Читать книгу: «La Larga Marcha»
la larga marcha
entrevista con mao tse tung
edgar snow

| Snow, Edgar La larga marcha : conversaciones con Mao Tse-tung / Edgar Snow ; coordinación general de Maximiliano Lionel Thibaut ; ilustrado por Diego Tripodi. - 1a ed adaptada. - Ituzaingó : Cienflores , 2020. Libro digital, EPUBArchivo Digital: descarga y onlineTraducción de: Graciela Huguenin.ISBN 978-987-4039-40-81. Crónica Periodística. 2. Historia de Asia. 3. Entrevistas. I. Thibaut, Maximiliano Lionel, coord. II. Tripodi, Diego, ilus. III. Huguenin, Graciela, trad. IV. Título. CDD 070.4 |
© Edgar Snow
© Editorial Cienflores, 2018.
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Director editorial: Maximiliano Thibaut
Traducción: Graciela Huguenin
Diseño y diagramación: Soledad De Battista
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Ninguna parte de esta obra puede ser reproducida o transmitida en cualquier forma o por cualquier medio electrónico o mecánico, incluyendo fotocopiado, grabación o cualquier otro sistema de archivo y recuperación de información, sin el previo permiso por escrito de los editores.
Índice
Nota a la EDICIóN argENtINa
TEXTOS PRELIMINARES
gÉnesIs de Un comUnIsTa
La infancia
loS DíaS EN ChaNgSha
prEluDIo DE la rEvoluCIóN
El pEríoDo NaCIoNalISta
El movImIENto ComuNISta
la ExpaNSIóN DEl Ejército Rojo
la larga marcha
la quINta Campaña
loS EmIgraDoS DE uNa NaCIóN
loS héroES DEl tatu
a travéS DE laS graNDES praDEraS
otraS ENtrEvIStaS a mao tSE-tuNg
NotaS bIográfICaS
Nota a la EDICIóN argENtINa
Decidimos editar esta obra hace ya muchos años. Nos alentaban dos razones: el interés por la obra de Edgar Snow vinculada a los años de la revolución china, del cual habíamos podido leer otros títulos con sincera fascinación; y el hecho de que Estrella Roja sobre China, justamente su obra más reconocida y comentada en todo el mundo, no estuviera traducida a nuestro idioma. Al mismo tiempo, el interés por China crecía en nuestro país y en el mundo al compás del lugar que fue ocupando dicho país en la geopolítica mundial y muy especialmente en el plano económico. Consideramos que las características de la China actual poco tienen que ver con los años de la revolución y construcción socialista. Pero también pensamos que seguramente en aquellas décadas del siglo pasado se gestaron muchos de los avances que también explican el excepcional desarrollo que alcanzo ese país, sobre todo en los comienzos del nuevo siglo, aunque ya bajo otro signo político e ideológico muy distinto.
En varias ocasiones nos comunicamos con los familiares de E. Snow, aun residentes en Suiza, contacto facilitado por el cineasta Peter Entell, autor de un documental reciente sobre la vida del autor de esta obra titulado A home faraway. En los intercambios sostenidos se mostraron interesados en la traducción de esta obra al español, pero el mismo fue interrumpido antes de llegar a un acuerdo formal y pese a nuestra insistencia. Desconocemos las causas. Por esa razón, entre otras, es que decidimos publicar solo un fragmento de la obra, con la expectativa de publicarla completa en un futuro cercano. Esperamos que su familia reciba esta edición con satisfacción y como una muestra de la admiración intelectual que sentimos por el autor.
Los textos que conforman esta obra pertenecen a los capítulos cuarto y quinto del libro Estrella roja sobre China, publicado en julio de 1937 por Victor Gollancz en Londres. En 1938 y 1944 fue publicado por Random House en New York. Existieron varias ediciones más hasta llegar a la edición revisada de Groove Press en 1968, la última y más completa de ellas, con extensas notas biográficas y a la edición, que enriquecieron el texto inicial considerablemente. Se vendieron varios centenares de miles de ejemplares en todo el mundo.
