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BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 64
DEMÓSTENES
DISCURSOS
PRIVADOS
I
INTRODUCCIONES, TRADUCCIÓN Y NOTAS DE
JOSÉ MANUEL COLUBI FALCÓ

EDITORIAL GREDOS
Asesor para la sección griega: CARLOS GARCÍA GUAL.
Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por JUAN MANUEL GUZMÁN HERMIDA.
© EDITORIAL GREDOS, S. A.
Sánchez Pacheco, 81, Madrid. España, 1983.
ISBN 9788424930844.
REF. GEBO186.
XXVII
CONTRA ÁFOBO, POR LA TUTELA, I
INTRODUCCIÓN
Demóstenes de Peania, padre de nuestro orador, muere dejando viuda, Cleobula, descendencia (hijo, Demóstenes, de siete años, e hija, de cinco) y una considerable fortuna, que asciende a trece talentos y cuarenta y seis minas. Su testamento, otorgado en trance de muerte, contiene disposiciones de diversa índole: designación de tutor, concesión de legados, ofertas de matrimonio, que condicionan la percepción de los legados, de su viuda e hija, y normas para la futura administración de los haberes, cuyo heredero es el hijo; pero el documento ha desaparecido, de modo que nuestra única fuente de información sobre la materia son las afirmaciones del orador.
Cuando Demóstenes alcanza la mayoría de edad impugna las cuentas de la tutela y procesa, en primer lugar, a Áfobo, uno de sus tres tutores, mediante el ejercicio de la acción pertinente al caso, la díkē epitropês, en 364/3 a. C. El laudo del arbitraje público es favorable al orador; no obstante, en virtud de la impugnación del demandado la causa llega hasta el tribunal, en cuya presencia Demóstenes pronuncia este discurso. De corte tradicional, contiene una minuciosa descripción de los hechos y finas argumentaciones que, mediante la prueba de una dolosa administración de los caudales hereditarios llevada a cabo por los tutores, conducen a que nuestro orador eleve, en su momento, una estimación de diez talentos contra el condenado. Dicha estimación fue aceptada por los jueces en su sentencia.
Finalmente, hay que añadir que el discurso es interesante no sólo por la celebridad de la causa y su influencia en la labor que posteriormente desempeñará Demóstenes, sino también por las abundantes noticias que ofrece al lector en materia de derecho ático: en él se conjugan datos de derecho de familia y sucesiones, derechos de usufructo, uso y habitación, derechos reales de garantía, préstamos, usos y prácticas mercantiles, distinciones, jurídicamente aceptadas, entre capital activo y no activo, fortuna visible e invisible, etc.
NOTA SOBRE LA EDICIÓN
Los pasajes en que no he seguido la edición de Rennie (Demosthenis orationes, Oxford, 1921 [reimpr. 1974]) son:

ASUNTO
Demóstenes de Peania, padre del orador Demóstenes, en trance [1] de muerte instituye para sus dos hijos, Demóstenes y una hija, tres tutores, encargados de la tutela de los pupilos y sus bienes; dos, parientes suyos, Áfobo y Demofonte, y uno, amigo de la infancia, Terípides. Lega a Terípides el usufructo de setenta minas hasta que Demóstenes sea inscrito en el registro de mayores de edad 1 ; otorga su hija como esposa a Demofonte, disponiendo que éste perciba dos talentos a título de dote, y, por otra parte, dispone que su mujer, la madre de los niños, Cleobula, la hija de Gilón, se case con Áfobo, legando también a éste ochenta minas, y ordena que disfrute de su casa y los muebles que hay en ella hasta la inscripción de Demóstenes en el registro de mayores de edad. Los citados entran inmediatamente en posesión de los bienes que [2] les han sido legados, pero ni Áfobo desposa a la mujer del finado, ni Demofonte a la hija. Después de haber administrado una herencia de catorce talentos, según indica el orador, aunque debían devolver en concepto de rentas y capital treinta talentos, entregaron a Demóstenes, tras su inscripción en el registro de mayores de edad, una cantidad irrisoria. Por ello ha comparecido ante el tribunal 2 en un proceso por tutela incoado contra Áfobo con una valoración de diez talentos, porque, siendo tres los autores, es deudor de un tercio de la suma 3 ; suma que valora el orador según el principal y su renta.
Contra Áfobo, II. Este discurso ha sido pronunciado como [3] réplica a ciertas manifestaciones en contra hechas por Áfobo, y contiene también una memoria de lo anteriormente alegado.
Jueces, si Áfobo hubiese querido cumplir en justicia [1] o someter al arbitraje de parientes nuestras diferencias, no hubiera habido ninguna necesidad de procesos ni de molestias, pues habría bastado con atenerse a lo dictaminado por aquéllos para que no tuviéramos ninguna desavenencia con él. Ahora bien, puesto que este sujeto rehuyó que quienes conocen bien nuestros asuntos resolvieran al respecto, y, en cambio, ha venido ante vosotros, que no conocéis con exactitud ninguno de ellos, preciso es que en presencia vuestra intente alcanzar de él el cumplimiento de [2] lo justo. Pues bien, jueces, sé que, frente a hombres versados en la oratoria y capaces de cualquier manejo, es difícil oponerse en un proceso por la totalidad de su fortuna para quien es completamente inexperto en cuestiones de éstas a causa de su edad. Empero, aunque le soy muy inferior, tengo muchas esperanzas de alcanzar mis derechos en vuestro tribunal y hasta de exponer los hechos e informar suficientemente, de modo que no carezcáis del conocimiento de los asuntos, ni siquiera en detalle, ni ignoréis los [3] puntos sobre los que habéis de emitir voto. Os suplico, jueces, que me escuchéis con recta intención y, si os parece que he sido víctima de injusticia, me prestéis justa ayuda, que, por mi parte, formularé los alegatos del modo más breve posible a mi alcance. Por tanto, intentaré, en primer lugar, informaros tomando como punto de partida aquel que os facilite más el conocimiento de los hechos.
[4] En efecto, jueces, Demóstenes, mi padre, dejó una hacienda de casi catorce talentos, unos hijos, yo, de siete años, y mi hermana, de cinco, y nuestra madre, que había aportado a la casa una dote de cincuenta minas. En sus decisiones sobre nosotros, cuando estaba a punto de morir, puso todos estos bienes en manos de Áfobo, aquí presente, de Demofonte, el hijo de Demón —estos dos eran sobrinos suyos, el uno nacido de su hermano y el otro de su hermana— y también en las de Terípides de Peania, que, si bien no le tocaba nada por linaje, era amigo suyo desde la infancia. Legó al último el usufructo de setenta minas [5] de mis haberes, durante tanto tiempo como mediara hasta la superación por mi parte del examen de mayoría de edad, con el fin de que por ambición de dinero no administrara mal mi caudal; otorgó a Demofonte mi hermana como esposa y la inmediata entrada en posesión de dos talentos, y a este sujeto nuestra madre, una dote de ochenta minas, el derecho de habitación de la casa y el uso de mis muebles, pues creía que si hacía a los citados más vinculados a mí no sería yo peor tutelado, por la adición de ese parentesco. Estos individuos, después de haber percibido [6] primero dichos bienes del caudal relicto para sí mismos, administrado toda la hacienda restante y ejercido su tutela sobre nosotros durante diez años, han entregado la casa, catorce esclavos y treinta minas de plata, lo que asciende en total, y como mucho, a setenta minas, y me han despojado de todo lo demás. Éste es, jueces, el resumen de sus desafueros, [7] según podría expresarse con la mayor concisión; pero ellos son mis mejores testigos de que la cifra citada era el montante total de la hacienda relicta, pues concertaron ingresar en mi nombre en la simoría 4 quinientas dracmas por cada veinticinco minas, cuanto ingresaban Timoteo, el hijo de Conón 5 , y quienes tienen las estimaciones más elevadas. Pero, por otra parte, preciso es también que vosotros escuchéis punto por punto los elementos productivos de dichos bienes, cuántos eran improductivos y a cuánto ascendía el valor de cada uno, pues si llegáis a conocerlos con exactitud, os daréis cuenta de que nadie de quienes ejercieron una tutela ha robado tan a la descarada [8] y claramente como ellos lo nuestro. Pues bien, en primer lugar presentaré testigos de que concertaron ingresar en mi nombre la citada contribución en la simoría y, a continuación, de que mi padre no me dejó pobre ni tampoco poseedor de una hacienda de setenta minas, sino de una tan grande que ni ellos mismos pudieron, por su cuantía, ocultarla a la ciudad. Tómame este testimonio y léelo 6 .
TESTIMONIOS *
[9] Así pues, por lo testimoniado resulta evidente el total de la hacienda. Tres talentos son, en efecto, la estimación de quince talentos, y ésta es la contribución que creyeron justo ingresar. Pero todavía tendréis un conocimiento más exacto si escucháis la relación misma de la hacienda. Efectivamente, jueces, mi padre dejó dos talleres de industria no poco importante cada uno: treinta cuchilleros, dos o tres de cinco o seis minas y los restantes de un valor no inferior a tres minas, de los cuales obtenía un ingreso neto de treinta minas anuales, y fabricantes de literas en número de veinte, entregados como garantía de un préstamo de cuarenta minas, que le producían doce minas netas; y, por otra parte, dinero prestado a razón de una dracma por mina, hasta una suma de un talento, cuyo interés ascendía a más de siete minas cada año. Estos elementos productivos dejó [10] mi padre, como reconocerán esos mismos sujetos; de ellos el montante del principal son cuatro talentos y cinco mil dracmas, y su producción cincuenta minas en cada anualidad. Además de estos elementos, marfil y hierro, que trabajaban, madera para las camas, cuyo valor se elevaba hasta ochenta minas, aceite de nuez y bronce comprados por setenta minas, y también una casa de tres mil dracmas, muebles, copas, joyas y vestidos, el atavío de mi madre, todo esto por valor de unas diez mil dracmas, y ochenta minas de plata en casa. Todos los bienes citados dejó en casa, [11] pero además setenta minas prestadas a la gruesa, préstamo marítimo concedido a la empresa de Juto, dos mil cuatrocientas dracmas depositadas en el banco de Pasión, seiscientas en el de Pílades, en el de Demómeles, el hijo de Demón, mil seiscientas, y un talento prestado igualmente en sumas de doscientas y trescientas dracmas 7 . Pues bien, el montante de estos bienes sube a más de ocho talentos y cincuenta minas, y el de la totalidad, si echáis cuentas, descubriréis que asciende a unos catorce talentos.
Éste era, jueces, el caudal relicto de su hacienda. [12] Cuántos bienes de la misma, cuántos ha tomado cada uno en particular y cuántos tratan de defraudar todos en común, no es posible expresarlos con una misma agua 8 , sino que es preciso tratar cada cuestión por separado. Así pues, en cuanto a los bienes de mi propiedad cuya posesión detentan Demofonte o Terípides, bastará hablar de los mismos cuando hayamos presentado las acusaciones contra ellos, pero sí voy a hacer una relación de los bienes que aquéllos testimonian que este sujeto tiene y de los que yo sé que ha percibido. Así, en primer lugar demostraré que está en posesión de la dote, las ochenta minas, y a continuación hablaré de los demás con la mayor brevedad que pueda.
[13] En efecto, este sujeto, inmediatamente después de la muerte de mi padre, comenzó a habitar la casa, habiendo entrado en ella a tenor del testamento de aquél, y tomó posesión de las joyas de mi madre y de las copas dejadas en herencia. Estos bienes, cuyo valor ascendía a unas cincuenta minas, los tenía él, pero además recibía de Terípides y Demofonte el precio de los esclavos que eran vendidos hasta que hubo [14] alcanzado el valor de la dote, las ochenta minas. Cuando ya la tuvo, y estando a punto de zarpar hacia Corcira en calidad de trierarco 9 , firmó una declaración a Terípides diciendo que poseía dichos bienes y reconoció haber recibido la dote. Testigos de esto son, en primer lugar, Demofonte y Terípides, los colegas de tutoría de este sujeto, pero, además, Demócares de Leuconeo, el que está casado con mi tía, y otros muchos son también testigos de que él reconocía estar [15] en posesión de lo citado. En efecto, como no diese alimento a mi madre, pese a tener su dote, ni quisiera dar en arrendamiento el patrimonio, sino que pretendiera administrarlo junto con los otros tutores, Demócares entró en conversaciones con él sobre estos temas. Este tipo, después de haberle oído, ni negó que la poseyera ni tampoco llevó a mal el hecho como si no hubiese recibido nada, sino que lo reconoció y dijo, además, que tenía que hacer una pequeña observación a mi madre sobre unas joyas y que, cuando hubiese aclarado este asunto, obraría de tal modo que todo me quedara correctamente arreglado respecto de la alimentación y los demás puntos. En verdad, [16] si resulta evidente que ha reconocido estos hechos ante Demócares y las otras personas que se hallaban presentes; que ha recibido de Demofonte y Terípides el precio de los esclavos hasta completar la dote; que ha firmado a sus cotutores una declaración de estar en posesión de la dote, y que ha habitado la casa desde el mismo momento en que murió mi padre, ¿cómo no va a ser un hecho manifiesto, según todos los extremos de este reconocimiento, que ha recibido públicamente la dote, las ochenta minas, y que con harta desvergüenza niega haber entrado en posesión de la misma? Como prueba de que digo [17] verdad, toma los testimonios y lee.
