Читать книгу: «La angustia»

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© Jacques-Alain Miller, 2006.

© de la traducción: Margarita Álvarez.

© de esta edición digital: RBA Libros, S.A., 2018.

Diagonal, 189 - 08018 Barcelona.

www.rbalibros.com

REF.: GEBO485

ISBN: 9788424937980

Composición digital: Newcomlab, S.L.L.

Queda rigurosamente prohibida sin autorización por escrito del editor cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra, que será sometida a las sanciones establecidas por la ley. Todos los derechos reservados.

Índice

PRESENTACIÓN

I. O LA ANGUSTIA O EL CONCEPTO

1. DE UN LIBRO AL OTRO

2. UNA VÍA DE ACCESO A LO REAL

3. DE LA REALIDAD A LO REAL

II. UNA BRÚJULA

1. UN EFECTO DE SORPRESA

2. UNA INNOVACIÓN

3. EL REVERSO DE LA SEXUALIDAD FEMENINA

III. PLACA GIRATORIA

1. UNA EXCAVACIÓN

2. DETUMESCENCIA

3. RESTO REAL

IV. MÁS ACÁ DEL DESEO

1. UN MÓVIL

2. OBJETO-META Y OBJETO-CAUSA

3. APARICIONES, PERTURBACIONES Y SEPARACIONES

V. UNA LÍNEA DE RUPTURA

1. LOSANGE LACANIANO

2. EL SEÑUELO DE LA POTENCIA

VI. UN HILO DE ARIADNA

1. LA TRIEBREGUNG

2. OBJETO EXTRAÑO

3. DUELO Y MELANCOLÍA

4. OPERADOR DE SEPARACIÓN

BIBLIOGRAFÍA

DOS CONFERENCIAS

LAS REFERENCIAS DEL SEMINARIO LA ANGUSTIA, «PIEZAS SUELTAS» (2004)

LOS OBJETOS a EN LA EXPERIENCIA PSICOANALÍTICA (2006)

NOTAS

PRESENTACIÓN

Este libro es una introducción al seminario de Jacques Lacan sobre La angustia. Se trata de un comentario de Jacques-Alain Miller sobre este seminario a lo largo de una serie de lecciones que impartió en su Curso del Departamento de Psicoanálisis en la Universidad de París VIII, durante el año académico 2003-2004. Incluye, además, dos intervenciones estrechamente relacionadas con él: una conferencia dada por Miller en el marco de la Biblioteca de la École de la Cause freudienne, y el discurso de clausura que pronunció en el Quinto Congreso de la Asociación Mundial de Psicoanálisis, en Roma, en julio del 2006.

Este libro es también lo que, en el mundo anglófono, se conoce como Companion Book, un «libro compañero», es un Companion Book to Lacan, un libro que orienta al lector del seminario sobre La angustia de Lacan, recientemente editado en castellano (Buenos Aires, Editorial Paidós, 2006).

El comentario de Jacques-Alain Miller llama la atención por su visibilidad. Para empezar uno sabe lo que está leyendo, se hacen visibles los conceptos y las líneas de fuerza de estas lecciones en relación con los escritos de Lacan, sin disimular su complejidad, y haciendo patente el carácter metódico de una demostración que pone a cielo abierto la perspectiva de toda su enseñanza.

En su modo de leer, Miller despliega el principio que encontró en Coleridge. El poeta inglés escribió: «hasta que no entiendas la ignorancia de un autor, considérate ignorante de su comprensión». Miller enseña de qué manera su relación con la ignorancia de Lacan le permite captar el camino que guiaba su enseñanza1. Más que dar recetas o claves de lectura, hace algo mejor: construir una brújula con la que orientarse en la enseñanza de Lacan. Este libro es una demostración excelente de este proceder.

La parte principal del libro, es «una exposición elemental» de lo que es el hilo principal del Seminario La Angustia de Lacan. En ella, se delinea su estructura y, también, se marca el momento de viraje, de cambio inédito en su enseñanza, la que nos permite conocer «Otro Lacan».

Miller trata de hacer este seminario sorprendente y lo logra produciendo un efecto inesperado entre sus oyentes, un efecto de sorpresa después de señalar la ausencia de la angustia de castración en él: «No estoy descontento por haber conseguido causar cierto efecto de sorpresa en un auditorio, el suyo, el mío, donde se conoce a Lacan, se estudia su enseñanza y se escrutan sus enunciados. He obtenido esta sorpresa al formular, evidentemente para provocarles, que la angustia de castración es la ausencia de ramillete de este seminario».

Esta referencia al ramillete remite al esquema óptico reproducido en «Observación sobre el informe de Daniel Lagache» y con ella no hace sino volver a poner de relieve el vínculo existente entre la angustia y lo imaginario.

Aunque la angustia se produce topológicamente en el yo, es en todo caso una señal que no se dirige de ninguna manera al yo sino, en realidad, al sujeto. En su seminario, Lacan empieza a estudiar el registro imaginario como el lugar donde la angustia se experimenta. Parte del esquema óptico, de la imagen especular y de los trastornos de la relación con ésta, lo Unheimlich del doble, para llegar, finalmente, al momento en que la imagen cobra autonomía y empieza a mirar. La angustia está del lado de lo que colma, del exceso, de la presencia excesiva del objeto que Lacan llama (a). Esta es la razón por la cual Lacan dice que la angustia aparece «cuando falta la falta».

Lacan se apoyó en Freud para decir que la angustia es una «señal de lo real», pero precisa que es señal de un goce que precede al deseo. Para Lacan, la angustia es una señal que es lógicamente necesaria para la constitución del deseo.

Por tanto, ¿qué es la angustia? Ante todo, es el afecto que Freud nos enseña a entender como una señal o, lo que es lo mismo, la angustia tiene como función el ser una señal de un peligro interno-pulsional, subraya Freud, para distinguirla del miedo, que concierne a un peligro externo. La función de esa señal es causar la represión, dando así lugar a la formación del síntoma.

Por su parte, si Lacan retoma la indicación freudiana de que la angustia es una señal de lo real es para hacer un buen uso de la misma como vía de acceso a lo real. Si decimos que la angustia es «un afecto que no engaña» es porque plantea la buena pregunta, aquella del deseo: Che vuoi? Sin la angustia, la vida del sujeto se vería reducida, como en Macbeth, «a sombras, a una historia llena de ruido y sin significado».

