Читать книгу: «Nada Sobra, Carlos Ingham»

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A María José, Gregorio y Magdalena.


La publicación de este libro estuvo a cargo de Editorial Zig-Zag, como un aporte a la valiosa labor de La Red de Alimentos.


I.S.B.N.: 978-956-12-3543-4

I.S.B.N. digital: 978-956-12-3606-6

Desarrollo de contenido:

Andrea Viu S. y Rodrigo Díaz C.

Edición, diagramación y coordinación editorial: Editorial Zig-Zag

Diseño portadas y portadillas:

Strong Chile

Fotografías:

Red de Alimentos

Algunos pasajes y diálogos fueron construidos o adaptados con fines literarios.

El presente libro no puede ser reproducido ni en todo ni en parte, ni archivado ni transmitido por ningún medio mecánico, ni electrónico, de grabación, CD-Rom, fotocopia, microfilmación u otra forma de reproducción, sin la autorización escrita de su editor.

Diagramación digital: ebooks Patagonia

www.ebookspatagonia.com

info@ebookspatagonia.com

Tabla de Contenido

Prefacio

Prólogo

1. El ansia

Cita a ciegas

La gran muralla

2. Ciudadano Ingham

Odisea 2003

Odisea 2004

Odisea 2005

Odisea 2006

Odisea 2007

Odisea 2008

Odisea 2009

3. Negocios riesgosos

¡Acción!

Mad Men

Vestida para matar

Miss Sloan

El contador

Los donantes

Gente como uno

Leones por corderos

Cambio de hábito

4. Cadena de favores

La nouvelle vague

Y el Óscar es para…

El color del dinero

La red social

La otra red social

La fiesta inolvidable

La mano de Lagos

Punto de quiebre

5. El largo brazo de la red

6. Misión imposible

Parte 1: Ad Astra

Parte 2: Recursos Humanos

Parte 3: El vuelo del fénix

Parte 4: El código enigma

Parte 5: La red

Parte 6: Repercusión

7. El mecanismo

Poder Privado

Poder Ejecutivo

Poder Legislativo

Final feliz

El brindis

La dura realidad

Impacto profundo

Lo que vendrá

8. El año que vivimos en peligro

Operación Trueno

Contagio

Los (no) olvidados

Resultado final

9. Post data

Anexos

Hidden Figures

De Biobío con amor

Nuestros socios 2020

Cartas y editoriales publicadas en El Mercurio

Selección de fotos

Capital humano

Equipo ejecutivo Red 2020

Consejo asesor 2010-2020

Campañas Agencia Strong

Índice Onomástico

Prefacio

Han pasado diecisiete años desde que en 2003 surgió la idea de crear el primer banco de alimentos en Chile tras ver la experiencia de lo realizado por el Banco de Alimentos de Buenos Aires. En ese momento me embarqué en un camino que pensé era sencillo y terminó siendo una odisea, como cruzar el desierto.

Fueron muchos años de contactar y golpear puertas para explicar la necesidad e importancia de concretar una iniciativa como esta. No fue fácil, sobre todo tratar de entender lo inentendible, porque ver a miles de personas sufriendo hambre y malnutrición mientras se destruían y desperdiciaban miles de toneladas de alimentos, no tenía ningún sentido.

Pero el problema era mayor, porque esta práctica estaba entreverada en la reglamentación tributaria. Por eso fueron años y años de conversaciones y tratativas para dar el primer paso: lograr que el Servicio de Impuestos Internos acogiera la idea de que los alimentos por destruir se entregaran a organizaciones sociales sin fines de lucro, sin que eso fuese considerado gasto rechazado. Este importante paso demoró casi siete años.

Recién entonces pudimos crear la Red de Alimentos, una corporación sin fines de lucro, con un horizonte claro: ser la alternativa sostenible a la destrucción de bienes que pueden ser usados o consumidos por personas que los necesitan. En eso hemos trabajado los últimos diez años con mucho esfuerzo y dedicación, desarrollando un modelo sostenible de triple impacto: social, medioambiental y económico.

Hoy me llena de orgullo mirar lo logrado en esta década: hemos rescatado más de cuarenta millones de kilos de alimentos y más de cuatro millones de unidades de artículos de higiene personal, de aseo y pañales, beneficiando a cientos de miles de personas. Asimismo, contribuimos a la lucha contra el cambio climático evitando la emisión de más de 90.000 toneladas de CO2.

Nada de esto sería posible sin la convicción, el apoyo y el compromiso de centenares de personas y empresas que han hecho su aporte para construir esta gran red de solidaridad. Por eso, con este libro queremos hacer memoria y recordar el camino recorrido desde el primer día.

Quiero agradecer a todos quienes me han acompañado en esta odisea. A quienes confiaron en este proyecto desde el comienzo, a los que se fueron sumando en el camino, a los que ayudaron de forma desinteresada, sin esperar nada a cambio, a los que nos dieron una palabra de aliento en los momentos más difíciles, a los que nos impulsaron a crecer y a tantos otros que han sido partícipes de esta maravillosa historia.

Gracias también a todos quienes aportan a que la Red siga funcionando día a día y enfrentando los nuevos desafíos: gracias a los trabajadores por su dedicada labor diaria; gracias a las 245 empresas socias y contribuyentes por su valioso aporte y por creer en nuestra causa; gracias a las organizaciones sociales por permitirnos llegar de forma directa a miles de personas desde Arica a Punta Arenas; gracias a las autoridades –de diversos colores e ideologías– que han ayudado a impulsar políticas públicas y regulaciones para combatir el desperdicio de alimentos y productos de primera necesidad; y gracias a todas las personas que, de forma anónima, aportan su granito de arena a nuestra institución.

A todos, simplemente ¡gracias!

Carlos Ingham

Fundador y presidente Red de Alimentos

Santiago, septiembre de 2020

Prólogo

En la historia de la humanidad, hombres y mujeres han realizado grandes obras que han trascendido hasta el día de hoy. Sin embargo, para que este legado lo recordemos en la actualidad, tuvieron que pasar numerosas etapas antes de que pudieran concretar y ver los frutos de sus iniciativas. Lo primero fue encontrar una causa que los hiciera soñar y que de ella surgiera una idea a desarrollar. Muchas de estas causas nacieron del dolor ante un sufrimiento que parecía difícil de superar.

Esta etapa inicial a veces queda en un simple sueño y no se logra dar el primer paso para embarcarse en un nuevo proyecto. Los capaces de sortear esta primera valla son pocos y después deben enfrentarse a diversos obstáculos: negativas, cierre de puertas, falta de apoyo, frustraciones, entre otros factores. Eso hace que finalmente muchos desistan de sus sueños en el camino. A su vez, también hay personas que persisten y, generalmente, lo hacen junto a otras que comparten el mismo ideal y están dispuestas a sumarse al desafío. Caen y se desaniman, pero se vuelven a levantar con más fuerza para seguir intentándolo y así lograr su cometido. Esto se realiza de manera colectiva, y cada integrante del grupo asume las tareas que corresponden a sus capacidades particulares. Así es como se forjan los legados y este libro es el fiel reflejo de ello.

Hace diecisiete años surgió la idea de crear el primer banco de alimentos en Chile. Esta iniciativa se fundamenta en una causa potente: rescatar alimentos para distribuirlos entre los más vulnerables del país. Más específicamente aún, la idea era contribuir al combate contra el hambre y la malnutrición que afectaba –y sigue afectando– a miles de personas día a día. Por más que hoy parezca un proyecto muy loable, trascendente y de gran impacto social, en su momento parecía imposible de concretar por diversos motivos. Fue un largo camino con muchos obstáculos, pero también con importantes aliados que le fueron dando cuerpo y realidad. Algunos no lo veían plausible por el sistema y el marco regulatorio, mientras que otros mostraban su incredulidad frente a la causa: “¿Hay hambre en Chile?”, preguntaban. Sin embargo, la perseverancia y el contacto con la realidad de la pobreza más extrema no dejaron de motivar y movilizar a quienes se involucraron en este sueño.

Para 2003, Chile llevaba trece años desde que había recuperado la democracia. La década del noventa había sido el decenio más exitoso de la historia del país. Esto lo demuestran todos los indicadores económicos, como el aumento del ingreso per cápita y la disminución de la pobreza. Así fue como nos autodenominamos “los jaguares de América Latina”. La vanidad es siempre una mala consejera, ya que impide ver la realidad en su integridad y solo se centra en fragmentos de ella.

Este apodo surgió de la elite empresarial que veía con gran optimismo el boom económico y lo comparaba con el de los cuatro tigres asiáticos –Corea del Sur, Taiwán, Hong Kong y Singapur–, los que se encontraban en una etapa de gran crecimiento e industrialización. Embriagados por el éxito de las macrocifras y los promedios, las prioridades eran otras y así surgían este tipo de comparaciones que nos ilusionaban en transformarnos en un país desarrollado, algo inédito en la historia sudamericana.

Efectivamente, habíamos pasado de tener un 38,6% de personas que vivían en situación de pobreza en 1990 a un 18,7% en 2003. Fue un tremendo avance que logramos entre todos como país y que fuimos mejorando año tras año. Pero cerca de un quinto de la población aún vivía bajo el umbral de la pobreza. Y quienes se encuentran en esta situación no solamente tienen un pequeño monto de dinero para vivir –o sobrevivir–, sino que también están expuestos al hambre, la malnutrición, a un acceso limitado a servicios básicos y a la falta de una vivienda digna, entre otros flagelos.

Ese “quinto de la población” no era un simple número, no era una mera estadística. Eran miles de personas, sus familias y sus comunidades, que sufrían y estaban a la espera de que este país pujante, este jaguar de América Latina, les diera una oportunidad para salir de la pobreza. Algunos lo lograron, pero muchos otros siguen aguardando. De la misma forma, hoy, persisten quienes creen que en Chile no hay hambre.

Por eso fue tan importante la perseverancia y el compromiso para concretar el sueño de crear el primer banco de alimentos en nuestro país. Un modelo que existe desde los años sesenta en Estados Unidos y que se fue extendiendo por todo el mundo, pero que en Chile recién comenzó a funcionar en 2010. Ha pasado una década y las siguientes páginas son el testimonio del gran trabajo y avance realizado por la Red de Alimentos.

El hambre y la malnutrición son problemas de los cuales tenemos que seguir haciéndonos cargo de forma sistemática. El contexto de la pandemia sirvió para visibilizar con mayor fuerza la realidad de las ollas comunes y comedores sociales, que empezaron a proliferar con la crisis sanitaria y económica que azota al país. No obstante, su existencia venía desde mucho tiempo atrás. Por lo mismo, la labor que cumple esta corporación es fundamental. Y no solo por la causa que la sostiene, sino también por su capacidad de tender amplias redes entre las comunidades, sus organizaciones sociales y las empresas privadas.

En este sentido, Chile hoy posee un importante músculo que ha desarrollado con los años. Se trata de la sociedad civil organizada en su conjunto, cada vez más activa y participativa, que ha tomado diversos espacios para aportar y contribuir a un mejor país. Una sociedad civil que saca a relucir toda la solidaridad en los momentos más complejos, cuando Chile se ve azotado por catástrofes naturales como terremotos, aluviones o inundaciones, pero que también sigue trabajando en tiempos de relativa normalidad.

Complementario a eso, hay que valorar los avances que ha tenido la empresa privada en desarrollar una mayor conciencia y responsabilidad social. Muchas organizaciones han entendido que su capital financiero tiene que estar vinculado con el capital social que genera a través de la confianza y las acciones concretas. Y para eso hay que involucrarse con las comunidades y los territorios, escuchando, dialogando y colaborando, según las necesidades que surgen de una población determinada y no con planes impuestos a la fuerza.

La Red de Alimentos ha logrado posicionar durante esta década el hambre como un tema que no podemos olvidar en diversas empresas y fundaciones, para llegar a organizaciones que atienden a cientos de miles de beneficiarios, de Arica a Magallanes. En este sentido, la Red no solo ha presentado una causa, sino que también ha logrado establecer una cadena de ayuda sólida. Con trabajo, profesionalismo, transparencia, dedicación y mucho amor, se ha ganado la confianza de las comunidades más excluidas y de sus organizaciones; del sector público y del privado. De esta manera, y tras diez años, la Red de Alimentos tiene un papel preponderante.

Hoy, cuando en Chile estamos discutiendo construir un nuevo pacto social que marcará el futuro de las próximas generaciones, es de suma importancia impulsar y fortalecer en nuestro tejido social organizaciones como la Red de Alimentos, que impacta de forma positiva, colaborativa y solidaria al país. Esta hermosa nación la construimos entre todas y todos, y la Red de Alimentos es un ejemplo de lo bien que nos hace trabajar por el bien común y concretar un sueño que sí es posible de alcanzar: que cada persona que nazca en Chile pueda recibir el alimento necesario para un desarrollo pleno y feliz.

Benito Baranda

Santiago, septiembre de 2020



Cita a ciegas

Corría abril de 2003 y Carlos Ingham, conocido por todos como Calú, acababa de llegar de Argentina, donde gracias a la casual invitación de un amigo a una cena de beneficencia, descubrió un nuevo giro donde aplicar su experiencia laboral y de vida. El evento conmemoraba el segundo aniversario del Banco de Alimentos de Buenos Aires y las más de 1.200 personas congregadas en el recinto ferial de La Rural evidenciaban que el proyecto ya era todo un éxito. En esa cena Calú conoció a Steve Camilli1, uno de los fundadores de la Red Argentina de Bancos de Alimentos.

–Steve, estoy muy impresionado con este proyecto, ¿te puedo llamar después para que me cuentes cómo lo hicieron acá? Quiero hacer esto mismo en Chile –le dijo Calú.

Para colmo de coincidencias y motivaciones, en esa época el director ejecutivo de este banco de alimentos era Alan Manoukian2, quien había sido compañero de colegio de Calú.

Después de esta cena, el entusiasmo se apoderó de él de inmediato. “Esto lo armo en Chile en dos patadas, conozco a todo el mundo…”, pensó. La lógica económica del problema le pareció evidente: por un lado, hay personas que pasan hambre a diario y, por el otro, hay tanto alimento que se desperdicia. “Solo hay que juntar las dos puntas”.

Un par de semanas más tarde, Carlos se reunió en Santiago con Horacio Parga, uno de los fundadores del Banco de Alimentos de Córdoba (Argentina). Lo había invitado para que lo acompañara a una reunión en la cual había convocado a algunos de los ejecutivos más importantes de la industria alimenticia chilena y en la que también había incluido –vía telefónica– a Steve Camilli desde Buenos Aires.

–Calú, ya están todos. Te están esperando –le dijo su secretaria.

–¡Excelente, Jeanette! Llama a Steve y pasa la llamada a la sala de reuniones para ponerlo por el altavoz.

–Altiro.

Carlos se levantó del sofá en el que estaba conversando con Parga y juntos se dirigieron a la sala de reuniones de JP Morgan.

–¡Holá, holá! ¿Qué hacén? ¿Cómo andán? –Calú se acercó a sus invitados y los saludó uno por uno con cariñosos abrazos, estrechones de mano y palmetazos en la espalda.

La conversación se inició con temas triviales y así continuó por un rato. En eso entró su secretaria.

–Calú, Steve Camilli al teléfono. ¿Paso la llamada al altavoz?

–Muchas gracias, Jeanette. No, lo hago yo mismo, no te preocupes –le dijo Calú, quien se puso de pie, se acercó al altavoz, presionó un botón y se prendió la luz roja–. Holá, Steve, ¿cómo andás? Che, te agradezco mucho que te hayás hecho el tiempo para conectarte con nosotros. Sé que vos estás muy ocupado por estos días.

–Hola, Carlos –le respondió Steve–, todo okey por acá. No problema, un gusto por mí colaborar en lo que “podiera”.

–Ok, Steve, gracias. Te cuento que estamos reunidos aquí con varios de los ejecutivos más importantes de la industria de alimentos en Chile, para presentarles el proyecto e incentivarlos a participar. Así que voy a partir.

–Okey –se escuchó del otro lado.

–Queridos amigos, les he pedido que vengan hoy porque quiero invitarlos a ser partícipes de un proyecto que no existe en Chile, pero sí en muchas otras partes del mundo. Es un concepto muy bonito que, estoy seguro, les conmoverá y hará tanto sentido como a mí, ya que consiste en aprovechar recursos que actualmente se están desperdiciando, para hacerlos llegar a algunas de las personas más necesitadas del país.

–¿Y de qué se trata? –preguntó uno, interpretando las caras de perplejidad de los demás.

–Se trata de que los alimentos que a ustedes les sobran, esos que se pierden o botan por merma, falla o cualquier otra razón, pero que están buenos y son perfectamente comestibles, los donen al Banco de Alimentos que queremos formar, igual a los que existen en Argentina, México, Europa, Estados Unidos y en tantos sitios más, para hacerlos llegar a un montón de instituciones que albergan a ancianos, niños y gente necesitada que los pueden aprovechar.

–Pero, Calú, ¡eso no se puede hacer! –le lanzó sin anestesia uno de los ejecutivos.

–Carlos, no podemos regalar los alimentos en vez de destruirlos, porque eso es gasto rechazado –aclaró otro que era abogado.

–Y, además, no podríamos recuperar el IVA de esos alimentos –agregó un ingeniero comercial.

–Olvídate, Calú, acá eso es imposible –añadió un tercero–. La idea es muy bonita. De hecho, sé que nuestra empresa colabora con bancos de alimentos en otras partes del mundo, pero aquí no se puede hacer nada al respecto.

–Pero ¿cómo no se va a poder, che? –preguntó el fundador del Banco de Alimentos de Córdoba– ¡Esto es absurdo! Seguro que hay mucha gente que pasa hambre en Chile, al igual que en el resto de América Latina.

–Pero, Calú, anda al mall y cuenta cuántos flacos hay –dijo un ejecutivo–. A mí no me parece que ellos pasen hambre.

–Sí, es que en Chile ya casi no hay pobres, Calú… y los que quedan están en el campo, no en las ciudades –complementó un director de empresa.

–Ya, okey –dijo el argentino–, pero supongan por un rato que vamos a hablar con el Servicio de Impuestos Internos y logramos revertir este inconveniente, ¿les interesaría sumarse a esta iniciativa? ¿Cómo lo ven?

–Lo siento, Calú, pero tratar de convencer al Servicio de Impuestos Internos de que cambie una norma es prácticamente imposible –remató otro ejecutivo.

–Mira, nosotros podríamos evaluarlo, pero siempre y cuando el banco de alimentos llevara el nombre de nuestra empresa.

–En Estahos Unihos (sic) eso no ser así. En los bancos de alimentos están Coca-Cola y Pepsi, Visa y Mastercard, American y United –interrumpió desde el altavoz Steve Camilli, con un acento mezcla de inglés y argentino no muy entendible para los chilenos presentes.

–¿Qué dijo?

–Que estos son proyectos-país, que en EE. UU. todas las empresas participan, aunque sean competidoras, porque para hacer algo bueno no hay por qué eliminar a tu competencia, al contrario, se unen… –agregó Calú, claramente mosqueado, ya que para entonces había entendido que de esta reunión no saldría ningún apoyo… “Se pudrió todo”, pensó.

En los minutos siguientes, la conversación se hizo cada vez más insostenible y se dio por terminada la reunión. Al final, solo quedaban Carlos y Horacio, y Steve por el altavoz, todos desilusionados de la ley y de la falta de incentivos para impulsar una economía solidaria en Chile.

La gran muralla

En esa época, Carlos Ingham era el gerente general de JP Morgan Chile3. Titulado en administración de empresas de la Universidad Católica de Argentina4, nacido en Buenos Aires, pero de sangre sueco-alemana y con vasta experiencia internacional, para 2003, ya llevaba casi diez años establecido con su mujer en Santiago, donde nacieron sus dos hijos. Durante ese lapso, en su calidad de “banquero”, había tenido la oportunidad de conocer a la mayoría de los ejecutivos y dueños de las grandes empresas en Chile. Por eso, cuando vio lo que hacía el Banco de Alimentos de Buenos Aires pensó “por qué no hacer esto en Chile”.

Al regresar de ese viaje a Argentina, la iniciativa le hizo mucho sentido. Pensó que era algo que había que hacer. De alguna manera se sentía obligado. Y, por otra parte, lo impulsaba el desafío; eso de que “no se podía” no iba con él. Era algo que le habían inculcado sus padres (“alguien tiene que hacer las cosas”). Así que se puso manos a la obra para echar a andar el plan que tenía en mente: crear el primer banco de alimentos de Chile.

La única pregunta que Carlos –un hombre de experiencia en los emprendimientos y negocios– no se hizo fue: ¿por qué nadie ha hecho esto aún en Chile?

La razón la explica Aníbal Larraín, accionista y presidente de Watt’s, quien, cuando se realizó aquella primera reunión convocada por Calú en las oficinas de JP Morgan, era miembro del directorio de Watt’s:

Chile entonces era un país donde donar era una actividad por la cual había que pagar impuestos, a no ser que fuesen excepciones, las que eran contadas. Para donar pagabas el mismo impuesto que a la herencia. En el caso de los alimentos, también debías pagar por donar. Por eso hasta antes de que Calú lograra cambiar la normativa, era más conveniente botarlos.

La situación respondía a que el Servicio de Impuestos Internos (SII) permitía a las empresas considerar como gasto todos aquellos desembolsos de dinero que son propios del negocio, los cuales, al restarlos de las ventas, permiten obtener el monto de las utilidades y, a partir de estas, se calcula el impuesto a pagar 5. Así, por ejemplo, una empresa que se dedica a la venta de juguetes no puede considerar como gasto necesario para conseguir su renta la compra de vehículos para sus ejecutivos, dado que esa adquisición no es propia del negocio o –lo que es lo mismo– no es necesaria para generar utilidades. De hacer esa compra y presentarla como gasto, este sería rechazado por el SII, lo cual aumentaría las utilidades y, con ello, el impuesto a pagar.

Pero el tema, en el caso de las productoras de alimentos, es que, al igual que todas las demás industrias, tienen mermas, ya sea por fallas de diseño, de empaque, sobreproducción, errores de etiquetado, etcétera, y estos productos con “fallas” no se pueden comercializar. Lo mismo ocurre con aquellos alimentos que ya están relativamente cercanos a la fecha de su vencimiento, y los locales comerciales –ni qué decir los supermercados– no los ponen a la venta porque los consumidores prefieren productos con fechas de vencimiento más lejanas. Es decir, hay productos que son perfectamente consumibles, pero ya no se pueden vender.

¿Y qué se hacía con esos productos? Se destruían. Sí, tal cual: se destruían o botaban en un vertedero en presencia de un fiscalizador del SII, de otra forma serían considerados gastos rechazados. Por ejemplo, cuando una partida de yogurt con sabor a vainilla era etiquetada como “sabor a frambuesa”, esos yogurts se podían comer, no tenían nada malo, pero ningún comercio los iba a aceptar para la venta. Lo mismo ocurría con las conservas de frutas, gaseosas, pan de molde, etcétera, con algún error de etiquetado. Y dado que no se podían vender, se destruían para poder contabilizarlos como gastos. Ese era el incentivo tributario.

Pero eso no era todo. Para destruir productos clasificados como “fallados”, las empresas debían pedir hora para su destrucción, almacenarlos en sus bodegas y solicitar un inspector del SII para que verificara el proceso. Recién entonces podían llevar toda la merma al vertedero, previo pago por dicho ingreso y, finalmente, se eliminaba en presencia del inspector del SII, quien emitía un certificado para que los gastos incurridos en la producción de esos alimentos ya destruidos, así como el IVA correspondiente a los insumos adquiridos para producirlos, pudieran ser considerados en la contabilidad como gastos y no fueran considerados por el SII como “gastos rechazados”.

Por esa época, Calú llamó al abogado de JP Morgan Alberto Pulido y le comentó sobre la frustración que sentía ante la falta de avances.

–Alberto, ¿cómo es posible que no se pueda hacer nada con lo de los gastos rechazados?

–Qué quieres que te diga, Calú. El Servicio de Impuestos Internos es totalmente independiente, no lo manda nadie; ni siquiera el ministro de Hacienda –dijo Alberto.

–Me extraña que los empresarios, los directores, los ejecutivos de empresas sean tan renuentes a donar. Que tengan tan poca sensibilidad sobre el tema. Que no haya ni una iniciativa al respecto. O muy pocas. Incluso, mirá lo que te voy a decir ¡cómo alguien puede pensar que en Chile nadie pasa hambre, que este tema está resuelto!... ¡Pero, viejo, si este país no es Suecia!

–Sí. Tienes razón. No somos Suecia. Pero es que la legislación tributaria en Chile no es profilantropía –contestó Alberto.

Algo de razón tenía Alberto Pulido porque –de acuerdo con los resultados de las encuestas Casen– en Chile, la situación de pobreza –medida por ingresos– cambió radicalmente con el regreso a la democracia. En 1990, el país registraba un 38,6% de hogares pobres. En 2003, esa tasa había bajado al 18,7% con solo 4,7% calificados como indigentes [ver gráfico].


En esos años, Chile tenía unos 16 millones de habitantes con un promedio aproximado de cuatro personas por hogar. Entonces había unos cuatro millones de hogares, de los cuales el 4,7% estaba en situación de indigencia, lo que equivale a unas 188.000 personas.

Comparando con el número de indigentes que existía antes de 1990, la pobreza extrema efectivamente casi había desaparecido. Pero visto persona a persona y, más aún, considerando que los que habían salido de la indigencia seguían siendo pobres o estaban muy al filo de la navaja, las personas con dificultad para satisfacer sus necesidades básicas en Chile seguían y siguen existiendo.

En 2009, justo antes de que se fundara la Red de Alimentos, la tasa de hogares pobres había descendido a 12,8%. Y según el último dato disponible (2017)6, esta alcanzó al 7,6%7 de los hogares, con 2,2% de hogares en situación de indigencia, es decir, familias con ingresos mensuales por debajo de los $107.085.

Esta situación se ve muy lejana desde el punto de vista del grupo socioeconómico más pudiente del país (ABC1a)8, cuyo ingreso promedio por hogar es del orden de los $3 millones9. Quizás a ello se deba la percepción de que la pobreza fuese tan baja según la clase acomodada. Hay que pensar que también había un sector medio que crecía muy rápida y exitosamente. Y si era un problema, pensaban, era del Estado, no de ellos.

Esta es una de las causas de por qué en Chile, en el año 2003, cuando Carlos Ingham inició sus gestiones para crear la Red de Alimentos, había poca sensibilidad frente al hambre y pocos incentivos para donar. Pero ayer y hoy sigue habiendo chilenas/os que sufren de inseguridad alimentaria, es decir, que sienten hambre o que se alimentan mal. Aunque haya algunos que no lo quieran ver.



Odisea 2003

Corría el mes de julio cuando Calú se dio cuenta de que no podía seguir solo en este proyecto; sus obligaciones al mando de JP Morgan en el Cono Sur le consumían el día a día. Decidió entonces contratar a alguien para que fuera su alter ego en las gestiones para la creación del primer banco de alimentos de Chile.

El elegido fue Gonzalo Aspillaga, un profesional joven que trabajaba en una compañía multinacional y del cual Calú había recibido buenas referencias. Su primera misión fue viajar a Argentina a familiarizarse con el funcionamiento del Banco de Alimentos de Buenos Aires. Estuvo una semana en la capital trasandina y a su regreso comenzó las gestiones para que el SII recogiera la idea de permitir que la entrega de alimentos por destruir no fuera considerada un gasto rechazado.

En otra vereda, Calú inició una serie de reuniones con el abogado tributario Francisco Lyon –del estudio Philippi– para ver si él lograba visualizar alguna otra línea de acción a fin de obtener el cambio normativo.

–Calú, si quieres que la norma cambie, vas a tener que hablar con autoridades del gobierno. El ministro de Hacienda sería el más indicado, pero Eyzaguirre no es fácil de convencer –le dijo Lyon.

–Tendré que intentar hablar con Lagos, entonces –dijo Calú.

–¡Pucha! Si logras hablar con él sería genial. Aunque algo más realista sería reunirse con el director del Servicio de Impuestos Internos. Quizás con ellos logres avanzar algo. No te digo que vayas a solucionar el problema, pero tal vez consigas luces sobre el camino a seguir –le recomendó el abogado.

–Gracias, Francisco. Buen consejo.

Y así Calú –a veces solo, a veces con Gonzalo– empezó a peregrinar por una serie de oficinas públicas del barrio cívico de Santiago. Consiguieron reuniones con diversas autoridades del mundo financiero: ministros y subsecretarios de Hacienda y Economía, y diferentes reguladores.

Pero doce meses más tarde, y luego de no haber conseguido el más mínimo avance, Calú decidió que no tenía sentido que Gonzalo siguiera en esto; le podía estar cortando las alas a su carrera y la falta de logros los estaba frustrando a ambos.

Llegó entonces a dos conclusiones: una, que no podía seguir botando plata de su bolsillo y, dos, que necesitaba nuevos aliados.

El primero que se sumó a sus esfuerzos fue el abogado Roberto Peralta, también del estudio Philippi, quien se entusiasmó de inmediato con el proyecto y se abocó a estudiar alternativas al tema tributario y a la búsqueda de una solución para involucrar a las organizaciones sin fines de lucro (OSFL).

Odisea 2004

Nada presagiaba una luz al final del túnel. Después de cada reunión, Calú salía indefectiblemente refunfuñando para sus adentros. “¿Cómo puede ser que en este país –que se supone es el más moderno de Sudamérica– no se pueda hacer un banco de alimentos?”.

En ese entonces, la sociedad chilena parecía no estar preparada para acoger acciones de apoyo social que ya eran norma en los países más desarrollados. De hecho, si uno mira las memorias anuales de las grandes empresas en Chile a comienzos del siglo XXI, muy pocas hablan de Responsabilidad Social Empresarial (RSE). Y cuando se mencionaba el tema era porque aparecía la fotografía de algún gerente junto a un(a) religioso(a) en un evento de beneficencia esporádico. El concepto aún no se entendía bien y, por esos años, su uso era casi cosmético. Incluso, algún empresario manifestaba abiertamente que su labor social era dar trabajo.

No fue hasta después del escándalo de corrupción en La Polar, la aparición del ranking de transparencia corporativa, el levantamiento de la sostenibilidad como tema social de cargo de las corporaciones y la presión de los jóvenes por el cambio climático y las problemáticas sociales, que la sensibilidad por estas materias hizo mayor eco en ejecutivos, directores y accionistas de las grandes empresas.

A pesar del diagnóstico poco auspicioso, Calú no se resignaba: ¿Cómo algo que es evidentemente beneficioso para los más necesitados –y además es de todo sentido– no se permite y ¡nadie hace nada al respecto!? Esto le molestaba, pero a la vez lo estimulaba a dar la pelea. La ética luterana-sueca que le inculcaron desde niño, aquella según la cual “lo que uno empieza, lo termina y bien”, se hacía presente en cada una de las células de su cuerpo. Así que, sin importar el tiempo ni los esfuerzos, sabía que necesitaba encontrar la manera de que se modificara la famosa norma tributaria.

Odisea 2005

Una luz de esperanza se abrió recién a fines de septiembre de 2005, cuando Calú recibió una llamada telefónica.

–¿Calú, te interesaría ir a Nueva York con el Presidente? Así le podrías presentar al presidente Lagos al CEO de JP Morgan –decía Karen Poniachik, vicepresidenta del Comité de Inversiones Extranjeras, quien estaba al otro lado del teléfono.

–Sí, claro, por supuesto, Karen. Decime cómo y cuándo, y ahí estaré –respondió Calú.

–Salimos el jueves 6 de madrugada, en el avión presidencial. No es nada fancy (te advierto), es como ir en turista. Y regresamos a la noche siguiente.

–Viajé mucho en turista. No tengo problema con eso.

–Estupendo. Al presidente Lagos le va a hacer un homenaje el Council of the Americas, en Nueva York. Ahí van a estar todos, entre otros, Rockefeller y tu CEO de JP Morgan para Latinoamérica.

–Ah, pero qué fantástico, ¡che! –dijo Calú, mientras pensaba “Lagos… esta es LA oportunidad”.

–¡Ah! Una cosa más. Tienes que llevar esmoquin –le dijo Karen–. La ceremonia es súper formal.

–Por supuesto, Karen. No hay problema –dijo Calú.

El día del viaje, cuando Calú se subió al avión, había poca gente: prensa acreditada, Karen Poniachik, el doctor de la presidencia José Miguel Puccio y el director de la Agencia de Cooperación Internacional Marcelo Rozas, una persona de seguridad, Luisa Durán y Ricardo Lagos. Calú buscó su asiento y se acomodó. De inmediato comenzaron las conversaciones de pasillo, nada importante.

Una vez que el avión se estabilizó en el aire, el presidente Lagos invitó a Calú a cenar.

Mientras disfrutaban la comida, y con ese desenfado propio de los argentinos, Calú le pidió permiso al mandatario para interrumpirlo con un tema importante. En un breve pero entusiasta discurso, le explicó el proyecto y los problemas que estaba enfrentando.

–Mire qué interesante lo que usted plantea, mi amigo. No sabía que se destruían los alimentos en Chile –dijo Lagos.

–Es terrible. Quizás usted podría gestionar un cambio, Presidente –le sugirió Calú.

–Algo hice una vez con el SII y unas obras de arte. Pero ahora, que en seis meses se acaba mi gobierno, no creo que alcancemos.

Calú lo miró sin saber muy bien qué decir. En eso alguien le hizo una pregunta al Presidente y el tema se fue para otro lado. La cena y la conversación se devoraron las siguientes dos horas, luego de lo cual la señora Luisa se disculpó y se fue a dormir. La sobremesa con Marcelo Rozas, José Miguel Puccio y el presidente Lagos fue más distendida gracias a las anécdotas y el acostumbrado buen humor del Ciudadano Lagos.

Después, todos se fueron a sus asientos y trataron de dormir. Por la mañana, el servicio secreto de EE. UU. había instalado tres camionetas en la losa de JFK junto al avión. De ahí salieron con escolta policial hacia NYC. Esa mañana, Ricardo Lagos fue –acompañado de Calú y Karen Poniachik– a conocer al CEO del banco de inversión de JP Morgan.

A las 18:00 horas en punto llegaron al 680 de Park Avenue, sede del Council of the Americas. La ceremonia transcurrió como cualquier otra gala para los estadounidenses, pero era algo muy especial para la delegación chilena. Lagos iba a recibir un reconocimiento de manos de David Rockefeller10. Incluso se leyó una carta enviada por Fernando Henrique Cardoso, expresidente de Brasil11.

Calú disfrutó la velada. Al rato, todos partieron directamente de regreso al avión. Y justo cuando Calú iba hacia su asiento, el Presidente –quien ya se encontraba sentado revisando unos apuntes en su escritorio– le dijo:

–Use mi dormitorio para cambiarse. Irá más cómodo con otra ropa.

–Se lo agradezco, Presidente –le dijo Calú.

Minutos después, cuando Calú salió del dormitorio que se transforma en comedor, Lagos terminaba el discurso que daría al otro día en Tocopilla.

–Oiga, Calú ¿y no quiere abrir una sede del JP Morgan en Antofagasta? –le dijo Lagos entre sonrisas.

Y así, la primera parada del avión fue en Antofagasta. Calú agradeció al mandatario, pero no acompañó a la comitiva en esa escala. Luego de aterrizar en la ciudad nortina, tomó el primer avión disponible a la capital.

***

Durante su administración, el presidente Lagos había hecho las gestiones para que –a solicitud de Julio María Sanguinetti, expresidente de Uruguay– el Sr. Harry Recanati, exdueño de bancos en Inglaterra, Suiza y Francia, pudiera traer colecciones itinerantes al Mueso Ralli de Santiago (fundado en 1992), para rotarla con las de los otros muesos Ralli (Punta del Este, Uruguay, 1988; Cesarea, 1993, cerca de Tel Aviv, en Israel; y Marbella, España 2000)12. Su objetivo era tener una colección itinerante durante cinco años que circulara entre los museos, además de la colección permanente que cada uno alberga. Pero para ello tenía que pagar aranceles por la internación de bienes, lo cual hacía inviable incluir a nuestro país en el circuito.

En Chile, la ley tributaria permite la “internación transitoria de bienes”, como equipos, aparatos, luces, películas para emisión en cines, obras de arte, entre otros, pero solo por seis meses. Al cabo de ese lapso, se debe pagar el derecho aduanero y el IVA correspondiente.

La solicitud del expresidente Sanguinetti era que se extendiera el plazo de seis meses a cinco años para las obras de arte. En caso contrario, el museo no podría traer esas colecciones a Santiago. Al entonces presidente Ricardo Lagos le pareció razonable la solicitud e inició conversaciones con el SII para ver cómo se podía resolver esto. Hasta que finalmente se hizo el cambio de normativa hacia el final de su administración.

En el caso del banco de alimentos, el presidente Lagos no alcanzó a hacer nada. Aunque en realidad sí lo hizo, pero fue bastante después, en 2015.

Odisea 2006

En cuanto asumió el nuevo gobierno, esta vez dirigido por la primera mujer presidenta en Chile, Michelle Bachelet, Calú se animó a volver a la carga, para lo cual estuvo dispuesto a quemar uno de sus últimos cartuchos.

Su socio, Tim Purcell, es amigo de Andrés Velasco. Así que, sin pensarlo demasiado, le pidió que lo contactara con el nuevo ministro de Hacienda.

En esa ocasión, al teléfono, Calú se sinceró con el ministro.

–Te juro, Andrés, que no doy más. He hablado con medio mundo. He gastado las suelas de los zapatos recorriendo las oficinas de los distintos gobiernos. Les he llevado carpetas llenas de documentos sobre cómo operan los bancos de alimentos en otros países, he presentado diversas propuestas para evitar los posibles loopholes tributarios, le planteé el proyecto al presidente Lagos en 2005, pero nada parece posible. No hay ninguna receptividad con el tema. Y, simplemente, no lo puedo creer. De verdad, que no lo puedo creer –se confesó Calú–. Necesito ayuda, Andrés, por favor. Si vos no me ayudás, no sé a quién más puedo recurrir –remató.

Después de esta llamada telefónica, a fines de 2006, Andrés Velasco llamó a su subsecretaria, María Olivia Recart.

–¿Malala?

–Sí, Andrés.

–Necesito que hables con un señor. Se llama Carlos Ingham y está tratando de armar un banco de alimentos en Chile, pero tiene el problema de que la normativa de los gastos rechazados del SII le impide recolectar alimentos de las empresas. ¿Lo podrías atender, por favor? –pidió el ministro–. Quizás esto se ajuste con el tema de las donaciones sociales que estás manejando.

–Claro. No te preocupes, yo me encargo –respondió la subsecretaria.

Como subsecretaria del Ministerio de Hacienda en el primer gobierno de Michelle Bachelet, María Olivia Recart trabajó mucho con las organizaciones sin fines de lucro para crear un fondo social para que el Ministerio de Desarrollo Social pudiera apoyar a las fundaciones de beneficencia sin fines de lucro más pequeñas, aquellas que no suelen ser favorecidas por las grandes empresas donantes. En específico, ella y su equipo se dedicaron a reformular la ley de donaciones con fines sociales de las que eran objeto las organizaciones sociales y deportivas, comparándolas con la Ley Valdés13, que era mejor en términos de distribución de los aportes. Esto, ya que la Ley de Donaciones Culturales permite:

(a) que el 50% del monto de la donación pueda ser rebajado directamente del impuesto a pagar por las empresas o por trabajadores independientes o por cuenta propia, con límite del 2% de la renta líquida imponible o de la renta imponible del impuesto global complementario, sin exceder el monto de 14.000 UTM al año;

(b) y que el 50% restante de la donación o aquella parte que no pueda ser imputada como crédito, pueda rebajarse como gasto tributario en su totalidad, sin tope o límite alguno.

En este sentido, la reforma a la Ley de Donaciones Sociales nivelaba más la cancha, ya que, con esta nueva ley, cuando una empresa dona dinero a una organización no gubernamental (ONG), el Estado reconoce ese aporte y reduce su pago de impuestos. Luego, parte de esa rebaja tributaria se deposita en un fondo para que las ONG postulen a este a través del Ministerio de Desarrollo Social. Así se genera una mayor redistribución e igualdad entre las instituciones grandes y pequeñas.

Finalmente, las averiguaciones respecto a qué había que hacer para que esto fuese posible los condujo –y no podía ser de otra forma– nuevamente al SII. Para ello se organizó una comisión para iniciar conversaciones con la entidad controladora, pero no hubo mayores avances.

Fue un trabajo muy difícil, porque para impuestos internos el principio no es de sospecha, sino de mal uso. Donde abres una posibilidad de mal uso, ellos tienen que fiscalizar más, tienen que verificar cómo se está aplicando la normativa. –María Olivia Recart.

***

Entretanto, Aníbal Larraín, entonces director de Watt’s, le envió a Calú una información que fue de gran importancia para establecer un concepto que resultó fundamental más adelante para llegar a puerto con el Servicio de Impuestos Internos. Se trata de lo que luego se denominó “productos aptos para el consumo o uso, pero que ya no son comercializables”.

–Calú, Aníbal Larraín te llama –dijo su secretaria.

–Pasame la llamada, Jeanette, gracias.

–Calú, hola, ¿cómo estás? Te llamo porque me quedé pensando en este asunto del gasto rechazado y creo que tengo una información que te puede ser útil. Y antes de mandártela, te la quería explicar un poco.

–Buenísimo, che. Contame.

–Como te decía el otro día, el funcionamiento de los supermercados en Chile es de los más modernos del retail, no solo en Latinoamérica, sino a nivel mundial. Estos han establecido protocolos muy estrictos con las empresas proveedoras, como nosotros, respecto a las fechas de vencimiento de los productos. Cada supermercado tiene las propias, de ahí que pedí que te organizaran unas “tablas” con las fechas.

–Ya…, entonces...

–Bueno, que si un producto tiene, digamos, una vida útil de 90 días antes de vencer, los supermercados nos lo devuelven a los proveedores a los treinta. Como te imaginarás, la diferencia entre lo que les entregamos y lo que nos devuelven 60 días después, en teoría, lo podríamos salir a vender a los locales de barrio. El problema es que la logística de aquello es muy grande y requiere de un tiempo que ya no tiene el producto. Es decir, en la práctica, esos productos ya no los podemos vender. No sé. Te lo dejo planteado, y mi secretaria te envía mañana toda la información. Velo con los expertos que te asesoran. Capaz que te sirva.

–Estupenda información, Aníbal. Muchas gracias –se despidió Calú con una sonrisa en la cara.

Efectivamente, las famosas “tablas de los supermercados” fueron el origen del concepto de que había una cantidad “x” de días, según el tipo de producto y la cadena de supermercados, en que esos alimentos no se podían comercializar, pero sí se podían consumir. Es decir, justo lo que el banco de alimentos requería para justificar ante el SII que esos alimentos debían ser donados, ya que no se podía hacer nada con ellos, salvo dejarlos descomponerse y destruirlos, como indicaba la ley, generando además un gran daño adicional al medioambiente.

