Читать книгу: «ADN Digital»

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Sobre este libro

Jonatan Loidi -CEO de Grupo Set Latam- y Jonathan Baldovino -experto en implementación de Activos Digitales-, presentan “ADN Digital”, obra destinada a otorgar herramientas concretas de Marketing Digital para aplicar en el corto plazo en las empresas. Con experiencia de más de quince años de negocios en Internet en el área de e-commerce, los autores han asesorado a más de 120 empresas y emprendedores que comercializan todo tipo de productos y servicios.

Índice

Sobre este libro

Sobre este libro

Introducción

¿Qué aprenderán?

Capítulo 1

¿Transformación, canales o marketing digital?

Antes de empezar, lo importante

Capítulo 2

Diseñando los modelos de negocios

Creando las propuestas de valor

El pedido de valor

Umbral mínimo de valor o competitividad

Generación de propuesta de valor o fuentes de valor

Validación de la propuesta de valor en el mercado

Análisis de variables críticas

Indicadores de control

Capítulo 3

Modelo circular de gestión comercial

Momento 1: Generación de demanda

Posibles estrategias para la generación de demanda

Momento 2: Administración de la demanda

Momento 3: Relacionamiento

Capítulo 4

La tecnología en el proceso comercial

La tecnología en las ventas e-commerce

Por dónde empezar un proyecto digital

Capítulo 5

Qué implica desarrollar tu activo digital

Cómo invertir en activos digitales

Las propiedades digitales: sus principales componentes

Los recursos humanos en el proceso de transformación digital

La conexión humana es lo más importante

El toque humano experto en tecnología marca la diferencia

RR.HH. es necesario para adaptaciones y cambios

La brecha nueva digital (reflexión)

Qué quieren las nuevas generaciones nómadas

El futuro es emprendedor

Perfil del responsable online

Perfil del responsable digital

Capacidad comercial y orientación al resultado

Seguimiento y control

Conocimientos y aptitudes

Tareas a desarrollar por el responsable online en una pyme

Consejos útiles

Cuestionario para entrevista del responsable digital

Capítulo 6

La industria 4.0

¿Cuáles son los puntos clave?

Primer gran cambio

Segundo gran cambio

Tercer gran cambio

Internet de las cosas

El Big Data y la inteligencia artificial

Nuevas culturas digitales

El marketing 4.0

¿Estás listo para la era 4.0?

Todo muere en el ¿cómo?

Capítulo 7

4 Pasos para comenzar a vender en Internet

Paso 1: Diseño e identidad de marca

La unidad gráfica

Tu opinión sobre el diseño es completamente subjetiva

Haz que tu cliente se sienta seguro

Paso 2: Tráfico web

Hablemos de Google

Conceptos generales de SEO

¿Pero quién se encarga del SEO de mi empresa en Internet?

Características del posicionamiento orgánico

Pilares del SEO

El SEO on-site

Dominios SEO

Metatags

Metatags title

Metatag Description

URLs amigables

Rutas internas en el sitio web

Contenido relevante

El SEO off-site

Intercambio de enlaces

Notas de prensa

Link baiting

El Social SEO

Marketing en motores de búsqueda (SEM)

Red de display

Conceptos generales del SEM y su diferencia con el SEO

Google Ads: visión general de búsquedas y display

Ventajas de Google ADS

Concepto de subasta

Estructura de una cuenta y su mapa mental

Planificación de campañas y anuncios

Componentes básicos de una campaña

Elección de la red óptima de Google

Creación de grupos de anuncios

Creación de anuncios de texto

Políticas de Google

Indicadores de desempeño

Herramientas de investigación y análisis

La publicidad me sigue...

Conclusión

Redes sociales

Redes sociales por efectividad

Instagram

Cómo funcionan las publicaciones en Facebook e Instagram

¿Qué es el alcance?

¿Quién se encarga de administrar las campañas?

Paso 3: Página de conversión

Del offline al online

El sitio web

¿Cuántas de estas afirmaciones son verdaderas?

No te dejes guiar por ciegos

Las páginas de conversión llevarán dinero a tu bolsillo

¿Por qué tus páginas no consiguen vender o generar prospectos?

Solución: Página de conversión

Página de conversión ideal

Preguntas que debes hacerte para crear el contenido de tu página de conversión

Conclusión

Paso 4: Fideliza tus prospectos

Genera confianza en tu potencial cliente

Utiliza el email como medio de contacto

Consideración del spam

Analicemos el reporte de MarketingSherpa.com

Cómo solucionar el problema del spam

Cómo trabajar con el email

Campaña de bienvenida

La venta es solo el principio

Obtener ventas repetidas y fidelizar a los clientes

No puedes optimizar lo que no puedes medir

Los indicadores no son estáticos

Resumen final

Glosario


Loidi, Jonatan MarcosADN Digital: aprendiendo a gestionar tus activos digitales / Jonatan Marcos Loidi ; Jonathan Baldovino.–1a ed revisada.–Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Granica, 2020.Libro digital, EPUBArchivo Digital: descarga y onlineISBN 978-987-8358-25-31. Negocios. I. Baldovino, Jonathan. II. Título.CDD 658.4063

Fecha de catalogación: Julio de 2020

© 2020 by Ediciones Granica S.A.

Conversión a eBook: Daniel Maldonado

www.granicaeditor.com

GRANICA es una marca registrada

ISBN 978-987-8358-25-3

Hecho el depósito que marca la ley 11.723

Impreso en Argentina. Printed in Argentina

Reservados todos los derechos, incluso el de reproducción en todo o en parte, en cualquier forma.

Ediciones Granica

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Dedicado a los cientos de miles de emprendedores que con sus negocios hacen uno de los mayores aportes que una persona puede hacer a su sociedad: dar trabajo.

Jonatan Loidi

Para Natalia Sabrina, que en 7 años de escucharme sabe tanto de marketing digital como yo.

Jonathan Baldovino


Sobre este libro

Este libro está orientado a los emprendedores y pymes que quieren ingresar al mundo de los negocios en Internet pero que cuentan con poco know how (cómo hacerlo) y recursos económicos limitados.

Si eres un experto y tienes años de experiencia posiblemente no encuentres nada novedoso, pero igual te recomiendo que lo leas, ya que puede ayudarte a ordenar un poco las ideas dentro de un proceso o modelo de análisis.

Llegado a este punto quiero resaltar la importancia de buscar profesionales certificados, o que al menos puedan demostrar su conocimiento real en la materia, ya que hoy existen cientos de aficionados que con solo haber visto dos o tres videos en YouTube se lanzan al ruedo a ofrecer servicios y, como consecuencia de su falta de profesionalismo, hacen perder dinero a sus clientes.

Uno de los principales problemas a la hora de vender en Internet es la falta de conocimiento en cuanto al comportamiento de los usuarios y de las distintas herramientas que se pueden utilizar.

Antes de avanzar es importante comprender que vamos a resumir mucho el universo del marketing digital y las ventas por Internet, a los fines de ser sintéticos y enfocarnos en tus necesidades concretas. Por eso abordaré cuatro simples pasos, al final del libro, para comenzar a generar prospectos y que puedas vender tus productos y servicios.

Hemos tratado de utilizar un lenguaje muy simple, considerando que el marketing online cuenta con muchos términos técnicos o específicos que, en ocasiones, pueden complicar la comprensión de los textos. También te darás cuenta, a lo largo de la lectura, que hay un montón de palabras en inglés. Aunque existe traducción para ellas, en la mayoría de los casos hemos decidido dejarlas así y hay una razón para ello: llegado el momento de contratar a una agencia de MKT digital advertirás que usa constantemente estas palabras en inglés y entonces no tendrás que decir: “¿Ehhh?” cuando te pregunten sobre el funnel de ventas o si has puesto un Call to Action en tu landing page. Hemos puesto su traducción entre paréntesis y agregado un pequeño glosario al final del libro.

