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Sobre este libro

“El que ha tenido todo siempre no puede entender lo que significa que el Estado diga ‘mira, esto es tuyo’, por primera vez en su vida. Nadie puede imaginar hasta qué grado llega la injusticia en Bolivia. El pueblo siente que ha llegado a la presidencia, al parlamento, que tiene quien escuche y quien interprete lo que está pasando”, explica conmovido Evo Morales, el primer presidente indígena de Bolivia.

Lo escucha Stella Calloni, periodista, escritora y corresponsal desde 1993 del periódico La Jornada de México. Sus entrevistas al jefe de Estado boliviano y una extensa investigación de años, componen este libro revelador sobre la injerencia de Estados Unidos en Suramérica y, particularmente, en Bolivia.

Figura clave en el proceso de integración regional de los últimos años, Evo habla desde las páginas de este libro para contarle al mundo su lucha contra el imperialismo. “Yo sólo gobierno obedeciendo al pueblo que me eligió para representarlo y no para engañarlo. Esta historia oculta de Bolivia debe ser escrita y contada para todos nuestros pueblos hermanos. Por eso puedo decir que esta es la hora de los pueblos y los que no lo entienden fracasarán una y otra vez”.

Índice

Sobre este libro

Evo en la mira

Introducción a la presente edición

Bolivia

Prólogo

Introducción

La simbólica asunción de Evo

Evo desafía al neocolonialismo

Parte I

Evo en la mira, 1983-2005

Capítulo 1

Evo Morales: un blanco de Washington

El Chapare: un antes y un después para Evo

Las duras enseñanzas de la injusticia en El Chapare

Las nuevas rebeliones

Cronología de una persecución anunciada

Intentos fallidos de asesinar a Evo

Morales acusado de sedición

Capítulo 2

Evo en los tiempos de Banzer

Del sindicalismo a la organización política partidaria

La persecución al diputado Morales

En la mira del presidente Quiroga

Quiroga cumplía órdenes del Departamento de Estado

Capítulo 3

Injerencia abierta y resistencia

Elecciones 2002. Evo, un blanco de EE.UU.

La explosión social

La campaña contra Evo no se detiene

Un plan para matar al candidato Evo Morales

Las derrotas de la injerencia de Washington (2003, 2004, 2005)

Actividades y presiones de EE.UU.

Grandes protestas populares

Estados Unidos fracasa otra vez

Capítulo 4

La conspiración: el robo de los misiles

La trama

El operativo secreto

Estados Unidos desarma al ejército boliviano

Recordando 1952

Parte II

Atentados, golpismo y desestabilización, 2006-2009

Capítulo 5

Los 400 golpes contra Evo

Antecedentes

Cronología de una injerencia anunciada

Acto segundo

Tercer acto y epílogo

Antecedentes de Sucre

Sucre: días de furia

De espionajes y otras cuestiones. Casos emblemáticos

El triunfo de Morales en agosto de 2008 y la violencia de una oposición antidemocrática

Cronología de un golpe “cívico-prefectural” que fracasó pero dejó desolación34

La masacre de Pando. Un antes y un después

Los factores de la derrota del golpismo

La mano que mece la cuna

Capítulo 6

Antecedentes del atentado frustrado

Hoja de ruta

Capítulo 7

Del golpismo al intento de magnicidio

Empresarios, gobiernos y medios derechistas: actuación cómplice

Mercenarios contratados

El atentado contra la casa de Terrazas

Las investigaciones

Capítulo 8

Los viejos terrorismos y las redes del sur

Conexiones criminales

Fundación UnoAmérica o el regreso de la Operación Cóndor

La conexión ustacha

De la conexión ustacha a la red fascista

Capítulo 9

De Salvador Allende a Evo Morales

El asesinato de Schneider

Las empresas cómplices

Parte III

LA CIA en Bolivia

Capítulo 10

La injerencia

Los fundamentos de la injerencia

El papel de la embajada de Estados Unidos

Injerencia de la USAID

Decisiones históricas del gobierno boliviano

La respuesta de Estados Unidos

Los trabajos de la USAID en Bolivia

La injerencia: entre la cooperación y el complot

Los condicionamientos impuestos por la USAID

CIA: la verdad

Empresas contratadas por USAID

Capítulo 11

Los pasos de la injerencia

La intervención de Estados Unidos en el siglo XXI

Nace la CIA

Capítulo 12

Las “democráticas” fundaciones golpistas que operan en Bolivia

El IRI y sus financiamientos

Objetivo: Bolivia

De golpes suaves y otras cuestiones

Golpes suaves. Jugar con fuego

El caso Bolivia

Capítulo 13

La CIA al descubierto

La revolución del 52: un hito en Bolivia

Otro hito en la historia: la CIA en la captura y asesinato del comandante Che Guevara

Parte IV

La guerra por otros medios

Capítulo 14

Contrainsurgencia mediática

Confesiones de ex agentes

Las acciones de la CIA en los medios

Un modelo: los medios en Bolivia–Sucre 2007

La sociedad de los magnates

Capítulo 15

Propaganda y contrainsurgencia

La guerra psicológica y sus mecanismos

El presidente Morales y la SIP. Un hecho insólito

Capítulo 16

Falsedades y mentiras en descubierto

Los dueños del poder mediático en Bolivia

David contra Goliat

Parte V

La DEA en Bolivia

Capítulo 17

La guerra de baja intensidad contra las drogas

Nace la DEA

El gobierno boliviano anuncia el reemplazo de la DEA

Capítulo 18

Una larga historia de injerencia

Las denuncias contra la DEA de políticos, legisladores y militares

Confesiones de Michel Levine

La DEA sin máscaras

Capítulo 19

Evo Morales ratifica la expulsión de la DEA de Bolivia

Caso Huanchaca

Algunas opiniones

Capítulo 20

Casas de torturas y miles de víctimas

Represión a campesinos

Las casas del horror

Evidencias

Parte VI

“Detenerse es ir para atrás”

Capítulo 21

Bolivia: dominación y resistencia

Capítulo 22

El gran paso emancipador y la derrota de la injerencia

“El mundo se ha puesto de cabeza o lo que estaba de cabeza se ha puesto de pie”

Parte VII

Evo Morales: la hora del pueblo

Capítulo 23

Bolivia: decidir escuchando

Bolivia y las derrotas imperiales, un hombre en su tiempo

De Isallavi a la presidencia. El duro camino

Parte VIII

Bolivia hoy

Capítulo 24

Acerca de la actualización

Algunos hechos clave en la historia breve de los últimos tiempos

El injerencismo de Estados Unidos

Capítulo 25

El rol de las ONG en el conflicto TIPNIS

Capítulo 26

Nuevas estrategias de la derecha.

Entrevista al vicepresidente Álvaro García Linera


Calloni, StellaEvo en la mira : CIA y DEA en Bolivia / Stella Calloni. - 1a ed revisada. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Punto de Encuentro ; Buenos Aires : La Página , 2021. Libro digital, EPUBArchivo Digital: descarga y onlineISBN 978-987-4465-50-41. Geopolítica. 2. Bolivia. 3. Política Latinoamericana. I. Título. CDD 327.101

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Stella Calloni
Evo en la mira
CIA y DEA en Bolivia



Introducción a la presente edición

Esta es una introducción necesaria para la edición actualizada de Evo en la mira, CIA y DEA en Bolivia, ante el nuevo golpe de Estado cívico, policial y militar ocurrido entre octubre y noviembre de 2019 en ese país. Su preparación data de los primeros meses de 2018, cuando comenzó a endurecerse la campaña contra el mandatario boliviano con las constantes denuncias ante el Congreso de los Estados Unidos, por parte de la representante de La Florida, Ileana Ros Lehtinen del grupo cubanoamericano de Miami, que hostiga a Cuba y a todos los gobiernos progresistas.

Ros Lehtinen integra el grupo de representantes cubanoamericanos que preside Marcos Rubio, junto a Bob Menéndez y Ted Cruz, como asesores del presidente Donald Trump para América Latina y el Caribe, junto a personajes siniestros para nuestra región como Roger Noriega y Elliot Abrams, entre otros.

De esta manera, el golpe de Estado en Bolivia comenzó con el disparador de la palabra “fraude” que el secretario General de la Organización de Estados Americanos, Luis Almagro —considerado un traidor en América Latina— pronunció sin sustento alguno, dando la señal esperada por los complotados para actuar. Esta es la continuidad del golpismo de Estados Unidos: eterno allí, en Venezuela y en otros países del continente.

Desde que Estados Unidos logró desarmar las estructuras de la revolución nacionalista de 1952 en Bolivia, hecho en el que tuvo un rol decisivo el embajador estadounidense Spruille Braden, los organismos de Inteligencia como la CIA y luego la DEA permanecieron allí hasta la llegada de Evo Morales al gobierno en enero de 2006.

Braden fue también el instigador del golpe militar que derrocó el 16 de septiembre de 1955 al general Juan Domingo Perón de su segundo e histórico mandato presidencial, imponiendo la dictadura de la “Revolución Libertadora” popularmente conocida como “fusiladora”.

Asombra el modo en que muchos analistas niegan el rol de Estados Unidos como artífice del actual golpe en Bolivia, cuando en realidad fue diseñado, impulsado, financiado y dirigido desde Washington al igual que el de septiembre de 2008, cuando los mismos grupos supuestamente “cívicos” de Santa Cruz de la Sierra —que conforma la llamada “Media Luna”, la zona más rica de Bolivia, junto con los departamentos de Pando y Beni—, expertos en paramilitarismo, quemaron ciento setenta y un edificios y produjeron la masacre de los indígenas que marchaban en apoyo del presidente Morales, a quien intentaron acusar de la matanza. Fue la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) la que en esos momentos denunció la verdad de los hechos, ayudando a frustrar y derrotar el golpe.

El escenario de fines de 2019 marca otro momento en la vida política del continente. El golpe se produce con la complicidad de los gobiernos ultraderechistas de Jair Bolsonaro en Brasil y Mauricio Macri en Argentina, que han colaborado activamente como países con fronteras maleables con Bolivia.

También en momentos en que Estados Unidos está en abierta ofensiva para avanzar sobre América Latina con el proyecto geoestratégico de la recolonización continental. Como expresó públicamente el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lo que se está aplicando a América Latina en su conjunto es la Doctrina Monroe de 1823: “América para los americanos, desde Alaska hasta Tierra del Fuego” (es decir, para los norteamericanos) en su esencia imperial.

Desde fines de los 90, el proyecto para América Latina en el siglo XXI era nada más y nada menos que la recolonización regional, y el control efectivo de sus recursos naturales y su territorio. Convertir a la región en una especie de “estados libres asociados” que de libres y socios no tienen nada. Basta ver al pueblo de Puerto Rico.

Por todo esto, invadieron América Latina con sus “fundaciones” a lo largo del siglo XX, las que conformaron una red de arañas en el continente, mediante las llamadas Organizaciones No Gubernamentales (ONGs) que, en algún tiempo, cuando en Europa se jugaba a la socialdemocracia, fueron interesantes para resolver algunas situaciones en nuestra siempre resistente región.

También a fines del siglo XX trasladaron al Comando Sur, ubicado en la zona del Canal de Panamá, hacia Fort Bening en La Florida. En el Comando Sur tenían una serie de importantes bases militares, y entre sus formidables creaciones estaba la Escuela de las Américas, cuna de la formación de militares y paramilitares para sembrar el terrorismo de Estado en nuestro continente. No es que se fueran de nuestra región, sino que ante sus proyectos bélicos para el siglo XXI, el Comando Sur resultaba más que obsoleto, un blanco muy atractivo para una posible respuesta militar o “retaliación” como se dice en sus términos.

La estrategia fue “sembrar” el Comando Sur en Sudamérica, Centroamérica y el Caribe con bases militares terrestres, aéreas y navales. Desde el comienzo de la expansión a fines del siglo XIX y principios del XX, comenzaron esparciendo dictaduras brutales en Centroamérica y el Caribe y hasta allí donde alcanzaran sus tentáculos. Todavía sus tanques pensantes no pueden explicar cómo en medio de esas dictaduras, en 1959, en una isla pequeña —especialmente si uno la compara con la sede imperial— a noventa millas de sus costas, surgió la Revolución Cubana que es, hasta ahora, el único país independiente de la región, a un costo muy alto, por cierto.

Después de finalizada la Segunda Guerra Mundial, con la aplicación de la Guerra Fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética, nuestra región debió someterse a las necesidades de lo que llamaron “Occidente”. Nos aplicaron la Doctrina de Seguridad Nacional y nos instalaron dictaduras en todo el continente.

A partir de los años 60 y en los constantes y dialécticos cambios, aparece el trazado de la guerra contrainsurgente que nos aplican con todo rigor. La misma doctrina —aunque modernizada— es la que hoy regresa a la región para instalar “democracias de seguridad nacional”: de su seguridad nacional y de nuestra inseguridad colonial.

Bolivia

Es imposible entender lo que sucede en Bolivia sin la visión de este escenario geoestratégico, en que se aplica un golpe de Estado contra el primer presidente indígena, Evo Morales.

Tampoco puede entenderse la situación actual si no se conoce la historia profunda de ese país andino tantas veces olvidado y recuperado para su población mayoritaria y para el mundo, por el gobierno del Movimiento al Socialismo (MAS) con el triunfo de Evo Morales a fines de 2005 y su llegada al gobierno el 21 de enero de 2006.

Uno de sus logros más importantes fue establecer constitucionalmente la primera república plurinacional, con lo que esto significa a nivel universal.

Entre 2006 y 2019, el gobierno de Evo Morales Ayma logró un giro de ciento ochenta grados en lo social, económico y político, pero esencialmente una revolución cultural que conmovió las profundas raíces coloniales.

Por primera vez, más del 62 por ciento de los habitantes de los pueblos originarios de Bolivia, verdaderos dueños de esos territorios, fueron reivindicados con esta revolución que además recuperó la cultura soterrada de tantos años de exclusión, humillación y olvido.

Los pueblos originarios estaban sometidos a un apartheid que solo puede asimilarse al sudafricano en tiempos de las luchas de Nelson Mandela.

El contenido racista de este golpe de Estado es un elemento básico para entender también a qué responden las elites ultraderechistas fascistizadas de Bolivia, las que ni siquiera pueden ser comparadas con las oligarquías regionales.

La elite de Santa Cruz de la Sierra y de otros departamentos de la Media Luna está conformada por grupos medioevales, aliados con las mafias y con todas las dictaduras que se sucedieron en ese país, ejecutores de un accionar tan brutal que su existencia pareciera imposible en el siglo XXI.

Washington estuvo involucrado en cada golpe de Estado de nuestro continente y la dependencia continúa. Por ello, nuestro gran proyecto de integración, partiendo de los cambios políticos del Mercado Común del Sur, con la llegada del aire nuevo de los gobiernos surgidos de las grandes luchas de los pueblos latinoamericanos contra el neoliberalismo desde fines de los 90, siguió siendo la emancipación independentista.

Durante el período transcurrido desde principios del siglo XXI, los presidentes de la “época de la resurrección” popular, paridos por sus pueblos en las calles y las carreteras de la región, apuntaron a recuperar las demandas históricas de la unidad latinoamericana y crearon organismos de integración como la Unasur, hasta la más acabada integración, por su pluralidad, que fue y es la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).

Evo Morales fue y es uno de los líderes de estas alianzas como la Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América – Tratado de Comercio de los Pueblos, ALBA.

Sobre ellas se ha lanzado la furia imperial en estos tiempos, en su desesperada carrera para el apoderamiento recolonizador de América Latina, su llamado “patio trasero”, un continente que es un reservorio de recursos naturales que “necesitan” controlar en su etapa decadente y brutal.

En Bolivia, Morales estuvo en la mira de Washington desde que fue dirigente cocalero. En su condición de diputado y candidato presidencial incluso intentaron asesinarlo. De estos atentados también hay registros y testimonios en este libro.

Todas las indagaciones sobre golpes como el de 2008 y los intentos de 2011 y 2012, llevaron hacia los autores intelectuales, y a investigar las rutas del dinero enviado desde Estados Unidos y destinado a los opositores bolivianos mediante la Fundación para la Democracia (NED en sus siglas norteamericanas) y la Agencia Internacional para el Desarrollo, la vieja AID, que ahora llaman USAID.

La implicación documentada del embajador de Estados Unidos, Philip Goldberg, en el golpe de septiembre de 2008, condujo al gobierno del MAS a expulsarlo del país, como antes lo había hecho con la agencia antidrogas estadounidense, DEA. También en 2009 ordenó la salida de la Central de Inteligencia, CIA, por su infiltración en la recuperada Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos. Conocía, sin embargo, la infiltración y el poder de la embajada especialmente en las fuerzas policiales y en la permanencia de algunas fundaciones.

El golpe contra el presidente paraguayo Fernando Lugo en 2012, la llegada de Macri al gobierno de Argentina en 2015, el golpe de Estado mediático, judicial y parlamentario de 2016 contra Dilma Rousseff, y luego la llegada al gobierno de Jair Bolsonaro en enero de 2019, afectaron profundamente las relaciones con estos gobiernos. Pero el peligro mayor estaba en las fronteras permeables y en lo que serían las constantes maniobras de los ejércitos de estos tres países más Chile, planteando la posibilidad de una mayor cooperación de estas administraciones con los sectores de la derecha fundamentalista de Bolivia.

Las fronteras se convirtieron en una amenaza constante para el gobierno de Morales.

A pesar de esto, el gobierno boliviano producía avances fundamentales, y dejaba atrás la mayor pobreza de la región después de Haití. En 2019 se convirtió en un país dueño de sus recursos naturales, en trámite de industrialización, de redistribución de los millones de dólares recuperados por el Estado como dueño de sus propios recursos, en especial del litio, el mayor descubrimiento de los últimos tiempos, con sus mayores reservorios en territorio boliviano.

Esto acrecentó el interés de Estados Unidos por derrocar a Morales, quien había logrado sacar a la población boliviana de los grandes arrabales de la miseria, de la exclusión y la marginación y rescatar identidades y culturas que agonizaban ante la destrucción colonial, siempre en manos de los poderosos, asociados al poder hegemónico, aunque la resistencia logró sobrevivir más de setecientos años.

En este golpe de Estado, Washington contó con la colaboración especial de los gobiernos de Macri en Argentina y Bolsonaro en Brasil, no solo en lo político sino en lo militar, con el paso de armas, equipos y fuerzas especiales a través de las fronteras permeables que tienen con Bolivia.

El golpe de Estado se produce además en medio de una debacle del neoliberalismo, con los pueblos en las calles de Haití, Honduras, Guatemala, Ecuador, Chile, Colombia y otros países resistiendo el proyecto geoestratégico de Estados Unidos de avanzar hacia la destrucción de los Estados nacionales, endeudarlos, empobrecer a los pueblos, acabar con los proyectos de desarrollo y, en especial, acabar con todos los procesos de integración que se habían logrado con la Unasur y la CELAC. Un marco “necesario” para apoderarse de nuestro continente.

Otra consideración ante esta situación, que se evidencia en las páginas de Evo en la mira, es que América Latina no puede seguir mirándose en el espejo de las falsas democracias europeas o de las grandes potencias. Nuestras “democracias” no se pueden adaptar a los términos también falsamente “institucionales” de los grandes países.

En el caso nuestro, no puede haber democracia si somos dependientes y menos aún si nuestros ejércitos y fuerzas de seguridad son instruidos y manejados por Washington y sus socios cercanos.

Nosotros estamos en un largo proceso de liberación e independencia y por lo tanto, de descolonización profunda de nuestras culturas, nuestras academias, nuestro entorno, nuestra economía.

La lucha es por soberanía, independencia económica y justicia social. No podemos convertirnos en las “democracias de Seguridad Nacional” de Estados Unidos, como antes nos impusieron las dictaduras.

De eso hablaba Evo Morales para explicar el enorme proceso de descolonización que tenemos por delante. Estamos viendo la resistencia heroica de nuestros pueblos que, hay que reconocerlo, en los últimos años entendieron que era nuestra hora: independencia o recolonización. Esa es la verdadera elección.

Evo Morales lo sigue sosteniendo en estos días, después de ser forzado a renunciar, por coacción las fuerzas armadas, la policía, los opositores y con la imprescindible “ayuda” de la OEA.

Teníamos un país que había avanzado como nunca en su historia. Que ese avance lo lograra un indígena del altiplano era demasiado para el imperialismo. Y más, si este presidente indígena que solo soñaba la justicia para su pueblo, era abiertamente antimperialista, como debemos ser todos los que estamos en dependencia. No son años para la dependencia. Voy a volver a la lucha, no importa si soy otra vez presidente o no. He aprendido mucho, hemos aprendido mucho. No tenemos la maldad de ellos. Estamos acostumbrados a luchar por siglos, nuestros padres lucharon. Tupac Katari nos inspiró siempre. Y sabemos trabajar para la unidad de nuestros pueblos. Hemos caminado kilómetros de carreteras para luchar contra el neoliberalismo en los años 2000, luchar contra el colonialismo y el racismo que es muy fuerte en Bolivia. Ahora ya sabemos que lo podemos hacer. ¡Hemos muerto y resucitado tantos siglos! Y nunca dejamos de respetar la vida y de cumplir con nuestros padres: no matar, no mentir, no robar. Los aymaras tenemos muchos recuerdos y muchas fortalezas. Somos y vivimos como somos (Evo Morales desde su exilio en México, 22 de noviembre 2019).

Stella Calloni

Noviembre 2019

Prólogo

El libro Evo en la mira. CIA y DEA en Bolivia de la periodista y escritora Stella Calloni, es un trabajo que reúne cronologías imprescindibles, producto de investigaciones acuciosas, testimonios y entrevistas para relatar todo lo actuado por la injerencia externa sobre Bolivia a lo largo de la historia, y en los últimos años intentando impedir la llegada al gobierno de Evo Morales, el primer presidente indígena elegido por un pueblo silenciado durante siglos.

La construcción, como se verá, fue lenta y laboriosa, con el ritmo propio y la paciencia revolucionaria de los pueblos originarios, de su cultura, pensamiento y filosofía de vida. Como bien dice Evo Morales, en alguna parte de sus relatos: “Hay tiempo largo para pensar en esa soledad” donde él vivió en sus años de niño en el altiplano. Lo dice desde su experiencia de vida, donde se formó en la dureza y en la resistencia frente a las injusticias.

Su vida de niño transcurrió en Oruro, un departamento boliviano de gran belleza y también de dureza, soledades y fríos, en las alturas altiplánicas. Evo no solo soportó pobreza y soledad, sino que esto mismo le permitió una verdadera comunicación y comunión con la Madre Tierra, la Pachamama, y con la belleza e intensidad del lugar.

La necesidad llevó a la familia a trasladarse a la zona cocalera, donde se trabajaba sin tiempo y sin descanso, pero en un clima más benigno. Allí nació su vocación de lucha, su rebelión contra las injusticias y sus primeras incursiones en el sindicalismo que lo llevarían a la organización política partidaria, al entender que era desde ese lugar donde podía ayudar a transformar un país que había vivido bajo colonialismos eternos.

El aprendizaje se fue forjando día a día desde las bases populares, acompañando y comprometiéndose con las causas sociales, con los pueblos originarios, campesinos, mineros, buscando fortalecer la identidad, valores y pertenencia de las comunidades.

Su militancia nació de la rebeldía justa ante el sufrimiento del pueblo, la discriminación de las que fue víctima y testigo en los centros mineros, en el sur de Potosí y en las zonas campesinas. El niño y su familia conocerían sobre la piel los dolores de discriminaciones y racismos, fundamentos básicos de colonialismos y neocolonialismos.

Evo fue creciendo en las luchas y la organización popular hasta llegar al lugar que hoy ocupa por decisión mayoritaria, pero también como el epílogo de una rebelión popular que viene desde lejos, de sus antepasados, de su pueblo siempre en resistencia.

En forma ágil, clara y precisa, uno puede ir siguiendo en este libro todos los avatares de los últimos años, donde la voluntad popular de liberación de viejas ataduras fue creciendo en esa resistencia cotidiana hasta hacerse vendaval.

