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BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 298


Asesor para la sección griega: CARLOS GARCÍA GUAL .

Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por PALOMA ORTIZ GARCÍA .

© EDITORIAL GREDOS, S. A.

Sánchez Pacheco, 85, Madrid, 2002.

www.editorialgredos.com

REF. GEBO381

ISBN 9788424933265.

INTRODUCCIÓN GENERAL

Hay figuras en la Historia cuya existencia está sometida, desde el momento de su propia época y a todo lo largo del paso de su memoria por los siglos posteriores, a la eterna contraposición con otro personaje igualmente de relieve; y tal coyuntura da lugar a que su valoración histórica última dependa no tanto de sus propios méritos cuanto del aprecio previo suscitado por su antagonista. Éste es el caso de Esquines. La opinión que de él ha ido teniendo la Historia, siempre ha estado en función de la ciega estima que suscitaba la figura de Demóstenes, su eterno rival. Esquines versus Demóstenes ha sido siempre un combate desigual debido a prejuicios y apriorismos, a veces sin fundamento pero con frecuencia inclinados a favor del lado demosténico. Y no es menos cierto que en ocasiones ha habido reacciones a su favor, determinadas también por presupuestos coyunturales. Pero en los últimos tiempos algunos sectores de la crítica se esfuerzan por hacer un análisis mucho más cuidadoso de las fuentes, en un intento de llegar a una mayor objetividad en la valoración de aquel período, tan delicado como importante, del paso del final de la llamada época clásica al helenismo, en la segunda parte del s. IV a. C., etapa ésa que, en no pequeña medida, está simbolizada por el enfrentamiento Demóstenes/Esquines en lo que atañe a la praxis política.

I. EL S. IV A. C.: ESBOZO DE UNA CARACTERIZACIÓN GENERAL

Con frecuencia se piensa que el s. IV a. C. fue simplemente la continuación de su precedente el v, formando ambas centurias lo que suele llamarse la Época Clásica de la Grecia antigua. Y dentro de esta indiscutible continuación cronológica se incluye la progresión de los postulados culturales surgidos en el s. V , lo que equivale a decir que el IV es la culminación de los brotes aparecidos en el siglo precedente. Y si esta consideración es positiva en las diversas áreas de la actividad intelectual, literaria, artística, etc., por el contrario, en el terreno de la política práctica se piensa que estamos asistiendo a un momento de profunda crisis, por cuanto que la prometedora realidad de la pólis se vendrá abajo ahora: podría resumirse diciendo que, de alguna manera, la derrota de Queronea (338) supuso el final de la Grecia Clásica.

Pero la revalorización del Helenismo como un período prolífico en múltiples campos de la actividad humana, y no como una etapa amorfa y confusa, supuso que de rechazo el s. IV , y de manera especial su segunda parte, adquiriera una relevancia especial, puesto que se convertía en el pórtico de entrada de una nueva andadura multiforme y distinta, pero en modo alguno negativa.

Esta reconsideración del Helenismo dio paso a una visión ya más precisa del s. IV como un siglo de transición, pero no en el sentido trivial de que toda etapa histórica es una transición entre la anterior y la siguiente, sino en la más meditada de que en esta ocasión muchos de los ideales nacidos en la centuria precedente ahora llegaban a su máximo esplendor o tomaban derroteros innovadores, al tiempo que aparecían nuevos planteamientos que iban a ser el punto de partida de la etapa siguiente. Y, concretamente en el campo de la política, el declive de un sistema político que en ese momento no encajaba ya con la nueva situación del individuo y de la sociedad, coincidió con la aparición de nuevos proyectos que parecían más realistas al tiempo que auguraban nuevos horizontes sociales y culturales.

El paso del s. V al IV está marcado por una derrota bélica que se convertirá para Atenas en algo de mucho mayor alcance que un simple fracaso más en el terreno militar. El negativo desenlace de la Guerra del Peloponeso va a tener una incidencia más terrible de lo normal, y ello por diversas razones. En primer lugar, quedaba en evidencia la incongruencia interna que yacía en el fondo de esa política democrática optimista que nació tras las Guerras Médicas y que, sobre todo, llegó a su apogeo con Pericles y sus sucesores: la isonomía interna de Atenas con sus ideales de igualitarismo entre los ciudadanos atenienses, se avenía mal con los planteamientos imperialistas, cada vez más radicales, aplicados a las ciudades miembros de la Liga marítima, cuya hegemonía Atenas se esforzaba en mantener de forma incluso tiránica. De otro lado, los extremos a que llegó en diversos campos durante la propia Guerra del Peloponeso coadyuvaron a que, junto a la pérdida de la hegemonía militar, fuera surgiendo en Atenas una postura crítica ante los postulados democráticos de la etapa anterior: ahora, aunque se reinstaure con rapidez la democracia tras el breve paréntesis de los Treinta, el optimismo democrático del s. V va a verse profundamente tamizado, al tiempo que comienza a plantearse la oportunidad de otras formas políticas no estrictamente democráticas, o bien con la vista puesta en sistemas políticos contemporáneos como el de Esparta o bien, incluso, con la construcción de estructuras políticas teóricas totalmente innovadoras, esto último por parte sobre todo de los filósofos.

Tal vez una característica importante del s. IV y que explica buena parte de la vida privada y comunitaria, sea el desinterés por la vida política y, en general, por la participación ciudadana, frente al activismo característico del siglo anterior. Esta nueva actitud incidirá en diversos planos, que podrán luego servimos de punto de apoyo para explicar con mayor fundamento y seguridad las actuaciones políticas más externas de los líderes políticos de Atenas en esos momentos, difíciles a veces de interpretar.

Un rasgo claramente diferenciador es el creciente individualismo, que se refleja en múltiples áreas de la vida humana. Hay una clara tendencia a desarrollar la vida interior. Diversas obras literarias nos lo ponen de manifiesto: la Comedia Nueva centra sus tramas argumentales en la vida privada de sus personajes, huyendo del planteamiento ciudadano que caracterizaba a Aristófanes. Una obra tan específica como los Caracteres de Teofrasto pone igualmente de manifiesto este recién estrenado lado intimista del nuevo ciudadano. Otro reflejo, entre otros muchos, podría ser el nacimiento del retrato realista, que llegará a su máximo exponente en época helenística y romana. Y en plano de la unidad familiar, el matrimonio ahora ya no es concebido con una proyección eminentemente externa para con la ciudad y los dioses, sino como una unión íntima y personal entre dos personas que van a constituir una familia con unos intereses privados concretos.

Otro postulado que coadyuvará a hacer explotar el esquema de la polis heredado del siglo V , es la progresiva aceptación del universalismo, de la igualdad entre todos los hombres, de la eliminación de diferencias entre griegos y bárbaros. El estrecho y hermético ámbito de la polis comienza a verse amenazado de muerte. Realmente este planteamiento universalista había surgido ya en el entorno de la Sofística en el siglo anterior, pero ahora va a alcanzar una aceptación mayor hasta su triunfo definitivo con la figura de Alejandro, y será la característica central de la época helenística. Tal vez podría afirmarse que el binomio individualismo/universalismo, a pesar de su sola aparente contradicción, está en la base del gran cambio que va suponer el siglo IV frente al contexto social característico de la polis del siglo precedente

También es de particular importancia la sensación de desidia ciudadana que parece dominar al ciudadano ateniense del s. IV . Frente al indiscutible espíritu participativo característico de la etapa anterior, que testimoniaba una voluntad firme de ejercer y mantener sus derechos políticos, ahora es clara una actitud de dejación de tales prerrogativas en manos de otros, que se irán encargando de las diferentes tareas de la actividad ciudadana así como adueñando, consiguientemente, de los recursos del poder. Y es en este sentido como adquiere su explicación más oportuna la gradual sustitución del ejército ciudadano por tropas mercenarias, que serán quienes ahora hagan frente a las necesidades bélicas de cada momento. Y de esta situación se pasa fácilmente a que los generales comiencen a ser personas con cierto profesionalismo y carácter autoritario, frente al perfil eminentemente ciudadano de los jefes militares de décadas anteriores. Esta pereza por preocuparse de los asuntos públicos será un permanente lamento de Demóstenes, cuya febril actividad política choca frontalmente con la actitud vital de su época.

Otra manifestación de este desinterés por la vida política es la progresiva generalización del modelo que podríamos llamar «vida contemplativa», y de la que la reflexión intelectual y filosófica del s. IV es tal vez su principal testimonio. Comienza a valorarse como algo positivo el apartarse de los afanes y desvelos de la vida pública, el minusvalorar el ansia de poder, para dedicarse por el contrario a la reflexión interior; y, en consonancia, el anterior ideal de vida activa, volcado en la entrega total a las tareas públicas, va convirtiéndose en un valor negativo. No en vano el siglo IV es el siglo de la explosión de las diversas escuelas filosóficas, que en más de un aspecto llegarán a romper los lazos con la realidad contemporánea, como sucede con las dos grandes figuras del siglo, Platón y Aristóteles 1 . Y en el campo de la teoría política, tal vez más que en ningún otro, la especulación filosófica fue mucho más teórica e idealista que práctica y realista en su posible aplicación a la sociedad del momento, aunque pudieran partir de la realidad que tenían delante: el experimento de Platón en Sicilia podría ser un buen ejemplo de un planteamiento carente de realismo 2 .

A este fenómeno sociológico de un creciente desinterés por la participación en la vida política se añaden otras circunstancias que actuarán en la misma dirección. Por ejemplo, las constituciones democráticas van adquiriendo un grado importante de complejidad, lo que termina imponiendo el abandono del prototipo de ciudadano particular-político y la progresiva generalización del político profesional. En Atenas a lo largo del s. IV se va configurando un grupo social claramente delimitado, compuesto por personas dedicadas enteramente a la vida política 3 . Su campo de actuación preferente es tanto la Asamblea como el Consejo, donde desempeñan primordialmente una tarea deliberativa, pero al tiempo forman parte de los diferentes órganos oficiales de gestión política. También es intensa su intervención en el terreno judicial como logógrafos, lo que ayudaba notablemente a su aceptación como hombres públicos. Y, claro está, dentro de este nuevo grupo social no todos llegaban al mismo nivel de notoriedad y profesionalidad: al lado de los grandes líderes estaba toda una multitud de figuras de segundo orden, que solían agruparse en facciones políticas más o menos estables, fruto de su intervención y contacto frecuentes en los asuntos del estado.

Y al lado de la necesidad de esta nueva clase social de la vida política, surge igualmente la esperanza popular de encontrar grandes personalidades que hagan viable la existencia política dentro de cada ciudad y, sobre todo, en al ambiente inestable y proclive a la confrontación bélica que caracteriza las relaciones internacionales entre las ciudades griegas en este período. Así se entiende la presencia notable de algunos personajes, entre los que Filipo y Demóstenes ocupan un lugar destacado en la segunda mitad del siglo 4 . Y en esta búsqueda coinciden tanto la voluntad popular ateniense, o los diversos grupos políticos, como diferentes intelectuales de la época, p. e. Jenofonte o Isócrates, quienes dentro de las particularidades ideológicas de cada uno ponen sus miras en alguna de las figuras señeras contemporáneas como solución a la difícil situación presente.

Todas estas circunstancias tendrán su incidencia en el terreno concreto de las formas políticas. Ahora van aflorando una serie de ideas generales de ámbito político más amplio, que serán el fundamento y punto de arranque de propuestas de nuevos sistemas políticos que, en ocasiones, se harán realidad y, en otros casos, no pasarán de ser meros programas teóricos. Pero que, en cualquier caso, tenderán a ir arrumbando el ya caduco esquema de la polis autárquica del siglo V .

En primer lugar está la idea de una «paz común» (koinḕ eirḗnē) . Las múltiples guerras entre las ciudades griegas a lo largo de este siglo fueron haciendo aflorar la necesidad apremiante de instalar la paz de una forma sólida, para lo que se hacía necesario el establecimiento de lazos de relación entre ellas, aunque con la premisa de seguir conservando su autonomía previa. Y hubo diversos intentos en ese sentido, aunque el carácter en cierto modo contradictorio de esa doble circunstancia de coalición y autonomía suponía un inconveniente grave. Tal vez la tentativa más importante de este tipo fue la Paz Común y la consiguiente Liga de Corinto que Filipo, en el invierno del 338/337, organizó para dar salida a la situación creada tras la batalla de Queronea. Allí el monarca macedonio consiguió el acuerdo de que cada ciudad mantendría su libertad y autonomía, pero al tiempo se comprometería a abstenerse de interferir en los asuntos de las otras ciudades, o bien de forma directa tratando de derrocar su gobierno establecido, o bien de manera indirecta siendo base de operaciones de grupos de exiliados. Para ello estableció un Consejo (synédrion) comunitario, formado por representantes de las diversas ciudades miembro, cuyo número dependía de la mayor o menor aportación militar con que cada ciudad hubiese contribuido al ejército de la Liga. Y, sobre todo, era este Consejo —y no Filipo— el que se convertía en juez de las posibles trasgresiones.

También es especialmente característico del s. IV el llamado «panhelenismo», del que Isócrates fue su principal mentor teórico. Realmente, la idea de una unión de los griegos frente al mundo bárbaro es muy antigua en el ámbito heleno, y manifestaciones indiscutibles de tal sentimiento son los diferentes juegos deportivos que desde antiguo se organizaron por diversos puntos de la geografía griega, o determinadas festividades religiosas de ámbito igualmente general. Pero ese espíritu colectivo no había llegado tal vez mucho más lejos. Y es bien conocido que en el s. IV hubo una reactivación de esa propuesta de que todas ciudades griegas abandonaran sus diferencias y tendieran a una comunidad global. Ahora bien, no es menos cierto que un planteamiento político tal nunca fue concebido como una forma política interna propia del mundo griego, sino como la necesaria rampa de lanzamiento para hacer frente al permanente peligro persa. De cualquier forma, en ocasiones asistimos ahora a actuaciones políticas próximas a los ideales utópicos isocráticos. Y nuevamente Filipo tal vez sea el mejor ejemplo al respecto: su intento de apaciguar y poner orden en el caos de la Grecia que le tocó vivir, está determinado en no pequeña medida por su imparable anhelo de llevar la guerra a suelo asiático, aunque esta tarea le habría de corresponder históricamente a su hijo Alejandro.

Por las mismas épocas, aunque en unos contextos muy determinados, aparece una nueva situación constitucional, que rompe igualmente los muros de la cerrada polis del s. V . Es la «federación» de ciudades. No se trata ya de alianzas militares por imperativo de una guerra común, o de imposiciones de una potencia hegemónica, como fueron las Ligas atenienses correspondientes. Ahora surge una auténtica federación política, caracterizada básicamente por dos componentes: la igualdad entre sus miembros y el sistema representativo en el Consejo federal. El primer rasgo diferencia claramente a la federación de las alianzas hegemónicas conocidas; el segundo está en radical contraposición al sistema de las democracias directas del tipo de la de la Atenas contemporánea.

Finalmente, también en este siglo IV —al menos entre los grupos más intelectualizados— aparece la idea de una comunidad política universal, en la que tendría cabida la humanidad entera sin distinción de razas o de clases sociales. Sería el plano constitucional de ese universalismo sociológico mencionado más arriba. El proceso unificador de una realidad tal sería la helenización del mundo bárbaro. Tales postulados no pasaron de utopías teóricas, pero ponen de manifiesto una vez más esa tendencia inequívoca en el s. IV de trascender los límites ya estrechos de la vieja polis. Había, pues, una conciencia clara de la necesidad de abrir nuevos caminos constitucionales, y es en este contexto donde hay que plantearse la dicotomía Esquines/Demóstenes.

Ahora bien, esto no significa que no siguiera vigente el viejo esquema político de la polis democrática autárquica. Pero incluso dentro de ese mismo contexto político es fácil percibir dos sectores claramente enfrentados: de un lado, los defensores de una democracia radical e inflexible, al viejo estilo; del otro, los que podríamos calificar de demócratas realistas, para los que la defensa de la polis democrática no iba en contra de la necesidad de dar entrada a formas y actitudes políticas más abiertas y menos rígidas, lo cual no significaba traición a los postulados básicos sino postura pragmática y en consonancia con los nuevos límites de la praxis política.

En conclusión, este repaso a algunos de los elementos que caracterizan el siglo IV , nos proporciona tal vez una perspectiva más precisa sobre la que proyectar las figuras enfrentadas de Esquines y Demóstenes. A la luz de la situación psicológica, social y política del mundo griego en general y de Atenas en particular en esta época, parece evidente que la política propugnada por Demóstenes estaba, en no pequeña medida, al margen de la realidad del momento. Su utópica pretensión de una Atenas hegemónica ya no tenía cabida en el contexto del s. IV . Las guerras, los problemas económicos, la aparición de nuevas hegemonías y potencias habían llevado a un replanteamiento del viejo esquema de la ciudad-estado autárquica. Las nuevas circunstancias imponían nuevas formas de praxis política, caracterizadas todas ellas por una pérdida de poder de cada ciudad en particular en aras de una actuación más comunitaria. Y este nuevo panorama unos lo aceptaron si no con gusto al menos con realismo, pero otros optaron por un enfrentamiento frontal que, desde el principio, estaba condenado al fracaso.

II. ESQUINES VERSUS DEMÓSTENES

1.

Las fuentes. Método de análisis

Para estudiar el período histórico que abarca la actuación política de ambos oradores disponemos de un amplio número de fuentes. Algunas de ellas son fragmentarias y, por ello, con limitaciones de información y problemas de interpretación: son los restos de las Historias de diversos autores como Anaxímenes de Lámpsaco, Demetrio de Falero, Duris de Samos, Idomeneo, Teopompo y otros. Otras, por el contrario, nos han llegado íntegras, entre las que habría que destacar la Biblioteca de Diodoro Sículo, las Historias Filípicas de Pompeyo Trogo a través de los resúmenes de Justino y, de forma especial, algunas de las Vidas de Plutarco. Pero la mayoría de ellas no nos aporta una información relevante sobre Esquines en particular.

La fuente más importante son los tres discursos que conservamos del propio Esquines, así como los dos enfrentados de Demóstenes (el 18, Acerca de la corona, con el que responde al Contra Ctesifonte esquíneo; y el 19, Sobre la embajada fraudulenta, en el que acusa a su enemigo, que a su vez se defiende en el discurso homónimo conservado). Las cinco piezas oratorias fueron pronunciadas dentro de un contexto judicial, pero el trasfondo era mucho más amplio: allí se enfrentaban dos maneras de entender la posible actuación política de Atenas. Y todas estas circunstancias hacen que la información recogida en esos cinco discursos tenga que ser objeto de un análisis riguroso, porque su fiabilidad es menor. Y ello, en primer lugar, por razones de técnica legal. El procedimiento jurídico ateniense difería mucho de nuestros sistemas actuales, donde el juez desempeña un papel de control rígido de los posibles recursos a disposición de las partes. En la Atenas de Esquines el jurado simplemente escuchaba y emitía su voto en función de la verosimilitud de los hechos y la capacidad suasoria de los contendientes en el juicio. En consecuencia, tanto la acusación como la defensa podía acudir a todo tipo de recursos y argumentaciones, conscientes de la ausencia de control de la idoneidad de las estrategias planeadas. Y el mejor testimonio de este estado de cosas es que, en el caso que nos ocupa, observamos que los dos oradores casi nunca coinciden en la mera exposición de los hechos, no ya en su interpretación. Y a esto se añade que asistimos realmente a una reñida batalla política, y no debemos olvidar que los tribunales de justicia eran un escaparate y trampolín para la actividad política, por lo que había que asegurar a cualquier precio el voto favorable de los jueces.

En este punto del análisis de los datos contradictorios, la crítica moderna ha operado de diversas maneras, pero casi siempre se ha dejado llevar de un apriorismo favorable a Demóstenes, incurriendo así en constantes trasgresiones de la objetividad. Un ejemplo clásico es la postura sistemática adoptada por Schäfer 5 en su famosa obra sobre Demóstenes, en la que postula el criterio metodológico de la «consistencia», según la cual el orador que da dos versiones distintas de un mismo hecho en dos pasajes, no debe ser fiable no sólo ya en el punto en cuestión sino en cualquier otro en que disienta de otro orador. Y este postulado, que él aplica rigurosamente a Esquines, olvida luego tenerlo en cuenta para con Demóstenes cuando éste comete contradicciones semejantes, de cuyo lado se inclina indiscriminadamente.

