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Grandes éxitos

Grandes éxitos. Volumen 1 Poesía

Esteban Charpentier & Héctor Urruspuru

Índice de contenido

Portadilla

Legales

Prólogo por Esteban Moore

Esteban Charpentier

¿Qué Nos Pasa?

Las muchachas que ya no

Decí por qué no querés

Infidencia

De primera

Miguel Hernández

Delivery

Números

París-parís

Handicap

Fuiste te lo perdiste

Vos, vos sos de la B

Mercy

Acabenlache

De arena como el desierto

Yo soy rebelde porque el mundo me hizo así

Acta de constatación

Blunber etiqueta negra

Nainileven

La treceava revelación (se me cayó la autoestima)

Acheronthia atropos

Monotributista

La razón tiene co-razones que el corazón desconoce

Ya nunca me verás como me vieras

NN

Los nocheros

Ø o no Ø

Buenos Aires

Conjugación textual

Invierno porteño

Tomá y hacelo

Héctor Urruspuru

Cuerpos recién amados

Me he quedado sin amigos

Sin título (La mariposa que era...)

Lobo I y II

Sin título (No hay nada más fotogénico...)

La rosa negra - kamikazes

Sin título (he comenzado a olvidarme...)

Miniatura

Las cuatro estaciones

Audicionando

Amor entre escritores (11 de Septiembre)

Sin título (Todo el viento...)

El Regreso de Malva

Colibrí

Releyendo a Lucio el eremita

En Nagasaki

Peces de cristal

Sombra y humo

Nosferatu y Calegari

Cinco letras

Sicomoros

Marismas

¡Soy Bartleby! ¡Soy Bartleby!


Urruspuru, HéctorGrandes éxitos : volumen 1 / Héctor Urruspuru ; Esteban Charpentier. - 1a ed . - Pilar : Tequisté. TXT, 2020.Archivo Digital: descargaISBN 978-987-4935-45-81. Poesía. 2. Poesía Argentina. I. Charpentier, Esteban. II. Título.CDD A861

Grandes éxitos. Volumen 1

© de los textos de pág. 21 a pág. 70: Esteban Charpentier

© de los textos de pág. 75 a pág. 115: Héctor Urruspuru

© de esta edición: Editorial Tequisté, 2020

Corrección: María Fernanda Karageorgiu

Arte de tapa y editorial: Alejandro Arrojo

1ª edición: agosto de 2020

Producción editorial: Tequisté

contacto@txtediciones.com.ar

www.tequiste.com

Digitalización: Proyecto451

Queda rigurosamente prohibida, sin la autorización escrita de los titulares del “Copyright”, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción parcial o total de esta obra por cualquier medio o procedimiento, incluidos la reprografía y el tratamiento informático.

Inscripción ley 11.723 en trámite

ISBN edición digital (ePub): 978-987-4935-45-8

Dedicamos este libro a nuestros amigos del alma del ciclo literario “Maldita Ginebra”, a los que están, y a los que partieron...

Prólogo

POR ESTEBAN MOORE

Esteban Charpentier y Héctor Urruspuru, Sociedad en Comandita por Acciones Poéticas

Es esta una selección poética en la que participan dos poetas. Dos voces templadas nos brindan una doble mirada y una doble perspectiva del mundo y las cosas, en la que ambas habrán de mantener sus matices individuales. Es decir, cada una de ellas se identifica de la otra con claridad. Y, producen de conjunto —por sus elecciones temáticas, lingüísticas y por su tono— un interesante contrapunto, una tensión poética.

Su originalidad no debe ser relacionada o confundida con lo ‘nuevo’ o ‘novedad’ en la que han naufragado tantos proyectos. Sino con aquella a la que se refiere T.S. Eliot en un ensayo dedicado a Ezra Pound: “la verdadera originalidad es meramente desarrollo”. Es aquello que denominamos el desenvolvimiento de la tradición literaria y la lengua que la funda. Nada tiene que ver esta con los juegos florales, con la exagerada autoexpresión, el gemido elegíaco, o el objetivismo excesivamente literal y ramplón, mucho menos con el ‘yoismo lagrimeante’ de tantos.

Charpentier & Urruspuru han comprendido los alcances de la experiencia poética para que esta se haga carne y espíritu en el corazón de su posible lector. Sus palabras transmiten los hechos de maneras que nos inducen a compartirlos, a vivirlos como propios, he aquí el triunfo o victoria sobre aquellos que no han afinado aún las herramientas de su oficio o se quedan en la autocelebración.

