Читать книгу: «Qué carajo es emprender»

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Sobre este libro

Si diste vuelta este libro, es porque la palabra CARAJO te llamó la atención. Y es exactamente lo que la autora quería que pase.

Porque cada vez que alguien me pregunta si el humor sirve para explicar un tema, siempre digo lo mismo: “Divertido” no es lo contrario de “serio”.

“Divertido” es lo contrario de “aburrido” y de nada más.

Seamos sinceros. Los mejores profesores y profesoras que tuviste, siempre fueron personas divertidas, apasionadas, intensas, entusiastas y enamoradas de su vocación.

Así es Laura Chamorro, la mente detrás de Bendita Mi Suerte.

Para mí, ella es un pararrayos de marketing. Agarra cientos de conceptos a la velocidad de la luz y los baja a tierra de una manera simple. Con mucho humor, con diálogos maravillosos, con ejemplos de fracasos constructivos, con infinita empatía y con esa resiliencia innata que todos los emprendedores seriales tenemos.

La tapa, claramente, es una fachada para disimular el interminable Universo Chamorro.

Laura es muy, pero muy, pero muy, pero muy graciosa. En sus redes la vas a ver explotando esa faceta todo el tiempo. Bueno, ahora imaginátela metida adentro de un libro.

¿No te lo vas a llevar?

¡Qué lástima! Esto comenzaba a ponerse divertido.

PD: Gracias a Chaplin, Chesterton, Hemingway, Groucho, Ustinov, Leslie Nilsen y miles de humoristas más, por crear esta contratapa.

Matías Pierrad del @antigourmet

Experto en contratapas y milanesas napolitanas.

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Índice

Sobre este libro

Prólogo

Emprender o no emprender... esa es la cuestión

Introducción

Por qué y para qué es este libro

Introducción II

¡¿En serio?!

¡AVISO!

8 de cada 10 emprendimientos fracasan

Parte 1

En unos años seremos todos chinos o emprendedores

Capítulo 1

¿Qué carajo es emprender?

Capítulo 2

Emprendedor, ¿se nace o se hace?

Capítulo 3

¿Vivir de lo que amás es posible? hobbie vs. emprendimiento

Capítulo 4

Mi jefe es un imbécil. ¿Renuncio?

Anexo

Capítulo 5

¿Qué hacer con los opinólogos?

Capítulo 6

¿Cómo definir lo que quiero hacer?

Capítulo 7

¿Cuál es el momento ideal para emprender?

Parte 2

Que la risa te acompañe

Capítulo 8

¿Qué cuentas o previsiones tengo que hacer para estar seguro?

Capítulo 9

¿Cuál es una estructura básica emprendedora? ¿Yo solo con mi alma?

Capítulo 10

Ya renuncié. ¿Y ahora?

Capítulo 11

¿Existe la eutanasia emprendedora?

Capítulo 12

¿Cuánto más tengo que remarla?

Capítulo 13

¿Dónde está la libertad que me prometieron?

Capítulo 14

¿El aguinaldo son los padres?

Parte 3

No todo es pasión

Capítulo 15

¿Es esta la calma que antecede a la tormenta?

Capítulo 16

¿Todos los emprendedores sienten esta soledad?

Capítulo 17

¿Dónde se velan los restos de mi vida social?

Capítulo 18

¿Esto era lo que quería?

Capítulo 19

La academia del fracaso

Capítulo 20

Auxilio, la competencia me está copiando

Capítulo 21

¿De qué manera las redes sociales pueden tener impacto en mi negocio?

Parte 4

Creo que lo que creo, crea

Capítulo 22

¿Cómo no convertirme en el jefe que odiaba?

Capítulo 23

¿Cómo delegar sin querer morirme en el intento?

Capítulo 24

Haters. No podés gustarle a todo el mundo

Capítulo 25

¿Dónde me meto todas las frases de motivación?

Capítulo 26

Tu marca y sus valores

Capítulo 27

Vivir el emprendiarcado

Un extra

¿Cómo funciona el cerebro de un emprendedor?

Backstage

Epílogo

Epílogo personal


Chamorro, LauraQué carajo es emprender: Bendito emprendiarcado / Laura Chamorro. - 1a ed. - Buenos Aires : LID Editorial Empresarial, 2021. Libro digital, PDF - (Acción empresarial) Archivo Digital: onlineISBN 978-987-4467-27-01. Cultura Emprendedora. 2. Emprendimientos. 3. Marketing. I. Título. CDD 338.04

Fecha de catalogación: Mayo de 2021

© LID Editorial Empresarial SRL 2021

LID Editorial Empresarial, S.R.L.

A. Magariños Cervantes 1592 – CABA – Argentina

argentina@lidbusinessmedia.com

Instagram: @lideditorialarg

Twitter: LID Editorial Arg

Facebook: LID Editorial Argentina

ISBN 978-987-4467-27-0

Dirección general: Lía Sottanis

Dirección editorial: María Laura Caruso

Edición: MLC Servicios Editoriales

Corrección: Pablo Di Julio

Diseño de interior y cubierta: Xime Cortés - Donagh I Matulich

Diagramación de interior: Donagh I Matulich

Fotografía de solapa: Fernanda Conti, intervenida por Donagh I Matulich

Créditos fotógráficos: Página 16: © wirestock - www.freepik.es / Página 17: © lookstudio -

www.freepik.es / Página 89: @ jigsawstocker - www.freepik.es

Creador de frase Parte 4: Sebastian Gys

Se imprimió en el mes de mayo de 2021

Ningún emprendedor ha sido víctima de flagelo para alcanzar la excelencia en la edición de este libro. Los emprendedores tenemos la costumbre de autoexigirnos por voluntad propia, para no perder la costumbre.

Queda hecho el depósito que establece la Ley 11.723.

Libro de edición argentina.

No se permite la reproducción total o parcial, el almacenamiento, el alquiler, la transmisión o la transformación de este libro, en cualquier forma o por cualquier medio, sea electrónico o mecánico, mediante fotocopias, digitalización u otros métodos, sin el permiso previo y escrito del editor. Su infracción está penada por las leyes 11.723 y 25.446.

Editorial y patrocinadores respetan íntegramente los textos de los autores, sin que ello suponga compartir lo expresado en ellos.

Te escuchamos. Escríbenos con tus sugerencias, dudas, errores que veas o lo que quieras. Te contestaremos, seguro: argentina@lidbusinessmedia.com


A mi hija Constanza, mi gran amor y fuente de inspiración eterna en este camino.

A papá y mamá por enseñarme a no detenerme hasta lograrlo.

A mis hermanos, incondicionales compañeros de ruta.

A mis sobrinos, por recordarme que jugar y reír te sanan.

A mi Benditoteam por la locura compartida.

A mi abuelo, “El Nono”, por las carcajadas de la infancia que guardo en mi alma.

A Facu, por nuestra hermosa familia, por abrazarme fuerte en los días más difíciles, por su paciencia de oro y por amarme así, inquieta.

A todos los emprendedores que, como yo, tienen más ideas que tiempo.


Prólogo

Soy empresaria y me costó mucho aprender esta lección que hoy te traspaso. Aprender a decir que NO es darte el permiso para decir que SÍ a otras oportunidades que la vida personal y profesional te presentará.

Cuando me escribió Laura, a pesar de mi deseo de querer ayudar a muchos, tenía que decirle que no para enfocarme en todas las responsabilidades que, como CEO, tengo en mi día a día. Pero entonces, ella hizo algo que pocos emprendedores hacen. Ella se atrevió a darme seguimiento y me dijo: “Aunque no puedas escribirlo, lee el capítulo 7”.

Después de días con el documento abierto, me tomé los minutos para leer (una vez agradecí que tengo la habilidad de leer rápido, y te recomiendo que investigues sobre el tema porque como emprendedores tenemos mucho que leer). Al leerlo me di cuenta de que Laura no es una emprendedora más, es una emprendedora enfocada en resultados, que toma acción. Ella es del 10% de profesionales que no te dejará indiferente y en este libro verás que te habla desde su experiencia y no por tendencias.

Y para concluir, tú, querido emprendedor, recuerda estas dos lecciones: decir que NO a otros es decirte que SÍ a ti, es dejar de poner las prioridades de otro por encima de las tuyas. Pero esto permítetelo cuando estés más consolidado. Cuando comenzamos, necesitamos aliarnos y decir que sí a muchas cosas. La segunda lección es que nunca dejes de persistir y visualizar lo que deseas. Laura consiguió que le buscara un hueco en un calendario completo. A emprendedores como ella el éxito siempre los abraza.

Devora este libro y todos, visita a tus familiares y amigos y pide libros prestados. En cada libro hay contenidos que no encontrarás ni en vídeos ni cursos.

Un abrazo.

Vilma Núñez. Ph.D:

Self-made CEO de Convierte Más

Emprender o no emprender... esa es la cuestión

La película The social network narra el camino de Mark Zuckerberg en el surgimiento de Facebook, allí, el actor Justin Timberlake personifica al mismísimo Sean Parker, cofundador de Napster y quien fuera parte de aquella primera etapa de Facebook Inc.

En una escena inolvidable para mí, él conoce a una chica que le pregunta a qué se dedica. “Soy un emprendedor”, responde él. “Ah, estás desocupado”, contesta la chica, como si fuera una obviedad. El diálogo muestra perfectamente lo que pasaba hace poco más de diez años, antes del surgimiento de las redes sociales.

Ser emprendedor no tenía buena prensa. Emprender era sinónimo de ser busca, vago, un rebelde sin causa o un desocupado.

Con el surgimiento de emprendedores megajóvenes y millonarios como Mark Zuckerberg (Facebook), Steve Jobs (Apple) o Evan Spiegel (creador de Snapchat) ser emprendedor dejó de tener una connotación negativa.

Hoy, cuando alguien se presenta diciendo “soy emprendedor” muchos asumen que es una persona creativa, valiente, resiliente, que trabaja muy duro, se arriesga y tiene el potencial para transformar su negocio en un éxito.

Esta nueva percepción hace que emprender sea un estilo de vida que muchos quieren vivir. Algunos empiezan a ver que un conocido sube fotos a sus redes sociales trabajando con su pc desde alguna playa paradisíaca, con una leyenda que reza: “¡Mi oficina esta mañana!”, mira a su alrededor e, inevitablemente, empieza a odiar fuerte a su jefe, al trabajo en relación de dependencia, y comienza a preguntarse si no debería probar de qué se trata eso de EMPRENDER. Pero eso es solo un recorte de la realidad. Es lo que vemos como resultado del trabajo emprendedor. Es la foto. Con filtros y una selección de entre cientos de miles. Es solo una pieza del rompecabezas.

Pero no te preocupes, yo también pasé por ese dilema donde me repetía como mantra… “Emprender o no emprender… esa es la cuestión”.

Introducción

Por qué y para qué es este libro

Este libro surge porque desde que empecé a emprender sentí que la vida emprendedora vista desde las redes sociales estaba rodeada de “infantilismo”. Y eso me remontó a mi época de estudiante de Psicología en la Universidad de Buenos Aires, cuando vimos la teoría del pensamiento mágico en los niños, de Piaget. Me llamó poderosamente la atención cómo hoy, en la vida adulta, algunos conservan un poco de aquella etapa. Y por si acaso no tenés idea de qué teoría estoy hablando, te resumo: Piaget decía que el pensamiento mágico se caracteriza por seguir pautas de razonamiento que están centradas en lo concreto. Los niños, por ejemplo, tienen cierta dificultad para diferenciar la “apariencia” de la “esencia”. Para ellos una sábana blanca puesta sobre la cabeza de una persona que “parece” un fantasma, “es”, en efecto, un fantasma, porque como te decía, para ellos, tiene más valor la apariencia que la esencia.

Cuando comencé a emprender sentí que había mucho “mundo mágico” lleno de frases motivadoras con colores pastel, brillantina, corazones y frases del estilo: “tú puedes”. Las redes sociales estaban colmadas de apariencias. Parejas felices, hijos que se portan de maravilla, viajes a lugares increíbles, negocios exitosos, escritorios prolijos de esos que parecen una foto de Pinterest, mucha apariencia, poca esencia.

¿Lo peor? Todos, en algún momento, compramos ese mundo mágico.

