Читать книгу: «Mañana será brillante»

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“Por medio de Jesús, los cristianos tienen un ‘Dios de esperanza’ (Ro 15:13, RVC). Pero somos tan propensos a permitir que las circunstancias, las pruebas, las decepciones, los fracasos, las angustias y las preocupaciones oscurezcan el sol de nuestra inquebrantable esperanza. Este libro pequeño irradia esperanza, que brilla con la seguridad de nuestro Padre Celestial: ‘Porque ciertamente hay un porvenir, y tu esperanza no será frustrada’ (Prov 23:18). Inicialmente leí Mañana será brillante porque se me pidió que lo hiciera en vista de posiblemente escribir un apoyo. Ahora que lo he hecho, tengo la intención de leer el libro de nuevo porque me animó mucho la primera vez”.

Donald S. Whitney, Profesor de Espiritualidad Bíblica y Decano Asociado en el Seminario Teológico Bautista del Sur, Louisville, KY; autor de Disciplinas espirituales para la vida cristiana, Orando la Biblia y Adoración en familia.

“Converso con muchas personas que se han enfrentado a la devastación de perder un hijo. Cuando tus peores temores se han convertido en tu realidad, algunos luchan con la idea de si puedes o no confiar genuinamente en Dios para seguir adelante y lo que eso debería parecer es inevitable. He querido hacer un libro que pudiera dar a las personas que me preguntan qué hacer con los temores reales que tienen sobre el futuro. Y ahora lo tengo. Mañana será brillante ofrece a los lectores una invitación saludable, plenamente bíblica, concisa y atractiva a confiar completamente en Dios”.

Nancy Guthrie, autora de Escucha a Jesús en tu angustia.

“Esto no es una hipérbole pastoral, me deleita el nuevo libro de Jared Mellinger, Mañana será brillante. Como los que están unidos con Cristo, estamos formados para tener la esperanza, ya sea que aún tengamos que ver, experimentar y disfrutar de esta conexión y esperanza. Dios terminará la buena obra que ha comenzado, no sólo en nosotros como sus amados hijos, sino también en toda su creación. Esta es nuestra esperanza. Una esperanza viva, transformadora y misión renovadora de la toda creación. Con arte y decisión, Jared no sólo corre las cortinas de par en par sobre las glorias de nuestro nuevo futuro, sino que también demuestra el poder vigente de recordar el futuro que Dios tiene en nuestro tiempo presente”.

Scotty Ward Smith, Pastor emérito, Christ Community Church, Franklin, TN; Profesor en residencia, West End Community Church, Nashville, TN

“Este libro te ayudará a ver. Cuando tu ayer o tu hoy ha sido sombrío, el camino por delante sólo parece oscuro. Jared ha reunido gran parte de lo que la Escritura dice sobre el futuro de una manera que tendrás valor para seguir adelante con esperanza. Léelo gradualmente.”

Edward T. Welch, autor de libros más vendidos; miembro de la facultad de CCEF

“Estoy agradecido por el libro de Jared y la historia de Aggie donde ‘Reina la gracia’ incluso cuando caen las sombras y abundan las penas. Esa profunda confianza en las promesas pasadas, presentes y futuras de Dios que no puede fallar es un triunfo del evangelio”.

Bryan Chapell, Pastor principal de la Iglesia Presbiteriana Grace

“Este es un hermoso libro tomado del corazón angustiado de un padre. Leyendo estas palabras estaba claro: ‘no sólo es importante para Jared que sus lectores escuchen esto y lo crean, sino que es muy importante para el propio escritor’. Todos tenemos temores sobre el futuro y a veces esos temores pueden ser agudos, incluso paralizantes. Leer el libro de Jared fue una medicina calmante que me ayudó a pensar en las cosas que no se ven pero que son reales y duraderas. Comparte este libro a alguien que te importe que esté preocupado por el futuro”.

Rankin Wilbourne, Pastor de la iglesia Pacific Crossroads Church, Los Angeles, CA; autor del libro Unión con Cristo

“Vivimos en un mundo aterrador. El miedo a un futuro invisible y amenazante a menudo nos causa preocupación y nos priva del gozo. Mañana será brillante de Jared Mellinger demuestra conforme a la Palabra de Dios que todos los que confían en Jesús tienen un Protector que es todopoderoso, siempre fiel, muy amoroso y omnipresente. Y el pastor Mellinger habla basado en la experiencia: para su propia familia, los Mellinger aceptan la esperanza que proviene de las promesas firmes de Dios.”

Dennis E. Johnson, Profesor de Teología Práctica en el Seminario Westminster en California

“Vivimos en un tiempo donde el miedo es el acorde dominante: temor al futuro, temor a la muerte, temor al dolor. El libro de Mellinger abunda en sabiduría práctica y bíblica que nos señala el futuro brillante que tenemos en Cristo. Dios nos ha prometido una herencia, bondad, misericordia y resurrección de vida. Esta es una palabra oportuna y un libro que necesita una lectura amplia. Los cristianos pueden ser optimistas perpetuos porque ya sabemos el final de la historia”.

Patrick Schreiner, Profesor de Nuevo Testamento en el Western Seminary.


Mañana será brillante: Cómo enfrentar el futuro sin temor

© 2021 por Jared Mellinger

Publicado por Editorial Patmos,

Miami, FL 33166.

Todos los derechos reservados.

Originalmente publicado en inglés como A Bright Tomorrow: How to Face the Future Without Fear por New Growth Press, Greensboro, NC, EE.UU. ©2018 por Jared Mellinger.

El texto Bíblico ha sido tomado de la versión Reina Valera Actualizada, Copyright © 2015 by Editorial Mundo Hispano.

Las citas bíblicas marcadas “RVC” son de la Reina Valera Contemporánea® © Sociedades Bíblicas Unidas, 2009, 2011.

Las citas bíblicas marcadas “NVI” son de la Santa Biblia, Nueva Versión Internacional®, NVI®. ©1995, 1996, 1998, 2014 por Biblica, Inc.® Usada con permiso de Zondervan. Todos los derechos reservados.

Traducción por Abigail Bogarín.

Diseño interior por Adrián Romano.

Conversión a epub: Cumbuca Studio

ISBN: 978-1-64691-122-6

Categoría: Vida cristiana/Crecimiento espiritual

Impreso en Colombia | Printed in Colombia

DEDICACIÓN

Para la valiente Aggie:

Fuente del gozo,

Luchadora contra el cáncer,

Hija mía.

Contenido

Introducción

1. Mañana será brillante

2. Jesús habla a nuestros temores

3. Más gracia vendrá

4. El poder de la esperanza

5. Cómo usar las promesas

6. Amor fiel

7. Besaremos las olas

8. Para padres que se preocupan

9. Una cultura de pánico

10. La vejez y la belleza

11. No es muerte el morir

12. Optimistas eternos

Reconocimientos

Introducción

El futuro de todo cristiano es maravillosamente brillante, y la manera de llevar una vida fructífera en el presente es aceptar todo lo que Dios ha hablado de ese futuro brillante. Somos como viajeros, cuya visión del camino por delante forma profundamente nuestra experiencia del trayecto de la vida. Cuando nuestros pensamientos acerca del futuro reciben información incierta o están llenos de dudas, drenan nuestro gozo y paz. Pero cuando nuestros pensamientos están bíblicamente bien informados y llenos de fe, florecemos.

He escrito este libro para ayudar a aquellos de nosotros que estamos preocupados por los días venideros. El futuro es oscuro a veces, y el valor no surge naturalmente para ninguno de nosotros. Los cambios son desalentadores, las incertidumbres son aterradoras, la vejez y la muerte son preocupantes.

