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Ruediger Dahlke
Alimentación vegana
Una opción pacífica para tu salud y la del planeta
30 sabrosas recetas veganas de Dorothea Neumayr
Traducción de Eva Nieto

NOTA IMPORTANTE: en ocasiones, las opiniones sostenidas en «Los libros de Integral» pueden diferir de las de la medicina oficialmente aceptada. La intención es facilitar información y presentar alternativas, hoy disponibles, que ayuden al lector a valorar y decidir responsablemente sobre su propia salud, y en caso de enfermedad, a establecer un diálogo con su médico o especialista. Este libro no pretende, en ningún caso, ser un sustituto de la consulta médica personal. Aunque se considera que los consejos e informaciones son exactas y ciertas en el momento de su publicación, ni los autores ni el editor pueden aceptar ninguna responsabilidad legal por cualquier error u omisión que se haya podido producir.
Título original: Peace Food. Wie der Verzicht auf Fleisch und Milch Körper und Seele heilt.
© GRÄFE UND UNZER Verlag GmbH, Múnich, 2011.
© de la traducción: Eva Nieto, 2012
© de esta edición: RBA Libros S. A., 2012.
Avda. Diagonal, 189 - 08018 Barcelona
rbalibros.com
Primera edición: noviembre de 2012
REF.: OEBO957
ISBN: 9788491180197
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Contenido
Sorprendentes posibilidades para estar sano
PRIMERA PARTE.
ENFERMAR DEBIDO AL CONSUMO DE CARNE Y PRODUCTOS LÁCTEOS
El pionero: The China Study
Enfermedades cardiovasculares a causa de la proteína animal
El colesterol: un problema fundamental
Los productos lácteos favorecen (no solo) el cáncer
Dos tipos de carbohidratos: de mínimo valor y de valor integral
Enfermedades cancerosas y sus causas
El carácter nocivo de la grasa animal
Enfermedades autoinmunes: ¿qué sucede en el cuerpo?
El avance de la obesidad y la diabetes de tipo 2
Cómo perder peso sin dietas nocivas
Osteoporosis: un problema de los consumidores de leche
Se pueden frenar las enfermedades asociadas a la edad
Las grandes ventajas de la alimentación vegana
¿Muerto o vivo? ¿De qué se trata realmente?
Una mirada retrospectiva a la historia de nuestro desarrollo
La cuestión del pescado
SEGUNDA PARTE.
EL SUFRIMIENTO DE LOS ANIMALES
Guerra contra los peces
Vacas desesperadas
El matadero: no son bien recibidas las miradas críticas
Marranadas modernas
Los efectos que ejerce sobre nosotros el sufrimiento animal
De la granja a la fábrica de animales
Los consumidores tienen fuerza
Para la salud del planeta
Un motivo para la esperanza
TERCERA PARTE.
LO MEJOR PARA EL CUERPO Y LA MENTE
El sol como fuente de salud
El ayuno como terapia hormonal
Serotonina, la fuente de la felicidad y el bienestar
Algo más sobre lo que es mejor para el ánimo y la salud
Triplicar la energía durmiendo
Pasos hacia un nuevo mundo vegano
Comer en tiempos radiactivos
Respaldo de las religiones del mundo
CUARTA PARTE.
RECETAS VEGANAS PARA UNA VIDA FELIZ
Una forma de vida ideal
Epílogo
ANEXO
Verdura cruda como respaldo de la serotonina
Notas
Libros de Ruediger Dahlke
CD de Ruediger Dahlke
Direcciones útiles
Agradecimientos
Citas célebres
Sorprendentes posibilidades para estar sano
En una época como la nuestra, en que la información se transmite a gran velocidad y es más accesible que nunca, llama la atención el hecho de que todo nuevo conocimiento tenga que batallar durante muchísimo más tiempo para calar en la opinión general. Este libro aspira a contribuir a que un gran número de personas comprenda algunos descubrimientos médicos revolucionarios, concernientes sobre todo a alimentación, formas de vida y aprovechamiento de la energía solar.
