Читать книгу: «Ejercicios de retórica»
BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 158

Asesor para la sección griega: CARLOS GARCÍA GUAL .
Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por FELIPE HERNÁNDEZ MUÑOZ .
© EDITORIAL GREDOS, S. A.
Sánchez Pacheco, 81, Madrid, 1991.
www.editorialgredos.com
REF. GEBO266
ISBN 9788424931957.
INTRODUCCIÓN GENERAL
PANORAMA GENERAL
Los ejercicios preparatorios de retórica o progymnásmata , que constituyen el objeto de nuestra traducción, tienen como marco de desarrollo el de las escuelas de retórica, en un momento de la historia de Grecia en el que se vive una gran efervescencia cultural, caracterizada sobre todo por el retorno a los grandes modelos clásicos del pasado. Este renacer cultural, que tiene sus orígenes ya en el s. I a. C. con el denominado movimiento aticista, alcanza su máximo desarrollo en la época de los grandes emperadores filohelenos: Adriano, Antonino Pío y Marco Aurelio, y aparece representado en el movimiento conocido desde Filóstrato como Segunda Sofística 1 .
Los nuevos sofistas, entre los que destacan figuras como Escopeliano, Polemón, Herodes Ático y Aristides entre otros, al igual que los antiguos viajan de ciudad en ciudad ofreciendo declamaciones y alternan su profesión docente con los servicios prestados a sus ciudades. Muchos de ellos, como en el caso de Herodes Ático, harán importantes contribuciones económicas costeando fiestas, edificios públicos 2 , etc.; otros, como Aristides o Polemón, defenderán los intereses de sus ciudades ante el emperador 3 . La mayoría intervendrá en la política de su ciudad y recibirá importantes favores del emperador 4 .
Buena prueba de la importancia que alcanza la retórica en la época es la dotación de cátedras de retórica en Roma y Atenas, que constituían, sobre todo la de Roma, la meta de la carrera de cualquier sofista 5 .
Igualmente son muchas las ciudades de Asia que cuentan con gran número de rétores y gramáticos en sus bibliotecas públicas, destacando entre todas ellas Esmirna y Éfeso 6 .
Dentro de este panorama cultural la gran protagonista es, sin duda, la retórica, que impregnará todas las facetas de la vida, pues todo futuro filósofo, científico u orador habrá pasado previamente, como mínimo, por las manos del gramático, en donde habrá leído y explicado a los clásicos. Las escuelas de retórica darán así a los alumnos una formación eminentemente literaria. Los grandes autores clásicos serán leídos, aprendidos de memoria e imitados, de ahí la formación «libresca» que predomina en muchos escritores de la época 7 .
La retórica deja de tener la orientación eminentemente práctica que tenía en la época clásica y pasa a convertirse en objeto de estudio por sí misma. En teoría la finalidad práctica continúa, formar a los alumnos para que sean capaces de defender una causa o de hacer prevalecer una propuesta; sin embargo, varía la ocasión y el lugar, pues generalmente no será el tribunal o la asamblea, sino las salas de audición y los teatros 8 , y no será con motivo de un enfrentamiento judicial o para debatir una propuesta que pueda favorecer o perjudicar a la ciudad, sino simplemente para hacer ostentación de la propia formación y dotes personales. Los tres géneros clásicos en que desde Aristóteles se divide la retórica: el judicial, el deliberativo y el epidíctico, van a pervivir en la época imperial, pero de diferente manera. Por un lado, el deliberativo y el judicial aparecen representados en las llamadas melétai o declamaciones sobre temas ficticios, de las que nos ocuparemos más adelante. Por otro lado, el género epidíctico conoce una enorme expansión, a costa, por ejemplo, de géneros que tradicionalmente se expresaban en verso, como el himno, el epitalamio, etc. 9 . Los discursos judiciales y deliberativos pierden su vitalidad originaria y se convierten en discursos de aparato, en donde la puesta en escena y la improvisación juegan un importante papel 10 , con lo que, en última instancia, será el género epidíctico el que lo impregne todo 11 .
La filosofía, por su parte, quedará relegada a los círculos restringidos de cada escuela filosófica y cuestiones reservadas en un principio a la filosofía, como las tesis, serán objeto de estudio en las escuelas de retórica 12 . La preponderancia de la retórica, que se va perfilando ya desde época helenística, se consigue definitivamente en la época imperial, y de hecho son muchos los filósofos que tienen una amplia formación sofística, como es el caso de Dión de Prusa, que, aun después de renunciar a la retórica y dedicarse al cultivo de la filosofía, no abandonará nunca sus hábitos sofísticos 13 . Además, los filósofos exponen a menudo sus doctrinas por medio de conferencias 14 , con lo que, en el fondo, se parecen bastante a sofistas que ofrecieran declamaciones ante un público más o menos amplio.
El fervor que los sofistas despertaban al llegar a una ciudad y la expectación con que eran recibidas sus declamaciones exigía la existencia de un público más o menos experto y crítico que pudiera apreciar la originalidad, el estilo, el apropiado o inapropiado tratamiento de un tema, etc. Este público existía merced a las escuelas de retórica, que suministraban tanto a los sofistas como a su auditorio un amplio repertorio de tópicos tratados en multitud de ocasiones por medio de ejercicios escolares. Nos parece, por ello, conveniente esbozar un panorama del sistema educativo griego de la época imperial.
En esta época la enseñanza abarcaba fundamentalmente tres ciclos, que en terminología moderna podríamos denominar primario, secundario y superior 15 . La enseñanza primaria se pasaba junto al grammatistés , que con un método basado en la pura memoria enseñaba al alumno a leer y a escribir, así como operaciones elementales de cálculo. A continuación, el alumno iniciaba sus estudios junto al grammatikós , dando así comienzo a su enseñanza secundaria. Ésta aparece designada con la denominación de enkýklios paideía y equivale a lo que en la Edad Media serán las artes liberales, integradas por el trivium (gramática, retórica y dialéctica) y el quadrivium (aritmética, geometría, astronomía y música), si bien las ciencias nunca tendrán una importancia real, sino que se limitarán a una enseñanza elemental y, en su lugar, será la retórica la que ocupe toda la atención 16 . La enseñanza superior, por su parte, abarcaba el estudio de una de las dos disciplinas rivales, la filosofía o la retórica. No obstante, según apuntábamos antes, la retórica no dejará de ir robando terreno a la filosofía 17 .
Dentro de este panorama los ejercicios preparatorios se hallaban a medio camino entre la enseñanza secundaria y la enseñanza superior. Los ejercicios más sencillos, como la fábula, el relato, la chría 18 , la sentencia y la confirmación se estudiaban generalmente junto al grammatikós , mientras que los restantes: lugar común, encomio, comparación, etc., se estudiaban en el ciclo superior junto al rétor o sophistés 19 .
Los ejercicios preparatorios con su multitud de reglas y clichés, que permiten hacer un encomio, una descripción, etc., son una prueba de que la enseñanza de la retórica en la época imperial se basaba en el estudio memorístico de una serie de tópicos y en su aplicación práctica. Como su propio nombre indica, se trata de ejercicios que preparan al joven para lo verdaderamente importante, las causas judiciales y deliberativas. Después del estudio de los progymnásmata el alumno se enfrentaba a las llamadas melétai , en latín declamationes , que comprendían dos variantes: las hypothéseis dikanikaí (lat. controversiae) y las hypothéseis symbouleutikaí (lat. suasoriae) . De ambas, las primeras tendrán más importancia en el área romana, mientras que en la griega se preferirán las suasoriae 20 .
Lo característico de ambos tipos de declamaciones es que el alumno no se basará en casos tomados de la vida real, sino en casos enteramente ficticios: raptos, violaciones, piratas, hijos desheredados, etc., en el caso de las hipótesis judiciales, y la historia antigua o la mitología, en el caso de las hipótesis deliberativas, por ejemplo, se imaginaba qué diría Demóstenes, Pericles, Aquiles o Héctor en una determinada situación 21 .
La importancia de las declamaciones se refleja, por ejemplo, en el hecho de que a ellas se les dedica todo un ejercicio, el de la etopeya o prosopopeya 22 .
Por otro lado, como las declamaciones abarcaban únicamente los géneros deliberativo y judicial, el otro género retórico, el epidíctico, será objeto de estudio en dos ejercicios preparatorios, el encomio y el vituperio 23 .
ALGUNAS CONSIDERACIONES ACERCA DE LOS «PROGYMNÁSMATA»
La primera mención del término progymnásmata aparece constatada en la Retórica a Alejandro , atribuida a Anaxímenes de Lámpsaco 24 . Sin embargo, su mención aquí ha dado origen a posturas como la de Reichel, que ha considerado su uso con un valor genérico referido a una ejercitación general previa, o como la de Kennedy, que lo considera una intrusión posterior en el texto 25 .
Lo encontramos ya con su valor específico en la obra de Teón. No obstante, Teón utiliza con preferencia el término gymnásmata frente a progymnásmata . Así, este último sólo aparece en dos ocasiones (págs. 61, 25; 65, 28 Sp.), mientras que en las restantes es sustituido por los términos más generales de gymnásmata y gymnasía . Hermógenes, por su parte, no utiliza nunca el término progýmnasma , sino que emplea siempre en su lugar gýmnasma , frente a Aftonio, que utiliza el término progýmnasma en cuatro ocasiones (10, 18; 17, 13; 32, 2; 42, 6 R.), gymnasía en tres (14, 6; 17, 5; 47, 6 R.) y gýmnasma sólo una vez (46, 21 R.), con lo que observamos cómo progymnásmata se va consolidando progresivamente como término técnico para designar los ejercicios preparatorios de retórica.
La diferenciación entre gymnásmata y progymnásmata aparece ya claramente en los comentaristas de Aftonio, quienes distinguen entre progymnásmata o ejercicios preparatorios y gymnásmata , que son propiamente las declamaciones ficticias de suasorias y controversias 26 .
En latín lo encontramos traducido, sobre todo, como primae exercitationes y como praeexercitamina , traducción esta última que prevalecerá en la Edad Meda y el Renacimiento 27 . Por otro lado, en el área romana está constatada la existencia de algunos ejercicios preparatorios ya en el s. I a. C. en Ad Herennium y en el De oratore y De inventione de Cicerón 28 .
El término progýmnasma es definido por Mateo Camariotes desde dos puntos de vista: genérico y propiamente retórico. Desde un punto de vista genérico, el progýmnasma es definido como «una ejercitación moderada que conduce a la superación de mayores dificultades». Desde un punto de vista retórico, consiste en una práctica escolar que ejercita en las partes y géneros de la retórica 29 . En efecto, cada uno de los progymnásmata enseñados en las escuelas de retórica resultaba útil para alguna de las partes del discurso o para alguno de los géneros retóricos. Así, la fábula, la chría , la sentencia y la tesis eran útiles para el género deliberativo; la refutación, la confirmación, el lugar común y la propuesta de ley para el género judicial; y el encomio y vituperio, la comparación y la etopeya para el panegírico (también lo era la tesis en cuanto al tema) 30 . A su vez, la fábula resultaba apropiada para ejercitarse en los proemios; el relato y la descripción para las narraciones; la refutación y la confirmación para los agones, y el lugar común para los epílogos 31 .
