Читать книгу: «Geografía. Libros V-VII»

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BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 288


Asesor para la sección griega: CARLOS GARCÍA GUAL .

Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisadas por JORGE CANO CUENCA .

© EDITORIAL GREDOS, S. A. U., 2008

López de Hoyos, 141, 28002 Madrid.

www.editorialgredos.com

Las introduccions, traducciones y notas han sido llevadas a cabo por JOSÉ VELA TEJADA (libros V y VI) y JESÚS GRACIA ARTAL (libro VII) .

REF. GEBO372

ISBN 9788424933067.

LIBROS V Y VI


INTRODUCCIÓN

Teniendo en cuenta la pujanza política que Roma había alcanzado en época de Estrabón (64 a. C.-post 24 d. C.), convertida ya en capital de un Imperio que dominaba el Mare Nostrum , nuestro autor dedicó dos libros de su Geografía , el V y el VI, a la descripción de Italia, considerada ya como una única entidad política y geográfica que incluía las islas vecinas. Probablemente, este hecho, la importancia de Roma, presente en buena parte de la literatura griega del primer siglo de la era cristiana —centralidad que, por otra parte, había acuñado ya Polibio en sus Historias —, explica que, frente a otros libros del autor netamente geográficos, los dedicados a Italia adquieran un tono especialmente histórico-geográfico. En realidad, el conjunto de su Geografía se organiza en torno a la descripción de los principales países en relación con el mundo romano.

Por otro lado, la división en dos libros no parece responder a un principio temático sino a una mera cuestión de espacio, si bien, observamos, que ello le permite dedicar, en el libro VI , una mayor atención a las zonas más propiamente «helenizadas» de Sicilia y de la Magna Grecia. En todo caso, es evidente la continuidad temática y geográfica entre ambos libros y el carácter complementario del segundo libro respecto del primero.

Así pues, la descripción político-geográfica de Italia se organiza siguiendo un esquema de Norte a Sur:


V 1, 1-3:Italia, etimología, medidas y formas del país.
V 1, 4-12:llanura del Po.
V 2, 1-9:Liguria, Etruria e islas de Elba, Córcega y Cerdeña.
V 2, 10:Umbría.
V 3, 1:la Sabina.
V 3, 2-13:el Lacio y Roma.
V 4, 1-2:el Piceno del Adriático y centro de la península.
V 4, 3-13:Campania, Samnio y picenos del Tirreno.
VI 1, 1-3:Lucania.
VI 1, 4-15:Brutia.
VI 2, 1-11:Sicilia e islas vecinas.
VI 3, 1-8:Yapigia.
VI 3, 9-11:costa del Adriático entre Bari y el Piceno.
VI 4, 1-2:conclusión, razones geográficas para la supremacía política de Roma.

El planeamiento de Norte a Sur parece remontarse a Polibio quien tomaba como eje de su descripción la cordillera de los Apeninos: Liguria, Etruria, Umbría (cf. II 14-16); a continuación, Lacio, Campania, Samnio y Daunia —en Estrabón llamada también Yapigia—, finalizando en el estrecho de Sicilia (cf. V 4, 3). No obstante, nuestro autor tiene también en cuenta las divisiones territoriales establecidas por Augusto en torno al 6 d. C. a la hora de establecer los límites entre ellas e indicar la acepción contemporánea, como en el caso de Apulia por Daunia.

Sin embargo, como hemos señalado, la obra no se limita a una mera descripción geográfica. En efecto, a medida que se van describiendo las diferentes regiones del país, se muestra el proceso de expansión de Roma por la península itálica. Este hilo argumental culmina, al final del libro (VI 4, 2), en una conclusión que resume las condiciones naturales y geográficas más notables de Italia que explican, desde la perspectiva de Estrabón, su devenir histórico como base de un Imperio. Asimismo, el espíritu moralizante de la literatura de la época explica sus consideraciones finales sobre el buen gobierno de los primeros emperadores, Augusto y Tiberio, que justifica la pujanza romana frente a otras potencias en declive y sometidas al poder romano.

En cierto modo, a través de estas notas geográficas puede reconstruirse, en parte, una historia de Italia y de los pueblos que la habitaron, desde los orígenes más remotos hasta el 18 d. C., que ha de ser considerado el terminus ante quem para estos libros, y probablemente para el conjunto de la obra, fecha que coincide con las conversión en provincia romana de Capadocia tras la muerte, en el 17, del rey Arquelao y que Estrabón incluye dentro de una serie de acontecimientos históricos relevantes acaecidos «recientemente» (VI 4, 2).

Como consecuencia de este tono próximo a lo historiográfico, para la composición de los dos libros de Italia nuestro autor, que se enmarca en una época de notable erudición y de exhaustiva utilización de fuentes bibliográficas, llevó a cabo su obra combinando el empleo de fuentes historiográficas junto a las más propiamente geográficas. Las más importantes, sin duda, Polibio, Posidonio y Artemidoro, a los que cita directamente (cf. por ej., V 1, 3; 1, 8; 2, 6).

Por orden cronológico la primera fuente es Polibio. Además de su influencia en la organización de la obra siguiendo una narración de Norte a Sur, hubo de ser determinante el principio del sometimiento del mundo habitado al poderío romano desde la Primera Guerra Púnica en el 264 a. C., hasta la destrucción de Cartago y Corinto en el 146, símbolo de la caída de las dos entidades rivales de Roma más pujantes hasta entonces, la griega y la cartaginesa. Por otra parte, el fragmentario libro XXXIV, que se habría ocupado de la arqueología de Italia y de la descripción geográfica del país, habría tenido una importancia capital en nuestro autor.

Para los acontecimientos subsiguientes a Polibio, Estrabón siguió a Posidonio de Apamea quien, en sus desaparecidos cincuenta y dos libros de historia, habría tratado los acontecimientos históricos subsiguientes a Polibio, precisamente desde el 146, hasta llegar a la dictadura de Sila en el 81. Se conjetura también su autoría de una Historia de Pompeyo , de la que procederían datos de la época del triúnviro.

La Geografía perdida de Artemidoro debió de ser su fuente más consultada. No en vano, además de contener datos históricos comprendidos entre el 130 y el 90 a. C., lo que le permitía contrastar sus informaciones con las de Posidonio, su carácter principalmente geográfico le ofrecía un amplio repertorio de datos de lugares, con toda suerte de medidas de distancias en estadios romanos —frente a los griegos de Polibio—, además de un tipo de descripción en periplo que resultó especialmente útil para un territorio como el de Italia y las islas.

En cuanto a otras fuentes que nuestro autor cita directamente (cf. Índice de nombres propios ), se ha sugerido su utilización indirecta a través, sobre todo, de Artemidoro y Posidonio. Sin embargo, desde nuestra perspectiva, aunque este método de trabajo es bien reconocible en estos autores y en Estrabón, no parece aventurado considerar la consulta directa de fuentes de gran autoridad.

Tal es el caso, de la desaparecida Historia Universal de Éforo de Cime quien, en sus treinta libros, se habría ocupado de la historia de las ciudades de Grecia desde el «retorno de los Heraclidas» hasta el 341 a. C. Los temas de mitos y leyendas, geografía y etnografía, historia política y militar, se dejan notar en la Geografía , especialmente, en nuestro caso, en lo referente al origen de las colonizaciones griegas en Italia y las islas, y ciudades de procedencia.

La obra perdida de Timeo de Tauromenio, se habría ocupado de la Historia de Sicilia desde los tiempos más remotos hasta el 264 a. C. (la Primera Guerra Púnica con la que comienza el relato de Polibio), incorporando toda clase de breves noticias históricas y leyendas relacionadas con ellas. Aunque se puede admitir que la mayor parte sean tradiciones indirectas recogidas por Estrabón —se propone a Posidonio como principal receptor—, la adecuación de su contenido a los libros V y VI hace impensable que no haya sido consultada más directamente: en particular, Timeo se habría detenido en las localidades de la Magna Grecia, de la costa del Tirreno y del Adriático cuyo comercio, por otra parte, controlaba Siracusa en el siglo IV a. C.

Sin poder precisar el grado de conocimiento directo, hubo de ser apreciable la impronta de Antíoco de Siracusa, historiador del siglo v a. C. quien, en los desaparecidos nueve libros de su Historia de Sicilia (Sikeliká) y en el Sobre Italia , pasa por haber sido el primero en ocuparse de la historia del mundo griego occidental ampliando las más escasas informaciones de Heródoto sobre este área del ámbito griego, aunque se inspiraba en su modelo historiográfico. No cabe duda de la importancia de esta fuente para los orígenes de Italia y las colonias griegas de Sicilia y de la península itálica.

Finalmente, nos detenemos en Apolodoro de Atenas, cuyo Catálogo de las naves , citado en VI 1, 13, constituía una suerte de «Historia» desde la caída de Troya, de la cual procederían noticias legendarias de Grecia ligadas a las colonizaciones más primitivas de Italia.

Asimismo, teniendo en cuenta la temática itálica y romana de los libros V y VI, cabe esperar la utilización de alguna fuente romana, a las que además alude nuestro autor. En primer lugar, Fabio Píctor (citado en V 3, 1), el primer analista romano, aunque había escrito su obra en griego, autor de gran importancia para el relato de los orígenes más remotos del mundo romano. En segundo lugar, Estrabón se refiere en ocasiones a un «corógrafo» (cf. Índice de nombres propios) , que se identifica con Marco Vipsanio Agripa, autor de una Corografía o Commentarii en la que se ocuparía de la descripción del Lacio, incluyendo una cartografía, lo que explica la presencia ocasional en la obra de Estrabón de distancias expresadas en millas romanas. Por otra parte, debió de contener también información sobre las Guerras Púnicas y las luchas civiles entre Mario y Sila, informaciones que habrían llegado hasta el 12 a. C., lo que completaba el panorama cronológico hasta época de nuestro autor.

Junto a la exhaustiva utilización de fuentes escritas, la composición de los libros V y VI se vio notablemente enriquecida por las estancias de Estrabón en Italia. En concreto, está contrastado un primer viaje a Roma en el 44 a. C. para completar su educación. Se admite, en general, la realización de un viaje al sur de la península y visitas posteriores a la ciudad hasta el 14 d. C. Ello explica las noticias de descripciones personales fácilmente reconocibles: sobre Populonia (V 2, 6), Tarracina (V 3, 6), el Campo de Marte romano (V 3, 7-8), la noticia de construcciones recientes en la región de Nápoles (V 4, 9), la descripción del templo de Venus Ericina en Roma (VI 2, 5), la noticia sobre la ejecución del bandido Seluro únicamente recogida en su obra (VI 2, 6), la descripción de Tarento (VI 3, 1) y el estado del Imperio a comienzos del reinado de Tiberio (VI 4, 2).

NOTA BIBLIOGRÁFICA

Siguiendo los criterios editoriales, la presente traducción prescinde, tanto en este apartado como en las notas a pie de página, de referencias bibliográficas especializadas. No obstante, dada la amplitud de la información que nos transmite Estrabón y el hecho de que sea Italia el objeto del relato de los libros V y VI, además con especial dedicación a la presencia griega en la región, nos parece oportuno adjuntar, para el lector en general, unas referencias bibliográficas básicas que incluyen obras de consulta general para temas de la historia de Grecia y Roma y de sus respectivas literaturas, así como otras herramientas bibliográficas útiles para una rápida consulta del gran número de nombres geográficos y de personajes históricos y míticos que contiene el texto. Finalmente, se advierte que no se incluyen las referencias más concretas que aparecen en las notas de traducción pertinentes.

Para las informaciones generales relativas a la historia de Grecia se recomienda:

K. J. BELOCH , Griechische Geschichte , Estrasburgo-Berlín-Leipzig, 1912-1927, especialmente los vols. I.1-IV.2 relacionados con el periodo histórico que abarca nuestro autor.

N. G. L. HAMMOND , A History of Greece to 322 B. C ., Oxford, 1967, con amplia información sobre la presencia griega en Italia y las islas.

O. MURRAY , Historia del mundo antiguo: Grecia Arcaica , Madrid, 1988 [Glasgow, 1980], de gran utilidad para el periodo indicado en el título y con gran atención a las fuentes clásicas.

F. W. WALBANK , Historia del mundo antiguo: el Mundo Helenístico , Madrid, 1985 [Glasgow, 1981], con similar disposición al anterior y con especial atención a Polibio una de las fuentes principales de Estrabón.

En último lugar, es recomedable, con carácter particular para el tema de la colonización griega, el estudio de:

J. BÉRARD , La colonisation grecque de l’Italie méridionale et de la Sicile dans l’antiquité , París, 1957 [19411 ].

Los acontecimientos históricos de los periodos helenístico e imperial son contemplados por Estrabón desde una perspectiva predominantemente romana, cuya expansión marca el hilo conductor de los dos libros traducidos. Al respecto véase:

A. MOMIGLIANO , A. SCHIAVONE (dirs.), Storia di Roma , Turín, Einaudi: I: Roma in Italia , 1988; II, 2: L’impero Mediterraneo. I principi e il mondo , 1991; II, 3: L’impero mediterraneo. La cultura e l’impero , 1992; IV: Caratteri e morfologie , 1989.

J. M. ROLDÁN , Historia de Roma. I: La República romana , Madrid, Cátedra, 1991.

—, Historia de Roma , Universidad de Salamanca, 1995.

—, J. M. BLÁZQUEZ , A. DEL CASTILLO , Historia de Roma. II: El Imperio romano , Madrid, Cátedra, 1995.

No obstante, desde un punto de vista cronológico, se debe puntualizar que el autor atiende, en concreto, a los orígenes de Roma, periodo arcaico, República e imperio de Augusto, finalizando con una breve referencia a su heredero Tiberio. En este sentido destacamos el trabajo de:

T. J. CORNELL , Los orígenes de Roma (c. 1000-264 a.C.). Italia y Roma de la Edad del Bronce a las Guerras Púnicas , Barcelona, Crítica, 1999 [= The Beginnings of Rome. Italy and Rome from the Bronze Age to the Punic Wars (c. 1000-264 BC) , Londres, Routledge, 1995].

En cuanto a los temas de carácter literario, en la obra de Estrabón cobra especial relevancia la utilización de fuentes historiográfícas griegas, respecto de lo cual se ha seguido, con carácter general, las obras de:

O. LENDLE , Einführung in die griechische Geschichtsschreibung , Darmstadt, 1992.

K. MEISTER , La storiografia greca , Roma-Bari, 1992 [Stuttgart-Berlín-Colonia, 1990].

Para el estudio de la geografía en el Mundo Antiguo resulta recomendable la consulta de:

G. AUJAC , La géographie dans le monde Antique , París, 1975.

P. PÉDECH , La géographie des Grecs , París, 1976.

Con atención a la obra de Estrabón, en particular, seleccionamos:

W. ALY , Strabonis Geographica , Bonn, 1957; id., Strabon von Amaseia. Untersuchungen über Text, Aufbau und Quellen der Geographika , Bonn, 1957.

A. M. BIRASCHI et alii, Strabone. Saggio di bibliografia 1469-1978 , Perusa, 1981.

Por otro lado, la referencia a autores y fuentes latinas es, sin duda, sensiblemente menor. Además, nuestro autor se sirve principalmente de autores que escribieron sus obras en griego en el periodo arcaico, en particular de los primeros analistas. En todo caso, y para mayor información, remitimos a los siguientes manuales:

M. VON ALBRECHT , Geschichte der römischen literatur von Andronicus bis Boethius , Berna-Múnich, 1992 [Historia de la literatura romana , Barcelona, 2 vols., 1997 y 1999].

M. BETTINI et alii, Storia della Letteratura Latina. Antropologia e cultura romana , Florencia, 1996.

C. CODOÑER (ed.), Historia de la literatura latina , Madrid, 1997.

Finalmente, teniendo en cuenta la frecuencia y variedad temática de las referencias del autor, nos parece también de utilidad para el lector la rápida consulta de dicionarios enciclopédicos, guías y atlas para una primera información:

F. BELTRÁN , F. MARCO , Atlas de Historia Antigua , Zaragoza, 1987.

W. BUCHWALD , A. HOHLWEG , O. PRINZ , Tusculum-Lexikon griechischer und lateinischer Autoren des Altertums und des Mittelalters , Múnich, 1982 [= Tusculum-dictionnaire de auteurs grecs et latins de l’Antiquité et du Moyen Âge , París, 1992; ad. rev. y actualizada].

F. DELLA CORTE , Dizionario degli scrittori greci e latini , 3 vols., Milán, 1987.

P. GRIMAL , Diccionario de mitología griega y romana , Barcelona, 1981 [París, 1951],

G. HACQUARD , Guide Romain Antique , París, 1952 [Guía de la Roma Antigua , Madrid, 1995].

M. C. HOWATSON (ed.), Oxford Companion to Classical Literature , Oxford, 1989 [2.a ed. sobre la ed. de P. Harvey de 1937 = Diccionario de la Literatura Clásica , Madrid, 1991].

NUESTRA TRADUCCIÓN

En último lugar, anotamos las ediciones que incluyen el texto griego y que hemos seguido para la realización de nuestro trabajo:

H. L. JONES , The Geography of Strabo , vols. II (books III-V) y III (VI-VII), Cambridge (Mass.), 1988 [repr.].

F. LASSERRE , Strabon. Géographie , vol. III (Livres V-VI), París, Les Belles Lettres, 1967.

No cabe duda de que la edición francesa de Laserre resulta más fiable para el seguimiento del texto griego. Asimismo, la breve pero certera introducción, el rigor de las abundantes notas a la traducción y el apoyo de mapas y léxico facilitan el trabajo del filólogo.

Por nuestra parte, el trabajo que tiene el lector en sus manos vierte por primera vez en la lengua española la traducción de los dos libros relativos a Italia (V-VI), de capital importancia para el estudioso del mundo clásico, historiadores y filólogos en igual medida. El proyecto de la Biblioteca Clásica Gredos, felizmente, suplirá, tras su culminación, un vacío apenas cubierto por los trabajos parciales como los de A. GARCÍA BELLIDO , España y los españoles hace dos mil años según la Geografía de Estrabón , Madrid-Buenos Aires, 1945, con traducción y comentario, y de A. SCHULTEN , La Geografía de Iberia , Barcelona, 1952, con edición, traducción y comentario, que respondieron más al interés local por el libro III dedicado a la península Ibérica.

VARIANTES TEXTUALES


LIBRO V

SINOPSIS

CAPÍTULO 1

Prólogo, 1-3. — Primera parte: la llanura del Po, 4-12.

CAPÍTULO 2

Segunda parte: la Liguria italiana, 1. — Tercera parte: la Tirrenia, 1-9. — Cuarta parte: Umbría, 10.

CAPÍTULO 3

Quinta parte: la Sabina, 1. — Sexta parte: el Lacio y Roma, 2-13.

CAPÍTULO 4

Séptima parte: el Piceno y el centro de la Península, 1-2. — Octava parte: la Campania y el Samnio, 3-13. — Novena parte: el territorio de los picenos, 13.


