Читать книгу: «Fábulas. Fábulas. Fábulas de Rómulo.»

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BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 343

Asesores para la sección latina: JOSÉ JAVIER ISO y JOSÉ LUIS MORALEJO .

Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por EUSTAQUIO SÁNCHEZ SALOR .

© EDITORIAL GREDOS, S. A.

Sánchez Pacheco, 85, Madrid, 2005.

www.editorialgredos.com

REF. GEBO423

ISBN 9788424937195.

FEDRO

INTRODUCCIÓN
LA FORTUNA DE FEDRO

No es corriente iniciar este tipo de introducciones comentando la fortuna del autor, pero el caso de Fedro es particular en este punto. Difícil es encontrar entre los poetas clásicos alguno que desee tanto la gloria o reclame con tanta insistencia el reconocimiento de sus méritos ante la posteridad 1 . Introdujo el género en Roma y es, sin duda, uno de los autores de mayor influjo en la historia de la fábula. Sin embargo, no parece que gozara entre sus coetáneos de mucha fama y los juicios de la posteridad o no existen o son más bien negativos.

Su obra tiene un indudable valor literario, como intentaremos mostrar en las páginas siguientes; tiene también interés desde el punto de vista sociológico —su voz, como dijo Rostagni, es la voz de los humildes 2 —; e incluso las ideas que se vierten en sus narraciones tienen la suficiente coherencia y originalidad como para haber sido asumidas por muchos de los fabulistas que le sucedieron. Es claro que su colección de fábulas no puede figurar entre las grandes obras de la literatura latina, pero no es menos cierto que su escaso renombre es injusto para sus merecimientos. Fedro parece haber sido víctima de dos circunstancias que le han impedido alcanzar la fortuna debida:

—La primera, las características del género: la fábula fue utilizada ya en la Antigüedad con fines didácticos y esa costumbre ha gozado de una tradición tan larga que, creo, todavía hoy se emplea en nuestras aulas de la Enseñanza Secundaria para iniciar a los alumnos en los rudimentos del latín y el griego. Las fábulas de Fedro no se han visto libres de esa utilización didáctica y ello ha provocado que se hayan hecho selecciones, de acuerdo a criterios gramaticales y morales, que casi nunca han dejado ver la importancia del conjunto.

Además, se trata de un género muy abierto, donde abundan las colecciones parafrásticas, y con un mismo argumento encontramos versiones de fábulas de muy distinta calidad; en las colecciones conservadas hay muchas que son obra de redactores poco capacitados que han superado, sin embargo, el crisol de la posteridad, porque en el mare magnum de la tradición fabulística parece haber sido muy difícil separar la paja del grano. Se trata de autores que alteraron la intención de los apólogos y rebajaron el estilo, contribuyendo decisivamente a esa consideración de género menor que hoy tiene la fábula.

—La segunda, la existencia de Esopo y La Fontaine, fabulistas que gozan de reconocida fama universal. El primero, por ser inventor del género; el segundo, por haberlo cultivado con gran elegancia literaria. Pero lo cierto es que de Esopo no sabemos ni siquiera si existió realmente; y, si llegó a existir, sus relatos se perdieron, de manera que lo que hoy conocemos como fábulas de Esopo son unas paráfrasis prosaicas, la mayoría de escasa calidad literaria, que parecen haber sido redactadas entre los siglos IV y IX d. C. 3 . Pero quedó su nombre para designar el género: a ese conglomerado de narraciones de diversa tipología que aparecía en las colecciones se le llamó lógos Aisópou, fabulae Aesopiae . Y su nombre perduró en el tiempo y hoy todo el mundo conoce a Esopo, pero nadie conoce a Fedro, que compuso la colección de fábulas en verso más antigua de cuantas conservamos, muy superior en calidad literaria a las fábulas anónimas en prosa que conocemos como ‘fábulas de Esopo’.

Qué decir de La Fontaine. Su obra es, sin duda, más extensa que la de Fedro. No me atreveré a hacer comparaciones en cuanto al estilo literario, pero sí creo estar autorizado a decir que el influjo del romano en el francés, insuficientemente reconocido, determina en buena parte las características de su obra. Sin embargo, Saint-Beuve elogiaba profusamente a La Fontaine y decía que de Fedro era imposible leer más allá de cuatro fábulas 4 .

De manera que algunas características del género y el agobiante protagonismo de Esopo y La Fontaine han relegado a Fedro a una oscuridad —casi peor, grisura— que él parecía prever, cuando se quejaba en los prólogos y epílogos de sus libros del escaso interés que despertaba su obra 5 , de que sus lectores no entendían la intención que subyacía en sus fábulas 6 , de los reproches que le hacían los críticos 7 , o cuando insistía en que sus fábulas no eran de Esopo, sino escritas al estilo esópico 8 . Pero no parece que sus advertencias sirvieran de mucho; tal vez, porque muchos impacientes, como Saint Beuve, no pasaron de la cuarta fábula.

Desde luego, entre sus coetáneos es elocuente el silencio de Séneca, que en el año 43 d. C. decía a Polibio que el género no había sido cultivado por los romanos (intentatum ingeniis romanis opus ) 9 , silencio que hizo pensar a algunos críticos 10 que Séneca no consideraba a Fedro un escritor relevante, aunque nosotros preferimos pensar, con F. della Corte 11 , que el de Córdoba desconocía la obra de Fedro por su lenta difusión, sobre todo si tenemos en cuenta que el filósofo se encontraba en el exilio; además, era difícil que un poeta modesto y humilde fuese conocido en los círculos doctos y aristocráticos en los que Séneca se movía.

Lo cierto es que después ningún otro autor romano lo menciona, a excepción de Marcial y Aviano. Pero la alusión de Marcial a las «chanzas del malvado Fedro» (iocos improbi Phaedri ) 12 ha sido puesta en tela de juicio por algunos eruditos como A. Friedländer 13 , quien cree que el poeta de Bílbilis se refiere a un mimógrafo poco conocido o L. Carratello 14 , quien extrañamente considera que en el verso se alude al diálogo platónico del mismo nombre. De manera que si las referencias de sus contemporáneos son escasas, todavía una parte de la crítica moderna parece no creerse que pudieran existir, cuando lo normal es pensar que Marcial se refiere a Fedro, aunque sólo sea porque el fabulista emplea en ocasiones el término iocus para designar a sus relatos y con mucha frecuencia el adjetivo improbus .

La mención que Aviano (s. v d. C.) hace de Fedro en el prólogo de sus fábulas es interesante porque establece que las fábulas de nuestro autor se contenían en cinco libros (Phaedrus etiam partem aliquam quinque in libellos resoluit ) y no en cuatro o en seis, como alguna vez se ha dicho, y también porque nos da su nombre en nominativo en la forma Phaedrus . Sin embargo, lo coloca por detrás de Babrio, que cronológicamente es posterior, y ni siquiera dice que escribiera en verso, lo que sí subraya en su caso y en el de Babrio. Por lo demás, es sabido que Aviano tiene como fuente principal los apólogos babrianos y, aunque parece conocer la obra de Fedro, se sirvió escasamente de ella 15 ; de modo que se da la paradoja de que el único fabulista latino que con claridad y, sin discusión por parte de la crítica, se refirió a nuestro poeta, no sintió su influencia.

Después su obra fue fuente principal de muchas colecciones medievales, pero su nombre nunca apareció en ellas. Aviano, un fabulista mucho más modesto, mantuvo su nombre en la tradición fabulística medieval, pero no Fedro. Los argumentos de las fábulas fedrianas nutren principalmente la colección de fábulas latinas en prosa más importante de época medieval, el llamado Romulus , pero el nombre que aparece en ellas es el de Esopo, hasta el punto de que la colección se conoce también como el Aesopus latinus .

En realidad, el nombre de Fedro no volvió a cobrar brillo hasta que P. Pithou publicó en 1596 el llamado por su nombre manuscrito Pithoeanus . A partir de entonces su obra empieza a adquirir una mayor difusión, hasta llegar a La Fontaine. Fedro está en la base de numerosas fábulas de La Fontaine, que es, como se ha dicho, su mejor imitador 16 , pero este hecho, que el propio fabulista francés reconoce en el prólogo a sus fábulas, ha sido ignorado o escasamente valorado por los estudiosos del género.

En el XVIII Lessing, fabulista y teórico del género 17 , acusaba a Fedro de haber desvirtuado la intención de la fábula griega, sin tener en cuenta el mérito de sus aportaciones. En fin, Samaniego confiesa en el prólogo a sus fábulas su admiración por la concisión de Fedro, pero niega haberlo seguido, lo que resulta del todo incomprensible, ya que el romano parece haber sido fuente principal de su obra 18 .

Sólo recientemente algunos críticos han empezado a reconocer el interés de las fábulas de Fedro, pero de manera parcial y esporádica. Por ello todavía había espacio para un capítulo como éste, un tanto reivindicativo de su figura, siguiendo, en cierto modo, el tono, pesimista y a duras penas resignado, que el propio Fedro empleó en algunos pasajes de su obra.

Pero tratemos de aproximamos ahora a lo que sabemos de su vida, que desgraciadamente no es mucho.

VIDA DE FEDRO

Algunas fábulas de Fedro y, sobre todo, los prólogos y epílogos de sus libros revelan ciertos datos biográficos, que, aunque son sumamente controvertidos, constituyen un punto de arranque en la indagación de los principales hitos de su vida.

Desde luego los datos externos a su obra nos ayudan muy poco; quizá sólo sirvan para tratar de establecer cuáles eran sus tria nomina . En este sentido, Havet 19 aportó una inscripción 20 , que cree alude a un descendiente de nuestro fabulista, en la que se menciona a un C. Iulius Phaeder , hijo de Gaius . El nomen Iulius estaría en consonancia con el encabezamiento del manuscrito P , donde se dice que el fabulista era libertus Augusti; si este Augusto era Octavio, como parece probable, Fedro necesariamente habría adoptado el nomen Iulius de su patrono.

Sin embargo, el cognomen Phaeder en nominativo se contradice con la forma Phaedrus , que utiliza Aviano. Marchesi 21 apunta la solución: el griego Phaîdros admite la doble forma Phaeder y Phaedrus , como Eúandros, Evander y Evandrus . La forma fóneticamente latina sería Phaeder; Phaedrus es un cultismo, préstamo directo del griego, que se impone en latín vulgar. Con independencia de que el fabulista sintiera predilección por alguna de las dos formas —Phaeder con toda probabilidad— se comprende que Aviano pudiera escribir Phaedrus cuatro siglos después. El praenomen Gaius , que aparece en la inscripción y se corresponde con el del emperador, es también una posibilidad aceptable.

En el prólogo al libro III Fedro revela su origen tracio, orgulloso de haber nacido más cerca de Grecia que el frigio Esopo y de contar con paisanos tan ilustres como los divinos Lino y Orfeo. Unos versos más arriba afirma, sin embargo, que nació en el monte Píero (Ego quem Pierio mater enixa est iugo ) que se ubica en Macedonia; los críticos han tratado de solucionar esta aparente contradicción con opiniones distintas: que Fedro no tenía buenos conocimientos geográficos 22 , que en las vicicitudes de la guerra Fedro había nacido en Macedonia, aunque sus antepasados eran tracios 23 , que con la alusión al Píero el fabulista pretende ganarse a los círculos filohelénicos 24 , etc.

El Píero estaba muy próximo a Tracia, y el fabulista se consideraba tracio; parece que la alusión al monte donde habitaban las musas, en línea con la referida a Lino y Orfeo, es una metáfora con la que el poeta indica su excelente predisposición para la poesía. Por lo demás, no faltaba grandemente a la verdad, ya que, aunque tracio, pudo nacer bastante cerca de allí.

Apoyándose en la fábula III 15, donde Fedro hace un encendido elogio de la maternidad adoptiva, algunos críticos han postulado que el fabulista era hijo de una cortesana que lo abandonó cuando era de corta edad 25 . La verdad es que la fábula, ausente en la tradición esópica, resulta demasiado sentida para no tener algo personal, de manera que puede aceptarse que fuera expuesto y recibiera la protección de alguna nodriza. Es aventurado determinar en qué lugar se produjo esta posible exposición y su posterior adopción, pero cabe preguntarse si ésta ocurrió antes o después de su llegada a la urbe.

Parece claro que Fedro es autor de formación eminentemente latina 26 , como lo demuestran su dominio de la lengua y su adhesión a la cultura romana frente a la griega. Ello permite suponer que o bien nació en un colonia romana 27 o bien llegó en edad temprana a Roma. La mayor parte de la crítica se inclina por esta posibilidad; en concreto F. della Corte 28 supuso que Fedro, todavía niño, pudo ser conducido a Roma entre los años 13 y 11 a. C. entre los esclavos traidos por L. Calpumio Pisón 29 tras su feroz represión en Tracia y Macedonia. Aunque la hipótesis resulta difícil de demostrar, es sugestiva, y puede añadirse que en tales circunstancias Fedro pudo perder a su madre o ser abandonado por ella.

Si hacemos caso al título del códice Pithoeanus (Phaedri Augusti liberti liber fabularum) , hemos de pensar que Fedro fue manumitido por Augusto. Los especialistas discuten sobre la fecha de la manumisión y los motivos que se la valieron. L. Havet 30 considera que Fedro alcanzó la manumisión cuando la recibió su padre, pero en nuestra opinión su obra pretende en alguna medida llamar la atención sobre las injusticias que padece la esclavitud, lo que hace suponer que nuestro fabulista las sufrió en propia carne. Pensamos, en consecuencia, que el fabulista no pudo ser manumitido muchos años antes de la muerte de Augusto (14 d. C.) y seguramente por algún mérito intelectual difícil de concretar.

No parece que las fábulas, por lo que podemos ver, fuente de envidias y rencores, le otorgaran tal conquista. Seguramente fue el trabajo lo que le permitió alcanzar la libertad. En ese sentido, la erudición escolástica que se aprecia en su obra nos hace opinar con otros críticos 31 que Fedro tuvo una ocupación docente de no excesiva relevancia, tal vez paedagogus o litterator . De todas maneras, se han apuntado otras posibilidades difícilmente descartables: administrador financiero 32 , escriba del cuestor 33 , etc.

El punto más debatido de la vida de Fedro y quizá el más importante para asegurar su cronología, conocer mejor el ambiente que le rodeó e, incluso, comprender algunas de las ideas que aparecen en su obra es el que se refiere a su calamitas . Fedro alude en el prólogo del libro III a una injusta desgracia, de la que ignoramos las causas, en qué consistó, cuánto duró, etc. En el pasaje en que alude a ella menciona algunos datos más, que se han prestado a muy distintas interpretaciones. Veámoslo: III, pról. 39-44:

«Ahora, explicaré brevemente por qué se ha inventado esta clase de poesía que llamamos fábula. Un esclavo subyugado, como no se atrevía a decir lo que quería, trasladó a los apólogos sus propios sentimientos, burlando la censura con graciosas ficciones. De la senda de Esopo yo he hecho una vía, y he añadido nuevas ideas a las que él había dejado». Hasta aquí la traducción no es discutida, pero los siguientes versos admiten interpretaciones muy diversas: in calamitatem deligens quaedam meam, / quodsi accusator alius Seiano foret, / si testis alius, iudex alius denique, / dignum faterer esse me tantis malis, / nec his dolorem delenirem remediis . ¿Quiere decir Fedro que algunas fábulas han sido la causa de su calamitas , que espera que algunas le ayuden a superarla o que en algunas la ha descrito? ¿El Seianus que se menciona a continuación es el prefecto del pretorio de Tiberio? Si es así, ¿qué papel tuvo en la desgracia?

Creemos que la respuesta a tales interrogantes debe conjugarse con algunos datos más que a veces no han sido tenidos suficientemente en cuenta: ¿Quién es ese Éutico, al que está dedicado el libro III , del que Fedro espera una recompensa importante (cf. Ill, epíl., 8-9: «Te pido que a mi brevedad le des el premio que has prometido; cumple con tu palabra») ¿Quienes son esos noxii , «culpables», a los que alude en el mismo epílogo, algunos versos más abajo? (cf. epíl., 28-35: «Mi ánimo ha excedido el término que se propuso, pero difícilmente se contiene la voz, que consciente de su sincera integridad, es insultada por los ataques de los culpables. ¿Quiénes son?, preguntas. Aparecerán con el tiempo. Yo, mientras conserve la cordura, recordaré muy bien una frase que leí cuando era niño: ‘Murmurar en público es un sacrilegio para un plebeyo’»).

Para una exposición detallada de las distintas hipótesis remitimos a El Pensamiento de Fedro … 34 . Aquí nos limitaremos a exponer la nuestra, en la que hemos tratado de conjugar todos los datos de que disponemos.

