina) y un catalán (Andreu Guardiola), aunque el primero documentado, desde 1416, fue Ramon Fivaller: ARV, MR, n.º 9.826, fol. 6r. Le sucedería Gabriel Navarro quien consta en 1419 y en la preparación de la armada de 1420: ACA, Apéndice General, n.º 1.031. Le relevó Andreu Guardiola quien seguiría al rey desde 1422 en su expedición napolitana. Le sucedió Pere Martí, al menos desde 1424 y hasta 1432. Desde 1441, sino antes, consta Antoni Olzina, sobrino del secretario real Joan Olzina: ARV, MR, n.º 8.760, fols. 67v; ibid., fol. 111r; ibid., n.º 8.774, fols. 111r; n.º 9.358, fol. 89v; n.º 8.780, fol. 156r; ibid., n.º 9.403 s. f., n.º 9.407 fol. 175r y n.º 8.791, fol. 179r. Pere Martí tenía entre 1425-1432 un equipo de 10 empleados, mientras que entre 1441-1446, Antoni Olzina trabajaba con 14 asistentes: ibid., n.º 8.774, fols. 126r, 127r-v y 131r; ibid. n.º 8.780, fols. 157v-158r; ibid., n.º 8.790, fols. 115v, 128r-v; ibid., n.º 9.403, s. f. y n.º 9.407, fols. 175v-175r y 178r.

[101] En todas las campañas algún oficial de la escrivania de ració participa con una pequeña comitiva de caballos siguiendo al ejército, como hemos documentado entre 1425 y 1432: ARV, MR, n.º 8.760, fol. 111r, ibid., n.º 8.774, fol. 108r, 111r; n.º 8.777, fol. 72r; n.º 8.780, fol. 121r; n.º 8.785, fol. 55r; ACA, MR, n.º 422, fol. 65r.

[102] Como, por ejemplo, la «certificació d’en Pere Martí, escrivà de ració de casa del senyor rey en paper scrita, e ab lo sagell de son offici sagellada, ab la qual certifica que, per indepnitat de la cort, ha fet notament al dit En Bernat Albert, cavaller, dels dits X mília sous barchinonesos en CVIII cartes del primer Libre comú d’acorriment de gent d’armes, de cavallers e de peu, e fustes armades qui estan en sou e servey del dit senyor»: ARV, MR, n.º 8.778, fol. 95r.

[103] AMV, yy-14, PC, fols. 42r-71v. Se trata del único registro de mostres conservado del reinado del Magnánimo.

[104] Prueba de su vinculación a la administración militar es el hecho de que perciban los salarios o quitacions conjuntamente los de offici de scrivà de ració e de tresoreria de casa del senyor rey, como en 1446: ARV, MR, n.º 8.791, fol. 273r.

[105] Fueron tresorers del Magnánimo entre 1420 y 1446 el caballero catalán Ramon Berenguer de Lorach y los valencianos Francesc Sarçola, Bernat Sirvent y Mateu Pujades. Sobre la sucesión en el oficio de tresorer real remito a los registros de la tesorería –entre 1424-1432 (ARV, MR, n.º 8.759-8.786, ACA, MR, n.º 422), y en 1441 y 1446-1447 (ARV, MR, n.º 8.790-8.791 y 9.407-9.408)– así como a A. Ryder, El reino..., op. cit., pp. 202-206; F. Mateu Llopis, «Algunos documentos referentes a la gestión del tesorero...», cit. El equipo de oficiales de la tresoreria varió entre los 5-6 oficials y escribans de 1425-1429, a los 7 escrivans en 1441-1446: ibid., n.º 8.760, fols. 60r, 69v, 71v, 73v y 99r; n.º 8.761, fol. 99r; ibid., n.º 8.774 y n.º 8.777; ACA, MR, n.º 422; ARV, MR, n.º 8.790 y n.º 8.791, fols. 273r-v y 350r.

