Читать книгу: «El rostro de los diarios digitales en el Perú»

Шрифт:




Colección Investigaciones

El rostro de los diarios digitales en el Perú

Primera edición digital: septiembre, 2018

© Universidad de Lima

Fondo Editorial

Av. Javier Prado Este 4600,

Urb. Fundo Monterrico Chico, Lima 33

Apartado postal 852, Lima 100, Perú

Teléfono: 437-6767, anexo 30131

fondoeditorial@ulima.edu.pe

www.ulima.edu.pe

Diseño, edición y carátula: Fondo Editorial de la Universidad de Lima

Imagen de portada: Billion Photos / Shutterstock.com

Versión e-book 2018

Digitalizado y distribuido por Saxo.com Perú S. A. C.

https://yopublico.saxo.com/

Teléfono: 51-1-221-9998

Avenida Dos de Mayo 534, Of. 304, Miraflores

Lima - Perú

Se prohíbe la reproducción total o parcial de este libro, por cualquier medio, sin permiso expreso del Fondo Editorial.

ISBN 978-9972-45-459-2

Índice

Introducción

Capítulo 1 Las premoniciones cumplidas

1. El entorno

1.1 Primero fue la sociedad de la información

1.2 Agenda social digital

1.3 El papel de los medios de comunicación tradicionales y digitales

2. El futuro del periodismo

2.1 La fricción y la información

2.2 Más conceptos de la física: fusión, implosión y disrupción

2.3 Escenarios futuros: los medios como guías de las personas

Capítulo 2 Periodismo digital

1. A propósito de la evolución y la convergencia

2. Modelos y cualidades del diario en línea

3. ¿Nuevo lenguaje de comunicación?

Testimonio. “Escribimos para personas y algoritmos…”

Capítulo 3 Los ciberperiódicos limeños

1. Historia y evolución

1.1 Los más populares

1.2 Hitos y referencias de diez ciberperiódicos

2. Evaluación de los periódicos digitales

Testimonio. Bajarnos de la ola

Capítulo 4 Estructuras de las plataformas web

1. Análisis de las portadas

1.1 Correo.pe

1.2 Diario16.pe

1.3 Elcomercio.pe

1.4 Elperuano.pe

1.5 Gestion.pe

1.6 Diariouno.pe

1.7 Larepublica.pe

1.8 Libero.pe

1.9 Peru21.pe

1.10 Trome.pe

2. Enlaces desde la portada

Testimonio. Cambios que demandan cambios

Capítulo 5 Secciones y sus elementos

1. Correo

2. Diario16

3. El Comercio

4. El Peruano

5. Gestión

6. Diario Uno (antes La Primera)

7. La República

8. Líbero

9. Perú 21

10. Trome

Testimonio. Industria digital en el Perú: haciendo camino al andar

Capítulo 6 Análisis de la interacción y de la adopción de la web 2.0

1. Interacción con el medio

1.1 Comunicación con el autor de la noticia y con la redacción

1.2 Comentarios en las noticias publicadas y las entradas a los blogs

1.3 Votación de noticias publicadas por el medio de comunicación

1.4 Modificar o corregir el contenido

2. Publicación de contenidos creados por los usuarios

2.1 Creación de blogs

2.2 Publicación de textos

2.3 Publicación de fotos y difusión de videos

2.4 Secciones exclusivas para contenidos creados por los usuarios

3. Registro del usuario y contactos con otros usuarios

3.1 Registro por parte del usuario

3.2 Contacto con otros usuarios registrados

4. Acceso a la información

4.1 Acceso a la información a través de la portada

4.2 Acceso a la información a través de las secciones

4.3 Acceso a la información a través de noticias relacionadas

4.4 Acceso a la información a través del buscador

4.5 Acceso a la información a través del mapa web

4.6 Acceso a la información a través de la recomendación de los usuarios

4.7 Acceso a la información a través de plataformas externas de la web 2.0

5. Personalización de la información

5.1 Adaptación de la interfaz del sitio web del medio de comunicación en función de los contenidos de interés para el usuario

5.2 Sindicación de contenidos del medio de comunicación a través del móvil o del correo electrónico

5.3 Suscripción de alertas o boletín electrónico

6. El medio ofrece distintas versiones de su información

6.1 Versión impresa

6.2 Visión global

6.3 Versión digital actualizada de forma constante

6.4 Versión impresa adaptada a la web

7. Empleo de herramientas de la web 2.0

7.1 Compartir información con otros usuarios

7.2 Blogs vinculados al medio de comunicación

8. Presencia de los medios de comunicación en otras plataformas de la web 2.0

8.1 Presencia del medio de comunicación en plataformas audiovisuales

8.2 Presencia del medio de comunicación en plataformas de imágenes

8.3 Presencia del medio de comunicación en plataformas de microblogging

8.4 Vinculación entre el sitio web del medio de comunicación y las plataformas sociales

8.5 Empleo de redes sociales propias

8.6 Presencia del medio de comunicación en redes sociales profesionales externas

8.7 Presencia del medio de comunicación en redes sociales de amistad

Testimonio. Cuando la tecnología impone la pauta

Capítulo 7 El factor humano: el periodista digital

1. Condicionantes individuales

1.1 Variables sociodemográficas: joven, masculina y profesional

1.2 Experiencia laboral y entrenamiento

2. Rutinas laborales

2.1 Jornada laboral: más de ocho horas diarias

2.2 Principales tareas

3. Condicionantes organizacionales

3.1 Interacción con la plataforma y las áreas digitales

3.2 Interacción de la web con el impreso

4. Percepciones sobre las fortalezas y debilidades de las webs

Referencias

Introducción

Cuando llegué a la redacción del diario El Comercio, allá por el año 1985, no había computadora disponible para quienes empezábamos a realizar nuestras prácticas preprofesionales. Me tuve que conformar con una máquina de escribir que, felizmente, dejé al poco tiempo. Hasta que eso sucedió, miraba a mis compañeros escribir en las Harris, unas enormes computadoras de oscuras pantallas, en las que tras cada clic saltaban unas letras de color verde hoja. Allí, unos elaboraban sus notas mientras otros esperaban su turno, porque tampoco había aparatos suficientes para todos.

Algunos pensaban que aquel armatoste nunca desaparecería. Lo cierto es que en menos de cinco años, la Harris pasó a mejor vida: fue reemplazada por una nueva generación de computadoras personales. Me instalé en una PC compatible a inicios de la década de 1990; entonces, nadie soñaba con internet ni estaba consciente de que a mediados de aquella década el diario ingresaría al mundo de la web 1.0 y después a la 2.0.

La redacción crecía y se modernizaba. José Manuel de Pablos (2001) dice que frente a la internet algunos periodistas experimentaron en sus inicios “el síndrome tecnofóbico medieval” o simedie, es decir, cierta resistencia a la novedad informática. En el Perú, probablemente, fueron una minoría. A partir de 1995, año de la masificación digital (Villanueva, 2012), la mayoría aprendió a lidiar con internet como hoy las nuevas generaciones aprenden a hacer periodismo de calidad bajo las magníficas oportunidades que ofrecen herramientas digitales que se reactualizan día a día.

El 2016, los ciberperiódicos peruanos han entrado en su tercera década digital y nadie duda del estatus que han alcanzado. Se les compara con los medios convencionales y, como se presagiaba, se han convertido en un factor estratégico para el futuro de las empresas periodísticas (Palacios y Díaz Noci, 2007). Al igual que lo sucedido en otros países, la experiencia vivida con la web –hoy popularizada– no se parece a otros experimentos en los cuales se embarcaron en el pasado algunos medios y que no duraron más de diez años (Boczkowski, 2006).

Los medios digitales describen realidades con un ‘color’ y un ‘sabor’ característicos, diferentes a las de sus pares impresos. Al leer, ver, oír e interactuar con sus contenidos, se comprueba que el rostro del periodismo ha cambiado (Singer, 2008) y que la profesión se halla en una etapa de redefiniciones y revoluciones continuas que los académicos observan, los periodistas viven y los cibernautas siguen. Estamos ante el fin de una época y lo que preocupa es que se desaproveche la oportunidad que ofrece este modelo, incierto, sin duda (Cobo, 2013), en una época en que “las certezas han sido abolidas” y asistimos a lo que el sociólogo Zygmunt Bauman (2016) llama el colapso de la confianza.

Desde que la revista Caretas ingresara a la red, convirtiéndose en la primera publicación con una edición digital, nada está dicho. Las tendencias de forma y fondo que hoy parecen inamovibles en el negocio de las noticias virtuales, mañana serán reinventadas. ¿Moda? No. Son cambios que seguirán produciéndose a una velocidad antes inimaginada, porque derivan, a su vez, de las innovaciones que impone internet, que se están dando tanto en el mundo de la tecnología como en el comportamiento del usuario, en las nuevas condiciones de producción del mensaje y en las salas de redacción, en la cultura y los contextos sociales (Bradshaw, 2012).

Esta investigación hizo un alto en el camino para otear el panorama de diez ciberperiódicos de Lima, promovidos por medios impresos (El Comercio, La República, Perú.21, Correo, Gestión, Líbero, Trome, Diario 16, La Primera [Diario Uno] y El Peruano), ocho de información general y dos especializados (Salaverría, 2009), en un momento escogido aleatoriamente, para identificar qué innovaciones destacaron en la forma de hacer periodismo, qué prácticas adoptan para informar y comunicarse con las activas audiencias, cuáles son las características de las publicaciones electrónicas dirigidas al consumidor masivo que producen y, finalmente, quién es el nuevo periodista digital. Como señala Pablo Boczkowski, si se espera que los medios de comunicación masivos provoquen determinadas consecuencias revolucionarias, es importante reconocer cuáles fueron los procesos seguidos para llegar a ellas (2006).

El periodo seleccionado para el análisis, junio del 2012 y diciembre del 2013, fue significativo. En primer lugar, porque se buscaba aportar información complementaria a los estudios realizados en años anteriores sobre la prensa digital peruana. En segundo lugar, porque como en el resto del mundo, aquellos años significaron la consolidación del ciberperiodismo y el surgimiento de nuevas experiencias nacidas en el mundo virtual. Y en tercer lugar, porque se trataba de cubrir un tiempo previo a las modificaciones que ocurrieron en varias redacciones web de Lima por dentro –o por fuera– de la llamada convergencia de plataformas. Podría decirse que fueron años de una transición –una más, en realidad– en el imparable desarrollo de los espacios virtuales.

La investigación tiene un componente histórico, con lo cual se suma a los esfuerzos desplegados hasta la fecha para estudiar la evolución del ciberperiodismo (Salaverría, 2015). Si bien el análisis se circunscribe a lo sucedido en el bienio 2012-2013, se recogieron antecedentes previos de cada ciberperiódico y, al mismo tiempo, algunas innovaciones relevantes producidas hasta el 2014. Este estudio no aborda en detalle el proceso de la convergencia digital, de Epensa (2012) y del Grupo El Comercio (2013-2014), que merece una investigación aparte que dé cuenta de sus etapas, pero menciona algunos de sus alcances en el registro evolutivo que han tenido esos periódicos online.

Contextualmente, se observa que en la prensa digital –como en la convencional– no existe una única forma de difundir noticias; los sitios web informan, crean corrientes de opinión o entretienen de manera diferente acorde con sus particulares orientaciones y lo que consideran o prefieren sus usuarios. Sin embargo, uno de los supuestos de esta investigación fue que los ciberperiódicos se inclinaban hacia prácticas comunes en la producción y difusión de las noticias, con base en un mismo lenguaje digital (hipertextualidad, interactividad, multimedialidad, actualización y usabilidad) en constante evolución. Por ello, uno de los objetivos en este trabajo fue identificar dichos recursos, su aplicación en cada medio y las ventajas que ofrecían al usuario para acceder a la información.

Esta aproximación analítica se ajusta a lo que Marcos Palacios y Javier Díaz Noci reconocen como el estudio de los cibermedios a partir de las acciones que desarrollan, una de las cuatro tipologías más destacadas recomendadas para clasificar a los sitios web. La tipología permite evaluar el nivel de dinamismo y el grado de adecuación del ciberperiódico al lenguaje digital. Se entiende por nivel de dinamismo, “el aprovechamiento que los nuevos medios hacen de las posibilidades que ofrece el soporte en línea (aplicación de técnicas hipertextuales, multimedia e interactivas y frecuente actualización)”; y por grado de adecuación, el acomodamiento de las piezas potenciales del ciberespacio (hipertextualidad, multimedialidad, interactividad y frecuencia de actualización) “al molde que configuran los contenidos y el usuario de un determinado medio en línea. A mayor grado de adecuación, mayor será el nivel de dinamismo del cibermedio (2007, p. 19).

Asociado a estos recursos, se analizaron los criterios vinculados al tratamiento de las noticias, como la identificación de los temas y técnicas de redacción predominantes; la tendencia hacia la ‘seccionalización’, la identificación de los géneros periodísticos más frecuentes y de las fuentes de información desde la perspectiva del lenguaje digital. En otras palabras, cómo se articularon estos elementos en la estructura de los ciberperiódicos.

Se halló que, si bien todos los medios analizados aprovecharon las mismas posibilidades técnicas del lenguaje online, su dinamismo no siempre fue el mismo, como lo revelan sus portadas y secciones, los géneros que utilizaron, las temáticas que abordaron y la calidad de los contenidos que ofrecieron a sus usuarios.

El segundo objetivo es, precisamente, evaluar la presencia del usuario en el ciberperiódico, es decir, de “la gente antiguamente conocida como la audiencia”, como la definió Jay Rosen (Briggs, 2007). Se buscó identificar las herramientas interactivas que los periodistas estaban utilizando para generar lo que el profesor de periodismo de la Universidad de Columbia, James Carey, denominaría los espacios de conversación (Jarvis, 2011) del medio con el público, del público con el medio y del público entre sí, que han redefinido las relaciones con la audiencia (Pavlik, 2005).

Si los medios han debido aprender a escuchar a sus usuarios (Salaverría, 2005) o a conversar con ellos, sobre todo con los nativos digitales para ofrecerles los temas que les interesa (Orihuela, 2011), ello ha sido posible gracias a la creación de espacios que han contribuido a mejorar la comunicación, la participación, la cooperación, el acceso al contenido y la socialización (Rodríguez-Martínez, Codina y Pedraza-Jiménez, 2012) en los sitios web noticiosos.

Otro de los supuestos de esta investigación era que, si bien los ciberperiódicos peruanos habían incorporado más espacios interactivos, ello no implicaba que fueran una web 2.0, es decir, webs que obtenían parte de su valor a través de las acciones que promovían de los usuarios (Briggs, 2007), cosa que fue evidentemente cierta en el periodo analizado. Se confirmaron los estudios previos (Zeta, 2002; Yezers’ka, 2008a; Yezers’ka 2012) que dieron cuenta del ingreso paulatino de las audiencias en la producción informativa.