Creemos, en efecto, que Fedro alude en su prólogo a Sejano, el despótico prefecto de Tiberio, y admitimos para los versos 41-42 del prólogo la traducción de L. Havet: «porque si hubiera otro acusador, otro testigo y otro juez que Sejano…». No pensamos, sin embargo, que el fabulista aluda en sus apólogos veladamente a Sejano 35 ni que éste fuera el culpable de su desgracia, pues no tendría sentido la alusión a los noxii en el epílogo, donde nuestro autor apunta a una culpabilidad múltiple y se niega a dar nombres. Es posible que Fedro fuera acusado de tener amistad con Sejano después de que éste cayera en desgracia, y, probablemente, cuando dice que Sejano ha sido su acusador, su juez y su testigo, quiere hacer ver que no ha existido un juicio regular y que la acusación era por sí sola lo suficientemente grave como para condenarlo. Tácito y Suetonio insisten en resaltar las grandes persecuciones que se produjeron contra los amigos de Sejano tras caer éste en desgracia, así como la gran cantidad de acusaciones que se llevaron a cabo en un momento en que los delatores se prodigaron al máximo 36 .

Opinamos, como B. Romano 37 , que Éutico es el favorito de Calígula, del que habla Suetonio 38 , un auriga, tal vez de origen tracio 39 , con influencia y poder suficiente como para condonar, o al menos paliar, la condena de Fedro 40 .

Pensamos que las fábulas fueron el remedio y no la causa de su calamitas , pero no porque contase en ellas su desgracia, como opina L. Herrmann 41 . Fedro ha elegido algunos apólogos para que le ayuden en su desgracia (cf. deligens quaedam) , en concreto, los que componen el libro III . ¿De qué manera le serán útiles? Dedicándoselos a Éutico, quien le ha prometido un praemium , que, a juzgar por el sentimiento con que lo reclama, parece muy importante para Fedro; tan importante como podría ser la absolución de su condena.

En cuanto a los «culpables» del epílogo, creemos que se trata de aquellos que le acusaron de ser amigo de Sejano, aunque obviamente parece imposible precisar quiénes eran, dado que el propio Fedro se niega a revelar su identidad.

En resumen, Fedro fue acusado por ciertos individuos de tener amistad con Sejano, tras la caída en desgracia de éste; tal acusación debió acarrearle una condena que se mantuvo incluso tras el advenimiento de Calígula. El fabulista dedicó su libro III a Éutico con la esperanza de que le ayudara en su desgracia. De este modo, el poeta utilizó las fábulas como remedio de su calamitas .

Aunque no es posible precisar en qué consistió la desgracia de Fedro, es decir, cuál fue la condena que se derivó de la injusta acusación, creemos que no hay que pensar en otras posibilidades que no sean las del presidio o la del exilio. En favor de esta última se han aportado argumentos que, a nuestro juicio, resultan demasiado endebles 42 .

No sabemos si Fedro obtuvo de Éutico el praemium que solicitaba, pero lo cierto es que en el prólogo al libro IV aparece con un ánimo muy distinto. Sus preocupaciones son sólo literarias 43 y, según confiesa a Particulón, a quien está dedicado el libro y de cuya identidad no tenemos más noticias, su obra parece gozar de cierto éxito: «Yo ya he alcanzado la gloria, porque tú y otros como tú citáis mis palabras en vuestros escritos y consideráis que mi trabajo merece un prolongado recuerdo (vv. 17-19)».

Es posible que Éutico no necesitara intervenir y que sólo la llegada al poder de Claudio le proporcionase una nueva situación. Cuando escribe el libro IV , nuestro autor rozaría ya los sesenta años, pues en el epílogo al libro III confiesa que su vida había iniciado el declive (w. 15-16: «Mientras en mi declinar haya restos de vida…»). Pero aún escribiría su quinto libro dedicado a un tal Fileto, desconocido también para nosotros. En la fábula que cierra el libro el poeta revela su ancianidad, identificándose con un perro, en otro tiempo fuerte e invencible, que envejecido y sin fuerzas, dejó escapar la presa que su amo le mandó capturar: «El cazador, descontento, reprendió al perro. El viejo lacón le respondió: ‘No te abandonó mi valor, sino mis fuerzas. Alaba lo que fuimos, si ya condenas lo que somos.’ Ves bien, Fileto, por qué he escrito esto.» (V 10, 6-10).

Su muerte debió de producirse en los últimos tiempos del reinado de Claudio o en los primeros del de Nerón. Es decir, alrededor del año 55 d. C.

LAS FÁBULAS DE FEDRO. CARACTERÍSTICAS DEL GÉNERO

La colección de Fábulas de Fedro es pilar básico en la historia del género; es la más antigua de cuantas se nos han conservado y, por tanto, imprescindible para hacernos una idea de cómo pudieron ser las que existieron antes; por otro lado, como advertíamos más arriba, su influencia en la fábula medieval y moderna es decisiva. De manera que su estudio es fundamental para entender las características del género y su evolución en la tradición literaria greco-latina.

Aunque en las páginas que siguen vamos a hablar en concreto de la obra de Fedro, nuestra intención es aproximar al lector a un mejor conocimiento de este género literario tan abierto, tan popular y, quizá por ello, tan irregular desde el punto de vista estético. Los tipos de fábulas que aparecen en la colección de Fedro son similares a los que encontramos en otras colecciones, no sólo antiguas (Babrio, La Augustana 44 , Aviano, etc.), sino medievales (Romulus y sus numerosos derivados) 45 y modernas (La Fontaine, Samaniego, etc.); también la estructura del relato fabulístico es similar en ellas y, aunque, como es lógico, hay cambios de unos autores a otros, y de unas épocas a otras, podemos decir que existe una base ideológica común, muy antigua, que se ha mantenido en las distintas colecciones.

1. Tipos de fábulas

Hoy tendemos a identificar fábula con apólogo animalistico, pero en las colecciones antiguas y modernas de fábulas aparecen otros tipos de relatos. Por tanto, parece claro que antes de definir el género, es conveniente observar qué tipos encontramos en la de obra de Fedro, que, aunque es original en algún punto, contiene, como decíamos, los mismos o parecidos a los que hay en otras colecciones antiguas 46 . La clasificación de las fábulas de Fedro que a continuación exponemos es sólo aproximada; téngase en cuenta que es tarea del autor tratar de adaptar el relato a la estructura fabulística, lo que a veces dificulta la identificación del tipo de relato; por otra parte, algunas fábulas podrían estar encasilladas a la vez en distintos tipos. De todos modos, creo que la tipificación resultará útil para observar la diversidad del género, definirlo mejor y comprobar dónde reside la originalidad de nuestro fabulista.

Además de los cinco prólogos y tres epílogos, Fedro escribió ciento veinticinco fábulas, repartidas en cinco libros y un apéndice, el llamado Apéndice de Perotti , obispo del siglo XV que nos ha trasmitido treinta y dos fábulas ausentes en los manuscritos tradicionales de nuestro autor.

En los prólogos y epílogos Fedro hace alusiones a problemas personales, menciona las características del género, declara sus intenciones literarias, etc. 47 . Se trata, pues, de reflexiones del autor, que aparecen allí, pero también en otras composiciones, numeradas como fábulas, de manera que el siguiente es el primer tipo que debe considerarse:

Reflexiones de autor: IV 7 (invectiva contra sus críticos), IV 22 (apóstrofe contra los envidiosos, que denigran su obra), Apéndice 2 (sobre sus lectores), Ap . 3 (sobre las cualidades de los animales que faltan al hombre), Ap . 6 (sobre la verdad y la mentira). Son seis fábulas, que aparecen en las ediciones modernas con los títulos tardíos de Fedro o El autor 48 . Digamos que, hasta donde nos es posible saber, la inclusión de este tipo de relatos en el género es una originalidad de nuestro fabulista.

Apólogos animalescos . Es el tipo más común en ésta y en las demás colecciones. Un relato corto protagonizado por uno o más animales, que, bien se enfrentan entre sí, bien se ven abocados a una situación particularmente conflictiva o interesante.

En Fedro encontramos setenta y una fábulas de este tipo. De ellas, cuarenta y siete son agonales o de enfrentamiento. El prototipo más frecuente es aquella en que un animal disputa con otro y se impone el más fuerte o el más inteligente; en la moraleja el autor celebra o censura la victoria, dependiendo de cómo se haya producido 49 . Puede ocurrir que haya más de dos protagonistas, como en I 5 (La vaca, la cabra, la oveja y el león) , I 16 (La oveja, el ciervo y el lobo) , etc., pero en estos casos el enfrentamiento sigue siendo dual, pues siempre hay dos bandos, aunque en uno encontremos más de un animal. A veces el agón no tiene lugar entre dos animales, sino entre un animal y un hombre 50 y en IV 8 (La serpiente en el taller del herrero) el enfrentamiento se realiza entre una serpiente y una lima que habla.

En algunas fábulas aparece un tercer personaje, animal u hombre, que hace las veces de juez en la disputa, dando la razón a uno u otro, e, incluso, estableciendo premios y castigos. Es lo que ocurre en I 10 (El lobo y la zorra con el mono juez) , III 13 (Las abejas, los zánganos y la avispa juez) , y V 4 (El asno y la cebada del cerdo) .

El resto de los apólogos animalescos —un total de 24—, donde no se percibe un enfrentamiento claro, son las llamadas fábulas ‘de situación’ 51 . Algunas sirven para demostrar defectos propios de los humanos: un animal, llevado por la soberbia, la vanidad, la envidia o la avaricia se ve abocado al desastre 52 . En otras, sin embargo, se alaba la sensatez, la habilidad o el ingenio de determinados animales en situaciones muy dispares 53 . Hay, finalmente, otro grupo de fábulas en el que se repite el esquema de la embajada: distintas especies animales se dirigen a Júpiter o algún otro dios para pedir algo o quejarse de algo 54 .

Anécdotas: Relatos en los que se cuenta lo que ocurrió a personajes históricos en una ocasión determinada. Es posible que algunas ocurrieran realmente, Fedro parece, incluso, haber sido testigo de alguna de ellas, pero seguramente la mayoría, transmitidas de forma anónima, son narraciones moralizantes o divertidas, a las que se busca un protagonista de renombre para hacer la anécdota más ejemplarizante. Con la forma de una anécdota encontramos en Fedro diecinueve fábulas. De ellas diez están protagonizadas por Esopo, dos por Sócrates, dos por Simónides de Ceos, una por Menandro, una por Pompeyo, una por Augusto, una por Tiberio y una por el flautista llamado Príncipe.

También aquí podemos apreciar la distinción entre fábulas agonales y de situación. En las primeras se narra la victoria del personaje ilustre contra alguien que le agrede o le importuna 55 . En las de situación, Esopo, Sócrates, Augusto, etc. muestran su talento de formas distintas y en ocasiones muy diversas 56 ; sólo en V 7 la vanidad lleva a la perdición al flautista Príncipe, tal vez porque a éste podía colocársele en situación de fracaso no así a los otros grandes personajes.

Alegorías: Imágenes ficticias que representan o pretenden significar algo diferente. Son narraciones que carecen de ese carácter agonal que venimos comentando y que con toda probabilidad se encuentran en la colección por su carácter ejemplar y a veces moralizante 57 .

Chistes: Son relatos en que se presenta una situación particularmente cómica y que suelen terminar con una réplica ocurrente. A veces la adaptación al género, con la moralización, didactismo, etc., les ha hecho perder algo de gracia, pero aún podemos atisbar que son chistes, probablemente de tradición oral 58 .

Cuentos: Se trata de relatos en los que la acción transcurre en un tiempo y un espacio más dilatado y que parecen haber sido abreviados para poder integrarse en la colección fabulística. Algunos son «cuentos milesios», como los que están en el origen de la novela: así, el relato de La viuda y el soldado (Apéndice 15), versión abreviada del que aparece en el Satiricón , o Ap . 16 (Los dos jóvenes pretendientes, el rico y el pobre ), que recuerda a algunas de las historias del Asno de oro . A medio camino entre el cuento y el chiste se encuentra las fábulas I 14 (De zapatero a médico ) y V 5 (El bufón y el campesino ).

Mitos: Suele darse este nombre a las fábulas protagonizadas por los dioses, que en sus diálogos emiten principios morales de validez universal, como en III 17 (Los árboles tutelados por los dioses ), donde se insiste en la primacía de lo útil; a veces tienen también carácter agonal —en IV 12 (Las riquezas son malas ) Hércules se enemista con Pluto— y, junto a la denuncia moral, pueden presentar situaciones chistosas: Ap . 11 (Juno, Venus y la gallina) y Ap . 4 (Mercurio y dos mujeres ).

Etiologías: Aquellas fábulas en las que se cuenta la causa, el porqué de realidades tan diversas como un proverbio, una prohibición religiosa, la existencia de los homosexuales o el hecho de que los perros se olfateen el culo al encontrarse; lo que ocurre, respectivamente, en Ap . 5 (Prometeo y el Engaño ), IV 11 (El ladrón y la lámpara ), IV 16 (Otra vez Prometeo ) y IV 19 (Los perros enviaron embajadores a Júpiter ).

Relatos de Historia natural: En ellos se describe el comportamiento singular de algunos animales y se extrae alguna enseñanza moral válida para los humanos. Así ocurre en I 25 (Perros y cocodrilos ), donde se menciona la velocidad con que escapan los perros de los cocodrilos del Nilo, en Ap. 22 (El oso hambriento ), a propósito de la habilidad del oso para atrapar cangrejos, y en Ap . 30 (El castor ), donde se elogia la sagacidad del castor para librarse de los cazadores.

Parábolas: Aunque es un término que hoy está muy asociado al cristianismo, creemos que recoge mejor que otros las características de dos fábulas, III 8 (La hermana al hermano ) y III 11 (Un eunuco a un malvado ), que podríamos llamar la «Parábola del Espejo y la «Parábola del Eunuco», donde apreciamos una moralidad próxima a la cristiana, que impulsa al comportamiento virtuoso y a la caridad con los marginados, con un tono casi doctrinal 59 .

Enigmas: Sólo una fábula de Fedro tiene estas características; se trata de IV 5 (El poeta) , donde se narra la resolución por Esopo de un enigmático testamento.

Respuestas del oráculo: Como en el caso anterior, tan sólo una fábula de Fedro testimonia la inclusión de este tipo de relatos en las colecciones fabulísticas. Se trata de Ap . 8 (El autor) , sobre la futilidad de los principios morales, emanados del Oráculo de Delfos.

Insistimos en que la clasificación es sólo aproximada y la identificación de tipos de relatos como los dos últimos, de los que sólo hay un ejemplo, se facilita porque sabemos de su existencia en otras colecciones.

2. Definición

Ya en la Antigüedad encontramos distintas definiciones de fábula 60 , y los mejores especialistas modernos también las han propuesto 61 , sin duda conscientes de que ése es el mejor modo de delimitar las características de un género tan escurridizo. F. R. Adrados resume y critica estas definiciones, desde una perspectiva que compartimos, al menos parcialmente. Es evidente, como él apunta, que la definición debe partir del examen de las fábulas que encontramos en las colecciones conservadas y no a la inversa; y es también muy cierto que las definiciones dadas hasta la fecha resultan demasiado estrechas, pues dejan fuera algunos de los rasgos típicos del género; sin embargo, en las colecciones modernas (La Fontaine, Samaniego, etc.) encontramos los mismos tipos de relatos que en las colecciones antiguas, de manera que la identificación entre fábula y relato animalístico no creemos que pueda proceder, como él apunta, de época moderna; en estas colecciones el género no aparece mejor definido que en las antiguas y la identificación a la que aludíamos parece derivar lógicamente del hecho de que una mayoría de relatos, tanto en las colecciones antiguas como en las modernas, está protagonizada por animales. Es interesante su visión de las llamadas fábulas anómalas 62 , al considerar que la determinación de qué es o no es fábula no debe partir de su origen (mito, anécdota, enigma, etc.), sino del grado de asimilación al esquema fabulístico. Efectivamente, pensamos que el carácter anómalo o marginal de una fábula depende de su adaptación a la estructura de la fábula y de la medida en que tenga los rasgos definitorios del género que vamos a ver a continuación. Desde este punto de vista, el número de fábulas marginales se acorta en gran medida.

Lo primero que hay en el origen de la fábula es el convencimiento del autor de que el mundo de los animales puede servir de ejemplo para ilustrar la conducta de los mortales, en principio sin intenciones morales tendentes a corregir esa conducta en un sentido o en otro, sino simplemente como un espejo. Por tanto, la primera característica de la fábula es que suele estar protagonizada por animales y suele tener una función alegórica que sirve para ilustrar la conducta humana 63 . Al ser un ejemplo, es algo que ocurrió una vez, en un momento determinado y que, por tanto, tiene un valor particular y concreto. Pero estas características, como las que vamos a ver a continuación, no son excluyentes: que una fábula no esté protagonizada por animales no quiere decir que no sea fábula, que una fábula no tenga valor ejemplar no quiere decir que no sea fábula, etc.; eso sí, habrá que explicar, cuando sea posible, qué razones inducen al autor de una colección a introducir allí un determinado relato que carezca de tales características.

