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Débora Tajer (dir.)

Niñez, adolescencia y género

Herramientas interdisciplinarias para equipos de salud y educación

Débora Tajer, María Eugenia Cuadra, Susana De la Sovera, Rocío Paola Fabbio, Juliana Fernández Romeral, Mariana Gaba, María Laura Lavarello, Alejandra Lo Russo, Graciela Beatriz Reid, Lucía Daniela Saavedra, Mónica Solís


Niñez, adolescencia y género : herramientas interdisciplinarias para equipos de salud y educación / Débora Tajer ... [et al.] ; dirigido por Débora Tajer. - 1a ed - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Centro de Publicaciones Educativas y Material Didáctico, 2021.

(Conjunciones / 66)

Libro digital, EPUB

Archivo Digital: descarga y online

ISBN 978-987-538-818-5

1. Niñez. 2. Adolescencia. 3. Estudios de Género. I. Tajer, Débora, dir.

CDD 306.760835

Colección Conjunciones

Corrección de estilo: Liliana Szwarcer

Diagramación: Patricia Leguizamón

Diseño de cubierta: Pablo Gastón Taborda

1º edición, noviembre de 2020

Edición en formato digital: abril de 2021

Noveduc libros

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ISBN 978-987-538-818-5

Conversión a formato digital: Libresque

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DÉBORA TAJER. Trabaja como psicoanalista, docente e investigadora. Licenciada y doctora en Psicología (UBA). Magister en Ciencias Sociales y Salud (FLACSO/CEDES). Egresada Residencia en Psicología Clínica, Hospital “Braulio Moyano” (GCBA).

Profesora adjunta a cargo de la Cátedra Introducción a los Estudios de Género y Profesora adjunta regular de la Cátedra Salud Pública/Salud Mental II (Facultad de Psicología, UBA). Directora de Proyectos de Investigación UBACyT en Salud, Subjetividad y Género, desde 1998. En los últimos tiempos se abocó a investigar las problemáticas específicas de género y salud en la adolescencia.

Directora del Programa de Actualización en Género y Subjetividad de la Secretaría de Posgrado (Facultad de Psicología, UBA). Desde 2004 dicta el Seminario “¿Cómo trabajar en clínica psicoanalítica con perspectiva de género?”.

Estuvo a cargo del Seminario sobre Psicoanálisis y Género en la Universidad París 7 Diderot, Cátedra Alicia Moreau 2019. Cofundadora del Foro de Psicoanálisis y Género de la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires (APBA) y miembro de su Comité Asesor. Oradora TEDxRío de la Plata 2019. Forma parte del Consejo Asesor del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad de la Nación.

Fue Coordinadora General de la Asociación Latinoamericana de Medicina Social-ALAMES (2001/02). Cofundadora y coordinadora de la Red de Género y Salud Colectiva ALAMES (1997-2004). Ha realizado consultorías para la Organización Panamericana de la Salud (OPS), Organización Mundial de la Salud (OMS), Red de Salud de las Mujeres Latinoamericanas y del Caribe (RSMLAC), Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA), Consejo Nacional de las Mujeres (CNM), Dirección General de la Mujer del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires (DGMuj), entre otras. Participó como Experta en la Red de Conocimiento sobre Equidad de Género de la Comisión de Determinantes Sociales en Salud de la OMS.

Autora de Heridos corazones (Paidós, 2009) y Psicoanálisis para todxs. Por una clínica pospatriarcal, posheteronormativa y poscolonial (Topía, 2020).

Cocompiladora, junto a Irene Meler, de los libros Psicoanálisis y género. Debates en el Foro (Lugar Editorial, 2000); Saúde, eqüidade e gênero : um desafio para as políticas públicas (UNBrasilia, 2000), con Ana María Costa. Compiladora de Género y salud. Las políticas en acción (Lugar Editorial, 2012).

Ha publicado diversos capítulos en libros de su especialidad, así como artículos científicos, de divulgación general y en medios de comunicación, algunos de los cuales han sido traducidos al portugués, francés e inglés.

MARÍA EUGENIA CUADRA. Licenciada en Psicología (UBA). Magíster en Género Sociedad y Políticas (Prigepp-FLACSO). Investigadora de la cátedra Introducción a los Estudios de Género (Facultad de Psicología, UBA). Docente de la materia Violencia de Género de la Especialización en Criminología (UNQ). Docente invitada posgrado (UNR). Integrante del equipo interdisciplinario de la Oficina de Violencia Doméstica de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Coautora del libro Género y salud. Las políticas en acción (2012).

SUSANA DE LA SOVERA. Licenciada en Psicología. Psicoanalista. Analista Institucional. Especialista en Grupos. Docente y supervisora externa de profesionales de la Salud Mental en hospitales de la Ciudad de Buenos Aires. Coordinadora de intervenciones institucionales en escuelas, en temáticas de grupos y género. Exdocente e investigadora (Facultad de Psicología, UBA). Directora de Programas de Extensión Universitaria (UBA). Formadora de Extensionistas. Autora de artículos y capítulos de libros.

ROCÍO PAOLA FABBIO. Licenciada en Psicología (UBA). Investigadora de la cátedra Introducción a los Estudios de Género (UBA). Docente de Psicología, Ética y Derechos Humanos. Maestranda en Problemáticas Sociales Infantojuveniles (UBA). Becaria UBACyT de Maestría “Violencia en varones adolescentes: significados, prácticas y estrategias en el primer nivel de atención” 2020-2022. Coordinadora de la revista académica Symploké. Estudios de Género. Colabora con diferentes organizaciones sociales de personas en situación de calle y en contextos de vulnerabilidad social.

JULIANA FERNÁNDEZ ROMERAL. Licenciada en Psicología (UBA). Docente de Salud Pública Salud Mental II e investigadora de Introducción a los Estudios de Género (Facultad de Psicología, UBA). Docente en Seminarios de posgrado. Maestranda en Problemáticas Sociales Infantojuveniles (Facultad de Derecho, UBA), tema de tesis “Imaginarios sociales sobre paternidad en adolescentes padres”. Integrante de la Cátedra Libre por el Derecho al Aborto (Facultad de Psicología, UBA). Codirectora de la Revista Symploké. Estudios de Género.

MARIANA GABA. Licenciada en Psicología (UBA). Magister en Psicología Organizacional (UB), Magister en Género, Cultura y Políticas (PRIGEPP-FLACSO). Especialista en Género y organizaciones. Docente e investigadora, cátedra Introducción a los Estudios de Género (Facultad de Psicología, UBA). Directora del Departamento de Género de la Universidad Diego Portales (Chile).

MARÍA LAURA LAVARELLO. Licenciada en Psicología (UNLP). Psicoanalista. Analista institucional. Psicoterapeuta grupal. Docente e investigadora cátedra Psicología Institucional y cátedra Salud Mental Comunitaria (Facultad de Psicología, UNLP). Coordina proyectos de extensión y servicios a la comunidad. Investigadora cátedra Introducción a los Estudios de Género (Facultad de Psicología, UBA). Integrante equipos de investigación y extensión. Docente invitada postgrado (UNR).

ALEJANDRA LO RUSSO. Licenciada en Psicología (UBA). Psicoanalista. Master en Ciencias Sociales (FLACSO-Cedes). Investigadora y docente (UBA), Cátedra Introducción a los Estudios de Género. Coordinadora de Posgrado del Programa de actualización en género y subjetividad. Docente del Posgrado en Psicoanálisis y Género. Coordinadora del grupo de estudio Psicoanálisis y Feminismo. Supervisora clínica en la Red de Psicologxs Feministas. Supervisora y asesora externa en instituciones del sector público y privado. Escribe sobre temas de su especialidad.

GRACIELA BEATRIZ REID. Licenciada en Psicología (UK). Magister en Psicoanálisis (UNLaM/AEAPG). Docente e Investigadora de la cátedra Introducción a los Estudios de Género (Facultad de Psicología, UBA). Docente invitada al Seminario de la Maestría Poder y Sociedad desde la problemática de Género (UNR). Psicoanalista. Supervisora clínica. Coautora del libro Género y salud. Las políticas en acción (2012). Autora de Maternidades en tiempos de des(e)obediencias. Versiones de una clínica contemporánea (2019). Docente de la Asociación Escuela Argentina de Psicoterapia para Graduados.

