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Álvaro Acevedo Tarazona

Raquel Méndez Villamizar

Héctor Mauricio Rojas Betancur

Andrés Correa Lugos

Johana Linares García


Universidad Industrial de Santander

Facultad de Ciencias Humanas

Escuela de Trabajo Social

Escuela de Historia

Bucaramanga, 2022

Página legal


ACEVEDO TARAZONA, ÁLVARO #Manifestante : La indignación estudiantil universitaria en Colombia durante el año 2011 / Álvaro Acevedo Tarazona …[y otros]Bucaramanga: Universidad Industrial de Santander, 2022 226p.: il., tablas ISBN: E.PUB : 978-958-5188-16-7MOVIMIENTOS ESTUDIANTILES – COLOMBIA – ACTIVIDADES POLÍTICAS – SIGLO XXI 2. MOVIMIENTOS SOCIALES – COLOMBIA – ACTIVIDADES POLÍTICAS – SIGLO XXI 3. MOVIMIENTOS DE PROTESTA – COLOMBIA – ACTIVIDADES POLÍTICAS – SIGLO XXI 4. ASOCIACIONES ESTUDIANTILES - COLOMBIA – FINES Y OBJETIVOS 5. REFORMA UNIVERSITARIA – COLOMBIA – SIGLO XXI 6. Universidades – colombia – aspectos sociales 7. EDUCACIÓN SUERIOR Y ESTADO – COLOMBIA I. Méndez Villamizar, Raquel II Rojas Betancur, Héctor Mauricio III Correa Lugos, Andrés IV. Linares García, Johana CDD : 371.8109861 Ed. 23 CEP - Universidad Industrial de Santander. Biblioteca Central

#Manifestante

La indignación estudiantil universitaria en Colombia durante el año 2011

Álvaro Acevedo Tarazona*

Raquel Méndez Villamizar*

Héctor Mauricio Rojas Betancur*

Andrés Correa Lugos

Johana Linares García

*Profesores, Universidad Industrial de Santander

© Universidad Industrial de Santander

Reservados todos los derechos

ISBN: 978-958-5188-16-7

Imagen carátula: César Paredes Téllez

Primera edición, enero de 2022

Diseño, diagramación e impresión:

División de Publicaciones UIS

Carrera 27 calle 9, ciudad universitaria

Bucaramanga, Colombia

Tel.: (607) 6344000, ext. 1602

ediciones@uis.edu.co

Prohibida la reproducción parcial o total de esta obra, por cualquier medio, sin autorización escrita de la UIS

Impreso en Colombia

Prefacio

La investigación y posterior realización de este libro tiene como fundamento la portada de la revista Time al personaje del año 2011. En ella, una mujer con parte del rostro cubierto y mirada profunda expresa el síntoma de un personaje que sacudió al mundo durante un año: el manifestante. Puede que haya sido con intención o no, pero la revista no eligió a la masa de manifestantes, ni a una horda o movilización poderosa de aquellas que doblegaron regímenes políticos en el norte de África; tampoco eligió una protesta de aquellas que pusieron en jaque a Estados Unidos y naciones de Europa ante su impagable endeudamiento económico. Por el contrario, la portada hizo énfasis en la individualidad de un sujeto casi al borde del anonimato, alguien que marcha en medio de centenares de iguales y quien muy seguramente será devorado por el acontecer.

La riqueza de la imagen va mucho más allá de la propuesta visual de la revista. La individualización del manifestante es una característica única de los movimientos sociales contemporáneos, representa a un sujeto intempestivo que rehúsa ser encasillado y se siente único, así comparta gustos, posturas políticas, temores y pasiones con millones de personas. De alguna manera, la imagen de la revista Time sienta a quien la observa en un diván para ser iniciado en una terapia en la cual se debe buscar un síntoma, uno que exprese con cierta fidelidad la relación del individuo con el mundo; el síntoma es ontológico y no histórico. Por eso, es una sola persona, así la problemática involucre a millones, como el movimiento Occupy en el que se protesta por el abuso de un sistema financiero y la capitalización por endeudamiento del futuro. Al final de la noche, el manifestante está solo con su almohada mirando la oscuridad y pensando que dicha sensación de incompletitud tal vez sea síntoma de un mundo también incompleto, atomizado, en medio de una palabra o de un estado no menos sintomático: la globalización.

El síntoma de una época, de un momento, de una cresta en la temporalidad ya ha sido analizado por Hegel, Karl Marx o Lacan. En términos generales, es concebido como una expresión del inconsciente que irrumpe para dislocar el funcionamiento “normal” del sujeto. El manifestante no pretende seguir con la norma impuesta por el sistema, se siente ahogado, necesita explotar y como él, millones pasan por la misma situación. Ahora bien, cuando el manifestante explota y hace evidente el síntoma, se siente mejor; sin embargo, el malestar no desaparece, en otras palabras, siempre van a existir movilizaciones, protestas y rebeliones, condición esencial del ser en tanto es.

Un revolucionario puede ser entendido como la incompletitud ontológica del sujeto con el mundo; no obstante, el sistema se encarga de hacerle creer que su carencia es un problema personal que puede ser controlado con medicación y resignación, en otras palabras, ser revolucionario es para el sistema una falla del sujeto y no del propio sistema. Esta situación complejiza cualquier intento de rebeldía y revolución. Desde el año de 1968 el sistema deja de ser el problema y las protestas se centran en ahogar los síntomas desde la particularidad. Los movimientos por las luchas sexuales y de género, ambientalistas o cívicos son prueba de ello.

Este libro, más que una investigación dirigida a un público específico, es un llamado a comprender la movilización y la protesta; una invitación para todo aquel que quiera preguntarse por el sentido histórico del devenir revolucionario y considere la importancia de comprender el manifestante y la protesta de la actualidad, y si quiere, aúne fuerzas por una protesta que vaya más allá de una tendencia, una moda, una indignación, y aún si es del caso, se comprometa con el porvenir.

Introducción

Si bien las protestas y movilizaciones sociales son ampliamente analizadas por la teoría social, aún es preciso reconstruir la evolución del manifestante en las movilizaciones sociales contemporáneas. Argumenta Marc Bloch1 la imperiosa necesidad de conocer el presente para comprender el pasado, por ello, esta investigación propende por estudiar al manifestante universitario en el año 2011 en Colombia. De manera que a partir de su expresión en la protesta de rechazo a la reforma de la Ley 30 de 1992 de la Educación Superior en Colombia y con el apoyo de información en prensa y de repositorios digitales, se intentará dar respuesta a la pregunta ¿qué es hoy un manifestante y por qué su acción social colectiva ha cambiado?

La delimitación conceptual puede definir al manifestante como una persona que exhibe una postura en desacuerdo. La actuación de este manifestante desnuda sus pretensiones y muestra su opinión ante un tema que lo interpela. Para ser un manifestante se requiere de una convicción personal derivada de una motivación interna que se exterioriza. Es el primer paso en la pretensión de ser libre y es la unidad fundamental de la manifestación. El manifestante es de por sí rebelde, como lo señala Albert Camus: “un hombre que dice no. Pero si se niega, no renuncia: es además un hombre que dice sí desde su primer movimiento. Un esclavo, que ha recibido órdenes durante toda su vida, juzga de pronto inaceptable una nueva orden”2.

La rebeldía busca crear acontecimientos, arrebatarle al devenir la monotonía de una existencia direccional y hacer del futuro un proyecto con sus propias manos. Las manifestaciones que integran miles de personas están fundamentadas a partir de sujetos que consideran tener la razón al defender un derecho o una causa justa. Este principio avalado por otros que se suman a la movilización como síntoma de inconformismo rompe la cotidianidad y da impulsos para defender una causa:

El “no más” afirma la existencia de una frontera. Vuelve a encontrarse la misma idea de límite en este sentimiento del rebelde que el otro “exagera”, de que no extiende su derecho más allá de una frontera a partir de la cual el otro derecho le hace frente y lo limita. Así el movimiento de rebelión se apoya, al mismo tiempo, en el rechazo categórico de una intrusión juzgada intolerable, y en la certidumbre confusa de un buen derecho; más exactamente en la impresión del rebelde de que “tiene derecho a…”. La rebelión va acompañada de la sensación de tener uno mismo, de alguna manera y en alguna parte, razón3.

Desde finales del siglo XIX y durante el siglo XX las revoluciones dominan el espectro social. En el acontecer puede ocurrir que unos individuos se tornen rebeldes y digan “no más” a los parámetros sociales y políticos establecidos y a los paradigmas que hasta el momento la ciencia y la tecnología han propuesto4. El manifestante como referente de la sociedad moderna se acostumbra a estar inconforme, a no dejar piedra sobre piedra y a ser él mismo quien cuestione, transforme o destruya lo anteriormente establecido. Esta lógica patentada en el capitalismo moderno orienta las doctrinas del liberalismo y es extrapolada a coyunturas como la cultura, la educación e incluso, el ocio.

La modernidad es entonces una experiencia colectiva de rebeldía, movilización y destrucción innovadora permanente. En el año de 1982 el filósofo marxista Marshall Berman plantea que todas las formas materiales e inmateriales contemporáneas son parte de una dinámica capitalista que busca un “no más” como excusa para crear algo nuevo y capitalizarlo. A esta tendencia la denomina nihilismo innovador5. Pero la revolución de un consumo continuo necesita explotar y la mejor forma de hacerlo es creando máquinas deseantes: “las máquinas deseantes proceden al investimento de las máquinas sociales, sea formando investimentos de libido de tipo revolucionario, sea formando investimentos de libido de tipo reaccionario”6. Para Deleuze, el objeto de la revolución o de la manifestación siempre está implícito en un cuerpo codificado de deseos en el que prima la proyección de un bienestar propio, y este cuerpo es compartido y exteriorizado por otros actores que a la final conforman la masa7. En otras palabras, ser manifestante es una topología social del consumo capitalista. Con el avance de la sociedad a un estadio neoliberal, los manifestantes cambian de forma radical en su forma de actuar. Si las redes sociales pueden conservar el anonimato, ya no es necesario protestar en medio de una masa. La fugacidad del deseo es equiparable a la fugacidad de la rebelión. Esto puede llevar a que no exista, en el momento, una definición de manifestante.