Este exemplum , que, como es sabido, en su origen aparecía inserto en formas literarias mayores, tiene vocación de clarificar y es por lo general breve en extensión y de escasa complicación narrativa.

La representación animal de la conducta humana sigue básicamente, como hemos visto, dos esquemas de enfrentamiento: el de dos o más protagonistas entre sí —fábula agonal— o el de un único protagonista con situaciones difíciles o paradójicas —fábula de situación—.

El componente ilustrativo de la fábula parece tener una doble intención: entretener al lector, «provocando su risa» (risum movere) al menos en algunas ocasiones, y facilitar la comprensión de la situación que se pretende ilustrar.

La fábula es, por tanto, un género didáctico, pero las ilustraciones tienen también una función simbólica y entonces la fábula puede emplearse con finalidad crítica —mediante un animal se designa a un tipo humano— que puede permitir expresar lo que de otro modo no se podría decir 64 . Más adelante, cuando triunfan las escuelas éticas (a partir del siglo IV a. C.) la fábula empieza a adquirir, como muchos otros géneros, tintes moralizantes: no sólo muestra la conducta humana, sino que trata de modificarla en un sentido u otro. Es entonces cuando surgen lo que llamamos moralejas: el autor del relato intenta extraer de su contenido un principio de valor universal.

Avancemos en nuestra definición: un ejemplo de carácter alegórico, narrado con brevedad, como sucedido en una ocasión concreta y momentánea, protagonizado generalmente por animales que se enfrentan entre sí o a sus circunstancias, que, además de ilustrar una situación determinada, divierte por su comicidad, conlleva una evaluación moral universalizante y puede tener finalidad crítica.

En esta definición creemos haber dado los rasgos principales de la fábula. Muchas de las narraciones que encontramos en nuestras colecciones pueden carecer de algún o algunos de estos rasgos, pero si están en la colección es porque tienen muchos de ellos. De todos modos, Adrados acierta cuando opina que es mejor dejar abierta cualquier definición de la fábula.

3. Estructura de la fábula

En la estructura de la fábula pueden distinguirse tres partes: el promitio, el relato propiamente dicho y el epimitio. En principio, parece que el promitio tiene la función de introducir el relato, de explicar por qué se va a contar, mientras el epimitio es el lugar reservado para expresar la enseñanza que de él puede extraerse; sin embargo, esa estructura lógica no se mantiene en la práctica: la introducción puede faltar, la enseñanza puede anticiparse en el promitio y hacer innecesario el epimitio, etc.

Si pensamos en las fábulas más antiguas, fábulas fuera de colección que aparecían insertas en textos históricos, dramáticos, líricos, etc., vemos con claridad su condición de ejemplo y entendemos mejor esta estructura tripartita: el autor cuenta la fábula para ilustrar una situación; las formas en que podía introducir el relato son lógicamente muy diversas, pero también podía prescindir de la introducción. Otras veces, sin embargo, anticipaba la enseñanza que de ella se derivaba, si bien era más frecuente expresarla al final, a modo de conclusión. En general, las fábulas de colección tienen promitio o epimitio, pero es raro que tengan los dos. También hallamos fábulas que carecen de promitio y epimitio; son pocas y, aunque a veces se piense que pueden haberse perdido en los avatares de la tradición manuscrita, en otras la enseñanaza parece deducirse tan fácilmente del relato que entendemos bien que el fabulista haya preferido no expresarla por escrito; luego veremos algún ejemplo.

En Fedro hallamos algunos promitios modélicos, por así decirlo, en los que se aprecia con claridad ese carácter ilustrativo de la fábula al que antes aludíamos. En I 2, Esopo cuenta la fábula para criticar la actitud equivocada del pueblo ateniense, que ha provocado la tiranía de Pisístrato 65 ; en II 5 el propio Fedro nos dice por qué va a contar el relato en que critica a los ardaliones que pululan por Roma, algo parecido ocurre en III 10, IV 2 ó Ap . 12. Pero los promitios más abundantes son aquellos en los que se expresa la enseñanza moral que se deduce del relato, como I 3, 5, 8, etc. En principio la fábula surge ante una circunstancia particular (la tiranía de Pisístrato, los aduladores de Roma, etc.), pero la enseñanza del relato tiene una validez general, es aplicable a todas las tiranías, a todos los aduladores, etc., y a partir de aquí surge la moraleja, que ha de tener una aplicación universal. Así se produce el paso siguiente, donde ya sólo encontramos un principio universal; por ejemplo, en I 5: «Nunca es leal la alianza con el poderoso», seguido de una fórmula de transición: «Esta fábula atestigua mi aserto». La primera forma de «fabulizar» es ésta y las fórmulas de transición son muy diversas: «Esopo entonces contó la siguiente fábula», «Esopo nos ha tansmitido este ejemplo», «Esta fábula indica que esto es verdad», «Los siguientes versos nos advierten para que lo evitemos», etc.

El epimitio es en principio el lugar reservado para la conclusión, es decir, la explicación del ejemplo con su enseñanza: por ejemplo, en I 1 : «Esta fábula se escribe para aquellos hombres que con causas fingidas oprimen a los inocentes». Pero, como decíamos más arriba, en ocasiones no es necesario, porque la cuestión queda suficientemente clara en el promitio. Por eso, lo normal es que las fábulas con promitio carezcan de epimitio (cf., por ej., I 3, 10, 15; etc.). Sin embargo, cuando la narración carece de promitio, es necesario explicar en el epimitio a quién se dirige el relato o qué aplicación tiene. Entonces encontramos entre el relato y el epimitio fórmulas de transición como las siguientes: «Yo diría que esto se cuenta para aquellos…», «Esta fábula quiere decir que…», «Esto se lo cuento a aquellos…», «Este argumento advierte que…», etc. Hay otras fómulas menos estereotipadas («La necia credulidad puede encontarar aquí una prueba…», «Habría pasado en silencio esta fábula, si…», «A ti te digo, avaro…»), que suelen introducir epimitios alusivos a las circunstancias personales del propio Fedro, de carácter enigmático, crítico y apostrofante, muy en la línea de los prólogos y epílogos, posiblemente, innovación de nuestro fabulista; en todo caso «fabulizan» correctamente el relato, ya que explican qué universal se desprende del sucedido concreto.

La generalización, que es lo importante, se lleva a cabo a veces con un adverbio, como saepe (cf. Apéndice 14: «Así a menudo los talentos se pierden por la desgracia») o un adjetivo indefinido (IV 6: «Cuando un acontecimiento funesto oprime a un pueblo cualquiera»), con una alusión genérica a los hombres (Ap . 30: «Si los hombres pudieran hacer esto…») o simplemente con la primera persona del plural (Ap . 3: «Contentos… pasemos los años que nos ha otorgado el destino»).

Esa distinción fundamental entre el principio universal y el sucedido concreto del que se extrae, parece que marcó suficientemente las partes de la fábula; a partir de ahí, empezaron a desaparecer en los promitios las fórmulas de introducción, consideradas como no necesarias. Así ocurre en I 4, 8, 11, 13, 16, 17; etc., donde el papel introductorio del promitio quedó reducido a la enunciación del principio moral universal. Igualmente, en algunos epimitios se perdió la necesidad de explicar a quién iba dirigida la fábula y únicamente se anotó un principio universal, deducible de la fábula, introducido por ita o ergo .

Como decíamos más arriba, algunas fábulas presentan promitio y epimitio: I 5; III 10; IV 5, 7; A 12. Son, como vemos, escasas y casi en cada caso puede explicarse la razón de esta duplicación: la extensa longitud del relato (III 10; IV 5), una alusión de tipo personal (IV 7), o la posibilidad de que bien promitio bien epimitio sean espurios (A 12).

Pero también hay fábulas que carecen de promitio y epimitio: III 11; V 1; III 18 y 19. En III 11 es posible que se hayan perdido algunos versos donde se incluía la moraleja, según opinión de algunos editores. En III 18 la réplica de Juno al pavo que reclama una voz hermosa es tan didáctica y clara que cualquier comentario posterior resulta superfluo 66 ; lo mismo cabe decir de V 1. Finalmente, en III 19 encontramos un buen ejemplo de lo que podríamos llamar una «fabulización» defectuosa, pues en el epimitio se explica el contenido del relato sin establecer un principio de aplicación universal 67 . En el Apéndice de Perotti hay varias fábulas que carecen de promitio y epimitio (Ap . 4, 5, 9, 10; etc.), pero cabe suponer que fueron suprimidos por el obispo, al introducir sus propias advertencias morales 68 .

Por lo que se refiere a la estructura narrativa del relato propiamente dicho, hay un intento de llevarlo todo hacia un relato tipo en el que se describe de forma inmediata una situación determinada, se deja hablar a los protagonistas —es raro que sólo haya estilo indirecto— y uno de ellos expresa, en lo que Nojgaard 69 llama la réplica final , una conclusión que en muchos casos tiene un carácter evaluativo.

El tiempo narrativo es un instante, sin que la acción se complique con la intervención de muchos personajes y suele producirse en un único lugar. A veces no ocurre así, pero esa es la norma: ad eundem rivum, in saltibus, in paludibus , etc. El cambio de escenario es muy infrecuente. Son excepcionales las fábulas en que éste se produce (III 10 70 ; IV 19, 26, etc.) y la tendencia es a reducir el relato. Sirva de ejemplo I 14: en los dos primeros versos Fedro sitúa el relato y nos presenta al protagonista con extraordinaria brevedad: «Un mal zapatero, perdido en la miseria, empezó a ejercer la medicina en un lugar desconocido.»

FUENTES

No insistiremos demasiado en este punto, ya suficientemente estudiado en los antiguos trabajos de Thiele, Hausrath y Perry o en los más recientes de Rodríguez Adrados 71 . Es posible que el propósito inicial de Fedro fuera, como él mismo reconoce en su prólogo al libro I , versificar un modelo griego prosaico de fábulas esópicas. Sin embargo, son tan numerosas las fábulas que parecen de su propia creación y tantos los cambios que introduce respecto a sus modelos que con razón ha sido considerado el fabulista más original de la Antigüedad 72 .

Está claro que Fedro se sirvió de un modelo griego en prosa; probablemente de esa Colección, que ya se conoce como la Antigua Augustana y que debió constituir el fondo de la Augustana que conservamos, fechable, según opinión de los especialistas, en el siglo I a. C. Sin embargo, de las ciento veinticinco fábulas que componen su obra, sólo veintinueve se encuentran también en las Fábulas Anónimas —es decir, en Esopo—. El escaso número de versiones coincidentes nos permite deducir que Fedro era más un creador que un traductor. Además, la comparación de las versiones conservadas, demuestra que a pesar de la modernidad de la Augustana — recordemos que data del siglo IV d. C.—, Fedro es, en general, más innovador respecto al modelo común. Aunque el fabulista romano haya incluido en su colección sólo veintinueve fábulas del modelo griego, parece claro que conocía muchas más, pues en algunas de sus fábulas se perciben situaciones argumentales de otros apólogos de las Fábulas anónimas .

Hay también en la obra de Fedro otras treinta y dos fábulas, que no aparecen en las Fábulas anónimas , pero de las que encontramos versiones en otras colecciones fabulísticas o en autores diversos, como Babrio, Plutarco, Horacio, etc. En algunos casos, se percibe que Fedro puede haber seguido el mismo modelo que estos autores, pero en otros no. Se trata, en general, de fábulas de situación o anécdotas, cuyo origen está en muchos casos en repertorios de proverbios o chreíai de origen cínico.

El resto de fábulas de la colección, sesenta y cuatro en total, son originales de Fedro y entre ellas hay, como veíamos, una gran variedad tipológica: mitos, novelitas, reflexiones de autor, etc. En muchas ocasiones conocemos cuál ha sido el punto de partida del que el fabulista se ha servido para componer su relato, pero el desarrollo es creación suya, por lo que es lógico considerarlas originales.

IDEOLOGÍA DE LA FÁBULA FEDRIANA

Hay una ideología inherente al género fabulístico, que se forjó en la Grecia clásica, se amplió con la influencia de las escuelas filosóficas de época helenística y, a pesar de los cambios de mentalidad, subyace todavía en los fabulistas modernos 73 . Un conjunto de ideas que encontramos en Babrio, en Fedro o en las colecciones anónimas griegas, que tienen procedencia diversa, aunque su núcleo parece provenir de la filosofía cínica 74 . Fedro, sin embargo, aportó nuevas ideas, revitalizó o cambió las que la tradición le entregaba y su influjo en la fabulística posterior fue, también en este punto, absolutamente decisivo. El estudio de esta ideología, sus fundamentos y su influjo, aparece recogido en nuestro El pensamiento de Fedro …, al que remitimos para quien tenga interés en conocer con detalle el punto de vista de nuestro autor en temas concretos. En las líneas que siguen vamos a dar una visión de conjunto, recopilando e integrando las ideas fundamentales de su pensamiento 75 .

La perspectiva ética de Fedro es eminentemente sapiencial. El individuo sollers («agudo»), que él describe sobre todo a través del personaje de Esopo 76 , es su ideal de hombre y en él hallamos plasmados muchos de los principios éticos que el fabulista formula en su obra: el aspirante a sollers debe aprender de la experiencia 77 , ejercitar su talento 78 , conocer su naturaleza y adecuarse a ella 79 , rechazar la jactancia y la vanidad 80 , despreciar las riquezas 81 , buscar la utilidad 82 , no dejarse engañar por las apariencias 83 y mantener siempre una actitud desconfiada 84 . El hombre virtuoso que propugna Fedro posee algunos de los rasgos del sabio cínico, pero tiene como característica fundamental su apego al mundo real y un cierto talante humanitario, ajeno al doctrinario de aquella escuela, que le lleva a admitir la existencia de la maldad en el mundo 85 y a reconocer lo difícil que resulta el triunfo de la verdad en él 86 . Su lucha desesperada contra el improbus expresa su convicción de que ni siquiera el sabio puede sobreponerse a una maldad que tiene como arma predilecta la mentira. Con todo, esa lucha contra el malvado revela un cierto optimismo en el ser humano; el fabulista no se conforma con el «sálvese quien pueda» de la antigua moral esópica 87 y, tanto en su declaración de venganza contra el que obra mal como en su certeza de que al final la verdad se impone, muestra los rasgos del moralista convencido de la bondad natural del hombre.

No obstante, el triunfo «permanentemente momentáneo» de la mentira acarrea la injusticia y ésta provoca a su vez la desigualdad social entre humildes y poderosos; contra ella Fedro se manifiesta en numerosos apólogos, lo que tiñe su obra del pesimismo característico que tantas veces se ha comentado 88 . La visión de esa sociedad injusta y desigual conlleva la indiferencia del fabulista ante unas formas de gobierno 89 que en ningún caso van a cambiar dicha situación.

Sin embargo, su defensa de la institución familiar muestra también su confianza en, al menos, determinados aspectos de la sociedad de los hombres. En opinión, claramente manifestada por nuestro autor, una familia no se constituye con los meros vínculos naturales: la paternidad no arranca del acto sexual, sino que se hace día a día con el ejercicio de la bondad hacia los hijos 90 . Fedro manifiesta una misoginia que va más allá del tópico literario y que, en parte, puede tener sus raíces en la despreocupación que algunas mujeres de su época podían sentir por la familia 91 .

En última instancia, el fabulista parece mostrar su fe en la voluntad divina: si el improbus triunfa, si la justicia se revela imposible 92 , aún es factible la intervención providencial de los dioses para paliar dicha situación 93 . Sin embargo, el reconocimiento de una justicia divina poderosa es difícilmente compatible con la realidad social del hombre; Fedro encuentra la solución a esa aparente contradicción en las nociones de Fatum y Fortuna: ambas fuerzas intervienen negativamente en la vida de los hombres y su presencia puede justificar los males e injusticias del mundo 94 .

Un análisis comparado de las intenciones y características de la obra de Fedro con las de aquellos otros fabulistas que conocemos manifiesta un poderoso influjo de la ideología inherente al género en el pensamiento de nuestro autor, pero a la vez permite valorar su independencia y, por tanto, sus rasgos de originalidad en muchos aspectos. Entre ellos parecen dignos de destacar los siguientes:

Los fines de Fedro al escribir su obra están marcados por una intencionalidad ético-didáctica, que conlleva una preocupación especial por el contenido de sus relatos, ausente en otros fabulistas. En función de ello, selecciona sus narraciones y no se limita a redactar, con mayor o menor arte, los apólogos que la tradición le entrega. A partir de esa selección, procura adaptar los argumentos a sus ideas, y su labor moralizadora no se circunscribe a la moraleja —como ocurre frecuentemente con Babrio o Esopo—, sino que cuida la utilización de los epítetos y el diálogo entre personajes, en coherencia con el contenido de sus epimitios. De este modo, resulta difícil encontrar en Fedro esas contradicciones que hallamos en los relatos de las Fábulas anónimas griegas o de Babrio entre lo expresado en la moraleja y el mensaje originario de la fábula 95 . Si Fedro no está de acuerdo con el contenido ideológico de una fábula, o no la incluye en su colección o la transforma íntegramente, no sólo con el añadido moral que supone el epimitio.

