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Elige Solo el Amor
Libro IV Sabiduría
Sebastián Blaksley

Legales
Elige solo el amor
Libro IV: Sabiduría
© de los textos: Sebastián Blaksley, 2019
© de esta edición: Editorial Tequisté, 2021
Coordinación editorial: M. Fernanda Karageorgiu
Corrección: Noelia González Gerpe
Colaboración en corrección: Coralie Pearson
Diseño gráfico y editorial: Alejandro G. Arrojo
1ª edición: febrero de 2021
Producción editorial: Tequisté
hola@tequiste.com
www.tequiste.com
ISBN: 978-987-4935-18-2
ISBN: 978-987-4935-68-7
Se ha hecho el depósito que marca la ley 11.723
No se permite la reproducción total o parcial de esta obra, ni su tratamiento informático, ni su distribución o transmisión de forma alguna, ya sea electrónica, mecánica, digital, por fotocopia u otros medios, sin el permiso previo por escrito de su autor o el titular de los derechos.
LIBRO DE EDICIÓN ARGENTINA
Blaksley, Sebastián
Elige solo el amor : libro 4 : Sabiduría / Sebastián Blaksley. - 1a ed. - Pilar : Tequisté. TXT, 2021.
Libro digital, EPUB
Archivo Digital: descarga y online
ISBN 978-987-4935-68-7
1. Espiritualidad Cristiana. 2. Religiones. 3. Misticismo Cristiano. I. Título.
CDD 248.4
Un mensaje de Sebastián
El amor incluye todo lo que somos. Desde nuestra realidad humana nos puede llevar más allá de nuestras ideologías, culturas, educaciones, personalidades y creencias, hacia lo que no puede ser expresado en palabras porque está más allá de todo límite. Esta es la razón por la que, en esta oportunidad, los ángeles expresan su amor universal utilizando símbolos concretos. En mi caso, los propios de una persona laica, devota del siglo XXI, nacida en Argentina y con educación católica. Sin embargo, durante las manifestaciones, se entiende con claridad que el amor es universal y su voz va dirigida a todos y todo. El amor no hace excepción de personas. Es siempre inclusivo.
Sé, por lo que escucho, veo y experimento, que los mensajes recibidos son para todo el mundo e incluso para todos los tiempos, a pesar de la dificultad que a veces experimentamos por causa de la limitación de las palabras humanas, las cuales pueden separar, a pesar de que están ahí para explorar y unir.
Espero de todo corazón que todos se sientan incluidos dentro del abrazo del amor de Dios, expresado de un modo particular en estos mensajes del cielo, no para que se entiendan estos escritos como especiales ni como un puerto de llegada, sino como un trampolín o puerto de salida desde el cual nos animemos cada día más a expresar con nuestra voz particular el amor divino que vive en nosotros. En otras palabras, dar a conocer esa parte del amor que solo cada cual puede manifestar.
Si somos capaces de entender las palabras y símbolos de esta obra como medios y no como un fin, y recibimos estos mensajes con el corazón y no con la mente pensante, podremos ir, más allá de los símbolos, hacia el amor que los suscita y comenzaremos a recordar a nuestro primer amor, es decir a Dios.
Tal como Jesús lo ha dicho en el capítulo 1 del libro 5 titulado “La dulzura del amor”:
...Antes de seguir adelante por el camino de la dulzura del amor, es importante que recuerdes que los nombres, al igual que las palabras, no tienen un significado propio en relación con el reino de la verdad divina. Sin embargo, en el plano de las percepciones, los nombres pueden significar mucho, al igual que las palabras. No te olvides que el amor no tiene palabras.
En esta obra se han utilizado deliberadamente nombres con un alto contenido emocional y dotados de muchos significados a los largo de siglos. Nombres tales como Jesús, María, Espíritu Santo, Dios, y muchos otros pueden ser signos de contradicción.
No podemos escapar a las leyes de la percepción mientras se viva en ella. Tampoco hay por qué hacerlo. El amor de Dios no se salta nada de lo que hayas creado en tu mundo. Más bien se une a ello y, desde esa unión, lo transforma junto contigo en medios eficaces para que la verdad que está más allá de toda palabra brille libremente.
Esta obra no busca prosélitos ni seguidores. Tampoco busca evangelizar o compartir una sabiduría que otros no conocen. Si esta fuera la meta, esta obra carecería de sentido porque intentaría enseñar lo que todos saben: el amor.
Se han elegido los nombres que se eligieron y el contexto que se eligió para que esta obra salga a la luz por múltiples razones, muchas de las cuales exceden el propósito de estos escritos. Sin embargo, hay una razón que es esencial a la meta de la sanación de la memoria y el refuerzo de tu verdadera identidad...
Estos escritos son una carta de amor de Dios, el padre, para sus hijas e hijos bien amados. Va dirigida a la sanación de la memoria para que, una vez sanada resplandezca en nosotros el recuerdo de un amor que no tiene principio ni fin: el amor de Dios, en cuyo centro vive nuestro ser.
Cómo se originó
El 3 de octubre de 2018, súbitamente una presencia que era todo amor, y cuya magnificencia, belleza y benevolencia no se pueden describir, vino a mí de un modo que nunca había experimentado. Se presentó diciendo: “soy la medicina de Dios”. Se me dio a entender con perfecta claridad que era el Arcángel Rafael en toda su gloria. Me dijo que orara una oración en particular durante nueve días. También me dictó las intenciones por medio de inspiración interior. Así lo hice. La oración consistía en rezar cinco Padrenuestros, cinco avemarías y cinco glorias, tal como estas oraciones son descriptas en la Iglesia católica, a la que pertenezco.
El día 13 de octubre, al día siguiente de finalizar la novena de oración, comencé a recibir la visita gloriosa de un coro de incontables ángeles de Dios, cuyo amor y belleza son indescriptibles. En el coro viene una voz, que es la de Cristo, la cual es expresada en una forma inefable.
La voz se hace imagen y se muestra en símbolos visibles para el espíritu. Lo visto luego es puesto en palabras escritas y grabado por mi voz humana, para que también quede plasmado en la palabra dicha. Cada sesión viene a mí de esa manera. La secuencia es la siguiente: recibo las imágenes que el coro presenta, luego el coro se retira, los arcángeles Rafael y Gabriel quedan como custodios, o presencias amorosas, hasta que es transcripto el mensaje o la sesión en cuestión.
El glorioso arcángel Rafael es quien guía la transcripción, permitiendo que se reciba el mensaje y que lo mostrado se pueda pasar de imagen a palabra. El arcángel Gabriel es custodio amoroso de todo lo que atañe a la obra; no solo en referencia a la manifestación en sí y a los escritos, sino a todo lo que de ellos surge y surgirá.
Los mensajes, o sesiones, me son mostrados como en un cuadro de gran belleza en el que cada forma (que no tiene forma) es en sí una voz, un “sonido-imagen”. Es como el tañido de un arpa que se hace palabra. Este es una vibración de música celestial cuya frecuencia no es como la de los sonidos del mundo. Es una especie de “vibración- frecuencia” que el alma conoce perfectamente bien y que con perfecta certeza reconoce como la voz del cordero de Dios. Una vez que todo es transcripto, en palabras escritas y dichas, entonces el coro se presenta en toda su gloria una vez más, como si vinieran a buscar a los santísimos arcángeles Rafael y Gabriel, y todos juntos se retiran cantando un hosanna al Cristo de Dios.
