Читать книгу: «Plantas de Canarias»

Fotografía de página anterior: Tabaibal-cardonal en Punta de Teno, Tenerife
Se advierte que las indicaciones relativas a las diversas aplicaciones que puedan tener las plantas (a menudo en el ámbito de la medicina popular) no suponen recomendaciones para el lector y en ningún caso podrán reemplazar la consulta médica. Por consiguiente, tanto los autores como la editorial rechazan de antemano cualesquiera reclamaciones por daños y perjuicios que se les puedan presentar. Del hecho de que algunas especies se cataloguen como venenosas no se podrá concluir que todas las demás sean atóxicas.
Todos los derechos reservados · All rights reserved Este libro no podrá ser reproducido, ni total ni parcialmente, sin el previo permiso escrito de la editora.
© 2019 Editorial Verena Zech, Santa Úrsula (Tenerife)
www.editorial-zech.es
Texto: Peter e Ingrid Schönfelder
Fotos: Peter Schönfelder, excepto pág. 17 inferior izquierda: Félix Manuel Medina; pág. 45 inferior izquierda: Walter Welß; pág. 89 superior derecha: Krzysztof Ziarnek/WikiCommons; solapa trasera: Wolfgang Zielonkowski
Traducción: Jordi Vidal Moral y Stephan Scholz
Diseño de cubierta y libro: Karin Tauer
Ilustraciones: Julia Jankowsky
Composición: Verena Zech
Depósito legal: TF 919-2019
ISBN: 978-84-942578-6-5
eISBN: 978-84-948381-2-5
Impreso en España
Schönfelder
Plantas de Canarias
Flora autóctona


Contenido
Prólogo
Ubicación, formación y colonización
La flora de las Canarias
Pisos de vegetación y clima
Protección de la naturaleza
Siete islas
Uso de esta guía
Especies seleccionadas:
Costas arenosas, dunas
Costas acantiladas
Cardonal-tabaibal
Márgenes de caminos, tierras en barbecho
Bosques termoesclerófilos
Acantilados, barrancos
Bosques de laurisilva, fayal-brezal
Bosques de pino canario
Matorral subalpino
Bibliografía
Índice de las especies
Prólogo
Las islas Canarias también son conocidas con razón como “las islas de la eterna primavera”, pues en enero las temperaturas máximas raramente descienden de los 20 ºC y en agosto apenas sobrepasan los 30 ºC. La temperatura del agua también resulta ideal para el visitante, oscilando de media entre los 18 ºC (de febrero a abril) y los 23 ºC (septiembre y octubre), de manera que es fácilmente comprensible que las islas sean uno de los destinos vacacionales preferidos para muchas personas. A pesar de que muchos turistas prefieren pasar su estancia entre el hotel y la playa, cada vez es mayor el número de los que desean explorar los diversos pisos altitudinales y transitar los bien señalizados caminos, topándose así una y otra vez con especies vegetales desconocidas.
Esta pequeña guía de plantas se dirige sobre todo al citado tipo de excursionistas. Les muestra las especies vegetales más llamativas, explica su significado y cita sus características más destacadas. Al botánico profesional le entusiasma la diversidad de la flora canaria, sobre todo desde que el naturalista alemán Alexander von Humboldt disfrutó de una breve estancia en las islas de camino a Sudamérica en 1799. Si a Darwin no le hubieran impedido desembarcar en Tenerife a causa de una cuarentena por cólera, el insigne científico inglés quizá habría desarrollado su teoría de la evolución en las Canarias, en lugar de en las Galápagos. Sus casi 2100 especies, de las cuales alrededor de una cuarta parte son endémicas, interesan hoy a botánicos de todo el mundo. Las revistas especializadas de difusión mundial describen una y otra vez en sus páginas nuevas especies autóctonas y sus lazos de parentesco se investigan con métodos de genética molecular.
No obstante, esta guía solo puede mostrar una pequeña selección de las especies existentes. Para los más ávidos de conocimiento sobre la materia, existen hoy en día una serie de guías más amplias, redactadas en alemán, inglés y español, que pueden llevarse en la mochila. La flora de las Canarias nos ha apasionado desde nuestra primera excursión por Tenerife, allá por el 1966, lo cual se ha visto reflejado en algunas de nuestras publicaciones anteriores. Como no podía ser de otra manera, hemos disfrutado mucho escribiendo este libro, aunque la selección de especies dominantes en ocasiones no nos ha resultado sencilla.
Peter e Ingrid Schönfelder
Ubicación, formación y colonización
Geográficamente, las islas Canarias se adscriben al continente africano, pero políticamente pertenecen a España y a la Unión Europea. Desde el punto de vista biogeográfico, las Canarias, junto con Madeira, Selvagens, Azores y Cabo Verde, forman parte de la denominada “Macaronesia” (concepto algo controvertido), cuyo rasgo común es el origen volcánico.
Las Canarias surgieron hace millones de años como volcanes situados en el borde de la placa tectónica africana, y su forma se ha ido modificando debido a factores como el vulcanismo, la erosión y las fluctuaciones del nivel del mar. El último episodio volcánico fue una erupción submarina en 2011 frente a la costa sur de El Hierro. Con 22 y 15 millones de años, respectivamente, las islas Fuerteventura y Lanzarote son las más antiguas; las más jóvenes son La Palma y El Hierro, con 2 y 1,2 millones de años, respectivamente. La Gomera y Tenerife, la isla más elevada y ecológicamente más variada, tienen unos 12 millones de años, y Gran Canaria, unos 14. El Pico del Teide (3718 m) es la montaña más alta de Canarias y de toda España. Los geólogos han concebido varias teorías para explicar su formación.

Petroglifos podomorfos de la Montaña de Tindaya (Fuerteventura)
La colonización vegetal se produjo en primera instancia mediante especies con semillas y frutos livianos esparcidos por el viento, y después mediante propágulos que eran transportados por animales. Durante la Era Terciaria, los bosques de laurisilva se propagaron de Europa a las Canarias, donde se han conservado hasta nuestros días.
La colonización humana se produciría, según los conocimientos actuales, hace entre 2000 y 2100 años. Se cree que los primeros colonizadores fueron tribus bereberes procedentes del norte de África. Los habitantes primigenios (en general, denominados guanches y, en sentido estricto, únicamente los asentados en Tenerife) vivían como en la Edad de Piedra, no usaban metales y carecían de transmisión escrita de la lengua. Han dejado números testimonios en todas las islas, de los cuales merecen especialmente una visita las estaciones de grabados rupestres.
Tras unos primeros contactos con los fenicios, en la Antigüedad, y luego con europeos sobre todo a inicios del siglo XIV, en el siglo XV los españoles conquistaron el archipiélago y tomaron posesión del mismo. De esta época data la fundación de las primeras ciudades y la colonización sistemática, momento en que se introdujeron especies vegetales de todo el mundo. La investigación de su flora comenzó con la visita de Alexander von Humboldt en 1799, intensificándose a partir del siglo XIX.
La flora de las Canarias
Según el conocimiento actual, la flora vascular de las islas Canarias abarca unas 2100 especies, si bien las investigaciones hacen que esta cifra se incremente año tras año. Las islas de menor altitud, Fuerteventura y Lanzarote, así como la de menor tamaño, El Hierro, poseen unas 700 especies cada una; La Palma y La Gomera, unas 900. Las dos islas mayores y de mayor altitud, Tenerife y Gran Canaria, son con 1450 y 1300 respectivamente, las que acogen un mayor número de especies. En conjunto, una cuarta parte de ellas son endémicas, esto es, su presencia queda limitada a una o varias islas. El resto de las especies están más extendidas. Algunas están presentes en otros archipiélagos de la Macaronesia, llegando incluso al norte de África y la región mediterránea. Además, se han naturalizado algunas plantas procedentes de otros continentes, pero solo unas pocas han podido penetrar en la vegetación natural o seminatural.
Actualmente, gracias a los métodos de la biología molecular, podemos investigar con mayor exactitud la génesis de la flora canaria, así como la ascendencia y el desarrollo de muchas de sus especies endémicas. El origen de numerosas especies se halla en el área mediterránea y en África occidental, y también podemos hoy en día determinar la edad de las separaciones de las respectivas especies continentales.
Al seleccionar las especies para este libro, hemos escogido sobre todo los endemismos más o menos abundantes, pero también especies extendidas hasta la región mediterránea y especies introducidas que se comportan como autóctonas. A los visitantes les fascina apreciar las plantas ornamentales, a menudo con vistosas flores, allá donde hay suficiente agua disponible. Proceden de todas las partes del mundo, pero no se incluyen en el presente libro porque no pertenecen a la flora nativa.

