Читать книгу: «En pos de la humanidad»
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ISBN: 978-84-1114-823-8
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PRÓLOGO
Hay momentos en la historia en los que el presente es tan inverosímil que resulta difícil traducirlo a la ficción. Es entonces cuando la literatura se ve obligada, o bien a resguardarse en el territorio conocido del pasado, o bien a aventurarse a dar un salto hacia un futuro que vuelva a dejar espacio a la imaginación. El que atravesamos hoy en día es sin duda uno de estos momentos: el mundo paralizado por una pandemia, la amenaza constante de nuevos conflictos bélicos a gran escala, y el —al menos en apariencia— inevitable colapso ambiental que cada vez está más cerca. Cualquier ficción que busque hoy abordar el porvenir incierto de la humanidad deberá por fuerza estar atravesada por las grandes preguntas del género de ciencia ficción y de la narrativa distópica: ¿hasta cuándo seguirá siendo compatible la vida como la conocemos con el crecimiento demográfico descontrolado y el agotamiento de los recursos energéticos de la Tierra? ¿Cuáles son las ventajas y los riesgos del acelerado avance de la tecnología? ¿Qué retos inesperados traerán el desarrollo de la inteligencia artificial y la exploración espacial? ¿Llegará el momento en el que la vida en nuestro planeta sea insostenible y tengamos que buscar un nuevo hogar? Como auguró Stephen Hawking: «Los humanos debemos salir de la Tierra si queremos sobrevivir como especie». Y si llega el caso, ¿seremos los únicos ahí fuera que lo estemos haciendo?
Todos estos interrogantes se abordan en la novela En pos de la humanidad eterna, donde la raza humana ha logrado sobrevivirnos otros tres milenios, en apariencia enmendando los errores y excesos que a nosotros, lectores presentes, parecen estar conduciéndonos a la desaparición. El alivio momentáneo que sentimos en las primeras páginas por poder imaginar un futuro esperanzador empieza no obstante a enturbiarse según avanza la lectura. Algunos de los personajes humanos que se nos van presentando siguen alimentando su ambición recurriendo al engaño, la corrupción, la traición y la mentira; las relaciones interpersonales parecen seguir tintadas de los mismos sesgos de género, etc. Muchos humanos del año 6000 parecen tan incapaces como nosotros de escapar a ciertas pulsiones. Como el título de la novela sugiere, quizás la humanidad logre ser eterna; sin embargo su autor no nos permite olvidar que siempre es difícil, incluso en el espacio que nos presta la ficción, imaginar a un ser humano del mañana diferente del de hoy, desprovisto de maldad y trabajando por vivir en armonía con sus semejantes. Al completar la lectura, será tarea del lector resolver si el haber sobrevivido, esta eternidad, supone una bendición o una condena. Quizás concuerde con Luis Yslas Prado cuando dice: «así que esto era el fin del mundo: seguir aquí».
Clara Martínez
CAPÍTULO I
(Tiempos felices)
Las 7 a. m. de un día de principios de septiembre, el sutil zumbido del comunicador alerta a Top, nombre familiar que le puso su progenitor que se dedica a ciencias del átomo.
—Hola Rea estoy contento de oírte aunque estoy medio dormido, es la primera noche que ocupo mi burbuja ya tengo doce años y tengo que aplicar todo lo que me han enseñado para ser autosuficiente y vivir con independencia, bueno perdona. ¿Cómo estás tú?
—Yo estoy bien —contesta Rea con voz alegre— y tú no te preocupes si te sientes desbordado ya sabes que puedes recurrir a tus padres.
—Esto no lo haré nunca —contesta Top con arrogancia— me sabré valer de sobras por mí mismo.
—Bueno no te enfades —le contesta Rea con voz conciliadora— estamos en septiembre yo en diciembre cumpliré doce años y me asignarán mi burbuja, tú me ayudarás con tu experiencia. ¡¡¡Ja, ja!!! —Se ríe Rea.
—Bueno no te rías —contesta Top pero ya muy serio— nos tenemos que ver para preparar todos los temas de primer nivel de esta primera fase.
—Vale —responde Rea ya sin reírse—. ¿Te parece mañana a las nueve en el roble del parque?
—Pues vale en el roble del parque hasta mañana corto y me voy a la ducha.
Top se contempla en el espejo de la ducha, es alto, moreno, delgado pero fuerte y nervudo, su pelo rizado le da un inconfundible toque latino. Todo lo contrario de Rea, rubia algo pecosa, con grandes ojos color acero y algo menuda luce un cuerpo delgado y fuerte con un toque nórdico se adivina en ella una hermosa mujer en un futuro muy próximo.
Son las 7h 30 minutos a. m. suena la alarma del despertador, pero el titánico esfuerzo de esta máquina solo consigue que Top se dé la vuelta en la cama y siga durmiendo. A las 8h 10 minutos abre los ojos como platos mira el reloj y se sobresalta ipso facto se despierta del todo. Rea lo espera a las nueve, se ha de duchar, desayunar, coger los apuntes y salir disparado al roble del parque, que está muy cerca cuando paseas sin prisas, pero muy lejos cuando no tienes tiempo. Se levanta de un salto sin poder evitar que un pie siga liado en la sábana y le haga perder el equilibrio, para no caer se agarra donde puede ocasionando en el pequeño hábitat un auténtico desastre, se arregla como puede, recoge sus apuntes, se encarama a su bicicleta y empieza a pedalear con fuerza sacando de su cuerpo y de su bicicleta el mayor rendimiento. En realidad está feliz e ilusionado, Rea es su amiga y compañera de la primera fase de los estudios, desde bebés hasta los doce años y hace una semana que no la ve.
Ya distingue el viejo roble y la figura de Rea sentada, son las 9h 10 minutos.
A su altura se apea de la bicicleta, Rea le mira fijamente
—Perdona Rea llego tarde.
—Ya lo sé. ¿Qué te ha pasado? —responde ella fingiendo enfado.
Top responde con sinceridad.
—Me he dormido es la segunda noche que duermo en la burbuja y no me acostumbro a que no venga mamá a despertarme.
La cristalina risa de Rea le avergüenza le irrita y hace que se arrepienta de su sinceridad.
—Así que te vales de sobra. ¿Eh? —le recuerda Rea con ironía. Él ya muy serio quizá buscando el consuelo y la compasión de Rea le explica con voz compungida su pequeño desastre.
—Verás al levantarme deprisa mi pie se lio en la sábana perdí el equilibrio y al intentar agarrarme a algo, tumbé la percha de pie. —Rea empieza a escucharle con ojos tristes pero ahora chispean alegres, imagina la escena y trata de no reír él sigue contando.
—La percha impactó en el largo mango del cazo con mi sopa de calabaza que estaba en la cocina y la sopa salió catapultada en todas direcciones.
Aquí Rea ya no puede controlar sus carcajadas lo intenta pero no puede reprimirlas.
—Eres muy cruel —le espeta Top molesto— tengo un gran problema y tú te ríes. —Rea lo contempla divertida secándose las lágrimas de la risa y le pregunta maliciosa.
—Oye ¿y estas manchas anaranjadas en tu sayo?
—Sopa de calabaza —responde él muy serio. A Rea otra vez le ataca la risa y entrecortadamente como le permiten sus irreprimibles carcajadas le propone su ayuda.
—Mira, vamos a tu burbuja y entre los dos lo arreglamos todo, tú también me ayudas siempre y de paso la veré.
—De acuerdo —contesta él con un mohín maléfico. Rea sufrirá un poco el motivo de su risa
El camino desde el roble a la burbuja para Top ya superado el estrés de las prisas es un agradable paseo para los dos charlando de mutuas vivencias y recuerdos y casi sin darse cuenta llegan a la burbuja. Top abre la puerta y Rea contempla desde el umbral el espectáculo. Se le quitan las ganas de reír y tiene un destello de arrepentimiento por su generosa oferta de ayuda
—Bueno —exclama Rea con voz resignada—. Manos a la obra. La burbuja es un hábitat de una sola pieza que integra una cama individual con cinco grandes cajones en su parte inferior, un armario ropero, un escritorio con dos cajones y una estantería, una cocina con alacena, nevera y lavadora todo en mínima expresión y también un cuarto de aseo con inodoro, lavabo y ducha todo en un espacio muy pequeño con la filosofía de las caravanas de siempre y una percha de pie como galán de noche y principal colaboradora del desastre. Rea contempla el entorno todo manchado de sopa de calabaza incluso la guitarra, el instrumento preferido de Top, y pregunta curiosa.
—¿Cómo te las has apañado, teniendo un armario y cinco cajones para que toda tu ropa tenga su ración de sopa?
—Verás —responde él con tono de lógica—. Todo estaba amontonado porque no me decidía lo que tenía que colgar en el armario y lo que tenía que colocar en los cajones.
Rea le contesta con tono comprensivo:
—Ya veo ya… Bueno empezaremos por lavar toda la ropa y así tendremos espacio para limpiar lo demás, que aquí no se ha salvado nada. —Y mientras se hacen lavadoras una tras otra van limpiando techo, paredes, suelo, muebles, etc. etc.
Al rato Rea suspira satisfecha.
—Ya casi hemos terminado solo falta tu ropa Top dámela.
—Y qué me pongo —responde él muy turbado— si todo está mojado.
—Pues no te pones nada —le responde Rea divertida.
—Es que me da un no sé qué —contesta el casi asustado.
Rea le responde enérgicamente.
—¿Pero qué tonterías dices? Desde que nos conocemos y nos conocemos de siempre, en playas y piscinas nos hemos visto desnudos. ¿Qué te pasa?
—Sí pero… —responde él muy cohibido—. Allí estamos todos desnudos pero aquí es diferente, tú estás vestida.
—Porque yo no me he rebozado con sopa de calabaza. ¡Dame tu ropa ya! —La voz de Rea es imperiosa y no admite discusión. Top se quita la ropa despacio, Rea la va recogiendo y metiéndola en la lavadora, ya desnudo Top se sienta en la cama acurrucado, Rea no entiende por qué pero le parece que se siente humillado esto la hace sentir triste e incómoda y decide.
—Mira cuando termine la lavadora pones la ropa a secar, yo me voy y mañana nos vemos para estudiar. ¿Quieres que venga aquí a tu burbuja? Y así no rompes nada.
—Vale —le contesta él muy bajito.
Son las 9h de la mañana Top ya está duchado, aseado y toda la burbuja en orden, espera con ilusión la llegada de Rea para desayunar juntos. Aparece Rea rigurosamente puntual como si quisiera resaltar alguna diferencia con alguien. Top que no pilla el detalle, amable y cortés la invita a sentarse.
—Siéntate mientras yo preparo el desayuno para los dos —le dice jovial. Rea se levanta de un salto y le contesta con alegría.
—Déjame que te ayude y lo preparamos entre los dos me hace ilusión. —En realidad le aterra la innata predisposición que tiene Top para los desastres, los produce de forma innata y natural—. ¿Qué vamos a preparar? —pregunta Rea muy intrigada.
—Tengo leche, azúcar, compuesto de cereales, pan tostado, mantequilla, mermelada y zumo de naranja —responde Top con tono de suficiencia.
—Todo esto me encanta —contesta Rea con énfasis de entusiasmo para darle coba e infundirle confianza.
El almuerzo transcurre en silencio los dos tienen más hambre que ganas de hablar. Una vez han terminado, Top recoge la mesa y anuncia…
—Voy a fregar los platos. —Rea lo observa divertida le diría muchas cosas para hacerlo mejor, ella siempre en su casa ha participado intensamente junto a sus padres en las tareas domésticas, está segura de que no quedarán muy limpios, pero calla, Top ya está contemplando su obra la mar de satisfecho. Ella se alegra de no haber dicho nada. En la sobremesa Rea pregunta inquisidora.
—Top hoy es el tercer día de tu nueva vida aquí en la burbuja. ¿Qué tal te sientes? —A Top le gusta que le haya hecho esta pregunta, queda pensativo y se dispone a contestar.
—Verás las clases de autosuficiencia parecen muy fáciles pero en la práctica no lo son tanto, me gustaría haber prestado más atención cuando nos lo explicaban, el hábitat de la burbuja es pequeño pero mantenerlo en orden no es fácil en este pequeño espacio dejas algo fuera de su lugar y ya parece un gran desorden y todo lo demás que hay que saber, te duchas y nadie recoge tu ropa sucia si te descuidas o está todo sucio o está todo en la lavadora y no tienes qué ponerte luego está el menú diario desayuno almuerzo y cena tienes que elegirlo cocinarlo y luego fregar los platos y además ordenar la cocina esto siempre después del desayuno, el almuerzo y la cena todo un rollo. Yo en mi casa, con mis padres, lo veía todo fácil ellos lo hacían todo entre los dos, yo colaboraba como podía y siempre estaba todo a punto y perfecto.
Rea lo escucha divertida con una sonrisa socarrona piensa que a Top le estaban pasando factura las comodidades y atenciones que le prodigara su mamá en casa.
—Y lo peor —continua Top— es administrarte nos han enseñado en esta primera fase a sumar, restar, multiplicar y dividir, suficiente para calcular lo que podemos gastar y conseguir que los créditos que nos ingresan en el implante cada treinta días no se queden cortos, pedir ayuda es una penalización, luego están los cuidados médicos para pequeñas dolencias, como hacerte un corte o quemarte un dedo o un dolor de cabeza, en el curso te explican lo que tienes que hacer y las medicinas que tienes que comprar, claro cuando llega el caso igual no te acuerdas, con lo fácil que era «mamá me duele la cabeza» por ejemplo y mamá te lo solucionaba. Claro que si hay algún problema grave de salud no es problema, el implante lo detecta lo transmite y aparecen los de urgencias.
Rea seguía con su sonrisa enigmática como la Gioconda.
—No te rías —le espetó él— en diciembre tendrás tu burbuja pero yo ya seré un experto y me reiré de ti.
—Eres muy malo —le contesta Rea con su mordaz ironía.
—Y tú muy mala —le contesta el con tono amable—, porque sabes que te ayudaré.
—Top quisiera comentarte algo. —Rea se ha puesto pensativa y nerviosa—. En la clase sobre el tema del conocimiento de la propia personalidad y la convivencia con la sociedad a la que no estuviste porque te llevaron a mostrarte tu burbuja, tuvimos un conferenciante muy especial el doctor Fermión director general del instituto del espacio que abarca las investigaciones en robótica, inteligencia artificial, cibernética, biónica y también biocomputación, entre otras, nos contaron que es un gran sabio cuando lo vi me impresionó y hasta me dio miedo es mayor de setenta años alto muy delgado con el pelo cano largo y despeinado y cuando te mira parece que pueda penetrar en lo profundo de tu mente. He oído comentar a mis padres que nadie sabe nada de los voluntarios que han ingresado en este instituto para participar en las distintas áreas de investigación, nadie ha vuelto a saber de ellos, se dice que el motivo puede ser el que este instituto se encarga también de organizar el relevo de los colonos que están en la Luna, en Marte, lunas de Júpiter y Saturno, se sabe que la estancia del ser humano en estos lugares no debe ser superior a un año por el nefasto efecto en el organismo humano ocasionado por la diferente gravedad.
»El doctor Fermión nos reiteró la importancia de este tema y para reforzarlo nos esquematizo un poco de historia. Y con voz solemne nos habló del gran desastre que empezó a principios del segundo milenio donde la destrucción ambiental producida por la estúpida gestión de los recursos de la Tierra estuvo a punto de acabar con la vida y el planeta.
»Fue motivado por falta de un funcionamiento lógico de la sociedad humana de entonces por culpa de la mentalidad que imperaba, la inmensa mayoría de individuos no se identificaban como base de la sociedad, se sentían profundamente desarraigados incluso se desconocían a sí mismos. A partir del tercer milenio, nos contó, se tuvo conciencia que los animales de cualquier especie saben de forma genética quiénes son, cuál es su personalidad básica y cómo deben relacionarse con el conjunto de su especie, consiguiendo la armonía y estabilidad social de la especie. Algunos ejemplos de sociedades radicalmente perfectas son las abejas, las hormigas y las avispas.
»Y que los seres humanos no nacen con estos conocimientos, tienen que aprenderlos.
»A partir de entonces mejoró la sociedad humana, se regeneró el planeta y las especies de la biodiversidad, animales y plantas, además se ha sabido mantener el nivel demográfico de cuatro mil millones de humanos y se ha conseguido un gran avance científico y tecnológico.
»Nos dijo muy solemne que por esto el tema era tan importante. Seguidamente nos propuso un tema de convivencia, advirtiendo que a nosotros nos parecería muy simple pero a él le interesaban nuestras respuestas. El doctor Fermión Nos eligió a dedo a mí y a mis amigas Hydra, Sepna y a mi amigo Styx y empezó con el relato.
»Viajamos en un transporte local, con aforo completo y todos de pie, muy juntos, uno de los viajeros pisa el pie de otro y no se disculpa. El doctor preguntó. Si fuera tu pie Sepna, ¿qué harías?
»—Me retiraría despacio para no estar al lado de un maleducado —respondió Sepna.
»—¿Y si fuera el tuyo Hydra?
»—Le diría: me acabas de pisar ve con más cuidado —respondió Hydra.
»—¿Y si fuera el tuyo Styx?
»—Yo le diría con energía: no me vuelvas a pisar.
»—Y tú Rea. ¿Qué harías?
»—Le diría: disculpa he puesto mi pie debajo del tuyo, no te preocupes que estaré muy atenta para que no vuelva a ocurrir.
»—Y si te vuelve a pisar pero esta vez se disculpa alegando el movimiento y la proximidad —pregunta el doctor Fermión entre divertido e intrigado. Rea contesta rápido.
»—Pues al ratito le daría un gran pisotón y le diría. Disculpa tengo los mismos problemas que tú y me pondría de manera que mis pies no estuvieran al alcance de los suyos. —El doctor Fermión la escuchaba atentamente e hizo un gesto divertido de aprobación seguidamente resumió:
»—Como veis un caso tan simple y cuatro diferentes respuestas, todas correctas pero de acuerdo a la personalidad de cada uno.
»Top, el doctor mientras hablaba tenía sus ojos fijos en mí y yo sentía escalofríos, al terminar la clase le oí. «Rea acércate», yo me quedé helada, pero me acerque a él y me preguntó:
»—Pronto y durante un año estarás sola e independiente en tu burbuja y serás dueña de tu tiempo libre. ¿Verdad?
»—Sí doctor —le respondí. Él me propuso que podía participar en charlas que organiza su instituto para orientar a qué ciencia te quieres dedicar, me preguntó si ya lo sabía, le contesté que sí, a la investigación genética de los alimentos, él me miró fijo un rato y dijo para sí:
»—Ya lo veremos.
»Me da mucho miedo Top —confiesa Rea alterada. Top la contempla preocupado mientras su cabeza discurre velozmente buscando algún argumento que la tranquilice, al fin lo encuentra.
—Oye Rea es la primera vez que nos preocupamos de estas cosas, ahora me acuerdo de que nuestros amigos Calisto y Muan participan desde el comienzo de su segunda fase en estas charlas del instituto y están terminando su tercera fase. Tienen diecisiete años la segunda y tercera fase dura tres años cada una o sea hace cinco años que asisten y están bien nos vemos con ellos muchas veces, en los conciertos y en los deportes, se ven felices y contentos, pronto los volveremos a ver y tendremos una charla sobre el tema verás que no hay nada terrible y nada que tenga que preocuparte hasta entonces olvídalo y hablemos de otra cosa.
—¿De los estudios? —pregunta Rea intrigada.
—No —respondió Top— esta primera fase la tenemos superada en realidad el examen es la burbuja, demostrar que con lo que te han enseñado y has aprendido eres capaz durante un año de vivir independiente y de integrarte en la sociedad yo lo superaré y tú también Rea, que de esto sabes más que yo. Lo que quiero es hablar de ti, tus padres les comentaron a los míos que os tendréis que ir a otro sector lejano durante un año por motivo de las actividades de tus padres y tú no me has dicho nada. —El tono de Top era de disgusto.
—No te he dicho nada porque aún no es seguro —se defiende Rea. Top le expone sus preocupaciones.
—Esta segunda fase es mucho más complicada que la primera y para mí es muy importante tener cerca una persona de mucha confianza para comentar los temas, si te vas no tendré a nadie y a ti te ocurrirá lo mismo.
—Yo si me voy —le contesta Rea— adonde vaya no voy a conocer a nadie, estaré un tiempo en encontrar a alguien que me inspire algo de confianza y tú aquí lo tienes mejor. Sabes hablaremos con Hydra es amiga de los dos seguro que te podrá ayudar.
—Pero no es lo mismo Rea —le contesta él con impaciencia—. ¿Has visto los temas del primer año de la segunda fase? Será fuerte en matemáticas dicen que es básico para entender las ciencias, las tienen como el idioma con el que Dios escribió el universo, esto no me preocupa no necesito a nadie, pero luego está el segundo nivel de autoconocimiento y convivencia que incluye los temas en primer nivel de atracción íntima entre humanos, el erotismo como arte de atracción, conocimiento físico del propio cuerpo, la química del sexo y mucho más. —Rea palidece, no había tenido esto en cuenta cuando le recomendó a Hydra por confidente.
Hydra es una morena muy guapa, hace ya tres meses que ocupa su burbuja, tiene casi seis meses más que Rea, entre los doce y trece años en las niñas empiezan a ser notorios los atributos femeninos y Hydra los tenía muy notorios.
Rea sigue pálida, imagina a Hydra y Top en la burbuja debatiendo estos temas, se pone enferma y pide a su suerte no tener que marcharse y ahora se da cuenta de que Hydra miraba mucho a Top, se ha quedado tan pálida quieta y callada que Top le pregunta angustiado.
—Oye ¿qué te pasa? ¿Te encuentras bien?
—Estoy perfectamente —le contesta ella reaccionando. Top se queda en silencio y pensativo la noticia de que Rea podía marcharse le ha trastornado un poco, al final encuentra algo que decir.
—Oye te vayas o no, quiero que nos prometamos que estaremos juntos en la celebración del año nuevo que además será el inicio del sexto milenio y del siglo LXI, para algunos es el undécimo milenio, porque cuentan los años desde que se tiene noticia del primer escrito. Será una gran fiesta y quiero estar contigo.
—Lo intentaremos Top —contesta Rea emocionada.
—Bueno estamos en septiembre y hasta finales de diciembre no te vas a ir, seguro que estaremos juntos —calculó Top contento—, ahora lo importante es tener un encuentro con Calisto y Muan para que nos expliquen lo de las clases del doctor Fermión y te quedes tranquila.
—De acuerdo Top —contesta Rea—, contactaré con Muan que es muy amiga mía para vernos.
Las 10h de la mañana de un domingo de la tercera semana de septiembre Top espera la llegada de Rea, que llega puntual, a las 10h 30 minutos han quedado aquí, en la burbuja con Calisto y Muan ellos también pasaron la experiencia de la burbuja y les gusta recordarlo. Top ha puesto la mesa de la burbuja en el exterior afortunadamente hace un día espléndido y buena temperatura, si tuvieran que estar los cuatro en el interior de la burbuja estarían muy apretados e incómodos.
Muy puntuales llegan Calisto y Muan en sus bicicletas, Top y Rea han preparado la mesa con refrescos y aperitivos.
Los recién llegados están contentos de estar allí la burbuja les trae muy buenos recuerdos. Se saludan jovialmente, Calisto le pregunta a Top.
—¿Cuánto tiempo hace que estas aquí?
—Desde primeros de mes.
—Top, al principio es duro pero después te gustará —asevera Calisto.
—Eso espero —responde Top.
—Bueno sentémonos —propone Rea, ya instalados Rea ya no puede aguantar más para contar el asunto que le preocupa y empieza dirigiéndose instintivamente a Muan en quien tiene más confianza—. A primeros de septiembre el doctor Fermión nos dio una conferencia en la escuela y me propuso ir a las charlas que organiza su instituto y no sé por qué a mí me da miedo.
—¿Qué dices? —interviene Calisto— te felicito porque algo muy bueno vería en ti el doctor para proponértelo, ¿sabes que asistir a estas charlas está muy solicitado? Y muy pocos son aceptados yo las hice porque mi padre, cuando tenía tu edad fue seleccionado por el doctor y el abogó por mi madre para asistir juntos y cuando yo cumplí doce años ellos estaban ya estudiando en el instituto y mi padre también abogo por mí y yo lo hice por Muan o sea que puedes estar muy orgullosa Rea no pierdas la oportunidad.
Rea se queda perpleja y sorprendida pensando. ¿Qué tendría ella de especial que ella misma no hubiera descubierto?
—Además —siguió Calisto— asistir a estas charlas es condición indispensable para que superadas las tres fases, con dieciocho años puedas incorporarte a estudiar en el instituto del espacio.
Top queda muy preocupado si no conseguía que le aceptaran a él en las charlas a los dieciocho años no tendría a Rea a su lado. Como si adivinara los pensamientos de Top Rea apunta solemne.
—Cuando hable con el doctor Fermión le diré que acepto si acepta también a Top.
—¡Caray! —exclama Calisto escandalizado— eres muy valiente poniéndole condiciones al doctor en un asunto que le sobran los candidatos. —Top muy afectado por la decisión de Rea le aconseja.
—Veo que esto es muy importante para ti Rea no lo hagas.
—De ninguna manera voy a cambiar de opinión —sentencia Rea.
—Pues a ver qué pasa —comenta Calisto. Viendo a Rea que seguía pensativa le pregunta.
—¿Y qué más te pasa? —Rea le contesta.
—Desde hace dos años hay algo que me inquieta, me preocupa y a veces me ocasiona pesadillas. Mis padres tienen dos buenos amigos, Tau y Sharon, como mis padres también trabajan en el instituto espacial nos visitaban mucho yo los conozco desde que nací, con ellos fuimos juntos muchas veces en viajes de excursión y vacaciones los quiero mucho y ellos también a mí, me llaman Muñequita son mayores que mis padres ahora tienen cincuenta años. Hace dos años se despidieron de nosotros, tenían que incorporarse al laboratorio de investigación espacial o zona cero del instituto y no he vuelto a saber nada de ellos, mis padres me cuentan que los programas de investigación son tan apretados que no tienen tiempo de ir a ninguna parte, me dicen que no me preocupe que están bien pero yo no entiendo que no puedan venir a verme y tengo mucha pena.
Calisto y Muan se miran a los ojos por un tiempo que a Top y a Rea les parece interminable luego Calisto después de respirar hondo un par de veces dirige su mirada a Rea y con voz seria le expone.
—No tienes que preocuparte Rea ingresar en la zona cero es voluntario y puedes ir de colono en cualquier asentamiento que elijas de nuestro sistema solar, puede que a estas horas tus amigos se lo estén pasando bien en Marte o en Titán a muchas personas les atrae esta experiencia y confieso que a mí también.
—Y a mí —añade Muan contenta. Rea ya más tranquila expresa con un suspiro.
—Sí, tiene que ser maravilloso.
—Además —sigue contando Calisto—. El año que viene Muan y yo cumpliremos dieciocho años y entraremos a estudiar en el instituto, mis padres como nosotros también ingresaron con dieciocho años, ahora con cuarenta y ocho han pedido incorporarse a la zona cero, están impacientes e ilusionados. —A Rea y a Top se les abren mucho los ojos y la boca por la sorpresa. Calisto se dirige a Top.
—Tus padres desde los dieciocho años tienen sus actividades en el instituto. ¿Verdad?
—Sí, yo siempre los he visto trabajar allí —responde Top.
—Esto te permite pedirle al viejo doctor que te acepte en las charlas y evitamos que Rea lo desafíe —termina Calisto divertido. Rea se dirige a Calisto y a Muan con mirada agradecida.
—Creo que habéis acabado con mis pesadillas, gracias.
—No tienes por qué darlas —responde Muan—, ha sido un placer ayudarte. —Top interviene.
—Creo que me habéis dado una solución a un problema gracias también.
—Te digo lo mismo que a Rea —le contesta Muan— ha sido un placer. —Calisto propone—:Esta tarde hay un concierto en el local de actos del sector y esta mañana lo están preparando algunos son amigos míos me gustaría verlos. ¿Queréis acompañarnos? —Top y Rea asienten contentos, Top sugiere.
—Entre todos recogemos la mesa en un momento y nos vamos. —Muan y Rea se miran y al momento deciden.
—Dejadlo, esto lo arreglamos entre Rea y yo —dice Muan. Al poco rato ya en sus bicicletas pedalean hacia el local de actos. Al llegar encuentran una gran actividad de jolgorio y alegría, aparcadas las bicicletas les falta tiempo para incorporarse. Rea está feliz, pero por poco rato hasta que descubre algo alejada a Hydra charlando alegre con sus amigos. Top también la ve y le propone a Rea.
—Oye allí está Hydra, puedes aprovechar para pedirle que me ayude cuando tú te vayas. —Rea se demuda, había terminado con una pesadilla y se le crea otra pesadilla peor.
—Te he dicho que todavía no es seguro que me vaya —le contesta desabridamente. Top queda muy sorprendido por el tono y le dice muy suave.
—Lo digo para prevenir. ¿No? —Rea acorralada tiene que ceder.
—Bueno hablemos con ella —dice con voz suave y rabiosa. Top y Rea se acercan al grupo en que está Hydra. Rea la llama—. Hydra queremos hablar contigo. ¿Tienes un momento? —Hydra se acerca jovial diciendo.
—Para vosotros todo el tiempo del mundo —mientras abraza y besa a Rea luego abraza y besa a Top, a Rea le parece que el beso y abrazo a Top es más fuerte y efusivo del que le prodigó a ella, dominando los rencores que la corroen le explica sonriendo con simpatía.
—Verás Hydra, sabes que Top y yo desde siempre —enfatizó— estudiamos juntos pero en este primer curso de la segunda fase a mis padres los destinan a otro sector durante un año y yo claro tengo que ir con ellos. —A Hydra se le iluminan los ojos.
—¿Y qué? —pregunta.
—Pues, que he pensado si puedes estudiar tú con él durante mi ausencia —vomita Rea seguido y de un tirón. Hydra con una gran sonrisa le responde.
—Claro que sí Rea para eso estamos las amigas. —Y se dirige a Top con una mirada chispeante que no pasa desapercibida a Rea—. Top en cuanto me necesites, me llamas, sin problema.
—Gracias Hydra —le contesta Top amablemente. En aquel momento Calisto le grita a Top.
—¿Puedes venir a ayudar? —Rea aprovecha para despedirse.
—Tenemos que irnos Hydra ya hablaremos. —Esta última frase suena a gruñido perruno. Mientras se alejan Top le comenta a Rea.
—Hemos tenido suerte ya hemos arreglado algo
—¡Cállate! —le contesta Rea con un bufido. Top queda sorprendido y perplejo, en su inocente despiste no pilla nada. Top le pregunta a Calisto.
—¿En qué quieres que te ayude?
—A instalar estos equipos. —Una vez terminada la instalación al rato se despiden.
—Vale Top a la tarde nos vemos. —Por el camino Rea comenta.
—Yo me voy a mi casa.
—Espera —le conmina Top—, te invito a comer tengo unos créditos ahorrados, vamos a comprar comida preparada y comemos en la burbuja. ¿Vale?
—Top, me esperan en casa —dice ella preocupada.
—Pues coges el comunicador y les dices que estás conmigo y que no vas —le dice él con energía. Rea asiente, le seduce la propuesta de Top. Ya en la burbuja con la compra hecha Rea comenta.
—Top siéntate y déjame que prepare la mesa me gusta hacerlo.
—De acuerdo —le contesta él mientras piensa cómo ajustar sus futuras dietas a aquel dispendio pero está muy feliz. Mientras comen comentan todo lo tratado con Calisto y Muan, su imaginación les lleva a dar paseos por los planetas y lunas del sistema solar, les gusta la idea.Ya en la sobremesa Rea tiene que preguntarle lo que la corroe.
—Top ¿te gusta Hydra? —Top contesta con naturalidad.
—Sí es muy bonita. —Rea repite.
—Digo si te gusta. —Aquí Top sí que algo pilla y contesta muy seguro.
—¿Para qué? —Ante la expresión perpleja de Rea insiste Top—. ¿Si Hydra me gusta? pero ¿para qué? —Ante el parón expresivo de Rea, Top prosigue—. Rea, tú me gustas para todo, Hydra me gusta para ayudarme a estudiar. —Rea queda desarmada y termina el tema con un suspiro.
—Ojalá no tenga que irme. —Son las 16h y se disponen a recoger la mesa, luego saldrán paseando a encontrarse con Calisto, Muan, Hydra y otros amigos en el baile que se celebra en el local de actos del sector. El encuentro es eufórico.
En el local encuentran un gran ambiente al que se incorporan rápidamente a practicar «baile deportivo» ritmos frenéticos que cada cual los sigue según le parece, es un gran espectáculo contemplarse unos a otros, todos se divierten. Rea está muy feliz ella tiene un gran sentido del ritmo y hasta en ocasiones le forman un círculo aplaudiéndola, está muy feliz hasta que… Su amiga Hydra que también lo hace muy bien y tiene más «cosas» que mover se incorpora al círculo a su lado y el éxito queda repartido.
A las 20h se supone un agotamiento general y se cambia el ritmo y la iluminación a más suaves, según ancestrales costumbres que perduran, la música ahora es dulce y suave, todos bailan abrazados a su pareja moviéndose lentamente. Rea abraza a Top y le dice.
—Vamos a bailar. —Mientras bailan Rea se da cuenta de que Top sigue jugando divertido. La dulce música, el ambiente y ella a Top no le inspiran nada. Al rato Hydra se les acerca.
—Rea ¿me dejas bailar con Top? Solo un ratito.
—Claro que sí —le contesta Rea. Hydra se abraza a Top, Rea sorprendida observa a un Top cambiado, no ríe está serio pero con una expresión muy feliz, Hydra sigue con Top y ya ha pasado más que un ratito esta noche Rea tendrá mucho en que pensar, le será difícil dormir.
Pasan los días Hydra ante la posibilidad de que Rea tenga que irse, ha estrechado los lazos con esta y con Top. Rea ya no es tan recelosa y combativa forman un trío de amistad muy positivo.
A Rea se le ha hecho muy patente que Top para ella es el mismo de siempre, le encanta estar con ella y siempre está dispuesto a protegerla de todo, contra todos y ayudarla, pero se le ha hecho muy evidente que con Hydra Top es otro Top, ni mejor ni peor, pero diferente y desconocido, no quiere pensar en esto pero es que no se le quita del pensamiento.
Mediados de noviembre, Rea por el comunicador cita a Hydra a la burbuja de Top para verse los tres, una vez reunidos, Rea con los ojos húmedos les da la noticia.
—Ya está confirmado —empieza Rea con voz temblorosa—, a mis padres los trasladan por motivo de sus trabajos de investigación a un sector muy lejano y a mí con ellos al menos por un año. —La humedad de los ojos de Rea se desborda en cantidad contagiando a Hydra que casi la supera Top intenta disimular pero grandes lagrimones resbalan por sus mejillas. Hydra piensa para sí: «¿Qué tendrá esta mocosa para hacerse querer tanto?». Se quedan los tres en silencio cada uno sorbiendo sus lágrimas. Top se repone intentando ser duro y optimista.
—Rea somos muy jóvenes, un año pasa pronto, tenemos el problema que hasta los catorce años no podemos pedir solos un transporter para ir tan lejos pero tenemos los comunicadores por los que podremos hablar y vernos.
Hydra y Rea rompen a llorar más fuerte, Top calla se da cuenta de que ha conseguido lo contrario de lo que pretendió.
Última semana de noviembre, Hydra está en su burbuja sentada pensando en sus amigos Top y Rea, los ha estado viendo aunque están un poco retraídos, parece que están aceptando la marcha de Rea, es lo mejor porque no es una gran desgracia, hasta cree que es todo lo contrario un gran beneficio para ellos, han estado juntos e inseparables los doce primeros años de su vida a estas alturas estar un año separados es lo mejor que les puede ocurrir, claro que no se lo dirá. Se le ocurre algo para estar un rato con ellos. Suena el comunicador de Rea.
—Hola Hydra.
—Oye Rea —le propone Hydra— del uno al diez de diciembre a Top le toca la primera inspección de la burbuja he pensado ofrecerle nuestra ayuda para que le quede en estado de revista, yo he de pasar la segunda ya tengo experiencia.
—Muy buena idea —contesta Rea— ahora mismo le llamo y te digo algo. —Al rato suena el comunicador de Hydra.
—Dime Rea.
—Hemos quedado el martes por la tarde. ¿Te va bien a ti?
—Claro que sí —contesta Hydra contenta.
—Top dice que no le importa el motivo con tal de estar juntos —le aclara Rea.
—De acuerdo Rea hasta el martes.
Martes 16h Top está feliz esperando a Hydra y a Rea, son un encanto, los tres se lo pasan muy bien. Él se ha esforzado para dejarlo todo impecable no tendrán que limpiar nada. Hydra y Rea llegan puntuales.
—Top venimos a ayudarte a dejar bien la burbuja. —Top contesta con suficiencia.
—No tenéis que hacer nada ya está todo hecho. —Rea ha traído un frasco de limpiador y unos paños ha vertido el líquido en un paño y lo ha pasado por un mueble, el paño ha quedado negro.
—Mira Top —dice Rea mostrándoselo.
—¡Ahí va! —exclama Top— te has llevado la pintura.
—Top esto no es pintura esto… tiene otro nombre —le dice Hydra con voz paciente.
—No es posible he quitado el polvo —protesta Top.
—Top, hay que quitar el polvo y todo lo demás —le contesta Hydra con la misma paciente voz—. Andando Rea que tenemos trabajo que los inspectores son muy meticulosos. —Top demudado ante la evidencia pregunta.
—¿Puedo hacer algo?
—Sí, estarte quieto —responden Hydra y Rea. Top obedece muy humillado, ellas no lo demuestran pero están muy divertidas. Dejarlo todo bien ha llevado su tiempo Top agradecido y generoso les propone.
—Os invito a cenar.
—No Top se ha hecho tarde —contestan. –
—Y mañana por la tarde he de arreglar mi burbuja —añade Hydra.
—Te ayudaré Hydra he visto cómo lo hacíais y puedo hacerlo todo —se ofrece Top.
—¡Oh! Muchísimas gracias —le responde Hydra con un tono de sarcasmo que Top no pilla. Ella tiene su burbuja impecable. Hydra y Rea se van riendo.
Miércoles 16h, Hydra en su burbuja está esperando a Top y a Rea, ha preparado una mesa con chocolate y galletas, cuando llegan lo primero que dice Top.
—¿Por dónde empiezo?
—Pues… Por sentarte a la mesa —le responde Hydra divertida.
—Pero ¿qué hacemos? —insiste Top.
