Читать книгу: «Historias. Libros V-XV»
BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 43

Asesor para la sección griega: CARLOS GARCÍA GUAL .
Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por JUAN MANUEL GUZMÁN HERMIDA .
© EDITORIAL GREDOS, S. A.
Sánchez Pacheco, 81, Madrid, 1996.
PRIMERA EDICIÓN , 1981.
ISBN 9788424930691.
LIBRO V
Sincronismos
El año en que Arato el Joven [1 ] ejerció el generalato se cumplió alrededor de la subida de las Pléyades 1 , pues entonces el pueblo aqueo efectuaba así el cómputo del tiempo. Por esto, Arato resignó el mando y Epérato 2 [2] le relevó en la capitanía de los aqueos; Dorímaco seguía siendo el general de los etolios. Entonces mismo, [3] o sea a principios del verano, Aníbal, que hacía ya abiertamente la guerra a los romanos, tras partir de Cartagena 3 y cruzar el río Ebro, iniciaba sus operaciones y su marcha hacia Italia. Los romanos enviaron a Tiberio [4] Sempronio Longo al África, al frente de un ejército, y a Publio Cornelio Escipión 4 le mandaron a España. Antíoco III y Ptolomeo IV, rehusando componer sus [5] diferencias acerca de Celesiria 5 mediante legados y negociaciones, se declararon mutuamente la guerra.
Prosecución de la guerra social en el año 218
[6] El rey Filipo de Macedonia andaba escaso de trigo y de dinero para sus tropas y, a través de los arcontes, convocó 6 a asamblea a [7] los aqueos. Éstos, según la ley, se reunieron en Egio 7 , donde Filipo observó que los de Arato estaban predispuestos contra él por las intrigas 8 que los hombres de Apeles, con motivo de las elecciones, habían urdido para perjudicarles. Se dio cuenta, además, de que Epérato 9 era persona de carácter indolente, [8] de quien nadie hacía el menor caso. Todo lo antedicho le llevó a apercibirse de la estupidez de Apeles [9] y Leontio y resolvió atraerse a los Aratos. Convenció a los magistrados de que trasladasen la asamblea a Sición, convocó a los dos Aratos, al padre y al hijo, a una entrevista secreta, e inculpó a Apeles de todo lo sucedido. Les rogó que perseveraran en su política inicial, [10] a lo que ellos se prestaron con agrado. Entonces, Filipo se dirigió a los aqueos y, con la colaboración de los dos jefes citados, logró todo lo que necesitaba para [11] sus designios. En efecto: los aqueos le entregaron inmediatamente cincuenta talentos para el inicio de la campaña 10 , decretaron abonar a las tropas el sueldo de tres meses y añadir, además, diez mil medimnos 11 de trigo. Además, durante el tiempo en que hiciera la [12] guerra conjuntamente con ellos en el Peloponeso, cobraría de los aqueos diecisiete talentos mensuales.
Los acuerdos tomados fueron éstos, y los aqueos [2 ] se retiraron a sus ciudades. Cuando las tropas se hubieron concentrado desde los lugares donde habían invernado, el rey, previa deliberación con sus consejeros 12 , determinó hacer la guerra por mar: estaba persuadido [2] de que sólo así podría aparecer rápidamente, y por todas partes, a sus enemigos y de que éstos apenas podrían prestarse ayuda mutuamente: estaban diseminados [3] por el país, y todos temerían por sí mismos, a causa de que la comparecencia del adversario por mar era tan súbita como imprevisible. Filipo estaba en guerra contra los etolios, los lacedemonios e, incluso, contra los eleos. Tomó, pues, estas decisiones y concentró [4] sus naves y las de los aqueos en Lequeo 13 , donde realizó maniobras continuas: ejercitaba a los hombres de sus falanges y los habituaba al manejo de los remos; los macedonios atendían con sumo interés las órdenes impartidas: si son muy famosos y esforzados en las [5] peleas terrestres libradas en formación, no están menos dispuestos, si se presenta el caso, a la lucha por mar. Son obreros de mucho aguante, no cabe la menor duda, para misiones como excavar fosas, clavar empalizadas, [6] en fin, para cualquier penalidad de este tipo. Hesíodo nos presenta así a los Eácidas:
que gozan en la guerra como en un banquete 14 .