El registro lingüístico al que recurren es el del habla cotidiana, la lengua usual de nuestros días. Como nos dice Jorge Luis Borges en El idioma de los argentinos: “…el de nuestra pasión, el de nuestra casa, el de la confianza, el de la conversada amistad.” Instrumento al que dotan de la certeza necesaria para incorporarse a una tradición literaria, la propia. Entendida esta como un prolongado proceso dialogal en el cual participan un conjunto de voces, propias y ajenas, las que a través de la lectura y la traducción, y por qué no de la reescritura, actividades que constituyen un indudable acto de interpretación y apropiación, se amalgaman en una voz posterior; adquiriendo en la fusión nuevo sentido.

Vayamos por partes. Imagino estas dos voces reunidas en volumen participando de una amigable e intensa payada, intercambiando tópicos, compartiendo imágenes en clave diversa en su ciudad, una gran ciudad que se extiende más allá de sus límites, una metrópoli diabólica.

1-

Esteban Charpentier templa su instrumento, quizás un melancólico, quejoso bandoneón, instrumento porteño por excelencia, e inicia la serie de textos preguntándose “qué nos pasa” ante la falta de tiempo. El tiempo que cruel limita las posibilidades de todo aquello que nos hace y magnifica nuestras carencias. Este cerco y límite que nos impone su paso trazará fronteras, nos dice, para el desenvolvimiento del amor, la vida, la muerte y la palabra.

En sus poemas apela al verso libre, salvo en “Miguel Hernández”, un logrado homenaje al poeta español, en el cual recurre a medida y rima. En ellos su ritmo intensamente eufónico compone una música de notas rápidas que en combinación sucesiva expresa el tono y la voz de la ciudad.

Su lenguaje poético incorpora términos utilizados en las transmisiones y programas dedicados al fútbol, de la publicidad y otros que se popularizaron producto de las modas en un mundo globalizado y en la actualidad son de uso diario. Todo ello tamizado en un humor sombrío y una ironía destemplada.

A pesar del ruido y el enloquecido ritmo mecánico y metálico de Buenos Aires que podría confundirse con el del rock, Charpentier, deja traslucir un ritmo tanguero, ese que asoma en el ‘habla arrastrada’ del porteño nacido y criado en esta urbe. Recurriendo a la intertextualidad nos deja testimonio de su vecindad con autores de la música de Buenos Aires, entre ellos: Discépolo, Manzi y Ferrer. De este último su Balada para un loco es parafraseada en un intenso proceso intertextual. El clima que crea nos acerca al fraseo el El Zorzal Criollo, del Polaco y al ritmo del bandoneón de Pichuco. Y tras bambalinas podemos imaginar la presencia de Raúl González Tuñón, César Fernández Moreno y Basilio Uribe que acaba de pasar en limpio su Puchero porteño.

Dicho esto debo apuntar que Esteban Charpentier, en Blumber etiqueta negra, nos brinda desde Buenos Aires “la primogénita ilustre del Plata” como la definiera Leopoldo Lugones, un poema catálogo de respiración ‘whitmaneana’, una breve historia de nuestros días. En él grafica los efectos del poder, el desorden, el caos, la confusión y el temor de aquellos que de un lado y otro del mostrador viven los conflictos de la sociedad contemporánea.

“Los que hubieran querido decir otra última palabra / Los que con quien tanto querían / Los que por tanto tan poco / Los que por tan poco tanto / Los que no pudieron parar de tomar y fumar / Los que debieron haberlo hecho / Los que suavemente / Los que violentamente / Los unos y los otros (les unes et les autres) / Los que el viento se llevó / Los que el mar / Los que pusieron todo / Los que tomaron poco / Los hombres perinola / Los que “algo habrán hecho” / Los que “se la estaban buscando” / Los que “sabés como terminan esos” / Los buenos para nada / Los nada pero buenos / Los que por H I por V/ los miserables / Los que pese a tanto / Los que por descuido / Los que por olvido / Los que mala praxis / Los que no se la sabían todas / Los que sabían demasiado / Los que “pobrecitos no van a sufrir más” / Los que no quisieron seguir más / Los que igual siguieron / Los que “uno menos que alimentar” / Los que “de tal palo tal astilla” / Los que “entran por una puerta y salen por la otra” / Los que no aprenden más / Los que “hay que matarlos de chiquitos” / Los que “hay que matarlos a todos” / Los que “sin comerla ni beberla” / Los que por borrachos / Los que no quisieron hablar / Los que anónimos / Los que homónimos / Los que no bendecidos / Los que no bautizados / Los que no sacramentados / Los que nacen para pito / Los que “Señor Juez:...” / Los que vieron lo que no tenían que ver / Los que no vieron nada / Los que “por las dudas” / Los que “ya que estamos” / Los que el destino / Los que bala perdida / Los desgraciados / Los que “in itinere” / Los que accidente inculpable de trabajo / Los que dolosamente / Los que culposamente / Los que curiosamente / Los que por mala leche / Los que por leche mala / Los bien nacidos / Los mar muerto / Los que inadaptados / los inadoptados/ los ineptos / Los que “¡saquemeló doctor!”/ Los que “¡devuélvannoslo por favor!” Los santos inocentes / Los que separó la muerte / Los que unidos vencidos / Los que por nostalgia / Los que en paz descansen.”

