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Anatomia de las emociones
Carles Frigola
ANATOMÍA DE LAS EMOCIONES
Los sentimientos de la posmodernidad
Wilhelm Reich revisitado

A David, Carlota, Laia, Elna, Joana
Las múltiples facetas de mis simpatías me llevaron al principio «todo el mundo está en lo cierto de alguna manera»; es sólo cuestión de averiguar de qué manera.
Wilhelm Reich
Primera edición: septiembre de 2021
© Carles Frigola
© de esta edición: Laertes S.L. de ediciones, 2021 www.laertes.es
ISBN: 978-84-18292-34-7
Fotocomposición y cubierta: JSM
Ilustración cubierta: Víctor Ramírez
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Agradecimientos
Deseo expresar mi agradecimiento a todas aquellas personas que han colaborado conmigo a lo largo de los últimos años y que han hecho posible este libro. A Rosa María Almenara, Teresa Mademont y Ascensión Martínez por su trabajo en recopilar y ordenar todo el extenso material didáctico para ser finalmente editado. A Veronique Piguet que corrigió una parte del manuscrito. A Carolina Soler, editora de la revista GiroSalut por apoyar mi proyecto. A Josep Salip, Nuria Caminal, Margarita Coll, Juli Valdunciel, Eva Moya, Bernardo Saviñon, Elisenda Vilaró, Montse Riera, Roger Falcó, Carlos Cornejo, Mariona Ruiz, Lurdes Reina y Xavier Plaja que aportaron su experiencia personal en los grupos de trabajo que tuvieron lugar en la Fundación Wilhelm Reich. Todos ellos enriquecieron, con sus comentarios personales, diversos aspectos de la orgonomía. Mis agradecimientos a la Wilhelm Reich Infant Trust, al American College of Orgonomy y al Institute for Orgonomic Research. Al Dr. Joan Coderch que me ha ayudado a alcanzar la koinonía y a Eduardo Suárez que desde la Editorial Laertes ha dado a conocer el legado de Wilhelm Reich en España y en otros países de habla castellana.
La nueva normalidad
Emociones y sentimientos sociales en el siglo xxi
El thatcherismo(1979-1990) promovió la idea que no existe lo que los ciudadanos llámanos la sociedad, sino simplemente individuos y sus relaciones familiares y lo que promueve que la gente se junte y participe en grupos es por un interés o una actividad de provecho personal o económico. Por otro lado, frente a esta idea política existe una ideología posmarxista, originaria de la Escuela de Frankfurt: lo políticamente correcto.
En mi opinión, que comparto con otros psicoanalistas americanos, tanto el neo-thatcherismo (trumpismo) como su opuesto lo políticamente correcto (la nueva izquierda) podrían considerarse «neurosis sociales y patologías de las comunidades civilizadas»de las que habló Freud en Malestar en la Cultura (Freud 1932) y que las democracias neoliberales europeas están implementando desde principios del siglo xxi. Actualmente es la propia sociedad en su conjunto la que ha enfermado de neurosis y muchos actores y actrices de la nueva política (la nueva normalidad),con toda seguridad, serían firmes candidatos a recibir ayuda psicoanalítica.
En la cultura popular, lo que Norbert Elias denominó the civilizing process (Elias, 2006), el futbol y los demás deportes juegan un papel primordial en nuestra civilización y tienen sus propios mecanismos de gratificación y autocomplacencia emocional para las masas. Cada tres días los estadios de futbol consiguen agrupar amás de 60 mil espectadores en el Reino Unido y unos 40 mil en España. Y unos 10 mil si contamos con las ligas de segunda y tercera división. En el estadio municipal de mi pueblo natal cada domingo quincenal unos 50 niños y 50 niñas de 9 a 14 años se reúnen para jugar al futbol por edades, se identifican con los colores de su club y compiten deportivamente entre ellos/as. Todo esto sucedía antes de la pandemia de la covid-19. Esperemos que en un futuro próximo se vuelvan a llenar los estadios y los niños y las niñas de mi pueblo puedan volver a vestirse y competir con los colores de su club.
Al final del libro nos referiremos al tema de la covid-19 y describiremos como hemos ido gestionando entre todos los ciudadanos esta pandemia vírica desde el punto de vista de la psicología de masas: el nacimiento de una «nueva pandemia de pánico». Una sutil forma de control social de las emociones que llamamos la Plaga Emocional.
Para comprender la situación actual de caos y de desconcierto de la nueva normalidad, debemos revisitar la situación socialmente politizada y los acontecimientos históricos que tuvieron lugar a comienzos de 1960 en los EUA y los que continuaron alrededor del mayo de 1968 en Francia para comprender el traspaso de una sociedad autoritaria a una sociedad antiautoritaria del todo vale y el nacimiento de la nueva cultura posmoderna de lo políticamente correcto. Lo políticamente correcto es una distorsión sociopolítica de las ideas marxistas trasladada de los términos económicos a los culturales y la expresión emocional del nuevo orden social antiautoritario actual. Es mucho más complejo que la vieja y conocida moralidad autoritaria anterior a 1968. Según mi opinión, lo políticamente correcto (la nueva normalidad)se está convirtiendo en la enfermedad emocional del siglo xxi.
Para reencontrarnos con este marxismo cultural —heredero de la Escuela de Frankfurt y del Institute for Social Reserch de Nueva York (Lukács, Adorno, Fromm, Horkheimer, Marcuse, Benjamin, Habermas, etc.) que tuvo lugar durante la década de 1930— debemos reconsiderar las experiencias sociales de los años 1960, como fueron las marchas por los derechos civiles lideradas de Martin Luther King, la generación beat, el nacimiento del movimiento feminista y las protestas contra la guerra del Vietnam y por último la aparición del movimiento hippie que fue contracultural, libertario y pacifista y un estilo social de vida: los movimientos nudistas, veganos, pacifistas, ecologistas, moteros, animalistas, neorrurales, etc.
Cuando la Escuela de Frankfurt (Lukács, Adorno, Fromm, Horkheimer, Marcuse, Benjamin, Habermas, etc.) se trasladó a Nueva York alrededor de 1933 para instalarse en el Institute for Social Research, con la ayuda y el beneplácito de la Universidad de Columbia, sus afiliados renegaron aparentemente tanto de Marx como de Freud para crear su propia praxis: la teoría crítica. Entre los afiliados que emigraron se encontraban Carl Grumgerg, un economista austriaco que fue el primer director y más tarde se incorporaron Max Horkeimer, Theodore Adorno, Erich Fromm y Herbert Marcuse. El término teoría crítica era muy ingenioso. Horkeimer hablaba de la «hostilidad de la gratificación personal inherente en la cultura burguesa» y «la fetichización del trabajo» (Horkeimer, 1998), pero Wilhelm Reich, que se incorporó más tarde, se preguntó: «¿Dónde se encuentra “la crítica” en la teoría? ¿La teoría es criticar al orden capitalista y la cultura occidental sin dar una alternativa? ¿La base de la teoría trata simplemente de ir criticando todo?». Esto sucedía en Nueva York a finales de los años 1930, no en los años 1960. Pero, ¡qué maravilloso mensaje para los radicales de mitad de 1960!
En el ámbito personal, algunos miembros del Institute for Social Research trabajaron para el gobierno federal, incluyendo a Marcuse, que fue una figura clave en la OSS (la precursora de la CIA), y Horkeimer y Adorno se trasladaron a vivir a Hollywood. El éxito popular que tuvieron algunos de ellos, como Fromm y Marcuse, fue debido, a mi entender, cuando introdujeron el elemento que es central en la psicología de masas: la cuestión sexual y la perversidad polimórfica, «protestando contra el ascetismo burgués en nombre de una moralidad más alta» (Marcuse, 2010). Obviamente, ambos se referían al Marqués de Sade. Para Wilhelm Reich, quizá el más puritano de todos ellos (puritano en el sentido de puro y natural), sus asuntos personales no fueron nada amables. Todos sus libros terminaron siendo literalmente quemados en la incineradora de Gansevort en Nueva York por una orden del gobierno federal y él mismo enviado a la cárcel tras un juicio farsa donde murió en 1957 en pleno macartismo. Sobre este hecho histórico circula en Internet un filme de 2012 del director austriaco Antón Svoboda, todavía inédito en nuestro país, The Strange Case of Wilhelm Reich, protagonizado por el actor alemán Klaus Maria Brandauer.