Sin embargo, también se halló que, con algunas excepciones, las organizaciones periodísticas han marchado lentamente en este proceso de ceder espacio a sus usuarios. De todos los campos que podían im-pulsar para generar mayor interactividad, se notó una mayor apertura en dos: en el acceso brindado a la información de las portadas y las secciones (acceso al contenido) y en la vinculación con las plataformas externas de la web 2.0, como las redes sociales (socialización). Menos frecuentes fueron las iniciativas orientadas a promover la comunicación con y entre los usuarios, su participación y cooperación en la creación de contenidos.

El tercer objetivo se refiere al periodista digital, al reconocimiento de sus rutinas laborales en la redacción web, los condicionantes que afectan su trabajo y los contenidos que produce. Según Boczkowski, las prácticas y las consideraciones relacionadas con la tecnología resultan fundamentales para el trabajo editorial que implica la construcción de contenido informativo en las redacciones online, por lo que es esencial observarlas para entender las formas alternativas que pueden adquirir los nuevos productos mediáticos. Sus estudios, realizados en medios digitales de Estados Unidos, indicaron que el trabajo que realizan los periodistas en el entorno offline permite generar los contenidos y aparatos mediáticos que garantizan la experiencia online. Por último, esta información es medular si se quiere comprender los alcances que luego ha tenido la convergencia de plataformas (Boczkowski, 2006).

Esta propuesta se cumple en el caso de los ciberperiódicos analizados. De un lado, la producción de los contenidos que generan se explica en las condiciones de su elaboración por parte de periodistas polivalentes y multitasking (Salaverría y Negredo, 2008; Scolari, Micó, Navarro y Pardo, 2008), o ‘periodistas orquesta’ –más que gestores, orientadores o filtros– (Pérez y Giraldo, 2010), capaces de cumplir todas las tareas que se les encomiende realizar, desde curador de contenidos hasta community manager, en cualquiera de los formatos disponibles. Sin embargo, también confiesan que han renunciado al reporterismo (antes inherente a la función misma de dar a conocer noticias con rostro humano) y lo que más valoran es la redacción de textos (una de las más importantes tareas en la profesión, además de la investigación).

Del otro lado, ellos forman parte de redacciones muy jóvenes, predominantemente masculinas, integradas por periodistas que empezaron tempranamente en el ejercicio de informar, y en las cuales se está extendiendo la profesionalización, lo cual es una buena noticia. Hace algunos años, el periodista y escritor David Simon dijo que “el periodismo no es un hobby, sino una profesión” (El País, 2009), al cuestionar la participación de millones de personas en la web para, aparentemente, reemplazar al periodista.

Estos resultados nos confrontan con la realidad del periodismo digital, su futuro y sus problemas, los que deberían pensarse tal vez “fuera de la web” (Orihuela, 2012, p. 58). Los editores consultados se muestran confiados en el futuro, así como los jóvenes redactores; pero ambos reconocen que existen debilidades en el quehacer de las empresas donde trabajan.

Las reglas de juego han cambiado para el periodismo profesional porque, se dice, el ensayo y error ha sido incorporado a las rutinas laborales, las audiencias ganan terreno y los periodistas tratan de captar la atención de sus usuarios utilizando las mejores y más recientes técnicas infocomunicacionales para mantenerse en el mercado (Di Próspero y Maurello, 2010).

La pregunta que subyace es si esta forma de hacer periodismo perdurará, si será sostenible. No hay una sola respuesta, dice Silvia Cobo al recomendar que más allá de eso, tal vez, lo más importante sea arriesgar, abrazar la idea y entender las oportunidades que ofrece (2013).

El experto en proyectos digitales Quim Gil sostenía que el nuevo periodista debe tener algo que narrar, un convencimiento ético y sentirse responsable ante la sociedad (2004). Omar Rincón señala que lo que prevalecerá es el periodista DJ, es decir, el que se conecta con su contexto, busca y desea generar una experiencia, intenta una actuación colectiva, le gusta estar en acción colaborativa, produce ritmo y mensaje según vaya funcionando la sensibilidad de la comunidad a la cual se debe, no a su gusto, y celebra lo de todos; no ofrece un concepto como el curador, sino que invita a una experiencia (2013). Mientras que para José Luis Orihuela, el rol del periodista digital deberá hacer lo mismo de siempre: “aprender a leer la realidad (además de todo tipo de formatos y fuentes), aprender a pensar (más allá de los tópicos y los prejuicios) y aprender a contar (en clave transmedia y al servicio del público). El reto, especialmente después de Twitter y parafraseando a Bertalanffy, ya no es ver lo que nadie ha visto, sino más bien pensar lo que todavía nadie ha pensado sobre aquello que todos ven” (Pellicer, 2015).

Tal vez la clave esté en la formulación de una propuesta que combine estas posturas, ante las exigencias de la digitalización y la convergencia de plataformas. En los últimos años, los cibermedios han estado más preocupados en organizar sus redacciones y, al parecer, el reto futuro será organizar la información con un enfoque de profundidad (Bradshaw, 2012), para lo cual, necesitarán periodistas con menos tareas, pero más especializados en actividades en las que deberán demostrar excelencia.

Por otra parte, probablemente, ha llegado el momento de recuperar las enseñanzas de aquel debate, reconocido como uno de los más candentes e instructivos del siglo XX, que sostuvieran en la década de 1920 el periodista Walter Lippmann y el filósofo John Dewey, respecto al rol de prensa en la democracia, y que cobra particular relevancia con el periodismo digital (Bradshaw, 2012; Hermida et al., 2011).

Walter Lippmann escribió que la sociedad moderna se había vuelto demasiado compleja para que el público comprenda y sea capaz de tomar decisiones informadas; por ello, la prensa debía ser un puente entre las masas desinformadas y el poder, y evaluar las políticas de gobierno y presentar conclusiones bien informadas (Hermida et al., 2011). El problema, de acuerdo con Lippmann, era que las imágenes de la prensa estaban distorsionadas, incompletas y deformadas por sus propias debilidades (Kovach y Rosenstiel, 2012).

Dewey, en cambio, sostenía que el público no solo era capaz de tomar decisiones de manera razonada, sino participar activamente como ciudadanos en provecho de una democracia sana. En este contexto, el periodista debía actuar como un educador de las cuestiones clave de la política (Hermida et al., 2011). A juicio de Dewey, los problemas de la democracia se solucionarían mejorando la acción de la prensa y la educación del ciudadano (Kovach y Rosenstiel, 2012).

Entre ambas posturas es cada vez más claro que sin dejar de ser líder del debate público, se requiere un periodismo de servicio para y con la gente, que propugne su participación activa.

La presente investigación cuantitativa y cualitativa discurre en dos dimensiones: el análisis del emisor y el análisis del mensaje. Es producto de la aplicación de tres técnicas de recolección de datos: encuestas, que se aplicaron a los periodistas de las redacciones web; entrevistas en profundidad, a sus editores o subeditores responsables; y un análisis cualitativo del contenido de las versiones electrónicas, basado en tres matrices de indicadores, construidas según los modelos propuestos por diversos autores.

Las encuestas y las entrevistas a los redactores web (71) y editores (9) de los cibermedios, que se efectuaron en el 2013, en su mayoría, fueron útiles para determinar lo que José Carlos Lozano (2007) denomina las rutinas periodísticas y las condiciones de producción de los mensajes, así como para reconocer el perfil de los periodistas.

El análisis cualitativo del contenido permitió descubrir lo siguiente: a. la estructura del texto informativo de las portadas y b. los elementos de las secciones, para reconocer los criterios de hipertextualidad y multimedialidad, así como las temáticas y técnicas de redacción predominantes. También, reconocer los mecanismos aplicados para generar interactividad y las herramientas relacionadas con la usabilidad que ofrecían las webs. Esta evaluación se hizo en fechas diferentes según consta en el capítulo 3.

Antes, en los capítulos 1 y 2, se reflexiona sobre las premoniciones cumplidas en materia de internet, la sociedad de la información y el periodismo digital, muchas de las cuales no se han cumplido, como la desaparición de los periódicos convencionales; o han sido superadas por la realidad y la disrupción. Asimismo, se pasa revista a la evolución del periodismo digital y las herramientas del lenguaje que utiliza.

En el capítulo 3, se presenta el panorama de los ciberperiódicos analizados, su evolución y popularidad en la web; así como la metodología empleada en su análisis, cuyos resultados se muestran en los capítulos 4, 5, 6 y 7, en concordancia con los objetivos planteados.

Se incluyen los testimonios de varios jóvenes periodistas digitales, algunos de los cuales colaboraron en las entrevistas de campo desarrolladas, y a quienes se les solicitó una reflexión personal sobre lo vivido a partir del 2012, el presente y el futuro del modelo.

Hace más de veinte años, los medios tradicionales estadounidenses y europeos entraron al mundo de internet por necesidad. Bajo una perspectiva estratégica bien planteada consideraron que, ante la reducción de lectores y las presiones publicitarias, era pertinente sopesar las posibilidades que ofrecía experimentar con las plataformas electrónicas (Yezers’ka, 2008a).

Hoy no deja de ser irónico que muchos de esos medios se pregunten si valió la pena invertir cuantiosas sumas en equipos, procesos y recursos humanos que, si bien han contribuido a la modernización de sus versiones digitales, no generan los ingresos publicitarios esperados, sobre todo en estos días de millonarios ajustes empresariales.

Las investigaciones consultadas para esta publicación, que aparecen en libros y, sobre todo, en artículos académicos y documentos ubicados en sitios web, revelan que el periodismo electrónico, inmerso en una evolución tecnológica, económica y editorial (Salaverría, 2005), desde hace décadas, no se detendrá, pero sí exigirá definiciones sobre dónde está y a dónde quiere llegar. Qué clase de periodismo quiere desarrollar y a quién quiere servir.

El periodismo digital peruano es una realidad, al margen de su rentabilidad actual. Hay una hornada joven y empeñosa de comunicadores a los que llamamos ciberperiodistas, que cada día emplean los nuevos recursos de una tecnología que avanza de manera impresionante, de acuerdo con procesos y quehaceres reconocidos académicamente. Además, y lo más importante, quizá, crece la masa crítica de prosumidores, especialmente, jóvenes que, aunque con altibajos, aumenta cada año. Si esto es así, no es difícil imaginar que, dentro de poco, el periodismo digital local irá ganando cada vez más seguidores, tanto de las plataformas con soporte en el papel como de las nuevas que nacieron y nacerán en la web. En pocos años, los llamados nativos digitales llegarán a la toma de decisiones y, con ello, a una forma diferente de enfrentar el mundo con herramientas que incluyen las tecnológicas. ¿Quizá, para ese momento, seremos testigos de la consolidación del ciberperiodismo? Un factor importante será el concurso de las empresas periodísticas para aprovechar sabiamente las ventajas de una revolución que debe beneficiar a todas las partes involucradas, y que demandará, como anota la académica Charo Sádaba Chalezquer un compromiso de innovación permanente al ritmo de los cambios tecnológicos. Me cuesta admitir que los móviles reemplacen algún día a los impresos (2016). Pero frente al avance de la tecnología, a los cambios de hábitos asociados a la ‘modernidad líquida’ (Bauman, 2002), en un contexto a favor de la disminución del papel periódico, acorde con la onda ecológica que se extiende en el mundo, ¿será el diario un producto premium, un artículo de lujo y de circulación restringida, como vaticinan los innovadores periodistas digitales? Quizá sí, quizá no.

Debo dejar constancia de que esta investigación no habría sido posible sin el apoyo de muchas personas. Mi gratitud a María Teresa Quiroz, por su confianza en la realización de este nuevo proyecto. A Branca Viaña y a Guillermina Palacios, quienes colaboraron en la captura de la información periodística difundida en los cibermedios, así como en el seguimiento de sus plataformas 2.0. Mi agradecimiento a los editores web Jaisia Amaro, Gustavo Bárrig, Alejandro Castro Backus, Marilyn Corrales, Herbert Holguín Villavicencio, Antonio Manco, Omar Olivares, Jean Paul Preciado y David Reyes, quienes proporcionaron información relevante sobre las dinámicas de sus respectivas redacciones web; y a los redactores digitales, que dieron cuenta de su trabajo. Asimismo, a los ciberperiodistas Ángel Hugo Pilares Manrique y Fernando Lozano Chávez, cuyos valiosos alcances incorporamos en esta obra; además, junto a Maricella Arias Morales, David Reyes y Gustavo Bárrig Jó, aceptaron escribir un testimonio para esta publicación sobre el presente, pasado y futuro del periodismo digital, que día tras día contribuyen a construir en el Perú.

Capítulo 1
Las premoniciones cumplidas

Sobre las nuevas tecnologías y el internet se han hecho toda clase de presagios. En cuanto al ciberperiodismo, que desarrollan empresas convencionales de la prensa, igualmente, se esperaba que en la segunda década de su desarrollo (2005-2015) debían haber resuelto el problema de su supervivencia, a través de la organización de negocios sostenibles; logrando complementariedad con las versiones impresas, para romper los recelos que existen entre ambas; y desarrollando una propuesta informativa propia, que vaya más allá de reproducir las periódicos de papel (Salaverría, 2007b). ¿Cuántos de estos retos se han cumplido?

1. El entorno
1.1 Primero fue la sociedad de la información

“Vivimos en una sociedad de la información, aunque todavía no sabemos qué es lo que significa”, señala el periodista, académico y activo cibernauta, José Luis Orihuela (2013). Y es que se han calculado en más de setenta las definiciones acuñadas (Yezers’ka, 2008a) sobre este concepto, cuyas raíces se vinculan con las innovaciones tecnológicas producidas en las últimas dos décadas del siglo XX, pero que algunos académicos rastrean desde tiempo atrás.

Manuel Castells y Daniel Bell alertaron sobre la emergencia de una nueva sociedad, y Anthony Giddens, Jurgen Habermas, Herbert I. Schiller y Frank Webster piensan que asistimos a un continuum de cambios entre la sociedad capitalista de antes y la actual, de manera que lo informacional es solo “un rasgo subordinado de otros principios sociales dominantes” (Giner, Lamo y Torre, 2006, p. 787).