Es importante una última aclaración antes de comenzar este viaje.

Este libro fue escrito en conjunto y con la mezcla de experiencias y vivencias de los dos autores, Jonatan Loidi y Jonathan Baldovino. Para no marear al lector, en muchos pasajes hablamos en primera persona, pero no aclaramos quién de los dos lo hace. Realmente sentimos este libro como una fina mixtura de experiencias de años de trabajo, de cada uno en particular pero de muchas más en equipo.

Introducción

Hemos escrito este libro con el fin de agregar un poco de luz a algo que se ha vuelto muy popular y tema de discusión recurrente en el mundo de los negocios y en otros ámbitos: parece ser que hoy todo es marketing (MKT) digital, y si no estás dentro, no existes. ¿Pero realmente es así?

¿Toda empresa debe estar en Internet? Y en tal caso, ¿qué tenemos que hacer?

Para aclarar estos interrogantes voy a dividir en tres grandes grupos lo que el MKT digital puede aportar a una empresa.

El mundo digital puede lograr una muy clara segmentación de mercado y, a la vez, una cuantificación bastante exacta de cuántos prospectos hay en cada segmento, dónde están, qué quieren, cómo lo quieren, para qué lo quieren, etc. Existen tres grandes fuentes adonde recurrir en búsqueda de esta información, algunas más y otras bastante menos accesibles:

• En primer término, tenemos la empresa más importante de la historia: Google. Aquí, con un costo relativamente bajo −según lo que se quiera hacer−, podemos obtener mucha información de mercado. Recordemos que esta empresa está por encima de todo y lo ve todo.

• La segunda opción son las redes sociales, que pueden aportar mucha información sobre el comportamiento del consumidor, dado el tipo de información que obtienen de sus usuarios.

• Y, por último, existen organizaciones o desarrollos adaptados a la empresa que sirven para analizar el big data y su inmensa cantidad de información. Pero esa información debe tener un orden; si no, es como entrar a una biblioteca que en vez de libros tuviera millones de hojas sueltas. El conocimiento está, pero muy desordenado.

En toda estrategia de marketing inexorablemente llegará el momento en el que se tiene que decidir cómo alcanzar los segmentos objetivos y dar a conocer la propuesta de valor, al igual que la manera en que será puesta a su disposición.

Está claro que Internet es una mezcla enorme de canales de comunicación, pero lo importante siempre pasa por analizar si los segmentos objetivos utilizan los canales digitales, cómo y dónde. En este punto es vital contar con buen asesoramiento y armar un claro plan de medios y su consecuente estrategia.

En comercialización, el 70% de las transacciones se hacen por canales tradicionales, pero en constante decrecimiento. También es posible que una empresa utilice más de un canal; por ejemplo, Amazon, el gigante de las ventas online, anunció recientemente que va a abrir tiendas al público.

Si estás pensando en desarrollar una estrategia de canales online, debes analizar tres puntos muy importantes:

a. Desarrollar un e-commerce propio: si te decides por esta opción, debes saber que requiere una inversión importante y que debes hacerlo muy bien; si no, seguramente será un fracaso. En Internet no hay segundas oportunidades cuando te equivocas.

b. La plataforma no es lo más importante sino todo lo que se requiere por detrás: logística, sistemas, mecanismos de cobro, etc. Adicionalmente, debes invertir en generar tráfico para el sitio web y esto no es simple. No obstante, como todo lo que es difícil, si logras hacerlo seguramente podrás tener mucho éxito.

c. Por último, está lo que tanto pregona el marketing: el posicionamiento. A diferencia de los negocios transaccionales, los negocios relacionales (que venden productos y servicios de consumo rápido o inmediato) buscan fomentar cercanía con los diferentes públicos para que esto genere transacciones. Para poder lograrlo es fundamental que la empresa mantenga contacto y conozca en todo momento las necesidades de los clientes, que les ofrezca instancias de contacto por fuera de la transacción. Así, los clientes verán a la organización como un aliado, y esto generará un valor difícil de copiar por la competencia. En este punto, el MKT digital tiene mucho para aportar: desde potentes CRM (relación con el cliente) en línea, redes sociales, blogs, etcétera.

Algo igual de importante que lo antes expuesto y sin dudas una de las mayores contribuciones del marketing digital tiene que ver con la posibilidad de generar métricas en tiempo real de todo lo que implementamos. Este es, sin dudas, uno de los mayores aportes de esta nueva disciplina. Durante años en el marketing tradicional había que esperar a ver el resultado en facturación o el boca a boca para poder medir, sin mucha objetividad, una campaña de comunicación.

Hoy podemos ir corrigiendo y modificando campañas, segmentaciones, mensajes, etc. Todo en tiempo real, estos ajustes tendrán un impacto exponencial en los resultados y la eficiencia en el uso de los presupuestos.

No se trata de estar o no estar en el mundo online sino más bien de saber cómo estar en él y comprender que es un proceso que lleva tiempo. Y, como todo en la vida, no por correr se llega más rápido, pero siempre hay que empezar.

Jonatan Loidi

Director de Grupo Set

¿Qué aprenderán?

Es un objetivo fundamental de este libro no solo que sirva para reflexionar y entender más sobre este mundo sino, además, es nuestra prioridad que se lleven herramientas concretas para aplicar en el corto plazo en sus empresas.

Con experiencia de más de quince años de negocios en Internet en el área del marketing digital y e-commerce, en estos años hemos asesorado a más de 120 empresas y emprendedores que comercializan todo tipo de productos y servicios, desde repuestos para camiones pasando por vehículos 0 km, muebles de cocina, efectos luminosos para fiestas, seguros, apartamentos, turismo y servicios inmobiliarios, entre otros.

Expondremos un modelo de cuatro pasos que ha sido aplicado una y otra vez y confirmado con excelentes resultados, tanto en empresas que ya tienen un trayecto como en marcas que no tienen un gran desarrollo en Internet. En este último caso, los primeros pasos generalmente arrojan excelentes resultados de crecimiento en ventas.

Espero serles de ayuda y les deseo un gran éxito. Comprendo perfectamente la complejidad que conlleva vender en Internet, pero sin lugar a duda es el futuro y el futuro es ahora.

Jonathan Baldovino

Socio de Grupo Set

Capítulo 1

¿Transformación, canales o marketing digital?

Pocas cosas generan tanta confusión y opiniones como el gran mundo de la transformación digital.

Como todo lo relativamente nuevo y que no fue del todo explicado, se presta a confusiones que luego impactan en la comunicación y en la toma de decisiones, lo que es aún peor.

La pregunta es: ¿Es lo mismo transformación, canales y marketing digital?

La respuesta es no, no es lo mismo, y no necesariamente van de la mano.

Cuando nos referimos al concepto “transformación digital” nos estamos refiriendo a algo mucho más abarcativo y transversal a toda la organización.

La transformación digital, como su nombre lo indica, hace referencia a la necesidad de cualquier empresa moderna, no importa el rubro, de tecnificarse en las distintas áreas. Esto puede implicar un sistema de gestión integral o instalar un seguimiento satelital a la flota de camiones.

