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UNA MADRE CORAJE

José Ramón Sancuer


TITULO: Una madre coraje

AUTOR: José Ramón Sánchez, 2021

COMPOSICIÓN: MazingBooks - Optima, cuerpo 11

DISEÑO DE LA PORTADA: MazingBooks©

FOTOGRAFÍA DE LA PORTADA: Hakabooks©

1ª EDICIÓN: Marzo 2021

ISBN: 978-84-18575-69-3

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Todos los derechos reservados.

CAPÍTULO 1

Esta es una historia de una madre coraje, que da comienzo en los últimos años del siglo pasado, del siglo XX cuando una mujer de nacionalidad brasileira, viendo que su familia de trabajadores campesinos por cuenta ajena, no llegaban con su mal remunerado trabajo a fin de mes para alimentar a toda la familia, cuando la joven mujer cumplió los 18 años, decidió viajar hasta la ciudad argentina de Buenos Aires (una ciudad que ella ya había leído que tenía muchas oportunidades para los extranjeros), y poder tener allí un trabajo con unos mejores ingresos que pudiesen ayudar a los padres de la joven.

- Unos progenitores que tras los duros días de trabajo que hacían en su país, y con 4 hijos que alimentar, la mujer aún muy joven, decide que tenía que emigrar y tratar de mandar algunos recursos de su trabajo, para el mantenimiento de su familia, que en aquellos tiempos lo estaban pasando muy mal y la joven mujer con todo el dolor en su corazón, un día decide marcharse desde su ciudad natal de Alegrete en el estado de Rio Grande do Sul, una población fronteriza con el país argentino y también con el pequeño país de Uruguay.

- Desde allí desde la capital argentina, la joven creía que estando ya en ese país, (en concreto en la capital Buenos Aires) a ella le podría ser mucho más fácil conseguir un empleo en donde poder trabajar para tener aquellos ingresos que ella pretendía.

- El primer viaje lo hizo la joven, mediante el ferrocarril desde su ciudad natal de Alegrete, hasta la capital de su estado y desde Porto Alegre hasta la capital argentina.

- Cuando la joven llegó hasta la capital de Buenos Aires se dio cuenta de que ella allá, era una perfecta desconocida y que había llegado a una estación de tren en donde también había junto a ella, otra estación de autobuses al lado y la joven se encontró en medio de la nada y no era porque allí no hubiese gente, sino porque ella allí no conocía a nadie y se sentía sola en medio de un océano de personas ,que iban y venían y la joven al ver allí tanta gente (que nunca en su vida había visto) que iba y venía de un lado para otro en la estación, y sin ni siquiera saber pronunciar ni una sola palabra del idioma argentino, ella creía que nunca llegaría a superar aquel trauma de verse tan sola en medio de aquella marea humana, y en aquel momento la mujer estaba pensando.

- ¿No se si he hecho bien en venirme a un país extranjero?

- ¿Por qué ni siquiera se hablar nada de esta lengua? - ¿aquí hay mucha gente, pero cada persona se va por un lugar diferente? Decía la mujer.

- Y la joven muy temerosa de su intimidad por su corta edad, no se atrevía ni siquiera a acercarse a otros pasajeros, para preguntarles por alguna pensión o alojamiento y se pasó en aquella estación más de 2 horas, pensando ella sola en cómo iba a ser su vida en aquella gran ciudad sin conocer a nadie, y si no llegaba pronto a encontrar un trabajo o al menos un alojamiento para poder pasar aquella primera noche.

- Ella a su corta edad de 18 años y sin haber salido nunca de su pueblo, aquella pequeña ciudad que ella veía como una ciudad grandiosa, la joven tampoco iba vestida con sus mejores prendas, entre otras cosas porque en su casa nunca pudo comprarse ropas caras ni prendas que ensalzaran su silueta, una silueta qué, a decir verdad, era la de una joven bastante espigada para su edad, y la joven tampoco podía presumir de tener un cuerpo que atrajese a los hombres.

- Y por tanto su presencia en aquella estación, ante la mirada indiscreta de los jóvenes que transitaban por aquellos andenes, pasaba muy desapercibida y menos invisible y después de más de dos horas pensando en cómo podría ser su nueva vida en aquella gran ciudad, la joven vio en uno de los vestíbulos a un grupo de gente con alrededor de unas 10 personas que al acercarse a ellos, pronto se dio cuenta de que ellos estaban buscando lo mismo que buscaba ella, un alojamiento para dormir al menos aquella noche y la mujer se acercó un poco más hacia el grupo de aquellas personas, porque entre ellos había también algunas mujeres muy jóvenes como ella y andando silenciosamente y con mucho cuidado en no molestar a ninguno de ellos, la mujer brasileña que se llamaba “Martina” se acercó hasta allí con mucha vergüenza (se le notaba en su cara) le preguntó a una de ellas, (seguramente la joven que más se le aproximaba a la edad de ella)

- ¿Estoy buscando un alojamiento, pero que no sea muy caro? - ¿para esta noche?

- Y al oírla aquella joven mujer que se encontraba con ellos y sabía que también ellos estaban buscando lo mismo, esta le dijo.

- ¿Pues mira por donde, que nosotros estamos buscando lo mismo que tú? Y esta joven mujer que era de un pueblo del interior de la Argentina, le preguntó.

- ¿Y tú cómo te llamas guapa? Y la joven brasileña le contestó. - ¿mi nombre es Martina- ¿te gusta? Le preguntó con una sonrisa en los labios. Y posteriormente la joven le hizo la misma pregunta a la mujer desconocida.

- ¿Y tú? - ¿cuál es tu nombre? Y después de decirle cuál era su nombre, esta añadió

- ¿Mi nombre es Garbiñe? Y la joven brasileña le dijo.

- ¿Pues tienes un nombre muy bonito? Y esta añadió- ¿pues sería muy bonito que las dos nos alojásemos en el mismo hostal? - ¿no te parece? Y la joven Garbiñe le contestó.

- ¿Pues claro? - ¿a mí me gustaría que tuviésemos esa suerte? Y la mujer brasileña estaba pensando.

- ¿Dentro de la desgracia de nuestros desarraigos familiares, estar las dos en el mismo alojamiento sería una gran suerte? - ¿así podríamos hablar de nuestras cosas, de nuestros problemas femeninos? - ¿por qué? - ¿seguro que ella, aunque no sea brasileña, tendrá unos problemas parecidos a los míos?

- Y el cabeza del grupo, que estaba hablando por teléfono con el dueño de aquel hostal para el alojamiento de todo el grupo, cuando este hombre finalizó de hablar, la joven mujer argentina le dijo al varón que estaba hablando por teléfono buscando alojamiento para todos.

- ¿Cuándo busques esas habitaciones, le tienes que decir al dueño del hostal que nos alquila una cama más, para una amiga mía? Y el que hacia de jefe del grupo que era el padre de dos de aquellos jóvenes que iban en el grupo, este le dijo a la joven Garbiñe.

- ¿Pues, ya tengo contratadas las habitaciones? - ¿tendré que volver a llamar, para ver si aún le queda alguna habitación libre? Y la joven argentina que iba con ellos, le dijo.

- ¿Si, por favor? - ¿llámale otra vez a ese hombre, a ver si aún le queda alguna habitación libre? - ¿dile que tengo conmigo a una amiga, que también quiere una cama para esta noche?

- Y el hombre de nuevo cogió su terminal telefónico y se puso a llamar a aquella pensión con la esperanza de que aún le quedase una habitación libre, y cuando el dueño del hostal oyó de nuevo al mismo hombre que le llamaba, este pensó.

- ¿Vaya? - ¿seguro que ya se habrán arrepentido y me llaman ahora para anular esas reservas?

- Y cuando ya el dueño oyó al hombre que decía, aquel que le había llamado anteriormente y este le decía el hombre - ¿oiga? - ¿soy el señor que le reservó hace unos minutos 4 habitaciones? Y este hombre continuó.

- ¿A ver si fuese posible alquilar una cama más? - ¿es que Mi “sobrina” ha encontrado a una amiga aquí en la estación y ya no puede separarse de ella? - ¿y esa amiga, nosotros apenas la conocemos, para que esté con nosotros en la misma habitación? Y el dueño del hostal le dijo.

- ¿Pues de veras que lo siento? - ¿pero justo en este momento acabo de alquilar la última habitación que me quedaba libre? Y este añadió.

- ¿Si me lo hubieses dicho hace unos minutos, te podías haber quedado con ella? Y el hombre continuó hablando con él, y le dijo.

- ¿Y no nos podrá usted proporcionar una habitación (aunque sea en cualquier otro hostal) para que esta noche se quede a dormir con nosotros esa amiga?

- Y el hostelero que tenía algunos amigos que se dedicaban a lo mismo que se dedicaba él, enseguida se puso en contacto con uno de ellos y le comentó aquel deseo de uno de los clientes suyos, para que este le facilitase una habitación en (condiciones ventajosas), y el amigo hostelero le dijo.

- ¿Pues mira por dónde, que me queda solo una y es la última que me queda hoy?

- ¿Aún va he tener suerte esa niña? Y este amigo añadió.

- ¿Además es una habitación que da todo al exterior, y así podrá ver desde su ventana todo lo que ocurra en la calle? Y este amigo entonces le preguntó.

- ¿No me querrás decir con eso que este es un barrio conflictivo? Y su amigo y compañero de profesión, le dijo.

- ¿No no? - ¿qué va? Y este añadió. - ¿pero ya sabes tú, que en cualquier momento te surge un problema de convivencia vecinal, en cualquier calle incluso en esta que nunca se oye ni un pequeño ruido? - ¿y es que esto ocurre en las mejores familias?

- Y cuando ya el hombre le dijo al grupo (que la joven se había incorporado al grupo con ellos la joven brasileña Martina) esta le dijo a su ya amiga.

- ¿Bueno? - ¿si tú quieres, podemos ir las dos a ese otro hostal y así estaremos las dos solas? - sin estar expuestas a miradas ni cuchicheos de los demás compañeros del grupo? Y esta añadió.

- ¿Qué te parece amiga? Y la joven argentina, aquello le pareció de lo más normal, y ella le dijo.

- ¿Pero Garbiñe, tampoco puedes dejar de lado a tu grupo, a ese grupo que habéis llegado hasta aquí y que ya casi sois como una familia? Y esta añadió.

- ¿Yo tampoco pretendo que abandones a tu familia? Y la joven argentina le contestó.

- ¿No mujer no? - ¿qué ese grupo no es ninguno de ellos familia mía? Y esta le dijo a Martina.

- ¿Ya te contaré, cuando estemos las dos solas, creo que te has confundido conmigo?

- ¿Esa gente que hay ahí en ese grupo, no son ninguno de ellos familia mía? Y esta añadió.

- ¿Yo he conocido a todo ese grupo, mientras viajábamos en el tren? - ¿son personas muy abiertas y cariñosas, enseguida nos hemos hecho todos amigos? Y la joven Garbiñe aún añadió.

- ¿Por lo que yo he podido hablar con ellos, son personas que vienen a la capital bonaerense buscando un trabajo, para ayudar en lo que les sea posible a sus familias? Y la joven Martina le dijo a su “ya amiga” Garbiñe.

- ¿Anda? - ¿pues justo están buscando lo mismo que estoy buscando yo?

- Y a su amiga aquello le sorprendió mucho, de que ella estuviese buscando un trabajo para ayudar a su familia y se desplazase desde Brasil para ello, y su amiga le dijo.

- ¿Y te has venido tu sola desde Brasil? Y esta añadió.

- ¿Pues sabes lo que te digo? - ¿qué me pareces una mujer muy valiente? - ¿salir de un país tan grande como lo es Brasil y venirte a otro país desconocido, en busca de un trabajo? - ¿eso es de ser una mujer muy valiente? Y esta joven argentina añadió.

- ¿Yo quiero ser tan valiente como lo eres tú? - ¿quiero ser siempre tu amiga?

- Y desde aquel momento se hicieron las dos tan inseparables que iban a los sitios siempre juntas, y no era porque fuesen lesbianas o les gustase el sexo femenino, sino que era porque las dos eran jóvenes y ambas dos buscaban lo mismo en la sociedad (aunque hablasen distinto idioma) y cuando el portavoz del grupo les dijo.

- ¿Bueno? - ¿acabo de hablar con el dueño de ese hostal y me ha dicho que solo tiene camas para 19 de nosotros, pero que ha hablado con uno de sus amigos y al final ha conseguido una habitación más en otro lugar?

- ¿Pero que se encuentra muy cerca de aquí, en esa misma calle de donde está nuestro hostal, solo a 130 metros más al norte? Y la joven Martina que apenas conocía nada de Buenos Aires le preguntó al portavoz del grupo.

- ¿Y cuál es aquí en este momento, el norte de la ciudad? Porque aquel día se daba la circunstancia de que el día estaba muy nublado y nadie sabía por dónde salía o se ocultaba el sol. Y esta añadió.

- ¿Porque cuando está el sol luciendo, aún sé cuál es el norte y el sur, pero hoy que está el cielo nuboso, no sé cuál es el norte ni cuál es el oeste?

- Y la joven argentina Garbiñe le dijo al portavoz del grupo - ¿bueno entonces nosotrasssss…? Y antes de que Garbiñe terminase de pronunciar toda la frase que iba a decir, el portavoz del grupo le dijo a ella.

- ¿A ver? - ¿quiénes sois vosotras? Y la joven Garbiñe contestó - ¿pues eso, que nosotras dos queremos irnos a esa otra habitación? - ¿a esa que dices que se encuentra a solo 130 metros de aquí, en la que vais a ir todos vosotros?

- ¿Nosotras queremos tener nuestra propia libertad, y nuestra propia intimidad? Y esta joven añadió.

- ¿No quiero decir con ello, que vayamos a dejar de ser compañeros, pero es que esta amiga brasileña, me ha enamorado? Y el portavoz del grupo (aquel buen hombre que tanto se preocupó en buscar una pensión para que pusiesen dormir aquella noche todos, desde aquel momento comenzó a pensar mal de Garbiñe y este le dijo.

- ¿No me querrás decir ahora que con solo veros ella y tú, os habéis hecho novias en este poco espacio de tiempo que os habéis conocido?

- ¿No puede ser? Decía el hombre. - ¿si eso es así, yo me he llevado una gran decepción? - ¿nunca llegué a pensar que en tan poco espacio de tiempo se llegaran a enamorar dos mujeres?

- Y la joven Garbiñe que no estaba dando crédito a todo aquello que estaba oyendo de lo que decía aquel hombre, esta le dijo.

- ¿Qué yo no soy lesbiana, hombre? - ¿qué yo no me he enamorado de esa chica? Y esta añadió.

- ¿Pero es que me ha caído también, que ya no la puedo dejar sola? Y el hombre le dijo a la joven Garbiñe.

- ¿Bueno? - ¿bueno? - ¿siendo solo por eso, ya me quedo más tranquilo? - ¿pensaba yo que era por otra causa?

- Y aquella misma noche cuando ya comenzaba a anochecer, todo el grupo se marchó hasta aquella pensión y cuando ya se encontraban todos allí reunidos, la joven Garbiñe le dijo al hombre.

- ¿Bueno? - ¿a ver si alguien viene con nosotras, para que nos diga a donde se encuentra ese otro hostal? - ¿qué nos habéis buscado para mi amiga y para mí?

- Pero el grupo que iba con ellos se acomodaron en aquel hostal, y viendo que ninguno de ellos hacia nada, ni decía nada por acompañarles, las dos amigas les preguntaron al grupo, cual era aquel edificio en donde estaba el hostal o al menos que les dijeran cual era el número al que tenían que ir de aquella calle, porque a ellas les daba igual marcharse solas, y como nadie de ellos levantó la voz para nada, las dos amigas cogieron el camino y se despidieron del resto del grupo y cuando ya las dos salían para marcharse hacia el hostal, uno de los hombres que había en el grupo de 30 años, les preguntó a las jóvenes muchachas.