—Sentarnos y charlar aquí está todo hecho pero de verdad —le contesta Hydra. Top que ahora sí que lo pilla, se sienta y calla, ya relajados empieza Hydra.
—Bueno en unos días tendremos los debates finales para valorarnos en esta primera fase.
—Serán tediosos y aburridos, creo que ya lo sabemos todo —dice Rea. Top interviene.
—Lo importante es la valoración que te hacen al final del periodo de tu estancia en la burbuja y para esto queda tiempo.
—Paralelo a esta segunda fase —explica Hydra— vosotros tendréis las charlas del doctor Fermión y yo empezaré los cursos de conservación de alimentos.
—Está claro —interviene Top— que el acontecimiento más importante a la vista es el fin de año, el nuevo milenio, el nuevo siglo y la despedida de Rea. —Con lo último Top sabe que ha metido la pata puede observar que los ojos de ellas se humedecen—. Pensemos en el lado bueno —añade Top para arreglarlo—, estaremos juntos al menos seis años, un año es un cachito pequeño ¿vale? —Pero no arregla nada.
Última noche de diciembre del año 5999 en el local de actos del sector, un gran local circular capaz de aforar miles de personas, con un escenario central, al que van llegando cientos de participantes a la gran fiesta que supone despedir el año alegremente y con más alegría dar la bienvenida al año nuevo, nuevo siglo y nuevo milenio, entre ellos no podían faltar Rea, Top, Hydra, Calisto, Muan, los padres de Rea Titania y Oberon, los padres de Top Ganimedes y Dysmonia, los padres de Calisto Eris y Namaka una vez reunidos Rea pregunta.
—¿Y tus padres Hydra?
—Vendrán más tarde —responde Hydra—, les ha tocado un turno de vigilancia en los automáticos de gestión de cereales. —La fiesta es muy alegre y animada con ritmos muy felices. De pronto para la música, todos callan están a punto de dar las doce últimas campanadas del fin del último día del año, del siglo y del milenio. Todos están en silencio y concentrados evocando sus deseos para el nuevo año. Hasta la última campanada cuando se desata una gran euforia todos se abrazan y se besan, Rea, Hydra y Top con lágrimas en los ojos, apaciguada ya, esta explosión de alegría se reúnen los amigos, Oberon y Titania padres de Rea, quieren hablarles.
—Aprovechamos este momento para despedirnos os encontraremos a faltar mañana estaremos en casa preparándolo todo para salir el día dos de madrugada a nuestro nuevo destino, en un par de horas vendrá un transporte para llevarnos a casa. —Se les ve tristes y emocionados. Hydra se acerca a Top.
—¿Me dejas que te robe a Rea por un rato?
—Vale —contesta Top— pero no mucho rato. —La burbuja de Hydra está cerca, allí se dirigen paseando. Hydra le dice a Rea.
—Te veo triste y angustiada he pensado que te será bueno que te rescate de este bullicio por un ratito.
—Lo has acertado —le contesta Rea— lo necesitaba. Al llegar a la burbuja se sientan en la cama Rea al sentirse sin extraños que la observen da rienda suelta a sus lágrimas. Hydra la atrae contra su pecho.
—Vamos, vamos tranquilízate quiero hablar contigo. —Rea sin abandonar la protección de los brazos de Hydra balbucea.
—Te escucho. —Hydra empieza a hablar muy lentamente.
—A nuestra edad, precisamente ahora nuestros cuerpos cambian, tenemos sensaciones y emociones que no conocíamos, yo tengo solo seis meses más que tú y no hace mucho experimenté este cambio, no puedo contarte mucho porque las dos somos niñas, bueno, yo menos niña que tú donde vayas no quiero que te encierres ni te enclaustres, tienes que conocer gente, hacer amigos y salir con ellos, dentro de unos meses que tu cuerpo evolucione, quizá al mirar a un chico experimentes una sensación que jamás antes habías sentido. A Top le querrás siempre pase lo que pase pero quizá descubras que lo quieres como a un hermano, a Top le pasa lo mismo que a ti y pase lo que pase nunca dejará de quererte.
Rea se aparta de Hydra lentamente mirándola fijamente algo perpleja.
—Perdona Rea me ha costado pero tenía que decírtelo —le dice Hydra con voz emocionada.
—Hydra —habla Rea despacio y muy bajito—, creo que lo que me has contado me será útil y bueno, tenemos que volver a la fiesta. —Se pusieron en pie y se miraron. Rea dijo—: Hydra cuida de Top. —Las dos rompen a llorar y se abrazan fuertemente Rea en aquel abrazo siente los latidos del corazón de Hydra, se siente protegida y le produce un raro placer, se separan poco a poco sus húmedas mejillas se deslizan entre sí hasta que sus labios coinciden en un dulce beso de cariño.
Al llegar a la fiesta Top ya estaba impaciente han tardado mucho en volver, los padres de Rea la estaban buscando para irse.
—Rea tenemos que irnos. —Oberon se acerca a Top lo abraza y le dice—. Pronto nos veremos.
Titania también abraza y besa a Top, después de despedirse de Hydra terminan con un: «Cuidaos, pronto nos veremos».
Quedan juntos Top y Rea se abrazan fuertemente mientras rompen a llorar al separarse.
Rea da unos pasos hacia atrás mirando fijamente a Top, se giró y ya no quiso volver la cabeza, Top la contempla mientras por el pasillo se pierden entre la gente. Top siente cerca unos suspiros y unas manos que cogen la suya y la oprimen fuertemente es Hydra.
—Diles a mis padres que me voy a la burbuja.
—¿Quieres que te acompañe? —se ofrece Hydra.
—No —responde Top—, creo que me será bueno estar solo.
CAPÍTULO II
(¿Qué fue de Tau y Sharon?)
ZONA CERO
Amanece una mañana fría de un día de principios de enero del año 5998. Tau y Sharon están sentados en el terrado de lo que ya no será su casa
—¿Estás segura de seguir adelante? —Tau le pregunta a su pareja Sharon, una guapa mujer de cuarenta y ocho años pelirroja de figura agradable y de cuerpo trabajado por actividades y deporte.
—Claro que sí —le contesta Sharon a Tau, un hombre de cuarenta y ocho años moreno, alto y fornido con el que ha compartido sus experiencias desde que tenía doce años—. Desde que cumplimos dieciocho años que entramos a estudiar e investigar en el instituto, que queremos ingresar en la zona cero.
—Lo sé Sharon incluso nos hemos esforzado para conseguir una buena valoración para que nos aceptaran. Pero una vez dentro sabes que no podremos mantener contacto con el exterior. Es una condición que imponen de forma muy rigurosa, por lo visto no quieren que se transfiera nada de lo que se investiga al exterior– —razona Tau.
—Va a ser muy duro pero tú y yo nos hemos estado preparando para esto —le contesta ella con voz afectada por la emoción—, lo tenemos decidido. ¿No?
Tau la abraza para confortarla y con voz suave y temblorosa, él también está muy afectado, razona.
—Sharon, ahora llegará el transporter que envían a recogernos, por última vez tenemos la opción de subirnos o quedarnos. —En aquel momento se oye el zumbido de los gravitores del transporter que despliega la rampa de acceso a sus pies—. ¿Arriba Sharon?
—¿Arriba Tau? —Tienen muy claro que donde vaya uno ira el otro.
Se cogen de la mano se miran a los ojos y alegres exclaman: «¡Arriba!». La gran decisión está tomada. El transporter se eleva. Ella comenta con voz acongojada por la nostalgia.
—Qué pequeñita se ve nuestra casa. —Tau ya solo ve la extensa ciudad de casas bajas, casi empotradas en el suelo, totalmente integradas en una exuberante vegetación en estos momentos iluminada por el sol del amanecer.
—Mira Sharon qué hermoso paisaje.
—Muy bonito —asiente ella mientras le asoman las lágrimas. Tau la abraza y le dice.
—Nada es para siempre, algún día volveremos.
Muy juntos pueden contemplar a gusto el bonito paisaje. Los transporter en zonas habitadas tienen que ir despacio.
La llegada a su destino está prevista para las 13h30 tienen mucho tiempo para pensar.
—Me acuerdo mucho de nuestros amigos —dice Sharon con voz muy afectada—, lo que más me duele dejar es a Rea tiene diez años y es un encanto, yo la llamo «Muñequita», me tiene el corazón robado. —A medida que habla se le entrecorta la voz y rompe en sollozos. Tau la abraza, ella le ha contagiado la congoja se le humedecen los ojos y con voz muy queda asiente.
—Yo también los recuerdo.
Nadie es testigo de sus emociones, el transporter es teledirigido. Inmersos en sus recuerdos el tiempo les pasa muy aprisa.
Tau exclama:
—Estamos descendiendo. —El paisaje que ven es una enorme extensión edificada y una chimenea a la que desciende el transporter.
—Sharon, parece que hemos llegado —comenta Tau. Ella toma su mano y con voz resuelta le dice.
—Vamos que nos vienen a recibir. —En efecto al pie de la rampa les espera un robot doméstico de un modelo popular y conocido con su voz metálica les dice.
—Bienvenidos seguidme. —Después de andar por un largo pasillo con puertas a derecha e izquierda llegan a una que tiene un enmarcado «Tau-Sharon», el robot les abre la puerta y les anuncia.
—A las 14h30 os acompañaré al salón comedor. —Sharon comenta.
—Tau has visto que en todo el pasillo solo hay una puerta con un rótulo, la nuestra.
—Espera Sharon quiero comprobar si podemos abrir la puerta o nos han encerrado. —La puerta se abre Tau comenta—. No estamos encerrados. —Los dos suspiran aliviados y se disponen a inspeccionar la habitación. La habitación es amplia con un sofá, una gran cama, una mesa y un armario. Ella comenta.
—Mira Tau el cuarto de baño es magnífico, la zona de ducha es inmensa.
—Fíjate Sharon —le dice Tau—, tenemos televisor radio, receptor holográfico pero ningún sistema para emitir al exterior. —Ella está contemplando el paisaje que se ve por el amplio ventanal de la habitación y comenta.
—Qué bonita es la tierra. —La llegada del robot les saca de su abstracción vuelven a andar por los pasillos dirigidos por el robot hasta el comedor. Tau y Sharon se sorprenden del lujo de la sala, ella comenta—. Fíjate es un gran comedor pero hay pocas mesas. —Por el gran ventanal del salón siguen disfrutando de un hermoso paisaje. El robot les acompaña a una mesa y pregunta.
—¿Os gusta esta mesa? —La mesa está cerca del ventanal.
—Me encanta —le responde Sharon.
—Tomad la carta —les indica el robot. Sharon empieza a ojear la carta y exclama.
—¿Has visto qué maravilla de platos? —Tau contesta.
—Esto es increíble.
—¿Qué es increíble? —pregunta ella.
—Que con esta oferta las emociones me hayan quitado las ganas de comer —responde Tau riendo.
—A mí también —contesta ella, pero con voz triste y añade—. Elegiremos algo simple y ligero de digerir.
El robot les trae lo elegido y les advierte.
—Cuando terminéis avisadme y os llevaré a la habitación. —Sharon comenta.
—Lo que me angustia es que desde que nos recogieron en casa no hayamos contactado con ningún ser humano.
—A mí también —le contesta el con tono de preocupación. Han terminado y llaman al robot. Les acompaña a la habitación y les advierte.
—A las 6 p. m. os vendré a buscar para acompañaros a la sala de entrevistas, el doctor Fermión os espera, ahora descansad. —Tau comenta.
—Son las 15h30 tenemos un buen rato para descansar. —Muy pensativo y preocupado le susurra a Sharon.
—El robot dice que nos verá el doctor Fermión. ¿Verdad?
—Pues sí —contesta ella.
—Pues fíjate, mis padres ingresaron en la zona cero a los cuarenta y ocho años, recuerdo que de pequeño me contaban que a los doce años habían sido reclutados a las charlas del doctor Fermión que era un hombre que aparentaba setenta años, treinta años después nos recluta a nosotros con doce años y si lo recuerdas el doctor Fermión aparentaba setenta años cuando tenía cien años, de nuestros doce años a hoy han pasado treinta y seis años, o sea que el doctor tiene ciento treinta y seis años.
—No puede ser —interviene Sharon—, tú sabes que la esperanza de vida actual está en ciento diez años.
—Por esto estoy impaciente por verlo —contesta Tau.
Son las seis, el robot viene a buscarles. Vuelve el paseo por los pasillos hasta llegar a una puerta doble alta y grande que automáticamente se abre. Da paso a una enorme sala con fotos y maquetas de asentamientos lunares, planetarios y de raros robots. Frente al gran ventanal una enorme mesa y de pie a su lado el doctor Fermión exactamente igual a como lo recuerdan cuando tenían doce años, no pueden evitar que se note su sorpresa, aunque no dicen nada.
El doctor Fermión amablemente les dice.
—Pasad y sentaos. —A su penetrante vista y agudo ingenio no ha pasado desapercibida la sorpresa de los recién llegados, ni el porqué, pero hace caso omiso de ello.
Tau y Sharon obedecen, Fermión los mira intensamente y empieza con el motivo de la entrevista.
—Desde que teníais doce años y después con vuestro ingreso en el instituto para estudiar e investigar se os ha observado valorando vuestro ingenio y vuestro talento. Tengo la satisfacción de deciros que habéis superado con total éxito nuestras previsiones.
»La misión de la zona cero es conseguir de forma eficaz la colonización de planetas y lunas del sistema solar y más ambiciosa, la colonización de planetas fuera de él. ¿Algún comentario?
—Sí —responde Tau—, mis padres hace treinta años ingresaron en la zona cero y no he vuelto a saber de ellos. ¿Puedes decirme algo?
—Tus padres Kerveros y Actaea están perfectamente bien y felices —le responde el doctor— trabajando en importantes experimentos, tú no sabes nada de ellos, pero ellos lo saben todo de ti.
—¿Podré verlos y hablar con ellos? —pregunta Tau muy emocionado.
—Seguro que sí —contestó Fermión, con una rara sonrisa, pero no tengas prisa. ¿Algo más? —Se hizo un silencio. El doctor prosiguió—. Los próximos quince días tendréis una intensa adaptación como astronautas y después partiréis hacia la Luna para una estancia de tres meses antes de partir se os instruirá convenientemente. ¿Alguna pregunta?
Tau y Sharon no responden.
—Por hoy hemos terminado —sentencio Fermión.
Ya en la habitación Tau le comenta a Sharon.
—Estoy feliz sabiendo que mis padres están bien.
—Y yo también —responde ella— y además siento ilusión por la aventura lunar.
Los quince días de adaptación son realmente duros, pero están contentos sus cuerpos están más fuertes, agiles y flexibles. El último día de adaptación es durísimo a las 6 p. m. llegan a la habitación y se derrumban agotados en el amplio sofá, al rato Sharon dice.
—Me voy a la ducha.
—Y yo también —contesta Tau, la ducha es súper espaciosa, desnudos los dos se contemplan mutuamente. Tau comenta.
—Sharon los ejercicios te han sentado muy bien estás preciosa.
—Y tú también estás precioso —contesta ella. Tau sugiere con tono de complicidad.
—Podríamos aprovecharlo. ¿No? —Sharon le contesta con voz resuelta.
—Esta noche no. Tengo la cabeza llena de pensamientos. —Tau le responde jocoso.
—Hace ya milenios que se descubrió que el problema de las mujeres es la cabeza.
—¡Malo más que malo! —le responde ella con fingida indignación y así a lo tonto le tira la pastilla de jabón y sin pretenderlo impacta en Tau donde más le puede doler este lanza un quejido mientras protege con sus manos el lugar del impacto y se arrodilla en tierra.
—Sharon tiene un destello de piedad y de arrepentimiento, pero le puede más el morbo de la venganza y le dice.
—¡Tu justo castigo! —Él encogido desde el suelo le contesta vengativo y rencoroso.
—Yo también tengo la cabeza llena de pensamientos, cariño mañana será otro día. —Sharon lo contempla indignada. Sabe que si él hubiera insistido solo un poco… y sabe que él también lo sabe.
Les interrumpe el robot que llama a la puerta y les comunica.
—A las 9 p. m. os vendré a buscar para llevaros al salón comedor. —En la cena, esta vez sí que hacen honor a la generosa carta, de vez en cuando se miran de soslayo y se ríen, ninguno sabe qué piensa el otro. Terminada la cena el robot les acompaña.
Abren la puerta y como siempre les encanta la habitación está bañada por la luz de la luna llena que entra por el gran ventanal la cama vestida de blanco parece que tenga luz propia. Sharon no resiste más se tumba sobre ella y siente una gran satisfacción, todavía le dura el cansancio del último entreno Tau se tumba a su lado, pero no muy cerca se acuerda muy bien del último «pastillazo». Al ratito Sharon se le acerca y le dice al oído con voz muy queda.
—¿De verdad que si tienes la cabeza llena de pensamientos no puedes hacer ninguna otra cosa? —Tau sonríe y le demuestra a ella que sí que en su cabeza siempre hay espacio para quererla.
Son las 9 a. m. están despiertos y contentos, llaman a la puerta es el robot que les trae el desayuno y les comunica.
—Esta tarde a las seis os vendré a buscar para acompañaros a la sala de conferencias el doctor Fermión os espera.
—¿Sabes? me produce ansiedad pensar qué nos dirá el doctor —comenta Sharon.
—Y a mí también —contesta Tau.
Como la vez anterior el doctor les invita a sentarse.
—Bien os felicito de nuevo habéis superado correctamente las pruebas —les dice el doctor y les informa.
—Pasado mañana a las 8 a. m. vendrán a buscaros para acompañaros a la nave que os llevara a la Luna, no tenéis que llevar equipaje, la distancia será de 380 000 kilómetros. La duración del trayecto será de 5 h 36 minutos la nave desde el inicio tendrá una aceleración de 10 m/seg con lo que estaréis como en la Tierra, a medio trayecto se efectuará el «vuelco», o sea saldréis con la proa apuntando a la Luna y después del «vuelco» la proa apuntará a la Tierra con una aceleración igual pero negativa, al llegar a la luna la velocidad será cero, a vuestra llegada nuestros delegados os atenderán.
»¿Alguna pregunta?
—No, ninguna doctor. En realidad no sabemos qué preguntar.
—Buen viaje —les desea Fermión.
Ya en la habitación Sharon le comenta a Tau muy alterada.
—¿Te das cuenta de que mañana será nuestro último día en la Tierra?
—Sí que me doy cuenta —contesta él—, siempre nos ha gustado la idea de viajar a la Luna, pero ahora que lo tenemos tan cerca siento tantas cosas que me da angustia.
—Yo estoy igual —contesta ella—, creo que pasaremos una mala noche.
—Sí —contesta Tau—, a partir de ahora emociones no nos van a faltar.
Llaman a la puerta es el robot que les trae unas pastillas para dormir, evidentemente su estado anímico es lógico y conocido por el doctor.
Son las diez de la mañana que se despiertan, están relajados. Sharon comenta:
—Hemos dormido muy bien. ¿No?
—Sí, estas pastillas son maravillosas. —Llaman a la puerta es el robot que les trae el desayuno, les recuerda que el comedor abre a las 14h30. Mientras desayunan Tau le dice a Sharon.
—¿Te das cuenta? Siempre trae el desayuno a las 7.30 a. m. ¿Cómo sabe que nos hemos despertado a las diez?
—De alguna manera nos controlan —contesta Sharon—, tendremos que acostumbrarnos.
Sharon está sentada y abstraída frente al gran ventanal con los ojos extraviados contemplando el magnífico paisaje. Tau se acerca a ella y le pregunta.
—¿Qué te pasa Sharon?
—Que quiero llenarme los ojos y el alma de mi querido planeta Tierra.
Tau se sienta a su lado y con voz conmovida comenta.
—Buena idea.
Ha llegado el día, a las 8 a. m. en punto llaman a la puerta, instintivamente Tau y Sharon dirigen una mirada al gran ventanal. En la puerta está el robot lleva integrado un carrito con dos asientos. Con su voz metálica les indica.
—Acomodaos.
Viajan por pasillos y galerías hasta que descienden a un profundo sótano en una gran chimenea circular, en el centro está la nave con su rampa desplegada, no hay ni pilotos ni azafatas solo el robot que con su voz metálica les desea.
—Que tengáis un buen viaje.
—Es triste viajar tan lejos y que nadie humano venga a decirnos adiós —se lamenta Sharon con voz compungida.
Él asiente con la cabeza.
Al poner un pie en la rampa se sienten observados se giran y con sorpresa ven al doctor Fermión que se acerca. Amablemente les dice.
—¿Cómo van estos ánimos? Relajaos es un viaje corto y bonito, en la nave hay todo lo que podáis desear, tenéis que seguir las instrucciones que os dará el automático en el despegue, en la fase de vuelco y al alunizar, suerte. —Suben la rampa sorprendidos y emocionados pero consiguen decir.
—Gracias doctor.
La nave va a despegar la voz del automático les avisa.
—Vamos a despegar ocupad vuestros asientos y abrochaos los cinturones hasta que no se haya establecido la aceleración de crucero. —Obedecen se cogen de la mano y sus corazones laten con fuerza. Al poco rato la voz del automático les avisa.
—Podéis levantaros la fase de despegue ha finalizado. —Sharon se acerca a las grandes escotillas se extasía observando el inmenso mar de estrellas, sin el filtro de la atmósfera pueden ver con más claridad muchos cometas y algunos planetas por la escotilla central la inmensa luna acercándose. Sharon exclama.
—¡Oh! Tau es maravilloso.
—Sí —responde él—, desde la Tierra no se puede imaginar este esplendor, desde la Luna tendremos tres meses para disfrutar de este firmamento. —Se quedan ensimismados contemplando el panorama y la Luna acercándose, hasta que oyen la voz que les manda.
—Sentaos y abrochaos los cinturones, vamos a iniciar el vuelco. —Obedecen y sienten algunas náuseas causadas por las variaciones de la gravedad durante la maniobra. Vuelven a oír la voz—. Podéis levantaros, maniobra de vuelco finalizada.
—Sharon se levanta rápido y se dirige a la gran escotilla central.
—¡Mira Tau la Tierra! —Él se acerca a la escotilla y exclama.
—Es magnífico la veremos alejarse hasta llegar a la Luna. —Absortos contemplando la Tierra y el firmamento horas después ya pueden divisar la base lunar, ven un edificio con una gran chimenea adonde se dirige la nave, está adosado a un gran complejo de varias plantas todo construido en una inmensa astroblema lunar. Les sobresalta la voz que les ordena.
—Sentaos y abrochaos los cinturones vamos a alunizar.
Aún sentados mientras desciende la nave hasta posarse se sienten raros, pasan de una gravedad de 10 m/seg a la lunar de 1,62 m/seg.
—¡Ay! Tau qué sensación más rara —exclama ella.
—Me parece que nos tendremos que acostumbrar —sentencia él.
Una vez posada la nave un conducto se acopla a la rampa, los dos asientos en que están sentados se deslizan por el conducto hasta el edificio luego todo queda hermético. Un robot se acopla a los asientos y les comunica.
—Bienvenidos os llevaré a vuestros aposentos. —Tau y Sharon han estado todo el tiempo en silencio, pasando del asombro a la perplejidad y viceversa.
Ya dentro de la habitación se ponen en pie y aquella rara sensación se hace intensa pero maravillosa a Sharon le da por reír.
—Mira Tau me siento ligera como una pluma —dice ella mientras da saltos sin ningún esfuerzo. A Tau se le contagia la risa y le contesta.
—Yo también parece que pueda volar. —En plena euforia Tau toma a Sharon en brazos y la tira hacia arriba, se llevan un gran susto. Ella ha estado a punto de estrellarse contra el techo. Han dejado de reír, se miran y Tau comenta—. Oye tendremos que tener más cuidado y acostumbrarnos a esto.
Ya más tranquilos se dedican a inspeccionar la habitación. Está en el segundo piso del enorme edificio, es amplia con un gran ventanal por el que se ve un impresionante paisaje lunar, tiene un sofá una mesa con dos sillas una gran cama y un pequeño armario. Sharon llama a Tau.
—Mira qué magnífico cuarto de baño.
—Me encanta Sharon, ahora ven conmigo al ventanal quiero contemplar a tu lado este magnífico paisaje lunar.
Y así pasan un buen rato ella rompe el silencio:
—Tau cuando el robot nos llevaba por el pasillo he visto que hay una barandilla, como un balcón, quiero ver qué se ve desde allí. —A él también se le despierta la curiosidad.
—Vamos a verlo —dice muy resuelto. Salen de la habitación a un largo y ancho pasillo, enfrente la barandilla. Cuando se asoman se quedan maravillados. Ella expresa sorprendida.
—Tau esto es lo que llaman el Oasis lunar. —Lo que ven sus ojos es increíble un gran parque de exuberante vegetación con un lago que tiene una caudalosa cascada y playas de arena fina.
—¡Guau! —exclama Sharon—, no lo veo muy bien pero creo que tiene hasta restaurante.
—Y mira Sharon cuántas personas desnudas bañándose, estamos viendo seres humanos cariño —exclama el alborozado, vuelven a la habitación son las 14,30 hora terrestre, están acostumbrados a almorzar a estas horas y ya más relajados después de tantas emociones. Tau comenta.
—Se me ha despertado el apetito. —Ella le contesta menos poética.
—Tengo un hambre atroz ¿crees que se acordarán de nosotros? —En aquel momento llaman a la puerta es el robot que les comunica.
—A las 15,00 hora terrestre os llevaré al salón comedor, vestíos con los albornoces que encontrareis en el armario, solo son necesarios para asistir al salón comedor y al salón club. —Sharon exclama contenta.
—Se han acordado de nosotros, ahora entiendo el pequeño tamaño del armario, solo es para guardar dos albornoces y nada más. —Puntual a las 15h aparece el robot con dos asientos adosados, ellos ya están vestidos con los albornoces, se encuentran cómodos y hasta atractivos. El robot les manda.
—Sentaos. —Bajan por una interminable rampa hasta el oasis y por un camino del jardín jalonado de vegetación entran en el restaurante. Sharon le dice con voz queda a Tau.
—Mira hay de todo. —Él le contesta.
—Nos pondremos las botas. —El robot les instruye.
—Cuando queráis regresar a vuestra habitación tomad el ascensor nº 43 al segundo piso vuestra habitación es la 2328. —Les entrega un anillo a cada uno—. Si tenéis algún problema pulsad el anillo podéis acudir al restaurante siempre que queráis. Mañana a las 9 a. m. terrestre os traeré el desayuno e instrucciones.
Sharon está feliz.
—Mira Tau estamos en contacto con seres humanos, hola, hola qué tal —va repitiendo contenta al cruzarse con alguno.
—Sharon ahora tengo hambre tenemos muchos días para hablar con ellos —contesta Tau mientras coloca en su bandeja las viandas que le apetecen. Opíparamente satisfechos, ella anuncia.
—Ya no puedo comer más, ahora tengo sueño.
— Yo también —contesta Tau—, vamos a la habitación.
A las diez de la noche hora terrestre se despierta ella.
—¡Tau! ¡Tau! —Le sacude Sharon porque el sigue durmiendo, abriendo los ojos pregunta.
—¿Qué pasa? —pregunta muy alarmado.
—¿Que si quieres volver al restaurante? —le pregunta ella.
—No, he comido mucho y estoy bien, me apetece una ducha.
—A mí también —contesta ella. Luego se tumban en la cama admirando el paisaje lunar al rato pregunta Sharon.
—Oye Tau. ¿Recuerdas los bonitos ratos que pasábamos así en la Tierra a la luz de la Luna?
—Claro que sí —contesta él sonriendo.
—Yo me siento ligera como una pluma, oye Tau. ¿Cómo serán estos ratos en la luna a la luz de la Tierra?
—¿Y si lo investigamos? —contesta Tau sonriendo.
Son las 12 de la noche hora terrestre Sharon muy feliz exclama.
—Esto es increíble, maravilloso ni siquiera nunca hubiera soñado estas sensaciones de ligereza es fantástico. Oye Tau te propongo escribir un libro entre los dos estos tres meses que estaremos en la Luna.
—¿Qué libro? —pregunta él.
—El Kama Sutra lunar —contesta ella.
Los dos ríen con ganas. A las 9 a. m. hora de la Tierra aparece el robot con el desayuno y les comunica.
—A las 5 p. m. hora de la Tierra vendré a buscaros para llevaros al laboratorio lunar. Mientras desayunan Sharon propone.
—Tenemos tiempo de ir a la playa hasta la hora de comer.
—Antes tendremos que ponernos los albornoces —comenta Tau riendo. Salen de la habitación desnudos, cogen el ascensor 43 hasta la planta oasis y caminan hasta que sus pies pisan la fina arena de la orilla del lago, se sientan en la blanda arena.
—Tau —observa Sharon— has visto lo hermoso que es todo esto, debe ser un lugar de vacaciones. ¿Verdad?
—Yo creo que sí —contesta él. Al rato comenta—. ¿Has visto qué hermosas tetas tienen las mujeres?
—Claro tonto —contesta ella—, la poca gravedad se las mantiene erguidas en la Tierra las verías muy diferentes.
—Bueno —contesta él divertido— pero aquí están majísimas y mira a sus culos les sucede lo mismo también. —Acaban riendo.
El alto cielo del oasis es una gran bóveda acristalada Sharon la observa.
—¿Tau para qué son estos globos de distintos tamaños que flotan en la bóveda? —le pregunta ella.
—Mira son como «parches» —le explica él—, si impacta un meteorito y hace un agujero la corriente de aire llevara a los globos que lo taparán mientras lo reparan. —Al rato le propone—. Vamos a dar una vuelta para conocer todo esto. ¿No?
—Cariño ve tú —contesta Sharon—, estoy muy a gusto aquí sentada.
—¿Sí? ¿Me dejas? —contesta él sorprendido.
—Claro —le responde ella— ya sabes que tienes toda mi confianza mientras… no te pierda de vista. —Tau se va riendo.
Sharon se ha quedado porque cerca de ella acostada en la arena esta una mujer de unos treinta años, embrazada, luce una gran barriga a punto de estallar. A Sharon la atrae y la mira con envidia, ella y Tau querían tener descendencia pero inmersos en sus trabajos de investigación lo fueron posponiendo hasta que al final fue tarde. Se acerca a ella y le dice.
—Hola qué tal, me llamo Sharon. —La mujer le contesta muy simpática.
—Y yo Frigia, a ti es la primera vez que te veo.
—Llegamos ayer —le aclara Sharon—, veo que estas a punto de ser madre. ¿Qué será niño o niña?
—Será niña y le pondré Adara.
—¿Adara? —se extraña Sharon.
—Sí —le aclara Frigia— antes era moda los nombres de astros y de partículas atómicas, ahora la moda empieza con nombres griegos y romanos antiguos.
—Bueno, es bonito me gusta —termina Sharon.
—La concebimos en la Luna y queremos que nazca en la Luna —le aclara Frigia.
—¿Estás sola? —le pregunta Sharon.
—Bueno mi compañero está en la Tierra y está por llegar. —Al momento se presentan del servicio sanitario el implante de Frigia les ha avisado del inminente parto, se despiden con un abrazo. Frigia comenta—. Mi compañero se lo va a perder.
—Suerte Frigia —le desea Sharon.
Sharon quiere bañarse en el lago pero con su poco peso casi no se moja, se queda muy frustrada, es lo primero que no le gusta de la Luna mira a su alrededor y ve a Tau con un grupo de hombres y mujeres charlando alegremente se acerca al grupo y le increpa.
—Cariño te estaba buscando es hora de ir a comer. —Es su manera de anunciar que Tau no está suelto. El tiempo se les hace corto por el buen ambiente.
—Bueno tenemos que despedirnos —sugiere Tau.
—Todavía no —contesta una guapa chica del grupo—. Nosotros también comemos ¿eh? —Y el buen ambiente sigue en el comedor hasta que Tau y Sharon tienen que despedirse.
—Hasta mañana —dicen los dos. Están en la habitación son las 16h hora de la Tierra, están pensando de qué tratará su visita al laboratorio.
—Pronto lo sabremos —asegura Sharon.
A las 17 horas de la Tierra se presenta el robot, lleva acoplados dos asientos, les entrega dos quimonos y les dice:
—Vestíos con estos equipos. —Cuando se han colocado los extraños quimonos les manda—. Sentaos. —Discurren por el largo pasillo hasta llegar frente a una gran puerta que tiene un encuadrado «Zona cero», la puerta se abre y entran en lo que parece un espacioso montacargas, empiezan a descender. Ella le pregunta a Tau.
—¿Dónde nos llevan? Estamos bajando mucho.
—No tengo ni idea —contesta él— pero aquí abajo estarán todos los sistemas para hacer habitable el edificio de arriba Oasis incluido. —El ascensor se detiene se abre una gran puerta y el robot les conduce a través de un largo pasillo hasta una sala se para delante de una mesa, se desprende de los asientos y desaparece. Ella mira a su entorno y comenta:
—Tau mira qué robots tan impresionantes.
—Sí Sharon imitan perfectamente la figura humana como si fueran maniquís de escaparate.
—Sí Tau pero estos me dan mucho miedo —contesta ella. Detrás de la mesa una puerta se abre y entra el doctor Fermión, a Tau y a Sharon se les ha puesto la cara de gran sorpresa.
—¿Cómo estáis? —pregunta Fermión.
—Bien —balbucea Sharon.
—Bien, bien —atina a decir Tau.
—Me alegro —responde Fermión con un poco de sorna—. Voy a empezar a introduciros en los grandes temas de la zona cero.
»Para colonizar los planetas y las lunas del sistema solar son indispensables robots con una fiable inteligencia artificial. Si queréis preguntar algo hacedlo en cualquier momento.
—Doctor sabemos que en Marte y en varias lunas hay equipos humanos y de robots muy eficaces —dice Tau.
—El problema es —contesta Fermión— que estos eficaces robots no pueden estar sin la vigilancia humana y en astros que sería interesante explorar no podemos hacerlo porque el ambiente es demasiado hostil para el ser humano.
—Hay robots que con su inteligencia superan al ser humano —añade Tau. Fermión se dirige a Sharon.
—Tú Sharon te dedicas al campo de cibernética, investigas de qué manera ha de usar el sistema del robot los flujos de información que capta de su entorno exterior para ser capaz de controlarse a sí mismo.
—Así es —confirma Sharon. Fermión se dirige a Tau.
—Y tú Tau te dedicas a la inteligencia artificial, investigas cómo dotar a un robot de capacidad para pensar y tomar decisiones.
—Cierto doctor y para hacer la programación me ayudan los informes de Sharon —le contesta Tau.
—Y se han conseguido logros importantes, pero todos los procesos de computación se rigen por largos caminos matemáticos de los que resulta la lógica acción del robot pero si la computadora capta y admite un dato digamos «raro» el camino matemático se tuerce y puede inducir al robot a una acción fatídica y desastrosa, porque físicamente son poderosas máquinas y no tienen sentimientos ni nociones del bien y del mal, digamos ética.
»Los seres humanos también tomamos decisiones siguiendo caminos de lógica matemática, pero matizamos los resultados para nuestras acciones con nuestros sentimientos y nuestra ética, que no tienen nada que ver con las matemáticas y creo que estos valores humanos son imposibles de programar a una máquina, nuestro trabajo es conseguir que los robots se parezcan más a los humanos, aunque nunca serán perfectos y habrá que vigilarlos y controlarlos —termina Fermión.
Sharon y Tau están anonadados y no saben qué decir ni preguntar. Fermión les conmina.
—Levantaos y seguidme iremos al laboratorio de robótica. —Mientras caminan detrás del doctor Sharon con voz queda le dice a Tau.
—Cada vez siento más curiosidad y también más miedo.
—Pero es muy interesante —le contesta Tau.
Una puerta se abre y se introducen en la gran sala del laboratorio, hay muchos robots, como los que han visto en la entrada con aspecto humano, haciendo tareas y muy pocos humanos.
—Como os voy a mostrar bajo la vigilancia de humanos los robots se construyen a sí mismos. —Sharon se sorprende al ver la enorme fuerza que demuestran los robots en algunas operaciones y pregunta.
—¿Qué servomotores llevan, doctor?
—Ninguno —responde Fermión—, acercaos a ver a este robot desvestido.
Sharon exclama.
—Pero si es como un ser humano sin piel, sus músculos son iguales pero metálicos.
—En efecto —responde el doctor—, hemos conseguido unas fibras metálicas cuyas moléculas son capaces de estirarse o encogerse según la intensidad de un campo eléctrico.
—Igual que los músculos humanos —apunta Tau.
—Sí —responde Fermión—, pero muchísimo más fuertes, una central actúa como un centro neurológico actuando según las órdenes de la computadora para los movimientos.
—¿Y la fuente de alimentación? —pregunta Tau.
—Para hacerlo claro —contesta Fermión— usaré similitudes humanas. El robot ingiere materia y su «estómago» la gestiona en combustible atómico.
—¿Podrían subsistir eternamente en cualquier planeta con cualquier ambiente? —pregunta Sharon.
—Segurísimo —contesta Fermión. Les lleva a la vista de un pozo.
—Mirad, este robot está siendo revestido por una computadora 3D con una aleación plástica a 5000 ºC, este revestimiento será su piel y una vez solidificado continuará elástico y soportará temperaturas de 10 000 ºC, será prácticamente indestructible.
—Doctor —pregunta Sharon muy alarmada—, no serán un peligro para la humanidad unos seres eternos, indestructibles capaces de fabricarse a sí mismos dotarles de una inteligencia sin que sean capaces de sentimientos.
—No —contesta Fermión— porque los hemos creado con «dos talones de Aquiles» que ellos jamás podrán manipular y nosotros siempre podremos controlar.
—Que así sea —dice Tau suspirando. Continúa Fermión.
—Vuestra inmediata misión será un informe sobre los robots que están trabajando en una mina lunar, mañana os instruirán para llevar los trajes espaciales y pasado mañana os llevarán a la mina por un periodo de tres horas.
»¡Ah! Se me olvidaba cada día es obligatorio dos horas de gimnasia para compensar los negativos efectos de la baja gravedad. ¿Alguna pregunta?
—Doctor tengo tantas que no se me ocurre ninguna —contesta Sharon sinceramente.
Mientras hablan el doctor les acompaña a la sala donde les recibió.
—Sentaos —les pide—, ahora vendrá el robot para llevaros a vuestra habitación. Y buena suerte —les desea Fermión.
A Sharon y a Tau cada vez que el doctor les desea buena suerte se les pone la piel de gallina pero muy educados responden.
—Gracias doctor.
Mientras esperan el robot ella le dice a Tau.
—Todavía me cuesta creer lo que he visto, es fantástico tengo miedo e impaciencia por visitar la mina y ver cómo actúan los robots.