La comparación entre las distintas versiones de un mismo argumento puede ilustrar lo que decimos: el conocido argumento del reparto del león lo encontramos en Fedro, I 5; Babrio, 67 y Esopo, 149. Con independencia de las diferencias narrativas, las moralejas de estos apólogos descubren intenciones distintas: mientras la versión esópica indica cómo «los hombres se vuelven comedidos ante el infortunio de los vecinos», Babrio y Fedro aconsejan no aliarse con el poderoso. Sin embargo, entre estos dos autores también hay importantes diferencias; en el fabulista latino hay un claro ataque contra el potens («Nunca es leal la alianza con el poderoso»), considerado como un grupo aparte, al que se califica de improbus («Así, sólo la maldad se llevó todo el botín»); la fábula babriana se limita a desaconsejar la asociación con el más fuerte («Mide tus posibilidades. No te alíes o asocies para ningún asunto con un hombre más poderoso que tú»), un consejo práctico, descargado de las valoraciones éticas que se aprecian en Fedro.

La fábula de Fedro en la que se narra cómo el lobo prefiere la libertad a las comodidades del perro guardián (III 7) se separa considerablemente de la versión de Babrio (100). Sobre el mismo argumento, Fedro hace un canto a la libertad, enfatizando en el desprecio de los bienes materiales que encadenan al hombre; Babrio, en cambio, lo cuenta como una chanza, una broma en la que no hay moraleja. El relato es un buen exponente de las distintas concepciones que tienen ambos autores sobre el género fabulístico: uno, empeñado en extraer el mayor contenido ético-ideológico de cada narración, el otro, interesado, por lo general, en narrar con gracia, dejando al lector la oportunidad de descubrir las ideas encerradas en sus apólogos.

Otro rasgo característico de Fedro —que comentaremos más adelante— es la ausencia de esa comicidad, típica de algunos relatos de Esopo o Babrio, que da un carácter «serio» a su obra. En última instancia, este rasgo es también una consecuencia de los propósitos ético-didácticos de nuestro autor, que no puede limitarse a sonreír ante el mundo despiadado de la fábula esópica.

Sin duda, la mayor originalidad de Fedro reside en su forma de abordar determinados temas y en las ideas que vierte en cada uno de ellos; destaquemos aquí la distancia notable que existe entre él y otros fabulistas al tratar de la venganza, la desigualdad social o el fatum , entre otros temas de menor entidad en el conjunto de su obra.

Parece claro que algunos de los rasgos originales de nuestro fabulista tienen su origen en los avatares de su propia existencia y en la influencia más o menos directa de los satíricos —especialmente Horacio— y del pensamiento de la Estoa Nueva que Séneca representa. Son numerosos los ejemplos en los que la perspectiva fedriana ante un determinado tema es perfectamente explicable con el conocimiento previo de las circunstancias de su existencia: su desconfianza en la justicia humana 96 , su misoginia 97 , su aversión al poderoso 98 , su concepción negativa de la fortuna y el fatum 99 , etc. El influjo de Horacio —ya estudiado por la crítica— y de la sátira en general puede explicarnos su insistencia en demostrar la falsedad de las apariencias 100 , su radicalismo en el desprecio de las riquezas 101 , su libertad literaria al abordar determinados argumentos impúdicos 102 , etc. En fin, el contacto con los estoicos pudo condicionar su concepción de una divinidad justiciera y benévola 103 , su postura ante la esclavitud 104 , su perspectiva radicalmente utilitarista 105 , etc.

No es éste lugar para hacer una valoración detallada de la importancia de las ideas de Fedro en el contexto de la literatura romana, pero sí podemos apuntar algunos detalles relevantes:

Fedro es, entre los escritores romanos, el único portavoz de la clase humilde y, en ese sentido, nos da a conocer una forma de pensar totalmente atípica.

El apego al mundo real que caracteriza sus versos coadyuva al conocimiento de determinados rasgos de su época y su entorno que, aunque generalmente se ven confirmados con la lectura de otros escritores, son aportados desde una perspectiva distinta y valiosa.

El componente autobiográfico de su obra, que proporciona a sus fábulas un cierto tono lírico, es ajeno a otros fabulistas que nos son conocidos y, sin embargo, está presente en Catulo, Marcial, Horacio, Propercio, etc. Este rasgo contribuye a hacer de Fedro un poeta eminentemente romano e incardinado en su época.

El carácter satírico de su obra nos hace pensar en las relaciones entre sátira y fábula que, en última instancia, pueden centrarse en la influencia determinante del cinismo en ambos géneros.

Por lo que se refiere a la fabulística, el influjo de sus ideas en autores posteriores es fundamental. Tal influjo es evidente en aquellos redactores medievales que asumen los principios que la tradición les entrega de una forma mecánica, salvo que estos choquen muy claramente con sus creencias. A través de éstos y de forma indirecta, Fedro ha continuado ejerciendo su influencia en fabulistas posteriores. Pero, además, hemos de insistir en la influencia directa que Fedro ha ejercido en La Fontaine —insuficientemente estudiada, hasta donde conocemos— y a través de éste en los continuadores de la obra del francés.

Su pensamiento es un punto de referencia obligado para constatar, mediante la comparación con fabulistas posteriores, la variación o permanencia de determinadas ideas a lo largo del tiempo 106 . Pero quizá sea más importante comprobar cómo incluso en autores distantes de Fedro en muchos aspectos y que no conocían su obra de forma directa, no sólo las ideas sino incluso las intenciones que les mueven a escribir fábulas, arrancan de las expresadas por nuestro fabulista 107 .

ESTILO

Los versos de nuestro fabulista trasparentan una personalidad fuerte, sin duda forjada en los tristes avatares de su vida. En consonancia con ella, lo primero que apreciamos en su narrativa es un estilo vigoroso y directo, que parece menospreciar los adornos y busca aclarar cuanto le sea posible la utilidad moral de sus fábulas. En realidad, son escasos aquellos pasajes donde se muestra la vena lírica de nuestro poeta y, sin embargo, cuando esta aparece, uno tiene la impresión de que sólo conocemos una parte de su brillante talento literario. A veces, la rotunda convicción del escritor en la calidad de su obra y la confianza en que obtendrá la gloria que dice merecer 108 , nos hacen pensar que se han perdido otras obras suyas 109 ; no hay más indicios de ello, pero la turbulenta época en que vivió favorecería desde luego la posible desaparición de otros escritos, que, dada la ideología de Fedro, pudieran resultar peligrosos u ofensivos a algunos de los poderosos de su tiempo.

En mi opinión, es en algunos de los prólogos y epílogos donde Fedro alcanza los momentos de mayor inspiración, es decir, justamente cuando se ve libre de las leyes del género fabulístico, en el que ha introducido, como notable innovación, una serie de «reflexiones de autor» 110 , que vienen a ser un complemento de esos prólogos. Hay en éstos algunos pasajes destacados, donde muestra su excelente capacidad para expresar sentimientos. En el epílogo al libro II , cuando manifiesta con cierto halo de resignación su esperanza en un futuro incierto y más justo con sus merecimientos: «soportaré con el corazón endurecido la desgracia establecida por el destino hasta que la fortuna se avergüence de su error» (vv. 18-19). En el epílogo al libro III , cuando solicita la ayuda del poderoso Éutico con más escepticismo que humildad: «Es tu cometido; antes fue de otro; después, por un giro similar de las cosas, vendrá el turno de los siguientes. Decide según tu conciencia y la lealtad de tu palabra para que me alegre de depender de tu sentencia».

Este Fedro tan lírico poco tiene que ver con el narrador de fábulas austero y sentencioso que, como apunta C. Chaparro 111 , parece precipitarse en su necesidad de exponer la evaluación moral del relato, sin duda lo que más le importa. En realidad, la obra de Fedro está condicionada, como señaló Terzaghi hace muchos años, por las influencias unas veces armónicas y otras disonantes de la fabulística tradicional y de la sátira. Fedro era un escritor satírico que escribía fábulas, un género, que, si no es inadecuado para los modos satíricos, resulta claramente menos apropiado que el sermo horaciano, la diatriba o el epigrama.

El rasgo estilístico de nuestro fabulista que más se ha comentado es la famosa breuitas , pero, antes de referirnos a ella, hemos de mencionar otros rasgos peculiares de esa narración pragmática y radical que, como apunta A. Rostagni 112 , a veces no parece poesía:

1.°) La habilidad para representar las situaciones de sus personajes y la plasticidad de algunas imágenes revelan su evidente fuerza descriptiva. Así, en I 2, Las ranas que pidieron un rey , la brevedad no impide a nuestro autor reflejar con acierto la escena que tiene lugar en la charca después de que Júpiter arroje el madero: primero el miedo paralizante, luego la confianza de la primera rana que con sigilo asoma su cabeza y, finalmente, la agresividad libertina de la multitud; los adverbios subito, diutius, forte, tacite y certatim permiten al lector recrear la imagen en su imaginación con una idea del lugar, el tiempo y el movimiento sumamente verosímil: «un pequeño madero, lanzado repentinamente …permaneció sumergido en el lodo durante mucho tiempo hasta que una por casualidad sacó con sigilo la cabeza del estanque… Ellas, perdido el miedo, se acercan nadando a porfía » 113 . Muy distante de la insípida descripción que encontramos en la prosa esópica (Esopo, 44 114 ), aunque es evievidente que las intenciones literarias de su anónimo autor distaban grandemente de las del fabulista romano.

En otros muchos pasajes se aprecia también este característico rasgo de la narrativa fedriana, pero quizá merezca un comentario particular la imagen de los dos mulos, uno cargado de riquezas y otro de cebada, que encontramos en II 7: «El primero, rico por su carga, marchaba elevando la cerviz y repiqueteando su sonora campanilla; su compañero le seguía con paso tranquilo y apacible». Tampoco aquí la brevedad impide a Fedro orientarnos ya desde el inicio sobre la intención de la fábula, la confrontación entre los dos mulos: uno altanero y presumido («rico por su carga, marchaba elevando la cerviz y repiqueteando su sonora campanilla») y otro humilde y sin pretensiones («su compañero le seguía con paso tranquilo y sereno»). Algo así como Don Quijote y Sancho 115 .

2.°) Otro de los rasgos que más se ha destacado de la lengua de Fedro es, sin duda, su facilidad para la epitetación, en cierto modo corolario de la precisión léxica que ya apuntó Havet en sus antiguos estudios sobre el fabulista. Es este un rasgo que se aprecia fácilmente en cualquiera de sus fábulas y que parece responder a la necesidad que tiene nuestro autor de etiquetar a sus personajes para clarificar desde el primer momento el conflicto ético que subyace en sus narraciones. En I 1, enseguida se nos trasmite quién es el malvado, calificando al lobo de «ladrón de perversa garganta»; con más rapidez aún se nos dice en Ap . 26, donde, desde la primera palabra, la corneja es odiosa (cf. odiosa cornix super ovem …); algo parecido encontramos en III 13, donde la aparición de los zánganos coincide con su etiquetación: inertes . Así que el juicio moral sobre los protagonistas del relato no se desprende de su comportamiento en lo narrado, sino que Fedro se anticipa para que no haya dudas sobre quienes son los malos y quiénes los buenos; algo lógico, dada su empecinada lucha contra el improbus , aunque a veces haga perder gracia a la fábula que resulta excesivamente maniquea y carente de suspense .

La epitetación no sólo contribuye a la evaluación moral de los personajes, también es un elemento indispensable en la descripción, como se puede apreciar en el pasaje antes comentado de la fábula II 7; en ella, la celsa cervix del mulo cargado de riqueza contrasta con el gressus placidus et tranquilus del mulo cargado de cebada. Si los pasos de este mulo describen gráficamente su sencillez, los delicados pasos de Menandro en V 1 sirven para configurar, junto a otros epítetos, su amaneramiento («rociado de perfumes y con un rozagante vestido acudía con paso lánguido y delicado»).

En el capítulo de la epitetación, resulta llamativa también una cierta tendencia a presentar a los protagonistas de sus fábulas con la sustantivación de un adjetivo que señale alguna de las características físicas más peculiares de los distintos animales. En I 1, el cordero es el «lanudo» (laniger ), en I 11, el asno es el «orejudillo» (auritulus ), en IV 9, el macho cabrío es el «barbudo» (barbatus ), etc.

Ahora bien, en relación con este tema, entiendo que el rasgo más sobresaliente de la narrativa de Fedro es la constante utilización del participio de presente —generalmente en caso nominativo concertado con el sujeto que protagoniza la fábula— en su doble función nominal o verbal, para marcar el estado de ánimo, la disposición o situación en que se encuentra el personaje que va a entrar en acción. En I 1, el cordero habla timens; en I 5, la oveja patiens iniuriae se asocia con el león; en I 13, el ciervo mirans elogia sus cuernos; en II 2, un hombre cae en manos de una mujer celans annos elegantia; en III 2, la pantera imprudens cae en la fosa; etc. Se trata de un rasgo presente en al menos un 60 ó 70% de las fábulas, que, hasta donde nosotros conocemos, no ha sido destacado, y, sin embargo, parece contribuir de forma decisiva a la etiquetación moral de los personajes y a la conocida brevitas de nuestro fabulista.

3.°) Aunque no son muchas las fábulas en las que Fedro hace hablar a sus personajes, sin duda hay que mencionar como rasgo sobresaliente de su estilo la fluidez de sus diálogos. Resulta paradójico que, teniendo esa capacidad, la utilice tan poco; pero, en este punto como en otros, y en la línea de lo que comentábamos más arriba, uno tiene la impresión de que las posibilidades narrativas de Fedro están muy por encima de lo que apreciamos en sus fábulas.

Vamos a comentar dos, en las que este rasgo se muestra plenamente. En I 15, el diálogo breve y preciso es, sin embargo, muy gracioso. En III 15, el intercambio de frases entre los personajes es más extenso y entonces tenemos ocasión de apreciar las capacidades líricas de Fedro.

I 15 es la fábula del asno y el anciano; cuando éste ve venir al enemigo insta al animal a emprender la fuga, at ille lentus: «dime, ¿crees acaso que el vencedor me pondrá dos albardas?» senex negavit . «Entonces, ¿qué me importa a mí a quién sirva, mientras siga llevando una sola albarda?» 116 .

Pero, sin duda, es en III 15 donde Fedro manifiesta más emotividad, a propósito del diálogo entre el perro y el cordero. Toda la fábula es un alegato en favor de la adopción, en la que contrastan las agrias palabras del perro («Tonto, te has perdido; no está aquí tu madre») con las serenas pero firmes del cordero amamantado por la cabra: «No quiero a ésa que concibe por deseo, luego lleva un peso desconocido durante ciertos meses y, finalmente, deja caer su escurridiza carga. Quiero a aquella que me alimenta, acercándome su ubre, y engaña a sus hijos para que a mí no me falte la leche». Extrañamente, sin embargo, la fábula no ha sido imitada más que por los anónimos continuadores medievales de Fedro, y en sus versiones, muy cambiadas, los diálogos carecen de brillantez.

4.°) Pasemos ya a ocuparnos de la breuitas («brevedad»). Es el propio Fedro quien insiste en destacar este rasgo como uno de los más positivos de su obra. Lo hace en el prólogo al libro II , cuando considera su brevedad una recompensa para el lector («quisiera, lector, que lo recibieras con agrado, con la condición de que la brevedad te pague esta licencia). También aparece en el epílogo al libro III , cuando reclama a Éutico el premio que merece su brevedad por encima de otras cualidades de su obra (brevitatis nostrae praemium ut reddas peto) . Y, por último, en el epílogo al libro IV , cuando dice a Particulón que, si no estima su talento, apruebe al menos su brevedad (si non ingenium, certe brevitatem adproba) .

Aunque el propio autor no hubiera insistido en ello, ya hemos visto, al comentar otros rasgos de su obra, que efectivamente la brevedad es una marca muy distintiva de la poesía fedriana. Incluso el propio La Fontaine alude a ella como una característica del género y recuerda que Fedro fue criticado ya en su tiempo por su excesiva brevedad 117 . En general, es asunto muy discutido por la crítica: primero si es unacaracterística inherente al género y luego si en el arte de Fedro podemos considerarla positiva o negativamente. Éste y otros puntos se tratan en el artículo antes citado de César Chaparro, al que remitimos para quien quiera conocer más detalles y en el que, entre otras interesantes conclusiones, se señala cómo la breuitas de Fedro es de índole selectiva, lo que supone la abreviación de los elementos que no indican valoración moral de la fábula. A. Zapata, por su parte, al comentar la brevitas fedriana, se refiere al empleo frecuente de la perífrasis en las fábulas como un intento de caracterización concentrada del personaje 118 .

