Читать книгу: «Obras III»

BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 138

Asesor para la sección griega: CARLOS GARCÍA GUAL .
Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por PILAR MARTÍNEZ LASSO .
© EDITORIAL GREDOS, S. A.
Sánchez Pacheco, 81, Madrid, 1996.
www.editorialgredos.com
REF. GEBO248
ISBN 9788424931773.
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SOBRE LA DIOSA SIRIA
Obra cuya atribución a Luciano plantea dudas, ya que se considera escrita posteriormente. En ella Luciano imita a Heródoto en lenguaje y estilo, aunque sin pretender hablar por otra persona y no por sí mismo. Describe el famoso santuario de Atargatis en Hierápolis de Siria con un respeto que no podríamos esperar en un simpatizante de Epicuro y de los cínicos. Utiliza tanto su propia observación como la información que le dan los sacerdotes. Durante mucho tiempo se consideró espuria porque parecía contradictoria con los puntos de vista religiosos de Luciano y su supuesta tendencia a despreciar todo lo que no fuera clásico. En las últimas décadas la opinión se ha inclinado a su favor, y la mención por Galeno de un Luciano que imitaba a otro escritor jónico, Heráclito, puede considerarse decisiva.
Cualquiera que sea la conclusión que esto implique sobre sus creencias religiosas, sí es un triunfo para su capacidad de observación y su independencia de sus ascendientes clásicos. Se ha observado hace tiempo que algunos de sus detalles fueron confirmados por otros testimonios literarios, como Plinio el Viejo y Eliano, pero la evidencia arqueológica ha añadido mucho más. La «Señal » que cita como situada entre las imágenes de «Hera» y de «Zeus» la conocemos ahora por algunas representaciones. Su descripción de un espléndido manto del Sumo Sacerdote y la tiara de oro han sido confirmados por el relieve de la propia Hierápolis. Cuando cuenta cómo se cortó el cabello y lo ofrendó en un vaso de metal precioso, parece describir el mismo ritual con el que un hombre de Citio en Chipre unos mil años antes se cortó el pelo y lo dedicó a Astarté en un vaso de arcilla.
Se mantiene el problema aparente de las contradicciones de Luciano en cuestiones de religión. Un recurso fácil es invocar la ironía y ver en su solemnidad una burla abierta o disimulada. Desde luego el humor está presente, y aunque parece principalmente dirigido al manierismo de Heródoto, afecta también al santuario, o más bien al narrador que toma tales cosas en serio: el efecto es completamente diferente cuando Arriano adopta el estilo de Heródoto para describir los espectáculos y la geografía de la India. Sin embargo, que ambos autores y algunos de los historiadores ridiculizados en el ensayo Cómo debe escribirse la historia pudieran imitar a Heródoto, sugiere que la burla no es el motivo principal de Luciano. Como un «asirio» culto, orgulloso de su ciudad nativa y de su origen étnico, contribuye tanto a impregnar el mayor santuario del norte de Siria con un aura herodotea como a llevarlo, como hizo Heródoto con las reliquias de Egipto, bajo el palio del helenismo y de la antigüedad.
El movimiento arcaizante de los siglos II y III tenía mucha relación con los cultos, y hombres eruditos investigaron las leyendas de las ciudades de la diáspora griega, tales como Egas en Cilicia. Luciano no pretende que el santuario de Atargatis sea otra cosa que bárbaro en su origen, pero explicando sus antigüedades a la manera de Heródoto fracasa en ello.
Luciano limita sus relatos únicamente a mitos, objetos y prácticas de culto, y los milagros menores a los que da crédito, como estatuas que sudan, la levitación y otros parecidos son únicamente una ligera concesión a las creencias populares.
El tratamiento que da Luciano a los oráculos, aunque implicado en el que da a los dioses, tiene distinto fin y carácter. Por lo general su escepticismo sobre los dioses es silencioso y su humor a sus expensas es amistoso. En cambio, la existencia de los oráculos la adscribe a las debilidades humanas, obra de la picaresca o de la credulidad. Su antipatía a los oráculos es fundamental en una de sus obras maestras, el ataque contra Alejandro de Abonutico, pero también está presente en algunas otras obras.
Hay en Siria una ciudad no muy distante del río Éufrates [1] que se llama Sagrada, y está dedicada a la Hera de Asiria 1 ; en mi opinión, la ciudad no tuvo este nombre desde el principio con su fundación, sino que antiguamente era otro y, más tarde, cuando surgieron los grandes santuarios de la diosa, llegó a esta denominación. Pues bien, referente a esta ciudad, me propongo decir cuanto hay en ella; hablaré también de las costumbres que siguen en sus ritos, las fiestas que celebran y los sacrificios que llevan a cabo. Voy a referirme también a los relatos que cuentan sobre los que establecieron el lugar sagrado y cómo tuvo lugar la construcción del templo. Escribo esto siendo asirio 2 , y, de cuanto relato, una parte la vi personalmente y, en cuanto a la otra, recibí información de los sacerdotes, cuanto yo refiero anterior a mi propia época.
De cuantos hombres conocemos, los egipcios fueron [2] los primeros, según se dice, en tener el concepto de dioses, en crear santuarios y recintos consagrados y en establecer días festivos. Fueron los primeros que conocieron nombres sagrados y crearon relatos del mismo tipo. No mucho tiempo después los asirios oyeron a los egipcios relatos referidos a los dioses y levantaron santuarios y templos, en los que también colocaron imágenes y pusieron estatuas de madera 3 . Pero antiguamente, incluso entre los egipcios, los [3] templos carecían de estatuas, y hay en Siria templos casi tan antiguos como los egipcios, de los que he visto la mayor parte, y especialmente el de Heracles en Tiro, pero no del Heracles que los griegos celebran en sus cantos, sino que el que yo digo es mucho más antiguo y es el patrono de Tiro 4 .
[4] En Fenicia hay otro gran templo, que tienen los sidonios. Según ellos afirman, es de Astarté, y Astarté, en mi opinión, es la Luna 5 . Pero según me contó un sacerdote pertenece a Europa, hermana de Cadmo; me dijo que ésta era hija del rey Agenor y, cuando desapareció, los fenicios la honraron con un templo para su culto y contaban sobre ella un relato sagrado: debido a su hermosura Zeus la deseaba y, cambiando su aspecto por el de un toro, la raptó y con ella llegó a Creta. La misma historia se la oí también a otros fenicios, y la moneda que usan los sidonios tiene grabada a Europa sentada sobre el Toro Zeus, pero no reconocen que el templo sea de Europa 6 .
Los fenicios tienen también otro templo no asirio, sino [5] egipcio, que llegó a Fenicia desde Heliópolis. Yo no lo he visto, pero también éste es grande y antiguo 7 .
Vi también en Biblos un gran templo de Afrodita de [6] Biblos, en el que celebran ceremonias en honor de Adonis; también fui informado de estas ceremonias 8 . En efecto, ellos afirman que el suceso del jabalí referente a Adonis ocurrió en su propia tierra, y en recuerdo de esta desgracia cada año se dan golpes y se lamentan y celebran ceremonias y declaran grandes duelos en el país. Y cuando dejan de golpearse y de gemir, primero ofrecen sacrificios a Adonis como si hubiera muerto y luego, al día siguiente, cuentan que está vivo y lo sacan al aire y se afeitan las cabezas, como los egipcios cuando muere Apis 9 . Las mujeres que no quieren afeitarse, pagan la siguiente multa: en un día determinado se ofrecen para la venta de su belleza; el mercado sólo está abierto a los extranjeros, y el sueldo se convierte en ofrenda a Afrodita 10 .
[7] Por otra parte, algunos hombres de Biblos afirman que Osiris el egipcio está enterrado entre ellos, y todos los duelos y las ceremonias se celebran en honor de Osiris y no de Adonis 11 . Voy a explicar el motivo por el que tienen estas creencias. Una cabeza llega cada año de Egipto a Biblos en una navegación de siete días y los vientos la llevan con gobernación divina. No tiene ninguna desviación, sino que arriba únicamente a Biblos; es todo maravilloso y ocurre cada año, como ocurrió estando yo presente en Biblos, y pude ver la cabeza de Biblos 12 .
[8] Todavía hay otra maravilla en la comarca de Biblos. Un río que se llama Adonis desemboca en el mar desde el monte Líbano. El río todos los años se pone rojo como la sangre y después de perder su color natural irrumpe en el mar y enrojece la mayor parte del litoral y señala el duelo a los de Biblos 13 . Cuentan que en estos mismos días Adonis es herido en el alto Líbano y su sangre al correr enrojece al río y da nombre a la corriente. Esto es lo que dice la mayoría. Pero a mí un hombre de Biblos, que parecía decir la verdad, me contó otra causa del suceso. Así me dijo: «El río Adonis, ¡oh, extranjero!, atraviesa el Líbano, y la tierra del Líbano es completamente rojiza; cuando se levantan en estos días vientos tempestuosos, arrastran hacia el río la tierra, que es como el bermellón, y la tierra lo hace sanguinolento. Y la causa de este suceso no es la sangre, como dicen, sino la tierra». Esto es lo que me dijo el de Biblos, y aunque sea cierto lo que contaba a mí me parece maravillosa la coyuntura del viento.
Subí también al Líbano desde Biblos en una jornada, [9] al enterarme de que allí había un antiguo santuario de Afrodita, que había mandado construir Cinires; vi el templo, y era antiguo 14 .
Estos son los santuarios antiguos y grandes de Siria, [10] pero aun siendo tantos yo creo que ninguno es mayor que los de la Ciudad Sagrada, ni hay otro templo más santo ni otro territorio más sagrado. Hay también en él obras muy valiosas, ofrendas antiguas, numerosas maravillas y esculturas de la diosa en madera magníficas. Además, la divinidad se manifiesta evidentemente entre ellos, pues las esculturas de madera sudan por sí solas, se mueven y profetizan y con frecuencia surgió un grito en el templo cuando el recinto estaba cerrado y muchos lo oyeron. Y en cuanto a riqueza es el primero de los que yo conozco, pues les llega mucho dinero de Arabia y de los fenicios y babilonios y mucho también de Capadocia, más el que traen los cilicios y también los asirios. Yo vi el que está oculto en el templo, muchas vestiduras y otras cosas que se seleccionan por su plata o por el oro. Y fiestas y solemnidades ninguna otra comunidad humana ha organizado tantísimas como éstos.
[11] Al preguntar yo cuántos años tiene el templo y qué diosa creen que es, contaban muchas historias, unas divinas, otras públicas, otras claramente fabulosas; unas eran de origen extranjero, otras coincidían con los griegos. Yo voy a contarlas todas, pero no acepto ninguna.
[12] La mayor parte afirma que Deucalión el escita 15 fundó el santuario, el mismo Deucalión en cuyos tiempos ocurrió el gran diluvio. Acerca de Deucalión oí un relato que los griegos cuentan en su memoria. El relato es el siguiente:
Esta generación, la de los hombres de ahora, no es la primera, sino que aquélla pereció entera y ésta es la segunda generación, que, procedente de Deucalión, se multiplicó. Y de los primeros hombres cuentan lo siguiente: eran muy malvados y cometían actos impíos, ya que no respetaban los juramentos ni acogían a los extranjeros, ni amparaban a los suplicantes, por lo que les llegó la gran tribulación: al punto la tierra envió muchísima agua, se produjeron enormes lluvias, los ríos desembocaron crecidos y el mar creció muchísimo, hasta que todo se convirtió en agua y todos perecieron, excepto Deucalión, único mortal que quedó para la segunda generación por su buen consejo y su piedad. Su salvación fue como sigue: en una gran arca que tenía hizo embarcar a sus hijos y a sus mujeres y embarcó él mismo; al embarcar le llegaron cerdos, caballos, leones, serpientes y cuantos animales habitan en la tierra, todos por parejas. Él los aceptó a todos, y no le hacían daño, sino que entre ellos surgió una gran amistad por gracia divina; en una sola arca navegaron todos, mientras el agua se impuso. Esto es lo que cuentan los griegos sobre Deucalión 16 .
De lo que ocurrió más tarde, hombres de la Ciudad [13] Sagrada cuentan un relato muy digno de admiración, cómo, en su territorio, se produjo una gran grieta que filtró toda el agua. Y Deucalión, cuando ocurrió esto, levantó altares y un templo sobre la grieta, consagrado a Hera 17 . Yo también vi la grieta, que está bajo el templo, y es muy pequeña. Ahora bien, no sé si antes era grande y ahora se quedó así, pero la que yo vi es pequeña.
Como recuerdo del acontecimiento hacen lo siguiente: dos veces al año llega agua del mar al templo; la traen, no sólo sacerdotes, sino toda Siria y Arabia y acuden al mar muchas personas de más allá del Éufrates, y todos traen agua; primero la vierten en el templo y luego va a caer en la grieta y ésta, aun siendo pequeña, admite una gran cantidad de agua. Hacen esto asegurando que Deucalión estableció esta costumbre en el santuario, para que fuera recuerdo de la tribulación y del beneficio 18 .
[14] Tal es el antiguo relato entre ellos relativo al templo. Otros, en cambio, creen que Semíramis de Babilonia, de la que hay muchas obras en Asia, fue la que mandó hacer esta fundación, y no para Hera, sino para su propia madre, de nombre Derceto 19 . Yo vi una imagen de Derceto en Fenicia, extraña maravilla. La mitad era mujer, pero lo que va de los muslos a las puntas de los pies se extiende como una cola de pez 20 . En cambio, la imagen que hay en la Ciudad Sagrada es toda ella mujer y para ellos las garantías del relato no son totalmente evidentes. Consideran como cosa sagrada a los peces y nunca los tocan; comen toda clase de pájaros, pero sólo a las palomas no las comen, sino que para ellos son sagradas 21 . Y hacen esto a causa de Derceto y Semíramis, la primera porque Derceto tiene forma de pez, y la otra porque al final Semíramis se convirtió en paloma 22 . En lo que a mí respecta, puedo aceptar que el templo sea obra de Semíramis, pero no puedo dejarme convencer de que esté consagrado a Derceto 23 , pues también algunos egipcios se abstienen de comer pescado y esto no lo hacen por agradar a Derceto 24 .
Hay otra historia sagrada que yo oí a un sabio, a saber, [15] que la diosa es Rea y el templo fue obra de Atis. Atis era lidio de estirpe y fue el primero que instruyó en las ceremonias a Rea-Cibeles; todos los ritos que celebran los frigios, los lidios y los samotracios, los aprendieron de Atis. Pues bien, cuando Rea lo castró, dejó de vivir como un hombre, se transformó en una mujer, vistió indumentaria femenina y recorría toda la tierra celebrando ritos y contando lo que le había sucedido, mientras dirigía a Rea sus cánticos de plegaria. En estas circunstancias llegó a Siria y como las gentes de más allá del Éufrates no lo aceptaban ni a él ni a sus ceremonias, fundó el santuario en este lugar. Y la prueba de ello es que la diosa es muy parecida a Rea, pues la transportan leones, tiene un tambor y lleva una torre en su cabeza, como los lidios representan a Rea. También hablaba de los galos que hay en el templo, diciendo que los galos no rinden culto a Hera, sino a Rea-Cibeles e imitan a Atis 25 .
[16] Pero, en mi opinión, todo esto tiene muy buena apariencia, pero no es verdadero, pues oí también otro motivo de la castración mucho más digno de crédito. Me gusta lo que cuentan acerca del santuario, que está muy de acuerdo con los griegos, en la creencia de que la diosa es Hera y el santuario obra de Dioniso, hijo de Sémele. Porque, sin duda, Dioniso llegó a Siria en el viaje que le llevó a Etiopía y hay en el templo muchas pruebas de su fundación por Dioniso, entre ellas vestiduras bárbaras, piedras preciosas de la India y colmillos de elefantes, que Dioniso trajo de Etiopía; hay en los propileos dos falos enormes en los que está inscrito lo siguiente: «Yo, Dioniso, ofrecí estos falos a mi madrastra Hera» 26 . En lo que a mí se refiere esto es suficiente, pero voy a decir también otra cosa que hay en el templo como ceremonial de Dioniso. Los griegos, en el culto a Dioniso, levantan falos, que sustentan sobre ellos hombres pequeños hechos de madera, con grandes vergas, y los llaman marionetas 27 ; también hay de éstos en el templo; a la derecha del recinto está sentado un hombre pequeño de bronce con un gran miembro.
[17] Esto es lo que cuentan sobre los fundadores del santuario. Ahora voy a hablar sobre la situación del templo, cómo tuvo lugar y quién lo mandó hacer. Dicen que el templo actual no es el que se había construido primero, sino que éste se derrumbó posteriormente y el que ahora existe fue obra de Estratonice, mujer del rey de los asirios 28 .
Yo creo que es la misma Estratonice de la que se enamoró su hijastro, al que delató el ingenio de su médico. En efecto, cuando le sobrevino el enamoramiento, perplejo por un mal que le parecía vergonzoso sufría calladamente, yacía sin tener ningún dolor, el color de su piel se le alteró por completo y su cuerpo día a día se debilitaba. El médico, cuando vio que no tenía ninguna enfermedad notoria, se dio cuenta de que estaba enfermo de amor; son muchos los síntomas de un amor secreto: mirada desvaída, la voz, el color de la piel, las lágrimas. Cuando lo comprendió hizo lo siguiente: con la mano derecha palpaba el corazón del jovencillo mientras hacía llamar a todos los de la casa; el muchacho se mantuvo muy tranquilo mientras entraban todos los demás, pero al llegar su madrastra se le mudó el color de la piel, empezó a sudar, le entraron temblores y el corazón le daba saltos. Lo ocurrido puso en evidencia para el médico el enamoramiento del muchacho y lo curó de la siguiente manera: mandó [18] llamar al padre del chico, que estaba completamente asustado y le dijo: «El mal por el que está debilitado el muchacho, no es una enfermedad, sino un pecado , pues no sufre dolores, pero padece de mal de amor y de demencia. Desea lo que nunca alcanzará porque ama a mi mujer, a la que no pienso renunciar.» Así mentía el médico con astucia. Y el otro al punto le suplicaba: «Por tu sabiduría médica, no me destruyas a mi hijo, pues no incurrió en esta desgracia por su voluntad, sino que su enfermedad es involuntaria. Por ello no causes por despecho un sufrimiento a todo el reino ni asesines a la medicina siendo médico». Así suplicaba el Rey en su ignorancia. Y el médico le contestó: «Tratas de forzar una injusticia al intentar destruir mi matrimonio y extorsionar a un médico. ¿Qué hubieras hecho tú mismo si el muchacho deseara a tu esposa, y yo te hiciera la misma petición?». Y él a esto replicó que tampoco escatimaría a su mujer ni regatearía la salvación de su hijo, aunque estuviera enamorado de su madrastra, pues no era igual desgracia perder a la esposa que al hijo 29 . Cuando oyó esto el médico le dijo: «¿Qué me estás suplicando? Porque el muchacho desea a tu esposa, y lo que yo te dije era todo mentira». El Rey se dejó convencer por estas palabras y le dejó a su hijo la mujer y el reino, y él se dirigió al país de Babilonia, y fundó junto al Éufrates una ciudad a la que dio su propio nombre, donde también le sobrevino la muerte 30 . Así diagnosticó el médico el amor y lo curó.
[19] Pues bien, esta Estratonice, cuando aún cohabitaba con su primer marido, tuvo un sueño en el que Hera le ordenó levantarle un templo en la Ciudad Sagrada y la amenazaba con grandes desgracias si desobedecía. Ella al principio no se tomaba ningún interés, pero más tarde le sobrevino una grave enfermedad, le contó el sueño a su marido y trata de conciliarse con Hera, prometiendo levantarle el templo. Y al punto recobró la salud y el marido la envió a la Ciudad Sagrada, y con ella un gran tesoro y un numeroso ejército, lo uno para construir y lo otro por razones de seguridad. Mandó llamar también a uno de sus amigos, un joven bellísimo que se llamaba Combabo 31 , a quien dijo: «Eres el amigo a quien más aprecio, por tu nobleza, y te elogio muchísimo por tu sabiduría y tu benevolencia hacia nosotros, que desde luego demostraste. Ahora necesito una persona de gran fidelidad y por ello quiero que acompañes a mi mujer para llevar a cabo una obra en mi nombre, ofrecer sacrificios y mandar el ejército. A tu regreso, tendrás una gran recompensa por nuestra parte».
Pero ante estas palabras, Combabo al punto le suplicaba con mucha insistencia que no lo enviara, ni le confiara el tesoro, que era demasiado para él, ni la mujer, ni la fundación sagrada. Combabo temía que sintiera posteriormente celos hacia él a causa de Estratonice, a la que iba a acompañar él solo. Pero como (el Rey) no se dejaba convencer, [20] le suplicó por segunda vez que le diera un plazo de siete días y que luego lo enviara, una vez que hubiera llevado a cabo algo de mucha necesidad. Cuando obtuvo el plazo sin esfuerzo, se dirigió a su casa y cayendo al suelo de rodillas se lamentaba con las siguientes palabras: «¡Desgraciado de mí! ¿Qué me importa esta confianza? ¿Qué me importa el viaje, cuyo desenlace ya presiento? Soy joven y voy a acompañar a una mujer hermosa, lo que para mí será una gran desgracia, a no ser que yo mismo elimine toda causa de daño; por ello tengo que llevar a cabo una gran acción, que me curará de todo miedo».
Después de pronunciar estas palabras, se castró: tras cortarse los órganos genitales, los puso en un pequeño vaso, con mirra, miel y otros perfumes; luego lo precintó con un sello que solía llevar y se curó la herida. A continuación, cuando creyó oportuno salir, se dirigió al Rey en presencia de muchos testigos, y al tiempo que le daba el vaso le dijo: «Señor, yo tenía este gran tesoro entre mis propiedades y lo estimaba muchísimo; ahora, en vista de que voy a hacer un gran viaje lo depositaré en tu poder; mantenlo seguro, pues para mí es más valioso que el oro y equivale a mi propia vida. Cuando regrese, lo recuperaré de nuevo intacto». El Rey lo aceptó, le puso otro sello y lo mandó guardar a sus tesoreros.
[21] Combabo a continuación hizo el viaje sin problemas; al llegar a la Ciudad Sagrada se pusieron a construir el templo presurosamente y se les pasaron tres años con la obra, en los que ocurrió lo que Combabo temía, pues Estratonice al convivir mucho tiempo empezó a desearle y después se volvió completamente loca por él. Cuentan los de la Ciudad Sagrada que Hera fue la causante voluntaria de este suceso, que por una parte no ignoraba en absoluto que Combabo era un hombre honesto y por otra castigaba a Estratonice porque no había ofrecido el templo de buen grado.
[22] Ella al principio se mostraba sensata y ocultaba su pasión, pero cuando el mal superó su tranquilidad de ánimo, se la veía consumida, andaba llorando todo el día, gritaba el nombre de Combabo y éste lo era todo para ella. Por último, no pudiendo soportar su desgracia, trataba de encontrar una proposición con buena apariencia; se resistía a reconocer a otro su enamoramiento y a ella misma le daba vergüenza intentarlo. Entonces se le ocurrió la idea siguiente, emborracharse con vino y entablar una conversación con él. La franqueza entra con el vino y la desgracia ya no es totalmente vergonzosa, sino que todo lo que ocurre se olvida.
Tal como lo pensó, lo hizo. Cuando acabaron de cenar, ella acudió a las habitaciones en las que se alojaba Combabo, le suplicó abrazada a sus rodillas, y le confesó su amor. Pero él acogió sus palabras con aspereza, rechazó sus proposiciones y le reprochó su borrachera. Como ella le amenazara con hacerse un gran daño, Combabo temiéndolo todo le contó la historia, refirió toda su desgracia y puso en evidencia lo ocurrido. Al ver Estratonice lo que nunca hubiera esperado, desistió de su locura pero no olvidaba su amor, sino que acompañándole siempre, tenía este consuelo de su amor imposible. Este amor pervive todavía en la Ciudad Sagrada y aún ahora se celebra. Las mujeres desean a los galos y los galos se vuelven locos por las mujeres, pero nadie tiene celos, sino que creen que el asunto es completamente divino.
Pues bien, lo que ocurría en la Ciudad Sagrada en [23] relación con Estratonice no pasó en absoluto desapercibido al Rey, sino que muchos que venían acusaban y contaban lo sucedido. Muy afligido por estos hechos mandó llamar a Combabo desde la obra inconclusa. Otros cuentan un relato que no es cierto, que Estratonice, una vez que fracasó en su requerimiento, ella misma escribió a su marido acusando a Combabo de atentar contra ella, y lo que los griegos dicen sobre Estenebea y Fedra de Cnoso, eso es lo que los asirios cuentan respecto a Estratonice 32 . Yo no creo que Estenebea hiciera tales cosas, ni Fedra tampoco, si de veras deseaba a Hipólito. Pero dejemos que las cosas queden como están 33 .
[24] Y cuando la noticia llegó a la Ciudad Sagrada, y Combabo se enteró de la acusación, acudió confiado, porque su defensa había quedado en casa, y nada más llegar el Rey mandó encadenarlo y encerrarlo en prisión. A continuación, y en presencia de los amigos que había cuando envió a Combabo, le hizo comparecer y le acusó de adulterio y libertinaje; con gran dolor se lamentaba echándole en cara su confianza y su amistad, afirmando que era tres veces culpable, por ser un adúltero, quebrantar su lealtad y ser impío con la diosa en cuyo santuario había cometido su delito. Y muchos de los presentes le censuraban porque los habían visto juntos públicamente. Por último, todos opinaron que Combabo debía morir inmediatamente, porque había cometido acciones merecedoras de muerte.