CAPÍTULO 1

Prólogo, §§ 1-3

La Italia actual comienza al pie de [1] las montañas de los Alpes 1 . Ciertamente, los antiguos solían llamar a Italia Enotria 2 , al territorio que se extendía desde el estrecho de Sicilia hasta los golfos de Tarento y Posidonia, pero este nombre acabó prevaleciendo y ha llegado a comprender el territorio que alcanza el pie de los Alpes. Además incorporó tanto el territorio de la Liguria 3 , que se extiende, por un lado, desde las fronteras de los tirrenos hasta el río Varo y el mar que baña aquellos límites, y, por el otro, desde Istria hasta Pola. Se podría conjeturar que los primeros pueblos que tuvieron el nombre de itálicos, debido a su prosperidad, dieron también este apelativo a sus vecinos más próximos, y que, con posterioridad, se fueron incrementando en un proceso similar hasta la época de la conquista romana 4 . Tiempo después de que los romanos concedieran el derecho de ciudadanía a los italiotas, les pareció igualmente oportuno conceder la misma distinción a los galos cisalpinos y a los vénetos 5 , además de llamar a todos italiotas y romanos y de establecer un gran número de colonias, unas de inmediato, otras después, en comparación con las cuales no era fácil afirmar que hubiera otras mejores.

No cabe duda de que no resulta sencillo delimitar toda la [2] Italia actual en una figura geométrica, no obstante algunos autores 6 sugieren que consiste en un promontorio triangular orientado hacia el sur y el levante invernal 7 , con su vértice en el estrecho de Sicilia y su base en los Alpes. Ciertamente 〈…〉 se debe estar de acuerdo con esta opinión en relación a uno de los lados, el que termina en el estrecho y es bañado por el mar Tirreno. Pero «triángulo» es el nombre específico de una figura rectilínea, mientras que, en este caso, tanto la base como los lados son curvos, de manera que, si yo digo «estar de acuerdo», hay que establecer que ambos, base y lado, pertenecen a una figura curvilínea y admitir que la orientación de este lado es hacia el levante. En cuanto al resto de la explicación dada por estos autores resulta insuficiente al proponer un solo lado desde el golfo del Adriático hasta el estrecho. En efecto, dícese «lado» de la línea sin ángulo y no se forma un ángulo cuando sus diferentes secciones no convergen entre sí, o bien, cuando no lo hacen en su mayor parte, y, en este caso, convergen por completo la que va desde Arimino hasta el cabo de Yapigia y la que va desde el estrecho hasta el mismo cabo. A mi entender, se puede decir otro tanto de la que comienza en el golfo del Adriático y de la que lo hace en Yapigia, en la medida en que forman un ángulo al converger sobre la región de Arimino y Rávena, y si no un ángulo, al menos una curva considerable. De este modo, si por un caso se siguiera en navegación costera desde el golfo hasta Yapigia, éste sería un lado no recto. En cuanto al resto, desde allí hasta el estrecho, podría describirse como cualquier tipo de lado, pero en ningún caso como rectilíneo. En consecuencia, se debería hablar de una figura de cuatro lados más que de una de tres, y de ningún modo de un triángulo, a no ser por catacresis. Es preferible reconocer que la descripción de figuras no geométricas 〈no〉 resulta de fácil representación.

[3] Sin embargo, procediendo por partes, se puede decir que el pie de monte de los Alpes describe una curva semejante a un golfo cuyo seno está tendido hacia Italia. La parte central del golfo está orientada hacia los Salasos, en tanto que sus extremos, replegados hacia el interior, confluyen, el uno, con el monte Ocra y con el golfo del Adriático, el otro, en el litoral ligur, hasta Genua, emporio de los ligures, en donde los montes Apeninos se juntan con los Alpes. Seguidamente se extiende una llanura considerable, de anchura prácticamente igual a su largura, de dos mil cien estadios 8 . Su lado meridional linda con el litoral de los vénetos y con los montes Apeninos que descienden hasta las vecinas Arimino y Ancona. En efecto, esta cadena, que comienza en Liguria, llega hasta el Tirreno dejando a un lado un angosto litoral; a continuación, girando poco a poco hacia el interior, cuando se encuentra frente la región de Pisa, se torna hacia el este y hacia el Adriático, hasta la región de Arimino y Ancona, en donde se une en línea recta con el litoral de los vénetos. Éstos son, por tanto, los límites que encierran la Galia Cisalpina ** 9 .

El resto de Italia es un territorio estrecho y alargado que culmina en dos extremos, uno en el estrecho siciliano, el otro en Yapigia, y que en sus dos lados está constreñido por el Adriático, por un lado, y por el mar Tirreno, por el otro. *Así, la extensión de su litoral 〈desde las montañas hasta Yapigia〉 es de unos seis mil trescientos estadios 10 , mientras su anchura es un poco menos de mil* 11 . Por su forma y dimensiones, el Adriático es parecido a la parte de Italia que delimitan los montes Apeninos y cada uno de los dos litorales que la bordean hasta Yapigia, por un lado, y hasta el istmo que separa los golfos de Tarento y Posidonia, por el otro. En efecto, la máxima anchura de ambos alcanza en torno a los mil trescientos estadios 12 y 〈no〉 mucho menos de seis mil 13 de largura. El territorio restante es el que ocupan los brutios y una parte de los lucanos. Por otra parte, Polibio 14 indica que, recorrido a pie, el litoral que va desde Yapigia hasta el estrecho es de tres mil estadios, mientras que en navegación —por el mar de Sicilia, como llama al que lo baña— son quinientos menos. Los montes Apeninos, después de alcanzar las regiones de Arimino y Ancona, al tiempo que delimitan, de mar a mar, la anchura de Italia, cambian de dirección y cortan, a lo largo, todo el territorio. Es más, hasta el territorio de los peucetios y el de los lucanos apenas se alejan del Adriático; pero, nada más alcanzar el de los lucanos, se inclinan más hacia el otro mar y, en el resto de su trazado, que atraviesa el centro del territorio de lucanos y brutios, llegan a su fin en el lugar llamado Leucópetra, distrito de Regio.

No cabe duda de que lo que se ha dicho sobre el conjunto de la Italia actual es un mero esbozo; pero, retomándola, vamos a tratar de describir cada una de sus partes, comenzando por el territorio subalpino.

Primera parte: la llanura del Po. §§ 4-12

[4] Esta región está formada por una llanura extremadamente rica y jalonada por fértiles colinas 15 . El Po la divide prácticamente por la mitad en dos regiones que se llaman, respectivamente, Cispadana y Transpadana: la Cispadana, hasta los montes Apeninos y la Liguria; la Transpadana, que comprende el resto. La primera está habitada por pueblos de la etnia ligur y celta, aquéllos en las montañas, éstos en las llanuras; la segunda, por celtas y vénetos. Estos celtas pertenecen sin duda a la misma etnia que los transalpinos, pero en cuanto a la filiación de los vénetos existe una doble explicación. En efecto, algunos 16 afirman que éstos son colonos de los celtas del mismo nombre que habitan en los bordes del océano, mientras otros 17 los identifican con ciertos vénetos de Paflagonia que llegaron aquí junto con Anténor, poniéndose a salvo de la guerra de Troya, y como prueba de ello aducen su cuidado en la cría de caballos, actividad que hoy está finalmente perdida, si bien en otro tiempo era entre ellos motivo de orgullo en recuerdo de su antiguo celo en la cría de jumentos mulares. Y así lo recuerda Homero:

Del país de los vénetos, de donde procede la raza de las montaraces mulas 18 .

Incluso Dionisio, tirano de Sicilia, aprendió de ellos la cría de caballos de competición, hasta el punto de que entre los griegos se le denominó «doma henética» 19 y durante mucho tiempo esta raza fue muy renombrada.

[5] Asimismo, todo este territorio está lleno de ríos y ciénagas, pero, en particular, el de los vénetos. A éste, además, le afectan las variaciones del mar, ya que es casi el único lugar de nuestro mar en el que se producen los mismos fenómenos que en el océano; allí tienen lugar flujos semejantes de pleamar y bajamar, como consecuencia de los cuales la mayor parte de la llanura está plagada de marismas. Pero, como en el territorio llamado Bajo Egipto, se ha procedido a derivar las aguas mediante canales y diques, y así, mientras unas zonas han sido drenadas y están siendo cultivadas, otras se utilizan para la navegación. En cuanto a las ciudades, unas son verdaderas islas, mientras otras están sólo parcialmente bañadas por las aguas. Aquellas ciudades del interior que están ubicadas sobre las marismas, cuentan con vías fluviales dignas de admiración, en particular 〈cuantas recorre〉 el Po. Es, desde luego, el más importante curso fluvial y, además, las frecuentes lluvias y nevadas le hacen rebosar. En su desembocadura se divide en multitud de brazos, lo que deja oculta su boca principal que resulta casi inaccesible. Pero la experiencia se sobrepone incluso a las más grandes dificultades.

Así pues, como iba diciendo 20 , la mayor parte de este [6] río estaba habitado antiguamente por los celtas. Las tribus más importantes de estos celtas eran los boyos, los insubres y los senones, quienes junto con los gésatas conquistaron en un primer intento el territorio de los romanos 21 . Bien es cierto que, con posterioridad, los romanos exterminaron por completo a estos dos pueblos y expulsaron a los boyos de la región 22 . Tras haberse mudado a la región del Istro, vivían junto a los tauriscos, en estado de guerra permanente contra los dacios, hasta que la totalidad de la tribu terminó por perecer, y, así, dejaron el territorio, que pertenece a Iliria, como pastizales ovejeros para sus vecinos. Por el contrario, los insubres todavía existen. Tenían por capital Mediolanio, antaño una villa (pues todos vivían en villas), pero hoy una ciudad importante, situada en la orilla opuesta del Po, al pie de los Alpes. Próxima a ésta se encuentra Verona, también una gran ciudad. De menor tamaño son Brixia, Mantua, Regio y Como. Esta última era un asentamiento de pequeñas dimensiones, pero, después de haber sido devastada por los retios, que vivían en la región superior, Pompeyo Estrabón, padre de Pompeyo el Grande, fundó una nueva ciudad. Posteriormente, Gayo Escipión le añadió tres mil colonos y, a continuación, el divino César incorporó cinco mil habitantes más, de entre los cuales los quinientos griegos eran los más ilustres. Y así, finalmente, les concedió el derecho de ciudadanía, además de inscribirlos en el censo de colonos. Por otra parte, aquellos griegos no sólo eran miembros de la comunidad que allí habitaba, sino que al menos también dieron su nombre a la nueva fundación: en efecto, todos ellos pasaron a llamarse «neocometes» —se postula que de aquí procede su traducción latina Novum Comum 23 . Cerca de este lugar se encuentra un lago llamado Lario, al que alimenta con sus aguas el río Adua, que después desemboca en el Po. Nace en los manantiales del monte Adula, donde se hallan igualmente los del Rin 24 .

[7] En suma, las ciudades referidas están situadas en su mayor parte sobre marismas. A no mucha distancia, Patavio, la más importante de toda aquella región, la cual se estima que cuenta, al menos en un censo reciente 25 , con quinientos hombres a caballo, y que ya en el pasado tenía en armas un ejército de ciento veinte mil soldados. Por otra parte, la gran cantidad de manufacturas que envían a los mercados de Roma, en especial sus prendas para el vestido, muestra la importancia de la población de la ciudad y su cualificación artesanal. Tiene comunicación con el mar en navegación fluvial por un río que atraviesa las marismas a lo largo de doscientos cincuenta estadios 26 desde un gran puerto. Dicho puerto tiene el mismo nombre que el río: Medóaco.

En mitad de las marismas se encuentra la ciudad más importante, Rávena, construida toda ella en madera y atravesada por corrientes de agua que se salvan mediante puentes y barcazas. En la pleamar recibe un aporte importante de aguas marinas, hasta el punto de que, gracias a éstas y a las corrientes fluviales, que arrastran los fangos, toda la villa se purifica de pestilencias. Ciertamente, la salubridad de este lugar es tan reconocida que las autoridades han ubicado allí la instrucción y entrenamiento de gladiadores 27 . No cabe duda de que resulta admirable esta cualidad de aquellos lugares: que los aires sean inocuos en plena marisma, como ocurre en verano en la Alejandría de Egipto, cuando el lago pierde su nocividad gracias a la crecida del Nilo y a la consiguiente desaparición de las aguas estancadas. No obstante, todavía resulta más sorprendente el comportamiento de la viña, pues, plantada en la marisma, ésta la hace crecer con rapidez y dar una abundante cosecha, si bien a los cuatro o cinco años la planta se muere.

También está ubicada en unas marismas Áltino, con una disposición semejante a Rávena. En medio de ambas se encuentran Butrio, pedanía de Rávena, y Espina, en la actualidad una pequeña ciudad, pero en el pasado una renombrada ciudad griega. De hecho, está expuesto en Delfos el tesoro de los espínetas y, por otro lado, cuenta la historia sobre ellos que llegaron a ejercer un dominio marítimo. Añaden que entonces estaba situada a la orilla del mar, mientras que hoy en día se encuentra en el interior, a noventa estadios 28 de distancia del mar.

Se dice 29 también que Rávena fue fundada por los tesalios, pero que, como no podían resistir las agresiones de los tirrenos, abrieron voluntariamente sus puertas a algunos de los umbros, que incluso en la actualidad ocupan la ciudad, y ellos regresaron a su lugar de origen.

Así pues, estas ciudades están, en su mayoría, rodeadas de marismas y, en consecuencia, se hallan sometidas al peligro de inundaciones.

[8] Opitergio, Concordia, Atria, Vicetia y otras villas semejantes están menos perturbadas por marismas, pero también cuentan con menos vías de navegación fluvial con el mar. Cuentan que Atria llegó a ser una ilustre ciudad, de la cual incluso habría tomado su nombre el golfo de Adria, con una mínima modificación de sus letras. Aquileya, que está emplazada en concreto en la parte más profunda del golfo, es de fundación romana 30 , erigida como guarnición contra los bárbaros del interior. Es posible remontar el curso del río Natisón con naves de carga a lo largo de más de sesenta estadios 31 ; de hecho, su mercado está abierto a los pueblos ilirios que habitan alrededor del Istro 32 : éstos se llevan productos importados por mar, vino almacenado en toneles de madera, que llevan en sus carros bien cargados, y aceite, mientras aquéllos lo cambian por esclavos, ganado y pieles. Pero Aquileya está fuera de las fronteras de los vénetos. Éstas las delimita el curso de agua 33 que fluye desde los Alpes, posibilitando la navegación fluvial a través de los mil doscientos estadios que llegan hasta la ciudad de Noreya, en cuyos alrededores Gneo Garbo intentó en vano enfrentarse a los cimbros 34 . Esta región tiene una buena disposición natural para los lavaderos de oro y para la industria del hierro.

En el mismo fondo del golfo de Adria se erige el santuario de Diomedes, el Timavo, digno de mención. En efecto, posee un puerto, un magnífico recinto sagrado y siete fuentes de agua dulce que de inmediato desembocan en el mar a través de un curso ancho y profundo. Sin embargo, Polibio 35 afirma que, excepto una, las demás son de agua salada y que, de acuerdo con ello, los lugareños llaman a este lugar «fuente y madre del mar» 36 . Por el contrario, Posidonio 37 , dice que un río, el Timavo, precipitándose desde las montañas se hunde en una sima, y que, después de discurrir bajo tierra alrededor de ciento treinta estadios, brota cerca de su desembocadura en el mar.

[9] Testimonio del dominio de Diomedes sobre este mar son tanto las «Islas de Diomedes» 38 como la historia de los daunios y de Argos Hipio, a lo que nos referiremos 39 más adelante en la medida en que ofrezcan una utilidad para nuestra narración histórica. Por el contrario, resulta necesario dejar de lado la mayor parte de relatos míticos o fabulosos tales como los de Faetón y las Helíadas, metamorfoseadas en álamos negros a la orilla del Erídano —no existe tal en lugar alguno de la tierra, aunque se dice que está próximo al Po—, o también el de las islas Eléctrides, situadas delante del Po, y las Meleágrides que las habitaban, pues nada de esto existe realmente en estos lugares. Tiene naturaleza histórica 40 , empero, el relato de ciertos honores tributados a Diomedes por parte de los vénetos. Ciertamente, todavía le sacrifican un caballo blanco, al igual que son visibles dos santuarios, uno consagrado a Hera argiva, el otro a Ártemis etolia. Pero, como es natural, van ligados a estos recintos sagrados relatos fantásticos que cuentan cómo conviven en paz las fieras y comparten un mismo rebaño los ciervos con los lobos, que permiten a los hombres acercarse y acariciarlos, y que quien es perseguido por perros, una vez que encuentra aquí refugio, ya no sufre su persecución. Se cuenta que uno de los hombres más prominentes del lugar, conocido por ofrecerse para prestar fianzas, y motivo de burla por ello, se encontró por casualidad con unos cazadores que tenían un lobo capturado en sus redes. Tras preguntarle en broma si ofrecía una fianza por el lobo, por el coste de los daños que pudiera causar al soltarlo de sus ligaduras, aceptó el acuerdo. Una vez liberado, el lobo condujo una manada de caballos sin marcar, que había reunido en número considerable, hasta los establos de su fiador. Aquél, como prueba de su gratitud hacia el animal, marcó los caballos con un lobo y se les hizo llamar «licóforos» (estos caballos destacan más por su rapidez que por su belleza). En cuanto a su descendencia, que conserva la marca además del nombre de esta raza de caballos, se estableció la norma de no vender al exterior ninguna hembra, para que la raza genuina se mantuviera sólo entre ellos, toda vez que esta raza equina se había hecho célebre. Mas hoy en día, como dijimos 41 , esta suerte de práctica ha desaparecido por completo.

Después de Timavo viene el litoral de Istria hasta Pola, que pertenece a Italia 42 . Y, entre las dos, la guarnición de Tergeste, que dista de Aquileya ciento ochenta estadios 43 . Por su parte, Pola se asienta en un golfo en forma de puerto, en el que se reparten islotes fértiles y con buenos fondeaderos. Su fundación correspondió antiguamente a los colcos que fueron enviados en persecución de Medea y que, al fracasar en su empresa, se condenaron a sí mismos al exilio:

un griego la llamará la de los exilados ,

como Calímaco ha dicho,

pero en la lengua de aquéllos se ha llamado Pola 44 .

Así pues, los vénetos y los istros ocupan el territorio de la Transpadana que llega hasta Pola; y más arriba de los vénetos, carnos, cenomanos, medóacos e insubres. Algunos de ellos fueron enemigos de los romanos, pero los cenomanos y los vénetos fueron sus aliados, tanto antes de la campaña de Aníbal, cuando estaban en guerra con los boyos y los insubres, como después 45 .