Y sin embargo, 2 Tesalonicenses 2:16–17 dice que Dios nuestro Padre nos ha amado y nos ha dado consuelo eterno y una esperanza maravillosa por medio de su gracia. Ustedes son tan amados por el Padre, y él es tan generoso en su gracia, que el consuelo eterno y la esperanza maravillosa han sido asegurados para nosotros.

El objetivo de este libro es hacer retroceder el miedo y la incredulidad y despertar nuestras almas al consuelo y la esperanza ilimitadas que tenemos en Jesucristo.

Al mismo tiempo, este libro no es sólo para aquellos que miran al futuro y están preocupados. También es para aquellos que no tienden a pensar mucho en el futuro. Incluso aquellos que no se preocupan en exceso acerca de los días venideros necesitan descubrir las bendiciones que recibimos al vivir en la esperanza de nuestro futuro en Cristo.

Todos los cristianos deben pensar correctamente en el futuro. Cristo nos sustenta, nos satisface y nos cambia por el poder de una esperanza venidera.

La idea principal que motiva este libro es que la mejor manera de contrarrestar el miedo al futuro es recordar lo que Dios promete con respecto a nuestro futuro. El problema para la mayoría de nosotros es que pasamos más tiempo pensando en las cosas que no sabemos sobre nuestro futuro que las cosas que sí sabemos al respecto. Debemos aprender a recordar nuestro futuro como Dios lo ha revelado en su Palabra. Las cosas que sabemos sobre los días venideros deben dar forma a cómo vemos las cosas que no sabemos.

Este es tu futuro

¿Qué sabemos de los días venideros? Sabemos que Dios da más gracia (Santiago 4:8). Por cada circunstancia cambiante que enfrentes, habrá nueva misericordia del Dios inmutable de la gracia. Nunca decaen sus misericordias; nuevas son cada mañana (Lamentaciones 3:22–23, RVC). Eso incluye tu día mañana.

Sabemos que nuestro buen Padre nos ha dado preciosas y grandísimas promesas (2 Pedro 1:4, RVC), y no falló ninguna palabra de todas las buenas promesas que el Señor había hecho (Josué 21:45). Pasamos por la vida creyendo (incluso colapsando, cuando no tenemos fuerza) en las promesas de Dios.

Sabemos que la bondad y la misericordia nos seguirán todos los días de nuestra vida, y que nada puede separarnos del amor de Dios. Él te sostiene fuerte y nadie te arrebatará de su mano.

Sabemos que en Cristo, el futuro ha invadido el presente. La Biblia utiliza el lenguaje de las primicias para dar a entender que la cosecha del fin del tiempo ha comenzado. La resurrección de Cristo de entre los muertos es el comienzo de la gran cosecha que incluye nuestra resurrección (1 Corintios 15:20–23). Cuando Cristo fue levantado de entre los muertos y ascendido al cielo, nosotros, que estamos unidos a Cristo, fuimos resucitados juntamente con él y Dios nos hizo sentar con él en los lugares celestiales (Efesios 2:6). Ahora nuestra vida está escondida en él, y esperamos con anhelo el día en que Cristo se manifieste y seremos manifestados con él en gloria (Colosenses 3:3–4).

Sabemos que cualquiera que sea la prueba que enfrentemos, Dios estará con nosotros para guiarnos y preservarnos. “Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y cuando pases por los ríos, no te inundarán. Cuando andes por el fuego, no te quemarás ni la llama te abrasará” (Isaías 43:2, RVC).

Sabemos que todos nuestros días están en la mano soberana de un Dios bueno y poderoso. Aun cuando olvidamos nuestro futuro brillante, Él no lo olvida. “Porque yo sé los planes que tengo acerca de ustedes, dice el SEÑOR, planes de bienestar y no de mal, para darles porvenir y esperanza” (Jeremías 29:11). Podemos estar seguros del futuro, no porque sepamos todo lo que nos depara el futuro, sino porque conocemos a Aquel que lo sostiene.

Sabemos que el día se acerca, y pronto estará aquí, cuando juntos oiremos la gran voz de Aquel sentado en el trono, diciendo que el lugar de la morada de Dios está con los hombres y que hace nuevas todas las cosas (Apocalipsis 21:3–5).

Encuentro con el Dios de la esperanza

Es cierto que algunos recordatorios bíblicos del futuro funcionan como advertencias y llamadas de atención para los cristianos: “El fin de todas las cosas se ha acercado. Sean, pues, prudentes y sobrios en la oración” (1 Pedro 4:7, RVC); “vigilemos y seamos sobrios” (1 Tesalonicenses 5:6); “Velen, pues, porque no saben en qué día viene su Señor” (Mateo 24:42).

Pero ese no es el tema principal de la Escritura con respecto a nuestro futuro en Cristo. Los recordatorios bíblicos sobre el futuro apuntan más al consuelo y al valor que a la prudencia o a la corrección. El mensaje de “¡Estar preparados!” es fuerte, pero el mensaje de “¡Ser llenos de esperanza!” es aún más fuerte.

Nuestro futuro es más glorioso de lo que imaginamos. Este futuro brillante es lo que descubrimos y aplicamos a lo largo de este libro.

El capítulo 1 explora la dificultad de afrontar el futuro con confianza. En el capítulo 2 examinamos cómo Jesús nos ayuda a vencer el miedo del futuro. Los siguientes capítulos presentan las categorías bíblicas clave que nos preparan para afrontar el futuro: la gracia futura (capítulo 3), la esperanza (capítulo 4) y las promesas de Dios (capítulo 5). El capítulo 6 celebra la seguridad que tenemos al saber que nada puede separarnos del amor de Dios.

La segunda mitad del libro conecta la confianza que tenemos en Cristo con áreas específicas de la vida: pruebas futuras (capítulo 7), temores de los padres (capítulo 8), decadencia cultural (capítulo 9), la vejez (capítulo 10) y la muerte (capítulo 11). El capítulo 12 concluye con nuestra esperanza postrera de que el Señor Jesucristo hace nuevas todas las cosas.

Debido a la confianza inquebrantable que tenemos en Cristo, estamos aprendiendo, por la gracia de Dios, a afrontar el futuro sin temor y a anticipar un futuro brillante. Como cristianos, descansamos en la verdad de que no hay mejor futuro imaginable que el futuro que ya se nos ha asegurado en el evangelio de la gracia. Y Dios nos ha dado su Espíritu y su Palabra para revelarnos las riquezas de este futuro.

¿El consuelo eterno? Es tuyo. ¿La esperanza maravillosa? Es suya.

Mi oración por ti se expresa en Romanos 15:13: “Que el Dios de esperanza los llene de todo gozo y paz en el creer, para que abunden en la esperanza por el poder del Espíritu Santo” (RVC).


1

Mañana será brillante

La dificultad de afrontar el futuro con confianza

Hubo un día en el otoño del 2008 cuando mi esposa, Meghan, entró en nuestra habitación con una sonrisa y me entregó algunas tarjetas. Ella había trazado dibujos en ellos en un estilo que intencionalmente imitaba el arte de un niño de cinco años. Hemos aprendido que hay mucha alegría y belleza que se encuentra en el arte de traza infantil, por lo que a veces creamos el nuestro.

La primera tarjeta decía “¡Un trabajo nuevo!” en la parte superior, y tenía una figura de un hombre de palo predicando detrás de un púlpito. El hombre de palo, me di cuenta, era yo. Yo había sido un asistente pastoral en la Iglesia Covenant Fellowship en Glen Mills, Pensilvania, y, después de dirigir el ministerio a los solteros por un corto tiempo, se me pidió que fuera el pastor principal. En ese entonces, yo tenía veintiocho años de edad, lo que significaba que no había nada especialmente de superior en mí que no fuera el título. Sin embargo, en pocos meses asumiría una posición de ministerio que implicaba dirigir un personal de pastores experimentados y una iglesia que era más grande de la que yo estaba más familiarizado. Fue emocionante, y a la vez intimidante.