[25] En todo este tiempo, él se había mantenido en silencio. Pero cuando ya era conducido a la muerte habló y pidió su tesoro, afirmando que el Rey no lo hacía matar ni por la ofensa ni por el adulterio sino porque quería poseer lo que le había dejado al marcharse. Ante esto, el Rey mandó llamar al tesorero y le ordenó traer lo que le había dado para que lo guardara. Cuando lo trajo, Combabo rompió el sello, mostró lo que había allí y lo que a él mismo le había pasado, y dijo: «Señor, temiendo que me ocurriera esto, cuando me enviaste a este viaje yo fui contra mi voluntad y como me vi muy obligado por ti, hice esto, noble para mi Rey pero desgraciado para mí. Aun encontrándome en tal situación, se me acusa de un pecado viril».
El Rey, asombrado ante estas palabras, le abrazó y llorando le dijo: «Combabo, ¿cómo te infligiste tan gran daño? ¿Por qué te hiciste a ti mismo algo tan vergonzoso y que nadie hizo? Yo de ningún modo lo apruebo. ¡Desdichado! que tuviste valor para hacer lo que ojalá no hubieras sufrido ni yo lo hubiera visto, porque yo no necesitaba esta defensa; pero puesto que un dios así lo quiso, en primer lugar conseguirás de mí una venganza, la muerte de los propios delatores, y después te llegará una gran recompensa, abundante oro, una cantidad inmensa de plata, vestiduras asirias y caballos regios. Podrás comparecer ante mí sin que nadie te anuncie, ni te apartará nadie de mi presencia, aunque esté acostado con mi mujer» 34 .
Tal como dijo, así lo hizo; aquéllos fueron llevados a la muerte y a él se le ofrecieron regalos y la amistad se iba haciendo mayor. Parecía que ningún asirio se podía comparar con Combabo en sabiduría y felicidad.
Y a continuación, al solicitar que se le permitiera terminar [26] las obras que faltaban en el templo —ya que lo había dejado incompleto— de nuevo fue enviado, acabó el templo y quedó allí en lo sucesivo. El Rey le concedió por su virtud y buena actuación que su imagen en bronce se instalara en el santuario. Y aún ahora en su honor hay un Combabo de bronce en el templo, obra de Hermocles de Rodas, con forma de mujer, pero con indumentaria varonil 35 .
Se cuenta que sus mejores amigos, para consolarle de su desgracia se solidarizaron con su mutilación, se castraron y llevaban la misma vida que él. Otros mezclan a los dioses en el asunto, afirmando que Hera por amor a Combabo dio a muchos esta idea de la mutilación, para que [27] no sufriera él solo por su falta de virilidad. Lo cierto es que una vez que se estableció esta costumbre, aún hoy se mantiene y cada año son muchos los que se castran en el templo y se hacen como mujeres, ya sea para consolar a Combabo o para ser gratos a Hera. Desde luego se castran, pero ya no llevan indumentaria masculina sino que suelen vestirse con ropas femeninas y desempeñan actividades femeninas. Según oí decir, también la causa de ello se atribuye a Combabo, pues le ocurrió lo siguiente: una mujer extranjera acudió en peregrinación y al ver su hermosura, cuando todavía llevaba indumentaria masculina, sintió un gran amor, pero al saber posteriormente que estaba castrado, se mató. Ante ello, Combabo, desmoralizado por su fracaso en amor, se puso indumentaria femenina, para que ninguna otra mujer sufriera la misma decepción. Ésta es la razón de la indumentaria femenina de los galos 36 .
Ya he hablado bastante de Combabo. Mencionaré de nuevo a los galos en otro relato posterior 37 , hablando de la forma en que se castran y de la clase de enterramiento que emplean y por qué razón no entran en el templo. Pero primero deseo hablar de la situación del templo y su tamaño, y ya voy a hacerlo.
El lugar mismo en el que está consagrado el templo [28] es una colina; se encuentra aproximadamente en el centro de la ciudad y está rodeado de doble muro; uno de los muros es antiguo y el otro no muy anterior a nuestro tiempo. El atrio del templo está orientado al Norte y tiene una extensión como de cien brazas. En él también están los falos que colocó Dioniso, y éstos tienen una altura de trescientas brazas 38 . A uno de estos falos sube un hombre dos veces cada año y permanece en lo alto del falo siete días. El motivo de su ascensión se dice que es el siguiente: la mayoría cree que en la altura conversa con los dioses y pide bienes para toda Siria, y ellos desde cerca oyen sus plegarias 39 . Otros, en cambio, creen que esto se hace por Deucalión, como recuerdo de aquella calamidad, cuando los hombres subieron a los montes y a los árboles más altos, aterrorizados por el gran diluvio. A mí esto no me parece convincente; opino que también esto lo hacen por Dioniso y mis conjeturas se basan en lo siguiente: en los falos que levantan para Dioniso ponen hombres de madera, pero no voy a decir por qué razón 40 . Sin embargo, me parece que también este individuo sube al falo imitando al hombre de madera.
[29] Su ascensión es así: con una pequeña cadena se abraza al falo; a continuación va subiendo sobre piezas de madera adheridas al falo, de una medida que corresponde a la punta del pie. Al mismo tiempo que va subiendo, va lanzando hacia arriba la cadena a ambos lados, como si estuviera llevando unas riendas. Si alguien no ha visto esto, ha visto, en cambio, a los que suben a las palmeras, sea en Arabia o en Egipto o en cualquier otro lugar, y entiende lo que digo 41 .
Cuando ha llegado al final de su camino, suelta otra cadena que lleva consigo, esta vez larga, y arrastra hacia arriba lo que desea, leños, vestidos y utensilios con los que se construye un alojamiento a la manera de un nido, y allí permanece el número de días que dije. Muchos acuden y llevan oro y plata, otros bronce, lo depositan ante su vista y se marchan, diciendo cada uno su nombre. Otro que está al lado lo comunica al de arriba y éste al recibir el nombre reza por cada uno y al mismo tiempo hace sonar un instrumento hecho de bronce, que al moverse produce un sonido fuerte y áspero 42 . Nunca duerme, porque si el sueño le vence alguna vez, sube un escorpión, le despierta y le hace daño. Éste es el castigo por dormirse 43 . En cuanto a lo que dicen del escorpión, son relatos sagrados y tienen buena apariencia, pero no puedo decir que son auténticos; en mi opinión contribuye mucho a la vigilia el miedo a caerse.
De los escala-falos ya se ha dicho bastante. El templo [30] está orientado a Levante. El aspecto de la fábrica es como el de los templos que hacen en Jonia. Destaca del suelo una gran base de dos brazas de altura, sobre la que está situado el templo. El acceso se ha hecho de piedra, no muy grande. Al subir, presenta un magnífico espectáculo el atrio del templo, provisto de puertas de oro; por dentro, la nave resplandece por la abundancia de oro y el artesonado es todo de oro. Exhala un olor divino, como el que se dice del país de Arabia y desde lejos al subir te envuelve un aroma buenísimo; cuando te marchas de nuevo, no te abandona sino que tu ropa retiene por mucho tiempo el perfume y tú lo recordarás para siempre.
Por dentro el templo no es simple, sino que en él se [31] ha construido otro aposento y el acceso a éste es pequeño; no está equipado con puertas, sino que todo él está abierto al exterior. Ahora bien, al gran templo entran todos, pero al aposento sólo los sacerdotes, y ni siquiera todos los sacerdotes, sino los que están más próximos a los dioses y los que tienen a su cargo todo el cuidado del templo. En el aposento están entronizados Hera y el que aun siendo Zeus ellos llaman con otro nombre 44 ; ambos son de oro y ambos están sentados, pero mientras a Hera la conducen leones, el otro está sentado sobre toros 45 .
[32] Desde luego, la imagen de Zeus se parece en todo a Zeus; en la cabeza, en las vestiduras, en el trono y ni aun queriéndolo podrías compararla con otra. En cambio, si contemplas a Hera, te parecerá que tiene muchas semblanzas; en conjunto, a decir verdad, es Hera, pero tiene también algo de Atenea, de Afrodita, de Selene, de Rea, de Ártemis, de Némesis y de las Parcas 46 . En una mano tiene el cetro, en la otra una rueca, y sobre la cabeza lleva rayos solares y una torre, además del cinturón bordado, con el que únicamente adornan a Afrodita. Por fuera se la ha rodeado de oro y piedras muy preciosas, unas blancas, otras como de agua, muchas vinosas, muchas ígneas y además muchos ónices de Sardes, numerosos jacintos y esmeraldas, que traen los egipcios, los indios, etíopes, medos, armenios y babilonios. Pero yo voy a contar lo que es más digno de consideración: lleva una piedra sobre la cabeza, esta piedra se llama «lámpara» y la coincidencia de la acción le da nombre. De ella por la noche surge un gran resplandor, hasta el punto de que por debajo todo el templo queda iluminado como por lámparas; en cambio, durante el día la luz se debilita, pero mantiene un aspecto completamente ígneo 47 . Hay otra cosa admirable en esta escultura: si la miras estando de frente, ella te mira a ti y cuando tú cambias, te sigue su mirada; si otro la mira desde otra parte, le ocurrirá lo mismo que a aquél.
En medio de ambas, hay otra escultura de oro, que [33] no se parece en nada a las otras imágenes. No tiene carácter propio pero presenta aspectos de otros dioses. Los propios asirios la llaman «Señal», pero no le pusieron ningún nombre propio, y ni siquiera hablan de su origen o su aspecto. Unos creen que es de Dioniso, otros de Deucalión, otros de Semíramis; efectivamente, como en su parte superior hay una paloma de oro, precisamente por eso dicen que es una señal de Semíramis. Viaja dos veces cada año al mar para lo del transporte del agua a que me referí 48 .
En el templo mismo, entrando a mano izquierda hay [34] en primer lugar un trono de Helios, pero no hay una imagen del mismo, ya que únicamente de Helios y de Selene no exponen imágenes. También pude yo enterarme de la razón de esta costumbre. Dicen que es lógico hacer esculturas de los otros dioses, pues sus aspectos no son visibles para todos. En cambio, Helios y Selene son absolutamente evidentes y todos los ven. ¿Qué motivo habría entonces para hacer esculturas a los que se manifiestan en el aire?
[35] A continuación de este trono hay una escultura de Apolo, pero no como suele presentarse; en efecto, todos en general consideran a Apolo como un joven y lo representan adolescente, mientras que sólo éstos muestran una escultura de Apolo con barba. Al hacer esto se congratulan, pero censuran a los griegos y a cuantos rinden culto a Apolo considerándolo como un niño. La razón es la siguiente: ellos creen que es una gran insensatez hacer imperfectas las imágenes a los dioses, y creen que la juventud es aún imperfecta. Todavía introducen otra novedad en su Apolo: son los únicos que adornan a Apolo con vestiduras 49 .
[36] Sobre sus actividades puedo decir muchas cosas, pero diré lo más digno de admiración. En primer lugar, mencionaré el oráculo. Hay muchos oráculos entre los griegos, muchos también entre los egipcios, también en Libia y en Asia hay muchos, pero estos oráculos no dan respuestas sin sacerdotes ni profetas; en cambio, él se mueve solo y lleva personalmente la adivinación hasta el final, por el siguiente procedimiento: cuando está dispuesto a pronunciar oráculos, primero se mueve en su trono y los sacerdotes lo levantan al punto; si no lo levantan, él se pone a sudar y todavía se mueve más. Y cuando lo trasladan, colocándose ellos debajo, los lleva por todas partes dando vueltas y saltando de uno a otro. Por último, el Sumo Sacerdote se pone frente a él y le hace preguntas sobre todas las cosas. Y él, si no quiere hacer algo, retrocede, pero si lo aprueba, arrastra a sus porteadores hacia adelante, como si llevara las riendas 50 . Así reúnen sus vaticinios, y no llevan a cabo sin él ninguna actividad sagrada ni particular. Él les habla del año y de sus estaciones, aunque no le consulten. También habla de la Señal, diciendo cuando debe hacer el viaje al que me referí.
Voy a hablar también de otra cosa que hizo estando yo [37] presente. Los sacerdotes lo llevaban en alto y él los dejó abajo en tierra y se movía por el aire por su propia cuenta.
A continuación de Apolo, hay una escultura de Atlas, [38] y, más allá, de Hermes y de Ilitia 51 .
Así es como está decorado el interior del templo. En [39] el exterior hay un gran altar de bronce, y hay también incontables esculturas de bronce de reyes y de sacerdotes. Voy a enumerar las que son más dignas de mención. A la izquierda del templo hay una escultura de Semíramis, señalando al templo con su mano derecha, y fue erigida por la siguiente razón: había ordenado ésta a todos los habitantes de Siria que le rindieran culto como diosa y se desentendieran de los otros dioses, incluida la propia Hera. Así lo hicieron, pero más tarde, al sobrevenirle enfermedades, desgracias y sufrimientos de origen divino, desistió de aquella locura, reconoció que era mortal y ordenó a sus súbditos que se convirtieran nuevamente a Hera. Por ello está todavía así, indicando a los visitantes que rindan culto a Hera y reconociendo que es ésta y no ella la diosa 52 .
[40] Vi también allí una imagen de Helena, de Hécuba, de Andrómaca, de Paris, de Héctor y de Aquiles. Vi también una imagen de Nireo, el hijo de Aglea, y a Filomela y Procne todavía mujeres, y al propio Tereo como pájaro, y otra imagen de Semíramis y de aquel Combabo que mencioné, y una muy hermosa de Estratonice, y de Alejandro muy parecida a él, y junto a éste Sardanápalo, con otra forma y otra indumentaria 53 .
[41] En el patio pacen en libertad grandes bueyes, caballos, águilas, osos y leones, que no hacen ningún daño a las personas, sino que todos son sagrados y están domesticados 54 .
[42] Han acogido a muchísimos sacerdotes, una parte de los cuales hacen los sacrificios, otros ofrecen las libaciones, otros se llaman igníferos y otros sacerdotes del altar. En mi presencia, accedieron al altar más de trescientos. Su vestidura es completamente blanca y llevan en la cabeza un bonete de fieltro puntiguado 55 . Un Sumo Sacerdote nuevo se presenta cada año y sólo él va vestido de púrpura y se ciñe con tiara de oro 56 .
Hay también otra multitud de hombres sagrados, flautistas, [43] tocadores de zampoña y galos , y mujeres furiosas y enloquecidas.
Dos veces al día se celebra un sacrificio, al que todos [44] acuden; a Zeus le ofrecen sacrificios en silencio, sin cantar ni tocar las flautas, pero cuando sacrifican a Hera, cantan, tocan la flauta y repican las castañuelas. Sobre esto, no me pudieron decir nada seguro.
Hay también allí un lago, no muy lejos del templo, [45] en el que se crian muchos peces sagrados de muchas clases; algunos son muy grandes; tienen incluso nombres y acuden si se les llama. Cuando yo estaba allí, había uno entre ellos con adornos de oro; en su aleta había una joya de oro; yo lo vi muchas veces y tenía la joya 57 .
El lago tiene mucha profundidad; yo no lo exploré, [46] pero dicen que tiene más de doscientas brazas. En medio de él hay un altar de piedra; a primera vista podrías creer que flota y nada en el agua, muchos lo creen así, pero yo creo que una gran columna colocada debajo lo soporta. Siempre está coronado con guirnaldas y se sienten los perfumes; muchos acuden todos los días a nado, con coronas, para sus plegarias 58 .
[47] Se celebran allí también grandísimas peregrinaciones, que se llaman descensos al lago, porque en ellas todos los dioses bajan al lago, y entre ellos Hera es la primera que llega, a causa de los peces, en la idea de que Zeus no los vea primero, porque si esto ocurre, se dice que todos los peces mueren. Y efectivamente él se acerca para verlos, pero ella se pone delante y se lo impide, y con súplicas insistentes lo despide 59 .
[48] Son magníficas las fiestas que suelen celebrar junto al mar, aunque yo no puedo decir nada seguro sobre ellas, pues ni acudí personalmente ni tengo experiencia sobre ellas, pero lo que hacen al llegar lo vi y voy a contarlo. Cada uno lleva un vaso lleno de agua; estos vasos están sellados con cera, pero no desprecintan ellos esta cera y luego vierten al agua, sino que hay un Gallo sagrado 60 que habita en el lago, el cual, una vez que ha recibido de ellos los vasos e inspeccionado el precinto, reclama una tasa, rompe el precinto y levanta la cera. Por este procedimiento reúne el Gallo muchas minas. A continuación llevan al templo sus vasos, ofrecen las libaciones, hacen sus sacrificios y se marchan.
[49] Celebran la más importante de todas las fiestas que yo conozco al principio de la primavera y la llaman unos fiesta del fuego y otros de la antorcha. Hacen un sacrificio de la manera siguiente: cortan grandes árboles y los ponen en el patio, hacen llevar a continuación cabras, ovejas y otras reses vivas y las cuelgan de los árboles; añaden aves, vestidos y joyas de oro y plata, y, una vez que lo tienen todo completo, ponen las imágenes de los dioses en torno a los árboles, prenden fuego y todo arde 61 . A esta fiesta acuden muchas gentes procedentes de Siria y de los países circunvecinos y todos llevan sus propios objetos sagrados y todos tienen distintivos hechos a semejanza de éstos.
En días determinados la multitud se concentra en el [50] templo, y muchos galos , y los hombres religiosos de los que hablé celebran sus ritos, se sajan los brazos y se golpean unos a otros en las espaldas 62 . Muchos que están junto a ellos tocan la flauta, hacen sonar tambores, otros entonan cánticos divinos y sagrados, pero todo ello se celebra fuera del templo, y no entran en el recinto cuantos intervienen en tales actos.
En estos mismos días se hacen galos . En efecto, mientras [51] los otros tocan las flautas y celebran sus ritos, la locura furiosa ya se ha apoderado de muchos, y muchos que habían acudido al espectáculo, a continuación hicieron lo siguiente. Voy a describir también lo que hacen: el joven a quien se le ha reservado esta misión, después de arrojar sus vestidos se dirige al medio con grandes voces y se apodera de una espada, que está allí, en mi opinión, desde hace muchos años, con este objetivo. Nada más cogerla, se castra y corre por la ciudad, llevando en sus manos lo que cortó; y en la casa a la que haya arrojado sus partes, recibe de ella vestiduras y aderezos femeninos. Esto es lo que hacen en sus castraciones.
[52] Los galos cuando mueren no se entierran de la misma manera que los otros hombres, sino que cada vez que muere un galo , sus compañeros levantan el cadáver y lo llevan a las afueras; colocado en el féretro en el que lo habían transportado, lo cubren con piedras 63 y una vez que han hecho esto regresan a sus casas. Después de esperar siete días entran en el templo, pues si entran antes de este plazo cometen sacrilegio.
[53] Para estos casos tienen estas normas: si alguno de ellos ve un muerto, no accede al templo en ese día, y al día siguiente entra después de haberse purificado. En cuanto a los propios criados del muerto, esperan un plazo de treinta días y se afeitan la cabeza para entrar en el templo; antes de que lo hayan hecho, no pueden entrar 64 .
[54] Sacrifican bueyes machos y hembras, lo mismo que cabras y ovejas. Sólo a los cerdos, por considerarlos impuros, ni los sacrifican ni los comen 65 . Pero otros no los consideran impuros, sino sagrados. De las aves, la paloma les parece el animal más sagrado y no consideran justo ni siquiera tocarlas; y si las tocan involuntariamente, están impuros ese día. Por ello, conviven con ellas, entran en sus casas y comen en general en el suelo 66 .
Voy a contar también lo que hacen en las peregrinaciones [55] cada uno de ellos. Cuando un hombre se dirige por primera vez a la Ciudad Sagrada, se afeita la cabeza y las cejas 67 y a continuación sacrifica una oveja y se come el resto de la carne troceada, extiende la piel en el suelo y se sienta en ella de rodillas; pero las patas y la cabeza de la res, las pone sobre su propia cabeza, mientras solicita en sus plegarias que se acepte el actual sacrificio y promete otro mayor más adelante 68 . Terminadas estas ceremonias, se corona con guirnaldas su propia cabeza y las de cuantos le acompañan en esta peregrinación; partiendo de su casa, se pone en marcha, utiliza para el baño y la bebida agua fría y duerme siempre en el suelo, pues no puede subir a la cama hasta que haya terminado el viaje y haya vuelto de nuevo a su casa 69 .
En la Ciudad Sagrada lo recibe un hospedador que [56] él no conoce, pues allí hay hospedadores convenidos de cada ciudad y este nombramiento lo reciben en su patria por herencia de linaje. Los asirios llaman a estos maestros, porque les instruyen en todo.
[57] Hacen sus sacrificios no en el propio templo, sino que, después de presentar la víctima ante el altar y hacer las libaciones, la llevan de nuevo viva a su casa y allí la sacrifican y hacen las plegarias.
[58] Hay esta otra forma de sacrificio: coronan las víctimas con guirnaldas, las dejan caer vivas desde el vestíbulo y con la caída se matan. Algunos incluso dejan caer allí a sus propios hijos, pero no como a las reses, sino que los ponen en unos sacos de cuero y los empujan con la mano, al tiempo que los insultan diciendo que no son niños sino bueyes 70 .
[59] Todos se hacen marcas, unos en las manos y otros en los cuellos y de aquí que todos los asirios llevan señales 71 .
[60] Hacen también otra cosa, en la que coinciden con un solo pueblo de Grecia, los de Trecén. Voy a contar lo que hacen. Los de Trecén impusieron a sus muchachas y mancebos la norma de no casarse sin ofrecer antes sus cabelleras cortadas a Hipólito, y así lo hacen. Esto ocurre también en la Ciudad Sagrada. Los muchachos ofrecen las primicias de sus barbas y dejan que a los niños les crezcan sus rizados cabellos, consagrados desde sus nacimiento; éstos, una vez que se han presentado en el templo, los cortan y los depositan en vasos, unos de plata, otros de oro, los clavan en el templo y se marchan, después de haber inscrito cada uno su nombre. Esto es lo que hice yo también cuando era joven, y todavía están mi bucle y mi nombre en el santuario 72 .

1 Se trata de Hierápolis, que significa en griego «ciudad santa» y en las monedas aparece como Hierópolis. Está situada al NO. de Alepo, a quince millas romanas del Éufrates y unas ciento quince de Samósata, lugar de nacimiento de Luciano. Se le dio el nombre de Hierópolis en tiempo de Seleuco Nicátor, pero no perdió su antiguo nombre sirio de Mabog. Luciano no la identifica, como hacen Filóstrato y Amiano, con la «antigua Nino».
2 La confusión entre asirio y sirio se remonta a Heródoto, que dice que «sirio» es el equivalente griego del bárbaro «asirio» (HERÓD ., VII 63).
3 En su Astrología, Luciano atribuye igualmente a los egipcios prioridad sobre los caldeos en el estudio de las estrellas. En ambos casos, su punto de vista, sorprendente en un sirio, era corriente en su época, como puede comprobarse, por ejemplo, en DIODORO , I 9, 6.
4 Se trata del dios Melkart. Los sacerdotes le contaron a Heródoto que el culto se estableció al fundarse la ciudad y que en su época (ca. 430 a. C.) tenía una antigüedad de dos mil trescientos años (HERÓD ., II 44).
5 El emperador Heliogábalo, que tomó nombre del dios asirio Elagábal, considerándose el sol, trajo a Astarté la Luna desde Fenicia y se casó con ella (HERODIANO , V 6, 3-5). Pero ella no fue originariamente la Luna, y en Babilonia, como Istar, tenía como emblema una estrella, el planeta Venus.
6 El templo contenía, al menos en época posterior, una pintura con el episodio de Europa (AQUILES TACIO , I 1). Esta historia está también localizada en Tiro, donde se enseñaba la casa de Agenor y el cenador de Europa (ARRIANO , Anábasis II 24, 2; NONNO , Dionis. XL 353 ss.), y en el s. VIII el pueblo lloraba el rapto de Europa, en una fiesta llamada kakḕ opsinḗ. El nombre de Europa se considera griego; los testimonios no son suficientes para decidir si este mito es cretense o fenicio.
7 En este templo de Heliópolis (Baalbek) se daba culto a un dios que originalmente parece que fue Hadad, pero luego, por sincretismo con el dios Sol y con el sirio «Apolo» fue adorado por todas partes como Júpiter Heliopolitano. El culto, dice MACROBIO (Saturn. I 23, 10), vino de Heliópolis en Egipto a través de Asiria. La ambigüedad del griego de Luciano (para hierón sugiere «lugar santo») parece servir para dar a entender la divertida deducción de que el magnífico templo nuevo, mandado construir por Antonino Pío, fue transportado sin ayuda humana.
8 Este templo, en el que había una piedra de betilo, está representado en monedas. Para los habitantes de Biblos su diosa era Baalat (Señora) y para otros semitas, Baalat Gebal (Señora de Biblos). Para ellos, Adonis era simplemente Adón (Señor), un nombre antiguo o quizá un epíteto.
9 No hay motivos para suponer que estos ritos difieran en lo esencial de los ritos alejandrinos, tal como los describe TEÓCRITO (final del idilio 15). Por él sabemos que Adonis volvió a la vida por un día, durante el cual se acostó con la diosa en el templo. Al día siguiente por la mañana las mujeres lo sacaron a la orilla del mar, y lo depositaron en las olas.