Recuerdo que un día, recién arrancando la vida emprendedora entré a Instagram y leí:

“Elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un día de tu vida”. (Confucio)

Imaginame a mi, recién arrancando, sin un mango, leyendo esa frase. No la creí, pero me obligué a creerla. Me resultaba esperanzador, necesitaba sentir que eso era cierto. Pues lo siento mi ciela, ese tal Confucio era FAKE.

¡Cuánta frustración!, las redes me habían vendido que junto con mi decisión de renunciar a mi trabajo, iba a obtener la llave de la felicidad, en un mundo donde solo habría arcoíris y unicornios que toman helados de fresa, mientras otros bailan entre algodones, se tiran purpurina y cantan we are the world.

Parece una pavada, pero cuando estás empezando, esas frases sueltas pueden producir el efecto contrario al que, supongo, esperan generar.

Porque si yo te pongo una foto como esta:


Y vos ves eso y si estás en tu mejor momento, vas a darle like, compartir, guardar y hasta dejarás un comentario tipo “claro que sí, ¡el secreto de la felicidad está en disfrutar de esas pequeñas cosas!”. Porque estás en esa sintonía o porque elegís comprar que vos también vas a poder estar ahí en muy poco tiempo. Porque todo está bien, incluso esa foto diciéndote que las cosas simples de la vida son un atardecer en un yate que vale miles de dólares.

Pero, las redes tienen un alcance descomunal, llegan a cualquier persona que, sencillamente, tenga un teléfono y la aplicación de esa red. Entonces, ¿qué pasa si ese mensaje te llega a vos y lo leés en tu peor momento, cuando ese atardecer lo único que representa es que se está terminando otro día, otro día donde no pudiste disfrutar ni del desayuno porque tenías que irte a las corridas de tu casa para no llegar tarde a tu trabajo?, ¿qué pasa si lo ves cuando acabás de perder a un ser querido y para vos las cosas simples de la vida nada tienen que ver con un yate? Otra vez la amiga frustración te dice, “¡Hola! ¿Qué tal?”.

También veía muchos desayunos felices. Y eso que yo no soy de las que se levantan de mal humor, a mi me van poniendo de mal humor las cosas que me salen mal durante el transcurso del día, o la gente, pero no suelo levantarme con mala onda. Pero… ¡pará un cachito!, no exageremos, porque yo jamás conocí a nadie que tome un café así:


Sí, ya sé, es una foto, no deberíamos darle mucho análisis, pero te juro que cuando estás mal, estas cosas solo te hacen pensar, ¿por qué yo no puedo sonreír mirando ¡UNA TAZA!? ¿Por qué no tengo un café que me cuente un chiste así nos reímos todos? ¿Qué tengo de malo que no sé disfrutar DE LAS COSAS SIMPLES DE LA VIDA? Bueno, con el tiempo, con mucho laburo y siendo selectiva en el tipo de contenido que elegía consumir en redes y en los medios en general, pude tomarme esto con humor, reírme de esa simpleza fingida, de esa pequeña parte de la vida que te quieren hacer creer que es real, cuando solo es un acting para los nuevos que llegan y necesitan que alguien les diga “Sé feliz. Vos podés.”, junto con una foto del cielo en sepia.

La buena noticia es que después todos vamos saliendo de ahí, todos los emprendedores empezamos a aprender a emprender, entendemos que la motivación es necesaria, pero que no sale de una frase, sale de ver los resultados que vamos obteniendo, de las personas que vamos conociendo en el camino, de la alegría de saber que lo estamos logrando, aún cuando no todo es tan perfecto como queríamos creer.

Jamás me arrepentí de emprender, es una vida que amo y elijo cada mañana, pero eso, por supuesto, no quiere decir que no haya cientos de cosas que detesto hacer, por lo cual mi querido Confucio, donde quiera que estés, gracias por dejarnos una frase que nos creímos durante años y llenó de una presión innecesaria nuestros días.


Sí, me estoy peleando con confucio, tengo el tupé de cuestionarlo y este libro recién esta arrancando.


Cuando me desencanté de los gurús y sus motivaciones de cartón, me di cuenta de que me faltaba lo más básico para emprender, yo no tenía todas las herramientas necesarias para poder renunciar a mi trabajo y vivir de emprender. No podía vivir de likes.

Pasaron algunos años y con ellos cientos de capacitaciones con gente muy talentosa, leí libros de esos que te cambian la perspectiva, de los que te invitan a correrte de esa comodidad para ponerte en movimiento.

Después de casi cuatro años, con la mochila cargada de variadas herramientas y algunos fracasos, me sentí segura para hacer pública mi cuenta personal en Instagram @benditamisuerte, donde hasta el momento solo estaban mis amigos y familiares.

Fue en mayo de 2018 cuando empecé a compartir mi camino emprendedor, mi vida sin yates ni cosas simples, más bien un torbellino de desgracias, dificultades bizarras y lindos momentos, eligiendo comunicarme desde el humor, para desdramatizar un poco, pero siempre cerca del mundo REAL, del mundo POSIBLE, quizás bastante alejado del mundo MÁGICO del que planteaba Piaget, bastante más cerca de saber que en la vida emprendedora hay “sábanas” y no “fantasmas”.

Si pensaste que decidí escribir este libro para decirte que todo es posible, a esta altura ya sabés que compraste el libro equivocado y encima no te acepto devoluciones. ¡Qué pena! Ahora seguí, total ya lo pagaste.

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Introducción II

¡¿En serio?!

Como era de esperar en la habitual sucesión de eventos desafortunados que le acontecen a mi BENDITA SUERTE, en febrero 2020 me propusieron escribir este libro y en MARZO, al mundo se le ocurre mandarse… (Suenan bombos y platillos) ¡Una pandemia! ¡QUÉ GRAN MOMENTO PARA ESTAR MÁS TIEMPO EN CASA Y PODER ESCRIBIR UN LIBRO!... DIJO NADIE NUNCA.

Realmente no creo eso de que la pandemia nos “cambió” o “nos hizo mejores personas”... muy poético, poco realista... lo que sí creo es que, desde que arrancó todo esto, hay un reacomodamiento de prioridades, focos, límites. Es como frenar en seco y ver qué cosas son importantes, qué es realmente relevante.

Por eso frené este proyecto, estaba escribiendo un libro emprendedor que más que darte herramientas estaba dando depresión. Lo dejé. Lo suspendí. Lo retomé unos meses después, cuando me había amigado un poco con la mal llamada nueva normalidad y podía transmitir con honestidad mi conocimiento y no con una violencia que rece “EMPRENDER ES UNA MIERDA, ¡NO LO HAGAS!”.

Avancemos.


El concepto de multitasking como virtud, lo puso de moda un psicópata.

Este término deriva de multitask, que proviene del ambiente tecnológico. En ese ambiente, y con este concepto, se identifican a los ordenadores o dispositivos que pueden realizar varias tareas a la vez.

PERO ¡OH SORPRESA!, LOS EMPRENDEDORES TAMBIÉN SOMOS PERSONAS.

Sabemos que en la cabeza del emprendedor está aún esa creencia de que hay que hacer muchas cosas a la vez, todo el tiempo y cada vez más.

Incluso, en un momento ser multitasking era una virtud, de hecho en algunas búsquedas laborales ciertos avisos ponían “persona multitasking ¡excluyente!” ¿Qué, qué? ¡Aguantá que me mato y vuelvo! ¿Cómo fue que pasó eso? ¿Cómo terminamos comprando que hacer mil cosas a la vez era sano?, y peor aún, ¡que eso era ser un buen emprendedor!

Que arranques haciendo todo vos porque no te da el presupuesto es lo lógico, pero si pasa el tiempo y seguís ahí, siendo tu propio jefe, tu propio contador, tu propio abogado y cadete, pensando en que eso es una virtud y no un problema a resolver, quiero que sepas que no sos emprendedor sino un autoempleado, pero de eso hablaremos más adelante. No desesperes. Lo resolveremos en este mismo libro.

El concepto multitasking nos lleva a otro muy polémico, el ÉXITO.

Es tanta la vorágine por querer alcanzarlo, que muchas veces terminás desdibujando la idea de éxito e, incluso, poniendo en juego la salud. No hablo solamente de patologías realmente complicadas, hablo también de contracturas, insomnios y todas esas afecciones que atentan contra la calidad de vida y la pregunta es: ¿vale la pena? ¿Por qué y para qué tanto?

En lo personal, la pandemia me sirvió para darme cuenta de esas prioridades y, obviamente, el libro está atravesado por esos aprendizajes de emergencia.

Ya que mencionamos éxito, es bueno hacer la distinción entre el éxito social, lo que los otros ven como éxito, y el éxito personal, lo que el éxito es para vos. Quizás, para algunos, un éxito social es que este libro sea un best seller, y mi éxito personal sea poder terminar de escribirlo, publicarlo y saber que puedo ayudar, al menos, a un emprendedor en este mundo. ¿Me explico? Espero que sí, porque esto no es un chat, ¡sorry!

Seguramente, esta pandemia redefinió ambos éxitos. Incluso, para algunas personas valorar que tienen una casa en la que se sientan a gusto o aprender a hacer un pan de masa madre fueron éxitos de cuarentena. Tener más tiempo para descansar, hacer foco en uno mismo... eso se VIVE como un éxito personal. Aunque para el otro, solo estés perdiendo el tiempo.

Pienso, o espero, que la exigencia de ser el número uno, haya aflojado un poco. ¿Hasta dónde ser exitoso es vender mucho? Por ejemplo, para mí el éxito es ahora el equilibrio de poder vivir de lo que amo y estar bien emocionalmente (ponele), de salud y en relación a mis afectos. Antes de la pandemia, lo vivía como dos mundos separados y hoy lo vivo como un solo mundo equilibrado. No concibo la idea de disfrutar lo que hago si no me siento a gusto con mi vida personal, con mi pareja, con mi familia y amigos. No somos dos seres distintos, es imposible que tu estado emocional no atraviese por completo tu emprendimiento. Si vos estás mal, tu negocio empezará a estar mal o vos dejarás de disfrutarlo.

No se puede ser feliz todo el tiempo y a veces tampoco se puede cinco minutos, pero se puede estar en paz con uno mismo, sabiendo que la conexión mente, cuerpo y alma está sincronizada. Pero como decía, mucho de esto lo terminé de aprender en cuarentena. Lógicamente, no sucedió de un minuto al otro.

La primera noche que en Argentina se decretaba la cuarentena obligatoria en marzo 2020 ¡fue de parálisis total!

En mi caso personal, por contar con diferentes herramientas, esa parálisis me duró dos noches, al tercer día, ya estaba en el ruedo nuevamente. Aunque debo decir que no está mal detenerse, para poder tomar distancia y ver todo más claro.

Tenía mi gira, por varios puntos del país, agendada para todo el año, vendida y con hoteles y vuelos reservados. ¡De marzo a julio! Tenía pocas horas para pensar qué hacer. Tenía que ordenar cuatro meses y más de mil clientes que esperaban respuestas sobre lo que sucedería, en pocas horas.

Hice lo que cualquier persona en mi situación haría. A las 21:00 hs me largué a llorar en mi balcón. Recuerdo la hora porque esa noche y a esa hora, los vecinos hacían su primer aplauso al personal de salud.

Después me abrazó mi marido, luego mi hija y hasta creo que el perro vino a consolarme. Respiré, me duché y cuando estaba por vestirme tuve un dejavú, recordé una gran enseñanza de un capítulo de la serie Grey´s Anatomy (¡nunca Borges!) en el que estaban en plena cirugía con un paciente que se les moría. Todos desesperados, metiendo sus manos en la mesa de operaciones, hasta que uno de los protagonistas, da un grito “¡Aléjense del paciente!”. Todos sacaron sus manos de la mesa de operaciones, fueron unos instantes de silencio y de tomar distancia para poder pensar, para analizar con claridad cuál era el mejor procedimiento que podían realizar para salvarle la vida al paciente. Luego continuaron. El paciente sobrevivió.

Fue importante para muchos emprendedores poder tomar distancia de sus negocios unas horas, unos días e incluso algunos necesitaron meses. Se alejaron, lloraron, pidieron ayuda, se reinventaron. Volvieron. Noté que quienes tardaron más en reinventarse y volver al ruedo fueron, sobre todo, quienes no tenían las herramientas adecuadas para enfrentar esta etapa sirviéndose de la tecnología.