A mí me gusta pensar en la transformación digital como “no quedarse en el tiempo y adaptarse”. Por supuesto que no todos lo hacen al mismo ritmo o con el mismo orden. Pero es vital aclarar que, no importa el rubro, estás obligado a empezar a transformarte digitalmente.

Siempre es recomendable ir de menos a más y dándoles tiempo a los recursos a que se adapten. La mayoría de los procesos de transformación digital fracasan por mal diagnóstico, mala asignación de recursos o aceleración en el cambio, más allá de lo que la organización puede soportar.

Hace unos años, una empresa del rubro alimenticio nos contrató para realizar un típico análisis organizacional, lo que comúnmente se llama “saber dónde estoy parado”. Esos análisis hacen un recorrido por todas las áreas de la empresa, desde lo contable a lo comercial pasando por procesos, clima laboral y tecnología.

Esta empresa era muy rentable y sólida en cuanto a sus procesos. Pero tenía un problema: era el equivalente a un tanque ruso de la Primera Guerra Mundial, solo que en un campo de batalla del siglo XXI.

Su líder tenía más de cincuenta años y sus hijos, ya en la empresa, apenas veinticinco. Imagina la diferencia de visiones sobre la misma realidad. La lucha era cuerpo a cuerpo y de difícil solución. Uno, el fundador, estaba cansado y enemistado con la tecnología. Los otros, sus hijos, consideraban que todo se debía manejar desde un celular. ¿La realidad? Justo en el medio.

Luego de debatir durante un largo tiempo se logró definir un plan de transformación digital que tuviera en cuenta todos los factores necesarios y, especialmente, la realidad de la empresa y sus personas.

Era cuestión de alinear los objetivos y ponerse a trabajar.

Cuando hablamos de “canales digitales” nos estamos refiriendo a dos aspectos claves. Por un lado, la utilización del mundo de Internet, en sentido amplio, para comunicar nuestra marca, hacer promociones, etc. Y, por otro, la posibilidad de vender productos o servicios utilizando Internet.

De todo esto hablaremos en este libro.

Entonces ¿qué diferencia hay entre canales y marketing digital?

Podríamos decir que el marketing digital contiene a los canales y son parte de la estrategia general de marketing, así como que el MKT digital está dentro de la estrategia general de marketing de la compañía.

MKT digital incluye la estrategia y la táctica. Parte de la táctica son los canales digitales.

Como podrás observar, son términos fáciles de confundir, pero muy diferentes en su esencia.

En resumen, no importa el rubro en el que estés, con seguridad debes emprender un proceso de transformación digital que prepare tu modelo de negocios para el entorno en el que estamos viviendo.

Por otro lado, al referirnos a marketing digital deberías incluir la definición de canales como parte de la táctica necesaria para alcanzar los objetivos.

Antes de empezar, lo importante

Cuando en 2016 lanzaba mi primer libro,1 hablaba de la necesidad de comprender que, para poder vender y tener éxito comercial, primero hay que tener una estrategia comercial sólida, que vincule todos los aspectos que hacen a una gestión comercial eficiente.

Lamentablemente, la tasa de empresas que cuentan con una estrategia sólida es mínima. La gran mayoría se lanza al mercado solo con intuición y muchas ganas de trabajar. Esto puede ser suficiente en un principio, pero claramente no alcanza a largo plazo y mucho menos en mercados tan sofisticados como los actuales.

Hay que comprender de una vez y para siempre que ser profesional ya no es una opción, es una obligación.

En un mundo cada vez más competitivo, el mayor activo de cualquier empresa pasa por su capacidad de generar valor diferencial a largo plazo. Esta visión no es totalmente innovadora. Hace años que se habla de la importancia de generar valor, pero no fue hasta que Alexander Osterwalder2 lo plasmó en un modelo, que todo se aclaró y ya no quedaron dudas.

El modelo Canvas, creado por el autor antes nombrado, fue una verdadera revolución para el mundo de los negocios, ya que cambió el foco de los objetivos corporativos. Podríamos decir que hasta ese momento los directores tenían un objetivo por sobre todos los demás: RENTABILIDAD. Osterwalder criticó fuertemente este dogma preponderante en las empresas y la academia en general, bajo el argumento de que la rentabilidad no es el fin sino la consecuencia de hacer bien o mal un montón de otras cosas. Pero, sobre todo, es una resultante de la capacidad que tenga la organización de gestionar el valor diferencial.

Para que todo quedara mucho más claro construyó la siguiente definición:

“Un modelo de negocios describe la forma en la que una organización crea, desarrolla y captura VALOR.”

Es importante aclarar lo que para muchos puede resultar obvio: valor no es precio.

El precio es la expresión monetaria del valor. De esta forma, si tú quieres ser el más costoso o no estar todo el tiempo dependiendo de bajar los precios para poder vender, debes necesariamente generar mucho valor.

Cada vez que compramos algo o vivimos una experiencia, existe un momento donde nos transformamos en jueces y dictamos o no un veredicto de justicia. Ese momento se da cuando nos presentan el precio del producto o servicio. En ese instante hacemos una cuenta muy rápida donde evaluamos dos aspectos: por un lado, cuál es el valor que nos genera ese producto o servicio en oposición al precio que nos quieren cobrar, y por otro, la percepción del valor o valor percibido. Si el valor supera al precio se genera satisfacción, si es al revés seguramente se diga de ese producto que es caro.

Esta sentencia no se nutre solo de variables racionales como cantidad, calidad real del producto, etc., sino de un montón de connotaciones subjetivas y emocionales. Así, si sentimos que el precio supera al valor percibido diremos que ese producto es caro. Si ocurre al revés, podremos decir que es un precio justo.

El tema de la generación de valor no es nuevo, pero actualmente se comienza a comprender que la inversión y la estrategia deben estar absolutamente enfocadas en este objetivo muy por encima de todo lo demás. No obstante, seguimos viendo empresas que destinan más presupuesto a tratar de bajar los costos que a cómo generar valor diferencial.

Estudiando en Disney Institute, un día escuché una historia que me sirvió para dos cosas: incrementar mi admiración por Walt Disney y terminar de comprender la importancia del VALOR.

Cuenta la historia que el mítico Walt solía caminar por el parque observando la operación y las nuevas obras rodeado de muchos gerentes de diferentes áreas. Esta práctica se sigue haciendo y se la llama “camino del líder”. Era común que Walt fuera dando instrucciones y generando debates para testear a quienes lo acompañaban.

Durante uno de los recorridos, el padre de Mickey dio la instrucción de que si alguien comprase un helado o golosina y por accidente se le cayera al suelo, los colaboradores debían automáticamente darle otro sin costo alguno. De inmediato uno de los contadores que acompañaba esa mañana al grupo reaccionó diciendo: “Walt, no podemos regalar cosas o hacernos cargo de los errores de nuestros clientes”. La respuesta de Disney fue contundente y clara: “No estamos regalando nada: todo, absolutamente todo, está incluido en el valor del ticket de la entrada”. Y agregó: “No me hablen más de costos, háblenme de generar valor y podrán cubrir cualquier costo”.

Es importante en este punto abrir la definición de Osterwalder en tres partes fundamentales:

1) Creación de valor: Para crear valor es clave entender qué es lo que genera valor, y para entenderlo hay que segmentar. Comprender que no podemos dejar contentos a todos: es momento de elegir y poner foco en comprender y observar cada segmento, para de esta forma poder analizar las fuentes de generación de valor que se transformarán, una vez desarrolladas, en la propuesta de valor. Para clarificar esto, en el capítulo siguiente hablaremos y mostraremos una herramienta concreta.