Por último, decidimos incorporar tres ponencias sobre el autor y el libro que aquí se presenta, tomadas de un pequeño volumen titulado China recuerda a Edgar Snow, que recoge algunos testimonios ofrecidos en las jornadas conmemorativas que se celebraron para el décimo aniversario de su fallecimiento, en 1982. Consideramos que enriquecen el texto principal y ayudan a comprender el conjunto de la vida del excepcional periodista norteamericano y de las circunstancias en las que se forjó el libro que aquí presentamos.
Maximiliano Lionel Thibaut
“Tengo informes de que usted es un periodista fiable, amigo del pueblo chino y de que podemos confiar en que dirá la verdad. Esto es todo lo que queremos saber. No tiene importancia para nosotros el que usted no sea comunista. Cualquier periodista que venga a visitar las zonas de los soviets será bienvenido. Usted puede escribir sobre todo lo que vea y recibirá toda ayuda para investigar estas zonas”.
Chou En-lai, 1936
“Hice el desolador descubrimiento de que lo que cualquier hombre escribe o dice puede, bajo ciertas circunstancias, llevar a personas, incluso enteramente extrañas, a acciones que pueden terminar en una muerte rápida. Me sentí personalmente responsable ante los chinos cuyas vidas, queriendo o sin querer, ayudé a poner en peligro. Cuando oí hablar de amigos y estudiantes muertos en la guerra, entendí que mis propios escritos habían tomado la naturaleza de acción política…”
Edgar Snow, 1958
él CoNtrIbuyó a quE El muNDo ENtENDIEra a ChINa
Lois Wheeler Snow
En 1972, después de la muerte de mi esposo, vine a China con mi hermana y mi hijo a expresar mis agradecimientos al pueblo chino y sus dirigentes por la gran solicitud y atención que habían prestado a nuestra familia en Suiza durante un tiempo de gran necesidad. Enviado por Mao Tse-tung y Chou En-lai, un equipo médico compuesto por doctores y enfermeras chinos, entre ellos estaba el viejo amigo de Snow, Dr. George Hatem, fue capaz de rodearnos de atenciones y consuelo que, de otra forma, no habríamos podido encontrar e hizo más soportable la agonía para Edgar y más fácil de aceptar para mí, nuestros dos hijos, nuestros familiares y amigos. Estos chinos impresionaron profundamente a cada uno de los que entraron a nuestra casa en aquel tiempo. Sé que las circunstancias eran especiales; comprendo que tal ayuda puede ser dada sólo como un grande y especial obsequio. Pero hubo muchos servicios prácticos que podrían ser aplicados ampliamente en la clínica; que podrían ser administrados de manera general para mejorar los conceptos generales actuales sobre el cuidado del enfermo. A medida que pasan los años, el conocimiento de esta generosa y hábil ayuda ha influenciado el pensamiento de muchas personas de dentro y fuera de la profesión médica, quienes buscan alternativas a unos servicios médicos despersonalizados demasiado comunes.
En 1973, regresé a China con mi hija trayendo parte de las cenizas de su padre. Estas fueron colocadas en un jardín en la universidad de Pekín, campus de la antigua universidad Yanjing donde, mucho tiempo antes, Edgar Snow había enseñado por algún tiempo.
Varios meses después, otros familiares y amigos se reunieron en la casa de un amigo en Sneden’s Landing, Nueva York, y colocaron el resto de las cenizas de Edgar en otro jardín a la orilla del río hudson. De esta manera se cumplió la voluntad que el norteamericano amigo de China había expresado antes de su muerte cuando escribió que deseaba que parte de él descansara en China y la otra en su tierra natal. Entre otras palabras, escribió: “Amo a China. Quisiera que parte de mí se quede allí después de mi muerte, como lo hice durante la vida. América me crió y me alimentó. Desearía que parte de mí fuera colocada a la orilla del río hudson… que corre a verterse en el Atlántico y, de paso, alcanza a Europa y a todas las costas de la humanidad de la cual yo me siento parte, porque conozco buena gente en casi todas las tierras”.