[106] Por ejemplo en 1429 las soldadas de las compañías de gente de armas contratadas por la tesorería en Barcelona son libradas por oficials y escrivans de la tresoreria como Joan del Pobo, como consta en las cèdules de pago de ese año: Ibid., n.º 9358, s. f., y n.º 9386 s. f.;, al igual que el reclutamiento llevado a cabo en Perpinyà ejecutado por Marc Joan, oficial de la tesorería: Ibid., n.º 8774, fol. 100r-v. O el pago de soldadas a las tropas de Ramon Boïl desplegadas en la marca de Ancona en 1446 efectuado por a Llorenç Belluga, escrivà de la tresoreria: Ibid., n.º 8791, fol. 269r.

[107] Como, por ejemplo, en 1429: ibid., n.º 9.813 (3), fols. 98r-110r, n.º 9.384, fols. 42r-48r, n.º 9.823 (3), fols. 41r-48r.

[108] Sobre los tesoreros de guerra en los ejércitos franceses vid. Ph. Contamine, Guerre, État..., cit., pp. 107-110 y 146-148. Sobre la administración militar en ámbito italiano, vid. M. Mallett, Signori e mercenari..., op. cit., pp. 94-95 y 128-131; L’organizzazione militare..., op. cit., pp. 134-136, M.ª N. Covini, L’esercito del duca..., op. cit., pp. 153-159.

[109] ARV, MR, n.º 8.774, fol. 79r; A. Ryder, El reino..., op. cit., p. 81.

[110] Sobre las competencias del gran siniscalco y su mando compartido con el gran conestabile, vid. P. Gentile, «Lo stato napoletano sotto Alfonso d’Aragona», ASPN (1937), pp. 1-56, sobre todo, pp. 33-34 y 10-11. El rey mantuvo ambas dignidades concediéndolas a magnates locales: ibid., pp. 11-12, 33-34; A. Ryder, El reino de Nápoles..., op. cit., pp. 76-78.

[111] Sobre las funciones de los mariscales de Francia en la administración de la justicia y disciplina militar, vid. Ph. Contamine, Guerre, État..., op. cit., pp. 198-199 y 518-519.

[112] Sobre Bernat Centelles, vid. P. Corrao, Governare un regno..., op. cit., pp. 316, 322 y 467. En 1419 consta entre los convocados a la expedición naval con tal cargo; su hijo figura en 1440 con ese oficio, aunque quizás ya lo fuese desde 1436: ACA, CR, n.º 2.668, fol. 52r; A. Ryder, El reino de Nápoles..., op. cit., p. 360.

[113] Le indicaba: «maravellats som com vós que, per rahó de vostre ofici, deuríets ésser primer prest ab vostra gent d’armes, tardau tant vostra venguda», pidiéndole encarecidamente que acudiese con rapidez a fin de que «los altres puxen pendre bon exemple de vostra prompta venguda»: ACA CR, n.º 2.797, fol. 83v.

[114] El rey se dirige «a los nobles e amados nostros los condestable e marescal e qualquiere capitanes e hombres de armas assí de pie como de cavallo a nuestro sueldo e en nostro servicio de present vagantes e militantes»: ibid., fol. 9r.

[115] Sobre la trayectoria del conde de Pallars vid. S. Sobrequés, Els barons de Catalunya, Barcelona, 1980, pp. 189-191.

[116] Remito al respecto a A. Barbero y G. Castellnuovo, «Governare un Ducato. L’administracione sabauda nel tardo medioevo», Società e Storia, 57 (1989), pp. 465-511, especialmente pp. 510-511.

[117] Como los tribunales de la maréchausée y de la connétabilie en Francia: Ph. Contamine, Guerre, État..., cit., pp. 199-201 y 518-520; o la Constable’s Court o Court of Chivlary en Inglaterra (presidida por el constable de Inglaterra) desde mediados del XIV: M. Keen, «The jurisdiction and origins of the Constable’s Court», en Nobles, Kinghts and Men at Arms in the Middle Ages, Londres, 1996, pp. 135-148.

[118] Se trata de una línea defensiva en Cetina, Hariza, Moros, Nuévalos, Ateca, Monreal, Aranda y Villella (ACA, CR, n.º 2.713, fols. 16r-v) cuyas guarniciones quedaron a cargo de cortesanos. Por ejemplo, la importante estància de Hariza, en primera línea de frontera, dispuso de un mando compartido por tres cortesanos (Bernat Albert, procurador reial en Roselló y Cerdanya y cambrer, Berenguer d’Olms, cavallerís real y governador del reino de Mallorca y Berenguer de Fontcuberta, también cavallerís del rey) y acogió los 100 ballesteros asoldados por la ciudad de Valencia y los cerca de 270 hombres de armas aportados por estos cortesanos: ibid. fol. 25v.