- ¿Queréis que yo os acompañe? - ¿o preferís ir vosotras solas, así yo os digo cual es el número de la calle?

- Y las dos jóvenes muchachas ni aceptaron ni despreciaron aquel ofrecimiento del hombre, pero como cuando ellas dijeron de marcharse, ninguno de los varones que había en el grupo hizo ninguna mención de acompañarlas, y estas jóvenes dijeron.

- ¿Bueno? - ¿pero solo hasta la puerta del hostal? - ¿no queremos entrar a las habitaciones con ningún hombre? Y el hombre que solo pensaba acompañarles hasta la puerta, les dijo.

- ¿Pues eso era justo lo que yo pensaba hacer? - ¿no tenía ninguna intención de ir más allá? Así que el hombre acompañó hasta la puerta del hostal a los dos jóvenes, qué parecían más dos jóvenes enamoradas, que dos amigas que se acababan de conocer y cuando llegaron todos a la puerta del hostal, las jóvenes se despidieron del acompañante y este se marchó de nuevo hasta donde se encontraba todo el resto del grupo y al llegar allí, el hombre que mandaba al grupo y el mismo que había contratado aquellas habitaciones, le preguntó.

- ¿Ya has dejado allí a las compañeras, a aquellas dos señoritas? Y este añadió.

- ¿Les habrás dejado pagada la pensión al menos esta noche?

- Y el hombre que en ningún momento pensó en ir más allá que acompañarlas hasta la puerta de aquella pensión, le dijo.

- ¿No? - ¿no les he abonado nada de la pensión? - ¿tampoco me lo han pedido? Y este añadió.

- ¿Ni siquiera he subido, para ver cómo era esa habitación, no quiero que nadie piense mal de mí? - ¿esas niñas podrían incluso llegar a ser mis hijas?

- ¿He preferido que ellas tengan su propia intimidad? - ¿las veo a las dos muy enamoradas? Y este hombre añadió.

- ¿Y de dónde me has dicho que es esa joven que acompaña a Garbiñe? Y el hombre le contestó.

- ¿Pues no lo sé? - ¿debe ser alguna novia que haya conocido por correspondencia? Le dijo el hombre, y este aún añadió.

- ¿Yo por la calle las veía muy enamoradas? - iban tan pegada una a la otra que parecían una pareja de recién casados?

- Y el portavoz del grupo que ya conocía un poco la historia de aquella joven brasileña, le dijo.

- ¿No? - ¿no es lo que tú te has pensado? - ¿esas dos jóvenes no son novias? - ¿lo que les pasa a los dos, es que están a falta de cariño? Y este hombre añadió.

- ¿No, de cariño sentimental masculino? - ¿sino de cariño familiar?

- ¿Las dos adolecen del mismo problema, las dos tienen a sus familias lejos de aquí y al tener las dos el mismo problema, ellas se han unido aún más en esta gran ciudad? Y el hombre que no sabía aquella historia, le dijo a su amigo del grupo.

- ¿Bueno, de haberlo sabido de que eso era así, les podría haber pagado al menos la pensión de esta noche? Y este aún añadió.

- ¿Casi, que voy a volver a ir a esa pensión y les voy a dejar pagada la pensión de esta noche a esas dos jóvenes? Y este aún añadió.

- ¿Tenemos que ser solidarios con los más necesitados, y esas dos jóvenes, necesitan de nuestra ayuda? Y el portavoz del grupo le dijo a aquel hombre.

- ¿Bueno amigo? - ¿no te preocupes por ellas, que ahora yo me pongo en contacto con el dueño del hostal y le abono la pensión a esas dos jóvenes muchachas?

- Pero el portavoz del grupo en aquel momento, se puso a hacer otras cosas y se olvidó por completo de llamar al hostal y las dos jóvenes continuaron allí alojadas, abonándose ellas mismas el importe de la pensión, no solo el de aquel día, sino que las jóvenes abonaron al dueño de la pensión también el precio del día siguiente.

- Las jóvenes se alojaron en aquella pensión, las dos en una misma habitación, pero con dos camas separadas entre ellas que estaban una frente a la otra, en donde las dos podían verse bien la cara y cuando ya se encontraban las dos tumbadas (después de haberse comido un bocadillo de atún) comenzaron a contarse sus historias reales de cómo les había ido la vida hasta aquel día y de cómo había sido la llegada hasta allí y también de lo que pensaban cada una de ellas de la otra y aquello aún reforzó mucho más su ya fuerte amistad y fue cuando la joven argentina (comenzara a hablar de sexo con su amiga) al decirle ésta a Martina.

- ¿A ver si mañana me acuerdo de comprar una caja de compresas?

- ¿Es que creo que me queda solo una en la maleta y ve viene la regla pasado mañana? - ¿por qué a mí, me duele el vientre dos días antes de que me llegue?

- Y a partir de ahí, comenzaron las dos a soltarse un poco y a hablar del tema del sexo y dio comienzo entre ellas de una conversación distendida sobre aquello de las compresas y del sexo y aquello de las compresas fue el detonante para que Martina que tenía el sexo como un tema tabú, le dijese a su amiga Garbiñe.

- ¿Y tú, cuando comenzaste a tener la regla? Y la joven Garbiñe que ya hacía muchos años que comenzaron para ella esos problemas, esta le dijo a su amiga.

- ¿Pues la verdad es que ya ni me acuerdo de ello? - ¿hace ya tantos años, que solo recuerdo que una noche estaba yo en la mesa reunida con mis padres (cenando) y me asusté mucho, porque me sentía mojada (en esa parte del cuerpo) y en aquel momento le dije a mi madre?

- ¿Mamá? - ¿no sé, que me ha podido pasar? - ¿pero me siento mojada y no es porque me haya orinado encima?

- Y mi madre que ya sabía muy bien que era lo que les pasa a las mujeres, me dijo allí delante de todos mis hermanos.

- ¿Ven hija a mí habitación? Y yo me estaba preguntando en aquel momento-

- ¿Y para que me lleva ahora a su habitación? Y cuando llegamos a su habitación me dijo.

- ¿Seguro que te ha llegado el periodo? Y yo que no sabía todavía que era aquello del periodo, le tuve que preguntar otra vez a mi madre.

- ¿Y qué es eso del periodo? - ¿mamá? Y claro, ella que ya estaba muy al corriente de los problemas de las mujeres, porque ya había dado a luz a 4 hijos, ella me dijo.

- ¿Si, hija? - ¿eso que tenemos las mujeres, cuando ya somos fértiles?

- Y la verdad es que yo tampoco entendía que me quería decir con aquello de la fertilidad, pero me marché con ella hasta la habitación y sacando mi madre una especie de trapo de una de sus mesitas de noche, me dijo.

- ¿Mira hija? - ¿esto te lo pones ahí abajo y cuando te venga eso, pues este trapo te lo absorberá toda la regla y ya no sentirás que estés mojada y tus partes íntimas se encontrarán protegidas todo el día? - ¿y cuándo sientas que estás algo húmeda, te sacas de ahí ese trapo y te pones otro igual y así de esa manera es cómo las mujeres nos cuidamos las partes más débiles y más escondidas del cuerpo? Y esta añadió.

- ¿Y a partir de ese día entendí, todo lo que era la regla y el periodo? - ¿si eso que le llamaba mi madre? Y todo aquel relato lo estaba oyendo con mucha atención la joven Martina, que cuando finalizó el largo relato, de su amiga Garbiñe, fue su amiga Martina quien comenzó a contarle (ya con toda naturalidad) cual había sido su pericia en esta parte del cuerpo y comenzó contándole a su amiga.

- ¿Pues a mí el periodo me llegó mucho más tarde que a ti?

- ¿Yo recuerdo que tenía entonces algo más de 15 años, cuando un día que salía del colegio junto al resto de compañeros de la clase, (que se encontraba muy cerca del colegio) y cuando ya estaba llegando a mi casa me sentía mojada por dentro y nada más entrar en mi casa, me fui directamente al aseo para ver como tenía la braguita, y vi que no me había orinado (cómo me había pensado en un principio) y al sacarme la braguita, pude comprobar descubrí que estaba toda ella llena de sangre?

- ¿Ya sabes de ese líquido que tampoco es todo sangre? - ¿pero? - ¿qué esa especie de sangre, olía muy mal? - ¿Y desde entonces que nunca he dejado de tener el periodo?

- Y su amiga le dijo.

- ¿Y qué te dure? Y la joven Garbiñe le preguntó.

- ¿Y porque dices eso (y que te dure)? Y la amiga le contestó.

- ¿Por qué si continúas teniendo el periodo, es una buena señal, de que no te has quedado embarazada? Y su amiga Martina le contestó en un plan mucho más distendido y ya entre dos amigas.

- ¿Con eso me das a entender, que nunca has estado con chicos?

- ¿Verdad? Y su amiga le contestó.

- ¿Qué quieres decirme con eso? Y la amiga le volvió a preguntar.

- ¿Si? - ¿con chicos en la cama? - Y la joven le dijo a su amiga.

- ¿Yo sí que he estado con chicos? - ¿pero en la cama no? - Y esta continuó.

- ¿Y qué tiene de malo, estar en la cama con chicos? Y entonces su amiga Martina le dijo.

- ¿Bueno, estar con chicos en la cama no tiene por qué ser malo?

- ¿Pero? - ¿lo que posiblemente no sea tan bueno, sea hacer el amor con ellos? Y esta añadió

- ¿Ya sabes, hacer eso que hacen los matrimonios cuando se encuentran en la cama? Y la amiga le preguntó.

- ¿Y tú como sabes que es lo que hacen los matrimonios cuando estos están en la cama? Y su amiga le dijo.

- ¿Bueno amiga? - ¿yo te lo digo, porque en mi casa, como que era muy pequeñita allá en Brasil, nos tocaba dormir a todos en la misma y la única habitación que teníamos y yo, algunas noches me hacia la dormida y podía ver a mis padres como jugaban los dos encima de la cama? Y esta joven continuó.

- ¿Y sabes cómo me enteraba de ello? - ¿pues qué cuando ellos hacían esos juegos, los muelles de la cama rechinaban y hacían un ruido raro algo así como ñiki, ñiki, entonces yo me despertaba y me hacia un rato la dormida, viéndoles a los dos cómo se revolcaban de un lado para otro, encima ellos nunca llegaron a enterarse de que yo les estaba observando? Y su amiga Garbiñe le dijo.

- ¿Vaya historia más interesante? - ¿ya veo qué en tu casa brasileña, has aprendido mucho sobre anatomía humana? Y esta le añadió.

- ¿Pues todo lo que yo he aprendido y todo lo que sé, sobre el sexo lo he aprendido en mi casa, viendo cómo mis padres se divertían? - ¿por qué en el colegio no pude aprender nada, solo pude asistir al colegio hasta los 10 años? - ¿y después de esa temprana edad me tuve que ir a trabajar al campo con mis padres para ayudarles?

- ¿Ellos trabajaban en el campo, y pasábamos mucho calor recogiendo los frutos del campo? - ¿ellos trabajaban siempre en el campo recogiendo las cosechas que primero sembraban? Y su amiga Garbiñe le dijo.

- ¿Pues la verdad es que esta historia nunca me la hubiese creído?

- ¿Pero viniendo de ti? - ¿te creo porque eres mi mejor amiga? - ¿y a mí, no me vas a mentir? - ¿veo en tu cara una sincera realidad?

- Y tras aquellos comentarios entre las dos amigas y estando ya tumbadas encima de sus camas y a punto de iniciar el descanso nocturno, hablando y hablando se quedaron las dos dormidas en un santiamén, y era porque estaban las dos, bastante cansadas, después de estar todo el día de un lado para otro y con el pensamiento de sus mentes puesto de lleno, en poder descansar, y cuando ya a la mañana siguiente, comenzaba a clarear el día, la joven brasileña le preguntó a su amiga Garbiñe.

- ¿Qué tal amiga? - ¿cómo te ha ido la noche? - ¿te ha dado tiempo de soñar? Y su amiga Garbiñe le contestó.

- ¿He descansado toda la noche de un tirón, pero me ha dado tiempo incluso de soñar? Y su amiga Martina que se encontraba impaciente por que le contase cuales habían sido los sueños, esta le preguntó.

- ¿Y esta noche que seguramente deberías estar bastante cansada?

- ¿Con que has soñado? Y su amiga le dijo.

- ¿Pues, la verdad es que, en este momento, no lo recuerdo? - ¿pero? - ¿seguro que he soñado con algo, porque ahora me encuentro agotada de haber soñado? Y esta añadió.

- ¿Igual, dentro de un par de horas me viene a la mente el sueño de esta noche? Y su amiga Martina le dijo.

- ¿No vale la pena que te calientes la cabeza en recordar esos sueños?

- ¿Seguro que esos sueños no deberían ser muy interesantes? Y esta añadió.

- ¿No habrás soñado conmigo? - ¿verdad? Y su amiga le contestó.

- ¿Creo que no? - ¿pero tampoco me hubiese importado mucho, soñar alguna vez con mi mejor amiga?

- Y aquel día, cuando las dos amigas se despertaron, lo que más les importaba a las dos, era encontrar pronto un lugar para comenzar a trabajar, (en aquella monstruosa ciudad de Buenos Aires), más que nada porque tenían la necesidad de poder pagar aquella pensión en la que estaban alojadas y ya una vez que las dos se habían tomado el desayuno, ellas acordaron que sería conveniente marcharse pronto en busca de una agencia de empleo (no estatal) para conseguir un trabajo.

- Y se marcharon las dos a la calle sin esperar a que aquel grupo que iba con ellas, tuviese algún detalle y fuesen hasta allí, para saber cómo habían pasado aquella primera noche sin ellos, y cuando ya se encontraban en la calle y vieron que pasaban por allí dos mujeres de mediana edad, estas les preguntaron.

- ¿Dónde podíamos encontrar por aquí cerca una agencia de empleo?

- ¿Es que estamos buscando un trabajo para las dos? Y estas añadieron.

- ¿Es que nos encontramos aquí, sin saber muy bien a donde ir, para encontrar un trabajo? Y aquellas dos mujeres, que ya habían pasado por lo mismo que estaban pasando ellas, en algunos años anteriores, fueron ellas mismas las que les dijeron a las jóvenes.

- ¿Si nos acompañáis, os diremos a donde os tenéis que dirigir para encontrar esa agencia de empleo? - ¿nosotras vamos en esa misma dirección? Y estas mujeres añadieron.

- ¿Las dependientas de esa agencia, son muy amables y no os van a cobrar por ahora nada? - ¿solo os harán pagar algo de dinero, cuando ya estéis trabajando, pero será solo una pequeña cantidad? Y se marcharon hasta aquella agencia las 4 mujeres y cuando llegaron hasta la puerta, les señoras que les acompañaban se despidieron de ellas y les dijeron.

- ¿Qué tengáis mucha suerte? Y cuando las dos amigas entraron a aquel despacho (que se creían que iban a encontrar a alguna señorita sentada en la mesa del despacho) estas se encontraron allí sentado a un hombre muy bien vestido y perfumado, educado y hablador, qué al ver allí a las dos jóvenes, este hombre se quedó mirando a una de ellas y les dijo.

- ¿No me digáis qué es lo que queréis de mí? Y la chica argentina que hablaba su mismo idioma, le dijo.

- ¿Igual no buscamos lo que usted piensa? Y esta añadió.

- ¿Nosotras, no estamos buscando a un príncipe azul? - ¿no era eso lo que usted pensaba? Le preguntó Garbiñe al hombre. Y esta añadió.

