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ESTA HISTORIA EMPIEZA CON UN FALSO ABOGADO, falso agente de la DEA, falso contador y falso agente del servicio de inteligencia argentino. Pero ese es solo el comienzo. Resulta que este falso todo tiene contactos muy reales y muy valiosos en la justicia, el aparato de inteligencia local e internacional y los principales medios de comunicación del país. Y que el falso todo usa esos contactos, y la información que esos contactos le proveen, para ejercer su oficio de extorsionador y traficante de influencias. A la cuarta, quinta extorsión alguien lo graba alardeando de su amistad con un conocido influyente periodista y reuniéndose con un poderoso fiscal en pleno veraneo.
Desenmascarado, el falso todo se monta en la grieta y se declara una víctima del kirchnerismo. Y el coro de fiscales, jueces, legisladores, periodistas, la exministra de Seguridad y luminarias varias que trataban con el falso todo cantan la misma canción, pero por las dudas dejan de atenderle el teléfono.
Este libro es una gran historia contada por una periodista que tuvo un acceso privilegiado al juez, al expediente y al juzgado de Dolores y que usó ese privilegio para desandar una trama de suspenso que nada tiene que envidiarle a las mejores novelas del género. Una historia tan falsa como verdadera, tan argenta como universal. Un falso todo (Marcelo D’Alessio), de vínculo verdadero con un periodista (Daniel Santoro) y un fiscal (Carlos Stornelli). Un juez (Alejo Ramos Padilla) que los investiga. Una grieta. Un Poder Judicial partido en dos. Un presidente (Mauricio Macri) que quiere frenar la investigación. Una red de espionaje al descubierto. Mentiras verdaderas, jugarretas baratas, movidas de alta política, fallos a medida, presiones, amenazas, vértigo y traición. Una novela de no ficción que está pasando ahora, en Argentina, que atraviesa nuestras vidas y nos obliga a optar entre ver o no ver lo que no queremos aceptar.
(Del prólogo de Santiago O’Donnell)

María Belén Bartoli Nací el 9 de enero de 1988 en La Plata. Soy licenciada en Comunicación Social de la UNLP y locutora nacional. Realicé un posgrado en Opinión Pública y Comunicación Política en FLACSO. Trabajé en diferentes canales de Tv, diarios, radios y portales web del país. Actualmente soy corresponsal en Casa de Gobierno para El Destape. Si te gustó mi libro, mandame tus comentarios por twitter: @mbbartoli.
María Belén Bartoli
Espiados Un agente: Marcelo D’Alessio. Un juez: Alejo Ramos Padilla. El poder argentino, en jaque
Prólogo: Santiago O’Donnell

Índice
Cubierta
Sobre este libro
Sobre María Belén Bartoli
Portada
Índice
Dedicatoria y agradecimientos
Prólogo
Introducción
Capítulo 1. El inicio de la causa en el Juzgado Federal de Dolores Camino a Dolores Quincenas de subrogancias El comienzo de la causa Las extorsiones durante enero
Capítulo 2. ¿Quién es Marcelo Sebastián D’Alessio? Un bagayero El Centeno de PDVSA El ablande La seguridad mediática
Capítulo 3. El tuit de Carrió y los “anónimos” en Comodoro Py Secreto de sumario El día del allanamiento Un traficante por los juzgados De Guillermo Coppola a Leonardo Fariña Comodoro Py I: a confesión de parte, relevo de pruebas
Capítulo 4. El cuarto poder movió sus fichas La segunda fue la vencida El partido en el cuarto poder La indagatoria El secreto que no fue
Capítulo 5. Operación Fantino Más detenciones ¿Quién da más? Comodoro Py II: Estos son mis principios… si no le gustan, tengo otros Las cajas del Congreso Operación Fantino Es la política 13 de marzo Un pequeño brindis Y sí, es la política Un fatídico minuto y medio
Capítulo 6. La “merca” de Marcelo D’Alessio La “merca” de D’Alessio Un vende fruta El último que apague la luz A 43 años del golpe El mérito de ser primero
Capítulo 7. Un sinfín de errores políticos Sin fuentes para Cifuentes La teoría de la ubicuidad
Capítulo 8. Una historia con sabor malvinesco Pesos pesados Contados
Capítulo 9. El fiscal que pecó de “chorlito” El nexo que faltaba La mafia que extorsiona a la mafia
Capítulo 10. Nuevos presos de la causa La información es poder Un paso más hacia su nómina Inadmisible “Caí como un chorlito” Una nueva obsesión: ser arrepentido
Capítulo 11. Alejo Ramos Padilla y Cristina Fernández de Kirchner Puf, puf Competir o no competir, esa es la cuestión Líder Los encuentros entre Alejo Ramos Padilla y Cristina Fernández El respaldo que esperaban desde Dolores Espionaje político y empresarial Honorarios pagados con un Audi
Capítulo 12. El “Operativo Puf” Rebelde, pero no tanto El “Operativo Puf” en los medios de comunicación El nacimiento del “Operativo Puf” La gota que rebalsó el vaso
Capítulo 13. Un watergate argentino La fórmula La historia se repite
Capítulo 14. Dos pesos pesados Pesos pesados: Bonadio vs. Ramos Padilla
Capítulo 15. El procesamiento de Daniel Santoro La espontaneidad del espía ¿Quién es el único periodista procesado? RR. PP Lavar información
Capítulo 16. 11 de agosto de 2019 Del espionaje al cuarto poder
Capítulo 17. La tecnología dentro del espionaje Procesado Claudio Bonadio vs. Alejo Ramos Padilla La tecnología al servicio del espionaje
Capítulo 18. La declaración de Carlos Stornelli Montoto, De la Cárcova y Bonadio ¿2 x 1? Siempre fue la política Bajo juramento La reunión de Pinamar
Capítulo 19. El juicio de Juan Ignacio Bidone Un fiscal menos Un falso arrepentido Se cayó el castillo de naipes
Capítulo 20. Un tótem en las Islas Malvinas Una vela roja y un tótem escondido en Malvinas Una muerte anunciada y un fiscal apercibido Gas Natural Licuado: episodio III La pandemia del coronavirus Juicios orales
Capítulo 21. Grupo Buenos Aires Salvar las apariencias Más espiados Aquí no ha pasado nada Nuevas denuncias Marcha de la bronca
Capítulo 22. Las bases AMBA Puf, Puf: Episodio II Las bases AMBA Unidos y organizados El hombre a cargo
Capítulo 23. El espionaje dentro de la AFA Lionel Messi y la Selección Argentina Turismo Carretera Los últimos esfuerzos La “inteligencia” de Pettigiani
Capítulo 24. Gustavo Arribas y Silvia Majdalani procesados La Turca y el escribano procesados Las elecciones 2017 Quilmes y La Plata Santiago Maldonado El delegado que prendió fuego todo Cooperativas, mutuales y los comedores que le interesaban a “la casa”
Capítulo 25. Conclusiones En suspenso
Créditos
Otros títulos de esta editorial
“El cuarto poder está constituido en la actualidad por las grandes empresas periodísticas que son, primero empresas, y después prensa. Se trata de un negocio como cualquier otro que para sostenerse debe ganar dinero vendiendo diarios y recibiendo avisos. Pero el negocio no consiste en la venta del ejemplar, que generalmente da pérdida: consiste en la publicidad. Así, el diario es un medio y no un fin, y la llamada ‘libertad de prensa’, una manifestación de la libertad de empresa a que aquella se subordina, porque la prensa es libre solo en la medida que sirva a la empresa y no contraríe sus intereses”.
Arturo Jauretche
Dedicatoria y agradecimientos
A mi mamá y mi papá, quienes me acompañan sin claudicar ante nada ni nadie.
A mi nono y nona: donde quieran que estén los extraño cada día de mi vida.
A mi hermano, hermana, cuñado y cuñada por acompañarme y hacerme reír siempre.
A mis sobrinos, por ser los amores más puros que conocí.
A Estefi, por haber leído el libro y preguntarme cómo iba en días en que creía que nunca terminaría este desafío.
A mis amigas y amigos, que se entusiasmaron con el proyecto y me felicitaron cuando casi a los gritos les di la buena nueva de haber terminado el libro.
A todos los que creen en mí y ven un potencial laboral del que no soy consciente; gracias.
Prólogo
Esta historia empieza con un falso abogado, falso agente de la DEA, falso contador y falso agente del servicio de inteligencia argentino. Pero ese es solo el comienzo. Resulta que este falso todo tiene contactos muy reales y muy valiosos en la justicia, el aparato de inteligencia local e internacional y los principales medios de comunicación del país. Y que el falso todo usa esos contactos, y la información que esos contactos le proveen, para ejercer su oficio de extorsionador y traficante de influencias. A la cuarta, quinta extorsión alguien lo graba alardeando de su amistad con un influyente periodista y reuniéndose con un poderoso fiscal en pleno veraneo.
Desenmascarado, el falso todo se monta en la grieta y se declara una víctima del kirchnerismo. Y el coro de fiscales, jueces, legisladores, periodistas, la exministra de Seguridad y luminarias varias que trataban con el falso todo cantan la misma canción, pero por las dudas dejan de atenderle el teléfono.
Entra en acción un juez de Dolores, hijo de la democracia y la primavera alfonsinista, admirador confeso de las Madres de Plaza de Mayo y los excombatientes en las islas Malvinas. El juez de Dolores mete preso al falso todo y procesa al influyente periodista y al poderoso fiscal. Y de paso avanza sobre una red estatal de espionaje interno del cual el falso todo es un miembro conspicuo pero inorgánico. Después de secuestrar innumerables carpetas y archivos con investigaciones de políticos oficialistas y opositores, magistrados, periodistas y empresarios, el juez de Dolores procesa al jefe y a la subjefa de inteligencia del gobierno anterior por haber armado y manejado esa red de espionaje interno ilegal.
Los contactos del falso todo lo acusan al juez de usar la causa para hacer política y tratan de arrancarle el caso para mandarlo al fuero más político de todos, donde no casualmente atiende el poderoso fiscal de trato asiduo con el falso todo. Mientras tanto, una runfla de espías, contraespías, miserables y alcahuetes desfila por el juzgado de Dolores. Y el mismísimo entonces presidente de la Nación profundiza la grieta al ordenar una investigación del juez de Dolores. La investigación no llega a ningún lado porque no es un crimen caerle mal a un presidente.
Las extorsiones, el tráfico de influencias y demás crímenes y pecados del falso todo quedan ampliamente probados por el juez de Dolores. Hasta sus requeteconocidos fiscal y periodista lo denuncian por estafa. El mitómano charlatán falso todo quiere convertirse en arrepentido, pero sin entregar a sus amigos. El juez de Dolores no compra y ahí sigue el falso todo, preso y abandonado hasta el día de hoy.
En cambio, el influyente periodista y el poderoso fiscal zafan. Siguen trabajando de fiscal y de periodista, cubriendo temas de gran importancia institucional. En un caso, las instancias superiores al juez de Dolores y, en el otro caso, el propio juez determinan que no se pudo acreditar que el periodista y el fiscal estuvieran al tanto de las actividades extorsivas del falso todo. Mucho menos que hayan compartido los beneficios económicos de dichas extorsiones. Queda claro que la información que les proveyó el falso todo, tanto la información falsa como la verdadera, tanto la legítima como la ilegalmente obtenida, fue de gran utilidad para el periodista y para el fiscal. Pero el falso todo negó que el fiscal y el periodista fueran sus cómplices y el juez de Dolores no encontró elementos suficientes para poder contradecirlo.
Es que en el mundo de los espías y los extorsionadores es muy fina la línea entre víctima y cómplice. En el mundo del periodismo, si la información es buena, no importa que la fuente sea mentirosa. Pero, si la información es mala, tendenciosa, fabricada, incompleta, guionada, entonces el periodista queda pegado. El mundo de la Justicia no es muy diferente.
El falso todo existe por una razón. Por lo general, los poderosos necesitan que alguien les haga el trabajo sucio porque mancharse significa perder poder. Entonces se valen de personajes que fabulan, que chapean, que no figuran en ningún lado. Los falsos todo existen, son serviciales y muy requeridos porque cuando quedan al descubierto es fácil despegarse diciendo que todo fue una gran mentira.
Pero queda la historia. Una gran historia contada por una periodista que tuvo un acceso privilegiado al juez, al expediente y al juzgado de Dolores y que usó ese privilegio para desandar una trama de suspenso que nada tiene que envidiarles a las mejores novelas del género. Una historia tan falsa como verdadera, tan argenta como universal. Un falso todo de vínculo verdadero con un periodista y un fiscal. Un juez que los investiga. Una grieta. Un Poder Judicial partido en dos. Un presidente que quiere frenar la investigación. Una red de espionaje al descubierto. Mentiras verdaderas, jugarretas baratas, movidas de alta política, fallos a medida, presiones, amenazas, vértigo y traición. Una novela de no ficción que está pasando ahora, en Argentina, que atraviesa nuestras vidas y nos obliga a optar entre ver o no ver lo que no queremos aceptar.
Santiago O’Donnell
Introducción
Este libro se centra en la única causa de espionaje ilegal que llevó adelante el juez de la ciudad de Dolores Alejo Ramos Padilla, durante los años 2019 y 2020 en Argentina. La investigación realizada se enmarca en el contexto social, cultural, económico y político que vivió el país durante esos turbulentos 24 meses.
La causa judicial posee un watergate en sí mismo y revela la aplicación del lawfare al extremo, lo que permite avizorar que, detrás del espía Marcelo Sebastián D’Alessio, estuvieron otros sectores y hasta hubo intereses internacionales para permear y debilitar el sistema democrático argentino.
Fue tal el cimbronazo de la denuncia que entre las consecuencias y ramificaciones derivaron allanamientos en countries, un pedido de jury político contra Ramos Padilla, polémicas declaraciones del entonces presidente Mauricio Macri, repudios de organismos internacionales, debates en el Congreso Nacional, declaraciones de periodistas en el Juzgado, fiscales suspendidos, fiscales citados, víctimas y arrepentidos; innumerables debates en los medios de comunicación y redes sociales, y un sinfín de reproches en Balcarce 50. ¿Qué más podía pasar? De todo, esto es Argentina y lo relatado fue solo el comienzo de la historia.
* * *
Su corazón bombeaba sangre con una fuerza inusitada. Tenía las pupilas dilatadas. Una gota de sudor recorrió el entorno de su cara hasta caer y fundirse con las otras gotas en el piso del Juzgado. Pensaba una y mil veces cómo salir de un escenario que, en su interior, nunca imaginó que podía ocurrir. Balbuceaba palabras y negaba con la cabeza. Estaba sentado en una ordinaria silla, con las manos y antebrazos apoyados sobre una mesa, mientras su rodilla derecha revelaba el estrés arrastrado de los últimos días y se movía sin parar.
Si bien era un amplio despacho que tenía las ventanas abiertas que dejaban entrar el cálido viento del verano, un vacío rodeaba todo su ser. Intentó contraatacar usando el poco poder que aún conservaba.
Por eso, cuando le tocó hablar el 16 de febrero de 2019, creyó erróneamente tener la llave para salir airoso de una asfixia agobiante:
—Doctor, yo le digo, le puedo detallar tres o cuatro operaciones y hacer caer a este gobierno, se va todo a la mierda si hablo. Se cae Macri, se caen todos; déjeme salir de acá, solamente le pido eso. Déjeme salir y cuento todo.
Tras haber emitido esas cuatro oraciones, miró al juez del Juzgado Federal N° 1 de la ciudad de Dolores Alejo Ramos Padilla, quien estaba sentado del otro lado del mostrador. En el rostro del magistrado no había indicios de transpiración ni de temor.
Este lo escuchó atentamente, respiró, dejó que unos silenciosos segundos murieran en ese instante y respondió:
—Señor, esto no es Comodoro Py.
A Marcelo Sebastián D’Alessio le bastó esa contundente plegaria para darse cuenta de que estaba viviendo la peor de sus pesadillas. El infierno que tantas víctimas vivieron producto de sus operaciones le había llegado. El calvario recién comenzaba...
CAPÍTULO 1
El inicio de la causa en el Juzgado Federal de Dolores
Era el último día del año. Las tapas de los diarios y los medios nacionales plateaban noticias acordes al contexto: “Casi 230 mil turistas visitaron Mar del Plata durante el fin de semana”; “La Plata: esta noche se realiza la tradicional quema de muñecos”. También había notas que detallaban cómo iba a comenzar el año entrante: “El 2019 arranca con aumentos en trenes, colectivos y agua. De acuerdo a las disposiciones del Gobierno, a partir del 12 de enero, habrá un nuevo cuadro tarifario. Serán una serie de ajustes del 48,5 % que comenzarán a aplicarse en numerosos servicios públicos, de manera escalonada. Los pasajes de trenes y colectivos del área metropolitana de Buenos Aires sufrirán incrementos en el primer trimestre. Así el pasaje se irá de $13 a $15 el 12 de enero; el 15 de febrero a $16,5 y en marzo a $18”.
El lunes 31 de diciembre de 2018 fue el último año nuevo que el misterioso y desconocido Marcelo Sebastián D’Alessio pasó con su familia. Lo celebró con su esposa María Valentina Oettel, alias “Valeka”, y sus dos hijos, L. y V.1, en las paradisíacas playas de Tulum, México.
Uno de los fiscales más importantes de Argentina, Carlos Ernesto Stornelli, lo hizo en su modesta casa de Pinamar y a las doce de la noche brindó mirando a los ojos a su pareja, Florencia Antonini Modet. Entre los distintos mensajes que recibió esa jornada, se tomó unos minutos para responderle a D’Alessio, el hombre que, aún sin saberlo, gozaba de los últimos días de libertad.
El reconocido periodista y jefe de la sección de policiales del diario Clarín Daniel Pedro Santoro festejó el comienzo de un nuevo año con su familia y padres, como lo hace cada 31 de diciembre. La ministra de Seguridad de la Nación, Patricia Bullrich Luro, también lo pasó con sus seres más queridos. Hace más de 20 años que convive con el abogado y periodista Guillermo Yanco. En su faceta humorística, solapada en apariencias, envió mensajes y videos durante las fiestas. Al igual que Stornelli, dedicó una misiva a su estimado y querido amigo, Marcelo Sebastián D’Alessio.
En cambio, el empresario y chacarero, Pedro Etchebest Rodríguez, agobiado por las últimas 72 horas que había vivido, decidió no viajar a la casa de sus hijos, y se quedó en Recoleta con Victoria, su esposa. El 29 de diciembre el hombre, que también fue guitarrista de Roberto Goyeneche décadas atrás, había tomado la drástica decisión de grabar las conversaciones que había empezado a mantener con Marcelo D’Alessio. El misterioso hombre se presentaba como espía, y en su figura pública se disfrazaba de abogado y especialista en narcotráfico. Este se había comunicado por primera vez con Etchebest el 28 del mismo mes. Hacía años que no entablaban diálogo.
Cuando Pedro Etchebest leyó los primeros mensajes se sorprendió al saber que el destinatario era el personaje con el que se había cruzado en un par de oportunidades allá por 2013, en la empresa Energía Argentina S.A. (ENARSA). En 2014 también lo vio varias veces en la coqueta oficina de Puerto Madero que el chacarero ocupó algunos meses. Ese año, Etchebest había subalquilado parte del espacio del cuarto piso del edificio de la calle Alicia Moreau de Justo 1150 a Ricardo Bogoliuk y Aníbal Degastaldi, dos miembros retirados de las fuerzas policiales que hacían tareas de inteligencia y seguridad. Compartieron secretaria y baño. Pedro iba pocas horas a la semana y fue en ese espacio que se cruzó al espía, quien visitaba a los otros dos miembros de la oficina y además tenía su propio lugar en el segundo piso. Eran vecinos edilicios.
El primer whatsapp que D’Alessio le envió a Etchebest fue el último viernes del año a las 13:59: “Buen año querido Pedro…Dios existe…Cuando quieras llamame!!!...Tema Campillo. De pedo estoy en el lugar indicado!!”2. Al recibir el mensaje, el chacarero lo leyó y no lo entendió. Quedó desorientado e intrigado a la vez. Le respondió y, luego de algunos intercambios escritos, el diálogo pasó a los audios. El misterio comenzaba a dilucidarse. En uno de los mensajes orales, D’Alessio le confesó que había un “problema muy grave”, ya que el arrepentido Juan Manuel Campillo lo había involucrado en la causa conocida públicamente como “Causa de los Cuadernos”. Según este testigo, Etchebest había sido su cajero.
Juan Manuel Campillo fue ministro de Hacienda de la provincia de Santa Cruz en los años en que los Kirchner gobernaron dicha provincia, y además fue un hombre muy cercano al expresidente Néstor Kirchner. En febrero de 2018, una reconocida abogada y opositora políticamente al modelo “Nacional y Popular”, Florencia Arietto, lo denunció por lavado de dinero.
Además de dicha denuncia, Campillo estaba siendo investigado en el marco de la Causa de los Cuadernos que comenzó en 2018, luego de que el periodista de La Nación Diego Cabot recibiese “una bolsa” de una fuente de información que en su interior contenía ocho cuadernos marca Gloria3. Los mismos poseían datos muy precisos sobre presuntos pagos de sobornos de funcionarios que integraron el Ministerio de Planificación Federal, durante los mandatos de la expresidenta Cristina Fernández. El autor de esos manuscritos fue Oscar Centeno, chofer de Roberto Baratta, exsecretario de Coordinación de Planificación Federal dependiente del ministerio de Planificación Federal, a cargo de Julio De Vido. El hombre que conducía a dirigentes políticos afirmó ante la Justicia haber escrito los cuadernos.
Por ello, cuando el espía D’Alessio le deslizó a Pedro Etchebest que podía estar involucrado en una de las causas de corrupción que mayor cobertura le daban los principales medios de comunicación, el espanto y asombro lo llevaron a seguir enviándole mensajes. Marcelo Sebastián, el hombre que decía estar “de pedo, en el lugar indicado”, estuvo rápido de reflejos y le envió capturas de pantalla que mostraban un diálogo directo con el mismísimo fiscal de la investigación de la Causa Cuadernos, Carlos Ernesto Stornelli.