Si nos angustiamos es porque no sabemos lo que el Otro quiere de nosotros. La presencia del Otro como tal está en causa y es por esto que Lacan puede decir que la angustia «no es sin objeto».

En estas lecciones se muestra cómo el Seminario La Angustia Lacan hace más legible las evoluciones de la teoría freudiana de la angustia, revelando que la angustia es siempre «presencia del deseo del Otro» como tal.

¿Cómo trata la medicina actual la clínica de la angustia? Básicamente, como una disfunción física. Bastó con que se constatara empíricamente que los inhibidores de los captadores de la serotonina calman físicamente un «síndrome de angustia» para que se concluya que la esencia del fenómeno de la angustia tiene que ver con el destino de la serotonina. En esta perspectiva, la angustia sería una señal, no del sujeto, sino de la neurona.

Lo que queda olvidado tras este enfoque «farmacológico» es que, sólo por abuso de términos, se ha trasladado a una «señal» química el poder de afectar, emocionar y conmover presente en la palabra, olvidando que la significación es un fenómeno que acompaña al significante. Es justamente el misterio de la producción de la significación la que hace que la angustia esté abierta a la interrogación del sujeto.

Si la medicina toma la angustia como un síntoma que debe desaparecer, por su parte, el psicoanálisis sólo considera la eliminación de los síntomas una vez establecida su función y distinguiendo siempre la función de la angustia de la del síntoma. La lectura de este libro ayuda a entender por qué es importante mantener esta distinción.

VICENTE PALOMERA

I

1. DE UN LIBRO AL OTRO

Extrañeza

Nos hemos detenido un tiempo en una obra consagrada a la evaluación de las psicoterapias para resumirla, elucidarla y desmenuzarla con lo que podríamos llamar cierto «sadismo lacaniano»1. Ahora les voy a presentar otro libro que, con otra forma, ya les es familiar. Su contenido ha ido introduciéndose a lo largo de este curso y en numerosas, innumerables clases y artículos2. Pero algo ocurre cuando el conjunto de notas adquiere forma de libro. En todo caso, puedo dar testimonio de que algo me pasa en el trabajo de dar esta forma a aquello que, al igual que ustedes, he hojeado y meditado. Se trata del nuevo tomo, que saldrá publicado, de El Seminario de Jacques Lacan: La angustia, el libro X.

Les aporto las reflexiones de alguien que está aún, si no ya en medio del paso, sí entre las primeras y segundas pruebas. Quien les habla está en ello, a la tarea, que no es de la actualidad, en un contexto que como saben ha sido, este año, bastante agitado —un contexto que quizás no sea indiferente a la elección que he hecho de publicar este seminario. En un contexto donde la reglamentación de las psicoterapias ha saltado frecuentemente a las páginas de los periódicos, un contexto extremadamente marcado por la pasión de la evaluación, la publicación de semejante libro sólo puede resultar intempestiva, a contratiempo, discordante. Podemos anticipar que esta publicación dejará oír una disonancia.

En cierto sentido, no se podría soñar nada mejor para este seminario: que salga a la luz, que llegue al público en un momento en que se le puede asegurar que sobresaldrá por su extrañeza.

Franquear

Sería muy cómico —me contengo— trazar el paralelismo entre un libro y otro, entre el informe del INSERM y el seminario La angustia. Debería hacerse con un estilo chistosamente serio.

¿Qué se podría decir entonces? Que uno representa un trabajo de equipo que abarca toda la psicopatología, o casi toda, mientras que el otro es la obra de un investigador aislado —autoproclamado, además. Esto es tan cierto que, al principio del seminario que debía de seguir a éste, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, él mismo cuestionó en qué se autorizaba para expresarse de esa manera, sin la garantía de la colaboración, la vigilancia, de aquello que actualmente se considera el instrumento indispensable de semejante trabajo, a saber, ser controlado por los pares.

¿No será que, en lo que concierne al psicoanálisis, existen algunos prejuicios en cuanto a la intuición genial, solitaria? —¿Cómo lo sabía? Y, ¿por qué no se remite más que a sí mismo?—. En este seminario, Lacan se consagra, de una manera que se considera limitada, a un único fenómeno, extraído del vasto dominio de lo que hoy en día se llama la psicopatología.

Mientras que el primer libro, que hemos despellejado, se apoya en un montón de trabajos, éste se contenta con hacer referencia a un número muy pequeño de autores y obras, y se nutre de diversas contingencias, viajes, encuentros, exposiciones de pintura que se van encontrando por el camino. Al contrario de lo que se pone de relieve en muchos otros seminarios de Lacan, en éste sólo se moviliza un número muy pequeño de obras. Y, sobre todo, mientras que el primer libro, el insérmico, no pierde nunca de vista el tratamiento de los trastornos y busca siempre el mejor de ellos, en el segundo, el de Lacan, no se puede decir que la angustia sea considerada como un trastorno, un disfuncionamiento. No me parece haber encontrado, en este seminario, la indicación de que la angustia en cuestión, digamos la angustia lacaniana —y para llegar a esto, el autor procede a un gran desbroce de las múltiples formas de angustia y las ocasiones en que surge—, haya que curarla sino, a lo sumo, franquearla. Así, cuando se considera esta obra en relación a la otra, el autor, el orador transformado en autor, destaca más bien por su indiferencia respecto al tratamiento y por consagrarse a su pasión propia. ¿A cuál? No la esconde: la de proseguir su discurso, articular términos, ponerlos en relación y dar a cada uno su lugar exacto.

Puede considerarse que esto constituye el hilo de la investigación, y no vemos que sea una respuesta directa a aquello que moviliza a los equipos. Todo lo que es del orden de la psicoterapia está ausente de la obra de manera soberbia y arrogante. Por ello, parece especialmente intempestiva en un momento como el actual en que nos requieren —¿quiénes?— que respondamos del tratamiento y su eficacia.