LUCÍA DANIELA SAAVEDRA. Licenciada en Psicología (UBA). Docente e investigadora en la cátedra Introducción a los Estudios de Género (Facultad de Psicología, UBA). Tutora de tesis de licenciatura en dicha facultad. Maestranda en Problemáticas Sociales Infantojuveniles (Facultad de Derecho, UBA). Becaria de investigación UBACyT de maestría “Trabajos masculinizados en varones adolescentes: conductas de riesgo y construcción de la masculinidad”, bajo la dirección de la Dra. Débora Tajer. Codirectora de la Revista Symploké. Estudios de Género.

MÓNICA SOLIS. Licenciada en Psicología (UBA). Psicóloga Social. Maestranda en Psicología Social Comunitaria (UBA). Diplomada en Género y Derechos de las Mujeres (ECAE). Investigadora Formada, cátedra Introducción a los Estudios de Género (UBA).

Índice

  Cubierta

  Portada

  Créditos

  Sobre las autoras

  Introducción

  Capítulo 1. Infancias generizadas en la atención de la salud Géneros e infancias: ¿por qué es importante la perspectiva de género en la atención? Imaginarios profesionales sobre epidemiología diferencial por género: ¿de qué enferman lxs niñxs? Roles de género en las crianzas: ¿quiénes asisten a los servicios de salud? Estilos y modos de crianzas actuales: imaginarios profesionales y problemáticas específicas Lactancia: alcances y limitaciones en tiempos patriarcales Configuraciones familiares actuales. Impacto en la salud en las infancias Imaginarios sobre las técnicas de reproducción asistida (NTR) Imaginarios sobre las configuraciones monoparentales Familias homoparentales: entre imaginarios instituidos y prácticas instituyentes Abuso sexual en la infancia y violencia de género Diversidad sexual e identitaria en las infancias: una aproximación desde la mirada de lxs profesionales La importancia de la perspectiva de la equidad de género

  Capítulo 2. Salud adolescente: del dicho al hecho. Imaginarios profesionales y su impacto en la equidad de género Modos diferenciales por género de la demanda de atención y de la distribución de los problemas en salud. Fronteras entre autonomías y cuidados Violencias en la adolescencia: el dolor en clave de género Consumo problemático de sustancias: la primacía del mercado en los territorios juveniles Nutrición: cuerpos en disputa entre el mercado y la alimentación saludable Salud sexual y reproductiva: del cuidado de las mujeres a “cuidarse unxs a otrxs” Diversidad sexual e identitaria en la adolescencia. Trans-posiciones deseantes Calidad de la atención: de los servicios amigables a la transversalización de derechos de la adolescencia Desafíos para acompañar las potencias adolescentes El efecto del neoliberalismo Consumos y género Modelos de cuerpos perfectos El género de las violencias Si es para ellxs, no puede ser sin ellxs

  Capítulo 3. Masculinidades adolescentes y salud: un modelo para armar Los “aún por conocer” Algunas aperturas para el armado de un modelo de salud atento a las masculinidades (en plural)

  Capítulo 4. Hijxs y nietxs del #niunamenos La multiplicación de la escucha Los tiempos de la intervención La multiplicación de la palabra, los núcleos problemáticos Padecimientos subjetivos del momento sociohistórico actual Denuncias de violencias y respuestas institucionales Interrelaciones institucionales e intergeneracionales Presencia/ausencia de perspectiva de género y derechos en la formación Aprendizajes, conclusiones y propuestas

  Bibliografía

Introducción

Este libro es el resultado del trabajo de los últimos diez años del equipo de investigadorxs de la Cátedra de Introducción a los Estudios de Género de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires, que me cuentan como Directora. Es el más reciente eslabón de una larga trayectoria que comenzó hace veintidós años y que ya ha producido dos volúmenes con anterioridad: Heridos corazones. Vulnerabilidad coronaria en varones y mujeres –Tajer (2009), que incluye los tres primeros proyectos de investigación– y Género y salud. Las políticas en acción –Tajer (comp., 2012), que incluye el cuarto proyecto además de varios resultados individuales de tesis del equipo–.

Podemos decir que lo que aúna estos sucesivos proyectos es una línea de investigación que entrelaza género, subjetividad y salud colectiva e incluye el ciclo de vida en sus diferentes etapas: niñez, adolescencia, adultez (joven, media, mayor).

En sus primeros tres capítulos, esta obra presenta los resultados de tres proyectos, (quinto, sexto y séptimo en la serie) y entrama en el análisis los aportes de lxs autorxs en el marco de tesis de maestrías y doctorado y otras investigaciones –individuales y colectivas–; las páginas que siguen evidencian la sinergia que promueven los aprendizajes y experiencias compartidas. El cuarto capítulo aborda una experiencia de extensión en un colegio secundario preuniversitario, que toma como insumo los resultados de las investigaciones precedentes.

¿Cuál es el aporte específico de la información que aquí se presenta? El modo en que las asimetrías sociales entre los géneros determinan diferencialmente el proceso salud-enfermedad-cuidados en distintas etapas del ciclo vital; una mirada que incluye la dimensión subjetiva. Para esto, incorpora el concepto de modos de subjetivación, entendiendo las relaciones entre las formas de representación que cada sociedad instituye para la conformación de sujetxs aptxs para desplegarse en su interior, y las maneras en que cada quien compone su singularidad (Tajer, 2009, 2020). Estos modos de subjetivación generizados brindan herramientas para el trazado de acciones en pos de garantizar la integralidad de las prácticas en salud.

Estas páginas reúnen desarrollos en torno a las infancias y adolescencias, y promueven una reflexión hacia el futuro, hacia un enfoque preventivo y de calidad de vida frente a las etapas vitales siguientes.

Tal como he destacado en otro texto (Tajer; 2012), las asimetrías jerárquicas entre los géneros se articulan interseccionalmente con otros desigualadores sociales de nuestra sociedad: la edad, raza, clase social, orientación sexual, identidad de género, etc., para establecer perfiles de morbi-mortalidad específicos, así como modelos de gestión diferencial de la salud-enfermedad-cuidados. Las asimetrías sociales entre los géneros establecen vulnerabilidades relativas a los roles sociales que los géneros pueden y deben cumplir en el marco del patriarcado moderno, lo que determina modos diferentes de vivir, de enfermar, de consultar, de ser atendidxs y de morir.

Uno de los ejes de aportes de nuestras pesquisas ha sido la visibilidad de las inequidades de género en la calidad de la atención en salud, las diferencias y similitudes injustas e innecesarias en el grado de satisfacción de necesidades en salud (Whitehead, 1990). Inequidades que se producen cuando se presta una atención igual a necesidades diferentes y cuando se atiende diferencialmente frente a necesidades iguales. Pero también se establecen inequidades de género en la calidad de la atención cuando, al resolver el problema, el trato que se otorga refuerza los estereotipos de género.

Como ya se mencionó, las investigaciones cuyos resultados se presentan se centran en la infancia y la adolescencia. Incluyen develar los rastros de paternalismo, patriarcado, binarismo de género, heteronormatividad y adultocentrismo en las prácticas de salud en dichas etapas vitales.

Para esto se han relevado los imaginarios profesionales de distintos equipos de salud. El concepto “imaginarios profesionales” refiere a los universos de sentido de un grupo profesional en particular. Alude a las naturalizaciones que rigen los sistemas de creencias, certezas teóricas y/o técnicas que configuran los valores, sensibilidades, criterios éticos y estéticos, pautas conductuales y actitudinales de su hacer y pensar cotidiano del oficio en un determinado momento histórico-cultural. Lxs profesionales involucradxs suelen no tener registro consciente cuando actúan desde sus imaginarios profesionales; en general, creen que están operando solo desde sus conocimientos científicos.

Este constructo permite identificar que quienes atienden no operan solo desde dichos conocimientos, sino en un campo de tensión entre estos y sus imaginarios profesionales. A su vez, ambos generizados.

Se puede decir que los imaginarios profesionales dan forma a las prácticas concretas en el ámbito de la salud e impactan en decisiones diagnósticas, terapéuticas y orientaciones hacia quieren recurren al sistema de salud en busca de atención. Serán las tensiones entre imaginarios y prácticas las que nos llevarán a recorrer estas páginas y las que promoverán la apertura de nuevos interrogantes, reflexiones y horizontes para desandar las brechas de género en la atención en salud.