TESTIMONIOS
Así pues, la dote la recibió de este modo y sigue en posesión de la misma. Mas, puesto que no se casó con mi madre, la ley dice que es deudor de la dote con un interés de nueve óbolos, pero yo pongo dicha tasa en una dracma sólo, suma que asciende a unos tres talentos, si se suman el principal y los intereses de diez años. De este modo os demuestro que recibió [18] las citadas cantidades y que reconoció tenerlas en su poder delante de tan numerosos testigos; pero además tiene otras treinta minas por haber cobrado la renta del taller, y ha procurado defraudarlas con menos vergüenza que nadie. Mi padre dejó treinta minas, el producto de los mismos esclavos, mas como estos tipos vendieron la mitad de dichos esclavos, según proporción sería de derecho que yo percibiera [19] quince minas. Pues bien, Terípides, que se encargó de los esclavos durante siete años, declaró once minas para cada anualidad, cuatro minas menos de lo que debiera según su cálculo. Este sujeto, en cambio, que en un principio se ocupó de ellos durante dos años, no declara nada, sino que unas veces dice que el taller estuvo parado, otras que él no tuvo su gestión, sino que Milias, el administrador, liberto nuestro, fue quien llevó la administración de dichos bienes, y que de él debo recibir las cuentas. Bien; si todavía ahora aduce alguno de esos pretextos, fácilmente [20] se demostrará que miente. Así, si dijera que estuvo parado, él mismo ha presentado una cuenta de gastos, no en alimentos para los esclavos, sino de fabricación: el marfil de la confección de los mangos de los cuchillos, y otros utensilios, cuenta indicadora de que los artesanos trabajaban. Todavía más: incluye en la cuenta haberle pagado a Terípides el alquiler de tres esclavos que tenía en mi taller. Ciertamente, si no hubiese habido fabricación, no sería justo que aquél percibiese alquiler, ni que se me contabilizaran [21] esos gastos. A su vez, si afirma que la hubo, pero también crisis de compradores de los productos, preciso es, sin duda, que demuestre claramente que me ha hecho entrega de los productos, y presente los testigos en cuya presencia hizo la entrega. Pero si no ha hecho nada de eso, ¿cómo no va a estar reteniendo las rentas de dos años producidas por el taller, treinte minas, siendo así que la producción ha [22] sido tan manifiesta? Mas si no reconoce ninguno de estos puntos y, en cambio, afirma que Milias lo ha administrado todo, ¿cómo hay que dar crédito a sus asertos cuando dice que ha pagado personalmente los gastos, más de quinientas dracmas, pero, si ha habido algún ingreso, es aquél quien lo tiene? Porque me parece que habría sucedido lo contrario: si Milias se hubiera ocupado de ellos, hubiese satisfecho él los gastos y este sujeto percibido los ingresos, si hay que conjeturar el carácter y su impudencia comparándolos con el otro. Toma, pues, estos testimonios y léeselos.
TESTIMONIOS
Así pues, retiene en su poder estas treinta minas [23] producto del taller y su interés de ocho años. Interés que, si se contabiliza en una dracma solamente, se verá que sube a otras treinta minas. Y él solo, particularmente, se ha apropiado de este dinero, que sumado con el principal a la dote asciende a unos cuatro talentos. Por otra parte, de las cantidades que ha sustraído en común con los otros cotutores y de unos cuantos caudales cuya transmisión testamentaria ha discutido totalmente voy a daros ahora una prueba detallada. En primer lugar, respecto de los fabricantes [24] de lechos que dejó mi padre y que éstos ocultan, dados en garantía de cuarenta minas y que son en número de veinte, os demostraré cuán impudente y manifiestamente pretenden sustraérmelos. En efecto, todos reconocen que dichos operarios quedaron en nuestra casa y afirman que producían a mi padre doce minas cada año, pero ellos declaran que en diez años no he tenido ningún ingreso de los mismos, ni siquiera pequeño, y este sujeto, además, calcula en casi mil dracmas el montante de gastos realizados en ellos. ¡A tal grado de desvergüenza ha llegado! [25]Sin embargo, esos hombres, en quienes afirma haber efectuado los citados gastos, no me los han entregado jamás, sino que aducen el más fútil de todos los argumentos: que quien dio a mi padre los esclavos como garantía es el más sinvergüenza de los hombres, que ha dejado impagados infinitos préstamos sin interés y está comido por las deudas, y han llamado a no pocos como testigos de los citados hechos; pero no pueden decir quién es el que se apoderó de los esclavos, cómo salieron de la casa, quién los reivindicó, [26] en qué proceso por ellos han perdido. Verdaderamente, si alegaran algo razonable no presentarían testigos de la ruindad de aquél, de la cual no debo preocuparme, sino que intentarían recuperarlos, manifestarían quiénes fueron los que se los apropiaron y no omitirían ninguno de dichos extremos. En cambio, ¡hombres los más desalmados del mundo!, aunque reconocen que fueron dejados en la herencia, que se los llevaron a sus casas y sacaron jugo a los hombres durante diez años, ¡ocultan total, enteramente el taller! Como prueba de que digo verdad, tómame los testimonios y lee.
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[27] Pues bien, que Meríades no era insolvente ni mi padre había acordado estúpidamente ese contrato relativo a los esclavos, lo sabréis por medio de una prueba irrefutable: en efecto, habiendo tomado a su cargo Áfobo el citado taller, según vosotros mismos habéis oído a los testigos, y siendo obligación suya, por ser tutor, oponerse en caso de que algún otro pretendiese concertar un contrato sobre ellos, prestó a Meríades con la garantía de los citados esclavos quinientas dracmas, que ha reconocido haber recibido de aquél cabal y justamente 10 . En verdad, ¿cómo no [28] va a ser indignante que a nosotros, los que primero contratamos, no nos quede de ellos ingreso alguno e, incluso, se nos hayan perdido los bienes objeto de la garantía y, en cambio, a él, que efectuó un préstamo contra bienes nuestros y durante tanto tiempo ha hecho negocio, le hayan sido abonados los intereses y el principal con cargo a nuestros bienes, y no haya habido dificultad alguna? En prueba de que digo verdad, toma el testimonio y lee.
TESTIMONIO
Fijaos, pues, de cuánto dinero me despojan estos [29] sujetos en el capítulo de los fabricantes de lechos: cuarenta minas, el capital en sí, y su producto de diez años, dos talentos; pues percibían como ingreso de ellos doce minas anuales. ¿Es, acaso, una cantidad pequeña, procedente de alguna fuente desconocida y fácil de omitir en una contabilidad? ¿No han robado así, manifiestamente, la citada suma, casi casi tres talentos? De los bienes robados en común tengo, sin duda, derecho a recibir de este sujeto la tercera parte.
Además, jueces, también en lo referente al marfil [30] y hierro heredados han actuado poco más o menos de un modo semejante al antedicho, pues tampoco declaran estos bienes. Ciertamente, no es posible que quien es dueño de tantos fabricantes de lechos y dueño de tantos cuchilleros no deje marfil ni hierro, sino que es preciso que los haya. Porque ¿en qué habrían trabajado si no los hubiera habido? Pues bien, el [31] dueño de más de cincuenta esclavos y empresario de dos talleres, uno de los cuales, el destinado a la fabricación de lechos, consumía fácilmente dos minas mensuales de marfil, y la cuchillería no menos de otro tanto, además del hierro, niegan que haya dejado [32] nada de eso. ¡A tal grado de impudor han llegado! Mas por esto mismo fácil es comprender que sus afirmaciones no merecen crédito. Pero, por otra parte, que aquél dejó una cantidad de material tan grande que no sólo era suficiente para dar trabajo a sus propios operarios, sino incluso para ser vendida a cualquier otra persona que quisiera comprarla, resulta patente del hecho de que él mismo en vida la vendía, y también Demofonte y este sujeto, cuando ya había muerto mi padre, vendían desde mi casa a quienes [33] querían adquirir. Así pues, ¿en cuánto hay que calcular el material relicto, siendo así que, por lo que se ve, abastecía tan importantes talleres y, además, era vendido por los tutores? ¿En poco o en mucho más que lo que se reclama? Toma, pues, estos testimonios y léeselos.
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Así pues, es más de un talento de marfil que ni en existencias ni en objetos fabricados me declaran, sino que lo ocultan total y absolutamente.
[34] Además, jueces, según la cuenta que presentan y tomando como punto de partida lo que ellos reconocen haber percibido, os demostraré que los tres retienen más de ocho talentos de mi fortuna y que, de éstos, Áfobo particularmente se ha apropiado de tres talentos y mil dracmas, y eso que calculo en más los gastos, en el polo opuesto a esta gente, y resto cuanto me devolvieron de los citados bienes, para que veáis [35] que sus manejos son de no poca desvergüenza. Efectivamente, reconocen haber recibido de mi fortuna, éste ciento ocho minas, aparte de lo que yo os demostraré ahora que retiene, Terípides dos talentos y Demofonte ochenta y siete minas. Esto asciende a cinco talentos y quince minas. Pues bien, lo que no fue retirado en conjunto son casi setenta y siete minas, el rendimiento de los esclavos, y lo que dichos sujetos percibieron inmediatamente, un poco menos de cuatro talentos; si a esa suma añadís la renta de los diez años, calculado su interés en una dracma sólo, veréis que, con el principal, son ocho talentos y mil dracmas. Ahora de las setenta y siete minas procedentes [36] del taller hay que deducir la alimentación. En efecto, Terípides daba siete minas cada año para este fin, y nosotros reconocemos haber recibido dicha cantidad, de suerte que, aun cuando ellos han gastado en nuestra alimentación setenta minas durante los diez años, el sobrante, las setecientas dracmas, lo pongo en su favor y he calculado más que estos sujetos. Por otra parte, lo que me entregaron cuando hube superado el examen de mayoría de edad y cuanto han ingresado en el erario ha de ser deducido de los ocho talentos y pico. Pues bien, [37] éste y Terípides me devolvieron treinta y una minas, y en concepto de tributos calculan haber ingresado dieciocho minas. Pero yo, sobrepasando con creces dicha cifra, la fijaré en treinta minas, con objeto de que nada puedan oponer a este respecto. En consecuencia, si restáis el talento de los ocho talentos, siete son los que quedan, y éstos necesariamente han de tenerlos ellos de las cantidades que los mismos reconocen haber percibido. Pues bien, aunque intentaran despojarme de todo lo demás negando estar en su posesión, sería de justicia que me hubiesen reintegrado dicha cantidad, puesto que confiesan haberla recibido de mi fortuna. Pero, en realidad, ¿qué hacen? No [38] declaran ninguna renta para el dinero y dicen, además, que han gastado todo el principal junto con las setenta y siete minas; Demofonte incluso nos registró como deudores suyos. ¿No es esto una arrogante y manifiesta desvergüenza? ¿No es el colmo de una escandalosa avaricia? ¿Qué, pues, es el escándalo, si parece que esos comportamientos no contienen tales [39] excesos? Así pues, este sujeto, incluso reconociendo haber percibido por su parte ciento ocho minas, sigue en posesión de ellas y de su renta de diez años, aproximadamente tres talentos y mil dracmas. Como prueba de que digo verdad, de que en las cuentas de la tutela, aun cuando cada uno reconoce haber recibido el citado ingreso, incluye haberlo gastado enteramente, toma los testimonios y lee.
TESTIMONIOS
[40] Creo, pues, jueces, que ya sabéis lo suficiente sobre estos puntos: cuánto pretenden robar y cuántos fraudes intentan cometer cada uno de ellos; pero los habríais conocido todavía con mayor exactitud si estos tipos hubieran querido devolverme el testamento que mi padre dejó. Efectivamente, en él constaban por escrito, según dice mi madre, todos los bienes que mi padre dejó, de cuáles debían percibir ésos los [41] legados y cómo arrendarían el patrimonio. Ahora, cuando yo lo reclamo, reconocen que fue dejado uno, pero no lo exhiben. Obran así porque no quieren poner de manifiesto la cuantía del caudal relicto, que éstos han hecho objeto de sus rapiñas, y para no dar la impresión de que están en posesión de los legados, como si no fueran a ser convencidos fácilmente por el mismo hecho. Tómales los testimonios de las personas en cuya presencia respondieron y lee.
TESTIMONIOS
Éste afirma que hubo testamento, y atestigua que [42] fueron entregados a Demofonte los dos talentos y a este sujeto las ochenta minas; pero dice que no constaban las setenta minas que Terípides percibió, ni tampoco la cantidad de hacienda relicta ni cómo arrendarían el patrimonio; porque no le conviene añadir esa confesión. Toma ahora la respuesta de éste.
TESTIMONIO
Éste, a su vez, afirma que hubo testamento, y que [43] el dinero procedente de bronce y aceite de nuez fue entregado a Terípides, cosa que éste niega, y los dos talentos a Demofonte; respecto de los dineros que le fueron legados, dice que constaban por escrito, pero que él no convino, para no dar a entender que los recibió. Tampoco declara en absoluto este sujeto el montante de la hacienda ni la obligación de arrendar el patrimonio, pues no le interesa añadir esa confesión. Así pues, no es menos evidente la cuantía del [44] caudal relicto, por mucho que éstos se esfuercen en ocultar la herencia, por el testamento, por cuya virtud reconocen que a unos y a otros les fueron otorgados tan importantes legados. En efecto, quien de cuatro talentos y tres mil dracmas ha legado a unos tres talentos y dos mil dracmas como dote, y al otro el derecho de usufructo de setenta minas, pone, sin duda, en evidencia a todos que restó esas cantidades de una no exigua fortuna, sino superior en el doble a la que me dejaba. Porque no se concibe que deseara [45] dejarme a mí, su hijo, pobre y, en cambio, a éstos, que eran ricos, haya querido hacerlos todavía más ricos, sino que en razón del total de bienes de que me instituía heredero legó a Terípides tan fuerte suma, y a Demofonte, que todavía no iba a contraer matrimonio con mi hermana, el derecho de usufructo de los dos talentos para conseguir una de dos: estimularles por medio de los legados a ser más probos en el ejercicio de la tutela, o bien, en caso de que fuesen unos corruptos, que no alcanzaran de vosotros indulgencia ninguna por haber cometido contra nosotros desafueros como éstos a pesar de tantas [46] liberalidades recibidas. Pues bien, este mismo individuo, que, además de la dote, tomó posesión de las esclavas y habitó la casa, cuando ha de rendir cuentas de estos hechos, dice que se ocupaba de sus negocios; y a tal grado de mezquindad llegó, que incluso ha privado de sus honorarios a mis maestros y no hizo el depósito de algunas contribuciones, pero me los carga en cuenta. Toma ahora estos testimonios y léeselos.