Básicamente cada ejercicio consta de dos partes bien diferenciadas: una primera parte en que se nos ofrecen aspectos como su definición, explicación etimológica, clasificación, etc., y una segunda parte en que se procede al desarrollo de cada ejercicio en cuanto tal a partir de una serie de procedimientos o categorías enjuiciadoras, denominados principalmente con los términos tópoi, aphormaí y kephálaia 32 .
Por último, hemos de decir que el género de los progymnásmata gozó de un enorme tratamiento entre los rétores. Conocemos los nombres de muchos autores de ejercicios preparatorios, como Harpocración, Epifanio, Minuciano, Onésimo, Ulpiano, Paulo Tirio, Sópatro, etc. 33 ; sin embargo, sólo han sobrevivido cuatro manuales de progymnásmata , los atribuidos a Teón, Hermógenes, Aftonio y Nicolao 34 . De todos ellos, sin duda, el más influyente en la Antigüedad fue Aftonio, por proporcionar ejemplos acabados de cada ejercicio, y su obra se convirtió en prototipo del género progymnasmático. Prueba de su gran difusión es el hecho de que la comentaran J. Sardiano, Doxópatres y Máximo Planudes entre otros 35 . De igual modo fue muy importante en la antigüedad la obra de Teón, no tanto como texto escolar cuanto como guía para profesores 36 , debido a que ofrece un tratamiento profundo y detallado de cada ejercicio preparatorio, junto con multitud de ejemplos sacados de obras antiguas, prueba inequívoca de la estrecha relación existente entre retórica y literatura. Los progymnásmata de Hermógenes, sin embargo, fueron desplazados a un segundo plano por los de Aftonio hasta caer poco a poco en el olvido 37 .
COMPARACIÓN ENTRE TEÓN , HERMÓGENES Y AFTONIO
Vamos a proceder ahora a un análisis de las diferencias y semejanzas existentes entre los tres autores que nos permita llegar a conclusiones fiables. Los aspectos que vamos a tratar son los siguientes:
1. Principales diferencias y semejanzas entre Teón, Hermógenes y Aftonio.
2. Principales coincidencias entre Hermógenes y Teón.
3. Coincidencias entre Aftonio y Hermógenes.
4. Puntos de contacto entre Aftonio y Teón.
5. Relativa originalidad de Aftonio.
1.Diferencias y semejanzas entre Teón, Hermógenes y Aftonio
A simple vista, la diferencia más notable entre los tres autores reside en el número de ejercicios: diez en Teón, doce en Hermógenes y catorce en Aftonio.
Si bien sólo nos han llegado diez ejercicios de Teón, sabemos que su obra constaba de quince, de los cuales los cinco últimos (lectura, audición, paráfrasis, elaboración y réplica) se han perdido y no aparecen en Hermógenes y Aftonio 38 . Solamente la exergasía o «elaboración» de Teón se corresponde posiblemente con la ergasía de Hermógenes y Aftonio, pero en éstos la ergasía no es un ejercicio independiente, sino que es tratada como una parte de los ejercicios. Hermógenes, por su parte, presenta doce ejercicios, pues añade dos nuevos: la sentencia, y la refutación y confirmación. Este último ejercicio aparece en Teón como la parte más importante en la argumentación de cada progýmnasma , pero no recibe un tratamiento independiente 39 . Por último, Aftonio ofrece catorce ejercicios: trata por separado la refutación y confirmación, que en Hermógenes aparecen en un solo ejercicio, así como el encomio y el vituperio, mientras que Hermógenes se ocupa sólo del encomio.
Desde el punto de vista terminológico, observamos que Teón utiliza tres términos para referirse a los aspectos o procedimientos en los que se basará la argumentación, fundamentalmente tópoi (lugares de argumentación), pero también kephálaia (principios de argumentación) y aphormaí (fuentes de argumentación). De estos tres términos Hermógenes utiliza tópos en tres ocasiones (págs. 10, 20; 15, 18; 19, 3 R.), aphormé en dos (págs. 16, 15; 17, 3 R.) y no emplea el término kephálaia como «principios de argumentación», aunque sí utiliza los términos teliká kephálaia para referirse a los «principios de argumentación finales» (págs. 12, 10; 14, 6; 25, 22 R.). Por su parte, Aftonio utiliza tópos como «lugar de argumentación» una sola vez (páginas 31, 13 R.), nunca utiliza el término aphormé y sí que utiliza con bastante frecuencia kephálaia (págs. 4, 13; 8, 4; 10, 15 R., etc.), es decir, desde Teón a Aftonio el término técnico para referirse a las categorías en que se basará la argumentación del ejercicio deja de ser tópoi y pasa a ser kephálaia .
Llama también la atención la progresiva desaparición del término epicheíresis o «argumentación», término frecuentísimo en Teón y que en Aftonio no aparece utilizado ni una sola vez, mientras que Hermógenes lo utiliza en dos ocasiones (págs. 11, 7; 22, 15 R.). Es curioso que una de las ocasiones en las que utiliza ese término (págs. 22, 15 R.) sea precisamente en el ejercicio de la descripción, en el cual sigue muy de cerca a Teón. Frente al término epicheíresis en Hermógenes encontramos el término ergasía y en Aftonio formas del verbo ergázein , que designan la elaboración de que es objeto cada ejercicio 40 .
Con respecto a las coincidencias entre los tres autores, hemos de señalar que éstas son bastante abundantes y que se han de interpretar como aspectos en los que Hermógenes sigue a Teón y Aftonio sigue a Hermógenes. Estas coincidencias se observan principalmente en los siguientes ejercicios:
a) En el ejercicio del relato, en el cual los tres ofrecen una definición casi idéntica:
—Teón (pág. 78, 15-16 Sp.): «Un relato es una composición expositiva de hechos que han sucedido o que se admiten como sucedidos».
—Hermógenes (pág. 4, 6-7 R.): «El relato sostienen que es la exposición de un hecho que ha sucedido o que se admite como sucedido».
—Aftonio (pág. 2, 14-15 R.): «Un relato es la exposición de un hecho que ha sucedido o que se admite como sucedido».
b) En la chría , que los tres clasifican en «verbales», «de hechos» y «mixtas» (logikaí, praktikaí y miktaí , respectivamente) (Teón, pág. 97, 12 Sp., Hermógenes, pág. 6, 7-8 R., Aftonio, pág. 4, 2-3 R.).
c) En la descripción, cuando nos ofrecen su definición:
—Teón (pág. 118, 7-8 Sp.): «Una descripción es una composición que expone en detalle y presenta ante los ojos de manera manifiesta el objeto mostrado».
—Hermógenes (pág. 22, 7-8 R.): «Una descripción es una composición que expone en detalle de una manera manifiesta, según afirman, y que presenta ante los ojos el objeto mostrado».
—Aftonio (pág. 36, 22-23 R.): «Una descripción es una composición que expone en detalle y presenta ante los ojos de manera manifiesta el objeto mostrado».
d) En el hecho de indicar que las fábulas (gr. mŷthoi) se denominan en general «esópicas» (Teón, pág. 73, 4 Sp.; Hermógenes, pág. 2, 1 R.; Aftonio, pág. 1, 9 R.), etc.
2.Principales coincidencias entre Hermógenes y Teón
El ejercicio en el que más de cerca sigue Hermógenes a Teón es el de la descripción, en donde en algunos pasajes casi le parafrasea, p. e.: en 119, 14-25 Sp. Teón dice: «Argumentaremos describiendo los hechos a partir de los sucesos que les preceden y que les siguen, por ejemplo: si se trata de una guerra (pág. 119, 14-16 Sp.)... Si describimos lugares, épocas, modos o personajes, junto con su propia narración tendremos fuentes de argumentos a partir de la belleza, la utilidad y el placer» (pág. 119, 22-25 Sp.), que se corresponde con pág. 22, 19-20; 23, 1-8 R., en donde también Hermógenes dirá: «Argumentaremos describiendo los hechos a partir de los sucesos anteriores, simultáneos y posteriores, por ejemplo: si exponemos la descripción de una guerra (pág. 22, 19; 23, 1 R.)... Si describimos lugares, épocas o personajes, tendremos también algún argumento a partir de la narración y a partir de la belleza, la utilidad y la sorpresa» (pág. 23, 6-8 R.). Igualmente encontramos posibles alusiones de Hermógenes a Teón en los ejercicios de la fábula, el relato, la comparación y la tesis:
—La descripción de la fábula que, en opinión de Hermógenes, dan los antiguos es que es falsa, pero útil y verosímil (pág. 2, 4-5 R.), algo que se corresponde con pág. 76, 6-9 Sp., en donde Teón dice: «Puesto que el propio compositor de fábulas reconoce que escribe cosas falsas e imposibles, pero verosímiles y útiles, hemos de refutar demostrando que dice cosas inverosímiles e inútiles, y hemos de confirmar a partir de lo contrario».
—En el ejercicio del relato, cuando Hermógenes dice que algunos colocaron la chría delante del mismo (pág. 4, 7-8 R.), hay una clara alusión a Teón, pues sabemos, gracias a Reichel, que el orden que ofrecen los ejercicios de Teón no es el originario: ORDEN ORIGINARIO : chría , fábula, relato, etc., ORDEN TRANSMITIDO : fábula, relato, chría , etc. 41 .
—Hermógenes manifiesta que va a ocuparse de la comparación, porque otros la estudiaron como ejercicio independiente (así lo hace Teón), aunque no sería necesario, puesto que quedaba incluida en el lugar común, en el encomio y en el vituperio (pág. 18, 16 sig. R.).
—Por último, Teón distingue entre tesis teóricas y prácticas (theoretikaí y praktikaí) (pág. 121, 6-8 Sp.), mientras que Hermógenes llama a las prácticas «civiles» (politikaí) y a las teóricas «no civiles» (pág. 25, 3 R.). Sin embargo, alude claramente a Teón, pues dice que algunos llamaron «prácticas» a estas últimas (las civiles) y «teóricas» a las otras (pág. 25, 10-11 R.).
3.Coincidencias entre Aftonio y Hermógenes
Las principales coincidencias entre ambos autores son las siguientes:
—Hermógenes y Aftonio entienden por etopeya (pág. 20, 7-8, y 34, 2-3 R., respectivamente) lo que Teón considera prosopopeya (pág. 115, 11 Sp.). Hermógenes y Aftonio distinguen entre etopeya (cuando se representa a un hombre pronunciando discursos), prosopopeya (cuando se representa a una cosa) e idolopeya (cuando se representa a una persona que ha muerto), mientras que Teón únicamente habla de prosopopeya y considera que ésta se produce cuando se representa a un personaje pronunciando discursos, sin precisar más.
—Hermógenes y Aftonio tratan la sentencia como ejercicio independiente, mientras que Teón sólo alude a ella en el ejercicio de la chría , en donde dice que la diferencia entre sentencia y chría reside en que la sentencia es más general, se expone de modo impersonal, es siempre útil y contiene un dicho, nunca una acción (págs. 96, 25-30; 97, 1-2 Sp.).
—Teón no distingue entre narración y relato, sino entre narración y relato, por un lado, frente a historia, por otro. La diferencia reside en la brevedad de los primeros frente a la mayor extensión de la segunda (págs. 83-84, Sp.). Hermógenes y Aftonio, por el contrario, sí diferencian el relato de la narración. Para ambos el relato es de menor extensión, y entre relato y narración existe la misma diferencia que entre poema y poesía: un poema sería la fabricación del escudo, y poesía toda la Ilíada (págs. 4, 9-13, y 2, 16-18 R., respectivamente).