Aunque la palabra políticamente correcto podría parecer un chiste de mal gusto o una frase ocurrente de un cómic, todavía nos la seguimos tomando medio en broma. Pero en el fondo, la expresión es muy seria. Su origen se remonta, como ya hemos señalado, a la revolución estudiantil de los años 1960: el movimiento pacifista, la revolución feminista y la lucha por los derechos civiles. Fue precisamente Marcuse en su libro Eros y Civilización quien postuló que si destruimos el orden opresivo existente y liberamos el Eros (la perversidad polimórfica), abriríamos y liberaríamos en realidad la fuente de la libido (Freud) y las consecuencias sociales serían que cada uno podría hacer lo que le viniera en gana. Creó la famosa frase Haz el amor, no la guerra. Esta ideología, que en un principio fue considerada erróneamente freudo-marxista, John Lennon la convirtió en una utopía con su intemporal Imagine:
Imagine there’s no countries/ It isn’t hard to do/ Nothing to kill or die for/ And no religion, too/ Imagine all the people/ Living life in peace/ You, you may say I’m a dreamer/ But I’m not the only one/ I hope someday you will join us And the world will be as one/ Imagine no possessions/ I wonder if you can/ No need for greed or hunger/ A brotherhood of man/ Imagine.
Lo políticamente correcto se ha ido convirtiendo con el paso de los años en la ideología oficial de los Estados europeos. «Haz el amor, no la guerra» podría traducirse actualmente por «Disfruta de Netflix y deja la política al Estado». A los ciudadanos que cuestionan esta ideología oficial se les excluye y se les censura por tener pensamientos políticos «desviados». Lo terrible del caso es que las democracias neoliberales europeas se han apropiado lentamente, sin darnos cuenta, de las ideologías libertarias de los años 1960 y 1970. ¡Si John Lennon levantara la cabeza!
Para ilustrar la perversidad de los Estados europeos que han blanqueado para sí las ideologías de los movimientos revolucionarios de los años 1960-1970, me viene a la mente la elocuente frase de James Agee:
«Cada vez que aparece una furia en la tierra el tiempo la transforma en arte, religión o algún nuevo tipo de autoridad. El golpe más mortífero que los enemigos del alma humana pueden asestar es darle culto a la furia. Swift, Blake, Beethoven, Cristo, Joyce, Kafka, decidme alguno que no haya sido de esta manera castrado. La aceptación oficial es el signo inconfundible de que la salvación nos ha sido negada otra vez; es el signo más claro de una fatal incomprensión y es también el beso de Judas» (Agee, 2010).
Concluyendo, parece que estamos directamente empujados hacia una nueva transformación de la historia. Algunos países se están convirtiendo en Estados ideológicos. A los ciudadanos se nos pide que internalicemos esta ideología oficial que será posteriormente reforzada por las instituciones públicas. Nos podemos reír de la palabra políticamente correcto, la podemos encontrar incluso graciosa, pero está ya instalándose en el inconsciente social para futuras generaciones.
Con la ideología posmoderna de lo políticamente correcto,la pandemia de la covid-19, que es vírica, está dando lugar a una pandemia emocional de pánico y terror a nivel planetario. Esta compleja situación de psicología de masas se describe con detalle en los diferentes capítulos del libro.
El lector podrá recorrer el camino desde la consciencia ecológica del cambio climático —iniciada en el ámbito planetario por la joven activista sueca Greta Thunberg— hasta llegar a los estragos de la pandemia de la covid-19.Los ojos del mundo estuvieron puestos sobre ella, que habló con coraje y claridad sobre los peligros que enfrenta el mundo, y que no tuvo miedo en reprochar a los poderosos del planeta su débil compromiso con el cambio climático.
Desde la nueva normalidad política, ya definitivamente instalada, se está abriendo un territorio psicosocial hacia una nueva pandemia que está infectando a grandes capas de la población: nos referimos a la Plaga Emocional.Una nueva pandemia de pánico y control social que está siendo el caldo de cultivo para toda clase de populismos.
El desierto emocional y el cambio climático
La pandemia de la covid-19
¿Qué es el pensamiento funcional?
La Orgonomía es la ciencia que trata de la energía cósmica y estudia la relación del hombre con la naturaleza. Esta energía ha tomado diferentes nombres en todas las civilizaciones. El pensamiento humano la ha denominado Prana en la India, Chi en China y Éter Cósmico (Dios) en Occidente. Muchos pensadores se han referido a ella y diversas culturas se han aproximado también con expresiones diferentes: la energía solar de los egipcios, la fuerza vital de los griegos, la hormone de Aristóteles, el Yin-Yang de la medicina tradicional china, el Shih-Chi de la acupuntura, el magnetismo de Mesmer, el Élan vital de Bergson, la fuerza ódica deReichenbach, el Gran Espíritu de los Siux, el Mana en Polinesia, la libido de Freud, la fuerza astrofísica, el efecto Kirlian, el campo morfogénico, los fractales de Mandelbrot, el campo electrodinámico, el red shif o ruido de fondo de los radiotelescopios, la energía oscura, etc.
Wilhelm Reich (1897-1957) denominó a esta energía cósmica Orgon Energy (OR) por sus manifestaciones clínicas que observó en el organismo humano. Reich comenzó estudiando la sexualidad cuando formaba parte de la sociedad psicoanalítica de Viena y fue uno de los discípulos más sobresalientes de Sigmund Freud. Sus técnicas terapéuticas estaban destinadas a desbloquear la energía estancada en el organismo y así liberar las tensiones psíquicas y somáticas. En el fondo, trataba de buscar la unidad funcional de los fenómenos biológicos y la encontró en la Función del Orgasmo: la secuencia de la alternancia de los estados opuestos y complementarios de expansión y contracción,estados que se pueden observar tanto en el ser humano como también en el ámbito atmosférico, climático y en la historia de las civilizaciones.
Expansión = tensión + carga
Función del Orgasmo:
(La formula de la Vida)
Contracción = descarga + relajación
Esta secuencia cuaternaria se halla en todos los dominios de la naturaleza y representa la Fórmula de la Vida.Ejemplos del cuaterno serían: los 4 movimientos de la Novena Sinfonía de Beethoven, los 4 puntos cardinales, las 4 reglas aritméticas, los 4 compartimentos del corazón, los 4 elementos de Hipócrates, los 4 evangelios canónigos, los 4 jinetes del apocalipsis, las 4 edades del hombre, las 4 estaciones del año, las 4 extremidades del hombre, los 4 temperamentos de Paracelso, las 4 etapas evolutivas de una civilización, etc.
La Orgonomía estudia la relación del hombre con la naturaleza a través de varias disciplinas: la medicina, la biología, la meteorología y las ciencias sociales. Todas contribuyen a la afirmación de la Vida, que es la finalidad esencial de las Ciencias Orgonómicas. La hipótesis Gaia considera el planeta Tierra como un organismo vivo que se comportaría como un sistema autorregulado (que tiende al equilibrio) y los humanos somos entre los seres que la habitamos los más afortunados, ya que tenemos consciencia de nosotros mismos y estamos arraigados en la naturaleza.
Muy pocas personas toleran el placer de estar en contacto pleno y continuo (no turístico) con la naturaleza. Lo simple, lo inmediato y lo directo, es sobre lo que más recela el hombre neurótico. Por lo tanto, para acercarnos y comprender la Orgonomía hemos de renunciar a la socialitis de las grandes urbes, alejarnos del contacto con la fachada social y abandonar el dilema mecanicismo/misticismo que impera en el mundo científico actual (por ejemplo, la teoría teológica del Big Bang) para ir adentrándonos hacia los impulsos primarios naturales y el pensamiento funcional. En la actualidad, la teoría del Big Bang, o al menos una parte de su explicación, podría tambalearse tras los nuevos descubrimientos científicos relacionados con el bosón de Higgs.
El pensamiento funcional consiste en la interacción de dos fenómenos opuestos que interactúan entre sí mediante un principio común funcional (PCF).Siempre tenemos dos funciones por lo menos. En el funcionalismo, no podemos tomar un problema individual e intentar resolverlo dentro de su dominio porque siempre hay dos funciones como mínimo unidas por un principio de funcionamiento común dondequiera que miremos: hombre-mujer; polo Norte-polo Sur; negativo-positivo en electricidad; simpático-parasimpático en medicina; materia–antimateria en física de partículas, etc. Nunca más de dos. ¿No está en Aristóteles? ¿No dicen que los opuestos se atraen? Por supuesto, los griegos tenían los dos opuestos. Kant los tenía; Aristóteles los tenía; Marx los tenía. Pero, ¿qué hay de nuevo en el pensamiento funcional? Lo que es nuevo es el principio común funcional (PCF).
Un hombre puede ser padre, poeta, amante. Tiene todo esto en él, pero no lo puede ser todo al mismo tiempo. Debe estar en una función en un momento y en otra función en otro momento: no puede estar todo junto. Ser un científico o ser padre es totalmente diferente. Si observamos las funciones de forma única, estas no nos dicen nada. Tenemos que observar los cambios en la función. Por ejemplo, una persona viene hacia mí con una cara agradable, a simple vista parece buena persona, pero no lo sé. Tengo que verlo cambiar. Primero observación, luego abstracción, luego experimentación para controlar las observaciones y las abstracciones. No hay límites para nuestra investigación funcional, puesto que la naturaleza es básicamente UNA. La ciencia mecanicista siempre está dividiendo a la naturaleza en trozos. En realidad, no hay tales cosas separadas como física, química, biología, psicología. Existen (las hay), pero la naturaleza no las conoce. El pensamiento funcional siempre se mueve hacia lo simple. Esta es la fuerza de la Orgonomía: nos movemos hacia el núcleo energético de lo viviente. Todas las cosas que tienen que ver con lo viviente, la ciencia mecanicista/mística, las evita desde el principio.
