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EL DELITO TELEVISADO
La presentación del delito en los medios de comunicación es parte de un circuito productivo integral que incluye las condiciones de estructuración del sector de las comunicaciones, las rutinas de trabajo, los criterios, operaciones y encuadres editoriales, su puesta en el aire y su recepción por parte del público. Comprender la configuración discursiva del delito, la violencia y la inseguridad requiere la sistemática observación y el análisis de la trastienda de la producción informativa y de su materialidad precaria, como también de los sentidos asignados a las piezas noticiosas por parte de la audiencia. Así se troquela la agenda mediática y su diálogo con la pública.
Con esa tesis, este libro presenta los resultados de un equipo de investigadores del campo de las ciencias sociales que abordó el estudio integral del circuito productivo de las noticias sobre delito, violencia e inseguridad en los noticieros televisivos de las cuatro ciudades más grandes de la Argentina, entre 2016 y 2020.
En palabras de Silvio Waisbord, “el libro contribuye a desentrañar la recepción de la noticia, en cuanto ofrece evidencia y argumentos que problematizan los nexos entre contenido, impacto y variables sociales”.
Gabriel Kessle es investigador principal del Conicet y profesor titular en la Universidad Nacional de La Plata y en la Escuela IDAES de la Universidad Nacional de San Martín. Sus libros más reciente son (con Gabriela Benza) Uneven Trajectories: Latin American Societies in the Twenty-First Century (2020) y La ¿nueva? estructura social de América Latina (2021).
Martín Becerra es investigador principal del Conicet y profesor titular de la Universidad Nacional de Quilmes y de la UBA. Es doctor en Ciencias de la Información (UAB). Sus libros más recientes son Grupo Clarín: From Argentine Newspaper to Convergent Media Conglomerate (con Guillermo Mastrini y Ana Bizberge, 2021) y La concentración infocomunicacional en América Latina (2000-2015) (con Guillermo Mastrini, 2017).
Natalia Aruguete es investigadora adjunta del Conicet y profesora titular de la Universidad Nacional de Quilmes. Es doctora en Ciencias Sociales (UNQ). Sus principales libros son Fake news, trolls y otros encantos: cómo funcionan (para bien y para mal) las redes sociales (en coautoría con Ernesto Calvo, 2020) y El poder de la agenda: política, medios y público (2015).
Natalia Raimondo Anselmino es investigadora adjunta del Conicet y docente de grado y posgrado en la Universidad Nacional de Rosario, la Universidad Abierta Interamericana y otras universidades argentinas. Es doctora en Comunicación Social por la UNR y sus investigaciones se inscriben en el campo de la semiótica de las mediatizaciones y de la semiodata.
GABRIEL KESSLE, MARTÍN BECERRA, NATALIA ARUGUETE Y NATALIA RAIMONDO ANSELMINO
(editores)
EL DELITO TELEVISADO
Cómo se producen y consumen las noticias sobre inseguridad y violencia en la Argentina
2016.2020

Índice
Cubierta
Acerca de este libro
Portada
Introducción, por Gabriel Kessler, Martín Becerra, Natalia Aruguete y Natalia Raimondo Anselmino
Estudio integral del circuito productivo de las noticias: un desafío teórico y metodológico, por Natalia Raimondo Anselmino, Natalia Aruguete, Gabriel Kessler, Martín Becerra y Ornela Caboni Concentración estructural y centralización geográfica La organización del trabajo: rutinas productivas El contenido de las noticias y su construcción discursiva Recepción de noticias Puente hacia los siguientes capítulos
La televisión abierta de las grandes ciudades argentinas: estructura subordinada y contenido local, por Martín Becerra y Santiago Marino Introducción Marco conceptual Estructura concentrada del audiovisual argentino Estructura de propiedad de la televisión abierta Conclusiones
Concentración mediática y rutinas productivas: la desigual cobertura de los territorios provinciales en las noticias sobre delito, por Natalí Schejtman, Juan Martín Zanotti y Florencia Sosa Estructura de propiedad y rutinas productivas en los informativos provinciales Geolocalización de noticias sobre delito y relaciones entre lo local, lo provincial y lo nacional Criterios de noticiabilidad en las principales ciudades de las provincias Trabajo en redacciones, redes sociales digitales y fracturas en el territorio A modo de cierre
El rol de las fuentes informativas en el encuadre del delito, por Laura Rosenberg y Nadia Koziner Introducción La triangulación metodológica como estrategia para una mirada comprensiva del proceso productivo de la noticia Resultados del análisis: el rol de las fuentes oficiales y no oficiales en la construcción de la noticia sobre delito Reflexiones finales
Periodistas, clases sociales y territorios “inseguros”, por Natalí Schejtman y Lorena Retegui Territorios “inseguros” Clases sociales: autoridad y estigma El rating mete la cola A modo de cierre
Noticieros: espectacularización y rutinas productivas, por Ornela Carboni y Gabriela Fabbro Entre el espectáculo y la organización productiva Las rutinas productivas y la espectacularización de la noticia: conceptos para el debate Los modos del narrar y las condiciones laborales Conclusiones
El binomio víctima-victimario y su figuración discursiva para la atribución de responsabilidad, por Natalia Raimondo Anselmino, Francisco Arri y Natalia Aruguete Un modo de ingreso a los discursos sobre delito, violencia e inseguridad Procedimiento analítico y corpus bajo estudio Figuraciones de las víctimas y los victimarios en ocasión de delitos comunes Figuraciones de los protagonistas en casos de violencia de género Figuración de los responsables en delitos de corrupción Recapitulando
La construcción de la corrupción como problema mediático: contenidos informativos y percepciones de las audiencias, por Esteban Zunino y Brenda Focás Introducción La corrupción como problema público Las representaciones mediáticas de la corrupción en la Argentina Recepción de un caso de corrupción Víctimas-victimarios Polarización afectiva y saturación Tensión local-nacional Reflexiones finales
Recepción de noticias sobre delito, violencia e inseguridad, por Brenda Focás y Gabriel Kessler Introducción El consumo de noticias sobre delitos e inseguridad Consumo de información Credibilidad de las noticias Roles víctimas-victimarios Espectacularización y morbo Distancia reflexiva con los medios El lugar del noticiero Consideraciones finales
Epílogo, por Silvio Waisbord
Referencias bibliográficas
Los autores
Créditos
Introducción
Gabriel Kessler, Martín Becerra, Natalia Aruguete y Natalia Raimondo Anselmino
Este libro presenta los principales hallazgos de un proyecto de investigación que se propuso estudiar, en la Argentina del siglo XXI, cómo los medios de comunicación producen y ponen en circulación información y opiniones sobre casos de delito, violencia e inseguridad, desde un abordaje que integrara las condiciones de propiedad de la producción mediática, las rutinas productivas de construcción de las noticias, el contenido noticioso y su construcción discursiva, así como la instancia de recepción de este tipo particular de discurso en ocho noticieros centrales de las cuatros principales ciudades argentinas: Buenos Aires, Córdoba, Rosario y Mendoza. Dicho proyecto –cuyo título es “De la propiedad a la recepción: estudio integral del circuito productivo de las noticias sobre delito e inseguridad en los noticieros televisivos de mayor audiencia de la Argentina”– fue financiado por el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (Conicet), por la Defensoría del Público Audiovisual de la Nación y por la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica, instituciones públicas de la Argentina. Se trata de una investigación que reunió, entre 2016 y 2020, a dieciséis investigadoras e investigadores del campo de la comunicación y de la sociología, y otros tantos auxiliares de investigación, provenientes de universidades emplazadas en las cuatro ciudades estudiadas: la Universidad Nacional de Quilmes, la Universidad Nacional de Córdoba, la Universidad Nacional de Rosario, la Universidad Nacional de La Plata, la Universidad de Buenos Aires, la Universidad Nacional de San Martín, la Universidad Nacional de Cuyo, la Universidad del Salvador y la Universidad Austral.
Realizamos nuestro trabajo en un período en que la Argentina ya exhibía, desde al menos una década y media atrás, rasgos persistentes en relación con los delitos, la preocupación social por estos y su presentación en los medios. Parafraseando a David Garland (2005: 247), se había consolidado una particular experiencia cultural del delito en cuanto significado que este adquiere en una cultura particular en un momento dado, un tejido compacto que entrelaza mentalidades y sensibilidades, es decir, una red cultural que está incorporada a formas específicas de vida y que, por esta razón, se resiste a la alteración deliberada y tarda en cambiar.
Dichos rasgos son una tasa de delitos urbanos alta en relación con parámetros internacionales, con tasas de victimización –esto es, personas que declaran en las encuestas haber sido víctimas de un delito en el último año– cercanas al 30%, pero al mismo tiempo con tasas de homicidios bajas en el contexto latinoamericano, aunque duplican o triplican a países de Europa Occidental (Kessler y Bruno, 2018). En general, hay consenso sobre una serie de cambios a lo largo de las últimas dos décadas y media. Durante los años de transición democrática se produce una mutación en las formas de representación del delito: en sus formas clásicas el delincuente era una figura casi monstruosa, puesto que el crimen era algo considerado excepcional, que mostraba el límite de lo humano (Vilker, 2008). Los años 90 provocaron un quiebre social que afectó a todas las dimensiones de la vida colectiva. Así, a medida que la pobreza, la desigualdad y la exclusión crecían, las tasas de delito también lo hacían (Cerro y Meloni, 2004). Y, entretanto, se acuñó la categoría “inseguridad” como rúbrica mediática y problema público considerado una secuela de la degradación que el país, de manera inédita, comenzaba a sufrir (Kessler, 2009). Un rasgo central es la paulatina extensión de la preocupación por el crimen a todos los centros urbanos grandes, medianos y pequeños del país, en paralelo a un real incremento de las tasas de delitos en todos ellos (Míguez e Isla, 2010). A medida que aumenta el temor, la tesis acerca de que los medios de comunicación son los responsables del sentimiento de inseguridad ha sido puesta en cuestión a partir del análisis de variables ligadas al entorno, la cultura y la experiencia (Kessler y Focás, 2014). Tanto es así que la representación del delito en los medios comienza a ser objeto de un creciente número de investigaciones en nuestro país, al punto de conformar, en pocos años, un verdadero campo de estudios en el cruce entre disciplinas de la comunicación y la sociología y antropología del delito (entre otros, Arfuch, 1997; Calzado, 2015; Entel, 2007; Fernández Pedemonte, 2001, 2010; Focás, 2020; Galar, 2017; Gayol y Kessler, 2018; Kessler, 2009; Morales, 2016; Vilker, 2008; Zunino, 2020). La mayoría de los trabajos se ha centrado en la prensa gráfica y ha delineado con precisión las representaciones, los discursos y relatos sobre el delito y, en particular, sobre la “inseguridad”. Los estudios coinciden en mostrar que el objeto principal de preocupación ha estado conformado por dos polos de representación: uno estable desde los años 90, ligado a delitos cometidos por jóvenes de sectores marginalizados, fuertemente estigmatizados, y otro cambiante, referido a “olas de delito” como “motochorros”, “entraderas” a casas, robos a ancianos, entre otros que, en general, adquieren una alta noticiabilidad durante un tiempo y luego decaen. En todo caso, esos picos de noticiabilidad no implicaban, necesariamente, una mayor frecuencia de tales actos. Por lo demás, en las dos últimas décadas la profesión periodística también cambió: la importancia del delito llevó a que segmentos de noticieros y otros programas cubrieran estos hechos, y que una nueva generación de periodistas especializados comenzara a cobrar relevancia (Martini y Lucchesi, 2004; Focás, 2020).