TESTIMONIOS
[47] ¿Cómo, pues, se podría demostrar con mayor precisión que todo lo ha robado y no ha perdonado ni las minucias, que probándolo de este modo, con tantos testigos e indicios? ¿Que reconoció haber percibido la dote y firmó a los tutores una declaración de que estaba en su posesión; que ha disfrutado del [48] taller y no declara su ingreso; y, en cuanto a los demás bienes, que ha vendido unos y no entregado su importe, ocultado otros una vez posesionado de ellos, que intenta robar tantos incluso contra la cuenta que él mismo presentó, y, además, que ha hecho desaparecer el testamento, vendido los esclavos y, en suma, que lo ha administrado todo tal como no lo hubiesen hecho ni los peores enemigos? Yo no sé cómo se podría probar con más claridad.
Pues bien, ante el árbitro 11 tuvo la osadía de decir [49] que con el dinero había pagado en mi nombre numerosas deudas a Demofonte y Terípides, los cotutores, y que habían tomado muchos de mis bienes aunque no puede probar ninguna de estas dos afirmaciones. En efecto, ni demostró que mi padre me había dejado como deudor en su documentación, ni ha presentado en calidad de testigos a esas personas a quienes dijo haber satisfecho las citadas cantidades, ni, a su vez, la cuantía de la fortuna que refería a los cotutores es tanta como la que evidentemente tomó él personalmente, sino inferior en mucho dinero. Interrogado por el árbitro acerca de cada uno de [50] estos puntos, sobre si había administrado su fortuna con cargo a las rentas o gastando el principal y si, en caso de que hubiera estado sometido a tutela, hubiese aceptado de sus tutores tal relación de cuentas o bien exigiría recuperar el capital con las rentas producidas, nada respondió a esto, sino que me dirigió un requerimiento diciendo que estaba dispuesto a demostrarme que la hacienda era de diez talentos; si faltaba algo, dijo que él lo añadiría. Mas como yo [51] le exhortase a que demostrara eso ante el árbitro, no lo demostró, ni tampoco que los cotutores hubiesen hecho un reintegro (pues no le habría condenado), sino que incluyó en la urna tal prueba testifical, sobre la que procurará decir algo. Pues bien, si ahora dice que los tengo yo, preguntadle quién hizo la entrega y exigid que presente testigos de cada hecho. [52] Por otra parte, si, calculando lo que hay en el haber de cada uno de los tutores, dijera que están en mi poder de esa manera, será evidente que aduce una suma inferior en el doble, pero sin demostrar que yo posea nada más. Pues del mismo modo que logré demostrar que éste retenía tanto dinero, así también probaré que cada uno de aquéllos guarda sumas no inferiores a las citadas. Consecuentemente, no debe hacer tal alegato, sino que él en persona o los cotutores hicieron la entrega. Si no demuestra esto, ¿cómo habéis de atender vosotros a ese requerimiento? No prueba, en efecto, que yo posea nada más.
[53] Pues bien, sumido en graves dificultades ante el árbitro sobre todos estos puntos y refutado en cada detalle al igual que ahora en vuestro tribunal, osó proferir la más indignante de las mentiras: que mi padre me había dejado cuatro talentos ocultos bajo tierra y hecho dueña de ellos a mi madre. Dijo eso con objeto de que, si yo sospechaba que él iba a aducir tal lance ahora, perdiera el tiempo defendiéndome del infundio cuando debiera formular ante vosotros otras acusaciones en su contra; y si, convencido de que no haría tal declaración, lo pasaba por alto, pudiera ahora decirlo a fin de que vosotros os compadecierais menos de mí, toda vez que daría la impresión [54] de que soy un hombre rico. Y ningún testimonio de eso incluyó quien ha considerado pertinente decir tales tonterías, sino que hizo un alegato pelado, como si se le fuera a conceder crédito por mediación de aquellas manifestaciones. Y cuando se le pregunta en qué ha gastado tanto dinero de mi patrimonio, dice haber pagado deudas en mi nombre, y entonces pretende convertirme en pobre, y en rico siempre que quiere, por lo que parece, puesto que aquél habría dejado en mi casa tan gran suma de dinero. Más fácil es por muchas razones comprender que no es posible que diga verdad, sino imposible que haya sucedido nada de eso. En efecto, si mi [55] padre hubiera desconfiado de estos sujetos, es evidente que no les habría encomendado el resto de sus bienes, ni les hubiese dicho que dejaba los citados valores en esas condiciones, pues nefasta locura hubiera sido hablarles de los bienes ocultos cuando no iba a instituirles tutores de los visibles. Y si tenía plena confianza, no se concibe que hubiese puesto en sus manos la mayor parte de su fortuna y, en cambio, no les hubiera conferido plena autoridad sobre otros. Tampoco habría confiado a mi madre la custodia de esa cantidad cuando a ella misma la dio como mujer a uno de los tutores, a este sujeto; pues no tiene lógica pretender poner a salvo el dinero por medio de mi madre, y hacer dueño de ella y del dinero a uno de quienes desconfiaba. Todavía más: si hubiera [56] sido verdad algo de esto, ¿creéis que él no se hubiese casado con ella, siendo así que le había sido dada por mi padre? Quien en posesión ya de su dote, las ochenta minas, bajo condición de casarse con ella, contrajo matrimonio con la hija de Filónides de Mélita, si dentro hubiera habido cuatro talentos y, por si fuera poco, siendo aquélla su poseedora, según dice este sujeto, ¿no creéis que habría corrido a convertirse en dueño de los mismos y de la mujer? Quien saqueó tan vergonzosamente junto con sus [57] colegas de tutela la fortuna visible, cuya transmisión testamentaria conocían los más de vosotros, ¿habríase abstenido de aquellos bienes de los que no ibais a ser testigos vosotros, siéndole posible tomarlos? ¿Quién lo creería? Eso no es posible, jueces, no es posible, sino que los bienes que dejó mi padre los entregó todos a ésos, mas este individuo recurrirá a esas falacias para que menos compasión alcance yo en vuestro tribunal.
[58] Pues bien, aunque yo puedo formular contra este tipo muchas y diferentes acusaciones, diciendo una sola, el corolario de todo, desvirtuaré todas sus defensas. En efecto, le hubiera sido posible no tener ninguno de estos problemas arrendando el patrimonio a tenor de las siguientes leyes. Toma las leyes y lee.
LEYES
A Antidoro, de una fortuna de tres talentos y tres mil dracmas, le fueron entregados seis talentos y más, fruto de haber sido arrendada durante seis años a tenor de las citadas leyes, y eso lo vieron algunos de vosotros; pues Teógenes de Probalinto, el arrendatario de su patrimonio, contó en el ágora ese dinero. [59] A mí, de una fortuna de catorce talentos en diez años, según el tiempo y el precio del arrendamiento pagado por aquél, me hubiera correspondido tener más del triple verosímilmente; preguntadle por qué no hizo eso. Pues si dice que era mejor que no fuera arrendado el patrimonio, demuestre, no que se me ha convertido en el doble o el triple, sino que me ha sido devuelto el mismo principal en su totalidad. Pero si de catorce talentos no me han entregado ni setenta minas, e incluso uno me ha registrado como deudor suyo, ¿cómo va a ser justo aceptar algo de lo que dicen esos tipos? De ninguna de las maneras, sin duda.
[60] Pues bien, habiéndoseme transmitido testamentariamente una hacienda de la cuantía que habéis oído en un principio, cuya tercera parte producía una renta de cincuenta minas, cuando les era posible a estos sujetos, gente la más insaciable de riquezas, aunque no quisieran arrendar el patrimonio, alimentarnos y atender a las obligaciones para con el Estado con las citadas rentas, dejando las cosas en su lugar tal como estaban, y depositar cuanto sobrara una vez deducidos esos gastos, y después de haber puesto en [61] producción el resto de la hacienda, que era el doble de ésta, retirar de los productos cantidades moderadas para sí mismos, si ambicionaban dinero, y hacer más grande mi patrimonio con los ingresos dejando intacto el principal, nada de eso hicieron, sino que, vendiéndose mutuamente los esclavos de mayor valor y ocultando completamente el resto, me privaron de la renta que yo tenía en un principio y para ellos prepararon una no pequeña a mis expensas. Adueñados [62] con tanta desvergüenza de todo el resto, a una todos niegan que me haya sido dejada más de la mitad de la fortuna y, como si fuera sólo de cinco talentos, han presentado las cuentas de tan elevados haberes sin declarar la renta de los mismos ni poner de manifiesto el capital, sino afirmando, en el colmo del impudor, haber gastado el propio principal. Y no se [63] avergüenzan de su atrevimiento. En verdad, ¿qué me habría pasado por su causa si hubiera estado sometido a tutela durante más tiempo? No podrían decirlo. Pues cuando, después de transcurridos diez años, he recobrado de unos tan insignificantes sumas y por el otro he sido, además, registrado como deudor suyo, ¿cómo no va a ser justo enojarse? Está completamente claro: si hubiese quedado huérfano a la edad de un año y sometido a su tutela durante seis años más, no habría recibido de ellos ni siquiera ese poco. Porque, si aquellos gastos son correctos, los bienes ahora devueltos no hubieran sido suficientes para seis años, sino que o me habrían mantenido a sus expensas, o me hubiesen dejado morir de hambre. En verdad, [64] ¿cómo no va a ser escandaloso que otros patrimonios de uno o dos talentos transmitidos en herencia se hayan convertido en dobles o triples como consecuencia de su arrendamiento, hasta el punto de considerarse justo que sostengan una liturgia, y el mío, en cambio, hecho a desempeñar trierarquías y a satisfacer importantes contribuciones, no pueda ni siquiera con las pequeñas por las desvergüenzas de estos tipos? ¿Qué calificativos pueden resultar exagerados para describir su conducta? ¿Unos sujetos que han ocultado el testamento convencidos de que iban a pasar desapercibidos, administrado sus propias haciendas con mis rentas, hecho mucho mayores de lo que eran sus capitales con los míos y aniquilado todo el montante de mi fortuna como si hubieran sufrido [65] por mano nuestra las más graves injusticias? Vosotros, siempre que condenáis a alguno de los que os hacen víctimas de sus delitos, no le priváis de todos los bienes, sino que por compasión hacia sus esposas y pequeños les dejáis una parte; pero éstos son tan distintos de vosotros que, a pesar de haber recibido de nosotros unos legados para que desempeñaran con justicia la tutela, nos han hecho víctimas de tales desafueros. Y no sienten vergüenza, sino compasión, de que mi hermana, dotada por mi padre con dos talentos, no pueda alcanzar ninguno de sus derechos, sino que como enemigos, y no como amigos y familiares testamentarios, no han hecho caso ninguno de su [66] parentesco. Yo, el más infortunado de los hombres todos, confuso estoy ante estos dos problemas: cómo dotar a ésta y de dónde administrar el resto. Por otra parte, la ciudad insiste más y más en que pague la contribución, y con justicia, pues mi padre me dejó una fortuna suficiente para ello. Pero estos sujetos han depredado todos los bienes transmitidos. [67] Y ahora, cuando pretendo recobrar lo mío, expuesto estoy al más grave riesgo. Pues si éste me sale absuelto, ¡ojalá no suceda eso!, pagaré la epobelía 12 , cien minas. Para él, si le condenáis, el proceso es estimable, y no con su dinero, sino con el mío efectuará el pago; para mí, en cambio, esto es inestimable, de suerte que no sólo quedaré privado de mis bienes paternos, sino, además, despojado de los derechos cívicos, a no ser que vosotros sintáis ahora compasión hacia nosotros. Así pues, jueces, os ruego, imploro [68] y suplico que, acordándoos de las leyes y juramentos que prestáis cuando desempeñáis funciones judiciales, nos auxiliéis en justicia y no me estiméis en más las súplicas de este sujeto que las nuestras. De derecho es que tengáis piedad no de los hombres injustos, sino de quienes contra razón están sumidos en el infortunio; no de los que depredan con tanta crueldad lo ajeno, sino de nosotros, que desde hace mucho tiempo estamos privados de los bienes que nuestro padre nos dejó, somos víctimas de las insolencias de estos desalmados y ahora corremos el riesgo de la [69] degradación cívica. Inconsolable, creo, sería el llanto de mi padre si supiera que yo, su propio hijo, estoy amenazado de epobelía por culpa de las dotes y legados que él mismo dio a estos sujetos y que, mientras otros ciudadanos han dotado con su dinero a las hijas no sólo de sus parientes, sino de sus amigos indigentes, Áfobo no quiere devolver la dote que tomó, y eso en el décimo año.
1 A los dieciocho años se alcanzaba la mayoría de edad, que requería un examen oficial e inscripción en el registro del demo.
2 Alcanzada la mayoría de edad. gozaba el ex-pupilo de un plazo de cinco años para promover proceso contra su tutor.
3 Propiamente, Áfobo está sometido a un tercio de las responsabilidades dimanantes de la gestión de bienes, que había sido colectiva, mas es deudor único de la cantidad que bajo condición le fuera legada.
4 Los 1.200 ciudadanos más ricos (120 por tribu) estaban divididos en 20 secciones de 60, llamadas simorías, cuyos miembros habían de pechar con determinados servicios públicos o liturgias y ciertos impuestos especiales.
5 Timoteo, discípulo de Isócrates, fue un general que se esforzó en consolidar la hegemonía ateniense en el mar. Conón, su padre, tuvo también bajo su mando la flota ática y derrotó a los lacedemonios en Cnido. Cf. Contra Timoteo.
6 El testimonio, que antes era depuesto oralmente ante los jueces, es ahora leído en presencia de los mismos.
* Sólo en Contra la excepción de Lácrito, Excepción contra Panténeto, Contra Macártato, sobre la herencia de Hagnias (los tres, en este vol. I), Contra Estéfano, por falsos testimonios, I y II, Contra Dionisodoro, por daños, y Contra Neera (estos cuatro últimos, en el vol. II) se conservan, totalmente o en parte, los contenidos a que hacen referencia los epígrafes intitulados «Testimonios», «Leyes», etc. En estos casos, al igual que en los relativos a «Asunto», el contenido aparece en letra de cuerpo menor.
7 Sobre banqueros y operaciones bancarias, cf. R. BOGAERT, Banques et banquiers dans les cités grecques, Sijthoff-Leyde, 1.968.
8 El tiempo de que disponía el orador para exponer sus alegaciones era medido por un reloj de agua o clepsidra. Cf. ARISTÓTELES, Constitución de Atenas 67, 2.