Ese hosanna cantado por el coro de ángeles es un majestuoso canto de alabanza y gratitud al creador, por el misterio infinito de amor que es la segunda venida de Cristo. Es un preludio de su venida. Si los hombres fuéramos capaces de comprender, en toda su magnitud, el inefable misterio de amor que significa la segunda venida de Cristo, cantaríamos eternamente las misericordias de Dios en unión con los ángeles y toda la creación.
Durante las visiones, en ciertas oportunidades, me son mostrados textos de otros tiempos, algunos de los cuales nunca había conocido. Ellos encierran dentro de sí una sabiduría que no es del mundo. En particular me han sido mostrados los escritos de la Bhagavad Gita, Santa Teresa de Jesús, la sabiduría sufí expresada por medio de los textos de Rumi, así como pasajes específicos del Antiguo y Nuevo Testamento. Todo ello unido a su significado. Lo que me fue mostrado está reflejado en esta obra. De este modo, la revelación desea expresar que la sabiduría es una y que es la misma voz de Cristo la que se expresa en toda manifestación en la que ella es plasmada, a lo largo de los siglos, sin importar el contexto cultural, religioso o mental de quienes reciben la revelación. En otras palabras, lo que se pretende expresar es que somos una sola mente, un solo corazón, un solo ser, unidos en la verdad.
Cuando el Arcángel Rafael se hace presente en mí y comienza el proceso de traducción de las imágenes y símbolos a palabras escritas, mi voluntad es fundida en una sola voluntad con Él. Somos una misma y única voluntad. No hay un tú y un yo. Y, sin embargo, aún en esa unidad existe la consciencia de que yo soy yo, y Él es Él. Dos personas, una misma voluntad, una misma consciencia de ser, un único propósito santo. La mente pensante queda silenciada en esta absorción de mi ser en el Ser de todo ser verdadero, el cual compartimos como una unidad. Mi consciencia y la suya se hacen una. Lo que la voluntad una dice que se haga, se hace. No existe distancia entre el hágase y su efecto. El resto de mi humanidad responde con docilidad. No hay resistencia. Solo existe un fluir de palabras que vienen desde la Mente de Cristo, como si se tratara de un manantial que fluye desde la cima de un monte. Este torrente de gracia hecho palabra es el que mueve las manos con una velocidad y precisión que superan ampliamente a las que se experimentan en lo que podría denominarse como escritura ordinaria. El alma queda extasiada de amor y con un único deseo, el de permanecer por siempre fundida a su Cristo amado, ser de su ser y de todo ser verdadero.
En los casos en que la mismísima virgen María o Jesucristo se hacen presentes en su persona humana y divina, y se comunican en forma directa, el coro de ángeles del cielo y toda la creación quedan enmudecidos de amor. Un silencio que es sagrado y de pura expectación rodea sus presencias benditas, por decirlo de algún modo. Los ángeles inclinan sus cabezas, fijando sus miradas hacia abajo y quedan arrobados en un éxtasis de amor, veneración y contemplación. Nada ni nadie se atreve, ni puede, interrumpir el silencio santísimo en el que el universo queda sumergido ante la soberana presencia de María y de Jesús, cuando le hablan en forma directa a nuestras almas. Esto se debe a que ese espacio de dialogo, entre Cristo y el alma, es un espacio inviolable. Es el templo sagrado de la intimidad del alma con Dios.
Durante las manifestaciones, todo mi ser experimenta una gran paz y alegría. Es como si fuera abrazado por el amor universal. Al finalizar la misma, el cuerpo manifiesta un gran cansancio. Pareciera que le cuesta sostener la energía que recibe. La parte de la manifestación que incluye al coro de ángeles, la voz y las imágenes, es algo que ocurre en cualquier momento, lugar o circunstancia. Sin embargo, la transcripción de los símbolos recibidos en palabras escritas y luego dicha ocurre cuando puedo ponerme a disposición para hacerlo. Puede ser en forma inmediata o varios días después.
El mensaje principal de esta obra podría resumirse de la siguiente manera: ha llegado el tiempo de una nueva humanidad. Una humanidad que está lista para que manifieste en cada uno de nosotros al Cristo viviente. Somos Cristo. Esta es la verdad acerca de nosotros, aunque nos percibamos de un modo diferente. Ya estamos preparados para poder vivir la vida en la certeza que dice: ya no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí. Ayudarnos a hacer real esta verdad en nuestras vidas, aquí y ahora, es de lo que se trata esta manifestación. Todo el cielo nos ayudará en este santo propósito, pues es en sí el segundo advenimiento.
Espero de todo corazón que quienes reciban esta manifestación se dejen amar cada día más por Dios, y de esa manera sean transformados por la belleza de un amor que no tiene principio ni fin.
Descripción de las manifestaciones
Cuando los arcángeles vienen, vienen sin alas. Son como personas (personas humanas) con túnicas. La túnica de San Rafael es verde y el borde de la túnica es dorado, la de San Gabriel es rosa, casi blanca, con el borde amarillo. Todas las túnicas son majestuosas, como si estuvieran hechas de una seda muy preciosa.
Las caras son alegres, radiantes, con una piel amarillenta muy clara y todos tienen el pelo largo hasta el hombro, como si fueran dorados, rubio-dorado... Sus ojos son verdes... Todos tienen características particulares, de modo tal que se identifican muy bien en su singularidad. Sus cuerpos están radiantes de luz en un brillo sereno que genera paz a la vista y un gran sentido de belleza y armonía.
En el coro de los ángeles hay muchos de ellos con túnicas de color rosa claro y azul claro, otros con dorado claro... Todos en colores pasteles, con una luminosidad serena. Algunos tienen túnicas verdes, como si fueran esmeraldas, pero un poco más tenues.
Sorprende la expresión de felicidad permanente. Todo es alegría en ellos, ángeles y arcángeles. Un día me dijeron que irradian felicidad perpetua porque siempre dan alegría.
La presencia de los ángeles está rodeada de luz blanca y majestuosa, como si vivieran en un mediodía eterno de amor y luz que nunca se apaga. Además, la visión se presenta con una canción que es un coro celestial, el cual suena en todos los rincones del universo. Es como el sonido de millones de arpas que suenan al unísono, formando una sinfonía amorosa de gran armonía.
Las vibraciones son de tal cualidad, que calman la mente y el corazón, dando paz a todo el ser. Uno sabe, sin saber cómo, este himno es una especie de himno-oración-alabanza que es canción inmemorial. Es el canto de gratitud de la creación hacia Dios, Padre y creador, por haberla llamado a la existencia. Es la música celestial que el alma ha dejado de escuchar y que cuando regrese a la casa del Padre, recuperará y volverá a oír. Es una canción olvidada y amada por siempre por el alma que ama a su Padre y creador.
Cabe señalar que la belleza inefable de las visiones de los ángeles y los arcángeles, la cual no puede expresarse plenamente en palabras humanas, deja al alma sumergida en un éxtasis de amor y arrobamiento, del cual participa todo el ser. No hay alegría, ni felicidad en la tierra que pueda compararse con este éxtasis que genera la visión de la grandeza, magnanimidad y hermosura de los ángeles y arcángeles.
La inteligencia angélica es de tal grado que supera todo entendimiento del mundo. Sus pensamientos viajan a una velocidad que no se puede describir, incluso más rápido que el pensamiento humano. Sus pensamientos no tienen distorsión de ningún tipo, son pensamiento puro y no hay contradicción de ninguna especie. Todos son caridad perfecta y solo expresan una cualidad de santidad. Así como un relámpago atraviesa el firmamento, tanto más rápido los pensamientos angelicales atraviesan la mente.
