Читать книгу: «Cantar de mío Cid», страница 2

Шрифт:

19

Última noche que el Cid duerme en Castilla.

Un ángel consuela al desterrado.

En cuanto que fue de noche el Cid a dormir se echó,

le cogió un sueño tan dulce que muy pronto se durmió.

El arcángel San Gabriel a él vino en una visión:

"Cabalgad, Cid -le decía-, cabalgad, Campeador,

que nunca tan en buena hora ha cabalgado varón,

bien irán las cosas vuestras mientras vida os dé Dios."

Mío Cid al despertar la cara se santiguó.

20

El Cid acampa en la frontera de Castilla.

El Cid, después de signarse, a Dios se fue a encomendar

mucho contento tenía del sueño que fue a soñar.

Otro día de mañana empiezan a cabalgar,

último día es del plazo, un día queda no más.

En la sierra de Miedes acampan a descansar,

a la derecha de Atienza, que es tierra de moros ya.

21

Recuento de las gentes del Cid.

Todavía era de día, no se había puesto el sol,

revistar quiere a su gente Mío Cid Campeador;

sin contar a los de a pie, gente de mucho valor,

lleva el Cid trescientas lanzas cada cual con su pendón.

Tirada 22

El Cid entra en el reino moro de Toledo tributario del rey Alfonso.

"En cuanto sea temprano, cebada a las bestias dad.

Luego que coma el que quiera y los que no a cabalgar.

Esa sierra tan bravía la tenemos que pasar

y a la noche ya las tierras del rey quedarán atrás.

Luego el que quiera buscarnos dar con nosotros podrá".

De noche pasan la sierra, llega la mañana ya

y por esa loma abajo empiezan a caminar.

En medio del alto bosque que allí en la montaña está

manda acampar Mío Cid y pienso a las bestias dar.

Dice a sus hombres que aquella noche tendrían que andar

y ellos, tan buenos vasallos, por muy contentos se dan

que todo lo que les mande su señor ellos lo harán.

Antes del anochecer empiezan a cabalgar

para que no les descubran quiere el Cid de noche andar.

Toda la noche anduvieron, ningún reposo se dan.

Al lugar de Castejón, que junto a Henares está,

Mío Cid una emboscada les quería preparar.

23

Plan de campaña.

Castejón cae en poder del Cid

por sorpresa.

Algara contra Alcalá.

Toda la noche emboscados el Cid y los suyos pasan,

que así se lo aconsejó Álvar Fáñez de Minaya.

"Cid Campeador que en buena hora ceñiste la espada,

ya que a Castejón tenemos tendida buena celada,

vos os quedaréis aquí con cien hombres a la zaga

y yo haré una correría con doscientos en vanguardia;

con Dios y con vuestra suerte será la empresa ganada."

Díjole el Campeador: "Muy bien hablaste, Minaya.

Corred la tierra sin miedo, por valor no quede nada. ~

Hasta más abajo de Hita llegad, y a Guadalajara

hasta la misma Alcalá acérquense las vanguardias,

la riqueza de esa tierra que de botín se la traigan

y que por miedo a los moros no vayan a dejar nada.

Y con los otros cien hombres me quedaré aquí a la zaga;

de amparo nos servirá Castejón, por mí guardada.

Si a los que corréis la tierra alguna cosa os pasa

un aviso mandaréis en seguida a retaguardia.

Del socorro que os lleve se ha de hablar en toda España".

Va nombrando a los guerreros que en la correría marchan

y a los otros que se quedan allí con él a la zaga.

Rompen albores del día y se acerca la mañana.

Va saliendo el sol. ¡Dios mío, qué hermoso que despuntaba!

Las gentes de Castejón ya todas se levantaban,

las puertas de la ciudad abren y afuera se marchan,

camino de sus trabajos, de las tierras que labraban.

Todos se van y las puertas abiertas se las dejaban.

Es muy poca aquella gente que en Castejón se quedara

y la que está por los campos anda muy desparramada.