Pisos de vegetación y clima

Los pisos de vegetación de las islas Canarias. Los colores se corresponden con los expuestos der obigen Karte (según Schönfelder, 2018 a).
La estratificación básica en pisos de la vegetación canaria viene condicionada por el clima: la estructuración clásica diferencia entre pisos bajo las nubes, a la altura de las nubes y sobre las nubes. Las áreas costeras componen una franja de tierra estrecha influida por la maresía: la vegetación costera presenta una flora muy diferenciada, en función de si se trata de arenas o litoral rocoso. Lanzarote, Fuerteventura y Gran Canaria poseen extensas playas de arena, mientras que los litorales rocosos están presentes en todo el archipiélago.
El piso de vegetación que le sigue, caracterizado por las especies de cardonal-tabaibal (piso infracanario) es mucho más extenso en el sur de las islas, donde puede llegar a los 800 m de altitud. Las precipitaciones apenas alcanzan los 200 mm anuales. Además de plantas suculentas, aquí crecen especies arbustivas, pero con un tronco principal, y que en las épocas secas se desprenden de sus hojas. Mientras que el cardonal-tabaibal todavía puebla vastas zonas de las islas centrales y occidentales, el pastoreo intensivo en las islas orientales ha ido generando en su lugar amplias extensiones con vegetación herbácea, sumamente seca en verano.
Por encima de la zona de cardonal-tabaibal, se encuentra la mayor parte de las poblaciones, por lo que del cinturón natural autóctono original formado por bosques termoesclerófilos solo se conservan pequeños vestigios. Climáticamente, este piso representa la transición desde los pisos inferiores secos y cálidos a las áreas boscosas, caracterizándose por la existencia de bosques de determinadas especies arbóreas y arbustivas.
Las vertientes norte y noreste de las islas centrales y occidentales albergan zonas de laurisilva (el llamado “Monteverde”, piso termocanario) que deben su existencia a un clima húmedo y sin heladas durante todo el año. En invierno, aquí quedan atrapadas las nubes de las borrascas, mientras que en verano los vientos alisios de componente noreste suministran la humedad necesaria. Se registran precipitaciones de entre 700 y 1000 mm anuales y temperaturas relativamente suaves todo el año, aportando la niebla la humedad adicional.
En las zonas más secas de los bosques de laurisilva, en sus límites inferior y superior, y también como estadio regenerativo en función del grado de deforestación, crecen bosques de fayal-brezal de hasta 10 m (altura máxima: 20 m) en los cuales, además del brezo, en ciertas zonas predomina la faya endémica de la región Macaronésica.
En las islas de mayor altitud (Gran Canaria, Tenerife y La Palma) hallamos vastas zonas boscosas de pino canario por encima del Monteverde (piso mesocanario), además de poblaciones más pequeñas en La Gomera y El Hierro. Este piso también recibe cierta pluviosidad en verano gracias a las nubes ascendentes de los alisios y sobre todo en invierno a causa de las borrascas. En el borde de las Cañadas los bosques de pino canario de Tenerife alcanzan su límite superior, situado a unos 2000 m, existiendo ejemplares aislados hasta los 2300 m.
El piso subalpino (piso supracanario) está bien desarrollado únicamente en las islas de Tenerife y La Palma, encontrándose la mayor parte del tiempo por encima de las nubes. Se caracteriza por la presencia de varias especies arbustivas, entre las cuales se encuentra la retama blanca del Teide y el tajinaste rojo, de flores rojas y mayor altura que un hombre, que crece también en zonas bajas como planta ornamental.
El piso más elevado, casi carente de vegetación leñosa (piso alpino u orocanario) se encuentra solo en el Pico del Teide de Tenerife y presenta unas pocas especies herbáceas endémicas, entre las que se cuentan la violeta del Teide, observable con algo de esfuerzo en su ubicación natural.
Los márgenes de caminos y sendas y el terreno en barbecho son hábitats especiales que —sobre todo en el piso del cardonal-tabaibal— poseen su propia vegetación, formada en su mayor parte por especies introducidas. Por su parte, los barrancos y riscos abarcan varios pisos de vegetación y suelen llegar hasta los bosques de pinos. En los riscos proliferan las plantas especialmente adaptadas a estos enclaves, como, por ejemplo, las especies del género Aeonium.

Nubes de los alisios de componente este sobre El Pilar (La Palma)

Espacios naturales protegidos de las Canarias (según la “Ley de Espacios Naturales de Canarias” 1995, modificada, (extraído de Schönfelder, 2018 a)
Protección de la naturaleza
Afortunadamente, en Canarias aún existen amplios espacios en estado poco alterado. Es cierto que la actividad urbanizadora, incluida la relacionada con el turismo, las infraestructuras viarias y la agricultura suponen una considerable demanda de espacio, pero también hay grandes áreas poco explotadas y en estado natural, donde pueden sobrevivir muchas especies de animales y plantas. El número creciente de amantes de la naturaleza de todos los países encuentran aquí no solo descanso, sino que también tienen la oportunidad de conocer la singularidad de la naturaleza isleña. Esto ha sido reconocido por las administraciones autonómicas canarias desde hace tiempo, protegiendo extensas áreas bajo distintas categorías. Algunas especies también constan en listas internacionales como la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestre, firmada en Washington (1973), lo que impide que sean objetivos comerciales.
En el mapa adyacente se pueden apreciar las áreas protegidas. Las más importantes son los cuatro parques nacionales: el Parque Nacional de Garajonay, en La Gomera, protege los bosques de laurisilva; el de la Caldera de Taburiente, La Palma, los extensos bosques de pino canario; el Parque Nacional de las Cañadas del Teide, Tenerife, la retama y la violeta del Teide de los pisos superiores; y el Parque Nacional de Timanfaya, Lanzarote, pretende conservar en buen estado los fenómenos de vulcanismo reciente. Los visitantes están sujetos a ciertas restricciones.
Además, en España se diferencian las siguientes categorías de áreas naturales protegidas: • Reserva Natural Integral y Especial • Parque Natural • Parque Rural • Monumento Natural • Paisaje Protegido • Sitio de Interés Científico. Alrededor del 40% de la superficie de las islas Canarias está adscrita a alguna de estas categorías. Además, actualmente, la UNESCO ha declarado extensas áreas como Reservas de la Biosfera.
Todas las especies protegidas (lista española), además de las incluidas en las cuatro listas rojas de distintas categorías —la de la UICN (Unión Internacional para Conservación de la Naturaleza de las NU), la lista española, y las dos de las islas Canarias—, se identifican en el encabezado con el símbolo de protección de la naturaleza
o bien, en aquellas que figuran como “otra especie”, este símbolo se encuentra al final entre paréntesis. Si en las listas rojas solo constan ciertas subespecies, se usa el símbolo (
) entre paréntesis.