Fue entonces cuando los alertas de Etchebest se encendieron por completo. Además, el espía le siguió enviando información que parecía ratificar su cercanía con el funcionario del Ministerio Público Fiscal, e incluso le adelantó que el próximo 8 de enero se reunirían en el exclusivo parador CR de la ciudad balnearia de Pinamar. Sin anticipar los motivos por los cuales Marcelo Sebastián D’Alessio le había escrito al empresario con el que hacía años no se veían, también le envió una nota del portal Infobae en la que detallaba cómo había sido la detención del exministro de Hacienda de Santa Cruz, Juan Pablo Campillo, quien, entre gallos y medianoche, pasó a ser un arrepentido con una supuesta memoria selectiva para mencionar a ciertas personas.
Ante la situación, Etchebest acudió a Edgardo José Nigro, su abogado y amigo de toda la vida. La reaparición del misterioso abogado y especialista en narcotráfico Marcelo Sebastián D’Alessio le generaba un sinfín de preguntas que todavía no podía responder.
Su asesor letrado lo incentivó a dar el primero de muchos pasos: debía grabar las charlas y obtener así la primera prueba fáctica y real de lo que era, hasta ese momento, una mera extorsión en curso. Por eso, cuando comprendió que el diálogo del 28 de diciembre no era de cortesía ni mucho menos, el 31 del mismo mes, cuando Marcelo Sebastián se volvió a contactar, Pedro Etchebest tomó el celular de su esposa y, a través de un simple programa de grabación, apretó rec, y los diálogos que le ponían los pelos de punta quedaron guardados en el teléfono Samsung de Victoria.
Por su parte, el titular del Juzgado Federal N° 1 de Dolores, Alejo Ramos Padilla, celebró el año nuevo en el mismo lugar y con las mismas personas que lo suele hacer para esa fecha: con sus primos en Santos Lugares. El magistrado tiene un doble festejo ya que el 30 de diciembre celebra su cumpleaños. Sin embargo, en los últimos veranos no festejó su natalicio, producto de haber vivido una serie de hechos un tanto desafortunados.
En 2015, por ejemplo, podría haber hecho una fiesta por sus cuatro décadas de vida, pero aquel 22 de diciembre fue noticia por haber sido el hombre que, mediante una medida cautelar, frenó las designaciones de Carlos Rosenkrantz y Horacio Rosatti para ser jueces de la Corte Suprema. El entonces presidente, Mauricio Macri, su jefe de Gabinete, Marcos Peña Braun, y el ministro de Justicia y Derechos Humanos, Germán Garavano, firmaron el decreto 83/20154 que, bajo el amparo del artículo 99 de la Constitución Nacional, designaban los dos nuevos miembros en el máximo tribunal del país. La medida nunca se concretó. La cautelar de Ramos Padilla tildaba al decreto de ser “arbitrario y abusivo”, lo que le costó quedar públicamente en la vereda de enfrente del flamante gobierno. Hacía doce días que Macri había jurado como Presidente y ya tenía un primer traspié en la justicia. “Ya se ha mandado varias”5, dijo el jefe de Estado años después en una entrevista televisiva al ser consultado por el juez en cuestión.
La Noche Buena del mismo año, la desconocida ciudadana María Elena Wherli afirmó ser la nieta de María Isabel “Chicha” Chorobik de Mariani, fundadora y una de las presidentas de la Asociación Abuelas de Plaza de Mayo. Wherli se presentó por segunda vez en la Fundación “Clara Anahí”, un espacio de Derechos Humanos dedicado, entre otros objetivos, a la búsqueda de los nietos y nietas nacidos durante la última dictadura militar argentina.
En junio de 2015 se había confirmado, mediante un análisis de sangre, que María Elena Wherli no era “Clara Anahí”, es decir, la nieta de “Chicha”. Pero la mujer insistía con su identidad. Alejo Ramos Padilla se había enterado de la noticia por los medios de comunicación y sabía que algo no andaba bien. ¿Por qué era tan importante este hecho para el juez?
Para el magistrado, Chicha Mariani fue su abuela. Desde muy chiquito, la familia Ramos Padilla se compenetró con la lucha de Abuelas y Madres de Plaza de Mayo, y eso hizo que Alejo la adoptara como tal. Su padre, Juan Ramos Padilla, fue uno de los “jueces de la democracia” en la época de los 80 y peleó en cada juzgado para que la justicia llegara a las mujeres de pañuelos blancos que dejaron como legado simbólico sus caminatas por Plaza de Mayo cada jueves.
De hecho, en el despacho que el magistrado tenía en Dolores, había marcas y huellas de ellas en varios rincones. Desde un pañuelo blanco enmarcado en un cuadro de madera con fondo verde –presente que Chicha le dio el día de su jura– hasta una estampita del guerrillero “Che” Guevara que le obsequió Hebe de Bonafini. Por resguardo, a los pocos meses que comenzó la investigación de espionaje, el juez quitó su pañuelo blanco y lo colgó en un pequeño estudio que poseía en su casa en Chascomús.
El 24 de diciembre de 2015 cuando Alejo Ramos Padilla encendió el televisor y vio que otra vez María Elena Wherli insistía con ser Clara, la noticia le olió mal desde el principio e inmediatamente llamó a Chicha. Sabía que, de haber sido cierto, jamás se habría enterado de esa manera. También habló con su hermano, Juan Martín, periodista y militante de los Derechos Humanos. Durante la Navidad, y cuando el hecho ya era noticia en todo el país, la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad de Argentina (CONADI) solicitó que, a través del Banco Nacional de Datos Genéticos, se realizara un nuevo estudio de ADN. El 28 de diciembre se conoció el resultado: dio negativo.
* * *
El mismo año, el magistrado de Dolores estaba finalizando su subrogancia en el Juzgado Federal N° 1 de Bahía Blanca. Había tomado el cargo desde el 26 de junio hasta el 31 del doceavo mes, fecha en que puso punto final a su accionar. Por eso, el miércoles 30 de diciembre, en vez de haber festejado sus 40, el magistrado durmió gran parte de la jornada y procesó los últimos diez días de su vida.
Los cumpleaños y fiestas de los años 2016 y 2017 acontecieron sin mayores sobresaltos junto a su esposa e hijos. El 30 y 31 de diciembre de 2018 fueron los últimos días de tranquilidad en la vida de los Ramos Padilla. Para 2019, el juez tenía objetivos que no fueron ni por asomo los que consiguió. En su carrera dentro del sistema judicial, había concursado para ocupar el Juzgado Federal N° 1 de La Plata que tiene a cargo los procesos electorales de la provincia de Buenos Aires. Si bien no tenía esperanzas de que, en caso de ganar, el gobierno de turno lo nombrara, sí le interesaba volver a Capital Federal, donde su familia está radicada. El brindis de esa noche también deseó que el año entrante impar pudiera terminar su tesis doctoral sobre Malvinas, que aún tiene inconclusa.
Camino a Dolores
El primer pueblo de la provincia de Buenos Aires no supera los 30 mil habitantes. Transitando unas trece cuadras por la avenida de acceso, Lamadrid, y doblando justo en avenida Buenos Aires, vaya casualidad si la habrá, se encuentra el Juzgado Federal de Primera Instancia N° 1 de Dolores. El lugar está revestido con piedras en el exterior y la puerta posee un marco de madera. La entrada es custodiada por un lugareño policía.
Hay un único y primer piso donde funciona el tribunal. Subiendo los 19 escalones de mármol, una pequeña ventana hace las veces de mesa de entradas. En términos judiciales, el Juzgado carecía de peso e importancia, solo manejaba delitos menores en cualquiera de los 15 partidos en los que tiene jurisdicción. Los flashes no estaban ahí. No había notoriedad, actualidad ¿de qué y sobre qué? cercanía de lugar, sí solo para los y las dolorenses. ¿Personalidades de relevancia? Ninguna ¿Polémicas? Negativo.
La mesa de entradas forma parte de una fotografía más grande. Si bien es lo primero que se ve, hacia la izquierda se forma un pasillo de no más de cinco metros de largo que solo tiene como mueble de utilería un banco negro sin respaldo para esperar a ser atendido. Con no más de cuatro plafones, la iluminación de este se circunscribe en no generar sombras en el estrecho lugar, en el cual el tránsito es el típico del de cualquier juzgado. Puertas que se abren, puertas que se cierran. Saludos de cortesía y conversaciones netamente jurídicas.
La imagen se completa con tres puertas. Detrás de una de ellas está la investigación en curso que despertó el interés de la política nacional e internacional, de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI), de los que quedaron en la ex Secretaría de Inteligencia (SIDE), de la embajada norteamericana, del gobierno que ejerció el poder entre 2015 a 2019, del gobierno anterior a ese, del actual gobierno, de los agentes que realizan contraespionaje en el país, del más alto poder judicial argentino, de jueces y fiscales, de los medios de comunicación, de los empresarios que forman parte de esos medios y los que no, de varios sindicalistas, de organismos de derechos humanos y de las fuerzas de seguridad, entre otras entidades.
A partir de febrero de 2019 el Juzgado Federal de Primera Instancia N° 1 de Dolores sería noticia nacional por varios meses, producto de la mega causa de espionaje ilegal que por momentos roza la mejor de las ficciones. Es que ni el más sobresaliente productor o productora de series de Hollywood podría encontrar una mejor historia que la causa FMP 88/2019.
Quincenas de subrogancias
El primer mes del año no fue de ocio ni de arena ni de sol. A pesar de estar en feria judicial, el Juzgado de Dolores continuó con movimientos de expedientes. A diferencia de otras fiscalías, dicha dependencia abarca gran parte de la costa bonaerense, por lo que, durante el verano, cuando un porcentaje bastante importante de la población vacaciona en la Feliz y alrededores, inevitablemente aumentan los delitos, contravenciones, multas y operativos de seguridad. La intervención judicial es requerida.
Del primero al quince de enero, el magistrado del Juzgado Federal de Primera Instancia de Necochea, Bernardo Bibel, subrogó a Ramos Padilla en Dolores. El juez saliente vacacionó con con su familia. La segunda quincena se invirtió la ecuación y Alejo Ramos Padilla trabajó con un secretario penal, un empleado de esa secretaría, un prosecretario civil y un agente administrativo. Un total de cinco personas para recibir las causas de Dolores y Necochea. Al poseer el know how6 para responder a las distintas contingencias, producto de haber pasado varios veranos en el Juzgado, el funcionamiento con el mínimo de personal respondía acorde a las exigencias. No era fácil sorprender a cualquiera de los dos jueces con las infinitas situaciones que podían generarse en esos calurosos días.
El último lunes de aquel enero el servicio meteorológico pronosticó un día inestable para los porteños y porteñas, con una máxima que superaría los 30°. Estaría húmedo y se preveía una posible ola de calor que nunca llegó. En cambio, en Dolores amaneció agradable con 22° que luego treparon a los insoportables 34°. La tranquilidad del pueblo irrumpió con la visita de un hombre de unos 70 años al Juzgado Federal de Primera Instancia.
El comienzo de la causa
A Pedro Etchebest Rodríguez le gusta manejar despacio, por lo que tardó un poco más de cuatro horas en llegar a Dolores desde Capital Federal. El empresario y chacarero que por los 90 compró unos campos en la provincia de Buenos Aires quiso poner punto final a las extorsiones de Marcelo Sebastián D’Alessio. Su amigo y representante legal, José Nigro, no había podido acompañarlo, así que los 300 kilómetros los transitó en soledad. Llevaba en sus espaldas una angustia que lo había consumido durante 30 días. ¿Qué iba a pasar? ¿Iba a ser el final? ¿Conseguiría paz? ¿Volvería a tener las riendas de su vida? No escuchó radio, prefirió el silencio que acompaña el andar de la ruta.
Pensó en Victoria y en sus dos hijos, Matías y Pedro Gastón. Incluso, uno de ellos había estado presente aquel 8 de enero en el balneario CR de Pinamar. Esa jornada, previo arreglo que había realizado Julieta, la secretaria de D’Alessio, Pedro Etchebest fue trasladado desde su casa hasta la vivienda del barrio Saint Thomas Este de la localidad de Canning, donde el hombre con contactos en todos los ámbitos los esperaba para emprender viaje. Por esos días, el espía, al ver que estaba algo escéptico a creer que podía tener acceso directo a la Causa Cuadernos y que uno de los arrepentidos podía nombrarlo si no abonaba una importante cantidad de dinero, lo llevó a la ciudad balnearia que elige la dirigencia política y judicial para descansar durante el estío. Y así iba a ver con sus propios ojos quiénes eran los contactos con los que se regodeaba.
Tanto el viaje de ida como de vuelta en la Range Rover, patente AB 908 FA, fueron grabados por Pedro Etchebest. El chacarero ponía su iPhone en modo avión para no recibir llamadas, apretaba rec y guardaba su móvil en el bolsillo. En el balneario CR de Pinamar, Matías, uno de sus dos hijos, estuvo en la confitería, tomó fotos del encuentro y hasta filmó unos segundos. En esas imágenes, que forman parte de la investigación judicial, se pudo ver al espía D’Alessio vistiendo una remera manga corta color amarillo pastel, pantalón blanco y zapatillas Nike grises. El fiscal Carlos Stornelli, que era la persona con quien se iba a reunir el espía, llevaba una remera y short negros y ojotas, y durante unos minutos de las más de tres horas que duró el encuentro estuvo Gustavo Adolfo Ruberto Sáenz Stiro, quien en ese entonces era intendente de Salta. El dirigente del norte argentino estaba vacacionando en el lugar, los reconoció a lo lejos y se acercó a saludarlos.
En ningún momento Pedro Etchebest Rodríguez compartió café con la dupla en cuestión, así como tampoco pudo escuchar la charla. Se limitó a ser un espectador del encuentro desde otra mesa. Ello le permitió observar la amistosa relación entre las partes; los veía sonreír y hablar fluidamente. En un determinado momento del encuentro, D’Alessio comenzó a tomar nota en una pequeña libreta marrón de símil cuero con la palabra “Orígenes” grabada sobre la tapa. A medida que las tazas de café y jugos de los dos hombres de poder se iban vaciando, Etchebest comprobó que nada de lo vivido era parte de un embuste, sino que era verosímil. Sus tan temidas presunciones se convirtieron en realidad.
Los primeros cuarenta minutos de la reunión que había comenzado a las 11 de la mañana fueron suficientes para comprender que, si no hacía algo, podía quedar preso de D’Alessio. Pasado ese tiempo, Etchebest fue al sector de la confitería que estaba al aire libre y se sentó en uno de los sillones de espaldas al mar. Pidió una gaseosa para saciar la sed que le producían los más de 30° de temperatura.
Sintió alivio por haber grabado cada segundo de las charlas que había mantenido desde el 31 de diciembre a la fecha. Pero no por ello dejó de temer por su vida y la de su familia. Estaba completamente seguro de que, si no hacía lo que le pedían, si no abonaba el dinero requerido, iba a terminar enterrado varios metros bajo tierra.
Durante el viaje al balneario de Pinamar el 8 de enero, el espía le había confesado que en algún momento del encuentro lo iba a llamar para que conociera al fiscal y así “cerrar el acuerdo”. Mientras aguardaba esa señal, Pedro Etchebest fue al baño del parador. A la salida de este estaban los dos personajes frente a sus ojos. D’Alessio los presentó:
“Este es el señor Pedro”, introdujo el hombre de contactos en todas partes.
“Mucho gusto, un placer”, dijo Stornelli y le extendió la mano.
El apretón de manos fue suficiente para dar por cerrado el pacto. La reverencia quedó grabada por las cámaras de seguridad. Luego de ello, D’Alessio y Etchebest emprendieron su regreso.
La vuelta a Ciudad de Buenos Aires fue un martirio. Marcelo Sebastián le reiteró en varias oportunidades que había llegado el momento de hacer su parte: abonar U$300.000 para salir ileso de la situación. Le explicó que la cifra original era más alta, pero que uno de los motivos del encuentro había sido para negociar el monto. Según el espía, el número “300” lo había escrito el propio fiscal en la libreta “Orígenes” de símil cuero que este le mostró a Etchebest para que terminara de convencerse.
El pago incluía un porcentaje para D’Alessio por los servicios prestados, otro para Stornelli, quien le haría una “cortada de boleto”, y el resto iría a las arcas del señor juez de la causa, Claudio Bonadio. Era fundamental que todos quedaran contentos y satisfechos para que el arrepentido Juan Manuel Campillo, de la misma forma que supuestamente se había acordado de su existencia, se olvidara de él, y así Etchebest desaparecería de una causa, sin importar si era culpable o inocente de vaya a saber qué tipo de delito le podrían haber tipificado.
El chacarero insistió varias veces en que no contaba con ese flujo de capital y D’Alessio le recordó que podía pedírselo a sus hijos. “Pueden vender algunas de sus propiedades”, le retrucó. El espía tenía conocimiento de cada uno de los integrantes de la familia Etchebest y de las actividades que realizaban.
Luego del encuentro en Pinamar hasta el día de la denuncia, el chacarero vivió una verdadera persecución y paranoia. Dormía un máximo de cinco horas. Tenía constantes jaquecas. Su humor había cambiado y estaba a la defensiva hasta con sus seres más cercanos. Casi que no salía de su casa, y si lo hacía, miraba en las esquinas de cada cuadra buscando figuras de humanos que nunca encontró. Cada vez que el espía le escribía o lo llamaba para extorsionarlo y recordarle que debía hacer su parte, este le pedía más tiempo y le rogaba comprensión ante la situación. Pero la paciencia de Marcelo Sebastián iba en detrimento y las intimidaciones en aumento hasta el punto de hacerle sentir a Pedro palpitaciones en exceso.
Todo ese pesar recordó en el camino a Dolores aquel 28 de enero. En el asiento delantero de su auto había llevado una carpeta con 24 archivos digitales –capturas de pantalla y fotografías– y un pendrive con todas las amenazas grabadas y filmaciones que daban un total aproximado de 843 minutos. Alrededor de las 10 de la mañana de ese lunes, después de haber dado varias vueltas para encontrar el Juzgado Federal, Etchebest arribó a destino. Se presentó ante el policía que aparcaba en la entrada al lugar, subió las escaleras hacia el primer piso y, en la ventana de la mesa de entradas, se presentó ante la empleada de turno, quien le pidió que aguardase unos minutos. Sentado en uno de los bancos del lugar, esperó un poco más de una hora.
La mujer que lo había atendido golpeó la puerta del despacho de Ramos Padilla y le informó de su presencia. El juez estaba leyendo unas causas y dando giro a otras. Tomó nota del suceso y continuó con su labor. A las 11:30 horas, Pedro Etchebest Rodríguez estuvo por primera vez frente a Alejo Ramos Padilla. Titubeando ante cada palabra y secándose la transpiración de su rostro, le confesó que estaba siendo víctima de una extorsión, que tenía grabaciones y videos que lo corroboraban y que tenía un escrito para presentar.
El ahora denunciante generó más dudas que convicciones en el magistrado. Por eso, Ramos Padilla –haciendo caso a su intuición– llamó a la Fiscal Federal subrogante Natalia Corbetta, para entre los dos tomarle declaración e iniciar un expediente.
La declaración/confesión duró varias horas. La fiscal Corbetta y Ramos Padilla preguntaron desde la ignorancia de lo vivido; le pidieron que fuera minucioso y detallista, que dijera todo lo que recordaba y explicara cada una de las pruebas. Etchebest denunció la extorsión en curso y la intimidación de Marcelo Sebastián D’Alessio. Justificó por qué y cómo lo grabó, detalló su actividad laboral, exhibió las pruebas, fundamentó quién era el hombre que se hacía pasar por espía y cómo lo conocía. Tipeo tras tipeo, las hojas en blanco se fueron llenando de palabras. Finalizada la declaración testimonial, le indicaron a Etchebest que debía volver al día siguiente a ratificar lo exhibido.
En principio, Ramos Padilla creyó que se trataba de un caso conocido en la jerga como “fiscal girado”, es decir que un tercero (Marcelo D’Alessio) exige dinero en nombre de, en este caso, el Fiscal Federal Carlos Ernesto Stornelli. Incluso con la declaración testimonial en sus manos y las pruebas presentadas, había piezas del rompecabezas que al magistrado parecían no concordarle con la imagen descripta y declarada por Etchebest. Amén de ello, actuó con las herramientas que tenía para dar fin a la supuesta extorsión en curso.
A pesar de haber aportado toda la documentación que poseía, Etchebest seguía intranquilo. Incluso la angustia que lo había consumido los últimos días la sentía con más presencia en su ser. Sabía que, si D’Alessio se enteraba de la jugada que acababa de hacer, su vida podía terminar en un segundo. Por eso, sin pelos en la lengua, antes de retirarse del Juzgado les dijo con plena convicción, a Ramos Padilla y a Corbetta: “Tengo temor de que lo obliguen a Campillo a decir algo, pero también tengo temor que me quieran poner alguna cosa en mi casa, droga o algo. Porque D’Alessio refiere que él se dedica a eso, con gente que se dedica a eso, que ha plantado droga. Quiero dejar constancia de eso por si alguna vez me pasa algo (…) No sé qué hacer para resguardar a mi familia, a ver si le pasa algo. Si a mí me pasa algo, él es responsable, D’Alessio”7.
Tras dicha confesión, Etchebest se retiró a paso firme y con la frente en alto. El juez y la fiscal se miraron a los ojos y percataron la sorpresa que percibían sus retinas. Habían quedado más que sorprendidos con lo ocurrido y no dejaban de preguntarse interiormente si todo lo relatado podía ser, efectivamente, verdad. La extorsión en curso había quedado evidenciada y la fiscal ya estaba pensando en las pruebas que iba a solicitar y en cómo iba a seguir.
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Veinticuatro horas más tarde, el martes 29 de enero, Pedro Etchebest Rodríguez volvió a Dolores y ratificó cada palabra, acento, punto y coma que declaró. Lo acompañó su hijo Matías Albano Etchebest Rodríguez, a quien también le tomaron declaración. En la misma jornada la fiscal Corbetta dio curso y pidió la intervención del teléfono celular de Marcelo Sebastián D’Alessio. Envió un oficio a la Agencia Federal de Inteligencia (AFI), y Prefectura Naval Argentina se encargó de realizar una escucha directa. Con el correr de los días, en el Juzgado Federal de Dolores, pudieron constatar que D’Alessio hablaba con comisarios de la provincia de Buenos Aires, empresarios, empleados de la AFIP, de la justicia y de la política, entre otros. La intervención al celular dio resultados concretos y dejó entrever que la extorsión era uno de los varios delitos que realizaba.