Sale el Cid del escondite que le sirve de emboscada,

sin tropiezo a Castejón entero la vuelta daba.

Moros y moras que encuentra a todos los apresaba

y a los ganados aquellos que por el contorno andan.

Mío Cid Campeador hacia la puerta cabalga:

cuando se ven asaltados los hombres que la guardaban,

mucho miedo que tuvieron, déjanla desamparada.

De la ciudad por las puertas ya el Campeador se entraba.

En la mano Mío Cid desnuda lleva la espada

y a quince mató, de moros que a su paso se encontrara.

A Castejón ha ganado con todo el oro y la plata.

Ya cargados del botín sus caballeros llegaban,

déjanselo a Mío Cid, que no lo aprecian en nada.

Mientras iban los doscientos tres hombres de la vanguardia

corriendo tierras sin miedo y mucho las saqueaban.

Hasta Alcalá se pasea la bandera de Minaya

y desde allí dan la vuelta otra vez con la ganancia

por río Henares arriba y junto a Guadalajara.

De la correría aquella mucho botín se llevaban

tanto ganado de ovejas, tanto ganado de vacas,

tantas ropas de valor, tantas riquezas sin tasa.

Muy orgullosa se yergue la bandera de Minaya

y no hay nadie que se atreva a atacarlos por la espalda.

Con rico botín volvía esa valiente compaña.

Miradlos ya en Castejón donde Mío Cid estaba.

El Campeador guardado deja el castillo y cabalga,

a recibirlos salía, le acompaña su mesnada

y con los brazos abiertos acoge el Cid a Minaya.

"¿Estáis aquí ya, Álvar Fáñez, el de la atrevida lanza?

En vos puse con razón, al mandaros, mi esperanza.

El botín mío y el vuestro júntense, y de la ganancia

os daré la quinta parte, si vos la queréis Minaya."

24

Minaya no acepta parte alguna en el botín y hace un voto solemne.

"Mucho que os lo agradezco, Campeador afamado:

de este quinto del botín, que ponéis entre mis manos

por contento se daría hasta Alfonso el Castellano.

Pero yo os lo devuelvo, Mío Cid, en paz estamos.

Quiero prometer a Dios, a Aquél que está allí en lo alto,

que mientras yo no me harte, montado en mi buen caballo,

de lidiar bien con los moros y vencerlos en el campo,

hiriéndolos con la lanza, poniendo a la espada mano,

mientras no vea la sangre chorrearme codo abajo

estando delante el Cid, ese guerrero afamado,

ni tomará ni un dinero del Campeador mi mano.

Ya me quedaré con algo si es que algo bueno os gano,

pero todo esto de ahora para vos, buen Cid, guardadlo."

25

El Cid vende su quinto a los moros.

No quiere lidiar con el rey Alfonso.

Las riquezas del botín están ya todas juntadas.

Ha pensado Mío Cid, que en buen hora ciñó espada,

que acaso el rey don Alfonso tras él mande sus compañas

y que a atacarle vendrían todas las reales mesnadas.

Las riquezas del botín manda repartir sin falta

y que los repartidores su recibo a todos hagan.

Los caballeros del Cid muy buena porción alcanzan:

le dieron a cada cual unos cien marcos de plata,

y a los peones les toca la mitad justa y sin falta.

Pero allí a nadie podía venderla ni regalarla,

ni quiere llevar cautivos Mío Cid en su campaña.

Con gente de Castejón habló, y a Guadalajara

e Hita manda a preguntar por cuánto se la compraban,

aunque muy poco le diesen por toda aquella ganancia.

Ofreciéronle los moros sus tres mil marcos de plata.

Del botín la quinta parte a Mío Cid se le guarda.

Mío Cid aquella oferta muy gustoso la aceptaba.

Al tercer día el dinero le fue entregado sin falta.

Pensó entonces Mío Cid que él y toda su compaña

en un castillo tan chico no pueden tener morada,

defenderlo sí podrán, mas les faltaría el agua.

"Vencidos están los moros, la paz con ellos firmada,

el rey Alfonso atacarnos podría con su mesnada.