2) Desarrollo del valor: Una vez definidas las propuestas de valor, es necesario comprender que estas no se gestionan solas: es momento de trabajar en la parte táctica y operativa del proceso. Aquí, una gran idea puede fracasar, no por ser mala sino por no poder llevarla adelante con eficiencia y buena gestión.

3) Captura: La captura no es ni más ni menos que la fijación del precio justo. Pricing, como se lo conoce en el mundo del marketing, se transformó en una de las áreas claves y de mayor complejidad. ¿Por qué? Porque es difícil medir cuál es el valor que generamos si no sabemos el valor que generamos. Pueden pasar dos cosas: a) poner un precio inferior al valor percibido, lo que genera clientes felices pero una baja en la rentabilidad potencial, o b) fijar un precio superior al valor percibido y ser calificados como caros. Es fundamental contar con mucho profesionalismo a la hora de fijar el precio, ya que aquí es donde todo se define.

En el siguiente capítulo vamos a revisar resumidamente el modelo Canvas creado por Osterwalder, solo como repaso y para que revises si estás trabajando correctamente en este punto. Obviamente, si te interesa el modelo, te recomiendo leer el libro.

1. Jonatan Loidi, ¿Qué es eso del Marketing? Editorial Errepar, Buenos Aires, 2015.

2. Alexander Osterwalder, Generación de modelos de negocios, Deusto Ediciones, Barcelona, 2011.

Capítulo 2

Diseñando los modelos de negocios

A menudo se escucha hablar de los modelos de negocios pero, ¿qué es un modelo de negocios? Y lo más difícil, ¿cómo se construyen y administran? ¿Quién se encarga de su diseño?

Como hemos dicho antes, es función del marketing desarrollar los modelos de negocios. Esto se fundamenta en que cada vez más el diseño de los mismos se relaciona con variables de mercado y con un entendimiento profundo del comportamiento de los consumidores.

Para simplificarlo, podríamos definir un modelo de negocios como la respuesta, en todo momento, a tres preguntas:

¿Qué vendo?

¿A quién?

¿Cómo?

Sobre las dos primeras ya hemos hablado y hacen referencia a responder en todo momento y con claridad ¿qué vendo? Cuando hago esta pregunta en los cursos, la mayoría de las personas me nombran lo que hacen. Así, por ejemplo, algunos me dicen que venden casas, hacen pizzas o venden comida servida de manera elegante en un restaurante de Palermo.

La pregunta intenta ser engañosa y ponerlos en evidencia. Si solo vendes lo que haces tendrás una alta probabilidad de verte obligado a tener que competir por precio.

Cuando el consumidor se encuentra con dos productos que no se diferencian, es él quien tiene el poder, y cuando eso sucede suele presionar la baja de precios.

Una forma diferente de hacer la misma pregunta es: ¿por qué te eligen tus clientes? Ahí todo cambia y salen al ruedo palabras como “confianza”, “trayectoria” o “una experiencia única”.

En conclusión, podríamos resumir que el diseño de modelos de negocios consiste en desarrollar productos o servicios, enfocado en la resolución de una necesidad, y en la creación de valor, para luego configurar la organización con el objetivo de que eso sea posible.

Un modelo de negocio describe la forma en que una organización produce, distribuye y captura valor, según el modelo Canvas, formulado inicialmente por Alexander Osterwalder en el año 2004. Esta obra es tal vez uno de esos grandes avances en la interpretación de la lógica organizacional y fue un gran aporte a las ciencias del Management, ya que consolidó lo que se venía expresando en el mercado.

Me gustaría detenerme, aunque sea brevemente en esta idea, para poder ver con más claridad cómo se deben desarrollar los modelos de negocios.

El modelo Canvas consiste en la configuración de nueve bloques que, como un rompecabezas, debe estar completa para poder funcionar.


Modelo Canvas

Fuente: Osterwalder, A.: Generación de modelos de negocio. Deusto Ediciones, Barcelona, 2011.

•••

El primer bloque consiste en la segmentación de mercados: básicamente se pone énfasis en describir y conocer a fondo los distintos segmentos de mercado para así poder elegir claramente dónde quiero y cómo puedo posicionarme. Más adelante, en el apartado “Descubriendo nuestro segmentos”, veremos en profundidad cómo llevar adelante esta importante y difícil tarea.

En este momento es crucial hacernos algunas preguntas, como por ejemplo:

• ¿Quién quiero que sea mi cliente?

• ¿Cuál es el segmento de clientes objetivo?

• ¿Para quiénes estamos creando valor?

• ¿Quiénes son nuestros clientes más importantes?

• ¿Qué características relevantes tienen?

• ¿Qué tareas claves debo realizar para alcanzarlos?

De este modo, el modelo Canvas pone como regla de oro comenzar siempre el desarrollo de un negocio con foco en el cliente como la estrella y rectora de las actividades de la organización.

El segundo bloque es, a mi entender (ya lo veremos en profundidad), el más importante del análisis y realmente el centro de gravedad de toda organización. La propuesta de valor es ahora la prioridad en el camino de desarrollo de nuestros negocios.

“La mayoría de los emprendedores cometen el error de emprender y crear organizaciones y luego pensar su modelo de negocios, cuando debería ser totalmente al revés.”

Horacio Meléndez

Sin propuesta de valor no hay diferenciación y sin diferenciación solo podremos competir por precio. Así será difícil obtener éxito. Por ahora diremos que la propuesta de valor es aquella que nos hace diferentes, únicos y elegibles para nuestros clientes.

Carlos y Miguel eran dos comerciantes emprendedores que decidieron, sin mucho análisis, poner un negocio de venta de celulares a tan solo 50 metros uno de otro. Rápidamente se dieron cuenta de que tenían un problema, y que solo había lugar para uno de los dos en esa cuadra. Solucionar este problema no era tarea sencilla, ya que ambos vendían básicamente lo mismo y habían acordado no bajar los precios.

Así, ambos se pusieron a pensar formas de lograr construir una propuesta de valor que, como dijimos, los hiciera diferentes, únicos y elegibles.

Carlos tomó la iniciativa y ofreció a sus clientes un año de garantía con la compra de sus celulares. Momentáneamente logró ser único y elegible pero, como todo lo que no es muy innovador, duró poco. Fue así que Miguel rápidamente copió la propuesta de Carlos. Llamaremos a esto “Neutralización de la propuesta de valor”.

Carlitos no se quedó quieto y redobló la apuesta ofreciendo dos años de garantía. Una vez más, Miguel neutralizó a su rival.

Todo parecía estancado, cuando Carlos decidió ofrecer no solo dos años de garantía sino también la posibilidad de cambiar el equipo dentro de las 24 horas en cualquier lugar del país.

Miguel, ante esta propuesta, decide pasar.

Carlos tenía una propuesta de valor diferente y única. ¿Pero sería elegible? La cuestión es que Carlos necesitaba, para poder sostener esta propuesta de valor, asumir mayores costos, tantos que lo obligaban a subir sus precios en al menos un 20% para no perder dinero. De esta forma, el nuevo precio de los celulares sería más alto que los que vendía su competidor directo.

Frente a estos dos “empresarios” estaba el cliente, que venía viendo cómo ambos se sacaban los ojos por tratar de conquistarlo. Hasta ahora la pelea solo ofrecía ventajas momentáneas, ya que se copiaban uno a otro. Esto sin dudas le daba mayor poder de negociación al cliente.

No obstante, ahora Carlos tenía que analizar en profundidad la nueva propuesta de valor. Es cierto que su propuesta era diferente y hasta superadora de la de Miguel. Pero algo no le terminaba de cerrar en su cabeza.