—Yo también siento una gran curiosidad —contesta él.
El robot se acopla a los dos asientos donde están sentados iniciando el camino de regreso. Están tan atentos a los detalles de por donde pasan que no pronuncian palabra, cuando entran en el gran ascensor y el robot pulsa la subida Tau activa su cronómetro y lo para cuando el ascensor se detiene. Le dice con voz queda a Sharon.
—Hemos bajado algo más de cien metros si es un ascensor normal. Una vez el robot les deja en la habitación les informa.
—Habéis estado en el estrato 320.
—Tau, evidentemente no es un ascensor normal. —El robot les sigue informando.
—Mañana os vendré a buscar a las 7 a. m. de la Tierra para llevaros al gimnasio no tenéis que poneros nada de indumentaria. —Sharon consulta su reloj, son las 20h de la Tierra y propone.
—Oye Tau. ¿Y si nos quitamos esto que llevamos, nos ponemos los albornoces y vamos a cenar?
—Encantado —responde él— has tenido una idea genial. —En el restaurante Sharon advierte a Tau.
—Mira nuestros amigos de la playa acerquémonos.
Él contesta:
—De acuerdo pero piensa que no podemos contar nada de lo que somos ni de lo que hacemos.
—Sí —le contesta Sharon—, aunque no nos hayan advertido silenciar estas cosas, me siento vigilada.
—¿Como si estuviéramos a prueba? —le contesta Tau.
—Exactamente —certifica ella. Al llegar al grupo Sharon saluda con alegría—. ¡Hola a todos! Ya estamos de vuelta. —Del grupo se destaca a saludarlos Alena una guapa mujer rubia cuarentona y de muy buen ver, abraza a Sharon diciendo.
—Bienvenida querida. —Y abraza a Tau diciéndole—. Estoy feliz de volver a verte. —Tau corresponde al efusivo abrazo. Durante la cena, Alena sentada frente a Tau le ríe todas las gracias y con el albornoz juega con gracia y salero a mostrar y no enseñar. Tau se lo está pasando bien ¡Sharon no! Terminada la cena Sharon les comunica.
—Tenemos que retirarnos, mañana tenemos que madrugar.
—Nos hemos apuntado al gimnasio —aclara Tau.
—¿Nos veremos en la playa? —pregunta Alena dirigiéndose a Tau descaradamente. Antes de que Tau pueda contestar Ovidio, uno de los guapos del grupo, que no le ha quitado ojo a Sharon y ella lo sabe, pregunta con voz muy dulce:
—Vendrás tú también Sharon. —Ella le contesta mirándole con picardía y con un tono estudiado.
—Claro que sí. —Después de lo de Alena Sharon está feliz ha visto cómo a Tau le cambiaba la cara. ¡Está celoso! Ya en la habitación ella le comenta.
—Me lo he pasado muy bien Tau tengo ganas de ir mañana a la playa.
—¿Y si descansamos aquí? —propone él molesto.
—¡No! Quiero ir a la playa —contesta ella con decisión.
—Sí —explota Tau— a ver al tontaina de Ovidio. ¿No?
—Y tú a pelar la pava con la coqueta de Alena —le contesta ella mordaz.
De pronto ambos se dan cuenta de la absurda situación y se echan a reír. Tau le dice.
—¡Tonta!
—¡Tonto! —le contesta Sharon. Al rato Tau se sienta y está muy serio.
—¿Y ahora qué te pasa? —le pregunta ella.
—Estoy reflexionando —dice él—, fíjate en este grupo hay hombres guapos y simpáticos y chicas jóvenes y muy guapas. Oye Sharon que no quiero herir nuestros egos pero nosotros tenemos cincuenta años y el tonto de Ovidio ¿qué tendrá? unos treinta y cinco años va descaradamente tras de ti y Alena que tiene diez años menos que yo y está muy sexi va descaradamente tras de mí. Sospecho que los motivos nada tienen que ver con nuestros atractivos. ¿Qué opinas tú?
—Pues… Aunque me duela te digo sin dudarlo que tienes razón.
A las 7 a. m. de la Tierra se presenta el robot para llevarlos al gimnasio.
—Aquí tenéis el equipo de gimnasia. —Les da una toalla a cada uno, y les comunica—. A las nueve os vendré a buscar para llevaros a la habitación a desayunar.
El gimnasio es una sala grande adosada al Oasis, con todo tipo de aparatos sin pesas, todo es por resistencias elásticas.
— ¿Sois Sharon y Tau? —preguntan un hombre y una mujer de aspecto fornido y deportivo.
—Sí —responden.
—Yo soy Giles y ella es Idola, somos vuestros entrenadores.
—Este entrenamiento tenéis que tomarlo muy en serio —les habla Idola—, la falta de ejercicio, la inmovilidad descalcifica rápidamente los huesos por la escasa gravedad, en los tres meses que será vuestra estancia aquí en la Luna, sería notorio. Ahora empezaremos, tú Sharon ve con Giles y tú Tau ven conmigo.
—De acuerdo —contesta Tau—, no faltaremos ningún día.
A las nueve el robot los recoge los lleva a la habitación y les comunica.
—Cada día iréis al gimnasio por vosotros mismos. A las 16 p. m. de la Tierra os vendré a buscar para llevaros a la sastrería espacial. —Entran en la habitación y tienen el desayuno preparado, descansan un rato y Sharon propone.
—Oye vamos un rato a la playa allí se está muy bien.
—De acuerdo, luego recogemos los albornoces y vamos a comer —propone él. Sharon coge de la mano a Tau y le dice.
—Pues vamos, quiero que tengamos un pacto de complicidad con las atenciones de Alena hacia ti y las de Ovidio hacia mí, nos lo podemos pasar muy bien y averiguamos qué pretenden.
—Eres muy mala Sharon —le aclara él riendo.
Ya en la playa tienen una sorpresa el grupo no está, Sharon se siente frustrada en sus maquiavélicos planes que tendrán que anularse si ya no aparecen más.
—Pasaremos una mañana muy relajados —aventura Tau.
— ¡Caray! Me hubiera gustado que estuvieran —exclama ella contrariada. Todo transcurre tranquilo. Al mediodía de la Tierra Sharon propone.
—Me aburro vamos a buscar los albornoces y vamos a comer.
—Sí y luego descansaremos porque a partir de las cuatro tendremos una tarde muy movida —contesta él.
Son las16 p. m. de la Tierra, Sharon y Tau ya están preparados vestidos con sus quimonos, puntual como siempre aparece el robot, lleva acoplados dos asientos. Manda.
—Sentaos. —Obedecen y se inicia el camino hasta el gran ascensor que ya conocen. El robot pulsa el botón y avisa—. Bajaremos hasta el estrato 40.
Sharon comenta jocosa:
—Estamos dejando la Luna hueca. —Tau sonríe.
Unos instantes después el ascensor se para, circulan por un amplio pasillo jalonado de puertas a derecha e izquierda, el robot se para ante una de ellas, la pesada puerta se abre y da acceso a una gran sala.
—Fíjate Tau aquí sí que hay muchas personas y máquinas trabajando pero no hay robots.
—Es evidente que fabrican los trajes espaciales —contesta él.
El robot se desconecta de los asientos y se va dejándolos allí sentados.
—Y ¿ahora qué? —pregunta Sharon.
—Pues no lo sé —contesta él. Unos minutos después aparecen dos hombres.
—¿Sois Sharon y Tau? —preguntan.
—Sí, lo somos —responde ella, pensando que la pregunta es tonta, no deben de recibir tantas visitas. ¿No?
—Contento de conoceros, yo soy Argus se presenta el mayor—, responsable de la sastrería espacial y él es Anker —dice señalando a su compañero más joven— es mi mano derecha y segundo de a bordo.
—Encantados de conoceros —responde Sharon por ella y por Tau.
—Os voy a explicar el programa de hoy —empieza Argus—, en primer lugar os describiré los trajes que vais a usar. —Mientras habla van andando y se acercan a uno de los trajes. Sharon mira el traje y exclama.
—Es enorme. —Y se le escapa un tonto comentario—. Yo me voy a perder ahí dentro. —Argus sonríe.
—Seguro que no y es bastante cómodo —explica—, os ha de aislar de la temperatura de la Luna, que por la noche lunar es de -153 ºC y por el día alcanza de media los 107 ºC
—No me gusta —dice Sharon.
—No lo notareis —le contesta Argus— y además, muy importante esta presurizado a la presión exacta de la Tierra, la Luna prácticamente carece de presión. Para que podáis respirar incorpora un depósito de oxígeno líquido que irá reponiendo el que consumáis ya que siempre respirareis el mismo aire, tendréis oxígeno para setenta y dos horas. El traje es flexible y súper resistente, sería fatal un desgarro y que se despresurizara, es casi imposible que ocurra, además incorpora un comunicador entre vosotros y entre vosotros y la base, desde luego lleva su tiempo vestirse este traje —termina Argus.
—Argus —dice Sharon poniéndose colorada—, no sé cómo decirlo para no parecer vulgar.
—Habla, habla no te preocupes di lo que sea —la anima Argus.
—Pues… —continúa Sharon—, en caso de necesidad ¿cómo se llega a tiempo al baño? —Tau no dice nada pero está súper interesado con el tema. Argus se ríe.
—No tenéis que preocuparos, el traje lleva una especie de «pañal» que procesa y limpia perfectamente el producto de todas las necesidades fisiológicas.
—¿Y si me pica la nariz? —pregunta Sharon muy preocupada. —Argus sigue divertido.
—Esto no tiene remedio —le contesta. Ahora continúa Argus—. Anker mi segundo, os ayudara a cada uno a colocaros un traje espacial, estaréis con él dos horas aquí en la sala comentándonos los problemas que podáis tener. Anker dice.
—Ven Sharon empezaremos por ti. Desnúdate. —Una vez desnuda le pide—. Pásate este arnés por debajo de los sobacos y átalo en el pecho, ¿ves el traje que está vertical con un ancho cuello? Te izaremos y te introduciremos en él, luego le fijaremos un collarín y finalmente le encastaremos el casco y ya está te podrás ir a paseo. —Sharon alucina. Al rato están los dos paseando con sus trajes.
—Tau ¿qué tal? —le pregunta ella por el comunicador.
—Muy bien —contesta él—, pero fíjate en el entorno hay pozos obstáculos escaleras, creo que vamos a hacer una yincana. —Empiezan a deambular y sortear obstáculos.
—Es muy divertido —comenta Sharon con arrogancia no se da cuenta de que a su lado esta Anker que le da un empujón y la derriba. Ella, cae de bruces y se lleva el gran susto.
—¿Y ahora qué? —pregunta angustiada.
—Pues levántate —le contesta Anker. Tau observa con mucho interés.
—No puedo —contesta ella acongojada.
—No puedes porque estas boca arriba —le dice Anker—, estira las piernas y procura rodar para ponerte boca abajo entonces podrás usar tus rodillas tus codos y tus manos para levantarte. —Ella lo consigue y expresa.
—Bueno, tampoco es tan difícil.
Dos horas después les quitan los trajes lo primero que hacen es rascarse la cara, la nariz, las orejas… En realidad ahora que pueden rascarse no les pica nada.
—¡Qué felicidad! —exclama Sharon.
—Ni que lo digas —contesta Tau.
—Mañana tendréis que llevar estos trajes tres horas —les advierte Argus—, y no me habéis comentado si teníais algún problema.
—Bueno es que no lo hemos tenido —aclara Tau.
—Pues me alegro —exclama Argus—. Mañana a la misma hora que hoy os espero, os vestiré para ir a la mina.
El robot viene a buscarlos son las 19h de la Tierra. Ya en la habitación Sharon le dice a Tau:
—Esto de respirar siempre el mismo aire no me gusta nada.
—¿Por qué? —pregunta él.
—¿Es que no lo entiendes? ¿Tendré que decírtelo? —le contesta ella airada.
—¡No, no lo entiendo! Dímelo tú —contesta Tau molesto.
—Pues ahí va. —Y le cuenta de corrido y de un tirón—. Si te tiras un pedo lo respiras hasta que te quitan el traje.
Tau ríe porque le hace mucha gracia y le propone.
—Vamos a cenar y a ver qué comes, ¡no vayan a ser dos! —le dice Tau burlándose y riendo.
—¡Te odio! —le dice ella.
—Bueno —le contesta él, sin perder su buen humor.
—Como sé que a ti el odio no te quita las ganas de comer ¿qué te parece si nos vamos a cenar?
—Vamos —contesta Sharon— pero que sepas que a mí el odio me da ganas de morder.
—Vamos, vamos que me das miedo. —Se ríen los dos.
En el restaurante se extrañan el grupo no está.
—¿Qué les habrá pasado? —dice Tau—, eran cinco personas y no están. —Ella comenta de buen humor.
—Seguro que volverán y la venganza es un plato que es bueno frío. —En la habitación Tau recuerda.
—Mañana a las 6,30 a. m. de la Tierra nos despertarán para ir al gimnasio. —Ella le pregunta a Tau.
—Oye… ¿Cómo te va con Idola? Tu maciza profesora no me has comentado nada. ¿Eh?
—Y tú tampoco me has comentado nada de cómo te va con Giles tu macizo profesor. ¿Vale?
—¡Ven aquí! —le grita ella a Tau—, voy a hacer que mañana Idola te pille gastado.
—Si yo pretendo gastarte a ti lo que me va a encontrar es muerto. —Sharon se ríe con ganas. Después del gimnasio y de desayunar van a descansar a la playa como es de rigor.
—Es raro —comenta Tau—, hoy tampoco está el grupo.
—Sí muy raro —asiente ella—. Oye hoy querría comer temprano y descansar para ir a la mina.
—Sí tienes razón —contesta Tau.
Alas 16h de la Tierra aparece puntual el robot con dos asientos adosados para llevarlos a la sastrería espacial, Sharon y Tau ya saben cómo tienen que ir preparados. El robot les manda.
—Sentaos. —Por el camino Sharon le comenta a Tau.
—Estoy emocionada, la aventura de hoy es fascinante.
—Sí —le contesta él—, pero no es un juego, tendremos que prestar mucha atención. —Pensando en la aventura casi no se dan cuenta y como la vez anterior se encuentran en la gran sala de la sastrería.
—Hoy vienen pronto a recibirnos —advierte Sharon al ver acercarse a Argus y Anker.
—Pero les acompaña alguien más —observa Tau.
—Bienvenidos —les saluda Argus— os presento a Homer el ingeniero de la mina. —Homer les saluda atentamente.
—Estoy contento de conoceros. Después de lo que os tiene que instruir Argus yo os explicaré algunos detalles de la mina que necesitáis saber.
—Gracias Homer —contesta Tau en nombre de los dos. Toma la palabra Argus.
—Hoy voy a daros unas instrucciones muy importantes. Como sabéis los robots pueden ser imprevisibles y que a estas poderosas e indestructibles máquinas se les ha dotado de dos «talones de Aquiles». En el antebrazo llevareis dos botones, uno rojo, al pulsarlo se inmovilizara el robot y otro verde que es para ponerlo en marcha. A estos dispositivos los llamamos Aquiles. A la entrada de la mina hay un gran Aquiles de emergencia. Anker os vestirá los trajes y os instalará los equipos y los Aquiles. —Ahora toma la palabra Homer.
—Hay tres robots trabajando en la mina, han sido meticulosamente programados para hacer específicamente su trabajo hemos limitado el campo de decisión de su inteligencia por seguridad, además hemos introducido en el programa el espectrograma del silicio, solo rompen donde hay silicio de forma notoria, no es nada probable que tengáis que recurrir al Aquiles.
—Gracias Homer nos das un gran alivio —dice Sharon. Homer sonríe y continúa.
—La mina es ya una gran excavación subterránea, adosada a ella está la fábrica de procesado del material de la mina totalmente automática hasta el almacenamiento de los productos obtenidos oxígeno, silicio y aluminio. También se encuentran en la corteza lunar gases como el nitrógeno, el hidrogeno y el helio en pequeñas cantidades, pero el gran volumen de material desmenuzado lo hace suficiente para formar una atmósfera en la cavidad hermética que forma la mina donde queda en suspenso una enorme cantidad de polvo que ensuciará vuestras viseras mermando visibilidad.
—Esto sí que es un problema —interviene Tau—, un lugar desconocido para nosotros y sin visibilidad.
—No es tal problema —le aclara Homer—, la mina está fuertemente iluminada porque tenemos cámaras instaladas para observar toda la mina y este polvo no se adhiere prácticamente moviendo un poca la cabeza el polvo cae —termina Homer—. ¿Alguna pregunta?
—De momento no —responden Tau y Sharon. Argus llama a Anker que acude al momento.
—Vísteles los trajes —le ordena. Mientras Anker prepara los trajes.
—Tau —le dice ella con voz muy queda—. Anker no ha dicho palabra ni nos ha saludado, solo lo vi una vez pero lo encuentro cambiado.
—Sí, Sharon yo también lo he notado —contesta él. Una vez vestidos se sientan y Anker les anuda en el antebrazo un gran pañuelo gris.
—Es para limpiar las viseras —comenta—. Ahora os traerán los cascos, vienen del laboratorio secreto del doctor Fermión —añade Anker con voz seca y temblorosa. Sharon y Tau se dirigen a Anker.
—Gracias por todo Anker. —Él se retira sin mirarles.
—¿Qué le pasara? —le pregunta Tau a Sharon.
—Pues no lo sé —contesta ella. Minutos después llegan los cascos con Argus.
—Bueno ya tenemos el equipo completo —les informa Argus—, un vehículo lunar os vendrá a buscar, una vez fuera del edificio os hará bajar del vehículo y haréis el trayecto hasta la mina que es de 2,3 kilómetros. A pie para que os ejercitéis, el vehículo os escoltará en todo momento.
—El vehículo ¿y alguien más? —pregunta Sharon.
—Solo el vehículo y todo el equipo que estamos aquí —responde Argus—, que no os perderemos de vista, en vuestros cascos hay cámaras que nos permiten ver todo lo que vosotros veáis.
—Vale —contesta Sharon semiconvencida.
Ven llegar el vehículo lunar, como siempre sin conductor es teledirigido llega junto a ellos baja la rampa y ordena.
—Subid a bordo y sentaos. —El robot circula por varios pasillos hasta que llega a la puerta de la precámara de salida.
—Bueno ya hemos llegado —anuncia Sharon.
—No, todavía no —la desmiente Tau—, entraremos en la precámara, se cerrará esta puerta y luego sí tendremos en frente la puerta de salida.
—¡Oh! Cuánto sabes —se cachondea ella dándole a entender que todo lo que le ha contado es obvio.
Él prefiere no contestar.
Una vez fuera del edificio el vehículo se para, abre su rampa y la voz del automático les conmina.
—Apeaos, debéis dirigiros al destello blanco que se ve al fondo. —Y el vehículo cierra la rampa. Tau le sugiere.
—Venga vamos a caminar. —Ella ha empezado con miedo porque el terreno es muy irregular, lleno de obstáculos, pero se da cuenta de que puede dar grandes saltos y sortearlos fácilmente, ahora se divierte avanzando a saltos cada vez más altos.
—¡Sharon! —le grita Tau asustado—, no hagas tonterías, que no conoces el terreno y puedes aterrizar donde no debes.
—No te preocupes, Tau, esto es muy divertido, me siento grande. —Al rato oye la voz de él.
—Párate ya y mira hacia atrás. —Sharon obedece, en el paisaje resalta el inmenso edificio de donde vienen y la iluminación de sus ventanas.
—¡Oh! Tau es fantástico —exclama ella embelesada. Están quietos y contemplativos, hasta que el automático del vehículo les ordena.
—Seguid. —Obedecen el camino hasta la mina resulta maravilloso por la vista del fantástico firmamento.
—¡Oh! Tau esto es fantástico cada vez que doy un salto parece que vaya a zambullirme en este mar de estrellas, se ve tan denso. —Al rato ella oye la voz de Tau.
—Ya hemos llegado a la luz centelleante —dice emocionado, el camino se les ha hecho corto y ahora sienten la emoción de lo desconocido, y aquí está la puerta de la mina, por el comunicador Homer les indica.
—Pulsad tres veces el botón verde de la derecha. —Tau lo acciona.
—Mira Tau la puerta ya se abre —observa ella. En efecto la pesada puerta se abre dejando ver un interior sombríamente iluminado.
Tau avanza hacia el interior, Sharon lo alcanza y lo coge de la mano. Han avanzado unos pocos metros y él exclama.
—Mira este botón grande y rojo debe de ser el Aquiles.
—En efecto —le confirma la voz de Homer por el comunicador.
—Fíjate Tau esta caverna se amplía a medida que vamos avanzando pero no veo a nadie —comenta ella.
—Esto es muy grande estarán más adentro —especula Tau.
—Claro si están excavando estarán al fondo de la mina comiendo la pared —razona Sharon. Siguen avanzando, la galería gira a la izquierda, una vez hacen el giro se sorprenden de la gran cavidad bien iluminada, ven al fondo tres figuras humanoides que se mueven frenéticamente. A Sharon se le ocurre de forma automática.
—Dije en broma que estábamos dejando la Luna hueca, ahora lo digo en serio.
Por el comunicador oyen una voz.
—Hola soy Homer, estáis viendo a tres robots que arrancan el material también veréis unas vagonetas sobre unos railes donde lo cargan.
—Sí lo veo —dice Tau—, uno de los robots está empujando una vagoneta llena no pero veo adónde va.
—Al fondo del camino de los carriles hay un portón que da entrada al departamento de gestión del material extraído. Allí descargan el material y regresan a la mina. —Sharon comenta.
—Sí ya veo regresar al robot, pero ya avanza otro con la carretilla llena.
—Sí —contesta Homer—, hay tres carriles y una carretilla por robot.
—Vamos a acercarnos para verlo mejor —propone Sharon.
—Homer, ya vemos la puerta de la fábrica.
—Mira Tau, llevan una azada de mango corto en una mano y una pala en la otra.
—Sí, Sharon trabajan a un ritmo frenético cargan las carretillas rápidamente.
—Pero si no se rompen, no se cansan y no se les acaba el combustible, lo que digo, se comerán la Luna —razona Sharon. Homer, que la escucha le explica.
—Sí pero, cuando el robot llega con la carretilla a la puerta y esta no se le abre, al robot se le activa un Aquiles y se desconecta.
La curiosidad hace que Sharon y Tau se acerquen a los robots imprudentemente, el polvo que flota en el ambiente les empaña las viseras.
—Suerte que llevamos los pañuelos que nos ha dado Anker —se alegra Tau. De pronto Sharon exclama asustada.
—Mira Tau un robot se ha parado y nos está mirando.
—No pasa nada mira ya está trabajando —contesta el con voz tranquilizadora. Al momento los otros dos robots se paran a mirarlos pero siguen trabajando.
—Por los comunicadores oyen la voz de Argus que les aconseja.
—Retroceded y no perdáis de vista a los robots. —A Sharon y a Tau el pulso se les altera, obedecen, y van andando hacia atrás despacio. Los robots han parado de trabajar y están inmóviles mirándoles parece que los estén analizando.
Sharon despliega el pañuelo gris para limpiar la visera y al momento los tres robots se ponen en movimiento.
Sharon exclama.
—¡Mira vienen hacia nosotros! —Por los comunicadores oyen la voz de Homer que les grita.
—¡Pulsad el Aquiles! —Tau pulsa su botón rojo y exclama.
—¡No se paran! —grita—. ¡Pulsa el tuyo Sharon, el Aquiles, el botón rojo!
—¡Lo estoy haciendo Tau! Pero no se paran —grita ella sollozando mientras pulsa el botón frenéticamente. Por los comunicadores oyen las angustiadas voces de Homer y de Argus.
—¡Corred! ¡Corred!
—¡Dame la mano y corre! —le grita Tau a Sharon—, hemos de llegar al Aquiles de la entrada.
—¡Nos alcanzan Tau! ¡Nos alcanzan! —solloza ella—. En efecto al correr alocadamente con los voluminosos trajes tropiezan constantemente, mientras que los robots avanzan de forma segura e inexorable con su paso pausado y amplio destrozando los obstáculos que se les oponen. A Tau se le ocurre una idea descabellada. Mientras corren a toda prisa.
—Sharon te voy a desatar el pañuelo del brazo.
—¿Para qué? —pregunta ella por inercia sin entender. Tau desata cómo puede el pañuelo del brazo de ella sin dejar de correr y lo tira hacia atrás
—¡Mira Sharon! se han parado con el pañuelo y lo están destrozando los robots están golpeando el pañuelo con sus azadas.
Ahora Sharon sí que lo entiende. Uno de ellos levanta la cabeza a mirarlos e inicia el avance hacia ellos.
—Tau —dice Sharon llorando—, uno viene hacia nosotros. —Tau le grita a ella mientras siguen corriendo.
—¡Desata el pañuelo de mi brazo! Ella obedece pero le cuesta porque está temblando y los gruesos guantes se lo impiden.
—¡No puedo! ¡No puedo! —grita sollozando.
—¡Sharon tienes que poder! —le exige él. Al final aportando todo su ingenio y voluntad lo consigue y tira el pañuelo. Hacer esto les frena la carrera.
El robot se para a destrozarlo pero el pañuelo es poco para él y no tarda nada en volver a perseguirlos.
—¡Sharon corre nos está alcanzando! —grita Tau. Mientras por los comunicadores oyen las desesperadas voces de Argus y de Homer que les gritan.
—¡Corred! ¡Corred! ¡Corred!
—¡Mira Tau los otros dos ya vuelven a perseguirnos! —En efecto, han terminado de destrozar el pañuelo y vuelven a por ellos—. ¡Los tenemos encima! —grita ella con un gran sollozo.
—Vamos. ¡Corre! ¡Corre! —le grita Tau estirándole de la mano, ella cae al suelo, está exhausta Tau desesperado calibra que no hay tiempo de ayudarla y el Aquiles de la entrada está a pocos metros y decide.
—¡Sharon voy hasta el Aquiles!
Sharon en el suelo boca arriba ve acercarse a los tres robots, solloza y chilla «¡Tau! ¡Tau!», mientras ve cómo se le abalanzan los robots. Por el comunicador oye las voces desesperadas de Argus y de Homer que ven por la pantalla acercarse los robots.
—¡No! ¡No! ¡No! —Tau corre con todas sus fuerzas sin mirar atrás, solo ve que allí está el Aquiles lo alcanza y lo pulsa con rabia. Luego se gira lentamente temiendo lo peor y ve los robots parados, justo a tiempo están muy cerca de ella un gran suspiro se le escapa del pecho y ahora sí, las lágrimas brotan de sus ojos por los comunicadores también se oyen suspiros.
Con andar inseguro va hacia ella repitiendo mecánicamente: «Sharon, Sharon, Sharon…». La levanta del suelo, se miran y consiguen sonreír, ella con voz balbuceante solo consigue pronunciar.
— Tau es horrible me pica la nariz.
Por los comunicadores se oyen unas risitas muy nerviosas.
Cogidos de la mano se encaminan a la puerta. Sharon repite.
—Vámonos, vámonos.
La pesada puerta se abre y allá está el vehículo lunar con la rampa abierta el automático les manda.
—Subid a bordo. —Obedecen y se sientan mientras el vehículo se dirige al edificio.
—El corazón me salta en el pecho —solloza Sharon.
—A mí también —le contesta él—, no sé qué ha podido ocurrir todo es muy raro.
El trayecto se hace en silencio, ni ellos ni desde la base comentan nada.
El vehículo lunar entra en la sastrería y se para. Tau anuncia.
—Parece que ya hemos llegado Sharon, levanta que nos apeamos. —La ayuda a levantarse—. El vehículo lunar abre la rampa.
—Mira Tau el doctor Fermión. —En efecto al pie de la rampa está el doctor, con un semblante muy serio y con dos de sus ayudantes. En cuanto se han apeado les pregunta con voz que tiene un toque de emoción.
—¿Cómo estáis?
—Nos sentimos algo extraviados —contesta Tau.
—Si solo es esto pronto os recuperareis —les desea Fermión—, ahora sentaos. —Y les indica un lugar. Acto seguido ordena a sus ayudantes.
—Quitadles el casco, los Aquiles y llevadlos al laboratorio. —Luego ordena a Argus y a Anker—. Despojadles de los trajes.
Al acercarse a ellos, Argus muy emocionado y con voz muy alterada les dice.
—Lo siento, lo siento no sé qué ha podido ocurrir. —Ellos no le dicen nada porque no saben qué decir.
—Tau, mira a Anker —habla Sharon con voz queda.
—Sí, está como un zombi, como un autómata de primera generación. —En efecto Anker tiene los ojos como platos y hasta parece que reprime convulsiones.
Una vez se han librado de los trajes se rascan con ganas la nariz, las orejas, la cabeza y la cara.
Cuando ya están vestidos con sus quimonos, el doctor Fermión se les acerca.
—Lo siento —les dice—, ha ocurrido algo que no tenía que haber ocurrido, es inexplicable, pero lo investigaremos a fondo y seguro que encontraremos respuestas lógicas. Ahora dos de mis ayudantes os llevarán a la habitación.
—Gracias doctor —responde Tau—, pero ya nos estamos recuperando. Haremos un informe estudiando el comportamiento de los robots.
—De esto ya hablaremos —le contesta Fermión con un tono muy protector—. Ahora descansad.
Pocos instantes después llega un vehículo descubierto con los dos ayudantes prometidos por el doctor. Ya van a subir al vehículo, cuando Sharon instintivamente mira a los dos ayudantes y exclama.
—¡Ah! Mira Tau. —Él los ve y también se le abren los ojos de la sorpresa.
—Son ellos —exclama Sharon con voz de sorpresa.
—Sí —contesta él—, son Alena y Ovidio.
—Hola Ovidio, hola Alena —balbucea Sharon. Presume que se van a esfumar sus sueños de venganza.
—Hola —les saluda Tau—, estábamos preocupados por vosotros.
—¡A nosotros sí que nos habéis hecho sufrir! —contesta Alena con énfasis.
—Yo casi lloro —confiesa Ovidio.
—Y vosotros ¿qué hacéis aquí? —les pregunta Tau.
—Somos ayudantes del doctor Fermión que nos dio unos días de vacaciones.
—¿Los cinco? —pregunta Sharon.
—Los cinco —responde Alena.
—No lo sabíamos —contesta Tau.
—No nos lo preguntasteis —le contesta Ovidio.
—Ahora os acompañamos a la habitación y os traerán una cena especial.
—Especial ¿por qué? —pregunta Sharon.
—Para celebrar que estáis vivos —contesta Alena jocosamente. Ella y Ovidio ríen el chiste, Sharon y Tau ¡no!
—¿Nos volveremos a ver? —les pregunta Sharon.
—Si Fermión nos da algún día libre seguro que sí. —Se despiden cariñosamente.
En la mesa una gran cena, en ellos con tantas emociones poco apetito pero en el sexto milenio sigue vigente. En comer y en rascar todo es empezar.
—Todo parece muy bueno ¿eh? Sharon.
—Bueno voy a probar un poquito —le contesta ella.
Y acaban cenando opíparamente después reposan felices la cena. Al rato, ella decide.
—Yo me voy a la cama, todavía tiemblo.
—Y yo también —contesta él—, estoy cansado. —Una hora después Sharon tiene una pesadilla.
—¡Tau! ¡Tau! Abrázame muy fuerte tengo miedo de que me pase algo. —Tau le habla muy pausado.
—Cariño si te abrazo muy fuerte… ¡Seguro!, que te va a pasar algo.
—¡Tonto! ¡Tonto! Y tonto —exclama Sharon riendo con una risa nerviosa debido a la tensión que ha sufrido pero ya más tranquila, está feliz.
Se despiertan tarde, emergen de una noche caótica en que han tenido ratos de todo por culpa de sus tensiones emocionales.
—Tau —advierte Sharon—, no nos hemos despertado para ir al gimnasio y tengo hambre.
—Se me ocurre —sugiere él— usar los anillos que nos dio el robot. En efecto minutos después aparece el robot con el desayuno.
—Ves Sharon esto funciona. Oyen la voz metálica del robot.
—Estáis exentos de cualquier actividad.
A las 12h mediodía en la Tierra ella propone.
—Oye Tau vamos a la playa. —Pero al momento suena el zumbido del comunicador, es el doctor Fermión.
—¿Os importa que os haga una visita a vuestra habitación?
—Claro que no —contesta Tau.
—En unos minutos estoy con vosotros.
Tau y Sharon se extrañan, se sientan y esperan. Llaman a la puerta es Fermión.
—Quiero hablaros del suceso de ayer, porque tenéis derecho a saberlo, creo que fuimos víctimas de un sabotaje muy bien organizado, vamos a investigar a fondo toda la trama que pueda existir y a sus responsables, os informaré cuando esté resuelto.
A Sharon y a Tau se les quitan las ganas de playa.
* * * * *
LA TRAMA
Sexto milenio. El mundo está muy industrializado pero hemos aprendido mucho en la protección del medio ambiente, el clima y la biosfera todas las empresas, gracias a la evolución de las comunicaciones y de los medios de transporte los complejos industriales están ubicados en zonas incapaces de cualquier desarrollo biológico, como los desiertos.
Tito, el gerente de la empresa MPS (Materiales de protección para la industria espacial) está absorto mirando por los grandes ventanales de su despacho el paisaje del desierto y las múltiples edificaciones, inmerso en sus pensamientos de expansión y gloria.
Pulsa dos botones de su mesa y aparecen sus dos ayudantes, Marco y Caio.
—Sentaos os he llamado para hablaros del porvenir de esta empresa. ¿Algo que sugerir? —Toma la palabra Marco.
—Prácticamente nuestra producción esta absorbida por nuestro mejor cliente, la empresa EPS (Equipos de protección espaciales).
—Que a su vez —sigue Caio— nos informa para investigar las características que necesita el material para ser eficaz.
—Desde luego —afirma Tito—. ¿Qué os parecería si además de los materiales también fabricáramos los trajes espaciales y los productos de protección?
—Entraríamos en conflicto, y competencia con nuestro mejor cliente, la empresa EPC que tiene mucha influencia en la «zona cero» de investigación espacial habla Marco.
—Sabéis —explica Tito— que en nuestra empresa existe un sector secreto donde estamos fabricando trajes espaciales espiando las experiencias de EPS. Ha llegado el momento de que por cualquier medio hemos de conseguir influencia en la zona cero. —Toma la palabra Marco.
—Los que deciden la calidad de los trajes espaciales, que se ensayan en la luna porque es el lugar con las condiciones más hostiles para el ser humano, debido a su falta de presión y la gran oscilación de temperaturas, son los especialistas Argus y Anker al mando directo del doctor Fermión.
—Sabemos que el doctor Fermión —aclara Tito— siempre acata las decisiones de sus especialistas.
—Argus el jefe del departamento, está muy conforme con los productos y calidades de EPS —afirma Marco.
—Pero Anker —sugiere Tito— puede ser más tratable. ¿Sabéis que el personal que trabaja en la Luna cada seis meses está obligado a descansar un mes en la Tierra? Para recuperarse de la gravedad. Averiguad cuándo le toca a Anker y tendremos treinta días para crear con él una productiva amistad. —Dos días después Marco averigua.
—Anker llega a la Tierra el 10 de diciembre, deberá regresar a la Luna el 10 de enero.
—Pues a trabajar —les conmina Tito—, así que llegue hemos de contactar con él.
Anker llega a su bonito apartamento del centro de su ciudad, tiene unas ganas locas de divertirse. Con sus treinta y ocho años no convive con nadie le gustan las cosas buenas y los buenos ambientes.
Son las cuatro de la tarde se ducha, descansa del viaje y se va al club más cercano que conoce y donde le conocen.
—Hola Anker. ¿Ya estas por aquí? —le pregunta el encargado del club.
—Sí —le contesta él—, disfrutareis de mí durante treinta días.
—¡Qué bien! —contesta Aelia una guapa chica a la que también le gustan las cosas buenas si alguien hace el sufragio, emergiendo de un rincón del club.
—¡Hola Aelia! —dice Anker con alegría, los dos se abrazan y se lían a conversar animadamente.
—Y si nos vamos a cenar a algún sitio y luego a un bonito hotel —propone Aelia.
—Comemos algo aquí en el club y luego vamos a mi apartamento —le contraoferta Anker—, es que en estos momentos estoy un poco seco, ya sabes.
—Claro que sí —contesta Aelia. En aquel momento entran en el club un grupo de dos chicas y tres chicos. Aelia da un respingo—. ¡Ay! Qué cabeza la mía… no me acordaba de que había quedado hoy con mis amigas y no puedo hacerles un feo, perdona Anker mañana nos vemos. —Anker le contesta con voz de frustración.
—Pues, adiós.
Está rabioso ha despilfarrado tontamente sus créditos y ahora tiene problemas. Cerca de él hay un hombre… Que le habla
—Las SI mujeres son incompatibles con los NO créditos. ¿No? —Y se ríe. Anker lo mira con rabia—. No te sulfures —le dice Marco, este es su nombre—, ¿en qué trabajas? —Anker le contesta porque quizá necesite hablar con alguien.
—Soy el segundo jefe del laboratorio de ensayos de equipos de protección espaciales en la Luna.
—El primer jefe se llama Argus —dice Marco.
—¿Cómo lo sabes? —se sorprende Anker.
—Pues muy simple —contesta Marco—, porque me he metido en esto, hago entrevistas a los colonos espaciales que regresan a la Tierra sobre qué opinan de sus protecciones y hago unos informes que me los pagan muy bien.
—¿Qué empresa es? —pregunta Anker muy interesado.
—Es la MPS —le informa Marco.
—Yo la conozco —contesta Anker.
—Ellos estarían encantados de conocerte a ti, yo te los puedo presentar —se ofrece Marco.
—De acuerdo —contesta Anker entusiasmado. ¿Cuándo vamos?
—Casualmente mañana por la mañana tengo que entregar unos informes. ¿Quieres acompañarme? —le propone Marco.
—Sí. ¿A qué hora? —pregunta Anker.
—A las nueve de la mañana aquí en el club, pediremos un transporter para ir a la fábrica.
Hasta mañana a las nueve se despiden. Marco a solas habla por su comunicador
—Tito, soy Marco, esto está hecho, mañana te lo traigo.
Las 8,50 h de la mañana, Anker espera impaciente la llegada de Marco. Este llega puntual a las 9h.
—Hola Anker —le saluda Marco, coge su comunicador—, voy a pedir un transporter. —Unos minutos después ya están camino de la fábrica
—Oye Marco, y tú ¿cómo te metiste en este tema? —le pregunta Anker.
—Por casualidad —le responde Marco—, me encontré con Caio un amigo de mis años juveniles que ahora es ayudante de Tito el gerente de la empresa y me recomendó.