No importa qué trabajo tengas, asumir un nuevo rol o enfrentar una tarea difícil tiende a plantear preguntas sobre el futuro: ¿Qué pasa si fracaso o me agoto? ¿Qué pasa si soy ineficaz? ¿Qué pasa si la compañía quiebra o me despide? ¿Cuándo saldré de este rol y cómo será eso? ¿Y si esta responsabilidad me destruye mientras tanto?

Martyn Lloyd-Jones tiene un capítulo sobre el miedo al futuro en su libro Depresión espiritual. Dice que cuando el futuro nos domina y nos oprime, es a menudo porque sabemos la importancia de nuestra asignación y conocemos nuestra propia debilidad e insuficiencia para la tarea.1

Días de bendición

La siguiente tarjeta que Meghan me dio decía en la parte superior “¡Una casa nueva!”. Había un dibujo de la casa a la que pronto nos mudaríamos, que en esta representación en particular se parecía exactamente a cualquier otra casa que un niño dibujaría, con enormes flores del tamaño de las personas y un sol que brillaba desde un rincón del cielo.

En ese tiempo, éramos una familia de cinco, viviendo en una pequeña casa de dos habitaciones en West Chester, Pensilvania. Fuimos una de las únicas familias en crecimiento en esas casas unidas. Meghan y yo dormimos en un dormitorio, nuestros dos chicos dormían en el otro dormitorio, y nuestra niña dormía en una cuna portátil que apenas cabía en nuestro pequeño baño. Recuerdo a los vecinos que nos miraban asombrados mientras nuestra familia entraba y salía de nuestra minivan en lo que siempre me pareció un elaborado acto de circo.

El nuevo trabajo nos había permitido comprar nuestra primera casa, y encontramos un lugar cerca de la iglesia. Una casa nueva es una gran bendición, y sin embargo, comprar una casa generalmente implica luchar con una serie de preguntas sobre el futuro: ¿Qué tan seguros es nuestro ingreso? ¿Nos proveerá Dios? ¿Cuán estable es la economía? ¿Y si la casa no tiene una estructuralmente buena y se derrumba sobre nosotros? ¿Y si nuestra experiencia es como esa vieja película de Tom Hanks, The Money Pit [Hogar, dulce hogar], donde compran una casa que se ve bien pero la plomería está deteriorada, las escaleras se derrumban, el sistema eléctrico tiene fallas y la bañera se hunde rompiendo el suelo?

La tarjeta final es la que me dio a conocer la noticia más emocionante: “¡Un nuevo bebé!” En la tarjeta, Meghan había dibujado la figura de una familia con cuatro hijos. Además de los otros cambios en la vida, ahora teníamos la alegría indescriptible de que otro bebé se uniera a la familia.

Los niños tienen una manera única de sacar a la superficie nuestras ansiedades sobre el futuro: ¿Será nuestro bebé sano y se desarrollará normalmente? ¿Arruinarían mis errores como padre a mis hijos? ¿Caminarán mis hijos con el Señor? ¿En qué clase de mundo crecerán mis hijos, dados los desafíos morales y los cambios políticos a los que se enfrenta nuestra cultura?

Nos quedamos juntos en nuestra habitación ese día, sabiendo que estábamos en medio de un torbellino feliz de cambio. Un futuro desconocido estaba lleno de emoción, bendiciones, incertidumbres y desafíos.

Meghan me dio un abrazo y me besó. Fue uno de esos momentos vívidos en la vida, grabado en mi memoria en video casero, con la voz de Daniel Stern de la serie Los años maravillosos que narraban el momento.

Ese otoño del 2008 fue un tiempo de bendición para mí, y el camino por delante fue brillante.

Cuando vienen las pruebas

Al comenzar a escribir acerca de mirar a los días venideros con valor y las buenas noticias de nuestro futuro en Cristo, no había enfrentado ninguna prueba severa en la vida. Estaba más familiarizado con los desafíos que los “cambios felices” pueden traer.

Pero luego, poco después de empezar a escribir, nuestra familia se enfrentó a la mayor prueba que hemos conocido cuando nuestra hija de dos años, la más pequeña de nuestros seis hijos, fue diagnosticada con cáncer.

Esa experiencia me cambió, e inevitablemente ha dado forma a este libro.

El verano del 2016 marcó diez años de servicio para mí como pastor. Ese junio, comencé un año sabático. Pasé los primeros días del año sabático estudiando para este libro. La introducción y el bosquejo de los capítulos se habían completado, el editor aprobó mi propuesta, y yo estaba anhelante por utilizar la primera parte de mi año sabático para estudiar el futuro del creyente en Cristo y por qué todos los cristianos deben afrontar el futuro con confianza.

Pasé un día estudiando las promesas de Dios. Pasé otro día estudiando el regreso de Cristo y la resurrección del cuerpo. Pasé un día entero estudiando Romanos 8.

Durante esa semana, nos dimos cuenta de que nuestra hija estaba teniendo problemas de salud. Su nombre es Agatha; la llamamos Aggie. La respiración de Aggie era agitada, y ella tenía varios ganglios linfáticos inflamados en el cuello y uno en el lado de su pecho.

A la mañana siguiente, yo planeaba viajar con mi esposa, Meghan. Los dos fuimos a una casa de playa por unos días, para reflexionar y celebrar los diez años anteriores de nuestra vida y ministerio. Decidimos tarde el sábado por la noche de llevar a Aggie al hospital, sólo para estar seguros de que todo estaba bien con ella.

Llamé a Marty Machowski, quien es un buen amigo, compañero pastor, autor talentoso y mi líder de grupo pequeño. Para sus hijos, Marty escribe libros; para mis hijos, escribe libros y sirve como ‘niñero’ de emergencia. Cuando Marty llegó para cuidar a nuestros hijos, Meghan y yo nos fuimos al hospital con Aggie.

Puse en mi bolsa los dos libros que había estado leyendo ese día. (Algunas personas van a lugares sin llevar libros con ellos, pero eso me parece una forma terrible de vivir.) Uno de los libros fue un valioso libro de Todd Billings llamado Gozo en el lamento: Luchando contra el cáncer incurable y La vida de Cristo. Billings, a la edad de treinta y nueve años fue diagnosticado con una rara forma de cáncer incurable. Yo estaba aprendiendo de él el papel del lamento en la vida cristiana, y cómo afrontar el futuro con confianza en medio de un sufrimiento severo.

El otro era un gran libro de Ray Ortlund sobre Romanos 8, llamado Vida sobrenatural para personas naturales. Una de las cosas que había leído en ese libro es esta frase:

Una fuerte confianza en las intenciones sinceras de Dios y su cuidado que nos rodea nos fortalecen para enfrentar cualquier cosa que la vida nos arroje.2

No sabía lo que la vida me arrojaría ese mismo día.

Sólo unas horas después de leer esa frase, estábamos en el hospital con Aggie. La pusieron sobre su espalda y ella no podía respirar. Inmediatamente la trasladaron a la UCIP (Unidad de Cuidados Intensivos Pediátricos), donde proporcionan el más alto nivel de atención a los niños enfermos.

Fue una noche larga sin dormir y muchas lágrimas, mientras orábamos para que la vida de Aggie fuera preservada. Quedamos sorprendidos y desconsolados cuando nos dijeron que Aggie tenía un tipo de cáncer llamado leucemia linfoblastica aguda. Durante las siguientes tres semanas, Meghan y yo vivimos en el hospital. Actualmente, Aggie continúa con un plan de tratamiento de dos años con quimioterapia y citas regulares en el hospital.