Los conocimientos actuales sobre el cuerpo y la mente nos permiten reforzar nuestra salud hasta límites sorprendentes. Es algo que he podido comprobar en mí mismo y en muchos de mis pacientes, por lo que me siento muy agradecido y quisiera transmitirlo. Hoy, no solo podemos alcanzar una edad mucho más avanzada, sino que, además, podemos hacerlo con mejor calidad de vida. Es posible que estos conocimientos choquen contra creencias enquistadas, que en un principio produzcan rechazo, por eso es tan importante estar dispuesto a abrir la mente y tener buena voluntad para asumir los cambios.
Así como el equilibrio psíquico es muy importante para la salud, también podemos ejercer sobre ella una increíble influencia, tanto positiva como negativa, por medio de la alimentación. Se ha generado una gran cantidad de estudios científicos cuyos resultados muestran los efectos de los componentes animales en nuestra alimentación, y dichos estudios son tan claros como alarmantes.
En más de una ocasión, se me ha echado en cara no haberme basado suficientemente en la ciencia. Aun cuando, por mi parte, lamento el escaso interés que se percibe en las ciencias naturales por los aspectos anímicos, debo decir que la ciencia me ha fascinado siempre, y no he abandonado mi ya antiguo intento de interpretar sus resultados para relacionarlos con la mente y, por tanto, con nosotros mismos. Además, me siento muy agradecido y satisfecho, ya que existe una buena cantidad de estudios muy convincentes que muestran, por ejemplo, los efectos de los alimentos sobre la salud. De ellos me he servido gustosamente para justificar ciertas cuestiones que son, desde hace mucho tiempo, muy importantes para mí. A lo largo de esta obra se irán mencionando esos estudios.
Después del capítulo dedicado a las enfermedades y su trasfondo físico, incidiré en la situación previa de los animales que llegan a los platos de las personas. Advierto de entrada que leer esos párrafos puede resultar muy duro para mucha gente, pero considero imprescindible sacar a la luz estas situaciones tan crueles. Muchos devoradores de carne no tienen ni idea de lo que sucede tras las puertas cerradas de los mataderos; si supieran lo que ocurre allí, no volverían a comer ni un solo pedazo de carne. A quienes les resulte especialmente insoportable la lectura de esos pasajes, les recomiendo que los tomen como un ejercicio de confrontación con su sombra, pues la moderna cría de animales y los mataderos nos sitúan ante nuestras sombras (miedos) más profundas. Cuando sentimos que algo nos disgusta y nos provoca rechazo, es que tiene mucho que ver personalmente con nosotros mismos y con el «principio de la sombra». Mi libro titulado con ese mismo nombre, Das Schatten-Prinzip, explica claramente esta relación.
Yo preferiría contar el lado esplendoroso de una vida vegana (es decir, una alimentación sin ningún producto animal), en armonía con la naturaleza, en la que los animales libres se acurrucan en nuestro regazo cuando meditamos al aire libre, pues ellos captan y perciben unas vibraciones de las que no se desprende ningún peligro. Me gustaría hablarles con detalle de los bishnoi, un pueblo del Rajastán indio que ha sabido construir un pacífico entorno en los lindes del desierto. En su territorio, las gacelas salvajes llegan hasta el centro de la aldea para jugar con los niños. Son 29 las reglas que rigen su vida y que, por ejemplo, prohíben matar a personas o animales, así como la tala de árboles. Ellos viven en su pequeño paraíso desde hace quinientos años. Este es un sueño, por supuesto vegetariano, en una diminuta parte del mundo.1
Como los bishnoi, tenemos que ponernos manos a la obra para terminar con la situación enfermiza de nuestro mundo. Si lo hacemos de forma conjunta podremos reforzar y hacer crecer la luz tanto en nosotros mismos como en el planeta.