[119] Ellos fueron los altos mando del ejército, al lado al infante Pedro, hermano del rey y de algunos condottieri pensionados por el monarca. Sobre su activa participación como comandantes remito al próximo capítulo.

[120] Para la distinción entre commissio, encargo a un agente o servidor, y officium, cargo formalmente estructurado, y su peso en la administración militar francesa de los siglos XV-XVI, vid. H. Michaud, «Les institucions militaires des guerres de Italie aux guerres de religion», Revue Historique, 258 (1977), pp. 29-43.

[121] Una interpretación diferente se sostiene en el estudio de E. I. Mineo («Note su guerra e aristocracia in Sicilia...», cit.), donde, indirectamente, se postula un retraso administrativo de la organización militar del reino de Sicillia respecto a otros estados italianos a comienzos del siglo XV.

[122] Que sitúa a la cabeza, precisamente, los Estados que logran forjar fuerzas permanentes a lo largo del XV, como Venecia y Milán, frente a otros de menor desarrollo como Florencia: M. Mallett, Signori e mercenari..., op. cit., pp. 128-131.

[123] En el estado señorial de Milán encontramos un nivel de administración militar vinculado a clientes del duque (retenidos a su casa y clientela, famigliari cavalcanti, cancilleres, oficiales, etc.) y otro nivel administrativo con competencias financieras y más formalizado (el Banco degli stipendiari, collaterali, proveditori), al que se le unirá, fruto del desarrollo de tropas permanentes, un organigrama estable de oficiales diseminados por el territorio del ducado para el alojamiento de las tropas: M.ª N. Covini, L’esercito del duca..., op. cit., pp. 132-135, 142-143, 153-154 y 426-427. Igual ocurre en la Francia de fines del XV y el XVI donde se aprecia la dualidad entre oficios administrativos en el campo financiero y logístico (tresoriers, comissaires des armées, etc.) y clientes nobles del monarca (como el condestable, los gardes y gentilhomes de la Chambre) al mando de las tropas: H. Michaud, «Les institucions militaires...», cit., pp. 33-41.

[124] Como analizaremos en el próximo capítulo. De hecho, para ver un desarrollo administrativo en los ejércitos estatales de Antiguo Régimen, habrá que esperar a mediados del XVII y el XVIII, cuando ya se hayan consolidado estructuras militares permanentes, vid. F. Andújar, Ejércitos y militares en la Europa moderna, Madrid, 1999, pp. 85-90.

[125] M. Hicks, Bastard Feudalism, Londres-Nueva York, 1995, pp. 1-4, 42-63, 68 y 218.

[126] G. Bois, La gran depresión medieval: siglos XIV-XV. El precedente de una crisis sistémica, Valencia, 2001, p. 131.

[127] El peso de los estudios anglosajones sobre clientelas feudales bajomedievales (de remuneración monetaria) deriva del éxito de las tesis de K. B. McFarlane, «Bastard Feudalism», Bulletin of the Institute of Historical Research, 20 (1945), pp. 161-180, reimpreso en G. Harris (comp.), England in the Fifteenth Century: Collected Essays of K.B. McFarlane, Londres, 1981, pp. 23-43. El tema del «feudalismo bastardo» ha estado presente en los estudios sobre la historia social nobiliaria incidiendo en las relaciones entre aristocracia, incluyendo al monarca, y baja nobleza (gentry), en la proliferación de comitivas de dependientes contratados (retainers) y la operatividad de esas clientelas en ámbito político-militar. Al respecto, entre otros trabajos destaquemos: M. Cherry, «The Courtenay Earls of Devon: Formation and Disintegration of a late Medieval Aristocratic Affinity», Southern History, 1 (1979), pp. 79-99; Ch. Carpenter, «The Beauchamp Affinity. A study of Bastard Feudalism at Work», English Historical Review, 95 (1980), pp. 514-532; N. Saul, Knights and Squires: the Gloucester Gentry in the Fourteenth Century, Oxford, 1981; J. G. Bellamy, Bastard Feudalism and the Law, Londres, 1989; J. M. Bean, From Lord to Patron: Lordship in Late Medieval England, Londres, 1989; S. Walker, The Lancastrian Affinity, 1361-99, Oxford, 1990; M. Jones y S. Walker (ed.), «Private indentures for Life Service in Peace and War, 1278-1476», Candem Miscellany, 32 vol. 3, Londres, 1994, pp. 1-190. Una reciente revisión del tema ha señalado la concentración de estudios en los siglos XIV-XV, en torno a los retainers o pensionados nobiliarios vitalicios y las relaciones entre alta y baja nobleza: M. Hicks, Bastard..., op. cit., pp. 27-28. Una revisión crítica la debemos a Peter Coss quien centra el problema en sus orígenes (s. XIII) y postula una reformulación social del fenómeno, más amplia y menos instrumental: vid. P. Coss, «Bastard Feudalism Revised», Past and Present, 125 (1991), pp. 27-64, sobre todo pp. 39-40, 53-54, 57 y 63-64; P. Coss, D. Crouch, D. Carpenter, «Debate: Bastard Feudalim Revised», Past and Present, 131 (1991), pp. 165-203.