Este libro no es una autobiografía, pero lo he escrito en medio de una lucha muy personal para afrontar mi propio futuro con confianza. A menudo me quedo sin la esperanza y el valor que debo tener como cristiano. He escrito en estos capítulos las verdades que necesito recordar una y otra vez.

Aun así estaré confiado

Cualesquiera que sean nuestras circunstancias, Dios ha prometido que tenemos una ayuda siempre presente en tiempo de necesidad (Hebreos 4:16). Si dependiera de nosotros mismos, nuestros corazones estarían gobernados por el miedo. Pero Dios no nos ha dado un espíritu de temor. Nos da fuerza, como dice el himno “Grande es tu fidelidad”, “eres mi fuerza, mi fe, mi reposo y por los siglos mi Padre serás”.

Jesucristo nos empodera para afrontar el futuro con confianza.

En Salmos 27:3, el salmista declara: “Aunque acampe un ejército contra mí, mi corazón no temerá. Aunque contra mí se levante guerra, aun así estaré confiado” (cursiva mía).

Cuando miramos al futuro, vemos ejércitos que acampan contra nosotros. Vemos nuestro propio pecado, vemos un mundo opuesto a Dios, vemos la creación que gime bajo los efectos de la caída, y vemos al Diablo mismo acechándonos. Escuchamos el rumor de guerra. Y nos sentimos débiles. Sabemos que la enfermedad, las dificultades y la muerte nos esperan. Cuestionamos nuestra fortaleza espiritual y dudamos de nuestra seguridad. El futuro parece fuera de control.

En estos momentos, Cristo viene a nosotros y nos ayuda a levantar nuestras cabezas cansadas. “Aun así estaré confiado”. Este es el grito de guerra del cristiano: ¡Aun así estaré confiado! “Fortalezcan las manos débiles; afirmen las rodillas vacilantes. Digan a los de corazón apocado: ‘¡Fortalézcanse; no teman!’” (Isaías 35:3–4, RVC).

La razón de nuestra confianza se da en Salmos 27:1: “El SEÑOR es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? El SEÑOR es la fortaleza de mi vida; ¿de quién me he de atemorizar?”

No estás sin luz en la oscuridad.

No estás exento de esperanza.

Cristo es la fortaleza de tu vida.

Como nuestra fortaleza, Cristo no viene a hacer nuestra vida fácil, sino a defendernos del miedo. Nuestra inquietante anticipación de los problemas es a menudo más preocupante que el problema en sí. Por lo tanto, nuestra necesidad no es tanto ser librados de las pruebas presentes como de ser librados de nuestros temores del futuro.

Optimismo divino

Aquellos que están en Cristo tienen toda la razón para ser optimistas sobre el futuro. La esperanza domina nuestra perspectiva. Nos reímos de los días venideros. Miramos todo lo que podría venir a nuestro camino en la vida y nos consideramos más que vencedores.

La Biblia promueve el optimismo, pero es un cierto tipo de optimismo. El nuestro no es el optimismo secular del pensamiento positivo, sino el optimismo divino de la esperanza cristiana. Este optimismo está marcado por el realismo y mezclado con el dolor. Estamos como entristecidos pero siempre gozosos (2 Corintios 6:10, RVC). Sabemos que en este mundo tendremos aflicción, pero necesitamos ¡tener valor! ¡Cristo ha vencido al mundo! (Juan 16:33, RVC). Por la noche dura el llanto, pero al amanecer vendrá la alegría (Salmos 30:5, RVC).

El optimismo natural es simplemente una cuestión de temperamento, y no es una virtud ni un requisito para el cristiano. El optimista temperamental no tiene una ventaja sobre el pesimista temperamental en la vida cristiana o en el ejercicio de la esperanza cristiana. La verdadera esperanza prospera en la oscuridad. Es a través de las lágrimas de lamento que vemos la belleza de nuestra esperanza con mayor claridad.

Este libro presenta el mensaje del optimismo cristiano, con la voz de la confianza en Cristo, basado en su obra terminada y en la promesa de la gracia futura.

Randy Alcorn dice: “Debido a la certeza del sacrificio expiatorio de Cristo y sus promesas, el realismo bíblico es la confianza”.3

En la iglesia, recientemente hemos estado cantando un himno de Mary Bowley Peters llamado “Oh todo estará bien”. Ha sido un gran aliento, ya que procuro mirar hacia adelante con confianza.

Hacia el sol, do Dios lo preparó,

Cantemos, sí, en alta voz; dad glorias al Señor y Dios,

y sobre todo, el refrán:

“¡Oh, está todo bien!”

Aunque morir nos toque sin llegar, ¡oh, qué gozo y paz!

Podremos ya, sin penas ni dolor, con los justos morar.

Mas si la vida Dios nos da, para vivir en paz allá,

alcemos alto el refrán: “¡Oh, está todo bien!”4

Sí, a la luz del carácter y las promesas de Dios en Cristo, ¡oh, está todo bien! ¡El futuro brillante viene! Nuestro futuro es mejor de lo que podemos comprender. El futuro está lleno de gozo.

El futuro está lleno de gozo

Cornelis Venema, en su excelente libro, La promesa del futuro, afirma a los cristianos:

El futuro no se avecina oscuramente en el horizonte como algo que temer. Es algo que se anhela y se anticipa con ansias, algo que el creyente está convencido es brillante con la promesa de la consumación y la perfección de la obra salvadora de Dios.5

Del mismo modo, Charles Spurgeon dice:

Un cristiano puede esperar con gozo el futuro. El futuro está lleno de gozo. Es un paso más cerca a la gloria, un paso más cerca del cielo, una milla más de haber navegado a través del peligroso mar de la vida, una milla más cerca al hogar. Mañana es una lámpara fresca de la promesa cumplida que Dios ha puesto en su firmamento. Utilízala como una estrella guía o como una luz para animar tu camino. Mañana el cristiano puede regocijarse. Puedes decir que hoy es negro, pero yo digo que el mañana se acerca. Te remontarás en sus alas y huirás. Dejarás atrás el dolor. Anímate, compañero cristiano, mañana nada negativo puede haber para ti.6

El futuro está lleno de gozo. No sabes todo sobre tu futuro, pero conoces las partes más importantes.

• Dios estará contigo.

• Cristo orará por ti.

• El Espíritu Santo te dará poder.

• Dios suplirá todas tus necesidades.

• El Señor te protegerá.

• El amor de Dios te sostendrá.

• Todas las cosas obrarán para tu bien.

• La derrota del pecado y la muerte es segura.

• Verás a Cristo cara a cara.

• Adorarás al Cordero que fue crucificado.

• Tu cuerpo resucitará.

• Ya no sufrirás penas.

• Estarás con tus seres queridos en Cristo.

• Serás bien recompensado.

• Cristo hará nuevas todas las cosas.

No podemos dejar que esta visión bíblica del futuro se borre.

Tengo este problema en la vida donde a veces mis anteojos se ensucian bastante y ni siquiera lo noto. Luego, después de unas semanas, recuerdo que debo limpiar mis anteojos, o los limpio porque alguien me dice que apenas pueden ver mis ojos. De repente, el mundo entero es nuevo. Todo está claro.

Así es la esperanza. La esperanza elimina la sombra de nuestros miedos y nos da una perspectiva clara sobre las circunstancias cambiantes, las penas presentes, los desafíos de crianza, el envejecimiento, el declive cultural, la política, la incertidumbre económica, la muerte y el futuro de todas las cosas.

Al aceptar nuestro futuro en Cristo, da forma a nuestra vida y a nuestro carácter en el presente.

Necesito este libro tanto como cualquiera otra persona. Quiero crecer para poder mirar al futuro con un denuedo inquebrantable. Y quiero también ayudar a otros cristianos a experimentar esta esperanza llena de gozo.