[10] Los habitantes de la Cispadana ocupan todo el territorio que delimita el arco de los montes Apeninos, que, en dirección a los Alpes, llega hasta Genua y Sábata. La mayor parte la ocupaban boyos, ligures, senones y gésatas. Pero, después de que los boyos fueron expulsados y aniquilados los gésatas y senones 46 , sólo permanecen tribus ligures y colonias de los romanos. Además, con estos romanos están mezclados miembros de tribus umbrias y, en otros lugares, tirrenos. En efecto, antes de la masiva expansión de los romanos ambas etnias mantenían entre sí cierta rivalidad por su preeminencia y, como entre medio de ellos sólo tenían el río Tiber, se cruzaban ataques recíprocos con facilidad. Y, si uno de los dos llevaba a cabo una campaña contra otro pueblo, la querella incitaba a los otros a no quedarse atrás en enviar una expedición a los mismos lugares. Hasta tal punto que, en cierta ocasión, en la que los tirrenos enviaron un ejército contra los bárbaros que habitaban la región del Po y la culminaron con éxito, cuando, por su molicie, al punto se convirtió en derrota, los otros salieron en campaña contra quienes los habían rechazado. Posteriormente, al entrar en disputas sucesivas por otros lugares, establecieron un gran número de colonias, unas de los tirrenos, otras de los umbros, las más numerosas, pues los umbros se encontraban más cerca. Cuando los romanos tomaron el territorio bajo su control y enviaron colonos por todas partes, contribuyeron, empero, a preservar la estirpe de los colonos que les habían precedido. Así, aunque hoy en día son todos romanos 47 , no es menos habitual que algunos se refieran a ellos como umbros, tirrenos, al igual que en el caso de los vénetos, ligures e insubres.

[11] En la Cispadana y en las orillas del Po se encuentran ciudades famosas como Placentia y Cremona, en mitad del territorio, que son las más cercanas entre sí, y, tras ellas, Arimino, Parma, Mutina y Bononia, cerca ya de Rávena, además de pequeñas poblaciones insertadas en medio de aquéllas que jalonan la ruta hacia Roma: *Ácara*, Regio Lépido, Campos Largos, en donde cada año tiene lugar una fiesta Panegiria, Claterna, Foro Cornelio; Favencia y Césena, próximas, respectivamente, a los ríos Sapis y Rubicón, están tocando ya a Arimino. Arimino es una colonia umbra, como también Rávena, si bien una y otra han acogido colonos romanos 48 . Cuenta Arimino con un puerto y un río del mismo nombre. Desde Placentia hasta Arimino hay mil trescientos estadios 49 de distancia. Sobre Placentia, en dirección a las fronteras del territorio de Cotio, a treinta y seis millas 50 , la ciudad de Ticino y la ribera del río del mismo nombre, afluente del Po, y, un poco más adelante, en un camino paralelo 51 , Clastidio, Dertona y Aquae Statiellae . Respecto a la ruta que va directa a Ocelo, paralela a los ríos Po y Duria, en su mayor parte bordeando precipicios y sorteando muchos otros cursos fluviales, entre los cuales está también el Druentia, alcanza las noventa millas 52 . En este punto 53 comienzan los Alpes y la Céltica […] 54 . Dertona es una ciudad digna de mención, situada a mitad del camino que va de Genua a Placencia, separadas una de otra por cuatrocientos estadios 55 ; también está en esta misma ruta Aquae Statiellae 56 . Ya se ha indicado 57 la distancia que hay desde Placencia hasta Arimino, en tanto que remontando el Po hasta Rávena es de dos días y dos noches.

Una gran parte de la Cispadana está ocupada por marismas, a lo largo de las cuales Aníbal pasó grandes penalidades al atravesarlas en dirección a la Tirrenia. Sin embargo, Escauro terminó por secar estas llanuras excavando canales navegables desde el Po hasta Parma. Ciertamente, a la altura de Placencia el Trebia, que confluye con el Po y, ya anteriormente, con otros cursos, llenan su caudal en demasía. Este Escauro 58 es también el constructor de la Vía Emilia que, atravesando Pisa y Luna, llega hasta Sábata y después cruza Dertona. Existe otra Vía Emilia que es una prolongación de la Flaminia. En efecto, fue en el tiempo en que compartían el consulado Marco Lépido y Gayo Flaminio cuando, tras haber sometido a los ligures, el primero construyó la Vía Flaminia, que va desde Roma hasta la región de Arimino, a través de la Tirrenia y la Umbría, en tanto el segundo la continuó hasta Bononia, y, desde allí, a lo largo de las faldas de los Alpes y bordeando las marismas, hasta Aquileya.

La frontera entre este territorio, al que llamamos Galia Cisalpina, y el resto de Italia está delimitada por la cordillera apenina, en la parte que se extiende sobre la Tirrenia, y por el río Esis, y, posteriormente, por el Rubicón 59 ; ambos ríos desembocan en el Adriático.

[12] La excelencia de estos lugares es evidente tanto en su numerosa población, como en la dimensión y riqueza de sus ciudades, por todas las cuales los romanos de aquellos lugares aventajan a los del resto de Italia. En verdad, la tierra cultivada suministra frutos abundantes y variados, al tiempo que los bosques dan tal cantidad de bellotas que Roma se alimenta casi en su totalidad de las piaras de cerdos que allí pastan. La producción de mijo es igualmente excepcional gracias a su riego abundante; y este producto es el mejor recurso contra la hambruna, pues soporta todas las condiciones del clima y no hay peligro de que falte, cuando haya escasez de otros cereales. Cuenta también con admirables factorías de pez; revelan la abundancia de vino las tinajas y el hecho de que los toneles de madera son más grandes que una casa; la abundancia de pez contribuye, en gran medida, a su buena crianza. En cuanto a la lana, la de textura suave se produce en los alrededores de Mútina y del río Escultana, con diferencia, la más hermosa de todas, en tanto la clase áspera, la que se emplea en su mayoría para usos domésticos de los italiotas, es la de la Liguria y la de los insubres; un tipo intermedio, lo produce la región de Patavio, de la cual se hacen lujosos tapices, paños 60 y toda clase de artículos de este género, trenzados por una o por ambas caras. Por el contrario, en lo que se refiere a las minas, actualmente no se aplican con la misma intensidad que antaño, quizás porque los yacimientos de la Galia Transalpina y de Iberia son más productivos 61 , si bien antaño los explotaban a fondo, como cuando había una mina de oro en Vercelos —una aldea cercana a Ictumulas, que es también una aldea, situadas ambas en las cercanías de Placencia.

Así pues, téngase hasta aquí por recorrida esta primera parte de Italia.

CAPÍTULO 2

Segunda parte: la Liguria italiana, § 1

Hablemos de una segunda región, la Liguria, que está en los mismos montes Apeninos, situada en medio de las que en la actualidad se llaman Céltica y Tirrenia, y que en modo alguno es merecedora de una descripción detallada, salvo por el hecho de que sus habitantes viven en aldeas y que su suelo resulta duro para labrar y cavar, y mucho más, como dice Posidonio 62 , para picar sus piedras.

Tercera parte: la Tirrenia, §§ 1-9

La tercera es la de los tirrenos, sus vecinos inmediatos, que ocupan las llanuras que llegan hasta el río Tíber, y que, especialmente en su lado este, reciben las aguas de este río hasta su desembocadura, mientras el lado opuesto es batido por las de los mares Tirreno y Sardo. El río Tíber fluye desde los montes Apeninos y se recrece por sus muchos afluentes, atravesando en una parte de su recorrido la misma Tirrenia y, a continuación, delimitando el territorio umbrio, en primer lugar, y después el de los sabinos y los latinos, que ocupan la región de Roma hasta la costa. Estos territorios se extienden, a lo ancho, más o menos paralelos al río y al Tirreno, mientras que, a lo largo, se suceden uno tras otro; y se adentran en la parte de los montes Apeninos que se aproxima al Adriático, en el siguiente orden: los umbros los primeros, después de éstos los sabinos y en último lugar, los que ocupan el Lacio, comenzando todos ellos desde el río. El territorio de los latinos, pues, está situado entre el litoral, desde Ostia hasta la ciudad de Sinuesa, y el territorio de los sabinos (Ostia es el puerto de Roma y el lugar en el que desemboca el Tíber después de fluir junto a aquélla 63 ), y, a lo largo, se extiende hasta la Campania y los montes Samnitas. Por su parte, el territorio sabino está situado entre los latinos y los umbros y se extiende también hasta las montañas Samnitas, pero en su mayor parte alcanza los Apeninos, en la parte que habitan vestinos, pelignios y marsos. En cuanto a los umbros, se sitúan en medio de la Sabina y la Tirrenia, y llega hasta Arimino y Rávena, más allá de las montañas. El territorio de los tirrenos llega a su fin al pie de estas montañas que lo rodean desde la Liguria hasta el Adriático, tomando como punto de partida el mar que lleva su nombre y el Tíber. Mas, vamos a tratar en detalle cada una de sus partes, tomando como punto de partida a estos mismos tirrenos.

Es cierto que los romanos se refieren a los tirrenos como [2] «etruscos» y «tuscos». Pero los griegos los llamaron así, según se dice 64 , en recuerdo de Tirreno, hijo de Atis, que envió colonos hasta aquí desde Lidia. En efecto, a causa del hambre y las penurias, Atis, uno de los descendientes de Heracles y Ónfale, de entre los dos hijos que tenía se quedó, echándolo a suertes, con Lido, mientras a Tirreno le hizo partir en una expedición acompañado de la mayor parte de su pueblo. A su llegada, llamó a este territorio con su propio nombre, Tirrenia, y fundó doce ciudades, poniendo al frente del gobierno de todas ellas a Tarco, de quien recibe el nombre la ciudad de Tarquinia, en torno al cual se había creado la leyenda 65 de que había nacido con el cabello cano por la gran inteligencia que había mostrado desde su niñez. Así pues, al encontrarse entonces bajo el mando de un solo líder mostraron una gran pujanza, pero parece razonable suponer que, algún tiempo después, se debilitó su confederación y que, tras sucumbir a la violencia de sus vecinos, se vieron disgregados en ciudades independientes. De no ser así, difícilmente habrían abandonado una tierra fértil para trasladarse al mar y vivir de la piratería, dedicándose cada uno a una zona diferente del mar, puesto que, en cuantas ocasiones unieron sus esfuerzos, fueron capaces no sólo de defenderse de quienes les atacaban, sino también de responder con un contrataque y llevar a cabo una campaña de gran envergadura. Después de la fundación de Roma, llegó Demarato 66 acompañado por gentes de Corinto y, tras haber sido acogido por los tarquinitas, engendró en una mujer del lugar un hijo llamado Lucumón. Después de haberse convertido en amigo de Anco Marcio, el rey de los romanos, éste subió al trono y tomó por nombre el de Lucio Tarquinio Prisco. Ciertamente, se ocupó personalmente, como antes lo había hecho su padre, de embellecer la Tirrenia, tanto con los abundantes recursos de los artesanos que le habían acompañado desde su lugar de origen, como con los suministros de Roma. Se dice también que los ornamentos triunfales, las insignias de los cónsules y, en general, los emblemas de los magistrados, fueron llevados a Roma desde Tarquinia, al igual que las fasces, hachas, trompetas, ceremonias religiosas, el arte adivinatoria y la música, que los romanos utilizan en los actos públicos. El hijo de éste fue Tarquinio II, llamado el «Soberbio», quien, con su caída, puso fin a esta dinastía. Porsinas, rey de Clusio, ciudad del Tirreno, intentó hacerse con ese trono por las armas, mas, como no fue capaz de lograrlo, tras poner fin a su enemistad con los romanos pasó a ser su aliado por medio de honores y pingües regalos.

Hasta aquí, pues, lo relativo al ilustre pasado de los tirrenos. [3] A continuación, hay que referirse a los éxitos que correspondieron a los ceretanos 67 . En efecto, derrotaron en combate a los gálatas que habían tomado Roma, atacándoles en el camino de retorno en tierras de los sabinos, y les despojaron, desde luego contra su voluntad, del botín que les habían entregado los romanos voluntariamente. Al mismo tiempo, salvaron a los romanos que en su huida habían acudido en busca de su auxilio, además del fuego inmortal y a las sacerdotisas de Hestia. No parece, en verdad, que los romanos les hayan reconocido con suficiente gratitud el favor que les prestaron en una época en la que estaban mal gobernados, pues, si bien les concedieron el derecho de ciudadanía, no llegaron a inscribirlos en el registro de ciudadanos, sino que, por el contrario, los relegaron, como a otros que no participaban del derecho de isonomía , a quedar inscritos en las llamadas Tablas Ceretanas 68 .

La propia ciudad disfrutó de una gran reputación entre los griegos por su valentía y por su sentido de la justicia, ya que, a pesar de que su poderío era el más notable, se apartaron de la piratería, e incluso depositaron en Pitón el llamado «Tesoro de los Agileos». En efecto, la actual Cere se llamaba anteriormente Agila y se dice que fue una fundación de los pelasgos 69 que habían llegado desde Tesalia. Mas, con ocasión de una campaña militar contra los agileos, uno de los lidios, que por entonces habían tomado como nuevo nombre el de tirrenos, se acercó a la muralla y preguntó el nombre de la ciudad, y, cuando uno de los tesalios le dijo en saludo de respuesta caere 70 , los tirrenos entendieron esta palabra como un buen presagio y, tras su conquista, le dieron este nuevo nombre a la ciudad.

Esta ciudad, empero, sólo conserva actualmente vestigios de un pasado tan ilustre y esplendoroso, incluso las cercanas aguas termales, llamadas Baños Ceretanos, tienen una población mayor por el número de visitantes que llegan en busca de su curación.

En cuanto a los pelasgos, casi todos los autores 71 están [4] de acuerdo en que se trata de una antigua tribu que poblaba toda la Hélade, en particular en las proximidades de los eolios de Tesalia. Éforo 72 dice ser de la opinión de que, arcadios de origen, escogieron la milicia como medio de vida y que, al impeler a muchos a seguir esta misma dirección, hicieron a todos partícipes de su nombre, al tiempo que adquirieron un gran renombre tanto entre los griegos como entre otros pueblos, con los cuales pudieron haber entrado en contacto en alguna ocasión. De cierto también, llegaron a ser colonizadores de Creta, según dice Homero; así le dice Odiseo a Penélope:

lenguas diversas están mezcladas unas con otras: hay en

ella aqueos, eteocretenses, de gran corazón, y cidones y

dorios, los de las tres tribus, y divinos pelasgos 73 .

Y se llama «Argos pelásgica» a Tesalia, a la zona comprendida entre la desembocadura del Peneo y las Termópilas hasta la región montañosa del Pindo, por haber sido los pelasgos los dueños de este territorio. El mismo poeta llama «pelásgico» a Zeus de Dodona:

Soberano Zeus, dodoneo, pelásgico … 74 .

Muchos 75 también han llamado «pelásgicos» a los pueblos del Epiro, como si hubieran llegado hasta aquí sus dominios. Al haber dado también el nombre de «pelasgos» a un gran número de sus héroes, los que les han sucedido después han hecho de este epónimo el apelativo de muchos pueblos. Así, por ejemplo, se ha llamado «pelásgica» 76 a Lesbos y Homero ha aludido a «los vecinos pelasgos» en relación con los cilicios de la Tróade:

Hipótoo guiaba las tribus de los pelasgos, de lanza renombrada,

aquellos que habitaban Larisa, la de fértiles glebas 77 .

Para Éforo, Hesíodo es la primera autoridad en cuanto a la procedencia arcadia de esta tribu; así dice:

Hijos nacieron de Licaón, semejante a un dios ,

al que, a su vez, había engendrado Pelasgo 78 .

Esquilo dice en las Suplicantes 79 o en las Danaides que el origen de este pueblo está en Argos, próxima a Micenas. También, Éforo señala que el Peloponeso fue llamado «Pelasgia», del mismo modo que Eurípides apunta en su Arquelao lo siguiente:

Dánao, padre de cincuenta hijas ,

tras su llegada a Argos se estableció en la ciudad de Ínaco ,

y decretó que en toda la Hélade se llamara dánaos

a quienes, con anterioridad, habían tenido el nombre de pelasgiotas » 80 .

Anticlides 81 , por su parte, afirma que éstos fueron los primeros en establecerse en Lemnos e Imbros y que, además, algunos de ellos tomaron parte al lado de Tirreno, hijo de Atis, en la expedición que fue a Italia. Hasta los autores de Atthídes 82 han escrito sobre los pelasgos como si hubieran llegado a estar también en Atenas, pero observan que fueron llamados por los habitantes del Ática «pelargos» 83 , por su vida nómada y porque, según la costumbre de estas aves, emigraban a lugares en los que se establecían al azar.

[5] Por otro lado, se dice que la parte más extensa de la Tirrenia es el litoral que va desde Luna hasta Ostia, aproximadamente unos dos mil quinientos estadios 84 , mientras que, su anchura, hasta las cadenas montañosas, es menos de la mitad. Asimismo, hay más de cuatrocientos estadios desde Luna hasta Pisa, desde allí hasta Volaterras doscientos ochenta, y, de nuevo, desde aquí hasta Populonia doscientos setenta; desde Populonia hasta Cosa hay cerca de ochocientos, si bien, según opinan otros, son seiscientos 85 , en tanto que Polibio propone cuatrocientos dentro de una distancia total de mil trescientos cincuenta. Entre ellas, Luna, es el nombre de una ciudad y un puerto, mientras los griegos la llaman «ciudad y puerto de Selene» 86 . No cabe duda de que la ciudad no es de gran tamaño, pero el puerto es, a la vez, de gran envergadura y de hermoso aspecto, dado que encierra en sí numerosas radas, todas ellas de profundo calado, como si fuera la base naval de un pueblo que hubiera impuesto un imperio marítimo sobre un mar tan extenso y durante un tiempo prolongado. El puerto está completamente rodeado por elevadas montañas desde las cuales se puede ver altamar, la isla de Cerdeña y una buena parte de la costa a derecha e izquierda. Las minas 87 de mármol blanco y el de vetas gris azulado son tan productivas y de tal calidad (suministran placas y columnas de una sola pieza), que la mayor parte de los monumentos de Roma y otras ciudades obtienen allí sus suministros. Por otro lado, el mármol es fácilmente transportable, ya que los yacimientos se encuentran junto al mar y, desde el mar, el transporte puede proseguir por el Tíber. La Tirrenia suministra también la mayor parte de la madera necesaria para la construcción de casas en barcazas bien derechas y de larga eslora, que pueden ser traídas por el río directamente desde las montañas. [Próxima a las montañas que se erigen sobre Luna está la ciudad de Luca, aunque algunos viven en aldeas. El territorio, empero, está muy poblado hasta el punto de que de allí se recluta a un gran contingente de soldados y a la mayor parte de jinetes, que constituyen el orden equestre en el Senado.] 88 Entre Luna y Pisa está el torrente de Macra, lugar en el que la mayoría de los historiadores 89 sitúan la frontera entre la Tirrenia y la Liguria.