Últimamente, Harris 6 , a quien sigo en este punto, propugna un método riguroso basándose primordialmente en el criterio de que hay que acudir a elementos objetivos y externos, en concreto los testigos presentados y los documentos esgrimidos, y sobre ambos proceder a una valoración detenida de fiabilidad en cada caso concreto. Y así, tras sopesar cuidadosamente ambos componentes, establece seis premisas metodológicas que aseguran una objetividad mayor, y que posteriormente va aplicando a los datos que aportan los cinco discursos aludidos.

2.

La entrada de Esquines en la escena política: la caída de Olinto (348)

La primera mitad del s. IV había sido para Atenas una sucesión de fracasos en su permanente intento de restablecer la supremacía que había disfrutado en la centuria precedente. Los decenios iniciales van a contemplar cómo otras ciudades (Esparta, Tebas) se adueñan de la hegemonía política y militar en todo el mundo griego. De igual forma, el intento de la Segunda Liga marítima, que buscaba de alguna manera recuperar la antigua posición basada en el poderío naval ateniense, también terminará en fracaso cuando las ciudades aliadas, que se habían unido a la causa ateniense principalmente por el temor a Esparta, ahora, tras la derrota de Leuctra y la ascensión de Tebas, verán innecesaria su obediencia al liderazgo ateniense. A todo lo cual hay que añadir la derrota en la Guerra Social durante los años cincuenta (357-355), que supuso el desgajamiento irrecuperable de Quíos, Rodas, Bizancio y Cos en una Liga separada. Y en la base de este continuo fracaso estaba la penuria económica de las arcas públicas atenienses, que impedía adoptar las medidas necesarias en cada ocasión o, al menos, con la rapidez y envergadura debidas. Por todo ello es comprensible que una y otra vez sonaran voces moderadas que propugnaban una política realista en consonancia con la verdadera situación de Atenas y rechazaban por inútiles los sueños nostálgicos de la grandeza alcanzada en el s. V 7 : Jenofonte, Isócrates, Foción o Esquines, a pesar de sus diferencias de edad, de formación y de planteamientos políticos en otros muchos puntos, sin embargo comparten una serie de postulados tanto en política interior como exterior, entre los que destaca su propuesta de disminuir los gastos públicos, en especial los militares, y, sobre todo, ponen como meta última la paz.

El segundo elemento determinante en este momento es la aparición de Filipo II en el trono de Macedonia. Su actuación política y militar afectará casi desde los primeros momentos a un punto de gran sensibilidad en Atenas: Anfípolis. Ésta era una colonia fundada por Atenas a mediados del s. V a orillas del río Estrimón en Tracia, y que a los pocos años había perdido sin lograr recuperarla posteriormente, aunque siempre mantuvo clara y firme su voluntad de recuperarla por su riqueza en madera y minas de metales preciosos, lo que suponía una fuente importante de ingresos en el erario público. En el año 357 Filipo, una vez clarificada la situación militar y política en su entorno geográfico más próximo, encaminó sus pasos a la conquista de Anfípolis, lo que acarreó la preocupación de Olinto, que poseía la hegemonía entre las ciudades de la Calcídica y veía con temor la presencia del macedonio en aquella región. Los olintios buscan la colaboración de Atenas, ante lo que Filipo va a actuar con la estrategia política que le caracterizará en toda su andadura histórica: privar a sus enemigos de los aliados de que previamente dispusiesen, para así atacarlos sin el apoyo en que confiaban. Así, ahora Filipo se acerca a Atenas, a quien le promete que le entregará Anfípolis si rompe sus conversaciones con Olinto. Los atenienses, escasos de recursos, aceptaron y Filipo se apoderó de Anfípolis, aunque luego no cumplió su compromiso previo sino que mantuvo en su poder la plaza y, más aún, se apoderó también de Pidna, otro enclave ateniense al sur de Macedonia.

Ante tales éxitos de armas por parte de Filipo, Atenas y Olinto vuelven a sentir la necesidad de llegar a algún tipo de acuerdo frente al monarca macedonio, pero éste, una vez más, practica la estrategia de separar a sus posibles enemigos, y ahora solicita a Olinto autorización para atravesar por su territorio camino de Potidea y, a cambio, promete entregársela, plan que lleva a cabo con éxito el año 356 y, en efecto, la cede a Olinto.

En los años sucesivos Filipo centra su estrategia político-militar en Tracia con idénticos resultados, y nuevamente en Atenas y Olinto resurge la preocupación por la carrera triunfal de aquél. En 349 Filipo solicita a los olintios que le entreguen a Arrideo y Menelao, hermanastros suyos y pretendientes al trono macedonio, que gozaban de asilo en la ciudad. Los olintios le deniegan la petición y solicitan una alianza con Atenas que, en esta ocasión sí, envía refuerzos militares en la primavera del 348. Pero aquél rompe de nuevo la incipiente colaboración solicitando la paz con Atenas. El primer intento lo hace a través de los embajadores de Eubea que, además de tratar de la paz entre Eubea y Atenas, a continuación hicieron saber a la Asamblea que «Filipo les había exhortado a que os comunicaran que quería reconciliarse con vosotros y mantener una situación de paz», como nos dice el propio Esquines 8 . Y hubo un segundo intento, ahora con ocasión de la captura del ateniense Frinón por unos piratas, episodio que también nos refiere Esquines en el mismo pasaje. Así nos enteramos de que Filipo quería hacer saber a la Asamblea ateniense «que estaba en guerra contra su voluntad y que quería también ahora poner fin a la guerra». En tal estado de cosas los atenienses comprenden las ventajas de una paz con Filipo, y Filócrates en concreto presenta una propuesta de decreto en ese sentido. La moción fue aprobada de inmediato, pero quedó bloqueada por el recurso inmediato de ilegalidad interpuesto por un tal Licino. Demóstenes defendió a Filócrates ante el tribunal de justicia, y Licinio no obtuvo ni siquiera la quinta parte de los votos que exigía la ley.

En Atenas, pues, se acordó que Filipo podía enviar a la ciudad un heraldo y embajadores para tratar de la paz. Pero éste, por alguna razón 9 , decidió atacar Olinto 10 y, tras la victoria, infligió un tratamiento duro: la ciudad fue saqueada y los habitantes hechos esclavos. Lógicamente, Atenas estalló en cólera, al tiempo que paralizaba todas las gestiones que se llevaban a cabo en torno a la paz. Y, sobre todo, a los anhelos de un beneficiosa paz siguió un entusiasmo bélico. Por primera vez Atenas comprendía la envergadura del fenómeno Filipo, y era consciente de que necesitaba la ayuda de otras ciudades. Así, Eubulo, que desde unos años antes desempeñaba un papel central en la política tanto interna como externa ateniense, presentó una propuesta de decreto en la que hacía ver la necesidad de que se enviasen de inmediato a todas las ciudades griegas delegados con la invitación de reunirse en Atenas para discutir las medidas a tomar contra Macedonia.

En la defensa de esta moción de Eubulo ante el Consejo y la Asamblea intervino un nuevo personaje político, salido ahora del anonimato; y lo hizo con tal brillantez que consiguió la aprobación entusiasta de todos y, además, que él mismo fuera comisionado para dirigirse a las ciudades de Peloponeso en busca de apoyo para hacer frente a la amenaza que representaba Filipo. Este nuevo protagonista de la vida política ateniense era Esquines, hijo de Atrometo, del demo de Cotócidas 11 .

En el invierno del 348/347 Esquines viajó a Megalópolis, en Arcadia, para hablar ante la Asamblea arcadia, donde propuso la formación de una coalición panhelénica frente a Filipo. Pero el resultado de la propuesta de Eubulo cayó en saco roto: las ciudades estaban muy distanciadas una de otras; el egoísmo e individualismo eran imperantes por doquier; y la hábil diplomacia macedonia coadyuvaba a la desunión general.

De otro lado, Demóstenes, en su discurso enfrentado del 343 12 , le acusa de incoherencia política y de traidor, puesto que en un primer momento había comprendido el peligro que suponía Filipo y, con lógica política, había tratado de arbitrar las medidas necesarias para hacerle frente; mientras que luego prefirió entregarse sin miramientos a la causa macedonia. Y en su defensa Esquines le contestará 13 : «¿Y el buen consejero qué es preciso que haga? ¿No es acaso que aporte los mejores consejos a la ciudad de acuerdo con la situación?». Con estas palabras Esquines ponía de manifiesto el talante realista que iba a mantener en toda su actuación política, lo que equivalía a dejar siempre de lado cualquier planteamiento utópico y fuera de tiempo.

3.

En busca de la paz: primera embajada (346)

Atenas seguía convencida de la necesidad de establecer algún tipo de relación amistosa, o al menos pacífica, con Filipo. Frente a la postura de Eubulo o Esquines, que probablemente pensaban en intentar llegar a un entendimiento duradero con Macedonia, Demóstenes aceptaba al menos la necesidad de alcanzar una tregua que permitiese a Atenas prepararse mejor para posibles enfrentamientos futuros, en los que poder alcanzar el triunfo a la altura de su prestigio histórico.

La nueva ocasión se la brindó un episodio particular: dos ciudadanos atenienses, Yatrocles y Evérato, habían caído prisioneros en la toma de Olinto, y su familia solicitó a la Asamblea un embajador ante Filipo para pedir su liberación. Se escogió al actor Aristodemo, por el que el monarca macedonio sentía una admiración especial, como en general por todos los artistas teatrales. A su vuelta Aristodemo, en su informe ante el Consejo y la Asamblea, hizo saber la buena disposición de Filipo para con Atenas e, incluso, su deseo de llegar a ser su aliado 14 . Ante tal exitosa y esperanzadora gestión, el propio Demóstenes presentó una propuesta de decreto para conceder una corona a Aristodemo. Además, Filócrates propuso otro decreto para elegir diez embajadores que negociasen con Filipo la paz y una alianza —Esquines añade, tal vez tendenciosamente, que Demóstenes fue incluido en la lista de embajadores a propuesta del propio Filócrates 15 —.

El número de diez componentes de la embajada pone de manifiesto, de un lado, la importancia que en Atenas se le daba a este intento de conseguir la paz con Macedonia; de otro, se posibilitaba que intervinieran representantes de las diversas tendencias políticas del momento 16 : Esquines, curiosamente, representaría el sector más crítico de este acercamiento a Filipo, porque no debemos olvidar que poco antes, siguiendo la línea política de Eubulo, había defendido la opción de formar un bloque panhelénico frente al rey macedonio. Demóstenes, por el contrario, estaría más en la línea de los promotores de la idea, dada su proximidad a Filócrates.

Tal vez el punto más importante sea el determinar la causa concreta que llevó a los atenienses a entablar estas conversaciones de paz, lo que en buena medida suponía un cambio importante en los planteamientos y directrices de Atenas en política exterior. El criterio más extendido piensa que los acontecimientos habidos en la Fócide a principios del 346, o sea prácticamente simultáneos, habrían llevado a buscar una tregua con Filipo, dado que la situación se iba volviendo más intrincada por momentos. Harris 17 va rechazando los diversos argumentos postulados por la crítica, y concluye que, a la luz de los testimonios a nuestra disposición entre los que los discursos de Esquines y Demóstenes ocupan un lugar preferente, hubo dos motivos primordiales: de un lado, la apremiante preocupación de Atenas por la situación en la Grecia septentrional, de donde la ciudad recibía un importante aporte económico y donde Filipo iba progresivamente cambiando el status quo; de otro, su fracaso en coaligar a los griegos contra Filipo.

Ahora bien, para entender en toda su complejidad este momento histórico así como la participación política de Esquines y Demóstenes en él, es preciso no pasar por alto, como a veces se hace, el hecho de que, mientras nuestros diez elegidos encaminaban sus pasos a la corte de Pela, al mismo tiempo Atenas enviaba un segundo grupo de emisarios 18 por toda Grecia convocando a una nueva reunión en Atenas, pero esta vez con una intención bastante distinta: ofrecer a las restantes ciudades la posibilidad de que se unieran al posible acuerdo futuro de paz con Macedonia. De esta forma —pensaba Esquines, en consonancia posiblemente con ciertos planteamientos teóricos panhelénicos o, al menos, realistas— no se trataría de una paz únicamente bilateral, que podría romperse más fácilmente que si se incorporaba a ella buena parte de toda Grecia.

Los embajadores se ponen en camino hacia Pela en algún momento de febrero del 346. Las conversaciones con Filipo se desarrollaron en dos sesiones: en la primera, los emisarios atenienses expusieron los pormenores de su propuesta; en la segunda, Filipo les hizo saber la contestación que habrían de llevar de vuelta a Atenas.

La principal fuente de información es el discurso II de Esquines 19 , puesto que Demóstenes quiso luego difuminar lo más posible su participación en las gestiones diplomáticas que condujeron a la Paz de Filócrates y, en consecuencia, no se extendió mucho en describir los hechos de este período. El primer día hablaron los representantes atenienses por orden de edad, de forma que a Esquines le correspondió intervenir hacia la mitad, y Demóstenes el último, por ser el más joven. Esquines nos informa de que él se extendió ampliamente en el punto de la reivindicación de Anfípolis por parte de Atenas, lo que pone de manifiesto que nuestro orador conocía bien las principales inquietudes y preferentes objetivos de su ciudad. Al llegarle el turno a Demóstenes, y a pesar de las previas manifestaciones de petulancia de éste sobre cómo iba a doblegar la voluntad de Filipo, al final se bloqueó y escasamente logró balbucear algunas palabras. La crítica prodemosténica habla aquí de tendenciosidad y falsedad por parte de Esquines; pero parece indudable la veracidad del relato esquíneo puesto que, de no haber sido así, el testimonio en contra de los otros embajadores presentes habría echado por tierra tal pretensión ridiculizadora.

Tras una interrupción, los embajadores fueron llamados a presencia de Filipo, que intentaba responder a los diferentes puntos tocados y, en especial, a la intervención de Esquines. Su contrapuesta en general fue bastante vaga, concretándose en que cada una de las partes mantendría las posesiones que en ese momento ocupaban, lo que equivalía a decir que Atenas debía abandonar sus pretensiones sobre Anfípolis. Y en términos parecidos de imprecisión estaba redactada la carta que Filipo les entregó para ser leída a la Asamblea ateniense, aunque en ella Filipo manifestaba su intención de proporcionar una serie de beneficios a Atenas, en caso de que se concluyese la paz 20 . De otro lado, se acordó igualmente que el macedonio enviaría a dos embajadores suyos (Antípatro y Parmenión) para que debatiesen ante la Asamblea ateniense las propuestas ahora formuladas.

En resumen, no eran muchas e importantes las ventajas que podrían obtenerse del posible tratado de paz, pero al menos se conseguía el final de la guerra, un cierto equilibrio político en el Quersoneso, y daba la impresión de que Filipo tenía una auténtica buena voluntad de estar en armonía con Atenas. Y respecto a Esquines en particular, podemos suponer con verosimilitud que, aunque en desacuerdo con lo conseguido, pensaba que al menos la posible unión del resto de Grecia a estos acuerdos redundaría en una mayor contención de la progresión política de Macedonia.

La embajada regresó a Atenas a finales de Febrero. Su primera actuación, de acuerdo con la ley, fue presentar un informe ante el Consejo y, luego, ante la Asamblea. Del primero, Esquines nos informa 21 de que Demóstenes hizo un elogio de la embajada e incluso propuso un decreto para que les fuera concedida una corona de olivo y una invitación a comer en el Pritaneo a todos los componentes de la embajada; igualmente 22 , presentó la propuesta de que se concluyera una tregua con el heraldo macedonio, de forma que los emisarios de Filipo pudieran venir a Atenas, puesto que no hay que olvidar que en estos momentos ambas ciudades estaban en situación legal de guerra declarada.

Así mismo, no hay que olvidar que el Consejo, en tal situación y por imperativo constitucional, tuvo que comunicar al synédrion de la Confederación de los aliados la propuesta de Filipo y solicitar de ellos algún tipo de resolución 23 al respecto. Y éstos propusieron que los prítanos no convocaran a la Asamblea para tratar de este asunto hasta que no estuvieran de vuelta las embajadas enviadas a las ciudades griegas 24 .

En los días siguientes tuvo lugar el informe ante la Asamblea, probablemente en torno al día 30 del mes de Antesterión. Una vez más nuestra fuente más explícita —y veraz— es Esquines 25 , que nos informa de que en esta ocasión Demóstenes se mostró más molesto y agresivo, y de que propuso también ahora la tregua con el heraldo macedonio así como la corona honorífica a los embajadores, pero que añadió que la Asamblea fuese convocada a una doble sesión para tratar de la paz y también de una posible alianza con Filipo.

En este punto de los acontecimientos Harris 26 nos da un buen ejemplo de su rigor filológico haciéndonos caer en la cuenta de lo que probablemente Esquines se calla y que, de ser cierto, aclararía mucho mejor la situación: la razón de este cierto cambio de postura de Demóstenes respecto a su intervención anterior ante el Consejo y, sobre todo, su añadido de esa convocatoria de la Asamblea para discutir ya en concreto la paz, todo esto se explicaría más fácilmente si supusiéramos que, aunque Esquines no lo mencione, en esa sesión se discutió la conveniencia o no de aceptar la resolución de los aliados, punto en el que Demóstenes saldría vencedor, lo que llevaría a la mencionada propuesta de convocar inmediatamente las dos sesiones de la Asamblea aludidas. Por el propio Esquines 27 sabemos que él apoyaba la pretensión de los aliados de demorar cualquier tipo de tratamiento del problema hasta el regreso de los embajadores atenienses a las restantes ciudades griegas, lo que es lógico dentro de su planteamiento político de que una posible unión más o menos panhelénica supondría un sólido muro de defensa frente al aparentemente imparable avance de Macedonia. Por el contrario, Demóstenes, convencido de la superioridad de Atenas, pensaba que el estado de cosas necesitaba sobre todo urgencia en la toma de decisiones. Y, una vez más, los atenienses se inclinaron del lado de este último, seducidos por su personalidad más brillante, pero sobre todo porque el desánimo y la desunión entre las ciudades griegas eran grandes, y la falta de noticias hacía suponer que el resultado sería semejante al que había tenido lugar poco antes con ocasión de la caída de Olinto. De nuevo volvemos a encontrarnos con dos visiones de la praxis política claramente contrapuestas: de un lado estaba la postura sabedora de la debilidad de Atenas y de la necesidad de tener que contar con la ayuda de otros para hacer frente a los posibles problemas de ámbito internacional, puesto que quedaba ya muy lejos el esplendor del s. V , lo que podríamos calificar de realismo y moderación; y frente a este planteamiento se levantaba el bloque de quienes seguían pensando que Atenas era la potencia hegemónica de Grecia, aunque en esa época no pasara por sus mejores momentos, y que por lo tanto no debía rehuir las situaciones por complicadas que fuesen, sino intervenir de forma directa e inmediata. Y en este estado de cosas es comprensible la defensa a ultranza de Esquines frente a la acusación confundidora —y falsa— de Demóstenes sobre que estaban ya presentes en Atenas los embajadores enviados poco antes a las ciudades griegas.

También es confuso el relato de Esquines en relación con las fechas de convocatoria de las sesiones de la Asamblea 28 . Primero nos dice que Demóstenes propuso simplemente que la Cámara acordase que los prítanes convocaran dos sesiones para deliberar sobre la paz y la alianza, y más tarde menciona explícitamente los días 18 y 19 del mes de Elafebolión. La forma más sencilla de interpretar esta discordancia es suponer que hubo una nueva reunión de la Asamblea, en la que Demóstenes concretó ya las fechas mencionadas. Y tal vez también a ésta habría que adscribir la propuesta de decreto de Demóstenes 29 sobre que se asignase un puesto en las Dionisias a los embajadores de Filipo, lo que supondría que la fecha de esta otra sesión sería ya con la embajada macedonia en Atenas.