Letrero de área natural protegida en el Malpaís de Güímar (Tenerife)
Siete islas
Nos suelen preguntar cuál de las siete islas Canarias es la más bella, la preferida por los visitantes o la más interesante. La respuesta es sencilla: cada isla tiene su propia personalidad y sus propios rasgos, que hacen que merezca la pena visitarla.
El Hierro es la isla más pequeña y más occidental. Esta isla es la menos explotada turísticamente y la menos poblada. Para los excursionistas interesados en la botánica, la isla merece una estancia, pues muestra en poca extensión todos los pisos de vegetación (desde el cardonal-tabaibal junto a la costa a los pinares a 1500 m de altitud). En las vertientes oeste y sur encontramos grandes zonas de lava reciente pobladas por diferentes variantes de cardonal-tabaibal. Por encima, vemos el bosque termoesclerófilo (en este caso un sabinar), formado por árboles moldeados por el viento, entre ellos un ejemplar con la copa doblada hacia el suelo que ha devenido en símbolo herreño. La laurisilva se halla solo en restos en las laderas orientadas al norte sobre Frontera. En cambio, el fayal-brezal, con poderosos troncos de brezo y de faya macaronésica, está muy extendido en la meseta alta. En las vertientes meridionales se extienden bosques de pino canario. Una de las islas más jóvenes del archipiélago es La Palma, uno de cuyos volcanes, el Teneguía, se formó en 1971. En el sur de la isla se puede observar perfectamente la recolonización de los suelos volcánicos recientes. Pero su principal atracción botánica son los bosques de laurisilva del noreste, cerca de Los Tilos y Cubo de la Galga. En el Roque de los Muchachos (2426 m), su pico de mayor altitud, vemos el piso subalpino con su típica vegetación arbustiva. El limítrofe Parque Nacional de la Caldera de Taburiente se extiende con amplios pinares casi hasta el mar. También Cumbre Vieja, que apunta en dirección sur, alberga impresionantes bosques de pinos con bellas rutas de senderismo.
La Gomera es tras El Hierro la isla más pequeña del archipiélago y posee una forma casi redonda. El Garajonay (1417 m de altitud) es su mayor cumbre, cayendo hacia los costados en forma de valles. Al turismo le atrae especialmente el Valle Gran Rey, en el suroeste, conocido desde los años 70 por albergar una colonia hippie. También el valle de Hermigua, abierto al norte, presenta una vegetación diversa. El Parque Nacional de Garajonay es famoso por albergar el mayor bosque continuo de laurisilva.
La isla mayor, más poblada y de mayor altitud es Tenerife. Desde el punto de vista botánico, esta isla es también la más diversa, pues aquí encontramos todos los pisos de vegetación bien representados, desde las costas arenosas y rocosas hasta las regiones alpinas de la cumbre del Teide, careciendo únicamente de los vastos paisajes de dunas de las islas orientales. Tenemos extensas muestras de cardonal-tabaibal tanto en la vertiente sur como en una estrecha franja de la costa norte. El bosque termoesclerófilo está representado por el palmeral canario, por ejemplo en el Barranco de San Andrés, por almacigares, como cerca de Garachico, o el sabinar, sobre Afur. Los bosques de laurisilva y de fayal-brezal existen en las áreas de Teno y de Anaga, en las que los diversos senderos permiten observar especies de interés. Bosques de pino canario de todos los grupos de edad flanquean la cumbre entre La Laguna y el Parque Nacional del Teide. Como la silvicultura actualmente solo se practica a pequeña escala, en las últimas décadas los bosques han proliferado sin trabas. También en la vertiente sur, en torno a Vilaflor, o en la vertiente norte, sobre Aguamansa, podemos encontrar amplias poblaciones de pino canario. El Parque Nacional del Teide, con una buena red de senderos, alberga muestras de matorral subalpino.
Gran Canaria es después de Tenerife y Fuerteventura la isla de mayor extensión, siendo conocida sobre todo por la extensa zona de dunas de Maspalomas. La isla carece de grandes bosques de laurisilva, quedando unos pocos vestigios en el valle de Moya, si bien se está trabajando en su reconstrucción. Sin embargo, los bosques de pino del centro son impresionantes. El Pinar de Tamadaba da cobijo a una serie de peculiaridades botánicas que merecen la pena visitarse. A pesar de que Gran Canaria posee algunos picos elevados, la isla carece de los pisos alpino y subalpino en general. Algo especial, botánicamente, son los acantilados de Andén Verde, situados en el oeste de la isla.