[7] El rey y el ejército macedonio permanecían en Corinto, dedicados a los preparativos y a su adiestramiento [8] en las operaciones navales. Apeles, tan incapaz de ganarse a Filipo como de aceptar aquella humillación, se conjura con Leontio y Megaleas: éstos se harían presentes en el momento oportuno, cometerían errores deliberados y, así, entorpecerían los servicios del rey; él se llegaría a Calcis 15 y, desde allí, se las ingeniaría para que no le llegaran, desde ningún lugar, suministros [9] de ningún tipo para sus operaciones. Tal fue su acuerdo con los hombres citados y, después de ajustar tratos tan perversos con ellos, se fue a Calcis, para lo [10] cual alegó al rey unos pretextos absurdos. Establecido allí, todos le hacían caso, debido al valimiento de que había gozado antes; él se atuvo con tanta firmeza a los juramentos, que al cabo forzó al rey, falto de recursos, a empeñar su propia vajilla de plata, que usaba habitualmente, [11] para sufragar su subsistencia. Cuando se concentró la armada y los macedonios estaban ya debidamente entrenados en el arte de remar, Filipo efectuó una distribución de dinero y de víveres, y zarpó. Al cabo de dos 16 días abordó Patras 17 , con seis mil macedonios y mil doscientos mercenarios.
En aquellos mismos días Dorímaco, el general etolio, [3 ] envió contra Élide a Agelao y a Escopas 18 al frente de quinientos neocretenses 19 . Los eleos temían que Filipo emprendiera el asedio de Cilene 20 , y, por eso, reunieron mercenarios, al tiempo que aprestaban las tropas mismas de la ciudad; además fortificaron cuidadosamente Cilene. Filipo se apercibió de ello: concentró en Dime [2] a los mercenarios aqueos, una parte de sus cretenses 21 y de la caballería gala, y, asimismo, dos mil soldados de a pie de las tropas de élite aqueas 22 , y dejó a estas fuerzas en esa plaza como cuerpo de reserva que, además, le protegería de peligros procedentes de Élide. Él personalmente había escrito previamente a los mesenios [3] y a los epirotas, y aun a los acarnanios y a Escerdiledas 23 con la orden de que tripularan las naves de que dispusieran y salieran a su encuentro en Cefalenia 24 ; zarpó de Patras en el tiempo fijado y abordó [4] en Pronno 25 , en Cefalenia. Se dio cuenta de que esta plaza era difícil de asediar, debido a la estrechez del terreno, de modo que en su navegación avanzó con su [5] escuadra y fondeó delante de la ciudad de Palea 26 . Comprobó que este país es abundante en trigo, capaz de abastecer un ejército entero, por lo que hizo desembarcar a sus fuerzas y acampó delante de la ciudad. Varó las naves en tierra, las rodeó de un foso y de una trinchera, y mandó a sus macedonios a recoger grano. [6] Él se dedicaba a recorrer los alrededores de la población y exploraba por qué lugares resultaba posible aproximar a la muralla las máquinas bélicas para sus obras de asedio; su intención era apoderarse de la ciudad, al [7] tiempo que se reunía con sus aliados. Así privaría, ante todo, a los etolios de su punto de apoyo más necesario, porque los etolios echaban mano de las naves cefalenias 27 para sus desembarcos en el Peloponeso y para sus [8] razzias contra las costas de Epiro y de Acarnania; además, dispondría para sí mismo y para sus aliados de una base muy apropiada contra el territorio enemigo. [9] Cefalenia, en efecto, está situada frente al golfo de Corinto, extendida en dirección al mar de Sicilia 28 ; domina las regiones del Peloponeso orientadas al norte y a occidente, principalmente Élide, y también las partes meridionales y occidentales de Epiro, de Etolia y de Acarnania.