Con esta información en mano, Calú inició una serie de encuentros con el SII con el objetivo de demostrarles que era posible aprovechar estos alimentos sin generar problemas de control fiscal.

A la primera reunión –en plan de lobistas– con Juan Alberto Rojas, abogado jefe del SII, Calú fue acompañado por Roberto Peralta. Pero los resultados no fueron auspiciosos.

–No, no, no y no. Por ningún motivo. Por favor, entiendan. Lo que ustedes piden va a generar un loophole14 en nuestro sistema impositivo, por donde se van a escapar muchos tributos –dijo con firmeza Rojas.

Y no fue una, sino varias las reuniones que tuvieron con Rojas y, en cada una de ellas, le presentaron nuevas propuestas para combatir la posible creación de loopholes que pudieran ser usados maliciosamente para evadir impuestos. El tema podía subsanarse, pero para ello había que cambiar mentalidades.

Odisea 2007

Durante 2007 el equipo de trabajo de la subsecretaria Recart continuó buscando junto con el SII una fórmula para sacar adelante una nueva normativa, pero los esfuerzos se distanciaban y comenzaron a aparecer otros temas. Fue así como las esperanzas se fueron diluyendo y pasó otro año más.

Por esas fechas, como nuevo aliado, se incorporó al proyecto el abogado Pablo Guerrero, del estudio Barros & Errázuriz, quien, además, era presidente de la Fundación Pro Bono.

Odisea 2008

Un día cualquiera a mediados de 2008, Calú y María José, su señora, recibieron en su casa a Pierina Bocic y su marido, Patrick Orchard, a quienes habían invitado a cenar. Los matrimonios se conocían porque sus hijos mayores fueron compañeros de colegio y, desde entonces, tanto los padres como los hijos, forjaron una gran amistad.

Entre aperitivos y bajativos, surgió el tema del banco de alimentos. Con su modo apasionado, Calú les resumió en qué estaba el proyecto y comentó la frustración que sentía ante los obstáculos para llevarlo a cabo. La respuesta de todos fue unánime: era una gran idea y tan evidente que ninguno entendía que no fuera posible materializarla. Pero en Pierina el concepto despertó algo más fuerte aún; a medida que escuchaba el relato de Calú, el entusiasmo por participar de la idea se hacía cada vez más grande en ella. Le pareció que era de tanto sentido común aprovechar los alimentos que no se pueden vender para entregárselos a quienes no los pueden comprar, que llegó incluso a sentir un poco de vergüenza de que fuera un argentino quien liderara la idea, aunque su amigo era bien chileno también, con sus catorce años viviendo en el país. Entonces, cuando Calú le pidió que lo acompañara en esta aventura, no lo dudó ni por un instante.

Y así, esa misma noche, en casa de los Ingham, nació entre los cuatro –con Carlos y Pierina al frente– el directorio imaginario del primer banco de alimentos imaginario de Chile.

Pierina comenzó a trabajar full-time en el proyecto y junto con Calú exploraron nuevas vías para abordar el asunto. Y si bien nunca perdieron la fe, hubo muchos meses sin ningún avance concreto.

Por esa época, también se involucraron en la iniciativa Pilar Aspillaga, por entonces gerenta general de Pro Bono, y el abogado Paulo Larraín, de la oficina de abogados Noguera, Larraín & Dulanto15. Paulo entonces se hizo cargo de los trámites para obtener la personalidad jurídica y, aunque quedó todo listo, no fue sino hasta 2010 que la solicitaron. Hasta el día de hoy Paulo sigue a cargo de todos los aspectos legales de la Red de Alimentos y forma parte de su directorio.

Odisea 2009

Cuando ya nadie en el Ministerio de Hacienda lo esperaba –y Calú y su equipo tampoco, dado que venían trabajando desde 2003–, a fines de 2009 alguien entró intempestivamente en la oficina de la subsecretaria.

–¡Malala, Malala! Llamaron del SII. Va a salir la circular.

–¿Circular? ¿Qué circular?

–La que permite entregar alimentos por destruir a las fundaciones.

En ese momento a la subsecretaria y a todo su equipo les pareció increíble el recado del SII. Básicamente, porque la iniciativa ya la habían dado por perdida. Más aún considerando que en septiembre de 2009 el gobierno ya estaba con el “mal del pato cojo”, es decir, faltaban pocos meses para que se terminara el gobierno de Michelle Bachelet.

Ese día, antes de irse a su casa, María Olivia tomó el teléfono y llamó a Calú.

–Carlos, te llamo para contarte que el SII ha acogido la idea de que los alimentos por destruir se puedan entregar a fundaciones sin fines de lucro.

–¿En serio, María Olivia? ¿No me estás haciendo una broma? –preguntó Calú, abriendo los ojos con la gran sorpresa.

–No, Calú, para nada. Nosotros también estamos muy emocionados por acá –contestó la subsecretaria.

–Pero ¡qué fantástico! ¿Y te dieron alguna fecha?

–No, pero entiendo que está por salir –replicó María Olivia.

El 2 de octubre el SII publicó la tan esperada circular. Y esta decía clarito: (…) En consecuencia, las pérdidas producidas con motivo del castigo de alimentos por vencer o defectuosos que se haya efectuado conforme a las reglas de la presente Circular, se entenderán acreditadas fehacientemente ante este Servicio y podrán ser rebajadas como gasto en la determinación de la Renta Líquida Imponible de Primera Categoría, a partir del año tributario 2010.

A continuación, se presenta íntegra la Circular Nº54. Se han destacado algunos párrafos clave para quien desee ir directo a los puntos fundamentales en esta materia.

Circular Nº 54 del SII: 02 de octubre de 2009

MATERIA: CASTIGO DE ALIMENTOS CUYA COMERCIALIZACIÓN SE HA VUELTO INVIABLE.

I.- INTRODUCCIÓN.

Atendida las características especiales de la industria agroalimentaria y la propia naturaleza de los productos alimenticios, las empresas elaboradoras, importadoras, distribuidoras y comercializadoras de alimentos enfrentan frecuentemente pérdidas en sus inventarios, atendido que por diversos motivos (por ejemplo, mal embalaje, proximidad de la fecha de vencimiento) la comercialización de los alimentos se vuelve inviable y, por lo tanto, ellos no pueden ser ingresados a la cadena de comercialización, por lo que usualmente son destruidos. Asimismo, tratándose de productos agrícolas frescos, si los mismos no son vendidos en el corto plazo, se deterioran y debe disponerse de ellos como basura.

Sin embargo, dichos alimentos que han perdido su valor comercial para la empresa, mientras todavía conservan sus condiciones alimentarias, pueden ser aprovechados por las instituciones sin fines de lucro que distribuyen alimentos en forma gratuita entre personas de escasos recursos, en lugar de disponerse su destrucción. Se logra así un fin socialmente deseado y un aprovechamiento de recursos útiles aunque comercialmente inviables, que de otra forma serían simplemente echados a la basura.

Cabe hacer presente, que la Ley sobre Impuesto a la Renta (LIR) permite deducir, en términos generales, los gastos necesarios para producir la renta que cumplan determinados requisitos, entre ellos, que sean debidamente acreditados ante este Servicio. Particularmente se admite, conforme al Nº3 del artículo 31, de dicho texto legal, el reconocimiento de las pérdidas sufridas por el negocio o empresa durante el año comercial a que se refiere el impuesto.

Ahora bien, el castigo o deducción como pérdida del valor de costo para fines tributarios de aquellos alimentos que han sido destruidos por haber expirado su fecha de vencimiento o porque su comercialización se ha vuelto inviable por defectos en su fabricación, rotulación, envoltura u otros, procederá de conformidad con las reglas generales, ello por tratarse de pérdidas del negocio o empresa, debiendo cumplirse en este caso la norma legal comentada, muy especialmente en cuando a su acreditación fehaciente ante este Servicio. Para tal acreditación, debe aplicarse el procedimiento contemplado en la Circular N°3, de 1992, justificándose de ese modo la deducción como gasto del valor de costo de los productos destruidos, ello sin perjuicio de las normas que dicha instrucción imparte para los efectos del Impuesto al Valor Agregado (IVA).

Sin embargo, además del castigo o deducción como pérdida del valor de costo de productos vencidos o defectuosos que sean destruidos, tratándose de aquellos alimentos cuya fecha de vencimiento no ha expirado, pero que han perdido su valor comercial para la empresa por cuanto su comercialización se ha vuelto inviable, resulta necesario establecer los criterios en virtud de los cuales este Servicio entenderá que se ha acreditado fehacientemente la respectiva pérdida cuando ellos sean entregados a instituciones sin fines de lucro que distribuyen alimentos en forma gratuita entre personas de escasos recursos.

El criterio que a continuación se establece, se funda en la acreditación de dos circunstancias esenciales, a saber; la primera, el hecho de que considerando la cadena de comercialización de que se trate o defectos en su producción, los alimentos respectivos, no obstante no haber expirado su fecha de vencimiento, no podrán comercializarse oportunamente y, la segunda, que se acredite su entrega gratuita a una institución sin fines de lucro para ser consumidos por las personas naturales de escasos recursos beneficiarias de tal institución.

II.- INSTRUCCIONES SOBRE LA MATERIA.

a) Castigo de alimentos cuya comercialización se ha vuelto inviable para los efectos de la Ley sobre Impuesto a la Renta.

i) Aspectos generales.

De conformidad con lo dispuesto en el artículo 31, N°3, de la LIR, las empresas elaboradoras, importadoras, distribuidoras y comercializadoras de alimentos, podrán deducir como un gasto necesario para producir su renta líquida imponible de Primera Categoría, las pérdidas que correspondan al castigo con cargo a sus resultados del valor de costo para fines tributarios de los alimentos que habiendo perdido su valor comercial por haberse vuelto inviable su comercialización, sean entregados en forma gratuita a una institución sin fines de lucro que los ponga a disposición de personas de escasos recursos para su consumo final, ello de acuerdo con las presentes instrucciones.

ii) Acreditación fehaciente de tales pérdidas.

Para los efectos de tener por acreditadas fehacientemente ante este Servicio las pérdidas señaladas, se deberán demostrar los siguientes hechos:

1) Que los alimentos han perdido su valor comercial para la empresa, no obstante lo cual se encuentran aptos para el consumo humano.

Se entenderá que han perdido su valor comercial cuando por circunstancias que puedan ser determinadas objetivamente, su venta a los consumidores finales resulte inviable, como ocurre en el caso de mal embalaje, envases dañados o defectuosos, mala rotulación, o proximidad del vencimiento del alimento atendida la cadena de comercialización de la empresa.

Además, de conformidad a las normas legales y reglamentarias en materia sanitaria, dichos alimentos deben encontrarse en condiciones aptas para su consumo humano.

2) Que tales alimentos hayan sido entregados gratuitamente por la empresa, ya sea directamente o a través de una institución sin fines de lucro intermediaria, a otra institución sin fines de lucro que los ponga a disposición de personas de escasos recursos para su consumo final.

Para estos efectos, tanto las instituciones sin fines de lucro que efectúen la distribución en calidad de intermediarias, como aquellas que reciban los alimentos para su entrega gratuita a personas de escasos recursos, deberán estar inscritas en una nómina que se llevará con tales fines por este Servicio. Mediante Resolución se fijará el procedimiento para la inclusión o exclusión de instituciones de la referida nómina; así como los requisitos que deberán cumplir en cada caso para los efectos de ser incluidas o mantenerse en la nómina, en especial, no desarrollar actividades relacionadas con la compra y venta de alimentos.

Estas entidades deberán otorgar a la empresa respectiva un certificado que dé cuenta de la entrega y recepción de los alimentos a la institución destinataria, indicando la fecha de la entrega, la naturaleza de los alimentos, su cantidad, calidad, guía de despacho y demás antecedentes que exija este Servicio, de conformidad con el modelo que se establezca mediante Resolución. En el caso en que la entrega se efectúe a través de una institución intermediaria, el certificado deberá estar suscrito por los representantes de dicha entidad y de la institución que dispondrá de los alimentos para su entrega a personas de escasos recursos.

La entrega de los alimentos por parte de la empresa o a través de una entidad sin fines de lucro encargada de la distribución, deberá respaldarse con la correspondiente guía de despacho emitida por la empresa, la cual deberá indicar que la entrega no constituye venta, individualizando a la institución que en definitiva recibirá los alimentos incluyendo su número de inscripción en el registro, detallando las características de los alimentos de que se trate, su calidad, cantidad, estado, y demás antecedentes que este Servicio estime necesarios para una adecuada fiscalización mediante Resolución. Cuando los alimentos sean puestos a disposición de distintas instituciones receptoras, deberá emitirse una guía de despacho que respalde la entrega que se haga a cada una de ellas. En la misma guía deberá indicarse si la entrega se realizará en forma directa por la empresa o a través de una entidad sin fines de lucro distribuidora, individualizándola, e indicando expresamente su número de registro en la nómina a que se refiere esta Circular.

3) Que se encuentre debidamente contabilizado, dejándose constancia de todas las operaciones llevadas a cabo en el registro de inventarios de la empresa de conformidad con las instrucciones impartidas al efecto en la Circular N°3, de 1992.

iii) Monto de las pérdidas.

Por su parte, el monto a castigar, corresponderá al valor de costo para fines tributarios de los alimentos de conformidad con las normas que contempla el artículo 30 de la LIR, el que deberá estar debida y oportunamente contabilizado.

b) Castigo de alimentos cuya comercialización se ha vuelto inviable respecto del Impuesto al Valor Agregado (IVA).

En primer lugar, cabe precisar que el castigo de los alimentos en la forma establecida mediante la presente Circular, no afecta la utilización conforme a la Ley sobre Impuesto a las Ventas y Servicios, del IVA Crédito Fiscal relacionado con la adquisición o producción de los alimentos materia de castigo, por lo que podrá ser utilizado normalmente por el contribuyente, ello claro está, en la medida en que se cumplan los requisitos generales en virtud de los cuales se accede al citado crédito. Lo anterior se explica porque la entrega de estos bienes para su disposición en la forma señalada da cuenta de una pérdida patrimonial para la empresa, similar a la que se produce con motivo de la destrucción de las mercancías cuando ha expirado su fecha de vencimiento, de modo tal que los bienes dispuestos de la forma establecida en la presente Circular no se considerarán retirados ni como faltantes de inventario para los efectos de lo dispuesto por la letra d), del artículo 8, de la Ley sobre Impuesto a las Ventas y Servicios. Asimismo, tampoco será necesario en este caso dar aviso alguno a este Servicio respecto de la entrega de bienes conforme a esta Circular.

Por otra parte, el inciso 2°, de la letra d), del artículo 8, de la Ley sobre Impuestos a las Ventas y Servicios, dispone que constituye hecho gravado con el IVA toda entrega o distribución gratuita de bienes corporales muebles que los vendedores efectúen con fines promocionales o de propaganda, de modo que cuando la entrega de los alimentos se efectúe con tales fines, no resulta procedente la aplicación de las instrucciones contenidas en la presente Circular, encontrándose dicha entrega afecta a IVA de conformidad con la norma legal antes citada.

III.- VIGENCIA DE LAS INSTRUCCIONES.

Las presentes instrucciones entrarán en vigencia a partir de la fecha de publicación en extracto de esta Circular en el Diario Oficial. En consecuencia, las pérdidas producidas con motivo del castigo de alimentos por vencer o defectuosos que se haya efectuado conforme a las reglas de la presente Circular, se entenderán acreditadas fehacientemente ante este Servicio y podrán ser rebajadas como gasto en la determinación de la Renta Líquida Imponible de Primera Categoría, a partir del año tributario 2010, respecto de los bienes que hayan sido castigados a contar de la citada fecha de publicación.

Saluda a Ud.,

RICARDO ESCOBAR CALDERÓN – DIRECTOR

JARB/ACO/GFD

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Habían pasado seis años y medio desde esa cena en La Rural, en Buenos Aires, cuando a Calú se le ocurrió la idea de crear un banco de alimentos en Chile.

“Por fin”, pensó Calú, “esta idea va a poder convertirse en realidad”. Ya no tenía que seguir subiendo la roca a la montaña como Sísifo. Ahora la piedra no volvería a caer más. Lo primero que hizo fue llamar a Pierina, contarle la noticia y al día siguiente se pusieron a buscar a un gerente general con un entusiasmo y energías a la altura de las necesidades y expectativas.



¡Acción!

Corría enero de 2010. Ignacio Undurraga estaba en medio de un cumpleaños cuando se enteró de que un amigo suyo estaba postulando a la gerencia general del primer banco de alimentos de Chile.

A Ignacio se le abrieron los ojos y se le pararon las orejas. Fascinado, escuchó el relato de su amigo sobre este proyecto, del cual nadie tenía idea hasta entonces. Sin duda, su pasado ignaciano y, particularmente, su experiencia en Un Techo para Chile16 despertaron con esta historia.

Ignacio tenía 28 años, estaba recién casado y no tenía hijos aún. Había renunciado a su trabajo y se había ido a recorrer el mundo con su esposa “hasta que se les acabara la plata”. Y ya estaba de vuelta, sin trabajo y buscando algo que le hiciera más sentido que su pega anterior.

–Si te arrepientes, llámame. A mí me encantaría postular a ese puesto –le dijo Ignacio a su amigo antes de irse de la fiesta.

Durante la semana siguiente, Ignacio leyó todo lo que encontró sobre los bancos de alimentos en el mundo, aprendió lo que hacían, cómo funcionaban, cuáles eran sus principales dificultades, etcétera. De modo que cuando su amigo lo llamó para contarle que ya no iba a postular al cargo, Ignacio no lo dudó ni por un segundo. Tomó el teléfono y llamó a Linzor Capital.

–Buenos días, ¿podría hablar con Carlos Ingham, por favor? Quiero postular al banco de alimentos.

Ignacio habló con Calú y al cortar el teléfono le mandó su currículum por correo electrónico.

Al día siguiente, a primera hora, Ignacio se estaba entrevistando con Matías Gutiérrez, socio de Calú en Linzor y, al subsiguiente, ya se encontraba en el banco para firmar los poderes con que tomaría las riendas de la gerencia general del primer banco de alimentos en Chile.

Ignacio es ingeniero comercial de la Universidad Católica. En ese entonces tenía experiencia en finanzas, pero también en fundaciones solidarias. Su perfil era complementario al de Calú y, además, tenía una buena red de contactos. Era joven, conocía diversas realidades sociales del país y, por sobre todo, tenía mucho entusiasmo.

De inmediato y sin rodeos, Calú le planteó su primera meta.

–Pibe, tenés tres meses para usar la oficina de Bicentenario, después, te quiero en la bodega.

Eso significaba que en tres meses tenía que conseguir una bodega, grúas, alimentos, permisos sanitarios y todo lo necesario para empezar a funcionar. La meta era demasiado exigente. No la alcanzó en ese plazo, pero sí lo hizo a los seis meses.

–Además, tenemos que hacer un plan de negocios para conseguir el primer cheque. Tu sueldo vendrá con ese primer cheque –agregó Calú, poniendo aún más presión y claridad sobre cómo debían hacerse las cosas: rápido y bien.

Aunque la frase de Calú había sido más bien motivacional, porque a todos se les pagó el sueldo como correspondía, el primer donativo sí llegó a los tres meses. Y ese primer cheque sirvió para comenzar a operar en forma independiente gracias a los primeros aportantes, entre los que estuvieron Bci, Gasco, Linzor, Nestlé, Walmart y Watt’s.

Al comienzo, todo lo hicieron Calú, Ignacio y Pierina, quien le dijo a Calú cuando consiguieron la publicación de la Circular Nº54 del SII, que ella ya había cumplido su parte y que era momento de dejarlos seguir por su cuenta. Pero Calú quería que lo acompañara un par de meses más.

–Hasta que la guagua camine –le pidió.

Y Pierina, por supuesto, aceptó. Claro que en lugar de dos meses fueron dos años. Y así fue como los tres, a veces solos, a veces en dupla, a veces con alguien más, iban a las empresas a pedir a cada una lo suyo. A las de alimentos, alimentos; a las otras, financiamiento. Y a las fundaciones, a ofrecerles ayuda.

El primer donativo inmaterial lo hizo Megacentro. Ellos cedieron un espacio de sus bodegas en San Bernardo, en un centro de distribución que recién estaban echando a andar. Era un rinconcito, casi nada, pero lo suficiente para encender el motor. De hecho, Luis Felipe Lehuedé, uno de los accionistas principales y gerente general de Megacentro, ha sido uno de los que desde siempre ha apoyado a la Red.

El segundo donativo intangible fue de Subsole –empresa productora y exportadora de fruta– que les facilitó su permiso para operar y así recibir alimentos.

La tercera fue una asesoría, que resultó fundamental en más de un sentido. Ignacio es amigo de Diego Nazar, uno de los dueños de Transportes Nazar17. Como eran amigos, Ignacio tomó su celular, fue a la N en la lista de contactos y apretó el nombre de Nazar, Diego. Se puso el aparato en la oreja y esperó.

–Hola, Diego ¿cómo estái? … Te llamo pa’ pedirte ayuda. Te cuento que ahora soy gerente de una fundación, que es un banco de alimentos y no tengo ni idea de cómo se hace funcionar bien una operación logística como esta. ¿Podrías dejarme hablar con tu gerente de operaciones para que me enseñe cómo funciona este negocio?

Al día siguiente, Ignacio estaba en las oficinas de Transportes Nazar conversando con Fernando Rodríguez.

–Vale. ¿Y ya tienen bodega?

–Sí, Megacentro nos hizo un espacio en un sitio nuevo que tienen en San Bernando.

–¿Y cámara de frío? –preguntó Fernando Rodríguez.

–¡Ah! En eso no había pensado.

En la mitad de la conversación llegó Diego, cincuenta por ciento para saludar, cincuenta por ciento para enterarse en qué “tete” se había metido su amigo. De modo que Ignacio les explicó:

–Es una fundación sin fines de lucro, que se dedica a conseguir alimentos en buen estado, pero que no se pueden comercializar, para hacérselos llegar a fundaciones que alimentan a niños, gente en situación de calle y ancianos, principalmente. Es una idea que nació en EE. UU. a fines de los años sesenta y que se ha extendido por todo el mundo. Se conocen como “bancos” de alimentos.

–¡Chuta! Qué interesante. Qué buen proyecto –dijo Diego–. ¿Cómo podemos ayudar?

–¿En serio?

–Sí, weón, en serio.

–¡Eeeh! No quería pedírtelo porque encontré que era muy patudo de mi parte, y si no queríai participar te podíai sentir obligado y no es la idea. Pero ya que lo preguntas… primero, ayúdanos con esta asesoría y después, cuando comencemos a operar, danos una mano con el transporte.

De esa asesoría surgió buena parte del conocimiento que hoy tiene la Red para operar como centro logístico de alimentos. Y de ahí también nació la necesidad de tener pallets18, una grúa horquilla y una cámara de frío (lo más caro de todo). Porque sin grúa y sin pallets no había ninguna posibilidad de echar a andar nada.

Calú llamó a Hernán Rodríguez, entonces gerente general de Forestal Mininco, y ellos les facilitaron los pallets. Después contactó a Aníbal Larraín y este movió los hilos aguas abajo en Watt’s hasta que encontraron una grúa que había sido desechada. Estaba botada en Puerto Montt. Hasta el día de hoy, Aníbal Larraín no sabe cómo lo hicieron para traerla y hacerla funcionar. Pero no solo lo hicieron, sino que lo lograron sin pagar un peso. Transportes Nazar la trajo hasta Santiago y la empresa que producía esas grúas la reparó.

Cuando la máquina estuvo en la bodega, Calú fue el primero que quiso manejarla. Pensó que era tan fácil como armar un banco de alimentos en Chile. Bueno, tan fácil no era porque cuando se subió no supo qué hacer. Instalado tras el manubrio y con cara de pregunta dijo:

–Che, ¿alguien me puede enseñar a manejar esta cosa?

Al rato, Calú daba vueltas por la pequeña bodega de San Bernardo, más contento que cabro chico en Go-Kart eléctrico el día de Navidad.

Mad Men

Es cierto que en un comienzo eran tres, pero a poco andar se sumó un cuarto: Jorge Armstrong.

Él es publicista, hijo del célebre dibujante Eduardo Armstrong, arquitecto y fundador de la revista Mampato. Calú y Jorge se habían conocido en 2008 a propósito de una licitación de Isapre Cruz Blanca, pero Jorge no se acordaba. Así que cuando, un domingo cualquiera, leyó un artículo en el diario sobre el recién creado Banco de Alimentos de Chile, le entusiasmó la idea y se comunicó con Calú. A la mañana siguiente estaba en su oficina de Linzor.

–Lo que pasa, Calú, es que yo trabajo en diseño industrial. Tengo una agencia de publicidad. Y si necesitas ayuda, yo feliz de hacerlo. Encuentro súper choro el proyecto que estás armando –le dijo Jorge Armstrong.

–Che, me parece fantástico. Porque vamos a necesitar una imagen corporativa, un logo. Nos vamos a llamar Banco de Alimentos –dijo Calú, rápido, como es siempre para captar donde hay valor.

De hecho, el primer trabajo que hizo Armstrong & Asociados (ahora Strong) fue para el Banco de Alimentos. Prepararon la parte gráfica y toda una campaña. Pero entonces supieron que alguien ya había registrado el nombre Banco de Alimentos como marca, aunque no la usaba.

–OK, alguien ya tiene la marca. Pensemos en un nombre mejor y sigamos adelante –dijo Jorge.

–¿Cómo cuál? –preguntó Pierina.

–Red de Alimentos –dijo Calú al instante.

–¡Eso! Me gusta más Red que Banco. Es más innovador, entretenido y la expresión banco de alimentos, si bien es un nombre genérico en todas partes del mundo, aquí la palabra banco va para otro lado19 –replicó Jorge.

En ese momento quedó forjado el nombre, y todo el trabajo que la agencia había hecho para Banco de Alimentos hubo que guardarlo y partir de cero. De a poco fueron creando una nueva imagen, ahora para Red de Alimentos.

Y lo primero fue una campaña comunicacional. El argumento central era que el tema del hambre era muy relevante en el mundo y que en Chile también había mucha gente que la sufría. De hecho, de acuerdo con los estudios que en ese entonces existían al respecto, uno de cada siete chilenos pasaba hambre en 2010. En ese momento, los creativos de Armstrong & Asociados (A&A), sin tiempo de testear la hipótesis, se lanzaron a la piscina con lo que decía el estudio que Calú había conseguido.

Esa campaña, al igual que todo lo que hacía en la Red, era sin gastar un solo peso. ¿Cómo se hace eso? Con algo de magia.

Dada la falta de recursos, mientras A&A grababa una campaña para otro cliente, Jorge le dijo al director:

–Viejo, ¿nos harías un favor? ¿Podrías dar vuelta la cámara para grabar esto otro? Es para una fundación sin fines de lucro que está recién partiendo –le explicó Jorge. Y luego le contó de qué se trataba la Red.

Era un minicomercial, algo súper básico. Y si bien sirvió para instalar la marca y dar a conocer la existencia de la Red de Alimentos, no tuvo mucho impacto. En rigor, no funcionó para nada, porque al igual que los empresarios reunidos en la sala de reuniones de JP Morgan siete años atrás, la gente no creía que en Chile hubiese personas que pasaran hambre. Aunque les mostraran las cifras, el comentario siempre era “pero si en este país estamos con problemas de obesidad”.

En efecto, la obesidad es parte del mismo problema: la mala alimentación por falta de educación y de recursos económicos.

Vestida para matar

A poco andar, Calú se dio cuenta de que la Red de Alimentos necesitaba proyectar una imagen de confianza y seriedad hacia las empresas donantes, tanto de alimentos, como de servicios y aportes pecuniarios. Además, observó que, si cada vez que había una reunión él iba solo, la Red se veía un poco “desnuda”. Así que decidió vestirla con un consejo asesor.

Una de las primeras gestiones que hizo fue visitar a Rodrigo Jordán en su fundación en calle Los Leones, para pedirle que lo ayudara.

–Tú tienes gran reconocimiento público, por eso quiero que te unas a nuestro consejo, para dar a conocer la Red –le pidió Calú.

Rodrigo aceptó y aunque estuvo solo un año en el consejo, su presencia ayudó a sumar a José Miguel Aguilera, presidente de Conicyt. Calú luego incorporó a Jorge Armstrong, socio de la agencia A&A20; Fernando del Solar, presidente ejecutivo de Nestlé Chile y Claudio Hohmann (de Walmart), director de empresas y exministro de Transportes en la administración de Frei. En 2012, se sumaron Aníbal Larraín, vicepresidente ejecutivo de Watt’s; Felipe Lira, presidente de Acción RSE y director de asuntos corporativos de Tresmontes Lucchetti; Enrique Ostalé, gerente general de Walmart Chile, y Ernesto Videla, general (R) del Ejército.

Miss Sloan21

A la labor de A&A, se sumó el trabajo comunicacional de Azerta. Calú conocía a Cristina Bitar y le pidió que lo ayudara a difundir las actividades y logros de la Red. Cristina ofreció hacerlo pro bono durante un tiempo.

Calú aceptó encantado, a sabiendas de que lo que estaba diciendo Cristina era que no iba a cobrar en la medida en que tuviera tiempo y no perjudicara el trabajo con sus otros clientes.

La primera tarea entonces fue dar a conocer la Red de Alimentos, comunicar que existía, qué hacía, a quiénes beneficiaba, etcétera. Pero Cristina consideró que también era interesante contar la cruzada que había llevado a cabo Calú para conseguir la circular del SII.

Luego, Cristina Bitar y Victoria Burr trabajaron en el diseño de una campaña de medios ideada por Jorge Armstrong y su equipo, que tenía como idea central una taza de arroz que se rebalsaba.

Esta primera campaña consistió en un comercial que se proyectó antes de la exhibición de cada película en la cadena de cines Hoyts durante varios meses. Se pasó en los cinco canales de TV abierta y apareció en prensa escrita. Su mensaje era que uno de cada siete chilenos sufre de hambre.

Toda esta exposición, como siempre, se logró gratis. Si se hubiera pagado, habría costado millones.

El contador

Una de las grandes contribuciones de Pierina Bocic a la Red de Alimentos fue conseguir una firma de prestigio que los auditara, en el entendido de que las cuentas claras crean confianza. La tarea no era fácil, ellos sabían que una auditoría cuesta cara y que la idea era conseguirse todo a cero pesos.

–Yo conozco a alguien que nos podría ayudar. Déjenme preguntarle y les cuento –les dijo Pierina a Calú e Ignacio.

Así, una mañana, poco antes de las 08:00, a comienzos de marzo de 2011, Pierina se acercó a uno de los apoderados del colegio de sus hijos.

–Alejandro, ¿tienes unos minutos? Necesito conversar algo importante contigo.

El otro apoderado era Alejandro Espinosa, unos de los socios principales de KPMG en Chile. Alejandro es contador auditor, había trabajado en PwC, en Irlanda, y en Telecom Italia, y estaba de vuelta en Chile hacía unos años.

Pierina le contó la labor que hace la Red de Alimentos, a quiénes beneficia y de su necesidad de convencer a los grandes empresarios para recolectar recursos monetarios y alimenticios y que, para ello, requerían demostrar el buen uso de las donaciones.

–Mira, Alejandro, una de las claves para construir confianza con las grandes empresas es ser serios. Nosotros somos serios, pero necesitamos que alguien tan serio como nosotros certifique que efectivamente es así. Esa es la única manera de abrir billeteras.

A Alejandro le fascinó el proyecto y la invitación a participar. Pero sabía que el tema era el precio.

–El problema, Pierina, es que nosotros no hacemos pro bono. De hecho, no podemos por normativa internacional, porque perderíamos independencia. Pero déjame hablar con mi socio. Quizás podamos encontrar una solución que sea buena para todos. Te insisto, me encanta la idea y lo que están haciendo. Si podemos ayudarlos, lo vamos a hacer.

Alejandro llegó al edificio institucional de KPMG Chile en Isidora Goyenechea. Subió al quinto piso, saludó a su secretaria, entró en su oficina y lo primero que hizo fue buscar en internet: “banco de alimentos”. Y, al igual que Ignacio Undurraga, leyó todo lo que encontró sobre la materia. Una vez que confirmó lo que le había contado Pierina, tomó el teléfono y llamó a Cristián Bastián, socio principal de KPMG en Chile.

–Sube y acá me cuentas –le dijo Cristián.

Alejandro salió de su oficina y se fue directo a la de Cristián, en el piso 11.

–¡Ya! Déjame ver si entiendo –le dijo Cristián–. Esta fundación se consigue alimentos de las mermas de las empresas y los distribuye entre las fundaciones que necesitan alimentos y quieren que los auditemos para generar confianza en las empresas donantes, tanto de alimentos como de dinero, ¿correcto? –preguntó Cristián.

–Correctísimo –respondió Alejandro.

–Y tú te ofreces a hacerles la pega, cobrando una tarifa simbólica –dijo Cristián.

–Justamente –afirmó Alejandro.

–Mira, por mí, no hay problema. Incluso me gusta la idea de que tengamos un área o que nos demos un espacio para hacer algo de responsabilidad social –argumentó Cristián.

–¡Excelente! –saltó Alejandro.

–No cantes victoria todavía, porque es pega tuya conseguirte el equipo que quiera acompañarte en esta cruzada –complementó Cristián.

–¡Listo! Yo me encargo. ¿Cerrado? –le preguntó Alejandro.

–Cerrado –le respondió Cristián.

Desde ese año KPMG comenzó a auditar a la Red de Alimentos y lo sigue haciendo hasta el día de hoy. Pero no siempre es el mismo equipo. En general, cuando una auditora examina a una empresa, que el equipo de trabajo (auditor en jefe, gerente, equipo de auditores junior) se mantenga es un activo, porque ya conocen la empresa y cada vez se hace más fácil el trabajo, el que, a la vez, se va perfeccionando. En el caso de la Red, ha sido tal el compromiso de quienes trabajan en KPMG, que todos quieren participar de esta auditoría, porque a todos les llama la atención y desean contribuir desde sus capacidades. Así es que cada año, Alejandro Espinosa debe configurar un nuevo equipo de trabajo, de tal modo que, al rotar el equipo, todos puedan hacer su pequeño/gran aporte a la Red.

Los donantes

Para que la Red de Alimentos funcione, necesita cuatro tipos de aportes: las cuotas de los socios (que son sus mismas fundaciones beneficiarias), los alimentos (y, ahora, los artículos de higiene personal), aportes en dinero y en horas profesionales.

Las fundaciones que reciben productos de la Red son a la vez socias de esta y, al igual que en el resto del mundo (desde 2015), hacen un aporte para contribuir a financiar una parte de los gastos, lo cual genera una sensación de compromiso y dignidad en las propias fundaciones22.

Los alimentos los entregan las empresas del rubro a las bodegas de la Red, al igual que los supermercados que entregan directo a las organizaciones sociales.

Los aportes en horas profesionales los suelen hacer quienes trabajan en empresas de servicios, tales como Strong, Azerta, DLA Piper, Dictuc, KPMG, IM Trust, Transportes Nazar, etcétera. Hasta ahora, la Red no lleva un registro económico de estos aportes que –sin duda– han sido invaluables.

Y entre las empresas que hacen aportes en dinero, hay varias combinaciones. Algunas donan dinero, otras dinero y horas hombre, otras productos y dinero. Y otras productos, dinero y horas hombre. De tal suerte que es imposible –incluso injusto– calificarlas desde el punto de vista del aporte23, porque son todos bienvenidos y la idea no es fomentar una competencia entre los aportantes, sino todo lo contrario. Por ello, en todas las memorias de la Red de Alimentos se puede ver los aportantes categorizados como socios estratégicos, socios patrocinadores, socios colaboradores, contribuyentes y media partners24. En la Memoria de 2018 se agregó la categoría de “alianzas”.

Todos son importantes.

Gente como uno

Una de las tres primeras fundaciones que se asoció a la Red de Alimentos fue la Fundación Villa Hogar Padre Hurtado25, ubicada en la comuna de Pedro Aguirre Cerda. Esta institución originalmente estaba dirigida por el Hogar de Cristo, pero ante dificultades para gestionarla, le preguntaron a las Hermanas Salesianas del Sagrado Corazón de Jesús, por Francisco de Sales de España, si se podían hacer cargo.

Fue así como la hermana Adelina llegó a Chile el 22 de octubre de 1991 para tomar las riendas de la Villa en enero de 1992; pero no solo para ofrecerles cama y comida –como dice ella “para eso, mejor me devuelvo a mi país”–, sino para “darles a los ancianos en situación de calle la dignidad que todo ser humano merece”.

En ese entonces el sitio era un basural, había habido una toma y la municipalidad se llevó a la mayor parte de la gente, pero dejaron a 37 adultos mayores en situación de abandono. No tenían cómo alimentarse, dónde vivir ni cómo bañarse. Había gran cantidad de bichos, nada estaba pavimentado.

–Y si un abuelito quiere bañarse –preguntó la hermana Adelina–, ¿cómo lo hace?

–Pide, por favor, a un vecino –le respondieron los mismos ancianos.

La Hermana también relata que “a otros no les gustaba bañarse”. Algunos incluso llegaban a decir que se enfermaban si se duchaban. “Pero la higiene es lo fundamental, así que el primer proyecto de mejora que se hizo fueron duchas”.

Cuando quedaron sin el apoyo del Hogar de Cristo no tenían ni un peso y, por ello, las Hermanas decidieron constituir una fundación y con los socios financian el lugar. Como estaba todo en pésimas condiciones, una gran ayuda la recibieron de la Cámara Chilena de la Construcción, que colaboró haciendo mejoras de infraestructura.

Es así como en lo que era un terreno de tierra y con muy poca construcción hoy existe una villa con casas pintadas de colores, jardines, enfermería, sala de kinesiología, unidad de cuidados intermedios y otra de cuidados especiales. Incluso, cuentan con un “spa” –como le dicen cariñosamente–, que es una sala donde a las señoras les tiñen y cortan el pelo, les arreglan manos y los pies, etcétera.

Poco después del terremoto del 2010, la Red de Alimentos se contactó con la fundación. Dos voluntarias llegaron una mañana hasta allá.

Yo no conocía a esas dos señoras. ¿Cómo llegaron? No lo sé. Yo creo que fue la Providencia. Como siempre dice la hermana Pepa con humor: “A pedir que no venga nadie, pero a dar que vengan todos, que las puertas siempre están abiertas” –recuerda con cariño la hermana Adelina.

Las dos señoras se presentaron y las hicieron pasar. Esperaron un rato hasta que regresara la hermana Adelina, que andaba en una de sus múltiples labores por la Villa. Cuando entró a su oficina se saludaron y se sentaron.

–¿En qué os puedo ayudar? –dijo la hermana Adelina, con ese inconfundible acento que tienen los españoles.

–No, Hermana, es al revés, nosotros los queremos ayudar a ustedes.

Y le contaron de qué se trataba la labor de la Red.

–¿Les interesaría ser socios de nuestra institución? –le preguntó una de ellas.

–Pero claro. Todo lo que sea donación, pues bienvenido –replicó más rápido que ligero la hermana Adelina.

Es justamente a la Villa Fundación Padre Hurtado que, a mediados de 2010, llegó la primera donación de alimentos que realizó la Red. Eran papas fritas. Nada fundamental como alimento, pero sí como impulso para echar a andar la rueda mágica en que con los años se convertiría la Red de Alimentos.

Ignacio Undurraga recuerda que cuando vio el contenido de esa primera donación pensó “Calú me va a matar, pero debemos partir con algo”.

Les pedimos a las organizaciones que hicieran un guiso de vegetales o lo que fuera. Pero tenían que usar las papas fritas cocinadas, no como snack. Y así lo hicieron. Les dijimos tengan fe en nosotros, van a venir más alimentos de aquí en adelante y así fue. –Ignacio Undurraga.

En la actualidad, la Villa es dirigida por tres hermanas. Acompañan a la hermana Adelina, la hermana Josefina, más conocida como la Pepa, quien también es española y es la que se encarga de alimentar y mantener sanos a sus abuelitos con dietas especiales para diabéticos y de presión alta; y la hermana Juana, que es boliviana. Hoy albergan a 167 adultos mayores y les proveen de una vida digna, cuidada y con compañía. Les organizan actividades, talleres, fiestas, paseos. La hermana Adelina comenta que “algunos incluso se han enamorado y se casan”.

El alcance del aporte de la Red para su fundación queda claro en las palabras de esta hábil monja, quien sin duda tiene un don innato para la administración de recursos.

La Red es una gran riqueza, el ahorro en alimentos en un momento dado supuso poder comprar el camión refrigerado. Me costó tanto con el directorio. Yo les decía que en tantos meses recuperábamos la inversión con las donaciones de la Red. Porque si no teníamos camión, había que ir con un Toyota y unas cajas de plumavit con hielo y te cabía menos alimento. También conseguimos hacer unas cámaras grandes de frío y recuperamos la plata en muy poco tiempo. Porque si nos llegaban donaciones y no teníamos dónde meterlas, ¿qué hacíamos? Tener cámaras suponía poder recibir más y atender mucho mejor a los viejitos. Las verduras, por ejemplo, las picas y las congelas y tienes para todo el invierno (…) Con el ahorro, además, pudimos construir un ala nueva para albergar más abuelitos. –Hermana Adelina.

***

A mediados del año 2007, Rosa Avendaño comenzó a sentirse mal. Los recorridos de las micros habían cambiado con la implementación del Transantiago y la baja frecuencia con que pasaban los buses hizo que –al igual que ella– millones de pasajeros optaran por tomar el Metro para ir al trabajo.

Primero fue la angustia que se apoderaba de su pecho, luego los ataques de pánico, hasta que finalmente comenzaron los desmayos. Rosita Avendaño nunca sabía en cuál estación iba a despertar, solo que –afortunadamente– siempre había un guardia a su lado.

Nunca creí en las depresiones ni en esos estados emocionales hasta que me ocurrió –relata hoy una Rosa muy tranquila y diferente a la de entonces.

Aunque trató de superarlo, no pudo. Así que, junto con su marido, Sergio Flores, decidieron abandonar Santiago y, en 2008, se mudaron a Calle Larga26, en la provincia de Los Andes. Allí, con su padre, Sergio emprendería como transportista para la división Andina de Codelco. A pesar de que es una zona de temperaturas extremas, se instalaron felices con su hijo –pequeño entonces–, en un bonito condominio.

Nacida y criada en los valores del Evangelio –aunque hoy se encuentra alejada de la Iglesia– Rosita siempre ha estado atenta a las acciones para ayudar a quienes tienen menos. Cuando vivía en Renca había visto la labor que realizaban las fundaciones repartiendo canastas de alimento. La conmovía ver la alegría en los rostros de quienes recibían los aportes; por sobre todo, la hacían recordar su difícil infancia.