- ¿Estamos buscando un empleo en alguna casa, para el cuidado de personas mayores o tal vez, para el cuidado de niños? - ¿lo que tenga usted escondido, (no lo queremos encontrar) porque seguro que otras chicas argentinas ya se lo hayan rechazado? Y esta joven añadió.

- ¿Nosotras queremos trabajar y no nos importa en qué? Y el hombre que ya les había entendido perfectamente con solo entrar en aquel despacho, este les dijo a las dos jóvenes.

- ¿Bueno? Y sacando de uno de los cajones de su mesita un dosier de al menos 10 hojas, les dijo a las jóvenes.

- ¿Aquí tengo pendiente una plaza para el cuidado y la educación de los hijos de un matrimonio de la alta sociedad bonaerense? Y la propia Garbiñe, que era en aquel momento quien se encontraba hablando con el dependiente de la agencia, le dijo.

- ¿Bueno? - ¿por algo se empieza? Y esta joven le preguntó a su amiga.

- ¿Qué tal, llevas eso de la educación de los niños? Y su amiga Martina le dijo - ¿será sin duda para mí, un gran reto? - ¿pero lo voy a probar, para ver cómo me sale? Y la amiga que se encontraba en aquel momento allí delante de los dos, le dijo al dependiente.

- ¿Este trabajo, ya nos va bien? - ¿este se lo quedará mi amiga Martina?

- Y al hombre que aún no le habían dicho cuáles eran los nombres de las dos amigas, este les preguntó.

- ¿Hombre? - ¿este nombre de Martina, debe de ser de algún país extranjero? - ¿aquí en Argentina no se les suele poner ese nombre a las mujeres? Y la joven Garbiñe, le dijo al hombre.

- ¿Si, si? - ¿ella es brasileña y es sin ninguna duda, la mejor amiga que he tenido nunca? - ¿así que ese empleo será para ella? Y esta joven añadió.

- ¿Y ahora quiero otro trabajo para mí? - ¿a ver si por esos cajones, tiene usted algo atrasado o escondido que me pueda ir bien? Y el hombre después de decirle aquello a la joven, este se puso a revolver los cajones que tenía allí delante de su mesa de trabajo, y tras buscar un buen rato, este encontró unos papeles en los que decían.

- ¿Busco joven argentina, para cuidar a personas mayores y con reducida movilidad? Y el hombre le leyó a Garbiñe aquella misiva y esta al escuchar aquello de la boca del dependiente, le dijo.

- ¿Bueno? - ¿si no hay algo que sea más reciente que eso, pues ese trabajo será bienvenido? Y el hombre le preguntó a la joven Garbiñe.

- ¿Qué le parece este trabajo? - ¿todo será cuestión de ponerse en contacto con los señores (que no residen muy lejos de aquí) y a raíz de ahí, comenzar a trabajar con ellos?

- Y aquel mismo día salieron de aquella agencia las dos amigas con un trabajo, cada una de ellas, una para cuidar y educar a 3 niños de una familia adinerada y la otra para acompañar y cuidar a 2 personas mayores con movilidad reducida y con la mentalidad ya preparada de que en aquellas mismas casas ya les facilitaban el alojamiento.

- Así que enseguida que salieron de aquella agencia las dos jóvenes, se marcharon hasta aquella casa que les indicaron en primer lugar, para hablar con los señores mayores y acordar con ellos las condiciones del trabajo y el precio que tenían que percibir por su trabajo, y después de haber quedado con ellos incluso el día de comienzo, las jóvenes seguidamente se marcharon las dos a la otra casa (que distaba de la primera unos 3 kilómetros, pero en la misma calle) y cuando las dos llegaron hasta aquella casa en la que tenían que cuidar a los niños, nada más pulsar el timbre de la puerta de la casa, les salieron a recibir (precisamente aquellos dos niños) de 7 y 10 años (que ya se encontraban bastante grandecitos) para poder dominarlos y cuando los niños vieron a la joven brasileña, que iba a ser la doncella que les tenía que cuidar, los niños se abalanzaron sobre ella, al mismo tiempo que el mayor de ellos dos, decía en voz alta.

- ¿Qué bien? - ¿ya tenemos nueva mamá? Y después de oír aquella exclamación del niño mayor, la joven Martina se quedó bastante sorprendida ante aquel alegre recibimiento de los niños y fue la joven Martina quien le preguntó al niño. ¿qué os pasa niños? - ¿qué no os gusta estar con vuestra mamá? Y el niño mayor, ante aquella pregunta le dijo.

- ¿Es que mi mamá? - ¿siempre nos está riñendo? - ¿es una pesada y no la aguantamos más?

- Y la madre de aquellos niños, que en aquel momento se encontraba en el interior de a casa, estaba oyendo a los niños como le decían aquello a la joven brasileña y cuando la mujer terminó de realizar aquello que tenía entre manos, salió a recibir a la joven Martina y a su amiga, y cuando la mujer vio con el cariño y la atención con que la joven dialogaba con los niños, la mujer les dijo a sus hijos.

- ¿Bueno Carlitos? - ¿te gusta esta señorita para el cuidado y para vuestra educación? Y el niño sin pensárselo mucho, le dijo a su madre.

- ¿Esta señorita me gusta mucho más que tú? - ¿tú nos riñes cada momento y no te queremos? Y la joven Martina que no se podía creer lo que estaba oyendo por parte de los niños, diciendo aquellos comentarios a la mujer desconocida para ellos estando su madre delante, Martina le dijo a la señora.

- ¿Bueno, señora? - ¿dígame si le he parecido bien, para poder encargarme del cuidado y la educación de esas fieras? Y la señora de la casa y madre de los niños, le dijo a la joven.

- ¿En vista de lo bien que has sido recibida por los niños, quedas admitida como doncella y educadora de mis hijos? Y esta mujer añadió.

- ¿Mis hijos son 3? - ¿son estos dos y una niña que ahora se encuentra durmiendo en su cunita? - ¿son los 3 muy simpáticos y cariñosos, ya los irás conociendo?

- Y las dos amigas que aún se encontraban en la puerta de la calle, se preguntaron la una a la otra.

- ¿Cómo lo ves Martina? – ¿vas a poder aguantar con los 3 niños?

- Pero Martina estaba calibrando hablar primero con la madre de los niños, antes de darle a su amiga una certera contestación, para que le dijese primero la señora de la casa, cuál iba a ser su salario mensual por aquel trabajo, y cuando ya entraron todos por el recibidor hasta la sala de estar, Martina vio allí sentado al jefe de la casa, en un gran butacón (que era sin duda el padre de los niños) (porque su cara se le parecía mucho al niño mayor de los dos, aquel que se llamaba Carlitos).

- Y cuando la señora le preguntó al padre de los niños- ¿mira Paulo?

- ¿Qué te parece esta señorita para que se encargue de la educación y el cuidado de los niños?

- Y el esposo que no le quitaba el ojo a la joven Martina, (debido a su juventud y lozanía), y este le dijo a su esposa.

- ¿Por mí, ya se puede quedar desde este mismo momento? - ¿yo a esta joven la veo muy bien? - ¿y seguro que los niños van a estar encantados con ella?

- Y Martina todo aquello que estaba oyendo, a ella le enorgullecía escucharlo de la boca del esposo, pero a Martina lo que más le interesaba en aquel momento, no era que los niños estuviesen o no encantados con ella, sino que a ella le interesaba más, saber cuánto iba a percibir al mes por su trabajo de doncella, pero Martina por algo de vergüenza en tocar aquel tema no lo hacía, y tuvo que ser su amiga Garbiñe quien sin que viniese al hilo de la conversación le dijese a la señora y madre de los 3 niños.

- ¿Y cuantos pesos, va a percibir mi amiga por el cuidado y la educación de esas 3 fieras? Y allí exactamente fue cuando el matrimonio no se ponía de acuerdo, porque la señora quería que el salario fuese el mismo que se pagaba en el país a las doncellas y esta le dijo a Garbiñe.

- ¿El salario mensual de su amiga será el mismo que perciben las doncellas en este país? Y esta añadió.

- ¿Por qué tú, no eres Argentina? - ¿verdad? Y en vez de contestar la joven Martina a aquella pregunta, fue su amiga de nuevo quien le dijo.

- ¿Y eso que tiene de malo que no sea argentina?

- ¿Acaso no es una mujer que sabe muy bien cuál es su trabajo? Y esta joven añadió.

- ¿Le deberían pagar aún más por el simple hecho de ser ella brasileña?

- Y la señora y madre de los niños esta vez se dirigió a la joven Martina y le preguntó.

- ¿Así que eres del Brasil? Y la joven Martina le dijo.

- ¿Si si? - ¿yo soy brasileña? Y entonces fue su amiga quien de nuevo se dirigió a la madre de los niños y esta le dijo.

- ¿Pues por el solo hecho de ser brasileña le deberían pagar el doble? Y esta joven añadió.

- ¿Por qué ella les puede enseñar a sus hijos a hablar en brasileño, y así no tendría que llevarles a aprender el idioma a ninguna escuela extra? - ¿y eso debería estar también pagado?

- Y el esposo que se encontraba sentado en aquel butacón mirando como hablaban las dos jóvenes con su esposa, a este le había gustado mucho aquella joven, el hombre le dijo a su esposa.

- ¿A esta joven se le debe pagar, algo más que a las mujeres argentinas? Y el hombre aún añadió.

- ¿Además esta mujer es joven y muy cariñosa y su acento brasileño seguro que les va a encantar a los niños y van a estar muy a gusto con ella?

- Y este hombre añadió.

- ¿Nunca había tenido la oportunidad de tener en mi casa a una doncella brasileña? Y el hombre estaba pensando en su interior.

- ¿Y a mí, esta señorita también me cae muy bien? Y entonces la esposa para cambiar de conversación le preguntó a su esposo Paulo.

- ¿Entonces, cuanto le digo que le vamos a pagar al mes? Y el esposo sin apenas levantarse de su asiento, le dijo a su mujer.

- ¿A esta señorita se le ha de pagar, lo mismo que se les pague aquí a las doncellas, más una paga extra? Y la señora le preguntó al esposo - ¿y a cuánto asciende (para ti) esa paga extra, y este le dijo a su mujer?

- ¿Depende de lo que ella sepa hacer? - ¿depende de lo que sepa aguantar a los niños en cada momento? Y cómo la amiga se estaba dando cuenta de que el matrimonio no llegaba aponerse de acuerdo en el salario a percibir por su amiga, esta le dijo a la señora.

- ¿Pues teniendo que cuidar a 3 niños y sabiendo que esos 2 niños están encantados con mi amiga Martina y les ha caído muy bien, ustedes le deberían pagar un salario de 4.000 pesos más un plus de peligrosidad de 400 pesos, por la paciencia que va a tener que demostrar para la educación de esas 3 fieras?

- Y a la señora que aquella cifra le parecía excesiva, la mujer estaba pensando.

- ¿Claro? - ¿es que no son solo 2, es que son los 3, lo que pasa es que ahora la niña más pequeña se encuentra durmiendo en su cunita, pero cuando se despierte y comience a llorar y la joven se dé cuento de lo difícil que es hacerla callar?

- ¿Hasta es posible que la joven se eche para atrás? Y la señora le dijo a Garbiñe.

- Bueno joven acepto esas condiciones de pagarle un plus por tener que aguantar a los 3 niños? Y la señora le preguntó a Martina.

- ¿Y cuando quieres comenzar a trabajar? Le preguntó la señora y madre de los niños.

- Y en aquel momento las dos amigas se miraron la una a la otra y en sus miradas se les notaba la satisfacción de que les iba muy bien comenzar ya aquel mismo día y antes de que Martina contestase a aquella pregunta de la señora, fue su amiga Garbiñe de nuevo quien le contestó a la señora.

- ¿Mi amiga podrá comenzar, cuando a usted le venga bien? Y esta joven añadió

- ¿Pero por lo que veo en su casa, seguro que a usted le vendría muy bien que mi amiga comenzase ahora mismo? - ¿pero ahora mismo no va a poder ser, porque mi amiga se va a venir conmigo ahora? Y esta añadió.

- ¿Así que señora, tendrá que ser mañana?

- Y Garbiñe le dijo aquello a la señora, porque primero a ella le interesaba poner todas sus cosas en orden y poder primero anular el pago que ellas ya habían realizado al dueño del hostal, por la reserva de aquella habitación que estaban ocupando hasta aquel día.

- Así que las dos amigas se marcharon de aquella casa, con la promesa ya de que Martina comenzaría a trabajar al día siguiente y las dos amigas se fueron en busca de la maleta de Garbiñe, para llevársela a la casa en donde ésta ya había contratado aquel primer empleo, para acompañar a aquellas dos personas mayores con movilidad reducida, y una vez ya se habían llegado hasta aquella casa la maleta de Garbiñe, se marcharon de nuevo hasta el hostal para llevarse la otra maleta de la joven Martina y esta, tras recoger todas sus pertenencias del hostal, e introducirlas en su maleta, estas jóvenes le dijeron al dueño de aquel hostal.

- ¿Esta será, la última noche que dormiremos aquí? - ¿ya hemos encontrado un trabajo, que al mismo tiempo nos proporciona también el alojamiento para dormir? Y estas dos jóvenes añadieron.

- ¿Le agradecemos enormemente que nos haya facilitado esta habitación durante estos días? - ¿ha sido un placer haber estado en su casa?

- Y al día siguiente las dos jóvenes se marcharon cada una de ellas a sus respectivos trabajos y aunque las casas de aquellos señores en donde ellas iba a desarrollar sus trabajos, se encontraban en la misma calle, en la ciudad de Buenos Aires las calles son tan largas, que pueden llegar a medir hasta 20 kilómetros y aunque no llegaban a estar tan lejos como esos 20 kilómetros, las dos jóvenes lo tenían muy difícil para poder tener entre ellas una comunicación cercana y fluida (como lo tuvieron hasta entonces) y se pasó mucho tiempo sin llegar a poder tener un acercamiento para sus días de permiso de descanso y de diversión.

- Así que cuando Martina apareció al día siguiente por aquella casa de los niños, nada más tocar el timbre de la puerta de la calle, el niño mayor de los dos que se llamaba “Carlitos” enseguida se percató de que a aquella hora no podía ser otra persona que no fuese su cuidadora, la joven Martina y antes de ir el solo a abrir la puerta, este le dijo a su mamá.

- ¿Voy a abrir la puerta a mi segunda mamá? - ¿ella sí que es cariñosa?

- ¿A ella sí que la vamos a obedecer, porque es muy cariñosa y nos gusta mucho su acento? Y el otro niño que le estaba oyendo desde al comedor, le contestó a su hermanito mayor.

- ¿Si sí? - ¿a mí también me gusta mucho esa señorita? Y cuando el niño entraba a la casa con la joven Martina a su lado y llegaron a la sala de estar, se encontraba allí sentado en un butacón todavía el esposo y padre de los niños, que la joven Martina al verle allí sentado en aquel gran butacón sin apenas levantarse para nada, desde su butaca este le dijo a la joven.

- ¿Qué mujer más guapa, ha llegado a esta casa? Y este le preguntó a su hijo mayor.

- ¿Verdad, que esta señorita es mucho más guapa que la mamá? Y antes de que llegase hasta allí la madre de los niños, el hombre que tenía unos 35 años aproximadamente, le dijo a la joven doncella.

- ¿Eres sin duda, la mujer más guapa de las que han entrado jamás en esta casa?

- Y la joven Martina tratando de mantener un poco la ironía ante aquella afirmación del esposo, esta se cayó y no hizo ninguna apreciación, pero sí que le dijo al hombre que continuaba sentado en aquel butacón.