Un lugar conceptual

Este seminario debe leerse con la suposición de que, en relación a la angustia y lo que ésta comporta, la dirección de la cura está en manos, se confía, a aquellos que lo escuchan —cada cual debe sacar sus propias conclusiones, hacer su traducción práctica—, y que es legítimo que una enseñanza se despliegue en su continuidad, con el relativo misterio del que se rodean estas elaboraciones, sin que se conmine a aquél que habla a curar la angustia, a desangustiar —esto no está a la orden del día en este seminario. He puesto el acento sobre estas características. Haré la corrección de que, sin embargo, en este seminario figura una doctrina de la cura, pero de tal manera que queda como algo colateral: encontramos algunas lecturas cuidadosas pero limitadas de cierto número de textos angloamericanos relativos a la contratransferencia, que Lacan anuncia debe reconsiderarse bajo la clave del deseo del analista. Es por este sesgo, que yo califico de colateral por el lugar que tiene en el seminario y por el hecho de que Lacan confía su introducción a otros, que encontramos en él, sea cual sea el valor de las observaciones que se hacen, más bien un enclave preparatorio que desarrollos centrales.

Como pueden ver, de comparar los dos libros, lo que no sería más que un paralelismo bufón, uno se deslizaría a privilegiar el punto de vista del INSERM. Tal punto de vista no es privilegio suyo, por eso hemos estado clavados durante un tiempo en esta obra. Puesto que sufrimos su choque, su sorpresa, su acontecimiento, nos ha parecido bien hacer hincapié en ella, considerarla. Pero, como pronto habrá otro libro en la estantería, es preciso que ahora nos despeguemos de estos mandamientos: «Tú estás allí para curar», «Te ocupas de trastornos, de disfuncionamientos», «¿Cómo podrías hacerlo mejor de otra manera?».

Éstas son las evidencias de hoy en día, están ahí. Pero este libro también estará ahí y exige que nos desprendamos de esta exigencia, de este deseo del Otro, y entremos en una dimensión distinta. ¿Es difícil? ¿Cómo llevarles a esta dimensión? ¿Cómo reencontrar lo que quizás sea nuestra burbuja lacaniana de discurso, después de haber empleado todos nuestros esfuerzos en hablar el lenguaje del Otro, a riesgo de quedarnos en la contrargumentación?

Muchos de ustedes tienen contacto con la práctica del psicoanálisis, están en análisis, se han analizado. La dimensión que hay que volver a instaurar es aquella donde no existe el apremio constante de la evaluación, de la terapia. Quizás a veces se produzca, en particular cuando la angustia resiste, pero siempre hay otra dimensión.

Las vociferaciones de este deseo del Otro, las vociferaciones insérmicas ya callan, no se hacen oír más. Quizás quieran hacerse oír adhiriéndose a esta obra de Lacan. ¿Lo harán? Dejo a su cuenta imaginar la clase de mirada que pueden echar sobre esta obra, el reconocimiento que pueden dar a semejante aerolito, a un objeto incongruente de este tipo. Sin duda, experimentarían una inquietante extrañeza ante el hecho de que un libro pueda encerrar, bajo el título de La angustia, este tipo de declaraciones. Tenemos una obra donde la angustia no es un trastorno, y no es cuestión de tratarla sino de darle su lugar conceptual en referencia al concepto de angustia de Kierkegaard3.

Desde su punto de vista, me parece que el seminario La angustia quedaría clasificado a lo sumo como algo del orden de la creación literaria. ¿Hay que rechazar esta clasificación? No es seguro. Hay, en este seminario, un elogio a la ficción literaria que hace eco a lo que Freud enunció en su obra «Lo ominoso»4. Siguiendo las huellas de Freud, Lacan da las gracias a la ficción literaria, y la toma como guía para dar mayor estabilidad a las experiencias fugaces, para conseguir articularlas mejor. La ficción literaria provee, dice Lacan, una especie de punto ideal»5.

División

Podríamos invertir la perspectiva y preguntarnos cómo se inscribe el informe del INSERM en la perspectiva del seminario La angustia. Esa obra testimonia un esfuerzo de cuantificación, de contabilidad, de cifrado, que tiene su dignidad, e incluso su necesidad, en la medida que traduce lo que se pone de relieve, lo que se construye en el seminario La angustia, a saber, la inscripción del sujeto en el campo del Otro como lugar del significante. El sujeto sólo puede inscribirse allí con la marca de la recurrencia, de la repetición de la cifra 1. Es lo que expresa la escritura que llamamos del sujeto barrado. Esta pasión por la cuantificación, por la evaluación, refleja lo que se aísla en este seminario como la marca primera del rasgo unario de la identificación subjetiva. Encontramos en él un esquema que Lacan nunca puso en ninguno de sus escritos, un esquema elemental de división. Al tener la escritura de Lacan en el ejemplar estenografiado, la he hecho fotografiar, con el fin de establecer este esquema para este seminario.


No puede ser más elemental: una línea vertical a cuyo lado encontramos inscritas algunas letras que aprendimos a manejar hace mucho tiempo, y que presentan lo que Lacan señala como una división, una división del Otro por el sujeto.

¿Por qué la palabra «división»? Sólo se puede comprender retroactivamente por qué Lacan la eligió. «División» porque él da importancia a la función del resto, y la noción de resto apela a la construcción de una división. Una división cuyo primer resultado es la escritura cifrada del sujeto, su captura en la repetición del Uno, y donde, de manera suplementaria, se aísla, se inscribe el resto con la forma de la famosa letra a minúscula en itálica. Hay que aislar el resto para que el Otro no sea simplemente el Uno. Si el campo del Otro estuviera hecho sólo con Unos podría reducirse —sólo podría hacerse en razón de su conjunto, de estos Unos. No hay que olvidar que el Otro es Otro porque hay un resto. Esto dirige la lectura de este seminario.

Otro ≠ Uno

Tal construcción elemental es suficiente para sostener las objeciones que hemos hecho al informe del INSERM. Estas objeciones se basan en lo aprendido en este seminario y los que le siguen; se basan en el resto, en la noción de un resto no cuantificable, un resto que no es Uno. Esto quiere decir que hay en el Otro algo más que el significante. Lacan inscribe aquí lo que da cuenta de ello: el A barrado como aquello que me constituye como inconsciente, el Otro en tanto no es accesible, digamos, el Otro en tanto deseo. Sólo incluyo este esquema a título de la objeción que la función del resto hace a la pasión por la evaluación. En determinado momento del seminario encontramos una disposición distinta donde a se escribe antes que S barrado6; es correlativa de una inversión teórica que puede pasar desapercibida, puesto que se apoya sobre la cabeza de un alfiler.