Dejar quiero a Castejón, óiganme todos, Minaya.

26

El Cid marcha a tierras de Zaragoza, dependientes

del rey moro de Valencia.

Esto que voy a decir no os dé que pensar mal:

por más tiempo en Castejón no nos podemos quedar;

está cerca el rey Alfonso y aquí a buscarnos vendrá.

Mas no asolaré el castillo, que se lo quiero dejar

a cien moros y a cien moras a quien daré libertad,

y así por lo que les quito no podrán de mí hablar mal.

Pagados estáis ya todos, nadie queda por pagar,

mañana al romper el día otra vez a cabalgar,

que con mi rey don Alfonso no querría yo luchar".

Aquello que dice el Cid mucho agrada a los demás,

del castillo que tomaron todos muy ricos se van

y los moros y las moras bendiciéndolos están.

Marchan Henares arriba lo más que pueden andar,

las Alcarrias han pasado y cabalgan más allá,

por esas cuevas de Anguita ahora los veréis pasar,

cruzan el río y se entran por el campo de Taranz,

caminan por esas tierras lo más que puedan andar.

Entre Fariza y Cetina Mío Cid iba a albergar

buen botín iba cogiendo por la tierra donde va.

No pueden saber los moros qué intenciones llevará.

Al otro día cabalga Mío Cid el de Vivar,

Alhama ya la ha pasado, Hoz del río abajo va,

y ya a Bubierca y a Ateca se las ha dejado atrás

y por fin junto a Alcocer Mío Cid ha ido a posar,

en un otero redondo y fuerte van a acampar,

cerca está el Jalón, el agua no se la podrán quitar.

Aquel pueblo de Alcocer piensa Mío Cid tomar.

27

El Cid acampa sobre Alcocer.

Todo el otero ha ocupado, allí sus tiendas armaba;

unas las pone en la sierra, otras junto al río planta.

Mío Cid Campeador que en buen hora ciñó espada

alrededor del otero y muy cerca ya del agua

hacer un foso muy hondo a sus varones mandaba,

así no podrán los moros sorprenderlos a mansalva

y además les da a entender que el Cid allí se quedaba.

28

Temor de los moros.

Por todas aquellas tierras fue la noticia volando

de que el Cid Campeador junto a Alcocer ha acampado

que a tierra de moros vino y deja la de cristianos;

los campos que estaban cerca no se atreven a labrarlos.

Muy alegres que se ponen Mío Cid y sus vasallos;

el castillo de Alcocer tributo les ha pagado.

Tirada 29

El Campeador toma a Alcocer mediante un ardid.

Esa gente de Alcocer al Cid ya le daba parias

y los de Terrer y Ateca también ya se las pagaban

a los de Calatayud esto muy mal les sentaba.

Allí Mío Cid estuvo por más de quince semanas.

Cuando ve el Campeador que Alcocer no se entregaba

un ardid se le ha ocurrido y fue a hacerlo sin tardanza:

las tiendas manda quitar, deja una sola plantada,

y se va Jalón abajo, con bandera desplegada,

todos con loriga puesta y ceñidas las espadas:

taimado es el Cid y quiere tenderles una celada.

Los de Alcocer que lo vieron ¡Dios y cómo se alababan!

"Ya se le ha acabado al Cid todo el pan y la cebada.

Cargados van con las tiendas, una sola queda alzada.

A guisa de derrotado el Campeador se marcha,

vamos a asaltarle ahora, sacaremos gran ganancia,

que, si no, los de Terrer para ellos han de tomarla,

y si cogen el botín no querrán cedernos nada;

las parias que nos cobró hoy las volverá dobladas."

Para salir de Alcocer mucha prisa que se daban.

Cuando el Cid ya los vio fuera hace como que se escapa.

Jalón abajo corría, muy en desorden andaba.

Decían los de Alcocer: "¡Ay, que el botín se nos marcha!"

Ya todos, grandes y chicos, a salir se apresuraban,

con el ansia de coger, de lo demás se olvidaban:

abiertas dejan las puertas, nadie se queda a guardarlas.