- ¿Y también más guapa que la señora de la casa? Y aquello a la madre de los niños le pareció un grave insulto y un desprecio por parte de la joven Martina, pero claro, aquello era solo una pregunta que hacia la joven Martina al esposo Paulo y la señora en aquel momento se puso de uñas con Martina que no llegó a más, porque el esposo le dijo a la señora.

- ¿Qué solo estábamos haciendo una broma? Y la mujer le dijo al esposo.

- ¿Te prohíbo terminantemente que coquetees con la doncella? Y a la joven, le dijo la señora.

- ¿No puede usted presentarse delante de mi esposo Paulo, vestida con una falda tan corta como la que lleva usted ahora? Y la mujer que estaba ya bastante celosa de Martina, en un arrebato de celos le dijo a Martina.

- ¿Vengase usted conmigo, que quiero que se vista como lo hacen las doncellas en Argentina? - ¿Con falda larga y sin escote? - ¿así dejará usted de provocar a mi esposo?

- Y después de haberse cambiado de ropas la joven Martina ya no parecía la misma y ya la señora con voz algo más pausada, para que su marido no llegase a escucharla, le dijo a Martina.

- ¿Es que mi esposo cuando ve carne joven, se pone como un burro?

- ¿La testosterona se le sube por las nubes y se pone a cien? Y esta mujer añadió.

- ¿Y cuándo se pone así, el hombre puede hacer cualquier disparate? Y la mujer aún añadió.

- ¿Te lo digo por experiencia? ¿ya tuvimos hace algunos meses a otra chica, y mi marido se paraba a decirle cosas graciosas? - ¿y ella se reía y reía sin apenas contestarle para nada? - ¿Pero a mí, no me gusta nada que las doncellas vayan por la casa provocando?

- Y una vez que la joven ya se encontraba vestida con aquella falda larga, que le había facilitado la señora para su trabajo doméstico, esta mujer le dijo.

- ¿Ves? - ¿así es cómo me gustan a mí, que vayan vestidas las doncellas en esta casa? - ¿Así no hay miedo a que provoquen a mi marido? Y la señorita Martina le dijo a la señora.

- ¿A lo mejor usted no le da a su marido lo que él quiere que le den?

- ¿Lo que a él le hace falta? Y la señora al escuchar de boca de la doncella aquellas palabras, esta se enfureció mucho por aquella contestación y le dijo a la doncella.

- ¿Quiero que sepa señorita, que mi marido es muy feliz con su esposa?

- ¿Y no le hace falta nada más, para ser feliz? Y la joven le contestó.

- ¿Entonces, porque tiene usted tantos celos de las doncellas, quizás es porque su esposo no es lo feliz que usted cree que es? Y la joven aún añadió.

- ¿Pero bueno? - ¿sea por lo que sea? - ¿tenemos que dejar este tema y ahora que estamos solas las dos, prefiero que nos centremos en otra cosa?

- ¿Dígame usted? - ¿cuál va a ser la habitación en la que yo tengo que dormir? Y la señora que aún se encontraba refunfuñando por la contestación anterior de la joven, esta mujer le dijo.

- ¿Ah? - ¿es verdad? - ¿aún tengo que decirle cual va a ser su dormitorio? Y la señora añadió

- ¿Vengase usted conmigo, que le voy a decir cuál va a ser su habitación?

- Y mientras las dos mujeres iban subiendo por las escaleras que le llevaban hasta el primer piso, la señora le iba diciendo a la joven.

- ¿Su habitación se encuentra al lado de la habitación de los niños? Y cuando ya llegaron a la habitación de los niños mayores, la mujer le dijo.

- ¿Ve usted? - ¿Esta es la habitación de los niños y esta otra que hay aquí al lado será la suya? Y la señora dueña de la casa añadió.

- ¿La habitación de la doncella se encuentra casi siempre al lado de la habitación de los niños, porque así de esa manera, la chica lo tiene mucho mejor para poder vigilarles, incluso cuando ellos estén durmiendo? Y esta añadió.

- ¿Y s alguno de ellos se despierta y se pone a llorar, pues desde aquí al lado, se oye todo enseguida y no se tiene que andar mucho para llegar a donde ellos están? Y la señora aún añadió.

- ¿Además ahí enfrente encima del armario- taquillón hay una video-cámara que se puede ver todo lo que los niños hacen sin tu presencia con ellos?

- Y tras enseñarle a la joven cuál era su habitación, la madre de los niños no recordó decirle que para ducharse lo tendría que hacer en la habitación de los niños, (que era a donde se encontraba la ducha de los niños y la de las doncellas), y la joven antes de marcharse de aquella habitación, esta le preguntó a la madre de los niños.

- ¿Y dónde tengo yo la ducha? Y su jefa le dijo. - ¿ah es verdad? - ¿se me había pasado en decírselo? - ¿para eso tienes que ir a la habitación de los niños? - ¿qué tampoco la tienes tan lejos? Y la mujer añadió.

- ¿Parece que te hayas quedado sin palabras cuando te he dicho, que la ducha está en la habitación de los niños? Y esta le volvió a preguntar.

- ¿Parece que no te haya hecho mucha gracia, tener que ducharte en la habitación de los niños, por la presencia de ellos? Y la joven Martina le dijo a la señora.

- ¿No no? - ¿no es que no me haga mucha gracia, es qué si tengo que ducharme en la habitación de los niños, estos se pueden despertar mientras yo me esté duchando?

- ¿Y no me gusta despertar a los niños mientras estos duermen plácidamente? Y esta joven añadió.

- ¿Pero? - ¿si no hay otra opción, pues lo haré cómo la señora me lo ordene? Y la joven aquel primer día, al no saber muy bien, cómo tenía que hacer las cosas de los niños, fue la señora quien le iba diciendo en cada momento que era lo que ella tenía que hacer, y cuando ya llegó la noche y los niños se tuvieron que ir a dormir, la señora y madre de los niños les dijo a estos.

- ¿Ahora os marcháis a la cama y la doncella Martina ya os contará un cuento, para que os quedéis dormidos pronto? Y cuando ya era la hora de que los niños se subían hacia su habitación, estos le dijeron a su mamá.

- ¿Y no sube con nosotros la sirvienta? Y su mamá les dijo.

- ¿No me gusta nada que a la nueva chica le llaméis sirvienta?

- ¿Llamarla por su nombre que tiene un nombre muy bonito? - ¿y a ella seguramente también le gustará que la llamemos por su nombre? Y dirigiéndose después a Martina, la señora le preguntó.

- ¿Verdad? - ¿qué te gusta más que te llamen por tu nombre? Y la joven le contestó.

- ¿Pues claro? - ¿para eso me pusieron este nombre, para que la gente me llame por el nombre?

- Y a partir de aquel día, los niños comenzaron a llamarla por el nombre, y cuando ya los niños se encontraban en la cama, uno de ellos el mayor que se llamaba Carlitos le dio a su mamá en voz alta.

- ¿Mamá? - ¿Cuándo va a subir Martina para que nos cuente un cuento? Y la mamá de los niños que se encontraba muy cerca de donde estaba Martina, esta le dijo a la joven.

- ¿Ves? - ¿qué pronto aprenden estos niños a lo que se les ordena?

- ¿Les he dicho que te llamen por tu nombre y enseguida me han obedecido?

- ¿Ahora ya te llaman por tu nombre? - ¿todo es cuestión de enseñarles lo que tienen que hacer? Y esta mujer añadió.

- ¿Los niños son cómo esponjas, absorben todo lo que se dice y todo lo que ven?

- Y la joven Martina al ser ya la hora de subir a dormir, esta se subió hasta la habitación de los niños, y comenzó a contarles un cuento, pero cómo Martina era de origen brasileño, los cuentos que ella se sabía de memoria, eran todos en el idioma brasileño y cuando la joven comenzó a contar el cuento de Blanca Nieves, los niños se quedaron con la boca abierta todo extrañados por el vocabulario de Martina, y era porque ellos en ese idioma no entendían casi nada del cuento, y estaban los dos niños comprobando que aquel cuento que les estaba contando, no se le parecía en nada al que les contaba la anterior doncella y a los niños que aquello les resultaba bastante aburrido, al no entender el cuento antes de que terminase la joven de contar, ellos los niños ya se estaban durmiendo, pero no se durmieron del placer de escuchar el cuento, sino que se quedaron dormidos de aburrimiento y la joven Martina cuando vio que los niños se quedaban dormidos, ésta a su forma de entenderlo, dijo.

- ¿Aleluya? - ¿se han quedado dormidos antes del tiempo que yo pensaba? Y esta joven añadió a su pensamiento.

- ¿Pues ahora, que ya se han quedado dormidos los dos, me voy a ir a darme una ducha, porque ni ayer ni anteayer me pude duchar en ningún sitio?

- Y la joven se marchó hasta su habitación y se puso una bata, para cuando ella saliese de la ducha, poder con aquello abrigarse un poco y se marchó hasta la habitación de los niños, que era donde se encontraba la ducha y al sacarse el batín y al comenzar a correr el agua por las tuberías de la casa, el niño mayor de los dos que era Carlitos se despertó y al ver allí a la doncella duchándose en el baño de su habitación, Carlitos se hizo el dormido y se dedicó a ver todos y cada una de los movimientos de Martina y cada una de las poses que Martina hacia dentro y fuera de la ducha, de la joven y esbelta Martina y cuando ya esta joven se había duchado y se estaba secando todo su remodelado cuerpo, el niño mayor (que estuvo en todo momento viendo el cuerpo de Martina) éste haciéndole ver a Martina de que él estaba dormido, hizo cómo que entonces se despertaba y le dijo a Martina.

- ¿Tu, te duchas todos los días? Y la joven Martina se quedó un momento sin palabras ante aquella pregunta y esta le contestó con otra pregunta.

- ¿Y tú, te duchas todos los días? Y Carlitos le dijo. - ¿yo, hace ya una semana que no me puedo duchar, porque tengo que tener a alguien para que después me seque la espalda, la piel? Y este niño añadió.

- ¿Tu Martina tienes la piel muy suave? - ¿y muy bonita? Y la joven ante aquello, pensó.

- ¿Este niño, seguro que me habrá estado espiando mientras me duchaba? - ¿seguro que se habrá despertado con el sonido del paso del agua por las tuberías y se habrá hecho el dormido, mientras que yo me duchaba? - ¿y me habrá visto todo el cuerpo de arriba abajo? - ¿incluido mis pechos? Y la joven tras pensar ella todo aquello, esta le preguntó al niño.

- ¿Tu mamá, os ducha algún día? Y el niño (que era muy pillo pero que no sabía mentir) le dijo a Martina.

- ¿A nosotros siempre nos ducha la doncella? - ¿no nos gusta que nos duche la mamá? - ¿y eso por qué? Le pregunto Martina al niño, y el niño le dijo.

- ¿Es que mi mamá se pone muy nerviosa mientras nos duchamos y ella y siempre nos riñe? Y la joven le dijo a Carlitos.

- ¿Pues mañana, antes de que os vayáis a la cama por la noche, seré yo quien os lleve primero a la ducha? Y esta añadió.

- ¿Qué te parece Carlitos? Le preguntó la joven, y Carlitos le contestó.

- ¿Pues, me va a gustar mucho más que seas tú quien nos duche, que la mamá? Y a continuación le dijo a Martina.

- ¿Y nos ducharemos juntos los dos? - ¿cómo lo hacía la doncella que se marchó hace ahora dos semanas? Y este niño añadió.

- ¿A mí me gustaba mucho, ducharme cuando se duchaba la otra doncella? - ¿por qué nos rozábamos la piel, cuando nos duchábamos? Y este niño añadió.

- ¿Tenía una piel muy suave y delicada? Y la joven Martina le preguntó.

- ¿Igual que la mía? Y el niño se quedó un buen rato pensando y le dijo.

- ¿Cómo los tiene mi mamá? Y la doncella entonces le preguntó.

- ¿Y tu mamá tiene muchos pelos en las piernas? Y el niño que no sabía mentir, le dijo.

- ¿Igual, igual que la otra doncella, ¿no? - ¿ahora mi mamá no tiene pelos, porque de cuando en cuando, se los afeita con una maquinilla que tiene mi papá en el armario de la ducha?

- Y tras aquella breve, pero intensa conversación entre la doncella y el niño mayor, esta joven se terminó de secar el cuerpo con una gran toalla que ya se había dejado allí colgada cerca de la ducha para ella, y se marchó hasta su habitación, tapada con aquella misma toalla para vestirse posteriormente con sus ropas de dormir y mientras se estaba cambiando de ropas para ponerse a dormir, el niño Carlitos que aún permanecía despierto en su habitación se acercó hasta la puerta de la habitación de Martina y llamó a su puerta, porque no se podía dormir y Martina le contestó.

- ¿Quién es? - ¿qué quieren a esta hora? Pensando que se trataría de la señora de la casa, y cuando Carlitos le contestó - ¿soy yo Carlitos? Y este añadió.

- ¿Es que no me puedo dormir? - ¿por qué no me cuentas un cuento? Y este añadió.

- ¿Pero que no sea de esos de Blanca Nieves, es que ese cuento es solo de niñas?

- ¿Ese ya se lo contarás a mi hermanita cuando crezca un poco más? - ¿a mí, cuéntame uno que sea de niños? - ¿cómo pulgarcito o ese otro….? Y la joven Martina le contestó.

- ¿Y cuál es ese otro? Y Carlitos le contestó - ¿bueno es igual, cualquier cuento que no sea de niñas? - ¿ese de los cerditos? Y Martina le preguntó.

- ¿Cual quieres decir, ese de los 3 cerditos? Y el niño añadió.

- ¿Es que me gusta mucho tu acento brasileño? - ¿sabes? Y la joven le contestó - ¿Mira igual que a tu papá? - ¿a él, también le gusta mucho mi acento brasileño? Y la joven añadió.

- ¿Aunque no sé muy bien si a tu papá, le gusta mi acento brasileño o tal vez sea porque le gusto yo? Y el niño que era muy pícaro le dijo a Martina.

- ¿Pues yo creo que seguro que a mi papá le debes gustar tú? - ¿por qué ayer al medio-día, cuando llego de trabajar en su despacho, me dijo a mí?

- ¿Te has dado cuenta hijo, que guapa es la nueva doncella? - ¿y por eso sé que tú, le debes gustar?

- Y la joven Martina entonces le comenzó a contar el cuento de los cerditos y cuando aún no había contado ni medio cuento, el niño se quedó dormido encima de la cama de la joven Martina, y esta joven solo le tuvo que coger en brazos (pero el niño a su edad pesaba mucho) y Martina se lo llevó hasta la habitación y lo dejó encima de su cama, (mientras que el otro hermano más pequeño permanecía en su cama (aparentemente dormido) y la joven se marchó de nuevo a dormir a su habitación y ya por la mañana cuando llegó la hora de que los niños se levantasen para ir al colegio, se fue Martina a la habitación de los niños y al entrar allí, esta les dijo.

- ¿Cómo han dormido mis niños? Y la joven se los decía en un plan cariñoso, y el más pequeño de los dos que se llamaba Paulito (cómo su padre, pero en diminutivo), este ya se encontraba despierto mientras que su hermano mayor permanecía aún dormido y mientras que la joven le hacía algunas carantoñas a Paulito, el hermano mayor comenzaba entonces a despertarse y la joven le queso hacer a Carlitos la misma pregunta que ante ya le había hecho a Paulito.

- ¿Cómo han pasado la noche mis niños? Y en este caso, el mayor de los dos que aún le costaba incluso abrir los ojos, le dijo a Martina.

- ¿Tengo tanto sueño, que hasta me cuesta abrir los ojos? Y la joven Martina le dijo a Carlitos.

- ¿Es que Carlitos? - ¿no puedes venir a media noche a mi habitación para que yo te cuente un cuento? Y el niño le contestó.