La tercera parte de este libro nos lleva directamente a la creación de un mundo mejor, dentro y fuera de nosotros. Nos mostrará caminos en los que con pocas y pequeñas adaptaciones podremos dar impulsos decisivos a nuestra vida en pos de la salud, la vitalidad y la dicha. De hecho, no se necesita mucho para permitirse disfrutar de ciertas dosis de felicidad, y para mí es una verdadera alegría poder mostrar pequeños trucos que nos ayudarán a descubrir los grandes secretos de la felicidad.
DIETA DE LA PAZ, PARA NOSOTROS Y EL MUNDO
«Dieta de la paz» es una expresión cargada de implicaciones, no en vano afecta a muchos niveles. Si queremos encontrar paz interior, debemos dejar de recargar nuestra vida con las hormonas del miedo y el estrés procedentes de la carne de animales de matadero. Si deseamos conseguir paz exterior en este mundo, todas las personas deberían tener suficiente comida, y eso es algo que se puede conseguir fácilmente si renunciamos al consumo de productos animales. La tortura y el martirio de los animales es inconcebible. Pero, además, la paz no incumbe solo a las personas y los animales, sino que es necesario extenderla a la Madre Tierra. Un cambio de alimentación a escala mundial podría ayudar de forma decisiva a prevenir las catástrofes climáticas. En lugar de declarar la guerra a nuestro propio cuerpo, a otras personas, a los animales y a la Tierra, podríamos firmar la paz y, además, realizarlo sin necesidad de dejar de comer.
UN EJEMPLO DESTACADO: BILL CLINTON
Hace relativamente poco, Bill Clinton, expresidente de Estados Unidos, afirmó ante las cámaras de televisión que renunciaba a comer animales para tener la oportunidad de ver crecer a sus nietos. El expresidente declaró que se había sumado al grupo de gente que desde 1986 había notado cómo sus cuerpos comenzaban a sanar sin más cambios que pasarse a una alimentación basada en el consumo de vegetales y plantas. A raíz de adoptar una alimentación carente de colesterol, este les había disminuido, y habían desaparecido los trombos arteriales y los depósitos de calcio alrededor del corazón en un 82 % de las personas que llevaron a cabo los cambios nutricionales. De hecho, nuevos estudios señalan que las afecciones cardiovasculares, como las que padece Bill Clinton, remiten gracias a una dieta adecuada.
Con la alimentación y otras sencillas medidas, incluso el riesgo de cáncer se puede minimizar, así como casi todas las llamadas «enfermedades de la civilización», a la vez que, dicho sea de paso, se podrían empezar a solventar muchos problemas relacionados con la comida, el clima y la ecología de nuestro planeta. Se trata de una gran promesa que usted, lo mismo que Bill Clinton, puede hacer realidad.
MENTE, SOL Y ALIMENTACIÓN
Durante tres décadas me he dedicado intensamente a estudiar el efecto del equilibrio mental sobre la salud y he escrito libros como La enfermedad como símbolo, una obra de consulta sobre los síntomas de las enfermedades. Este libro, por sí solo, ha contribuido a que mucha gente tendiera el puente que une el cuerpo y el espíritu. En una sociedad basada en el materialismo y con una medicina dedicada exclusivamente al cuerpo, se aprecian especialmente los influjos materiales y, por el contrario, se infravaloran los espirituales. Un ejemplo nos puede ayudar a entenderlo: hoy en día, casi todo el mundo sabe que el tabaco perjudica la salud. De cien carcinomas bronquiales, el tipo más frecuente de cáncer de pulmón, noventa de ellos se dan en fumadores. Y nadie se sorprende. Pero, entre cien fumadores habituales, ¿cuántos de ellos van a sufrir un cáncer de pulmón a lo largo de su vida? ¡Solo dos!, lo cual parece desconcertante. Y es que ambos resultados pueden presentarse de forma muy distinta. El 90 % es algo conocido por casi todas las personas, mientras que ese 2 % permanece escondido en la sombra, pues se trata de algo desconocido que no se ajusta al concepto del espíritu de la época actual, que subraya mucho lo material y no contempla lo espiritual.