Las movilizaciones sociales estudiantiles de hoy tienen la particularidad de ser momentáneas si son comparadas con otro tipo de movilizaciones como la obrera o la campesina del siglo XX. Esta particularidad gira sustancialmente la forma de abordar una investigación histórica y la necesidad de la misma, de recurrir a estrategias metodológicas que logren aprehender la mayor cantidad de fenómenos asociados a la coyuntura. Si a esta situación –propia de los movimientos estudiantiles– se suma la realidad social colombiana, la resultante es una movilización aún más pasajera y difícil de investigar con la profundidad y el rigor necesarios.

Esta nueva situación de la protesta hace que existan retos al momento de investigar como son el seguimiento de los actores sociales que se movilizan; más aún, comprender la evolución de los discursos, los ajustes generacionales y su sincronía con las contemporaneidades, sin dejar de considerar temas transversales propios de la movilización estudiantil como son el derecho a la educación, la autonomía universitaria o nuevas iniciativas colectivas como el procomún. La compleja adaptabilidad de la movilización estudiantil hace que sea necesario analizar las perspectivas y los seguimientos más de una vez.

De hecho, la dinámica de la movilización estudiantil puede tener un relevo generacional cercano a los cinco años, que es el promedio formal de un estudiante para terminar sus estudios universitarios. Esta transmutación continua del estudiante que protesta dificulta ver un “movimiento estudiantil” colombiano al día de hoy, según una variable esencial que caracteriza un movimiento social: la organización permanente en el tiempo. Pese a ello, la protesta estudiantil en Colombia cumple con otras variables que identifican un movimiento social: un interés focal, horizontalidad en las decisiones sin que esto desvirtúe los liderazgos y un conjunto de valores e ideologías convergentes en pro de una o varias causas.

Las protestas del año 2011 cuentan con varias cualidades que las hacen insólitas a nivel global y local. En primer lugar, se considera como el primer intento de “revolución planetaria” por parte del grupo generacional milénico8 y en segundo lugar, se vislumbra un desgaste o malestar social generalizado ante políticas planetarias con base en postulados neoliberales que incrementan la desigualdad social. Una manera en que se comprueba lo anterior es a partir de un seguimiento a la producción de información en masa de los actores sociales. No es objetivo de esta investigación realizar un análisis exhaustivo a una movilización estudiantil, su objetivo es realizar una radiografía social de una generación desencantada que se moviliza, pero que también crea contenidos valiéndose de las tecnologías de la información y de la comunicación impulsadas por el mismo sistema, y a partir de ellas la manera como ejerce presión y resistencia.

En el año 2011 reaparece la movilización y la acción colectiva como una fuerza de opinión global. Por ello, The protester es la figura del año para la revista Time9. La elección de la misma revela la importancia que le da el mundo de la información a los millones de personas que marchan por las calles ante un malestar que es bautizado con el nombre de indignación. Los manifestantes no son una masa sin rostro que se mueve por ideales; por el contrario, tienen un rostro que evoca la lucha de la humanidad por un futuro común mientras se abre paso en una sociedad de virtualidad y gadgets10; tampoco necesitan de líderes o caudillos, menos aún de una definición política o sectorizada.

Los manifestantes del año 2011 son en su mayoría jóvenes con un ideal político y social orientado al bienestar común de todos los actores de la sociedad. Expresión de ello, son las protestas en contra de las dictaduras en el norte de África, las movilizaciones en contra del sistema financiero en Europa y las movilizaciones por la protección del medio ambiente, los derechos digitales y la educación en Latinoamérica. Estas movilizaciones proclaman el cambio para salir del atasco neoliberal o luchar por mayor participación o más inclusión. Pero de los supuestos a los realizables siempre hay un universo de posibilidades que terminan muchas veces por modificar el objetivo inicial.

La investigación y construcción de un relato explicativo sobre temas contemporáneos o de historia del tiempo presente remite de manera directa al uso metodológico de las plataformas de las tecnologías de la información y de la comunicación; a su vez, representa diversos retos porque se enfrenta a una cantidad colosal de información –que puede saturar el relato–. Por ello, es necesario realizar un filtro para depurar las fuentes e identificar aquellas que tienen mayor incidencia.

Los nuevos repositorios informáticos con sus herramientas de análisis también permiten comprender el hábitat polimorfo en el cual se mueven los manifestantes. El apoyo que recibe una publicación al tener millones de “me gusta” no solo indica un tráfico alto del contenido, sino una mayor incidencia relativa en la web; de igual manera, el hecho de que un usuario decida compartir un contenido, no solo revela una traza de información que le interesa, sino que concurre todo un sentimiento y compromiso para hacerlo. Millones de usuarios se unen y comparten el mismo contenido logrando un trending topic11, que es todo un fenómeno colectivo, en su mayoría, con temas de protestas y apoyo a las movilizaciones.

Llega el momento en que la investigación social debe tomar en serio lo que sucede en la Internet. Las redes sociales son testigo de las nuevas formas de aglutinación de la opinión y son el pósito donde los manifestantes consignan toda la molestia y razones para salir a marchar. Además, es en este nuevo entorno en el que los medios de comunicación tradicionales como la prensa y la televisión incursionan para llegar a nuevos consumidores, mientras divulgan y dan forma a los acontecimientos.

La relación entre la humanidad y los acontecimientos es una de las particularidades que enriquece la investigación. Los acontecimientos llegan súbitamente cuando nadie los espera: la enfermedad, el amor, una lotería o la muerte son pequeñas cápsulas acontecimentales que rompen con la monotonía. La memoria del acontecimiento puede ser histórica o ficcional, trabaja con el mismo principio: la naturaleza súbita de un algo indescriptible que cambia la forma de percibir el futuro, pero que también transfigura de manera sustancial el acontecer. Quizá sea este el principio de la historia y de la necesidad humana de recrear y estudiar desde diversas perspectivas, un acontecimiento en la búsqueda de una mirada distinta que complemente lo vivido como un refuerzo para sentir que se sigue estando ahí.

La intriga es el factor clave en la construcción del futuro de las sociedades. Entre el año pasado y el futuro se produce una tensión, en ella, se analizan los fenómenos más importantes del año que va a pasar, creyendo que esto sirve de alguna manera para augurar lo que viene. Pero lo que encuentran quienes son espectadores del año 2011 es un proceso de cambio que va desde un reordenamiento geopolítico hasta un cambio en la cosmovisión de los jóvenes que da como resultado una transmutación del sí-mismo como parte de la sociedad. Otro cambio trascendental es la desmonopolización de los acontecimientos que reproducen los medios de comunicación en una dinámica en la cual los grandes hitos de la historia se dan en el primer mundo. Esta visión es causa y efecto de una lógica eurocéntrica que lleva a las personas a ignorar lo que tienen a su alcance.

En gran medida por las razones anteriormente expuestas es que el año 2011 es vital en la comprensión de las nuevas configuraciones de la sociedad y las movilizaciones sociales. No es solamente en la calle histórica y romántica parisina donde grupos de jóvenes marchan por un cambio, es en las calles polvorientas y mal diseñadas donde germina la indignación del siglo XXI.

La tensión social es otro de los elementos clave para comprender las movilizaciones sociales contemporáneas, muy distinto al relato utópico antisistémico y revolucionario de los años sesenta y setenta del siglo XX que propende por alcanzar la utopía igualitaria. Los actores sociales de hoy salen a movilizarse porque están molestos y sienten frustración frente a un sistema que mercantiliza y estandariza todo, desde el sí-mismo hasta las desigualdades. Por tal razón, es bastante recurrente al describir una movilización, que las personas mencionen la situación crítica del sistema de salud, de la educación media, de la primera infancia o incluso revivan ideas que aterrorizan la educación desde antaño, como la privatización o la desaparición de la educación superior pública. Esta investigación busca la sincronía entre los acontecimientos de orden político, cultural y económico con el fin de demostrar una articulación acontecimental que no lleve a pensar en las movilizaciones como construcciones sociales etéreas e idealistas, sino como coyunturas relacionales que sirvan como barómetros de las tensiones sociales y la concientización de los colectivos hacia la comunidad.

Entre las formas de concientización y protesta que usan los manifestantes en el año 2011 en defensa de la educación pública se destacan la utilización de alternativas artísticas y culturales, además de un despliegue en medios de comunicación y redes sociales. Estas alternativas generan un gran impacto en la opinión pública y ejercen presión para que el gobierno retire una propuesta de reforma a la educación superior y se acuerde construir una nueva concertada con los estudiantes. El punto más polémico de la reforma educativa propuesta por el gobierno en cabeza del Ministerio de Educación, es la creación de universidades con ánimo de lucro.

El balance de la movilización y presión de la Mesa Amplia Nacional Estudiantil (Mane) se puede considerar como exitoso, no solamente porque logra retirar la reforma sino por la consolidación de la protesta estudiantil a lo largo del año 2011. Al año siguiente, sin embargo, la movilización universitaria sufre un retroceso por su fracturación interna y por diferencias ideológicas y políticas entre los principales organizadores de las marchas y protestas. Se debe tener en cuenta que la movilización, además, ya ha alcanzado su objetivo fundamental: echar atrás la reforma a la Ley 30 de Educación Superior y el propósito de crear universidades con ánimo de lucro.

La comprensión del desarrollo de las fases que orientan la movilización estudiantil encabezada por la Mane desde su creación hasta su disolución ofrece una oportunidad única para analizar los nuevos movimientos sociales a la par que crea un relato descriptivo de la misma. En procura de tal propósito, este libro reconstruye el decurso regional de la movilización estudiantil colombiana en el año 2011, mejor conocida como la Mane, principalmente en dos de los más importantes claustros del país como son la Universidad Nacional (UN) Sede Bogotá y la Universidad Industrial de Santander (UIS) en Bucaramanga. Es importante aclarar que esta investigación se construye desde adentro, esto es, a partir del testimonio de los participantes y opta por el método de la imputación en el cual se recopilan los distintos matices testimoniales para crear una historia que ofrece al lector una mirada particular de lo acontecido.