En la declaración del hijo de Etchebest, Matías Albano, este detalló cómo vivió la mañana del 8 de enero, día en que vio por primera vez al fiscal federal Carlos Ernesto Stornelli y al espía Marcelo Sebastián D’Alessio en el parador de la ciudad balnearia. El joven arribó al lugar a las 10:20 de la mañana. Fue el primero en llegar. Tuvo tiempo para elegir una ubicación que le diera una visión panorámica de todas las mesas de la confitería. Había dos personas más, una de ellas tendría unos 50 años, pelo castaño oscuro, con barba candado y de 1,70 de altura que se retiró y volvió a la media hora aproximadamente. Era Gustavo Adolfo Ruberto Sáenz Stiro, el intendente salteño que formó parte, por unos minutos, del cónclave entre el espía y el fiscal.
Para no levantar sospechas, Matías pidió un agua con gas y, mientras saciaba su sed, escuchó la voz de su padre. Lo reconoció a través del reflejo de un vidrio y se quedó de espaldas para no ser detectado. La dupla de ingresantes al local se sentó a dos mesas de su ubicación. Minutos después, D’Alessio se paró y se ubicó a unos siete metros de distancia. Carlos Stornelli apareció en escena y saludó a su amigo con un abrazo. Matías sacó fotos y filmó algunos segundos.
Durante el encuentro, notó que el fiscal federal, además de charlar con D’Alessio, le mostró unos relojes antiguos. El hecho dejaba entrever una relación entre las partes de cercanía y complicidad más directa. De no ser así, ¿se hubiera tomado el tiempo Stornelli de elegir algunos de sus preciados relojes de colección, colocarlos en un elegante maletín de cuero y llevarlos al encuentro?
Cierto es que la afición por los relojes antiguos es un hobby que el funcionario público posee y comparte con varios miembros del sistema judicial. En Capital Federal algunos de ellos suelen comprar y pasar el tiempo en una coqueta relojería sobre la calle Posadas, a metros de Patio Bullrich.
Para llegar a ser el fiscal federal más importante de Argentina, Carlos Ernesto Stornelli formó una vasta trayectoria en la Justicia. En la década de los 90 al funcionario público lo bautizaron con un sobrenombre: “Stoberlli”. ¿Por qué? Porque antes de tener la resonante causa por contrabando de armas contra el entonces presidente Carlos Saúl Menem, el fiscal era estimado por esa casta política. Incluso ese espacio recordaba que en 1994 había sobreseído, de manera provisional, a Amira Yoma, excuñada y secretaria de Audiencias del entonces presidente Menem8. Pero luego la biblioteca jurídica de Stornelli tomó otro rumbo que lo llevó a dejar de ser tan amigo de ese poder.
Años más tarde, en 2007 se pidió licencia de la Fiscalía Federal N° 4, y juró como ministro de Seguridad de la provincia de Buenos Aires. El gobernador bonaerense era nada más ni nada menos que su buen amigo Daniel Osvaldo Scioli. Estuvo tres años en el cargo. Cuando volvió a Comodoro Py, el epicentro de la justicia federal, Stornelli llevó adelante causas rimbombantes como el “Caso Skanska”, una investigación sobre una compañía sueca con sede en Argentina dedicada a la construcción de gran envergadura. La compañía reconoció haber pagado “comisiones indebidas”, coimas en el léxico callejero, a funcionarios cercanos al entonces ministro de Planificación Federal, Julio De Vido9.
Sin embargo, durante la gestión del macrismo y con la explosión de la investigación en Dolores, el funcionario sufriría una mutación en su apodo; ahora sería conocido por ser “Extorsionelli”10.
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Matías Albano Etchebest Rodríguez también declaró que, luego de haber vislumbrado los relojes, el intendente salteño Gustavo Sáenz apareció en escena. Para no levantar sospechas, a las 11:40 de la mañana pidió otra agua con gas y un tostado. Satisfecho con la evidencia generada se fue del lugar. “Esta gente miraba para todos lados y éramos pocos los que nos hallábamos dentro de la confitería”11, confesó. Pidió la cuenta, pagó $270 y se retiró por una puerta trasera cercana al baño de hombres.
Tras declarar su hijo, Etchebest explicó que se ausentaría varios días por su “seguridad”, ya que el primero de febrero sería la fecha en que probablemente D’Alessio volviese a contactarlo. Aclaró que a través de su abogado y ahora querellante, Edgardo José Nigro, seguiría aportando nueva información de lo que aconteciera.
Las extorsiones durante enero
Hasta el momento, el chacarero le había pagado al espía U$14.700 y aún restaban U$285.300. El 17 de enero pasado, D’Alessio había confesado que, de los U$300.000, este había abonado un tercio. Para ganar días, Etchebest había inventado tener un plazo fijo que vencía recién en el mes de marzo, motivo por el cual no tendría efectivo en mano hasta el comienzo del primer trimestre del año. Por más lógico que pareciera todo, Marcelo Sebastián no se lo tomó con el mejor de los humores.
Por ello, alrededor de las 11 de la mañana del jueves 17 de enero, Etchebest y D’Alessio tuvieron una acalorada discusión dentro de la camioneta Mercedes Benz, propiedad de María Valentina Oettel, esposa del extorsionador:
Marcelo D’Alessio (MD): Si no depende de mí, ¿vos creés que depende de mí? ¿Vos viste la gestión que hago?
Pedro Etchebest (PE): Pero yo no soy un potentado, no soy un tipo que tenga plata…
MD: Bueno ya está, no volvamos para atrás (...) Hoy me entero, hoy, ponete en mi lugar que la plata no está.
PE: ¡Vos ponete en mi lugar! Yo te la quiero pagar, ¡no es que no te la quiera pagar!, yo te estoy diciendo que esperamos, dame 24 horas...
MD: Si fueran 24 horas... No estoy seguro.
PE: ¡Pero no depende de mí!
MD: Entonces no me digas 24 horas si no depende de vos...
PD: Pero yo te la voy a dar... Voy ahora a Mar del Plata, a ver qué plata junto allá.
MD: Es que no confío que va a estar mañana.
PE: ¡Tenés que confiar en mí! (...)
Disconforme al no lograr su cometido, D’Alessio le recordó que estaba quedando mal parado con Carlos Ernesto Stornelli:
MD: ¡Me hacés quedar como el culo y yo nunca quedé como el culo! No es un pelotudo, ¿me seguís lo que te estoy diciendo? Es el fiscal número uno del país, y no voy a quedar como el orto.
PE: ¡Pero no vas a quedar mal!
MD: Ya falté a una fiesta que me había invitado, me hice el pelotudo... Bueno veré de verlo hoy.... ¿No querés que te lleve a Mar del Plata?
PE: No, voy yo en mi auto, me voy a instalar allá, y me quedo allá mañana (…)
MD: Ahora voy a hablar con Carlos, tranquilo. Voy a ver qué carajo le digo, dame 15 minutos, pero no me falles mañana.
La conversación se vio interrumpida por un cuidacoches, quien, al ver que el vehículo estaba en el medio de la calle y con las balizas puestas, se acercó, golpeó el vidrio de la puerta del conductor y dijo: “Caballero, ¿cómo anda?”, y le hizo seña con la mano para que moviera el auto. D’Alessio le indicó que en unos segundos se iría, a lo que el trapito le retrucó: “Por lo visto o no sabe manejar o no sabe estacionar, una de dos, no sé”.
“Soy director de la DEA12, ya me voy”, le respondió con menos paciencia y una mirada amenazante. El joven no entendió la respuesta y volvió a preguntar: “¿Entonces no sabe estacionar?”. “Manejo a seis mil personas en el país. Quedate tranquilo, ya me voy”, le dijo Marcelo Sebastián mirándolo fijo. Sin más palabras el cuidacoches, que solo buscaba ganarse unos pesos, se alejó del vehículo. Etchebest aprovechó la oportunidad, se despidió de D’Alessio y le prometió que al día siguiente tendría una buena parte de lo acordado.
Efectivamente el 18 de enero el chacarero viajó a Mar del Plata y se reunió con Diego Giménez, un prestamista y amigo desde hace más de 20 años. Le pidió un solo favor: que en caso de llamarlo D’Alessio le dijera que recién el 10 de febrero iba a tener los U$100.000 que Etchebest le había pedido. Giménez le aseguró que diría todo lo necesario para devolverle la calma a su estimado.
Luego del encuentro, el chacarero, agobiado por la situación y porque sabía que no tendría las respuestas que D’Alessio estaba esperando, apagó el celular. No estaba en las mejores condiciones físicas y debía calmar su estado de ánimo, meses atrás había sufrido un ACV. Recién el viernes 19 de enero encendió su iPhone y recibió un mensaje del espía por WhatsApp que le reclamaba U$9700. El monto era una multa que se le había generado por no haber tenido el dinero para Stornelli a tiempo. Según le detalló Marcelo Sebastián, el fiscal se iba a comprar una propiedad en Pinamar, más específicamente la casa de techo azul que está frente al balneario CR y que pertenecía al empresario Colella13 pero, al no tener los U$100 mil, el funcionario público se había ofuscado. La respuesta de Etchebest fue, por primera vez, afirmativa. Tenía en su poder U$9700 y decidió dárselos al espía. Ganó días de libertad.
El martes 23 de enero, cuando aún faltaban cinco días para que hiciera la denuncia en el Juzgado de Dolores, el hombre se reunió con Marcelo D’Alessio en calle Aimé Painé 1130 en Puerto Madero. El hotel Alvear Icon & Residence sirvió de escenario para la ocasión. Se encontraron en el luminoso lobby bar que queda en la planta baja del lugar y estuvieron una hora, tiempo suficiente para pagar la multa y acordar un segundo día de fianza. Es que, además de la mora ocasionada que abonó D’Alessio, el malentendido le generó nuevos gastos por U$5000. Al día siguiente se volvieron a encontrar en la confitería Selquet, de avenida Figueroa Alcorta y Pampa. El bar y restaurante ofrece los bosques de Palermo como paisaje predilecto.
A los ojos de D’Alessio parecía que el chacarero comenzaba a entender cómo iban a ser las cosas y que debía pagar o pagar. En los ojos de Etchebest, el segundo desembolso sería el último antes de hacer la denuncia y olvidarse, definitivamente, de los aprietes que estaba sufriendo. Disfrutando del calor de enero, ese jueves 24 acordaron un tercer encuentro para el 5 de febrero. El abono sería de U$200 mil que irían a las arcas del fiscal Stornelli.
Cinco días más tarde, el martes 29 de enero y en el Juzgado de Dolores, la fiscal Natalia Corbetta solicitó los registros de las cámaras de seguridad del hotel Alvear Icon & Residence, del restaurante Selquet y del parador CR de Pinamar los días en que se habrían realizado los mencionado pagos y reuniones. La funcionaria tenía en claro que debía cesar el delito en curso. El juez Ramos Padilla acompañó los oficios y actuó en consecuencia.
1 Como autora del libro resguardaré el nombre de la hija e hijo de Marcelo Sebastián D’Alessio por razones de seguridad.
2 Juzgado Federal de Primera Instancia, FMP 88/2019, Dolores, Fallo publicado el 12/4/19.
3 https://bit.ly/3jO41am
4 Decreto 83/2015, 15/12/15, https://bit.ly/3bkj7Qj
5 Programa La Cornisa, 17/3/19, https://bit.ly/2ZJJCfT
6 Conocimiento técnico, práctico. La habilidad de realizar algo.
7 Declaración testimonial de Pedro Etchebest Rodríguez en el Juzgado Federal de Primera Instancia, Dolores, 28/1/19.
8 Abiad, Pablo: El Club K de la Obra Pública. Skanska, un caso. Buenos Aires, Editorial Planeta, 2008.
9 Abiad, Pablo: El Club K de la Obra Pública. Skanska, un caso. Buenos Aires, Editorial Planeta, 2008.
10 Verbitsky, Horacio, “Extorsión”, El Cohete a la Luna, 8/2/19, https://bit.ly/31d409M. Primera nota en los medios de comunicación sobre la causa. En ella se pueden escuchar diálogos de cómo Pedro Etchebest era extorsionado por Marcelo Sebastián D’Alessio. El nuevo apodo al fiscal nació ese día.
11 Declaración testimonial de Matías Albano Etchebest Rodríguez en el Juzgado Federal de Primera Instancia, Dolores, 29/1/19.
12 Drug Enforcement Administration o Administración para el Control de Drogas de los Estados Unidos.
13 O’Donnell, Santiago: “ArgenLeaks”. Los cables de Wikileaks sobre la Argentina, de la A a la Z, Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 2001. “Según un cable filtrado por Wikileaks, Héctor Colella fue el sucesor de Alfredo ‘Papimafi’ Yabrán. En mayo de 1998, horas antes de quitarse la vida de un escopetazo mientras era acorralado por la justicia argentina y el FBI, Alfredo Yabrán escribió un testamento nombrando a “H. C.”, Héctor Colella, como su sucesor. Además, el sucesor fue informante de la embajada estadounidense durante el conflicto desatado por la valija de Antonini Wilson. (…) Colela llegó a la embajada acompañado por el empresario especializado en seguridad Mario Montoto”.
CAPÍTULO 2
¿Quién es Marcelo Sebastián D’Alessio?
“Marcelo D’Alessio: Contá 100 % conmigo. Mario un día me dijo que te aprecia y para mí eso es más que una instrucción.
Carlos Stornelli: Es mi hermano.
Marcelo D’Alessio: No se habla más. Lo que sea es lo que sea”1.
Marcelo Sebastián D’Alessio transitaría sus días con total normalidad hasta el 6 de febrero, fecha en que le allanaron su opulenta vivienda en el barrio Saint Thomas Este, en Canning. El personaje del que hablaron todos los medios de comunicación en el país y que fue una de las caras de la causa nació el 20 de junio de 1970. Tiene una hija y un hijo y está casado con María Valentina Oettel. Verborrágico, charlatán, inteligente, instruido y con poder. Corredor de Turismo Carretera. Comenzó la carrera de Administración de Empresas en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, pero nadie sabe a ciencia cierta si alguna vez recibió un diploma.
Fanático de la serie norteamericana Breaking Bad –que trata de dos personajes que se dedicaban a realizar y traficar drogas de excelente calidad–, colecciona instrumentos medidores del tiempo, al igual que Carlos Ernesto Stornelli. En su muñeca izquierda solía colgar un reloj Audermars Piguet Octogonal valuado en U$500.000. Sin embargo, su abogado, Claudio Fogar, afirma una y otra vez que es una réplica, “una muy buena réplica”.
Rodrigo Leandro González, otro letrado con el que trabajó muchos años y que actualmente está imputado en la causa de Dolores, lo describió como una persona “capaz de generar rápida empatía, muy histriónico, muy atento a los detalles, y a los gustos por las personas que quiere trabar una relación”. Además confesó que “D’Alessio sostenía que era abogado y economista, que había hecho las dos carreras en simultáneo, lo impactante es que incluso contaba anécdotas de derecho, como quién le entregó el diploma, dónde dejó el auto estacionado, o sea montaba toda una realidad”2.
Algunos de los mitos urbanos creados en torno a la figura de Marcelo Sebastián D’Alessio revelan que el maxilar del espía fue reconstruido producto de haber recibido al menos tres tiros en la boca en un enfrentamiento en Afganistán. Su defensor legal lo niega rotundamente.
Etchebest lo definió como un hombre que “tiene una personalidad muy engañosa, especial, te muestra algo y juega con el temor que te produce (…) Es una persona enferma, manipuladora, con mucha capacidad, no es alguien que te va a extorsionar de una manera simple, sino con elucubraciones (…) Él se vende muy bien, lo presentan como un especialista en drogas, los periodistas lo ven con admiración. No es una mente común, nunca vi a nadie que trabajara de esa manera, con esa capacidad de impacto psicológico”3.
La revista DEF, dedicada a la cobertura de la agenda internacional y regional4, y propiedad del empresario Mario Montoto, lo describió como un “abogado y economista, tiene un máster en Psicología Forense y Criminal, y una especialización en Química Orgánica. Eso, sin contar sus aptitudes de piloto de avión, instructor de tiro y músico. Pero lo que aglutina a todos estos saberes e intereses es su pasión por investigar. Su expertise es el narcotráfico”5. Conoce a la perfección cuáles son las condiciones necesarias para tener campos de cultivo, la metodología para poder traficar y las personas a quien contactar.
Ostentaba la buena vida que tenía y disfrutaba la bonanza de saber que había logrado un futuro próspero. Vivió en uno de los countries más exclusivos de Argentina y se jactaba de tener autos de alta gama a los que pocas personas en el país pueden acceder. Tiene “un afán investigativo que lo desbordaba” y se ufanaba de “muchos logros. Trabajó para conseguir prestigio y dinero y se vinculaba con periodistas, políticos, abogados, miembros de las fuerzas de seguridad, agentes de inteligencia, jueces y fiscales”6.
Se podría decir que sufría de las características del efecto Dunning-Kruger, es decir, aquel sesgo cognitivo según el cual los individuos con escasa habilidad o conocimiento padecen un sentimiento de superioridad ilusorio. Se consideran más inteligentes de lo que son, midiendo incorrectamente su habilidad por encima de lo real. Nobleza obliga, ese mismo efecto lo padecieron varios imputados más.
Depende quién lo describa y el momento en que lo haga, Marcelo Sebastián D’Alessio podía tener diferentes personalidades. Por ejemplo, el fiscal Carlos Stornelli detalló ante el juez Ramos Padilla que era “cordial en demasía; obsecuente, hablador, charlatán y exagerador”; y que lo había conocido por “expresa recomendación del periodista Daniel Santoro”7. Reconoció que D’Alessio le había dicho que trabajaba para una embajada vinculada a los Estados Unidos y que era esta la que le pagaba un sueldo. Según el funcionario público, se conocieron en octubre o principios de noviembre de 2018; aunque la evidencia indicaría que la relación comenzó mucho antes. No eran amigos y el trato, en teoría, era distante y esporádico.
En el invierno de 2020 Marcelo D’Alessio contrajo coronavirus. Transitó la enfermedad en la Unidad Penitenciaria N° 21 del Hospital Muñiz. Cumplió medio siglo de vida tras las rejas y en soledad. Actualmente está alojado en el pabellón 1°B, celda 111, del Hospital Penitenciario Central (HPC) que funciona dentro del complejo carcelario de Ezeiza. Transita sus días en un rectángulo de 2 por 3 metros que tiene una pileta, inodoro y ducha. Son contadas las veces que salió, menos de una hora, a un pequeño patio que posee la unidad cerca de las cloacas. El olor que emanaban los sumideros hacía que las ganas de estar los sesenta minutos respirando aire fresco y puro se disiparan rápidamente.
Su abogado, Claudio Fogar, logró que tuviera un pequeño DVD, una radio que funciona con dos pilas y más de 20 libros que leyó en sus días de encierro. Las historias de aventura y las biográficas, como la vida de Alejandro Magno, son algunos de los escritos que le permitieron a D’Alessio dejar volar su imaginación. Ingresó a la cárcel sin necesitar ninguna medicación, y terminó con dosis diarias de 200 miligramos de sertalina, 4 de clonazepan y 200 de quetiapina8. “Un chaleco químico”, según definió su defensor a esta autora.
* * *
Además de haber extorsionado a Pedro Etchebest Rodríguez, el espía realizó más de una veintena de operaciones que los medios conocieron luego del allanamiento en su casa que realizó el juez Ramos Padilla. Algunas de ellas fueron catalogadas como “GNL”, “Irán”, “PDVSA-Brusa Dovat”, “Castañón”, “Ubeira”, “Cuadernos”, “Mafia de la Aduana”, “Triple Crimen”, “la ruta inversa del dinero K”, “Operación Natacha Jaitt”, “Cifuentes-OPS”, “Operación Porcaro”, “Fariña”, “Hidrovía”, investigaciones y espionaje en el norte argentino, “Informe Bonadio”, “Informe Aguinsky”, “Juez Carzoglio”, “AFA”, “Operación Sancolombia” y “Grupo Buenos Aires”.
Llamativamente o no, de toda la evidencia recabada por el juez de Dolores, una de las conversaciones que más fojas ocupan en la causa son las que mantuvo con el titular de la Fiscalía Federal N° 4. Con Carlos Ernesto Stornelli se registraron, durante 46 días –del 23 de diciembre de 2018 al 6 de febrero de 2019–, conversaciones vía WhatsApp que, transcriptas conforman más de 100 páginas. En ese periodo de tiempo Marcelo Sebastián y Carlos Ernesto se encontraron en cinco oportunidades: dos en noviembre y una en diciembre de 2018, una en enero y otra vez más en febrero de 2019.
D’Alessio espió a propios y ajenos. Respecto de muchas de las personas con las que trabajó se hallaron carpetas con información sensible sobre ellas. Sobre Stornelli la Justicia no encontró ningún archivo; al contrario, había sobres que contenían información de diferentes causas que tenían como destino la oficina de Fiscalía Federal N° 4.
Un bagayero
El 8 de enero de 2019, luego de haber tomado un café en el balneario CR, de haber disfrutado de los relojes de colección de Stornelli, y hasta de haber paseado los dos en la Land Rover del fiscal por la ciudad costera, Carlos Ernesto le escribió para agradecerle la visita. Se respondieron misivas hasta la 1:17 de la mañana del 9 de enero y los últimos mensajes estuvieron relacionados con temas como “el exjuez Di Mateo, Javier Fernández y ‘Fredy’ Lijo”.
En el mismo encuentro, D’Alessio había tomado nota de algunas directivas por parte del fiscal en otras operaciones. Le habría pedido que le realizara espionaje a Juan Manuel Ubeira, abogado defensor de Oscar Thomas, exdirector de la Entidad Binacional Yacyretá imputado en la Causa Cuadernos N° 9608/2018. La idea era hacer cámaras ocultas en las que se involucrase al letrado mencionado en una presunta maniobra extorsiva en perjuicio del propio Stornelli o una tercera persona. El espía había comenzado a macerar en su cerebro la maniobra.
Dos días después, el 11 de enero, el mismo funcionario público le pidió nuevas tareas ilegales para con otra persona. Debía investigar a Jorge Christian Castañón Distéfano, expareja de Florencia Antonini Modet, actual pareja de Stornelli.
El espía comprobó que el hombre en cuestión tenía más de 50 años, de nacionalidad peruana, era piloto comercial, oficial de la marina de los Estados Unidos y trabajó para la empresa United Airlines. Stornelli lo catalogó como un bagayero, es decir, un contrabandista. El encono del fiscal era personal.