—Teón explica etimológicamente encomio a partir del término k
mos (pág. 109, 27-28 Sp.), mientras que Hermógenes y Aftonio lo hacen a partir del término k
mai (= aldeas) (págs. 15, 3-4, y 21, 6 R., respectivamente).
—En el ejercicio de la tesis Teón alude a tà anōtátō kephálaia , que hemos optado por traducir «principios de argumentación generales» y que son: la belleza, la necesidad, la utilidad y el placer (pág. 121, 18-19 Sp.); mientras que Hermógenes y Aftonio los denominan tà telikà kephálaia o «principios de argumentación finales», que en Hermógenes son la justicia, la conveniencia, la posibilidad y la adecuación (pág. 26, 1-2 R.) y, en Aftonio, la legalidad, la justicia, la conveniencia y la posibilidad (pág. 42, 10 R.).
El seguimiento de Aftonio a Hermógenes es particularmente significativo en ejercicios como el de la chría , la sentencia, la refutación y confirmación, el encomio, la etopeya, el lugar común, etc.
4.Puntos de contacto entre Aftonio y Teón
Si bien, como acabamos de ver, son muchas las coincidencias entre Aftonio y Hermógenes, no obstante, en algunas ocasiones Aftonio parece haber seguido directamente a Teón:
—En la definición de fábula, que es idéntica en ambos: «Una fábula es una composición falsa que simboliza una verdad» (Teón pág. 72, 28 Sp.; Aftonio pág. 1, 6 R.).
—Al hablar de las virtudes de la narración, que, según Teón (pág. 79, 20-21 Sp.) son: claridad, concisión y verosimilitud, y, según Aftonio, claridad, concisión, verosimilitud y propiedad y corrección lingüística (gr. hellēnismós) (pág. 3, 3-4 R.). Teón no menciona esta última virtud, pero sí que rechaza el uso de términos poéticos, inventados, ambiguos, metafóricos, etc., que causen la oscuridad de la narración (pág. 81, 7 sig. Sp.).
—Aftonio dice que el lugar común se parece a la segunda intervención del orador (deuterología) y al epílogo, por lo que no tiene proemio (pág. 17, 3-4 R.), observación hecha anteriormente por Teón, cuando dice que el lugar común es como una parte de otro discurso ya pronunciado antes, como una especie de epílogo enfático (pág. 106, 28-30 Sp.).
—Aftonio también parece seguir a Teón en el ejercicio de la comparación al indicar que no se ha de comparar una totalidad con otra, sino dos elementos sobresalientes entre sí (pág. 31, 18-19 R.), lo cual nos hace recordar los dos tipos de comparaciones distinguidas por Teón, entre unidades y entre grupos (pág. 114, 6-8 Sp.), etc.
En alguna ocasión, sin embargo, Aftonio se muestra claramente deudor de Teón y Hermógenes a la vez, p. e., en su clasificación de las tesis. Según veíamos, Teón dividía las tesis en «teóricas» y «prácticas», mientras que Hermógenes llamaba a las prácticas «civiles» y a las teóricas «no civiles» (Teón, pág. 121, 6-8 Sp.; Hermógenes, p. 25, 3 R.). Aftonio, por su parte, divide las tesis en «civiles», con lo cual se acerca a Hermógenes, y «teóricas», con lo que coincide también con Teón (pág. 41, 15-16).
5.Relativa originalidad de Aftonio
La originalidad de Aftonio se observa sobre todo en la aportación de ejemplos completos de cada ejercicio y en el uso de determinados términos técnicos, por ejemplo:
—Utilización de los términos promýthion y epimýthion para aludir a la moraleja colocada al principio o al final de la fábula, respectivamente (pág. 2, 1-2 R.).
—Clasificación de la fábula en verbal (logikón) , moral (ēthikón) y mixta (miktón) (pág. 1, 11-12 R.).
—Uso del término éphodos (lat. insinuatio) , que, según él, ha de sustituir a los proemios en las tesis (pág. 42, 9 R.), etc.
Una vez analizadas las principales coincidencias y discrepancias, nos creemos con suficiente fundamento para llegar a las siguientes
Conclusiones: En primer lugar, de los tres autores el más original es Teón, no sólo por ser el primero, sino también por el tratamiento que da a su obra. Este tratamiento se observa en una mayor profundización en todos los niveles: terminológico, de sustrato literario, de desarrollo del ejercicio, etc. Teón representa la fuente de la que son deudores tanto Hermógenes como Aftonio. No obstante, de los tres autores el menos conocido ha sido precisamente Teón, debido, sobre todo, a la mayor complejidad y profundidad de su obra.
En segundo lugar, es evidente que Hermógenes sigue, en líneas generales, una fuente anterior, a la que alude en múltiples ocasiones, aunque de un modo impersonal: «juzgan conveniente» (pág. 1, 3 R.), «sostienen» (pág. 2, 5 R.), «según dicen» (pág. 22, 7 R.), etc. Esta fuente podría ser Teón, de acuerdo con los múltiples puntos de contacto existentes entre ambos, o bien una tradición que coincidiera con la doctrina de Teón, de la que tomaría los principales aspectos de su obra, aunque resumiéndolos al máximo.
En tercer lugar, Aftonio, según hemos podido comprobar, depende claramente de Hermógenes. Muchas definiciones, clasificaciones, etc., son una copia casi literal de Hermógenes. No obstante, a veces, en aspectos que Hermógenes no trata o a los que da un tratamiento diferente se acerca más a Teón. Por tanto, tendría presentes a ambos autores o tradiciones. Sin embargo, Aftonio no suele aludir ni directa ni indirectamente a la fuente de la que depende, sino que presenta como propio lo que expone, tal vez, porque la doctrina era ya de tal modo conocida que resultaba innecesario, por obvio, reconocerla como debida a una tradición anterior. Por ello, quizás sea lo más adecuado interpretar las coincidencias existentes entre los tres manuales como debidas a una base doctrinal común a todas las escuelas de retórica.

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SOBRE TEÓN
G. BOLOGNESI , «La traduzione armena dei Progymnasmata di Elio Teone», R A L 17 (1962), 86-125.
I. LANA , Quintiliano, Il «Sublime» e Gli «Exercizi preparatori» di Elio Teone III, Turín, 1951.
—, I Progimnasmi di Elio Teone, I la storia del testo , Turín, 1959. G. Reichel, Quaestiones progymnasmaticae , Leipzig, 1909. Rhetores Graeci I (ed. C. Walz), Stuttgart, 1832, 137-262. Rhetores Graeci II (ed. L. Spengel), Leipzig, 1854, 57-130. STEGEMANN , «Theon», RE 2 (1934), 2037-2054.
SOBRE HERMÓGENES
C. S. BALDWIN , Medieval Rhetoric and Poetic , Nueva York, 1928, págs. 23-38.
«Praeexercitamina Prisciani grammatici ex Hermogene versa», Rhetores Latini Minores (ed. C. Halm), Leipzig, 1836 (Frankfurt, 1964), 551-560.
L. RADERMACHER , «Hermogenes», RE 8 (1913), 865-877.
Rhetores Graeci I (ed. C. Walz), Stuttgart, 1832, 9-54.
Rhetores Graeci II (ed. L. Spengel), Leipzig, 1854, 3-18.
Rhetores Graeci VI (ed. H. Rabe), Leipzig, 1913.
SOBRE AFTONIO
R. AGRICOLA , Aphthonii sophistae Progymnasmata , Lyon, 1598.
BRZOSKA , «Aphtonios», RE 1, 2797-2800.
J. M. CATANAEUS , Aphthonii Progymnasmata , Venecia, 1522.
HEFFTER , «Ueber die Beschreibung der Burg von Alexandria bei Aphthon. progymn. cap. 12», Zeitschrift für die Altertumswissenschaft 48-49 (1839), 377-389.
R. E. NADEAU , «The Progymnasmata of Aphtonius in Translation», Speech Monographs 19 (1952), 264-285.
Rhetores Graeci I (ed. C. Walz), Stuttgart, 1832.
Rhetores Graeci II (ed. L. Spengel), Leipzig, 1854, 21-56.
Rhetores Graeci X (ed. H. Rabe), Leipzig, 1926.
Rhetores Graeci XIV (ed. H. Rabe), Leipzig, 1935.
J. Sardiani Commentarium in Aphthonii Progymnasmata (ed. H. Rabe), Leipzig, 1928.

1 Sobre las relaciones entre Aticismo y Segunda Sofística, cf. J. BOMPAIRE , Lucien écrivain, immitation et création , París, 1958, págs. 116 y ss. y A. BOULANGER , Aelius Aristide et la sophistique dans la province d’Asie au II siècle de notre ère , París, 1968 (1.a edición, 1923), págs. 60 y ss.
2 FILÓSTRATO , Vidas de los sofistas II 548-549, 551.
3 Aristides consiguió, mediante su lamento por Esmirna, que el emperador Marco Aurelio reconstruyera esta ciudad arruinada por terremotos (FILÓSTR ., Vidas ... II 582). A ella le dedicó una Monodia , una Palinodia y un Esmirnaico . Polemón, por su parte, logró que Adriano donara a Esmirna diez millones de dracmas, con las que se hicieron importantes obras en la ciudad (FILÓSTR ., Vidas ... I 531).
4 Por ejemplo, Polemón y su familia, que recibieron importantes exenciones y privilegios por parte de Trajano y Adriano. Cf. op. cit ., 532-533.
5 Sobre la importancia de las cátedras de retórica en la época, cf. G. KENNEDY , The art of Rhetoric in the Roman world , N. Jersey, 1972, págs. 565-566.
6 A este respecto dice A. BOULANGER , Aelius Aristide ..., pág. 38: «...et sont (las ciudades de Asia) si bien pourvues de rhéteurs et de grammairiens que l’empereur Antonin dut fixer par une ordonnance le nombre maximum de professeurs municipaux exempts de charges que chacune pourrait posséder».
7 J. BOMPAIRE , Lucien ..., págs. 294 y sigs., ofrece un detallado estudio de la influencia de determinados ejercicios preparatorios en la obra de Luciano.
8 Las sesiones de los sofistas tenían lugar generalmente en el bouleutérion o en el odeón , pero, a veces, si se preveía una afluencia masiva, se celebraban en el teatro. A. BOULANGER , Aelius Aristide ..., pág. 51.
9 Cf. Menandro: Sobre los géneros epidícticos (ed. F. Romero Cruz), Salamanca, 1989, pág. 15. Francisco Romero nos ofrece también en su introducción un panorama general sobre la historia y desarrollo del género epidíctico.
10 La facultad de la improvisación era una de las más admiradas en la época y fueron muy pocos los sofistas que gozaron de reputación sin ella. Una de las pocas excepciones la representó, sin duda, Aristides, según cuenta FILÓSTRATO en Vidas ..., II 583.
11 La importancia del género epidíctico está en estrecha relación con el acento puesto sobre el estilo, de lo que dan cuenta tratados como la Téchnē rhētorikḗ de Aristides y el Perì ide
n de Hermógenes. Cf. D. A. RUSSELL , Criticism in Antiquity , Londres, 1981, págs. 129 y sigs., en donde ofrece un resumen de los principales tratados estilísticos de la época.