[4 ] La isla era muy adecuada para concentraciones de tropas aliadas y su situación era muy estratégica, tanto para defender los territorios amigos como para atacar los adversarios, por lo que a Filipo le urgía ocuparla y someterla. Observó que la ciudad estaba rodeada por [2] todas partes, ya por el mar ya por unas alturas abruptas; el único llano existente, que era muy reducido, se orientaba hacia Zacinto 29 . Y fue por aquí por donde Filipo proyectó avanzar sus trabajos y realizar las operaciones de asedio. De modo que el rey estaba totalmente entregado a esto. Y se presentaron quince esquifes [3] enviados por Escerdiledas, quien no pudo remitir más, debido a las turbulencias y conjuraciones surgidas entre los reyezuelos ilirios. Procedentes de Epiro, de [4] Acarnania y de Mesenia llegaron también las tropas aliadas fijadas ya de antemano. En efecto, tras la toma [5] de la ciudad de Figalea 30 , los mesenios no pudieron excusarse de participar en la guerra y, desde entonces, se sumaron a ella. Ya dispuesto todo lo necesario para [6] el asedio, Filipo montó las catapultas y las máquinas lanzapiedras en los lugares adecuados para paralizar a los defensores, luego arengó a los macedonios, hizo aproximar las máquinas a los muros enemigos y empezó a minarlos con ellas. Al cabo de poco tiempo dos pletros 31 [7] de muralla carecían ya de cimientos: tanto era el ardor que los macedonios ponían en esta tarea. Entonces el propio rey se acercó al muro e invitó a los de la ciudad a que hicieran las paces con él. Pero los de [8] Palea le desoyeron, y Filipo mandó prender fuego a los puntales, con lo que se vino abajo todo el lienzo de muralla socavado previamente. Logrado esto, envió primero [9] a los peltastas 32 a las órdenes de Leontio, dispuestos en secciones: la orden era forzar el paso por la brecha. Leontio se atuvo a lo pactado con Apeles y retuvo [10] tres veces seguidas a sus jóvenes soldados, que ya habían rebasado el boquete abierto, para que no completaran [11] la ocupación de la plaza; para ello, había sobornado a muchos de los oficiales de rango más alto, y él mismo, con una cobardía afectada, iba saboteando [12] las oportunidades. Y al final fueron rechazados de la ciudad con fuertes pérdidas, a pesar de que hubieran podido derrotar fácilmente al enemigo. Cuando vio la cobardía de sus oficiales y que muchos macedonios habían resultado heridos, Filipo desistió del asedio y deliberó con su corte acerca del futuro.