El 16 de enero el titular de la Fiscalía Federal N° 4 le escribió a Marcelo Sebastián para saber qué había averiguado del “peruano”. Este le informó lo recolectado, a lo que el funcionario le preguntó: “¿Qué se puede hacer?”. “Habría que verlo personalmente…”, deslizó D’Alessio. Las alternativas que había pergeñado quería compartirlas cara a cara. Para que Stornelli aceptara una reunión, le adelantó alguna de las posibilidades: “Yo le haría algo un poquito peor, por eso quiero hablarlo personalmente con vos, no por acá. Le haría algo un poquito peor. Le pondría algo en la valija, ¿viste? Y ahí se deja de joder. Lo bloqueo allá, acá o donde vos quieras”9.
El Centeno de PDVSA
Mientras la operación quedaba pendiente a un encuentro formal para definir una ejecución, D’Alessio comenzaba con otro trabajo que prometía ser un nuevo escándalo nacional en términos políticos y que hasta salpicaría a otros países; esta giraría en torno a la empresa Petróleo de Venezuela S.A. (PDVSA). A la connivencia y participación necesaria para el éxito de la operación se sumarían el reconocido periodista de Clarín Daniel Pedro Santoro, el fiscal federal Carlos Ernesto Stornelli, los comisarios Ricardo Oscar Bogoliuk y Aníbal Degastaldi, y los desconocidos Eduardo Ariel Menchi “Chispa” y Mariano Díaz Strunz, alias “Alemán”.
En esta ocasión el espía utilizó el “Protocolo de Protección de la DEA”. ¿Qué era? El mismo consistía en contactar a quien sería una víctima, de la que buscaría un rédito que podría ser económico o de otro tipo, como la obtención de información. En esta ocasión, el objetivo era lograr que un exdirector de la empresa PDVSA se arrepintiera y denunciara irregularidades ante el sistema judicial porteño.
Para ello, D’Alessio utilizó distintos métodos psicológicos. Primero, se hizo de información personal y sensible de la futura víctima, y hasta inventó una supuesta causa en su contra. Con la amenaza latente de dar a conocer el contenido obtenido, lograría “ablandar” a la persona y que esta cediese ante sus requisitos. De esta forma, pasaría de “víctima” a “arrepentido”.
Una vez logrado el cometido, el espía haría público el testimonio del arrepentido en medios de comunicación que, en el caso de D’Alessio, variaban en una primera instancia entre el diario Clarín y los canales de noticias A24, TN y El Trece. La seguridad del arrepentido estaría cerciorada una vez que su relato y su cara aparecieran en los televisores de los argentinos y argentinas. Por último, le tocaría el turno a la Justicia. Tras haber logrado un escándalo periodístico, habría una investigación de hecho que realizarían siempre, o casi siempre, el mismo fiscal y juez. De no ser así, el arrepentido sería quien, voluntariamente, declararía ante esas personas predestinadas a llevar adelante la investigación. Los variables dependerían del tipo de operación en cuestión.
“Quien es ‘puesto en emergencia’, ‘atemorizado’ o ‘ablandado’ ya sea porque ha cometido un delito o porque tiene una situación personal embarazosa, porque se utiliza un ardid verosímil o por lo que fuere, es capaz de ratificar cualquier cosa con tal de que aquel conocimiento que lo aterroriza –y que no necesariamente tiene que ser un delito– deje de ser utilizado en su contra”10.
El uruguayo Gonzalo Brusa Dovat fue gerente de la compañía Petrolera del Conosur S.A., que responde a PDVSA, desde junio de 2010 a agosto de 2014. Los primeros días del año 2019 estaba tomando un café en un bar ubicado en una de las esquinas de Plaza de Mayo. Las ojeras, que sus lentes ocultaban, dejaban entrever las pocas horas de sueño que había tenido. Notó que en la mesa contigua estaba el reconocido periodista Rolando Graña. Recordó que dicho comunicador había investigado a la empresa Fluvialba, de la cual PDVSA posee la mitad del paquete accionario. Supo que sería el adecuado para confesarle un pesar que le generaba sensaciones de ahogo y desasosiego.
Terminó rápido su café, se acercó a Graña y, tras una breve presentación, le exteriorizó su angustia: “Estaba siendo amenazado por supuestos ejecutivos venezolanos de la empresa PDVSA y presuntos agentes bolivarianos. El Servicio de Inteligencia venezolana (SEBIN) le había rodeado la casa”. Le adelantó al periodista que tenía dos discos rígidos con información para entregarle y conseguir, así, un reaseguro mediático.
Graña prestó atención a las palabras de Brusa Dovat y, tras intercambiar números de teléfono, acordaron un nuevo encuentro para desentrañar lo que estaba ocurriendo. Días después el periodista se comunicó y le propuso encontrarse en la sede de su productora, “El Galeón Producciones”, sobre calle Humboldt en el barrio Las Cañitas. Sesenta minutos fueron suficientes para que Graña notase la magnificencia del hecho. Gonzalo Brusa Dovat le aportó información con relación a las actividades de la compañía, pero, a cambio, le esgrimió una serie de condiciones: no quería fama, no quería hacer ningún tipo de entrevista, no le interesaba ninguna compensación económica y mucho menos que su nombre fuera público. Asintió a sus requisitos y le sugirió una nueva reunión a la que sumaría a un conocido suyo, que había actuado en la causa de Gas Natural Licuado (GNL) y había trabajado en Energética Argentina S.A. (ENARSA): Marcelo Sebastián D’Alessio11.
El exgerente de la empresa PDVSA desconocía quién era, pero al haberse sentido cómodo con el periodista –que le había respetado sus condiciones– le manifestó que lo conocería. Acordaron un café para el jueves 24 de enero. Para el miércoles 23 de enero el espía no solo sabía que conocería a Brusa Dovat y qué haría con él, sino que había investigado cada mancha de su presa y, con la sapiencia de un cazador, aguardaría el momento preciso para cazarlo.
Por eso, a las dos de la madrugada del 23 de enero, le envió un mensaje por WhatsApp a Carlos Stornelli: “Mañana voy a hacer que se arrepienta un actual director de una residual de PDVSA, que sigue operando en el país. Si es lo que imagino, además del informe que tengo que armar para Maine y enviarlo por valija diplomática, está el factor Argentino que seguro ¡le vas a sacar mucho provecho!”12. El fiscal le respondió con tres manitos con el pulgar para arriba. La operación iba viento en popa.
En el barrio con nombres exclusivos de mujeres, como es Puerto Madero, se encuentra Fresh Market. En calle Olga Cossettini al 1200 y a metros del río, Rolando Graña, Gonzalo Brusa Dovat y el misterioso hombre se vieron las caras. Marcelo D’Alessio se dio a conocer como “jefe de la DEA, le exhibió una placa que llevaba dentro de su billetera, y una pistola y un fajo de dólares que guardaba en un maletín negro”13. Además, le presentó a una cuarta persona que formó parte del almuerzo; era un excomisario colaborador suyo llamado Aníbal Degastaldi. También le indicó a Gonzalo que un Toyota Corolla estaba estacionado en la vereda del restaurante, y que adentro lo esperaban sus “custodios”, Eduardo Ariel Menchi “Chispa” y Mariano Rubén Díaz, alias “Alemán”.
El almuerzo, que sería en la intimidad entre tres personas, se transformó en un encuentro con custodios y excomisarios presentes. D’Alessio le comentó al exgerente que hacía meses que venía investigando a la empresa Fluvialba –la misma sobre la que Graña había realizado informes– porque, supuestamente, realizaba un traslado marítimo de metanfetaminas. Gonzalo se sorprendió al escuchar el nivel de precisión y conocimiento que tenía el ya no misterioso hombre. El espía aportó datos muy específicos sobre la Petrolera del Cono Sur, lo que hizo que Brusa Dovat se diera cuenta de que D’Alessio sabía más de lo que decía y hasta conocía parte de su vida.
El almuerzo transcurrió con el supuesto jefe de la DEA ostentando poder, vanagloriándose del mismo y, sobre todo, impartiendo respeto entre los comensales. Fue la primera vez que Marcelo Sebastián mencionó la necesidad de implementar el “Protocolo de Protección de la DEA” para lograr un concreto resguardo sobre Brusa Dovat y su familia.
El espía entendía que era el momento de hacer un rally mediático. “Este es un caso para Daniel Santoro”, sentenció D’Alessio. La única acotación directa de Rolando Graña fue en ese exacto segundo cuando confirmó: “Sí, sí es para Santoro”14.
El conductor de televisión tuvo un gesto de solidaridad que rara vez se vislumbró en el periodismo. Le cedió una noticia e investigación que marcarían la agenda de los medios a un periodista con el que ni siquiera eran compañeros de trabajo. A pesar de ello y de haber investigado a la empresa Fluvialba que estaba relacionada a PDVSA, Graña optó por darle esa primicia al colega que brillaba ante las cámaras.
En 2019 Rolando Graña trabajó en su programa de televisión y en otros productos de los canales América y A24. En cambio, Daniel Pedro Santoro fue el jefe de la sección de Judiciales del Grupo Clarín y era columnista en el programa Animales Sueltos. Sus caminos laborales no estaban entrelazados; los dos cobraban sueldos de distintos jefes y sus líneas editoriales no siempre eran las mismas.
Entonces, ¿por qué Rolando Graña dejó pasar la noticia? Entrevistado por esta autora, el periodista dijo que “lo de Brusa Dovat no me interesó, era un tema que no me atraía, era un ‘embole’. Pero sí lo noté muy preocupado y le dije que tenía un contacto de la embajada de los Estados Unidos, porque yo creía que D’Alessio era de la embajada de los Estados Unidos y por eso los contacté”. Además confesó: “En febrero de 2019 yo tenía una línea editorial en mi programa en la que mostraba los desastres de la gestión de Macri, así que no me iba a meter con un tema que involucraba a Venezuela”15.
Con la experiencia y trayectoria de Rolando cualquiera podría deducir que este sabía que D’Alessio terminaría convirtiendo el testimonio de Brusa Dovat en un relato que cuajara a la perfección con sus intereses, y no con lo que realmente ocurrió. Tal vez por ello, y conociendo los mecanismos para lograrlo, prefirió que la noticia fuera manejada por Daniel Santoro, el periodista que en un lejano 2004 escribió el libro llamado Técnicas de Investigación: Métodos desarrollados en diarios y revistas de América Latina.
Cuando Brusa Dovat escuchó por primera vez en el almuerzo el nombre del jefe de Judiciales de Clarín no pudo asociar el apellido con una cara. Indagó en sus recuerdos fotográficos, pero no dio con el rostro del periodista que supuestamente le conseguiría ese resguardo que tanto anhelaba. Finalizado el almuerzo, D’Alessio le informó que se comunicaría para tener un nuevo encuentro junto con el otro periodista, Daniel Santoro. Se despidieron rápidamente. Marcelo Sebastián pagó la comida con su tarjeta bancaria; gastó $2630. Minutos más tarde, el “director de la DEA” volvió a verse con Pedro Etchebest y recibió el segundo pago por U$5000. Había sido un día fructífero.
El ablande
El viernes 25 de enero, D’Alessio contactó por WhatsApp a su víctima Brusa Dovat. Malas noticias. El juez Marcelo Aguinsky, titular del Juzgado Nacional en lo Penal Económico N° 6, tenía en su poder una “precausa” contra él y sus excompañeros. Había sido armada por Ángel Morales, expresidente de PDVSA en Argentina. Al escuchar el audio del espía, un frío cosquilleo rodeó el cuerpo del empresario uruguayo.
Pero si Marcelo Sebastián traía un problema, también llevaba una solución. Afortunadamente D’Alessio tenía cierta influencia sobre el juez Aguinsky y podía desactivar la “precausa”. Para que no le quedaran dudas al exdirector de logística de la firma energética, el extorsionador comenzó a soltarle información sensible respecto de su historial laboral, económico y migratorio. Oración a oración, Brusa Dovat podía leer en su WhatsApp datos que creía resguardados por un sinfín de contraseñas.
Era fundamental que la ahora víctima ahondara en su memoria y pudiera recordar, o recrear, o inventar en este caso, ciertos supuestos ilícitos que ocurrieron en la compañía venezolana mientras cumplía sus jornadas laborales. Esa información iba a ser vital para que D’Alessio intercediera ante el magistrado del Juzgado Nacional en lo Penal Económico N° 6, y lograra que este dejara la precausa traspapelada en su despacho de forma tal que nunca pudiera ser investigada.
Gonzalo Brusa Dovat estaba aturdido; había recibido información que ponía en peligro su existencia, la de su esposa e hijos. El hombre al que había conocido una semana atrás poseía un conocimiento tan detallado de su vida que aterraba hasta al más aséptico. El inminente peligro de una denuncia en su contra, de la que no tenía la más pálida idea de por qué sería acusado, subyacía en su inconsciente. ¿Cuánto tiempo puede soportar una persona un estado de alerta permanente? ¿Cuántas veces se puede analizar una situación agraviante en un día? ¿Cuántas salidas se pueden encontrar si solo hay asfixia?
El ablande hacia la víctima empezaba a surtir efecto, y pronto comenzarían a verse los resultados. Pasadas las dos de la tarde del 30 de enero, Gonzalo Brusa Dovat arribó al restaurante armenio Sarkis, ubicado en la esquina de Thames y Jufré. El establecimiento irradia un ambiente familiar producto de una decoración de cantina con mesas vestidas con manteles blancos y sillas de madera y mimbre. El espía ya estaba en el lugar con el periodista de Clarín, Daniel Santoro, a quien Gonzalo reconoció por haberlo visto en un programa de televisión. Para que no quedaran dudas, D’Alessio le presentó al comunicador como su “amigo personal y compañero de investigaciones, e incluso le refirió la participación en un libro”16.
Por su parte, Santoro le informó que lo entrevistaría y grabaría con el celular; a lo que en primera medida Gonzalo se negó, pero cedió cuando D’Alessio le pidió que recordara “lo que habían charlado el viernes”, en referencia a la conversación en que le comunicaron al exgerente de PDVSA que había una precausa en su contra. Nada se daba como esperaba el “arrepentido”, sino como lo planteaba el extorsionador.
La entrevista duró una hora aproximadamente y la reunión poco más de dos. Marcelo D’Alessio sacó fotos del hecho y hasta filmó unos segundos con su celular. También realizó una cámara oculta que había escondido en una mochila negra que había ubicado en la silla contigua a Santoro y frente a Brusa Dovat. Parte del contenido audiovisual lo envió por WhatsApp a Carlos Ernesto Stornelli y al excomisario Ricardo Bogoliuk, entre otros.
Al finalizar el encuentro, Brusa Dovat estaba “desnortado, completamente desorientado, al punto tal que no se ubicaba geográficamente, no sabía para dónde agarrar”17. Decidió llamar a Facundo Videla, un amigo que a esa hora debía estar trabajando cerca del lugar. Luego de diez minutos, Gonzalo estaba dentro del Renault Picasso de Videla y sintió cierta seguridad, sensación que le duró poco. Recorrieron tres cuadras cuando un Toyota Corolla –el mismo que D’Alessio le había referenciado la primera vez que se conocieron y que pertenecía a sus custodios– se les acercó de manera intimidatoria, con maniobras peligrosas y muy bruscas. El acompañante bajó el vidrio polarizado y le preguntó a Videla si estaba “todo bien”, a lo que el hombre respondió que “sí”. Tras el atemorizante hecho, este dejó a Gonzalo en su casa, quien esa noche no durmió.
En cambio, D’Alessio estaba rozagante. Cenó con su familia y disfrutó cada bocado de la comida. Tenía una sonrisa estampada en su cara que no se le borraba. Entrada la madrugada le comunicó al titular de la Fiscalía Federal N° 4 las buenas nuevas:
Marcelo D’Alessio (MD): Listo el Centeno de PDVSA. No paró de dar datos chequeables durante dos horas! El lunes te lo siento (antes que lo maten).
Carlos Stornelli (CS): Perfecto… Gracias!
MD: Esa es mi égida! Jaaaaa. Trabajamos prolijo! Sale en tapa del domingo de Clarín. (…) Ya sé quién esconde el dinero en Suiza!
CS: Uhh… Guardalo un poco más hasta que hable conmigo.
MD: Es que Dani (Santoro) se va de vacaciones. Dani de hecho se va el sábado y lo deja embargado, el viernes ya lo deja todo encriptado y embargado. No va a mencionar el estudio jurídico y el tema de Suiza, es decir, esa parte no sale. Hay 3 o 4 cositas que después te cuento personalmente que no van a salir, para que vos le puedas apretar los huevos, por eso necesito juntarme con vos personalmente el lunes, pero es un Centeno 2 eh, hay que hablar con Patricia después para que no mandarnos un moco, ¿viste?
CS: Dale18.
Además, a las 4:23 de la madrugada, envió el siguiente e-mail: “Estimado amigo, de mi viaje he traído información valiosa respecto a PDVSA en Argentina. La procesé y ya mañana tengo a un exdirector de la filial Argentina que logré que se quiebre y quiera aportar todos los detalles de los ilícitos de Chávez y Maduro en la Argentina. Mañana lo siento con Santoro y el lunes con Stornelli. Es un espaldarazo para Macri. Y haré que así sea. Quería que seas el primero que lo sepa. PD: Sí, ¡¡¡le voy a devolver a la mamá!!! Shhhhh”19.
A las 11:16 del mismo día hubo respuesta del correo por parte del destinatario. Se trataba del empresario Mario Montoto, quien alguna vez –entre muchos otros de sus quehaceres– asesoró al exgobernador de la provincia de Buenos Aires Daniel Scioli en cuestiones de seguridad: “Bueno…Yo hoy a la noche regreso… Estoy también muy cansado…No paré un minuto… Abrazo y ¡¡¡Felicitaciones!!!”.
La seguridad mediática
Los últimos tres minutos del último día de enero, Marcelo Sebastián le escribió a su amigo personal y compañero de investigaciones: “Hola Dany! Mañana veo al uruguayo (Brusa Dovat) Además de estar en pánico, creo que puede aportar algo más! Sirve lo que tenés hasta ahora?”. “Sí, sale el domingo”, le respondió Santoro mientras terminaba de preparar las valijas. Estaba a horas de comenzar sus merecidas vacaciones.
El primero de febrero Marcelo Sebastián ya sabía que tenía el teléfono intervenido. Vivía de hacer inteligencia y ello le generaba redes de contactos que le informarían cuando al que estuvieran investigando fuera él. Y esas redes se activaron por esos días. Sin embargo, nada de ello le impidió seguir con sus labores.
Se reunió, una vez más, con el “Centeno de PDVSA” en el Café Martínez del barrio de Caballito y ejecutó una nueva faceta de la operación psicológica. Ablandado y habiendo dado un testimonio público al multimedio hegemónico Clarín, era hora de pulir qué le diría al fiscal. El relato tenía que cuajar a la perfección, igual que las agujas de los relojes de colección de Carlos Stornelli.
“Fue el encuentro más agresivo porque además de hablarme del armado de la precausa, me indicó los términos de lo que yo debía denunciar judicialmente, y me pidió más información detallada sobre operaciones de PDVSA en Argentina”20, confesó Brusa Dovat. Por ello, no sorprendió que asintiera a cada una de las peticiones, estaba viviendo un verdadero calvario. D’Alessio le comunicó que a las 19 horas había pautado una nueva entrevista con el periodista Rodrigo Alegre para el noticiero de Canal 13. Acordaron que lo pasaría a buscar con su Land Rover por su domicilio.
Alrededor de las 17 horas, el extorsionador le informó a uno de sus compañeros de andanzas, Aníbal Degastaldi, que llevaría “al paquete a las 7 de la tarde con Rodrigo Alegre para grabar al buche este de PDVSA”. El remitente mostró interés: “Mantenenos al tanto de todo esto, cómo sigue”21.
Tal cual lo habían acordado, Marcelo Sebastián y el arrepentido arribaron a la sede de Canal 13. Se encontraron a una cuadra del edificio, en Salta y San Juan, e ingresaron al estacionamiento del edificio luego de que D’Alessio se presentara ante el portero como “de la DEA”. En una oficina de no más de 6 metros cuadrados, con un fondo vidriado que permitía vislumbrar la gigantesca redacción del Grupo Clarín, el periodista Rodrigo Alegre lo entrevistó durante veinte minutos. Por primera vez en días Brusa Dovat se sintió cómodo dando una nota.
Finalizada la misma, el panelista del noticiero le preguntó a Marcelo Sebastián cuándo irían a declarar ante el fiscal, para acordar el día en que saliera al aire la nota y no quedar en offside. Le respondió que ello ocurriría el lunes a la mañana. Así fue como Gonzalo se enteró que pisaría por primera vez en su vida el histórico edificio de Comodoro Py. Era tal el poder que tenía D’Alessio que ni siquiera había tenido la deferencia de comunicarle cuándo sería el día de la denuncia ante la Justicia. A los ojos de su extorsionador, el exdirector de PDVSA era una marioneta más de una obra de teatro que iría incorporando nuevos actos y actores.
* * *
A las 23:01 horas del 2 de febrero, la nota de Daniel Santoro salió publicada en la versión digital de Clarín. La foto era una de las que el periodista le había sacado a Brusa Dovat en el restaurante armenio. También estaba acompañada del video que había realizado el mismo día. La volanta, título y bajada fueron:
“En complicidad con funcionarios K.
Denuncian maniobras de lavado de dinero en PDVSA de Argentina.
Un exdirectivo de la empresa venezolano afirmó que varios de sus expresidentes robaban combustible para sacar plata al exterior”22.
La madrugada del primer domingo de febrero, el noctámbulo de D’Alessio les anticipó a varios contactos por WhatsApp la necesidad de leer el diario hegemónico. Uno de ellos fue Rolando Hugo Barreiro. El misterioso hombre era un espía que trabajaba codo a codo con Marcelo Sebastián en diferentes operaciones ilegales. Mantener informados a sus secuaces era un hábito de D’Alessio.
Marcelo D’Alessio (MD): Domingo va a ser ‘el Centeno’ de PDVSA. El lunes lo entrego a Stornelli. Bomba!! Leé mañana Clarín!!
Rolando Hugo Barreiro (RH): Juaaaa quién es ese?
MD: El exdirector de PDVSA
RH: Pufffff qué bomba (…) Excelente como siempre23.