Para lograr este propósito investigativo es necesario identificar los actores clave de la Universidad Industrial de Santander y de la Universidad Nacional que hacen parte de la movilización estudiantil durante el periodo que es coordinado por la Mane; una vez realizado, es importante reconocer los eventos significativos y las experiencias que los actores clave pueden formar a partir de cada uno de estos acontecimientos. Como las dos universidades son nodos de la movilización, pero también de la creación de contenidos en propuestas, es necesario realizar un análisis comparativo entre ambos claustros. Por último, se analizan las relaciones de poder entre los géneros presentes en la dinámica de la Mane con el fin de establecer si el movimiento conceptualiza las formas de participación o continúa emulando tradicionales representaciones de la acción social colectiva en las cuales la mujer ocupa un papel importante pero no de primer orden en el liderazgo y organización estudiantil.

El diseño metodológico cualitativo de la investigación es analítico y se dirige a indagar por una nueva realidad que emerge de la interacción de los estudiantes frente al proyecto de reforma de la educación superior en Colombia en el año 2011; además, busca comprender su función y significado como una manifestación de las nuevas formas de la acción social colectiva en Colombia y el mundo. Las categorías de análisis se toman teniendo en cuenta las etapas clave para el movimiento: la identificación del contexto antes de la Mane, siguiendo con su nacimiento y el ciclo de protestas, la etapa de construcción de una propuesta educativa, los avances del movimiento durante los últimos cuatro años y, finalmente, la proyección o futuro previsto por y para la Mane. A su vez, se incluye otro elemento de análisis, las relaciones de poder entre los géneros presentes en la configuración del movimiento estudiantil.

Como estrategia de recolección de información se utiliza la entrevista en profundidad que es aplicada a quince actores clave, de los cuales nueve son de la Universidad Industrial de Santander y seis de la Universidad Nacional Sede Bogotá. Estas entrevistas son transcritas para proceder a su categorización y codificación. El análisis de las mismas se realiza a través del programa Atlas Ti. Con los insumos de este proceso se da paso a la interpretación y análisis de los hallazgos.

El método de investigación usado permite estudiar los acontecimientos sociales en relación con el contexto histórico, es así que se define como “una descripción o reconstrucción densa de escenarios y grupos culturales […] cuyo objetivo final es la construcción conceptual de patrones que expliquen el orden social a partir de la búsqueda de esos significados”12.

Para realizar tal descripción, en el proceso de investigación se acude al diálogo con los actores clave de las dos universidades, pues es a partir de su experiencia que se puede dar cuenta de aquello que motiva el resurgimiento del movimiento, de las vivencias de sus protagonistas durante el periodo de las protestas y de la etapa de construcción; es decir, estas personas permiten comprender los elementos presentes en el fenómeno de la movilización desde su momento de mayor fuerza hasta su progresivo debilitamiento.

El propósito del investigador es realizar una descripción del fenómeno, y a partir de ella, lograr interpretar las acciones humanas. Para esto, debe ir más allá de la lectura de los actos físicos desarrollados por el grupo social estudiado, pues estos corresponden a un contexto específico en el que los sujetos poseen razones particulares para hacer lo que hacen. Es por esto que Miguel Martínez argumenta:

El acto en sí no es algo humano; lo que lo hace humano es la intención que lo anima, el significado que tiene para el actor, el propósito que alberga, la meta que persigue; en una palabra, la función que desempeña en la estructura de su personalidad y en el grupo humano en que vive 13.

Los estudios sociales requieren que el investigador construya una imagen del grupo en estudio –para el caso la UIS y la UN– con el propósito de comprender el proceso de movilización estudiantil en el año 2011. Respecto a la etnografía, Miguel Martínez escribe:

Es un proceso dirigido hacia el descubrimiento de muchas historias y relatos idiosincrásicos, pero importantes, contados por personas reales, sobre eventos reales, en forma real y natural. Este enfoque trata de presentar episodios que son porciones de vida documentados con un lenguaje natural y que representan lo más fielmente posible cómo siente la gente, qué sabe, cómo lo conoce y cuáles son sus creencias, percepciones y modos de ver y entender14.

Siguiendo a Martínez15, el proceso de investigación se lleva a cabo teniendo en cuenta tres puntos fundamentales. En primer lugar, se determina el nivel de participación tanto del actor clave como del investigador. La participación del actor clave se da en la construcción de conocimiento, es decir, es entendido como sujeto cognoscente, quien a partir de sus procesos propios de interacción en los planos socio-cultural y personal-vivencial, construye su subjetividad. En cuanto al investigador, su participación es activa en la fase narrativa e interpretativa del estudio.

Otro punto relevante en esta investigación es construir el esquema de preguntas teniendo en cuenta que la información recolectada da razón de los significados de las conductas de los sujetos entrevistados. Finalmente, se procura un nivel de objetividad realizando una cuidadosa selección de los sujetos participantes; el criterio de inclusión se basa fundamentalmente en líderes del movimiento de las dos universidades, por ende, el muestreo utilizado es por conveniencia. De esta manera, se busca que los resultados del proceso investigativo sean confiables y tengan validez. Para los asuntos de confiabilidad interna se procura la rigurosidad metodológica: se especifica cada paso dado en el proceso, además de precisar el instrumento de recolección de información y el método de análisis. Asimismo, se construye un referente conceptual que enriquezca la comprensión del fenómeno de la movilización ocurrido en el año 2011 en Colombia.

De otra parte, la validez de la investigación debe ser también de carácter interno y externo. Cuando el investigador logra observar, apreciar la realidad y no se desvía del asunto que le compete, se conoce como validez interna. Para obtenerla, se trazan objetivos claros y a partir de ellos, se construyen categorías generales de análisis. Frente a la validez externa, esta se logra cuando el investigador consigue determinar qué tanto la realidad que estudia ofrece conclusiones que se aplican a grupos similares; para ello, los resultados del proceso de investigación serán publicados en diversos espacios académicos para futuros procesos investigativos.

Según Gregorio Rodríguez16, las etapas que integran el estudio de la investigación cualitativa son cuatro: la fase preparatoria tiene dos momentos importantes, uno reflexivo y otro de diseño. En el reflexivo, a partir de la identificación del tema a investigar se busca la mayor información posible sobre el mismo desde una perspectiva amplia y sin llegar a adoptar posturas teóricas. Esta fase permite al investigador identificar las categorías núcleo, teniendo en cuenta sus objetivos. En el momento del diseño se involucran las actividades relacionadas con la construcción y validación de los métodos de recolección de información, la identificación de las fuentes de información y los niveles de participación. Ahora, lo que respecta a la fase de trabajo de campo, se accede de manera progresiva a los actores. Entre las actividades que componen esta fase se encuentra la identificación de los actores clave, la ambientación con los mismos para recolectar datos y la aplicación del instrumento.

En la fase analítica se realizan las actividades que comprenden la disposición de los datos, su reducción y transformación, considerando estos como insumos relevantes para el análisis de los resultados. Se acude entonces a realizar la categorización de las percepciones de los sujetos entrevistados, la transcripción de las entrevistas, su crítica y depuración, usando como herramienta el programa Atlas Ti. Finalmente, en la fase informativa se hace un mayor énfasis en la producción de resultados de acuerdo con los objetivos planteados. Se realizan actividades relacionadas con la producción escrita a partir de las categorías obtenidas y de los análisis particulares de los investigadores. Por último, en la fase de imputación se construyen los relatos basándose en las entrevistas de las personas que han decidido relatar sus vivencias; esto hace que los personajes que cuentan las historias sean reales, pero a la vez pueden ser recreados. Los personajes pertenecen a lo que ha ocurrido pero los acontecimientos reconstruidos ya no se fijan a una realidad sino a múltiples puntos de vista de la realidad. Son personajes y acontecimientos “claves”, “típicos”, constituidos mediante el proceso de amasar la realidad, darle una nueva forma según el contenido descubierto17. Estos relatos son condensaciones y recreaciones del acontecer –en este caso de la coyuntura de la protesta social del año 2011– y expresan iniciativas, formas de pensar y actitudes de miles de jóvenes universitarios en Colombia. El propósito es entonces brindarle voz a una mayoría que repercute en las formas de vivir y que ha sido expresada por referentes típicos. Es por esta razón que ninguna vida individual, ningún personaje contiene todo lo necesario; se hace necesario reinventarlos, completar su esencia y realidad, imputándole las acciones de los hechos.

Por último, se busca profundizar en nuevas formas de movilización y protesta, las cuales están caracterizadas por el rechazo a la violencia y las formas de manifestación poco propositivas. Los estudiantes universitarios que se movilizan en el año 2011 en Colombia implementan nuevas acciones colectivas entre las que se destacan los carnavales, las maratones de besos, abrazos y desnudos como alternativas para acercar a la población ajena a la causa estudiantil de echar abajo el proyecto gubernamental de reforma a la educación superior, y así convertir la manifestación en una ruptura de la cotidianidad a partir de la inclusión lúdica y cultural y no desde una topología de violencia y temor.

Este análisis ha sido posible con el apoyo de la Vicerrectoría de Investigación y Extensión de la Universidad Industrial de Santander por medio de la realización de la investigación titulada ¿Colombia indignada? Estudiantes y movilización social por la educación superior (2011-2012), código 1761, dirigida por el profesor Álvaro Acevedo Tarazona. Igualmente, en el marco de dos investigaciones más que dan continuidad a esta obra: Estado de excepción, conspiración y represión en Bucaramanga, financiada por la VIE-UIS, código 2400, y El ocaso de la utopía antisistémica: el conflicto, la universidad y la apuesta por la paz en Colombia, financiada por Minciencias y la UIS, código 8262. Su realización ha estado a cargo del Grupo de Investigación Políticas, Sociabilidades y Representaciones Histórico-Educativas (PSORHE), en particular por el historiador Andrés Correa Lugos, y del Grupo de Investigación en Población, Ambiente y Desarrollo (G-PAD), en particular por la profesora Raquel Méndez Villamizar, el profesor Héctor Mauricio Rojas Betancur y la trabajadora social Johana Linares García. Sea el momento de agradecer a las personas que accedieron a contar sus experiencias en la Mane. También se reconoce un especial agradecimiento a Gimena Gutiérrez Martínez y Yuly Andrea Mejía Jerez por su valiosa colaboración en el proceso final del libro.