2. UNA VÍA DE ACCESO A LO REAL

Una distancia

¿Por qué elegir la angustia? ¿Por qué Lacan eligió la angustia como su décimo seminario? Él subraya que los que le escuchan están sorprendidos porque no ven la necesidad de hacerlo —hay que creerlo— en el punto que está de su desarrollo.

Damos de entrada esta respuesta: la angustia elegida por Lacan, la angustia lacaniana, es una vía de acceso al objeto a minúscula. Se concibe como la vía de acceso a aquello que no es significante. La angustia no es significante. Como vía de acceso al resto, que no es significante, Lacan elige una vía equívoca, que parece dudosa, la vía de un afecto. A pesar del título de Kierkegaard, que califica de audaz, no es un concepto, sino más bien lo que viene al lugar de un concepto. Es por haber elegido la angustia como desvinculada del concepto que, al año siguiente, Lacan, para contrabalancear, introducirá cuatro conceptos: Los cuatro conceptos fundamentales, que como los jinetes del Apocalipsis prevalecen, lo que está condicionado por el hecho de que la vía anteriormente elegida fuera aconceptual. Les detallaré por qué esto que les digo no se reduce a una mera superelucubración. Se trata evidentemente de una superelucubración en la medida que muchos de ustedes ya lo saben, por lo que es preciso que les dé un suplemento sobre lo que se me hizo evidente en el curso de este trabajo: el estilo de este seminario.

Soy yo quien le da un estilo a través del corte: el de la frase, el parágrafo, la parte —en la estenografía hay algo del orden del flujo verbal. El léxico queda igual, aunque se reconstituya aquí y allá, pero la construcción gramatical corre frecuentemente a cuenta mía. Al hacer este trabajo me di cuenta, en este nivel del estilo, que me parecía más adecuado dejar una construcción gramatical con menos inversiones. Al releerlo —no sólo una vez—, me parece que hay ahora en conjunto un fraseado más fácil. Corre a mi cargo. Me pareció que en el 2004 había que renunciar a algunas de las inversiones que Lacan practicaba ante su auditorio.

Pueden estar seguros de que esto no afecta al fondo. Me parece que facilita el acceso a aquello de lo que se trata. Es algo muy ligero, no es necesario volverlo pesado. No sé si lo que digo se percibiría si yo no lo resaltara. En despecho de esta operación de trascripción, queda, lo he dejado porque me parecía fundamental, ese rasgo de estilo de cierta distancia que se toma para marcar la diferencia, la heterogeneidad de a minúscula respecto al significante.

Descomposición del nivel especular

No se puede hablar del a minúscula, tal como aparece en el seminario La angustia, es decir, con todo su valor patético, sin cierta precaución que podríamos calificar de «parentesisación». Más que afirmarse, las palabras se dicen en el seminario con todas las reservas. Hablar de la angustia, y especialmente de la angustia en tanto que vía de acceso al a, exige delicadeza, una delicadeza especial, precisamente porque no se trata de un objeto como los otros.

Ya sabemos que no es un objeto como los otros, pero lo consideramos nuevamente en el momento preciso que Lacan trata de construirlo, de extraerlo de los objetos como los otros. Este objeto a se ha manejado y usado tanto que, al retomar este seminario, da la impresión de que emerja por primera vez. Para los que practican y se orientan a partir de Lacan, hay una esencia de primera vez que concierne al objeto a, y que produce —lo dice en alguna parte— una reviviscencia. Cuando ya está plenamente comprometido con este seminario, Lacan indica que procede a partir de la angustia «porque este camino revivifica toda la dialéctica del deseo»7. En la actualidad, experimentamos esta reviviscencia del deseo en relación a la emergencia de un objeto que «no es como los otros».

¿Cómo son los otros? ¿Y qué ha devenido con el transcurso del tiempo el objeto a debido a la usura, al uso que hemos hecho de él, por haberlo acariciado demasiado? ¿Cómo se evoca en determinado momento a propósito de los budas en cierta ciudad de Japón8 y cómo ocurre en distintos lugares de culto? Esto puede, asimismo, verse en la chimenea del castillo de Montesquieu: él se apoyaba en la pierna para escribir y ponía el pie, según parece, sobre el borde de la chimenea; como es preciso trabajar mucho para escribir El espíritu de las leyes, se puede apreciar una curvatura en la piedra9.

Es el momento de recordar que los otros de «como los otros» son objetos modelados sobre la imagen. Cuando entramos en el seminario La angustia, aún tenemos la noción de que la imagen especular es el prototipo del mundo de los objetos, que el mundo está hecho de objetos cuyo prototipo es la propia imagen. Conocemos todos los efectos que Lacan extrajo de esta referencia en el primer movimiento de su enseñanza.

Por el contrario, este seminario lleva a cabo, paso a paso, precisamente porque apunta a un objeto que no es como los otros, una descomposición de lo que llama el nivel especular. A medida que se construye el objeto a se construye y, al mismo tiempo se descompone, el nivel especular que sostiene el estadio del espejo. Este seminario podría presentarse desde la perspectiva de una crítica de lo imaginario, precisamente como una crítica del estadio del espejo.

Cuando nos acercamos a este objeto a a través de la palabra, como lo prueba y consigue Lacan, tenemos que proceder por aproximación. Si nos acercamos a él a través del discurso podemos hacer un cortocircuito con la escritura pero, a través de la palabra, hay que atenerse a cierta postura de reserva. Así, Lacan practica de manera constante, especialmente en este seminario, un poner a distancia, un distanciamiento respecto a la referencia. Por esto, me ha parecido esencial dejar en él aquello que sería sencillo borrar: «lo que se llama...», «lo que llamo aquí», «para nosotros» o los «si se puede decir así», o «lo que se puede designar como...» Produce una ligera vacilación que responde exactamente a lo que se trata de hacer emerger como objeto «no como los otros». Pueden hacerlo extensivo al resto de los seminarios de Lacan, ya que él está en relación con este «no como los otros» hace mucho tiempo. Comporta un estilo de envoltura, laberíntico, digresivo, y al mismo tiempo concéntrico —conocen el gusto de Lacan por hablar de lo que hay que cernir. Se trata, también, especialmente aquí, de un estilo anatómico, de una disección prudente de la referencia. Es, asimismo, un tratamiento del objeto como si fuera un cristal que brilla, que deslumbra, y que debe tratarse con un estilo diamantino, con pequeñas pinzas, observando sus distintas facetas.