El domingo el escándalo PDVSA fue inevitable. La nota se publicó en el diario más popular el día de mayor tirada. La red social del pajarito ardía. Más de una docena de periodistas se habían horrorizado con el nuevo hallazgo de Santoro. Dirigentes políticos opinaban e invitaban a reflexionar sobre temas como la Patria, la democracia y demás baluartes. La empresa petrolera venezolana tenía una cara: la del corajudo y arrepentido Gonzalo Brusa Dovat.
* * *
El primer lunes hábil del mes de febrero a las 9:30 de la mañana Marcelo Sebastián D’Alessio, junto a sus dos custodios, fueron en su Land Rover azul oscura, patente AB 908 FA, a buscar al abatido y arrepentido a su domicilio para llevarlo al Palacio de Justicia radicado en Retiro. Arribaron a destino y tomaron el ascensor hasta el quinto piso donde se encuentra la Fiscalía Federal N° 4. El bronceado funcionario público, producto de sus extensos días de descanso en Pinamar, tardó unas tres horas en atenderlos. Durante la angustiante espera, D’Alessio le reiteró a Brusa Dovat qué decir y cómo debía denunciar. Frase tras frase, machacó en que era de vital importancia que su relato coincidiera con la nota que había publicado el diario Clarín.
Pasadas las 13 horas, Carlos Ernesto Stornelli saludó con la mano al espía y lo hizo pasar a su oficina. Dentro de ella, D’Alessio presentó a Brusa Dovat. Luego de la formalidad, el funcionario se sentó en su silla con respaldo tapizado, Marcelo Sebastián se posicionó enfrente –solo los separaba un escritorio– y metros atrás y algo rezagado el empresario arrepentido. Luego de cinco minutos, Stornelli levantó el tubo de su teléfono, se comunicó con una letrada y le pidió que viniera a buscar a Brusa Dovat. D’Alessio se quedó a solas con Carlos Ernesto y Gonzalo se fue con una rubia de estatura promedio que vestía una remera manga corta negra estampada que iba a a tomarle la denuncia en una computadora que se encontraba en un despacho contiguo.
En treinta minutos la empleada le tomó declaración. Luego de ello, y mientras Gonzalo leía que lo transcripto fuera lo que él había narrado, notó que D’Alessio estaba a pocos metros de distancia con su iPhone en la mano. El espía había sacado fotos del hecho. Ninguno de los presentes le indicó a Brusa Dovat que tenía derecho a brindar su testimonio en soledad, o al menos sin la presencia de terceros ajenos al proceso. Las garantías de la víctima fueron vulneradas.
Casi como un acto mecánico, antes, durante y luego de la audiencia el espía se comunicó vía WhatsApp con distintos periodistas, como Eduardo Feinmann y Daniel Santoro, y además con miembros de su organización. Les envió las imágenes del gerente de PDVSA haciendo la denuncia, un video que mostraba la misma escena y fotos del acta labrada. Brusa Dovat se llevó una copia de su declaración y Stornelli, quien salió a despedirlo, le informó que se comunicarían con él desde la Fiscalía.
D’Alessio lo dejó en su casa, no sin antes avisarle que a las ocho de la noche harían una nueva entrevista en el noticiero de A24 con Eduardo Feinmann. Debían encontrarse en la intersección de Fitz Roy y Honduras. Brusa Dovat hizo un último intento por negarse a realizar la nota. Fue en vano, el espía le recalcó la importancia de cumplir el protocolo de la DEA.
Se encontraron a la hora pactada e ingresaron al canal. Dentro del estudio, una de las productoras del informativo preguntó cómo presentaría al arrepentido y al mismísimo D’Alessio, ya que este había decidido de manera unánime que también estaría al aire. “Soy abogado y especialista en narcotráfico y seguridad”24, explicó.
Ese día, el periodista Eduardo Feinmann se reincorporaba a su trabajo luego de sus vacaciones y, como cada primera emisión, su novia Lucía, lo acompañaba al debut; era una pequeña cábala de la pareja. Mientras los hombres aguardaban en silencio los minutos que estarían frente a las cámaras, el espía aprovechó la oportunidad para jactarse de su extravagante belleza ante Belén Ludueña, una columnista del canal, que también estaba dentro del estudio pero fuera del aire. Se acercó, entabló un superficial diálogo, buscando impresionarla. Para ello le mostró fotos de una supuesta “casa que poseía valuada en cinco millones de dólares, una camioneta Range Rover y afirmó que era de la DEA y trabajaba para la Embajada norteamericana”25.
Segundos antes de que las cámaras enfocaran a los invitados, Feinmann se sorprendió de ver a D’Alessio sentado al lado de Brusa Dovat, ya que había preparado la entrevista solo para el arrepentido. Pero la vertiginosidad hizo que se reacomodara a la situación en un abrir y cerrar de ojos. La nota duró media hora, y el primero en tener la palabra fue el espía, quien le detalló al conductor televisivo cómo había sido la declaración ante el fiscal, y mencionó un operativo de seguridad solo para Brusa Dovat. La mayor sorpresa que se llevó el arrepentido, y que incluso no pudo disimular en sus gestos, fue cuando el periodista le preguntó si era el nuevo “Centeno de PDVSA”. Este respondió negativamente, pero D’Alessio retrucó y dijo que sí, que “sabía mucho”, momento en el que, ante la nueva insistencia de Feinmann, el gerente terminó por aceptar su nuevo apodo.
El mismo día y en el horario central de Canal 13, el periodista Rodrigo Alegre presentaba la nota que había filmado el viernes anterior. Entre las 20 y las 22 horas, el tema PDVSA fue el eje informativo de dos canales nacionales del país.
Esa noche Gonzalo Brusa Dovat no durmió. Al día siguiente cumplió años, pero su ánimo no era festivo. Ni siquiera sopló las velitas. Si bien la exposición mediática fue breve, ya que a los pocos días la denuncia contra D’Alessio y el allanamiento en su casa serían noticia nacional y estarían bajo la lupa de los medios por meses, lo vivido fue suficiente para tomar la decisión de irse del país.
1 Juzgado Federal de Primera Instancia, FMP 88/2019, Dolores, intercambio de mensajes a través de WhatsApp el 28/12/18.
2 Declaración testimonial de Rodrigo Leandro González en el Juzgado Federal de Primera Instancia, Dolores.
3 Declaración testimonial de Pedro Etchebest Rodríguez en el Juzgado Federal de Primera Instancia, Dolores, 29/1/19.
4 https://defonline.com.ar
5 Infobae, revista DEF N° 121, 21/7/18, https://bit.ly/3jOhcbH
6 Declaración indagatoria de Marcelo Sebastián D’Alessio en el Juzgado Federal de Primera Instancia, Dolores.
7 Declaración indagatoria de Carlos Ernesto Stornelli en el Juzgado Federal de Primera Instancia, Dolores, 18/12/19.
8 Información brindada por Claudio Fogar a la autora de este libro el 21 de noviembre de 2020.
9 Juzgado Federal de Primera Instancia, FMP 88/2019, Dolores, Fallo publicado el 18/12/19.
10 Juzgado Federal de Primera Instancia, FMP 88/2019, Dolores, Fallo publicado el 25/2/19.
11 Nuestras Voces, 18/3/19, https://bit.ly/2ZDMxGQ. Rolando Graña explicó qué lo motivó a la reunión: “Me dijo que tenía dos CDs con información de PDVSA y que lo estaban amenazando. Habrían llamado hasta su exmujer, por eso le sugerí a D’Alessio, a quien conocía por consultarlo sobre temas de narcotráfico”.
12 Juzgado Federal de Primera Instancia, FMP 88/2019, Dolores, Fallo publicado el 12/4/19.
13 Declaración testimonial de Gonzalo Brusa Dovat en el Juzgado Federal de Primera Instancia, Dolores.
14 Ibídem.
15 Entrevista realizada a Rolando Graña el 20 de julio de 2021.
16 Declaración testimonial de Gonzalo Brusa Dovat en el Juzgado Federal de Primera Instancia, Dolores.
17 Ibídem.
18 Juzgado Federal de Primera Instancia, FMP 88/2019, Dolores, Fallo publicado el 12/4/19.
19 Ibídem.
20 Declaración testimonial de Gonzalo Brusa Dovat en el Juzgado Federal de Primera Instancia, Dolores.
21 Juzgado Federal de Primera Instancia, FMP 88/2019, Dolores, Fallo publicado el 12/4/19.
22 Santoro, Daniel, Clarín, 2/2/19, https://bit.ly/3vX9f8O
23 Juzgado Federal de Primera Instancia, FMP 88/2019, Dolores, Fallo publicado el 12/4/19.
24 Declaración testimonial de Gonzalo Brusa Dovat en el Juzgado Federal de Primera Instancia, Dolores.
25 Declaración testimonial de Eduardo Guillermo Feinmann en el Juzgado Federal de Primera Instancia, Dolores, 15/8/19.
CAPÍTULO 3
El tuit de Carrió y los “anónimos” en Comodoro Py
“Si se analiza el contexto, la reiteración, la permanencia en el tiempo, el vínculo que unía a los imputados, y se los confronta con las acciones que llevaba adelante la asociación; si se observa el modo en que las acciones y omisiones de uno y otro se encuentran ligadas y concatenadas entre sí y con los planes ilícitos llevados a cabo por la organización; entonces surgen claramente los elementos de convicción para considerar aquellas conductas que le fueran imputadas a Carlos Stornelli como un aporte decisivo para los hechos y planes delictivos investigados”1.
“Todas las veces que D’Alessio envía un mensaje que espera ser respondido, Stornelli responde. No estamos frente a una intencionalidad asimétrica. Estamos frente a las comunicaciones entre dos personas involucradas de manera indudablemente voluntaria y persistente”2.
Mientras tanto, desde el Juzgado de Dolores solicitaron los registros de llamadas entrantes y salientes con informes de antenas de impacto de todos los abonados involucrados. Se convocó a prestar declaración testimonial a Diego Giménez, el prestamista de Pedro Etchebest Rodríguez a quien había visitado el 17 de enero para pedirle dinero. También encomendaron tareas investigativas a Héctor Oscar Oliva, prefecto a cargo de la Prefectura General Lavalle, para identificar posibles domicilios pertenecientes al espía.
Los resultados llegaron al día siguiente. Para el 30 de enero, la fiscal Natalia Corbetta y el juez Alejo Ramos Padilla pudieron certificar que los números telefónicos de Marcelo Sebastián D’Alessio y Carlos Stornelli pertenecían a ellos. A través del impacto de las antenas ubicadas en Pinamar, el magistrado ubicó al titular de la Fiscalía Federal N° 4, al espía, a Pedro Etchebest y su hijo en el parador balneario CR el 8 de enero. Además, la Delegación Inteligencia Criminal e Investigaciones de la Prefectura Zona Río de La Plata corroboró uno de los varios domicilios de D’Alessio. Los registros fílmicos del hotel Alvear Icon y la confitería Selquet situaron a Etchebest y a su extorsionador los días y horarios declarados por el chacarero. Todas las pruebas recabadas coincidían con los testimonios de la denuncia. La más importante de todas era la escucha directa que estaba realizando personal de Prefectura Naval Argentina y que en pocos días sería vital para realizar la detención del investigado en cuestión.
Secreto de sumario
El mes de febrero había convulsionado el Juzgado Federal de Dolores. El paquete de oficios y medidas arrojaron pruebas fácticas de la extorsión en curso de Marcelo Sebastián D’Alessio contra Pedro Etchebest Rodríguez. Los diálogos que el espía mantenía, los modismos, el vocabulario y la jerga que utilizaba indicaban que era conocedor de distintos círculos del que forman parte selectos sectores de la sociedad. Las imágenes de los hoteles y confiterías que situaban al espía los días y horarios que Etchebest había denunciado mostraban a un hombre que vestía trajes de tela refinada y que frecuentaba coquetos lugares en barrios exclusivos de Capital Federal. Su andar denostaba que no era una persona que viviera el día a día y mucho menos que tuviera las preocupaciones de cualquier trabajador porteño. El parecer era tan importante como el ser. Pero… las apariencias engañan.
La fiscal subrogante Natalia Corbetta trabajó en la investigación hasta el 31 de enero. El 1° de febrero se reincorporó y tomó su lugar Juan Pablo Curi, quien rápidamente se puso en actas de la causa en curso. El martes 5 de febrero el reintegrado fiscal pidió medidas cautelares de tipo patrimonial, órdenes de allanamiento, y requisa personal y vehicular a Marcelo Sebastián D’Alessio. Ante la gravedad de los hechos y la posibilidad de que pudiera filtrarse información que resultaría perjudicial para la investigación, pidió el secreto de sumario. El funcionario Curi indicó que “se habían reunido varios elementos probatorios que sustentaban la versión de los hechos proporcionada por Pedro Etchebest, respecto de que habría sido víctima de hechos extorsivos”3.
El día del allanamiento
El sábado 19 de enero, Pedro Etchebest Rodríguez le escribió a Marcelo D’Alessio y le dijo que había conseguido U$200.000. Solo necesitaba unos días para tenerlos en mano y poder abonar la deuda contraída. D’Alessio, no conforme con la explicación a medias, le recordó el poder de daño que tenía: “Vos manejas a tu mujer, que ella no te maneje a vos… me estás subestimando, por favor, me dijiste que no te hablabas con tus hijos, tengo 50 mil llamadas de ida y vuelta con tus hijos, a ver. Pedro, dejémoslo acá, dale”4. Si bien los entredichos continuaron, Etchebest le aseguró que para los primeros días del segundo mes del año quedaría en cero con D’Alessio.
Durante esos mismos días de febrero en el Juzgado de Dolores esperaban el momento exacto para atrapar al espía in fraganti. Los primeros indicios arrojaron que el 6 de febrero D’Alessio almorzaría con Etchebest en el restaurante Viento en Popa, a menos de un kilómetro del puerto de Mar del Plata. El chacarero viajaría a la ciudad a retirar el dinero, y luego degustarían unos típicos mariscos y arreglarían “la parte fenicia”, según definió D’Alessio. Por la propia dinámica de la investigación, y la maniobra extorsiva en curso, el día y lugar de la reunión variaron de la fecha original. Etchebest le explicó que el prestamista, Diego Giménez, había viajado a Buenos Aires y que le entregaría el dinero en Capital Federal.
Como una moneda que está girando en el aire sin saber de qué lado caerá, el día clave podría ocurrir el 6 a la noche, en las primeras horas del 7 e incluso el 8 de febrero. Habiendo más de un lugar y con una amplia franja horaria posible, el fiscal Curi solicitó órdenes de allanamiento para el domicilio de D’Alessio en el Barrio Saint Thomas Este, lotes 69/70, Canning, partido de Esteban Echeverría; y en Galería Armenia, ubicada en avenida Santa Fe 1556, ya que a las 13:30 horas, Etchebest iría a buscar el dinero a ese destino. El exhorto para realizar los allanamientos, la requisa personal y de los vehículos que D’Alessio pudiera tener los autorizó el titular del Juzgado Federal en lo Criminal y Correccional N° 2 de Lomas de Zamora: Federico Villena.
El mismo 6 de febrero al mediodía, el prefecto Héctor Oscar Oliva, quien tenía a cargo las escuchas directas, se comunicó con el Juzgado e informó que, en una conversación entre D’Alessio y su esposa, María Valentina, esta le había preguntado si la línea “era segura” y él le había respondido que “no importaba” y que estaba con “dos custodios”. Además, confirmó que la reunión del mediodía “se había suspendido para el 10 o 20”, en relación al encuentro con el chacarero, y que este había apagado el celular, por lo que su situación podía empeorar. “Valeka” le sugirió a su esposo que hiciera lo mismo y apagase el teléfono móvil por tiempo indefinido.
De acuerdo a su expertise, el titular de la Prefectura General Lavalle, sugirió que D’Alessio sospechaba que tenía el celular intervenido y que le podrían allanar el domicilio, por lo que muchas pruebas podían ser eliminadas. Ello motivó a que el propio Ramos Padilla tomara las riendas de la causa y decidiera ir hasta su domicilio. El magistrado entendía que el espía era una persona con contactos en diferentes ámbitos y que incluso podría estar vinculado con los servicios de inteligencia en el país. La posibilidad de resistirse a un allanamiento o de frustrar dicho operativo aumentaría si las personas a cargo no estaban preparadas para manejar a un hombre de las características del imputado.
“Vamos”, dijo el juez. Su decisión fue abrupta e intempestiva, característica poco habitual en él. En Dolores no había policías preparados para un operativo de tal magnitud, pero ello no impidió que alrededor de las dos de la tarde Ramos Padilla partiese para Canning junto con dos secretarios de su Juzgado y una pequeña delegación que coordinó en menos de una hora con el personal de Chascomús y de Prefectura.
Llegaron al destino a las cuatro de la tarde. Al no tener confirmado que D’Alessio se encontrara en su domicilio, hicieron una guardia a pocas cuadras del country, en el Shopping Las Toscas, ubicado en calle Formosa 653. Entre los 70 locales, 15 stands y los 2 polos gastronómicos, la comitiva de Alejo Ramos Padilla esperó los resultados de la escucha directa en uno de los patios del centro comercial. Tuvieron tiempo hasta de almorzar; Mauro Leandro Labozzetta, secretario federal del Juzgado, se compró una hamburguesa con papas y una gaseosa.
La confirmación de la presencia se dio a las seis de la tarde, momento en que el juez, los funcionarios del Juzgado, la comisión de las fuerzas de seguridad y los testigos de actuación se presentaron en el acceso del barrio cerrado.
El espía estaba esperándolos. Vestido con remera de algodón gris topo manga corta, pantalón verde musgo y zapatillas combinadas, el supuesto director de la DEA estaba de pie en la puerta de madera de su mansión. Alejo Ramos Padilla y Marcelo Sebastián D’Alessio estuvieron cara a cara por primera vez. El icónico momento duró unos segundos. Ingresaron al lugar a las 18:47. El diálogo inicial entre el magistrado y el denunciado fue asincrónico. El espía confundió la identidad del juez y, producto de ello, trastabilló más de lo que hubiera querido. El titular del Juzgado Federal de Dolores apenas estaba tomando magnitud del sismo que comenzaría a transitar de ahora en más:
Marcelo D’Alessio (MD): ¿Usted puede ver algo de terrorismo, Villena? ¿Usted puede ver algo vinculado al terrorismo... de donde yo trabajo? Y ustedes me ven en televisión de lo que yo trabajo de eso. ¿Usted puede verlo? ¿Usted tiene la cadena de custodia para vincular eso? Porque es mi vida. ¿Me entiende lo que le quiero decir, doctor?
Alejo Ramos Padilla (ARP): Sí, le entiendo perfectamente.
MD: ¿Usted trabaja con el Hezbollah, doctor? No, ¿no?
ARP: Está bien, yo no voy a debatir con usted. Así que si usted quiere decir algo...
MD: Yo quiero hablar con la Ministro, nada más. Si usted me lo niega, yo quiero hablar o con Arribas o con la Ministro o con el señor Presidente para que me diga a ver usted qué puede hacer.
ARP: En este momento usted no puede hablar con nadie.
MD: Espero que usted sepa lo que está haciendo5.
La requisa se realizó en toda la casa y duró más de diez horas. La comitiva barrió los 600 metros cuadrados de la mansión edificada en un terreno casi tres veces más grande. En la planta baja, la sala de estar, primer espacio que se veía al ingresar, estaba vestida con un elegante piano alemán de pie y paredes recubiertas de piedras, apelando a un estilo rústico y moderno a la vez. Los cuadros, algunos originales y otros excelentes imitaciones, las esculturas y una soberbia iluminación armonizaban el ambiente. En el centro, un juego de tres sillones color crudo rodeaban una mesa ratona de madera maciza con bases de hierro negro. Ese espacio hizo las veces de delegación del Juzgado. Los policías montaron una pequeña oficina en la que colocaron computadoras e impresoras que utilizaron para caratular cada objeto secuestrado y realizaron oficios del allanamiento.
En la planta baja también había una sala de juegos con una mesa de ping pong, un flipper, dos casas de madera con muñecas que utilizaría su pequeña hija, y estantes llenos de juegos de mesa y demás artículos de entrenamiento. En la habitación contigua había una PlayStation conectada a cuatro volantes, uno con pedales y palanca, y parlantes de sonido, que brindaban una experiencia audiovisual completa, a la hora de jugar los simulacros de carreras de Fórmula 1, por el circuito de Mónaco, que alberga la disputa por el Gran Premio de Monte Carlo.
Los televisores de 43 y 32 pulgadas decoraban, al menos, unas seis paredes de la fortaleza de la familia D’Alessio. También había una sala de música. Sus paredes estaban revestidas de paneles de goma espuma fonoabsorbente que en su interior poseían lana de vidrio. Los mismos eran idénticos a los que se utilizan en los estudios de radio, y tienen como objetivo eliminar las interferencias y lograr una exquisita reflexión del sonido. Dentro del estudio estaban apostados una batería con platillos, otra electrónica y dos teclados de piano. La afición por la música era uno de los vicios del espía.
Los baños de la mansión acompañaban el resto de los ambientes. Eran espacios amplios, con excelente ventilación y estaban revestidos con distinguidos porcelanatos. El garaje, con espacio para albergar hasta tres vehículos, era multifuncional. A veces, D’Alessio lo utilizaba como estudio de fotografía. La comitiva del Juzgado encontró dos flashes de estudio Prometh E400, un panel de dos metros de fondo blanco, dos paraguas blancos, un soporte para fondo, dos trípodes para flash y una cámara de fotos Canon EOS 5D.
En el patio trasero había una pileta climatizada que ofrecía como paisaje árboles y un césped prolijamente cortado. Este último imitaba un enorme colchón color verde –igual al de los dólares– en el cual reposar y respirar el aire, que tan distinto parecía, dentro del country.
En el primer piso, además de las habitaciones, con amplios vestidores de madera, estaba la oficina del espía. Dicho espacio fue el que más nervioso puso a D’Alessio cuando los investigadores pisaron el elegante piso de madera del ambiente. Era la bala de plata del espía.
Por eso, cuando Ramos Padilla subió las escaleras y se dirigió al lugar, el dueño de la mansión lo acompañó:
MD: Todo lo que dice procedimiento es un tema de Estado... Aduana, que es porque le llegó esa carta a usted, otra investigación de Aduana actual, otra investigación, otra investigación de lavado de (...).
ARP: Muy bien, ya entendí el concepto pero ¿Usted qué quiere ahora? ¿Hablar conmigo ahora?