1 BLOCH, Marc. Apología para la historia. Madrid: Fondo de Cultura Económica, 1996, p. 38.

2 CAMUS, Albert. El hombre rebelde. Buenos Aires: Losada, 1978, p. 17.

3 Ibíd., p. 17.

4 El historiador de las ciencias Geoffrey Barraclough sostiene la tesis de que los cambios sustanciales de la historia contemporánea son producto de los cambios en los ámbitos de la ciencia y la tecnología. Con la revolución científica acaecida entre los años de 1865 y 1914 es posible dinamizar las coyunturas políticas y sociales, lo cual permite acortar las distancias, disminuir las tasas de mortalidad y abrir el camino para pensar en un proyecto primigenio de globalización. BARRACLOUGH, Geoffrey. Introducción a la historia contemporánea. Madrid: Gredos, 1965, pp. 54-79.

5 BERMAN, Marshall. Todo lo sólido se desvanece en el aire. Buenos Aires: Siglo XXI, 1988, p. 97.

6 DELEUZE, Gilles. Derrames. Entre el capitalismo y la esquizofrenia. Buenos Aires: Cactus, 2005, p. 34.

7 Para Deleuze, la masa es la escapatoria de los actores sociales en una sociedad esquizofrénica. La masa mimetiza los caracteres paranoicos de los sujetos. La posición de la masa es “yo estaré en la masa, no me separaré de ella, estaré en el corazón de la masa”. La masa revela las intenciones personales del sujeto deseante. DELEUZE, Op. cit., p. 169.

8 Milénico: traducción castellana de la palabra Millennial que corresponde a la cohorte generacional definida entre los años de 1980 y 2000.

9 ANDERSEN, Kurt. The protester. En: Time Magazine. Diciembre 14 de 2011. [En línea]. Recuperado en 2016-12-05. Disponible en: http://content.time.com/time/specials/packages/article/0,28804,2101745_2102132,00.html.

10 Gadget: dispositivo tecnológico de función única que usa como conexión el acceso a la Internet. La palabra viene del francés gâchette que se traduce como mecanismo de cerradura, o de gagée que significa herramienta. Jacques Lacan usa el término gadget para referirse a las mercancías de consumo que son producidas como “deseos”. Para Lacan los objetos no son los únicos gadgets que existen, sino que se asiste a tiempos en que los “sujetos” se convierten en mercaderías. Para el psicoanalista se asiste a una pérdida de la humanidad, pues no se construyen lazos sociales sino procesos de intercambio. LACAN, Jacques. Seminario XVII 1969-1970. Buenos Aires: Paidós, 1992.

11 Se refiere a la tendencia o “tema del momento”. Puede ser una palabra o frase que es usada por las personas en el momento concreto. El término es acuñado por Twitter en el año 2010. Reconocer los trending topics es simple, pues son en su mayoría etiquetas (hashtags) precedidas por la almohadilla (#). Las tendencias han estado en medio de la controversia por parte de los manifestantes y activistas digitales, pues hechos como las protestas y movilizaciones en España del 15-M de 2011 son objetos de crítica a Twitter por censurar tales hashtags haciendo que pierdan visibilidad y sea imposible seguir su rastro en las redes sociales.

12 ÁLVAREZ, Arturo y ÁLVAREZ, Virginia. Métodos en la investigación educativa. México: Universidad Pedagógica Nacional, 2003, p. 9.

13 MARTÍNEZ, Miguel. El método etnográfico de investigación. Caracas: 2005, p. 7. [En línea]. Recuperado en 2015-07-20. Disponible en: http://investigacionypostgrado.uneg.edu.ve/intranetcgip/documentos/225000/225000archivo00002.pdf.

14 Ibíd.

15 Ibíd.

16 RODRÍGUEZ, Gregorio, et. al. Metodología de la investigación cualitativa. Granada: Ediciones Aljibe, 1996.

17 VASCO, Luis Guillermo. Algunas notas sobre Molano y el mito. En: Luguiva. [En línea]. Recuperado en 2017-07-15. Disponible en: http://www.luguiva.net/articulos/detalle.aspx?id=78.

Consideraciones teóricas y acontecimentales previas

¿Cómo hacer un relato de una coyuntura actual en una sociedad que conoce casi en la instantaneidad del momento lo que está pasando? Puede que esta sea una de las preguntas que con mayor frecuencia se hagan los investigadores sociales, y no solo ellos sino cualquier persona o profesional que tenga como trabajo divulgar información o contenidos al público. No es un panorama fácil de explicar, en parte, porque los acontecimientos y la apertura informativa hacen posible que todo el mundo sepa lo que quiere saber in factum a través de las redes sociales. Por defecto, este es el mayor problema que tiene todo el sistema informativo: acercar una infinidad de posibilidades siempre y cuando se quiera saber y se esté dispuesto a pagar por ello. La totalización de esta lógica afecta a tal punto los acontecimientos que el efecto se constituye en causa.

La ilusión de la instantaneidad y la jerarquía de los contenidos “independientes” al momento de elegir lo que es y no es coyuntural en el devenir como actores sociales aislados en el mismo planeta lleva a una situación alarmante en materia política, económica, social y ambiental. La paradoja de la situación actual fue delineada por el físico teórico Stephen Hawking: la humanidad se encuentra en un momento en que es capaz de destruir en su totalidad el planeta con todo lo que está contenido en el mismo, pero no tiene la capacidad tecnológica y científica para huir de él18. En otras palabras, estamos atrapados, o se rectifica lo hecho, o simplemente esperamos la destrucción. Por tal razón, un relato histórico o la divulgación de un contenido o cualquier otra actividad que se dedique a dar forma a lo que pasa, debe tener presente el momento crucial en el que se vive y cualquier coyuntura o relato debe llevar a la concientización no de un problema puntual, sino de un engranaje glocal que pueda posibilitar la salvación o destrucción del planeta. Con esta perspectiva, cualquier forma de realizar un análisis y contenido de lo que está ocurriendo toma un rumbo distinto cada vez que se vuelve al mismo punto, sobre todo porque se descubren nexos no pensados anteriormente. Esta nueva lógica de situar la comprensión del acontecimiento depende de la concientización del acontecer y, sobre todo, del acontecer inmediato, lo que a su vez implica una responsabilidad sobre el futuro que se construye inmediatamente.

El recorrido que se presenta a continuación tendrá en cuenta nociones importantes para la comprensión de lo denominado la instantaneidad del momento. Entre las nociones que tienen mayor importancia está un acercamiento a la historia del tiempo presente como disciplina de la historia, integrada como una historia del acontecimiento (historique des événements) y el porvenir. De otra parte, se hace una profundización del concepto movimiento social desde el enfoque de los nuevos movimientos sociales, tanto en su contenido como en su forma de actuar, además de una mención a las nuevas formas de acción colectiva que integran factores virtuales en lo que se denomina enjambre; también se realiza una reflexión a la integración de los nuevos actores sociales en la era de la psicopolítica y, por último, un análisis de la lógica del procomún que orienta las movilizaciones del siglo XXI.

§ Historia del tiempo presente: acontecimiento y porvenir

Analizar las movilizaciones del año 2011 se relaciona directamente con una historia del tiempo presente. Dicho enfoque está en proceso de formación, en parte, porque requiere entender el porvenir inmediato. Caracterizar la historia del tiempo presente es el resultado de la confluencia de la globalización con el sentimiento de urgencia de un mundo donde las tecnologías de la información y de la comunicación hacen de la inmediatez y de la fugacidad del acontecimiento un resultado difícil de percibir en su complejidad19. Por esta razón, al intentar acercar un estudio de historia presente a la coyuntura de las movilizaciones estudiantiles es necesario tener en cuenta el precedente globalizado desde el cual se hace posible la confluencia de realidades, necesidades y desencantos.

Para la historia del tiempo presente, el registro del acontecimiento y su implicación sobre el presente inmediato es fundamental para la comprensión del mismo. Si bien, el acontecimiento es definible de una manera coloquial, es necesario preguntarse desde una perspectiva teórica: ¿qué es el acontecimiento? Entre los mejores acercamientos al concepto se encuentra el propuesto por el filósofo Slavoj Žižek:

Un acontecimiento es por sí mismo algo traumático, que sucede de repente y que interrumpe el curso normal de las cosas; un acontecimiento no solo reconfigura el presente y habilita un futuro impensable sin él, sino que redimensiona y articula el pasado que lo precede, para que pueda abrazarlo, encajarlo y explicarlo20.

El acontecimiento no es un ente indescriptible e imperceptible, es una forma de organizar lo real, de dar forma al presente y al futuro, pero más importante aún, de legitimar el acontecer. Es por esta razón, que hacer historia del tiempo presente es una necesidad en nuestros días. La cuestión del tiempo y el desplazamiento entre lo “real” y lo virtual hace indispensable un análisis que vaya más allá de la descripción informativa de los medios masivos de comunicación y explique el popurrí de lo imaginario, lo simbólico y la materialidad.

Las dimensiones que limitan los acontecimientos tal y como se conocen, están divididas entre lo imaginario que es la experiencia directa vivida de la realidad, pero intercalada con los sueños y pesadillas. La dimensión simbólica es el orden invisible que estructura la experiencia de la realidad, es la compleja red de normas que hace posible ver lo que se ve. Y lo real no es la realidad externa sino algo que no puede ser directamente simbolizado. Un encuentro con la realidad de lo real sería tan violento que desestabilizaría el universo entero de significados21.

Esta tríada configura el universo sobre el cual los actores sociales están sobreexpuestos. La presente investigación solo se mueve desde la dimensión simbólica y su proyección y contraproyección en lo imaginario. Se habla de contraproyección porque las movilizaciones sociales, en su mayoría, expresan un sentimiento en contra de las estructuras que hacen posible las sociabilidades establecidas y, además, porque en la gran mayoría de las movilizaciones no está en juego simplemente el desarrollo de lo político y el descontento popular, sino una compleja interrelación de los actores sociales en la proyección del porvenir.

La construcción del porvenir es un tema novedoso en los movimientos sociales, en parte, porque solo hasta hace poco los teóricos sociales se aventuran a hablar del mismo. Existe una variable determinante que es transversal a todos los movimientos, sean o no nuevos, y es que surgen como una medida necesaria frente a una coyuntura que en, primer lugar, pone en jaque la proyección del futuro de cada uno de los actores sociales:

Lo que define al porvenir es el evento, el evento da un contenido al futuro, sobreviene. En este sentido puede suscitar todas las esperanzas o todos los temores […] El porvenir depende de los otros. Es una expresión de solidaridad esencial que une al individuo y la sociedad. Un individuo absolutamente solo es tan inimaginable como insoportable un futuro sin porvenir. Pero, por el contrario, subordinar al individuo a las normas colectivas y su vida futura al porvenir de un grupo entra en el ámbito del totalitarismo. El glorioso porvenir otrora prometido a las masas populares era una idea contradictoria e imposible puesto que implicaba el detenimiento del tiempo y, por consiguiente, la desaparición del futuro, y del individuo22.