Pisa es una fundación de los pisates del Peloponeso que, tras haber participado con Néstor en la expedición a Ilión, se extraviaron en el viaje de regreso, unos en Metapontio, otros en Pisatis, aunque manteniendo todos el nombre de pilios 90 . Se encuentra ubicada justo en medio de la misma confluencia de dos ríos: el Amo y el Áusar; el primero de ellos trae desde Arretio un abundante caudal, aunque no todo en un único cauce, sino dividido en tres brazos, y el segundo nace en los montes Apeninos. Y cuando confluyen en una sola corriente, en la colisión de uno con otro elevan su cota hasta tal nivel que dos personas colocadas en cada orilla no se pueden divisar una a otra, de suerte que resulta difícil navegar corriente arriba desde el mar (el trayecto navegable es aproximadamente de veinte estadios 91 ). Al respecto, cuenta la leyenda 92 que cuando estos ríos descendieron por primera vez desde las montañas, al ver obstaculizado su paso por los lugareños a fin de que, al confluir en un solo cauce, no les inundaran el territorio, prometieron no provocar una inundación y mantener la promesa. Esta ciudad parece haber sido próspera en otro tiempo, incluso en la actualidad no carece de renombre por la fertilidad de sus tierras, por sus canteras y por la madera de sus bosques, que se utiliza para la construcción de barcos que en el pasado les sirvieron para hacer frente a los peligros que les venían del mar. Y, en efecto, los ligures, más belicosos que los tirrenos, fueron los primeros en actuar y provocaron una respuesta violenta de aquéllos, porque en su flanco resultaban unos vecinos peligrosos. Hoy en día la mayor parte de esa madera se consume en la construcción de viviendas en Roma y en casas de campo que se están equipando como auténticos palacios de reyes persas.

Por lo que respecta al territorio de los volaterranos, está [6] bañado por el mar y su asentamiento se halla en un profundo barranco al que domina una elevada colina, completamente rodeada de precipicios, con una planicie en la cumbre sobre la que se erige la muralla de la ciudad. La longitud de la pendiente, desde la base hasta la cima, es de quince estadios 93 , escarpada en todo el recorrido e inaccesible. En este lugar se unieron un grupo de tirrenos y los que habían sido proscritos por Sila y, tras haber completado cuatro compañías, resistieron el asedio durante dos años, hasta que, tras la firma de un tratado, abandonaron la plaza 94 .

En cuanto a Populonia, se asienta sobre un elevado promontorio que desciende abruptamente hacia el mar, formando una península, la misma que sufrió también un asedio durante los acontecimientos anteriores. Ciertamente, ahora es un pequeña aldea, totalmente despoblada, salvo los templos y unas cuantas casas. Por el contrario, su puerto, que cuenta con una pequeña rada y dos muelles al pie de la montaña, está más habitado. Me parece, incluso, que ésta fue la única de las antiguas ciudades de los tirrenos que se estableció junto al mar. La causa es la carencia de puertos naturales del territorio, por lo cual, los que fundaron las ciudades, evitaron el mar por completo o levantaron defensas frente a éste, de suerte que no quedaran expuestas como presa fácil a las incursiones por mar de piratas. Bajo el promontorio hay también un observatorio de atunes. Desde la ciudad, se puede avistar en lontananza, aunque con dificultad, la isla de Cerdeña y la cercana Córcega, que dista de Cerdeña sesenta estadios 95 . Mucho mejor que éstas se divisa Etalia, que está más próxima al continente, del que le separan en torno a trescientos estadios 96 , distancia similar a la que le separa de Córcega. En suma, este lugar es el mejor punto de embarque hacia las tres islas citadas. Nosotros las hemos visto en persona cuando fuimos a Populonia, al igual que algunas minas abandonadas en su entorno. Hemos visto también a los que trabajan el hierro que se trae de Etalia, pues no se puede fundir en los hornos de la isla, por lo que se transporta al continente nada más extraerlo de las minas. Además de esta particularidad, la isla presenta la paradoja de que las galerías que han sido excavadas, con el tiempo, se vuelven a llenar de minerales, como dicen 97 que ocurre en las canteras de piedra de Rodas, en los yacimientos de mármol de Paros y en las salinas de la India que menciona Clitarco 98 .

Así pues, no está en lo cierto Eratóstenes 99 , que afirma que no se pueden ver desde el continente Córcega y Cerdeña, ni Artemidoro 100 , que dice que ambas islas están en alta mar a una distancia de mil doscientos estadios. De lo contrario, aunque hubieran sido visibles para algunos, no lo habrían sido para nosotros, al menos, con una nitidez tal como con la que las divisamos, particularmente Córcega.

Hay en Etalia un puerto llamado Argo, según dicen 101 , derivado del nombre de la nave Argo, en la idea de que allí había arribado Jasón en su búsqueda de la casa de Circe, cuando Medea quiso ver a la diosa. Y, de cierto, también se dice que los cristalinos que dejaron los Argonautas, cuando hicieron uso de los estrígilos, todavía hoy perduran en sus orillas como piedrecillas multicolores. Tales leyendas son la prueba de lo dicho por nuestra parte 102 : que hasta el propio Homero 103 no forjaba por entero sus leyendas, sino que, al oír repetidos la mayoría de tales relatos, éste procuraba hacer más lejana la distancia, ubicándolos en lugares remotos, y, del mismo modo que desplazó a Odiseo hasta el océano, exactamente igual a Jasón, soportando uno y otro un largo viaje, como también a Menelao. En fin, esto es todo lo que hay que decir sobre Etalia.

[7] La isla de Córcega es conocida entre los romanos como Corsica. Cuenta con escasos medios de vida, tanto por la dureza de su suelo como por ser totalmente intransitable en su mayor parte, hasta el punto de que los que habitan las montañas y viven de las rapiñas son más salvajes que las fieras. Ciertamente, cada vez que los generales romanos lanzan un ataque sobre ellos y, tras hacer caer sus defensas, se hacen con un gran número de esclavos, es posible ver, y admirar, en Roma cómo se hace visible en ellos su fiereza y comportamiento animal, pues, o no soportan seguir vivos o, si siguen vivos, con su apatía e indolencia desesperan a los que los han comprado, de tal manera que, independientemente de la suma que hayan pagado por ellos, a pesar de todo, se arrepienten de haberlo hecho. Alguna parte de la isla, empero, está habitada y hay pequeñas poblaciones, como, por ejemplo, Blesino, Cárax, Eniconias y Vápanes. Hay un corógrafo 104 que señala que la longitud de la isla es de ciento sesenta millas y setenta su anchura, en tanto que la longitud de Cerdeña es de doscientos veinte y su anchura noventa y ocho. Según sugieren otros 105 , el perímetro de Córcega es de tres mil doscientos estadios, en tanto el de Cerdeña es de cuatro mil.

La mayor parte de Cerdeña es rocosa y no está pacificada, aunque tiene una parte muy extensa de su territorio propicia para el cultivo de todo tipo de productos, en especial de cereales. Cuenta con numerosas poblaciones: dignas de mención son Cáralis y Sulcos. La excelencia de estos lugares, empero, se ve contrarrestada por un inconveniente, y es que la isla resulta malsana durante el verano, sobre todo en las zonas más fértiles. Además, estas mismas sufren continuamente el saqueo de los habitantes de las montañas, conocidos hoy como diagesbeos, aunque en el pasado se llamaban yolaeos. En efecto, se dice 106 que Yolao vino aquí acompañado de algunos de los hijos de Heracles y que colonizó a los bárbaros que habitaban la isla (que eran tirrenos). A continuación, se hicieron con su dominio los fenicios de Cartago y, junto a ellos, entraron en guerra con los romanos, si bien, tras la derrota de aquéllos, toda la isla quedó en poder de los romanos. Los pueblos de la montaña se dividen en cuatro: páratos, sosínatos, bálaros y acónitas. Viven en cuevas y, aunque disponen de algunas tierras cultivables, no se ocupan de su cultivo, sino que se dedican al pillaje de las de otras poblaciones agrícolas, unas veces las de la misma isla, otras, haciéndose a la mar, las del continente, en particular las de Pisa. Los generales allí destacados hacen frente a algunas de estas acciones, pero, en otras, rehúsan responder, ya que no obtienen ningún provecho en mantener un ejército permanentemente destacado en lugares insalubres. En estos casos, se limitan a hacer uso de alguna estratagema: por ejemplo, tras haber observado cierto comportamiento de los bárbaros (así, después de cada rapiña, celebran una gran fiesta comunal durante muchos días), les atacan y capturan a un gran número. Por otra parte, en este lugar, existe un tipo de carnero que cría pelo de cabra en lugar de lana, a los cuales llaman «musmones», y con cuya piel se fabrican corazas. Se sirven también de un pequeño escudo y una daga.

[8] Estas islas son, pues, perfectamente visibles desde toda la costa entre Populonia y Pisa. Las tres son de forma oblonga y prácticamente paralelas, orientadas hacia el sur y hacia Libia. No obstante, Etalia tiene un tamaño mucho menor que las otras. El corógrafo 107 establece la distancia más corta desde Libia hasta Cerdeña en trescientas millas.

Después de Populonia 108 viene la ciudad de Cosas, a escasa distancia del mar. Fue levantada sobre una colina que se eleva al fondo de un golfo; más abajo está el puerto de Heracles, próximo a éste una albufera y, en un promontorio que domina el golfo, un observatorio de atunes. Ciertamente, el atún viaja junto a la costa en busca no sólo de bálanos sino también de púrpuras 109 , tras haber partido del mar exterior hasta llegar a Sicilia. Navegando junto a la costa, desde Cosas hasta Ostia, uno se encuentra las pequeñas villas de Graviscos, Pirgos, Alsio y Fregena. Hasta Graviscos hay trescientos estadios 110 , pero a mitad de camino se encuentra un lugar llamado Villa del Rey. Se cuenta la historia 111 de que allí estuvo en otro tiempo el palacio del pelasgo Maleo, del cual se dice que, a pesar de haber logrado instaurar su dominio en estos lugares con la ayuda de los colonos pelasgos que le acompañaron, decidió poco tiempo después retomar a Atenas. A esta misma tribu pertenecen también los que ocuparon Agila. Siguiendo de nuevo desde Graviscos hasta Pirgos hay poco menos de ciento ochenta estadios y, treinta estadios 112 más allá, se encuentra el puerto de los ceretanos. Allí está el templo de Ilitía, erigido por los pelasgos, suntuoso en el pasado; pero fue saqueado por Dionisio, el tirano de Sicilia, en tiempos de su ataque naval a Córcega 113 . De Pirgos a Ostia hay doscientos sesenta estadios 114 y en medio de éstas se encuentran Alsio y Fregena.

Hasta aquí, pues, la descripción del litoral tirreno.

[9] En el interior se encuentran ciudades a las que ya hemos hecho referencia, como Arretio, Perusia, Volsinos y Sutrio, y junto a ellas numerosas villas, como Blera, Ferentino, Falerios, Falisco, Nepita, Estatonia y otras más, unas que, desde antiguo, se mantienen independientes, mientras algunas otras han sido hechas colonias o sometidas por los romanos, como Veyos 115 , que ha entrado en guerra contra ellos en múltiples ocasiones, o Fidenas. Algunos autores 116 afirman que los habitantes de Falerios no son tirrenos, sino faliscos, que son un pueblo diferente. Por su parte, otros 117 señalan que los faliscos habitan una ciudad con lengua propia. Otros, finalmente, identifican esta ciudad con Aequum Faliscum , que se encuentra en la Vía Flaminia entre Ocriclos y Roma. La ciudad de Feronia se encuentra al pie del monte Soracte y tiene el mismo nombre que una divinidad del lugar que goza de gran veneración entre los habitantes del entorno; de hecho, en este lugar se levanta su santuario, en el que se celebran asombrosas ceremonias: así, poseídos por esta diosa, pasan con los pies desnudos sobre una gran superficie de carbones y ascuas ardientes, sin sentir dolor, y una muchedumbre de gentes se reúne en comunidad con motivo de esta fiesta solemne, que se celebra cada año, y para adorar a la citada diosa 118 . Mucho más en el interior, cerca de las montañas, se encuentra Arretio que, en concreto, dista de Roma mil doscientos estadios, mientras Clusio está a ochocientos 119 , y cercana a éstas se encuentra también Perusia.

Los lagos contribuyen a la riqueza de esta región, por ser numerosos y de gran tamaño. En efecto, son navegables y crían abundante pescado y aves lacustres. Una gran cantidad de aneas, papiros y carrizos son transportados hasta Roma por los ríos, a través de los cuales los lagos desaguan en el Tíber. Entre ellos destacan el lago Ciminio, el que está junto a Volsinio, el de Clusio y el Sábata, el más cercano a Roma y al mar. Más lejano, cerca de Arretio, está el lago Trasumeno, a través del cual hicieron pasar sus ejércitos las invasiones de la Galia a la Tirrenia, precisamente por el mismo que usó Aníbal, si bien hay dos con el mismo nombre, el ya señalado y el que está en Arimino, en la región de Umbría. Ciertamente, es mejor lugar de paso el de Arimino, pues en este punto las montañas descienden en su altitud de manera considerable. Al respecto, como estos pasos estaban cuidadosamente vigilados, Aníbal se vio obligado a escoger el itinerario más complicado, si bien logró hacerse con su control tras haber derrotado a Flaminio en formidables batallas 120 . Del mismo modo, hay una gran abundancia de aguas termales 121 en la Tirrenia y, al estar próximas a Roma, hay un flujo de visitantes no menor que a las de Bayas, que son, con diferencia, las más renombradas de todas.

Cuarta parte: Umbría, §10

[10] Junto a la Tirrenia, en su lado este, se encuentra Umbría, que tiene su comienzo en los Apeninos y se extiende más allá, hasta el Adriático. En efecto, comenzando desde Rávena, ocupan sus aledaños, sucesivamente, las siguientes ciudades: Sarsina, Arimino, Sena y Camarino. Comprende también el río Esis, el monte Cíngulo, Sentino, el río Metauro y el templo de la diosa Fortuna 122 . Asimismo, en torno a estos lugares se encuentran las fronteras de la Italia de la primera época y de la Galia en la parte próxima al vecino mar, aunque los gobernantes las han cambiado en numerosas ocasiones, y así, por ejemplo, en un principio establecieron la frontera en el río Esis y después en el Rubicón. El Esis está entre Ancona y Sena, el Rubicón, entre Arimino y Rávena, y ambos desembocan en el Adriático. En la actualidad, dado que Italia comprende la totalidad del territorio que llega hasta los Alpes, es necesario prescindir de estas fronteras, salvo para reconocer, como es unánime 123 , que la Umbría propiamente dicha se extiende al menos hasta Rávena, ya que está habitada por este pueblo. Desde allí hasta Arimino hay unos trescientos estadios 124 y desde Arimino, en dirección a Roma, por la Vía Flaminia que atraviesa la Umbría, el recorrido completo hasta Ocriclos y el Tíber comprende mil trescientos cincuenta estadios 125 . Este trayecto coincide en verdad con su largura, pero su anchura es desigual. Las ciudades de este lado de los montes Apeninos dignas de mención son, junto a la misma Vía Flaminia, Ocriclos, junto al Tíber y el Larolón 126 , y Narnia, por la cual fluye el río Nar, que se encuentra con el Tíber poco más allá de Ocriclos, navegable para barcos de no gran tamaño. A continuación vienen Carsulos y Mevania, bordeada por el río Téneas, que sirve de vía para el transporte de los productos de la llanura hasta el Tíber, en pequeños barcos. Se cuentan también otras poblaciones que han progresado más por la proximidad de la Vía que por su organización política, como Foro Flaminio, Nuceria, donde se fabrican utensilios de madera, y Foro Sempronio. En el camino que sigue a la derecha de la ruta de Ocriclos hacia Arimino se encuentran Interamna, Espoletio, Esio y Camertes, en los mismos montes que delimitan el territorio piceno. En el camino contrario, Ameria, Túder, ciudad bien fortificada, Hispelo e Iguvio, esta última cercana ya a los pasos montañosos. El territorio en su conjunto es fértil, aunque un tanto montañoso, y alimenta a su población con espelta más que trigo.

Es igualmente montañosa la Sabina, que sucede a esta región y que, del mismo modo que aquélla, se extiende al borde del mar Tirreno. También el territorio del Lacio que se aproxima a estas regiones y a los montes Apeninos es muy rocoso. Así pues, estos dos pueblos comienzan en el Tíber y en Tirrenia y se extienden a lo largo de los montes Apeninos, que se erigen oblicuamente en dirección al Adriático, si bien Umbría, como se ha dicho 127 , los franquea hasta llegar al mar.

Sobre Umbría, en definitiva, ya se ha dicho lo imprescindible.

CAPÍTULO 3

Quinta parte: la Sabina, § 1

[1] Los sabinos habitan un territorio estrecho, aunque, a lo largo, alcanza los mil estadios 128 desde el Tíber y la villa de Nomento hasta Vestinos. Cuentan con pocas ciudades que, además, han venido a menos por guerras continuas, como Amitemo y Reate, cerca de la cual se encuentra la pedanía de Interocrea y las gélidas aguas de Cotilias, de las que beben y toman baños de asiento para el tratamiento de enfermedades 129 . A los sabinos pertenece también la ciudad de Forulos, un promontorio rocoso más propicio para un levantamiento militar que para habitarlo. Cures es en la actualidad una pequeña aldea, si bien, en otro tiempo, fue una ciudad señalada, de la cual procedían los reyes de Roma Tito Tacio y Numa Pompilio. De aquí procede también el nombre de «Quirites», con el que los oradores públicos denominan a los romanos. Trebula, Ereto y otras localidades similares deberían ser consideradas aldeas más que ciudades.

La totalidad de su territorio destaca especialmente por los cultivos de olivos y viñedos, y produce una gran cantidad de bellotas. Es igualmente importante por sus rebaños de todo tipo de animales y, en verdad, la raza de los mulos reatinos es singularmente renombrada. En una palabra, Italia en su conjunto es el mejor criadero de animales y frutos del campo, si bien cada región alcanza su preeminencia en un producto diferente.

Los sabinos son la raza más antigua, además de ser pobladores autóctonos, en tanto que los picenos y los samnitas son colonos suyos, los lucanos de aquéllos y, de éstos, los brutios, respectivamente. Esta antigüedad podría explicar su valentía y otras cualidades excelentes que han mantenido hasta el momento presente 130 . El historiador Fabio 131 indica que los romanos comprendieron por primera vez los beneficios de la riqueza cuando consiguieron imponer su autoridad sobre este pueblo. La Vía Salaria, que no es importante, se extiende por este territorio hasta encontrarse en Ereto, una aldea sabina situada sobre el Tíber, con la Vía Nomentana, que comienza en la misma Puerta Colina 132 .