El Roque Nublo (Gran Canaria)
Fuerteventura se halla situada a solo 120 km del continente africano, siendo en su mayor parte semidesértica, al igual que Lanzarote. Es la isla más antigua del archipiélago y está fuertemente marcada por la erosión y las formas paisajísticas suaves. El prolongado e intensivo pastoreo ha provocado que la isla se haya degradado en extremo. En el norte, cerca de Corralejo, observamos vastos paisajes de dunas con su flora característica, así como en el sur, en La Pared. La península de Jandía da cobijo a algunos interesantes endemismos y en su región montañosa también están presentes algunas especies de la laurisilva. En invierno, tras las esporádicas lluvias, toda la isla se vuelve verde y florida. Al noreste hallamos el islote de Lobos, que bien merece una excursión.
La isla de Lanzarote, la más nororiental, es apreciada por sus playas de arena negra y su clima con escasas precipitaciones, porque los alisios pasan por encima de ella. Desde el punto de vista botánico, destacan sobre todo las elevaciones septentrionales. El camino que discurre por las escarpadas pendientes de los Riscos de Famara hoy en día está cortado, pero muestra especies y panorámicas de gran interés. Frente a las costas septentrionales, la isla de La Graciosa es de fácil acceso, pero no así los pequeños islotes deshabitados. El Parque Nacional de Timanfaya muestra fenómenos de vulcanismo jóven, originados por potentes erupciones que se han ido produciendo desde 1730.
Uso de esta guía
Este libro está estructurado según los pisos de vegetación, que van desde el litoral hasta las más altas cumbres. Si se busca una planta determinada, lo más recomendable es empezar por el piso en cuestión en el que se haya observado ésta. En primer lugar, se expone una breve descripción para cada piso, después se reseñan las especies más interesantes en sucesión sistemática (según APG IV, 2016, el nuevo sistema de clasificación de plantas con flores usado actualmente en tratados florísticos), de modo que las especies emparentadas vayan juntas. Todas las plantas tienen una determinada valencia ecológica, por lo que también se pueden localizar en un piso de vegetación adyacente. En las especies más raras, se remite al lector a libros de consulta más completos.
Cada especie va acompañada de un símbolo de protección de la naturaleza (véase pág. 12) y se menciona en qué islas del archipiélago se encuentra. A continuación, aparece el nombre castellano de la planta y el nombre científico generalmente aceptado. Los nombres comunes se basan principalmente en el libro de Machado y Morera (2005) sobre la materia, si bien en cada isla suelen existir otras denominaciones populares de uso habitual. Por último, aparecen las denominaciones en castellano y el nombre científico de la familia de plantas, la altura y el periodo de floración principal (en números romanos I–XII). Junto al encabezado se incluye un detalle característico (normalmente la flor) de la especie principal.
Se incluye una sección en negrita con información general sobre la especie, y en ocasiones con las aplicaciones (antiguas) que la planta tenía en la medicina popular canaria, sin que ello suponga una recomendación de uso. La descripción empieza con la forma biológica y cita sus características más destacadas para su identificación. A continuación, entre paréntesis, se reseña si es una especie que únicamente crece en las Canarias (endemismo) o bien tiene una distribución más amplia. En muchas ocasiones se cita una segunda especie emparentada o similar a la primera (“otra especie”), que se describe brevemente y se ilustra mediante una pequeña fotografía. Las diferencias de tamaño y periodo de floración solo se mencionan cuando difieren significativamente. En ocasiones, esta otra especie puede pertenecer a otro piso de vegetación, lo que ocurre con frecuencia en el caso de los matorrales subalpinos.
Costas arenosas, dunas
El litoral canario presenta extensiones de arena principalmente en sus tres islas orientales mayores, donde se puede disfrutar de playas de arena clara enmarcadas en un extenso paisaje dunar. Mientras que en Lanzarote las playas suelen ser pequeñas, como por ejemplo las de Papagayo, en Fuerteventura y Gran Canaria éstas ocupan amplias superficies, entre las que destacan las dunas de Maspalomas en Gran Canaria. Estas playas no están formadas por arena del Sáhara, sino que ésta procede de las conchas calizas de moluscos, corales y algas calcáreas trituradas por el mar. En Tenerife solo encontramos dunas de reducido tamaño, como las de El Médano. Por el contrario, la amplia playa de baño artificial de Las Teresitas, al noreste de Santa Cruz, está compuesta de arena amarilla del Sáhara transportada desde las costas africanas con barcos. Aquí crecen sobre todo plantas ornamentales. Las playas de las islas occidentales son más reducidas y presentan normalmente una arena más oscura, procedente de rocas de origen volcánico, que no suele formar dunas.
Las playas y dunas de las islas orientales son pobres en vegetación. Son caracteristicos los matorrales de balancón (Traganum moquinii) que estabilizan las crestas de muchas dunas, con escasa presencia de otras plantas. Algunas especies tienen un origen mediterráneo, como la corregüela marina (Polygonum maritimum), la lechetrezna de playa (Euphorbia paralias) y el rábano marino (Cakile maritima). La juncia marina (Cyperus capitatus), también presente en el área mediterránea, suele crecer en dunas consolidadas.

Dunas de Maspalomas, Gran Canaria
Costas arenosas, dunas

Cebollín estrellado de jable 
Androcymbium psammophilum
Colchicáceas
0,02–0,08 m XI–III

Estas plantas llamativamente bellas alegran la vista por sus pequeñas flores blancas, que apenas se alzan sobre la arena y tienen entre 2,5 y 3 cm de ancho, así como por las hojas largamente acuminadas que las rodean, extendidas sobre la arena. Las especies del género Androcymbium contienen alcaloides tóxicos.
Descripción Planta bulbosa con tallo subterráneo y 3-6(-7) flores densamente agrupadas y cortamente pediceladas. Presenta tépalos libres largamente clavados con extremos espatulados y apenas acuminados, blancos y en ocasiones con nervios purpúreos, y estambres verdosos. Hojas verdes o verde-grisáceas, aquilladas, dispuestas en roseta bajo las flores, con anchuras muy variables que oscilan entre 0,5 y 4 cm. Al igual que la especie siguiente, es un endemismo canario escaso.

Otra especie El cebollín herreño (2 subespecies) es similar, pero presenta tépalos nítidamente acuminados con base de color púrpura oscuro o con densas estrías púrpuras, y estambres también de color púrpura oscuro (
terrenos abiertos en el dominio del cardonal-tabaibal, solo en H, P, G).
Cebollín estrellado herreño Androcymbium hierrense

Costas arenosas, dunas

Uva de mar común
Tetraena fontanesii (Zygophyllum fontanesii)
Zigofiláceas
0,1–0,6 m I–VI

Pequeño arbusto carnoso densamente ramificado, del que solo observando atentamente se puede distinguir lo que son tallos, hojas y frutos, estos últimos de forma y color muy similares a las hojas. Según la tradición, esta especie servía de alimento a los habitantes preeuropeos de las islas.
Descripción Hojas cilíndricas u ovadas, opuestas, fina y cortamente tomentosas, verdes o verde-grisáceas al inicio y después amarillentas o naranjas, simples o con dos foliolos. Flores poco llamativas, con 5 pétalos blancos o rosados de 4 mm de largo y sépalos tomentosos a menudo teñidos de rojizo. Sus cápsulas de 5-7 mm, carnosas y esféricas, se abren por 5 valvas (también en costas rocosas, Canarias, Cabo Verde y noroeste de África).

Otra especie La uva de mar moruna (2 subespecies) es más escasa. Se distingue sobre todo por su color rosa púrpureo o verde grisáceo y por sus frutos compactos, alargados y acanalados, con el extremo acampanado (
también en terrenos rocosos, T, C, F, Cabo Verde, norte de África).
Uva de mar moruna Tetraena gaetula (Zygophyllum gaetulum)

Costas arenosas, dunas

Corazoncillo canario
Lotus sessilifolius
Fabáceas
0,1–0,3 m XII–IV

Las especies de flores amarillas de corazoncillo están presentes en todos los pisos de vegetación, muchas de ellas solo en una isla o incluso en un área muy restringida de ésta. La mayoria son endémicas y algunas están en peligro de extinción. Si no se conoce la isla y el hábitat de procedencia, no siempre son sencillas de identificar.
Descripción Planta tendida o erguida, densa o escasamente pubescente, con base algo leñosa. Hojas con raquis ± inexistente, por lo que aparentan hojas digitadas pentafolioladas; foliolos estrechos y lineales de hasta 1 cm de largo. Presenta 1-6(-8) flores largamente pedunculadas. En El Hierro esta especie ocurre en una subespecie densamente tomentosa, con foliolos más cortos y menor número de flores en la inflorescencia (costas arenosas y rocosas, endemismo canario).