12 Según Russell, como un intento por huir de la acusación de que su arte era ajeno a la moralidad. Cf. op. cit ., pág. 115.
13 Cf. FILÓSTRATO , Vidas ..., I 488, Filóstrato pasa revista a una serie total de ocho filósofos con renombre de sofistas, entre los que figuran, aparte de Dión de Prusa, Eudoxo de Cnido, León de Bizancio, etc.
14 Cf. H.-I. MARROU , Histoire de l’éducation dans l’Antiquité = Historia de la educación en la Antigüedad (trad. José Ramón Mayo), 3.a ed., Buenos Aires, 1976, pág. 259.
15 Seguimos a MARROU , cf. op. cit ., págs. 182-264.
16 Cf. MARROU , op. cit ., pág. 227.
17 Un panorama del viejo enfrentamiento entre filosofía y retórica a través de las concepciones de Platón, Aristóteles e Isócrates nos ofrecen, entre otros, B. P. REARDON , Courants littéraires grecs des IIe et IIIe siècles après J. C ., París, 1971, págs. 64 y ss., H.-I. MARROU , Historia ..., págs. 76 y ss., y C. S. BALDWIN , Medieval Rhetoric and Poetic , Nueva York, 1928, págs. 2 y ss.
18 Gr. chreía . Es una variedad de la sentencia (gnṓmē) , cf. Teón, 96. Sobre la razón de su mera transcripción, cf. pág. 54 n. 10.
19 Ambos términos aparecen utilizados indistintamente, si bien el segundo será más frecuente en la época imperial. Cf. la introducción de M.a Concepción Giner a las Vidas de los sofistas , Madrid, 1982, págs. 20 y sigs. Con respecto a las competencias de rétores y gramáticos en lo que atañe a la enseñanza de los ejercicios preparatorios, cf. G. REICHEL , Quaestiones Progymnasmaticae , Leipzig, 1909, págs. 115-118 y 128-129, en donde pasa revista a los diferentes ejercicios propios de rétores y gramáticos, según Quintiliano y Suetonio, respectivamente.
20 MARROU , Historia ..., pág. 249, y BOULANGER , Aelius Aristide ..., pág. 41.
21 Para una mayor información sobre las declamaciones sofísticas puede consultarse D. L. CLARK , Rhetoric in Greco-Roman education , 3.a ed., Nueva York, 1977, págs. 213 y sigs., y D. A. RUSSELL , Greek declamation , Cambridge, 1983, págs. 21-39 y 106-128.
22 Sobre la gran utilidad de este ejercicio habla Quintiliano en III 8, 50.
23 Teón y Hermógenes lo estudiarán como un solo ejercicio, Aftonio como dos.
24 Rhetores Graeci I (ed. L. Spengel), pág. 214, 1. Sobre los problemas que plantea la autoría de la obra puede consultarse la Introducción de J. Sánchez Sanz a la Retórica a Alejandro , Salamanca, 1989.
25 G. REICHEL , Quaestiones ..., pág. 9, y G. KENNEDY , Greek Rhetoric under Christian emperors , Nueva Jersey, 1983, pág. 55.
26 Esta es la opinión de J. Doxópatres (Rhetores Graeci XIV (ed. H. Rabe), Leipzig, 1935, pág. 137, 5-12). Otros autores, sin embargo, entienden por gymnásmata la verdadera enseñanza de la retórica, como son las cuatro obras del canon hermogeniano, cf. ibid ., pág. 77, 21-24.
27 G. KENNEDY , Greek Rhetoric ..., pág. 55. La primera traducción es de Quintiliano, la segunda de Prisciano de Cesarea en su versión latina de los Progymnásmata de Hermógenes. J. María Cataneo y R. Agrícola, traductores renacentistas de Aftonio, ofrecen algunas variantes: el primero lo traduce generalmente como praeexercitatio , mientras que el segundo opta con mayor frecuencia por el término praeexercitamentum .
28 Los principales ejercicios preparatorios de los que se observan huellas en las mencionadas obras son la fábula, el relato, la chría , el encomio y el lugar común, en el caso de Ad Herennium y De inventione (REICHEL , Quaestiones ..., págs. 12-16), y la paráfrasis, la lectura y la tesis, en el caso del De oratore (ibid ., págs. 17-19). Sobre los numerosos puntos de contacto existentes entre Quintiliano y Teón, además de la obra de G. Reichel, puede consultarse I. LANA , Quintiliano, Il «Sublime» e Gli «Exercizi preparatori» di Elio Teone III , Turín, 1951, pág. 172, en donde, tras examinar las múltiples coincidencias existentes entre los tres tratados, Lana llega a proponer a Elio Teón como autor de Sobre lo sublime .
29 Rhetores Graeci I (ed. Walz), Londres, 1832, pág. 121, 1-5.
30 Ibid ., págs. 121-122.
31 Rh. Gr. XIV (ed. Rabe), págs. 133-134.
32 Se trata de términos utilizados principalmente por Teón. Cf. págs. 19-20. Sobre la distinción de estos términos, cf. L. PERNOT , «Lieu et lieu commun dans la rhétorique antique», BAGB 86, pág. 225, n. 12 y pág. 266, n. 65.
33 Rhetores Graeci X (ed. H. Rabe), Leipzig, 1926, págs. 52 y sigs.
34 Nicolao de Mira vivió en el s. v d. C. y fue discípulo de Lácares de Atenas. Aparte de los Progymnásmata , escribió Declamaciones y un Arte retórica . Sus Progymnásmata se pueden consultar en Rhetores Graeci XI (ed. J. Felten), Leipzig, 1913.
35 A la gran difusión de que gozaron los Progymnásmata de Aftonio, junto con las cuatro obras del canon hermogeniano, en época bizantina alude G. L. KUSTAS en su artículo «Studies in byzantine Rhetoric», Analekta Blatadon 17 (1973), pág. 23.
36 Prueba de su importancia es que gran parte de su teoría aparece recogida de modo casi literal por J. Sardiano en su Commentarium in Aphthonii Progymnasmata .
37 Brzoska, RE 1, 2797-2800.
38 Cuatro de estos cinco ejercicios se conservan en la edición de A. Manandian, publicada en Erevan, 1938 (Inst. Hist. et. Lit. SSR Armen, Opera Auct. Veter. I) .
39 Para la localización de los términos mencionados puede consultarse el índice de términos colocado al final de cada traducción.
40 Cf. supra .
41 Cf. págs. 38-39.
TEÓN
EJERCICIOS DE RETÓRICA

INTRODUCCIÓN
El autor. Notas biográficas
Son muy pocos los datos que poseemos sobre Teón, y prácticamente desde la aparición de la obra de G. Reichel, Quaestiones Progymnasmaticae , Leipzig, 1909, no se ha dicho nada nuevo a este respecto, pues tanto el artículo de W. Stegemann 1 como las referencias que G. Kennedy 2 hace de nuestro autor no consiguen sino redundar en las conclusiones presentadas ya por Reichel, a saber, la contemporaneidad de Elio Teón con Quintiliano 3 .
Que Elio Teón fue contemporáneo de Quintiliano y que, por tanto, vivió en el s. I d. C. puede ser confirmado a partir de los siguientes hechos:
En primer lugar, a partir de la propia obra de Teón, pues en tres pasajes (pág. 61, 28; 120, 19; 18 Sp.) alude respectivamente a Apolonio Rodio (Apolonio Molón, en opinión de Reichel 4 ), Teodoro de Gádara y Hermágoras, menciones a partir de las cuales es posible establecer el terminus post quem , que se corresponde, por tanto, con la época de Tiberio, de quien Teodoro de Gádara fue maestro. Época que aparece también confirmada en el propio texto de Teón, en el que defiende y al tiempo practica los preceptos de la doctrina aticista:
—Crítica de «los llamados rétores asiánicos» (pág. 71, 11 Sp.), así como de Hegesias y Epicuro (pág. 71, 10 y 12 Sp.) a causa de su estilo métrico y rítmico.
—Crítica de los oradores de su tiempo, que ni siquiera habían sido instruidos en los llamados «estudios liberales», oponiéndolos a los oradores antiguos, que abarcaban incluso el estudio de la filosofía (pág. 59, 1-10 Sp.). Denuncia semejante a la que encontramos en Quintiliano, I 10-11; II 1, 4.
—Defensa de la claridad, concisión y verosimilitud en la expresión, y consiguiente rechazo de todos los vitia que menoscaben alguna de estas virtudes. Aconseja, pues, que se evite el hipérbaton marcado, las digresiones extensas, homonimia y sinonimia, etc. 5 .
—Y claridad y sencillez estilística de la propia obra de Teón.
En segundo lugar, contamos con una serie de noticias que nos permitirán establecer el terminus ante quem . La más reciente es la de Hoppichler, quien ya demostró que de los tres grandes autores de progymnásmata el más antiguo era Teón 6 y, por tanto, sería anterior al 160, año del nacimiento de Hermógenes. Las más antiguas, y de gran utilidad en este punto, son las de Quintiliano y la Suda . De los Teones mencionados por la Suda nos interesan las noticias relativas a tres de ellos:
—203: «Teón, alejandrino, filósofo estoico, que nació en el reinado de Augusto, después de Ario (Dídimo). Escribió un Comentario a la Introducción a la fisiología de Apolodoro y tres libros Acerca de los artificios oratorios» .
—206: «Teón, alejandrino, sofista, que adoptó el nombre de Elio. Escribió un Tratado retórico, Acerca de los ejercicios preparatorios , un Comentario a Jenofonte, a Isócrates y a Demóstenes. Declamaciones retóricas y Cuestiones acerca de la sintaxis del discurso , así como otros muchos trabajos».
—3215: ...«era sucesor de Teón el gramático...» (cf. Apíōn).
Quintiliano, por su parte, en III 6, 48, y IX 3, 76, menciona a un tal Teón, sobre el que se discute si es el autor de los Progymnásmata o es el Teón estoico al que la Suda atribuye los tres libros de retórica, pues en IX 3, 76, Quintiliano le llama estoico. Al parecer, la Suda da noticias sobre varios Teones no con mucha precisión, pues, siguiendo a Reichel, el Teón «que nació después de Ario» sería el Teón gramático y los tres libros de retórica que la Suda atribuye a este Teón serían, en realidad, del autor de los Progymnásmata 7 .
Así, pues, Teón el estoico es el mismo Teón sofista, autor de los tres libros de retórica y de los Progymnásmata . Afirmación que es posible corroborar a partir del propio texto de Teón, porque en gran número de pasajes sigue claramente la doctrina estoica 8 . Todo ello justifica el que Quintiliano le denomine «Teón el estoico», y nos permite declararle, junto con Reichel, contemporáneo de Quintiliano.
La obra. Estructura y contenido
La obra de Teón consta de una introducción, que comprende dos partes, y de diez capítulos más, en los que se van tratando sucesivamente los siguientes ejercicios: fábula (mŷthos) , relato (diḗgēma), chría (chreía) , lugar común (koinòs tópos) , encomio y vituperio (enkṓmion kaì psógos) , comparación (sýnkrisis) , prosopopeya (prosōpopoiía) , descripción (ékphrasis) , tesis (thésis) y ley (nómos) .