MD: Yo necesito hablar con usted en privado porque hay cosas que tienen que ver con seguridad nacional que las tienen que evaluar el doctor. Yo obviamente de acá no voy a tocar nada, que venga el informático, que vea que no voy a tocar nada. Esto empezó con el tema (...), cuando empecé yo a investigar a la mafia que hoy están detenidos en… Cuando a usted le llegó el anónimo.
ARP: A mí no me llegó ningún anónimo.
MD: Si, si, llegó un anónimo porque yo la causa el primer día… (…) Hay cosas que no entiendo si las pueden ver, entonces quiero llamar al Presidente o quiero llamar a Patricia o Arribas.
ARP: Entendí perfectamente.
MD: Hay cosas para hacer mañana que tienen que ver con defensa nacional. (...) Es un tema que…
ARP: Tengo toda la cordialidad de explicárselo. Vamos a secuestrarlo y voy a tener el cuidado necesario.
MD: Quedó asentado lo que yo le expliqué al doctor que hay cosas de interés nacional. Esa es la investigación que tiene en este momento Stornelli... lo de Campillo. Lo pueden llamar a Carlos ahora y preguntarle (...). Lo fui a ver a Pinamar para darle información. ¿Lo quiere llamar a Stornelli para preguntar si efectivamente le aporté eso? Lo llamo a Carlos de un teléfono… Estoy haciendo un libro con Santoro, que está ahí arriba, “El Mecanismo”... ¿También lo quiere hablar con él, lo que está llevando las investigaciones estas?
ARP: La voy a llevar6.
A medida que las requisas avanzan, D’Alessio interfería en los procedimientos y daba órdenes que nadie acataba. Caminaba en círculos, y se sentaba en el sinfín de asientos de la mansión. Estaba contrariado con el allanamiento y exigía una y otra vez hablar con funcionarios nacionales.
Pasadas las 19 horas, los abogados del espía, Rodrigo González y Gustavo González, se hicieron presentes en su domicilio y se quedaron hasta que finalizó el operativo. Lo primero que hicieron fue hablar con su cliente y le informaron la verdadera identidad del juez a cargo del operativo, para que dejara de confundirlo con Villena. Le aconsejaron que dejara de hablar con tanta liviandad de sus tareas en curso. Necesitaban que fuera hermético en sus declaraciones.
Del allanamiento secuestraron la Range Rover con la que viajó junto a Pedro Etchebest el 8 de enero a Pinamar. En lo que respecta al repertorio vehicular, los prefectos encontraron un Audi Q5 todo terreno, patente AC492J modelo 2018; un Toyota Corolla, dominio AA180IW año 2016; un Chevrolet Chevy SS Coupe, patente UUY704 modelo 1974; una moto Royal Enfield Bullet 500, dominio 244INR año 1998, y una Kawasaki Z1000, dominio 470HIW año 1997. Era tal la exuberancia del ambiente que el portal de noticias TN detalló que “el Tribunal de Tasaciones de la Nación (TTN) valuó la propiedad de D’Alessio en $50.147.000 o su equivalente a u$s1.253.675. El organismo tomó la cotización del 13 de febrero de 2019, con un dólar igual a 40 pesos”7.
También se llevaron documentación, aparatos de telefonía celular, computadoras de escritorio y portátiles, dispositivos de almacenamiento de información digital, municiones y diversas armas de fuego de guerra –algunas sofisticadas y que resultaron llamativas incluso para el personal de las fuerzas de seguridad–, un dispositivo con cámara oculta, un chaleco antibalas perteneciente a la Prefectura Naval Argentina, una placa de la DEA y relojes, entre otros muchos elementos. Todo lo incautado fue resguardado en 47 cajas, bolsas y envoltorios que se cerraron, fueron firmados por los testigos del procedimiento y se depositaron en la dependencia actuante de la Prefectura Naval Argentina.
A lo largo de todo el proceso, la familia de D’Alessio se quedó en la casa de un vecino, “el Turco” Karan8, quien recién logró comunicarse con uno de los abogados del espía, Rodrigo González, a la madrugada. Alrededor de las diez de la noche, las caras de la comitiva no eran de cansancio sino de hambre. El juez encargó varias docenas de empanadas y cenaron entre pesquisa y pesquisa. A medida que el allanamiento avanzaba el personal del Juzgado de Dolores se llevaba sorpresa tras sorpresa con la cantidad de material y pruebas en la mansión. Comprendieron que la causa, que recién comenzaba, poseería características únicas y extraordinarias.
El allanamiento se extendió hasta las 6 de la mañana. Un minuto antes de partir, Marcelo D’Alessio se acercó a Alejo Ramos Padilla y le dijo: “Se llevaron solo los recuerdos”.
* * *
El 7 de febrero el Juzgado funcionó con muy poco personal. Quienes habían asistido al allanamiento en el country descansaron, decisión exclusiva de Ramos Padilla. El personal creía haber encontrado cierta calma luego de días de escucha que culminaron con un turbulento operativo. La tormenta parecía disiparse, pero nada más alejado de la realidad.
Un tuit de la entonces diputada nacional de Cambiemos Elisa María Avelina Carrió encendió las máximas alertas dentro de la política que rápidamente tomaron los medios de comunicación. Nada sería igual.
“El Juez Federal de Dolores, Alejo Ramos Padilla, quien responde a La Cámpora, estaría haciendo una operación para ensuciar al Fiscal Stornelli. Vamos a poner en conocimiento mañana al Juez de la causa”, escribió Carrió el 7 de febrero en su cuenta de Twitter9 a las 21:58 horas. La legisladora nacional era una de las figuras aliadas más fuertes de Cambiemos. Tenía autonomía y vuelo propio. Cuando “Lilita” hablaba nadie sabía a ciencia cierta qué iba a decir y los posibles frentes de conflicto que podían generarse. “Ella es así, inmanejable”, sinceraron diferentes compañeros de bloque entrevistados por esta autora, quienes optaron por el anonimato. Otros reconocían que durante el gobierno macrista su comportamiento puso en peligro real la “gobernabilidad”, ya que “era muy difícil negociar con una persona que no tenía nada para perder”, o al menos eso parecía.
Hasta el jueves 7 de febrero la fundadora del partido Coalición Cívica había imaginado un difícil año electoral que tenía como máxima la reelección de Mauricio Macri. Para que ese objetivo se cumpliese, su acompañamiento era fundamental; así lo creía y así lo haría sentir semanas más tarde. Ese objetivo se vería amenazado por el allanamiento que había realizado un desconocido juez de Dolores a un hombre que ella sabía tenía información por demás importante.
Por eso, y teniendo como premisa que el que ataca primero ataca dos veces, la auténtica Lilita sin filtros disparó con dos punzantes oraciones en su red personal. Eligió las palabras que formarían su relato. Se encargó de asociar al magistrado con la agrupación kirchnerista La Campora, y posicionó en la vereda de enfrente al fiscal Stornelli, quien desconocía, según ella, lo que había sucedido, y sería entonces la autodenominada “fiscal de la República” la que lo pondría en actas al día siguiente. El mensaje tuvo miles de corazones y retuits, aunque lo comunicado se referenciaba a una situación que a esa altura solo conocían una veintena de personas.
Lilita sabía el escándalo que se desataría y que en primera medida sería desconocido para el periodismo –como todo evento, en realidad– por lo que, hasta que se investigaran los hechos y se supiera qué había pasado realmente, Carrió ganaría algunos días para posicionar el tema desde un ángulo específico. Contaba con un cuarto poder que tuviera cierto astigmatismo.
Al enterarse del tuit de la diputada nacional, Ramos Padilla corroboró que todo lo secuestrado adquiría un valor incalculable y muy poderoso. Tenía en sus manos las llaves que abrirían puertas de las que incluso se desconocía que existían; tanto era así que algunas de ellas lo llevarían a los mismísimos sótanos de la democracia.
Pensó algunos minutos qué hacer y cómo reaccionar al ataque. Respondió como lo hubiera hecho con cualquier otra causa: trabajando y, en este caso, con el secreto de sumario a su favor.
A la una y tres minutos de la madrugada del 8 de febrero, Horacio Verbitsky, director del portal El Cohete a la Luna, publicó el primer contraataque a Carrió con una nota titulada en una sola palabra color rojo intermitente: “Extorsión”. La bajada daba un significado al título: “Un director regional de la DEA y sobrino del escribano de Macri pidió 500.000 dólares a un empresario para no detenerlo y dijo que era una práctica habitual del fiscal Stornelli, con quien colabora. En exclusiva, la filmación del primer pago, las fotos con Stornelli, las filmaciones en la fiscalía, los audios y mensajes grabados. Dos custodios de Stornelli debían acompañar al operador para el cobro en una financiera, pero un allanamiento previo a su domicilio los puso sobre alerta y no acudieron a la cita. Una incursión en el tenebroso submundo de la mafia. El dinero que le sacaron a Paolo Rocca y Eurnekian”10.
Oración tras oración, los párrafos invitaban a ser consumidos con el desparpajo lógico de quien se estaba enterando de que en suelo argentino había vidas que se vivían de manera cinéfila. Verbitsky, viejo conocedor de los poderes que estaban del otro lado de la grieta, y sabiendo que Lilita había golpeado primero, tenía en claro que esta no había logrado un nocaut. La contraofensiva fue con grabaciones acompañadas de puño y letra de uno de los periodistas más reconocidos del país, quien, a pesar de usar lentes, evitó el astigmatismo de los medios, y encontró nuevos ángulos para narrar el mismo hecho que había primeriado la diputada nacional oficialista.
En síntesis: si Carrió había advertido sobre el qué al periodismo –esto es, el allanamiento–, el “Perro” Verbitsky detalló el cómo, cuándo, quiénes y el porqué. Las cartas estaban echadas, ¿y ahora?
* * *
El mismo viernes 8 de febrero la investigación continuó su curso. Alejo Ramos Padilla comenzó a analizar algunas de las pruebas y realizó nuevos pedidos. Solicitó al comité del barrio Saint Thomas Este los registros fílmicos. El fiscal Juan Pablo Curi dictó una orden de presentación al hotel Sheraton de Mar del Plata por haber secuestrado una factura de pago en uno de los autos de D’Alessio en el que figuraba que se había alojado en dicho lugar. La defensa del espía presentó un descargo mediante el cual cuestionó la edición de los videos, audios y capturas de pantalla que había presentado Etchebest. Además, deslindó de responsabilidades al fiscal federal Carlos Stornelli y, para demostrar voluntad y esclarecer los hechos, D’Alessio se mostró proclive a aportar las claves de los teléfonos de su esposa y dos hijos, aunque, por consejo de sus abogados, no haría lo mismo con su iPhone X.
El Juzgado solicitó un informe a la Dirección Nacional de Migraciones y otro a la Dirección Nacional de Registro del Automotor y Créditos Prendarios (DNRPA) por los vehículos allanados. El auto de patente 470 HIW tenía orden de secuestro desde el 27 de mayo de 2014 por el delito de “defraudación”.
Por otra parte, Ramos Padilla solicitó copias de la causa 76091/2016 que poseía Luis Rodríguez, titular del Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional Federal N° 9. La misma se trataba de una denuncia del empresario Gabriel Traficante en 2016, quien afirmaba que su vecino del country, Marcelo Sebastián D’Alessio, le había exigido el pago de abultadas sumas de dinero –en persona y por vía telefónica– para favorecerlo en la investigación del fuero en lo penal económico públicamente conocida como “la Mafia de los Contenedores” donde estaba involucrado.
Un traficante por los juzgados
Muchos vecinos y vecinas del country aseveran que Marcelo Sebastián D’Alessio no era bienvenido en el lugar. Se había ganado cierto desprecio por haber realizado tareas espurias dentro del barrio privado. Como dice un viejo refrán, cuando los caminos están seguros, roban dentro de los muros.
El despachante de aduana y empresario Gabriel Traficante denunció haber sido extorsionado por su despreciado vecino en el periodo entre el 2 de noviembre al 9 de diciembre de 2016. D’Alessio se había acercado con el pretexto de haberse enterado de un supuesto problema que ponía en riesgo la libertad de Traficante. “Alguien” le había informado que existía una causa, que moraba en el despacho del juez Aguinsky, en la que se habrían mencionado dos sociedades, Fashion Box S.A. y Vissagismo S.R.L., firmas vinculadas al despachante de aduana.
La investigación que estaba realizando el titular del Juzgado Nacional en lo Penal Económico N° 6, Marcelo Aguinsky, era la conocida públicamente como “la Mafia de los Contenedores” y había comenzado en febrero de 2016 por una denuncia de la entonces ministra de Seguridad de la Nación, Patricia Bullrich Luro. La funcionaria acusó a quien era director de la Aduana, Juan José Gómez Centurión, de formar parte de una organización que “sacaba contenedores de manera ilegal de depósitos fiscales”. Por los hechos investigados, Aguinsky procesó a Oldemar Barreiro Laborda, exdueño de la empresa norteamericana Lo Jack en Argentina, que se especializaba en el rastreo satelital de vehículos. El diario Clarín, en el puño y letra de su entonces periodista estrella, Daniel Santoro, cubrió el caso.
Para demostrar el poder de fuego que poseía Marcelo Sebastián, le hizo saber a Traficante que tenía en su poder información sobre su familia que nadie más conocía, y que ello podía llegar al diario más leído del país. Y de la misma forma que podía ser amenazante e intimidatorio, le ofrecía una puerta de salida. Traficante hizo lo mismo que Etchebest, lo grabó y denunció. En la denuncia realizada figuran los mails que el espía le mandaba. Y, como para muestras basta un botón, el recibido el 1° de diciembre de 2016 tenía escrito en el asunto: “El tiempo corre”. En noviembre de 2016, una de las conversaciones grabadas desnudaba el modus operandi del espía:
Marcelo D’Alessio (MD): Yo sé cómo lo tengo que arreglar. Es Argentina esto. Para bien y para mal. Para mal porque te pueden recontra cagar la vida cien hijos de puta. Para bien, no sé, ¡Porque se puede arreglar, boludo! Vos me preguntás, ¿Marce, lo podés arreglar en una hora? Sí.
Gabriel Traficante (GT): ¿Pero vos podés arreglar en una hora con Santoro?
MD: Con muchos más de los que te imagines. Yo le digo a Santoro que compró pescado podrido, se la tiene que comer. Porque yo estoy haciendo cinco investigaciones con Santoro. Entonces yo llevo a Santoro si quiero (…) Si yo lo llamo a Santoro, yo le puedo decir ‘esto es pescado podrido’. Y la corta. Y sé que la corta. Algo que no le gusta a un periodista que no es coimero, y Santoro no es coimero, es que le vendan mierda. (…) Es muy amigo del Juez, eh. Es muy amigo de Aguinsky. Es un ex Service Santoro.
GT: ¿Y cuál es el número Marcelo? Porque yo estoy mal, estoy fundido, boludo.
MD: Vos me das tu palabra de honor y para mí ya está Gaby. No te vas a escapar, Gaby.
GT: Sí, está bien. Decime cuánto es. Yo no te puedo dar una palabra de honor si no sé cuánto es.
MD: Yo creo que todo es seis... Seis gambas.
GT: ¡No!
MD: Boludo… Arreglamos un fiscal, los teléfonos… No me estoy quedando con cincuenta ni para mí. Dame tres ahora y seis por mes, el resto los pongo yo. Y el último mes es mi utilidad. Si vos me decís que sí, así tengas la plata en Buenos Aires, yo tengo algo en la caja de seguridad. Yo lo resuelvo. Lo resuelvo sabes en cuánto, en una hora y cuarto. (…) Me pasan un informe que hay dos vehículos dando vueltas en tu casa. Ya te lo digo, esperá, Gaby. Imaginate que si te estoy amenazando, no te voy a mandar que tengas cuidado con esto. Estás en pedo. (…) Hay un auto que es un Peugeot 207 compact. Patente KNQ-684. Ese auto está a nombre de la Metropolitana; gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Y el otro auto es un Gol rojo que también debe estar laburando para la Policía Federal que es NBJ-000… Le hice sacar la data a los dos tipos que tenés custodiándote la puerta11.
D’Alessio intimidaba hasta el hartazgo, y quien no accedía a sus pedidos de dinero era amenazado con ser escrachado en el diario Clarín. Curiosamente, del empresario en cuestión se escribieron decenas de notas en el hegemónico matutino. Todas fueron firmadas por Daniel Santoro. La particularidad de esta operación residía en que el periodista utilizaba párrafos enteros de información que D’Alessio le mostraba a Traficante horas, y en algunas oportunidades hasta días, antes de que fueran publicados.
Conversaciones de similar tenor fueron aportadas por Gabriel Traficante a la justicia el 19 de diciembre de 2016. El 27 de diciembre del mismo año, Cristina Yacobucci, titular de la Fiscalía N° 32, reclamó la intervención de la línea telefónica del damnificado y el allanamiento a la casa del espía, pero el magistrado no hizo lugar a ninguno de los dos pedidos. El juez, Marcelo Aguinsky, frente a la extorsión en curso declaró su incompetencia.
Gabriel Traficante apeló y a Marcelo D’Alessio le llegó una notificación de la causa en curso. El 22 de febrero de 2017, Rodrigo González fue propuesto como abogado defensor del espía, y el 24 de febrero, la Justicia tuvo que entregarle la totalidad de las grabaciones aportadas por Traficante. Luego de un año de disputas procesales en torno a qué juez se quedaría con la causa, el 12 de diciembre de 2017, el Juzgado Federal N° 9, a cargo de Luis Rodríguez, se hizo de la investigación. El magistrado analizó las pruebas y dispuso las medidas solicitadas 365 días antes. Pero los resultados de estas quedaron perdidos en algún cajón de su despacho.
El flamante juez hizo honor a lo que tanto se critica del sistema judicial: la lentitud para avanzar. Es que tres años después, el 6 de marzo de 2019 –cuando D’Alessio ya contaba con prisión preventiva producto de una sentencia de Ramos Padilla el 25 de febrero del mismo año por la denuncia de Etchebest–, Luis Rodríguez logró conseguir nueva evidencia para sentenciarlo. “Se ha logrado determinar que la imputación de Traficante como cerebro de la mafia de los contenedores (publicada por Santoro) no era real y que el vínculo de D’Alessio con el periodista Santoro existe y ha subsistido pese a la iniciación de esta denuncia en su contra a fines de 2016”12, dictaminó.
De Guillermo Coppola a Leonardo Fariña
El lunes 11 de febrero de 2019 la causa había explotado en los medios de comunicación y solo se conocían los audios extorsivos de Marcelo Sebastián D’Alessio hacia el ahora “señor Pedro” Etchebest. El entonces oficialismo ardía a más no poder y se vislumbraba un contraataque. El kirchnerismo, en su rol de oposición, estudiaba de qué manera podía sacar rédito político.
En tanto, el juez Ramos Padilla estaba inmerso en su despacho analizando más de un centenar de pruebas que superaban sobradamente el delito de extorsión, transgresión que comenzaba a parecer la menor de todas las cometidas. El magistrado había reorganizado su Juzgado; modificó las tareas de varios empleados y empleadas de las tres áreas que tenía a cargo y los concentró en la Secretaría Penal.
Ramos Padilla contaba con una ventaja; varios administrativos habían vivido el mediático “Caso Coppola” en la década de los 90. En octubre de 1996 quien era juez de Dolores, Hernán Bernasconi, en el marco de una investigación de una presunta organización de narcotraficantes, allanó el domicilio en la costa de Guillermo Coppola, exrepresentante de Diego Armando Maradona. La policía encontró una bolsa con 40 gramos de cocaína dentro de un jarrón. Bernasconi lo sentenció como “jefe de una banda de narcos” y ordenó su detención. Coppola estuvo preso 97 días en Dolores.
La investigación pasó por una veintena de jueces y por cuatro ciudades. Al llegar a juicio oral en Buenos Aires, un tribunal decidió absolver a los acusados y varios investigadores, incluido Bernasconi, terminaron presos. El escándalo fue nacional y los móviles de los canales de televisión estuvieron meses cubriendo el caso y haciendo guardias en la puerta del Juzgado Federal N° 1 de dicha ciudad. Había varios empleados que habían sobrevivido a esa investigación y sabían lo que era estar bajo la lupa de la prensa. Por ello, los primeros días respondieron con creces.
Inmersos en la nueva realidad, a media mañana del 11 de febrero, un hombre esbelto, de barbita prolijamente recortada, con un rodete y varios hombres robustos que lo custodiaban se presentó en la mesa de entradas. Su abogado habló primero: “Buenos días, soy el doctor Rodrigo González. Mi cliente, Leonardo Fariña, quiere realizar una declaración por la causa que investiga el juez”. La mujer que los recibió les pidió que aguardasen unos minutos. La empleada le comunicó al juez la novedad. Ramos Padilla tardó unos minutos en recordar quién era el personaje que había causado estupor en el edificio. Accedió al pedido y ordenó que le tomaran declaración y fuera filmado. Intrigado por ponerle una cara al nombre, salió un segundo de su despacho y saludó a los hombres de traje.
“Doctor, tengo más custodios yo que usted”, le dijo Fariña al reconocer al juez, con quien buscó romper el hielo en ese primer encuentro. El hombre formaba parte del Sistema de Protección de Testigos y era conocido como el “valijero K”. Años atrás había estado preso por haber confesado la evasión de millones de pesos; ahora acudía a Dolores como un posible damnificado. El juez se limitó a informarle cómo sería la declaración y no cruzó mayores palabras. Ciertamente, a Ramos Padilla le llamó la atención la cantidad de efectivos que tenía, ya que eran muchos más que los que poseía su dependencia.
En la oficina de audiencias del Juzgado habían instalado un sistema de videoconferencia días atrás. Por problemas técnicos la primera declaración de Leonardo Fariña no se grabó correctamente. Amén de ello, el personal había tomado nota de lo pronunciado y, con la ratificación de Fariña al día siguiente, aquella fue un hecho.
Antes de comenzar la audiencia, Rodrigo González renunció a la defensa de D’Alessio por una cuestión lógica de conflicto de intereses. El denominado “valijero K” habló de la supuesta relación que lo unía a Marcelo Sebastián D’Alessio. El espía, con vínculos norteamericanos, afirmaba ser su representante legal en conjunto con Rodrigo González. Fariña negó ello y lo justificó manifestando que, si le requerían al Servicio Penitenciario Federal quiénes habían sido los abogados que lo visitaron durante su detención, D’Alessio no aparecería. Además, expresó que desde que se encontraba en el Programa de Testigos Protegidos e Imputados Colaboradores “poseía una misma línea de teléfono, por lo que se podría corroborar a través de un pedido del listado de llamados que nunca se comunicó con él”.