También tardaron en adaptarse a esta crisis quienes no habían vivido ninguna anterior. No me refiero solo a crisis económicas mundiales o a otras pandemias, sino a las batallas personales, esas crisis tan profundas que dejan secuelas y te convierten en una persona resiliente.


La resiliencia es la capacidad que tiene el ser humano para sobreponerse a circunstancias de adversidad en su existencia.


Yo pasé tantas adversidades anteriores que, en 2020, me sirvieron de soporte para no flaquear. Si bien la pandemia y sus consecuencias desataron una crisis profunda, para mí no fue mi peor crisis. Pasé un montón de cosas tremendas y las viví sin las herramientas, el conocimiento y las personas correctas alrededor. Por eso tomo esta etapa como una crisis más. Durísima, por supuesto, pero no más dura que varias de mis crisis anteriores. En honor a todos los emprendedores resilientes, aún en medio del caos, este libro salió a la luz, pues…

¡A los emprendedores no nos frena ni una pandemia!

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¡AVISO!

8 de cada 10 emprendimientos fracasan

¿Cómo se hace para emprender SIN MIEDO? Cómo se hace para ANIMARSE a intentar vivir de lo que amás cuando las cifras nos indican que ocho de cada diez emprendimientos MUEREN antes de cumplir su segundo año. ¿Por qué yo debería ser esa persona que logre permanecer?

¿Será que los emprendimientos que funcionan, esos dos que logran sobrevivir leyeron muchas frases de motivación? ¿Asistieron a eventos que te gritan a cada paso “vos podés”?, ¿se rodearon de gente positiva y por eso lograron crecer? ¿Vibraron ALTO? ¿Acaso, son realmente mejores que yo y que los otros siete que se quedaron en el camino? ¿Será que no lo deseé lo suficiente? ¿Tendría que haberle hablado más fuerte al universo? Yo creo que NO.


Emprender es más dificil que la mierda.

El camino que me trajo a este libro fue eterno, llegué bastante agotada. Sin embargo no quiero quejarme, porque no todos llegan, no todos lo logran. Es mentira que si lo deseas mucho sucede, o al menos no es suficiente. Tenés que romperte el alma, el cuerpo, la cabeza, parte del corazón y, aún así, quizás, jamás llegues a conocer la satisfacción de haberlo logrado. Pero si la vida y otros mil componentes colaboraron para que puedas renunciar a ese trabajo que odiabas y vivir de lo que amás, te aseguro que siempre vas a estar sintiendo miedo. Pero es miedo, NO es PÁNICO, porque el pánico te paraliza, te impide avanzar y disfrutar, el miedo en cambio te ayuda a reaccionar. El miedo es una reacción de nuestro cerebro, primitiva, es instinto de supervivencia. Te da información de que algo no está del todo bien y te permite tomar recaudos.

Para mí la sensación de emprender y que te vaya bien es la misma que cuando estás soñando algo súperlindo, te despertás en la madrugada para ir al baño y volvés a la cama odiando a tu vejiga mata sueños, deseando que al dormirte ese hermoso sueño vuelva a aparecer. Que no desaparezca, que no lo pierdas, que dure un poquito más.

Yo siempre me pregunto. ¿Por qué todo siempre fue tan difícil? ¿Por qué, incluso hoy, cuando siento que ya puedo relajarme, que las cosas están como siempre quise, sigo sintiendo ese temor incontrolable de que todo se derrumbe nuevamente?

Casi siempre me respondo: ¡PORQUE SOS POBRE LAURA!, por eso. Y un poco creo que tengo razón, para qué te voy a mentir. Hay cosas que la gente millonaria jamás va a sentir, por suerte, y una de ellas es ese miedo de perderlo todo y no tener quien te saque de ahí. Porque mi entorno es emprendedor, muy marginal style, remándola siempre, no puedo darme el lujo de fracasar y golpear puertas pidiendo algunos miles de dólares para volver a intentarlo. En cambio, el millonario tiene amigos millonarios, que quizás a cambio de quedarse con su alma o alguna porción de su empresa, puedan aportarle el dinero que necesita para volver al ruedo y ver si esta vez sí lo logra. Pero a los que no tenemos ese entorno, cuando nos va mal, lo perdemos todo ¡por completo!

Les voy a contar algo que me pasó hace algunos años. Yo estaba viviendo mi peor época, sin un peso. Bastante triste, eran días muy largos. Un día, una amiga que tenía una pyme, con la que hablábamos mucho de negocios, impuestos y atención al cliente, me dijo que me pasaba a buscar y me acompañaba a mi oficina. Yo feliz porque, harta de viajar muchas horas en colectivo, ir en auto y tomando mate con una amiga, me parecía un buen plan.

Llegó a buscarme en una camioneta que valía, por ese entonces, varios millones de pesos.

La había sacado de la concesionaria el día anterior. Era hermosa. Yo la felicité mil veces.

En un momento me preguntó cómo estaba y le conté que bastante preocupada, que no encontraba cómo salir de la crisis que estaba atravesando, que ya casi no me quedaba un peso y que todo, cada día, era menos prometedor.

Ella, después de darme algunos consejos copados porque es muy inteligente y a mí me encantaba escucharla, me dijo “Yo también estoy preocupada, no tengo un peso… debo un montón al banco, así que TE ENTIENDO”. Yo quería gritarle que NO, que no me entendía, que para ella no tener UN PESO era vender un AUDI y comprarse una camioneta que valía el doble, y para mí era NO TENER PARA PAGARME EL BOLETO DEL COLECTIVO. Pero me callé porque siempre intento razonar que aquel que nunca sufrió por no llegar a fin de mes, muy difícilmente pueda sentir realmente la desesperación que eso genera.

La charla siguió y mientras me contaba que estaba pensando en irse de viaje, mudarse a un country y alguna cosa más que mi cerebro por suerte no retuvo, el sonido de una llamada entrante de su celular interrumpió el relato.

Era su contadora diciéndole que habían llamado del banco porque ella no había pagado la tarjeta de crédito y que como toda la familia y sus empresas eran clientes del banco, le habían cubierto el pago, que en la semana verían como resolverlo. ¿Entendés? Yo si no pago mi tarjeta, ESTOY AL HORNO. Nadie va a llamarme para decirme que pone la plata por mí hasta que me ordene, ¡mucho menos un banco! A eso me refiero, los que emprendemos desde la nada no tenemos de quien sostenernos cuando todo se derrumba.

Los bancos te otorgan créditos cuando te va bien, cuando podés cumplir con el requisito de demostrar que sos solvente y que realmente no necesitás tanto ese crédito.

Contra todo pronóstico, sin padres millonarios, ni respaldos del banco, te empieza a ir mejor. Pero ahí mismo, empezás a desconfiar, no puede estar todo bien, algo malo va a pasar. Fija. La ecuación es más o menos así:

ESTOY VIVIENDO DE LO QUE ME GUSTA

+

DISFRUTO DE MIS AMIGOS

+

DE MI PAREJA Y MI FAMILIA

=

ALGO MALO VA A PASAR.

Conclusión: ¡Listo! Seguro me muero.


El julepe que julepea a todos los julepes.

El miedo emprendedor, al que llamo julepe emprendedor, se aparece en, al menos, cuatro oportunidades a lo largo de la vida emprendedora.

El primer julepe es cuando estás en ese trabajo que odiás, con esa gente que te gustaría que no te diga ni “buen día” cada mañana. Ojo, que también puede pasar que no lo odies, simplemente te aburrió, te quedó chico y eso que antes disfrutabas, ahora hace que cada domingo te llenés de angustia porque no querés volver a arrancar la semana en ese lugar. ¡Estuve ahí!

Luego, el segundo julepe es cuando por fin te animás a dejar ese trabajo y decidís emprender, no sin antes tener que soportar a tus familiares y amigos decirte “cómo vas a dejar ese trabajo que es SEGURO para ir a probar suerte con eso”. También estuve ahí y sé que te guardaste más de un insulto y más de una lágrima para no pelear con esos opinadores seriales, que no tienen autoridad moral para juzgar sobre tu decisión, pues ellos tienen el trabajo que quieren tener o, quizás, solo el que pueden. A lo mejor, querrían hacer otra cosa pero no se animaron, hasta ahí llegó su valentía, lo cual no sería nada malo, si se mantuvieran en silencio en vez de opinar sobre tus decisiones.

En este mismo sentido puede ocurrir que en vez de renunciar te hayan despedido y movido por mil variables, decidas apostar toda tu indemnización en un emprendimiento. ¡Claro! Esto es para los que ven el vaso medio lleno, para los que hacen limonada con los limones que le da la vida y para los que no les queda otra opción.

El tercer tremendo julepe es cuando decís, LISTO, renuncié, estoy emprendiendo, ahora ya estoy en el baile, tengo que bailar, pero… ¡Oh sorpresa! No hay música, ni pista, ni compañero de baile. Estás solo con tu alma, gastando los últimos pesos que te quedaban. Hay días en los que llorás y te preguntás ¿POR QUÉ NO ESPERÉ UN POCO MÁS ANTES DE RENUNCIAR?, otros en los que te consolas diciendo cosas como “LA TRANQUILIDAD NO SE PAGA CON NADA”, pero te acordás de que el alquiler y las tarjetas de crédito sí se pagan con algo y ese algo es PLATA, esa que vos ya casi no tenés y, además, el mundo parece odiarte y nadie te compra ni te contrata. ¡Obvio!, también estuve ahí y el julepe latente de volver a estarlo algún día, a veces se asoma.

El cuarto y último julepe del que voy a hablar en este libro es el de cuando, finalmente, después de que lloraste hasta quedarte sin aliento, le prendiste velas a santos que no sabias ni que existían, hiciste 200 cursos, gratuitos, pagos, a distancia, presenciales, telepáticos y todos los que encontrabas, después de que te endeudaste tanto que pensaste que ni el Chapulín Colorado iba a poder defenderte, ¡LO LOGRASTE!

Todo camina según siempre quisiste, la plata ya no es un problema que te impida dormir, la angustia de no saber qué va a ser de vos al día siguiente, un día te levantaste y no la sentías. Pero… te llega otro miedo, otro tipo de julepe emprendedor, desbloqueaste un nuevo nivel de ansiedad y es el de: CRECER.

Tenés que pensar cómo seguir, porque llegaste a tu techo, a tu límite posible y hay que barajar y dar de nuevo para crecer aún más o, al menos, lograr permanecer en ese estado, sin que nada se rompa ni se desmorone. Tal vez sea momento de sumar empleados, socios, volver a invertir, volver a aprender, ¿cómo ser ahora una pyme con alma emprendedora?

Es ese instante en el que aprendiste a andar en bicicleta después de mil golpes y te dicen que van a sacarte una ruedita. ¡Te morís de miedo de seguir cayendo! Pero te seguís levantando y aprendiste a andar con una ruedita sola, haciendo equilibrio y te crees un millón, pero justo ahí vienen y te dicen, “HASTA ACÁ NOMÁS”. Ahora hay que sacar la otra ruedita. Tenés que volver a aprender a hacer equilibrio, aún con los moretones de los golpes anteriores, con la seguridad que lograste construir, pero con el mismo miedo de caerte y que esta vez no haya ninguna mano al lado para sostenerte y evitar el porrazo.


¿Para qué era que queríamos ser grandes?

¿Qué pensabas? ¿Qué el mayor temor era que te vaya mal? No, claro que no. Crecer siempre genera miedo y no siempre estás conforme con el resultado. Es como cuando te preguntan: “¿qué diría el niño que fuiste del adulto en que te convertiste?” Y tenés miedo de pensar esa respuesta. Porque, en definitiva, de chicos todos queríamos ser grandes y hoy, quizás, descubrimos que no era tan genial como creíamos.

En este libro intentaré contarte mi camino, de modo tal que encuentres consuelo en tus días de oscuridad emprendedora. Claro que no tengo la fórmula del éxito, nadie la tiene. Tampoco soy heredera de una fortuna, por lo que acá quiero que veas cómo logré ser, al menos por ahora, uno de esos dos emprendimientos que sobreviven a esa estadística aterradora.