La cuestión pasaba por la variable elegible. ¿Por qué? Porque el precio es siempre un factor regulador para los clientes. Básicamente el conflicto del cliente pasaba por interpretar si la propuesta de valor, que se expresaba monetariamente en un 20% más en el precio que la otra, era justa como para finalmente comprarla.

La percepción de caro o barato es subjetiva para cada cliente. Así lo que para uno es caro para otro es barato.

Así, el cliente termina eligiendo a Miguel y sacrificando la diferencia, aparentemente superior, ya que la propuesta no llega a compensar el incremento de precios, y decide sacrificar un beneficio.

Con este ejemplo intento ilustrar que no alcanza con ser diferente y único: es crucial ser elegible. Tampoco puede pretenderse ser elegible para todos los públicos, pero sí para el que tú hayas definido en su segmentación como objetivo.

El tercer elemento de este modelo es lo que el autor define como “canales”. Esta variable consiste en cómo pondremos a disposición de nuestros públicos objetivos las propuestas de valor, siempre cumpliendo con nuestras promesas.

También se encuadran dentro de los canales a los canales de comunicación con los que pondremos a disposición nuestra propuesta de valor, ya que no sirve de nada tener una gran propuesta si el cliente no se entera. Aquí entran en juego la publicidad y el MKT digital o cualquier estrategia que la empresa elija para lograr llegar a la mayor cantidad de gente dentro de sus segmentos objetivos.

Como cuarta variable está la esencia del marketing moderno, que consiste en la generación de una relación con nuestro público.

Si logramos identificar bien a nuestros segmentos de mercado, indagamos sus necesidades y deseos, y sobre esta base establecemos nuestra propuesta de valor logrando estar al alcance y, en el momento justo, podremos empezar a construir una relación.

Esta es una gran decisión a la que todo empresario debe enfrentarse tarde o temprano en el desarrollo de sus modelos de negocios. Básicamente, definir si quiere tener un negocio transaccional o de relaciones. Las transacciones son impersonales y de corto plazo; las relaciones generan convivencia y son a largo plazo.

Si logramos construir un negocio basado en estos cuatro bloques podremos completar el quinto, que consiste en la generación de ingresos a nuestro flujo de fondos y así disponer de capital para sostener los otros cuatro bloques restantes, que consisten en: recursos claves, actividades claves, estructura de costos y red de socios estratégicos. Por lo general, en esta parte del esquema es donde se generan egresos de dinero, que se configuran en el último de los bloques del modelo.

Los recursos claves se refieren a aquellos que son vitales para que el negocio se sustente en el tiempo. Son los medios necesarios para sostener lo que definimos en los cuatro primeros bloques. Por ejemplo, el capital de trabajo, el know how, patentes, etcétera.

Las actividades son los procesos, las políticas y la relación entre áreas, y hacen al funcionamiento operativo del negocio.

Osterwalder pone especial interés en el octavo cuadrante, al que denomina “Red de Socios Estratégicos”.

Es muy difícil para cualquier organización moderna poder crecer y sostenerse sin alianzas fuertes con agentes externos a lo largo y ancho de todo el mercado. Así, proveedores, intermediarios, gobiernos, competidores, y por supuesto clientes, se vuelven socios claves de cualquier empresa.

Esto no solo es una necesidad operativa sino una forma de relación. Las organizaciones se nutren de las experiencias de clientes y proveedores y co-crean productos y servicios.

El egoísmo organizacional no tiene lugar en la era moderna. Las preguntas aquí son: ¿Cuáles son sus próximas alianzas? ¿Cuándo fue la última vez que invitó a un proveedor a reunirse? ¿Cuándo fue la última vez que se reunió con un competidor y juntos analizaron el mercado?

Resumiendo, este modelo que tomamos como base para profundizar en el marketing, podríamos dividirlo en dos grandes grupos. Las áreas que miran al mercado y definen los ¿Qué? ¿Quiénes? ¿Por qué? ¿Para qué?, y los que definen el cómo siempre con foco en la rentabilidad.

Creando las propuestas de valor

Como ya hablamos antes, el valor lo es todo, por ello es que quiero agregar este capítulo que se encuentra incluido en el libro ¿Qué es eso del Marketing? Pido disculpas a quienes ya leyeron ese libro. Pero estoy seguro de que muchos otros no lo hicieron y es clave para seguir avanzando poder introducir este tema, ya que ninguna estrategia de transformación digital, marketing digital o como quieran llamarla puede ser sólida sin tener bases sólidas. Para ello es clave tener fundamentos sólidos en lo que hace que su modelo genere valor.

Cuando analizamos el marketing como un proceso amplio, reconocemos que necesariamente forma parte de otros procesos dentro de una organización. Ello implica que el marketing no es un conjunto de acciones aisladas, o un área en particular dentro de una compañía, sino que dicho proceso es inevitablemente transversal. Desde la incorporación del personal, la compra de materias primas, los procesos productivos, la prestación de servicios, la satisfacción post-venta, la gestión de pagos y cobros, las relaciones con otros entes, los clientes internos, hacen que “se piense en marketing” en todas las actividades y tareas que se desarrollan.

En efecto, cuando estamos en un supermercado o en un centro de compras y observamos el comportamiento de los posibles compradores, podremos apreciar distintas reacciones respecto de los estímulos con los que se encuentran. Pero si una empresa ha tenido en cuenta a ese cliente, mantuvo cuidados todos los procesos para generar un marketing eficaz y eficiente y no genera una transacción como consecuencia, ¿qué puede haber fallado? ¿Por qué una persona en un supermercado toma un producto, lo mira, lo deposita en su carro de compras, hace dos pasos, lo saca, lo devuelve a su lugar y toma el de al lado (que es un competidor)? ¿Qué pasa cuando una persona entra en un local de ropa, toma una prenda que estuvo observando una y otra vez, se la prueba y aunque sea “perfecta” termina comprando un producto similar en otro local? En síntesis, algo no ha sido tenido en cuenta en su totalidad; en alguna parte del proceso, hemos fallado. De todas maneras, no hay que decepcionarse sino buscar el porqué de esas reacciones, y cuál ha sido nuestra equivocación.

Sin lugar a duda no hemos tenido toda la información suficiente para tomar algunas decisiones. Y este es un punto crucial: las decisiones y las investigaciones en marketing requieren información de calidad.

Para poder analizar en detalle qué cuestiones no hemos tenido en cuenta o qué información necesitaremos para implementar las estrategias previstas, proponemos la utilización de una herramienta a la que llamaremos MODELO SET, la cual fue pensada para la creación de propuestas de valor. De ser factible, nos acercará a la posibilidad de construir una o varias propuestas de valor que nos hagan realmente únicos y elegibles dentro de un abanico de posibilidades y, a su vez, poder administrarlas a largo plazo.

No es una tarea sencilla y, sobre todo, es muy laboriosa, pero si se la aplica correctamente podrán descubrirse nuevas cosas sobre el negocio, o por lo menos podrá vérselo desde otra perspectiva.

Consideremos inicialmente el modelo como un proceso en el cual todo comienza con algo que ya desarrollamos anteriormente. El primer paso ineludible es la segmentación. Este es el eje central del modelo, debido a que cada vez tenemos más variables involucradas en un proceso de segmentación.