—Fuiste afortunado —comenta Anker.
—Pues sí —contesta Marco—, desde entonces todo me va muy bien. Ya se divisa la enorme fábrica Marco le indica—. Mira Anker ya estamos llegando. —Anker queda impresionado del enorme complejo industrial.
Momentos más tarde ya están ante la puerta del despacho de Tito. Marco golpea la puerta y pregunta:
—¿Se puede pasar?
—Adelante —se oye una voz. Marco abre la puerta y entran al gran despacho, a Anker le impresiona, detrás de una gran mesa esta Tito, que les recibe efusivamente—. Pasad, pasad y sentaos. —Les muestra dos sillones frente a la mesa. Marco lleva un dosier.
—Toma Tito los informes que me pediste.
—¡Oh! Gracias Marco, ordenaré a caja que te transfieran lo convenido. En 5000 créditos quedamos. ¿Verdad?
—Sí —asiente Marco. Anker alucina 5000 créditos son muchos créditos. Marco continúa—. Me he tomado la libertad de traerte a un amigo mío, es Anker, segundo jefe del laboratorio lunar donde ensayan los elementos de seguridad espacial. —Tito eufórico se levanta a saludarle y le comenta.
—Anker te agradecería mucho un informe sobre los puntos importantes que analizáis en los trajes espaciales, este informe sería muy importante para mí. —Tito se despide disculpándose—, lo siento me reclaman, hasta pronto Anker, te dejo con Marco para que te enseñe la fábrica.
Ya fuera del despacho Marco le habla a Anker.
—Por este informe Tito te pagará el doble que a mí.
—¿Estás seguro? —pregunta Anker.
—Completamente —asevera Marco. Aprovechando que Anker está contento y confuso Marco continúa—. Creo que Tito quiere que su empresa la MPS Fabrique también trajes y elementos de seguridad espacial.
—No lo sabía —se sorprende Anker.
—¡Oh! Perdona es un secreto si se entera Tito me despide —se exalta Marco.
—No te preocupes —le anima Anker.
—Pero —continúa Marco— con Argus al frente de laboratorio no creo que lo consiga, Argus está muy contento y satisfecho con la EPS. Si nosotros consiguiéramos que el sueño de Tito fuera realidad… Nuestros ingresos serían enormes. —Anker se queda pensativo y al cabo de un rato contesta.
—Lo único que se me ocurre es que yo ocupe el lugar de Argus.
—Y esto ¿cómo crees que se podría conseguir? —le pregunta Marco.
—Se podría conseguir si Argus tuviera un gran fracaso con el control de seguridad de alguna acción, pero es difícil, Argus es muy bueno.
—Pero tú… Anker quizá podrías conseguir que ocurriera —sugiere Marco—, piénsalo y de lo que se te ocurra haz un informe para Tito ten en cuenta que el tema es de tal envergadura que si se tiene que sacrificar algo o a alguien, no importa.
A Anker le cogen escalofríos pero a la vista de las ganancias asiente. Marco le recuerda:
—Dentro de dos días a las nueve de la mañana nos vemos en el club, trae el informe. —Anker regresa a la ciudad.
Dos días después a las nueve de la mañana Anker está desayunando en el club. Y a las nueve en punto aparece Marco, se sienta con él y le pregunta.
—¿Traes el informe?
—Sí —contesta Anker—, aunque algunos aspectos creo que no tienen solución.
—Ya veremos —contesta Marco. En aquel momento llega el encargado del club.
—¿Quieres tomar algo? —le pregunta a Marco.
—Un té con limón —responde él. Una vez han terminado las consumiciones Marco pide un transporter y se dirigen a la fábrica. Por el camino Marcos le pregunta a Anker—. ¿Qué te pasa? No dices nada.
—Es que no lo veo claro —contesta Anker—, porque la posible solución es… Horrible. —Marco le anima.
—Tranquilízate Anker en las grandes empresas sea lo que sea nada es horrible. —Llegan a la fábrica y van directamente al despacho de Tito que les está esperando.
—¿Y bien? —les pregunta Tito—. ¿Me presentáis un informe sobre el tema?
—Sí aquí está el informe —le contesta Anker— pero puedo explicártelo con pocas palabras. Un fallo imperdonable de seguridad que sin duda le costaría el puesto a Argus sería que algún visitante de la mina sucumbiera por cualquier causa. Lo más peligroso son los robots pero tienen en su programa el espectrograma del silicio y solo atacan al silicio y a cualquier material adherido a él, por otro lado que ataquen algo que no tenga silicio es imposible y en caso de que atacaran a los visitantes estos disponen del infalible Aquiles que los pararía.
—Déjame estudiar con reposo todo lo que me has contado y en una semana nos volvemos a ver —dispone Tito—. A propósito pasa por caja para que te ingresen en tu implante 10 000 créditos. —Anker pone cara de contento y consigue decir.
—Gracias Tito.
Tito sabe ya que lo tiene en sus manos para lo que sea.
Siete días después Marco llama a Anker por el comunicador, son las ocho de la mañana y Anker hace poco que se ha retirado a dormir, ha pasado la semana de bien a mejor, trasnochando y aprovechándose de todo lo bueno valga los créditos que valga, está feliz. Anker se pone al teléfono y oye la voz de Marco.
—A las nueve de la mañana te espero en tu club, no te retrases. —Tito los está esperando con impaciencia.
A la que Anker entra en el despacho Tito lo aborda.
—¿Podría un rayo láser inutilizar los Aquiles? —pregunta con ansiedad.
—Sí —responde Anker—, por esto se verifican en el último momento.
—Tú deberías encargarte de la última verificación —le conmina Tito.
—Argus confía mucho en mí —contesta Anker— desde luego podría hacerlo.
—Te fabricaremos un pequeño pero potente láser —le promete Tito y le pregunta a Anker—. ¿Qué motivo lógico podrías aducir para atarles un gran pañuelo en el antebrazo?
—Es fácil —contesta Anker— en la mina se genera mucho polvo y hay que limpiarse la visera. —Tito sonríe feliz y expresa contento.
—Anker esto será un éxito, todo un éxito —y continúa—, nos veremos algunas veces para afinar detalles y para hacerte entrega de los materiales, Marco estará en contacto contigo. ¡Ah! Se me olvidaba en caja te ingresarán 10 000 créditos a tu implante
—Gracias —contesta Anker aturdido de contento.
Hoy es el día. Llega el vehículo interior con Tau y Sharon, el corazón de Anker late fuerte, siente dos grandes emociones totalmente opuestas, una es que le parece horrible lo que va a hacer y la otra el egoísmo de lo bien que va a vivir una vez lo haya hecho. Oye la orden de Argus
—Anker viste los trajes a los investigadores. —Mientras lo hace es incapaz de hablarles ni de mirarles a la cara, luego les ata en el antebrazo los grandes pañuelos. El corazón se le desboca, sabe que los acaba de condenar a una muerte horrible pero enseguida se refugia en su egoísmo imaginando su feliz futuro. Oye la voz de Argus que le ordena.
—Móntales los Aquiles. Anker ya los tiene en la mano saboteados. Llega el vehículo lunar Anker debe alejar a Argus. Le sugiere Anker, intentando normalizar su alterada voz.
—Argus tendrías que verificar y sintonizar con Homer la comunicación con la mina, yo ya reviso el equipo de los investigadores. —Argus le contesta.
—De acuerdo Anker. —El vehículo lunar se pone en movimiento con sus dos condenados.
Anker respira, todo ha salido bien ha conseguido instalar sin que nadie sospeche sus trampas de muerte. Está satisfecho, dentro de su caótico estado emocional en el que saca ventaja su lado de inhumano egoísta.
Le gustaría estar lejos de allí, podría alejarse, pero no puede tiene que cerciorarse hasta el final de que el horrible plan funciona. Con mirada estática y extraviada contempla la gran pantalla del televisor, de pronto tiene una necesidad imperiosa de refrescarse, se va al aseo abre el grifo del lavabo y con sus manos se moja el rostro repetidamente, así un buen rato parece que el agua le amortigua la conciencia y los terrores. Se dice a sí mismo.
—Que todo salga bien y que no sufran mucho.
Regresa a la pantalla del televisor, Argus y Homer están frenéticos gritando.
—¡Corred! ¡Corred! —Anker se queda paralizado por la terrible escena y perplejo al ver que Sharon y Tau se desprenden de los pañuelos, esto jamás lo hubiera imaginado le aterroriza ver que los robots se paran con los pañuelos, luego un suspiro de alivio al ver que los robots reanudan la persecución. Anker se queda paralizado por la tensión de sus emociones, muy en el fondo quiere que se salven, pero en su sentido práctico, que es lo que en el impera desea que los robots los destrocen.
«¡Oh! Mala suerte», piensa Anker «han conseguido activar el Aquiles y han parado los robots, ¡se han salvado! Nada será triturado y los pañuelos están hechos jirones pero ahí están en el suelo», dice para sí.
—Tengo que intentar recuperar los Aquiles que llevan en sus brazos.
Anker se acerca al ver llegar el vehículo lunar, pero allí se encuentra el mismísimo doctor Fermión en persona con sus ayudantes y su primera orden es:
—Llevad los cascos y los Aquiles a mi laboratorio.
«Qué mala suerte», piensa Anker «peor no podía haber salido creo que tengo un gran problema», a la que puede salir del laboratorio y llegar a su habitación llama por su comunicador.
—Tito soy Anker todo ha salido mal ha sido un rotundo fracaso los investigadores han sobrevivido, los Aquiles los tiene Fermión en su laboratorio para analizarlos y los pañuelos están hechos girones en el suelo de la mina, si los analizan estoy perdido, tengo mucho miedo. —Tito le contesta.
—Espera déjame pensar. —Pasa mucho rato y Anker temblando con el comunicador en la mano, al fin escucha la voz del ladino Tito—. Anker, piensa, todo no está tan mal. Argus tenía la obligación de comprobar los equipos incluidos los Aquiles al pie del vehículo lunar, pero delegó en ti, tú no tenías por qué saber que los Aquiles no funcionaban y llegado el caso, los pañuelos los cogiste del almacén y no sabes nada mas de ellos, Anker date cuenta de que todo funciona, no te pongas nervioso y lo envíes todo a rodar. —Anker contesta.
—De acuerdo Tito lo has razonado muy bien ya estoy más tranquilo.
Con lo que no cuentan es con el ingenio y la sagacidad del doctor Fermión que llama a Argus a su presencia, muy serio Fermión le habla.
—Argus has cometido una grave negligencia que ha podido ser fatal, tú sabes que siempre tienes que ser tú y nadie más que tú el último en verificar los equipos.
—Tú sabes que siempre lo hago, Fermión, bueno casi siempre Anker está perfectamente capacitado en un momento determinado. A veces me es necesario confiar en él.
—Mira Argus Anker ha cumplido su mes de descanso ahora te toca a ti, Anker te sustituirá cuando regreses ya veremos. —Argus queda muy impresionado.
—Lo siento Fermión —contesta Argus—, tienes razón creo que no tengo excusa, lo siento haz lo que creas conveniente. —Después de hablar con Argus Fermión requiere a dos de sus fieles ayudantes uno de ellos es Ovidio.
—Ovidio —le dice Fermión—, quiero que entres a trabajar en el laboratorio de productos espaciales y me informes de todo lo que haga Anker hasta el más mínimo detalle.
—Así lo haré —contesta Ovidio.
Anker está feliz y seguro de sí mismo doblemente feliz por su conciencia puesto que no ha muerto nadie y se han conseguido todos los objetivos.
Tito tiene una gran prisa por rentabilizar la operación. Llama a Anker por el comunicador.
—Anker soy Tito tendrías que hacernos pedidos ¡ya! ¿Lo entiendes?
—Pero Tito ¿no será muy precipitado?
—¡No! —contesta Tito—, como siempre se ha dicho el tiempo es oro.
Anker cumple al pie de la letra lo que le pide Tito pero de una manera tan eficaz que se hace muy evidente tanto que Fermión, informado por Ovidio, llama a Anker a su despacho y a este se le aflojan las piernas
—A ver Anker ¿qué motivo hay? para que cambiemos de proveedor, la empresa EPS por la MPS —le pregunta Fermión.
—Creo que es conveniente tener también otros proveedores, MPS tiene productos de mucha calidad y la competencia ayudará a mejorarlos.
—Muy bien pensado —le dice Fermión dándole coba. Anker se va muy contento. A la que Fermión esta solo reclama la presencia de Alena—. Alena quiero saber de la empresa MPS todo sobre la plana mayor de dirección y las fichas de cada uno.
—De acuerdo Fermión me pongo con ello y no tardaré mucho en tenerlo —afirma Alena. Al día siguiente Alena va al despacho de Fermión—. Aquí tengo los datos que me pediste. Los personajes más relevantes son: Tito el gerente, Marco su mano derecha y Caio digamos que su mano izquierda.
—Gracias Alena.
Fermión observa las fotos, Tito es un orondo señor de sesenta años digamos que muy bajito para su gran peso, Marco es un hombre de cuarenta y cinco años bastante atlético y Caio es mucho más joven, debe de ser, piensa Fermión, el recadero de los otros dos. Al día siguiente Fermión reclama a Ovidio.
—Ovidio te vas a hacer cargo de una investigación sumamente importante. Quiero que viajes a la Tierra con estas tres fotos una es de Tito la otra es de Marco y la otra de Caio, tienes que preguntar en clubs públicos si han visto alguno de estos tres hombres con Anker, debes empezar por los clubs más cercanos a su apartamento, en cuanto tengas algo importante ven a verme.
—De acuerdo —responde Ovidio—, me pongo en marcha ahora mismo.
Homer desde que ocurrió el accidente está preocupado y ocupado en su habitación visionando una y otra vez la filmación tomada por la cámara de la mina el día del accidente y se va a entrevistar con Fermión.
—Hola Homer —le saluda Fermión, pues le cae muy bien y le aprecia.
—Te vengo a ver porque no puedo dormir veo una y otra vez el video de la mina y no consigo entender por qué los robots atacaron los pañuelos en primer lugar, los robots no han vuelto a esta zona y los pañuelos estarán hechos jirones pero estarán allí. ¿Podrías ordenar que los recogieran para poderlos analizar?
—Buena idea —contesta Fermión—, haré que los recojan de inmediato y que los lleven a mi laboratorio. —Anker está feliz está incrementando los pedidos a MPS en cantidad cuando ve aparecer el vehículo lunar y a Fermión con dos de sus ayudantes. Fermión ordena.
—Anker viste a estos dos hombres para un viaje a la mina, no te olvides de los Aquiles, yo personalmente revisaré los equipos. Anker no sospecha nada lo encuentra todo normal, los ve salir en el vehículo lunar y a Fermión frente al monitor de televisión al rato Anker ve a los visitantes de la mina revisando el suelo y ¡Se le hiela la sangre! Están recogiendo los jirones de los pañuelos. Oye por el comunicador.
—Fermión, los hemos encontrado.
—De acuerdo —responde Fermión—, llevadlos a mi laboratorio. —Anker pasa de lívido a congestionado y está muy nervioso, Fermión con disimulo lo está observando y no se le escapa el detalle.
Pasan cuatro días más Alena llama a la puerta del despacho de Fermión.
—Soy Alena ¿puedo pasar?
—Claro que sí, pasa Alena —contesta Fermión.
—Te traigo los resultados del análisis de los pañuelos.
—Gracias Alena dile a Homer que venga a verme.
Son las nueve de la mañana Ovidio se sienta en una de las mesas del club donde suele ir Anker, se le acerca el encargado del club.
—¿Qué quieres tomar?
—Quiero desayunar —le contesta Ovidio.
—Muy bien —le responde el encargado— tenemos un especial que consta…
—¡No! No me lo cuentes tráemelo, me encantan las sorpresas. —Mientras está desayunando llama al encargado.
—Oye estoy buscando a unos amigos que hace tiempo que no veo, te enseño unas fotos a ver si los conoces. —Ovidio enseña la foto de Anker.
—Claro que lo conozco es Anker vive aquí cerca cuando tiene descanso viene con frecuencia.
—¡Oh! Estupendo —exclama Ovidio— y este otro. —Le enseña la foto de Marco.
—¡Ah! Este también, últimamente que Anker tenía el mes de descanso venía con frecuencia a buscarlo, desayunaban juntos y luego se iban en un transporter.
—Qué pena —se lamenta Ovidio— creo que tardaré seis meses en ver a Anker. Muchas gracias por todo —se despide del encargado.
Homer a la llamada de Fermión va a su despacho.
—¿Querías hablar conmigo? —pregunta Homer.
—Sí —le contesta Fermión—, tenías toda la razón al sospechar de los pañuelos del análisis resulta que han sido tratados con una sofisticada emulsión que da el espectro del silicio.
—Pero algo así necesita un sofisticado tratamiento con medios poderosos razona Homer.
—Exacto —puntualiza Fermión.
—Por esto atacaron los robots y siguieron atacando porque para ellos los visitantes eran materia que había desprendido silicio explica Homer.
—Necesito un par de días para barajar todas estas investigaciones. Luego tendremos una reunión —organiza Fermión—. Pero entretanto quiero analizar los productos que adquiere Anker a MPS quiero saber si cumplen las normas establecidas.
—Pero tenemos normalizado que estas pruebas se hacen en el laboratorio de Anker —comenta Homer.
—También está establecido el protocolo de que mi laboratorio puede contrastar estas pruebas —explica Fermión y ordena—. Homer procede a la recogida de los materiales y los seleccionas tú —exige Fermión.
Anker está feliz todo le funciona de maravilla cuando ve llegar a Homer acompañado por un robot de carga.
—Hola Homer. ¿Qué haces aquí? —pregunta Anker.
—Estoy recogiendo muestras para analizar.
—¿Te ayudo? Aquí las tengo preparadas —le dice Anker muy solícito.
—No gracias le contesta Homer— yo escogeré las que crea más convenientes
—Como quieras —contesta Anker. Cuando esta solo coge su comunicador
—Tito esto va mal van a hacer pruebas de tus productos en el laboratorio de Fermión.
—¿Les habrás enviado para el análisis el material que te entrego aparte? ¿No?
—No lo han querido —contesta Anker—, han seleccionado los productos a su criterio. —Hay un largo silencio, Tito responde.
—Si esto va mal creo que me he pasado he de pensar.
Han pasado dos días, por el comunicador Anker oye la voz de Fermión.
—Anker ven a mi despacho. —Se le hiela la sangre. ¿Qué habrá hecho Tito con la calidad que envía?
Anker entra en el despacho simulando tranquilidad frente a él están Fermión y Homer.
—Siéntate Anker —le pide Fermión—. ¿Tienes envíos de MPS todavía sin aceptar?
—Sí el último que se recibió anteayer —contesta Anker muy preocupado.
—Pues recházalo de plano —le exige Fermión—, no cumple ni de lejos la normativa de seguridad.
—Pero si mis ensayos han dado todos positivos —protesta Anker.
—¿Y qué es lo que ensayas tú? —pregunta Fermión.
—Las muestras que tienen a bien enviarnos sin facturación para pruebas —contesta Anker. Pero ha sido sincero supone que Tito enviaba toda la partida con la misma calidad que las muestras.
Fermión mira a Anker. –
—O eres un listo sin escrúpulos o un tonto infeliz. Encárgate inmediatamente de que todo el material de MPS que hayas aceptado y que no pueda devolverse sea destruido.
A solas Anker coge el comunicador.
—¿Qué has hecho Tito? Maldito seas, tu ambición lo ha echado todo a perder se han enterado y yo también de que lo único aceptable eran las muestras las partidas ¡no! Fermión me ha ordenado destruir todo el material de MPS y no quiere más trato contigo. —Tito responde muy nervioso.
—Veré de arreglarlo, todo puede arreglarse ya te diré algo y corta. —Pero sabe que es su muerte como gerente de MPS.
Fermión convoca a una reunión a Homer, a Alena y a Ovidio.
—Esta reunión es para debatir un suceso muy grave que ha pasado recientemente, con las pruebas que hemos podido reunir se puede deducir sin lugar a dudas lo siguiente explica Fermión—. Anker fue comprado por MPS concretamente por Tito y sus secuaces Marco y Caio para provocar una tragedia y Anker ocupara el lugar de Argus.
—¿Y esto? ¿Para qué? —pregunta Alena.
—Para que MPS desbancara a EPS en el suministro de productos espaciales. Gracias a la estúpida y desmedida ambición de Tito hemos podido descubrir el juego.
—Tendrán que responder por esto —exige Homer—, habían condenado a Sharon y a Tau a una muerte horrible, se salvaron por muy poco.
—Aquí está el problema —explica Fermión—, no podemos demostrar que Anker saboteara los Aquiles, no podemos demostrar que supiera nada de los pañuelos, aunque es evidente que MPS los fabricó y Tito se los dio a Anker.
—Pero esto es injusto —exclama Alena.
—Lo sé Alena pero es así —contesta Fermión— y lo único que pasará es que la junta de MPS destituirá a Tito de gerente y MPS nos pedirá excusas y nosotros a Anker lo radicaremos a otro lugar y restituiremos a Argus en su puesto.
—¡Esto es absolutamente injusto! —exclama Alena.
—Lo sé —responde Fermión—, y así será a no ser que descubramos algún motivo de presión que obligue a confesar a alguien su propósito de asesinos. ¿Alguna pregunta? —Nadie contesta están anonadados—. Pues hemos terminado —finaliza Fermión.
Ha pasado una semana de la reunión con Fermión Ovidio aprecia mucho a Sharon y a Tau y después que Fermión les razonara cómo quedaba el tema está rabioso pensando.
—Estos malditos asesinos se van a ir de rositas no tendrán lo que se merecen.
Hace dos días ha contactado con su buen amigo Caeso que esta de responsable en el sector de archivos y al que ya ha informado de todo,
—Caeso necesitaría que me informases sobre Tito y Marco a ver qué puedes encontrar que sirva para presionarles.
—No te preocupes Ovidio te lo voy a investigar a fondo —le contesta Caeso, al que también le indigna la crueldad de la maquinación. Dos días después suena el zumbador del comunicador de Ovidio.
—Dime Caeso.
—Ovidio de lo que me pediste he encontrado algo que te puede interesar. Te lo envío. —Ovidio lee el informe en el comunicador.
—Gracias Caeso —le contesta contento—, voy de inmediato a ver al doctor Fermión, te iré informando de lo que pase.
Por el comunicador Ovidio llama a Fermión.
—Fermión tendría que hablar contigo inmediatamente, es muy importante.
—Te espero —le contesta Fermión. Ovidio se desplaza rápido al despacho, quizá no haya tanta prisa pero el entusiasmo le hace correr. Llama a la puerta.
—¿Se puede pasar?
—Pasa Ovidio, pasa y siéntate —le dice Fermión al verle tan alterado—. ¿De qué se trata? —Fermión ya siente una gran curiosidad.
—Mira qué he encontrado —se explica Ovidio—. Marco hace catorce años hizo una solicitud para ir de voluntario a Titán y no la ha revocado.
—Lo cual significa —le interrumpe Fermión muy contento— que si le damos un destino no podrá rechazarlo y estará en nuestras manos.
—¡Exacto! —afirma Ovidio eufórico.
—Voy a enviar la orden de inmediato —exclama Fermión—, en diez minutos Marco la tendrá en sus manos y Titán puede ser muy desagradable para él.
Es mediodía Marco ha salido de su apartamento a comer a un club del que es asiduo. Esta contrariado porque piensa:
«Me ha fallado un buen plan, pero a Tito lo han apartado de la dirección de MPS, a Anker también le han dado un destino que seguro que no le gusta, puedo estar contento porque a mí no me ha ocurrido nada». Le suena el comunicador ve un mensaje y lee:
«Enhorabuena se ha aceptado tu solicitud de voluntario en Titán, preséntate antes de veinticuatro horas en la recepción de la zona cero». Marco palidece y masculla:
—¡Maldición! Cómo no pensé en darme de baja. —En realidad sí lo pensó pero fue posponiendo la gestión, sabe que Fermión conoce perfectamente su participación en el intento de asesinato de Tau y Sharon.
Sigue hablándose en voz baja mientras palidece y le cogen escalofríos.
—Fermión no tiene pruebas contra mí y no ha podido hacer nada pero ahora me tendrá en sus manos en Titán.
Marco se queda pensativo, y sigue hablándose a sí mismo.
—¡Maldita sea se me han quitado hasta las ganas de comer! —Sabe que los viajeros espaciales no han de llevar equipaje personal y se sigue hablando—. No tengo que ir para nada a mi apartamento no voy a pasar por el trauma de despedirme de él. —Coge el comunicador y pide—. Envía un transporter de sector a la dirección de la llamada. —A los pocos minutos llega el transporter. Marco le ordena—. A la recepción de la zona cero. —En el camino se dice—. Esto que me está ocurriendo y lo que me está por venir será lo peor de mi vida. —El transporter aterriza, un hombre lo está esperando.
—¿Eres Marco? ¿Verdad? Sígueme.
—¿Adónde vamos? —pregunta Marco.
—A tu aposento —le contesta el hombre, y le acompaña hasta una puerta la abre y le indica—. Tu aposento, ahora te traerán la comida. Te estamos preparando el viaje a Titán, en dos o tres días el doctor Fermión vendrá a verte. —Se va y cierra la puerta.
Marco inspecciona la habitación hay una cama un inodoro un lavabo una mesa y una silla, va a la puerta a ver si está abierta y le recorre un escalofrió al comprobar que está cerrada. Pasan dos días de desesperante espera para Marco.
Se abre la puerta y aparece el doctor Fermión que entra en la habitación y se sienta en la única silla que hay.
—Hola Marco siéntate. —Fermión le indica la cama—. He viajado a la Tierra expresamente para hablar contigo, tú ya sabes lo que hay y a lo que vengo. No. vamos a perder el tiempo discutiendo. ¿Verdad? Seré breve y explícito —continúa Fermión—. En Titán se puede estar muy bien, bien, no tan bien, no muy mal, mal, y muy mal, tú Marco puedes escoger entre no muy mal y muy mal. Aquí te dejo lo que necesitas. Fermión le deja un grabador de voz—. Mañana te lo vendrán a buscar y pasado mañana te vendré a ver. —En su informe Marco no se deja nada en el tintero.
* * * * *
Tito está en su mansión mirando por el ventanal de su lujoso salón, aplaca sus nervios hablándose a sí mismo.
—Solo me han podido acusar de una mala gestión comercial, supe legalizar todo el fraude y con los créditos acumulados que inteligentemente he legalizado, puedo seguir viviendo bien hasta que se me ocurra alguna cosa. —En el fondo se siente ufano y satisfecho de sí mismo. Llaman a la puerta, abre y se encuentra con una persona con uniforme de corrector.
—¿Qué hay? —le pregunta con voz de sorpresa.
—¿Eres Tito exgerente de MPS? —pregunta el corrector.
—Tito asiente.
—Pues toma es una citación del tribunal de correctores. Firma el recibí.
Una vez solo, abre el sobre y saca ávidamente los documentos, sabe que todos los documentos se envían electrónicamente, solo en los casos muy graves se tramitan a la antigua usanza. Empieza a leer en voz alta.
«A Tito de número serial insertado en el implante 2B 840727-C-3 se le acusa del delito probado de organizar el asesinato de dos personas la sentencia tiene en cuenta que resultó frustrado pero en contra de los deseos del acusado.
Se le condena a veinte años de reclusión en la Tierra, computables por quince años en Marte o diez años en Titán dentro de dos días podrá presentar sus alegaciones en el tribunal del sector».
Tito se sienta directamente en el suelo porque no puede moverse, tiene dos días para pensar en algo para convencer al tribunal de su inocencia y no tiene idea de qué pruebas tienen.
Anker es requerido por Fermión que ha regresado a la Luna, no tiene idea para qué pero no piensa en nada bueno él cree que ya está todo zanjado. Ya en el despacho de Fermión este le dice.
—Siéntate Anker, esto es para ti, léelo pero yo ya te lo adelanto. Has sido condenado como mano ejecutora de un doble asesinato que resultó frustrado en contra de tus deseos a treinta años de reclusión en la Tierra computables por veinticinco años en Marte o quince años en Titán, dentro de dos días tienes el juicio para lo que tengas que alegar.
—¡No es posible! No tenéis pruebas —le rebate Anker
—Te equivocas Anker —le rebate Fermión—, tenemos la confesión documentada de Marco.
Anker abre mucho los ojos, le entran temblores se levanta sin poder pronunciar palabra y se va.
Solo le queda a Fermión llevarle la sentencia a Marco.
Pero Marco está en la Tierra se la dará el mismo día del juicio.
Ha llegado el esperado día de la afirmación o no de las sentencias, Fermión, Ovidio, Alena y Anker han viajado a la Tierra, las 12h empieza la vista, son las 11h están en la sala con los acusados Tito y Marco. Fermión se lleva aparte a Marco. Fermión le explica.
—Marco he abogado por ti ante el tribunal alegando tu buena fe y tu arrepentimiento y te han reducido la condena a cinco años en Titán ahora lo que alegues ya es responsabilidad tuya.
Son las 12h entran los seis correctores son los que han estudiado el caso y han dictado las sentencias y un secretario. Que les lee los derechos.
—Estáis sentenciados y tenéis derecho a apelar con la responsabilidad de testigos. En caso de que resulte probado que mentís en la discusión de las pruebas vuestras sentencias serán aumentadas. El primero en hablar es Tito.
—Renuncio a apelar y opto por diez años en Titán.
Fermión está pendiente de Marco porque lo quiere también en Titán. Habla Marco.
—Renuncio a apelar y opto por cinco años en Titán. —Ahora le toca a Anker pero él solo tiene una opción, Titán.
—Renuncio a apelar —manifiesta.
Fermión satisfecho les va a preparar el viaje a Titán.
* * * * *
Sharon y Tau se quedan en la habitación hasta la hora de comer conversan de todo menos de lo que les sucedió ayer en la mina. Ella coge los albornoces.
—Toma Tau. —Le da su albornoz mientras ella se pone el suyo—. Anda vamos a comer. —Salen de la habitación.
—Sharon dame la mano —le pide Tau y juntos caminan al comedor. En el comedor ella señala con alegría.
—Mira Tau quién está allí. —Él se vuelve.
—Sharon —Son Alena y Ovidio. Alena se acerca rápido y abraza a Sharon, le dice con voz emocionada—: Qué mal nos lo hicisteis pasar. —Tau que ya ha recuperado el sentido del humor le pregunta.
—¿Y yo qué? —Alena le abraza divertida y le da un gran beso—. Tú también. —Mientras comen Ovidio les informa.
—Hemos venido expresamente a veros, queríamos ver cómo estabais después de lo que pasó ayer, lo estamos investigando, yo personalmente creo que Anker tiene mucha culpa. —Sharon comenta.
—Estaba muy raro mientras nos equipaba. ¿Eh? Tau, entre nosotros lo comentamos.
—Ya tenéis que normalizaros —les dice Alena—, mañana a las siete al gimnasio y todos los días a dar paseos por el exterior y algún partido de baloncesto que en la luna es súper divertido, es como ver un partido filmado en la Tierra pero a cámara muy lenta.
—Y todo esto ¿para qué? —pregunta Sharon.
—Pues para que os acostumbréis a llevar el traje espacial —le aclara Alena— sin que por ejemplo os pique la nariz. —Y se ríe.
—Y luego —continúa Ovidio— charlas sobre Titán, que será vuestro destino por otro periodo de seis meses.
—¡Oh! —exclama Sharon—, yo creí que regresaríamos a la Tierra.
—Por nada os perdáis la experiencia de Titán les dice Alena muy convencida. Se despiden afectuosamente, Alena les augura—. Nos seguiremos viendo. Camino de la habitación Sharon recuerda.
—Bueno Tau mañana verás a Idola.
—Y tú a Giles —le contesta Tau. Pasa la noche y zumba la alarma del despertador. Sharon comenta desperezándose.
—Hoy que he dormido bien tengo que madrugar; anda Tau coge tu toalla y al gimnasio. —Tau coge su toalla y la mano de ella y empiezan a caminar.
Son las 7 a. m. de la Tierra Idola y Giles ven llegar a Sharon y a Tau. Idola abraza a Sharon.
—Nos han contado lo que os pasó es horrible. —Mientras, Giles saluda a Tau, luego Idola abraza a Tau que piensa que tiene que endurecer su cuerpo para resistir los abrazos de Idola. La clase de gimnasia transcurre agradable, Giles y Idola se dedican a mimarles. Ya en su habitación a las 9 a. m. de la Tierra aparece el robot con el desayuno y les informa.
—A las 16h de la Tierra os vendré a buscar para llevaros a la sastrería, os equiparán para el partido.
—Bueno —razona Sharon— tenemos tiempo de ir a la playa, luego a comer y descansar un rato.
Son las 16h de la Tierra, el robot con su habitual puntualidad les viene a buscar lleva dos asientos acoplados, ellos ya están preparados.
—Sentaos —les ordena e inician el camino—. Tau le recuerda a Sharon.
—Será la segunda vez que vestimos los trajes espaciales espero que esta vez no pase nada.
—No seas gafe Tau por favor —le contesta ella muy molesta. En la sastrería no están ni Anker que ha sido desterrado del lugar, ni Argus que está de descanso.
—Mira Tau —advierte ella—. Hay otras siete personas que van a vestirse. —Uno de ellos se les acerca y les saluda.
—¿Sois Tau y Sharon? ¿Verdad? Me llamo Plinio y soy el entrenador del equipo de baloncesto, seréis ocho jugadores cuatro contra cuatro, os gustará.
—Será toda una experiencia —opina Tau.
—La cancha está en un astroblema lunar mediano a tres kilómetros de aquí —les dice Plinio.
—A la que salgamos al exterior bajareis del vehículo e iréis andando, yo os escoltaré con el vehículo lunar. —Tau le encara.
—¿Por qué hemos de ir nosotros a pie y tú en coche?
—Porque soy el entrenador y además las pelotas las llevo yo —le aclara Plinio. Tau entiende y calla, los demás se ríen ya conocen a Plinio, Sharon también se ríe, Tau ¡no!
En efecto las pelotas son transportadas por el vehículo lunar. La excursión colectiva hasta el astroblema lunar donde está la cancha de baloncesto es de lo más divertido en el marco de aquel paisaje lunar y aquel intenso firmamento Sharon se detiene para contemplar la Tierra.
—Qué miras —le dice Tau que está muy divertido y eufórico—, si te has dejado en casa la luz encendida.
—No me digas esto Tau que me pones triste.
—Va cariño no pienses más y diviértete.
Los seis que acompañan a Sharon y a Tau son gente joven que ha venido a disfrutar de unos días de asueto en la Luna.
Cuando llegan a la cancha se sorprenden de lo bien construida que está, no le falta detalle.
¡Que empiece el juego! Cortésmente todos hacen que Sharon juegue primero y así lo hace; lanza la pelota y la pelota sube… sube… y sube. Tau le dice.
—Sharon la has puesto en órbita lunar. —Y luego baja… baja… y baja… tan despacio que Tau comenta—. Voy a tomar café a ver si cuando vuelva ya ha bajado. —Cuando la pelota está cerca del suelo todos saltan a cogerla pero ninguno lo consigue por que se pasan de salto a todos les da la risa. Plinio les dice.
—Marcar una cesta no es nada fácil pero a que es muy divertido.
—Divertido y cansado —apunta Sharon. Ya de regreso ella le pregunta a Tau.
—Estoy cansada, pero tengo más hambre que sueño, ¿iremos a cenar? ¿No?
—Claro que sí —afirma él sin dudar.
Después de cenar ya en la habitación Tau está muy cansado ha querido demostrar a Plinio lo mucho hombre que es, si el partido dura cinco minutos más habría fracasado en la demostración. Ve que se acerca Sharon con una mirada que él conoce muy bien.
—Cariño estoy muerto mañana será otro día —exclama con voz suplicante.
—¡Ah ah! —responde ella y sigue avanzando. Tau solo dice muy, muy bajito.
—¡Socorro!
Entre gimnasio, paseos, partidos y reuniones en el club con los amigos que ahora ya son muchos han pasado sesenta días de feliz estancia en la luna. Después de desayunar propone Sharon.
—Tau tengo ganas de estirarme y relajarme en la playa.
—Pues mira Sharon yo también, anda. ¿Vamos?
—Vamos —le contesta ella muy animada. Están paseando por la playa cuando ve a una mujer con un bebé.
—¡Mira Tau!, allí esta Frigia y la pequeña debe de ser Adara, vamos a verla. —Tau ve a Sharon tan súper ilusionada que se pone triste—. Hola Frigia. ¿Te fue todo bien? —le pregunta Sharon.
—Sí muy bien —contesta Frigia contenta.
—Yo me lo perdí por poco —dice un hombre que está junto a Frigia.
—Este es Pluvio mi compañero —les presenta Frigia, se saludan amigablemente.
Sharon pregunta.
—¿Y esta es Adara? ¿No?, es una preciosidad de bebé.
A Tau le parece ver una mirada de orgullo en Pluvio y le molesta si Sharon y él no han tenido bebés ha sido por falta de tiempo, no por falta de herramientas. Se sientan con ellos. Frigia anuncia.
—A Adara le toca la hora de mamar. —Frigia coge amorosamente a Adara y le acerca la boquita a su pezón; Adara se agarra a la teta y empieza a chupar con desespero todos se ríen. Sharon lo contempla y exclama.
—¡Oh! Qué bonito es. Frigia cuando termines me dejarás que sostenga un ratito a Adara.
—¡Claro que sí! —le responde Frigia. Al ratito Sharon tiene a Adara en brazos, le recuerda a su querida Rea, a su «muñequita» que ya tiene diez años y hace setenta días que no la ve y siente escalofríos de ternura y felicidad, sus ojos se llenan de lágrimas, a Frigia, que la comprende también se le humedecen los ojos. Al despedirse Frigia le dice a Sharon.
—Estaremos cinco días más y volveremos a la Tierra.
—¿Vendrás cada día a la playa? —le pregunta Sharon.
—Claro que sí —le contesta Frigia con tono de complicidad.
—Pues aquí estaré —le contesta Sharon.
En el comedor encuentran a Ovidio y a Alena se saludan con afecto.
—Oye —les dice Ovidio— os hemos venido a ver porque ya se ha resuelto lo que os pasó, ya tenemos a los culpables.
— Y quiénes son —pregunta Tau con impaciencia. Le explica Ovidio.
—Anker como suponíamos era la mano ejecutora, el organizador del atentado era un tal Tito, gerente de MPS y Marco su mano derecha.
—¿Y para qué lo hicieron? —pregunta Tau.
—Os lo cuento —propone Ovidio—, estos tres individuos querían provocar una gran desgracia para que Fermión sustituyera a Argus por Anker.