Sexta parte: el Lacio y Roma, §§ 2-13

[2] A continuación se encuentra el Lacio y en él la ciudad de los romanos, aunque ha llegado a comprender un gran número de poblaciones que, antaño, no pertenecían al Lacio. Ecuos, volscos, hérnicos y aborígenes, que vivían en torno a la propia Roma, los rútulos, que poseían la antigua Ardea, y otros grupos, más o menos considerables, que vivían en torno a los romanos, existían ya cuando se constituyó la ciudad por primera vez. Algunos de éstos se agruparon en una confederación de poblados autónomos, ya que no tenían en común ningún vínculo tribal. Cuentan 133 que Eneas, tras haber desembarcado junto a su padre Anquises y su hijo Ascanio en Laurento, cerca de Ostia y de la ribera del Tíber, no lejos del mar, a unos venticuatro estadios 134 , fundaron una ciudad. A su encuentro, vino Latino, rey de los aborígenes, que vivían en el mismo lugar en el que actualmente está Roma, y estableció una alianza con la gente de Eneas contra los vecinos rútulos, que ocupaban Ardea (hay ciento sesenta estadios 135 de Ardea a Roma), y, después de haber obtenido la victoria, fundó cerca de ésta una ciudad con el nombre de su hija Lavinia 136 . Sin embargo, tras reanudar los rútulos las hostilidades, Latino cayó muerto, mientras Eneas, que había salido victorioso, se convirtió en rey y dio a sus súbditos el nombre de «latinos». Después de la muerte de éste y de su abuelo, Ascanio fundó Alba en el monte Albano, que está a la misma distancia de Roma que de Ardea. En este lugar, los romanos, junto a los latinos, celebran sacrificios a Zeus, bajo los auspicios de la congregación de todos los magistrados, quienes, mientras dura la ceremonia, ponen al frente del gobierno de la ciudad a un joven patricio.

En cuanto al relato de los hechos acaecidos entre Amulio y su hermano Numítor, en parte leyenda, en parte cercanos a la verdad, son posteriores en cuatrocientos años 137 . En efecto, ambos hermanos habían heredado de los descendientes de Ascanio el reino de Alba, que se extendía hasta el Tíber. Pero Amulio, el más joven, tras haber depuesto a su hermano mayor, tomó el poder y, como Numítor tenía un hijo y una hija, al primero, lo mató a traición en una cacería y a la hermana la convirtió en sacerdotisa de Hestia, con la intención de que, por la obligación de conservar la virginidad, permaneciera sin descendencia (a ésta dan por nombre el de Rea Silvia). Posteriormente, tras haber descubierto que se había dejado seducir, pues le habían nacido dos gemelos, decidió encarcelarla en lugar de darle muerte, en un acto de gracia hacia su hermano, y a los gemelos los dejó expuestos junto al Tíber conforme a una costumbre ancestral. Al respecto, cuenta la leyenda que los niños habían sido engendrados por Ares y que se les había visto ser amamantados por una loba cuando fueron expuestos. Fáustulo, uno de los porquerizos que frecuentaban ese lugar, los recogió y alimentó (no obstante, se debe suponer que fue algún súbdito influyente de la corte de Amulio el que los acogió y alimentó), y llamó Rómulo, a uno, y Romo 138 , a otro. Una vez que alcanzaron la edad adulta, atacaron a Amulio y a sus hijos, y, después de haber derrotado a aquéllos y de haber restituido a Numítor en el trono, regresaron a casa y fundaron Roma en un emplazamiento no tanto de su elección como el que convenía a su propia necesidad. Ciertamente, su asentamiento no cuenta con defensas naturales y el territorio de su entorno no es apropiado para satisfacer las necesidades de una ciudad sino que ni siquiera cuenta con población para formar una comunidad. Así, los que allí se encontraban vivían cada uno por su lado, a pesar de estar comprendidos, en cierta medida, por las murallas fundacionales de la ciudad, y apenas mantenían relaciones con los de Alba. Tal era el caso de Colatia, Ántemnas, Fidenas, Labico y otras semejantes, pequeñas villas entonces, en la actualidad, aldeas o propiedades privadas, distantes de Roma en treinta estadios 139 o incluso un poco más lejanas.

Por otro lado, en mitad del quinto y sexto miliario, que marcan la distancia en millas desde Roma, hay un lugar llamado Festos y declaran que este punto era el límite 140 de lo que entonces era el territorio romano. En este mismo lugar y en otros más, considerados fronteras, los sacerdotes celebraban en el mismo día sacrificios que tienen la denominación de «Ambarvia» 141 . Asimismo, se cuenta 142 que en tiempos de la fundación tuvo lugar un levantamiento que trajo la muerte a Romo. Después de la fundación, Rómulo reunió a la población vagabunda, designando como lugar de asilo un recinto sagrado comprendido entre la cima de una colina y el Capitolio, convirtiendo en ciudadanos a cuantos de las poblaciones vecinas tomaran allí refugio. Mas, como no podía ofrecerles el derecho de matrimonio, ordenó la celebración de un concurso hípico consagrado a Posidón, que tiene lugar incluso en nuestros días 143 . Al haberse congregado un gran gentío, principalmente sabinos, dio la orden de que todos aquellos que desearan contraer matrimonio raptaran a las jóvenes doncellas 144 que habían llegado. Tito Tacio, el rey de los curites, que quería castigar esta afrenta por las armas, acabó por establecer con Rómulo un tratado de unión de ambos tronos y estados. Sin embargo, al haber sido Tacio asesinado por una traición en Lavinio, Rómulo se convirtió, con su consentimiento, en el único rey de los curites. Le sucedió en el trono Numa Pompilio, conciudadano de Tacio, que recibió el poder con la aprobación de sus súbditos. En definitiva, ésta es la versión digna de mayor crédito de la fundación de Roma.

[3] Existe una versión diferente, más antigua 145 y de carácter mítico, que dice que Roma fue una colonia arcadia fundada por Evandro. Heracles fue acogido como huésped suyo cuando se llevó las vacas de Gerión. Cuando Evandro supo de su madre Nicóstrata (pues ésta era experta en el arte de la adivinación) que Heracles estaba destinado a convertirse en dios una vez hubiera dado cumplimiento a sus trabajos, le hizo saber a Heracles esta predicción, le consagró un recinto sagrado y le instituyó un sacrificio de rito griego que todavía en la actualidad se mantiene en honor a Heracles. Al menos el historiador romano Acilio 146 considera como una prueba de que Roma es una fundación griega este hecho, el que el sacrificio a Heracles heredado por ésta sea de rito griego. Los romanos, incluso, adoran a la madre de Evandro, que ha sido reconocida como una de las ninfas, aunque le han cambiado el nombre por el de Carmentis.

[4] Como íbamos diciendo, los latinos eran, en un principio, un pueblo poco numeroso y, en su mayoría, no prestaban atención a los romanos. Pero, posteriormente, impresionados por la excelencia de Rómulo y de los reyes que le sucedieron, tomaron la iniciativa de hacerse todos sus súbditos. Tras haber sido sometidos los ecuos, los volscos, los hérnicos y, ya con anterioridad, rútulos y aborígenes, junto a éstos, recos y argiruscos, y, según algunos, también los préfernos 147 , el conjunto de territorios de estos pueblos recibió la denominación de latino. A los volscos pertenecía la llanura Pomentina, en los confines de los latinos, y la ciudad de Apíolas, que destruyó Tarquinio Prisco. Los ecuos eran los vecinos más cercanos de los curites y sus ciudades fueron también arrasadas por aquél, en tanto que su hijo 148 conquistó Suesa, la capital de los volscos. Los hérnicos habitaban cerca de Lanuvio, de Alba y de la propia Roma. No están lejanas tampoco Aricia, Telenas y Ancio. Los albanos vivían, en un principio, en armonía con los romanos, dado que hablaban la misma lengua y pertenecían a la etnia latina, pero sucedía que cada uno estaba regido por separado por su propio rey, si bien, estaban admitidos los matrimonios recíprocos y eran comunes los santuarios de Alba y otros derechos políticos. Sin embargo, posteriormente estalló una guerra con el resultado de que Alba fue destruida, con la excepción del templo, y los albanos fueron hechos ciudadanos romanos por decreto. Y por lo que respecta a otras ciudades de su entorno, unas fueron destruidas, otras perdieron su rango por su deslealtad, mientras algunas lo vieron incrementado por su buena disposición. En consecuencia, hoy en día, el litoral que llega hasta la ciudad de Sinuesa desde Ostia se denomina Lacio, en tanto que, en el pasado, su extensión comprendía sólo hasta Circeo. También en el pasado el Lacio ocupaba una pequeña parte del interior, pero más tarde se extendió hasta la Campania y el territorio de los samnitas, los pelignios y otros pueblos que habitaban los Apeninos.

[5] Todo el Lacio es próspero y fértil, excepto unos pequeños lugares junto a la costa, todos aquellos que son pantanosos e insalubres como, por ejemplo, el territorio de Ardea, el comprendido entre Ancio y Lanuvio hasta la llanura Pomentina, algunos lugares de Setia, de Tarracina y Circeo, o cualquiera que sea montañoso y rocoso. Estos lugares, empero, no resultan completamente improductivos y estériles; por el contrario, producen pastos abundantes, árboles o algunos frutos que crecen en suelos pantanosos y pedregales: así, Cécuba, una región pantanosa, produce los viñedos que dan el mejor vino, un tipo de viña arborescente.

Las ciudades de los latinos que se encuentran al borde del mar son, en primer lugar, Ostia, ciudad que carece de puerto natural por causa de los aluviones que el Tíber deposita, recrecido por numerosos afluentes. Ciertamente, los barcos mercantes anclan, no sin peligro, en alta mar, sometidos al flujo de las olas; sin embargo, prevalece la perspectiva de beneficio. En efecto, la abundancia de barcos auxiliares que descargan sus mercancías y reciben a cambio otros cargamentos, les permite zarpar rápidamente, antes de verse alcanzados por la corriente del río. Una parte de ellos, tras haberse aligerado de carga, remontan la corriente y navegan hasta Roma, a lo largo de ciento noventa estadios 149 . En cuanto a la fundación de Ostia correspondió a Anco Marcio 150 . Tal es, pues, esta ciudad.

A continuación se encuentra Ancio, una ciudad igualmente sin puerto. Levantada sobre un roquedal, dista de Ostia unos doscientos sesenta estadios 151 . Asimismo, en la actualidad, es un lugar destinado por los gobernantes para el ocio y para el reposo de la actividad política, siempre que encuentran una ocasión propicia, y, en consecuencia, se han construido en la ciudad un gran número de lujosas mansiones para dicho tipo de residencia. En otro tiempo, contaban con naves y practicaban la piratería junto a los tirrenos, aunque eran ya súbditos de los romanos. Por esta causa, Alejandro, primero, hizo llegar una embajada para presentar una protesta y, después, Demetrio 152 , aprovechando que enviaba a los romanos a unos piratas que había capturado, dijo que les concedía la gracia de devolver a los cautivos por su parentesco con los griegos, pero que no consideraba digno de estos mismos hombres que fueran capaces, al mismo tiempo, de dirigir los destinos de Italia y de enviar expediciones de piratas, e incluso, de erigir en el Foro un templo en honor a los Dioscuros, a los que todos llaman Salvadores, al tiempo que enviaban a Grecia a quienes iban a saquear la patria de aquéllos. Los romanos acabaron por apartarlos de tales prácticas.

En medio de estas ciudades se encuentra Lavinio, que posee el templo de Afrodita, común a los pueblos latinos, si bien son los ardeatas los que están a cargo de su cuidado por sirvientes. A continuación, viene Laurento. Les sucede Ardea, un asentamiento de los rútulos tierra adentro, a setenta estadios 153 del mar, y en cuyas proximidades se halla el templo de Afrodita, en donde los latinos celebran su gran fiesta. Aunque los samnitas arrasaron estos lugares, quedan, empero, vestigios de las ciudades y su fama perdura por la estancia de Eneas y por los ritos sagrados que, se dice 154 , se remontan a aquellos tiempos.

[6] Después de Ancio, a doscientos noventa estadios 155 , viene el monte Circeo, que, en medio de unas marismas, recuerda a una isla en el mar. Se dice que abunda en raíces, quizá tratando de asociarlo al mito de Circe. Cuenta con una pequeña villa, un templo dedicado a Circe y un altar de Atenea, y dicen 156 que se muestra una pátera que perteneció a Odiseo. Entre medio de ambos lugares desemboca el río Estoras y, cerca de este punto, hay una lugar propicio para anclar. A partir de aquí, la costa está expuesta al viento del suroeste, contando únicamente con un pequeño puerto junto a la propia Circeo.

Próxima a la costa, en el interior, se extiende la llanura Pomentina. El área contigua a ésta la habitaban previamente los ausones, que eran igualmente los dueños de la Campania. A continuación, los oscos, que ocupaban una parte de la Campania, si bien, como he dicho 157 , todo el territorio que llega hasta Sinuesa pertenece a los latinos. Un fenómeno particular ha tenido lugar en relación a los oscos y al pueblo de los ausones. En efecto, a pesar de que los oscos han desaparecido, su dialecto permanece entre los romanos, hasta el punto de que, incluso, se ponen en escena poemas y se recitan mimos en su lengua, con ocasión de certámenes tradicionales 158 . En cuanto a los ausones, a pesar de no haber vivido jamás en el mar de Sicilia, éste, empero, se sigue llamando mar Ausonio.

A continuación, a cien estadios 159 de Circeo, se encuentra Tarracina, que anteriormente se llamaba Traquina 160 en razón de su ubicación. Frente a ella se extiende una gran marisma, que forman dos ríos; el de mayor tamaño se llama Aufido. Es en este punto en el que, por primera vez, toca el mar la Vía Apia, que se extiende desde Roma hasta Brentesio y que, al mismo tiempo, es la más transitada. Mas, de las ciudades que se reparten junto al mar, alcanza, en concreto, a Tarracina y a las que le siguen de inmediato: Formias, Minturnas y Sinuesa, y, al final, Tarento y Brentesio. Cerca de Tarracina, en dirección a Roma, discurre un canal 161 a lo largo de la Vía Apia que recibe, en numerosos puntos, los caudales de aguas pantanosas y fluviales. La navegación se lleva a cabo preferentemente por la noche, de manera que, tras haber embarcado por la tarde, se desembarca al alba y se hace a pie el resto del camino, pero ya en pleno día. Un mulo remolca la nave.

Inmediatamente después viene Formias, una fundación laconia, llamada en otro tiempo Hormias por ser un lugar propicio para el amarre de barcos. Además, aquellos fundadores dieron el nombre de Cayatas al golfo que hay en medio de ambas ciudades, pues los laconios dan el nombre de «cayata» a todas las hondonadas. Algunos autores 162 , empero, afirman que el golfo recibe el nombre de la nodriza de Eneas. Comenzando desde Tarracina, alcanza una longitud de cien estadios 163 hasta el promontorio del mismo nombre. En este lugar, se abren inmensas cavernas, que dan acogida a amplias y lujosas residencias. Desde aquí hasta Formias hay cuarenta estadios. A mitad de camino, entre ésta y Sinuesa, se encuentra Minturnas, equidistante de una y otra en unos ochenta estadios. A través de ésta, discurre el río Liris, que antiguamente se llamaba Clanis. Desciende desde lo alto de los montes Apeninos y desde el país de los vestinos, pasa junto a la aldea de Frégelas (fue, empero, una ciudad renombrada en el pasado 164 ) y viene a desembocar en un recinto sagrado extraordinariamente venerado por los habitantes de Minturnas, al pie de la ciudad. Justo enfrente de aquellas cavernas, perfectamente visibles, se encuentran en alta mar dos islas, Pandataria y Pontia, pequeñas en extensión, pero muy bien pobladas, no muy separadas una de otra y distantes del continente en doscientos cincuenta estadios 165 . La llanura Cécuba es limítrofe al golfo de Cayatas y, a continuación de ésta, Fundos, ciudad que está situada en la Vía Apia. Todos estos lugares son productores de un vino excelente: los de Cécuba, Fundania y Setinia están entre los renombrados, exactamente igual que el Falerno, el Albano y el Estatano. En el golfo […] se levanta Sinuesa, de donde recibe también su nombre, pues sinus significa «golfo». Próximos a ella hay unos baños termales 166 , que resultan muy eficaces para la cura de algunas enfermedades.

Éstas son, pues, las ciudades latinas que se encuentran junto al mar.

En el interior, la primera ciudad después de Ostia es [7] Roma, además de ser la única que se encuentra a la orilla del Tíber. Respecto a ésta, ya queda dicho 167 que su emplazamiento respondió a la necesidad y no a una libre elección. Pero hay que añadir que quienes incorporaron nuevos distritos ni siquiera tenían competencia para escoger los mejores emplazamientos, sino que solían someterse al criterio de los asentamientos preexistentes. Los primeros constructores levantaron una muralla en el Capitolio, el Palatino y la colina del Quirinal, la cual era tan fácilmente abordable desde el exterior que Tito Tacio la conquistó en un primer ataque, cuando fue a vengar la afrenta del rapto de las vírgenes 168 . Cuando Anco Marcio tomó el monte Celio, el monte Aventino y la llanura que hay en medio de éstos, que estaban separados entre sí y de la muralla levantada con anterioridad, se vio obligado a incorporarlos al recinto, pues no era prudente dejar fuera de la muralla colinas con tan buenas defensas naturales para quien quisiera establecer una plaza fuerte contra la ciudad, ni tampoco disponía de fuerzas para cubrir todo el recinto amurallado hasta el Quirinal. Servio se convenció de esta carencia y, en consecuencia, la subsanó incorporando la colina Esquilina y la Viminal. Estos lugares eran también fáciles de atacar desde el exterior. Por ello, al tiempo que excavaron un foso profundo, recogieron la tierra hacia adentro, la extendieron formando un terraplén de unos seis estadios de largo 169 en el borde interior del foso y, sobre él, levantaron un muro y torres desde la Puerta Colina hasta la Esquilina. En mitad del terraplén hay una tercera puerta con el mismo nombre que la colina del Viminal. Tales son, en suma, las defensas de la ciudad, aunque necesitaría una segunda línea de fortificaciones. Asimismo, en mi opinión, los primeros fundadores siguieron la misma lógica tanto para ellos mismos como para sus sucesores, por la razón de que no convenía a los romanos hacer depender su seguridad y bienestar general de fortificaciones sino de las armas y de su propio valor, en la creencia de que no son las murallas las que protegen a los hombres sino los hombres a las murallas. Ciertamente, cuando, en un principio, las fértiles y extensas tierras del entorno pertenecían a otros pueblos y el emplazamiento de la ciudad era propicio a un ataque, no había ninguna razón para sentirse afortunado por el lugar obtenido en suerte. Mas, cuando por su valor y esfuerzo este territorio pasó a ser de su propiedad, se hizo visible una confluencia de beneficios que sobrepasaba todas las buenas cualidades de la naturaleza. Por ello, a pesar de haber alcanzado tan gran dimensión, la ciudad puede hacer frente tanto a las necesidades de alimentación, como a las de madera y piedra para la construcción de viviendas, las cuales suministran, sin interrupción, demoliciones, incendios y reventas de casas que se suceden sin cesar. En efecto, las reventas proceden, en algunos casos, de demoliciones intencionadas, ya que los compradores derriban las casas y edifican otras en su lugar a su voluntad. Así, a tal efecto, la gran cantidad de minerales, la madera y los cursos fluviales utilizados para el transporte ofrecen recursos excepcionales: en primer lugar, el río Anio, que fluye desde Alba, ciudad latina próxima al territorio de los marsos, y atraviesa la llanura que está al pie de esta ciudad hasta su confluencia con el Tíber; a continuación, el Nar y el Téneas, que discurren por Umbría precipitándose en el mismo río Tíber; finalmente, el Clanis, que cruza la Tirrenia y el territorio de Clusio.