Así las cosas, se llega a la doble sesión de la Asamblea los días 18 y 19 de Elafebolión. Filócrates redacta una propuesta de decreto en la que se recogían las condiciones ya más concretas traídas a Atenas por Antípatro y Parmenión: se proponía una paz y una alianza entre, de un lado, Atenas y sus aliados y, de otro, Macedonia y los suyos, pero con la aceptación de la situación territorial actual, a excepción de la Fócide y la ciudad tesalia de Halos. Era, pues, un acuerdo duro para Atenas, que perdía así todas sus posibilidades sobre Anfípolis, Pidna y Potidea, así como últimamente la Fócide.

Curiosamente tanto Esquines como Demóstenes estaban de acuerdo en la dureza de las condiciones macedonias, pero también en su inevitabilidad. Y así, aunque en un primer momento se mostraron reluctantes, al final acabaron apoyando la necesidad de llegar al acuerdo con Filipo. Por ello, las acusaciones que posteriormente Demóstenes habrá de lanzar contra su enemigo, carecen de fundamento. Finalmente, la Asamblea ateniense terminó por aceptar la propuesta de decreto presentada por Filócrates, a condición de que se eliminase la restricción de Fócide y Halos y en contra de la opinión de los emisarios macedonios.

Luego está la cuestión de Cersobleptes. Éste no era miembro de la Confederación de aliados; sin embargo, dado el peligro que corría ante el inminente ataque de Filipo, intentaba unirse al juramento del tratado de paz con Macedonia. Su emisario Critobulo lo hizo saber en la Asamblea del 25 de Elafebolión, en la que también los aliados aceptaron oficialmente los términos del tratado. A favor de la causa de Cersobleptes, Alexímaco de Peleces presentó una propuesta de decreto. En los discursos enfrentados del año 343 vemos de nuevo enfrentados a Esquines y Demóstenes también este punto. Lógicamente Esquines estaba a favor del soberano tracio, dada su predisposición a hacer tomar parte en la alianza al mayor número posible de ciudades griegas. Demóstenes, por contrario, pensaba —en esta ocasión con acierto— que esta circunstancia dificultaría las negociaciones con Filipo, y para ello se basaba en que Cersobleptes no pertenecía al bloque de los aliados de Atenas. Por su parte la Asamblea ateniense del 25 de Elafebolión debió de estar del lado de Demóstenes, puesto que parece claro que la propuesta de Alexímaco fue rechazada 30 . Ahora bien, lo sorprendente es que en los discursos del 343 Demóstenes intenta culpar a Esquines de no haber prestado el apoyo debido a Cersobleptes, cuando las cosas fueron exactamente al revés. Esquines en su discurso del 343 intenta probar que el que en el año 346 defendía a ultranza la alianza con Filipo era Demóstenes, puesto que de éste vino la oposición a que el soberano tracio se uniese a la paz, lo que habría sido un impedimento insalvable ante Filipo. Demóstenes en 343, en su línea de enfrentamiento ya total con el macedonio, trastoca los hechos y censura a Esquines por una medida de la que él había sido el principal animador.

Tal vez quedaba en evidencia una vez más que Demóstenes buscaba una tregua temporal con Macedonia, que permitiría mantener a salvo el Quersoneso y dar tiempo para una recuperación de Atenas. Y frente a esto Esquines veía que la situación era mucho más compleja y necesitada de la colaboración del mayor número posible de ciudades griegas.

4.

En busca de la paz: segunda embajada (346)

Una vez que Atenas y sus aliados aprobaron y juraron los términos de la Paz de Filócrates, era necesario que una nueva embajada ateniense se encaminase a Pela para que Macedonia y sus aliados prestasen juramento a su vez de aceptación del acuerdo. Este momento es conocido como la segunda embajada.

Lógicamente parece que fueron elegidos como embajadores ahora los mismos que habían ido en la vez anterior, y la Asamblea les encargó tres misiones: recibir los juramentos de Filipo, intentar obtener la liberación de los prisioneros atenienses en Macedonia y «que los embajadores hagan también cualquier otra cosa ventajosa que puedan» 31 .

La partida tuvo lugar poco después del 3 del mes de Muniquión a instancias de Demóstenes, que deseaba gran celeridad en la conclusión del tratado. Pero por razones que desconocemos, la marcha no fue tan rápida y tardaron en llegar a Pela veintidós días. Esta demora fue el primer motivo de enfrentamiento en esta segunda embajada entre nuestros dos oradores. Durante todo ese tiempo Filipo se ausentó de Macedonia y realizó diversas conquistas en Tracia, hechos de los que luego Demóstenes culpará a Esquines, quien, a juicio de su antagonista, habría estado en connivencia con el macedonio. Aparte de otras razones, es claro que Tracia no estaba incluida en las cláusulas de la alianza, de forma que una más temprana firma de la paz no habría sido un obstáculo para la política expansionista de Filipo en esa región.

Tras su llegada a Pela y en la reunión de los emisarios atenienses previa a la cita con Filipo, quedó ya de manifiesto la amplia divergencia entre ambos políticos, hasta el punto de que acordaron que cada uno dijese lo que le pareciese conveniente 32 . Demóstenes, que habló el primero, no se centró en ningún punto importante sino que se limitó a un panegírico de sí mismo y de Filipo, lo que produjo la risa entre los asistentes 33 . Esquines por su parte, además de otros considerandos, se centró en dos puntos capitales en ese momento, y lo hizo desde la óptica de la realidad. Dada la inminencia inevitable de Filipo en la Grecia Central con motivo de la revuelta de la Fócide, abogó porque el conflicto se resolviese por vía de los tribunales de justicia o, en su defecto —Esquines sabía que eso era impensable en las circunstancias actuales—, que el trato con los focenses fue indulgente y sólo se castigase con dureza de forma individual a los directamente responsables. De otro lado, sugirió la conveniencia de detener el poder de Tebas apoyando a las ciudades beocias. Y en ambos puntos se iba a producir una separación radical y definitiva entre uno y otro. Demóstenes echará la culpa a Esquines del aniquilamiento de los focenses, aunque en este momento era ya una realidad inevitable. Y respecto a Tebas, la posterior política demosténica a favor de una alianza con la ciudad cadmea carecía de sentido en el año 346 y, además, en ese año él se sentía cómodo al lado de los sentimientos antitebanos que una y otra vez hacía su aparición en Atenas. Esquines, por su parte, se acomodaba más a los planes de Filipo —o al menos a los que luego habrían de venir—, y ello no por colaboracionismo con el macedonio sino porque era lo más práctico y realista para Atenas en ese momento 34 .

Filipo, pues, prestó el debido juramento a la alianza con Atenas, y ello en los términos que Filócrates había propuesto en Atenas, o sea, con las restricciones de Fócide y Halos. A continuación todos se pusieron en camino hacia Tesalia, donde la embajada ateniense recibió a su vez el juramento de los aliados del macedonio.

La embajada retornó a Atenas, y en concreto Esquines llegaba con la esperanza de que la inevitable intervención de Filipo en la Grecia Central no estaría muy en contra de los intereses de Atenas, puesto que el contacto personal con el monarca macedonio le había causado la impresión de que éste sentía una admiración especial por Atenas y que, consiguientemente, tenía una buena predisposición como para no dar lugar a un enfrentamiento directo con la ciudad.

A los dos días de su llegada a Atenas los embajadores rindieron el debido informe ante el Consejo 35 y, al día siguiente, ante la Asamblea. Ahora ya Demóstenes procedió en ambas ocasiones a un ataque frontal contra sus compañeros de embajada y contra la actuación de éstos en su tarea de representar los intereses de la ciudad. Pero en esta ocasión la Asamblea se dejó seducir por la visión más positiva de Esquines 36 , y la facción macedonia se vio apoyada hasta el punto de que Filócrates hizo una propuesta de decreto para que la alianza ahora suscrita se extendiera a los descendientes de Filipo, así como que la Fócide traspasara a los Anfictiones el control del templo de Apolo en Delfos.

Los atenienses votaron de grado la sugerencia de Filócrates, y dispusieron el envío de una tercera embajada a Macedonia para ampliar la alianza en los términos indicados. En esta ocasión Demóstenes se abstuvo de participar, puesto que cada vez veía con más desconfianza la actuación de Filipo. Tampoco Esquines tomó parte porque, aunque en un primer momento había aceptado la nominación, luego adujo que estaba enfermo y que, temporalmente, se ausentaba 37 . La embajada, pues, se puso en camino y en Calcis, el 24 del mes de Esciroforión, se enteraron de la rendición de Faleco y de que Filipo había atravesado el paso de las Termópilas. Llenos de vacilación los emisarios regresaron a Atenas para consultar sobre la nueva situación. En la sesión de la Asamblea del día 27 la corriente antimacedonia recuperó el terreno perdido al lograr infundir en el ánimo de los atenienses el temor de que el siguiente paso del macedonio sería atacar a la propia Atenas. No obstante, se acordó enviar esta tercera embajada a Delfos, donde Filipo había convocado una reunión de la Anfictionía. Ahora sí se unió Esquines y allí, ante Filipo, habló a favor de los focenses, logrando que el castigo final impuesto a éstos fuese menos duro de lo que otras ciudades pretendían. A su vuelta a Atenas la tempestad antimacedonia amainó en cierta medida, al comprobarse que el peligro macedonio había desaparecido, aunque se mantenía cierto malestar contra Esquines, que les había asegurado que la sanción a los focenses sería mucho más suave. Pero duró poco la calma: Filipo, con el apoyo de los tesalios y tebanos, se dispuso a presidir los juegos píticos, que tuvieron lugar en el otoño de este mismo año 346, lo que suponía, en no pequeña medida, el reconocimiento de la hegemonía del macedonio en la Grecia central; en respuesta, los atenienses, irritados, rehusaron enviar su delegación, lo que equivalía a no reconocer la recién estrenada categoría de miembro de la Anfictionía délfica que Filipo había conseguido de resultas de la rendición de la Fócide. Y la indignación fue a más cuando una delegación de tesalios, en representación del Consejo anfictiónico, se presentó en Atenas para que la ciudad reconociese oficialmente la entrada de Filipo en dicho Consejo 38 . En tal situación Esquines —y con él el bloque promacedonio— apoyó abiertamente la aceptación, mientras que Demóstenes a continuación le censurará una vez más su entrega a la causa macedonia sin reparar en las consecuencias. Pero la verdad es que en el discurso conservado Sobre la paz, que Demóstenes pronuncia para esta ocasión, termina aconsejando a los atenienses la misma propuesta que Esquines: la aceptación de la nueva situación, por razones de mero sentido común y a la espera de mejores coyunturas para recuperar el perdido prestigio de Atenas.

5.

Guerra y paz: la Paz de Filócrates (346-340)

La segunda mitad de la década de los cuarenta transcurre teóricamente en medio de la paz firmada tras los laboriosos afanes vistos más arriba, y que denominamos Paz de Filócrates por el nombre del ponente de la propuesta legal. Pero, a decir verdad, se mantiene en Atenas un cierto ambiente al menos psicológico de guerra, promovido por los grupos antimacedonios con Demóstenes a la cabeza, que no dejan pasar ocasión de poner en evidencia el peligro de un inminente ataque del macedonio, a pesar de que éste una y otra vez deja patente su interés por profundizar en la relación pacífica actual con Atenas. Y frente a ellos la corriente filomacedonia mantendrá igualmente firme su postura de que la alianza con Filipo sólo traerá beneficios a la ciudad, planteamiento éste que, desde un plano más teórico, se verá apoyado por los diversos panfletos que por estos mismos años escribe Isócrates a favor de la unificación de las fuerzas griegas bajo el mando de Filipo, de forma que Grecia pueda hacer frente de una vez con éxito al poder persa.

Pues bien, en este contexto político la figura de Demóstenes y su línea política iban adquiriendo un mayor protagonismo, consolidado por la marcha de los acontecimientos y por el apoyo de la opinión pública, fácilmente influenciable por la brillantez oratoria y temperamental de Demóstenes así como por el hecho de que las buenas palabras de Filipo no acababan de materializarse en nada concreto. De otro lado, durante este período Esquines llevará una existencia más retirada —sólo alterada de forma importante por el proceso que contra él abre Demóstenes en el año 343, acusándolo de actuación fraudulenta en las embajadas enviadas a concertar la paz con Macedonia—. La corriente filomacedonia que lidera tratará simplemente de apagar los fuegos que una y otra vez van a prender demagógicamente los enemigos de Filipo, en un intento de sostener la situación de paz y con la esperanza de que el paso del tiempo irá poniendo de manifiesto el acierto de su confianza en el macedonio. En resumen, podría decirse que en estos años hay en Atenas una situación implícita de guerra, tanto con el exterior como dentro de ella misma, aunque formalmente se trate de un período de paz.

Me limitaré aquí a detallar algunos de esos hechos que dejan traslucir la tensión política del momento. Para empezar, habría que tener bien claro que Filipo, tras la firma de la Paz de Filócrates, dedicó su principal actuación militar y política a la Grecia septentrional (Iliria, Tracia), y, si lo vemos intervenir en la Grecia central o en el Peloponeso, se debe a motivos de ayuda a situaciones concretas, pero nunca a una política de mayor calado. Demóstenes, por el contrario, una y otra vez interpretará las cosas de forma muy distinta, llevado de su obsesión de que en la mente de Filipo lo que subyacía era el empeño de subyugar a toda Grecia y, de forma especial, a Atenas. Y, claro está, en todo momento se topará con la oposición de Esquines. Tal vez sea así como haya que interpretar la marcha de Demóstenes al Peloponeso del año 344, en busca de apoyos para hacer frente al —en su opinión— inminente avance macedonio. En este contexto Filipo hace un gesto de buena voluntad para con Atenas y envía, a principios del 343, a Pitón de Bizancio proponiendo una revisión de los términos de la paz, de forma que los atenienses, en vez de criticar el acuerdo, sugirieran qué puntos les resultaban menos agradables, aunque, claro está, ello no implicaba una aceptación automática, sino que sería necesaria una negociación al respecto. Lógicamente, Esquines apoyó abiertamente la propuesta que Pitón trajo a Atenas, pero los grupos antimacedonios se hicieron con la situación e impusieron unas propuestas que de antemano eran inviables. Hegesipo, un violento antimacedonio, encabezó una embajada a Pela con la petición de que cada parte volviera a ser dueña de las posesiones que les pertenecían, así como que Filipo les devolviera la isla de Haloneso y que se comprometiera a defender la libertad de los griegos. Lógicamente, el soberano macedonio rechazó las dos primeras, mientras que aceptó la tercera, tal vez como prueba de su disposición a respetar la situación actual frente a los temores desmedidos de Demóstenes. Y añadía por su parte algunas otras sugerencias conciliatorias nuevas, entre las que repetía su promesa de aportar diversos beneficios a Atenas, así como su determinación a mantener la amistad con Atenas por encima de las restantes ciudades griegas. Pero, como era esperable, los embajadores macedonios fracasaron en su gestión ante la Asamblea ateniense, dominada por el violento rechazo de Hegesipo a las contrapropuestas de Filipo.

Es igualmente sintomático del enfrentamiento subyacente el proceso contra Filócrates, el autor de la propuesta de paz, y que ahora era llevado ante los tribunales de justicia acusado de corrupción, por haberse vendido al rey de Macedonia en la gestión de la paz. Hiperides será el acusador formal, pero detrás estaba Demóstenes y todo el grupo antimacedonio. Filócrates prefirió huir y, así, fue condenado a muerte in absentia . Pero realmente la crítica histórica ha terminado por aceptar que no hubo fundamento para esta condena, aunque Demóstenes se esforzara con todo su empeño por demostrarlo. Y la huida se debió más a motivos de seguridad, dado el ambiente existente y la posibilidad real de una condena injusta, que a un auténtico sentido de culpabilidad. Fue, pues, una víctima más de la tensión política a que se había llegado en Atenas, por obra, entre otros, de Demóstenes.

Una nueva afrenta al prestigio de Esquines le vino a éste del episodio de Antifonte. Este Antifonte era un individuo que había sido expulsado unos años antes de las listas de ciudadanos, y al que ahora Demóstenes llevó ante la Asamblea acusándolo de haber sido comprado por Filipo para incendiar los arsenales de la flota, tras sacarlo de una casa en el Pireo donde estaba escondido 39 . Esquines se le enfrenta y convence a la Asamblea de que Demóstenes había actuado contra justicia al sacar a Antifonte de una casa sin el premiso legal pertinente. Pero Demóstenes no desiste y lleva el caso al tribunal del Areópago, que lo somete a tortura y termina encontrándolo culpable y condenándolo a muerte. No tenemos certeza de la oportunidad de la condena, puesto que nuestra fuente principal es el propio Demóstenes y esta circunstancia rebaja los límites de seguridad. Tampoco la sentencia de muerte es apoyo definitivo dado el ambiente tenso y cada vez más antimacedonio de Atenas. De otro lado, no tenemos la más mínima prueba de una posible colaboración de Esquines. Pero lo que es indiscutible es que este episodio jugó en contra del cada vez más maltrecho prestigio de nuestro orador, y a favor del incremento de una postura de sospecha hacia Filipo.

Igualmente negativo para la carrera política de Esquines fue el episodio del santuario de Delos. Los habitantes de la isla no reconocían los derechos de Atenas sobre el templo de Apolo, al que creían de su total propiedad. El pleito debía resolverse ante el Consejo anfictiónico, y la Asamblea ateniense eligió a Esquines como su representante. La razón principal residía probablemente en la buena impresión que había dejado nuestro orador cuando, pocos años antes, había hablado a favor de suavizar el castigo a los focenses, y en que Filipo, presidente del Consejo, vería con buenos ojos la intervención de un filomacedonio convencido como Esquines. Pero la Asamblea en un momento dado pasó la decisión última al Areópago con la posibilidad de que eligiera a otra representante, dado que se trataba de un asunto religioso. Éste anuló la nominación de Esquines y, en su lugar, designó a Hiperides, un conocido antimacedonio. Demóstenes 40 justifica este rechazo en el hecho de que Esquines era un traidor a la ciudad, pero una vez más su apreciación es tendenciosa y exagerada. El Areópago, dada la naturaleza de sus componentes y de sus cometidos, veía con mayor sospecha la línea política de Filipo y, en consecuencia, prefirió inclinarse por un antimacedonio que, además, había protagonizado el proceso contra Filócrates poco antes. Al final, Hiperides hizo una brillante defensa de la causa ateniense, y Filipo, inclinado de su lado, trató de persuadir a los delios de que renunciaran a sus pretensiones. En cualquier caso, es evidente, de un lado, que la figura de Esquines debió resentirse de tal postergación; pero, de otro, no es menos cierto que volvemos a encontramos con un Filipo sensible a los intereses de Atenas y, por lo tanto, muy alejado de los frenéticos temores que Demóstenes una y otra vez trataba de infundir en sus conciudadanos.

6.

De nuevo la guerra: Queronea (338)

La tensión que se había ido acumulando en Atenas, sólo tenía un final: la ruptura de la paz y la declaración de guerra a Macedonia. Y esto sucedió en el otoño del año 340.

La declaración formal de guerra se debió a un suceso menor. En los años 342-341 Demóstenes había vuelto a sus esfuerzos por conseguir una alianza de las ciudades griegas frente a Macedonia. Ahora las circunstancias le favorecían y, en consecuencia, fue consiguiendo un número no pequeño de adhesiones, aunque le seguía fallando Tebas, el aliado por excelencia para Demóstenes. En tales circunstancias llegó el pretexto bélico en un sitio tan apartado como el Helesponto. Perinto y Bizancio, hasta hace poco bajo la protección de Filipo, comenzaron a sentir temor de las conquistas del macedonio por esa parte de la Grecia septentrional, y solicitaron ayuda de Atenas. Filipo vio con malos ojos esta falta de lealtad y puso sitio a Perinto y, a continuación, a Bizancio. Entretanto, además, se adueñó de una flota ateniense que trasportaba trigo del Mar Negro, aunque, a juicio de Filipo, realmente se trataba de suministros para su enemiga Selembria. La Asamblea votó romper la estela en que habían sido recogidas las cláusulas del tratado de paz, lo que equivalía a la declaración formal de la guerra contra Macedonia 41 .