También en este caso la comparación con otras versiones de la misma fábula permite apreciar con mayor claridad la presencia de este rasgo estilístico en Fedro. Puede servir de ejemplo la famosa fábula de la nave agitada por los vientos (IV 18); la puesta en escena y el súbito cambio de las cosas las expone Fedro en cinco versos: «Una nave era agitada por crueles tempestades entre las lágrimas de los pasajeros y el miedo a la muerte, cuando repentinamente el día se serenó; la nave, ya segura, empezó a ser arrastrada por vientos favorables y a provocar en los marineros una alegría excesiva» La versión esópica (78) es mucho más prolija: «Unos subieron a un barco y se hicieron a la mar. Cuando estaban mar adentro se desató una violenta tempestad y poco faltó para que el barco se hundiera. Uno de los pasajeros, rasgándose las vestiduras invocaba a los dioses patrios con llanto y lamentaciones y prometía ofrecer sacrificios de acción de gracias si le salvaban. Pero al pasar la tormenta y llegar de nuevo la calma, dándose a la alegría se pusieron a bailar y saltar, como quienes han escapado de un peligro inesperado» 119 .

También la comparación entre los distintos relatos de La viuda y el soldado (Fedro, Ap . 15 y Petronio 110, 6-112, 8), permite apreciar con exactitud las características de la breuitas de Fedro, que a veces resulta un tanto árida, como lo atestigua el cortante final de esta fábula: («Así la desvergüenza ocupó el lugar de la honra») tan distinto del despreocupado y humorístico final de Petronio: «El soldado puso en práctica la idea de aquella mujer tan sagaz. Y al día siguiente, el pueblo se preguntaba maravillado cómo un muerto se habría subido a la cruz». Esta comparación descubre también otros rasgos importantes de la poética de Fedro como la insistente perspectiva ética frente a la amoralidad petroniana o la seriedad de algunos de sus relatos frente a la desenfadada comicidad de Petronio.

COMICIDAD

Sin duda, esta es una de las características inherentes a la fábula, pero su presencia es muy diferente de unos autores a otros. Fedro lo considera un objetivo básico de su obra —recordemos el risum movet del prólogo al libro I —, pero luego parece olvidarse de ello, insistiendo más en que no son meras neniae 120 .

Es cierto que hay muchas fábulas donde no se aprecia el lado cómico (I 3, 12, 17…), quizá 30 o 31 en total, pero son muchas más las que al menos provocan la sonrisa. Unas veces por la forma de narrar, otras por la comicidad de una imagen o una situación, frecuentemente por la frase ingeniosa de la réplica final, que puede ser paradójica (cf., por ej., I 14, donde el rey que desenmascara al zapatero médico se dirige a la multitud con estas palabras: «¿Cómo podéis estar tan locos que no dudasteis en confiar vuestras cabezas a quien nadie encomendó sus pies para calzarlos?») o de ingenio simple y profundo, (cf., por ej., I 15, donde el asno contesta al pastor que le insta a huir del enemigo: «¿Qué me importa a mí a quién sirva, mientras siga llevando una sola albarda?»); en ocasiones encontramos epimitios en los que el propio Fedro ironiza sobre el contenido del relato (cf., por ej., II 1: «Un ejemplo egregio, recto y loable, pero la ambición es rica y la moderación pobre»). El factor cómico puede también venir determinado por el impudor sexual o escatológico: I 18 y 29; III 3; IV 19, etc.

En muchas ocasiones parece que la comicidad del relato se anula con la aparición de una moraleja terriblemente seria. Así I 1, donde los argumentos no sólo falsos sino también absurdos del lobo provocan una sonrisa que desaparece en el epimitio (cf. «Esta fábula se ha escrito a causa de aquellos hombres que con fingidos pretextos oprimen a los inocentes»). Algo parecido en I 18: al chistoso relato se añade una moraleja trascendente: «Ninguno vuelve a habitar de buen grado el lugar que le causó daño». También I 24, donde hay una gran diferencia entre la narración bastante cómica y el rotundo promitio («Muere el pobre cuando quiere imitar al poderoso») 121 .

Dice M. Nojgaard 122 que Fedro elimina lo cómico existente en la fábula esópica y que en su obra es un factor secundario, puesto que siempre persigue la representación de la realidad social. Según lo que acabamos de apuntar, esto parece cierto, pero es necesario subrayar que uno de los factores que hacen cómicas las fábulas de Fedro es la forma de narrar, con descripciones humanizadas del mundo animal sumamente cómicas. Una comparación entre las distintas versiones de una misma fábula puede ejemplificar lo que comentamos. La versión babriana del apólogo del lobo y el cordero (Fedro, I 1 y Babrio, 89) carece de moraleja y por ello resulta más cómica; sin embargo, su versión del apólogo de la rana hinchada (Fedro, I 14 y Babrio, 28), aunque también carece de moraleja, no tiene la gracia de la narración fedriana ni su fuerza descriptiva y, por tanto, la fábula resulta en este caso menos cómica que la del latino.

En algunas pasajes aparece el Fedro plenamente satírico, con aportaciones brillantes en lo que a la comicidad se refiere; como, por ejemplo, en el promitio de II 5 con la serie encadenada de paradojas chistosas: «Hay en Roma una raza de ‘ardaliones’ 123 , que va de un lado a otro con apremio, ociosa pero ocupada, acalorada sin motivo, haciendo muchas cosas pero no haciendo nada, molesta para sí misma y odiosísima para los demás»; o en la fábula IV 7, dirigida a los que le critican: «Tú, crítico de fino olfato, que denigras mis escritos y desdeñas leer este tipo de bromas, sostén el libro con un poco de paciencia, mientras yo aplaco la severidad de tu entrecejo y entra en escena un nuevo Esopo con coturnos»; o en el epimitio de IV 21, donde apostrofa con severidad a los avaros: «A ti te digo, avaro, alegría de tu heredero, que engañas a los dioses en el incienso y a ti mismo en el alimento, que escuchas triste el musical sonido de la cítara…»

No parece justo, en definitiva, decir que Fedro ha suprimido el factor cómico de la fábula esópica. Lo que ocurre es que encontramos una comicidad mucho más comprometida ética y socialmente, que frente a la antigua fábula amoral y descriptiva, se pone al servicio de unas ideas que denuncian determinados comportamientos humanos y aspiran a transformarlos.

El SENARIO DE FEDRO

No hay nada de sorprendente en que Fedro eligiera el yambo (sílaba breve + sílaba larga) para componer sus fábulas; metro satírico por antonomasia, apropiado, por tanto, para una poesía como la suya, y que, además, encontramos también en otros fabulistas, como Babrio, que probablemente siguen en este punto una tradición anterior. Sin embargo, sí ha llamado la atención el hecho de que nuestro autor se inclinara por el senario y no por el trímetro yámbico; es decir, que prefiriera la forma latina del metro, tal como la concibieron los poetas arcaicos. El senario de Ennio había sido criticado por Horacio en su Arte poética 124 y Cicerón lo consideraba demasiado próximo al sermo prosaico 125 . Además, Catulo (IV y XXIX) y el propio Horacio (Ep . XVI) habían escritos trímetros yámbicos a semejanza de sus modelos griegos. A pesar de todo, Fedro eligió el senario y ello lógicamente debe responder a razones poderosas, puesto que tal elección le enfrentaba con la preceptiva poética de los más grandes. A. Guaglianone 126 apunta algunas de estas razones: 1) La elección del senario se enmarca en la reacción literaria contra el clasicismo augusteo y la preferencia por los poetas arcaicos latinos. 2) El senario yámbico era la expresión rítmica de la poesía popular y Fedro reivindica el uso del género fabulístico como instrumento expresivo de las clases más humildes 127 . 3) El senario se adaptaba mejor que ningún otro metro a las exigencias del lenguaje fedriano.

A las razones aportadas por Guaglianone, cabe añadir el espíritu de reivindicación nacionalista fedriano frente a lo helénico, apreciable en su permanente confrontación con Esopo 128 , en su valiente aceptación del agón literario con Grecia 129 , en sus críticas del papanatismo imperante en su época que apreciaba más las falsificaciones de la antigüedad griega que las buenas cosas del presente romano 130 , y en esa reveladora y sorprendente invectiva contra la riqueza expresiva de la lengua griega que encontramos en Ap . 30, a propósito del nombre del castor (vv. 2-4: «ese animal al que los locuaces griegos llamaron castor, dando a una bestia el nombre de un dios, ellos que se jactan de su abundancia de palabras»).

Estas razones y algunas más que seguramente se nos escapan impulsaron a Fedro a elegir el senario, una elección que curiosamente no fue seguida por sus continuadores medievales, quienes desde Aviano prefirieron el dístico elegiaco, más elegante, desde luego, pero, a nuestro juicio, menos apropiado para un género con vocación popular y satírica.

TRADICIÓN MANUSCRITA

Para el establecimiento del texto latino de las fábulas de Fedro contamos con los siguientes códices:

Codex Pithoeanus (P): s. IX. Recibe el nombre de los hermanos Pierre y François Pithou. Pierre (1539-1596) hizo la editio princeps . Esta familia de humanistas sacó a la luz el manuscrito, que tal vez se encontraba en el monasterio de Saint-Remi en Reims. El Pithoeanus , tras diversos avatares, llegó a manos del marqués de Rosambo. Durante mucho tiempo fue inaccesible a los editores de Fedro, hasta que se permitió a Ulysses Robert hacer una edición paleográfica (1893), un auténtico gemelo que se encuentra en la actualidad en la biblioteca Morgan de New York 131 . Consta de cincuenta y cinco folios, de los cuales los treinta y nueve primeros contienen todas las fábulas de Fedro excepto las del Appendix Perottina; hay en él algunas alteraciones respecto al orden que hoy día es comúnmente admitido.

Codex Remensis (R) . También del siglo IX . Descubierto por Jacques Sirmond, quedó destruido en el incendio de la abadía de Saint-Remi en Reims en 1774, pero sus variantes nos han sido trasmitidas por editores y comentaristas que tuvieron ocasión de manejarlo antes de ese año. La más importante de tales ediciones es la segunda de N. Rigault (1617 y 1699).

Charta Danielis (D): Del siglo IX o X . En otro tiempo propiedad de Pierre Daniel (1530-1603) y procedente del monasterio de Fleury. Ahora se llama Codex Reginensis Latinus 1616 y está en la Biblioteca Vaticana. Sólo contiene las fábulas 11-13 y 17-21 del libro I . Este fragmento impide que el P sea considerado codex unicus .

El Apéndice de Perotti ha sobrevivido en dos manuscritos N y V . Se trata de treinta y dos fábulas que no estaban en el codex P y han sido trasmitidas por el humanista Nicolò Perotti (1430-1480) a partir de un manuscrito de las fábulas de Fedro que se ha perdido. Estas fábulas se encontraban en una colección preparada por Perotti para el uso de su sobrino, titulada Nicolai Perotti epitome fabellarum Aesopi, Avieni et Phedri ad Pyrruhum Perottum fratris filium adolescentem suavissimum , contiene sesenta y cuatro fábulas de Fedro, de las que, como decíamos, treinta y dos son nuevas. Como se ve por el título, también incluye fábulas de Aviano y Esopo.

La transcripción de Perotti parece ser bastante literal en conjunto, pero no totalmente respetuosa. Lo peor es que omite promitios y epimitios y ha introducido como moralejas sus propios principios morales. Las fábulas de Fedro contenidas en el epítome de Perotti fueron editadas por primera vez por C. Ianelli en Nápoles a partir del Codex Neapolitanus (N) (Bibliot. Nac. IV F 58), escrito por el propio Perotti, un manuscrito dañado en muchos sitios y en ocasiones ilegible 132 . El descubrimiento posterior del Codex Vaticanus (V) , de principios del xvn, que parece haber sido copiado de N , ha permitido recuperar lugares ilegibles en N . Según E. Mandruzzatto, la escasa cultura del obispo ha permitido que no haya mayores destrozos 133 .

El texto de Fedro no presenta dudas insalvables, aunque en ocasiones pueda haber lecturas distintas. Uno de los problemas más debatidos es el del orden de composición. El trabajo de los sucesivos editores ha llegado al establecimiento de un orden generalmente admitido, con la división en cinco libros, que confirma Aviano en el prefacio a sus fábulas. Únicamente se mantiene la duda acerca de los versos 33-63 del prólogo al III, que Havet colocó en el epílogo al libro II ; su hipótesis es, todavía hoy, objeto de controversia entre los editores.

El otro gran problema es el de las fábulas perdidas de Fedro, pues el hallazgo del epítome de Perotti puso al descubierto que el obispo había manejado un manuscrito distinto de P , en el que se contenían otras fábulas de nuestro autor 134 . Teniendo en cuenta este dato, los humanistas desde el siglo XVII han ensayado restauraciones de los originales perdidos, sobre todo a partir de las paráfrasis medievales de Ademar , el codex Wissembourguensis y Romulus . La más conocida y exitosa de tales restauraciones es la realizada por C. Zander en 1921 135 , que contiene treinta fábulas. Sobre todo lo hace apoyándose en criterios métricos, considerándolo elemento exclusivo de autentificación. Teniendo en cuenta las características del senario, tan próximo al sermo prosaicus , nos parece un error no tener en cuenta otros criterios. Por esta y otras razones tales fábulas no se incluyen hoy en las ediciones críticas, aunque algunos editores lo hacen en apéndices específicos 136 . En nuestra edición del Rómulo hemos indicado las que comúnmente se consideran fábulas perdidas de Fedro.

NUESTRA TRADUCCIÓN Y OTRAS ANTERIORES

En nuestra traducción seguimos la edición de B. E. Perry, después de confrontar con la de A. Guaglianone los pasajes más discutidos de la obra. Creemos que estas dos son de entre las ediciones modernas las que con más detenimiento han estudiado el texto de las fábulas y, aunque la de Perry no es propiamente una edición crítica, su autor la realizó cotejando el excelente material filológico proporcionado por dos de los mejores editores de Fedro: L. Havet y J. P. Postgate. Además, tiene, a nuestro juicio, indudables aciertos en la elección de las lecturas más controvertidas, aportando cuando es necesario el texto de las paráfrasis medievales. No obstante, en algunos lugares nos hemos separado de esta edición, como puede verse en las notas 5, 42, 197, 246, 247, 278, 287, 299, 342, 351 y 356. También hemos anotado en los lugares más discutidos las lecturas que ofrecen otros editores.

La traducción del texto latino de las fábulas no presenta en general dificultades especiales; no obstante, y para aquellos pasajes más discutidos, hemos tenido en cuenta traducciones anteriores, particularmente la inglesa de Perry, la francesa de A. Brenot, la italiana de E. Mandruzzato y las españolas de Segalá, Mañas y Zapata. En los lugares dudosos hemos anotado las versiones de otros traductores o señalado la procedencia de la nuestra. En general, nos hemos esforzado por mantener el característico estilo de Fedro, con esa mezcla de narrativa y lírica que le es tan peculiar, pues estamos convencidos de que Fedro era un poeta lírico que eligió un género narrativo para expresar sus sentimientos. Naturalmente hemos procurado no traicionar a nadie ni a nada, pero, cuando la elección resultaba ineludible, hemos preferido el sensus al verbum , siguiendo en cierto modo el principio de Fray Luis de que a la mejor expresión latina le corresponde la mejor castellana y no su equivalente. En tal sentido, hemos de comentar que sólo en contadas ocasiones hemos mantenido en nuestra traducción la construcción de cum histórico con que suelen comenzar muchas fábulas, pues, a nuestro juicio, en castellano no resulta muy elegante.

En las notas, aparte de comentar, como hemos apuntado, las lecturas difíciles o traducciones ambiguas, hemos incluido las aclaraciones habituales sobre instituciones, costumbres y particularidades de la sociedad romana. En cada fábula, la primera nota indica las versiones conocidas del mismo argumento en otros fabulistas, incluyendo las de algunos modernos, particularmente las de La Fontaine y Samaniego, y señalando en ocasiones las diferencias existentes respecto a la versión fedriana 137 .

De entre las traducciones castellanas que preceden a este trabajo merecen destacarse las que han publicado recientemente M. Mañas (Madrid, 1998) y A. Zapata (Madrid, 2000). En ambos casos apreciamos la seriedad y el rigor filológico de dos latinistas que han contrastado otras traducciones antes de publicar la suya. Sin quitar méritos a la breve pero jugosa introducción de Zapata, quiero destacar aquí el notable esfuerzo de documentación realizado por Mañas para la elaboración de la introducción y las notas al texto. Antes de él, sin embargo, las ediciones de Fedro en castellano son bastantes incompletas. Mencionemos, no obstante, las de J. Serres (Madrid, 1733), F. de Cepeda (Madrid, 1788), J. A. González de Valdés (Alcalá, 1792), R. de Oviedo (Madrid, 1793), D. H. Cuartero (Madrid, 1929), L. Segalá (Barcelona, 1940) y J. J. Bergua (Madrid, 1966). En general, van precedidas de breves prólogos, presentaciones o noticias, pero nunca de una verdadera introducción; las notas son escasas y omiten las traducciones de las fábulas más impúdicas o conflictivas ideológicamente 138 . En ellas la intencionalidad divulgativa y didáctica deja relegado el trabajo filológico, aunque hay que destacar los indudables aciertos en algunos pasajes de ese gran traductor que fue Segalá y los esfuerzos de Bergua por traducir algunos apólogos que hasta su edición habían pasado en silencio.