Sociedad digital, sociedad informacional, sociedad red, del conocimiento, base de la globalización y de la posmodernidad, son un puñado de las etiquetas asignadas a esta imparable revolución que ha impuesto un nuevo desarrollo y configuración social, con notables implicancias en todas las actividades inherentes a la humanidad, organizadas en redes globales: la economía y los mercados financieros; la producción, gestión y distribución de bienes y servicios; el trabajo, la ciencia, la tecnología y la educación; los medios de comunicación y las redes de internet; el arte, la cultura, los espectáculos y los deportes; las instituciones internacionales que gestionan la economía global y las relaciones intergubernamentales; la religión y la criminalidad; las organizaciones no gubernamentales transnacionales y los movimientos sociales (Castells, 2010).

No pretendemos agotar el tema de las definiciones vertidas al respecto, pero resulta muy ilustrativo aproximarse al debate que han generado y reconocer por qué el periodismo se vio obligado a participar en este proceso como actor indiscutible y preponderante en provecho propio y de su comunidad.

Habría que empezar con Castells, reconocido como uno de los académicos expertos en este tema, quien entre varias etiquetas –como sociedad de la información, tecnologías de la información, autopistas de la información, la informatización, y muchas más acuñadas en Japón en los años sesenta–, prefiere hablar de la “sociedad informacional” actual.

El término sociedad de la información destaca el papel de esta última en la sociedad. Pero yo sostengo que la información, en su sentido más amplio, es decir, como comunicación del conocimiento, ha sido fundamental en todas las sociedades, incluida la Europa medieval, que estaba culturalmente en la productividad y en cierta medida unificada en torno al escolasticismo, esto es, en conjunto, un marco intelectual. En contraste, el término informacional indica el atributo de una forma específica de organización social en la que la generación, el procesamiento y la transmisión de la información se convierten en las fuentes fundamentales de productividad y poder, debido a las nuevas condiciones tecnológicas que surgen en este período histórico. (Castells, 2001, p. 51)

Así como la sociedad industrial no solo tenía industrias, señala Castells, la sociedad informacional no solo es sinónimo de información: “una sociedad red es aquella cuya estructura social está compuesta de redes activadas por tecnologías digitales de la comunicación y la información basadas en la microelectrónica” (Castells, 2010, pp. 50-51)1.

Esta definición contiene dos variables importantes: una organización en redes y el paradigma de la tecnología de la información. La primera ha existido en otros tiempos y espacios; la segunda es lo que establece la diferencia y caracteriza las nuevas pautas de interacción dentro de una sociedad.

Algunas características descritas por Castells sobre la sociedad red revelan por qué no solo debe ser denominada sociedad de la información (2001, pp. 549-557):

– En primer lugar, está constituida por redes, es decir, por un conjunto de nodos interconectados o elementos constitutivos de una red determinada. Ejemplo de nodo son los mercados de valores, dentro de la red de flujos financieros, o los canales de televisión, los estudios de filmación y los periodistas de los informativos, dentro de red global de los nuevos medios de comunicación.

– Las redes son los instrumentos apropiados para una economía capitalista basada en la innovación y la globalización, pero también son fuente de poder. La sociedad red es capitalista, global y se estructura en buena medida en torno a una red de flujos financieros.

Las nuevas tecnologías hacen posible que el capital financiero pueda no solo operar, sino competir con base en criterios de competitividad, productividad e información. Como anota Castells, es la articulación de la producción capitalista y el modo informacional de desarrollo. Asimismo, el capital financiero condiciona el futuro de las industrias de alta tecnología; es más, son cada vez más interdependientes.

– La sociedad red ha determinado nuevas formas de movilidad laboral, sin generar desempleos masivos, y transformado las relaciones sociales entre el capital y el trabajo, que se ha individualizado.

– La sociedad red afecta la cultura y el poder. La primera depende de las redes electrónicas de comunicación, donde se realiza ahora la interacción mediada con los públicos; mientras que la política se ha encerrado en los medios masivos, donde los diferentes actores políticos realmente existen en la medida que allí aparezcan y se difundan sus orientaciones.

En conclusión, anota Castells, sumado al hecho que hasta el espacio y el tiempo se han transformado y son atemporales, la sociedad red representa “un cambio cualitativo en la experiencia humana”, una nueva era (2010, p. 557) que ha traído consigo “un modo de desarrollo y estructuración social basado en la nueva matriz que constituyen las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC)”, cuya fuente de productividad son la generación del conocimiento, el procesamiento y la comunicación de símbolos (Giner, Lamo y Torres, 2006, pp. 786-787).

Estas actividades, muy vinculadas al quehacer periodístico, son posibles gracias a la convergencia e integración de las TIC a través de procedimientos digitales. Como anotaba hace más de quince años Antonio Lucas Marín, en esta sociedad hay tres nuevas industrias o grupos de tecnologías muy relacionados entre sí, con ámbitos comunes, que trabajan de manera integrada y, por lo mismo, difícil de diferenciar: las de la informática (computadoras), la telemática (telecomunicaciones) y de la comunicación (Lucas-Marín, 2000):


Al igual que Castells, Lucas sostenía que la sociedad informacional constituiría una revolución industrial que afectó y seguiría afectando a todo el mundo:

Pero este cambio hay que estudiarlo en su desarrollo histórico expansivo, en el que se pueden distinguir algunos momentos de cierta aceleración que se han llamado las tres revoluciones industriales. La primera de ellas significa el inicio de la industrialización, es decir, da lugar a la aparición de las sociedades industriales; la segunda supone la aparición de algunos signos de madurez institucional en el nuevo tipo de sociedad, patente ya a principios del siglo XX; la tercera revolución industrial viene a significar el cambio, que se está dando en la actualidad en los países más avanzados, hacia una sociedad postindustrial o post-moderna, denominada recientemente sociedad informacional. (Lucas-Marín, 2000, p. 16)

¿Qué características tiene este paradigma tecnológico? Además de la evidente convergencia con que interactúan todas las tecnologías, destacan las siguientes (Giner, Lamo y Torres, 2006, p. 786):

– La información constituye su materia prima: la información no solo actúa sobre la tecnología, si no que las tecnologías actúan sobre la información.

– Penetra en el conjunto de la sociedad.

– Así como los procesos técnicos pueden ser reversibles, las organizaciones pueden modificarse y las instituciones reordenar sus componentes.

– Sus tecnologías están interconectadas en un sistema o conjunto de relaciones, característica que da origen a lo que Castells denomina sociedad red o sociedad global.

1.2 Agenda social digital

Hoy, los países se dividen entre aquellos que cuentan con políticas promotoras de la sociedad de la información y aquellos que carecen de ellas.

Se entienden como políticas de sociedad de la información aquellas iniciativas que abordan ese concepto de manera integral, es decir, que se orientan al acceso masivo a las TIC, a la capacitación de recursos humanos y a la generación de contenidos y aplicaciones electrónicas en los diversos sectores de la sociedad. Aunque un país cuente con estrategias de gobierno electrónico, políticas TIC para la educación o iniciativas de desarrollo de software, si ellas se ejecutan de forma aislada y no están concebidas como parte una política integral, se considera que el país no dispone de políticas de la sociedad de la información. Por el contrario, se estima que un país tiene una agenda digital cuando su formulación es explícita y se refleja en un documento específico, o cuando está implícita en un documento de mayor jerarquía y alcance, como un plan nacional de desarrollo. (Rovira, Stumpo y Santoleri, 2013, p. 39)

Hasta el año 2000, la comunidad internacional no había comprendido a cabalidad el potencial de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) para el desarrollo no solo de la comunicación y en provecho del conocimiento, sino de los programas de desarrollo de necesidad mundial. A partir de ese año en adelante, la innovación, difusión y asimilación de las tecnologías móviles y el acceso mejorado a internet expandieron una gama de oportunidades para promover el desarrollo incluyente.

Así lo reconoció en mayo del 2013, a través de una declaración conjunta, el Grupo de las Naciones Unidas sobre la Sociedad de la Información de la Unión Internacional de las Telecomunicaciones de la ONU, fundado en el 2006. Estimó que el 2015, año límite para la consecución de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, los beneficios de los servicios móviles tendrían que estar al alcance de todos, y se conseguirá el objetivo, relativo a las TIC, de proporcionar una plataforma para mejorar la integración de los tres pilares del desarrollo sostenible: el crecimiento económico, la inclusión social y la sostenibilidad medioambiental (International Telecommunication Union, 2003).

Estos adelantos contaron con el respaldo de Gobiernos que aplicaron políticas idóneas en provecho del desarrollo de la sociedad de la información de sus propios países, ganando mayor liderazgo en este sector, y en el resto del mundo.

Si “la primera revolución industrial fue británica, la primera revolución de la tecnología fue estadounidense, con una inclinación californiana” (Castells, 2001, p. 94); sin embargo, en ambos casos, científicos e industriales de otros países desempeñaron un rol preponderante en el descubrimiento y difusión de las nuevas tecnologías.

En la última década del siglo XX, Estados Unidos puso en marcha dos proyectos que supusieron el impulso de las llamadas autopistas de la información dentro y más allá de sus fronteras. Primero, en septiembre de 1993, se anunció la creación de una infraestructura nacional que permitiría el transporte de datos y el desarrollo y la interconexión de aplicaciones telemáticas de altas prestaciones. Luego, en marzo de 1994, planteó a los países miembros de la ITU que un requisito esencial para el desarrollo sostenible en el mundo era la creación de la red de redes; superautopistas o redes de inteligencia que “permitan compartir información, conectarnos y comunicarnos como una comunidad global” (Méndez, 1999, p. 21).

Europa, por su parte, lideró desde la década de 1980 una política informacional consistente, entre otros objetivos, en la creación de infraestructuras transeuropeas de acceso amigable y nuevos mercados para que la sociedad de la información obtenga mayores recursos de la producción de bienes inmateriales que los provenientes de bienes tradicionales. Uno de los documentos más importantes fue el Libro Blanco sobre crecimiento, competitividad y empleo. Retos y pistas para entrar en el siglo XXI que planteó que a través del fomento de la sociedad de la información se podrían encontrar soluciones a problemas diversos, como el desempleo. Para ello, debía difundirse las tecnologías de la información y comunicación europeas, modificar el marco reglamentario de las telecomunicaciones en la unión, estimular el desarrollo de sistemas telemáticos de interés general, entre otras medidas (Méndez, 1999).

Estudios realizados por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) reconocen que los países desarrollados hicieron de las TIC herramientas valiosas para una serie de transformaciones económicas que redundaron en “el aumento de la productividad, una transición desde economías industriales-manufactureras hacia otras basadas en servicios con un rol cada vez más relevante del conocimiento y una desverticalización de los procesos de negocios, permitiendo la desagregación de las cadenas de valor y su deslocalización internacional” (Rovira, Stumpo y Santoleri, 2013, p. 17).

En paralelo, la Cepal encontró enormes progresos en América Latina que, de manera global, entre el 2002 y el 2011, mejoró sustancialmente la infraestructura, el acceso y el uso de estas tecnologías, reduciendo la brecha que mantenía con los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Individualmente, sin embargo, las naciones de la región muestran disparidades. Por ejemplo, si bien la distancia con los países desarrollados se ha reducido en lo que corresponde a infraestructura y acceso a las TIC, las estrategias desarrolladas no han sido suficientes para garantizar su uso extendido, que sigue siendo deficitario.

Se observó que, si bien el acceso a telefonía celular y a internet mostraba una situación alentadora, la banda ancha era restrictiva. En el 2011, la tasa promedio de penetración de banda ancha fija y móvil era de 8 y 11 abonados por cada 100 habitantes, respectivamente, mientras que en los países de la OCDE la proporción era de 27 y 55 abonados por cada 100 habitantes, situación que tenía relación con “el costo de acceso a este servicio, que muestra un precio relativo que en muchos casos no es posible afrontar por parte de los ciudadanos latinoamericanos”. (Rovira, Stumpo y Santoleri, 2013, pp. 17-18)

Desde el 2000 se aprobaron varias declaraciones para promover el uso de las tecnologías de la información y de las comunicaciones (TIC) para el desarrollo en América Latina y el Caribe, bajo el padrinazgo de Naciones Unidas, la Cepal y países de la región.

En el 2003 y en el 2005, primero en Ginebra y luego en Túnez, se realizó en dos etapas la Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información (CMSI), a la cual siguieron eventos internacionales donde se tomaron acuerdos que los países se comprometieron honrar; por ejemplo, respecto a la gobernanza de internet y el software de código abierto, así como principios y planes de acción para adoptar una visión común respecto a la sociedad de la información.

Un documento suscrito en la CMSI fue la Declaración de Principios y el Plan de Acción que plantea las metas que la región debía alcanzar para el 2015. Se señalan las responsabilidades de gobiernos y partes involucradas, para garantizar la conectividad, infraestructura y el entorno propicio que demandan las TIC, un mayor acceso a la información y al conocimiento, y para la creación de capacidades. Se destaca que las TIC deben ser sinónimo de confianza y seguridad, y generar beneficios en todos los aspectos de la vida, en la promoción de la diversidad e identidad culturales, el intercambio de conocimientos y la cooperación internacional y regional (International Telecommunication Union, 2003).

A partir del 2005, las Naciones Unidas, la Cepal y los países de la región constituyeron grupos de trabajo que dieron origen a tres planes de acción de la sociedad de la información en América Latina y el Caribe, denominados Elac 2007, Elac 2010 y Elac 2015; este último aprobado en Lima y que plantea a las TIC como instrumentos de desarrollo e inclusión social. Allí, tras quince años, desde que se formularon los primeros compromisos, se planteó que en el 2015 se estarían evaluando cuántas metas se han cumplido para: garantizar el acceso a la banda ancha, el gobierno electrónico, el uso de las nuevas tecnologías para la mitigación del cambio climático y los desastres naturales, así como para coadyuvar a la seguridad social y la educación; y qué se ha hecho para promover el cierre de la brecha digital en el caso de las micro, pequeñas y medianas empresas.

En abril del 2015, el Foro Económico Mundial difundió el Global Information Technology Report 2015, que evalúa la capacidad de 143 economías para utilizar las TIC, en el entendido de que tienen el potencial de transformar las sociedades y abordar problemas mundiales acuciantes. Los diez países latinoamericanos más destacados se encuentran en el siguiente orden: Chile, Barbados, Uruguay, Costa Rica, Panamá, Colombia, México, Trinidad y Tobago, El Salvador y Jamaica. Países como Costa Rica, El Salvador, Perú y Bolivia, indica el informe, han mejorado su ubicación desde el 2012. Perú subió del puesto 103 (2013) al 90 (2014), donde, se mantuvo hasta el 2015 (World Economic Forum, 2015), entre otras consideraciones, debido a las limitaciones en el sistema educativo que aún frenan el buen uso de las nuevas tecnologías y, además, la falta de eficacia de estamentos legislativos que retrasan el entorno regulatorio de las TIC en el país (Sociedad Nacional de Industrias, 2015).