10 Cf. HERÓDOTO , I 199; Deuteronomio 23, 18, y Epístola de Jeremías 42.
11 Los egipcios conocían Biblos desde la época del Imperio Antiguo y su diosa les impresionó profundamente. Estaba identificada con Hater al menos ya en el Imperio Medio y su historia contribuyó a dar forma al mito de Isis y Osiris. Cuando el cofre de Osiris fue lanzado al Nilo por Tifón, fue arrastrado al mar y de allí a Biblos, donde Isis lo encontró (PLUTARCO , Isis y Osiris 13 y ss.).
12 El equívoco alude a que la cabeza era de papiro, hecha sin duda con una especie de cartón piedra, como una caja de momia. Por un comentario de CIRILO sobre Isaías 18 (MIGNE , 70, 441), sabemos de una vasija de barro que contiene una carta de las mujeres de Alejandría a las de Biblos en la que se dice que Afrodita había encontrado a Adonis. Podría haber algo en esta historia acerca del arrastre, ya que la corriente del Nilo desemboca cerca de la costa fenicia y es barro del Nilo lo que ciega los puertos fenicios.
13 El río Adonis es el actual Nahr Ibrahim, a corta distancia al sur de Biblos. Una decoloración parecida está implícita en el cuento de Filón de Biblos en el que Urano era mutilado por Crono en algún sitio del interior, cerca de manantiales y ríos, a los que fluyó su sangre, y el sitio estaba todavía señalado (MÜLLER , Fr. Hist. Graec. III, pág. 568). Cf. PAUSANIAS , IV 35, 9.
14 En Afaca, entre Biblos y Baalbek, en el nacimiento del Adonis, donde Adón fue enterrado y Baalat murió de pena. A principios del s. V una luz brillante que aparecía en el cielo convocaba a los fieles en momentos determinados y una laguna artificial daba presagios; las ofrendas eran arrojadas al agua y se hundían si la diosa era favorable, o permanecían a flote si les era adversa (ZÓSIMO , 1 58; cf. SÓCRATES , I 18).
15 Deucalión en el papel de un escita es una historia vieja, aunque puede haber un error en el texto, debido a un informador o a un escriba.
16 A pesar de la afirmación de Luciano, la historia es más semítica que griega.
17 Cf. PAUSANIAS , I 18, 7…: «allí el suelo se abre hasta un codo, y dicen que por este lugar se filtró el agua después del diluvio que cayó en tiempos de Deucalión, y cada año arrojan allí harina de trigo mezclado con miel…», refiriéndose al recinto de Zeus Olímpico en Atenas.
18 Más detalles de este rito en el capítulo 48. Pueden compararse también las Hidroforias de Atenas y la fiesta anual del vertido de agua en el Templo de Jerusalén en la Fiesta de los Tabernáculos. La representación no era meramente conmemorativa; el ofrecimiento de trigo y miel en Atenas era ctónico. En Hierópolis el objetivo era calmar a los espíritus, según Melito.
19 Una leyenda de Ascalón hace de Semíramis la hija de Derceto y un joven sirio del que Afrodita (es decir, Astarté) hizo que Derceto se enamorara. Cf. Ctesias, citado por DIODORO SÍCULO , II 4.
20 En época helenística, la diosa casi siempre se representa con figura humana.
21 Véanse caps. 45 y 54 con sus notas correspondientes.
22 Sobre la transformación de Semíramis en paloma, cf. ATENÁGORAS , Legat. pro Christ. 76; DIODORO (II 4, 6) dice que la palabra Semíramis deriva del nombre de paloma en sirio.
23 No está justificado el escepticismo de Luciano. PUNIO (V 81) y ESTRABÓN (XVI, pág. 785) estaban mejor informados. Atargatis es la versión griega de la forma ‘Atar ‘Ata (cf. PAULY WISSOWA , s. v. Atargatis).
24 En Astrología, cap. 7, Luciano explica esta conducta de los egipcios, dando como razón que están especialmente consagrados al signo Piscis. HERÓD ., II 37, dice: «…comen de la carne ya cocida en los sacrificios, …más el pescado es vedado para ellos…». También PLUTARCO , Isis y Osiris 7, 32, 72.
25 Esta identificación de la diosa siria con Rea puede ser una leyenda de templo, o simplemente puede basarse en una semejanza real y en la presencia de galos en ambos cultos. Que la diosa sea de origen semítico o no semítico (hetita) es una cuestión aún no resuelta.
26 Estas columnas fálicas son descritas más adelante, en los caps. 28-29. La inscripción es demasiado personal para ser genuina; más bien parece una broma de Luciano, como la de Historias verdaderas I 7. Fueran o no originariamente fálicos, se usaban en tiempos de Luciano como «lugares elevados». Vid. más abajo.
27 Véase HERÓDOTO , II 48, sobre las marionetas egipcias, agálmata neuróspasta: «han inventado unos muñecos de un codo de altura, movibles por medio de resortes, que llevan por las calles las mujeres, moviendo y agitando obscenamente un miembro casi tan grande como el resto del cuerpo».
28 Estratonice era hija de Demetrio Poliorcetes y esposa de Seleuco Nicátor, que la entregó posteriormente a su hijo Antíoco I Sóter, habido de una anterior esposa, Apama. La famosa historia que sigue la vuelve a contar también ampliamente PLUTARCO (Demetrio 38), con el relato de Antíoco enamorado de Estratonice.
29 Cf. la famosa historia en HERÓDOTO , III 119, sobre la mujer de Intafernes, que antepuso su hermano al marido e hijos.
30 Se sabe que Seleuco hizo a Antíoco partícipe del poder en el 293 a. C.; en el 281 pudo confiar toda el Asia a su hijo, con la pretensión de asumir él mismo el trono de Macedonia, pero, al cabo de pocos meses, fue asesinado por Tolemeo V Ceraunus cerca de Lisimaquia de Tracia.
31 El nombre Combabo se ha identificado con el del oponente de Gilgamés en la épica (Humbaba). Algunos creen que procede de un personaje histórico que humilló a Babilonia ca. 4000 a. C. Estratonice tiene un predecesor inmediato en Semíramis (AMIANO MARCELINO , XIV 6, 17).
32 La historia de José y la mujer de su amo (Génesis 39) sería en este caso un paralelo más adecuado. Con ambos se compara el menosprecio de Istar por Gilgamés en la épica.
33 Esta frase parodia a HERÓD ., II 28, y otras parecidas: taûta mén nyn éstō hōs ésti te kaì hōs archḗn egéneto.
34 Clara reminiscencia de HERÓD ., III 84 y 118, con el significativo cambio de ḕn mḕ gynaikí a oud’ēn gynaikí.
35 Hermocles de Rodas sólo es conocido por este pasaje; su nombre debió de conservarse por una inscripción en la estatua, restauración a su vez de otra más antigua del supuesto iniciador de los galos y posible fundador del templo, que se instaló coincidiendo con la restauración del mismo por el Seleúcida.
36 Teniendo en cuenta que Combabo es un nombre antiquísimo y la historia del templo le adjudica a él y no a Atis el origen de los galos; puesto que Atis no aparece en el culto según Luciano, es muy dudoso que los galos sean una importación seléucida. de Frigia. Puede haber una conexión entre Combabo y Cibebos (galo), Cibebe (la diosa Cibeles). No puede ser mera coincidencia que Ku(m)baba sirva a Ata en Siria, mientras en Frigia Atis sirve a Cibebe.
37 Caps. 50-53.
38 Algunos reducen estas medidas a la décima parte a ojo de buen cubero, pero estos detalles poco importantes justifican la tendencia de Luciano a la parodia.
39 Ésta es evidentemente la razón verdadera y no las que le siguen. Es propio de la psicología semítica creer que los dioses pueden oír mejor si están al alcance de la mano, pero el uso de una montaña o zigurat o el techo de una casa, no presenta evidencias en la Siria primitiva. Fue tal vez el recuerdo de este extraño rito lo que llevó a Simeón el Estilita a subir a su columna cuatro siglos después en un lugar no muy al oeste del antiguo templo de la diosa siria.
40 Cf. HERÓD ., II 48, y el hieròs lógos. La explicación que Luciano considera es probablemente la historia de Prósimno en CLEMENTE DE ALEJANDRÍA , Protréptico II 29-30.
41 PLINIO cita (H. N. XIII 29) este procedimiento para subir a las palmeras.
42 Muy probablemente es un sistro de bronce, como los fragmentos encontrados en Fenicia. Su finalidad era ahuyentar a los malos espíritus, que, como dice Luciano en otro pasaje, emprenden el vuelo si oyen un sonido metálico.
43 El escorpión tiene posiblemente un significado especial; no sólo aparece con frecuencia en los sellos babilónicos y después en los signos del Zodíaco, sino también en la épica de Gilgamés, donde la montaña en la que el sol se pone está custodiada por un hombre y una mujer escorpión.
44 El otro nombre, el verdadero, es Hadad, dios del relámpago y de las aguas (lluvias e inundaciones), conocido desde tiempos muy antiguos por los semitas, en el pueblo de Mitani con el nombre de Teshub y en el de los hititas, en cuyos monumentos destaca, con el hacha y el trueno como atributos. Representa no sólo a Júpiter Heliopolitano, sino también a Júpiter Doliqueno. Como su identificación con Júpiter era inevitable, su esposa fue identificada como Juno.
45 Las monedas confirman la aseveración de Luciano: Atargatis aparece a veces cabalgando sobre un león y otras en un trono entre dos de ellos; Hadad está sentado entre dos bueyes.
46 Cf. PLUTARCO , XVII 6: «Y el primer signo de advertencia le llegó de esta misma diosa, a quien unos llaman Venus… y después su padre cayó sobre él». La identificación con Afrodita, que se produce en inscripciones de Delos, se debe a su aspecto de Astarté. Para Luciano, la idea le viene sugerida por el famoso cestus (cinturón). Lo que sugerían las otras diosas no parece claro en el caso de Atenea o de Némesis. Los rayos indican a Selene, la rueca a Ártemis y el cetro a las Parcas o Moiras.
47 Cf. HERÓD ., II 44, sobre la gran columna de esmeraldas en el templo de Melkart en Tiro. DIODORO , III 39, 8; da fe del poder del topacio.
48 Esta «Señal» (sēmḗion) es una interpretación errónea del nombre de una diosa, Simi, Semea. El nombre también figura en el mito de Semíramis-Derceto, porque el superintendente real se llama Simmas. Nótese que la figura tiene una paloma en su cabeza; una glosa talmúdica, citada por Drusio, dice: Samaritanus circumcidit in nomine imaginis columbam referentis quam inventam in vertice montis Garizim certo quodam ritu colunt.
49 Apolo es Nebo, cuya estatua, barbada y vestida, puede verse en el British Museum. Nebo era muy favorecido por Semíramis y más tarde por Antíoco Sóter, que reconstruyó su templo de Borsipa en el 268 a. C. Macrobio describe una estatua suya probablemente posterior, pues aunque lleva barba y está vestida, como en tiempos de Luciano, tenía un calathus en la cabeza, una lanza rematada con una figurilla de la victoria en su mano derecha y una flor en la izquierda, una coraza en su cuerpo y sobre ella una égida con serpientes, así como dos águilas junto a ella (MACR ., Saturn. I 17, 67-70).
50 En Heliópolis, Júpiter Heliopolitano, después de absorber a Apolo, daba oráculos muy parecidos (MACROBIO , Saturn. I 23, 13 y ss.). Lo mismo hizo Amón en su gran santuario libio. Diodoro nos cuenta el procedimiento de consulta cuando Alejandro lo consultó (DIODORO , XVII 50-51). Actualmente se le atribuyen poderes parecidos a la Virgen de Phaneromene (Salamina).
51 Es, muy probablemente, la misma trinidad semítica de divinidades, con otros nombres y otras manifestaciones. Atlas podría ser Hadaranes, Hermes sería en el fondo Nebo, y por fin Ilitia sería Mylita.
52 Podría ser cierta esta leyenda en parte, pues Semíramis recibe realmente culto en Carchemish, justo al norte de Hierápolis.
53 Es decir, con figura y vestimenta de mujer.
54 Los animales sagrados eran una característica común de los templos con atrio. Platón presenta bueyes sagrados en su utópica Atlántida (Critias 119d).
55 Cf. DARAMBERT -SAGLIO , Dict. des Ant., s. v. Syria-Dea, y nota siguiente.
56 Monedas de Hierópolis del s. IV a. C. muestran al gran sacerdote Abd-Hadad con el atavío aquí descrito. Cf. HERODIANO , V 3, 6 (indumentaria de Heliogábalo); DIÓN CASIO , LXXIX 11; ATENEO , V 215.
57 PLINIO , H. N. XXXII 17: «En Hierápolis, Siria, en el lago de Venus los peces obedecen las órdenes verbales de los aeditui; cuando les llaman acuden con sus ornamentos dorados; demuestran afecto y se dejan acariciar (adulantes scalpuntur), y abren sus bocas para que la gente meta la mano en ellas».
58 GRUPPE (Gr. Myth. u. Religionsgeschichte, pág. 813) relaciona esta isla «flotante» con la isla santa de Tiro, la isla flotante de Chemmis en la marisma de Buto, y con las historias griegas de Delos y Patmos.
59 El rito del descenso al agua (katábasis, semítico yerid) era común en toda Siria… Su objeto era hacer brotar de nuevo los manantiales de agua y atraer la lluvia (PAULY WISSOWA , s. v. Hadad).
60 Según Dussaud, no se trata de un Gallo, sino de un superintendente.
61 Pueden considerarse celebraciones paralelas las llamadas fiestas de Mayo en distintos países del Occidente europeo, incluida España, o la costumbre de Tarso de levantar una pira a imagen del dios Sandan y prenderle fuego. En la épica de Gilgamés, Humbaba es presentado por Bel como vigilante de los cedros, y los árboles sagrados todavía tienen ofrendas colgadas de ellos.
62 Vid. Reyes I 18, 26-28: «Y ellos clamaban a grandes voces, y se sajaban con cuchillos y con lancetas conforme a su costumbre, hasta chorrear la sangre sobre ellos».
63 Cf. José 8, 29: «y levantaron sobre él un gran montón de piedras, que permanece hasta hoy».
64 Acerca de la polución que produce la muerte, cf. Levítico 21, 1-3, 5; Ezequiel 44, 20, 25.
65 Heliogábalo regalaba toda clase de animales excepto cerdos, «de los que se abstenía siguiendo las leyes fenicias» (HERODIANO , V 6, 9; DIÓN CASIO , LXXIX 11). Suidas s. v. Domnînos, considera esta costumbre siria, y Sofronio (MIGNE , Patr.) la adscribe al culto de Adonis. Cf. HERÓDOTO , II 47, y PLUTARCO , Isis y Osiris 8. Luciano tal vez piensa en el cerdo como animal sagrado en conexión con los misterios de Eleusis y el culto de Deméter. Era también sagrado en Creta y tal vez en Babilonia.
66 En su Prep. evang. VIII 14, 50, EUSEBIO , citando a Filón de Judea, dice: «En Siria, junto al mar, hay una ciudad llamada Ascalón… allí ví una cantidad enorme de palomas por todas partes. Al preguntar la razón, me dijeron que no estaba permitido capturarlas…».
67 En este contexto, afeitarse la cabeza y las cejas era probablemente purificatorio. Cf. PLUTARCO , Isis y Osiris 4.
68 De este modo, parece claro que el devoto indica que la oveja sacrificada le sustituye a él; lo que hace y dice equivale a: «Toma esta pobre ofrenda en mi lugar, parte a parte; yo mismo me ofreceré la próxima vez». Y en una inscripción cuneiforme se lee: «El cordero, sustituto del hombre, el cordero que él da por la vida de un hombre; (da) la cabeza del cordero por la cabeza del hombre…».
69 Salmos 132, 3: «No entraré en la morada de mi casa, ni subiré sobre el lecho de mi estrado».
70 Es un vestigio de sacrificio de niños. De las excavaciones de un santuario de Tanit en Cartago se deduce que se ofrecían los primogénitos a esta diosa durante todo el período de ocupación fenicia. En Laodicea se sacrificaba anualmente una virgen a Atenea, hasta que fue sustituida por un ciervo. Heliogábalo fue acusado de sacrificar niños en su templo del Sol en Roma. Una tribu árabe sacrificaba anualmente un niño, al que enterraban bajo el altar. En muchos lugares se utilizaban para la adivinación cuerpos de víctimas sacrificadas.
71 Luciano se refiere probablemente a tatuajes, aunque a veces se hacían auténticas marcas a fuego. Esta práctica fue prohibida por los judíos: «Y no haréis rasguños en vuestro cuerpo por un muerto, ni imprimiréis en vosotros señal alguna» (Levítico 19, 28).
72 Cf. PAUSANIAS , II 32, 1, aunque se refiere a muchachas.
45
SOBRE LA DANZA
Las obras Retratos, Por los retratos y Sobre la danza están relacionadas con la estancia de Luciano en Antioquía, y uno de los pasajes de ésta (cap. 76) parece dirigido a la audiencia antioquea. La obra se consideró particularmente sospechosa en cuanto a su autenticidad porque su autor no es ciegamente adicto a los clásicos y opuesto a la novedad, como Luciano, pero como en otras obras su reivindicación ha salido del contexto social e histórico. Bompaire ataca su autenticidad, pero Robertson dio los argumentos decisivos en su favor.
Es una defensa de la pantomima (histriones) que se remonta a época clásica, pero alcanzó su pleno desarrollo únicamente con los emperadores romanos. Un intérprete principal, normalmente masculino, representaría con gestos historias familiares, la mayor parte de las cuales estaban tomadas de tragedias clásicas. Usaba una máscara especial con la boca cerrada (una distinta para cada papel) y ropas ostentosas de las que el manto era lo más llamativo. Aunque empleaba el cuerpo entero en la representación, los brazos y las manos eran de especial importancia. Un coro mixto suplía las palabras, y la música procedía de una orquesta con instrumentos de viento, cuerda y percusión, y una sección de ritmo en la que los actores llevaban unos zapatos especiales hechos a la medida con campanillas (kroupézai) . Para los antiguos este arte representaba una fusión de danza y drama; a los ojos y oídos modernos podría recordarles el mimo, el ballet o el baile con música.
Aunque ya Jenofonte conocía una forma de pantomima, empezó a florecer en el período helenístico, cuando se estableció en las dos grandes capitales del Este griego, Antioquía y Alejandría. El paso decisivo al poner un bailarín jefe mudo e introducir una orquesta completa se dio en la Roma de Augusto. Roma se convirtió en la tercera capital del arte y muchos emperadores fueron entusiastas entendidos. El conservadurismo griego la había excluido de los grandes concursos durante siglos, mientras se admitían artes tradicionales como la tragedia y la comedia. En el s. II consiguió entrar en los Juegos Capitolinos de Roma, tan famosos en renombre como los tradicionales de Grecia. Entonces, pero aún antes de que Luciano escribiera su obra, la ciudad helenizada de Nápoles admitió para danzar a Sebasta, y aparece por primera vez en los concursos del Este griego en los reinados de M. Aurelio y L. Vero. Este avance relanzó un antiguo debate sobre la moralidad del triunfante arte. Los moralistas, sobre todo estoicos y cínicos, siempre lo habían deplorado, y ahora amenazaba los baluartes del helenismo arcaico. Elio Arístides se encargó de denunciar la pantomima en carta abierta a la ciudad de Esparta; conocemos su ensayo por la réplica de Libanio. Otros muchos escritos a favor y en contra se perdieron, con la única excepción de esta obra de Luciano, que puede compararse con su tratado sobre historia, en el que manifiesta sus consejos a los historiadores, mientras disimuladamente exalta los éxitos de Lucio Vero. La danza es un diálogo de tipo conocido en el que un interlocutor convierte al otro de la desaprobación en el aplauso o del escepticismo en la creencia, y la persuasión está disfrazada de exposición razonada. Cuando empieza la conversación, el filósofo cínico Cratón («hombre fuerte») acaba de denunciar la danza, y Licinio se encarga de mostrar que es el mayor de los placeres de la vida. Este diálogo preliminar permite a Luciano establecer las objeciones usuales contra la danza y bosquejar su propia defensa de ella. La exposición de Luciano ocupa casi el resto de la obra y tiene tres distintas secciones: la antigüedad de la danza, la sanción que le dieron los autores clásicos, y una descripción de las virtudes y defectos de los bailarines. Las dos primeras secciones explotan la imprecisión del término «danza», mientras que la tercera limita los defectos de los bailarines a unas pocas anécdotas divertidas que recuerdan las contadas en el tratado sobre la historia. Al final, Cratón, ilusionado, se pone de acuerdo con Licino para acompañarle en su visita siguiente al teatro.
Se ha supuesto que Luciano no conocía o le importaba poco el tema; es cierto que alude a manuales, pero sólo para destacar más su propia independencia. Alude a la danza en otras obras y como hombre culto debió de estar familiarizado con ella mucho antes de relacionarse con Lucio Vero. Como en su descripción de la diosa siria o de prácticas de magia, muestra un conocimiento del tema que va más allá de los libros. Cuando traza la historia de la danza, remontándose hasta su creación, siempre tiene una información exacta. Señala como principio real del arte la época de Sócrates, y esto puede ser correcto, pues Jenofonte describe lo que parece ser una forma primitiva de danza al final de su Banquete . Aunque Luciano no dice nada explícito sobre su fase helenística, su catálogo de temas adecuados incluye el relato de Estratónice, la hermosa joven esposa de Seleuco I y termina con la famosa Cleopatra. Sitúa en tiempo de Augusto el desarrollo de la danza dentro de su única forma imperante y también aquí está de acuerdo con las otras fuentes, puesto que muestran que el gran Pílades en tiempo de Augusto no inventó la danza, sino que más bien la modificó en un sentido crucial. De los diversos emperadores que la favorecieron hasta su propia época sólo cita a Nerón y luego alude al desarrollo reciente en el que la danza empezó a ser aceptada en los festivales helénicos.
Dedica la mayor parte de su descripción de la danza a sus intérpretes más importantes, y aquí también casi todos los detalles pueden corroborarse. No habla mucho del físico del bailarín y sus movimientos, probablemente para evitar un tema que soliviantaba a los críticos. Trata de un rasgo que contribuía a reforzar su ejemplo, el uso expresivo de las manos del bailarín, que movió al cínico Demetrio y al renombrado estoico Timócrates a la admiración.
Habla mucho de la máscara entre los «apoyos» propios del bailarín, haciendo notar sus diferencias con la trágica y la cómica por su boca cerrada. Con la máscara, Luciano relaciona el lujoso vestido y el manto bordado que podía utilizar para sugerir distintos temas de acuerdo con su papel.
La lista que da Luciano de las diversas historias que el bailarín tenía que aprender es con mucho la más completa de cuantas sobreviven, pero también está corroborada por la evidencia contemporánea.
El propósito fundamental de Luciano en esta obra no es dar una historia o una descripción, sino justificar el arte en términos aceptables en una sociedad culta. El discurso de entrada de Cratón sirve para definir la decisión: la danza es moderna, afeminada, frívola, y el admirarla es contradictorio con la «cultura» y la «filosofía». La refutación de Luciano aspira a contradecir esta postura. Un tema importante de la obra consiste en las cualidades mentales y espirituales del bailarín. Lejos de ser enemiga de la filosofía, la danza es notable por su sabiduría. Podría decirse esto para ilustrar la división del alma de Platón y la doctrina de la belleza de Aristóteles, Luciano siempre oyó el mutismo del bailarín jefe, explicado como pitagórico. Escribiendo sobre Apolausto Menfio, Ateneo lo llama «el filósofo bailarín de nuestro tiempo» y afirma que su arte silencioso explica el sistema pitagórico mejor que cualquier palabra.
Las semejanzas entre Luciano y las inscripciones contemporáneas señalan la disputa existente en el s. II sobre la danza. Un argumento era nacionalista: la danza era una peste, que empezó en Egipto, la extendieron los sirios y ahora amenaza con contagiar a Esparta, el último refugio de la virilidad y el tradicionalismo griegos. Otro argumento procedía de la moralidad: Arístides tronó contra las costumbres depravadas de los bailarines con sus largas cabelleras y sus movimientos afeminados, y propuso que a los ruidosos bailarines, con sus calzados especiales, les cortaran los pies con los zapatos incluidos. Libanio en su réplica repite alguno de los puntos de Luciano y ambos encuentran la danza en el orden natural y citan a Homero, Hesíodo y Sófocles en su apoyo. La única diferencia entre Luciano y Libanio es que en tiempo de éste los predicadores cristianos habían sustituido a los filósofos griegos como enemigos avanzados del teatro.
Esta obra probablemente fue escrita en el 163 ó 164 en Antioquía, para agradecer la afición de Lucio Vero a la pantomima.
[1] LICINO . — Muy bien, Cratón, has lanzado una acusación ciertamente muy violenta, preparada al parecer desde hace tiempo, contra la danza, el propio arte de la danza y encima contra nosotros los que disfrutamos con tal espectáculo, dando a entender que ponemos un gran interés en algo vulgar y afeminado: Déjame que te diga hasta qué punto estás equivocado y hasta qué punto estás ciego al acusar al mayor de los bienes de la vida. Se te puede disculpar porque desde el principio has abrazado un género de vida miserable y por considerar como bien únicamente lo rudo; por ignorancia de estas actividades las consideraste dignas de acusación.