2-

Héctor Urruspuru entra ahora en escena en este, que como ya lo señalé, es un libro a dos voces, podría agregar a dos voces en un mismo plano potenciándose. Hago esta salvedad pues las distintas poéticas, contrariamente a lo que insinúan muchos, no se imponen unas a otras. En el referido proceso de desarrollo poético a través de los tiempos ejercen, unas sobre otras, efectos colaborativos. Tal es este caso.

Urruspuru confiesa que Buenos Aires es su ciudad, ¿infiere que es de su propiedad? cuando exclama “Ciudad mía: estoy sentado en un prado”. No hay dudas, no se puede negar que es un poeta porteño, hijo y producto de esta ciudad caótica y apropiadora que imprime su sello en las experiencias y en el lenguaje de los seres que la habitan.

Pero, su lirismo, intenso, vital, en el que los relojes parecen haberse detenido, apela a distintos elementos, despliega claves singulares para poner en escena el amor, la vida, el dolor y la soledad. Habrán de aparecer en sus textos: cromlechs, menhires, referencias al druidismo; cisnes, ave consagrada a Apolo; el lobo, animal protagónico de varias mitologías y asociado a las tinieblas y la violencia; el ouroboros, símbolo de la naturaleza cíclica y del eterno retorno; ciudades lejanas, la desaparecida Niníve y Nagazaki, destruida por la modernidad nuclear; y entre otras cosas, los kamikazes, volando solitarios sin retorno hacia la nada.

Todo ello le es instrumental para “... encontrar los elementos de un tiempo detenido…”. Cualidad que Gastón Bachelard sostiene es la marca en el orillo “…de todo poema verdadero.” Produciendo un extrañamiento de la realidad que nos instala en un universo abisal.

A Urruspuru le complace adoptar máscaras la de Vivaldi en “Las cuatro estaciones”, poema de amor construido a partir de la composición del maestro veneciano y un personaje de Melville, le servirá para declarar en un tono irónico, pero por eso no menos metafórico o cierto, que todo es lectura, reescritura y desarrollo desde Homero hasta nuestros días.

“Soy Bartleby! Soy Bartleby! Hijo de todos los amanuenses copista de las lunas... todo lo copié! La Divina Comedia bajo continua lluvia de grappa del Po. Al Decamerón letra a letra con derretida vela negra del averno. Al Don Quijote en trazos ininteligibles y era mi mano un molino loco, volador. Bajo los efectos del opio adormilado en pipa churchwarden terminé para mi jefe muerto el Ulises de Joyce... Y un día me copié a mí mismo. Envuelto como para regalo, heterónimo de las nadas... desaparecí en un caluroso Portugal. Solo, dejé flotando el ruido de mi pluma de cálamo marrón, sobre papel de arroz. (Y en la luz-ojos-gastados, de una lamparita de 25 watts, que se apaga lenta, quedó en el aire el perfume dulce amargo de mi tinta negra).”


ESTEBAN CHARPENTIER

¿Qué Nos Pasa?

Falta tiempo para escribir sonetos,

para hacer el amor,

para esperar en una misma esquina.

Falta razón para otro brindis,

para una mano más,

para una lágrima escondida.

Falta espacio para un abrazo tibio,

para el silencio de la música,

o el misterio burlón de la alegría.

Falta el verde en las calles,

el rojo en los vestidos,

el blanco en las heridas.

Falta emoción en las palabras,

escrúpulos en el espejo,

calor en las nostalgias compartidas.

Falta la luz en los amaneceres,

los surcos en la tierra,

el lápiz y el pincel de los suicidas.

¡Falta pan, falta envido, falta vida!

Las muchachas que ya no

Las muchachas que ya no puedo amar

llevan enjambres de peces alborotados en sus mochilas,

tiñen sus cabellos del color de las hojas del ciruelo,

vuelcan collares de almendras en sus camisas,

desvirgan sus orejas

con setas y caracoles hundidos.

Las muchachas que ya no me miran

vuelan con alas de seda de bautismos,

toman lo que quieren de los escaparates

elevándose en un vuelo infinito,

llevan guirnaldas encendidas en la frente,

y una cajita de música por vestido.

Las muchachas que ya no me aman

me dicen: señor, ¿me da permiso? Tienen un aire tan elemental, tan Blancanieves, que piden desvestirse con la luz encendida y muerden las manzanas de a poquito.

Las muchachas que ya no me nada

portan panales pequeños en sus corpiños

y vierten sus primeras mieles escarlatas

en el trono de un príncipe maldito.