Otra especie El corazoncillo de Lanzarote, densamente tomentoso, forma a menudo grandes pulvínulos. Foliolos cortamente estipitados, ovados con ápice agudo o bien redondeados, con el par inferior más pequeño, casi de igual long. que el raquis. Flores en grupos de 1-5, estandarte con nerviación roja; a veces toda la flor es amarilla-anaranjada (F, L, Madeira, endémico).
Corazoncillo de Lanzarote Lotus lancerottensis

Costas arenosas, dunas

Patacamello
Neurada procumbens
Neuradáceas
0,05–0,15 m II–VI

Los frutos de la patacamello llegaron con los dromedarios importados hace unos 600 años de Marruecos a Gran Canaria para servir de animal de trabajo en la agricultura. La planta encontró un hábitat ideal en los valles interdunares de Maspalomas, que sigue siendo su única localidad en Canarias. Suele crecer tapada por la arena y no siempre es visible, por lo que sus frutos, en forma de disco y espinosos en su parte superior, aparte de quedarse enganchados a los pies de los dromedarios, pueden clavarse dolorosa e inesperadamente en los pies de los turistas.
Descripción Plantas anuales, tendidas sobre la arena, con tomento lanuginoso. Hojas verde-grisáceas, pecioladas, oblongo-ovadas, ± profundamente sinuado-lobuladas. Flores pequeñas, asentadas individualmente en las axilas de las hojas, con corola pentámera, blanca y nervada, de unos 2 mm de longitud, y sépalos espinulosos. Frutos con una sola semilla, leñosos y durables, de unos 2 cm de anchura; la parte central superior con estilos endurecidos y agrandados y la parte inferior lisa (origen: norte de África a Afganistán).

Fruto de
Neurada procumbens

Costas arenosas, dunas

Tomillo marino pardo
Frankenia capitata
Franqueniáceas
0,1–0,3 m (I–)III–XI

El género Frankenia es el único dentro de las franqueniáceas, una familia de plantas desconocida para los centroeuropeos pero presente también en la región mediterránea. A pesar de encontrarse en todos los continentes, estas plantas suelen restringrirse a áreas moderadamente cálidas. Todas las especies son halotolerantes.
Descripción Arbusto postrado con ramas oscuras, castaño-rojizas y pubescentes. Hojas verticiladas, ciliadas en la base, con bordes fuertemente revolutos por lo que aparentan lineales; a menudo con incrustaciones salinas blancas. Flores en densas inflorescencias capitadas en los extremos de las ramitas, con 5 pétalos de color rosa estrechados en la base, de 4-6 mm de longitud; cáliz con pelos patentes (endemismo canario).

Otra especie El tomillo marino común posee hojas glabras, pecioladas y no ciliadas en la base, lineales o raramente más anchas, apenas revolutas. Flores dispersas en la parte superior del tallo, con cáliz glabro y pétalos rosados o blancos (enclaves arenosos o rocosos cercanos al mar, todo el archipiélago Canario, Cabo Verde, Mauritania).
Tomillo marino común Frankenia ericifolia

Costas arenosas, dunas

Tarajal canario 
Tamarix canariensis
Tamaricáceas
2–6 m IV–VIII

Los tarajales son plantas ornamentales apreciadas cuyas numerosas especies se hallan extendidas por Europa, África del Norte y Asia. A pesar del nombre “canariensis”, el tarajal canario también se da en la región mediterránea occidental. Ha sido usado, entre otras cosas, para obtener un tinte negro.
Descripción Arbusto o pequeño árbol. Ramas jóvenes rojizas o marrones, finamente verruculosas, con hojas escuamiformes adpresas de unos 2 mm de longitud, verde-grisáceas y provistas de glándulas salinas. Inflorescencias amentiformes en los brotes del presente año, de 1,5-5 cm de longitud y 3-5 mm de grosor. 5 pétalos blanco-rosados de 1,5 mm. Semillas con vilano (desembocaduras arenosas de ríos y de barrancos; Canarias, Cabo Verde, área mediterránea occidental).

Otra especie El tarajal africano posee hojas verdes escuamiformes con márgenes traslúcidos, y las inflorescencias, que miden 3-7 cm de longitud y 5-8 mm de grosor, se desarrollan en brotes de años anteriores. Pétalos blancos de 2-3 mm (T, C, F, L, también plantado como árbol ornamental, Azores, área mediterránea occidental y central).
Tarajal africano Tamarix africana

Costas arenosas, dunas

Saladillo blanco común
Polycarpaea nivea
Cariofiláceas
0,05–0,3 m XII–V

En Canarias existen un total de 9 especies de este género, de las cuales 7 son endémicas de las islas. Incluso en plena época de floración, es preciso agacharse y mirar de cerca para encontrar sus escasas florecillas abiertas entre los numerosos capullos cerrados.
Descripción Plantas bajas, variables, leñosas en la base, con hojas lanceoladas a ovadas, carnosas, ± blanco-plateadas, de hasta 1 cm de longitud. Flores diminutas pentámeras en densas inflorescencias glomerulares. Pétalos estrechos, blanquecinos y traslúcidos, de igual longitiud que los sépalos. Éstos tienen un ancho margen blanco membranáceo y el interior verde, mientras que su parte externa frecuentemente es rojiza (Canarias, Cabo Verde y noroeste de África).

Otra especie La pataconejo carnosa es fácilmente identificable por sus hojas glabras, generalmente con pruina azul-verdosa, algo carnosas, ovado-espatuladas o casi orbiculares. Inflorescencias densas, casi esféricas; corola poco llamativa y de color amarillo verdoso (acantilados costeros, G, T, C, endemismo canario).
Pataconejo carnosa Polycarpaea carnosa

Costas arenosas, dunas

Balancón 
Traganum moquinii
Amarantáceas (Quenopodiáceas) 0,5–2 m III–IV

Este extraño arbusto con ramas blanquecinas horizontales o ascendentes densamente provistas de hojas se puede reconocer de lejos. Suele crecer aisladamente en las crestas de las dunas, creando un efecto decorativo; también puede formar poblaciones. Como los bañistas usan el balancón como árbol de sombra, el turismo supone un cierto peligro para la especie.
Descripción Hojas carnosas, verde-grisáceas y sésiles, ovadas a oblongas, planas en su parte superior, semicirculares en perfil transversal, obtusas, con ápice diminutamente apiculado y un mechón de pelos en la base. Flores pentámeras solitarias en las axilas de las hojas, muy pequeñas, de color amarillo y densamente pelosas, con 2 brácteas similares a hojas en cada una. Pequeños frutos con dos apéndices callosos (Canarias, Cabo Verde, Marruecos).

Otra especie La matabrusca negra es más fácilmente identificable durante su fructificación (VIII–IV), cuando los apéndices de los 5 pequeños tépalos se convierten en vistosas alas membranáceas, amarillentas o rojizas (todo el archipiélago, excepto H, endemismo canario).
Matabrusca negra Salsola divaricata

Costas arenosas, dunas

Algahuera
Bassia tomentosa
Amarantáceas (Quenopodiáceas) 0,1–0,5 m XI–IV

En la vegetación costera son características las plantas con hojas gruesas y carnosas y flores a menudo poco llamativas, como las encontramos en las quenopodiáceas (Chenopodiaceae). Actualmente, esta familia ha sido incluida dentro de las amarantáceas.
Descripción Pequeño subarbusto gris-verdoso, peloso y muy ramificado. Sus hojas, de hasta 1 cm de longitud, son carnosas y semicilíndricas; las superiores están situadas de forma densa, casi imbricada, y tienen forma ovada a redondeada. Flores diminutas y amarillas, entre 1 y 3 en las axilas de las hojas superiores, con periantio pequeño y membranáceo de 2,5 mm, no aumentando de tamaño en época de fructificación. Estambres muy salientes (Canarias, Madeira, noroeste de África).