Las personas sienten la necesidad de organizarse en movimientos sociales y mostrar su preocupación por un tema que les afecta a ellos mismos o a las personas de su entorno. En la coyuntura de la Mane 2011, estudiantes universitarios de Colombia junto a la población interesada en la educación superior salen a marchar por el temor que representa la pérdida de la calidad de la educación y, sobre todo, ante un imaginario en proyección: las universidades con ánimo de lucro.

§ Acciones colectivas, neomovimientos sociales y el enjambre

Un tema central que configura la investigación es el referente a las acciones colectivas: ¿cuál es la diferencia entre una acción colectiva, un movimiento e incluso, una movilización? Por momentos, las diferencias parecen desdibujarse, pero una clara y sencilla conceptualización puede ser suficiente para aclarar el panorama.

Las acciones colectivas son trabajadas ampliamente por Alberto Melucci. El teórico social explora los ejercicios colectivos partiendo de la dinámica relacional de los actores sociales en un sistema de oportunidades y restricciones. La acción colectiva existe cuando los individuos actúan conjuntamente y crean acciones que irrumpen la cotidianidad organizativamente. Cuando se habla de organizativamente se refiere a términos cognoscitivos, afectivos y relacionales en el campo de las posibilidades y límites que perciben los actores23.

Si bien, la acción colectiva es una dinámica de naturaleza relacional entre actores sociales, la unidad no es una necesidad implícita para que esta se produzca. De hecho, si llegase a existir unidad, esta debe ser abordada como resultado y no como punto de partida:

Entonces los actores colectivos producen la acción colectiva, porque son capaces de definirse a sí mismos y al campo de su acción (relaciones con otros actores, disponibilidad de recursos, oportunidades, limitaciones). La definición que construye el actor no es lineal, sino que es producida por interacción y negociaciones, y algunas veces por diferentes orientaciones opuestas. Los individuos crean un “nosotros” colectivo (más o menos estable e integrado con el tipo de acción) compartiendo tres tipos de orientaciones: aquellas relacionadas con los fines de la acción; aquellas relacionadas con los medios, y finalmente aquellas referidas a las relaciones con el ambiente24.

La orientación de los fines es el sentido que tiene la acción colectiva para el actor. En el caso de las movilizaciones del año 2011 el sentido que tiene es la defensa de una educación superior de calidad para todos los estudiantes del país y el rechazo tajante a una privatización escalada con inversiones de capital privado tanto en la financiación de las universidades como en la apertura de holdings educativos25.

La orientación de los medios se refiere a las posibilidades y límites de la acción. La posibilidad del estudiantado como movimiento en su inicio es mínima. En parte, por relacionar la movilización con términos peyorativos como “mamertismo” y por ser considerada por la población como una pérdida de tiempo. Transformar esa imagen es el trabajo del estudiantado que hace parte de la movilización, lo cual es posible con una renovación tanto del discurso como de las formas de operar en la protesta y la resistencia. Los estudiantes, además, reconocen en el diálogo de lo político la alternativa ideal para establecer un punto de negociación, aun cuando este puede ser también un límite. Los límites de la acción colectiva también son rediseñados en la movilización de los estudiantes al reconocer que, si bien ganan terreno entre la comunidad y en las calles, en la esfera política, es decir, en el Congreso y el Senado, donde se discute la reforma educativa, la mayoría de la bancada apoya esta. El reconocimiento de este límite determina un papel fundamental en la organización estudiantil.

La orientación del ambiente depende del campo en que se lleva a cabo la acción. Tomando como ejemplo las movilizaciones estudiantiles, las posibilidades de aglutinación y divulgación dentro de los campus universitarios con foros, marchas internas y asambleas, y fuera de los campus con marchas y plantones, en su mayoría no son violentas. Aunado a ello, aparece un tercer componente que hace de esta movilización algo innovador: el uso de las herramientas de las tecnologías de la información y de la comunicación para abarcar un target poblacional mayor26. Por este proceder, las movilizaciones de los estudiantes en Colombia comparten similitudes con las realizadas por los estudiantes en Chile o Puerto Rico, creando una red de indignación y movilización que visibiliza la coyuntura como un problema glocal.

Estas tres categorías (fines, medios y ambiente) generan tensiones dentro de la misma acción colectiva, pues no son proporcionales y hacen logísticamente imposible cualquier sentido utópico de unidad. En razón de esto, los actores sociales renegocian los aspectos de su función a la par que se realiza la acción colectiva como un cuerpo aparentemente uniforme:

Cuando se observan fenómenos colectivos, generalmente la atención se enfoca sobre los aspectos más visibles de la acción (acontecimiento, movilizaciones, actos de violencia) sin embargo, estos aspectos visibles son manifestaciones de un proceso que opera en el nivel analítico que acabo de delinear, y que es normalmente ignorado. Los eventos pueden ocurrir, y seguir ocurriendo, porque el actor colectivo logra realizar una cierta integración entre las orientaciones señaladas27.

En términos fenomenológicos, el carácter de una acción colectiva consiste en la pluralidad de dimensiones analíticas. La presencia de varios actores colectivos que comparten espacio y tiempo arroja una variedad de posiciones frente a la coyuntura de quienes están a favor y de quienes están en contra, de lo valeroso y lo no tan digno.

Para lograr analizar la pluralidad de las acciones colectivas, se debe primero categorizar qué tipo de fenómeno colectivo se está investigando. Alberto Melucci establece tres tipos de fenómenos colectivos: 1) algunos fenómenos colectivos implican solidaridad, es decir, la capacidad de reconocerse a sí mismos y ser parte de una unidad social; 2) otros tienen el carácter de agregación, esto es, se les puede reducir al nivel de individuo sin que pierdan sus características y pueden orientarse hacia el exterior más que al interior del grupo donde se necesita una acción colectiva reactiva; 3) están los que implican la presencia de un conflicto, lo cual involucra la oposición entre dos (o más) actores que compiten por los mismos recursos.

La movilización estudiantil del año 2011 en Colombia recoge características de la acción colectiva por agregación. La urgencia de movilizarse ante el temor de una reforma a la educación superior agrega individuos tanto de organizaciones estudiantiles como de personas que nunca han hecho parte de una movilización. Son estudiantes que no necesitan ser descritos como una masa; de hecho, algunos buscan desde acciones anónimas ganar protagonismo y no pretenden crear un movimiento fuerte y consolidado entre ellos, más bien, desean mostrar al exterior una unidad compuesta de perspectivas en torno a un fin: salvar la educación superior. Solo es hasta la segunda mitad del año 2011 que se crea la Mane y la movilización de los estudiantes adquiere la perspectiva de un fenómeno colectivo que intenta ser solidario.

En esta perspectiva teórica cabe entonces plantear estos interrogantes a propósito de la acción colectiva de la Mane: ¿cómo construyen los actores su acción de tal modo que se pueda observar un comportamiento aparentemente unificado?, ¿qué facilita o impide la integración de diferentes orientaciones?, ¿cómo ocurre el involucramiento o deserción de los individuos, si tiene en cuenta la pluralidad de significados de la movilización?28.

Para Melucci, el término “movimiento social” cae en una vulgarización mediática al ser usado indiscriminadamente frente a cualquier acción colectiva. En consecuencia, el autor propone unas pautas para delimitar lo que es un movimiento social:

La definición analítica de movimiento social que propongo abarca tres dimensiones. Ante todo, la acción colectiva debe contener solidaridad, es decir, la capacidad de los actores de reconocerse y de ser reconocidos como parte de una unidad social. La segunda característica es la presencia del conflicto, es decir, una situación en la cual dos adversarios se encuentran en oposición sobre un objeto común, en un campo disputado por ambos. El conflicto, de hecho, presupone adversarios que luchan por algo que reconocen está de por medio entre ellos, y por lo que se hacen precisamente adversarios. La tercera dimensión es la ruptura de los límites de compatibilidad. Significa la acción que sobrepasa el rango de variación que un sistema puede tolerar, sin cambiar su estructura. Los sistemas de relaciones sociales pueden ser muchos y variados, pero lo importante aquí es la existencia de un comportamiento que rompe las fronteras de la compatibilidad, por lo tanto, forzando al sistema a ir más allá del rango de variaciones que su estructura puede tolerar29.

La movilización estudiantil del año 2011 en Colombia solo es un movimiento social cuando aparece la figura de la Mane. Sin embargo, la principal duda para considerar esta acción colectiva como un movimiento es si contiene el principio de solidaridad al que se refiere Melucci. Si bien los estudiantes son reconocidos como una unidad, no es por la movilización en sí misma en el año 2011 sino por el acumulado histórico de las protestas desde la segunda mitad del siglo XX, particularmente aquellas de los años sesenta y setenta30. Esta unidad como target poblacional, es notablemente distinta a la del estudiantado del siglo XXI. Por esto, para el caso de la Mane, es conveniente acudir con cautela al principio de solidaridad. Las otras dos características de esta movilización estudiantil del año 2011 cumplen con lo planteado por Melucci: existe un conflicto por un interés en común que es la educación; este interés enfrenta tanto a la bancada del gobierno –con sus ministerios y medios de comunicación aliados– como al sector del estudiantado conformado por profesores, rectores y otros sectores asociados a la coyuntura. Así mismo, aparece la ruptura de los límites de compatibilidad de las acciones colectivas como un fenómeno que rompe con la monotonía de la cotidianidad hasta ejercer una presión mediática que lleva al gobierno a reversar decisiones sobre la marcha.

Si bien Melucci delimita la definición de movimiento social, el acontecer de los movimientos sociales representa todo un universo de posibilidades, de manera que para el caso de la Mane sea necesario acudir a un filtro cronológico. En razón de esto es necesario tomar como referente la noción de neomovimientos sociales, los cuales aparecen en la década de 1980 en países de Europa y posteriormente se expanden a Latinoamérica con ejemplos muy cercanos como la movilización estudiantil universitaria que encabeza la denominada Séptima Papeleta en Colombia. Estas nuevas formas de movilización omiten el relato antisistémico y la noción de revolución para realinearse con las fuerzas de lo político del Estado.