- ¿Pues no me acuerdo de nada? - Y este le preguntó.

- ¿Pero me contaste un cuento o no? - ¿o me vine otra vez a dormir a mi habitación? Y la joven Martina le dijo.

- ¿Cómo se te ocurra otra vez, venir a mi habitación para que te cuente un cuento?

- ¿Te voy a dejar a dormir en mi cama? Y el niño, que ya había pensado en más de una ocasión quedarse a dormir con ella en su cama, este niño le dijo.

- ¿Pues eso es justo lo que quiero? - ¿dormir en tu cama? - ¿es que la mía es muy estrecha y la tuya es mucho más grande? Y la joven Martina le dijo.

- ¿Pero Carlitos, te vas a portar bien si te quedas a dormir conmigo en mi cama? Y Carlitos le contestó.

- Ella siempre me decía.

- ¿Carlitos cierra los ojos y duerme y si no la respetaba y me ponía enseguida a dormir, mi mamá me reñía, y me decía.

- ¿Cómo no duermas, mañana te quedas sin salir a la calle con tus amigos? - ¿por eso mismo que si duermo contigo yo estoy seguro que no me vas a reñir? Y la joven le dijo.

- ¿Pero Carlitos, es mejor que tu duermas en tu cama y le hagas compañía a tu hermanito? - ¿por qué si no, él podría coger celos de ti? Y la joven Martina le preguntó a Carlitos.

- ¿Porque vosotros dos os lleváis bien? - ¿verdad? Y Carlitos le dijo a Martina - ¿no te creas? - ¿mi hermanito Paulito, es muy malo y muy revoltoso y casi nunca me hace caso? - ¿yo le digo las cosas para que las haga bien y el siempre hace lo contrario? Y la joven Martina le dijo.

- ¿Bueno Carlitos, eso lo hace porque al ser él, el más pequeño necesita más cuidados y si no se las dan todas a él, entonces la única forma de protestar la manifiesta haciendo las travesuras?

- Y en aquel momento la madre de los niños llamó a Martina y le dijo.

- ¿Tienes que ir a limpiar y a vestir a la niña, que creo que se acaba de despertar?

- ¿Y está llorando en su habitación?

- Se trataba de la niña pequeña de la familia, que se encontraba durmiendo en su habitación que estaba al lado de la de los niños mayores y que a aquella hora se solía despertar y solicitaba ayuda para poder limpiar sus caquitas y para que alguien la vistiese y la joven se despidió de Carlitos (que justo en aquel momento se encontraba muy encariñado con la joven) y este niño le dijo a Martina.

- ¿Ya verás que guapa es mi hermanita? Y Martina le preguntó (antes de ir a cambiarle sus ropitas).

- ¿Bueno Carlitos, me tengo que ir? - ¿pero no tengas celos de tu hermanita? - ¿qué enseguida que termine con ella, vengo otra vez a estarme contigo? Y el niño antes de que Martina se marchase de allí, este le dijo.

- ¿Si yo, no tengo celos de mi hermanita? - ¿el que tiene celos de los dos es Paulito?

- ¿Ese sí que tiene celos de los dos? - ¿de mi porque soy su hermano mayor y de mi hermanita porque Daniela, porque es la benjamina de la familia?

- Y Martina se marchó hasta la habitación de la pequeña Daniela y después de haberle cambiado sus ropitas y limpiarle todo el cuerpo la niña se quedó jugando (después de haberle también dado el desayuno) y Martina se marchó de nuevo hasta donde se encontraba Carlitos y al llegar hasta allí, esta le dijo.

- ¿Tienes una hermanita muy guapa? - ¿pero nunca te va a poder igualar? Y eso se lo dijo Martina para que Carlitos no cogiese celos de su hermanita y a continuación la joven le dijo.

- ¿Bueno Carlitos? - ¿quieres que te cuente un cuento (ahora que tengo algo de tiempo)? Y Caritos le contestó.

- ¿Pero? - ¿cuéntamelo despacito, para que pueda entenderlo bien?

- ¿Y quiero que ese cuento sea un cuento para niños? Y este añadió.

- ¿Es que los cuentos de niñas, no me gustan? - ¿esos cuentos siempre acaban igual?

- ¿Qué la niña encuentra a su príncipe azul y se casaron y fueron felices? - ¿y siempre es el mismo rollo? - ¿yo no soy ni un príncipe y me puedo casar para ser feliz? - ¿y a mí me gustan los cuentos en donde los niños son los héroes, son los que luchan y al final salen victoriosos y solucionan todos los problemas, algo así cómo Superman?

- Y la joven Martina le dijo a Carlitos - ¿es que yo esos cuentos nunca me los he aprendido? Y esta joven añadió.

- ¿Claro es que al ser yo una mujer, de niña solo me contaban cuentos de niñas, y de esos cuentos recuerdo muchos, pero cuentos de niños, solo sé de memoria 2 o 3 y uno de ellos ya te lo he contado?

- ¿Fue aquel de los cerditos? Y el niño le rectificó y le dijo a Martina.

- ¿El de los 3 cerditos? - ¿por qué eran 3? Y Martina le dijo.

- ¿Quieres que te cuente el cuento de Pulgarcito? Y el niño le contestó.

- ¿Joooooooooooo? - ¿es que ese ya me lo sé? Y la joven le dijo.

- ¿Bueno Carlitos? - ¿ya te contaré alguno de niños, cuando vayamos al parque?

- Pero la joven Martina se tuvo que marchar a la llamada que desde la habitación de la niña que le había hecho su hermanito Paulito y se dejó allí plantado a Carlitos, muy enfadado por no haberle contado en aquel momento el cuento y la joven Martina que tenía muy poco tiempo para dedicárselo a ella, cuando ya llegaba la hora de la noche, nada más tenía ganas de descansar, porque no eran solo dos los niños, sino que eran 3, pero la que más tiempo requería era la niña que era sin duda la más pequeña y Martina le tenía que dedicar mucho más tiempo que a los demás, pero cuando en el país argentino se promulgó una ley, en la decía que las doncellas y las mujeres de compañía de mayores o interinas, se les concedía un día de permiso para su cuidado a la semana, la joven Martina que ya contaba con 20 años, cuando esta pudo hacer su primer día completo de fiesta solo para ella, la joven se marchó hasta una sala de baile para su diversión y para mover un poco el esqueleto y aquel primer domingo que ya hacía mucho tiempo que no podía salir para nada, se despachó de lo lindo, porque fue ella quien amenizó aquel baile con su forma tan original de mover el cuerpo y enseguida se arremolinaron en su entorno algunos jóvenes varones, que intentaron sacarla a bailar, ya que ella había competido algunas veces en su país en concursos de baile de samba y por tanto ella sabía muy bien bailar esa clase de bailes, lo llevaba en la sangre y quiso exhibirse en aquella sala, y si no lo hacia ella no se sentía realizada y aquel primer día que pudo ya tener libre solo para ella, se marchó a aquella sala de baile (y aunque allí no se bailaba normalmente samba) sí que ella se despachó a gusto bailando lo que ella más sabía (como era la samba brasileña) y como su figura era bastante delgada (aunque no fuese vestida con sus mejores prendas) enseguida hubo algunos jóvenes de su edad e incluso algunos mayores que ella, que al verla bailar con aquella gracia y lozanía, se interesaron en saber quién era aquella joven (de la que algunos sabían muy poco) y otros la veían como una chica nueva en aquella zona de la ciudad.

- Así que la siguiente canción que interpretaría la orquesta en directo, hubo un joven que se fue directo hasta donde se encontraba la joven Martina y la casó a bailar y la joven agradeció mucho que la sacaran a bailar, porque de aquella forma, ese joven daba opciones para que otros jóvenes algo más vergonzosos le pudiesen copiar y hacer lo mismo que él, y la joven Martina aquel día no paró de tener pretendientes que quisieron bailar con ella y esta se pasó toda la tarde distraída y divertida, al mismo tiempo que la joven se estaba dando cuenta de que los jóvenes que había en la sala, tenían sus ojos puestos en ella, y les divertida todo lo que Martina hacia en aquella sala de baile y cuando ya había terminado la velada, la joven que pensaba regresar a la casa sola, enseguida se encontró con un joven (que había estado bailando algunas canciones con ella) que se ofreció a acompañarla en el regreso a su casa, a aquella casa en donde ella prestaba sus servicios de cuidadora de los niños, pero el joven que se ofreció a acompañarla, al ver que Martina se dirigía hacia aquel distrito de la ciudad, este pensó.

- ¿Esta joven debe ser hija, de alguna familia adinerada? - ¿todo puede ser que cuando llegue con ella a su casa, su familia la emprenda conmigo y no me dejen continuar con ella, y ni siquiera podamos llegar a ser ni amigos?

- Y cómo que la joven no le había comentado nada de su situación familiar al joven, este se montaba su propia historia con respeto a la joven, incluso hubo un momento en que el joven acompañante, pensó.

- ¿Si su padre fuese tan rico? - ¿cómo parece que son todas las familias que residen en este distrito de la ciudad? - ¿hasta podría llegar a trabajar algún día en su empresa?

- Pero conforme iban los dos caminando hacia la casa, el joven le iba preguntando algunas cosas sobre su vida y sobre su pasado, y conforme ella iba contestando el joven se iba desengañando de sus primeros pensamientos sobre la riqueza de los padres de la joven Martina, y los sueños del joven se iba truncando, hasta que llegó un momento en la conversación de ambos, que la joven le dijo a su acompañante.

- ¿Cómo puedes observar por mi acento? - ¿yo no soy argentina, yo soy brasileña? Y antes de que el joven le preguntase nada más la joven le dijo.

- ¿Mis padres residen en Brasil? - ¿y yo me encuentro trabajando en Buenos Aires trabajando en el cuidado de unos niños? - ¿de un matrimonio bonaerense? Y esta joven añadió.

- ¿Supongo que ya te habrás dado cuenta de ello? Le dijo la joven.

- Y el joven que le acompañaba le contestó - ¿pues si te digo la verdad?

- ¿No me había dado cuenta de ello? Y este añadió. - ¿es que soy bastante despistado con las mujeres? - ¿sabes? Y este aún añadió.

- ¿Yo había decidido acompañarte, para que no caminases sola por estas calles, no quería que una chica tan joven y tan guapa como tú, le llegase a ocurrir algo o tuviese algún percance en el regreso a su casa?

- ¿Solo pretendía protegerte? Y este añadió.

- ¿Aunque este sector de la ciudad, no es nada peligroso, pero nunca te puedes fiar de nadie? - ¿Buenos Aires es como cualquier otra ciudad, tiene cosas buenas y cosas malas, y cuando la joven oyó aquello de “cosas malas”? Esta le preguntó al joven que la acompañaba.

- ¿Y cuáles son esas cosas malas? - ¿por qué yo quiero saber? - ¿cuáles son esas cosas malas? Y el joven le dijo.

- ¿Pues esas cosas malas, son qué en cualquier calle de Buenos Aires, pueden secuestrar a cualquier persona para pedir por ello un rescate millonario? - ¿nadie estamos a salvo de ello? Y este añadió.

- ¿Los secuestradores de personas saben muy bien a quien han de secuestrar para pedir después un rescate millonario por ello? - ¿y saben a qué personas deben secuestrar? - ¿pero? - ¿a veces cuando estos secuestradores pagan a algunos sicarios para que ellos hagan el trabajo sucio del rescate, estos no siempre suelen acertar y cuando se equivocan de persona y cogen a otra en su lugar y se la llevan en el auto a la fuerza, diferente a la persona a la que los secuestradores le habían propuesto y esta no dispone de suficiente dinero, estos locos asesinos incluso llegan a cumplir sus macabros planes y ese es el verdadero peligro de las calles de Buenos Aires?

- Y entonces fue cuando Martina le comenzó a contarle a su acompañante parte de su vida en aquella ciudad y esta comenzó a contarle.

- ¿Pues a mí, no creo que me lleguen a secuestrar? - ¿por ser la hija de un matrimonio rico? - ¿mis padres son trabajadores y tampoco los tengo aquí en este país? Y la joven aún le contó algunas cosas más sobre su vida y esta le dijo.

- ¿Aquí en Buenos Aires me encuentro sola, no tengo ni siquiera a una amiga con quien poder hablar, ni salir? - ¿la única que tenía, (que nos hicimos muy amigas) fue el primer día que llegué a Buenos Aires? - ¿y cuándo encontramos las dos un trabajo, dejamos de vernos y ya no nos hemos vuelto a ver más? - ¿espero tener algún día, un día de fiesta solo para mí, y la pueda ir a ver? Y esta añadió.

- ¿Era una amiga excepcional? - ¿el caso es que ella que se llama Garbiñe, es de aquí de Argentina, aunque no es de Buenos Aires? - ¿y me ha enseñado muchas cosas que yo no sabía de esta ciudad y la verdad es que la echo mucho de menos?

- Y después de haber pasado hablando con su acompañante más de una hora delante de la puerta de la casa, la joven Martina le dijo a su eventual acompañante.

- ¿Bueno? - ¿ya es la hora en la que tengo que entrar en la casa?

- ¿Tengo orden de mis jefes, que no puedo llegar más tarde de las 10 de la noche? - ¿Y ya solo falta para esa hora, unos 10 minutos? Y el joven acompañante le preguntó.

- ¿Te parece bien, que nos veamos el próximo domingo en esa misma sala de baile? Y Martina antes de que el joven llegase a marcharse le contestó.

- ¿Es que no se, si podré salir ese día? Y esta añadió.

- ¿Si el próximo domingo puedo salir, pues iré a esa sala de nuevo? - ¿solo para verte a ti?

- ¿Pero? - ¿si me tuviese que quedar por alguna circunstancia entonces nos veríamos el siguiente día festivo? Y aquel día el joven ni siquiera intentó darle un beso de despedida en la mejilla, por temor a que ella llegase a pensar que la acompañaba hasta allí para sacar por ello alguna contrapartida de ella, y este se giró hacia atrás y le dijo.

- ¿Ha sido para mí, un placer acompañar a una chica tan guapa y tan educada?

- ¿Me gustaría volver a verte en cualquier otra ocasión? Y el joven se marchó de allí, mientras que Martina iba mirando en su marcha cada uno de sus pasos y antes de que el joven volviese la esquina y dejase Martina de verle, a la joven le salió de la boca un suspiro y dijo.

- ¿Buffffffffff? - ¿qué chico tan guapo y servicial? - ¿un hombre así, es lo que yo quisiera encontrar en este país? Y esta joven añadió.

- ¿Y aunque fuese algo mayor y que me diese estabilidad, también me podría valer? Decía la joven Martina tras aquel suspiro de esperanza y la joven entró en la casa de sus jefes y esta se marchó directamente hasta su habitación, para tomarse su tiempo y así de esa manera poder descansar antes de tomarse un pequeño refrigerio que tenía guardado en un pequeño frigo en su habitación y una vez que la joven se tomó aquel tente en pie, Martina se dejó caer en su cama dispuesta ya, a conciliar el sueño, cuando uno de los niños que se había despertado y le estaba pidiendo a su madre, que quería que la doncella de la casa, le contase un cuento para poder dormirse y su mamá, para que el niño no continuase llorando, se subió hasta la habitación de Martina y esta le dijo.

- ¿Oye, Martina? - ¿podrías hacerme un favor? - ¿ya sé que hoy es tu día de fiesta?

- ¿Pero? - ¿es que Paulito no para de llorar, y no se puede dormir sin que le cuentes un cuento de esos que tú sabes contar? Y esta mujer añadió.

- ¿Y yo sé que tú los cuentas muy bien, y así el niño dejará de llorar?