Siempre me ha sorprendido la capacidad intelectual, humana, de investigación y militancia de Stella Calloni, su mirada clara y profunda para descubrir el caminar de los pueblos y sacar a la luz acontecimientos históricos de la resistencia y luchas por la liberación en el continente de la Pachamama.

Recuerdo cuando prologué con emoción su libro Nicaragua: el tercer día (1986), con la historia de ese país centroamericano y los cantares de la liberación.

Dice en la introducción de este libro sobre Bolivia que se trata de una historia de dominación y redes que se extienden como telarañas en todo el país, para dominar y controlar, impidiendo una independencia verdadera.

Stella habla de los espejos enterrados como una metáfora, y de cómo este hecho único en América Latina, de un pueblo marchando por calles, montañas y carreteras, comienza al fin a desenterrarlos para que “nos miremos en ellos en los tiempos de la dominación y en el esplendor de las resistencias”.

La decisión de Evo, al asumir como primer presidente indígena de la Nación Boliviana, de dirigirse a la pirámide de Akapana ese 21 de enero del 2006 en Tiwanaku, en el templete de Kalasasaya, donde lo esperaban los sacerdotes aymarás, reafirmando su identidad, origen y pertenencia, dejaba en claro que la lucha planteada era el inicio de una enorme ruptura histórica, asentada en el largo camino por la emancipación.

Allí mismo expresó su clara decisión de recuperar el derecho del pueblo boliviano y sus culturas originarias, participar y cambiar la situación de injusticia y dominación estructural y buscar el derecho e igualdad para todos. Allí, ante los suyos, se comprometió a cumplir verdaderamente la voluntad expresada por el pueblo y su programa de gobierno, respetando las profundas reglas culturales aymarás, de no mentir, de no robar, de fidelidad a los principios.

Esa decisión lo enfrentaría rápidamente, junto a su pueblo, con aquellos sectores de poder que se habían sucedido en los gobiernos de Bolivia, utilizando a un país rico en recursos para su propio provecho y dejando en la pobreza a la inmensa mayoría.

En Bolivia resistía el pueblo del continente más sumergido en la pobreza, después de Haití, a pesar de ser un territorio inmensamente rico en recursos.

Los sectores opositores, violentos y despiadados, como se han mostrado en sus acciones, están no solo protegidos, sino sostenidos económica, política y militarmente por una larga presencia externa.

Esos grupos de poder enriquecidos a costa de un pueblo y envilecidos por su complicidad con los ocupantes externos del país, que siempre dominaron Bolivia, fueron y son el factor interno del intervencionismo de Estados Unidos. Sus acciones son desestabilizadoras y golpistas.

Se intenta impedir el avance democratizador y participativo de ese pueblo sacrificado y heroico, se trata de impedir que un pueblo recupere sus derechos

En este libro se desnuda la esencia de colonialismos y neocolonialismos que imperaron a lo largo del siglo XX, frustrando el proceso de la independencia, como sucede en toda América latina.

El papel en Bolivia de la CIA y sus numerosas fundaciones, que conforman esa red de araña a la que se refiere Stella Calloni, se revela aquí también en todo su temible esplendor. La tragedia vivida por Bolivia es la misma que afecta a todos nuestros países, es la tragedia de América Latina y la dependencia de un poder imperial que impuso en otros tiempos las dictaduras de la doctrina de Seguridad Nacional, para sostener su dominación y frenar todo proceso de liberación.

Las campañas de la CIA, los crímenes de lesa humanidad cometidos por la agencia antidrogas la DEA (Drug Enforcement Administration), la utilización de los medios de comunicación masivos en manos de ese poder imperial-colonial inhumano y criminal, intenta detener este proceso luminoso de rescate del derecho a la vida y a una cultura milenaria que enterraron, pero no pudieron matar.

Aquí están narradas las intrigas, planes y acciones para impedir que Evo Morales llegara al gobierno, luego para tratar de derrocarlo, recurriendo a acciones tan trágicas y violentas como las de Sucre y Pando en el mismo año 2008, además de una cantidad de intentos por matar a Evo cuando era sindicalista, diputado y ahora presidente.

Es más que evidente la fuerte intervención de la CIA y la embajada de los Estados Unidos, de golpistas de organizaciones civiles, de fundaciones extranjeras invadiendo un país hasta en sus lugares más apartados, de paramilitares, empresarios, militares, políticos y policías retirados.

Como bien señala Stella en su profundo recorrido y evidencias documentadas, no se trata solo de destruir a Evo Morales, sino lo que representa su propuesta y programa de cambio para el país en todo lo que hace a la autodeterminación y soberanía y destruir el proceso de integración profundo y liberador en América latina.

A través de estas páginas, cada uno de nosotros en nuestros países puede verse reflejado como un espejo. Porque la Agencia Internacional para el Desarrollo (USAID) o la Fundación para la Democracia, en realidad para destruir democracias auténticas, NED en sus siglas en inglés (National Endowment Foundation), no solo operan y conspiran en Bolivia sino en todo nuestro continente.

Lo que surge de la intervención de USAID y los mecanismos utilizados para derrocar a Evo a través de los llamados “golpes suaves”, nos toca a todos en conjunto.

Estados Unidos siempre consideró a América latina como territorio propio, su “patio trasero”, utilizó los instrumentos a través de la CIA y el Departamento de Estado, lo que derivó en una larga injerencia en los asuntos internos en los países del continente; es una historia que sembró el horror en la vida de los pueblos, como fue el golpe de Estado de Augusto Pinochet en 1973 contra Salvador Allende, la intervención del entonces presidente Richard Nixon y el secretario de Estado Henry Kissinger, la ITT, la imposición de las dictaduras militares con los altos costos en vidas humanas y la destrucción de la capacidad productiva de los pueblos.

En los cambios que se van produciendo en el continente y frente a la pérdida de la hegemonía continental y el desplazamiento a escala mundial, Estados Unidos no está dispuesto a ceder posiciones en América Latina y busca con la complicidad de los sectores reaccionarios someter a los pueblos. La serie de golpes de Estado en el continente contra el gobierno de Hugo Chávez en Venezuela, en Bolivia, la agresión militar de Colombia contra Ecuador, los intentos de golpe contra Evo Morales y el golpe en Honduras constituyen una derrota moral para Washington, ya que el pueblo sigue en las calles y nadie reconoce a los golpistas, un hecho único en la historia de los últimos tiempos.

Todo ese accionar intervencionista, conspirativo y criminal en sus consecuencias surge en este libro de Stella Calloni con diáfana claridad para ser comprendido por todos.

Estados Unidos ha trazado una serie de planes, entre ellos, los más conocidos a nivel popular como el plan Puebla-Panamá el plan Colombia, que ahora Washington busca fortalecer con la instalación de siete bases militares en Colombia, problema que llevó a los presidente del Unasur a debatir las razones por las cuales EE.UU., con el pretexto de la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico, busca asentar su poderío militar y control en la región y hay que sumar a este intervencionismo la Triple Frontera.

El libro de Stella nos permite comprender en profundidad la lucha por la emancipación de los pueblos y la necesidad de sumar fuerzas y voluntades en el continente a través de los hechos protagonizados por el pueblo boliviano y su presidente Evo Morales.

Estamos frente a grandes desafíos en momentos históricos de convergencia de voluntades, de ideales y fuerza de los pueblos, en la lucha por su liberación. Esa es la esperanza y realizaciones que debemos acompañar.

Adolfo Pérez Esquivel

Buenos Aires, 28 de agosto del 2009

Introducción

Cuando el 18 de diciembre de 2005, el Movimiento al Socialismo (MAS) ganó las históricas elecciones en Bolivia con su candidato Evo Morales Ayma, proveniente de una comunidad aymara en Oruro y orgulloso descendiente de los antiguos dueños de esos territorios, casi de inmediato comenzó un proceso de cambios de las viejas estructuras de un poder colonial, que perdura desde hace más de cinco siglos.

Solo estando en la piel de los que durante ese largo tiempo fueron perseguidos, humillados, desterrados en sus propias tierras, podría entenderse el significado de ese inédito triunfo, cuando algunos todavía preconizaban “el fin de la historia”. El ascenso de Morales fue visto como la virtual resurrección de una cultura milenaria, que los colonizadores se imaginaban desaparecida bajo el peso de colonialismos y neocolonialismos.

Se desenterraron los espejos de las antiguas culturas y comenzaron a brillar sobre los despojos del poder colonial en decadencia.

Detrás de ese triunfo estaba la historia de América latina y la lucha incansable por encontrar su camino. Había en esas horas un resplandor intenso, que solo podían ver los descendientes de Tupac Amaru, Tupac Katari, Bartolina Sisa y de otros símbolos de la resistencia y también de los horrores del colonialismo, que recurrió al descuartizamiento para matar a los líderes de la enorme sublevación anticolonial.

Curiosa imagen de aquella Bolivia que quisieron cortar en pedazos en la figura del resistente. La práctica española de desmembrar vivos, como escarmiento, a los dirigentes indígenas de la sublevación anticolonial es asimilable a los intentos del capitalismo de nuevo cuño tan especialmente feroz en Bolivia, como si con ello pudieran parar la lava del volcán.

Las de 2005 fueron las elecciones con mayor participación popular en las últimas décadas en Bolivia, país cuyo nombre estuvo inspirado en el fundador de la República en 1825, el libertador Simón Bolívar. Entonces se había expulsado al colonizador extranjero, pero los indígenas no participaron tampoco de aquella fundación. Aún sus espejos estaban enterrados, sus culturas aplastadas y sus cuerpos doblados en los viejos socavones de la devastación.

Potosí sigue siendo la memoria implacable de aquella voracidad imperial-colonial. “La población del territorio que hoy corresponde a Bolivia era superior a la que habitaba lo que es hoy Argentina. Siglo y medio después la población boliviana es seis veces menor que la población argentina”,1 escribió Eduardo Galeano en Las venas abiertas de América Latina, una insuperable mirada, un clásico sobre nuestra historia.

En el lenguaje real y no ficticio, “originarios” está referido a los dueños de estos territorios de luces y maravillas que han ido pasando de mano en mano, de amos colonialistas a poderes colonizados que se llamaron a sí mismos “democracias”. Ahora se puede ver que los resistentes nunca detuvieron sus pasos, ni su larga marcha de pies descalzos, que transcurre en nuestro continente en un suceso colectivo, con asombrosa imaginación y creatividad.

“Aquella sociedad potosina, enferma de ostentación y despilfarro, solo dejó a Bolivia la vaga memoria de sus esplendores, las ruinas de sus iglesias y palacios y ocho millones de cadáveres de indios”, continuaba Galeano, al describir la tragedia de Bolivia, simbolizada en Potosí, donde aún persisten los recuerdos coloniales.

En 1573 Potosí ya tenía 120 mil habitantes y en 1650 se mencionaban 160 mil. “Era una de las ciudades más grandes y más ricas del mundo, diez veces más habitada que Boston, en tiempos que Nueva York ni siquiera había empezado a llamarse así”.

Cuando Galeano se refiere a la sociedad potosina de entonces, habla de aquella que acompañaba a los colonizadores, disfrutando de las “buenas” migajas y caminando sobre la desolación de su pueblo. Podría referirse de la misma manera a la sociedad de los ricos y racistas actuales que controlan Santa Cruz de la Sierra, Beni, Pando, la llamada Media Luna boliviana donde se reviven aquellas escenas de los criminales conquistadores del pasado.

Potosí, “condenada a la nostalgia, alimentada por la miseria y el frío, es todavía una herida abierta del sistema colonial en América Latina: una acusación. El mundo tendría que empezar por pedirle disculpas”, escribió Galeano.

En realidad el mundo —y América Latina en especial— tendría que pedir disculpas a Bolivia por haber olvidado lo sucedido bajo la colonia y lo que sucedió luego cuando el país fue convertido en un laboratorio de experiencias contrainsurgentes y de nuevos sistemas neocoloniales e imperiales que subsisten hasta hoy.

De los tiempos del colonialismo español se dice que con toda la plata que este se llevó de Potosí podría haberse tendido un puente entre Europa y América. Fue una de las más grandes expoliaciones en la historia de la región, como sucedió en África con el asalto colonial de Europa, que dejó despojos en uno de los continentes más ricos de la tierra.

Toda esta historia de dominación y resistencia está detrás de la llegada de Evo Morales al gobierno.

La simbólica asunción de Evo

El primer presidente indígena de Bolivia no solo venía desde las más antiguas resistencias de padres que mantenían sus culturas ocultas pero vivas, sino también de la lucha por el derecho del pueblo boliviano a consumir su hoja ritual, alimento indispensable para la dura vida de las montañas. Las mismas donde Evo Morales, entonces un niño pastor, soñaba con otra Bolivia.

Elegido por las mayorías, y pese a los intentos del imperio estadounidense por detenerlo, a los 46 años Evo llegó al gobierno de un país rico en recursos, pero desgarrado y saqueado sin descanso durante más de quinientos años. Es el relato doloroso y contradictoriamente bello de un país donde el pueblo nunca dejó de resistir. Evo simboliza esa resistencia.

Son muchas las causas por las que tenemos que pedir perdón a Bolivia. El comandante Ernesto Che Guevara tuvo en su momento la visión de este país único en América, y su asesinato en octubre de 1967 en una pobre escuelita en las Higueras, en el territorio de un pueblo que fue inspiración revolucionaria en su vida, fue una forma de rescatarlo desde las honduras de un olvido imperdonable.

El 21 de enero de 2006 Evo Morales hizo su primera asunción presidencial en Tiwanaku, en el templete de Kalasasaya, situado a unos 70 kilómetros de la ciudad de La Paz, un lugar que expresaba todo el simbolismo de aquellos momentos. Asumía el poder y juraba ante los suyos, los que durante más de quinientos años habían estado sumidos en los arrabales de la injusticia, hasta ese momento inicial del siglo XXI.

El presidente llegó al mediodía a la pirámide de Akapana, donde ya lo esperaban los sacerdotes aymarás. Vestía a, la usanza de sus antepasados, un poncho rojo con franjas amarillas y el antiguo gorro ritual. Me contaron los que estuvieron, que solo los ojos ligeramente húmedos daban cuenta de su intensa emoción, mientras seguía respetuosamente la ceremonia preparada por los que habían ganado con él, los eternamente postergados, los que regresaban con el cantar de otros pájaros o las escritu­ras del pasado, los que renacían buscando la “tierra sin mal” de las leyendas guaraníes.

Miles llegaron a acompañarlo y también invitados internacionales congregados allí para la asunción al día siguiente en La Paz.

Muchos medios calificaron ese momento como “una ceremonia exótica”, desconociendo no solo el significado de la misma sino a toda una cultura que renacía, como renacía el pueblo de Bolivia.

Evo estaba poniendo de pie a todo un pueblo. Allí, en ese acto, pasaba toda su niñez como pastor de llamas, que nació y vivió sus primeros años en pequeña casita de adobe con techo de paja.

El niño que vivió en la desoladora pobreza, hijo de María Ayma Mamani y de Dionisio Morales Choque, que tuvo siete hermanos —cuatro de ellos murieron—, fue al principio un luchador sindical y, desde allí, creció políticamente en la acción constante, en la resistencia cotidiana.

La ceremonia tenía, además, otra reivindicación profunda para los suyos. El reencuentro con las antiguas culturas sobrevivientes, transmitidas por voces secretas y ceremonias cotidianas de los herederos de esos fuegos.

“Mi papá, cada mañana antes de salir del trabajo, hacía su convite a la Pachamama, que es la Madre Tierra; mi mamá también ch’aliaba con alcohol y hojas de coca para que nos fuera bien en toda la jornada. Era como si mis padres hablaran con la tierra, la naturaleza”.

Rodeado por los sacerdotes aymarás y por su pueblo, por las banderas wiphalas, el humo de los inciensos y las bendiciones, recibió Evo las ofrendas de los pueblos indígenas, aún asombrados por aquellos hechos. Al lugar llegaron también representantes de otras etnias y comunidades de América Latina, Canadá y Estados Unidos.

“En la alta meseta de los Andes, cual cóndor andino, en el misterioso Tiwanaku, Olimpo de los Dioses originarios, más de 100 mil personas esperan desde el día anterior, sufriendo granizo y viento, lluvia y frío altiplánicos, para presenciar la ceremonia de la Bendición de los Dioses a uno de sus hijos que asumirá la presidencia de Bolivia, después de quinientos años de sometimiento. Wiraqocha, Pachayachachij, y Pachakamaj, tres imágenes y un solo Dios verdadero. (...) Tiwanaku está cerca del cielo a 3885 metros sobre el nivel del mar. Las nubes cansadas deambulan cerca dispuestas a ser cogidas con las manos. Y a 50 kilómetros el mar interior más grande del mundo, el recóndito lago Titicaca. (...). Tiwanaku es un torbellino cósmico, capital del mundo, el cielo es la mansión del sol, del trueno y de los dioses tutelares, dueño celestial del universo”.2 Así describe el escritor boliviano Néstor Taboada Terán el lugar donde Evo asumió ante los suyos.

También relata que flanqueando a Evo se formaron “dos columnas, una de Amautas y Jilakatas, cubiertos de ponchos rojos y otra de mujeres Mamathajillas, agitando racimos de conchas marinas que producían sonidos roncos, y encargadas del sahumerio de Qhoas. (...) Con ofrendas y un mar de flores, los sacerdotes lo cubrieron con el Unku sagrado y le cambiaron los duros zapatos por las suaves abarcas (sandalias) campesinas para caminar por el templo de Kalasasaya. Le coloraron el gorro chucu de cuatro puntas que le permitiría el control en la lontananza del inmenso territorio que por estar muy lejano apenas se puede distinguir. Recibiendo el báculo de caminante, se dirigió lentamente a la pirámide de Akapana. Se detuvo un instante para arrodillarse y besar un desnivel del piso, que se había producido por realizar constantes sacrificios por los dioses”.3

Le entregaron “el más importante instrumento de gobierno el bastón de mando (...). ¡Jallalla!, hermanos, expresó Evo con vos tonante y miles le respondieron: ¡Jallalla, hermano Evo! La inmensa multitud, con presencia de representantes de muchos países, escuchó la invocación popular de Tiwanaku”.4

Taboada Terán nos acerca de alguna manera la intensa magia de aquel momento. Dijo Evo Morales entonces: “Hoy día, desde Tiwanaku empieza un nuevo año para los pueblos originarios del mundo. Un nuevo milenio para todos los pueblos. Una nueva vida en la que buscamos igualdad y justicia. Estoy con­vencido de que solo con la fuerza del pueblo, con la unidad del pueblo, vamos a acabar con el Estado caótico colonial, torcer las manos del imperialismo norteamericano. Los pueblos aymarás, quechuas, mojenios, chapacos y muratos, son los dueños absolutos de esta enorme tierra boliviana. La conciencia del pueblo ganó las elecciones y ahora esta misma conciencia va a cambiar nuestra historia. Queremos enseñar a gobernar con honestidad y con responsabilidad para transformar la difícil situación económica del pueblo boliviano. El año 1825, cuando se fundó Bolivia, después de que miles de aymarás, quechuas y guaraníes intervinieron en la guerra de la Independencia no participaron en la fundación. Por eso, los pueblos indígenas reclaman ahora refundar Bolivia. Estamos en tiempos de triunfo, estamos en tiempos de rebelión. Llegó la hora de cambiar esa mala historia de saqueo de nuestros recursos naturales, de discriminación, de humillación, odio y desprecio. Liberar nuestra Bolivia, América, es el legado que nos dejó Tupac Katari, el mismo que nos dejó el comandante Ernesto Che Guevara y estamos dispuestos a cumplir”.5

Al otro día la Plaza Murillo, en La Paz, desbordaba cuando Evo Morales y su vicepresidente Álvaro García Linera asumían el gobierno jurando con el puño izquierdo en alto. Fueron mensajes muy esclarecedores del tiempo de cambios que llegaba a Bolivia, y que se extendía por su misma fuerza vital a toda América Latina.

En el Parlamento, ya presidente constitucional, Evo denunció cómo a los primeros indios aymarás y quechuas que aprendieron a leer y a escribir, los conquistadores españoles les sacaron los ojos y les cortaron las manos. Habló también de todos los bolivianos que estaban fuera del país huyendo de la enorme pobreza a la que habían sido condenados en su propia tierra y de las consecuencias del modelo neoliberal impuesto.

“Esta revolución cultural y democrática es parte de la lucha de nuestros antepasados, es la continuidad de la lucha de Tupac Katari, es la continuidad de la lucha del comandante Ernesto Che Guevara. Vamos a continuar la lucha hasta conseguir la igualdad en nuestro país. No es justo acumular el capital en pocas manos para que muchos se mueran de hambre. Eso tiene que cambiar en democracia...”.6

Los que apostaban a que estos discursos respondían a viejas demagogias o solo eran anuncios que nunca se cumplirían, vieron muy pronto que el cambio que Morales había prometido era lo que debía ser: un proceso revolucionario que revolvía de fondo las viejas estructuras de un poder brutal, responsable de dejar fuera de la vida al 80 por ciento de la población del país.

El libertador Simón Bolívar había anunciado proféticamente los tiempos de la resistencia al hablar de los sublimes desprendimientos del pueblo de Bolivia, cuando este decidió dar su nombre a la República naciente: “Tal rasgo mostrará a los tiempos que están en el pensamiento del Eterno, los que anhelabais la posesión de vuestros derechos, que es la posesión de ejercer las virtudes políticas, de adquirir los talentos luminosos, y el goce de ser hombres. Este rasgo, repito, probará que vosotros erais acreedores a obtener la gran bendición del Cielo —la soberanía del pueblo— única autoridad legítima de las naciones”.7

La llegada de Morales al gobierno de Bolivia es una ruptura histórica, asentada en una larga lucha por la emancipación.

Un mundo comenzaba a terminar en esos días febriles de los comienzos de la nueva Bolivia, pero pocos entendieron que ese proceso iba mucho más allá de las transformaciones domésticas. Bolivia era en realidad un laboratorio de la contrainsurgencia, del esquema de control neocolonial.

Evo desafía al neocolonialismo

Bolívar decía que la soberanía era la única autoridad legítima de los pueblos. Y Morales debía enfrentar en su país una larga dominación neocolonial que había reemplazado rápidamente al colonialismo descarnado del imperio español.

Desde comienzos del siglo XX, otros ocupantes llegarían a Bolivia y las resistencias continuaron. Los nuevos conquistadores comenzaron a caminar por esas tierras y el pueblo indígena mayoritario en Bolivia, debió enfrentar otros enemigos y preservar sus culturas de liberación.

La injerencia comenzaría en realidad con la expansión estadounidense hacia América latina a fines del siglo XIX y continúa hasta nuestros días.

Una consecuencia de esto fueron las guerras colonialistas de empresas extranjeras que llevaron a cruentos enfrentamientos entre pueblos hermanos, como sucedió en la zona del Pacífico, Chile contra Bolivia y Perú a fines del siglo XIX y la llamada Guerra del Chaco entre Bolivia y Paraguay (1832-1835), dolorosa expresión de otros comienzos coloniales.

A partir de la década del 50, Estados Unidos entra de lleno en Bolivia. Con sus organismos de inteligencia como la Agencia Central de Inteligencia (CIA), el Buró Federal de Investigaciones (FBI) y la Drug Enforcement Agency (DEA o agencia de lucha contra las drogas), desde 1980.

La ocupación de Bolivia en esos años marcaría el inicio de lo que sería con el tiempo una “injerencia eterna”, que Evo Morales había conocido en su propia piel, en las luchas por la tierra y la justicia.

Llegaría luego la explotación del estaño, los minerales, el gas, el petróleo y la conversión de la milenaria hoja de coca en una droga maldita, gracias a los químicos elaborados por los países ricos que son también los grandes consumidores y los mayores beneficiarios de la venta ilegal, la distribución, el narcotráfico y el lavado de dinero.

Estados Unidos se había apropiado del verdadero poder y los gobernantes civiles y militares, en un país pleno de golpes de Estado —la mayoría propiciados y ejecutados por órdenes de Washington—, eran convertidos en simples gerenciadores de ese poder externo.