Invasión de Etolia. Intrigas de los oficiales macedonios
[5 ] Precisamente entonces, Licurgo 33 había marchado sobre Mesenia, y Dorímaco con la mitad de sus etolios había hecho una incursión contra Tesalia; ambos estaban convencidos de que así distraerían a Filipo del [2] asedio de Palea. Ante estos hechos se presentaron al rey unos embajadores de parte de los acarnanios y otros de parte de los mesenios, los primeros para solicitar de él que invadiera Etolia e hiciera desistir, con ello, a Dorímaco de su incursión contra Macedonia: podía irrumpir en el país de los etolios y devastarlo impunemente [3] por entero. Los enviados mesenios también pedían su ayuda. Le informaron de que en aquella época soplaban los vientos etesios 34 , y ello hacía factible efectuar la travesía desde Cefalenia hasta Mesenia en un [4] solo día. Gorgo de Mesenia 35 le demostraba que un ataque contra Licurgo sería un éxito porque sería imprevisto. Leontio, siempre fiel a sus propósitos, apoyaba [5] firmemente a Gorgo porque veía que así a Filipo le llegaría el final del verano sin haber conseguido nada. Navegar hasta Mesenia era ciertamente fácil; lo imposible [6] era hacerse a la mar desde allí si continuaban los vientos etesios. La consecuencia era que Filipo, encerrado [7] con su ejército en Mesenia, se vería obligado a pasar sin operar el resto del verano, mientras los etolios harían correrías por Tesalia y Epiro, pillándolo y devastándolo todo sin miedo. Leontio, pues, lleno de malas [8] intenciones, daba estos consejos y otros por el estilo. Arato, sin embargo, que también estaba allí, representaba la posición contraria: en efecto, sostenía que la [9] travesía debía ser directamente contra Etolia y que debía prestarse atención a las operaciones de allí. Pues como Dorímaco había salido del país en campaña con sus tropas, la ocasión era espléndida para entrar en Etolia y devastarla. Filipo, que ya desconfiaba de Leontio [10] por su negligencia premeditada en el asedio anterior, comprobó, además, la deslealtad del consejo que le daba, es decir que navegara hacia el sur. Y resolvió seguir el parecer de Arato. En consecuencia, escribió a [11] Epérato, el general aqueo, con la orden de que tomara a los aqueos y acudiera en socorro de los mesenios; él zarpó de Cefalenia y, al cabo de dos días, se presentó, de noche, con su escuadra en la isla de Léucade. Tras [12] dragar el canal del mismo nombre 36 , hizo que su flota lo pasara y se adentró en el golfo llamado de Ambracia 37 ; [13] éste, ya citado, es una larga prolongación del mar de Sicilia 38 , que alcanza el corazón mismo de Etolia, [14] como ya hemos constatado más arriba 39 . Hizo la travesía y fondeó poco antes del alba junto a la ciudad llamada Limnea 40 , Allí ordenó a sus tropas que se prepararan la comida, que dejaran la mayor parte de su impedimenta y que se aprestaran a la marcha en las condiciones [15] de la infantería ligera; él reunió a los guías, de los que inquirió, para informarse, cómo eran aquellos lugares y las ciudades establecidas allí.
[6 ] Al tiempo de todo esto, se presentó Aristofanto 41 , el general, con el ejército acarnanio íntegro 42 . En épocas anteriores los etolios habían infligido a los acarnanios muchos y atroces sufrimientos, por lo que ellos ahora estaban dispuestos ardorosamente a la venganza y a [2] inferir daños a los etolios. Esto hizo que aprovecharan gustosos la ayuda que entonces les prestaban los macedonios, y se presentaron en armas no sólo los que por ley debían prestar servicio militar, sino incluso algunos [3] de más edad. Y un arrojo no inferior al de éstos poseía a los epirotas; los móviles eran muy parecidos. Sin embargo, por la gran extensión de su territorio y por lo imprevisto de la aparición de Filipo no lograron concentrar [4] a tiempo a sus tropas. Como ya puntualicé 43 , Dorímaco se había presentado, al frente de la mitad del ejército etolio, y había dejado en el país la otra mitad: creía que esta reserva bastaba para proteger al territorio y a las cíudades ante ataques inesperados. El rey dejó una guarnición suficiente para los bagajes, [5] levantó el campo en Limnea un atardecer, avanzó unos sesenta estadios y acampó. Allí se tomó el rancho y, tras [6] conceder un breve descanso a sus tropas, reemprendió la marcha. Durante toda la noche progresó ininterrumpidamente, alcanzando, instantes después de que amaneciera, las orillas del río Aqueloo, entre las poblaciones de Cónope y de Estrato. Le urgía caer de manera súbita e inesperada sobre el distrito de Termo 44 .