La humildad, prudencia y simplicidad son las características centrales de los ángeles, y su mayor alegría es servir. Servir a Dios, sirviendo a toda la creación. Aman a los seres humanos, animales, plantas, piedras, elementos y todos los aspectos materiales e inmateriales de la creación, con un amor y ternura que, cuando se experimenta, es capaz de derretir incluso el corazón más duro. Estoy convencido de que la dureza del corazón procede muchas veces de una falta de experiencia de amor perfecto. Si cada uno de nosotros conociera el amor de Dios, no solamente lloraríamos de felicidad, sino que nos haríamos uno con el amor, y de nosotros brotaría solo amor.
Si bien la belleza y la magnanimidad de las visiones angélicas son inefables, estas son solo un pálido destello en comparación con la magnificencia, grandeza y cualidad inefable de Jesús y María. Nada en el universo se parece a lo que son sus corazones en términos de su realidad indescriptible.
El corazón de Jesús y María son la belleza eterna. Son la hermosura que no puede ser nombrada. Son Dios mismo hecho hombre y mujer. Son la alegría de los ángeles y la veneración de la creación. De ellos brota toda armonía, grandeza y santidad.
Las miradas de Jesús y María derriten todo el universo, por la ternura y el amor que irradian. Sus sonrisas son la pureza en sí misma y de ahí es que brota su hermosura. En su presencia, el alma queda fascinada en un éxtasis de veneración y contemplación que la deja muda. El alma se queda sin palabras y exhala un gemido de alegría que dice algo así, como un “¡ah!”.
Personalmente creo que el cielo consiste en tener la alegría de contemplar eternamente las miradas y sonrisas de Jesús y María.
Espero que se sepa entender algo de lo que intento decir al intentar describir lo indescriptible. Solo digo lo que veo, experimento y escucho. Solo digo que el cielo existe, que Dios existe y que es amor.
Esto es lo que me es dado a ver, oír y entender.
Con amor en Cristo,
Sebastián Blaksley, un alma enamorada
Buenos Aires, Argentina, enero de 2019
Nota aclaratoria
Tal como ha sido transmitido por la voz de la conciencia de Cristo, el mensaje central de la obra, es el siguiente:
«Ha llegado el tiempo de la relación directa con Dios, una relación sin intermediarios, tal como lo era en el origen del tiempo».
En la relación directa con Dios es donde se alcanza la plenitud del ser y, por ende, la plenitud del amor. Esto se debe a que es en Dios donde eres tal como él te creó para ser. Es en la relación directa entre el creado y su creador donde el ser se conoce a sí mismo en la verdad de lo que es. Conocerse a sí mismo, tal como Dios lo conoce, es un anhelo inherente del ser, porque ser y conocer son en verdad uno y lo mismo.
Dado que el amor es relación, puesto que es unión, el amor divino solo puede conocerse en la relación con lo divino, es decir, con Dios. Dicho llanamente, conocerse a uno mismo en la relación directa con Dios es conocer a Dios, fin último de todo ser. Conocer a Dios es tu meta y tu destino.
En la relación directa con Dios es donde descubres, por medio de la revelación, la verdad de lo que eres: el Cristo viviente que vive en ti. Vivir en armonía con este descubrimiento es lo que significa retornar al amor.
Preludio
Un mensaje de la voz de Cristo a través de un coro de ángeles, en presencia del arcángel Rafael y el arcángel Gabriel
Amado del cielo,
Cuanta alegría hay hoy en toda la creación. Es la alegría que todos compartimos al unirnos contigo.
¡Oh, humanidad! Si tan solo os pudierais dar una idea de cuan benditos son estos diálogos de amor divino, y con cuanto amor os amamos los que vivimos en la luz del Cristo viviente, lloraríais de felicidad.
Soy el arcángel Rafael. He venido por designio divino a servir. Os doy las gracias a todos, incluyéndote a ti, escriba del cielo, por permitirme colaborar en vuestras vidas.
He venido ante tu presencia para dar forma, en unión y relación, a este cuarto libro de esta obra milagrosa. Por medio de ella, la sabiduría se extiende al mundo entero. Y nos unimos en espíritu y verdad con todo lo que es santo, bello, perfecto.
Antes de comenzar con las diversas sesiones que formarán parte de este libro, quisiera recordaros que vosotros sois dignos hijos de Dios. Vuestra dignidad es tal, que en vuestro lenguaje humano no se ha podido concebir una palabra que permita definir la grandeza de vuestro ser.
Sois los hijos bien amados de Dios. Sois la humanidad redimida, expresión perfecta de la misericordia divina. Lo que un día fue, ya no es, porque nunca ha sido. Ahora, lo nuevo se hace realidad en vuestro ser. Sois la nueva humanidad renacida en Cristo.
¡Amigo mío! Recuerda que estoy más cerca tuyo que tu propio aliento. Siempre estaré a tu lado, porque tú y yo somos uno. En nuestra igualdad reside la verdad de lo que somos. No soy superior a ti, ni a nadie.
En el reino del amor no existe tal cosa como los conceptos de superioridad o inferioridad. Ninguna idea de separación forma parte de la verdad. Lo que soy, forma parte de ti, tal como tú formas parte de mí, y todos formamos parte del Cristo de Dios. Somos la creación extendiéndose. Somos la unidad del ser.
1
El todo en todo
Un mensaje de la voz de Cristo a través de un coro de ángeles, en presencia del arcángel Rafael y el arcángel Gabriel
I. Preludio
¡Luz del mundo!
Ven, extiende tu mano y toma la mía. Recorramos juntos esta parte del camino. Unidos, nos sumergiremos cada vez más profundamente en el océano de sabiduría inabarcable que es la verdad.
La realidad encierra dentro de sí el misterio de Dios. Nada de lo que ven tus ojos, o perciben tus sentidos corporales, es como parece ser. La realidad es la creación divina. Es esta una realidad que abarca, dentro y en sí, toda la gloria, el esplendor y la santidad que Dios es. Toda ella está en lo que eres.
Quisiera llevarte a ti y a aquellos que aman la verdad, de regreso al estado en que un día viviste dentro de la unidad del ser que es Dios. Es en ese estado en el que la paz de Cristo y tú son uno. Es en ese estado, o lugar dentro de la mente de Cristo, en donde eres uno con Dios y con todo lo creado.
Te estoy pidiendo que te unas más a mí, en el propósito santo de retornar al vientre de la Madre divina. Dios es Madre.
Hasta ahora, Dios mismo, en su sabiduría infinita, quiso mostrarse al mundo como Padre, además de como el amor que es. Pero desde ahora, quiere mostrarse como Madre, además de sabiduría. Lo “femenino” de Dios saldrá a la luz. En efecto, ya está manifestándose de modo evidente.
Hermano amado, lo que estoy tratado de decirte es que, así como la mente de Dios creó al Dios-padre por medio de Jesús de Nazareth, hoy quiere crear por tu intermedio al Dios en la dimensión de Madre divina. María será tu ejemplo y perfecta compañía en este propósito, porque es la encarnación de la maternidad de Dios.
María es toda mujer, toda Cristo. María es la mujer-Dios, tal como Jesús es el hombre-Dios. Si bien en cada uno de ellos reside la totalidad, es importante que consideres que, en este punto del camino, el todo de todo, para ti, habita en la unión de ambos.
II. Dualidad
Dada la dualidad que existe en el mundo en el que lo masculino ha ensombrecido muchas veces a lo femenino, hoy comenzaremos el camino de igualar ambas polaridades para poder trascenderlas. Dicho llanamente, este viaje interior, que por medio de esta obra recorremos, es la última fase del camino hacia la restauración en tu memoria espiritual y física, de la unicidad del ser que eres y que todo es.