La profundidad de la injerencia externa, que se incrementó notablemente durante las dictaduras militares, especialmente las de dictador Hugo Banzer (1971-1978) o de Luis García Meza (1980-1981), continuada por la invasión neoliberal, produjo una serie de rebeliones imparables, que recogían todos los viejos esquemas de las resistencias en ese país, tan cuidadosamente ocultadas en la historia latinoamericana. Y nació un nuevo proceso emancipatorio.

Esta presencia extranjera humillante y depredadora se sentía en la piel de los bolivianos, pero la dependencia histórica comenzaría a romperse con las luchas populares de los últimos años. Las guerras del agua, del gas, la lucha contra los militares estadounidenses en El Chapare, el protagonismo popular en rechazo a los intentos de imponer la dictadura neoliberal, terminaron con un pueblo en calles y carreteras.

El derrocamiento del segundo gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada en 2003, dio cuenta de la intensidad de esa resistencia también eterna. Pero además, en Estados Unidos pronto advirtieron que con Evo llegaba no solo un discurso tradicional de izquierda, sino el rescate de nuevos elementos de un pasado de resistencias indígenas que enriquecía la formulación dialéctica de la realidad boliviana y añadía creatividad y audacia a la voluntad real de cumplir el programa anunciado.

No se trataba tampoco de las viejas formulaciones demagógicas, pues las medidas que comenzaron a tomarse rápidamente se hundieron como un filoso cuchillo en las propias entrañas de un sistema injusto.

Siguió luego el proyecto de una nueva Constitución, que significaba la refundación de un país, la transformación de las leyes que tenían una clara impronta colonial y ambigüedades neocoloniales, destinadas a perpetuar el sistema eternamente.

Discurso y acción no respondían solo a la historia más reciente; muchos espejos comenzaban a desenterrarse y a brillar tímidamente hasta convertirse en resplandor.

La metáfora más acabada es esa eterna marcha de los pueblos que hicieron imposible al sistema imperial mantener sus estrategias de dominación y sus intentos de extender la telaraña para imponer los nuevos esquemas de Guerra de Baja Intensidad (GBI).

En Bolivia el regreso de aquella vieja cultura soterrada constituye el del gobierno de Morales sobre todos los intentos por destruirlo en los últimos años, en los que Washington y sus socios gastaron millones de dólares conformando diversas oposiciones, violentas o falsamente democráticas.

Este nuevo proceso comenzó a tocar a fondo las fibras de la sociedad boliviana, condenada a los arrabales para convertirse en una voluntad revolucionaria, una revoltura que produjo la reacción desmesurada de los eternos dueños del poder.

A medida que se profundiza el proceso, en medio de dificultades extraordinarias, el viejo poder criminal, impune hasta ahora, resucita lo más recóndito del odio. El lenguaje es visceral, brutal, sin tapujos. Despojados lentamente de algunos de sus privilegios los sectores dominantes instalaron la ideología del odio, que los ha llevado a mostrarse en su verdadera naturaleza, como sucedió en la escenificación brutal de Sucre, donde humillaron y castigaron televisadamente a un grupo de indígenas desnudos, atados por el cuello entre sí con sogas, o en la masacre de Pando que intentan encubrir con cobardía e impunidad amparada desde el Norte. Los fantasmas de un fascismo envejecido, ya sin coberturas o disimulos, han actuado contra el pueblo y se han mostrado sin máscaras ante el mundo, como también lo han hecho sus poderosos protectores.

Desde que Morales era un dirigente sindical cocalero, Estados Unidos lo vio como un “peligro”, un enemigo potencial. Eliminarlo físicamente es uno de sus planes, nada novedoso si se estudia la cantidad de asesinatos políticos protagonizados por Estados Unidos en todo el mundo y en su propio país. Pero en Bolivia todo se les hace esquivo. No pueden entender los lenguajes de un mundo renaciente. Se obstinan en detener el proceso de cambio, la resurrección de las viejas culturas que deshacen los mitos de la impotencia. Ha cambiado Bolivia y el mapa de América Latina —que ellos trazaron en su imaginario imperial— se les deforma ante los ojos. Se les esfuma, se les va de las manos. A ciegas, el gigante golpea y tropieza una y otra vez. Washington estima que golpear a cualquiera de los países que conforman el hasta ahora mayor esquema de integración en América del Sur puede tener un efecto dominó.

Pero sus movimientos ya no alcanzan los objetivos. Quedan en el aire, se les devuelven como un boomerang. El poder colonial envejecido está ciego como el gigante tambaleante que lo simboliza.

De esa historia de dominación y telarañas trata este libro. Con documentación, investigaciones, testimonios y crónicas de la realidad, se intentará demostrar cómo un país inmensamente rico en recursos humanos y naturales pudo ser convertido en un laboratorio de proyectos neocoloniales o recolonizadores. Pero también cómo Bolivia desenterró sus espejos para que nos miremos en ellos en los tiempos de la dominación y en el esplendor de las resistencias.

Stella Calloni

1. Eduardo Galeano, Las venas abiertas de América Latina, Siglo XXI Editores, México 1971.

2. Taboada Terán, Néstor, Tierra mártir. Del socialismo de David Toro al socialismo de Evo Morales, Editora H, segunda edición, Bolivia 2006.

3. Ibídem op. cit.

4. Ibídem op. cit.

5. Ibídem op. cit.

6. Ibídem op. cit.

7. Discurso de Simón Bolívar al Congreso Constituyente en la proclamación de la nueva Nación Boliviana. Documento histórico. Mayo de 1826.

Parte I

Evo en la mira, 1983-2005

Capítulo 1

Evo Morales: un blanco de Washington

“... Hemos guardado un silencio bastante parecido a la estupidez...”

Proclama insurreccional de la Junta Tuitiva en la ciudad de La Paz,

16 de julio de 1809

Hablar de Orinoca, del altiplano de Oruro, donde nació y creció Evo Morales, es decir dureza, frío, belleza majestuosa y soledad. Es una zona de grandes recursos mineros, de montañas y lagos que figuran entre las reservas más importantes de agua en el mundo, pero también de una población mayoritariamente pobre y de una realidad social injusta como pocas.

Huanuni, el centro minero más grande de Bolivia es la memoria viva del saqueo y de la resistencia. Las luchas campesinas en el lugar también son de larga data. De la misma manera lo es el carnaval de Oruro, el más famoso del mundo, reconocido por la UNESCO en 2001 como “Obra maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la humanidad” por su valor cultural, tradicional, religioso, donde el sincretismo se muestra en los coloridos juegos y bailes, escenografías que recuerdan al Tíbet o las diabladas, con su trazo africano junto a las tradiciones indígenas locales.

Esas caracterizaciones maravillosas, muy típicas y coloridas, puestas sobre un mundo yermo donde todo aparece cubierto de tierra llevan muchos mensajes detrás.

Sorprendente es la historia de Oruro y todo eso está también detrás de Evo Morales. Hay que ser muy fuerte y adquirir sabidurías propias para sobrevivir en el frío altiplano orureño, en la pobreza absoluta.

No fue un camino de rosas la vida de Evo hasta aquellos días de diciembre de 2005 cuando resultó electo con un apoyo popular abrumador.

“Cuando me preguntan sobre mi vida en otros tiempos y cuento lo que viví con mis padres y hermanos, con los compañeros comunitarios, jamás hubiera pensado que iba a ser presidente algún día. Trataba solamente de ser mejor cada día en mi trabajo sindical para luchar junto a los compañeros, exigir la justicia. Me costó mucho y debí tomarme tiempo para pensar cuando los compañeros me eligieron para que fuera a elecciones como candidato a diputado en 1997. Tampoco me podía imaginar que iba a ganar entonces con tantos votos y tan acompañado por las bases. Eso me decía que tenía más responsabilidad cada vez y que debía prepararme todo el tiempo y no defraudar nunca a los compañeros. Nosotros con la familia y los comunitarios en Oruro sabíamos lo que era la vida dura. Y también después la lucha en El Chapare”, diría Evo Morales.8

Desde ese altiplano salió Evo varias veces, en largas caminatas con sus padres que lo llevaron de niño incluso hasta Jujuy y Tucumán, Argentina, donde la familia trabajó un tiempo en la zafra. Esos caminos recorridos fueron extremadamente difíciles, aunque él relata el pasado con serenidad y dignamente, sin victimizarse jamás.

“Siempre, desde niño, me gustaba organizar cosas distintas. Pasaba mucho tiempo en un cerro cuidando las llanuras. Mi padre me llevaba, quedaba con algo de comida y esperaba que él volviera a buscarme para regresar a mi casa. Hay tiempo largo para pensar en esa soledad. Ese mes o algo más que me quedaba en el cerro, era duro. A veces bajaba a un pueblito lejos en la montaña, si faltaba algo de comida, pero volvía muy rápido.

“Cuando regresaba, quería hacer muchas actividades. Veía todo con otros colores. Cuando tenía como 13 años fui fundador de un equipo de fútbol (Fraternidad) en mi comunidad y eso nos permitía participar en campeonatos locales. Era capitán y delegado, y enfrentábamos a muchos equipos. A la vez trabajábamos fuerte, cuidando llamas, a las que había que trasquilar luego. Pero yo no dejaba de estudiar ni de jugar fútbol, porque eso nos hacía bien a todos y nos unía. Me gustaba la música y aprendí a tocar la trompeta. El fútbol y la música nos permitían compartir y hacer actividades colectivas. Mi padre fue muy compañero y nos alentaba en los deportes. Yo recuerdo que no paraba nunca y cuando tenía unos 16 años, los delegados (ayllus) de la comunidad ya me eligieron como director técnico de la selección de todo el cantón”.9

Para continuar sus estudios, Morales viajó a la ciudad de Oruro donde trabajó en muchos oficios duros y fue también trompetista, como lo había sido en Orinoca. La música es una parte importante de su vida. En la capital de Oruro tocaba en la banda Real Imperial, que era invitada a festividades en varias localidades. No olvida que la música lo llevó a recorrer centros mineros, especialmente, los del sur de Potosí.

“Tengo tantos recuerdos de esos viajes y de cómo iba conociendo otros com­pañeros y veía el trabajo de los mineros y sus luchas. Aprendí mucho y cada vez iba mirando los sufrimientos, pero también las rebeldías de nuestro pueblo”.10

En 1971 se enteró del golpe del general Hugo Banzer en una carretera por donde iban caminando con su padre hacia Cochabamba. Después del servicio militar obligatorio que cumplió en el Estado mayor de La Paz, y de vivir los golpes de estado, de Juan Pereda Asbún y David Padilla Arancibia en 1978 Evo volvió a su tierra (la historia de Bolivia registra unos 189 golpes). Pero una tragedia cayó sobre las comunidades de Orinoca cuando el fenómeno de El Niño se llevó más del 70 por ciento de la producción y más del 50 por ciento de los animales. Varias calamidades sucedieron en Oruro en los años 80, como las sequías y los miles de mineros que quedaron sin trabajo en los comienzos del aluvión neoliberal.

Desolados por las pérdidas, sus padres tomaron la decisión de irse. Y lo hicieron como tantos otros comunitarios y mineros sin trabajo, hacia el oriente. El camino recorrido por Evo resume un ejemplo de construcción de liderazgo surgido naturalmente —en lo social y político— en la lucha cotidiana, que lo llevó a resistir para sobrevivir en un país donde el colonialismo, con su carga feroz de racismo, perdura desde hace cientos de años.

Sería imposible entender cómo llegó a la presidencia de Bolivia si no se conoce ese período de su vida. A su inteligencia natural y el instinto de supervivencia, unió la militancia activa y permanente y fue uno de los dirigentes que más insistió en la organización y disciplina para enfrentar a un enemigo poderoso, que cada día asestaba golpes a las comunidades de humildes productores.

La familia Morales llegó en los años 80 a El Chapare, departamento de Cochabamba, un centro de producción agrícola nacional. Habían vivido un éxodo, huyendo de la desocupación y de las tragedias climáticas los otros. Los Morales se instalaron en el mismo corazón del trópico cochabambino en Puerto San Francisco (Chapare), una zona con espesas selvas tropicales, donde la pobreza no resultaba tan dura como en las alturas de Oruro y se podía sembrar y cultivar para el consumo familiar y para vender algo.

El joven Evo trabajó con su padre en varios oficios. Fue también arrocero. Pero pronto comenzaría a llegar arroz barato desde Brasil y esto lo obligó a buscar otro trabajo. Entonces comenzó a dedicarse al cultivo de la coca, que tenía asegurada la venta por el gran consumo interno de la hoja, que se comercializaba a un precio estable. Masticar hoja de coca, como el mismo Evo lo explicó incluso ante Naciones Unidas, es una tradición de los pueblos andinos: por sus propiedades curativas, alimenticias, su sentido ritual y mítico.

En los años 80 la hoja de coca comenzó a tener una demanda añadida a la del mercado interno. En los países ricos y especialmente en Estados Unidos, el consumo de drogas preparadas, transformando la nutritiva hoja de coca en pasta base de cocaína, gracias a los químicos producidos en ese país, comenzó a aumentar sin límites.

Se necesitaba la materia prima para elaborar cocaína mediante un proceso de laboratorio. Redes criminales comenzaron a llegar a Bolivia, mientras crecía el mercado de consumo.

En ese mismo período el general Luis García Meza tomó el poder mediante un golpe de Estado (el 17 de julio de 1980), imponiendo lo que el periodista argentino Gregorio Selser llamó La dictadura de los narco-dólares.11

Apoyado y asesorado por la dictadura argentina, García Meza se rodeó de oficiales vinculados con el narcotráfico. Aunque Estados Unidos había dado el visto bueno al golpe, el Departamento de Estado aprovechó esa circunstancia para promocionar el evidente “vínculo” de ese gobierno con el narcotráfico y luego presionar para lograr el ingreso del mayor contingente de la DEA que se estableció en ese país.

La DEA tuvo una presencia militar-policial de severa injerencia y de graves consecuencias políticas y sociales. Su llegada aumentaría de manera sorprendente las redes del narcotráfico y vino a irrumpir en la vida de los productores que sembraban para consumo local.

El Chapare: un antes y un después para Evo

El Chapare, un territorio de 38 mil km2, ubicado en la zona tropical y subtropical, en el centro del país, fue poblándose rápidamente después de la revolución de 1952 —que desarrolló en el lugar un proyecto de reforma agraria—, con la llegada masiva a la zona de pequeños propietarios para quienes el cultivo de la hoja de coca fue una salvación.

El rendimiento de esta plantación resultaba muy superior al de otros cultivos. Además, los compradores de la hoja llegan a los lugares de producción, aun en las zonas de acceso más difíciles y sin carreteras, y los campesinos no tienen necesidad de llevar el producto hasta los centros comerciales ni de recurrir a intermediarios.

El joven Morales se integró rápidamente a la comunidad de la Villa 14 de Septiembre. Ayudado por su afición a la música y al deporte, fue fundador del equipo de fútbol Nuevo Horizonte.

Hablando de esos tiempos, Evo Morales recuerda que siempre había sido un niño y luego un joven alegre. “A muchos extrañaba que siendo tan pobre tuviera esa facilidad para estar alegre. Aprendía todo muy fácil y era nuestra forma de alegrarnos unos a otros en esas vidas que llevábamos. Eran días duros pero muy buenos compartiendo con la comunidad, ayudándonos solidariamente. Fue una gran experiencia la vida en El Chapare”,12 rememora Evo.

El trabajo no era menos duro: “Hay que ver cómo quedan las manos con el hacha y el machete. Se trabajaba sin tiempo, con pocos descansos, pero también podíamos sembrar y ver crecer las plantas de frutas. Podíamos comer de lo que cultivábamos y eso era un cambio de vida. Todo crecía bien allí”.

En esa relación natural con su nuevo entorno, sus trabajos lo fueron acercando a los movimientos sindicales del lugar. El sindicato era una institución clave en El Chapare, por ser el único apoyo que tenía esta población abandonada por el Estado.

Integrado rápidamente a la comunidad, fue descubriendo las características propias de la lucha sindical en la zona. Evo se había convertido en un gran lector de todo lo que llegaba a sus manos y, como un buen observador de los sucesos, entendió rápidamente la necesidad de compartir, agruparse y defender los derechos permanentemente violentados.

Las duras enseñanzas de la injusticia en El Chapare

El mismo Evo reconoce el momento en que su vida dio un vuelco en minutos. “Sucedió algo que quedó grabado en mi memoria y en mi conciencia para siempre. Esto fue un hecho de mucho dolor que sucedió en Senda Bayer, en la Central Chipiriri, en el año 1981. Un joven cocalero fue asesinado en forma salvaje por los militares del gobierno de García Meza. Estaba algo ebrio y ellos comenzaron a golpearlo salvajemente para que se declarara culpable por tráfico de drogas y él no lo hacía porque eran mentiras. Uno más al que querían inculpar y era inocente. Entonces ahí mismo, sin contemplaciones, lo rociaron con gasolina y, delante de todos, le prendieron fuego estando vivo. Eso quedó en mi cabeza para siempre”, relató Morales. “Fue un crimen horrible y yo me juré luchar por la justicia, por los derechos humanos, por las tierras nuestras, por nuestros hermanos, por todo aquello que significara soberanía y dignidad. En ese momento acababa de tomar conciencia y eso no me abandonaría nunca más”.13

En 1983 Evo se afilió al pequeño sindicato agrícola local que llevaba el nombre del lugar, San Francisco, y al poco tiempo alcanzaba la Secretaría de Deportes. En 1985 asumía la Secretaría General, cuando era evidente su capacidad de lucha y movilización y el respeto que se iba ganando entre sus compañeros y los comunitarios. Era un joven de poco más de veinte años y ya compartía decisiones entre los sindicalistas más antiguos del lugar, que eran realmente la voz de los sin voz y desafiaban a las políticas oficiales.

Las nuevas rebeliones

Morales dedicaba la mayor parte de su tiempo a la actividad sindical. Fue testigo y víctima de muchas injusticias que lo impulsaron a una mayor capacitación política y sindical.

El 29 de agosto de 1985, bajo el gobierno de Víctor Paz Estenssoro, del Movimiento Nacional Revolucionario —que poco tenía de aquel MNR que inició la revolución de 1952—, se promulgó el Decreto Supremo 21.060, con el que se inauguraba una Nueva Política Económica (NPE), con un programa de ajuste estructural, monetario y financiero para acabar con el estatismo de la economía boliviana y los últimos vestigios de aquellas nacionalizaciones que cambiaron por un tiempo la historia local.

Hubo otro paso que encendería la rebeldía en El Chapare, cuando en julio de 1988, siendo Morales secretario general de la Federación del Trópico, el gobierno del MNR —bajo severas presiones de Estados Unidos— logró que el Congreso aprobara la Ley 1.008 del régimen de la coca y sustancias controladas. Esto restringía la producción de hoja de coca diferenciando la que estaba destinada al consumo tradicional y ‘lícito’ y la que sería transformada químicamente en cocaína. Las políticas aplicadas a los sembradíos de coca golpearon duramente a los productores14 pues limitaban las cosechas lícitas al régimen de minifundio, con reducción y sustitución gradual de las cosechas ‘excedentarias’ mediante la siembra de cultivos alternativos que permitía arrasar cocales sin derecho a indemnización.

Estados Unidos impuso a Paz Estenssoro la presencia de asesores militares en todas las operaciones para erradicar cultivos y desalojar ilegalmente a los campesinos. Curiosamente, se dejaba en segundo lugar la destrucción de laboratorios clandestinos o la persecución a los mafiosos narcotraficantes. Washington insistía en que para terminar con el narcotráfico había que acabar con la producción en origen, aunque la hoja de coca no podía considerarse una droga.

La orden de erradicación que llegaba de Washington puso en serios problemas al gobierno, imposibilitado de imponerla ante la rebelión abierta de los productores y campesinos en general. Tampoco pudo hacerlo su sucesor, Jaime Paz Zamora, del Movimiento Izquierda Revolucionaria (MIR), porque no podría hacer frente a la rebelión masiva que significaría dejar sin trabajo a unos 300 mil bolivianos para los cuales el único ingreso era la producción de hoja de coca.

El intento de erradicar los sembradíos para, supuestamente, imponer programas de cultivos alternativos, nunca fueron pensados como una solución. Además, esos programas contemplaban la política de “erradicar” también a los cocaleros, en un dramático desarraigo forzado. La única respuesta posible era la resistencia. Y se hizo.

Las protestas tendrían su réplica en el sector obrero industrial minero, cuando las nuevas medidas cayeron como un huracán, destruyendo lo que quedaba de las nacionalizaciones de 1952 y originando el despido de miles de trabajadores y sus familias. Esto extendió el espíritu de rebelión cocalera a la Central Obrera Boliviana (COB), la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia (FSTMB) y otros sindicatos y partidos de izquierda.

La Federación del Trópico adquirió una presencia cada vez más importante, pero también Morales había logrado que la voz de los cocaleros llegara a diversos lugares del mundo.

“Había que demostrar lo que era una verdad, un derecho nuestro como cultivar la hoja de coca, que se había mantenido durante siglos. El mensaje tenía que ser muy claro y así lo dijimos. Masticar hoja de coca no era drogarse y esta hoja ritual era el alimento de miles de campesinos. Ninguno de nosotros debíamos pagar ni con la vida y el trabajo el hecho de que alguien había usado esta misma hoja para cruzarla con poderosos químicos, solo producidos en el Primer Mundo, y crear una droga que se consumía masivamente también en ese Primer Mundo”.15

El gran caudal del dinero del narcotráfico era para los poderosos de ese Primer Mundo: banqueros, empresas, gobiernos. En la otra cara de la situación, la imagen de esos hombres mujeres y niños defendiendo el derecho a sembrar y a alimentarse de un producto heredado de sus antepasados, recorría el mundo. Frente a la propaganda masiva para justificar la invasión de agentes de la DEA y tropas de Estados Unidos en su presunta guerra contra las drogas, la verdad era muy difícil de imponer.

A medida que Morales desafiaba a los poderosos, también hacía serias advertencias sobre el derecho a la resistencia de productores cocaleros contra cualquier imposición por la fuerza: las tropas extranjeras, bajo el manto de la DEA, comandando a los batallones antidrogas de Bolivia, ya habían dejado muertos y represión entre los campesinos.

Cronología de una persecución anunciada

Si se considerando la larga historia de dominación de Estados Unidos, no sorprende que las instituciones militares y de inteligencia de ese país, el verdadero poder en las sombras coloniales de Bolivia, fijaran tempranamente su mirada en ese joven indígena dirigente sindical, desafiante, que rápidamente se destacó en El Chapare.

Por eso, cuando asumió el gobierno ya había estado en la mira de una serie de atentados, de espionajes y conspiraciones, que lo habían convertido en un blanco permanente de Estados Unidos a través de organismos como la CIA y la DEA.

En 1984 participó en el primer bloqueo de caminos en las proximidades de Huayalli, donde fueron asesinados tres campesinos. En 1987 fue testigo, en Parotani, del asesinato de cinco campesinos en un bloqueo de rutas contra el Plan Trienal, impuesto por Washington para reducir las plantaciones de la hoja de coca en un período de fuerte actuación de la DEA y las fuerzas conjuntas.

La salida del embajador estadounidense Edward Rowell, en enero de 1987, llevó a David Greenlee, jefe de la CIA en Bolivia, a tomar el control de la embajada como embajador interino durante dos años, hasta la llegada de Robert Gelbard, en diciembre de 1988. Con Greenlee, la CIA tomó fuerte preeminencia sobre la DEA después del escandaloso Caso de Huanchaca (ver capítulo 10, “La DEA en Bolivia”). Mediante la llamada Operación Snow Cop (boina de nieve), incorporó agentes de la Policía de Fronteras (estadounidense) y del FBI a las acciones militares que se llevaban a cabo en Bolivia, tratando de desmantelar las protestas de los productores de coca, cada vez más activas y organizadas en El Chapare, y buscando desacreditar las propuestas campesinas de desarrollos alternativos.

Greenlee fue clave para promover las incursiones ilimitadas de asesores de Estados Unidos en esa región, los que asumieron el mando de las tropas bolivianas.

El embajador de Estados Unidos se oponía a todas las propuestas campesinas de planes integrales de “Desarrollo y Sustitución”, que programaba la erradicación voluntaria de cocales y la participación sindical campesina en la planificación de cualquier programa de cultivos alternativos.