Recorramos este sinuoso camino juntos y, quizás, cuando le saquen las rueditas a tu bicicleta, este libro sea de algún modo, esa mano que está ahí, a un costado del camino para evitar que te mates de un golpe, o al menos para amortiguar la caída o, tal vez, para ponerte una curita. Vas a sentir, por momentos, ganas de abrazar a ese jefe que tanto odiabas y no soltarlo nunca, pero te aseguro que al final del camino, no solo vas a estar preparado para enfrentar los julepes que se aparecen sino que, además, vas a tener herramientas. Ese es mi norte, ese es mi objetivo, que tengas a mano este libro para que leas todo lo que a mí me hubiese gustado que me dijesen cuando decidí emprender. Quizás, a veces, te rías, otras llores, otras me quieras y otras me odies, pero no te preocupes, a esta altura me banco todo eso y más, pues si los golpes de la vida te hacen cada vez más fuerte, hacé de cuenta que este libro está escrito por el mismísimo Increíble Hulk.

Apaguen sus celulares. Agarren los pochoclos, que la función está por comenzar.

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Parte 1

En unos años seremos todos chinos o emprendedores


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“Antes de ser un dragón, hay que sufrir como una hormiga”.

Proverbio chino

No es novedad que China es el país más poblado del mundo, ¿verdad? Bueno... tampoco creo que lo sea el hecho de que cada año que pasa, haya más emprendedores alrededor del mundo. Sin embargo, Argentina es uno de los países con menos emprendedores de Latinoamérica. En el top se encuentran Chile y Ecuador, seguidos de Brasil y México.

Investigué muchísimo este asunto porque, a decir verdad y como argentina, creí que éramos uno de los países más emprendedores del mundo. Pues no.

Pero vayamos un paso más allá. Al margen de si somos muchos o pocos, ¿por qué emprendemos? ¿Cuál es la razón?

Cuando te ponés a leer acerca de los motivos que llevan a una persona a emprender, el tema de las crisis económicas y el desempleo son una constante. Sin embargo, como iremos viendo a lo largo de este libro, no alcanza solo con tener la necesidad de generar más dinero para emprender.

Así que seguí buscando, porque no me parecía una razón suficiente. Una de las cosas que más me gustó leer fue el hecho de que a los seres humanos nos gusta sentirnos seguros y libres por partes iguales. Tener estabilidad económica, seguro médico, jubilación, una casa propia… Son un montón de situaciones que nos hacen sentir un poco más seguros. Al menos en lo que a lo laboral respecta.

Por eso, al querer largar un empleo bajo relación de dependencia, el terror de perder esa estabilidad nos abruma. Porque es un trabajo SEGURO y, de algún modo, eso nos da cierta confianza. Pero también decíamos que perseguimos la libertad, y en esa búsqueda nos encontramos con un jefe que exige cosas, horarios, normas, vacaciones cuando el área de RRHH te lo permite y no cuando se nos ocurre, pedir permisos para ausentarnos un día y poder asistir a una reunión del colegio de nuestros hijos… y la lista sigue, pero todo esto, no está ni cerca de lo que muchos suponen es la LIBERTAD.

¿Entonces? ¿Cuál es la salida para poder encontrar el equilibrio entre seguridad y libertad? Para muchos, ese mágico lugar es el de EMPRENDER.

Ya veremos que la magia no es tal y que la libertad o seguridad son muy subjetivas.

Sin embargo, una vez que los emprendedores cruzan el océano y pisan tierra firme, ya no son los mismos. Adquirieron seguridad y libertad. Al menos, lo que para cada uno eso represente. Y entonces, se logra el equilibrio de esos dos mundos y nadie vuelve a mirar atrás. Pero para cruzar a nado ese océano, lleno de tiburones hambrientos, hace falta mucho más que una cuenta bancaria en cero. Si la motivación solo es el dinero, entonces, llegar a la orilla sería casi una hazaña.

En mi investigación, también me tomé el tiempo de ingresar a Google Trends, para conocer cómo es el comportamiento de búsqueda de las personas en distintas partes del mundo, y voy a contarles, particularmente, lo que sucede con la palabra EMPRENDER.

Tomé el intervalo de los últimos 5 años, como para tener un panorama más completo.

Descubrí que en los países en desarrollo, la tasa de búsqueda de la palabra EMPRENDER parecería moverse, efectivamente, según la coyuntura económica. Mientras que en Japón, el gráfico muestra una línea recta, en nuestro país la tasa se mueve onduladamente.

Gráfico comparativo entre ARGENTINA y JAPON:



En Argentina, en el mes de julio 2020 y mientras transitábamos el cuarto mes de confinamiento por la pandemia (Fase 1), la búsqueda de la palabra EMPRENDER llegó a su pico más alto de los últimos cinco años. Leyendo más de la información que Google Trends nos arroja, encontré que la tercera búsqueda relacionda a esto era EMPRENDER SIMPLE.

Tuve el impulso de querer reírme, imaginando a alguien googlear cómo emprender sin que eso le represente un esfuerzo constante, pero me contuve. Estoy trabajando, en vez de reirme, tengo que averiguar por qué los argentinos queremos “emprender fácil”.

Leí a algunos psicólogos decir que la arrogancia del argentino promedio, que cree que se las sabe todas, le hace suponer que no necesita capacitarse o que puede con todo pero, por sobre todas las cosas, le teme al fracaso. Buen punto. Pero… insuficiente.

En un artículo del año 2011, el Global Entrepreneurship Monitor (GEM) liderado por el Centro de Entrepreneurship del IAE, de la Escuela de Dirección y Negocios de la Universidad Austral, publicaron que: “Los hombres que inician un emprendimiento en la Argentina lo hacen por una cuestión de oportunidad, en tanto que la mayor parte de las mujeres lo hacen por una cuestión de necesidad…”.

Me alegra afirmar que diez años después, esto ya no es así, al menos entre mis clientes de @nosepuedevivirdelikes. Los motivos por los que emprenden tienen más que ver con sus aspiraciones personales que con una cuestión de género. Tienen que ver con ser personas que quieren alcanzar ese equilibrio entre la seguridad laboral y la libertad para hacer lo que les gusta. Están más alejados del sueño de la casa propia, de la que hablábamos antes y la hipoteca a 100 años, y más cerquita de un pasaporte lleno de sellos, viajando por el mundo. Si tengo que decir por qué cada vez hay más emprendedores en el mundo, basándome en lo investigado, tengo que concluir que nada me convence.

Pero, si tengo que contarte mi visión, te voy a decir que los emprendedores son creativos, valientes, inquietos, valoran tener negocios que además de dinero generen un impacto en otras personas, se acompañan aún sin conocerse, son solidarios… y, por supuesto, que saben nadar contra corriente.

Los argentinos no estamos, estadísticamente, entre los países más emprendedores de la región, es cierto. Pero eso no quiere decir que no estemos cambiando la historia, porque hoy el 5.4% de la población mundial es emprendedora. Hasta hace muy pocos años era solo el 3%. ¿Entendés?, es un crecimiento increíble.

Elijo concluir que si una porción enorme de la humanidad elige este camino, entonces, quizás, tengas en tus manos el libro correcto, porque si en unos años seremos todos chinos o emprendedores, deberías arrancar entendiendo… QUÉ CARAJO ES EMPRENDER.

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Capítulo 1

¿Qué carajo es emprender?

“El mundo no se interesa por tu autoestima. El mundo esperará que logres algo, con independencia de que te sientas bien o no contigo mismo. “

Bill Gates

Cuando renuncié a mi último empleo en relación de dependencia, mientras le entregaba el telegrama a la chica del correo le dije: “¡Al fin…!” Ella sonrió y me dijo: “¡QUE SUERTE!”. Le devolví la sonrisa y me fui...

Caminaba con la copia de mi renuncia y me reía sola en la calle… ¿SUERTE? ¡¿Justo a mí que me sobran mil cosas menos suerte?! Recuerdo que entré a mi oficina (la propia) y me senté con un alivio tal como si me hubiese sacado 200 kilos de escombros de los hombros. No sabía lo que me esperaba y tampoco me importaba tanto. Pero me fui a la terraza, miré desde un piso 25 lo hermosa que estaba Buenos Aires en ese diciembre. Y suspiré...

Me tocaba volver a casa y el camino era largo, porque yo siempre viví LEJOS (ya hablaremos de eso en otro capítulo). Mis dos horas de camino a casa tenían un subte y dos colectivos. Pero esta vez no quise tomar el subte y, como si me sobrara plata, tomé un taxi por unas cuadras.

Me tocó uno de esos choferes a los que les gusta hablar, y yo odio que me hablen, pero estaba feliz, entonces charlamos. Me preguntó si ya terminaba mi día y le dije que sí, que estaba volviendo a casa…

—¿Madrugás mañana?

—¡No! —le dije y medio inflando el pecho, acoté —ya no tengo que madrugar. Hoy renuncié, después de 3 años, a mi trabajo.

Me miró por el retrovisor y soltó:

—¡Qué bueno piba!, ¿y ahora qué tenés pensado hacer?

Y yo con mucho orgullo le dije:

—Ahora me voy a dedicar full a mi emprendimiento.

—¿A TU QUÉ? —Me respondió el señor, con su voz ronca.

—A emprender… tengo una marca de accesorios…—le aclaré.

—Ahhh que bueno… un negocio propio.

—Sí, eso —resumí.

Y unos segundos antes de bajarme, me dijo… “yo tengo 67 años, no sé qué carajo es emprender, pero sí sé lo que es trabajar de lo que te gusta, toda mi vida fui taxista y me encanta”. Lo felicité. Me bajé en la parada del colectivo y no paraba de pensar… Es cierto, se habla mucho de la vida emprendedora, pero quizás haya mucha gente que no sabe realmente qué carajo es emprender. Así que acá voy.

Según reza la Real Academia Española emprender es:

“Acometer y comenzar una obra, un negocio, un empeño, especialmente si encierran dificultad o peligro”.

Pero creéme que emprender es eso y mucho más.

En principio quiero que sepas que tener un hobbie, emprender o ser empresario, no son lo mismo, aunque algunas cosas se parezcan bastante entre sí.

Emprender según el Bendita Mi Suerte Institute…

Le consulté a muchos de mis clientes emprendedores qué creían que era emprender y estas fueron algunas de sus respuestas:


“…es cuestionarte todo, buscar respuestas, es frustración y aprendizaje, es sacar energía de la que ni sabías que tenías, es amar lo que hacés, aunque todo salga mal y seguir…”.


“…es ir hacia adelante bancándote la incertidumbre, es apostar al pleno cuando tenés una única ficha en la ruleta”.


”…emprender no es poesía ni verso, es lunfardo, es puteada. Y al final de cada día es satisfacción”.

También hay quienes dicen que emprender no es más que la evolución del instinto de supervivencia. Y no podría estar más de acuerdo.

Cuando empezás a emprender no podés hablar de otra cosa, te volvés monotemático, a veces, insoportable para tu entorno NO emprendedor.

Es similar a cuando conocés a alguien que creés que es el amor de tu vida y todo el tiempo estás hablando de esa persona. Bueno, con tu emprendimiento es muy parecido. Te pasás muchas horas, días, hablando de lo mismo. Creo que por eso terminamos teniendo cada vez más amigos con emprendimientos, con pymes o empresas.

Creo que es un poco por la sinergia que se genera y otro poco porque (digamos todo) el resto de nuestros amigos ya no nos soporta.

Es lógico, nadie entiende cómo hace una semana te quejabas de tu jefe que te hacía salir diez minutos más tarde y hoy estás las 24 horas trabajando y sin chistar. No hay fin de semana, no hay feriado, siempre hay algo más para hacer, para mejorar. Pero ojo, no es de fanático, no es de workaholic, es de pasión, como ese hincha de algún club de fútbol que no puede hablar de otra cosa. Te convertiste en eso y casi no lo notaste.


Workaholic: dícese de la persona adicta al trabajo.


Por eso, para mí emprender es un estilo de vida. Y como todo estilo de vida tiene muchísimas cosas buenas y muchas otras que te hacen llorar 1000 veces. Por ejemplo Messi, eligió ser futbolista, pero de chico le dijeron que no iba a poder jugar porque tenía un problema de crecimiento, tuvo que luchar un montón y entrenar muy duro.