Otra especie El matomoro brusquillo, glabro, primero gris-verdoso y después rojizo, presenta hojas brevemente pecioladas de unos 5 mm de longitud, carnosas y en forma de gota, ligeramente cóncavas en su parte superior. Flores axilares diminutas con llamativos estambres amarillos. Frutos sin alas membranáceas (T, C, F, L, sur del área mediterránea).
Matamoro brusquillo Suaeda vermiculata

Costas arenosas, dunas

Camellera
Heliotropium erosum
Boragináceas
0,2–0,4 m II–VIII

Esta planta de la familia de las boragináceas ha cambiado varias veces de nombre científico. Como se han encontrado alcaloides en muchas especies del género Heliotropium, se recomienda evitar las aplicaciones farmacéuticas que se suelen indicar en la medicina popular, hasta que estas especies se hayan analizado con mayor profundidad. La camellera contiene alcaloides pirrolicidínicos como la heliotrina, que pueden causar intoxicaciones en animales herbívoros.
Descripción Plantas con base leñosa, postradas o ascendentes, gris-verdosas, finamente pelosas y con cerdas blancas. Las hojas son casi sésiles, ovado-romboidales, con margen ondulado-crenado y revoluto. Flores aromáticas con garganta amarilla y margen pentalobulado blanco de unos 3-4 mm de anchura (también en Madeira, Cabo Verde y África).

Otra especie La hierba verruguera es anual y se distingue de la camellera por sus hojas pecioladas suavemente tomentosas, planas y de borde entero. Las flores son inodoras (barbechos, márgenes de caminos, P, T, C, F, L, Madeira, Azores, región mediterránea hasta Centroeuropa).
Hierba verruguera Heliotropium europaeum

Costas arenosas, dunas

Aulaga
Launaea arborescens
Asteráceas
0,3–1,5 m XII–VI

Las ramitas muertas y endurecidas de este arbusto de porte semiesférico actúan como espinas y pueden causar dolorosas heridas. El jugo lechoso de la planta desprende un desagradable olor; al ser comida por las cabras, perjudica el sabor de su leche, queso y carne. Debido a su contenido en sustancias amargas, las flores de la aulaga se usaban para estimular el funcionamiento de hígado y vesícula y también como laxante.
Descripción Arbusto redondeado, glabro, gris-verdoso y con ramas en zigzag. Solo las plantas jóvenes y algunas más viejas en invierno presentan hojas, que son carnosas y caducas. Capítulos florales con flores liguladas amarillas y brácteas involucrales de ancho borde membranáceo. Terrenos arenosos costeros, también a mayor altitud en zonas de cardonal-tabaibal (Canarias, Madeira, Cabo Verde, noroeste de África y suroeste de España).

Otra especie La aulaguilla es herbácea y tiene una roseta basal de hojas parecidas a las del diente de león (Taraxacum), adpresa al suelo. Presenta una inflorescencia de máximo 0,4 m de altura (todo el archipiélago canario, sur de la región mediterránea hasta Afganistán).
Aulaguilla Launaea nudicaulis

Costas acantiladas
Las costas acantiladas están ampliamente distribuidas en Canarias, cayendo más de cien metros en vertical en algunos lugares, como en los acantilados de Los Gigantes (Tenerife) o las lisas columnas de basalto de Los Órganos (La Gomera), estas últimas casi carentes de vegetación. En otros casos (Andén Verde, Gran Canaria), los riscos pueden presentar una disposición escalonada, con numerosos andenes en los que se desarrollan algunas especies. A menudo, en la base de los acantilados hay playas de callaos y guijarros. La vegetación de los acantilados costeros debe su existencia a su adaptación a la maresía o spray salino, que sobre todo durante los temporales puede alcanzar más de 100 m de altitud. Algunas plantas logran esta adaptación mediante tallos suculentos, como la siempreviva de saladar o la tolda, otras lo hacen mediante hojas crasas, como la lechuga de mar o el hinojo marino, extendido por toda el área mediterránea. Ciertas especies, como la siempreviva de mar, pueden excretar la sal mediante glándulas. A pesar de que el número de especies y ejemplares no es muy elevado en los acantilados, se han desarrollado interesantes endemismos en estos enclaves de condiciones extremas. Algunos son muy escasos, como las dos especies de piñamar y las especies de pulicaria. También por encima de la zona de influencia de la maresía, los acantilados pueden ser interesantes, albergando endemismos como la cerraja de Famara (Reichardia famarae) o la lechuguilla de Teno (Tolpis crassiuscula). Algunas plantas, como la uva de mar común, crecen tanto en costas rocosas como en playas de arena.

Acantilado de Andén Verde, Gran Canaria
Costas acantiladas

Tolda
Euphorbia aphylla
Euforbiáceas
0,4–0,8 m III–VII

Las especies de euforbiáceas presentan muy diversas formas de crecimiento, pero tienen en común un tipo de inflorescencia muy específica, aunque poco llamativa: el ciatio, también descrito como pseudanto, que está compuesto por 4 (5) glándulas nectaríferas y una sola flor femenina central rodeada por flores masculinas, cada una reducida a un solo estambre.
Descripción Arbusto denso, glabro, con ramas verdes o verde-grisáceas, ± erectas, cilíndricas, articuladas y carnosas, de hasta 7 mm de grosor, que segregan un jugo blanco lechoso muy tóxico. La planta carece totalmente de hojas, de ahí su denominación científica. Sus flores amarillo-verdosas son diminutas y se hallan en los extremos de las ramas; en época de fructificación desarrollan cápsulas marrón-rojizas tricamerales. (Se desarrolla en laderas rocosas expuestas al viento marino, sobre todo en las costas septentrionales de las islas, endemismo canario). En algunas raras ocasiones, esta especie produce híbridos con la tabaiba amarga (Euphorbia lamarckii) o la tabaiba majorera (E. atropurpurea forma lutea).

Tolda Euphorbia aphylla

Costas acantiladas

Siempreviva de mar
Limonium pectinatum
Plumbagináceas
0,05–0,3 m I–VI

El grupo de las siemprevivas está representado en Canarias con 18 especies endémicas, de las cuales la mayoría solo están presentes en una o dos islas. Muchas de estas plantas tienen áreas de distribución reducidas que en ocasiones son de difícil acceso. La siempreviva de mar es la especie más común y extendida.
Descripción Esta pequeña planta polimorfa de base leñosa, erguida o a veces también postrada, presenta numerosas rosetas de hojas. Son verdes o verde-grisáceas, ± anchamente espatuladas, y tienen solo hasta 5 cm de longitud. Escapos florales apenas alados. Flores poco llamativas, de color violeta claro o blanco, cáliz blanquecino en el interior y con base rojiza (costas rocosas y arenosas, endemismo canario).