Pero el motivo para el enfrentamiento frontal tuvo lugar, como no podía ser menos, en la Grecia central, donde Atenas podía correr el peligro de un ataque directo contra sus propios muros. Y el contexto político-geográfico fue una vez más el de la Anfictionía délfica 42 . La presencia ateniense en el Consejo anfictiónico estaba compuesta por el hieromnḗmōn 43 , que en este momento era Diogneto de Anaflisto, y tres «pilágoros» 44 (Trasicles, Midias y Esquines). A su llegada a Delfos fueron sorprendidos por una acusación de los locrios de Anfisa, amigos de los tebanos, en la que se les acusaba de haber ofrecido al templo unos escudos con inscripciones relativas a la alianza de Tebas con Persia al final de las Guerras Médicas. Por motivos de salud Esquines sustituyó a Diogneto en su cometido de hieromnḗmōn y, llevado de su indiscutible pasión por Atenas 45 , intervino con tal vehemencia en su discurso que dio lugar a la cuarta guerra sagrada, ahora contra Anfisa 46 . En un primer momento se pusieron al frente de la contienda los tesalios con su jefe Cótifo como jefe de todas las fuerzas. Posteriormente, cuando Filipo regresó de sus campañas en el Norte, se le entregó la dirección de las operaciones militares. El macedonio penetró en Grecia central en dirección Sur, camino de Anfisa, pero de repente cambió su previsible ruta y dirigió sus pasos hacia el Este, hasta Elatea de la Fócide, que estaba ya en el límite con Beocia, lo que en alguna medida permitía suponer una posible marcha contra Atenas.

El pánico se apoderó de los atenienses al enterarse de la presencia de Filipo en Elatea 47 , sentimiento exacerbado por la inteligente intervención de Demóstenes en la Asamblea extraordinaria convocada a tal efecto al día siguiente de la famosa tarde: Atenas en un momento tan crítico necesitaba un hombre especial, y ese hombre era él; además había que ponerse en pie de guerra y hacer manifestación ostensible de ello, para que los posibles amigos tebanos, atemorizados ante el peligro para ellos más inminente, se animaran al ver la voluntad decidida de los atenienses; finalmente, era preciso enviar a Tebas una embajada de diez miembros, que ofrecieran a los tebanos la ayuda necesaria.

En este momento de la historia la disensión entre Demóstenes y Esquines estaba en la aproximación o no a Tebas. Demóstenes siempre buscó la alianza con Tebas como bastión necesario para hacer frente a Filipo con la debida seguridad. Esquines, por el contrario, nunca vio con buenos ojos esa alianza, y se inclinó siempre del lado de las restantes ciudades beocias. Así, el primero estará ahora dispuesto a ceder hasta extremos impensables con tal de tener a Tebas de su lado y, por ello, no nos cuenta las concesiones hechas por Atenas. Esquines, lógicamente, describe con pormenor 48 el vergonzoso acuerdo. Y tampoco entenderá 49 la ayuda enviada a Anfisa, cuando por causa de esta ciudad había surgido esta nueva guerra sagrada y Atenas debería estar siempre del lado del Consejo Anfictiónico y, además, ponía en peligro la ciudad al privarla de ese bloque de fuerzas. Pero Demóstenes era plenamente consciente de que la alianza con Tebas era imprescindible en un enfrentamiento definitivo con Filipo, y que no había que escatimar sacrificios para conseguirla.

Así las cosas, a Filipo le quedaban pocas opciones. Tenía la obligación de atacar Anfisa, pero ello suponía enfrentarse a Tebas, que ahora se había aliado con Atenas. No obstante, el macedonio intentará un nuevo acercamiento conciliatorio hacia Atenas y las ciudades beocias 50 , pero Demóstenes, sabedor de ello, bloqueará tal iniciativa por todos los medios a su alcance, convencido como estaba de que era la oportunidad tan esperada para acabar con la hegemonía macedonia de forma definitiva.

La única salida posible era la confrontación armada ente los dos bloques, y una vez más la victoria estuvo del lado de Filipo. En Queronea, el día 9 de mes de Metagitnión 51 del año 338, Atenas perdió la ocasión en que Demóstenes tanto confiaba, para devolver a la ciudad una gloria y un poder que tal vez ya eran irrecuperables.

Tras la derrota Atenas se preparó para resistir la reacción, lógicamente dura, del vencedor; pero una vez más Filipo dio prueba inequívoca de su aprecio por Atenas: dejó en libertad sin rescate a todos los prisioneros atenienses, y envió a su hijo Alejandro a Atenas para concertar un tratado de paz y de alianza entre ambas ciudades. Esquines, Foción y la nueva figura política ahora aparecida, Demades, formarán la embajada enviada para negociar los términos del tratado. En contraste, Tebas recibió un trato mucho más duro, en lo cual Filipo venía al final a coincidir con la petición que Esquines le venía haciendo desde los acuerdos del 346.

Realmente Filipo sólo exigió a Atenas que disolviera su famosa Liga marítima, creada en 378 y cuyo poder era ahora prácticamente nulo. Y tal vez impuso esta medida porque planeaba una nueva confederación panhelénica. En el invierno del 338/337 convocó una conferencia de ciudades griegas en Corinto y allí propuso una nueva koinḕ eirḗnē, que desembocaría en la llamada Liga de Corinto, en la que Filipo acepta que cada ciudad conserve su libertad, pero exige que todas ellas juntas se opongan a aquélla que intente alterar la situación política del momento presente 52 .

7.

El final de la carrera: el proceso por la corona (330)

Con la derrota de Queronea podría pensarse que había llegado la hora del triunfo definitivo de los grupos filomacedonios en Atenas, pero los acontecimientos no siguieron semejante derrotero. Verdad es que en los primeros momentos se abrieron numerosos procesos de todo tipo, y sobre todo contra Demóstenes 53 ; pero no es menos cierto que de todos ellos se fue viendo libre gracias al apoyo y admiración del pueblo ateniense. Y disponemos de algunas pruebas irrefutables de esta confianza. En primer lugar, al poco de la derrota Demóstenes es elegido por la Asamblea para pronunciar el discurso fúnebre en la ceremonia celebrada en honor de los caídos en el campo de batalla. Y tal vez haya que interpretar en el mismo sentido el que la culpabilidad de la derrota se hará recaer únicamente sobre el estamento militar —con la condena a muerte del general Lisicles—, sin tener en cuenta en modo alguno el lado político, del que evidentemente Demóstenes era el principal responsable.

En los años siguientes Demóstenes mantuvo un cierto protagonismo, casi siempre positivo. Esquines, por el contrario, irá desapareciendo de la escena política y sólo lo vemos reaparecer con ocasión del proceso contra Ctesifonte, que en la primavera del 336, y antes de que Demóstenes hubiera concluido su cargo público, propuso la concesión de una corona de oro a Demóstenes en el teatro de Dioniso y en presencia de todos los griegos llegados a Atenas para asistir a las Grandes Dionisias, en reconocimiento a sus muchos méritos políticos en defensa de Atenas. Esquines, que en estos últimos años había preferido pasar a una segunda línea en la vida política ateniense, ve ahora llegada la ocasión de someter a juicio público la trayectoria política de su rival y toma como pretexto la posible infracción legal de Ctesifonte, aunque aplazará seis años (330) su presentación formal ante el tribunal. Y, claro está, al lado de este intento de atacar a su rival —con lo que ello suponía de reacción de venganza— estaba su pretensión honrosa de justificar y enaltecer su propia actuación política. Ya anteriormente habíamos asistido a dos enfrentamientos legales entre ambos: en el proceso contra Timarco Esquines había salido claramente victorioso; más tarde, en la acusación del propio Demóstenes por la actuación fraudulenta de su rival en la embajada ante Filipo, Esquines nuevamente había escapado a la derrota, aunque esta vez por un margen de votos mucho menor. Pero en esta tercera ocasión las cosas se le torcieron y su acusación fue desestimada, incluso sin poder alcanzar la quinta parte de los votos, lo que le acarreó la pérdida de los derechos civiles 54 . Era el comienzo del fin. Con esto se cerraba una carrera política que había trascurrido en medio de un constante enfrentamiento con Demóstenes, promotor de una actuación política claramente contraria, aunque a ambos les unía —a pesar de las acusaciones recíprocas— un mismo objetivo, conseguir lo que pudiera ser mejor para Atenas.

Sus contemporáneos —y buena parte de la opinión posterior— se inclinaron del lado de la brillantez oratoria y política de Demóstenes, que siempre supo mantener viva la ilusión —tal vez utópica— de los atenienses por la gloria pasada de su ciudad, aunque para ello tuviese que caer en la exageración e, incluso, en el pánico político. Pero la historia real le dio la razón a Esquines. Su propia evolución política, su valoración pragmática de las diversas situaciones por las que pasó la historia de Grecia en esos años, su confianza en la buena disposición de Filipo para con Atenas —aunque nunca comprendiese que el macedonio pretendía la amistad con Atenas siempre y cuando no se alterase el nuevo estado de fuerzas que él iba creando—, todo esto fue configurando una actuación política que, en el día a día de la vida de Atenas, no granjeó a Esquines el aprecio de sus conciudadanos pero que, al final, se revelaría la más realista y cercana a la marcha de la historia. La trayectoria, pues, de ambos políticos está teñida de una constante y densa ambigüedad, y en ese dilema de difícil solución seguimos hoy en día.

III. VIDA

Las fuentes relativas a la vida de Esquines presentan dificultades especiales. En primer lugar, disponemos de diversas biografías y noticias de la propia Antigüedad sobre nuestro orador 55 , que son adaptaciones de una posible biografía de época romana, tal vez debida a la pluma de Cecilio de Caleacte. La información ahí recogida no tiene, sin embargo, excesivo valor por cuanto que, en buena media, los datos están tomados de los discursos del propio Esquines o de los de Demóstenes, en especial de los cuatro contrapuestos 56 . Y, así, nuestro segundo bloque de testimonios nos viene de tales discursos, aunque estos textos presentan problemas de solución a veces difícil. Y la razón estriba en que constantemente ambos oradores se contradicen, y es preciso una análisis detenido y contrastador para poder sacar al final alguna conclusión segura. Es importante, por ejemplo, el orden de intervención ante el tribunal, el sentido de que los datos recogidos en un discurso pronunciado en primer lugar, nos ofrecen una mayor seguridad por cuanto que al que hablaba en segundo lugar le quedaba la oportunidad de refutar lo dicho por su oponente; y, por el contrario, la información dada en un discurso de réplica es de certeza menos segura, dado que nadie iba a contradecirle a continuación. No obstante, en el caso de Esquines podemos llegar a un nivel de información adecuado, como ya hemos ido viendo a lo largo del punto anterior.

La opinión más extendida 57 hace nacer a Esquines en el año 390/389 a. C., basándose en su propio testimonio en el discurso primero 58 , donde el propio Esquines nos dice que, en ese momento del proceso contra Timarco, él tenía cuarenta y cinco años. En alguna ocasión se ha propuesto la fecha del 399/398 59 , basándose en una conjetura textual al pasaje, donde se prefiere corregir el texto por «cincuenta y cuatro», y se aduce además el apoyo de la biografía de Apolonio 60 , en la que se afirma que Esquines murió a la edad de setenta y cinco años asesinado por Antípatro al ser derrocada la democracia 61 , lo que sugeriría la fecha del 398/397 ó 397/396, que estaría más cercana a la del 399/398 de la conjetura textual.

En los discursos enfrentados Esquines nos presenta, lógicamente, un entorno familiar acomodado, a veces incluso brillante, pero siempre entregado al servicio de Atenas. Por el contrario, Demóstenes trata una y otra vez de desprestigiar socialmente a su rival, y nos trasmite una descripción bastante irónica de sus padres y del resto de la familia. Probablemente la verdad no está del lado de ninguno de los dos, sino que a partir de los datos objetivos debemos llegar a una visión menos tendenciosa en uno y otro sentido.

Esquines era del demo de Cotócidas, y él se esfuerza en destacar su relación con la importante familia de los Eteobútadas 62 , cuya fratría era la misma que la de su padre Atrometo; pero, a decir verdad, esto no suponía mucho, puesto que esa institución era muy amplia y entraba todo tipo de atenienses. En cualquier caso, lo que sí parece cierto es que la familia de Esquines no tenía antepasados notables, porque en ese caso él lo habría remarcado con énfasis.

Su padre Atrometo habría nacido en el 437/436 ó 436/435 y muerto en el 442 a la edad de noventa y cinco años 63 . Nuestro orador busca darnos una biografía paterna destacada. La juventud la pasó interviniendo en certámenes deportivos, hasta que la Guerra del Peloponeso le privó de sus bienes —pertenecería, pues, a la clase social desahogada que no necesitaba trabajar para vivir—. Luego, fue expulsado por el gobierno tiránico de los Treinta (404), al año siguiente (403) participó de forma destacada en el retorno de la democracia y, entre medias, huyó a Corinto con su mujer, de donde pasó a Asia para servir como mercenario a un sátrapa persa 64 , interviniendo en varias batallas. Buena parte de todo esto probablemente sea falso, en especial lo relativo al año que duró el gobierno de los Treinta. Demóstenes, por su parte, nos da un retrato hiriente e igualmente tendencioso. Tal vez lo más probable es que Atrometo fuera un maestro de escuela que enseñaba las letras —según nos dice Demóstenes 65 —, lo que significa que necesitaba trabajar para subsistir y que, en algún momento de finales del s. V y durante los años noventa, estuvo en Asia como mercenario. Esta profesión paterna socialmente era más sobresaliente que otros oficios manuales, y encaja bien con la cultura literaria que encontramos en Esquines. Su posición económica debía ser un tanto desahogada, puesto que vemos a Esquines disponer del equipo de hoplita, lo que suponía un cierto nivel económico. En cualquier caso, no pertenecía al mismo rango económico y social que Demóstenes, por lo que éste se ensaña con su rival al preguntarle por sus posibles prestaciones económicas al erario público, como hacía Demóstenes dada su floreciente situación financiera. Esquines no contesta porque no tenía nada que contestar.

De su madre, Glaucótea, Esquines no cuenta mucho: la menciona como hermana de su tío Cleobulo, hijo de Glauco de Acarnas, que había servido en la flota ateniense al lado de Deméneto, perteneciente a la familia de los Búciges —nuevamente vemos a nuestro orador tratando de enlazar, de la forma que sea, con personas de relieve social en Atenas—. También aquí Demóstenes llega hasta el insulto y la calumnia 66 : era prostituta y sacerdotisa en ritos de dudosa honestidad. Efectivamente, debió de ser sacerdotisa de algún tipo de culto no importante, en el que las prácticas iniciáticas y purificadoras ocupaban un lugar destacado 67 . Y esta ocupación encaja bien con la que ejercía su tío materno Cleobulo mencionado más arriba, sobre el que conservamos una estela funeraria 68 en la que se le califica de «adivino».

Esquines tuvo dos hermanos, Filócares y Afobeto, y también aquí intenta presentárnoslos como grandes figuras de la vida pública ateniense 69 . Filócares frecuentaba los gimnasios, fue compañero de Ifícrates en diversas campañas militares y el año 343 era el tercero que desempeñaba el puesto de general por tercera vez consecutiva. Afobeto, por su parte, había intervenido en una embajada ante el rey persa y ocupado cargos públicos en la administración de finanzas. Demóstenes dirá que ni el uno ni el otro merecieron los puestos que ocuparon 70 , siendo como eran realmente pintores y escribientes. En cualquier caso, es claro que el entorno familiar de Esquines pertenecía originalmente a un nivel a lo sumo de clase media, aunque luego todos ellos fueron subiendo de categoría, pero sin llegar nunca a la posición económica y social de Demóstenes 71 , lo que le permitirá a éste en ocasiones hacer importantes donaciones al erario público y jactarse de ello, al tiempo que abusa de tal situación ironizando con cierta crueldad sobre la precariedad de Esquines y de su familia.

Esquines nos informa poco de su etapa de juventud, y tenemos que deducir los datos del alud de calumnias de Demóstenes, reparando especialmente en aquellos puntos en los que el primero no replica a su rival, así como en aquellos elementos que parezcan verosímiles.

Nuestro orador se extiende casi únicamente en destacar su intensa participación en las actividades militares de Atenas 72 , como prueba de su patriotismo, tan denostado por Demóstenes. Y en este aspecto podemos tener certeza plena, puesto que su antagonista ironiza sobre esta buena fama de Esquines llamándolo «admirable soldado» 73 . Para contestar a esa puya Esquines nos informa de que tomó parte en diversas campañas: tras su servicio militar a los 18 años, formó parte de las patrullas de fronteras durante el período 372-70; en el 366 era uno de los componentes de la escolta del convoy enviado a Fliunte, y sobresalió en la batalla habida en las inmediaciones del torrente de Nemea; en el 362 estuvo en la batalla de Mantinea; y en 357 y 348 tomó parte en las dos expediciones militares contra Eubea, obteniendo dos coronas, una en el propio campo de batalla y otra en Atenas concedida por la Asamblea.

Por Demóstenes sabemos que en un primer momento desempeñó diversos puestos menores en la administración de la ciudad, lo que confirma la necesidad que tenía Esquines de trabajar para ganarse la vida, punto en el que su antagonista parecer ser fiable. Así, primero debió de ser ayudante de secretario (hypogrammateús) 74 de diversos magistrados, puesto que no se podía ocupar más de dos años. Luego ascendió a secretario-lector de documentos tanto en el Consejo como en la Asamblea, y el carácter electivo de este nuevo destino administrativo realza en alguna medida la importancia del cargo 75 . En cualquier caso, lo cierto es que el paso por estas tareas le proporcionó el manejo de todo tipo de documentación legal (leyes, decretos, actas de sesiones, etc.), lo que le habría de venir muy bien en su etapa como político, como vemos sobre todo en sus discursos I y III, en los que interviene como acusador. Pero también le proporcionó la ocasión de entrar en contacto directo con los políticos influyentes del momento, en especial con Eubulo.

Después de empleado público sabemos, también por Demóstenes, que Esquines actuó de actor de tragedias. La razón técnica tal vez esté en la calidad de su voz 76 , que probablemente le habría ayudado también en su ocupación anterior. Sabemos que, al menos, representó el papel de Creonte en la Antígona de Sófocles, así como los de Tiestes, Cresfonte, Enómao 77 , y Polidoro en la Hécuba de Eurípides 78 . También sabemos que intervino al lado de grandes actores protagonistas, como Teodoro y Aristodemo 79 . Pero, claro está, su eterno rival también en este punto buscará el descrédito. Así, le censura que siempre hacía papeles de secundario último, lo que en el mundo escénico ateniense era conocido como tritagonista 80 , actor al que se le encomendaba también el personaje del tirano, y esta es la razón de que representara al Creonte sofocleo. También se burla de su torpeza dramática, y a ella atribuye el que terminase abandonando los escenarios. En concreto, Demóstenes cuenta 81 que en una representación en Colito destrozó el papel de Enómao y, en relación con este mismo percance escénico, un biógrafo tardío 82 nos hace llegar una anécdota tomada, según dice, de Demócares, el sobrino de Demóstenes: «Esquines llegó a ser tritagonista del actor trágico Iscandro y, representando a Enómao persiguiendo a Pélope, se cayó torpemente y fue substituido por Sanión el maestro de coro» 83 . De todos estos datos podemos concluir que, efectivamente, Esquines, en una etapa de su juventud, se ganaba la vida como actor secundario de tragedia. A favor de su valía escénica tal vez hable el hecho de pertenecer a la compañía de grandes figuras de la escena contemporánea, así como el que efectivamente disponía de una notable voz.