- Y la joven que estaba muy agradecida a sus jefes, ella no opuso ningún inconveniente (a pesar de encontrarse aquel día bastante cansada) por haber estado danzando durante toda la tarde en aquella sala de baile, y en aquel momento Martina cogió al niño Paulito entre sus brazos y le comenzó a contar un cuento y a los pocos segundos de tenerlo en los brazos el niño ya estaba dormido y su madre le dijo a Martina.

- ¿Es que no sé, que tienes? - ¿que a los niños les gusta tanto tu acento, que enseguida se quedan dormidos? Y la joven, aunque no le contestó nada a la señora, esta pensó.

- ¿Y a su esposo también le gusta mucho mi acento? - ¿por qué siempre que paso por su lado, se me queda mirando embelesado? - ¿aunque yo vaya vestida con el vestido de doncella? Y cuando ya Paulito estaba dormido en sus brazos, la joven se lo llevó a su habitación y lo puso a dormir sin el más mínimo problema, y Martina se marchó hasta su dormitorio y aquella noche el niño, ya no se quiso duchar, por miedo a que el sonido del agua al correr por las tuberías, despertase al otro hermanito más pequeño, y le pidiese a su mamá, lo mismo que ya le había pedido su hermano Paulito y la joven nada más dejarse caer en la cama, esta se quedó dormida en unos pocos segundos.

- La vida de la joven en aquella casa era bastante monótona, aunque en aquellos momentos lo que más le importaba (aparte de que los niños estuviesen bien cuidados) era el crecimiento feliz de aquellos niños que ella cuidaba y también se preocupaba mucho, en ver a aquella amiga que se llamaba Garbiñe para intercambiar con ella impresiones sobre sus respectivos trabajos y del porvenir de ambas dos en aquellos trabajos que encontraron el primer día de su estancia en la capital, pero ella por sí sola no podía saber cuándo podría ver a su amiga, cuando iba a tener un día de fiesta solo para ella para poder ir a verla, y los días iban pasando y la joven se estaba dando cuenta de que era siempre lo mismo y pensaba que tal vez debería cambiar para mejor, y tener para ella algo más tiempo libre del que tenía hasta entonces, para poder tener una mayor vida social y más amigos con quien dialogar, conocer más gente para poder tener una mejor calidad de vida y para ella, la única forma de conocer gente era entonces salir todos los domingos a mover el esqueleto y que los jóvenes pudiesen ver sus sensuales movimientos en aquel baile, (aunque solo fuesen unos cuantos minutos).

- Pero el siguiente día festivo Martina no pudo asistir al baile por problemas de los niños, ya que el niño mayor (el que se llamaba Carlitos) aquel domingo el niño, se encontraba con fiebre y no quería estar con nadie que no fuese con la doncella de la casa, y esta para que el niño se encontrase en la casa más tranquilo, se quedó para hacerle compañía, lo que provocó que el joven que la acompañó el domingo anterior, llegase a pensar.

- ¿Hoy esa joven brasileña no habrá querido venir, seguro que será porque ella no quiere que yo la vuelva a acompañar a la casa de sus jefes?

- Pero el joven no se conformó con pensar aquello, sino que el siguiente domingo este volvió a acudir hasta allí, con el pensamiento puesto en poder hablar con ella y preguntarle cual había sido el motivo de su no asistencia, y por si le fuese posible hablar con ella para preguntarle algunas cosas más.

- Y cuando al cabo de dos domingos los dos ,se volvieron a ver en aquella sala, la joven Martina ya había encontrado a otro joven que también suspiraba por sus encantos y este joven se encontraba al lado de Martina al lado de la barra del bar invitando a Martina, a lo que a ella más le gustaba que era “la caipiriña” y el acompañante del domingo anterior, al ver allí a los dos al lado de la barra del bar con una caipiriña en la mano, este se enfadó mucho con él mismo, por no haberle podido declararle su amor el día que la acompañó hasta la casa de sus jefes, y tras estar la joven bailando y divirtiéndose con el nuevo acompañante, una vez que la sala cerraba las puertas, los dos jóvenes salieron a la calle dispuestos a acompañar a la joven Martina, y como que los dos intentaban estar con ella lo más cerca posible, entre ellos se entabló una dura competencia para ver quién de los dos conseguía las simpatías y el cariño de la joven, y entre ellos hubo algunas palabras (primero discordantes) y posteriormente cuando ninguno de los dos llegaba a ponerse de acuerdo con el otro, uno de ellos después de insultar gravemente al otro chico, este no pudo resistir a aquellas embestidas dialécticas y dirigiéndose a este, le propinó un duro golpe con el puño en su mejilla derecha, dañándole el pómulo derecho y saliendo de este trance ensangrentado de aquella reyerta, y la joven al ver todo lo que estaba ocurriendo cerca de ella, esta le dijo a aquellos desconocidos jóvenes acompañantes.

- ¿Ya no quiero que esta tarde me acompañe ninguno de los dos?

- Y a pesar de aquella advertencia de la joven, ninguno de los 2 veía razones para dejar de acompañar a la joven, pero Martina aquel día todo lo que le quedaba hasta llegar a la casa de sus jefes lo hizo ella sola sin la compañía de ninguno de los dos.

- Pero cuando ella creía que el problema ya se había acabado, no fue así porque algún vecino que vio toda aquella discusión de los jóvenes, había llamado a los agentes del orden que no tardaron en llegar, llevándose a los dos jóvenes esposados hasta el departamento policial del distrito bonaerense del barrio, en donde permanecieron retenidos en calidad de haber producido alteraciones de orden público.

- Así que la joven el siguiente domingo cuando se presentó en aquella sala de baile, allí ella no pudo ver a ninguno de los dos jóvenes que se enzarzaron en aquella disputa, ya que aún permanecían retenidos en la comisaria por alteración del orden público y a la joven aquella ausencia le extrañó mucho, pero ella pensó.

- ¿Bueno si no han venido será porque no le debo interesar a ninguno de los dos?

- Y la ausencia de aquellos dos jóvenes fue suplida por otros que también se encontraban esperando para tener su oportunidad de poder bailar con Martina.

- Y la joven (aunque se encontraba sola sin amigas que le pudiesen acompañar a aquella sala de baile) ella asistía todos los domingos que podía a aquella sala, ya que era para ella la única que se encontraba cerca de su domicilio y se daba cuenta de qué en aquella sala, eran muchos los jóvenes que asistían en busca de chicas para poder divertirse con ellas y al mismo tiempo aquellos jóvenes que eran de una clase adinerada, también eran educados y divertidos con todas las féminas y los admiradores, a la joven nunca llegaron a faltarle, pero para ella tampoco era aquello su principal preocupación, porque conforme iban pasando los meses, la joven pensaba cada día más y más en sus padres, en cómo les iba ella a recompensar por haberle dejado salir de Brasil y gran parte del dinero que le pagaban en aquella casa, se lo enviaba a la casa de sus padres en Brasil y con eso la joven se sentía orgullosa y realizada porque con aquella aportación que ella les enviaba, (que era la tercera parte de su salario) sabia al menos que su familia no iba a pasar problemas económicos y aquello a Martina le hacía muy feliz, porque la joven les estaba muy agradecida a sus padres por haberle dejado salir en busca de nuevos horizontes y casa día que llegaba la hora de irse a la cama a dormir, Martina agradecía que sus padres no se hubiesen opuesto a su marcha, la joven continuó trabajando en aquella casa durante bastante tiempo, y se pudo integrar muy dulcemente a aquella familia, tanto a los niños (que le daban bastante trabajo) cómo con los jefes y padres de aquellos 3 niños, y que al principio la joven sufría por los celos de la señora, pero que después cuando la señora dejó de ser celosa con Martina, esta se integró en la casa perfectamente y nunca pensó en regresar a su país, porque en aquella casa ella tenía todo aquello que quería y todo lo que ella necesitaba para ser feliz.

- Y cuando la joven llevaba trabajando en aquella casa más de 6 meses, un día festivo que ella había salido a bailar a aquella sala, se encontró con un hombre, algo mayor que lo era ella, y a su entender aquel hombre era todo un caballero y un conquistador nato, era todo un galán de la seducción femenina y aunque en un principio la joven se dio cuenta de que su edad era muy diferente a la suya, sí que al verle la joven se le quedó mirando, cómo quien mira a un actor de cine, sin preocuparse para nada más, pero el hombre también tenía serio interés en conocer a la joven, pero al tener siempre a su lado a multitud de chicos de su misma edad, el hombre veía que no tenía cabida en aquel corrillo y el hombre pensó.

- ¿Es una chica muy guapa? - ¿pero? - ¿tiene tantos admiradores cerca de ella, que me va a ser imposible ni siquiera poder hablar con ella?

- Pero no por ello el hombre desistió de acercarse a la joven, ni dejó nunca de mirar todos y cada uno de sus movimientos en aquella sala de baile, ni cada uno de los bailes que la joven hacia mientras estaba con otros jóvenes y cómo que el hombre también tenía bastante interés para ella (se le notaba en cada una de sus miradas), y en la primera oportunidad que tuvo el hombre en acercarse a la joven, este le propuso salir los dos a bailar hasta el centro de la sala, y aquello para la joven fue todo un honor y un gran descubrimiento, porque aquel hombre (aunque era algo mayor que ella) enseguida congeniaron y se entendieron a las mil maravillas bailando en aquella sala, como si hubiesen estado bailando toda la vida juntos, Martina no paraba de mirarle y el hombre que se llamaba ”Gustavo” se encaprichó perdidamente de la joven y pensó que aquella mujer era sin duda la mujer de su vida y el hombre después de estar bailando con Martina las últimas canciones de aquella tarde, ellos continuaron viéndose cada domingo en aquella misma sala en los sucesivos domingos, dejando a los demás jóvenes que llegaban hasta allí, perplejos ante los ojos de Martina que veía cómo dejaban de sacarla a bailar, mientras tuviese allí a su amor Gustavo.

- La joven prefería bailar con Gustavo, algo mayor que ella permaneciendo a su lado el mayor tiempo posible, porque Martina se había enamorado perdidamente de aquel hombre, un hombre qué, aunque no era de Brasil, pronto llegaron a congeniar al ser los dos de diferentes países extranjeros y cómo ya he dado a conocer, el hombre que se llamaba “Gustavo” cada vez que veía a Martina, este la sorprendía llevándole hasta donde ella se encontraba un ramo de rosas rojas, de esas rosas que a Martina le encantaban y que cada vez que el hombre le sorprendía con este obsequio, a la joven se le encendían todas las luces de la vida y se le abría de par en par el corazón hacia aquel hombre.

- Y a partir de aquel domingo, todos los días en que se amenizaban bailes en aquella sala, allí estaba el hombre esperando a Martina, aquel hombre que ya se había enamorado de la joven, y también la inseparable Martina que llegaba hasta allí para pasar los dos una tarde más que inolvidable, hasta que llegó un momento en la vida de Martina que la joven estaba dudando, entre continuar trabajando en aquella casa, en el cuidado de los niños (que tenía con ellos una familiarización muy buena) o seguir a su amor (aunque tampoco sabía cuál era su trabajo en aquel país) ni su forma de vida, pero que a ella la enamoraba cada vez que se veían los dos, y cuando aquel domingo finalizaba la verbena de la tarde, la joven Martina se quedaba muy triste y desconsolada, viendo desde la puerta de la casa en donde ella trabajaba, como el hombre desaparecía andando entre el resto de la gente su enamorado y cuando ella entraba a la casa de sus jefes, la joven solo quería estar sola para recordar cómo podría ser su vida junto a la de aquel galán que le había robado el corazón y la había dejado tocada y casi hundida.

- Cuando la joven se encontraba con su amante (con aquel hombre enamoradizo), ella no dejaba ni un momento de suspirar pensando siempre en él, y la joven pensaba en cómo podría ser su vida junto al hombre de sus sueños, sin que nada ni nadie pudiera ponerse entre ellos dos, y cuando al siguiente domingo caminaban los dos hacia la casa de Martina (completamente enamorados) inter cambiándose besos y arrumacos sin importarles para nada, que los vecinos de la calle les llegasen a ver en aquella actitud tan positiva, sin llegar a pensar nunca que las cosas llegasen algún día a cambiar y mientras que ellos dos se encontraban juntos, se sentían profundamente felices y hasta llegaron a pensar en buscar alguna vivienda allí en la ciudad de Buenos Aires, para llegar a compartir sus vidas sin que la joven dejase de trabajar en aquella casa, en lo que hasta entonces estaba haciendo, que era el cuidado de aquellos tres niños, (que Martina ya les tenía como si fuesen sus propios hermanos) incluso muchos días les llegaba a confundir con aquellos hermanos que había dejado en Brasil, y que además la joven se sentía muy querida por sus jefes y también por parte de los niños, ya que el mayor de los 3 le había cogido mucho cariño a Martina y el muy pícaro, algunas noches se hacia el despistado para poder dormir en la misma cama que lo hacía Martina (su cuidadora) y la joven aquello lo entendía porque el niño la quería mucho y lo hacía porque era un niño muy cariñoso, hasta que una noche mientras que la joven se encontraba profundamente dormida en su cama, (que era algo más amplia que la que tenían los niños), Carlitos con la excusa de que aquel día tenía frio, se fue a dormir a la cama de la joven y con aquella excusa del frio el niño se iba arrimando cada vez más a la joven, juntando su cuerpecito con el de Martina y esta al notar en su parte trasera algo que parecía ser bastante duro, la joven se despertó precipitadamente, toda exaltada y algo cortada en su interior, por aquello que había notado en su parte trasera, y en aquel momento pudo ver al niño todo excitado, intentando (no se sabe que) y cuando Martina notó en su cuerpo aquel roce, esta se giró hacia el lugar que estaba ocupando el niño y le preguntó.

- ¿Oye Carlitos? - ¿qué te pasa? - ¿te noto muy excitado?

- ¿Te ocurre algo? Y el niño en aquel momento se quedó muy cortado y tembloroso sin saber que contestar ante aquellas preguntas que le estaba haciendo su cuidadora, hasta que de nuevo la joven le tuvo que volver a preguntar.

- ¿No me quieres decir nada Carlitos? - ¿te he hecho una pregunta y si no me contestas, tendré que decírselo a tu papá? Y fue entonces cuando Carlitos se buscó una excusa para salir del paso y este le dijo a Martina.

- ¿Es que tenía frio y estaba buscando algo de calor? Y la joven le contestó al niño (que estaba todo tembloroso).

- ¿Y para buscar un poco de calor, te tienes que arrimar tanto a mí? Y la joven aún añadió.

- ¿Y qué era eso tan duro que me estabas arrimando en mi parte trasera? Pero el niño no sabía ni quería comentarle nada a la cuidadora de aquella actitud, ni le quería decir a la joven, porqué se arrimaba tanto a ella, el solo sabía que aquello para él, era una satisfacción sin llegar a llamarle “placer” y era porque el niño no llegaba aún a entender que quería decir aquella palabra y cuando la joven Martina le preguntó.

- ¿Qué sientes Carlitos? - ¿cuándo te arrimas fuerte a mi cuerpo?

- Y el niño le contestó a la sirvienta - ¿yo me encuentro muy contento, cuando estoy contigo? - ¿y si estoy contigo en la cama, se me pasa el frio? Y la joven le dio a Carlitos.

- ¿Bueno, bueno Carlitos? - ¿sabes que yo te quiero mucho? - ¿pero? - ¿no quiero que te vengas ya más a mi cama a dormir conmigo? Y la joven añadió.

- ¿Es que me parece que te has meado un poco esta noche en la cama? Y el niño le contestó a la sirvienta.

- ¿Pues yo creo que no? Y este niño añadió - ¿por qué recuerdo que anoche antes de acostarme en mi cama, me fui al aseo a hacer pipí? Y este niño añadió.