La primera consecuencia de esta nueva modalidad de injerencia fue la actuación de los agentes de Estados Unidos al mando de la Unidad Móvil para el Patrullaje Rural (UMOPAR), el 27 de mayo de 1987, en la zona de Parotani, cuando atacaron a campesinos movilizados y mataron a cinco, dejando decenas de heridos. Fue una masacre —que luego se repetiría en otros lugares— de la cual fue testigo Morales.

En respuesta a la constante presencia de la DEA y las tropas de Estados Unidos, Evo Morales como secretario ejecutivo de la Federación del Trópico, fundó con sus compañeros el Frente de Masas Antiimperialistas.

El 28 de junio de 1988 se registró una nueva masacre en Villa Tunari, donde fueron asesinados doce cocaleros y más de veinte resultaron heridos por los agentes de la DEA y UMOPAR. Muchos quedaron con invalidez de por vida. Esta agresión brutal se produjo cuando los campesinos realizaban una toma pacífica de las oficinas de la Dirección de Reconversión de la Coca (Direco), donde se almacenaban defoliantes usados para fumigar los campos cocaleros.

Un grupo de UMOPAR y asesores militares estadounidenses abrieron fuego contra los campesinos que se oponían al uso de herbicidas para erradicar cocales, medida establecida en el proyecto de Ley 1008, debatido previamente en el Congreso. Se usaron también helicópteros de Estados Unidos en este ataque.

“Vimos morir a varios compañeros, como Felicidad Mendoza. Pudimos tomar el cuartel, pero más tarde llegó la represión por tierra y aire. Fui testigo de cómo los agentes de la DEA nos dispararon y se produjo la masacre. Después recogimos cadáveres ahogados en el río y nos dimos cuenta de que algunos tenían grandes orificios de balas, disparadas por las armas militares. Varios cadáveres aparecieron flotando en el río Chapare”.16

Luego se descubrió que algunos policías bolivianos que participaron en la matanza disparando fusiles M-15, eran investigados por la propia DEA por sus conexiones con redes oficiales de protección a narcotraficantes. Después de los trágicos sucesos de Villa Tunari, el embajador David Greenlee, felicitó a esos mismos policías, lo que evidenció las contradicciones y falsedades de la DEA en Bolivia.

En esos momentos, ante la ofensiva para la erradicación de las plantaciones, Morales formó una escuela de sindicalismo campesino.

En 1989 se opuso resueltamente al plan de reducir la superficie agrícola dedicada a la coca de 150.000 acres a 30.000, lo que afectaba sobre todo a Chapare, donde se producía el 70 por ciento de la hoja boliviana.

El gobierno no había cumplido su promesa sobre los cultivos alternativos y en cam­bio la represión bajo control militar extranjero era una realidad cotidiana.

Para los cocaleros defender sus plantaciones era defender la vida.

A la vez, el gobierno de Paz Zamora mientras por una parte debía aceptar las imposiciones de Estados Unidos, por otra y ante la rebelión cocalera, llevó adelante una campaña internacional para que no se confundiera la hoja de coca con cocaína. Era una reivindicación planteada por el movimiento cocalero y una cantidad de sectores sindicales.

En 1990 hubo acercamientos entre Morales y la COB y aunque no se produjo una alianza obrero-campesina, unos y otros se apoyaron en sus respectivas luchas. En los años 2000 serían, en conjunto, protagonistas de varios momentos históricos.

En esos tiempos, la persecución contra Evo y otros dirigentes era constante. Datos que se registrarían después mostraban la enorme preocupación de Estados Unidos por ese dirigente que comenzaba a aparecer en diversos escenarios mundiales.

“Recuerdo muchas situaciones que viví junto con otros compañeros. Una vez, yo estaba dirigiendo la reunión de la Federación en Chimoré. En el lugar no había teléfono, pero afuera estaba la cabina de ENTEL (compañía telefónica). Vino un compañero a avisarme que me estaban llamando a esa cabina urgente. Como no podía interrumpir le pedí que él mismo atendiera y cuando llegó a la cabina se vio rodeado con gente del UMOPAR (Unidad Móvil para el Patrullaje del Área Rural) que estaba bajo mando norteamericano. Ahí nos dimos cuenta de que si yo hubiera salido habría caído en una trampa. Estaba lleno de kmopares. Nos rodearon. Entonces suspendimos la reunión e inventamos una salida por otro lugar. Poco a poco íbamos saliendo en grupos. No pudieron hacernos nada, los engañamos y nos escapamos por otro lado.

“En otra ocasión yo estaba organizando en El Chapare una movilización y tenía que estar allí. Un sábado a la noche llegaron a mi casa, donde estaba casero. Eran agentes disfrazados. Iba acercándome yo a la casa y me di cuenta de que estaba rodeada con taxis sin chapas. De inmediato y sin que me vieran, me regresé. Pude escaparme y anduve escondido un tiempo. Después me contaron que me estaban esperando, y no solo para detenerme o golpearme”.17

Evo evadió varios cercos en esos tiempos de fuertes movilizaciones en El Chapare y, por informaciones y testimonios que fue conociendo al asumir la presidencia en 2006, sabe que hubo una larga lista de intentos de matarlo, apresarlo o tratar de desacreditarlo ante su país y el mundo.

Intentos fallidos de asesinar a Evo

Al cumplirse en 1989 el primer aniversario de la masacre de Villa Tunari, Evo habló en el acto de recordación y protesta que realizaron los campesinos y los familiares de las víctimas. Al día siguiente, un grupo de UMOPAR lo detuvo, lo golpeó duramente y lo arrojó al monte pensando que estaba muerto. Para todos se hizo evidente que estaba en la mira de la CIA y la DEA.

Las fotos lo mostraron agonizante en una camilla antes de ser arrojado al monte de donde fue rescatado por sus compañeros campesinos, pero para las fuerzas antiterroristas y contrainsurgentes seguía siendo un “blanco” preciado.

“Yo solo recuerdo allí la violencia de los golpes. Perdí el conocimiento. Pero me contaron que mis compañeros comenzaron a correr detrás de mí cuando iba en la camilla inconsciente. Y todos dicen que eso impidió que me mataran, aunque creían que ya estaba muerto”.18

A medida que la lucha entre campesinos y la DEA se agravaba, Morales se preocupó por la necesidad de la organización política y la planteó a sus compañeros durante una reunión de los pueblos originarios en octubre de 1992.

Desde 1991 ya era conocido como uno de los jefes del Consejo Andino de Productores de Coca (CAPHC) fundado en La Paz en marzo de ese año. En 1993 era presidente de esta organización y un año más tarde sería presidente de la Confederación de Productores de Coca del Trópico de Cochabamba, que reunía a seis federaciones de la región.

En esos momentos debió enfrentar al primer gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada (MNR), impulsado por Washington, que traía bajo el brazo los programas inconclusos de la llamada Biblia neoliberal.

Aunque Sánchez de Lozada no sabía muy bien cómo manejar el problema con los cocaleros ni la diversidad de conflictos sociales de esos tiempos, anunció las privatizaciones de las empresas estatales y los detalles del plan neoliberal.

Para Morales, dirigente de un sector tan castigado, el presidente del MNR iba a producir un previsible y dramático impacto sobre la sociedad en un país que era ya el más pobre —a nivel social, pero no en recursos— y el menos desarrollado de Sudamérica. En enero de 1994 el gobierno se comprometió ante las federaciones del Trópico a promover los cultivos alternativos y abonar indemnizaciones para que los productores de coca “no perdieran poder adquisitivo”. También su compromiso fue terminar con el hostigamiento y la represión por parte de las fuerzas de seguridad del Estado. Solo se iba a actuar sobre el narcotráfico y los delitos asociados.

Morales y los cocaleros demandaban el cese de la criminalización de los productores de la coca, que era la materia prima, pero que nada tenía que ver con su transformación en droga y menos con sus redes de comercialización. Pero Washington no aceptó esa tesis.

Estados Unidos amenazó con la “no certificación” de Bolivia por “no colaborar” con sus planes, lo cual significaba suspender la ayuda económica, y Sánchez de Lozada reintentó de erradicar plantaciones. Relanzada la ofensiva en El Chapare, el zar antidrogas estadounidense, Lee Brown advirtió sin cortapisa, que “la guerra contra las drogas en Bolivia tenía que ser contra la colmena y no contra las abejas”. Esto fue interpretado por los campesinos como la decisión de actuar duramente contra los productores. Brown firmó con el presidente un acuerdo por el cual el Estado se comprometía a erradicar miles de hectáreas de coca antes del 31 de marzo de 1994 a cambio de una “ayuda” de 20 millones de dólares.

En julio de 1994, dejando atrás las promesas hecha a los cocaleros, el gobierno y la DEA se lanzaron en la Operación Nuevo Amanecer con el objeto de destruir tres mil de 34 mil hectáreas de cocales en El Chapare. Esta operación agregaría nuevas víctimas en la zona y ejecuciones extrajudiciales.

A fines de agosto de 1994 Morales convocó a una “Marcha por la Coca, la Vida y la Dignidad”, desde Villa Tunari hasta La Paz. La persecución y amenazas contra el dirigente aumentaron y el 28 de agosto de 1994, cuando viajaba en un transporte hacia El Chapare junto al fotógrafo José Luis Quintana, agentes que estaban en un retén subieron al vehículo donde se transportaban y lo detuvieron golpeándolo duramente.19

Luego lo trasladaron a Cochabamba en una camioneta con vidrios polarizados. La foto que Quintana pudo publicar en el diario Hoy en esos momentos dio cuenta de esta detención ilegal y varios analistas en Bolivia concuerdan que, de no haber existido testigos, Morales estaría muerto o desaparecido.

Con cierto dejo de humor, relata el actual presidente de Bolivia aquellos momentos difíciles: “Yo recuerdo que estábamos todos reunidos en la federación y estaba la prensa internacional. Entonces yo tomo mi mochila porque tenía que viajar y un fotógrafo me dice, ‘te acompaño’ y nos fuimos en un taxi. A unos ocho kilómetros de Sacaba estaba una tranca (un retén policial). Me levantaron de la cintura y me llevaron al centro especial de investigaciones policiales. Un joven agente de inteligencia me amenazó con un revólver para que abriera la mochila. Yo dije que no la iba a abrir, que no tenían derecho a hacerlo. Convocaron a una audiencia a las doce de la noche. Como a la una de la mañana llegó el juez y otros. Estaban en pijama. Los habían levantado para venir hasta allí, para que la justicia ordenara abrir la mochila y fue vergonzoso para ellos. Me sacaron todas mis cosas ¿y qué llevaba yo? La ropa para cambiarme porque iba a dormir fuera de mi casa. Sacaron pantalón, camisa, medias, calzoncillo. Tenía unos doscientos pesos bolivianos.

“Pensarían que yo llevaba plata en mi mochila, pero me amenazaron para que la abriera y el juez estaba avergonzado y molesto. Para eso lo habían despertado. Me metieron en una celda donde las ratas pasaban encima de uno”.20

En entrevistas con organismos de Derechos Humanos cuando estaba detenido, Evo dijo, antes de entrar a una huelga de hambre seca, que temía por su vida. Estaba acusado de “sedición” y de organizar “grupos irregulares”.

En esa misma época, los vecinos de la Villa 14 de Septiembre tuvieron que huir de sus casas ante la persecución de las fuerzas de UMOPAR, que siempre actuaron violentamente.

El mismo 29 de agosto de 1994 los cocaleros comenzaron la histórica Marcha por la Vida, la Coca y la Soberanía Nacional que recorrería 600 kilómetros hasta La Paz. También se pedía la liberación de Evo Morales y todos los registros de esa marcha mostraron la dureza extrema del esfuerzo, donde varios manifestantes quedaron en el camino con los pies llagados, otros enfermaron seriamente por la escasez de comida y un grupo estuvo a punto de ser arrastrado por un río durante la travesía.

Evo fue liberado el 7 de septiembre y se sumó a la marcha que el 19 de ese mes llegó a La Paz. Los cocaleros habían logrado nacionalizar el conflicto de la coca y el liderazgo de Evo comenzaba a proyectarse en todo el país.

En el gobierno propusieron a Morales que era necesario quitar la tierra a los campesinos. “Les contesté que yo no estaba para eso y que no era un decisión mía, y que todo lo que hacíamos lo decidían las bases. Era el Operativo Nuevo Amanecer. Habían venido al Chapare para sacar las tierras a los campesinos a la fuerza. Ahí, mientras preparábamos la marcha, ya habían comenzado a llevarse compañeros”.21

Los cocaleros contaron con el apoyo de la COB y la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB), y llegaron a La Paz después de 22 días de marcha en una epopeya increíble. No los habían podido detener ni siquiera bajo el constante hostigamiento de la policía y el Ejército, ni con detenciones arbitrarias, como la de Evo. Incluso sucedió que el gobierno, obligado al diálogo con los manifestantes que fueron apoyados en La Paz por la población, no pudo imponer sus planes y debió conformarse con recibir propuestas de los cocaleros sobre una estrategia antidroga “genuinamente boliviana”. No hubo acuerdos.

Morales acusado de sedición

El 18 de abril de 1995 Evo fue nuevamente detenido como parte de un operativo destinado a impedir un supuesto golpe de Estado que nunca existió, tal como también alguna vez utilizó la oposición chilena para justificar el golpe de la CIA y Pinochet.

La trama correspondía a los especialistas en contrainsurgencia de Estados Unidos, que utilizaban a su libre arbitrio los batallones militares y policiales bolivianos bajo su asesoría y dirección.

De acuerdo a las informaciones, notoriamente falsas, Morales estaba implicado en un intento de golpe originado en las orillas del lago Titicaca y en el que participarían Sendero Luminoso de Perú y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

En realidad, militares estadounidenses y bolivianos entraron armados e invadieron la sede de una reunión que se estaba desarrollando pacíficamente. Era un encuentro del Consejo Andino de Productores de Hoja de Coca (CAPHC), presidido por Evo. Allí fue arrestado junto a decenas de dirigentes sindicales, y confinado en un lugar remoto del trópico amazónico.

Mientras a él lo llevaban a Tiquina, dos de sus compañeros fueron torturados para que lo acusaran de tener vínculos con el narcotráfico, lo que nunca hicieron. Este hecho demostró que intentaron armar un caso y tramaron un falso renacimiento de Sendero Luminoso como típico accionar contrainsurgente de Estados Unidos.

En esos momentos Evo fue trasladado a la Policía Técnica de La Paz, donde el gobierno de Sánchez de Lozada le ofreció la libertad a cambio de un plan de erradicación de las plantaciones de coca. Como Morales no aceptó, el ministro de gobierno, Carlos Sánchez Berzain, lo amenazó: si no accedía a colaborar, “habría un avión de la DEA listo para sacarlo de Bolivia” y llevarlo a Estados Unidos”.22

Así relata Morales aquella vivencia: “Estaba en una reunión internacional de productores de coca de Perú y Colombia en Copacabana. Y allí me detuvieron en un operativo de la DEA y las fuerzas locales que ellos controlaban. Recuerdo que cuando estaba en la celda me sacó alguien que había sido ministro, Eduardo Pérez Beltrán. Había celdas subterráneas. Me sacaron de allí y me hicieron sentar. Estaba así sentadito cuando entró el ministro de gobierno Sánchez Berzain. Puso música y los pies encima del escritorio y me dice ‘Evo hay que erradicar la coca’. Y le contesto claramente ‘Eso no depende de mí sino de la decisión de las bases, de todos’. Entonces me dijo Tienes tres caminos: el cementerio, la cárcel de Chonchocoro o te mandamos a Estados Unidos’. Le contesté: ‘Ministro, usted puede hacer lo que le dé la gana’. No le gustó nada y me respondió ‘Ahora mismo busco una camioneta y te mando en avión a Estados Unidos’. Después quiso comprarme. Me dijo: ‘Mira, ahora estás solo. Yo te puedo ayudar si no tienes nadie que te financie’. Le contesté duro ‘Yo estoy en sus manos’. Él se fue silbando, como para darme miedo, pero me mandó de vuelta a la celda muy enojado. No sabía de qué acusarme. Un tiempo después supe por un periodista conocido que había hablado con agentes de la DEA para una nota en el diario La Opinión de Cochabamba, que ellos le dijeron que me habían investigado y que no encontraron nada para acusarme como narcotraficante, ni como mujeriego ‘pero a veces se toma su cervecita’. Le dije que por qué no escribía eso ante las campañas contra mí y me contestó que no podía hacerlo porque se lo habían contado privadamente”.23

Cómo Sánchez Berzain no logró nada de Evo, lo confinó en el Beni junto a ocho dirigentes campesinos. Lo liberaron el 9 de mayo en Cochabamba. Nunca se pudo aclarar de qué se trataba el cargo de subversión por el que estuvo detenido. Pero a partir de ese momento “hubo una campaña muy grande donde me descalificaban, intentaron desprestigiar nuestro trabajo. Todo lo intentaron. Decían que no teníamos apoyo social y que no era una lucha sindical, sino que nosotros que defendíamos nuestros derechos, estábamos peleando por otros intereses. Que éramos narcotraficantes. No productores de hoja de coca, ni trabajadores. La campaña estaba fomentada por Estados Unidos y eran muy activas la embajada y sus agencias”.24

Por esos días el gobierno hablaba de diversas “sospechas” sobre el dirigente, al que acusaban de encubrir el narcotráfico, pero no podían presentar pruebas. Hubo advertencias de organismos que demandaban a los cocaleros limitar cultivos. Incluso llegaron a ofrecerles 2.500 dólares por hectárea erradicada. Falazmente, se presentó a Morales como el líder de los supuestos terratenientes con los que era necesario acabar.

La campaña ordenada por Washington no era solo interna. Varios medios internacionales, y diplomáticos de Estados Unidos se referían a Morales como el zar de la coca y calificaban a los cocaleros como mafiosos y narcoterroristas. Esa campaña perduró largo tiempo. Y sigue constituyendo hasta hoy un eje de la desinformación.

Ante esa situación, Evo denunció las graves injerencias de Estados Unidos y lanzó la advertencia de que iban a defender sus cocales hasta las últimas consecuencias. Los cocaleros no estaban solos. Había comenzado una etapa en la que las movilizaciones conjuntas de todos los sectores afectados no se detendrían más.

Algunos documentos que se han filtrado en los últimos tiempos indican que había un seguimiento persistente de la CIA y la DEA contra Morales. Incluso existe una cantidad de informes de seguimiento y fotografías realizadas por los agentes de esos organismos.

El año 1995 marcó un punto de inflexión pues Evo comenzó a trascender su trayectoria sindical. Había adquirido fama a nivel nacional y ya no era identificado solo como líder sindical, sino como un fuerte luchador social. Esto lo convertía en un problema para el gobierno, que lo consideraba un enemigo de los intereses de Estados Unidos en Bolivia.

Washington no pudo detenerlo en una gira que lo llevó a Europa, cuando ya era muy conocido en América Latina. En 1994 estuvo en Argentina y él mismo confiesa que no había imaginado el recibimiento que le hicieron los movimientos sociales y el respeto que originaron sus intervenciones.

En febrero comenzó su gira europea por Austria, Bélgica, Dinamarca, Alemania, Luxemburgo, Holanda, Reino Unido e Italia, invitado por varias ONG que auspiciaban la campaña Coca 95, para divulgar en el mundo los aspectos económicos, sociales y culturales de la producción y el consumo de hoja de coca en el área andina.

Morales demostró en diversas conferencias que la coca no era cocaína y que Estados Unidos tenía que luchar contra el consumo y los narcotraficantes fronteras adentro. La política de Washington —decía Evo— tiene consecuencias graves en los países ricos y lleva muerte, represión e injusticia a las zonas andinas, intentado obligar a los pueblos a prescindir de un alimento ritual que sus antepasados han consumido por siglos.

8. Evo Morales. Entrevistas con la autora, 1994-2003-2005.

9. Ibídem op. cit.

10. Ibídem op. cit.

11. Selser, Gregorio, Bolivia. El cuartelazo de los cocadólares, Mex Su Editorial S.A, México, diciembre 1982.

12. Evo Morales en entrevista con la autora.

13. Palabras de Evo Morales en entrevista con la autora.

14. Tomado de un trabajo de CIDOB (Confederación de Pueblos Indígenas de Bolivia).

15. Evo Morales, en entrevista con la autora.

16. Morales, en entrevista con la autora.

17. Evo Morales, en entrevista con la autora.

18. Ibídem, op. cit.

19. Sivak, Martín, Jefazo. Retrato íntimo de Evo Morales, p. 72.

20. Evo Morales, en entrevista con la autora.

21. Morales en entrevista con la autora.

22. Evo Morales en entrevista con la autora.

23. Ibídem op. cit.

24. Ibídem op. cit.

Capítulo 2

Evo en los tiempos de Banzer

Otra época muy dura fue el período en que gobernó el ex dictador Hugo Banzer, elegido presidente en 1997 por una alianza entre su partido Acción Democrática Nacionalista (ADN), el MNR —que había llevado a su primera presidencia a Sánchez de Lozada— y el Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR) de Jaime Paz Zamora. Por supuesto, muy lejos había quedado este partido de lo que fue originalmente, cuando nació para enfrentar a la criminal dictadura banzerista entre 1971 y 1978.

Paz Zamora terminaría firmando acuerdos con el dictador para que lo ayudara a llegar al gobierno en 1989 y después colaboró, a su vez para que este llegara a la presidencia en las elecciones de 1997.

Banzer, quien mediante un golpe de Estado derrocó en 1971 al general Juan José Torres, cuyo gobierno había tomado medidas populares y de recuperación de soberanía, mantuvo hasta 1978 una de las dictaduras más fuertes en su país. Fue responsable de centenares de asesinatos y masacres campesinas en el marco de la aplicación de la Doctrina de Seguridad de Estados Unidos y fue responsabilizado, entre otros crímenes de lesa humanidad, por el asesinato en Argentina del general Torres en junio de 1976.

Resultaba obvio que estando Morales en la mira de Washington y dada la relación de dependencia y complicidad del presidente con los gobiernos estadounidenses, el seguimiento y persecución contra el entonces diputado se incrementarían.

El expediente de la Inteligencia de Estados Unidos y de Bolivia se había abultado rápidamente contra Morales, mientras por otro lado crecía su popularidad. Su figura era tan importante que incluso el MNR llegó a ofrecerle la vicepresidencia junto a Juan Carlos Durán, un hombre de Sánchez de Lozada, lo que Evo rechazó sin dudar.

Del sindicalismo a la organización política partidaria

Como se vio antes, la nueva y dura etapa iniciada en 1995 llevó a las organizaciones rurales a crear instrumentos políticos. “El propósito era competir con los partidos tradicionales en las elecciones para adquirir legitimidad democrática formal y ganar lugar en los distintos niveles institucionales de representación popular, desde donde podrían pulsear contra el gobierno central en una posición de mayor fuerza”.25

En el movimiento cocalero empezó a hablarse de la posibilidad de llegar al gobierno y de “cambiar el sistema”, más allá de conquistas parciales en el terreno de la lucha puramente sindical.

“El 27 de marzo, en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, en un evento denominado Primer Congreso Nacional de Tierra, Territorio e Instrumento Político, la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB), las Federaciones del Trópico, la Confederación de Pueblos Indígenas de Bolivia (CIDOB), representantes de los pueblos indígenas de las Tierras Bajas y el Oriente, la Confederación Nacional de Colonizadores de Bolivia (CNCB) y la Federación Nacional de Mujeres Campesinas-Bartolina Sisa (FNMC-BS), lanzaron la Asamblea por la Soberanía de los Pueblos (ASP) y el Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos (IPSP)”.26

Morales fue uno de sus principales impulsores y la jefatura orgánica de esta organización fue encomendada al dirigente Alejo Veliz Lazo. “Como la Corte Nacional Electoral (CNE) se negó a darle la personalidad jurídica de partido, la ASP-IPSP pactó su participación electoral en las listas de la Izquierda Unida (IU), una coalición de partidos izquierdistas que encabezaba el Partido Comunista de Bolivia (PCB) y que desde las elecciones legislativas de junio de 1993 era extraparlamentaria”.