¿Qué hubiera pasado si él se hubiese quedado llorando porque no podía hacer lo que disfrutaba? Con la vida emprendedora suele pasar eso.

Yo arranqué a emprender desde muy chica, pero claro, antes no se llamaba así, eso era ser comerciante o busca. Yo creo que adoptamos el término emprendedor porque las palabras, antes mencionadas, tenían mala prensa.

Siempre que decidís tener tu propio negocio, es difícil. Hacerlo rentable, ni te cuento.

Pero, ¿sabés qué? El componente romántico de la vida emprendedora, es que, se supone, uno debería hacer solo lo que le gusta y ahí es donde yo me enojo mucho.


Emprenderás con el sudor de tu frente.

Claro que en mi caso, renunciar y dedicarme a vender accesorios para bebés era algo que disfrutaba y encima me permitía tener ingresos, pero en algún momento y por errores que cometí e iremos viendo con el paso de las páginas, eso dejó de ser así. Yo lo seguía disfrutando, pero ya no era rentable. Ya no podía vivir de lo que amaba.

Ser emprendedor es aprender a ponerle valor a tus horas, entender que hay un otro dispuesto a pagar por eso que vos ofrecés, es aprender de finanzas, de trámites, de proveedores, de programas de diseño y mil cosas más. ¿Y todo eso se disfruta, Lau? ¡Claro que no!... Y quien dice lo contrario, MIENTE. Todos los trabajos tienen cosas que no disfrutamos, la vida está llena de esos momentos.

Si la vida fuera perfecta, este libro no existiría.

Emprender entonces es, en parte, hacer lo que te gusta, pero abrazando aquello que detestás, porque te ayuda a cumplir tu meta. ¿Me gusta ir al banco? ¡NO! Lo detesto, pero tengo que hacerlo.

Emprender es que eso que amás y te lleva mil horas al día, te deje PLATA. Si eso no pasa, entonces es un hobbie. ¿Está mal? No, claro, quizás ya tenés otra fuente de ingreso que te permite vivir tranquilo y podés darte el lujo de hacer cosas solo por el placer de hacerlas.

Ser empresario también tiene mala prensa, en Argentina al menos, si decís empresario es casi como decir “soy ESTAFADOR”. Grandes empresas se siguen nombrando PYME, porque tienen un nivel más alto de ingresos que un emprendedor, pero bastante mejor reputación que una empresa.

ESTAR PYME, sin embargo, es eso… un estado, donde luego, dependiendo de tu equipo y de las buenas o malas decisiones que tomes, podrás seguir creciendo, quedarte ahí para siempre o FUNDIRTE.

Con un trabajo en relación de dependencia no creas que pasa algo muy distinto, podés ser un empleado en el mismo puesto siempre, podés crecer hasta llegar al puesto más alto o que te despidan a los 2 días, lo que sucede es que, en líneas generales, se supone que tener un recibo de sueldo y un horario fijo nos da cierta sensación de seguridad. En realidad es solo eso, una sensación, porque para el empleado la continuidad laboral está en manos de otro, día a día.

Creo que nos enseñaron de modo inconsciente quizás, que para ganar plata hay que SUFRIR. Es bíblico “lo ganarás con el sudor de tu frente”. Entonces, por contraposición, si disfrutás de lo que hacés no es un trabajo SERIO. Es más, para algunos ni siquiera será un trabajo.

Cuando yo renuncié a mi puesto SEGURO, para vender accesorios para bebés, muchos creían que estaba LOCA (igual sí, pero por otras razones), “¡Sos la jefa!” Me decían. “¡Es seguro…!”. “Tenés 21 días de vacaciones” y mil cosas más.

Es durísimo atravesar la mirada del otro, sus opiniones, sus mandatos, desaprender lo aprendido y animarse a sacarle las rueditas a la bicicleta.

Emprender es incertidumbre pura, es barajar y dar de nuevo mil veces, hasta que podés ganar una partida, que tampoco te asegura ganar el juego.

Y si de algo estoy convencida, amigos míos, es que para emprender hay que ser KAMIKAZE.

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Capítulo 2

Emprendedor, ¿se nace o se hace?

“El emprendimiento no es ni ciencia ni arte, es una práctica.”

Peter Drucker

Esta pregunta se la hacen muchos de los que aún no se animan a emprender, pensando que, quizás, a ellos no les vino ese ADN en su composición genética. También te la hacés cuando arrancás y todo sale mal, “¿será esto para mí?”, “¿será que yo no nací para emprender?” Claro que emprender no es para todo el mundo, eso sería casi tan absurdo como afirmar que a todo el mundo le gusta el chocolate. Pero pese a que me costó mucho entender cómo a alguien podría no gustarle algo tan rico, nació Genaro, mi sobrino, y me enseñó, que el chocolate no le gusta a todo el mundo, a él por ejemplo, no le gusta…

Entonces, emprender puede ser muy lindo, pero puede no ser para todos. Sin embargo, saber si uno nace o se hace emprendedor, es algo que a menudo nos preguntamos.

Yo nunca lo había hecho, hasta que hace unos años, estaba llegando a la primera charla que daría frente a emprendedores y unos minutos antes, sentí esa curiosidad. Antes de llegar al evento le envié un WhatsApp a mi amigo Carlos Luna, experto en emprendimiento e innovación: “Amigo… Emprendedor, ¿se nace o se hace?”. Y él me explico mucho de lo que voy a contarles.

La genética no determina la capacidad emprendedora, tampoco la geografía. Lo que determina la capacidad emprendedora es la cultura donde estás inmerso, es el conjunto de conocimientos, comportamientos y competencias que desarrollaste a lo largo de toda tu vida.

Esto quiere decir que podés nacer con algunas cualidades y capacidades personales que ayuden a que te conviertas en un emprendedor, pero no necesariamente tenés que tenerlas. Es muy probable que, si te lo propones, “aprendas a emprender”.

¿Qué condimentos deberíamos tener para poder aprender a emprender? Anthony Tjan, coautor del best seller del New York Times, Heart, Smarts, Guts, and Luck (Corazón, Inteligencia, Agallas y Suerte), explicó parte de su investigación, realizada para ese libro, en un artículo publicado en la revista del Harvard Business School, donde resaltó que de la encuesta realizada a muchos emprendedores exitosos, la mayoría coincidió en que para lograr el éxito en sus negocios había cuatro pilares que eran la base de todo emprendimiento: el corazón, la inteligencia, las agallas y la suerte (digamos que en este último pilar estoy bastante complicada, pues ¡BENDITA mi suerte!).

El corazón es el punto de partida de todo emprendimiento. Es el deseo y la pasión por ir tras eso que amamos construir hasta conseguirlo. La inteligencia es el razonar cómo llevar adelante el proyecto que deseás y usar las mejores herramientas para lograrlo. Pero, nada de todo esto funciona si no tenés las agallas y la fuerza, suficientes.

Las agallas son las que pueden frenar o encaminar un proyecto emprendedor, ya que se necesita mucho coraje para emprender algo nuevo y existen mil motivos que pueden detenerte en el camino. Por eso, si tenés el coraje necesario, se supone que vas a poder perseverar aún cuando las cosas se vayan poniendo difíciles o salgan exactamente al revés de lo que esperabas.

Pero claro, también existe el factor de la SUERTE y ahí, mis queridos amigos, ya saben que mucho depende de con que ojo lo mires. Aprendí esto de muy chica, ya que como muchos de ustedes saben, la suerte no es algo que me abunde y viene de familia, ese sí, es mi GEN, quizás…

La teoría de los puntos…

Uuna tarde de domingo, habíamos ido con mi familia a la Basílica de la Virgen de Luján y mi mamá pidió que el sacerdote bendiga las llaves del auto que con tanto esfuerzo habían podido comprar. Días más tarde, o meses, no lo recuerdo, el auto estaba estacionado en la puerta de casa y se lo robaron. Yo era muy chica, quizás 11 años, le dije a mi papá: “¡Qué mala suerte, hicieron bendecir las llaves y se llevaron el auto!” A lo que me respondió: “Depende…a lo mejor que nos hayan robado el auto, nos protegió de que tengamos mañana un accidente…”. Era muy chica, quizás puede sonar cursi o simplista. Pero, los puntos siempre se conectan hacia atrás… ¿les suena?

Steve Jobs, en una conferencia en la universidad de Stanford, en 2005, dijo algo tan maravilloso, que nadie puede olvidar.


“No puedes conectar los puntos mirando hacia adelante; solo puedes hacerlo mirando hacia atrás. Así que tienes que confiar en que los puntos se conectarán de alguna forma en el futuro. Tienes que confiar en algo: tu instinto, el destino, la vida, el karma, lo que sea. Porque creer que los puntos se conectarán luego en el camino, te dará la confianza de seguir tu corazón, incluso cuando te conduce fuera del camino trillado, y eso hará toda la diferencia”.

Él mismo cuenta que su madre biológica lo dio en adopción y puso como única condición que sus padres adoptivos fueran personas graduadas, con alguna formación académica. Quienes iban a adoptarlo, un día antes se arrepintieron, porque querían una niña, así que Steve volvió a la lista de espera hasta que encontrasen a quienes serían sus padres adoptivos. Los que seguían en la lista no tenían títulos de grado, ni dinero. Pero deseaban a Steve con todo su corazón, por eso, luego de algunas charlas, la madre biológica, accedió a dárselo en adopción a ellos, a cambio de firmar un acuerdo que le garantizaba que Steve podría acceder a la universidad. Diecisiete años más tarde, los padres cumplieron y con mucho esfuerzo tomaron los ahorros de toda su vida para enviar a Steve a la universidad, tal como habían acordado.

Pero él creyó que ese dinero se estaba yendo demasiado rápido en su educación y tampoco estaba tan seguro de que eso lo hiciera feliz. Por eso, 18 meses después, abandonó la universidad pero no el campus. Empezó a dormir en habitaciones de otros compañeros, en el piso muchas veces. También, él mismo cuenta que vendía latas de gaseosas a 5 ctvs. de dólar para juntar dinero y comer. En esos meses, donde ya no era alumno regular, pudo dejar de hacer lo que tenía que hacer y se puso a estudiar lo que sentía que le apasionaba. Así fue que hizo un curso de caligrafía que nada sumaba a su vida de ese entonces. Sin embargo, diez años después, creó la MACINTOSH y todo su conocimiento de caligrafía, adquirió sentido, tanto que fue el primer ordenador con tipografías perfectas y diseño de lujo.

Diez años después, todo tuvo sentido. El resto, es historia... Todos saben que se transformó en el hombre rico más joven del mundo.

En mi camino como asesora de emprendedores vi muchos casos así, el mío por ejemplo. Que estudié Psicología, Administración de Empresas y mil cosas más que no terminé, pero me ayudaron y me ayudan a poder desempeñar mi trabajo.

Hago mucho hincapié, y lo haré en este libro, en meterse en la mente del consumidor, entender qué quieren nuestros potenciales clientes y creo que ahora sí, todas esas noches de estudio, tienen sentido. La mente me pareció siempre maravillosa, a tal punto que con 19 años hice un seminario sobre ASESINOS SERIALES, quería entender cómo funcionan esas mentes. Por eso, entender qué quiere mi cliente, incluso antes de que él mismo sepa lo que quiere, no me resulta algo complejo. Como decía Steve, los puntos siempre se conectan hacia atrás.

Y acá quiero contarles algunos de los puntos que en mi vida, se han conectado hacia atrás. En 1999 terminaba la primaria y hacíamos un viaje de estudios a Villa Carlos Paz, Córdoba, Argentina. Fuimos con todo mi curso, éramos más de veinte y para completar el micro que nos llevaría, la empresa nos juntó con seis chicos de otro colegio. Junto a mis compañeros votamos para que mi mamá sea quien nos acompañe a todos, pues teníamos 14 años y necesitábamos un adulto responsable, yo sabía que mamá lo era y además su compañía no iba a ser un problema para mí. Nos fuimos. Uno de esos seis chicos tenía un peinado muy particular, lo cargábamos por eso. Luego de esa semana en Carlos Paz, no supimos más de ellos.