Asimismo, en el Capítulo 3 se incluyen los imaginarios de lxs consultantes que también presentan un impacto específico en el proceso salud-enfermedad-cuidados, estableciendo modos específicos de autocuidado, de demanda de atención y de seguimiento de indicaciones.

El modelo que hemos ido construyendo para las investigaciones tiene como objetivo contar con información e insumos para el diseño de políticas públicas. Las que, con esta información, pueden generizarse y así estar más ajustadas a lxs sujetxs reales a quienes van dirigidas.

Hemos relevado las voces de integrantes de equipos de salud infantil y adolescente en la Ciudad de Buenos Aires, referentes que actuaron como informantes claves de sus temáticas de especialidad1, adolescentes usuarixs del sistema sanitario y diversxs actores de la comunidad educativa de escuelas medias de la ciudad.

Estas voces, a su vez, expresaron demandas y aportes que enriquecieron la tarea investigativa que aquí se presenta. Esta interlocución nos ha interpelado y nos ha hecho ajustar y rever presupuestos a lo largo del trabajo.

En el libro anterior de este equipo (Género y salud. Las políticas en acción, 2012)2, creamos una escala para medir la calidad de atención en salud que diferencia cuatro tipos de modelos. Muchas veces, estos no se presentan en su forma pura sino en coexistencia con los otros. Estos son: asistencial, transicional, semiintegral e integral.

En este libro, se evidencian las tensiones existentes entre modelos en el marco de la atención en efectores de salud para la infancia y la adolescencia que se encuentran incluidos en el marco de políticas públicas de salud, cuyo horizonte debiera estar dirigido a promover su autonomía progresiva.

Recordemos que el modelo de atención asistencial se caracteriza por la ausencia del enfoque intersubjetivo, la reproducción de estereotipos de género, la no consideración de usuarixs como sujetxs de derecho, el centramiento en aspectos biológicos de las problemáticas atendidas, la fragmentación de la atención y una concepción de la salud como ausencia de enfermedad. En el otro extremo, se encuentra el modelo integral de atención que considera a la autonomía como un aspecto fundamental del desarrollo y la madurez, fuertemente ligada al estar saludable, a la salud como construcción colectiva. Y se integra las prácticas de salud con los saberes de quienes consultan y fomenta su ciudadanía, que busca trabajar sobre aspectos ligados a la calidad de vida; se promueven acciones que garantizan la equidad en el acceso y permanencia en el sistema de salud; se contempla la especificidad de los géneros según las necesidades presentes y se les atiende adecuadamente. Entre uno y otro, se encuentran los modelos transicional y semiintegral, que toman algunos aspectos de cada uno de los polos, en una escala de grises que se tensan cotidianamente entre el asistencialismo y el derecho a la salud.

Nuestra perspectiva en el campo de la salud colectiva feminista está fuertemente atravesada por importantes cuestionamientos a los paradigmas hegemónicos en salud, y propone nuevos insumos para la reformulación de los modelos de cuidados profesionales en salud que incorpora el marco de los derechos en esa área.

El énfasis en la contextualización es una característica de la investigación cualitativa en la que nos inscribimos. Por lo tanto, quien lea estas páginas se encontrará con los efectos en las prácticas de salud atravesadas por las tensiones propias de la época: marcos teóricos que provienen de modelos hegemónicos, imaginarios profesionales que incluyen esquemas múltiples, avance en el reconocimiento de Derechos Humanos de colectivos vulnerabilizados y el estatus de sujetxs de derechos de niñxs y adolescentes.

Asimismo, el marco de abordaje de quienes investigamos se encuentra imbricado en el linaje de los feminismos y la actual fecundidad del movimiento organizado de mujeres y diversidades3, que promueve cambios no solo legislativos sino también sociales en sentido amplio: nuevas prácticas y nuevas tensiones.

Vale señalar que, parte de este contexto –que es preciso ubicar y que podrá rastrearse en cada uno de los capítulos–, se conforma también por las políticas de Estado que, en estos años, en nuestro país, han oscilado entre aquellas centradas en la inclusión de colectivos históricamente postergados y las de corte neoliberal que las acotan, con el impacto que conllevan estas oscilaciones en las vidas de las personas e instituciones.

Estos años de trabajo han redundado en la conformación de fructíferas redes con los equipos de salud, los que a su vez nos abrieron las puertas a otros servicios e instituciones. Esto también evidencia que nuestro trabajo de investigación no solo busca generar conocimiento, sino que se encuentra fuertemente comprometido con la transformación de la realidad y apuesta a la construcción de mayores grados de equidad entre los géneros, mediante la colaboración en la construcción de modelos de cuidados con perspectiva de ciudadanía.

El libro está dividido en cuatro capítulos. El primero contiene información acerca del grado de incorporación de la perspectiva de género en los modelos de atención en salud infantil que han realizado hasta el momento los equipos de salud especializados. Y hace propuestas acerca de cómo ir colaborando en el avance hacía mayores grados de incorporación.

El Capítulo 2 adopta el mismo modelo para la atención en adolescencia, e incorpora el paradigma de la autonomía progresiva.

El tercer capítulo continúa estudiando la atención en adolescencia, pero se focaliza en los varones de ese grupo etario, luego de constatar que son simultáneamente quienes menos consultan el sistema de salud, al mismo tiempo que los indicadores epidemiológicos –fundamentalmente en lo que refiere a lo que se denomina “causas externas” (accidentes, suicidios y homicidios)– los colocan como población en riesgo y que pone en riesgo. Y, en salud sexual y (no) reproductiva y violencia de género, son población que pone en riesgo. La novedad de este capítulo es que se incorporan las voces de los propios (y pocos) adolescentes varones que consultan al sistema de salud, así como las de otros muchos, que afortunadamente habitan el sistema educativo y nos cuentan su reticencia a sentirse convocados por el de salud.

El Capítulo 4 expone un trabajo de extensión que realizamos durante el año 2018 en un colegio preuniversitario, al que se nos convocó debido al alto grado de malestar existente entre los géneros, expresado en situación de abuso, denuncias y acciones de autodefensa (denominadas “escraches”) frente a la falta de respuesta del mundo adulto, que dejaba impunes los abusos.

En este libro encontrarán desarrollos vinculados a la salud mental de lxs adolescentes en un momento de ampliación de derechos para colectivos históricamente subordinados y de ebullición de los feminismos. Esperamos que sea de utilidad para quienes trabajan en el campo de la salud y de la educación, pero muy posiblemente el universo de llegada sea más amplio: todxs aquellxs interesadxs por las infancias y adolescencias actuales.

Débora Tajer

Notas

1. Agradecemos a Valeria Paván, Susana Toporosi y Fernando Zingman por la colaboración.

2. Compilado por quien escribe, incluyó los resultados del proyecto UBACyT “Ruta crítica de la salud de las mujeres: integralidad y equidad de género en las prácticas de salud de las mujeres en la Ciudad de Buenos Aires”. Contó con capítulos de producción individual a cargo de investigadoras del equipo que se encontraban desarrollando sus tesinas y tesis de posgrado. Estos aportes se incluyeron en el libro porque el acompañamiento en la elaboración de dichas producciones fue uno de los objetivos del mencionado proyecto UBACyT, en el marco de la constitución de una Red de Tesistas y Diplomandxs en género, salud y subjetividad.

3. A través de los Encuentros Nacionales de Mujeres, el movimiento “Ni Una Menos”, la marea verde, el movimiento “No es No”, los paros internacionales de mujeres.

Capítulo 1

INFANCIAS GENERIZADAS

EN LA ATENCIÓN DE LA SALUD

DÉBORA TAJER, GRACIELA REID, MÓNICA SOLÍS,

MARÍA EUGENIA CUADRA, LUCÍA SAAVEDRA

En el presente capítulo se presentan los principales resultados de la investigación UBACyT 2010/12 “Equidad de género en la calidad de la atención de niños y niñas” 1, cuyo objetivo fue identificar el modo en que lxs profesionales de la salud que atienden niñxs han incorporado la perspectiva de género en sus prácticas. El estudio tuvo carácter exploratorio-descriptivo con metodología cualitativa para la recolección y el análisis de la información. Se realizaron treinta y cuatro entrevistas a miembros de equipos interdisciplinarios de salud que atienden niñxs en diferentes servicios de Pediatría pertenecientes a hospitales públicos, clínicas privadas, hospitales de comunidad y Centros de Salud y Acción Comunitaria (CeSAC) de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA).