1.3 El papel de los medios de comunicación tradicionales y digitales

Como resume Manuel Castells, la industria de la comunicación no ha estado al margen de la sociedad informacional. El desarrollo de las empresas puntocom determinó un nuevo panorama económico en el que, a través de internet, no solo se adopta la red como forma de organización, sino que se transforman socialmente todos los procesos de creación, intercambio y distribución de valores (2001).

Dichas transformaciones se ajustaron a las tendencias socioeconómicas y tecnológicas vigentes, a escenarios competitivos cambiantes y los nuevos desarrollos en la informática y las telecomunicaciones que, al mismo tiempo de influir, se vieron influidos por los medios de comunicación tradicionales y el advenimiento de los periódicos online (Pavlik, 2005; Boczkowski, 2006). Veamos por qué.

La Declaración de Principios y el Plan de Acción, suscrita en la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información, puntualiza lo indispensable de la conectividad y la comunicación, así como del acceso irrestricto a la información para la creación de una sociedad más integrada. Pero, además, reconoce en su principio 55 el rol esencial que tienen los medios de comunicación, en general y en particular, de los llamados tradicionales:

Reafirmamos nuestra adhesión a los principios de libertad de la prensa y libertad de la información, así como la independencia, el pluralismo y la diversidad de los medios de comunicación, que son esenciales para la Sociedad de la Información. También, es importante la libertad de buscar, recibir, difundir y utilizar la información para la creación, recopilación y divulgación del conocimiento. Abogamos por que los medios de comunicación utilicen y traten la información de manera responsable, de acuerdo con los principios éticos y profesionales más rigurosos. Los medios de comunicación tradicionales, en todas sus formas, tienen un importante papel que desempeñar en la Sociedad de la Información, y las TIC deben servir de apoyo a este respecto. Debe fomentarse la diversidad de regímenes de propiedad de los medios de comunicación, de acuerdo con la legislación nacional y habida cuenta de los convenios internacionales pertinentes [cursivas añadidas]. Reafirmamos la necesidad de reducir los desequilibrios internacionales que afectan a los medios de comunicación, en particular, en lo que respecta a la infraestructura, los recursos técnicos y el desarrollo de capacidades humanas. (International Telecommunication Union, 2003)

Desde este punto de vista, los periódicos y sus versiones electrónicas tienen una enorme responsabilidad respecto no solo a la sociedad de la información, sino también respecto a su presencia en la comunidad, que se vería enormemente beneficiada con un mercado editorial en el que prevalezca un compromiso con la verdad, la pluralidad informativa y el libre juego de opiniones.

Para lograr estas metas, el periodismo tiene que reconocer varias cosas, según Juan Luis Cebrián, director de El País de España:

Primero. Que vive una revolución semejante a la invención de la imprenta de Gutenberg.

Segundo. La sociedad se ha vuelto más participativa gracias a las redes sociales, el 50 % de las personas se informan a través de Google News y los jóvenes, incluso, superan este porcentaje, y la profesión periodística ha sido alterada porque, en este contexto, los periodistas ya no son mediadores entre las autoridades y los lectores.

Tercero. El periodismo tiene que adaptarse a la nueva realidad; en el plano de su formación, tener periodistas especializados en manejar todos los soportes; y, en el plano empresarial, definir un modelo de negocio exitoso que nadie ha encontrado aún. Según Cebrián, “los medios son cruciales en el funcionamiento de la democracia y la política, pero si no nos adaptamos, los periodistas tendremos el mismo futuro que el de los monjes copistas” (El País, 2012).

Para los que pensamos que los diarios no van a desaparecer frente a la arremetida digital, es claro que los impresos tienen que adaptarse a la realidad creada por la sociedad de la información y las nuevas tecnologías.

En los últimos 35 años, durante lo que John Pavlik llamaba el ocaso del siglo XX y los inicios del siglo XXI, han predominado “las noticias omnipresentes, el acceso global a la información, la cobertura instantánea, la interactividad, los contenidos multimedia y una extrema personalización del contenido”; así como amenazas sobre algunos preciados valores y estándares del periodismo, como “la autenticidad de los contenidos, la comprobación de las fuentes, la fidelidad y la veracidad” (2005, p. 13).

Frente a este escenario, la función periodística ha debido adaptarse a las cuatro transformaciones derivadas de la incursión de los nuevos medios: a. en los cambios en los contenidos de las noticias, b. en el trabajo de los periodistas, c. en la estructura de la redacción y de la industria informativa en general y, finalmente, d. en las relaciones entre las empresas informativas, los periodistas y sus destinatarios (audiencias, fuentes, competidores, publicitarios y Gobiernos). Del mismo modo, enfrentar problemas –algunos nuevos y otros antiguos– de la era digital, tales como las amenazas a la intimidad, la concentración de la propiedad, intensa competencia por quién entrega la información de manera más veloz y desigualdades en el acceso a la informática (Pavlik, 2005, p.16).

Es importante detenerse en estas transformaciones no solo porque definen la relación más importante en la vida de un medio de comunicación, en materia de rentabilidad (lectoría y circulación) y presencia (posicionarse como una empresa de servicios), sino porque se trata de una antigua relación en crisis y deficitaria, producto de la pérdida de credibilidad de la organización informativa lo que, sin duda, no es reciente ni nació con los medios digitales (aunque ello no implica que en algunas ocasiones estos podrían haber contribuido a agravarla).

En este campo, las organizaciones tienen mucho camino por recorrer para adaptarse al nuevo contexto mediático. No parece haber calado aún en las empresas de comunicación saber que los nuevos medios no solo pueden contribuir a un mejor periodismo, sino a la consolidación de ciudadanos mejor informados. Ponerse en la cabeza del lector, pensar en las personas a quienes se debe un medio de comunicación, sigue siendo una tarea inacabada, pese a que hoy más que nunca existen por lo menos tres condiciones propicias para hacerlo; características de los nuevos medios que han redefinido el quehacer informativo y que según Pavlik aparecieron a inicios del nuevo milenio y que hoy siguen en auge: el crecimiento del periodismo cívico, el aumento del acceso público electrónico a información relevante y la creciente vocación de los ciudadanos de acceder a fuentes políticas y gubernamentales entablándose un diálogo e intercambio sin el filtro de la prensa y sus gatekeepers (Pavlik, 2005).

“¿Qué aspecto debería tener un periódico si ya nunca más será un periódico?”, se pregunta el escritor, bloguero y profesor de periodismo estadounidense, Jeff Jarvis. Para él, los periódicos deben convertirse en plataformas para grandes redes de noticias. “Para las organizaciones de noticias no es tan sencillo hacer la transición a lo digital como simplemente llevar páginas web. Esta transformación les requiere reinventarse a sí mismas –cómo piensan sobre sí mismas, cómo deben operar, cómo deben relacionarse con el público, cómo pueden hacer dinero– y deben hacerlo rápido” (2010, p. 169).

2. El futuro del periodismo
2.1 La fricción y la información

Desde la perspectiva de Bill Gates, el costo de la circulación de la información a través de las nuevas tecnologías podría explicarse mediante la fricción, concepto de la física que explica que un fluido cuando viaja a través de un medio dado no puede eludir el rozamiento con otros cuerpos; rozamiento que provoca fricción y, en consecuencia, la pérdida de energía (Manrique, 1997).

Internet permitiría situarnos en un mundo de baja fricción, “en el capitalismo de costos generales reducidos, en el que la información del mercado será plena y los costos de las transacciones bajos. Será el paraíso de los compradores” (Gates, 1997, p. 172). Dieciocho años más tarde, Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, recurre al mismo concepto para explicar que la red social es un”compartir sin fricción”. ¿Qué significa esto?

Como anota el crítico Nicholas Carr es “la supresión del esfuerzo consciente de la socialización” (2015, p. 209). Para Jarvis, en cambio, se trata de un fenómeno de ‘publificación’, el acto o el hecho de compartir información, pensamientos o acciones; reunir o congregar un público, un proceso que puede ser colaborativo, cuya ética es la transparencia, y que ha significado que cualquier persona tenga su propia imprenta de Gutenberg (2011, pp. 14, 107).

Desde la perspectiva del emisor periodístico, sin embargo, es probable que mantener hoy una plataforma web implique más de una dificultad financiera. Y no por lo que cuesta invertir en internet, sino porque más allá de la disminución en la circulación de los impresos, que es una de las fuentes que permite subvencionar cualquier proyecto digital, las empresas periodísticas no han hallado un modelo de negocio que reduzca su dependencia de la publicidad. “Nadie ha logrado rentabilizar ni migrar exitosamente a las operaciones en la red” (Cebrián, 2012).

Lo cierto es que el desarrollo de los diarios digitales es un proceso que se viene cumpliendo a diferentes ritmos y bajo diferentes parámetros. Para algunos, la meta era que las grandes, rentables y clásicas cabeceras analógicas se convirtieran en digitales paulatinamente, al desembarazarse, para una porción de la audiencia, de la impresión física y la distribución analógica. Otra posibilidad era que nuevos empresarios y seguidores de los nuevos conceptos establecieran servicios y negocios informativos digitales (De Pablos, 2001) independientes, sin contar con el paraguas de una empresa tradicional consolidada.

En la práctica, ambas opciones se han aplicado con diferente grado de éxito, aun cuando los costos de una plataforma digital son más bajos:

Internet rompe de dos maneras el modelo comercial del viejo periódico. Mueve información con un costo variable cero, lo que significa que esta no tiene barreras que superar, al contrario que el periódico, que tiene que pagar por el papel, la tinta y el transporte en proporción directa al número de ejemplares producidos. (Meyer, 2009, p. 35)

A inicios del nuevo siglo, la World Association of Newspapers (WAN) advirtió en su congreso del 2002 que internet no era un competidor ni amenaza, sino un asistente que podría ayudar a la difusión de los impresos. No obstante, también reconocía entonces que pese al incremento del tráfico de internet, muchos periódicos online no producían aún beneficios. Solo el 29 % de los diarios digitales europeos había logrado ser rentable, lo mismo que el 42 % de los latinoamericanos y el 65 % de los estadounidenses (Benavides y Quintero, 2005).

El consultor Carlos Soria, fundador de Innovation Media Consulting y exdecano de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra, disertó en Lima acerca de las vicisitudes de los principales grupos mediáticos de su país frente a la crisis económica internacional y sus efectos en el negocio de los medios de comunicación en general. Explicaba que en la precaria coyuntura que vive España y Europa, el principal sustento de las webs electrónicas –la publicidad– se había reducido a niveles sumamente bajos, lo cual había llevado a algunos empresarios de la comunicación a arrepentirse de los cuantiosos presupuestos destinados a la puesta en marcha de la llamada convergencia de plataformas (Soria, 2011).

En el caso del Perú, la situación no ha sido diferente. A la fecha, las empresas periodísticas no se sienten satisfechas con las ganancias que deja la web por publicidad, aun cuando los formatos disponibles para anunciar en banners, auspicios, comunicados y publirreportajes se han incrementado (Ecomedia, 2015). El gran ganador sigue siendo Google (Reischl, 2009), que se lleva aproximadamente el 70 % de la torta publicitaria, principalmente, por el servicio que brinda a terceros para posicionarlos en su popular navegador2. Según explicó Alejandro Miró Quesada Cisneros, exdirector de El Comercio, de los 4000 millones de dólares que genera la web en publicidad, el 70 % lo tiene Google; el 15 %, las redes sociales como Facebook y Twitter, y el otro 15 % se lo disputan los diarios electrónicos del mundo “que debemos pelearnos por las migajas” (Miró Quesada C., 2013).

Un tema asociado a la rentabilidad de los sitios web es si deberían mantenerse a través de su publicidad, ser fuente publicitaria apoyada en su prestigio y difusión o si debían cobrar por su visualización, lo que se conoce como muro de pago. Cobrar, como anota José Manuel de Pablos, ha sido como solicitar un pago a los oyentes de una radio por escucharla. Así, mientras The Chicago Tribune ha financiado su presencia en las redes con publicidad, El País de España ha ofrecido servicios adicionales de pago y en otras ocasiones no cobró por ver la información del día; lo mismo sucedió con The New York Times. Poco después, llegaron al convencimiento de que el cobro por ingresar a su sitio web no era una buena salida y abrieron todas sus páginas a todos los lectores sin restricción alguna (2001).

En el 2000, Antonio Lucas-Marín, profesor de la Universidad de Stanford, refirió que casi todos los grandes periódicos del mundo eran asequibles por la red, la mayoría de forma gratuita mientras que otros exigían un pago de suscripción (The Wall Street Journal y los mencionados El País o The New York Times). Hablar de periódicos gratuitos online era referirse a los que nos cobraban nada, basados en los beneficios que podían recibir por la publicidad que realizaban. Para entonces, las empresas periodísticas hacían una edición especial para la conexión online y se halló que estudiar los hábitos personales del público era tan importante como asegurar su concurrencia a las páginas web. Y, del mismo modo, que el peso de la marca podría ser decisivo para llamar su atención.

La portada de The New York Times online conserva todo el sabor de la primera página del propio periódico, con sus características letras góticas y alguna atractiva fotografía en color. Desde esta portada ya es posible dirigirse con un simple clic a los artículos completos anunciados en la primera página; a las 17 secciones que contienen toda la información del día en un esquema de periodismo clásico […] y otra docena de secciones que permiten llegar a informaciones de gran interés […], y todo ello salpicado con pequeños anuncios (bastante discretos, por cierto) […]. Con frecuencia, desde la portada puedes encontrar videos que completan la información señalada: declaración del presidente, algún acontecimiento o simplemente un tráiler de la película que se va a comentar […]. Cada una de las secciones, a la que se entra por su simple clic desde la portada o desde el final de cada página, vuelve a repetir este abanico de posibilidades de la página de entrada: desde titulares que llevan a noticias largas, a información de interés en ese campo […]. Todas las secciones del periódico tienen su propia personalidad o sus características, me atrevería a decir que más que en un periódico ordinario, que las hacen especialmente útiles al lector habitual y creando un cierto grado de sintonía o dependencia. (Lucas-Marín, 2000, p. 96)

El tema de la rentabilidad ha sido recurrente desde el inicio. The New York Times fue el adalid de mantener la web a través de la publicidad, mientras que The Wall Street Journal apostó por la opción de la suscripción de pago.