Leontio comprendió que Filipo iba a lograr sus objetivos [7 ] y que los etolios no podrían, por dos razones, afrontar la situación: primero, porque la aparición de los macedonios había sido súbita e inesperada; además, [2] los etolios no habrían ni soñado en esta osadía de Filipo, tan decidido a irrumpir precisamente en la comarca de Termo, que era un lugar muy escabroso. Los acontecimientos, pues, iban a coger a los etolios desprevenidos y sin la menor preparación. Leontio veía todo esto, pero [3] seguía fiel a sus intentos: afirmaba que Filipo debía acampar junto al río Aqueloo, para reponer sus fuerzas tras la marcha nocturna. Con ello, pretendía ofrecer a los etolios por lo menos un respiro en vistas a organizar su resistencia. Pero Arato constató que aquél era el [4] momento justo del ataque y que, además, era claro que Leontio procuraba poner trabas, por lo que conjuró a Filipo que no dejara escapar la ocasión ni la difiriera. Convenció al rey, quien, por lo demás, ya despreciaba [5] a Leontio; Filipo, pues, no cortó el avance, sino que lo [6] prosiguió. Cruzó el río Aqueloo y adelantó rápidamente en dirección a Termo; en su progresión devastaba y [7] destruía el país. En su marcha dejó a su izquierda Estrato, Agrinio y Testieo, a su derecha Cónope, Lisimaquia, [8] Triconio y Fiteo. Alcanzó la ciudad llamada Metapa 45 , situada a la orilla del lago Tricónide. No lejos de ella hay unos desfiladeros, y dista unos sesenta estadios [9] de la región citada de Termo. El rey entró en Metapa, evacuada ya por los etolios, y la ocupó con quinientos soldados; su intención era usarlos como reserva con vistas a su entrada y a su salida por los desfiladeros. [10] Las tierras que circundan el lago son montuosas y abruptas, y además cubiertas de bosque, por lo cual la [11] entrada es angosta y terriblemente difícil. Filipo situó luego a los mercenarios al frente de la columna 46 , a continuación a los ilirios; seguía él con los peltastas y las falanges, y así emprendió el paso por los desfiladeros. Le cerraban la formación los cretenses; a su derecha avanzaban paralelamente por el país los tracios y la infantería [12] ligera. El flanco izquierdo de su columna estaba asegurado naturalmente por el lago, a unos treinta estadios de distancia.
Destrucción de Termo
Filipo rebasó, pues, los lugares [8 ] citados y alcanzó una aldea llamada Panfia 47 . La aseguró también con una guarnición y avanzó en dirección a Termo. La ruta no sólo era muy empinada y escabrosa, sino que a ambos lados había unos precipicios formidables. En algunos [2] lugares el paso era peligroso por lo estrecho. El conjunto de la travesía era de unos treinta estadios. Pero [3] se hizo en un tiempo muy breve, porque la marcha de los macedonios resultó muy viva, de manera que se llegó a las proximidades de Termo al caer de la tarde. Acampó [4] y mandó sus tropas a devastar las aldeas circundantes, a recorrer las llanuras de los termios e, incluso, a saquear las casas mismas de Termo, repletas no sólo de trigo y de provisiones, sino también del excelente ajuar que usaban los etolios. Allí se celebraban anualmente [5] mercados y festivales brillantísimos y, además, las elecciones a las magistraturas 48 , de modo que todos depositaban en este punto los bienes de más valor que poseían, bien para la recepción de los huéspedes, bien para la preparación de las fiestas. Además de la utilidad que [6] les prestaba, creían que aquél era el sitio más seguro, ya que jamás enemigo alguno se había atrevido a invadir aquellos parajes; por su configuración eran tales que venían a ser como la acrópolis de toda Etolia. La comarca, [7] pues, gozaba de paz desde hacía muchísimo tiempo, las mansiones que circundaban el templo 49 rebosaban [8] de riquezas, e incluso todos aquellos rodales. Cargados de botín de todas clases, los macedonios de momento plantaron sus tiendas allí para pernoctar. Al día siguiente seleccionaron lo más valioso y, a la vez, transportable de todo aquel ajuar; amontonaron el resto delante de [9] las tiendas y le pegaron fuego. Y lo mismo hicieron con las armas colgadas en los pórticos: cogieron las que eran más ricas y se las llevaron, cambiaron otras por las suyas, juntaron las demás y las quemaron. Las que ardieron sobrepasaban las quince mil.