Traer a tu memoria el estado de unidad es lo que hará que vivas en forma definitiva en ella, sin necesidad de entrar y salir cada tanto.
La unidad, que es lo que en verdad eres, ha sido vista como algo externo a ti, o como un estado que debías alcanzar. No has llegado aún a permanecer en ella todos los días de tu vida conscientemente, a pesar de que la unidad del ser que eres es la verdad acerca de ti.
De permanecer conscientemente dentro de la luz radiante de la verdad, es decir, en el corazón de Dios, es de lo que estamos hablando. Para ello es que esta obra ha sido concebida en el seno de la Madre divina, en el corazón inmaculado de María, en las entrañas mismas del amor. Para hacer que eso sea posible, debemos trascender los opuestos.
Un aspecto importante para poder trascender la dualidad es no seguir asociando a Dios solamente con lo masculino, del mismo modo que tampoco debe ser asociado únicamente con lo espiritual o informe. Cuando Jesús creó al Dios-padre, lo hizo siendo plenamente consciente de que la humanidad solo podía entender y aceptar a un Dios masculino que estuviera asociado a la autoridad, al mismo tiempo que diera espacio a la filiación y al amor.
La idea de un Padre divino era perfecta para llevar a la mente al conocimiento de un Dios que es amor y, al mismo tiempo, la fuente de la creación y la suprema autoridad de todo lo creado, sin que ello anulara la ternura. Era necesario que no se disociara la dimensión del amor a la de la autoridad y la fortaleza divina. Solo una creación de Dios-padre podía hacer eso, según el entendimiento de la época.
Mostrar al Dios que es amor ya era una idea revolucionaria para la espiritualidad de hace dos mil años, y aún sigue siéndolo. La idea de un Dios femenino simplemente no hubiera sido aceptada. La humanidad no estaba preparada para semejante asociación. Mucho menos para conocer a uno.
El enfoque de Cristo siempre incluye la realidad humana. No apura los tiempos, ni se salta ningún proceso. La verdad no pasa por alto ningún aspecto de la humanidad, sino que los integra y reúne dentro del abrazo del amor, y desde allí los hace uno con la santidad del ser que Dios es.
Despojarte de las ideas que tienes acerca de Dios no es tarea fácil, puesto que puede precipitarte al pánico. Modificar las asociaciones que tienes con la vida, con Dios y con lo que eres, es algo que debe hacerse paso a paso, puesto que solo puedes soltar algo una vez que estás listo para hacerlo. No hay necesidad de acelerar las cosas. Recuerda que el Espíritu Santo acepta tus tiempos y caminos. No tiene prisa de ninguna especie.
III. Dios es todo
Amado mío, a estas alturas, ya te habrás dado cuenta de que la mente humana tiene una fuerte inclinación a lo concreto, lo cual hace que le sea difícil entender y aceptar la pura abstracción del ser. Dado esto, Dios creó los elementos divinos que se ajustarían perfectamente bien a la realidad que, como hombre o mujer, vives o crees vivir, en el plano físico.
El Espíritu Santo es esa parte de pura potencialidad y abstracción de Dios, que mantiene viva dentro de ti a la realidad inabarcable de lo divino. Podríamos decir que es lo infinito de Dios extendido hacia ti.
El espíritu no tiene atributos, ni puede ser definido por palabras concretas. Por lo tanto, el hecho de que el espíritu de Dios, que es lo significa Espíritu Santo, viva en ti, hace que no te separes del amor in-atribuible que Dios es. El Espíritu Santo es el aspecto infinito del amor de Dios.
Dios el Padre es la autoridad divina extendida hacia tu mente. Es la ley del amor dentro de la cual todo existe, y fuera de la cual existe la nada. Una autoridad divina, como idea y como realidad, debe existir en ti, dado que de otro modo el problema de negación de la autoridad divina, o de las leyes de la creación, te llevaría al caos informe y, por ende, te alejaría del amor para siempre.
No puedes vivir sin una autoridad. Nadie ni nada puede hacerlo. En otras palabras, Dios-padre es el nombre que le damos a las leyes de la creación, cuyos límites son simplemente infranqueables. En este sentido, el Padre es la inexorabilidad del amor y la potencia de la verdad extendida a lo que eres. Es esta inexorabilidad la que impide que estés separado del amor.
Cristo es el hijo de Dios. Es el aspecto filial de la divinidad. Toda la creación, en suma infinita, es en definitiva la filiación. Cristo es Dios extendido hacia su creación, la cual depende en su totalidad de su fuente y es una con él, como ocurre con un hijo que depende de su padre. Las dimensiones de Dios padre, Dios espíritu y Dios hijo reúnen a la totalidad que Dios es.
Podríamos decir que ya no es necesario darle ninguna otra “forma” a Dios. Sin embargo, dadas las asociaciones que haces de lo masculino con lo racional y con lo que atañe a la autoridad, es necesario que dejes atrás al Dios padre que un día se te mostró, y des paso a la dimensión maternal de la divinidad.
Dejar atrás, en este caso, no significa que abandones esa versión de lo que Dios es, sino que la pongas a un costado y permitas que a su lado la acompañe el aspecto maternal del amor.
IV. Matrimonio del amor universal
Lo que se te pide es que estés dispuesto a unirte, desde ahora mismo, al Dios que es muy literalmente, matrimonio del amor universal. Esta creación que hoy damos a luz está en perfecta armonía con la voluntad de Dios y, por ende, creará una nueva realidad en tu mundo, tal como un día la creación del Dios-padre-amor cambió para siempre la historia de los hombres.
Dios es matrimonio del amor porque todo lo masculino y femenino, tal como lo consideras, reside en él, así como en toda creación verdadera. Es por medio de esa unidad matrimonial del amor universal, en la que todo lo que el amor es permanece fundido en una realidad indivisible, desde donde nace la creación.
Recuerda que nada surge de la separación, pues solo se puede crear en la unión.
La creación, hemos dicho ya, es el rostro viviente de Dios. No estamos hablando de la creación que surge de tu interpretación mental, sino de la verdadera creación divina, la cual, a pesar rodearte con su belleza por todos lados, no se puede ver cuando se la mira con los ojos del cuerpo. Los efectos del amor solo son visibles por medio de los ojos del mismo, es decir, de la visión de Cristo. Ten en cuenta esta verdad a medida que avanzamos.
Jesucristo es el aspecto humano de Dios. Siendo Dios mismo, es Dios en la forma. Es el Dios-hombre. Esta realidad divina también es necesaria, dado que a la mente humana le es casi imposible pensar sin un cuerpo. La mente limitada ajusta todo en base a una forma. En otras palabras, busca darles forma a las cosas para poder entenderlas a su modo.
Tal como ya sabes, el universo físico es un universo de límites, por ende, tiene que ser un universo donde “lo concreto” forma parte esencial de lo que es. A ello llamas vida de la materia.
El pensamiento material impone un límite a la mente. Este dificulta la incorporación de ideas de infinitud. Dado que Dios es infinito, la mente limitada no lo puede comprender. De esto ya se ha hablado mucho. Lo que aquí estamos diciendo es que Jesucristo es Dios extendido al cuerpo humano, a la mente humana y a todo lo que es forma y materia. Es decir, a ese ser que llamas humanidad y todo el universo físico.
Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo y Jesucristo conforman la totalidad de los aspectos creados de la divinidad para que fueran extendidos a todo lo que eres. Jesucristo es todo lo que Dios es, reunido en la naturaleza física.