¿Cómo afrontamos el futuro con confianza en Cristo? Comienza con escuchar a Jesús hablar a nuestros temores.

Preguntas para reflexionar

13. Lee Salmos 27. ¿Cuáles son algunas de las verdades que ayudaron al salmista a enfrentar el futuro sin temor?

14. ¿Cómo es el miedo respecto al futuro en tu vida? Dedica tiempo para orar para que Dios te dé denuedo y te libre del temor al futuro.

1. D. Martyn Lloyd-Jones, Spiritual Depression: Its Causes and Its Cure (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 1965), 97.

2. Raymond C. Ortlund Jr., Supernatural Living for Natural People: The Life-Giving Message of Romans 8 (Fearn, Ross-Shire: Christian Focus Publications, 2001), 135.

3. Randy Alcorn, We Shall See God: Charles Spurgeon’s Classic Devotional Thoughts on Heaven (Carol Stream, IL: Tyndale House Publishers, 2011), 159.

4. Mary Bowley Peters, “All Will Be Well” (1847).

5. Cornelis P. Venema, The Promise of the Future (Edinburgh: The Banner of Truth Trust, 2000), 11.

6. Charles Spurgeon, Beside Still Waters: Words of Comfort for the Soul, ed. Roy H. Clarke (Nashville, TN: Thomas Nelson, Inc., 1999), 120.


2

Jesús habla a nuestros temores

Venceremos el temor al futuro al recordar nuestro futuro en Cristo

La noche antes de la muerte de Jesús, él pronunció palabras de gran importancia a sus discípulos. Él sabía que había llegado la hora tan esperada. Él sabía la traición vil que debía enfrentar, la muerte agonizante que debía sufrir, la feroz ira que debía soportar. Y él conocía que los corazones de sus discípulos estaban apenados con respecto al futuro.

Los capítulos 13 al 17 del Evangelio de Juan registran las palabras que Jesús habló esa noche. Él dijo a sus discípulos que regresaría al Padre. Explicó que se iba y que ya no estaría con ellos. No sólo eso, les dijo que permanecerían en un mundo en el que serían aborrecidos. Dijo que serían expulsados de las sinagogas e incluso ejecutados.

¡Suficiente para un discurso de aliento! ¿Qué clase de entrenador le dice a su equipo que van a ser masacrados?

Mientras los discípulos consideraban su futuro, estaban turbados, con miedo.

¿Lo lograremos? ¿Cómo podemos afrontar el futuro? Si Jesús realmente se preocupa por nosotros, ¿por qué nos dejaría solos?

Tendemos a pensar que la gravedad de nuestra ansiedad es anormal, y la ansiedad gana impulso a través de esa mentira. Pero este pasaje de Juan es un recordatorio de que no estamos solos en sentir la turbación de nuestros corazones y el temor. Nuestros presagios de preocupación y negativismo son comunes a la humanidad.

“No se turbe su corazón ni tenga miedo”

Los discípulos de Jesús ocuparon un lugar único en la historia de la salvación. Ellos estaban a punto de presenciar al Hijo de Dios ser llevado a la cruz y ascendido al trono del cielo. Y sin embargo, no estaban preocupados por Jesús esa noche; sólo pensaban en sí mismos. Jesús dijo a sus discípulos: “Pero ahora voy al que me envió, y ninguno de ustedes me pregunta: ‘¿A dónde vas?’” (Juan 16:5). La ansiedad tiende a producir egocentrismo. El miedo al futuro nos distraerá, nos consumirá, nos esclavizará y nos robará el consuelo y el valor. Cuanto más fuerte sea nuestra ansiedad, más débil será nuestra comunión con Dios y más vulnerables somos ante los ataques de Satanás. “En la quietud y en la confianza estará su fortaleza” (Isaías 30:15), pero nuestra preocupación por el futuro nos debilita y nos agota.

A veces pensamos que la preocupación nos ayudará a descubrir soluciones y controlar el futuro, pero no lo hará. La preocupación nunca ha preparado a nadie para nada. No se puede controlar el futuro a través de la ansiedad. La preocupación es un ladrón del gozo; es un mentiroso y un oportunista. La preocupación promete preparación, pero conduce al pánico.

Jesús conoce las preocupaciones de su pueblo. Nos rescata de nuestros temores porque se preocupa por nosotros. Este es el testimonio de los redimidos: “Yo busqué al SEÑOR, y él me oyó y de todos mis temores me libró” (Salmos 34:4). Nuestra propia vida a menudo ha evidenciado el poder de Dios para librarse del miedo.

La noche antes de ser crucificado, Jesús dijo: “No se turbe su corazón ni tenga miedo” (Juan 14:27, RVC). Aquí está el Hijo de Dios, a pocos minutos de cargar los pecados del mundo, ¡pero él consuela a los demás! Esto me sorprende cada vez que lo considero. De camino a la cruz, Jesús habla a nuestros miedos. Él se acerca a nosotros. Cuida de nosotros como nadie más y ama a sus discípulos hasta el final.

Consideremos la vida y el carácter de Aquel que nos dice que no estemos preocupados. Tenemos un Salvador que experimentó todo lo que tememos: experimentó la pobreza de no tener dónde reclinar la cabeza (Mateo 8:20); lloró de angustia junto a la tumba de Lázaro (Juan 11:35); la gente lo rechazó y se llenó de ira contra él (Lucas 4:28–29); fue calumniado y muchos dieron falso testimonio en su contra (Marcos 14:56); conocía la traición de un hombre que decía ser un amigo (Mateo 26:15); y fue injustamente juzgado, burlado, golpeado y crucificado (Marcos 15:16–37).

Sin embargo, Jesús siempre miró al futuro confiando en los buenos propósitos del Padre. En Juan 17, Jesús anticipa su crucifixión y exaltación con un sentido de victoria mientras ora a su Padre. Lucas 9:51 dice que afirmó su rostro para ir a Jerusalén, cumpliendo la profecía de Isaías de un Siervo que pondría su rostro como un pedernal. Hebreos 12:2 dice que Jesús soportó la cruz por el gozo que tenía delante de él. Se humilló a sí mismo haciéndose obediente a la muerte en previsión del día en que se doble toda rodilla y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor (Fil 2:8–11).

Cristo es nuestro precursor. Estamos unidos a él. Y porque se enfrentó a su futuro, y ha asegurado nuestro futuro y reina soberanamente sobre el futuro, es que podemos enfrentar todo lo que se avecina.

¿Quién está mejor preparado para hablar a tus temores? Sin duda, es el Señor Jesucristo. “Porque no tenemos un sumo sacerdote que no puede compadecerse de nuestras debilidades, pues él fue tentado en todo igual que nosotros pero sin pecado” (He 4:15).

El amor de Cristo

Jesús habla de nuestras ansiedades sobre el futuro en Lucas 12. En los versículos 4 al 8, RVC, dice:

“Y les digo a ustedes, mis amigos: No teman a los que matan el cuerpo y después no tienen nada peor que hacer. Pero yo les enseñaré a quién deben temer: Teman a aquel que, después de haber dado muerte, tiene poder de echar en el infierno. Sí, les digo, a este teman. ¿No se venden cinco pajaritos por dos moneditas? Pues ni uno de ellos está olvidado delante de Dios. Pero aun los cabellos de la cabeza de ustedes están todos contados. No teman; más valen ustedes que muchos pajaritos. “Les digo que todo aquel que me confiese delante de los hombres, también el Hijo del Hombre le confesará delante de los ángeles de Dios”.

Esto es muy diferente a la forma en que estamos acostumbrados a plantear el miedo al futuro en nosotros mismos y en los demás.