(…) Para mí, lo esencial en aquella vida fue la comunicación. Edgar Snow era un reportero y periodista. Era un emprendedor y buscador de los hechos. Pasó sus años de madurez comunicándose con la gente. Observando con gran visión lo ocurrido a su alrededor, abrió los ojos a la gente. Afortunadamente, fue a muchos lugares, conoció muchas personas y vio muchas cosas; por eso su comunicación era profunda y producto de su propio compromiso. Desconfiado del dogma, escribió en su auto-biografía: “Lo que me interesa es principalmente la gente, la gente de toda índole, y lo que ellos piensan y dicen y cómo viven, y no los funcionarios ni lo que ellos dicen en sus intervenciones ni segundas versiones sobre lo que ‘la gente’ piensa y dice”. Al escribir sobre la gente y los sucesos que formaban o deformaban su vida, los puntos de vista de Snow eran esencialmente honestos y penetrantes, basados sobre su propia investigación y sobre la verdad de los hechos por él percibidos con perspicacia y sentimientos solidarios. Su estimada amiga y redactora. Mary heathchote, dijo que para Edgar Snow, “verdadero profesionalismo significa decir la verdad tal como uno la ha visto, con la mayor cantidad posible de fundamentos como uno pudiera encontrar y con la más profunda comprensión posible de la gente que la experimenta…” “Edgar Snow -añadió- respetaba a todas las personas y sabía que hay miles de millones de personas importantes en el mundo”.
El que él sea recordado principalmente por su Estrella roja sobre China es comprensible. Los relatos de este libro fueron de importancia internacional y para el autor la experiencia de coleccionar esos relatos fue tal vez la más significante en su vida. Después de que su libro fue un éxito, comentó en forma típica en él: “Apunté simplemente lo que me habían relatado los extraordinarios jóvenes, hombres y mujeres, con quienes tuve el privilegio de vivir cuando tenía 30 años y de quienes aprendí muchas cosas”. Esas “muchas cosas” se esparcieron a través de las páginas de Estrella roja sobre China y cambiaron las ideas de innumerables personas, incluidos muchos ciudadanos chinos, quienes fueron conducidos por ella a tomar acciones que influyeron drásticamente en sus propias vidas y el curso del futuro de su país. En ese punto, el joven periodista comprendió también la terrible responsabilidad personal, de la cual fue consciente el resto de su vida, al enterarse de que algunos de sus amigos y jóvenes estudiantes murieron en una guerra a la que se habían unido muy influenciados por sus reportajes, y saber que sus escritos habían tomado la naturaleza de acción política y que él, como escritor, tenía que responder personalmente por todo cuanto escribía.
Hubo otros trabajos que acabaron con la ignorancia y el prejuicio de forma similar: El frente del Lejano Oriente, China viviente, La lucha por Asia, El pueblo está de nuestro lado, Alborada de la revolución en Asia, para mencionar algunos de sus 11 libros; así como muchos reportajes sobre inundaciones y hambre, guerras declaradas y no declaradas, dilemas e indignidades humanos, héroes no elogiados y sacrificios desconocidos. Estos fueron un estudio de toda su vida sobre el impacto de gentes y hechos de muchos países conocidos de primera mano. A medida que pasaban los años, Snow ganaba la atención de la gente que buscaba la realidad a través de los titulares y lenguajes de los periódicos, personas que, gracias a él, comprendieron algo más sobre“los que tienen y los que no”, como decía, en el mundo que él conoció. Justamente fueron “los que no tienen” quienes se granjearon su simpatía, atención y apoyo.