Los médicos venimos de la filosofía que nos acerca a las cosas concretas con ideas preconcebidas, con principios, con supuestos básicos. Esto es lo que hacen muchos científicos. Pero no podemos cambiar la naturaleza a nuestro antojo como queramos. Puedo decir que esto es lo que está equivocado en la filosofía natural hasta ahora (no digo esto de manera complaciente, sino con toda la modestia). Los científicos no dejan hablar a la naturaleza.
Nos podemos esforzar mucho por refutar el pensamiento funcional. Tratemos de encontrar en dónde no hay dos funciones unidas en un principio común funcional (PCF). No las hay. Desde hace años sabemos que las auroras boreales son un fenómeno energético. Siempre me pregunté, ¿qué es lo que excita la energía orgónica en la atmósfera? ¿Cuál es la otra función apareada de esta excitación atmosférica? En Orgonomía siempre buscamos funciones apareadas, no antítesis. Este es el viejo pensamiento hegeliano y el pensamiento funcional es bastante diferente. Los filósofos hegelianos nunca tuvieron el principio funcional común (PFC) en el que las dos funciones emparejadas son idénticas.
¿Qué debemos hacer para encontrar este PFC? Obtener más datos. ¿Cuáles son los hechos? Las auroras boreales siempre aparecen en primavera y en otoño y circulan de este a oeste. Esto es un hecho. ¿Qué pasa en primavera? Todo crece y se mueve. Esto es otro hecho. Los mecanicistas/místicos quieren mantener la respuesta fuera de la naturaleza. Si formulamos la pregunta correcta, todo lo que tenemos que hacer es esperar. Estar alerta y ser diligentes, pero no buscar las respuestas fuera. La naturaleza te responde si la esperas. Los mecanicistas llaman a esto no científico. Lo llaman arte. Pero no lo es, es ciencia real. Sólo tenemos que vivir plenamente la naturaleza empezando en nosotros mismos.
¿Por qué las hojas son verdes? Los mecanicistas piensan que esto es una pregunta estúpida. El azul y el amarillo hacen el verde. ¿Cuáles son los colores de las hojas en otoño? No son verdes, son amarillas y rojas. ¿Qué es rojo? La sangre. ¿Qué es azul? La sangre también. ¿De qué color es la sangre bajo el microscopio? No es roja, es azul. Parece que, con menos cantidad de sangre bajo el microscopio, se ve de color azul. ¿Por qué el sol al amanecer es rojo y al atardecer es rojo?
Los mecanicistas piensan que es una cuestión de la refracción de la luz solar o una eyección de partículas solares cargadas que chocan con la magnetósfera de la Tierra. Cuando la luz del sol choca con la atmósfera, y por ende con los diferentes elementos que conforman esta, los rayos dispersan unos colores u otros según la posición del sol. Todo se resume en una cuestión de refracción de la luz.
Los científicos orgonomistas pensamos que estos fenómenos de la naturaleza no se deben solamente de una cuestión de la luz solar. El Sol y el planeta Tierra son dos organismos planetarios que se excitan (se superponen) mutuamente a través de sus campos energéticos gravitacionales y lo mismo ocurre entre la Tierra y la Luna, ya que en un principio todos estos astros provenían de una misma nebulosa protosolar (PCF) de hidrógeno y de helio. El planeta posee diversos niveles de concentración y de excitación de la energía cósmica (orgónica) en la atmosfera. Y estos niveles de concentración y excitación (luminación) se expresan a través de los diferentes estados climáticos y atmosféricos La enorme carga energética de las auroras boreales, que contienen infinidad de átomos y moléculas, es la razón por la que llegamos a verlas con tanta claridad, incluso por la noche. Y esta excitación energética es también un parámetro naturalista que nos sirve, por ejemplo, para la predicción del tiempo. Cel rogent, pluja o vent («Cielo rojizo, lluvia o viento»); «Aurora rubia, o viento o lluvia»; «Arreboles al anochecer, agua al amanecer»; «Arreboles de la mañana a la noche son agua». Si nos fijamos en la sabiduría popular de estos refranes observamos que todos ellos se refieren a un estado de contracción en la atmosfera (PCF) y que, según nuestra formula, está asociada a dos funciones apareadas: descarga y relajación.
Descarga
Contracción (PCF):
Relajación
Actualmente, los científicos orgonomistas tenemos que cambiar nuestra base de observación (tenemos que cambiar de paradigma) para plantearnos nuevas preguntas. Entonces iniciamos un camino hacia hechos completamente nuevos. Por ejemplo, no tenemos que cambiar de paradigma para ir de una máquina de vapor del siglo xix a un coche eléctrico del siglo xxi: es una consecuencia normal de los avances que ha habido en el campo de la automoción. Pero cuando los médicos y los psicoanalistas tenemos que investigar la energía orgónica, tanto en el ser humano como en la atmosfera del planeta, entonces tenemos que cambiar de paradigma. Freud cambió el paradigma de la medicina y de la psicología: del consciente al inconsciente, del determinismo al indeterminismo y nos señaló el camino a seguir.
Los estados emocionales de la naturaleza
Todo lo que vive en la naturaleza simplemente funciona y lo hace sin metas últimas o transcendentales. La naturaleza «no funciona para». Simplemente funciona y nada más. Es necesario entonces comprender la función de cada fenómeno. Y no caer en las explicaciones tautológicas tales como «todo está en la naturaleza del hombre» o en «la tradición». Más aun, en la naturaleza todo lo que es vivo se reproduce y funciona de acuerdo con las leyes de la vida. Lo hace con unas leyes que no son ni metafísicas ni místicas, sino expresiones biológicas de la energía de la vida. Y en el caso del organismo humano, la vida se expresa mediante las funciones biológicas de la sexualidad, incluyendo en ella a todas las diversas y variadas emociones que son movimientos biofísicos puros.
La naturaleza es simple, inmediata y directa. Las manifestaciones básicas de la energía cósmica que toman su expresión en la naturaleza son: el anhelo, la ansiedad, la alegría, la rabia y la tristeza. Cada uno de estos estados emocionales de la propia naturaleza (también de la naturaleza humana) representa los diferentes estados de humor de la energía cósmica atmosférica.
En el estado atmosférico de anhelo, el paisaje está atento: la naturaleza está mirando, buscando, escuchando. Los vientos están muy calmados, incluso diríamos que están cansados. El cielo muestra muy pocas nubes que pueden aparecer de repente, o llegan a nuestra vista «procedentes de ninguna parte». Para describir este estado atmosférico, lo podríamos comparar, a nivel humano, con el de una mujer que está esperando un barco que se divisa en la lejanía y en el que vuelve su marido, que es pescador. La naturaleza muestra una especie de pacífico movimiento. Las hojas, las rocas, los arboles, la flores y el mismo sol expresan estas cualidades del anhelo.
En este estado de anhelo, el cielo tiene una cualidad como vacía, caliente pero que todavía es viva, vital y activa. La nitidez de las hojas y de los arboles lejanos es débil; nuestra visión está un poco nublada, opaca, como imprecisa y vaga. Nada es brillante. Desde el punto de vista orgonómico, podríamos decir que la atmosfera está cansada, agotada, pero todavía se encuentra en un estado de expansión.
Cuando este periodo de expansión se alarga (sobreexpansión) tal como ocurre con una atmosfera en un periodo de anticiclón/polución que se alarga más de una semana, se puede llegar a un estado de profunda tristeza, que en términos ambientales llamaríamos un periodo de sequía o contaminación atmosférica.
Probablemente sea la tristeza el estado más frecuente en que se encuentra la atmosfera en nuestro planeta hoy día. El color azul, asociado a la tristeza, es el color básico de la energía cósmica. Cuando esta energía se contrae, el azul se vuelve más intenso y profundo y puede observarse este azul en la cumbre de las montañas del Pirineo. Cuando predomina el anhelo, el azul es más claro, incluso un azul grisáceo opaco, bien visible en los días de fuerte contaminación ambiental.
Rabia atmosférica
Es una emoción atmosférica de descarga asociada a un estado de ansiedad. Se expresa de una forma inmediata y natural, como en el caso de una tormenta acompañada de relámpagos, truenos, lluvia intensa y/o granizo. También es el caso de una tormenta con vientos huracanados que literalmente «barren» una determinada región. Entonces el cielo se muestra furioso, enfadado, sombrío; todas estas expresiones siempre son activas. El potencial destructivo para tales expresiones violentas de rabia atmosférica siempre está presente, sobre todo en aquellas regiones con gran cantidad de polución ambiental. Como si la naturaleza quisiera «limpiarse» de una forma radical de los desastres humanos medioambientales.