[2] CRATÓN . — Pero mi querido amigo, ¿quién que sea un hombre y además haya convivido toda su vida con la erudición y haya tenido un trato discreto con la filosofía, va a dejar de interesarse por las cosas mejores y alternar con los antiguos, para sentarse, dominado por la flauta, contemplando a un ser afeminado que presume de sus refinados vestidos y sus cantos lascivos, e imita a mujerzuelas enamoradas, las más lascivas de la antigüedad, las Fedras, Parténopes y Ródopes 1 , y todo esto acompañado de rasguear de cuerdas, instrumentos de viento y zapateados, cosas verdaderamente ridículas y poco propias de un hombre libre como tú? Por mi parte, cuando me enteré de que te entretenías con tal clase de espectáculos, no sólo me dio vergüenza por ti, sino que me dolió amargamente que olvidaras a Platón, Crisipo y Aristóteles y estuvieras haciendo como los que se rascan la oreja con una pluma, habiendo tantísimas audiciones y espectáculos interesantes si alguien los necesita, flautistas ambulantes, cantores convencionales acompañados de lira 2 , y sobre todo, la noble tragedia y la divertidísima comedia, que también se han considerado dignas de figurar en las competiciones.
Vas a necesitar por ello, mi buen amigo, una larga [3] defensa para enfrentarte con las personas cultas, si no quieres que te descalifiquen por completo y te eliminen del grupo de los hombres serios. Aunque lo mejor en mi opinión es curarse en salud negándolo todo y no reconocer en absoluto haber cometido tal delito. Y para el futuro, procura no sorprendernos convirtiéndote del hombre que eras de antiguo en una Lide o una Bacante, lo que sería motivo de acusación no sólo contra ti sino también contra nosotros, a no ser que te arranquemos, a la manera de Ulises, del loto y te reconduzcamos a tus habituales modos de vida, antes de que sin darte cuenta caigas fascinado por el hechizo de las Sirenas en el teatro. Sólo que ellas tendían sus emboscadas únicamente contra los oídos, y por ello se necesitaba cera para pasarlas de largo, pero tú además parece que estás completamente esclavizado por los ojos.
LICINO . — ¡Ay, Cratón, con qué rabia has azuzado [4] contra nosotros a tu propio perro! Aunque el ejemplo que has puesto, el símil de los lotófagos y de las Sirenas creo que no se parece en nada a lo que me ocurre a mí, puesto que en el caso de los que comían el loto y oían a las Sirenas, la perdición era el castigo por haber comido y haber oído, mientras que en mi caso, además de haber sentido un placer mucho más agradable, el desenlace ha sido feliz, pues no me ha conducido al olvido de mi situación familiar ni a la ignorancia de lo que a mí atañe, sino que (si puedo expresar mi pensamiento sin ningún temor) he vuelto del teatro con más clarividencia y más perspicacia para los problemas de la vida. O más bien, para decirlo correctamente con las propias palabras de Homero, el que ha visto este espectáculo
regresa habiendo disfrutado y sabiendo más que antes 3 .
CRATÓN . — ¡Por Heracles, Licino, cómo te ha afectado, que no sólo no te avergüenzas de ello, sino que parece que te sientes orgulloso! Y lo peor de todo es que no me parece que tengas esperanza de curación, ya que te atreves a elogiar algo tan vergonzoso y abominable.
[5] LICINO . — Díme, Cratón, esto de la danza y de lo que ocurre en el teatro, ¿lo censuras después de haberlo presenciado personalmente muchas veces, o lo consideras abyecto y abominable, como tú dices, a pesar de no tener ni idea del espectáculo? Porque si lo viste, estás en las mismas condiciones que nosotros; pero si no, ¡hasta qué punto no podrá parecer irrazonable y audaz tu censura, al denunciar lo que ignoras!
CRATÓN . — Eso sería ya lo único que me faltaba, con esta barba tan larga y mis cabellos blancos sentarme en medio de esas mujerzuelas y de una multitud de espectadores frenéticos, y encima aplaudiendo y lanzando a gritos elogios indecentísimos a un individuo desvergonzado que se contorsiona sin ningún sentido.
LICINO . — Se te puede disculpar en esto, Cratón. Pero si me hicieras caso alguna vez y te ofrecieras sólo para hacer la prueba y abrieras los ojos, estoy seguro de que no te resistirías a ocupar un sitio adecuado antes que otros, para poder verlo y oírlo todo perfectamente.
CRATÓN . — Que me muera si aguanto alguna vez una cosa así, mientras tenga las piernas peludas y la barba sin rasurar. De momento siento compasión de ti, que estás completamente exaltado contra nosotros.
LICINO . — Bueno, amigo mío, ¿estás dispuesto a dejar [6] de lado tus insultos y a oírme lo que diga sobre la danza y sus bondades, cómo no sólo es placentera sino también útil a los espectadores, cuánta cultura e instrucción imparte, cómo armoniza las almas de los asistentes, ejercitándolos en los más bellos espectáculos, entreteniéndolos con magníficas audiciones y mostrando una belleza común del alma y del cuerpo? Conseguir todo eso con música y ritmo no puede ser motivo de censura, sino de elogio.
CRATÓN . — No tengo tiempo en absoluto para oír a un insensato haciendo el elogio de su propia locura. Pero si tú deseas esparcir sobre mí tus tonterías, estoy dispuesto a soportar amistosamente esta servidumbre y ofrecer mis oídos, aun pudiendo negarme, para oír basuras incluso sin cera. De modo que me tendrás callado, para que puedas hablar cuanto quieras como si nadie te estuviera escuchando.
LICINO . — Muy bien, Cratón, es lo que más estaba [7] deseando. Pronto sabrás si lo que voy a decir te parecen tonterías. En primer lugar, me parece que ignoras totalmente que la práctica de la danza no es reciente, ni empezó ayer o anteayer, como por ejemplo en tiempos de nuestros abuelos o de los de éstos, sino que los historiadores de la danza más veraces te dirían que surgió la danza con la primera generación del universo, y su aparición coincidió con aquel antiguo Amor 4 . En efecto, el movimiento regular de los astros y la conjunción de las estrellas fijas con los planetas errantes, la comunión rítmica de ellos y su armonía disciplinada son ejemplos de la danza primigenia. Creciendo poco a poco y adquiriendo continuamente aditamentos de belleza, parece que ahora ha llegado a la cumbre de su perfección, se ha diversificado y se ha hecho totalmente armónica, convertida en bendición llena de gracia.
[8] Cuentan que al principio Rea, satisfecha con el arte, ordenó danzar a los Coribantes 5 en Frigia y a los Curetes en Creta y obtuvo no pocos beneficios de ellos, puesto que danzando a su alrededor le salvaron a Zeus, hasta el punto que éste reconocería que les debía un premio por su salvación, ya que gracias a su danza consiguió librarse de los dientes de su padre. Su danza era con armas, mientras golpeaban los escudos con las espadas y daban saltos frenéticos con furor guerrero 6 .
Posteriormente, los cretenses más bravos, entrenándose con energía se convirtieron en los mejores danzantes, no sólo los particulares sino también los de estirpe regia que aspiraban a ser líderes. Por ejemplo, Homero a Meriones lo llamó danzante, no con la idea de ponerle en ridículo, sino para enaltecerlo, y era famoso y conocido de todos por su arte de la danza, hasta tal punto que no sólo los griegos conocían este dato suyo, sino incluso los propios troyanos, a pesar de ser sus enemigos, pues veían su ligereza y destreza en el combate, que había adquirido con la danza. Los versos dicen así más o menos:
Meriones, aun siendo un buen danzarín, mi lanza te paró 7 .
Sin embargo, no le paró, pues como estaba ejercitado en la danza, fácilmente, al parecer, esquivó los venablos que lanzaban contra él.
Aunque podría mencionar a otros muchos héroes que [9] se entrenaron de modo similar y convirtieron su actividad en un arte, me parece suficiente con Neoptólemo, el hijo de Aquiles, que consiguió renombre con el arte de la danza y le añadió su modalidad más hermosa, llamada pírrica a partir de él. Y Aquiles, al tener esta información sobre su hijo, se alegró más, en mi opinión, que por su belleza y sus otras proezas. Lo cierto es que a Ilión, hasta entonces inexpugnable, la conquistó y destruyó hasta sus cimientos al arte de la danza de Neoptólemo 8 .
Los espartanos, que tenían fama de ser los más bravos [10] de los griegos, aprendieron de Cástor y Pólux la cariática (que es también un tipo de danza que se aprende en Caria, un distrito de Laconia) 9 , y todo lo hacían con la ayuda de las Musas, hasta el punto de luchar al compás y ritmo de la flauta y el avance oportuno del paso. Y la primera señal para entrar en combate los espartanos la da la flauta; por eso vencían a todos, porque les guiaba la música y el ritmo.
Todavía ahora se puede ver cómo sus efebos aprenden tanto a danzar como a luchar con armas. En efecto, cuando dejan de luchar entre sí, en los entrenamientos, dando golpes y recibiéndolos, la lucha termina en danza, y un flautista situado en medio toca la flauta y marca el ritmo con el pie, mientras ellos, siguiéndose unos a otros en fila exhiben toda clase de figuras, avanzando al ritmo, unas veces guerreras, poco después corales, que son gratas a Dioniso y Afrodita.
[11] Por ello, el canto que entonan mientras bailan es una invocación a Afrodita y a los Amores, para que participen en su fiesta y les acompañen en su baile. El segundo canto (porque se cantan dos) contiene instrucciones sobre cómo se debe bailar: «Echad el pie hacia adelante, muchachos, y desfilad mejor», dice. O sea, bailad mejor 10 .
[12] Algo parecido hacen los que bailan la danza del collar. El collar es una danza conjunta de muchachos y muchachas que bailan alternativamente y se parecen realmente a un collar de cuentas. Inicia el baile el muchacho, con los pasos juveniles que también usará luego en la guerra; le sigue la muchacha, enseñando cómo debe hacerse la danza femenina con decoro, de modo que sea un collar trenzado con modestia y virilidad. Sus gimnopedias son una danza parecida 11 .
Como ya los has leído, paso por alto los versos que [13] compuso Homero en el escudo de Aquiles a propósito de Ariadna y acerca del coro que Dédalo le preparó 12 , y los dos danzantes a los que el poeta llama acróbatas, que dirigen el coro, y de nuevo lo que dice en el mismo escudo: «Jóvenes danzantes daban vueltas en torno», dando a entender que esto era lo más hermoso que había grabado Hefesto en el escudo 13 . Ciertamente, era muy lógico que los feacios disfrutaran con la danza, porque eran gentes refinadas y vivían en la mayor felicidad. De hecho, Homero representó a Ulises admirándolos sobre todo por ello, y al contemplar «el centellear de sus pies» 14 .
En Tesalia progresó tanto el ejercicio del arte de la [14] danza que a sus líderes y campeones los llamaban primero bailarines. Esto se demuestra por las inscripciones de las estatuas que erigían a los más distinguidos en el combate. «La ciudad», dice una, «distinguió a su primer bailarín». Y otra: «A Iiletión el pueblo le levantó una estatua por haber bailado bien en el combate» 15 .
Omito decir que no es posible encontrar ningún antiguo [15] rito de iniciación sin danza, por supuesto los de Orfeo y Museo, y los más importantes bailarines de la época que establecieron tales ritos, al disponer como algo bellísimo que la iniciación se hiciera con ritmo y danza. Aunque las ceremonias son así, debo callarme por los no iniciados, pero todos han oído decir que a los que anuncian los misterios la gente los llama «los danzantes».
[16] Y en Delos, tampoco se celebraban los sacrificios sin danza, sino que se hacían con ésta y con música. Se reunían coros de muchachos y bailaban al son de la flauta y de la cítara, mientras otros especialmente escogidos entre ellos interpretaban una danza mímica. Los cantos escritos para estos coros se llamaban hiporquemas, y la poesía lírica está llena de ellos 16 .
[17] ¿Pero, por qué te hablo de los griegos? Porque también los indos, cuando nada más levantarse adoran al sol, no hacen como nosotros, que besando la mano ya creemos que la plegaria está completa, sino que ellos, de pie frente a Levante, saludan al sol con danzas, manteniéndose en silencio e imitan la danza del dios. Tal es la plegaria, la danza y el sacrificio de los indos. Por ello, propician al dios con estos ritos dos veces al día, al salir el sol y al terminar el día.
[18] Los etíopes cuando combaten lo hacen danzando; un etíope no dispararía una flecha arrancándola de su cabeza (porque utilizan la cabeza como carcaj, sujetando a ella las flechas en forma radial) sin danzar previamente, amenazando al enemigo con su postura y aterrorizándolo con su baile 17 .
[19] Puesto que hemos hablado de la India y de Etiopía, merece la pena descender en nuestro relato a Egipto, su vecina. Yo creo que el antiguo mito sobre Proteo el egipcio no significa otra cosa sino que fue un danzarín con capacidad de imitación, que podía adoptar todas las formas y cambios, hasta el punto de imitar la humedad del agua, la violencia del fuego en la vehemencia de su movimiento, la fiereza del león, la rabia del leopardo, la agitación de un árbol, y, en pocas palabras, todo lo que quería. Sin embargo, la mitología, asumiéndolo en su aspecto más extraordinario, describía la naturaleza de Proteo como si realmente ocurriera lo que él imitaba. Es precisamente esa la característica de los actuales bailarines, a los que se puede ver cómo cambian con rapidez al mismo tiempo, imitando al propio Proteo. Hay que suponer que también Empusa, que se metamorfoseaba en innumerables formas, ha sido transmitida como tal ser humano por el mito 18 .
Después de éstos, tampoco es justo pasar por alto la [20] danza majestuosísima y muy sagrada que los romanos más nobles, los llamados Salios (que es el nombre de un clero) ejecutan en honor de Ares, el más belicoso de los dioses.
Un relato bitinio, que no discrepa mucho de los que [21] circulan por Italia, afirma que Príapo, un genio de la guerra, al parecer uno de los Titanes, o uno de los Dáctilos Ideos, que había dedicado toda su actividad a la enseñanza de la danza con armas, recibió de Hera a Ares, aún niño, pero duro y más viril de lo normal, con el encargo de no enseñarle la lucha con armas antes de haberle convertido en un bailarín perfecto. Y con esta condición recibió como recompensa de Hera cobrar de Ares el diezmo de todos los ingresos procedentes de la guerra 19 .
[22] En cuanto a los ritos dionisíacos y báquicos, me imagino que no esperarás oír de mí que todos fueron danza. De hecho, sus tres danzas más tradicionales, la kórdax , la síkinnis y la emméleia , las inventaron los sátiros, servidores de Dioniso, y las bautizaron con sus propios nombres 20 . Sirviéndose de este arte, Dioniso sometió a los tirrenos, a los indos y a los lidios, y cautivó con su danza a pueblos tan belicosos con la ayuda de sus cofrades.
[23] Por ello, mi admirado amigo, ten cuidado no vaya a resultar impío denunciar una práctica que es al mismo tiempo divina y mística, cultivada por muchos dioses, realizada en su honor, y que procura al mismo tiempo tanta distracción y tan útiles enseñanzas.
Me sorprende una cosa de ti, y es que, sabiendo que eres un gran aficionado a Homero y a Hesíodo (como ves recurro de nuevo a los poetas), puedas atreverte a contradecirles cuando elogian la danza por encima de todo. En efecto, Homero enumera lo más agradable y lo más hermoso, citando al sueño, la amistad, el canto y la danza 21 ; únicamente a ésta la llama «intachable», y adjudica además por su propia cuenta la dulzura al canto. El arte de la danza posee ambas cosas, la dulzura del canto y la intachabilidad de la danza, que tú ahora te propones censurar. Y de nuevo, en otro pasaje de su obra dice
A uno le concedió un dios la actividad bélica
y al otro el arte de la danza y el canto
que conmueve los corazones 22 .
Porque realmente conmovedor es el canto acompañado de danza y éste es el don más bello de los dioses. Al parecer, al dividir Homero todas las actividades en dos grupos, la guerra y la paz, sólo a las actividades de la guerra contrapuso éstas como las más hermosas.
Por su parte Hesíodo, que no lo conocía de oídas por [24] otro, sino que había visto personalmente a las Musas bailando al romper el día, al principio de su poema 23 cuenta de ellas como el mayor elogio
bailan con sus tiernos pies en torno
a una fuente de violetas
cuando danzan en torno al altar de su padre .
En cambio tú, mi noble amigo, casi te estás enfrentando [25] a los dioses con tus insultos a la danza. Sócrates, el hombre más sabio, si podemos creer a Apolo Pitio, que dijo tal cosa de él, no sólo elogiaba la danza, sino que incluso consideraba que valía la pena aprenderla, atribuyendo el más alto valor al mantenimiento del ritmo, la belleza de la música, el movimiento armonioso y al decoro en las evoluciones, y no se avergonzaba, aun siendo un viejo, de creer que era uno de los más serios temas de estudio 24 . No se iba a tomar poco interés en el arte de la danza un hombre que no vacilaba en aprender incluso lo más trivial, y acudía con frecuencia a las escuelas de las flautistas y no desdeñaba oír algo interesante de una mujer cortesana como Aspasia 25 . Aunque él veía un arte que sólo estaba empezando y que no se había desarrollado hasta tan alto grado de belleza. Pero si hubiera podido contemplar a los que ahora lo han hecho avanzar hasta el máximo, estoy seguro de que aquel hombre habría abandonado todo lo demás y habría puesto toda su atención sólo en este espectáculo, y no habría impartido a los muchachos otras enseñanzas antes que éstas.
[26] Yo creo que cuando elogias la comedia y la tragedia, has olvidado que también en cada una de ellas hay un aspecto peculiar de la danza; por ejemplo, la emméleia es trágica, el kórdax cómico, y algunas veces hay una tercera, cuando se añade la síkinnis 26 . Pero como al principio diste más importancia a la tragedia y a la comedia, y a los flautista ambulantes y a la citarodia más que a la danza, diciendo que también esas son competitivas y por ello importantes, permite que comparemos cada una de ellas con la danza. Aunque, si estás de acuerdo, prescindamos de la flauta y de la cítara, puesto que también éstas forman parte del servicio del bailarín.
[27] Por lo que se refiere a la tragedia, en primer lugar, examinemos qué características tiene a partir de su forma peculiar. Es un espectáculo al mismo tiempo repulsivo y terrible el de un hombre disfrazado con una estatura desproporcionada, montado en elevados zuecos, con un rostro alargado por encima de su cabeza y una boca enorme abierta como si fuera a tragarse a los espectadores. Paso por alto los rellenos del pecho y de la tripa para fingir una gordura añadida y artificial, para evitar que la estatura desproporcionada choque más en un cuerpo enclenque. Y encima, por dentro el individuo está dando gritos, doblándose arriba y abajo, a veces incluso cantando sus versos y, lo que realmente es más vergonzoso, poniendo música a sus desgracias, haciéndose responsable únicamente de su voz, porque del resto ya se encargaron poetas nacidos mucho antes que él. Mientras se trata de Andrómaca o Hécuba, su canción se puede aguantar, pero cuando entra en escena el propio Heracles cantando él solo, olvidándose de sí mismo y sin respeto a la piel de león o a la maza que le acompaña, sensatamente podría decirse que se trata de un solecismo 27 .
Porque, volviendo de nuevo a lo que echabas en cara [28] al arte de la danza, que hombres imitaban a mujeres, ésta sería una recriminación común a la tragedia y a la comedia. Realmente en ellas hay más mujeres que hombres.
La comedia, por su parte, se adjudica a sí misma la [29] ridiculez de los personajes como parte de su encanto. Por ejemplo, las máscaras de los Davos, Tibeos 28 y cocineros.
Por otra parte, no soy yo quien tiene que hablar del aspecto ordenado y digno del bailarín, porque salta a la vista para los que no estén ciegos. Su propia máscara es muy hermosa y se ajusta a la acción que subyace en ella, pero no tiene la boca abierta como en la tragedia y la comedia, sino cerrada, pues tiene a muchos que gritan en su lugar.
En el pasado eran los mismos los que cantaban y [30] bailaban, pero más tarde, como el jadeo provocado por los movimientos alteraba el canto, pareció más conveniente que otros les acompañaran cantando.
Los temas de la tragedia y de la danza son comunes, [31] y no se diferencian unos de otros, salvo que los correspondientes a la danza son más variados, tienen más contenido y admiten innumerables variantes.
[32] Y, si la danza no forma parte de las competiciones, afirmo que la razón es que a los jueces de los certámenes les parece demasiado importante y sería como para someterla a examen. No hace falta recordar que una ciudad de Italia, la más importante de la estirpe calcídica, la incluyó casi como un realce en los juegos que allí se celebran 29 .
[33] Al llegar a este punto, me gustaría defenderme ante ti de las numerosas omisiones de mi relato, para no dar la impresión de ignorancia o inexperiencia. Soy consciente de que muchos antes de nosotros, que escribieron sobre la danza, dedicaron la mayor parte de su ensayo a enumerar todas las clases de danza, detallando sus nombres, cómo era cada una, quién la había inventado, convencidos de que iban a hacer una demostración de su saber enciclopédico. Yo por mi parte creo ante todo que estas porfías en tales temas son de mal gusto, pedantes e impropias de mí, por lo que he pasado de ellas.
[34] Además, quiero hacerte comprender y recordarte que no me he propuesto actualmente hacer la historia de toda la danza, ni me planteé como objetivo de mi obra enumerar los tipos de danza, excepto lo poco que recordé al principio, cuando traté sus características más tradicionales. Porque lo más importante de mi obra ahora para mí es hacer el elogio de la danza tal como está establecida ahora y mostrar cuánto deleite y utilidad comprende en sí misma, aunque no empezó a alcanzar tanta belleza antiguamente, sino sobre todo en tiempo de Augusto 30 .
Porque aquellas primeras formas eran como raíces y fundamentos de la danza, pero su floración y maduración completa del fruto, que precisamente ahora ha alcanzado su más alta perfección, es lo que trata este discurso nuestro, omitiendo lo de «hacer la tenaza», «bailar la grulla» y otras que no tienen nada que ver ya con la danza actual. Y en lo que se refiere a la forma «frigia» de danza, que acompaña al vino y a la juerga, ejecutada frecuentemente en medio de borracheras por campesinos y con música de flautas tocadas por mujeres, danza violenta con cabriolas fatigosas, que ahora todavía es frecuente en los distritos rurales, no la omití por ignorancia, sino porque no tiene ninguna relación con la danza actual. También Platón en las Leyes elogia unas clases de danza y otras las condena totalmente, dividiéndolas en relación al deleite y la utilidad, y eliminando las más feas, pero valorando y admirando el resto 31 .
Sobre la danza en sí, con esto es suficiente, pues sería [35] de mal gusto alargar el ensayo tratando de abarcarlo todo. Voy a explicarte ya las cualidades que debe tener el propio bailarín, cómo debe entrenarse, los conocimientos que debe adquirir y por qué medios debe fortalecer su trabajo, para que te des cuenta de que éste no es un arte fácil ni de los más accesibles, sino que alcanza los límites de toda una formación, no sólo musical, sino rítmica y métrica, y en especial esa formación filosófica tuya, tanto física como moral. Porque considera impropio de sí misma su dialéctica excesiva, pero no se aparta de la retórica, sino que participa de ella por cuanto describe caracteres y emociones, a las que también tienden los oradores. Tampoco se aleja de la pintura y la escultura, sino que también imita evidentemente sobre todo la cadencia que hay en ellas, hasta el punto de que ni Fidias ni Apeles la superan.
[36] Le incumbe ante todo tener propicia a Mnemósine y a su hija Polimnia y trata de acordarse de todo. Porque lo mismo que Calcante en Homero, el bailarín debe saber «el presente, el futuro y el pasado» 32 , para que nada se le escape, sino que tenga a mano el recuerdo de todo. Tiene como quehacer más importante ser una ciencia de imitación y retrato, que da a conocer el pensamiento y hace inteligible lo oscuro. Lo mismo que dice Tucídides de Pericles en su elogio, la alabanza más elevada que podría hacerse de un bailarín es que conozca lo necesario y sepa interpretarlo 33 . Al decir interpretación quiero decir claridad de las posturas. Todo el equipo de su actividad lo constituye la antigua historia, como dije anteriormente; debe tener a mano su recuerdo y su presentación con decoro. [37] Empezando por el Caos y el primer origen del mundo, debe saberlo todo, hasta los acontecimientos sobre Cleopatra la egipcia 34 .
Con estos límites podemos definir los múltiples conocimientos del bailarín y los saberes intermedios que debe ante todo conocer: la mutilación de Urano, los nacimientos de Afrodita, la lucha de los Titanes, el nacimiento de Zeus, [38] el engaño de Rea, la sustitución de la piedra, las cadenas de Crono, el sorteo entre los tres hermanos 35 . Y luego sucesivamente la sublevación de los Gigantes, el robo del fuego, la creación de la humanidad, el castigo de Prometeo, la fuerza de ambos amores 36 ; a continuación, el andar errante de Delos, los dolores de parto de Leto, el asesinato de Pitón, el engaño de Titio y el descubrimiento del punto central de la tierra por el vuelo de las águilas 37 .
Después de esto, Deucalión y el gran naufragio durante [39] su vida, y el arca guardando un solo remanente del género humano, y los hombres creados de nuevo a partir de las piedras. Luego, la desmembración de Yaco 38 , el engaño de Hera 39 y el abrasamiento de Sémele, el doble nacimiento de Dioniso, la historia de Atenea y la de Hefesto y Erictonio, la lucha por el Ática, Halirrotio y el primer juicio del Areópago, en una palabra, toda la historia mitológica ática. Pero, selectivamente, las andanzas de Deméter, el [40] hallazgo de Core, la hospitalidad de Celeo, la agricultura de Triptólemo, la viticultura de Icario, la desgracia de Erígone, la historia de Bóreas, de Oritía, de Teseo y de Egeo. Igualmente, la acogida de Medea y su posterior huida a los persas, las hijas de Erecteo y de Pandión, lo que sufrieron e hicieron en Tracia. Y luego, Acamante, Fílide 40 , el primer rapto de Helena, la campaña de los Dioscuros contra la ciudad, lo que le ocurrió a Hipólito y el regreso de los Heraclidas. Porque también esto lógicamente se consideraría ático.