Uno de los supuestos de que partimos es que los equipos de salud infantil, además de ocuparse de los problemas de salud, suelen tener intervenciones en la promoción del desarrollo de lxs niñxs sanxs. De este modo, se constituyen en uno de los dispositivos biopolíticos de producción de infancias. Con lo cual, indagar el modo en que estxs profesionales incorporan los temas de género en la salud integral de la infancia permite, por un lado, identificar los grados de equidad de género en la calidad de la atención de la salud infantil. Y, por otro, analizar el modo en que los imaginarios profesionales acerca de estos temas producen prácticas generizantes en la infancia, considerándola como un período del género en producción. En este capítulo se presentan los imaginarios profesionales de los equipos de salud infantil en relación a los siguientes ejes: epidemiología diferencial por género, roles de género y modos de crianzas, lactancia, violencias y abusos y diversidades sexuales e identitarias.

GÉNEROS E INFANCIAS: ¿POR QUÉ ES IMPORTANTE LA PERSPECTIVA DE GÉNERO EN LA ATENCIÓN?

En Argentina existen diversos avances en la incorporación de los aspectos psicológicos y sociales aplicados en la atención de la salud de la población infantil. No obstante, dichos avances aún no han incorporado de forma significativa la perspectiva de género en la promoción y la atención de la salud, tal como lo sugieren y promueven lxs expertxs en múltiples documentos de organismos internacionales (Sen y Östlin, 2007; Irwin, Siddiqi y Hertzman, 2007).

Estos consensos han sido recogidos por recientes documentos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), observándose coincidencia tanto de lxs especialistas en género y salud (Sen y Östlin, 2007) como de lxs de infancia y salud (Irwin et al., 2007).

Por su parte, podemos afirmar que el género marca de manera significativa los siguientes aspectos ligados a la calidad de atención en salud:

 las condiciones psicosociales que determinan la aparición de enfermedades,

 las formas de vivenciar las enfermedades,

 las decisiones diagnósticas y terapéuticas,

 las posibilidades de acceso a los servicios de salud,

 la interacción que acontece en los servicios, incluyendo los aspectos intersubjetivos, que son habitualmente denominados como intercambio de información y relación interpersonal, entre otros (Bruce, 1990) y

 las posibilidades de cumplir con ciertos tratamientos (Pittman y Hartigan, 1996; Tajer et al., 2010).

Asimismo, hay que considerar que las formas de la demanda realizada por pacientes (y familias) presentan diferencias entre varones y mujeres (Tajer, Costa, Hamman, 2000) y es otro aspecto que incide en la calidad de la atención (Standing, 2000).

Algunxs autorxs destacan la importancia de incluir la perspectiva de género en el campo de la salud de las infancias, valorando que redundaría en una mejor calidad de la atención y en la planificación de acciones más efectivas y promotoras de igualdad y equidad desde la niñez (Mercer, Szulik, Ramírez y Molina, 2008). Este trabajo, a su vez, se incluye en un línea de pesquisa de este equipo que ha ido incorporando las categorías de género y etapa vital en la evaluación de los fenómenos intersubjetivos que inciden en la calidad de atención en salud integral (Tajer et al., 2009; Tajer et al., 2010).

En este sentido, si consideramos a la inequidad en la calidad de atención como las diferencias y similitudes injustas e innecesarias en el grado de satisfacción de necesidades (Whitehead, 1990), para el caso específico de la inequidad de género podemos destacar que el problema puede basarse en la entrega de una atención igual para todxs cuando las necesidades no son iguales, en la entrega de atención diferente cuando las necesidades no son diferentes y en un trato que refuerza los estereotipos de género (Pittman y Hartigan, 1996).

Por otra parte, el Informe de la Red de Equidad de Género de la Comisión de Determinantes Sociales de la OMS (Sen y Östlin, 2007) plantea una serie de factores que conducen a resultados de salud sesgados y desiguales, que tienen graves consecuencias económicas y sociales diferenciales para lxs niñxs. Algunos de ellos son:

 valores, normas, costumbres y comportamientos discriminatorios,

 diferencias en la exposición y la vulnerabilidad a las enfermedades, la discapacidad y las lesiones relacionadas con el género,

 sesgos en los sistemas de salud, ligados al menoscabo de los recursos y la atención destinados al acceso, la accesibilidad y la disponibilidad de los servicios de salud y

 sesgos en las investigaciones de salud.

Asimismo, ese informe recomienda que lxs investigadorxs presten mayor atención a los factores de riesgo, mecanismos biológicos, manifestaciones clínicas, causas y consecuencias, así como al manejo de las enfermedades que difieren entre varones y mujeres en todas las etapas de la vida, recomendación en la cual se inscribe el propósito de los resultados de investigación presentados en este capítulo.

Desde una perspectiva de derecho a la salud en las infancias, se considera que las mayores contribuciones socioinstitucionales para el logro de equidad en la calidad de atención en salud de niñxs se inscriben en el respeto integral de los principios éticos y jurídicos de derechos humanos universales y específicos para la infancia. En este sentido, la Convención sobre los Derechos del Niño de 1989, incorporada en la Constitución de la Nación Argentina de 1994 reconoce el:

Derecho del niño al disfrute del más alto nivel posible de salud y a los servicios para el tratamiento de las enfermedades y la rehabilitación en salud [y que] los Estados Partes asegurarán la plena aplicación de este derecho y adoptarán las medidas apropiadas para desarrollar la atención sanitaria preventiva (Convención sobre los Derechos del Niño, 1989).

En este contexto, en el vínculo profesional con lxs pacientes niñxs y sus familias se observa todavía la pregnancia de aspectos basados en el modelo médico hegemónico (Menéndez, 1985) y en el paradigma tutelar, que ha dominado las relaciones sociales para la infancia, considerándola como propiedad de los padres/madres y, a lo sumo, como objetos de protección social y judicial, pero en pocas ocasiones como sujetxs de derecho (Ortiz García, Portuondo Alacán, Ahuar López y Rodríguez Rivalta, 2004). En esta línea, se evidencia la necesidad de brindar servicios de calidad en materia de salud para las infancias (Lejarraga, 2005) y reflexionar sobre el vínculo médicx con lxs –pacientes niñxs– y su familia a nivel pediátrico, según las condiciones de formación de los equipos profesionales y los determinantes sociales de la época actual que impactan en la práctica médica (Baranchuk, 2008).

Por otra parte, es destacable que en la construcción de políticas públicas y programas sobre lo materno-infantil se hayan orientado en general a las mujeres y niñxs en tanto sujetos vulnerables, no fomentando de esta manera la autonomía de lxs mismxs. Paradigma que aún sigue vigente como “currículum oculto” en muchas prácticas de salud.

De esta forma, aun sin la voluntad de lxs actoxs, se siguen configurando prácticas y discursos asistencialistas que limitan el pleno ejercicio de derechos por parte de lxs sujetxs. Resulta entonces relevante poder revisar los modelos de familia que estos involucran, lo que consideran saludable, la concepción de niñez que promueven y el modelo de atención que consideran adecuado (Mercer y Karolinski, 2007).

Otro aspecto importante a destacar es cómo las revistas de Pediatría están incorporando este campo de problemáticas. Por un lado, se han relevado referencias acerca de la importancia de incluir la perspectiva de género en el campo de la infancia-salud-pediatría como parte de los avances en la inclusión de la perspectiva de género en políticas públicas, derechos y equidad (Mercer et al., 2008; Crossley y Davies, 2005). Otrxs autorxs (Bernzweig, Takayama, Phibbs y Lewis, 1997) incluyen las diferencias de género en la comunicación médicx-paciente, intentando determinar si el género del profesional y de lxs pacientes influye en el proceso de comunicación. Los hallazgos refieren a que las mujeres médicas dedican más tiempo a la consulta que sus pares varones y que tienen más instancias de intercambio social con lxs pacientes. Esto coincide con los hallazgos de algunas investigaciones en otras áreas de especialidad (Hall, Irish, Roter, Ehrlich y Miller, 1994).