Yo vengo de una familia bien sufrida. Mi papá trabajaba en la minería, se vino de Lota. Vivíamos en un campamento, en una toma, eran los años ochenta. Para servirnos un yogurt teníamos que –literalmente– rascar la tierra para juntar cobre para comprarlo. Éramos tan felices con eso, hacíamos una fiesta, era el momento en que todo nuestro sacrificio nos engrandecía, porque era nuestro esfuerzo, nuestro trabajo –cuenta Rosita con orgullo.

Una vez instalados en Calle Larga, Sergio consiguió un buen trabajo, mientras ella permanecía en casa cuidando de su niño. Pero a medida que fueron conociendo más el sector también fueron dándose cuenta de que alrededor suyo había mucha carencia y, para su sorpresa, descubrieron que la fundación Manos Que Salvan repartía alimentos en su comuna.

Rosita, siempre apoyada por Sergio, decidió hacer algo al respecto. Comenzaron por visitar a la gente en los cerros y, cual si les abrieran las cortinas de un teatro, se les develó la pobreza que permanecía oculta, a veces en la forma de una casa linda –pero donde el salario que la familia había recibido el día 31 se acababa el día 3 del mes siguiente– o tras los muros de adobe de las antiguas casas de campesinos, donde hoy viven ancianos en estado de abandono, casi a la intemperie por la mala condición de los techos y con piso de tierra.

Rosita y Sergio vieron a los niños a pie pelado, quemándose en el cerro, con la guatita al aire, descuidados y sucios. Entonces decidieron visitar Manos Que Salvan para preguntarles cómo funcionaban y pedirles ayuda para formar una fundación similar a la de ellos. Lo que no se imaginaron nunca fue que los recibiría un conocido de toda la vida.

–¡Hola, Eduardo! ¿Qué haces tú aquí? ¿No me digas que trabajas en esta fundación? –preguntó Rosita sorprendida.

–Rosita, querida. ¡Qué gusto más grande! Han pasado tantos años… Efectivamente, no solo trabajo para Manos Que Salvan; yo fui su fundador –respondió Eduardo Sepúlveda, al tiempo que iba hacia ella para darle un abrazo cariñoso.

–No lo puedo creer. Hemos estado tan lejos y tan cerca todo este tiempo. Qué alegría más grande. El destino nos une nuevamente, Eduardo. Te presento a mi marido, Sergio Flores.

–Mucho gusto en conocerte –dijo Sergio, y le extendió la mano a Eduardo, quien a su vez les ofreció asiento en su pequeña oficina llena de papeles.

–Bueno, cuéntenme cómo puedo ayudarlos. ¿Qué los trae por aquí, Rosita?

–Con Sergio nos mudamos hace ya unos seis años a Calle Larga y he visto que allí, al igual que en Renca, ustedes reparten alimentos, y veo lo felices que hacen a los niños y a los abuelitos. También hemos visitado a los vecinos de Calle Larga y de los alrededores, incluso en San Esteban, y hemos comprobado que hay mucha necesidad, que la ayuda no alcanza para todos. Por eso quiero armar una fundación como la de ustedes. Yo sé de administración, porque trabajé como secretaria ejecutiva para varias empresas, y además soy técnica en alimentos, así que sé cómo se deben manejar para que no se echen a perder. Pero lo más importante, es que Sergio es transportista y sabe de logística. Creo que, con la ayuda de Dios y nuestras capacidades, podremos hacer la vida un poco más llevadera a muchos vecinos. Por eso estamos aquí, para pedirles ayuda, para que nos digas cómo partir.

–Qué bien, Rosita. Ya lo creo que necesitamos más organizaciones sociales y, conociendo tu fuerza y perseverancia, no dudo que lo van a lograr. Cuenta desde ya no solo con mi guía, sino que te acompañaré en todos los trámites que tendrás que hacer. Cuando ya has pasado por el proceso es más fácil –les dijo Eduardo con una gran sonrisa.

Efectivamente, el proceso fue más sencillo con la ayuda de Eduardo, quien los acompañó a la municipalidad y a impuestos internos a buscar todos los papeles requeridos. Así y todo, les tomó más de un año armar la agrupación vecinal.

No lo voy a olvidar nunca. Fue un día de lluvia torrentosa, en octubre de 2016, cuando por fin pudimos firmar ante la jueza y el secretario municipal. Teníamos que ir con los beneficiarios y, como llovía tanto, fuimos a buscar a muchos. Toda la comuna era un barrial porque las calles no están pavimentadas y quedamos empantanados varias veces. Pero lo importante es que resultó, y con los primeros 55 inscritos logramos tener personalidad jurídica –relata Rosita.

Lo más complejo de superar, en todo caso, no fue el clima ni los trámites exigidos, sino la desconfianza inicial de los vecinos.

Al principio nadie nos creía. Cómo íbamos a darles algo a cambio de nada. Pensaban que había engaño, que era una burla, el cuento del tío. Hasta que se fueron dando cuenta de que era de verdad, que solo los queremos ayudar –explica Sergio Flores.

Así conocieron la Red de Alimentos, quienes los ayudaron también a preparar todos los documentos necesarios para ser socios. La agrupación vecinal Entregando Alegría en Calle Larga partió con 55 socios, pero a los pocos meses, cuando fueron a su primera reunión en la Red, en San Bernardo, eran 75 y ahora, tres años después, ya entregan 386 canastas a la semana, con las que se alimentan entre 1.300 y 1.500 personas de la comuna.

–Buenos días, somos de la agrupación vecinal de Calle Larga y tenemos reunión con la Srta. Marianne –saludó Sergio a la recepcionista de las oficinas de la Red en la bodega de San Bernardo.

A los minutos apareció una joven en jeans y polera blanca. Era Marianne Heyl, ingeniera con magíster en ciencias de la ingeniería de la PUC que se había unido a la Red en 2015 para hacerse cargo de la gerencia de gestión social. Definitivamente no era la señora seria y mayor que Sergio y Rosita esperaban encontrar.

–Hola, pasen, pasen. Soy Marianne Heyl. Vamos por este pasillo hasta el fondo, a conversar “a mi oficina”. Bienvenidos, síganme por aquí.

Después de pasar por la primera puerta, Sergio y Rosita cruzaron una sala luminosa con más de diez escritorios donde solo había jóvenes muy concentrados en sus pantallas y en los teléfonos. Una puerta más se abrió y Marianne les indicó que se sentaran en la mesa redonda en una esquina de la oficina.

–Asiento, asiento, por favor. Les ofrezco agua, ¿un café? –les ofreció alegre Marianne.

–Estamos bien así, muchas gracias, señorita –respondió una tímida Rosita.

–Bueno, estamos muy felices de tenerlos aquí. Para nosotros es motivo de celebración tener la posibilidad de llegar a más lugares. Hemos revisado la documentación y está todo en orden, solo les quiero contar un poco más sobre cómo funcionamos y que nos organicemos para partir.

–Muchas gracias –acotó Sergio–. Nosotros estamos muy entusiasmados y cuanto antes podamos partir, mejor.

–Perfecto. Entonces lo primero será organizar la fecha para que los visite. Como saben, llevamos un control estricto sobre las condiciones en que se reparten los alimentos y, en especial, verificamos que se entreguen a quienes deben recibirlos de manera absolutamente gratuita y que no haya reventa por ningún motivo.

–Cuando usted, diga, señorita –respondió alegre Rosita–. Puede usted acompañarnos ahora mismo. Nosotros la llevamos y traemos.

–Creo que podemos dejarlo para… –Marianne miró su calendario sobre la mesa– pasado mañana, ¿les parece bien?

Tras conversar un rato sobre los objetivos que tiene la Agrupación Entregando Alegría en Calle Larga, el matrimonio se despidió de Marianne y quedaron a la espera de su visita. Dos días más tarde, una vez en terreno, Marianne comprobó que el lugar que Rosita y Sergio habían destinado en su hogar para acomodar las donaciones contaba con las condiciones necesarias y luego salió a recorrer con ellos por toda la comuna para conversar con los beneficiarios y así comprobar su situación. La visita resultó un éxito y, por fin, 2017 se convirtió en el año del inicio definitivo.

Es muy gratificante trabajar en una institución que ayuda a otras instituciones a entregar un mejor servicio a sus beneficiarios. Es genial poder ayudar a quienes ayudan a las personas que más lo necesitan en Chile. –Marianne Heyl.

La labor que realizan Rosita, Sergio, su suegro y unos pocos voluntarios tiene varias aristas, pero quizás la mayor de todas radica en que la gente necesitada está dispersa por toda la comuna. De ahí la importancia de contar desde un principio con una camioneta y la experiencia en logística de Sergio y su padre.

Hoy por hoy, para hacer el trabajo, Sergio –quien maneja el camión– va con Rosita o con su padre a la bodega los días martes y miércoles, y, en Calle Larga, Rosita y tres voluntarias arman las canastas que empiezan a repartir desde el mismo martes. “Tenemos que repartir el mismo día que recibimos los alimentos”, a eso de las 19.00 horas, porque el calor es muy fuerte en Los Andes en verano. Fue justamente el asunto de la temperatura y la necesidad de tener más espacio para trasladar más alimentos, lo que los llevó a vender su vieja camioneta Ford y a juntar sus pesos para comprar un camión refrigerado.

La camioneta la manejaba Sergio o el Tata, mi suegro. Nosotros aún hacemos la carga y descarga. En la camioneta nos veníamos tapados de comida, pero necesitábamos más espacio y mejores condiciones para poder traer también yogurts. Así que hicimos el esfuerzo y ahora tenemos el camión que usamos tanto para ir a buscar alimentos como para repartir en las zonas más alejadas. –Rosa Avendaño.

A diferencia de fundaciones con internos como la Villa Padre Hurtado, los beneficiarios de esta agrupación no están dentro de un recinto, sino que se encuentran repartidos a lo largo y ancho de toda la comuna. No pocas veces tienen que ir a zonas que se podrían considerar como caseríos.

No sé qué haríamos sin la Red. Ellos han sido fundamentales para nuestra agrupación. Siempre nos han ayudado. Nos hemos reunido con la señorita María José, con la señora Quena y hasta con don Carlos. Una vez, en una asamblea, él dijo que le gustaría ver que los alimentos llegan a los pueblos más pequeñitos. Ojalá venga acá y vea hasta dónde estamos llevando la ayuda de la Red. Estamos muy orgullosos del trabajo que hacemos. Uno lo hace con alegría –cuenta Rosita.

Y su trabajo hoy no solo es valorado por ellos. Los más agradecidos son los mismos vecinos que han podido comer alimentos que a veces ni saben cómo se preparan. Pero entre las vecinas buscan por internet y comparten recetas por WhatsApp. Así lo hicieron, por ejemplo, con la primera entrega de ricota o una vez que les dieron mozzarella de leche de búfala. Pero lo más importante es que también han recibido alimentos que jamás se imaginaron disfrutar.

Una vecina una vez me agradecía con lágrimas en los ojos cuando pudo comer por primera vez un yogurt Gold. Cuándo iba a pensar ella en comer uno de esos. También recuerdo una vecina que me contó que cuando repartimos unos chocolates finos, en un envase verde, con licor, se preparó especialmente para disfrutarlo. Fue un momento muy especial para ella. Como es dueña de casa y no sale, nunca había comido un chocolate tan fino. Se duchó y se vistió especialmente para comerlo tranquila –cuenta orgullosa Rosita.

Nosotros no le vamos a arreglar la vida a nadie, pero es un granito de arena. Ellos no son nuestros beneficiarios, son nuestros amigos. Nosotros conocemos sus vidas y les damos cariño. La gente nos da las gracias, pero nosotros les decimos que las gracias hay que dárselas a Dios –agrega Sergio.

El reconocimiento ha venido de terceros también porque su labor ha sido destacada por las autoridades locales, como el gobernador de la provincia, que les dio un premio, y por Anglo American, que les regaló un contenedor modular de 12 metros27 donde hoy preparan las canastas.

Para el futuro cercano ya tienen nuevos objetivos. Y por eso están en contacto con la Fundación Pro Bono para pasar de ser agrupación a fundación, y así poder recibir donaciones. Hasta ahora solo cuentan con la ayuda de la Red de Alimentos y, esporádicamente, de empresas y personas que les aportan con alimentos o servicios gratis, o casi gratis, como transporte para llevar a los beneficiarios con sus familias a paseos, como los que organizan en verano a centros turísticos con piscina y colaciones.

Cuando sean fundación estarán en condiciones de darles a las empresas el certificado de donación que estas requieren para descontar impuestos. Con ello, pretenden lograr la meta que tienen entre ceja y ceja: hacer un comedor para ancianos y niños. “Ellos son los más vulnerables”, repite Rosita. “Y yo soy testaruda. No acepto un no por respuesta, así que sé que lo vamos a lograr”.

En sus gestos y en cada una de sus palabras, Rosita y Sergio evidencian la enorme pasión que los guía. Con su persistencia y voluntad no es aventurado pensar que pronto Calle Larga contará con más servicios para los ancianos y los niños más necesitados.

Nos gusta lo que hacemos. Uno lo lleva en el corazón. Para que los niños no pasen lo que yo pasé, ni hambre ni cosas feas. Tienen que ser felices. Por eso lo que la Red hace es tan importante. Ojalá hubiese habido una Red cuando yo era pequeña –dice emocionada Rosa Avendaño.

***

Al igual que a la Fundación Villa Padre Hurtado y a la Agrupación Alegría en Calle Larga, la Red de Alimentos atendió en el año 2020 a un total de 438 organizaciones sociales, las que reunieron a 258.771 beneficiarios y recibieron 8.573.825 kilos de alimentos y artículos de primera necesidad. A ello, se sumaron 2,8 millones de kilos comprados y donados debido a la pandemia.

Leones por corderos

Mientras más crecía la Red, más tiempo y energías le demandaba a Calú. Hasta que por fin se dio cuenta de que no podía fabricar el tiro de esquina, lanzarlo y cabecearlo. Necesitaba a alguien que lo ayudara en las decisiones del día a día.

En una reunión en Linzor, a fines del segundo semestre de 2011, hizo el comentario. Más tarde, Sharon Matthews, socia de Calú en Linzor, le sugirió que hablara con Cristián Steffens, un joven profesional que trabajaba con él en la oficina. Y en esa ocasión este le comentó:

–Yo creo que sé de alguien que se puede interesar por trabajar contigo en la Red –le dijo.

–Ah, sí, ¿quién? –le preguntó Calú.

–Mi papá –le respondió.

El señor en cuestión era Cristián Steffens padre, quien había sido gerente general de Cruz Verde y Salcobrand, y que en ese momento manejaba su propia empresa (lo hace hasta el día de hoy) y, además, participaba en la comisión de financiamiento de la Iglesia católica.

Allá por 2006, Cristián Steffens padre dejó su trabajo para formar su propia compañía (AdCapital), pero a la vez sentía que tenía que hacer algo por la sociedad. Llamó entonces al sacerdote Fernando Chomalí para ver en qué podía ayudar, y este lo instaló en la comisión de finanzas de la Iglesia.

En eso estaba cuando, en agosto de 2011, la familia Steffens partió de viaje a Machu Picchu. Y fue durante esa estadía en el Cuzco, a propósito de nada, cuando Cristián hijo le dijo a su padre:

–Te mandaron un recado: Calú pregunta si estarías disponible para ayudarle en la Red de Alimentos.

De regreso en Santiago hablaron por teléfono y Calú quedó de ir a verlo a su oficina. Calú no conocía a Cristián, pero Cristián sabía de Calú porque era el jefe de su hijo, aunque no lo conocía en persona. Ese día Calú fue temprano a jugar tenis, después fue a la oficina y a eso de las 13:00 horas partió a la reunión con Steffens.

–Hola, Calú, ¿qué tal? –lo saludó Cristián.

–¿Cristián?... pero ¿que no jugás tenis en la cancha al lado de la mía? –le preguntó Calú.

–Sí, de vez en cuando… –le contestó Cristián.

–¡Qué increíble! –remató Calú.

Cristián ubicaba a Calú del club de tenis, pero no le iba a decir nada. Para qué. Era el jefe de su hijo y eso podía complicarlo. No tenía sentido. Pero ahora que estaban frente a frente era otra cosa. Y para aquellos que saben leer los signos y que no creen mucho en las coincidencias, la reunión entre ambos quizás fue cosa del destino, porque a poco andar, mientras Calú le contaba a Cristián qué hacía la Red de Alimentos y qué era lo que necesitaba de él, este quedaba cada vez más convencido de que el proyecto era algo a lo que se debía sumar.

Las experiencias de ambos eran complementarias. Calú tiene fortalezas en emprendimiento y finanzas; Cristián, en el retail, logística y finanzas. Y si bien sus personalidades son distintas, se avienen bien.

Y así en octubre de 2011 Cristián se incorporó a la Red de Alimentos, mientras renunciaba a su papel en la Iglesia católica para, efectivamente, tener el tiempo y la energía para dedicarse por completo a la fundación.

Me metí en esto y dejé lo otro. Esto era aportar con lo que yo creía que podía entregar más de verdad. Uno se siente cómodo en lo que realmente puede hacer un aporte. –Cristián Steffens.

Cristián se unió a la Red como director ejecutivo. Es decir, como miembro del directorio, pero con una misión de apoyo a la administración.

Cambio de hábito

Una de las acciones fundamentales que hizo Pierina Bocic para la Red de Alimentos fue gestionar su incorporación a la Global Foodbanking Network (GFN)28. Y no fue nada fácil.

Pierina partió por contactarlos e hizo formalmente la solicitud de ser parte de la agrupación mundial de bancos de alimentos. Ellos, por su parte, quedaron de visitar la Red. No se trataba de cualquier visita protocolar, sino de las del tipo due diligence29, es decir, muy exhaustiva. Los visitaron dos veces, los vieron crecer y observaron que cumplían con todos los estándares requeridos. Es más, quedaron muy sorprendidos con el sistema contable de la Red, con el sistema de trazabilidad y con el cuidado y la dedicación puesta en la cadena de frío de los alimentos. Respecto a esto último Pedro Álamos, gerente de operaciones de la Red en 2011, tuvo la idea de pedir a las fundaciones que no contaban con un camión refrigerado coolers de plumavit gruesa, que caben justo en el maletero de un auto. Así, en estas cajas –con mucho hielo– podían llevarse productos que requerían mantener el frío.

Después de revisar todo al detalle, la GFN reconoció a la Red como miembro a fines del 2012.

–Listo, Calú. Misión cumplida –le dijo Pierina. Ahora el nene está caminando. Aquí los dejo.

–Querida Pierina, no sabes cuánto te vamos a echar de menos –replicó Calú.

–Yo también, pero los dos sabemos que es mejor así –replicó Pierina.

–Sí, lo sé.

Se dieron un abrazo y Pierina salió de la oficina de Calú con la frente en alto y el orgullo de haber aportado con un grano de arena a darles una mejor calidad de vida a muchas/os chilenas/os que lo necesitaban.

***

Unos pocos meses antes, Ignacio había ido a la oficina de Calú y le había dicho:

–Calú, me da “ene” lata decirte esto, pero me acaba de surgir una oportunidad para ir a hacer un máster en el MIT. Y es una oportunidad que no puedo dejar pasar.

–Pero, pibe, ¡qué bien! Hiciste un trabajo tremendo acá, no te preocupés por nosotros. Andáte a Boston con tu mujer, sacá el máster y echá a volar tu carrera.

–Ya, pero aún no me voy. Quería avisarte con tiempo. Uno no se va de un día para otro. Menos con todo el cariño que les tengo.

–Dale, che, no esperaba menos de vos. ¿Y cuándo tenés que estar en Boston? –preguntó Calú.

–En enero –replicó Ignacio.

–¡Perfecto! Y que tengas la mejor de las suertes. Y ya sabés que podés contar con nosotros para cualquier cosa.

–Lo sé. Gracias, Calú –dijo Ignacio y salió de la oficina de quien fuera un gran maestro en administración de recursos.

Ignacio sabía que estaba cerrando una puerta para abrir otra. Y con las palabras de Calú, sabía que se podía ir tranquilo.

En ese mismo momento, Calú supo que ese era el fin del comienzo. Ahora había que pasar a una nueva etapa, una de crecimiento y consolidación.



La nouvelle vague30

Durante los dos primeros años de vida de la Red de Alimentos, las comunicaciones externas las llevó Azerta, empresa que hizo un gran trabajo para visibilizar la fundación. Pero para comienzos de 2012, la labor ya era demasiado demandante como para depender exclusivamente de la acción pro bono que Azerta podía realizar, así que le recomendaron a Calú contratar a una persona dedicada a esta función. Como además Pierina estaba por retirarse, la necesidad de un reemplazo era evidente.

La secretaria general de Azerta, Daniela Lipari, sugirió para el puesto a la sicóloga Valeria Peña, quien se desempeñaba como subgerenta de extensión en Celfin Capital, uno de los principales bancos de inversión en Chile. La propuesta coincidió con el interés de Valeria de cambiar su foco laboral hacia un trabajo más orientado a las personas.

Se entrevistó con Calú y rápidamente se incorporó al equipo de la Red. Asumió como gerenta de asuntos corporativos y quedó a cargo de la fidelización de los primeros socios, de buscar nuevos y del marketing y las comunicaciones. No obstante, Azerta siguió colaborando pro bono con la Red de Alimentos hasta 2014.

Al comienzo, Calú le propuso a Valeria instalarse en la oficina de Vitacura, pero Valeria sentía que no podía “vender” algo cuyo olor no conocía verdaderamente, así que comenzó a ir a la bodega de San Bernardo cada vez con mayor frecuencia hasta que se instaló allá, donde experimentó de primera mano el calor de relacionarse con las fundaciones, con las monjas que le llevaban cruces, con el personal del Ejército de Salvación, de las Aldeas SOS y con todas las personas que los visitaban a diario.

Lo primero que notó en cuanto al tema comunicacional fue que Azerta había hecho un buen trabajo en la labor de apuntalar la primera etapa de formación de la Red de Alimentos y de la lucha de este “argentino loco” en favor de la donación de alimentos que se iban a destruir. Pero ese recurso comunicacional ya se había agotado. Era necesario pasar a una nueva etapa, con requerimientos distintos.

Lo primero que hizo fue desarrollar una serie de herramientas comunicacionales, como un folleto y un video institucional que explicaran qué es la Red de Alimentos. Lo segundo fue actualizar el sitio web. En ese entonces había una campaña publicitaria hecha por Armstrong & Asociados que había tenido bastante exposición, pero se echaban de menos algunas herramientas de presentación.

Otro cambio importante fue redireccionar el discurso de la fundación hacia la experiencia alimentaria a nivel mundial, con información de la FAO y otros organismos especializados que, entre otros temas, sostenían ideas algo catastrofistas, como que se proyectaba que para 2050 no iba a haber suficiente tierra para alimentar a la población mundial. Pero eran los inicios de un nuevo relato, como dar énfasis a que las empresas deben tener una conexión con la sociedad y el medioambiente en que actúan.

***

En 2012 también se cumplía el plazo en que el gerente general que había iniciado la puesta en marcha de la Red de Alimentos, Ignacio Undurraga, partía finalmente a Estados Unidos a realizar su posgrado en el MIT. Para reemplazarlo, Calú llamó a su amigo Alan Mac Donald, de la agencia de reclutamiento Kingsley Gate31. Este se contactó con gente de otras ONG y en una de ellas, una mujer dijo “¡mi marido!”, y este resultó ser Sebastián Labbé.

–¿Por qué te interesaría trabajar en una ONG como la Red de Alimentos? Esto no tiene nada que ver con tu experiencia laboral –le preguntó Alan Mac Donald a Sebastián.

–Es verdad. Pero soy ignaciano, tengo un perfil social y me encanta lo social. Cuando uno se ha propuesto algo en la vida, lo implementa. Y para mí, igual que tener un hijo, plantar un árbol y escribir un libro, trabajar en una organización social es uno de mis objetivos de vida.

Para Sebastián, sumarse a la Red de Alimentos como gerente general fue un acierto tremendo, porque se encontró con lo que esperaba, aunque desde una vereda que lo sorprendió. La Red era –y sigue siendo– una ONG poco tradicional, ya que en ella todos están muy preocupados no solo de hacerla funcionar, sino de que lo haga como reloj suizo. Y eso es algo que –según Sebastián– es muy atípico en una ONG, ya que quienes trabajan en ellas suelen ser bastante más llevados por el corazón que por la gestión.

En la Red de Alimentos se juntaban las dos variables: mucho corazón y también mucho orden. Y esto es doblemente importante en una institución cuyo núcleo son los alimentos. Ello por dos razones fundamentales: (1) ninguna organización puede tener problemas de inocuidad alimentaria y (2) porque se relacionan con las marcas más importantes del sector. Y esto último es un activo que hay que cuidar.

La misión encomendada a Sebastián al mando de la Red de Alimentos era doble: debía hacerla crecer y elevar el nivel de confianza, tanto de las organizaciones beneficiarias como de las marcas donantes. Y con especial énfasis en las empresas con las cuales necesitaban establecer vínculos potentes, generar certezas, demostrarles que para la Red de Alimentos esto no era un juego, no era una apuesta, sino que aquí había gestión, trazabilidad y profesionalismo, y que todo estaba respaldado por una estructura que cuidaba la marca de las empresas y, por sobre todo, la salud de los beneficiarios.

Por suerte, Cristián Steffens ya estaba trabajando en una planificación estratégica. La había comenzado cuando todavía era gerente general Ignacio Undurraga. Y ahora que llegaba Sebastián –que tenía más experiencia– pudo terminar el plan y entregárselo para que iniciara su función.

Por su parte, Sebastián pensaba que las marcas se la estaban jugando al entregarle alimentos a una ONG que los repartía a otras ONG y, por lo tanto, la Red tenía no solo la obligación de cuidar esta cadena, sino de cuidarla como “hueso de santo”.

El plan apuntaba a optimizar el sistema de control que venían empleando. Tanto así que Sebastián iba sorpresivamente de visita a las fundaciones y en no pocas oportunidades se encontró con que el alimento no estaba lo cuidado que –por protocolo– tenía que estar. Esto, a pesar de que para incorporar a una fundación a la Red se las capacita en el manejo de los alimentos en cuanto a:

• cómo tienen que pedir el alimento,

• cómo tienen que mantener el alimento y

• cómo tienen que consumirlo.

Al mismo tiempo, los alimentos que las fundaciones le piden a la Red (en el entendido de que lo que solicitan es congruente con sus necesidades) se mide. Por ejemplo, si una fundación atiende a “x” cantidad de niños, en la Red se estima cuántos kilos de alimento pueden consumir y qué tipo de alimentos necesitan. Por lo tanto, si esa fundación pide “500 litros de yogurt” y esa solicitud no concuerda con las estimaciones de la Red, no se les entrega la cantidad solicitada, sino la estimada, y la fundación queda “condicional”. Esta es otra manera de cuidar la cadena alimentaria, porque si solo necesitan cien litros de yogurt y piden quinientos, entonces las sospechas son que perderán mucho yogurt, que se descompondrá o que están vendiendo los otros cuatrocientos litros en el mercado informal. Y este es un costo de oportunidad altísimo para las demás fundaciones a las cuales se les podría haber entregado esos yogurts.

Otro elemento de control que establecieron fue el catastro informativo de las fundaciones. La Red de Alimentos, al incorporar a una fundación como socia, le pregunta cuál es su capacidad de almacenamiento y le solicita que se le informe sobre cualquier cambio o mejora en esa condición, así siempre están al tanto de cuánto alimento pueden guardar en seco, en frío y en congelado. Esta información es muy útil para la entrega de alimentos, ya que la Red también sabe cuánto es el máximo que pueden guardar.

Finalmente, cruzando todos los datos, si una fundación tiene capacidad para almacenar, por ejemplo, cincuenta litros de yogurt, pero el consumo de sus beneficiarios es menor a eso, entonces se le da una cantidad inferior al máximo de almacenamiento para evitar que algunos productos –como los lácteos, que tienen una vida más corta– se echen a perder y nadie los aproveche.

Así, el plan estratégico diseñado por Cristián iba tomando forma y aterrizando las ideas y el empuje de Calú, en una ruta más robusta de crecimiento orgánico.

Lo bueno de todas estas medidas de control es que permitieron pavimentar el camino para que otras empresas de alimentos se atrevieran a ingresar también a esta red de distribución en que se convirtió el primer banco de alimentos de Chile. Por otra parte, también cimentaron a través del tiempo una relación fraterna entre las organizaciones sociales y la Red de Alimentos, porque entre todos –en un continuo de acciones– cuidan esta virtuosa cadena de valor.

Y como la cadena tiene en su vértice final a personas vulnerables que necesitan los alimentos, la gestión de Sebastián se orientó, en gran medida, a que las fundaciones entendieran muy bien tanto el valor como la fragilidad de esta. Y cuán grande sería la pérdida si no se la cuida.

Este era un tema bien complejo, pero era una pega maravillosa. Aunque, de hecho, yo nunca la consideré una pega. –Sebastián Labbé.

Adicionalmente, la Circular Nº54 del SII establecía un protocolo de acción entre las empresas, la Red de Alimentos y las fundaciones, que exige las siguientes condiciones:

• La Red de Alimentos y las fundaciones receptoras deben estar inscritas en el SII.

• Las organizaciones receptoras deben dar a las empresas un certificado que da cuenta de la recepción de los alimentos (fecha, cantidad, calidad, guía de despacho, etc.).

• La entrega de alimentos debe respaldarse con la guía de despacho, la cual debe indicar que la entrega no constituye venta.

• Y la guía debe decir a qué institución(es) serán enviados los alimentos, incluyendo su número de registro.

La Red de Alimentos necesita preocuparse minuciosamente de verificar todos los documentos ligados a la recuperación y entrega de alimentos, porque al ser una corporación que se comunica tanto con las organizaciones sociales como con las grandes empresas, el proceso completo debe estar totalmente regularizado. Y como entonces la Red no contaba con mucha tecnología, hubo que hacerlo todo manualmente.

Para cerrar el círculo, Sebastián organizó reuniones mensuales con las empresas que les entregaban alimentos, para informarles de todo lo que estaban haciendo. De esa forma, las marcas veían como este grupo de gente que dirigía la Red era capaz de llevar adelante el proyecto y de cuidar cada eslabón de la cadena de la misma forma como la cuidan ellos, esto es, con eficiencia y profesionalismo.

La Red de Alimentos te facilita el trabajo para ayudar. Con mucho foco, con mucha dedicación, con mucha disciplina. Tú ves algo que funciona, que es transparente, algo que hoy es muy importante. La Red, justamente, muestra eso. El mismo Calú tenía la preocupación de ir, de explicar cómo funcionaba, y eso te da tranquilidad, te muestra que es un trabajo serio. –Valeria Flen, exgerenta general de Soprole.

No tener “embarradas”, según Sebastián, fue posible gracias al sólido equipo de profesionales con que contaba la Red de Alimentos durante su gestión, quienes eran personas “camiseteadas” y muy, pero muy, valiosas.

Porque al final ¿qué es lo más importante para las empresas de alimentos? La marca. Y mandarse una embarrada con cualquier marca… ¡Uf! Si no estás todos los días cuidando la cadena, entonces se puede ir todo a la porra. Y eso puede pasar. –Sebastián Labbé.

Y el Óscar es para…

El 15 de noviembre de 2012, la Red de Alimentos fue galardonada con el Premio Avonni32, en la categoría de Emprendimiento Social, por sus esfuerzos por innovar en Chile en el ámbito empresarial. Pero, además, fue un reconocimiento por haber sido los impulsores de la Circular Nº54, que cambió absolutamente el panorama de las donaciones de alimentos en Chile.

***

El 23 de abril de 2013, la fundación Red de Alimentos recibió también el sello Más por Chile, el cual fue entregado por el entonces ministro de Desarrollo Social, Joaquín Lavín.

Además de a la Red de Alimentos, el premio fue concedido en esa oportunidad a otras veintidós empresas, entre las cuales destacan varias que hacen un trabajo muy ligado al de la Red, entre las que destacan: Armstrong & Asociados, Cial Alimentos33, Linzor Capital Partners, Pepsico, Nestlé, Soprole y Walmart.

Este sello es un certificado que tiene una duración de un año y avala el aporte social de las instituciones premiadas. Pero es algo más que eso; es una prueba de cómo el mundo público valora lo que hace el mundo privado en términos de sus acciones con impacto social.

Desde el punto de vista corporativo, la Red es una empresa por donde se la mire, solo que su objetivo no es el lucro. Pero no por eso no va a funcionar bien. –Sebastián Labbé.

Efectivamente, el objetivo de actuar como una empresa eficiente fluye por el ADN de la Red de Alimentos desde su directorio hasta el personal del centro de distribución. Como lo destaca Hernán Rodríguez Wilson, exgerente general de CMPC, actual presidente de Colbún y director de la Red de Alimentos:

La Red hizo un proyecto, no inventó la rueda, trajo el modelo y logró convencer a la autoridad de que se podía hacer con alimentos, luego trabajó para hacerlo con otros productos. Hizo un trabajo de hormiga con las empresas, para que vieran que la mejor manera de canalizar su ayuda era vía la Red. Esta es la definición de una empresa por libro. –Hernán Rodríguez W.

***

Años más tarde, en septiembre de 2017, la Red de Alimentos ganó el Premio Nacional de Medioambiente, en la categoría Aire, por su aporte a la reducción de emisiones de CO2 que hubieran producido los alimentos en los vertederos, de no haber sido rescatados34.

La ceremonia de premiación contó con la presencia del Príncipe Alberto II de Mónaco y la excandidata presidencial de Francia y ministra de ecología, desarrollo sostenible y energía, Ségolène Royal.

El color del dinero

Hacia finales de la primera década del siglo XXI, IM Trust35 comenzó a plantearse la idea de hacer asesorías pro bono a organizaciones sociales sin fines de lucro, en temas que tuvieran afinidad con las capacidades del equipo. Y en esta línea de colaboración con la comunidad crearon la Fundación IM Trust36.

La idea es ofrecer horas profesionales para cuantificar y asignarle valor a lo que hacen las fundaciones, a fin de dotarlas de un argumento robusto –y expuesto por un tercero–, para convencer a sus donantes de que lo que ellos hacen tiene valor y genera beneficios.

Aunque nos encontrábamos con que cada vez que nos acercábamos a alguien, ellos estaban a la espera de que les dijéramos cuánto le íbamos a donar en dinero. –Guillermo Tagle.

Guillermo Tagle, a la sazón gerente general de IM Trust, conocía a Calú desde fines de los noventa, porque ambos trabajaban en el mercado financiero. Y quizás por eso la Red de Alimentos fue la tercera institución a la que se acercó la Fundación IM Trust, con la idea de ayudarlos a valorar el aporte que hacen a los beneficiarios de sus fundaciones socias.

Así fue como los profesionales de IM Trust analizaron los datos disponibles y construyeron un modelo ad hoc para medir los beneficios directos e indirectos de lo que hace la Red de Alimentos. Este trabajo pro bono se convirtió en un proceso que duró todo un año. Finalmente, expusieron los resultados ante un comité de gerentes y directores que validó la metodología y las conclusiones.

El estudio reveló –en términos gruesos– que cada peso que recibe la Red en alimentos se multiplica en entre 4 y 8 pesos de ingresos para las fundaciones. Y estos beneficios pueden ser aún mayores si se considera el total de personas beneficiadas.

Asimismo, no hay que olvidar que existen beneficios no pecuniarios que son difíciles de medir, como, por ejemplo, la dignidad y la mejor nutrición. Por una parte, está el hecho de recibir productos de la misma calidad que los que se encuentran en cualquier supermercado y, por otro, que al no tener que destinar dinero a la compra de estos artículos las fundaciones pueden mejorar las condiciones de infraestructura y de servicios para sus beneficiarios.

Yo siempre digo que las hermanas son excelentes ecónomas. Tienen el concepto del ahorro; no por apretadas, sino porque el ahorro permite hacer otros proyectos. Y ahí entra la Red de Alimentos como una fuente importante de ahorro, porque la alimentación de más de 160 adultos mayores tiene un fuerte impacto. Muchos tienen necesidades especiales en su alimentación, además. Por ejemplo, si no fuera por la Red solo podríamos dar yogurts a los que tienen problemas dentales, ya que es un producto caro, pero gracias a la Red todos los pueden recibir y así tener una mejor alimentación. –María Irene Castillo, gerenta de integración, Fundación Villa de Ancianos Padre Hurtado.

Por otra parte, los productos que entrega la Red de Alimentos a las fundaciones son de excelente calidad y de marcas prestigiosas, dado el tipo de donantes que tiene la Red. Se puede decir, por lo tanto, que el aporte que reciben las fundaciones es –al mismo tiempo– más y mejor.

Desde otro punto de vista, el costo operacional de la Red de Alimentos equivale al 10% del valor de los alimentos entregados. Es decir, si el costo es 100, el beneficio es 1.000.

Tú me pasas un peso y yo lo multiplico por diez. Si tú le entregas aportes a una organización cualquiera, una parte siempre se queda en la organización misma. (…) ¿Qué otra organización apalanca de este modo el beneficio? –Cristián Steffens.

Producto de este estudio y de que Guillermo Tagle era presidente de Icare en 201437, Calú fue invitado a exponer en el Enade38 de ese año, para mostrar cómo se podía influir en las políticas públicas, que sí era posible mover la frontera legal y que los beneficios sociales que esto puede generar al país son enormes.

Es muy notable que haya logrado transformar legalmente estos procesos para evitar que productos útiles fueran destruidos. –Guillermo Tagle.

En 2014 (año en que se dio a conocer el estudio), la labor de la Red de Alimentos alcanzaba a 54.670 beneficiarios. Pero en 2020 esa cifra llegó a 258.771 personas. Ahora bien, según el Ministerio de Desarrollo Social, en 2018 (últimos datos disponibles) en Chile la pobreza alcanzaba al 8,7%39. Y, de acuerdo con el INE, ese año éramos casi 19 millones de personas40. Esto significa que, de los 1,68 millones de personas en situación de pobreza en Chile, la Red de Alimentos hace un trabajo que llega al 14,4%.

Es que la Red de Alimentos es como MasterCard: no tiene precio. Porque el impacto que tiene en la gente es invaluable. Imagínate que vas a tu pega todos los días y, en la puerta, siempre hay gente esperando con una sonrisa de lado a lado porque tú les vas a entregar alimentos. Es algo extraordinario. –Sebastián Labbé.

La red social

En un esfuerzo por encontrar una nueva manera de comunicar la importancia de la labor que realiza la Red para que no se desperdicien los alimentos que otras personas necesitan, surgió la idea de cambiar el concepto desde “existe gente que pasa hambre en nuestro país” a hacer una campaña con la idea de que “nada sobra”. Es decir, todo se puede aprovechar, lo que unos botan le puede servir a otro.

Con esto en mente, Jorge Armstrong propuso usar las redes sociales en una campaña comunicacional para llegar a la mayor cantidad de personas posible. Para ello, se creó el hashtag #nadasobra como una forma de sensibilizar a los gerentes sobre el valor que los consumidores le dan a su marca por donar productos o servicios a las personas necesitadas. La campaña se hizo a través de Twitter y se ancló en el concepto de donar los caracteres que sobraban en cada mensaje. ¿En qué consistía? Como en Twitter se podían usar hasta 140 caracteres, la campaña solicitaba que las letras que las personas no usaran, se las donaran a la Red y pusieran el #nadasobra.

Con ese juego –muy simple pero muy inteligente– la Red de Alimentos logró hacerse presente en la cabeza de las personas, en especial, de la gente joven. La cosa era así: si uno tuiteaba algo con el #nadasobra, literalmente, las letras que no se usaban iban a parar a un sitio web con un contador y ahí se generaba una sopa de letras.

El éxito fue rotundo. En un solo día el hashtag se convirtió en trending topic. Y con él se creó también un concepto adicional: hacer una sopa de letras con esos caracteres “sobrantes”; de ahí nació la “sopa para miles” en contraposición a la “sopa para uno”. Esa información se puso en una caja y, con ella, el equipo directivo de la Red partió a visitar empresas de distinto tipo, no solo de alimentos. El discurso era sencillo:

–Cinco millones de personas retuitearon este hashtag y quieren que tu marca se sume. ¿Se suman?

Con esta campaña, Armstrong & Asociados ganó un Premio Effie41 de plata en el año 2014, en la categoría Marketing Social.

La otra red social

Cuando Valeria Peña llegó a la Red se dio cuenta de que sus conocidos no sabían qué era la Red de Alimentos, ni siquiera la habían oído mencionar. Quienes sí sabían de ella eran los empresarios y los ejecutivos de las empresas de alimentos y otros rubros, a quienes la Red había contactado. Al igual que con la posterior campaña de #nadasobra por Twitter, había que hacerles ver a las empresas que donar genera valor para su marca, es decir, tomar el modelo de la Teletón. No era necesario inventar nada nuevo, pero para lograrlo, la Red debía ser reconocida por mucha más gente, por el “ciudadano de a pie”. Entonces Valeria pensó en dos de los más grandes eventos sociales que tienen lugar en Santiago: Lollapalooza y la Maratón.

Partió por implementar que la Red estuviera presente en Lollapalooza. El primer año fueron muy en chiquito, como para poner el primer pie adentro solamente, y su presencia consistió en que Sebastián Labbé, Pedro Álamos, la misma Valeria y sus hijos se pusieron unos petos y llevaron pulseritas, calcomanías y todos esos artículos del merchandising que se usan para construir imagen de marca, e hicieron una colecta en el mayor evento de rock alternativo del país. La idea, más que reunir dinero, era aprovechar que cada joven con quien hablaban era un punto de contacto al cual se le podía contar –muy brevemente– cuál era la labor de la Red de Alimentos. Así, año a año, se fue creando un lazo cada vez más grande con Lollapalooza. Para la segunda versión en que asistió la Red de Alimentos ya tenían sillas y mesas. En la tercera ya contaban con un stand completo junto al de la FAO.

En la misma línea de Lollapalooza hice el vínculo con la gente que organizaba la entrega de fruta en la Maratón de Santiago. La primera vez, igual que en Lollapalooza, solo nos regalaron la fruta que les sobró. El segundo año nos pidieron que lleváramos un pendón, el tercero nos invitaron a estar presentes en la estación Mapocho y dimos entrevistas. Así fuimos creando vínculos. Desarrollar una relación no es algo inmediato, lo vas construyendo. Primero más chico y luego crece la confianza. –Valeria Peña.

Mientras se desarrollaban estos esfuerzos y se creaban las confianzas, Valeria necesitaba nueva información que pudiera captar el interés de los medios, que siempre andan en busca de algo nuevo que comunicar. Y justo en ese momento cayó una oportunidad del cielo: la venida a Chile del violonchelista Yo-Yo Ma.

La fiesta inolvidable

Una tarde primaveral del año 2012, Tim Purcell –quien es socio de Calú en Linzor Capital Partners– ofrecía una comida en su casa, cuyo catering había sido encargado al restorán Blue Jar42, uno de cuyos dueños era –en ese entonces– Cecile Latham-Köenig43, quien se encontraba esa noche a cargo de la cena. En eso sonó el teléfono de Cecile y del otro lado de la línea estaba Ulrich Bader (Uli), director del Teatro del Lago, quien le contó que había hablado con el mánager de Yo-Yo Ma y que tenía fecha para que viniera a Chile. Pero que para que resultara, tenían que sumar un concierto en Santiago.