La Séptima Papeleta es un movimiento estudiantil que logra ejercer toda una presión mediática y social en las elecciones del 11 de marzo de 1990. Esta movilización propone incluir una iniciativa en la que se solicita una reforma constitucional en Colombia. Si bien la papeleta no es contada por la Registraduría Nacional, representa un precedente para que sea reconocida la voluntad popular de un cambio en la Constitución a partir de una Asamblea Constituyente. Entre las acciones colectivas y protestas que promueven los estudiantes, es muy significativa la conocida Marcha del Silencio que propone emular la realizada en Bogotá por Jorge Eliécer Gaitán el 7 de febrero de 1948 que denunciaría la creciente violencia política en el país.

La Marcha del Silencio de los estudiantes se realiza el 25 de agosto de 1989. Unos veinticinco mil estudiantes se vuelcan sobre las calles de Bogotá para protestar contra la creciente violencia política en el país. El eje central de la misma es un pacto cívico que rechaza de manera tajante las acciones de narcotraficantes y grupos guerrilleros, los cuales siembran terror en calles y campos de Colombia con aparatos explosivos. El movimiento estudiantil de la Séptima Papeleta es el primero en reconocer como vitales a los medios de comunicación en el desarrollo de lo político en Colombia. Además de unir a las universidades tanto públicas como privadas en torno a un objetivo común, esta movilización marca un hito en el país porque está respaldada por un márquetin nunca antes visto en el país. Más que un movimiento social con intereses políticos, los estudiantes recalcan la importancia de un pacto ciudadano lleno de esperanza con el eslogan “todavía podemos salvar a Colombia”. Este referente del procomún es reavivado, dos décadas después, por la movilización de los estudiantes en contra de la reforma a la Ley 30 de Educación Superior en Colombia31.

Esta nueva forma de organización consiste en un pasaje a lo político que no implica instituciones de representación y no acepta funciones delegadas. Pero con esto no se niega a lo político, como en los años sesenta y setenta en los que sectores estudiantiles consideran la lucha revolucionaria como única alternativa para alcanzar una sociedad más justa e igualitaria. En la Séptima Papeleta, en cambio, durante la movilización se reclama una reapropiación para la comunidad. Un proceso, a su vez, que no es solo organizativo sino también pragmático32.

Se habla en términos de lo político para el movimiento de la Séptima Papeleta en el año de 1990, porque este tipo de neomovimientos sociales reconocen en el diálogo una alternativa fundamental para ganar credibilidad y aceptación; rechazan tajantemente las alianzas y estrategias políticas tradicionales que dictaminan el curso clientelista de la política colombiana. La movilización de los estudiantes en el año 2011 reconoce la legitimidad del Estado en el marco de la necesidad de una reforma a la educación superior y rechaza las alianzas políticas tradicionales que no dan las garantías en el Congreso de la República para un debate en el que ganen las ideas; maquinarias políticas como la coalición presidencial y otras alianzas hacen que cualquier reforma o intencionalidad de reforma educativa sea aprobada antes de ser discutida. Por otra parte, los estudiantes no tienen un capital económico que represente un contrapeso al que tiene el Estado, solo son partícipes en la medida que la decisión no sea tomada en el juego político de las alianzas políticas tradicionales cuando se trata de votar un proyecto de ley.

Otra de las particularidades de los neomovimientos sociales es la innovación en los signos y relatos y en las formas de protestar y resistirse. En este caso, la fluida relación y unidad de criterio y acción entre problemas globales –como el extractivismo, el deterioro del medio ambiente o la creciente desigualdad económica en el mundo– y luchas locales expresan la necesidad de cambio para la supervivencia del sistema:

[…] Se trata de una actividad en la que los sujetos sociales refundan la democracia. Hoy no solamente lo democrático, sino también lo político se construyen en y desde las luchas sociales. El sistema político del capitalismo maduro es inerte, su dinámica es parasitaria, su norma es económica. El capitalismo maduro ya no conoce la política democrática, ignora la expresión del interés general, o mejor, la presenta bajo la forma de la generalización burocrática, de la globalidad necesaria y absoluta […] las luchas, por el contrario, muestran un renacimiento de lo político como poder constituyente, como síntesis entre actividad de los sujetos y nuevos objetivos sociales33.

Las movilizaciones sociales estudiantiles no solo sirven como medida pulsional para evidenciar el descontento de una generación, también son reutilizadas como estrategia política publicitaria para reavivar debates y para que los políticos ganen capital con miras hacia las siguientes elecciones. En las movilizaciones del año 2011, por ejemplo, los estudiantes reciben apoyo de los partidos que hacen oposición al gobierno del presidente Juan Manuel Santos Calderón, entre ellos el Polo Democrático Alternativo y algunos miembros del Partido Verde.

El modus operandi de las movilizaciones del año 2011 se enmarca en la lógica de los neomovimientos sociales, similar al de la Séptima Papeleta entre los años de 1989 y 1991. Si bien desde el año de 1991 hasta el año 2011 se produce toda una evolución acontecimental de apoyo o rechazo al neoliberalismo como alternativa política en Colombia, dicho modelo no es solución o se constituye en un paliativo de las acentuadas desigualdades económicas y sociales en Colombia y el mundo, lo cual conlleva a manifestaciones en distintas latitudes del globo.

Parte del éxito de las movilizaciones estudiantiles en los años de 1991 y 2011 es el uso de estrategias de divulgación. Las cuñas publicitarias en la radio y la televisión son la estrategia del movimiento de la Séptima Papeleta, aunque en aquella oportunidad también existe un apoyo de ciertos sectores del oficialismo político ante la intencionalidad de los estudiantes. En el caso de la movilización de la Mane del año 2011 se recurre a una estrategia divulgativa que enfrenta la institucionalidad del gobierno con los medios de comunicación tradicionales y ciertos medios desmonopolizados y alternativos que usan los estudiantes, como son las plataformas de la Internet, entre las que se cuentan YouTube, los blogs y redes sociales como Twitter y Facebook. Tanto en el movimiento de la Séptima Papeleta como en el de la Mane los estudiantes son conscientes de la necesidad de exportar las necesidades y temores no solo al target universitario sino a la opinión pública para buscar apoyo de otros sectores, y en los dos casos los estudiantes son capaces de unir en un mismo diálogo y propósito a universidades privadas y públicas.

El uso de las herramientas de las tecnologías de la información y de la comunicación y la búsqueda de apoyo de las movilizaciones estudiantiles en sectores tradicionalmente ajenos a la problemática de la educación superior remiten a la noción de enjambre, como ya se ha indicado, un nuevo aspecto de la acción social colectiva que aún está por exponerse. El filósofo surcoreano Byung-Chul Han, retoma a McLuhan para reconstruir en El enjambre una preocupación por el comportamiento de las sociedades contemporáneas embotadas, sordas, ciegas y mudas ante el encuentro con la tecnología34. En este momento crítico de la sociedad se produce un crisol de movilizaciones, las cuales más que actuar como las masas entre los decenios de 1940 a 1970, parecen enjambres. Una nueva etapa en la cual, además, no es solo evidencia de un cambio en el modus operandi de las movilizaciones sino de un cambio en la sociedad. Han retoma el postulado de Gustave Le Bon en el análisis de las coyunturas de su contemporaneidad quien consideró que “la era que entramos, será, verdaderamente, la era de las masas”35. Los acontecimientos presenciados por Le Bon, en los que las masas crean sindicatos en el naciente siglo XX, lo llevan a hacer una lectura fatalista del porvenir, en el que la masa suplanta las soberanías y destruye la cultura36. Lejos de ver un futuro distópico, lo que Le Bon percibe es la germinación de una crisis insostenible debido a las precondiciones políticas, culturales y educativas en las cuales se origina el sentimiento de las masas. La revolución digital abre una era del enjambre digital:

Los enjambres digitales no son masas, no tienen características unificadoras; todos son individuos aislados. Las movilizaciones actuales son concentraciones causales de actores sociales, los individuos no desarrollan ningún nosotros, por tal razón no tiene voz, sino una multiplicidad de voces, inclusive apuntando a objetivos distintos, con filtración e inconsistencia en los contenidos. Por eso es percibido como un ruido37.

Han sostiene que los modelos colectivos de estos movimientos son fugaces e inestables, además, actúan de manera carnavalesca, lúdica, pero muy poco vinculante; por tal razón, no desarrollan una energía política38. Las acciones colectivas de los enjambres funcionan más como shitstorms39 o aluviones de críticas insultantes en los que no se cuestionan las relaciones de poder, sino que se recurre al escándalo mediático como mecanismo para ejercer presión.

Estas nuevas formas de movilización son resultantes de dos fuerzas contrapuestas que crea la globalización. Está el orden capitalista de dominación, mejor conocido como imperio global, y la multitud como una composición de singularidades que se comunican entre sí a través de la red. Este postulado es propuesto primeramente por Hardt y Negri con base en el modelo de la lucha de clases40. La clase multitud es la única que tiene la capacidad de realizar acciones en común.

Ahora bien, para Han no es necesario reavivar la lucha de clases para tematizar el antagonismo entre dos fuerzas. De hecho, la multitud es la única clase que existe, a ella pertenecen todos los que hacen parte del sistema capitalista. La creencia de que existe una clase con ínfulas oligárquicas que explota a los demás debe ser estudiada con mayor cuidado; hoy, cada quien se explota a sí mismo. Hoy todos somos explotadores y multitud; por demás, una connotación y dinámica capaz de producir mayor capital que cualquier forma anterior de capitalismo: hoy es posible una explotación sin dominación41. Uno de los principales factores que influyen en esta lógica de autoexplotación y la hace posible, es la transición de seres sociales a sujetos neoliberales en los que el egoísmo y la atomización destruyen cualquier capacidad de pensar en términos de “nosotros”. La erosión de lo comunitario hace cada vez menos probable una acción común, esto explica la continua intención del sistema de finalizar con cualquier representación de lo público –como es la educación superior– bajo la excusa de optimizar y generar rentabilidades.