El DOR atmosférico (Deadly Orgone Energy o Energía Orgónica Muerta)
La desertización está causada por el comportamiento extremo de la atmosfera, una característica que ha surgido en los últimos cuarenta años. La causa (el principio común funcional PCF) de este comportamiento extremo de la alternancia entre grandes inundaciones y grandes sequías es el DOR, que ya está presente por todas partes en nuestro planeta.
En una atmosfera limpia, luminosa y pulsátil (por ejemplo en la cumbre de las montañas), las nubes crecen de una forma bien delimitada y absorben una gran cantidad de energía orgónica, captando así el agua y la humedad. Existe, pues, un equilibrio en la atmosfera que es capaz de cargarse y descargarse, según la fórmula de Reich. Se carga por la mañana (nubes) y se descarga (lluvia) por la tarde, como ocurre en el Pirineo a finales de verano.
La coraza-DOR de la atmosfera actual destruye esta secuencia natural y rítmica, de la misma forma que la coraza humana (armadura caracterológica) destruye la capacidad del organismo viviente de expandirse y contraerse de una forma unitaria; dando lugar a todas las enfermedades psicosomáticas que después describiremos.
En ambos casos, tanto en el humano como en el atmosférico, la coraza-DOR impide la pulsación, lo que da lugar a la manifestación extrema de sequía-inundación. Observando el gráfico, vemos que la sequía y la inundación son dos funciones apareadas de un mismo principio común funcional: el DOR.
| DOR atmosférico | |
| INUNDACIÓN | SEQUÍA |
| Tormenta descontrolada | Tornado |
| Ciclón | Ráfagas de viento muy fuertes |
| Huracán o lluvia en pocos minutos | Ola de calor |
| Gota fría | Lluvia polvorienta |
| (Invierno 2020 en Cataluña-Gloria) | (Primavera del 2008 en Cataluña) |
La pulsación armoniosa de la atmosfera ha estado sustituida actualmente por violentos extremos de expansión y contracción; de sequía y de inundación; de calores extremos no habituales, a estaciones de fríos intensos. Este funcionamiento espasmódico, continuo y lento, es la causa fundamental del desarrollo de los desiertos, donde la temperatura fluctúa entre el calor diurno extremo, al frío nocturno también extremo. En el caso de que existan precipitaciones en los ambientes desérticos, estas son anuales y lo arrasan todo. Para restaurar la pulsación atmosférica necesitamos un programa global, dando prioridad a la eliminación del DOR.
El desierto emocional y el Efecto Oranur
De la misma forma que las espinas y los aguijones sirven a las plantas y a los animales para sobrevivir en las condiciones más duras y extremas de los desiertos del planeta (cactus, opuntias, escorpiones, serpientes de cascabel, etc.), diversas corazas emocionales como si fueran una armadura protectora son adquiridas y utilizadas por algunos hombres y mujeres para desarrollarse y sobrevivir en los ambientes hostiles y violentos de las sociedades posmodernas de principios del siglo xxi.
Wilhelm Reich fundamentó la hipótesis de la conexión entre la formación de lo que él denominó la armadura en el ser humano y el fenómeno de la desertización; entre el desierto geográfico y lo que él calificó como el desierto emocional.
Los países más industrializados causantes del cambio climático por el efecto invernadero, aunque alejados de los climas desérticos experimentan exageradamente las mismas características de las influencias biometeorológicas desérticas, o manifestaciones extremas de hechos psicosociológicos y climáticos. Los podemos observar separadamente.
1.El aumento de la incidencia del crimen/violencia y del número de asesinatos, el aumento escalonado durante los últimos treinta años de las violaciones, de los asaltos con armas y de la violencia doméstica. La sociedad actual parece haberse vuelto cada vez más violenta a la vez que han aparecido nuevas guerras y conflictos bélicos en todo el planeta.
2.Un estudio del Departamento de Biología de la Universidad de Indiana, demostró una incidencia significativamente clara de crímenes violentos y otros actos delictivos en cuatro ciudades que se encuentran cerca de centrales nucleares, en comparación con otras cuatro ciudades escogidas al azar.
3.A pesar de no existir ningún estudio estadístico comparativo, la incidencia de abusos físicos y sexuales a niños y niñas, así como el abandono y el asesinato de menores parece ser tan alta que podría considerarse como una epidemia a escala mundial. Dos millones de casos fueron confirmados en el año 2017.
4.La tasa de muertes por cáncer y otras enfermedades infecciosas y víricas ha aumentado de forma alarmante durante los últimos treinta y cinco años. Aquí incluimos el sida, el ébola y la covid-19.
5.Actualmente, es un hecho reconocido entre las autoridades científicas que el clima de nuestro planeta ha cambiado rápidamente en las últimas décadas. Nos enfrentamos a temperaturas extremas dentro de la fluctuación climática, con valores aterradores de calor o frío o, lluvia y sequía. En el mes de noviembre de 1988, Barcelona tuvo la mínima de este mes durante los últimos cincuenta años y la máxima cantidad de lluvia registrada durante los últimos treinta años. Esta misma ciudad registró en agosto del 1987 su temperatura más alta del siglo, con 38,6° C. La máxima superada correspondía a los 37,6° del mes de junio de 1982. El invierno del 201o ha sido el más crudo de los últimos años, con inundaciones en Andalucía y vientos de más de 220 km/h en Galicia. En 2019 hemos tenido el mes de junio más caluroso del siglo, con temperaturas de más de 40 grados. La explicación oficial señaló que los vientos saharianos que permanecían en calma fueron los causantes.
6.Durante la última década se han logrado los récords de actividad de tornados y huracanes, apareciendo por todo el planeta inundaciones, tsunamis, tormentas y nevadas totalmente imprevisibles. La última nevada, en abril de 2010 en la Costa Brava, que dejó sin luz a más de 300 mil abonados. La última devastación del huracán Irma en el Caribe y en Texas en septiembre de 2017. El invierno pasado (2020) sufrimos el impacto del huracán Gloria en Cataluña del que todavía nos estamos recuperando y la copiosa nevada que paralizó la ciudad de Madrid a principios del 2021.
7.Los incendios forestales, tanto en extensión como en el número de casos fortuitos o provocados, están aumentando en casi todos los países. El 1986 se destruyó prácticamente toda la flora de la montaña de Montserrat y el verano de 1998 se quemó parte de la Cataluña central. El 2003 se quemó la Albera y las llamas llegaron hasta Llançà. El 2009 murieron cinco bomberos de la Generalitat en el incendio de Horta de Sant Joan. Otros incendios de grandes dimensiones en Australia y San Francisco, que duraron semanas, han sido noticia. Los últimos más recientes y más cercanos en Portugal en junio de ٢٠٠١٧ y en ٢٠١٩.
8.La Fundación Lahey de Boston ha detectado una nube de aire sucio como una zarpa que se extiende desde Canadá hasta Cuba, consistente en pequeñas partículas de contaminación que se mantienen en suspensión por medio de «una fuerza física mucho más grande que la misma gravedad terrestre». Según la misma fundación, esta nube de polución es resistente a la influencia de cualquier fenómeno, incluso a las tormentas más fuertes.
9.La mayoría de los países de la Tierra han padecido la plaga de la sequía, la más severa de los últimos diez años. Existe la creencia de que este desafortunado fenómeno se hará aún más grande y afectará a más territorios. En la primavera del 2008 Cataluña sufrió la sequía más grave de su historia reciente y tuvo graves problemas con el agua. Fuimos conscientes por primera vez de la necesidad de una gestión pública del agua.
10.El agujero de ozono en la Antártida preocupa seriamente a los científicos por sus consecuencias imprevisibles. Por otro lado, los rayos ultravioletas son muy peligrosos para el organismo humano, porque causan diversas alteraciones de la piel. El deshielo está provocando el aumento de gas metano que va subiendo hacia la superficie terrestre y en 2017 se ha desprendido un iceberg del tamaño de la isla de Mallorca.
11.La lluvia o la nieve ácidas están cayendo en la mayor parte de las zonas de la tierra. En los últimos años, las estadísticas han descrito un valor de acidez anual que sobrepasa el pH4, con valores entre 2,1 y 5 pH durante tormentas aisladas. Estas cifras representan un incremento cien veces superior al valor existente tan sólo unas décadas atrás.
12.Los partos quirúrgicos y las cesáreas, lejos de ser una excepción se han convertido en protocolo rutinario de los hospitales, auténticas factorías de producir nacimientos con cesárea en serie y con mortalidades perinatales «inexplicables». El parto natural es una excepción. De cuatro partos hospitalarios, uno es con cesárea. Todo tiende a ser artificial, incluyendo nuestra bienvenida a este mundo.