Realizada dicha aclaración, explicó que conoció a D’Alessio el 22 de febrero de 2018, casi dos años después de su excarcelación (quedó en libertad el 13 de abril de 2016). Ese día se reunieron en el restaurante Grappa, en la calle El Salvador 5802, en pleno barrio de Palermo. Del almuerzo participaron cinco personas: Marcelo Sebastián, Rodrigo González, Gustavo González, Daniel Pedro Santoro y él. Hablaron de la “posibilidad de orientar el testimonio de Fariña en aras de lograr la prisión efectiva de Ricardo Etchegaray”13. Algunos minutos del encuentro fueron filmados y emitidos cuatro días después en el programa de América Animales Sueltos14. En esa emisión, el conductor televisivo Alejandro Fantino se refirió a D’Alessio como el “custodio de Fariña”, y las veces que pasaron los segundos filmados le blurearon la cara.
Otro de los tópicos que Leonardo Fariña declaró en el Juzgado de Ramos Padilla fue en referencia a unos supuestos audios que circulaban en las redes sociales y en algunos medios de comunicación. Afirmó que “nadie le encomendó hacer una cámara oculta a ninguna persona y mucho menos tenía planificado hacerle una al abogado José Manuel Ubeira”, quien, entre otros clientes, tiene a Federico Elaskar y Oscar Thomas, mencionados en la Causa Cuadernos, investigada por Carlos Stornelli. También desmintió una publicación del portal de Horacio Verbitsky, en la que manifestaba que “el Ministerio de Seguridad le pagaba los honorarios a su abogado”15.
En tanto, confesó que al doctor Rodrigo González lo conoció a fines de agosto de 2018 por intermedio de Ramiro Rubinska, un letrado especializado en delitos tributarios y económicos, defensor de José María Núñez Carmona, quien fuera socio del exvicepresidente Amado Boudou. Se sinceró y dijo “no tener un peso” para pagarle a González, pero acordó abonarle luego de publicar un libro que tenía como propuesta.
Quien también declaró en concordancia con Fariña fue su defensor Rodrigo González. Relató haber conocido al espía a finales de julio de 2016, en el marco de otra causa conocida como el “Doble Homicidio del Unicenter”, radicada en el Juzgado Federal de San Isidro a cargo de Sandra Arroyo Salgado, exesposa del fiscal fallecido Alberto Nisman. En esa investigación, González defendía al empresario farmacéutico involucrado, Mario Martín López Magallanes, en tanto que Marcelo D’Alessio, junto a Claudio Fogar, hacían lo propio con el barrabrava de Hinchadas Unidas Argentinas, Marcelo Mallo.
Debido a que tenían clientes con intereses en común, por lo que podrían armar una estrategia en conjunto, se reunieron en la casa de D’Alessio en Canning. En ese encuentro el espía le informó a González que trabajaba para distintas agencias de seguridad. Sin embargo, el letrado de Fariña negó conocer a la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, y que alguna vez esta le hubiere pagado honorarios.
En el juzgado de Ramos Padilla confesó que la relación con D’Alessio se fortaleció, a tal punto que González fue su representante en la denuncia que le hizo el empresario Gabriel Traficante por extorsión (causa 76091/16); y otra radicada en el Juzgado Federal N° 2 de Lomas de Zamora.
Tanto Leonardo Fariña como su abogado reconocieron haberse reunido en su estudio con Marcelo Sebastián D’Alessio el 11 de febrero a la noche, es decir, entre medio de las dos declaraciones que brindaron al Juzgado de Dolores. En esa reunión el espía les habría contado que la extorsión hacia Etchebest “consistía en quedarse con un 33 % en connivencia y en partes iguales con Ricardo Bogoliuk y Aníbal Degastaldi, presuntos agentes de la AFI”16.
Finalizada las declaraciones, Ramos Padilla las leyó y saludó a los personajes en cuestión. En la soledad de su despacho volvió a leerlas. Las repasó una vez más. Por una parte, los testimonios se habían realizado habiendo conocido varias pruebas de la causa que se habían difundido en los medios, por lo que podían ser relatos contaminados. Además, tenía en su poder conversaciones telefónicas entre D’Alessio y González, y estas daban sobradas pruebas de tener una amistad y una relación fluida. Hablaban, entre otros temas, del pago de honorarios de distintos clientes. Por eso, durante los convulsionados días, las dudosas relaciones entre las ahora supuestas víctimas y el extorsionador quedarían para ser investigadas más adelante.
Comodoro Py I: a confesión de parte, relevo de pruebas
Las jornadas del 8 y 11 de febrero fueron agitadas para dos juzgados federales en particular. Uno de ellos buscaría hacer contrapeso a Dolores y, a través de los recovecos legales, iría por la causa de Ramos Padilla. Era necesario desactivar la versión que circulaba en los medios respecto de la denuncia en curso en el lejano pueblo bonaerense. ¿Cómo contrarrestar los audios que había publicado Horacio Verbitsky y que, junto a unas pocas fotografías, eran las únicas pruebas accesibles para el periodismo? Con nuevos audios.
La legisladora de la ciudad de Buenos Aires Paula Oliveto y la diputada del Mercosur Mariana Zuvic, ambas de la Coalición Cívica, realizaron una denuncia que cayó en el Juzgado Criminal y Correccional Federal N° 11, a cargo de Claudio Bonadio y en la fiscalía de Gerardo Pollicita. Las diputadas aseguraban que había una “operación política” contra el fiscal Carlos Stornelli pergeñada por “presos kirchneristas”. De manera fortuita, vaya si algunos tienen más suerte que otros, a Elisa Carrió le había llegado un “anónimo” con la transcripción de escuchas telefónicas desde la cárcel entre Roberto Baratta, exsecretario de Coordinación de Planificación Federal durante el kirchnerismo, y otro exfuncionario K, Carlos Zelkovicz. También de Eduardo Valdés, exembajador ante el Vaticano, con Juan Pablo Schiavi, exsecretario de Transporte kirchnerista, condenado y preso por la tragedia de Once. De la última conversación surgió el nombre “Operativo Puf”, utilizado mediáticamente para hacer referencia a la flamante causa.
Algunos medios replicaron la denuncia sin cuestionar la veracidad de las escuchas o sin siquiera saber si era legal o no escuchar a presos, o bajo qué contexto se habían intervenido los teléfonos. Así las cosas, la causa que manejaba el juez de Dolores, que trataba de una organización que hasta el momento se dedicaba al espionaje ilegal para realizar distintos delitos, era contrapuesta con otra causa en base a escuchas ilegales. Creer o reventar de un puf.
Pero ese no sería el único contrapeso. El mismo 8 de febrero, la secretaria del fiscal Carlos Stornelli encontró un “anónimo” en la oficina. Era de una supuesta admiradora del funcionario que le advertía de un “ataque por la espalda”. Decía (sic): “Señor Fiscal: Soy alguien que admira su trabajo, desde que fue ministro de la provincia de Buenas Aires y valoro lo que esta haciendo ahora. Para mi desgracia y por razones de supreviviencia economica estoy ligada a gente muy pesada, y com muchos recursos economicos y contactos politicos, sobre todo con dirigentes K. en esta conspiacion estan los K detenidos por su causa y alguno que ayuda desde afuera. Escuche de mis jefes que estan armando ‘algo’ entre mediatico y judicial contra usted y contra Bonadio para desprestigiarlos, sacarles la causa de los cuadernos y si pueden hacerles una o varias causas penales, y echarlos o meterlos presos o algo peor.
(…) A Bonadio lo quieren hacer pagar lo de los cuadernos. Todo lo que le hizo a Cristina y a los hijos y lo de Once, hay un tipo al que no conozco, le dicen que es ‘amigo del papa’ o el gordo Valdez, que le iba a hacer pagar a Bonadio la prision de Schiavi y que estaban trabajando junto a Cirigliano caminandolo y que le habian encontrado algo, que no se que es. También estaban muy calientes con otro tipo que se llama Souza o De Souza porque era un boquiflojo que estaba hablando de mas, y le avisaron a Schiavi que el juez actue.
Escuche que Barata se comunica mucho con De Vido y con un tipo que llaman ‘Chala’ y que creo se llama Carlos Selcovics, no se como se escribe, también con un periodista que le dicen Tuni y que este seria el vinculo con el perro. Señor fiscal creo que usted esta haciendo un gran trabajo para sacarnos de encima esta lacra de corruptos y que necesita toda la ayuda posible para tener exito, por eso le cuento esto para que pueda defenderse de este ataque por la espalda. (…) Que dios lo cuide y sepa que si se algo mas se lo hare saber por este medio”17.
La nota, con errores de ortografía, una narración confusa y vetusta, y sin ninguna prueba fehaciente, bien podría haberse desestimado. Pero Stornelli actuó bajo su lógica, tomó el escrito y realizó la denuncia. Esta cayó en el Juzgado Federal N° 9, a cargo de Luis Rodríguez, bajo el número 1341/2019. Se escribieron ríos de tinta al respecto. La bala ya estaba disparada.
* * *
Durante dichas jornadas, los medios de comunicación se fueron diseminando respecto de las causas y comenzaron su propia partida de ajedrez. Por un lado, un juez de un lejano pueblo bonaerense estudiaba una extorsión en curso realizada por un hombre verborrágico que aseguraba actuar en nombre de Carlos Ernesto Stornelli. Por el otro, una denuncia que encabezaba Lilita Carrió con escuchas ilegales de presos K. Si bien la partida recién comenzaba, ciertas características daban a entender que lo que tenía entre manos Ramos Padilla era jugoso, de lo contrario “la fiscal de la República” no se hubiera metido y apostado tan fuerte.
Por su parte, el kirchnerismo que había sobrevivido a los primeros tres años de gobierno de Macri, empezaba a ver “la luz al final del túnel”, analogía que alguna vez utilizó la vicepresidenta Gabriela Michetti para explicar medidas apáticas de su gobierno.
El arrepentido empresario Gonzalo Brusa Dovat seguía conmovido por su aparición en los medios días atrás, pero más aún por las buenas nuevas que veía en televisión. La noticia no era él, sino su extorsionador. D’Alessio le escribió y le preguntó cómo estaba. Este le preguntó qué había pasado y por qué habían allanado su casa. “No es con vos, es conmigo”, sentenció el hombre que durante esas noches utilizaba el celular de su hijo para comunicarse.
El 10 de febrero, el mismo D’Alessio le mandó un nuevo mensaje al fiscal: “Carlos. Me van a matar. Querés que vaya con vos a la cámara federal para declarar ahí y decir quién me giró? Ramos Padilla me quiere detener”18. El remitente nunca respondió; ese hombre era parte de un pasado que empezaba a complicarlo.
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Por si la denuncia que lideró el espacio de Elisa Carrió no fuera suficiente, el 12 de febrero Carlos Ernesto Stornelli también se sumaría a la disputa. Arribó a Comodoro Py y, en vez de dirigirse a su oficina, concurrió al cuarto piso, al Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional N° 10, a cargo de Julián Ercolini. Allí denunció a Marcelo Sebastián D’Alessio por el delito de “defraudación”. Contó su versión de los hechos y le pidió al magistrado que tomara la causa del Juzgado de Dolores para que la investigación se realizara desde la ciudad de Buenos Aires.
Hacía seis días que Ramos Padilla había allanado la casa del espía y apenas cuatro que la causa había tomado estado público en los medios de comunicación, a pesar de poseer secreto de sumario. Entonces, ¿por qué Carlos Stornelli no acudió a Dolores para denunciar a Marcelo Sebastián D'Alessio? ¿Por qué el fiscal federal no se presentó como querellante?
Estas preguntas y muchas otras fueron los motivos por los cuales me contacté vía WhatsApp con Carlos Ernesto Stornelli. El 29 de julio de 2021, a través de la aplicación de mensajería nombrada, me presenté al funcionario público y le comuniqué que estaba escribiendo un libro sobre la causa FMP 88/2019. Ante el pedido de entrevistarlo, Stornelli me respondió: “Te recomiendo el libro de Luis Gasulla o de Daniel Santoro. Por lo que vi, son los que más investigaron el tema”19. Le agradecí su sugerencia y volví a consultarle si podía charlar con él sobre la investigación en curso. Hasta el momento en que este libro ingresó a imprenta, las últimas palabras de la conversación son mis pedidos de nota sin respuesta por parte del fiscal.
Para febrero de 2019, el titular de la Fiscalía N° 4 llevaba adelante la Causa Cuadernos, una de las acusaciones más importantes contra la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner y parte de su gabinete. La dirigente había prestado declaración indagatoria en dos oportunidades ante el juez Claudio Bonadio, quien luego de ello la había procesado como “jefa de una asociación ilícita” y le dictó la prisión preventiva, acto que nunca se ejecutó por poseer fueros como senadora nacional.
El conflicto no radicaba en investigar hechos de corrupción de gobiernos anteriores; si los hubo y hay pruebas, es labor de la Justicia. El problema residía en la calidad y legalidad de prueba que tenía para ir detrás de una de las figuras políticas más importantes de la última década. Muchas de las personas que declararon en la causa habían estado coaccionadas o extorsionadas. Claudio Bonadio y Carlos Stornelli no podían desconocerlo. Por eso, cuando el fiscal federal denunció a D’Alessio buscó un despacho más amigable que el de Ramos Padilla; y pareciera ser que encontró en Ercolini su propio reflejo.
El mismo 12 de febrero, pasadas las 21 horas, Stornelli asistió como invitado al programa televisivo Terapia de noticias en el canal LN+. El funcionario público habló de la denuncia por fraude contra D’Alessio, y reconoció haberlo visto “3, 4 o 5 veces en toda su vida” luego de que se lo recomendara el periodista de Clarín: “Daniel (Santoro) me llamó un día y me dice que tenía una persona que le ha traído siempre muy buenos datos, si la podía recibir. ‘Sí, por supuesto’, le dije”. También detalló que, en uno de sus encuentros, D’Alessio le afirmó que “trabajaba para la DEA o para alguna agencia de la embajada de los Estados Unidos”, características que jamás levantaron sospechas en el fiscal.
En pos de generar mayor empatía con los panelistas, Stornelli dijo que “nosotros los fiscales, como ustedes los periodistas, recibimos a gente que dice tener información todo el tiempo y tenemos las puertas siempre abiertas con el afán de recibir esa información”. A la hora de brindar detalles en referencia a las distintas investigaciones que charlaron en la reunión del balneario de Pinamar, el invitado fue explícito: “De la causa de los cuadernos nunca me habló” y afirmó desconocer a Pedro Etchebest: “No sé quién es y el imputado Campillo –de la misma investigación– jamás lo mencionó”.
Sobre el final de la entrevista, el conductor Diego Sehinkman le preguntó “por qué no iba a Dolores, le entregaba el celular a Ramos Padilla y se ponía a disposición”. “Yo no voy a bailar al compás de una operación, eso es claro. Obviamente que todos estamos a disposición de la justicia, está claro, ¿no?”20. Los cinco periodistas en piso no repreguntaron.
“En todo proceso judicial, cada una de las personas involucradas suele contar con una versión propia de los hechos y todas esas versiones deben ser oídas y evaluadas por un único magistrado, que será quien, luego, presentará la reconstrucción procesal de lo ocurrido que conforme su criterio razonado y debidamente fundado, surja de la prueba reunida. Si alguna de las partes no se halla conforme con la solución adoptada, cuenta con las amplias vías recursivas (…) Ahora bien, todo el sistema jurídico configurado a partir del modelo constitucional argentino se hallaría completamente desnaturalizado si cada uno de los involucrados en un caso presentara su propia hipótesis ante un nuevo tribunal y desde allí se formara una ‘investigación paralela o duplicada’ sustentada en tal hipótesis. Se producirían, entonces, tantas soluciones judiciales como imputados o querellantes existan en un proceso, cada uno con una respuesta judicial hecha a su medida, lo que implicaría la virtual disolución de cualquier sistema de administración de justica”21.
1 Juzgado Federal de Primera Instancia, FMP 88/2019, Dolores, Fallo publicado el 18/12/19.
2 Ibídem.
3 Juzgado Federal de Primera Instancia, FMP 88/2019, Dolores, Fallo publicado el 12/4/19.
4 Juzgado Federal de Primera Instancia, FMP 88/2019, Dolores, Fallo publicado el 25/2/19.
5 Juzgado Federal de Primera Instancia, FMP 88/2019, Dolores, Fallo publicado el 12/4/19.
6 Ibídem.
7 Portal TN, 14/5/19, https://bit.ly/3bmPnCr
8 Declaración testimonial de Rodrigo González en el Juzgado Federal de Primera Instancia, Dolores.
9 Carrió, Elisa, 7/2/19, bit.ly
10 Verbitsky, Horacio, “Extorsión”, El Cohete a la Luna, 8/2/19, bit.ly
11 Juzgado Federal de Primera Instancia, FMP 88/2019, Dolores, Fallo publicado el 6/8/19. Las conversaciones forman parte de la causa N° 76091/2016.
12 Ibídem.
13 Juzgado Federal de Primera Instancia, FMP 88/2019, Dolores, Fallo publicado el 6/8/19.
14 Animales Sueltos, Canal América, 26/2/18, bit.ly
15 Dandan, Alejandra, “El escondido”, El Cohete a la Luna, 15/3/20, bit.ly
16 Juzgado Federal de Primera Instancia, FMP 88/2019, Dolores, Fallo publicado el 25/2/19.
17 Juzgado Federal de Primera Instancia, FMP 88/2019, Dolores, Fallo publicado el 21/10/20. Carta publicada en el escrito.
18 Juzgado Federal de Primera Instancia, FMP 88/2019, Dolores, Fallo publicado el 25/2/19.
19 Conversación mantenida por esta autora con Carlos Ernesto Stornelli el 29 de julio de 2021.
20 Terapia de Noticias, Canal LN+, 12/2/19, bit.ly
21 Juzgado Federal de Primera Instancia, FMP 88/2019, Dolores, Fallo publicado el 8/10/19.
CAPÍTULO 4
El cuarto poder movió sus fichas
“No es lo mismo un chanta que viene extorsionando personas que uno que quiere determinar de dónde viene la plata”.
Marcelo Sebastián D’Alessio1
El espía gozaba de sus últimas horas en libertad. Se comunicaba con el teléfono de su hijo y, si bien mandaba mensajes por WhatsApp con la misma intensidad, muy pocos se animaban a responder. Todo parecía indicar que D’Alessio estaba en replegada.
Ahora Marcelo Sebastián estaba denunciado por Carlos Ernesto Stornelli. Probablemente, ese haya sido el principal motivo de la diputada porteña Paula Oliveto, o “Pau” como le decía el espía, para ignorar sus mensajes. El periodista Daniel Santoro, o “Dani”, mote que utilizaba D’Alessio cada vez que le escribía, tampoco dio acuse de recibo de sus misivas. Pedro Etchebest, o “Pedrito” que era el sobrenombre con que el espía se dirigía a él, fue otro al que no le volvió a escribir. En esas últimas horas, Marcelo Sebastián notó que los vientos habían cambiado y una tormenta, allá en el horizonte, se acercaba sin ningún tipo de reparos. Y como quien busca un refugio, el espía intentó resguardarse de la tempestad.
Mientras tanto, en Dolores comenzaron a llegar los informes solicitados. La Agencia Nacional de Materiales Controlados informó que D’Alessio no tenía el permiso de portación de las armas que secuestraron en su vivienda; en tanto que la División Criminalística de la Prefectura Naval informó que cada una de ellas podía ser disparada en cualquier momento. El balneario CR de Pinamar envió las filmaciones de las cámaras de seguridad del 8 y 20 de enero, así como también el listado de personas que ocuparon las carpas en los mismos días. La Dirección Distrital de Investigaciones (DDI) envió distintos informes bancarios. El entonces intendente de Salta, Gustavo Adolfo Ruberto Sáenz Stiro, fue otro dirigente que se acercó y voluntariamente declaró en Dolores.
Ramos Padilla pidió la intervención al Procurador General de la Nación, Eduardo Casal, por entender que existía una relación entre D’Alessio y el titular de la Fiscalía Federal N° 4 y que ello podría implicar la comisión de delitos de acción pública. Casal se negó.
La segunda fue la vencida
A la semana de haber allanado la casa de D’Alessio, el juez dictó una nueva pesquisa en el domicilio del espía. El mismo grupo de Prefectura Naval que se había encargado del primer operativo ejecutó el segundo en la misma dirección. Ahora secuestraron nuevos chips telefónicos, tarjetas de memoria, un celular Samsung SM y otro iPhone A1428. También balizas policiales que estaban en el baúl de un nuevo vehículo. El personal del Tribunal de Tasación Penal se encargó de valuar los inmuebles y bienes registrados.
Al finalizar el allanamiento, otro magistrado arribó al country de Canning. Era el juez de Lomas de Zamora Federico Villena, quien junto a unas diez camionetas de la Policía Federal que tenían georradar y las balizas encendidas hicieron su propio show. A pesar de ser terrenos de cientos de metros cuadrados, los vecinos y vecinas pudieron escuchar los ruidos que se generaban cuando los martillos y mazas pegaban contra las paredes de la mansión en busca de evidencia que presumían podía estar escondida entre los ladrillos. El pelotón que acompañó al juez lomense dejó su sello por todo el inmueble. La espectacularidad del hecho era digna del momento que estaba atravesando la causa.
¿Es posible hacer dos allanamientos en el mismo lugar? Sí, solo hay que coincidir en tiempo y espacio. El juez Federico Villena había ordenado la inspección en el marco de una causa por supuesto lavado de dinero proveniente del ámbito político, en la cual se presumía que D’Alessio estaba involucrado. Villena había recibido un anónimo en 2016 que advertía el supuesto ilegal. Recién en febrero de 2019, con un cúmulo de nuevas pesquisas, había vuelto a impulsar la causa. Algunos mal pensados dirían que ese cúmulo de pesquisas era inversamente proporcional al cúmulo de minutos que la causa de Dolores se llevaba en los medios de comunicación. Hay flashes que encandilan.
Cierto es que D’Alessio había ensayado una explicación para cada pregunta de Ramos Padilla. Las carpetas que detallaban distintas operaciones de inteligencia, la extorsión a Pedro Etchebest y “los recuerdos”, tal como él había catalogado los objetos secuestrados. Había un porqué para cada interpelación. Sin embargo, intuía que muy difícilmente saldría por la puerta giratoria de la justicia que tantas veces vio funcionar a su favor.