¿Puedes comenzar a ver cuánto te ama Dios, quien nunca ha dejado ni un solo aspecto de tu existencia sin estar unido a sí mismo? ¿Puedes ver cómo comienzan a caer las fichas de dominó, o cómo se van uniendo los puntos? ¿Puedes comenzar a darte cuenta de que, seas lo que seas, creas lo que creas, no puedes separarte de Dios?
Nada puede limitar al amor. Créeme cuando te digo que, si mañana te haces viento, Dios mismo se hará viento contigo y su soplo de amor vivo soplará junto a ti. Hermano mío, acepta el hecho de que no puedes separarte del amor, porque no puedes separarte de lo que eres en verdad. No puedes separarte de la vida. En otras palabras, no puedes separarte de Dios, ni él de ti.
2
El seno de Dios
Un mensaje de la voz de Cristo a través de un coro de ángeles, en presencia del arcángel Rafael y el arcángel Gabriel
I. Preludio
Amado mío, hoy nos manifestamos nuevamente como presencia sensible. Te damos las gracias por tu disposición para oír la voz que, desde el cielo, quiere regalar la sabiduría divina al mundo entero por tu intermedio. Queremos también daros las gracias, en nombre del amor que Dios es, a los que recibís esta obra y la acogéis con amor y humildad.
Tened en cuenta que aquellos que os unís a esta manifestación angélica, sois a quienes el Creador ha llamado desde la eternidad para unirse a la nueva consciencia del segundo advenimiento de Cristo, como los nuevos profetas de los últimos tiempos.
Nada ocurre por casualidad. Dios no hace nada en vano. Vosotros, los que recibís estas palabras, sois literalmente parte de los ciento cuarenta y cuatro mil anunciados. Vuestras nuevas vestiduras brillan radiantes en la blancura de la pureza de María, la siempre virgen.
Hijos llamados por el cordero de Dios. Estamos reuniéndoos en el tiempo, llamándoos en todos los rincones en que os encontráis, no solo en el plano físico, sino en todas las dimensiones creadas y por crear. Estáis viviendo en los tiempos finales, los tiempos de la reunión del amor.
¡Amados del cordero! Tenéis una dulce misión que llevar a cabo, cumplirla será vuestra plenitud en el tiempo y hará que seáis un puente entre el cielo y la tierra, a través del cual fluirá la gracia divina. Nosotros, el coro de ángeles de Dios, estamos inmensamente agradecidos por permitirnos formar parte de vuestra misión y de vuestra realidad como profetas del advenimiento.
Nosotros sabemos que alcanzamos la plenitud de nuestro ser al darnos, tal como lo hace toda la creación. Servirlos a cada uno de vosotros es servir al amor, esta es la razón por la que colaborar con vosotros es causa de alegría. Servir es unir. Es incluir.
Dicho llanamente, alma enamorada, gracias por incluirnos en tu vida.
II. Dios uno
¡Luz de luz verdadera! Que alegría recorrer juntos un camino que nos permitirá trascender definitivamente las polaridades. Para ello, reconocemos la dualidad que hemos proyectado sobre Dios.
La idea de un Dios-padre era perfecta para la etapa en que aún no estabas preparado para aceptar el hecho de que tu padre y tú eran uno.
Ahora vamos dejando a un lado la idea de un Dios que era casi exclusivamente paternidad, y nos sumergimos en la verdad de la maternidad divina. No para que una reemplace a la otra, sino para que se unan en tu mente y corazón, y desde esa unión surja la verdad del Dios uno en ti.
Dado que para realizar esta trascendencia tenemos que comenzar por algún lado, comenzaremos por unirnos al hecho de que no existe en todo el universo físico una relación de mayor intimidad que la de una madre con un hijo, cuando este vive en su vientre. En esa relación, uno no puede vivir sin el otro. Esto se debe a que son una unidad, del mismo modo en que lo es la relación de Dios con Cristo tu ser.
Tú vives dentro de Dios, él te contiene, abraza y embebe todo lo que eres. Literalmente hablando, podríamos decir que la vida de Dios es el vientre donde existes, creces y te desarrollas en paz y bendición. Dada esta verdad, es justo reconocer también que Dios es madre de todos los vivientes.
Una vez que aceptas el hecho de que eres uno con la vida, porque eres uno con Dios (y esto se debe a que ambos son una unidad, tal como lo es un niño dentro del vientre de su madre) puedes comenzar a vivir en la realidad del seno de Dios.
Retornar a la Madre divina es retornar a Dios. Regresar al vientre de la madre de la vida es regresar al hogar, es decir, al reino de los cielos.
Comencemos ahora con los primeros pasos del último tramo del camino hacia la toma de consciencia, o restauración en la memoria, de la unicidad en la que somos tal como Dios nos creó para ser. Para ello, tienes un camino corto para poder seguir. Ese camino directo y seguro para llegar a Dios es el que te invito a recorrer ahora. Ese camino consiste en retornar al seno maternal de Dios en unos de sus aspectos más visibles para ti, la madre tierra.
En la madre tierra puedes observar y experimentar el aspecto providencial de la maternidad divina, su belleza y armonía. Observa como, por medio de la tierra que te ha sido dada, y en ella, la Madre nutre al hijo. Experimenta cómo la vida te abraza por todas partes.
Así como un niño lactante es alimentado por la madre, del mismo modo la Madre divina te alimenta con los frutos de la tierra. Por medio del sol te provee calor y alegría. Las aguas sacian tu sed. Los árboles que crecen desde la tierra te regalan la sombra que necesitas cuando andas por los caminos, o simplemente para disfrutar de un plácido descanso. La hierba cuida tus pies al andar y el viento acaricia tu cuerpo. La belleza de la Madre de los vivientes se manifiesta en el vuelo de las aves y los perfumes de las flores que, con sus fragancias y colores alegran la vida del hijo.
III. La tierra de Dios
Honrar la tierra, y a las criaturas que viven en ella, es honrar a la Madre divina, es amar a Dios. Si observas con amor y verdad todo lo que te rodea en el universo físico, podrás ver como Dios-madre ha previsto y provisto todo lo necesario para la vida del hijo, incluso en esa dimensión. ¿De verdad creías que tu Madre divina te abandonaría por el hecho de que te hayas auto-excluido del paraíso?
Recuerda cuando hablamos de que tu dolor es el de Dios, y de que tu decisión de estar separado del amor es el desgarro del corazón de Cristo. Con esto queremos recordarte que no existe ninguna posibilidad de que algo que hagas no genere efectos sobre Dios. La suerte del creador de la vida y la tuya están tan unidas como lo están la suerte de una madre con el hijo de su vientre, e incluso más aún.
El día que decidiste alejarte de los brazos del amor, y tu Madre celestial no tuvo otra opción que dejarte partir, ella hizo lo que toda madre amorosa hace en esas circunstancia: asegurarse de que tendrías todo lo necesario para que estés sano y salvo, y que puedas regresar sin complicaciones cuando así lo dispusieras.
Recuerda que no puedes viajar a ningún lado que no sea parte de Dios, pues este es el todo de todo. En razón de esta verdad, la Madre no solo proporcionó las providencias necesarias, sino que también te acompañó en ese viaje e hizo acto de presencia en esa tierra, aunque se vio obligada a respetar la distancia prudencial que tu decisión le exigía al amor.
¿Acaso creías que aquella que te llamó a la existencia y te dio la vida, te abandonaría a tu suerte? Puedes exigirle a la creadora de la vida que respete tus decisiones, pero no puedes exigirle que te abandone, pues el amor no abandona jamás.
Hermano, hasta el aire que respiras es un regalo de la Madre divina, porque ella está en él.