El trabajo de segmentar requiere de un minucioso análisis de la información que tengamos y podamos obtener de nuestro público objetivo. Allí radica uno de los inconvenientes: la información de nuestros prospectos y clientes actuales crece continuamente. De todas maneras, entendamos este paso como parte del futuro que se avecina en el marketing: de manera constante se crean productos y servicios para segmentos más específicos y delimitados. Por lo tanto, adoptemos esta cuestión como un entrenamiento necesario para estar preparados para lo que se viene. Como contrapartida, la presencia de nuevas herramientas tecnológicas que nos permiten procesar y utilizar de manera conveniente ese cúmulo de datos nos posibilitará realizar una segmentación detallada y precisa.

Es importante aclarar que esta herramienta debe aplicarse para cada uno de los segmentos que queramos analizar. No es una herramienta general sino más bien particular por segmento.

Cuando empezamos a desarrollar este modelo descubrimos accidentalmente que era una poderosa herramienta para validar segmentaciones, y ya veremos cómo.


Modelo de generación y administración de propuestas de valor a largo plazo.

Fuente: Loidi, J. y Merena, D.

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Desde que estudiábamos marketing con Diego Merena en la UCALP y luego como consultores y profesores, siempre escuchábamos hablar de la tan conocida propuesta de valor y la importancia de poder conocerla a fondo. Sin embargo, no nos sentíamos convencidos en cuanto a la concepción de quién define la propuesta de valor de una empresa. Sentíamos que era algo un tanto soberbio que la propia empresa sea la que defina qué cosas le tienen que gustar al cliente.

Siempre recurro al mismo ejemplo. Sería como entrar a una clase con cinco potes de helados de distinto sabor y, en función de la cara, forma de vestir y percepción que yo tenga de cada una de las personas presentes, les diera los sabores que yo supongo que les deberían gustar.

Lo más lógico, sin lugar a duda, sería preguntarle a cada uno qué gusto quiere. Esto no implica que no podamos sorprenderlo y lograr una diferenciación, precisamente al conseguir sorprender al cliente, pero no desde una perspectiva de adentro hacia fuera sino al revés.

Así es que en el esquema que presentaremos se parte de lo que llamaremos “pedido de valor”.

Este punto en particular es tal vez el cambio más sustancial en el enfoque de este modelo, ya que no partimos de lo que nosotros creemos que quieren sino de lo que los clientes expresan que quieren. Desde ahí podremos construir propuestas de valor, siempre sabiendo que muchas veces el cliente no tiene del todo claro cómo lo quiere. Así es que lo que buscamos es información que nos permita construir sorpresas para nuestros públicos objetivos.

Recordemos esta frase:

“Nuestro trabajo es dar al cliente no lo que quiere, sino lo que nunca soñó precisar, y cuando lo haya obtenido, lo reconocerá como algo que siempre quiso.”

Sir Denys Lasdun, arquitecto

No obstante, este punto en particular es hoy de gran discusión. Existen dos opiniones respecto de si hay o no que preguntarles a los clientes sobre lo que quieren. Steve Jobs, como máximo exponente de los que creen que no, tenía una famosa frase: “No hay que preguntarles a los clientes qué es lo que quieren, porque no saben lo que quieren”. Sin embargo, Steve era Steve.

Considero que, como todo en la vida, no es bueno ir a los extremos. Mi opinión es que hay que observar mucho a los clientes, la sociedad donde se mueven y se desarrollan, a los competidores, analizar la historia, tratar de detectar tendencias que marquen el rumbo y, con todo esto, sorprenderlos. Siempre hay que darles algo más de lo que esperan y para eso son fundamentales la creatividad y la innovación. Pero recordemos que toda gran idea surgió de detectar una gran necesidad, y esto implica ser un gran observador.

Es importante saber que preguntar también puede condicionarnos. Los consumidores muchas veces saben menos que tú del producto que están consumiendo. Finalmente el que pasa horas y horas frente al producto eres tú. Conoces su calidad real y vives pensando cómo mejorar. Esto es muy cierto, pero cuidado: eso no asegura el éxito. El éxito se da cuando se cruza la necesidad con la satisfacción, todo a un precio justo.

El pedido de valor

Una vez elegido uno o varios segmentos sobre los cuales se decida indagar el pedido de valor particular de cada uno, el paso siguiente consiste en realizar una profunda investigación con encuestas y entrevistas en cualquiera de sus formatos. Es recomendable la forma presencial, ya sea individual o grupal, para consultar a los potenciales clientes sobre qué cosas valoran o valorarían del producto genérico sometido a evaluación.

Es fundamental tener en cuenta que no debe preguntarse sobre nuestro producto específico sino sobre el genérico de la categoría. Si habláramos del mercado automotriz sería algo así como preguntar: “¿Qué cosas valora, analiza, considera, compara e investiga, al momento de elegir un auto compacto de cuatro puertas para uso familiar?”. Las respuestas serán una lista de cualidades: buen diseño, bajo consumo de combustible, aire acondicionado, seguridad, buen espacio interior, que sea de una marca reconocida, precio y financiación, entre otras cuestiones.

Lo que estamos logrando al pedirles a los clientes que digan qué cosas valoran es empezar a pensar en la construcción de atributos, pero desde lo que los clientes quieren y no al revés.

Sin dudas el mundo de las redes sociales y big data pueden aportarnos muchísima información de altísimo valor para esta etapa.

Es importante aclarar que el cliente expresará opciones genéricas; es nuestro trabajo indagar y detectar cuáles son los verdaderos intereses detrás de esas opciones. Así, cuando una persona dice “confort” puede referirse tanto al tamaño interior como a la sensación del andar del vehículo.

Una vez lograda la lista de atributos, sigue otra pregunta: “¿Ahora podrían indicar, según un orden de prioridad, ¿cuáles de los atributos que nombro son los más importantes?”. Aquí lo que recomiendo es no hacerlo con una valoración del 1 al 10 sino dividirlos en grupos según su grado de importancia relativa: 1, 2 y 3. El 1 está conformado por los atributos excluyentes, o sea que si no están no es una opción deseable de compra. En este punto se listarán seguramente muchos de aquellos atributos que definiremos más adelante como “umbral mínimo de valor” o “umbral mínimo de competitividad”.

Luego, las características ubicadas en el 2 serían muy importantes, pero no tanto como las registradas en el 1. Por último, los atributos del 3 serían importantes, pero pueden ser prescindibles si los del 1 y 2 son muy fuertes. Así podría pasar que la lista quedara de la siguiente manera:


Buen diseño2
Bajo consumo de combustible1
Aire acondicionado2
Seguridad3
Espacio interior2
Marca3
Precio1
Financiación1

Ordenados quedarían del siguiente modo:


Bajo consumo de combustible1
Precio1
Financiación1
Buen diseño2
Aire acondicionado2
Espacio interior2
Seguridad3
Marca3

Aquí, para retomar lo antes dicho, es fundamental no quedarse con la opinión de los clientes, de expertos, de referentes, etc., sino tener la de todo aquel que pueda aportar una mirada diferente.

Ahora poseemos un dato muy valioso. Sabemos qué es lo que buscan los clientes, lo que valoran y cómo lo valoran. Esto nos da un indicio de por dónde empezar a construir nuestra propuesta de valor, sabiendo qué cosas quieren o desean con mayor preponderancia.