Las cifras y los hechos
¿Cómo fue la evolución de las tasas de delito en nuestro país? ¿Por qué el delito se ha transformado en una preocupación central? La evolución general de los delitos reportados por las fuerzas de seguridad y la Justicia de todas las jurisdicciones se concentran en el Sistema Nacional de Información Criminal (SNIC). Para la mayoría de los delitos más comunes, como el robo o el hurto, los datos solo reflejan una parte de la realidad, ya que no todos los hechos son denunciados por sus víctimas. Así, la proporción de delitos no denunciados, que se conoce como “cifra negra”, puede rondar, en la actualidad, el 70% de los casos totales (Indec, 2017). En líneas generales, entre 1991 y 2018 los hechos delictuosos en total aumentaron 2,3 veces, los delitos contra las personas, 3 veces, y aquellos contra la propiedad, 1,9 veces. Los picos de delitos coinciden con los momentos de crisis social: un primer salto se observa en 1995, un momento de alto desempleo, y, en particular, en 2002, que exhibe los mayores guarismos desde los 90 en tasas de homicidios, suicidios y delitos de todo tipo (Kessler y Bruno 2018). Ahora bien, ¿qué pasó con la caracterización del delito como problema público en el siglo XXI y cuáles fueron los hechos más conmocionantes hasta el momento? Apenas comenzada la recuperación económica en 2003, en forma rauda la inseguridad se transforma en el problema público central. En 2004 las encuestas apuntarían un hito simbólico: por primera vez desde la transición democrática ocupa el primer puesto de los problemas nacionales, superando a la preocupación por la economía (Kessler, 2009). El acontecimiento más significativo por su impacto mediático, conmoción social y consecuencias en el endurecimiento de leyes penales fue el secuestro y posterior asesinato de Axel Blumberg, un joven de sectores medios-altos secuestrado y asesinado en 2004, que generó multitudinarias movilizaciones y estuvo en el origen de un cambio de la ley penal (Calzado, 2015). Como señalan Sandra Gayol y Gabriel Kessler (2018),1 la primera década del nuevo milenio estuvo marcada por una multiplicidad de homicidios con distinta repercusión en la opinión pública; la mayor parte solo abandonaron por escaso tiempo el anonimato sin llegar a constituirse en casos perdurables con nombre propio, pero en conjunto irán conformando el telón de fondo del que se alimenta la preocupación cotidiana por la inseguridad. Otras muertes, en cambio, suscitaron conmoción de intensidad diversa y fueron las piedras de toque para la diversificación de la agenda de seguridad. Así, por ejemplo, en 2003, por primera vez, las madres de un rehén y de su captor, Mariano Wittis y Darío Riquelme, muertos ambos por la policía en 2000, entablan en forma conjunta la querella por violencia institucional. También, la conmoción nacional suscitada en 2007 cuando en la ciudad de La Plata una mujer embarazada, Carolina Píparo, es baleada para robarle el dinero retirado del banco y pierde a su hijo, tiene como desenlace la modificación de la seguridad bancaria en todo el país. Entretanto, otro grupo de muertes se van recortando de la categoría inseguridad por no ser aleatorias y se atribuyen al “crimen organizado”, en particular al narcotráfico (remarcando su origen extranjero) y al lavado de dinero. Tal es el caso, en 2008, del asesinato de tres jóvenes empresarios, asociado rápidamente con el negocio de la efedrina (utilizada para la producción de cocaína) y los “medicamentos truchos”, y, para algunos, al financiamiento de las campañas de los Kirchner.
Hacia 2012 el eje geográfico de las noticias nacionales no se limita ya al conurbano bonaerense y cobra centralidad Rosario –tercera ciudad de la Argentina según cantidad de habitantes, ubicada en el centro del país, en la provincia de Santa Fe–, donde se produce una serie de asesinatos que se atribuyen al narcotráfico y sus disputas por el control territorial del mercado local. En paralelo, la conmoción ante casos de violencia policial nunca cesó. Al repudio por la muerte de Ezequiel Demonty en 2002, torturado y luego obligado por policías a tirarse al Riachuelo, donde se ahogó, se sumó el caso de Luciano Arruga, un adolescente desaparecido en 2009, cuyo cuerpo fue encontrado en 2014 y, según se sospecha, fue asesinado por negarse a salir a robar para la policía de la provincia de Buenos Aires. También los hechos de violencia policial y la derivada consternación se extendieron a las otras provincias. En 2010 el homicidio, perpetrado por la policía, de tres jóvenes de Boris Furman –un barrio popular de Bariloche en la provincia de Río Negro– provocó importantes incidentes y una intervención de la Gendarmería Nacional. Por su parte, la “justicia por mano propia” vuelve al centro del debate nacional en 2013 tras la conmoción ante el linchamiento de un joven que, aparentemente, había robado una cartera en la ciudad de Rosario, situación que fue seguida de otros casos similares en los años posteriores.
Es un período, además, donde se suceden una serie de tragedias de altísimo impacto político y social. En primer lugar, el incendio de la discoteca República de Cromañón, con sus casi doscientos muertos y la serie de suicidios entre los sobrevivientes que tuvieron lugar años después, suscitó una consternación e ira muy grande y un proceso que culminó con la destitución del entonces jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires, Aníbal Ibarra. La creciente demanda pública por las muy altas tasas nacionales de accidente viales concitó, también, la atención nacional luego de la llamada “tragedia de Santa Fe”. Se trató del choque entre un camión y un ómnibus que provocó la muerte de nueve estudiantes y una docente de una escuela media de Buenos Aires, quienes volvían de realizar tareas solidarias en la provincia del Chaco. Puede mencionarse, asimismo, la “tragedia de Once” ocurrida en 2012, cuando un tren que no frenó al arribar a la estación central causó 52 muertes y centenares de heridos, que conllevó una renovada organización de víctimas, juicios y promesas de cambios en la gestión de la infraestructura ferroviaria; es este un caso que, además, fue vinculado con acciones de administración fraudulenta y corrupción. Un pico de indignación se alcanzó, por otro lado, con la inundación en 2013 de la ciudad de La Plata que produjo, aproximadamente, 89 muertes y diversas acusaciones por la falta de obras de infraestructura básica a pesar de existir estudios alertando sobre los riesgos existentes.
También, la violencia de género alcanza un grado de visibilidad que no había tenido antes. Un informe de 2015 estima que, entre 2008 y dicho año, se han producido 2094 femicidios (Casa del Encuentro, 2015). A diferencia de otros temas, no podría señalarse aquí un único caso paradigmático sino, más bien, un sinfín de asesinatos de mujeres de todas las clases sociales y en todo el país. De todas maneras, el homicidio de Wanda Taddei, quien murió en 2010 luego de ser quemada por su esposo, el músico del grupo Callejeros Eduardo Vázquez, significó un punto de inflexión en la conmoción social acerca del tema que conllevó modificaciones en las leyes penales y se logró excluir la figura de “emoción violenta” en caso de violencia de género. Un hito central del período es la cristalización de la figura del femicidio que, al igual que en otros países, se convierte en el plexo convergente de la movilización en contra de la violencia de género. El movimiento Ni Una Menos logró en 2016 una de las mayores convocatorias de todos estos años y el tópico ha quedado instalado en el espacio público nacional como nunca antes en la historia.
Por lo demás, cinco años después del asesinato a manos de la policía de los militantes piqueteros Maximiliano Kosteki y Darío Santillán, retorna la muerte ligada a conflictos políticos y sociales. En 2007 un maestro, Carlos Fuentealba, es asesinado por la policía de Neuquén en una manifestación de docentes. Mariano Ferreyra, militante del Partido Obrero, es asesinado en 2010 por las “patotas” sindicales durante una marcha de trabajadores ferroviarios precarizados en la periferia porteña, lo que resultó en un juicio a poderosos directivos del sindicato ferroviario. Los homicidios de integrantes de la etnia qom en Formosa por disputas por su tierra en 2010 hicieron visible el conflicto con los pueblos originarios ante la expansión de la frontera agrícola. Los muertos por las disputas de tierras en el Parque Indoamericano en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) en 2010 colocaron en agenda, también, los déficits de vivienda para los sectores populares. La desaparición de Jorge Julio López, testigo clave del juicio a Miguel Etchecolatz –expolicía condenado por su participación en el genocidio producido en la última dictadura militar de la Argentina–, evidenció la persistencia en las sombras de fuerzas represoras ligadas al último gobierno de facto. Finalmente, la muerte en su casa del fiscal de la causa AMIA, Alberto Nisman, un día antes de presentarse ante el Senado de la Nación para brindar un informe sobre la acusación por encubrimiento que implicaba a la por entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner, generó una conmoción política de consecuencias todavía inciertas y puso en discusión, entre otros temas, el poder en las sombras de los servicios de inteligencia. Por su parte, la presidencia de Mauricio Macri (2015-2018) estuvo signada por un incremento de la violencia policial, en gran medida legitimada desde las autoridades del Ministerio de Seguridad, y tuvo como hecho de agitación y movilización pública máxima la desaparición y posterior hallazgo del cuerpo sin vida de Santiago Maldonado y, más tarde, el asesinato de Rafael Nahuel por parte de la Gendarmería Nacional en 2018, en ocasión de sendas protestas en el sur del país por defender los derechos del pueblo mapuche.
Hipótesis y preguntas de investigación
En este contexto, signado por una alta preocupación por los delitos de distinto tipo y una importante polarización política en la cual la “inseguridad” es uno de los temas de clivaje entre partidarios del gobierno de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner (los “kirchneristas”) y la “oposición” de derecha y centro-derecha que será luego oficialismo durante el gobierno de Macri, se ha desarrollado el proyecto cuyos resultados principales presentamos en este libro. Partimos de una serie de interrogantes e hipótesis –algunas de las cuales se fueron modificando a lo largo de los años de trabajo– que las lectoras y los lectores encontrarán en los distintos capítulos de este volumen. En primer lugar, nos nucleaba una idea inicial con relación a que la estructura concentrada de la propiedad de los canales de televisión en las principales ciudades argentinas intervenía decisivamente en la modelización de la cobertura de noticias y opiniones relacionadas con el delito. En lo que respecta a las rutinas periodísticas, uno de los ejes de nuestro trabajo, sosteníamos que las economías de tiempo implementadas en la producción de las noticias condicionaban los procesos de organización productiva y del trabajo en los canales de televisión, en sus diferentes fases (preproducción, producción per se y posproducción), principalmente con relación tanto a los criterios de selección y cobertura de temas como de edición y presentación de los contenidos. Estas rutinas están directamente relacionadas con la estructura de propiedad de los canales. También, considerábamos que los niveles de cobertura de casos de delito y otro tipo de conflictos sociales eran afectados por ciertos “eventos clave”, que suscitaban mayor interés para los medios e influían en los criterios de selección u omisión de la cobertura de los casos de delito y, consecuentemente, en los niveles de relevancia noticiosa. En lo referente al framing o los encuadres noticiosos predominantes, una de nuestras hipótesis era que el tipo de tratamiento mediático de los casos de delito tendía a presentar marcos que amplificaban la presencia de estos hechos en los medios, contribuyendo a una mayor preocupación por parte de la población. En tal sentido, la “espectacularización”, cuyos ribetes son trabajados en este libro por Ornela Carboni y Gabriela Fabbro, sería un mecanismo recurrente en la construcción de las noticias analizadas. Por su parte, en cuanto a la pregunta sobre la recepción de tales noticias, una hipótesis inicial era que la forma en que una misma noticia gravitaba estaba condicionada, en primer lugar, por una serie de factores, tales como la evaluación que el público hace del medio en cuestión y, en segundo lugar, por variables ligadas a los propios individuos, en particular la experiencia de victimización y la percepción de cercanía o lejanía geográfica y/o social con el caso noticiado, y otras como el género, la ideología sociopolítica y la edad, específicamente. Estas y otras hipótesis y supuestos de partida fueron elaborados en un esquema analítico que repusimos, revisamos y, en ocasiones, modificamos en función de los hallazgos de nuestro trabajo, tal como lectoras y lectores podrán reconocer en los distintos capítulos que ponemos a disposición.
Estructura del libro
En este apartado presentamos los ejes problemáticos que han sido vertebradores de este proyecto, con hallazgos parciales obtenidos durante el recorrido investigativo por las distintas instancias del proceso productivo de la noticia televisiva sobre delito, violencia e inseguridad. El primer hito de ese trayecto es el capítulo “Estudio integral del circuito productivo de las noticias: un desafío teórico y metodológico”. Allí se comparte, precisamente, las coordenadas teórico-metodológicas que permitieron el abordaje de nuestro objeto de estudio y la descripción pormenorizada de las técnicas y los instrumentos empleados para ello. Tras esto, en el primer tramo del libro, la lectora o el lector se encontrará con capítulos que analizan las condiciones de propiedad de la producción mediática, así como sus vínculos con las rutinas productivas operantes en la construcción de las noticias y los criterios de selección de los contenidos informativos. El segundo capítulo, “La televisión abierta de las grandes ciudades argentinas: estructura subordinada y contenido local”, sistematiza las características centrales de la estructura de propiedad de los ocho canales de televisión comprendidos en nuestro estudio. Allí se establece, en particular, la relación que las emisoras cabeceras de los grupos audiovisuales más grandes de la Argentina, el Grupo Clarín y Viacom, mantienen con los principales canales de televisión abierta ubicados en las ciudades de Rosario, Córdoba y Mendoza. Lo observado permite asumir que la concentración económica en el sistema de medios influye decisivamente en la modelización del proceso de construcción de noticias en cuestión. La constatación de este vínculo queda plasmado, también, en el tercer capítulo, “Concentración mediática y rutinas productivas: la desigual cobertura de los territorios provinciales en las noticias sobre delito”, donde se constata la asociación existente entre las decisiones de cobertura de este tipo de acontecimientos, el mapa societario de los canales analizados y, finalmente, las condiciones de la producción periodística en lo relativo a la concepción de lo local –entendido en sentido restringido, es decir, de un modo que concierne, casi exclusivamente, a los acontecimientos suscitados en torno a la ciudad que aloja al canal y desatiende al resto del territorio provincial– y lo nacional –generalmente, circunscripto al Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA)–.
El itinerario continúa acercándose a los contenidos informativos propiamente dichos, pero lo hace, a su vez, en conexión con las labores de su producción. En el relato televisivo de noticias es clave desentrañar quiénes son los actores con capacidad de influir en el sentido que adquiere el tratamiento de esos acontecimientos en los medios, en particular cuando se trata de hechos delictivos. Concretamente, el capítulo titulado “El rol de las fuentes informativas en el encuadre del delito” plantea una respuesta al siguiente interrogante: ¿en qué medida la agenda de los quiénes da cuenta del verdadero ejercicio de poder por parte de determinados actores en su vínculo con periodistas y editores? Para entender el rol de las fuentes informativas en el encuadre del delito, las autoras de este cuarto capítulo proponen una triangulación teórico-metodológica entre análisis de los contenidos y entrevistas abiertas efectuadas a trabajadores de los canales analizados; ello les permite comprobar que el influjo de distintos actores en el encuadre de las noticias no se observa, necesariamente, en el grado de visibilidad que alcanzan –en cuanto fuentes– en las coberturas sino, más bien, en la organización misma de los temas y, sobre todo, en la perspectiva sobre los acontecimientos que predomina en las notas.
La indagación sobre el quehacer periodístico, así como los factores que inciden, en este es vasta. No lo es, en cambio, la discusión acerca de la injerencia de un aspecto tan sustantivo como la clase social en el backstage de las noticias. En esta vacancia se inscribe el quinto capítulo, “Periodistas, clases sociales y territorios «inseguros»”. A partir de analizar los testimonios de trabajadoras y trabajadores de los noticieros, recabados por las entrevistas abiertas, el texto está enfocado en comprender cómo se escenifican la desigualdad social y territorial en los acontecimientos de delito, violencia e inseguridad que son narrados por los medios, atendiendo a las huellas que los procesos productivos y de trabajo dejan sobre este tipo de noticias.
Las condiciones de producción de la noticia constituyen, también, una instancia clave para la comprensión de los medios audiovisuales, donde se estructuran rutinas y tareas singulares para la confección de contenidos que procuran ser novedosos y originales, al tiempo que incorporan mecanismos de atracción e interés para fidelizar a sus telespectadores. El resultado es un producto en el que convergen operaciones propias de lo ficcional, puestas en función de narrar la información de actualidad. El sexto capítulo, “Noticieros: espectacularización y rutinas productivas”, propone, para su disquisición, cruces entre el análisis narratológico y lo atestiguado por los informantes clave que cumplen distintas funciones en los canales analizados; lo hace focalizando en los procedimientos de espectacularización y dramatización que buscan exacerbar las emociones y generar empatía en las audiencias, con la consecuente descontextualización y fragmentación de los hechos noticiados.
El discurso de información sobre el delito suele cristalizar estereotipos de delincuentes y construir una espacialidad en la cual se delinean universos dicotómicos bien-mal entre un nosotros y un ellos. El capítulo “El binomio víctima-victimario y su figuración discursiva para la atribución de responsabilidad” analiza, desde una mirada principalmente inscripta en la sociosemiótica, las recurrencias en el modo en que son figurados los personajes centrales, usualmente categorizados como víctima y victimario, y la correspondiente atribución de responsabilidades. Situado en el plano de la enunciación, pero en vinculación sinérgica con el framing, ese séptimo acápite aborda un corpus de notas que se refieren a hechos delictivos de diverso tipo, tales como casos de corrupción en la esfera pública, violencia de género y delitos comunes sobre la persona y la propiedad.
En este estudio entendemos que la recepción de los contenidos televisados está condicionada por una serie de variables: como ya hemos dicho, entre otras, la evaluación que el público hace del medio en cuestión, sus respectivas experiencias de victimización y la percepción de cercanía o lejanía respecto del acontecimiento narrado. Por ello, en los capítulos finales de este libro se problematizan los resultados del cruce entre los contenidos televisivos y su recepción, tanto en las coberturas de delitos en general como en los hechos de corrupción en particular, revisando testimonios recogidos mediante grupos focales. En el capítulo “La construcción de la corrupción como problema mediático: contenidos informativos y percepciones de las audiencias”, la instancia de recepción dialoga con los rasgos más recurrentes de la cobertura noticiosa que ese tipo particular de delito tiene en la Argentina. Se explora, allí, el proceso mediante el cual este tópico se construye como problema público en los noticieros televisivos estudiados, asociando su creciente visibilidad con su configuración como escándalo político, a partir de una evaluación moral negativa sobre la figura del denunciado. Por su parte, el noveno y último capítulo del derrotero que escogimos para presentar los hallazgos de nuestra investigación tiene por título “Recepción de noticias sobre delito, violencia e inseguridad”. En él se desentraña el haz de interpretaciones que las distintas audiencias realizan sobre este tipo de notas –atendiendo al posible impacto que estos discursos pueden tener en cuanto generadores de temor y promotores de respuestas punitivas–, así como los usos que dan a este tipo de contenidos las ciudadanas y los ciudadanos indagados en este proyecto. Finalmente, el libro concluye con un epílogo gentilmente elaborado por Silvio Waisbord, a quien debemos la gratitud de ser el primer explorador de nuestro escrito y aceptar compartir, con todos, su efecto de lectura.
Agradecimientos
En los últimos años hemos contado con un apoyo significativo de colegas e instituciones a los que queremos agradecer. En primer lugar, aprovechamos para señalar que nuestra investigación, que contó con un robusto trabajo de campo de carácter federal, hubiera sido imposible si no teníamos financiamiento acorde. Fue ese un sostén indispensable que obtuvimos tras presentarnos en la Convocatoria a Proyectos de Investigación Orientados realizada en 2015 conjuntamente por el Conicet y la Defensoría del Público, y al llamado que anualmente gestiona la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica a través del Fondo para la Investigación Científica y Tecnológica (Foncyt). En segundo lugar, no podemos dejar de mencionar que parte de nuestra labor fue acompañada por un conjunto de auxiliares de investigación que dedicaron muchas horas a tareas como la codificación de las noticias que conforman nuestro corpus –Valentina Ortego Oye, Melisa Abril, Sofía Flores, Carla Giménez y María José Aveni de la Universidad Juan Agustín Maza (Umaza, Mendoza), e Irene Gindin, Alejandro Sambrana, José Luis Morelli y Gisela Cursi de la Universidad Nacional de Rosario– y a todas las universidades que nos brindaron su apoyo; además de aquellas ya nombradas al inicio de esta introducción, resta agradecer a la Umaza y a la Universidad Abierta Interamericana (UAI) sede Rosario por prestarnos espacios y equipos técnicos para poder llevar a cabo los grupos focales en las ciudades de Mendoza y Rosario, respectivamente. Quienes oficiamos como responsables de esta investigación y editores de este libro, así como –por medio de nuestra representación– todas las investigadoras e investigadores que conforman el colectivo de autores, agradecemos a nuestras familias y afectos por brindarnos el ambiente propicio para llevar a cabo una labor que insume muchas horas de arduo trabajo.
1. Hasta el final del apartado se retoman ideas de Gayol y Kessler (2018).
Estudio integral del circuito productivo de las noticias: un desafío teórico y metodológico
Natalia Raimondo Anselmino, Natalia Aruguete, Gabriel Kessler, Martín Becerra y Ornela Caboni
En este capítulo presentamos la estrategia metodológica empleada para el estudio integral del circuito productivo de las noticias sobre delito, violencia e inseguridad en los noticieros televisivos de mayor audiencia de la Argentina. Como se mencionó en la introducción, nos propusimos un doble desafío. Por un lado, procuramos implementar un abordaje que se interroga, articuladamente, por las distintas fases de dicho circuito: por las condiciones de propiedad de la producción mediática, por las rutinas productivas, por el contenido noticioso y su construcción discursiva y, también, por la instancia de su recepción. Por otro lado, lo hicimos corriéndonos de nuestros espacios de confort disciplinar y procurando hacer converger, sinérgicamente, perspectivas teóricas diversas pero, a su vez, complementarias. La economía política de la comunicación y la cultura, la sociología del trabajo, el framing, el standing, la sociosemiótica, el análisis narrativo y los estudios en recepción fueron los principales campos del saber puestos en diálogo.
A fin de incluir cierta diversidad territorial, pero concentrándonos en la televisión abierta de algunas de las ciudades más pobladas del país, se seleccionaron los noticieros transmitidos durante el horario central por Canal 13 y por Telefe del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), por los canales 10 y 12 de Córdoba, 3 y 5 de Rosario, y 9 y 7 de Mendoza. Esto nos permitió conocer los modos de producir y poner en circulación a través de la televisión abierta noticias sobre un tema muy sensible de la agenda comunicacional como es el de los delitos, la violencia y la “inseguridad” en instituciones mediáticas cuyas condiciones de producción, recursos, capacidades y fuentes utilizadas son muy diferentes entre sí.
A continuación, presentamos las principales directrices teórico-metodológicas que orientaron la investigación del proceso indagado en cada una de sus cuatro fases.
Concentración estructural y centralización geográfica
La estructura de propiedad de los medios de comunicación condiciona –no necesariamente determina– el tipo de perspectiva editorial que estos presentan. Si bien no es el único factor que interviene en la construcción del discurso televisivo de actualidad, diversos estudios demuestran que existen correlaciones entre propiedad, contenidos y usos y consumos mediáticos (Albarran, 2010; Becerra y Mastrini, 2009; Curran, 1998; Ford, 1987; Garnham, 1997; McChesney, 2002; Winocur et al., e/p; Zallo, 2011). Por consiguiente, fue fundamental dar cuenta de esas relaciones que conforman la base productiva en la que se desarrollan los contenidos de los informativos de los canales bajo indagación. Esta es una de las fases comprendidas en nuestra investigación, cuyos resultados son desarrollados en el capítulo siguiente.
En términos metodológicos, el estudio de la estructura de propiedad no ofrece grandes secretos: se trata de identificar la composición societaria de las empresas licenciatarias de las emisoras de televisión, sus nexos comunes, sus asociaciones de dependencia directa e indirecta, y relacionarlos con las relaciones comerciales de provisión de programación, funcionamiento en red y composición de sus plantas gerenciales y de conducción periodística. Los estudios de la estructura de propiedad de los medios analizan regularidades y discontinuidades en las mencionadas relaciones, que es lo que la presente investigación realiza para los canales relevados.
Una de las características singulares de la televisión argentina es que, sin presentar formalmente una estructura de cadenas nacionales –históricamente prohibidas por las distintas regulaciones audiovisuales adoptadas desde 1957–, tal como ocurre en Brasil o en México, en los hechos hay lazos de asociación y dependencia creados desde las emisoras más grandes ubicadas en el AMBA con las del resto del país. Estos lazos, tempranamente analizados por Heriberto Muraro (1997), continúan vigentes en los canales de televisión de los centros urbanos más importantes.
Los principales canales de televisión abierta de las ciudades argentinas más pobladas reconocen en su estructura de propiedad vínculos societarios directos o indirectos, bien sea por la participación del mismo conglomerado multimedios en la sociedad o por la asociación o afiliación para la provisión de programación desde la ciudad capital al resto. Esta relación de propiedad, estructural, tiene repercusiones directas en el contenido que emiten las estaciones en Córdoba, Rosario y Mendoza, toda vez que las emisoras porteñas abastecen con su programación –en consecuencia, con la definición de su agenda, sus encuadres temáticos y, en parte, su construcción discursiva– a la televisión del resto de las grandes ciudades. Aunque fuera del corpus del presente estudio, la misma relación se reproduce en el resto del país, en particular en una suerte de vínculo especular que liga a las emisoras de las capitales provinciales con las otras localidades de cada provincia.
La distribución de contenidos producidos en AMBA es variable según la relación societaria y el tipo de acuerdo que sostienen con las televisoras de las demás ciudades, algo que afecta no solo a la programación exhibida en pantalla, sino, también y decisivamente, a las rutinas productivas de cada una de esas televisoras. Los canales de Rosario, Córdoba y Mendoza concentran la audiencia en un alto porcentaje y refuerzan el dominio que ejercen, como cabeceras, las emisoras de AMBA, Canal 13 y Telefe. La estructura de propiedad de los canales analizados en la investigación es detallada en los siguientes capítulos, pero además de la marca de dependencia con Buenos Aires operan en una red de empresarios y gerentes locales que tallan en la gestión de las emisoras.
La organización del trabajo: rutinas productivas
Pautas y técnicas empleadas
La organización del trabajo en los noticieros estudiados conjuga procesos que apuntan a una estricta planificación del producto junto con elementos azarosos. Esto se deriva de la necesidad de la industria televisiva de generar un producto controlable en un tiempo limitado para ser emitido. Por este motivo, las rutinas productivas cumplen un papel central como modo de organizar las funciones y tareas que permiten la ejecución del producto. Estas formas organizativas no deben leerse escindidas de los rasgos intrínsecos de las industrias culturales, como la aleatoriedad de la demanda, la relevancia del trabajo creativo y la renovación constante de los productos (Zallo, 1988), que impactan en el contenido noticioso y en su construcción discursiva.
Para el abordaje metodológico de esta fase del circuito productivo, se decidió realizar entrevistas personales abiertas –también llamadas no directivas o no estructuradas (Marradi, Archenti y Piovani, 2018: 268)–y observaciones in situ. Entre 2017 y 2018 se efectuaron 45 entrevistas a actores clave de los noticieros analizados, con un tiempo promedio de duración de una hora u hora y media cada una. En cada caso, se estableció una grilla con los tópicos de interés que funcionó como guion de la entrevista, aunque primaron las preguntas abiertas en función del rol o cargo de cada entrevistado dentro del proceso productivo y de sus experiencias en el área temática en cuestión. Ello permitió que entrevistadas y entrevistados expresaran sus saberes, creencias y opiniones acerca de sus condiciones laborales en general, y sobre la producción de noticias en particular.
Vale mencionar que quienes efectuaron las entrevistas tuvieron que recordar a las personas entrevistadas, en varias instancias de su desarrollo, el sentido amplio de la palabra “delito”, puesto que solían sesgar sus respuestas a los delitos comunes, sobre todo, contra la propiedad privada.
De modo transversal, las preguntas se vincularon con “la selección, elaboración y procesamiento de la información (edición y montaje) específicamente de las noticias de delito, violencia e inseguridad […] Además, se consideró la instancia de emisión del noticiero y las economías de tiempo con la intención de observar las etapas de selección y tratamiento de la información con respecto al stock de tiempo para la elaboración de cada pieza informativa. Por último, se indagó sobre la incidencia de la línea editorial del medio con relación a los trabajadores” (Carboni, 2020: 168).
Las entrevistas fueron de carácter anónimo, preservando la identidad de los informantes clave para propiciar el rapport y la apertura en las respuestas, y procurar que las personas entrevistadas no quedaran expuestas en la relación que mantienen con sus empleadores.1Por esa razón, siempre que fue posible los encuentros se concretaron por fuera de las unidades productivas.
Por otra parte, las observaciones in situ se realizaron solo en aquellas unidades productivas en las cuales se obtuvo el permiso para acceder al piso y al control: Canal 5 y Canal 3 de rosario, Canal 13 de AMBA y Canal 10 de Córdoba. En estos casos, quienes efectuaron la observación elaboraron notas de campo en relación con los modos de organización del trabajo durante la preparación o preproducción del noticiero y, también, de su emisión en vivo, lo cual colaboró con la posterior lectura y análisis de las entrevistas.
De este modo, se analiza cómo se insertan y se accionan ciertas rutinas de trabajo en la etapa de producción y puesta al aire de los noticieros estudiados en relación, principalmente, con las noticias sobre delito, violencia e inseguridad. A continuación nos detendremos, brevemente, en una serie de rasgos que se articulan con las distintas fases del circuito productivo de la noticia.
Selección de temas
La elección de los temas que componen los noticieros depende de la confluencia de diferentes factores, como la continuidad temática, el rating, la agenda del gobierno (nacional, provincial o local) y el impacto del tema en otros medios (periódicos, radios, señales de noticias 24 horas) o en las redes sociales en internet (Facebook, Twitter). Como se verá en algunos capítulos de este libro, el uso de estos recursos adquiere relevancia en el proceso productivo y los entrevistados advierten que algunos hechos conformarán el temario por su impacto previo en otros medios. Esto confirma lo que David Hesmondhalgh y Sarah Baker (2011) señalan como churning it out (producir en masa) en la industria de los medios, en el sentido de lo masivo, de la no diferenciación. La lógica productiva generalista es el prototipo de esta modalidad, que es antagónica a la lógica segmentada propia de las estrategias de gama (Becerra y Mastrini, 2017).
Los informantes acordaron que en los noticieros donde trabajan existen características para la selección de temas, pero que se hacen de modo automático, y muestran dificultad para señalar los elementos centrales, tal como queda expresado en el capítulo “Noticieros: espectacularización y rutinas productivas”. Esta selección temática está inserta dentro de las fases productivas (preproducción, producción per se y posproducción) y de la división de tareas propia de los noticieros televisivos. En particular, la elección de los temas principales y las coberturas se realiza en la fase de preproducción (Carboni, 2020).
En el caso de los noticieros de Mendoza, Córdoba y Rosario, las noticias locales son las más importantes (institucionales/gobierno, funcionamiento de los servicios públicos, policiales, deportes, jubilados) y disponen de un espacio para la información nacional e internacional. Estas últimas son producidas por los canales de AMBA o los canales de noticias de 24 horas, con los cuales las emisoras locales mantienen vínculos de propiedad directa o acuerdos comerciales específicos.
La cobertura de un tema puede frustrarse por cuestiones de distancia y recursos. El audiovisual requiere una narrativa diferente de la de la radio y de la de la prensa gráfica; para confeccionar un informe necesita imágenes y testimonios. En relación con las fuentes de información se advierte que estas se derivan del tipo de delito (violencia, contra la propiedad, corrupción en el ámbito público) y de la denuncia. La recurrencia de determinadas fuentes ajenas a las estructuras del Estado, como familiares de las víctimas o testigos, no se relaciona directamente con el crédito que se les otorga al exponer los hechos (Retegui et al., 2019), tal como se infiere en el capítulo “El rol de las fuentes informativas…”. Por otra parte, a menudo las fuentes consideradas oficiales no aparecen identificadas o citadas en la noticia, aunque hayan aportado información; en las redacciones se preserva el carácter anónimo de las fuentes y de los informantes eventuales.
Entonces, además de la reconstrucción de los hechos y la narración desde cero, se realiza una ecuación costo, tiempo y beneficio (puesta al aire y repercusión) para producir cada nota.
Cabe destacar que en los canales de AMBA la decisión final de aquello que sale al aire recae sobre el jefe de noticias, el productor general, el coordinador o el gerente de noticias, mientras que en el resto de las ciudades estudiadas dicha decisión suele ser tomada, en gran medida, por los productores. Esto se asocia, básicamente, con la cantidad de recursos humanos disponibles y con una división del trabajo más marcada en las emisoras de AMBA. Por el contrario, en el resto de las ciudades que integran el corpus las trabajadoras y los trabajadores son multitasking, es decir que cumplen más de una función a la vez.
En las emisoras de AMBA, los periodistas especializados en policiales y judiciales cumplen un rol destacado en la cobertura de estas temáticas, dada la cercanía que mantienen con las fuentes institucionales. Por el contrario, en el caso de las emisoras de Mendoza, Rosario y Córdoba, la falta de recursos deriva en cierta polifuncionalidad y en una menor especialización temática de los profesionales.
En los temas de delito aparecen diferencias en el tratamiento de la información, con variables socioeconómicas y etarias, fundamentalmente interviniendo en el encuadre desde la producción; un femicidio es abordado de modo diferente según la clase social a la que pertenece la mujer asesinada, por ejemplo. No es lo mismo si el crimen sucedió en un barrio cerrado o en una villa miseria, porque tiene otros “condimentos”, tal como podrá leerse en el capítulo “Periodistas, clases sociales y territorios «inseguros»”.
Con respecto a los delitos de corrupción en el ámbito público o privado –cuyas notas serán trabajadas con detalle en el capítulo “La construcción de la corrupción como problema mediático: contenidos informativos y percepciones de las audiencias”–, los entrevistados no reconocen que exista censura explícita directa, esto es, la negativa a abordar alguna temática porque involucra a funcionarios de gobierno o por la incidencia de la pauta oficial en esos medios.
Por último, se advierte que en la elaboración de las notas se ha extendido el uso de imágenes ilustrativas (propias, de archivo o captadas por cámaras de seguridad) y, también, se utilizan las provenientes de plataformas de redes sociales, como se analiza en el capítulo dedicado a la espectacularización de las noticias. En los casos donde los involucrados cuentan con perfiles abiertos en alguna de dichas plataformas se revisa la “vida en red” de las víctimas/victimarios y se los utiliza como recursos para confeccionar el informe o como material en la puesta al aire del noticiero. Con esto se identifica que el desarrollo tecnológico y la expansión del uso de teléfonos móviles con cámaras digitales permiten a los canales de televisión contar con imágenes en casos en los que no llegan con sus propios recursos. Si bien la calidad de estas imágenes es sensiblemente menor a las generadas por profesionales, se valora la posibilidad de “estar ahí” que ellas ofrecen.
Planificar, seleccionar y elaborar la información
“Se improvisa más de lo que se cree. No todo está calculado”, es una frase que sostuvieron muchos entrevistados al referirse a la “cocina” de un noticiero. Al margen de las noticias de último momento (breaking news) que pueden reestructurar el temario, incluso en el momento del vivo los productores reconocen diversas situaciones que suelen obligar a la improvisación: falta de recursos técnicos y económicos, notas que “se cayeron”, problemas técnicos, coberturas extensas pero sin imágenes que obligan a la repetición indefinida de un mismo insert. Aunque para un observador externo, incluso para la audiencia, todo podría estar completamente planificado, lo cierto es que intervienen factores que alteran las rutinas.
Lo dicho no supone la ausencia de pautas estrictas de trabajo. Al contrario, en los noticieros hay economías de tiempos que deben cumplirse, distribución de roles y tareas, y rutinas productivas que derivan en un proceso estandarizado, con matices entre un canal y otro derivados de la estructura del medio.
Por otra parte, fue recurrente durante las entrevistas la naturalización de ciertas pautas que opacan, en muchos casos, la discusión en las reuniones de producción. Un claro ejemplo está vinculado con la calificación habitual que se hace de víctimas o de victimarios –aspecto puesto en discusión en el capítulo “El binomio víctima-victimario y su figuración discursiva para la atribución de responsabilidad”; tal es el caso de términos como “motochorro”, apelativo con fuerte carga valorativa que no suele ponerse en discusión: “Si va en una moto y roba, va a ser motochorro. Siempre”, dijo una entrevistada de Canal 11, AMBA.
Rating y delito
El rating es un mecanismo de medición de audiencia. En las emisoras de AMBA es muy importante, puesto que se manejan con el minuto a minuto. Este recurso permite tomar decisiones sobre la performance de los contenidos transmitidos en el momento en que suceden. No obstante, los entrevistados de Canal 13 y Telefe señalan que, a partir de las reestructuraciones que sufrieron en los últimos años, se prioriza la identidad del informativo. Entonces, si hay un caso que está midiendo mucho, se puede “estirar” un poco más en el aire, pero luego se corta para dar lugar a lo pautado previamente, excepto que sea una tragedia o una noticia de último momento.
En el resto de las ciudades (Córdoba, Mendoza y Rosario), en cambio, las planillas se reciben semanalmente o cada quince días; en ellas se puede observar la medición global y por bloque o segmento de cada programa. Entonces, los gerentes de noticias solicitan algunos ajustes a partir de esos datos: por ejemplo, si observan que en una franja cae el rating piden a los productores que se “guarden algo” para ese momento, y que no “tiren en la primera media hora lo mejor que tienen” (entrevistado de Canal 3, Rosario). Por lo tanto, la puesta al aire de las noticias queda sujeta a la intuición del productor sobre aquello que puede funcionar y el tiempo que debe extenderse.
Además, todos los noticieros observan qué está haciendo la competencia y eso muchas veces organiza los tiempos de los informes y de los bloques. Aunque reconocen que apuntan a diferentes públicos y que las audiencias no se trasladan masivamente de un canal a otro.
Los entrevistados remarcan que muchas veces el rating no refleja la importancia de la nota o la “bomba” que están transmitiendo, porque está ligado a otras variables, como la programación propia y de otras emisoras. En resumen, se pone de manifiesto si se trabaja sobre argumentos periodísticos o si se hace hincapié en lo que muestra la planilla del rating.
Línea editorial
Los entrevistados declaran, en general, que hay libertad de expresión y de criterio. No hay políticas establecidas de “esto se dice o no”. No se verifican restricciones explícitas o rígidas ligadas al tratamiento de temas. Los productores, editores o cronistas, cuando tienen dudas sobre el contenido o el tratamiento de una información, se dirigen al gerente o jefe de noticias para que decida al respecto.
Puede suceder que alguna información no deba tratarse, pero los responsables de equipo no lo dicen directamente o no es lo más frecuente. En caso de que una información perjudique los intereses de anunciantes o de los propios gobiernos, se presenta el tema y se evalúa cómo comunicarlo. Se intenta dar voz a la empresa en cuestión o al gobierno –o funcionarios involucrados– y se les avisa previamente que saldrá esa noticia.
Si bien nadie manifiesta censura previa, varios entrevistados mencionaron saber “para quienes trabajan”. En este sentido, se activan los mecanismos de autocontrol, es decir, se entiende que para conservar la fuente de empleo debe desarrollarse las actividades sin perjudicar los intereses de la empresa. En otras palabras:
Hay como un mito de que estamos todo el tiempo operando. Obviamente hay una línea editorial como en todos los medios […] Creo que uno busca ser lo más objetivo posible, hay reglas de juego que no se pueden desconocer y si se desconocieran sería como una idea romántica del periodismo que quedó allá atrás. (Entrevistado de Canal 13, AMBA)
En síntesis, la organización productiva y del trabajo en las emisoras seleccionadas para el estudio presenta rasgos que son comunes y otros diferentes. En primer lugar, todas las emisoras tienen tres ediciones de informativos, en tanto que existe una variación en la cantidad de personas disponibles para realizar el trabajo. En las emisoras de Córdoba, Rosario y Mendoza, la planta de trabajadores oscila entre las veinte y cincuenta personas para las tres ediciones, mientras que en AMBA esa cantidad está disponible para cada edición. En segundo lugar, la falta de recursos humanos implica que en los canales de las provincias no planifiquen reuniones formales de producción y sea recurrente la polifuncionalidad. En contraposición, en AMBA se efectúan reuniones de producción periodísticas y técnicas antes de la puesta al aire de los noticieros. Asimismo, se verifica la existencia de un mayor grado de especialización en las funciones. En tercer lugar, mencionamos los aspectos económicos que inciden en la selección o producción de las noticias, por ejemplo, para hacer una cobertura se estiman los recursos técnicos y humanos que se necesitan. Entonces, la evaluación de los costos es central antes de decidir tratar un tema que es noticiable. En cuarto lugar, existen ciertas pautas para el tratamiento de las noticias de delito. En algunos casos, vinculadas con una normalización del trabajo, por ejemplo, blurear (desenfocar) las imágenes de menores de edad se explica no solo como un ejercicio profesional y ético, según aseguran, sino debido a las legislaciones vigentes y al costo económico que implican las multas dispuestas por los organismos de contralor. No obstante, en otros casos esas pautas o rutinas están asociadas a una tendencia a naturalizar ciertos modos de producir sentidos, tal es el ejemplo que brindamos sobre el empleo de apelativos utilizados usualmente por conductores, cronistas y videografistas. Entonces, hay pautas establecidas para la selección y edición de imágenes, aunque estos procesos están naturalizados y no son percibidos por los entrevistados. Por último, algo similar sucede con la línea editorial y los mecanismos de autocontrol reconocidos por los informantes; en otras palabras, la empresa logra el comportamiento deseado por parte de sus trabajadores.
El contenido de las noticias y su construcción discursiva
Un estudio en dos planos
Otra de las dimensiones del estudio del circuito productivo de las noticias sobre delito, violencia e inseguridad es aquella que corresponde al análisis del contenido informativo y su construcción discursiva. Nuestro proyecto emprendió dicha meta articulando los dos planos en que puede pensarse la textualidad audiovisual: el plano del contenido y el plano del discurso. Es cierto que, por lo general, las investigaciones sobre los textos mediáticos suelen enfocarse en uno de esos dos niveles de manera excluyente, realizando un análisis más sesgado o acotado que el que nos propusimos ofrecer aquí. El análisis de tipo cuantitativo sobre el plano del contenido brinda una mirada macro del paquete textual trabajado y permite establecer tendencias en el comportamiento de algunas de las dimensiones de los textos. Por su parte, el estudio de la puesta en discurso habilita reconocer operaciones subyacentes en la dimensión enunciativa que, de otro modo, no podrían ser aprehendidas.
Respecto del andamiaje teórico empleado para afrontar esta fase de nuestra investigación, caben algunas aclaraciones. La teoría del framing estudia el proceso de transmisión de significados, signos, símbolos y valores de la sociedad a los medios y viceversa (Amadeo, 2008). Teniendo en cuenta que los frames son principios de la organización de la información que se encuentran en el emisor, en los individuos receptores del discurso mediático y en las prácticas sociales y culturales (Cohen y Wolf-sfeld, 1993), esta investigación se propuso analizar los encuadres noticiosos (news frames) presentes en las noticias bajo estudio.
Entre las definiciones de frame que hacen foco en el proceso de elaboración de las noticias se encuentra la de Robert Entman (2004). Para este autor, encuadrar “implica seleccionar y realzar algunos aspectos de eventos o temas, y hacer conexiones entre ellos para promover una interpretación, evaluación y/o solución” (417). De este modo, los encuadres noticiosos ofrecen perspectivas sobre el asunto tratado para interpretar la información; en otras palabras, encuadrar es definir problemas: diagnosticar sus causas o las fuerzas que lo crean, hacer juicios morales al evaluar el agente que lo causa, medir con qué costos y beneficios y sugerir soluciones, ofreciendo y justificando un tratamiento, o prediciendo sus resultados.
En esta línea, los encuadres promovidos por las fuentes oficiales y por actores económica y culturalmente poderosos suelen tener mayor presencia en los contenidos mediáticos (Gans, 2004). A los efectos de estudiar el rol de las fuentes en las noticias analizadas, se empleó el concepto de standing desarrollado por Myra Ferree et al. (2002). Los autores proponen esta noción para referirse a la capacidad de un actor –individual o colectivo– de tener voz en los medios de comunicación. Ello otorga elementos de juicio para conocer el tipo de tratamiento que reciben las fuentes oficiales en la cobertura noticiosa, algo que será profundizado en el capítulo “El rol de las fuentes informativas en el encuadre del delito”.
Por otra parte, para el estudio de la puesta en discurso empleamos la perspectiva sociosemiótica, orientada a la comprensión de los procesos de producción de sentido, planteando un análisis discursivo que indaga acerca de las modalidades de enunciación y de las estrategias discursivas –desde un punto de vista no intencional (Raimondo Anselmino, 2011)– de producción de significados. De este modo, el estudio del plano del enunciado llevado a cabo a partir del análisis de contenido se articula con un análisis centrado en el plano de la enunciación, esto es, en el nivel “en el que se construye, no lo que se dice, sino la relación del que habla a aquello que dice” (Sigal y Verón, 2008: 23) y, derivadamente, la relación que quien habla propone al destinatario. Al respecto puede leerse el capítulo “El binomio víctima-victimario y su figuración discursiva para la atribución de responsabilidad”.
Como ya hemos mencionado, este proyecto aborda un tipo de discurso en particular, el discurso televisivo sobre actualidad (Verón, 2001). Se trata de un discurso en el que la dimensión narrativa ocupa un lugar nodal y donde, por ello, es necesario hacer uso, también, de algunas categorías propias de la narratología o del análisis narrativo; véase, por ejemplo, lo expuesto en el capítulo “Noticieros…”.
Según Marcela Farré (2004), el género informativo audiovisual debe satisfacer las expectativas del público en virtud de un pacto de credibilidad y confianza, cuyo principal aspecto es la provisión de contenidos, un mundo posible que dé cuenta de esa realidad mostrada. Desde esta perspectiva, los noticieros, apropiándose del discurso referencial, adquieren una preponderancia especial, transformándose en el principal actor de saberes, creencias y posteriores acciones de su audiencia, a partir de los hechos que cuenta.
Todas las tradiciones teóricas presentadas hasta aquí se han conjugado para la elaboración de una matriz que, si bien fue estructurada tomando como base conceptual, fundamentalmente, las perspectivas del framing y del standing, ha sido enriquecida a partir de la incorporación de categorías aportadas por la sociosemiótica y la narrativa audiovisual, dando lugar a un instrumento de análisis innovador.
A continuación, se detalla el corpus general de estudio y se exponen las dimensiones basales que componen la matriz y sus respectivas variables, aunque la información detallada al respecto puede encontrarse en Natalia Aruguete et al. (2018).
Sobre el corpus y las unidades de análisis
Como se ha dicho, el corpus está conformado por las noticias del ámbito nacional2 sobre delito, violencia e inseguridad presentadas en los noticieros transmitidos, durante el horario central, por los canales 11 (Telefe) y 13 de AMBA, 10 y 12 de Córdoba, 3 y 5 de Rosario y 9 y 7 de Mendoza, en la semana que va del 1 al 8 de agosto de 2016. Entre todas las noticias, circunscribimos el análisis a tres tipos en particular: los informes, las crónicas y los móviles (ver tabla).
Corpus general de noticias
| Ciudad | Canal | Cantidad de noticias |
| AMBA | Canal 11 (Telefe) | 20 |
| Canal 13 | 25 | |
| Córdoba | Canal 10 | 14 |
| Canal 12 | 5 | |
| Rosario | Canal 3 | 23 |
| Canal 5 | 18 | |
| Mendoza | Canal 9 | 23 |
| Canal 7 | 32 |
Fuente: elaboración propia.
Se entiende por informe al género periodístico que consiste en la profundización de una noticia –lo cual lo sitúa en los límites del periodismo interpretativo–, y supone análisis y valoración de los hechos narrados. En este caso, el testimonio y la valoración de los sujetos implicados (víctimas, victimarios, testigos, expertos, etc.) son los principales protagonistas. Suelen producirse, por ejemplo, como resultado de una investigación previa o adoptar una estructura de problema-solución sobre la base de una serie de preguntas. El informe periodístico, entendido como unidad de muestreo, puede incluir otras unidades de registro.3 A diferencia de este, la crónica narra acontecimientos según su organización cronológica. Es el relato de un acontecimiento de actualidad donde no es admisible la ficción ni la dramatización (de incorporarlas, llegaríamos al informe). Su objetivo es brindar información sin la presencia de recursos expresivos o propios de la ficción. Por último, el móvil consiste en una transmisión desde exteriores –sea en espacio público o privado–, es decir, fuera del estudio desde el cual se transmite el noticiero. Implica el traslado de equipo técnico y periodista a cargo –usualmente, en la jerga argentina, llamados movilera o movilero– que ofrece un relato en simultáneo a un hecho noticioso; en este caso, hay sincronía entre ambas instancias (estudio y móvil). En total, el corpus comprende 160 noticias, distribuidas como se expresa en la tabla.
Sobre la matriz
La elaboración de la matriz supuso un considerable esfuerzo de triangulación metodológica que derivó en la distinción y definición de 73 variables, cuyo diseño se encuentra publicado con detalle en Aruguete et al. (2018).
Como es sabido, el eje central que define a las estrategias de investigación trianguladas es que orientan su atención a unidades comunes de observación. Si bien es cierto que el instrumento matriz es propio de una investigación que recurre a técnicas cuantitativas –para alcanzar, en este caso, una sistematización de los rasgos de las noticias con el objeto de establecer similitudes y diferencias entre estos–, en tanto nuestro estudio se propuso articular distintos enfoques teórico-metodológicos sumamos para su confección categorías provenientes del análisis de los discursos, así como de los estudios narratológicos. De este modo, en la preparación de la matriz intervinieron distintas perspectivas cuya articulación nos permitió desentrañar las singularidades del caso, y derivó en la redefinición de una serie de conceptos y variables. Algo que puede observarse, por ejemplo, en la incorporación de variables como calificación de la víctima o focalización. La primera permitió recoger apelativos (Adelstein, 1996) que fueron considerados, luego, para un análisis del discurso centrado en las figuraciones, cuyos resultados se presentan en el capítulo “El binomio víctima-victimario…”; la segunda es una categoría propia de la narratología modal (Jost y Gaudreault, 1995) que atiende a recuperar el punto de vista cognitivo presentado en el relato. El aporte de esta triangulación es que permite aprehender la multidimensionalidad del objeto al reconocer rasgos invisibilizados de encapsularse en perspectivas teóricas de manera aislada.
En este contexto, una de las primeras consecuencias de la convergencia teórico-metodológica fue diferenciar entre dos tipos de variables: inferenciales y de reconocimiento. Las primeras aluden a aspectos que no están materializados en el contenido y, por esa razón, el observador debe deducirlas; las segundas, en cambio, aparecen marcadas en el texto mismo. Dicha diferenciación procura evitar –o, al menos, limitar– la tendencia, presente en ciertos análisis de contenido, a producir inferencias que devienen más de un juicio a priori por parte de la investigadora o el investigador que de aquello que emana del propio texto y su puesta en discurso.
Dada la gran cantidad de variables que este instrumento comprende, nos limitamos, aquí, a exponer las distintas dimensiones en las que es posible nuclear el conjunto de indicadores dispuestos. Dichas dimensiones pueden discriminarse según estén vinculadas a:
el acontecimiento noticioso y su relevancia dentro del noticiero;
los protagonistas involucrados en el hecho noticioso;
la geolocalización del acontecimiento;
los encuadres que definen la situación problemática;
la presencia y el tratamiento de las fuentes de información, y
los aspectos narrativos, tanto desde el punto de vista cognitivo como audiovisual, y a los recursos que se emplean para su puesta en escena.
Como se podrá observar, los capítulos que integran este libro suelen vincular más de una de estas dimensiones y, por lo general, articular también hallazgos encontrados en el estudio de diferentes fases del circuito productivo (ver figura).
Dimensiones y variables de la matriz

Fuente: elaboración propia.
En relación con la primera dimensión, aquella que atiende a la definición del acontecimiento y su relevancia, se han discriminado las siguientes variables: la calificación del acontecimiento (los sustantivos y adjetivos utilizados para denominarlo en el plano lingüístico verbal, tanto en la oralidad de los presentadores u otros actores como en el texto sobreimpreso); el tipo de delito en el que se inserta el acontecimiento (robo, asesinato, corrupción, femicidio, etc.), el bloque en el que aparece, la duración de la noticia, su aparición en los anticipos o títulos, si la noticia tiene o no presentación, si se incluye un móvil o una entrevista en piso y el tipo de conflicto que desencadena (interno, externo, con el entorno).
En cuanto a la segunda dimensión, los protagonistas del acontecimiento, se reconoce la edad, el género y la clase socioeconómica de las víctimas y los victimarios, el tipo de imágenes con las cuales se los identifica, las calificaciones mediante las que se los nombra (los apelativos utilizados para ello), y el sujeto de la víctima y del victimario (esto es, si se trata de una persona presentada individualmente, un grupo o un colectivo).
La tercera dimensión, la geolocalización del acontecimiento, comprende la provincia en la que transcurre el hecho, la dimensión territorial del delito narrado (zona rural, urbana o asentamiento) y su calificación (en los mismos términos lingüísticos que se da a esta variable con relación al delito mismo).
La cuarta dimensión, aquella ligada con los encuadres, supone atender al tipo de motivación de la acción delictiva (racional o pasional), el agente causal del problema (social, institucional, político, legal, individual), las pruebas extratécnicas empleadas (en el sentido retórico del término, o sea, testimonios o declaraciones, estadísticas, jurisprudencia, etc.), la atribución de responsabilidad (si es encuadrada en términos institucionales, sociales o individuales), las soluciones (sea que no se expliciten o que haya un sesgo de normalización al presentarse a la institución estatal como necesario agente de resolución del problema), la evaluación moral (derivada de la presencia o no de aprobación/desaprobación y castigo/recompensa).
La quinta dimensión, el tratamiento de las fuentes de información, identifica, solo para el caso de las primeras cinco fuentes citadas, el tipo –personal (persona individual, colectivos de identificación, colectivos de generalización y metacolectivos) o documental–, el modo de empleo del discurso referido (estilos directo o indirecto), personalización (fuente personalizada o no personalizada), su institucionalidad (oficial o no oficial) y la adhesión del enunciador mediático a sus dichos (se adhiere, no se adhiere o se es ambiguo).
Finalmente, la sexta dimensión, que refiere tanto al punto de vista cognitivo y audiovisual como a los recursos de puesta en escena, incluye un conjunto de categorías provenientes del análisis narratológico, tales como la focalización (Jost y Gaudreault, 1995) o perspectiva narrativa que adopta el relato (focalización cero, interna, externa y espectatorial), ocularización o perspectiva visual (cero o interna), auricularización o perspectiva presente en la banda sonora (cero o interna), presencia o no de recursos sonoros (música, efecto de edición, etc.) y de recursos visuales (videograph, pantalla fragmentada o efecto especial), tipo de montaje (descriptivo o probatorio).
En suma, las distintas dimensiones desglosadas –con todas sus respectivas variables– componen una herramienta no solo provechosa para el análisis del contenido, sino también fértil para el reconocimiento de algunas manifestaciones de la puesta en discurso. Cabe aclarar, no obstante, que en los capítulos de este libro no se expondrán, en ningún caso, resultados generales derivados del análisis de los contenidos, sino, más bien, que las distintas variables analizadas en la matriz se emplean en los diferentes apartados para trazar los análisis parciales y transversales expuestos, en su cruce con otras instancias de este estudio y recurriendo, para ello, a la triangulación teórico-metodológica que atravesó el proyecto en su conjunto.
Recepción de noticias
El último de los aspectos comprendidos en el estudio del circuito productivo de las noticias sobre delito, violencia e inseguridad es el de su recepción, tal vez el eslabón de la cadena más desatendido por la investigación académica. Para abordarlo, se llevaron a cabo doce grupos focales (focus groups) en los cuatro centros urbanos comprendidos en nuestro estudio; cada grupo estuvo conformado por diez personas que fueron distribuidas según edad, clase social y lugar de residencia. La estrategia de análisis –cuyos resultados son expuestos con detalle en el último capítulo de este libro– adoptó una perspectiva comparativa a partir de las variables señaladas. ¿Qué dinámica tuvieron los grupos? En la primera parte se orientaba la conversación hacia las formas de consumo de las noticias en general y sobre delitos en particular, así como distintos tópicos sobre los medios, la percepción de inseguridad, entre otras. En la segunda parte se visionaban tres noticias seleccionadas del corpus; la primera, emitida por el noticiero de Telefe Noticias, que narra un robo en un supermercado con propietarios de origen chino donde un policía, que custodiaba el lugar, mató al presunto ladrón; la segunda, emitida por Telenoche, versa sobre un caso de corrupción (“caso Lázaro Báez”); la última, emitida por Canal 10 de Córdoba, aborda un caso de femicidio (el de Carina Drigani) que permitió visualizar una noticia emitida por un canal que no fuera de la ciudad donde se realizaban los grupos. Como puede advertirse, se procuró, para esta pequeña muestra de noticias, que hubiera diversidad tanto desde el punto de vista del tipo de delito como respecto de los canales de televisión, para analizar si alguna de esas variables incidía en los modos de interpretación de las noticias.
En principio, se planteó como objetivo indagar en las distintas formas de recepción de las noticias sobre delito, violencia e inseguridad, comparando las diversas coberturas y su relación con variables ligadas al público, tales como localización geográfica, clase social, franjas etarias, sexo e ideología política. La hipótesis principal planteada en el proyecto fue que los distintos tipos de recepción que surgen de una misma noticia están condicionados por una serie de variables. En primer lugar, por la evaluación que el público hace del medio en cuestión, a partir de distintos grados de confianza previos, hallazgo propio de los estudios locales, no presente en los procedentes de los países centrales (Kessler y Focás, 2014; Focás, 2016). En segundo lugar, por una serie de variables ligadas a los propios individuos, en particular, la experiencia de victimización y la percepción de cercanía o lejanía geográfica y/o social con el caso noticiable, y otras como el género, la ideología sociopolítica y la edad, específicamente (Chiricos, Padget y Gertz 2000; Ditton et al., 2004; van den Bulk, 2004). El diseño de la guía de pautas elaborada para los grupos focales procuró poner a prueba distintas hipótesis y hallazgos internacionales sobre recepción de noticias, tal como se desarrollará en el capítulo correspondiente.
Puente hacia los siguientes capítulos
En los siguientes capítulos el lector podrá encontrar una síntesis de los diferentes resultados de nuestra investigación relatados, según el caso, por las y los colegas que integraron un equipo de trabajo tan interdisciplinar como federal. No obstante, las páginas precedentes permiten identificar, a priori, otros dos aportes logrados: por un lado, el estudio de modo integrado de los múltiples aspectos de un fenómeno que suelen ser indagados, artificialmente, de forma separada (la estructura mediática, las rutinas productivas, las noticias y su recepción) y, por otro lado, la combinación teórico-metodológica de tradiciones que aquí se entienden complementarias, pero que no habían sido tomadas de modo combinado hasta el momento.
Aun cuando el presente capítulo no pretende mostrar resultados, es posible adelantar algunas pistas. En primer lugar, se constató la existencia de características distintivas para la selección de temas en los noticieros de acuerdo, principalmente, con el lugar de radicación del canal en función de la estructuración centralizada en Buenos Aires que presenta el sistema televisivo argentino, junto con otras variables como el tamaño de la emisora, el tipo de asociación con los canales de AMBA, Canal 13 y Telefe, y los recursos técnicos y humanos disponibles.
Sin caer en el reduccionismo economicista, se constata que la evaluación de los costos es un aspecto central para la decisión de que un tema se convierta (o no) en noticia, sobre todo en los canales de menores recursos que se encuentran en las ciudades de Rosario, Córdoba y Mendoza. A su vez, esto se combina con los elementos propios de la producción del sentido en formato televisivo y con cuestiones vinculadas a la línea editorial –y los compromisos empresariales– del medio que, en cierto punto, condicionan su tarea productiva.
Los trabajos de observación, las entrevistas, el análisis de los discursos y encuadres audiovisuales y su articulación con las condiciones estructurales del sistema televisivo en el país dan cuenta de la intervención compleja y multifactorial de aspectos a considerar en la puesta en el aire de las noticias sobre delito, violencia e inseguridad en los noticieros de televisión. El estudio de recepción, por su parte, permite corroborar algunas de las hipótesis inicialmente planteadas, así como brindar otros hallazgos novedosos. Entre otras cuestiones, se verifica que la credibilidad de los noticieros depende de la confianza previa al canal emisor. También se advierte que las entrevistas y los entrevistados de diferentes edades y estratos sociales han cambiado sus formas de consumir noticias en los últimos años. Todo eso se atiende con detalle en el capítulo “Recepción de noticias…”. En el marco de ese repertorio de noticias publicadas por diversos medios o plataformas mediáticas (Fernández, 2018) que los usuarios dicen consumir, lejos de desvanecerse el rol de los noticieros televisivos, se les exige a estos que ordenen; se espera que conviertan en un cosmos jerarquizado ese caos informativo, casi inabarcable, de noticias que circulan por doquier.
1. Se verá, por eso, que cuando a lo largo del libro se citan fragmentos de los testimonios recabados solo se indica a qué canal y a qué ciudad pertenece cada informante.
2. Es decir, por cada noticiero se consideraron las noticias sobre la temática estudiada con alcance local, regional o nacional, pero en ningún caso se incorporaron las del ámbito internacional, cuando las hubiera.
3. Los informes, las crónicas y los móviles seleccionados conforman las unidades de muestreo, es decir, unidades físicas, semántica y lógicamente independientes unas de otras, que deben ser recogidas y conservadas para su estudio (Colle, 2011). Dentro de cada una de estas es posible identificar unidades de registro, segmentos específicos del contenido que se relacionan lógica y semánticamente con otras unidades de registro de una misma unidad de muestreo.
La televisión abierta de las grandes ciudades argentinas: estructura subordinada y contenido local
Martín Becerra y Santiago Marino
Introducción
La televisión en la Argentina asume rasgos familiares a las del resto de la región latinoamericana en cuanto a su maduración como industria cultural, su lógica comercial –principalmente operada por grandes empresas y grupos privados–, su producción de contenidos centralizada en los principales centros urbanos, y su propiedad concentrada y con rasgos de patrimonialismo político (Becerra, Mastrini y Waisbord, 2015). Pero, al mismo tiempo, la televisión argentina cuenta también con algunas particularidades derivadas de la complementaria estructuración de la televisión de pago (fundamentalmente, por cable) desde fines de la década de 1980, que se combinan con cambios de gran calibre en la cadena productiva y en las modalidades de uso y consumo en un presente en el que la disrupción de los mercados audiovisuales masivos y generalistas marca la pauta como efecto directo de la digitalización de las comunicaciones.
A pesar de la caída en su encendido, la televisión sigue captando en términos relativos la mayor porción de la inversión publicitaria y constituye una referencia enunciativa cardinal en el troquelado de la agenda pública (van Dijck, 2016), incluso cuando sus contenidos no son vistos en vivo, sino que se incorporan a la dieta de consumo incidental (Mitchelstein et al., 2020) propia de los hábitos de información y entretenimiento de la actual etapa histórica.
El presente texto procura identificar las características centrales de la estructuración del medio televisivo en el país y analizar la relación entre las emisoras cabecera de los principales grupos audiovisuales, el Grupo Clarín y Viacom, y los canales de televisión abierta de las principales ciudades que, fuera del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), conforman el estudio del circuito productivo de las noticias sobre delito, violencia e inseguridad: Córdoba, Rosario y Mendoza.
Marco conceptual
La televisión, medio de comunicación que es objeto central de indagación en esta investigación sobre noticias y delito en la Argentina, se halla en un proceso de transformación radical (Castells, 2009) producto de los cambios socioculturales, económicos y tecnológicos que modifican todo el circuito productivo de las industrias de la cultura, la información y el entretenimiento.
En términos analíticos, la televisión comparte la definición canónica sobre industrias culturales que la economía política de la comunicación emplea para abordar su estudio. Las industrias culturales son “un conjunto de ramas, segmentos y actividades auxiliares industriales, productoras y distribuidoras de mercancías con contenidos simbólicos, concebidas por un trabajo creativo, organizadas por un capital que se valoriza y destinadas finalmente a los mercados de consumo, con una función de reproducción ideológica y social” (Zallo, 1988: 10).
Dentro del conjunto amplio y diverso que agrupa a las industrias culturales, el audiovisual continuo constituye una rama clave y compleja que incluye al medio televisivo, y configura un sistema de producción con difusión única y recepción múltiple, a la vez que materializa una relación emisor-receptor de “punto a masa”, característica central de la radiodifusión. Los medios que integran la rama audiovisual continua son la radio y la televisión (en sentido amplio). Su análisis se puede desagregar según estructura de propiedad, modelo de financiamiento, tecnología de distribución, público destinatario y contenidos.
La televisión es una rama de las industrias culturales por propia naturaleza. Es una técnica inseparable del proceso de producción, en la que los medios técnicos y económicos están orgánicamente ligados a los intelectuales. Como medio, comprende una cultura de flujo con múltiples productos puestos en uno general –la programación– que brinda un servicio de continuidad con financiación directa y/o indirecta.
Las estrategias de valorización del capital propias de este sistema de transporte/difusión son las siguientes: lógica de programación de “superrejilla”, paquetes temáticos de ofertas, desdoblamientos de canales, creación de sectores para demandas minoritarias pero solventes –nichos pequeños pero seguros (Bustamante, 1999)–.
Cada una de las ramas o sectores de las industrias culturales funcionó de forma más o menos estable hasta la irrupción de internet en la vida cotidiana de las sociedades donde operan. Este funcionamiento implicaba un ciclo productivo con su correspondiente organización pensada para la generación de un producto final (bien o servicio) que respondía a una instancia de consumo delimitada por el soporte y la tecnología. Además, este sistema de medios tradicionales cultivaba fuentes de ingresos definidas –en la mayoría de las industrias y ramas, diferenciadas– para cada una de las industrias.
En la Argentina, la televisión es un medio sobre el que se ha organizado, durante el último medio siglo, la estructuración concentrada en cuanto a capitales y centralizada en cuanto a contenidos, el flujo de informaciones y entretenimientos masivos en el país. La estructuración del modelo televisivo argentino presenta peculiaridades respecto de la televisión en Brasil o en Colombia, por tomar dos países de la misma región sudamericana, pues acompaña el tipo de configuración del espacio público y la organización de grandes aglomerados urbanos capaces de reunir públicos masivos como destinatarios del mercado televisivo (Muraro, 1987). Los altos costos fijos y los bajos costos variables, la necesidad de desarrollar escala y la configuración demográfica concentrada en muy pocos grandes centros urbanos con potentes mercados de consumo condicionaron no solo la organización de la industria audiovisual, sino buena parte del resto del sistema infocomunicacional (Becerra, 2015).
Los rasgos fundacionales de la televisión argentina, como la influencia política en las transmisiones (Varela, 2005), la lógica comercial que organiza una grilla que orbita en torno del entretenimiento, la tercerización de una parte de la programación (aun en los medios gestionados por el Estado), la centralización en Buenos Aires de la producción de contenidos y la exploración estética continúan vigentes en el presente.
En las últimas tres décadas, en sintonía con el shock tecnológico en todas las actividades de información, comunicación y cultura, y con ciclos espasmódicos de mayor y menor intensidad, la televisión argentina se remozó tecnológicamente y reorganizó sus procesos productivos a través de la profundización de una de sus señas identitarias: la tercerización de su programación. Esto habilitó el surgimiento de una gran cantidad de productoras tanto de las propias emisoras como independientes en su composición accionaria. Estas, por un lado, revitalizaron estéticamente la televisión, y, por el otro, significaron un ahorro de costos fijos en las emisoras, que delegaron el riesgo en nuevas empresas productoras. Algunas de las independientes (como Pol-ka o Ideas del Sur) fueron más tarde absorbidas por grandes grupos mediáticos.
La delegación tercerizada del riesgo tiene dos dimensiones: por una parte, la posibilidad de los canales y las radios de nutrirse con nuevas ideas que contraen riesgos en términos de programación, tanto en la ficción (Carboni, 2012) como en los contenidos periodísticos; por otra parte, la derivación a terceros de los costos fijos en propuestas cuya realización mercantil es, en su fase de concepción, incierta.
En este sentido, en la televisión argentina se ha consolidado una cadena de valor en la que una empresa “tercera” genera el contenido para un canal con el que está, directa o indirectamente, relacionada en términos de producción. Esta situación es intensa en los géneros más costosos (como la ficción), pero se extiende al resto de la programación, a excepción de los noticieros, que suelen ser la voz institucional de los canales. Los canales de televisión pueden comprar los contenidos a quien los genera, tener acciones de esas firmas, o bien ofrecer pantalla y audiencia para que el contenido se valorice por diferentes vías: venta al exterior y/o publicidad no tradicional.
Así ha funcionado la cadena productiva en la Argentina para un sector de las industrias culturales dominado por el objetivo comercial, concentrado en su propiedad y en la geografía de producción, con alta incidencia de capitales extranjeros. De este modo, se consolidó un sistema con escasez de oferta y cobertura, dependencia tecnológica y de capitales extranjeros, con menos de cincuenta canales en todo el país, y pocas ciudades (Córdoba, Mendoza, Rosario, Bahía Blanca) con dos o más que retransmiten contenidos porteños y dependencia del sistema pago (cable y satelite) para llegar a la audiencia. Cincuenta canales es un número relativamente bajo en un país como la Argentina, lo que en parte explica la masividad que alcanzó la televisión por cable a partir de fines de la década de 1980, dado que ofrecía un complemento de programación –además del acceso a imágenes y sonidos sin interferencias a los canales abiertos– y, sobre todo, llevaba la televisión a zonas del vasto territorio argentino que carecían de emisoras.
A pesar de su masiva presencia en los hogares, en tres de los conglomerados urbanos más importantes después de Buenos Aires (por cantidad de habitantes) hay muy poca producción propia, siendo el prime time de las emisoras de Córdoba, Rosario y Mendoza dominado por la retransmisión de ciclos de canales de AMBA. La televisión abierta en Córdoba, Rosario y Mendoza inserta noticieros locales (matutinos, al mediodía y nocturnos) y, en horarios nocturnos, algunos ciclos de productoras de la propia ciudad; fuera de eso la pantalla está centralizada en los envíos desde AMBA, en particular procedentes de los grupos mediáticos dueños o asociados (Clarín y Viacom). En este sentido, los estudios en curso en distintas regiones del país sobre la estructuración de la propiedad de los medios (Arrueta, Brunet y García Vargas, 2009; Schleifer, 2018) muestran un incremento de la centralización geográfica en Buenos Aires, de la concentración del sector y de los contenidos que se producen y distribuyen en todo el territorio, que es uno de los rasgos inherentes al desarrollo histórico del sector (Ford y Rivera, 1985; Mastrini, 2005; Getino, 2008).
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