—¿Y para qué? —pregunta Sharon.
—Pues para que Anker —sigue Ovidio— comprara los trajes y productos espaciales a MPS en vez de a EPS.
—¡Qué miserables! —exclama Sharon.
—Ya no tenéis que preocuparos —les explica Ovidio—, los tres son convictos y confesos han sido sentenciados a cumplir condena en Titán. Saldrán dentro de un mes a Titán en la misma nave que vosotros.
—¡Qué horror! —se asusta Sharon.
—No te preocupes —la tranquiliza Ovidio— porque ellos viajarán en jaula. —Ovidio y Alena ríen.
Sharon como cada día, después de desayunar ha ido a la playa para ver a Adara, es muy feliz mirándola y teniéndola en brazos. Tres horas después aparece Tau.
—Hola Frigia hola Pluvio —les saluda Tau—. Sharon te vengo a buscar para ir a comer es que con Adara se olvida de comer —les aclara. Frida y Pluvio ríen complacidos.
Por el camino Tau le habla muy serio a Sharon.
—Atiende, hemos escogido una vida muy especial, nuestro destino es explorar otros mundos y sabemos que hemos de renunciar a muchas cosas, Adara te puede hacer mucho daño.
—Sí ya lo sé —contesta ella—, como me pasa con Rea, pero Tau no puedes imaginarte lo feliz que soy recordándola con Adara me ocurrirá igual además mañana regresan a la Tierra.
Tau asiente, piensa que ella puede que tenga razón. Desde luego que un feliz recuerdo tendrá siempre su precio.
Sharon está triste, no ha podido dormir pero han de seguir la rutina, primero el gimnasio. Al salir del gimnasio camino de la habitación le recuerda a Tau.
—Cuando terminemos de desayunar iremos a la playa a despedirnos de Frigia de Adara y de Pluvio. Tau asiente. –
—Claro que iremos. —Están en la habitación y llega el robot con el desayuno y les anuncia.
—En cuarenta minutos os vendré a buscar. Os espera el doctor Fermión en su laboratorio.
—Pero Tau —protesta Sharon—, quedé con Frigia que iría a despedirlos.
—No va a poder ser, Sharon, Frigia y Pluvio saben que no estamos aquí de vacaciones, lo comprenderán y Adara es muy feliz con su mamá. —Ella entiende muy bien lo que le ha razonado Tau, pero se le escapan un par de suspiros, casi sollozos.
Pasan los cuarenta minutos, el robot llega puntual y lleva dos asientos acoplados ellos ya saben que deben equiparse con los quimonos.
—Sentaos —les ordena el robot con su voz metálica, ellos obedecen y ya están en camino, llegan a la puerta del ascensor de la zona cero que ya conocen y bajan… y bajan y luego otra vez por los pasillos llegan al gran despacho de Fermión, que también conocen. El robot se desconecta de los asientos y se va dejándolos allí sentados, pasan muchos minutos.
—Tau —dice ella en voz baja—, ya hace rato que esperamos.
—¿Y qué? —le contesta él—. No tenemos nada más que hacer.
Al fin llega Fermión acompañado por Alena, por Ovidio y por dos robots como los de la mina.
Sharon no puede evitar un pequeño grito de terror. Tau tampoco está tranquilo. Los robots están inmóviles observando, uno de ellos lleva un escudete rosa y el otro uno de azul, los dos fijan la mirada de sus fríos ojos azulados insistentemente en Tau y luego en Sharon, sus metálicos rostros tienen una expresión dulce y amable. Fermión abraza familiarmente a los dos robots por el cogote, junta sus cabezas con la suya y hablan los tres en voz baja.
—Fíjate Tau —dice Sharon con voz muy baja pero excitada—, sus rostros son capaces de expresar emociones y sus cuerpos son una fiel reproducción de la figura humana.
—Lo he visto Sharon —contesta él—, su piel es prácticamente indestructible pero es elástica y parece tener la textura humana, no me gusta nada.
—Fíjate Tau —le señala Sharon—, el más alto es un hombre con todos los atributos y el más pequeño es una mujer con todos sus detalles. Si no fuera por su color de acero pulido serían exactamente humanos.
—Es verdad hasta tiene tetas —dice Tau con tono obseso.
—Te ibas a quedar sin dientes Tau —dice ella automáticamente.
Mientras ya se ha deshecho el abrazo entre Fermión y los robots y se dirigen hacia ellos. Fermión les explica.
—No os asustéis, no tenéis que temerles, estos robots son de la última generación en ellos se han aplicado teorías y conceptos que incluso habéis aportado vosotros se estima su fiabilidad en un 99,9 %.
—Pero Fermión —pregunta Tau—. ¿Para qué los necesitamos?
—Puede que para mucho ellos serán vuestros protectores en el viaje a Titán y en Titán y si se produjera este improbable 0,1 % de fallo siempre llevareis el Aquiles. Son más fiables que muchos humanos, Anker por ejemplo. —Sharon y Tau están mudos y perplejos.
—Ahora os los voy a presentar —Fermión les acerca el robot que lleva el escudete rosa—, este atiende por mamá y será vuestra mamá.
—Hola, ¿cómo estáis? —les pregunta el robot con una voz femenina muy dulce luciendo en su metálico rostro una bonita sonrisa y tendiéndoles la mano.
—Bien… bien —consiguen articular Sharon y Tau.
Luego Fermión les acerca el otro robot y les dice.
—Este atiende por papá y será vuestro papá.
—Estoy contento de conoceros —les dice el robot con voz varonil y una bonita sonrisa.
—Nosotros también —le responden balbucientes Sharon y Tau.
—Bueno ahora que os conocéis vamos a seguir con cosas interesantes —propone Fermión.
Sharon piensa «si lo de los robots no lo considera interesante qué será lo interesante».
Sharon y Tau permanecen sentados, Fermión se sienta y los dos robots también. Fermión mira atentamente a Tau y a Sharon y les Habla.
—Dentro de doce días partiréis a Titán; vamos a programar vuestro futuro inmediato. Mañana tenéis el día libre para despediros de los monitores del gimnasio, de vuestro entrenador de baloncesto, de vuestros amigos, de vuestra habitación y de la playa. Pasado mañana a las 7 a. m. de la Tierra, vendrá el robot a buscaros y se os instalará en mi laboratorio para instruiros sobre Titán; no os librareis de la gimnasia ni de otras actividades y aprenderéis a convivir con «papá» y con «mamá». ¿Alguna pregunta?
—Sí —pregunta Sharon—. ¿Cuánto tiempo se tarda en llegar a Titán?
—Entre cuarenta y cuarenta y cinco días de la Tierra —responde Fermión.
—¿Cuántas personas viajarán con nosotros? —sigue preguntando Sharon.
—Tres que ya conocéis y que viajarán en una zona blindada de la nave —le contesta Fermión.
—¿Y nadie más? —sigue preguntando ella con ansiedad.
—Sí claro, tú Sharon, tú Tau y Papá y Mamá. —Sonríe Fermión.
Tau y Sharon palidecen. Fermión les ofrece.
—Hoy os invito a comer aquí en la zona cero, conmigo y con papá y mamá, después personalmente os llevaré a vuestra habitación, ahora seguidme. Empiezan a andar por los pasillos, mamá se coge del brazo de Tau y papá le ofrece con una sonrisa su brazo a Sharon, ellos están alucinados, Fermión los observa de soslayo y sonríe. Mamá les dice:
—La comida os gustará, hay una extensa carta donde escoger. —Entran en la amplia sala del comedor hay muchas mesas un robot doméstico sale a recibirles y les indica.
—Seguidme por favor. —Les lleva a un bonito apartado donde hay una mesa rectangular con cinco amplias sillas, amablemente papá retira la silla y le pide con una sonrisa a Sharon.
—Siéntate por favor.
—Gracias —contesta ella automáticamente. Papá mira inquisidor a Tau, este lo entiende, retira la silla correspondiente y le dice a mamá con una sonrisa.
—Siéntate por favor.
—Gracias Tau —le dice mamá sonriéndole. En la mesa mamá queda frente a Tau y papá frente a Sharon, Fermión se sienta en la cabecera. El robot trae la carta, mamá la coge y después de repasarla con la mirada unos minutos, mira a Tau sonriéndole.
—Tau me permites una sugerencia.
—Claro que sí mamá.
—Pues elige el número 52.
—De acuerdo mamá —contesta Tau. Mamá dirige su mirada y su sonrisa a Sharon.
—Y a ti te sugiero el número 32.
—De acuerdo mamá —contesta Sharon. Tau y Sharon les siguen la corriente como si estuvieran soñando.
—Y sigue mamá, yo elegiré el 27 y a ti papá te recomiendo el 41.
—De acuerdo mamá —responde papá. Luego mamá se dirige a Fermión.
—A ti no te recomiendo nada, tú ya conoces muy bien la carta —le dice familiarmente.
—Pues sí —reconoce Fermión—. Yo elegiré el vino. —Tau y Sharon alucinan, hace tiempo que no beben vino.
Fermión llama al robot doméstico, que acude presto y recoge las comandas. Mientras esperan al robot con lo que han pedido, mamá comenta dirigiéndose a Sharon y a Tau.
—Veréis cómo os gustará Titán, es precioso haremos unas excursiones a sitios maravillosos, nosotros ya hemos estado otras veces. ¿Eh papá?
—Sí —contesta papá—, a mí me encanta. —Fermión sonríe.
Sharon y Tau cada vez están más perplejos y más ahora que los robots les parecen más humanos, se miran y se adivinan el pensamiento. ¡Es para volverse locos! ¡Coinciden!
Al fin llega el robot y empieza a repartir los platos, primero el de Tau, el número 52, Tau da un respingo de sorpresa y exclama.
—Es el plato que me preparaba mi madre, Actaea y que a mí más me gustaba. —Luego el robot sirve a Sharon, que también se lleva una gran sorpresa.
—Tau, es el plato que me hacia tu madre, porque a mí me gustaba. —Luego el robot sirve a papá y a mamá. Tau identifica los platos.
—Sharon, lo que han traído para ellos, son los platos preferidos por mis padres Kerveros y Actaea. —Tau mira inquisidor a Fermión, este interpreta la mirada.
—No tenéis que sorprenderos —les aclara Fermión—, ya te dije Tau que tus padres están bien, ellos nos han informado con todo detalle de vuestros gustos y se los hemos insertado a estos robots para que su compañía os sea grata. —Empiezan a comer, primero con reparo, luego Tau comenta.
—Sharon esto está muy bueno.
—Sí Tau y lo mío también. —Y siguen comiendo muy a gusto, bajo la mirada complacida de papá y mamá.
—Tau. –
—Dime Sharon. –
—El vino está exquisito pero me siento la cabeza algo turbia.
—No te preocupes —le dice él sonriendo—, yo estoy igual.
Cuando terminan Fermión les dice:
—Papá y mamá se tienen que ir a descansar. —Los mencionados se levantan, mamá abraza a Tau y luego a Sharon.
—Adiós hasta luego. —Papá levanta su mano y se despide con un adiós.
—Adiós —responden Sharon y Tau. Papá y mamá se van cogidos de la mano. Ellos se quedan abstraídos mirándolos. La voz de Fermión los devuelve al mundo real.
—Vamos os acompañaré a vuestra habitación. —Minutos después un robot doméstico les trae un vehículo interior—. Subid —les manda Fermión. A la que el vehículo se pone en marcha Tau le pregunta muy curioso.
—¿Cómo se ha conseguido una inteligencia artificial tan perfecta? Es increíble son totalmente perfectos.
—No son perfectos, ya os lo dije —les recuerda Fermión—, existe una ínfima posibilidad de fallos, recordar son robots, siempre tendréis que tener los Aquiles a punto.
—Otra pregunta Fermión, si son robots ¿cómo pueden comer como personas?
—Creo que ya os lo expliqué —comenta Fermión—, pueden ingerir cualquier materia y convertirla en combustible atómico. —Ya no pueden preguntar nada más porque están a la puerta de la habitación. Fermión se despide—. Recordad, pasado mañana a las 7 a. m. de la Tierra vendrá el robot a buscaros, tendréis que equiparos con los quimonos y podéis llevaros vuestros neceseres personales. —Tau y Sharon se bajan del vehículo, Fermión arranca y se va, entran en la habitación.
—Tau estoy aturdida no puedo digerir tantas novedades raras de golpe. —Y se derrumba en la cama, a su lado lo hace él.
Sharon —le propone Tau—, creo que esta noche tendríamos que ir a cenar al restaurante a ver si encontramos a Ovidio y a Alena.
—Sí, Tau —aprueba ella—, ellos entraron con Fermión, papá y mamá, tienen que saber muchas cosas de papá y mamá. ¡Oh! no me sale llamarles robots.
—Sharon, los hemos visto una vez y ya los humanizas, hemos de recordar ¡que son robots! —exclama Tau.
—Tienes razón Tau —le concede ella—, ahora son las cinco podemos descansar tres horas hasta la hora de cenar —propone.
—De acuerdo —asiente Tau. A las 8 p. m. de la Tierra se levantan y se dirigen al restaurante, al llegar otean el ambiente para ver si divisan a Ovidio y Alena, no los ven.
—Tau vamos a servirnos la cena, nos sentamos y mientras cenamos igual vienen. —Cuando se han sentado Tau advierte.
—Sharon, hay seis personas detrás de ti a las que no había visto antes, que no nos quitan ojo. —Ella se gira discretamente con disimulo.
—Es cierto Tau nos miran con mucho interés.
—Tranquila —le dice Tau— empiezan a avanzar hacia nosotros, supongo. —Cuando los seis llegan a la mesa les preguntan.
—¿Sois Tau y Sharon? ¿Verdad? —No tienen tiempo a responder de no se sabe dónde aparecen Alena y Ovidio.
—Hola buenas noches —saludan en plan alegre y optimista.
—Tau, Sharon —les dice Alena os presento a vuestros vecinos en el viaje a Titán, ¿no os conocíais? ¿Verdad?
—Claro que no —responde el grupo. Tau y Sharon siguen mudos. Alena coge a una componente del grupo y la acerca a la mesa.
—Esta es Sara. —Sara inclina la cabeza en señal de saludo y es correspondida por Tau y Sharon. Sara es una fornida mocetona de unos treinta años, morena con un cuerpo forjado en el deporte y con poco estilo femenino.
—Esta es Judit —sigue Alena. Se saludan igual. Judit, al contrario de Sara, es una morena guapa y muy femenina—. Estos son los hermanos Abraham e Isaac —sigue Alena con las presentaciones. Se saludan igual. Los dos hermanos son hombretones de semblante nada amable incluso cuando sonríen—. Y estos son Noé y David —sigue Alena para terminar las presentaciones se saludan con ligeras inclinaciones de cabeza. Noé es fino y delicado con un estilo marcadamente femenino. David es una especie de modelo masculino, parece muy enamorado de sí mismo—. Estas personas —aclara Alena, forman el grupo omega y son ganadores del premio a la mejor sugerencia científica, otorgado por la academia de ciencias de la Tierra, el premio consiste en una estancia de tres meses en Titán y partirán con vosotros.
Sharon y Tau se alegran de viajar con seres humanos y se lo hacen saber.
—Encantados de teneros de compañeros de viaje. —Sara les pide.
—Mañana podemos vernos en la playa para conocernos mejor.
—No puede ser —le contesta Sharon—, lo sentimos pero hemos de despedirnos de muchos amigos y seguro que nos tomará todo el día, pero seguro que podremos conocernos en la zona cero.
—Pues hasta pasado mañana nos vamos a cenar —se despide Judit. Alena y Ovidio se quedan con Tau y Sharon. Tau les pregunta.
—¿Les habéis hablado de nosotros?
—De ninguna manera —responde Ovidio.
—Les habrá hablado Fermión —sugiere Sharon.
—¿Fermión? Ni mucho menos —afirma Alena.
—Pues ellos han venido preguntando si éramos Tau y Sharon, habéis llegado vosotros y no hemos tenido tiempo de contestarles. —Ovidio y Alena se miran unos instantes y Alena exclama.
—Qué raro ¿verdad? Ovidio.
—Bueno no os preocupéis que no pasa nada —les dice Ovidio. Sharon y Tau terminan de cenar, tienen besos y abrazos de despedida con amigos que se encuentran, luego saludan agitando la mano al grupo omega que están sentados en una mesa y se encaminan a la habitación con ganas de llegar, cuando abren la puerta Sharon se va directa a la cama.
—Tau estoy muy cansada, mañana será otro día. —Él le contesta.
—Hoy estoy de acuerdo contigo cariño pero pondremos el despertador a las seis para estar en el gimnasio a las siete, seguro que a esta hora encontraremos a Giles a Idola y a Plinio.
Cuando Ovidio y Alena se quedan solos con voz muy queda comentan.
—Mañana hemos de hablar con Fermión.
Suena el zumbador del despertador, les cuesta levantarse, bostezan, se desperezan; cuando al final lo consiguen se van directos al baño, después de una ducha rápida y fresquita para despejarse, cogen sus toallas y se encaminan al gimnasio. Al primero que ven es a Giles.
—Hola Giles —le saluda Sharon mientras le abraza. Tau es sorprendido por Idola que le prodiga uno de sus abrazos de oso.
—¡Hola! Tau. —Y además lo besa—. Os esperábamos —les dice Idola—, os veo muy tensos y cansados debido seguramente a un estado de ansiedad que estáis sufriendo.
—Tienes razón Idola —le asevera Sharon—, es por el cambio de vida que intuimos.
—Hemos pensado para vosotros un buen masaje relajante. —Giles asiente.
—Y Plinio —pregunta Tau.
—Vendrá más tarde —contesta Idola. Giles coge de la mano a Sharon.
—Ven conmigo. —Y se la lleva a una cabina de masajes. Idola se queda con Tau y se lo lleva a otra cabina.
Ha transcurrido más de una hora; Sharon y Giles, Tau y Idola salen de las cabinas de masaje y se reúnen en el salón, Sharon y Tau lucen una expresión de gran satisfacción tan notoria que Sharon le pregunta a Tau en voz muy baja.
—¿Ya me dirás que te ha hecho Idola para ponerte así?
—Y tú me cuentas lo que te ha hecho Giles —le dice Tau con voz muy baja también. Los dos se ríen con ganas.
—Mira Tau Plinio está allí sentado —lo señala Sharon. Plinio se acerca a ellos.
—Os estaba esperando quería despedirme de los dos. —A Idola se le ocurre.
—Nos podemos encontrar todos en el restaurante a la hora de comer. —Todos están conformes.
Sharon y Tau se van a la habitación. Ella pulsa su anillo.
—¿Qué haces? —le pregunta Tau.
—Pues un requerimiento al robot para que nos traiga el desayuno, ¡tengo hambre!
—¡Y yo también! —confiesa él. Mientras desayunan, ella expresa un deseo.
—Quiero ir a la playa, creo que será la última vez por mucho tiempo.
—Iremos a la playa —reitera Tau—, yo también estoy algo nostálgico, porque lo hemos pasado muy bien.
—Quiero estar tumbada en la arena, relajada y tranquila, hasta la hora de comer.
—Sharon, te lo aplaudo y te lo copio —le dice Tau con humor. A lo lejos divisan al grupo omega que no se atreve a acercarse.
Después de más de tres horas de descanso en la playa se dirigen al comedor, mientras caminan ella le pide a Tau.
—A ver si abreviamos con la comida, nos despedimos y nos vamos a la habitación.
—Y por la noche ¿volvemos a cenar?
—No, Tau le pedimos al robot que nos traiga la cena a la habitación, quiero contemplar el maravilloso paisaje lunar, porque en las entrañas de la Luna dejaremos de verlo.
—Tienes razón Sharon. —Cuando llegan al comedor Giles, Idola y Plinio, ya les están aguardando, se sientan todos juntos en animada reunión.
—Mira Tau —le alerta ella. Tau ve una mesa en la que están el grupo Omega y los acompañan Ovidio y Alena.
—Bueno Sharon no veo nada raro, son recién llegados y les estarán agasajando.
En esta misma mañana, muy temprano Ovidio y Alena por el comunicador han hablado con Fermión.
—Queremos poner en tu conocimiento algo que no sabemos si puede ser importante.
—Os espero en mi despacho lo antes posible.
Ovidio y Alena entran en el despacho de Fermión.
—Sentaos —les pide—, ¿de qué se trata?
—Fermión —empieza Alena—. ¿Quién le ha hablado al grupo Omega de Tau y Sharon?
—Nadie —contesta Fermión— no es posible que el grupo Omega conozca su existencia.
—Pues —continúa Ovidio— en el comedor, cuando nosotros llegamos, se habían acercado a ellos y les preguntaban: ¿vosotros sois Tau y Sharon?
—¡Caramba! —exclama Fermión—. Habéis hecho bien en comunicármelo porque realmente es intrigante. Quiero que hagáis algo a la hora de comer, aprovechando que Tau y Sharon estarán con sus amigos, os incorporáis a la mesa de los Omega, a ver qué averiguáis.
Para Tau y Sharon la comida transcurre animada y divertida hasta la hora de despedirse, besos y abrazos. Tau piensa con humor.
«Tardamos más en despedirnos que en comer». Al fin se encaminan a la habitación.
—Tau, mañana a las 6 a. m. de la Tierra tenemos que estar en pie, a la que pille la cama me tumbo hasta la hora de cenar.
Les despierta la llamada del robot que les trae la cena, una vez la deja preparada con esmero, el robot se va y cierra la puerta.
—Tau, me voy a la ducha para despertarme del todo.
—Vale, te acompaño. —Luego se dirigen a la mesa.
—Tau la ducha me ha despertado la mente y el hambre.
—Pues vamos que esto es contagioso Sharon —le contesta él riendo.
Ya satisfechos en todos los aspectos físicos, se tumban en la cama contemplando el maravilloso paisaje lunar y como horizonte la Tierra. Así transcurren largos minutos. Hasta que Tau acerca su boca a la oreja de ella y le dice muy quedo.
—Me gustaría un hermoso recuerdo de esta noche en la Luna a la luz de la Tierra.
—¡Oh! Tau. Yo también lo deseo —le contesta ella con entusiasmo.
Suena el zumbador de la alarma del despertador, son las 6 a. m. de la Tierra, automáticamente, se levantan, se duchan, se visten sus quimonos, preparan sus neceseres para llevárselos y esperan sentados la llegada del robot contemplando el paisaje lunar y la Tierra.
Puntual como siempre aparece el robot, lleva acoplados dos asientos les ordena.
—Acomodaos. —Antes de hacerlo lanzan una última y nostálgica mirada a la habitación. En unos momentos ya están circulando por los pasillos hacia la zona cero.
Antes de llevarles ante Fermión, el robot les lleva a un restaurante de la zona cero, les manda.
—Apeaos y desayunad, tenéis cuarenta y cinco minutos.
De buena mañana Fermión está reunido con Ovidio y Alena.
—¿Habéis averiguado algo? —les pregunta Fermión.
—Nada —contesta Alena—, amparándose en el jolgorio han eludido todos los cebos.
—Bien —propone Fermión—. Tú Ovidio proponles unas conferencias sobre el tema que el grupo Omega presentó en el concurso, no se pueden negar. Y tú Alena consigue las fichas de cada uno del grupo, quiénes son los promotores del concurso y lo que puedas averiguar de cada uno de los miembros del jurado que les otorgó el premio. Dentro de tres días nos reuniremos vosotros, yo papá y mamá, ¿alguna pregunta?
—No ninguna —contestan Ovidio y Alena.
Han pasado los cuarenta y cinco minutos otorgados por el robot, Tau y Sharon ya han desayunado y se encuentran a gusto. Como siempre, puntual aparece el robot con sus dos asientos acoplados.
—Acomodaos —les ordena—. Os llevaré ante Fermión.
Como otras veces el robot se detiene ante la mesa de despacho, se desconecta de los asientos, se va y los deja allí sentados.
—Bueno Tau a ver qué pasa ya llevamos aquí sentados varios minutos —se queja ella.
—Tranquilízate que no tenemos prisa —le razona él.
Poco después aparece Fermión con papá y mamá. Mamá se abalanza a Sharon y la abraza.
—Hola Sharon —luego abraza a Tau—, hola Tau —mientras papá abraza a Sharon y luego a Tau.
«Qué programación más cariñosa que les han insertado», piensa Tau. En la sala hay una mesa para pequeñas juntas. Fermión la señala.
—Venid, nos sentaremos allí. —Una vez acomodados Fermión empieza—. Os voy a comentar a grandes rasgos vuestro programa de actividades en estos doce días hasta que embarquéis en la nave de Titán, en gimnasia, desayuno, almuerzo y cena seguiréis el horario y la rutina de siempre. En cuanto a vuestro programa de preparación incluye: conocer el traje espacial de Titán, os ilustrará vuestro amigo Argus en la sastrería, charlas con papá y mamá, que son expertos exploradores de Titán, os darán a conocer las características de Titán y los peligros a los que os podéis enfrentar y la manera de evitarlos. Luego asistiréis a unas conferencias ofrecidas por el grupo Omega relacionadas con el trabajo que presentaron en el concurso.
Tau y Sharon escuchan atentamente mientras papá y mamá los contemplan embelesados.
—También —sigue Fermión— esporádicamente tendréis la visita de vuestros amigos Ovidio y Alena. ¿Alguna pregunta?
—No tenemos ninguna —responde Tau.
—Ahora el robot os trasladará a la habitación asignada —les informa Fermión—, los dos primeros días os llevará al gimnasio, al restaurante y al club, para que conozcáis el camino. —Fermión, papá y mamá se despiden con un hasta pronto y con una gran sonrisa.
Sharon y Tau vuelven a sentarse en los asientos del robot, este no se hace esperar. Por el camino ella comenta.
—Tau, cada vez estoy más a gusto con papá y mamá. ¿Has visto cómo nos miraban?
—Sí, lo he visto, pero recuerda siempre que son máquinas, están programados no tienen sentimientos ni conciencia.
—Lo entiendo Tau, pero me cuesta mentalizarme.
Llegan a un ascensor, el robot les anuncia.
—Ascensor 27. —Salen del ascensor, inician un recorrido por un pasillo, el robot se detiene.
—Recordad habitación 112, apeaos. —Se apean de los asientos y el robot se va. Abren la puerta e inspeccionan la habitación, es amplia bien iluminada, con una amplia cama, un sofá para dos, una mesa con dos sillas y un amplio cuarto de baño.
—Es muy bonita ¿verdad Tau?
—Sí, pero le falta aquel gran ventanal.
—Todo no puede ser Tau estamos en un sótano.
—Tengo hambre son cerca de las 14h de la Tierra pronto vendrá el robot a buscarnos —le recuerda Sharon.
—¡Ah! No te olvides Sharon que aquí, excepto en el gimnasio debemos ir equipados con el quimono.
Puntual se presenta el robot con los dos asientos acoplados, les ordena:
—Sentaos os llevo al comedor, en cincuenta minutos pasaré a buscaros. Tau y Sharon cuando llegan se dedican al reconocimiento del lugar.
—Mira Tau es como el restaurante del oasis, quizá algo más grande, pero igual de bien surtido.
—Pero cambia el ambiente Sharon, en el del oasis la gente estaba divertida y despreocupada y aquí la comida es un alto en el trabajo y se nota en el ambiente. Mientras hablan se van suministrando en sus bandejas lo que les apetece.
—Bueno Tau —decide ella—, ya es bastante. ¿Dónde nos sentamos?
—¡Aquí tenéis sitio! —oyen una voz, es el grupo Omega.
—Vamos Sharon nos conviene hablar con ellos serán nuestra compañía por bastante tiempo. —Se acercan al grupo y son recibidos con simpatía.
—Hola Tau, hola Sharon —les saluda Sara con una gran sonrisa, los demás saludan con la mano—. Al fin podremos hablar.
—Sí —contesta Tau—, pero hoy no por mucho tiempo solo tenemos cincuenta minutos hasta que nos venga a recoger el robot para llevarnos a no sé dónde
—Nosotros acabamos de llegar y también nos han dado cincuenta minutos, les aclara Sara.
—Supongo que asistiréis a nuestras conferencias —les pregunta Judit.
—Yo creo que nos dejarán ir —le contesta Sharon.
—¿Quién da las conferencias? —pregunta Tau.
—Las doy yo —aclara Judit—. Veréis, yo propuse el tema y me asignaron a unas personas para que me ayudaran. Tengo muchas ganas de explorar Titán, con suerte podré probar algunas de las teorías.
—¿De tus teorías? —inquiere Tau.
—No, no son mías pero las estudio porque me intrigan —le aclara Judit.
A Sharon le cae muy bien Judit y se ofrece.
—Oye Judit en Titán, si nos dejan nos encantará colaborar contigo.
—Gracias Sharon —le contesta Judit, ilusionada y agradecida.
A los cincuenta minutos llega Ovidio con un vehículo para recoger al grupo Omega.
—Mira Tau Ovidio acompaña al grupo Omega.
—Sí, supongo que tendrán algún programa que cumplir. —Todos se levantan de la mesa, incluso Tau y Sharon, porque su robot vendrá a buscarlos a la misma hora. Y empiezan las despedidas. Judit se acerca a Sharon.
—Supongo que a nosotros nos darán la misma preparación que a vosotros, mañana por la mañana —sigue Judit— estaremos en las charlas que darán los robots exploradores.
—¡Papá y mamá! —interrumpe Sara jocosamente, Sara y todo el grupo, excepto Judit ríen con ganas la burla de Sara. Ovidio mira a Sara sorprendido, pero no dice nada. Sharon se encara con Tau.
—Tau, se están burlando de papá y mamá —exclama indignada y furiosa.
—Cálmate —intenta sosegarla Tau—, para ellos son máquinas, robots y para ti también, ¿de acuerdo?
—Sí… Claro —contesta ella. Tau sabe que no la ha convencido.
—Sharon, ahí llega nuestro robot. —En efecto el robot llega a su lado con sus asientos y les ordena.
—Acomodaos. —Se sientan y recorren el trayecto hasta la habitación en silencio, al llegar el robot les instruye.
—Vendré a recogeros a las 17 h de la Tierra para llevaros a la sastrería.
—Bueno Tau, esta tarde veremos a Argus, ahora yo me estiro horizontal para hacer la digestión, disponemos de casi dos horas de relax.
—Cariño, siempre tienes buenas ideas y buen humor —le reconoce Tau.
Cuando se esta tan a gusto el tiempo transcurre muy aprisa. A su hora en punto el impertinente y puntual robot se presenta. Tau y Sharon se preparan a toda prisa mientras el robot repite.
—Acomodaos… Acomodaos… Acomodaos. —Al fin se acomodan y el robot se pone en marcha hacia la sastrería; a poco de llegar Tau observa.
—Mira en este vehículo que nos alcanza van el grupo Omega y Ovidio.
—Sí, mira Tau por la ventanilla veo a Judit que nos saluda, parece que también van a la sastrería. Cuando Tau y Sharon llegan a la sastrería ven que Ovidio y el grupo Omega se les han adelantado. Mientras se apean del robot, Sharon con alegría le dice a Tau.
—Mira Argus nos ha visto y se acerca. —En efecto Argus viene a darles la bienvenida.
—Sharon, Tau. —Argus les abraza emocionado mientras los nombra—. Me acuerdo muchas veces de vosotros, estoy feliz de volveros a ver, ya jamás confiaré en nadie para cualquier revisión final.
—Bueno Argus, al final todo fue bien y desde luego que tú no tuviste ninguna culpa.
—Gracias Sharon —le contesta Argus contento—. Hoy empezaré a ilustraros, a vosotros y al grupo Omega, sobre los trajes espaciales para Titán; acercaos. —Argus los reúne a todos frente a un traje de astronauta y empieza—. Como este son los trajes que tendréis que vestir para pasear por Titán, como veréis son menos voluminosos que los lunares, porque no tienen que ir presurizados, ya que Titán tiene una presión atmosférica de 1,4 veces la de la Tierra, solo tienen que estar aislados del frío, no como los de la Luna que han de estar preparados para aislar de grandes oscilaciones de temperatura, su material es flexible y muy resistente, un desgarro sería fatal, el mayor peligro de Titán son las infecciones.
»Ahora cada uno se desnudará y se vestirá con uno de estos trajes, veréis que son muy cómodos, llevan un práctico y eficaz «pañal» que procesa y limpia todas las excreciones, lo único que no está resuelto —Argus se gira riendo a mirar a Sharon— es si te pica la nariz. —Ella y Tau se ríen porque saben de qué va.
»Cuando os hayáis vestido —sigue Argus— estaréis dos horas deambulando a vuestro aire por la pista de entreno, la gravedad de Titán es de 1,38 m/seg, similar a la de la Luna pero algo menos.
Mientras se visten Judit busca la compañía de Sharon, luego en la pista el ensayo resulta muy divertido por los grandes saltos que pueden dar, es como un juego, Judit se lo pasa muy bien jugando con Tau y con Sharon, las dos horas pasan muy aprisa. Aparece Argus.
—Bueno basta por hoy, a quitarse los trajes y pasado mañana a la misma hora otra sesión de entrenamiento.
Mientras se desvisten Judit busca la ayuda de Sharon y de Tau. Al despedirse Judit casi les suplica.
—¿Vendréis por la mañana a las charlas de papá y mamá?
—Seguro que no faltaremos Judit —le asegura Sharon.
—Es por la mañana a las 10 a. m. de la Tierra, después de desayunar, esperan a que venga el robot a buscarlos para asistir a la conferencia de papá y mamá que empieza a las 11 a. m. de la Tierra.
—Tau tengo curiosidad y ganas de asistir para saber qué nos cuentan papá y mamá sobre Titán.
—Yo también Sharon y también estará el grupo Omega, oí cómo te lo comentaba Judit.
—Tau ¿te has dado cuenta de que Judit evita la compañía de su grupo? Y es evidente que ella ha de ser la jefa del grupo.
—Sí Sharon, el grupo forma una piña que no le da cabida a Judit, creo que ella está muy incómoda con ellos.
—Tengo entendido que Judit no los eligió —destaca Sharon—, y lo lógico es que lo hubiera hecho. —Llega el robot con sus asientos les ordena.
—Acomodaos y los lleva a la sala de conferencias
—Mira Tau, los Omega ya han llegado con Ovidio y también esta Fermión que les indica.
—Acercaos y sentaros aquí. —Y les señala un lugar lindante al grupo. Tau se sienta al lado de Sara, Judit que estaba de pie corre a hacerlo al lado de Sharon. Enfrente hay una mesa con dos sillas para los conferenciantes, en unos instantes aparecen papá y mamá que dirigen sus miradas al grupo especialmente a Tau y a Sharon.
En estos momentos se oye la voz de Sara que jocosamente comenta.
—¡A ver cómo suenan estas latas! —Todos los omegas excepto Judit ríen con ganas. Ovidio y Fermión hacen un gesto de desagrado. Tau aborta un indignado brinco de Sharon sujetándola por un brazo.
—¡Sharon!.... chissss —le dice Tau imperativamente Judit se pone colorada.
—Lo siento, lo siento —se disculpa muy bajito con Sharon. Papá y mamá lo captan todo pero pasan olímpicamente.
—Hola buenos días a todos —empieza mamá—, vamos a comentaros a grandes rasgos algunas características de Titán, es uno de los satélites de Saturno, es el segundo satélite más grande de todo el sistema solar, es un 50 % más grande que la Luna; pero su densidad solo es un 60 % de la que tiene la Luna, lo que hace que su gravedad sea algo inferior a la que soportamos en la Luna.
—Podréis dar saltos mucho más altos —interviene papá con humor—. Su presión atmosférica —sigue papá— es de 1,4 veces la terrestre, no os producirá ninguna molestia. En fotografía sus paisajes parecen de la tierra tiene lagos, ríos, montañas y valles todo teñido de un tono rojizo, como un atardecer de la Tierra pero mucho más exagerado.
—En el aspecto meteorológico —interviene mamá— su ciclo de lluvias es parecido al de la Tierra, solo que en Titán llueve metano, su baja temperatura -180º C y otras condiciones de su troposfera hacen que el metano se pueda encontrar en estado sólido, líquido y gaseoso. Igual que el agua en la Tierra.
—Su atmósfera —interviene papá— está compuesta por un 90 % de nitrógeno, un 5 % de metano y un 5 % de otros hidrocarburos. Su órbita alrededor de Saturno tiene una duración de dieciséis días por ser elíptica experimenta tirones gravitatorios que provocan que los vientos oscilen entre los 4 km/hora y los 180 km/hora y mareas de hasta 10 metros. Esto es posible por la existencia de un gran océano interior de agua que contiene disueltos grandes cantidades de hidrocarburos y microorganismos.
—La colonia humana de Titán —interviene mamá— se suministra de esta agua con un esmerado proceso de purificación, para evitar infecciones de microorganismos. En grandes zonas de su corteza hay depositado un espeso manto de lodo muy húmedo de metano que es el hábitat de innumerables colonias de microorganismos, que también habitan sus lagos y sus ríos. Esta gran cantidad de vida genera gran cantidad de metano, más del que puedan destruir los rayos ultravioletas que le llegan del Sol.
—Con esto hemos terminado —concluye papá—. Durante el viaje tendremos tiempo de profundizar en estos conocimientos. ¿Alguna pregunta?
—Ahora no —responde Sharon—, pero seguro que cuando lo hayamos digerido tendremos un montón.
Tau, Sharon y Judit aplauden a papá y a mamá. Judit se dirige a Sara
—Estas latas suenan mejor que algunos humanos. —Sara no dice nada, pero Sharon capta en su mirada una gran carga de rencor y odio y no imagina el porqué. Tendrá que averiguarlo.
Se levanta la sesión y es hora de comer. Los cinco omegas del grupo comentan jocosamente y riendo los temas expuestos, ya se hace más que evidente el fuerte vínculo entre ellos y su desprecio por Judit. Fermión y Ovidio no pierden comba de estos detalles.
Sharon y Tau se dirigen al restaurante que ya saben dónde está.
—¿Puedo acompañaros? —les pide Judit acercándose.
—Claro que sí —le responde Sharon amablemente—, encantados de tenerte con nosotros. —En el comedor, cuando ya están instalados ven entrar a los cinco omegas, que los ignoran y se sientan en una mesa aparte. Sharon y Tau cada vez están más extrañados.
—¿Vendréis esta tarde a mi conferencia? —les pregunta Judit mientras comen. En su voz parece temer que le digan que no.
—Claro que sí —responden Tau y Sharon al unísono y con entusiasmo.
—Gracias —responde Judit contenta.
Son las 15 horas de la Tierra que se despiden de Judit, miran a los omegas, que siguen sentados y levantan la mano en saludo de despedida, pero los omega los ignoran.
Cuando llegan a la habitación Sharon comenta indignada.