Considerando los antecedentes anteriores, esta investigación tuvo como principal objetivo identificar y analizar los imaginarios profesionales respecto del componente de género de lxs profesionales de la salud que atienden niñxs en sus prácticas. Esta metodología permite que para poder “leer” lo que acontece en las prácticas institucionales, comunitarias o grupales, deban idearse estrategias y metodologías y/o crear dispositivos que permitan distinguir insistencias que indaguen estas mismas prácticas (Fernández, 2007).

En este caso, tanto las categorías de análisis de género como de infancias constituyen nociones sociohistóricas y políticas que atribuyen significaciones imaginarias al ser varón, mujer, niñx en cada sujetx y en determinados contextos epocales, instituciones y disciplinas. Estas significaciones se instituyen como regímenes de verdad, producen realidad y remiten a una producción colectiva que se despliega y rastrea discursivamente en las respuestas de lxs participantes de este estudio. Por lo tanto, los imaginarios profesionales explorados en los ejes definidos en el mismo dan forma a las prácticas concretas –en el ámbito de la salud, por ejemplo–, a decisiones diagnósticas y terapéuticas, orientaciones a las familias y otros tipos de intervenciones con lxs pacientes y sus familiares.

IMAGINARIOS PROFESIONALES SOBRE EPIDEMIOLOGÍA DIFERENCIAL POR GÉNERO: ¿DE QUÉ ENFERMAN LXS NIÑXS?

Desde la propia percepción, lxs entrevistadxs no refieren observar diferencias de género significativas en relación a los motivos de consulta de niñxs que llegan a los servicios. No obstante, consideran que, a menor edad, se presentan menos diferencias, señalando que estas comienzan entre los seis y los diez años de edad.

Pero luego, al reflexionar, identifican mayor incidencia entre los géneros cuando se indaga específicamente por ciertas problemáticas que refieren a la anatomía diferencial. Por ejemplo, los trastornos miccionales son más comunes en las niñas y las enuresis son más comunes en niños; una médica ubica que podría estar relacionado con el hecho de que los varones suelen dejar más tardíamente los pañales que las mujeres. En las niñas también son más frecuentes las infecciones urinarias y vulvovaginitis. Mientras que, en los niños, refieren que las familias suelen preocuparse por la altura que tendrán sus hijos, como así también por el crecimiento del pene y los testículos. Estas inquietudes familiares varían según el efector analizado. También refieren que la disfunción por déficit de atención (ADD) es más común en varones, pero no alcanzan a identificar su causa. Algunxs profesionales reseñan que existe un mito en relación al ADD en los varones y el hecho de que todo “nene” es “quilombero”. Se produce un deslizamiento de sentido entre varones y trastorno de aprendizaje, motivo por el cual hay que estar atentxs en el diagnóstico diferencial. Desde nuestra perspectiva, cabe analizar la relación entre las propuestas identificactorias y de tramitación pulsional que se les ofrecen a los niños con la presencia de estos cuadros. ¿Podrían ser modos sintomáticos, del estilo de malestar en la cultura, entre la propuesta que nuestra sociedad patriarcal y heteronormativa realiza a los niños varones y las necesidades que ellos tendrían para poder desplegar de otro modo más saludable su desarrollo del lenguaje y su conformación libidinal por fuera de esta sintomatología específica de ciclo vital y género? Podría estar ocurriendo que esta sintomatología fuera una solución de compromiso entre las propuestas en los modos de crianza de varones y la colisión con lo que las instituciones (familia, escuela, sistema de salud) tienen como parámetros actuales en términos de sociabilidad; estaría produciéndose una práctica biopolítica de medicalización de la infancia masculina, a modo de “tranquilidad recetada” (Burin, 1990) de los niños varones.

También refieren mayor propensión a accidentes en niños, indicando que: “Tienen otros estilos de juego, un poco más violentos. (...) son juegos de varones”. Todxs aprecian esta diferencia, pero solo algunxs visibilizan que la misma puede deberse a patrones de crianza diferenciales por género. Esto se evidencia en que muy pocxs entrevistadxs presentaron registro del impacto de los estereotipos de género en las elecciones de juegos en la infancia. Unx de ellxs refirió que “a los niños se les propone la pelota y a las niñas, la escoba”. Asimismo, observan que las niñas no tienen permiso para ciertos juegos con mayor despliegue motriz y que se las induce a la práctica de juegos más tranquilos. Al indagarse por cambios en esta modalidad, afirman que desde el discurso parental relevan que hay mayor apertura para habilitar juegos más activos en las niñas, pero que no observan que no se concreta del mismo modo en las prácticas reales (Lo Russo, 2012).

En este punto es importante detenernos en las propuestas de crianza y las propuestas diferenciales por género en las formas de juego. Esto se relaciona con la mayor incidencia de accidentes traumatológicos en niños, puesto que el estímulo propuesto son los juegos con mucho movimiento, mayor despliegue motriz y deportes en grupo. En contrapartida, a las niñas se les ofrecen juegos que fomentan la quietud y existe un menor permiso social para el despliegue motriz. Aun cuando se evidencie un mayor permiso social para el desarrollo de la motricidad, esto se circunscribe a actividades consideradas “femeninas”: danza, circo, acrobacia y patín. Señalan que las niñas practican deportes colectivos con menor frecuencia. Esto coincide con lo relevado en una investigación anterior (Fernández, Tajer, 2012) realizada para la franja etaria de treinta y cinco a sesenta y cinco años. En la misma, lxs cardiólogxs identifican una dificultad en sus pacientes mujeres para realizar actividad física ligada a deportes colectivos que les sugieren lxs profesionales. Si unimos las dos etapas vitales a modo de línea de continuidad en trayectorias de vida, podemos ver la conexión entre la no estimulación del movimiento y deportes colectivos en la temprana edad y la no adherencia a los mismos en las adultas que devendrán. Con lo cual, es importante actuar en cada etapa etaria de manera preventiva hacía los desafíos de otras posteriores, contribuyendo a construir trayectorias de vida saludables.

En cuanto a los aspectos de género relacionados con la demanda de niñxs y sus familiares que pueden incidir en las decisiones y respuestas brindadas por lxs profesionales, podemos señalar lo siguiente: la mayor parte de las veces se presentan demandas que, por sus características o complejidad, exceden el campo unidisciplinario de la medicina pediátrica y requieren una manejo interdisciplinario. El 67 % de lxs entrevistadxs son médicxs pediatras enfrentadxs a situaciones de crisis o conductas de lxs niñxs, frente a las cuales las familias no pueden responder sin apoyo profesional especializado. Por ello, es frecuente que, ante la detección de síntomas de hiperactividad o falta de atención, lxs pediatras deriven al servicio de Salud Mental para contar con una intervención más integral. O bien, si sospechan un retraso madurativo, realizan la interconsulta con Neurología.

Otra demanda de atención que interpela una respuesta de lxs profesionales de la salud es el campo de la alimentación y los imaginarios diferenciales según género. En este sentido, los trastornos nutricionales que requieren intervención se presentan más en las niñas. Frente a períodos de inapetencia que suelen ser normales, identifican que las familias se preocupan más por el niño que no come que por la niña que no lo hace.