Un día me encontré realizando este ejercicio con un grupo de gerentes de un importante banco. Cada grupo debía elegir un segmento distinto y luego realizar una encuesta para detectar sus pedidos de valor. Al tiempo nos volvimos a encontrar y cada grupo expuso en el pizarrón sus tablas valorizadas. Una vez que todas las tablas estuvieron en el pizarrón, surgió algo muy interesante: en la mayoría de los segmentos solían pedirse las mismas cualidades pero lo que cambiaba era la valorización que cada segmento hizo de cada variable. Así, mientras que para algunos determinada propiedad representaba un 1, para otros era un 3. Siguiendo con el ejercicio anterior de los autos, se muestra la siguiente tabla:


SEGMENTO ASEGMENTO BSEGMENTO C
Bajo consumo de combustible1Bajo consumo de combustible2Bajo consumo de combustible3
Precio1Precio2Precio2
Financiación1Financiación2Financiación2
Buen diseño2Buen diseño1Buen diseño1
Aire acondicionado2Aire acondicionado1Aire acondicionado2
Espacio interior2Espacio interior1Espacio interior2
Seguridad3Seguridad3Seguridad2
Marca3Marca3Marca1

Como ves en el cuadro, los pedidos de valor son los mismos, aunque no necesariamente siempre es así. Podría suceder que surjan pedidos de valor diferentes para distintos segmentos, pero en líneas generales una gran cantidad coincidirán. Lo que sí cambió es que cada uno les asignó un orden de prioridad distinto. A esta etapa la llamaremos “validación de segmentos”. Si dos segmentos tienen una valorización similar de los atributos, sobre todo los 1, podríamos decir que la segmentación no es válida o, dicho de otra forma, que esos dos segmentos tal vez sean uno solo. Por el contrario, si hay diferencias podríamos decir que sí lo son.

Cuando analizamos con los grupos mencionados lo que se veía ahora en el pizarrón, notamos que de los 7 segmentos sobre los que se había trabajado había dos grupos de 2 y 2 que coincidían en casi todo. Por ende se profundizó el análisis y se realizó un pedido de información interno en el banco. Se terminó concluyendo que había que pasar de 7 a 5 segmentos. Usando la terminología antes expuesta, se logró validar 5 segmentos en vez de 7.

Otro aspecto importante que sería ideal realizar en esta etapa consiste en indagar con mayor profundidad los atributos señalados anteriormente, ya que muchos de ellos son muy abarcativos y nos va a ser difícil poder construir una propuesta de valor partiendo de, por ejemplo, el atributo “calidad”. Lo que debemos indagar es precisamente a qué llama el cliente “calidad” o “seguridad”.

No obstante, cuando una empresa está en marcha y goza de cierto reconocimiento en el mercado, debería considerar, en un análisis posterior, no solamente el pedido de valor respecto del producto genérico sino también el exigido a la propia empresa en particular; es decir, en este caso no indagamos qué cosas quiere, como por ejemplo un automóvil, sino en particular sobre el que nosotros vendemos; en este caso, qué es lo que más le gusta de los autos Peugeot. Estos podrán coincidir o no con los pedidos sobre el producto genérico, siendo que algunas marcas de renombre reciben mayores exigencias de su público que lo que pretendería ese público sobre el mercado en general.

Seguramente habrá algunas razones por las que nuestros clientes nos exigen particularmente, y esto se debe a la multiplicidad de segmentos que buscan mayores especificaciones para satisfacer sus necesidades.

Como sabemos, existen segmentos de mercado que persiguen cuestiones más funcionales y analizan los productos o servicios en función de ellas. Por otro lado, tenemos otros segmentos que valoran cuestiones más subjetivas, como pueden ser marca, estatus o experiencias que el producto les brinda.

Es por esto por lo que es importante siempre comprender que en el pedido de valor lo que buscamos es la base para la construcción de propuestas de valor, de ninguna manera son definiciones sobre lo que nuestro producto debería ser en términos absolutos.

Umbral mínimo de valor o competitividad

Luego de haber indagado a fondo lo que surgió en la etapa de pedido de valor y de una profunda investigación de la competencia, surge un dato fundamental al que llamaremos “umbral mínimo de valor” o “umbral mínimo de competitividad”, que consiste ni más ni menos que en el piso o base sobre los que se podrá construir nuevas propuestas de valor. Ello significa que estarán involucradas todas aquellas cuestiones que ese segmento le exige COMO MÍNIMO al mercado, y por ello mencionamos que serán parte de las variables “excluyentes” en la consulta sobre pedido de valor.

Esta etapa es también una revelación sobre nuestra situación real en el mercado y sobre si podremos o no participar en ese segmento. Imaginemos que el umbral mínimo de valor es muy exigente y supera por mucho lo que nosotros podemos ofrecer al mercado. Esto sin duda nos obligará a replantearnos si estamos preparados y si podremos realmente competir.

Como ilustración, hoy en día cualquier persona que compre una heladera le exigirá al mercado que al menos tenga un año de garantía. Si existiera un oferente que no la diera, estaría por debajo de este umbral mínimo y quedaría virtualmente “fuera del mercado”.

Siguiendo con el ejemplo de los autos, actualmente ningún auto compacto de gama media puede siquiera aspirar a ser vendido si no cuenta con dirección asistida, aire acondicionado, cierre centralizado, MP3, cinturones inerciales, etc. Cumplir con esto no es una propuesta de valor, es más bien un umbral mínimo de valor. No hacerlo significará claramente una pérdida de valor y, por consiguiente, una pérdida de competitividad, aunque tenerlo no generará más valor por cuanto coincide con las expectativas del segmento en cuestión. O sea, no cumplir con el umbral mínimo de valor significaría estar fuera del juego; ahora bien, cumplirlo no necesariamente significa que ganaremos sino más bien que será parte de la base sobre la cual debemos construir valor diferencial.

Tener un producto que posea atributos destacados como excluyentes para el mercado, y que sean únicos e irrepetibles, significará que esas particularidades que le hemos agregado al producto no solamente están siendo valoradas por el segmento sino que ya lo exigen como mínimo para tomar una decisión de compra. En esta instancia, nuestra compañía estará marcando el camino de la innovación en el mercado y será sin lugar a dudas una empresa líder.

Generación de propuesta de valor o fuentes de valor

Con la información obtenida en el punto anterior, ahora contamos con información vital para dar paso a la construcción de nuestra propuesta de valor diferenciadora, a fin de lograr fuentes de atracción. Sabiendo que no todos los diferenciales generarán atracción o, mejor dicho, no generan la misma atracción, es primordial detectarlos de manera singular.

La propuesta de valor, como definición simple, describe el o los atributos que hacen que los clientes elijan una empresa u otra.

El proceso se inicia con todos los atributos “1” del cuadro anterior y sigue con un análisis y la generación de propuestas diferenciadoras.

Para que una fuente de valor sea válida debe ser única y diferenciadora. Por definición, una fuente de valor compartida con otro competidor se neutraliza y deja de generar valor.

Es una etapa de mucha investigación respecto de lo mencionado en el apartado anterior, consistente en descifrar claramente a qué se refiere el cliente cuando nombra y valoriza las diferentes variables. También es un momento de investigación profunda de la competencia.

Es recomendable hacer participar a la mayor cantidad posible de empleados en esta etapa y no estaría de más también que un consultor externo aportara frescura y objetividad al análisis, tomando como punto de partida lo logrado anteriormente e invitando a pensar de manera creativa nuevas propuestas de valor.

Puede existir más de una propuesta por atributo. Cada una debe ser claramente explicada y dimensionada.

Como hemos visto en capítulos anteriores, ser diferente o tener una buena propuesta de valor no necesariamente se constituye en una fuente de atracción. Una vez definidas las propuestas de valor, es momento de analizar cuáles contribuyen a generar mayores y mejores experiencias.