Un taller

Entramos en un mundo que no tiene nada que ver con aquél del que salimos recientemente, el de la vociferación unívoca del imperativo en nombre del Uno. En la dimensión donde el objeto a ocupa su lugar, estamos en un campo en el que nada está dado, en el que las evidencias se pierden, se suspenden; una dimensión que exige lo que Husserl llamaba la epoché —en griego, la suspensión— en la espera, para él, de una aparición pura. La fenomenología10 queda dominada por lo especular, el campo de lo visible, mientras que, aquí, lo especular es objeto de un forzamiento. El mismo Lacan se ve conducido a forzar sus propios esquemas de lo especular. Rompe, estruja sus esquemas de construcción de lo imaginario que tanto le ocuparon. En la primera mitad del seminario, los esquemas ópticos se exploran y, a la vez, se rompen, y en la segunda parte, se dejan en la estacada. A continuación, se abre un nuevo espacio donde lo especular encuentra nuevos términos, nuevas funciones que ya no se parecen al estadio del espejo.

No se trata de algo colateral. A medida que se constituye el objeto a se construye bajo mano, podríamos decir, una nueva concepción de lo especular. En el último capítulo de este libro, Lacan construye sobre el modelo del esquema que figura en el primer capítulo, el que corresponde al nivel especular11. Puede causar sorpresa —no lo retomó nunca—, pero representa el recorrido mismo de este seminario, desde el capítulo I al XXIV, y muestra el resultado obtenido a este nivel.

Este seminario apela constantemente al privilegio que Lacan otorga en psicoanálisis a la dimensión especular que, en la emergencia del objeto a minúscula, aparece como la dimensión donde es más difícil de atrapar. La dimensión especular, donde se despliega la operación del estadio del espejo —una referencia que no rechazamos pero que es preciso considerar desde el punto de vista del seminario La angustia—, es la dimensión por excelencia en la que a se reduce a cero. Lacan la califica con precisión a través de un término freudiano: el campo especular es el campo «en que el sujeto está más protegido frente a la angustia»12. El término freudiano es «protegido», un término que se encuentra en «Inhibición, síntoma y angustia»13.

Nos desplazamos en un campo donde la adecuación de los nombres con las cosas no está dada, en la falla misma entre lo imaginario y lo real, y, de ese modo, exploramos la falla entre lo simbólico y lo real. La perspectiva insérmica, que tiene toda su dignidad por el bies que yo la considero aquí, comporta que el significante recorre exhaustivamente lo real. Y esto no es más que una simulación de lo que se llama «científico». El INSERM no dice sólo que hay saber en lo real sino que imagina que este saber se puede reducir al significante contable14. Este punto de vista, salido de una especie de positivismo, comporta que lo real quede reducido a este saber y, por ello, se evapore en él. Se trata de un positivismo para el que la angustia es un trastorno que obstaculiza el acceso a lo real, mientras que este seminario trata las cosas a la inversa, a saber, la angustia constituye una vía de acceso a lo real.

La falla de lo simbólico respecto a lo real exige suspender el asentimiento a todo lo que está ya trazado, a lo que es costumbre, rutina. El llamado de este seminario es: no se dejen sugestionar por la imagen ni adormecer por el significante en juego en la palabra. Va contra la sugestión pero podría, a su vez, hipnotizar. Querría darles un antihipnótico, y por ello les invito a aceptar este seminario como un taller, a permanecer despiertos ante lo que Lacan trama en él.

Lacan ayuda a despertar. La dificultad de su discurso les detiene; está hecha para causarles cierto embarazo.

Tentativa de captura

La palabra «embarazo» se introduce en este seminario a partir de la descomposición del término freudiano «inhibición», que inaugura la serie «inhibición, síntoma, angustia». Por otra parte, la inhibición de una función vital se diluye en el término comodín de disfuncionamiento. La inhibición es el núcleo, el culmen del disfuncionamiento. El seminario comienza con una descomposición de la inhibición, una descomposición conceptual que separa el funcionamiento y el obstáculo al funcionamiento. Lacan no emplea estos términos. Se sitúa en el primer capítulo de «Inhibición, síntoma y angustia», de Freud, en la función motriz, que se subraya especialmente, y no llama «funcionamiento y obstáculo» a la descomposición que efectúa, sino «movimiento y dificultad». A partir del término «inhibición», se construye una matriz: el movimiento, la dificultad. Y tras numerosos comentarios etimológicos, Lacan aporta cuatro términos: la emoción y la turbación, en cierto gradus del movimiento que se libera y, por el contrario, el obstáculo y el embarazo, en un gradus donde la dificultad se aligera. Este cuadro tiene el objetivo de cercar la angustia, que es allí el último término.


Lacan no retomó esta construcción, que no representa más que una tentativa de captura. Los límites del cuadrado enmarcan nueve lugares —al principio quedan dos vacíos. En la primera lección del seminario, Lacan extrae, no de su sombrero sino del diccionario, las nociones de emoción, turbación, impedimento, embarazo —¡deslumbrante!—, las cuales hacen creer que los significantes pueden enmarcar la angustia. Es una red —la palabra figura15— que parece hecha, podríamos decir, para atrapar al pez de la angustia. La imagen del pez la encontramos en un caso clínico que Lacan toma de cierto autor, pero también la cita, de paso, en el seminario Los cuatro conceptos fundamentales, cuando da la representación de la nasa que se entreabre para atrapar al pez del objeto a16.

Esta construcción de Lacan, ¿es carne o pescado? Encontramos luego reutilizadas especialmente la turbación y el embarazo. El seminario La angustia comienza con un marco significante para tomar cierta distancia. Cuando Lacan aporta seguidamente sus esquemas ópticos, que hará funcionar a trompicones, se trata también de indicar que se debe tomar allí una distancia. Me parece que es la nota que Lacan quería dar al comienzo de su seminario: una confrontación de la angustia con los recursos del significante. Lo que vendrá a continuación demostrará, por el contrario, que no era por ahí por donde se podía atrapar el pez.