He señalado estos poquísimos relatos atenienses, a [41] manera de ejemplo, entre los muchísimos que he omitido. Viene a continuación Mégara, Niso y Escila, el rizo de púrpura, el recurso de Minos, su ingratitud hacia su bienhechora 41 . Sigue a esto Citerón y los sucesos de los tebanos y los labdácidas, la llegada de Cadmo, la postración del buey, los dientes del dragón y el surgimiento de los hombres sembrados, y de nuevo la transformación de Cadmo en dragón y la construcción de la muralla al son de la lira, la locura del constructor 42 , la jactancia de la mujer Níobe y el silencio por su dolor, los sucesos de Penteo y Acteón y de Edipo, Heracles con todos sus trabajos y la matanza de sus hijos.
[42] Sigue Corinto, también llena de mitos, con Glauca y Creonte, y antes que ellos Belerofonte y Estenebea, la lucha entre el Sol y Posidón 43 , luego la locura de Atamante y la huida por el aire de los hijos de Néfele sobre un carnero y la acogida de Ino y Melicertes 44 .
[43] A continuación la historia de los Pelópidas y de Micenas y lo que ocurrió allí y antes, Ínaco, Ío y su guardián Argos; Atreo, Tiestes, Aérope, el vellocino de oro, la desfloración de Pelopia, el asesinato de Agamenón y el castigo de Clitemnestra. Y aún antes de esto, la expedición de los siete capitanes y la acogida de Adrasto a los yernos fugitivos, el oráculo acerca de ellos 45 , la negativa a enterrar a los caídos y la muerte por ello de Antígona y Meneceo. Y los relatos de Nemea, Hipsípila y Arquémoro, [44] recuerdos imprescindibles para el bailarín. Y de tiempos anteriores conocerá la virginidad vigilada de Dánae, el nacimiento de Perseo y la lucha que él emprendió contra las Gorgonas; será también familiar para él el relato etiópico de Casiopea, Andrómeda y Cefeo, a quienes enumeró entre los astros la fe de las generaciones posteriores. Conocerá también las antiguas historias de Egipto y Dánao y el atentado de la noche de bodas 46 .
También Lacedemonia proporciona no pocos de esos [45] relatos: Jacinto y Céfiro, el rival en amores de Apolo, la degollación del muchacho por el disco, la flor procedente de la sangre y la inscripción lúgubre sobre ella, la resurrección de Tindáreo y la consiguiente ira de Zeus contra Asclepio. Además, la recepción de Paris y el rapto de Helena después del juicio sobre la manzana.
Tenemos que creer en efecto que la historia de Esparta [46] está relacionada con la historia de Troya, que es abundante y tiene muchos personajes; en realidad se presenta en escena un drama para cada uno de los que cayeron allí. Hay que tenerlos en el recuerdo especialmente, desde el rapto hasta los acontecimientos que se produjeron en los regresos, incluyendo los viajes de Eneas y el amor de Dido 47 .
Tampoco son ajenos a éstos los dramas de Orestes y las aventuras del héroe en Escitia, ni desentonan los acontecimientos anteriores, sino que son afines a los troyanos, como la estancia en plan casto de Aquiles en Esciros, la locura de Ulises, la soledad de Filoctetes, y en general todas las andanzas de Ulises con Circe, Telégono 48 , el poder de Eolo sobre los vientos y el resto hasta el castigo de los pretendientes. Con anterioridad, el complot contra Palamedes, la ira de Nauplio, la locura de Áyax y la muerte del otro en las rocas.
[47] También la Élide proporciona muchas oportunidades a los que intentan la danza, con Enomao, Mirtilo, Crono, Zeus, los primeros competidores en los Juegos Olímpicos 49 .
[48] También es abundante la mitología de Arcadia con la huida de Dafne, la bestialización de Calisto, los furores vínicos de los Centauros, el natalicio de Pan, el amor de Alfeo y su viaje bajo el mar.
[49] Además, si llegas a Creta con tu narración, también allí la danza reúne muchísimos relatos, los de Europa, Pasífae, los dos toros 50 , el laberinto, Ariadna, Fedra, Andrógeo, Dédalo, Ícaro, Glauco, el arte profético de Poliido, Talo, el peregrino de bronce de Creta.
[50] Y si cruzas a Etolia, también allí la danza encuentra un gran número: Altea, Meleagro, Atalanta, el tizón, la lucha del río y Heracles, el nacimiento de las Sirenas 51 , la emersión de las Equínadas 52 y la instalación de Alcmeón después de su locura. Además, Neso y Deyanira con sus celos, de los que vino la pira en el Eta.
[51] También Tracia tiene muchos relatos imprescindibles para el bailarín, los de Orfeo, su desmembración y su cabeza parlante flotando sobre la lira 53 , Hemo y Ródope, el castigo de Licurgo.
Tesalia todavía proporciona más, los de Pelias y Jasón, [52] Alcestis, la expedición de los cincuenta jóvenes, la nave [53] Argo y su quilla parlante, los sucesos de Lemnos, Eetes, el sueño de Medea 54 , la desmembración de Apsirto, los acontecimientos de la travesía y luego Protesilao y Laodamia.
Y si pasas de nuevo a Asia, también allí hay muchos [54] dramas, porque enseguida está Samos y la desgracia de Polícrates y los viajes de su hija hasta Persia, y otros aún más antiguos, la verborrea de Tántalo, el convite de los dioses en su casa, la carnicería de Pélope y su hombro de marfil.
También en Italia, el Erídano, Faetón y sus hermanas [55] los álamos llorando lágrimas de ámbar. Un hombre así [56] conocerá también las Hespérides y el dragón que guarda el fruto de oro y el esfuerzo de Atlas, y también lo de Gerión y la expulsión de bueyes de Eritea. Tampoco ignorará [57] todas las metamorfosis míticas, cuantas personas se transformaron en árboles, fieras o pájaros, y cuantas se convirtieron de mujeres en hombres; me refiero a Ceneo, a Tiresias y a otros como ellos.
En Fenicia se enterará de lo de Mirra 55 y del famoso [58] duelo asirio compartido 56 y también de cosas más recientes que siguieron al poder macedonio como las aventuras de Antípatro y Seleuco por el amor de Estratonice 57 . [59] Porque los relatos egipcios, que son bastante místicos, los conocerá desde luego, pero los presentará de forma más simbólica. Me refiero al de Épafo, Osiris y las transformaciones de los dioses en animales.
Ante todo, conocerá sus amores, incluidos los del propio Zeus y las formas que adoptó. Conocerá también toda la representación trágica del Hades, los castigos y las razones [60] de cada uno, y la amistad de Teseo y Pirítoo hasta el Hades.
[61] En pocas palabras, no ignorará nada de lo que cuentan Homero, Hesíodo y los mejores poetas, especialmente los trágicos.
He seleccionado estos poquísimos relatos entre muchos, más bien de entre una cantidad innumerable, escogiendo los más importantes y dejando el resto a los poetas para que los canten, a los propios bailarines para que los presenten y a ti para que los redescubras por analogía con los anteriormente citados; es necesario que los tenga todos a mano el bailarín, previamente preparado para cada ocasión y guardados en cantidad.
[62] Como es un imitador y se compromete a explicar por medio de movimientos lo que se está cantando, necesita, lo mismo que los oradores, practicar la claridad, para que todo lo que representa resulte evidente, sin necesidad de intérprete alguno, sino que, como decía el oráculo de Delfos 58 , el espectador de la danza «debe comprender a un mudo y oír a un bailarín que no habla».
Esto es precisamente lo que dicen que le pasó a Demetrio [63] el Cínico. Estaba éste denunciando el arte de la danza, lo mismo que tú, afirmando que era un complemento de la flauta, las siringas y el compás de los pies, sin que el bailarín contribuyera en nada a la acción, sino que se movía inútilmente, con un movimiento irracional y absurdo, sin ningún sentido, mientras la gente estaba encantada con los accesorios de la acción, los trajes de seda, la belleza de las máscaras, las flautas y sus trémolos, las buenas voces de los cantores, con todo lo cual se embellecía la actividad del bailarín, que por sí mismo no era nada. Y el bailarín que en aquel momento, en tiempo de Nerón, gozaba de gran prestigio, que no era tonto, según dicen, sino que destacaba como el que más en el recuerdo de la historia y la belleza de sus movimientos, hizo a Demetrio una petición muy discreta en mi opinión, que le viera bailar y luego lo denunciara; se comprometió además a representar para él sin flautas ni cantos. Así lo hizo; ordenó silencio a los que marcaban el compás, a los flautistas y al propio coro y él bailó por su cuenta los amores adulterinos de Afrodita y Ares, la denuncia del Sol, Hefesto tendiendo su trampa y cogiendo en sus redes a ambos, Afrodita y Ares, el retrato de cada uno de los dioses presentes, Afrodita avergonzada, Ares asustado pidiendo perdón 59 , y todo lo que incluye esta historia, de modo que Demetrio, más que complacido por lo que estaba ocurriendo, pagó al bailarín con el más alto elogio: lanzó un grito y dijo a grandes voces: «Amigo, estoy oyendo la historia que estás representando, no sólo la veo; me parece que estás hablando con las mismas manos».
[64] Y, puesto que estamos en tiempos de Nerón en nuestro relato, quiero contar también lo ocurrido con un bárbaro respecto al mismo bailarín, lo que podría ser el mayor elogio del arte de la danza. Un individuo de estirpe real de los bárbaros del Ponto había llegado a presencia de Nerón por algún asunto y estaba contemplando en unión de otras personas las actuaciones de aquel bailarín, que representaba con tanta claridad que, aunque no entendía lo que se cantaba, pues era medio griego, lo comprendía todo. Cuando ya estaba a punto de volverse a su casa, al despedirse Nerón le invitó a pedir lo que quisiera, con la promesa de dárselo. Y él le contestó: «el bailarín; si me lo das, me darás la mayor alegría». Y al preguntarle Nerón «¿Y para qué podría serte útil allí?» le contestó: «Tengo vecinos bárbaros, que no hablan mi lengua y no es fácil encontrar un intérprete para ellos; si necesito uno, éste me lo interpretará todo con señales». Hasta tal punto le había impresionado el descubrimiento de la notoriedad y claridad interpretativa de la danza.
[65] La mayor dedicación y el máximo objetivo de la danza es la capacidad de imitación, como dije, practicada de la misma manera que los oradores, especialmente los que se dedican a lo que llamamos «ejercicios». De hecho, lo que más alabamos en ellos es su parecido con los personajes que asumen y que lo que dicen no esté en desacuerdo con los príncipes, tiranicidas, pobres o labradores que representan, sino que se presente en cada uno de ellos su peculiaridad y su distintivo.
[66] También quiero contarte el comentario de otro bárbaro sobre este tema. Al ver cinco máscaras que tenía preparadas un bailarín —pues la acción tenía cinco partes— preguntaba, al ver un solo bailarín, quiénes eran los que iban a bailar y representar los restantes personajes. Y cuando se enteró de que la misma persona iba a desempeñar y ejecutar bailando todos los papeles, dijo: «Amigo mío, no te habías dado cuenta de que tenías un solo cuerpo, pero muchas almas».
Así opinaba aquel bárbaro. Y con razón también los [67] griegos de Italia llaman pantomimo al bailarín, precisamente por lo que hace 60 . Es precioso el famoso precepto poético de «Hijo mío, en tus relaciones con todas las ciudades, imita a las fieras marinas que andan entre las rocas» 61 , y es imprescindible para el bailarín: debe compenetrarse con sus temas, conviviendo con cada detalle de lo que hace.
En general, la danza se compromete a mostrar costumbres y emociones y a representarlas, introduciendo en escena unas veces a un amante, otras a un hombre irritado, a otro enloquecido o a otro afligido, y todo ello dentro de unos límites fijados. Lo más sorprendente de todo es que en un mismo día se muestra Atamante enfurecido, al momento Ino aterrorizada, de nuevo el propio Atreo, poco después Tiestes, luego Egisto o Aérope. Y todo ello es el mismo individuo.
Además, los otros espectáculos y audiciones exhiben una [68] sola actividad. Porque, o se trata de la flauta o de la cítara o de la música vocal, la representación trágica o la bufonada cómica. El bailarín, en cambio, lo abarca todo, y podemos ver que su equipo es variado y una mezcla de todo: flauta, siringa, golpear de pies, ruido de címbalos, voz melodiosa del actor, cadencia de cantores.
Por otra parte, las otras actividades corresponden a una [69] de las dos partes del ser humano, unas al alma y otras al cuerpo, mientras que en la danza ambas están combinadas. En efecto, la representación es una exhibición del intelecto y una expresión de actividad corporal, y, lo más importante, es la sabiduría en el desarrollo de la acción y la inexistencia de algo irracional. Por cierto, Lesbonacte de Mitilene, un hombre de bien, llamaba a los bailarines «manisabios» 62 y solía ir a verlos con la esperanza de salir del teatro convertido en mejor persona. Y Timócrates, su maestro, al ver en cierta ocasión una sola vez, sin asistir a propósito, a un bailarín que estaba haciendo su trabajo, dijo: «¡De qué espectáculo me ha privado mi respeto por la filosofía!»
[70] Si es verdad lo que dice Platón sobre el alma 63 , el bailarín muestra espléndidamente sus tres partes: la irascible cuando representa a un hombre encolerizado, la concupiscente cuando exhibe amantes, y la racional cada vez que sujeta con freno cada una de las pasiones: ésta se encuentra diseminada en cada una de las partes de la danza, lo mismo que el tacto está repartido entre los sentidos 64 . Y al preocuparse de la belleza y de la simetría en las figuras de la danza, ¿qué otra cosa hace sino aseverar la idea de Aristóteles, cuando elogiaba la belleza y la consideraba como una tercera parte del bien? 65 . Incluso oí a uno que aventuraba una opinión exageradamente atrevida sobre el silencio de los personajes en la danza, al decir que también esto encerraba un dogma pitagórico 66 .
Además, mientras que otras ocupaciones procuran las [71] unas placer y las otras provecho, la danza es la única que facilita ambos y la utilidad es tanto más provechosa por cuanto va acompañada del placer. ¡Cuánto más agradable es este espectáculo que el de ver a jóvenes boxeando, echando sangre, o a otros luchando en el suelo! La danza con frecuencia los presenta de una forma más segura, más hermosa y más placentera. Y en lo que se refiere al movimiento sostenido de la danza, sus contorsiones y giros circulares, sus saltos y posturas de espalda, no sólo son agradables para los espectadores en general, sino que para sus ejecutantes son sanísimos. Yo diría que lo más hermoso y al mismo tiempo lo más equilibrado de los ejercicios gimnásticos es que suavizan el cuerpo, lo hacen flexible y ligero y le enseñan a estar dispuesto a los cambios, lo que contribuye no poco a darle fuerza.
No puede haber cosa más armónica que la danza, que [72] afina el alma, ejercita el cuerpo, deleita a los espectadores, e instruye sobre muchos aspectos de la Antigüedad con su acompañamiento de flautas, címbalos, cadencia de las canciones y magia que entra por los ojos y los oídos. Y si además buscas la perfección de las voces, ¿en qué otro sitio podrías encontrarla? o ¿qué coral podrías oír más melodiosa? O si prefieres el sonido más agudo de la flauta y la siringa, también puedes disfrutar de ellas copiosamente con la danza. Paso por alto decir que mejorarás de carácter frecuentando este espectáculo, cuando te des cuenta de que el público aborrece las cosas mal hechas, llora por las víctimas de las injusticias y en una palabra alecciona las costumbres de los espectadores.
También te voy a decir ahora lo más digno de elogio [73] en los bailarines: a mí me parece que es asombroso que puedan cultivar al mismo tiempo la fuerza y la fluidez de los miembros, como si en una misma persona se mostrara la robustez de Heracles y la delicadeza de Afrodita.
[74] Quiero ya explicarte con palabras cómo debe ser el perfecto bailarín, tanto en alma como en cuerpo. Aunque ya dije con anterioridad la mayor parte de sus cualidades intelectuales, sostengo que debe tener buena memoria, estar bien dotado por la naturaleza, ser inteligente, rápido de inventiva, capaz ante todo de obrar oportunamente, con aptitud crítica para distinguir los mejores poemas, cantos y melodías, así como para rechazar los que están [75] mal compuestos. En cuanto al aspecto físico, creo que debe conformarse al canon de Policleto, sin ser ni demasiado alto y desproporcionadamente alargado ni corto y de naturaleza enana, sino perfectamente proporcionado, sin estar demasiado gordo, porque no tendría credibilidad, ni exageradamente flaco, pues resulta ello esquelético y cadavérico.
[76] Quiero contarte también, a manera de ejemplo, las rechiflas de un pueblo no lerdo para señalar tales características. En efecto, los de Antioquía, una ciudad muy inteligente que honra la danza de modo especial, vigilan con tal cuidado todo lo que se dice y ocurre, que no se les escapa nada a ninguno de ellos. Y así, al presentarse en escena un bailarín pequeñito, que representaba a Héctor, todos a una gritaron, como si fuera Astianacte: «¡Oh, Astianacte!, ¿dónde está Héctor?» En otra ocasión, un individuo exageradamente alto, intentaba representar a Capaneo y asaltar las murallas de Tebas: «¡Súbete al muro!», le gritaron, «¡porque no necesitas escalas!» Y a un bailarín muy gordo y muy pesado, que intentaba dar grandes saltos, le dijeron: «¡Por favor, ahórrate el altar!» 67 . Y al contrario, a uno muy flaco le dijeron: «¡Salud!», como si estuviera enfermo. No os he recordado estas anécdotas para haceros reír, sino para que sepas que también pueblos enteros se interesaron en el arte de la danza, hasta el punto de poder regular con normas sus aspectos buenos y malos.
Además de esto, el bailarín debe ser totalmente ágil [77] y de cuerpo al mismo tiempo desgalichado y compacto, para que pueda cimbrearse como un junco cuando la ocasión lo exija, y mantenerse rígidamente firme si ello es preciso.
Porque la danza no se aparta tampoco de la gesticulación [78] de manos de las competiciones públicas, sino que participa también de las bellezas deportivas dedicadas a Hermes, Polideuces y Heracles, como podrías ver prestando atención a cada una de estas pantomimas.
Heródoto cree que las percepciones visuales son más dignas de crédito que las auditivas, pero en la danza se unen las que llegan por los oídos y 68 las que proceden de la vista.
Su fascinación es tan poderosa que si un enamorado [79] acude al teatro, se tranquiliza viendo las funestas consecuencias del amor. Y uno que está apesadumbrado sale del teatro más alegre, como si hubiera tomado una medicina que hace olvidar y, para decirlo con el poeta, «bebiendo una droga contra el llanto y la cólera» 69 . Una prueba de la afinidad de la danza con la realidad y de que cada uno de los espectadores reconoce lo que se está representando, es que con mucha frecuencia los asistentes lloran, cada vez que se presenta algún suceso digno de compasión y lástima. La danza báquica, que se cultiva sobre todo en Jonia y en el Ponto, a pesar de ser satírica, hasta tal punto ha sojuzgado a la gente de allí, que en la época señalada todos acuden olvidándose de todo y están sentados todo el día, contemplando Titanes, Coribantes, Sátiros y rústicos. Y ejecutan estas danzas los individuos más nobles y más caracterizados de cada ciudad, no sólo sin avergonzarse, sino que se jactan de ello más que de su nobleza, de sus servicios públicos y de las distinciones de sus antepasados.
[80] Y ahora, puesto que ya te dije las virtudes de la danza, déjame que te explique también sus vicios. En cuanto a los del cuerpo, ya los comenté, y los del espíritu creo que tú mismo podrías observarlos con tales explicaciones. Muchos bailarines cometen terribles solecismos por ignorancia, pues es imposible que todos sean sabios. Unos se mueven de modo irracional, sin ninguna relación, por así decirlo, con la medida, con el pie por un lado y la música por otro. Otros se mueven con ritmo, pero los temas van retrasados o se anticipan, como recuerdo haber visto en alguna ocasión. Un bailarín que estaba representando el nacimiento de Zeus y a Crono devorando a sus hijos, se confundía en su danza con las desgracias de Tiestes, arrastrado por la semejanza. Y otro que representaba a Sémele fulminada por el rayo, la equiparó a Glauce, que pertenece a una generación posterior 70 . Pero no hay que condenar en mi opinión a la danza misma a causa de tales bailarines, ni hay que aborrecer su propia actividad, sino que debemos considerar que tales individuos son ignorantes, como así es, y elogiar a quienes lo hacen todo correctamente, de acuerdo con las normas y el ritmo del arte.
En una palabra, el bailarín debe ser perfecto en todo, [81] con un sentido completo del ritmo, bien parecido, proporcionado, coherente, irreprochable, incorruptible, íntegro, provisto de las más altas cualidades, agudo en sus ideas, con una formación profunda y sobre todo con sentimientos humanos. En realidad, la alabanza de los espectadores a tal bailarín será completa cuando cada uno de los asistentes reconozca su propia situación, o más bien se vea a sí mismo en el bailarín como en un espejo, tanto lo que suele sentir como lo que suele hacer. Es entonces cuando las personas no pueden contenerse de emoción y todos en masa se vuelcan al elogio, porque cada uno ve las imágenes de su alma y se reconocen a sí mismos. Realmente, el famoso dicho de Delfos «conócete a ti mismo» se realiza en ellos gracias al espectáculo, porque aprenden lo que tienen que elegir y lo que han de evitar, y se enteran de lo que antes desconocían.
Se produce en la danza, como en la literatura, lo que [82] la gente llama «mal gusto» cuando sobrepasan los límites de la imitación y se esfuerzan más de lo necesario; si hay que representar algo grande, lo representan inmenso, y si tierno, lo afeminan con exageración, mientras lo varonil lo llevan hasta el salvajismo y la bestialización.
Yo recuerdo, por ejemplo, haber visto una vez a un [83] bailarín que antes había sido famoso, inteligente en general y realmente digno de admiración, pero ignoro por qué destino siniestro fue a parar a una representación horrenda por exagerar la imitación. Estaba representando en efecto al Áyax enfurecido inmediatamente después de su derrota, y tanto se sobreexcitó que verosímilmente habría parecido no que representaba una locura, sino que realmente él se había vuelto loco: rompió la ropa de uno de los que llevaban el compás con su calzado de hierro 71 , arrebató la flauta a uno de los acompañadores, arremetió contra Ulises que estaba cerca, engreído por su victoria, y le partió la cabeza, con lo que habría perecido el desgraciado Ulises si no le hubiera protegido el gorro, que aguantó lo más fuerte del golpe, caído por obra de un bailarín enloquecido. Pero ya todo el público estaba también fuera de sí con Áyax y saltaban, gritaban y arrojaban sus vestidos; la chusma, totalmente ignorante por ello y sin pretensiones de buen gusto, incapaz de distinguir lo mejor de lo peor, creía que lo que estaba ocurriendo era una aguda imitación de la locura, mientras que las personas cultas, que se estaban dando cuenta y se sentían avergonzados por los acontecimientos, en vez de censurar la representación con su silencio, aplaudían también ellos, para disimular la insensatez de la danza ejecutada, dándose perfecta cuenta de que la realidad no era la locura de Áyax, sino la del bailarín. Nuestro héroe, no conformándose con esto, hizo otra cosa mucho más ridícula todavía: descendió al centro del público y se sentó entre dos consulares, completamente aterrorizados de que los tomara por ovejas y los apaleara.
El asunto produjo en unos admiración, risa en otros, y algunos sospechaban que por el excesivo entusiasmo en la imitación había ido a parar en una verdadera locura. [84] Cuentan que el propio bailarín, cuando recuperó sus cabales le entró tal disgusto por lo que había hecho, que incluso enfermó de pena, como si realmente se autocondenara por su locura. Y demostró personalmente su arrepentimiento de modo muy claro, pues al pedirle de nuevo sus admiradores que representara el Áyax para ellos, disculpándose dijo al público: «Ya es suficiente que el actor se vuelva loco una vez». Pero lo que más le molestó es que su antagonista y rival, al que se le asignó el mismo papel de Áyax, representó la locura de modo tan discreto y sensato que fue aplaudido, porque se mantuvo dentro de los límites de la danza, sin estropear la representación.
Te expuse, mi querido amigo, estos pocos logros y [85] actividades de la danza, elegidos entre muchísimos, para que no te molestes demasiado conmigo si la contemplo con apasionamiento. Si quisieras participar conmigo del espectáculo, estoy seguro de que se apoderaría totalmente de ti y que te convertirías además en un danzómano. No necesitaré decirte lo de Circe:
Me tiene suspensa que hayas bebido estas drogas
sin quedar encantado 72
porque sí que quedarás encantado, y no tendrás, por Zeus, cabeza de burro o corazón de cerdo sino que tu mente se mantendrá muy firme, y tú estarás tan a gusto que no le darás a otro para que beba ni una pizca de la poción. Exactamente como dice Homero acerca de la varita de oro de Hermes, que
adormece los ojos de los hombres
con ella
que quiere, o despierta a los que duermen 73 .
Esto es realmente lo que hace la danza, encantando los ojos y haciéndolos despertarse y avivando la inteligencia para cada una de las actividades.
CRATÓN . — Pues bien, Licino, ya me he dejado convencer por ti y tengo los ojos y los oídos abiertos. Acuérdate, amigo mío, cuando vayas al teatro, de reservarme un asiento a tu lado, para que no seas tú el único en volver de allí más sabio.