En un momento dado Esquines contrajo matrimonio. La fecha suele situarse en torno al 348, puesto que en 343, con motivo del proceso de Demóstenes contra él, lo vemos presentarse ante el tribunal con su mujer y sus tres hijos de corta edad 84 . Ella era hija de Filodemo de Peania, un hombre influyente y rico, circunstancias ambas que van a suponer un giro radical en la vida de nuestro orador.

Tras esta sacrificada juventud Esquines llegó a la política. En la Atenas de esos momentos había diversas maneras de introducirse en el mundo de la política 85 . Demóstenes seguirá un camino y Esquines otro distinto, dadas las diferencias económicas ya comentadas, pero al final se encontrarán en el mismo sitio, la Asamblea de Atenas.

Una vía de acceso era la capacidad económica: si uno voluntariamente se hacía cargo de importantes y repetidas cargas públicas o de contribuciones sociales, se atraía inmediatamente el aprecio de la gente que, en las sesiones de la Asamblea, iba a escucharlo: es fácilmente comprensible que las propuestas de un benefactor fueran acogidas siempre con buenos ojos. Y éste es el caso claro de Demóstenes: antes de los treinta años había desempeñado cuatro trierarquías 86 ; con treinta y seis había financiado una coregía 87 en las Panateneas y una representación ditirámbica en las Dionisias. Esquines, por el contrario, con esfuerzo conseguía ganarse la vida.

Pero también existía el recurso de aparecer frecuentemente en los tribunales de justicia denunciando a otros políticos, o particulares, cuyas propuestas contuvieran elementos de ilegalidad: de esa manera uno podía aparecer como celoso defensor de la constitución política. También por esta vía transitó con alguna frecuencia Demóstenes, pues lo encontramos a veces directamente en los tribunales, o indirectamente redactando discursos para terceras personas, cosa que era del dominio público. Esquines, por el contrario, nos dice —y ningún dato hay que lo contradiga— que siempre sintió reluctancia por llevar a alguien ante los tribunales; y, efectivamente, sólo lo hizo realmente en una ocasión 88 , con motivo de la acusación que presentó contra Ctesifonte por la concesión de una corona de agradecimiento a Demóstenes —y en ese momento Esquines ya era muy mayor—.

Finalmente, estaba la posibilidad de buscar la amistad y el apoyo de políticos relevantes, a los que uno se unía como colaborador para después ir adquiriendo un mayor protagonismo. Éste el caso de Esquines. A lo largo de su andadura política lo vemos disfrutar de una relación estrecha con figuras destacadas en los diversos terrenos de la actividad política. Y entre ellos habrá dos que en los momentos difíciles sabrán estar a su lado, prueba de que previamente Esquines habría mantenido una colaboración estrecha y leal con ellos. Me estoy refiriendo sobre todo a Foción y a Eubulo. El primero fue un destacado general, elegido cuarenta y cinco veces para esa magistratura, y debió entrar en contacto con Esquines en alguna o varias de las veces que nuestro orador participó en campañas militares, como queda dicho. Pero sobre todo Eubulo determinó en una medida importante la vida política de Esquines. Eubulo desempeñó un papel determinante en la actividad política de Atenas desde su cargo de administrador del fondo de espectáculos, y se irá rodeando de la gente a su juicio con valía para encauzar el futuro de Atenas en consonancia con la realidad del momento. Será el líder de los que la crítica ha dado en llamar «los moderados atenienses». Entre sus filas estaba al principio el propio Demóstenes, aunque pronto abandonaría esos derroteros para adoptar una línea política más personal. Poco después ingresa en el grupo Esquines, que se mantendrá hasta el final de su carrera, en parte probablemente por auténtico convencimiento y en parte tal vez por carecer de la personalidad y originalidad arrolladoras de su rival.

Toda la crítica suele coincidir en que el mérito principal de Esquines en estos primeros momento fue su habilidad para hablar, terreno ése en el que tanto Foción como Eubulo carecían de los niveles mínimos. Pero a esta característica tendríamos que añadir su formación cultural —derivada de la educación paterna—, su excelente voz —ejercitada y educada en sus años de actor de tragedias—, y su dominio del mundo institucional —adquirido en su etapa de secretario de ambas Cámaras—.

De la mano, pues, de Eubulo entra nuestro orador en la escena política. Realmente lo hace ya a una edad avanzada —los cuarenta y tantos años— para los usos y costumbres de la época 89 ; pero su progresión será rápida y, así, al poco tiempo lo encontramos inmerso en el conflicto de Olinto (348) con rango ya de protagonista. De todo esto y del resto de su existencia como hombre público hasta su fracaso judicial y político el año 330, me he ocupado en el punto anterior de esta Introducción.

Su derrota en el proceso sobre la corona en el año 330, a resultas de la cual perdió sus derechos civiles al no conseguir al menos una quinta parte de los votos, significó igualmente su final en la política. En este punto de su vida no disponemos de datos fehacientes, como hasta ahora, sino sólo noticias de biógrafos tardíos. Podríamos considerar como seguro que encaminó sus pasos al exilio, pero el resto es más incierto: la tradición repite una y otra vez que primero se dirigió a Éfeso, a la espera del éxito de Alejandro en su campaña de Asia, para luego, tras la muerte del macedonio, pasar a Rodas y de ahí a Samos, donde moriría a la edad de setenta y cinco años.

IV. ESQUINES COMO AUTOR LITERARIO

Es importante precisar el tipo y nivel de formación literaria de Esquines, porque ello nos ayudará en gran medida a la hora de valorar tanto su producción literaria como el posible influjo que ejerció en la historia literaria.

La profesión de maestro de escuela de su padre le ofrecerá la posibilidad de conseguir una formación básica sólida, frente a lo que era normal en otro tipo de familias de su mismo nivel social. Atrometo no va a proporcionar a sus hijos un patrimonio económico notable, con el que puedan codearse con miembros de las familias ricas; pero, al menos, les proveerá de una sólida formación cultural, de la que Esquines hará gala constantemente: toda la crítica repite el hecho de que, a juzgar por lo conservado, nuestro orador es el que más usaba las citas poéticas en sus discursos, prueba evidente de su obsesión por dejar patente su sólida educación y su calidad de hombre culto 90 , al tiempo que denigra a los carentes de tal refinamiento, entre los que está de forma especial, lógicamente, Demóstenes, al que Esquines tampoco se abstiene incluso de calumniar permanentemente 91 . De otro lado, no habrá que pasar por alto la incidencia directa y positiva de esta formación en su juvenil carrera de actor de tragedias, donde la familiaridad con los textos poéticos le supondría una ayuda no pequeña.

Pasados el tiempo y el nivel de los estudios básicos, y dada la dirección profesional que en un momento dado tomó la vida de Esquines como orador y hombre político, se nos plantea la pregunta por su formación ya específicamente retórica. Este punto fue ya motivo de debate en la Antigüedad 92 . La tradición biográfica y retórica de época tardía nos ofrece diversas sugerencias 93 .

Una mayoría creía que nuestro orador había tenido por maestros a Isócrates y a Platón, pero en este punto nos encontramos con un tópico bien conocido: de todo orador del s. IV se pensaba que había sido alumno de Isócrates, dado el prestigio de éste, circunstancia que en el caso de Esquines se acentuaba por su posible proximidad política: panhelenismo y, sobre todo, estimación positiva de Filipo. Y respecto a Platón, la razón podría estar en su aparición frecuente al lado de Isócrates en los escritos retóricos tardíos, así como en algunas coincidencias estilísticas o de contenido 94 ; pero que realmente no son suficientes para poder afirmar con cierta probabilidad que Esquines estuviera cerca de Platón.

Otro grupo de opinión 95 pensó en Leodamante, pero en este caso el motivo de un emparejamiento tal residiría en que Esquines lo menciona elogiosamente 96 y, dentro de los mecanismos de la biografía antigua, solía establecerse una relación estrecha entre el autor y la persona encomiada.

Finalmente, hubo también quien supuso que Esquines no tuvo maestro alguno de retórica 97 , sino que habría ascendido de categoría desde su puesto de ayudante de secretario.

La crítica moderna sabe bien, por el ejemplo de Isócrates y de toda una pléyade de maestros de retórica, que en la Atenas de esta época había una intensa actividad de enseñanza retórica, en la que primaba no el interés por su uso forense sino el anhelo de preparar hombres de estado, escritores y, en general, personas cultas 98 . Pues bien, éste no era el caso de Esquines. La situación económica de su padre no le permitiría asistir a esas clases que sólo podían pagar las familias acomodadas. Y así, lo más probable es que, efectivamente, Esquines no hubiese podido dedicar ni tiempo ni medios al aprendizaje escolar de la retórica al uso, sino que debió ser autodidacta y dotado de una habilidad natural, que se trasluce en sus discursos y de la que él mismo hace gala. En su caso serían una ayuda, efectivamente, sus trabajos anteriores tanto en la administración pública como en el escenario.

Otro punto importante en la vida literaria de nuestro orador es su posible relación retórica con Rodas. Las fuentes tardías coinciden en que, tras abandonar Atenas por su fracaso político, terminó recalando en Rodas, donde se dedicó a la enseñanza de la retórica. Pero la situación se complica por la existencia de la llamada escuela rodia de retórica, que se sitúa en una posición intermedia entre el aticismo y el asianismo, aunque más próxima al primero. Pues bien, tras un cauto análisis de los datos, podrían ser aceptadas algunas conclusiones como bastante probables 99 . La insistencia de las fuentes parece hacer innegable que Esquines efectivamente se exilió en Rodas 100 . Allí, dado su retiro de la política, es igualmente verosímil que se dedicase a la enseñanza de la retórica. Y en esta nueva ocupación de maestro es claro que su magisterio no se centraría en explicar a los radios los fundamentos teóricos de la retórica —tampoco él había recibido en Atenas una formación tal—, sino que se trataría más bien de una enseñanza básicamente práctica, que era lo que él había hecho toda su vida, y en lo que había llegado a alcanzar reconocimiento. Y en esta línea de enseñanza dedicaría una atención especial a la declamatio, es decir, a la manera de cómo debe uno pronunciar el discurso, parte ésta en la que la crítica antigua le reconoció siempre un mérito destacado. Igualmente, no sería en exceso audaz suponer que a través de estas circunstancias Esquines influyó de alguna manera en la tradición retórica de la isla, de cuya existencia tenemos algunos testimonios ya desde los primeros tiempos del helenismo 101 , bastantes años antes, pues, de su momento de mayor apogeo a finales del s. II a. C. y principios del I con figuras como Apolonio Molón. Y a la luz de estos datos podríamos tal vez aceptar que la influencia de Esquines llegó incluso hasta esta etapa más tardía en torno al año 100 a. C., en la que sabemos que el acercamiento práctico a la retórica era importante, programa didáctico éste en el que el talento natural y la declamatio eran puntos de relieve, en los cuales precisamente destacó sobremanera.

Hay, finalmente, otro punto que no puede ser descuidado en la faceta literaria de Esquines: su fama de fundador de la Segunda Sofística. En el Testimonio 9 recojo el capítulo 18 del libro primero de las Vidas de los Sofistas de Filóstrato, el conocido sofista que vivió a caballo entre los siglos II y III d. C. En ese pasaje se hace una semblanza de nuestro orador, y comienza calificándolo de «iniciador de la Segunda Sofística» 102 . La crítica filológica moderna con frecuencia ha considerado esta afirmación exagerada e insostenible, dada la separación en el tiempo entre ambas partes; pero no es menos cierto que psicológicamente para Filóstrato y demás miembros de ese movimiento los siglos de en medio —o sea, la época helenística— son como un espacio en blanco, de forma que el aticismo de la Segunda Sofística es simplemente una continuación de la época clásica. Pero tal vez la primera razón de Filóstrato para fijar esta paternidad radique en la estancia de Esquines en Rodas, o sea el mundo asiático, lugar donde va a surgir este nuevo movimiento intelectual griego de época tardía: en Esquines coincidían el clasicismo con el contexto geográfico asiático, y por ello era la figura idónea para establecer el contacto con el clasicismo. Pero al lado de esta circunstancia se intentan encontrar rasgos de estilo y motivos de fondo en nuestro orador que coincidan con postulados de la nueva época. Así, se pone énfasis en la práctica de la improvisación, rasgo éste del que la tradición hacía a Esquines su mejor modelo. Pero tampoco se pasó por alto su faceta de actor de tragedias y el consiguientemente lógico carácter teatral de su oratoria, todo lo cual encajaría bien con la teatralidad que caracteriza de forma general a todo el movimiento. O el uso de citas poéticas, que redundaría en el empleo de recursos retóricos característicos de la poesía, rasgo éste igualmente central en el ideario literario de la época, cuando se pretende, más que nunca, una prosa poética y se vuelve una y otra vez al uso de citas poéticas de época arcaica o clásica 103 .

Conservamos de él tres discursos. Cronológicamente, el primero, el Contra Timarco, debió de ser pronunciado a finales del año 346, y en él acusaba a este personaje, amigo de Demóstenes, de inadecuación moral y, consiguientemente, legal para hablar ante la Asamblea: realmente Esquines se estaba anticipando al proceso que a su vez Demóstenes, con la colaboración de Timarco como hombre de paja, estaba maquinando contra él 104 .

El segundo discurso, el Acerca de la embajada fraudulenta, lo compuso como escrito de defensa en el proceso que finalmente Demóstenes abrió contra él en el año 343: el motivo era que nuestro orador no había participado en las embajadas enviadas a Filipo en el año 346 de acuerdo con las directrices políticas marcadas por la Asamblea ateniense. Es, pues, la réplica al discurso homónimo de Demóstenes, número XIX de la ordenación canónica 105 .

El tercer discurso, el Contra Ctesifonte, es nuevamente un texto de acusación: Ctesifonte, amigo de Demóstenes, había presentado oficialmente la propuesta que se concediera a éste una corona de oro en el teatro de Dioniso en presencia de todos los griegos venidos a la fiesta de las Grandes Dionisias; y contra esta medida presenta ahora Esquines una acusación por ilegalidad, aunque lo que realmente buscaba era abrir un proceso público sobre la idoneidad de toda la carrera política de su antagonista. La denuncia fue presentada el año 336, pero luego su vista ante el tribunal sufrió un aplazamiento hasta el 330. Para responder a ese discurso Demóstenes compuso, en apoyo legal de su amigo Ctesifonte, el famoso discurso Sobre de la corona, número XVIII de la colección demosténica 106 .

Diversas fuentes nos hablan de la existencia de un cuarto discurso esquíneo, el Delíaco, cuyo título nos orienta en el sentido de que debería tratarse de su intervención ante el Consejo Anfictiónico con motivo del pleito presentado por la isla de Delos contra Atenas por ciertos derechos de ésta sobre el santuario de Apolo. Ya he aludido más arriba a ese episodio de la carrera política de Esquines: designado en un primer momento por la Asamblea para representar los intereses de la ciudad en la causa, más tarde fue apartado y sustituido por Hiperides a propuesta del Areópago. Este discurso no se ha conservado y, más aún, ya una parte de la crítica antigua lo consideraba espurio 107 .

También tenemos noticias de cierta inclinación suya a escribir poesía. Él mismo nos informa 108 de que efectivamente ha escrito esporádicamente poesía amorosa, concretamente de corte homosexual. Más aún, del pasaje podemos deducir que estas composiciones eran conocidas al menos en un cierto ámbito, y que teme que se le atribuyan algunas que no son suyas con pretensión de escarnio.

Probablemente conservamos algunos restos, aunque no del tipo amoroso al que él se refiere en el discurso primero aludido. En primer lugar, nos ha llegado un epigrama de cuatro versos como exvoto al Asclepio de Epidauro, en agradecimiento por la curación de una úlcera en la cabeza 109 . Conocíamos este texto por la Antología Griega 110 , donde era atribuido al «orador Esquines». La crítica filológica pensó que se trataba de una ficción literaria más de ese repertorio de poesía normalmente tardía, pero en este caso la arqueología y la epigrafía han venido en ayuda de la literatura: las excavaciones en Epidauro ha sacado a la luz una estela votiva con un texto en estado fragmentario pero que se lee lo suficiente para identificarlo con el epigrama llegado por la trasmisión manuscrita, y en el que ahora se precisa que la ofrenda era de «Esquines, hijo de Atrometo, ateniense».

Igualmente, ha aparecido una estela funeraria con cuatro hexámetros dactílicos en memoria de Cleobulo 111 , el ya mencionado tío materno de Esquines, donde se celebra su valor guerrero junto con, sobre todo, sus dotes de adivino. La fecha la sitúa entre 375-350, lo que no iría en contra de la cronología de su sobrino. La crítica, en este caso de forma menos fundamentada, propone la autoría a nuestro orador, dada su inclinación reconocida por la composición poética.

La tradición manuscrita nos ha hecho llegar un bloque de doce cartas bajo el nombre de Esquines, que son consideradas generalmente apócrifas 112 . Suelen ser datadas en el s. II d. C., sobre la base de rasgos estilísticos y motivos de contenido, y atribuidas a una sola mano 113 .

Goldstein 114 , al confrontarlas con las de Demóstenes, las califica de panfletos políticos apologéticos, pero realmente son algo más complejo. Podríamos agruparlas en tres apartados temáticamente. Las cartas 1-9, que son las únicas que conoció Focio 115 , son textos más intimistas, en las que se persigue presentarnos a un Esquines más personal, humano, cordial, ocupado en los quehaceres de la vida cotidiana, aunque siempre con una escapada a la nostalgia. La carta 10 es un juego literario entre lo erótico y lo burlesco, bastante próximo a un posible esquema de historia milesia, y que tendrá sus ecos en la literatura posterior, como Boccaccio 116 . Las dos últimas tienen un perfil claramente distinto y están en paralelo contrastante con las cartas 1 y 2 de Demóstenes: son una vuelta al enfrentamiento político que traspasó las vidas de ambos rivales.

V. EL TEXTO

La historia del texto de Esquines ha sido un constante problema, tanto en el terreno del estudio de la tradición manuscrita como en la consecuente tarea de fijar una edición moderna. Conservamos un número importante de manuscritos, que en buena medida ha estado sin clasificar ni eliminar hasta fecha bastante reciente, lo que ha llevado a que no se haya establecido un criterio más o menos uniforme en su relación interna. Junto a esto nos ha llegado un amplio número de citas en la tradición indirecta y los escolios, lo que complica la situación. Y además están los papiros: durante bastante años no se conocía un número muy amplio —en el conocido repertorio de Puck de 1965, sólo se recogían 14 números—, luego se ha ampliado con cuatro más en los años setenta y ochenta, hasta que en el volumen 60 de los Papiros de Oxirrinco, aparecido en 1994, se incrementó la cifra a 47. Todas estas circunstancias, lógicamente, han dado lugar a que el establecimiento de un texto más o menos definitivo haya sido tarea difícil de alcanzar —al tiempo que nos pone de manifiesto que Esquines fue un autor muy leído en la antigüedad tardía—. En los trabajos de Roncali 117 , Leone 118 y Diller 119 pueden consultarse los intentos más recientes en el análisis de la tradición manuscrita esquínea 120 hasta la edición de Dilts, de 1997, que dispone ya de todos los materiales hasta ahora conocidos.

La editio princeps aparece en 1513 en Venecia de la mano de Aldo Manucio, en la que parece que se utilizaron dos códices (m, S) . En 1757 Taylor publica una edición completa, basándose ya en un número mayor, que él engloba en tres familias. De esta forma llegamos al siglo XIX , donde van aparecer ya las grandes ediciones de Schulz (1865) y Blass (1896), esta última especialmente inclinada a las correcciones y seclusiones. En el siglo XX la pauta está marcada por la llegada de Esquines a la colección francesa de Les Belles Lettres, donde entre 1927 y 1928 V. Martín y G. de Budé editan los tres discursos con las cartas; pero esta edición va a tener enseguida un fuerte rechazo de la crítica por su postura en exceso conservadora 121 : efectivamente, los editores franceses nos dan un texto muy divergente de la edición alemana de Blass para la colección Teubner. Pero no hay nuevos intentos hasta los años setenta, en que Leone (1977) edita un nuevo Esquines en la colección italiana Classici U.T.E.T., dentro del volumen colectivo Oratori attici minori, vol. I, donde adopta una posición intermedia entre Blass y Martín-Budé 122 . Finalmente, el estado de desánimo general en torno al texto esquíneo y su edición ha desaparecido con la publicación de la nueva edición para Teubner a cargo de Dilts, en 1997, que sigue, aunque de lejos, la línea de Blass.