En las municipales del 3 de diciembre de 1995, en su primera incursión electoral, la IU conquistó 10 alcaldías y 49 concejalías, todas en el departamento de Cochabamba.

En 1996, decenas de miles de campesinos de la CIDOB realizaron la Marcha por el Territorio, el Desarrollo y la Participación Política de los Pueblos Indígenas, para protestar contra un proyecto de la Ley del Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA), y fue entonces cuando Morales resultó elegido presidente del Comité de Coordinación de las seis federaciones del Trópico de Cochabamba. En las elecciones generales de 1997, Morales, a pedido de sus compañeros, se presentó como candidato a diputado, aliado con Izquierda Unida por la circunscripción de El Chapare, logrando un récord del 70,1 por ciento de los votos emitidos. Fue el más votado de todos los diputados.

Esto ya era visto por Estados Unidos como el “surgimiento de un peligro mayor” y por eso se inició una campaña sin precedentes contra el dirigente. En el Congreso bloqueaban sus iniciativas, en un momento muy difícil para los pequeños productores de hoja de coca, ya que estaba en marcha el llamado Plan Dignidad, pensado no solo para erradicar los cultivos sino también a los miles de pequeños productores. El plan se asemejaba mucho a lo actuado por Estados Unidos en Vietnam en los años 70 con la implantación de las aldeas estratégicas, mediante la cual trasladaban poblados enteros en forma violenta y los ubicaban en zonas bajo su control para “quitar agua al pez”, según decían.

Esto también lo había puesto en práctica el dictador de Guatemala Efraín Ríos Montt en los años 80. En ese país, la suma de las dictaduras militares dejó más de noventa mil desaparecidos y más de cien mil muertos, según establecieron las Comisiones de la Verdad nombradas en los años 90 para investigar los crímenes de las dictaduras en ese país. La persecución a campesinos y cocaleros tenía una gran similitud con aquellas contrainsurgencias.

En 1998, como diputado y dirigente sindical, Evo encabezó una marcha de 23 días que partió desde El Chapare y llegó a La Paz en protesta y rechazo al Plan Dignidad.

La entonces embajadora de Estados Unidos, Donna Hrinak, habló públicamente acerca de la narcomarcha, lo que influyó para que el ministro de Gobierno Guido Nayar no aceptara el debate propuesto por Morales sobre el tema de la hoja de coca.

La persecución al diputado Morales

Morales acusó entonces a la embajada de Estados Unidos por los ataques personales, y por la muerte de treinta cocaleros, así como por el Plan Coca Cero, que intentaba virtualmente desaparecer a los campesinos productores de hoja de coca.

Eran tiempos del fuego en Bolivia. Ardía El Chapare y el país estaba movilizado cuando se produjo la guerra del agua que, en abril de 2000, mostró una nueva forma de lucha, con movimientos articulados que incluían diversos sectores sociales y una fuerte presencia de campesinos e indígenas.

Banzer intentaba manejar la situación que se le iba de las manos. El hombre de Washington como alguien le llamó, que había impuesto a Bolivia una dictadura larga y brutal, no pudo detener a los guerreros del agua.

“La denominada guerra del agua o abril rojo fue el primer movimiento social de inusitada magnitud que inauguró el nuevo milenio nada menos que en el centro, corazón de Bolivia, en Cochabamba (...) Se reeditó una especie de clara insurrección popular que duró varios días y paralizó la actividad productiva en la región”.27

Esto implicaba la continuidad de otro proceso de fuerte movilización para la expulsión de la empresa extranjera Aguas del Tunari. El 4 de abril la rebeldía popular alcanzó su máxima expresión. Álvaro García Linera sostuvo, en su momento, que ese fue “el comienzo de una época revolucionaria, entendida como un período de vertiginosos cambios políticos, de abruptas modificaciones de la posición y el poder de las fuerzas sociales, de reiteradas crisis estatales. De recomposición de las clases, de las identidades colectivas, de las alianzas y de sus fueras políticas”.28

En la guerra del agua se unieron campesinos, movimientos indígenas, trabajadores, estudiantes, vecinos, maestros y otros sectores en la Coordinadora por la Defensa del Agua y de la Vida, una extraordinaria creación colectiva. En el transcurso de esa rebelión surgieron otras demandas, incluyendo la de maestros rurales.

La fuerza de la protesta, con cortes de ruta en el altiplano paceño y en zonas altas de Cochabamba sorprendió a Banzer, que ordenó la represión. Las balas no lograban nada. La respuesta era más movilización, más cortes, más intensidad y creatividad de lucha, con siembra de piedras y troncos en las carreteras. Eran inútiles los “despejes” policiales y militares. Los guerreros del agua estaban en todas partes, en asambleas, cabildos, se multiplicaban. Hubo intentos del gobierno de dividir a los sindicatos, pero nada desactivó la protesta social, ni siquiera el primer acuerdo para rescindir el contrato a la trasnacional de agua de Cochabamba.

“No se trató de una rebelión por el consumo de la escasa provisión de agua potable sino por el cambio de una ley y la reversión al patrimonio del pueblo de una empresa trasnacional de agua”.29

Banzer tuvo que ir a fondo y rescindir el contrato de privatización del agua, retiró del Congreso el proyecto de Ley de Aguas, hizo algunas concesiones a los campesinos y debió escuchar y responder al reclamo de los maestros rurales. Una cooperativa finalmente tomó en sus manos la venta y distribución del agua. La guerra del agua fue un hito en la historia de los últimos años en Bolivia.

Pero la lucha continuaba. En septiembre de 2000 los departamentos de Cochabamba y La Paz, volvían a ser el centro de grandes movilizaciones ya con una alianza que algunos analistas llamaron antisistémica y que reunía a la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB), los campesinos cocaleros y la Coordinadora del Agua, en una protesta por el incumplimiento de los acuerdos de abril y la persecución y represión de los productores cocaleros, en el cumplimiento de las órdenes estadounidenses y sus planes antidrogas. Nuevamente Banzer optó por la represión y envió a militares y policías a enfrentar las manifestaciones.

Las fuertes presiones de la embajada de Estados Unidos sobre Banzer y Quiroga los llevó a intentar imponer el Plan Dignidad que proponía la “coca cero”, en una medida contrainsurgente de erradicación no solo de las plantaciones, sino de los campesinos productores, “al precio que fuera”. También se ordenaba instalar cuarteles-base en El Chapare, adonde se pensaba enviar más tropas especiales de Estados Unidos, con instalaciones similares a las de Colombia.

Evo Morales lo denunció en Bolivia y ante el mundo. Una vez más la prepotencia del fundamentalismo de Estados Unidos, llevaba a un gobierno como el de Banzer a tratar de imponer un plan en momentos de tal emergencia social que solo podría presagiar derrotas para el ex dictador. Y así ocurrió. La respuesta de los movimientos fue de una fortaleza tal que, además, evidenció el crecimiento escalonado de las diversas formas de lucha.

Fue inútil la represión que dejó muertos, heridos y centenares de detenidos. Banzer debió dar marcha atrás en los intentos de instalar bases de Estados Unidos en Chapare y hubo otros logros en las reivindicaciones de cada uno de los sectores involucrados en la lucha.

Lo sucedido en Bolivia en esos años es una historia de lucha social con enseñanzas sorprendentes para América Latina y el mundo.

Entre tanto, la figura de Morales seguía creciendo y la campaña de la embajada estadounidense en su contra era constante y abierta. Expulsarlo del Parlamento resultaba clave; el primer argumento fue desacato, luego sedición. Después de que Evo acusara al presidente y su familia de alianzas con el narcotráfico —alianzas que venían desde sus años como dictador—, se pidió públicamente “la muerte civil” para Morales. Además, el Ejecutivo solicitó su licencia definitiva del Parlamento.

Pero el gobierno navegaba en la decadencia y se recrudecieron las respuestas de los sindicatos campesinos en marchas muy creativas. En una de ellas, los manifestantes recubrieron las carreteras con hojas de coca.

En agosto de 2001 Banzer renunció por razones de salud (murió en 2002) dejando un país movilizado que lo había derrotado en las batallas que intentó librar para cumplir con las demandas de Estados Unidos.

Asumió la presidencia Jorge “Tuto” Quiroga, ingeniero formado en Estados Unidos, apoyado por Washington y ligado a la CIA. Pero tampoco pudo doblegar la imparable rebelión.

“En los cuatro años de gobierno de Hugo Banzer signados por el caos de la mega coalición que lo apoyaba, el estancamiento económico y los escándalos de corrupción y despotismo, Evo se convirtió en un blanco oficial permanente. Fue el enemigo perfecto y deseado. Lo acusaron de narcotraficante, de ser el primer eslabón, el mejor aliado, el mayor canciller del narcotráfico, de mantener relaciones con la narcoguerrilla, de padrino de traficantes de químicos; lo llevaron a la justicia por cargos de asesinato, instigación al crimen, de responsable de desapariciones de alzamiento armado, de atribuirse los derechos del pueblo, de pertenecer a una organización criminal, de atentar contra el transporte y el servicio público, de destruir bienes del Estado. Lo culparon de tener 200 hectáreas, de tener 60 hectáreas, de estar financiado por guerrillas y gobiernos extranjeros, de manejar borracho, de ser el dictador del Chapare, de ser el rey del Chapare, de hacer viajes de placer a Europa, de tener en su agenda direcciones de guerrilleros colombianos; se burlaron públicamente de él (...) le regalaron —a través del presidente de los empresarios privados— una Biblia y una Constitución para ‘civilizarlo’ y lo citaron a negociar en habitaciones con crucifijos”.30 Así describe el periodista Martín Sivak la serie de acusaciones falsas, mentiras y maniobras de degradación que tejieron los hombres de la CIA en Bolivia en ese tiempo. Sivak también afirma que Morales soportó todos los embates y que su figura se agigantó desde entonces. Sus bases campesinas en El Chapare estuvieron siempre junto a él.

En la mira del presidente Quiroga

Morales seguiría siendo uno de los grandes blancos en tiempos de Quiroga, quien impuso diez convenios antiterroristas firmados con Estados Unidos, por lo cual fue felicitado en una visita oficial a Washington en 2001.

Durante su gobierno no solo se persiguió a Morales sino que incluso hubo intentos de asesinarlo.

El 20 de mayo de 2008 el presidente Evo Morales confirmó ante la prensa de su país que en el año 2001 un policía (Canán) había sido instruido para asesinarlo a la salida de una reunión de cocaleros en Lauca Ñ. “Al salir de esa reunión un policía se me acercó para advertirme que me cuidara porque otro policía llamado Canán me estaba esperando en Villa Tunari. Entonces me detuve y como teníamos otras dos movilidades decidimos ir en caravana. Averiguamos después y nos enteramos que ese Canán, en esos momentos ca­pitán o mayor de la policía, era conocido porque perseguía a los movimientos sociales, pero especialmente estaba siempre detrás de mí. Ya avisado iba yo y recuerdo que en el camino me perseguían. Parábamos nosotros y ellos pasaban y me esperaban más adelante. Era una persecución evidente una especie de caza de gato y ratón”.31

En declaraciones al periódico La Opinión de Cochabamba,32 un policía que había trabajado en El Chapare en 2001 y que conocía sobre los planes de eliminar a Evo, ratificó que hubo efectivamente una orden para matarlo. “Eso estuvo planeando por el comando que tenía su asiento en el gran cuartel de Chimoré” (donde estaba la DEA), dijo. “La orden era eliminar al entonces diputado Morales con la utilización de armas cortas después de un entierro de tres cocaleros muertos en enfrentamientos, que se realizó en la Senda 6, prácticamente en el cerro, un lugar muy alto. La instrucción era hacerle una emboscada al actual presidente. Se me ordenó que debía soportar el impacto de dos proyectiles en el hombro y en la pierna, para encubrir de dónde vinieron los disparos. Y hacer creer que los mismos francotiradores de los cocaleros habían dado fin a la vida de su dirigente en el afán de dispararnos a nosotros”.

A la pregunta sobre en qué consistía específicamente el plan, el policía respondió: “se sabía que Evo Morales había asistido al entierro de los cocaleros. Debíamos llenar el área de la carretera con ‘miguelitos’ (clavos abiertos en varias punta para destruir las llantas de los automóviles y obligarlos a detenerse) y esperar a 15 metros del camino, hasta que pasara de nuevo”.

En esas circunstancias, según el relato del policía, cuando el automóvil en que iba Morales se detuviera “tenía que comenzar una gasificación fuerte para que el humo estuviera denso y alguien debía entrar a la carretera para dispararle”.

Se le preguntó a quién se había escogido para que lo hiciera y dijo que el elegido era un oficial que debía usar un arma alemana calibre 22, que el alto mando dio la orden de entregarle. “Ese día Evo Morales subió al entierro en la Senda 6 y cuando estaba a más de 50 metros de la avenida, nosotros ya habíamos llenado el camino con ‘miguelitos’. Alguien gritó por atrás ‘negativo anterior 314, negativo 314, la embajada dice que no ¡Basta!’. Hubo una confusión en esos momentos entre la policía porque había órdenes que seguir, había una fila que debía meter gas. La otra hacer disparos. Lo que hicimos fue meternos a la avenida y limpiar los ‘miguelitos’, patearlos a uno y otro lado. Entonces Evo Morales se dio cuenta que había una aglomeración nuestra. No bajó de su vehículo, pero la gente que estaba con él abrió las ventanas laterales y había cámaras. El mismo Morales comenzó a filmar. Era una forma de cuidarse y de identificar nuestros rostros por si algo le pasaba”.

El policía informó también acerca de la participación del Comando de Chimoré: la orden la había dado un jefe que “estaba en el grupo de seguridad de un general que, si no me equivoco, en ese entonces era el subcomandante de la policía, y por tres meses dirigía las operaciones desde El Chapare, en Chimoré”.

Todas las operaciones en esa zona estaban dirigidas por la DEA y militares de Estados Unidos. El policía dijo que “Canán” era el seudónimo de un hombre de esa fuerza “que estuvo mucho tiempo en Inteligencia, creo que desde

1998 al 2002, y que luego a finales de ese año viajó para hacer cursos en Estados Unidos”. Reconoció que cuando les dieron la orden de matar a Morales, “el mayor Enríquez era el jefe departamental de Inteligencia, de la Central Roma, como se le llama al último piso de Identificaciones. En 2001 entraba y salía de El Chapare todo el tiempo, porque tenía su personal desplegado en el Trópico y había gente de inteligencia disfrazada de vendedores, de enfermeras, de lo que sea. Los informes debían ser dirigidos a él. Un jefe de Inteligencia está enterado de todo. Obviamente sabía lo del plan. Pero no sé si él lo creó, porque el que dirigía las operaciones allá era un general”, cuyo nombre el policía se reservó.

En sus declaraciones al periódico de Cochabamba también relató que los soldados de las Fuerzas de Tareas Conjuntas, “jugaban apostando por un almuerzo o una hamburguesa, diciendo ‘a que le doy (un tiro) en la pierna’ y les daban a los cocaleros con fusiles ‘Galis’ (sic). Los hacían arrodillar y nuestra cultura no era esa. Es cierto que los cocaleros estaban armados y había muchos heridos entre los policías, pero con agentes químicos se los podía controlar. Éramos todos contra ellos, policías, ejército, Fuerza Aérea, Naval y se usaba un solo uniforme. Policías o soldados estábamos camuflados”.

Como conclusión de este plan abortado para asesinar al diputado Morales, el mismo policía estimó que “hubiera sido muy complicado disparar y acertar” ya que viajaba entre otras personas. “Aunque se hubiera producido un fuego cruzado, habría sido difícil”. Además, algunos analistas consultados sobre este caso recordaron la presencia de periodistas y camarógrafos en el lugar, lo que hubiera hecho imposible controlar el escape de la información.

El plan parecía haberse organizado a último momento porque se conocieron otros similares, que no pudieron concretarse anteriormente.

Este y otros relatos policiales, a los que pudimos acceder, en forma directa, muestran una constante diferencia entre los grupos especiales organizados por Estados Unidos en las diversas fuerzas que actuaban en El Chapare y otros lugares de Bolivia, y los policías comunes.

Pero los hechos no se detuvieron allí.

Quiroga cumplía órdenes del Departamento de Estado

El periodista e investigador estadounidense Jeremy Bigwood logró reunir una serie de documentos desclasificados que fueron presentados el 12 de octubre de 200833 en los cuales se demostraban los planes conspirativos que confirmaban la intervención de Washington para destruir políticamente a Morales.

Uno de estos documentos era una carta de la embajada de Estados Unidos con fecha del 25 de noviembre de 2001 dirigida al entonces presidente de Bolivia, Jorge “Tuto” Quiroga Ramírez, que luego se pondría al frente de la principal fuerza opositora Poder Democrático y Social (PODEMOS). Washington le reclamaba a Quiroga no haberse movido “lo suficiente en contra de Evo Morales”, que en esos momentos dirigía las Federaciones del Trópico de Cochabamba.

Se refería a que las luchas de los campesinos habían logrado detener la erradicación, en el marco de una enorme movilización popular por esa y otras causas.

Otro documento del año 2002, procedente de la embajada de Estados Unidos, calificaba a Evo Morales como un agitador en el tema de la coca ilegal. “El Movimiento al Socialismo (MAS), encabezado por el agitador Evo Morales” decía precisamente la carta.34

Al mismo tiempo, se admitía que “la producción de coca en Bolivia es insignificante en el mercado de la droga de EEUU”. En el informe dirigido a la USAID (Agencia Internacional para el Desarrollo) en Bolivia se decía que “el proyecto de reforma de partidos políticos que se estaba discutiendo en esos momentos debía diseñarse específicamente para servir como contrapeso al radical Movimiento al Socialismo (MAS) o a sus sucesores”.

En otro párrafo se mencionaba la existencia de “una diversidad de movimientos ‘anti-sistémicos’ que continúan demandando cambios al sistema democrático de Bolivia, cambios que elevarían a los representantes provenientes de grupos (particularmente de indígenas, de trabajadores, de campesinos y otras comunidades pobres) por encima de representantes electos en las funciones de toma de decisión”.

De acuerdo con las investigaciones de Bigwood, estas acciones estaban encabezadas por el Departamento de Estado e implementadas por la USAID y la NED, ambas consideradas como “la cara social” de la CIA, que además actuaban a través de diversas ramificaciones en una red de ONG, como se verá más adelante.

Bigwood demostró que el presidente Jorge Quiroga era un instrumento de Washington y que el cumplimiento de esas órdenes significó más violencia y muertes en el Trópico. En uno de esos documentos se evidenció cómo Quiroga —después de su visita a Washington— intentó cumplir la orden para retomar la erradicación de los sembradíos de coca y continuar con el Plan Dignidad, tal como surge de la resolución tomada por el Ejecutivo el 27 de noviembre de 2001.35

Fundamenta Quiroga en ese documento que “el Supremo Gobierno en el contexto del Plan Nacional de Integridad, ha trazado los lineamientos dentro de los cuales se encuentra uno de los pilares fundamentales, denominado Plan Dignidad, por lo cual se hace necesario establecer el marco jurídico y legal que nombre y reglamente las facultades del viceministerio de Defensa Social, dentro de las acciones dirigidas a la penalización de personas que transporten y comercialicen hojas de coca, en su estado natural, dentro del marco de lo previsto en la Ley del Régimen de Coca y Sustancias controladas, Ley Nº 1008. En este decreto se fija una serie de penalidades para aplicarse a las personas naturales y jurídicas.

El presidente Quiroga echó leña al fuego desatando la rebelión de los productores de coca. La rebelión impedía el cumplimiento de esta medida exigida e impuesta por Estados Unidos. Cómo molestaría luego a los hombres de Washington se puede ver en otro documento desclasificado del Departamento de Estado, donde se informa a DEA, USAID y otros organismos sobre las conversaciones de Quiroga con el ex presidente Bush en diciembre de 2001. Por una parte, se mencionan los acuerdos tomados, reconociendo los “esfuerzos” del mandatario boliviano para cumplir con los mandatos de Washington. En el informe se transcribieron algunas de las “recomendaciones” que se le hicieron a Quiroga. “Como Ud. sabe, estábamos preocupados por el acuerdo de noviembre para detener la erradicación (de plantaciones de coca) y retirar tropas de las líneas del frente en El Chapare, donde han sido tan efectivas. Nosotros creemos que una fuerte respuesta continuada podía haber debilitado aun más las bases políticas de Evo Morales. Estamos complacidos de que la erradicación se reanude como se anunció el 21 de noviembre”, se señala en un párrafo.36

“Instamos a Ud. a que erradique la coca agresivamente. Sin embargo, ahora creemos que simplemente erradicar la coca no es suficiente (...) Estamos preocupados por la cantidad de coca que existe en El Chapare y en los Yungas y la aparente renuencia del gobierno para tomar decisiones decisivas más allá de la erradicación. El embajador Rocha se reunió con usted el 12 de septiembre y con un grupo de sus ministros el 18 de octubre para instarle a realizar más acciones para detener el flujo de coca ilegal en El Chapare. (...) instamos a Ud. a cerrar los mercados ilegales en El Chapare; que Ud. arreste y procese a aquellos que violan la ley 1.008 y que confisque y queme la coca en tránsito y la que se esté secando abiertamente en El Chapare. Hasta la fecha no ha habido ninguna acción en esos asuntos. Aunque la erradicación continúa a buen paso, más replantaciones se hacen y el efecto neto es negativo. Una acción más agresiva necesita asumirse en las líneas que acabamos de describir”.37 Era evidente la presión sobre Quiroga para ahondar los caminos de la represión.

Para mostrar las consecuencias de esta inadmisible injerencia podemos citar los graves sucesos ocurridos en Sacaba, población situada a 14 kilómetros de Cochabamba.

Una escena de guerra civil se vivió entonces, cuando el 15 de enero de 2002 se dispuso el cierre del mercado legal de coca de Sacaba, ante la decisión tomada por el gobierno en su Decreto Supremo 26.415, prohibiendo la comercialización de la hoja en el Trópico de Cochabamba. De acuerdo con el decreto surgido de las órdenes de Washington, la coca de El Chapare era ilegal y debía cerrarse el mercado de venta destinado a los consumidores locales de ese producto.

“No vamos a permitir el cierre del mercado porque la hoja de coca es el único sustento de nuestra vida, es el pan de nuestros hijos. No lo permitiremos jamás aunque nos bañen de sangre”, fue la decisión de los cocaleros.38 Enfurecidos, los productores, comerciantes y transportistas intentaron entrar a los predios de la Dirección General de la Coca (Digeco) y fueron repelidos violentamente por los policías que estaban en las oficinas.

Un grupo intentó dialogar para detener la medida que consideraban injusta e ilegal, pero se le dio una respuesta negativa. Entonces, unos dos mil cocaleros hombres mujeres, e incluso niños, levantaron barricadas para resistir la represión que comenzó con gases lacrimógenos y terminó con balas, piedras, bombas incendiarias. Varios medios de transporte que estaban en la Digeco se incendiaron y algunos explotaron.

Hubo enfrentamientos cuerpo a cuerpo de cocaleros contra policías que dejaron un trágico saldo de muertos y heridos entre los cocaleros y policías. En ese primer día hubo más de veinte detenidos.

Tres días después, el gobierno de Quiroga dispuso intervenir con extrema violencia la sede sindical de los cocaleros en Chapare y detuvieron a más de un centenar de personas. De entre ellos, treinta dirigentes fueron llevados a la Policía Técnica Judicial, y el resto fue montado en camiones con violencia extrema.

La sede de la Federación del Trópico de Cochabamba que lideraba Evo Morales fue intervenida. En la represión actuó el Grupo Especial de Seguridad (creado por Estados Unidos) y otras fuerzas de la DEA y militares de Estados Unidos. Coincidiendo con esta situación violenta, desde principios de 2002, Quiroga —en colaboración con la embajada de Estados Unidos— impulsó la expulsión de Morales del Congreso, acusándolo de la muerte de dos policías durante los conflictos en que murieron campesinos en Sacaba.

Le hicieron un juicio que estuvo marcado por la ilegalidad ya que debió presentar su defensa en 24 horas, cuando el Código de Ética de la Cámara de Diputados marcaba cinco días, además de diecisiete para el proceso de expulsión. Morales fue expulsado en solo 48 horas (ver capítulo 3).