El partido en el cuarto poder
El segundo allanamiento en la casa del espía terminó por confirmar a los medios del país que la causa avanzaba con una celeridad pocas veces vista en el sistema judicial. La política había tomado partido por los denunciantes y denunciados y estaba haciendo lo que mejor sabe hacer: política. Las denuncias en Comodoro Py contraatacaban y la puja por sacar la investigación de Dolores estaba en marcha en los despachos de mayor concentración de poder.
Las líneas editoriales de los principales medios de comunicación empezaban a vislumbrarse a través de las columnas de opinión en los diarios, portales web y principales canales de televisión. Lo que se elegía informar estaba pautado, y lo que no también.
El periodista Jorge Lanata entrevistó en su programa de radio al fiscal Carlos Stornelli luego de que este realizara su denuncia en Comodoro Py. Fue el primero en darle fuerza a la hipótesis de que desde Dolores, a través de la denuncia contra D’Alessio, intentarían sacarle la causa de los cuadernos. En el canal LN+ la línea editorial fue paralela. En la noche del 12 de febrero el programa Terapia de noticias dio lugar solo a la versión del titular de la Fiscalía N° 4 de Capital Federal. El canal Todo Noticias (TN) reforzó y avanzó en la misma versión de los hechos.
En el diario Clarín, “el silencio fue ininterrumpido por Joaquín Morales Solá quien levantó al muerto el domingo 10 de febrero con la afirmación de que ‘la Justicia determinó que la operación contra Stornelli salió de la cárcel donde están los exfuncionarios’ de los gobiernos de los Kirchner. El periodista que sentía desazón citó esa frase para expresar incredulidad sobre cómo puede ser lanzada sin ningún anclaje en la realidad. Otro colega, con similar nivel de frustración, aludió a contingencias de un febrero difícil. Editores de vacaciones que podrían haber marcado otra agenda y el grave conflicto originado en el cierre de la planta impresora. Como desde hacía días el diario se imprimía en El Litoral, en Santa Fe –hasta que se dieran las condiciones de producirlo en la planta de Clarín–, la edición de ese domingo debía cerrar al mediodía del viernes. Semejante sinsentido complicó una hoja de ruta razonable, pero ello no explica –reconoció el periodista– la ausencia en la web de los diálogos imprudentes entre Stornelli y su colaborador.
En la redacción del matutino fundado por Bartolomé Mitre ensayaron más razones. Entre ellas, que como la causa Cuadernos surgió del periodista de La Nación Diego Cabot, y este trabajó codo a codo con Stornelli para dar origen al expediente, otorgar cabida a una denuncia de que el fiscal avanzaba sobre la base de extorsiones sería insoportable. El éxito de la investigación de Cabot consolidó un rumbo que ya venía imponiéndose sobre una línea que bregaba por mayor distancia del gobierno de Macri”2.
El portal de información más leído en Argentina, Infobae, también dio espacio –casi exclusivo–a la versión de los hechos contada por Carlos Stornelli. “Al menos tres cronistas cubren los tribunales federales para el medio, pero ninguno firmó hasta el jueves 14, cuando una nota dio cuenta de allanamientos en propiedades del allegado a Stornelli y la aparición de denuncias precedentes por extorsión. Esta vez, no hubo referencias a blogs, montoneros, o Levinas, ni siquiera a El Cohete a la Luna o Verbitsky. Antes, solo Ernesto Tenembaum se había permitido una mención al tema en un párrafo de su columna dominical, como quien planta bandera. Otras voces que conocen el funcionamiento de la redacción de Palermo suman elementos, aunque a ninguno le conceden un papel decisivo: la relación amistosa entre Hadad y Stornelli, otro tanto con Claudio Bonadio; el vértice común en Alejandra Rafuls, una lobista que actuó como asesora del fiscal cuando se desempeñó como ministro de Seguridad de Daniel Scioli; y la mención de Verbitsky a Mario Montoto, un exmontonero transformado en empresario de seguridad, que es señalado por el especialista en narcotráfico como propietario del 50 % del sitio. ‘Es totalmente falso; Infobae es 100 % de Hadad’, afirmó la editora. Montoto es íntimo amigo del empresario periodístico pero no tiene ninguna injerencia en la redacción, coincidieron diversas fuentes.
En su página Infobae incluye contenidos de otros medios, uno de los cuales es la revista de temas militares y de Inteligencia DEF, propiedad de Montoto. Por esa vía, el experto en narcotráfico D’Alessio se coló en el portal, gracias a una entrevista con profusión de elogios cuya primera línea afirma: ‘En Marcelo D’Alessio conviven multitudes’. La definición resulta precisa para describir a un portador de tantas fantasías”3.
En la vereda de enfrente estaban los diarios Página/12, Tiempo Argentino, el canal C5N, los portales El Destape, El Cohete a la Luna y demás radios porteñas. El periodista de Página/12 Raúl Kollmann había conseguido los mismos audios que Verbitsky, pero los publicó días más tarde. El Destape detallaba la misma información y defenestraba la imagen de Stornelli. C5N era el canal con un móvil fijo en Dolores y mostraba al juez cada vez que llegaba o salía del Juzgado.
Desde Página/12, Nora Veiras, jefa de redacción del diario, valoró la “solidez” de la denuncia: “No son lo mismo fotocopias de cuadernos supuestamente escritos por un chofer, de los que no se pudo corroborar ni siquiera la fecha, que capturas de WhatsApp con conversaciones reales, filmaciones y fotos. (…) Las causas del Memorándum con Irán y de la muerte de Nisman sentaron un hito de manipulación, nadie cree en la Justicia, y estos registros, que por supuesto tienen que ser corroborados, confirmarían las peores sospechas sobre los Cuadernos”, sugirió4.
La causa de Dolores fue uno de los temas a los que más minutos de aire dio el canal de noticias C5N durante 2019. Profundizó en uno de los pilares y bases de campaña de Cambiemos en 2015 que intentó repetir sin suerte en 2019: la independencia de los poderes y la transparencia. Nombró la denuncia como el “D’AlessioGate”, neologismo que también utilizaría la oposición. Fue una de las primeras balas que atravesó el acorazado círculo rojo del gobierno, a tal punto que en el mes de marzo el entonces presidente opinaría públicamente sobre el accionar de Ramos Padilla.
El portal de noticias El Destape cubrió el hecho con una clara postura ideológica. Defendió los ataques hacia el magistrado, realizó investigaciones de los implicados y principalmente desnudó los vínculos entre Marcelo D’Alessio y la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, el juez Claudio Bonadio y el fiscal Carlos Stornelli. Con solo poner el apellido del espía en el buscador de noticias de la web se pueden encontrar más de 400 notas.
Por momentos, la lucha se asemejaba a la épica bíblica de David y Goliat. El conglomerado de medios de mayor circulación apoyaba las denuncias del oficialismo y del fiscal más importante del país; los otros acompañaban a un juez que, con escaso personal, avanzaba a paso firme en una investigación que le costó, entre otras cosas, el inicio de un jury político en su contra.
¿Cómo equilibrar esa balanza? El comienzo de la respuesta se halla en una reflexión del novelista ruso León Tolstói, quien alguna vez dijo: “Los dos guerreros más poderosos son la paciencia y el tiempo”.
La indagatoria
Entre el 13 y el 16 de febrero, Marcelo Sebastián D’Alessio estuvo detenido en la delegación de la policía federal de Dolores y desde allí insistía en hablar con el fiscal y presentarse como un posible “arrepentido”. No tuvo suerte. El sábado 16 fue indagado por los delitos de extorsión hacia Etchebest, de formar parte de una asociación ilícita y de portar ilegítimamente armas, entre otros hechos. En la indagatoria estuvieron presentes el juez Alejo Ramos Padilla, el fiscal Juan Pablo Curi, el secretario del Juzgado, Mauro Leandro Labozzetta, y el abogado defensor, Claudio Fogar. El imputado sostuvo que parte del material secuestrado atentaba contra la Ley de Inteligencia Nacional y afirmó “temer por su vida”, por lo que presentó un hábeas corpus.
En esa instancia D’Alessio le confesó a Ramos Padilla: “Doctor, yo le digo, le puedo detallar tres o cuatro operaciones y hacer caer a este gobierno, se va todo a la mierda si hablo. Se cae Macri, se caen todos; déjeme salir de acá, solamente le pido eso. Déjeme salir y cuento todo”. Tras haber emitido esas cuatro oraciones, miró al juez del Juzgado Federal N° 1 de la ciudad de Dolores, Alejo Ramos Padilla, quien estaba sentado del otro lado del mostrador. En el rostro del magistrado no había indicios de transpiración ni de temor. Este lo escuchó atentamente, respiró, dejó que unos silenciosos segundos murieran en ese instante y respondió: “Señor, esto no es Comodoro Py”.
El fiscal Juan Pablo Curi intentó varias veces retirarse de la indagatoria. Se lo notaba incómodo y más que nervioso. El funcionario público, en términos legales, no podía retirarse, pero ello no le evitó que se parase de su silla y sentase constantemente.
Abatido, el espía sostuvo que las tareas contra Etchebest “habían sido pedidas por un alto directivo de la AFI, Ricardo Bogoliuk, exdirector de la DDI de Mar del Plata”5, por ello pedía no ir a “una cárcel federal” y quedar bajo “la protección de Prefectura”. Además, dijo que Bogoliuk “fue fundador junto con Marcelo Saín de la PSA, con quien luego se peleó; y también estuvo con Stornelli trabajando en La Plata como Coordinador General de la policía bonaerense o algo así”.
Argumentó que le habían prometido que “si hacía bien este trabajo, supuestamente iba a ser Director de Asuntos Complejos de la AFI. Yo estaba trabajando para ellos, supuestamente tenía que averiguar cuál era la ruta inversa del dinero K”. También detalló que varias de las capturas de pantalla presentadas por el denunciante estaban “modificadas”, y reconoció que “lo habían cagado”, ya que nunca le habían dado el cargo prometido. “Soy un boludo, me hicieron un complot”, espetó.
Sobre Pedro Etchebest Rodríguez mostró otra cara del denunciante: “Por lo que pude averiguar tiene una causa por trata laboral por un campo de Balcarce, tiene 50 hectáreas que valen dos millones de dólares y tiene medio millón de dólares en maquinarias. Decía cobrar en nombre de la señora Presidenta, pero la señora Presidenta no conoce a este señor Etchebest, no conoce a la señora Presidenta, no la conoce. Eso es mentira. Y cobraba plata en nombre de la Presidenta. Sí hay personas que lo tienen registrado como ‘Pedro de Vido’ porque iba al piso 11 o 12 del despacho del Ingeniero y retiraba el dinero de los acuerdos que hacía. Sí después se fue al ONCCA6, se conocen desde el 2011 o 2012 con Campillo, también mencionaba a la señora Presidenta y la señora Presidenta no tenía ni idea. Etchebest pedía el 25 % a los feedloteros por el 100 % de los retornos discrecionales que podía hacer el ONCCA. Aparentemente se quedó con plata de Campillo y no se volvieron a ver hasta el 2017, lo odia. Desde el 2012 a 2014 o casi hasta el 2015 trabajó con el número dos de Ricardo Etchegaray que se llama Torinelli o Toninelli. Hay feedloteros que lo quisieron denunciar, creo que hay uno que está en San Isidro, tiene una inmobiliaria en San Isidro que lo puedo averiguar. Esa persona lo quería denunciar. Le sacaron millones de pesos y lo desaparecieron. Una persona que tenía el apellido Pereyra, también le robó no sé cuántos millones en nombre de la Presidenta y De Vido. Mentira, se lo quedó él. Es cierto que le pedí un remis porque me dijo que le daba pudor el departamento que tenía en microcentro. Después descubrí, porque accedí al allanamiento por la causa de trata, que vive en las torres de Le Parc, las mismas donde vivía Nisman, no sé si con un supuesto alquiler o no. Y él que dice que es su hijo, Matías, en verdad sería su nieto, pero no lo puedo asegurar. Tanto este como su hijo de los Estados Unidos son administradores de todos sus bienes. Tienen sociedades espejo en los Estados Unidos, pasan dinero a través de una fundación. Tiene ocho sociedades, todas activas”7.
A pesar de que su abogado le sugería que guardara silencio, D’Alessio tenía más cosas para contar. Así fue que se refirió al juez Federico Villena, titular del Juzgado Federal N° 2 de Lomas de Zamora, y quien poseía una denuncia contra su persona por lavado de dinero: “No tengo ninguna sociedad en los Estados Unidos, ya se los aclaro. Yo lo escuché a Villena al momento del allanamiento a los gritos diciendo ‘traiganmé la plata, saquen los relojes’. Los relojes son réplicas, son arte, salieron en los medios diciendo que tenía relojes por un millón de dólares, pero va a ir un perito y va a verificar que son todas réplicas que fui comprando desde el año 1999. Villena quiere demostrar que me estoy insolventando. Villena es amigo del jefe de Bogoliuk. El poder de daño que tienen es infinito”8.
Como si fuera poco y por si quedara alguna duda a la hora de defenderse y deslindar responsabilidades, D’Alessio optó por no morder la mano de quien tanto tiempo le dio de comer: “Stornelli no tiene la más puta idea de todo esto, me dijeron que lo mencione solamente porque yo había estado con él en dos oportunidades y yo lo conocía por haber estado con él declarando por el tema del libro de Daniel Santoro. Nada más. Si abren mis teléfonos van a ver que hay un audio con una puteada de Stornelli por este tema, él no tenía nada que ver”.
Le pidió al juez en reiteradas oportunidades quedar en libertad, con custodios y una tobillera: “Quiero abrazar a mis hijos. Quiero ir a mi casa, no soy un estafador, no soy un extorsionador. Fácil, me suicido o me van a matar”, dijo sin pelos en la lengua. El magistrado no hizo lugar.
Su abogado, Claudio Fogar, se cansó de pedirle que no hablara. Fue en vano, el espía aún creía que podía zafarse de la situación con los clásicos métodos que tanto resultado le habían dado con otros jueces y fiscales. A lo largo de la investigación, Fogar contó “11 boicots” a su propia defensa. Un cliente difícil como pocos.
El secreto que no fue
Días antes del primer allanamiento a D’Alessio, Ramos Padilla había dictaminado el secreto de sumario a pedido del fiscal Juan Pablo Curi, quien entendía que lo que allí podían encontrar sería información sensible que debía ser analizada antes de salir a la luz. Y así fue. El juez prorrogó por primera y última vez la medida el lunes 18 de febrero. Mantener la causa en dichas condiciones le permitía no mostrar las cartas que poseía y jugar con un as bajo la manga. Ese mismo lunes realizó la segunda indagatoria a D’Alessio. Esta vez el imputado presentó un escrito y se llamó a silencio.
El viernes 15 de febrero, un día antes de quedar formalmente detenido el espía, Ramos Padilla le pidió por escrito al juez Julián Ercolini copia de la denuncia que había realizado Stornelli contra D’Alessio por fraude. El oficio arribó al despacho de Ercolini el lunes 18 a primera hora de la mañana. Este respondió inmediatamente solicitando la “inhibitoria”, aunque desconocía por completo el objeto procesal de la investigación, y a la vez, pidió “dar vista a la causa” de Dolores.
El titular del Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional Federal N° 10 no era el único interesado en ver qué se había investigado. Hicieron lo mismo el juez Claudio Bonadio, por poseer la denuncia conocida como “Operativo Puf”, y Luis Rodríguez en el marco de la causa 76091/16 “Marcelo D’Alessio s/extorsión con amenaza contra el honor y violación de la correspondencia” que había iniciado Traficante. Desde el Juzgado en lo Criminal y Correccional Federal N° 2, al tener el hábeas corpus presentado por el espía, también pidieron ver la causa. El mismísimo Procurador General de la Nación, Eduardo Casal, también requería ver la investigación que tanto interés generaba en la prensa.
Por ello, el 19 de febrero Ramos Padilla levantó el secreto de sumario y dejó que cada uno de los magistrados diera vista de lo recolectado hasta el momento. El fiscal Juan Pablo Curi cuestionó la intempestiva de Ercolini y hasta le exigió que explicara “qué era lo que lo había llevado a pedir la inhibitoria”. Las presiones desde Comodoro Py habían surtido un primer efecto.
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El 21 de febrero en la sede de la Sección Pericias de la Prefectura Naval Argentina comenzaron con la apertura de las 47 cajas, bolsas y envoltorios secuestrados del allanamiento. Estuvieron presentes personal de la secretaría, Alejo Ramos Padilla, Juan Pablo Curi, funcionarios del juzgado, los peritos de parte, el perito veedor, cuatro miembros de la Dirección General de Investigaciones y Apoyo Tecnológico a la Investigación Penal (DATIP) del Ministerio Público Fiscal de la Nación, agentes de la Policía Federal Argentina y dos testigos de actuación. Los protocolos de seguridad que se utilizaron para obtener la información de los celulares y computadoras fueron la “bolsa Faraday” y el equipo “DITTO” forense. Ese día el espía aportó las contraseñas de su celular personal.
D’Alessio había sido trasladado hasta el lugar con una camioneta del Servicio Penitenciario Federal. Cuando llegó a su celda se encontró con un claro mensaje: sobre su cama posaba una soga que formaba un círculo y tenía hecho un nudo para que este no se desarmase. La forma y tamaño del círculo era idénticos al espesor y dimensión de su cuello. Una clara amenaza. La defensa presentó un sinfín de quejas y logró que se instalara una cámara de seguridad dentro del calabozo que filmaba las 24 horas del día de D’Alessio.
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El 22 de febrero Ramos Padilla tenía en sus manos una causa que parecía indicar la existencia de actividades de espionaje ilegal con el aval de funcionarios y funcionarias de la gestión de Mauricio Macri. Poseía, por ejemplo, pruebas que detallaban conversaciones por WhatsApp entre el espía y la ministra de Seguridad, resistida por distintos sectores de Cambiemos pero siempre ratificada por el presidente. También cientos de conversaciones con distintos jueces que poseen sus oficinas enquistadas en Comodoro Py.
A ello se sumaba más de una veintena de carpetas que había enviado Prefectura Naval con nuevo contenido para ser analizado. Hacía días que en el Juzgado solo se investigaba lo allanado en la casa de D’Alessio. Con tanto caudal de prueba, el magistrado comprendió que necesitaría ayuda de una entidad que excediera al Juzgado.
En la soledad de su despacho, Ramos Padilla recordó los juicios que afrontó en sus días de abogado. Rememoró a las Abuelas de Plaza de Mayo; a “Chicha” Mariani una vez más. Gracias a ellas había conocido la labor de la Comisión Provincial por la Memoria (CPM), organismo que desde 2001 gestiona los archivos de la ex Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires (DIPPBA). A través de la ley 12.642, la CPM poseía dichos archivos y además le habían designado como sede institucional el edificio donde había funcionado la dependencia mencionada; en calle 54 N° 487, La Plata. Es tan valioso el material que allí reside que en 2008 fue reconocido por la UNESCO y declarado Patrimonio de la Humanidad.
Con semejante historia sobre sus espaldas, la CPM era el organismo que le daría al juez los conocimientos necesarios para desentramar la compleja red de conexiones que tenía Marcelo D’Alessio. A través de un oficio pidió al organismo la elaboración de un informe que le permitiera dar cuenta de frente a qué tipo de operaciones de inteligencia se encontraba. También solicitó “establecer patrones comunes de las distintas operaciones, sus posibles partícipes y su relación con organismos de inteligencia nacionales o internacionales, los poderes judiciales y ministerios públicos nacionales y provinciales de la Capital Federal y la provincia de Buenos Aires”9.
Así, el juez había logrado encaminar la investigación por un solo sendero: el de la prueba recolectada en el primer allanamiento de la casa del denunciado. Consideraba que era irrefutable y no estaba contaminada. Si bien durante las primeras semanas de la causa se acercaron casi un centenar de personas a declarar por distintos episodios que habían vivido con el espía y el magistrado las aceptaba, tardó meses en analizar los discursos, ya que podían estar direccionados de formas que no siempre se acercasen a la verdad.
La Comisión Provincial por la Memoria hizo las veces de auxiliar judicial y lo primero que realizó fue un relevamiento general de la documentación que se había secuestrado: celulares, dispositivos electrónicos, discos rígidos. El objetivo se centraba en detectar información que demostrase operaciones de inteligencia, acciones de inteligencia de organismos estatales o internacionales y otro tipo de actividad de inteligencia ejecutadas por particulares. Un equipo de entre seis y siete personas trabajó contra reloj y tomó varias medidas de seguridad. Había abogados y abogadas, antropólogas y personal con vasta experiencia en el tema10.
La primera medida de resguardo que tomó el equipo de la CPM fue mantener el anonimato para resguardar la integridad física de cada uno de ellos. Respecto de la documentación que el juez les aportó, a través de un sistema de software judicial, el organismo realizó copias de seguridad de cada uno de los informes. Muchos de ellos aún se encuentran en cajas de seguridad en distintas entidades bancarias del país. Además, el equipo eligió varias locaciones para realizar la investigación, aunque ninguna de ellas fue la sede de la CPM.
A medida que investigaba y avanzaba en la causa, el conjunto de profesionales no dejaba de sorprenderse con la prueba recabada. Si bien el organismo entendió desde el primer momento que era una investigación que apuntaba a algo estrictamente neurálgico, como es el funcionamiento de la democracia argentina y de las instituciones, poder tener acceso de primera mano a la causa más caliente de esos días los sorprendió sobremanera.
1 Declaración indagatoria en el Juzgado Federal de Primera Instancia, Dolores, 16/2/19.
2 Lacunza, Sebastián, “Informar, ocultar, operar. La causa D’Alessio”, Revista Anfibia, 15/2/19, bit.ly
3 Ibídem.
4 Ibídem.
5 Juzgado Federal de Primera Instancia, FMP 88/2019, Dolores, Fallo publicado el 25/2/19.
6 Oficina Nacional de Control Comercial Agropecuario, organismo dependiente del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la República Argentina.
7 Juzgado Federal de Primera Instancia, FMP 88/2019, Dolores, Fallo publicado el 25/2/19.
8 Ibídem.
9 Ibídem.
10 Algunas áreas de la CPM, como la de Justicia y Seguridad Democrática, también participaron en el análisis.
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