Jesús no nos dice que seamos más como el optimista natural. Los que se preocupan no deben envidiar a los apáticos. No es raro en un matrimonio tener una persona que tiende más a la ansiedad y la otra se inclina más a la “fe”. Pero a menudo lo que se ve como fe es optimismo natural. Lo que parece firmeza es a veces indiferencia. Tal vez desees ser más relajado en tu temperamento, pero esa no es la respuesta. Ser más relajado probablemente significaría que te vuelves menos responsable, menos consciente, y menos participante.

Además, recuerda que Jesús no desprecia nuestros temores. Él no nos insulta. Él no dice: “Deja de preocuparte como un idiota”. Él no nos ordena dejar de temer sin darnos también las armas en la lucha contra el temor. Él nos escucha. Razona con nosotros. Es compasivo, nos llama sus amigos y corrige con bondad nuestros temores pecaminosos. Nos dice: “Ustedes valen más que muchos gorriones”.

La fuerza de nuestras ansiedades diarias juntamente con nuestra visión borrosa del futuro es a menudo desalentadora. Pero debemos recordar que la presencia de ansiedad no significa que tengamos fe. Para los que estamos en Cristo necesitamos saber que nuestra fe nos define más profundamente que nuestras ansiedades. Dios no te ha olvidado; él es el que sostiene tu fe en él.

Jesús también muestra los límites de las cosas que tememos en esta vida. No teman a los que matan el cuerpo, dice, “y después no tienen nada peor que hacer”. Más bien, dice, teme a Aquel que tiene autoridad sobre tu destino eterno. En otras palabras, debemos comparar las cosas futuras de las que tendemos a preocuparnos con lo único que realmente merece nuestra preocupación: el juicio divino en el infierno.

Esto no es un intento de asustarnos; sino el propósito es llenarnos de valor y consuelo. Finalmente, el punto principal de Jesús no es “podría ser peor”. Él dice que será absolutamente mejor. Jesús nos recuerda del infierno eterno del cual nos ha salvado para renovar nuestra esperanza en él.

¿Te has detenido a considerar cuál sería tu futuro sin Cristo? El temor gana ventaja cuando olvidamos el futuro que merecemos. Nunca debemos olvidar que Jesús planteó claramente acerca de lo único que realmente debemos preocuparnos. Romanos 5:8 dice que mientras aún éramos pecadores, Cristo murió por nosotros. “Luego, siendo ya justificados por su sangre, cuánto más por medio de él seremos salvos de la ira” (Romanos 5:9).

El futuro es terrible para aquellos que no están en Cristo. Serán “castigados con eterna perdición” (2 Tesalonicenses 1:9, RVC). A todo pecador que no se arrepiente “él también beberá del vino del furor de Dios que ha sido vertido puro en la copa de su ira” (Apocalipsis 14:10, RVC).

Pero la gloria del Evangelio, como lo expresa John Stott, “el amor divino triunfa sobre la ira divina por el sacrificio divino”.7

No eres salvo por tu propia valentía o ingenio, ni por ninguna buena obra que hayas hecho, sino por reconocer y aceptar al Señor Jesucristo. Este futuro libre de ira no está asegurado por tu vida sin preocupaciones, sino por la vida libre de pecado de Jesús y su muerte sustituta. Al eliminar el miedo al juicio y al infierno, Cristo nos hace invencibles. Se acerca el día en que el Hijo del Hombre reconocerá a cada uno de los que son suyos ante los ángeles de Dios (Lucas 12:8). Cristo nuestro mediador confesará nuestro nombre. Y lejos de ser un día de lamento y de vergüenza, nos presentará irreprensibles delante de su gloria con grande alegría (Judas 24).

Del temor a la fe

Presta atención cómo Jesús nos lleva del temor a la fe. No es que debamos dejar de pensar en el futuro. Más bien, vencemos el temor al futuro recordando nuestro futuro en Cristo. Esta simple verdad tiene implicaciones de gran alcance para nuestra vida. Si al presente nos vence el temor y la ansiedad con respecto a nuestro futuro, es porque hemos perdido de vista nuestro verdadero futuro en Cristo.

¿Qué dice Jesús a sus débiles discípulos en Juan 13–17 cuando la confianza disminuye, el miedo aumenta y ellos están preocupados por el futuro?

Un lugar preparado

En Juan 14, Jesús les recuerda que les va a preparar un lugar para ellos: “Y si voy y les preparo lugar, vendré otra vez y los tomaré conmigo para que donde yo esté ustedes también estén” (14:3).

Esta es la verdad que Anne Bradstreet usó para luchar contra su temor al futuro cuando su casa fue destruida por el fuego. Anne era una madre de ocho hijos que vivían entre los colonos peregrinos en Massachusetts. En medio del dolor y la pérdida, ella encontró la fortaleza para alabar a Dios con un corazón contento al recordar su futuro hogar.

Y cuando ya no podía mirar,

bendije el nombre de quien dio y quitó,

que ahora dejó mis bienes en el polvo…

Luego viene la mirada hacia adelante:

Tienes una casa preparada en lo alto

construida por ese poderoso Arquitecto,

ricamente amueblada con gloria,

que permanece firme aunque esta no esté.8

Jesús nos recuerda que él es el Arquitecto Poderoso. Él se ha ido a preparar una casa allá arriba y un lugar permanente y ricamente amueblado para ti. Él volverá a llevarnos allí, cuando el cielo y la tierra se vuelvan a unir.

La presencia del Espíritu

Jesús también promete en Juan 14:16 que su obra en la tierra no ha llegado a su fin, sino que se lleva a cabo a través de otro ayudador. “Y yo rogaré al Padre y les dará otro Consolador para que esté con ustedes para siempre.” Esto significa que:

• La paz que Jesús da será experimentada por medio del Espíritu.

• La obediencia que Jesús requiere vendrá por el poder del Espíritu.

• La verdad que Jesús enseñó será iluminada por el Espíritu.

• El testimonio que Jesús nos llama a dar, aun a través de la oposición, recibirá denuedo por el Espíritu.

Vemos a estos mismos discípulos llenos del Espíritu en el libro de los Hechos. Ellos son invencibles y valientes, alabando a Dios con gozo santo y haciendo muchas señales y maravillas. Ellos desafían los poderes terrenales y declaran que no pueden sino hablar de lo que han visto y oído como testigos de Cristo (Hechos 4:20). Cuando son encarcelados y golpeados, se gozan por ser tenidos dignos de sufrir deshonra por el nombre de Jesús (Hechos 5:41).

¿Qué explica este poder espiritual? Se les había dado otro Ayudador, el Espíritu Santo, para estar con ellos para siempre. El Espíritu afirmó el futuro inquebrantable de ellos en Cristo.

La promesa de la vida

En Juan 14:19, Jesús da a sus discípulos la promesa de la vida futura: “Porque yo vivo, también ustedes vivirán”. Aquí está la esperanza de la victoria sobre la muerte a través de nuestra unión con Cristo. Su muerte y resurrección vencerían la muerte y asegurarían la vida eterna para su pueblo.

Cristiano, resucitarás así como Cristo resucitó al tercer día. Este es tu futuro en Cristo. El pesimismo, el pánico, la desesperación y la preocupación darán paso a un futuro brillante.

En Juan 17, Jesús, nuestro gran Sumo Sacerdote, ora por el futuro de sus discípulos. Recuerda a sus discípulos su último anhelo por nosotros y el futuro que él ha asegurado para nosotros al orar en voz alta: “Padre, quiero que donde yo esté, también estén conmigo aquellos que me has dado para que vean mi gloria que me has dado, porque me has amado desde antes de la fundación del mundo” (Juan 17:24, RVC).

Un día ya no experimentaremos dificultades ni tentaciones en relación con el futuro. No es hasta que partamos de este mundo que experimentaremos plena liberación del temor. Pero Jesús no nos ha dejado sin las verdades necesarias para vencer el temor y crecer en la esperanza.