En 2009, nada más y nada menos que diez años después, gracias a la magia de Facebook, muchos volvimos a conectarnos, yo solo aceptaba solicitudes de personas que conocía. Así fue como empecé a recordar a esos seis chicos que habían viajado con nosotros y los iba aceptando cada vez que llegaban sus solicitudes de amistad.

Una tarde, una notificación decía “Facundo Cordero le ha enviado una solicitud de amistad” ACEPTAR-RECHAZAR. Luego de stalkear un poco el perfil supe que era ese chico de peinado extraño. El resultado de mi stalkeo me había arrojado 3 datos: estaba en pareja, vivía en Brasil y ya no se peinaba raro. ACEPTÉ.


Stalkear es un neologismo que surgió en el ámbito de las redes sociales para nombrar a la acción que realiza una persona cuando revisa los contenidos que publica otro usuario


Empezamos a charlar, hicimos un reencuentro con algunos excompañeros y amigos de aquel viaje, Facundo ya no tenía pareja, seguía sin peinarse raro y me explicó que no vivía en Brasil, pero que tenía muchas fotos de allí, porque viajaba seguido por su trabajo.

En noviembre 2010, nos fuimos a vivir juntos. En agosto 2013, nació nuestra hermosa hija. En 2021 seguimos juntos y espero así sea por todo lo que nos quede de vida. ¿Cómo hubiese aceptado esa solicitud de amistad si 10 años antes la vida no nos hubiese cruzado esa sola semana en Córdoba? ¿Entendés que él conoció a su suegra con solo 14 años y no lo sabía?

Sin duda, esa semana siento que fue solo para que podamos reconocernos en el futuro. Los puntos siempre se conectan hacia atrás.

Te resumo algunos otros puntos conectados. Yo tenía mi oficina en el primer co-working que llegó a la Argentina en 2017. Un monstruo hermoso de 25 pisos donde pasé los mejores y peores días de mi vida emprendedora.

Si hay algo que le debo a ese lugar es todo lo que aprendí. Cada tarde teníamos la posibilidad de participar de alguna actividad gratuita. Yo intentaba no perderme ninguna.

Así fue como una mañana ví en la app que iban a enseñar cómo armar un modelo de negocios. Yo no tenía ni idea. Pensé que era una buena oportunidad para saber de qué se trataba. Fui. Tomé notas. Saqué fotos. Salí con la cabeza explotada. El capacitador nos había dado su mail por si teníamos preguntas. A los dos días le mandé este correo:

Para: Carlos

De: Laura

Carlos: estuve en la capacitación sobre modelo de negocios. Ya compré el libro que recomendaste. Lo estoy leyendo. Gracias por eso.

Quería saber si dabas asesorías personalizadas al respecto, ya que creo que es interesante, pero no voy a poder hacerlo sola.

Saludos

Laura

Carlos era empleado del co-working, había llegado de Venezuela hacía pocos meses. No esperaba ese mail. No tenía idea de cuánto cobraban ese servicio en Argentina. Se tomó unos días para responderme.

Empezamos a trabajar juntos, fue uno de mis pilares más importantes en el peor momento económico y emprendedor de mi vida.

Nos hicimos amigos. Empecé a invitarlo a dar charlas conmigo, algunas capacitaciones e, incluso, a escribir sobre cómo armar tu modelo de negocios en este libro.

Carlos fue y es muy importante en todo mi camino. Yo no tenía casi nada de dinero pero el que tenía lo invertía en escucharlo, él es Coach y además de, como ya les dije apenas más arriba, experto en Emprendimiento e Innovación.

¿Qué hubiese pasado si yo no hubiese ido a esa primera charla cuando lo conocí? ¿Y si no mandaba ese mail? Carlos ya no trabaja en esa compañía, ni yo tengo mi oficina ahí, pero seguimos compartiendo charlas increíbles y proyectos juntos. Los puntos siempre se conectan hacia atrás.

En uno de mis trabajos bajo relación de dependencia que más odie en mi vida, conocí a Gisela. No compartíamos puesto de trabajo, pero sí algunas pocas charlas laborales. Yo estuve 3 años y me fui. No la vi más desde 2012, pero nos teníamos en redes sociales. Así fue como en 2018 yo subí una historia a mi Instagram diciendo que sería muy divertido tener un programa de radio y ella me mandó un mensaje que decía “Hola Lau, tanto tiempo. Yo me recibí de locutora y tengo un programa de radio. Si querés podés venirte así charlamos y te sumás”. No dudé ni 10 minutos. Volvimos a vernos casi seis años después. Cuando dejamos el programa, ella decidió acompañarme en mis otros proyectos. Hoy es mi mano derecha y pieza fundamental en @nosepuedevivirdelikes. Fue mi peor trabajo o eso creía, pero de allí conservo grandes amigas como Gise.


Los puntos siempre se conectan hacia atrás.

Tengo miles, pero te comparto uno más y no jodo más.

En ese 2018, año nefasto donde todo iba mal pero yo seguía intentando. Decidí hacer la remake de un programa de tv de Argentina de los años 80, pero a través de vivos de Instagram que se iban a transmitir cada lunes. Jugaríamos, en vivo, con la audiencia que se llevaría premios de marcas increíbles. Yo seguiría sin ganar un peso pero iba a fidelizar a mi audiencia y por sobre todo a divertirme.

Gise era la encargada de ayudarme a buscar marcas que apoyen nuestro proyecto. Yo ya había conseguido varias pero ella le escribió a EN ORDEN, una pyme que vende cajas organizadoras de zapatos y que hacía, sin dudas, una fuerte apuesta al posicionamiento de marca en redes.

Agustina, su dueña, accedió. La invitamos a venir al programa, para que vea como era el formato. Dudó bastante pero, reacomodó su agenda y vino. Pegamos una buena onda impresionante en minutos. Ese día también estaba Meli, una de las dueñas de @ohmychalk que también apoyaban este proyecto. Nos divertimos tanto que organizamos para volver a vernos. De ahí en más planeamos juntas mil proyectos que quedaron en nada y otros tantos que aún hoy estamos disfrutando. Nos asociamos para la creación de la LOCADEMIA de @nosepuedevivirdelikes

donde grabamos cursos con muchísimo contenido de valor para vender a emprendedores de habla hispana, podcast de “Catarsis Emprendedora” y hasta estamos soñando con un espacio físico donde todos los emprendedores puedan ir a llenarse de herramientas y energía. Pero, por sobre todo, nos hicimos grandes amigas. Y en este libro, también te va a compartir herramientas para tu negocio, ya la vas a encontrar unas hojas más adelante.

¿Y si Gise no contactaba a la marca? ¿Y si Agus nos decía que no? ¿Y si nos decía que sí, pero mandaba el producto por mensajería y ella no iba a vernos?

Los puntos siempre se conectan hacia atrás.


Me rio para no rajarme un tiro.

Aaprendí, con terapia y esfuerzo, a reírme de las desgracias, no a disfrutarlas, sino a dejarlas ir. Por eso siempre ven que me rio de mi SUERTE, de la buena y de la mala, porque no es más que eso, un componente, un ingrediente, que como dijo mi papá con las llaves del auto, depende de qué lado lo mires, algo que fue una desgracia, puede transformarse en lo mejor que te paso en la VIDA.

Creo que todos pueden tener personalidad emprendedora, pero quizás no todos tengan ganas de serlo, por eso, cuando la gente me dice que no es emprendedora o creativa, creo que no están en lo cierto, porque pueden aprender a serlo, todo está en la motivación que tengan para eso. Y no hablo solo de emprender en algo propio, también se puede emprender siendo empleado, en tu puesto de trabajo. Y te voy a contar cómo esto último es posible.

Tuve muchos trabajos bajo relación de dependencia, algunos disfruté, otros no tanto. Trabajé en todos los formatos, formales e informales, que te puedas imaginar y supe disfrutar de la alegría de recibir un aguinaldo o vacaciones pagas. Pero desde mis 18 años, mientras cursaba el CBC de Psicología en la Universidad de Bs. As., supe que quería emprender.

En ese entonces, 2003, saliendo de una crisis económica tremenda en Argentina (siempre estamos entrando o saliendo de crisis, como en cualquier país de Latinoamérica) y aún siendo adolescente, me puse un local de ropa en la zona oeste. Ese fue el primer local, pero antes ya había emprendido vendiendo ropa, accesorios, etcétera.

Me crié en un barrio, en el conurbano de la provincia de Bs. As. y para cualquier cosa que quería hacer la gente me decía que “vivía lejos”, eso implicaba perder un montón de oportunidades de empleo y más. Por eso, cuando pude, me fui a vivir “más cerca”. Aunque no sabía bien más cerca de qué… pero me mudé al centro de la Ciudad de Buenos Aires.

Estuve allá algunos años, me encantaba. Pero volví a vivir “lejos”, porque iba a ser mamá y necesitaba volver a vivir lejos de la ciudad, pero cerca de mi familia.

Lo bueno fue que la vida me dio la oportunidad de trabajar como jefa de personal en una clínica privada, donde pude contratar a muchísimos empleados que vivían lejos o en asentamientos donde no entraba ni el médico laboral. Pero yo sabía lo que era vivir lejos. Entonces, cuando había que cubrir un puesto y tenía dos candidatos con iguales aptitudes y solo los diferenciaba la localidad donde vivían, yo elegía al que estaba lejos, al que tenía que viajar dos horas y tomar tres colectivos para llegar. Yo sentía que, de algún modo, estaba haciendo justicia por todas las veces que me perdí oportunidades, por todas las veces en las que la respuesta fue “estas sobrecalificada para el puesto, pero buscamos a alguien que viva cerca, en la zona”. Fueron tres años ocupando un puesto que suena más interesante de lo que era, pero me sirvió para conocer de adentro una pyme, para entender los problemas a los que te enfrentás cuando tenés alma de empresa, estructura de pyme y recursos de un emprendedor.

Yo era, entre otras cosas, jefa de personal. Porque cuando recién empecé, también iba al supermercado a comprar los alimentos para los pacientes, pagaba a proveedores, incorporaba mejora de procesos y todo lo que se les ocurra. Porque los dueños, a quienes casi no veía, confiaban en mi. El primer día fue una locura. Recuerdo que llegué unos minutos más temprano, toqué timbre y, de repente, una puerta se abrió sin que nadie me preguntara quién era… entré a una recepción bastante fría y no había nadie que me explique qué hacer. Me senté en la sala de espera. A los cinco minutos empezó a sonar el teléfono y no había nadie para atenderlo, se suponía que mi puesto inicial era el de recepcionista, entonces si el teléfono sonaba y no hay nadie que me dijese qué hacer, yo debería a atenderlo… ¿no?

Bueno... atendí. Una voz se presentó y me dijo que debajo de unos papeles había una llave, que abriera la puerta de una oficina y esperara ahí hasta que llegue mi “compañera” que entraba dos horas más tarde. Mientras estaba ahí agarre una hoja y me puse a anotar, cual auditora, todo lo que estaba mal del lugar: me dejaron entrar sin preguntar quién era, la recepción estaba decorada horrible. En un lugar donde suelen esperar familiares de pacientes que sufren mucho, estar rodeados de muebles grises no me parecía una alternativa acertada, tampoco había aire acondicionado y era noviembre, el calor era bastante intenso. Llegó mi compañera, guardé mi listado.

A los dos días esa chica dejó de trabajar en el lugar, ya me había contado el primer día que no pagaban los sueldos en fecha, que los dueños eran mala onda y no sé cuántas cosas más. Yo era como la séptima recepcionista en menos de un año. El panorama no era alentador. Sin embargo, me quedé. Hablé mil veces con mi marido acerca de renunciar, ese lugar era triste y pese a tener instalaciones modernas, le faltaba el toque de amor emprendedor. Me quedé, a los pocos meses ese listado era un hecho, yo ya no era recepcionista sino responsable del personal. Entré con una nomina de treinta empleados y me fui con más de cien, en solo tres años. Había logrado mucho más que lo que decía mi lista. Hasta organicé a todo el equipo médico para participar de un congreso en Mar del Plata y viajé con ellos. ¿Los dueños? Bien, gracias.