El ejercicio de la ley nos ha llegado incompleto, faltando también en el conjunto de la obra cinco ejercicios más: lectura (anágnōsis) , audición (akróasis) , paráfrasis (paráphrasis) , elaboración (exergasía) y réplica (antírresis) , que Teón trata sólo de un modo general en la introducción. No ocurre así con la traducción armenia de los Progymnásmata , fechada en la segunda mitad del s. VI , en la que, salvo el capítulo correspondiente al último ejercicio, aparece traducida en su conjunto la totalidad de la obra, y en la que el orden de los ejercicios no coincide con el del texto de Spengel manejado por nosotros, sino con el reconstruido conjeturalmente por Reichel, según indica Bolognesi 9 .
El orden que con gran minuciosidad y espíritu científico reconstruye Reichel, basándose en los datos suministrados por el propio texto, es el siguiente 10 : chría , fábula, relato, lugar común, descripción, prosopopeya, encomio y vituperio, comparación, tesis, ley, lectura, audición, paráfrasis, elaboración y réplica.
La causa de tal alteración obedece a que los Progymnásmata de Teón fueron ordenados en la Antigüedad según la disposición que presentaban los de Hermógenes y Aftonio 11 .
Al comienzo de su obra, en la primera parte de la introducción, Teón se queja de la falta de preparación de los oradores de su tiempo, que llegan a las causas judiciales y deliberativas careciendo de la menor instrucción (pág. 59, 9-10 Sp.). Según observamos, la labor de Teón es ya desde un principio claramente pedagógica, de ahí la definición de las distintas composiciones 12 , así como la presentación de las diferencias entre las mismas, etc., que Teón anticipa. A continuación, pasa revista de un modo general a cada una de las composiciones, aludiendo principalmente a su utilidad, así como a su uso entre los antiguos. Y finalmente ofrece el orden que va a seguir en su exposición. Orden que, como antes hemos dicho, con posterioridad se vería gravemente alterado.
En la segunda parte de la introducción Teón alude a la necesidad de que el maestro recopile de las obras antiguas ejemplos adecuados para cada ejercicio y, por ello, presenta una abundante serie de ejemplos tomados principalmente de autores como Heródoto, Platón, Tucídides, Éforo, Teopompo, Demóstenes, Esquines, etc. 13 . Seguidamente hace una serie de consideraciones sobre el método pedagógico a seguir, que, de acuerdo con los preceptos de toda la Antigüedad, se fundamenta en la imitación. A continuación, habla del estilo a utilizar, manifestando una postura claramente aticista, por su crítica del estilo métrico y rítmico y de los oradores asiánicos, así como por su insistencia en el decoro y en la necesidad de la claridad y viveza en la elocución. Por último, trata de la corrección, coincidiendo con Quintiliano (Quint. II 2, 7) en la necesidad de que ésta no sea excesivamente dura, y en la conveniencia de que los alumnos se encuentren directamente con los modelos que imitan para tener, así, a los propios antiguos como correctores.
En cuanto al contenido de cada uno de los ejercicios, ofrecemos a continuación un resumen esquemático:
FÁBULA
—Definición.
—Clasificación: esópicas, libias, sibaríticas, etc.
—Diferentes denominaciones.
—Explicación etimológica.
—Ejercicio:
—exposición
—declinación
—enlace
—alargamiento
—abreviación
—epílogo, o a la inversa
—refutación y confirmación.
—Lugares de argumentación (para proceder a la refutación): oscuridad, inverosimilitud, inadecuación, imperfección, redundancia, novedad, contradicción, disposición, inconveniencia, desigualdad, falsedad.
—Uso posible de la recapitulación, de la ironía, de amplificaciones o minimizaciones, de digresiones y de caracteres.
—Los mismos lugares de argumentación son útiles para la refutación y confirmación de los relatos.
RELATO
—Definición.
—Elementos básicos del relato (stoicheîa): persona, hecho, lugar, tiempo, modo, causa.
—Aspectos relacionados con cada uno de los elementos:
—persona: linaje, naturaleza, educación, etc.
—hecho: grande, pequeño, peligroso, etc.
—Virtudes del relato: claridad, concisión y verosimilitud. Estas virtudes se consiguen a partir de los hechos expuestos y a partir del estilo:
—Claridad temática: se logra cuando se tratan materias propias del conocimiento común, cuando no se narran muchos hechos al mismo tiempo (como ejemplo de oscuridad por este motivo: Tucídides), si no se confunden la época y los hechos, si no se repite lo mismo dos veces, etc.
—Claridad estilística: se logra si no se utilizan nombres poéticos, inventados, figurados, antiguos, extranjeros y homónimos, si no se hace uso de la ambigüedad (expone diferentes tipos de ambigüedad: por la coincidencia en la expresión del nombre sin dividir y dividido, etc., y como ejemplo a Heráclito), cuando no se utilizan hipérbatos marcados, etc.
—Concisión temática: para conseguirla no se han de abarcar muchos sucesos a la vez, no se han de insertar unos en otros, etc. (diferencias entre narración e historia).
—Concisión estilística: se consigue si no se utilizan sinónimos ni perífrasis, si se elimina lo superfluo, etc. No obstante, se ha de evitar el caer en la vulgaridad u oscuridad por un exceso de concisión.
—Verosimilitud: se han de adoptar modos de expresión adecuados a los personajes, los hechos, los lugares y las circunstancias, etc. Como ejemplo de relato verosímil cita el de Tucídides sobre los platenses y los tebanos.
—Ejercicio: abarca los siguientes procedimientos: exposición, declinación, enlace, alargamiento y abreviación, inversión de la disposición de las partes principales: principio, medio y fin, epifonesis, se relaciona con otros relatos y se refuta y se confirma.
—Lugares de argumentación (para refutar): oscuridad, imposibilidad, inverosimilitud, falsedad, imperfección, redundancia, contradicción, disposición, inadecuación e inconveniencia. Como ejemplo: refutación del relato sobre Medea a partir del principio de inverosimilitud, aplicado a cada uno de los elementos de la narración: persona, hecho, lugar, etc.
—Esos lugares de argumentación son apropiados para las narraciones míticas.
—Del mismo modo también es posible ejercitarse en las fábulas.
CHRÍA
—Definición.
—Diferencia entre chría y sentencia y entre chría y apomnēmóneuma .
—Explicación etimológica.

—Modos en que se presentan: en forma de sentencia, en forma demostrativa, de manera graciosa, en forma de silogismo, en forma de argumentación conclusiva, etc.
—Ejercicio: exposición, declinación, epifonesis, réplica, alargamiento y abreviación, refutación y confirmación.
—Lugares de argumentación: oscuridad, redundancia, imperfección, imposibilidad, inverosimilitud, falsedad, inconveniencia, inutilidad y vergüenza.
—Esos mismos lugares de argumentación pueden servir para la refutación y confirmación de las sentencias.
—Algunas consideraciones acerca de los proemios.
—Uso posible de amplificaciones, de digresiones y de caracteres.
LUGAR COMÚN
—Definición.
—Tipos: sencillos, no sencillos.
—Explicación etimológica.
—Diferencias que mantiene con los encomios y los vituperios.
—Los argumentos se han de tomar a partir de los siguientes lugares: intención del autor, importancia del acto, contenido, comparación, argumento contrario, actos que preceden al hecho, resultado y consecuencias, carácter irreparable, juicio de personas reputadas y descripción vívida y detallada.
ENCOMIO Y VITUPERIO
—Definición de encomio.
—Tipos: encomio, epitafio e himno.
—Explicación etimológica (a partir de k
mos) .
—Los encomios se hacen sobre cualidades o sobre bellas acciones:
cualidades:
espirituales: honradez y sus manifestaciones;
corporales: salud, fuerza, belleza, etc.;
externas: nobleza de nacimiento, educación, amistades, etcétera;
bellas acciones: las alabadas después de morir, las realizadas en interés de otros, las que producen grandes bienes a la mayoría, etc.
—Es conveniente utilizar los juicios de personajes célebres, conjeturar el futuro a partir del pasado, comparar a nuestro personaje con otros, utilizar los nombres propios, la homonimia y los sobrenombres.
—Modo, en que se han de utilizar los lugares de argumentación mencionados anteriormente.
—Los vituperios se harán a partir de los lugares de argumentación contrarios.
COMPARACIÓN
—Definición.
—Tipos: entre personas, p. e., Ulises y Ayante, y entre cosas, p. e., sabiduría y valentía.
Entre personas, se han de comparar: nobleza de linaje, educación, número de hijos, cargos, reputación, cualidades corporales y externas, y acciones. Entre cosas, se han de comparar a sus descubridores, el lugar en que residen por naturaleza y los beneficios que producen.
—Las comparaciones se hacen entre unidad con unidad (como las anteriores) o entre un grupo con otro (distingue dos modalidades).
PROSOPOPEYA
—Definición.
—Hay que tener presente el carácter propio de la persona que habla y el de la persona a la que va dirigido el discurso, así como su edad, la ocasión, el lugar, etc.
—Cada hecho tiene también una elocución adecuada, p. e., los hechos importantes no se han de exponer con un estilo humilde, etc.
—Modos de argumentar según pidamos algo, exhortemos, disuadamos, consolemos, etc.
—Es un ejercicio expositivo sobre todo de emociones y caracteres.
—Los que quieran practicar las prosopopeyas de modo más completo podrán utilizar las fuentes de argumentos apropiadas para las tesis.
DESCRIPCIÓN
—Definición.
—Tipos: de personajes, p. e., Tersites; de hechos, p. e., guerra, paz, etc.; de lugares, p. e., un prado, playas, etc.; de épocas, p. e., primavera, verano, etc.; de modos, p. e., la fabricación de las armas en Homero, y mixtas, p. e., el combate nocturno en Tucídides.
—Diferencias entre descripción y lugar común.
—Descripciones de hechos: la argumentación se hará a partir de los sucesos anteriores y posteriores.
—Descripción de lugares, épocas, modos o personajes: la argumentación se basará en la belleza, la utilidad y el placer.
—Virtudes de la descripción: claridad, viveza, concisión y adecuación al tema.
—Hay quienes juzgan conveniente refutar y confirmar las descripciones, pero tal modalidad, en opinión de Teón, queda incluida en el relato.
TESIS
—Definición.
—Diferencia entre tesis y lugar común, y entre tesis y prosopopeya.
—Modos de hacer los proemios.
—No hay narración en las tesis. Por tanto, después del proemio se dispondrán los argumentos.
—Géneros:
teóricas: «Si los dioses se preocupan del mundo»
prácticas: «Si es conveniente casarse».
—Lugares de argumentación (tesis prácticas): posibilidad, costumbre, facilidad, ejemplos, adecuación, carácter piadoso, necesidad, belleza, utilidad, placer, etc.
Ejemplo: «Si el sabio debe ocuparse de política».
—Para las tesis teóricas sirven esos mismos lugares de argumentación, pero se han de disponer de la manera más apropiada a la cuestión que se plantee. Ejemplo: «Si los dioses se preocupan del mundo».
—Tipos:
sencillas: «Si es conveniente casarse»,
complejas: «Si debe casarse un rey».