Igual que sus compatriotas Agnes Smedley y Jack Belden, Snow fue un destacado representante de la prensa norteamericana. También George Hatem, el joven que le acompañó al noroeste de China en 1936, es un representante excelente de la tradición de la práctica médica norteamericana. Jack Service, amigo íntimo de Snow, es un exponente cualificado del personal gubernamental de EE.uu y Evans Carlson sobresalió entre quienes fueron golpeados por la pobreza e injusticia que los rodeaban. Todos ellos estaban dedicados a la acción y a la comunicación que permitieran ayudar a disminuir las penurias y a corregir la injusticia. Uno de sus objetivos principales era contribuir a comprender a China y las pesadas cargas que llevaba sobre sus espaldas en un mundo dominado por la arrogancia, la ambición y la ignorancia, porque estuvieron allí y vieron, porque eran internacionalistas que se preocupaban por el bienestar, valor y dignidad de la humanidad.
(…) Esta reunión en Pekín diez años después del fallecimiento de Snow es, a mi parecer, una manifestación del deseo de llevar adelante todas estas metas recordando a una persona que dedicó su vida creyendo que ellas podrían ser alcanzadas.
EDgar SNow y “EStrElla roja SobrE ChINa”
Dong Leshan
En el invierno de 1975, Fan Yong, redactor jefe adjunto de la Librería Sanlian, vino a pedirme retraducir al chino Estrella roja sobre China, libro escrito por Edgar Snow. Acepté con entusiasmo pues esta labor significaba para mí mucho más que una tarea profesional ordinaria.
En nuestra conversación, recordamos el placer y emoción que habíamos sentido al leer por primera vez el libro de Snow a finales de la década del 30. A pesar de haber llevado una vida agitada durante largos años de guerra, Fan conserva hasta hoy su ejemplar de la primera versión china publicada en Shanghai en febrero de 1938 y que, debido a la situación política de aquel entonces, apareció bajo el título Notas del viaje al oeste, que atraía menos la atención de la censura.
A pesar de todo, las autoridades del Kuomintang prohibían el libro. Quien era descubierto leyéndolo, se arriesgaba a ser arrestado como comunista sospechoso e incluso podía perder la vida. Sin embargo, se hizo cada vez más popular entre los intelectuales chinos. Como una estrella brillante en un cielo oscuro, guiaba a millares de jóvenes hacia el camino revolucionario.
Fan y yo fuimos sólo dos de los innumerables jóvenes chinos que adquirieron su primer conocimiento de la revolución y el Partido Comunista de China a través de este libro. Muchos de ellos, superando toda clase de obstáculos, acudieron a Yenan, lugar sagrado de la resistencia contra el Japón. otros encontraron vías de lucha en el sitio en donde estaban, ya fuera en Shanghai ocupada por los invasores japoneses o en la retaguardia donde el Kuomintang dominaba por medio del terror blanco.
A mediados de la década del 30, el Ejército Rojo terminó su épica gran Marcha. Debido al bloqueo del Kuomintang y a su siniestra propaganda, era muy difícil para la mayoría de los chinos, más aún para los extranjeros, enterarse de lo que estaba sucediendo realmente en las bases de apoyo del Ejército Rojo en el norte de Shensi. Con la ayuda de Soong Qing Ling, Edgar Snow partió de Pekín y llegó a Shensi rompiendo el bloqueo del Kuomintang. Allí pasó 4 meses cubriendo informaciones.
En Pao An, capital provisional de las bases de apoyo, se entrevistó con Mao Tse-tung, Chou En-lai, Chu Teh, Peng Te-huai y otros líderes comunistas. Reunió materiales de primera mano sobre la gran Marcha. Visitó el sur de Ningxia, en donde se encontraban enfrentadas las fuerzas comunistas y kuomintanistas y el combate era recio.
Snow regresó a Pekín con una abundante colección de apuntes y rollos de película y empezó a escribir reportajes para periódicos de EE.UU. y gran Bretaña. Sus artículos ofrecieron al mundo la primera impresión completa sobre los dirigentes del Partido Comunista de China, sus logros en las bases de apoyo y sus propósitos en el futuro. Estos reportajes suscitaron gran interés y se convirtieron en el fundamento de Estrella roja sobre China.