Cecile conocía a Yo-Yo Ma por haber sido la encargada de programación de conciertos en el Barbican Center44 en Londres. Pero la idea de traerlo a Chile comenzó a gestarse en 2010, cuando ella, Uli Bader y Nicola Schiess vieron a Yo-Yo Ma en Buenos Aires, en el contexto de una serie de conciertos de celebración del Bicentenario del Teatro Colón45.

Aquella noche, Calú y Tim se enteraron de la posibilidad de traer a este genio del violonchelo y no dudaron ni un segundo en hacerse cargo de la fecha de Santiago. El objetivo de ambos era que la ocasión fuera un concierto benéfico para las fundaciones en las que cada uno participa: Red de Alimentos y Enseña Chile46, respectivamente.

Una semana más tarde todo estaba arreglado: Yo-Yo Ma daría un concierto el sábado 11 de abril en Frutillar, una clase magistral el domingo en la Universidad Católica y un concierto en el Club de la Unión el lunes 13, en Santiago.

Para montar este evento se formó un grupo de trabajo pro bono, integrado por Tim Purcell, Tomás Recart (gerente general de Enseña Chile), Cecile Latham-Koenig, Valeria Peña, Jorge Armstrong, Calú y Marcial Cortés-Monroy.

Marcial se encargaría de la producción, es decir, todo lo referente a la puesta a punto del lugar, piano, micrófonos, amplificación, acústica, escenario, luces, sillas, espacios, camerinos, etcétera, mientras Valeria y Tomás se preocuparían de afinar los detalles para el día del evento. Jorge produciría los materiales de difusión: pendones, folletos e invitación, la que incluía un CD con música interpretada por Yo-Yo Ma. Mientras, Cecile se haría cargo de la cena, mesas, manteles, velas, vinos, postres, bajativos, etcétera.

Después de la clase magistral en el Centro de Extensión de la Universidad Católica, hubo un cóctel cena en casa de Nicola y Uli, con muy pocos comensales. Los estelares eran, por supuesto, Yo-Yo Ma, su asistente personal y la pianista que suele acompañar al chelista, Kathryn Stott.

Durante la reunión, los participantes tuvieron ocasión de comprobar lo afable que es Yo-Yo Ma. La conversación iba y venía sobre distintos tópicos y, entre ellos, ciertamente surgió la música, momento en el que Yo-Yo Ma notó que Calú sabía bastante del tema.

–Sí, bueno –le dijo Calú–, es porque toco el piano y la gaita escocesa.

–Ah, pero genial. Trae la gaita mañana y tocamos algo juntos –le ofreció Yo-Yo Ma.

–¿En serio? –preguntó Calú, escéptico de poder tocar con uno de los músicos más importantes del mundo en los últimos cincuenta años.

–Sí, claro, por qué no –respondió Yo-Yo Ma.

La conversación se prolongó hasta que la secretaria personal de Yo-Yo Ma avisó que se hacía tarde y que debían descansar para estar lúcidos al día siguiente. Luego, a la salida, se acercó a Calú y le dijo al oído:

–Don’t even think about bringing the scottish bagpipe tomorrow.47

Ahí Calú entendió que a veces a Yo-Yo Ma se le olvida quién es y se entusiasma más de la cuenta.

Al día siguiente, en el Club de la Unión, en los balcones había alumnos de música y de Enseña Chile. Yo-Yo Ma tocó –fuera de programa– la “Suite Nº1 para violonchelo” de Bach, entera y de memoria, para luego acometer rigurosamente con el programa junto a Kathryn Stott. El concierto terminó con un encore48 en el que interpretó “El oboe de Gabriel”, de Ennio Morricone.

Para quienes gustan y aprecian la música en su más alta expresión, fue un concierto emocionante e inolvidable.

Posteriormente, se llevó a cabo una cena en el segundo piso del Club de la Unión. Había más de veinte mesas y en cada una de ellas diez personas. Tim Purcell, Calú y sus respectivas señoras estaban en la de Yo-Yo Ma y Kathryn Stott. Calú, de hecho, se sentó entre ambos. En un momento de la conversación, cuando todos querían acaparar la atención de la estrella de la noche, Calú giró la cabeza hacia la pianista y le preguntó:

–¿Cómo podés estar todo el día con un “rockstar” y mantenerte siempre en un papel secundario cuando son un dúo, vos tocás el piano y él, el chelo?

–Es que eso es perfecto para mí. A mí no me interesa para nada ser el foco de atención. Yo hago mis giras con él y luego regreso a mi casa en el campo, en Inglaterra, y vivo feliz ahí –le respondió Kathryn.

Fue la primera gran lección de la noche. Más tarde, Calú giró la cabeza hacia el chelista y le preguntó:

–¿Cómo es andar por la vida con todo el mundo diciéndote una y otra vez que eres un genio? Tiene que ser insoportable después de un rato. Porque si todo el mundo te lo está diciendo, deja de tener sentido. ¿Cómo hacés para mantener los pies en la tierra?

Yo-Yo Ma lo miró con expresión tranquila y le dijo:

–Bueno, es fácil. Cuando estoy en casa, mi señora me hace sacar la basura todas las noches.

Segunda gran lección de la noche. En ese minuto, Calú entendió que Yo-Yo Ma no tiene nada de divo y que, por el contrario, es un hombre humilde, agradecido de la vida y generoso.

Tanto así que –sumando y restando ingresos y gastos– Yo-Yo Ma donó el valor de un concierto para las dos fundaciones. Objetivo más que cumplido.

La mano de Lagos

En junio de 2015, Valeria Peña comenzó a gestionar una nueva reunión con Ricardo Lagos. Gracias a un contacto personal de ella, fue posible hacerle llegar por anticipado al expresidente Lagos una carpeta con todo el material sobre la Red de Alimentos, de modo que, esta vez, él ya estaba al tanto de lo que hacía la fundación y hacia dónde querían avanzar.

La reunión se llevó a cabo el 10 de ese mes, en dependencias de la Fundación Democracia y Desarrollo, en calle Roberto del Río. En la ocasión estuvieron junto al expresidente Valeria Peña y Calú.

Ese mismo día, El Mercurio había publicado una carta de Benito Baranda titulada “No a la destrucción de alimentos”.

–Luisa me habló esta mañana de esto por una carta que salió en El Mercurio –les dijo Lagos.

–Sí –dijo Calú–. La escribió Benito Baranda.

–¿Y en qué los puedo ayudar entonces? –preguntó el exmandatario.

–Lo que me gustaría es hacer una ley que ponga los incentivos para que no se bote la comida, y agregar otros productos de primera necesidad.

–Mire, mi amigo. Para eso yo le recomiendo que hable con los que tienen más llegada con la Presidenta. Nicolás Eyzaguirre, por ejemplo, Jorge Burgos o, incluso, Rodrigo Valdés…

Calú titubeó.

–Presidente, yo a Nicolás lo conozco de cuando él era ministro suyo y yo trabajaba en JP Morgan, pero hace mucho que no hablo con él. A Burgos no lo conozco. Y a Rodrigo Valdés, que sí lo conozco más, no sé… debe estar bloqueado de pega en el Ministerio.

–Entiendo. ¿Por qué, entonces, no me da tres copias de esta carpeta y yo me comprometo a hacérselas llegar a ellos? A ver si alguno tiene tiempo para leerla. ¿Le parece?

–Gracias, Presidente.

–Esperemos tener mejor suerte en esta ocasión –agregó Lagos, refiriéndose a aquella vez en que conversaron en el avión presidencial (ver Cap. 2).

–Seguro que sí –replicó Calú.

Benito Baranda, quien se había incorporado al Consejo Asesor debido a una gestión de Jorge Armstrong, que conocía a Baranda por América Solidaria, no asistió a esa reunión porque había sido invitado por la presidenta Bachelet a una gira por Europa en donde ella tenía que dar, entre otras cosas, una charla en la FAO49.

Cuando volvió, en la reunión de consejo le contaron de la reunión con Lagos mientras él relataba de su viaje con la Presidenta. Entonces, casi al unísono, Calú y Cristián le pidieron que armara una reunión con ella.

A los pocos días de la reunión con Lagos sonó el teléfono de Valeria. Fue un intercambio breve, de unas pocas frases. Cuando cortó, estaba atónita pero contenta. Era Ricardo Lagos Escobar quien le había dicho que había mandado un e-mail a la Segpres y que Patricia Silva, la ministra subrogante, los iba a llamar para hablar de la legislación propuesta por la Red de Alimentos.

Unos días después, Patricia Silva efectivamente llamó a Calú para coordinar la reunión. Se juntaron con ella dos veces. Y ella le hizo llegar un completo dossier a la Presidenta.

Finalmente, la reunión con Bachelet se llevó a cabo el 18 de agosto de 2015 en el salón azul, ese con el cuadro gigante de Matta50. Esta vez los asistentes fueron Valeria Peña, Margot Kahl –quien fuera gerenta general de la Red de Alimentos por un breve lapso–, Benito Baranda, Cristián Steffens y Calú. Calú estaba sentado en la silla del centro y la Presidenta a su izquierda, justo debajo del cuadro de Matta. Tras los saludos formales y las frases de cortesía, Calú se abalanzó con toda la información que quería entregarle a la mandataria en los pocos minutos de que disponían. Su objetivo estaba claro: transformar la Circular Nº54 en ley.

Ahí la Presidenta supo explicarles a todos los presentes su visión de este asunto.

–Carlos…

–Perdone, Presidenta. Dígame Calú, nadie me dice Carlos –le interrumpió Calú.

–Muy bien, Calú. Sabe, me parece un enorme aporte para el país lo que ustedes proponen. Como ve, aquí tengo varias carpetas que me preparó la Segpres sobre la iniciativa que usted plantea de los bancos de alimentos, las que he revisado con atención.

Calú ya había notado que las tenía todas subrayadas.

–Presidenta, yo solo quiero pedirle un favor –dijo Calú–, uno nada más. Que usted mande un proyecto de ley, con un solo artículo y suma urgencia.

–Mire, Calú, sin desconocer su expertise empresarial, necesito que me dé el crédito de saber cómo se puede lograr una modificación como la necesaria en este caso. En mi experiencia, las leyes de un solo artículo son un desastre. Una vez estuve dos años tratando de sacar una. Y como ya habrá oído por ahí, cuando uno manda al Congreso un plátano puede salir un charquicán. Por eso, creo que es más eficiente montar esta iniciativa sobre algo que ya existe como, por ejemplo, la Ley REP (Responsabilidad Extendida del Productor).

–¿Y cómo se hace eso? –preguntó Benito.

–Hablando con el ministro de Medio Ambiente –respondió ella.

Esa tarde, Calú salió de la reunión con la sensación de que quizás esta vez sí se iba a lograr la iniciativa con mayor rapidez que en el pasado. La idea de la presidenta Bachelet les abrió otro camino, que para la Red de Alimentos dio inicio a una nueva etapa. Una de mucho trabajo, porque ahora había que contactarse con el Ministerio de Medio Ambiente, tarea que recayó en Valeria, quien tuvo que perseguir al ministro Badenier primero, y al ministro Mena después, para introducir la idea de la Red en la Ley REP.

Casi un año después de la reunión con Bachelet, el 1 de junio de 2016, se promulgó la Ley 20.920 (conocida como Ley REP)51, que constituye el marco para la gestión de residuos y que tiene como objetivo la reducción de desechos por parte de las empresas productoras de bienes52. El artículo 4 de dicha ley trata sobre la prevención y valorización de residuos, y en su letra f) recalca:

• Mecanismos para prevenir la generación de residuos, incluyendo medidas para evitar que productos aptos para el uso o consumo, según lo determine el decreto supremo respectivo, se conviertan en residuos.

• Un reglamento establecerá el procedimiento para la elaboración de los decretos supremos que establezcan los instrumentos anteriores.

Lamentablemente, hasta mayo de 2020 ningún reglamento había sido publicado al respecto53.

De ahí en adelante, el trabajo de “lobby” de la Red de Alimentos estuvo más o menos entrampado… Hasta que dieciocho meses después, la marea comenzó a cambiar.

Punto de quiebre

Durante el primer trimestre de 2015, Sebastián Labbé comenzó a sentir que ya había dado todo lo que podía a la Red de Alimentos. Esos últimos años habían sido intensos. Había aprendido una enormidad. Había conocido a mucha gente y sentía que lo que había aportado había valido el esfuerzo y los costos personales.

En simple, para mí fue una experiencia maravillosa.

–Sebastián Labbé.

Además, Sebastián se sentía orgulloso de lo que había hecho. Especialmente, por haber montado el Banco de Alimentos Biobío Solidario (ver Cap. 5).

¡Olvídate! Hasta el día de hoy converso con Clahudett y con los consejeros de allá. Me llaman para contarme cualquier cosa, nada especial… supongo que es solo por cariño. –Sebastián Labbé.

***

Por su parte, Valeria Peña había estado colaborando con la agencia de Armstrong & Asociados para crear una nueva campaña para la Red. La idea era usar la imagen de un homeless54 y una mujer unidos por un tallarín (la Red) al estilo de la clásica película animada infantil La Dama y el Vagabundo55. Pero la idea se abandonó cuando la misma Valeria vio que Falabella se les había adelantado y la usó para un catálogo con una foto del actor Francisco Melo y una niña, en marzo de 2016. No obstante, el concepto se desempolvó del cajón de los recuerdos y se llevó a cabo en 201856.

Valeria continuó trabajando en la Red de Alimentos hasta julio de 2017, época en que decidió que era el momento de buscar nuevos desafíos con la tranquilidad de una labor más que cumplida.

Cuesta separarse de algo que uno quiere mucho y por lo que se ha esforzado tanto, como fue mi caso, para llevar la Red a la gente y sacarla del ámbito de las empresas, para que fuera la gente la que pusiera presión para que las empresas donaran "porque la gente lo pide". –Valeria Peña.








Desde que la Red de Alimentos comenzó a operar, Calú abrigaba la idea de expandirse a regiones, al igual como ocurre en Argentina donde cada provincia tiene su propio banco de alimentos. Pero Chile no es Argentina y acá la gente de regiones tiene su forma particular de ver la vida. Al contrario, Cristián Steffens –que es de Concepción– pensaba que el proyecto no iba a funcionar. Pero al final decidieron hacerlo y en 2013 comenzaron a hacer gestiones para operar en el Biobío.

El primer paso fue obtener un lugar de acopio. Para ello se comunicaron con Luis Felipe Lehuedé –gerente general de Megacentro– para solicitarle un espacio en su bodega de allá. Luego, hablaron con las fundaciones con las cuales ya trabajaban en Santiago, que tenían sedes en la VIII Región. Solo faltaba un donante para apoyar el financiamiento de la operación y ahí apareció Celulosa Arauco.

Con todos los peros resueltos ya podían partir, pero Cristián Steffens –como director ejecutivo de la Red– insistió en que para que funcionara en el largo plazo necesitaban contar con consejeros locales. Y así fue como un domingo de junio de 2013, en Concepción, Cristián conversaba con su amigo de toda la vida, Felipe Bravo (a quien sus amigos llaman Zorro), con quien se juntaba regularmente y que ya conocía sobre la Red de Alimentos y del interés que había por abrir un banco en la zona. Pero en cada ocasión que Cristián le hablaba de la Red y de la idea de expandirse a regiones, Felipe se hacía el leso y desviaba el tema, ya que no estaba seguro de querer involucrarse en algo de la envergadura que parecía tener un banco de alimentos.

Entonces Cristián, de frentón, le propuso que se animara y fuese él quien liderara el proyecto de la Red en Concepción.

–Zorro, ¿te das cuenta de lo importante que sería para la zona tener un proyecto local que beneficie a miles de personas, que recupere los miles de kilos de alimentos que se están perdiendo y que sea liderado por penquistas de tomo y lomo como tú?

Cristián se quedó un instante en silencio, lo miró y luego le dijo:

–Oye, Zorro, para que esto funcione bien necesitamos armar un equipo de penquistas de corazón que lo lideren. Y si tú estás a cargo seguro se animarán otros. Así la operación en Conce tendría un sabor más local, ¿no crees?

–Ja, ja, ja… no sé… no sé –le respondió Felipe.

Por esas fechas, Felipe y uno de sus socios estaban, entre otros proyectos, haciendo un negocio en Porvenir, lo que le impedía destinar energía a nuevas iniciativas.

–Piénsalo. A mí me parece que sería una gran cosa que se pudiera hacer en Conce y que tú lo dirigieras –le remató Cristián.

Ese mes Cristián y Felipe se encontraron en varias oportunidades y en cada ocasión Cristián le preguntaba: “¿y, lo pensaste?”. Finalmente, en julio de 2013, Felipe Bravo le respondió:

–Ok, compadre, vamos, pero me tienes que ayudar; no puedo hacerlo solo.

–Por supuesto, esa es la idea, cuenta con el equipo de la Red para que armemos la operación. Sebastián Labbé, nuestro gerente general, ya está trabajando para echarla a andar. Él te puede apoyar en todo lo que necesites. ¿Te parece? –le propuso Cristián.

–¡Fantástico! –le respondió Felipe.

Se dieron un abrazo y el trato entre estos grandes amigos, de esos que se conocen desde que tienen memoria, quedó sellado.

Sentado en el living de su casa, Felipe empezó a imaginar quién podía acompañarlo en el consejo. Y pensó en otro de sus grandes amigos: Alberto Miranda, quien había sido gerente general de Carbonífera Schwager y del Puerto de Coronel.

–Si yo te hubiera pedido lo mismo que tú me estás pidiendo ahora a mí, ¿qué me habrías dicho? –le contrapreguntó Alberto a Felipe.

–Que sí –respondió rápido Felipe, un tanto acorralado por la astuta pregunta de su amigo.

–Bueno, entonces no me puedo negar –y los dos se echaron a reír.

Felipe ya tenía un socio para el Consejo del Banco de Alimentos de Concepción. Alberto dejó los directorios en que participaba y ambos pasaron cerca de un año pensando en dónde instalarse, contratar personal, armar la red de donantes de alimentos y encontrar las fundaciones locales a las cuales entregarles los alimentos rescatados. Estaban en eso cuando supieron que otro de sus amigos, Patricio Bahamondes, estaba con las mismas inquietudes, así que lo sumaron de inmediato a la cruzada, integrándolo al directorio.

Obviamente, Felipe fue elegido presidente57, después de todo lo que había hecho para convencerlos, no podía negarse.

Desde que estoy en esto del Banco de Alimentos de Concepción, mis hijos nunca más me preguntaron por mis negocios. Siempre que hablo con ellos me preguntan solo por el Banco de Alimentos Biobío Solidario. –Felipe Bravo.

La siguiente tarea era contratar a un gerente para la operación Biobío. Cuando Cristián Steffens se lo comentó a Sebastián, este le dijo:

–Conozco a la persona perfecta para que se haga cargo de la operación en Conce y, más encima, es de allá.

Clahudett Gómez había sido subdirectora nacional zona sur de la fundación Aldeas Infantiles SOS y se había entrevistado con Sebastián Labbé antes de que la operación Biobío comenzara. Tenía experiencia, era penquista y encajaba perfectamente con el perfil que buscaban. Sebastián tomó el teléfono y llamó a Felipe, quien se estaba tomando un café en Puerto Varas cuando sonó su teléfono.

–Felipe, ¿te puedes entrevistar con ella la próxima semana? –preguntó Sebastián.

A poco andar, Felipe entrevistó a Clahudett. Calú también la había entrevistado. Así que ya no había obstáculos para que ella se hiciera cargo de la operación local, reportándole a Sebastián Labbé.

En octubre de 2013, Clahudett comenzó a trabajar como gerenta de la Red de Alimentos de Concepción. El consejo local le encomendó articular a las organizaciones sociales con las empresas de alimentos, mientras Sebastián, Felipe y los demás consejeros buscaban empresarios que los acompañaran en la tarea de donar alimentos y conseguir fondos para que la iniciativa se financiara. Se reunieron con los principales referentes de la región: directores de las empresas más grandes, de las cámaras de comercio, decanos y profesores del mundo universitario y dirigentes del sector social, hasta cubrir a todos quienes toman decisiones en la VIII Región.

Ya habían conseguido la bodega en Megacentro –ubicada en San Pedro de la Paz– y empresas que colaboraban con la Red en Santiago, tales como Colún, Nestlé y Watt’s habían instruido a sus centros de distribución de la VIII Región para que colaboraran con el banco de alimentos penquista.

Faltaba una grúa y la opción fue llevar de Santiago la misma que Calú manejaba en la bodega de San Bernardo cuando partieron en 2010. Claro que por haber estado inactiva durante un buen tiempo, las ruedas estaban algo “cuadradas”, de modo que cuando la echaron a andar fue bautizada como “la cojita”.

En agosto de 2014 comenzó a operar la Red de Alimentos en Concepción. Sus primeras oficinas estuvieron en la sede regional de la Universidad Santo Tomás.

Ahora bien, para que la iniciativa fuera exitosa en Concepción, no solo los consejeros, sino también los empresarios, las(os) trabajadoras(es), las fundaciones, etcétera, tenían que sentir la iniciativa como propia. Por eso, el banco de alimentos de Concepción comenzó a trabajar exclusivamente con gente del Biobío: Clahudett Gómez, Paola Faúndez y Juan Carlos Figueroa, además de los consejeros58.

Cuando ellos empezaron a sentir este proyecto como suyo, se inició una dinámica virtuosa mucho más fuerte. ¡Maravillosa! –Sebastián Labbé.

Al comienzo, la operación se suplía con camiones con alimentos que venían de Santiago. Y en los primeros cinco meses de ese año consiguieron recolectar catorce toneladas de alimentos que distribuyeron a 3.951 beneficiarios repartidos en once fundaciones de la región.

Durante todo este tiempo, la Red de Alimentos promovió e incentivó a este brazo hasta que por sí mismo lograra generar sus propias confianzas y demostrara que su equipo local era capaz de administrar estas cadenas de confianza. La Red de Alimentos de Santiago se encargó de traspasarles sistemas que habían desarrollado para llevar las estadísticas, registrar y mantener al día el número de beneficiarios, establecer protocolos para la incorporación de fundaciones, asegurar la cadena de frío, llevar controles en las fundaciones sobre la distribución de alimentos para evitar la entrega o venta de alimentos fuera de las organizaciones receptoras, etcétera.

El Hogar Sirvientas de Jesús se hace presente para compartir con ustedes la doble alegría que nos proporciona la Corporación de Alimentos Biobío Solidario a través de sus donaciones. Digo doble alegría porque primero nos beneficiamos con los productos que se nos donan y, segundo, con la alegría de poder ahorrar. Este ahorro nos ha dado la oportunidad de abastecernos de unas sillas de baño (…) para bridarles una mejor calidad de vida a nuestros adultos mayores –hermana Manuela Villagra.

Durante el primer trimestre de 2015, Sebastián Labbé dejó la Red de Alimentos para dedicarse a su propio emprendimiento. La ausencia de Sebastián motivó a los penquistas a independizarse de Santiago, pero mientras no cerraran algunas gestiones hechas al alero de la Red de Alimentos, no podían tener personalidad jurídica propia, objetivo que consiguieron al año siguiente.

En 2016 el Banco de Alimentos Biobío Solidario (BABBS) tuvo su primera crisis, por decirlo de alguna manera: se dieron cuenta de que les costaba crecer. El análisis apuntaba a que en la VIII Región había muchos centros de distribución de alimentos, pero los centros productivos se podían contar con los dedos de una mano.

La primera idea sobre la mesa fue rescatar productos del mar. Pero se descartó porque el tratamiento del pescado fresco es demasiado complejo (“el alimento vence muy rápido”) y requiere de mucha infraestructura, tecnología y recursos. Optaron entonces por una segunda idea: recolectar frutas y verduras. Para esto, sostuvieron una serie de conversaciones con los responsables de la Vega Monumental, institución que accedió a permitir el rescate de vegetales.

Partieron a pulso. Se consiguieron un camioncito ¾ que era de La Compañía de las Hijas de la Caridad y Clahudett iba con Paola Faúndez –quien está a cargo de las organizaciones sociales– a visitar a los locatarios y rescataban frutas y verduras maduras, al tiempo que generaban lazos con los “caseros”.

En paralelo, iniciaron las primeras cosechas solidarias en campos donde ya no era rentable realizar una segunda o tercera cosecha, pero aún quedaban productos disponibles. Las cosechas las hicieron voluntarios de las mismas instituciones y de empresas colaboradoras como Blumar, con la cual implementaron un programa de voluntariado corporativo. La primera cosecha fue financiada por un Fondo de Encadenamiento Productivo de Corfo.

El desafío de entregar las frutas y verduras en buenas condiciones y, además, dignamente, era gigantesco. Se implementó un sistema para que los vegetales se repartieran impecables, en cajas plásticas, como las lechugas de supermercado.

Gracias a vuestro apoyo hemos podido comprar dos congeladores grandes, un cooler solo para yogurts, transformar la bodega con más espacio, poner y mantener jabón y papel higiénico en receptores idóneos, (…) Ustedes han sido tan fieles, que cuidamos las reglas y cuidados que requieren los alimentos que ya están con nosotros –sacerdote Miguel Fuentealba Melo y Delmira Melgorejo, Fundación San Juan Evangelista.

Al poco tiempo se dieron cuenta de que la forma en que estaban trabajando ya no funcionaba, porque crecía la cantidad de locatarios que deseaban entregarles productos que no habían podido vender, pero la capacidad del camión no daba para más. Entonces fueron a hablar con el gerente de la Vega –Sergio Molina, en esa época– y le contaron lo que querían hacer. Este empatizó con la causa y les consiguió un espacio de 24 mts2. Ahora que había un local, requerían contratar gente y para eso necesitaban recursos. Postularon a un fondo concursable, se lo ganaron, y así comenzaron su segunda etapa, en la Vega.

Todo este esfuerzo le significó al BABBS pasar de entregar 144 toneladas de alimentos en 2015 a 341 toneladas en 2016 (+136,7%). Misión más que cumplida.

El banco de alimentos de Concepción se levantó con voluntad, ganas y con gente muy, pero muy apasionada con lo que estaba haciendo. De otra forma, no hubiese sido posible. –Clahudett Gómez.

El BABBS siguió creciendo en la entrega de alimentos y el número de beneficiarios, y se fortaleció un modelo de trabajo colaborativo, construido junto con la acción de voluntarios de las mismas organizaciones sociales beneficiarias. Dicha participación ha facilitado el proceso de rescate y clasificación de excedentes agrícolas. Los voluntarios de cada institución son proporcionales al número de beneficiarios.

Leer las cartas que nos envían es… muy potente… muy potente. Ese es el combustible (anímico) que nos llega a nosotros, absolutamente. –Felipe Bravo.

Por octubre de 2017, el equipo observó que se estaban quedando sin recursos para mantener el proyecto de rescate de frutas y verduras. Empezaron a buscar fondos concursables y postularon al Fondo Común de la Fundación Lepe. Luego de un largo proceso de evaluación –en el que los visitaron, les pidieron videos y se entrevistaron con empresas ligadas a la labor del BABBS–, en diciembre de ese año se adjudicaron el fondo.

Nos hubieran visto la cara cuando nos adjudicamos el fondo común. Todos dijimos ¡Quéeeeee! –Clahudett Gómez.

La inyección de recursos del fondo común permitió la operación en la Vega durante los años 2018 y 2019. Pero también generó un proceso de cuestionamiento interno. Y la pregunta clave fue qué queremos rescatar o, mejor dicho, qué tipo de alimentos queremos rescatar.

Los temas que se pusieron sobre la mesa fueron la obesidad, el hambre oculta y el que la gente está comiendo, pero no se está nutriendo. Y la conclusión que surgió de este intercambio de ideas fue enfocarse en rescatar alimento con alto valor nutricional. Esta nueva misión es relevante porque hace que el BABBS se plantee qué tipo de alimentos necesita.

… desde que recibimos los distintos y gran variedad de alimentos, hemos podido mejorar muchísimo la calidad de la alimentación que se entrega a nuestros beneficiarios. Hoy en día, en todas las comidas se encuentran presentes verduras y frutas, y el resultado de esto es la baja en los porcentajes de enfermedades (resfríos, desnutrición, etcétera) y el mejor estado de ánimo de los residentes al comer comidas más variadas, abundantes, más bonitas y más sabrosas. –Nancy Farías V., Fundación Alfonso Pacheco Berríos59.

En este mismo proceso, el BABBS se dio cuenta de que tenía que cambiar la forma de entender el mix de productos rescatado. Y si bien este aún no está listo, está claro que tienen que clasificar los alimentos entregados según fibra, carbohidratos, proteínas, vitaminas, etcétera, en línea con la nueva mirada hacia los nutrientes.

A fines del 2019, la Vega Monumental selló su compromiso con una importante decisión: les asignó un espacio mayor debido a que los volúmenes habían crecido más allá de lo esperado. Es así como el BABBS obtuvo en comodato un local de 80 mts2 en el recinto de la Vega Monumental. Espacio que fue acondicionado especialmente para recibir los alimentos y clasificarlos.

A comienzos de ese año, los consejeros del BABBS –que siempre quieren avanzar– notaron un bajo crecimiento en 2019 respecto de 2018 (+3,1%), instalando una nueva meta de expansión para 2020. Fue entonces que el BABBS reflotó la idea de rescatar productos del mar. Muchas de las variables originales que dificultaban el proyecto persistían, de modo que seguía siendo difícil de llevar a cabo, pero esta vez encontraron una vuelta de tuerca que podría funcionar: enlatados y congelados. Para esto ampliaron el convenio solidario de capacidad de almacenamiento con el Frigorífico Pacífico –empresa nacional líder en almacenamiento de productos congelados–, que les facilita cámaras para congelados desde el año 2016.

En 2020, el BABBS obtuvo 628 toneladas de alimentos, que distribuyó a 63 organizaciones que albergaron a 37.872 beneficiarios.

La verdad de las cosas es que nos ha ido muy bien, estamos súper contentos, estamos todos comprometidos con esta causa (…) y, además, es un asunto emocional que te llena de vida. –Felipe Bravo.








La reunión del “petit” directorio de diciembre de 2015 se llevó a cabo en la sala de reuniones de Linzor. Había un solo tema en tabla: ¿cómo salir de la situación de estancamiento?

–No estamos obteniendo los resultados esperados –dijo Calú.

Cristián Steffens asintió.

–Este año crecimos un 8,4% en las toneladas de alimentos entregados y un 13,5% en beneficiarios y el año pasado caímos en ambos indicadores, así que si promediamos los dos últimos años y los comparamos con el dato anterior, entonces crecimos solo 6,4% en beneficiarios, pero además caímos 4,1% en toneladas de alimentos entregados –remato Calú.

–Tienes razón. No es lo que proyectamos crecer. Tenemos que buscar un nuevo gerente general, uno o una que nos haga avanzar más rápido –señaló Cristián.

–Estoy de acuerdo –dijo Calú.

Necesitaban una mirada distinta, alguien con un perfil de competencias laborales más cercanas al trabajo de la Red, con más experiencia, que –ojalá– viniera de una gran empresa. Con esta nueva directriz, el head hunter no tuvo mucha dificultad en encontrar a la persona idónea.

***

Se iniciaba un nuevo año y María Eugenia Torres –Quena, como todos la llaman– se desempeñaba como gerenta senior de Estrategia y Gestión en LATAM Airlines. Ella es ingeniera comercial de la Universidad de Chile y desarrolló una larga carrera en LAN, durante la cual se desempeñó en diversos cargos comerciales, operacionales y de control de gestión, liderando el área comercial de las rutas domésticas desde la fusión con Ladeco; luego, la estrategia de canales de distribución, marketing online, relacional y medios de pago y, desde la fusión con TAM, como gerenta senior de Estrategia y Gestión de LATAM. En esos años adquirió gran experiencia.

En enero de 2016 –sin andarlo buscado– le llegaron dos ofertas de trabajo: de una AFP y de la Red de Alimentos.

La AFP, aunque pagaba más, era más de lo mismo. La Red, en cambio, la quería de gerenta general, lo que implicaba un desafío profesional en un sector que no conocía (el “mundo” de las ONG), con algunos aspectos desconocidos, pero con la idea de hacer un aporte social concreto y tangible. La decisión la tomó en familia y no fue nada difícil.

No se me había pasado por la cabeza una fundación como alternativa laboral. Habiendo trabajado siempre en la empresa privada, uno tiene algunos prejuicios y te imaginas que en las ONG trabaja gente buena onda, que ayudan, pero sin mucha estructura, donde todo aporta, pero sin las metodologías de gestión de la empresa privada. –Quena.

Lo primero que le dijo el head hunter a María Eugenia Torres, fue que la Red de Alimentos era una organización que trabajaba como empresa privada. Y en la primera conversación con Calú, y luego con Cristián, lo notó de inmediato, cuando le plantearon el desafío de ir más allá.

–El head hunter nos habló de ti como “la” persona para el cargo. También nos dijo que estás muy entusiasmada con el proyecto. Eso me alegra mucho. Pero tengo que adelantarte la gran preocupación que tenemos. Los números no están mal, pero aún hay mucho camino por recorrer. Lo que necesitamos es aumentar los volúmenes de comida y los aportes en dinero.

–Lo sé, Calú. Me lo explicaron bien y eso es gran parte de por qué me interesa este desafío. Tener la posibilidad de aplicar mi experiencia profesional para aumentar el impacto social que genera la Red me parece fascinante. Además, estoy acostumbrada a gestionar a través de indicadores. Y los números tienen que hablar para guiar la gestión. Cuenta con ello.

–Lo otro que queremos hacer es expandirnos a nivel país. Ya abrimos un Banco de Alimentos en Concepción. Pero el resto del sur y del norte, no lo tenemos cubiertos.

–No va a ser fácil –replicó Quena.

–¿Aceptas la misión? –dijo Calú.

Quena no dijo nada. Solo sonrió y movió la cabeza de arriba a abajo.

Parte 1: Ad Astra60

Quena llegó a la Red de Alimentos en marzo de 2016 y desde el primer día se dedicó al tema operacional. Lo primero que notó fue que los productos no rotaban lo suficientemente rápido, es decir, permanecían en la bodega ocupando espacio que era necesario para recibir nuevas donaciones. Por ello, muchas veces estuvo en la de San Bernardo –literalmente– pelando repollos para las organizaciones sociales y así empaparse de la gestión que ahí se realizaba.

Por otra parte, desde algunas de las principales empresas que entregaban alimentos le comentaron que la Red les pedía que estos tuvieran una vida útil mínima de una cierta cantidad de días, lo que les generaba una complicación logística, ya que debían separar los productos, lo que finalmente hacía que no entregaran todo lo que podrían.

Para resolver esto, Quena implementó dos medidas: (1) buscar con el equipo de gestión social la forma de aumentar el número de beneficiarios para disminuir el tiempo de espera de los productos en la bodega y (2) aceptar todos los alimentos que aún estuvieran aptos para su consumo.

–De ahora en adelante no rechazaremos nada –les dijo Quena a los catorce empleados reunidos en la bodega.

–Pero es que no tenemos espacio para recibir más donaciones ni a quiénes entregarlas –le respondieron.

–Entonces busquemos nuevas fundaciones –replicó Quena, pero ya no solo como respuesta, sino como desafío.

Después de unos segundos en que solo se oyeron unos murmullos incómodos, les dijo:

–Si una empresa nos llama para entregar, y ustedes creen que no se puede recibir, me avisan. Y después de un análisis, lo decidiremos –remató.

Era una respuesta autoritaria, pero dejaba espacio para la colaboración. Claramente, Quena estaba mostrando un liderazgo diferente.

Para crecer, tenían que aumentar la velocidad de entrega a las fundaciones. Con la ayuda de la GFN (Global FoodBanking Network), Marianne construyó un benchmark de los bancos de alimentos de la región. Así, propuso realizar entregas a través de juntas vecinales, lo que les permitiría llegar a muchas más personas de escasos recursos y distribuir grandes cantidades de alimento muy rápido. Con este piloto Quena fue al directorio a replantear lo de la política de no rechazo.

–Tenemos que cambiar esa política o no podremos crecer –afirmó Quena tajantemente.

–¿Y qué hacemos con el riesgo de intoxicación? Los lácteos son alimentos muy delicados –afirmó Cristián Steffens.

–Desde el punto de vista de la inocuidad, si bien un lácteo vence un determinado día, ese día aún se puede consumir, pero nunca después de la fecha de vencimiento. Si no fuera así, significaría que no creemos en la fecha de vencimiento.

Con ese argumento ganó el tiempo que necesitaba para aumentar el flujo de salida de los lácteos.

Pero la inocuidad es solo uno de los riesgos a considerar, otro muy relevante es la reventa; un problema que siempre ha estado latente y por el cual la Red de Alimentos ha tomado muchas precauciones.

La pregunta que se planteó Quena fue: ¿cuántos yogurt por día puedo entregar por persona para que sean consumidos sin riesgo de reventa? Es decir, ¿cuánto puedo aumentar la capacidad de entrega sin que aumente la posibilidad de intoxicación ni la de reventa, los dos riesgos fundamentales que enfrenta a diario la gestión de la Red?

Para lograr esos objetivos, Quena sabía que necesitaba cambiar varias cosas. Lo primero fue reemplazar las planillas de cálculo por un sistema de bases de datos que permitiera controlar mejor el inventario y la entrega de productos a las organizaciones sociales. Para esto se puso a trabajar codo a codo con una persona externa que el año anterior había empezado a diseñar un sistema; no tan sofisticado como un ERP61, pero de implementación rápida y sencilla62. Pero eso no sería suficiente, Marianne le había comunicado que se iba a estudiar a Londres en marzo de 2017, por lo que sabía que iba a necesitar savia nueva.

Parte 2: Recursos Humanos

Cuando Quena llegó a la Red de Alimentos trabajaban catorce personas. El problema para contratar nueva gente era dar con el perfil adecuado para una organización como la Red. Y eso no es fácil, porque trabajar ahí implica estar dispuestas(os) a ir todos los días a San Bernardo, donde se encuentra el centro de distribución. Quienes aceptan trabajar en la Red de Alimentos deben adaptarse a estar en un lugar alejado del centro cívico y del centro de negocios de Santiago, un sitio con condiciones ambientales menos atractivas. Además, deben saber comunicarse y tratar con distintos tipos de personas, desde operarios hasta gerentes generales de grandes empresas.

La Red de Alimentos es una organización pequeña y en el centro de distribución lo más complejo es el manejo del recurso humano. Hay algunos enmalladores de fruta y verdura, que son voluntarios de las mismas fundaciones beneficiarias. Pero los operarios son empleados, no voluntarios como ocurre en Europa y EE. UU. Ser operario es cansador, es mucho trabajo físico. La gestión, además, es intrínsecamente aleatoria: no se puede planificar el trabajo ya que muchas cosas –como, por ejemplo, con qué productos van a contar, cuántos, o a qué hora llegarán las donaciones– no se saben con anticipación. Por eso quienes trabajan en la Red deben estar disponibles para colaborar en otras áreas.

A fines de 2020, trabajaban en la Red de Alimentos 33 personas, más del doble que cuando Quena llegó a la Red.

Parte 3: El vuelo del fénix

Además de gente nueva, Quena necesitaba algunos talentos especiales. A comienzos de 2017 llamó a tres personas que habían trabajado con ella en LAN: Carmen Paz Álamos, Gabriela Alvarado y Hernán Miranda (quien venía llegando de terminar un posgrado en La Sorbona63). A ellos les ofreció los cargos de gerente de desarrollo –un cargo nuevo pero muy necesario para el desafío que tenían por delante–, gerente de gestión social y gerente de operaciones, respectivamente.

Poco a poco los tres notaron que había desafíos internos y, entre otras tareas, comenzaron a estructurar procesos. Y, muy acertadamente, los fueron plasmando en documentos internos de trabajo. Entre estos destacan tres: el reglamento interno de orden, higiene y seguridad; el manual de procesos y procedimientos, y la encuesta de satisfacción a los beneficiarios.

El Reglamento Interno fue actualizado en 2018 de acuerdo con la Ley Nº17.744 –sobre accidentes del trabajo y enfermedades– y al D.S. Nº40, que es el reglamento de la ley anterior.

El documento explica cómo va a actuar la Red de Alimentos y cómo deben proceder los trabajadores en caso de accidente en el trabajo (o en el trayecto). Además, asigna responsabilidades, obligaciones y describe elementos de protección laboral. Asimismo, establece prohibiciones, tales como vender alimentos almacenados, entre muchas otras. También fija sanciones y reclamos. Y, al final, hay un acuerdo para firmar por parte del trabajador y la Red de Alimentos respecto de estar en conocimiento del reglamento y aceptación de responsabilidades de ambas partes.

Y si bien la Red de Alimentos no cuenta con un código de ética propiamente tal, el reglamento incluye algunos aspectos dignos de destacar. Por ejemplo:

i) el artículo 47 se refiere a la lealtad con la Red de Alimentos, al prohibir el “espionaje industrial” (revelar información comercial o de la operación a otras empresas de rubro similar),

ii) el artículo 53 prohíbe el acoso sexual,

iii) el artículo 54 prohíbe el uso de groserías (lenguaje inadecuado) o insultos.

En este sentido, muchas de las políticas que hoy son comunes en las grandes empresas están presentes en la Red de Alimentos, pero no habían sido formalizadas. Este es un desafío que, en cuanto se avecinen tiempos más normales, debería producir resultados en el corto plazo.

En otro eje, para expandir la labor de la Red a otras ciudades, Carmen Paz comenzó poniendo por escrito los procesos y procedimientos que Hernán y Gabriela establecieron en sus respectivas áreas. En particular, el Manual de Procedimientos –que fue redactado originalmente en 2012 y es actualizado permanentemente– se refiere a cómo se deben ejecutar las acciones que diariamente se hacen en la Red de Alimentos, tales como:

i) recepción de productos,

ii) gestión de insumos,

iii) gestión de inventarios, y

iv) despacho.

Estos cuatro puntos fueron la base que creó la trazabilidad de la recepción de cada producto o alimento recibido, almacenado y entregado por la Red. La trazabilidad fue la clave para obtener la membresía de la Global FoodBanking Network en 2012. En ese sentido, la guía de despacho era el documento que permitía la generación de los certificados para respaldo del SII. Pero, además, detalla cómo debe llevarse a cabo cada procedimiento, cada uno con su formulario, diagrama de flujos, etcétera. Este es el tipo de gestión que hace que la Red de Alimentos se administre más como una empresa que como una ONG.