César Augusto se preocupó, sin duda, de semejantes limitaciones de la ciudad, contra los incendios, organizando una milicia de libertos que debía prestar socorro y, contra las demoliciones, disminuyendo la altura de las nuevas construcciones mediante la prohibición de que ninguna edificación se elevara sobre la vía pública por encima de los setenta pies 170 . Sin embargo, estas mejoras habrían sido insuficientes sin contar con los suministros de minerales y madera, y las facilidades de los medios de transporte.

[8] Éstas son, en definitiva, las ventajas que la naturaleza del territorio pone a disposición de la ciudad, si bien los romanos han aportado las de su propia previsión. En efecto, mientras los griegos han preferido aplicarse en la fundación de colonias, hecho en el que atendían a la belleza, defensas naturales, puertos y recursos naturales del territorio, los romanos preveían, en especial, aspectos que aquéllos desdeñaban, como el tendido de calzadas, la construcción de acueductos y conducciones capaces de evacuar en el Tíber las aguas residuales. Han construido también vías a lo largo del territorio, realizando cortes en las colinas y rellenados de tierra en los barrancos, de manera que los carros puedan transportar los cargamentos llegados en barcos. Las cloacas, tras haber sido cubiertas con piedras de tamaño proporcional a su anchura, han dado lugar a la formación de vías, algunas transitables por carros cargados de heno. La traída de aguas a través de acueductos alcanza tales dimensiones que auténticos ríos fluyen por la ciudad a través de sus conducciones, y prácticamente todas sus viviendas disponen de aljibes, sifones de bombeo y fuentes que manan en abundancia, a las cuales prestó su máxima atención Marco Agripa 171 , además de haber adornado la ciudad con muchas otras construcciones.

Por así decirlo, mientras los antiguos dieron poca importancia al embellecimiento de Roma, pues estaban preocupados por otros aspectos de mayor importancia y más necesarios, sus sucesores, sobre todo los actuales, en nuestro tiempo, no tardaron en ocuparse de esta cuestión; por el contrario, colmaron la ciudad de gran número de hermosas construcciones. Verdaderamente, Pompeyo, el divino César, Augusto, los hijos de éste, sus amigos, su mujer y su hermana, sobrepasaron a los demás en su absoluto empeño y en los dispendios destinados a estos trabajos. El Campo de Marte cuenta con el mayor número de obras, ya que, además de sus cualidades naturales, ha recibido el cuidado de las atenciones de particulares. No cabe duda de que la admirable magnitud de la llanura permite realizar, simultáneamente, carreras de carros y otras demostraciones hípicas, junto a exhibiciones gimnásticas de pelota, aros y palestra de una multitud considerable. Asimismo, las obras de arte esparcidas por el entorno, el suelo cubierto todo el año de verde césped y la corona de colinas, que circundan el río hasta llegar a su lecho, mostrando una vista propia de un decorado teatral, ofrecen un espectáculo que no se puede dejar de contemplar. Cerca de este campo hay otra llanura 172 con pórticos de columnas dispuestas en círculo, recintos sagrados, tres teatros, un anfiteatro y suntuosos templos, contiguos uno tras otro, como si trataran de mostrar el resto de la ciudad como algo accesorio. Por ello, precisamente, en la idea de que este lugar era el recinto sagrado más apropiado, han erigido allí los monumentos de los hombres y mujeres más ilustres. El más digno de mención es el llamado Mausoleo, un gran túmulo que se eleva, a la orilla del río, sobre un zócalo de marmol blanco, enteramente cubierto hasta su cima por árboles de hoja perenne. Del mismo modo, en lo alto, hay una estatua de bronce de César Augusto, al pie del túmulo están depositados sus restos y los de sus parientes y amigos más íntimos, y, detrás, un gran recinto sagrado que contiene admirables paseos. En medio de la llanura, está el recinto de su pira funeraria, también con muros de mármol blanco, rodeado por una balaustrada circular de hierro, y, en su interior, una plantación de álamos negros. No obstante, si, de nuevo, tras atravesar el Foro antiguo, alguien viera los otros Foros, expuestos uno tras otro, y los pórticos de las basílicas y los templos, y viera, igualmente, el Capitolio y las obras de arte que hay en este lugar, como las que se encuentran en el Palatino y en el paseo de Livia, se podría olvidar, con facilidad, las que se han visto fuera. Tal es, en verdad, Roma.

[9] Por lo que respecta a las demás ciudades del Lacio, de unas se podría delimitar su posición por diferentes señales de referencia, de otras, la mayoría, por las calzadas más conocidas que se extienden por todo el Lacio, pues están asentadas en las mismas vías o junto a éstas o en su intervalo. Las calzadas más célebres son la Vía Apia, la Latina y la Valeria. La primera, delimita el área marítima del Lacio que llega hasta Sinuesa; la segunda, limítrofe con la Sabina, hasta el territorio de los marsos; y, en medio de ellas, la Vía Latina, que converge con la Vía Apia en Casilino, ciudad que dista de Capua diecinueve estadios 173 . De hecho, comienza en la Vía Apia, si bien, cerca de Roma, gira hacia la izquierda, atravesando entonces los montes Tusculanos entre la ciudad de Túsculo y el monte Albano, para descender hacia la villa de Álgido y las posadas de Pictas. En este punto, converge con la Vía Labicana, que comienza en la Puerta Esquilina, en el mismo lugar que la Vía Prenestina. Tras dejar a la izquierda esta última y la llanura Esquilina, desciende, en un trayecto de más de ciento veinte estadios 174 , hasta pasar cerca de Labico —una antigua fundación, ya demolida, que se asentaba en un promontorio—, deja a su derecha este emplazamiento y Túsculo, y finaliza su recorrido en Pictas, en su encuentro con la Vía Latina. Este lugar dista de Roma doscientos diez estadios 175 . Siguiendo la misma Vía Latina, uno tras otro se encuentran emplazamientos y ciudades bien conocidos, como Ferentino, Frúsino, junto a la cual fluye el río Cosas, Fabrateria, a orillas del río Trero, Aquino, una gran ciudad por la que fluye un río importante, el Melpis, Interamnio, situada en la confluencia de dos ríos, el Liris y otro. Casino es también una ciudad digna de mención, la última del Lacio 176 , pues, la que se encuentra a continuación, llamada Teano «Sidicino», revela, por su epíteto, que pertenece a los sidicinos. Éstos son oscos, de la etnia de los campanios, ya extinguida, hasta el punto de que se podría decir que esta ciudad pertenece a la Campania, siendo, por otra parte, la ciudad de mayor tamaño que se encuentra en la Vía Latina. A continuación, viene la ciudad de los calenos, también digna de mención, cuyo territorio linda con el de Casilino.

[10] Siguiendo el recorrido a uno y otro lado de la Vía Latina, a la derecha, entre ésta y la Vía Apia, se encuentran Setia y Signia, productoras de vino, la primera, uno de los de alto precio, la segunda, el más astringente para el vientre, el llamado vino signino. Antes de esta última se encuentran Prívemo, Cora, Suesa, [Trapontio] 177 , Velitras y Aletrio. Todavía hay que añadir Frégelas 178 , junto a la cual fluye el río Liris en dirección a su desembocadura en Minturnas, en la actualidad, una aldea, pero, en el pasado, una ciudad que había llegado a ser digna de mención y que tenía bajo su dominio a la mayoría de las ciudades de su entorno, que acaban de ser mencionadas, y que, todavía hoy, continúan acudiendo a ésta en días de mercado y en algunas celebraciones religiosas. Tras un levantamiento, fue destruida por los romanos. La mayoría de estas ciudades, como las que se encuentran en la Vía Latina y las de lugares más alejados, están asentadas en territorio de los hérnicos, ecuos y volscos, si bien, son de fundación romana.

A la izquierda de la Vía Latina, entre ésta y la Vía Valeria, se encuentra Gabios, que está situada en la Vía Prenestina, con unas canteras de piedra que abastecen a Roma más que a ninguna otra ciudad, equidistante, en torno a cien estadios 179 , de Roma y Preneste; después, Preneste, sobre la cual tendremos la oportunidad de hablar de nuevo 180 ; luego, las ciudades de las montañas que están sobre Preneste, como Capitulo, la pequeña villa de los hérnicos, Anagnia, una ciudad digna de mención, Ceréate y Sora, junto a la cual fluye el Liris antes de descender hacia Frégelas y Minturnas; a continuación, algunos otros lugares, como Vénafro, de donde procede el aceite de oliva de mayor calidad. Ciertamente, esta ciudad está asentada sobre un promontorio y al pie de la colina discurre el río Vulturno, el cual, tras cruzar Casilino, desemboca en el mar en la ciudad de su mismo nombre. Esernia y Alifas son ya ciudades que pertenecen a los samnitas; la primera, fue destruida en la guerra Mársica 181 , la segunda, todavía se mantiene en pie.

La Vía Valeria 182 comienza en Tíbur y conduce hasta el [11] territorio de los marsos y Corfinio, capital de los pelignios. Las ciudades latinas que se encuentran en esta calzada son Varia, Carséoli, Alba y la vecina ciudad de Cúculo. A la vista de Roma se encuentran ya Tíbur, Preneste y Túsculo. Tíbur cuenta con un santuario de Heracles y con la famosa cascada que forma el Anio, un río navegable, al caer desde una gran altura en un profundo barranco, lleno de árboles, que llega hasta la misma ciudad. Desde aquí, atraviesa una fértil llanura junto a las canteras de «piedra tiburtina» y las de Gabios, las de la llamada «piedra roja», de suerte que el traslado de los materiales y su posterior transporte en barco resultan sencillos, hasta el punto de que la mayoría de las obras de Roma están construidas con piedra procedente de allí. Por dicha llanura fluyen las aguas llamadas Álbulas, frías corrientes procedentes de numerosas fuentes que resultan saludables para enfermedades de todo tipo, tanto en bebida como en baños. Algo semejante ocurre con las Labanas, no muy lejos de las anteriores, en la Vía Nomentana y en la región de Ereto. A continuación, Preneste, lugar en el que se encuentra el templo de la Fortuna, célebre por sus oráculos.

Estas dos ciudades se levantan, precisamente, sobre el mismo macizo montañoso y distan entre sí unos cien estadios 183 , quedando Preneste al doble de distancia de Roma, mientras Tíbur está a menos del doble. Se dice que ambas son de origen griego y que, por ejemplo, Preneste se llamaba anteriormente Polistéfano. Asimimismo, cada una de ellas son plazas fuertes, pero mucho más Preneste, pues cuenta como acrópolis con un monte escarpado que se levanta sobre la ciudad y que, por detrás, está separado de la cadena montañosa por una garganta sobre la cual se eleva en vertical hasta una altura de dos estadios 184 . Además de estas defensas naturales, se han perforado galerías subterráneas en todas las direcciones hasta la llanura, unas, para el suministro de agua, otras, para efectuar salidas secretas, en una de las cuales encontró Mario 185 la muerte durante un asedio. Al respecto, mientras que para cualquier otra ciudad una buena defensa ha reportado, generalmente, una posición ventajosa, en el caso de Preneste, se ha convertido en una desgracia a causa de las revueltas de los romanos. En efecto, los insurgentes suelen buscar allí refugio y, una vez que han sido forzados a rendirse por un asedio, a los daños sufridos por la ciudad se une la enajenación de su territorio, de manera que las culpas recaen sobre los inocentes. El río Verestis discurre por este territorio. Las ciudades citadas se encuentran al este de Roma.

Más allá de la región montañosa que comprende estas [12] ciudades hay otra cadena, separada de aquélla por el valle próximo a Álgido, que se eleva escarpada hasta el monte Albano. En ella se asienta Túsculo 186 , una ciudad erigida sin escatimar medios y que ha sido embellecida por los jardines que la circundan y por edificios, en particular, los que hay al pie de la ciudad, en la parte que está en dirección a Roma. En efecto, en este lugar, Túsculo se presenta como una colina de suelo fértil y aguas abundantes, la cual, en sus diferentes lados, se eleva suavemente hacia su cima y acoge las más lujosas construcciones de los reyes. Se encuentran contiguas también las estribaciones del monte Albano, que alberga las mismas excelencias naturales y similares construcciones. Siguen después las llanuras, las que vienen a lindar con Roma y sus arrabales, y las que llegan al mar. Ciertamente, las zonas próximas al mar son menos saludables, mientras las otras tienen un buen atractivo para vivir y ofrecen unas condiciones parecidas a las de las colinas.

Después del monte Albano viene Aricia, una ciudad que se encuentra en la Vía Apia y que dista de Roma ciento sesenta estadios 187 . Este lugar se encuentra en una hondonada, aunque cuenta con una acrópolis como defensa. Detrás de ésta se encuentra Lanuvio, una ciudad romana, a la derecha de la Vía Apia, desde la cual es visible el mar y Ancio, y, en la parte derecha de la calzada, cuando se sube desde Aricia hacia la montaña, el santuario de Ártemis, al que llaman «Nemos». Se dice que el santuario de Ártemis de Aricia es una copia del de Ártemis Taurópolos 188 . De hecho, algunos elementos bárbaros y escitas predominan en los ritos sagrados. Así, se convierte en sacerdote el esclavo fugitivo que asesina de su propia mano a quien había sido previamente consagrado a esta función. En consecuencia, permanece en todo momento armado con un cuchillo, a la espera de ataques a su alrededor, listo para defenderse. El templo se encuentra en un bosque sagrado, delante se extiende un lago semejante a un mar y un círculo ininterrumpido de montañas escarpadas y muy elevadas rodea al templo y al lago en una profunda hondonada. Asimismo, se pueden ver las fuentes que llenan el lago. Una de ellas se llama Egeria, con el mismo nombre que una divinidad. Pero las corrientes que llegan al lago son invisibles, aunque, más lejos, ya fuera de éste, se les ve manar de nuevo a la superficie.

Cerca de estos lugares se encuentra el monte Albano, [13] que sobresale muy por encima del santuario de Ártemis y las cimas que lo circundan, a pesar de que éstas son bastante elevadas y abruptas. Dicho monte acoge también un lago, mucho mayor que el del santuario de Ártemis. Las ciudades latinas anteriormente citadas 189 se encuentran a mayor distancia que estos lugares. Pero, entre las ciudades latinas, la que se encuentra más al interior es Alba, en los confines de los marsos. Se asienta sobre una colina escarpada próxima al lago Fucina, que, por su tamaño, parece un mar. Este lago es utilizado, en particular, por los marsos y todos los pueblos limítrofes. Cuentan 190 que, en ocasiones, su nivel sube hasta las montañas y que, de nuevo, desciende, de suerte que las zonas pantanosas se desecan y permiten su cultivo. Seguramente, estos cambios tienen su origen, de manera esporádica e imperceptible, en las corrientes subterráneas que fluyen de nuevo a la superficie, o bien las fuentes dejan de manar por completo y la presión les hace brotar de nuevo, como se dice que sucede con el Amenano, que discurre a través de Catana. En efecto, cesa su cauce durante muchos años y fluye de nuevo. Se cuenta la historia 191 de que en el Lago Fucina tiene sus fuentes el Agua Marcia, que suministra a Roma de agua potable y que, entre todas las demás aguas, goza de la más alta reputación. En cuanto a Alba, los romanos la han utilizado muchas veces como prisión por estar asentada en las profundidades del país y por sus buenas defensas naturales, encerrando en este lugar a aquéllos que precisan de una buena custodia.

CAPÍTULO 4

Séptima parte: el Piceno y el centro de la península, §§ 1-2

[1] Una vez que hemos hecho un recorrido completo, comenzando por los pueblos que habitan al pie de los Alpes y los de la parte adyacente de los Apeninos, siguiendo, tras sobrepasarlos, por la parte de este lado del país, la que se extiende entre el mar Tirreno y los montes Apeninos, que se inclinan hacia el Adriático hasta la región de los samnitas y la Campania, en este punto, regresamos a estas regiones montañosas para describir los pueblos que habitan en ellas y en sus estribaciones, en la vertiente transapenina, que llega hasta el litoral del Adriático, y en la cisapenina. Pero hay que comenzar, de nuevo, desde los límites de la Galia.

A continuación de las ciudades de Umbría, situadas entre [2] Arimino y Ancona, viene la región picena. Los picenos son originarios de la Sabina, de donde llegaron bajo la guía de un pájaro carpintero, que mostró el camino a los jefes fundadores, y del cual toman su nombre. En efecto, a este pájaro dan el nombre de picus 192 y lo consideran ave sagrada de Ares. Habitan un territorio que comienza en las montañas y llega hasta las llanuras y el mar, aunque ha crecido más a lo largo que a lo ancho, resultando de buena calidad para toda clase de cultivos, pero más para los árboles frutales que para los cereales. Su anchura, desde las montañas hasta el mar es irregular a intervalos, y, en cuanto a su longitud, siguiendo el litoral desde el río Esis hasta Castro, comprende ochocientos estadios 193 .

Sus ciudades son las siguientes: Ancona, de origen heleno, una fundación de los siracusanos que huían de la tiranía de Dionisio 194 . Está situada en un promontorio que acoge una bahía en una cavidad en su vertiente norte, y destaca por su abundante producción de vino y cereales. Próxima a ésta se encuentra Auxumo, una pequeña ciudad cercana al mar. Luego, Septémpeda, Polencia 195 , Potencia y Firmo Piceno, cuyo puerto es Castelo. Inmediatamente después viene el templo de Cupra, edificio y propiedad de los tirrenos, quienes daban a Hera el nombre de «Cupra» 196 . Posteriormente viene el río Truentino y la ciudad del mismo nombre. Finalmente, Castro Nuevo y el río Matrino, que fluye desde la ciudad de los adrianos y que cuenta con un puerto con el nombre de la propia Adria. En el interior, además de ésta, se encuentran Áscoli Piceno, una plaza fuerte con mágnificas defensas naturales, pues tanto la muralla que se levanta sobre 〈la colina〉 en la que se asienta, como las montañas que la rodean, no son accesibles para un ejército.