9 La trierarquía era una de las liturgias más gravosas y consistía en el equipamiento, puesta en servicio y comandancia de una trirreme.
10 Alusión a las segundas hipotecas, legalmente prohibidas sin mediar la conformidad del primer acreedor hipotecario.
11 Los árbitros públicos eran ciudadanos de sesenta o más años, cuya misión consistía en procurar que las partes llegaran a una transacción; si no conseguían este objetivo, dictaban laudo, que, de ser aceptado por aquéllas, ponía fin a la causa; en caso contrario, depositaban la documentación en cajas y, después de haberles puesto su sello correspondiente y colgado el laudo en una tablilla, daban traslado, preparando la vista ante el tribunal.
12 El acusador que no obtenía una quinta parte de los votos en una causa pública era condenado al pago de una multa y a una atimía (privación de derechos) especial. En muchos procesos privados, como el presente, sucedía algo parecido, y el demandante había de abonar al demandado una sexta parte (óbolo por dracma) de la suma litigiosa (epōbelía). Por lo demás, no se ve claro por qué Demóstenes habla de pérdida de derechos cívicos, pues en el último supuesto sería deudor de Áfobo y no del Estado.
XXVIII
CONTRA ÁFOBO, II
INTRODUCCIÓN
Demóstenes ejerce su derecho de réplica al discurso pronunciado por Áfobo. Entre los cargos que aquél había presentado contra su antiguo tutor figuraban el de no haber arrendado el patrimonio y la ocultación de las disposiciones testamentarias de su padre, pero Áfobo, exculpándose, manifestó que aquella omisión se debía a que el propio testador había recomendado que no se hiciera, con el objetivo de disimular la herencia y no responder de una deuda ante el Estado. La acusación era de extrema gravedad, pues quienes se hallaban en tal situación eran reos de degradación cívica, hasta el pago total del débito, y su hacienda, naturalmente, podía ser confiscada.
Según Áfobo, Gilón, padre de Cleobula y, por ende, abuelo materno de Demóstenes, había incurrido en una multa ante el Estado. No saldada dicha deuda en el plazo fijado por la ley, se habría duplicado y, además, transmitido a la descendencia por vía masculina. Mas por esta transmisión podría verse afectado nuestro orador, porque Gilón, según dice L. Gernet 1 , pudo haber hecho a su yerno «único kýrios de su hija, y a su hija heredera de sus bienes. El caso es, en suma, análogo al de una epiclera, pues el hijo de una epiclera es heredero y continuador de su abuelo materno». En estas circunstancias, pues, el riesgo que podía correr Demóstenes era muy grave.
El presente discurso, consecuentemente, es una réplica al de Áfobo, pretende demostrar la inexistencia de la deuda y la inconsistencia del alegato de la disimulación del patrimonio, y, por lo demás, recuerda y resume los argumentos del primero.
[1] Aunque son numerosas y graves las mentiras que ante vosotros ha proferido Áfobo, intentaré, en primer lugar, refutar aquella de sus alegaciones por la que me enojé más. En efecto, dijo que mi abuelo era deudor del erario, y que por ello mi padre no quería que se arrendase el patrimonio, para que no corriese riesgos 1 . Aduce este pretexto, pero de que aquél hubiese muerto siendo deudor no presentó testimonio ninguno, sino que, aguardando al último día, incluyó la atestación de que fue deudor y la reservó para el discurso de contestación, convencido de que en su [2] virtud desacreditaría la causa. Bien, si os la lee, poned en ella vuestra atención, pues descubriréis que atestigua, no que debe, sino que fue deudor. Consecuentemente, procuraré refutar en primer lugar esa base sobre la que se siente más seguro y que nosotros negamos. Bien, si entonces hubiese sido posible y no hubiéramos sido víctimas del tiempo, habríamos presentado testigos de que la cantidad fue satisfecha y todas las cuestiones con el estado habían sido liquidadas por él; ahora, por medio de indicios significativos demostraremos que ni era deudor, ni sobre nosotros, que poseíamos los bienes abiertamente, se cernía peligro alguno. En efecto, en primer lugar, Demócares, [3] que está casado con la hermana de mi madre, hija de Gilón, no ha ocultado su fortuna, sino que es corego 2 , trierarco, presta las demás liturgias y no siente ninguno de tales temores. Además, mi mismo padre puso de manifiesto, entre los otros bienes de su hacienda, cuatro talentos y tres mil dracmas, cuya constancia en el testamento y percepción por ellos mismos declaran estos sujetos, convirtiéndose en mutuos testigos de cargo. Todavía más: el propio [4] Áfobo junto con los cotutores manifestó al estado el montante de los bienes relictos, constituyéndome en cabeza de la simoría 3 con no pequeñas tasas, sino de una cuantía tal como para tributar quinientas dracmas por cada veinticinco minas. Ciertamente, si hubiera algo de verdad en esas afirmaciones, no habría hecho nada de esto, sino que hubiese tomado todas las precauciones. En realidad, Demócares, mi padre y estos mismos individuos evidencian que obran a las claras y no temen ningún riesgo de tal naturaleza.
Pero lo más extraño de todo es que, pese a decir [5] que mi padre no permitía arrendar el patrimonio, no exhiben en ningún sitio el testamento, por el que sería posible saber la verdad exacta, sino que, tras haber hecho desaparecer un testimonio de tal importancia, creen que entre vosotros se les ha de conceder crédito a la ligera. Todo lo contrario, debieron ellos, tan pronto como hubo muerto mi padre, previa convocatoria de numerosos testigos, haber pedido que sellaran el testamento con objeto de que, si había algún punto controvertible, fuera posible recurrir al tenor [6] literal y averiguar la verdad de todo. Mas, en realidad, exigieron que se sellaran otros documentos en los que no habían sido anotados muchos de los bienes relictos y que eran simples memorias; pero el testamento auténtico, por el que se convertían en plenipotenciarios de las disposiciones que habían mandado sellar y de todos los demás caudales, y les dejaba libres de la acusación de no haber arrendado el patrimonio, ése no lo sellaron ni lo devolvieron. Justo es, pues, creerles en lo que sobre estos puntos digan.
[7] Yo no sé qué significa esto: mi padre no permitía arrendar el patrimonio ni hacer manifiestos los bienes. ¿A mí? ¿O al Estado? Pues parece que habéis hecho lo contrario: los hicisteis manifiestos a éste, y para mí los habéis convertido en invisibles, y ni siquiera exhibís aquéllos por cuya tasación pagabais las contribuciones. Mostrad, en efecto, esa fortuna, cuál era, en dónde me hicisteis su entrega y ante [8] quién. Porque los dos talentos y las ochenta minas los percibisteis de los cuatro talentos y tres mil dracmas, de suerte que no incluisteis estas cantidades en la estimación a mi nombre ante el erario, pues eran vuestras en aquellos tiempos. Y en verdad, de la casa, los catorce esclavos y las treinta minas que me entregasteis, no es posible que la contribución llegara a ser de una cuantía tan grande como la que vosotros [9] concertasteis ante la simoría. Sino que es forzoso que los bienes relictos, que son muy superiores a éstos, los tengáis todos en vuestro poder, pero al veros manifiestamente convictos de haberlos saqueado os atrevéis a recurrir a semejantes embustes. A veces os achacáis las responsabilidades unos a otros, y otras sois mutuos testigos de cargo de haberlos tomado. Aunque decís que no recibisteis mucho, habéis presentado cuentas de gastos elevados. Si bien todos en común ejercisteis la tutela sobre mí, cada uno en particular después hace sus maquinaciones. Habéis ocultado el testamento, por cuya virtud sería posible saber la verdad de todo, y evidenciáis no decir jamás lo mismo unos respecto de otros.
Toma ahora los testimonios y léeselos todos por orden, para que, presentes en su memoria las testificaciones y afirmaciones, las aprecien con mayor exactitud.
TESTIMONIOS
Estos sujetos tasaron en mi nombre esa fortuna [11] entre los patrimonios de quince talentos; pero, aun siendo tres, me han devuelto una hacienda que no vale ni setenta minas. Lee lo que está a continuación.
TESTIMONIOS
La referida dote atestiguan los tutores en contra suya que la percibió él, y también otros ante quienes reconoció tenerla. Ni ha restituido esa misma ni pasado alimentos. Toma los otros y lee.
TESTIMONIOS
Después de haber administrado el taller durante [12] dos años, ha entregado a Terípides el alquiler; a mí, en cambio, aunque cobró los ingresos de dos años, treinta minas, ni me las ha dado ni tampoco su interés. Toma otro y lee.
TESTIMONIO
Después de haber llevado a su casa los citados esclavos y los otros bienes que, junto con ésos, se nos habían dado en garantía, este sujeto ha contabilizado tan elevado gasto en ellos, pero ningún ingreso suyo, e incluso ha ocultado los mismos esclavos, que producían doce minas netas cada año. Lee otro.
TESTIMONIO
[13] Aunque ha vendido ese marfil y ese hierro, dice que no formaban parte del caudal relicto, y me despoja de su precio, aproximadamente un talento. Lee éstos.
TESTIMONIOS
Éste retiene esos tres talentos y mil dracmas, aparte de lo demás. Pues bien, del principal son cinco los talentos que ha tomado; junto con los intereses, si se calculan a una dracma sólo, posee más de diez talentos. Lee los que siguen.
TESTIMONIOS
[14] Estos sujetos, como mutuos testigos de cargo, atestiguan que las citadas cantidades constaban en las disposiciones testamentarias y que ellos las percibieron. Mas este personaje, aun reconociendo haber sido mandado a buscar por mi padre, dice que, llegado a casa, no fue a presencia de quien le hizo llamar, ni convino nada sobre estos puntos, sino que oyó a Demofonte leer un documento, y a Terípides decir que aquél había otorgado esas últimas voluntades, aunque sí que fue a presencia de mi padre y acordó con él cuanto aquél dejó escrito en su testamento. En efecto, jueces, mi padre, cuando se hubo dado cuenta [15] de que no escaparía a su enfermedad, después de haber convocado a éstos, que eran tres, y sentado al lado suyo a Demón, su hermano, puso nuestras personas en sus manos llamándonos «depósito», dando inmediatamente mi hermana a Demofonte y dos talentos de dote y prometiéndosela como esposa, haciendo el depósito de mi persona junto con los haberes, a todos en común, con la recomendación de que arrendaran el patrimonio y me conservaran la fortuna, [16] y a un tiempo legando las setenta minas a Terípides y entregando mi madre como esposa a este sujeto, con las ochenta minas, y poniéndome en sus rodillas; de lo que este tipo, el más impío de los hombres, ningún caso hizo, a pesar de haberse convertido en dueño de mis bienes bajo esas condiciones, sino que, aún habiéndome despojado junto con los cotutores de todos mis haberes, pretenderá ahora ser compadecido por vosotros; él, que en conjunto con los otros dos no ha restituido ni el valor de setenta minas, e incluso ha hecho objeto de sus asechanzas, nuevamente esa cantidad. En efecto, cuando iba a introducir [17] estas acciones contra ellos prepararon contra mí una antídosis 4 , con objeto de que, si accedía al cambio, no me fuera posible contender en juicio frente a ellos, dado que esas acciones serían de quien ofreció el cambio, y si no hacía nada de eso, quedara completamente arruinado por el desempeño de la liturgia con una fortuna reducida. En esto les ayudó Trasíloco de Anagirunte, a quien, sin pensar en nada de eso, acepté el cambio, pero hice mis reservas en espera de conseguir la decisión judicial; mas, como no hubiera alcanzado ésta, próximos a su fin los plazos, para que no quedara privado de mis acciones cumplí la liturgia, previa hipoteca de la casa y de todos mis bienes, pues deseaba llevar ante vosotros mis procesos contra estos sujetos.
[18] ¿No he sufrido desde un principio graves daños, y sigo sufriendo ahora importantes perjuicios a manos de esta gente porque pretendo obtener justicia? ¿Quién de vosotros no aborrecería a este sujeto, y con justicia, y sentiría compasión hacia nosotros viendo que a él, además de la hacienda heredada de más de diez talentos, ha ido a parar la mía, que tan elevada era, y que nosotros no sólo nos vemos privados de los bienes paternos, sino incluso despojados de los que ahora se nos han entregado por la maldad de estos individuos? ¿A dónde iríamos si vosotros emitierais otra sentencia sobre este caso? ¿A los bienes concedidos en garantía a los prestamistas? Son de los [19] acreedores hipotecarios 5 . ¿Al sobrante de ellos? De este sujeto es, si incurrimos en epobelía 6 . ¡No, jueces, no seáis los causantes de tan graves daños para nosotros! No miréis con indiferencia que hayamos sufrido iniquidades mi madre, yo y mi hermana, a quienes el padre dejó no con esas esperanzas, sino confiado en que ésta sería la esposa de Demofonte con dos talentos de dote, aquélla, dotada con ochenta minas, la de este tipo, el más perverso de los hombres [20] todos, y yo su sucesor en las liturgias. ¡Ayudadnos, pues, ayudadnos en aras de la justicia, de vosotros mismos, de nosotros y de nuestro difunto padre! ¡Salvadnos, compadeceos, ya que de mí estos tipos, pese a sus vínculos de parentesco, ninguna compasión sintieron! ¡Ante vosotros hemos venido a refugiarnos! ¡Os lo imploro, os lo suplico por vuestros hijos, por vuestras mujeres, por los bienes que tenéis! ¡La misma suerte tengáis, no me miréis con indiferencia ni seáis la causa de que mi madre, privada de las esperanzas que le quedan ante la vida, sufra una desgracia que no se merece! ¡Una mujer que en estos momentos [21] cree que me recibirá triunfante en la reivindicación de mis derechos ante vuestro tribunal y casará a mi hermana! Pero si vosotros emitís otra sentencia, ¡ojalá no suceda eso!, ¿qué ánimo creéis que tendrá ella cuando me haya visto no sólo despojado de mis bienes paternos, sino privado, además, de mis derechos cívicos 7 , y respecto de mi hermana, sin esperanza de que alcance algo de lo que le corresponde, por su futura pobreza? Ni es justo, jueces, que [22] yo no obtenga justicia en vuestro estrado, ni que este sujeto, contra derecho, posea tan elevadas sumas. Pues aunque todavía no tengáis una prueba mía de cómo puedo ser para con vosotros, cabe esperar que no sea inferior a mi padre. De éste, en cambio, tenéis una prueba y con claridad sabéis que, aun cuando ha recibido una cuantiosa fortuna, no sólo no ha trabajado con empeño por vosotros, sino que se ha señalado apoderándose de lo ajeno. Así pues, atendiendo a [23] estas razones y recordando lo demás, votad del modo que es justo. Tenéis criterios fidedignos derivados de testigos, indicios, verosimilitudes, de declaraciones por las cuales, aun reconociendo haber tomado posesión de todos mis bienes, dicen que los han gastado, sin haberlos gastado, sino reteniéndolos en su totalidad. Reflexionando sobre estos puntos debéis hacer [24] cierta previsión acerca de nosotros, sabedores de que yo, si por mediación vuestra recupero mis bienes, verosímilmente estaré dispuesto a prestaros liturgias, agradecido de que me hayáis restituido mis bienes en justicia, mientras que este sujeto, si le hacéis dueño de lo mío, no hará tal. Pues no penséis que él va a querer desempeñaros liturgias por lo que niega haber tomado, sino que lo ocultará más, a fin de parecer que ha sido absuelto con justicia.