[9 ] Hasta aquí todo lo que se hizo fue digno y justo, según las normas de la guerra, pero no sé cómo calificar [2] lo que ocurrió después: los macedonios recordaron lo que los etolios habían perpetrado en Dio y en Dodona 50 y ello les impulsó a prender fuego a los pórticos y a destruir los exvotos 51 que quedaban, muy valiosos por su factura; algunos de ellos habían requerido mucho trabajo [3] y dinero. No se limitaron a maltratar por el fuego las techumbres, sino que lo arrasaron todo, que quedó por el suelo. Derribaron también las estatuas, en número no inferior a dos mil, y, algunas, las hicieron añicos, aunque no las que tenían inscripciones dedicadas a los dioses, o bien les representaban: éstas las respetaron. Y en los muros pintaron aquel verso, ya a [4] la sazón muy citado, de Samos, hijo de Crisógono y hermano de leche del rey; el talento de este poeta ya entonces despuntaba. El verso en cuestión es: [5]
¿Ves hasta dónde voló el tiro del dios? 52 .
Acerca de estas acciones, el rey y su corte estaban imbuidos [6] de una convicción tan profunda como perversa: creían que al obrar así lo hacían con justicia y honestidad, pues vengaban en términos iguales la impiedad de los etolios en el santuario de Dio. Sin embargo, yo [7] creo lo contrario. Son ejemplos de esta misma casa real, y no otros distintos, los que posibilitan examinar fácilmente si llevo en verdad la razón.
Antígono, tras haber derrotado en una batalla en [8] toda regla 53 a Cleómenes, rey de los lacedemonios, se hizo soberano absoluto de Esparta 54 . Y siendo ya dueño [9] de hacer lo que quisiera con la ciudad y los gobernados, distó tanto de maltratar a los que habían caído bajo su dominio, que, todo lo contrario, les restituyó la constitución nacional y la libertad. Concedió grandes beneficios al Estado y a los particulares lacedemonios, y luego regresó a su país. Por consiguiente, entonces [10] mismo los lacedemonios le nombraron «bienhechor» y, cuando murió, le añadieron el título de «salvador» 55 ; todo lo expuesto le concitó fama y gloria inmortales no sólo entre ellos, sino entre todos los griegos.
[10 ] Filipo II, el primer rey que dio prestancia a la dinastía de los macedonios 56 y que inició su preeminencia, venció a los atenienses en la batalla de Queronea 57 , pero no consiguió tanto con las armas como con la condescendencia [2] y la benignidad de su temperamento. La guerra y las armas le sirvieron sólo para imponerse y dominar a sus adversarios, pero con su moderación y su buen sentido se ganó a todos los atenienses, al tiempo [3] que sometía a su ciudad: no añadía nunca la cólera a sus éxitos, sino que pugnaba y buscaba la victoria sólo hasta encontrar un motivo suficiente para mostrar su [4] mansedumbre y su nobleza. En efecto: liberó a los prisioneros de guerra sin exigir rescate 58 , rindió honores a los muertos atenienses y encargó a Antípatro la conducción de sus restos. Proveyó de vestidos a la mayor parte de los que se iban y, así, por su clarividencia, con un mínimo dispendio obtuvo un resultado incomparable: la magnanimidad de Filipo impresionó a los atenienses, [5] tan pagados de sí mismos, y de enemigos que le eran les tuvo como unos aliados dispuestos a todo 59 .