1 Parténope, amante de Metíoco el Frigio, era la heroína de una novela perdida. Ródope es tal vez la tracia citada infra en cap. 51, que se casó con su hermano Hemón y fueron convertidos por Zeus en las montañas de su nombre.
2 Alusión a los citarodas, de cuyos cantos, llamados nómos, tenemos un único ejemplo en Los persas de Timoteo.
3 Odisea XII 188.
4 Se refiere al cosmogónico Eros de Hesíodo, hermano de los Titanes, y no al amorcillo de Afrodita.
5 Los Coribantes, muy citados por Luciano, son asistentes de Rea y cuidaron al niño Zeus, disimulando sus lloros con el ruido de sus escudos.
6 Los Curetes sólo aquí son citados por Luciano: se confunden con frecuencia con los Coribantes. Toman nombre de Zeus Curos, Zeus muchacho.
7 Ilíada XVI 617-618.
8 Puesto que Neoptólemo también se llamaba Pirro, era inevitable que la invención de la danza pírrica le fuera atribuida. Según ARQUÍLOCO (Frag. 190), la originó (la danza) cuando bailó de alegría después de matar a Eurípilo.
9 Otros dicen que los espartanos aprendieron de Cástor un ritmo marcial llamado castoreo. Las muchachas de Caria que danzaban en honor de Ártemis pudieron dar origen a las famosas Cariátides.
10 No tenemos otras noticias de estos dos cantos.
11 Se sabe poco de las gimnopedias, excepto que incluían coros procesionales de jóvenes desnudos que competían entre sí danzando y cantando, en un lugar llamado Coro, junto al ágora.
12 Ilíada XVIII 593.
13 Ilíada XVIII 605-606.
14 Odisea VIII 256-58.
15 No conocemos tales inscripciones.
16 El carácter interpretativo del hiporquema es citado expresamente por ATENEO (I 15d), aunque las danzas claramente dramáticas eran la trágica, la cómica y la satírica.
17 HELIODORO , en Etiópica IX 19, de muchos detalles.
18 Empusa, asociada a Hécate, es un demonio inmundo que asusta a los viajeros en forma de perra, vaca, joven hermosa, y con este último aspecto se une a los hombres durante la noche o la siesta y les chupa la vida hasta que mueren.
19 Este mito bitinio de Príapo no se cita en otras partes, pero se sabe que allí era objeto de grandes cultos, parte de los cuales sería la danza con armas.
20 El drama en cada una de sus formas tiene su propia danza, la emméleia corresponde a la tragedia; la kórdax, a la comedia, y la síkinnis, al drama satírico.
21 Ilíada XIII 636 ss.
22 Ilíada XIII 730, 731.
23 Teogonia.
24 En el Banquete de JENOFONTE (II 15-16) Sócrates recomienda la danza como ejercicio y expresa su deseo de aprender algunas figuras que ha visto.
25 Cf. PLATÓN , Menéxeno 235e y 249c; JENOF ., Ec. III 14.
26 Aunque era característica del drama satírico, a veces se presentaba en la comedia.
27 Es decir, tomar en arte lo que es un solecismo en gramática.
28 Nombres de esclavos en la comedia.
29 Alusión a Nápoles y a los importantes juegos instituidos allí por Augusto el año 2 d. C.
30 En ATENEO , I 20d, se da a Batilo y Pílades como inventores.
31 Leyes VII 814e-816c.
32 Ilíada I 70.
33 Tuc., II 60.
34 Sigue un curioso compendio mitológico, notable por su brevedad y por su disposición geográfica, improvisado por Luciano como ayuda recordatoria.
35 Zeus, Posidón y Hades.
36 El antiguo cosmogónico Eros del cap. 7 y el hijo de Afrodita.
37 Las águilas enviadas por Zeus, que se encontraron en Delfos.
38 Dioniso Zagreo (Sabacio), hijo de Perséfone, fue despedazado por los Titanes, cocido en una caldera y comido. Zeus se comió el corazón. Renació como Yaco.
39 Induciendo a Sémele a que le pidiera a Zeus que se mostrara a ella en toda su majestad.
40 La princesa tracia Fílide se ahorcó porque no volvió su amado, uno de los hijos de Teseo.
41 Escila, enamorada de Minos, cortó el mechón de cabellos de púrpura de su padre, lo que permitió a Minos apoderarse de Mégara. Minos se desentendió de la muchacha, que se tiró al mar.
42 Anfión, que enloqueció de dolor por la muerte de sus hijos (y de Níobe) a manos de Apolo y Ártemis.
43 Por la posesión de Corinto.
44 En Corinto, como divinidades marinas Palemón y Leucotea.
45 Una de las hijas de Adrasto tenía que casarse con un jabalí, la otra con un león; Tideo llevaba un jabalí como divisa, Polinices un león.
46 En la que las Danaides mataron a sus cincuenta maridos, excepto a uno.
47 Esta historia le llegó a Luciano probablemente a través de Virgilio.
48 Hijo de Circe y Odiseo, no aparece en la Odisea, pero es el héroe de una continuación tardía, la Telegonía .
49 Alude también a la lucha entre Crono y Zeus, con la que éste se apoderó de Olimpia.
50 El Minotauro y el toro que lo engendró.
51 Alusión al mito que hace a las Sirenas hijas de la tierra.
52 Cinco de las ninfas Equínadas fueron convertidas en islas.
53 La historia de la cabeza de Orfeo es narrada por LUCIANO en Contra el ignorante que compraba muchos libros (11-12), t. II de esta colección.
54 Después de llegar Jasón, Medea soñó que éste había venido para llevarse a su casa una esposa legítima y que sus padres no respetaban su promesa, por lo que se puso de su parte.
55 Madre de Adonis, llamada Esmirna por Apolodoro.
56 Refleja la identificación entre Adonis y Osiris entonces normal, la recuperación trozo a trozo de su cuerpo despedazado, y sobre todo la llegada de la cabeza a Biblos (cf. La diosa siria 7, en este mismo volumen).
57 La historia del amor de Antíoco a Estratonice, la mujer de su padre, es contada en La diosa siria 17-18.
58 Dado por el oráculo a Creso (HERÓD ., I 47), aunque no se refería a la danza.
59 HOMERO , Odisea VIII 266-320; LUC ., Diálogos de los dioses 21.
60 Es decir, uno que lo imita todo.
61 PÍNDARO , Frag. 43.
62 Por su amplio uso de los gestos. Lexífanes también lo usa (Lex. 14).
63 República IV 436-441.
64 El tacto se consideraba no sólo una facultad aparte, sino un elemento en la actividad de los otros cuatro sentidos.
65 ARISTÓTELES , Ét. Nic. I 8.
66 Cf. ATENEO , I 20d.
67 Se refiere al alto estrado en el que se situaba el jefe de coro para dirigir sus movimientos.
68 HERÓDOTO , I 8.
69 Odisea IV 221.
70 La semejanza consiste en que Glauce murió también abrasada por la túnica envenenada que le envió Medea.
71 Calzado con pesadas suelas, originanamente de madera, pero de hierro en tiempo de Luciano, llamadas en griego kroupézai, que llevaba una persona que debía marcar el compás del bailarín y de los cantantes.
72 Odisea X 326.
73 Odisea V 47 s.
46
LEXÍFANES
Es un ataque personal a un individuo (de nombre ficticio, inventado para ajustarse al tema) cuyo entusiasmo por la dicción ática es igualado por su ausencia de ideas. Lexífanes es un sofista que padece una enfermedad verbal, una pasión morbosa por las palabras oscuras o inventadas y riega su discurso con extraños aticismos pasados de moda. En la primera parte de la obra Lexífanes lee a Licino su Banquete , exhibiendo todas sus faltas hasta la saciedad. En la segunda parte Licino, con la ayuda del médico Sópolis lo cura administrándole un purgante y a continuación lo instruye en la formación y comportamiento propios de un sofista.
Luciano lo ataca con los mismos argumentos que emplea contra El maestro de retórica: ambos usan palabras desenterradas o acabadas de inventar, ambos abusan del mismo manojo de aticismos, ambos desprecian la antigua literatura en beneficio de las declamaciones (melétai) de los sofistas recientes. Por otra parte, estas acusaciones recuerdan las hechas por escritores antes y después de Luciano. En el Banquete de los sofistas de Ateneo, una generación posterior a Luciano, hay una escena en la que el cínico Cinulco acusa a dos invitados de manierismos lingüísticos muy parecidos a los que Luciano lanza contra Lexífanes, algunos incluso implicando las mismas palabras. Por ello se pensó que Lexífanes podía ser uno de los sofistas ulpianitas que describe Cinulco, pero parece más probable que Ateneo conociera el Lexífanes de Luciano y tomara prestada alguna de sus plumas para usarlas contra los sofistas de su propia época, como había hecho Luciano utilizando las de los epigramáticos.
No hay ninguna certeza de que Luciano escribiera Lexífanes pensando en una persona concreta, y si lo hizo, se han perdido muchas de las pistas que pudieron tener los primeros oyentes y lectores. Pretende ser un amigo de Lexífanes y el escenario de la obra parece ser Atenas. Merece la pena reiterar la sugerencia que proyecta una indirecta en el Banquete de Lexífanes, cuando el sofista dice de sí mismo: «Tú sabes que yo soy un aficionado al campo (phílagros)» , porque esto también podría significar «tú sabes que yo soy Filagro», y Filagro de Cilicia era un sofista muy conocido que visitaba Atenas en tiempo de Luciano. Pero si Luciano hubiera intentado que se tomara a Lexífanes por Filagro, tendría que haber exagerado mucho algunas de las peculiaridades de su víctima y omitir otras.
Un rasgo llamativo de la parodia de Lexífanes que hace Luciano es el uso de palabras que ya no se emplean en su antiguo sentido, sino en uno nuevo completamente diferente, de lo que resulta un doble significado cuya traducción adecuada con frecuencia es completamente imposible, por falta de una expresión equivalente.
[1] LICINO . — ¿El bello Lexífanes, con un libro?
LEXÍFANES . — Sí, Licino, es un ensayo mío de este año, completamente impoluto.
LIC . — ¿Es que ya nos estás escribiendo algo sobre la polución? 1 .
LEX . — No por cierto, ni dije polución, pero ya es hora de que llames así a lo que se acaba de escribir, aunque parece que tienes los oídos taponados de cera.
LIC . — Perdona, amigo, pero es que entre polución e impolución hay muchas concomitancias. Pero díme, ¿cuál es la idea de tu obra?
LEX . — Con ella le hago la competencia al banquete de Aristón.
LIC . — Hay muchos Aristones, pero a juzgar por tu banquete me parece que te refieres a Platón.
LEX . — Hiciste una lectura correcta, pero ¡qué ininteligible habría sido para cualquier otra persona!
LIC . — Entonces, léeme algunos pasajes del libro, para que no me quede completamente privado del festín, pues parece que con él nos van a escanciar néctar con el vino 2 .
LEX . — Abate tu irónico espíritu, haz permeables tus oídos y escucha. ¡Fuera el cipsélido tapón! 3 .
LIC . — Puedes hablar con confianza, que a mí ni Cípselo ni Periandro 4 se me alojan en las orejas.
LEX . — Considera al mismo tiempo, Licino, cómo voy a desarrollar el discurso, si tiene una buena entrada, muestra abundante buena elocución, tiene rico léxico y contiene palabras importantes.
LIC . — Da la impresión de que es así, puesto que es tuyo. Pero empieza de una vez.
LEX . — «Luego cenaremos», dijo Calicles, «y después, [2] en el crepúsculo, daremos una vuelta por el Liceo, pero ahora ya es el momento de ungirnos con los calores del sol, calentarnos con su ardor y comer pan después de bañarnos. Ahora debemos marcharnos. Tú, muchacho, convóyame con el raspador, el odre, el pañuelo y los jabones hasta el baño y tráete el importe para pagarlo. Tienes en el suelo, junto al cofre, dos óbolos. Y tú, Lexífanes, ¿qué harás? ¿Vendrás también o seguirás ahí sin hacer nada?»
«También yo», dije, «hace un montón de tiempo que estoy deseando bañarme, pues no me encuentro muy bien y tengo el perineo sensible de andar montado en la grupera de una mula. El mulero me metía prisa, a pesar de que también él saltaba a la pata coja. Pero ni siquiera en el campo me sentía descansado, pues me encontré a los obreros gorjeando la canción de verano, otros que estaban preparando la tumba para mi padre; después de ayudarles a cavar la fosa y echar una mano por poco tiempo a los que levantaban arriates, les dejé marcharse a causa del frío, y porque tenían quemaduras (tú ya sabes que con un frío muy fuerte se producen quemaduras). Por mi cuenta recorrí los campos y me encontré con los ajos que crecían en ellos y arranqué algunos rábanos; me aprovisioné de perifollos y legumbres salvajes; compré también sémolas —las praderas no estaban todavía bastante fragantes como para andar entre ellas—, monté en la mula y me desollé la rabadilla. Ahora ando dolorido, sudo muchísimo, tengo el cuerpo hecho polvo y necesito nadar mucho tiempo en el agua; [3] disfruto bañándome cuando estoy cansado. Iré pues corriendo yo mismo junto a mi asistente, que seguramente estará donde la vendedora de purés o en el baratillo esperándome, aunque se le había advertido que me encontrara en el rastro.
»Pero aquí viene oportunamente en persona, después de comprar, según veo, requesón, pan a la ceniza, morralla, pescuezo, ¡fíjate!, papada y callos sinuosos y criadillas de buey. ¡Estupendo, Atición! porque me ahorraste la mayor parte del viaje».
«Y yo», dijo él, «me he quedado bizco, maestro, al echarte un vistazo. ¿Dónde cenaste tú ayer? ¿Acaso con Onomácrito?»
«No por Zeus», dije yo, «sino que me dirigí al campo a toda mecha; tú sabes que yo soy amante del campo, pero vosotros os imaginabais que estaba jugando a los cótabos 5 . Tú entra y disfruta de todo esto; limpia también la artesa para que puedas prepararnos un pastel de lechuga. Yo saldré y me daré un masaje seco» 6 .
«También nosotros», dijo Filino, «yo, Onomarco y Helánico [4] aquí presente te seguiremos, pues la manecilla da ya sombra al centro de la esfera 7 y hay el peligro de que tengamos que bañarnos en agua usada, detrás de los Carimantes, zarandeados en masa con la chusma».
Y Helánico dijo: «Yo también veo mal, pues tengo las niñas de los ojos turbias, se me cierran los ojos con frecuencia, lagrimeo y mi vista necesita remedio; me hace falta algún discípulo de Esculapio que sepa oftalmología, que me prepare y me dé una medicina que me quite la inflamación de los ojos, me suprima las legañas y deje de tener la mirada húmeda».
Conversando sobre estos temas, todos los que estábamos [5] presentes nos marchamos, y una vez que llegamos al gimnasio, ya desvestidos, uno se ejercitaba en la lucha con las manos, otro en las presas de cuello y en la lucha de pie, otro hacía inflexiones untado de aceite, otro se enfrentaba con el saco de arena, otro cogía bolas de plomo y las disparaba con las manos. A continuación, después de frotarnos mutuamente las espaldas y jugar en el gimnasio, yo y Filino nos bañamos en una bañera de agua caliente y salimos; los demás, tirándose de cabeza al agua fría como los delfines, nadaban bajo el agua admirablemente.
Regresamos de nuevo cada uno por su parte y nos dedicábamos a distintas actividades: yo me puse el calzado y me restregaba la cabeza con una almohaza 8 hecha con dientes, pues no me había cortado el pelo a la jardinera sino al copete 9 , de modo que en poco tiempo tenía la barba y la cabeza sin pelo. Otro comía altramuces, otro vomitaba su ayuno, otro ahuecando rábanos comía sopa de pescado, otro comía hierbajos, otro engullía cebada.
[6] Cuando fue la hora, cenábamos apoyados en los codos: había también sillas de tijera y jergones; la cena fue sin gastos 10 . Se habían preparado diversos manjares en abundancia: manitas de cerdo y costillas, tripas, amnios de cerda parida, hígado a la sartén, picadillo de ajos y aceitunas negras, salsa de especias y otros condimentos parecidos, compotas y hojas de parra rellenas, pasteles de miel. De las vituallas marinas, había muchas clases de peces sin escamas, todos los ostráceos, filetes de pescado del Ponto, en cestas de mimbre, anguilas del Copais, gallinas domésticas, capones; el pescado era un plato más.
También teníamos oveja completamente asada al horno y muslo de buey de edad desconocida; había panes de candeal, de buena clase, otros de la luna llena, que habían llegado con retraso a la fiesta, verduras de superficie y subterráneas. Había vino que no era viejo, sino de odre, ya seco, pero todavía verde.
Había copas de todas clases sobre una mesa de Delfos, [7] el cubrefrentes y un cacillo obra de Mentor 11 con un asa fácil de coger, la jarra que gorgotea, la copa de cuello largo y muchas producto de la tierra, como las que cocía Tericles 12 , vasos espaciosos y de amplia boca, unos de Focea, otros de Cnido, pero todos ligeros como soplos y con escamas membranosas. Había también tacitas, copitas, vasitos con inscripciones, de modo que el aparador estaba lleno.
Sin embargo, el calefactor, que hervía sobre nuestra [8] cabeza, derramaba sobre nosotros las brasas. Bebíamos sin parar y ya estábamos ligeramente borrachos. A continuación nos ungimos con pamporcino y alguien introdujo a una bailarina que también tocaba la cítara y después uno de nosotros, trepando hasta el desván… buscaba algún postre, otro jugaba a batir palmas y otro doblaba el espinazo de risa.
Al mismo tiempo que nos habíamos bañado se nos [9] presentaron autoinvitados Megalónimo el Buscapleitos, Quéreas el Orífice camaleónico y Eudemo el de las orejas rotas. Yo les pregunté por qué motivo habían llegado tarde.
Entonces Quéreas dijo: «Yo estaba martilleando unas baratijas para mi hija, pendientes y brazaletes, y por esa razón llegué con retraso a la cena».
«Y yo», dijo Megalónimo, «estaba en otras cosas, pues era como sabéis un día inhábil para la justicia y no apto para discursos, de modo que había suspensión de lengua, no podía medir mis palabras ni era un día fijado para hacerme conceder mi porción de agua. Al informarme de que el Pretor estaba visible, tomé ropa sin estrenar, de buen paño, calzados sin usar y salí.
[10] »En seguida me encontré con un portaantorchas, un hierofante y otros celebrantes de misterios 13 que arrastraban a Dinias, empujándole hacia el tribunal, presentando contra él el cargo de que les había citado por su nombre, y eso a pesar de saber que desde que fueron consagrados eran anónimos y no podían ser nombrados, puesto que ahora eran hierónimos. Me llamaba por mi nombre».
«No sé», dije yo, «a qué Dinias te refieres».
«Se trata», dijo él, «de un asiduo tragacebollas de los garitos, gorrón y oportunista, siempre con el pelo largo, calzado con borceguíes o pantuflas, con túnica de dos mangas».
«¿Qué pasó?», dije yo, «¿fue castigado de algún modo o se marchó después de tratarle con desprecio?»
«En realidad», dijo él, «este elemento, que hasta entonces oía la flauta, ya está puesto a buen recaudo, pues el Pretor, aunque intentaba escapar, lo mandó esposar y lo encerró sujeto con cepo, collar e instrumentos de tortura, de modo que está preso, ventosea el desgraciado de miedo, huele mal y está dispuesto a dar dinero por su vida».
[11] «Pues a mí», dijo Eudemo, «me mandó llamar, todavía entre dos luces, Damasias, el que fue en otro tiempo atleta y campeón, que ya está fuera de competición por su edad; tú sabes que tiene una estatua de bronce en el ágora. Me pasé el tiempo cociendo y asando, pues iba a casar a su hija hoy y ya la estaba embelleciendo, pero sobrevino una desgracia termeria 14 que interrumpió la fiesta: su hijo Dión, en efecto, afligido por algún motivo que ignoro, o más bien alcanzado por alguna maldición divina, se ahorcó y seguro que habría muerto si yo no me hubiera acercado para descolgarlo y aflojarle el lazo, en cuclillas mucho tiempo a su lado, pellizcándole, haciéndole cosquillas y ruido, por miedo de que su garganta estuviera todavía obstruida en alguna parte. Pero lo que más le ayudó fue que sujeté sus extremidades, comprimiéndolas con ambas manos» 15 .
«¿Acaso te refieres», dije yo, «al famoso Dión el marica, [12] el de escroto lacio y afeminado, el jovencillo que masca lentisco, que se masturba y se toquetea cada vez que advierte a alguien con un hermoso miembro? Es una basura y un puto».
«Pues como decía», dijo Eudemo, «como Damasias venera a la diosa —tienen a Ártemis en medio del patio, obra de Escopas— postrados ante ella. Él y su mujer, que ya es mayor y tiene la cabeza completamente cana 16 , le pedían que se compadeciera de ellos. Y ella al punto asintió y él ya está sano y salvo, de modo que ahora tienen un Teodoro y aún más claramente un Artemidoro 17 en el jovencillo. Y así le han ofrecido a la diosa entre otras cosas arcos y flechas, puesto que se complace con ello, ya que es arquera y luchadora a distancia Ártemis».
[13] «Bebamos pues», dijo Megalónimo, «ya que he venido con esta botella de vino viejo, queso fresco, olivas de las que tira el viento —las guardo bajo sellos corroídos por los gusanos 18 — y otras en conserva, y estos frascos de arcilla, de agudas escamas, con sólido fondo, para que bebamos de ellos; también he traído una torta de tripas con una trenza como un copete. Tú, muchacho, échame más agua, para que no se me empiece a cargar la cabeza y llame luego a tu niñero contra ti: porque ya sabes lo mal [14] que lo paso y cómo tengo la cabeza envuelta. Después de la bebida, cotillearemos según costumbre, porque no está mal parlotear con unas copas dentro».
«Apruebo esto», dije yo, «puesto que somos la quintaesencia del aticismo».
«Tienes razón», dijo Calicles, «pues hablar en broma entre nosotros muchas veces es un estímulo para el cotorreo».
«En lo que a mí respecta», dijo Eudemo «—puesto que hace frío—, con más gusto bebería vino más puro, porque estoy congelado y una vez que me haya calentado disfrutaré más oyendo a esos manisabios 19 , al flautista y al que toca el laúd».
[15] «¿Qué has dicho, Eudemo?», dije yo, «¿acaso tratas de imponernos silencio, como si no tuviéramos boca ni lengua? Mi lengua ya tiene ganas de hablar y en realidad yo ya estaba zarpando para hablaros en lenguaje antiguo y anegaros a todos como con nieve con mi lengua, pero tú has intentado conmigo lo mismo que si alguien a una nave de carga de tres velas, navegando con viento favorable, con las velas hinchadas, surcando por encima de las olas, le echara áncoras de doble brazo, rejones de hierro y amarras tratando de detenerla en su carrera por el oleaje, por envidia de la buena travesía».
«Entonces», dijo él, «si tú quieres, navega, nada y corre por las olas, pero yo me quedaré en tierra bebiendo, y como el Zeus homérico contemplaré desde las rocas o desde lo alto del cielo cómo te transportas tú y a la nave impulsada por un viento favorable de popa».
LICINO . — Ya está bien, Lexífanes, de bebida y de [16] lectura. A mí me tienes ya medio borracho y con bascas, y como no vomite rápidamente todo lo que nos has contado, puedes tener la seguridad de que me voy a volver loco con el zumbido de todas las palabras con que nos has regido. Aunque al principio me provocaban risa, luego cuando salieron tantas y todas eran iguales, te compadecía por tu desgracia al ver en qué laberinto sin salida te habías metido y darme cuenta de que sufrías la más grave de todas las enfermedades, quiero decir que estabas loco de atar.
Ahora me pregunto a mí mismo de dónde pudiste [17] reunir tantas desgracias y cuánto tiempo te llevó y dónde tienes encerrado un enjambre tan grande de palabras extrañas y distorsionadas, parte de las cuales las creaste tú, otras las desenterraste cavando en alguna parte, según dice el verso
así perezcas tú que almacenaste las desgracias de los humanos
reuniendo y derramando tanto barro contra mí, que no te había hecho ningún daño. Yo creo que no tienes ni amigos, ni allegados ni personas que te quieran, ni te has encontrado nunca con un hombre libre y que hablara con franqueza para decirte la verdad y librarte de la hidropesía que tienes, que te pone en peligro de reventar por la enfermedad, mientras crees que estás de buen ver y piensas que tu desgracia es salud, te alaban los ignorantes que no saben lo que te pasa y te compadecen lógicamente las personas cultas.
[18] Pero oportunamente veo que se acerca el médico Sópolis. Ea, vamos a tratar de ponerte en sus manos y a discutir con él sobre tu enfermedad para intentar encontrar alguna curación; es un hombre inteligente y ya se ha hecho cargo de muchos medio chalados como tú y chocheando y los ha remediado con sus medicinas. ¡Salud, Sópolis! Hazte cargo de Lexífanes, aquí presente, que es nuestro amigo como sabes y actualmente está afectado por una estúpida y extraña enfermedad del lenguaje que le pone en peligro completo de muerte. Sálvale de una manera o de otra.
[19] LEXÍFANES . — No a mí, Sópolis, sino a Licino aquí presente, que evidentemente es un imbécil, cree que están equivocadas las personas sensatas y a la manera del hijo de Mnesarco de Samos nos impone silencio y huelga de lengua. Pero por la atrevida Atenea y el gran teriómaco Heracles, no me voy a preocupar de él ni una pizca ni una gota. En realidad detesto totalmente encontrarme con él y pego un bufido cuando le oigo soltar tales reproches. Y ahora me voy a casa de mi amigo Clinias, porque he oído que su mujer hace tiempo que está impura y enferma porque no tiene la regla, de modo que ni siquiera la monta, sino que ella está sin hollar y sin arar.