Por si lo anterior fuera poco, la Red también ha formalizado un protocolo sobre cómo actuar frente a las fundaciones, bajo el capítulo “Gestión Social”. En este se detalla el procedimiento para la incorporación de nuevas ONG, centros y otras instituciones. Asimismo, están detallados los procedimientos para la supervisión en terreno y a distancia respecto de la entrega de productos. De esta forma, la Red de Alimentos puede tener control sobre qué, a quién, cuándo y cuántos alimentos y artículos de primera necesidad entregar. De esta forma, se reduce el riesgo de reventa y/o pérdida de productos.

También comenzaron a hacer Encuestas de Satisfacción. Nada nuevo en realidad, algo muy común en muchas empresas, pero muy poco habitual en las fundaciones en Chile. Entre los temas consultados en la encuesta a las organizaciones sociales figuran los siguientes:

• los productos

• modos y canales de entrega

• la gestión

• calidad de la atención

Como toda encuesta de satisfacción, busca mejorar la gestión de cara a los clientes, revelar puntos de mejora y detectar oportunidades. Por ejemplo, una de las respuestas de la encuesta se muestra en el siguiente gráfico:


Con un 92% de las organizaciones sociales de acuerdo con la frase planteada, la Red de Alimentos puede estar tranquila con que el trabajo de campo se está haciendo conforme a lo planeado.

Este instrumental es el que ha hecho posible que la administración de los últimos tres años (2016-2019) haya tenido –desde el punto de vista de los números– un despegue muy fuerte.

Otro de los hitos en la eficiencia es la forma de agrupar los alimentos. Hoy, la Red de Alimentos entrega alimentos en cuatro modalidades:

Comidas diarias: corresponden a alimentos para preparar desayuno/once y almuerzo/cena, que se entregan a organizaciones sociales que cuentan con un lugar donde cocinan y entregan estos tipos de alimentos a beneficiarios ambulatorios (como comedores sociales) o residentes (como hogares de ancianos o niños, entre otros).

Colaciones: para organizaciones sociales que ofrecen talleres, tales como las iglesias evangélicas o fundaciones como Edudown64, a las cuales la Red les provee alimentos como yogurt, fruta, etcétera, para que sean consumidos en esos eventos.

Canastas de apoyo familiar: para organizaciones sociales que colaboran con familias de escasos recursos a quienes le entregan productos para que lleven a sus casas.

Solicitudes especiales: para eventos específicos de una organización social, tales como cumpleaños, día del niño, Navidad, etcétera, en que la institución indica la cantidad de personas para las que necesita alimentos y se les entregan los productos según el tipo de evento.

Parte 4: El código enigma65

En marzo de 2017, Quena y Carmen Paz Álamos, entonces gerenta de desarrollo de la Red de Alimentos, asistieron a la conferencia del Global FoodBanking Network, en Houston. Para su sorpresa, las ponencias estaban enfocadas en los bancos virtuales. En ese momento se dieron cuenta de que la expansión de la Red no iba por el camino de implementar centros de distribución en las principales ciudades del país –como se hizo en su oportunidad en Concepción y en lo que Carmen Paz ya estaba trabajando intensamente–, sino a través de la tecnología.

A su regreso, en el directorio de la Red de Alimentos, Quena contó lo que habían visto. El planteamiento de los bancos virtuales como mecanismo para ampliar la cobertura de la Red dio la oportunidad a Jorge Armstrong –quien tras la experiencia con la campaña por redes sociales “#nadasobra” hacía tiempo que venía dándole vueltas a la necesidad de avanzar en el camino de lo colaborativo que impone el mundo digital–, para presentar una idea que le parecía muy necesaria.

–¿Y por qué no hacemos una App? –sugirió entusiasmado–. Como Uber, pero para distribuir alimentos a las organizaciones sociales.

La idea que tenía en mente era desarrollar una tecnología que les permitiera crecer, llevar la iniciativa a las ciudades donde la Red aún no tenía presencia y, de paso, hacer menos imprescindible a Calú y Cristián en el empuje de la Red de Alimentos.

No sintió que la idea despertara mucho interés en el directorio, como si no creyeran que se pudiera hacer o que ellos no eran capaces de llevarla a puerto. Jorge quedó algo desilusionado, pero sabía que era posible. Y así fue.

En la siguiente reunión de directorio Jorge sacó su teléfono y les mostró una maqueta de App que había hecho con la gente de su oficina. Aunque era una versión beta, la App vinculaba a las fundaciones con un supermercado, tenía una interfaz atractiva que mostraba cómo debía funcionar –muy similar a la actual App de la Red, que sí fue elaborada por expertos en el tema– y contenía el concepto de que fuera sencilla y, por ello, tenía solo dos pantallas: una mostraba la pregunta: “¿Qué necesitas?”, y la otra era la oferta de productos: “¿Qué tenemos?”. Y así se hacía un match.

Era la misma idea de Tinder, pero calzando las necesidades de las fundaciones con los productos disponibles para ser retirados desde el supermercado. –Jorge Armstrong.

Jorge sabía lo que iba a pasar cuando los demás directores la vieran. Y, tal cual, se quedaron con la boca abierta. Por dos razones: (1) por lo sencilla que era y (2) porque la había hecho Jorge con su gente, como parte del trabajo pro bono que hacen para la Red de Alimentos. Junto con las felicitaciones y aplausos, la respuesta fue inmediata: hagámoslo.

La idea y la maqueta de Jorge fueron traspasadas a los celulares de Calú, Quena y Carmen Paz. Esto las impulsó –a ellas dos– a embarcarse en el anteproyecto de la plataforma que ya tenían en mente. Trabajo que fue más arduo de lo que se imaginaban.

El equipo de Jorge recomendó a la empresa 2Brains66 para apoyar el desarrollo del anteproyecto. Con ellos se hizo un trabajo de campo entrevistando tanto a empresas como organizaciones sociales, para entender bien los requerimientos de cada usuario.

Sabían que este proyecto no sería sencillo ni barato de desarrollar. Pero, como si los astros se hubiesen alineado, en los últimos días de abril Quena recibió un e-mail de Google anunciando el lanzamiento del “Desafío Google.org 2017”.

Así fue como se enteraron de este concurso. Un certamen a nivel latinoamericano que estuvo vigente entre abril y noviembre de 201767 y cuyo objetivo68 era apoyar a las instituciones que trabajan en el ámbito de la innovación con impacto social, a fin de fomentar sus proyectos.

Quena y Carmen Paz trabajaron silenciosamente para completar todos los formularios de postulación y, cuando ya lo tuvieron listo, se lo enviaron a Calú, Cristián y Jorge para sus comentarios.

El 23 de mayo de 2017 Carmen Paz envió la postulación.

El desafío incluía tres etapas. En la primera, el jurado estuvo compuesto por figuras relacionadas a la innovación, el impacto social y personajes relevantes para motivar a las organizaciones a participar. En Chile, estos fueron el empresario e innovador Leo Prieto; la periodista Mónica Rincón y el atleta olímpico Tomás González. Además, estuvo presente el CEO de Google Chile, Edgar Frías.

En esta etapa, en cada país el jurado seleccionó tres proyectos ganadores, los que recibieron US$350.000 cada uno.

En la versión chilena, los ganadores fueron:

i. Red de Alimentos: el proyecto creará una App colaborativa para que las fundaciones inscritas que necesitan alimentos reserven los que necesitan y los retiren directamente en la ubicación más cercana a ellos.

ii. Centro de Conservación de la Biodiversidad “Chiloé-Silvestre”: el proyecto MicroToxMap proveerá a las comunidades costeras con microscopios económicos hechos de papel y les enseñará cómo usarlos para detectar y monitorear la marea roja, identificando microalgas tóxicas que conllevan riesgos a la salud.

iii. Fundación Piensa Verde: propone un programa de reciclaje que consiste en la instalación de máquinas que recompensan el reciclaje de botellas de plástico con crédito en las tarjetas de transporte público.

La competencia repartió más de un millón de dólares por país a organizaciones sin fines de lucro de Argentina, Chile, Colombia, México y Perú.

En la segunda etapa, el público por internet seleccionó el mejor proyecto por país, y los ganadores viajaron en noviembre a la final en Ciudad de México, para presentar su idea al jurado regional.

Allá partieron Quena, Carmen Paz, Jorge y Calú. Este último expuso el proyecto. Todos quedaron muy impresionados, en especial por su aplicabilidad a una iniciativa social como la Red. De hecho, a ningún otro banco de alimentos en el mundo se le había ocurrido algo como lo propuesto por la Red.

Finalmente, la Red de Alimentos no ganó, pero fue finalista del concurso regional69 y recibió US$50.000 adicionales para poner en marcha el desarrollo de la App en Chile70. Lo anterior porque –según Google.org– el proyecto de la Red de Alimentos era sustentable en el tiempo, podía escalar, regionalizarse y, además, resolvía un problema social (como la escasez de alimentos) con alto impacto en la población. Por si lo anterior fuera poco, generaba un impacto positivo en el medioambiente71.

De regreso en Santiago, la pregunta que rondaba en el directorio de la Red era: y ahora, ¿cómo seguimos?

Una parte de la pregunta se refería a los fondos que necesitaban, porque lo del premio Google no era suficiente, pero eso se solucionó rápido. La idea era tan buena que empresas donantes de la Red como Walmart se entusiasmaron de inmediato. Así lo cuenta Horacio Barbeito, ex CEO de Walmart para Chile y Argentina, actualmente radicado en Canadá, donde dirige Walmart en ese país.

La idea de la App es excelente. Nosotros fuimos donantes para su creación, si bien se ganaron el premio Google, tuvimos el gusto de aportar para su desarrollo. Gracias a la App nos va a ser posible donar directamente desde las tiendas y eso es genial porque así no tenemos que hacerlo desde el centro de distribución y tendremos un mayor impacto del que tenemos hoy en día. –Horacio Barbeito.

Fue tal el compromiso de Walmart con el desarrollo de esta idea, que incluso involucró a algunos de sus ingenieros en India y, además, fue la contraparte de la Red de Alimentos para el diseño de la App, una especie de voluntario para pruebas de testeo.

Pero había otro punto pendiente: quién se hacía cargo de desarrollar la App y todo el sistema computacional que la sustenta para que funcione como se espera.

–¿Por qué no llamamos a licitación y analizamos varias propuestas? ¿Para qué casarnos sin pololear primero? –dijo Cristián Steffens.

–Eso debería funcionar –dijo Calú.

–Y ¿a quién invitamos? –preguntó Cristián.

–No sé… a los típicos, supongo –replicó Calú.

–Se me ocurre preguntarle a Cristián Balart, de Copec, ellos tienen harta experiencia en esto –dijo Juan Pablo Guzmán, consejero y gerente de administración de Abastible.

Y así fue. Cristián Balart, subgerente de Innovación Digital de Copec, les recomendó a Innobyte, una empresa de desarrollo de software que les había dado muy buenos resultados.

Por su parte, Calú hizo sus propias averiguaciones con Jorge Bolla, quien había sido gerente de sistemas de JP Morgan Chile y después lo fue para América Latina. Él recomendó dos firmas argentinas y una chilena. Con estas recomendaciones, Carmen Paz comenzó de inmediato a diseñar las bases para invitarlos a una licitación cerrada.

Finalmente ganó Innobyte. Y la razón por la que la Red de Alimentos optó por la empresa más pequeña de todas las que participaron –porque en lo técnico, todas las empresas de software (mejor o peor) resuelven el problema– fue por la capacidad de análisis demostrada y su presencia local. Esa fue su carta de triunfo.

Pero, además de la satisfacción de haber ganado la licitación, Hugo Erazo y Marcos Maigret –fundadores de Innobyte– sintieron una gran alegría, porque en sus propias palabras, ellos se habían “enamorado del proyecto”.

Nos pareció que era una buena obra, pero además era lo más inteligente que se puede hacer en un mundo como el que vivimos. Una iniciativa que no solo beneficia personas, sino que mejora el mundo, muchas de las cosas que nosotros hacemos deben aportar y este era un gran hito. No solo está el costo material y proteico de lo que se bota, como basura esos alimentos generan una contaminación terrible, los volúmenes a niveles globales son impresionantes. Era un gesto de inteligencia hacerse cargo de un tema como este. –Hugo Erazo y Marcos Maigret.

Además, el equipo quedó muy entusiasmado de trabajar en un diseño de este tipo, ya que por lo general les toca hacer proyectos en el mundo de la ingeniería de software corporativo, que son mucho más áridos, como gestión de riesgo, de dinero, de márgenes, etcétera. Para algunos, los números pueden ser bonitos, pero en esta ocasión había personas necesitadas que se beneficiarían mucho. Por eso, para construir el “algoritmo” de la App tomaron el camino largo.

Dada la envergadura del proyecto se formó un comité, el cual estaba integrado por Jorge Bolla, de JP Morgan, Cristián Balart, de Copec, Leo Prieto (que había sido jurado en la final chilena de Desafío Google), Hugo Erazo y Marcos Maigret, de Innobyte, Carmen Paz y Quena.

Lo primero era que Innobyte conociera el “negocio” de la Red de Alimentos y, por lo tanto, empezaron por analizar todo lo que hacía. La conclusión fue que la Red es una fundación/empresa de logística. Algo que no es tan obvio.

Después, tuvieron que conocer a sus participantes. Para eso, le pidieron a la Red que hicieran una encuesta entre sus organizaciones sociales respecto del conocimiento que la propia Red tenía sobre estas. El resultado fue sorprendente: la Red de Alimentos no se ajustaba a lo que se necesitaba para un software. Luego, se dedicaron a identificar problemas. Solo en esta parte dedicaron 4 o 5 meses. Esto porque el problema a resolver es fácil de plantear, pero difícil de solucionar.

¿Y cuál es el problema? Escribir un programa o desarrollar un algoritmo, que incluya el modelo de gestión de la Red de Alimentos. Efectivamente, algo fácil de plantear. Pero, ¿cómo se implementa eso?

Primero, hay que modelar. En matemáticas, esto significa que hay que escribir una fórmula que refleje lo que la Red de Alimentos hace, aunque la fórmula –el modelo– simplifique demasiado su labor. Lo que importa es que cumpla con la misión de describir bien su quehacer. En simple, llevar alimentos de un punto a otro.

Pero eso no era nada de fácil, porque había que hacerlo –en ese momento– para 111 empresas que donaban alimentos a 923 centros de atención (que pertenecen a 294 fundaciones). Y de las 111 empresas se reciben múltiples tipos de alimentos, en tanto que las 294 fundaciones son de distinto tamaño, y los beneficiarios de los 923 centros de atención tienen diferentes requerimientos. Es decir, no necesita lo mismo un hogar de ancianos donde viven cien adultos mayores, que un hogar de cincuenta niños, desde bebés hasta adolescentes. Y para complicar aún más el panorama, estos centros se encuentran distribuidos entre las regiones de Valparaíso y el Maule.

Como si lo anterior fuera poco, el software/algoritmo debe permitir aumentar la base de datos para que la Red de Alimentos pueda extenderse a las regiones del norte y del extremo sur del país a las cuales la Red no llegaba. O sea, tanto el software como la plataforma sobre la cual este se instala, deben ser escalables.

Al comienzo, Innobyte usó un montón de supuestos que debieron validar y modificar en el camino. De hecho, la App partió con supuestos en un 90% de sus variables, porque no había evidencia que corroborara lo que iba a ocurrir al entrar en funcionamiento efectivamente.

La Red manejaba el concepto de que la entrega de alimentos debía definirse sobre la base de la capacidad de consumo de los beneficiarios, para que los alimentos fueran ingeridos antes de que vencieran. Pero eso era una idea, un título, un concepto. En términos matemáticos duros, ¿cómo se calcula eso? Además, cuando creíamos tenerlo listo, iban apareciendo nuevas complejidades como rango etario, sexo, o que, por ley, a los niños no se les puede entregar alimentos con sello, o que en los centros de rehabilitación no pueden tomar bebidas cola. Fue una labor muy ardua entre la gente de la Red y nosotros para convertir una unidad de producto (dependiendo del embalaje, el volumen del embalaje), en un equivalente en cantidad de raciones. Así nació el algoritmo. – Marcos Maigret, Innobyte.

Hay que recordar que, desde el principio, las empresas iban a dejar alimentos al centro de distribución de la Red y las fundaciones los iban a buscar allí. El proceso tomaba largas horas, pero las fundaciones se acomodaban a las esperas. Con la App, una vez que a una organización se le asigna una donación, esta tiene un margen definido de tiempo para ir a buscarlo al lugar donde se encuentre, por ejemplo, un supermercado o la misma bodega de la Red. Estos lugares les son asignados por estar más cerca de su ubicación geográfica. Es decir que a la organización social se le asigna una ventana de tiempo para ir a retirar los alimentos a un sitio determinado. O sea, la logística ahora es completamente distinta.

Innobyte descubrió también un importante aspecto derivado del uso de la App. Esto es que, gracias a ella, la Red de Alimentos ya no iba a necesitar preguntarles a las organizaciones sociales qué necesitaban, sino que ahora la App lo podía calcular. Ese es el gran cambio de paradigma que propone esta tecnología: la App sintetiza y sistematiza todo el conocimiento que hoy en día se maneja en la Red de Alimentos. Gracias a la información requerida para operar, la App “sabe”, de acuerdo con la cantidad de beneficiarios y a las comidas que entrega, cuántos y qué tipo de alimentos necesita cada centro de atención y cuándo se le deberían acabar los alimentos, ya que guarda la historia de qué alimentos se le entregó y cuál era su fecha de vencimiento. Estos conceptos son los que se aplican a los “refrigeradores inteligentes”.

Ahora bien, no todo es miel sobre hojuelas. Un elemento que se debe considerar en el desarrollo de la App es la escasez de recursos de algunas organizaciones sociales, porque no todas son tan profesionales y organizadas como las más grandes. En muchas de ellas aún se observa cierta precariedad en la entrega de las ayudas a los beneficiarios y dificultades de administración. Por otro lado, el que haya cajas o pallets disponibles para retirar en un supermercado no garantiza que la organización que se la adjudique la pueda ir a retirar en el tiempo asignado. Y si este problema se verifica en la Región Metropolitana, no es aventurado imaginar que puede llegar a ser más complejo aún en algunas regiones en donde la distancia que hay entre la bodega donde están los alimentos y la fundación que debe ir por ellos puede ser un obstáculo mayor.

Otro elemento que podría generar ciertos inconvenientes es que a cargo de las bodegas en las fundaciones suele también haber gente mayor y muchos de ellos no se manejan bien con los dispositivos digitales. Es por ello que era muy importante que la Red Virtual fuera lo más simple posible. De este modo, incluso las personas mayores la podrían operar, sin temor a “dañar” algo.

El trabajo de Innobyte hizo que la maqueta de la App, que tenía unas 120 líneas de código, se convirtiera en uno que, si se imprimiera y se pusiera sobre la vereda de una calle del centro de Santiago72, parecería una alfombra que va de una esquina a la otra y quizás hasta doblaría la esquina.

Pero eso no es todo.

Es cierto que la App es muy simple y tiene una gran funcionalidad, al punto que una persona al ingresar se registra como usuario y la App le ofrece solo dos pantallas:


• muestra si la fundación tiene cajas disponibles para retiro desde tiendas de empresas, donde ya se le validó la capacidad de consumo.

• los productos disponibles en la bodega de la Red, en las cantidades requeridas por sus beneficiarios, basado en lo entregado en retiros anteriores.

Para ello, considera una serie de variables:

• tipos de comida requerida

• cantidad de raciones por día

• rango etario

• etcétera

Y gracias a la App, el ciclo de asignación a las fundaciones que antes demoraba unas cinco horas, hoy toma solo cinco minutos.

Pero además de la App, las organizaciones sociales también cuentan con una plataforma web, que tiene muchas más funcionalidades, ya que está pensada para el administrador de las organizaciones y, por ello, le permite configurar una serie de variables tales como cuánta gente hay en su centro, cuál es el rango etario, qué restricciones tienen, etcétera, y una ventana final que exhibe “un clic”, y que es la validación que recibe el equipo de gestión social de la Red.


Hacer esta labor necesitó muchas horas de consultoría, trabajo interdisciplinario, reuniones, encuestas y preguntas tanto para las organizaciones sociales como para las empresas donantes de alimentos. En total, Innobyte necesitó más de dos años para pasar de la maqueta al producto terminado. Finalmente, su puesta en marcha comenzó en febrero de 2020.

Ahora que la App ya está terminada, dejó de ser una App y pasó a convertirse en una Red Virtual. Y, tal como la Red de Alimentos se comprometió en México, va a liberar el código fuente para que en caso de que otro banco de alimentos lo necesite, lo pueda usar sin pagar ningún royalty.

Como ejemplo tangible del resultado de la App, valen las palabras de la Agrupación Calle Larga, la que ha crecido de la mano de la Red de Alimentos, y gracias a la App, hoy puede llevar alimentos a más personas.

La plataforma es espectacular porque nos ahorra mucho tiempo. Como entregamos en localidades lejanas, nos acorta las fechas de entrega. Aún estamos en marcha blanca con la App y cuando retiramos está todo preparado. Por ejemplo, antes llegábamos a la bodega a las 11:00 y nos íbamos a las 6:00 de la tarde. Ahora nos toma unos 15 minutos –explicaba Rosa Avendaño, pocos meses antes de que la App estuviera 100% operativa.

Parte 5: La red

Mientras Hernán Miranda se encargaba de ordenar a través de procesos para mejorar la eficiencia en la operación de la Red de Alimentos, Quena conversaba con Cristián Steffens para ver cuál era la mejor manera de entregar más alimentos. Y si bien la reducción del tiempo de entrega era una variable, no era suficiente. Al final, llegaron a la conclusión de que había que buscar nuevas fundaciones.

Al principio, el asunto no era tan difícil, pero con el desarrollo de la App se hizo más real la posibilidad de expandirse a regiones. Preguntaron, llamaron, averiguaron, investigaron y llegaron a una conclusión lapidaria: “no existe un catastro verdadero de organizaciones sociales en Chile”73. Hay datos, pero dispersos, desactualizados, mal ingresados y sin posibilidad de ser utilizados en forma práctica.

Hacia fines del tercer trimestre de 2018, Quena pensó que necesitaba contratar a alguien especialmente para esto. Llamó a la empresa de head hunters Pegas con Sentido. Ellos analizaron currículos, hicieron entrevistas, test sicológicos y finalmente Quena recibió en su oficina a tres candidatas(os) para liderar el área de gestión social.

Y ahí se encontró con María José Vergara, una cientista política que había trabajado justamente en el área de organizaciones sociales en los dos gobiernos de la presidenta Bachelet. Es más, ella había sido directora del Fondo para Organizaciones Sociales74, en donde había tenido que interactuar con más de tres mil organizaciones sociales y, además, había trabajado en el Consejo para la Transparencia. Parecía la persona ideal, tenía una buena mezcla de conocimientos de organizaciones sociales, planificación y estructura.

Para incorporar a una organización social a la Red de Alimentos, esta tiene que cumplir dos requisitos. Primero, tener personalidad jurídica, esto es, ser una organización de derecho privado sin fines de lucro y tener vinculación con población vulnerable. Segundo, el Estado tiene que haberle reconocido el derecho de recibir y entregar alimentos no comercializables, es decir, debe estar registrada en el catastro especial que tiene el SII75, llenando el formulario 3.207.

La integración de nuevas organizaciones sociales a la Red de Alimentos, la gran mayoría menos estructuradas que las grandes y más conocidas, era un riesgo importante, porque cuando se entregan alimentos a la Fundación Las Rosas, por ejemplo, el riesgo de reventa es muy bajo, pero cuando se le entrega a una organización pequeña –como una junta vecinal– la probabilidad de reventa o de que esos alimentos no se consuman, es mayor.

Para solucionarlo, la Red de Alimentos implementó un “índice de riesgo”. Así, por ejemplo, antes de inscribir a una organización, esta debe entregar la nómina completa de beneficiarios con nombre y teléfono de cada uno de ellos, de modo que aleatoriamente se los llama para verificar que efectivamente reciben la ayuda de la organización o junta vecinal. Después, cuando ya están inscritos y se les comienza a distribuir los alimentos, los encargados llaman aleatoriamente para corroborar que hayan recibido lo que se les entregó. También se verifica que no hayan pagado nada por recibir la donación.

La gestión de María José se divide en dos áreas: incorporación de nuevas organizaciones y acompañamiento (o supervisión). En esta última, el objetivo es verificar las entregas de productos, por eso, van presencialmente a las organizaciones a comprobar que se hayan entregado los productos y que no estén vencidos.

Dicho de otra forma, el equipo de María José instala capacidades de control en las organizaciones sociales. Por ejemplo, si una junta de vecinos quiere que les manden canastas, tienen que enviar una nómina de los miembros. La Red de Alimentos los llama a todos (si son 300, llama a los 300) y si la mitad de los miembros quiere participar, entonces se le envía a la junta de vecinos esa cantidad de canastas (la mitad más un delta) junto con la nómina de quienes quieren recibir los productos. La junta de vecinos hace la entrega de las canastas y pide a los beneficiarios que recibieron las canastas que firmen el listado. Luego, la Red de Alimentos toma una muestra aleatoria de los beneficiarios y verifica si efectivamente recibieron los artículos.

Este tipo de procedimiento les ayuda a las mismas organizaciones a ordenarse y, si lo necesitan, se les enseña a usar una planilla de cálculo. Y si no tienen un computador, usan uno en las oficinas de la Red.

En cuanto a la incorporación de nuevas organizaciones sociales, la Red de Alimentos está haciendo su propio catastro por comunas. Por ejemplo, en La Pintana hay 36 centros que trabajan con la Red de Alimentos, que tan solo por ser de esa comuna deben ser calificados como de alta prioridad. Esta categoría surge de considerar el ingreso medio de la comuna (pobreza unidimensional), el porcentaje de adultos mayores con pensión no contributiva (reciben pensión asistencial), la tasa de hogares monoparentales, entre otras. Con todo eso en mente, se define un plan de incorporación, que se enfoca en organizaciones sociales pequeñas, que habitualmente no reciben ayuda de terceros76.

Ahora bien, una cosa es incorporar organizaciones sociales de la Región Metropolitana y otra muy distinta es hacerlo en regiones.

Calú conocía a un joven geógrafo de la PUC. Así que a comienzos de 2019 le hizo una oferta.

–Necesitamos armar un catastro de organizaciones sociales en todo Chile. ¿Te interesara? –le ofreció.

–Feliz. ¿Cuándo partimos? –le respondió Federico Natho.

Pero no lo podía hacer solo. Así que sumaron a María Paz Flores, otra geógrafa.

Su misión: mapear las organizaciones sociales de regiones, en especial, en las extremas. Aunque el objetivo de fondo era otro: que la Red pudiera estar presente en todo el país. Esto implicó que entre ambos se distribuyeran los viajes a Puerto Montt y Chiloé en el extremo sur77; a las regiones de Valparaíso (costa y cordillera), O’Higgins y el Maule, la zona central, e Iquique y Antofagasta, en el Norte Grande.

Un elemento que descubrió la Red es que casi no había ninguna información sobre la mitad del universo de Organizaciones Sociales sin Fines de Lucro (OSFL) registradas en Chile.

Hay un catastro de organizaciones sociales que tiene el Registro Civil, y que antes lo llevaba el Ministerio de Justicia, pero hace siete años cambió la ley y lo lleva el Registro Civil. Hoy la gente puede constituirse como organización en forma más expedita. El trámite es similar, pero se realiza a través de la municipalidad y no del Ministerio de Justicia. Nosotros recurrimos al catastro del Registro Civil, pero está muy desordenado. Hay cosas sin clasificación. Fue nuestra base, pero tuvimos que cruzar esa información con datos del SENAME, del Ministerio de Desarrollo Social y armamos planillas de bases de datos que empezamos a intervenir. Es decir, que las completamos tras llamar, buscar, reunirnos… Nosotros vamos a tener un mapa de organizaciones sociales activas, con trabajo directo de entrega de alimentos, única a nivel nacional. Yo creo que va a ser un súper buen legado. –María José Vergara.

Durante el 2021 la Red de Alimentos espera tener el mayor y más completo catastro de organizaciones sin fines de lucro de Chile, instalado en una base de datos que incluirá ciudad, región, objetivo, encargados, albergados, etcétera. A fines de 2020, los resultados obtenidos se podían dividir en dos: (i) se han incorporado a la Red de Alimentos más de 200 nuevas organizaciones sociales y (ii) están en proceso de incorporación más de 1.500 ubicadas en las regiones de:

• Antofagasta

• Araucanía

• Arica

• Atacama

• Aysén

• Coquimbo

• Los Lagos

• Los Ríos

• Magallanes

• Maule

• O’Higgins

• Tarapacá

• Valparaíso

Todas ellas –dentro de su línea programática– distribuyen alimentos a población vulnerable. La información recopilada ha permitido a la Red generar mapas georreferenciados a nivel nacional y regional. De aquí va a surgir información muy poderosa, que –se supone– será de gran utilidad para el Estado de Chile, porque la información que hoy está disponible en sus distintas ramas, oficinas o ministerios, no es tan exhaustiva y no está consolidada.

Tener un mapa de las organizaciones sociales no era el objetivo de la Red de Alimentos. El objetivo era llegar a más gente para potenciar el alcance y profundidad de la gestión de la Red Virtual. Pero ya hay un mapa, el que se actualiza permanentemente con la App (ver Cap. 8).

Parte 6: Repercusión

Pero no todo son números. Hay repercusiones que no se pueden medir en planillas de cálculo. Son todos esos pequeños detalles que resultan de conocer de cerca la realidad de los beneficiarios de la Red y que terminan por cambiar a las personas.

La mayoría, si es que no todos los entrevistados para este libro, narró alguna historia que evidencia estos efectos secundarios. Como, por ejemplo, cuando Quena contó que desde que se integró a la Red, sus niños nunca más dejaron un grano de arroz en el plato o cuando la profesora de su hijo menor, Matías, que estaba en 1° básico en 2016, le pidió presentar la labor de la Red a todo el curso.

También hay historias que conmueven, como cuando Ignacio Undurraga relató cómo se emocionó la primera vez que entregaron colaciones escolares a un hogar de menores y vio el orgullo con que estos niños llevaban por primera vez una colación “comprada y cerrada en paquete” al colegio. El valor de apoyar la autoestima de un menor que se siente “par” de aquel compañero de colegio que siempre lleva galletas o productos lácteos de colación simplemente no cabe en un gráfico, ni en una planilla de cálculo.








Desde que el SII publicó la Circular Nº54 el año 2009 (ver Cap. 2), el objetivo estratégico de la Red de Alimentos fue triple: primero, hacer que el instructivo de dicha circular no pudiera ser revertido por otra, esto es, que tuviera grado de Ley de la República; segundo, agregar otros productos –como los artículos de higiene personal– a la lista de aquellos que se destruían y podían ser donados; y tercero, que la destrucción de alimentos se convirtiera en gasto rechazado.

Ninguno de los tres era fácil de lograr.

Poder Privado

El domingo anterior a que Piñera asumiera como Presidente de Chile, en marzo de 2018, Calú estaba conversando con Félix de Vicente –quien había sido ministro de Economía en la segunda parte de la primera administración de Piñera– sobre el nuevo gobierno y su desafíos, cuando Calú tocó el tema de la Red de Alimentos y sus intentos por cambiar la ley. En eso, pensaron en Alfredo Moreno, quien iba a ser ministro de Desarrollo Social78, quedando así a cargo de un ministerio que estaba justo en medio de la zona de influencia de la Red.

–¿Y por qué no lo vamos a ver? –le dijo Félix a Calú.

Esa tarde, ambos estaban en tenida veraniega (bermudas y polera), pero no importó. Tomaron el auto y partieron a la casa del futuro secretario de Estado. Allá estuvieron un buen rato. En la ocasión, Calú aprovechó de recordarle sobre la Red de Alimentos e incluso le habló de los avances de la App.

Moreno se interesó. Ya sabía del tema, pero ahora podía hacer algo concreto. Antes, como canciller del primer gobierno de Piñera “no tenía vela en ese entierro”. Pero ahora podía ayudar en lo que faltaba: remover el obstáculo tributario que impedía que aumentara la entrega de alimentos.

–Alfredo, para poder ir más allá de la sola entrega de alimentos necesitamos ampliar la Circular Nº54. Por ejemplo, sería un tremendo aporte para las organizaciones sociales poder entregarles pañales, jabones y escobillas de dientes a los ancianos, pero hoy eso no es posible –le explicó Calú.

–Me parece muy bueno lo que señalas, Calú. De hecho, apunta en el mismo sentido de una iniciativa que tenemos pensada para abordar problemas públicos relevantes, duros –se refería al proyecto Compromiso País–. Hablaré sobre este asunto con Felipe Larraín79 –apoyó el futuro ministro de Desarrollo Social.

Poder Ejecutivo

Mientras Innobyte avanzaba con la App, en el Ministerio de Hacienda nacía una inquietud que se correspondía con la solicitud de la Red de Alimentos, o quizás era el fruto de una semilla sembrada tiempo atrás. Nadie lo sabe en realidad. Pero la idea de comenzar a crear un cuerpo legal que permitiera el florecimiento de una economía solidaria y colaborativa empezó a tomar forma. A pocos meses de iniciado el 2018, la idea se fue incorporando en la redacción del proyecto de modernización tributaria.

Durante esa labor, en el Ministerio notaron que el SII había dictado una serie de resoluciones que incentivaban la economía solidaria, pero lo había hecho de la única forma que podía: a través de circulares y resoluciones muy específicas.

La primera idea apuntaba a permitir la deducción –como un gasto necesario para producir la renta– de los bienes entregados por distintas empresas, ya no solo de alimentos, a organizaciones sin fines de lucro que los necesitaran. Esto se veía posible porque, en el análisis de lo hecho por el SII, en el Ministerio se dieron cuenta de que las regulaciones establecidas por Impuestos Internos para evitar el mal uso de alimentos estaban elaboradas de tal forma que reducían fuertemente el riesgo de crear un mercado secundario de venta para esos bienes.

En ese minuto el ministro Larraín armó un equipo de trabajo entre Hacienda y el SII para que avanzaran en el tema. Por Hacienda participó la abogada y experta tributaria Carolina Fuensalida, el coordinador tributario Manuel Alcalde y, por parte del SII, Fernando Barraza –su director–, junto a Eduardo Villalón y Juan Alberto Rojas.

Por esos días, algo novedoso ocurrió.

–Calú, te llaman del Ministerio de Hacienda –le dijo su secretaria.

Calú frunció el ceño, levantó el auricular, apretó el botón de encendido y escuchó:

–Buenos días, mi nombre es Carolina Fuensalida, soy la coordinadora de modernización tributaria del Ministerio de Hacienda y quisiera hablar contigo del tema Red de Alimentos y ver cómo podemos ayudar.

–Muchas gracias, pero ¿eres de verdad? –le dijo Calú.

–Sí, obvio. ¿Por qué la duda?

–Porque he recibido un montón de llamados como este en los últimos quince años y nunca he tenido la sensación de que nos van a ayudar –le dijo Calú, bastante frustrado porque del Ministerio de Medio Ambiente aún no emanaban las resoluciones de la ley REP.

–Bueno, para que veas. La marea está cambiando –le respondió Carolina.

Lo que en ese momento ocurrió es que –por decirlo de alguna manera– se alinearon los astros. O en otras palabras “el horno ya estaba para bollos”. De modo que lo que antes era visto como un “cacho” en el Ministerio de Hacienda, ahora generaba interés. Y, de igual modo, lo que años antes había sido visto con desconfianza por parte del SII, ahora generaba empatía.

Esos cambios actitudinales, ligados a la instalación de nuevos valores prioritarios en nuestra sociedad, tales como la solidaridad, la equidad, el reciclaje, el consumo responsable, etcétera, permitieron en el Ministerio abrir la posibilidad de extender el tratamiento tributario favorable que tenían los alimentos a otros productos, tales como los pañales. –Carolina Fuensalida.

En este sentido, había dos caminos a seguir: uno era el de la ley y, el otro, el de circulares y resoluciones. Estaba claro que el ministro Larraín, Carolina y todos los demás estaban por modificar la ley, pero, conociendo el Parlamento, esta podía tener una tramitación de muy largo aliento y, por lo tanto, también había que ser pragmáticos. De modo que se comenzó a explorar si el SII –antes de que saliera el proyecto de ley– tenía espacio para recoger otras iniciativas que pudieran ser relevantes, con una mirada similar a la que proponía la Red de Alimentos.

La idea era permitir la entrega de bienes de empresas de otros rubros a las organizaciones sociales.

Primero, el equipo de Carolina analizó si existían regulaciones adecuadas por parte del SII para esto y se encontraron con que en el SII tenían la tranquilidad de que no se iba a producir un mercado negro de esos bienes, gracias a los protocolos que desde 2010 existían para los alimentos, los cuales se podían replicar.

Por ese entonces, el Ministerio de Hacienda había recogido información muy valiosa por parte de la industria del papel y de productos de higiene –CMPC y Procter & Gamble– en cuanto a que se inutilizaban80 alrededor de siete millones de pañales al año por causa de pequeños desperfectos. Ante esta evidencia, el SII –dirigido en ese momento por Fernando Barraza– se abrió a la posibilidad de que las empresas pudieran donarlos.

Y como efectivamente todos los astros se habían alineado, en el Ministerio de Desarrollo Social (MDS) se encontraban trabajando en la iniciativa Compromiso País, la cual estaba a cargo de Jacqueline Plass. Cuando diseñaron ese programa, en 2018, y empezaron a analizar las fundaciones y el rol que juegan en la sociedad, advirtieron que, para hacer donaciones, la distribución es el factor clave de éxito. Y en lo de la distribución, la Red era un socio natural para efectuar ese trabajo.

Ahí me tocó interactuar con Carlos Ingham, porque ellos estaban en un tema muy específico (que el SII se abriese a que hubiese más productos que pudiesen ser susceptibles de ser donados y así ampliar la oferta). Y justo en ese minuto se dio una coyuntura muy favorable. –Jacqueline Plass.

Todo el trabajo que realizaron ambos ministerios con el SII, durante el primer semestre del 2018, dio sus frutos el 13 de julio de ese año con el dictamen de la Circular Nº39 del SII81. Poco tiempo después, este mismo tratamiento tributario se extendió a productos de higiene personal y de ahí a una larga lista de otros artículos que pudieron empezar a repartirse entre organizaciones sociales en lugar de ser destruidos o inutilizados.

En términos tributarios –hay que decirlo– esto fue toda una revolución. –Carolina Fuensalida.

La Circular Nº39 daba por cumplido el primer objetivo pendiente, que era agregar nuevos productos a la lista de aquellos que podían ser dados a título gratuito para ser distribuidos en organizaciones sociales sin fines de lucro. Ahora había que ir tras el segundo: que las circulares y resoluciones tuvieran rango de ley, cosa que Carlos Ingham y Paulo Larraín venían empujando hacía una década.

La Red de Alimentos, junto con muchas otras iniciativas, nos inspiraron a ver que el Estado no puede hacerlo todo, que hay muchas instituciones privadas que llegan donde el Estado no llega. Pero lo más importante es que aún hay muchas zonas en donde tenemos falencias como sociedad y en ese sentido, el sector privado a través de la creación de fundaciones bien manejadas y con alto impacto –como la Red de Alimentos, el Hogar de Cristo, Techo, el Patronato Madre Hijo, la Protectora de la Infancia– pueden hacer un gran aporte al país. –Felipe Larraín.

Poder Legislativo

Un día de agosto de 2018, en Talca, el senador por la VII Región Rodrigo Galilea fue abordado por el Seremi de Desarrollo Social.

–Senador –lo saludó Juan Eduardo Prieto.

–Seremi –le respondió Galilea.

–Tengo un tema que conversar con usted, que creo podría interesarle –dijo el Seremi.

–¿Y qué sería? –preguntó el senador.

–Tenemos en la región un montón de organizaciones sociales, usted sabe.

–Sí, claro.

–Creo que tenemos que hacer que estas, quiero decir, su labor, sea más profesional.

–¿Y no lo son?

–No, senador, la verdad, son un tanto al lote. O sea, hay mucho cariño, buena voluntad, pero no son muy ordenadas y tampoco son muy eficientes. En especial, en lo que se refiere a alimentos.

El senador Galilea recordó que justo por esos días había leído una columna de Calú publicada en El Mercurio a propósito de los ocho años de la Red de Alimentos82.

–Déjamelo a mí. Ya sé con quién hablar –le respondió el senador.

El senador Rodrigo Galilea –quien fue electo en 2018 y antes había sido intendente de la Región del Maule, en la primera administración del gobierno de Sebastián Piñera– es también presidente de la Corporación Ven y Ayúdame, la cual se dedica a colaborar con los niños con cáncer y los niños de la unidad pediátrica de la Región del Maule. Y si bien el senador no puede descuidar su labor parlamentaria, logra estar al tanto de lo que ocurre en la fundación gracias a que su esposa es la directora ejecutiva. Asimismo, mantiene contacto con varias instituciones de la zona, como el Hogar Don Feña, el de Parral y el del Buen Samaritano de Molina, entre otros. El trabajo con las organizaciones sociales había generado en él una sensibilidad que, unida a la conversación con el Seremi de Desarrollo Social de la VII Región, lo convencieron de la necesidad de profesionalizar la ayuda que estas instituciones prestan.

De vuelta en su oficina de Santiago, el senador llamó a Calú y le pidió una reunión.

Unos días después, por la mañana, el senador llegó a las oficinas de Linzor, en Vitacura, subió al quinto piso, tocó el timbre, se presentó y la secretaria lo hizo pasar a una oficina grande, con una larga mesa de reuniones de madera y un living blanco. Mientras esperaba, el senador miró por el ventanal hacia la Municipalidad de Vitacura y el parque Bicentenario. En eso entró Calú.

–Senador Galilea, ¿cómo le va? Qué gusto tenerlo por acá.

–Muy bien gracias, ¿y usted?

–Todo bien, no imagina la sincronía de su llamada.

–¿Ah sí? ¿Cómo es eso?

–Es que justo necesito un aliado en el parlamento –le confesó Calú.

–Y yo justo necesito un aliado con unas fundaciones en el Maule.

En resumen, el senador le pidió ayuda a Calú para que la Red los apoyara en la entrega de alimentos a una serie de fundaciones de la región que andaban a muy mal traer (como la mayoría). Calú anotó y posteriormente hizo las gestiones para que la administración de la Red de Alimentos las incorporara dentro de la labor que ya realizaban en la zona.

–Y cómo te puedo echar una mano en el parlamento –dijo el senador.

–Senador, … –y Calú le explicó.

Calú le habló de la posibilidad de presentar una ley o incorporar un artículo dentro de alguna ley para fortalecer la donación de productos y, eventualmente, dar vuelta la situación tributaria respecto de la eliminación o destrucción de alimentos y bienes de primera necesidad.

En la conversación salieron los nombres de Carolina Fuensalida y Paulo Larraín, ambos ligados a las gestiones del cambio en la ley. Carolina por parte del proyecto, Paulo por parte de la Red de Alimentos. Lo que Calú no sabía y que el senador le reveló después, era que, por esas vueltas de vida, los tres se conocían desde hacía años.