En el estado social de esta contemporaneidad existe una lógica de autodominación: el máximo aporte de la democracia neoliberal es convertir a cada uno en su propio explotador, pequeños hologramas de capitalistas que buscan generar rentabilidad y capitalizar lo que tienen a mano, en este caso, el sí-mismo. La capitalización del sí-mismo es posible por la educación, esta se convierte en una estrategia de mercadotecnia para autopromocionarse. Los capitales económicos colosales invierten en universidades, programas educativos y cursos de corta y mediana duración como alternativa de “democratizar” el acceso a la capitalización.

Ahora bien, en una sociedad con una creciente desigualdad social es necesario crear alternativas para que las personas que no pueden acceder a la capitalización, puedan hacerlo, no por un espíritu altruista sino por la codicia de capitalizar al máximo, es por ello que aparecen cuotas de endeudamiento flexibles para créditos educativos. La propuesta del sistema capitalista nunca ha sido tan avasalladora como hoy, hasta el punto de generar capital con la idea de futuro; es un capitalismo que está por encima de la misma tensión temporal. Para lograrlo aparecen holdings educativos que venden una educación insuficiente a cuotas, en los que el “cliente” debe cursar para aspirar a un trabajo mal remunerado. Esta educación no concibe ningún tipo de investigación e incrementa la desigualdad educativa.

La desigualdad educativa es el apartheid del siglo XXI, limita la investigación y el desarrollo científico en zonas específicas; desde los países del “primer mundo” se domina no solo la industria, la economía y la geopolítica, sino el conocimiento y los avances tecnológicos. Espacios como Silicon Valley se convierten en la meca de la civilización del siglo XXI, mientras que la investigación en otras latitudes es recortada y condenada a reproducir lo investigado en una ilusión de innovación.

§ Nuevos actores sociales y psicopolítica

Si se habla de una nueva construcción en los movimientos sociales, de una nueva forma de protestas y de organizarse, es posible que también haya una nueva formación de actores sociales. Las innovaciones tecnológicas del siglo XXI modifican al individuo mismo. Vilém Flusser plantea un panorama futurista de los individuos del siglo XXI:

El hombre con sus aparatos digitales vive ya hoy en la “vida sin cosas” de mañana. Es característica de esta nueva vida la atrofia de las manos. Los aparatos digitales hacen que las manos se atrofien. Pero ellos traen también la liberación del peso de la materia. El hombre del futuro ya no necesitará manos. No tendrá que tratar y elaborar porque ya no tendrá que habérselas con cosas materiales, sino solo con informaciones ajenas a la condición de cosas. En el lugar de las manos se introducen los dedos. El nuevo hombre teclea en lugar de actuar. Él solamente querrá jugar y disfrutar. Lo que caracterizará su vida será la musa y no el trabajo. El hombre del futuro no cósico no será un trabajador, un homo faber, sino que será el jugador, el homo ludens42.

Más que una descripción de cómo la cultura de los medios modifica a los seres humanos, el trabajo de Flusser representa toda una radiografía de la generación milénica y sus formas de operar frente a la virtualidad. Al ser humano de Flusser no le interesa actuar, solo quiere jugar y cuando debe hacerlo confunde actuar con teclear. La protesta del siglo XXI tiene doble faceta, por un lado, está la clásica protesta que se toma las calles y muestra la inconformidad con arengas, pancartas y, en algunos casos, enfrentamientos con la fuerza pública. Pero también ejerce presión por medio de iniciativas virtuales como los ataques cibernéticos a páginas gubernamentales ocasionados en la última década y extendidos por todo el mundo. En Colombia estos ataques son visibilizados a partir del año 2011. Actualmente los embates contra el oficialismo no se dan en su mayoría contra instalaciones físicas sino contra portales gubernamentales. Durante el año 2011 es muy común encontrar despliegues en los medios de información en los que se muestra de manera alarmante los ataques a portales institucionales y gubernamentales del Estado colombiano como el Departamento Administrativo de Seguridad (DAS), el Ministerio del Interior o la cuenta en Twitter del presidente Juan Manuel Santos Calderón. Grupos como Anonymous43 con ataques de denegación de servicios (DDoS) saturan los servidores44 y es así como ponen en jaque las instituciones del Estado.

Si el año 2011 se configura como un nodo de protestas y movilizaciones es conveniente preguntarse: ¿de dónde sale tanto malestar? Nuevamente, el filósofo Han reflexiona al respecto en Psicopolítica. El problema radica en la ilusión de libertad en contradicción con ideas que comercializan la ilusión en los sujetos de creerse libres para replantearse y reinventarse permanentemente. Esta libertad da lugar a coacciones45 en una sociedad que flexibiliza los deberes y no considera límites, paradójicamente termina aprisionando al sujeto en una jaula de libertad.

Este hiperbolismo de la libertad convierte a los sujetos neoliberales en empresarios del sí mismo, con una obligación continua a triunfar o por lo menos a sobresalir. Tal imposición lleva a que los individuos sean incapaces de relacionarse con otros individuos empresarios del sí mismo. El aislamiento al que se está sometido por la necesidad de autosuperarse y superar a los demás conduce a una ausencia de amistad o relación alguna. Un contrasentido porque ser libre significa estar con amigos46. En otras palabras, la libertad es una cuestión plenamente relacional. No obstante, la obligación de triunfar y consumir explota incluso el concepto de libertad y a todas aquellas prácticas libres como las emociones, el juego y la comunicación.

Esta conceptualización de libertad no es novedosa. De hecho, Karl Marx afirma que “solamente dentro de la comunidad con otros, todo individuo tiene los medios necesarios para desarrollar sus dotes en todos los sentidos; solamente dentro de la comunidad es posible, por tanto, la libertad personal”47. Ser libre es un desarrollo mutuo y esta reciprocidad solo es posible con el desarrollo de interacción política, económica y social.

El afán desaforado de éxitos y consumo auspiciado por la lógica neoliberal hace creer que cualquier forma de fracaso, tómese como ejemplo, la pobreza, el analfabetismo o la inseguridad, es culpa del mismo sujeto. Así mismo, la autoexplotación que esto trae afecta a todas las clases sociales en una sociedad supuestamente sin clases:

Quien fracasa en la sociedad neoliberal del rendimiento se hace a sí mismo responsable y se avergüenza, en lugar de poner en duda a la sociedad o al sistema. En esto consiste la especial inteligencia del régimen neoliberal. No deja que surja resistencia alguna contra el sistema. En el régimen de la explotación ajena, por el contrario, es posible que los explotados se solidaricen y juntos se alcen contra el explotador. Precisamente en esta lógica se basa la idea de Marx de la “dictadura del proletariado”. Sin embargo, esta lógica presupone relaciones de dominación represivas. En el régimen neoliberal de la autoexplotación uno dirige la agresión hacia sí mismo. Esta autoagresividad no convierte al explotado en revolucionario, sino en depresivo48.

Esto hace logísticamente imposible cualquier revolución social; no hay ningún “nosotros” político, por esta razón, no hay capacidad real para una acción común. Para el sistema neoliberal, los actores sociales son enfermos que deben sus fracasos o problemas a coyunturas personales.

Ahora bien, si existe todo un proceso de aislamiento y pérdida gradual de la libertad relacional de los actores posibles: ¿cómo se pueden explicar las movilizaciones del año 2011 en torno a un objetivo? Una de las razones posibles para explicarlas es el surgimiento de una idea lo suficientemente fuerte e innovadora para unir las personas y reavivar la esperanza de un futuro en común, y esta idea que se desarrolla y va de la mano con los neomovimientos sociales es el procomún.

§ El procomún

El concepto de lo común tiene su origen en las luchas sociales y culturales contra el orden capitalista. Christian Laval y Pierre Dardot analizan en Común, las manifestaciones sociales del siglo XXI con una variable transversal y alternativa al neoliberalismo, la lógica del procomún busca oponerse a la extensión de la propiedad privada en todas las esferas de la sociedad, de la cultura y de la vida49. El término común designa la emergencia de una forma nueva de oponerse al capitalismo, incluso de pensar su superación. Se trata también de dar la espalda al comunismo estatal. El Estado propietario de todos los medios de producción aniquila metódicamente el socialismo. Se trata, pues, para aquellos a quienes no satisface la libertad neoliberal, de abrir otro camino50.

El concepto se remonta al uso del término commons51, por parte de los movimientos altermundistas y ecologistas de la década de 1990, pero tiene un principal desarrollo en coyunturas latinoamericanas como las luchas por el agua en Cochabamba (Bolivia) y las campañas de organizaciones no gubernamentales para blindar el conocimiento como un bien del procomún.

La lucha por el procomún ha salido de la clandestinidad y su discurso antineoliberal retumba en las organizaciones transnacionales, como en el año 2009 en el Foro Social Mundial de Belem, en Brasil, cuando se conoce el Manifiesto por la recuperación de los bienes comunes:

La privatización y la mercantilización de los elementos vitales para la humanidad y para el planeta son más fuertes que nunca. Tras la explotación de los recursos naturales y del trabajo humano, este proceso se acelera y se extiende a los conocimientos, la cultura, la salud, la educación, las comunicaciones y el patrimonio genético. El bienestar de todos y el bienestar de la Tierra se sacrifican en aras del provecho financiero a corto plazo de algunos. Las consecuencias de este proceso son nefastas. Son visibles y conocidas por todos: […] empobrecimiento de la diversidad cultural, reducción del acceso al conocimiento y la educación mediante el establecimiento del sistema de propiedad intelectual sobre los conocimientos, impacto nefasto de la cultura consumista52.

Muy similar a las declaraciones del año 2009, son las realizadas por François Houtard durante el Foro Mundial de las Alternativas, evento al margen de Río+20. En este acercamiento, los bienes comunes no necesitan ser identificados uno por uno, sino que son reagrupados en una metacategoría como Bien Común; esta fórmula inspira los movimientos indianistas latinoamericanos y es una convergencia entre los movimientos sociales y políticos.

Las consideraciones teóricas y fenomenológicas previas sirven para encontrar nexos en los relatos utilizados durante las movilizaciones del año 2011. La necesidad de explicar una historia del tiempo presente, ampliamente cargada de neomovimientos sociales en países como Bolivia, Colombia, Chile o incluso del norte de África, sacude las entrañas del neoliberalismo, mientras nuevos actores sociales que son presionados por normas impuestas por una libertad sin límites, llevan a que cada uno se convierta en su propio explotador. A partir de este momento, ya no hay revolucionarios. El neoliberalismo se encarga de destruir cualquier construcción relacional y desdibuja los patrones de amos y esclavos convirtiendo a todos en ambas cosas. Solo es a partir de la fortaleza de un concepto que nace desde la praxis como lo común –el cual no reconoce ni al neoliberalismo ni al comunismo estatal–, que millones de personas pueden creer de nuevo, uniéndose en un accionar colectivo y reclamar en las calles un porvenir común.