—Tau no soporto a los omegas, en especial a Sara son maleducados, no le tienen respeto a nada.
—Sharon procura ser comprensiva y paciente —le recomienda Tau—, sácale el lado bueno a todo porque tendrás que «disfrutar» de su compañía durante bastante tiempo.
—¡No me lo recuerdes Tau! —le responde ella.
Son las 17h de la Tierra, Tau y Sharon están sentados en la sala de conferencias. En la mesa del conferenciante está Judit esperando que estén todos para empezar. Llega Ovidio y se dirige a Fermión.
—Los omega no quieren asistir, alegan que ya se conocen el «discurso» y no quieren aburrirse.
—¿Dónde están? —pregunta Fermión.
—Siguen en el restaurante —contesta Ovidio. Fermión se levanta de un salto y ordena.
—Sígueme Ovidio. —Y se dirigen al restaurante. Los cinco omegas siguen en la mesa con gran jolgorio. Fermión se acerca a ellos.
—Acompañad a Ovidio a la sala de conferencias —les conmina con energía.
—No queremos ir —responde Isaac—, ya nos sabemos todo lo que puede explicar esa chica —dice con cierto desprecio— y nos aburre.
—Es obvio que los cinco os habéis equivocado de lugar pero yo os voy a dejar muy claro dónde estáis —les habla Fermión muy secamente—. Aquí no estáis de vacaciones los programas de entreno e información ¡no son una opción para vosotros! ¡Son una obligación! Y otra advertencia la zona cero es para todos un lugar sagrado, cualquier objeto o persona que cumpla un servicio aquí, aunque sea una miserable piedra merece un respeto.
Los omegas escuchan muy sorprendidos, sus rostros se demudan. Creían que con su «arte» podían burlar cualquier disciplina y cachondearse de todo.
—Y una aclaración, aquí donde estáis en la zona cero solo se advierte una vez. Lo siguiente es el certificado de descarte ejecutivo y sin previo aviso. ¡Exijo de inmediato vuestra asistencia a la conferencia!
Los omegas no dicen nada, muy serios siguen a Ovidio.
Una vez todos aposentados empieza Judit.
—Mi objetivo y el de mi equipo. —Los omegas se miran entre sí desconcertados—. Es encontrar en Titán organismos multicelulares o superiores, ya sea en su suelo, en sus lagos o incluso en este océano interior que hay debajo de su corteza. Casi tengo la certeza de que los encontraremos, mis esperanzas se basan en los conocimientos que tenemos de la evolución de la vida en la Tierra.
Fermión, Ovidio, Alena, Tau, y Sharon escuchan interesados y también el grupo omega, interesados pero no preocupados, por saber para qué cuentan con ellos.
—Lo explicaré esquemáticamente —prosigue Judit—. En la Tierra la vida empezó hace unos 4500 millones de años en algún lugar de por aquel entonces caótico planeta se dieron las casuales y propicias condiciones para que se creara la vida.
»Igual que todavía no sabemos exactamente cómo, la energía se convirtió en materia, tampoco se conoce muy bien cómo de la materia surgió la vida hay quien dice que la vida es otro estado de la materia.
»Estas primeras células estarían desconcertadas sin ninguna experiencia para sobrevivir, pero seguro que poseían una gran inteligencia para adaptarse a su entorno supieron reproducirse y asociarse. En 4500 millones de años las células no han parado de atesorar experiencia para perfeccionar sus criterios de sociedad.
»Las distintas sociedades, cada una con su particular código genético forman las diferentes especies de animales y de vegetales.
»Donde realmente está la vida es en las células.
»Esto me sugiere, poniendo como ejemplo al ser humano, en su aspecto animal. ¿Realmente vivimos? O somos una máquina formada y construida por 38 billones de células, que realmente sí son seres vivos, distribuidas en 200 tipos diferentes cada uno de ellos destinado a una función determinada y han sabido dotar a esta máquina de instinto de conservación para no romperse, instinto para proveerse de nutrientes para alimentar a los 38 billones de seres vivos que la forman, instinto para reproducirse y superar el otro extremo de la vida, la muerte.
»Pero del programa de supervivencia del que fuimos dotados surgió un daño colateral, se generó una inteligencia que motivo que surgieran los sentimientos.
»En Titán en la inmensa cantidad de especies de microorganismos que compiten y se fagocitan creo que habrá alguna que habrá adoptado la asociación para hacerse más fuerte y capaz de éxito en supervivencia formando un ser multicelular que es lo que tenemos que encontrar. No tengo más que decir. ¿Alguna pregunta?
El grupo de Fermión aplaude con ganas a Judit aunque no formulan preguntas.
El grupo de los omega se miran entre sí con expresiones de que esto no va con ellos.
Terminada la conferencia ya es hora de cenar Tau y Sharon se dirigen hacia el comedor Judit les alcanza.
—¿Os importa que os acompañe? —les pregunta sonriente.
—Claro que no —le contesta Sharon—, nos gusta tu compañía y podremos comentar tu conferencia. —Ya en el comedor divisan al grupo Omega que esta vez sí les saludan con simpatía y alegría. Ya terminada la cena se levantan. Sharon observa—. Mirad los omega se despiden de nosotros. —En efecto están de pie agitando las manos y sonriendo—. Bueno Judit hasta mañana se despide Sharon—, a primera hora estaremos en el gimnasio y por la tarde toca entrenar con los trajes.
—Estaré con vosotros en las dos actividades hasta mañana —se despide Judit. Ya en la habitación Tau comenta.
—Sharon has visto qué amables que están los omegas.
—Desde luego alguien los habrá hecho recapacitar.
Son las 8 a. m. de la Tierra del tercer día en la zona cero, Tau y Sharon entran en el gimnasio Judit viene a recibirles.
—Hola llegáis a tiempo ahora empieza la tabla de gimnasia. —Sharon observa el embobamiento de Tau al contemplar a Judit desnuda, es morena, veintiún años y con un bonito cuerpo muy femenino y sexi, un codazo «accidental» de Sharon en el estómago saca a Tau de su letargo.
Después de la gimnasia Judit les propone.
—¿Habéis visto la piscina del gimnasio con su sol artificial? Tiene también restaurante donde podemos desayunar.
—Vamos Sharon hemos de ver esto —exclama con entusiasmo Tau—, hasta la tarde no tenemos actividades.
—Claro que sí —asiente ella aunque ya le mosquea el entusiasmo de Tau.
La piscina es una zona magnífica y súper agradable, dispone de tumbonas y mesas, su sol artificial es una caricia para la piel. La mañana trascurre con divertidos juegos en el agua propiciados por la poca gravedad. Tau abraza a Sharon.
—Cariño esto es muy divertido.
—Sí Tau muy divertido y… Cachondo —contesta ella pensando en el protagonismo de Judit jugando con Tau.
Pasa el tiempo muy deprisa y se quedan a comer, la comida trascurre divertida se habla de todo menos de la conferencia y de Titán, una vez han terminado se despide Judit.
—Bueno me voy a vestir mi quimono para ir a ver a Argus.
—Claro que sí Judit, nosotros también, allí nos vemos.
Las 8 a. m. de la Tierra del tercer día, caduca el plazo dado por Fermión para investigar al grupo Omega.
Con el doctor Fermión se reúnen en el despacho Ovidio, Alena, papá y mamá.
—Y bien —empieza Fermión—. El hecho de que el grupo Omega conociera la existencia de Tau y Sharon, y que fue motivo que nos alarmásemos, no es nada relevante, ellos son muy conocidos en el oasis y todos sabían que iban a viajar a Titán, no es nada extraño que los Omega se enteraran y quisieran conocerlos. Y ¿qué opináis del grupo Omega? —La primera en responder es mamá
—Lo que opino sobre Judit es que está inmersa e ilusionada en su proyecto es educada, emana sensibilidad y cultura. Sobre los otros cinco, desde luego están bien instruidos en sus cometidos profesionales; pero son insensibles, groseros, maleducados y carecen de cultura.
—Es evidente —interviene Ovidio— que no fueron elegidos por Judit, ella se presentó sola al concurso sin tener ningún grupo de trabajo.
—¿Quién más se presentó al concurso? —pregunta Fermión.
—Tres concursantes más —responde Alena—. Uno propuso la investigación de túneles de energía neutra para poder viajar grandes distancias a través de ellos con tiempo cero.
Otro presenta un estudio para mejorar la genética de las plantas carnosas para asimilar su sabor y textura a la carne de vacuno.
La tercera propuesta es investigar cómo podemos atravesar el punto donde se unen las resultantes de las fuerzas de atracción entre nuestra galaxia positiva y la paralela negativa y si en este punto cambiaria nuestra polaridad y podríamos integrarnos a ella.
»¡Ah! y hay algo más muy interesante. Sara presentó su propuesta que era investigar las posibles mutaciones de los microorganismos de Titán y fue rechazada al concurso por la diferencia de un solo voto.
—¿Y estas tres propuestas aceptadas se presentaban por un grupo ya formado? —pregunta Fermión.
—Sí —afirma Ovidio.
—Las propuestas son tan interesantes como la de Judit. Es posible que eligieran la de ella para que alguien pudiera elegir los componentes de su grupo —razona Fermión—. Alena ¿tienes la ficha y el currículum de cada uno de los omegas?
—Sí los tengo, empezaré por Judit, ella es investigadora de biología en la academia universal de ciencias. Como todos los demás concursantes y sus grupos. Su director es Graco.
»Abraham e Isaac son especialistas en reparación de naves espaciales y están incorporados en una gran factoría de fabricación de gravitores y ensamblaje de naves espaciales. Su director general es Claudio. Noé es experto en comunicaciones y está incorporado a un importante laboratorio de investigación. Su director es Tiberio. David es experto en navegación espacial y control de naves, está incorporado a una escuela de pilotos espaciales. Su director es Druso. Sara es investigadora en la academia universal de ciencias, en el campo de zoología y mutaciones.
—¿Y quién formaba parte del tribunal del concurso? —pregunta Fermión.
—Fueron Claudio, Druso, Tiberio y Graco —le informa Alena—, y son los mismos que a Judit le seleccionaron el grupo.
—Creo que tenemos todos los datos para llegar a unas conclusiones —resume Fermión—. Vamos a barajar el peor de los casos. He averiguado que existe un supuesto cónclave, oficialmente secreto y al mismo tiempo popularmente conocido, de personajes poderosos que han asumido el compromiso de ayudarse entre ellos para conservar su poder y prestigio.
»Hace milenios cuando existía el dinero físicamente se conseguía el poder consiguiendo las mayores cantidades a través de obscuras maniobras y satisfacer la propia soberbia.
»Hoy con el dinero electrónico no son posibles las grandes maniobras fraudulentas, para ser poderoso hay que pulsar los círculos de los poderosos y tener una gran valía, afortunadamente.
—Los miembros de este tribunal, y es un secreto conocido, pertenecen a este cónclave —denuncia Alena— y son los que tienen a sus órdenes a todos los componentes del grupo de Judit.
—Salvo ella y Sara todos son especialistas en naves espaciales —repunta Fermión.
—¿Quieres decir que intentarán secuestrar la nave? —pregunta escandalizado papá.
—No lo creo —responde Fermión— porque este cónclave no ha sido responsable de delitos ni jamás ha dado su apoyo a ningún delincuente. De todas maneras estaremos preparados para todo, secretamente vamos a proteger la nave contra todo intento de manipulación.
—Fermión, no te preocupes por la seguridad de Tau y de Sharon estando nosotros a bordo —le tranquiliza mamá.
—Esto ya lo sé —contesta Fermión sonriendo—. Dentro de ocho días la nave debe partir desde la Luna hacia Titán yo, papá y mamá iremos a la Tierra a los grandes hangares de la zona cero a preparar la nave y asegurarnos de que en la zona blindada embarcan a Tito, a Marcos y a Anker y tenemos que regresar a la Luna un día antes de la partida de la nave a Titán. El tiempo apremia, Ovidio encárgate para preparar la nave a la Tierra, esta misma tarde partiremos, tú y Alena os quedareis a cargo de todo aquí en la Luna.
—¿Alguna instrucción especial? —pregunta Ovidio.
—Sí, que impongáis una férrea disciplina al grupo Omega y hazme un informe a ver cómo responden a la presión.
Mientras Fermión, papá y mamá viajan a la Tierra, Tau Sharon, Judit y los omegas llegan a la sastrería, Ovidio y Argus imparten el entreno con los trajes, el ambiente es más que bueno por el increíble y positivo cambio del grupo Omega, Ovidio y Argus no los pierden de vista, el entreno resulta súper divertido, Judit juega preferentemente con Tau y se lo pasan fenómeno. Esto no pasa desapercibido para Sharon. Ya en la habitación ella está preocupada.
—¿Qué te pasa? —le pregunta Tau.
—Me preocupa la excesiva amabilidad de los omegas, no la veo natural, la veo fingida.
—Sharon… no exageres.
—Que sí, Tau es como si alguien les hubiera puesto pena a la vida si les expulsan de aquí.
—Bueno esto no tiene que preocuparte… Allá ellos. ¿Algo más?
—Pues sí hay más —le contesta Sharon con tono decidido—. Creo que Judit te tira los tejos.
—¡Ja! ¡Ja! ¡Ja! —se ríe Tau—, oye aquí sí que te has pasado, Judit es casi una niña.
—Sí, Tau… Es una niña muy mujer y… Toda una mujer muy niña.
—¡Ay! Cariño —le dice Tau divertido—, espero que esto no nos quite el sueño.
Los pocos días que faltan para la partida trascurren divertidos y felices gracias al cambio de actitud de los omegas.
—Tau —observa muy contenta Sharon—. ¿Has visto que David y Judit se atraen? Siempre buscan estar juntos.
—Sí, no sé si estos omegas de ahora son los de verdad, o lo eran los de antes, David ha estrenado una personalidad muy agradable.
—Si esto sigue así en el viaje tendremos un buen ambiente —augura Sharon.
Son las 8 a. m. de la Tierra del día antes de la partida Fermión, papá y mamá han regresado a la luna.
—Ovidio —ordena Fermión—, diles a Tau y a Sharon que vengan a reunirse con nosotros, tú y Alena también.
Cuando están todos reunidos en el despacho de Fermión este les explica.
—Tau y Sharon os voy a informar de vuestro futuro hasta cumplir los dos años desde vuestro ingreso en la zona cero en diciembre del 5998 hasta diciembre del 6000. Vuestra instrucción ha empezado con estos tres meses en la Luna que habéis superado muy bien, sustos incluidos —sonríe Fermión—. Lo siguiente será seis meses explorando Titán protegidos por papá y mamá. Después de Titán una estancia de quince meses en Marte y en diciembre del 6000 regresareis a la Tierra para colaborar con vuestra experiencia en la construcción de la gran nave que partirá al primer exoplaneta. Si tenéis alguna pregunta o comentario ahora es el momento.
—Fermión —expone Sharon— añoro fuertemente algunas cosas de la Tierra.
—Sharon le contesta él—, nada de lo expuesto es obligatorio, podéis renunciar libremente; pero yo sé lo que te pasa —se dirige a ella—, te aseguro que cuando regreséis a la Tierra verás a tu «Muñequita» —Le sonríe Fermión. Sharon llora por el recuerdo que le evoca Fermión y contesta alegremente.
—¡Yo no renuncio a nada!
CAPÍTULO III
(Las vacaciones de Rea)
Hoy se celebra el fin del primer año del sexto milenio. Top está en la terraza de su apartamento, en septiembre ha terminado su estancia en la burbuja se valoró muy positivamente su autosuficiencia y su capacidad para incorporarse con éxito y por sí solo en la sociedad en consecuencia se le ofreció la opción a un apartamento juvenil. Hace ya diez minutos de las doce campanadas, este año le han sonado a tristes, recuerda que las campanadas del año pasado, despidieron el año y a Rea. Suena su comunicador y oye.
—Hola Top. —Es Dysmonia, su madre a quien no le gusta nada que Top se haya ido a vivir solo—. Feliz año Top. ¿Por qué no te vienes aquí a la fiesta del centro? Está muy animada. —Top lamenta mucho no haber sido él quien llamara a sus padres, ahora solo él sabe que se le han adelantado por poco.
—Feliz año mamá estoy bien no te preocupes. ¿Me invitas a comer mañana?
—¡Claro que sí! —contesta Dysmonia ilusionada—, todavía me acuerdo de las cosas que te gustan. —Su voz tiene un toque de ironía. Top siempre está ocupado y hace días que no los ve.
—Hasta mañana mamá voy a llamar a Rea —le contesta Top. –
—Deséale un buen año de nuestra parte.
—Sí mamá así lo haré.
Hace un año que Rea se fue. Coge el comunicador y en la pantalla aparece Rea rodeada por chicos y chicas de su edad.
—Feliz año Rea. —Top ve a Rea contenta y feliz.
—Feliz año Top mis padres me han traído al club donde se reúne el personal del centro de investigación y sus familias. Top, te encuentro mucho a faltar —le dice Rea con voz emocionada—. ¿Dónde estás ahora?
—En la terraza de mi apartamento pensando en ti. —Top, oye la voz de Rea.
—Me apena que no hayas salido a celebrar el fin de año con nuestros amigos. —Mientras top ve por la pantalla cómo ella no deja de moverse al compás de la música, él sabe que a ella le gusta mucho el baile.
—Vale Rea te llamaré otro rato más tranquilo. —A Top le da la sensación de estar incordiando.
—Vale Top —contesta Rea— un beso. —Y se corta la comunicación. Top entiende que a Rea, en medio de tanto jolgorio le sea difícil prestarle atención y no ha querido prolongar la comunicación.
Se queda nostálgico y pensativo, lo entiende, pero se ha quedado un poco frustrado una voz le saca de su modorra.
—¡Top! ¿Estás ahí? —es la voz de Hydra
—¡Sí, Hydra, pasa! —Está contento. Hydra llega en el preciso momento en que necesita hablar con alguien.
—Feliz año Top —le desea Hydra dándole un fuerte abrazo y un beso esta chica siempre transmite optimismo, piensa Top.
—Oye ¿no estabas en la fiesta del local de actos? pregunta Top.
—Sí —le contesta Hydra— pero he pensado que estabas nostálgico y te he venido a ver. —Top se conmueve, hay alguien que se preocupa por él, aparte de sus padres.
—¿Y qué has hecho con Styx? —le pregunta Top.
—Lo he dejado contento y bailando. Oye Top. ¿Has felicitado a Rea? —Top piensa que el bueno de Styx es cómplice de la decisión de Hydra de venir a verle.
—Sí la he visto, estaba con sus padres en el club del centro en donde está.
—Seguro que la has visto contenta y bailado rodeada de amigos. ¿Verdad?
—Pues sí —contesta Top.
—Claro Rea tiene un carácter y una personalidad majísima Top. Y nadie puede estar siempre triste y tú tampoco. —Hydra le habla con mucha psicología.
—Claro que lo entiendo y… Qué buena eres Hydra —le dice Top con una sonrisa sobreponiéndose—, Hydra ¿qué quieres tomar? tengo la nevera llena de bebidas.
—Tráeme lo que quieras —le dice Hydra con el tono de él que es sorprendido en sus intenciones— ya conoces mis gustos pero sentémonos dentro, tengo frío.
Sentados en el pequeño sofá, Top esta pensativo sorbiendo su bebida. Se dirige a Hydra con voz muy suave.
—No sabes cómo te agradezco que hayas venido a verme necesitaba tu compañía. Hydra eres un ángel siempre estas donde se te necesita.
—Anda tonto, no exageres y no quiero verte triste voy a poner música —decide Hydra—. ¿Qué música quieres que ponga Top?
—La que tu elijas, seguro que me gustará. —Al rato suena una lenta y dulce melodía. Hydra ya se ha sentado al lado de Top, que sigue serio.
—Oye Top. ¿Por qué no me sacas a bailar? —propone Hydra.
—Claro que sí —responde Top, se levantan, se abrazan y siguen el lento compás. A Hydra le embarga un ataque de ternura hacia Top, cree que Rea no lo ha tratado bien. Al cabo de un rato Hydra confiesa con voz muy queda.
—Top… estoy muy a gusto.
—Y yo también —susurra Top y en la penumbra de la estancia ve brillar los ojos de Hydra se abrazan más fuerte y así están un buen rato. Top necesita afecto y cariño y Hydra necesita dárselo. Los dos quieren mirarse a los ojos y sin darse cuenta sus labios tropiezan en un apasionado y largo beso. Hydra separa su boca para pedir.
—Top abrázame fuerte… Muy fuerte. —Y empieza a jadear. Top siente que algo muy agradable le ocurre y susurra.
—Hydra… Hydra. —Y así pasan largos minutos, sin desear moverse, las mejillas de los dos se humedecen de sudor, hasta que Top dice—. Tengo que ir al baño necesito refrescarme.
—Anda ve —le contesta Hydra mecánicamente. Top entra deprisa en el baño, se quita pantalones y ropa interior está todo empapado, siente un poco de vergüenza, suerte que tiene un chándal colgado en la percha; se lava, se lo pone y sale del baño.
—Hydra mira que soy torpe al ir a refrescarme la cara me he mojado todos los pantalones y he tenido que cambiarme.
Hydra está mirando a Top fijamente con una sonrisa feliz y socarrona. Porque sabe perfectamente lo que le ha pasado, lo misma que a ella pero ella no tiene problema.
—No te preocupes Top esto puede ocurrirle a todo el mundo aunque no sea torpe —le consuela Hydra con un pequeño tono burlón que él no pilla.
—Gracias Hydra —agradece él su comprensión. Se sientan en silencio, relajados y felices. Un buen rato después anuncia Hydra.
—Top tendré que marcharme.
—Claro Hydra, lo entiendo. —Ella besa suavemente los labios de él y se va. Top queda, relajado, tranquilo, siente un gran bienestar y se queda dormido.
Top se despierta tarde y por culpa de la sensación de hambre, se prepara el desayuno y luego la ducha, normalmente es al revés, después se sienta a terminar de desvelarse se dice a sí mismo.
«Rea seguro que todavía duerme la llamaré por la tarde, ahora casi es la hora de ver a mis padres, iré andando, creo que me será bueno caminar.
Andando y pensando sin darse cuenta llega al lugar. Le abre la puerta Dysmonia su madre.
Dysmonia tiene cuarenta y tres años talla media morena guapa ojos color avellana, pelo rizado, figura muy femenina de ascendencia latina. Es investigadora en combustibles atómicos.
—Hola Top —Le abraza—. He estado cocinando para ti estos platos de siempre que tanto te gustan, en algún momento he pensado ¿y si no viene? Pues si no viene lo mato.
—Y seguro que lo hace. —Top oye la voz de Ganimedes, su padre—. Qué ¿cómo te van las cosas de emancipado? —Su tono es irónico.
Ganimedes tiene cuarenta y tres años es alto, moreno, delgado y fuerte de pelo rizado y ojos negros, de ascendencia latina. Es investigador en física atómica.
—Pues muy bien papá, cada vez me desenvuelvo con más facilidad —contesta Top con un tono arrogante.
—Top ya sabes que si tienes algún problema aquí tienes tu cuarto —le ofrece Ganimedes con tono conciliador.
—Papá, de momento no lo tengo, gracias. —Y sigue Top con su tono arrogante
Dysmonia ha preparado una generosa mesa, Top ha desayunado tarde y piensa «Tendré que comer aunque reviente». Durante la comida Dysmonia le pregunta:
—Top, ¿cómo esta Rea? ¿Seguís en contacto?
—Sí contesta Top—, está disgustada porque pensaba estar ausente un año y puede que sean dos.
—Bueno, el tiempo pasa muy rápido. A propósito Top en la fiesta de fin de año los padres de Calisto Eris y Namaka nos invitaron para dentro de dos días a su fiesta de despedida.
—¿Por qué? —pregunta Top perplejo.
—Claro tú no lo sabes porque no estabas en la fiesta, se celebra que Calisto y Muan han sido admitidos en el instituto para estudiar e investigar y sus padres, Eris y Namaka ingresarán en la zona cero y será difícil volverlos a ver.
—¿Tan pronto? —se sorprende Top, él sabía que esto tenía que suceder pero no tan pronto.
—Top —le sugiere Dysmonia—, díselo a Rea en cuanto la llames, sé que los quiere mucho y no te olvides de invitar también a Hydra y a Styx. —Después de comer opíparamente, cosas que le gustan Top se despide.
—Papá, mamá, he comido muy a gusto estoy súper lleno, me voy pasito a pasito a descansar.
—Vuelve pronto y si me avisas con tiempo entre los dos haremos el menú —le pide Dysmonia.
—Esto me gusta más —contesta Top.
Ya en su apartamento sentado y relajado coge el comunicador y llama a Rea.
—Hola Top —le saluda Rea. Top se queda pasmado de la sorpresa por la pantalla ve a Rea desnuda en una gran piscina, hace más de un año que no ve a Rea desnuda y recuerda de la última vez que la vio su cuerpo de niña y ahora lo que ve es a una hermosa mujer. Le saca de su estado catatónico la voz de Rea—. ¡Top!, ¡Top!, dime algo, ¿Qué te pasa? —Rea le pregunta pero intuye lo que le pasa.
—Nada, nada Rea, qué piscina tan bonita —consigue articular. Rea se molesta.
—Te gusta la piscina ¿eh? Y a mí ¿me has visto? —le dice Rea con enfado.
—Claro que sí —contesta Top—, los aires de este sector te están sentando divinamente.
—Gracias Top —le responde Rea muy coqueta.
—Rea el 5 de enero voy a una fiesta para celebrar la entrada de Muan y Calisto al instituto y la despedida de sus padres Eris y Namaka que la primera quincena de enero ingresan en la zona cero, como hace tres años hicieron tus amigos, Tau y Sharon.
—Qué pena que no pueda estar allí —se duele Rea.
—¿Cómo te van los estudios Rea? —le pregunta Top.
—Muy bien he hecho dos amigos son hermanos, Aelia y Ajax, espera que te los presento, esta es Aelia.
—Hola Aelia yo soy Top. —En la pantalla de Top aparece una guapa rubia de facciones simpáticas y dulces y algo llenita, pero todo lo suyo muy bien repartido, un conjunto muy sugestivo.
—Hola Top yo soy Ajax, Rea me ha hablado mucho de ti.
—Hola Ajax encantado de conocerte —le contesta Top, en la pantalla de Top aparece un chico rubio con una cara demasiado dulce y bonita para un hombre sus formas son suaves sus músculos poco definidos.
Top piensa que él, con sus músculos bien definidos, delgado y enjuto; al lado de Ajax parece rudo y sin pulir. Rea coge el comunicador para que la imagen los abarque a los tres. Top exclama:
—Ya veo ya que estáis muy unidos. —Ve a Ajax rodeando con un brazo la cintura de su hermana y a lo tonto con el otro la cintura de Rea.
—Top cariño —le dice Rea—. Te llamaré mañana. —Top piensa que nunca la pilla sola para hablar con tranquilidad y siempre tiene prisa. ¿Será que está muy a gusto con Ajax?
—Hasta mañana Rea —se despide Top.
Top se tumba a descansar, en realidad pensando en lo que ha comido, a hacer la digestión. Hoy ha tenido dos sorpresas, una el subidón erótico con Hydra y la otra el indefinido impacto emocional al ver a Rea con otros ojos. Hay cosas que no se las puede contar a nadie y decide contárselas a sí mismo.
«A Rea la conozco prácticamente desde que nací, desde entonces hemos sido inseparables, la quiero a rabiar no tengo secretos para ella; ella nunca me ha inspirado pensamientos eróticos, pero sí los he tenido con Hydra y Sepna. Me sorprende pensar que tengo pensamientos íntimos que compartiría con Hydra, pero no con Rea, porque pienso que no entran en su campo de comprensión. ¡Estoy hecho un lío!».
En vez de dormir se pone a soñar, rememora el episodio vivido con Hydra; pero en su ensueño sustituye a Hydra por Rea.
En su estado de modorra quiere recordar, como espectador episodios de su relación con Hydra desde que se fue Rea. Necesita analizar sus sentimientos y emociones.
Ve a un Top desesperado porque sin Rea tiene dificultad para estudiar; pero a los dos días aparece Hydra.
—Hola Top, te propongo que estudiemos juntos.
—Esto es una buena idea —le aplaude Top.
—Oye Top. ¿No recuerdas que se lo prometí a Rea? estabas tú delante.
—Sí claro pero no pensaba que fuera en serio.
—Pues es muy en serio —contesta Hydra. Desde entonces se reúnen a estudiar, sobre todo las complicadas matemáticas que a Hydra se le dan muy bien. Después de dos meses Hydra le plantea.
—Oye Top sé que te han aceptado a las charlas del doctor Fermión, tres días alternativos tendrás que asistir por la tarde y yo tendré que estudiar sola.
—Tienes razón Hydra, pero ¿qué puedo hacer? —se lamenta Top.
—Mira Top mañana hay baile en el local de actos y estará Styx, le quiero proponer que estudie con nosotros.
Styx tiene catorce años, pelirrojo y pecoso, alto y atlético, ojos grises es noble amable y muy sensible. Estudia biología.
—Claro se lo tendrás que proponer y convencer, y mientras yo bailaré solo —le dice Top con humor.
—No —le responde Hydra—, te presentaré a mi amiga Sepna.
—Bueno —accede Top—, la conozco de vista.
—Pero ella te conoce muy bien, porque hemos hablado mucho de ti.
—¿De mí? ¿Por qué? —se sorprende Top.
—Nada, nada cosas de mujeres —le contesta Hydra. Top sabe que no se va a enterar de nada más, aunque le gustaría.
Top recuerda perfectamente aquella tarde. A la que entran en el baile, Hydra encuentra enseguida a su amiga Sepna.
Sepna tiene catorce años, de piel morena tersa y brillante como el ébano, de pelo corto y rizado le da marco a un precioso rostro en el que resaltan dos inmensos y hermosos ojos de un azul intenso y unos labios carnosos de perfecto dibujo, es alta con un cuerpo delgado y flexible de piernas larguísimas y sus atributos femeninos muy bien desarrollados, tiene un carácter dulce y emotivo. Estudia psicología e historia.
—Sepna —la llama Hydra—. ¿Puedes venir? —Sepna acude con sus sugestivos andares femeninos, tiene una gracia especial.
—Hola Hydra. —La abraza y le da un beso.
—Top te presento a Sepna.
—Hola Sepna —contesta Top emocionado, siempre recordará la mirada de aquellos ojos azules.
—Hola Top —le contesta Sepna acercándose y besándolo. Hydra aprovecha para abrirse.
—Os dejo porque tengo que hablar con Styx.
Todos se divierten un montón riendo y bailando frenéticos ritmos, hasta que al caer la tarde cambia la iluminación y la música, todo es más suave.
Sepna pone sus brazos sobre los hombros de Top.
—Ay Top sostenme, que estoy muy cansada —le pide Sepna con voz cadenciosa. Top recuerda sonriendo que la abrazó de tal manera que no se iba a caer.
Mientras bailaba muy abrazado con Sepna vio cómo Hydra y Styx bailaban muy juntos y felices. Top recuerda que pensó para sus adentros.
«Seguro que le ha convencido», y así fue.
Desde entonces Top recuerda que estudiaban los tres y cuando iba a las charlas de Fermión, quedaban solos Hydra y Styx
Top ya libre de su modorra de recuerdos. Se da cuenta de que siempre que sale a bailar. Hacer deporte, o de excursión con Hydra y Styx, siempre aparece Sepna. Se le ocurre que Hydra puede tener un trato secreto con Sepna respecto a él, imagina a Hydra diciéndole a Sepna.
—Oye Sepna cuídame la mascota que la quiero mucho.
Top rompe a reír con ganas su loca ocurrencia. Oye el zumbido de su comunicador, es Rea.
—Top mis padres me acaban de dar una gran sorpresa, hace días que están en contacto con los padres de Calisto, Eris y Namaka y vendremos a su fiesta estaremos aquí una semana de vacaciones llegaremos el 4 de enero.
—Rea esto no es un sueño ¿verdad?
—Claro que no Top, díselo a Hydra y a todos.
—Estoy contento Rea —le responde Top—, estaré estos dos días que faltan sin poder dormir.
—Top… Que te quiero pero que muy muy despierto —le contesta Rea.
Ha llegado el día son las cuatro de la tarde. Suena el comunicador de Top.
—Hola Rea ¿dónde estás?
—Ya estamos en el transporter, llegaremos al hotel a las 22h —le contesta Rea con alegría.
—¿Quieres que venga a al hotel? —le pregunta Top ansioso.
—No Top —le contesta Rea—, mis padres están cansados y entre que nos instalamos, nos duchamos y demás se va a hacer muy tarde.
—¿Y cuándo nos veremos? —le pregunta Top impaciente.
—Mis padres y los padres de Calisto han quedado mañana a las 10h en el local del centro. Top tengo muchas ganas de verte y de contarte muchas cosas —le habla Rea con voz cariñosa—. Además mañana nos instalaremos en nuestra casa hasta que nos marchemos y estaremos mucho más cerca.
—Avisaré a Hydra a Styx y a Sepna para que vengan también.
—Top ¿quién es Sepna? —pregunta Rea muy curiosa.
—¿No te acuerdas de ella? —le pregunta Top—, es una amiga de Hydra. —Top cree que ha metido la pata.
—Hasta mañana cariño —oye la voz de Rea.
El local del centro a las 10h de la mañana, todos están reunidos Top, Hydra Sepna Styx, Dysmonia, Ganimedes, Calisto, Muan y por descontado Eris y Namaka. Están esperando impacientes la llegada de Rea y de sus padres Titania y Oberon.
Los padres de Calisto han organizado en el local una bonita fiesta, con desayuno música y almuerzo.
—Mira ya llegan —dice Top que impaciente no pierde de vista el horizonte, en efecto la vista del transporter se va agrandando hasta que se posa en el aparcamiento del local, baja la rampa, Top tiene a Hydra a su lado pero algo atrás. Rea sale del trasporter corriendo, Top abre los brazos pero Rea pasa de largo y abraza a Hydra.
—Rea, cariño qué alegría. ¿Cómo estás?
—Muy bien —dice Rea voy a abrazar a Top. Las dos lo miran. Top se ha quedado con los brazos semiabiertos como un espantapájaros las dos se ríen Sepna que está cerca también—. ¡Top!, ¡Top! —grita Rea y se abalanza sobre él los dos se funden en un fuerte abrazo, a Rea le saltan las lágrimas de felicidad.
—Rea me parece mentira. —Top está, profundamente emocionado, siguen fuertemente abrazados y no tienen ganas de soltarse tiene que intervenir Hydra.
—Bueno ya está bien, Top no puedes quedarte tú solo con Rea, ¡suéltala ya! —le dice con humor—, a nosotras también tiene que contarnos muchas cosas. —Rea mira a Hydra y con fijeza a Sepna.
—Y vosotras a mí —les contesta.
—Desde luego Rea —la secunda Hydra, pero ya de entrada te aseguramos que te hemos cuidado muy bien a Top
—Ya… ya… —contesta Rea y las tres se ríen.
En la sobremesa del desayuno todos reunidos Oberon le pregunta a Eris y a Namaka.
—¿Estáis decididos a ingresar en la zona cero? Ya sabéis que de los que han entrado no se ha vuelto a saber nada, por ejemplo, nuestras amigos Tau y Sharon que ya hace tres años que ingresaron.
—Estamos decididos —asegura Namaka—, es lógico que si tenemos que estar años viajando por el espacio se tengan que romper lazos y vínculos, que de otra manera podrían influir negativamente en nuestro estado anímico.
—Esto es muy duro —asegura Titania conmovida.
—¿Os dais cuenta de qué grupo formamos? —interviene Eris—, todos nosotros asistimos a las charlas del doctor Fermión que nos inculcó una pasión por las aventuras espaciales, luego a los dieciocho años entramos en el instituto a estudiar e investigar ciencias espaciales y treinta años después deseamos ingresar en la zona cero.
—Pero esto es muy duro —interviene Oberon—, dejar a tus hijos, tu ambiente, tus amigos para siempre.
—A ver razona un poco —le contesta Eris— yo y Namaka tenemos cuarenta y ocho años y nuestro hijo Calisto tiene dieciocho años lo tuvimos a los treinta años —se dirige a los padres de Rea— vosotros tuvisteis a Rea a los treinta años y lo mismo pasa con vosotros —se dirige a los padres de Top—. ¿No os dais cuenta de que todos estamos en distintas etapas del camino que nos llevará inexorablemente a la zona cero y al espacio?
—No estoy seguro de que vaya a pasar lo que dices —le responde Oberon.
—Yo estoy seguro que sí —asevera Eris levanta su copa y expresa con euforia—. Brindo para que dentro de cinco años nos encontremos, yo, Namaka, Oberon y Titania —los nombra señalándolos con su copa y luego dirige su copa nombrándolos a Ganimedes y Dysmonia— en el espacio. —Todos levantan su copa impresionados.
—¡Que así sea! —termina Eris.
Hasta la hora de comer parece que no hay otro tema excepto un buen aporte de los padres de Rea Oberon y Titania, se les conoce su don de amena oratoria en explicar sus experiencias del sector en que habían estado.
Oberon tiene cuarenta y tres años altura media, complexión muy fuerte, rubio ojos color acero, ascendencia nórdica. Es investigador de robótica.
Titania tiene también cuarenta y tres años rubia, ojos azules, delgada muy fuerte pero muy femenina. Investigadora en biónica.
La comida transcurre en silencio. Parece que la anterior discusión les ha abierto el apetito. Después de comer dice Rea.
—Papá, mamá. ¿Podría esta noche quedarme a dormir en el apartamento de Hydra? Hydra la apoya enseguida.
—Titania, yo cuidaré de ella no os preocupéis.
—De acuerdo —acceden Titania y Oberon.
—Si no os importa —propone Top— nosotros nos vamos, no queremos estorbar vuestros temas. —Todos ríen y acceden, las intenciones de Top se ven a la legua.
—Vale idos —les dice Oberon sin dejar de reír.
Top, Rea Hydra Styx y Sepna desaparecen contentos. Hydra organiza.
—A ver paremos un momento, tú Rea y tú Top tendréis muchas cosas que contaros, propongo, que vosotros os vayáis al apartamento de Top, y cuando estéis hartos de contaros cosas, Top nos traes a Rea a mi apartamento y te vas, que ya será tarde.
—De acuerdo Hydra —dice Top contento.
—Vale Top, pero como la cenicienta no os paséis de la hora, Titania es muy ladina y puede que en vez de llamar a Rea me llame a mí, Hydra dile a Rea que se ponga Hydra —lo dice imitando la voz de Titania— y yo ¿qué hago? —Todos se ríen.