Comienza a bendecir a la creación en la tierra que te es dada, porque al hacer eso bendices a la Madre de los vivientes, bendices a Dios.
Todos los seres de la tierra son tus hermanas y hermanos. ¿Acaso no comparten un mismo hogar y proceden de la misma tierra que los alimenta a todos? Todo lo que forma parte de un aspecto de la creación, forma parte de ti, esto también es verdad en el cuerpo.
El hecho de que aquello de lo que está formado todo ser viviente sea algo en común con lo que forma parte del aspecto corporal de tu ser es, debería decirte algo.
Hijo mío, no eres tan diferente con los animales, las plantas, y la atmósfera. Tampoco lo eres de los ángeles de Dios, ni de Dios mismo. Eres uno con todo lo creado y ellos contigo. Esta realidad también se refleja en la naturaleza física. Todos se necesitan, unos a otros.
No puedes vivir si no te alimentas, y no puedes alimentarte sin esa parte de la tierra que tiene la función de que te alimentes saludablemente. Esos aspectos de la creación física que permiten tu alimentación saludable son como la sangre que fluye desde la madre hacia el hijo en su vientre. Este fluir desde la tierra hacia sus hijos, los seres vivientes animados e inanimados que forman parte de ella, no existiría de no ser por el flujo del amor de Dios que va hacia sus hijos.
¿Puedes ver la analogía que existe entre el flujo de la vida que procede de Dios hacia ti en espíritu y verdad, y el fluir continuo de la vida de la tierra, la cual igualmente nutre tu existencia mientras permaneces en el tiempo?
¿Quién te provee el aire que respiras? ¿Quién hace salir el sol cada mañana? ¿Qué es lo que hace que los grillos canten? ¿Qué cosa es eso que le da vida y movimiento a todo lo que está vivo? ¿Quién les da a los átomos la inteligencia para unirse de un modo determinado, formando incontables formas, y todo en perfecto orden? La Madre de los vivientes, es decir, Dios.
¡Hermanos de todo el mundo! Amad vuestro planeta y todo lo que forma parte de él, tal como si fuera el hogar de Dios, pues allí donde vosotros moráis, está también vuestro creador. Dios ama todas las cosas. Haced lo mismo vosotros.
Amad la vida temporal por lo que es, un medio amoroso y perfecto que se os ha dado por amor, para llegar a lo eterno. Amad la vida eterna por lo que es, vuestro destino, vuestra herencia y la realidad de vuestro ser.
3
El sueño de Dios
Un mensaje de la voz de Cristo a través de un coro de ángeles, en presencia del arcángel Rafael y el arcángel Gabriel
I. Preludio
¡Luz que ilumina la vida! Soy tu amado servidor, el arcángel Rafael, amigo de tu alma. Te amo con todo el amor de Dios. Tu vida es importante para mí. Eres valioso. Pienso siempre en ti. Eres mi sueño y mi alegría, porque comparto con Dios sus sueños de grandeza y plenitud para con todos sus hijos.
Sí, queridísimo hermano mío, comparto con el creador una misma voluntad: que aceptes el regalo eterno de la perfecta felicidad, para que podamos vivir por toda la eternidad en nuestra mutua compañía.
Quien ha traído a la existencia todo lo que existe, se mueve y es, tiene un sueño para toda la filiación. Este puede reemplazar al sueño del olvido por el de la realidad de la plenitud del amor. Estamos caminando hacia la realización plena de ese sueño de Dios. Mejor dicho, estamos caminando hacia la restauración del recuerdo de tu plena realización. Recuerda que eres el realizado.
En el sueño divino, el plan del creador, la filiación retorna a la unidad, desde la cual surgió, y permanece en la belleza, armonía y santidad que proceden de él.
En su sueño, la Madre de los vivientes dispone la dicha sin fin, el fin de las lágrimas y el jolgorio eterno. Su sueño es vivir con sus hijos en el reino del amor, el cual fue creado por ella a su semejanza, para que sea el gozo suyo y de sus retoños. Suyos son los sueños de unidad y de alegría verdadera, los sueños de amor eterno.
Te revelo todo esto para que no dejes de recordar que tu valía está por encima de todo concepto y palabra. La belleza, santidad y grandeza de lo que eres no se pueden describir. También se te revela, por designio de Dios, para que comiences a poner “cara a cara” a las polaridades de la mente dual de un modo particular, y las trascendamos juntos.
Tú tenías un sueño para ti, Dios tenía otro. El tuyo era el sueño de la separación, el suyo el sueño de la eterna unión con su hijo. Tu sueño fue una pesadilla, su sueño es la alegría sin fin de la verdad.
Hermano, ciertamente Dios tiene un sueño para ti. No te prives de la gracia de conocerlo en un grado cada vez mayor. En las profundidades de tu mente puedes conocer lo que el corazón de Dios trama para ti, y permanecer unido al amor, desde donde creas tu realidad en armonía con la santidad.
Quédate en silencio, no juzgues nada. Simplemente únete al amor en la quietud de tu ser y espera a que la revelación del plan de Dios te sea dada. Recuerda que Dios es infinito y, por lo tanto, conocer en un mayor grado su voluntad es algo que puedes hacer a cada instante de tu existencia, pues lo que Dios es nunca se agota. En otras palabras, siempre puedes conocer más acerca de Dios, pues nunca termina.
Recuerda que esta obra está dirigida a la sanación de la memoria, para que el recuerdo de Dios alboree en ti con toda su luminiscencia y belleza. Repetimos esto para evitar los olvidos en que muchas veces cae la mente olvidadiza.
II. Del sueño del amor, a su realidad
Para despertar plenamente del sueño del olvido, es necesario primero pasar por el conocimiento del sueño que Dios soñó para su hijo, el cual constituye aquello que lo llevó a crearte. Luego, avanzas hacia la plena realización de ese sueño en tu vida aquí, ahora y siempre. No existe separación entre lo que eres ahora y lo que siempre eres en verdad.
El sueño de Dios, su plan perfecto, tiene que abarcar tu existencia tal como es en este momento en el plano físico, y debe también poder continuar por toda la eternidad sin disrupción de ninguna especie. Si esto no fuera así, habría una brecha entre la vida del tiempo y la vida eterna. Este no es el caso, porque no existe tal cosa como el cielo allá y la tierra acá.
Hijo del amor divino, escucha lo que a continuación te digo y guárdalo en el silencio de tu corazón:
La vida de tu ser es el sueño de Dios hecho realidad.
Ahora que comienzas a permitir que el recuerdo de esta verdad alboree en tu memoria, respóndeme a esta pregunta: ¿acaso menosprecias o atacas a un hermano porque te acompaña por un corto tiempo en el viaje que haces hacia ese lugar tan anhelado por tu corazón?
No es necesario atacar a la creación, nunca lo fue. Todas esas ideas absurdas que algún día se albergaron en relación con la superioridad o inferioridad de los seres, tanto físicos como espirituales, es algo que se fabricó como respuesta inevitable del estado de consciencia totalmente miedosa, o ego. Nunca fue necesario hacer eso. Eso no forma parte del sueño de Dios. Su plan no incluye el miedo, porque no incluye ninguna posibilidad de pérdida de ningún tipo.
Dios sueña con que tengas una vida serena y en paz, y con que finalmente vivas por siempre en la verdad que ya has aceptado y dice así:
Todo lo creado comparte por siempre la santidad y benevolencia de aquel que es la fuente de la vida eterna, incluyéndote a ti.
Piensa en tus hermanas y hermanos, y esto no solo incluye a los que llamas seres humanos, sino a la totalidad que existe, como aquellos que por amor han decidido viajar contigo en el fascinante viaje de la vida. Sé agradecido con ellos, que son tus compañeros.