El modelo del NYT fue replicado por varios medios en el mundo que encontraban riesgoso cobrar por contenidos –cuando podían obtenerse offline o en internet de manera gratuita–; no obstante, pronto la financiación a través de anunciantes se puso en cuestión a raíz de la burbuja tecnológica en la bolsa y el desfondamiento del mercado publicitario en internet entre los años 2000 y 2002 (Benavides y Quintero, 2005, p. 291).

Desde entonces, los medios han buscado nuevas fuentes de financiamiento. Por ejemplo, si bien las noticias recientes y los servicios de acceso a correos electrónicos son gratuitos, no lo son los archivos con más de una semana de antigüedad ni las ediciones facsimilares del impreso. Los artículos de opinión y las columnas son también considerados de un valor añadido en algunos medios digitales (Benavides y Quintero, 2005).

2.2 Más conceptos de la física: fusión, implosión y disrupción

Un augurio del cofundador de Microsoft fue que el negocio de la prensa no desaparecería de la noche a la mañana ni perdería el rol protagónico que cumplía en el suministro de información y publicidad, pero, en cambio, sí debía cambiar de modo fundamental cuando el consumidor tuviera acceso a la red. Como todas las empresas que desempeñan un papel de intermediarios o corredores, los periódicos tenían que estar alertas y aprovechar, sobre todo, sus ventajas competitivas para triunfar en el mundo electrónico (Gates, 1997).

El resultado es que, pese a las dificultades financieras que afrontan, las publicaciones en internet han alcanzado progresivamente no solo un estatus periodístico equivalente al resto de medios convencionales, sino que estas empresas entienden que son “un factor estratégico para su futuro” (Palacios y Díaz-Noci, 2007, p. 15).

Llegar a este convencimiento ha sido producto de un largo proceso. Pablo J. Boczkowski describe cómo los periódicos de Estados Unidos pusieron en práctica una cultura de la innovación, pero centrados en proteger la marca del impreso de manera prioritaria y en conseguir ganancias más seguras que abultadas. En el aprovechamiento de las capacidades de la web tres factores fueron medulares: las relaciones de la redacción impresa y la de la edición online, la representación del usuario al que se dirigían y las prácticas esenciales de la redacción digital (Boczkowski, 2006).

Los medios emergentes digitales que lograron consolidarse fueron el resultado “de la fusión de infraestructuras sociales y materiales existentes con capacidades técnicas novedosas”. Es decir, de un proceso innovativo, continuo y progresivo en el que aprovecharon, de un lado, la experiencia ganada en la tradición impresa de narrativa lineal, con sus rutinas, valores, infraestructuras y sistemas, y del otro, las capacidades interactivas y multimedia de la informática (Boczkowski, 2006, p. 21).

Desde este punto de vista, el desarrollo online ha sido producto de la fusión y no de la implosión, un punto de vista que va contracorriente del largo debate que ha generado y sigue generando ‘la esperanza de vida’ de los impresos; es decir, si el papel morirá algún día engullido por la red. La discusión es antigua y se dio cuando apareció la radio y luego la televisión. Como señaló hace más de cincuenta años Hubert Beauve-Mery, director de Le Monde, frente a una nutrida concurrencia de directores de los periódicos más importantes del mundo, preocupados entonces por la desaparición de los diarios: “la radio anuncia, la televisión muestra y el periodismo explica” (Miró Quesada Garland, 1996, p. 130).

Esta clásica definición, sin duda, entró en revisión con el surgimiento de internet que además de cumplir con todas las funciones, promueve la interactividad (Mendoza, 2013): vino a ofrecer un enfoque distinto y renovado que desestabilizó al periodismo escrito (rompió el lazo entre la escritura y la imprenta que se estableció en tiempo de Gutenberg; el texto ya no es el referente y generalizó la lectura en pantalla) y al audiovisual (difunde igual, pero con menor costo de tiempo). Estableció el fin de la frontera entre periodistas y público, de la escucha colectiva, de las noticias en directo, mientras las audiencias comprobaban que ahora podían producir, agrupar y mover información. Se convirtió en el primus inter pares de los medios de comunicación (Fogel y Patiño, 2007, pp. 16-20).

Jean-Francois Fogel y Bruno Patiño recuerdan además que, en el terreno de la prensa, internet ha seguido el modelo histórico del libro impreso, más que el de la radio o televisión, que surgió cuando las bibliotecas estaban llenas de manuscritos copiados a mano. También, cuando apareció la prensa digital, el único requisito para convertirse en editor online era disponer de un contenido (texto, imagen, sonido y video) para incluir en internet. En otras palabras, el ciberperiodismo nació no por falta de periódicos y sí fue capitaneada por los mismos profesionales de la prensa convencional; pero, además, como consecuencia de esto, en sus inicios “se da una situación de competencia particular: este medio nació del movimiento interno de las empresas de prensa, que se mostraban más atentas a los efectos que internet causaba en su rentabilidad, y no a los cambios de fondo que intervenían” (Fogel y Patiño, 2007, p. 22).

El debate continúa hasta la fecha y siempre será interesante comprobar que esta discusión se ha sustentado –y probablemente seguirá sustentándose– en la indiscutible relación que hay entre el periodismo offline y el online. Hagamos historia. A mediados de la década de 1990, cuando en el Perú unos pocos medios de prensa habían empezado a incursionar tímidamente en la web, Nicholas Negroponte (1995) escribió en Being digital que había un futuro claro para las palabras y las noticias, pero no para el papel. Y añadía: “La digitalización cambiará el modelo económico de la selección de noticias, hará que el interés del público tenga un papel más importante y, de hecho, usará piezas de la sala de edición que no hubiesen sido incluidas en primer lugar, pero que el público no haya dejado de demandar (Negroponte, 1995, p. 158).

Dos años después, en El ocaso del periodismo, José Martínez Albertos sostuvo que los diarios desaparecerían en el 2020 porque

la etapa electrónica supondrá el predominio completo y excluyente de una sensibilidad determinada en la que no tendrán cabida los restos arqueológicos vinculados a la etapa alfabética. En el menos pesimista de los supuestos, estos vestigios literarios y librescos podrán sobrevivir algún tiempo con un cierto valor testimonial. (1997, p. 37)

Juan Luis Cebrián fue uno de los primeros en precisar la orientación de los usuarios hacia construirse diarios electrónicos ‘a la medida’, y sobre todo de cómo las nuevas formas de acceso a la información eran una amenaza para los sistemas de impresión y distribución clásicos. “Pasarán, probablemente, décadas antes de que estos desaparezcan, si es que llegan a hacerlo, pero, desde ya, se ven obligados a competir con las versiones digitales de los mismos diarios, en principio, más baratas de producir y, por lo tanto, merecedoras de un precio final mucho más asequible para el consumidor” (Cebrián, 1998, p. 66).

Antes de terminar el siglo, el editor del USA Today, Thomas Curley, dijo que “la imprenta no ha muerto y el online es aún un recién nacido, pero, si los cambios tecnológicos siguen a esta gran velocidad, pronto no habrá diarios, sino solo información” (El País, 2000). Dick Brass, director de tecnología y desarrollo de Microsoft, aseguró que “la última edición en papel de The New York Times desaparecerá en el 2018” (El País, 2001).

En marzo del 2006, un grupo de altos ejecutivos de medios de comunicación británicos y estadounidenses fueron convocados por el Cambrigde-MIT Institute para analizar las consecuencias de la pérdida de lectores y concluyeron que “los periódicos están muertos pero todavía llevará un rato que se enfríe el cuerpo” (Alonso, 2006, p. 142).

Steve Ballmer, entonces presidente de Microsoft, explicó, en su momento, que los periódicos desaparecerían en veinte años y toda la lectura se hará en formatos electrónicos (El País, 2006); y la revista The Economist sostuvo, en su histórica y polémica portada titulada “Who killed the newspaper?” (2006), que los medios impresos estaban en extinción. En ese contexto, la prensa tradicional de Europa, en general, y de España, en particular, veían el negocio amenazado por dos enemigos: las versiones electrónicas y los diarios gratuitos3.

En este debate se han planteado varios escenarios. Como argumentaron algunos académicos al inicio del nuevo siglo, si bien la tecnología ha mermado al papel, este es un producto histórico con el que la cultura universal tiene una deuda impagable y, por lo tanto, no va a desaparecer, como tampoco lo hicieron el papiro ni el pergamino. “El papel es el paradigma de lo analógico. Siempre fue el soporte casi absoluto de la información periódica impresa y de los textos de ficción, historia, ensayo… del libro” (De Pablo, 2001, p. 64).

Otros señalaron que ninguna tecnología útil desaparecería, que, en todo caso, las tecnologías evolucionarían para sobrevivir y, casi siempre, coexistirían o se complementarían acorde un proceso de formación mutua (Álvarez Marcos, 2006). Como argumentaba Roger Fidler, en su teoría de la mediamorfosis o metamorfosis de internet como nuevo medio, los periódicos no desaparecerán, sino que cambiarán, evolucionarán y se adaptarán al nuevo panorama en varias etapas.

Tras la irrupción de los digitales y su desarrollo a la par de los medios ya existentes, se produciría la metamorfosis, es decir, el crecimiento del nuevo medio que adoptaría los códigos de antiguo. En un segundo momento, el nuevo medio se propagaría, ganaría receptores y seguiría las características de sus antecesores hasta generar su propio lenguaje. Tercer acto: el nuevo medio se convierte en una amenaza y obliga a los demás a adaptarse. Cuarto acto: el nuevo medio se vuelve imprescindible, aunque su consolidación dentro del público puede demorar el paso de una generación, esto es, aproximadamente, unos treinta años (Alves, 2011).

Para Rosental Calmon Alves, en cambio, el carácter multisensorial de la red podría conducir más bien a un ‘mediacidio’ o la muerte de algunos de sus competidores. En su opinión, la actualización de la red sería similar a la producida en la radio y su contenido al de la televisión.

La metamorfosis de internet como nuevo medio, la mediamorfosis, no se ajusta al modelo de un solo medio […] Los medios cambian, evolucionan y, por tanto, la forma en la que antes eran conocidos, muere. El periódico ya no es solo una hoja escrita, ahora se vuelve multiplataforma. Es un cambio de dimensiones revolucionarias. (Alves, 2011, p. 238)

En efecto, las empresas mediáticas se han adaptado a las nuevas tecnologías y con ello a las nuevas experiencias que generan en el público. Si bien los primeros productos digitales trataron de imitar a los tradicionales, ahora estos buscan asemejarse a los tecnológicos, en los contenidos y hasta en el diseño, mediante estrategias de mimetismo que no han sido necesariamente exitosas en el caso de los impresos (Carr, 2011).

Sin embargo, más allá de si internet ocasionará la desaparición de los periódicos o no y en qué plazo, queda claro que la red ha significado una innovación disruptiva, es decir, que ha venido a reemplazar a los productos o servicios ya existentes, en diversos campos, como la economía, la política, la cultura, la educación (Curtis, 2011) o el periodismo. “Ahora está más claro que [internet] es tan disruptivo para los periódicos de hoy como la invención de los tipos móviles de Gutenberg lo fue para los pregoneros, esos periodistas del siglo XV” (Meyer, 2009, p. 34).

Clayton M. Christensen, el profesor de Harvard a quien se atribuye el concepto de tecnologías abruptas, de punta o disruptivas, sostiene que una de las claves para entender por qué fracasan las empresas radica en el dilema que afrontan los ejecutivos para garantizar la buena salud de los negocios en el corto plazo y, además, destinar los recursos adecuados a las tecnologías de punta que, si no son atendidas, podrían ocasionar la declinación del liderazgo de la empresa4. Se parte del convencimiento de que estas tecnologías han aportado al mercado una nueva proposición de valor.

Por lo general, los productos obtenidos a partir de tecnologías de punta no funcionan tan bien como los que en ese momento ya se encuentran debidamente establecidos en los mercados dominantes. Pero poseen, en cambio, otras características que algunos clientes marginales (y generalmente nuevos) de esos mercados aprecian. Los productos basados en tecnologías de punta son más baratos, más simples, más pequeños y, en general, más convenientes. (Christensen, 1999, p. 24)

La imprenta y el libro son considerados como las innovaciones disruptivas más importantes de la historia de la humanidad, pero también el motor de vapor, la aeronáutica, el telégrafo, el teléfono e internet cambiaron la forma en que las personas se comunican (Curtis, 2011).

En el campo periodístico habría que evaluar si los periódicos digitales locales reúnen algunas de las exigencias solicitadas a una tecnología disruptiva. En principio, la entrega de información en tiempo real, la hipertextualidad, la multimedialidad y la interactividad son características que han redefinido la función de dar noticias; mientras que el acceso a la información a través de diferentes plataformas, formatos y aplicaciones ha resultado no solo conveniente para muchas personas, sino una revolución en varios aspectos: en la interacción con el poder, los medios y el resto de individuos; en el ámbito de la competencia, el mercado y el comercio de la información; en el surgimiento de nuevas narrativas y recursos periodísticos derivados del análisis, la estadística, la investigación, la crítica y la opinión. Y se avisan otras tendencias disruptivas, como el periodismo inmersivo, “cuya base está en el manejo de la realidad virtual, que si bien para muchos es solo un sueño, podría representar otro paso enorme en la consolidación del nuevo periodismo” (Sosa, 2014).

Un ejemplo del impacto disruptivo de los medios tradicionales es que los medios nativos digitales están conquistando a las audiencias con propuestas como la que describió Christensen: “aplican fórmulas de costos bajos y poca rentabilidad; ofrecen un diferencial para escalar en la cadena de valor y se llevan una parte considerable del mercado” (Piccato, 2015, p. 34).

Para algunos periodistas hay espacio para todos. Jim Moroney, editor y CEO de The Dallas Morning News, sostuvo durante la segunda edición de la Digital Media Latinoamericana Conference, organizada por la World Association of Newspapers and News Publishers (WAN-IFRA), realizada en Lima, en septiembre del 2014, que los contenidos informativos son commodities, que se encuentran en diferentes formatos, por lo que la clave se halla en la diferenciación. Un periódico, por ejemplo, se diferenciará de otros medios convencionales y digitales por su análisis, la interpretación que haga de la noticia y la investigación. Esos son sus valores añadidos y deberían considerarse antes de pensar en dejar de publicar o en “apagar la prensa”, lo cual sería un error (2014).