¿Y qué diré de Alejandro? Éste, es cierto, se enojó [6] tan terriblemente contra Tebas, que redujo a sus habitantes a la esclavitud y arrasó la ciudad, que quedó como la palma de la mano, pero en la toma de la plaza no desatendió en absoluto la piedad debida a los dioses: tuvo buen cuidado para que, ni aun involuntariamente, [7] no se profanaran los templos ni tan siquiera los recintos sagrados. Este mismo Alejandro, cuando pasó al [8] Asia, castigó la impiedad con que los persas habían tratado a los griegos: por lo que se refiere a los hombres, intentó cobrarse una venganza condigna a los crímenes perpetrados contra ellos, pero se abstuvo, en absoluto, de tocar los monumentos dedicados a los dioses, por más que los persas precisamente con hechos de este tipo habían cometido los peores atentados en tierras griegas 60 .
Por consiguiente, esto es lo que en aquella ocasión [9] Filipo V hubiera debido evocar en todo momento para mostrarse heredero y continuador de estos hombres mencionados, no tanto de su imperio como de su magnanimidad. Pero él, durante toda su vida puso el máximo [10] empeño en aparecer como descendiente de Filipo II y de Alejandro; en cambio, no mostró el más [11] mínimo interés en imitarles. Y puesto que su proceder fue opuesto al de los hombres citados, cuando fue entrando en años alcanzó entre todo el mundo una reputación contraria a la de ellos 61 .
[11 ] Lo que hizo entonces es un ejemplo válido. Filipo no pensaba realizar nada absurdo cuando su coraje le empujaba a delinquir en respuesta a los sacrilegios de [2] los etolios, a curar un mal con otro mal. Una y otra vez echaba en cara a Escopas y a Dorímaco su irreverencia y su violencia gratuita: aducía sus profanaciones de lo divino cometidas en Dodona y en Dio, y no caía en la cuenta de que al ejecutar algo por el estilo se ganaba, entre los que se enteraban de ello, una fama no distinta. [3] Pues a conquistar y derribar fortines enemigos, puertos, ciudades, vidas humanas, naves y cosechas y a las demás cosas semejantes a éstas, mediante las cuales se puede debilitar al adversario y convertir en más eficaces los medios propios en vistas a los planes que se abrigan, a hacer todo ello obligan las leyes y el derecho de la [4] guerra 62 . Pero maltratar lo que no va a proporcionar ni aportar ninguna ayuda a nuestra empresa ni a inferir ningún daño al enemigo, al menos en lo que atañe a la guerra actual, profanar templos sin motivo y, con ellos, sus imágenes y todos los monumentos de este género, ¿podrá negarse que es obra de un coraje y de un talante [5] rabiosos? Los hombres honestos deben hacer sus guerras no para aniquilar y destruir a los que les han perjudicado, sino para corregir y reformar a los culpables. No se debe exterminar a los inocentes junto con los culpables, antes bien salvar a la vez a los inocentes y a los que parecen tener culpa. Es propio de un tirano [6] obrar sañudamente, imponerse por el terror a unos que le rechazan, ser odiado y odiar a los súbditos; corresponde a un rey 63 , en cambio, ser bienhechor de todos, ganarse el afecto por la propia benignidad y humanidad, presidir y dirigir a quienes lo aceptan de buen grado.
El error cometido entonces por Filipo se puede entender, [7] principalmente, si nos ponemos a la vista el juicio que, lógicamente, hubiera merecido ante los etolios si hubiera hecho lo contrario de lo dicho, si no hubiera destruido ni pórticos ni estatuas, si no hubiera ultrajado los demás exvotos. Yo creo que este juicio [8] hubiera sido el más favorable y humano. Los etolios, conscientes de sus sacrilegios en Dio y en Dodona, hubieran reconocido que entonces Filipo era muy dueño de hacer lo que le viniera en gana, y que si hubiera cometido lo más atroz no hubiera parecido obrar injustamente, al menos en lo referente a ellos: pero su grandeza [9] de ánimo y su bondad le habían inducido a no realizar nada parecido a lo perpetrado por los etolios.