Tú también eres compañero de ellos y has decidido venir al mundo del tiempo con el santo propósito de ayudar a otros a regresar a la casa del padre, juntos. Ellos no podrían retornar al amor sin ti por la sencilla razón de que, si no existieras, ellos tampoco existirían.
Tu hermano y cada aspecto de la creación no solo te acompañan, sino que te dan existencia. Si solo existieras tú, no podrías saber que existes, pues es en tus hermanas, hermanos y en cada situación de la vida en el tiempo, en donde te puedes (y debes) conocer a ti mismo.
Si solo existieras tú, tendrías una existencia inconsciente. Es decir, no te conocerías. Ese estado de existencia inconsciente, similar al del bebé dentro del vientre de la madre, sería la nada.
Así como el hijo sale del vientre de aquella que lo concibió, para conocer la vida y de ese modo vivirla con todo lo que ella le traerá, del mismo modo tú has salido de las entrañas de la santidad para que la vida de Dios se manifieste.
Ya hemos hablado de este asunto, en el que reconocemos la inmensa deuda de gratitud que tenemos para con los santos seres que nos acompañan en la vida. Esto incluye a las circunstancias y situaciones, además de los seres vivientes e inanimados de todo el universo. Esta deuda no es algo que debe generar un peso sobre tus hombros, o crear culpabilidad. No, pero sí que es algo que debes asumir, para poder desarrollar el menguado sentido de gratitud que muchas veces demuestras hacia la vida, tal como es.
Cada brisa de viento es un beso de tu Madre divina. Cada rayo de sol una caricia sobre tu piel. Las sombras que las montañas proyectan sobre los valles evocan al sol que se esconde tras ellas. Cada tintinar de las aguas frescas de los manantiales es música para el hijo de Dios. Cada parte de la creación es un aspecto del rostro del amor.
III. La red de la vida
El retorno al amor que Dios es comienza cuando decides deliberadamente amar con pureza a la tierra y todo lo que forma parte de ella. Esto es lo mismo que decir, cuando decides amar lo que eres y tus circunstancias. ¿Crees que los animales, las plantas o los elementos no sienten tu amor? Te equivocas. Todo lo que te rodea es susceptible a la energía divina del amor, así como también del miedo.
Te aseguro que cada acto de desamor contamina al mundo, mucho más que miles de fábricas o sistemas de producción de los que surgen elementos tóxicos. En efecto, muchos de esos sistemas son una expresión del desamor y esa es la causa por la que contaminan.
No tiene sentido dedicarse a cambiar la superficie de una situación, si es que quieres cambiar el asunto en su totalidad. Detrás de la cuestión de la intoxicación que se puede ver en el planeta tierra yace el miedo y muy detrás de él, el amor que es negado.
¿Llenarías de toxinas la tierra impidiendo la vida de ciertos seres que, aunque invisibles a tus ojos, están ahí, sabiendo que ellos no son otra cosa que tus hijos? ¿No se te ha dicho en esta misma obra, que la maternidad divina es algo que compartes con aquella que te dio la existencia? Eres uno con la Madre de la vida.
Eres uno con la fuente de la creación. Por lo tanto, todo lo que existe procede de ti, en unión con Dios. No puede ser de otro modo. Quizá creas que esto no es verdad, pero eso no hace que lo que creas lo sea.
Comienza a ver en cada hoja de cada árbol a un hijo, pues eso es lo que son. Haz lo mismo con el viento, las aguas, el fuego, las luciérnagas en la noche, la luna y los guepardos, ellos también son tus creaciones.
Lo que en esta oportunidad se te está recordando, es que la creación no es algo ajeno a ti, no solo en cuanto a esencia, sino también en voluntad. Dios no creó todo lo que existe sin tu amoroso consentimiento. Todo ocurre dentro de la unidad, por lo tanto, el acto creativo es siempre universal. En la mente uno que Dios es, y en la cual existes, todo ocurre al unísono y en unión.
Fuiste tú quien, con Dios, creaste todo lo creado, y también cada aspecto de la creación lo hizo. Todo fue traído a la existencia, por medio de un grito de amor que exhaló el corazón de la Madre de la vida.
Que un aspecto de la vida tenga un tipo de consciencia y otro aspecto, otro tipo, no hace que una sea más ni menos que la otra. Que la cabeza pueda pensar por medio del cerebro no significa que el corazón no sea importante e incluso esencial para sostener la vida del cuerpo en armonía. Lo mismo ocurre con el pie o la mano. Todo forma parte de una totalidad. La vida no tiene secciones desconectadas.
¿Crees que cuando le cantas una canción de amor, desde las profundidades de tu corazón amante, a una rosa, ella no recibe las vibraciones de tu expresión de caridad? Te equivocas, nada de lo que piensas o haces es neutro. Nada.
Que no puedas ver la intrincada red de infinitas interconexiones, o relaciones que sostienen en perfecta unión a toda la creación, no quiere decir que no existan. Incluso que no sepas acerca de las leyes que las gobiernan en su totalidad, tampoco quiere decir que sean algo temible.
Se te está recordando en este momento que no existe un solo átomo, o elemento de la materia física, que no esté interconectado con todos los demás. Esto no es una novedad para muchos de vosotros. Pero lo que sí es lo es que comencéis a aceptar el hecho de que detrás de toda esa red infinita de infinitas interrelaciones, en la que todo lo que existe está unido entre sí, está el amor, dándole forma y vida a cada instante de vuestra existencia en el tiempo.
La red de la vida es la expresión de la energía del amor de Dios. En efecto, podríamos decir que la creación física no es otra cosa que el cuerpo de Cristo. Es Dios conociéndose a sí mismo, por medio de la expresión en la forma. O, dicho de otro modo, es el hijo de Dios salido del vientre de la Madre. Es el amor dando a luz al amor.
4
Amor sin condiciones
Un mensaje de la voz de Cristo a través de un coro de ángeles, en presencia del arcángel Rafael y el arcángel Gabriel
I. Amor y totalidad
Si amas a algunos más que a otros, o si amas a ciertos aspectos de la creación de un modo diferente a como amas a otros, entonces no has comprendido qué es el amor.
Dios ama todas las cosas, porque todo ha surgido de él. No existe algo que no ame. Si bien se te ha enseñado que Dios no puede amar el pecado (y eso es verdad) debes comprender que ello no se debe a que no lo ame, sino al hecho de que sabe que no es real. Cristo no conoce sombra alguna de pecado. Este no conocer del Cristo de Dios es la garantía perfecta de tu retorno a la unidad.
Los que viven unidos al Cristo viviente que vive en ellos ya no ven pecados, porque saben que no existen realmente. Quizá sigan experimentando la repulsa instintiva que les produce todo lo que no está en armonía con la belleza y santidad del amor, pero eso no se debe a una falta de amor, sino al hecho de que el amor solo puede querer lo que es semejante a sí mismo. Amar es unir.
Una vez que decides retornar a la unidad con el Cristo que eres, solo vives unido a lo que es santo, bello y perfecto. Pero también reconoces que existen diferentes estados de consciencia y que, entre esos diferentes estados, se encuentra el estado de amnesia del ser. En ese estado, el cual también has compartido con tus hermanos y hermanas una vez, pueden imaginarse muchas cosas, incluso algunas que no tienen sentido. Sin embargo, nada de eso lo usas como excusa para no extender amor.
Ya has aprendido, por la revelación, que nada puede limitar al amor. También conoces quien es el amor que se extiende a través de ti, por sí mismo. Has aprendido lo suficiente como para hacerte a un lado y ubicar el lugar que te corresponde como canal de Dios.