Teng Ying-chao, viuda del Primer Ministro Chou En-lai, recordaba recientemente: “Nuestro amigo norteamericano Edgar Snow dio a conocer a todo el mundo, e incluso al pueblo chino de las regiones controladas por el Kuomintang, la situación en la base de apoyo. Les ayudó a comprender la naturaleza, principios y prácticas del Partido y los objetivos de la lucha del Ejército Rojo. Informó fiel y objetivamente de todo lo que había visto. Fue uno de nuestros mejores amigos y amaba profundamente a China”.
La primera edición de Estrella roja sobre China fue publicada por Gollancz, Londres, en 1937, y tuvo inmediatamente una gran resonancia en el mundo. En el breve lapso de un mes se reeditó cinco veces y se vendieron más de 100.000 ejemplares en pocas semanas. Hubo comentaristas que lo calificaron “obra de verdadero significado histórico y político”. En EE.uu., este libro, impreso por Random House, se convirtió en un best-seller, el trabajo no novelístico más popular sobre el Lejano oriente en muchos años.
En Shanghai, asediada por los agresores japoneses, el veterano traductor hu Yuzhi organizó de inmediato a un grupo de colegas para financiar, traducir, imprimir y publicar de manera colectiva este libro. Para la versión china Snow escribió un prefacio. El libro causó gran impacto en China y también en Hong Kong, y en comunidades de chinos de ultramar en todo el mundo.
Para Edgar Snow, la publicación de Estrella roja sobre China fue un logro imprevisto. Cuando vino por primera vez al Lejano oriente en 1928, era un joven lleno de ilusiones románticas acerca del “exótico” oriente.
Pensaba no estar mucho tiempo en China, pero permaneció 13 años. Vio cómo el pueblo chino sufría calamidades naturales, guerras entre los caudillos militares y la agresión extranjera. Se preguntó: ¿por qué el pueblo no opone resistencia? Al enterarse de que la lucha del pueblo existía en diversas formas, decidió pasar de la zona controlada por el Kuomintang a la dirigida por el Partido Comunista, involucrándose sin darse cuenta en la corriente de la revolución.
China es un tema predominante en los trabajos de Snow. Sin embargo, según la opinión pública aplastante, ningún otro de sus escritos sobrepasó a Estrella roja sobre China en circulación e influencia. En una obra escrita más tarde, Snow señaló que algunas de las personas mencionadas en el libro arriesgarían probablemente sus vidas. Los hechos de su vida posterior probaron que él mismo era incapaz de cambiar tal situación.
Estrella roja sobre China tiene una influencia mundial comparable a la de Diez días que estremecieron al mundo de John Reed. Ambos son reportajes objetivos sobre grandes revoluciones del siglo XX. La diferencia reside en que el libro de Reed se refiere a la ya exitosa revolución de octubre de Rusia, mientras el de Snow describe una revolución aún en marcha.
Cuando Snow la describió, la naturaleza de esa revolución era desconocida o mal interpretada por mucha gente, incluso en la misma China. Su libro rompió la cortina de rumores, mentiras y calumnias del Kuomintang, permitiendo a los pueblos del mundo conocer la verdad de la revolución china. Indicó que la revolución era justa y lograría inevitablemente la victoria. Esto impresionó profundamente a muchas personas. No es difícil entonces entender porqué el libro ha sido reimpreso una y otra vez en los últimos decenios. Aun hoy, cuando la estrella roja ya ha estado brillando sobre toda China durante más de 30 años, este libro es indispensable para quienes deseen conocer el pasado, presente y futuro de China. Desde 1979, se han impreso 1,65 millones de ejemplares de mi versión china y jóvenes lectores están descubriendo a través de este libro los comienzos de las actividades revolucionarias que terminaron en la fundación de la república Popular.