Top y Rea se cogen de la mano y se van caminando contentos al apartamento de Top. Sus deseos de llegar hacen que el camino les resulte largo.
Top abre la puerta, Rea entra despacio observándolo todo.
—Top, tu apartamento es muy bonito, tienes mucho gusto organizándolo todo. Rea esta gratamente sorprendida, recordaba a un Top bastante dejado.
—Me alegro mucho que te guste Rea.
—Además —añade Rea— has aprendido mucho en limpieza y orden. —Los dos se ríen. Rea se da cuenta de que Top está nervioso emocionado y que no da una.
Rea se sienta en el sofá y Top lo hace a su lado.
— Rea —le habla Top—, nos hablamos cada día por el comunicador pero siempre de estudios de las charlas con Fermión de pequeñas cosas. —«Claro», piensa Rea para sus adentros. «Porque hasta hace poco le hablabas a una niña».
—Me gustaría que me contaras cosas de tu ambiente de lo que haces cuando no estudias de tus amigos en fin cuéntame.
—Bueno Top a mis mejores amigos ya los conoces son Aelia y Ajax.
—Ajax es muy buen amigo tuyo ¿verdad? —le pregunta Top con tono inquisidor que no pasa desapercibido para Rea—. Vi cómo te abrazaba allí en la piscina. —Rea lo mira sorprendida y rompe a reír a carcajadas.
—Rea ¿qué te ocurre de qué te ríes? —le pregunta Top molesto. Rea mira fijamente la cara de Top no quiere perderse detalle de sus expresiones
—Top —le suelta Rea—, Ajax es mi mejor amiga. —Ve la cara de Top y rompe a reír, entre risas le dice—. Yo nunca te dejaré a solas con él. —Top está perplejo nunca lo hubiera imaginado—. Top ¿no te han contado en la escuela que existe atracción entre hombres y mujeres pero también hay hombres que les atraen los hombres y mujeres que les atraen las mujeres? —Rea no para de reír.
—Sí claro Rea pero veía esto desde tan lejos…
Rea deja de reír se pone seria y se levanta del sofá y mira fijamente a Top.
—Top abrázame, aquí a solas cuando he llegado con tanta gente, he deseado con fuerza este momento. —Top la abraza ella lo estruja con pasión, se miran a los ojos. Top esta alelado tiene a su Rea en brazos y no sabe qué hacer, Rea se da cuenta pero ella sí sabe qué hacer, estampa sus húmedos labios contra los de Top él reacciona enseguida y se le ocurren muchas cosas.
Después del largo beso Rea aparta su boca para hablarle.
—Top hace unos pocos meses que sueño hermosas fantasías contigo que me hacen muy feliz, cuando me vaya quiero llevarme realidades para recordar.
Top no entiende pero le dice:
—Claro que sí, Rea.
Rea se separa y le quita el sayo a Top, luego se quita el suyo, Top mira absorto y feliz el torso desnudo de Rea.
—Rea eres preciosa —atina a decirle Top.
—Dame tus manos, Top —le pide ella con voz trémula lentamente, mirándole fijamente acerca las manos de Top a sus senos apretándolos. Top está feliz inmensamente feliz tontamente paralizado sin ninguna iniciativa, solo dice:
—Rea te quiero. —Rea lo vuelve a abrazar—. Rea quiero otro beso —le pide Top, ella se lo da mientras termina de desnudarlo y empuja a Top hasta sentarlo en la cama y se pone a horcajadas sobre él.
—Top cariño esto ya no será para mí un sueño de fantasía. —Y se penetra ante la sorpresa de Top que siente explotar el universo.
—Rea… Rea… te quiero —susurra Top—, no quiero que te vayas.
Y así unidos no pueden dejar de amarse y pierden la noción del tiempo.
Después quedan tendidos felizmente agotados, pero el tiempo pasa, Rea le recuerda:
—Top tenemos que irnos.
—Sí, Rea me doy una ducha y me visto.
—Yo también —contesta Rea y hacen el pequeño milagro de meterse los dos en la pequeña cabina, ducharse les lleva bastante tiempo. Rea repite:
—Tenemos que irnos Top. —Ya en el camino le comenta—. Esta semana se me va a hacer muy corta. —Y mirando a Top sigue—: Será la mejor de mi vida.
—Cuando regreses —le contesta con entusiasmo Top— yo haré que cada día sea el mejor de tu vida. —Ella se emociona y llora se abraza a Top y le dice:
—Cállate ya que así no vamos a llegar nunca.
Cuando por fin llegan al apartamento de Hydra encuentran solo a Hydra y a Sepna
—Hola Rea —y se abrazan—, hola Top. Con tantas horas os habréis contado muchas cosas. —Hydra y Sepna observan a Rea, su cara feliz delata muchas cosas, se miran las tres, Hydra exclama—. ¡Ay que sueñoooo! ¿Nos vamos a dormir? Styx ya se ha ido Top. —Y las tres se quedan mirando a Top.
—Sí… sí yo también me voy, hasta mañana. —Las ve sonriendo a las tres y se da cuenta de que Styx no se ha ido lo han echado, igual que a él. Por el camino a su apartamento confuso y asombrado piensa que a las mujeres se las entiende cuando son niñas, después desde luego que no.
En cuanto cierra la puerta tras de sí del apartamento de Hydra, se reúnen las tres con entusiasmo. Empieza Hydra.
—¿Rea todo va bien con Top?
—Inmejorable —les contesta Rea mirándolas con suficiencia—, antes solo soñaba fantasías, ahora, cuando esté sola podre evocar realidades. —Hydra y Sepna la miran con envidia—. Sabéis —les cuenta Rea—, Top tenía celos de Ajax. —Las tres se ríen con ganas.
Lo que no sabe Top es que Hydra y Rea se hablan frecuentemente y largamente por los comunicadores. Hydra sabe y conoce mucho más a la nueva Rea de lo que jamás la conocerá Top.
—Pero se lo he dejado bien claro —asegura Rea.
—¿Qué le has dicho? —pregunta Sepna.
—Que a él —aclara Rea— no lo dejaría nunca a solas con Ajax. —Las tres rompen a carcajadas. Luego se quedan pensativas. El silencio lo rompe Sepna muy aficionada a la historia, de la que es estudiante y de filosofía también.
—Las mujeres de hoy somos afortunadas de poder actuar con libertad y ser nosotras mismas, sobre todo con los aspectos importantes de la vida. Hasta bien entrado el segundo milenio, las mujeres tenían comprometida su intimidad por el himen.
—¿Por el himen? —pregunta Hydra extrañada.
—Sí, sí, por el himen —confirma Sepna— las mujeres nacemos precintadas y los hombres, por su soberbia quieren ir de estreno, en un tiempo las mujeres no vírgenes eran rechazadas para el matrimonio.
—Esto es absurdo —exclama Rea.
—Es un atropello —añade Hydra.
—Claro si una mujer perdía el himen con un hombre cuando, encontraba a otro se descorría el telón de su intimidad el precinto estaba roto y este siempre le preguntaba. —Y aquí Sepna escenifica graciosamente sus explicaciones—. «Cariño. ¿Cuándo fue? ¿Cómo fue? Y ¿por qué?». Y ellas respondían: «No lo sé porque lo pasé tan mal que no quiero acordarme». —Las tres ríen con ganas porque toda mujer se acordaría de esto con pelos y señales—. Luego el hombre les preguntaba. «Cariño ¿soy el segundo?». Y la mujer siempre contestaba con voz inocente, «claro que sí, cielo», mientras su mente pensaba: «Joder ahora no recuerdo si es el 221 o el 222».
Ahora sí que la explosión de carcajadas atronó el apartamento
—Pero esto se acabó —aclaró Sepna con energía— a finales del segundo milenio las mujeres con su lucha consiguieron que por ley universal, a las mujeres en su primera infancia les rompieran el himen quirúrgicamente y así quedaba protegida su intimidad.
—¡Bravo! ¡Bravo! —exclaman Hydra y Rea aplaudiendo.
—¡Claro! —exclama Hydra con voz de descubrimiento—, si ahora un chico te pregunta cariño ¿soy el primero? A todos puedes decirles sí mi vida eres el primero. —Otra vez las carcajadas fueron atronadoras.
Si Top hubiera estado presente ¡cuánto hubiera aprendido!
—Pero aún hay más —comento Sepna—, las pobres chicas que quedaban embarazadas que eran solteras y el padre de la criatura las abandonaba, por una hipócrita ética religiosa que afortunadamente de esto hace unos milenios que nos hemos librado, no se les permitía abortar además eran seres débiles desprotegidas por la ley contra quienes se cebaba el sadismo y la maldad de los cobardes de la sociedad.
—¡Esto es horrible! —exclama Rea.
—Espero que esto no se repita jamás en la historia de la humanidad —desea Hydra.
—Pero tranquilas —continua Sepna—, hoy no tenemos problema, si te quedas embarazada te avisa el implante, vas de inmediato al centro de Materna más próximo donde te extraen el embrión y lo congelan a ti te insertan un código en tu implante y en cualquier momento puedes pedir tenerlo. Esto nos da la auténtica igualdad con los hombres.
—No somos iguales, somos superiores —puntualiza Rea—, porque somos más listas. Las tres vuelven a las carcajadas, la velada ha sido instructiva y súper divertida, se lo han pasado muy bien y el tiempo se les ha ido volando.
—Tengo que irme —se despide Sepna con mucha pena—, mañana nos veremos a media mañana porque nos despertaremos tarde.
—Vale Sepna gracias por todo —le dice Rea abrazándola—, hasta mañana.
Cuando quedan solas Hydra se lamenta.
—Estoy muerta de cansancio me quiero acostar.
—Y yo también —contesta Rea.
—Bueno Rea esta es mi cama en la que hemos de dormir las dos, no sueñes que estas con Top ¿eh? —se ríen.
Cuando están acostadas con la luz apagada, Rea suspira.
—Sabes Hydra te agradezco mucho lo que me dijiste la noche que nos despedimos, a ti ya te he contado que conocí a otros chicos.
—Sí claro —le interrumpe Hydra— para fijar tus sentimientos con Top, si además de como hermano le querías de otra manera.
—Sí Hydra y he descubierto que lo quiero de todas maneras, pero Top me ha hecho sufrir mucho, él me llamaba cada día y me hablaba como a su hermana pequeña con muchas palabras de cariño, pero ninguna de amor.
—Pero Rea —pregunta Hydra—. ¿Ayer te trató como a una hermana?
—No desde luego que no —ríe Rea—, esta noche soñaré lo de ayer. —Hydra también ríe.
—Buenas noches —le dice Hydra, dándole un beso y un abrazo. Rea no suelta el abrazo.
—¿Sabes Hydra? Cuando me abrazas siento el placer de sentirme protegida.
—Y yo el placer de protegerte —le contesta Hydra. Y se durmieron.
Son las diez de la mañana cuando Rea se despierta porque tiene la inquietud de que en pocos días tendrá que marcharse.
—Hydra, arriba que ya son las diez —le grita Rea.
—Pero Rea, yo pensaba levantarme más tarde es mucho más temprano de lo que pensaba —se queja Hydra—, yo todavía tengo sueño.
—Vamos date una ducha y se te pasará —la anima Rea—, venga tú primera y luego yo. —Y empuja a Hydra a la ducha.
—Rea no veo ni los grifos —dice Hydra bostezando. Rea sí los ve sobre todo el del agua fría. ¡Aaaaaaaah! —grita Hydra—. ¡Me vengaré!
—Ves Hydra ya estás despierta —le contesta Rea riendo.
—Hydra —le propone Rea—, voy a llamar a Sepna y a Styx para que vengan, si mientras llegan no viene Top pasamos los cuatro a buscarlo a su apartamento.
—Esto será lo mejor —asegura Hydra— porque Top no vendrá.
—¿Por qué? -—pregunta Rea.
—¿No recuerdas que ayer lo echamos a la calle diplomáticamente?
—Pero esto no fue nada Hydra… Por favor —razona Rea.
—Para él fue mucho porque lo tienes muy sensibilizado y él tiene su corazoncito.
—Bueno… Si es esto yo haré que se le pase —contesta Rea divertida.
—Seguro que sí —asevera Hydra riendo. Cuando llegan Sepna y Styx se van a buscar a Top.
A Top lo encuentran sentado en la puerta de su apartamento.
—Hola Top —le saluda Rea—, pensamos que vendrías a buscarnos.
—No Rea —le aclara Top— no lo he hecho ni os he llamado para no despertaros, estaba seguro de que os acostaríais tarde. —Rea no se atrevió a preguntarle por qué estaba seguro.
—Ya que estamos todos —propone Hydra—, podemos ir a buscar a Calisto y a Muan para estar con ellos, recordad que en seis días Eris y Namaka ingresarán en la zona cero, podemos ir a desayunar juntos.
—Yo ya he desayunado —dice Top—, he dormido poco.
Rea le da un beso en la mejilla en un subidón de ternura porque sabe él por qué. Cuando llegan a casa de Eris y Namaka Calisto sale a recibirles.
—Calisto nos gustaría que tú y Muan nos acompañarais a desayunar —les propone Sepna.
—Quiero quedarme con mis padres estos días —les anuncia Calisto con voz triste—, antes no sabíamos de qué hablar y ahora tenemos un montón de cosas que decirnos. —Los padres de Calisto salen a saludarles.
—Rea tú en cinco días tendrás que marcharte —le recuerda Eris—, y yo y Namaka dentro de seis días ingresamos en la zona cero. ¿Qué os parece si hacemos otra fiesta de despedida en el local del centro al mediodía del cuarto día? Ya nos despedimos una vez —recuerda Eris porque pensábamos que nos sería bueno estar solos unos días antes de irnos, pero necesitamos volver a ver a nuestros amigos. Avisad a vuestros padres.
—Seguro que les encantará —responde Top en nombre de todos. Con pena dejan a Calisto y a Muan en su casa y se van a desayunar al centro, durante el desayuno Top y Rea no paran de mirarse, Rea se acerca a Top.
—Tendré que ir a comer con mis padres. —Hydra que lo oye le aconseja.
—Después de comer diles que has quedado conmigo.
—Gracias Hydra. —Se ríen las dos, luego Rea dirige su mirada a Top—. Top ¿quieres que estemos juntos esta tarde? ¿Verdad?
—Claro Rea, ni me lo preguntes —responde Top. Y hablando de lo rápido que pasa el tiempo llega mediodía.
—Rea vamos que te acompaño a tu casa —se ofrece Hydra.
—Gracias Hydra.
—A ver si Titania se creerá todo lo que le propongamos —duda Hydra.
—Supongo que sí —dice Rea—, a mi madre le gusta ser comprensiva. —Llegan a casa de Rea Titania sale a recibirles.
—Hola Titania. ¿Te importa que después de comer venga a buscar a Rea?
—Claro que no —contesta Titania—. ¿Y Top?
—Esta con Styx y Sepna —contesta Hydra—. Oye Titania con Rea tenemos muchas cosa que decirnos, ¿te importa que se quede a dormir conmigo? —le pide Hydra—, es que quedan ya pocos días para estar juntas.
—Bueno —accede Titania—, ¡pero a dormir contigo! ¡Vale!
—Sí… Claro que sí —responde Hydra muy sorprendida por el tono de Titania, es muy lista y parece que sospecha cosas. Por la tarde Hydra va a buscar a Rea.
—Hola Titania me llevo a Rea, todos nos están esperando en mi apartamento.
—Vale Hydra —responde Titania con resignación. Hydra y Rea con mucha ilusión se dirigen al apartamento de Top a medio camino Hydra exclama:
—Mira Rea allí está Top. —Este se acerca a ellas, se le ve desde lejos que está contento.
—Top no nos devuelvas a Rea muy tarde, nos la traes y tú te vas. ¿De acuerdo?
—De acuerdo, Hydra —responde Top.
Top y Rea caminan felices al apartamento cuando llegan Top abre la puerta.
—Pasa Rea. —Ella entra y detrás Top que cierra la puerta, al fin solos, les embarga la emoción en sus estómagos sienten como si se echaran a volar miles de mariposas Rea mira fijamente a Top y lo abraza muy fuerte.
—Top, estaré un año sin verte, lo quiero todo de ti.
Hace rato que se ha hecho de noche, Top y Rea no aparecen, Hydra ya se preocupa oteando el camino por donde han de llegar Sepna anuncia.
—Mira Hydra por allí llegan. —En efecto sin prisas y muy felices se acercan Top y Rea.
—Hola Hydra, hola Sepna —saluda Top.
—Hola Top —le contestan mirándole fijamente.
—Bueno que yo ya me voy ¿eh?
—Vale buenas noches Top —le contestan las tres riendo. Parece que esta vez Top no se va tan molesto.
Cuando han cerrado la puerta Rea levanta sus brazos girando su cuerpo en varias vueltas.
—¡Síííííí! Soy muy feliz con Top. —Y de repente se pone seria—. Y esto se acaba —se lamenta Rea—, tengo miedo de que Top se vaya a buscar consuelo por otros ámbitos lejanos a nosotras, me aterra pensar que le pueda gustar la convivencia con otra.
—Bueno… Bueno —le responde Sepna—, esto no tiene por qué pasar.
—Confió en vosotras para que no pase —responde Rea.
—¿Y qué podemos hacer nosotras Rea? —le pregunta Hydra.
—Hacer lo que sea, no me importa con tal que no desee convivir con otra —contesta Rea con decisión.
—Rea, lo que propones es muy fuerte —le indica Hydra.
—Creo que te entiendo —interviene Sepna.
—Pero luego no te enfades ¿eh? —Hydra y Sepna ríen con gana, Rea no ríe. Sigue preocupada—. Rea no te preocupes solo haremos lo justito para que pierda presión y no estalle. ¿Vale?
—Gracias Sepna —le agradece Rea.
—Y tú Rea. ¿Qué vas a hacer durante este largo año? ¿Eh?
—Pues no lo sé —responde Rea.
—Mira —observa Hydra— nosotras cuidamos de Top. ¿Y quién cuidará de ti? —Rea no sabe qué responder, las tres ríen.
Sepna, para no marcharse se ha traído un catre de campaña para dormir con ellas.
La noche se hace corta comentando entre risas cómo cuidar de Top. De pronto Rea se ha puesto muy seria.
—Hydra en tres días será la fiesta de despedida, el día antes quiero pasar la noche con Top, hasta el mediodía, porque después de la fiesta ya tendré que estar con mis padres esperando que el transporter nos venga a recoger.
—Bueno Rea —se ríe Hydra— esta petición tendremos que ensayarla para que salga bien.
Ha pasado otro día, mañana es la fiesta de despedida.
Son las nueve de la mañana, Rea se despierta.
—¡Rea es muy temprano queremos dormir un poco más! —protesta Hydra.
—¡Claro que sí! —añade Sepna.
—Perdón —les pide Rea—, pero esto es tan pequeño que a la que me he movido os he despertado. Esta noche no dormiré con vosotras y no os despertaré.—Habla con ilusión.
—Vale Rea ya me has quitado el sueño —responde Hydra—, esto tenemos que planificarlo.
—Yo tampoco tengo sueño os ayudo a planificar —se ofrece Sepna con entusiasmo.
—Empecemos pues —propone Hydra—, vamos a llamar a Styx y a Top para que vengan a recogernos y luego nos vamos a desayunar al local, allí nos lo pasaremos bien hasta el mediodía.
—Puede que encontremos a Calisto y a Muan, porque tendrán que organizar la fiesta —sugiere Sepna.
Rea propone:
—Podemos comer todos juntos.
—Vale más que no —asegura Sepna—, porque Titania pensará que te tiene mucho tiempo perdida de vista y querrá verte después de comer.
—Es verdad —reconoce Rea—, tengo que ir a comer a mi casa.
—Y luego —planifica Hydra— yo te vengo a buscar y le pido a Titania que te deje dormir en mi casa. —Rea mira sonriente a Hydra y a Sepna y exclama:
—¡Cuánto sabéis! ¡Sois geniales!
—Y hay cosas importantes —avisa Hydra—, estarás con Top desde las cinco de la tarde de hoy hasta las once de la mañana de mañana. Si Top tiene la nevera vacía ¿qué pasara? —Rea se queda pasmada. Hydra y Sepna ríen con ganas.
—No te preocupes Rea —propone Sepna—, cuando venga Top hablaremos con él y después de desayunar iremos con él a comprar, las cosas que te gusten a ti.
—¡Vale! —contesta Rea divertida—. No pasa mucho rato cuando se oye a Sepna.
—Mira por allí viene Styx.
—Y por allí viene Top. —Cuando llegan Hydra abraza fuerte a Styx y claro, Rea abraza a Top. Sepna piensa muy seriamente: «Esto no puede ser tengo que buscar a alguien para mí». Ya camino del local Hydra saca la conversación.
—Top ¿cómo tienes el apartamento? —A esto contesta Rea.
—Lo tiene muy bonito, Top ha mejorado mucho. —A él se le nota la satisfacción.
—¿Y la nevera? —dispara Hydra. Top se demuda, en esto no había pensado, por su expresión Hydra deduce—. Vaya… Que está vacía ¿verdad Top? No pensarás que Rea solo come besos. ¿Verdad?
—No te preocupes Top —interviene Sepna—, después de desayunar te acompañamos a comprar todo lo que le guste a Rea.
—Sí… sí, claro —accede Top—, en esto no había pensado… Tengo bebidas. —Top se acerca a Rea—. Oye iremos a comprar y pide lo que quieras.
—Top ¿ya tienes créditos? —le pregunta ella con voz muy queda.
—Claro que sí cariño, sin ti no salgo y he ahorrado mucho, quiero que pidas lo que quieras.
—Top cariño —le dice Rea conmovida—, cada vez que abres la boca me emocionas. —Lo abraza y lo besa.
—Ya está bien, que hemos de ir de compras —interviene Hydra.
Ya en el local desayunando esperan ver a Calisto y a Muan, pero no aparecen, ya los verán mañana.
Todos acompañan a Top a comprar. Top está contento y feliz, solo piensa que tiene que aprender cómo decirle las cosas a Rea, porque esto de «Cariño lo que tú quieras» ella se lo aplica al pie de la letra y resulta ruinoso.
Después de comprar ya es casi mediodía. Hydra comenta.
—Ahora sí seguro que os lo pasareis bien del todo. —Ríen con ganas.
—Top, Styx, Sepna y yo acompañamos a Rea a su casa y tú coges tu compra y te vas a la tuya.
—Sí, Hydra y ¿cuándo nos vemos? —pregunta Top.
—A las cinco de la tarde nos podemos encontrar como siempre.
—Bueno… —Top se lo está pasando bien y es reacio a irse.
—Adiós Top lo despide Hydra para decidirlo
—Adiós a todos hasta luego Rea, se despide Top
—Hasta luego —lo despide Rea lanzándole un beso
Son casi las cinco de la tarde, Hydra va a buscar a Rea, lo tiene fácil, es la última noche que Rea pasará con sus amigas, Oberon y Titania están muy complacientes.
—Hasta mañana mamá, hasta luego papá —se despide Rea.
—Hasta mañana Rea, hasta mañana Hydra —las despiden Titania y Oberon. Como ya es habitual a medio camino las espera Top ansioso.
—Top —le recuerda Hydra—, mañana a las doce en el local con la cara lavada y sin ojeras.
—Vale Hydra —se ríe Rea. Se va con Top cogidos de la mano. Cuando Rea entra en el apartamento se queda maravillada—. ¿Top esto lo has hecho tú? —Se refiere a una mesa con comida y bebida de lujo presentada con gusto.
—Claro Rea. ¿Quién va a ser? —Rea se sienta en la mesa y va a pillar algo.
—¡No! ¡No! —le prohíbe Top—, acabas de comer y esto es para cenar. Rea sonríe con resignación
Al día siguiente en el local Hydra está nerviosa, pasan quince minutos de las doce y Top y Rea no aparecen, si tardan y Titania le pide explicaciones no va a saber qué decir, son las12 y 25 minutos.
—Mira Hydra por allí aparecen. —Los divisa Sepna. En efecto despacito y felices llegan Top y Rea cogidos de la mano. Hydra suspira.
—Menos mal.
Hydra y Sepna a la que pueden pillar a Rea sola la abordan.
—Oye Rea cómo te ha ido.
—He comido de maravilla —les contesta Rea
—¿Pero cómo se puede ser tan materialista? —le contestan ellas muy frustradas.
—Aquí os digo que la comida muy bien, «lo otro» lo hemos de hablar mucho rato por el comunicador.
—Vale Rea. —Y se ríen las tres. Rea está muy feliz.
La comida transcurre triste, en la fiesta anterior había la alegría de la llegada de Rea y la de sus padres y en la de ahora se celebran dos despedidas.
En la sobremesa Eris y Namaka les recuerdan.
—Estamos seguros de que en unos años nos volveremos a ver en algún lugar del espacio, brindo para que así sea.
Todos levantan su copa con un silencio total. Son las cinco de la tarde, nadie tiene prisa excepto Oberon y Titania.
—Lo siento —les anuncia Oberon—, nos tenemos que ir, mañana temprano nos recoge el transporter y tenemos mucho que hacer.
—Y pasado mañana de madrugada nosotros —hablan nostálgicos Eris y Namaka.
Titania y Oberon se acercan al grupo de Top y Rea.
—Vamos Rea tenemos que irnos. —Top Hydra Styx Sepna Titania y Oberon los nombran a medida que les dan un abrazo. Rea que ha estado hasta entonces visiblemente tranquila se abraza a Top y rompe a llorar así están varios minutos.
—Rea despídete de Eris y Namaka —le manda Titania.
Rea se separa despacio de Top y se dirige a Eris y Namaka, los abraza llorando, piensa que no los verá más.
Titania pasa su brazo por los hombros de Rea y se despide.
—Hasta pronto un año pasa deprisa. —Rea y Top no se pierden de vista mientras pueden.
Top se siente solo y esta anonadado, le aterroriza la idea de entrar en su apartamento y sentirlo tan vacío, no cree que pueda resistirlo. Sepna hace rato que lo está observando y se da cuenta de lo que le ocurre, se acerca a él.
—Top, Hydra y Styx tienen muchas cosas que decirse.
—¿Te acompaño a tu apartamento y me invitas a comer algo? Porque… no os lo habréis comido todo, ¿verdad?
—Te invito Sepna —le dice Top con una sonrisa triste—, y gracias porque me da miedo estar solo.
—Lo comprendo —le dice Sepna—. ¿Vamos?
Cuando Top abre la puerta del apartamento, Sepna contempla un auténtico campo de batalla, la cama esta deshecha, la ducha con toallas por el suelo, a la mesa se le adivina un buen gusto en su preparación.
—Oye Top parece que en comer no os habéis entretenido mucho —observa Sepna al comprobar que manjares muy buenos están sin tocar. Top sonríe, se sienta en el sofá y Sepna se sienta a su lado.
—Sepna —reflexiona Top—, es increíble cuando alguien se marcha la sensación de vacío que te produce yo no me atrevía a entrar solo, gracias Sepna.
—No te preocupes Top —le dice ella con voz emocionada— lo hago muy a gusto.
—Oye Sepna pasado mañana de madrugada un transporter recogerá a los padres de Calisto en la terraza de su casa, Calisto y Muan seguro que estarán con ellos y van a sentir esta horrible sensación de vacío. ¿Qué te parece si tú, yo, Hydra y Styx les hacemos compañía esta madrugada?
— Magnífica idea Top ya hablaré yo con ellos. —Sepna mira a Top con dulzura—. Eres todo sensibilidad —le dice abrazándolo y dándole un beso.
En la fría madrugada del día 12 de enero del año 6002 están sentados en la terraza Eris, Namaka, Calisto, Muan, Top, Styx Hydra y Sepna, esperando que llegue el transporter.
Eris tiene cuarenta y ocho años es de talla media, complexión normal, pelo liso y rasgos orientales. Es investigador en propulsores.
Namaka tiene cuarenta y ocho años, talla media, guapa de complexión fuerte pero femenina pelo rizado, ojos negros y rasgos latinos. Es investigadora en programación.
Eris les habla emocionado.
—Top, Hydra y compañía jamás olvidaremos este gesto vuestro de estar, en estos momentos a nuestro lado, nos vamos más tranquilos sabiendo que estáis aquí con Calisto y Muan. Namaka y yo os queremos.
Se oye el zumbido de los gravitores del transporter, poco después se despliega la rampa a los pies de Eris y Namaka, todos están en silencio, los miran a todos y suben por la rampa, la rampa se cierra, instantes después miran absortos al transporter iluminado que se aleja hacia poniente, cuando el transporter desaparece se miran entre sí y rompen a llorar.
* * * * *
Eris y Namaka ven por el ventanal del transporter a Calisto y a su grupo de personas tan querido y cuando el transporter asciende ven absortos cómo empequeñecen hasta confundirse con la gran masa verde de la ciudad.
—Eris —habla Namaka con voz muy trémula—, siento una gran congoja.
—Yo también, espero que se nos pase.
A media mañana el transporter llega a destino.
—Mira Namaka ya estamos descendiendo. —A ella sumergida en sus emociones le ha parecido un viaje muy corto. Ven cómo se abre la rampa. Un robot con dos asientos acoplados les manda.
—Bienvenidos sentaos el doctor Fermión os espera.
El robot les lleva hasta el despacho de Fermión, delante de la mesa de despacho, desacopla los asientos, se va, y los deja allí sentados.
—Eris —confiesa Namaka—, estoy muy emocionada. —Transcurren unos minutos y aparece Fermión.
—Fíjate Eris, en tantos años prácticamente Fermión no ha cambiado —se sorprende Namaka.
—Es increíble —asegura Eris. Fermión se acerca a saludarles.
—Hola Namaka —le da la mano y la abraza. Igual hace con Eris. Les habla Fermión.
—Imagino vuestro estado anímico, y quiero haceros unas reflexiones, sé que estáis muy preocupados, especialmente por vuestro hijo Calisto. Pensad que el ser humano, por ley de vida, está muy condicionado para soportar la pérdida de sus ascendientes, padres, abuelos, etc. pero no lo está en absoluto por la pérdida de sus descendientes. A vuestro hijo Calisto le haremos llegar informaciones sobre vosotros de que estáis bien. El soportará muy bien vuestra ausencia y vosotros conoceréis continuamente noticias de Calisto.
»Y ahora os voy a dar una sorpresa. —Eris y Namaka están callados y atentos—. Estos serán vuestros anfitriones. —Tau y Sharon aparecen. A Namaka se le escapa un grito de sorpresa.
—Pero estáis muy bien —dice Namaka sorprendida.
—Esto es increíble —razona Eris— tenéis tres años más que nosotros y no aparentáis más de treinta. —Tau y Sharon se van acercando, Sharon abraza a Namaka, que llora de alegría y luego a Eris. Fermión los interrumpe.
—Yo os tengo que dejar, Eris, Namaka bienvenidos, durante dos días vuestros anfitriones serán Tau y Sharon, pronto nos veremos. —Una vez se ha marchado Fermión, inician una animada conversación que la empieza Sharon.
—Oye Namaka. ¿Estáis en contacto con Rea y con sus padres, Titania y Oberon?
—Sí, hemos estado juntos hasta el último momento, cuando nosotros nos incorporamos a la zona cero hacía solo dos días que ellos habían salido a su nuevo sector.
—¿Han cambiado su residencia? —pregunta Tau.
—No de ninguna manera solo es temporal por motivos profesionales —contesta Eris.
—Hemos de hablar con Fermión, Tau él me prometió que cuando llegara a la Tierra vería a mi muñequita y llegamos en diciembre del 6000 y estamos en enero del 6002 y todavía no la he visto.
—No es que Fermión se haya olvidado —le razona Tau—… Tú sabes que hemos tenido muchos y delicados cambios desde que llegamos a la Tierra y esto lleva su tiempo.
—De todas maneras se lo recordaré —insiste Sharon— aprovecharé que hemos de ver a Ovidio para que le pida una entrevista.
Fermión los recibe en su despacho.
—Sí ya sé lo que queréis, lo prometido es deuda —les concede Fermión— desde el día 10 de enero de 6002 que Oberon Titania y Rea están en su destino provisional de trabajo. Voy a pedir que les rebajen de actividades el día 14, ya he averiguado su dirección y pongo un trasporter de la zona cero a vuestra disposición.
—¿Y cuándo los veremos? —pregunta Sharon impaciente y emocionada.
—Lo organizaré para que el día 14 de enero estéis allí —les promete Fermión
—¡Gracias Fermión! —contestan los dos.
—No creo que tenga que recordaros discreción, sentido común y gran responsabilidad.
—Desde luego que no —aseguran ellos.
Las nueve de la mañana del día 14 de enero del año 6002 Tau y Sharon están a la puerta del apartamento de Rea, Titania y Oberon.
(*) Profundamente emocionados… Llaman con sus nudillos…
(*) Sigue en capítulo V
CAPÍTULO IV
(Viaje a Titán)
Siete de la madrugada hora de la Tierra, de un día a principios de abril del año 5998.
En la sala del edificio lunar los pasajeros a Titán, papá, mamá, Sharon, Tau, Judit, Noé, Abraham, Sara, Isaac y David ven aparecer a través del amplio ventanal la nave interplanetaria procedente de la Tierra posándose con su centro, en una plataforma circular construida sobre el suelo lunar, la nave es un gran disco de cien metros de diámetro y se le aprecian tres estratos. La nave se detiene a seis metros del suelo y despliega seis patas telescópicas y equidistantes, de su centro desciende un cilindro de diez metros de diámetro con ventanas circulares que se apoya sobre la plataforma lunar.
—Bien ya podemos embarcar —les informa Fermión—, os acompañaré para mostraros la nave por dentro. —Un robot les acerca un vehículo, una vez todos instalados les traslada a una gran sala que hay dos pisos debajo de la plataforma lunar.
—Apeaos y seguidme —les ordena Fermión, llegan hasta un ascensor que les traslada al primer piso bajo la plataforma—. Seguidme —les ordena Fermión, los lleva hasta una plataforma circular de diez metros de diámetro con tres columnas repartidas en su periferia—. Debéis manteneros en el centro de esta plataforma —les indica, cuando están todos reunidos, la plataforma asciende hasta coincidir con la base del cilindro de la nave, el techo de la sala se cierra y el conjunto asciende hasta el interior de la nave—. Ya estamos dentro de la nave en el primer estrato —anuncia Fermión—, estas formas cilíndricas que veréis repartidas son los súper gravitores hay ciento cincuenta en esta nave, en este estrato se encuentra la unidad de gestión de todos los residuos, los depósitos y la purificadora de aguas la unidad de purificación acondicionamiento y oxigenación del aire y presurización de la nave, el almacén de todo lo necesario para la supervivencia humana, totalmente automatizado, los acumuladores de energía, los sistemas de mantenimiento de la nave todo está robotizado y también una zona blindada que no os afecta en absoluto, en los tres estratos veréis grandes sectores cerrados, son almacenes para el transporte de suministros a las colonias espaciales. ¿Alguna pregunta? A nadie se le ocurre qué preguntar—. Ahora colocaos aquí sobre esta plataforma —les indica Fermión— y ascenderemos al segundo estrato. —Llegados al segundo estrato Fermión les ordena—. Seguidme. —Y los lleva a un amplio salón con ventanales al exterior, una barra de bar con dos robots domésticos de servicio, mesas y sillas formando una zona de comedor y una zona de tertulia y relax con confortables sofás y butacas todo convenientemente anclado para soportar los vaivenes de la nave en caso de que los haya—. Aquí podéis oír música, en la barra los robots os servirán las bebidas que queráis y para desayunar, almorzar y cenar el robot os presentará una carta electrónica, pulsáis lo que os apetece y automáticamente desde el almacén hasta la cocina se activan una serie de acontecimientos para confeccionar el menú deseado, que os será servido por el robot. ¿Alguna pregunta? —les pide Fermión.
Como a nadie se le ocurre qué preguntar…
—Sigamos les indica Fermión, entran en otra sala amplia y con ventanales—. Estamos en el gimnasio, hay todo tipo de aparatos con resistencia extensométrica y dispone de duchas y de yacusi. Sigamos. —Les lleva a otra sala—. Esta es la sala de conferencias está dotada de todo tipo de equipos de audio y de video y de una completa biblioteca—. Y ahora —prosigue Fermión—, os mostraré vuestras habitaciones, hay veinte, todas iguales, amplias con un ventanal al exterior cama doble y un completo cuarto de baño. En este estrato también tenéis una completa enfermería y en caso necesario papá y mamá tienen amplios conocimientos médicos y experiencia. —Llegan a un amplio pasillo circular jalonado de puertas por un lado—. Aquí tenéis la habitaciones escoged la que queráis tenéis una hora y treinta minutos para instalaros y desayunar luego reuniros en el salón para ir al tercer estrato. —Como siempre termina Fermión—. ¿Alguna pregunta? —Y siguen sin saber qué preguntar. Fermión se despide con un «hasta luego».
—Vamos por las habitaciones ¿no? —propone Sharon—. Hay veinte y somos ocho no puede haber problema. ¿Verdad? —Empiezan a caminar por el pasillo, a la que alcanzan la primera puerta. Isaac exclama.
—Yo me quedo esta.
—Yo me quedo con la siguiente —dice Abraham— para estar a tu lado.
—La siguiente es mía —anuncia Sara.
—Y yo la que sigue —dice Noé—, para estar a tu lado Sara
—Nosotros, Sharon y yo cogeremos la última porque está cerca del salón. —Judit enseguida anuncia.
—Y yo la contigua a la vuestra.
—Y yo la siguiente para estar a tu lado —decide David.
Resuelto el tema de las habitaciones propone Sharon.
—Tau vamos a desayunar tengo hambre.
—De acuerdo yo también tengo hambre. —Se dirigen al salón seguidos por todo el grupo, todos tienen hambre. Al llegar Sharon elige una mesa.
—Tau sentémonos aquí. —Eligen el desayuno que el robot les sirve en unos instantes—. Mira Tau —observa Sharon—. Judit ya no nos acompaña está sentada en una mesa con David.
—Pues claro, es lógico ¿no?
—Sí —añade ella—, pero fíjate los otros cuatro del grupo están en otra mesa.
—Sí Sharon creo que ya se han establecido los «equipos» para el resto del viaje.
Después de desayunar se van a la habitación, ella se detiene ante el ventanal.
—Mira Tau qué bonito es el paisaje lunar desde esta perspectiva, quiero contemplarlo el rato que pueda. —Tau la abraza.
—Me quedo contigo. —Y así absortos con el paisaje llega la hora de la convocatoria.
Están todos reunidos en el salón en silencio, la curiosidad les enmudece y puntual llega Fermión.
—Seguidme vamos al ascensor para acceder al tercer estrato.
Una vez en el tercer estrato Fermión se despide.