Es el momento de analizar si lo que proponemos guarda relación con lo que nuestra marca expresa. Recordemos que la marca tiene como principal objetivo identificar y expresar claramente nuestra propuesta de valor y lo que somos y significamos para nuestros clientes.

Es aquí donde debemos recurrir al plan táctico y definir el camino y las acciones a desarrollar para lograr posicionar nuestras nuevas propuestas de valor en los distintos segmentos.

Las experiencias se viven, por ende el desafío más difícil es cómo vamos dar a conocer esos diferenciales de atracción que, combinados, generan un concepto en torno a nuestra marca y que ese sea precisamente nuestra FUENTE DE ATRACCIÓN.

Como podrás observar, recorrer todo este camino nos permite entender mucho mejor nuestra estrategia y dotar a los planes tácticos de más y mejores fuentes de información.

No existe un marketing tradicional y un marketing digital, existe buen y mal marketing.

Validación de la propuesta de valor en el mercado

Si bien hemos analizado a fondo lo que nuestros clientes actuales y potenciales valoran de lo que ofrecemos y a partir de ello intentamos desarrollar nuestros diferenciales, siempre es necesario fundamentar estas hipótesis en el mercado. Una recomendación en este punto es validarlo en lo que se conoce como “mercado de prueba”. De esta manera obtendremos información de campo que nos puede servir para redefinir algunas variables y realizar los ajustes necesarios.

Es común y hasta lógico que en las pruebas de mercado muchas de las propuestas se cambien o adapten. De hecho, esto es un proceso continuo y no hacerlo puede ser un grave error a futuro.

Las pruebas de mercado implican elegir un segmento de mercado y un mercado de prueba donde expondremos nuestras propuestas de valor diferenciadoras, y entonces mediremos la reacción de los consumidores.

Por ejemplo, Coca-Cola lanzó en Argentina la Coca-Life para probar su aceptación y si su propuesta de valor era realmente atractiva. El mercado rápidamente expresó que el sabor no era el adecuado y Coca-Cola lo cambió y volvió a lanzar otro producto. Básicamente, lo que están haciendo es ir ajustando variables hasta llegar al producto final. Si por alguna razón la decisión final fuera que no es un producto aceptado, se cancela y solo afectaría la imagen en este mercado y no en todo el mundo.

Análisis de variables críticas

Si bien el trabajo hasta aquí desarrollado no es sencillo, lo más difícil es poder sostener a largo plazo y con alta calidad percibida la propuesta de valor.

Por esto es fundamental definir cuáles son las variables críticas que la empresa deberá controlar y monitorear de manera permanente para cumplir con lo que prometemos. Puede haber muchas variables por cada propuesta y es trabajo de los gerentes asegurar que se cumplan dentro de lo que definimos como óptimo.

Este es tal vez uno de los aportes más importantes de esta herramienta. Básicamente, lograr que todos en la organización, sin importar el puesto que ocupen, puedan tener claro cómo su trabajo ayuda o perjudica a la propuesta de valor de la empresa.

Los gerentes ahora no deben pensar en cómo asegurar sus estándares de producción o eficiencia o cumplir con un tiempo determinado, sino que deben tener claro que la prioridad es cumplir con el cliente.

Los sueldos de todos dentro de la organización son pagados por la misma persona: EL CLIENTE.

Así, una propuesta de valor puede tener muchas variables críticas para poder funcionar y esas variables dependen de muchos gerentes o responsables. Aquí la importancia de la visión compartida y el trabajo en equipo es primordial.

Recuerdo que, en medio del boom de los delivery, allá por los años ’90, una pizzería en la ciudad de La Plata –donde estudiaba– quiso generar una importante propuesta de valor diferenciadora y única, que la hiciera elegible.

Tener variedad, buena atención y delivery claramente no eran ya una propuesta de valor en sí misma, sino más bien un umbral mínimo de valor.

Por esto redobló la apuesta y promocionó que, si en su pizzería el pedido demoraba más de 45 minutos en llegar desde que este se realizaba, ¡la pizza sería gratis!

Era realmente una muy buena propuesta de valor y sobre todo cumplía con la parte de hacerlo elegible. Recuerdo como si fuera hoy que con mis amigos calculábamos el momento cuando mayor trabajo tendría y hacíamos pedidos de lo más difíciles para dificultar la tarea y poder comer gratis.

No recuerdo bien, pero creo que solo la primera vez que realizamos un pedido la pizzería pudo cumplir con su misión; el resto de las veces comimos bien y gratis. Lamentablemente esto no duró mucho tiempo y tuvimos que volver a la rutina de pagar...

¿Dónde estuvo entonces el problema? ¿Por qué fracasó? El éxito había golpeado a sus puertas y ninguna pizzería se animó a copiarlo.

En definitiva, fracasó porque no pudo asegurar que las variables críticas, como preparación, horneado, entrega, etc., pudieran funcionar como esa propuesta requería.

Indicadores de control

Toda empresa que quiera perdurar en el tiempo y mantener estándares de calidad debe definir, a partir de las variables críticas, indicadores de control permanentes para que no se dispare ninguna variable crítica y, si llegara a suceder, poder corregirla a tiempo.

Es importante aclarar que no solo debemos tener indicadores sobre variables críticas sino también sobre la percepción final de valor por parte de los clientes. Se podría dar el caso de que los indicadores de variables críticas tengan un correcto desempeño, pero por alguna razón la percepción no sea la esperada. En este caso habría que volver a repasar el pedido de valor y, por consiguiente, las propuestas, e intentar detectar dónde se está perdiendo valor.

Como argumentó el economista Keynes en una conferencia, ante la pregunta “qué cree que va a pasar en el futuro”, respondió, dejando a todos en silencio y con una sonrisa: “A largo plazo, todos estaremos muertos”.

Podríamos decir que esto es muy cierto en lo que a propuesta de valor se refiere. Todo cambia y sobre todo lo que nuestros clientes quieren y valoran. No solo porque nos ponemos viejos, ¡sino porque la competencia no se queda quieta! Y siempre intentará neutralizar todo lo bueno que se nos ocurra.

¿Recuerdan Palm, Nokia o Blackberry? ¿Recuerdan entonces el gran éxito logrado y su participación de mercado? Imagino a sus ejecutivos en grandes fiestas donde festejaban el éxito de sus lanzamientos y descubrimientos. Piensen dónde están esas marcas ahora….

¿En qué fallaron? No supieron renovarse y seguir poniendo foco en cómo mejorar su propuestas de valor, a la vez que sus competidores mejoraban y ofrecían algo nuevo todos los días.


Capítulo 3

Modelo circular de gestión comercial

Podríamos decir que en los capítulos anteriores pusimos foco en la estrategia y el diseño del modelo de negocios. Ahora nos vamos a enfocar en la gestión operativa del área comercial. Para ello vamos a presentar un modelo circular de gestión comercial eficiente.

En particular, a mí me encantan los modelos circulares porque en ellos no hay una parte más importante que otra. El hecho de que sea circular nos indica, como si fuera una rueda, que si una parte falla, deja de girar.

Lo que sí puede suceder es que por momentos una concentre más recursos que otra, pero nunca de manera sostenida, ya que si esto sucede la rueda se fortalece en una parte y se debilita en otra.

Como verán, en la figura que presentamos a continuación se pone mucho foco en el aspecto tecnológico, para tener sentido con la temática del libro. No obstante, el modelo es 100% aplicable a modelos On como Off line. Recordemos que la diferencia entre uno y otro radica básicamente en el uso de la tecnología como medio, pero no en la sustancia.


Modelo circular usado por Grupo Set en sus procesos de consultoría comercial.


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