Las muchachas que digo, que ya no conmigo,

llevan entre sus piernas

perlas y animalitos.

Dicen que sí tantas veces,

que enamoran hasta a los grillos

y lanzan por las ventanas

sus desnudos cristalinos.

Las muchachas que ya ni mirar puedo

se sacan el corazón para exhibirlo,

tienen dientes de risa nacarada,

pies de mariposa albina,

boca de azúcar y membrillo.

Las muchachas que ya no puedo amar, ni me aman,

que ya no me miran, ni miro,

las muchachas que ya no me nada,

que ya no conmigo,

traen la muerte blanca en sus caricias

y yo les acerco la mejilla

en una suerte de suicidio.

Decí por qué no querés

Y nuevamente la palabra te invita a morir

y te preparás ceremonioso, vas a la cama,

te vestís de blanco mortaja,

te corregís el pelo,

te acostás sereno, desnudo de anillos y sin dientes,

estirás las piernas con sus últimos crujidos,

cruzás los brazos, pensás,

tal vez sea este tu primer abrazo.

La palabra que te invita a morir,

la que escuchó tu padre,

la abuela francesa,

tu perro enfermo y el desaparecido,

anda de visita, de ronda.

Y cerrás los ojos de miradas,

te alistás a escuchar

primero el silencio,

luego unos pasos,

unos labios que se acercan a tu oreja,

un aire cálido con olor a ajo, un susurro.

La palabra que te invita a morir

te acomoda la infancia,

no se ríe de los sueños,

es una náufraga de la primera llovizna,

reverbera mientras muerde tus miedos,

baila con fulgor de cuervos

pero presume de paloma, grita.

Nuevamente la palabra te invita a morir

y esta vez, con una sonrisa descalza de tristezas,

aceptás.

Infidencia

Ya no es clara la noche, está temblando,

una vela derrama

postreras lágrimas de cera,

ondean las cortinas en la sombra,

el viento ha entrado en mis zapatos,

sin duda están bailando.

Un astro errante parte en dos la Luna

y has tomado un pedazo en cada mano.

Después de un número preciso y par

de campanazos congelados,

comimos dulcemente

en nombre del amor,

cada uno su pedazo.

Y entre todas las formas que escogimos

para alterar el tiempo y el espacio,

no acabo de entender por qué esta noche

de vino y de Cortázar

de viento audaz, de piano,

sin comprender nos fuimos separando.

Tiembla la noche oscura,

y estoy llorándote desde otros brazos.

De primera

Que marche un telebin

para ver la posición de tu mirada

cuando sin prejuicios y sin marcas

dejaste caer el bretel izquierdo

de tu vestido perla con la mano blanca

y desde lo alto de tu hombro de ángel

despuntó un sol inocente jamás vislumbrado

Que pasen el riplei en ultra moushon

cuando tus ojos de mariposa

volaron por las ventanas del paraíso

hasta embestir mis deseos de piraña

y surcaron para siempre mi aorta

obstruida de equinoccios

Que hagan patear de nuevo

los doce penales de acero

que atravesaron besaron ves Aron

como perdí por goleada

por salir a buscar el empate

la noche del eclipse del tiempo

Del Vieytes nos aplauden, ¡viva! ¡viva!

y un ángel y un soldado y una niña

se tocan en la esquina del Colón

En tiempo de descuento de esta vida aletargada

meteré dos cambios impensados

la golondrina de una veleta rota

por la canción de un anarquista enfermo

y una bolsa de arpillera de sueños y poemas

por tres botellas de whisky nacional berreta

Te reís pero solo vos me oís

a la luna la atropellaron en Callao

por pedir la hora la hora referí

Al terminar te cambio tu camiseta musculosa

por mi ballenera verde

Y camino a los vestuarios

así medio ebrios medio narcotizados

le hago respiración a la luna por un cráter

y con su sangre arremolinada

escribo un grafiti en el asfalto

“quereme así piantao, piantao, piantao...”.

Miguel Hernández

Que tus harapos de oro y sangre vuelen

Yo quiero ser el que llorando llamo

al toro herido que enterraron vivo

siempre en la ronda Dios va de tu mano,

siempre estarás de vida en un olivo.

Armado con amor hasta los huesos,

tus gestos torrenciales inclementes

te yerguen minuciosos como besos,

a golpes y cornadas más calientes.

Orihuela contempla silenciosa,

las cárceles que hicieron en el cielo.

La luz en libertad por tu vergel.

Sonrisa huracanada y bulliciosa

arrastra a los almendros en su vuelo.

Te lloran las luciérnagas, Miguel.

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269,39 ₽
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0+
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52 стр. 4 иллюстрации
ISBN:
9789874935458
Издатель:
Правообладатель:
Bookwire
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