La caída en la venta de periódicos tampoco significa que el periodismo impreso haya muerto, según Moroney, aunque es preocupante que muchos empresarios hayan concentrado sus ingresos en los periódicos, cuando son esos ingresos los que están cayendo junto con las menores ventas de diarios. Sin embargo, el reto principal de la industria de medios es preservar la marca, que es el activo más importante de un periódico:

Cuando nos dicen: “una forma de ahorrar valor es dejar de imprimir tus versiones impresas algunos días” […] respondo: “¿cómo tu propuesta incrementará el valor de la marca del periódico?”. Un periódico que deja de publicar su versión impresa se enfrenta a una caída del valor de su marca, empiezan a ser olvidado, por lo que la no publicación por unos cuantos días se convierte en una no publicación permanente. (Moroney, 2014)

Todo indica que la innovación y la creatividad, el carácter pionero de cualquier iniciativa, serán fundamentales en el desarrollo de un periodismo disruptivo. Como anotó Steve Jobs, “hay que seguir esforzándose por innovar […] contribuir con algo para devolverle el favor a nuestra especie y para añadir algo nuevo al flujo de la humanidad” (Isaacson, 2011, p. 706).

En el Perú, algunos empresarios de la prensa dicen ver el panorama con realismo. Afirman que algunos diarios van a quebrar en un futuro no precisado, pero otros se van a fusionar, unos terceros se especializarán –por lo que serán más caros y elitistas– y solo permanecerán los de una altísima calidad (Miró Quesada, 2013).

Un punto de encuentro en este debate tal vez ha sido el convencimiento de que los medios tradicionales deben adecuarse al proceso. De lo contrario, el riesgo es morir, más aún ante la oferta y el desarrollo de empresas virtuales, que si bien no tienen el respaldo de una marca, no requieren de una infraestructura física, es decir, no tienen que afrontar las cargas de un medio impreso para cumplir con el mismo cometido (Flores y Arruti, 2001, p. 111).

En segundo lugar, se trata de entender la disrupción del periodismo y sus efectos en la producción de noticias, diseñarla en las organizaciones mediáticas, para determinar cuál será el papel que quieren cumplir en lo que se denomina el nuevo ecosistema de las noticias: “¿Qué pueden hacer mejor los nuevos participantes en el ecosistema de las noticias que los periodistas en el viejo modelo? ¿Qué papeles pueden hacer mejor los propios periodistas?” (Anderson, Bell, y Shirky, 2013). Otras preguntas son: “¿Cómo salvamos al buen periodismo, si todavía consideramos que el buen periodismo importa para la sociedad y la democracia? ¿Cómo pagamos los sueldos de los periodistas que producen buen periodismo? ¿Cómo gastamos dinero?” (Piccato, 2015).

Cinco son las ‘grietas’ que la digitalización habría causado en el negocio tradicional de los medios: a. la ruptura de las fronteras (en la red no hay aduanas), b. ruptura de las barreras (sobre todo, económicas, que antes frenaban la puesta en marcha de proyectos periodísticos), c. ruptura del ciclo editorial (en cualquier tiempo y en cualquier plataforma), d. ruptura del monopolio de la palabra (el diálogo con las audiencias es horizontal, multidireccional y simultáneo), e. ruptura del modelo de negocio (merma en la venta de contenidos) (Salaverría, 2012).

Por ello, la prensa tiene que refundar sus modelos si quiere sobrevivir a la transición digital. “Reconvertir el portafolio de productos y, principalmente, la propuesta de valor social, junto a una transformación de la cultura y los perfiles profesionales, son imperativos de la época”, anotan Gastón Roitberg y Franco Piccato en su libro Periodismo disruptivo (2015, pp. 15-16).

2.3 Escenarios futuros: los medios como guías de las personas

Hace diez años, Philip Meyer abrió la polémica con su libro The Vanishing Newspaper. Saving Journalism in the Information Age, en el que pronosticó que la prensa de papel moriría en América durante el primer trimestre del 2043. Pero más allá de lo dramático del anuncio, ampliamente difundido, lo que planteó a los periódicos fue un modelo de negocio que les permitiera hacer frente a la competencia digital.

Esta salida estaba basada en un principio básico de la prensa: la credibilidad como factor para ejercer y ganar influencia. Los periódicos deberían entregar la mejor información que los lectores quieren y necesitan, es decir, la información contextualizada e interpretada.

¿Qué servicio facilitan los periódicos que sea menos vulnerable? Sigo creyendo que el producto más importante, el menos vulnerable a la sustitución, es la influencia sobre la comunidad. Obtiene esa influencia siendo la fuente más fiable de noticias producidas localmente, de análisis y periodismo de investigación en torno a los asuntos públicos. Esa influencia es lo que resulta más atractivo para los anunciantes. (Meyer, 2009, p. 38)

Bree Nordenson asegura que el periodismo no va a desaparecer porque se necesita de los periodistas y de los medios para dar sentido a la cantidad de información que genera internet y que las personas necesitan que sea seleccionada con criterios de calidad y credibilidad, “con el fin de hacer sus vidas más fáciles”. En su opinión, y en contraposición con quienes se oponen a un servicio informativo pagado, los consumidores estarían dispuestos a pagar por esa información de calidad (2009).

El futuro de las noticias depende de la voluntad de los medios para ajustarse a la nueva ecología y la nueva economía de la información en la era digital. Creo que, en ciertos aspectos, necesitamos una metáfora mejor –dice Delli Carpini–. La metáfora de la aduana funcionó muy bien durante el siglo XX, pero hoy, quizá, los medios no deberían ser tanto aduanas como guías. No quieres aduaneros que te digan que esto lo puedes tener y lo otro no. Quieres personas que puedan guiarte a través de todo ese material.

Irónicamente, si desesperados por el dinero de la publicidad, los medios se dedican a captar lectores a base de extractos y frases cortas, habrán perdido para siempre la guerra por la atención del consumidor. Los lectores y telespectadores irán a cualquier parte, y también los anunciantes. Pero si deciden replantearse su papel y dar a los consumidores el contexto y la coherencia que quieren y necesitan en tiempos de sobrecarga, los medios informativos podrían lograr estabilidad económica por la que han estado luchando, a la vez que recuperarían su misión de servicio público antes de que esta se desvanezca. (Nordenson, 2009, p. 99)

En este proceso de adaptación a un nuevo entorno, Jeff Jarvis propone que las empresas periodísticas retornen a sus raíces, es decir, a volver a pensar en sus destinatarios. “¿Puede morir el periodismo? Sí, pero tengo fe y optimismo en que sobrevivirá, evolucionará y crecerá”, anota (Jarvis, 2009, p. 76).

Vaticina que las organizaciones informativas deben experimentar con muchos modelos para encontrar e inventar algo que funcione en una época en que “las noticias –en su doble faceta, contenido y negocio– ya no estarán controladas por una sola compañía, sino que serán productos participativos” (2009, p. 70).

Su propuesta incluye consideraciones que, según explica, no son nuevas: las funciones clásicas del periodismo –informar, vigilar, compartir, responder y explicar– no han cambiado; tampoco han variado las verdades del periodismo: los hechos, la integridad, la imparcialidad, el sentido del tiempo, la relevancia. Lo que se ha multiplicado son una serie de mecanismos a través de los cuales se cumplían las funciones y sus verdades. ¿Cuáles son los retos? He aquí algunos:

– “La siguiente generación de noticias locales no girará en torno a las empresas periodísticas, sino en torno a las comunidades”, lo cual implica una mayor preocupación por la calidad de la noticia que deberá convertirse en un servicio comunitario y en un servicio para la comunidad.

– “La organización de las noticias locales será inevitablemente más pequeña porque ya no tendrá el monopolio dentro de una economía de escasez”. Habrá una reducción de las plantillas que, sin embargo, deberán incluir “un montón de creadores de contenido, unos cuantos editores y el aporte extra de la gente que trabaja con la comunidad”.

– “Las noticias saldrán en las redes sociales”; esto implica un trabajo estrecho con la comunidad constituida en una red de contactos organizada, con apoyo y capacitada. Los reporteros seguirán elaborando historias, pero con la colaboración de los blogueros, expertos y la comunidad. Por su parte, los editores serán más animadores y estarán más abocados a mejorar el producto que a dedicarse a controlar el flujo.

– En una economía de enlazar y buscar, el periodismo de investigación aporta contenido de valor y debe impulsarse desde las empresas informativas, con el aval de esfuerzos participativos y las herramientas del periodismo de datos.

– De lo actual, queda la especialización que “se apoderará de gran parte del periodismo”; la tendencia será cubrir un segmento en específico.

– Los periódicos deberán establecer alianzas estratégicas con diversos actores, desde periodistas especializados freelance y colaboradores hasta las compañías implicadas en las noticias, como Google (que podrían servir sus anuncios) o YouTube (sus videos).

– Los beneficios seguirán llegando de la publicidad, de modo que las empresas deberían atraer a los pequeños anunciantes que nunca pudieron colocar sus avisos en los periódicos, así como los grandes anunciantes.

– Las empresas dividirán sus áreas administrativas y periodísticas. Muchas de sus funciones se eliminarán o pasarán a ser dirigidas por terceros, como la producción y la distribución o las ventas. “Ahora, suman hasta el 60 % del coste estructural de un periódico” (Jarvis, 2009, pp. 71-77).

Jarvis sostiene que ahora el público es el jefe (2010) y, por lo tanto, a cuantas más comunidades sirva el medio, mejor. En realidad, los lectores siempre debieron ser los destinatarios del mensaje, pero hoy existen más herramientas para llegar a ellos y “organizar el conocimiento de una comunidad para que pueda organizarse mejor a sí misma”.

Ten cuidado con la vaca lechera en la mina de carbón. Los periódicos se apalancaron en su flujo de caja y pensaron que algo vendría a rescatarles. No ocurrió. Ahora los diarios morirán. Pero la demanda de noticias no desaparecerá; está creciendo. Nuevos productos y competidores emergerán y habrá suficiente audiencia y dinero para apoyarles, si no se ahogan con los costes de impresión. ¿Pueden los diarios que sobrevivan inventar estos nuevos productos en sus culturas empresariales? (Jarvis, 2010, p. 175)

En opinión de Jarvis, los medios tradicionales temen la aparición de nuevos medios y aunque aducen que no ofrecen la misma calidad de contenidos, creen que la cantidad de información hoy disponible puede distraer a sus audiencias. Como sucedió en el pasado, consideran que no desaparecerán porque tampoco sucedió con la incursión de radio y la televisión, “pero, actualmente, los periódicos son empresas caras, intensivas en capital y poco competitivas” (2011, p. 120).

Paul Bradshaw enfatiza que junto con la formalización de los procesos y la búsqueda de nuevos proyectos digitales, como las aplicaciones y el periodismo de datos, subsiste el convencimiento de que todos estos esfuerzos deben estar encaminados a generar la participación de los usuarios y personalizar su experiencia en la web (2012).

La sala de redacción del siglo XXI debe estar formada por periodistas que deben aprender a trabajar con las personas y las organizaciones que las agrupan, no solo pensando en contribuir a una sociedad más democrática, sino bajo el convencimiento que este es el mejor modelo a seguir de cara al futuro para las empresas periodísticas.

Estudios revelan que aunque solo el 10 % de los internautas que acuden a un sitio web pueden ser activos, ello puede ser suficiente para recoger información valiosa, desde testimonios de primera mano hasta propuestas sustentadas de expertos que pueden mejorar el producto informativo que les ofrece. No obstante, todo indica que el comportamiento de las personas está cambiando y su participación va en aumento, por lo que las salas de redacción deben estar dispuestas a aprovechar ese potencial.

Privilegiar un periodismo participativo, dice Bradshaw, es tener objetivos claros sobre cómo se desea que los usuarios participen en cada etapa del proceso de generar noticias y cómo se les puede entregar información más documentada. Los periodistas no tienen que hacerlo todo, deben ser gestores más que periodistas orquesta; y es necesario que todos trabajen bajo un sistema que les permita estar más conectados con sus audiencias, sin intermediarios. El papel del editor se centra menos en el gatekeeping y más en la gestión de las asociaciones, los recursos y la estrategia (2012).

Además, una regla de oro en la industria mediática, sobre todo en un contexto disruptivo como el que vivimos, que demanda mayor innvación, es siempre la misma: primero la audiencia. “Christensen tiene una respuesta interesante: la gente no contrata a un medio por las noticias que produce, sino porque ofrece una solución adecuada para un problema de la vida cotidiana. De ahí que las preguntas correctas a la hora de trazar un plan de innovación, según el profesor de Harvard, sean las siguientes: ¿cuáles son las tareas que la audiencia necesita realizar? ¿Qué tipo de estructura y empleados necesita la compañía para cumplir con esa solución? ¿Cuál es la mejor forma de entregar esa solución?” (Piccato, 2015, p. 35).

Probablemente, algunas de las predicciones sobre el futuro de internet no se han cumplido, pero otras han sido rebasadas frente al desarrollo alcanzado por la web. En 1981, Gates dijo que “640 kb deberían ser suficientes”. Se quedó corto… Desde una perspectiva social, internet no es solo información, sino fuente privilegiada de comunicación y de encuentro entre personas, algo que no debería olvidarse. En lo que concierte a la industria mediática, queda claro que internet o la revolución tecnológica no es el problema.

El principal problema de la industria de los medios no es internet o la revolución tecnológica. Es la falta de ideas para desarrollar productos digitales que sean indispensables para la vida de los usuarios, velocidad para llegar a tiempo al mercado y una cultura organizacional capaz de producir innovación. Si no conseguimos estas tres cosas (ideas, velocidad y una cultura innovadora) estamos condenados a desaparecer, sin más. (Piccato, 2015, p. 33)

Las estadísticas sobre el creciente consumo de internet en el Perú son evidencia no solo del despegue de la web durante este siglo –de tres millones de internautas en el 2001 a más de doce en el 2016 (Ipsos, 2016)–, sino de las actitudes de estas personas hacia sus contenidos.

Según un informe de la empresa Telefónica, basado en la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), la población digital comenzó a crecer en nuestro país desde 1999. Para junio del 2002, solo en Lima Metropolitana había alrededor de 1 740 000 usuarios entre 12 y 50 años. Apoyo Opinión y Mercado señaló por entonces que los internautas limeños usaban la web para enviar o recibir correos electrónicos, buscar información con fines académicos, chatear, descargar información solo de texto y, en quinto lugar, “buscar o leer noticias”. Los temas más buscados eran información académica, música, entretenimiento, tarjetas y noticias. Con relación a otros países, el Perú ocupaba el segundo lugar en materia de penetración de usuarios en la red, después de Chile, en gran parte gracias a la proliferación de cabinas públicas. De 580 cabinas que existían en 1999 se pasó a 1740 en el 2001, según el INEI y Osiptel (Telefónica del Perú, 2002).