1 Démosthène. Plaidoyers civilis, vol. I, París, 1960, pág. 54. 64. — 3
1 Si hubiese habido deuda frente al erario, el patrimonio habría sido confiscado cuando se hubiera tramitado ante el arconte su arrendamiento.
2 La coregía era una de las liturgias más onerosas, y por ella el designado corego había de sufragar los gastos de un coro para su actuación en las fiestas.
3 Cf. n. 4 al Contra Áfobo, I.
4 Sobre la antídosis, cf. la introducción al Contra Fenipo.
5 Parece probable que, en vez de hipoteca, haya habido prâsis epílysei, venta con derecho de redención, institución más rigurosa para el deudor que aquélla.
6 Cf. n. 12 al Contra Áfobo, I.
7 Cf. n. 12 al Contra Áfobo, I.
XXIX
CONTRA ÁFOBO EN DEFENSA DE FANO, EN UN PROCESO POR FALSOS TESTIMONIOS
INTRODUCCIÓN
Los jueces han condenado la gestión de Áfobo y apreciado la estimación elevada por Demóstenes. El tutor, pues, habrá de pagar a su antiguo pupilo diez talentos, una tercera parte del total de los haberes que hubiese percibido nuestro orador si aquél, Demofonte y Terípides hubieran ejercido la tutela con la debida diligencia. No obstante, Áfobo trata de esquivar el pago del importe de la condena por cualesquiera medios, legítimos o ilegítimos, según se colige del presente discurso y de los dos que siguen, y con este fin procesa a Fano por deposición de falsos testimonios.
En efecto, durante el arbitraje público Áfobo habría dirigido un requerimiento a Demóstenes, solicitando la entrega de Milias para someterlo a tortura. La negativa del orador, basada en la condición de libre de Milias, manumitido testamentariamente por el difunto padre, y avalada por la presentación de una declaración del propio Áfobo en tal sentido, cuya prueba fue dada por el testimonio de Fano, ha originado este proceso. Impugnada en su momento la deposición de Fano, el tutor ejercita contra éste la acción por falsos testimonios (díkē pseudomartyriôn): su triunfo en el proceso incoado le permitirá proceder contra Demóstenes mediante la acción «por malas artes» (díkē kakotekhniôn), y neutralizar, en caso de conseguir su condena y la prevalencia de su estimación, los efectos del primer fallo. De ahí que nuestro orador asuma la defensa de Fano y pruebe la veracidad de su deposición y la inoperancia que su testimonio, en el supuesto de que hubiese sido falso, habría tenido en la condena de Áfobo.
La autenticidad del discurso es controvertida. Y no faltan motivos para ello: el testimonio de Fano no aparece en los dos anteriores, aquí se nos dan noticias nuevas acerca de los manejos de Áfobo y, por si fuera poco, aparece un tutor, Demón, quien, aunque fue citado anteriormente, no lo ha sido en calidad de tal. Sobre este tipo de problemas, remitimos al lector a la Introducción general a Demóstenes en A. López Eire, Demóstenes, Discursos políticos, vol. I, B.C.G. 35, Madrid, 1980, y, del mismo autor, «Demóstenes, estado de la cuestión», Estudios Clásicos XX (1976), 207-240.
NOTA SOBRE LA EDICIÓN
Los pasajes en que no he seguido la edición de Rennie (Demosthenis orationes, Oxford, 1921 [reimpr. 1974]) son:

ASUNTO
Cuando se celebraba el proceso por su tutela, Áfobo reclamó [1] de Demostenes a Milias para someterle a tortura 1 , sabedor de que no le sería entregado. En efecto, Demóstenes no lo entregó, aduciendo que Milias no era esclavo, sino libre, manumitido por su padre cuando estaba en trance de muerte, y presentando para demostrar este hecho, entre otras pruebas, también el testimonio de Fano, quien atestiguó ante los jueces diciendo que Afobo había reconocido en presencia del árbitro que Milias era libre. Condenado [2] entonces por su tutela, Áfobo promueve proceso por falso testimonio contra Fano, en cuya defensa pronuncia Demóstenes este discurso diciendo que había atestiguado la verdad y demostrando, además, que en nada se vio perjudicado Áfobo por este testimonio, sino que fue condenado gracias a otros testigos y que, por no haberles incriminado, es evidente que ha cometido injusticia.
Si yo no tuviera conciencia, jueces, de que anteriormente, [1] cuando se celebró mi proceso contra Áfobo, logré refutar con facilidad, gracias a la evidencia de las injusticias, falacias que él mismo había proferido, mucho mayores y graves que éstas, de un modo muy especial temería no poder demostrar, también ahora, por qué medios intenta engañaros en cada uno de los puntos del proceso. Mas en estos momentos, si sois unos oyentes justos e imparciales nuestros, tengo sobradas esperanzas de que, con la ayuda de los dioses, vosotros lleguéis a conocer la impudencia de este individuo no menos que quienes antaño juzgaron. Si el asunto requiriera un discurso de cierta policromía, yo albergaría dudas reprochándome mis pocos años; mas, en realidad, lo que hace falta es informar y explicar con sencillez sus hechos respecto de nosotros; a partir de éstos creo que será fácil para todos vosotros saber cuál de nosotros dos es el malintencionado.
[2] Pues bien, sé que este sujeto ha promovido el presente proceso no porque confíe en demostrar que cierta persona ha atestiguado falsedades contra él, sino creyendo que por la magnitud de la estimación de la sentencia en que incurrió habría nacido alguna antipatía hacia mí y compasión hacia él. Por estos motivos hace ahora su defensa de la causa ya pasada, respecto de la cual nada conforme a derecho pudo decir entonces. Yo, jueces, si hubiera impuesto a este individuo el cumplimiento de la sentencia, o no estuviera dispuesto a hacer concesiones razonables, ni aun así cometería injusticia ejecutándole lo fallado en vuestro estrado, mas, no obstante, alguien podría decir que, siendo pariente mío, había privado de toda su fortuna a este sujeto con crueldad y dureza excesivas. [3] Pero sucede lo contrario: éste, junto con los cotutores, me ha despojado de todos los bienes paternos y, aunque fue claramente convicto en vuestro tribunal, ni aún así cree que ha de poner en práctica ninguna de las medidas apropiadas, sino que, tras de haberse arreglado su fortuna, transmitido la casa a Esio 2 y el campo a Onétor 3 , ha provocado que yo tenga un proceso y problemas con ellos, mientras que él, después de haber sacado el mobiliario de la casa, llevado los esclavos, destruido la cisterna y arrancado las puertas, faltándole sólo prender fuego a la misma casa, ha emigrado a Mégara y pagado allí la contribución de un meteco 4 . En consecuencia, mucho más justo sería que odiarais a este tipo por las acciones referidas que se me reprochara por vosotros falta de equidad.
Pues bien, de la codicia y maldad de este tipo me [4] parece mejor haceros una exposición posteriormente; incluso ahora las habéis oído en resumen; pero, respecto de los testimonios sobre los que emitiréis el voto, voy ya a demostraros que son veraces. Os elevo, jueces, una justa súplica: que nos oigáis a ambos con imparcialidad, pues esto redunda igualmente en provecho vuestro, porque cuanto más exactamente conozcáis los hechos, un voto tanto más justo y conforme con el juramento depositaréis sobre ellos. Demostraré que éste no sólo ha reconocido que [5] Milias era libre, sino que lo ha puesto de manifiesto con hechos; que, además, ha rehuido las pruebas más exactas, las derivadas de la tortura, sobre dichos puntos; que no quiso hacer patente la verdad por esos medios, sino que recurre a picardías, presenta testigos falsos y con su palabrería oculta la verdad de los hechos; y lo demostraré con pruebas tan importantes y evidentes, que todos vosotros sabréis exactamente que nosotros decimos verdad, mientras que él no ha dicho nada razonable. Comenzaré por donde vosotros podáis comprender más fácilmente y yo exponer con mayor rapidez.
En efecto, jueces, yo ejercité contra Demofonte, [6] Terípides y este sujeto unas acciones judiciales de tutela por haber sido despojado de todos mis bienes. Cuando en primer lugar se me vio el proceso contra éste, logré demostrar con claridad a los juzgadores, como os demostraré a vosotros, que el citado personaje, junto con aquéllos, me había desposeído de todos los haberes que nos fueron transmitidos testamentariamente, y sin haber recurrido a falsos testimonios. [7] He aquí la prueba más irrefutable: leídos, en efecto, durante el proceso todos los testimonios en número más que infinito, atestiguando unos en su contra que le habían entregado parte de mis bienes, otros que estaban presentes cuando los recibió y otros que en el momento de comprárselos pagaron los precios, no atacó ninguno de estos «falsos testimonios» ni se ha atrevido a perseguirlos, sino a éste, que es el único en el que no podría demostrar que haya [8] atestiguada una dracma 5 . Ciertamente, la estimación de los bienes de que fui despojado no la valoré en tan alta cantidad tomando como base de mi cálculo este testimonio (pues no hay dinero en él), sino computando cada cosa según aquellos que este sujeto no atacó. Con esa base quienes entonces nos oyeron no sólo le condenaron, sino que aceptaron la estimación de los escritos de demanda 6 . ¿Por qué, pues, dejó [9] a un lado aquéllos y persiguió éste? También informaré yo de eso. Respecto de los testimonios que contra él atestiguaban que estaba en posesión de mis bienes, sabía claramente que tanto más resultaría convicto de dicha tenencia, cuanto mayores fueran las posibilidades de alegar detalladamente sobre cada punto del litigio. Esto iba a suceder en el juicio por falsos testimonios, pues la acusación que entonces formulamos, junto con las otras, en una pequeña parte de toda el agua disponible, ahora la expondríamos [10] individualmente con toda el agua. Pensaba que, si había atacado la respuesta, del mismo modo que entonces hizo una confesión, así también estaría en sus manos el negarla nuevamente. Por esas razones persigue éste. Voy, pues, a demostraros con claridad a todos que este testimonio es veraz, no con verosimilitudes y sutilezas maquinadas para el presente, sino con base en lo que parecerá justo entre todos vosotros, según pienso. Cuando hayáis oído, juzgad.
En efecto, jueces, comprendiendo yo que mi proceso [11] versaba sobre el testimonio escrito en la documentación, y sabiendo que vosotros emitiríais el voto acerca de este punto, creí que, antes que nada, no era necesaria otra cosa que poner a prueba a este sujeto dirigiéndole un requerimiento. ¿Y qué hago? Quería entregarle, para que lo sometiera a tortura, un esclavo entendido en letras que se hallaba presente cuando éste hizo tal reconocimiento y que consignó por escrito el testimonio, sin que le hubiéramos ordenado usar de malas artes, ni anotar unas y omitir otras de las declaraciones que éste había hecho sobre esos puntos, sino que escribiera simplemente la verdad toda y lo manifestado por este sujeto. [12] Ciertamente, ¿qué cosa más bonita había que convencernos de mentira dando tormento al esclavo? Pero él sabía mucho mejor que ningún otro hombre que había sido atestiguada la verdad; por eso precisamente rehuyó la tortura. Cierto, esto no lo saben ni uno ni dos, ni tampoco el requerimiento se ha hecho bajo mano, sino en mitad del ágora y en presencia de mucha gente. Llámame a los testigos de estos hechos.
TESTIGOS
Pues bien, tan sofista es este tipo, y tan descaradamente [13] finge desconocer lo justo, que, aunque persigue en juicio por falso testimonio, cuestión sobre la que vais a emitir voto y bajo juramento, rehuyó la tortura en materia del testimonio, el punto fundamental que debiera tratar en su discurso, y, por contra, pretende, falazmente, haberla reclamado sobre [14] cuestiones ajenas al asunto. En verdad, ¿cómo no va a ser sobrenatural que alegue haber sufrido un trato inicuo porque, al exigir un hombre libre, como yo os demostraré con claridad, no lo obtuvo, y, en cambio, no crea que los testigos lo sufren cuando, en relación con lo que ellos depusieron, le ofrezco otro reconocido unánimemente como esclavo, y este sujeto no quiere aceptarlo? Porque precisamente no es posible decir que la tortura sea prueba exacta en algunas cuestiones, las que él quiere, y, a su vez, inexacta en otras.