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1 Cf. A. CASCÓN , El pensamiento de Fedro en la tradición fabulística greco-latina , Madrid, 1998, pág. 100. En el epílogo al libro II lamenta que su obra llegue a manos de personas que no sepan valorarla, pero afirma que aguantará «con el corazón endurecido hasta que la Fortuna se avergüence de su error» (vv. 15-19). En el prólogo al libro III el poeta afirma que la posteridad se deleitará con sus escritos (v. 32: habebunt certe quo se oblectent posteri); más adelante, y en el mismo prólogo, asegura que la gloria debida a los poetas le será concedida (v. 61: quom iam mihi sollemnis dabitur gloria); también en el epílogo al libro IV señala que el nombre de Particulón vivirá en sus escritos mientras las letras latinas estén en auge (vv. 4-6: quare…/ Particulo, chartis nomen victurum meis/ dum manebit pretium litteris) .

2 Así titulaba este crítico italiano el capítulo de su Storia della letteratura latina dedicado al fabulista: «Fedro, il poeta degli humili» (Turín, 1964, II, pág. 377).

3 La datación de estas fábulas es discutida. Son tres las colecciones de fábulas base para las ediciones modernas de Esopo: la Augustana , que F. R. ADRADOS sitúa en el siglo IV o V d. C., aunque el fondo de la Colección pueda ser más antiguo (Cf., Historia de la Fábula …, II, pág. 264), la Vindobonense , del siglo VI , y la Accursiana , del siglo IX .

4 C. A. SAINTE -BEUVE , Causeries du lundi, La Fontaine (cit. E. MANDRUZZATO , Fedro. Favole , Milán, 1979, págs.71-72).

5 Cf., sobre todo, II epílogo, vv. 15-19 y III, prólogo, 31-32.

6 Cf. el promitio de IV 2: «es rara la inteligencia que comprende lo que el cuidado del poeta ha escondido en el rincón más oculto» y el epimitio de IV 11: «Nadie más que su autor podrá explicar cuantas cosas útiles contiene esta fábula».

7 Cf. epíl. II 10-11: «Si la envidia quisiera denigrar mis esfuerzos, no me arrebatará, sin embargo, la conciencia de que mi trabajo merece la alabanza» y 15-17: «Pero si, por el contrario, mi docto trabajo se topa con los charlatanes, a los que la naturaleza engendró en mala hora y no son capaces más que de criticar a los que son mejores…». También en pról. IV, 15-16: «Si la maldad quiere denigrarlo (el libro) por no ser capaz de imitarlo, que lo denigre».

8 A lo largo de los cinco libros de las fábulas se observa cómo FEDRO intenta reivindicar progresivamente su obra frente a la del fabulista griego. Así, aunque en el prólogo al libro I le reconoce como inventor del género (v. 1: Aesopus auctor… materiam repperit) y en el epílogo al libro II afirma que pretende continuar su obra con talante emulativo (v. 7: nec haec invidia, verum est aemulatio) , en el prólogo al libro III manifiesta, sin embargo, que él ha imaginado más fábulas que ESOPO y que «ha hecho del sendero de aquél un amplio camino» (vv. 38-39); del mismo modo, en el prólogo al libro IV , establece ya su famosa distinción entre fábulas Aesopias y Aesopi , indicando que con temas nuevos él ha creado muchos más relatos que aquél (vv.11-13: «fábulas, que yo llamo esópicas, no de Esopo, puesto que él enseñó unas pocas y yo he escrito muchas»); finalmente, en el prólogo al libro V acaba afirmando que la aparición del nombre de Esopo en su obra es una mera etiqueta que tiene la finalidad de dar mayor prestigio a sus fábulas (vv.1-3: «Si aquí y allá intercalo el nombre de Esopo, a quien ya antes he reconocido lo que debía, debes saber que es por causa de su autoridad»).

9 Cf. SÉNECA , Cons. a Polib . VIII 3: «no oso inducirte a que escribas con tu acostumbrada gracia fábulas y apólogos esópicos, un género no cultivado por el ingenio romano».

10 A. LORENZI , (Fedro , Firenze, 1955, págs. 7-12) expone las diversas opiniones de la crítica sobre este punto.

11 «Phaedriana», Rivista di Filologia e Istruzione Classica 17 (1939), pág. 139.

12 Cf. MARCIAL , III 20, 1-5: «Dime Musa qué hace mi Canio Rufo: ¿Acaso consigna en páginas inmortales las obras dignas de recuerdo de los tiempos de Claudio o aquellas que un escritor falso atribuye a Nerón?, ¿o bien imita las chanzas del malvado Fedro?»

13 M. V. Martialis epigrammaton libri , Leipzig, 1886, I, pág. 292.

14 Cf. «Marciale, Canio Rufo e Fedro», Giornale italiano di filologia 17 (1964), 122-148.

15 Cf. infra , Introducción a AVIANO , págs. 221-228.

16 Cf. M. MAÑAS , Fedro/Aviano. Fábulas , pág. 80.

17 En 1759 publicó sus Fábulas en prosa junto con sus «Consideraciones sobre la esencia de la fábula».

18 De las ciento cincuenta y siete fábulas de SAMANIEGO , al menos treinta y cinco están basadas en apólogos fedrianos. En algunas de ellas sigue tan fielmente el modelo latino que no resultaría exagerado hablar de traducciones versificadas; ello demuestra que Samaniego no sólo aprecia los temas fedrianos, sino también el estilo y el tono de sus fábulas. Sobre este punto, cf. A. CASCÓN , «Fedro en Samaniego», Revista de Filología Románica IV (1986), 249-270, y «Fedro y Samaniego: influjo estilístico y cambios ideológicos», Noua et uetera, Nuevos horizontes de la Filología latina , Madrid, 2002, vol.II, págs. 661-669.

19 L. HAVET , Phaedri Augusti liberti. Fabulae Aesopiae , París, 1895, pág. 260.

20 CIL VI 20181: C. IULIUS C. F. PHAEDER ET IULIA C. F. CAPRE…PATRI OP…D.S .

21 C. MARCHESI , Fedro e la favola latina , Florencia, 1923, pág. 36.

22 Según L. HERVIEUX (Les fabulistes latins. Depuis le siècle d’Auguste jusqu’à la fin du moyen âge , Hildesheim-Nueva York, 1970, págs. 7-12), el Pierio había pertenecido a Tracia en etapas anteriores y Fedro desconocía que en su época ya formaba parte de Macedonia.

23 Tal opinión es defendida por F. DELLA CORTE , «Phaedriana», pág. 137, y A. LORENZI , Fedro , págs. 29-33.

24 Cf. E. MANDRUZZATO , Fedro …, pág. 18.

25 Así, C. MARCHESI , Fedro …, pág. 53 y A. LORENZI , Fedro , págs. 35 y ss.

26 Sobre este punto, cf. A. CASCÓN , El pensamiento de Fedro …, págs, 52-53.

27 Cf. HAVET , Phaedri …, pág. 261.

28 «Phaedriana», pág. 139.

29 Cónsul el año 15 a. C.

30 Cf. Phaedri …, pág. 265.

31 Cf. F. DELLA CORTE , «Phaedriana», pág. 140 y A. LORENZI , Fedro , págs. 71 y ss.

32 Cf. L. HAVET , Phaedri …, pág. 264.

33 Cf. L. HERRMANN , Phèdre et ses fables , Leiden, 1950, pág. 141.

34 Cf. A. CASCÓN , págs. 56-72.

35 En tal sentido podemos apuntar las siguientes razones: En primer lugar, el mismo Fedro advierte en los versos 49-50 del prólogo al libro III que su intención no es criticar a personas determinadas, sino reflejar las costumbres y la misma vida. En segundo lugar, no hay una alusión clara contra Sejano, como lo demuestra el hecho de que los críticos no se pongan de acuerdo a la hora de citar las fábulas concretas en las que supuestamente se ataca al ministro de Tiberio; sólo coinciden en la fábula I 6, que conservamos relatada con escasas variantes en BABRIO (24) y ESOPO (127 CHAMBRY ), y es de suponer que si el fabulista latino hubiera querido vituperar a Sejano en este apólogo habría cambiado sustancialmente, como tantas veces lo hizo, el contenido de la fábula que la tradición le entregaba. En tercer lugar, hay que considerar que resulta muy fácil encontrar ataques contra un político despótico en la obra de un moralista como Fedro.

36 Cf. TÁCITO , Anales VI 21, y SUETONIO , Tiberio LXI 1.

37 «Phaedri fabulae III prol. 38-50», Bolletino di Filologia Classica 33 (1927), 309-314.

38 Cf. Calígula LV 2: «Era tan hincha y aficionado a la bandería de los verdes, que con frecuencia cenaba en sus cuadras y se quedaba en ellas, y en una de sus orgías, entre otras ‘apoforetas’, entregó al auriga Éutico dos millones de sextercios». (Traducción de V. PICÓN , Madrid, 1998)

39 Conocida la predilección de Calígula por los tracios (cf. SUET ., Cal . LV 3) y la habilidad de estos en la conducción de caballos no es aventurado suponer que Éutico hubiese nacido en Tracia.

40 La buena relación existente entre Calígula y Éutico se ve apoyada por el testimonio de Flavio Josefo, quien le define como un individuo querido por el emperador y sus soldados, pero de dudosa moralidad (cf. L. HERVIEUX , Les fabulistes …, I, pág. 24).

41 Cf. Phèdre et ses fables , págs. 135 y ss.

42 Cf. L. HERRMANN , Phèdre et ses fables , pág. 135, y A. MAIURI , «Fedro a Miseno», La parola del passato 11 (1956), págs. 32-37.

43 Aunque en el epílogo al libro III había declarado su decisión de no escribir más, en los primeros versos del prólogo al libro IV parece nuevamente ilusionado con su labor y condena su resolución anterior: «Cuando había decidido poner punto final a mi obra, con la intención de dejar suficiente materia a otros, he condenado en mi fuero interno mi propósito».

44 Colección principal de lo que conocemos como fábulas de ESOPO , cf. n. 3.

45 Para un conocimiento detallado de las colecciones de fábulas griegas y latinas, cf. F. R. ADRADOS , Historia de la fábula , I, págs. 61-150.

46 Para la elaboración de este apartado nos ha sido particularmente útil el capítulo «Terminología de la fábula greco-latina» de la Historia de la fábula …, I, de F. R. ADRADOS (cf., especialmente, las páginas 32-58).

47 Sobre los prólogos y epílogos de FEDRO y su relación con los de otros fabulistas, cf. A. CASCÓN , El pensamiento de Fedro …, págs. 115-125.

48 Ap . 2 y 6 son fragmentos, y hay quien piensa que se trata de moralejas de fábulas perdidas.

49 Ejemplos de este tipo serían: I 1 (El lobo y el cordero ); I 8 (El lobo y la grulla ); I 9 (El gorrión que aconsejaba a la liebre ); etc.

50 Cf. I 22 (La comadreja y el hombre ); I 23 (El perro leal ); II 1 (El novillo, el león y el ladrón ); etc.

51 F. R. ADRADOS , considera que las fábulas «de situación» deben incluirse entre las agonales (cf. Historia de la fábula …, I, pág. 164).

52 Cf. I 3 (El grajo orgulloso y el pavo ); I 4 (El perro que llevaba un trozo de carne a través de un río ); I 12 (El ciervo en el manantial ); etc.

53 Así, en I 7 (La zorra a la máscara de la tragedia ); I 15 (El asno al pastor viejo ); I 30 (Las ranas que temían los combates de los toros ); etc.

54 Así en I 2 (Las ranas pidieron un rey) , I 6 (Las ranas al sol) , etc.

55 Lo que ocurre en III 5 (Esopo y un pendenciero ); III 14 (Lo divertido y lo serio ); III 19 (Esopo responde a un charlatán ); etc.

56 II 3 (Esopo a otro: sobre el éxito de los malvados ); III 3 (Esopo y el aldeano ); IV 5 (El poeta ); Ap.20 (Esopo y el esclavo fugitivo ); III 9 (Sócrates y los amigos ) y IV 23 (Acerca de Simonides ).

57 Al menos cinco fábulas son de este tipo: III 1 (Una vieja a un ánfora ); IV 10 (Sobre los vicios de los hombres ); IV 24 (El parto de los montes ); IV 18 (Sobre la suerte de los hombres ); V 8 (El tiempo ); Ap . 7 (El autor ).

58 Cf. I 18 (La mujer que estaba de parto ); II 2 (La vieja que amaba a un joven al mismo tiempo que una muchacha ); III 4 (El carnicero y el mono ); V 2 (Los caminantes y el ladrón ); V 6 (Los dos calvos ); Ap . 29 (El joven y la meretriz ).

59 Sin duda, la inclusión de este tipo de relatos en la fabulística es de época tardía, tal vez por influjo estoico, y su contenido se aleja en gran medida del espíritu realista y «cruel» de la antigua fábula esópica.

60 F. R. ADRADOS discute las definiciones de Aristóteles, Aftonio y otros en Historia de la fábula …, I, págs. 36-39. Vid ., también, G. SANTANA , La fábula en Aviano , Las Palmas de Gran Canaria, 2004, págs. 17 y ss.

61 Cf. F. R. ADRADOS , Historia de la fábula …, págs. 39-43, donde se critican, sobre todo, las definiciones de Perry y Nojggard. Cf. también G-J. VAN DIJK , Aínoi, Lógoi, Mûthoi: fables in archaic, classical and hellenistic Greek literature; with a study of the theory and terminology of the genre , Leiden-Nueva York-Colonia, 1997, págs. 3-34 y 113 y ss.

62 Historia …, págs. 52-57.

63 Para referirse a sus fábulas, Fedro utiliza en seis ocasiones el término exemplum .

64 Cf. FEDRO , III, pról., 33-37: «Ahora, explicaré brevemente por qué se ha inventado el género fabulístico. Un esclavo subyugado, como no se atrevía a decir lo que quería, trasladó a los apólogos sus propios sentimientos, burlando las acusaciones malintencionadas con graciosas ficciones».

65 «Cuando Atenas florecía con leyes justas, una desenfrenada libertad invadió la ciudad y el libertinaje rompió el antiguo freno. Entonces, con el acuerdo de las distintas facciones, el tirano Pisístrato ocupó la ciudadela. Como los atenienses se lamentaran de su triste esclavitud (no porque aquél fuese cruel, sino porque resultaba duro para los que estaban desacostumbrados a todo tipo de carga) y empezaran a quejarse, Esopo contó la siguiente fábula».

66 «Todas las aves están contentas con sus propios dones, no quieras tener lo que no se te ha otorgado, no sea que tu esperanza frustrada se convierta en lamento».

67 Cf. Aunque el hecho puede estar justificado por el oscuro significado de la fábula, cf. nota ad locum .

68 Cf. infra , págs. 67-68.

69 Cf. Le fable antique II, les grands fabulistes , Copenhague, 1967, págs. 99 y ss.

70 Fedro justifica en el epimitio de esta fábula su excesiva extensión: «Me he extendido mucho en esta fábula, porque a algunos les disgusté con mi excesiva brevedad».

71 Cf. G. THIELE , «Phaedrus-Studien» I-II-III, Hermes , 41 (1906), 562-592; 43 (1908), 337-372; 46 (1911), 376-392. A. HAUSRATH , «Zur Arbeitweisse des Phaedrus», Hermes , 71 (1936), 70-103. B. E. PERRY , Babrius and Phaedrus , Londres-Cambridge (Massachusetts), 1965. F. R. ADRADOS , «Fedro y sus fuentes», Bivium. Homenaje a M. C. Díaz y Díaz , Madrid, 1983, págs. 251-274 e Historia de la fábula …, II, págs. 125-171.

72 Cf. F. RODRÍGUEZ ADRADOS , Historia de la fábula … II, pág. 166, y M. MAÑAS , Fedro/Aviano …, pág. 40.

73 Cf. sobre este punto C. GARCÍA GUAL , «Historia y ética de la fábula esópica», Actas del V Congreso Español de Estudios Clásicos , Madrid, 1978, págs. 179-208 e «Ideología y estructura de la fábula esópica», Estudios ofrecidos a E. Alarcos , I, Oviedo, 1977, págs. 309-322.

74 Ésta es la opinión defendida por F. R. ADRADOS (cf. Historia de la fábula …, I, págs. 619-650.), que nosotros aceptamos en buena parte; el influjo de esta escuela en otros géneros literarios próximos a la fábula, como la sátira, apoyaría tal idea. Sin embargo, GARCÍA GUAL demuestra que algunas de las ideas fundamentales de la fábula esópica, como la adecuación a la propia naturaleza, la crítica de la belleza y las apariencias, contra la vanidad y la jactancia, etc. se encontraban ya en la fábula griega de época clásica, (cf. «Historia y ética…», passim ).