He titulado esta primera lección «La angustia en las red de los significantes» basándome en una frase de Lacan, cuyo sentido es precisamente que la angustia no se deja atrapar en ella. De la misma manera, el término «embarazo» —que figura aquí en primer lugar y del que Lacan, con una introducción etimológica y lingüística deslumbrante, comenta que comporta una referencia a la barra y al sujeto barrado, e indica que el sujeto del significante no sabe qué hacer— solo se aclara con el salto que se hace en el último capítulo, donde al primer cuadro17 se superpone otro que, como he dicho, proporciona una articulación significante a la dimensión escópica, dimensión criticada y descompuesta a lo largo del seminario. En el cuadro correspondiente, el cuadro homólogo a nivel óptico, Lacan escribe el título de Kierkegaard, El concepto de angustia. Este título, reinterpretado en un sentido antihegeliano —lo que es acorde con la intención más profunda de Kierkegaard—, es decir, haciendo objeción a la dialéctica, es la verdadera respuesta a aquello que el mismo Lacan desarrolla desde su capítulo II sobre Hegel y el deseo del Otro, y en relación a lo cual toma distancia.


Resto absoluto

El punto de vista neo-hegeliano, que al principio parecía ocupar la escena, cede su lugar a algo que no se presta a la dialéctica, aunque, en Lacan, el significante tenga aún cuerda para rato. Este seminario subraya aquello que no se presta a la dialéctica, aquello que no se presta al significante. Es el resto. Este seminario se aleja de las analogías y referencias que hace para puntuar el resto como absoluto. «Absoluto» —Hegel lo llamó Aufhebung y Lacan lo retomó en un momento muy preciso de sus Escritos—, quiere decir que, ante ello, toda Aufhebung se revela impotente.

El seminario La angustia constituye una puntuación del resto —esto ya se sabe pero es preciso entender que, allí, el resto se lleva al absoluto. «Absoluto» implica separación respecto a la dialéctica. El resto hace obstáculo a la dialéctica y a la lógica del significante, en el sentido de que este resto permanece insoluble, no se puede ni resolver ni disolver. La función del resto es, a este respecto, antinómica de la Aufhebung hegeliana, que era la clave de la enseñanza precedente de Lacan, al menos era a lo que apelaba para expresar la transformación de lo significable en significante. Debo remitirles a ese pasaje de «La significación del falo»18 donde precisamente Lacan apela a la Aufhebung hegeliana que, en el fondo, no es más que una utilización del resto. Lo significable es por excelencia lo imaginario, tanto el significado como lo especular, en tanto que el mundo de los objetos tiene su prototipo en la imagen especular.

Recordamos esto para entender por qué Lacan ha recurrido a la angustia como vía de acceso. Ha recurrido a la angustia como una vía alternativa a la Aufhebung, para atrapar aquello que escapa a toda Aufhebung, aquello que no es significable, que constituye el resto de toda significación. Es preciso abordar la última lección del seminario para entender la apuesta de La angustia. Lo que anima a Lacan a esta elección singular, a esta elaboración, es la pregunta: ¿qué posibilita la «verdadera toma de lo real»? —es una cita. ¿Es la vía del concepto? ¿Es la captura simbólica? ¿O es la vía que abre la función de la angustia? En su extravagancia, podríamos decir, en la extravagancia que le ha sostenido, este seminario está dominado por un «o la angustia o el concepto». Hay una renuncia a la vía del concepto. Por esto, el último capítulo de este libro sirve de contrapunto a la primera lección, que hace resplandecer al significante: ¡Abre el diccionario todo lo que quieras, encontrarás allí tu bien! Al principio se teje una red, pero a lo largo del seminario se revela que esta red de significantes, al igual que el nivel especular, son golpeados por cierta impotencia, y la angustia constituye —es la recompensa que Lacan se da al final— «la única aprehensión última de toda realidad como tal». ¿Por qué la palabra «realidad»? ¿Retrocede al decir «de lo real como tal»? Al mismo tiempo, encontramos el adjetivo «última», ¿se entiende que en la angustia se produce un franqueamiento de la realidad? En el fondo, la angustia está poco en escena en este seminario.

3. DE LA REALIDAD A LO REAL

Más allá del embarazo

He dicho que encontramos allí lo patético. Encontramos lo patético, pero la angustia está poco en escena. La angustia lacaniana es especial, se inspira por supuesto en Freud —Lacan no hace más que repetir «la angustia es una señal, Freud lo dijo»—, pero se inspira en un punto que el propio Lacan no pone de relieve. Para evocarla, en determinado momento, la compara con el segundo tiempo de la reconstrucción del fantasma en «Pegan a un niño»19, a saber, con el tiempo que se reconstruye pero no se verifica. Dice esto muy rápidamente, pero lo que llama angustia connota el pasaje de la realidad a lo real, el franqueamiento de la realidad en el sentido de lo real y, por tanto, es correlativa a un desfallecimiento del significante. Y cómo se podría evidenciar mejor el desfallecimiento del significante que mediante la referencia —tan habitual, tan familiar que ha dejado de parecernos extraña pero que vuelve a serlo en este seminario— al episodio primordial del nacimiento como referencia última de la angustia, como prototipo de la angustia. Es una referencia que Freud toma de Otto Rank20, presente de manera recurrente en este seminario —Lacan se refiere a él también por sus trabajos sobre el doble y Don Juan21. Al implicar la angustia del nacimiento en la teoría de la angustia, Lacan se inscribe en la serie de Rank y Freud. Valida la angustia natal como prototipo de la angustia.

Si pensamos en el INSERM, se trata de otra cosa. Tal como lo he entendido, la esencia del tratamiento cognitivo-conductual es considerar la angustia aquí y ahora, y tratarla mediante el significante imperativo, que se modula como consejo. Para ellos, la angustia es susceptible de una resolución. Sin embargo, el enfoque analítico de la angustia tiene una profundidad histórica por la que la noción misma de curar la angustia es vana, está fuera de lugar. La angustia se sitúa fuera de los límites que traza el sujeto del significante. Es lo que vela el primer cuadro que propone Lacan. Hay un más allá del embarazo, del embarazo propio del sujeto barrado. Llega hasta el desamparo en los análisis rankianos, freudianos, lacanianos, la Hilflosigkeit, el desconcierto, más allá del embarazo, allí donde falta toda orientación significante.