Los portales de noticias más visitados –espacios que ofrecían, también, buscadores, foros, compras electrónicas y otros recursos y servicios– eran terra.com.pe (27 millones de visitas anuales), peru.com (18 millones) y elcomercioperu.com (9 millones). Ese año, además, se halló que las páginas web más visitadas en la capital correspondían sobre todo a instituciones públicas y privadas, entre las cuales, tres medios de comunicación ocupaban los primeros lugares: El Comercio, Panamericana Televisión, Telefónica y América Televisión (Telefónica del Perú, 2002).

El incremento de la lectoría de sitios web periodísticos en el mundo (32 %) en el 2004, según las estadísticas de la World Association of Newspapers (WAN), fue un aliciente para la prensa internacional. En el Perú, la visita a las páginas web de algunos diarios limeños –El Comercio, Trome y Perú 21– aumentó un 22 % en el 2006, respecto a las mediaciones de los últimos dos años (Apoyo Opinión y Mercado, 2006).

Tras el primer quinquenio del siglo, el Departamento de Estudios Sociales de la Fundación BBVA en España indicó, en el 2007, que las principales actividades que cumplían las personas en internet eran las de información (búsqueda de información y leer noticias o periódicos), comunicación (correo electrónico, mensajería instantánea, charlas interactivas, acceso a blogs, hablar por teléfono con webcam o sin webcam, foros de discusión, envío de mensajes a móviles, listas de correos y utilizar las redes sociales), ocio o entretenimiento (descarga de música y de películas, escuchar radio o ver televisión, juegos en red), y empleo y formación (consulta y búsqueda de empleo y formación a distancia). De todos estos usos, sin embargo, los principales eran la búsqueda de información, el correo electrónico, descargar música y leer noticias o periódicos. En Lima, un 58 % declaraba haber ingresado a internet una vez al mes –principalmente, en cabinas públicas–, aunque el resto todavía no conocía, no había oído o utilizado internet. En aquellos días, las personas usaban la web, principalmente, para contactarse con otros (81 %), buscar informaciones diversas (54 %) y descargar archivos de música, fotos o texto (45 %). Más abajo aparecía el esparcimiento en línea (36 %) y, por último, leer noticias (24 %) (Apoyo Opinión y Mercado, 2007). En el 2008, subió a 30 % el volumen de visitantes a las páginas web de los diarios de Lima; el principal, era El Comercio (Ipsos Apoyo Opinión y Mercado, 2008).

Las páginas informativas más requeridas por los usuarios limeños eran El Comercio, Perú 21, Peru.com y La República (Ipsos-Apoyo Opinión y Mercado, 2009), aunque el número de usuarios que no leía ningún ciberperiódico era superior (83 %) (Ipsos Apoyo Opinión y Mercado, 2010b). No obstante, año a año los internautas sí iban en aumento. Para 2010, se informó de 4,7 millones de usuarios; la novedad fue que un 12 % de los encuestados en Lima contaban con internet móvil (Ipsos Apoyo Opinión y Mercado, 2010a). Arellano y Burgos (2010) indicaron que el 33 % de los consumidores de Lima Norte mayores de 16 años tenía acceso a la web.

En los últimos cinco años, estas perspectivas han sufrido algunas modificaciones. En el 2011, se multiplicó el volumen de seguidores de Facebook (de 23 % a 92 % en el lapso de tres años) y Twitter mostró un repunte, aunque solo 13 % de los limeños encuestados lo seguían entonces. Otra novedad, es que la lectura de diarios en internet no figuró entre las diez primeras opciones sobre los usos dados a la web (Ipsos Apoyo Opinión y Mercado, 2011a). Además, el 80 % de personas encuestadas por Ipsos Apoyo ese año sobre sus hábitos de lectura declaró que no leía los diarios por internet (Ipsos Apoyo Opinión y Mercado, 2011b).

En mayo del 2012, la empresa Comscore estimó que la población online mundial aumentaba un 9 % de un año a otro –entre enero del 2011 (1333 millones) y enero del 2012 (1450 millones)–, mientras Latinoamérica lo hacía en un 12 %, más que en el resto del mundo. Previó también que este crecimiento continuaría en la región, sobre todo en audiencias jóvenes, gracias a la penetración de la banda ancha en hogares. En su balance, Comscore indicó que 95 % de los usuarios en el Perú visitaron en enero de ese año un sitio de noticias/información, un volumen elevado si se lo compara con el promedio mundial (77 %). Los peruanos preferían, como en resto el mundo, las noticias generales y la información de los diarios y blogs. La novedad fue hallar que eran casi tres veces más proclives a visitar sitios vinculados con la política en comparación con el usuario global.

En el Perú, el 54 % de los usuarios tenía menos de 35 años en el 2012 y 58 % acudía a una cabina para conectarse. Una encuesta halló que el 64 % de los limeños era internauta, mientras que en el resto del país el volumen no superaba el 57 %. Las personas ingresaban a internet para chatear a través de una red social (70 %), buscar información académica (69 %), ver videos (63 %), chatear a través del Messenger (37 %) y, en quinto lugar, leer noticias (47 %) (Ipsos Apoyo Opinión y Mercado, 2012).

Aquel año, además, el Pew Research Center anunció que la revolución digital había entrado en una nueva era en Estados Unidos, la era del celular y de los dispositivos móviles, a través de los cuales la gente accedía a las noticias. Los estadounidenses leían las informaciones, principalmente, en las páginas web de los medios de comunicación y un volumen mínimo (9 %) lo hacía a través de las redes sociales (Lafuente, 2012).

En el 2013, un 37 % de la población del Perú eran internautas (11 294 000), es decir, se conectaban a internet por lo menos una vez al mes; 47 % de los encuestados señalaron que lo hacían desde sus casas –el uso en cabinas empezó a descender (55 %)– y 22 % desde su celular (aparecieron los smartphones, aunque solo 16 % de la población tenía internet móvil). En Lima, un 73 % ingresaba a la web para chatear, un 69 % en busca de información académica, 61 % para ver videos, 47 % para recoger información de temas laborales y, en quinto lugar, 43 % para leer noticias (Ipsos, 2013).

El Informe de Open Society Foundations anunció que, si bien la confianza en la red era alta, las plataformas digitales noticiosas aún no constituían una fuente significativa de noticias. La preferencia la tenían aún los medios de comunicación tradicionales, aunque los digitales enriquecían la cobertura con sus hipervínculos, galerías de fotos, videos y podcasts. Más bien, las redes sociales, como Facebook, y Twitter, eran escenarios significativos de información y para la expresión de ciudadanos y políticos (Zuluaga y Martínez, 2013). En el Perú, 98 % tenía, en el 2013, una cuenta de Facebook y 24 % en Twitter (Ipsos, 2013), lo cual explica por qué los diarios comenzaron a ser seguidos el siguiente año en estas redes.

En el 2014, el volumen de internautas es similar al del 2013, pero se opera un quiebre en lo que respecta al perfil del internauta en el Perú, que pasa de ser un joven estudiante de 21 años a un profesional de 26, conectado a la mayor cantidad de dispositivos, desde la computadora personal y la laptop hasta los móviles con acceso a internet, como los smartphones y las tablets, cuyo uso se eleva; y a las redes sociales (Ipsos, 2014a). Es más, la Radiografía de Internautas Peruanos de IBOPE Media, según destacó ComScore, si bien el 66 % de los internautas se conectaban desde sus PC, 31 % lo hacía desde la laptop y un considerable 30 % de sus smartphones. Las posibilidades de desarrollo fueron múltiples. Desde el punto de vista publicitario, entre el 2012 y el 2013, la inversión publicitaria online creció 32 % (de 101 millones de soles a 133.4 millones de soles), pero entre el 2013 y el 2014, la inversión fue del 40 % más (186.46 millones de soles) (Fosk y Marchant, 2014). En ninguno de estos modernos soportes, la búsqueda y lectura de noticias fue una prioridad; la excepción fueron las redes sociales. Ese año, un 7 % de lectores de los impresos de Lima comenzaron a seguidos por sus lectores en las redes sociales; fue el caso de El Comercio, Trome, Perú 21 y Ojo (Ipsos, 2014b).

Este panorama se ha mantenido en los últimos dos años con algunas variaciones. En el 2015, el alto grado de interconexión a internet ocasionó que, entre otras actividades, los usuarios abandonen el hábito de ver televisión, llamar a los amigos o familiares por teléfono, ir al cine o comprar periódicos, porque ahora los leen por internet. La lectura misma de noticias se ha reducido como acción prioritaria para la mayoría, a excepción de aquellos que acceden a la web a través de una computadora personal (25 %) o los que prefieren verlas en YouTube (16 %) (Ipsos, 2015a). No obstante, lo que sí aumentó ese año fue el volumen de seguidores de los diarios limeños en Facebook y Twitter; es el caso El Comercio, Trome, Perú 21 y Depor (Ipsos, 2015b).

Según informó ComScore, el Perú se colocó séptimo entre los países con mayor audiencia digital en América Latina, pero de acuerdo con el promedio mensual de horas, páginas y visitas por usuario (engagement), subía al quinto puesto. También, superó ese año a Chile, en cuanto al tamaño de la audiencia y total de visitantes únicos. Asimismo, según los contenidos web, las noticias/informaciones era una de las seis primeras categorías de contenidos con mayor número de visitantes, después de las páginas de servicios, social media, portales y entretenimiento (García, Marchant y Barracas, 2015).

En el 2016 hay 8 millones de internautas más respecto del 2013, así como más de 12 millones de personas, que en su mayoría son estudiantes (44 %) y trabajadores (42 %), que cada vez ve, lee o escucha menos noticias (Ipsos, 2016). Llegar a ellos es un reto si, como adelantó Gates, uno de los principales logros de la web es haber garantizado el intercambio espontáneo de las personas en el mundo electrónico. Las preferencias sobre los sitios informativos no son mayoritarias, pero tampoco desdeñables.

Capítulo 2
Periodismo digital

Entre otras especulaciones y “predicciones descabelladas”, Bill Gates finaliza su libro Camino al futuro con una frase de antología: “La autopista de información llevará a muchos destinos”. La metáfora no contentó a todos porque, como sostuvo el español José Manuel de Pablos, no era exacta. En su opinión, una autopista une dos puntos muy definidos, con unas pocas vías de entrada y de salida; en cambio, la red de redes tiene infinitos accesos y conexiones (De Pablos, 2001).

El periodismo digital no solo ha dado cuenta de esas múltiples potencialidades de la web, sino, ha demostrado que, efectivamente, la prensa ha sido la primera industria cultural que incursionó de forma significativa en internet (Albornoz, 2007) con resultados no imaginados en los últimos veinte años.

Sea como se le llame, el periodismo digital o telemático, periodismo informático o electrónico, versión electrónica del impreso, periodismo de tercera generación, del nuevo milenio o ciberperiodismo (Vivar y Miguel, 2001, p. 131), ha resultado una actividad profesional que se ha visto reformulada debido a las modificaciones que en ella ha producido su acceso a las nuevas tecnologías.

Los medios digitales de noticias no han logrado desprenderse de la categoría de periódicos. Hace casi quince años, De Pablos recomendaba no referirse a ellos como ‘periódicos en línea’ o ‘periódicos electrónicos’, sino como “un nuevo medio más parecido a la radio –auténtica radio escrita– que a los clásicos periódicos de siglos anteriores”, por su inmediatez y constante realimentación informativa; del libro y del periódico heredarían la presentación del texto (2001, p. 79).

Hoy, estas comparaciones parecen insuficientes, si se considera que la naturaleza de la red –bidireccional– difiere de todos ellos (Carr, 2011). Sin embargo, lo más acuciante del periodismo digital son los retos que plantea respecto a la reconversión del modelo industrial de los diarios de papel, la definición de los modelos del negocio periodístico, la democratización de las noticias y la calidad periodística en el nuevo ecosistema informativo (El País, 2012).

1. A propósito de la evolución y la convergencia

Desde su irrupción en el mundo de la información periodística, el ciberperiodismo ha generado sospecha, porque se pensó que proporcionaría lo mismo que la prensa convencional y los medios audiovisuales. Pero escribieron Jean-Francois Fogel y Bruño Patino en su libro La prensa sin Gutenberg, que la realidad ha demostrado que la nueva prensa digital es otra cosa. Una identidad, lenguaje y desarrollo que desafía a sus competidores por sus diferencias, porque “no es un soporte más; significa el final del periodismo tal y como se ha vivido hasta ahora” (Fogel y Patiño, 2007, p. 15).

Según Boczkowski, lo que ha sucedido es que el desarrollo del mundo digital ha venido teñido de dramatismo. Según la experiencia estadounidense, junto con la expectativa que generaron las tecnologías online en general y la World Wide Web en particular, el debate ha girado en torno a las consecuencias radicales en la producción y el consumo de noticias, y, sobre todo, en su posible impacto negativo.

Dos son los temas comunes a estas reacciones y otras también relacionadas con lo que inicialmente se denominó “ciberespacio”: 1. el predominio de explicaciones centradas en los efectos del cambio tecnológico que prestan mucha menos atención a los procesos que generan esos efectos, y 2. la omnipresencia de análisis que subrayan el carácter revolucionario de las tecnologías online y la web y pasan por alto las formas más evolutivas en las que las personas a menudo incorporan a sus vidas los cambios tecnológicos. (2001, p. 18)

Así, el debate ha perdido de vista que cualquier efecto positivo o negativo de la tecnología no deriva de ella misma, sino de la forma cómo será utilizada por los actores sociales (Boczkowski, 2006, p. 19). Como señaló en 1985 Francoise Sabbah, los nuevos medios de comunicación ya no son de masas porque determinan una audiencia segmentada y diferenciada, en lugar de las masas homogéneas a las cuales se dirigían los mensajes; los nuevos medios se dirigen a una audiencia que, selectivamente, elige lo que consume, “por lo que profundiza su segmentación y mejora la relación individual entre emisor y receptor” (Castells, 2001, p. 412).

Hoy, es más evidente que el mensaje es el medio; que las características del mensaje, como se había previsto, determinan las características del medio (Castells, 2001). Para el caso de las noticias, los periódicos digitales han venido adecuando sus plataformas progresivamente a los requerimientos de la audiencia poniendo a su disposición los contenidos, el diseño, la tecnología, las aplicaciones y, en definitiva, la organización misma del formato.

En los primeros años del periodismo en la web, que es el periodo comprendido entre 1993 y 1995, no se apreció con claridad que las nuevas tecnologías redefinirían, como viene sucediendo, las funciones de los periodistas de contar noticias ni tampoco sus rutinas laborales. internet trajo aparejadas nuevas prácticas para los periodistas, siendo la más importante la interacción con sus usuarios (Di Próspero y Maurello, 2010), y les creó dos dificultades de entrada: hacerse cada vez menos dependientes de las redacciones tradicionales a las que estaban atados y actualizarse más de una vez cada veinticuatro horas.