Otra especie En época de floración, las hojas de la siempreviva zigzag suelen estar ya secas. Sus tallos en forma de zigzag, no alados, presentan numerosas ramitas no florecidas que están cubiertas de glándulas papilosas blancas. Flores de color violeta pálido con cálices blanquecinos (
F, L, endemismo canario).
Siempreviva zigzag Limonium papillatum

Costas acantiladas

Siempreviva de El Fraile 
Limonium frutescens
Plumbagináceas
0,2–0,5 m II–IV

Los endemismos aquí presentados son especies propias de los acantilados costeros, pero hay otras que crecen a cotas más elevadas. Casi todas son infrecuentes y se hallan en peligro de extinción por la destrucción de sus hábitats naturales. Hoy en día se cultivan con éxito muchos híbridos, muy apreciados como plantas ornamentales.
Descripción Ejemplo de una siempreviva pequeña y de base leñosa. Tiene hojas glabras, brevemente pecioladas, anchamente ovadas y levemente onduladas en los bordes. Los escapos florales del tronco principal presentan alas muy estrechas y pedúnculos florales con apéndices obtusos. Cáliz azul, crenulado, y colola blanca (endemismo de Tenerife, área septentrional).

Otra especie La siempreviva imbricada es fácilmente reconocible por su roseta compuesta por hojas suavemente tomentosas con grandes lóbulos finales y segmentos que se solapan entre sí a modo de tejas (imbricados). Los escapos de las inflorescencias presentan anchas alas onduladas. Corolas blancas dispuestas en amplios cálices violetas (
P, T, en el norte, endemismo canario, 0,1-0,3 m, II–VI).
Siempreviva imbricada Limonium imbricatum

Costas acantiladas

Piñamar 
Atractylis preauxiana
Asteráceas
0,1–0,3 m III–V

Las dos especies de piñamar son notables endemismos canarios muy escasos. Sobreviven unas cuantas poblaciones en acantilados y más raras veces en suelo arenoso, estando en peligro de extinción por la creciente urbanización del litoral y por la ampliación de la red viaria.
Descripción Subarbusto pulvinular postrado de color gris plateado, con indumento esparcido o denso. Hojas lineales a oblanceoladas, con ápice mucronado. Capítulos florales de unos 15 mm de anchura, situados de forma individual en los extremos de las ramas, con escasas lígulas blancas o rosadas, pentadentadas, y algunos flósculos. Brácteas involucrales flocosas, imbricadas, con borde marrón-rojizo y una fina espina oscura.

Otra especie La piñamar mayor forma arbustos semiesféricos de mayor altura (0,2-0,5 m). Sus hojas son estrechas, lineales o falciformes, y poseen un tomento plateado y ápices espinosos. Las brácteas involucrales tienen un reborde marrón oscuro y espinas ± largas y oscuras en el ápice (
C, L, 2 subespecies).
Piñamar mayor Atractylis arbuscula

Costas acantiladas

Cabezón de Teno 
Cheirolophus burchardii
Asteráceas
0,3–1,5 m IV–VII

Por sus capítulos florales las plantas del género Cheirolophus recuerdan a las especies europeas del género Centaurea. No obstante, todas las especies son arbustivas y se limitan a pequeñas áreas de una sola isla, constituyendo el cabezón de la cumbre (véase pág. 168) la única excepción. Los involucros de estas plantas presentan importantes rasgos distintivos para su determinación.
Descripción Arbusto rupícola finamente tomentoso. Hojas en general todas enteras, con bordes ligera e irregularmente aserrado-dentados. Las flores son de color púrpura; brácteas involucrales con apéndices en forma de media luna, regularmente pectinados y con anchos bordes decurrentes (endemismo de Tenerife, solo en el noroeste de la isla).

Otra especie El cabezón de Gran Canaria, de hasta 3 m de altura, posee ramas glabras. Sus hojas son glandulares y pegajosas, brillantes, lanceoladas y finamente aserradas. Capítulos violáceo-rojizos; brácteas involucrales con pequeños apéndices laciniados (
acantilados, 400-800 m, C, endémico).
Cabezón de Gran Canaria Cheirolophus arbutifolius

Costas acantiladas

Magarza común 
Argyranthemum frutescens
Asteráceas
0,2–0,8 m I–XII

Las 19 especies endémicas de magarza canaria se han adaptado a diferentes zonas climáticas. La especie costera que presentamos es una de las muchas apreciadas como ornamental, conociéndose en Europa como “margarita arbustiva”. En medicina popular, el té amargo hecho con los ápices floridos se usa como remedio para dolencias estomacales, pero hoy se sabe que el contacto con la planta puede producir reacciones alérgicas en la piel.
Descripción Especie muy variable con hojas ± carnosas, uni-, bi- o tripinnatisectas, verdes o glaucas, glabras o con indumento áspero en el envés. Capítulos florales sobre pedúnculos largos y glabros. Sus involucros miden 6-22 mm de anchura y sus lígulas 4-15 mm de largo (costas, ascendiendo hasta el área del cardonal-tabaibal).

Otra especie La magarza grácil presenta hojas ahusadas, en general tripinnadas, verdes y glabras. Involucros de 6-12 mm de anchura y lígulas de 10-14 mm de largo (áreas de cardonal-tabaibal, subiendo hasta los pinares, endemismo de Tenerife, frecuente en el suroeste de la isla, II–X).
Magarza grácil Argyranthemum gracile

Costas acantiladas

Pulicaria purpurarea 
Pulicaria canariensis
Asteráceas
0,1–0,2 m (XII–)II–IV

El nombre canario de la especie se basa en la antigua denominación de “Purpurarias” para Lanzarote y Fuerteventura. Allí se obtenía un tinte púrpura del líquen llamado orchilla (Roccella tinctoria), un producto que ya era codiciado por los fenicios como objeto de comercio.
Descripción Planta de porte bajo con raíz principal gruesa y leñosa y una roseta compuesta de hojas anchamente espatuladas, de borde entero o algo sinuado-dentado, con tomento lanuginoso ± denso. Capítulos florales de 3,5-4,5 cm de anchura, situados de forma individual sobre pedúnculos sin brácteas. Involucros semiesféricos, con brácteas glandular-tomentosas dispuestas en varias filas; lígulas y flósculos de color amarillo intenso (playas de guijarros, acantilados junto al mar, endemismo de F y L).

Otra especie La pulicaria majorera, provista de tomento corto blanco-plateado, posee hojas estrechas, de borde entero y ápice obtuso, y capítulos de solo 15-17 mm de ancho situados individualmente sobre los ápices de los tallos foliados. Lígulas de color amarillo claro y flósculos más oscuros (
costas arenosas de F, Cabo Verde y suroeste de Marruecos).
Pulicaria majorera Pulicaria burchardii

Costas acantiladas

Salado blanco
Schizogyne sericea
Asteráceas
0,3–1 m II–VI

La nomenclatura latina del género Schizogyne hace alusión al estigma profundamente hendido de sus pequeñas flores. Recientemente, los aceites esenciales de estas plantas, usadas tradicionalmente como paliativos contra el dolor y las inflamaciones, han sido sometidos a análisis más exhaustivos. Algunos de sus componentes podrían justificar una aplicación médica más amplia en un futuro.
Descripción Arbusto con fino tomento blanco-plateado. Hojas de 3-5 cm de largo, lineales y algo carnosas. Capítulos dispuestos en forma de umbela, de 5-6 mm de anchura. Carecen de lígulas y tienen flósculos amarillos un poco más largos que las brácteas involucrales, membranáceas y dispuestas en varias filas. Pequeños frutos con escamas y una hilera de cerdas ásperas (desde el litoral hasta el área inferior del cardonal-tabaibal, endemismo canario).