[15] Todavía más, jueces: este testimonio lo depuso primero su hermano Esio, quien ahora niega porque colabora con él en el proceso, pero que entonces atestiguó, junto con los demás, los hechos descritos, pues no quería perjurar ni incurrir en condena en el acto. A quien, sin duda, si me hubiera amañado un falso testimonio, no hubiese incluido entre los testigos viendo que está ligado a Áfobo más que ningún otro hombre, y sabedor de que colaboraría con él en el proceso y es, además, mi rival; pues no tiene lógica inscribir como testigo de un testimonio no verdadero al [16] adversario de uno mismo y hermano de éste. Ciertamente, hay muchos testigos de los citados hechos, pero también indicios no inferiores a los testigos. En efecto, en primer lugar, si verdaderamente no hubiese prestado este testimonio, no habría negado ahora, sino entonces, en el preciso instante en que era leída la prueba testifical en el estrado, cuando le hubiera beneficiado más que hoy. En segundo lugar, no se habría quedado quieto, sino que hubiese ejercitado contra mí una acción por daños, si contra derecho le hacía responsable de falsos testimonios frente a su hermano, un proceso en el que los hombres corren riesgo de perder sus bienes y derechos cívicos. Además, si hubiera pretendido probar el hecho, me [17] hubiese reclamado el esclavo que redactó los testimonios, a fin de que, si no lo entregaba, diera yo la impresión de no alegar nada justo. Pero, en realidad, tan lejos estuvo de llevar a cabo alguna de las citadas diligencias, que ni siquiera, pese al ofrecimiento que hice del esclavo cuando éste negó esos hechos, lo quiso aceptar, sino que por igual evidencian que rehuyen las pruebas de tortura sobre dichos puntos. En prueba de que digo verdad, de que quien ha prestado [18] testimonio entre los testigos no negó esos hechos cuando, situado al lado de este sujeto, era leído el testimonio en el estrado, y de que, al ofrecerles yo el esclavo para que lo sometieran a tortura sobre todos estos puntos, no quiso tomarlo, os presentaré los testigos de cada detalle. Llámamelos aquí.
TESTIGOS
Pues bien, quiero pasar ya a exponeros, jueces, [19] lo que a mi juicio constituye la prueba más importante, entre todas las aducidas, de que este sujeto dio tales respuestas. Efectivamente, cuando él, después de haber reconocido esos hechos que han sido atestiguados, me reclamó al hombre, queriendo yo entonces demostrar que se valía de malas artes, ¿qué hago? Le dirijo un requerimiento para que actúe como [20] testigo contra Demón, que era tío suyo y socio de sus fechorías, y, después de haberlo redactado, le exhorté a que testificara eso que ahora persigue por falso testimonio. Este sujeto al principio negaba descaradamente, mas como le ordenase el árbitro que testimoniase, o bajo juramento se excusara, declaró nuy a duras penas. En verdad, si el hombre hubiese sido esclavo y él no hubiera reconocido previamente que era libre, ¿por qué razón prestó testimonio y no se inhibió del asunto mediante una excusa bajo juramento? [21] Sin embargo, sobre los citados extremos estaba yo dispuesto a entregar el esclavo que redactó la atestación, quien iba a reconocer su propia letra y recordaba con exactitud que éste había depuesto eso. Y estaba resuelto a ello no por falta de testigos que hubieran estado presentes (pues los había), sino para que no les incriminara de atestiguar falsedades y pudieran éstos gozar de crédito por virtud de la tortura. Ciertamente, ¿cómo puede ser justo condenar por esto a los testigos, los únicos que, de cuantos jamás han contendido en juicio ante vuestros tribunales, demuestran que el mismo acusador es su propio testigo de los citados hechos? En prueba de que digo verdad, toma el requerimiento y el testimonio.
REQUERIMIENTO. TESTIMONIO
[22] Así pues, aunque ha rehuido tales medios de derecho y por tan numerosos indicios demuestra que su acusación es falaz, pretende que concedáis crédito a sus propios testigos, calumnia a los míos y afirma que no atestiguan la verdad. Quiero hablaros ahora de ello a través de verosimilitudes. En efecto, sé que todos vosotros estaríais de acuerdo en que quienes deponen falsos testimonios pueden querer hacer tal cosa movidos por dinero a causa de su pobreza, por compañerismo o por malquerencia hacia las partes [23] procesales. Pues bien, por ni una sola de esas razones habrían atestiguado a mi favor. Efectivamente, por compañerismo no (pues ¿cómo, si ellos ni en género de vida ni en edad son iguales no ya a mí, sino ni siquiera entre sí?), ni por malquerencia hacia este sujeto, que también esto es cosa clara, pues el uno es hermano y síndico suyo, Fano allegado y compañero de tribu, y Filipo ni amigo ni enemigo, de suerte que no podría con justicia aducir esta causa. Tampoco [24] diría nadie que por indigencia, pues todos son dueños de una fortuna tan grande como para prestaros liturgias y cumplir vuestras órdenes con celo. Aparte de esto, no os son desconocidos ni tienen fama de viciosos, pues son hombres mesurados. Así pues, si ni pobres, ni enemigos de este sujeto, ni amigos míos, ¿cómo se ha de concebir contra ellos la sospecha de que atestiguan falsedades? Yo, desde luego, no lo sé.
Así pues, convencido de eso este sujeto y sabiendo [25] de manera absoluta que han depuesto la verdad, acusa, empero, falazmente y afirma no sólo no haber dicho eso, unas manifestaciones que ¿cómo se podría probar que sí hizo?, sino también que el hombre es realmente esclavo. Pero con unas breves palabras quiero demostrar ante vosotros que también en esto miente. En efecto, jueces, yo sobre estos extremos quise, incluso, entregarle para su tortura las esclavas, las cuales recuerdan que este hombre era libre en aquella fecha, por haber sido manumitido a la muerte de mi padre. Además, mi madre, ofreciéndose por [26] su cuenta, quería prestar el juramento por mi vida y la de mi hermana, que somos sus únicos hijos, por quienes pasó en viudez la vida, de que mi padre en trance de muerte había manumitido al hombre citado, y de que éste era considerado libre entre nosotros; y nadie de vosotros piense que ella estaría dispuesta jamás a jurar por nuestra vida esos hechos si no supiera claramente que juraba con verdad. Pero en prueba de que digo verdad y de que estábamos dispuestos a adoptar tales medidas, llama a los testigos de estos hechos.
TESTIGOS
[27] Así pues, aunque podemos presentar tantas alegaciones de derecho, y aun cuando estamos dispuestos a recurrir a las pruebas más decisivas en la cuestión de los testimonios, éste, a pesar de haber rehuido todos los medios citados, cree que, colmándome de calumnias y acusaciones respecto del proceso pasado, logrará persuadiros a que condenéis al testigo, después de haber urdido la intriga, creo, más inicua y [28] engañosa de todas. En efecto, se ha provisto de testigos falsos sobre los referidos puntos, con Onétor, su cuñado, y Timócrates 7 como coregos 8 , mientras que nosotros, por no haberlo sabido de antemano y considerando que el proceso versaría sobre este testimonio, no tenemos ahora preparados los testigos en materia del lucro derivado de la tutela. Con todo, aunque este tipo haya actuado con tanta sofistería, refiriendo los hechos en sí creo que os demostraré fácilmente que éste ha incurrido en condena con más [29] justicia que ningún otro hombre, no porque yo haya impedido que torturara a Milias, ni porque él le haya reconocido como libre y los testigos, aquí presentes, atestiguado tal condición, sino porque fue convicto de haberse apropiado de muchos bienes míos y porque no arrendó el patrimonio, a pesar de ordenarlo así las leyes y las disposiciones testamentarias de mi padre, como yo os demostraré con claridad; pues a todos fue posible ver eso, las leyes y la cuantía de caudales que estos sujetos habían depredado, mientras que nadie sabía quién era Milias. Por los cargos conoceréis que esos hechos son así.
En efecto, jueces, yo ejercité una acción de tutela [30] contra este sujeto no con una estimación global, como habría hecho quien intentara acusar con falsía, sino con asentamiento de cada artículo, en virtud de qué lo había percibido, a cuánto ascendía el montante y cuál era la fuente, y en ninguna parte hice mención de Milias como persona sabedora de eso. Bien, [31] el principio de la demanda es: «Estas reclamaciones formula Demóstenes contra Áfobo: Áfobo retiene haberes míos que posee en virtud de su tutela: ochenta minas, dote de mi madre que percibió a tenor del testamento de mi padre.» Éste es el primero de los bienes de que afirmo haber sido desposeído. ¿Qué ha sido depuesto por los testigos? «Atestiguan haber estado junto al árbitro Notarco cuando Áfobo reconoció que Milias era libre, manumitido por el padre de Demóstenes.» Considerad, pues, entre vosotros mismos [32] si os parece que podría existir una persona, orador, sofista o hechicero tan singular y ducho en la oratoria como para, con este testimonio, demostrar a cualquier ser humano que Áfobo retiene la dote de su madre. ¡Por Zeus!, ¿diciendo qué? ¿La frase «reconoció que Milias era libre»? ¿Por qué iba a tener por eso la dote? No, sin duda por esto no podría parecerlo. ¿Con base en qué fue probado eso? Primero: [33] Terípides, que era cotutor, depuso en su contra habérsela entregado; segundo: Demón, que era tío suyo, y otros testigos presenciales atestiguaron que este sujeto acordó dar alimentos a mi madre en su calidad de tenedor de la dote. Y no atacó a éstos evidentemente porque sabía que habían atestiguado la verdad. Todavía más: mi madre, ofreciéndose espontáneamente, quiso añadir un juramento por mi vida y la de mi hermana de que este individuo percibió su dote a tenor del testamento de mi padre. ¿Diremos [34] que tiene estas ochenta minas, o no? ¿Que incurrió en condena por culpa de estos testigos, o por culpa de aquéllos? Pues yo creo que por culpa de la verdad. Pues bien, aunque ha explotado éstas durante diez años, y sin haberse resuelto a devolverlo a pesar de que fue condenado, dice que ha sufrido un trato inicuo y que ha perdido por culpa de estos testigos. Y ciertamente, ninguno de éstos ha atestiguado que él poseyera esa dote.
[35] Bien, en cuanto al préstamo marítimo, los fabricantes de lechos, el hierro y el marfil que se nos dejaron y la dote de mi hermana, que fraudulentamente ha hecho pasar a otras manos para seguir él en posesión de cuantos bienes míos quisiera, escuchad y ved con cuánta justicia ha sido condenado y que Milias no debía ser sometido a tortura sobre estos puntos. [36] En efecto, respecto de los bienes que fraudulentamente has hecho pasar a otros, hay una ley que dice claramente que los sigues debiendo igual que si los tuvieras tú mismo. En consecuencia, ¿por qué la tortura? A su vez, en cuanto al préstamo marítimo, después de haberos puesto de acuerdo con Juto, repartido el dinero, destruida la documentación, amañado todo del modo que quisisteis y falsificado los registros, como atestiguó Demón contra vosotros, estáis engañando a estas personas y pretendéis desviarlas [37] del recto camino. Bien, respecto de los fabricantes de lechos, si tú, que te apropiaste de mi dinero e hiciste particularmente pingües negocios dando a préstamo sobre mis bienes, tú que hubieras debido impedirlo a los demás, si los has hecho desaparecer luego, ¿qué pueden hacerte los testigos? Pues éstos, al menos, no han depuesto que reconocías dar préstamos sobre mis bienes y haber llevado a tu casa los esclavos, sino que esto lo anotaste tú en tus cuentas y los [38] testigos lo declararon contra ti. Por otra parte, en la cuestión del marfil y del hierro, yo afirmo que todos los criados saben que este tipo los vendía y que ya entonces, y también ahora, estaba yo dispuesto a entregarle el que quisiera de éstos y a que, tomándolo, lo sometiera a tortura. Pues bien, si dice que yo no quiero entregar al que está informado y sí ceder a los carentes de información, mucho más evidente será que le convenía haberlos aceptado, pues si quienes ofrecía yo como conocedores de los hechos hubieran negado que él tuviera ninguno de estos bienes, habría quedado, sin duda, libre de la acusación. Mas no hay tal, sino que hubiese sido convicto claramente [39] de la venta y de que había cobrado el precio. Por eso, rechazados los unánimemente reconocidos como esclavos, pretendía torturar al libre, a quien no hubiese sido pío entregar, no porque buscara someter a prueba la verdad, sino porque, al no recibirlo, quería aparentar que su alegación era razonable. Pues bien, respecto de todos estos puntos, en primer lugar respecto de la dote, después acerca de los bienes que fraudulentamente ha hecho pasar a otras manos y de lo demás luego, os leerá las leyes y los testimonios, para que tengáis un conocimiento cabal.
LEYES. TESTIMONIOS
Pues bien, por esto que se os ha leído podréis conocer [40] no sólo que no ha sufrido ningún daño por no haber entregado yo el hombre para su tortura, sino incluso, si lo meditáis, el mismo asunto. En efecto, pongamos que Milias sea sometido al tormento de la rueda, y veamos qué podría desear él con mayor fervor que dijera. ¿Acaso que no sabe que este sujeto tenga ninguno de los bienes? Eso ya lo dice. ¿Es que por esto no los tiene? Mucho más hace falta, pues yo presenté personas informadas y testigos presenciales. Indicio y prueba son no que alguien no sepa que este individuo tenga en su posesión algo (pues [41] habría muchos), sino que alguien lo sabe. Pues bien, aunque tantos testigos han depuesto contra ti, ¿a quién perseguiste por falsos testimonios? Indícalo. Pero no podrás indicarlo. En verdad, ¿cómo no va a ser clara tu autorrefutación de que mientes cuando dices que has sufrido graves daños, y una condena injusta como consecuencia de no haber conseguido al hombre, tú que descargaste de los falsos testimonios a quienes atestiguaron que recibiste y estabas en posesión de esos bienes por los cuales reclamabas a Milias para demostrar que no formaban parte del caudal relicto? A ésos hubiera sido mucho más honesto perseguir, si realmente hubieses sido víctima de una injusticia. Mas sin haberla sufrido, tú acusas con falsía.