Mío Cid Campeador hacia atrás volvió la cara,

vio que entre ellos y el castillo un gran espacio quedaba,

manda volver la bandera y a gran prisa espoleaban.

"¡Heridlos, mis caballeros, sin temor, el Cid gritaba,

que con la ayuda de Cristo nuestra será la ganancia!"

Ya vuelven todos revueltos por medio de la llanada.

¡Dios, qué grande era el gozo de todos esa mañana !

Mío Cid con Álvar Fáñez adelante cabalgaba,

tienen muy buenos caballos que a su voluntad andaban,

ya entre el castillo y los moros los dos guerreros entraban.

Los vasallos de Mío Cid sin piedad sus golpes daban,

en poco más de un momento a trescientos moros matan.

Con muy grandes alaridos los que estan en emboscada

para adelante salían, hacia el castillo tornaban,

con las espadas desnudas a la puerta se paraban.

Ya van llegando los suyos, la batalla está ganada.

Ved cómo el Cid conquistó Alcocer por esta maña.

30

La seña del Cid ondea sobre Alcocer

Pedro Bermúdez llegó con la bandera en la mano

y en el castillo la planta, allá en el sitio mas alto.

Habla entonces Mío Cid, Ruy Díaz el bienhadado:

"Gracias al Señor del cielo, gracias a todos sus santos,

mejor vivienda tendremos ahora dueños y caballos.

31

Clemencia del Cid con los moros

Prestadme oído, Álvar Fáñez y los demás caballeros:

al tomar este castillo un gran botín hemos hecho;

muertos los moros están, con vida a muy pocos veo.

Estos moros y estas moras no hemos de poder venderlos,

con cortarles la cabeza poca cosa ganaremos,

nosotros somos los amos, sigan ellos en el pueblo,

viviremos en sus casas y de ellos nos serviremos."

32

El rey de Valencia quiere recobrar a Alcocer.

Envía un ejército contra el Cid

Mío Cid con sus ganancias allí en Alcocer está;

la tienda que en el otero dejara manda quitar.

A los de Ateca y Terrer el triunfo dio gran pesar

y a los de Calatayud también pesándoles va.

Al rey de Valencia entonces con un mensaje se van,

dícenle que ese que llaman el Cid Ruy Díaz de Vivar,

por ira del rey Alfonso, de Castilla echado está,

que fue a acampar a Alcocer, bien defendido lugar,

y que por una emboscada el castillo es suyo ya.

"Si no vienes a ayudarnos, Teca y Terrer perderás,

perderás Calatayud, que ya no podrá escapar,

y allá a orillas del Jalón ha de irte todo muy mal,

y al otro lado, en Siloca, lo mismo te pasará.''

Cuando lo oyó el rey Tamín siente profundo pesar.

"Tres buenos emires veo aquí en torno mío estar.

Sin tardar, dos de vosotros os marcharéis para allá

con tres mil moros que lleven buenas armas de luchar.

Con los que hay en la frontera, que bien os ayudarán,

coged vivo a ese cristiano y conducídmelo acá.

Puesto que se entró en mis tierras reparación me dará."

Ya cabalgan tres mil moros, ya se echan a caminar

aquella noche en Segorbe se quedan a reposar.

Otro día de mañana empiezan a cabalgar,

y la noche aquella en Celfa se paran a descansar.

A los moros de frontera los han mandado llamar,

de todas partes acuden a juntarse muchos más.

Por fin salieron de Celfa, la que llaman de Canal,

anduvieron todo el día, ningún reposo se dan,

y a Calatayud llegaron esa noche a descansar.

Por todas aquellas tierras muchos pregoneros van

y gente muy numerosa se les venía a juntar.

Los emires Galve y Fáriz al frente de ellos están,

al buen Cid Rodrigo Díaz a Alcocer van a cercar.

33

Fáriz y Galve cercan al Cid en Alcocer

Ya han acampado los moros, sus tiendas allí las plantan;

sus fuerzas iban creciendo, muchas gentes hay juntadas.