Probablemente esto se deba a que teman que con esa conducta los varones no crezcan fuertes y sanos, en tanto toman como natural la inapetencia en las mujeres, como una adaptación temprana y naturalizada de hacer dieta toda la vida (Punta de Rodulfo, 2000), propuesta por el sociohistórico actual para la femineidad. Por tal motivo, se preocupan cuando las niñas son “gorditas” por cuestiones de estética que se traducen en estándares de flacura igual a belleza desde la más temprana infancia en las mujeres. Al mismo tiempo, refieren que, en el campo de la salud mental, las improntas culturales marcan las diferencias de propuestas identificatorias hacia los géneros desde la primera infancia. En la actualidad, el impacto que la cultura light y los ideales estéticos postulados en nuestra sociedad –especialmente a las mujeres– tiene un comienzo cada vez más precoz y puede estar afectando los modos de ingesta de las niñas y las propuestas diferenciales por género que realizan lxs adultxs al ofrecer alimentos. Del mismo modo, qué y cuánta cantidad se identifica como lo “normal” y lo “no normal” para las que las niñas coman. Puede genealogizarse en estas propuestas lo que años más tarde podría convertirse en cuadros de anorexia-bulimia instalados. En este punto, cabe destacar la inquietud de una de las enfermeras entrevistadas, que destaca el ánimo de lxs adultxs de vestir a las niñas como adultas, en consonancia con el ideal de belleza imperante. Esto constituye un empuje prematuro a que las niñas seduzcan y se conviertan muy precozmente en objeto de mirada sexualizante de lxs adultxs. Esta situación las convierte muy tempranamente en receptoras de un plus de libido sexual adulta que no pueden metabolizar, fuente de un posible traumatismo psíquico, como así también de armados de un tipo de erotismo adulto en las mujeres que las ubica más como objetxs que como sujetxs de deseo.

Otra preocupación se centra en la segunda infancia, con el aumento de la incidencia de la obesidad infantil, que ellxs ubican como determinado por el consumo de comida chatarra, delivery, comidas prehechas congeladas y snacks que lxs niñxs ingieren en la actualidad, debido a la falta de tiempo de lxs adultxs para preparar comidas elaboradas y, en sectores populares, por la abundancia y desbalance de la cantidad de hidratos de carbono presente en sus dietas cotidianas. Habría que incorporar a este análisis el imaginario actual acerca del ámbito externo como peligroso y del hogar como lugar seguro; esto genera prácticas de propuestas recreativas orientadas al poco despliegue de actividad física al aire libre o en lugares públicos o comunitarios, tales como el uso de dispositivos electrónicos, los videojuegos y las redes sociales, que contribuyen al sedentarismo y al aumento de la incidencia de la obesidad.

Este paradigma tiene impacto también en el campo de los accidentes domésticos. En el caso de los sectores populares urbanos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), lxs entrevistadxs ubicaron que, luego de los tres años, se dan mayor cantidad de quemaduras en las niñas, por el acceso a la cocina y los quehaceres domésticos desde temprana edad, en varios casos, a modo de reemplazo de la madre en su ausencia. Los varones, por su parte, presentan más accidentes traumatológicos como esguinces o fracturas, producto de la socialización de género que propone, como ya mencionamos, un mayor despliegue motriz pero, fundamentalmente, una particular relación con el cuerpo desde el imperativo de la masculinidad hegemónica (Connell, 1997). Cabe destacar que, desde el comienzo de la deambulación hasta los cinco años, los accidentes domésticos son la primera causa de mortalidad. De esta manera, en este campo se invierte el imaginario acerca del ámbito externo como peligroso y el hogar como el lugar seguro, tal como sucede en relación a la problemática de la violencia de género. Si bien la tasa de mortalidad en varones es superior a la de las mujeres en todas las franjas etarias (Ministerio de Salud de la Nación, 2018), esta diferencia se acrecienta a partir de los diez años, motivada por causas externas (suicidios, homicidios y accidentes).

ROLES DE GÉNERO EN LAS CRIANZAS: ¿QUIÉNES ASISTEN A LOS SERVICIOS DE SALUD?

En los hospitales públicos relevados, lxs profesionales señalan que a las consultas acuden mayormente mujeres (madres y abuelas). Los varones (padres) concurren generalmente cuando las madres tuvieron algún inconveniente. Adjudican esta situación en cierta medida al nivel socioeconómico de las familias que atienden, ya que los varones tendrían más dificultades para asistir por no obtener los permisos correspondientes en sus trabajos en relación de dependencia y, en el caso de trabajar por su cuenta (formal o informalmente), por no poder suspender su actividad al implicar esto una reducción parcial del ingreso económico. Comentan que, dado que en muchos casos los profesionales trabajan en el ámbito privado por la tarde, observan un patrón diferente, puesto que en esos horarios a menudo acuden a la consulta las madres y los padres. Sin embargo, cuando asisten ambos cuidadorxs, refieren que las mujeres adoptan una posición más activa y que los varones no tienen presente la “historia clínica de su hijx en la cabeza”. No obstante, no se aprecia una mayor problematización del impacto de la ausencia masculina en los efectores públicos. Tampoco se reflexiona en torno a que los horarios vespertinos más extendidos de los consultorios, luego de la salida laboral, habilitarían que esto fuera posible, ni aparece la idea de que las mujeres de sectores populares se ausentan de sus trabajos para poder llevar a lxs niñxs a consulta.

Algunos efectores privados sostienen que hay una mayor presencia de los padres en la consulta, aunque prevalezcan las mujeres. Una entrevistada observa que los padres asisten más a las consultas, especialmente en el primer año de vida y, en caso de no concurrir regularmente, cuando lo hacen, se muestran al tanto de lo que le ha sucedido a su hijx. Sin embargo, aun cuando los padres participan en varias actividades de la crianza, no existe todavía una incorporación masiva de los mismos en la cotidianidad que permita que la mayor salida de las mujeres al mundo laboral pueda ser equilibrada por la presencia de los mismos. Esto pone de manifiesto que, aunque las mujeres trabajan en el mercado productivo, la responsabilidad de la crianza no es compartida y, por lo tanto, recae sobre ellas la culpa de lo que no sale bien. En este sentido, hay que tener presente el malestar en plus que se produce en las mujeres que trabajan en el mundo público y se ocupan, además, de la crianza y los cuidados domésticos, lo que constituye una doble o triple jornada laboral.

Por otro lado, señalan que comienza a haber más madres primerizas “grandes”, que han postergado la maternidad para realizar sus carreras y desarrollos laborales. Este impacto presenta características específicas, puesto que ellas han desarrollado durante una etapa muy extensa de su vida adulta la lógica de lo público y, para maternar, deben poner en juego la lógica de lo privado, que en muchos casos no ha sido tan desarrollada en la práctica. Y, además, comenzar a realizar la alternancia entre lógicas en el mismo día, lo que es un estresor específico. Al mismo tiempo, se les puede poner en juego el hecho de que no las promuevan en los trabajos porque están en situación de crianza y que, por estar todo el día afuera, se sientan “malas madres”. Por otra parte, muchas de ellas crían a sus hijxs solas o con parejas con hijxs previxs que no se involucran tanto en la crianza, porque es algo que refieren “no querer volver a hacer”.

En relación con todo lo anterior, se ha constatado que las mujeres son las que más consultan y utilizan los servicios de salud para sí y para el control y cuidado de la salud de lxs niñxs (Tajer, 2012). Esto se corresponde con el fenómeno relativo al denominado rol de género tradicional femenino (Tajer, 2009), que naturaliza el hecho de que las mujeres sean socializadas para ser las cuidadoras primarias de lxs niñxs. Se pudo relevar también que, producto de la interpretación que se ha hecho de la incorporación de los aportes de Winnicott (1971) acerca de “la madre suficientemente buena” en la formación de lxs profesionales, hay una alta valoración de la observación del vínculo temprano con la madre como indicador positivo del desarrollo infantil. Este hecho contribuye a la sobrecarga femenina y a la invisibilización del posible aporte masculino en los cuidados primarios.

En general, lxs entrevistadxs coinciden en que el espacio de la consulta se utiliza simultáneamente para múltiples objetivos. Por un lado, para el control de ciertas pautas básicas de alimentación, seguridad y cuidados; y, por otro, se ofrece como espacio de consulta abierta para cualquier tema que pueda preocupar a lxs cuidadorxs. La consulta es pensada y propiciada desde estxs profesionales para conversar sobre aspectos centrados en la crianza, convirtiéndose de esta manera en un dispositivo de producción de subjetivación.