13.Según investigaciones de la Universidad de Tokai (Japón), existe una corrección estadística significativa entre las pruebas nucleares subterráneas (China, India, EUA, Francia, Corea del Norte en 2017, etc.) y los terremotos en áreas muy pobladas del planeta (Haití, Chile, Italia, Chiapas en 2017, etc.). Entre 1960 y 1996, Francia realizó 210 pruebas nucleares subterráneas en el Pacífico. La posible relación entre la prueba nuclear de Corea del Norte y el terremoto en Chiapas en México al cabo de cuatro días (septiembre de ٢٠١٧) podría corroborar esta hipótesis.
Enfrentándonos con todos estos datos, nos encontramos delante de dos caminos a seguir. O bien pensar que estos fenómenos poseen cualidades diversas y que no tienen nada en común. O bien, sintetizar estos hechos a través deun enfoque funcional, buscando un principio común unificador (PCF) tal como sugiere Wilhelm Reich. Los discípulos y los continuadores de su trabajo a través de la American College of Orgonomy venimos publicando desde 1969 nuestras investigaciones en The Journal of Orgonomy.
Los médicos orgonomistas y otros investigadores buscamos un principio común funcional (PCF) para todos estos hechos observados, así como en otras informaciones similares disponibles. Hemos llegado a relacionar el desierto emocional de nuestra civilización actual con la aparición de una nueva energía desconocida hasta la fecha, que llamamos ORANUR (Orgonomic Antinuclear Radiation/Radiación Orgonómica Antinuclear), y con las causas que la están produciendo.
La Enfermedad Oranur. El origen de la covid-19
Cuando la energía cósmica que impregna todo el planeta está expuesta a ciertas influencias perturbadoras, se producen en ella una serie de cambios en su estado original que dan como resultado una fuerte transformación de la misma. Esta energía cósmica que Wilhelm Reich llamó energía orgónica, cambia hacia un estado de excitación muy elevado y alterado llamado ORANUR (Orgonomic Antinuclear Radiation).
Entre los elementos que irritan esta energía cósmica, el más perturbador encontrado hasta hoy día es la radioactividad. También son causa de su alteración agentes como los rayos X, las microondas, las luces fluorescentes, las pantallas de ordenador, los rayos laser, el radar, o las líneas de muy alta tensión (MAT). Aunque la forma más perturbadora es la radioactividad. En este sentido, el Efecto ORANUR es claramente demostrable en el hecho de exponer concentraciones altas de energía orgónica con pequeñas cantidades de radioactividad, tal como lo comprobó Wilhelm Reich en su Experimento Oranur, llevado a término entre los años 1950 y 1953, en su laboratorio de Orgonon en Maine (EUA).
El Efecto Oranur también puede tener lugar cuando coexisten concentraciones naturales de energía orgónica atmosférica junto con grandes cantidades de materiales radioactivos libres. Este fue el caso de las pruebas nucleares en la atmósfera (China, India, EUA, Francia, etc. durante la década de 1960-1970), o también en el efecto resultante de la catástrofe de Chernóbil y Fukushima, que desplegó su influencia negativa sobre gran parte de Europa y de Asia. En ambos casos, los efectos del ORANUR en la atmósfera, en las plantas y en el resto de los seres vivos, son cualitativamente hablando, muy parecidos.
Actualmente, muchas personas padecen una sensación de enfermedad o malestar crónico de difícil diagnóstico y que algunos médicos la engloban dentro de lo que llaman vulgarmente «estrés». Lo que ocurre en realidad es que desde los accidentes nucleares de Chernóbil y Fukushima (con niveles altos de ORANUR en todo el planeta), los organismos más debilitados, desde el punto de vista energético, empiezan a desarrollar diversos síntomas como: cansancio, fatiga crónica, dolores y problemas musculares, vértigo, náuseas, irritación de la conjuntiva, sensación de presión en la cabeza o en el pecho, manchas e intensos picores en la piel, palidez y frío alternados con estados de acaloramiento, irritabilidad, temblores, necesidad de tomar medidas rápidas para airearse o moverse, cianosis, deposiciones blandas o líquidas, reacciones de tipo leucémico en los análisis de sangre, edemas en las piernas, amnesia, depresiones sin motivo, postración, etc. Todos estos síntomas, cada vez más frecuentes y alarmantes, que padece la población, están causados por el Efecto Oranur.
El Efecto Oranur tiene tres fases bien diferenciadas. Inicialmente, se detecta en el organismo humano una fase preliminar de sobreexcitación y nerviosismo, que da paso a una segunda fase de paralización y depresión y a una tercera fase de deshidratación y muerte de los sistemas corporales afectados.
La segunda y tercera fase son debidas a la transformación de la energía orgónica del planeta (también en el ser humano) en una forma muerta de energía llamada DOR (Deadly Orgone Energy) que roba la vitalidad, el agua y el oxígeno a los seres vivos; es decir, les deshidrata y les roba la vida.
Tal como podemos apreciar hoy en día, tanto en el planeta Tierra como en el ser humano, comienzan a manifestarse los síntomas de su actuación. Debido a la presencia intensa y continua de ORANUR y de DOR, empiezan a tener lugar cambios funcionales a muchos niveles. Por ejemplo, en el hombre, ciertos estados latentes de enfermedades que estaban dormidas en el cuerpo humano a nivel subclínico; es decir, sin síntomas aparentes al principio (asintomáticas), empiezan a manifestarse en forma de nuevas enfermedades desconocidas hasta la fecha. La pérdida de oxígeno, de agua y de energía orgónica en el organismo humano y en los animales produce una desintegración de las células. Esta desintegración celular está dando lugar a nuevas enfermedades de tipo precanceroso, a infecciones bacterianas no habituales y a nuevas enfermedades víricas o viroideas de origen desconocido hasta hoy día. El sida, el ébola y el virus del dengue (DENV) fueron las tres primeras. El SARS y el MERS fueron las siguientes. La pandemia de la covid-19 con sus diversas variedades y mutaciones es la parte actual, visible y reciente de la Enfermedad Oranur-Dor que sufre la población del planeta.
Las emociones de la posmodernidad
En una secuencia de la serie de televisión de la BBC sobre la India británica de los años 1940, La joya de la Corona, un psiquiatra, que había sacado con éxito de un estado depresivo a una joven paciente, fue preguntado en el marco de una reunión social con el dilema de si él era freudiano o jungiano. Este trató de evitar cortésmente la respuesta. Pero cuando le insistieron de nuevo, este psiquiatra replicó que no era ni freudiano ni jungiano, que él seguía al psicoanalista Wilhelm Reich. No contentos con la aclaración, le pidieron que se explicara un poco más. Dijo que él creía en el psicoanálisis que proponía Wilhelm Reich y que pensaba que la relajación de las tensiones del cuerpo, el poder expresarse emocionalmente sin bloqueos y una vida sexual satisfactoria eran los tres pilares que apoyaban una buena salud física y mental. Aunque esta escena es una ficción literaria, nos seguimos preguntando: ¿por qué tuvieron tanto éxito las ideas de W. Reich?
Probablemente porque expuso el conflicto que tenemos planteado los hombres y las mujeres del siglo xxi: el homo conmotio frente al homo loquens. Es decir, las emociones frente a la verborrea, los sentimientos opuestos a las ideas, la experiencia por encima del discurso intelectual. Para Reich, la salud es la calidad emocional en la que el ser humano vive su propia vida: el libre flujo de la energía de la libido en el interior de su organismo. El lenguaje popular lo expresa de una manera muy gráfica: »Esta persona es un tempano de hielo». «A fulano le hierve la sangre de entusiasmo». «Las manos frías y el corazón caliente». «Se le hincha el pecho de orgullo». «Tal persona ha gastado toda su energía».
Las emociones humanas básicas sanas son tres: la rabia, el placer y la ansiedad.
1.La rabia o la agresividad sanas se producen cuando el flujo de energía corporal se dirige y se expresa hacia los músculos.
2.El placer o la expansión surge cuando la energía fluye hacia la piel (los genitales son la parte más sensible y especializada de la piel).
3.La ansiedad cuando el flujo energético se dirige desde la periferia del organismo (piel) hacia los órganos internos, causando una gran contracción en el organismo que se siente como un malestar interior.

Figura 1. El cuerpo humano sin armadura
Existen dos emociones subsidiarias más complejas: el anhelo y la tristeza.En el anhelo, el flujo energético se dirige básicamente hacia el pecho, los brazos, la boca y la pelvis. Se experimenta como un deseo de acoplamiento con otro ser humano y se expresa como una necesidad de buscar a alguien querido, o a alguien que no está presente, pero que es deseado. Es la necesidad de un contacto emocional.
La tristeza es una reacción a una pérdida y al duelo. En ella existe también anhelo, pero en este caso no hay posibilidad alguna de acoplamiento y el ser humano simplemente se contrae de una manera natural. Aquí debemos separar la tristeza como emoción básicamente humana sana, de la depresión, que se produce cuando la rabia regresa otra vez hacia adentro del organismo y es una manifestación neurótica y enferma porque la rabia se dirige contra uno mismo. La depresión es casi siempre autodestructiva.