Hoy sabemos lo siguiente: de cada cien personas que en la segunda mitad de su vida pierden a su pareja de muchos años, más del 60 % desarrolla un cáncer al cabo de un año de la pérdida. La conclusión es evidente: las influencias materiales (como podrían ser los productos condensados que exhalan los cigarrillos) siempre han existido, pero no son tan importantes como las espirituales. En mis libros dedicados a la interpretación de los cuadros clínicos se muestran los significados de los síntomas físicos y psíquicos junto a las funciones de aprendizaje y evolución que se basan en ellos.
De un modo sorprendente e inesperado para muchos científicos, un estudio mostró la diferencia entre los factores físicos y de otro tipo en la aparición de ciertas enfermedades. En Suecia se estudió a los padres biológicos de niños adoptados y se investigó la influencia de la aparición de eventuales afecciones cancerosas comunes entre padres e hijos: se estudió la probabilidad de que los niños adoptados padecieran las enfermedades genéticas transmitidas por sus padres biológicos. ¡Era inexistente!
Sin embargo, sí existía una conexión entre el cáncer de padres adoptivos y de niños adoptados con los que genéticamente no tenían ninguna relación. El cáncer en los padres adoptivos multiplicaba por cinco la probabilidad de que lo padecieran los niños adoptados.
Al parecer, es mucho más decisivo el entorno en el que vivimos que los genes que portamos. Y ese entorno viene dado tanto por el punto de vista mental como social, así como, desde luego, por la influencia de la alimentación y el medio ambiente. Ya en el año 1981 los investigadores ingleses Doll y Peto, de la Universidad de Oxford, mostraron que solo del 2 al 3 % de los casos de cáncer estaban relacionados con la herencia.2
También resulta muy sorprendente lo que hoy por hoy indican las nuevas orientaciones de la epigenética:3 los genes se pueden conectar y desconectar a fuerza de experiencias mentales, de las influencias del medio ambiente, de las condiciones sociales de vida, de la alimentación y del clima, como podría ser la radiación solar. Por lo tanto, el entorno es mucho más decisivo de lo que pudiéramos creer hace un tiempo. Si antes los investigadores pensaban que los genes controlaban las células y, a través de ellas, los tejidos y los órganos, hoy en día debemos aceptar que ocurre justamente lo contrario: el medio ambiente controla de forma decisiva las células y, en ellas, los genes.
Los numerosos trabajos sobre la vitamina D (que se ha clasificado como hormona, lo que hace que la piel sea un órgano endocrino con carácter de glándula) reflejan, por ejemplo, unos efectos sorprendentes del sol sobre nuestra salud. Está demostrado que el sol ayuda a que nuestra piel active la vitamina D, puesto que es capaz de llegar a las células en las que, según sabemos desde hace relativamente poco, están situados casi todos los receptores especiales de vitamina D. Allí, la vitamina puede influir (en el sentido de estabilizar) de forma muy precisa en el ADN, nuestro bagaje hereditario, y evitar de esa forma tanto el cáncer como otras enfermedades crónicas; incluso se ocupa de que, una vez que se ha declarado el mal, su evolución sea más benigna. Más adelante ofreceremos información abundante sobre el sol y la vitamina D (página 36).
Tanto las influencias mentales como las nutricionales, junto con la radiación solar, pueden tener una enorme influencia en la salud, circunstancia que, hasta la fecha, nadie podía o quería imaginar. Podría pensarse que la medicina convencional ha ignorado de forma consciente y durante siglos la mente, el sol y la alimentación, los tres factores más importantes para la conexión y desconexión de los genes.
Es probable que las sustancias que desencadenan o favorecen el cáncer también sigan el mismo camino. El conocimiento de que el desencadenante del cáncer son las modificaciones producidas en el ADN es algo que se sabe desde hace mucho tiempo.