—Se pueden utilizar: amplificaciones, digresiones, emociones, caracteres, exhortaciones, etc.
LEY
—Definición.
—Tipos: sobre leyes sometidas a votación o sobre leyes ya establecidas.
—Después del proemio se refutará a partir de los siguientes lugares de argumentación: oscuridad, imposibilidad, no necesidad, argumento contrario, injusticia, reputación, inconveniencia y vergüenza.
—Tipos de oscuridad: por la pronunciación, por homonimia, por «polionimia», por la sintaxis, por la unión y separación de palabras, por pleonasmo, por elipsis y por contradicción 14 .
El texto. Ediciones y traducciones
La editio princeps vio la luz en Roma en 1520 a cargo de Angelo Barbato. En 1541 G. Camerario vuelve a editar el texto en Basilea con traducción latina. En el s. XVII ven la luz dos ediciones de Teón: la de D. Heinsius, Lyon, 1626, que comprende el texto griego y la traducción latina de Camerario revisada y reelaborada, y la de G. G. Scheffer, Upsala, 1670. G. E. Lederlin (1672-1737) había preparado una nueva edición de Teón (mencionada en la Biblioteca Graeca de Fabricius-Harlesius, vol. VI, pág. 98), pero la muerte le impidió publicarla 15 .
En el siglo pasado aparecen tres ediciones de Teón: la de C. Walz, Rhetores Graeci I , Stuttgart, 1832 (137-262), la de C. E. Finckh, Stuttgart, 1834, y finalmente la de Spengel, Rhetores Graeci II , Leipzig, 1854, que ha servido de base a nuestra traducción 16 . De estos tres autores el único que dispuso de algunos códices teonianos fue Walz. Pero, frente a los cinco códices que Schmid-Stählin y Stegemann creyeron que había manejado, Italo Lana 17 asegura que sólo pudo manejar tres códices: el Mediceo Laurenciano plut. LV 10, el Modenense 116 y el Parisino 2918 18 .
Con respecto a las traducciones, únicamente tenemos noticia de la existencia de la traducción latina de Camerario, a la que ya hemos aludido, así como de la traducción armenia del s. VI publicada en 1938 19 , pero que no hemos podido manejar. Ignoramos que exista alguna traducción de los Progymnásmata a una lengua moderna, por lo que nuestra traducción sería la primera.
Observaciones sobre nuestra traducción
Para facilitar la lectura del texto, y a fin de que no se vea interrumpido por continuas llamadas innecesarias, los términos que precisen de explicación serán aclarados con la correspondiente cita la primera vez que aparezcan; en las restantes ocasiones se podrá consultar el índice de términos colocado al final de cada traducción, en donde se remitirá a la cita en cuestión. Tales citas no pretenden ser eruditas, sino meramente aclaratorias.
Advertimos también que, al citar pasajes del texto griego, remitimos a la página (y línea) en cuestión, señalando a continuación el editor correspondiente, y que tales páginas aparecen reflejadas de modo aproximado en los márgenes de nuestra traducción.
En los pasajes literarios recogidos por Teón no hemos seguido ninguna traducción en particular, por lo que no remitimos a ninguna en concreto, sino que ofrecemos la nuestra propia.
Advertimos, por otro lado, que las abreviaturas empleadas, tanto de autores como de revistas, son las de L’Année Philologique .
Hemos de señalar que para la compresión y traducción de determinados términos nos ha sido de gran utilidad la obra de C. T. Ernesti, Lexicon Technologiae Graecorum Rhetoricae , 2.a ed., Hildesheim, 1962; léxico, en nuestra opinión, completísimo.
Por último, sólo nos resta decir que estamos a la espera de la edición de Herter en la ed. Teubner, pues la edición de Spengel, en la que nos hemos basado, es manifiestamente mejorable.

1 «Theon», RE 2 (1934), 2037-54.
2 Greek Rhetoric ..., págs. 56 y ss. y The art of Rhetoric in the Roman world , Nueva Jersey, 1972, págs. 615 y ss.
3 Quaestiones ..., pág. 30. Sobre las diversas propuestas relativas a la época de Teón, que se llegó a situar incluso en el s. v d. C., puede consultarse la mencionada obra de Reichel, así como el artículo de Stegemann en RE .
4 Cf. op. cit ., pág. 21.
5 Cf. pág. 19, n. 39.
6 HOPPICHLER , De Theone, Hermogene Aphthonioque progymnasmatum scriptoribus , Virceb., 1884.
7 Quaestiones ..., pág. 23.
8 Reichel, cf. supra , págs. 23-30, hace un detallado análisis de las principales huellas del estoicismo en Teón.
9 «La traduzione armena dei Progymnasmata di Elio Teone», RAL 17 (1962), 86-125, pág. 87.
10 Quaestiones ..., págs. 30 y ss.
11 Cf. supra .
12 Gr. lógoi , es el término que emplea generalmente para definir los distintos ejercicios.
13 Sobre los autores y obras mencionados por Teón puede consultarse el índice del final del libro.
14 Los progymnásmata de Teón concluyen de manera incompleta mientras se ocupa de la oscuridad producida por elipsis.
15 I. LANA , I Progimnasmi di Elio Teone, I la storia del testo , Turín, 1959, pág. 87. En esta obra Lana nos ofrece un estudio detallado sobre las diferentes ediciones, principales códices, etc.
16 W. Stegemann anuncia en RE una nueva edición de Teón en la ed. Teubner a cargo de Herter, pero no tenemos noticia de que haya sido aún publicada.
17 I Progimnasmi ..., pág. 87.
18 En España, tenemos noticia de la existencia de tres manuscritos que contienen, parcial o totalmente, estos Progymnásmata:
19 Cf. pág. 18, n. 38.

EJERCICIOS DE RETÓRICA
Los antiguos oradores, y principalmente los que gozaron [59] de buena reputación, creían que era preciso no acercarse a ninguna modalidad de oratoria antes de haber tenido algún tipo de contacto con la filosofía y de estar imbuidos, gracias a ella, de su amplitud de pensamiento. Pero ahora la mayoría está tan lejos de hacer caso de tal tipo de advertencias que, sin tener la menor instrucción en los llamados «estudios liberales» 1 , se lanzan a pronunciar discursos, y de la manera más tosca de todas, porque, sin haberse ejercitado en las materias oportunas, se precipitan en las hipótesis 2 judiciales y deliberativas, aprendiendo, según dice el refrán, la alfarería por la tinaja 3 .
Así pues, sobre el resto de ejercicios que ha de conocer el que va a ser orador, que escriban otros, pero los que es preciso saber y practicar convenientemente antes de la hipótesis, ésos yo intentaré ahora exponerlos, no porque no hayan escrito también algunos otros sobre ello, sino porque no es materia de poca importancia y yo mismo espero resumirla para quienes se proponen pronunciar discursos. Pues no sólo hemos inventado algunos otros ejercicios 4 , además de los ya tradicionales, sino que incluso hemos intentado ofrecer la definición de cada uno, de modo que, en el caso de que se nos pregunte en qué consiste cada uno de ellos, podemos decir, por ejemplo, que una fábula 5 es una composición falsa que simboliza una verdad, e incluso también hemos mostrado sus diferencias respectivas, hemos proporcionado las fuentes de argumentos 6 para cada ejercicio, y hemos indicado además cómo podría uno servirse de éstas con el mayor acierto.
Cuán enteramente útiles son los ejercicios para los que [60] emprenden el arte oratoria tampoco es dudoso, pues quien ha expuesto de manera hermosa y rica en recursos una narración y una fábula, también compondrá de manera hermosa una historia y el llamado propiamente «relato» en las hipótesis (pues una historia no es otra cosa que una composición narrativa), [siempre que] el que puede refutar o confirmar estas composiciones no se aparte apenas de quienes pronuncian las hipótesis. Pues todo cuanto hacemos en las hipótesis judiciales también se encuentra ahí: en primer lugar está el proemio y el relato; luego intentamos responder a cada uno de los aspectos mencionados en el relato o en la fábula, y para cada uno proporcionar una prueba 7 , e incluso también nos preocupamos de disponer adecuadamente cada uno de los argumentos 8 , y amplificamos e ironizamos 9 y todo lo demás, sobre lo cual sería demasiado prolijo hablar en la presente ocasión. Además, la ejercitación a través de la chría 10 no sólo proporciona cierta habilidad oratoria, sino también un carácter virtuoso 11 , puesto que nosotros nos ejercitamos en las sentencias de los sabios. El llamado «lugar común» y la descripción tienen una utilidad manifiesta, pues por doquier los antiguos historiadores en su totalidad han utilizado en la mayor medida la descripción, y los oradores el lugar común. También la prosopopeya es un ejercicio no sólo propio de la historia, sino incluso de la oratoria, del diálogo y de la poesía, y es muy útil tanto en la vida de cada día como en el trato de los unos con los otros, e igualmente es muy provechoso en lo que respecta a las partes habladas de las obras. Por esto, en primer lugar, alabamos a Homero, porque ha atribuido palabras apropiadas a cada uno de los personajes representados 12 y, por el contrario, censuramos a Eurípides, porque de modo inoportuno su Hécuba habla como un filósofo. Por otro lado, también es útil el ejercicio de la comparación, especialmente en los [61] discursos judiciales, al comparar nosotros ya las acciones injustas con las injustas, ya las buenas obras con las buenas obras, y así también en los encomios, al confrontar nosotros las buenas acciones. En las deliberaciones es también muy evidente su utilidad, pues las palabras de quienes deliberan giran en torno a lo más preferible. Acerca de la tesis ¿qué podría uno decir?, pues en ninguna otra cosa difiere de la hipótesis, excepto en que no define claramente ni personajes determinados, ni lugar, ni tiempo, ni modo, ni causa; por ejemplo, una tesis es «si conviene enviar un ejército fuera de las fronteras a unos sitiados», y, por el contrario, una hipótesis es «si conviene enviar un ejército a Sicilia a los atenienses sitiados por los peloponesios». De igual modo, también el rechazo y la defensa de las leyes es una parte no mínima de la hipótesis. Al menos, los más bellos discursos de Demóstenes son aquellos en los que se discute acerca de una ley o de un decreto, y me refiero al discurso Sobre la corona y a los discursos Contra Androción y Timócrates, Contra Leptines y Contra Aristócrates , pues poca fue la diferencia si Aristócrates no propuso por escrito una ley, sino un decreto. Con relación al encomio, tampoco yo ignoro que es un género de hipótesis, pues tres son los géneros de la hipótesis: encomiástica, a la que los seguidores de Aristóteles llamaban «epidíctica», judicial y deliberativa. Sin embargo, puesto que a menudo solemos proponer también a los más jóvenes que escriban encomios, por eso lo incluí en los ejercicios preparatorios y al mismo tiempo dejé para el lugar oportuno la exposición exacta de las reglas del encomio y ahora he hecho más sencilla su enseñanza. La lectura, como dijo uno de los antiguos —creo que Apolonio de Rodas 13 —, es educación del estilo. Pues, al modelar el espíritu con bellos ejemplos, los imitaremos también del modo más bello. Y ¿quién no se alegraría con la audición, recibiendo [62] fácilmente lo que otros han elaborado en medio de fatigas? Sin embargo, del mismo modo que a los que quieren pintar no les sirve de nada observar las obras de Apeles, Protógenes y Antífilo 14 , si ellos mismos no intentan también dibujar, así también, para los que van a ser oradores, ni los discursos de los más antiguos, ni el conjunto de doctrinas, ni la pureza de expresión, ni una composición armoniosa, ni una audición refinada ni absolutamente ninguno de los bienes de la retórica les son de utilidad, si cada uno, por su cuenta, no se ejercita en los escritos de cada día. La paráfrasis, por su parte, no es inútil, como algunos han dicho o han creído, pues la buena expresión, afirman, se consigue una vez, pero dos no es posible. Sin embargo, éstos están muy desencaminados de la verdad, pues, ya que la mente no es impresionada de un único modo por un solo hecho, de suerte que ofrezca de la misma manera la imagen que le ha sobrevenido, sino que lo es de más modos, y, puesto que nosotros unas veces enunciamos, otras interrogamos, otras indagamos, otras suplicamos, otras mostramos lo pensado de algún otro modo, nada impide expresar bellamente de todas las maneras posibles lo imaginado, con el mismo éxito. Hay pruebas de ello tanto en poetas como en historiadores, y en general es evidente que todos los antiguos han utilizado la paráfrasis de la mejor manera, transformando no sólo sus propias expresiones, sino también los unos las de los otros. Parafraseando a Homero, cuando dice:
Pues tal la mente es de los hombres que viven en la tierra, cual cada día determina el padre de hombres y dioses 15 ,
Arquíloco:
Tal ánimo a los hombres mortales se presenta ,
Glauco, hijo de Leptines, cual Zeus cada día determina 16 .