La preparación de este volumen ha sido laboriosa y en exceso dilatada. Mi agradecimiento intenta equipararse a la paciencia que la Biblioteca Clásica Gredos ha tenido conmigo. Pero, de forma especial, querría dejar constancia de la presencia de Conchita Serrano en cada línea de este libro.


1 EHRENBERG (1965), pág. 33

2 EHRENBERG (1960), pág. 29.

3 PERLMAN (1963).

4 BENGTSON (1965), pág. 187.

5 A. SCHÄFER (1885-87), vol. II, págs. 197-199.

6 HARRIS (1995), págs. 7-16.

7 ROMILLY (1954).

8 ESQUINES , II 12.

9 No tenemos datos de relevancia que puedan explicar este cambio en la marcha de los acontecimientos. HARRIS (1995), pág. 49, sugiere dos posibilidades: tal vez Filipo no era realmente sincero en su proposición de poner fin al enfrentamiento con Atenas; pero también la causa puede estar en la lentitud en la contestación de Atenas, dado el aplazamiento producido por el proceso de Licino, lo que produjo que el macedonio decidiese no esperar más, o que interpretase el silencio como un rechazo. Los repetidos intentos posteriores de Filipo de estar en cierta armonía con Atenas, apoyarían la segunda hipótesis.

10 Agosto del 348. Cf. ESQUINES , II 15.

11 El propio ESQUINES sólo alude de pasada a este momento (II 79). Nuestra información más valiosa nos la proporciona DEMÓSTENES , XIX 10-11 y, en especial, 302-306, donde hace una descripción un tanto tremendista, y ridícula, de la intervención de Esquines. El hecho de que éste no respondiera en su discurso de defensa prueba que Demóstenes en este caso estaba siendo veraz.

12 DEMÓSTENES , XIX 302.

13 II 164 s.

14 ESQUINES , II 17.

15 ESQUINES , II 18. HARRIS (1995), pág. 53, analiza con meticulosidad los decretos mencionados en la versión de Esquines y concluye que todos ellos son legalmente correctos y verosímiles. Sólo destaca la imposibilidad de confirmar este punto de que fuese Filócrates el autor de la propuesta de la candidatura de Demóstenes: en el texto del decreto ese dato no pudo ir, porque en nuestra documentación de otras situaciones semejantes se recoge sólo el dato del autor de la propuesta general del decreto, pero no se incluía los nombres de los que habían propuesto a las personas designadas para la embajada. Aquí Esquines busca lógicamente relacionar lo más posible a Demóstenes con Filócrates, puesto que no olvidemos que este segundo discurso tuvo lugar (343) poco después de que Filócrates hubiese sido condenado a muerte, in absentia, por haber sido sobornado para proponer, en otros, este decreto.

16 Desde MOSLEY (1965), aunque con variantes de matices, es el criterio generalmente aceptado.

17 HARRIS (1995), págs. 53 ss.

18 La existencia o no de este segundo bloque de embajadas ha sido un punto bastante discutido por la crítica, puesto que hay cierta imprecisión en las fuentes. HARRIS (1995), págs. 158-61 lo analiza con gran meticulosidad y concluye que está fuera de duda que hubo dos envíos de embajadores a Grecia: uno tras la caída de Olinto y otro no mucho antes del mes de Elafebolión del año 346.

19 ESQUINES , II 22-35.

20 Estas promesas imprecisas de una actuación ventajosa para con Atenas será un elemento clave para entender la posición futura de Esquines: siempre confió en que esa buena disposición de Filipo se haría realidad en algún momento, mientras que Demóstenes siempre la rechazó categóricamente. La verdad es que nunca se materializó de forma específica y notoria, pero no es menos cierto que la conducta posterior del macedonio nunca tuvo una dirección claramente antiateniense, sino que siempre conservó una postura respetuosa para con Atenas, frente a las suposiciones terroríficas y demagógicas de Demóstenes, que abusó una y otra vez de la credulidad del pueblo ateniense con su brillantez oratoria y su prestigio político.

21 ESQUINES , II 45-46.

22 ESQUINES , III 63.

23 Cf. nota pertinente en II 60.

24 Claro está, se trata del segundo envío de los dos mencionados más arriba; el que debió de tener lugar a comienzos del 346.

25 II 47-54.

26 HARRIS (1995), págs. 66 ss.

27 II 61: «Y la resolución de los aliados, con la que también yo convengo en estar de acuerdo...»

28 II 53 frente a II 61.

29 ESQUINES , II 55.

30 ESQUINES , II 81-86, en ningún momento dice que esta propuesta de Alexímaco fuese aprobada, aunque presenta un amplío número de testigos, pero no de su aprobación sino de su presentación. Es claro, pues, que Esquines buscar confundir las cosas con esa multitud de testimonios, para ocultar el auténtico resultado, que no fue otro que el rechazo de la moción de apoyo a Cersobleptes.

31 ESQUINES , II 104.

32 ESQUINES , II 107.

33 ESQUINES , II 108-112. En la exposición de estos hechos no debemos olvidar que la información nos viene en su mayor parte de Esquines, que no se refrena en darnos una narración irónica y tendenciosa de la figura de su enemigo, lo que no está en contra de la veracidad de los datos de fondo.

34 Más tarde Demóstenes dirá que Esquines y el resto de los embajadores, excepto él, fueron sobornados en Pela por el oro de Filipo. Pero una vez Demóstenes estaba incurriendo en una flagrante y consciente falsedad.

35 Los embajadores llegaron el 13 de Esciroforión y la sesión del Consejo tuvo lugar el 15.

36 Demóstenes en su discurso enfrentado del año 343 pretenderá que aquí Esquines engañaba a los atenienses al asegurarles que Filipo defendería a los focenses y liberaría a las ciudades beocias. Pero la verdad es que nuestro orador nunca se olvidó de precisar que esos planes no fueron promesas formales de Filipo, sino suposiciones del propio Esquines a la luz de los comentarios oídos en el entorno del macedonio. Cf. ESQUINES , II 137.

37 Para un análisis de este punto de la enfermedad alegada por Esquines, respecto a la que Demóstenes lo acusó de falsedad: Esquines se habría quedado atrás para poder controlar mejor a Demóstenes, pero probablemente también en este punto se equivocaba (cf. el apéndice específico de HARRIS [1995], págs. 167 s.).

38 DEMÓSTENES , XIX 111.

39 DEMÓSTENES , XVIII 132-135; DINARCO , I 63; PLUTARCO , Demóstenes 14. Demóstenes era en aquel momento «encargado de la flota».

40 DEMÓSTENES , XVIII 134-135.

41 HARRIS (1995), pág. 125, demuestra el patriotismo de Esquines, Eubulo y su grupo en este momento de guerra contra Filipo: su intervención en la reforma naval ayudó a salvar Bizancio de la armada macedonia.

42 ESQUINES , III 106 ss., nos cuenta detenidamente el episodio.

43 Sobre esta figura, cf. nota pertinente en ESQUINES , III 115.

44 Cf. nota en III 113.

45 DEMÓSTENES , XVIII 148-149, dirá después que su rival estaba comprado por Filipo, cuyos intereses buscaba favorecer.

46 ESQUINES , III 115-123, nos ofrece una descripción pormenorizada de su intervención, así como de los sucesos habidos al día siguiente en Delfos y en la llanura de Cirra.

47 Es el célebre pasaje de DEMÓSTENES , XVIII 169 ss.

48 ESQUINES , III 142 ss.

49 ESQUINES , III 146.

50 ESQUINES , III 148 ss.

51 Principios de agosto.

52 Una vez asentadas las cosas en Grecia, Filipo buscaba tal vez encarar el asalto al mundo persa, para lo que necesitaba una situación armónica a sus espaldas. Y en este nuevo horizonte el papel culturizador de Atenas desempeñaría un papel importante, razón por la cual tal vez el macedonio se esforzó en tener un tacto especial con Atenas.

53 DEMÓSTENES , XVIII 249.

54 Era la sanción de la atimía (cf. nota pertinente en I 134).

55 La documentación más importante está recogida en el apartado posterior de Testimonios .

56 O sea: DEMÓSTENES , XIX / ESQUINES II, y ESQUINES III / DEMÓSTENES , XVIII.

57 HARRIS (1988).

58 I 49.

59 LEWIS (1958).

60 Cf. Testimonios 3, 12.

61 O sea, en el año 322 a. C.

62 Cf. ESQUINES , II 147 y nota pertinente.

63 II 147, III 191.

64 Esta dato nos lo proporciona un escolio a II 147.

65 DEMÓSTENES , XIX 249, 281. Esquines, que en esta ocasión intervenía en segundo lugar, no le contradice, lo que habla a favor de la certeza del dato.

66 Habla de la madre de Esquines sobre todo en el discurso Sobre la corona (DEMÓSTENES , XVIII 129-130 y 258-260), donde intervenía el último y nadie le iba a contradecir.

67 La crítica ha sugeridos diversas posibilidades. PARKER (1983), pág. 303, propone algún tipo de práctica órfica, dada la lectura de textos sagrados y la mención de ceremonias de purificación. Curiosamente, además, Demóstenes ridiculiza a Esquines al afirmar que era nuestro orador quien de joven ayudaba a su madre con la lectura de tales libros rituales (DEMÓSTENES , XIX 199; XVIII 259).

68 Testimonio 11.

69 II 149.

70 DEMÓSTENES , XIX 237.

71 La fortuna del padre de Demóstenes rondaba los catorce talentos, lo que lo convertía en uno de los hombres más ricos de Atenas.

72 II 167-170.

73 DEMÓSTENES , XIX 113.

74 DEMÓSTENES , XIX 237.

75 DEMÓSTENES , XVIII 261. Tal vez para rebajar la cierta subida Demóstenes añade que era también ayudante de magistraturas de poca monta.

76 El propio Demóstenes lo reconoce, sobre todo en XIX 337-40.

77 DEMÓSTENES , XIX 246-7, 337; XVIII 180.

78 DEMÓSTENES , XVIII 267.

79 DEMÓSTENES , XIX 246.

80 El menos importante de los tres actores que representaban una tragedia en la época de Esquines. Cf. nota a los Testimonios 1, 1, y 2, 7.

81 DEMÓSTENES , XVIII 180.

82 Testimonios 2, 7.

83 Cf. notas al mencionado Testimonio, así como LUCAS (1983), págs. 239-244. DORJAHN (1929/30) considera la anécdota no auténtica.

84 II 152, 179.

85 HARRIS (1995), págs. 34 s.

86 Equipamiento de una trirreme.

87 Financiación de un coro teatral.

88 El proceso contra Timarco realmente fue una medida de autodefensa.

89 La precocidad de la carrera de Demóstenes es un ejemplo de claro contraste.

90 Utiliza citas poéticas sobre todo en el discurso Contra Timarco, el primero de los que compuso y cuando su habilidad retórica estaba menos desarrollada.

91 En I 166 lo califica de «dejado de las Musas y persona sin educación».

92 KINDSTRAND (1982), págs. 68-75.

93 En los Testimonios de este mismo volumen pueden verse las diferentes propuestas formuladas por esta tradición retórica de época tardía.

94 P. ej„ HUG (1874) y WEIL (1955).

95 P. ej., Cecilio de Caleacte (cf. Testimonios 1, 4).

96 III 139.

97 Cf. Testimonios 1, 15.

98 WILCOX (1945).

99 Cf. KINDSTRAND (1982), págs. 75-84.

100 El primer testimonio es CICERÓN , Sobre el orador III 56, 213.

101 DIÓGENES LAERCIO , IV 49, en su biografía de Bión de Borístenes, filósofo del s. IV /III a. C., comenta: «En Rodas enseñaba filosofía a atenienses que practicaban allí retórica. Y al que se lo censuraba le decía: ‘¿Traje trigo y voy a vender cebada?’».

102 Ya lo había dejado dicho en el Prefacio: «Fue iniciador de la más antigua [Sofística] Gorgias de Leontinos, en Tesalia, y de la segunda, Esquines, hijo de Atrometo, cuando se apartó de la actividad política ateniense y se estableció en Caria y Rodas» (trad. de CONCHITA GINER ).

103 KINDSTRAND (1982), págs. 90-5.

104 Cf. Introducción al discurso I.

105 Cf. Introducción al discurso II.

106 Cf. Introducción al discurso III.

107 P. ej., PSEUDO PLUTARCO , Vidas de los diez oradores 840 E (= Testimonios 1, 12). FOCIO , Biblioteca 61, 3 (= Testimonios 6, 3 y 264) nos informa de que, según Cecilio de Caleacte, este discurso lo escribió otro Esquines, contemporáneo de nuestro orador, pero la sugerencia parece bastante banal. Cf. también la vida esquínea de APOLONIO (= Testimonios 3, 13).

108 I 135-136.

109 Testimonios 10.

110 Antología Griega VI 330.

111 Testimonios 11.

112 Cf. DRERUP (1904), SCHWEGLER (1913).

113 SALOMONE (1985), pág. 235, n. 13.

114 GLODSTEIN (1968), pág. 128.

115 Test . 6 (FOCIO , Biblioteca 264).

116 Cf. nota introductoria a la carta.

117 RONCALI (1969).

118 LEONE (1972/73).

119 DILLER (1979).

120 Una clara y buena puesta al día puede consultarse en MARTÍN VELASCO (1993).

121 Cf. la reseña de GOLDSCHMITT (1928).

122 Al año siguiente, la colección alemana Teubner decide reeditar el viejo texto de BLASS , sólo que con un amplio preámbulo de SCHINDEL , que intenta hacer una provechosa puesta al día.

NOTA TEXTUAL

En la traducción sigo la mencionada edición de Dilts para los discursos, y la de Martín-Budé para las Cartas. Me separo de una y de otra en los siguientes pasajes:




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TESTIMONIOS


1. PSEUDO PLUTARCO , Vidas de los diez oradores 840 A - 841 A, «Esquines».

Esquines era hijo de Atrometo, exiliado durante los Treinta y copartícipe en la vuelta del partido popular, y de Glaucótea 1 ; pertenecía al demo de Cotócidas, y ni por su ascendencia ni por la sobreabundancia de riqueza estuvo entre los destacados. Mientras fue joven y vigoroso de cuerpo [2] se ejercitaba con ahínco en los gimnasios y, por ser de voz brillante, después de esto practicó la tragedia; según dice Demóstenes 2 , pasó su vida de ayudante de secretario 3 y tritagonista 4 en la compañía de Aristodemo en las fiestas Dionisias 5 , aprendiéndose de memoria en sus ratos de ocio [3] las viejas tragedias. De niño aún enseñaba la gramática con su padre 6 , y de muchacho participó en el ejército dentro de [4] los destacamentos de fronteras 7 . Tras ser oyente, según dicen algunos, de Isócrates 8 y de Platón y, según Cecilio 9 , de Leodamante, intervino en política de manera no obscura en el partido contrario al de Demóstenes y desempeñó, entre otras muchas embajadas, la enviada a Filipo en relación con [5] la paz. Con motivo de ésta fue acusado por Demóstenes al quedar aniquilado el pueblo focense y, además, por haber encendido, cuando fue elegido pilágoro 10 , la guerra de los Anfictiones contra los de Anfisa por trabajar (la tierra sagrada) y el puerto, a consecuencia de lo cual había sucedido que los Anfictiones habían recurrido a Filipo y éste, ayudado por Esquines, había tomado parte en los asuntos y se había apoderado de la Fócide. Pero al intervenir en su defensa el político Eubulo, hijo de Espíntaro 11 , del demo de Probalinto, salió absuelto por una mayoría de treinta votos 12 . Hay [6] quienes dicen que los oradores habían redactado sus discursos, pero que al haber surgido el obstáculo de los acontecimientos de Queronea, la causa ya no fue introducida. Un [7] tiempo después, cuando Filipo había muerto y Alejandro había pasado a Asia, presentó un escrito de denuncia contra Ctesifonte por ilegalidad con motivo de los honores propuestos para Demóstenes, pero al no obtener la quinta parte de los votos se exilió a Rodas, por no querer pagar mil dracmas en concepto de derrota. Otros dicen que le fue impuesta [8] además la sanción de pérdida de los derechos civiles por no querer salir de la ciudad 13 , y que marchó a Éfeso al lado de Alejandro. Ante la agitación surgida a la muerte de éste se hizo a la mar en dirección a Rodas, y allí abrió una escuela y se dedicó a la enseñanza. Leyó a los rodios el discurso [9] contra Ctesifonte en un acto de lectura pública; y al extrañarse todos de que habiendo hablado así hubiera sido derrotado, dijo: «No os extrañaríais, rodios, si hubierais oído a Demóstenes hablar contra esto». Dejó allí una escuela, la llamada escuela rodia. Luego, tras dirigirse por mar a Samos [10] y pasar un tiempo en la isla, poco después murió. Fue de [11] buena voz, como es evidente por lo que dice Demóstenes y [12] por el testimonio de Demócares 14 . La transmisión conserva de él cuatro discursos: el Contra Timarco, el Acerca de la embajada fraudulenta , y el Contra Ctesifonte, que son también los únicos auténticos, puesto que el titulado Delíaco no es de Esquines: había sido, efectivamente, designado defensor en el juicio concertado en relación con el santuario de Delos, pero la verdad es que no pronunció el discurso, ya que fue votado a mano alzada Hiperides en lugar suyo, según [13] dice Demóstenes 15 . Tuvo también hermanos, como él [14] mismo dice, Afobeto y Filócares. Fue también el primero en anunciar a los atenienses la victoria de Táminas, por lo que [15] también obtuvo una corona por segunda vez. Algunos dijeron que Esquines ni siquiera había asistido a escuela alguna, sino que desde su puesto de ayudante de secretario había subido, pasando como pasaba entonces el tiempo en los tribunales [16] de justicia, y que su primera intervención en la asamblea popular fue para hablar contra Filipo, y que habiendo causado buena impresión fue votado a mano alzada embajador ante los arcadios, a cuyo lado llegó y unió a los [17] Diez Mil a la causa contra Filipo. Presentó también un escrito de denuncia contra Timarco por prostitución, y éste tras abandonar el proceso se ahorcó, según dice en algún sitio [18] Demóstenes 16 . Fue votado a mano alzada, junto con Ctesifonte y Demóstenes, embajador en el asunto de la paz, en lo cual se condujo mejor que Demóstenes; y formando por segunda vez una delegación con otros nueve para sancionar con juramentos la paz, fue sometido a juicio y salió absuelto, como arriba queda dicho.

2. Vida del orador Esquines 17

Esquines era hijo de Atrometo el maestro de escuela y de Glaucótea la que iniciaba en los misterios a los cortejos báquicos. Dicen que él de niño ayudaba en la escuela de su [2] padre y que a su madre le leía los libros, y que ésta por su costumbre de salir de lugares sombríos y asustar a niños y mujeres fue llamada Empusa 18 , puesto que la Empusa era un fantasma nocturno; y que al hacerse muchacho fue actor [3] de tragedia, como tritagonista; y que siendo como era de voz brillante, fue secretario de Aristofonte 19 y, después de éste, de Eubulo; y que al hacerse experto a fuerza de leer decretos y leyes, se dedicó a la tribuna y sobresalió entre los de su época, estando como estaba bien dotado por naturaleza. Después de la muerte de Filipo, puesto que había parecido [4] que era hostil al pueblo y que enviaba mensajes a Antípatro en contra de la ciudad, se dice que fue por esto por lo que había adquirido unas posesiones en Tebas y que al llevar a juicio a Ctesifonte cuando éste presentó un escrito con la propuesta de anunciar públicamente en el teatro la coronación de Demóstenes, no obtuvo la quinta parte de los votos. [5] Condenado a la privación de los derechos civiles se hizo a la mar con dirección a Asia, y llegó a Éfeso creyendo que Alejandro lo devolvería a Atenas; pero al enterarse de que el rey había muerto y de que había agitación entre los sucesores, [6] se refugió en Rodas. Allí, al pedirle los rodios que les enseñara el arte oratoria, se negó diciendo que ni él mismo la conocía. Al exhortarle, pues, al menos a que interviniese en procesos privados, tampoco a esto accedió, pues conjeturaba que si en la patria había sido derrotado, en tierra extranjera sería totalmente aniquilado. Finalmente se dedicó a la profesión de su padre y a enseñar a los niños la gramática. [7] Demócares, el sobrino de Demóstenes, si es que hay que creerlo cuando habla 20 de Esquines, dice que Esquines llegó a ser tritagonista del actor trágico Iscandro 21 y que, representando a Enómao 22 persiguiendo a Pélope, se cayó torpemente 23 , y fue substituido por Sanión el maestro de coros 24 —de ahí, evidentemente, Demóstenes lo llama Enómao 25 , burlándose ante quienes conocían el hecho— y que juntamente con los malos actores Sócrates 26 y Símilo 27 estuvo de gira por el campo 28 , tal vez, seguramente, a partir de esto [8] sería cuando recibiría el apelativo de rústico 29 . Esquines era del demo de Cotócidas.