Ahora sabes lo que significa perdonar, porque reconoces que el perdón consiste simplemente en dejar pasar todo lo que no es verdad. Así es como, a todo lo que procede del estado de amnesia (sea en ti o en tus hermanas y hermanos) lo dejas venir y también irse, como si fuera hojarasca que el viento trae y se lleva.
Aceptas lo que es, tal como es. Aceptas que lo temporal es temporal y, por ende, nace en el tiempo y en el tiempo muere. Aceptas esa realidad sin juzgarla, sin enojarte por ello, sin atacar a quienes temporalmente te acompañan en el viaje de la vida del tiempo, camino a la casa de la verdad. No te aferras a nada. No buscas dominar ni poseer, que es lo que significa aferrarse. Comienzas entonces a vivir sin miedo, sin miedo a las pérdidas, que es la base de todo miedo. Solo vives en el amor.
II. Amor y mente condicional
No se puede reconocer al amor si uno sigue creando pensamientos condicionales. La vida concebida desde un estado lineal de “si esto, entonces aquello” es una vida limitada. Por lo tanto, no tiene nada que ver con la vida de Dios.
Ya hemos dicho que el amor no solo no tiene límites, sino que es uno contigo. Eso quiere decir que, de un modo u otro, debes ser ilimitado. No existe ninguna razón para que seas un ser condicional. No existen límites para lo que eres. Esto es eternamente verdad.
Se te ha dicho, innumerables veces, que no eres un ser limitado e insignificante y aquí se te está recordando nuevamente. Eso no tiene ningún sentido para ti, ni creará ningún cambio duradero en tu vida, si no aceptas vivamente que lo único que eres es amor.
No eres un ser humano, ni un tal o cual personaje, ni un padre que lleva a sus hijos al colegio, ni un médico o monje. Eres amor y nada más que amor. Eres amor.
Desde la realidad del amor que eres, haces lo que quieras hacer, sin dejar nunca de ser amor. Una vez que aceptas esto, entonces pasas a ser el amor expresándose como un ser humano, o como un médico que por amor sana. Pasas a ser también el amor manifestándose como un padre que ama a sus hijos, y por amor los lleva a la escuela en las mañanas, o no. El amor puede ser todas esas cosas y mucho más.
El amor puede adoptar todas las formas que el mundo de las formas tenga. Puede hacerse sol, lluvia, viento, canción. ¿No es esto lo mismo que decir: ama y haz lo que quieras?
Solo el amor es ilimitado. Solo el amor que Dios es, es incondicional. Esta es la razón por la que una y otra vez se te invita a recordar quién eres en verdad. No puedes acceder y permanecer en la consciencia de la unidad y, por ende, de tu eterna incondicionalidad, si crees ser otra cosa que no sea amor.
Es más, no puedes permanecer en la consciencia de Cristo, si no aceptas incondicionalmente el hecho de que todo lo que te rodea es amor expresándose. Tus hermanas y hermanos son amor. Las criaturas de la tierra son amor. La luna y un copo de nieve, con toda su belleza, también son amor. Todo lo que es real es amor. Nada irreal existe verdaderamente.
Vivir como el amor que eres es vivir en la sensatez de la verdad. Vivir de otra manera, es hacerlo fuera del significado de la verdad y, por ende, es esclavitud, no en la verdad, sino en tu percepción. Hacemos esta aclaración para que recuerdes que creer en lo que no es verdad no hace que lo que creas lo sea. Esta afirmación es la base de tu sanación de la amnesia en la que has estado sumergido.
Si lo que crees no tiene efectos reales sobre la verdad, entonces no debieras preocuparte tanto por lo que crees que fue tu vida o la que será. Más bien, esta afirmación de liberación debiera llevarte serenamente a la paz interior al descubrir, por medio de ella, que no has afectado en nada a la creación que has creado en unión con la Madre de la vida.
Nada que sea verdad puede ser atacado, ni siquiera cambiado. La verdad es eternamente verdad, no cambia, no puede ser obliterada. Nada que no sea semejante a sí misma puede siquiera acercarse a ella, porque nada que no sea verdad puede ser real, y la verdad es la única realidad.
III. Verdad y unidad
La verdad solo se une al amor y este a ella. Esto se debe a que el amor es su fundamento, siendo una unidad. Ninguno ha sido creado antes que el otro. No existe un lugar donde uno exista y el otro no. Tampoco existe un lugar donde uno termine y comience el otro. El amor y la verdad son el continuo de la realidad divina.
Lo que es eterno no tiene ni un principio ni un final. Esto es lo que hace que en Dios no pueda existir condición alguna. El amor es incondicional. De esto se desprende fácilmente, el porqué de la necesidad de soltar la costumbre de pensar de modo condicional. Si amas a algunos en razón de alguna condición de ellos, estate por seguro de que no estás amando en absoluto. El amor no hace acepción de persona, ni de condición, simplemente no sabe nada de límites.
¿Puedes comenzar a entender por qué se te pide que reflexiones, o mejor dicho observes, cuán poco amor se les da a veces a aquellos seres que, a pesar de tener una forma diferente a la tuya, son tan santos como tú, tus hermanas y hermanos? ¿Crees que las flores no van al cielo? Te equivocas.
Todo retorna al amor, desde donde surge. Nada se pierde en la creación. No existen las pérdidas. No hay un solo hijo de Dios que no retorne al amor que le dio su existencia. Del amor vienen y al amor volverán.
Créeme cuando te digo que, si caminas en la presencia del amor, ni siquiera las serpientes te morderían. Ninguna cosa que sea ponzoñosa hincaría sus dientes sobre ti.
A medida que vas recorriendo el camino de la vida en el tiempo, como el Cristo viviente que vive en ti, tu cuerpo compacto va siendo dejado a un lado. El ser sutil que eres, el cual se encuentra velado para muchos, e incluso a veces para ti, comienza a dar un paso hacia adelante y ya no eres aquel que fuiste.
Ahora te pido de todo corazón que aceptes que tienes el poder de hacer milagros y de traer el cielo a la tierra. Ese poder procede de Cristo y dado que él es la identidad creada por Dios, la cual compartes en verdad con todo lo creado, entonces no existe razón alguna para creer que algo que es propio de la capacidad crística, no sea tuya también.
Nada de lo que es de Dios puede ser ajeno a ti, pues ya no vives tú, sino que es él quien vive en ti. Sabes que la oración es el vehículo de los milagros, y has visto ya los que por tu intermedio se han realizado. Sabes que puedes obrar milagros. Esta es otra de las capacidades de la que debes hacerte cargo.
Recuerda cuando hablamos de tomar la cruz y seguirme, y de la explicación que te fue dada por medio de la cual se te invita no a sufrir, sino a hacerte cargo del ser divino que eres en verdad. Toma consciencia del poder de obrar milagros que vive en ti. No puedes decir que vives en la verdad sino aceptas el poder de Cristo en ti, un poder sin condiciones.
Quizá te preguntes por qué hablamos del poder de hacer milagros, el cual reside en ti como unidad que eres con Cristo, cuando estamos hablando del amor incondicional, y por sobre todo de amar todas las cosas en Dios, incluyendo a todos los seres de la tierra. La respuesta a esto es que se te pide que obres el milagro de la unión de lo divino y lo humano en la realidad presente en la que vives. Jesús demostró que su poder procedía de una fuente que no era del mundo, sino del Dios todopoderoso. Ya no necesitas hacer eso, pero sí necesitas servir a la humanidad, llevando el amor de Dios al mundo.
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