Fue bajo decisión de Quiroga que el 24 de enero de 2002, por presión abierta de la embajada de Estados Unidos, una mayoría formada por 104 diputados de la ADN, el MNR el MIR, la Unión Cívica Solidaridad (UCS) y la Nueva Fuerza Republicana (NFR) aprobó despedir de su escaño al líder del MAS.

El gobierno de Washington había prometido a Quiroga entregarle una serie de documentos para fortalecer las acusaciones, todas débiles, contra Morales. Pero, ¿de qué trataban los documentos que llevó el consejero político de la embajada, Patrick Duddy, a la presidencia? Era una relación de simples datos donde se hablaba de las visitas de Morales a Fidel Castro y se insinuaban supuestas relaciones con las FARC de Colombia. Sin embargo, cuando se requirieron testimonios sobre estas “pruebas”, en realidad, no había ninguna. De hecho, Evo Morales había viajado a Libia a recibir un premio por Derechos Humanos que entregaba ese país, y también esto figuraba como una de las supuestas “pruebas” que iba a presentar la embajada estadounidense, lo que no tenía ninguna conexión con las acusaciones que se le hacían.

Documentos desclasificados en los Estados Unidos en los últimos tiempos demostraron el trabajo realizado por la embajada de ese país, presionando a los partidos para la expulsión de Evo, quien en protesta por esta situación, realizó una huelga de hambre en el Congreso y denunció que se trataba de un juicio “contra aymarás y quechuas. Los que me están echando son narcotraficantes y corruptos que cobraron 1300 dólares para votar en mi contra”.

Finalmente, esta injusta expulsión solo logró fortalecer su figura política, que después debió enfrentar otra embestida de “guerra sucia” por parte del embajador de Estados Unidos, Manuel Rocha. Este había llegado desde Buenos Aires y fue clave en todo el proceso para forzar la candidatura presidencial de Sánchez de Lozada, quien accedería a su segunda presidencia en 2002.

En una reunión en la casa de Sánchez Berzain junto a Sánchez de Lozada y Carlos Mesa, el embajador estadounidense les había advertido que “Morales es, potencialmente, un enemigo político de tamaño. Podemos arrepentimos si lo dejamos crecer”.39

También se encargó de la campaña de atemorizar a la población boliviana y su intromisión fue más que clarificadora cuando en febrero de 2002 comparó a los cocaleros con los talibanes. Trataba de atemorizar con la llamada Guerra contra el Terror, que después de lo que estaba sucediendo en Afganistán, sonaba a una amenaza de invasión si ganaba Evo.

Esto lo repitió mucho más claramente el 26 de junio, cuatro días antes de la elección del 30, cuando advirtió: “quiero recordarle al electorado boliviano que si elige a los que quieren que Bolivia vuelva a ser un país exportador de cocaína, pondrá en peligro la ayuda de los Estados Unidos”.40

A fines de mayo concluía su misión. En febrero de 2002 también había estado en el eje de la noticia cuando, como otra medida de fuerte presión, Washington anunció que iba a analizar las visas de algunos legisladores bolivianos. Lo actuado por Rocha y la CIA en esos momentos es una verdadera novela de la injerencia.

Nadie parecía haberse dado cuenta en Washington de que el pueblo boliviano había tenido un entrenamiento de lucha en las diversas rebeliones protagonizadas en esos años y los planes de Rocha y su gobierno durante la campaña a favor de Sánchez de Lozada serían derrotados rápidamente por la rebelión de miles de bolivianos en las calles y carreteras del país. Morales y los movimientos sociales y sus dirigencias pasaron a ser la esperanza real del pueblo boliviano.

Washington seguía sin aprender la lección. La injerencia y la impunidad eterna llevaron a Estados Unidos a cometer cada vez más errores. No podrán entender que Bolivia se les iba de las manos.

25. Revista Desafíos, “Bolivia en rebelión”, resumen tomado de la Confederación de

CIDOB, 1998.

26. Ibídem op. cit.

27. Viscarra Pando, Gonzalo, Grifo de liberación, p. 322, Ediciones Opinión, Grupo Kipus, Cochabamba, 2006.

28. García Linera, Alvaro, citado por Gonzalo Vizcarra Pando, Ibídem op.cit,. p. 324.

29. Viscarra Pando, Gonzalo, op. cit., p. 326.

30. Sivak, lbídem op. cit.p. 129.

31. La Opinión, Cochabamba, 21 de mayo 2008.

32. Ibídem op. cit.

33. Bigwood, Jeremy es un periodista e investigador estadounidense que ha logrado mediante su trabajo consecuente tener uno de los más importantes archivos sobre las injustas relaciones con América Latina. Agencia Boliviana de Prensa, 12 de octubre de 2008.

34. Ibídem op. cit.

35. Archivos Uno, Decreto Supremo 26415, Consejo de Ministros, Palacio de Gobierno de La Paz, 27 de noviembre de 2001, Bolivia.

36. Documento desclasificado, La Paz, 4839, Estados Unidos, Departamento de Estado. Informe sobre la visita de Jorge Quiroga a Estados Unidos enviado a diversos organismos entre ellos la DEA, USAID y otros.

37. Ibídem op. cit.

38. Diario La Razón, 16 de enero de 2002

39. Sivak Martín, Jefazo. Retrato íntimo de Evo Morales, editorial Debate, 2008, p. 136.

40. Ibídem op. cit., p. 137.

Capítulo 3

Injerencia abierta y resistencia

Durante el gobierno transitorio, Quiroga fracasó una y otra vez en sus intentos contra Morales y el Movimiento al Socialismo. La dura represión en el Trópico de Cochabamba, llevó al diputado del MAS a denunciar en el Congreso la “nueva masacre en Chapare” y la militarización del conflicto bajo asesoría externa, advirtiendo que los productores y sus familias tenían derecho a resistir y a defenderse.

La movilización permanente de los movimientos campesinos, sindicales y sociales en Bolivia no había dado tregua desde el estallido social más sorprendente, cuando la voluntad popular se impuso en la guerra del agua y resultaba indetenible para Washington.

El 5 de marzo de 2002, después de anteponer un recurso ante su expulsión del Congreso demostrando la vulneración de su derecho a la presunción de inocencia, a la defensa y la inviolabilidad parlamentaria del proceso, el diputado fue avalado por los delegados de las seis federaciones del Trópico al elegirlo como candidato presidencial del MAS para las elecciones presidenciales del 30 de junio de ese año.

Una multitud aclamó a Evo en ese momento en La Paz, en un acto claramente antiimperialista, donde hubo fuertes denuncias sobre la injerencia abierta de Estados Unidos.

Las maniobras de los embajadores de Estados Unidos, Manuel Rocha y su sucesor David Greenle en actos de injerencia pública, terminaron siendo debatidas en los medios de comunicación. La injerencia se había hecho pública.

A lo largo de la historia, como se verá más adelante, siempre existió resistencia a Estados Unidos en distintos ámbitos, como la larga lucha de los mineros, los trabajadores y luego los campesinos y cocaleros que en los años 90 tomarían la posta de la vanguardia. Washington no quería aceptar la realidad y presionaba para continuar con el Plan Dignidad.

Un vendaval sucedió a una de las presiones más vergonzosas de Estados Unidos en mayo de 2002 al anunciar que se revisarían las visas de por los menos doscientos ciudadanos, otorgadas en los últimos diez años y que algunas serían anuladas, como una advertencia a sus socios de la derecha de que Washington sería implacable si no hacían el máximo esfuerzo para que Morales no llegara al gobierno. El debate fue intenso. Pero también impactaron algunas declaraciones en las que se advertía la rebeldía de unos y la sumisión de otros.

El secretario ejecutivo del derechista partido Acción Democrática Nacionalista (ADN) en el gobierno en ese momento, Guillermo Fortín, dijo que no podía explicar las razones de la nueva amenaza estadounidense, pero se comprometió a “revisar” los nombres de los militantes de su partido: “Personalmente no voy a permitir que un adenista sin visa participe en las elecciones del 30 de junio”.

Funcionarios del gobierno y algunos políticos llegaron a admitir que tener una visa para Estados Unidos era “fundamental para su carrera electoral”41 poniendo en evidencia el grado de intromisión y control de ese país.

El presidente del Senado, Enrique Toro, aseguraba que “era un tema vergonzoso para el país, que otra nación imponga una de esas condiciones”42 pero se jactaba de que en ADN (el partido de Banzer) no creía que hubiera militantes sin visa para Estados Unidos.

El 13 de julio de 2002, cuando le fue impuesta a Rocha la Orden del Cóndor de los Andes a pesar de las denuncias de intromisión en los asuntos internos de Bolivia, el tema levantó olas. Las investigaciones periodísticas demostraron que era una imposición del Ejecutivo que se decidió en una sesión reservada del Senado.

La nota informativa del diario La Prensa43 decía que “el diplomático rompió con el prototipo del embajador estadounidense gracias a sus rasgos típicos de latino. Pero resultó ser más duro que sus antecesores en lo que se refiere a las relaciones con el país. Fue ácidamente criticado por inmiscuirse en asuntos internos, cuando recientemente intentó perjudicar la candidatura de Evo Morales. Luego de los comicios se atrevió incluso a delinear la nueva alianza gubernamental. Antes, tuvo un altercado con el propio presidente Quiroga a raíz del supuesto incumplimiento de la lucha antidroga del gobierno.

El senador Toro tuvo que enfrentar denuncias de varios militantes adenistas sobre el hecho de que Rocha, al llamar a votar contra Morales, había producido el efecto contrario y aumentado el respaldo popular al candidato del MAS. El embajador había equivocado los tiempos. Estaba ante una Bolivia insurrecta y las órdenes y amenazas de su embajada eran desobedecidas abierta y masivamente. Pero no descansó en su intento de impedir que Evo llegara a la presidencia en 2002. La tarea de injerencia era fácil. En la propia casa gubernamental operaban la CIA, la DEA y el Grupo Militar, el verdadero poder en las sombras en Bolivia.

En noviembre de 2001, hablando con representantes del alto mando militar boliviano, el embajador había advertido sobre los avances de Evo y sus seguidores: “Les he dicho que lo pongan al hielo, que lo congelen, ahora ya es una fuerza política”,44 lo que trascendió públicamente.

Y la presión continuó a lo largo de todo el primer semestre de 2002, cuando la propaganda contra Morales fue cotidiana a través de medios de comunicación e intervenciones públicas de la embajada.

Elecciones 2002. Evo, un blanco de EE.UU.

En las elecciones del 30 de junio de 2002, Rocha tuvo su respuesta. Evo Morales había alcanzado casi el 21 por ciento de los votos, colocándose a solo 1,6 puntos del candidato del MNR Gonzalo Sánchez de Lozada, sobre el que Washington cifraba sus esperanzas, y para cuyo triunfo había aportado considerables sumas de dinero y utilizado presiones que molestaron a sus asociados.

También había perdido otro favorito, el ex prefecto de la Nueva Fuerza Republicana (NFR) Manfred Reyes Villa, en un tercer lugar. El ex presidente Paz Zamora del MIR quedó en cuarto lugar con un 16,3 por ciento y en quinto, la fuerza que apoyaba al dirigente indígena Felipe Quispe, secretario adjunto de la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia, (CSUTCB), quien con el Movimiento Indígena Pachakuti (MIP) obtuvo seis escaños.

En las legislativas, el MAS sacó un porcentaje del 11,9 por ciento, lo que le significó 27 diputados y ocho senadores, convirtiéndose en la segunda fuerza parlamentaria detrás de la alianza del MNR y el MBL.

Morales se había presentado también como candidato a diputado y en esta elección ganó el escaño por su circunscripción con el 81,3 por ciento de los votos.

La constitución boliviana imponía que si ningún candidato alcanzaba la mayoría absoluta del 50 por ciento más uno, el Congreso debía elegir al presidente entre los dos más votados.

La acción desembozada y amenazante de la embajada de Estados Unidos para presionar a los congresistas e impedir que resultara electo Morales, fue comparada con lo actuado en Chile en 1970 contra Salvador Allende en una circunstancia similar, donde Washington fracasó en el intento. El 4 de agosto de 2002, con votos del MNR, el MBL, el MIR, ADN y la UCS, Sánchez de Lozada resultó electo.

En esos días se conoció que el embajador de Estados Unidos había transmitido un ultimátum de su gobierno a Sánchez de Lozada en el sentido de que si el Congreso investía a Morales, Bolivia se estaba jugando la “certificación”, que significaba 90 millones de dólares anuales en ayuda.

Sánchez de Lozada subió así debilitado. Rocha lo había impuesto abiertamente, lo que molestó a algunos de sus otros socios, y debía cumplir sin cortapisas con las disposiciones de Washington. Fue el salvavidas de plomo con que se hundió a corto plazo.

El presidente fue advertido por sus asesores de que el Movimiento al Socialismo tendría la posibilidad de plantear una oposición fuerte y que si no se atendían las propuestas de detener la erradicación de cocales, renacionalizar los hidrocarburos y convocar a una Asamblea Constituyente —punto que figuraba en el programa político de Evo—, los movimientos sindicales y sociales iban a salir a las calles. Muy pronto ese escenario se instalaría en Bolivia, cuando el gobierno decretó un impuestazo, progresivo y no deducible, de hasta el 12,5 por ciento, con el que se esperaba disminuir el déficit fiscal que ascendía al 8,5 por ciento del PIB para obtener del Fondo Monetario Internacional (FMI) una línea de crédito de cuatro mil millones de dólares hasta 2005.45

La explosión social

Esta decisión, tomada ante las exigencias del FMI, fue respondida con un estallido social que tuvo su epicentro en La Paz, pero se extendió a otras ciudades, con el agregado de las rebeliones campesinas de la dirigencia cocalera desde enero de 2003, que hacían presagiar los estallidos de febrero. Desde El Alto y La Paz la protesta se extendió durante de los primeros días de febrero a Cochabamba, al Chapare, a Santa Cruz y Oruro y otros lugares. La ola de descontento recorrió el país con la incorporación de otros sectores que anunciaban nuevos paros y marchas.

Conjuntamente con esta enorme movilización tuvo lugar el acuartelamiento de los policías del Grupo Especial de Seguridad La Paz (seguido por otras guarniciones como en Santa Cruz y otros lugares, lo que añadió un nuevo elemento al conflicto). La tropa protestaba por bajos salarios, maltratos y la oficialidad se sentía afectada por el impuestazo. El 12 de febrero, paralizado una parte del aparato represivo que llevó al enfrentamiento de policías con militares, enviados por el presidente a reprimir a los rebeldes, la movilización popular avanzó incontenible.

El enfrentamiento entre policías y militares que vivió Plaza Murillo dejó muchas víctimas fatales. Sánchez de Lozada intentó disciplinar a tiros a los policías rebeldes, pero también preparaba el terreno para una represión dura de la protesta social. Esta no tenía contención: las columnas de manifestantes se comenzaron a formar espontáneamente en diversos puntos de la ciudad de la Paz mientras ardía El Alto.

A la violencia de los enfrentamientos, se unirían grupos que no respondían a los movimientos involucrados en la protesta y que comenzaron a atacar edificios estatales, sedes de los partidos del gobierno (MNR, MIR, UCS, ADN), financieras y empresas privatizadas. “Las primeras acciones tenían un claro contenido político, evidenciado en los objetivos mismos, en las consignas y en que los manifestantes no permitían que actuaran rateros. Todo aquél que pretendía llevarse algo para sí, era sistemáticamente obligado a arrojarlo a la hoguera, fuera un sillón o una computadora”.46 Luego comenzaron los saqueos con la irrupción de sectores marginales y, como sucede siempre en esas circunstancias, grupos que comenzaron robos y saqueos contra pequeños comercios o casas de familia.

Ante los sucesos el gobierno declaró asueto para el 13 de febrero, intentando detener las movilizaciones, cuando Evo Morales había llamado a un paro nacional. La movilización popular no se detuvo y se extendió a Cochabamba, Santa Cruz, Oruro, Potosí, y otros sitios.

En La Paz, las fuerzas militares apostadas en Plaza Murillo recurrieron a la criminal táctica de los francotiradores como provocación, como medio de aterrorizar a los manifestantes y crear un clima sangriento que impidiera el desarrollo de la movilización.

Los primeros heridos y víctimas fatales fueron jóvenes, trabajadores de la salud que cumplían su deber, obreros. Mientras tanto, los medios de prensa desinformaban acusando a los manifestantes de “vándalos y delincuentes” y mintiendo a la población sobre la verdad de lo que estaba sucediendo.

La situación llegó a ser extremadamente peligrosa. El pueblo no tenía armas en esos momentos y si el conflicto escalaba, la posibilidad represión y el descontrol de algunos sectores utilizados para desacreditar la protesta, hizo razonar a la dirigencia, cuando la sede gubernamental se encontraba asediada por multitudes. Entonces, el presidente se vio forzado a anunciar el retiro del paquete fiscal.

El 12 y 13 significaron otro giro en la historia nacional. Las cifras de 35 muertos, 205 heridos, por balas militares, mostraron la magnitud del enfrentamiento tanto como los severos daños en edificios y sedes partidarias.

Inevitablemente, estos sucesos recordaban el levantamiento popular del 20 de diciembre de 2001 en Argentina, cuando el entonces presidente Fernando de la Rúa debió huir de la sede gubernamental y renunciar a su cargo, también cercado por la furia popular.

Era un escenario impredecible para el presidente y para Washington. Empujado por los asesores de la embajada de Estados Unidos y las duras exigencias del FMI, con el impuestazo Sánchez de Lozada golpeó no solo a la población, en situación crítica, sino también a las propias bases del MNR y logró nacionalizar la rebelión que se había trasladado de La Paz y El Alto a otros departamentos del país. El presidente, aislado y cada vez más débil, no solo fracasó en imponer el impuestazo, sino también en su diseño represivo. El gobierno debió retroceder apresuradamente y se abría otra situación política con un ejecutivo herido de muerte y resquebrajada la coalición que

Washington armó para apoyarlo. Aunque se cambió el gabinete, ya era difícil imponer ninguno de los otros planes previstos por el FMI.

En tanto, la fuerza demostrada por el movimiento campesino e indígena, la aparición en escena del movimiento obrero así como la unidad de sectores enfrentados en otros momentos, conformaban un nuevo escenario en el país.

Regresaba el fantasma de la insurrección social, que había despertado en la guerra del agua en Cochabamba en abril del 2000 y en los bloqueos de septiembre de ese año, y que se pensó desterrada con la imposición de Sánchez de Lozada en el gobierno.

La marcha atrás del presidente llegaba tarde, con la huelga general de 24 horas convocada por Morales para el mismo día 13, seguida de otro paro general de 48 horas para los días 17 y 18 convocado por la COB. Se había creado el Estado Mayor del Pueblo, un frente indígena, campesino y obrero en el que se sumaron a las federaciones del Trópico, la COB, la CSUTCB, la Confederación Sindical de Colonizadores de Bolivia (CSCB) y otros colectivos sindicales y sociales.

Los medios gubernamentales comenzaron a acusar al MAS y a su dirigente de ser autores de los desmanes en las calles, como parte de una conspiración para subvertir el orden y desestabilizar la democracia.

Las medidas a las que recurrió Sánchez de Lozada, reorganizar el gabinete, suprimir ministerios, dar marcha atrás en los pactos con el FMI, la oferta de avanzar hacia un diálogo social y revisar su política cocalera, no convencieron a los sindicatos y movimientos sociales, ya que promesas similares habían sido incumplidas antes, llevando a una crisis sin salida. La desobediencia civil estaba en todo el país y se multiplicaron las marchas multitudinarias y los bloqueos de carreteras.

En esos momentos difíciles, el nuevo embajador de Estados Unidos, David Greenlee, advirtió públicamente al gobierno que cualquier política tendiente a legalizar plantaciones de coca consideradas “excedentes” constituiría una violación de los compromisos internacionales de Bolivia y de la propia ley boliviana.47

Estados Unidos amenazó nuevamente con el cese de las ayudas al desarrollo y de la asistencia de los organismos multilaterales de crédito. Bajo nuevas y severas presiones, Sánchez de Lozada, retomó un plan de su antecesor Quiroga, que proponía, por iniciativa de Estados Unidos, construir el gasoducto por territorio boliviano hacia el puerto de Mejillones en Chile, en una ruta directa sobre el Océano Pacífico. Esta medida actuó como leña al fuego ya que despertó el nunca dormido sentimiento de justicia y de derechos perdidos en la cruel Guerra del Pacífico (1879-1884) tras la que Chile se apropió como botín de guerra de territorios bolivianos, cortando la natural salida al mar de ese país.

Cuatro días antes de las elecciones de julio de 2002, Quiroga había decidido posponer esas medidas, que en un escenario crispado por la rebelión social, retomó Sánchez de Lozada.

En septiembre de 2003 añadiría la propuesta de que Pacific LNG (integrada por Repsol-YPF, española-argentina que ya era adjudicataria desde 1997 de la privatización de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos, YPFB); la British Gas y Panamerican Energy, se hicieran cargo de la explotación del gas de Tarija para exportarlo a Chile, donde quedaría una parte y otra iría a California y México a precios bajos.

Estas empresas calculaban ganancias posibles que rondarían los mil millones de dólares anuales de los cuales el Estado Boliviano solo recibiría el 18 por ciento.

La indignación y la furia ante el escandaloso saqueo que significaban medidas como la privatización del gas, reeditaron y superaron las rebeliones de febrero. En esos momentos el presidente salió desafiante hablando por cadena nacional para advertir “el Estado soy yo”, y anunciar que iba a continuar con esas políticas y que no pensaba ceder a los reclamos de la oposición.

La explosión social creció en días y horas como una ola que además alcanzó rápidamente a todo el país. El epicentro nuevamente estaba en La Paz, pero cada día se iban plegando más movimientos y sectores en una protesta nacional en defensa de la soberanía, del gas para Bolivia y otras demandas como la convocatoria a una Asamblea Constituyente.

En líneas generales podemos ubicar algunas de las más importantes acciones que dieron comienzo a la llamada guerra del gas.

El 10 de septiembre la coordinadora por la Defensa y la Recuperación del Gas que lideraba el MAS y otros sectores lograron reunir en La Paz a 50 mil personas y a 20 mil en Cochabamba. La crisis política entró en otra fase cuando el 15 de septiembre campesinos de la ribera del Lago Titicaca bloquearon las carreteras que iban a La Paz. Cinco días después, en la localidad de Warisata, a 148 kilómetros al noroeste de la capital, un enfrentamiento entre fuerzas gubernamentales, que utilizaban armas de guerra, y campesinos, concluyó con la muerte de cuatro civiles y un soldado del retén que escoltaba una caravana de vehículos con ochocientos turistas que habían quedado bloqueados por los cortes.

El 21 se septiembre la CSUTCB declaró el estado de sitio y la guerra civil indígena en el Altiplano. En la jornada siguiente, sindicalistas, cocaleros y militantes del MAS constituyeron en Cochabamba una Dirección Única de Defensa del Gas. Morales estaba a la cabeza de la lucha antigubernamental.

El 24 de septiembre la COB convocó a una huelga general indefinida a partir del 29 cuando ya se reclamó la renuncia del presidente.

En los primeros días de octubre, las manifestaciones, los paros cívicos y los cortes de rutas comenzaron a colapsar La Paz, mientras que en El Alto, a 14 km del centro de la capital, los violentos choques entre los movilizados y las fuerzas policiales y militares dejaron un reguero de muertos.

El 13 de octubre, el gobierno decide romper el bloqueo a la ciudad de La Paz. Militares con armas de guerra y grandes metralletas dispararon contra una población indefensa, armada de palos y piedras. También se utilizaron helicópteros desde los que disparaban sobre los techos de las casas. Durante estos episodios eran constantes las denuncias sobre la presencia de los asesores de Estados Unidos. El gobierno envió tanques y esa imagen que dio la vuelta al mundo incrementó la resistencia en La Paz y en todo el país.

Ese 13 de octubre, con la capital en una revuelta popular de consecuencias imprevisibles, Sánchez de Lozada anunció la suspensión de los planes sobre el gas y convocó a un diálogo nacional que se desarrollaría hasta el 31 de diciembre para que el gobierno recogiera las opiniones de los sectores sociales.