[42] Desde muchos puntos de vista podría ver tu mala fe cualquier persona, pero sobre todo si prestara oídos a la cuestión del testamento. En efecto, jueces, dado que mi padre hizo constar en el testamento todos los bienes que dejaba, y que arrendaran el patrimonio, no devolvió ese documento para que por él no descubriese yo la cuantía total de mi fortuna, pero sí reconoció esas disposiciones que, por su notoriedad, no [43] le era posible negar en absoluto. Las cláusulas cuya constancia en el testamento confiesa eran, que Demofonte percibiese de inmediato dos talentos y se casara con mi hermana cuando tuviera edad (esto iba a suceder al cabo de diez años), este sujeto ochenta minas, mi madre y que habitara la casa, y Terípides que, previa percepción de setenta minas, disfrutase de sus rentas hasta que yo fuera mayor de edad. Pero los otros bienes que, aparte de éstos, me fueron transmitidos testamentariamente y la obligación de que arrendaran el patrimonio, los hizo desaparecer del testamento, considerando que no le convenía que dichos bienes fueran demostrados en vuestro estrado. Pues bien, dado que por este mismo sujeto fue [44] reconocido que nuestro padre al morir había legado a cada uno de los citados una cantidad tan elevada, los que entonces juzgaron apreciaron estas confesiones como indicio de la cuantía total de la fortuna; pues quien de sus bienes hizo donación de cuatro talentos y tres mil dracmas a título de dote y legado, era evidente que no segregó esas cantidades de una hacienda pequeña, sino de una superior en el doble a la que me dejaba. Pues no cabría pensar que quisiera [45] convertirme en pobre a mí, su hijo, y desease, en cambio, hacer todavía más ricos a éstos, que ya eran ricos, sino que, en razón del total de los bienes que se me dejaban, legó a Terípides el derecho de usufructo de las setenta minas y a Demofonte, quien todavía no iba a contraer matrimonio con mi hermana, el de los dos talentos 9 . Ahora bien, no evidenció haber devuelto estas sumas en ninguna parte, ni siquiera un poco aminoradas, sino que decía que había gastado unas, no recibido otras, no saber nada de otras, que fulano tenía algunas, que otras se hallaban en casa; pudo decirlo todo salvo cuándo y dónde las restituyó.
En lo tocante al tema de que en casa había sido [46] dejado un dinero, quiero demostraros claramente que miente. En efecto, ha aducido esa historia cuando ha sido evidente que la fortuna era mucha, pero no puede probar que la ha devuelto, para hacer patente por medio de verosimilitudes que no tenemos derecho a recobrar lo que de hecho está en nuestra casa. Pues [47] bien, si mi padre no hubiera tenido confianza en éstos, evidentemente no les habría puesto en sus manos el resto, ni tampoco, si dejaba aquellos dineros en esas condiciones, se lo hubiera dicho; en consecuencia, ¿de dónde lo saben? Y si tenía plena confianza, no se concibe que hubiese puesto en sus manos la mayor parte de su fortuna y, en cambio, no les hubiera conferido plena autoridad sobre otros bienes. Tampoco habría confiado a mi madre la custodia de esa cantidad cuando a ella misma la dio como mujer a uno de los tutores, a este sujeto; pues no tiene lógica pretender poner a salvo el dinero por medio de aquélla, y hacer dueño de la misma y del dinero [48] a uno de quienes desconfiaba. Todavía más: si hubiera sido verdad algo de esto, ¿creéis que este sujeto no se hubiese casado con ella, siendo así que le había sido dada por mi padre? Quien, en posesión ya de su dote, las ochenta minas, bajo condición de casarse con ella, contrajo, por ambición, matrimonio con la hija de Filónides de Mélita para, además de las que tenía de nosotros, percibir de éste otras ochenta minas, si en casa hubiera habido cuatro talentos. y, por si fuera poco, siendo aquélla su poseedora, según dice este sujeto, ¿creéis que no habría corrido [49] a convertirse en dueño de los mismos y de la mujer? Quien saqueó tan vergonzosamente, junto con sus colegas de tutela, la fortuna visible, cuya transmisión testamentaria conocían muchos de vosotros, ¿habríase abstenido de aquellos bienes de los que no ibais a ser testigos vosotros, siéndole posible tomarlos? ¿Quién lo creería? Eso no es posible, jueces, no es posible, sino que los bienes que dejó mi padre fueron enterrados aquel día cuando llegaron a manos de estos sujetos, pero como éste no podía decir de qué modo me devolvió una parte de esa fortuna, recurre a esas falacias para que yo, al dar la impresión de ser rico, no alcance de vosotros ninguna compasión 10 .
Pues bien, muchos y distintos cargos puedo presentar [50] contra éste, pero, dado que sobre el testigo se cierne el peligro de la degradación cívica, no me es posible hablar de los daños que yo mismo he sufrido. Mas quiero que se os lea un requerimiento, pues, cuando lo hayáis oído, os daréis cuenta por él de que lo depuesto es verdad; de que, si bien ahora pretende haber reclamado a Milias por la totalidad, en un principio sólo lo reclamó por treinta minas; y, además, de que ningún daño sufre por el testimonio. En efecto, queriendo yo refutar a este sujeto de todas [51] las maneras, e intentando haceros evidentes sus artificios y picardías, le pregunté cuánto era en total el dinero por el que había reclamado a Milias como testigo; éste, mintiendo, respondió que por la totalidad. «Pues bien, dije yo, sobre esa cuestión te entregaré al poseedor de la copia del requerimiento que me hiciste. Cuando haya yo jurado que tú reconociste [52] que el hombre era libre y lo atestiguaste en contra de Demón, si juras por la vida de tu hija lo contrario, te descargo de la cantidad total por la que demuestres, con la tortura del esclavo, haberlo reclamado en un principio, y sea otro tanto inferior la estimación de la condena en que incurriste según la suma por la que reclamaste a Milias, con objeto de que no sufras ningún perjuicio por razón de los testigos.» Yo le hice este requerimiento en presencia de mucha [53] gente, y él dijo que no lo haría. Y en verdad, quien rehuyó sentenciar personalmente a su favor esta cuestión, ¿cómo va a ser justo que vosotros, que habéis prestado juramento, por fiaros de ese sujeto condenéis a los testigos, y no penséis que es el más sinvergüenza de los hombres todos? Pero, en prueba de que digo verdad, llama a los testigos de estos hechos.
TESTIGOS
[54] Pues bien, no debéis suponer que yo estaba decidido a esto, pero que los testigos no tenían mi mismo criterio, sino, por el contrario, éstos querían añadir un juramento por la vida de sus hijos, a quienes habrían situado a su lado, en defensa de los testimonios que depusieron. Mas él no consideró conveniente otorgar el juramento ni a mí ni a aquéllos, sino que, después de haber colocado la cuestión sobre la base de razonamientos preparados con astucia y testigos habituados a no deponer la verdad, espera engañaros fácilmente. Tómales, pues, también este testimonio.
TESTIMONIO
[55] En modo alguno, pues, se podría demostrar con más claridad que somos objeto de una acusación falsa, que lo depuesto es verdad y que la condena ha sido dictada con justicia, que probándolo de este modo: ese sujeto no quiso someter a tortura, respecto del tema de las testificaciones, al esclavo que escribió el testimonio; Esio, su hermano, ha atestiguado [56] eso que él dice ser falso; este mismo individuo me ha testimoniado contra Demón, que era tío suyo y cotutor, una atestación idéntica a la de los testigos a quienes persigue; no quiso someter a tortura a las esclavas sobre la cuestión de la libertad del hombre; mi madre quiere prestar sobre dichos puntos un juramento por nuestras vidas; éste no quiere tomar ninguno de los otros criados que están al corriente de todo más que a Milias; no ha atacado por falso testimonio a ninguno de los testigos que contra él depusieron [57] que retenía mis bienes; no devolvió el testamento ni arrendó el patrimonio, pese a ordenarlo las leyes; y no creyó que fuera necesario agregar un juramento, previa jura mía y de los testigos, de suerte que quedara descargado de las cantidades por las que reclamó a Milias. ¡Por los dioses! yo no podría demostrar eso con más claridad que de esta manera. Pues bien, aunque de una manera tan notoria dice mentiras contra los testigos, a pesar de que no sufre ningún daño como consecuencia de los hechos y de que ha incurrido en condena con justicia, con todo no siente vergüenza. Si hubiera hecho estos alegatos [58] sin haberse visto previamente entre sus propios amigos y ante el árbitro que cometía una injusticia, habría que admirarse menos de su proceder; pero, en realidad, después de haberme persuadido a recurrir a Arquéneo, Dracóntides y Fano, aquí presente, el ahora acusado por él de falso testimonio, recusó a éstos tras haberles oído que si pronunciaban laudo bajo juramento 11 condenarían la tutela, y personado ante el árbitro designado por la suerte, como no pudiera desvirtuar ni una sola de las reclamaciones, incurrió en laudo condenatorio. Por otra parte, los jueces [59] a los que apeló pronunciaron, previa audiencia, un fallo idéntico al de sus amigos y al del árbitro sobre las mismas cuestiones y estimaron la condena en diez talentos, no, ¡por Zeus!, porque hubiera reconocido que Milias era libre (pues no se trataba de eso), sino porque, habiéndoseme transmitido testamentariamente una hacienda de quince talentos, no arrendó el patrimonio y, en cambio, sí concertó en mi nombre, cuando yo era su pupilo, durante sus diez años de gestión con los cotutores, ingresar en la simoría cinco minas, cuanto ingresaban Timoteo, el hijo de Conón, [60] y los que tenían las más elevadas estimaciones y porque después de haber administrado tanto tiempo esos bienes por los cuales él mismo consideró justo ingresar tan importante contribución, no me entregó de su parte ni siquiera el valor de veinte minas, sino que en compañía de aquéllos me ha despojado de todo el capital y de los frutos. Y así los jueces, luego de haber tomado como renta para todos los bienes no aquélla por la que suelen arrendarse los patrimonios, sino la que era más baja, hallaron que en total ellos me estaban defraudando más de treinta talentos; por eso estimaron para este individuo una condena de diez talentos.
1 Sobre el valor de esta prueba, cf. ARISTÓTELES, Retórica I 15, y DEMÓSTENES, Contra Onétor, I 37.
2 Hermano de Áfobo.
3 Sobre este punto, cf. DEMÓSTENES, Contra Onétor, I y II .
4 Meteco es el extranjero domiciliado en una ciudad. Sujeto a determinadas restricciones, en Atenas pagaba un impuesto anual de doce dracmas. Se cita el hecho para provocar la animadversión de los jueces, pues los atenientes veían con malos ojos tal proceder en un conciudadano.
5 La recusación es previa a la votación de los jueces y requisitos indispensable para un posterior proceso por falso testimonio.
6 En los procesos con estimación, los jueces, después de haber votado la condena, tenían que proceder a una nueva votación para pronunciarse en favor de la elevada por una de las partes.
7 Quizás el mismo personaje del discurso Contra Timócrates.
8 Esto es, como copartícipes, al igual que ocurría en los certámenes teatrales cuyos gastos eran mantenidos por el impuesto especial de la coregía.
9 Cf. Contra Áfobo, I 44-45.
10 Cf. Contra Áfobo, I 55-57.
11 El o los árbitros privados prestaban juramento antes de dictar laudo.
XXX
CONTRA ONÉTOR, POR EXPULSIÓN Y DESPOSESIÓN, I
INTRODUCCIÓN
Condenado Áfobo y residente ya en Mégara, Demóstenes procede a la ejecución de la sentencia sobre sus bienes. No obstante, el antiguo tutor ha adoptado medidas fraudulentas para evitar el pago de los diez talentos, y, así, cuando nuestro orador toma posesión regular de un predio propiedad de aquél, es «expulsado y desposeído» por Onétor, quien alega que el campo ha sido estimado hipotecariamente a su favor en garantía de la dote de su hermana, a la sazón divorciada de Áfobo, y que tiene sobre la finca rústica un derecho prevalente, en tanto en cuanto que la constitución de tal derecho es anterior a la condena de Áfobo.
Demóstenes ejercita contra Onétor la díkē exoúlēs, una acción por expulsión ilegal propiamente, y, en consecuencia, por desposesión, penal, que, además de la condena de la parte, comporta también una pena igual cuyo beneficiario es el Estado. Naturalmente, para que su acción prospere y haga valer sus derechos debe demostrar la prioridad de su título sobre el de Onétor, y a ello se consagra desde un principio, haciendo ver que en el momento en que se incoa el proceso contra Áfobo no hay ningún derecho ajeno que grave la propiedad, y, aún más, pone de relieve lo ficticio del divorcio, toda vez que la cohabitación de la mujer con el ex tutor ha sido ininterrumpida, y afirma que la dote no fue entregada nunca y que la hipoteca es simulada, pues Áfobo ha continuado en posesión del predio después del divorcio y la inscripción.
Pronunciado, como el siguiente, en 362-61 a. C., el discurso es rico en datos sobre los derechos de familia e hipotecario y sobre la preferencia de derechos.
NOTA SOBRE LA EDICIÓN
Los pasajes en que no he seguido la edición de Rennie (Demosthenis orationes, Oxford, 1921 [reimpr. 1974]) son:

ASUNTO
[1] Áfobo, cuando Demóstenes iba a ejercitar contra él las acciones por la tutela, se casó con la hermana de Onétor, que le fue dada por Timócrates, su primer marido, puesto que éste había de tomar una epiclera 1 . Posteriormente Onétor, cuando ya era demandado Áfobo en el proceso por la tutela, mediante la ficción de un divorcio, como prueba el orador, llevó de nuevo junto a sí a su hermana. Una vez que Áfobo fue condenado, como el orador hubiese ido a hacerse cargo de su hacienda y entrara en sus tierras, Onétor lo expulsó violentamente, alegando que los campos eran de su hermana por haber sido estimados en hipoteca 2 con vistas a la restitución de la dote. Por eso promueve Demóstenes [2] contra él un proceso de desposesión, por haber sido expulsado de unos bienes que anteriormente habían sido de Áfobo y ahora eran suyos, pues afirma que Áfobo no ha tomado la dote, sino la mujer sólo, dado que Onétor no quiso dar la dote porque veía que Áfobo y su hacienda corrían riesgos. Hoy, dice, el divorcio es pura ficción, y por unas cantidades que no ha recibido Áfobo el campo ha sido estimado en hipoteca para despojarme de lo mío. El término exoúlē es ático, pues llamaban exíllein a rechazar y expulsar con violencia.