[20] SÓPOLIS . — ¿Y qué enfermedad tiene Lexífanes, Licino?
LIC . — Precisamente ésta, Sópolis: ¿No oyes cómo habla? Prescinde de nosotros, los que ahora conversamos con él, y nos habla en un lenguaje de hace mil años, distorsionando su lengua y componiendo palabras extrañas que se toma muy en serio, como si fuera algo importante emplear un idioma extraño y falsificar la moneda de uso corriente.
SÓPOLIS . — ¡Por Zeus, me estás hablando de una enfermedad grave, Licino! Hay que ayudar a ese hombre por todos los medios y —como providencialmente me vine con esta medicina para algún bilioso, de modo que al beberla echará su bilis— ¡ea!, Lexífanes, sé tú el primero en beberla, para que te nos pongas bueno y te purgues, una vez que te hayas vaciado de un lenguaje tan absurdo. Hazme caso, bebe y te sentirás mucho mejor.
LEXÍFANES . — No sé lo que me estáis haciendo, Sópolis, tú y Licino, al hacerme beber esta pócima. Temo que esta bebida se me convierta en ataúd de mi lenguaje.
LICINO . — Bebe y no te retrases, para que puedas pensar y hablar como un ser humano.
LEX . — Ea, ya te hago caso y voy a beber. ¡Ay! ¿qué es esto? ¡Qué ruido de tripas tan tremendo! Parece que me he bebido un ventrílocuo.
SOP . — Entonces empieza ya a vomitar. ¡Ajá! Primero [21] lo de «acaso», inmediatamente después ha salido «y después», a continuación lo de «dijo él» y «de alguna manera» y «mi muy querido» y «en verdad» y el incesante «algunos». Haz un esfuerzo, métete los dedos en la garganta, que aún no has vomitado «conjuntamente» ni lo de «retorcerse» ni lo de «dedicarse a algo», ni lo de «atormentarse». Muchas siguen todavía dentro y tu tripa está llena de ellas 20 . Mejor sería si salieran algunas por abajo. En cualquier caso un gran pedo en las narices hará un gran ruido al coincidir su salida con el aire.
Ea, ya está limpio éste, salvo que haya quedado algo en los intestinos inferiores. Tú ahora hazte cargo de él, Licino, cambia su educación y enséñale lo que tienes que decir.
[22] LIC . — Así lo haremos, Sópolis, puesto que tus enseñanzas nos han abierto el camino. A ti te corresponde, Lexífanes, la sugerencia en lo sucesivo. Si realmente deseas que te elogien por tu estilo y ser famoso entre las masas, huye y evita esta clase de expresiones; empieza por los mejores poetas y léelos con la tutela de maestros; pásate luego a los oradores y cuando te hayas familiarizado con su dicción cámbiate oportunamente a Tucídides y Platón, pero después de haberte ejercitado mucho en la hermosa comedia y la majestuosa tragedia. Porque, una vez que hayas libado todas sus bellezas, serás alguien en las letras. Pues ahora, sin darte cuenta, te pareces a los fabricantes de muñecas del ágora, que están pintadas por fuera de rojo y azul, pero por dentro son de barro y muy frágiles.
[23] Si obras así, aguantas por poco tiempo el reproche de ignorancia, y no te avergüenzas de aprender de nuevo, podrás hablar con confianza al público y no se reirán de ti como ahora ni estarás para mal en la boca de las personas más distinguidas, que te calificarán de «Griego» y de «Ático», cuando ya no seas digno de figurar entre los bárbaros más conspicuos. Recuerda ante todo no imitar lo más malo de los sofistas que existieron poco antes de nosotros, ni mordisquearlo, como haces ahora, sino eliminarlo e imitar únicamente los antiguos modelos. Que no te seduzcan las amapolas de las palabras, sino que a la manera de la norma de los atletas, que tu alimentación habitual sea sólida, y ante todo ofrece sacrificios a las Gracias y a la Claridad, de las que ahora te has apartado muchísimo. [24] Abstente de la vanidad, la jactancia y la malicia, de fanfarronear y de dar gritos, de burlarte de los otros y de creer que serás el primero si calumnias las obras de todos.
Tampoco es un pequeño error sino más bien el mayor que cometes cuando sin haber preparado las ideas de lo que vas a decir lo adornas con expresiones y palabras, encuentras en alguna parte una expresión extraña o la inventas tú mismo y crees que es bella; luego tratas de ajustarle una idea y te parece un castigo no poder embutirla en alguna parte, aunque no sea necesario para lo que estás diciendo, como ocurrió recientemente con la palabra «tizón», que la pusiste sin saber lo que significa y sin ninguna relación con el tema. Los inexpertos se quedaron asombrados, con los oídos sacudidos por la extravagancia, y las personas cultas se reían de ambas cosas, de ti y de los que aplaudían.
Pero lo más ridículo de todo es que en tu deseo de [25] ser el colmo del aticismo y de ajustar rigurosamente tu lenguaje al modelo más arcaico, mezcles algunos términos, o más bien la mayoría, a lo que estás diciendo, en casos que ni un niño que está empezando a aprender ignoraría. Como, por ejemplo, ¿cómo crees que yo estaba deseando que me tragara la tierra al oír tu exhibición, cuando creías que se llamaba tuniquilla una prenda masculina y denominabas «esclavitos» a los servidores masculinos, cuando nadie ignora que la tuniquilla es una prenda femenina y sólo se llama esclavitos a las mujeres? Hay otros ejemplos mucho más evidentes que éste, como lo de «aleteó», «saliendo al encuentro», «sentándose», que ni siquiera están naturalizados en la lengua del Ática 21 . Nosotros tampoco aplaudimos a los poetas que escriben poemas llenos de palabras rebuscadas, pero tus obras, comparando la prosa con el verso, serían como el Altar de Dosiadas, la Alejandra de Licofrón o cualquier otra más desgraciada por su lengua que éstas.
Si imitas estas obras y cambias de aprendizaje, habrás tomado la mejor decisión sobre ti mismo, pero si te deslizas de nuevo sin darte cuenta en la exquisitez, yo habré cumplido mi parte de advertencia y tú podrás inculparte a ti mismo cuando comprendas que has empeorado.

1 Juego de palabras a base de neochmós (reciente, nuevo, impoluto), y duchmós (sequía, polución), casi irrepetible en la traducción.
2 Cf. HOM ., Il. I 598, IV 3.
3 La palabra kypselís (de cera) es una distorsión de kypselḗ (cerumen del oído), y hace pensar en el tirano Cípselo.
4 Periandro también era Cipsélida. Cf. HERÓD ., I 20, etc.
5 Juego consistente en echar el resto de una copa de vino en una cubeta de metal, invocando el nombre de la mujer amada; si al caer el vino producía un sonido vibrante, era señal de amor correspondido.
6 Sin baño previo.
7 Del reloj de sol.
8 La palabra peine (kteís) no le parece a Lexífanes bastante elegante.
9 Dejaba pelo sólo en lo alto de la cabeza. Ambos estilos estaban pasados de moda.
10 La expresión apò symphorôn para Lexífanes significa «sin contribución» pero para cualquier otro de su época es «sin catástrofes».
11 Única alusión a Mentor en la literatura griega. Los escolios lo citan como fabricante de cristalería.
12 Parece que fue un alfarero corintio, contemporáneo de Aristófanes.
13 Se refiere a los de Eleusis.
14 Ni los antiguos sabían qué significaba lo de Termeria, salvo que era una gran desgracia. Según Suidas, el nombre derivaba del de la fortaleza de un tirano de Caria que se usaba como prisión.
15 Aunque Eudemo trata de decir que intentaba ayudarle, su lenguaje es tan equívoco que parece lo contrario.
16 Alusión equívoca a Atenea Políada (de la ciudad).
17 «Don de dios», «don de Ártemis».
18 En tiempo de Luciano sólo un anticuario podía tener estos sellos.
19 Porque hacían muchos gestos con las manos. Cf. Sobre la danza 69.
20 Algunas de estas palabras (Iôste, íktar, skordinâsthai, teutázesthai, skýllesthai) no las usa Lexífanes.
21 Híptato, apantómenos, kathestheís.
47
EL EUNUCO
Es una sátira maliciosa a propósito de la competición por una cátedra de Filosofía, creada en Atenas junto con otra de Retórica por Marco Aurelio. Las cátedras de Filosofía se repartían únicamente entre cuatro escuelas, la platónica, la estoica, la epicúrea y la peripatética. Había dos cátedras para cada secta, según se deduce de la afirmación de que la vacante se debe al fallecimiento de uno de los peripatéticos.
Cada cátedra tenía un estipendio de diez mil dracmas anuales. El primer nombramiento de Retórica (Teódoto) fue hecho por el propio emperador; los de Filosofía se encomendaron a Herodes Ático, que, sin embargo, sólo pudo hacer el primero, en 176 a. C., ya que su muerte no pudo ocurrir después del 178. Por ello no es sorprendente que Luciano hable de una selección hecha por un jurado de prominentes atenienses.
El diálogo, sin duda, se compuso en la época del concurso (ca . 179 d. C.) en Atenas. Los nombres que se dan son ficticios y no conocemos datos que permitan identificarlos.
Los interlocutores son Pánfilo y Licino, que comentan muertos de risa el pleito que acaba de plantearse para la provisión de la cátedra. Los aspirantes a la plaza, Diocles y Bagoas, han debatido sus argumentos (curriculum), pero como ninguno ha podido demostrar ser mejor que el otro, han sacado a relucir sus vida privadas (antes se llamaba la «trinca»), hasta el punto de que uno de ellos acusa al otro de eunuco e incapaz por ello de dedicarse a la Filosofía. La víctima se defiende, entre otros argumentos, haciendo ver que el ser eunuco es una garantía para dedicarse a la educación de la juventud. Luego resulta que no era tan eunuco y todos se echan a reír, cuando alguien propone que se le desnude para comprobar la situación, y hasta se sugiere que cohabite con él una prostituta. Como no se ponen de acuerdo los jueces, transfieren el expediente a Italia.
[1] PÁNFILO . — ¿Dónde has estado, Licino y por qué vienes riéndote? Porque tú siempre estás alegre, pero esto es algo fuera de lo corriente, en cuanto no puedes aguantar la risa.
LICINO . — Aquí me tienes procedente de la plaza, Pánfilo, y enseguida te la voy a contagiar, en cuanto oigas la tramitación del pleito a la que asistí, con filósofos discutiendo entre ellos.
PÁN . — Estás diciendo algo verdaderamente divertido, que pleiteen entre ellos los filósofos, cuando deberían resolver en paz entre sí sus diferencias, por importantes que fueran.
[2] LIC . — ¿De dónde van a resolver en paz, mi querido amigo, unas personas que se enzarzan tirándose entre ellos carretadas de insultos, dando gritos y descompuestos?
PÁN . — ¿Sin duda, Licino, discrepaban en sus argumentos, como es corriente, por ser de doctrinas diferentes?
LIC . — ¡Qué va! Se trataba de algo distinto, porque ambos eran de la misma doctrina y partían de los mismos argumentos. Sin embargo, se había planteado el pleito y los jueces que votaban eran los más competentes, con más experiencia y más sabios de la ciudad, en cuya presencia cualquiera se habría avergonzado de dar la nota, y no digamos de llegar a tan gran desvergüenza.
PÁN . — Entonces podrías contarme ya por favor lo más importante del pleito, para que yo mismo conozca el motivo que te provocó tan gran risa.
LIC . — Muy bien, Pánfilo, el emperador ha establecido, [3] como sabes, una gratificación no despreciable para los filósofos según escuelas, me refiero a los estoicos, a los platónicos y a los epicúreos, sin contar a los del Perípato, la misma para todos. Al morir uno de ellos, debe subrogarse otro en su lugar, aprobado por los votos de los ciudadanos más distinguidos. La recompensa no es «una piel de buey ni una víctima» 1 , según el poeta, sino diez mil dracmas anuales, con el compromiso de enseñar a los jóvenes.
PÁN . — Estoy enterado, y dicen que uno de ellos ha muerto recientemente, al parecer uno de los peripatéticos.
LIC . — Ésta es, Pánfilo, la Helena por la que lucharon en combate individual entre ellos. Hasta aquí no había nada que provocara la risa, salvo quizá que hombres que decían ser filósofos y que despreciaban las riquezas, luchaban por ellas como por la patria en peligro, los altares patrios y las tumbas de los antepasados.
PÁN . — Sin embargo, éste es también un dogma de los peripatéticos: no despreciar excesivamente las riquezas, sino considerar que son «un tercer bien».
LIC . — Es correcto lo que dices, pues tal es su afirmación y la guerra se desarrolló entre ellos según las normas tradicionales. Pero escucha lo que sigue.
Otros muchos competidores intervinieron también en [4] el discurso fúnebre por el filósofo muerto, pero dos de ellos sobre todo estaban empatados: el viejo Diocles —ya sabes a quién me refiero, al discutidor— y Bagoas, el que tenía fama de ser eunuco. Previamente ambos habían debatido sus argumentos, uno y otro habían demostrado su conocimiento de los principios y su adhesión a Aristóteles y sus ideas. Y, por Zeus, ninguno de ellos era mejor que el [5] otro. Entonces el final del pleito dio un nuevo giro, pues Diocles, prescindiendo de exponer sus propios méritos se volvió contra Bagoas e intentaba sobre todo censurar su vida privada; de la misma manera, Bagoas también empezó a comparar la vida del otro.
PÁN . — Naturalmente, Licino, y deberían dedicar más bien la mayor parte de su discurso a este aspecto. Por mi parte, si casualmente yo fuera juez creo que me ocuparía sobre todo de esto, tratando de averiguar quién llevó mejor vida antes que su mejor preparación de los temas, y lo consideraría más adecuado para la victoria.
[6] LIC . — Tienes razón y cuentas con mi voto en esto. Pero cuando ya se habían insultado bastante y se habían llenado de incriminaciones, al final Diocles negó en conclusión que se pudiera permitir en absoluto que Bagoas se dedicara a la Filosofía o se beneficiara de sus recompensas siendo eunuco, sino que tales individuos merecían ser excluidos no sólo de estas actividades sino incluso de los propios templos, de las abluciones sagradas y de todas las reuniones públicas, manifestando que era un espectáculo de mal augurio y execrable si uno se encontraba con un individuo así al salir de su casa por la mañana. Y pronunció un largo discurso sobre este tema, haciendo ver que el eunuco no era ni hombre ni mujer, sino un compuesto, híbrido y monstruoso, extraño a la naturaleza humana.
PÁN . — Estás hablando de una acusación nueva, Licino, y ya me siento movido a risa al oír una inculpación tan inesperada. Pero, ¿qué hizo el otro?, ¿se quedó quieto o tuvo valor para dar alguna réplica?
[7] LIC . — Al principio, por vergüenza y cobardía —cosa natural en esta clase de personas— estuvo mucho tiempo callado, poniéndose colorado y sudando de modo evidente, pero finalmente, con voz débil y afeminada, dijo que Diocles obraba injustamente al intentar eliminarle de la Filosofía por ser eunuco, ya que de ella participaban incluso las mujeres y aludió a Aspasia, Diótima y Targelia, para que colaboraran en su defensa 2 ; incluso a un académico eunuco procedente de la Galia, que poco antes de nuestra época había alcanzado fama entre los griegos 3 . Pero si este individuo hubiera sobrevivido y hubiera participado de las mismas pretensiones, también a él le habría eliminado Diocles, sin dejarse conmover por su fama entre el público: recordaba también las observaciones humorísticas que habían hecho contra él sobre todo los estoicos y los cínicos 4 a propósito de su defecto físico.
En esto estaban ocupados los jueces y lo más importante [8] de la reflexión sometida a disputa era si debía ser aprobado un eunuco que profesaba la Filosofía y solicitaba que se le confiara la tutela de los jóvenes: uno decía que la presencia y el buen estado físico debían formar parte del filósofo, y que lo más importante era que tuviera una barba abundante que inspirara confianza a quienes se acercaran a él con el deseo de aprender y fuera digna de las diez mil dracmas que iba a recibir del emperador, mientras que el caso del eunuco era peor que el de los castrados al servicio de Cibeles, ya que éstos al menos una vez habían probado la virilidad, mientras que éste estaba capado desde el principio y era un ser vivo ambiguo como las cornejas, que no se podrían considerar ni entre las palomas [9] ni entre los cuervos. Otro decía que no se trataba de un examen físico sino que debía ser una indagación anímica e intelectual y del conocimiento de las doctrinas. Entonces se citaba como testigo del argumento a Aristóteles, que admiraba con exageración al eunuco Hermias, tirano de Atarneo, hasta el punto de ofrecerle sacrificios como a los dioses. Todavía se aventuró Bagoas a añadir una observación, que un eunuco era mucho más adecuado como maestro para los jóvenes, porque no podía incurrir en calumnia alguna respecto a ellos ni sufrir la misma acusación que Sócrates de corruptor de la juventud. Y como también había sido ridiculizado especialmente por su falta de barba, soltó además esta pulla en tono gracioso (al menos se lo parecía a él): pues si hubiera que juzgar a los filósofos por la densidad de su barba, dijo, lo más justo sería anteponer a un macho cabrío sobre todos ellos.
[10] En esto una tercera persona que estaba presente —su nombre debe quedar en el anonimato— 5 dijo: «Verdaderamente, señores del jurado, si a este barbilampiño, de voz afeminada, que en general parece un eunuco se le desnudara, os aparecería como un hombre completo. A menos que mientan los que hablan de él, incluso fue convicto de adulterio en una ocasión, con el miembro en los miembros, como dicen las leyes de Solón. Pero entonces se refugió en el nombre de eunuco y al encontrar este santuario fue absuelto, ya que los jueces desconfiaron de la acusación ante su evidente aspecto. Yo creo que ahora se retractará a la vista de la subvención que se propone».
Al pronunciarse estas palabras todos se echaron a reír, [11] como era lógico. Bagoas, en cambio, estaba más alterado, totalmente confundido, poniéndose de todos los colores, cubierto de sudor frío, y ni le parecía que fuera correcto mostrar su acuerdo con la acusación por adulterio ni le parecía inútil esta acusación en el proceso presente.
PÁN . — Es verdaderamente ridículo, Licino, y parece que os proporcionó un entretenimiento poco corriente. Pero bueno, ¿qué ocurrió al final y cómo decidieron los jueces sobre la cuestión?
LIC . — Los jueces no tenían todos la misma opinión, [12] sino que unos creían que había que desnudarle como a los esclavos cuando se les compra e inspeccionarle para averiguar si podía practicar la Filosofía en lo que se refiere a sus partes. Otros hicieron la sugerencia, todavía más ridícula, de hacer venir a algunas mujeres del prostíbulo y pedirle que se reuniera y cohabitara con ellas, y que uno de los jueces, el de mayor edad y de mayor confianza estuviera presente y comprobara si podía practicar la Filosofía. Entonces, como la risa se adueñó de todos y no había quien no sufriera dolores de tripa por las contorsiones, decidieron rechazar la causa y enviarla de nuevo a Italia.
Y ahora, uno de ellos está según dicen entrenándose en [13] la demostración de su elocuencia, se prepara y fragua una acusación, trata de presentar de nuevo la inculpación de adulterio, que para él es desfavorable y en esto se comporta como los malos abogados, tratando de incluir a su adversario entre los hombres por medio de esta inculpación. Pero Bagoas, según rumores, se interesa por otras cosas, actúa como un hombre asiduamente y tiene el control de la situación en sus manos, con lo que espera ganar si consigue demostrar que no es inferior a los asnos que montan a las yeguas. Éste es, amigo mío, al parecer, el mejor criterio respecto a la Filosofía y una demostración irrefutable. Por ello desearía que también mi hijo —que es todavía muy joven— tuviera el miembro apto para la Filosofía, más que la lengua o el pensamiento.

1 HOM ., Il. XXII 159.
2 Targelia de Mileto fue una famosa hetaira, amante de Antioco, rey de Tesalia ca. 520-510 a. C. Le sobrevivió treinta años y actuó a favor de Persia cuando Jerjes invadió Grecia. Se dice que Aspasia la tomó como modelo. Diótima puede ser una invención de Platón, que en el Banquete (201d y ss.) le adjudica en boca de Sócrates un discurso sobre el amor que éste repite a sus amigos.
3 Alusión a Favorino de Arlés, a quien conocemos por Filóstrato y sobre todo por Aulo Gelio.
4 Entre los cínicos estaba Demonacte. Cf. Luc., Demonacte 12 y 13.
5 Seguramente se trata del propio escritor.
48
SOBRE LA ASTROLOGÍA
Aunque algunos consideran increíble esta defensa de la Astrología por parte de Luciano, Hall defiende su autenticidad en Lucian’s Satire , págs. 381-88. Se trata de un elogio fingido de la Astrología judicial, puesto en boca de un personaje antiguo y respetable que emplea el dialecto jónico, casi con seguridad Demócrito, comparable a Heródoto en el uso de la prosa jónica y autor, según Cicerón, de un tratado de adivinación por el examen de las entrañas (De divinatione I 42). Tan inteligentemente está hecho que ha engañado a mucha gente, que lo tomaron en serio y lo creyeron espurio. Sin embargo, su origen lucianesco está claro si se estudia atentamente. Orfeo, que en otros libros de Luciano desempeña un papel importante en la introducción de la Filosofía y de la danza, es aquí también el que instruyó en la Astrología, pero no de una manera abierta, ni a la luz pública, sino mediante un lenguaje críptico (cap. 10).
La nueva asunción de distintos pueblos de Egipto que veneraban diferentes signos del Zodíaco, sirve para explicar no sólo las figuras de animales en sus dioses (un tópico al que Luciano recurre con frecuencia maliciosamente) sino también el tabú de los peces, que se repite en La diosa siria . El mismo cariño en la racionalización de los mitos, con un guiño en la mirada, que en otros lugares convierte en bailarines de pantomima no sólo a Proteo sino a Empusa, aquí se impone con un abandono completo, en sentido astrológico, hasta el punto de incluir a Pasífae entre los adeptos. Y cuando el puro deseo de contar una historia le seduce hasta el punto de reiterar un cuento favorito, el de Faetón, su estilo le traiciona por completo.
Es únicamente un elogio inventado, pero a pesar de la diversión que encierra no está pensado como sátira o parodia. Es fundamentalmente un ejercicio literario sofístico de la misma naturaleza que Fálaris I y II , donde lo divertido es incidental (un pÁrergon lucianesco).
[1] Este escrito trata del cielo y de los astros, pero no de los propios astros ni del cielo mismo, sino de la auténtica adivinación que de ellos llega hasta la vida de los seres humanos. Pero mi relato no contiene consejos ni imparte enseñanzas sobre cómo debe manejarse esta adivinación, sino que mi objetivo es censurar a cuantos sabios ejercen las otras disciplinas y las exponen entre todos sus discípulos y únicamente dejan de cultivar y tomar en consideración [2] la Astrología. Y en realidad es una ciencia antigua, y no ha llegado a nosotros recientemente, sino que es una creación de reyes de la Antigüedad marcados por el favor divino, mientras que las generaciones actuales, por ignorancia, indolencia e incluso por odio al trabajo, mantienen opiniones contrarias a aquéllos y cada vez que se encuentran con personas que les hacen adivinaciones falsas, acusan a los astros y aborrecen la propia Astrología, que no consideran sana ni auténtica, sino una doctrina falsa y superficial, opinión que yo considero injusta, pues ni la impericia del artesano supone error de la artesanía ni la ineptitud del flautista es ignorancia de la propia música, sino que ellos son ignorantes de su arte, pero cada arte es sabio por sí mismo 1 .
Fueron los etíopes quienes por primera vez comunicaron [3] esta creencia a la humanidad. La causa de ello es por una parte la sabiduría de este pueblo —pues los etíopes son en general más sabios que otros— y en parte también por la bondad de su clima, pues siempre tienen buen tiempo y ausencia de viento, y no están sometidos a las vicisitudes del año, sino que viven en una sola estación. Por ello, al darse cuenta de que la luna no aparecía siempre con la misma forma entera, sino que tomaba distintos aspectos y se cambiaba en diversas figuras, pensaron que la cosa era digna de admiración y duda; investigaron en consecuencia y encontraron la causa de estos fenómenos, a saber que la luna no tenía luz propia, sino que le venía del sol. Descubrieron también el movimiento de las otras [4] estrellas, que nosotros llamamos planetas —pues únicamente éstos se mueven— su naturaleza y su potencia y las actividades que cada uno realiza. Además, les impusieron nombres a cada uno, pero no simplemente nombres según les parecía, sino marcas distintivas.
Esto es lo que los etíopes habían observado en el cielo; [5] a continuación, transmitieron su doctrina incompleta a sus vecinos los egipcios y éstos, que habían recibido de aquéllos el arte de la adivinación estructurado a medias, lo hicieron progresar, señalaron las medidas del movimiento de cada planeta y determinaron el número de los años, meses y horas. Midieron los meses por las revoluciones de la luna, los años por el sol y su recorrido. Hicieron también otros [6] descubrimientos, mucho más importantes que éstos: dividieron todo el cielo, con las otras estrellas que no andan errantes y están fijas y no con las que se mueven, en doce partes, y (les dieron) nombres propios 2 … de seres vivos a cada parte, que imitan formas distintas, unas de animales marinos, otras de seres humanos, otras de fieras, de aves, de bestias de carga.