Calú no lo dudó y en dos minutos tenía a los dos al teléfono, y con gran sorpresa y alegría, se pusieron a hablar del tema. Analizaron el asunto hasta que decidieron que, quizás, el mejor curso de acción era redactar un protocolo de acuerdo para abrirle un espacio al Senado en la discusión del proyecto de modernización tributaria.

Con todos de acuerdo, finalizaron la conferencia telefónica. Calú y el senador se dieron un estrechón de manos y, al despedirse, el senador dijo:

–Calú, a mí, esto que ustedes hacen me encanta. Cuenta conmigo, yo te echo una mano –le dijo el honorable.

Esa misma tarde redactó en su oficina del ala norte del segundo piso del ex Congreso Nacional, en Morandé 440, un protocolo de acuerdo para presentárselo al ministro de Hacienda. Protocolo que para que sumara muchas firmas debía ser simple, directo y no incluir ningún tema adicional que pudiera alejar el consenso.

Con el protocolo redactado, el senador fue a sacarles la firma a sus colegas en la sede de Santiago. Allá bailó la danza de los pasillos, convenciendo a uno primero, a otro después, a otro y a otro, hasta que comenzaron a firmar al final de la segunda página del protocolo.

Listo. Misión cumplida. Ahora solo faltaba llevárselo al ministro Larraín. Pero no sin antes avisar.

–Hola, Felipe. Estamos tomando un acuerdo en el Senado sobre un asunto tributario y queremos ir a verte –le dijo el senador Galilea al ministro Larraín por teléfono.

El protocolo, muy astutamente, solicitaba incorporar un artículo en el proyecto de modernización tributaria dentro del marco de la Ley de Responsabilidad Extendida del Producto (REP)83. Es decir, aprovechando la promulgación de la Ley 20.920 (conocida como Ley REP), que constituye el marco para la gestión de residuos y que tiene como objetivo la reducción de desechos por parte de las empresas productoras de los bienes84.

Días después, con documento en mano, el senador Galilea, acompañado de los senadores Coloma, García, Harboe, Rincón e Insulza (según recuerda) llegaron al edificio de Teatinos 120. Se juntaron abajo, por la entrada de calle Bombero Salas. Al entrar nadie les pidió identificación. “Son como de la casa”, dijo alguien. Tomaron el ascensor y el senador Insulza marcó el 9. Se bajaron y fueron hacia la oficina de la secretaria del ministro. En el camino todas las personas con quienes se toparon los saludaron, aunque ninguno llevaba una credencial de “visita”, como exige el protocolo de seguridad.

La secretaria del ministro los hizo pasar de inmediato a la oficina. Una sala alta, con madera enchapada en tres de sus paredes y, en la cuarta, ventanas que dan a la plaza de la Constitución; con sillones de cuero y sillas de tapiz colorido, decorada con cuadros de héroes de la patria. Muy clásico todo.

No esperaron casi nada y entró el ministro.

–Gusto en saludarlo, senador. ¿Cómo estás? Chita, veo que te acompaña mucho tonelaje –dijo Felipe Larraín.

–No se referirá a mí, señor ministro –respondió rápido Insulza.

–No, no, para nada, perdón. Me refería a tonelaje político –aclaró el ministro entre las risas de todos.

–Qué bueno que vinieron todos…

Galilea le extendió el protocolo firmado al ministro. Este vio las firmas al final de la segunda página. “Impresionante”, pensó, mientras el senador le explicaba de qué se trataba.

El ministro en un comienzo parecía algo renuente, aunque no lo estaba; venía conversando con Calú desde hacía algún tiempo de este tema y, además, ya tenía a Carolina Fuensalida trabajando full-time en el proyecto de modernización.

En el primer semestre del 2018 habíamos comenzado a redactar el proyecto de modernización tributaria. Y luego, en ese proyecto, vimos una oportunidad única para recoger, de manera mucho más extensa, distintas resoluciones que el SII había dictado. En ese minuto –además– con el ministro Larraín nos contactamos con Carlos Ingham, porque efectivamente a raíz de las cartas que había escrito en el diario… realmente nos conmovió. Vimos que no había, que no se estaba recogiendo a nivel legal, faltaba una iniciativa concreta sobre este tema. –Carolina Fuensalida.

Esa tarde, Larraín instruyó a Carolina Fuensalida para que reactivara el grupo de trabajo con el SII, ya no para analizar la incorporación de nuevos productos que pudieran ser donados, sino para afinar un texto que se constituyera en un artículo dentro de la nueva reforma tributaria, difundida por la prensa como un proyecto de ley de perfeccionamiento tributario o de modernización tributaria.

Previo a las circulares Nº54 y Nº39 del SII, si una empresa donaba productos que iban a ser destruidos, lo hacía sin una reglamentación específica del SII que se lo permitiera y, por lo tanto, estas entregas debían ser consideradas como una donación, la que estaba afecta a un impuesto del 40%. Ese nivel de carga tributaria hacía inviable la proliferación de la economía solidaria, dado que en esas condiciones el costo empresarial era altísimo. Esta reflexión fue la que allanó el camino para crear un cuerpo legal orientado a incentivar el desarrollo de una cada vez más necesaria economía solidaria en Chile. –Carolina Fuensalida.

Final feliz

El proyecto entró a discusión parlamentaria, como siempre, a través de la Cámara de Diputados. En la Comisión de Hacienda de la Cámara el artículo se aprobó sin problemas, pero no quedó con la redacción exacta que sugería el protocolo de acuerdo. Así que el senador Galilea habló con el diputado Sebastián Torrealba85 para que actuara a favor de esta norma e incorporara una indicación86, la cual el diputado aceptó e incluyó, de modo que cuando el proyecto se discutió en el pleno de la Cámara de Diputados, el artículo se aprobó sin reparos.

Una vez que todos los artículos fueron aprobados en la Cámara, pasó al Senado, donde de nuevo el artículo se aprobó sin reparos. Finalmente, el Senado aprobó el proyecto de ley el miércoles 29 de enero de 2020.

Si uno mira a EE. UU. o Europa, se da cuenta de que la filantropía es un eje central del desarrollo de las sociedades más avanzadas. Desde museos, hospitales, universidades, fundaciones de apoyo social para las comunidades más vulnerables, etcétera, son muchas veces financiadas a través de aportes privados. Para ello es fundamental un marco legal simple, uniforme y moderno que lo permita. – Felipe Larraín.

La iniciativa –que da vuelta la tortilla– quedó añadida al artículo 31 de la Ley de Rentas y dice lo siguiente:

Se incluye, también, la deducción del costo para fines tributarios de aquellos alimentos destinados al consumo humano, alimentos para mascotas, productos de higiene y aseo personal, y productos de aseo y limpieza, libros, artículos escolares, ropa, juguetes, materiales de construcción, entre otros, que correspondan a bienes de uso o consumo, cuyas características y condiciones se determinen mediante resolución del Servicio. Para estos efectos, se exigirá que se trate de bienes respecto de los cuales su comercialización se ha vuelto inviable por razones de plazo, desperfectos o fallas en su fabricación, manipulación o transporte, por modificaciones sustantivas en las líneas de comercialización que conlleven la decisión de productores y vendedores de eliminar tales bienes del mercado pero que, conservando sus condiciones para el consumo o uso según corresponda, son entregados gratuitamente a instituciones sin fines de lucro, debidamente inscritas ante el Servicio, para su distribución gratuita, consumo o utilización entre personas naturales de escasos recursos beneficiarias de tales instituciones, u otras instituciones sin fines de lucro que las puedan utilizar en el cumplimiento de sus fines, todas circunstancias que deberán ser acreditadas de manera fehaciente ante el Servicio, en la forma que este determine mediante resolución.

Del mismo modo, se procederá en la entrega gratuita de especialidades farmacéuticas y otros productos farmacéuticos que autorice el reglamento que emite el Ministerio de Salud para el control de los productos farmacéuticos de uso humano, bajo los requisitos y condiciones que dicho reglamento determine, a los establecimientos asistenciales públicos o privados, para ser dispensados en la misma condición de gratuidad a los pacientes.

En conformidad con lo dispuesto en la ley número 20.920, que establece marco para la gestión de residuos, la responsabilidad extendida del productor y fomento al reciclaje, no se aceptará como gasto y se afectará con el impuesto único establecido en el inciso primero del artículo 21, la destrucción voluntaria de materias primas, insumos o bienes procesados o terminados que puedan ser entregados gratuitamente en los términos de los párrafos anteriores.

Con lo consignado en el párrafo arriba destacado, se cumplía el segundo objetivo planteado: ya no se podía revertir lo permitido por la circular Nº54 del SII.

Asimismo, se estableció en el último párrafo de la página 42 lo siguiente:

En conformidad con los dispuesto en la ley nº 20.920, que establece el marco para la gestión de residuos, la responsabilidad extendida del productor, y fomento del reciclaje, que no se aceptará como gasto y afectará con el impuesto único establecido en el inciso primero del artículo 21, la destrucción voluntaria de materias primas e insumos o bienes procesados o terminados que puedan ser entregados gratuitamente en los términos de los párrafos anteriores.

Y con este párrafo, se dio por cumplido el tercer objetivo: ahora el valor de los productos que se destruyen, pudiéndose donar, constituyen gasto rechazado.

El brindis

El lunes 24 de febrero del año 2020 se publicó en el Diario Oficial la ley de modernización tributaria con el número 21.21087.

Esa mañana, Calú estaba de vacaciones en el sur de Chile cuando por el teléfono le contaron que finalmente se había promulgado la ley por la que tanto había luchado. Colgó y lo primero que hizo fue ir donde su señora, María José, y abrazarla.

–Salió, ¡por fin salió! –le dijo.

–¡Qué alegría, mi amor! ¡qué alegría!... ¿Cuántos años fueron? ¿Quince? –le preguntó María José.

–¡Uf! Ya ni sé –le contestó Calú entre risas y lágrimas–. Dejáme pensar. La cena en La Rural fue en abril de 2003, a 2013, son diez; a 2018 son quince; a 2019 son dieciséis y a febrero de 2020 son… ¡Dieciséis años y diez meses! –dijo Calú.

–¡Felicidades, mi amor! –le dijo ella–. Se merecen una gran celebración.

–¡Nos merecemos, querrás decir! –replicó él, reconociéndole el tremendo apoyo familiar de todos esos años.

En eso volvió a sonar el teléfono. Calú comenzó a caminar de un lado a otro como león enjaulado hablando con distintas personas, recibiendo llamadas de felicitación, avisando a quienes quizás no lo sabían aún, agradeciendo, escribiendo y leyendo mensajes de texto de todos quienes habían estado involucrados o habían aportado a que la promulgación de la ley fuera posible: Felipe Larraín, Carolina Fuensalida, Paulo Larraín, el senador Rodrigo Galilea, Alfredo Moreno, Jackie Plass, Fernando Barraza, Cristián Steffens, Jorge Armstrong, Benito Baranda, María Eugenia Torres, Hernán Miranda, Sebastián Labbé, Ignacio Undurraga, Pierina Bocic, Valeria Peña, Horacio Barbeito, Pablo Devoto, Valeria Flen, Diego Nazar, Aníbal Larraín, Hernán Rodríguez, Paola Alvano y un largo etcétera.

Al final, Calú no estaba seguro de si se había comunicado con todos, pero María José llegó con una copa de champaña, se la pasó y ambos brindaron mientras los mensajes y llamadas seguían entrando.

–Calú, diez minutos más. Mirá que el almuerzo ya está listo –le dijo María José.

Calú la miró, dejó el teléfono a un lado, la tomó de la mano y se fueron a almorzar con sus hijos.

La dura realidad

Lo que esta iniciativa hace concretamente es institucionalizar la economía solidaria y la economía circular en Chile, ya que permite recoger y entregar, a título gratuito, productos que le pueden cambiar la vida a las personas que dependen de algunas instituciones sin fines de lucro.

Pero la ley no es una licencia para donar cualquier cosa. El gobierno y el SII tienen claro que hay condiciones que van a impedir que algunos productos se entreguen a título gratuito, como, por ejemplo, los medicamentos que están por vencer, pero que solo pueden ser entregados con receta médica. Por eso la norma se completa con las resoluciones del SII que regularán qué tipo de productos se pueden donar, cómo se deben entregar, en qué condiciones, etcétera.

En el fondo, esta ley institucionaliza lo que para algunas empresas ya era un principio que guiaba su visión empresarial, como es el caso de Nestlé, uno de los primeros socios estratégicos de la Red de Alimentos

Una de las razones que tuvimos para apoyar a la Red de Alimentos desde sus inicios fue porque, justamente, su finalidad se alinea con nuestra visión. En este caso, ello se logra al entregar los productos a quienes más lo requieren y evitar la destrucción de alimentos. Creamos valor para la empresa y valor para la sociedad, eso es valor compartido. –Leo Leiman, CEO Nestlé Chile.

Ahora bien, tampoco está dicha la última palabra. No son pocos los especialistas que creen que es necesario seguir creando nuevos cuerpos legales en materia de filantropía.

Impacto profundo

De acuerdo con Carolina Fuensalida, no hay números sobre el impacto que tendrá esta nueva norma incluida en la ley, ya que no existen cifras que puedan adelantar sus resultados. De hecho, nunca se hicieron estadísticas sobre esto en el pasado.

Quizás, en forma hipotética, se pueda medir algo observado, como el nivel de destrucción de inventarios, lo que solo el SII podría hacer. Pero lo más probable es que también sea imposible –por como está almacenada la información– conocer los datos desagregados por alimentos, bebidas, pañales, artículos de higiene, etcétera.

No obstante, aquí hay un desafío hacia delante. Y esa información de seguro será muy valiosa para evaluar esta política pública y para avanzar en nuevas iniciativas de filantropía.

(…) la cooperación pública-privada es esencial en el desarrollo de un país. No hay razón para que el mundo privado no apoye –por ejemplo– al Sename, cuando existen experiencias en el mundo que permiten acelerar la búsqueda de soluciones de largo plazo. (…) Al estado le ha faltado estimular más el interés de los privados en la filantropía y a los particulares les ha faltado empuje para que haya muchas iniciativas más como las que estamos comentando. –Felipe Larraín.

Lo que vendrá

Con este hito, finalmente se puede decir que todos los que colaboraron e impulsaron este artículo, revirtieron los incentivos en materia de donaciones. Antes de 2009, si se donaban los productos que iban a ser destruidos, no podían ser considerados como gastos. Ahora, es al revés, los productos que se destruyen sin justificación no pueden ser considerados gastos.


Ante este nuevo paradigma, se hace conveniente indagar qué harán las empresas que producen, transportan, venden y manejan alimentos y artículos de primera necesidad con aquellos productos que no puedan vender y que aún son susceptibles de uso o consumo humano.

En teoría, lo que esta nueva normativa debería generar es una mayor eficiencia de producción, a fin de reducir la tasa de mermas. Pero, al mismo tiempo, muchas empresas de las que en 2019 no estaban donando alimentos o artículos de primera necesidad por intermedio de la Red de Alimentos u otros, a las organizaciones sociales, deberían sumarse a esta iniciativa para mantener la situación tributaria anterior, es decir, que los alimentos que no se pueden comercializar se puedan incorporar como gastos a los estados financieros y reducir su carga tributaria. Solo que ahora los bienes no serán destruidos, sino que serán entregados a organizaciones sociales sin fines de lucro.

Entonces ¿qué se puede esperar de las empresas?

• Bci

Paola Alvano, gerenta de Asuntos Corporativos y Sostenibilidad de BCI, socio estratégico de la Red desde sus inicios, y que es miembro del Consejo Asesor de la Red, tiene una visión muy clara respecto a la oportunidad que esta Ley ofrece a las empresas para aportar a la sociedad y a su propia marca:

Hoy toda empresa que tiene mermas tiene que preocuparse de su trazabilidad por la Ley REP. La Red es una gran oportunidad para que las empresas productoras hagan alianza con ella y formen parte de este círculo virtuoso de hacerte cargo de toda la trazabilidad de tu producto. En lugar de entrar en gastos operativos pueden aprovechar que la Red se hace cargo de sus mermas, al tiempo que colaboran y generan valor social; lo que no solo es apreciado por los trabajadores de la empresa que saben que su producto tiene trazabilidad e impacto social, sino también por los clientes que van a empezar a exigir el producto con un sello que te asegure su trazabilidad, no la típica, sino la trazabilidad del aporte social de la empresa. La tendencia va para allá y la Red debería crecer prestando estos servicios a las empresas. –Paola Alvano.

• Brzovic y Asociados

Antes se necesitaba la presencia del SII para la destrucción de productos. Y si querían entregarlo a entidades de caridad, debían hacer un trámite legal ante tribunales que se denomina “la insinuación”, el que podía tomar meses y es requisito para las donaciones.

Esta norma es un gran avance. –Franco Brzovic, abogado, experto tributario, socio de Brzovic Abogados.

• KPMG

Para Alejandro Espinosa, socio auditor de KPMG Chile, esta nueva normativa es un “bombazo” (en sentido positivo) para instituciones como la Red de Alimentos.

KPMG no puede dar números porque son confidenciales. No obstante –sobre las empresas que ellos auditan– se animan a decir que, en el caso de los pañales, las mermas podrían llegar al 3% de la producción. Lo que parece consistente con la información que manejaba el Ministerio de Hacienda, en cuanto a que, en Chile, se destruyen unos siete millones de pañales al año.

Este es un temazo para las compañías, porque no están preparadas para asumir este nuevo proceso. Y las pymes van a tener que adaptarse. –Alejandro Espinosa, socio KPMG.

• Gobierno

Para el exministro de Desarrollo Social y actual ministro de Obras Públicas, Alfredo Moreno, iniciativas como la Red de Alimentos y el paso dado por el país al aprobarse el cambio legislativo que autoriza las donaciones, dan muestra del desarrollo de Chile, el cual requiere del trabajo conjunto de la sociedad civil y el Estado:

Yo creo que las interacciones entre sociedad civil y Estado deben ser permanentes y –de hecho– ya lo son. Hoy hay una colaboración con las personas más vulnerables. La sociedad civil, no solo los empresarios sino también ejecutivos, estudiantes y gran cantidad de gente aporta talento, tiempo y trabajo. Estamos lejos de EE. UU. en materia de donaciones, pero sí tenemos los números más altos en Latinoamérica. Y contamos con organizaciones que se han hecho internacionales como Teletón, Coaniquem y Techo. Si usted tiene que hacerse rehabilitación, va a Teletón, el Estado no tiene facilidades para eso; si un niño se quema, va a Coaniquem porque es lo mejor. Son organizaciones capaces, profesionales. Todo esto es parte del progreso del país. –Alfredo Moreno.



Operación Trueno

El 25 de octubre tuvo lugar en Santiago la marcha más grande que registra la historia del país. Esta congregó en la vecindad de la Plaza Baquedano a más de 1,2 millones de personas. Esto equivale al 15% de la población total que vive en el área metropolitana de la capital.

Algo similar se vivió en términos porcentuales en las demás grandes ciudades del país, como Antofagasta, La Serena-Coquimbo, Gran Valparaíso, Rancagua-Machalí, Gran Concepción, Temuco-Padre Las Casas, Valdivia, Puerto Montt y Punta Arenas.

En términos comunicacionales, la prensa nacional consignó el 18 de octubre como el día que marcó el inicio del estallido social. Pero todo empezó el 4 de ese mes, cuando el panel de expertos de tarifas de RED88 propuso un alza de $30 (US$0,4)89 en horario punta a partir del 6 de octubre. El monto parecía insignificante (3,75%), pero fue la gota que rebalsó el vaso, la última de una serie de presiones sobre el presupuesto familiar de la clase media, que terminó por sacar de quicio a los estudiantes primero y al resto de la ciudadanía después.

Una semana más tarde, las manifestaciones de protesta escalaron tanto, que provocaron un corte parcial del servicio de transporte público, el cual –a media tarde– comenzaba a amainar, para quedar totalmente paralizado al caer la noche. En especial, los viernes de ese mes.

La Plaza Baquedano –que en realidad es una rotonda– fue el centro neurálgico de todas y cada una de las convocatorias ciudadanas en la capital. A tal punto, que la gente comenzó a llamarla Plaza de la Dignidad90.

Los problemas mayores estuvieron, por un lado, en la represión violenta por parte de Carabineros y, por otra, en las acciones agresivas –incluso vandálicas– de parte de algunos manifestantes, no solo en contra de la fuerza pública, sino también en contra de bienes públicos, como estatuas, estaciones de metro, paraderos de buses, cámaras de seguridad, así como contra locales de comida, hoteles y tiendas de comercio, algunos de los cuales fueron saqueados e incendiados reiteradamente.

Estas manifestaciones se extendieron durante el resto del año, hasta muy encima de Navidad, e impidieron una cotidianeidad fluida, la cual se estabilizó recién durante los meses de verano de 2020.

En este contexto, la Red de Alimentos y, en especial, quienes trabajan en el centro de distribución, con labores directamente relacionadas con la entrega de productos y bienes de primera necesidad, se vieron afectados en términos operacionales. No obstante las dificultades, no cerraron nunca. Ni un solo día.

El sábado 19 de octubre, los gerentes de la Red llamaron a todos sus funcionarios para saber cómo estaban y citaron a trabajar para el lunes solo a los empleados estrictamente necesarios. Además, se comunicaron con todas las fundaciones para informarles que la Red de Alimentos seguiría cumpliendo sus labores a pesar de las dificultades. Todos los que tenían que presentarse el lunes lo hicieron y continuaron operando de manera normal.

En forma paralela, ese mismo fin de semana, Megacentro les pidió a todos los arrendatarios de bodegas que los ayudaran a construir un muro de concreto, para evitar que los saquearan. Y la gente de la Red se sumó colocando bloques de cemento con ayuda de la grúa de horquilla.

Sin duda, las principales complicaciones que provocó el estallido fueron las restricciones al transporte en general, por los cortes de calles y carreteras, y la paralización de buses y de muchas estaciones de metro. Esto se tradujo en una incertidumbre constante para la gente de la Red respecto de si podrían operar al día siguiente, aunque fuera en horarios acotados. Por ello, durante ese periodo, todos tenían un ojo puesto en el trabajo y el otro en la TV, para ver si se encendía o no la Plaza Baquedano91. O si los manifestantes habían bloqueado la ruta 5 Sur, que es la vía de entrada y salida de la bodega.

Cuando había paro y no todos los buses operaban normalmente, la Red citaba a sus trabajadores a las 7.30 a. m. de modo que ellas(os) salieran un poco más temprano de sus casas y, por las tardes, se fueran antes. En especial, luego de que se impuso el toque de queda a las 19.00 horas.

En esa época, tipo 3.00 o 3.30 p. m. enviábamos a todos a sus casas para que llegaran bien. –Hernán Miranda.

Al interior del centro de distribución se coordinaron grupos de viaje, tipo “furgón escolar”, en donde los que tenían auto pasaban a buscar en las mañanas, y al terminar la jornada a dejar, a quienes se movilizaban en transporte público, para que pudieran llegar a la bodega de San Bernardo, dado que la locomoción colectiva era escasa por las mañanas y nula por las tardes.

Los involucrados recuerdan que en esos meses hubo un par de días muy complicados, muy violentos. En una ocasión el movimiento No + TAG bloqueó la ruta 5 Sur, la que es fundamental para llegar a la bodega de la Red de Alimentos. En una de esas jornadas, se había convocado a un paro nacional, y los manifestantes bloquearon todas las autopistas. En la bodega hubo que cerrar a eso de las 13.30 y debieron salir en una especie de operación relámpago, porque todas las vías de acceso quedaron interrumpidas.

En aquellas ocasiones, quienes trabajaban en el centro de distribución sintieron el temor de quedar completamente aislados, sin poder retornar a sus hogares. Esto generó mucha preocupación por los demás entre los funcionarios de la Red.

Era como una selva, porque a veces no sabías si ibas a volver sin problemas a casa. –María Eugenia Torres.

Para la tranquilidad de todos, se solicitó explícitamente: “por favor, avisen cuando lleguen a sus casas”. Entonces –a cierta hora–empezaban a entrar los mensajes de WhatsApp al grupo de la Red: “llegué”, “en casa”, “yo también”, etcétera.

Y así todos los días, en la tarde-noche, se compartían mensajes para confirmar que todos estuvieran bien.

Por fortuna, el equipo de la Red ha sido siempre muy unido y han generado un buen ambiente laboral. Además, en ese entonces, la preocupación por el otro –de que algo le podía pasar– se intensificó, sobre todo por la gente que tenía que usar transporte público o cuando alguien andaba sola(o) por Américo Vespucio, ya que la circunvalación se había puesto peligrosa.

Gracias a que la Red no dejó de funcionar nunca, las fundaciones pudieron seguir yendo a la bodega a buscar los alimentos, pero ajustándose a los horarios que eran posibles. Y aunque algunas pueden haber presentado problemas para ir algún día en particular, lo hacían al siguiente.

En donde sí hubo algunas dificultades, por las limitaciones de movilidad, fue en el rescate de alimentos. Ello, porque todos los centros de acopio trabajan en tres turnos y, o era imposible ir a retirar los productos por la tarde, o era muy difícil que los camiones de las empresas llegaran hasta la bodega, dado que con el toque de queda a las 19.00, la hora punta se adelantó a eso de las 15.00 o 15.30 horas. A consecuencia de lo anterior, se registró una pequeña baja en los kilos rescatados. Pero la Red siguió funcionando casi con la misma efectividad.

También hubo un pequeño efecto negativo en la gestión por causa de los saqueos a los supermercados, sin embargo, solo fue al comienzo del estallido social, cuando hubo intentos de saqueos a los centros de distribución92, pero estos no se vieron afectados mayormente. El problema real fue para las fundaciones que retiran directamente desde los supermercados, ya que varios de estos sí fueron destruidos.

Uno de los aspectos positivos de este periodo fue que la App siguió funcionando, tanto en supermercados como en la propia bodega de la Red de Alimentos en San Bernardo.

Afortunadamente –excepto por los malos ratos y algunos sustos–, el estallido social casi no tuvo efectos en la gestión social de la Red.

(…) el estallido social fue una época de incertidumbre sobre cómo podíamos operar y los procedimientos que teníamos que establecer en el día a día. Aunque no tuvimos mayores problemas de gestión. –María Eugenia Torres.

Evidentemente, el estallido social no afectó como la epidemia del covid-19, ya que esta implicó una crisis económica severa, cuyos costos no es posible dimensionar en su totalidad aún.

Contagio

El estallido social amainó al acercarse la Navidad. Con la llegada de enero y las vacaciones, el movimiento pareció entrar en pausa. Pero, en paralelo, nos enteramos de las noticias sobre un brote epidémico en China, que luego se esparció por Italia (Lombardía) y España. Hasta que el 11 de marzo la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró la enfermedad como epidemia mundial (pandemia).

El virus nos alcanzó oficialmente el 3 de marzo de 2020, cuando Chile y Argentina registraron –por mera coincidencia– a la primera persona contagiada con el virus del tipo corona, cuyo nombre científico es SARS-CoV-293, el cual causa la enfermedad conocida como covid-1994. Dieciocho días más tarde, nuestro país tuvo su primera víctima por esta enfermedad.

La presencia del virus en el territorio nacional implicó que el gobierno adoptara medidas para el control sanitario y para reducir el riesgo de contagio. Primero se suspendieron las clases presenciales95 y luego se instauró el toque de queda en todo el país, de lunes a domingo, entre las 22.00 y las 05.00 horas96.

El 22 de marzo, en el seno de la Confederación para la Producción y el Comercio97 (CPC) –multigremial que reúne el grueso de las ventas de las empresas de Chile–, comenzó a gestarse la idea de crear un fondo para ir en ayuda del país.

Dos días más tarde, justo cuando el gobierno –por intermedio del Ministerio de Salud– decretó cuarentena en las comunas de Independencia, Las Condes, Lo Barnechea, Ñuñoa, Providencia, Santiago y Vitacura98, la CPC hizo pública la creación del Fondo Privado de Emergencia para la Salud de Chile, el que tenía como meta reunir $50.000 millones, que al tipo de cambio observado de ese día equivalían a US$59 millones. De pasada, Juan Sutil, presidente de la multigremial, reveló en la misma conferencia de prensa que ya contaban con $34.000 millones (68%).

Estos eventos generaron dos reacciones inmediatas al interior de la Red de Alimentos. Por un lado, en una reunión relámpago del directorio decidieron contactarse con la CPC para indagar la posibilidad de obtener parte de esos fondos para ir en ayuda de los más necesitados en el tema alimenticio, ya que era muy probable –dada la experiencia internacional con la que hasta ese entonces se contaba– que las cuarentenas se ampliaran al resto del Gran Santiago y a las capitales regionales. Y, por el otro, en una reunión de gerencia se abordó la problemática de la cuarentena, porque varios de quienes trabajan en la Red de Alimentos viven en esas comunas y si la cuarentena se extendía, quizás todos los colaboradores de la Red tendrían que quedarse en sus casas.

Se tomaron entonces varias decisiones. Primero, los que pudieran hacer teletrabajo empezarían a trabajar desde sus casas. Segundo, se hizo obligatorio el uso de mascarillas en la bodega y se dispuso alcohol-gel en múltiples lugares, para fomentar el lavado de manos continuo. Se comenzó a hacer controles de temperatura a la entrada a todos quienes ingresaban a las bodegas. Como hay dos bodegas en San Bernardo (una pequeña y otra más grande) se formaron dos grupos de trabajadores para disminuir la posibilidad de contagio. La idea era que, si en uno alguien se contagiaba, el grupo completo podía ser reemplazado por el otro, lo que permitía seguir operando. Tercero, de acuerdo con el instructivo de desplazamiento publicado por la autoridad99, Quena diseñó una credencial en PowerPoint para todos los trabajadores. Le mandó el archivo a un amigo que tenía una imprenta y en un dos por tres, ya tenía cómo garantizar el movimiento de todos quienes fuesen necesarios. Cuarto, para evitar los contagios, contrataron dos furgonetas especiales para trasladar a las personas del equipo desde sus casas hasta la bodega de San Bernardo (ida y vuelta), y así evitar posibles contagios en el transporte público. Quinto, ya que para hacer la selección y enmallado de frutas y hortalizas la Red contaba con voluntarios que no podrían seguir convocando, contrataron a tres personas para alcanzar el rendimiento diario y así mantener la productividad. Sin embargo, es posible que una vez que pase la pandemia, se vuelva al antiguo formato de trabajo.

Durante este tiempo fue muy importante la ayuda de la Global FoodBanking Network. Ellos estuvieron constantemente preocupados de todos los bancos de alimentos del mundo. Desplegaron un gran apoyo para cada uno de los países, incluso económico. Pero lo más importante fue que dieron contención emocional y entregaron pautas de mejores prácticas, las que fueron muy relevantes para la buena gestión de personas en la Red de Alimentos. En los primeros meses, Quena sostuvo telereuniones con ellos semanalmente. Ella les contaba lo que la Red estaba haciendo en Chile y ellos le compartían lo que otros países estaban implementando, y así se fueron construyendo protocolos. Y si bien este apoyo continúa, a fines de junio ya no era tan intenso como al inicio de la pandemia.

Entretanto, para que la Red pudiera acceder a los fondos de la CPC, Calú llamó a algunos conocidos suyos que tenían llegada en la multigremial, para que le abrieran camino con Juan Sutil. Las llamadas dieron resultado y un par de horas más tarde, Calú hablaba con el presidente de la entidad. Aprovechó la ocasión para contarle sobre la labor de la Red y cómo abordar a la gente con mayor necesidad alimentaria, ya que este podría ser un eje clave en la gestión empresarial en tiempos de pandemia, tanto o más que la donación de respiradores e insumos médicos.

El 30 de marzo en la tarde, Calú recibió un llamado de la CPC avisándole que a la mañana siguiente se iban a reunir en la sede de la institución para oficializar la entrega de los fondos por $13.600 millones a fundaciones, cuyo foco de trabajo fueran las personas más vulnerables del país100 y que a la Red de Alimentos le habían asignado $1.500 millones.

Lo que pasa es que –aunque nadie lo crea– uno está conectado con el Chile real. Hay mucha gente que vive el día a día (…) y más encima hacen trabajo físico. Por ejemplo, un maestro carpintero que no puede ir a trabajar porque hay cuarentena, se va a quedar en su casa y no le van a pagar. Por eso dijimos “viene hambre”. –Sandro Solari.

Ahora bien, una cosa era que a la Red de Alimentos le hubiesen asignado fondos de la CPC, pero otra muy distinta era que se los entregaran rápido, porque la CPC no es una fundación y, por lo tanto, no puede hacer donaciones. Lo que hicieron entonces fue registrar los fondos a ser donados por cada empresa y familia. Para coordinar el reparto y las transferencias de recursos, Nicolás León, gerente de asuntos públicos de la Cámara Chilena de la Construcción (CChC) se fue “en comisión de servicio” a la CPC. Allí asumió como director ejecutivo del comité del Fondo de Emergencia para la Salud de Chile y trabajó codo a codo con Juan Sutil y Fernando Alvear –gerente general de la CPC–, sobre todo para establecer con meridiana claridad con cuántos fondos se contaba, dónde estaban exactamente y asignar quién hacía las transferencias a qué fundación, y por qué ítem y monto. Las transferencias a las fundaciones no eran algo trivial.

De pasada, en la conferencia de prensa de la CPC, Sebastián Bowen –director de Techo– se acercó a Calú para invitar a la Red a unirse a un grupo de organizaciones jesuitas a colaborar en la entrega de alimentos, coordinarse y evitar la duplicación de esfuerzos. Así fue como la Red de Alimentos se incorporó a Chile Comparte101, un conglomerado integrado por Techo, Hogar de Cristo, Fondo Esperanza, Servicio Jesuita al Migrante y Movidos x Chile (la única institución del grupo que no es de inspiración jesuita).

El 10 de abril se armó un grupo de WhatsApp con personas ligadas a la iniciativa de alimentos de la CPC. Lo integraban Juan Sutil (BanAgro, CPC), Fernando Alvear (CPC), Sandro Solari (Falabella), Sergio Cardone (MallPlaza), Patricio Donoso (CChC), Nicolás León (CChC-CPC), Calú (Red de Alimentos) y Hernán Besomi (Ebco, Megacentro). Le pusieron por nombre Plan de Alimentos y el liderazgo lo llevó Sandro Solari, quien además interactuaba con el Ministerio de Desarrollo Social intercambiando ideas, propuestas, listas de posibles beneficiarios, etcétera.

El primer objetivo del grupo fue discutir cómo orientar los esfuerzos para conseguir el máximo de beneficios. Esto, porque desde el inicio de la pandemia muchos creían saber cómo abordar la ayuda a los más necesitados, pero en realidad en ese momento no estaba para nada claro cómo hacerlo. Pese a que Chile tiene experiencia en catástrofes, tales como aluviones, terremotos y tsunamis, había mucho que diseñar. Por eso el grupo compartía ideas y reflexiones sobre cómo entregar los alimentos. Se propusieron estrategias comunicacionales sobre cómo abrir espacios en la TV para difundir lo que se estaba haciendo, aumentar el alcance y ganar sinergias. También sobre cómo descentralizar y cómo llegar de mejor manera a regiones, entre otros. No importaba si era mañana, tarde o noche, si surgía una idea se texteaba y compartía.

Así nació la propuesta de que la CPC entregara cajas al alero del proyecto Siempre por Chile, una iniciativa de empresarios, familias y grupos empresariales ligados a la CPC102 con dos focos: un fondo para salud y otro para alimentos. También pensaron en hacer una campaña de ayuda nacional con Don Francisco como líder103.

La intensidad del trabajo de comunicación interna de este grupo revela que no pocos personajes del mundo empresarial pasaron gran parte de abril, mayo y junio más preocupados de las ayudas sanitarias y alimenticias que de sus propios negocios. La idea era simplemente colaborar, siempre con el mejor ánimo para llegar a decisiones colegiadas, en forma transversal y compartida, para establecer las mejores estrategias.

Mientras el grupo de empresarios comenzaba a intercambiar ideas por WhatsApp, en la Red de Alimentos se trabajaba a toda máquina para hacer la segunda presentación a la CPC sobre el trabajo de la Red: sus fortalezas y experticia en la entrega de alimentos, así como de sus necesidades, las que siendo coherentes y justificadas, liberarían los fondos asignados por la CPC en dos cheques. Esta labor no solo no fue trivial, sino que tuvo a todo el equipo directivo de la Red trabajando hasta el sábado de Semana Santa a las 04.30 a. m.

Siete horas más tarde, Calú hizo la presentación intentando no pisarse las ojeras.

Lo que más le impresionó a la concurrencia fue el mapa de fundaciones con que cuenta la Red (ese que hicieron los geógrafos) y su capacidad para coordinar esfuerzos y llegar, prácticamente, a todo Chile.

Y ahí, la Red, con lo que estaban mostrando, destacó altiro. Era subirse a un auto andando, corriendo a 100 km/h… era echarle más bencina no más. –Sandro Solari.

Para responder a este desafío había que partir por armar un mix nutricional que fuese más o menos estándar. De ello se encargaron Quena y Daniela Maturana104. Para entender cuánto gramaje de cada cosa se les iba a entregar a las organizaciones sociales, Daniela llamó al INTA105 y se contactó con la OMS. Con esas dos recomendaciones determinaron el contenido para las cajas, información que sirvió para establecer qué es lo que estas debían incluir para los beneficiarios de las organizaciones sociales ligadas a la Red. Luego, Hernán Miranda se hizo cargo, junto con María José Andrews106, de lo más complejo, que eran las compras. Para eso había que cotizar y lo hicieron en forma íntegra. Después, gestionaron la recepción de los alimentos, la selección, el despacho y, por último, determinaron qué se le entregaba a quién.

Hasta entonces, la Red nunca había comprado alimentos, así que el equipo se adaptó a las nuevas circunstancias.

–Quena, no puedes usar la bodega de San Bernardo para esto. Va a quedar la tendalada. Va a ser un enredo feroz –dijo Cristián Steffens.

–¿Y qué propones que hagamos? –preguntó Quena.

–Necesitamos otra bodega. Hay que separar ambas operaciones; una es permanente, esta es transitoria –remató Cristián.

La tarea de conseguir otra bodega quedó en manos de Calú, quien llamó a Luis Felipe Lehuedé, uno de los socios principales y gerente general de Megacentro.

–Recibimos unos fondos de la CPC y necesitamos otra bodega para hacer el almacenamiento y organizar la entrega de alimentos, ¿tienes espacio en alguna?

–Sí… mmm, creo que hay sitio disponible en la de Cerro Navia. ¿Te sirve? –preguntó Luis Felipe Lehuedé.

–Todo me sirve –respondió Calú.

Y así fue como esta nueva operación se focalizó ya no en el sur de Santiago, sino en el norte, en calle Carrascal, a pasos de la Costanera Norte. Allá se concentró la bodega de acopio de los alimentos no perecibles comprados, tales como salsa de tomates, harina, legumbres, jurel en lata, azúcar, sal, aceite, entre otros; esos que en general la Red de Alimentos no suele recibir porque su vencimiento es de larga data107 y la probabilidad de que no se vendan es muy baja. Por eso decidieron comprarlos, y porque complementan el consumo de proteínas, que siempre son los alimentos más caros. Quedaba aún por resolver cómo ir a buscarlos, almacenarlos y, finalmente, entregarlos a las fundaciones.

Esta labor significó que los esfuerzos de algunos integrantes de la Red se extendieran, en ocasiones, hasta por catorce horas diarias, de lunes a lunes. Aunque hacia fines de junio, el trabajo requerido ya había retomado cierta normalidad.

Otra derivada para la Red fue que la CPC les solicitó asesoramiento para el programa de cajas SiEmpre, que realizó la entidad gremial del empresariado. Este programa operó independientemente de lo que hacía la Red y de los fondos entregados por la CPC. Como esta última desconocía la materia, pidieron ayuda a la Red y ellos asignaron a Hernán Miranda –gerente de desarrollo de la Red de Alimentos– como enlace, quien trabajó de la mano con Sandro Solari108 y Calú.

En paralelo, el Ministerio de Desarrollo Social contactó a la CPC para aunar los esfuerzos. La propuesta era muy interesante, ya que ellos contaban con algo fundamental: las direcciones de las familias más vulnerables. Este dato vino a cerrar el círculo. El grupo ya sabía qué alimentos incluir en la caja, cómo y dónde adquirirlas, quién las armaría y quiénes eran los que más las necesitaban para ir a dejárselas directamente a sus hogares. En total, 125.000 familias fueron beneficiadas con las Cajas SiEmpre109.

Salir a la calle a entregar cajas no es fácil. En una ocasión una fundación estaba entregando cajas de la Red de Alimentos en una población y les robaron algunas de las que estaban repartiendo. –María José Vergara.

Por ese entonces, otro aliado de la Red de Alimentos se unió a la campaña: Walmart.

Líder había estado analizando cómo aumentar la implementación de la App con la Red de Alimentos, ya que desde que entró en funcionamiento en febrero de 2020, solo estaba operativa la entrega directa de alimentos a las fundaciones desde algunos supermercados. Por ello, ante la crisis del covid-19, Walmart movilizó todos sus esfuerzos para sumar más supermercados a la App de la Red, que vincula directamente a los locales de Walmart con las fundaciones cercanas. En concreto, Walmart extendió la App de dos a 192 supermercados durante el año 2020, siendo todo un éxito la expansión a regiones. En esa línea, cada mes las organizaciones sociales realizan un promedio de 2.000 retiros pudiendo recuperar más de 50.000 kilos mensuales de alimentos y productos de primera necesidad que antes se desperdiciaban.

Cuando Nicolás León logró coordinar la entrega de recursos reunidos por la CPC, los de la Red de Alimentos provinieron de dos fuentes: los family office de las familias Solari y Cúneo, ambas ligadas al Grupo Falabella. En cuanto los fondos estuvieron disponibles, estos se convirtieron en pallets con el mix de alimentos que ya había sido definido, y fueron enviados a las organizaciones sociales con los beneficiarios más expuestos a los efectos del covid-19 y que sumaron aproximadamente unas treinta mil personas de residencias, comedores sociales, ollas comunes y organizaciones que atienden a personas en situación de calle.

Otro paso importante para ampliar el alcance de la Red de Alimentos tuvo lugar el 20 de abril, cuando Calú llamó a Fernando Barraza, director del SII, para pedirle que flexibilizara la norma de entrega de bienes a fundaciones no inscritas en la Red, de forma excepcional, por motivo de la cuarentena, y por un plazo limitado.

El director del SII, que ya conocía bien la obra de la Red de Alimentos y que, además, fue quien apoyó la resolución para donar bienes de primera necesidad, acogió la idea de inmediato y dos días después se publicó la Resolución Nº42, que autorizaba a la Red –por un plazo de 120 días– para distribuir bienes en fundaciones que no estaban inscritas en el registro.