- ¿Y no sabes bien, el tiempo que estuve haciendo pipi? - ¿me salió un chorro tan grande de orina, que hasta se me fue fuera de la taza del váter? Y la joven le dijo al niño.

- ¿Bueno Carlitos? - ¿sea como sea, no quiero que vengas ya más a dormir conmigo en mi cama? Y para convencer al niño, para que no llegase a pensar lo mismo que ella ya había pensado, y para que el niño no se acercase hasta allí, esta le dijo.

- ¿Es que no quiero que tu hermanito Paulito, coja celos de ti, no quiero que se llegue a enfadar y llore, cuando se entere que tu duermes conmigo en mí cama?

- Y ya a partir de aquella noche, el niño se hizo a la idea de que no debería ir más a dormir a la cama de Martina y así de aquella manera la joven dejó de tener con el niño aquel compromiso.

- Pero Martina después de haberle dicho aquello al niño, sabiendo ella que en aquel momento le había mentido, ya no se sentía a gusto con aquella mentira y un día que se encontraba sola con el niño Carlitos, esta le preguntó muy discretamente.

- ¿Oye Carlitos? - ¿tú, tienes novia? Y el niño con solo 10 años y medio y todo avergonzado por aquella pregunta, este le dijo.

- ¿No no? - ¿cómo voy yo a tener novia? - ¿si solo tengo 10 años? Y este añadió

- ¿Pero hay una niña que va conmigo al colegio, que dice que yo le gusto y que quiere ser mi novia? Y Martina le preguntó.

- ¿Y tú, ya le has dicho que ella te gusta? Y Carlitos le contestó a su cuidadora.

- ¿Pero? - ¿cómo se lo voy a decir? Y haciendo cara de encontrarse avergonzado por aquel tema tan romántico, tratándose de niños, este le dijo.

- ¿Es que solo tengo 10 años? - ¿y que iban a pensar mis papás? Y la joven que ya estaba algo enamorada de aquel hombre, le dijo.

- ¿Es que Carlitos, la edad no es lo más importante? Y fue entonces cuando el niño Carlitos le dijo a la doncella.

- ¿Es que a mí me gustas más tú, que esa niña? - ¿esa niña es muy vergonzosa y si yo le dijese que me gusta, se marcharía corriendo a su casa para decírselo a su mamá? Y la joven Martina le dijo.

- ¿Hay Carlitos, Carlitos? - ¿tú sabes muy bien, que yo te quiero mucho?

- ¿Pero? - ¿no en ese plan? Y la joven añadió - ¿yo para eso, ya tengo a mi novio?

- ¿Qué es con el que salgo ahora los domingos? - ¿cuándo tengo mi día libre? Y la joven que en aquel momento se recordó de su novio Gustavo, desde lo más profundo de su corazón le salió un suspiro.

- ¿Buffffffffffffffff, soy muy feliz con él? - ¿me llena de regalos, de atenciones y de cariño? Y la joven añadió.

- ¿Este hombre es todo un galán?

- Y la joven ya solo estaba deseando que llegase de nuevo el domingo, para volver a salir con aquel hombre y cuando llego el siguiente domingo, la joven se marchó caminando hacia aquella sala de baile, para pasar con su novio la velada, pero Gustavo que sabía ya por donde iba a ir hasta la sala Martina, este se apresuró a ir a esperarla antes de que ella llegase hasta allí, y cómo siempre, esta vez el hombre, también le llevó un regalo que sabía que a ella le iba a gustar, y le llevó una caja de bombones que tanta ilusión le hacía a la joven Martina, cosa que ella agradeció con muestras de cariño y con algún beso como agradecimiento por el regalo y aquello le daba a Gustavo motivos para continuar amándola cada día más, en agradecimiento por abrirle su corazón y tanta era la compenetración de ambos, que Gustavo le dijo a su amada Martina.

- ¿Ya me encargaré yo? - ¿a ver si en las siguientes semanas, busco una casa para vivir los dos y formar una familia? Y la joven al escuchar de su novio aquellas palabras, esta se deshacía en carantoñas con Gustavo creyendo que yodo aquello sería posible y real en una ciudad bastante llena de contrastes y de mucha carestía en las viviendas dentro de la capital bonaerense.

- Pero después de que hubiesen pasado más de 6 meses desde aquella declaración de Gustavo, buscando todos los días sin descanso barrio por barrio, el hombre se dio cuenta de que aquello era poco menos que imposible ya que con los salaros de los dos, no les llegaba ni a la mitad de un triste alquiler para poder seguir adelante, pero a pesar de ello el hombre continuó buscando, hasta que encontró una casa bastante vieja, pero que reunía algunas comodidades y tras ir a hablar con los dueños de la casa, ambos quedaron en ir a verla para ver si podían arreglarse en aquella vieja vivienda y al final decidieron que se la quedaban, (pensando en que solo iban a estar allí residiendo hasta que buscasen algo que fuese mejor qué aquello, pero aunque allí en aquella casa, no tenían casi nasa , lo cierto es que allí llegaron a tener a su primera hija aunque fuese con muchas dificultades, a la que llamaron Marilin y Martina continuó allí trabajando cuidándose de la niña el propio Gustavo que en aquellas fechas no encontraba trabajo en la ciudad mientras que la joven Martina se marchaba cada día a cuidar de aquellas tres fieras y tanta fue la búsqueda de aquel hombre por encontrar una casa en donde poder vivir desahogadamente, que Gustavo se dio por cansado y tuvo que suspender aquella búsqueda y entonces fue cuando el hombre pensó.

- ¿Si en mi país tengo una casa? - ¿por qué no se lo digo a Martina y nos marchamos a vivir a Perú?

- Y un día cuando los dos se encontraban muy acaramelados contándose las alegrías y las penas de tener que vivir en aquellas condiciones, Gustavo le dijo a la joven Martina mientras que aquel día la joven mantenía a la niña en sus brazos.

- ¿Y qué te parece si nos vamos a vivir a mi país?

- Pero a Martina aún no le había dicho Gustavo, de donde era, en qué país había nacido, ni a qué país se refería cuando le decía, si nos vamos a mi país, y es que ella no se hacía a la idea de que Gustavo por su forma de ser, no podía ser de ningún país andino, ya que los hombres que son nacidos en los andes, la mayoría de ellos son bastante bajitos de estatura y Gustavo era todo un don Juan con una estatura de lo más europea, y cuando Gustavo le dijo que era de Perú, Martina no se lo acababa de creer y esta entonces le preguntó.

- ¿Y de que parte de Perú eres? Y Gustavo que tampoco era de la misma capital de Lima, este le dijo.

- ¿Yo soy de Huaycan? - ¿una pequeña población en la periferia de la capital de Lima?

- ¿Y allí vive mi familia y la familia de mi familia? - ¿allí podríamos tener una casa para nosotros dos solos y así poder vivir cerca, muy cerca de mi familia? Le dijo Gustavo.

- Y aquello a Martina, parecía que le comenzaba a gustar y cómo ella se encontraba perdidamente enamorada de su conquistador Gustavo, ésta en su cabeza ya estaba moviendo todos sus pensamientos y que era lo que primero iba a tener en aquel país al lado de su amor, y a la segunda vez que Gustavo le habló de la vida lejos del mundanal ruido de las grandes ciudades, la joven poco a poco se fue acercando a aquella idea y al final Martina cedió, ante las pretensiones de su amor (que le tenía robado el corazón) y aunque la joven siempre fue muy reacia a despedirse de la casa en donde trabajaba, por el cariño que ya le había cogido a los niños y también a los padres de los niños, pero al final era más fuerte el amor que la joven sentía por Gustavo que el cariño y el dinero que le abonaban cada mes en aquella casa, así que un día les tuvo que decir a sus jefes.

- ¿Este mes es el último que me quedo trabajando en esta casa con ustedes?

- Y aquello a sus jefes les cogió de sorpresa, porque ellos creían que la joven con ellos y sus niños era feliz y la mujer le preguntó.

- ¿No sabíamos que te pudieses encontrar tan mal, entre nosotros? Y ante aquella pregunta, la joven no sabía que contestar y solo les pudo decir.

- ¿No no? - ¿no es que esté a disgusto con ustedes?

- Y la señora entonces le volvió a preguntar a la joven Martina.

- ¿Entonces? - ¿cuál es el motivo que te lleva a dejar esta casa, y a tus adorables niños? Y la joven le dijo.

- ¿Es que quiero darle un nuevo rumbo a mi vida? Sin querer decirles nada más a sus jefes para que no se alarmasen. Y fue entonces cuando la señora de la casa le preguntó.

- ¿Es posible que lo hagas porque estés enamorada? Y Martina le dijo a su jefa.

- ¿Bueno? - ¿algo de eso sí que hay? - ¿pero? - ¿no es eso exactamente? Y de nuevo su jefa le volvió a preguntar.

- ¿A ver Martina cariño? - ¿cómo se llama ese hombre que te ha robado el corazón? Y la mujer quiso ahondar más en aquel tema de los hombres y esta le dijo.

- ¿En este distrito de la ciudad, la mayoría de las familias que residimos en él, somos gente qué (aunque no seamos ricos) sí que tenemos todos, una vida bastante acomodada y tranquila económicamente?

- ¿Lo que quiero decirte con esto, es que si ese joven que te ha enamorado, es de este distrito pues me parece muy bien que te sientas atraída por él? - ¿pero? - ¿si ese joven es de otro distrito de Buenos Aires?

- ¿Entonces lo deberías revisar y al menos conocerle un poco mejor, no todos los hombres de Buenos Aires son iguales?

- Y entonces la joven Martina se quedó un momento en silencio y algo pensativa sin poder darle a la señora que le preguntaba una clara respuesta y tuvo que ser su jefa de nuevo quien le volviese a preguntar.

- ¿Y entonces ese joven, de donde es? (Dando ya por hecho que Martina se encontraba enamorada) y Martina no le quería decir nada de aquel hombre a sus jefes, por si a ella no le llegaba a gustar demasiado y ni siquiera le quería decir la edad que tenía, ni tampoco que venía de otro país que no era de Argentina y al final después de permanecer callada durante algunos minutos, la joven le dijo

- ¿Es que este chico no es de aquí, de Buenos Aires? Y esta añadió - ¿este hombre con el que estoy saliendo es de Perú? Y su jefa toda extrañada le preguntó.

- ¿Y ese joven está estudiando aquí, o ha venido de vacaciones? Y ya fue cuando la sirvienta le dijo.

- ¿Es un hombre que tiene 20 años más que yo? - ¿pero? - ¿estoy muy enamorada de él? Y su jefa antes de continuar hablando de otras cosas le preguntó por el hombre en cuestión y le dijo.

- ¿Y cuál es la profesión de ese hombre? - ¿no te estará engañando? - ¿verdad? Y esta mujer añadió.

- ¿Las personas somos todas libres de elegir a quien queremos tener cómo pareja?

- ¿Pero Martina, me entristecería mucho saber que alguien te haya podido engañar? Y la mujer aún añadió.

- ¿Quédate unos cuantos meses más entre nosotros, y mientras tanto vas conociendo algo mejor a ese hombre, hasta que tú estés segura de cuáles son sus verdaderas intenciones, sus verdaderos sentimientos hacia ti? - ¿ah? - ¿también sería muy conveniente que supieses cual es el trabajo que tiene y cuál es su familia familia? Y esta mujer añadió.

- ¿No sea cosa que te vayas a vivir con él y luego las cosas no salgan tan bien cómo tú te habías imaginado?

- Y Martina después de aquellos sabios consejos de la señora, esta se quedó un momento pensando, y le dijo a la señora.

- ¿Bueno? - ¿si a usted no le importa, me voy a informar mejor de quién es ese hombre y mientras tanto, continuaré trabajando con ustedes unos cuantos meses más? Y cuando Martina terminó de decirle aquello a la señora Patricia (que así se llamaba la madre de los niños), esta le dijo.

- ¿Es que estoy tan enamorada de él? Y su jefa entonces le preguntó.

- ¿No estarás embarazada otra vez? Y la joven Martina le contestó.

- ¿Ahí señora? - ¿qué no, que no estoy embarazada? - ¿ahora ya tomo toda clase de precauciones? Y entonces su jefa le volvió a preguntar.

- ¿Pero? - ¿ese hombre que te ha enamorado? - ¿ya sabe lo que son las mieles del amor? Y esta mujer añadió.

- ¿Ya me entiendes? - ¿si has hecho con él, de nuevo….? Y Martina después de aquel interrogatorio le dijo.

- ¿Bueno? - ¿él sí que lo ha intentado? - ¿pero? - ¿hasta que yo no lo tenga muy claro, no le voy a dejar que pruebe de nuevo esas mieles?

- Y todo aquello se lo estaba diciendo Martina a su jefa, pero dentro de su mente no pensaba lo mismo que lo que ella le estaba diciendo a la señora Patricia, porque ya en más de una ocasión Gustavo ya había convencido a su chica para que ella le permitiese saborear aquel dulce deseo y el último domingo que la joven Martina salió de aquella casa para ir a la casa que habían alquilado los dos, allí ya le estaba esperando en la casa (cómo siempre hacia su chico (cómo decía ella) y cómo que los dos desde ya hacía mucho tiempo eran dos personas inseparables, cuando aquel día se volvieron a ver en su casa, Gustavo se apresuró a volver a enamorar a Martina para que le dejase probar de nuevo aquellas miele, pero era ya tanta la sed de amor que arrastraban los dos, que tras haber agotado todos los preliminares de besos y caricias, que ambos dos se dejaron llevar por la pasión y dejaron que la pasión aquel día hiciera que se consumara la prueba de la pasión y de la miel que ocasiona el amor cuando esta se desata sin control.

- Y cuando ya el día se hacía oscuro y eran algo más de las 10 de la noche (una hora en la que estaba establecida la llegada de Martina a la casa) la señora Patricia le dijo a Carlitos.

- ¿Oye Carlitos? - ¿sal un momento a la calle, para ver si ves a la doncella? Y esta mujer añadió.

- ¿Es que tenía que haber estado ya aquí, y mira qué hora es y aún no ha llegado? Y el niño que nunca iba solo a ningún sitio y además aquel día estaba bastante oscuro, este le dijo a su mamá.

- ¿Y porque, no sales tu mamá? - ¿es que ya está el día muy oscuro y a mí me da miedo?

- Y la madre enseguida entendió aquella excusa del niño y se fue ella misma hasta la puerta de la calle, la misma puerta por la que siempre entraba la joven Martina y al salir a la puerta la señora pudo ver a la joven y a su novio que terminaban de practicar aquel beso de película y al verse sorprendidos por la señora de la casa, ambos dos se terminaron de colocar bien sus cabelleras (que en aquel momento las llevaban bastante desaliñadas) y le hicieron ver a la mujer que los dos terminaban de llegar hasta aquel punto de la calle, pero la señora de la casa (que no tenía ni un pelo de tonta) antes de que Martina se despidiese de Gustavo y entrase a la casa por aquella puerta, esta le dijo.

- ¿Hacia ya unos cuantos minutos que Carlitos me estaba preguntando por ti?

- ¿Cómo él no te veía por la casa, estaba comenzando a añorarte? Y la mujer añadió.

- ¿Es que Carlitos te quiere mucho? - ¿y si no te ve por la casa, a él le entra morriña? Pero la mujer, sí que se había percatado de que allí en aquella puerta se habían comido a besos y habían estado dándose mil arrumacos y aquello posiblemente les iban a traer consecuencias porque la gente les había visto y no sabían si eran novios o tal vez eran ya matrimonio y la señora antes de que Martina llegase a entrar, esta le dijo.

- ¿No hace falta que acuestas hoy a los niños? - ¿esta noche lo haré yo?