3. Exposición de Apolonio 30 sobre el orador Esquines

El orador Esquines era ateniense de origen, del demo de Cotócidas, hijo de Atrometo, del que dicen 31 que en una primera época se llamaba Tromes y que luego, mediante adición silábica, en lugar de Tromes fue llamado Atrometo 32 , y que en un principio fue esclavo y enseñaba la gramática portando grilletes junto al Teseón y al lugar consagrado al héroe Iatrós 33 , para luego más tarde ser inscrito en la ciudadanía por medio de malas artes. Por parte de madre, Esquines [2] era hijo de Glaucótea o, según algunos, de Glaucis, de la que dicen que en su primera edad se había prostituido instalada en el burdel que hay junto al recinto sagrado del héroe Calamites 34 , y que luego finalmente tras apartarse de esta actividad se dedicó a iniciar en los misterios y purificar a los que querían. Esquines, nacido de éstos y con dos hermanos, [3] Afobeto y Filócares el decorador de cajas para guardar los adornos de alabastro y los tímpanos 35 , de niño ayudaba a su padre a enseñar la gramática y, cuando se hizo hombre, primeramente fue ayudante de secretario al servicio de las magistraturas con su hermano Afobeto; pero este trabajo era sobremanera oprobioso. Luego se apartó de esto y se hizo tritagonista de tragedias, y en Colito en una ocasión representando a Enómao se cayó. Tras esto y con el paso de [4] la edad se dedicó a la política y a la actividad pública. Y parece que optó por la política a favor de Filipo y Alejandro, compartiendo sus actuaciones con Filócrates, y que, por dar gusto y adulación a aquéllos, emprendió una guerra con los del círculo de Demóstenes, los que habían llevado una política [5] contraria a las empresas de Filipo y Alejandro. De que participó en política buscando el gusto de esos reyes, hay otros muchos testimonios, pero realmente el más claro de todos es el siguiente: cuando en una ocasión la asamblea popular lo eligió a él como abogado defensor del santuario de Delos en la querella habida entre atenienses y delios, el Consejo del Areópago no cedió sino que, rechazándolo como no propicio al pueblo de los atenienses, confió a Hiperides [6] la tarea de hablar 36 . No obstante, algunos dicen que éste fue oyente de Platón y de Sócrates, aunque faltan con ello a [7] la verdad 37 . Hubo también otro orador Esquines, de Eleusis 38 , del que también se dice que dejó escritas unas artes [8] oratorias. Se dice igualmente que Esquines era inclinado a [9] la pasión amorosa. Esquines mismo en relación con su propia estirpe en el Acerca de la embajada fraudulenta 39 dice que su padre Atrometo era de la fratría 40 y de la estirpe de los Eteobútadas, de donde es la sacerdotisa de Atena Polias, y que de joven participaba en las competiciones deportivas y un tiempo después, tras haber consumido su hacienda en la guerra, se expatrió bajo los Treinta y, participando en campañas militares en Asia, fue merecedor de premios; y que tras pasar el tiempo en Corinto después de la expatriación, colaboró a la vuelta del partido popular; y que llevó una vida sin fallo y alcanzó los noventa y cuatro años. Dice 41 que [10] también los parientes por parte de su madre eran libres. De sus hermanos, que Filócares pasaba el tiempo en los gimnasios e hizo campaña militar con Ifícrates y a continuación llegó a ser general, mientras que Afobeto, el más joven de los hermanos, fue en embajada ante el Rey de manera digna de la ciudad y, dedicado a la administración, se preocupó adecuadamente de los ingresos públicos. De sí mismo dice 42 [11] que, al salir de la infancia, fue guardián de fronteras de la región del Ática dos años, durante el tiempo de la efebía —éstos recorrían con armas la región por mandato de la ley—. Su primera participación en una campaña militar fue en la llamada «por partes» y, mientras colaboraba con Alcibiades y los mercenarios en la escolta del convoy enviado a Fliunte, al sobrevenirles un peligro en las inmediaciones del torrente llamado de Nemea, peleó de forma digna de alabanza, y salió en todas las restantes expediciones posteriores, y luchó bravamente en Mantinea y en la batalla de Táminas en medio de los cuerpos escogidos, a consecuencia de [12] lo cual fue coronado en el propio campo de batalla. Esquines murió asesinado por Antípatro, al ser echada abajo la constitución política, cuando también los del círculo de Demóstenes habían sido entregados, después de haber vivido [13] setenta y cinco años. Siendo como son tres los discursos escritos por él y éstos públicos —pues el Delíaco es espurio—, el Contra Ctesifonte encontramos que es el último, ya que fue escrito en tiempos de Alejandro; de los restantes, que lo fueron por las mismas épocas, el primero de los dos es por orden el Contra Timarco , pues en el que va a continuación suya, en el Acerca de la embajada fraudulenta 43 , Esquines hace mención de ese discurso.

4. 〈Sobre Esquines 〉 44

Pudo superar la acusación porque Eubulo intervino en su favor frente a Demóstenes, consiguiendo que los jueces se levantaran mientras Demóstenes aún estaba hablando, como lo hemos visto también en la noticia sobre Demóstenes. Pero le ocurrió que se desterró de la patria más tarde por haber presentado una acusación de ilegalidad contra la propuesta de decreto de Ctesifonte en favor de Demóstenes, pues fijó la sanción para el caso de que no pudiera demostrarla ilegal y, al ser derrotado y debido a que no pudo pagar la multa que él mismo había fijado, hizo uso del destierro, como también lo hemos visto en el de En defensa de la corona . Huyó de la patria y quiso volver al lado de Alejandro pero, al enterarse de su muerte y de la agitación de sus sucesores, se dirigió por mar hacia Rodas y fundó la escuela rodia, donde enseñaba a los jóvenes y leía a los ya maduros el Contra Ctesifonte, que había pronunciado contra Demóstenes. Fue admirado ampliamente entre ellos por éste y, al ser preguntado: «¿Cómo realmente fuiste derrotado con tal discurso?», respondió: «Os admiráis de cómo fui derrotado, porque vosotros no oísteis a aquella fiera». Pues lo llamaba fiera por lo terrible de sus maneras y lo despiadado. Se dice que allí, en su ocupación de maestro de escuela, él fue el primero en inventar los llamados ejercicios prácticos de recitación y los debates ficticios. Fue discípulo, según dice Demetrio de Falero 45 , del filósofo Sócrates 46 , luego más tarde de Platón; pero según cuentan Cecilio 47 , Idomeneo 48 y Hermipo 49 , no escuchó a estos hombres con intención de aprendizaje, pues dicen que no conserva nada del carácter platónico, ni la precisión y pureza ni la sencillez y euritmia, sino que el tipo de su discurso es en alguna medida el de quedarse boquiabierto, sin arte, arrebatado, y que fácilmente se deja llevar al ultraje, de manera vergonzosa e inconveniente para un orador, pero que tiene un punto de buenas formas y de ductilidad y cual uno lo dispondría como fruto de la naturaleza y de un ejercicio en privado.

5. LIBANIO , Argumento a DEMÓSTENES , 19, Acerca de la embajada fraudulenta

Esquines era un ateniense, hijo de Atrometo y de Glaucótea, ambos personas sin renombre, según dice Demóstenes: pasaban sus vidas el uno ejerciendo la docencia y la otra realizando purificaciones y llevando a cabo algunas [2] prácticas mistéricas no muy serias. La tradición cuenta igualmente que el propio Esquines llegó a ser actor de tragedias y secretario de la ciudad, ocupación ésta de poca importancia. Más tarde, sin embargo, llegó a ser uno de los oradores públicos, y tomó parte en la embajada enviada a Filipo para tratar de la paz: mientras los atenienses guerreaban contra Filipo en torno a Anfípolis y sufrían numerosos y fuertes reveses, pero nada hacían digno de mención, fueron persuadidos a enviar una embajada a Filipo para hablar en favor de [3] la paz. Envían a diez embajadores, entre los que estaban Esquines y Demóstenes. Una vez que Filipo hubo aceptado el cese de las hostilidades, de nuevo los mismos llevan a cabo una segunda embajada, a fin de que tuviesen lugar los juramentos [4] concernientes a la paz. En relación con estos asuntos Demóstenes acusa a Esquines de tres cosas: de apoyar a Filócrates, que hablaba y presentaba por escrito una propuesta de paz vergonzosa e inconveniente; de haber gastado el tiempo, a consecuencia de lo cual sucedió que se vino abajo la situación en Tracia; y de haber transmitido noticias engañosas a los atenienses, a consecuencia de lo cual sucedió que perecieron los focenses. Y, así, dijo —manifiesta Demóstenes— que Filipo no acabaría con los focenses, y vosotros, confiando en él, no acudisteis en ayuda de aquéllos. Añade que todas estas perversas actuaciones Esquines las llevó a cabo con la vista puesta en un salario y en recompensas.

El planteamiento del debate es sobre una situación real y [5] es del tipo de conjetura. El origen de la enemistad se dice que fue por Timarco el amigo de Demóstenes, al que Esquines había privado de sus derechos de ciudadano tras acusarlo de vida depravada, puesto que, dice, acudía, siendo como era de hermosa presencia, a casa de Pitálaco el pajarero a contemplar las peleas de aves, corrompido y corruptor.

6. FOCIO , Biblioteca

Bibl . 61: He leído los tres discursos de Esquines, el Contra Timarco, que es también el primero de sus discursos, el Acerca de la embajada fraudulenta y, el tercero y último, el Contra Ctesifonte . Dicen que tres son los únicos [2] auténticos suyos, y nueve cartas; por ello algunos a los discursos de éste los llamaron «las Gracias», por lo agradable de su oratoria y por el número de las Gracias; y «Musas» a las cartas, por el número de las nueve Musas. Se ha transmitido [3] de él también otro discurso, el llamado Delíaco, pero Cecilio 50 no lo admite sino que dice que otro Esquines de Atenas 51 , contemporáneo de aquél, es el padre del discurso.

Este Esquines fue uno de los diez oradores. Acusado de [4-5] embajada fraudulenta por Demóstenes no resultó convicto, pues el político Eubulo, a cuyo servicio había estado, intervino a su favor frente a Demóstenes, consiguiendo que los jueces se levantaran mientras Demóstenes aún estaba hablando. Más tarde, sin embargo, presentó una acusación de [6] ilegalidad contra la propuesta de decreto que Demóstenes había redactado en contra de Ctesifonte 52 y, puesto que él mismo se había fijado la sanción para el caso de no poder demostrarla ilegal, al no probarlo como había prometido, se [7] desterró de la patria. Y resuelto a refugiarse al lado de Alejandro el hijo de Filipo, que estaba en campaña militar en Asia, se contuvo al saber de su muerte y enterarse de que sus sucesores rebosaban de revueltas. Se dirigió por mar a Rodas y permaneció allí un tiempo, en el que enseñaba a los [8] jóvenes. Admirándose los oyentes y estando perplejos de que teniendo tan gran capacidad de escribir hubiera sido derrotado por Demóstenes, dijo: «Si hubierais oído a aquella fiera» —pues llamaba fiera a Demóstenes—, «no os extrañaría [9] esto». Se dice que éste fue el primero, mientras daba allí clases, en componer los casos ficticios y los llamados [10] ejercicios prácticos de recitación. Ya anciano se trasladó de [11] Rodas a Samos, y allí muere. Era por parte de padre hijo de Atrometo, y por parte de madre de Glaucótea la sacerdotisa, de estirpe desconocida; tenía dos hermanos, Afobeto y [12] Filócares. En una primera época ejercía de tritagonista, puesto que tenía una gran voz; luego fue secretario del Consejo, y al poco llegó a intervenir en la vida pública. Era de la facción de los que en Atenas «filipizaban»; por ello también [13] era rival político de Demóstenes. Dicen que éste fue oyente de Platón y discípulo de Alcidamante 53 , y que a través de sus discursos hay incluso una cierta huella de uno y otro, la [14] grandeza de sus palabras y la dignidad de sus ficciones. El sofista Dionisio 54 , tropezándose una vez con el discurso contra Timarco y leyendo el comienzo del proemio «Aunque contra ninguno hasta ahora ni escrito de denuncia pública presenté ni en la rendición de cuentas lo atormenté», dijo: «¡Ojalá que contra muchos la hubieras emprendido, ojalá que a muchos hubieras atormentado, de forma que hubieses dejado más discursos!»; hasta este punto disfrutó del carácter del orador. La oratoria en él es, por así decirlo, espontánea [15] e improvisada, dando lugar a que uno admire no tanto el artificio de este hombre cuanto su naturalidad. Y cuanto tiene [16] que ver con la habilidad, eso es posible encontrarlo en sus discursos, y lo que en mayor medida son manifestaciones de su naturalidad. Respecto al empleo de palabras es [17] sencillo y claro, y respecto a la composición de términos no es ni excesivamente relajado como Isócrates ni apremiante y atado como Lisias; en energía e intensidad en nada se queda atrás de Demóstenes. Hace uso de las figuras de pensamiento y de dicción, no para dar una cierta impresión de hablar con artificio sino con la mirada puesta en lo apremiante de los hechos en cuestión. Por ello su oratoria parece en alguna medida que es sin doblez y sobremanera apropiada tanto para las intervenciones oratorias ante una multitud como para los discursos privados; efectivamente, no es constante ni en exceso sobrecargada ni de epiqueremas ni de entimemas 55 .

Bibl . 264: He leído los discursos de Esquines, cuyo número se circunscribe a tres, y nueve cartas. El titulado Delíaco no es de Esquines. En sus discursos es dulce, puro, claro y magnífico por la transparencia de los entimemas... 56 .

7. Suda, s.u. Aischines

Esquines de Atenas, orador, hijo de Atrometo y de Glaucótea, discípulo en retórica de Alcidamante de Elea. Algunos también han escrito que sus padres eran esclavos... 57 . Vivió sin embargo en Rodas y ejerció la docencia, al ser derrotado por Demóstenes en el proceso público Acerca de la corona . Fue el primero de todos que oyó lo de «hablas divinamente» por el improvisar, como si estuviera inspirado por un dios.

(αι 347)

Esquines de Atenas, hijo de Atrometo el maestro de escuela y de Leucótea la iniciadora en los misterios; él mismo fue actor, luego secretario, después orador, traidor, el que traicionó a Cersobleptes y a los focenses. Tras presentar un escrito de denuncia por ilegalidad contra Ctesifonte, que a su vez había redactado una propuesta de coronar a Demóstenes, fue derrotado, se expatrió a Rodas y allí ejerció la docencia.

(αι 348) 58

8. Papiro de Oxirrinco 1800: «Vida de Esquines» 59

El orador Esquines era ateniense de nacimiento, hijo de Atrometo y por parte de madre de Glaucótea, el mayor 60 de sus hermanos Filócares y Afobeto. En un principio actuaba en obras trágicas haciendo de tritagonista y, resultando bien dotado para los discursos, cambió la escena por la tribuna de los atenienses. Habiendo presentado un escrito de denuncia por ilegalidad contra Ctesifonte porque sin necesidad había concedido a Demóstenes una corona de oro en las representaciones de las tragedias nuevas, al no obtener la quinta parte de los votos se marchó desterrado de Atenas. Demóstenes, no guardando rencor por lo ocurrido y precaviéndose de lo fluctuante de la fortuna, le remitió como ayuda de viaje un talento de plata. Él, aunque no lo aceptó, lloró. Al preguntarle uno por qué lloraba, dijo: «Porque me voy de una ciudad de tal categoría, en la que uno se encuentra incluso a [enemigos] más compasivos que [los amigos]» 61 . Establecido en Rodas, una escuela *** ático *** para los rodios ***

9. FILÓSTRATO , Vidas de los Sofistas I 18, «Esquines»

Respecto a Esquines hijo de Atrometo, del que decimos que fue el iniciador de la segunda Sofística, es preciso tener presentes las siguientes consideraciones. La vida política en Atenas estaba toda ella escindida en dos bloques: unos eran partidarios del Rey, otros de los macedonios; y dirigía la primera, la de los que buscaban agradar al Rey, Demóstenes de Peania, y la de los que tenían la mirada puesta en Filipo Esquines de Cotócidas. A uno y otro bando les llegaba regularmente dinero, pues el Rey por medio de los atenienses mantenía ocupado a Filipo para que no se precipitase sobre Asia, y Filipo intentaba destruir el poderío ateniense, como obstáculo que era para su paso al otro lado del mar. La desavenencia entre Esquines y Demóstenes arranca del hecho mismo de que el uno hacía política a favor de un soberano y el otro a favor de otro; pero, en mi opinión, porque también estaban en posición encontrada en lo tocante a sus temperamentos, pues de temperamentos opuestos entre sí brota un odio que no tiene fundamento. Y eran opuestos ambos también en lo siguiente: Esquines parecía amigo de la bebida, agradable, despreocupado, y que había obtenido todo el encanto de Dioniso, pues, en concreto, durante el tiempo de su pubertad representó papeles trágicos secundarios al servicio de actores de profundos gemidos; el otro, por su parte, se mostraba sombrío como un nubarrón, grave de cejas y bebedor de agua, por lo que era incluido en la lista de los de mal temple y malas formas; y en mucha mayor medida cuando fueron ambos en embajada ante Filipo en compañía de otros y compartieron la vida diaria: el uno se mostraba extrovertido y agradable con los compañeros de embajada, mientras que el otro seco y siempre serio. Hízoles más grande la desavenencia el discurso en defensa de Anfípolis delante de Filipo, cuando precisamente Demóstenes se quedó cortado en su alocución 62 , mientras que Esquines... ni siquiera de los que han arrojado alguna vez el escudo, si se piensa en lo sucedido en Táminas, donde los atenienses vencieron a los beocios. Su meritoria actuación fue premiada por la ciudad con una corona y, entre otras cosas, por haberse dado una prisa inconcebible con la buena nueva de la victoria. Al tratar Demóstenes de desacreditarlo como responsable del desastre focense 63 , los atenienses desestimaron la acusación; pero, en las mismas circunstancias en que Antifonte 64 fue condenado en votación, fue declarado convicto sin juicio y los del Areópago le denegaron que los defendiera en la reclamación relativa al santuario de Delos. Y en verdad también que, proclamado públicamente pilágoro 65 , entre la mayoría no se substrajo a la sospecha de que él mismo había asentado a Filipo en Elatea, confundiendo a la reunión anfictiónica de las Termópilas con hermosas palabras y cuentos. Salió subrepticiamente de Atenas no porque le hubiese ordenado ir al exilio, sino por escapar a la privación de los derechos civiles a la que había sido sometido por Demóstenes y Ctesifonte al perder en la votación. La trayectoria de su marcha de la ciudad era ir al lado de Alejandro, puesto que éste inmediatamente iba a dirigirse a Babilonia y Susa; pero, una vez arribado a Éfeso y al oír que aquél había muerto 66 y que las cosas en Asia por lo tanto estaban embrolladas, se quedó en Rodas y, puesto que la isla era buena para desarrollar una actividad intensa, tras convertir a Rodas en un centro intelectual de sofistas vivió allí, haciendo sacrificios a la tranquilidad y a las Musas e introduciendo costumbres áticas en las dorias.