Tales dificultades parecen absurdas, pero bien vale la pena recordar que en la década de los noventa los primeros periódicos web eran copia fiel de los impresos. “Lo que se hacía era simplemente transferir las noticias al medio electrónico sin apenas cambios en su formato o contenido” (Yus, 2010, p. 95). Ni siquiera contaban con redacciones ad hoc por lo menos en su funcionamiento y cobertura. Los contenidos se actualizaban al terminar cada jornada periodística, una vez al día, para que el usuario pudiera leerlos a la mañana siguiente, como lo hacía a la hora del desayuno con el periódico en mano. Actualmente, la actualización de contenidos es un proceso indispensable, que define el ser y hacer del nuevo medio.

La lógica empresarial tuvo mucho que ver en este proceso. En los primeros años, los propietarios de los medios impresos ingresaron a internet con cautela. Buscaban prestigiar sus cabeceras y acceder a nuevos públicos, pero con una escasa inversión en tecnología y recursos humanos. Incluso, en Estados Unidos, reconocido como la cuna de la prensa online y con la infraestructura informática más avanzada, la estrategia fue probar con el periódico de mayor peso del grupo y alumbrar un periódico con pocas noticias, generalmente, las que podían interesar más a los lectores, que salían del impreso (Albornoz, 2007).

A partir de 1995 y hasta los inicios del nuevo siglo, las plataformas se multiplicaron exponencialmente, en un proceso creciente que prosigue hasta la fecha. Por entonces, José Antonio Millán explicaba que la explosión de sitios web no se debió a una iniciativa por avanzar en el conocimiento del nuevo medio o por la aplicación de una estrategia clara sobre las posibilidades digitales, sino por un efecto de copia de un modelo que todos querían imitar. Muchos medios intentaron crear una empresa puntocom y se llegó a valorar más la versión digital que la impresa, aunque esta última alimentaba a la anterior (Albornoz, 2007).

Otro momento importante en esta evolución del periodismo digital se dio a partir del 2006, cuando inmersos en un contexto convulso producto de entornos económicos recesivos (que trajo una coyuntura caracterizada por el incremento de costos de producción, el estancamiento o caída de índices de lectoría, menor inversión publicitaria, aumento de la competencia, incluyendo de medios nacidos en la web, entre otros problemas) (Echevarría, B., 2014), grandes medios de comunicación decidieron aprovechar las oportunidades que ofrecía la convergencia multimedios.

La convergencia, en términos de Henry Jenkins, reconocido como el McLuhan del siglo XXI, es un fenómeno no solo industrial, corporativo y tecnológico, sino cultural y social; un modelo de circulación de contenidos cuyo éxito radica en la participación de los consumidores, sus interacciones y aspiraciones:

Con convergencia me refiero al flujo de contenido a través de múltiples plataformas mediáticas, la cooperación entre múltiples industrias mediáticas y el comportamiento migratorio de las audiencias mediáticas, dispuestas a ir casi a cualquier parte en busca del tipo deseado de entretenimiento. (Jenkins, 2008, p. 14)

La convergencia de las computadoras y las telecomunicaciones significa el nacimiento de un sistema nuevo digital que involucra no solo a todas las formas de comunicación, sin las reglas y restricciones del mundo análogo, sino que reinventa “los supuestos tradicionales de la organización y estructura de las redacciones periodísticas” (Pavlik, 2001, p. 108).

Este proceso, que en los últimos años han aplicado tres corporaciones de medios en el Perú (Epensa, el Grupo Radioprogramas y el Grupo El Comercio), es una aventura hacia la reconversión integral de las empresas periodísticas. Se le ha interpretado como un instrumento defensivo o una estratagema para abaratar la producción de noticias, pero ante todo, es un cambio que demanda a los medios convencionales aprovechar la fortaleza de sus marcas para mantener el contacto con su audiencia a través de varios productos, de distinto formato y temporalidad (Salaverría y Negredo, 2008, p. 177).

Sin embargo, el proceso de la convergencia sigue asociado con las posibilidades de desarrollo económico de los periódicos digitales. En la segunda edición de la Digital Media Latinoamerica Conference, realizada en Lima en septiembre del 2014, Caio Tulio Costa reseñó que muchos medios de prensa iniciaron una nueva etapa junto al apogeo de Google y otros más perdieron ingresos frente a aplicaciones como Facebook y Twitter cuando estas empezaron a incluir plataformas de negocios relacionados con la publicidad. En su opinión, los medios deben desarrollar un nuevo modelo de negocio distinto al modelo industrial tradicional de la imprenta, que esté basado en la adopción y la inversión en las tecnologías, una superdistribución de las redes sociales, generación de contenidos informativos propios, producción de redes de publicidad producto de asociaciones con otros medios y el desarrollo de servicios de valor agregado, desde la venta de libros hasta el comercio electrónico (Costa, 2014).

Resulta claro que en las últimas dos décadas, moviéndose en las arenas de la internet, los medios digitales periodísticos siguen a la búsqueda, aunque, como anotaba Castells, esto no ha impedido la transformación paralela del trabajo de medios y periodistas (2001).

En efecto, la evolución que va mostrando la integración de plataformas en el Perú y en el resto del mundo ameritará definiciones en el corto y mediano plazo por parte de los medios digitales de empresas de comunicación tradicionales, tanto desde una perspectiva periodística como organizacional y de negocio. El balance sobre este proceso arroja resultados retadores:

Muchos de los medios más relevantes del mundo han dedicado tiempo y dinero a la integracion de redacciones tradicionales y digitales, con la esperanza de convertirse de la noche a la mañana en usinas multiplataforma. Sin embargo, después de algunos años de transcurridas estas experiencias, podemos concluir que la integración de redacciones no solucionó (ni solucionará) los problemas de fondo que sufre la industria. (Foglia, 2015, p. 26)

La salida, sostiene Marcos Foglia, del Grupo Clarín de Argentina, se halla en la aplicación de medidas radicales, que van desde impulsar un cambio cultural, que origine que lo digital sea lo prioritario en el organigrama, hasta trasladar los valores que han impregnado sus marcas por décadas al nuevo ecosistema (2015).

2. Modelos y cualidades del diario en línea

Existen coincidencias respecto a la evolución o proceso de desarrollo alcanzado por los diarios digitales en los últimos veinte años. Una clasificación reconoce que en estos años adoptaron los modelos siguientes que, como anota Francisco Yus, profesor de la Universidad de Alicante, determinaron su relación con los públicos y con la calidad misma del producto que ofrecían (2010):

– Modelo facsímil: son las páginas del periódico impreso escaneadas y colgadas en la red.

– Modelo adaptado: ofrece pequeñas diferencias respecto al formato en papel, como el uso de enlaces (hipertexto), pero la información es la misma en ambos productos.

– Modelo digital: utiliza los recursos del lenguaje web (interactividad, multimedialidad e hipertextualidad), se diseña específicamente para la red, es visualmente más atractivo, ofrece fuentes de información y otros servicios.

– Modelo multimedia: con este modelo se potencia el lenguaje web. El periódico digital es un portal que ofrece al usuario la posibilidad de ir más allá de la página oficial del medio.

Estos modelos han sido localizados en el tiempo a partir de 1990, década en la que según el periodista argentino Julio Orione pueden distinguirse los siguientes hitos (2006) en varios países:

– A principios de esa década, el diario digital era solo copia de la edición en papel.

– A mediados de 1990, se da la inclusión del audio y el video. Se insertan elementos interactivos (encuestas, foros de discusión, chats con personajes públicos) y hay un intento por crear “comunidades” a las que se presta servicios por suscripción, cuentas de correo web, newsletters, etc.

– A fines de esta década, se ofrecen direcciones de correos electrónicos para contactar con los medios o periodistas digitales.

– En los inicios del nuevo siglo, y desde fines de 1990, se entregan noticias actualizadas. En la primera década del 2000, las noticias comenzaron a ser enviadas al celular y a computadoras de tamaño pequeño (palmtops), y se introdujeron los informes especiales multimedia.

– En la última década, y tomando la experiencia de los diarios digitales peruanos, debería sumarse como un hito la participación de las redes sociales en la construcción de noticias.

Así, los académicos resumen la historia evolutiva del periodismo digital en cuatro fases: a. volcado, b. hipertexto, c. servicios multimedia y comercio electrónico, d. contenidos exclusivos y elementos interactivos (Silva, 2013).

Estos momentos deben interpretarse como muy relevantes en la definición y lógica de los diarios digitales y la producción de sus contenidos, aunque algunos habrían respondido a las estrategias de marketing impulsadas por el área comercial de los medios para atraer a los usuarios y fidelizarlos, más que al interés de entregarles un producto de calidad desde el punto de vista periodístico. Como señala Orione, decisiones importantes desde lo empresarial, pero de una importancia relativa o nula para el periodista.

Destaco este punto porque, durante bastante tiempo, algunos editores de medios online, particularmente los que no tenían formación o tradición periodística, estuvieron fascinados con esas propuestas interactivas. La práctica demostró que algunas eran atractivas para los lectores, aunque exclusivamente desde el punto de vista lúdico. Y un análisis más profundo de tales incorporaciones marketineras a los medios digitales revela que, a la postre, solo aportaron al entretenimiento del público. Pero fueron nulas en cuanto a mejorar la calidad de la información, único norte de la actividad periodística. (Orione, 2006, p. 130)

El nuevo producto digital posee cualidades que benefician el procesamiento de la información y la consolidación de su autonomía respecto a los impresos; cualidades que lo diferencian de los impresos (Yus, 2010, p. 96-98): inmediatez, es decir, la difusión de noticias al instante; ubicuidad, en la que con una conexión a internet es posible acceder al periódico online desde cualquier lugar; tiranía de la pantalla, cuando el texto desaparece de la pantalla, según vamos leyéndolo (scroll factor), y se potencia la utilidad de los enlaces; interactividad, de dos tipos: interactividad del medio o del usuario con el sistema y la interactividad usuario con usuario, esta última favorecida por el desarrollo de portales de noticias y de sitios web creados por los usuarios; y la multiplicidad de formatos en la misma página, que facilita una mejor presentación de los contenidos. Tres cualidades fundamentales son: la actualización permanente, así como la transtemporalidad para que los artículos pueden ser archivados, pero siempre están disponibles para los usuarios, con lo cual la información adquiere un valor añadido de importancia; y la personalización, o la posibilidad del usuario de disponer de un espacio a la medida de sus intereses, necesidades y conocimientos.

Para ser justos, igualmente, habría que reconocer también lo que Luis Ángel Fernández Hermana llama los aportes que la prensa tradicional ha heredado a la electrónica, elementos propios e inherentes del oficio de la información, como la cabecera o logo, que es el enganche que confirma la función informativa del sitio web. En el transcurso del tiempo, algunos medios digitales han adoptado nuevas cabeceras que, por lo general, consolidan la marca rápidamente. La redacción es una de las herencias más importantes porque respalda y apoya el trabajo de los periodistas de la web, en el análisis, transformación y emisión de la información. Igualmente, los archivos o el acervo que garantiza la producción de contenidos y “que difícilmente podrían elaborarse de otra manera en la red”; y la infraestructura corporativa: comprende la infraestructura física y los recursos humanos y financieros, pero también la experiencia de la empresa periodística en el competitivo negocio periodístico (Vivar y Miguel, 2001, p. 139).

El periodismo digital exige dominio de las técnicas de escritura y edición periodística en general, conocimientos del periodismo oral y manejar la imagen televisiva periodística, dominar las técnicas de escritura y de edición específicas para internet en todas sus variantes (Orione, 2006, p. 96). Con el auge de herramientas, formatos, dispositivos y de más potencialidades, la tendencia ha sido de crear sitios interesantes, más que llenar espacios, cuyos contenidos se consuman no necesariamente de forma lineal. Se prioriza la representación númerica o programable de la información, los contenidos noticiosos son estructuras modulares, y el acceso, la manipulación y construcción de dichos espacios son automatizables. Además, los objetos informativos son variables y modificables, y se potencia lo multimedia, incluyendo las infografías interactivas y el fotoperiodismo (Serrano, 2011; Doménech y López Rabadan, 2013).

Cada vez es más clara la necesidad de que los ciberperiodistas piensen como programadores de software, con base en las nuevas herramientas digitales, y que los programadores de software se vinculen a la labor de crear noticias, aporten al manejo de datos y a la sugerente visualización de la información (Blejman, 2011). Del mismo modo, se intensifica el uso de los blogs y microblogs, de las redes sociales, como Facebook y Twitter, y de las aplicaciones, como WhatsApp, para hacer periodismo y construir la actualidad (Rost, 2011; Canavilhas, 2011; Salgado y Zamarra, 2013).

A partir del 2012, el periodismo de datos ha aprovechado los recursos que ofrece internet para la captura y análisis de datos (Adobe Acrobat, Crowdsourcing, DocumentCloud, Google Refine, Firebug, Fusion Tables, Nokogiri, Overview, OutWit Hub, Panda Project, Ruby, ScraperWiki, Tesseract, entre otros) y la visualización de la información para generar gráficos e infografías (Axiis, Data-Driven Documents (d3), Many Eyes, NodeXL, Tableu Public, Visual.ly, Weave y más) (De Vicente, 2013).

Escribir para internet no solo es manejar la redacción SEO (Search engine optimisation, por sus siglas en inglés), sino dominar herramientas para investigar, filtrar, contactar o verificar fuentes de información. Como explica Silvia Cobo en su popular kit para periodistas:

En realidad, se trata del mismo viejo periodismo con nuevas herramientas que pueden ayudar a los periodistas a mejorar su investigación, a llegar a nuevas fuentes o a hacer más accesible a los lectores su trabajo […] Nos estamos enfrentando a los mismos retos que nos trae la Red: gestionar la gran cantidad de información disponible, buscar fuentes de información, generar contenido que nuestro público pueda y quiera consumir, verificar información o adentrarnos en el mundo de las redes sociales bajo una perspectiva profesional […] He podido relatar la evolución que está sufriendo la industria y sus periodistas junto a los cambios disruptivos que traen las nuevas tecnologías. Representan el fin de una época, de un modelo de producción y de una sociedad. Vivimos tiempos inciertos para la profesión, pero también intuimos el nacimiento de nuevas oportunidades para el periodismo y sus profesionales. (Cobo, 2013, pp. 16-17)

Бесплатный фрагмент закончился.

716,39 ₽

Жанры и теги

Возрастное ограничение:
0+
Объем:
408 стр. 214 иллюстраций
ISBN:
9789972454592
Издатель:
Правообладатель:
Bookwire
Формат скачивания:

Похожие книги