Y de nuevo Homero ha expresado de este modo la toma de una ciudad:
A los hombres unos matan, a cenizas la ciudad reduce el [63] fuego ,
a sus hijos y esposas de marcado talle tras de sí otros conducen 17 .
Y Demóstenes, del modo siguiente: «Al menos, cuando marchábamos a Delfos, por fuerza era posible ver todo esto: casas destruidas, muros derribados, un país despojado de hombres en la plenitud de sus fuerzas, unas pocas mujeres y niños, y ancianos dignos de piedad» 18 . Y Esquines, así: «Pero, al menos en vuestros pensamientos, volved los ojos hacia sus desgracias e imaginad que veis la ciudad conquistada, derribos de muros, incendios de casas, santuarios saqueados, mujeres y niños conducidos a la esclavitud, hombres ancianos y mujeres ancianas que han tenido que olvidar demasiado tarde su libertad» 19 . Y también Tucídides dice: «Los vivos sienten envidia hacia sus rivales, mientras que los que no son un obstáculo son honrados con una benevolencia libre de antagonismo» 20 . Y Teopompo: «Pues sé que muchos juzgan a los que están vivos con malquerencia, mientras que para con los que han muerto abandonan las envidias, a causa de los muchos años transcurridos» 21 . Y Demóstenes del modo siguiente: «Pues ¿qué persona no sabe que todos los que viven disponen de algún tipo de envidia mayor o menor y que, por el contrario, a quienes han muerto no los odia ni uno solo de sus enemigos» 22 . Y precisamente Filisto en sus Historias sobre Sicilia ha parafraseado, a partir de las de Tucídides, toda la guerra ática 23 ; y Demóstenes en el discurso Contra Midias ha parafraseado a Lisias y a Licurgo, a partir de los discursos Sobre la soberbia , y a Iseo, a partir de los discursos Contra la soberbia de Diocles 24 . Podrías encontrar también en Isócrates, en su Panegírico , lo que aparece en el Epitafio y en el Olímpico de Lisias. Pero, además, incluso el propio Demóstenes a menudo se parafrasea a sí mismo, no sólo trasladando a otro lugar lo que ya ha dicho en otros [64] discursos, sino que muchas veces, incluso en un solo discurso, es evidente que ha dicho lo mismo en innumerables ocasiones, pero con la variedad de su expresión pasa inadvertido a los oyentes. Al menos, en el discurso Contra Midias dice: «Pues ¿quién de nosotros no sabe que el no castigar a los que delinquen es causa de que se produzcan muchos actos de tal tipo y que, por el contrario, el hecho de que pague la pena que merece quien es sorprendido en cada ocasión es la única causa de que nadie viole la ley en el futuro?» 25 . Y en el discurso Contra Aristócrates (lo mismo que Contra Androción): «Pues, si en algún momento se hubiera hecho algo al margen de la ley y tú lo hubieras imitado, no por eso hubieras sido absuelto con justicia, sino lo contrario, mucho más hubieras sido condenado por ese motivo; así pues, al igual que tú no hubieras propuesto estas cosas por escrito si alguno de aquellos hubiese sido condenado, del mismo modo, si tú pagas la pena, otro no las propondrá» 26 . En las Filípicas persiste en repetir arriba y abajo los mismos hechos, y en el discurso Contra Leptines ha dicho no pocas veces que no hay que privar a los bienhechores de lo que se les ha entregado. En el discurso En defensa de la corona 27 ha sembrado a lo largo de todo él la idea de que no era justo criticar las acciones por su resultado, sino censurar cada actuación política en particular 28 , y en el discurso Sobre la embajada fraudulenta ¿quién ignora que las alusiones a la liberación de los prisioneros de guerra se encuentran esparcidas de un modo ensordecedor? Por otra parte, también la figura de la elaboración 29 es útil en otros muchos casos, pero principalmente en las segundas intervenciones 30 , y la réplica en las defensas.
En lo que concierne al orden de los propios ejercicios, lo haremos del modo siguiente: en primer lugar, comenzando por la chría , pues esto es breve y fácil de recordar; luego, a partir de la fábula y de la narración, excepto su [65] refutación y confirmación 31 , dado que estos procedimientos parece que son de algún modo posteriores a los otros; en efecto, todos están de acuerdo en que es obra del orador el demostrar la verdad de la causa que defiende y el amplificar lo demostrado. Por tanto, por su naturaleza y por su utilidad se encuentra en primer lugar el discurso demostrativo y, luego, el amplificativo, pues es preciso probar antes a uno como traidor y luego, como contra un gran delito, provocar a los oyentes contra la traición. Sin embargo, aunque hemos dicho que la demostración precede por naturaleza a la amplificación, sucede que el ejercicio no se presenta así, sino precisamente todo lo contrario, pues las cosas muy fáciles están antes que las más difíciles y es más fácil amplificar lo evidente que demostrar lo incierto. Por lo cual, nosotros, partiendo de nuestra propia capacidad, comenzaremos a intentar refutar o confirmar a partir del lugar común; luego, de la descripción; seguidamente, de la prosopopeya; después, nos ejercitaremos en los encomios y, más tarde, en las comparaciones; pues éstos son los ejercicios sobre hechos reconocidos y no admiten ninguna réplica. A continuación, practicaremos ya con los ejercicios de controversias 32 ; pero antes que éstos está la refutación de las chrías ; luego, la de las fábulas esópicas y la de las narraciones históricas y míticas; después, la de las tesis y, seguidamente, la de las leyes. La lectura, la audición y la paráfrasis las utilizaremos desde el comienzo; la elaboración y, mucho más, la réplica, cuando dispongamos ya de algún dominio 33 .
Sobre la educación de los jóvenes, al tiempo que sobre el uso de los ejercicios preparatorios entre los antiguos
Antes que nada es preciso que el maestro, recopilando de las obras antiguas ejemplos apropiados de cada ejercicio, ordene a los jóvenes que los estudien a [66] fondo, por ejemplo, de chría , como es la que aparece en Platón en el libro primero de la República: «Acercándose uno en cierta ocasión al poeta Sófocles, le dijo: ‘Sófocles, ¿qué tal estás para los placeres del amor?, ¿eres todavía capaz de acostarte con una mujer?’ Y él dijo: ‘¡calla la boca, hombre!, pues yo con la mayor alegría huí de ellos como si escapase de un amo furioso y cruel’» 34 . De fábula, como es en Heródoto la del flautista 35 y en Filisto la del caballo 36 y las que ambos tienen en los dos primeros libros 37 ; y en el libro vigésimo de las Filípicas de Teopompo la de la guerra y la soberbia, que Filipo cuenta ante los embajadores de los calcídeos 38 ; y en el libro segundo de las Memorables de Jenofonte la del perro y las ovejas 39 . De narración serían ejemplos hermosísimos, de las míticas, la de Platón en el libro segundo de la República sobre el anillo de Giges 40 y en el Banquete sobre el nacimiento del amor 41 , así como las relativas a los temas del Hades presentes en el Fedón y en el libro décimo de la República 42 ; y en Teopompo, en el libro octavo de sus Filípicas , la de Sileno 43 ; de las históricas, la relativa a Cilón en Heródoto y Tucídides 44 , la relativa a Anfíloco, el hijo de Anfiarao, en el libro tercero de Tucídides 45 , y lo referente a Cleobis y Bitón del libro primero de Heródoto 46 . Tratan también de la llegada de Dédalo ante Cócalo, rey de los sicanos, Éforo en el libro séptimo, y Filisto en el primero 47 . Podrías hallar también en el discurso Sobre la embajada fraudulenta de Demóstenes un relato sencillo y elegante sobre los Juegos Olímpicos celebrados por Filipo después de la toma de Olinto 48 . Disponemos igualmente entre los antiguos de refutaciones y confirmaciones de chrías , de sentencias, [67] de opiniones y similares. Y precisamente se ajustaría a este género todo lo que dice Éforo en el libro undécimo de sus Historias contra las opiniones divulgadas por sus predecesores con relación al Nilo 49 . De refutaciones de relatos míticos hay ejemplos en el libro segundo de Heródoto, sobre las invenciones que cuentan los griegos: que los egipcios, tras llegar Hércules, pretendían sacrificarlo en honor de Zeus y él les causó la muerte a millares de ellos 50 . Y en Éforo, en el libro primero, el relato sobre las cincuenta hijas de Tespio, con las que, siendo todas vírgenes, cuentan que Hércules se unió al mismo tiempo, y sobre Aristodemo, que murió al ser herido por un rayo 51 . De refutaciones de las narraciones históricas es posible tomar algunos ejemplos también de Heródoto, como los del libro cuarto sobre la división de la totalidad de la tierra en tres partes y la designación de una como Europa, de otra como Libia y de la tercera como Asia 52 ; y de Tucídides, de su libro primero, lo relativo al asesinato de Hiparco a manos de los seguidores de Harmodio y Aristogitón 53 . Podemos tomar también más ejemplos de otros historiadores: de Éforo, de su libro primero, lo relativo a la división del Peloponeso durante el retorno de los Heraclidas 54 ; de Teopompo, del libro vigésimo-quinto de las Filípicas , que. el juramento helénico es una falsedad, juramento que los atenienses afirman que pronunciaron los griegos antes de la batalla de Platea contra los bárbaros, así como los tratados de los atenienses [con los demás griegos] frente al rey [Darío]; que incluso la batalla de Maratón no todos al mismo tiempo celebran que ha sucedido, «ni cuantas otras cosas», dice, «de las que la ciudad de los atenienses se jacta, y con las que engaña a los griegos» 55 . Del mismo modo, también es posible encontrar entre los antiguos el llamado «lugar común», como el ejemplo de Demóstenes en el discurso En defensa de la corona: «Pues entre los griegos, no entre unos pocos, sino entre todos igualmente, ocurrió que fue tan grande la cosecha de hombres traidores, [68] venales y enemigos de los dioses» 56 , etc. E incluso lo que dice Licurgo contra un adúltero en el discurso Contra Licofrón 57 , e Hiperides contra los compañeros en el discurso Contra Aristágora 58 . Igualmente, también expondremos los demás en el apartado correspondiente a los lugares comunes. Muchas descripciones han sido realizadas por los antiguos, como en Tucídides, en el libro segundo, la peste 59 y, en el tercero, el cerco de Platea 60 y, en otra parte, un combate naval y un combate a caballo; y en Platón, en el Timeo , lo relacionado con Sais 61 ; y en Heródoto, en el libro segundo, los siete muros de Ecbatana 62 . Tenemos también en el libro noveno de las Filípicas de Teopompo el Tempe de Tesalia, que está entre dos grandes montañas, la Osa y el Olimpo, y por medio de ellas