¿Sabés por qué mi historia fue distinta a las demás “recepcionistas”? Porque algunas personas nacen con alma empresaria y otras con el corazón emprendedor. Ellos querían plata. Yo quería que esa plata la ganen desde el lugar más lindo y mejor posicionado del rubro. Compré la cafetera más linda, los uniformes más modernos, hice tazas para cada empleado como regalo de fin de año con el logo de la empresa, compré plantas y macetas, cambié la impresora de hogar por una enorme de oficina, compré controles automáticos para que los dueños no tengan que tocar timbre al llegar y pedir que les abran en su propia empresa, decoré un árbol de navidad, organicé la primera cena de fin de año para el personal, etcétera, etcétera, etcétera,… Pero duró poco, porque cuando de hacer plata se trata, lo lindo es lo primero que se recorta. Salvo que tengas el corazón emprendedor.

Y como yo tenía el corazón emprendedor, no me gustaba estar en un lugar que no me dejaran hacer. Mi trabajo, al que recuerdo con mucho cariño, se volvió aburrido. Eran todos los días iguales, no pasaba nada nuevo nunca, quiero decir ¡nada bueno!. Los dueños, son lo más. Hoy, desde lejos, entiendo por qué pueden sostener tantas clínicas. Es que realmente tienen alma empresaria y saben más de números que de tazas con logos y cenas de fin de año. Y eso, para ellos, está muy bien. Pero yo era emprendedora, quería emprender y ellos mientras pudieron me dejaron hacerlo. Luego, eso ya no era económicamente viable y yo me aburrí tanto que volví a emprender pero con algo propio.

Me puse a vender accesorios para bebés y me fue muy bien, así que después de un año y medio de trabajar en la clínica y además trabajar en mi emprendimiento, decidí renunciar. No fue fácil, ese lugar era un pedacito mío. Pero me fui muy contenta, me llevé amigos que aún conservo, dejé a mi mejor amiga de muchos años ocupando mi puesto y lo hace mejor que yo. También me llevé dos años de carrera de Administración de Empresas, porque cuando me puse a trabajar en esa pyme, muchas preguntas que tenía, pude responderlas en la universidad. Los dueños eran copados con eso, me daban el espacio para estudiar.

Trabajaba mucho, ganaba poco y con mi sueldo pagaba mi carrera y mi oficina del emprendimiento. Mi oficina, estaba en el mejor edificio de la ciudad, a solo unas cuadras del Obelisco, en pleno centro porteño.

Yo creo que cuando tenés el corazón lleno de pasión emprendedora, podés emprender en cualquier lado, con cualquier cosa, aún siendo empleada de una clínica, con alma empresaria.


Tripa y corazón emprendedor.

Emprendedor se nace, pero por sobre todo se hace, solo es cuestión de saber cuánto corazón estás dispuesto a ponerle a ese emprendimiento y por cuánto tiempo.

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Capítulo 3

¿Vivir de lo que amás es posible? hobbie vs. emprendimiento

“El mundo necesita gente que ame lo que hace.”

Autor: NI IDEA

Vivir de lo que amás no siempre es posible. Así te arranco, tranqui, bajándote toda ilusión de un hondazo. Pero pará, dejame que te cuente. Quizás no es tan malo como parece.

En principio, si todos pudiéramos vivir de lo que amamos, faltarían muchas profesiones y oficios que nadie quiere hacer, pero es lo que puede, al menos en ese momento.

Se me ocurren mil ejemplos, pero no voy a dar ninguno, vos sabés… hay muchas cosas que no quisieras hacer ni por todo el oro del mundo, pero a veces no te queda otra.

Yo no digo que no todos puedan hacer lo que aman, digo que no todos pueden vivir de eso.

Porque una cosa es un hobbie, algo que hacés por el simple placer de hacerlo y otra cosa es hacer algo que amás y tener la fortuna de hacerlo rentable.

En la era digital, se confunden mucho estas cuestiones. Llegan a mí clientes que quieren tener muchos seguidores, cuando yo les pregunto si prefieren 50 potenciales clientes, es decir: 50 personas dispuestas a pagar por eso que ofrecen o 500 seguidores que solo le den like a una foto, algunos se quedan pensando, como si les hubiera preguntado sobre la teoría de la relatividad. La respuesta del emprendedor es rápida, simple “quiero 50 potenciales clientes”.


Las cuentas no se pagan con likes.

El que juega a ser emprendedor o tiene un hobbie al que llama emprendimiento, prefiere los likes. Prefiere ser “exitoso” en las redes. ¿Alguna respuesta está mal? ¡No! Cada uno puede hacer lo que quiera, lo que está mal es no tenerlo claro.

Una clienta quería ser influencer, quería que las marcas le pagaran por promocionar sus productos, pero no me lo decía de forma directa, era como si eso fuera una vergüenza. Costaba que entienda que ser influencer no es algo que uno pueda elegir, sino tu audiencia. Que debía construir una comunidad para poder luego ser influyente. No me voy a poner a darte una clase sobre influencers y alianza estratégicas, pero sí voy a aclararte que un influencer, de los que trabajan seriamente como tales, pueden llegar a ser aliados fundamentales para el posicionamiento de tu marca. El problema es cuando quieren influir en la gente sin tener ningún talento, nada excepto una casa bonita o ropa divina que jamás comprarían, pero aprovechan que aún las marcas no descubrieron cómo medir la influencia ficticia que dicen tener y solo miran si tienen muchos followers… Es muy gracioso escucharlos alimentar su ego queriendo autodenominarse influencers, cuando solo son cuentas con muchos seguidores. No todo es lo mismo. Aunque prefieren no analizarlo tanto. Pero vos como emprendedor, no podés hacer lo mismo. Vos si tenés que analizar todo.

Lo que tenés que saber es que no todo es lo mismo. Ser emprendedor no es comprar y vender algo. Ser emprendedor es garra, paciencia y valentía.

Y me voy a detener en la paciencia.

Yo creé mi cuenta de Instagram en 2015 y fue privada entonces, solo veían mis fotos amigos y familiares, (¡si! subía fotos, no era “contenido”, otra vez, no todo es lo mismo). Pero el 7 de mayo de 2018 decidí que iba a dejar mi cuenta pública, para que todo el mundo pueda ver las pavadas que digo siempre. Mientras escribo esto es enero 2021 ya pasaron más de dos años y medio y mil fracasos.

¿Por qué decidí esto? Agarrá los pochoclos, otra vez, que te cuento...

Como ya les conté antes, yo vendía accesorios para bebés. El tema es que eso fue desde 2012 a 2014, aproximadamente. Me iba muy bien, pero yo no lo sentía mío. Me sentía una revendedora. Y yo quería tener mi marca. Así que, mientras decidía qué hacer, largué todo y me dediqué solo a mi trabajo bajo relación de dependencia, hasta que, en 2016, me aburrí y empecé a crear mi marca. Sostuve mi emprendimiento y mi trabajo un poco más de un año. Pero una mañana de 2017, discutiendo por una caja de guantes de látex con una supervisora de enfermería, (recordemos que yo era jefa de personal en una clínica privada) me di cuenta de que estaba peleando y gastando mi energía, por cuidar insumos de un lugar que no era mío. ¿Y si ponía toda esa energía en mi propio negocio? Ese mismo día avisé que era mi último mes en la empresa. Porque estaba cuidando mucho lo ajeno y descuidando lo propio. Claro, que no lo decidí sola ni ese día, sino que lo veníamos charlando con mi marido y esa discusión fue la gota que rebalsó el vaso, digamos.

Mis jefes realmente tenían varias cosas criticables, pero si hay algo de lo que no puedo quejarme es que me dejaron crecer mientras estaba ahí. Yo había contratado a una agencia de prensa que me buscaba acciones con influencers, notas en radios, revistas, etcétera. Y ellos siempre me daban permisos, una vez hasta escuchamos una nota sobre mi marca en la radio, juntos. Entraba tarde, salía temprano, pero siempre fui buena coordinando, dirigiendo, armando equipos y por suerte, yo podía irme y todo funcionaba sin mí. Después de todo, un buen líder es quien sabe perfectamente hacer eso. Irse, y que todo siga marchando.


“Un líder es mejor cuando la gente apenas sabe que existe, cuando su trabajo está hecho y su meta cumplida ellos dirán: lo hicimos nosotros”. Lao Tzu

En un intento de negociación, uno de mis jefes me ofreció que vaya un día menos a la semana así tenía más tiempo para ocuparme de mi emprendimiento, sin renunciar. Me dejé convencer, porque irme de ese lugar fue muy difícil, en principio por el riesgo de perder algo seguro siendo mamá y súmale que todos mis amigos estaban ahí, me divertía tanto, tanto… que acepté esa oferta y me duró… ¡dos semanas!

No quería ir más. Había llegado al punto en que me dolía la cabeza todos los domingos a la noche, estaba somatizando, ya no quería estar ahí. Había que soltar. Y solté.

Me fui. Me dolieron mis amigos a quienes ya no veo cada día, pero conservo, me dolieron las horas que hice cosas de más como organizar un congreso de psiquiatría, para el prestigio y reconocimiento de una empresa que jamás lo valoró. Pero me fui. Y, ¿sabés qué? Me iba bien. Muy bien.

Estaba con oficina propia, en el mejor edificio de la ciudad —ya les contaré más adelante cómo llegué ahí—, no tenía jefes, tenía ventas y empecé a conocer mucha gente emprendedora.

Mi amiga Mane Ricardo fue la primera emprendedora que conocí en el edificio donde tenía mi oficina, ella rediseñó mi marca y me ayudó a darle forma y colores lindos a mi emprendimiento. Todo era fabuloso.

Hasta que me di cuenta de que tenía competencia… y feroz. Habían desarrollado mis mismos productos (que tampoco eran una idea mía, pero era la única que los hacía en Argentina) y con precios increíbles. Claro, yo tenía una mega oficina y ellos trabajaban desde sus casas, yo tenía agencia de prensa y ellos no, yo invertía en publicidad y ellos robaban a mis clientes. ¿Cómo? ¡Simple! Yo pagaba publicidad, vos me preguntabas el precio en esa publicación y ellos te respondían por privado para decirte que tenían el mismo producto pero más barato.

Yo pagaba campañas de fotos, estudios, casting de niños, edición, etcétera y ellos simplemente robaban mis fotos. Los valores de una marca, para mí, son claves, hablan de los valores de vos como persona. No son dos cosas separadas. Si vos no calculás tus costos y simplemente sos un especulador de precios que cobra según la cara del cliente, entonces eso ya está en tu ADN, no solo en el de la marca.

¿Qué clase de emprendedor querés ser? ¿Qué mensaje querés dar? ¿Cómo vas a manejarte frente a la competencia? Son muchas cosas que tenés que definir antes de empezar a andar ese camino.

Pasados cuatro meses desde que había renunciado, todo estaba empeorando. No tenía más ahorros, ni aguinaldos, ni nada. Tener un sueldo hacía ver que mi negocio era más rentable de lo que realmente era, los números son el enemigo de un emprendedor promedio, los odiamos tanto que cuando nos sentamos a revisarlos, es tarde.

Las ventas caían en picada y mis clientes de siempre solo me preguntaban cuándo iba a volver a revender la misma ropa de antes que era importada. Yo seguía angustiada porque todo iba mal y las ventas seguían cayendo.

Una noche, mientras la angustia me generaba más insomnio que el habitual, me senté en la cama y le dije a mi marido: MAMIS A MIAMI.

¿Qué? Sí, ya lo había encontrado. Me estaba peleando con la competencia desleal, por algo que mis clientes no querían tanto y estaba descuidando lo que sí querían, ¡ellos querían ropa importada! Pero yo no estaba dispuesta a venderla. Así que otra vez, llamé a mi amiga Mane, que es diseñadora, y le pedí que me arme MAMIS A MIAMI, esta vez ya no tenía presupuesto, pero ella me apoyó igual, más tarde pude retribuirle con descuentos copados en los viajes que hicimos, nunca me voy a olvidar de su ayuda incondicional cuando no había un cobre para apostar.

También alquilé un P.O. BOX, que es una especie de depósito en Miami por 15 USD por mes y empecé a contactar a todas mis clientas que querían ropa de afuera y les dije “YO TE LLEVO”.