—Ahora papá y mamá os hablarán de este estrato y os darán las instrucciones necesarias porque vais a despegar, ¿alguna pregunta?
—Sí —contesta Sharon—. ¿Viaja alguien más de los que estamos aquí en esta nave?
—Sharon… ya sabes que sí —le contesta Fermión—, hay tres convictos que han embarcado en la Tierra y están confinados en la zona blindada, no tenéis que preocuparos en absoluto. ¿De acuerdo? ¿Algo más? —Nadie responde—. Pues bien yo me apeo de la nave, pero os dejo en buenas manos, las de papá y mamá. Hasta pronto, suerte y buen viaje —les desea Fermión. Papá y mamá se dirigen al grupo.
—Sentaos en estas butacas por favor. —Todos obedecen y empieza mamá.
—En este estrato solo estaréis en las fases del despegue, del vuelco y del aterrizaje. Aquí se encuentra el cerebro de la nave, todo el sistema computerizado de navegación, la central de comunicaciones y los sistemas de defensa si fuera necesario, también dos naves de emergencia con capacidad cada una para todo el personal humano de la nave, también hay unos aseos por si alguien los necesita, dentro de quince minutos vamos a despegar deberéis ocupar vuestras butacas y abrocharos los cinturones.
—Y tendréis que permanecer así —continua papá— durante ochenta minutos, que se tardará en establecer la aceleración de crucero pasaremos de la gravedad de la luna de 1,67 m/seg a la terrestre de 10 m/seg para todo el viaje.
»Los que habéis estado unos meses en la Luna, os encontrareis durante unos días muy torpes y pesados. En quince minutos os quiero sentados en estas butacas y con los cinturones abrochados.
Han transcurrido los quince minutos, aparecen papá y mamá.
—¿Dispuestos? —preguntan después de verificar la situación de todos.
—Pues vamos a despegar.
Papá y mamá se sientan ante los amplios paneles de control y los empiezan a manipular, al momento se oye el zumbido de los súper gravitores y el de los apoyos telescópicos al plegarse.
—Sharon ya nos estamos elevando.
—Sí Tau cada vez noto más mi peso.
—Esto es normal ya te acostumbrarás.
—¡Oh! qué pena Tau a lo que me había acostumbrado es a pesar poco.
—Y a que tus tetas y tu culo se mantuvieran erguidos ¿eh? —le pregunta Tau con voz muy baja y divertido con sonrisa maligna.
—¡Oh! Tau a veces eres realmente odioso —le contesta ella con voz baja y rabiosa.
—Vale y tú odias las verdades —sigue Tau jocosamente.
—Tau… Un día hablaremos de ti —le contesta ella amenazadora, con la misma voz baja y rabiosa.
—No por favor me rindo —le contesta Tau en voz baja y muy divertido.
Luego todo está en silencio todos pendientes de sus sensaciones. A los ochenta minutos del despegue mamá comunica.
—Maniobra de despegue terminada con éxito, hemos alcanzado la aceleración de crucero, podéis levantaros.
—Qué horrible sensación Tau… Me cuesta levantarme.
—Tienes razón a mí también, vamos a la habitación a descansar hasta la hora de comer. —Entran en la habitación, antes de llegar a la cama Tau contempla la magnífica vista del firmamento.
—Mira Sharon cuántas estrellas, en cuanto nos alejemos del resplandor de la Luna y de la Tierra que nos matizan la visión, el espectáculo ha de ser maravilloso.
—Vale Tau, yo esperaré tumbada para verlo, porque me cuesta llevarme a mí misma. —Ya no se acuerda de la Tierra, se deja caer en la cama y en vez de un suave aterrizaje experimenta un soberbio batacazo—. Me siento aplastada —protesta.
—Sharon; has vivido cuarenta y ocho años en la Tierra y solo tres meses en la Luna, te acostumbrarás rápido a tu nuevo peso.
—Tau pon el avisador a las 14h para ir al comedor, dice Fermión que siempre nos regiremos por el horario de la Tierra.
—Sí es lo mejor porque yo también tengo sueño y solo no me despertaré —asiente Tau.
Las horas pasan plácidamente hasta que se dispara el zumbador. Sharon se estira y se despereza hasta que consigue incorporarse.
—Tau levántate ya tenemos que ir al salón.
—Vale, vale, ya voy a mí también me cuesta levantarme. ¡Caray! —protesta él. Caminan despacio por el corto trecho hasta el salón.
—Mira Tau como tú dices los «equipos» se mantienen. —En efecto Tau puede ver a los cuatro omegas en una mesa, a Judit y a David en otra y claro en otra estarán él y Sharon.
—Sí, Sharon y fíjate en la barra están papá y mamá. —En efecto papá y mamá observan su llegada divertidos, están esperando que estén todos para hablarles.
—¡Un momento de atención! —reclama mamá—, ahora que estamos todos es importante organizar vuestras actividades para estos cuarenta y cinco días de viaje, la primera y muy importante actividad es el ejercicio físico, la gimnasia, sobre todo para vosotros Tau y Sharon que tres meses en la Luna habrán debilitado vuestro esqueleto y mermado la fuerza de vuestros músculos. Se practicara sin excusas diariamente de 8 a 10h de la mañana, tendréis profesores holográficos, de 10 a 11 desayuno, de 11 a 14h, en la sala de conferencias visionar como ilustración autodidacta de cada uno, estudiando la enorme información acumulada sobre Titán que disponemos, de 14 a 17h, comida y descanso, de 17 a 19h conferencias de papá y mamá, de las 19h en adelante ocio y cena. Esto es lo que haremos a partir de mañana, os repartiré un recordatorio de este programa a cada uno. ¿Alguna pregunta?
—¿Todo esto es obligatorio? —pregunta Abraham.
—Sí es obligatorio —contesta papá secamente.
—¿Y si no me da la gana? —pregunta Isaac riendo y con él todo su grupo.
—No hay problema —contesta papá riendo también—, en esta nave disponemos de algún espacio en el que podréis hacer lo que os dé la gana. —Y sigue riendo papá.
Isaac, Abraham y su grupo ya no ríen, lo han entendido todo perfectamente.
Durante la comida papá y mamá permanecen sentados en la barra, no les gusta que se hayan formado tres grupos tan definidos, aunque de momento no haya signos de hostilidad.
—Veremos —le comenta mamá a papá en voz baja— no llevamos ni un día de viaje.
Después de comer Tau y Sharon vuelven a la habitación.
—Voy a descansar un rato y después quiero ir al yacusi para sumergirme y sentir que peso menos.
—¡Vaya con el peso Sharon!, eres muy pesada ¿sabes? Pero te acompañaré —dice Tau mientras esquiva ágilmente un proyectil en forma de almohada.
—¡Oh sigues odioso Tau! —le grita ella muy convencida.
Después de haber descansado plácidamente más de dos horas cogen sus toallas y se encaminan al yacusi.
—Vamos a las duchas Tau. —Bajo los chorros de agua deslizándose por sus cuerpos Sharon comenta—. Esto es una gozada Tau.
—Más gozada será sumergirnos en el yacusi y parecer ingrávidos.
—Pues vamos allá. —Sharon se lo imagina y le coge la prisa. Se sumergen en las burbujeantes aguas hasta el cuello y la felicidad es completa.
Al rato ven aparecer a Judit con su toalla al cuello y sus sugestivos andares, viene sola, a Tau le encanta contemplarla.
—¿Qué miras Tau? —le espeta Sharon.
—Nada pienso en ciencia —le contesta divertido.
—¿Qué ciencia? —inquiere ella curiosa.
—Me pregunto qué comerá Judit para que la gravedad no le afecte a las tetas. —Tau se ríe.
—Pues que tiene veintiún años. ¡Tontaina!… Obseso más que obseso —le contesta Sharon con genio.
—Soy un experto en tu motor de arranque para ponerte en marcha. —Tau sigue muy alegre. En esto Judit entra en el yacusi. El yacusi es muy amplio, tiene capacidad para diez personas y solo están ellos dos.
—¿Puedo sentarme a tu lado Sharon? —pregunta Judit.
—Claro que sí —la invita con simpatía.
—¿Qué le pasa a David? —pregunta Tau indiscreto soportando la fulminante mirada de Sharon.
—Nada —contesta Judit— ha venido Noé a buscarle cuando veníamos aquí.
—¿Para qué? ¿Les pasa algo? —pregunta Tau ya muy descarado.
—Ha dicho para reunirse a recordar viejos tiempos.
—Y claro tú Judit eres de sus nuevos tiempos —contesta Tau indignado con David, resulta mordaz.
—Claro —interviene Sharon para suavizar el tema—, ellos hace tiempo que se conocen y alguna vez es lógico que quieran estar de tertulia.
—Y temen que se les escape algún secreto íntimo —interviene Tau riendo queriendo hacerse el gracioso pero se le nota su malestar por lo que le están haciendo a Judit.
—¿Y si nos relajamos y disfrutamos de esta maravilla de baño? —sugiere Sharon. Judit asiente y debajo del agua coge la mano de ella que entiende la falta de consuelo y apoyo que sufre Judit y le oprime la mano mirándola para infundirle confianza, luego mira a Tau que entiende perfectamente lo que le pasa a Judit y piensa: «cada vez me gusta menos el grupo Omega». Un buen rato después Tau considera que ya han estado bastante rato entre burbujas.
—Sharon tendríamos que ir a la habitación hasta la hora de cenar.
—De acuerdo Tau, nos podemos duchar allí. —De repente Judit se dirige a Sharon.
—¿Puedo ir con vosotros? —le pide vehemente. Sharon se queda muy sorprendida pero accede.
—Sí Judit y podremos hablar de tu proyecto. —Entran en la habitación y directamente a la ducha. Sharon le sugiere a Tau—. Tú primero. —Y una vez que Tau se ha duchado le recuerda Sharon—. ¿No tenías que ir a la sala de conferencias a consultar algo sobre Titán?
—¿Eh? ¡Oh! Sí —se sorprende Tau pero lo pilla, ellas quieren estar solas, se viste el quimono y sale de la habitación con la intención de estar mucho rato fuera. Cuando están solas Sharon propone.
—Vamos a la ducha es muy amplia y cabemos las dos. —A la que entra en la cabina y el agua se les desliza por la piel Judit se abraza a Sharon aunque el agua le impide tener la certeza, cree que Judit está llorando a Sharon la invade la ternura y la abraza fuerte—. Algo va mal. ¿Verdad Judit? —Judit asiente con la cabeza—. Salgamos de aquí nos sentamos y hablamos. ¿De acuerdo Judit? —Verla tan triste le despierta sus instintos maternales y la ayuda a secarse, luego se sientan frente a frente—. Cuéntame lo que te pasa. ¿Se trata de David? ¿Verdad?
—Sí, estoy muy confusa.
—Entre las dos veremos si el tema es tan grave. ¿De acuerdo? —Le sonríe Sharon mientras que sus manos acarician sus mejillas limpiando sus lágrimas.
—Me prendé de él porque es muy guapo —sonríe Judit—, él fue muy amable y solícito conmigo y me gustó.
—Pero ¿desde cuándo os conocéis? —indaga Sharon.
—Dos días antes de viajar a la Luna la academia de ciencias me convocó por la tarde y me presentó a los Omega, yo me fijé en David y él se fijó en mí, aquella misma tarde me invitó a salir y yo acepté.
—A ver —resume Sharon alucinando— estuviste con David dos felices días en la Tierra antes de partir hacia la Luna y luego dos felices días en la Luna.
—En la Tierra siempre estábamos solos David y yo y todo iba bien —recuerda Judit—, pero en la Luna David prefería que estuviéramos con todo el grupo y a mí no me gustaba.
—Y luego están los doce días en la zona cero —prosigue Sharon—, y los primeros días preferías estar con nosotros que con David.
—Es verdad —reconoce Judit—. David y sus amigos estaban insoportables conmigo me sentía humillada —le vuelven a brotar las lágrimas—, pero luego todo cambió.
—Sí claro, Judit —la interrumpe Sharon—, fue el día de tu conferencia cuando Fermión les puso el alto quien vive. ¿Verdad?
—Pero solo estuvo bien unos días —objeta Judit—, el grupo viene a buscar a David y muchas veces él los prefiere antes que a mí.
—Ya… —contesta Sharon sarcástica— según necesidades.
—Cuando está conmigo —prosigue Judit— está cariñoso y amable y luego le cambia el humor, es muy variable, a veces creo que es hipócrita y empiezo a tener miedo.
—Ya lógico —prosigue Sharon sarcástica— antes de y después de. No te preocupes —la tranquiliza— estás más protegida de lo que crees sigue observando a David lo más desapasionadamente que puedas, entiéndelo con tu cabeza y no con tu corazón.
—Le prestaré más atención a los detalles —promete Judit.
—Solo llevamos un día de viaje —prosigue Sharon— nos quedan cuarenta y cuatro días más para estar juntos en esta nave, seguro Judit que llegarás a conclusiones, ahora vamos a cenar ve a ponerte el quimono, yo iré a buscar a Tau y nos vemos en el salón, te sientas con nosotros y a ver qué hace David. ¿De acuerdo? —Judit abraza a Sharon.
—Gracias no sé qué haría sin ti. —Sharon se emociona y se enternece.
Judit sale de su habitación encaminándose al salón y oye unos pasos que la siguen.
—Hola Judit. —Es David que ha salido de la suya y también se encamina al salón—. Cenamos juntos. ¿No?
—Pues no —le contesta Judit secamente—, no te he visto en todo el día y he quedado con Tau y Sharon.
—Bueno nos vemos después —le contesta él—. A Judit le ha parecido que está hasta contento de poder cenar con sus amigos en vez de con ella.
En el transcurso de la cena Judit no para de mirar de soslayo a David sentado de espaldas a ella unas mesas más atrás con sus amigos, están la mar de divertidos. Algo observa Sharon que no le gusta nada.
Todo el grupo acerca sus cabezas, David se da la vuelta mirando a Judit y luego siguen hablando todos en voz baja y rompen a reír con estentóreas carcajadas. Judit no se ha dado cuenta.
—Tau el grupo está muy divertido. ¿Verdad? —le comenta Sharon mirándolo intensamente.
—Sí, me he dado perfecta cuenta —le contesta Tau con tono de complicidad.
—Si David no me viene a buscar cuando os vayáis me iré con vosotros a mi habitación. —La voz de Judit es triste y afectada.
—Sharon, Judit, nos vamos a ir muy tarde —dice Tau— porque me apetece estar en la zona de relax en un buen sofá. ¿De acuerdo? —Sharon conoce mucho a Tau y le contesta divertida.
—De acuerdo a mí también me gusta, sobre todo porque papá y mamá están sentados en la barra sin perder detalle, a ver qué pasa.
Cuando se levantan para ir al sofá se les acercan papá y mamá.
—Tau, Sharon. ¿Dónde están los Aquiles? —les pregunta mamá.
—En la habitación —contesta Sharon.
—Ya sabéis que tenéis que llevarlos —interviene papá.
—Pero ¿para qué? —contesta Sharon mirando dulcemente a mamá.
—¿Para qué? No lo sé pero el porqué, sí que lo sé —le responde mamá con enfado—, porque lo manda Fermión y hay que obedecer, a partir de mañana os quiero ver siempre con vuestros collares del Aquiles. ¿De acuerdo?
—Sí mamá —contestan sumisos los dos.
Mientras se acercan a la zona de relax, que está algo alejada del restaurante pueden ver cómo el grupo se acercan entre ellos, están un rato hablando y luego rompen a reír y así una y otra vez.
—Sharon les vamos a aguar la fiesta —le asegura Tau en voz baja.
—Claro Tau la zona de relax no es muy amplia y nos podremos enterar de qué se habla, seguro que no les va a gustar.
En efecto, cuando llegan se sientan en lugares cercanos al grupo que les saluda de forma fría y cortés y desde luego no pueden disimular su contrariedad.
—Hola Judit, hola a todos me alegro de estar todos juntos —interviene David inteligentemente para romper el hielo y porque papá y mamá los observan con mucho interés.
—Hola David —le responde Judit.
—Hola a todos —saludan Tau y Sharon.
Fallidos todos los intentos para amenizar el encuentro interviene Sara que ya no puede con la tensión.
—Lo sentimos pero nos tenemos que despedir mañana temprano nos toca gimnasia. ¿Eh? Chicos —se refiere a su grupo.
—Claro —responde Tau— nosotros también nos retiraremos pronto.
—Judit ¿te acompaño a tu habitación? —le pide David muy solícito.
—Sí, David —consiente ella.
Papá y mamá saludan con la mano y desaparecen. Tau y Sharon se quedan solos.
—Tau los hemos echado a todos. ¿Y si nos vamos? —propone riendo.
—Está claro. ¿No? —le contesta Tau riendo también.
Ya en la habitación se plantan ante el ventanal.
—Fíjate hoy este firmamento se ve más denso y más claro.
—Sí Tau muy bonito —contesta ella poco poética—, cada día me caen peor los Omegas y anda que no quedan días de viaje.
—Olvídate ya —le dice Tau mientras se acuesta. Sharon acostada panza arriba comenta.
—Me siento aplastada. Tau se le pone encima.
—¿Y ahora qué?
—Ahora mucho más —suspira ella—, en la Luna para librarme de ti con un empujón te incrustaba en el techo hecho una pegatina.
—Y ahora no puedes. ¿Eh? —la reta él.
—Pues no lo sé, pero es que ahora no quiero librarme de ti, tonto —le contesta ella muy coqueta.
Son las ocho de la mañana, todo el equipo converge en el gimnasio, se saludan cortésmente, todos quedan repartidos como de costumbre, los omegas juntos, Judit y David juntos y claro Tau y Sharon juntos.
Aparece el «monigote holográfico» de monitor dando explicaciones y ejemplos de movimientos, no se llega a la media hora que empieza el cachondeo y las risas en el grupo omega. David los mira divertido.
—Oye Judit me voy un momento con ellos y ahora vuelvo. ¿Eh? —David no vuelve—. Judit se acerca a Tau y a Sharon.
—Veis qué pasa —les dice con voz muy triste.
Pero en el desayuno David esta con Judit y se muestra muy amable y solícito, a Judit no se la ve feliz.
Luego del desayuno van a la sala de conferencias como está previsto a estudiar cada uno por su cuenta temas de Titán a escoger entre la gran información disponible en los archivos. Solo se mantiene el orden la primera media hora en que el grupo, David incluido empieza su juerga y cachondeo.
—Siento bochorno —Judit se dirige a Sharon—, esto es intolerable
—Por favor levanta la voz Tau—, respetad a los que tenemos interés en algo, os ruego silencio.
—Vamos hombre que no hay para tanto —le contesta Isaac—, no podemos estar tantas horas aburridos.
—Desde luego que no —le contesta Tau—, pero hay otras horas y lugares para divertirse que no son precisamente ni esta hora ni este lugar. —Parece que va a haber pelea varios contra Tau oportunamente interviene Sara.
—Vamos Tau tiene razón, por favor comportaos. —Se miran entre ellos y habla Abraham.
—Tienes razón, perdona Tau estamos nerviosos y a veces nos desmadramos.
—Por mí todo zanjado —contesta Tau con una sonrisa.
Terminado el estudio ya en el comedor se forman los equipos de siempre.
—Mira Tau los omega le están haciendo señas a David para que vaya con ellos.
—Pero si se va dejará sola a Judit.
—Pues lo ha hecho —exclama Sharon.
—Anda ve y dile a Judit que venga con nosotros. —Sharon se levanta y va a la mesa de Judit.
—Ven con nosotros, ¿te ayudo con la bandeja?, veo que David ya se ha llevado la suya.
—Gracias Sharon —le contesta Judit con mirada agradecida.
Por la tarde a las 17h todos se reúnen en la sala de conferencias para escuchar a papá y a mamá.
—¿Estáis todos bien? —les pregunta mamá—. ¿Algún comentario sobre lo que habéis estudiado esta mañana?
—Sí —contesta Isaac—, ha sido muy interesante, aunque no sabría explicar lo que he aprendido, pero lo sé. —El grupo contiene la risa. Judit se avergüenza
—Muy bien Isaac —le contesta mamá—, me complace tu interés, todo lo que aprendas sobre Titán seguro que te será muy útil.
—Gracias mamá —responde Isaac hipócritamente emocionado. Lo que no saben es que en toda la nave hay grabadoras ocultas y que papá y mamá saben todo lo que ocurre.
Llega la hora de cenar Tau y Sharon están sentados en la mesa. Sharon observa.
—Mira Tau David esta con Judit y no se va.
—Esto es bueno —admite Tau.
Y así transcurren los días, prácticamente iguales en que David demuestra ser un maestro del fraude, sabe ser no demasiado bueno para hacer feliz a Judit ni demasiado malo para que esta no lo envíe a paseo.
Decimosegundo día de navegación espacial. Tau y Sharon están durmiendo cuando les despierta el desesperado aporreo de su puerta Tau se levanta de un salto, abre la puerta y ve a Judit y a David que la tiene agarrada por el cuello.
—¡Suéltala maldita rata! —le grita Tau mientras lo agarra por el pelo, el dolor hace que suelte a Judit y sale despedido un par de metros.
—Maldito viejo de mierda —le dice David a Tau acercándose—, te voy a romper todos los huesos. —Lanza un puñetazo directo que Tau esquiva con maestría a la vez que gira el cuerpo con gran rapidez impactando su codo con gran fuerza en la espalda de David.
—Me ahogo —se queja David sorprendido.
—Esto no es nada rata este viejo de mierda te va a enseñar algunas cosas. —Tau por detrás de David hace presa de sus testículos, David abre los ojos como platos y la boca también—. Y ahora lo que te mereces rata. —Aprovechando que el fuerte apretón testicular ha dejado a David fuera de combate, Tau lo coge por el cuello con una mano y con la otra lo abofetea con fuerza y rapidez hasta que David pide.
—¡Basta, basta, por favor!
—¡Lárgate! —le grita Tau y lo suelta. David se va renqueando—. ¡Pero criatura que te ha hecho esta bestia! —exclama Tau mirando el rostro de Judit donde se aprecia un moretón en un ojo y una mejilla muy colorada—, si te llego a ver antes le reviento los huevos.
—Vamos Tau cálmate —le pide Sharon porque las dos se escandalizan de la intervención de Tau.
—Mañana hablaremos con papá y mamá —decide Tau.
—Por favor no quiero ir a mi habitación tengo mucho miedo, quiero quedarme con vosotros —les pide llorando Judit con desespero.
—Claro que sí Judit la cama es ancha y cabemos los tres —accede Sharon. Tau alucina y piensa: «vaya noche me espera». Sharon organiza.
—Mira Judit tú en este extremo de la cama, yo en medio y tú en el otro extremo. ¿Vale Tau?
—Pues sí —asiente él.
Pasan un par de horas, Sharon y Judit duermen como troncos. Tau piensa:
«Coño parece que Sharon necesita espacio me está empujando» y él sin darse cuenta va cediendo hasta que se termina la cama y en un instante recorre los cincuenta centímetros que tiene de alto la cama con gravedad terrestre aterrizando con un gran porrazo.
«Voy otra vez a la cama», decide «pero es que no hay espacio, Sharon me lo ha ocupado. Vaya», observa «se han desplazado las dos, al lado de Judit hay un gran espacio pero si me meto ahí Sharon me mata».
Pasa la noche intentando acomodarse en el sofá de dos plazas.
Son las siete de la mañana suena el zumbador, a las ocho han de estar en el gimnasio. Judit y Sharon se levantan y muy sorprendidas ven a Tau en el sofá.
—¿Cómo has podido plegarte tanto? —le pregunta Sharon.
—No lo sé lo he hecho dormido.
—Vale levanta ya —insiste Sharon.
—No puedo —implora Tau— estoy entumecido.
—No te preocupes nosotras te ayudamos. —Empiezan a estirarle las piernas—. Mira Judit lo estiramos y cruje —se divierten las dos. Tau grita dolorido hasta que se ha estirado del todo.
—Gracias Tau. —Judit lo abraza y le da un beso. Sharon lo contempla sonriente.
—Estoy orgullosa de ti Tau.
—¡Anda ya! Sharon harás que me sonroje.
—Y ahora en serio —prosigue Tau—, vamos a ir al gimnasio y allí estará David con su grupo si no están papá y mamá puede que haya hostias a granel, voy a vender cara mi piel —se expresa Tau medio en serio medio en broma.
—Tau me asustas —exclama Sharon.
—Lo que tenéis que hacer —les ordena Tau— es quedaros un rato a ver qué pasa.
—Nosotras también sabemos pelear iremos contigo.
—¡Ni hablar! —les contesta Tau con energía. Mientras discuten aparecen papá y mamá por el pasillo, al llegar a su altura papá les dice.
—Os esperamos en el gimnasio. —Todos respiran tranquilos.
Entran en el gimnasio, allí están papá y mamá. David se acerca a Judit
—Perdóname no sé qué me ocurrió estoy avergonzado, Judit lo mira con una mirada muy fría y rencorosa en su rostro perduran las huellas de la agresión.
—Perdóname Tau me porté muy mal me merezco todo lo que me diste y más.
—Bueno yo lo siento quizá me excedí David, repito que lo siento —expresa Tau aún convencido de que David es un gran hipócrita. Luego se acerca el resto del grupo. Sara habla como su portavoz.
—Judit, Tau, Sharon lamentamos lo que ha ocurrido y hemos advertido seriamente a David, esto no tiene que volver a suceder, tenemos que convivir más unidos tenemos que hacer para olvidarlo.
—De acuerdo —contestan Tau y Sharon. Judit no dice nada. Papá y mamá observan. Con ellos todo transcurre con el mayor orden, David y su grupo se comportan de manera ejemplar.
Cuando se encaminan a desayunar David alcanza a Judit.
—Judit por favor quisiera sentarme contigo, quiero decirte muchas cosas.
—No David, todo es muy reciente y necesito pensar.
—Yo te ayudaré dame la oportunidad —insiste David que es un maestro en teatro y entonación. Judit cede y se sientan juntos. Se forman los mismos «equipos» pero buscan la proximidad. Sentados en su mesa Tau y Sharon observan.
—Mira Tau Judit se ha sentado con David, esa rata es un maestro en convencer.
—En efecto no para de hablarle con su dulce expresión, creo que Judit está llorando conmovida.
—Tau desayunemos rápido, quiero estar en la habitación para hablar de esto. —En quince minutos han terminado, se levantan, saludan con la mano al grupo que les contesta con gran simpatía—. Ahora sí que estoy muy preocupada Tau —comenta Sharon mientras se dirigen a la habitación.
—Creo que te entiendo yo también lo estoy. —Cuando están en la habitación y han cerrado la puerta ella opina.
—Tau los Omega no solo temen a papá y a mamá, hay otro u otros a quien realmente temen, los controlan y que quizá hayan promovido su selección, además tú sabes que todos tenemos derecho a que nuestro comunicador tenga una línea personal segura incluso en esta nave en cada habitación hay un conector de antena que permite la comunicación con la Tierra.
—En lo que me he fijado Sharon es que les cuesta muchísimo dejar de ser como son, cambiar de imagen les sale súper exagerado y grotesco.
—Desde luego Tau están ridículos en su nueva personalidad. —Él reflexiona.
—La pregunta que se me ocurre, ahora que los conocemos es, ¿por qué están aquí? no simpatizan con Judit, les importa un rábano su proyecto, odian ir a Titán les he oído en muchas ocasiones comentar lo mucho que echan de menos los ambientes que tenían en la Tierra, los clubs que frecuentaban y lo bien que lo pasaban. ¿Qué otro objetivo que tanto les importe tienen para estar aquí?
—Esto es lo que me da miedo Tau, ahora vamos a la sala de conferencias a estudiar.
—Sharon… Creo que en vez de estudiar asistiremos a un gran espectáculo de teatro. —Cuando salen de la habitación y se encaminan a la sala ven a los omegas juntos y más alejados a David acompañando a Judit.
—Mira Tau cómo David no para de hablarle a Judit.
—Claro Sharon intenta «comerle el coco». Llegan juntos a la puerta de la sala en primer lugar entran David y Judit, luego Sara, Isaac se aparta para que pase Sharon.
—Pasa por favor. —Le cede el paso con una sonrisa.
—Gracias Isaac —contesta Sharon.
Todos instalados cada uno escoge sus temas, Sharon se da cuenta de que los del grupo no escogen, se hacen con lo primero que pillan y se agrupan mirando sin ver la información de vez en cuando se les escapa algún conato de risa que reprimen muy bien, David al lado de Judit se limita a ver lo que ella visiona con interés. Cuando termina la clase se dirigen todos al restaurante Sharon retiene a Tau para quedar rezagados.
—Tau luego en la habitación hemos de hablar mucho de lo que está pasando.
—Estoy muy de acuerdo contigo. —Ya en el comedor David se sienta con Judit, el resto del grupo se sienta muy próximo a Tau y Sharon y se deshacen en cortesías. Tau y Sharon terminan antes que nunca en comer y se levantan para irse, todos se despiden jovialmente. Camino de la habitación ella comenta.
—Tau tengo ganas de que estemos solos para poder comentar todo esto. —A la que entran en la habitación y cierran la puerta exclama—. Tau ahora los soporto menos que antes y me dan más miedo, les cuesta tanto asumir una personalidad que no es la suya que caen en la exageración.
—Sí Sharon cada uno intenta superar al otro en sus dotes teatrales y cada vez están más tensos.
—¿Cuánto tiempo crees que aguantarán con esta tensión? —pregunta ella.
—Llevamos trece días de navegación —echa las cuentas Tau— faltan ocho días para la maniobra de vuelco y luego veinticuatro días para llegar a Titán, nos quedan treinta y dos días de viaje, van a sufrir mucho, si es que aguantan.
—Pero Tau incluso sin la tensión de mostrar una falsa personalidad ellos siempre hablan de sus correrías y juegos por los clubs de la Tierra.
—Sharon, solo podemos estar alerta para prevenir por dónde revientan. —Sin darse cuenta les llega la hora de asistir a la charla de papá y mamá.
En la sala cuando están todos acomodados entran papá y mamá. Mamá empieza.
—Felicito al grupo omega porque al parecer os empezáis a tomar en serio el conocimiento de Titán, de esto los únicos que se benefician sois vosotros. El 50 % de la seguridad en Titán lo da la tecnología y el otro 50 % es conocer Titán, si seguís así tendréis el 100 % de seguridad para sobrevivir. —Los omegas la escuchan con la expresión de que esto no va con ellos.
Todos los días siguen igual hasta tres días después, cuando llevan dieciséis días de navegación. En el gimnasio Judit se acerca a Tau y a Sharon despegándose de David, terminada la clase, se encaminan a desayunar y Judit se coloca al lado de Sharon.
—He roto con David —le dice con voz decidida.
—¿Qué te ha hecho esta vez? —le pregunta Sharon alarmada.
—Nada especial he descubierto que David no es más que un hermoso saco de mierda. —Judit habla tan claro y rotundo que escandaliza a Sharon.
—Judit por favor… Todos tenemos un lado bueno.
—Pues David es la excepción no tiene ningún lado bueno —contesta Judit cabreada y resoluta.
Llegados al restaurante se sientan los tres en una mesa y David y los omegas en otra pero alejada, saludan fríamente.
—Tau mira parece que ya prescinden de la amabilidad, pero todavía ejercen la cortesía —observa ella.
—Con esto me conformo —contesta Tau, observa la expresión que tiene David mirando a Judit.
—Sí Tau su mirada no es amable ni cortés es rabiosa. Y así en el transcurso de los días en grupo va reemplazando la cortesía por la hostilidad.
Las 20 horas del día veintiuno de navegación están todos en el salón, después de cenar papá y mamá les darán instrucciones para mañana, día veintidós de navegación en que se efectuará la maniobra del vuelco.
Papá y mamá están sentados en la barra, Tau, Judit y Sharon están en una mesa, los omegas en otra mesa pero esta vez la han elegido cercana a ellos. Sara se acerca.
—Oye Sharon —le habla amablemente—, quería preguntarte algo. —Detrás de Sara se acercan Isaac y Abraham.
—Dime Sara —responde Sharon amablemente también. A la que Sara llega a su altura los tres se lanzan sobre ellos, papá y mamá se incorporan, Sara sujeta con fuerza a Sharon mientras Isaac pulsa el Aquiles, Sharon ve horrorizada cómo papá y mamá caen al suelo inertes, desmadejados.
—Mira Tau lo que han hecho —exclama Sharon sollozando.
—Y ya verás lo que vamos a hacer con vosotros —dice Sara mientras Isaac y Abraham sujetan a Tau, Sharon y Judit están paralizadas por la sorpresa.
—Vamos a organizarnos —propone Sara.
—Espera un momento —interviene David—, ahora vuelvo. —Al rato vuelve del gimnasio con una barra de hierro y empieza a golpear con furia la cabeza de mamá.
—¡Maldita rata! ¡Deja a mamá! —grita Sharon lanzándose contra David, este deja la barra y le da un fuerte empujón que la derriba violentamente en el suelo.
—¡Asquerosa bestia! —grita Judit lanzándose también sobre David para defender a Sharon.
—¡Aparta estúpida! —grita David empujando violentamente a Judit que se golpea en la cabeza con uno de los baos de la nave y cae inerte.
—¡Soltadme cerdos! —grita Tau mientras trata de soltarse de los hermanos y casi lo consigue, Noé lo ve y también se lanza sobre él y entre los tres consiguen inmovilizarlo.
—¡Quietos todos! —grita Sara—, tenemos muchos días de viaje a la Tierra, prohibido romper los juguetes —se expresa señalando a Tau a Sharon y a la inerte Judit. Tau se da cuenta de la situación, cruza la mirada con Sharon y luego dirige la mirada a la pequeña cabina con la escalera metálica que baja al primer estrato, ella lo entiende.
Mientras el grupo está feliz riendo las gracias de Sara y están atando a Tau. Sharon se levanta de un salto y echa a correr hacia la cabina, David la ve y corre tras ella al pasar por el grupo que sujeta a Tau este consigue sacar una pierna y hacerle una zancadilla, David cae al suelo rodando, «¡cerdo!» le grita a Tau, se levanta y reanuda la carrera. A Tau le salta el corazón David es muy ágil pero Sharon también es muy ágil y fuerte, está a pocos metros de la cabina.
—¡Ya te tengo zorra! —le grita David con alegría, Sharon lo oye y hace una finta—. ¡Maldita! —grita David rabioso para seguirla a dado un traspiés y cae al suelo se levanta de un salto ve a Sharon que ha abierto la puerta y está dentro de la cabina, David cree que puede llegar a tiempo, pero solo consigue rebotar sobre la puerta cerrada. Sharon pone un código arbitrario a la cerradura piensa:
«Aquí ya no pueden abrir pero pueden bajar por el ascensor tengo que esconderme». Está cerca de un sector cerrado de almacén, abre la puerta y se lleva una desagradable sorpresa, está a oscuras pero al abrir la puerta automáticamente todo queda iluminado y al cerrarla se apaga la luz no tiene cierre de interior, en la penumbra de la poca luz que penetra por los ventanucos superiores de ventilación puede ver grandes estanterías con cajas de suministros. Piensa:
«Tengo que escalar la estantería y buscar un hueco para esconderme».
David regresa con el grupo está furioso y rabioso.
—Dónde está Sharon —pregunta Sara.
David se acerca a Tau.
—Se me ha escapado por culpa de ese cabrón que me ha puesto la zancadilla. ¡Lo voy a capar!
—Quieto —le ordena Sara—, esto lo podrás hacer cuando lleguemos a la Tierra, durante el viaje Noé lo quiere de juguete y lo quiere entero.
—Y esta zorra. ¿Está viva? —pregunta David mirando a Judit tendida inconsciente—, espero que sí porque ella será mi juguete hasta llegar a la Tierra. Se va a enterar de quién soy yo.
—Sí, todavía respira, ahora tenemos que atender nuestra misión —organiza Sara—, tú David con Abraham subid al tercer estrato para programar la trayectoria de la nave de regreso a la Tierra, tú Isaac y yo iremos al primer estrato, a la zona blindada a liberar a Tito, a Marcos y a Anker y tú Noé de momento te quedas aquí a vigilar a Judit por si se despierta, de Tau no te preocupes está bien atado y los robots solo son chatarra.
David está delante de los paneles de control de la nave.
—Estas naves interplanetarias son fáciles de manejar, las programas y todo es automático. —David empieza a manipular los controles—. Mira anulo la maniobra de vuelco programada para mañana a las 20 horas y desde este instante programo el regreso a la Tierra, será un giro suave que no lo notaremos, cerca de la Tierra el jefe ya nos enviará instrucciones.
—Oye David toda esta gente es muy imbécil. ¿Verdad?
—Por qué lo dices —le pregunta David.
—Papá y mamá son unos formidables guardianes y la llave de su desmantelamiento la ponen en el collar de dos confiados individuos.
—Es lógico Isaac —le razona David—, los Aquiles es un secreto de la zona cero a nosotros nos informó Anker ellos no podían imaginar que lo sabíamos.
—¿Y por qué llevan los Aquiles? —pregunta Isaac.
—Por lo que he podido saber los robots no son perfectos y en algún momento pueden originar algún desastre. Bueno esto ya casi está, ahora vamos al salón, tu hermano y Sara ya habrán liberado a Tito y los demás.
Sara y Abraham llegan a la puerta de la zona blindada.
—¿Y cómo abriremos? —pregunta Abraham.
—Bueno primero probemos, si no podían imaginar que alguien los liberara habrán programado la cerradura para que no se pueda abrir desde dentro pero sí desde fuera Sara pone la mano sobre la palanca de abrir.
—A ver… A ver… —Y la puerta se abre, ríen con ganas.
—Tito, Marco, Anker estáis libres —grita Sara con alegría. Los mencionados salen rápido de la zona blindada y se abrazan con Isaac y Sara.
—No perdamos tiempo —propone Sara vamos al salón. Por el camino al segundo estrato Tito los alaba.
—Sois fenomenales estoy orgulloso de vosotros seréis recompensados.
Sharon desde arriba de la estantería del almacén lo observa todo aterrorizada a través de un ventanuco de ventilación.
—Ahora son tres más contra nosotros. ¿Qué puedo hacer? —se pregunta desesperada.
Cuando llegan al salón y están todos reunidos Anker se encara con Tau.
—Hola Tau qué alegría este y su amiga —le explica al grupo—, nos hicieron la pascua escapando de los robots de la mina y ¿dónde está Sharon? —pregunta.
—Ha escapado y estará oculta en algún lugar del primer estrato.
—Qué lista es —comenta Anker divertido.
—Pero no os preocupéis —interviene David—, la nave ya está programada y tenemos mucho tiempo Noé y yo nos dedicaremos al antiguo deporte de la caza de la zorra. —Todos ríen con ganas, están muy contentos.
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