75 Sobre el contenido de la fábula fedriana y la influencia de las diferentes escuelas filosóficas, cf., además del estudio de F. R. ADRADOS citado en la nota anterior, A. HAUSRATH , «Phaedrus», en RE , col. 1479, y M. MAÑAS , Fedro/Aviano …, págs. 44-74. También encontramos un interesante resumen en A. ZAPATA , Fedro. Fábulas . Madrid, 2000, págs. 27-31.

76 Su presencia es constante en la obra. Se muestra como un buen consejero en muchos pasajes (I 2; I 3; 1 6; Ap . 12; Ap . 20); en numerosas ocasiones se alaba su ingenio (III 3; III 5; III 14; III 19; IV 5; etc.) y, cuando se enfrenta a los malvados, resulta siempre victorioso (Ap . 9; Ap . 17; etc.).

77 La alabanza de la experiencia es perceptible en distintos pasajes de su obra: en IV 2, donde el ratón retorridus escapa a la astuta trampa de la senecta mustela; en V 9, donde el taurus doctior no consiente los consejos del novillo; en I 23, donde el canis peritus no se deja engañar por la repentina generosidad del ladrón; etc.

78 En el epílogo al libro II cuenta FEDRO cómo los atenienses honraron el talento de ESOPO erigiéndole una estatua (Aesopi ingenio statuam posuere Atticci) y en el prólogo al libro III afirma que con su inteligencia consiguió una gloria inmortal (aeternam famam condere ingenio suo) .

79 En diversos apólogos FEDRO condena, sobre todo, la actitud de algunos animales que, descontentos con su propia naturaleza, pretenden asemejarse a otros: I 3; I 11; I 13; I 24; III 18. En Ap . 3 el autor reflexiona sobre las cualidades de otros animales que el hombre no posee y recomienda estar contentos con las que nos han sido otorgadas: «Así pues, contentos con el don del invicto Júpiter, pasemos los años que nos ha otorgado el destino sin intentar más de lo que nuestra mortalidad permite».

80 Generalmente el jactancioso es ridiculizado por un personaje más inteligente (cf. I 11; IV 25; Ap . 9; Ap . 13 y Ap . 27); otras veces muestra los peligros que conlleva la actitud de quien se deja arrastrar por la necia vanidad (cf. V 7; y I 13).

81 Las riquezas comportan riesgos (II 7; Ap . 7; Ap . 30), y son un obstáculo para la sabiduría (IV 23), la libertad (III 7) o la virtus (IV 12). En otras fábulas hay largos alegatos contra los avaros (I 27; IV 21 y Ap . 1).

82 Hay dos moralejas en las que FEDRO rechaza con claridad aquello que no es útil «La fábula aconseja no hacer nada que no sea provechoso» (III 17) y Nihil agere quod non prosit fabella indicat (IV 25). En otros insiste en aconsejar lo útil frente a lo bello (I 13), o lo placentero (Ap . 7).

83 Este principio subyace en numerosos apólogos: I 7; III 8; III 4; IV 17; Ap . 10; V 5 y IV 2, donde, a propósito de la utilidad de sus sencillos apólogos, recuerda la falsedad de la apariencia: «No siempre las cosas son lo que parecen: la primera vista engaña a muchos».

84 La ineludible presencia del improbus aconseja necesariamente la desconfianza y en diversos apólogos se alaba la actitud cauta del personaje que prevé las asechanzas de su antagonista (I 19; I 25; I 16, etc.)

85 Fedro no aspira a corregir al malvado, se limita a dar consejos para rehuir en lo posible su influencia: no asociarse con el improbus (IV 11; I 31 y I 5); no ayudarle (I 8; IV 20); castigarlo sin conmiseración (V 3; I 26; I 28; III 2).

86 La falsedad es uno de los rasgos típicos del malus fédrico: canis calumniator (I 17); cervus fraudator (I 16); dolosa feles (II 4), etc. A pesar de percibir los problemas que a veces acarrea la sinceridad (cf. IV 13 y Ap . 17), parece convencido del triunfo de la verdad: «Algunas veces las falsificaciones son inicialmente provechosas a los hombres, pero con el tiempo la verdad se impone» (Ap . 5-6).

87 Cf. C. GARCÍA GUAL , «Historia y ética…», pág. 298: «Éste es el mensaje del fabulista: hay que adaptarse a una sociedad donde no impera otra ley que la fuerza mediante la astucia, la habilidad y el engaño, sin confiar en otra justicia ni en otra sanción divina que el éxito en la acción. Es un mensaje desilusionado, despiadado y pesimista, pero de una implacable coherencia lógica».

88 Los ataques contra el poderoso y la defensa del humilde son frecuentes en sus apólogos: (cf. I 5: «nunca es leal la alianza con el poderoso»; II 6 «contra los poderosos nadie está suficientemente seguro»; I 30: «Los humildes padecen cuando los poderosos disputan entre sí»). No hay, sin embargo, en su obra un espíritu revolucionario que instigue a la revuelta contra el poderoso (cf. Ap . 20), aunque sí un estímulo a la venganza (cf. I 28: «Por muy alto que se esté hay que temer a los de abajo, porque la venganza es accesible al que utiliza el talento») y la confianza en la intervención de una Providencia justiciera (cf. infra , n. 52).

89 M. NOGJAARD (La fable antique , II…, págs. 174-175) afirma que en las fábulas de Fedro existe una critica contra la monarquía. A. LORENZI (Fedro , pág. 139 y ss.), tras señalar la oscilación existente en su obra entre fábulas que favorecen la idea monárquica y fábulas que la atacan, acaba concluyendo que en nuestro fabulista se descubre un cierto favoritismo por la República. En nuestra opinión (El pensamiento de Fedro …, págs. 297-298), la critica de Fedro es de contenido social; rechaza al poderoso y parece importarle poco que éste sea Princeps imperial o cónsul republicano.

90 En III 15, una fábula particularmente sentida, concluye con este epimitio: «La bondad hace a los padres, no la ley de la naturaleza», y en III 8 un padre manifiesta a sus hijos la primacía de las virtudes éticas sobre las cualidades físicas. Pero la defensa de la institución familiar se percibe también en otros apólogos: III 10; Ap 27, etc.

91 Cf. A. CASCÓN , «Misoginia en Fedro», La mujer en el mundo antiguo , Madrid, 1986, págs. 281-287. En algunas fábulas, el hombre aparece como víctima de la mujer (II 2; Ap . 29); en otras se denuncia la falsedad e impudor de las mujeres (Ap . 11; Ap . 17; Ap . 15; y IV 15; de esta última sólo conservamos este fragmento: «formó la lengua de la mujer a imagen de la vagina. Luego la indecencia prolongó el parecido»).

92 Fedro parece convencido de que entre los hombres el triunfo de la justicia es imposible y ello por tres razones: en la búsqueda de sus intereses los hombres no dudan en comportarse injustamente (I 1; I 17, etc.); su ignorancia y estulticia los llevan a cometer errores que posibilitan la injusticia (V 5); la incapacidad natural del hombre para conocer la verdad impide el triunfo de la justicia (III 10).

93 Frente a su desconfianza en la justicia humana, FEDRO manifiesta su fe en la justicia divina, como se aprecia en I 17, donde la intervención providencial de los dioses castiga al culpable; en IV 26, donde son los dioses quienes castigan al pugilista que se niega a pagar a Simónides el precio de su elogio; y en Ap . 16, donde la intervención divina provoca el triunfo del pretendiente pobre.

94 Cf. A. CASCÓN , «Fatum y Fortuna en las fábulas de Fedro», Auguralia , Madrid, 1984, págs. 53-59. Son muchas las ocasiones en las que los protagonistas de las fábulas deploran su amargo destino: IV 21; III 18; Ap . 21, y, sobre todo, en V 6, donde se establece una clara distinción entre la voluntad de los dioses y el destino: «La voluntad de los dioses nos ha favorecido, pero por culpa del odioso destino hemos encontrado, como se suele decir, carbón en lugar de un tesoro» (vv.5-6).

95 Un ejemplo de tales incoherencias puede apreciarse en la fábula del ratón que se cayó en la sopa (BABRIO , 60), que no aparece en la colección de Fedro; el ratón, después de comer y beber hasta la saciedad, muere feliz ahogado en la sopa. El argumento es claramente favorable al placer, defensor de un carpe diem un tanto brutal, en el que subyace un epicureísmo trivial. Babrio, sin embargo, añade una moraleja claramente contraria a esta idea, mucho más en línea con los principios estoicos: «Serás entre los hombres como este goloso ratón si no rechazas lo que es dulce, pero dañino». La versión esópica del mismo relato (167) tampoco parece entender la idea central del apólogo: «La fábula muestra que los hombres soportan con facilidad la muerte cuando ésta llega sin dolor».

96 En el epílogo al libro III , Fedro, tras solicitar la ayuda de Éutico en su calamitas e indicar cómo el perdón se concede a menudo a los culpables, se califica a sí mismo de innocens (vv. 22-23: «A menudo alcanzó el perdón el reo confeso: ¿con cuánta más justicia no debe otorgársele al inocente?». Esto aclara, tal vez, por sí solo, la actitud de Fedro ante una justicia que, según él, le ha condenado sin motivos, y nos permite entender la defensa del innocens , personaje que aparece con relativa frecuencia tratado en sus relatos y del que se ocupa con especial delicadeza (cf. I 1; 5; 17).

97 En este punto hemos de considerar la posibilidad de que Fedro fuera abandonado por su madre en edad temprana, posibilidad que se apoya, como ya dijimos en su lugar pág. 18, en la fábula III 15. Por otro lado, A. LORENZI (Fedro , pág. 63 y ss.) se refiere a la relación de Fedro con las mujeres, indicando cómo algunas de sus fábulas dan pie a pensar en la posible homosexualidad del fabulista (cf. V 1; A 10 y IV 16).

98 Es muy posible que Fedro sufriera la esclavitud y, desde luego, a lo largo de su obra se presenta como humilis e innocens . En el epílogo al libro III confiesa su condición plebeya, al evocar el famoso verso de Ennio: «Yo, mientras conserve la cordura, recordaré muy bien una frase que leí cuando era niño: ‘Murmurar en público es un sacrilegio para un plebeyo’ (vv. 33-35). La cita es importante porque permite apreciar con claridad su firme convicción en que las injusticias que padece el plebeyo no tienen solución.

99 Este tono de queja que rodea a los términos fatum y fortuna , cada vez que aparecen en la obra, se apoya, además de en otras razones, en el desarrollo de su vida, que, como sabemos, trascurrió, en su mayor parte, por senderos no deseados por el poeta, como se aprecia en el epílogo al libro II : «soportaré con el corazón endurecido la desgracia establecida por el destino hasta que la fortuna se avergüence de su injusticia» (vv. 6-7). Es lógico que un individuo envuelto en circunstancias adversas y sin capacidad para sobreponerse a ellas, acepte, ante su impotencia, la idea de un destino inexorable.

100 El tema del «parecer y no ser» tiene paralelos en los autores satíricos romanos. N. TERZAGHI (Per la storia della satira , Mesina-Florencia, 1944, págs. 112-113), al señalar las semejanzas entre Fedro y Horacio, alude a la fábula IV 17, poniéndola en relación con la epístola I 3, en que Horacio advierte a Celso de la conveniencia de no aparentar lo que no es.

101 Se trata de un motivo literario común entre los satíricos romanos. Son conocidas las invectivas de Horacio contra los avaros, tan abundantes como viscerales. El rechazo de la avaricia es otro de los puntos de conexión que N. TERZAGHI (Per la storia … pág. 114) establece entre Fedro y Horacio. Recordemos también, entre otros muchos, los pasajes contra la avaricia de PERSIO (V 132-134); JUVENAL (XIV 107-331);, MARCIAL (IV 85); etc.

102 El tono impúdico de algunas fábulas de Fedro nos hace recordar la obra de otros satíricos romanos, como Horacio, Juvenal, Petronio o Marcial. Una libertad de palabra que se explica, según N. TERZAGHI (Per la storia …, págs. 7-98), por el influjo del cinismo. Tal vez en éste, como en otros temas, el fabulista sufrió una doble influencia del cinismo: una, a través del género fabulístico, otra, a través de la sátira.

103 La misma que encontramos en Séneca (cf. F. MARTÍN SÁNCHEZ , El ideal del sabio en Séneca , Córdoba, 1984, págs. 74 y ss.).

104 También en este punto es evidente la coincidencia con Séneca (cf. E. CONDE , La sociedad en Séneca , Murcia, 1979, pág. 129)

105 Algunos críticos han aludido ya al utilitarismo fédrico, poniéndolo en relación con el estoicismo (cf. F. CUPAIOLO , Itinerario della poesia latina nel I secolo dell’Impero , Nápoles, 1973, pág. 151 y E. MANDRUZZATO , Fedro … pág. 332). F. PRIETO (El pensamiento político en Séneca , Madrid, 1977, págs. 88-91) comenta la visión utilitarista de la sociedad que defiende Séneca, señalando la estrecha relación que se aprecia en el autor cordobés entre la bonitas y el beneficium , similar a la que encontramos en FEDRO (cf., por ej., III 15); el beneficio para Séneca no es sólo algo útil que permite funcionar a la sociedad, sino que además es una actividad amorosa.

106 En El pensamiento de Fedro …, hemos revisado las fábulas de Ademar, el codex Wisssembourguensis y Rómulo; la comparación con Fedro revela una serie de cambios en el contenido ideológico global de la fábula de los que entresacaríamos los siguientes: supresión de los argumentos impúdicos; más énfasis en la alabanza del siervo que en la del hombre libre; indulgencia con el estúpido; creciente protagonismo del bonus , como individuo ejemplar que suple al sabio y se opone al malus; suavización de la crítica contra las riquezas; e influjo del cristianismo, patente en ciertas alusiones monoteístas, en la admisión del perdón, la negación de la venganza o la desaparición del fatum .

107 Anotemos, como ejemplo, los casos de Vincent de Beauvais o Walter el Inglés, que en los prólogos de sus colecciones insisten, como Fedro, en el carácter formativo y de entretenimiento de sus relatos y lo hacen, tal como hacía nuestro fabulista, subrayando que debajo de su aparente trivialidad se ocultan enseñanzas muy útiles. Cf. V. BEAUVAIS : «para alejar el aburrimiento de los que escuchan con deleite tales cosas y al mismo tiempo porque debajo de su envoltura parecen contener ideas edificantes». Y WALTER : «Agradar y ser de provecho procuran estas páginas… Este jardín brinda fruto y flor… cuál dura cáscara la nuez buena esconde» (cf. la traducción en verso castellano de Matías López López, publicada en AA.VV., Fabulae. Las fábulas latinas de Esopo , Barcelona, 2001, pags. 239-375).

108 Cf. supra , n. 1.

109 L. HERRMANN , con argumentos muy discutibles a nuestro entender, le atribuyó las siguientes obras: Apotheosis Diui Claudi, Culex y Sententiarum liber (Cf. Phèdre et ses fables , Leiden, 1950).

110 Al hablar de los tipos de relatos, ya advertimos que éstos eran una innovación de Fedro. Cf. supra , pág. 28.

111 Cf. «Aportación a la estética de la fábula greco-latina: La brevitas fedriana», Emerita 54 (1986), pág. 145. Comenta Chaparro en este punto las palabras de Nojgaard: «la fábula fedriana corre hacia su final».

112 A. ROSTAGNI , Storia della lett. latina , vol. II, pág. 396.

113 Está claro que aquí SAMANIEGO , como en tantos otros lugares, sigue los trazos del pincel de Fedro: «Una de ellas asoma la cabeza, / y viendo a la real pieza / publica que el monarca es un zoquete/. Congrégase la turba y por juguete/ lo desprecian, lo ensucian con el cieno».

114 «Zeus, al ver su simpleza, echó una estaca en la charca. Y las ranas, al principio, asustadas por el ruido, se metieron en el fondo de la charca, pero como la estaca estaba quieta, salieron a la superficie y a tanto desprecio llegaron por su rey que, subiéndosele encima, se sentaban en él.» (Traducción de P. BÁDENAS , Madrid, 1978).

115 También aquí Samaniego ha preferido imitar la habilidad descriptiva de FEDRO , alejándose de la quizá más graciosa versión de LA FONTAINE (I 4): «Dos machos caminaban: el primero, / cargado de dinero, / mostrando su penacho envanecido, / iba marchando erguido / al son de los redondos cascabeles; / el segundo, desnudo de oropeles, / con un pobre aparejo solamente, / alargando el pescuezo eternamente / seguía de reata su jornada / cargado de costales de cebada.» Los versos del fabulista español nos permiten apreciar la justificada fama de la breuitas fedriana.