Conocía todos los secretos del lugar, cada rincón que ningún turista sabe que existe, tenía gente dispuesta a pagar por eso, tenía el diseño, me asesoré y necesitaba una agencia de turismo que sea mi respaldo legal. Ok, todo estaba encaminado. Iba a llevar a todas mis clientes de viaje, ellas comprarían online, guardarían en mi deposito y nosotras solo iríamos tres días a retirar las cosas y descansar sin hijos ¡en Miami!, ¿qué podía salir mal?

Allá fuimos. Mientras sostenía mi emprendimiento de niños como podía, me llevaba a las mamis de viaje. Si supieran todo lo que hubo detrás... pero necesitaría diez tomos extras de este libro.

El tema es que lo hice y funcionó, costó mucho, pero viajamos, fueron tres veces y después… ¡el dólar se disparó! Argentina otra vez era un lugar que no te permite proyectar a largo plazo, esas “escapadas a Miami” ya no eran eso, sino un gasto familiar que ninguna persona iba a querer hacer. Todo se desmoronaba otra vez.

Yo amaba viajar, amo viajar, amo Miami y todo lo que ese emprendimiento representaba, pero no era rentable. Jamás pude ganar plata de ahí, solo sumar deudas. Le faltó tiempo. Le faltó suerte y plata, como a muchas ideas en mi vida. Una semana después de que me consideré en banca rota, llegó mi propiedad de marca. Son trámites que tardan tanto que cuando los tenés, quizás, ya te fundiste cien veces.

Yo amaba lo que hacía, pero no podía vivir de eso, ni tengo la plata suficiente como para jugar a la empresaria. Si no es rentable, se tira a la basura.


Secarse las lágrimas y volver a andar.

¿Por qué dije que iba a hacer foco en la paciencia? Porque es la perseverancia la que te ayuda a crecer, pero también, puede jugarte en contra. Si solo te rodeas de frases de motivación, si solo te enfocás en hacer lo que amás, si solo pensás en lo que disfrutás y no ves los números, puede que estés jugando a emprender, puede que ese negocio sea un hobbie, puede que tengas que dejarlo ir.

Como te dije antes, 8 de cada 10 emprendimientos fracasan, lo repito para que lo recuerdes. Y parte de ese fracaso es culpa de quien se queda enamorado de su idea, de quien queda obnubilado, ciego de amor, como cuando conoces al amor de tu vida y pasas por la etapa del enamoramiento, esa que no te deja ver ningún defecto. Ese es el mayor problema de un emprendedor, enamorarse mucho del concepto y perder la objetividad, rodearse de personas que te digan que todo está bien cuando nada lo está, a eso yo le llamo: PALMOTERAPIA, que es el acto de decirle a alguien “¡lo estás haciendo bien!” Cual palmada en el hombro “¡Qué lindo todo lo que hacés!”, pero nadie se anima a decirte que lo que estás haciendo es mentirte y que vas a terminar perdiendo todo... y llorando a mares.

No pierdas el norte, rodeate de gente objetiva, sé vos mismo una persona objetiva, animate a decirte “esto es una mierda” y empezá de cero. Tené paciencia, llorá. Secate los mocos, agradecé lo que tenés, por poco que sea, anotá tus aprendizajes de cada fracaso y volvé a empezar.

Recordá que los puntos siempre se conectan hacia atrás. Yo empecé vendiendo accesorios importados para niños, luego los fabriqué, luego a esas mismas madres las llevé de viaje… y luego lo que siguió, lo vas a ir descubriendo en otras páginas, pero vas a notar que incluso yo, que tengo mucha suerte pero de la mala, logré conectar mis puntos hacia atrás y, al menos por ahora, todo lo que hice tuvo sentido.

Hoy puedo decir que vivo de lo que amo, hoy puedo decirte que no es un hobbie. Quizás en unos días o unos meses, años, quién sabe, mi negocio ya no exista, me funda o simplemente ya no sea algo que ame. Quizás este libro sea un best seller, yo me vuelva una estrella de Hollywood y encienda un cigarrillo con un billete de cien dólares, que luego tiraré porque no fumo, pero tengo plata, ¡qué más da!

Dejé pública mi cuenta de Instagram porque lo que quería era ser mi propia influencer, pensé que si lograba tener una comunidad, cuando llegue la hora de irnos a Miami me iba a resultar más simple venderlo. Pensaba en subir una historia e invitar a mis seguidoras a irnos juntas de viaje y que la pasáramos de lujo. En el camino, eso quedó en el olvido, al menos por ahora, salvo que alguna de ustedes quiera viajar y en ese caso, nos vamos mañana, cuenten conmigo. De verdad, no sé si quedó en el olvido, creo que es algo que está por algún rincón, pero… tampoco fue en vano, gracias a sumar esa idea y ese fracaso, en el que incluso me encontré con gente que se aprovechó de mi vulnerabilidad para sacar ventaja, hoy estás leyendo este libro…

Ahora que leíste esta parte de mi historia, quiero que pienses si lo que querés hacer es rentable, si te está dejando dinero ahora mismo, si le ves potencial, si es un hobbie o si simplemente es momento de barajar y dar de nuevo.


No tengas miedo, es probable que no salga todo como esperás, casi nunca sucede en la primera mano, pero siempre que tengas la paciencia suficiente, podés seguir intentando…

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Capítulo 4

Mi jefe es un imbécil. ¿Renuncio?

“Tu tiempo es limitado, no lo malgastes viviendo la vida de los demás.”

Steve Jobs

Otra de las grandes escenas de ciencia ficción que se incrementaron en la era digital, es esa sensación de que podés largar todo a la mierda mañana mismo y que alguna fuerza poderosa del más allá va a venir a rescatarte.

Una vez me escribió una seguidora y me contó que veía que todo el mundo trabajaba desde la casa, ganaba plata, era feliz y ella estaba en su oficina, odiando al mundo de lunes a viernes de 9 a 18. Suelo tomarme el tiempo necesario para hablar con este tipo de personas que compraron el discurso simplista de “se tu propio jefe”. Le pregunté, en principio, cómo estaba segura de que esas personas ganaban plata y por sobre todo cómo sabía que eran felices. Ella, sumergida en su angustia de odiar su trabajo solo seguía cuentas “inspiracionales”, esas que te muestran todo lo que podrías hacer, comprar o tener si no fueras tan desgraciado.

En el mejor de los casos te reís y te das cuenta de que eso no es tan real, pero en ocasiones hay personas, como esta chica, que estaba tan triste, que consumía esas cuentas para sentir todo lo que podría lograr si dejaba ese trabajo que tanto odiaba. No se daba cuenta de muchas cosas, por ejemplo, de que esas cuentas viven de gente que aspira a ser como tal o cual persona, aspira a vivir esa vida, a la que quizás nunca llegue o quizás tampoco quiera tener realmente.

Hablando más con ella me dijo “No sé por qué las sigo, porque después de un par de minutos de ver esas vidas perfectas, me siento una boluda, siento que hice todo mal y ¡esas personas hicieron todo bien!”. ¡Wow… FRENEMOS ACÁ!

El discurso de largar todo para ponerte “un barcito en la playa” existió desde siempre. El problema con las redes es que si te descuidás, te quieren hacer creer que todos podemos vivir tomando daiquiris y tequila en algún bar de Jamaica y ganar dinero bailando al sol. En esos sueños la arena no quema, no tenemos temporadas malas ni bajas, no tenemos proveedores, clientes de mal humor y hasta es posible, que en medio del sueño, te imagines cerrando la tarde con tus amigos y familiares ahí, porque el sueño del barcito en la playa no deja lugar para pensar que podemos fundirnos y mucho menos que podemos extrañar a nuestros seres queridos, porque en el sueño, todos dejaron sus vidas y se mudaron a nuestro bar en Jamaica.

Soñar es gratis dicen, pero cuando la fantasía nos invade no nos deja dimensionar y valorar lo que tenemos, porque todo sabe a poco frente a semejante escenario que hasta si cerrás los ojos, te deja sentir el aroma a coco del bronceador.

Yo conocí gente que se endeudó por “encajar”, por ir al evento que iban todos, por tener la remera que todos tenían, por querer pertenecer a ese selecto grupo que te catapultaría a la fama instagramera, pero también pasa en el plano de lo real. No solo en las redes. Si no se está despierto, uno puede querer consumir más de los ingresos que puede producir y caer en deudas y angustias al por mayor.

Soñar está muy bien, es un motor que nos impulsa a querer seguir adelante. A ir tras algo mejor. ¿Pero qué es mejor? Volvamos al jefe que odiamos, volvamos a ese trabajo horrible que tanto detestamos. ¿Qué cosas tiene de bueno? ¿Tenés un buen sueldo?, ¿te acerca un poquito más a eso que soñás?, ¿te da tiempo suficiente para poder hacer además ese deporte o ese hobbie que te gusta?, ¿te da cierta seguridad?… quizás es malo, pero… también tiene cosas buenas. ¿Estoy diciendo que nunca te vayas? ¡NO! Estoy diciendo que emprendas la huida, que empieces a allanar el camino, que comiences por armar un plan.

Te lo dice alguien que no lo hizo. Y sufrió. Me enamoré de mi oficina propia y de la idea de poder estar con mi hija más tiempo. Admiré tanto todo lo que mi sueño, hecho realidad, me ofrecía que me olvidé de analizar, de prever, de armar un plan que me permitiera irme, mínimamente, sin deudas y con el ahorro suficiente para bancar el primer tiempo de la vida emprendedora.

Suele pasar. Te acostumbrás a estar mal, te la bancás, hasta que un día discutís con una pelotuda por una caja de guantes de látex y mandás todo al carajo. No digo que no renuncies, si es eso lo que te hace bien, hacelo, andate. Pero no corrás a ponerte el barcito en la playa. Analizá opciones. Tal como si fueras, simplemente, a cambiar de jefe.

Siempre pienso en eso. Supongamos que sos Contadora y que trabajás en un estudio contable, que no es el mejor del mundo y tampoco te encanta, entonces decidís cambiar de trabajo. ¿Cómo es el proceso? ¿Renunciás y después ves si alguien te contrata? ¡No! Seguramente empezás a mandar C.V. por todos lados, analizás ofertas laborales, vas a entrevistas, hacés contactos en Linkedin, te fijás si ese sueldo que te ofrecen es mejor o peor pero incluye mejores beneficios, si te queda más cerca de tu casa, si el horario es más flexible y recién después de todo eso accedés a renunciar y cambiar de empresa. ¿Qué te hace pensar entonces que para emprender es distinto? ¡Es así! Tal cual...

Antes de irte del lugar ese en el que no querés estar, mirá el entorno, analizá la competencia, tus finanzas, tu situación y después andate. Eso no te va a llevar siglos, quizás son meses o un año. Pero te aseguro, que me lo vas a agradecer. Porque sé que estás esperado todos los días una señal, un amigo, un pariente o un cartel de motivación que te diga que “todo va a estar bien”, pero creeme, que quizás al principio todo esté fatal y ninguna de las personas que te dieron esas señales, será la responsable. ¿Vos querías crecer? ¿Querías ser adulto? Ahí tenés, la adultez te hace responsable de lo que hacés y de lo que dejás de hacer. Como decía Mandela en su poema Invictus:


“No importa lo estrecha que sea la puerta, no importa el castigo del más allá, Soy el amo de mi destino, soy el capitán de mi alma”.

Hay que ser verdaderos amos de nuestros destinos, pensando que no todo lo que vemos es tan simple. Seguramente esa persona a la que ves exitosa o feliz, lo sea. Pero también puede pasar que sea solo lo que muestre, para que personas como vos se animen a saltar al vacío sin paracaídas. Esto no es nuevo, no es de ahora, no es solo culpa de influencers, redes sociales y medios de comunicación. El barcito en la playa existe desde mucho antes, pero los fracasos también, hay que prepararse para que volar sea caer con estilo cual personaje de Toy Story y mandar mañana a la mierda al imbécil de tu jefe, no creo que te amortice el golpe.

No te preocupes, seguí leyendo, de a poco vas a ir descubriendo qué cosas tener en cuenta, de quién rodearte y cómo hacer que esa decisión, no sea un impulso. Y que de poder ponerte el barcito en la playa, te vaya tan bien, que me puedas invitar una copa para brindar por los sueños, que sí se cumplen.

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Дата выхода на Литрес:
25 июля 2024
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260 стр. 18 иллюстраций
ISBN:
9789874467270
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