La ausencia del ramillete

Llegados a este punto, podemos ver a través de un cortocircuito, lo que constituye el pivote del seminario La angustia; el pivote invisible, ya que el pivote del seminario es algo que no hay. Se debería esperar que en el corazón de un seminario que se intitula La angustia, estuviera la angustia de castración, que la angustia se abordase a partir de la castración que la enseñanza de Lacan había puesto de relieve como una función eminente, estructurante de toda relación de objeto. La angustia de castración es precisamente la ausencia del ramillete, con toda la novela que conlleva. Pueden buscar, no encuentran la novela edípica. Exagero. Lacan no llega a borrar del todo sus huellas, pero la perspectiva que elige por la vía de la angustia constituye un bye-bye, Edipo. Exagero, pero no encontrarán en él que la amenaza del padre desencadene la angustia. Lacan se desprende de la construcción fundamental, maravillosa, precisa, sólida —una construcción que hemos rehecho siguiéndole —, toda la construcción que se instala con el Seminario IV: La relación de objeto. El Seminario X retoma alguna cosa de ella —Aufhebung— pero es como el negativo del Seminario IV, cuyo pivote es la angustia de castración, central en el caso Juanito.

En La relación de objeto, con sus referencias al significante, el deseo y la demanda, con todo lo que allí aporta, Lacan sigue muy de cerca los pasos de Freud sobre la cuestión, en particular cuando dice: «La angustia —ahí no hago más que repetir a Freud que lo ha articulado perfectamente— es sin objeto»22. El seminario La angustia está hecho para explicar, para construir que la angustia no es sin objeto.

Al menos en este punto, hay una contradicción. Es esta referencia al Seminario IV de Lacan: la torsión se mide en esta aprobación incondicional que aparentemente otorga a un enunciado de Freud, que no es el único sobre la cuestión. Hay que tenerlo presente cuando se lee la fórmula de La angustia de que no es sin objeto. El concepto, la noción de objeto cambia, se reelabora en este último seminario. Por ello, he señalado, en la que he distinguido como segunda parte, que Lacan realizaba una revisión del concepto de objeto porque, con el anterior, el objeto de la angustia es invisible, inatrapable.

Recuperación de un residuo

Correlativamente a poner el acento en la ausencia de objeto en la angustia, en el Seminario IV, la fobia es esencial como remedio para la angustia, la fobia como miedo a un objeto. Pueden ver cómo Lacan se esfuerza, pasa por Chéjov23 —de nuevo la ficción literaria—, para mostrar que esta frontera entre la angustia y la fobia no cuenta, no es lo esencial. Juanito, por ejemplo, habla de caballos de angustia, Angstspferde. Y Lacan le corrige: en absoluto se trata de caballos de angustia, lo que Juanito experimenta ante los caballos es miedo. A diferencia de la angustia, que no tiene objeto, el miedo tiene un objeto y concierne a algo articulable, nombrable, real.

En el Seminario IV, lo real es todavía articulable y nombrable. Según la concepción de Lacan —que se apoya en Freud y en los dichos de Juanito—, la fobia desangustia a Juanito, cumple una reestructuración significante del mundo. Esto interesa a Lacan que pone todo el acento en ello. La angustia no tiene objeto, pero la fobia produce una serie de objetos. Pero, ¿qué son estos objetos? Ellos puntúan, funcionan como señales, son objetos que dibujan límites, umbrales, un interior y un exterior. En el Seminario IV, Lacan maneja el objeto igual que los significantes. El objeto en cuestión está significantizado.

Cuando se relee esto a partir del seminario La angustia, se ve que la Aufhebung de la angustia por parte de la fobia no suprime del todo la angustia. Lacan lo señala con un tacto extraordinario: hay un resto. La angustia sin objeto no queda abolida con la fobia y su creación significante. Hay un resto: «Un residuo del todo singular». Quienes recuerdan este seminario saben que Lacan pone de relieve un momento fugaz en el que Juanito señala, ante la boca del caballo, delante de su cara, una mancha negra —Lacan alude a un cuadro donde figura esta mancha24.

En La angustia, Lacan no se interesa por la construcción de la fobia, por desangustiar a través de la fobia, sino por recuperar esta mancha, este residuo del todo singular, borroso —para hacer de él un objeto, el objeto a minúscula. Lo que construye, lo edifica sobre la lógica de la relación de objeto. Lacan no esconde que se trate de objetos significantes, puesto que califica el caballo de angustia como significante «para todo uso» de la fobia. Su demostración muestra la polivalencia semántica del caballo. Este análisis reposa en la autonomía del significante respecto al significado, en la cesura saussuriana. La simbolización del objeto no deja entender lo que está en juego en la angustia.

El corte

El camino del seminario La angustia, un camino difícil —con la resonancia que esta palabra puede tomar a partir de este esquema—, es el de una desimbolización del objeto, una designificantización del objeto que es asimismo correlativa de una desimaginarización. Esto no puede hacerse sin tocar uno de los pilares de lo que Lacan ha establecido como enseñanza: su noción del falo como significante. Lo pone en cuestión en este seminario y lo hace de manera tan radical que no se nota, puesto que no se dice.

La significancia del falo, al igual que la falta de objeto, es la clave que Lacan eligió al principio de La relación de objeto, y nos proporciona esta admirable construcción de la privación, la frustración y la castración. En toda su diversidad y todas sus modalidades, la falta de objeto siempre se puede reducir a una falta de significante; Lacan se esfuerza, en La angustia, en elaborar una falta irreductible al significante. A este respecto, el seminario se puede pensar como un «final de partida» con el significante —hay afinidad entre el juego y el significante cuando el significante se puede sustituir a la falta. Asistimos a la elaboración de una nueva estructura de la falta, una estructura no significante de la falta que pasa por la topología y nos da un estatuto inédito del cuerpo.

Antes conocíamos esencialmente el cuerpo del estadio del espejo, un cuerpo susceptible de ser significantizado, pero en el seminario La angustia se restituyen al cuerpo lo que Lacan llama sus particularidades anatómicas —es la única vez que lo encontramos en él, explicado con tal detalle, con semejante amor por el detalle. No se trata de un cuerpo fuera del significante y, como él mismo señala, la anatomía comporta la función del corte. El término «corte» debe recuperarse, está en el centro, es el instrumento electivo de este seminario.