El Dios que se deleita en bendecir

En Lucas 12, Jesús habla de nuestro temor de lo que pueda causarnos daño, y de nuestros temores relacionados con el dinero, la provisión y las posesiones materiales. Entonces dice en Lucas 12:32, RVC: “No teman, manada pequeña, porque a su Padre le ha placido darles el reino”.

Así es como Jesús habla a nuestras ansiedades sobre el futuro. El mandato (“No teman”) es seguido por la compasión (“manada pequeña”) y el consuelo (“porque a su Padre le ha placido darles el reino”). La frase “ha placido” nos dice algo sobre el corazón del Padre hacia nosotros, y esto es precisamente lo que nuestros temores del futuro tienden a no creer. ¿Crees que Dios se deleita en bendecirte? Él no es un gobernante miserable, un rey de corazón frío, o un hombre avaro como el personaje Ebenezer Scrooge del cuento de Navidad.

Este versículo nos recuerda quién es Dios y quiénes somos en relación con él. Si somos una manada pequeña, él es nuestro Pastor. Si él es nuestro Padre, nosotros somos sus hijos. Si Él nos da el reino, es nuestro Rey. En Cristo, el Creador del universo es nuestro Pastor, Padre y Rey.

Nuestro Pastor. Se nos llama ovejas (“manada pequeña”) porque pertenecemos a Dios, y porque Dios quiere que le busquemos para recibir su guía, provisión y protección todos los días de nuestra vida. Una manada pequeña está llena de criaturas dependientes. Una manada pequeña es propensa a vagar. Una manada pequeña no es especialmente inteligente, y cae fácilmente en pánico.

Y sabes lo que hace una oveja para defenderse, ¿verdad? Nada. La manada pequeña no tiene mecanismo de defensa. La impotencia y la dependencia de las ovejas nos ayudan a comprender el carácter y la obra del Buen Pastor. Una de las marcas de un pastor hábil es la capacidad de tratar cada aflicción que sufren las ovejas. Con un buen pastor como Cristo que nos guía todos nuestros días, ninguna de sus ovejas debe temer.

Nuestro Padre. El Padre de Jesús también es nuestro Padre. El Padre nos recibe a su familia y nos ama con el mismo amor que tiene por su Hijo eterno. Él es un buen Padre, lleno de afecto y compasión. Jesús enfatiza la paternidad de Dios como la solución a nuestros temores y ansiedades.

Nuestro Rey. Él es soberano y tiene el control. Si Dios sólo fuera Pastor y Padre, podría querer hacernos el bien, pero no tener el poder de hacerlo. Si sólo fuera Rey, podría ser poderoso pero no querer hacernos el bien. Dios es soberano y misericordioso. ¡Es el tipo de Rey que da su reino a sus súbditos! Por medio de nuestra unión con Cristo, nos hemos convertido en herederos con Cristo y recibiremos todos los privilegios y las bendiciones de su reino. El reino es nuestro. La provisión es nuestra. Dios es nuestro, y nosotros pertenecemos a Dios.

Esta es la palabra de Cristo a nuestras almas atribuladas hoy: “No teman, manada pequeña, porque a su Padre le ha placido darles el reino”.

John Flavel escribe: “Si comprendemos y creemos plenamente qué poder hay en la mano de Dios para defendernos, qué amor hay en su corazón para ayudarnos y qué fidelidad hay en sus promesas, nuestro corazón estará tranquilo: nuestro valor se fortalecerá y nuestro temor disminuirá”.9

Esa es nuestra oración mientras Jesús habla a nuestros temores: Que nuestro corazón esté tranquilo. Que nuestro valor se fortalezca. Que nuestro miedo disminuya. Que recibamos el empoderamiento por la palabra de Cristo y el ministerio del Espíritu para afrontar un futuro brillante con confianza en Dios.

Preguntas para reflexionar

1. ¿Qué hace de Jesús tan competente para hablar a nuestros temores?

2. ¿Por qué es importante distinguir entre la fe y el optimismo natural?

7. John Stott, The Cross of Christ (Downers Grove, IL: InterVarsity Press, 1986), 159.

8. Quoted by David Calhoun in Suffering and the Goodness of God, ed. Morgan and Peterson (Wheaton, IL: Crossway Books, 2008), 199–200.

9. John Flavel, Triumphing Over Sinful Fear (Grand Rapids, MI: Reformation Heritage Books, 2011), 29.


3

Más gracia vendrá

Dios suple nuestras necesidades dándonos gracia futura

Una mañana cuando mi hija Aggie estaba débil debido a su lucha contra el cáncer y nuestra familia estaba muy agotada, mi esposa me leyó una cita de Charles Spurgeon del libro Junto a aguas de reposo. (De todas las cosas loables que puedes buscar en un cónyuge, agrega esto a tu lista: busca a alguien que te pregunte si puede leerte las citas de Spurgeon.)

Meghan me leyó esa mañana con lágrimas. Eran lágrimas de dolor, lágrimas de consuelo, lágrimas de esperanza.

Tenemos grandes demandas, pero Cristo tiene grandes provisiones. Entre aquí y el cielo, podemos tener grandes anhelos de los que hemos conocido. Pero a lo largo del trayecto, cada lugar de descanso está listo; hay provisiones, hay un buen ánimo y no se ha pasado por alto nada. El depósito del Eterno es absolutamente perfecto.10

Los puestos militares generalmente incluyen un depósito, que es una tienda de alimentos y suministros. Nuestras necesidades son muchas, pero Cristo conoce nuestras necesidades y está preparado para satisfacerlas. Él va delante de nosotros y promete suministrarnos gracia en el camino.

¿Crees eso? Los lugares de reposo te esperan. Hay provisiones listas para ti. Te esperan nuevos suministros de paz, gozo y esperanza. En la bondad del Señor, nada se pasa por alto. La gracia futura está esperando.

John Piper, quien escribió un libro sobre la idea de la gracia futura, dice: “Mi esperanza por la bondad futura y la gloria futura es la gracia futura”.11

El principio del maná

En el libro de Éxodo 16, el pueblo de Dios estaba en el desierto y necesitaba provisiones. Habían dejado Egipto casi dos meses antes, y ahora temían morir de hambre en el desierto.

Dios prometió que enviaría pan, llamado maná, del cielo. Pero mandó que el pueblo sólo recogiera cada día la porción de un día. Cuando llegó el pan, Moisés les dijo que de que no guardasen nada para el día siguiente. Ellos debían recoger sólo lo que comerían esa misma mañana.

Como lo hacemos tan a menudo, el pueblo de Dios no hizo caso. Al día siguiente, el maná extra crió gusanos y hedió. Pronto se dieron cuenta: durante los siguientes cuarenta años, hasta que llegaron a la tierra de Canaán, el pueblo recogió su maná cada mañana.

Este es el principio del maná: Dios da gracia para hoy, y mañana traerá nuevas misericordias. Somos el pueblo de Dios en el desierto, de camino a la Tierra Prometida del cielo. Al igual que Israel, a menudo dudamos de que lo logremos. Al igual que Israel, a menudo somos rápidos para desconfiar de la providencia, la bondad y la sabiduría de Dios. Al igual que Israel, a menudo olvidamos que Dios es el Dios del mañana, y el Dios de la gracia futura.

En El Progreso del Peregrino, el hombre llamado Cristiano debía pasar por la colina llamada Dificultad. Pero en el fondo de la colina había un manantial, del cual Cristiano podría beber y tener un refrigerio. Él se alentó a sí mismo mientras comenzaba a subir la colina, pidiendo a sí mismo a no ser débil ni temer. Pero la colina iba volviéndose mucho más empinada. Cristiano entonces dejó de correr y comenzó a caminar, luego dejó de caminar y comenzó a arrastrarse sujetándose con las manos y avanzando de rodillas porque la colina era tan empinada.