El acercamiento de la Red de Alimentos a la CPC comenzó a generarle una mayor visibilidad y a despertar ya no solo simpatía, sino que empezó a ser vista como una herramienta o un brazo eficiente para entregar recursos a los más necesitados. Por una parte, nuevas fundaciones querían integrarse a la Red (así fue como en seis meses pasaron de tener 295 a 356 fundaciones asociadas). Por otra parte, empezaron a recibir más alimentos de las empresas que ya les donaban. También se sumaron nuevas empresas que querían colaborar, ya fuera con alimentos o fondos, como fue el caso de Copec, a través de ProntoCopec y UberEats.

A comienzos de mayo, Copec se puso en contacto con la Red de Alimentos para aportar en la entrega de alimentos. Para ello sumaron a la alianza a UberEats y desarrollaron la campaña 1+1. Esta consistió en que por cada aporte individual de un desayuno para una persona vulnerable a través de UberEats y ProntoCopec, estas empresas duplicaban lo donado en comida.

En paralelo, la Red se reunió con el Grupo Falabella para sellar una alianza a fin de ir en ayuda de familias vulnerables. En todas las plataformas en línea de la multitienda, se abrió un canal de donaciones en el que los clientes podían donar a través de cualquiera de sus tiendas para ir en apoyo de la labor de la Red. Además, las siete empresas del grupo Falabella hicieron importantes aportes financieros.

El 17 de mayo, el gobierno informó que repartiría 2,5 millones de cajas de alimentos110. Este anuncio generó debate sobre si era mejor entregar alimentos o dinero en efectivo a las familias más necesitadas.

Obviamente la Red de Alimentos entró en la polémica, no porque quisiera, sino porque empezó a recibir invitaciones de muchos medios de comunicación. De hecho, desde marzo ya había un interés por saber qué es y cómo funciona la Red. Pero ahora la pregunta era otra: ¿plata o cajas?

Sobre esta materia, la opinión de la Red de Alimentos fue que era mejor la entrega de cajas, pero siempre y cuando esta pudiera hacerse en un plazo breve, no más allá de dos semanas. Pero si eso no era posible –lo que era lo más probable debido a que la Red conocía las dificultades que implica conseguir (comprar) los alimentos, armar las cajas y finalmente distribuirlas–, entonces era preferible la transferencia de dinero en efectivo o una combinación de ambas. ¿La razón? Porque la entrega de dinero activa las economías locales de cada barrio y evita que la gente salga de sus casas para trabajar en el mercado informal, reduciendo el riesgo de contagio.

A dos semanas de instalarse la cuarentena en gran parte de la Región Metropolitana, los permisos para las empresas se hicieron más restrictivos, producto de que la autoridad detectó una serie de casos en donde empleadores habían incurrido en engaños para forzar a sus colaboradores a asistir al lugar de trabajo. Por esa razón, la Red de Alimentos se contactó con el Ministerio de Desarrollo Social primero y con el Ministerio del Interior después, para obtener un permiso especial para la Red, ya que ahora la credencial dejó de ser válida y se requería un permiso de la comisaría virtual. Participó en estas gestiones Paulo Larraín –director de la Red de Alimentos–, y finalmente la solicitud derivó hasta el Ministerio del Interior.

El 19 de junio, el subsecretario Juan Francisco Galli firmó la Resolución Exenta Nº3.041 que autorizaba la circulación de las personas que trabajaban en la Red de Alimentos. Esta resolución autoriza las labores propias de la fundación.


Entretanto, la tasa de contagios diarios subía de manera alarmante, al punto que el 19 de mayo, en Chile, esta superó los cuatro mil casos, en contraste con los 415 en promedio que hubo entre el 1 y el 28 de abril. Producto de esta escalada, la autoridad sanitaria había decretado tres días antes (16 de mayo) cuarentena total en el área metropolitana de Santiago y varias comunas aledañas, con la posibilidad para las personas de salir de sus casas solo con permisos obtenidos a través de la comisaría virtual111, aunque al comienzo las sanciones eran bajas y los permisos muy holgados.

Una observación algo desconcertante fue la constatación, por parte de quienes tenían que ir a la bodega en San Bernardo, de que en las comunas de la zona sur de Santiago no se advertía ninguna reducción en la movilidad de las personas. Antes y después de la cuarentena todo estaba igual. Incluso era habitual que –de camino– se viera gente jugando a la pelota.

Durante todos estos meses Calú se mantuvo en contacto estrecho con el Consejo Asesor de la Red de Alimentos –Aníbal Larraín (Watt’s), Benito Baranda (América Solidaria), Hernán Rodríguez (ex CMPC), Anita Holuigue (Grupo Dial), Leo Leiman (Nestlé), Gonzalo Gebara (Walmart), Juan Pablo Guzmán (Abastible), Paola Alvano (Bci)– para estar encima de todos los temas que fueran necesarios. También con Jorge Armstrong (miembro del directorio), quien hizo videos y material para difundir sobre el funcionamiento de la App.

A pesar del temor, la incertidumbre y el exceso de trabajo, quienes trabajan en la Red de Alimentos mantuvieron siempre el espíritu muy en alto, pero hacia fines de junio, ya se advertía el cansancio en los equipos, aunque decían que ya estaban más acostumbrados a este ritmo de trabajo endemoniado.

Un elemento significativo que ayudó a mantener el ánimo fue que tanto Cristián Steffens como Calú trabajaran a la par con el resto de la gerencia.

Calú ha estado preocupado de integrar más gente al equipo, para que el salto de crecimiento que hemos tenido sea bien sólido. Por ello, incorporaron un gerente de marketing y comunicaciones y un gerente de finanzas para apoyar este crecimiento. –Hernán Miranda, gerente de desarrollo de la Red de Alimentos.

Finalmente, después de un mes de cuarentena en la Región Metropolitana, a mediados de junio, las curvas –tanto de contagio como de fallecimientos– comenzaron a descender.

(…) los dos, tres meses de los cuatro que llevamos, trabajamos hasta sábado y domingo, jornada completa. De repente nos hablábamos el domingo a las diez de la noche como si fuera lunes a las tres de la tarde. (…) Todo el equipo que ha estado en teletrabajo ha trabajado súper intenso. Pero ya normalizamos esa situación. Y ahora estamos tratando de volver a una normalidad de horarios. –María Eugenia Torres.

En toda esta historia, una de las cosas que más impresiona es la cantidad de empresarios y personas ligadas al mundo de los negocios que ha estado disponible para colaborar. Por ejemplo, un señor (que pidió dejar su nombre en reserva) llamó a Sandro Solari para decirle que tenía dos toneladas de azúcar para donar, que cómo lo hacía. Sandro llamó a Hernán Miranda y en dos días la Red ya las había distribuido. Y como él, muchos se comunicaron para ponerse a disposición y decían: “cómo te ayudo”, “dónde me meto”, “dame pega”.

(…) tocamos muchas puertas y muchos querían ayudar. Aunque siempre hay algunos que son más duros que una piedra. Pero para qué nos vamos a fijar en eso. Llamamos y pedimos harta plata. Yo me quedé con la sensación de que harta gente nos dijo que sí. Más de la que yo esperaba. –Sandro Solari.

Los (no) olvidados

A diferencia del estallido social de fines de 2019112, los efectos de la cuarentena en el segundo trimestre de 2020 provocaron en el país una crisis económica extremadamente severa, con caídas en el Imacec113 de 14,1% en abril, 15,3% en mayo y 12,4% en junio. Bajas que no se registraban desde la crisis financiera del año 1982.

En estos meses muchas personas quedaron impedidas de ir a sus lugares de trabajo y a muchos negocios se les prohibió operar (restaurantes, gimnasios, bares, discotecas, ferreterías, librerías, peluquerías, etcétera), reduciendo los ingresos de miles de familias. En las zonas periféricas de la ciudad, la falta de recursos motivó un aumento sustancial de las ollas comunes. Por ello, todo el equipo de la Red se articuló en torno a esto y se abocó con fuerza a la operación regular, a la entrega de cajas de alimentos y la entrega de pallets a las organizaciones sociales.

Uno ve poblaciones como Pedro Aguirre Cerda, La Pintana, La Pincoya, San Gregorio, en donde los más abandonados son los adultos mayores y los inmigrantes... La crudeza del abandono de los inmigrantes es impactante. Es demasiado fuerte lo que se ve en la calle. Especialmente en Estación Central, donde el problema migratorio es muy grande. (…) No hay moral cuando hay hambre. No se respetan los códigos sociales. Cuando la gente tiene hambre, tiene hambre. –María José Vergara.

Ante esta crisis –absolutamente nueva en todo el planeta– la Red de Alimentos se vio enfrentada a tres fenómenos: (i) el aumento en la incorporación de nuevas fundaciones114, (ii) el incremento en el número de beneficiarios en las fundaciones que ya operaban con ellos y (iii) la necesidad de apoyar por primera vez a personas en forma particular, es decir, familias, no fundaciones.

Ello porque empezaron a recibir una gran cantidad de correos electrónicos de familias que no estaban ligadas a ninguna organización social, pidiendo ayuda. Se trataba de personas desesperadas, que no tenían para comer, gente que decía “yo no califico para la ayuda estatal porque no estoy en el registro social de hogares, no me ayuda el gobierno, no me ayuda la municipalidad, no me ayuda nadie”.

Es duro darse cuenta del nivel de abandono de los adultos mayores… por sus familias, por sus vecinos. La Red pudo ayudar, pero ¿qué pasará con ellos después? –María José Vergara.

He aquí algunos extractos de esos mensajes de petición de ayuda:

• Recurro a ustedes como último recurso. Mi pareja está sin trabajo por el virus desde abril. Yo trabajo de “colera”115 en la feria como única opción, ya que mi bebé es asperger y crónico respiratorio. Hace tres semanas caí al hospital por una anemia aguda causada principalmente por no comer durante cinco días para dejarles lo que quedaba a mi hijo y a mi pareja. Recién me estoy recuperando, pero todo el esfuerzo que hice para superar esta anemia no vale nada ya que sin duda tendré que volver a estar sin comer para poder darle lo que nos viene quedando a mi hijo. Esperando que acojan mi petición me despido cordialmente de ustedes. Muchas gracias.

• Es primera vez que hago esto, pero no sé qué más hacer. Estoy muy complicada económicamente, necesito ayuda y no sé adónde más recurrir. Estaba trabajando muy bien y mi empresa se adhirió a la nueva ley de protección al empleo y al final nunca ingresaron mi RUT y yo ahora no sé qué hacer. Me encuentro sin nada de dinero y mi refrigerador vacío y ya me estoy desesperando, tengo un hijo de 8 años con discapacidad. Él me pide y no sé qué decirle. Por favor ayúdenme.

• Soy de Filipinas. Vivo en Estación Central. Yo dependo de mi trabajo y todavía es difícil encontrar uno debido al virus de la corona. Por mientras, estoy reciclando basura para comprar las necesidades diarias. Ayúdame con tu buen corazón.

• Me encuentro desesperada y angustiada. Una vecina me prestó Internet y me recomendó que me contactara con ustedes. Vivimos de allegados detrás de la casa de mis suegros en una pieza de 6x3. Debido a lo que está pasando ya no nos quedan alimentos y lo que más me preocupa es la leche de mi hijo. Dios los bendiga.

• Quería ver si es que me pueden considerar con la ayuda, ya que soy mamá soltera de un bebé prematuro extremo y me veo en la obligación de pedir ayuda ya que no puedo trabajar por mi hijo, ya que él tiene muchas patologías y unas de ellas son derrames cerebrales. Ojalá sea seleccionada para esta cajita ya que me serviría de mucho con mi hijo. Muchas gracias y que Dios les bendiga.

• Escribo para recibir ayuda de cualquier tipo, ya que no cuento con ningún tipo de ingreso. Hace tres meses que estoy desempleada, estoy sola con mi hijo de 2 años. He tratado de postularme para ingreso de emergencia y el sistema no me lo permite... Que estén muy bien, muchas gracias.

• Ojalá me puedan ayudar, me desalojaron hace 15 días estoy actualmente donde unos amigos, pero sin poder comprar ningún tipo de alimento ni nada para mi bebé. Cualquier ayuda sería de mucha ayuda. Gracias.

Quizás alguien crea que estos testimonios son inventados. O que quienes los escribieron pudieron haber mentido o exagerado. Pero parece poco probable, ya que es obvio que las solicitudes iban a ser examinadas y las familias visitadas. Entonces ¿para qué mentir?

También se transformó en una prioridad para el equipo conseguir recursos adicionales para comprar alimentos no perecibles. Justo estaban en eso cuando los llamaron de la Fundación Luksic. Ellos habían estado recibiendo pedidos de ayuda desde las localidades aledañas a algunas de las empresas del grupo y no sabían cómo hacer llegar alimentos a esas familias. La Red pasó a ser su “socio estratégico” para distribuirlos de forma directa entre las familias que estaban en el “radar” de la Red. La idea original de la Fundación fue financiar 35.000 cajas… terminaron siendo 46.000.

Quizás fueron los recursos obtenidos o los testimonios recibidos y sus duras realidades las que motivaron a todo el equipo de la Red de Alimentos a hacer un enorme esfuerzo laboral durante el segundo trimestre de 2020 –más allá de cualquier contrato– dando muestra del genuino compromiso por ir en ayuda de quienes más lo necesitan.

Como la Red de Alimentos contaba con los nombres y coordenadas de los jefes de hogar ligados a muchas organizaciones sociales, partieron de ese dato para encuestar a las familias a las cuales les entregarían las cajas. Para eso se montó un contact center de voluntarios y confeccionaron una encuesta. Luego, hicieron los llamados telefónicos a las familias para conocer su situación y así poder jerarquizar las urgencias e incorporarlos como beneficiarios. La encuesta incluía la identificación del jefe de hogar y la caracterización de las familias:

a) Número de miembros del grupo familiar.

b) Nacionalidad del grupo familiar.

c) Actualmente ¿se encuentran con trabajo? (SÍ/NO)

d) ¿Hay algún miembro del grupo familiar que reciba pensión del Estado? (SÍ/NO)

e) ¿Cuántos adultos mayores viven en el hogar?

f) ¿Hay algún enfermo crónico en el hogar? (SÍ/NO)

g) Actualmente ¿alguno de los miembros de su familia requiere de un tratamiento de salud de alto costo o sufre de una enfermedad crítica? Incluye terapias y visitas médicas. Por ejemplo, cáncer, enfermedad autoinmune, parálisis, etc. (SÍ/NO)

h) ¿Cuántos menores de doce años viven en el hogar?

Con la base de datos que se creó con las respuestas, se hizo el perfil de las familias y se priorizó a quiénes se les entregaría primero las cajas. Por último, había que ir a dejarlas a las familias, a sus casas, una por una. Pero ¿cómo iba la Red a hacer eso? Nunca antes habían hecho algo similar; son las fundaciones las que van a la bodega a buscar los alimentos.

Una alternativa era entregarlas a través de organizaciones sociales, pero la duda era: ¿será la mejor opción entregarle mil cajas a una junta de vecinos? Si ya habían tenido que hacer una supervisión estricta a las organizaciones sociales cuando se les entregaban productos no comercializables, ahora, cuando se les repartirían cajas equivalentes a $30.000 cada una, la probabilidad de que no llegaran a los beneficiarios que correspondían era alta. La decisión del directorio, entonces, fue hacer todo el esfuerzo necesario para entregarlas directamente a las familias.

Los primeros repartos de cajas comenzaron a hacerse durante la última semana de mayo con el apoyo de voluntarios, que inicialmente fueron parientes y amigos. Un par de semanas más tarde, Epysa Implementos facilitó una camioneta con chofer y combustible para hacer las entregas. Esta alternativa resultó mucho más eficiente, lo cual llevó a la Red a evaluar la posibilidad de hacer toda la distribución con transportes dedicados, ya que cuando se trata de voluntarios no siempre se puede estar seguros de cuántos van a llegar al día siguiente. La solución –bastante creativa– fue contratar a transportistas escolares, ya que mientras no hubiera clases presenciales estaban disponibles. Así se tuvo certeza sobre las entregas y se les podía exigir resultados.

Un apoyo vital y absolutamente inesperado llegó desde Innobyte, la empresa que desarrolló la App. Cuando se enteraron –por pura casualidad– de que la Red iba a llevar el registro de reparto a mano o en Excel, Innobyte se ofreció a ayudar. Más bien a donar, una aplicación de rastreo. Sí, tal cual, a donar.

Hugo Erazo y Marco Maigret se juntaron con su equipo y acordaron entre todos donar este desarrollo a la Red. Para eso, hablaron con todos sus clientes y les pidieron dejar una semana en pausa sus proyectos para poder dedicarse a este desarrollo. Y sus clientes aceptaron. Esto implicó al equipo completo trabajando a full, Hugo y Marco incluidos.

Gracias al programa para llevar el registro de los repartos y a la decisión de repartir casa por casa en forma directa las cajas con alimentos, hoy la Red sabe con total certeza a quién, cuándo y dónde se entregó cada una de las cajas.

Este periodo fue muy intenso. De hecho, durante tres de las cuatro semanas trabajaron de lunes a sábado para entregar todas las cajas y llegar con la ayuda lo más rápido posible.

Resultado final

En el siguiente gráfico se puede observar el incremento en la entrega de alimentos de la Red en sus diez años de vida y específicamente en 2020 durante la pandemia.


Como se puede ver, la entrega de alimentos y productos de primera necesidad el 2020 –tanto de la operación regular como la de los fondos adicionales recibidos por la crisis generada por el covid-19– superó en 4.478 toneladas lo hecho el año anterior.

De igual modo, la entrega de pañales y productos de higiene personal se elevó en un 57%, pasando de 1,7 millones de unidades en 2019 a 2,7 millones durante 2020.


Estos datos revelan que no solo las empresas de alimentos se sensibilizaron ante la crisis; también lo hicieron aquellas que proveen bienes de primera necesidad, entendiendo que estos también son parte de las necesidades básicas de las familias.

Con todas esas cifras en mente, la tercera semana de julio, la Red presentó a la CPC una completa rendición de cuentas116, con el respaldo de todos los dineros recibidos, todo lo gastado, ítem por ítem y con todos los detalles necesarios, incluso algunos que ni siquiera se les había ocurrido pedir en la CPC.

Calú mandó la rendición de cuentas como ninguna otra fundación. Porque muchas fundaciones no te mandan nada, tú les donas y después no sabes qué pasó, y aquí llegó profesionalmente un registro con todas las facturas, nombres y cantidades de todos los alimentos que se compraron, proveedores, etcétera, o sea, fantástico, realmente da gusto. –Sandro Solari.

Finalmente, la Red complementó el mix nutricional, que distribuye en su operación regular, con la entrega de alimentos menos perecibles como arroz, harina, pastas, aceite, entre otros. Durante los meses más complejos de la pandemia hicieron envíos directos hasta las dependencias de los beneficiarios en todo el país. Esto, financiado con apoyo de donaciones de empresas (Ley de Donaciones Sociales y de Catástrofes) y de particulares.

Dicha labor se hizo a través de la entrega de alimentos a organizaciones sociales socias de la Red, tales como residencias y hogares (para ancianos, niños, migrantes, centros de rehabilitación, de salud, etc.), comedores sociales y ollas comunes, y organizaciones que realizan rutas calle.

Asimismo, se hizo entrega de alimentos a familias de escasos recursos que son beneficiarias de organizaciones sociales socias de la Red y a familias que los contactaron directamente para solicitar ayuda. Además, realizaron un catastro y encuesta social, que permitió priorizarlas: adultos mayores, enfermedades críticas, migrantes y menores de 14 años.

En total, la Red entregó 2.041.046 kilos de alimentos a más de 114 mil beneficiarios de organizaciones sociales:

922.687 kilos financiados con el aporte del Fondo de Emergencia CPC.

245.346 kilos financiados con diversos aportes de empresas y fundaciones.

873.013 kilos donados por empresas (Molineros de Chile, TMLUC, Watt´s, Walmart, Unilever, Nestlé, Soprole, Alimentos 4M, PepsiCo, ICB, Tucapel, Corporación de Agricultores del Sur).


Asimismo, la Red distribuyó 49.911 cajas de alimentación (14,6 kg) a familias entre las regiones de Coquimbo y Los Lagos, beneficiando a 101.513 personas.


En resumen, además de su operación normal, durante 2020 la Red de Alimentos entregó 49.911 cajas propias, 46.000 cajas financiadas por la Fundación Luksic y asesoró a la CPC en la definición de las cajas SiEmpre. En total, la Red promovió directa e indirectamente la entrega de más de 190.000 cajas durante el 2020.








De acuerdo con un estudio de la Global FoodBanking Network117, el hambre se va a duplicar en el mundo producto del covid-19, por lo tanto, las ayudas seguirán siendo necesarias.

A pesar del cambio en la legislación, con la entrada en vigencia de la ley 21.210 (modernización tributaria) no ha habido un gran cambio en las empresas (alimentos u otras). Es decir, las nuevas empresas que se han unido a la Red de Alimentos lo han hecho producto de la pandemia, pero no por el cambio en la ley.

No. Las empresas yo creo que todavía no saben de la ley. Cuando queríamos hacer el barrido con la información de la nueva ley, ya estábamos en plena pandemia y no se justificaba. –Hernán Miranda.

No obstante, lo evidente es que la Red va a quedar con muchos más contactos que los que tenía antes de la pandemia. El gran desafío hacia delante –y sobre lo cual Calú ha insistido mucho– es mantener, y ojalá aumentar, estos contactos en el tiempo.

Esto es extraordinario, no forma parte de nuestra acción normal, pero si podemos continuar, lo haremos. Pero si no hay recursos, no será posible. –María José Vergara.

Para Alejandro Espinosa –socio de KPMG Chile– la Red de Alimentos les soluciona un problema a las empresas que destruían productos, ya que les reduce costos. Y tampoco van a tener que demostrar que destruyeron algo, ahora solo les va a hacer falta el certificado de la entrega gratuita de esos productos a una fundación.

Lo que va a faltar ahora son más bancos de alimentos. –Alejandro Espinosa, socio KPMG.

La pandemia logró abrirle nuevas puertas a la Red de Alimentos. Ahora lo que resta hacer es que esas puertas nunca se cierren.

Ojalá hubiera muchas más fundaciones que se sumen a la Red de Alimentos y que con la App podamos hacer que cualquiera que vaya a botar algún alimento, avise y sea parte de esta red. Ese es un círculo súper positivo. –Sandro Solari.

Otros, en cambio, se imaginan a la Red de Alimentos ampliando su cobertura a nivel país.

¿Dónde estará la Red en diez años más? En todo Chile vía la App. Que en Panguipulli, el supermercado de allá le done alimentos a la fundación de esa zona. Solo necesitamos que las fundaciones estén al tanto con los estándares y protocolos que hay que cumplir. –Jorge Armstrong.

En general, siempre hay otras visiones de hacia dónde deben ir las cosas.

Hoy la Red está muy concentrada en la Región Metropolitana y en la Octava Región. Con la App podremos tener una cadena más nacional. En general, la producción está concentrada en la Región Metropolitana. La ayuda directa de las empresas seguirá teniendo preponderancia aquí. Tenemos que crecer vía supermercados, que no se pierda nada y en las empresas que no están en la Región Metropolitana que también pueden canalizar su ayuda vía la Red. –Hernán Rodríguez W., gerente general de Colbún.

Y no es la única opinión en esta línea:

Yo me los imagino como un centro de distribución como cualquier retailer. Eso deberían ser. Y también me los imagino exportando el modelo. Así como lo importamos en su minuto. De la Red, me gusta la marca, me gusta el logo, vamos a Perú. Yo creo que este modelo es rentable y sustentable. –Diego Nazar.

Curiosamente, quienes están más cerca del negocio de los supermercados, tienen una posición más marcada de cómo podría crecer la Red de Alimentos.

Yo estoy en esto hace muchos años y conozco las grandes fundaciones que hacen un trabajo extraordinario, como la Cruz Roja y tantas más. Pero la forma de llegar a las pequeñas fundaciones como lo hace la Red, esas con veinte, treinta, cuarenta o cien personas (…) es algo muy diferenciador. Entonces para uno como empresa es como tener un programa de Responsabilidad Social sin tener que armarlo, porque la Red ya lo tiene, llega a las bases sin intermediarios, sin burocracia. –Horacio Barbeito, ex CEO Walmart Chile y Argentina.

Otros ven que la Red tiene y tendrá necesidades hacia dentro y que al crecer deberán enfrentar la crisis del crecimiento.

Por ejemplo, hoy nosotros les tenemos doce pallets almacenados porque no tienen capacidad en su cámara. Tienen mucho ambiente seco, poco refrigerado y nada húmedo (congelado). Cuando les donan algo congelado, se lo tenemos que guardar nosotros. (Si crecen) van a enfrentar esos problemas desde el punto de vista operativo. –Diego Nazar.

Y si alguien cree que todo lo que se puede decir sobre el futuro de la Red ya está dicho, se equivoca rotundamente.

Hay que incorporar la Red a las redes sociales. Cuando la gente valore lo que es la Red, las empresas la van a llamar. Ellos querrán ligarse a su logo si este les agrega valor reputacional. La Quena se va a sentar a recibir las llamadas. Pero para eso hay que hacer una campaña. –Valeria Flen, ex CEO de Soprole.

Otros, en tanto, sostienen que a pesar de que la Red de Alimentos ya es grande, debe seguir creciendo por la vía de las donaciones, porque al crecer, van a aumentar sus costos operacionales.

Ya es grande la Red. Me encantaría que este beneficio se multiplique vía la misma Red (u otro). La cosa es que no haya destrucción de productos. En eso se ha avanzado muy bien. La Red misma tiene que seguir capturando más donaciones, más empresas que aporten, que con la ley REP tal vez lo tengan que hacer igual. El sueño de otros bienes más allá de alimentos ya está. –Juan Pablo Guzmán, gerente corporativo de administración y finanzas de Abastible.

En esto de ir más allá de los alimentos y bienes de primera necesidad, Juan Pablo no está solo.

Nuestro horizonte es que sea Red solamente ¿De qué? De lo que sea. Es una invitación a que otros hagan una logística de otras cosas que estamos perdiendo. Si este modelo lo pudiéramos ampliar a otros sectores de la economía sería estupendo. Quemar algo que vence en 30 días más –como los remedios– y que duran más que eso no es inteligente. (…) En el tema de los medicamentos hay cosas que se pueden hacer. –Cristián Steffens.

Y aunque no es usual encontrarse con ellos, hay preclaros. O de pensamiento más holístico, si se quiere.

Estoy seguro de que la Red de Alimentos seguirá creciendo. Y puede hacerlo de muchas formas: llegando a distintos lugares del país, integrando nuevas herramientas para mejorar su gestión, sumando empresas e instituciones. La Red lo tiene todo para crecer. –Leo Leiman, CEO Nestlé Chile.

A pesar de todos los expertos, las visiones, los que trabajan día a día en fundaciones o los proyectos sociales, nunca hay que olvidar el sueño, el sueño grande, el ideal, la meta que nos hará descansar a todos.

Creo que hay que seguir trabajando para que (…) el sueño de que no se pierda ningún alimento en Chile se cumpla. Y con el uso de la tecnología se puede lograr, creo yo. –Sandro Solari.

Pero, sin duda, el más ambicioso de todos los sueños sigue siendo el mismo de ese primer día, en 2003, ese que tuvo Calú durante la cena del Banco de Alimentos de Buenos Aires en La Rural: dar la pelea hasta que ni una sola persona pase hambre en Chile. Y para eso aún hay mucho por hacer:

Es emocionante ver lo logrado en estos diez años con todo el sacrificio que implicó. Nuestra labor sigue y tenemos diversos proyectos para continuar creciendo significativamente en los próximos años. A través de la innovación social y la tecnología queremos seguir avanzando en el rescate de alimentos y productos de primera necesidad. De esta forma, podremos mantenernos ayudando a cientos de miles de personas que hoy, más que nunca, necesitan el apoyo de la Red de Alimentos. Por eso, el compromiso y aporte de las empresas y del sector público es fundamental para lograr un Chile con desperdicio cero y sin hambre. –Carlos Ingham.


Hidden Figures118

Según María Eugenia Torres, los números deben hablar, es decir, deben contar la historia. A continuación, se presentan los números y los nombres de las personas que resumen la historia de los primeros diez de años de gestión de la Red de Alimentos.

En términos de alimentos acopiados por la Red de Alimentos y luego entregados a las organizaciones sociales inscritas, estos crecieron de 45 toneladas en 2010, a 11.345 en 2020. El aumento en la cantidad de alimentos entregados en ese lapso fue de 252 veces. En el siguiente gráfico se muestra el avance.


En 2010 se incorporaron 25 organizaciones y diez años más tarde, estas totalizaban 438, lo que implica un nivel de expansión de 17,5 veces.


En cuanto a los beneficiarios de las organizaciones sociales ligadas a la Red de Alimentos, estos pasaron de 8.423, en 2010, a 258.771 diez años más tarde, lo que implica un aumento de 30,7 veces.


Finalmente, gracias a un modelo desarrollado por el GreenLab del Dictuc, la Red de Alimentos ha podido estimar su aporte al medioambiente, a través del cálculo de las emisiones de CO2 que se evitaron y se siguen evitando gracias a su acción. Se estima que para 2010 estas sumaron 124 toneladas. Para 2020, la estimación se eleva a 17.079 toneladas evitadas de CO2, es decir, la contribución a un menor calentamiento global creció en 137 veces.


De Biobío con amor119

La gestión del BABBS pasó de 6.692 beneficiarios en 2015120 a 37.872 en 2020. Esto implica un aumento de 5,66 veces en cinco años, en el número de personas beneficiadas por la gestión en la VIII Región.


En cuanto a los alimentos entregados por el Banco de Alimentos Biobío Solidario, estos pasaron de 144 toneladas en 2015121 a 628 en 2020.

El aumento en la cantidad de alimentos entregados en ese lapso fue de 4,3 veces. En el siguiente gráfico se muestra el avance.


En 2014 el BABBS contaba con once organizaciones sociales asociadas. En 2020 estas se elevaron a 63. Esto significa que se multiplicaron 5,7 veces.



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Contribuyentes



Alianzas


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Cartas y editoriales publicadas en El Mercurio

17 de junio de 2018

Demasiado bueno para botarlo a la basura

La FAO estima que el mundo desecha un tercio de los alimentos que produce, unos 1.300 millones de toneladas anualmente, mientras uno de cada nueve habitantes del planeta (más de 800 millones) padece hambre. Más allá de la reprobación ética que cualquier persona puede tener frente a esas cifras, estas pérdidas generan un triple impacto: costos ambientales, económicos y sociales.

Desde el punto de vista medioambiental, esta problemática va más allá de la contaminación y la necesidad de reutilización: incluye también el tratamiento de los desechos que terminan en rellenos sanitarios, en nuestros océanos y en el aire que respiramos, afectando directamente nuestra salud y la conservación del planeta. Por otro lado, cuando se desechan productos, se bota también la mano de obra, el agua, la tierra, la energía y todos los insumos productivos que fueron necesarios para su fabricación. A estos impactos se suma la inmensa pérdida social que se genera al no permitir que estos productos lleguen a las manos de personas que no tienen la posibilidad de acceder a ellos.

La Red de Alimentos opera en el país desde 2010 rescatando hasta la fecha más de 22 millones de kilos de alimentos aptos para el consumo humano, evitando la generación de cerca de 50.000 toneladas de CO2, distribuyéndolos entre 200.000 personas a través de 218 organizaciones sociales miembros de la Red y para las cuales los gastos asociados a pagos de remuneraciones, a la compra de comida y de artículos de primera necesidad, como pañales, cepillos de dientes, jabón y otros, significan los desembolsos más elevados de su presupuesto.

Tal como ocurre en muchos países del mundo, en Chile, donde más de dos millones de personas viven bajo la línea de la pobreza, existe la necesidad urgente de contar con un marco legal sólido y estable para incentivar la entrega de alimentos, como también de productos de aseo e higiene personal, por parte de las empresas que, en caso de no ser comercializados por diversas razones, hoy son destruidos en lugar de ser puestos a disposición de las personas más vulnerables. No podemos seguir dependiendo solamente de una normativa del Servicio de Impuestos Internos (Circular Nº54/2009 y Resolución Nº59/2014), es urgente avanzar legislativamente en esta materia.

Desde 2012, la Red de Alimentos ha empujado estos cambios legales. En 2016 logramos un avance con la promulgación de la Ley de Responsabilidad Extendida al Productor, que indica establecer “mecanismos para prevenir la generación de residuos, incluyendo medidas para evitar que productos aptos para el uso o consumo se conviertan en residuos”. Sin embargo, desde la promulgación de la ley no se ha avanzado en la materia, porque aún falta la dictación de un decreto supremo del Ministerio del Medioambiente que establezca dichos mecanismos. Adicionalmente, creemos en la necesidad de la prohibición por ley de la destrucción de alimentos y de productos aptos para el uso y consumo, para lo cual el apoyo y la participación del Ministerio de Desarrollo Social y del Servicio de Impuestos Internos resultan cruciales.

Queremos construir un proceso de economía circular. Buscamos visibilizar la dimensión valórica que dice no a la pérdida y al desperdicio de productos aptos para el uso y consumo. No es ético que estos artículos terminen en la basura, existiendo personas que viven una profunda necesidad y podrían verse significativamente beneficiadas con ellos. Al hacernos cargo de esta problemática, también ayudamos a mitigar la desigualdad en el país. Una persona que cuenta con una alimentación adecuada y con productos de necesidad básica para su aseo e higiene, se dignifica, se desarrolla de mejor manera, goza de mejor salud y está mejor preparada para enfrentar el día a día.

Este tema debería ser una prioridad en la agenda de las políticas públicas, ya que tiene grandes beneficios para nuestra sociedad, permitiéndonos avanzar como país y en línea con las metas propuestas por Naciones Unidas en la Agenda de Desarrollo Sostenible 2030. Asimismo, tiene costo cero para el Estado. Todas estas iniciativas ya tienen mucho tiempo de conversaciones en distintas instancias y foros, sin embargo, falta un último empuje y compromiso real para finalmente concretarlas… ¿Cuánto más esperamos para actuar?

Dada la coyuntura de los últimos años, a veces pareciera que las políticas públicas más obvias de implementar solo logran sensibilizar cuando hay cámaras de televisión encendidas o cuando hay una movilización callejera, consecuencia de lo cual se atienden los requerimientos de los que más ruido hacen. Nosotros pensamos que iniciativas como las que estamos promoviendo hace tantos años deberían generarse como hechos positivos que se desarrollan atendiendo el bien común y, por supuesto, considerando el carácter de urgencia de legislar a favor de quienes más lo necesitan.

Carlos Ingham

Fundador y presidente

Red de Alimentos



8 de agosto de 2018

Eficacia filantrópica

La complejidad y diversidad de los problemas sociales más apremiantes hacen muy difícil para el Estado enfrentarlos con la necesaria atención, prontitud y eficiencia. Esto, no solo por la imposibilidad de fijar prioridades y contar con los recursos necesarios, sino también por limitaciones en sus capacidades de gestión. De allí que el aporte de la sociedad civil a través de organizaciones privadas sea imprescindible en la tarea de abordar cuestiones sociales con creatividad y eficacia. En efecto, diversas fundaciones destacan en su modelo de atención social, donde directores, funcionarios y voluntarios logran un positivo impacto gracias a su compromiso y dedicación, consiguiendo llegar a los sectores más desprotegidos con soluciones concretas y oportunas.

Un modelo destacable es el desarrollado por la fundación Red de Alimentos, entidad que –replicando una experiencia previamente implementada en Argentina y en muchos otros países del mundo– ha logrado montar un banco de alimentos, recolectando productos que, pese a estar en buenas condiciones, estaban destinados a ser desechados. De este modo ha permitido establecer una relación directa entre productores y organizaciones privadas sin fines de lucro que atienden a personas en situación vulnerable. Con el objetivo de evitar la destrucción de bienes que pueden servir a alguien necesitado, la Red ha conseguido –desde 2010– incrementar la entrega de frutas, verduras y otros productos no comercializables, pero sí aptos para el consumo. Solo en julio pasado, por ejemplo, 500 toneladas de alimentos fueron rescatadas y derivadas a diferentes organizaciones de atención social, lo que significa un ahorro significativo en los costos de sus operaciones, permitiéndoles cubrir otras necesidades. Un reciente cambio en la normativa de Impuestos Internos ha hecho posible, además, ampliar esta labor, al facilitar las condiciones para que las empresas también puedan donar pañales no comercializados, en lugar de incinerarlos.

Con un proyecto en desarrollo para la creación de un banco virtual, esta fundación pretende expandir la actual red, que hoy conecta a más de 50 empresas con alrededor de 220 fundaciones, en cinco regiones del país. Su objetivo es crear un canal mediante el cual los productores puedan ofrecer sus productos y las fundaciones exponer sus necesidades, logrando un trabajo directo sin tener que contar –como ocurre hoy– con centros de acopio.

Este ejemplo filantrópico es una manifestación más de la relevancia que las iniciativas privadas tienen en la atención social, no solo colaborando con el Estado y llegando con ayuda a aquellas áreas donde los recursos públicos no alcanzan, sino también aplicando la experiencia y la metodología del mundo privado para aportar, de manera ágil y eficaz, en la solución de problemas sociales apremiantes. Todo ello, estableciendo redes entre ámbitos que parecen lejanos, pero que conectados logran potenciarse, ofreciendo nuevas oportunidades y provocando una serie de externalidades positivas con un impacto social directo.



13 de agosto de 2018

Trabajo en equipo público-privado

El pasado 13 de julio fue un día de gran relevancia para la Red de Alimentos y para Chile: los pañales que no se comercializan ahora podrán ser entregados, sin ser un gasto rechazado, a organizaciones sociales que atienden a personas en situación de vulnerabilidad, evitando así que se destruyan. A este importante anuncio, el día 9 de agosto se sumaron los productos de higiene personal de primera necesidad como champús, acondicionadores, dentífricos, desodorantes y jabones, entre otros. El proceso será el mismo que rige desde hace nueve años para los alimentos.

Cambiar esta realidad fue un anhelo por el que en la Red de Alimentos trabajamos durante los últimos seis años. En concreto, a partir de ahora, unos siete millones de pañales por año podrán ser entregados a instituciones sin fines de lucro y, a través de ellas, a cientos de miles de infantes, adultos mayores y personas con discapacidad que los necesitan. Así también, podremos distribuir productos de higiene que dignificarán la vida de quienes menos tienen.

El primer y significativo anuncio del cambio de tratamiento para pañales fue realizado en nuestro centro de distribución en San Bernardo por los ministros de Hacienda, Felipe Larraín; de Desarrollo Social, Alfredo Moreno; el director del Servicio de Impuestos Internos, Fernando Barraza, y la Red de Alimentos, al que asistieron muchas empresas socias y beneficiarios de la Red.

Esto deja en evidencia que el trabajo interministerial, con los servicios respectivos, que han actuado con un sentido de urgencia realmente notable y que no había visto en los quince años y cinco gobiernos que llevamos impulsando estos cambios, sumado a un coordinado trabajo en equipo público-privado, incluyendo el apoyo parlamentario, es el mejor camino para lograr soluciones concretas en plazos cortos que beneficien a quienes más lo necesitan.

La aprobación de estas circulares es una prueba viva de que, con el compromiso de autoridades con sensibilidad social y personas que creen en esta causa, se pueden lograr grandes cambios, generando un significativo impacto en el ecosistema. Así, conseguimos un triple beneficio para el país: social, medioambiental y económico. Desde ahora, la población más vulnerable podrá acceder a pañales y productos de higiene personal que, al no destruirse, dejarán de emitir miles de toneladas de CO2 y también evitamos que se desperdicien los recursos invertidos en su producción. Y todo esto sin costo adicional para el Estado ni para las empresas, al igual que los alimentos.

Evitar el desperdicio de alimentos y de artículos de primera necesidad es un deber ético e imperativo de toda la sociedad, especialmente cuando en el país hay más de dos millones de personas que aún viven bajo la línea de la pobreza. En 2003, la Red de Alimentos comenzó su trabajo en línea con este objetivo y llevamos ocho años operando el modelo de bancos de alimentos en Chile, periodo en el que hemos rescatado 25 millones de kilos de comida que, antes de la existencia de la Red, se desperdiciaba. Solo en los últimos 12 meses hemos entregado 5,4 millones de kilos, que aportan a la alimentación de más de 200.000 personas en situación de vulnerabilidad.

Desde 2012 hemos impulsado dos cruzadas: ampliar la normativa que logramos para alimentos a otros productos que pudieran ser aprovechados por quienes los necesitan, y que se establezcan incentivos para evitar el desperdicio de estos bienes.

Luego del gran avance que tuvimos con los pañales y los productos de primera necesidad, creemos que ahora es urgente trabajar en un objetivo de más largo plazo: generar los incentivos correctos y las obligaciones necesarias para que las empresas realicen al menos una pausa, que logre que todos los bienes que puedan ser aprovechados no se destruyan. Más aún cuando la distribución de estos se hace entre quienes, de otra manera, tendrían un restringido o incluso nulo acceso a ellos.

Hace nueve años celebramos la posibilidad de recuperar alimentos. Hoy lo hacemos por la incorporación de los pañales y productos de higiene personal al mismo modelo. Imaginemos por un instante si esta normativa la extendemos a otros productos: si, por ejemplo, los sobrantes de madera los ocupáramos para construir viviendas, si la ropa y juguetes de Navidad que no se venden en fecha se entregaran en poblaciones, y otros muchos ejemplos. Las políticas públicas deberían establecer los mecanismos adecuados para promover este comportamiento, con la obligatoriedad de no destruir productos que están aptos para su uso y consumo mientras haya alguien que los necesite. Cuánto podríamos avanzar en el desarrollo y la sostenibilidad del país dándoles un valor social a todos los bienes y recursos que hoy se desperdician.

“Cuando hay voluntad, hay un camino”.

Carlos Ingham

Fundador y presidente

Red de Alimentos



14 de marzo de 2019

Permitámonos debatir

Tal como ocurre en muchos países, en Chile, un porcentaje considerable de la población aún no logra satisfacer necesidades tan básicas como alimentarse adecuadamente, mientras al mismo tiempo toneladas de bienes de primera necesidad, aún aptos para el uso y consumo humano, son destruidos diariamente. Evitar el desperdicio de alimentos y de artículos de primera necesidad en Chile es un deber ético e imperativo, especialmente cuando en nuestro país hay más de 1,5 millones de personas que viven bajo la línea de la pobreza.

En la Red de Alimentos hemos promovido y acompañado de forma muy activa este proceso. Pero creemos que es necesario sumar más voces. En lo específico, hacemos hoy un llamado a los legisladores: no podemos seguir dependiendo solo de una normativa del Servicio de Impuestos Internos en materia de recuperación y entrega de productos de primera necesidad. Es urgente avanzar legislativamente en esta materia, hay que romper las inercias.