fluye el Peneo, en el cual confluyen todos los ríos de Tesalia 63 ; y en Filisto, en el libro octavo, lo relativo a los preparativos militares del tirano Dionisio contra los cartagineses y a la fabricación de las armas, de las naves y de las máquinas de guerra; y en el undécimo lo relativo al funeral del mismo y a los ornamentos de la pira 64 . De prosopopeya ¿qué ejemplo habría más hermoso que la poesía de Homero, los diálogos de Platón y de los demás socráticos, y los dramas de Menandro? Tenemos también los Encomios de Isócrates, los epitafios de Platón, Tucídides, Hiperides y Lisias 65 , el Encomio de Teopompo a Filipo y Alejandro, y el Agesilao de Jenofonte. Hay también comparaciones entre los antiguos, y en especial en Demóstenes, en el discurso Contra Leptines , cuando quiere hacer prevalecer a Conón sobre Temístocles 66 ; y también podrías encontrar en Jenofonte, en el Banquete , a Sócrates atestiguando a Calias que es mucho mejor el amor del espíritu que el del cuerpo 67 . Es posible tomar ejemplos del ejercicio de las [69] tesis en Aristóteles y Teofrasto, pues son muchos sus libros con títulos de tesis. Ya a algunos, precisamente, los rétores los llaman «modelos de tesis» 68 . Y, además, discursos enteros se podrían considerar que son casi una tesis, como los de Lisias titulados Sobre los regalos de boda y Sobre el aborto 69 . En el primero, en efecto, se examina si la mujer que se casa ha de conservar de modo seguro sus regalos de boda, y en el segundo si lo que aún está en el seno materno es un ser humano y si las mujeres no tienen que rendir cuentas de los abortos. Se dice que estos discursos no son de Lisias, pero, con todo, no está mal que los jóvenes los lean a fin de ejercitarse. Es posible también hallar en cada discurso un modelo de tesis, como en el de Demóstenes Contra Onétor, por expulsión y desposesión , donde se plantea la cuestión de si son veraces las pruebas y, en el discurso de Esquines Contra Timarco , si son veraces las declaraciones; y otros modelos de diversas procedencias. Dispondremos también de refutación de leyes en muchos lugares entre la mayoría de los oradores, y de la manera más perfecta en Demóstenes, en los discursos Contra Timócrates, Contra Aristócrates y Contra Leptines ; y de confirmaciones, en otros oradores, pero principalmente en Lisias, en el discurso Contra Diocles , en defensa de la ley contra los oradores 70 . Y, en verdad, aunque los antiguos no hayan utilizado todas las fuentes de argumentación expuestas por nosotros, por haber compuesto sus discursos no para el ejercicio, sino para los juicios, con todo, muestran, al menos, la entera disposición de tales composiciones 71 . Que tampoco los antiguos descuidaban la paráfrasis es evidente a partir de lo dicho un poco antes. Muchas partes incluso están más elaboradas en quienes las han parafraseado que en sus propios autores, por ejemplo, la «mancha cilónica» ha sido más elaborada por Tucídides que por Heródoto y Eufrón 72 , y Demóstenes [70] ha elaborado más que Hiperides el disturbio que sobrevino a los atenienses «cuando al atardecer llegaba uno anunciando a los prítanes que Elatea había sido tomada» 73 . Es posible también comparar historias y discursos enteros entre sí, examinando lo que ha sido mejor elaborado, como los de Demóstenes con los de Hiperides, y las Historias helénicas de Teopompo con las de Jenofonte. En lo que respecta a la réplica, es posible encontrarla sobre todo en los discursos en los que uno acusa y otro se defiende de la acusación, como en el de Esquines Contra Ctesifonte , y el de Demóstenes En defensa de la corona , e incluso los de uno y otro Sobre la embajada fraudulenta . Podrías encontrarla también en las Historias de Tucídides, pues en el libro primero hay una réplica de los corintios a los corcirenses y en el tercero otra de Diódoto y Cleón 74 . En Platón es posible ver en los hechos tanto la réplica como la elaboración. Al menos, en el Fedro , tras hablar sobre el mismo argumento que Lisias, seguidamente hace una réplica de ambos discursos, del suyo propio y del de Lisias 75 ; y en la República , conviniendo en un principio con Trasímaco acerca de la justicia, por mediación de los discursos de Glaucón y Adimanto, inmediatamente después se defiende de toda la acusación 76 .
Estos ejemplos, en verdad, los he expuesto no porque creyera que todos eran necesarios para todos los principiantes, sino para que nosotros veamos que es algo muy necesario la práctica de los ejercicios, no sólo para los que van a ser oradores, sino también para poetas, prosistas o cualesquiera otros que deseen hacer uso de la habilidad oratoria. Pues estos ejemplos son como los cimientos de toda la tipología de los discursos, y para que uno pueda someterlos poco a poco al espíritu de los jóvenes es preciso que los que se hagan a imitación de ellos resulten semejantes. Por lo cual, es necesario, además de lo dicho, que también el propio maestro, tras hacer algunas refutaciones y confirmaciones del modo más bello, ordene a los jóvenes que las reciten, a fin de que, modelados según el método [71] de aquéllas, sean capaces de imitarlas. Una vez que ellos mismos tengan capacidad para escribirlas, se les ha de indicar la disposición de los principios de argumentación 77 y de los argumentos; se les ha de señalar también el lugar adecuado para la digresión, la amplificación y todos los demás procedimienstos, y se les ha de hacer evidente igualmente el carácter propio de la cuestión 78 .
Hay que cuidar también la composición de las palabras, enseñándoles todo aquello a partir de lo cual evitarán el componer mal, y principalmente el estilo métrico y rítmico 79 , como la mayoría de las expresiones del orador Hegesias 80 y de los oradores llamados asiánicos, y algunas de las de Epicuro, como las que en cierto lugar escribe a Idomeneo: «¡Oh tú, que desde joven has considerado agradables todos mis movimientos!» 81 , y de las divulgadas como suyas (nosotros ahora ya no las encontramos entre sus escritos): «Háblame, pues, Polieno, de cosas para nosotros muy agradables» 82 . Sin duda, este tipo de expresiones son totalmente censurables y tienen a la vista los defectos de la composición, pero merecen excusa las ocasiones en que uno cae en aquellos metros que tienen semejanza con la prosa, como es el yámbico; por lo cual, precisamente, todos los escritores sin querer caen en este género; por ejemplo, Éforo, en el tratado Sobre el estilo , en el pasaje mismo que desaconseja servirse del lenguaje cadencioso 83 , nada más comenzar ha emitido un verso, cuando dice: «de nuevo trataré sobre el estilo rítmico» 84 .
Es necesario cuidar también no menos del decoro, de manera que no pongamos al descubierto lo vergonzoso directamente, sino que lo expongamos mediante circunloquios, como Esquines, que al acusar a Demóstenes de conducta infame dice que él no tiene limpio el cuerpo ni el lugar por donde emite la voz 85 .
Además, es preciso que la elocución sea clara y vívida. Pues no sólo es necesario exponer, sino también introducir lo que se cuenta en la mente de los oyentes, de modo [72] que se produzca lo que dice Homero:
Unas sencillas palabras diré y las depositaré en tu espíritu 86 .
La corrección, por su parte, no va eliminando todos los errores desde el principio, sino unos pocos y, sobre todo, los que están más a la vista, a fin de que el joven, por estar desanimado, no llegue a desesperarse ante lo que viene después. Al mismo tiempo, el que corrige ha de señalar en contra de qué normas se ha producido el error y cómo se puede hacer mejor. Pero es mucho más útil el ordenar a los jóvenes que escriban sobre algunas cuestiones ya elaboradas por los antiguos, como el lugar común, la narración, la descripción, el encomio, la tesis o cualquier otra de las de este tipo y, después de esto, hacer que ellos lean las de aquéllos, para que, si las han escrito del mismo modo, queden convencidos y, si no, para que tengan más bien a los propios antiguos como correctores.
Puesto que no todos tenemos disposiciones naturales para todos los procedimientos, sino que unos son inferiores en las emociones, pero tienen más éxito en los caracteres, otros al revés, y otros son inferiores en ambos aspectos, pero elaboran mejor los razonamientos 87 , hay que intentar aumentar las superioridades innatas, por un lado, y completar, por otro, las carencias con ese aumento, para que no sólo seamos capaces de expresar apropiadamente las grandes cuestiones, como Esquines, ni las pequeñas, como Lisias, sino que tengamos recursos para ambas, como Demóstenes.
Finalmente, hay que intentar también conocer a fondo la representación 88 que conviene a cada forma de discurso.
Acerca de la fábula
Una fábula es una composición falsa que simboliza una verdad; pero es preciso saber que el examen de ahora no versa sobre todo tipo de fábulas, sino sobre esas a las que después de su exposición les añadimos el dicho gnómico 89 , del que la fábula es un símbolo. Hay ocasiones, sin embargo, en que tras exponer el dicho gnómico vamos introduciendo las fábulas. [73]
Reciben el nombre de «esópicas» y «libias», o «sibaríticas» y «frigias», «cilicias», «carias», «egipcias» y «ciprias»; y una sola es la diferencia que todas ellas mantienen entre sí, la especificación del origen añadida a cada una de ellas, por ejemplo: «Esopo dijo», o «un hombre libio», o «uno de Síbaris», o «una mujer de Chipre», y del mismo modo en las demás. Pero, si no hay ninguna precisión que indique el origen, comúnmente a la que es así la llamamos «esópica».
Quienes dicen que son tales las que tratan sobre animales, y las que tratan sobre hombres, y las imposibles, y las que se atienen a lo posible, me parece que piensan de un modo simplista, pues en todas las mencionadas anteriormente se encuentran absolutamente todos los tipos.
Se llaman «esópicas» en general, no porque Esopo fuera el primero en inventar las fábulas (pues Homero, Hesíodo, Arquíloco y algunos otros que han sido anteriores a él, es evidente que las conocen y, es más, Conis de Cilicia, Turo de Síbaris y Cibiso de Libia 90 son mencionados por algunos como compositores de fábulas), sino porque Esopo se sirvió de ellas más abundantemente y con mayor habilidad; al igual que un metro se llama aristofaneo, sáfico, alcaico y así sucesivamente, no porque se piense que estos poetas han sido los únicos o los primeros en inventar los metros, sino porque los emplearon en mayor medida.
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