116 La comparación con SAMANIEGO , II 3 permite ver la elegancia de la breuitas fedriana: «Yo correr —dijo el asno— ¡Bueno fuera! Que llegue enhorabuena Marte fiero: me rindo, y él me lleva prisionero. Servir aquí o allí, ¿no es todo uno? ¿Me pondrán dos albardas? No ninguno. Pues nada pierdo, nada me acobarda: siempre seré un esclavo con albarda.» (vv. 16-22).

117 «Y por esta razón muchos hombres famosos, para solaz de su espíritu, en este género han escrito, huyendo a la vez del ornato y de la extensión excesiva. No encontramos en ellos palabra que sobre. Tan sucinto era Fedro que muchos le censuraron…» (VI 1, 9-15).

118 Cf. A. ZAPATA , Fedro. Fábulas , págs. 22-23 y 32-33.

119 Sin embargo, la versión de SAMANIEGO es un modelo de traducción fiel al texto y al estilo fedriano en lo que se refiere a la breuitas: «Lloraban unos tristes pasajeros / viendo su pobre nave, combatida / de recias olas y de vientos fieros, / ya casi sumergida, / cuando súbitamente / el viento calma, el cielo se serena, / y la afligida gente / convierte en risa la pasada pena.»

120 Cf. IV 2, 3-4: «Pero mira estas bagatelas con detenimiento: ¡Cuánta utilidad hallarás en estas naderías!».

121 Este proceso de trascendentalización de fábulas cómicas se repite en otros relatos: cf., p. ej., Calvus et musca (V 3), Asinus et lyram (Ap. 14), etc.

122 Cf. M. NOJGAARD , Le fable antique II …, págs. 93 y ss.

123 Cf. II 5, n. 98.

124 Epist . II 251 y ss.

125 Orat . 55, 184

126 «Fedro e il suo senario», Rivista di Studi Classici 16 (1968), 91-104.

127 Cf. III, pról. 34 y ss.: «Un esclavo subyugado, como no se atrevía a decir lo que quería, trasladó a los apólogos sus propios sentimientos»

128 Cf., supra , nota 8.

129 Cf. II, epíl., 8-9: «Y si el Lacio acoge favorable mi trabajo, tendrá más autores que oponer a Grecia».

130 Cf. V, pról., 1-7: «Si aquí y allá intercalo el nombre de Esopo, a quien ya antes pagué lo que debía, debes saber que es por causa de su autoridad, tal como hacen en nuestros días algunos artistas, que obtienen un precio mejor para sus nuevas obras si escriben el nombre de Praxíteles en su mármol, el de Mis en la plata pulida o el de Zeuxis en sus pinturas».

131 Cf. C. E. FINCH , «The Morgan Manuscript of Phaedrus», American journal of philology 92, 301-307.

132 El autógrafo de Perotti había sido descubierto por J. P. D’ORVILLE en la Biblioteca Farnese de Parma en 1727.

133 Fedro. Favole …, pág. 78: «La mediocre cultura (sua ignoranza del senario, per es.) e soprattutto la sua pochissima fantasia hanno salvato il testo da danni maggiori».

134 Cf. A. GUAGLINONE «Il codex Perottinus», Giornale italiano di filologia 1 (1948), 125-128. S. BOLDRINI , Fedro e Perotti. Richerche di storia della tradizione , Urbino, 1986; idem, Note sulla tradizione manoscritta di Fedro: i tre codici di età carolingia , Roma, 1990.

135 Cf. C. ZANDER , Phaedrus solutus uel Phaedri fabulae nouae XXX , Lund, 1921.

136 Cf., por ej., E. MANDRUZZATTO , Fedro …, págs. 293-327.

137 Sobre este punto, y para lo que se refiere a la fábula greco-latina, remitimos al tercer volumen de la Historia de la fábula … de F. R. ADRADOS . También puede ser de utilidad el comentario a cada fábula de Fedro que hacen M. MAÑAS (cf. Fedro/Aviano …, págs. 85-157) y G. SOLIMANO , Fedro. Favole , págs. 160-220.

138 Cf. A. CASCÓN , «Algunas traducciones de las fábulas impúdicas de Fedro», Actas de las Primeras Jornadas Nacionales de Historia de la Traducción , León, 1987, págs. 189-194.

139 Además de los que se anotan a continuación, véase también la completa y actualizada bibliografía que incluye el estudio de G. J. van Dijk (Leiden-Nueva York-Colonia, 1997), que citamos en su lugar.

LIBRO PRIMERO
PRÓLOGO 1

El género que inventó el maestro Esopo 2 , ése es el género que yo he embellecido 3 con versos senarios 4 . La aportación del librillo es doble, pues mueve a risa y aconseja con [5] sus advertencias la vida del hombre prudente 5 . Si alguno, sin embargo, quiere criticarme porque no sólo los animales sino los árboles hablan 6 , recuerde que nosotros bromeamos con fábulas inventadas.

1
EL LOBO Y EL CORDERO 7

Un lobo y un cordero habían llegado al mismo río empujados por la sed. El lobo estaba más arriba y bastante más abajo el cordero. Entonces el ladrón, incitado por su perversa [5] garganta, encontró una causa de disputa. «¿Por qué», dijo, «has enturbiado el agua mientras yo bebía?». El lanudo 8 temeroso respondió: «¿Por favor, lobo, cómo puedo hacer lo que dices? El agua baja de ti hacia mi garganta». Aquel, rechazado [10] por la fuerza de la verdad, dijo: «Hace seis meses me hablaste mal». El cordero respondió: «Pero si no había nacido». «Tu padre, por Hércules, me habló mal», concluyó el lobo, y, atrapándolo, lo desgarró con injusta muerte.

Esta fábula se ha escrito a causa de aquellos hombres que con fingidos pretextos oprimen a los inocentes 9 . [15]

2
LAS RANAS PIDIERON UN REY 10

Cuando Atenas florecía con leyes justas, una desenfrenada libertad invadió la ciudad y el libertinaje rompió el antiguo freno. Entonces, con el acuerdo de las distintas facciones, el tirano Pisístrato 11 ocupó la ciudadela. Como los [5] atenienses llorasen su triste esclavitud (no porque aquel fuese cruel, sino porque toda carga es dura de soportar para los desacostumbrados a ella) y hubiesen empezado a quejarse, Esopo contó la siguiente fábula.

[10] Las ranas, que vagaban en los pantanos libremente, solicitaron de Júpiter un rey con gran griterío, para que reprimiera con energía sus costumbres disolutas. Rió el padre de los dioses y les dio un pequeño madero, que, lanzado repentinamente, [15] aterrorizó con el movimiento y el estrépito de las aguas a la asustadiza especie. Permaneció sumergido en el lodo durante mucho tiempo, hasta que de forma casual una rana sacó la cabeza del estanque con sigilo y, tras examinar al rey, convocó a todas las demás. Éstas, perdido el miedo, [20] se acercan nadando a porfía y la multitud agresiva salta por encima del madero. Después de mancharlo con todo tipo de afrentas, enviaron a quienes pidiesen otro rey a Júpiter, pues el que les había dado resultaba inútil. Les envió una hidra 12 , [25] que con diente cruel empezó a cogerlas una por una. Incapaces de resistir, tratan en vano de huir de la muerte; el miedo apaga el vocerío. En tal situación, dan a hurtadillas a Mercurio 13 encargos para Júpiter: que socorra a las afligidas. Entonces el Tonante 14 replicó: «Ya que no habéis querido [30] conformaros con vuestro bienestar, sufrid ahora vuestra desgracia».

«Vosotros también, ciudadanos», dice Esopo, «soportad este mal, no sea que venga otro más grande».

3
EL GRAJO ORGULLOSO Y EL PAVO 15

Para que a nadie agrade vanagloriarse con las buenas cualidades de otros sino más bien pasar la vida con los hábitos que le son propios, Esopo nos ha contado este ejemplo.

Un grajo, hinchado de un vano orgullo, recogió las plumas [5] que había perdido un pavo y se adornó con ellas. Después, despreciando a los suyos, se mezcló con la hermosa bandada de los pavos 16 . Éstos arrancan las plumas al ave desvergonzada y la ponen en fuga a picotazos. El grajo, duramente castigado, intentó volver entre lamentos junto a los [10] de su especie; rechazado también por éstos, hubo de soportar una afrentosa infamia 17 . Entonces, uno de aquellos a los que antes había despreciado, dijo: «Si hubieras estado contento en nuestras moradas y te hubieras conformado con lo is que la naturaleza nos ha dado, ni hubieras sufrido aquella afrenta ni en tu desgracia sentirías este rechazo».

4
EL PERRO QUE LLEVABA UN TROZO DE CARNE A TRAVÉS DE UN RÍO 18

Pierde merecidamente lo propio quien apetece lo ajeno.

Un perro, mientras llevaba nadando por un río un trozo de carne, vio su imagen reflejada en el espejo de las aguas y creyendo que una presa distinta era llevada por otro perro, [5] quiso arrebatársela; pero su avidez resultó engañada, pues soltó el alimento que tenía en la boca y además no pudo alcanzar el que apetecía.

5
LA VACA, LA CABRA, LA OVEJA Y EL LEÓN 19

Nunca es leal la alianza con el poderoso: esta fábula atestigua mi aserto.

La vaca, la cabra y la oveja, acostumbrada a sufrir la injusticia, [5] formaron sociedad con el león en los bosques. Como hubiesen capturado un ciervo 20 de gran tamaño, el león, hechas las partes, habló de este modo: «Yo me llevo la primera, en virtud de mi título, pues se me trata de rey; la segunda, porque soy copropietario 21 , me la otorgaréis a mí; luego, porque soy más poderoso, la tercera se vendrá conmigo; si alguno intenta tocar la cuarta, lo pasará mal». [10]

Así, la maldad sola se llevó todo el botín.

6
LAS RANAS AL SOL 22

Esopo vio las concurridas bodas de un ladrón vecino suyo y enseguida inició esta narración 23 .

En cierta ocasión, como el Sol quisiera tomar esposa, las ranas elevaron sus lamentos al cielo. Júpiter, conmovido por [5] el griterío, preguntó la causa de sus quejas. Entonces una de las habitantes de las charcas dijo: «Ahora, siendo uno solo, deseca todos los estanques y nos obliga a morir infelices en árida morada. ¿Qué ocurrirá si tiene hijos?».

7
LA ZORRA A LA MÁSCARA DE LA TRAGEDIA 24

Una zorra había visto por casualidad la máscara de un actor trágico 25 : «¡Oh cuánta hermosura», dijo, «pero carece de cerebro!».

Esto se cuenta para aquellos a los que la Fortuna otorgó gloria y honores, pero les negó el sentido común.

8
EL LOBO Y LA GRULLA 26

Quien espera recibir de los malvados el premio de una buena acción se equivoca doblemente: primero porque ayuda a quienes no lo merecen, después porque ya no puede escapar sin daño.

A un lobo se le clavó en la garganta el hueso que había [5] devorado; vencido por el intenso dolor, empezó a tentar a unos y a otros con un premio, para que le extrajeran la causa de su mal. Finalmente, la grulla se dejó persuadir por sus juramentos y, confiando la longitud de su cuello a la garganta del lobo, le aplicó una terapia arriesgada para ella misma. Al [10] reclamar el premio pactado a cambio de ésta, el lobo dijo: «Eres ingrata; has sacado la cabeza intacta de mi boca y todavía reclamas la paga.»

9
EL GORRIÓN QUE ACONSEJABA A LA LIEBRE 27

Mostremos en pocos versos que es estúpido no precaverse uno mismo y dar consejo a otros.

Apresada por un águila y dando profundos sollozos, una liebre soportaba las recriminaciones de un gorrión: «¿Dónde está aquella famosa rapidez tuya?», decía, «¿cómo es que [5] tus patas se pararon?» Mientras habla, un gavilán lo apresa sin que se dé cuenta, y le da muerte mientras profiere vanos lamentos. La liebre, medio muerta: «¡He aquí el consuelo de mi muerte!», dice, «tú, que hace un momento te reías seguro de mi desgracia, con similar queja lloras tu destino» 28 . [10]

10
EL LOBO Y LA ZORRA CON EL MONO JUEZ 29

Todo el que ha sido descubierto alguna vez en una mentira vergonzosa pierde el crédito incluso cuando dice la verdad. Esto lo atestigua una breve fábula de Esopo.

Un lobo denunciaba a una zorra con la acusación de robo; [5] ésta decía que no tenía nada que ver con el asunto. Entonces el simio se sentó entre ellos en calidad de juez. Después de que uno y otro expusieran su causa, se dice que el simio pronunció esta sentencia: «Tú no pareces haber perdido [10] lo que pides; en cuanto a ti, creo que has robado lo que alegremente niegas» 30 .

11
EL ASNO Y EL LEÓN VAN DE CAZA 31

El que carece de valor y alardea de su gloria, engaña a los que no le conocen, pero es la burla de sus conocidos.

Un león quería cazar en compañía de un asno; le camufió [5] entre las ramas y le exhortó a atemorizar con sus sorprendentes rebuznos a las fieras; él las capturaría, cuando intentasen huir. Entonces, el orejillas 32 elevó al cielo con todas sus fuerzas un repentino clamor y conmovió a las bestias con el nuevo portento. Éstas, atemorizadas, buscan las escapatorias conocidas y caen derribadas por el violento [10] ataque del león. Cuando éste se cansó de la matanza, llamó al asno y le ordenó guardar silencio. Entonces, dijo el asno con jactancia: «¿Qué te ha parecido el efecto de mi voz?» «Notable», respondió, «tanto que, si yo no conociese tu ánimo [15] y tu casta, hubiese huido presa del mismo temor».

12
EL CIERVO EN EL MANANTIAL 33

Esta narración testimonia que con frecuencia resultan más útiles las cosas que se desprecian que las que se alaban.

Un ciervo se paró a beber en un manantial y vio su imagen en el agua: mientras elogia con admiración sus ramosos [5] cuernos y critica la excesiva endeblez de sus patas, aterrado por el súbito vocerío de unos cazadores, emprende la huida a través del campo, eludiendo a los perros con su veloz carrera. El bosque sirvió de refugio al animal, pero, retenido [10] por los cuernos que se enredaban en las ramas, empezó a sufrir los mordiscos crueles de los perros. Dicen que entonces, mientras moría, pronunció este lamento: «¡Ay de mí, infeliz, que sólo ahora comprendo cuán útil fue para mí lo que había despreciado y cuánto dolor me ha ocasionado lo que había [15] alabado!».

13
LA ZORRA Y EL CUERVO 34

Quien se regocija al ser ensalzado con palabras engañosas, casi siempre expía su culpa con una penitencia vergonzosa.

Un cuervo, posado en un árbol elevado, se disponía a [5] comerse el queso que había cogido de una ventana 35 ; una zorra lo vio y en seguida empezó a hablar de esta manera: «¡Oh cuervo, qué brillo tienen tus plumas!, ¡qué bonita figura y qué hermoso rostro! Si tuvieras voz ningún ave sería superior a ti». Y el cuervo estúpido, al querer mostrarle su [10] voz, dejó caer el queso de su pico abierto 36 ; la astuta zorra lo cogió en seguida con sus dientes rapaces 37 . Sólo entonces gimió la torpeza burlada del cuervo 38 .

[Este argumento demuestra cuánto vale el talento; la inteligencia prevalece sobre la fuerza.] 39

14
DE ZAPATERO A MÉDICO 40

Un mal zapatero, perdido en la miseria, empezó a ejercer la medicina en un lugar desconocido y a vender un antídoto de nombre inventado, adquiriendo fama con su artificiosa elocuencia 41 . Entonces, el rey de la ciudad, afligido [5] por una grave enfermedad 42 , pidió una copa para probar su eficacia. Luego, fingió que mezclaba un veneno 43 con el antídoto del zapatero, aunque había echado agua, y ordenó a éste beberlo, tras prometerle una recompensa. Ante el temor [10] a la muerte, confesó que no se había hecho médico famoso por el conocimiento de ninguna ciencia sino por la estupidez del vulgo. El rey convocó la asamblea y le dirigió estas palabras: «¿Cómo podéis estar tan locos que no dudasteis en [15] confiar vuestras cabezas a quien nadie encomendó sus pies para calzarlos?»

Ciertamente, yo diría que esto concierne a aquellos cuya estupidez es la ganancia de la desvergüenza.

15
EL ASNO AL PASTOR VIEJO 44

En la mudanza de gobierno 45 es usual que los pobres no cambien nada excepto la forma de comportarse de su amo 46 . Esta pequeña fábula indica que esto es verdad.

[5] Un viejo temeroso apacentaba su asno en un prado. Aterrado por el repentino griterío de los enemigos, aconsejaba al asno que huyera para que no pudieran capturarlos. Pero éste respondió tranquilo: «dime, ¿crees acaso que el vencedor me pondrá dos albardas?» El viejo dijo que no. «Entonces, [10] ¿qué me importa a mí a quién sirva, mientras siga llevando una sola albarda?».

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