ESTILOS Y MODOS DE CRIANZAS ACTUALES: IMAGINARIOS PROFESIONALES Y PROBLEMÁTICAS ESPECÍFICAS

Lxs profesionales entrevistadxs, tanto en efectores privados como públicos, relatan que observan dificultad en la puesta de límites como problema específico en los modos de crianza actuales. Esta situación se ha ido incrementando desde hace algunos años y lo adjudican a que ahora se vive de otra manera y se le dedica menos tiempo a la crianza. Una de las pediatras refiere: “Antes, por ahí las madres estaban más dedicadas a la crianza, al hogar y ahora, hacen muchas cosas para ellas también y no quieren dejar nada”. Esta preocupación hay que poder leerla a la luz de la caída de los modelos tradicionales de crianza en los que “las mujeres privadas” (Fernández, 1993) garantizaban ciertos aspectos de hábitos. En la actualidad, con la masiva entrada de ellas al mercado, no ha habido relevo ni redistribución de estas tareas con los varones, y el impacto es de déficit en la adquisición de hábitos primarios en lxs niñxs. En este sentido, no se estarían pensando ni promoviendo alternativas de puestas de límites y creación de hábitos ajustados a las nuevas configuraciones familiares.

Sobre la propia formación en aspectos ligados a la crianza, algunxs refieren haber buscado información por su cuenta y otrxs, no tener interés al respecto. Se puede inferir que, para estxs últimxs, la información recibida ha sido principalmente orientada desde criterios biomédicos, sin inclusión de los aspectos psicosociales que incluyan los modos de crianzas y su impacto en la salud integral de niñxs. Lxs primerxs refieren que indagan las costumbres familiares: quién cuida a lxs niñxs, qué pasa en la escuela, etc., pues consideran que “cuando la familia es organizada, lxs niñxs crecen bien”. Comentario del cual se desprende que valoran la capacidad para instalar rutinas y pautaciones como buenas prácticas de crianza que impactan positivamente en el crecimiento de lxs niñxs.

Otro eje se relaciona con la lucha constante de lxs cuidadorxs actuales entre poner límites y propiciar la autonomía, preocupación que se convierte en demanda de orientación profesional. Las familias se visualizan con dificultad para decidir qué está bien y qué está mal y para sostener los “no” frente a la demanda del uso de los dispositivos de tecnología, los tiempos de empleo de los mismos, los consumos (ropa, juguetes, golosinas y, años más tarde, alcohol y sustancias). En este sentido, algunxs profesionales narran que lxs padres/madres presentan grandes dificultades para decidir, fundamentalmente en relación a temas con los cuales no concuerdan, pero temen dejar a sus hijxs fuera de los modos de socialización actuales. Como ejemplo de esta situación, aparecen las siguientes preguntas: “¿Le compro el celular que pide? ¿Lx dejo ir a bailar? ¿Cuánto tiempo pueden estar conectadxs a los dispositivos electrónicos?”, entre otras. Se puede pensar que los cambios sociales y los avances tecnológicos producen nuevos síntomas y nuevos malestares culturales, además de nuevas conformaciones familiares. Son propuestas para lxs niñxs en este socialhistórico al cual todos los modos de configuraciones familiares deben responder de algún modo.

Algunxs profesionales alternan entre una actitud más tendiente a la culpabilización de los padres y las madres, y una significación de que son los cambios culturales los que impactan y dificultan el ejercicio de la maternidad/paternidad en la actualidad. Al respecto, identifican que, comparativamente, hace veinte años se ponían muchos límites y hoy se ha instalado una cultura no responsable de la libertad, en la que lxs chicxs terminan manejando todo y sometidos a sus impulsos sin pautación adulta eficaz. Frente a estas dificultades, la respuesta de lxs profesionales suele ser derivaciones a “orientación a padres”, al Servicio Social, al Consejo del Niñx y al Servicio de Salud Mental. Una de las médicas entrevistadas refiere que “los padres hacen lo mejor que pueden”; se desprende de esta idea que no lxs culpabiliza, sino que visibiliza los efectos en los modos de crianza de la no redistribución entre los géneros de las tareas de cuidado y crianza y la ausencia de políticas públicas de conciliación y cuidados que permitan compatibilizar la vida familiar y la laboral.

Esta sobrecarga de lxs cuidadorxs, fundamentalmente de las madres, tiene como efecto conductas de facilitación de las demandas inmediatas de lxs niñxs. De este modo, el sufrimiento que estos pueden experimentar ante la frustración de una demanda se acrecienta por la dificultad de sostén de estos estados de ánimo por parte de cuidadorxs “cansadxs y culpabilizadxs”. La misma suerte corren las pautaciones de espacios y tiempos: a más cansancio y sobrecarga, menor posibilidad de sostén adultx de las respuestas (berrinches) de lxs niñxs a las pautaciones.

Se mantiene en lxs profesionales la idea de que “antes se criaba mejor, ahora se crían como pueden”; “los chicos de ahora son menos dominables y los padres intentan convencer en lugar de asumir el ‘no’, por tal o cual motivo”. Es interesante considerar el cambio que se ha operado acerca de los sistemas de autoridad y autorización. Si, hace unas décadas, los modos autoritarios y las instituciones fuertes otorgaban un modo de autoridad a priori a quienes los ejercían o estaban al frente de ellas (médicxs, docentes, padres, madres, profesorxs, terapeutas, entre otrxs), la caída de los modos autoritarios y el estallido de las instituciones de la modernidad deja vacante la construcción de las nuevas formas de ejercicio del sistema de autoridad y transferencia. Por tal motivo, la adjudicación de un supuesto saber a un superior jerárquico en la actualidad no constituye un punto de partida, sino un punto de llegada a construir en el vínculo y en la mutua experiencia. En este sentido, se pueden entender las dificultades que observan lxs entrevistadxs acerca de que lxs cuidadorxs actuales puedan “decir que no”, en lugar de emplear largas argumentaciones que intentan convencer a lxs niñxs de algo que solo pueden aceptar como un límite.

Como parte del panorama actual, cabe también considerar la dificultad que se aprecia para establecer límites: la homologación imaginaria entre poner límites e incumplir con el paradigma del niñx como sujeto de derechos. Esto acarrea una dificultad actual para poder visibilizar el sistema de derechos como complejo, pues incluye una multiplicidad de derechos de los diferentes sujetxs involucradxs.

Por otra parte, vale destacar al respecto la dificultad que pueden encontrar las personas rentadas cuidadoras de niñxs (mayoritariamente, mujeres jóvenes y/o de sectores populares) para imponer límites y normas, por el temor a ser consideradas autoritarias y resultar desautorizadas o despedidas por los padres/madres si lxs chicxs reportan sus quejas a lxs adultxs al regreso de su jornada laboral. Otro eje a incorporar al análisis son lxs chicxs cuidadxs por lxs abuelxs (mayoritariamente, abuelas), divididxs entre lxs que consideran que los padres/madres son muy laxos en fijar límites y lxs que entienden el rol del abuelazgo ligado al cumplimiento de los deseos y anhelos infantiles y no a la pautación, que correspondería a sus padres/madres. Otra situación recurrente es que la culpa por su ausencia y/o el agotamiento que manifiestan sentir muchas madres trabajadoras al volver a sus hogares luego de la jornada laboral las llevaría a no poder poner límites a los comportamientos y demandas de sus hijxs y preferir satisfacer las mismas aun cuando esto no sea lo más adecuado para la crianza. Así, se les permite a lxs hijxs que vean televisión largas horas, la ingesta de golosinas en horarios inadecuados, que se acuesten en la cama de los padres/madres, que no se bañen y se les levantan castigos prematuramente, etcétera). Todo esto dentro del marco de que la crianza es aún con predominio femenino. Sin embargo, lxs profesionales también consideran que la participación de los varones en la misma ha cambiado y valoran esto como un cambio social positivo, fundamentalmente, debido al hecho de que ellos hayan adquirido estas nuevas habilidades. En este sentido, consideran importante apoyar estas nuevas configuraciones, tanto la participación de los padres como los nuevos roles de las mujeres en el mundo laboral, algo muy importante para que las familias no entren en situaciones de alta confrontación y desgaste, que generan estrés familiar.

Al respecto, y como parte de la complejidad actual, se ha observado una gran dificultad de las mujeres para valorar positivamente en la cotidianidad los modos en que los varones ingresan al mundo doméstico (poner el pañal al revés, no lavar bien los platos, llegar tarde a buscar lxs chicxs al colegio, etcétera). En este punto, es necesario fomentar la tolerancia necesaria para que estos varones puedan aprender los nuevos roles; esto implica que no siempre las cosas saldrán bien al inicio y también que habrá una concientización de ellos como corresponsables, no como asistentes.