A estas cinco emociones debemos añadir dos estados más: la anorgonia y la armadura. La anorgonia es el resultado de la retirada súbita de la energía del cuerpo, que se experimenta como una gran debilidad general. La armadura ocurre cuando la energía queda estancada en una particular zona corporal y es inmovilizada por una contracción muscular muy fuerte y la energía no fluye a través del organismo. Se experimenta como un agarrotamiento.

Figura 2. El cuerpo humano con armadura
Existen todavía otras dos emociones humanas subsidiarias más complejas todavía: la vergüenza y la culpa.La vergüenza es originalmente un impulso natural y agresivo sano que ha conseguido agujerear la armadura caracterológica y que ha llegado hasta la piel del cuerpo, sobre todo a nivel de la cara. Allí este impulso ha quedado instalado en busca de una respuesta empática. Ahora bien, si este impulso sano no es bien recibido o no ha obtenido una respuesta empática de contención, la persona siente entonces vergüenza.
La culpa es el mismo impulso natural y agresivo sano pero que esta vez no ha conseguido atravesar la armadura caracterológica. A su vez, este impulso rebota contra ella y regresa al lugar (al núcleo del self) de donde provenía originalmente. Retorna al núcleo como si fuera un boomerang. Como vemos, la culpa y la vergüenza son hermanas gemelas.
Si usáramos un lenguaje naturalista y orgonómico diríamos que la libido de Freud (el impulso sexual y agresivo sano) es líquido como el agua del mar y que toma la forma del objeto a quien va dirigida y proyectada. El impulso agresivo libidinal sano, como si fuera una ola del mar al compás de la marea, rebota con bravura contra el acantilado. La armadura caracterológica es sólida como el acantilado. Este rebotar sería la culpa.
La vergüenza seguiría el mismo proceso pero esta vez la ola va deslizándose suavemente en la arena de la playa. La ola del mar lame la arena, sin rozarla apenas y se aleja de la playa para regresar. Y aunque vuelve al mar, es decir retorna al núcleo del self, lo hace de una manera más apacible y no reflexiva. La arena es un objeto sin armadura que se mece al compás de la ola. Esta sería la diferencia entre los sentimientos de culpa y de vergüenza. Ambos tienen el mismo origen libidinal (sexual y agresivo sano) y se dirigen al objeto (proyección), pero que retornan al núcleo (self) de formas distintas. La culpa es reflexiva, la vergüenza no lo es. Los psicoanalistas llamamos a estas dos maneras de retornar al núcleo del self, identificación proyectiva e identificación introyectiva.
La armadura caracterológica puede ser temporal, como una respuesta de autoprotección del ambiente. En este caso sería una defensa sana. Pero también puede hacerse crónica y rígida, dando lugar a la estructura de carácter neurótica y a las enfermedades tales como el estrés, la hipertensión, la depresión, el asma, la tensión premenstrual, la obesidad, el alcoholismo y muchos malestares psicosomáticos. El cáncer es el resultado de la petrificación de la armadura y la resignación crónica. Pero aun así el cáncer es curable. En este caso hay que revertir el proceso de autodestrucción de la propia armadura caracterológica y superar el instinto de muerte del organismo.
La culpa
De definiciones sobre la culpa, esta temida prisión emocional, encontramos una larguísima lista. Es como un peso que nos invalida y nos aplasta. Nunca duerme. Nunca descansa ni nos deja descansar. Se prolonga tanto que nos da demasiado tiempo para reflexionar. Una reflexión incluso persecutoria. ¿En qué pensamos cuando sentimos culpa? Sentir culpa por no haber hecho lo suficiente y evitar perder la pareja, un trabajo, un amigo...
¿Por qué sentimos esta losa tan desagradable que nos lo roba todo?: la libertad a sentir de nuevo, de producir nuevos sentimientos, de intentar nuevos proyectos. Roba el presente. Nos hace esclavos de nosotros mismos. Obedeciéndola. Venerándola. Como el mismo Dios judaico; recordando que la culpa es bíblica, «naturalmente». Bien sabido es que de natural no tiene nada. ¿Dónde nace? ¿Cómo podemos convertirla en tan omnipotente? Es nuestra deuda. Nos vigila, nos obliga, nos hace sumisos. Nos reprime fuertemente en nuestro anhelo de libertad. Estricta, exigente, petrificada: superyoica según el psicoanálisis.
¿Cómo explicar pues, el origen de este sentimiento? Recordamos la Biblia por ejemplo, en donde la culpa es contemplada bajo una pátina religiosa. La conocida mancha del pecado original. También puede tener un origen típicamente social: en donde una persona responsable puede transgredir una norma o ley (moral, civil o penal) de la comunidad en la que vive. Analicemos dos ejemplos que originan el sentimiento de culpa. En primer lugar, nombraremos la horda primordial como señalaba Freud, aquella tribu nómada, primitiva, donde mataron al líder y se lo comieron. Después la comunidad sufrió un gran sentimiento de culpa, individual y colectiva, que dio lugar como consecuencia al nacimiento de las normas, los preceptos, los mandamientos, las leyes, las constituciones, etc., para evitar la repetición del crimen. El segundo ejemplo estaría en la situación en donde el niño pequeño se siente desconsolado y culpable ante la posibilidad de que su rabia hubiera hecho daño a la persona que lo quiere, la madre. En estas dos situaciones vemos como se origina la culpa. Son las dos configuraciones en dónde encontramos sentimientos ambivalentes. Es decir, sentimientos amorosos y sentimientos de hostilidad.
Los dos ejemplos representan como todo vínculo pasa obligatoriamente por sentimientos ambivalentes de «doble corte». Aprecio al líder, incluso me gustaría ser como él pero a la vez me molesta para conseguir lo que quiero. Se ha de aniquilar o derrotar políticamente. Estos ataques, inevitables, a los objetos buenos, despiertan ansiedad y sentimientos ambivalentes (amor-odio) que se pueden traducir en una sola palabra: culpa. Un anhelo insatisfecho, proyecciones (fantasías) fallidas hacen surgir también este sentimiento cuando nos damos cuenta de que hemos destruido o hemos perdido a la persona (objeto) amado. Toda esta amalgama de dobles sentimientos tiene efecto igualmente en el tejido cultural y social. Por ejemplo, los independentistas catalanes tendrían de sentirse culpables de serlo, si lo miramos desde el punto de vista del constitucionalismo español.
¿Cómo curarse de esta angustia que nos deja respirar, que no nos deja vivir como querríamos? Nos ayudaría en gran medida ser conscientes de lo que se oculta en un nivel secundario —más profundamente que la fachada social— detrás de la culpa: la rabia. Rabia no expresada, no descargada. Reprimida. Esta rabia, en principio sana, no puede atravesar la armadura caracterológica (defensa muscular de W. Reich).
Esta energía no puede llegar a la superficie de la piel para obtener una respuesta emocional esperada. Por lo tanto, choca contra la armadura y vuelve a nuestro interior transformada en culpa y enojo. Este proceso se repite una y otra vez. Paralizando nuestras acciones: no dejo la pareja porque siento culpa, o aún más duro sería sentir culpa porque la pareja me ha dejado; no cambio de trabajo, no digo lo que pienso, etc. Empezamos a ser conscientes de que todo aquello no expresado y postergado en exceso nos hace volvernos neuróticos. Abruptamente, surgen en nuestro cuerpo contracturas, rigideces y otras somatizaciones. Existe toda una ciencia, la farmacología, para paliar y disimular las molestias colaterales de la culpa. Se ha de tener presente que nunca se trabaja la raíz del conflicto.
¿Nos salvaría quizás maquillar la culpa en un viaje o unas exóticas vacaciones en un «paraíso emocional»? Buscando sensaciones más que fuertes. Poniendo a prueba el propio cuerpo: mordiscos de serpientes, insectos venenosos, selvas peligrosas, la suciedad, el sexo por el sexo, elementos climáticos hostiles, etc. Todas estas situaciones (superyoicas) superadas y expuestas —envueltas— en forma de gesta, que a menudo enmascara una flagelación posmoderna de un alma en pena en un intento vacuo para eximirse de la culpa. ¿O bien me libero «olvidando» como sumergimiento de «salud vigorosa» según Nietzsche?
Una opción más razonable y con menos gastos económicos sería el retirar la inversión de energía en aquel objeto o vivencia que me hace sentir culpa; en esta situación es necesario construir distancia. Separación: atravesar un proceso de duelo del objeto siempre es una tarea lenta y ardua.
El silencio y la soledad (mental) son ahora buenos aliados en este «poner orden» interno. También un buen acompañamiento psicoanalítico (W. Reich). Lejos de distracciones, ellos nos ofrecen un espacio mental seguro en donde revivir ideas y sentimientos para «trascenderlos», superarlos. Un espacio de contención, de protección en donde pueda «pagar» simbólicamente la deuda de la culpa.