- Y sin decirle la señora que había visto algunas escenas mientras que los dos se divertían al lado de la puerta de entrada, la señora le dijo a la doncella.

- ¿Pero? - ¿no habrán sido más que los besos? - ¿verdad? Y la joven después de la euforia y la alegría que su cuerpo llevaba encima y la subida autoestima como mujer, le dijo a su jefa.

- ¿Bueno? - ¿a mí no me gusta exhibirme demasiado ante la gente?

- ¿Siempre tomo mis precauciones, por eso siempre me dejo acompañar por un hombre cuando regreso a casa? Pero Martina le decía aquella a su jefa, haciéndole ver que aquella tarde-noche no había ocurrido nada entre ellos y que aquello que le decía su jefe de las precauciones, no tenía que ver nada con lo que su jefe estaba pensando de ella, y Martina le dijo a la madre de los niños.

- ¿Ya me dijo mi amiga Garbiñe hace unos meses, que Buenos Aires tiene sus cosas buenas y sus cosas malas y que ninguna calle de la capital está exenta de peligros y por eso siempre me dejo acompañar cuando regreso a casa por un hombre y su jefe viendo que la joven no le quería decir nada de lo que había estado haciendo aquella tarde, besándose con su novio en la puerta de la casa y que ella misma había visto algunas escenas subidas de tono, esta cambió su conversación y le dijo?

- ¿Hoy, debes de estar cansada de tantos besos? - ¿además no sé muy bien por qué?

- ¿Pero se nota en tu cuerpo que debes besar muy bien? Y la joven que se estaba dando cuenta de que su jefa cambiaba de conversación para que esta no llegase a molestarse, la joven se marchó hasta su habitación tratando de descansar, pero cómo que aquella noche ella no había tomado ningún alimento, antes de irse a la cama, cuando notó que sus jefes ya se habían ido acostado, y todo se quedó en riguroso silencio la joven se bajó hasta la cocina y tras abrir el frigo, pudo ver dentro en una repisa un pequeño refrigerio que parecía que le estaba esperando a ella, y la joven pensó.

- ¿Mira que bien, justo lo que yo estaba buscando? - ¿para no irme a la cama sin llevar algo en el estómago? Y la joven cogió aquel tentempié y se lo subió hasta su habitación sin que nadie de la casa llegase a enterarse de aquella falta, y tras dar buena cuenta de ello la joven se dejó caer en la cama y a los pocos segundos ya se encontraba totalmente dormida.

- Así que al día siguiente cuando aún no había amanecido, fue a niña la más pequeña de los 3, quien se despertó llorando y cómo que la habitación se encontraba colindante con la de la Martina, pues nada más comenzar a llorar la pequeña, enseguida se despertó Martina por culpa del ruido desmesurado de los lloros y cómo la joven Martina arrastraba aún mucho sueño atrasado la mujer tardó un buen tatito en aparecer por aquella habitación de Cristina (que así se llamaba la niña) y mientras tanto la niña Cristina continuaba llorando y los llantos llegaron hasta los oídos de sus dos hermanitos mayores y también hasta los oídos de su mamá, que no tardó en llegar hasta aquella habitación, para ver que le pasaba a su pequeña y cuando la dueña de la casa entró en la habitación de la niña, pudo ver que la cuidadora de la niña, aún no había llegado hasta allí, aún se encontraba vistiéndose en su habitación y fue su mamá quien tuvo que consolar a la pequeña y al preguntarle su mamá, porque lloraba de aquella manera, la niña le contestó.

- ¿Es que he visto a un hombre que entraba a mi habitación y me llevaba con él, en un coche? - ¿y me he asustado mucho? - ¿por qué nadie me ayudaba a escapar de ese hombre? Y su mamá le dijo.

- ¿Eso? - ¿hija, es solo un sueño? Y esta añadió.

- ¿Todas las personas soñamos por las noches, unas más y otras menos?

- ¿Y cuándo nos despertamos, esos sueños se nos desvanecen y ya no nos acordamos más en todo en día? Y la niña le dijo a su mamá.

- ¿Pues yo, sí que me acuerdo de lo que esta noche he soñado? Y su mamá le dijo.

- ¿Bueno hija? - ¿si te acuerdas de todo lo que has soñado esta noche, pues cuéntame paso a paso, todo lo que te recuerdes de ese sueño? Y cuando la niña quiso comenzar a contar parte del sueño, ya se había olvidado totalmente del sueño y le dijo a su mamá.

. ¿Jolin? - ¿es que ahora ya no me acuerdo del sueño? Y su mamá le contestó.

- ¿Ves hija? - ¿los sueños enseguida se olvidan? Pero la niña quería contarle aquel día su sueño a su mamá y esta comenzó a contar algo y le dijo.

- ¿Ahora sí que me acuerdo? Y su mamá le dijo - ¿a, sí? - ¿pues entonces cuéntame hija, cuéntame? Y de nuevo la niña le dijo.

- ¿Vaya? - ¿otra vez se me ha olvidado? Y la niña añadió.

- ¿Solo recuerdo que un hombre malo me cogía con sus manos y las llevaba manchadas de sangre y me metía dentro de un coche? - Y su madre le dijo.

- ¿Sigue hija, sigue? - ¿y qué más? Y la niña le contestó - ¿es que ya no recuerdo nada más? Y justo en aquel momento llegaba hasta allí la cuidadora de los niños que al ver allí hablando con la niña a su madre, esta le preguntó a la señora.

- ¿Qué le pasaba a la niña? Y antes de que la señora llegase a contestar a la pregunta de Martina, la señora le preguntó a la joven Martina.

- ¿Tú la habías oído llorar? Y la joven le dijo. - ¿no no? - ¿no la había oído? - ¿pensaba que aún se encontraba dormida? Y la señora le dijo a su doncella.

- ¿Es que anoche vi que estabas muy cansada y no te he querido decir nada? Y la jefa de Martina añadió.

- ¿Por cierto? - ¿qué tal tu novio? - ¿ya te ha dicho a donde trabaja? - ¿y cuál es su profesión? Y la joven Martina que aún no le había preguntado nada a Gustavo, y la joven le dijo.

- ¿Gustavo me dijo un día que él, tenía una profesión muy liberal? Y la señora de la casa le pregunto a la doncella.

- ¿Y qué entiendes tú, por una profesión liberal? Y la joven contestó.

- ¿Bueno? - ¿pues será que su trabajo lo puede desempeñar lo mismo en un país que en otro? Y la joven recapacito para ella misma y dijo en voz alta.

- ¿Por eso el otro día, me dijo, que nos podríamos ir a vivir a Perú?

- ¿Qué él allí tiene a su familia y una gran casa para poder vivir nosotros? Y su jefa entonces le dijo.

- ¿Bueno? – ¿eso está bien? - ¿pero me gustaría que todo eso fuese cierto?

- ¿Los hombres suelen mentir, cuando algo a ellos les interesa mucho?

- ¿Yo creo que deberías preguntarle muchas cosas antes de irte a vivir con él a otro país? Le dijo su jefa y ésta aún añadió.

- ¿Así, que me dices? - ¿qué vas a continuar con nosotros unos cuantos meses más?

- ¿Pues los niños estarán encantados que te quedes algunos meses o incluso un año más? Y la joven Martina después de haber hablado con su jefa, esta recapacitó un poco y pensó.

- ¿Bueno? - ¿continuaré en esta casa, porque me encuentro a gusto con ustedes y con los niños? - ¿tampoco estoy aquí tan mal? Y esta añadió.

- ¿Quiero conocer un poco más a Gustavo, no sea que me esté engañando como dice la señora? - ¿por qué en la casa se porta muy bien conmigo? - ¿pero? - ¿cuándo nos marchemos a Perú, no sé cuál va a ser su comportamiento?

- Y la joven continuó allí trabajando sin pensar en lo que ya le había dicho su novio, porque los niños la querían mucho y sintonizaba muy bien con ellos y mientras tanto la joven les iba mandando dinero a la casa de sus padres en Brasil, para el mantenimiento de la casa y el cuidado de sus hermanos y el novio cada día que este veía a Martina, siempre le decía aquello que él siempre le recordaba - ¿en mi país, en Perú? - ¿tengo una casa para poder vivir los dos, sin necesitar a nadie más?

- Por eso que Gustavo le ponía a su novia las cosas bastante difíciles, porque no paraba de hacerle invitaciones para que dejase aquella casa y se fuese con él a Perú y mientras tanto la joven le iba sub sacando cosas de su vida y de su forma de ver la vida, pero por mucho que ella le llegaba a preguntar, Gustavo nunca le llegó a decir cuales eran en realidad sus verdaderos sentimientos, ni sus intenciones hacía ella, ya que por un lado le decía muchas veces que la amaba y que no podría vivir sin ella y por otro no llegaba nunca a decirle la verdad de lo que él pensaba.

- Y cuando ya habían pasado más de 35 días desde que su jefa la vio allí en la puerta en extrañas posiciones y disimulando precipitadamente cuando ella les sorprendió, la joven Martina que un día se encontraba bastante mareada, con muchas náuseas y dolor de cabeza sin encontrar su sitio en la casa, aquel mismo día la joven le dijo a su jefa,

- ¿No sé muy bien, que me pasa? - ¿pero hoy he amanecido con dolor de cabeza y nauseas, y no sé si me voy a poder hacer cargo del cuidado de los niños? Y su jefa que le estaba escuchando con mucha atención, le dijo.

- ¿Eso me pasaba a mí, cuando me quedé embarazada de Carlitos?

- Y la señora, le preguntó a Martina.

- ¿No estarás embarazada? - ¿verdad? - ¿por qué esos síntomas que dices que tienes, son los normales, que tienen las mujeres cuando se encuentra embarazadas?

- Y fue entonces cuando la señora y madre de los niños le vino a la memoria y dijo para ella misma, antes de decirle nada a su doncella.

- ¿Claro? - ¿hace ahora un mes justo? - ¿qué les vi a los dos en plan cariñoso delante de la puerta de la entrada? - ¿seguro que estuvieron probando de nuevo esas cosas que no deberían haber probado? Y la señora en su interior, también pensó.

- ¿Es qué a mí, también me pasó algo parecido, cuando me quedé embarazada de Carlitos? Y la mujer añadió en su pensamiento.

- ¿Lo recuerdo como si fuese ahora mismo? - ¿y hace ya más de 10 años? Y la señora le dijo a Martina.

- ¿Y si es así? - ¿qué piensas hacer Martina? - ¿te vas a ir a Perú con él? Le preguntaba la señora a la joven, pero Martina, aunque aún tenía algunos vómitos y en algunos momentos del día ella se encontraba mareada, seguramente no era porque estuviese embarazada o al menos eso era lo que ella pensaba.

- Pero tras aquel día lleno de bastante malestar, por la culpa de aquellos vómitos y de los mareos, la joven fue mejorando poco a poco y al cabo de haber pasado 3 días, Martina ya no le quedaban síntoma alguno y la joven se comportaba como una mujer de lo más normal, hasta que su jefa aquel día se percató de su cambio y esta le dijo.

- ¿Oye Martina? - ¿y que es de aquellos mareos que tenías en los días pasados?

- ¿Qué tal lo llevas ahora? - ¿te lo pregunto, porque cómo no veo que te quejes, parece que ya te hayan pasado? - ¿verdad? Y la mujer añadió. - ¿o no? Y la joven después de algunos segundos sin encontrar una respuesta convincente, esta le dijo a su jefa.

- ¿Es que señora? - ¿sería muy raro, que con unos simples besos me hubiese quedado embarazada? Y su jefa entonces de nuevo le preguntó.

- ¿Así que ese día, te dejaste llevar por la pasión de tu novio? Y la joven le dijo a la señora.

- ¿Nunca antes Gustavo, tuvo tantos deseos y yo me dejé llevar por la pasión, pero nada más que fueron besos? Y la joven añadió.

- ¿Pero, ya no tengo nauseas ni mareos? Y esta le dijo.

- ¿Seguro que aquel malestar no debería ser por ningún embarazo? Y su jefa le contestó.

- ¿Hay Martina estas cosas suelen pasar? - ¿así qué seguro que tendrás que esperar hasta el siguiente mes, para comprobar si te baja la regla o no? Y esta añadió.

- ¿Y si no te baja, entonces tendrás que ir a la farmacia para hacerte una prueba de embarazo con un predictor? Y la joven Martina le dijo a su jefa.

- ¿Pues mañana mismo me iré a la farmacia, para adquirir uno de esos artilugios?

- ¿Pero iré a otra farmacia que no esté aquí abajo, para que no sepan que eso es para mí? - ¿es que a esa farmacia que voy siempre ya me conocen y me daría mucha vergüenza que supieran que ese artilugio es para mí? Y su jefa le dijo.

- ¿Pues sabes una cosa? - ¿qué tienes razón? - ¿casi que sería mejor que fueses a aquella farmacia a donde su dependiente es tan simpático y atento con los clientes, sobre todo con las clientas? Y esta añadió.

- ¿Esa farmacia está en la otra calle que ahí allí detrás, su dependiente se llama Augusto? Y la joven al parecerse aquel nombre al de su novio, esta le preguntó.

- ¿Cómo me has dicho que se llama ese dependiente? Y la señora le dijo.

- ¿El joven se llama igual que se llamaba su padre, que era el dueño de la farmacia que se murió hace tan solo un año? - ¿Y se llama Augusto? Le repitió la señora y esta le dijo.

- ¿Pues ve a esa? - ¿igual enamoras a ese joven, que es de clase alta y así dejas a ese peruano que quiere llevarte a su tierra? Y la mujer aún le preguntó a la joven.

- ¿No te gustaría enamorarte de ese joven? - ¿si llegaseis a enamoraros, podrías llegar a vivir cerca de tus adorables niños? - ¿y de esa manera no tendrías que alejarte de nosotros, porque ese chico vive ahora en la misma casa que vivía con su padre y con su madre que es ya muy viejita? Y esta mujer añadió.

- ¿Yo, la quería mucho y algunas veces hemos salido juntos de fiesta, cuando ellos eran algo más jóvenes? - ¿es una buena familia? Y ésta aún añadió.

- ¿Y me haría mucha ilusión que llegases a tener algo con ese chico? Y después de escuchar a la señora la joven le dijo.

- ¿Y si el farmacéutico se llega a enterar de que ese predictor es para mí? - ¿qué va a pensar ese dependiente? Y esta añadió.

- ¿Sabe usted? - ¿qué, ya iré a esa farmacia cuando tenga que buscar cualquier otro medicamento? - ¿y a buscar el predictor me iré a otra farmacia? - ¿no me gustaría que ese chico que usted conoce, piense mal de mí? Y la joven le preguntó a la señora.

- ¿No conoce usted señora, ninguna otra farmacia que esté cerca de aquí? - ¿y que no sea ninguna de esas dos que hemos hablado? - ¿pero que tenga de dependienta, a una mujer? Y esta añadió.

- ¿Ya sabe usted, las mujeres nos entendemos mucho mejor, cuando se trata de productos femeninos? Y la señora que ya hacía mucho tiempo que residía en el mismo barrio, le dijo.

- ¿Ah si? - ¿en la otra calle de allí enfrente hay otra farmacia que está regida por su dueña, una mujer que estuvo yendo conmigo a la universidad y también es muy buena gente? - ¿Lo que pasa es que esa señora dependienta es una mujer mayor, y no se bien si os vais a entender? Y la joven Martina le dijo a su jefa.

- ¿Pues, sabe qué? - ¿qué iré a esa otra farmacia a comprar el predictor y así, conoceré a esa señora? Y esta mujer añadió.

- ¿Las mujeres mayores, siempre nos dan sabios consejos a las que aún somos jóvenes? - ¿por qué ellas son consideradas nuestras abuelas y tratan siempre de protegernos?

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9788418575693
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