Es una palabra que ya hemos utilizado. Para recuperarla, tenemos que oponerla al rasgo. La función significante preside la operación del rasgo, en particular en la Aufhebung, cuyo efecto es anular y elevar. La función del rasgo se inscribe en el contexto de la Aufhebung, transforma lo significable en significante, mientras que la función del corte es otra cosa —lo vemos en La angustia. La función del corte separa un resto que no es significable.

28 de abril 2004

II
UNA BRÚJULA

Seguimos con La angustia, el Seminario que trato de hacerles sorprendente.

1. UN EFECTO DE SORPRESA

Una dimensión inédita

No estoy descontento por haber conseguido causar cierto efecto de sorpresa en un auditorio, el suyo, el mío, donde se conoce a Lacan, se estudia su enseñanza y se escrutan sus enunciados. He obtenido esta sorpresa al formular, evidentemente para provocarles, que la angustia de castración era la ausencia de ramillete de este seminario. Con esta fórmula hacía alusión a Mallarmé y apuntaba también a lo que aquí se desarrolla en relación al ramillete invertido, esquema que encuentran reproducido en los Escritos25 —donde Lacan lo presentó, algunos años después de haberlo producido en su seminario, con ocasión de una observación que hizo a un psicoanalista de esa época llamado Daniel Lagache.

Luego me hicieron algunas objeciones, no aquí sino en privado, con cierto estilo de «¡pero cómo! ¡pero cómo!». «Pero la angustia de castración no está totalmente ausente de este seminario, por el contrario, la recuerda constantemente lo que se presenta como su sigla (–φ), que designa el objeto de la castración como imaginario». Sin duda, Lacan conserva con esta sigla su lugar central a lo largo del seminario, del mismo modo que otorga al estadio fálico, como se llama en la literatura psicoanalítica, un lugar central en relación a los diversos estadios del objeto. En este seminario, encontramos, y no sólo una vez, que –φ es la angustia de castración en relación al gran Otro. Pero esto no impide que yo mantenga lo que les he aportado sobre este punto.

Lacan se interroga sobre el modo que eligió de abordar la cuestión, validando explícitamente que la angustia es un afecto y se experimenta, se siente como tal. Distingue tres modos de abordar la cuestión, rechaza dos de ellos y elige uno. Son las tres «c» que enumera y señala con unas palabras de las que es su inicial. Rechaza hacer un catálogo de los afectos, rechaza hacer su clasificación, y elige esta aproximación que él considera clave. Rechaza las enumeraciones, incluso ordenadas, jerarquizadas, y ofrece por el contrario, como vía de abordaje, algo de otro orden.

Hemos de saber cuál es la clave que permitió abrir la puerta y acceder a una dimensión nueva. En el seminario La angustia, se abre una dimensión inédita en relación a lo planteado en los años precedentes. Esta dimensión sigue siendo, en ciertos aspectos, inédita para nosotros porque —es un hecho— los primeros años de la enseñanza de Lacan fijan la noción comúnmente aceptada de cuál ha sido su aportación. El lacanismo lo establece aquello que se sitúa entre el Seminario I y el VI, y, en sus Escritos, hasta «La dirección de la cura...» y «La significación del falo», a lo que se puede añadir la «Observación sobre el informe de Daniel Lagache». En el seminario La angustia, comienza a desbrozarse y a precisarse otro Lacan, por lo que, sin duda, para leerlo es preciso que yo aporte, no una clave, sino hablando con propiedad una brújula.

Un término heterogéneo

Por supuesto, ustedes pueden encontrar allí una gran cantidad de elementos que les reaseguren en esta noción primera de la enseñanza de Lacan. Él mismo se enfrenta a lo que dijo. Cuando se encamina a separarse de la literatura analítica, lo que había dicho queda incluido también en aquello de lo que se desvincula. Por ello, el año siguiente, en el seminario Los cuatro conceptos fundamentales, pone en guardia, en suspenso a quienes le escuchan por primera vez, y les precisa que, si se introducen en su enseñanza a través de sus escritos —publicados por aquel entonces en algunas revistas, antes de ser reunidos en un volumen—, éstos ya tienen fecha. Esta anotación comporta que tienen algo de caducado, sobre todo por lo que aporta el seminario La angustia.

¿Cómo leer este seminario? Como una extracción dificultosa de aquello que Lacan ha dicho y ha dejado contradicciones. La clave que Lacan aporta es una división; una división del Otro por la interrogación del sujeto.


¿De qué se trata en esta división? De volver a situar lo que pasa en el análisis y retomar los conceptos producidos, las teorizaciones hechas, a partir —elemental— de la relación del sujeto con el Otro. Si desplazan un poco la división de este lado, pueden percibir que lo que leen a propósito de la división subjetiva en el seminario La angustia, es lo que el año siguiente encontrará su fórmula en el esquematismo que sostiene la alienación y la separación.


He dicho que La angustia era un taller y es un hecho que Lacan no dio forma de escrito a este seminario, pero lo hizo el año 1964, al comentarlo en el Seminario XI, con este esquema que se encuentra en el seminario, al que se refiere su escrito «Posición del inconsciente»26. El seminario La angustia es el taller de Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. En él se elabora, con dificultades y tropiezos, y disimulando cierto número de términos fundamentales, lo que queda para nosotros señalado con el binario de la alienación y la separación.

La división subjetiva es una división que, de entrada, nos da el sujeto barrado, el sujeto marcado por el significante; pero Lacan le añade un término heterogéneo al significante que llama a minúscula.


Al seguir las formulaciones del seminario La angustia, uno se pregunta de qué lado está este objeto. ¿Está del lado del sujeto o del lado del Otro?


No corrijo a Lacan, le transcribo, me adapto a los meandros de su reflexión sobre este punto. A lo largo del seminario, da respuestas divergentes. ¿De qué lado está el a? Llamo «aportarles una brújula» a darles estas coordenadas de mi lectura, que espero comporten cierta objetividad en relación al texto.

Les responderé a las objeciones que hicieron a la formulación que arriesgué, no para tener razón —me importa poco—, sino para intentar esclarecer de qué se trata para Lacan en la castración y en la angustia de castración.

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