Analizar para deshacer y desmontar aquello que nos hace sentir culpables. Dejando salir la rabia que se oculta detrás. La consecuencia inevitable: quedarse solo. Esta soledad nos obsequia un territorio de orden para poder leer con una nueva luz y entender que ha pasado realmente dentro de nosotros. Es entonces, cuando se expresa la rabia terapéutica, que inicia el orden interno. El orden interno es capital para desvanecer y enjuagar la confusión. Licuando el movimiento de boomerang de la culpa; restaurando progresivamente la tranquilidad en uno mismo.
Es en este lugar de calma, separados del objeto, donde me regenero sin olvidar nunca. Esta consciencia, darse cuenta, comprender viviendo la propia tristeza rompe la «compulsión de repetición» (Freud). Sólo tomando consciencia pasando por un duelo del objeto se puede dejar de repetir. Lo que en lenguaje vernáculo expresa: dejar de tropezar dos veces en la misma piedra.
Quizás, la experiencia diaria sería más placentera si viviéramos en un tiempo más ligero, más etéreo, más helénico. Como lo orquestaban los maestros de la tragedia griega afirmando que al fin y al cabo la culpa de los males del mundo la tenían los Dioses.
La vergüenza
En primer lugar, el concepto de vergüenza lo podríamos definir como un mecanismo de defensa específico dentro de los diferentes que existen en el conglomerado organizativo del aparato psíquico. Es necesario tener presente que este tipo de defensa se despliega para hacer la experiencia más soportable y más ligera. Aunque el precio a pagar sea una pérdida sensible de la libertad. Sentirse expuesto, observado, ser visto, sentirse sin protección provoca sentimientos de turbación y de vergüenza. Incluso de humillación. Como si alguien nos mirara de forma crítica, juzgándonos de manera condenatoria. Recordemos que la vergüenza no es reflexiva, como explicamos al hablar de la culpa. ¿Son estos sentimientos interculturales, universales? Todo el mundo los padece. No lo es la timidez, por el contrario, que es adquirida y tiene que ver con el carácter.
Ver y ser visto, donde J. Steiner sugiere que en la suficiente distancia —fuera de la confusión con el objeto, como podría ser por ejemplo en el enamoramiento— es donde podemos apreciar tanto las cualidades buenas como las malas del objeto de amor. Este poder ver o que te vean hace surgir diversas ansiedades que se han de cotejar.La experiencia de ser vistos sería como una vivencia sin protección, desnuda, observada de manera crítica, provocando malestar. Este estado de incomodidad inicia un movimiento concreto de la energía interna, libido/impulso o agresividad sana de nuestro cuerpo. Esta energía se mueve desde el propio núcleo (self), que es nuestra parte más íntima, atraviesa la armadura caracterológica (defensa muscular) instalándose en la superficie de la piel y los ojos (segmento ocular). Este impulso libidinal pide un objeto contenedor. Busca una respuesta empática por parte de la madre o bien de una persona que ofrezca comprensión y amor.
Si existe una respuesta empática por parte de la madre como podría ser una mirada aprobadora, esta excitación libidinal desaparece al quedar satisfecha y contenida. Diríamos que la vergüenza es acompañada y desaparece. La mirada comprensiva de la madre actúa como un espejo (mirroring) donde el niño o el bebé pueden reflejarse, sintiéndose seguro. No juzgado. No experimenta turbación. Contrariamente, si no hay respuesta empática —quizás en forma de rechazo, de ignorancia, de indiferencia, etc.— o la respuesta es insuficiente, la excitación libidinal que se ha instalado en los ojos (segmento ocular) y en la superficie de la piel de la cara queda allí estancada y se manifiesta entonces como un afecto de vergüenza.
Dicho de otra manera, la energía interna (libido), que siempre se descarga de una forma o de otra, lo hace dentro de un vacío emocional por la falta de un objeto contenedor. Se puede experimentar una sensación de rechazo devastadora por falta de acompañamiento emocional. Niños y adultos pueden sentir vergüenza por haber mostrado sus necesidades y ser estas ignoradas o depreciadas.
Históricamente, se podría situar su origen en la conocida y romántica narración relatada en la Biblia donde la pareja es expulsada del Edén. En este preciso momento los dos protagonistas sienten, más bien, padecen la humillación y la vergüenza de ser mirados por un ser fantasioso y «superior». Juzgados por haber cometido una falta.
Desde un punto de vista comunitario, la expresión sentir «vergüenza ajena» la podríamos contextualizar en el caso en donde un objeto o un sentimiento son expuestos a la dura mirada de la comunidad. La vergüenza puede surgir en el ser humano como consecuencia de ser desposeído de una identidad grupal o de ser expulsado de un grupo primario. La vergüenza, que hace de guardián de la moralidad pública y de la ortodoxia (científica, cultural, política, religiosa, etc.) es básicamente un fenómeno social. Es capital recordar justo en este punto los matices entre moral (costumbre heredada y repetida) y ética (actitud adquirida, reflexionada, auténtica, a menudo alejada de la costumbre social).
La palabra hebrea bosh (vergüenza) significa ser expuesto a un cuestionamiento credencial dentro de un grupo. Ser excluido de la comunidad a la que uno siente que pertenece y con la que uno se ha identificado. La vergüenza interpretada desde la vertiente de la moral (repetir las costumbre sin trabajo de reflexión) tendría una importante función de seguridad, supervivencia y de cohesión social, pues el animal (la persona) expulsado del grupo o que decide abandonar voluntariamente el grupo será expuesto inmediatamente al ataque de los depredadores, cosa que no le pasa al animal que siempre vive en manada, bandada, en grupo y en comunidad. Otros autores creen que la vergüenza es una función social. Que en un principio puede ser producida por las expectativas o reacciones de la madre u otros significantes y después se internaliza como vergüenza. J. Lientenburg concluye que podría ser un afecto preprogramado, ya desde el mismo nacimiento.
En este sentido, la razón de ser de las instituciones, de las sociedades y de los grupos científicos y culturales que protegen a sus miembros del gran poder depredador del tiempo, del olvido, de los nuevos paradigmas que van sustituyendo a los viejos, de los modelos culturales que se ofrecen y de los incesantes progresos sociales a los que serían inevitablemente expuestos si estos miembros decidieran abandonarlas. Estas instituciones protegen a sus integrantes, a través de la vergüenza, del ataque de los depredadores que toman forma de los constantes cambios científicos, culturales y sociales.
Padecer vergüenza, humillación, sentirse rechazado, no querido, etc. podría dar lugar a la aparición de la venganza y del odio. Pero..., ¿este odio, dónde nace? Y aún más preocupante, ¿cómo lo tratamos? Ahora indagaremos sobre el odio siempre tan presente en nosotros y a la vez tan peligrosamente ignorado.
El odio
Quizás uno de los sentimientos más primitivos y profundos que experimentamos. Pero, ¿cómo se origina y cómo nos afecta? Y lo más preocupante: ¿por qué lo ignora nuestra sociedad encubriéndolo con fachadas sociales nada genuinas de coloreadas variaciones; por ejemplo la ira, el menosprecio, etc.? A menudo, al final de un conflicto, en la hora de recreo se sugiere a los alumnos: «todos tenemos que ser amigos»... ¿Ah, sí? ¿Es saludable este consejo o simplemente políticamente correcto? ¿Cómo nace en nosotros esta aversión y repulsa profunda hacia alguien muy diferente a nosotros o por alguna cosa?, como por ejemplo hacia el olor del tabaco, para los que lo hemos dejado después de mucho esfuerzo.
¿Quién odia más? Mujeres, hombres, niños. De nuevo la diferencia. No olvidemos que el odio está desposeído de género. El odio tampoco es genético, como señalaba Nelson Mandela: «Nadie nace odiando a otra persona por el color de su piel, origen o su religión».
Seguidamente nombramos cuatro situaciones en donde el odio nace:
En primer lugar, en el caso de niños pequeños donde aún no pueden expresar la rabia que sienten de manera oral, es decir, antes del habla. A menudo encontramos circunstancias en donde el segmento oral: la barbilla, la boca, la mandíbula, las mejillas y la garganta, descarga energía (libido). Al no tener aún la capacidad de expresar sus sentimientos con palabras aparecen los conocidos mordiscos de la guardería. Es en esta parte del cuerpo (boca) en donde se concentra la rabia. Es de recorrido o de elaboración más breve que el odio. Por lo tanto, se expresa más físicamente, más rápidamente. El odio, en cambio, necesita más tiempo para construirse. Habita en otro segmento corporal. Más cerca del corazón, compartiendo espacio con el amor. «Cuanto más pequeño es el corazón más odio aloja», decía Víctor Hugo.