Aunque estimaría en mucho, jueces, que no se hubiese [1] dado la diferencia que tuve con Áfobo, ni la que ahora tengo con Onétor, aquí presente, que es cuñado suyo, y aun cuando dirigí a ambos numerosos y justos requerimientos, de ninguno pude conseguir respuestas moderadas; pero he descubierto que éste es mucho más díscolo que aquél y también se merece más ser condenado. En efecto, aunque yo creía que [2] él debía zanjar sus problemas conmigo entre amigos y no obtener una prueba de vosotros, no fui capaz de persuadirle; si bien yo exhortaba a este sujeto a que fuera su propio juez, para que no corriese riesgos en vuestro tribunal, tan despreciado fui por él, que no sólo no merecí recibir contestación, sino que de la tierra que Áfobo tenía cuando perdió su proceso conmigo fui por él expulsado de muy violento [3] modo. Así pues, dado que en connivencia con su cuñado trata de despojarme de mis bienes, y confiado en sus propias tretas ha acudido a vuestra presencia, lo que resta es intentar conseguir de su parte, entre vosotros, las reparaciones conformes a derecho. Bien, jueces, sé que el proceso me enfrenta a sutilezas de discursos y a testigos que no depondrán la verdad, pero con todo, en la exposición de alegaciones más [4] justas que las suyas pienso aventajarle tanto que, aun cuando alguno de vosotros antaño creyera que este sujeto no era un ser perverso, al menos por lo que contra mí ha llevado a cabo llegará a la convicción de que en otro tiempo no se daba cuenta de que era el individuo más ruin e injusto de todos. En efecto, demostraré que él no sólo no ha entregado la dote por la que ahora dice que ha sido estimado en hipoteca el fundo, sino que desde un principio asechó contra mis bienes; que, además, no se ha divorciado la mujer en cuyo nombre me arrojó de la citada tierra, [5] y que está protegiendo a Áfobo y aguantando estos procesos para privarme de mis bienes; y lo haré con indicios tan importantes y tan evidentes pruebas, que todos vosotros vais a saber claramente que este sujeto se ve acusado por mí en el presente proceso con justicia y derecho plenos. Intentaré informaros primero tomando como punto de partida aquel por el que os sea más fácil la comprensión de los hechos.
[6] En efecto, jueces, a muchos otros atenienses, y también a este individuo, no se les pasaba por alto que yo estaba sometido a una tutela deshonesta, sino que la injusticia que sufría fue notoria inmediatamente. ¡Tantos esfuerzos y conversaciones había ante el arconte y los otros en defensa de mis bienes! Pues la cuantía del caudal relicto estaba clara, y tampoco era oscuro que quienes administraban el patrimonio lo tenían sin arrendar para disfrutar ellos mismos de las rentas. En consecuencia, por lo que pasaba no había entre la gente informada quien creyera que yo no intentaría obtener una reparación de dichos individuos tan pronto como fuese considerado mayor de edad. Entre ellos, también Timócrates y Onétor vivieron [7] con esa convicción. He aquí la prueba más irrefutable de todas: este sujeto quiso dar en matrimonio su hermana a Áfobo, pues veía que se había convertido en dueño de su propia hacienda paterna y de la mía, que era no poca, pero no tuvo confianza para hacer entrega de la dote, como si creyese que los bienes de los tutores constituían una garantía estimada en favor de los pupilos. Le dio su hermana, y Timócrates, con quien estaba casada primero la mujer, estuvo de acuerdo en ser deudor de la dote ante aquél con un interés de cinco óbolos. Como Áfobo hubiera [8] incurrido en condena a mi favor en el proceso de tutela y no quisiera cumplir en justicia, Onétor ni siquiera intentó ponernos de acuerdo, sino que, sin haber entregado la dote, antes bien, siendo él su dueño, como si su hermana se hubiese divorciado y él no pudiera recuperar la dote que habría dado, tuvo la osadía de arrojarme de la tierra aduciendo haberla estimado como garantía. ¡Tanto menosprecio mostró hacia mí, hacia vosotros y hacia las leyes vigentes! Esto es, jueces, lo sucedido, por lo que se ve acusado [9] en el proceso y sobre lo que emitiréis voto. Presentaré como testigos, en primer lugar al mismo Timócrates, de que acordó deber la dote y pagaba su interés a Áfobo a tenor de los convenios, y, luego, a otros, de que el mismo Áfobo reconocía cobrar de Timócrates el interés. Tómame los testimonios.
TESTIMONIOS
[10] Desde un principio, pues, se reconoce que no fue entregada la dote y que Áfobo no llegó a ser dueño de la misma. Pero también está claro por verosimilitudes que, por esas razones que he expuesto, prefirieron deber la dote a confundirla con la hacienda de Áfobo, que tan graves riesgos iba a correr. Pues no es posible decir que no la dieron de inmediato por apuros económicos (Timócrates, en efecto, tiene una hacienda de más de diez talentos, y Onétor de más de treinta, de suerte que no sería por eso por lo que no la han entregado en seguida), ni tampoco que poseían [11] bienes, pero a la sazón carecían de dinero en metálico, y pues la mujer se hallaba como en la viudez, por ello se apresuraron a llevar a cabo esos actos sin entregar a un tiempo la dote: estos sujetos, en efecto, suelen prestar a otros no poco dinero y, además, dieron en matrimonio a ésa desde casa de Timócrates cuando cohabitaba con éste, pero no era viuda, de suerte que no se les podría aceptar con razón [12] ese pretexto. Además, jueces, todos podréis reconocer que, al arreglar un asunto de tal condición, cualquiera preferiría deber dinero a otro a no haber entregado la dote a su cuñado. Pues quien no ha pagado es un deudor dudoso de si pagará religiosamente o no, pero quien ha entregado, junto con la mujer, [13] también sus bienes, es un pariente y cuñado, porque no está incurso en sospecha ninguna el que ha ejecutado todo lo justo. En consecuencia, así las cosas, sin haberse visto obligados estos sujetos a ser deudores por cada una de las razones que expuse, y sin que lo hayan querido, no es posible aducir otro pretexto por el cual no hicieron la entrega, sino que necesariamente ésta es la causa por la que no tuvieron confianza para dar la dote.
Pues bien, ya que con tanta evidencia pruebo estos [14] puntos, creo que, por los mismos hechos, fácilmente demostraré que no pagaron la dote con posterioridad, de suerte que os sea notorio que, aun cuando no hubiesen tenido dinero para estos fines, sino para satisfacerla en breve plazo, jamás la habrían pagado ni cedido. ¡Tales imperativos les imponía el asunto! Dos son, en efecto, los años transcurridos [15] entre el desposorio de la mujer y la fecha en que, según dicen éstos, se ha realizado el divorcio, pues se casó durante el arcontado de Polizelo, en el mes de esciroforión 3 , y el divorcio fue inscrito en el mes de posideón, siendo arconte Timócrates 4 ; yo, inmediatamente después de las bodas, confirmado ya mayor de edad, hacía mis reclamaciones y pedía cuentas, y, como me viese despojado de todo, ejercité las acciones judiciales durante el mismo arcontado. Ese [16] lapso de tiempo admite precisamente que la debiera según sus convenios, y no contiene prueba de haberla satisfecho. Pues quien, por dichas razones, prefirió desde un principio ser deudor y pagar un interés, para que no corriese riesgos la dote unida al resto de la hacienda, ¿cómo la habría pagado este sujeto cuando aquél ya estaba procesado? Aunque antaño hubiera tenido confianza, entonces habría buscado recobrarla. No es posible, jueces, sin ningún género de duda. Pues bien, en prueba de que la mujer se casó [17] por el tiempo que yo digo, de que nosotros exactamente en el período intermedio nos constituimos en adversarios procesales, y de que éstos inscribieron el divorcio ante el arconte después de que yo hubiese incoado el proceso, tómame estos testimonios sobre cada punto.
TESTIMONIOS
Pues bien, después del citado arconte vino Cefisodoro, y luego Quión. Durante el mandato de éstos hice mis reclamaciones, ya confirmado mayor de edad, e incoé el proceso en el de Timócrates. Toma este testimonio.
TESTIMONIO
[18] Lee también este testimonio.
TESTIMONIO
Claro está, pues, por lo depuesto, que no porque hayan dado la dote, sino para salvarle a Áfobo su hacienda, se atreven a llevar a cabo esas maniobras. En efecto, quienes en tan poco tiempo dicen haberla debido, satisfecho, haberse divorciado la mujer, no haberla recuperado y haber estimado el campo en garantía, ¿cómo no va a ser evidente que pretenden defraudarme la sentencia dictada por vosotros defendiendo [19] su negocio? Ahora intentaré demostraros que por las respuestas que dieron este mismo sujeto, Timócrates y Áfobo no es posible que la dote haya sido entregada. En efecto, jueces, yo pregunté a cada uno de éstos en presencia de numerosos testigos, a Onétor y Timócrates si había algunos testigos ante los cuales entregaron la dote, y al mismo Áfobo si había [20] gente presente cuando la recibió. Todos me respondieron, uno por uno, que nadie se hallaba presente como testigo y que Áfobo la había ido recibiendo de ellos en las cantidades que necesitaba. En verdad, ¿para quién de vosotros es digno de crédito eso, que, siendo la dote de un talento, Onétor y Timócrates hayan puesto en manos de Áfobo tanto dinero sin testigos? Para nadie, cuanto menos de este modo; sino que ni siquiera con numerosos testigos hubiese tenido confianza para entregarlo al azar, con objeto de que, si surgía alguna diferencia, pudiera recobrarlo fácilmente en vuestro tribunal. En efecto, no sólo con un [21] individuo de esa especie, sino con ningún otro habría actuado nadie sin testigos al formalizar un contrato de tal importancia; sino que por motivos tales celebramos bodas e invitamos a los más allegados, porque no entregamos una cosa baladí, sino las vidas de hermanas e hijas, por cuyo interés miramos sobre todo las seguridades. Lo equitativo era, pues, que este [22] sujeto, si verdaderamente pagábale la dote, liquidara su obligación con Áfobo en presencia de esas mismas personas ante quienes reconoció ser deudor y acordó pagar el interés. Porque obrando de este modo quedaba libre de todo el asunto, pero si le pagaba a solas dejaría tras de sí, como testigos de cargo suyos de que seguía siendo deudor, a quienes asistieron a los convenios. Pues bien, no pudieron persuadir a [23] personas que son allegados suyos y más honestos que ellos de que atestiguaran que habían entregado la dote, y, por otra parte, si presentaban como testigos a quienes no les tocaran nada por linaje, se figuraban que vosotros no les concederíais crédito. Todavía más: si alegaban haber dado la dote de una vez, sabían que reclamaríamos a los criados que la hubiesen entregado, y, en caso de no querer cederlos porque la entrega no se hubiera producido, serían convictos; pero si decían haberla satisfecho ellos personalmente a solas y del modo expuesto, pensaban que no se les [24] refutaría. Por eso eligieron por necesidad mentir de esta manera. ¡Con tales artificios y picardías, convencidos de que van a dar la impresión de ser personas sencillas, creen que os engañarán con facilidad, cuando con sencillez no hicieron lo más mínimo en defensa de sus intereses, sino con la mayor precisión posible! Tómales los testimonios de aquellos en cuya presencia declararon y lee.
TESTIMONIOS
[25] Adelante, pues, jueces; os demostraré también que la mujer se ha divorciado de palabra, mas de hecho sigue cohabitando 5 con Áfobo, pues creo que si comprobáis exactamente este hecho, más desconfianza sentiréis hacia estos sujetos, y, en cambio, a mí, la víctima, me prestaréis justos auxilios. De unas cosas os presentaré testigos, de otras mostraré indicios [26] importantes y suficientes elementos de crédito. En efecto, jueces, yo, después de haber sido llevada a cabo ante el arconte la inscripción de que la citada mujer se había divorciado, y luego de que Onétor dijera que el campo había sido estimado en garantía a cambio de la dote, como viese que Áfobo seguía igualmente en su posesión, trabajaba la tierra y cohabitaba con la mujer, supe claramente que estas manifestaciones eran pura palabrería y una alteración [27] de la realidad. Deseoso de hacer evidentes a todos vosotros los citados hechos, juzgué conveniente convencerle ante testigos, en caso de que negara que las cosas eran así, y ofrecí para el tormento un criado que conocía todo a la perfección; criado que tomé de los de Áfobo, por hallarse incurso en mora. Este sujeto, al pretender yo los citados medios, rehuyó la tortura para la cuestión de que su hermana seguía cohabitando con Áfobo, pero que éste trabajaba la tierra no pudo negarlo por su notoriedad, sino que lo reconoció además. Pero no sólo por esto era fácil conocer [28] que vivía con la mujer y continuaba en posesión del campo todavía antes de haber tenido lugar el proceso, sino por cuanto realizó a este respecto una vez condenado. En efecto, convencido de que no había hecho la estimación en garantía y de que iban a ser bienes míos en virtud de la sentencia, se marchó con todo lo que era posible llevarse, los frutos y todos los aperos de cultivo, salvo las barricas; lo que no era posible pillar, por fuerza tuvo que dejarlo, de suerte que ahora fuese viable a éste reivindicar la tierra en sí. En verdad, es escandaloso que el uno [29] diga que ha obtenido una estimación del fundo en garantía a su favor, y que el que ha hecho la estimación aparezca trabajándolo; que aquél alegue que su hermana se ha divorciado y, en cambio, rehuya con toda evidencia las pruebas de estos mismos hechos; que quien no cohabita con la mujer, según dice este sujeto, se haya llevado los frutos y todos los útiles de cultivo, mientras que quien actúa en defensa de la divorciada, en cuyo interés afirma haber sido estimado en garantía el campo, no se muestre indignado ni por uno solo de estos hechos, sino que guarde calma. ¿No es esto una evidencia irrefutable? ¿No es [30] un reconocido encubrimiento? Cualquiera podría decirlo si analizara correctamente cada uno de los actos. Bien, en prueba de que reconoció que aquél trabajaba la tierra antes de haber tenido lugar mi proceso en contra suya, de que se negó a proceder al tormento para demostrar que su hermana no cohabitaba con Áfobo, y de que el conjunto de aperos fue llevado afuera después de la sentencia, salvo los objetos fijos en el suelo, toma estos testimonios y lee.
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