Detrás del territorio de los picenos se encuentran los vestinos, los marsos, los pelignios, los marrucinos y los frentanos, pertenecientes al pueblo samnita. Habitan las regiones montañosas que prácticamente tocan con el mar. Estos pueblos son poco numerosos, pero muy valientes, hasta el punto de que en muchas ocasiones han dado muestras de esta excelencia a los romanos 197 , en primer lugar, cuando estaban en guerra, en segundo, cuando les acompañaban en sus campañas, y, en una tercera ocasión, cuando se sublevaron y les declararon la guerra llamada Mársica 198 , porque anhelaban alcanzar su libertad y derechos políticos, sin conseguirlo. Proclamaron a Corfinio, la capital de los pelignios, ciudad común para todos los italiotas en lugar de Roma y, tras cambiar su nombre por el de Itálica 199 , establecieron allí el cuartel general de la guerra, en el que reunían a sus partidarios y elegían a sus cónsules y pretores. Durante dos años se mantuvieron firmes en la guerra, hasta que consiguieron los derechos comunes por los que habían emprendido la contienda. Recibió el nombre de guerra Mársica porque fueron los marsos quienes dieron comienzo a la sublevación, sobre todo bajo el liderazgo de Pompedio.

Por otra parte, suelen vivir en aldeas, aunque también poseen ciudades: en la parte alejada del mar, Corfinio, Sulmo, Maruvio y Teatea, la capital de los marrucinos; al borde mismo del mar, Aterno, en los confines de los picenos y con el mismo nombre que el río que recorre el territorio de los vestinos y el de los marrucinos. En efecto, fluye desde el territorio de Amiterno, atravesando el de los vestinos y dejando a la derecha el de los marrucinos, situado más allá del de los pelignios, y puede ser atravesado con un pontón. A pesar de que la pequeña ciudad que tiene el nombre de este río pertenece a los vestinos, tanto los pelignios como los marrucinos se sirven de su puerto común. El pontón dista venticuatro estadios 200 de Corfinio.

Tras Aterno viene Orton, puerto de los frentanos, Buca, perteneciente también a los frentanos, limítrofe con Teano de Apulia. Orton, 〈próxima a Histonio〉, se encuentra en territorio de los frentanos, un verdadero escollo de piratas, quienes construyen sus moradas con los pecios de naufragios. Por lo demás, se comportan como fieras. Entre Orton y Atemo, discurre el río Sagro 201 , que separa a los frentanos de los pelignios. El trayecto en navegación costera, desde el territorio de los picenos hacia el de los apulios, a quienes los griegos dieron el nombre de «daunios», se aproxima a los cuatrocientos noventa estadios 202 .

Octava parte: la Campania y el Samnio, §§3-13

[3] Inmediatamente después del Lacio viene la Campania, que se extiende al borde del mar y, tras ésta, en el interior, el Samnio, que se extiende hasta el territorio de los frentanos y el de los daunios, seguida de los propios daunios y de los demás pueblos que llegan hasta el estrecho de Sicilia.

En primer lugar hay que hablar de la Campania. Está formada por un golfo de gran tamaño que comienza en Sinuesa, siguiendo por el litoral hasta Miseno, y, desde allí, otro golfo de mayor tamaño que el anterior al que llaman Cráter, golfo que comienza en el promontorio Miseno y llega hasta el del templo de Atenea, sus dos cabos. Sobre estas costas se asienta toda la Campania, la llanura más afortunada de todas, por la que se extienden fértiles colinas y las montañas de los samnitas y de los oscos. Asimismo, Antíoco 203 afirma que «habitan este territorio los opicos, aquellos que también son llamados ausones». Por el contrario, Polibio 204 opina que éstos son dos pueblos diferentes, y dice al respecto que «los opicos y los ausones habitan el territorio que bordea el Cráter». Otros 205 opinan que, habitada primero por los opicos y los ausones, pasó después a los sidicinos, una tribu de los oscos, y que éstos fueron expulsados por los cumeos y aquéllos por los tirrenos, pues por causa de su riqueza la llanura fue objeto de muchas disputas. Éstos fundaron doce ciudades y a la que designaron como «capital» dieron el nombre de Capua 206 . Mas, por su vida llena de lujos, se entregaron a la molicie y, del mismo modo que habían tenido que retirarse del territorio del Po, así también tuvieron que retroceder ante los samnitas, que después fueron expulsados por los romanos.

Una evidencia de su fertilidad es el hecho de que allí se produce el mejor trigo, me refiero al trigo candeal, del que se obtiene el grano para hacer pan, que es mejor no sólo que cualquier tipo de arroz sino también que casi cualquier alimento de cereales. Se ha escrito 207 que, en ciertas llanuras, se realizan dos siembras de espelta al año y una tercera de mijo, y en algunas, hasta una cuarta siembra de legumbres. Y por cierto, los romanos obtienen de aquí sus mejores vinos, el Falerno, el Estatano y el Caleno, si bien, el Surrentino se está convirtiendo ya en un rival de aquéllos, pues se ha probado recientemente que admite el envejecimiento. Asimismo, todo el territorio en torno a Vénafro, colindante con estas llanuras, es un gran productor de aceite de oliva.

[4] Las ciudades que se encuentran al borde del mar, después de Sinuesa, son Líterno, en donde se erige la tumba del primer Escipión 208 , conocido como «el Africano». Éste, en efecto, pasó allí los últimos días de su vida, tras haber abandonado la actividad política por enemistad con algunos personajes. Por la ciudad discurre un río del mismo nombre, de igual manera que también comparten un nombre similar en Vulturno, la ciudad que se encuentra a continuación de la anterior. Éste atraviesa después Vénafro y el centro de la Campania. Tras éstas viene Cumas, la más temprana fundación 209 por parte de colonos de Calcis y Cime. Es, en efecto, la más antigua de todas las colonias de Sicilia e Italia. Quienes dirigían la expedición, Hipocles de Cime y Megástenes de Calcis, llegaron al mutuo acuerdo de que la colonia pertenecería a una de las dos ciudades y llevaría el nombre de la otra, por lo cual, en la actualidad, recibe el nombre de Cumas, aunque se considera que los calcideos fueron sus fundadores. Ciertamente, antaño fue próspera, como también su llanura llamada Flegrea, en la cual se ubicaba 210 la leyenda de los Gigantes, no por otra razón, al parecer, que por las disputas que solía suscitar la excelencia de sus tierras. Pero, posteriormente 211 , los campanios, tras hacerse dueños de la ciudad, cometieron numerosos ultrajes contra toda la población, sobre todo porque llegaron a cohabitar también con las mujeres de aquéllos. No obstante, todavía perviven numerosas huellas de un tipo de organización griega, tanto en aspectos religiosos como legales. Ciertos autores 212 afirman que el nombre de Cumas proviene de la palabra griega kýmata , ya que las vecinas costas están bordeadas por acantilados y expuestas al viento. En ellas, se encuentran las mejores pesquerías de capturas de gran tamaño.

En este golfo hay también un bosque de matorral, que se prolonga durante muchos estadios sobre suelos carentes de agua y arenosos y que recibe el nombre de «Silva Gallinaria». En este lugar fue donde los navarcas de Sexto Pompeyo reunieron a los piratas con ocasión de la revuelta 213 que aquél instigó en Sicilia.

Cerca de Cumas se encuentra el cabo Miseno y, en su [5] intervalo, el lago Aquerusia, una especie de albufera producto de las marejadas del mar. Nada más doblar el cabo Miseno, al pie mismo del promontorio, hay un puerto y, a continuación, la costa forma un golfo de una profundidad casi interminable, en el cual se encuentra la ciudad de Bayas y sus aguas termales, que son apropiadas tanto para una vida de lujo como para la curación de enfermedades. Seguidamente después de Bayas viene el golfo Lucrino y, en su interior, el golfo Averno, que forma una península con el espacio de tierra comprendido hasta el cabo Miseno, comenzando desde la línea transversal que une Cumas y el propio golfo. Ciertamente, tomando como referencia un túnel que llega hasta Cumas y al propio mar 214 , la longitud del istmo resultante es de unos pocos estadios.

Las leyendas de nuestros antecesores 215 situaban en el Averno el mundo homérico de los muertos 216 . Y, de cierto, también está escrito que allí había un oráculo de nigromantes y que Odiseo había llegado hasta él. El Averno es un golfo de gran profundidad y con una estrecha abertura que, por su tamaño y características naturales, tiene condiciones favorables para un puerto, pese a lo cual no se presta a este uso portuario porque se le interpone delante el golfo Lucrino, de escasa profundidad y demasiada amplitud. El Averno está totalmente rodeado de escarpadas colinas que dominan todo su contorno, excepto la entrada del mar, y que, hoy en día 217 , están puestas en cultivo, si bien, en el pasado, estaba cubierto por bosques salvajes de árboles grandiosos, impenetrables, los cuales, según la superstición, cubrían de sombra el golfo. Contaban también los lugareños la leyenda 218 de que los pájaros que los sobrevolaban caían en el mar, muertos por los vapores de las emanaciones que habían inhalado, como si fueran las grutas de Plutón. Suponían, incluso, que este lugar era un Plutonio y localizaban allí la leyenda de los cimerios. Hacia allí, por cierto, se dirigían en barca quienes iban a realizar sacrificios propiciatorios y ceremonias expiatorias a las divinidades infernales, para lo cual contaban con sacerdotes que dirigían tales ritos y se encargaban de la administración del lugar. Allí mismo hay una fuente de agua dulce, al borde del mar, pero todos se abstenían de beberla porque creían que era agua de la laguna Estigia. En el mismo lugar se levanta también un oráculo. Se conjeturaba que el Piriflegetón se nutría de las aguas termales de las proximidades y del lago Aquerusia. Al respecto, Éforo 219 , quien asigna la propiedad del lugar a los cimerios, afirma que éstos habitaban en moradas subterráneas a las que llamaban «argilas» y que, por medio de túneles, se visitaban con asiduidad unos a otros y recibían a los extranjeros que acudían al oráculo que estaba situado en las profundidades remotas de la tierra. Añade que vivían de la extracción de minerales, de las consultas al oráculo y de las tasas que su rey había impuesto para los visitantes. En relación a esta consulta oracular, tenían una costumbre ancestral por la cual ninguno de los asistentes podía ver la luz del sol y únicamente podían salir de las cavernas durante la noche. Por esta razón, según Éforo, el poeta decía en referencia a los cimerios lo siguiente:

a éstos jamás

les contempla el replandeciente Helios .

Con posterioridad, este pueblo fue destruido por cierto rey al que una predicción no le había sido favorable. El oráculo, empero, todavía permanece en pie, si bien, ha sido transferido a otro lugar 220 .

Tales leyendas contaban nuestros predecesores, pero, en la actualidad, una vez que el bosque del Averno fue talado por Agripa, que estos lugares han sido edificados [por los de Bayas] y que el túnel subterráneo que iba desde el Averno hasta Cumas ha sido cortado, todas aquellas historias aparecen como meras leyendas. Pero, en cierto modo, el nombre de Coceyo 221 como autor de aquella galería y la que conduce desde Dicearquia hasta Neápolis se ajusta en buena medida al relato de los cimerios anteriormente referido, hasta el punto de que quizás consideró que era una costumbre ancestral en este lugar hacer pasar los caminos por túneles.

[6] El golfo Lucrino se abre hasta Bayas, separado del mar abierto por un montículo de unos ocho estadios 222 de largo y con una anchura similar a la de un camino de carros, el cual, se dice, que lo amontonó Heracles cuando estaba llevándose las vacas de Gerión. Como las olas cubrían su superficie en momentos de tempestad, de suerte que difícilmente se podía transitar a pie, Agripa 223 aumentó su altura. A pesar de que permite la entrada a barcos ligeros, resulta inutilizable para anclar barcos, pero muy generoso para la captura de ostras. Algunos autores 224 identifican este lugar con el Lago Aquerusia, en tanto Artemidoro 225 lo hace con el propio Averno.

Se dice que Bayas toma su nombre de Bayo, uno de los compañeros de viaje de Odiseo, al igual que el Cabo Miseno 〈de su compañero Miseno〉.

A continuación vienen las escarpadas costas vecinas a Dicearquia y la ciudad misma. En un principio, fue el puerto de Cumas construido en un acantilado, pero, en tiempos de la expedición de Aníbal, la ocuparon los romanos y cambiaron su nombre por el de Putéolos, por sus pozos 226 . Para otros, su nombre procede de la fetidez 227 de sus aguas, pues toda la región desde aquí hasta Bayas y Cumas está llena azufre, fuego y aguas termales. Algunos, incluso, creen 228 que, por esta razón, se llamaba «Flegra» a la región de Cumas y que la leyenda de las heridas infligidas a los gigantes fulminados por el rayo se debe atribuir a tales emisiones de fuego y agua. Esta ciudad 229 se ha convertido en un emporio muy importante ya que cuenta con dársenas construidas por la mano del hombre, aprovechando la buena cualidad de sus arenas 230 . En efecto, su proporción es adecuada para mezclarla con cal y adquiere una fuerte consistencia y solidez. Por ello, tras mezclar con piedra esta combinación de cal y arena, construyen diques que se adentran en el mar y se forman ensenadas en costas abiertas al mar, de manera que las naves de mayor cabotaje pueden anclar con total seguridad. Sobre la ciudad, se extiende, de inmediato, el Ágora de Hefesto 231 , una llanura circundada por alturas escarpadas que arrojan fuego y que albergan, por todas partes, fumarolas similares a chimeneas y que emiten un potente olor pestilente, y la llanura está llena de deyecciones de azufre.

[7] Después de Dicearquia viene Neápolis, que perteneció a los habitantes de Cumas 232 . Con posterioridad, se establecieron en ella los calcideos y algunos pobladores de Pitecusas y Atenas, hasta el punto de que, por este hecho, recibió el nombre de Nea Polis. En este lugar, se muestra un monumento en recuerdo de una de las sirenas, Parténope, y, de acuerdo con los designios de un oráculo 233 , se celebra una competición gimnástica. Tiempo después 234 , como consecuencia de sus disensiones internas, acogieron a algunos campanios como conciudadanos y se vieron obligados a tratar a sus peores enemigos como sus allegados más cercanos, porque habían tratado como extranjeros a sus verdaderos amigos. Estos hechos se revelan en los nombres de los demarcos, pues, mientras los primeros eran de origen helénico, los siguientes son, indistintamente, griegos o campanios. Un gran número de vestigios de la cultura helénica se conservan en este lugar, como gimnasia, efebía, fratría, y nombres griegos, aunque la población es romana. En la actualidad, cada cinco años, se celebra entre ellos una competición sagrada 235 , de música y gimnasia, que dura varios días, comparable con las más célebres de las que tienen lugar en la Hélade. También allí existe un túnel subterráneo que fue perforado en las montañas entre Dicearquia y Neápolis, de igual modo que el que se realizó en Cumas 236 , y que abrió, en una distancia de muchos estadios, un camino transitable a la vez por carros que se crucen en dirección contraria. Además, la luz entra desde el exterior de la montaña a través de ventanas perforadas en muchos puntos y que lo iluminan a pesar de su gran profundidad. Cuenta Neápolis también con manantiales de aguas termales y recintos balnearios no peores que los de Bayas, pero se queda atrás en el número de visitantes. De hecho, en aquellos lugares se ha creado una segunda ciudad, no menor que Dicearquia, en la que, uno tras otro, los reyes han ido edificando sus palacios. Mas, en Neápolis, fomentan un tipo de vida helénico quienes se acercan hasta allí desde Roma en busca de tranquilidad, tras haberse dedicado a la educación de los jóvenes, o, también, otros que, por su vejez o por una salud débil, ansían vivir en un ambiente de reposo. Incluso algunos romanos a los que place esta clase de vida, contemplando el gran número de personas de su misma condición que han trasladado su residencia, quedan seducidos de buen grado por este lugar y pasan allí la vida.

[8] Seguidamente se encuentra la fortaleza de Heraclio, situada en un promontorio que sobresale en el mar y que es batido por el viento del suroeste de manera tan extraordinaria que hace de la plaza un asentamiento saludable. Los oscos la tenían bajo su dominio, como la vecina Pompeya, por la que fluye el río Sarno, después pasó a los tirrenos y a los pelasgos y, posteriormente, a los samnitas, pero también éstos fueron expulsados del lugar. Pompeya sirve de puerto a Nola, Nuceria y Aquerras, localidad homónima de la que está cerca de Cremona 237 , a través del río Sarno, por el que entran y salen las mercancías.

Domina estos lugares el monte Vesubio que está colonizado en derredor por tierras de cultivo muy hermosas, salvo en su cima. Esta misma es plana en su mayor parte, pero totalmente improductiva, y por su aspecto parece ceniza y muestra unas grietas, que se abren como poros, de piedras ennegrecidas en su superficie, como si hubieran sido consumidas por el fuego. En cierta medida, se podría conjeturar que, en otro tiempo, este territorio fue pasto de las llamas, que albergaba cráteres de fuego y que éste acabó por extinguirse por falta de madera. Quizás ésta sea la causa de la fertilidad de su entorno, como en el caso de Catania, donde, según se dice 238 , la parte recubierta de ceniza procedente de las ascuas arrojadas por el fuego del Etna ha producido una tierra muy favorable para la vid. En efecto, contiene una sustancia que engrasa tanto las glebas que son quemadas como las que están produciendo frutos. Asimismo, los suelos que tenían exceso de esta grasa sólo eran aptos para la quema, lo mismo que los que contienen cualquier sustancia sulfurosa, mas, después de secarse la grasa y extinguirse el fuego, transformándose en cenizas, se convertían en suelos muy fructíferos.

Contigua a Pompeya se encuentra Surrento, ciudad de los campanios, en la cual destaca el santuario de Atenea, al que algunos llaman 239 promontorio de Sirenusas. En su cima se encuentra el templo de Atenea, que fue erigido por Odiseo. Desde aquí, la travesía en barco hasta la isla de Capri es corta. Después de doblar el cabo, se presentan unas pequeñas islas rocosas, desiertas, a las que llaman las Sirenas. Desde el lado del cabo en dirección a Surrento se divisa un santuario con exvotos de gran antigüedad a los que veneraban los habitantes de los lugares cercanos. Aquí se encuentra el final del golfo que recibe el nombre de Cráter, delimitado por dos cabos que miran hacia el sur, el Miseno y el de Atenea. Toda su extensión está edificada, en parte, con las ciudades que hemos mencionado, en parte, con residencias y plantaciones que se suceden una tras otra, ofreciendo la apariencia de una sola ciudad.

Por otro lado, delante del cabo Miseno se encuentra la [9] isla de Procite, que es un fragmento de Pitecusas. En cuanto a Pitecusas, fue colonizada por los eretrieos y los calcideos quienes, a pesar de disfrutar de su fertilidad y de su riqueza en oro, terminaron por abandonar la isla por sus disensiones internas, viéndose obligados a la postre a salir definitivamente por seísmos acompañados de erupciones de fuego, de agua de mar y de aguas ardientes. En efecto, la isla contiene tales emanaciones, por cuya causa también los colonos que fueron enviados por Hierón 240 , el tirano de Siracusa, se vieron obligados a abandonar la fortaleza que habían construido y la propia isla. Así, llegaron después los de Neápolis y tomaron posesión de ella.