[128] En Francia, Bretaña, Borgoña, Castilla y en la Corona de Aragón. Véanse respectivamente: P. Lewis, «Decayed and Non-Feudalism in Later Medieval France», Bulletin of the Institute of Historical Research, 37 (1964), pp. 157-184; G. Prosser, «’Decayed feudalism’ and ‘royal clienteles’: royal office and magnate service in the fifteenh century», en Ch. Allmand (ed.), War, Government and Power in Late Medieval France, Liverpool, 2000, pp. 175-189; P. Lewis, «Of Bretton Alliances and Other Matters», en Ch. Aallmand (ed.), War, Literature and Politics in the Late Middle Ages, Liverpool, 1976, pp. 122-143; M. Jones, «Aristocratie, faction et État dans la Bretagne du XVe siècle», en Ph. Contamine (dir.), L’État et les Aristocraties (France, Angleterre, Ecosse) XIIe-XVIIe siècle, París, 1989, pp. 129-160; M. Jones, «The breton nobility and their masters from the Civil War of 1341-64 to the Fifteenh Century», en The creation of Brittany. A Late Medieval State, Londres, 1989, pp. 239-262; P. De Win, «The lesser nobility of the Burgundian Netherlands», en M. Jones (ed.), Gentry and Lesser nobility in late medieval Europe, Gloucester-Nueva York, 1986, pp. 95-118; P. Sánchez León, «Nobleza, Estado y clientelas en el feudalismo. En los límites de la historia social», en S. Castillo (coord.), La historia social en España. Actualidad y perspectivas, Madrid, 1991, pp. 197-216; id., «Aspectos de una teoría de la competencia señorial: organización patrimonial, redistribución de recursos y cambio social», Hispania, 185 (1993), pp. 885-905, sobre todo pp. 897-903; id., Absolutismo y comunidad. Los orígenes sociales de la guerra de los comuneros de Castilla, Madrid, 1998, pp. 94-96, 104-106 y 274-275; C. Jular, «La participación de un noble en el poder local a través de su clientela: un ejemplo concreto de fines del siglo XIV», Hispania, 185 (1993), pp. 816-844; id., «Dominios señoriales y relaciones clientelares en Castilla: Velasco, Porres y Cárcamo (siglos XIII-XIV)», Hispania, 192 (1996), pp. 137-171; J. Sáiz, «Una clientela militar entre la Corona de Aragón y Castilla a fines del siglo XIV: caballeros de casa y vasallos de Alfons d’Aragó, conde de Denia y marqués de Villena», En la España Medieval, 29 (2006), pp. 97-134. El peso y desarrollo de las clientelas pensionadas y una revinvidación de las similitudes del fenómeno en Francia e Inglaterra puede seguirse en: P. Lewis, «Reflections on the role of royal clientèles in the construction of the French monarchy (mid-XIVth / end-XVth centuries)», en N. Bulst, R. Descimon y A. Guerreau (eds.), L’État ou le Roi. Les fondations de la modernité monarchiques en France (XIVé-XVIIé siecles), París, 1996, pp. 51-67.