Según datos de la FAO, un tercio de los alimentos que se producen en el mundo son desechados. Este evidente sinsentido no solo tiene impactos sociales, económicos y medioambientales, sino que también es contrario al concepto de economía circular, el que desafía a avanzar hacia procesos colaborativos que sean replicables, eficientes, útiles y que maximicen el bienestar humano.

En la Red de Alimentos –organización de derecho privado y sin fines de lucro– desde hace casi diez años articulamos un círculo virtuoso entre empresas y organizaciones sociales, para rescatar productos aptos para el consumo humano, evitando así su desperdicio y distribuyéndolos entre quienes más lo necesiten. Hasta la fecha, hemos rescatado 29 millones de kilos de alimentos y solo en 2018 impactamos a cerca de 220.000 personas en situación de vulnerabilidad a través de 238 organizaciones sociales.

Desde el año 2012 hemos impulsado dos cruzadas: ampliar la normativa que logramos para alimentos a otros productos de primera necesidad que pudiesen ser aprovechados por quienes lo necesitan, y que se establezcan incentivos para evitar el desperdicio de estos bienes, con un marco legal sólido y estable que permita e incentive a las empresas a entregar estos productos que, por diversos motivos, no son comercializados.

En julio de 2018 logramos uno de los más significativos avances cuando, junto a los ministros de Hacienda y de Desarrollo Social y al Director del Servicio de Impuestos Internos, anunciamos la ampliación de la normativa, lo que ha permitido no solo rescatar alimentos, sino también productos de higiene personal, pañales y otros de primera necesidad, generando un impacto directo entre quienes más lo necesitan.

Del mismo modo hemos impulsado incansablemente la necesidad de establecer un marco legal con incentivos para evitar el desperdicio de bienes. Es así como, gracias al apoyo unánime y transversal de los 28 senadores que estaban presentes, en agosto pasado la Cámara Alta solicitó al Presidente de la República y al ministro de Hacienda que considerasen, en la reforma tributaria, establecer los incentivos o desincentivos tributarios para que las empresas eviten destruir bienes aptos para el uso y consumo humano, en particular, productos de primera necesidad.

Esta propuesta quedó en general contemplada en la presentación del proyecto de modernización tributaria, buscando configurar con jerarquía de ley el tratamiento tributario que rige hoy para alimentos, pañales y productos de higiene personal, y otros que determine el SII. Además, debemos avanzar a que se considere como gasto rechazado la destrucción voluntaria de bienes que se encuentren en condiciones de uso o consumo humano. En virtud de lo anterior, la pregunta entonces es ¿quién podría oponerse a la propuesta de aprovechar los bienes que no se comercializan y entregárselos a quienes más los necesitan?

Chile es un país diverso en muchos aspectos. Políticamente también lo es y es esa diversidad y pluralidad la que nos ha permitido crecer y proyectarnos hacia el futuro. No podemos permitir que esa misma diversidad nos impida avanzar hacia una sociedad más responsable, equitativa y consciente.

La filósofa y politóloga Hannah Arendt enuncia en su libro La condición humana, que “ninguna clase de vida humana, ni siquiera la del ermitaño en la agreste naturaleza, resulta posible sin un mundo que directa o indirectamente testifica la presencia de otros seres humanos”. Es en este contexto donde nuestro deber ético cobra mayor valor, más allá de nuestras consideraciones políticas o filosóficas; las necesidades básicas de las personas no tienen ideología.

Estamos a un paso de lograr estos anhelos planteados, pero estos avances podrían quedar en nada si no se aprueba la idea de legislar. Hoy todo está en manos de nuestros legisladores. En nombre de los que más necesitan, y después de tanto trabajo, solo un llamado: permitámonos debatir.

Carlos Ingham

Fundador y presidente

Red de Alimentos



25 de marzo de 2020

Desperdicio de alimentos

Señor Director:

Con los cambios establecidos en la reforma tributaria recientemente promulgada y publicada en el Diario Oficial, se cumple un especial anhelo impulsado por la Corporación Red de Alimentos hace ya diecisiete años: evitar la destrucción de productos que aún se encuentran aptos para el uso y consumo, generando significativos impactos sociales, económicos y medioambientales.

Nuestro trabajo permanente ha estado enfocado en apoyar, impulsar y motivar a las autoridades y legisladores para la ampliación de las disposiciones legales que incentiven que productos que no se venderán por distintos motivos, sean redistribuidos a personas en situación de vulnerabilidad en nuestro país, evitando que sean desperdiciados y contaminen el medio ambiente. Hoy, Chile ha materializado este deseo, mediante la promulgación de la normativa que fomenta las entregas, desincentivando económicamente la destrucción de alimentos, artículos de primera necesidad, ropa y medicamentos, entre otros.

Valoramos el esfuerzo público-privado que acogió nuestra propuesta. Asimismo, agradecemos a nuestras 156 empresas socias y a las 294 organizaciones sociales beneficiarias, que diariamente atienden a más de 240.000 personas y nos han permitido entregar más de 34,2 millones de kilos de productos durante estos diez años de operación.

La promulgación de esta ley favorece el objetivo de “Desperdicio 0”, que de manera eficiente y transparente permitirá continuar con la redistribución de productos hacia quienes más los necesitan.

Carlos Ingham

Fundador y presidente

Red de Alimentos



21 de mayo de 2020

Filantropía: un compromiso pendiente y una regulación que requiere suma urgencia

El covid-19 hizo evidente la situación de inseguridad alimentaria y malnutrición que puede afectar a muchos. Así, desde el año 2003 surge el anhelo de crear un banco de alimentos, que pasó por obstáculos operativos, normativos basados en la desconfianza. Primaba el temor a generar un mercado negro o que la fiscalización no fuera suficiente. Se tocaron múltiples puertas sin obtener las respuestas esperadas.

Por largo tiempo, la Red de Alimentos promovió un marco legal para que la destrucción de alimentos fuera normada y aceptada tributariamente, normativa que se logró en 2009. En 2018, bajo una nueva mirada del Ministerio de Hacienda y del SII, vino un cambio de paradigma y la Red de Alimentos logra la ampliación del procedimiento a pañales y elementos de aseo personal. Actualmente, la Red colabora con más de 300 organizaciones sociales y sus 908 centros, impactando este último año positivamente la nutrición y calidad de vida de más de 230.000 personas, llevando alimentos y artículos de primera necesidad a quienes sin ellos no tendrían posibilidad de acceder a estos y evitando así su destrucción.

Era hora de ir hacia el “Desperdicio 0” para generar un ecosistema normativo certero, con los beneficios sociales, económicos y medioambientales que ello genera. En 2020, Chile pasó a tener una legislación pionera en economía circular, con la Ley de Modernización Tributaria, que establece que la destrucción voluntaria de materias primas, insumos y productos terminados todavía aptos para su uso y consumo es un gasto rechazado. Esta ley incluyó alimentos, remedios, ropa, útiles escolares, libros y otros productos de primera necesidad, bienes que en plena crisis sanitaria constituyen una cuota de esperanza para muchos y un apoyo para el Estado.

La contingencia ha puesto de manifiesto las limitaciones legales que tenemos en materia de filantropía. En los últimos diez años, Chile ha tramitado leyes especiales de emergencia y contrarreloj: la ley de donaciones para reconstrucción (posterremoto de 2010), ley de donaciones para pymes, ley de mejoramiento de donaciones al Estado, ley de donaciones para COP 25 y, recientemente, aclaraciones del SII para donaciones por covid-19, rescatando leyes antiguas, como la ley de catástrofes de 1965.

Necesitamos que se legisle con mirada de futuro, que se elimine la desconfianza, que surja una normativa simétrica, desinteresada y desideologizada que permita una solución global y comprehensiva. No resulta lógico que hoy salud, medio ambiente y vivienda sean ámbitos que estén prácticamente vedados para la filantropía. Tampoco lo es que si una sociedad anónima abierta quiere donar para un fin socialmente deseable deba contar (salvo excepciones) con una autorización judicial, dado que el Código Civil de fines del siglo XIX contempla este requisito como protección de los legitimarios de una persona natural.

No tiene sentido que existan más de cincuenta leyes sobre donaciones, con regímenes tributarios diferentes; no ayuda que veamos a cada donante como un potencial infractor sujeto a sanciones penales, sin perjuicio de los controles y fiscalizaciones que, por cierto, deben existir; no hace sentido que para donar se deba contratar a un abogado y un contador a fin de desenmarañar el entramado de disposiciones legales y reglamentarias de donaciones; y menos lógico es que hasta hace poco se incineraran casi siete millones de pañales al año porque tributariamente el donante que lo hacía era castigado con un gasto rechazado.

La estructura cooperativa construida desde la solidaridad a raíz del covid-19 y otras catástrofes debiese ser el modelo a seguir, ya que salud, alimentación, educación, conservación medioambiental, cultura y deporte, entre otros, son objetivos comunes a nivel social. Se debe asegurar un mecanismo suplementario que apoye a los sectores más vulnerables del país (hasta la última encuesta Casen de 2017 representaba el 8,6% de la población), y que permita cumplir otros fines relevantes para todos.

Chile necesita con suma urgencia un marco legal con bases modernas, que fomente los actos filantrópicos, que fortalezca la operatividad de las organizaciones de la sociedad civil a través de las cuales se canaliza en parte la filantropía, y que construya un ecosistema de mayor libertad en el ámbito legal, con reglas del juego simples, claras y simétricas, que genere confianza, que sea transparente y reportable y que, en consecuencia, sea un motor movilizador de recursos para tantas necesidades.

Carlos Ingham

Fundador y presidente

Red de Alimentos

Carolina Fuensalida

Abogada tributaria



21 de mayo de 2020

El olvido de las ollas comunes y el hambre

Hay quienes dicen que el olvido es peor que la muerte. Y hoy la coyuntura y el frenesí social que estamos viviendo nos tienen, de cierta forma, anestesiados. Por lo mismo, está aumentando el riesgo de olvidar, nuevamente, un problema desgarrador que no podemos dejar pasar: el hambre y la malnutrición.

En las últimas décadas, Chile ha tenido un avance sustancial en la disminución de la pobreza y, de forma paralela, del hambre. Sin embargo, este flagelo se ha mantenido en nuestro país de manera silenciosa e invisible. Muchas veces, como sociedad hemos dejado pasar esta realidad, alucinados ante la imagen de un país pujante en vías de desarrollo. Otras veces ha creído que esta situación solo ocurre en países que están condenados a vivir empobrecidos.

La crisis desatada por la pandemia del covid-19 nos ha llevado a abrir los ojos y mirar de una forma distinta lo que ocurre a nuestro alrededor. Nos hemos encontrado de frente con problemáticas a las que, quizás, no les dimos la importancia y urgencia suficiente que requerían.

En este escenario, hoy tenemos un contexto de desempleo no visto hace décadas. Con la caída de los ingresos, ha disminuido la capacidad de adquirir alimentos y otros bienes de primera necesidad, mientras que miles de personas han tenido que optar por productos de menor calidad nutricional. Esto lleva a acrecentar problemas tan dolorosos como son la malnutrición y el hambre.

Desde la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) han afirmado que en Chile hasta un millón de personas podrían verse privadas de alimentos nutritivos hasta por varios días a la vez. Esta realidad se ha visto reflejada en un fuerte crecimiento de las ollas comunes y comedores sociales a lo largo del país. En la Red de Alimentos este año hemos aumentado significativamente el número de beneficiarios de comedores sociales, ollas comunes y rutas calle, alcanzando 39.438 personas, atendidos en 189 centros.

En esa línea, la Cepal junto a la FAO establecieron un decálogo de medidas urgentes para evitar que la crisis sanitaria se transforme en una crisis alimentaria. Entre ellas, el apoyar con subsidios monetarios y/o con donaciones de alimentos provenientes de las empresas y los gobiernos a las iniciativas de asistencia alimentaria de las organizaciones de la sociedad civil.

Si bien en los últimos meses han existido diversas iniciativas y grandes esfuerzos para ir en ayuda de quienes están sufriendo, lo cierto es que el hambre no se erradica de un día para otro. Por lo mismo tenemos que preguntarnos: ¿Qué estamos haciendo y qué haremos como país para enfrentar de forma sistemática el hambre y la malnutrición?

Durante los últimos diez años, en la Red de Alimentos hemos trabajado para establecer una red de cooperación entre las empresas y las organizaciones sociales. En lo que va del 2020 hemos distribuido más de siete millones de kilos de alimentos y productos de primera necesidad, beneficiando en total a más de 266.000 personas, pertenecientes a 381 organizaciones sociales y 1.128 centros de atención. De este modo, hemos llegado de forma directa con la ayuda no solo a ollas comunes y comedores sociales, sino también a hogares y residencias para ancianos, niños, mujeres, migrantes y personas en situación de calle, entre otras.

Esta labor no la habríamos podido realizar sin el aporte del sector privado. Hoy más que nunca necesitamos su compromiso y el establecimiento de más alianzas a largo plazo. También necesitamos que el Estado, que tiene un rol preponderante en la seguridad social, se sume con fuerza a este trabajo mancomunado. La constancia y permanencia son esenciales en este magno desafío. En ese sentido, valoramos tanto la proactividad del Servicio de Impuestos Internos para facilitar la ayuda social de las empresas, como también las iniciativas del Parlamento y del Poder Ejecutivo para evitar la destrucción de alimentos y artículos de primera necesidad.

Se han construido cadenas de apoyo público-privadas durante la pandemia que debemos mantener y solidificar para que queden en el tiempo, e ir así en ayuda de los sectores más vulnerables de forma sostenible y no empezar de cero cada vez que ocurre una catástrofe. Si robustecemos estas redes de colaboración lograremos facilitar la filantropía en Chile.

El hambre y la malnutrición no son problemas pasajeros, son una deuda histórica que tenemos como país, la que se volvió a hacer más visible con la pandemia. Actualmente corremos el riesgo, una vez más, de fijarnos solamente en la coyuntura, del día a día, y dejar en el olvido estos flagelos que sufren cientos de miles de personas. No podemos volver a cometer el mismo error. Tenemos el deber ético como sociedad no solamente de preocuparnos de esta situación, sino también, de ocuparnos y entregar soluciones pragmáticas, eficientes y permanentes. Porque detrás de cada cifra, de cada olla común o comedor social, hay personas y familias que están sufriendo. No les fallemos.

Carlos Ingham

Fundador y presidente

Red de Alimentos

Benito Baranda

Consejero Red de Alimentos

5 de enero de 2021

El deber de contribuir al bien común

'…hay que ir despejando ciertos obstáculos que hacen que el camino para ayudar sea, muchas veces, muy complejo. Por ejemplo, hoy existen más de 50 leyes sobre donaciones con regímenes tributarios diferentes…'.

Terminó el 2020, año que será recordado por dos grandes hitos que quedarán marcados en la historia de Chile: la pandemia del coronavirus y el plebiscito constitucional en que la ciudadanía optó por tener una nueva Constitución. Ambos acontecimientos tienen algo en común y es que influyen en los desafíos sociales del país.

La pandemia hizo más visible la pobreza, el hambre y la malnutrición. Las ollas comunes que habían quedado en el olvido, pero que siempre estuvieron presentes, comenzaron a multiplicarse por todo el país, un fiel reflejo del impacto social que generó el coronavirus. Pero el año termina y pareciera que esta situación quedase en el olvido. El hambre y la malnutrición no son pasajeros, por lo que tenemos que enfrentarlos de forma sistemática y con más fuerza que nunca para ir en ayuda de cientos de miles de personas que están sufriendo este flagelo.

Paralelo a esto, ya se encuentra en desarrollo la discusión constitucional sobre qué debe abordar la nueva Carta Magna. Y en ese sentido es válida la pregunta de si la alimentación debe considerarse como un derecho que debe estar en la Constitución. En esa línea, hay que recordar que el derecho a la alimentación es reconocido en el artículo 25 de la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948 como parte del derecho a un nivel de vida adecuado. Además, está consagrado en el artículo 11 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de 1966. Ambos tratados internacionales fueron firmados por Chile.

Ante esto, la reforma al Capítulo XV de la Constitución que habilitó el proceso constituyente obliga a la Convención a respetar en la nueva Carta Magna los tratados y acuerdos ratificados por nuestro país. De esta forma, el derecho de las personas a la alimentación seguirá garantizado. Sin embargo, debería explicitar el derecho a una alimentación adecuada o a la protección contra el hambre. Hoy son más de 30 los Estados que han reconocido explícitamente este derecho y es una recomendación de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

Asimismo, hay que ir despejando ciertos obstáculos que hacen que el camino para ayudar sea, muchas veces, muy complejo. Por ejemplo, hoy existen más de 50 leyes sobre donaciones con regímenes tributarios diferentes. Ante esto, 16 centros de estudios trabajaron en una propuesta para que Chile tenga una ley general de donaciones orientada a impulsar y fortalecer la sociedad civil.

Una iniciativa muy necesaria, ya que el Estado debe dar más espacios de colaboración e incentivar iniciativas que fomenten los actos filantrópicos. Debe dar más libertad y poner menos trabas para tener una estructura cooperativa sólida para ayudar al bien común de las personas que está compuesto por la educación, salud, alimentación, vivienda, cultura, deporte, conservación del medio ambiente, entre otros objetivos fundamentales.

La Red de Alimentos ha impulsado diversos cambios regulatorios que permiten el rescate de alimentos y artículos de primera necesidad que iban a ser destruidos, para entregárselos a quienes sí lo requerían y no podían acceder a ellos. En 2009 el SII permitió a las empresas la entrega de alimentos no comercializables a instituciones sin fines de lucro en beneficio de la población vulnerable, eliminando el castigo tributario que existía hasta ese momento. En 2018 esto se extendió a otros productos de primera necesidad, como pañales y artículos de higiene personal.

En febrero del año pasado se promulgó la reforma tributaria que establece que no se aceptará como gasto, y se afectará con un impuesto, la destrucción voluntaria de materias primas, insumos y bienes procesados o terminados, tales como alimentos, productos de higiene y aseo personal, libros, artículos escolares, ropa, juguetes, materiales de construcción y remedios, entre otros, que aún se puedan usar y consumir.

Esto permitió que en 2020 la Red de Alimentos colaborara con más de 430 organizaciones sociales y sus más de 1.280 centros a lo largo de todo el país, impactando en la calidad de vida de más de 270.000 personas. Cada una de esas personas tuvo acceso a los más de 8 millones de kilos de alimentos y más de 2,5 millones de unidades de pañales y artículos de primera necesidad rescatados en los últimos 12 meses que, en otros tiempos, habrían terminado en un vertedero.

A pesar de los avances, queda mucho camino que recorrer y muchas personas que ayudar. Por eso es momento de tener una mirada de largo plazo para no solo seguir actuando según las contingencias que afectan a nuestro país. Hoy es el covid-19 y anteriormente fueron terremotos, aluviones, incendios, entre otras catástrofes, que provocaron el sufrimiento de muchos compatriotas. Tenemos el deber de aunar esfuerzos público-privados y construir una cadena de cooperación rápida y efectiva que opere en función del país y el bien común de sus ciudadanos.

Carlos Ingham

Fundador y presidente

Red de Alimentos

Benito Baranda

Consejero Red de Alimentos


En abril de 2010 El Mercurio anunció la puesta en marcha del primer banco de alimentos en Chile. Al costado derecho el primer logo de la Red.


Pierina Bocic e Ignacio Undurraga en los inicios de la bodega de la Red de Alimentos.


Calú pensó que era fácil manejar una grúa de horquilla… hasta que se subió y le explicaron todos los detalles para poder operar.


En septiembre del 2005 el presidente Ricardo Lagos viajó a Nueva York donde fue homenajeado por el Council of the Americas. Calú fue invitado a viajar con el Mandatario y la Primera Dama, Luisa Durán.


Ignacio Undurraga, primer Gerente General de la Red de Alimentos.


Walmart Chile es socio estratégico fundador de la Red desde 2010.


Cristián Steffens, Director Ejecutivo de la Red.


Ignacio Undurraga, Pierina Bocic y Paulo Larraín tras recibir el Premio Ciudad 2011 de la Fundación Futuro por el aporte solidario de la Red.


Cecilia Morel, el Presidente Sebastián Piñera y Pierina Bocic en la premiación de la Fundación Futuro 2011.


Sebastián Labbé fue Gerente General de la Red entre el 2012 y 2015.


Valeria Peña (tercera de izquierda a derecha) junto a dirigentes de organizaciones sociales beneficiarias de la Red de Alimentos.


El ministro de Hacienda, Andrés Velasco, en su visita a la bodega de la Red de Alimentos donde conoció la labor de la Corporación en el rescate de alimentos. En la foto junto a Cristián Steffens y Sebastián Labbé.


Ceremonia de premiación de los Premios Avonni 2012 donde la Red de Alimentos ganó la categoría Emprendimiento Social Colbún por su innovadora labor social. Como representantes de la Red estuvieron Cristián Steffens, Pierina Bocic, Valeria Peña y Sebastián Labbé.


En 2013 el ministro de Desarrollo Social, Joaquín Lavín, entregó a la Red de Alimentos el “Sello Más Por Chile” por su labor orientada a mejorar la calidad de vida de quienes se encuentran en situación de vulnerabilidad. La Red volvió a recibir la distinción en 2014.


Yo-Yo Ma y Kathryn Stott en el concierto a beneficio de la Red de Alimentos y Enseña Chile realizado en el Club de la Unión el 12 de abril de 2013.


Kathryn Stott, Yo-Yo Ma, María José, Magdalena, Gregorio y Calú Ingham tras el concierto en el Club de la Unión.


En 2014, la Red de Alimentos junto a Armstrong & Asociados fueron ganadores del Premio Effie de Plata 2014, en la categoría marketing social por la campaña #Nadasobra.



El 18 de agosto de 2015 la presidenta Michelle Bachelet recibió en La Moneda a una comitiva de la Red de Alimentos para conversar sobre cómo avanzar en temas regulatorios.


Cristián Steffens, Benito Baranda, Valeria Peña, la presidenta Michelle Bachelet, Carlos Ingham y Margot Kahl.


En marzo del 2016 María Eugenia Torres asumió como Gerente General de la Red.



María José Ingham, Soledad García, Carmen Paz Álamos, María Eugenia Torres y Jorge Armstrong viajaron a Ciudad de México a participar del Desafío Google.org en noviembre de 2017.


María José Ingham y Calú minutos antes de la entrega de resultados del Desafío Google.org 2017.


Jorge Armstrong y Calú en la final.



Hernán Miranda, Carmen Paz Álamos, Gabriela Alvarado y María Eugenia Torres en la entrega del Premio Nacional de Medio Ambiente 2017, donde la Red de Alimentos ganó en la categoría “Aire” por su aporte a la reducción de emisiones de CO2.



El ministro de Desarrollo Social, Alfredo Moreno; el ministro de Hacienda, Felipe Larraín; y el director del Servicio de Impuestos Internos, Fernando Barraza, recorriendo la bodega de la Red.



El Protocolo impulsado por el senador Rodrigo Galilea que solicitaba al presidente Sebastián Piñera instruir al Ministerio de Hacienda a considerar en la reforma tributaria la creación de incentivos y/o desincentivos tributarios para que las empresas eviten destruir productos para el consumo humano, tales como alimentos, pañales y artículos de primera necesidad.



Daniela Maturana, María José Andrews, Isabel Gallardo, Cristián Steffens, Enrique Roland, María Eugenia Torres y Hernán Miranda tras recibir el Premio Iniciativa Sustentable 2018, organizado por el Hub de Sustentabilidad del diario El Pulso, en la categoría “Valor Compartido”.


El directorio 2020 de la Red de Alimentos: Cristián Steffens, Jorge Armstrong, Carlos Ingham, Paulo Larraín y Hernán Rodríguez.



La Red de Alimentos fue una de las organizaciones que eligió la CPC para canalizar la ayuda en pandemia del Fondo Privado de Emergencia para la Salud de Chile. En la foto, el presidente de la CPC, Juan Sutil, el día del anuncio de esta iniciativa.


“SiEmpre por Chile-Cajas de Alimentos”, una cruzada empresarial solidaria liderada por la CPC y coordinada con el Ministerio de Desarrollo Social que se realizó con el objetivo de producir y entregar cajas con alimentos para 130.000 familias vulnerables durante la pandemia.


Debido a la pandemia, en 2020 la Red entregó 50.000 cajas de alimentos a familias en situación de vulnerabilidad gracias al aporte de empresas y contribuyentes.


En plena pandemia voluntarios de la Red entregaron cajas de alimentos a las familias que más ayuda necesitaban.



Durante el 2020, en plena pandemia, la Red de Alimentos ayudó a más de 220 comedores sociales y ollas comunes.

Capital humano


Fuente: Memorias Red de Alimentos.


Fuente: Memorias Red de Alimentos y sitio web.









Durante estos diez años de historia, la agencia de publicidad Strong ha acompañado a la Red en este camino que se ve reflejado en diversas campañas y piezas gráficas. A continuación algunas de ellas.











Índice Onomástico

Aguilera, José Miguel

Álamos, Carmen Paz

Álamos, Pedro

Alcalde, Manuel

Alvano, Paola

Alvarado, Gabriela

Alvear, Fernando

Andrews, María José

Armstrong, Eduardo

Armstrong, Jorge

Aspillaga, Gonzalo

Aspillaga, Pilar

Avendaño, Rosa

Bachelet, Michelle

Badenier, Pablo

Bader, Ulrich

Bahamondes, Patricio

Balart, Cristián

Baranda, Benito

Barbeito, Horacio

Barraza, Fernando

Bastián, Cristián

Besomi, Hernán

Bitar, Cristina

Bocic, Pierina

Bolla, Jorge

Bowen, Sebastián

Bravo, Felipe

Brzovic, Franco

Burgos, Jorge

Burr, Victoria

Camilli, Steve

Cardone, Sergio

Cardoso, Fernando Henrique

Castillo, María Irene

Chomalí, Fernando

Coloma, Juan Antonio

Cood, Gerardo

Cortés-Monroy, Marcial

de Vicente, Félix

del Solar, Fernando

Devoto, Pablo

Donoso, Patricio

Durán, Luisa

Erazo, Hugo

Escobar Calderón, Ricardo

Espinosa, Alejandro

Eyzaguirre, Nicolás

Farías V., Nancy

Faúndez, Paola

Fergusson, Robert

Figueroa, Juan Carlos

Flen, Valeria

Flores, María Paz

Flores, Sergio

Frías, Edgar

Fuensalida, Carolina

Fuentealba Melo, sacerdote Miguel

Galilea, Rodrigo

Gallardo, Isabel

Galli, Juan Francisco

García, José

García, Soledad

Gebara, Gonzalo

Gómez, Clahudett

González, Andrés

González, Tomás

Guerrero, Pablo

Gutiérrez, Matías

Guzmán, Juan Pablo

Harboe, Felipe

hermana Adelina

hermana Josefina

hermana Juana

Heyl, Marianne

Hohmann, Claudio

Holuigue, Anita

Insulza, José Miguel

Jordán, Rodrigo

Jorge, María José

Kahl, Margot

Labbé, Sebastián

Lagos, Ricardo

Larraín, Aníbal

Larraín, Felipe

Larraín, Paulo

Latham-Köenig, Cecile

Lavín, Joaquín

Lehuedé, Luis Felipe

Leiman, Leo

León, Nicolás

Leyton, Miguel

Lipari, Daniela

Lira, Eduardo

Lira, Felipe

Lyon, Francisco

Ma, Yo-Yo

Mac Donald, Alan

Maigret, Marcos

Manoukian, Alan

Matthews, Sharon

Maturana, Daniela

Melgorejo, Delmira

Melo, Francisco

Mena, Alfonso

Mena, Marcelo

Menchú, Rigoberta

Miranda, Alberto

Miranda, Hernán

Molina, Sergio

Morel, Cecilia

Moreno, Alfredo

Morgado, Ángel

Natho, Federico

Nazar, Diego

Orchard, Patrick

Ostalé, Enrique

Pardo, María Isabel

Parga, Horacio

Pellegrini, Clara

Peña, Valeria

Peralta, Roberto

Piñera, Sebastián

Plass, Jacqueline

Poniachik, Karen

Prieto, Juan Eduardo

Prieto, Leo

Príncipe Alberto II de Mónaco

Puccio, José Miguel

Pulido, Alberto

Purcell, Tim

Recanati, Harry

Recart, María Olivia

Recart, Tomás

Rincón, Mónica

Rincón, Ximena

Rockefeller, David

Rodríguez Wilson, Hernán

Rodríguez, Fernando

Rodríguez, Hernán

Rojas, Juan Alberto

Roland, Enrique

Royal, Ségolène

Rozas, Marcelo

Sanguinetti, Julio María

Santoja, Didier

Schiess, Nicola

Sepúlveda, Eduardo

Sepúlveda, Roger

Serón, Jorge

Silva, Patricia

Solari, Sandro

Steffens, Cristián

Stott, Kathryn

Sutil, Juan

Swart, Hernán

Tagle, Guillermo

Tagle, Sebastián

Torra, Valentina

Torrealba, Sebastián

Torres, María Eugenia

Undurraga, Ignacio

Valdés, Gabriel

Valdés, Rodrigo

Valenzuela, Gonzalo

Velasco, Andrés

Vergara, María José

Videla, Ernesto

Villagra, hermana Manuela

Villalón, Eduardo

1 Matemático estadounidense que se avecindó en Argentina en 2001, el año del “corralito”.

2 Director ejecutivo de la Fundación Banco de Alimentos, entre abril de 2001 y octubre de 2009.

3 En 2005 ampliaron su cargo al resto del Cono Sur.

4 Equivalente a ingeniería comercial en Chile.

5 Este impuesto que pagan las empresas se llama en Chile “impuesto de primera categoría”.

6 http://observatorio.ministeriodesarrollosocial.gob.cl/casen-multidimensional/casen/casen_2017.php

7 Los porcentajes difieren cuando se habla de hogares vs. personas. Medido por personas, estos números son mayores.

8 Aprox. el 16% de los hogares según Casen 2017.

9 https://www.emol.com/noticias/Economia/2018/10/19/924437/El-perfil-de-los-siete-grupos-socioeconomicos-de-la-nueva-segmentacion-y-como-se-divide-la-poblacion-de-Chile.html

10 Nieto del multimillonario petrolero.

11 Presidente de Brasil entre 1995 y 2002.

12 En 2007 se instaló un nuevo museo en Cesarea, Israel, además del ya existente, (Ralli1 y Ralli2). https://www.museoralli.cl/index.php/ralli/historia-del-museo

13 Ley 18.985, promovida por el exsenador Gabriel Valdés, que tiene como principal objetivo estimular la inversión privada en proyectos artísticos o culturales, a través de donaciones.

14 Loophole es una palabra inglesa originalmente usada para denominar aquellas ventanas sin vidrio que tenían los castillos, que se usaban como puestos de combate para los arqueros, quienes –desde ahí– podían disparar sus flechas para defender la fortaleza. Hoy se usa de manera coloquial para referirse a “forados”, “resquicios” o “zonas sin cobertura” en los sistemas tributarios por donde los contribuyentes, eventualmente, podrían eludir el pago de impuestos.

15 Hoy, DLA Piper. https://www.dlapiper.cl/abogados/

16 Ese era su nombre original, pero en 2012 cambió a Techo. https://www.techo.org/nuestra-historia/

17 http://wp.nazar.cl/

18 https://dle.rae.es/pallet?m=form

19 “Esa fue una pequeña genialidad de Calú”, diría años más tarde Jorge Armstrong.

20 Armstrong & Asociados cambio su nombre a Strong en noviembre de 2019, tras certificarse como empresa B.

21 Película de 2017 conocida en Chile como Sola contra el poder, protagonizada por Jessica Chastain, que trata sobre las andanzas de una “lobista” experta en comunicaciones corporativas en Washington D.C.

22 Lo mismo ocurre en el Hogar de Cristo.

23 Esta metodología podría llevar a la tentación de hacer un ranking, lo cual sería contrario a la filosofía de la Red: #nadasobra.

24 http://www.redalimentos.cl/socios-nuestros-socios/

25 https://www.villapadrehurtado.cl/#

26 Comuna con poco menos de once mil habitantes.

27 El tamaño de los contenedores se medie en pies. Los más grandes son de 40 pies, los que equivalen a 12 metros.

28 Red Global de Bancos de Alimentos.

29 Se entiende por “due diligence” un proceso de revisión y análisis de todos sus registros financieros.

30 Se llamó “la nueva ola” a un grupo de cineastas franceses de fines de los cincuenta, que habían sido críticos de la revista Cahiers du Cinéma, entre los que se cuentan: François Truffaut, Jean-Luc Godard, Jacques Rivette, Éric Rohmer, Claude Chabrol y Jean Pierre Melville.

31 https://www.kingsleygate.com/website/our-partners/

32 Reconocimiento honorífico otorgado desde 2007 por la fundación ForoInnovación, El Mercurio y Televisión Nacional de Chile, que destaca casos de éxito en distintas categorías y rubros, para inspirar a los chilenos sobre el valor de la innovación.

33 Grupo empresarial ligado al rubro de las cecinas.

34 Esta postulación fue respaldada por un estudio realizado por Greenlab del Dictuc (https://www.dictuc.cl/unidades/greenlab/) con quienes la Red había firmado un acuerdo de trabajo para valorizar su impacto medioambiental.

35 Empresa de servicios del mercado de capitales, hoy CrediCorp.

36 Hoy Fundación CrediCorp.

37 Lo fue de 2015 a enero de 2016.

38 Encuentro nacional de la empresa.

39 http://www.desarrollosocialyfamilia.gob.cl/storage/docs/Informe_de_Desarrollo_Social_2019.pdf

40 https://www.ine.cl/estadisticas/sociales/demografia-y-vitales/proyecciones-de-poblacion

41 Premio a la eficiencia publicitaria. https://www.premioseficacia.com/,

https://effie.cl/wp-content/uploads/2017/09/revista2014.pdf (p. 27).

42 http://www.bluejar.cl/

43 Británica radicada en Chile y creadora del restaurante Blue Jar, ubicado a una cuadra de La Moneda, en pleno barrio cívico de Santiago.

44 https://www.barbican.org.uk/

45 https://www.ambito.com/edicion-impresa/yo-yo-ma-fervor-un-artista-fronteras-n3627355

46 https://www.ensenachile.cl/quienes-somos/directorio/

47 Ni se te ocurra traer la gaita escocesa mañana.

48 En música popular se conoce como “bis”.

49 Participó en la ceremonia inaugural de la conferencia de la FAO el 9 de junio de 2015. http://www.fao.org/chile/noticias/detail-events/en/c/293155/

50 El cuadro se llama El espejo de Cronos (1981).

51 https://mma.gob.cl/wp-content/uploads/2015/06/Ley-REP-Ley-No20920.pdf

52 Por ejemplo, una embotelladora debe asumir el costo de recuperación y reciclaje de los envases desechados en los cuales comercializa su producto; a saber, botellas de plástico, latas, etc.

53 Se han publicado reglamentos para neumáticos, artículos electrónicos y algunos otros bienes, pero no para envases de alimentos.

54 Persona en situación de calle.

55 Filme animado de Disney del año 1955.

56 En 2019 fue la imagen de campaña central de la Red de Alimentos.

57 Otro directorio imaginario mientras la iniciativa de Concepción no tuviera personalidad jurídica propia, cosa que se hizo realidad cuando se creó Biobío Solidario.

58 Luis Felipe Bravo, Alberto Miranda, Patricio Bahamondes, Jorge Serón y Roger Sepúlveda.

59 Carta de agradecimiento recibida por el BABBS el 27 de marzo 2019.

60 Expresión latina que significa “a las estrellas”. Filme de 2020 protagonizado por Brad Pitt.

61 Enterprise Resource Planning –en castellano: Planificación de Recursos Empresariales– es un conjunto de sistemas de información que permite la integración de las operaciones de producción, logística, inventario, envíos y contabilidad.

62 Este sistema fue utilizado hasta comienzos del 2020, cuando fue reemplazado por la Red Virtual.

63 Hernán obtuvo un máster en economía en la Université de Paris 1, Panthéon-Sorbonne.

64 http://www.edudown.cl/.

65 The Imitation Game es un filme inglés de 2014, que narra la historia de Alan Turing y la construcción del primer computador. El filme se tradujo al español como El código enigma.

66 https://www.2brains.cl/

67 No se ha realizado de nuevo.

68 En palabras de Google, el objetivo era fomentar la innovación social con ideas que utilizan tecnología para ayudar a resolver los problemas de su país o de la región.

69 https://latam.googleblog.com/2017/11/ganadores-desafiogoogleorg2017.html

70 En total, Desafío Google.org donó más de US$ 5,75 millones a través de fondos provenientes de Google.org, el brazo filantrópico de Google.

71 Ver gráfico en anexos.

72 Las cuadras del centro histórico de la capital miden exactamente cien metros.

73 Aunque cueste creerlo, no existe un catastro nacional de las organizaciones sociales que actualmente operan en el país. Hay datos dispersos en las municipalidades, en las intendencias, en la Segpres, en el Ministerio de Desarrollo Social y en el Registro Civil, pero cada una tiene su propia orientación de acuerdo con sus intereses.

74 En ese entonces, Fondo de Fortalecimiento para Organizaciones de Interés Público. Hoy, Fondo Concursable para Organizaciones Sociales.

75 La Red de Alimentos fue la primera en registrarse.

76 La Red de Alimentos es el donante principal de al menos el 90% de las fundaciones que son parte de esta cadena.

77 La del Biobío estaba cubiertas por BABBS.

78 Calú conocía a Moreno de la época en el JP Morgan, y De Vicente había trabajado con Moreno en el sector privado y luego en el gabinete de la primera administración de Piñera.

79 Quien sería el futuro ministro de Hacienda.

80 Como las compañías no alimenticias no podían comercializar productos con fallas o pequeños desperfectos, o que en su rotulación o su empaquetamiento tuvieran roturas mínimas, debían inutilizarse, quemarse o mojarse como en el caso de los pañales. No porque las empresas quisieran, sino porque el procedimiento que en materia tributaria les permitía descontarlos como gasto, exigía que estos se destruyeran o inutilizaran.

81 http://www.sii.cl/normativa_legislacion/circulares/2018/circu39.pdf

82 La columna se titulaba: “No queremos que algo se destruya sin que las personas se pregunten ¿hay alguien que lo necesita?”. El Mercurio, 5 de agosto de 2018. http://www.economiaynegocios.cl/noticias/noticias.asp?id=493479

83 Lo mismo que años atrás había mencionado Michelle Bachelet en reunión con Calú y otros miembros de la Red de Alimentos (ver Cap. 3).

84 Por ejemplo, una embotelladora debe hacerse cargo de los envases desechados en los cuales comercializa su producto.

85 Diputado de RN, mismo partido del senador Galilea.

86 En términos legislativos, las indicaciones son textos agregados durante el proceso legislativo –ya sea por diputados o senadores– a los proyectos de ley que envía el ejecutivo para su discusión parlamentaria.

87 https://www.diariooficial.interior.gob.cl/edicionelectronica/index.php?date=24-02-2020&edition=42587nelectronica/index.php?date=24-02-2020&edition=42587

88 Sistema de transporte público de superficie de Santiago, ex Transantiago.

89 https://www.t13.cl/noticia/nacional/transporte-publico-anuncia-alza-30-hora-punta-y-metro-llega-830

90 Durante estos meses, no pocas voces comenzaron a pedir que se le cambie el nombre. Esta potestad está en manos de la Alcaldía de Providencia. Y si bien dos concejales lo solicitaron en diciembre de 2019, a junio de 2020 aún no había una resolución al respecto.

91 Mucha gente confunde Plaza Italia con Plaza Baquedano. La Plaza Baquedano es la redonda que está al centro de calle Providencia, con el monumento al general Baquedano montado a caballo. La Plaza Italia está ubicada al costado norte de Plaza Baquedano y su monumento es un león y una figura humana alada con una antorcha en su mano derecha. Este fue un regalo de la colonia italiana al país en 1910.

92 La Red acopia en su bodega los productos de los centros de distribución de las empresas. Los productos que rescata de los supermercados, en cambio, los retiran directamente las organizaciones sociales usando la App.

93 Acrónimo en inglés para Severe Acute Respiratory Syndrome Corona Virus 2. En castellano, Síndrome Respiratorio Agudo Severo Corona Virus 2.

94 Acrónimo en inglés de COrona VIrus Disease: enfermedad del corona virus.

95 15 de marzo.

96 22 de marzo.

97 Federación de gremios empresariales que reúne a las seis agrupaciones sectoriales: agricultura (SNA), banca (ASBIF), comercio (CNC), construcción (CChC), industria (Sofofa) y minería (Sonami). No participan de la CPC las AFP, las Isapre, las aseguradoras, el comercio minorista, los emprendedores ni las grandes mineras, agrupadas en el Consejo Minero.

98 25 de marzo.

99 25 de marzo de 2020.

100 Entre otros, Hogar de Cristo, Pro Salud Renal, Fundación las Rosas, Red de Alimentos y Techo.

101 https://www.chilecomparte2020.cl/#home

102 https://siempreporchile.cl/quienes-somos

103 Vamos chilenos: 18 y 19 de septiembre de 2020.

104 Jefa de control de gestión y desarrollo, ingeniera civil industrial (PUC).

105 Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos de la Universidad de Chile.

106 Subgerenta de desarrollo, ingeniera comercial (UAI).

107 Los envases de estos alimentos tienen fecha de elaboración y una recomendación de consumo del tipo “antes de cinco años”.

108 Exgerente corporativo de Falabella y ex CEO de Sodimac.

109 El programa considera una segunda entrega con la cual totalizarán 225.000 cajas.

110 https://www.latercera.com/nacional/noticia/gobierno-entregara-25-millones-de-cajas-de-alimentos-para-enfrentar-crisis-por-coronavirus/AMWKYZTFQNCU7JQHEGIXCRDDOI/

111 www.comisariavirtual.cl

112 La actividad económica del cuarto trimestre de 2019 cayó (-2,1%) respecto a igual periodo del año anterior.

113 Índice Mensual de Actividad Económica. Sus variaciones se calculan con respecto al mismo mes del año anterior.

114 Se pasó de 294 en diciembre de 2019 a 356 en junio de 2020 (+22%).

115 En nuestro país se les dice “coleros” a quienes se ponen al final de la feria, después de los últimos puestos “oficiales”.

116 Además, la Red entregó informes quincenales a la CPC sobre cómo se estaban gastando los recursos.

117 https://www.foodbanking.org/world-hunger-could-double-due-to-covid-19/

118 El título de este capítulo hace referencia al libro de Margot Lee Shetterly. En inglés, este tiene dos posibles significados: figuras ocultas y cifras ocultas. La obra cuenta la historia de tres mujeres afroamericanas que participaron en los primeros años del desarrollo matemático en la NASA. Aquí también hacemos referencia a las cifras y a las personas que han hecho posible el enorme crecimiento y alcance de la gestión de la Red.

119 Ficha resumen 2019.

120 La operación de 2014 solo considera cinco meses, de agosto a diciembre.

121 Ídem.

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284 стр. 107 иллюстраций
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9789561236066
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