Resulta evidente que nuestro organismo no funciona como la maquinaria de un reloj, tal y como pensó Descartes, sino que es una verdadera maravilla en cuanto a su complejidad, en la que los niveles biomecánicos colaboran estrechamente con los fisiológicos y mentales. Por lo tanto, no existe un único motivo desencadenante de un cáncer, sino que intervienen otros muchos factores.
LO QUE PODEMOS CONSEGUIR POR MEDIO DE LA ALIMENTACIÓN
Tengo muy presente que el equilibrio psicológico es de gran importancia para la salud; en mi opinión, ocupa el primer lugar. Por eso, llegados a este punto, me gustaría hablar de los resultados de diversos estudios realizados por investigadores como Colin Campbell, autor de The China Study (El estudio de China, ed. Sirio, 2012), obra a la que voy a referirme con frecuencia en este libro; también me referiré a Caldwell Esselstyn y Dean Ornish y a sus estudios referentes a la alimentación; así como a Jörg Spitz y William Grant, que complementan la cuestión de la vitamina D y nos hacen tomar conciencia tanto del aspecto mental como del físico. El escritor Jonathan Safran Foer, con su libro Comer animales,4 me ayudó mucho a descorrer una cortina para mostrar al mundo cómo funciona la producción de alimentos de origen animal. Aun cuando esta visión pueda ser repugnante, espantosa y angustiosa, no podemos dejarla de lado durante mucho más tiempo. Estoy francamente agradecido a todos los autores citados por su animosa apuesta.
Como dietista y naturópata, siempre he subrayado a mis pacientes la importancia de una alimentación saludable. Desde el comienzo de mi actividad médica he abogado por una alimentación adaptada a la especie, integral y, en el sentido de la medicina tradicional china, adecuada a cada tipo; desde hace cuarenta años soy un partidario convencido de la alimentación vegetariana. En la actualidad, se ha demostrado (sobre todo gracias al trabajo de Colin Campbell) la necesidad de un completo cambio en el pensamiento científico fundamentado en la enseñanza nutricional. Ese cambio puede tener efectos espectaculares en el tratamiento de dolencias tan extendidas como son las afecciones cardiovasculares, el cáncer y, sobre todo, el amplio espectro de las denominadas enfermedades de la civilización, como la diabetes de tipo 2. En este libro me gustaría acompañar al lector en un viaje que le ayude a cambiar su forma de pensar, en principio en beneficio propio, tal y como hizo Bill Clinton. A mí me fue muy fácil modificar mi alimentación mientras leía The China Study. Si usted quisiera hacer algo semejante, esta lectura podría ser un gran regalo, el mayor de todos: el descubrimiento consciente de lo que podría hacer por este mundo. A mí me parece que, después de los innumerables escándalos de la carne contaminada detectada en múltiples países, de las orgías tóxicas en la comida y los consumidores, así como de los virus de gripe porcina y aviar, ha llegado el momento de cambiar nuestro enfoque conceptual y empezar de nuevo. Este cambio podría comenzar poco a poco, entre los individuos, para luego extenderse como un reguero de pólvora, de boca en boca, de corazón a corazón.
Para concluir, conviene tener en cuenta que existen posibilidades con base científica de dar una orientación razonable a las dietas insensatas, aprovechar el sol como fuente de energía y, en general, hacerlo todo más fácil, tanto para nosotros mismos como para los demás. Siento una gran satisfacción al poder tomar la palabra, y eso a pesar de que en este viaje deberemos enfrentarnos a aspectos realmente difíciles para los que, quizá, lo mejor sería cerrar los ojos y continuar con nuestra vida tal y como ha discurrido hasta ahora. Está claro que esto no puede ni debe seguir así. Al fin y al cabo no solo se trata de nosotros, sino también de los animales y del medio ambiente.
Naturalmente, esta gran empresa contiene en sí misma una enorme sombra: la de la mala conciencia que surge entre las personas que comen carne, que continuarán haciéndolo igual que antes y que aceptarán conscientemente toda esta miseria. Pero mi gran esperanza se basa en que usted sea capaz de tomar el camino adecuado y, además, que consiga hacerlo a tiempo.