Centinelas avanzados de los moros se destacan

y armados hasta los dientes de día y de noche andan.

Muchos son los centinelas y mucha la hueste armada.

A Mío Cid y los suyos ya les han cortado el agua,

las mesnadas de Ruy Díaz salir quieren a batalla,

el que en buen hora nació muy firme se lo vedaba.

Tuvieron así cercado al Cid más de tres semanas.

34

Consejo del Cid con los suyos.

Preparativos secretos.

El Cid sale a batalla campal contra Fáriz y Galve.

Pedro Bermúdez hiere los primeros golpes.

Al cabo de tres semanas cuando la cuarta va a entrar,

Mío Cid de sus guerreros consejo quiere tomar:

"El agua nos la han quitado, puede faltarnos el pan

y escaparnos por la noche no nos lo consentirán.

Muy grandes sus fuerzas son para con ellos luchar,

decidme vos, caballeros, qué es lo que hacerse podrá".

Habla el primero Minaya, caballero de fiar:

"De Castilla la gentil nos desterraron acá,

si no luchamos con moros no tendremos nuestro pan.

Seiscientos somos nosotros y aún creo que algunos más,

no nos queda otro remedio, por Dios que en el cielo está:

en cuanto amanezca el día vayámoslos a atacar".

Díjole el Campeador: "Así quería oír hablar

ya sabía yo, Minaya, que os habríais de honrar".

A los moros y a las moras afuera los manda echar

para que el intento suyo no lo vayan a contar.

Por el día y por la noche se empiezan a preparar.

Otro día de mañana cuando el sol quiere apuntar,

armado está Mío Cid y aquellos que con él van.

El Campeador habló lo que ahora me oiréis contar:

"Todos nos saldremos fuera, ninguno aquí quedará,

tan sólo estos dos peones que la puerta han de guardar.

Si morimos en el campo al castillo nos traerán,

si ganamos la batalla gran botín nos tocará.

Vos, Pedro Bermúdez esta bandera mía tomad;

como sois bravos la habréis de llevar con lealtad,

mas no os adelantéis sin que me lo oigáis mandar".

Al Cid le besó la mano, la bandera fue a tomar.

Abren las puertas y afuera del castillo salen ya.

Las avanzadas al verlos al campamento se van.

¡Qué prisa se dan los moros! Todos se empiezan a armar.

Del ruido de los tambores la tierra se va a quebrar.

Viérais allí a tanto moro armarse y en lucha entrar.

Al frente de todos ellos dos grandes banderas van,

y los pendones mas chicos ¿quién los podría contar?

En las filas de los moros empieza el avance ya,

con Mío Cid y los suyos se querían encontrar.

Dijo el Cid: "Estáos todos quedos en este lugar;

que nadie salga de filas sin que me lo oiga mandar".

Aquel buen Pedro Bermúdez no puede aguantarse más,

bandera en mano comienza su caballo a espolear.

"¡Que el Creador nos asista, Cid Campeador leal!

En medio de aquella tropa voy la bandera a llevar,

los que deben defenderla ya me la defenderán".

Dijo entonces Mío Cid: "¡No lo hagáis, por caridad!"

Repuso Pedro Bermúdez: "Tal como digo se hará".

Su caballo espoleó y entra donde había más.

Los moros ya la bandera le quieren arrebatar,

hiérenle, más la loriga no se la pueden quebrar.

Dijo entonces Mío Cid- "¡Valedle, por caridad!"

35

Los del Cid acometen para socorrer a Pedro Bermúdez

Embrazaron los escudos delante del corazón,

las lanzas ponen en ristre envueltas con su pendón,

todos inclinan las caras por encima del arzón

y arrancan contra los moros con muy bravo corazón.

A grandes voces decía el que en buen hora nació:

"¡Heridlos, mis caballeros, por amor del Creador,

aquí está el Cid, don Rodrigo Díaz el Campeador!"

Todos caen sobre el grupo donde Bermúdez entró.