[7] Por esta razón, todavía se representan los seres sagrados egipcios de muchas formas 3 . Porque no todos los egipcios ejercían la adivinación a partir de los doce signos completos, sino que unos usaban unos signos y otros uno diferente; así, veneran al carnero los que tienen su mirada puesta en el carnero, no comen peces los que se expresan con el signo de piscis, ni matan machos cabríos cuantos tienen conocimiento de capricornio, y así cada uno por separado rinden culto según sus ideas. Seguramente rinden culto al toro por respeto al tauro celestial, y Apis disfruta de especialísima veneración y pastorea sus campos, donde le han consagrado un oráculo, como señal de la adivinación del tauro celestial.
[8] Poco tiempo después, también los libios abordaron la doctrina, ya que el oráculo de Amón también se creó con vistas al cielo y su sabiduría, por lo que representan a Amón [9] con cabeza de carnero. También los babilonios tuvieron todos estos conocimientos, según ellos afirman, antes que los otros, pero yo creo que la ciencia llegó a ellos mucho después.
[10] En cuanto a los griegos, no aprendieron nada sobre la Astrología ni de los egipcios ni de los etíopes. Fue Orfeo, el hijo de Eagro y Calíope, el primero que les instruyó en estas enseñanzas, pero no de una manera abierta, ni sacó la ciencia a la luz pública, sino que recurrió al sortilegio y al lenguaje críptico, como correspondía a su mentalidad 4 . Para ello se construyó una lira, celebraba misterios y ritos con cánticos poéticos. La lira, que era de siete cuerdas, expresaba la armonía de las estrellas errantes. Con estas investigaciones y removiendo estos temas, Orfeo lo encantaba todo y sojuzgaba a todo el mundo, pues no tenía la mirada puesta en su lira ni le importaba su canto, sino que ésta era la poderosa lira de Orfeo 5 , y los griegos al rendirle culto la ponían aparte en el cielo y muchas estrellas se llaman la lira de Orfeo.
Si tú ves alguna vez a Orfeo representado en piedras o en pintura, aparece sentado en el centro semejando a un cantor, con la lira en sus manos, y a su alrededor hay innumerables animales, entre los que también está el hombre, el toro, el león, uno de cada clase. Cuando lo veas, recuerda por favor cómo es el canto, cómo es la lira y cómo escuchan a Orfeo el toro y el león. Y si quieres conocer las razones de lo que digo, fíjate en cada uno de ellos en el cielo.
Dicen, sin embargo, que Tiresias, un personaje beocio, [11] cuya fama profética se ha celebrado muchísimo, declaró entre los griegos que una parte de las estrellas errantes eran masculinas y otras femeninas y que no producían los mismos efectos; cuentan que por ello también Tiresias fue bisexual e híbrido, unas veces hembra y otras veces macho.
Cuando Atreo y Tiestes disputaban por el trono de su [12] padre, es evidente que los griegos ya se preocupaban muchísimo por la Astrología y la ciencia del universo. La comunidad de los argivos decidió que ocuparía el poder el que destacara sobre el otro en estos conocimientos. Entonces Tiestes les indicó y puso de manifiesto el carnero en los cielos y desde entonces decían que Tiestes tenía un cordero de oro. Pero Atreo les explicó el sistema del sol y sus salidas, que el sol y el firmamento no se mueven en la misma dirección, sino que giran en sentido opuesto y que lo que parecen ocasos, que son ocasos del firmamento, son salidas del Sol 6 . Al decir estas palabras, los argivos lo nombraron rey y fue grande la fama de su sabiduría.
[13] En relación con Belerofonte, yo tengo la siguiente opinión: no estoy muy convencido de que naciera alado como un caballo, pero creo que persiguió esta sabiduría, alcanzó los más grandes pensamientos, conversó con los astros y subió al cielo no con un caballo sino con la mente.
[14] Lo mismo puede decirse de Frixo, el hijo de Atamante, que dicen que cabalgó por el aire montado en un cordero de oro. Y, sin duda, también de Dédalo el ateniense; aunque su historia es extraña, sin embargo, no creo que deje de tener relación con la Astrología, sino que él la practicó muchísimo e instruyó a su propio hijo.
[15] Pero Ícaro, abusando de su audacia juvenil, no se propuso objetivos alcanzables sino que se dejó arrastrar por la imaginación hasta el mismo cielo, se apartó de la realidad, se desvió de toda razón y fue precipitado a un mar profundo de realidades insondables. Los griegos lo han convertido inútilmente en un mito y al azar han dado el nombre de Icario a un golfo en su mar.
Tal vez también Pasífae, que había oído hablar a Dédalo [16] del toro y de su aparición entre los astros y de la misma Astrología, se enamoró del relato y de ahí deriva la creencia de que Dédalo la casó con el toro.
Hay también algunos que dividen la ciencia en distintas [17] partes y cada uno de ellos hace descubrimientos diferentes; unos reúnen las peculiaridades de la Luna, otros las de Zeus, otros las del Sol, relacionadas con su recorrido, sus movimientos y su potencia, y así Endimión ordenó lo relativo a la luna, Faetón dedujo el recorrido del sol, aunque [18] no estrictamente, sino que dejó el estudio incompleto a [19] su muerte. Los que ignoran estos detalles, sin embargo, creen que Faetón era hijo del Sol y cuentan de él una historia increíble, según la cual se dirigió a su padre el Sol y le pidió que le dejara conducir el carro de la luz, que él se lo permitió y le dio consejos para guiar los caballos. Pero cuando Faetón montó en el carro, por la inexperiencia de su juventud unas veces lo llevaba pegado a la tierra y otras suspendido muy lejos de ella en el espacio, con lo que aniquiló a la humanidad con un frío y un calor insoportables. Ante ello, decían que Zeus había fulminado lleno de indignación a Faetón con un terrible rayo. Al caer, sus hermanas le rodearon y celebraron un gran duelo, hasta que se metamorfosearon y ahora son álamos negros y destilan por él lágrimas de ámbar. No ocurrieron así las cosas ni se les puede dar crédito, ni el Sol engendró un hijo, ni su hijo se le murió.
Los griegos cuentan también otras muchas fábulas, en [20] las que no creo en absoluto. Porque ¿cómo se puede creer que Eneas fue hijo de Afrodita y Minos de Zeus y Ascálafo de Ares, o Autólico de Hermes? Lo que ocurre es que cada uno de ellos fueron protegidos por los dioses y al nacer miró por uno Afrodita, por otro Zeus, por otro Ares. Efectivamente, los signos que mandan en el momento del nacimiento de los hombres, actúan como padres para ellos en todos los sentidos, en el color, en la forma, en las obras y en el pensamiento. Así, Minos fue rey porque estaba Zeus en su ascendencia, Eneas fue bello por la voluntad de Afrodita y Autólico ladrón porque el ladronicio le vino de Hermes.
[21] Más aún, tampoco es verdad que Zeus encadenara a Crono ni lo arrojara al Tártaro ni imaginara las otras maldades que suponen los hombres, sino que, debido a que Crono sigue una trayectoria muy alejada de nosotros y su movimiento es lento y difícil de percibir por la vista humana, dicen que está fijo como si estuviera encadenado, y el vasto abismo del aire se llama Tártaro.
[22] Especialmente a partir del poeta Homero y de las poesías de Hesíodo podrían conocerse los puntos en los que antiguamente estaban de acuerdo los astrólogos. Pues cuando Homero describe la cadena de Zeus 7 y las vacas del Sol (que yo supongo que son días 8 ), y las ciudades que Hefesto forjó en el escudo de Aquiles, y la danza, y la viña de oro 9 , así como cuanto ha dejado dicho sobre el adulterio de Afrodita y Ares, también ello está compuesto evidentemente sin inspirarse en otras fuentes que en esta ciencia. Está claro que la conjunción de Afrodita y Ares ha creado el canto de Homero. Y en otros versos distingue las actividades de cada uno de ellos, cuando le dice a Afrodita:
tú dedícate a los dulces trabajos del himeneo
y aludiendo a las actividades de la guerra:
el impetuoso Ares y Atenea cuidarán de ellas 10 .
Al darse cuenta de ello, los antiguos utilizaron muchísimo [23] la adivinación y no la consideraron algo accesorio, sino que ni fundaban ciudades, ni las rodeaban con murallas, ni entablaban combates, ni celebraban matrimonios sin oír previamente a los adivinos sobre cada uno de estos temas. Y sus oráculos no estaban apartados de la Astrología, sino que en Delfos una doncella tenía el cargo de profetisa como símbolo de la virgen celestial, y una serpiente hablaba bajo el trípode porque también entre las estrellas resplandece una serpiente, y en Dídimo hay un oráculo de Apolo que se llama Dídimo en mi opinión tomando el nombre de los «Gemelos» celestiales.
Tan sagrada les parecía a ellos la adivinación que [24] cuando Ulises, ya harto de andar de un sitio para otro, tomó la decisión de oír la verdad sobre su situación, se dirigió al Hades, pero no
para ver a los muertos y un lugar desapacible 11
sino dispuesto a tener una conversación con Tiresias. Y, cuando llegó al lugar que Circe le había indicado y cavó, hizo un hoyo y degolló las ovejas, al presentarse numerosos muertos, incluida su propia madre, porque estaban ansiosos de beber la sangre, no se lo permitió a nadie, ni a su madre, hasta que Tiresias la degustara y le obligara a decirle su oráculo, mientras soportaba la visión de su madre sedienta.
[25] En cuanto a los lacedemonios, Licurgo organizó toda su constitución a partir del cielo y promulgó una ley para que de ningún modo 12 … ni salieran del país a hacer la guerra antes de que hubiera luna llena, pues no creía que hubiera el mismo poder con luna creciente y con luna menguante, [26] y que todo estaba sometido a su influencia. Únicamente los arcadios no aceptaron estas ideas ni honraron la Astrología y en su insensatez e ignorancia llegan a afirmar que ellos son más antiguos que la luna.
[27] Pues bien, mientras nuestros antepasados fueron hasta tal punto entusiastas de la adivinación, los contemporáneos nuestros creen en parte que los hombres son incapaces de encontrarle un fin a la Astrología, porque no es creíble, según afirman, ni verdadera; ni Ares o Zeus se mueven en el cielo por nuestra causa, ni se preocupan de nuestros problemas, puesto que no tienen nada en común con ellos, sino que realizan sus revoluciones independientemente, por necesidad de rotación.
[28] Otros en cambio afirman que la Astrología, aunque no miente, es inútil, pues no cambian por la adivinación cuantas cosas sobrevienen decididas por los hados.
[29] Por mi parte, frente a ambas opiniones, puedo decir que las estrellas cumplen en el cielo su propia evolución, pero accesoriamente a su propio movimiento, ocurre cada uno de los sucesos que nos afectan. ¿O es que pretendes que cuando un caballo corre y las aves y los humanos se mueven, saltan las piedrecitas y se agitan las briznas con el viento que levanta la carrera, y que no ocurra nada en cambio con el torbellino de los astros? Y si de un pequeño fuego nos llega la emanación y el fuego no quema por nuestra culpa ni le importa que nos calentemos, ¿cómo no vamos a recibir ninguna emanación de los astros? Ciertamente, la Astrología es incapaz de convertir lo malo en bueno o de cambiar algo en el curso de los acontecimientos, pero es útil a quienes la consultan, pues deleita con muchísima anticipación a los que saben que les va a llegar algún motivo de felicidad, mientras acogen con más facilidad las desgracias, pues no les sobrevienen sin esperarlas, sino que las sobrellevan con más suavidad y naturalidad por su expectativa. Esta es mi opinión sobre la Astrología.

1 Véase este mismo tema en Sobre la danza 80.
2 Laguna. Hemos aceptado la conjetura de HARMON .
3 Es cosa de Luciano esta idea de derivar las formas de animales de los dioses egipcios de los signos del Zodíaco, mientras que en la adjudicación a los egipcios de la invención de los signos coincide con sus contemporáneos.
4 Según CICERÓN (Tusc. Disp. V 3, 8) y VIRGILIO (En. I 740), fue Atlas el primer astrónomo, aunque Orfeo fue muy activo en algunos aspectos, como su conexión con la Filosofía (Fugitivos 8) y como danzante (Sobre la danza 15).
5 La idea es que los planetas forman el único instrumento musical y expresan la única música en la que Orfeo tiene realmente interés.
6 Esta idea no es de Atreo, sino que ya la conocen Sófocles y Eurípides. Cf. POLIBIO , XXXIV princ.
7 HOM ., Il. VIII 18-26.
8 Od. XI 104 ss., y XII 260 ss.
9 Il. XVIII 490 (ciudades), 561 (viña de oro), 590 (danza).
10 Il. V 429-430.
11 Od. XI 94.
12 Laguna.
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AMORES
Parece que hay general acuerdo en considerar esta obra, que sobrevive en el corpus de Luciano, como propia de un imitador, por su estilo y por sus temas, que muestran su influencia, más que por su lenguaje, y no puede ser posterior al año 250 d. C., a juzgar por la alusión a la decadencia de las ciudades de Licia que se hace en el cap. 7, tal vez posterior a la invasión de los godos y de Sapor. Por otra parte, parece que Rodas es próspera, aunque sabemos que sufrió un terremoto a mediados del s. IV a. C., y el Código de Justiniano (I 40-6) da a entender que había perdido su prosperidad en el 385 d. C.
La obra podría subtitularse «Los dos tipos de amor», ya que se plantean dos defensas, de amor homosexual y heterosexual. Este diálogo tiene precedentes literarios en el Banquete , el Fedro y el Lisis de Platón, así como en el Banquete de Jenofonte, ya que tratan todos ellos del amor en general, y también en los Diálogos sobre el amor de Plutarco, parte de los cuales anticipan el tema con el diálogo entre Dafneo, campeón del amor conyugal, y Protógenes, abogado de la pederastia. Mientras en Plutarco se declara vencedor al amor conyugal, en Luciano (cap. 51 ) Licino da un veredicto proclamado diplomáticamente en favor de la pederastia.
Aquiles Tacio (II 35-38) también ofrece una discusión en la que se comparan los méritos entre el amor hacia las mujeres con el amor a los muchachos, de modo parecido a este diálogo.
Algunos suponen que la que comentamos es posterior a ambas y que su autor habría podido tomar ideas de Aquiles Tacio.
El mejor estudio sobre este diálogo es el de R. Bloch, De Pseudo-Luciani Amoribus , en Dissertationes Philologicae Argentorenses , 12. 3, Estrasburgo, 1907. También pueden consultarse HELM , Lucian und Menipp , y JONES , GRBS 25 (1984), 177-181, Tarsos in The Amores Ascribed to Lucian .
LICINO . — Teomnesto, amigo mío, desde el amanecer, [1] con tu relato sobre el juego amoroso has estado llenando mis oídos, fatigados de una atención incesante a temas más serios, y, como estaba muerto de sed de una relajación parecida, tu arroyo encantador de historias divertidas fue para mí muy oportuno. Porque el espíritu está débil para soportar afanes serios continuamente y los esfuerzos ambiciosos anhelan conseguir un pequeño respiro en sus preocupaciones más graves y tener libertad para disfrutar de los placeres. Esta mañana muy temprano me transportó de alegría la persuasión dulce e insinuante de tus licenciosos relatos, hasta el punto de que casi me imaginé que era Arístides 1 , hechizado sobremanera por los cuentos milesios, y te juro por tus amores, para los que te descubriste como amplio observador, que siento que hayas dejado de contarlos. Y si crees que estoy diciendo bagatelas, te pido por la propia Afrodita, que si has omitido algún amor con un chico o, por Zeus, con una muchacha, lo rememores aquí dulcemente. Además, estamos celebrando hoy un festival y ofreciendo sacrificios a Heracles. Tú sabes, sin duda, lo impetuoso que era este dios con Afrodita y creo que aceptaría gustosísimo tu relato como ofrenda.
[2] TEOMNESTO . — Licino, me parece que podrías contar más deprisa las olas del mar o los copos de una nevada que mis amores. En realidad, por mi parte creo que ha quedado completamente vacío de flechas el carcaj, y si quieren volar contra algún otro, la mano derecha desarmada de ellas se reirá desdeñosa. En efecto, casi desde la edad en que era como un niño hasta que se me contó entre los jóvenes, me he estado apacentando de una pasión detrás de otra. Los amores se han sucedido unos a otros y antes de poner fin al anterior ya había empezado el siguiente, como cabezas de la Hidra de Lerna, que renace multiplicándose, y Yolao no puede ayudar contra ella 2 . Porque el fuego no se apaga con fuego. Habita en mis ojos un tábano ágil, que arrastra hacía sí como presa a toda belleza y nunca se sacia bastante para pararse. Con frecuencia se me ocurre preguntarme perplejo a qué viene este rencor de Afrodita. Porque ni yo soy hijo del Sol 3 ni me siento culpable de la ofensa de las mujeres de Lemnos 4 ni del desprecio de Hipólito 5 , como para provocar esta furia incesante en la diosa.
[3] LICINO . — Acaba ya con esa representación fingida y desagradable, Teomnesto. ¿Te molesta realmente que la fortuna te haya asignado esa clase de vida? ¿Crees que es un desgracia alternar con mujeres hermosas y con muchachos en la flor de su belleza? A lo mejor vas a necesitar enseguida purgantes para una enfermedad tan grave. Porque tu dolencia es terrible. Pero ¿por qué no te libras de este gran disparate y te dedicas a pensar que eres un hombre afortunado porque dios no te ha dado como lote un campo de cultivo yermo ni los lances de los comerciantes o la vida en armas de los soldados? En vez de ello, tu interés está en las relucientes palestras, los espléndidos vestidos que desprenden lujo hasta los pies, en el cuidado de la cabellera admirablemente puesta a la moda. El propio tormento de los deseos amorosos te hace gozar y encuentras placer en la mordedura del diente de la pasión, porque después de probarlo esperas, y cuando has conseguido tu objetivo has disfrutado del mismo placer en el presente y en el futuro. En todo caso, cuando estabas recitando hace poco, como ocurre con Hesíodo 6 , una larga lista de tus amores desde el principio, las dulces miradas que se desprendían de tus ojos se mojaban tiernamente, dabas a tu voz una dulce suavidad, como la de la hija de Licambes 7 y enseguida ponías en evidencia, por tu propia actitud, que no sólo estabas enamorado de aquellos amores tuyos, sino también de tu recuerdo de ellos. Pero si has omitido algún residuo de tu viaje por el mar del amor, no lo ocultes, y ofrécele tu sacrificio a Heracles como una víctima perfecta.
TEOMNESTO . — Heracles es un devorador de bueyes, [4] Licino, y dicen que no le gustan nada las víctimas que no saben a humo. Pero, puesto que estamos celebrando con discursos su fiesta anual, mis relatos se están prolongando desde la mañana y producen saciedad; deja que tu Musa, desviándose de su seriedad habitual, pase el día alegremente con el dios y, como veo que no te inclinas hacia ninguna de las dos pasiones, sé para mí un juez imparcial. Decide a quienes consideras mejores, a los amantes de los muchachos o a los que disfrutan con el sexo femenino. Porque yo estoy herido por ambas pasiones y me siento colgado como una balanza de precisión con los dos platillos en equilibrio. Mientras que tú, que estás fuera del juego, puedes elegir la mejor de las dos utilizando tu razón como juez incorrupto. No te hagas de rogar, mi querido amigo, y deposita ya el voto al que te ha conducido el juicio sobre mis amores.
[5] LICINO . — ¡Querido Teomnesto! ¿te imaginas que mi exposición es cosa de broma o de risa? No, ella ofrece algo serio. En todo caso yo emprendí esta tarea recientemente desde que me di cuenta de que estaba muy lejos de ser un juego cuando oí a dos hombres discutiendo con vehemencia entre ellos sobre estos dos tipos de amor, y todavía resuena en mis oídos esta disputa. Estaban en desacuerdo, tanto en argumentos como en sentimientos, y no como tú, que por tu ánimo acomodaticio, en permanente vigilia, te ganas un doble salario,
conduciendo a los pastos ya bueyes, ya blancas ovejas 8 .
Por el contrario, uno de ellos se complacía en exceso con los muchachos y el amor de las mujeres le parecía un infierno, mientras que el otro se mantenía virgen en el amor masculino y se volvía loco por las mujeres. Como juez que presidió la discusión entre estas dos pasiones, no sería capaz de explicarte lo que pude disfrutar. Las huellas de sus palabras han quedado impresas en mis oídos casi como si acabaran de pronunciarse. Por ello, dejando aparte cualquier pretexto para disculparme, voy a contarte con todo detalle lo que oí decir a ambos.
TEOMNESTO . — Entonces yo me levantaré de donde estoy y me sentaré frente a ti,
esperando que el Eácida haya acabado su canto 9 .
Tú también divulga para nosotros con tu canto las antiguas y famosas noticias de la disputa amorosa.
[6] LICINO . — Tenía el propósito de embarcarme hacia Italia y me habían preparado un navío veloz de esos de dos bancos de remeros, de los que usan al parecer sobre todo los liburnos, un pueblo que vive a lo largo del Golfo Jónico 10 . Después de rendir mis respetos, en la medida de lo posible, a todos los dioses locales, e invocar a Zeus Hospitalario para que me asistiera propicio en mi expedición al extranjero, abandoné la ciudad con una yunta de mulas y bajé al mar. A continuación me despedí de mis acompañantes (me seguía una multitud adicta de jóvenes, que por tener un largo trato conmigo se resistían a separarse), embarqué por la popa y me senté cerca del piloto. Pronto nos alejamos de tierra a impulso de los remeros, hasta que vientos favorables de popa nos condujeron como si fueran pastores; entonces izamos el mástil del centro de la nave y pusimos la antena en la cofa. Después desplegamos todas las velas por los cables cuando la lona se infló suavemente, con un silbido que pienso no envidiaba al de una flecha y volamos a través de las olas que chocaban con fuerza con la proa que las cortaba.
[7] Pero no es el momento de extenderse en demasiados detalles sobre lo que ocurrió en serio o en broma a lo largo de todo el viaje. Cuando después de atravesar la parte marítima de Cilicia ya habíamos alcanzado el Golfo de Panfilia, después de pasar con dificultad las Islas de las Golondrinas 11 , límites felices de la antigua Grecia, visitamos cada una de las ciudades de Licia, donde disfrutamos muchísimo con los antiguos relatos, pues no se ven huellas claras de su antigua felicidad. Finalmente alcanzamos Rodas, la isla consagrada al Sol y decidimos tomar un pequeño descanso en nuestro ininterrumpido viaje.
[8] En vista de ello, los remeros vararon la nave a tierra y acamparon cerca. A mí me habían dispuesto un alojamiento enfrente del templo de Dioniso y me dediqué a pasear tranquilamente, disfrutando de un placer extraordinario. En realidad, la ciudad del Sol tiene una belleza adecuada a la divinidad 12 . Recorriendo los pórticos del templo de Dioniso examiné cada una de las pinturas, disfrutando de su contemplación y rememorando los relatos heroicos. Enseguida dos o tres personas se me acercaron dispuestos a contarme la historia entera por una pequeña propina, aunque la mayor parte de lo que decían yo ya me lo había imaginado.
[9] Cuando ya estaba ahíto de espectáculo y me disponía a volver a casa, me encontré con la bendición más deliciosa en un país extranjero, antiguos conocidos de mucho tiempo, a los que me parece que tú mismo conoces, por haberlos visto frecuentándome aquí: Caricles, un hombre joven de Corinto, que además de no ser feo es un experto en maquillaje, me imagino que porque quiere parecer guapo a las mujeres, y con él estaba Calicrátidas el ateniense, un individuo de costumbres sencillas; era un hombre preeminente, sobre todo en oratoria civil y en esta oratoria forense de nuestros días. Era también un devoto del ejercicio físico, aunque a mí me parece que las palestras le gustaban por su amor a los muchachos, pues únicamente le entusiasmaba esto, mientras que por su odio a las mujeres maldecía con frecuencia a Prometeo 13 . Pues bien, al verme de lejos, uno y otro se precipitaron hacia mí llenos de gozo y alegría. Luego, como es costumbre, me abrazaron y ambos me pidieron que fuera a su casa. Entonces yo, al ver que discutían más de la cuenta, dije: «Hoy, Calicrátidas y Caricles, lo mejor sería que viniérais los dos a mi casa, para que no llevéis vuestra rivalidad a mayores; en los días que siguen (pues yo he decidido quedarme aquí tres o cuatro días) alternativamente podréis invitarme para corresponder, echando a suertes a quién le toca primero».
Esto les pareció bien y aquel día les invité yo, al día [10] siguiente Calicrátidas y después de él Caricles. Yo vi con claridad, cuando ellos me invitaron, pruebas de la inclinación de cada uno. En efecto, mi amigo ateniense tenía experiencia en muchachos hermosos y todos sus esclavos eran casi imberbes y estaban en su casa hasta que les asomaba la primera sombra de barba, y cuando las mejillas se les cubrían de pelusa, los enviaba como administradores y encargados de las fincas en Atenas. Caricles tenía un cortejo de danzarines y cantantes, y toda su casa estaba llena de mujeres como si fueran las Tesmoforias 14 , sin que hubiera ni restos de hombre presentes, excepto que en algún sitio podía verse un niño, o un viejo cocinero jubilado, que por su edad no podía ser causa de celos. Pues bien, estos detalles, como te dije, eran indicios suficientes de la disposición de ambos. Con frecuencia, sin embargo, surgieron entre ellos pequeñas querellas, sin que el punto en cuestión pudiera resolverse. Pero, como era el momento de zarpar, accediendo a su deseo los acepté como compañeros de navegación, ya que querían navegar a Italia lo mismo que yo.
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