De todo esto se deduce que, de una manera natural, [12 ] éstos se hubieran condenado a sí mismos y hubieran aprobado y admirado a Filipo, porque para con los dioses usaba de una piedad magnánima, digna de un rey, aunque contra ellos mostrara su cólera. Es muy [2] cierto que superar al enemigo en justicia y hombría de bien no es menos útil, sino mucho más, que alcanzar [3] éxitos por las armas: los vencidos ceden, en un caso, a la fuerza bruta, pero en el otro voluntariamente. En un caso la corrección se consigue por medio de grandes pérdidas, en el otro es sin daño como se logra mejorar [4] a los culpables. Y lo que es más importante: en la primera coyuntura el resultado es, en su mayor parte, cosa de los subordinados, en la segunda, por el contrario, la victoria es íntegramente logro de los gobernantes.
[5] Pero seguramente la culpa de todo lo ocurrido allí no debe imputarse totalmente al mismo Filipo, que era muy joven: en su mayor parte debe achacarse a sus cortesanos y colaboradores entonces presentes, entre [6] los cuales estaban Demetrio de Faros y Arato el Viejo. Y aun de ellos dos, no es difícil adivinar, incluso para quien no hubiera vivido aquello, de quién, lógicamente, [7] procedía este asesoramiento. Pues dejando aparte los principios de toda su vida, en los que, tratándose de Arato, no se encontraría nada ni precipitado ni indiscernido, y lo contrario en los de Demetrio, es notorio que tenemos ejemplos concretos de las tendencias de ambos, [8] evidenciadas en casos semejantes. La mención adecuada de esto la haremos cuando llegue el momento oportuno 64 .
Retorno de Filipo a Limnea
[13 ] Filipo (pues de ahí partió mi digresión) recogió lo transportable y se lo llevó. Partió de Termo y realizó el regreso por el mismo camino por el que se había presentado. El botín precedía la formación, seguido por la infantería pesada; había dejado en la retaguardia a los [2] acarnanios y a los mercenarios. Todo su empeño consistía en pasar las angosturas lo más pronto posible, porque recelaba que los etolios iban a establecer contacto con su retaguardia, fiados en la escabrosidad del lugar. Y es lo que ocurrió inmediatamente. Los etolios [3] se habían aprestado a la defensa, concentrándose alrededor de tres mil; mientras Filipo estaba en las alturas no se le aproximaron, sino que permanecieron en lugares retirados. Su comandante era Alejandro de Triconio 65 . Pero cuando la retaguardia macedonia se puso en movimiento, los etolios se lanzaron, al punto, en dirección a Termo y hostigaron a los últimos de la columna. En la [4] citada retaguardia se produjo una confusión, lo que hizo que los etolios redoblaran el ardor de su ataque: llegaron a un cuerpo a cuerpo, fiados en la aspereza de los lugares. Sin embargo, Filipo había previsto esta eventualidad [5] y había emboscado en la base de una colina a los ilirios y a la flor y nata de sus peltastas. Estas [6] tropas arremetieron contra aquellos enemigos que habían avanzado excesivamente en su ataque; los etolios se dieron a la fuga tumultuosamente, campo traviesa. Ciento treinta murieron, y cayeron prisioneros casi otros tantos. Después de esta derrota sufrida por los etolios, [7] la retaguardia macedonia pegó fuego al instante a Panfia, pasó sin peligro los desfiladeros y se unió al resto de las fuerzas macedonias. Filipo había acampado junto [8] a Metapa y se reunió allí con los de su retaguardia. Al día siguiente arrasó esta ciudad, avanzó y estableció su campamento junto a la ciudad llamada Acras. Al [9] otro día, sobre la marcha, fue devastando el país: acampó sobre Cónope y se quedó allí la siguiente jornada. Transcurrida ésta, levantó de nuevo el campo y marchó por las orillas del Aqueloo hasta llegar a Estrato. En este punto cruzó el río y puso sus fuerzas fuera del alcance de los tiros enemigos; desde allí tanteaba a los defensores.