Morales y otros dirigentes de la protesta reconocieron la decisión sobre el gas como un triunfo, pero esto llegaba demasiado tarde. La jornada del 13 de octubre fue dramática y terminó con 28 muertos, lo que elevaba a 63 las víctimas mortales producidas en el último mes en todo el país, además de centenares de heridos, manifestantes detenidos y torturados.

Entre los primeros días de septiembre y el 17 de octubre, cuando renuncia Sánchez de Lozada, se desarrolló la guerra del gas, un hecho único en el que se había utilizado todo tipo de resistencia: paros cívicos, tomas de carreteras, paro de transporte, huelgas, enormes manifestaciones populares, carreteras sembradas con piedras para impedir el avance del ejército, etcétera.

Detrás de militares y policías en la represión estaban los asesores de Estados Unidos y la población lo sabía. El vocero de Sánchez de Lozada acusó a Evo de golpista y cabecilla de la insurrección. El 17 de octubre con la ciudad de La Paz literalmente tomada por el pueblo y alertando sobre la instauración en Bolivia de una “dictadura narco-sindicalista”, aunque reconociendo que había perdido el apoyo de los partidos que conformaban la mayoría del Congreso, Sánchez de Lozada renunció y huyó esquivando cercos populares después de haber utilizado tanques, aviones y helicópteros para detener la protesta, lo que ocasionó una masacre.

El pueblo organizado terminó ganando la guerra del gas.

El ex mandatario, protegido por amigos en Santa Cruz de la Sierra, tomó un avión que lo condujo a Miami, primera parada de su exilio en Estados Unidos. Morales intentó impedir que el mandatario huyera ayudado por Estados Unidos, para que fuera juzgado por delitos de lesa humanidad.

La campaña contra Evo no se detiene

Entre 1993 y 2003 Estados Unidos lo había intentado todo por destruir la figura de Morales, dividir a su partido y asesinarlo. Y también para poner bajo su control al pueblo boliviano.

La serie de atentados contra Evo se incrementó en el período de la campaña presidencial que lo llevaría al poder en 2005. Desde enero de 2003, Sánchez de Lozada había intentado todas las formas posibles de destruir a Evo. Desesperado ante una crisis originada por las imposiciones de Estados Unidos y el rechazo social a sus medidas, el presidente llamó al subsecretario del Tesoro norteamericano John Taylor y le pidió unos 150 millones de dólares. Este le contestó —dicen que lacónicamente— “que sean 12 millones”,48 lo que perturbó y enojó al mandatario boliviano. Sus patrones le soltaban la mano en el peor momento.

El 14 de marzo del año 2003, el embajador David Greenlee49 se reunió con el vicepresidente Carlos Mesa para avisarle que había un plan para asesinar a Evo Morales y le pidió que como él no tenía relaciones con este, le avisara. Le entregó un extraño informe que, según dijo, provenía de “un informante” de la embajada. El documento advertía sobre la preparación de un golpe de Estado para derrocar al gobierno y señalaban a Evo Morales y Antonio Peredo Leigue como responsables de ese plan. Pero, curiosamente, añadía que otro grupo del MAS quería asesinar a Morales y Peredo.

En realidad, estaban preparando una acción que iba a aparecer como un intento de golpe del MAS, para involucrar a su dirigencia y a esa organización política y a la vez inculpar al mismo partido del posible asesinato de Evo y Peredo, atribuyéndolo a diferencias dentro de ese movimiento. La CIA ya había realizado esta maniobra en diversos lugares, pero más cercanamente en Granada, lo que terminó con el asesinato por “problemas partidarios internos” del entonces presidente Maurice Bishop y la invasión estadounidense a la pequeña isla caribeña en 1983.

Por esos días, Evo denunció que conocía un plan de la CIA para matarlo y que solo un año antes los agentes de UMOPAR, bajo mando estadounidense, habían ametrallado una sede de Derechos Humanos en Iterazama sabiendo que él estaba ahí. Fue otro intento de asesinato.

Informaciones que se conocieron tiempo después indican que en esos momentos Estados Unidos intentaba vincular a Evo con el narcotráfico y ordenó a la inteligencia boliviana indagar sobre su vida privada, sus relaciones, y si tenía propiedades o tierras.50

En un documento del Banco de Brasil enviado a la Unidad de Investigaciones Financieras con atención a Ramiro Rivas Montealegre, director, y que fue recibido el 29 de octubre de 2003, poco después de la renuncia de Sánchez de Lozada, se le informaba que habían investigado a las siguientes personas: Evo Morales Ayma, Antonio Peredo Leigue, David Choquehuanca Céspedes (canciller del gobierno de Morales); Iván Morales Navas y otros dirigentes del MAS, sobre cuya situación financiera se les preguntaba.

“Informamos a ustedes que las personas del listado precedente no presentan responsabilidad ni solvencia financiera con la sucursal Bolivia del Banco Do Brasil S. A en calidad de clientes y tampoco realizando operaciones por montos superiores a USD 10.000,00 (diez mil dólares) o su equivalente o en monedas en calidad usuarios de nuestro servicio bancario”. Está firmado por el Gerente Adjunto, Gerundio de Azevedo y otros dos funcionarios.51

No podían encontrar las supuestas pruebas que la CIA y la DEA habían solicitado a instituciones y bancos en Bolivia, para desacreditar públicamente a Morales, Peredo y otros.

Rivas Montealegre recibía además solicitudes de la DEA para investigar a ciudadanos bolivianos. Así lo demostró un documento enviado por Thimothy D. Schoonmaker, agente especial de la DEA, desde Santa Cruz de la Sierra pidiendo investigar a Luis Fernando Saavedra, y a otros ciudadanos sobre sus cuentas y bienes.52

Un plan para matar al candidato Evo Morales

Durante mi viaje por Bolivia, pude entrevistar a un capitán de policía que conocía bien la región donde se emplazaba un cuartel destinado a realizar un atentado contra el entonces diputado Evo Morales.53

De movimientos rápidos y mirada inteligente, el hombre que llegó a la entrevista había tomado poco tiempo antes una decisión que la significaba quitarse un peso, “una piedra de encima”.

Relató al propio presidente Morales los sucesos que habían cambiado su vida y se sorprendió de cómo este había percibido los peligros que lo acecharon ese día, por puro instinto. El capitán había sido entrenado en cursos especiales y estaba considerado como un experto profesional.

Preguntado sobre cómo fue involucrado por sus jefes en un plan de asesinato de un diputado y además candidato a la presidencia, el hombre recuerda y habla pausado:

—Alrededor de las 22 horas, estaba dormido cuando llegaron a nuestro dormitorio en el cuartel de Chimoré, donde dormíamos oficiales y policías en pabellones separados. Me hicieron llamar por un soldadito. Cuando salgo me dan la orden de que debía sacarme todo lo que me identificaba, anillo, reloj, cadena y dejar el documento de identificación. Recibí también órdenes de ponerme el uniforme camuflado y debía pintarme el rostro. Yo pensé que era un operativo. Cada salida de patrullaje o cuando íbamos a desbloquear las carreteras y podíamos encontrarnos con personas o grupos debíamos pintarnos las caras con pomadas.

—¿Como las fuerzas especiales?

—Sí, para que nadie pudiera reconocernos ante cualquier eventualidad. Así lo hice. Salí y, a mitad del camino, me dicen: “esa es la base de Los Leopardos” (una fuerza especial entrenada por Estados Unidos). Hasta ahí llegamos. Dentro de esa base había una parte especial con malla y muros.

—¿Era una base dentro de otra base?

—Así es. Muy segura. Estaba ocupada por los hombres de la DEA. Entramos a una oficina, nosotros y el Grupo Especial de Choque Antinarcóticos (Gecha).

—Debía de ser un grupo muy duro.

—Sí lo era. Los había dirigido y asesorado la DEA. Una vez en ese lugar nadie podía aceptar o recibir llamadas. Solo ellos (los jefes) podían llamar. Hace solo unas dos semanas el señor presidente ingresó a ese salón cuando ya estábamos sacando a los de la DEA.

—¿Había ido otras veces a esa base?

—Era la primera vez que entraba ahí. Cuando ingreso veo un salón con una mesa al medio y sentados cinco elementos (vamos a llamarlos así) y estaba yo seguro de que era el único de la policía. Los otros tenían los cabellos más recortados. Al que de inmediato reconocí fue a un coronel al que le falta una mano, los otros estaban camuflados. El hombre de mayor rango era ese coronel Aurelio Burgos, el de la mano cortada. Otros dos eran gringos (norteamericanos). Era evidente por su estructura física, uno medía 1,80 o más, de buen físico y el otro no muy alto, pero sí bastante fornido, casi sin cabellos, muy recortados. Esos estaban camuflados pero no tenían el rostro pintado. Dicen: “Bueno, existe este plan que se va a realizar y tenemos que ejecutarlo”. Nos señalan algo y había un croquis en la mesa con un dibujo igual al que había en un pizarrón. Entonces nos dan la información. La idea era esta: ese día se estaba realizando un velorio en la carretera, estaban velando tres campesinos fallecidos en la misma carretera. Por cierto, del lado complementario a la reunión en que estábamos, el coronel Aurelio Burgos tenía su base frente al río, la base Expedicionarios.

—¿Eran un grupo especial los Expedicionarios?

—Era gente reclutada por el gobierno, suboficiales, oficiales del ejército que habían sido dados de baja por una u otra situación de delitos. Cuando había bloqueos, cuatro o cinco de ellos salían con armas y con pañuelos. Nosotros, con gases lacrimógenos. Teníamos prohibida las armas de reglamento. Los Expedicionarios iban por delante. Cuando la policía llegaba, ya se nos habían adelantado. Llegábamos por ejemplo a desbloquear una carretera y encontrábamos muertos, heridos. Ellos dicen que desbloqueaban, pero siempre nos dejaban, por lo menos, una persona muerta.

—Es decir los Expedicionarios hacían el trabajo sucio y la población les reclamaba a ustedes.

—Así sucedía generalmente

—¿Cuál era el plan de aquella noche?

—El plan era un atentado contra Evo Morales, que era diputado y candidato a presidente. Él estaba en esos momentos en Villa 14 de Septiembre. Iba a salir de allí. Hay un camino hasta cierto lugar, una senda empedrada. Él iba a ir al lugar donde estaban los campesinos muertos. Se calculaba y se tenía información de que iba a salir al mediodía o en la tarde para ir al velorio y al entierro de estos campesinos. En ese camino hay un puente de madera que está sobre un pequeño riachuelo, de no más de dos metros. Por esa ruta empedrada iba a venir Morales. Todo eso estaba bien dibujado en el croquis. El lugar preciso por donde iba a pasar.

—¿Todo eso estaba trazado en el croquis y el pizarrón?

—Sí. El plan contemplaba un atentado en ese puente. El atentado se iba a hacer en el cruce del puente, utilizando una pequeña cantidad de C4 un detonante fuerte. Uno de ellos, el más bajito de los gringos, era especialista en eso. Pero también a la vez se iba a preparar lo que entonces se utilizaba en los campos: un “cazabobo”, bazuca grande que se carga en una parte con dinamita, hace explosión y baja una carga con tornillos, piedras, vidrios. Eso estaba preparado para que cuando se hiciera el atentado contra Evo, se creyera que había caído en una trampa y que eran los mismos cazabobos los que lo habían matado. Esto daría la idea de que había sido preparado por los campesinos del lugar.

—¿Disimulando como que era algo casero?

—Sí. Y para que fuera efectivo el atentado, el C4 estaba colocado debajo del puente. Cuando detonara pasando el vehículo, se iba a producir la explosión en el puente y al mismo tiempo estallaría el cazabobos —el hombre que está frente a mí es un capitán de policía, con un fuerte entrenamiento en acciones especiales, y dibuja cuidadosamente el trazo del puente y el lugar donde estaba colocado el explosivo—. La explosión iba a suceder desde abajo y desde ambos lados. Imposible escapar. Después de eso, este coronel (Burgos) nos hace saber que si fallaba, íbamos a tener que entrar a rematar. Lo iban a hacer ellos con escopetas de calibre no militar para hacer creer que, efectivamente, eran campesinos del lugar que lo habían hecho. Como había algunas desinteligencias entre grupos campesinos, se iba a aprovechar también eso. Era ese el plan que se hizo, el que nos distribuyeron. No nos dejaban identificar. Nos llamaban como elemento uno, dos o tres, cuatro. Un compañero y yo comenzamos a tener dudas

—¿Dudaban del tipo de acción que iban a realizar?

—Sí, y además nos preguntábamos ¿por qué? ¿De quién es la orden? ¿Quién nos la da? Reunidos a partir de las 22:30, no dormimos en toda la noche, porque con el hecho de saber que se iba a cometer asesinato estábamos susceptibles, nerviosos, con interrogantes, ¿qué iba a pasar? Me di cuenta que nos eligieron a nosotros, los que conocíamos esas rutas palmo a palmo y algunos senderos también. Todo parecía perfecto, pero habíamos dos que queríamos saber quién había dado la orden, y el coronel Burgos nos dijo claramente: “La orden es de la DEA, es orden del Norte”. Esas fueron sus palabras. El coronel los apoyaba sin decir nada. Empezaron las dudas entonces. Nosotros seguíamos preguntando dónde estaba la orden, los documentos que mostraran esa orden. ¿Quién iba a hacer el informe? El coronel nos dijo “lo van a hacer ustedes”. Lógico, ahí se veía que había diferencias en el grupo. Nos decían “no vamos a tener problemas”. Pero nosotros no estábamos de acuerdo, por una cuestión de disciplina. Porque a mí como policía me habían preparado para otras cosas, a obedecer y cumplir órdenes enviadas, no así. Íbamos a matar una persona.

—¿Y finalmente fueron hacia el objetivo?

—Sí, allá fuimos. A la mañana cuando ya salimos siete y media después de desayunar, no nos permitieron volver a tomar contacto con nadie. Desde un principio, cuando ya habíamos tomado posiciones, ellos ya habían arreglado que ningún vehículo más pasara por el lugar. Todos los otros grupos militares y policiales estaban concentrados en el velorio. Desde la Villa 14 de Septiembre donde estaba Morales, por radio avisaron “ya está saliendo”. Ellos sabían la ubicación exacta donde se encontraba el vehículo, un auto plomo de tres puertas. Un jeep plomito. El mismo presidente Morales se acordó cuando yo le dije cómo estaba vestido, pantalón de tela, camisa mangas cortas, sandalias franciscanas. Sentado al lado del conductor, detrás estaba Margarita (dirigente campesina). Él lo recordó enseguida. Salió Morales y había mucha tensión, todo era muy fuerte, se iba sintiendo la adrenalina, como se da en estos casos. Yo estaba nervioso y otro compañero también. Era un atentado lo que íbamos a hacer y no sabíamos quién había dado la orden y cómo iba a terminar. Estábamos inquietos y hacíamos preguntas y cada vez estábamos más indecisos. Esto puso todo en tensión. Evo salió y cruzó el puente. Antes de pasar ellos dijeron imprevistamente “no lo vamos hacer ahora”. Se había suspendido el operativo. “Lo hacemos al retorno, cuando él vuelva”. Nos preguntábamos que había pasado, ya que a nosotros nos habían mandado a cubrir un punto. A mí uno y al compañero otro, como alejándonos.

—¿Qué pudo haber parado este atentado?

—Para mí, el detalle era que éramos al menos dos que no estábamos de acuerdo. No estábamos seguros, no queríamos participar en eso. Nosotros pensábamos también: ¿qué nos va a pasar? Y más nos iba a pasar en cualquier momento. El coronel Burgos estaba muy nervioso. De pegarnos nomás no lo hacía (solo faltaba que nos pegara). “¿Qué pasa con ustedes?”, decía nervioso. Como teníamos rivalidad entre la policía y los señores del Ejército, eso creó un clima especial. Incluso se produjo el retorno y no se hizo el atentado. Para nosotros desistieron ante la falta de cohesión del grupo. Habrán pensado: “No está claro con estos dos”. Esperaron el regreso de Evo y se comunicaban por radio. Nos enteramos de que habían tenido un altercado en el lugar adonde fue el velorio. Teníamos entendido de que ellos no querían retirar los cuerpos de la carretera, querían velarlos allá. Otra población llegó a velarlos y por eso tuvieron problemas cuando Evo fue a ese lugar. Cuando iban llegando y saliendo del lugar del velorio también estaba la policía y los Expedicionarios. Ahí, cuando el presidente (entonces candidato) pasó, estaban los Expedicionarios y nosotros sabíamos todo lo que pasaba, se comunicaban por radio y llegamos a escuchar que les iban a poner esos clavos “miguelitos”, para que se quedara ahí. Como una manera de salir del asunto decidí alejarme del puente, con la radio y demás. Pedí permiso para fumar. No quería estar ahí. La descripción era esa y yo pensaba: “si hacen esto ¿qué será de nosotros, qué de los míos?”. Decido alejarme más del puente. Voy a fumar. No quería saber de qué trataba la discusión. El coronel y ellos sabían mi nombre y apellido. Y era imposible que yo no pensara qué podía pasar con nosotros. Hasta que Evo pasó, yo tenía entendido que lo iban a hacer. Evo hizo su trayecto y tomó el mismo camino de retorno. Pasó, cruzó, y todos quietos, nerviosos, en silencio. Pero luego hablaron ya entre ellos y a nosotros nos aislaron. Precisamente cuando relaté esto al presidente, él recordó que en ese momento tuvo desconfianzas, temores de que pasara algo, porque se acercaron mucho los que estaban ahí, a la salida del velorio. Sabíamos lo que era eso, porque nosotros también teníamos miedo por nuestra vida.

—¿Cree Ud. que el atentado se suspendió por las dudas?

—Sí, algo pasó; pero además se habían planteado muchas dudas y se suspendió la operación. Esa misma noche, ya en el cuartel nos enteramos de otro plan que se estaba haciendo contra Evo, y ello lo corroboró el presidente hace poco. Él siempre iba a Villa Tunari. Acostumbraba a llegar a lo de su amigo en una casa donde tomaba su refresco y donde otros iban a conversar con él. En este caso le iban a plantar drogas en esa vivienda, cuestión que cuando él llegara a ese domicilio también llegara el personal policial detrás y supuestamente le iban a encontrar droga para implicarlo. Nos enteramos de eso. Lo tenían tan seguido y marcado, fotografías, los horarios de llegada y salida, en qué vehículo iba. La casa misma, a qué hora llegaba a la casa de la señora donde tomaba refresco. Iban a hacer atentado plantando droga. Sabían hasta los horarios de sus amigos, qué vehículo lo transportaba, todo lo sabían. Ellos mismos ahí estaban manejando esas fotografías, estaban tratando de encontrar posibilidades. Había muchas fotografías de Evo en distintos lugares, y de amigos. Y discutían mientras nosotros estábamos allí. No se nos permitió esa noche salir, debimos quedamos ahí, en su cuartel adentro. Esa misma noche me entero de estos otros casos de los que después hablé con el presidente.

“Otro intento de atentado sobre el que escuché y que fracasó es que lo iban a emboscar por un sendero donde iba a ir y lo estaban siguiendo, pero por otras razones Evo cambió de ruta. No fue. No entró por ese sendero donde lo esperaban, pero por ese lugar cruzó una patrulla de los Leopardos y cayeron en ese atentado, también preparado con cazabobos. Eran operaciones siempre ilegales. No tenía que saberlo otra gente. Lo cierto es que, en ese caso, se salvó por el cambio de ruta que hizo. Creo que alguien lo llamó para que pasara antes a otro lugar. No cruzó ese sendero, pero supimos, sí, que hubo heridos y hasta muertos en un hecho que se trató de esconder. Esa fue la historia que viví yo personalmente.

Las derrotas de la injerencia de Washington (2003, 2004, 2005)

El gobierno de Washington había intentado respaldar al presidente Gonzalo Sánchez de Lozada, con el que también tuvo roces, cuando ya era previsible su final en 2003. No entendía el Departamento de Estado que el presidente no podía imponer a un pueblo en rebelión sus mandatos y los planes neoliberales tardíos.

Los militares del Comando Sur, verdaderos artífices de la política exterior, atribuían la rebelión campesina imparable en Bolivia al apoyo del presidente de Venezuela Hugo Chávez.

Sus funcionarios tampoco podían comprender que se trataba de un proceso de insurgencia local y que el movimiento campesino había pasado a ocupar el lugar de las en otro tiempo combativas organizaciones de los mineros y trabajadores de la COB, con lo que un nuevo protagonista estaba surgiendo con una fuerza asombrosa.

Los movimientos indígenas eran la vanguardia y recurrían a las estrategias de una resistencia cultural de más de 500 años. La creatividad de esas estrategias desconocidas era inmanejable para el poder en las sombras. Fue en esos tiempos en que altos funcionarios estadounidenses comenzaron a visitar a los países vecinos para tratar de contener o al menos disciplinar el imparable ascenso político de Evo Morales en Bolivia.

En 2004 estaba en el aire el tema de la inmunidad y Washington amenazaba con mantener congelada la ayuda militar, como una forma de presión entre otras. El 22 de enero de ese año, el embajador David Greenlee, quien había reemplazado a Rocha, advertía que, mientras el Congreso no ratificara el convenio de inmunidad para las tropas de Estados Unidos, la ayuda militar continuaría suspendida. “Estamos en un nuevo año fiscal, en este momento no estamos en la posición de cooperar en todo sentido bilateralmente con Bolivia en cuanto a la parte militar. Podemos hacer ciertas cosas, pero no podemos más sin la ratificación del Tratado”, dijo Greenlee.54 El acuerdo se había firmado en mayo de 2003, pero debió ser ratificado por el Congreso antes de comenzar enero de 2004, lo que no se había logrado.

Greenlee era un viejo conocedor de Bolivia, había estado antes en los Cuerpos de Paz —típica cobertura de contrainsurgencia y espionaje de la CIA— y como diplomático en ese país.

En marzo de 2004 hubo denuncias de congresistas acerca de un encuentro con Greenlee, quien demandaba la aprobación del Tratado de Inmunidad. Algunos parlamentarios consideraron un error de varios partidos haber aceptado esa reunión, el defensor del pueblo Waldo Albarracín envió una carta al presidente del Parlamento Hormando Vaca Diez (del MIR) pidiendo que ese acuerdo de inmunidad fuera archivado porque solo favorecería la impunidad internacional.

Nuevamente se volvieron a utilizar las negativas de visa por parte de la embajada para estudiantes bolivianos y otros viajeros. La severa presión y también el reparto de dinero entre legisladores, hicieron posible que el senado ratificara en mayo el convenio de inmunidad firmado por Sánchez de Losada.

Pero en diputados nada era fácil. Había un rechazo generalizado que además se multiplicaba por la fuerte repulsa popular. El pueblo boliviano conocía muy de cerca esa presencia militar extranjera: y sectores campesinos habían sufrido asesinatos, robos, torturas, violaciones, por parte de las tropas ocupantes.

Todo eso estaba en la agenda de las movilizaciones en Bolivia. Las denuncias en esos días en diputados advertían, por una parte, que la inmunidad abriría la puerta a una intervención militar. Mientras tanto, el MAS demandaba que una discusión sobre este tema debía darse de cara al pueblo, con presencia de todos los medios de comunicación.

Nunca como en esos días se habló desde diversos sectores de la injerencia de Estados Unidos y de la CIA en Bolivia. “Sí, siempre ha habido que consultar a la embajada para saber quiénes iban a ser ministros y viceministros en Bolivia” confesaba el diputado Hugo San Martín, del MNR en un reportaje al diario El Deber de Santa Cruz.55

Wilmar Cardozo, del MIR, también afirmó que tanto en el ámbito político como económico “Bolivia no es independiente” y que “cualquier política económica que se aplique hay que consultarla a Estados Unidos”.56 Contó además cómo Washington había doblegado al ex presidente Jaime Paz Zamora para que apoyara a Sánchez de Losada e impedir que Morales pudiera llegar a la presidencia en 2002: “Con toda franqueza voy a hablar. Todos los que pretendían entrar al gabinete, de acuerdo con la información que manejábamos, tenían que pasar por la Embajada, para ver si ellos tenían problemas con Estados Unidos”.