Sin duda, de ahí surge el mito que dice que Tifón yace bajo esta isla y que, cada vez que se cambia de posición, exhala llamaradas y agua y, en ocasiones, hasta pequeñas islas que contienen agua hirviendo. Píndaro, empero, se ha pronunciado de manera más convincente, porque toma como punto de partida un fenómeno real, el hecho de que todo este trayecto que comienza en Cumas y llega hasta Sicilia está jalonado por fuego y, en sus profundidades, alberga unas cavernas que, una tras otra, se comunican entre sí y con el continente. Por ello, el Etna revela una naturaleza tal que todos la reflejan en sus escritos, al igual que las islas Líparas, diferentes puntos de las regiones de Dicearquia, Neápolis y Bayas, y Pitecusas. Así pues, Píndaro, tras reflexionar al respecto, afirma que Tifón yace bajo todos estos lugares:

Sin embargo, hoy ,

las lomas cercadas por el mar que hay sobre Cumas ,

y Sicilia, aplastan

su velludo pecho 241 .

Por su parte, Timeo 242 señala que, entre los antiguos, se contaban númerosos relatos extraordinarios sobre Pitecusas. Por ejemplo, que, poco antes de su propio tiempo, el monte Epomeo, situado en el centro de la isla, tras ser sacudido por un temblor, vomitó fuego y arrojó hasta alta mar todo el terreno que hay entre éste y el mar, que, después de lanzar al aire la tierra convertida en cenizas, ésta había caído de nuevo sobre la isla como un tifón, y que se había producido un reflujo del mar de tres estadios 243 , si bien, no mucho tiempo después de retirarse, volvió sobre su cauce y la marea sumergió toda la isla extinguiendo el incendio que había en ella. A causa del estruendo, los habitantes del continente huyeron de la costa hacia el interior de la Campania.

Por otro lado, parece que las aguas termales que hay en ella curan la enfermedad de la piedra. Y, en cuanto a la isla de Capri, contaba antaño con dos pequeñas villas, pero posteriormente sólo quedó una. La tenían también bajo su dominio los habitantes de Neápolis, aunque, como Pitecusas, la perdieron en una guerra 244 , recuperándola de nuevo por donación de César Augusto, quien, empero, hizo de Capri su propiedad particular y se hizo construir una residencia.

En tierras del interior se encuentra Capua, la capital de [10] la Campania, realmente su «cabeza» 245 , en el sentido etimológico de la palabra, pues, en comparación con ella, todas las demás podrían ser consideradas como pequeñas villas, excepto Teano Sidicino; en verdad ésta es también digna de mención. Se encuentran en la Vía Apia Capua y las otras villas que, desde ésta, conducen a Brentesio: Calatia, Caudio y Benevento. Mientras, Casilino se levanta junto a Roma, a orillas del río Vulturno, en la cual, quinientos cuarenta prenestinos que eran asediados, resitieron contra Aníbal, que estaba en la cima de su poderío, durante tanto tiempo que, acuciados por el hambre, se llegó a vender un ratón de dos minas de peso 246 por doscientos dracmas, si bien el vendedor acabó muriendo, en tanto el comprador pudo salvarse. Y al ver a éstos sembrando rábanos en las cercanías de la muralla, como era lógico, Aníbal se maravillaba de su obstinación, si tenían esperanzas de poder resistir entretanto, hasta que los rábanos maduraran. De hecho, se dice que sobrevivieron todos, con la excepción de unos pocos que murieron por hambre o en combate.

[11] Además de las ciudades referidas, todavía se cuentan en la Campania aquéllas a las que hemos hecho mención con anterioridad, Cales y Teano Sidicino, cuyos límites están marcados por dos estatuas de la diosa Fortuna erigidas a ambos lados de la Vía Latina. Además de aquéllas, Suesula, Atela, Nola, Nuceria, Aquerras, Abela y otras localidades, todavía de menor tamaño que éstas, algunas de las cuales se dice 247 que pertenecieron a los samnitas.

Los samnitas, que, en un principio, hacían incursiones hasta la Vía Latina y Ardea, posteriormente, llegaron a adquirir después una gran pujanza devastando la Campania (en efecto, como, por otra parte, estaban acostumbrados a ser gobernados despóticamente, se sometían al punto a sus mandatos). En la actualidad, han sido completamente aniquilados por otros pueblos y, en último término, por Sila, el que se convirtió en dictador de los romanos. Éste, cuando al poner fin a la revuelta de los pueblos itálicos, tras muchos combates, vio que éstos eran, de hecho, casi los únicos que permanecían unidos y que se encontraban tan próximos a las fronteras como para marchar incluso contra Roma, trabó combate ante sus propias murallas y, a unos, los despedazó en el campo de batalla, pues había ordenado que no hubiera supervivientes, mientras a otros, a los que entregaron las armas, se habla 248 de unos tres mil o cuatro mil hombres, tras conducirlos a la Villa Pública, que está en el Campo de Marte, los encerró en prisión. Tres días después, envió soldados que degollaron a todos y además promulgó un decreto de proscripción por el cual no cesaría hasta que todo aquel que tuviera nombre samnita fuera eliminado o expulsado de Italia. Frente a quienes le acusaban por su crueldad desmedida, él decía que había aprendido de la experiencia que ni uno sólo de los romanos podría jamás vivir en paz mientras los samnitas permanecieran unidos en una nación. De hecho, en la actualidad sus ciudades se han convertido en aldeas, algunas han sido abandonadas por completo, como Boviano, Esernia, Pana, Telesia, contigua a Vénafro, y quedan otras del mismo tipo, ninguna de las cuales es merecedora de ser considerada como una ciudad. Sin embargo, dada la gloria y la pujanza de Italia, nosotros nos hemos visto obligados a descender a detalles de importancia mediana. Benevento, empero, y Venusia se han mantenido en buen estado.

[12] Respecto a los samnitas existe también una tradición 249 semejante, según la cual, los sabinos, que estaban en guerra con los umbros desde hacía tiempo, hicieron votos, como algunos griegos, de consagrar a la divinidad la producción de todo el año, y, una vez consiguieron la victoria, una parte la ofrecieron en sacrificio y, la otra la consagraron. Mas, como se produjo una falta de frutos, se dijo que se debía consagrar también a los hijos. Éstos, en cumplimiento de este mandato, a los niños que nacieron entonces los entregaron como ofrenda a Ares y, cuando alcanzaron la edad adulta los enviaron a una colonia, guiados por un toro. Ya en el país de los opicos (que, por entonces, vivían en pequeñas aldeas), después de que el toro se durmió, tras haber expulsado a aquéllos, se establecieron allí mismo y, siguiendo la sentencia del oráculo, degollaron al toro como ofrenda para Ares que se lo había entregado como guía. Parece verosímil pensar que, por esta razón, éstos se dan el sobrenombre de «sabelios» como diminutivo del de sus antepasados, en tanto que el de «samnitas», a quienes los griegos llaman «saunitas», tiene un origen diferente. Algunos 250 postulan que tuvieron un acuerdo de asociación con una colonia laconia y que, por esta razón, eran filohelenos y algunos les llamaban pitanates. Parece, incluso, que esto es una invención de los tarentinos que querían halagar y, al mismo tiempo, ganarse la amistad de sus vecinos, que eran pueblos poderosos, pues, al menos en alguna ocasión, habían enviado un ejército de ochenta mil soldados de infantería y ocho mil de caballería. Se dice que entre los samnitas existía una ley honorable y que estimulaba la excelencia humana, ya que no estaba permitido entregar a las hijas en matrimonio a quienes ellos quisieran, sino que, cada año, se escogían diez vírgenes y diez muchachos, ellas y ellos los más nobles: la primera de ellas era entregada en matrimonio al primero, la segunda al segundo y así sucesivamente. Mas, si alguno de los que ha obtenido este honor, cambiando de conducta, se convierte en una persona malvada, lo deshonran públicamente y es desposeído de la esposa que le ha sido entregada.

Después de los samnitas vienen los hirpinos, que pertenecen a la misma etnia. Su nombre procede del lobo que les condujo a su colonia, pues los samnitas llaman «hirpon» 251 al lobo. Son vecinos de los lucanos del interior.

Esto es, pues, lo que se refiere a los samnitas.

En cuanto a los campanios, por la riqueza de su territo [13] rio les correspondió disfrutar, por igual, bienes y males. Así, hasta tal punto disfrutaban de una vida de lujos que, para sus banquetes, hacían venir parejas de gladiadores, determinando su número en proporción a la importancia de los asistentes al banquete. Y, cuando Aníbal obtuvo su sumisión voluntaria, tras recibirlos en sus cuarteles de invierno, habían caído en un grado tal de afeminamiento por su dedicación a los placeres que el propio Aníbal señaló que, aunque venciera, corría el peligro de caer en manos de los enemigos porque acogía como soldados a mujeres en lugar de hombres. Mas, cuando los romanos los dominaron, los corrigieron por medio de grandes penalidades, la más extrema de todas, cuando les adjudicaron tierras de cultivo 252 . Sin embargo, hoy en día 253 , viven en la prosperidad y en perfecta armonía con otros colonos, conservando la reputación de otro tiempo por la importancia de su ciudad y por la valentía de sus hombres.

Novena parte: el territorio de los picenos, § 13

Después del territorio de la Campania y del Samnio, incluido el de los frentanos, junto al mar Tirreno, habita el pueblo de los picenos, una pequeña ramificación de los picenos del Adriático que fueron trasladados por los romanos al golfo de Posidonia 254 , que ahora se llama Pestano, al igual que la ciudad de Posidonia se llama Pesto, situada en mitad del golfo. Asimismo, aunque los sibaritas habían levantado una fortificación junto al mar, los colonos se mudaron más arriba, pero, posteriormente, los lucanos expulsaron a aquéllos de la ciudad y, luego, los romanos a los lucanos. Por otro lado, el río que se vierte en marismas en sus cercanías la hace malsana.

Entre Sirenusas y Posidonia se encuentra Marcina, una fundación de los tirrenos habitada por samnitas 255 . Desde aquí hasta Pompeya, pasando por Nuceria, se llega a un istmo de no más de ciento veinte estadios 256 . Los picenos se extienden hasta el río Sílaris, que delimitaba la frontera de la antigua Italia desde este territorio. Sobre este río, se ha escrito la siguiente particularidad 257 de sus aguas, las cuales, aun siendo potables, al dejarlas caer sobre las plantas las convierte en piedras, aunque conservan su color y su forma.

Picentia es la capital de los picenos, si bien, hoy en día viven en aldeas, después de haber sido dispersados por los romanos por su alianza con Aníbal. En lugar de prestar servicio en el ejército, fueron adscritos en aquel tiempo al servicio del estado como correos 258 , al igual que había sucedido también con los lucanos y los brutios por la misma causa. Para protegerse de ellos, los romanos fortificaron Salerno, que se encuentra a escasa distancia del mar.

Desde Sirenusas hasta el Sílaris hay doscientos sesenta estadios 259 .


1 Aunque las fronteras del norte de Italia se habían establecido en los Alpes tras las conquistas de Augusto, entre el 25 y el 7 a. C., Estrabón se remonta a un período más antiguo que coincide con la descripción de POLIBIO , II 14. El historiador de Megalópolis es una de las fuentes fundamentales para los libros V y VI dedicados a la descripción de Italia por nuestro autor, sobre todo para los acontecimientos narrados por éste desde el 264 a. C., comienzo de la «Primera Guerra Púnica», hasta el 168, tras la batalla de Pidna y el sometimiento definitivo de Grecia, aunque luego debió continuar hasta el 145. Cf. K. MEISTER , La storiografia greca , Roma-Bari, 1992 [Stuttgart-Berlín-Colonia, 1990], págs. 183-198; O. LENDLE , Einführung in die griechische Geschichtsschreibung , Darmstadt, 1992, págs. 221-234

2 En efecto, el territorio aquí descrito coincide con el de la Enotria que menciona HECATEO (cf. F. JACOBY , F. Gr. Hist 1 F 64-76). Probablemente, esta idea de que el nombre de Italia habría sustituido al anterior de Enotria proceda de ANTÍOCO DE SIRACUSA (Ibidem 555 F 2), lo que explicaría su referencia a «los antiguos». Este historiador del siglo v a. C. pasa por ser el primero en haberse ocupado de la historia del mundo griego occidental en los desaparecidos nueve libros de su Historia de Sicilia (Sikeliká) y en el libro Sobre Italia , ampliando las más escasas informaciones de Heródoto sobre este área de influencia griega: al respecto, vid. MEISTER , La storiografia …, págs. 44-45; LENDLE , Einführung …, págs. 32-35. Su presencia en nuestra obra, empero, parece tener una vía indirecta.

3 A pesar de tratarse de una obra escrita en griego, en lo sucesivo, se siguen los criterios de M. F. GALIANO , La transcripción castellana de los nombres propios griegos , Madrid, 1969, que pasan por la adaptación de la forma latina, y así, en lugar del topónimo griego Ligystikḗ , «Ligística», adoptamos el de Liguria. No obstante, en el índice de nombres final recogeremos las dos acepciones.

4 El autor hace aquí referencia a la progresiva expansión romana hacia el sur de la península itálica, proceso que comenzó con la «Primera Guerra Samnita» en el 343 a. C., hasta quedar definitivamente consolidada con la caída de Tarento en el 272.

5 En efecto, la Galia Cisalpina obtuvo el derecho de ciudadanía en el 89 a. C., mientras que, en el caso de los vénetos, data del 49. Según F. LASERRE , Strabon. Géographie (Livres V-VI) , París, 1967, pág. 39, n. 3, la inclusión de estos datos procedería del tiempo de estancia en Roma de ESTRABÓN , a partir del año 44 a. C., en el transcurso de sus estudios, durante los cuales se postula que elaboró sus Comentarios históricos .

6 En este punto, Estrabón parece entrar en discusión con POLIBIO (II 14, 4), quien en su detallada descripción de la zona propone dicha forma geométrica para la península.

7 Se trata del viento que sopla en dirección sur-sureste.

8 Medida equivalente a 388,5 Km., según los datos obtenidos por LASERRE , Strabon… (vid . las referencias bibliográficas en págs. 35-36) de las cartas del Istituto Geografico Militare de Florencia, a los cuales nos remitiremos en lo sucesivo. En este caso, por ejemplo, la distancia mencionada no coincide con la que realmente separa los Alpes, en la zona italiana de los lagos, y la cordillera de los Apeninos, a la que casi duplica. Cabe la posibilidad de que tomara como referencia el recorrido de la Vía Emilia desde el Adriático, a la altura de Arimino, la actual Rímini, o Ancona, hasta su llegada a las estribaciones de los Alpes en Aquileya.

9 El texto que aquí seguía en los manuscritos ha sido trasladado por los editores (cf. W. ALY , Strabonis geographica , Bonn, 1957) al párrafo siguiente.

10 Dicha distancia de 1.165,5 Km. permite a LASERRE , Strabon …, pág. 195, restituir la lectura de «Yapigia», siguiendo la costa del Adriático desde el punto en el que las estribaciones de los Apeninos llegan al litoral, en lugar de otras propuestas que proponen «Istmo» en relación con la costa del Tirreno y la distancia que separa Génova y Regio.

11 Para esta precisión, el autor toma como base la medición de la anchura del territorio sabino (cf. V 3, 1).

12 240 Km., una medición algo mayor que los 210 que en concreto alcanza la península en su anchura máxima.

13 Medida equivalente a 1.100 Km., muy por encima de los 800 Km. de longitud máxima reales. Los errores en las mediciones, en ocasiones como ésta de cierta envergadura, serán bastante frecuentes en su obra, bien a partir de alguna de sus fuentes literarias perdidas o bien de la propia consulta, durante su estancia en Roma, de alguna carta que ya los contenía.

14 Cf. XXXIV 11, 2.

15 Esta alusión a la proverbial riqueza de la llanura del Po está ya presente en POLIBIO (II 15-17).

16 Tal es el caso de POLIBIO (II 17, 5), si bien LASERRE , Strabon …, pág. 43, n. 1, propone atribuir a Éforo (cf. n. 33 del libro VII) el primer relato sobre las invasiones celtas, como fuente habitual de POLIBIO para el origen de los pueblos (vid ., por ejemplo, XXXIV 1, 3). Aunque no se considera a ÉFORO una fuente principal de nuestro autor, su concepto de Historia Universal y la amplitud del material recogido en sus treinta libros hace imprescindible que sea citado con cierta frecuencia. Al respecto, vid. MEISTER , La storiografia …, págs. 98-103; LENDLE , Einführung …, págs. 136-143.

17 En opinión de LASERRE , Strabon …, pág. 196, esta segunda explicación tendría su precedente más remoto en Hecateo, aunque Estrabón habría seguido el relato de Artemidoro quien, como indica este estudioso, habría tenido su fuente en el historiador Timeo, de quien procederían también la cita de Homero y la posterior referencia a Dionisio el Viejo. No obstante, al margen de recopilar datos procedentes de Timeo, la importancia para nuestro autor de ARTEMIDORO DE ÉFESO , una de sus fuentes directas más importantes, estribaría en el modelo de «periplo científico» que le habría legado en su Geografía (a Europa corresponderían los libros I-VI), totalmente perdida salvo los fragmentos de cita indirecta, además de la información sobre hechos históricos posteriores a la obra de Polibio (se sitúa su akmḗ en torno al 104-100 a. C.). Cf. MEISTER , La storiografia …, pág. 234. Por otra parte, las medidas expresadas en estadios que aparecen en los libros V y VI de nuestro autor están tomadas de este tratado. De hecho, cuando utiliza otra fuente, suele citarla, como por ejemplo Polibio.

18 Cf. HOMERO , Ilíada II 852.

19 La forma griega del gentilicio latino venetus es, literalmente, henetikós , acepción que hemos mantenido en este caso para una mayor adecuación al contexto de «entre los griegos». Sobre la figura de Dionisio I el Viejo y su tiranía en Siracusa (430-367 a. C.), vid . C. MOSSÉ , La tyrannie dans la Grèce Antique , París, 1969, págs. 102 ss.

20 El autor, en efecto, retoma la narración en el punto en el que la había dejado en V 1, 4.

21 Respecto a este episodio histórico, TITO LIVIO , V 34, 8, lo sitúa erróneamente en el tiempo de la fundación de Masalia, pues debe fecharse en torno al 400 a. C. (vid ., asimismo, POLIBIO , II 17, 23-34).

22 Este suceso puede fecharse en torno al 191 a. C. siguiendo los datos que ofrece, de nuevo, POLIBIO , II 35, 4.

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