§ Breve revisión histórica de los movimientos sociales en Colombia

En Colombia, el movimiento estudiantil, especialmente el universitario, es reconocido por la sociedad en general. El amplio recorrido histórico y temporal del mismo hace que tenga cierta complejidad al momento de teorizar y tipificar las acciones colectivas del estudiantado. Ante tal reto, historiadores como Mauricio Archila categorizan la protesta estudiantil en seis grandes momentos. El historiador denomina como primeros pasos a las apariciones de los estudiantes entre los años de 1909 y 1929, posteriormente hay una etapa de variabilidad oscilante en los años comprendidos entre 1930 y 1945, sigue un periodo de resistencia democrática entre los años de 1946 y 1957, para llegar a una etapa de radicalización contra el bipartidismo que toma como referente los años entre 1958 y 1974; luego hay una etapa que se orienta hacia un movimiento popular entre los años de 1975 y 1990. Una vez es puesta en práctica la Constitución Política de 1991 se abre de nuevo un espacio para la consolidación de los movimientos sociales y nuevas formas de protesta en Colombia, protegidas y garantizadas en un estado social de derecho.

Cuadro 1. Síntesis de los periodos del movimiento estudiantil colombiano


PeriodoCaracterística
Los primeros pasos(1909-1929)Época en la que se presentan algunas protestas caracterizadas por la inconformidad estudiantil con la enseñanza de tipo escolástica. Los estudiantes son reconocidos como un actor social diferenciado. Los motivos de las protestas giran en torno a un acelerado crecimiento económico y escasas posibilidades de ascenso social lo que refleja una baja tasa de alfabetismo. En 1929 se presenta el primer caso de un estudiante muerto en una protesta.
Visibilidad oscilante(1930-1945)Tras el ascenso liberal al gobierno en el año de 1930, el movimiento estudiantil se proyecta. Algunos dirigentes estudiantiles hacen parte del gabinete del gobierno de López Pumarejo. A pesar de los avances del movimiento estudiantil, el autor demuestra cómo el bipartidismo de la época influye en las movilizaciones y da paso a la violencia
Resistencia democrática(1946-1957)Ascenso conservador al poder con Mariano Ospina Pérez en el cual aumenta la tensión entre los partidos tradicionales, y lleva a la confrontación reflejada en una violencia política en campos y ciudades. En este periodo, las agitaciones estudiantiles son reprimidas por el gobierno a través de las fuerzas militares, desde ese momento, nace una creciente enemistad estudiantil con la fuerza pública
Radicalización contra el bipartidismo(1958-1974)Aunque en el periodo anterior el movimiento estudiantil está inscrito en el bipartidismo, en este periodo se observa una radicalización contra el mismo tras la firma de la paz entre los Partidos Conservador y Liberal con la creación del Frente Nacional. Esto crea un malestar generalizado en la comunidad estudiantil universitaria. A inicios de la década de 1970 toma nuevamente fuerza la idea de la reforma universitaria, lo cual genera tensiones entre los estudiantes y el gobierno, dando como resultado hechos violentos que cobran la vida de algunos estudiantes. Los encuentros estudiantiles permiten la creación de un programa mínimo propuesto por universidades públicas y privadas. Este Programa Mínimo de los Estudiantes Colombianos contiene seis puntos entre los que se resalta la necesidad de financiamiento adecuado para las universidades, siendo este punto de carácter estructural. El autor rescata de este periodo la capacidad estudiantil de movilizarse e incluir además del sector público, el privado, en torno a temas centrales como la educación superior, el desarrollo científico y la democracia
Hacia el movimiento popular(1975-1990)En América Latina a finales de las décadas de 1970 y 1980 se dan cambios históricos tras el abandono del modelo industrializador para dar paso a la apertura económica de corte neoliberal que lleva al aumento de las brechas sociales. El movimiento estudiantil se inscribe en las luchas sociales de los años ochenta, unido a otros sectores subalternos colombianos. Aumentan las protestas que giran en torno a la exigencia de presupuesto adecuado para la dotación física y académica de las universidades. Tras el aumento de las protestas se incrementa la represión y con ello, la violencia, traduciéndose en casos de violaciones de derechos humanos
Crisis y recomposición (1991-2011)Esta etapa inicia con el debilitamiento del horizonte de las izquierdas tras la caída del socialismo. Se retorna a la democracia liberal. En el contexto nacional continúa la guerra interna produciendo una crisis humanitaria nunca antes vista. Con el gobierno de Gaviria se concreta una nueva reforma de la educación superior: la Ley 30 de 1992. A través de esta reforma se define la educación como un servicio público. Posteriormente, con el mandato de Álvaro Uribe, las luchas estudiantiles incrementan. Se presentan protestas contra el referendo que pretende modificar la Constitución, contra los Tratados de Libre Comercio (TLC) y contra el Sistema General de Participaciones comúnmente llamado de “Transferencias del Ejecutivo a las regiones”. Se presenta la militarización de las universidades y la violencia paramilitar contra miembros de las universidades públicas. Tras la entrada del gobierno de Juan Manuel Santos Calderón y su apuesta por la privatización de la educación superior mediante el Proyecto de Ley 112, el movimiento estudiantil se unifica y genera una ola de movilizaciones dentro del marco de lo que se conoce como Mesa Amplia Nacional Estudiantil (Mane), obligando al gobierno a retirar el proyecto, lo cual se constituye en un triunfo del movimiento estudiantil

Fuente: ARCHILA, Mauricio. El movimiento estudiantil en Colombia. Una mirada histórica. Revista del Observatorio Social de América Latina. 2012, nro. 31, pp. 73-95.

Por su parte, Álvaro Acevedo Tarazona propone dos grandes diferenciaciones de la movilización estudiantil desde sus inicios en el siglo XX hasta su radicalización en los años sesenta y setenta. La primera etapa comprende entre los años de 1910 y 1957. Este periodo tiene como acontecimiento de primer orden la reforma de Córdoba, Argentina. Para este periodo existe una contextualización común en las realidades latinoamericanas como son los cambios demográficos, el crecimiento económico, la urbanización y el ingreso de la juventud como actor social y como un consumidor que mueve mercados y grandes recursos económicos. Las discusiones de este primer momento pasan por la conceptualización de la autonomía universitaria y la consolidación de los gobiernos universitarios. Entre los principales exponentes de la movilización estudiantil de este periodo en Colombia se destaca Germán Arciniegas en compañía de jóvenes de la Universidad Nacional. De aquí se rememoran importantes sucesos como la manifestación de 1929 que da origen al primer mártir del estudiantado colombiano. Los estudiantes caídos se constituyen en una representación de la lucha estudiantil y en una constante de su enfrentamiento desigual con las fuerzas del Estado, dando pie a una representación legendaria y heroica a la protesta53.

La segunda etapa comprendida entre los años de 1958 y 1977 corresponde a la radicalización estudiantil54. En esta nueva etapa los estudiantes son ambiguamente democráticos, autoritarios o radicales, un comportamiento que se puede considerar causalidad de condiciones internas como las tensiones entre valores tradicionales y nuevos en una sociedad que transita del campo a la ciudad55, o de condiciones externas como los procesos de Guerra Fría y colonialismo que se han gestado como políticas globalizadoras56. En este periodo radical la universidad se construye como un espacio de tensiones donde confluyen intereses políticos, valoraciones culturales, proyectos de sociedad e ideologías, especialmente aquellas de la nueva izquierda con sus múltiples matices o visiones contrapuestas57.

Desde los años veinte hasta principios de la década del setenta del siglo pasado la movilización estudiantil en la universidad colombiana ha defendido la autonomía universitaria y la libertad de cátedra, dos principios que se mantienen aún muy vigentes en las reivindicaciones estudiantiles en lo que ha avanzado el siglo XXI. La composición de los Consejos Superiores es un asunto que interesa a estudiantes, profesores, rectores y sectores externos a la universidad. Dicho interés tiene su raíz en los postulados de la reforma liberal de Córdoba en el año de 1918, momento en el que se piensa como necesaria la modernización de las casas de estudio para sacarlas del anquilosamiento en que se encuentran. Aunque las luchas de los estudiantes colombianos se centran inicialmente en cuestiones gremiales y en la defensa de la libertad de cátedra, la inquietud por conseguir mayor injerencia en las instancias del gobierno y poder universitario politiza e influye en la movilización estudiantil. Hasta los años cincuenta del siglo pasado la relación de los estudiantes con los partidos políticos tradicionales tampoco es óbice para que se reivindique la autonomía universitaria y se proponga un gobierno de los estudiantes y los profesores, actores esenciales de la vida universitaria. La convicción que existe en el fondo de estas pretensiones consiste en asumirse como una especie de vanguardia intelectual que está llamada a organizar y determinar libremente los destinos de las instituciones universitarias.

Luego del giro hacia la nueva izquierda de los principales líderes estudiantiles, el estudiantado asume la necesidad de incidir en el gobierno de las universidades y hace de esta reivindicación una causa de primera línea. Ciertamente, la lucha de los estudiantes por ser mayoría en los Consejos Superiores –junto con los profesores– demanda esfuerzo y requiere organización, no solo para sostener la propuesta en escenarios propiamente estudiantiles sino para diferenciar posiciones respecto a las iniciativas de reforma provenientes de las autoridades universitarias y del propio Ministerio de Educación. La lucha por el cogobierno universitario revela un aspecto poco conocido del movimiento estudiantil de principios de los años setenta: el hecho de que el estudiantado coincida con ciertas autoridades universitarias en la defensa de la autonomía y en la pertinencia de modificar las estructuras de poder en las universidades. Aunque se sabe que no existe consenso entre los estudiantes por la causa del cogobierno debido al lugar que los diferentes grupos políticos le otorgan a la universidad en el proceso de cambio social, lo relevante reside en constatar que su adopción en algunas universidades, pese a su corta duración, es quizás el triunfo más importante de la movilización estudiantil en los años setenta del siglo pasado58.

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22 октября 2025
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294 стр. 7 иллюстраций
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9789585188167
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