Morales llevaba adelante una lucha sin descanso y el debate hacía crecer la indignación popular, al tomar cada vez más conciencia de la dependencia de Bolivia. “El poder directo de Estados Unidos se concentra más en algunos espacios territoriales del país. Por ejemplo, en la base militar de Chimoré (Chapare) la embajada norteamericana tiene una oficina desde donde maneja la lucha contra las plantaciones de coca”, decía en el reportaje Hugo San Martín. En realidad, tenían una base dentro de otra y había tropas y agentes en toda esa zona y en diversos lugares del país. “En Chapare no puede aterrizar ninguna nave si no es con autorización de Estados Unidos. Similar situación ocurre en el aeropuerto del trompillo en Santa Cruz, donde funciona una base militar con ayuda del país del norte”, añadía el periódico.

Por su parte, Carlos Romero, director del Centro de Estudios Jurídicos y de Investigación Social, (CEJIS), sostenía en una nota de opinión que acompañaba el reportaje citado: “La injerencia de Estados Unidos en Bolivia va más allá de condicionar los puestos ministeriales, sino del propio ejercicio de cargos políticos en los partidos. Hay un control directo de la jerarquía estatal (...) La injerencia norteamericana en asuntos internos tiene una derivación directa de la instauración de relaciones de dominación en el contexto internacional a partir del monopolio económico. También el poder político emerge del control estratégico de las principales fuentes de recursos naturales”.

Al recordar que el embajador Rocha había intervenido públicamente advirtiendo a la población que no debía votar por Morales, el parlamentario del MAS, Gustavo Torrico, consideró que “Estados Unidos es como el gerente general de nuestro país y en Bolivia solo hay una especie de Procuraduría”.

El tema de la inmunidad debatido públicamente tuvo un efecto importante: instaló el debate de la injerencia en un período de emergencia popular. En diciembre de 2004 las presiones y gestiones de Greenlee no habían logrado que los diputados votaran el acuerdo.

Hasta la Iglesia intervino en este caso en voz del arzobispo de la Ciudad del Alto, monseñor Jesús Juárez quien habló de “chantaje” al conocer que Estados Unidos amenazaba con cortar los fondos provenientes de la Cuenta del Milenio. Esta declaración surgió cuando el gobierno de Carlos Mesa admitió que había realizado gestiones ante el Congreso para la aprobación del acuerdo.

“Cuando hay solidaridad entre pueblos, la ayuda es incondicional. No tiene que estar sometida a nada” dijo Juárez en La Prensa de La Paz.57

Fue en esos momentos que Evo Morales propuso desde Cochabamba una convocatoria a un referéndum nacional para decidir sobre el tema de la inmunidad para las tropas norteamericanas.

Actividades y presiones de EE.UU.

Para enero del 2005 ya todo estaba perdido para los Estados Unidos. El tratado no había podido pasar por Diputados y en encuestas públicas casi el 60 por ciento de los bolivianos consideraba mala la elección de Bush y a otro 22,89 por ciento no le importaba.

En Bolivia, Bush solo lograba el visto bueno de poco más del 17 por ciento. Y en estas cifras hay que señalar que no se encuestaban las vastas zonas campesinas. Esto daba cuenta de cómo habían perdido Bush, su embajada y sus agentes, la guerra sucia cotidiana para sacar del camino a Morales o para imponer sus proyectos.

Pocos han analizado esta flagrante derrota del mayor poder del mundo a manos de un pueblo que, en las calles y carreteras, se había ganado el derecho a disputar su lugar a la vieja política. En febrero de 2005, Bolivia llamaba a otros países a unirse en una gestión diplomática colectiva ante una reunión de cancilleres de la Comunidad Andina de Naciones (CAN) que se realizó el 18 de ese mes en Lima, Perú, después de que el gobierno de Bush anunciara la reducción en 2006 de los recursos para la lucha antidrogas en los países andinos, exceptuando Colombia. Para Bolivia significaba un recorte de 11 millones de dólares.58

El embajador Greenlee aseguraba que esa medida no respondía a ningún acontecimiento en Bolivia, pero recordaba que el Congreso no había aprobado el convenio de inmunidad para las tropas. La presión aumentaba desde Washington porque el gobierno había acordado con los cocaleros no erradicar 3320 hectáreas, mientras se realizaba un estudio sobre el mercado legal de la coca.

Washington había apresurado sus gestiones en los primeros días de marzo ante la decisión del presidente Carlos Mesa Gisbert de renunciar al gobierno, y llamaba a un “consenso nacional” en Bolivia. El Congreso no aceptó esa primera renuncia.

Cada palabra de los funcionarios estadounidenses se convertía en sal. Lo peor que podía hacer Estados Unidos era “recomendar” algo en Bolivia. Las máscaras habían caído ante la furia de un pueblo.

Precisamente en marzo de 2005, el secretario de Defensa de Estados Unidos, Donald Rumsfeld, realizó un viaje especial para consultar con gobiernos de la región después de manifestar que Bolivia y Venezuela desvelaban a su gobierno. Fue el tema en las entrevistas con sus pares de la región. El periódico Opinión de La Paz, sostenía que Estados Unidos había puesto en movimiento a sus peones en América Latina para enfrentar a los movimientos populares que ganaban terreno y llegaban al poder en el continente.59

El nuevo director de la CIA Porter Goss, habló en el Congreso de los potenciales focos de inestabilidad en la región, advirtiendo a los parlamentarios la necesidad de prestar atención y “proporcionar la mejor información posible que podamos sobre lo que está ocurriendo, de modo que se adopten políticas y programas que encaren esos asuntos”. Planteó entonces que los procesos electorales en varios países latinoamericanos crearon potenciales focos de inestabilidad al triunfar partidos de izquierda.

La guerra fría había retornado fuertemente. Entre esos países potencialmente inestables estaban Venezuela, Bolivia, Brasil, México, Ecuador, Colombia y otros. No era coincidencia que la CIA informara esto ante el Comité de las Fuerzas Armadas del Senado, advirtiendo que estas situaciones de focos de inestabilidad, como le llamaban a los países donde mayoritariamente los pueblos habían elegido presidentes ajenos o más remisos a girar en la órbita de dominación de Washington, mantenían en alerta al Departamento de Estado, al Pentágono, a la CIA, al FBI.

Desde Washington se informaba sobre la amplia agenda del enviado a América latina, donde no solo se contemplaba presionar para la unificación de los ejércitos sureños, sino también reiterar el pedido de inmunidad para las tropas de Estados Unidos, lo que en todo caso siempre facilitaría una intervención militar.

En esos momentos Irak se había convertido en una pesadilla para la Casa Blanca, después que Bush anunciara a fines de 2003 que “ya se había terminado la guerra”. En América Latina, por primera vez había una serie de gobiernos desafiantes y un proceso de integración, el más avanzado que se hubiera logrado en todos los tiempos.

La mano de la CIA estaba alimentando el caos, solo que comenzaban a moverse con cautela ante advertencias de que si creaban una crisis podía resultar inmanejable. Fueron tormentosos los tiempos de 2004. En abril de ese año, la embajada estadounidense negó —provocativamente— la visa de ingreso a ese país a uno de los escritores contemporáneos más importantes de Bolivia, Néstor Taboada Terán.

Esto hizo reaccionar a la Sociedad de Escritores, que reclamó en una carta a la embajada donde calificaron como incomprensible esa actitud.

Taboada Terán ya había estado tres veces en Estados Unidos y en esa ocasión fue como invitado para presentar sus dos últimas obras, de una serie de importantes libros reconocidos en el mundo entero. Estaba invitado por la Universidad de Rhode Island y había recibido numerosos premios en América Latina, Europa y Estados Unidos.

Este hecho daba cuenta del fundamentalismo con que la administración Bush manejaba el tema Bolivia, y permite comprender todos los intentos de 2005 para sacar a Morales del camino a la presidencia, incluso mediante el autogolpe fallido en el caso de los misiles (ver capítulo 4).

En una síntesis de las sobreactuaciones estadounidenses, el 3 de mayo de 2005, la entonces secretaria de Estado Condoleezza Rice, si bien sostenía que el gobierno de Washington apoyaba la continuidad de Mesa —aunque por lo bajo conspiraba con varios elementos golpistas— advertía que la “consolidación institucional en Bolivia y Ecuador puede tomar años, incluso décadas”.60

En este último país el pueblo había derribado, con una fuerte y activa presencia en las calles, al tercer presidente ecuatoriano que traicionaba el programa anunciado, en este caso el ex coronel Lucio Gutiérrez. Esto llevó al ex subsecretario de Estado para Asuntos Latinoamericanos Roger Noriega, a declarar que existía una clase política ecuatoriana irresponsable.61

Hablando en el Departamento de Estado en la Conferencia Anual del Consejo de las Américas,62 Rice mencionó que los retos de la pobreza, la desigualdad y la “fragilidad” de las democracias en la región eran asuntos “reales” y advirtió que esos retos “merecen nuestra atención porque demandarán un esfuerzo sostenido por años, e incluso décadas, para encararlos exitosamente”.63

En el mismo escenario, Rumsfeld advertía que la “inestabilidad” política en Bolivia y Ecuador podían afectar negativamente a la lucha antidroga. Unos días después el investigador y analista Andrés Solís Rada advertía sobre la llegada a Bolivia del funcionario estadounidense Charles Shapiro, en los mismos momentos en que Michael Falcoff, asesor del ex empresario petrolero y vicepresidente norteamericano Dick Cheney, decía en su país públicamente que Bolivia “iba a ser barrida del mapa”.

En esos momentos llegó a Bolivia el presidente de México, Vicente Fox, como representante del Tratado de Libre Comercio de su país con Canadá y Estados Unidos (NAFTA, en sus siglas en inglés) para demandar la venta de gas de Bolivia, dentro de una serie de acuerdos binacionales de la más diversa índole.

La idea de llevar gas a México, vía Chile con destino final a Estados Unidos desataría en Bolivia la guerra del gas.

Mesa, que tuvo un fuerte respaldo en sus comienzos, intentó equilibrios insostenibles e irreales. En poco tiempo, aunque tomó algunas medidas débiles, quedó atrapado entre dos fuegos. El tema de los hidrocarburos y otros como el de la Asamblea Constituyente fueron inmanejables en sus manos.

Grandes protestas populares

En mayo y junio de 2005 la protesta popular indígena estaba en las calles con fuerza inusitada, reclamando la agenda de octubre. El bloque cívico dominante y la activa dirigencia de Santa Cruz, apoyada por la inteligencia de Estados Unidos, instalaba el tema autonómico, debilitando al máximo la Asamblea Constituyente.

Se le exigía a Mesa la puesta en marcha de la autonomía. Pero ya el plan estadounidense después de dos intentos de renuncia de Mesa, era dejarlo ir y habían preparado —contando con un Congreso Nacional manejado por la mayoría derechista— un recambio favorable a Washington.

Carlos Mesa Gisbert fue presidente de Bolivia desde el 17 de octubre de 2003, cuando como vicepresidente de Sánchez de Losada asumió el gobierno, ante la virtual huida de este y se mantuvo haciendo complejos malabarismos hasta el 6 de junio de 2005. En esa fecha renunció en forma definitiva en medio de una severa crisis; el país estuvo ante otra nueva posibilidad de un golpe.

La maniobra fue llevar al Congreso a sesionar en Sucre y elegir allí el nuevo gobierno, lejos de la presencia popular en las calles.

Estados Unidos, después de los golpes a ciegas que había dado en los últimos tiempos tramó que, recurriendo a la aplicación de la Constitución boliviana, resultara elegido el presidente del Senado Hormando Vaca Diez.

El segundo en sucesión era Mario Cosió, luego prefecto de Tarija. Numerosas acciones de repudio popular contra Vaca Diez y su involucramiento en las maniobras de la embajada estadounidense lo hacían inaceptable para la población. La idea de la reunión en Sucre era elegir un lugar donde no los alcanzara la intensa movilización social. Todo estaba preparado, cuando miles de mineros cooperativistas y otros movilizados impidieron que esto sucediera, derrotando una vez más a Estados Unidos.

Vaca Diez terminó huyendo desde el sitio de sesión del Congreso en Sucre a una unidad militar en El Tejar.

El diputado Evo Morales dijo en esas horas que “lamentablemente por una actitud tan cobarde del presidente del Congreso Nacional, Hormando Vaca Diez, la sesión se ha suspendido y acaba de escapar hacia un cuartel de las Fuerzas Armadas acá en Sucre. Desde las 4 y media de la tarde pidió auxilio al ministro de Gobierno para escapar de Sucre después de hacer acribillar a un compañero minero”, subrayó el combativo diputado.

La vital sesión que debía pronunciarse sobre la renuncia de Mesa se suspendió luego de que centenares de mineros y campesinos irrumpieron en la plaza central de Sucre, pese a la fuerte vigilancia policial.

El clima para la sesión legislativa comenzó a enrarecerse por la muerte del minero Carlos Coro Mayta, asesinado por el ejército en un poblado, a 35 km de Sucre.64

No solo Vaca Diez huyó cobardemente; también lo hicieron varios diputados.

El 9 de junio, el diputado Gonzalo Muñoz del MAS anunciaba que habían suspendido la sesión sin fijar un nuevo lugar y hora. “Ya mataron a un hermano nuestro. Ahora (Vaca Diez y Mario Cossio, presidente de Diputados) se están reuniendo con sus bancadas. Se necesita citar a una nueva reunión de urgencia, porque no se puede dejar al país así”, advirtió el diputado.

Asustado por la presencia popular, Vaca Diez pidió una avioneta para salir de Sucre, mientras los enfrentamientos entre fuerzas policiales y manifestantes continuaban. Los manifestantes pedían la nacionalización de los hidrocarburos y la renuncia de Vaca Diez.

La muerte del minero, literalmente fusilado por los represores, aumentó la indignación de los movilizados que sitiaron la carretera y el aeropuerto de Sucre para evitar la fuga de los parlamentarios. Los que habían decidido que Vaca Diez fuera a Sucre argumentado que La Paz estaba sitiada por el pueblo quedaban sin argumentos.

El Departamento de Estado norteamericano seguía fracasando otra vez en su estrategia desde el momento en que habían intentado que Mesa llamara a elecciones para ser sustituido. Esta “salida” también fue alentada y financiada por empresarios chilenos en el intento de controlar el negocio del gas natural en Bolivia. El objetivo era promover el retorno de Jorge “Tuto” Quiroga y el partido PODEMOS, financiado por las fundaciones de la CIA.

La mano negra de la injerencia había convertido a Bolivia en un polvorín. La embajada había entrado de lleno en la campaña mediante fuertes presiones locales e internacionales, a pesar de que era evidente que había perdido toda posibilidad de influir en un país que manejó a su antojo durante casi todo el siglo XX y lo que iba del XXI.

Estados Unidos fracasa otra vez

El rechazo popular a Vaca Diez y a Cosió era tan definido que no hubo forma de concretar el plan estadounidense, y se recurrió a quien seguía en sucesión, el presidente de la Corte Suprema Eduardo Rodríguez Veltzé. El fracaso provocó la furia de Roger Noriega y de su antecesor, el viejo halcón Otto Reich.

En la dinámica de los acontecimientos de entonces y en el resumen de este relato podemos advertir que el pueblo boliviano en las calles de ese país había propinado una serie de increíbles derrotas a todos y cada uno de los planes de Estados Unidos. Esta es una historia aún no contada en toda su intensidad.

Para algunos historiadores, octubre no fue solo la victoria del pueblo sobre un presidente impuesto claramente por Washington y que gobernó con soberbia y autoritarismo, ordenando represiones que culminaron en masacres. Era el triunfo de un pueblo contra el modelo neoliberal que había intentado reinstalar a sangre y fuego Sánchez de Lozada y que en los últimos veinte años acrecentó las injusticias y exclusiones. Fue una acumulación histórica que allí estalló. Atrás quedaba ese gran ejercicio de las masas populares que había sido la guerra del agua y desde ese momento la imparable presencia de ese cabildo permanente del pueblo en las calles. “Sin la guerra del agua en Cochabamba, la movilización contra la exportación de gas habría sido impensable”.65 Además, la historia se repetía; en el cerco de La Paz regresaba el pasado de la mejor lucha anticolonial. En 1781 Tupac Katari y su esposa Bartolina Sisa cercaron La Paz para tomar el control territorial en la lucha contra el imperio español.

Durante todo el tiempo que duró la puja por imponer a su hombre en la presidencia de Bolivia, Estados Unidos lanzó diversas amenazas, además de sus fracasadas maniobras golpistas.

En julio de 2005 ya autorizaba a su personal diplomático y sus familias a evacuar Bolivia, salvo a los que fueran “imprescindibles”. De la misma manera, puso en alerta a sus ciudadanos para que trabajaran como espías, ante la “prolongada situación de inestabilidad”.

Washington había intentado, sin lograrlo, crear en la Organización de Estados Americanos (OEA) un grupo para monitorear las democracias en América Latina en casos como el de Bolivia. Pero encontró el cerrado rechazo de Venezuela y otros países especialmente del Cono Sur. Bush no tuvo más remedio que aceptar el hecho de que sus elegidos no habían podido ser elevados a la presidencia. Y alentó a Rodríguez Veltzé a llamar a elecciones rápidas. Algunos analistas como Michael Shifter, del Centro de Estudios de Diálogo Interamericano, advertían que “Estados Unidos debería mantener un papel de bajo perfil, discreto, pero en la medida de lo posible debe apoyar a actores que busquen una salida democrática a la crisis”. Incluso advertía que un “papel más activo de Washington puede ser totalmente contraproducente”.66

En el mismo sentido se expresaba Roiodan Roettm, analista de la Universidad John Hopkins, quien advertía que poco podía hacer Estados Unidos ante esta situación ya que “es visto como parte del problema y no como la solución”.67

Sin embargo, Otto Reich, el inefable ex jefe de la diplomacia estadounidense para la región, seguía en sus trece: “Sudamérica está bajo el ataque de la izquierda violenta” que, según él, financiaba el presidente venezolano Hugo Chávez “con el asesoramiento estratégico de Fidel Castro”. Y en ese sentido dijo que los que continuaban a Mesa en la línea constitucional no habían podido acceder al cargo por “la presión en las calles de manifestantes liderados por Evo Morales. ¿Quién eligió a Morales como árbitro de la Constitución boliviana?”,68 se preguntó con sarcasmo.

Además lo acusó de recibir financiamiento de Chávez y a este de la crisis. Las sucesivas derrotas no le habían enseñado nada a Reich, que después tuvo que resignarse a que Morales llegara a la presidencia con un apoyo mayoritario. Ni siquiera escuchó las voces en su propio país. Shifter definió con claridad de qué se trataba el asunto en Bolivia: “la calle es otro poder, como el Poder Judicial, el Ejecutivo y el Legislativo”69 dijo, en una clara definición de lo que realmente sucedía en el país. Medios nunca considerados de izquierda advertían sobre la marcada injerencia en esos días.

El periódico Opinión,70 en una nota de la diputada del MIR Érica Brockman, recordaba que Estados Unidos era el segundo país detrás de Brasil al que más exportaba Bolivia, y que existían solo en Santa Cruz más de dos decenas de empresas estadounidenses de todas las que estaban en territorio boliviano. “Pero también es una de las naciones que más intervienen en las decisiones internas de Bolivia. Creo que el poder que tiene Estados Unidos y su palabra omnipotente, deberían ser ejercidos con mayor responsabilidad, con mesura suficiente y respeto a la libertad que existe para que los pueblos también empiecen a respetarlo y a no oponerles tanta resistencia.

En realidad, Brockman “aconsejaba” a Estados Unidos mayor mesura y responsabilidad, pero lo suyo no era precisamente una demanda a favor de la soberanía de su país, aunque reconocía la dura injerencia.

Mientras otros legisladores advertían sobre la intervención directa y evidente de Washington en la crisis y cómo esto condicionó, incluso, al presidente de transición Rodríguez Veltzé, quien había asumido debilitado al máximo y prácticamente fue demolido por el robo de los misiles durante su corta administración.

Todos lo estaban viendo así, pero el fundamentalismo de los halcones de Bush no les permitía razonar sobre lo que se estaba actuando y sobreactuando en Bolivia. Además, se agitaba la idea de la instalación de una base militar de Estados Unidos, que siempre fue rechazada por los sectores combativos del país.

En esos momentos el diputado del MAS Antonio Peredo sostuvo que militares estadounidenses habían ingresado al país años atrás sin permiso del Congreso para trabajar en un centro de entrenamiento de las Fuerzas Armadas en Sanandita.71 Lo cierto es que hubo cantidad de intentos de instalar bases, aunque las tropas norteamericanas y las agencias gubernamentales de Washington tenían no solo suficiente infraestructura, sino también bajo su control a las Fuerzas Armadas, policiales y de seguridad de Bolivia, como se vio claramente en actuación de la DEA. “Para nosotros, todo es muy claro. El plan que tiene Estados Unidos es el de instalar mecanismos de control en toda América Latina; por supuesto Bolivia es una región particularmente estratégica por el lugar geográfico que ocupa y por los recursos naturales que tiene”.

41. La Prensa, La Paz, 18 de febrero de 2002.

42. Ibídem op. cit.

43. La Prensa, 14 de julio de 2002

44. Sivak, Martín, op. cit.

45. Informe de la Confederación de Pueblos Indígenas de Bolivia (CIDOB), archivos Centro de Investigación sobre Terrorismo de Estado y Estrategias de Dominación (CETEDO), Buenos Aires, Argentina, 2006

46. Ibídem op.cit.

47. Resumen: Investigación de la autora. Archivos periodísticos de Centro de Documentación e Información-Bolivia Área Servicio de Información Ciudadana (CEDIB).

48. Sivak, Martín, op. cit.

49. Previamente había ocupado el cargo de Coordinador Especial del Departamento de Estado para Haití. Con anterioridad, entre 1996 y 1997, fue jefe del Grupo de Monitoreo Israel-Líbano. Entre el 95 y el 96 ejerció como consejero político del Comando Sur con sede en Panamá. Su relación con Bolivia data de los años 60, cuando sirvió como voluntario del Cuerpo de Paz en el altiplano boliviano, antes de partir a Vietnam. Fue experto en operaciones encubiertas compartiendo experiencias con uno de los jefes del Comando Sur, Gary Speer, y Otto Reich, que fue subsecretario del Departamento de Estado para Asuntos Hemisféricos en América Latina durante el gobierno de Bus. Era la segunda vez después de los años 80 que ocupaba la embajada de Bolivia.

50. Documento desclasificado de Estados Unidos.

51. Documento de archivos. Investigación de la autora.

52. Stella Calloni. Investigación para sus notas del periódico La Jornada, México, año 2003.

53. Entrevista con el testigo (de identidad reservada), realizada por la autora en Bolivia en 2008.

54. La Prensa, La Paz, 22 de enero de 2004.

55. El Deber, Santa Cruz, 4 de julio 2004.

56. Ibídem op. cit.

57. La Prensa, 23 de diciembre de 2004.

58. La Razón, 10 de febrero de 2005.

59. Opinión, La Paz, 2 de marzo de 2005.

60. La Razón, 4 de mayo de 2005

61. Ibídem op. cit.

62. El Consejo de las América fue creado en 1965 para promover supuestamente el debate de temas latinoamericanos, pero como una rueda de informes especiales para los servicios de Inteligencia de Washington y para evaluar a los gobiernos de la región.

63. La Razón, 4 de mayo de 2005.

64. Carlos Coro Mayta fue asesinado por un impacto de bala dentro del bus que transportaba a la caravana de los cooperativistas mineros que se dirigía de Potosí a Sucre. El bus fue interceptado y gaseado por miembros de las fuerzas de seguridad del Estado.

65. Moldiz, Hugo, Bolivia en los tiempos de Evo, Editorial Ocean, Buenos Aires, 2008.

66. La Razón, 11 de julio de 2005

67. Ibídem, op. cit.

68. Ibídem, op. cit.

69. Ibídem, op. cit.

70. Opinión, 4 de julio de 2005.

71. El Diario, 11 de julio 2005.

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