Otra especie El salado verde solo se da en la isla de Gran Canaria, sobre todo en el sur. Sus hojas son carnosas, verdes y glabras (
endemismo de Gran Canaria).
Salado verde Schizogyne glaberrima

Costas acantiladas

Lechuga de mar, servilleta
Astydamia latifolia
Apiáceas
0,1–0,4 m XII–IV

En el área influenciada por la maresía de los acantilados costeros se encuentra la lechuga de mar. Luce un color verde fresco. Las hojas se secan pronto en verano, pero persiste una larga y profunda raíz carnosa que vuelve a brotar con las primeras lluvias. Sus hojas y tallos jóvenes muestran propiedades digestivas y diuréticas, tienen un ligero sabor a apio y se usan ocasionalmente en pequeñas cantidades como condimento de ensaladas.
Descripción Planta perenne vigorosa con hojas carnosas irregularmente pinnadas, sus segmentos ancha y distantemente dentados. Las umbelas presentan flores amarillas y numerosas brácteas y bracteolas. Los frutos maduros son marrones, están ensanchados por los lados y tienen 3 costillas (también en Madeira y Marruecos).

Otra especie El perejil de mar, frecuente en acantilados marinos calizos del área mediterránea, posee hojas carnosas, glaucas, pinnadas o bipinna das y con segmentos lineales. En Canarias es poco frecuente, estando totalmente ausente en Lanzarote (I–XII).
Perejil de mar Crithmum maritimum

Cardonal-tabaibal
El cardonal-tabaibal forma un cinturón por encima de las costas rocosas y arenosas. Debe su nombre a plantas de tallos suculentos como el cardón canario, el verode y los cardoncillos. Sin embargo, las especies dominantes son ciertas euforbias arbustivas, llamadas “tabaibas”, cuyas especies se van sustituyendo unas a otras tanto a lo largo de las diferentes zonas altitudinales como en las distintas islas. En el verano, y en caso de ausencia de lluvias todo el año, estas plantas carecen de hojas, apareciendo penachos de hojas e inflorescencias en los extremos de las ramas tras las lluvias.
La tabaiba dulce está presente en todo el archipiélago, formando poblaciones por encima de la vegetación costera; altitudinalmente, a los tabaibales dulces en las islas occidentales les sigue sobre todo la tabaiba amarga (en el sur llega a 800 m de altitud), mientras que en las islas orientales se encuentra la tabaiba salvaje. En la franja más elevada del cardonal-tabaibal (hasta 1200 m de altitud) vive la tabaiba majorera (oeste de Tenerife). Creciendo entre las tabaibas se encuentran plantas endémicas perennes, a menudo leñosas; tras las lluvias aparecen además muchas especies anuales de origen mediterráneo. Mientras que el cardonal-tabaibal puede ascender en el sur hasta los pinares, en el norte a menudo se limita a formar estrechas franjas. Actualmente, esta zona se encuentra interrumpida por asentamientos, urbanizaciones y cultivos, y por pastos en las islas orientales. Los campos de cultivo abandonados de las islas occidentales son recolonizados pronto por la tabaiba amarga, que vuelve a ser la especie dominante.

Cardonal-tabaibal en Malpaís de Güímar, Tenerife
Cardonal-tabaibal

Cebolla almorrana mayor
Scilla latifolia
Asparagáceas
Hasta 0,5 m XII–I

Las especies del género Scilla, también las de Canarias, son altamente tóxicas, por lo que sus bulbos no son en ningún caso aptos para el consumo. Contienen glucósidos esteroideos cardioestimulantes (bufadienoloides) que son empleados con prescripción médica en casos de insuficiencia cardíaca.
Descripción Planta de floración invernal con un gran bulbo y entre 3 y 6 hojas basales de 4-5 cm de anchura, lanceoladas y que toman a menudo un color violáceo en época de floración. Flores azules hexámeras con perigonios de 4-6 mm extendidos en forma de estrella, densamente dispuestas en racimos largos y en ocasiones ramificados. Frutos carnosos, primero verde-oscuros y después de color naranja (área del cardonal-tabaibal superior, también en Marruecos).

Otra especie La cebolla almorrana menor es una planta más grácil y pequeña, con bulbos de hasta 1 cm. Hojas basales lanceoladas, por lo general solo 2 o 3, de hasta 1,5 cm de ancho. Escapo floral rojizo, flores hexámeras de 3 mm de largo y color azul violeta en racimos simples laxos (a menudo cerca de la costa, todo el archipiélago, endémica, hasta 0,2 m, I–IV).
Cebolla almorrana menor Scilla haemorrhoidalis

Cardonal-tabaibal

Esparraguera espinablanca 
Asparagus pastorianus
Asparagáceas
0,5–1 m VII–X

Cuando se habla de esparragueras, se piensa en los sabrosos brotes tiernos que comemos como verduras. Pero existen varias especies arbustivas endémicas que también son ocasionalmente utilizadas por los isleños. El efecto diurético del rizoma y las ramas es bien conocido en la medicina popular. El nombre científico de esta especie alude a L. Pastor, un amigo del descriptor de la misma.
Descripción Arbusto muy ramificado con sólidas espinas. Cladodios (brotes cortos en forma de hoja que hacen la fotosíntesis) en grupos de 8-30, no punzantes, de 12-40(-70) mm de largo. Flores dispuestas en grupos de 6-20 en forma de umbelas, perigonios de unos 3 mm de longitud, blancos. Bayas de color rojo (Canarias, Marruecos).

Otra especie Las ramas de la esparraguera común son trepadoras, presentando estrías longitudinales papilosas y cladodios rígidos, acanalados y ásperos, de 6-20 mm de largo. Flores entre 4 y 15, campanuladas, de 5-7 mm longitud, blanco-amarillentas. Bayas amarillentas o de color naranja (
H, P, G, T, C, F, Madeira, planta hasta 5 m de altura, III–V).
Esparraguera común Asparagus umbellatus

Cardonal-tabaibal

Esparragón 
Asparagus arborescens
Asparagáceas
2–3 m IX–I

El esparragón hace honor a su nombre, pues suele sobresalir por encima de los arbustos que componen el cardonal-tabaibal con sus poderosos tallos y sus escasas ramas lisas divaricadas, por lo que es identificable desde bastante distancia. ¡Las bayas de las especies de esparraguera no son comestibles!
Descripción Cladodios dispuestos en los extremos de los tallos, individuales o en grupos de 2-4(-8), erectos o extendidos horizontalmente, de 4-12 cm de largo y 0,6-1,2 mm de ancho. Flores blanquecinas, en grupos de 1-4(-8), con involucros campanulados y más tarde extendidos, de unos 4 mm de longitud. Bayas de color naranja (endemismo canario).

Otra especie El esparragón colgante (compárese con el balo, pág. 51) puede llegar a la misma altura, si bien sus ramas son flexibles y péndulas en los extremos. Cladodios de 20-35 mm de largo, menos patentes y en grupos de solo 1-3(-6). Flores en general individuales, con perigonio blanquecino de 3-4 mm de longitud; bayas rojizas (
desde la costa hasta los pinares y el fayal-brezal, P, G, T, C, endemismo canario).
Esparragón colgante Asparagus plocamoides

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