[129] P. Lewis, «Reflections on the role...», cit., pp. 64-65. El vano intento de encontrar formas similares a la indenture vitalicia inglesa en ámbito europeo es objeto de reflexión en: M. Jones y S.Walker, «Private indentures...», cit., p. 11.

[130] Como ha recordado M. Hicks, Bastard..., op. cit., pp. 68, 74-76, frente a la visión restringida a las clientelas de retainers.

[131] En su origen, en la Inglaterra del XIII y sobre todo del XIV, el crecimiento de las casas y clientelas fue una reacción nobiliaria al desarrollo de la centralización política y judicial de la monarquía: el precio fue el feudalismo bastardo: P. Coss, «Bastard Feudalism Revised...», cit., p. 54 y 63 y «Debate Bastard Feudalism...», cit., p. 203. La necesidad de estudios al respecto y la existencia de un proceso de rearmonización entre clase y Estado durante la expansión del Estado feudal (ss. XV-XVI) ya fue reinvindicada por P. Anderson, El Estado absolutista, Madrid, 1987, p. 43.

[132] Recogiendo parte de la propuesta de Ch. Given-Wilson, The Royal Houselhold and the King’s Affinity: Service, Politics and Finance in England, 1360-1413, Londres-Nueva York, 1986, pp. 203-204, quien analiza la clientela del rey, como la de otro noble, en tres grupos concéntricos, englobando conjuntamente el colectivo de servidores, de pensionados y de seguidores de la Casa real. Desde los supuestos teóricos hasta ahora expuestos tuvimos ocasión de analizar la Casa Real de Alfonso V en J. Sáiz, Ejército, caballería y clientela militar en la Corona de Aragón en la Baja Edad Media. La Casa Real en las campañas de Alfonso el Magnánimo (1420-1442), tesis de Licenciatura inédita, Valencia, 1996, pp. 108-181, y más recientemente, una casa y clientela feudal, la del conde de Denia y marqués de Villena a fines del XIV en J. Sáiz, «Una clientela militar entre la Corona de Aragón y Castilla a fines del siglo XIV...», cit.

[133] Como los caballeros y escuderos de las casas feudales: vid. M. Hicks, Bastard..., op. cit., pp. 46-47; Ch. Given-Wilson, The English Nobility in the Late Middle Ages. The Fourteenth-Century Political Comunity, Londres, 1987, p. 90; P. De Win, «The lesser nobility...», cit., p. 102. Su presencia testimoniaba el poder social del noble ante sus semejantes, dentro de las pautas feudales de exhibición social de la riqueza por la calidad y cantidad de servidores: Ch. Dyer, Niveles de vida en la Baja Edad Media. Cambios sociales en Inglaterra, c. 1200-1520, Barcelona, 1991, pp.75-77 y 120-121.

[134] Según las pautas de servicio y formación en las casas o cortes feudales; vid. G. Duby, «Los jóvenes en la sociedad aristocrática de la Francia del Noroeste en el siglo XII», id. Hombres y estructuras de la Edad Media, Madrid, 1989, pp. 132-147; id., Guillermo el Mariscal, Madrid, 1987, pp. 78-90; J. Bean, «Bachelor and Retainer», Medievalia et Humanistica, 3 (1972), pp. 117-131; P. De Win, «The lesser nobility of the Burgundian...», cit., pp. 101-102; Ch. Given Wilson, The English Nobility..., op. cit., pp. 2-5; N. Orme, From Childhood to Chivalry. The Education of English Kings and Aristocracy, 1066-1530, Cambrigde, 1984, pp. 44-80.

[135] La Casa Real sería el modelo de corte feudal al más alto rango; en otros miembros de la nobleza, la condición social, número y especialización descendería en ese colectivo. La alta nobleza dispondría de séquitos bajonobiliarios en calidad de cavallers o escuders de casa, quienes, al igual que los cortesanos del rey, servirían más en labores político-militares que domésticas, mientras que la baja y mediana nobleza, los cavallers y donzells, debía contentarse con unos pocos escuders de diversa condición social que serían tanto escolta como criados propiamente domésticos, vid. J. Sáiz, «Una clientela militar entre la Corona de Aragón y Castilla a fines del siglo XIV...», cit., pp. 102-116.

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