Éranse trescientas lanzas, cada cual con su pendón.

Cada guerrero del Cid a un enemigo mató,

al revolver para atrás otros tantos muertos son.

36

Destrozan las haces enemigas

Allí vierais tantas lanzas, todas subir y bajar,

allí vierais tanta adarga romper y agujerear,

las mallas de las lorigas allí vierais quebrantar

y tantos pendones blancos que rojos de sangre están

y tantos buenos caballos que sin sus jinetes van.

A Santiago y a Mahoma todo se vuelve invocar.

Por aquel campo caídos, en un poco de lugar

de moros muertos había unos mil trescientos ya.

37

Mención de los principales caballeros cristianos

¡Qué bien que estaba luchando sobre su dorado arzón

don Rodrigo de Vivar, ese buen Campeador!

Están con él Álvar Fáñez, el que Zurita mandó

el buen Martín Antolínez, ese burgalés de pro,

Muño Gustioz que en la misma casa del Cid se crió,

Martín Muñoz el que estuvo mandando Montemayor,

ÁIvar Salvadórez y el buen Álvar Alvaroz,

ese Galindo Garcíaz, buen guerrero de Aragón,

y el sobrino de Rodrigo por nombre Félez Muñoz.

Con ellos la tropa entera del Cid en la lucha entró

a socorrer la bandera y a su Cid Campeador.

38

Minaya, en peligro.

El Cid hiere a Fáriz

Al buen Minaya Álvar Fáñez le mataron el caballo

pero a socorrerle fueron las mesnadas de cristianos.

La lanza tiene quebrada, a la espada metió mano,

aunque luchaba de pie buenos tajos iba dando.

Ya le ha visto Mío Cid Ruy Díaz el Castellano,

se va para un jefe moro que tenía buen caballo

y con la mano derecha descárgale fuerte tajo,

por la cintura le corta y le echa en medio del campo.

Al buen Minaya Álvar Fáñez le fue a ofrecer el caballo.

"Cabalgad en él, Minaya, que vos sois mi diestro brazo.

Hoy de todo vuestro apoyo me veo necesitado;

muy firmes están los moros, no ceden aún el campo:

es menester que otra vez fuertes les arremetamos".

Montó a caballo Minaya, y con su espada en la mano

por entre las fuerzas moras muy bravo siguió luchando.

Enemigos que él alcanza la vida les va quitando.

Mientras tanto Mío Cid de Vivar el bienhadado

al emir Fáriz tres tajos con la espada le ha tirado

le fallan los dos primeros, el tercero le ha acertado;

ya por la loriga abajo va la sangre destilando,

vuelve grupas el emir para escaparse del campo.

Por aquel golpe del Cid la batalla se ha ganado.

39

Galve, herido, y los moros, derrotados.

El buen Martín Antolínez un buen tajo a Galve da,

los rubíes de su yelmo los parte por la mitad,

la lanza atraviesa el yelmo, a la carne fue a llegar;

el rey moro el otro golpe ya no lo quiso esperar.

Los reyes Fáriz y Galve derrotados están ya.

¡Qué buen día que fue aquel, Dios, para la cristiandad!

Por una y por otra parte los moros huyendo van.

Los hombres de Mío Cid los querían alcanzar,

el rey Fáriz en Terrera se ha llegado a refugiar,

pero a Galve no quisieron abrirle la puerta allá;

a Calatayud entonces a toda prisa se va.

Pero el Cid Campeador le persigue sin parar

y va detrás del rey moro hasta la misma ciudad.

Бесплатный фрагмент закончился.

Текст, доступен аудиоформат
5,0
1 оценка
86,51 ₽

Начислим +3

Покупайте книги и получайте бонусы в Литрес, Читай-городе и Буквоеде.

Участвовать в бонусной программе
Возрастное ограничение:
0+
Дата выхода на Литрес:
13 ноября 2024
Объем:
140 стр. 1 иллюстрация
ISBN:
9788026835325
Издатель:
Правообладатель:
Bookwire
Формат скачивания: