Читать книгу: «La clave de la concentración»

Шрифт:

FERNANDO F. SACCONE

LA CLAVE

DE LA

CONCENTRACIÓN


Saccone, Fernando F.

La clave de la concentración / Fernando F. Saccone. - 3a ed mejorada. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Club House Publishers, 2020.

Archivo Digital: descarga

ISBN 978-987-47332-6-9

1. Rugby. 2. Liderazgo. 3. Psicología del Deporte. I. Título.

CDD 796.333

CLUB HOUSE Publishers

Un sello de Ediciones Deldragón

Emilio Mitre 71 – 7º B (1424 ) Buenos Aires

República Argentina

LA CLAVE DE LA CONCENTRACIÓN

© 2018 , Fernanco F. Saccone

Dirección editorial: Ricardo J. Sabanes

Diseño de interior: Laura Restelli

Diseño de cubierta: Rodrigo Broner

Derechos de edición en castellano reservados para todo el mundo:

© 2018, Ediciones Deldragón

Primera edición: septiembre 2018

clubhousepublishers@gmail.com

www.edicionesdeldragon.com.ar

ISBN: 978-987-1884-79-7

ISBN: 978-987-47332-6-9 (e-book)

Queda hecho el depósito que prevé la ley 11.723

Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de la cubierta, puede ser reproducida, almacenada o trasmitida en manera alguna ni por ningún medio, ya sea eléctrico, químico, mecánico, óptico, de grabación o de fotocopia, sin permiso previo del editor.

ÍNDICE

1  Agradecimientos

2  Prólogo

3  Introducción

4 I . EL EMBRUJOLos guerreros del embrujoEl Haka desafiadoContrarrestar el embrujoEl Haka y el amedrentamientoEl Haka y la desconcentraciónLa concentraciónEl Haka y la concentraciónEl Haka y lo ancestralEl Haka y la catarsisEl Haka y los objetivosEl Haka y el 'flow'Los efectos psicofísicos del Haka

5 II. LA CLAVELa V de la concentraciónDar vuelta la páginaLos entrenamientos pensados. La evaluación poscompetitiva (primer día de entrenamiento)Entrenamientos posterioresEvaluación precompetitiva (último día de entrenamiento)La importancia de las evaluaciones pre y poscompetitivasApelar a la creatividadEl protocolo prepartidoSíntesis y refuerzo de conceptosRutina precompetitiva individual y grupal y desarrollo del próximo encuentroRutina precompetitiva individualRutina precompetitiva grupalConcentración en el vestuarioConcentración en la entrada en calorArengaConservación de la concentraciónConcentración en el banco de suplentesEntretiempoEl Haka y la v de la concentraciónLa concentración deportiva

6 III. LA BÚSQUEDAEn busca de nuestra VLa V del trabajo en equipoAprender a trabajar en equipoLa culturaConocer al guerreroLa reconstrucción cultural: el legadoCamino a nuestra reconstrucción: El legado argentino

7 IV. LA BRÚJULALa orientaciónEl triángulo pienso-siento-actúoCabeza roja vs. cabeza azulUtilizar la flecha adecuadaLa rejilla de concentraciónConocer cómo conocemos¿Qué ocurre en nuestro cerebro cuando nos equivocamos?Mentalidad fijaMentalidad de crecimientoLa toma de decisiones

8 APÉNDICE. LA FORTALEZA MENTAL Y SU DESARROLLOLa toma de responsabilidadesLa grabaciónEl entrenador de la actualidad¿Ganar es ganar?Asociar a las familiasLa intervención del psicólogo deportivo en los clubes de rugbyPrograma psicodeportológico para clubesRequisitos para la implementación del programaObjetivos del programaA modo de conclusión

9  Referencias y consultas

Agradecimientos

A todos los hombres de rugby y a sus respectivos clubes, con los que tuve la oportunidad de relacionarme a lo largo de mi vida. Les agradezco ya que soy un convencido de que la presente obra fue escrita por todos.

A Nico, por ocupar su precioso tiempo en elaborar su aporte para esta obra.

A Ricardo Sabanes, quien me orientó con una sencilla sugerencia “escribí que la forma llega sola.”

Prólogo - Introducción
Prólogo

Nicolás Sánchez

Mi vida como deportista se compone de momentos que tomo como permanentes desafíos aunque formen parte de lo cotidiano: vida afectiva, entrenamientos, viajes, partidos, hablar con la prensa o participar en programas de radio o televisión. Pero prologar un libro no es algo habitual, lo considero un halago y por ello lo escribo muy motivado y con gran satisfacción, ya que implica un desafío diferente.

Tuvimos la oportunidad de estar junto a Fer en la UAR, donde, en los entrenamientos, desarrollamos trabajos muy útiles para mejorar nuestra capacidad de concentración y manejar nuestra ansiedad, con el objetivo de que pudiéramos aprender a mantener el foco de atención cada vez por más tiempo en medio de las cambiantes situaciones del juego.

Con posterioridad me entrevisté con él en varias ocasiones. Trabajamos algunos temas que –confieso– en el momento parecían no tener mayor sentido, hasta que con el correr de los días recordaba espontáneamente las entrevistas que habíamos tenido y me percataba de que comenzaba a tomar conciencia y a identificar algunas cuestiones que antes no registraba, lo que me abrió las puertas para modificarlas y progresar no solo en lo deportivo, sino también en lo personal. Las entrevistas me fueron de sumo provecho para poner en palabras las diferentes emociones que me ocasionaban algunas situaciones cotidianas, tanto dentro del deporte como fuera de el, y para darme cuenta de que todo ello estaba relacionado y, así, aprender resolverlas de manera integrada.

Creo que debe ser difícil comprender los beneficios del trabajo psicológico para aquel que no ha tenido la oportunidad de experimentarlo, o que no ha tenido acceso al mismo por diferentes motivos, razón por la cual me considero un privilegiado. Gracias a esto puedo aseverar que no se puede concebir al rugby actual, así como cualquier otro deporte de alto rendimiento y todo lo que lo rodea, sin trabajar debidamente el aspecto mental y, dentro de esto, la concentración.

Al igual que en su primer libro Rugby Mental, en esta nueva obra Fernando trata temas con los que nos enfrentamos a diario en el deporte; simplifica y hace comprensibles conceptos de la psicología que acostumbramos a leer o escuchar, utilizando enriquecedores ejemplos escritos en un lenguaje totalmente accesible. El lector podrá tomar conocimiento de cómo pueden trabajarse y desarrollarse las destrezas mentales para mejorar significativamente su rendimiento, y saber que definitivamente nuestro juego no puede darse más el lujo de prescindir de las herramientas de la psicología del deporte. El concepto “Clave de la concentración” al que Fernando hace alusión en este libro es significativamente novedoso. Me siento absolutamente identificado con el mismo y con lo que el desarrollo de esta habilidad hace posible para nosotros como jugadores, para nuestros entrenadores y para el mundo del rugby en general.

Estoy convencido de que todo aquel que forma parte de nuestro deporte podrá disfrutar de la experiencia de leer este libro esclarecedor, y de aprovechar los conocimientos en él expuestos para utilizarlos con éxito, ya sea desde el lugar que le toque ocupar dentro del rugby como fuera de él.

Van mis felicitaciones por este nuevo libro escrito con mucha pasión y dedicación, cuestiones que se reflejan en su contenido.

Introducción

Elegí introducirme en la temática de la concentración a través del haka, emblema del rugby neocelandés y mundial. El efecto fascinador que ocasiona este mágico y seductor ritual a veces no permite profundizar en los beneficios psicológicos que esta danza conlleva para este seleccionado. Por lo general, esta ceremonia se interpreta desde una perspectiva cultural en la que los hombres de negro representan simbólicamente a los antiguos guerreros que se encomendaban a sus dioses para afrontar una de tantas batallas. A lo sumo, desde esta perspectiva acotada, se reflexiona sobre el amedrentamiento paralizante que la práctica del haka ocasiona en jugadores y público. Ante esto, un análisis psicológico más amplio y minucioso del haka y sus derivaciones será revelador y sumamente enriquecedor, más allá de la cultura a la que pertenezcamos.

Uno de los innumerables beneficios psicológicos que derivan del haka es la concentración. El objetivo de este libro es profundizar en esta habilidad a la que habitualmente se recurre para explicar las performances deportivas. Habilidad mental por excelencia, ya que un estado deficitario de la misma torna imposible reflejar, en las situaciones de competencia, los otros aspectos que se trabajan en los entrenamientos, como los físicos, técnicos, tácticos estratégicos, e incluso el resto de los aspectos psicológicos

Dicho de otra manera, la carencia de una óptima concentración durante la competencia hará tirar por la borda lo trabajado en las prácticas, haciendo que todo el esfuerzo o parte de él sea en vano. Resulta paradójico que nos refiramos en forma insistente a la concentración como la principal responsable de las actuaciones mientras se continúa sin incorporarla a la planificación de los entrenamientos. Durante el desarrollo de esta obra y por medio de un análisis exhaustivo del haka como punto de partida, iremos recorriendo las claves de la concentración. Confío en que la lectura de este libro ocasionará en ustedes el mismo disfrute que experimenté durante su escritura.

I EL EMBRUJO

“El juego no arranca cuando suena el silbatazo, el juego arranca cuando hacemos el haka”.

Richie McCaw

Los guerreros del embrujo

El estadio desborda de personas. Una multitud ansiosa. Emoción a flor de piel. Público diverso. Gran parte de los aficionados aseguran asistir para ver jugar a su equipo a sabiendas de que en su interior esto es una excusa. Fenómeno deportivo único… público local y visitante unidos bajo una misma expectativa. Para muchos no juega su seleccionado nacional e incluso algunos ni siquiera entienden el rugby, no saben cómo se juega, cómo se anotan puntos, qué es lo que hacen todos empujándose allí… No importa si el partido será entretenido ni quién lo ganará. Tampoco el clima, ni el estado del campo de juego. Saben que al regresar a sus hogares estarán conformes. Tienen la certeza de que, pase lo que pase, el precio de la entrada habrá valido la pena. En realidad, nada importa demasiado a excepción del momento por llegar… Por los altavoces del estadio se anuncia el ingreso de los hombres de negro. Se aproxima el momento esperado… y hasta los himnos parecen carecer de sentido…

23 guerreros que se plantan en el campo sacando pecho…

22 guerreros predispuestos a ser guiados en el ritual por su líder…

Guerreros que se alistan en forma de V preparados para dar comienzo a la ceremonia…

Guerreros que se asientan sobre sus piernas cruzando sus brazos a la altura de sus mentones y hombros mientras miran a su rival fijamente a los ojos…

Guerreros que golpean sus antebrazos con sus palmas en manifestación de poderío…

Guerreros que se reclinan sobre el campo para golpear el terreno con sus puños…

Guerreros que golpean fuertemente sus pechos como si fuesen tambores…

Guerreros que elevan sus brazos al cielo una y otra vez…

Guerreros que palmean sus muslos y dan fuertes y constantes pisotones en el suelo…

Guerreros que exhiben sus manos con acentuadas manifestaciones de temblor…

Guerreros que manifiestan singulares gestos faciales de exacerbación y furia mediante sus ojos y lenguas…

Guerreros que ejecutan movimientos de extensión y contracción de sus músculos…

Guerreros que inhalan y exhalan aire en forma metódica y pronunciada…

Guerreros que interpretan su canto a través de un perfecto lenguaje corporal compuesto por percusión y movimientos rítmicos…

Guerreros que se refieren constantemente a sus ocasionales rivales con gestos y miradas desafiantes…

Guerreros que, luego de ejecutar al unísono la electrizante danza, buscan relajadamente sus lugares en el campo de juego para enfrentar a sus rivales…

Público atónito, hechizado, que repentinamente estalla en gritos y aplausos ensordecedores que quiebran el ejercicio de un silencio cuasi espiritual…


El Haka desafiado

Cualquier simpatizante que haya disfrutado del haka habrá podido observar lo que describe James Kerr en la introducción de su libro Legado:

Los equipos rivales enfrentan el haka de diferentes maneras. Algunos tratan de ignorarlo, otros avanzan hacia él, la mayoría se para hombro con hombro para enfrentarlo. Cualquiera sea la respuesta hacia afuera, por dentro los rivales saben que están frente a más que una selección de quince jugadores individuales. Están frente a una cultura, una identidad, un ethos [forma común de comportamiento que adopta un grupo de individuos que pertenecen a una misma sociedad] un sistema de creencias y una pasión y un propósito colectivo que superan todo lo que hayan enfrentado antes.

Son varios los equipos que a lo largo de la historia han optado por hacerle frente a este baile (sitio Feel the Rugby):

En 1989, en Lansdowne Road, la selección de Irlanda fue avanzando a medida que los hombres de negro hacían el haka, hasta literalmente invadir la zona en la que ellos estaban desarrollando el baile, ubicándose frente a ellos.

En el Mundial de 2003, el seleccionado de Tonga desarrolló su haka nativo, el Sipi Tau, al mismo tiempo que los All Blacks realizaban el Ka Mate.

En la Copa del Mundo de Rugby 2007, el seleccionado local se acercó abrazado plantándose de frente a centímetros de los jugadores de negro cuando se disponían a hacer el haka y los miraron cara a cara durante todo el ritual (algo muy similar a lo que ya había hecho Willie Anderson de Irlanda en 1989).

En 2008 la selección de Gales también desafió el haka en un test match realizado en el Estadio Millennium de Cardiff, quedándose plantados en el campo de juego, desafiando a los All Blacks después que realizaran el haka Ka Mate. La selección neozelandesa respondió al desafío haciendo lo mismo. Sin embargo, después de un minuto y medio, quienes primero se retiraron a ubicarse para el kick-off serían los All Blacks.

Incluso Los Pumas, en la presentación ante los hombres de negro el 30 de septiembre de 2017 en Vélez Sarsfield, optaron por enfrentar la ceremonia imitando la formación en V que suelen realizar los neozelandeses.

Contrarrestar el embrujo

Resulta altamente llamativo cómo los seleccionados rivales parecen perder su tiempo buscando contrarrestar los efectos de amedrentamiento que pareciera ocasionar el haka, como si se tratase de encontrar una pócima mágica o un antídoto para un embrujo, en lugar de preocuparse por comprender las implicancias del mismo y los beneficios psicológicos que este ritual-danza provoca en los hombres de negro, para aprender y procurar obtenerlos. Si bien es claro que el poderío del equipo, sumado a esta vistosa, espectacular e intimidatoria danza ejecutada al unísono ocasiona cierto encantamiento obnubilante que impide interpretarla en mayor profundidad, el efecto que ocasiona está en relación, al menos en parte, con el desconocimiento de todo lo que la misma acarrea, y con un reduccionismo que lleva a catalogarla como cultural sin profundizar demasiado en ella mediante un análisis más exhaustivo. Esto deriva en pretender contrarrestarla sin comprender lo que se está buscando contrarrestar. Parecería ser que esta danza nos enfrenta en un instante a un desconocimiento y una falta de comprensión tan evidentes que ocasionan un temor y una fascinación misteriosamente paralizantes. Coincido con otros autores en que el haka de los All Blacks es una clara estrategia que tiene como objetivo atemorizar al rival tal como lo hacían sus antecesores, pero desde ningún punto de vista lo considero la clave de la cuestión.

Nadie puede dudar de que cuando, antiguamente, primaba el pensamiento mágico, uno de los objetivos del haka era intimidar a otras tribus, sin embargo, nos encontramos en el siglo XXI… No pretendo con esto reducir su importancia catalogándolo de un mero espectáculo prepartido, sino que, muy por el contrario, considero que el haka constituye el ejemplo más cabal de la importancia que la preparación psicológica tiene en la optimización del rendimiento deportivo. Es por este motivo que propongo que a través de la psicología comprendamos los beneficios psicofísicos que provoca este ritual-danza en los hombres de negro, en lugar de situarnos pasivamente en nuestra zona de confort siendo tan solo objetos paralizados por su fascinación.

¿Es en esencia el haka amedrentamiento o el amedrentamiento es el efecto que el haka ocasiona en nosotros? Solemos asociar y confundir los efectos causados por algo con su esencia, cuando en realidad ambas cosas no son necesariamente lo mismo. ¿Es solo amedrentamiento del rival la ventaja psicológica que obtienen de esta danza? ¿O es mucho más que ello?

El Haka y el amedrentamiento

Según el diccionario de la RAE, amedrentar implica la acción de infundir miedo y temor en alguien a partir de diversas prácticas que se conocen a priori y que, por tanto, se sabe que causarán el efecto pretendido en el destinatario. El amedrentamiento (es decir, el acto y el resultado de amedrentar) implica ejercer una presión o depositar una carga simbólica en la persona que recibe la acción. De esta manera, se espera que el sujeto amedrentado actúe de acuerdo con las exigencias de quien se encarga de amedrentar. Encuentro un ejemplo claro de esta acción en el texto inicial del libro El principio de la presión, de Dave Alred (entrenador de kicks de Jonny Wilkinson entre otras estrellas), donde un oficinista junta las notas arrugadas que le sirvieron de apoyo formando un bollo de papel para arrojarlo desde su silla hacia el cesto que se encuentra en la otra punta de la oficina, y luego se felicita a sí mismo por haber encestado con un tiro perfecto (“todo el mundo es un campeón cuando nadie lo mira”, aclara Alred en su escrito). Un colega ingresa a la oficina sonriendo maliciosamente para apostarle una libra “a que no podría hacerlo de nuevo”. El oficinista acepta considerando que no hay mucho en juego y aprovechando que su confianza se encuentra en alza luego de su tiro perfecto… Pero cuando está a por apuntar al cesto, su colega le propone hacerlo más interesante y convoca a los demás compañeros del piso ofreciéndoles también apostar. Sus pares atestan la oficina y las apuestas suben haciendo que la libra inicial se transforme finalmente en un pozo de algo más de mil. El autor explica como el protagonista comienza a sentir las miradas clavadas en él; el bollo de papel entre sus manos ya húmedas y frías; un nudo en el estómago y la boca seca; el pecho, que se le vuelve tenso mientras el corazón se le desboca, mientras piensa en las mil libras y en los colegas que lo perforan con la mirada. Comienza a sentir que es el protagonista del penal del último minuto en la final de la Copa del Mundo y que su oportunidad de hacer historia en la oficina se desvanece a la vez que se pregunta cómo fue que hizo para lograrlo antes. El autor también describe la ansiedad, la aceleración del ritmo cardíaco, el sudor, la sensación de hombros y cuello endurecidos, el dolor de cabeza, el cosquilleo en el estómago y las náuseas como algunos de los síntomas físicos que podemos experimentar como resultado de la presión. Y los efectos mentales: como la confianza, la concentración, la memoria, el control de emociones, el sentido de perspectiva y la capacidad para mantenerse presente en el momento, entre otros, que se ven comprometidos impidiéndonos hacer cosas que podríamos manejar con facilidad en un entorno más relajado. Alred propone adoptar una definición sencilla de presión a sabiendas de que el problema no es la presión en sí, sino el impacto que ocasiona sobre nosotros: “es la interferencia en la capacidad de concentrarse en un proceso, consciente o inconscientemente, provocando un deterioro en la técnica y una merma en el nivel de rendimiento”.

Esto significa que la visión de reto/desafío o amenaza que obtengamos de diferentes situaciones es lo que determinará mayores o menores probabilidades de superar los obstáculos que se nos presenten. Una de las claves del trabajo con mis pacientes deportistas y con equipos, y que destaco con insistencia en mis conferencias, es que una patada a los palos es objetivamente la misma ante treinta mil espectadores que la que se ejecuta a solas en el entrenamiento, y que un line out objetivamente es el mismo cerca de mi ingoal o cerca del ingoal contrario, en cualquier momento del partido e inclusive en el último minuto y aunque de ellos dependa su resultado final. Lo único que los transforma en diferentes es la traducción mental que haga de cada escena cada uno de los protagonistas. Se trata, entonces, de traducir mentalmente las situaciones a conveniencia para ser beneficiados en vez de amedrentados por el escenario ocasional.

El Haka y la desconcentración

Si asociamos lo dicho más arriba con el haka, se puede aseverar que es fundamental la traducción mental que realicen de este ritual-danza los rivales de los hombres de negro. Traducción que dará lugar, o no, al mencionado amedrentamiento. El reduccionismo que lleva a catalogar al haka solo como un fenómeno cultural, sumado a la insuficiente comprensión del mismo como producto de la ausencia de un análisis psicológico más exhaustivo, hace que a los rivales les sea dificultoso traducirlo mentalmente de forma correcta, lo que los predispone a que dicha ceremonia les juegue notablemente en contra.

Desde mi rol de psicólogo y a partir de mi trabajo con jugadores de los seleccionados nacionales, observo que algo les sucede a los que se enfrentan al haka. Algunos jugadores lo llaman intimidación, otros presión, para otros es algo de temor o ansiedad o motivación…, pero lo único cierto es que a todos se les dificulta explicarlo y que ese algo tiene relación con ese desconocimiento o falta de comprensión que produce interferencias en la concentración.

El haka va en desmedro de la concentración del rival desde el momento en que los jugadores contrarios ocupan su atención en contrarrestarlo, poniendo el foco en aquel, en lugar de ocuparse y concentrarse en aspectos relacionados con ellos mismos que les serían de mayor beneficio, tal como nos enseñan los hombres de negro. Lo cierto es que para poder concentrarse es fundamental conocer las razones del por qué de la desconcentración. Si bien debemos tomar en cuenta que “el rival más difícil está en nuestra cabeza”, frase que hace alusión a la traducción mental del contexto que puede jugarnos a favor o en contra, también se impone la frase “para vencer a tu rival primero deberás conocerlo”. En mi libro Rugby mental doy algunos ejemplos de lo que denomino los rivales de la concentración (capítulo cuatro). Rivales a los que se enfrentan cotidianamente nuestros jugadores, que están relacionados con una preocupación casi inconsciente por estímulos o cuestiones irrelevantes que nada tienen que ver con lo verdaderamente importante que es poner en práctica solo lo trabajado en los entrenamientos, y que, de hecho, interfieren con dicha puesta en práctica, tales como la camiseta del rival, el reloj, el tanteador, la localía o la visita y el historial, entre otros. Rivales a los que están habituados a enfrentar sin registrarlo y sin siquiera sospecharlo.

Parte de mi trabajo profesional consiste en orientar a los jugadores para que identifiquen esos rivales, los comprendan y profundicen en ellos, y así puedan vencerlos.

Suelo realizar tres preguntas a los jugadores de los planteles con los que trabajo por primera vez: “¿Contra quién juegan el próximo partido? ¿Dónde juegan? ¿Qué es lo que está en juego?”. A las que suelen responder inicialmente: “jugamos contra X equipo al que nunca (o siempre, o X veces le ganamos”, “jugamos de local (o de visitante)” y “está en juego el campeonato (o clasificar, o la permanencia, o si ganamos quedamos a tres puntos del primero o del segundo, entre otros ejemplos). Estas respuestas habitualmente forman parte del contenido de diferentes diálogos que suelen sostener no solo los jugadores, sino también los diferentes miembros del club, entre los que se encuentran sus entrenadores, quienes de hecho la mayoría de las veces suponen bientintencionadamente que potenciándolo motivarán a sus dirigidos sin tomar la debida nota de que dicho contenido suele sacarlos de foco. Ante estas respuestas suelo contestar: “En mi opinión, no están bien enfocados. Si están de acuerdo en comenzar a trabajar el aspecto mental, a partir de este momento jugaremos solo contra otro equipo de rugby, en una cancha de rugby, y para superarnos a nosotros mismos tanto en los entrenamientos como en los partidos”. Es que nuestra función de educadores es comenzar a trabajar en la transformación de nuestro mensaje para que nuestros jugadores aprendan a desarrollar un óptimo estado de concentración.

En mi quehacer cotidiano trabajo con planteles de jugadores y con el sistema club en general, en esta cuestión que a mi entender es clave. ¿Es que acaso para poner el foco en desarrollar lo que entrené en el próximo partido es relevante si al equipo que voy a enfrentar le gané o no alguna vez o X veces? Por el mismo motivo, ¿es relevante dónde se juega, si se es local o visitante o si hay público o no?, ¿o si se juega por los puntos o no y lo que esos puntos puedan o no significar? O por el contrario, ¿lo verdaderamente relevante es poner el foco en superarse en los entrenamientos de la semana para poder reflejar todo ello en el próximo partido? A lo sumo deberá ponerse parte del foco en estudiar las fortalezas del rival para trabajar en contrarrestarlas, y en sus debilidades para intentar sacarles el mayor provecho, así como analizar el estado del campo de juego para utilizar las estrategias más convenientes. Pero de estas cuestiones, en realidad, debemos ocuparnos siempre y no solo en determinados partidos o en circunstancias ocasionales.

En Rugby mental, hice alusión al claro ejemplo de nuestro compatriota y réferi internacional Federico “Boli” Anselmi, quien dirigió de forma impecable la final de Seven de los Juegos Panamericanos 2015, entre Canadá y los Pumas Seven, a pesar de los factores externos que podían representarle el hecho de referear una final disputada por un seleccionado de su propio país, con jugadores a los que conocía y con los que estaba habituado a entrenar en el Plan de Alto Rendimiento de la UAR (factores que podían generarle una responsabilidad extra, cargada de la consecuente presión). Ante mi sencilla pregunta sobre su impecable referato: “¿Cómo hiciste?”, solo se limitó a responder: “Para mí eran Blancos vs. Rojos”. Objetividad pura que hizo que pudiera centrarse en lo relevante de la tarea, dejando de lado todo lo que no lo era para así poder ejecutarla a la perfección. Esta forma de pensar es la que lo llevó a concentrarse en el desarrollo del juego mismo, más allá de las circunstancias que lo rodeaban. Hice también alusión indirectamente a este tema en el mismo libro donde afirmé: “si mi motivación depende de la camiseta rival a la que enfrento, del lugar donde juego o de lo que está en juego, de ello dependerá mi rendimiento”. Todo esto forma parte de motivaciones externas que a lo sumo pueden sernos útiles a modo de disparadores (en una arenga, por ejemplo) de la verdadera motivación que debe ser la motivación interna relacionada con las ansias de autosuperación permanente. Definí esta última como una de las claves de los All Blacks junto con el desarrollo de la capacidad de análisis y autocrítica, explicadas ambas desde una perspectiva psicológica, lo que ayudó a profundizar en el tema, y no desde una perspectiva moral valorativa asociada a la humildad que muchas veces nos limita en nuestra tarea.

En síntesis: primero debemos identificar a los rivales que interfieren en la concentración para poder profundizar en ellos y finalmente lograr vencerlos. Es por esta razón que sostengo que el haka actúa reiteradamente como un rival de la concentración de los equipos contrarios que erróneamente se ocupan de contrarrestar el efecto que ocasiona, en lugar de identificarlo en función de tal, comprenderlo y profundizar en las implicancias que este rival tiene para poder, finalmente, vencerlo. Como bien explica Sun Tzu en El arte de la guerra: “Si desconoces a tu enemigo y no te conoces, en cada batalla correrás serio peligro. Si conoces al enemigo y no te conoces a ti mismo, tus posibilidades de victoria son iguales a tus posibilidades de derrota. Conoce a tu enemigo y a ti mismo, así, en cien batallas jamás correrás el menor peligro”.

La concentración

Según el empresario estadounidense fundador de Apple, Steve Jobs, “La gente cree que concentrarse significa decirle sí a las cosas en las que tienes que concentrarte, pero no se trata de eso. Significa decirle no a los cientos de otras cosas que circulan por allí, debes elegir con cuidado”. Al respecto, Gilbert Enoka, el psicólogo que desde hace más de una década moldea el cerebro de los All Blacks, el mejor seleccionado de rugby del mundo, sostiene: “El arte está en saber qué sacarse de encima. Decirle sí al alto rendimiento significa primero decir que no”. En coincidencia con ambos, James Kerr, autor de Legado, hace referencia a una frase célebre de Muhammad Ali: “No son las montañas que tienes por delante las que te fatigan, sino la piedra en tu zapato”, y se basa en ella para describir cómo es que mediante el trabajo a conciencia por controlar el entorno los All Blacks “buscan eliminar las piedras de sus zapatos”. Mencioné en el apartado anterior que, para poder concentrarnos, debemos primero saber por qué nos desconcentramos, lo cual implica trabajar en identificar a los rivales y conocerlos para sacárnoslos de encima (la piedra del zapato de Ali) y poner el foco en lo que nos resultará beneficioso para encaminarnos al éxito (elegir con cuidado, según Jobs).

Entendidas las implicancias, hace falta reforzar el significado de la palabra concentración. Su definición más comprensible podría ser la expuesta por José Lorenzo González en su libro Psicología y deporte: “Focalización de toda la atención en los aspectos relevantes de una tarea, ignorando o eliminando todo lo demás”. De esta definición se desprende que la concentración está relacionada con la capacidad para prestar atención a lo que es relevante para la actividad deportiva que se está realizando, dejando de lado lo que no lo es ya que esto último puede perturbar la mejor práctica de la misma. En el ejemplo del oficinista de Alred, concentrarse hubiera sido conseguir abstraerse dejando de lado la mirada de los colegas y los pensamientos sobre la a apuesta, para prestar atención en el cesto y a todo lo relacionado con el lanzamiento para lograr que este sea efectivo. Podemos trasladar este ejemplo a los que ya he mencionado sobre el jugador que patea a los palos o el lanzador en el line out, entre otros.

Ahora bien, ¿cómo es que se da este proceso? El proceso de colocar toda la atención en los aspectos relevantes y olvidarse del resto puede resultar complejo. Cuando el deportista centra su atención momentánea o permanentemente en estímulos que no son relevantes para desarrollar su mejor juego, podemos concluir que el jugador se ha distraído, motivo por el cual seguramente cometerá un error. Las distracciones en el juego son hasta cierto punto normales. Como dicen Abel Guallar y Diana Pons en su libro Atención y concentración en el deporte, la clave estará en “detectar si hay o no patrones que se repitan en los factores que provocan la pérdida de la concentración”. Los psicólogos del deporte distinguimos dos clases de distracciones:

 Distracciones internas: son aquellas que provienen de nuestro interior e impiden centrar la atención en la tarea a realizar, como pensamientos referidos a errores cometidos en el pasado o relacionados con el temor a hacer algo mal; pensamientos que hacen a demorar demasiado la tarea a desarrollar por un excesivo análisis de la técnica durante la propia acción; pensamientos que hacen al desgano o la falta de motivación o centrar los pensamientos en la fatiga física, entre otros. Recuerdo el caso de un jugador que narró dolido como, mientras cantaba el himno nacional en la antesala de un importante partido, no podía dejar de pensar en el conflicto personal entre dos de sus familiares que, a causa de ello estaban presenciando el partido desde tribunas opuestas (esa distracción interna derivó en una de sus peores performances deportivas).

 Distracciones externas: relacionadas con estímulos irrelevantes del entorno que imposibilitan una plena concentración, como el accionar del público, factores meteorológicos, ruidos o provocaciones del rival, entre otros. En el deporte sobran ejemplos de deportistas o entrenadores que utilizan provocaciones a modo de artimaña para intentar desconcentrar al rival (Muhammad Ali fue un claro ejemplo de ello). Es evidente, tal como mencionábamos con anterioridad, que estarán en juego las traducciones mentales que cada deportista haga de las diferentes situaciones (por ejemplo, ante un haka) y por esta razón es que una de las claves estará en trabajar sobre ellas.


En conclusión, y tal como mencionan Robert Weinberg y Daniel Gould en Fundamentos de psicología del deporte y del ejercicio: “Los deportistas necesitan enfocarse solamente en las señales relevantes del entorno deportivo y eliminar las distracciones”.

El lector podrá comprender que centrar adecuadamente la atención en la tarea juega un papel determinante sobre la optimización del rendimiento deportivo, y que una concentración eficiente, sin distracciones, hará a la obtención de mayores probabilidades de éxito.

José González Lorenzo concluye que:

[…] es importante transmitir a los deportistas que no merece la pena que ocupen su atención en lo que está fuera de su propio control, como puede ser pensar en la excelencia de sus rivales. Los deportistas deben saber que lo único que está bajo su control es su forma de actuar, por lo que es mucho mejor centrarse en asuntos más productivos como perfeccionar una buena puesta a punto antes de la competición, tanto a nivel físico como mental.

Por tal motivo es que suelo hacer especial énfasis en la importancia que tiene el mensaje a transmitir por parte de los entrenadores y líderes de los grupos respecto de esto último.

El Haka y la concentración

En la sección “El haka de la desconcentración”, he desarrollado el efecto de desconcentración que este ritual-danza produce en los contrarios, analizándolo desde una posición pasiva vinculada a los efectos que produce en sus observadores (jugadores rivales, público, etcétera). Posición pasiva que marca el carácter de fundamental importancia que tiene el lugar en el que posicionamos al adversario, y el lugar en el que nos posicionamos frente a él, lo cual desnuda que tanto nuestros Pumas como el resto de los rivales de los All Blacks deberían preocuparse por la propia película y no tanto por la película ajena. Pero… ¿cuáles son los efectos activos que produce en sus actores? A fin de responder esta pregunta tomaré en cuenta otras dos sencillas definiciones de concentración:

1 Es la acción de concentrar cosas o personas que están dispersas o que se pueden dispersar.

2 Estado de las personas que fijan el pensamiento en algo, sin distraerse.

Si tan solo realizamos el ejercicio de revivir mentalmente el haka (para este fin puede sernos útil releer la descripción de las páginas 20 y 21 del presente libro), podremos tomar conciencia de que ambas definiciones encajan perfectamente con el transcurrir de la danza. En otras palabras, los hombres de negro se concentran mediante el haka fijando el pensamiento en su ejecución. Esto significa que a través de este ritual y durante su duración, sus protagonistas consiguen un estado de concentración absoluta que a simple vista parecería resultar en una especie de trance hipnótico. Tomemos en cuenta que el término “trance”, que significa transitar, transportarse o cruzar, hace referencia a las palabras entrada, umbral, conducto, portal y canal. La capacidad para entrar en trance está relacionada con un mecanismo psicofisiológico por medio del cual las personas se abandonan a ciertas condiciones externas o internas (en este caso a través de esta ceremonia) para ingresar en un estado de consciencia diferente en el que quedan suspendidas algunas funciones mentales habituales. La hipnosis es un cambio de estado de consciencia que puede ser inducido por una persona que hace de hipnotizador (hipnosis heteroinducida) o generado por uno mismo (hipnosis autoinducida o autohipnosis), por intermedio de ciertas instrucciones o pasos preliminares. El requisito imprescindible en ambas está en que el o los sujetos deben focalizar su atención sobre un estímulo exterior (por ejemplo: imagen, música), o sobre una sensación interior (por ejemplo: recreación mental de algo, ritmo respiratorio, estado de rigidez o relajación de todo el cuerpo o de una de sus partes). Podemos decir que el haka comprende las dos clases de hipnosis, ya que su líder hace las veces de hipnotizador (hipnosis heteroinducida), aunque es claro que los demás protagonistas también la generan por sí mismos (hipnosis autoinducida).

El Haka y lo ancestral

Mediante esta ceremonia que hace las veces de trance que los traslada a un estado de concentración pura, los hombres de negro resignifican (dan o encuentran un nuevo significado) al presente en función del pasado, inducidos por el líder de la danza, que actúa a modo de hipnotizador (veintidós guerreros predispuestos a ser guiados en el ritual por su líder…). En otras palabras, por intermedio del haka dan un nuevo sentido a una experiencia actual en función de algo ocurrido en el pasado. El haka como acto previo a la contienda deportiva, no representa solamente a aquellos jugadores contemporáneos sino a todos sus antecesores y a todo el poderío de la evolución. Es que el haka encarna un repaso del origen del ser humano y su evolución hasta la actualidad, en una representación del pasado y su transición hasta el presente, resignificando los orígenes del hombre, aludiendo al contacto con la fuerza de la naturaleza y a los dioses que la crearon.

En relación con la fuerza animal, los golpes en el pecho de la danza maorí que se describe (Guerreros que golpean fuertemente sus pechos tal como si fuesen tambores…), son representaciones claras de nuestros hermanos primitivos y de sus antecesores primates que así acostumbraban demostrar fuerza y poderío a sus contrapartes para amedrentarlos y, de acuerdo al sonido que nacía de su pecho, exhibían salud y fuerza para que no se entrometan con él ni sus hembras. A su vez, y hacia sus contrincantes, es una forma de medir al macho alfa ya que, de acuerdo al sonido que captan, infieren si pueden retarlos.

Y los golpes con sus puños en el campo de juego (Guerreros que se reclinan sobre el campo para proseguir golpeando el territorio con sus puños…) los asemejan a un simio, que marca el territorio. La particular disposición sobre el campo de juego en forma de V (Guerreros que se alistan en forma de V preparados para dar comienzo a la ceremonia…) representa la punta de lanza y el vuelo de las aves (que tendrán un especial tratamiento en el capítulo III).

En relación con la fuerza específica de la tierra, mediante el uso y la exhibición temblorosa de sus manos, los protagonistas aluden a los movimientos generados en la tierra por un volcán en erupción (Guerreros que exhiben sus manos con acentuadas manifestaciones de temblor…). Mientras que la conexión con sus dioses se manifiesta en la danza mediante la elevación de sus brazos (Guerreros que elevan sus brazos al cielo una y otra vez).

Más allá del enriquecedor significado que pueda tener de la letra del haka (ka mate o kapa O pango), considero fundamental destacar que las pocas palabras utilizadas en su letra son interpretadas con un perfecto lenguaje corporal que tiene más fuerza que el verbal.

Es clave el aspecto psicológico relacionado con esta especie de trance hipnótico del que deriva un estado de concentración plena, estado facilitado por todo lo que entra en juego a través de este ritual-danza y su sistema de creencias.


El Haka y la catarsis

Ya he afirmado que los hombres de negro se concentran mediante el haka al fijar el pensamiento en la ejecución del mismo. También que esto significa que a través de su desarrollo, los protagonistas consiguen un estado de concentración absoluta que a simple vista parecería resultar en una especie de trance hipnótico. También expliqué cómo es que mediante el haka dan un nuevo sentido a una experiencia del presente en función de algo ocurrido en el pasado, con un repaso del origen del ser humano y su evolución hasta a la actualidad, en una representación del pasado y su transición hasta el presente, resignificando los orígenes del hombre y haciendo alusión al contacto con la fuerza de la naturaleza toda y con los dioses que la crearon.

Lo cierto es que por medio del haka autoprovocan un estado de restricción de la conciencia (disociación hipnótica) en el que se abstraen absolutamente de su entorno, aprovechando y haciendo uso del tiempo existente entre el canto de los himnos y el inicio del partido, mientras ese mismo lapso es desaprovechado por sus rivales desde una posición pasiva que hace que, en contraposición, se desconcentren. Esto significa que más allá de la búsqueda del efecto de amedrentamiento (Guerreros que se refieren constantemente a sus ocasionales rivales con gestos y miradas desafiantes), el haka equivale a concentración propia y desconcentración rival.

Esta especie de prearranque o plataforma previa de arranque es una ventaja psicofísica que se puede ejemplificar mediante lo que ocurre en una carrera automovilística cuando un corredor cuenta con una ventaja determinada de segundos sobre sus rivales para iniciar la competencia o, en lo cotidiano, cuando un estudiante cuenta con más tiempo que el resto para responder las preguntas de un examen. Ventaja psicofísica que muchas veces constituye la diferencia entre dos rivales y que en este caso también es útil como disparador de la motivación interna (relacionada con las ansias de superación y el deseo del grupo de volcar en la escena su cultura e identidad y la lucha por lo que tanto se ha entrenado) a modo de arenga.

Para proseguir con el presente desarrollo considero importante traer a colación lo mencionado en el primer capítulo de Rugby mental:

[…] desde una visión profunda, y describiéndolo metafóricamente, podemos decir que el rugby remite a una batalla primitiva y ancestral por el territorio pero con la incorporación de reglas de juego […]. El juego representa un intento de invasión y conquista del territorio rival en el que cada metro ganado, cada try y cada conversión hacen a la confirmación de que estoy apropiándome del mismo y a la posibilidad de terminar siendo el vencedor. Es una batalla física que se define desde lo mental grupal e individual. Regresando a la metáfora inicial de la batalla primitiva podemos decir que son treinta los soldados, en este caso, que se baten a duelo sin otras armas más que su poderío físico (y sus destrezas mentales) por el control de la pelota y el control territorial que no representan otra cosa que el hambre de victoria y la posibilidad de darle satisfacción a esta necesidad. Algo ancestralmente equivalente a nuestros hermanos primitivos que luchaban por otras necesidades, pero más básicas, como la comida y las mujeres, mediante la misma lucha territorial. Instintos puramente primitivos representados en un noble juego […] muestra clara de la intervención de la cultura y la ley en la transformación y control de lo instintivo. Somos animales en esencia, como nuestros ancestros, pero lo que nos diferencia de ellos es la intromisión de la cultura y la civilización en las cuales la ley es la protagonista principal. Equivalencia esta que, sin lugar a dudas, está en relación con el delicado límite entre agresividad y agresión que está en juego en forma permanente en nuestro deporte. Instinto guerrero reprimido por las reglas y leyes del juego. La agresividad, desde lo mental, implica jugar al límite de nuestras capacidades físicas, técnicas, tácticas y estratégicas. Es una condición necesaria e indispensable para con este juego. Se diferencia de la agresión justamente por ese límite mencionado. El hecho de cruzar el límite implica pasar del lado de la agresión, y es allí cuando hace su aparición la sanción. El límite tiene su representación en las reglas, y el referee por excelencia es aquel que las pone de manifiesto en forma permanente. Por ello, parte de la tarea del referee, en cuanto representante de la ley, es en este juego sumamente engorrosa, ya que el juego en sí implica jugar al límite del reglamento en lo que respecta a la agresividad, por su inherente condición de batalla ancestral.


Ahondando aun más en esta temática, es importante rescatar que ciertos sonidos, ritmos o músicas han provocado en el ser humano reacciones y conductas de tipo emocional tanto a nivel individual (tristeza, melancolía, relajación o excitación), como a nivel grupal (cohesión e identidad grupal, muy importantes para la supervivencia del grupo en un entorno hostil o adverso).

Ante una actividad que conllevaba cierto grado de peligro (salir de caza, enfrentar una batalla, incursionar en un territorio ajeno), de esta manera se preparaban psicológicamente para enfrentarse a esas situaciones riesgosas, reduciendo la ansiedad previa y fortaleciendo la cohesión del grupo para aumentar las probabilidades de conseguir el objetivo común, ya fuese la comida, el saqueo del territorio enemigo o la victoria en el combate.

El haka neozelandés previo al comienzo del partido remite a ese ritual ancestral y, tal como ocurría con sus ancestros, su representación en la actualidad deriva en beneficios psicofísicos similares. Además, está demostrado que las imágenes mentales ejecutadas por cualquier intérprete de una obra, acompañadas por las representaciones físicas apropiadas, contribuyen neuronalmente a mejorar la habilidad física y la coordinación, promoviendo la liberación de adrenalina en el torrente sanguíneo. La adrenalina es la responsable de aumentar el estado de alerta y mejorar la circulación, ya que dilata los vasos sanguíneos y contribuye a mejorar el rendimiento físico.

Esta ceremonia, en la que interpretan el canto través de un perfecto lenguaje corporal compuesto por percusión y llamativos movimientos rítmicos de extensión y contracción de sus miembros y músculos, bajo un mismo ritmo respiratorio y al unísono, tiene un efecto catártico (de descarga) por medio del cual los All Blacks disminuyen la presión precompetitiva a la vez que la trasladan a sus oponentes. De hecho, es muy fácil observar cómo es que cuando finalizan esta electrizante danza buscan relajadamente sus lugares en el campo de juego para enfrentar la competencia (batalla).

El efecto catártico producto de dicha ejecución realizada al unísono deriva en que todos los protagonistas del equipo afronten la disputa bajo una misma sintonía emocional, en contraposición con lo que ocurre en los seleccionados rivales donde los diferentes miembros del equipo parecieran estar interpretando a simple vista un mismo himno, cuando en realidad cada uno lo interpreta a su manera. Basta con observar lo que ocurre durante la interpretación del Himno Nacional argentino por parte de los Pumas, donde algunos de sus miembros cierran sus ojos y otros no, unos miran a la tribuna o al cielo y otros miran al suelo, algunos se muerden la lengua como conteniendo las lágrimas mientras otros no lo hacen, unos lo cantan en voz alta mientras otros lo hacen en voz baja o mentalmente, unos mueven levemente sus piernas pareciendo descargar tensión mientras otros no lo hacen, entre otras acciones que equivalen a la falta de la sintonía emocional mencionada.

Cabe aclarar que no hago un juicio de valor alguno sobre las lágrimas de los jugadores argentinos, por el contrario, las considero una catarsis absolutamente necesaria. Es habitual que en algunas disertaciones sobre esta temática algún miembro del público me pregunte extrañado: “¿Por qué Los Pumas lloran?”. En una entrevista de Marcelo Gantman en el sitio What’s On Fire, Agustín Pichot se refirió al tema explicando entre otras cosas: “Es una cuestión que cada uno manifiesta como puede. ¿Cómo sabés si el futbolista que mastica chicle está en otra cosa o en el Himno? ¿O si yo estoy llorando y no estoy pensando en otra cosa? Lo que tiene el rugby es algo de lo que no se habla mucho, que es el miedo. Yo tenía pánico. En el vestuario temblaba como una hoja. El contacto físico en el rugby es muy grande. Y ese miedo, sumado a la sensibilidad, producen estas cosas. Quizás es algo que otros deportes no tengan”, expresó. “Hay todo un ejercicio psicológico. Yo lo llamo sensibilidad intelectual porque es cargarse de emoción antes del partido y después bajar a cinco grados bajo cero. Yo salía del vestuario creyendo que era invencible. Salía a tres metros del suelo y eso me ayudaba emocionalmente. Si pasaba un tanque iba contra el tanque”, agregó.

Con estas palabras de Pichot y lo desarrollado hasta aquí, el lector podrá darse cuenta de que el llanto de algunos pocos tiene relación con la carencia del manejo y la regulación (o del adiestramiento) de la catarsis mencionada, como consecuencia de dejar libradas al azar estas cuestiones de índole psicológica.

Esto se debe a la falta de conocimiento por parte de conductores, dirigentes y deportistas sobre la importancia fundamental que tiene una adecuada rutina psicológica precompetitiva y lo que la misma puede ofrecerles en relación con la concentración (entre otros beneficios psicofísicos) para lograr las mejores condiciones mentales previas que les permitan volcar en el campo de juego todos los aspectos que acostumbran trabajar en los entrenamientos. Más allá de las verdades que Pichot manifiesta en su entrevista, la frase “es una cuestión que cada uno manifiesta como puede” implica dejar los estados emocionales precompetitivos en manos de cada protagonista del juego, que tendrá que arreglárselas como mejor pueda.

Lo cierto es que en el deporte de alta competencia este “como mejor pueda” puede resultar letal para el resultado de la disputa. Más aun si tenemos en cuenta que nos estamos refiriendo a un deporte grupal al que se suma el alto riesgo (tema al que hace alusión también Pichot) en el que es un requisito indispensable conseguir una misma sintonía emocional previa tal como nos enseñan los exitosos hombres de negro.

En otros términos, la carencia de una adecuada rutina psicológica precompetitiva no predispone a los deportistas (tanto de los deportes individuales como de equipo) a ingresar mentalmente al juego potenciados por un óptimo estado emocional, lo que muchas veces deriva en que parte de lo trabajado en las prácticas previas haya sido en vano.

Cualquiera que haya practicado rugby u otras disciplinas deportivas ha sentido los efectos de la mente en la situación de precompetencia. En los instantes previos a un desafío el deportista percibe cierta ansiedad por lo que pueda llegar a suceder con su performance. La sensación que invade es similar a la de rendir un examen. El simple hecho de enfrentar una competición genera estados emocionales que son el producto de ciertos pensamientos previos que muchas veces superan tanto al equipo como al jugador particular. Existe mucha presión previa, ya que es durante el desarrollo del encuentro cuando se debe poner en práctica todo lo trabajado en los entrenamientos. Durante estos entrenamientos se proponen objetivos, se traza un procedimiento para alcanzarlos, y se aguarda ansiosamente el momento de la competencia para recoger los frutos del trabajo previo. Esta presión de expectativa por los resultados deriva en estados emocionales que muchas veces no son los más adecuados para afrontar la competición en forma exitosa.

Encauzar estos estados emocionales previos es sumamente importante para que el deportista no tire por la borda todo lo realizado durante meses de preparaciones previas. Es imprescindible comprender que los aspectos emocionales que faciliten la descarga de la tensión previa a las competencias son entrenables. La fortaleza mental también se manifiesta en la capacidad con la que cuenta el deportista para adiestrar sus emociones. Pudimos observar como parte de este adiestramiento es realizado por los All Blacks a través del haka. Si bien esto no significa que se debe realizar una ceremonia similar, contamos con la posibilidad de adoptar hábitos favorables que faciliten los momentos previos a todo evento deportivo y de optimizar los efectos de los himnos nacionales (de los que sabemos que tienen un poderoso efecto unificador) aprovechando una forma conjunta de interpretación psicofísica y emocional. Pero por lo general no suele trabajarse en todas estas cuestiones claves.

El Haka y los objetivos

Expliqué como mediante este ritual-danza los All Blacks ejecutan determinados movimientos (Guerreros que ejecutan movimientos de extensión y contracción de sus músculos…) utilizando un mismo ritmo respiratorio (Guerreros que inhalan y exhalan aire en forma metódica y pronunciada…) a través de la letra del canto y la danza (Guerreros que interpretan su canto a través de un perfecto lenguaje corporal compuesto por percusión y movimientos rítmicos…) para dar lugar a su finalización y buscar sus posiciones en el campo de juego (Guerreros que luego de ejecutar al unísono la electrizante danza buscan relajadamente sus lugares en el campo de juego para enfrentar a sus rivales…), obteniendo así un estado óptimo para el fin que se busca. Si bien es un factor clave lograr este estado en la preparación previa a la competencia en cualquier deporte individual, en los deportes de equipo se suma que cada deportista tiene sus objetivos individuales, y es a través del haka ejecutado al unísono que los protagonistas concentran los objetivos propios en el objetivo grupal.

El Haka y el flow

Otro beneficio psicofísico fundamental de esta ceremonia es que predispone a sus protagonistas a experiencias de flow (fluir o flujo). El concepto de flow fue estudiado por Mihaly Csikszentmihalyi y desarrollado en su libro Fluir: una psicología de la felicidad, y se define como “un estado mental en el que la persona se encuentra completamente absorta en una actividad para su propio placer y disfrute”. Se caracteriza por la sensación de que el tiempo vuela, es decir, se pierde la noción del tiempo, se olvidan los problemas y las preocupaciones, y los pensamientos, las sensaciones, las percepciones y las acciones se suceden con naturalidad, pareciendo fluir en armonía.

Un aspecto clave del flow es que se caracteriza por que la información se recibe de forma ordenada y que todo fluye con naturalidad en la dirección que permite alcanzar la meta propuesta. Permite estar inmerso en la actividad y disfrutar del placer de cada segundo transcurrido experimentándose un alto grado de concentración. Producto de ello, las personas se olvidan de lo que ocurre a su alrededor y no desean que ese instante acabe. En este estado, las personas están completamente involucradas en algo a tal extremo que se olvidan de la fatiga. A su vez, se sienten con mayor capacidad y preparación para realizar los requerimientos de la tarea.

El concepto de flow está relacionado con el talento y la felicidad y con estados de creatividad y productividad muy elevados, que permiten centrarse en el proceso (es decir, en el presente) y no en el resultado.

Los efectos psicofísicos del Haka

Con fines didácticos y a modo de ayuda memoria, enumeraré los beneficios psicofísicos que el haka como rutina psicológica precompetitiva provoca en sus protagonistas:

 Un estado de concentración absoluta en sus actores.

 Un estado de desconcentración en los rivales.

 La subordinación de los objetivos individuales en el objetivo grupal de equipo (lo que hace a aumentar la probabilidad de conseguirlo).

 Un efecto catártico (o de descarga) por medio del cual disminuyen la ansiedad y presión precompetitiva del grupo-equipo que, a la vez, es trasladada a sus oponentes.

 Una resignificación de cuestiones relacionadas con su cultura, sentido de pertenencia y sistema de creencias que fortalecen la cohesión e identidad del grupo-equipo al ponerlas en evidencia en los instantes previos a la competencia (sobre este tema nos explayaremos en el próximo capítulo).

 Una misma sintonía emocional en todos sus protagonistas para afrontar la disputa, producto de su ejecución realizada al unísono por medio de movimientos y un mismo ritmo respiratorio. Con respecto a esto último se dice que la palabra haka proviene de los términos hā, que significa aliento, y hā, que significa iluminar. La respiración era un símbolo integral de la vida y, por lo tanto, haka significa mejorar e iluminar la vitalidad interna de una persona.

 Una plataforma de arranque previa que deriva en una ventaja psicofísica que a su vez hace de disparador de la motivación interna (relacionada con las ansias de superación y el deseo del grupo de volcar en la escena su identidad y luchar por lo que tanto ha entrenado) que funciona a modo de arenga previa.

 La predisposición de sus protagonistas a experiencias de flow.

Por todo esto, no caben dudas de que el haka hace las veces de técnica psicológica activa para sus actores, quienes se ven beneficiados por todos los efectos aquí analizados. Estos últimos sobrepasan ampliamente la visión reduccionista que implica considerar esta ceremonia únicamente como una estrategia de amedrentamiento.

Aclaré con anterioridad que esto no significa que debamos realizar una ceremonia similar. Es evidente que no alcanzaría solo con ello (de hecho otros seleccionados como el de Tonga, Fiji o Samoa cuentan con sus propias ceremonias), ya que la clave se encuentra en los beneficios psicológicos que el haka ocasiona como rutina psicológica precompetitiva que hace de disparador de todo lo desarrollado en un amplio y meticuloso trabajo previo que abarca lo físico, técnico y táctico estratégico, al que se le suma la plusvalía del entrenamiento mental. Y de no existir este meticuloso trabajo previo no podría dispararse demasiado… La cuestión pasará por trabajar en un programa de entrenamiento mental que ocasione similares beneficios, y es sobre el armado de esto último hacia donde se deberían redireccionar los esfuerzos.

En Rugby mental explico que resulta fundamental comprender que la fortaleza mental puede trabajarse y desarrollarse, y que, así como cada músculo puede ser llevado al límite de sus capacidades, podemos lograr lo mismo con cada aspecto mental. La clave inicial se encuentra en la insistencia por adquirir el hábito de trabajar la mente. Así como podemos lograr el desarrollo muscular apropiado para cada deportista, según lo requiera cada deporte en particular, por medio de un programa de entrenamiento físico adecuado; también podemos lograr el desarrollo mental apropiado para cada deportista o equipo con un programa de entrenamiento psicológico adecuado.

El objetivo primario de la psicología deportiva es optimizar el rendimiento del resto de las variables (físicas, técnicas y tácticas estratégicas) para llevarlas al máximo de sus posibilidades, actuando como un facilitador o fluidificador de estas (como el aceite lubricante del motor que hace al perfecto trabajo de todas sus piezas). Por lo tanto, es una herramienta más que tienen a disposición entrenadores y deportistas, de la que no deberían darse el lujo de prescindir. ¿Cuántos beneficios se obtendrían en relación con la optimización de destrezas físicas, técnicas y tácticas estratégicas, si tan solo tomáramos en cuenta que no existe actividad motriz posible sin pensamiento? Es innegable que todo deporte tiene un aspecto fisiológico y otro psicológico y que existe una permanente interrelación entre el actuar y el pensar, motivo por el cual lo que afecta a uno afecta al otro y viceversa, y que para obtener un funcionamiento óptimo tanto en el deporte como en cualquier otra actividad, la mente y el cuerpo deben funcionar al unísono.

De todo lo dicho se infiere que confeccionar e implementar programas de entrenamiento mental en forma habitual tanto en el rugby como en otros deportes puede brindar un aporte indispensable en la optimización de toda disciplina deportiva, por lo tanto existen una serie de destrezas o habilidades mentales que es preciso entrenar si es que pretendemos lograr el éxito esperado, y entre ellas y por excelencia se encuentra la concentración.

II LA CLAVE

“Los rayos del sol no producen fuego sino cuando han sido concentrados en un foco”.

Alexander Graham Bell

La V de la concentración

Suelo realizar con fines didácticos una analogía entre el proceso de concentración deportiva y la figura de la letra V, por medio de la cual el deportista va pasando progresivamente de diferentes estados de atención a un estado de concentración determinado.

Tomemos como ejemplo una semana común en la vida de un jugador o de un equipo de rugby, todo lo que transcurre durante siete días completos y todo el entorno que lo rodea. Imaginemos que acaba de terminar de jugar un partido y que quedan prácticamente esos siete días hasta el próximo encuentro. Luego del partido disputado, cada jugador ingresa naturalmente en un estado de atención generalizada en el que pasa a prestar atención a todas sus actividades semanales habituales de índole extradeportiva (por ejemplo, relaciones afectivas, estudio o trabajo) y deportivas (entrenamientos), es decir, su vida cotidiana de la semana en general. A lo largo de la semana, este estado de atención generalizada (que serían los extremos superiores de la V) va progresivamente estrechándose día a día hasta hacer solamente foco en la situación de un nuevo partido (vértice o embudo que se da en la parte inferior de la V), en el que naturalmente el jugador o el equipo se predisponen a prestar atención solo a lo que está relacionado específicamente con el juego.


Es fundamental comprender que todo aquello que el entorno del jugador o del equipo realicen durante la semana y principalmente en los instantes previos a la competencia, predispondrá favorablemente, o no, a la ocurrencia de un estado óptimo de concentración que jugará a favor o en detrimento del rendimiento deportivo.

En función de ello, sugiero que los entrenadores y jugadores tomen nota de algunos conceptos clave desde lo psicológico (como la importancia de la V de la concentración y sus implicancias) y los respeten a rajatabla, dándoles la importancia que merecen ya que, como mencioné en la Introducción, la concentración es la habilidad mental por excelencia y es por ello que un estado deficitario de la misma hace que sea imposible reflejar en las situaciones de competencia el resto de los aspectos que acostumbramos a trabajar en los entrenamientos (variables físicas, técnicas, tácticas-estratégicas e inclusive el resto de los aspectos psicológicos). Dicho de otra manera, la carencia de un estado óptimo de concentración en competencia tirará por la borda lo trabajado en las prácticas previas, haciendo que el esfuerzo haya sido en vano.

Resulta paradójico que nos refiramos a ella en forma insistente como la principal responsable de nuestras actuaciones, mientras continuamos sin incorporarla a la planificación de los entrenamientos. Pero ¿qué sería respetar la V de la concentración? Sencillamente generar circunstancias propicias durante la semana para llegar al máximo estado de concentración posible para afrontar el próximo partido (incluso generar circunstancias propicias durante el desarrollo de la competencia misma para mantenerla). ¿Cómo podemos aproximarnos a realizar esto? A continuación detallaré algunos aspectos fundamentales sobre la concentración en la semana que acostumbro a trabajar con los clubes y jugadores que demandan mis intervenciones.

Dar vuelta la página

Es común escuchar en el ámbito deportivo tanto por parte de entrenadores y jugadores como en las charlas internas de club la frase “ahora debemos dar vuelta la página”. Por lo general, esta frase surge cuando los equipos no han tenido una buena performance, lo que conlleva una importante frustración… Es que dar vuelta la página no es tan sencillo como pretender dejar de lado u olvidar lo sucedido para encarar lo siguiente, sino que, por el contrario, es fundamental evaluarlo entre todos para consensuar sobre lo sucedido y poder enfocarse en la próxima disputa y su semana previa.

Es evidente que pretender olvidar o dejar de lado lo sucedido en lugar de evaluarlo en forma conjunta no es lo más recomendable, ya que tendremos mayores probabilidades de que vuelva a suceder. En otras palabras, tolerar no es la mejor opción ante la frustración. En Rugby mental definí la tolerancia a la frustración como “el sentimiento (reacción consciente o no) que surge cuando las cosas no son o no salen como nos gustan, o cuando nos sentimos amenazados de que ello ocurra” (nuestros deseos, expectativas, proyectos, ilusiones se ven amenazados de alguna manera). La palabra tolerancia, tiene el sentido de soportar, aguantar o cargar una pesada mochila, en contrapartida a la expresión falta de reversibilidad, que implica la ausencia de la capacidad para dar vuelta situaciones y llevarlas a su estado original, lo cual implica montar estrategias para revertir situaciones, en lugar de tolerarlas. Dicho concepto se encuentra íntimamente vinculado con el de resiliencia (capacidad de una persona o grupo para proyectarse de forma constructiva en el futuro a pesar de vivenciar acontecimientos desestabilizadores).

Tolerar cualquier situación frustrante de la vida implica la posibilidad futura de dejar de tolerarla, motivo por el cual no se trata de tapar síntomas, lo que eventualmente puede llevar a una inevitable explosión (similar a la tapa de una olla con agua que alcanza su máximo hervor). Ejemplos claros de esto se dan en algunas personas que experimentan en la vida cotidiana determinadas situaciones que optan por tolerar (maltratos o reproches reiterados por ejemplo) hasta que explotan. Esto se da frecuentemente en el rugby y en otros deportes con los jugadores a los que denomino amarilleros compulsivos. Debemos comprender que si bien castigar al jugador dejándolo al margen del equipo por un partido (o cierta cantidad de partidos) puede ser moralmente correcto (y de hecho concuerda con los valores del rugby, ya que el jugador perjudica a su propio equipo en forma reiterada), no necesariamente será útil para disciplinarlo. Aplicar un castigo como receta para disciplinar, no lleva generalmente a solucionar el asunto de raíz si la receta no es acompañada con una oferta de herramientas de superación relacionadas con su problema (que puede ser de falta de conocimiento del reglamento, concentración, cuestiones emocionales, entre otras), para que el jugador pueda revertir esas indisciplinas.

El amarillero compulsivo no quiere ser amonestado sino que no puede controlarlo. Puede observarse que debido a la aplicación de una sanción que tiene como finalidad disciplinar, muchos jugadores al regresar al campo de juego pierden la agresividad por temor a extralimitarse y ser sancionados de nuevo, primero por el réferi y luego por sus entrenadores. Juegan inhibidos y con falta de protagonismo para no cometer indisciplinas, en lugar de jugar desinhibidos y sin temor gracias a la seguridad que conlleva contar con las herramientas que le permitirán jugar sin cometerlas.

Se tratará entonces de revertir la frustración en lugar de tolerarla. Esto implica contar con la capacidad de enfrentar los problemas y las limitaciones que tenemos a lo largo de la vida de manera reflexiva y adaptativa, a pesar de las incomodidades que nos ocasionan. Para revertir la frustración, se requiere previamente haber desarrollado mínimamente esta capacidad. En última instancia, y si observamos que un jugador de categorías adultas tanto de clubes como de seleccionados no ha adquirido esta capacidad, deberíamos preguntarnos cuál es la falla en el sistema de clubes y uniones (más allá de la falla en el sistema familiar o educativo) que ha hecho que este jugador no desarrolle las virtudes que pretendemos de él.

Una vez llegados a esta instancia y en lugar de insistir en disciplinarlo no sería una mala recomendación que el jugador sea derivado a consultar a un profesional en la materia, ya que solucionar el tema será algo más dificultoso porque el jugador se habrá acercado a cierto desarrollo mental madurativo (evidentemente diferente al de los jugadores en crecimiento de las categorías formativas). Una vez más, el jugador no quiere ser amonestado, sino que no puede porque no sabe cómo regular su agresividad.

En los entrenamientos, muchos entrenadores acostumbran enfrentar a sus jugadores a situaciones de juego injustas que simulan fallos adversos del réferi (o a simulaciones de agresiones o faltas de jugadores rivales sin sanción) para que se habitúen a que puede sucederles. Situaciones que son más realistas ya que no quedan en el orden del discurso (referido a lo que hay que hacer y lo que no), sino que son entrenadas. Si bien estas simulaciones del juego son de suma utilidad no suelen representar fehacientemente la agresividad de la competencia y el estrés que conlleva.

Mencioné en el capítulo precedente que la agresividad, desde lo mental, implica jugar al límite de nuestras capacidades físicas, técnicas y táctico-estratégicas. Es una condición necesaria e indispensable para este juego y se diferencia de la agresión justamente por ese límite mencionado. El hecho de cruzar el límite implica pasar del lado de la agresión, y es allí cuando hace su aparición la sanción. Muchas veces, sin percatarnos de ello, como entrenadores tenemos responsabilidad en la falta de regulación de la agresividad de nuestros entrenados. Un ejemplo de esto es el entrenador que suele decir “prefiero que terminen todos cagándose a palos y expulsados a que el rival nos falte el respeto en la cancha” o “a tener un equipo sin agresividad”, o aquel entrenador que distingue con la capitanía a un jugador que suele ser amonestado justificando su elección con la frase “no sé si lo amonestan o no pero el tipo pone unos huevos terribles”. Estos ejemplos hablan de quién es el que a priori debe tomar especialmente en cuenta la diferencia entre agresividad y agresión para que esta diferencia pueda ser trasladada correctamente a sus dirigidos.

También en Rugby mental me refería a la frustración: “si bien la frustración es común a todos, lo que diferencia a las personas son sus diferentes reacciones ante ella”. Estas reacciones están relacionadas con sus personalidades e historias personales (el sistema de clubes y uniones forma parte de ella). Es decir que la base del problema no se encuentra en el dolor y la frustración que vivimos ante el hecho frustrante, sino en la actitud que cada protagonista tiene frente a él. Más aun, el sentimiento ante el hecho frustrante (reacción consciente o no) en ocasiones puede pasar inadvertido, y a pesar de ello generar repercusiones negativas para nuestra actividad (en este caso una peor práctica del rugby). En conclusión, no se trata de tolerar situaciones, sino de identificarlas para poder revertirlas. Es que tolerar o controlar situaciones no nos acerca a lo ideal, salvo que este mecanismo sea utilizado como un paso previo para una solución de raíz o definitiva.

Бесплатный фрагмент закончился.

449,59 ₽

Жанры и теги

Возрастное ограничение:
0+
Дата выхода на Литрес:
22 октября 2025
Объем:
199 стр. 32 иллюстрации
ISBN:
9789874733269
Издатель:
Правообладатель:
Bookwire
Формат скачивания:

Похожие книги