Pero entonces: “En medio de la colina había un lugar de reposo agradable preparada por el Señor de la colina para el refrigerio de los viajeros cansados.”12

Un lugar de reposo, preparado a propósito para el alma cansada que necesita un refrigerio. ¿La lección? Si Dios te llama a recorrer la colina de la dificultad, él bondadosamente proveerá lugares de reposo para ti en el camino.

Actualmente estoy en mi propia colina de dificultad, pero Dios ha sido fiel a su Palabra y no me ha dejado sin tiempos de reposo y paz. Isaías 49:10, RVC dice: “No tendrán hambre ni sed; ni el calor ni el sol los golpeará. Porque el que tiene misericordia de ellos los guiará y los conducirá a manantiales de aguas”.

Dios da suficiente gracia para hoy, y cada nuevo día recibe la gracia fresca en Cristo de la mano amorosa de nuestro Padre.

A veces mientras reposas en cama en la noche y piensas, no voy a tener suficiente para la semana. O miramos las circunstancias de los demás y pensamos: Si yo sufriera de esa manera, nunca sobreviviría. Si yo experimentara esa pérdida, no podría seguir.

El problema es que comenzamos a conjeturar sin tener en cuenta la provisión fresca de la gracia.

El temor al futuro es siempre el resultado de olvidar la gracia futura. J. C. Ryle dice: “Si mañana trae una cruz, Aquel que la envía puede y te dará la gracia para soportarla”.13 No se nos ha dado la gracia para todas las circunstancias posibles; se nos ha dado gracia y se nos dará gracia para las circunstancias que en realidad enfrentamos. Dios provee para nuestras necesidades futuras dándonos la gracia futura.

¿Crees que Dios te dará la gracia que necesitas para todo lo que te llama hacer y todo lo que él trae a tu vida? No se trata de tu fidelidad, sino de la fidelidad de Dios a sus promesas concernientes a tu vida. ¿Crees que sus misericordias son nuevas cada mañana (Lamentaciones 3:22–23), que su bondad y misericordia te seguirán todos los días de tu vida (Salmos 23:6), que espera para tener piedad de tu vida (Isaías 30:18)?

En Cristo aprendemos que las pruebas y los cambios inesperados irán acompañados de nuevas fortalezas. Confiar en la gracia futura significa saber que Dios nos dice lo que le dijo a Moisés: “Mi presencia irá contigo, y te daré descanso” (Éxodo 33:14, RVC).

Un mundo de cambio

Una razón por la que debemos tener convicciones firmes con respecto a la gracia futura es porque el cambio con seguridad vendrá. El paso del tiempo siempre trae el cambio, de la infancia a la vejez.

La película Pixar Intensa-Mente [Del revés/España] no es sólo un estudio de las emociones, sino que también es una reflexión sobre el cambio en la vida de una niña. Una niña de once años llamada Riley se muda del medio oeste en Minnesota, donde disfruta de una vida saludable, la amistad, el hockey y una gran casa y patio. Su familia se muda a San Francisco cuando su padre consigue un nuevo trabajo. Pronto su nueva vida es decepcionante, y ella tiene dificultades para enfrentar a los muchos cambios de la escuela nueva, personas nuevas, casa nueva, vida nueva.

Riley comienza a sentir la pérdida de la estabilidad que ella siempre había conocido. Todas sus emociones (que son los personajes principales de la historia, llamados Furia, Tristeza, Desagrado, Temor y Alegría) comienzan a disentir entre sí sobre cómo manejar los cambios de la vida. Poco a poco, las cosas comienzan a desmoronarse ya que Riley no puede enfrentar al cambio. Ella se distancia de sus padres y sus amigos, y dentro de ella hay “islas de personalidad” que comienzan a desmoronarse y caer. Su vida no es lo que una vez fue, y ella no es la persona que una vez fue.

Otra película de Pixar Up: Una aventura de altura también plantea el tema del cambio. En esta película, la trama no está en la vida de una niña, sino en la vida de un anciano. Carl Fredricksen es un viudo anciano. Carl conoció a su esposa, Ellie, cuando eran jóvenes, y ella le habló de su anhelo de tener una casa en un acantilado con vistas a las Cataratas del Paraíso.

Un montaje de cuatro minutos, extraordinariamente hermoso sin diálogo, cuenta la historia de su boda, su aborto espontáneo e incapacidad para tener hijos, los desafíos financieros que les impidieron ir a las Cataratas del Paraíso, la realidad de envejecer juntos, y el dolor de despedirse de quien ha compartido con uno la vida y los sueños.

Cuando Carl cumple setenta y ocho años, ata miles de globos a su casa para viajar a Sudamérica y cumplir la promesa que hizo a Ellie, quien ya ha fallecido: la casa de ellos estará asentada junto a Cataratas del Paraíso.

El cambio también viene a nosotros. No hay promesas de que mi familia, mi trabajo, mi salud o mi casa permanezcan inalterados. De hecho, mis hijos crecerán, mi trabajo algún día lo hará otra persona, mi salud comenzará a fallar lentamente, y mi casa no será mi hogar para siempre.

Sin embargo, nada de esto tiene que ser deprimente, porque las cosas más importantes en la vida nunca cambiarán. Y por cada cambio, el carácter y la gracia de Cristo permanecen constantes.

La mejor manera de prepararse para los cambios de la vida es recordar que la gracia de Dios es inmutable. La razón por la que podemos estar seguros de que la gracia es inmutable se debe a que Cristo es inmutable, y él es la fuente de toda gracia.

Hebreos 13:8 celebra la inmutabilidad del Señor Jesucristo. El autor acaba de instarnos a evitar el amor al dinero (v. 5); habla de la realidad del temor (v. 6); nos ha recordado a nuestros líderes que han ido delante de nosotros a la gloria y ya no están con nosotros (v. 7). Luego, hay una magnifica declaración con respecto a aquel que nunca cambia: “Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por los siglos”.

“Por los siglos” tiene la totalidad de nuestro futuro a la vista. Si Dios no está sujeto a cambios a través del tiempo o las circunstancias, entonces su carácter bondadoso y trato misericordioso hacia nosotros siempre seguirá siendo el mismo.

Es un error pensar que la gracia es sólo cosa del pasado. Sea lo que sea que venga a tu vida, la gracia te encontrará. Sea lo que sea que experimentes, la gracia estará contigo.

Más admirable de lo que sabemos

Sin minimizar la gloria de la obra consumada de Cristo, necesitamos recuperar un sentido de la gloria de su obra presente y futura. Nunca dejes de hablar de cuando fuiste salvo por la gracia, pero luego habla de cómo eres salvo continuamente por la gracia y algún día serás completamente salvo por la gracia.

La gracia es más admirable de lo que entendemos, y debemos aprender a extraer las riquezas de la gracia futura de Dios. Los beneficios de la gracia que has experimentado hasta ahora son gloriosos, pero los supera los beneficios que están por venir.

La gracia pasada genera confianza en la gracia futura. No debemos minimizar el papel de la gratitud por la gracia pasada como una motivación bíblica para llevar la vida cristiana. La gracia que ya hemos experimentado debe promover una vida de humildad y alabanza (1 Timoteo 1:12–17), el amor que Cristo ha mostrado debe tomar el control de nuestra vida (2 Corintios 5:14), y debemos presentar nuestro cuerpo ante Dios como sacrificio vivo en respuesta a las grandes misericordias de Dios (Ro 12:1).

Al mismo tiempo, nunca debemos tratar la gracia como cosa del pasado. La gracia es maravillosa, como observa John Newton, no sólo porque nos ha traído a salvo hasta ahora, sino también porque nos llevará a casa.

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