Del mismo modo, se ha observado la dificultad de que los varones comprendan la necesidad del tiempo libre en las mujeres, más allá del asignado al trabajo y desarrollo, además de lo obligatorio y necesario para el sustento. Para esto, se requiere avanzar en la comprensión de que ellas precisan contar no solo con tiempo para las tareas de cuidado sino también con tiempo para sí (para el descanso, el desarrollo, el bienestar, las amistades, etcétera). Cabe destacar que aun cuando hay multiplicidad en los modos de crianzas y ejercicio de la paternidad y maternidad, todos ellos tienen un eje rector: las mujeres aún abandonan más que los hombres sus carreras, profesiones y proyectos. Realizan malabarismos y arreglan sus planes para concurrir a fiestas y reuniones escolares, comprar regalos a docentes, etcétera. Y eso que se hace y deja de hacer es una propuesta identificatoria de género tan fuerte (o más fuerte aún) que las muñecas Barbies o los soldaditos.

LACTANCIA: ALCANCES Y LIMITACIONES EN TIEMPOS PATRIARCALES

Se indagó sobre lactancia materna y su incidencia en las relaciones de género, incluyendo el impacto en profesionales de la salud de la recomendación de la OMS de sostenerla hasta los dos años de vida del bebx. Todxs lxs entrevistadxs coinciden en la necesidad de contextualizar la recomendación de la OMS, en el sentido de que es fundamental promoverla en familias que no tienen garantizado el acceso a una alimentación integral y en buenas condiciones de higiene y saneamiento. No obstante, cuando esto está logrado, adhieren a la lactancia exclusiva hasta los seis meses; finalizado ese período, cuando se incluyen otros alimentos, ya no la consideran necesaria a nivel alimenticio. Sí consideran recomendable esta práctica en términos de promoción de conductas de apego y de fortalecimiento inmunológico.

Lxs entrevistadxs reconocen la dificultad actual que tienen muchas madres para sostener la lactancia incluso hasta los seis meses, debido a la inclusión laboral muy temprana y a la ausencia de lactarios y guarderías en los lugares de trabajo, sumada a la distancia entre lugar de residencia y de trabajo, que impide efectuar cortes laborales para sostener la lactancia.

Se evidencia que la forma de abordaje de esta tensión es la insistencia en que la lactancia es necesaria y buena para lxs niñxs, con dificultad para identificar el real impacto del malestar en las mujeres por la imposibilidad de cumplir con sus expectativas de lactancia y las condiciones del mercado para su reinserción laboral. Frente a esta dificultad, ningunx refiere la importancia sanitaria de generar mejoras en las condiciones de empleo de las mujeres que están amamantando, para promover el sostenimiento de esta práctica en mejores condiciones, o la promoción de la existencia de lactarios y guarderías en los centros de trabajo como forma de incentivar la lactancia materna. O de fomentar el teletrabajo en tiempos de lactancia, en los casos en que esto fuera posible.

Lxs profesionales manifiestan mayor facilidad para transmitir la importancia de la lactancia materna a la población de amas de casa que a las mujeres que tienen empleos que requieren la reinserción laboral a los tres meses del nacimiento del niñx. A partir de esto, se identifica una necesidad de reflexión más profunda e intersectorial sobre cómo resolver esta tensión entre la alimentación del bebx y la inserción laboral de las madres. Una sola médica reflexiona sobre el impacto subjetivo en estas mujeres que, según su experiencia, viven esta tensión con angustia y mucha culpabilización.

Es importante que identifiquemos esta angustia como producto del costo en los psiquismos de las mujeres para incluir acciones que permitan continuar con la lactancia materna, al mismo tiempo que se reincorporan a sus tareas laborales. En este sentido, se vuelve preciso que haya guarderías en los lugares de trabajo o cercanas a los mismos, públicas o privadas, con cobertura de lxs empleadorxs, y contar con subsidios. También es necesario que existan lactarios en donde extraerse la leche en forma higiénica, cómoda y privada, y que haya heladeras para conservarla. Si bien algunxs entrevistadxs señalan que los convenios colectivos de trabajo en muchos empleos mencionan la hora de lactancia, identifican que, en la práctica, resulta una práctica discrecional y no como la de un derecho garantizado.2

Estas reflexiones coexisten con una corriente contemporánea que se fundamenta en la crianza “natural” con apego, que incluye lactancia a demanda y colecho, etcétera. Esta invitación muy posiblemente puede estar convirtiéndose para muchas mujeres contemporáneas en un nuevo ideal a cumplir, además de ser una opción posible a elegir. Es importante analizar los múltiples impactos subjetivos de estas ideas, por ejemplo, en mujeres que no pueden o no desean lactar. Por todo esto se hace necesario brindar una propuesta que simultáneamente desculpabilice y considere la importancia de conseguir un nuevo equilibrio entre las necesidades afectivas y alimentarias de lxs niñxs y los derechos de las mujeres a tener una vida propia, digna y sin culpas. Modelos en los cuales no haya que elegir entre el bienestar de lxs niñxs y el de las mujeres, sino que sean incluyentes de lxs niñxs y las madres. Es importante que este lugar a construir sea ocupado por múltiples formas adecuadas y disponibles para cada quien, y que ninguna se instale en una posición de verdad absoluta, con altos costos en las trayectorias de estas mujeres.

CONFIGURACIONES FAMILIARES ACTUALES. IMPACTO EN LA SALUD EN LAS INFANCIAS

En el campo de la salud mental, los avances con respecto a la infancia en el marco de las nuevas configuraciones familiares suelen abordar el impacto de las mismas en los modos de crianza y en la constitución del psiquismo. En vista de ello, resultó fundamental explorar el imaginario que construían lxs profesionales de la salud frente a estos nuevos fenómenos que se presentan en la consulta, puesto que los mismos impactarán en la forma de abordaje. Tal como planteamos hasta aquí, podemos observar que no existe una sola forma de hacer infancia, de criar y de desear hijxs en la actualidad. Estas formas están atravesadas por cuestiones de género y pertenencia social, entre otras. Sin embargo, lo que tienen en común es que pareciera que estamos muy lejos de instituir modos de crianza más equitativos y propuestas identificatorias de género más innovadoras en términos generales. Incluso en aquellxs cuidadorxs que tienen cierta percepción o reflexión sobre las inequidades.

Algunxs de lxs entrevistadxs indicaron que no han recibido capacitación específica en el tema de homo y monoparentalidades. Y que, en el caso haberla recibido, esta se limita a los aspectos técnicos y médicos ligados a las nuevas tecnologías de fertilización asistida. Solo en dos instituciones lxs profesionales refieren que han realizado charlas y ateneos en la temática de la homoparentalidad. Algunxs agregan que han leído más sobre el tema por propio interés. También mencionan que en algunos Congresos de Pediatría han podido hablar de esto, en relación más bien con los posibles riesgos en la salud de los niñxs de familias homoparentales, y que se presentaron posiciones encontradas, sin haber llegado a coincidencias. Cabe destacar que estos fueron esfuerzos autogestivos (por parte de los propios equipos tratantes o los servicios) y no inclusiones sistematizadas en los espacios institucionales de formación (carrera de grado y/o residencias).

Por último, si bien opinan que tienen derecho a tener sus propios prejuicios y dilemas y que el recaudo ético lxs ayuda a visibilizarlos para trabajarlos, otorgan mucha importancia a la capacitación y valoran la oportunidad de las entrevistas de esta investigación como espacio de intercambio para poder pensar con perspectiva de género y seguir reflexionando sobre estos temas. Además, enfatizan la importancia de tener en cuenta las cuestiones personales y la capacitación, señalan que en los Congresos de Pediatría hace falta hablar sobre estas temáticas, dado que hay gente que se preocupa por las mismas desde diversas perspectivas y puntos de vista que querrían conocer. Identifican que hace tiempo que se habla de la diversidad familiar en esos espacios de intercambio científico y se generan discusiones y debates al respecto. Esto es considerado por el equipo investigador como un progreso, puesto que anteriormente solo se conversaba al interior de los equipos, por lo tanto, pasó de ser un asunto de preocupación interna a plantearse como un tema de relevancia científica.

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12 декабря 2024
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251 стр. 2 иллюстрации
ISBN:
9789875388185
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