Segundo, en una relación de pareja donde uno de los integrantes, independientemente de su género, tiene un carácter más autoritario que el otro y deja poco o nada que negociar a la otra parte. Obligando durante años a ceder constantemente. En el lenguaje vernáculo, diríamos que la persona más sumisa de la pareja se somete a una imposición a regañadientes (en contra del self) acumulando un sufrimiento de humillación y de angustia. Estas relaciones de dominio-sumisión, siempre inmaduras e infantiles, desembocan en un sentimiento de odio profundo a nivel inconsciente que va acumulando la persona sumisa hacia la persona dominante o autoritaria. La mayoría de las veces el sentimiento de odio es disimulado en la superficie.
En tercer lugar, el caso del odio envidioso relacionado con los celos. Aparece odio fruto de una experiencia vivida desde la confusión con el objeto de amor. Odio hacia un amigo, hacia el trabajo, hacia el cónyuge, hacia un hermano pequeño que acaba de aparecer en la tranquila y egocéntrica vida del hijo primogénito.
En cuarto lugar, situaciones relacionadas con la depresión. Recordamos que una de las diferencias entre las personas que viven un duelo normal y los deprimidos es que estas últimas guardan un odio hacia sus seres queridos que ya no están. Un odio que nace de la confusión de creer que la persona que ya no está o que te ha abandonado te pertenece, que no tiene vida propia fuera de ti.
Entonces encontramos el odio invadiendo el segmento torácico: los pectorales, el trapecio, el romboide, los escapulares, los músculos intercostales, los pulmones y el corazón. El odio se instala de forma profunda para quedarse «congelado» al menos durante un tiempo. ¿Qué tienen en común las situaciones previamente descritas que provocan el sentimiento de odio y de agresividad? La lucha de los instintos que cada persona libra en su interior se va acumulando en agresividad. Ahora ya sabemos que esta libido apilada se descarga de una forma y otra. No se puede postergar ad vitam pues engendraría aún más sentimiento de odio.
¿Cómo modificamos este sentimiento tan arraigado por otro más ligero y sano? Con diálogo. Analizando los objetos de amor para fragmentarlos. Dividiendo la mente en partes emocionales más simples y más sencillas para llegar a entender la situación. Conversando con uno mismo, con la otra parte o con otras partes y con paciencia.
Esto amplia nuestro umbral de tolerancia a la diferencia. Si el odio se construye durante años, ha de existir pues un diálogo largo y profundo para derrocarlo. Desmenuzar el odio hará brotar durante la larga etapa de deconstrucción de la mente toda una serie de inevitables emociones nada agradables a las que habremos de encarar. Empezaremos a sentirnos «perturbados, sensibles, vulnerables, desconcertados, incómodos, cansados, inadecuados, incorrectos, desfigurados, postergados, degradados, avergonzados, subestimados, difamados, desacreditados, deshonrados, humillados...».
Quizás tendríamos que aspirar a una sociedad que pueda coexistir con la pulsión de muerte (Freud). Dar salida de alguna manera a la agresividad sana, a nuestra «parte animal» que genera conflicto en lo social; no sólo negarla o controlarla sistemáticamente. Tener la oportunidad de poder descargar el exceso de energía en lugares controlados, como durante la práctica de una actividad deportiva. Más correcto sería trabajarlo psicoanalíticamente (W. Reich). Estudiar por qué esta parte animal —agresiva sana— rompe la armonía. Cuestionar los valores, probablemente obsoletos, que cuadriculan de forma sagaz nuestro tejido social y que aún decretan nuestra forma de vida.
El delito de odio está castigado en el Código Penal, igual que el fomento de la violencia entre grupos o personas por motivos de etnia, racistas, ideológicos o religiosos. Por otra parte, sentir odio genuino y expresarlo de una forma pacífica y creativa, como las narices rojas de los payasos o los gags humorísticos y las letras de las canciones de los raperos, no tendrían que ser considerados un delito. Aquí entraríamos en el campo de la psicopolítica y la utilización partidista del odio para fines de represión y de control social.
La envidia
Definiríamos la envidia como una forma de ataque y odio, entre otras formas de ataque existentes, que nace de un estado mental fantasioso. En esta fantasía nace un sentimiento destructivo que nos impulsa a atacar a un objeto: vecino, compañero de trabajo, jefe, hermano, etc. Hay que subrayar que esta agresión es diferente de la que se puede sentir hacia un rival. Esta agresión destructiva puede tener la forma violenta de posesión y control.
M. Klein describe la envidia como un ataque destructivo a un objeto bueno, no al objeto malo. Su postura sostiene que es de origen innato, de nuevo, sin género. Un instinto de arruinar a una persona precisamente por su bondad. De intenciones hostiles hacia un sujeto, expresado desde su fantasía, desde un estado mental de confusión y conflicto. Parece ser que esta fantasía agresiva es innata. O bien, se da en la primera infancia donde el primer objeto envidiado, por tanto, que se quiere destruir es el pecho de la madre por las frustraciones recibidas.
Es una sensación de confusión entre aquello que es bueno y aquello que no lo es; ante uno mismo y en el mundo externo más cercano. Recordemos que existe confusión cuando no hay la suficiente distancia entre el yo y el objeto de amor.
Por ejemplo, en el enamoramiento fácilmente nos podemos confundir con la otra persona. Klein mantiene que la envidia llega como un obstáculo mayor en el desarrollo de un carácter sano. Es importante no olvidar que innato no quiere decir inmodificable pues, en el curso del desarrollo normal del niño la modifica suficientemente como para tener una psique de evolución sana.
Por otra parte, los psicoanalistas sostenemos que el bien no puede existir de forma aislada. De aquí la ambivalencia en los objetos, que son buenos y malos a la vez. Establecemos un vínculo entre los objetos que son más difíciles de tolerar, los cuales a pesar de sus cualidades positivas son vividos como humillantes, con la aparición de sentimientos de inferioridad. El ser envidioso no tolera la bondad del objeto. Esta singular forma de vivir un hecho positivo de forma angustiosa y dolorosa es debido a viejas experiencias, siempre a nivel inconsciente.
W. Bion propone que es el vínculo entre objetos aquello que es envidiado. Por ejemplo: la envidia de un niño pequeño mirando a su madre con un nuevo niño en sus brazos es fácil de reconocer.
La envidia también provoca las identificaciones proyectivas: creer que las cualidades buenas de otra persona son las propias. De nuevo, fruto de la confusión. La envidia tiene la tendencia a establecer relaciones hostiles con un objeto bueno. Atacar a quien da satisfacción. Esto es debido a vivir en un estado mental infantil y confusional. A creerse omnipotente, idealizándose uno mismo. La envidia no tiene fin. Se podría describir como un sentimiento de insatisfacción eterna. Una voracidad que puede tener como consecuencia una acumulación de objetos echados a perder, experiencias negativas, frustrantes. Provocando más voracidad y más ansia de apoderarse de un nuevo objeto bueno para calmar la angustia interna que no para de empeorar.
¿Qué no es la envidia? Cuando los amigos cercanos nos copian actitudes nuestras de una manera repetida y sistemática. Por ejemplo: comprar una bicicleta, unos zapatos, un vestido prácticamente idénticos al nuestro.
¿De qué depende que envidiemos unos objetos u otros? ¿Por qué uno llega a envidiar? La vergüenza y la envidia se originan en las comparaciones. La envidia es producida por un sentimiento vergonzoso de inferioridad. Parece ser que la superioridad y la inferioridad vienen a ser los temas importantes ya que son los elementos claves de una lucha competitiva infantil.
¿Cómo deconstruir esta fantasía llamada envidia? En primer lugar es necesario discriminar entre los estados psíquicos buenos y malos. Realizando esta separación sin un odio excesivo. Si el odio es excesivo hace que se prolongue el estado confusional y envidioso. Si el niño no puede salvar de sus ataques destructivos al objeto bueno, no tendrá una experiencia positiva de aquel objeto y no lo podrá introyectar adecuadamente. Es decir, no tendrá un buen referente para futuras situaciones. No podrá tener el orden interno necesario para sus nuevas experiencias.
Los elementos de la envidia pueden ser modulados poco a poco pasando por diferentes espectros de intensidad. Como por ejemplo, un estado persecutorio, llegando a los celos incontrolables. Esto deja lugar a la admiración por la misma persona por la que sentimos celos e inferioridad, hasta finalmente desembocar en un estado de competencia más franca y más sana en la persona envidiada desde un principio.
¿Es sano negarse la envidia a uno mismo? Quizás nos ayudaría, siempre desde la separación del objeto, la cual nos permite confrontar mejor la realidad psíquica, aceptarla como algo que ha de ser tolerado y poder seguir viviendo. Acogerla como una forma de hacer frente a nuestros verdaderos deseos. Reflexionar sobre aquello que uno envidia. La consciencia real de aquello que se desea lleva a una situación emocional incómoda. Demanda mucha energía psíquica y una gran determinación. Hay que saber «sólo» si uno mismo está dispuesto a hacer este dantesco esfuerzo a cambio de construir el propio yo. ¿Existe mayor recompensa o un final más satisfactorio?
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