Como componía el discurso improvisado con fluidez e inspiradamente, fue el primero en atraerse esta alabanza 67 . El hablar inspiradamente no había sido hasta ahora lugar común en los afanes de los sofistas, sino que comenzó desde Esquines, al improvisar éste con un empuje guiado por los dioses, como los que exhalan los oráculos. Aunque llegó a ser oyente de Platón y de Isócrates, también aportó muchas cosas de su propia naturaleza: en su oratoria hay una luz de claridad, una tierna solemnidad y el encanto unido a la reciedumbre; en una palabra, el tipo de su oratoria es de sobrada excelencia como para ser dominado por la imitación.

Los discursos de Esquines son tres. Según algunos hay también un cuarto, el Delíaco, que da un falso testimonio de su elocuencia: en ningún momento habría podido componer de forma tan agradable y con encanto los discursos sobre Anfisa, por cuyos habitantes fue consagrada la región de Cirra, si es que planeaba males para los atenienses, según dice Demóstenes, mientras que sobre los mitos delios, en los que hay teología, teogonía y arqueología, se habría precipitado tan torpemente, interviniendo como intervenía en este debate en favor de los atenienses, que consideraban un debate no pequeño el no fallar en el asunto del santuario de Delos. A tres discursos quede, pues, circunscrita la obra oratoria de Esquines: al contra Timarco, a la defensa de la embajada y a la acusación de Ctesifonte. Hay también una cuarta obra literaria suya, las cartas, no muchas, pero llenas de buena enseñanza y temperamento. De su categoría moral hizo demostración también a los rodios, pues al leer en público el Contra Ctesifonte ellos se admiraban que con tal discurso hubiera sido derrotado, y censuraban a los atenienses como carentes de juicio, pero él dijo: «No os admiraríais si hubieseis oído a Demóstenes hablando en contestación a esto», con lo que no sólo llegaba a la alabanza del enemigo, sino que también libraba a los jueces de culpa.

10. Epigrama votivo de Esquines a Asclepio en Epidauro 68

[Esquines, hijo de Atro]meto, de Atenas ofrendó [a Asclepio] (esta estela).

En dificultades con los saberes de los hombres, en la divinidad

toda esperanza puse. Atrás dejé la Atenas de bellos muchachos

y fui curado, Asclepio 69 , tras arribar a tu santuario

de una úlcera que en la cabeza tuve todo un año, en tres meses.

11. Epigrama funerario de Cleobulo 70

Cleobulo acarniense, adivino.

Cleobulo hijo de Glauco, muerto la tierra te cubre

al tiempo adivino bueno y en luchar con la lanza,

al que un día el pueblo coronó del gran Erecteo 71

por destacar en gloria a través de la Hélade.


1 Glaucótea, hija de Glauco, esposa de Atrometo y madre de Filócares, Esquines y Afobeto, del demo de Acarnas. Cf. OSBORNE -BYRNE (1994): Glaucótea 1.

2 En repetidas ocasiones DEMÓSTENES intenta ridiculizar las diversas ocupaciones que desempeñó Esquines: p. ej., XIX 70, 200, 249, 337; pero tal vez el pasaje más mordaz sea XVIII 259-262.

3 Hypogrammateús: que no es un término inventado por Demóstenes sino un tecnicismo para una realidad institucional precisa, aunque de escasa altura, lo asegura su empleo en textos legales epigráficos. No obstante, es incuestionable aquí la intención despectiva.

4 De los tres actores que ponían en escena una tragedia, haciendo cada uno varios papeles, el tritagonista era el que se encargaba normalmente de los personajes de menor importancia dramática, aunque con frecuencia le correspondía hacer de Mensajero, lo que habla a favor de que también en este nivel se exigían unas dotes dramáticas nada despreciables. Demóstenes se ensaña una y otra vez con Esquines ironizando sobre esta ocupación temprana de nuestro orador, hasta el punto de que en la tradición literaria y lexicográfica posterior este término teatral estará siempre unido a la figura de Esquines. Sobre los problemas de esta realidad escénica, cf. PICKARD -CAMBRIDGE (1968), págs. 132-5.

5 Blass intercala aquí: «Dionisias (rurales)», basándose en el testimonio de FOCIO , Biblioteca 264, donde el filólogo bizantino repite casi literalmente esta Vida pseudoplutarquea. Se refiere, claro está, a las representaciones dramáticas que tenían lugar en los demos áticos.

6 Cf. DEMÓSTENES , XVIII 258.

7 Cf. ESQUINES , II 167.

8 El famoso orador y político del s. IV . Cf. OSBORNE -BYRNE (1994): Isócrates 13.

9 CECILIO DE CALEACTE , 126 OFENLOCH : famoso rétor y crítico literario del siglo I a. C., autor entre otras obras de Sobre el carácter de los diez oradores y de una Comparación entre Demóstenes y Esquines, ambas perdidas; fue también uno de los iniciadores del Aticismo literario junto con Dionisio de Halicarnaso. Cecilio tal vez se basaba en la valoración positiva que ESQUINES hace de Leodamante en III 139.

10 Sobre este término, cf. nota en III 113.

11 Espíntaro (s. V /IV ), padre de Eubulo, el conocido político ateniense de mediados del siglo IV : OSBORNE -BYRNE (1994): Espíntaro 12, sugieren la identificación con el Espíntaro de ARISTÓFANES , Aves 762 (cf. también al respecto el comentario de DUNBAR [1995], pág. 471).

12 En apoyo de esta cifra, cf. PLUTARCO , Demóstenes 15, 5 y ESQUINES , II Arg .

13 El biógrafo manifiesta aquí un cierto desconocimiento del derecho ático de la época: el no obtener al menos una quinta parte de los votos acarreaba una multa de mil dracmas, lo que le convertía en deudor del estado, y esto por su parte significaba la atimía (cf. HARRISON [1971], vol. II, págs. 175 s.).

14 DEMÓCARES , FGrHist 75 F 6c. Con este nombre hay varios políticos atenienses contemporáneos de Esquines, y todos ellos parientes de Demóstenes. Tal vez se trate aquí del Demócares hijo de Laques y sobrino de Demóstenes (cf. Test . 2, 7).

15 DEMÓSTENES , XVIII 134 s.

16 Esta noticia del ahorcamiento de Timarco tal vez procede de la interpretación literal de DEMÓSTENES , XIX 287: «...(Timarco) resultó abatido (apólōle) y objeto de comportamiento insolente...». El futuro utilizado un poco antes, en 284: «Este infortunado hombre seguirá privado de su derecho de ciudadanía...», nos fuerza a interpretar el pasaje anterior en sentido figurado. Demóstenes en este mismo discurso ya se ha referido al proceso de Esquines contra Timarco: párrafos 2, 241 ss. y 285.

17 Las tres Vidas recogidas en los números 2 a 4 encabezan la mayoría de los manuscritos de Esquines.

18 Cf. DEMÓSTENES , XVIII 130. Empusa es un componente del imaginario griego, incluida en el apartado de los seres aterradores: tiene aspecto de mujer, aunque la tradición la somete a diversas alteraciones, y a menudo desempeña una función social próxima a nuestro «coco».

19 Cf. DEMÓSTENES , XVIII 162.

20 DEMÓCARES , FGrHist 75 F 6a. Cf. HARPOCRACIÓN , s.u . «Iskhandros» (= FGrHist 75 F 6b).

21 Este pasaje presenta varios problemas. En primer lugar, el término griego utilizado en el texto para definir la actividad teatral de Iscandro es tragodōipoiós, «autor de tragedias», pero los restantes testimonios lo califican de «actor»: tal vez se trata simplemente de un uso incorrecto por parte del autor, tardío, de esta Vida de Esquines; en este sentido, SNELL KANNICHT (1986), núm. 241, ponen en duda la existencia de este Iscandro autor de tragedias, que sólo conocemos por este testimonio tardío. A esta incertidumbre se añade otro problema: no sabemos cómo y quién seleccionaba al tercer actor a mediados del siglo IV , pero lo más probable es que formase parte de una compañía organizada por un primer actor que, caso de ser escogido para una representación, incluiría el resto de su grupo teatral; pero no tenemos testimonios de que la elección del tritagonista corriese a cargo del autor dramático. Tal vez todo se solucionaría si se aceptase que en este texto, claramente tardío, el término tragodōipoiós estaría aludiendo a la persona responsable —probablemente un primer actor— de esos grupos de profesionales que, desde los mismos comienzos de la época helenística, continuaron la tradición de los montajes dramáticos, ahora por todo el mundo helenizado y tanto de las antiguas como de las nuevas tragedias. Finalmente, está la cuestión de la identidad de Iscandro: la crítica en su mayor parte (cf. GHIRON -BISTAGNE [1976], pág. 333, con indicación de fuentes antiguas y bibliografía moderna) lo considera un actor trágico; por el contrario, hay una corriente de opinión que, basándose en el hecho léxico de que los términos prōtagōnistḗs, deuteragōnistḗs y, aunque en menor medida, tritagōnistḗs no se especializaron como vocablos técnicos teatrales, supone que Iscandro no era un actor sino un personaje político aliado a Esquines en su vuelta de Arcadia y portador de la amistad de los arcadios hacia Atenas frente a Filipo, para lo cual se basan en DEMÓSTENES , XIX 10, donde el término deuteragonista lo entienden en el sentido figurado de «colaborador, adjunto» de Esquines; a partir de una equivocada interpretación del pasaje en la época tardía de los restantes testimonios, como el de esta Vida , habría surgido la figura de un Iscandro actor de tragedia (cf. K. ZIEGLER en RE, Suppl. X, col. 330 s.).

22 Este Enómao es el famoso personaje mítico: padre de Hipodamía, a cuyos pretendientes desafiaba a una carrera de carros con la vida como premio y a los que fue ganando hasta que llegó Pélope. Otro problema planteado por esta fuente es la identificación de la tragedia aquí aludida, de la que sería autor el tal Iscandro: si se acepta la sugerencia propuesta en la nota anterior, no habría inconveniente en proponer ahora que podría tratarse del Enómao de Sófocles (cf. LUCAS [1983], págs. 239-244), aunque también Eurípides escribió otra pieza homónima, pero el testimonio en concreto de HESIQUIO , α 7381 apoya claramente la opción sofoclea.

23 Para una recopilación de los testimonios antiguos sobre esta anécdota, cf. RADT (1977), pág. 381.

24 El maestro de coros (chorodidáskalos) era ya en el siglo IV un profesional encargado de adiestrar al coro tanto en el canto como en la danza. En esa época debía de ser ciudadano ateniense, aunque el caso concreto de Sanión (cf. DEMÓSTENES , XXI 58 s.) nos deja ver las posibles excepciones cuando se trataba de un excelente profesional: fue privado de su derecho de ciudadanía por abandono de sus obligaciones militares, pero en un momento dado se le permitió seguir ejerciendo su profesión de maestro de coros.

25 DEMÓSTENES , XVIII 180 y 242.

26 Este Sócrates es un actor de tragedias de mediados del siglo IV a. C. y de no muy alta categoría, dedicado normalmente a representar obras por los demos áticos en las Dionisias Rurales o fiestas semejantes. DEMÓSTENES , XVIII 262 ironiza doblemente: a Sócrates lo llama «actor de profundos gemidos» (cf. el mismo calificativo en Test . 9), y llama a Esquines «subalterno» de tan gran maestro.

27 Símilo es un actor de tragedias de mediados del s. IV a. C., normalmente emparejado en todos los sentidos con el Sócrates arriba mencionado. En DEMÓSTENES , XVIII 262 se le llama Simicas.

28 El contexto hace pensar en una referencia a las representaciones dramáticas de las Dionisias Rurales, de menor prestigio y público menos selecto que en las Urbanas, lo que llevaría aparejado la presencia de compañías teatrales de segunda categoría: DEMÓSTENES , XVIII 180 sitúa la anécdota en el demo de Colito.

29 Cf. DEMÓSTENES , XVIII 242.

30 La identificación de este Apolonio es difícil, dado lo común del nombre y de la ausencia de precisión alguna en el texto transmitido: cf. un pequeño estado de la cuestión en KINDSTRAND (1982), pág. 69, n. 8.

31 DEMÓSTENES , XVIII 129 s.

32 El juego lingüístico de Demóstenes (cf. nota anterior) tiene en griego un claro componente mordaz: Tromes («pávido») frente a Atrometo («impávido»).

33 Este héroe Iatrós («Médico»), objeto de culto en Atenas y en Eleusis, era una pervivencia local de un antiguo dios de la medicina, absorbido luego por Asclepio y Apolo (cf. DEMÓSTENES , XIX 249).

34 Calamites era un héroe local ático, cuyo recinto sagrado estaba próximo al sitio donde tenían lugar las representaciones dramáticas de las Leneas, lo que ha llevado a relacionarlo con el área religiosa de Dioniso (cf. DEUBNER [1932], pág. 124). Otros lo ponen en relación mejor con Deméter.

35 Cf. DEMÓSTENES , XIX 237.

36 Probablemente a finales del año 343 los delios presentan ante la Anfictionía délfica una demanda contra la administración que desde antiguo vienen ejerciendo los atenienses sobre el santuario de Apolo en Delos. Dado que en ese momento Filipo controla la situación y es verosímil que los anfictiones no se van a atrever a desairar al macedonio fallando en favor de Atenas, los delios presentan su querella y encargan su defensa a un promacedonio conocido, Eutícrates de Olinto. La Asamblea ateniense, por su parte, elige primeramente a un personaje de trayectoria semejante, Esquines, pero posteriormente el Areópago anula tal resolución y se inclina por Hiperides, el conocido orador y político amigo de Demóstenes y, como éste, antimacedonio. Contra todo pronóstico Hiperides conseguirá una sentencia favorable a Atenas. Cf. DEMÓSTENES , XVIII 132-35, y PSEUDO PLUTARCO , Vidas de los diez oradores 850 A.

37 Al menos en lo tocante a Sócrates, muerto el año 399, es incuestionable por razones cronológicas que Esquines no pudo ser oyente suyo.

38 Suele sugerirse la posibilidad de que este Esquines sea el mismo que el Esquines de Atenas al que Cecilio de Caleacte considera autor del Delíaco (cf. Test . 6, 3.). DIÓGENES LAERCIO , IV 64 alude a un Esquines «autor de tratados de retórica».

39 II 147.

40 La phratría es una asociación ciudadana con funciones familiares y religiosas.

41 II 148 ss.

42 II 167 ss.

43 II 144 y 180.

44 Esta Vida se nos ha transmitido al comienzo del discurso segundo de Esquines en un manuscrito, y delante del tercero en otros; por ello a veces la crítica filológica lo cita como «Escolio a II 1 R». Nos ha llegado sin encabezamiento alguno, y Dindorf le adjudicó ese título para diferenciarlo de las restantes Noticias biográficas conservadas.

45 DEMETRIO DE FALERO , 171 WEHRLI : filósofo ateniense peripatético, alumno de Teofrasto, y hombre de estado (s. IV -III ); escribió diversos tipos de obras, entre ellas varias de crítica literaria y retórica.

46 Sobre su relación con Sócrates, cf. Test . 3, 6 y nota pertinente.

47 CECILIO DE CALEACTE , 126a OFENLOCH .

48 IDOMENEO DE LÁMPSACO , FGrHist 338 F 13: (c . 325-270 a. C.) biógrafo y político, amigo de Epicuro; entre otras obras escribió un tratado sobre la escuela socrática.

49 HERMIPO DE ESMIRNA , 79 WEHRLI : (S. III a. C.) biógrafo peripatético y discípulo de Calímaco; escribió una muy amplia obra sobre escritores famosos.

50 CECILIO DE CALEACTE , 127 OFENLOCH .

51 Cf. nota a Test . 3, 7.

52 Sorprendente error grave de Focio. MARTIN -BUDÉ conjeturan un texto acorde con la realidad histórica: «Ctesifonte había redactado en favor de Demóstenes».

53 ALCIDAMENTE , T 6 AVEZZÙ : Alcidamante de Elea en la Élide, rétor y sofista discípulo de Gorgias y enemigo de Isócrates, de la primera mitad del siglo IV a. C.

54 Este tipo de identificaciones es siempre problemático. BLASS , en su ed. de 1908, vacilaba entre el rétor Dionisio de Pérgamo, del siglo I d. C., o Dionisio de Mileto, un poco posterior, ya en época de Hadriano. KINDSTRAND (1982), pág. 45 y nota 109, se inclina por el milesio.

55 Esta Noticia 61 de FOCIO se cierra con una breve referencia al Esquines Socrático: «Al Esquines hijo de Lisanias, al que llaman también Socrático, Frínico entre otros lo incluye entre los mejores, y manifiesta que después de los de primera fila sus discursos son modelo de la oratoria ática».

56 El resto del texto es una repetición prácticamente literal, aunque con cierta variación en la ordenación y alguna supresión, de la Vida del Pseudo Plutarco ya recogida más arriba.

57 El texto de la Suda sigue aquí: «Éste, por haber corrompido a los jueces en un proceso judicial en el que intervenía, fue encarcelado junto con aquéllos y murió bebiendo la cicuta, y las propiedades de todos ellos fueron confiscadas como si no tuvieran hijos». Pero los diferentes editores de Esquines han considerado, con buen criterio, este pasaje una interpolación ajena a nuestro orador.

58 Este desdoblamiento en dos glosas supone igualmente una duplicidad de personas para la tradición que sigue la Suda, lo cual además explica el cambio en el nombre de la madre.

59 Fr. 3, col. 2, de un papiro (II /III d. C.) que contenía biografías (Safo, Simónides, Esopo, Tucídides, Demóstenes, Esquines, Trasibulo, Hiperides, Leucocomante y Ábdero).

60 En II 149 ESQUINES dice que el hermano mayor era Filócares.

61 Este episodio de la magnanimidad de Demóstenes aparece en alguna otra fuente, aunque siempre se trata de testimonios bastante tardíos, lo que certifica una fecha de aparición bastante avanzada. De otro lado, como es usual, hay diversas variantes en los detalles. Al lado de este papiro está, por ejemplo, la Vida de Demóstenes del PSEUDO PLUTARCO , Vidas de los diez oradores 845 E: «Cuando Esquines partía al destierro después de su condena en el proceso, Demóstenes fue tras él a caballo. Aquél, pensando que éste iba a arrestarlo, se hincó de rodillas y se cubrió, pero él lo levantó del suelo, le dio ánimos y le entregó un talento de plata». O también, FOCIO , Biblioteca 265: «Una vez que la condena en el proceso precipitó a Esquines al destierro de la ciudad, Demóstenes lo siguió a caballo, en lo demás le dio ánimos, y le entregó un talento de plata a un Esquines que esperaba lo contrario, pues éste al ver a aquél tras sus pasos y pensando que iba a arrestarlo para alguna desgracia, se hincó de rodillas y tras cubrirse pedía salvación. Pero él, según decíamos, tuvo para con aquél un gesto propio no de un orador público sino más bien de un filósofo. Puesto que Demóstenes le sugería que sobrellevase noblemente el destierro, Esquines dijo: ‘¿Y cómo podría estar separado de una ciudad de tal categoría, en la que incluso es posible encontrarse con que los que parecen ser enemigos destacan en bondad y honradez por encima de los amigos en otros lugares?’». Ahora bien, curiosamente una anécdota semejante, incluso con paralelos lingüísticos, la encontramos en PLUTARCO , Demóstenes 26, sólo que en esta ocasión aplicada al propio Demóstenes, huido de Atenas por el asunto de Hárpalo (ahora los benefactores de Demóstenes son «algunos ciudadanos adversarios políticos suyos»).

62 Cf. II 34.

63 Cf. DEMÓSTENES , XVIII 142.

64 Este Antifonte es un ateniense al que Demóstenes llevó ante la Asamblea bajo acusación de traición: había prometido a Filipo incendiar los arsenales atenienses. Esquines salió en su defensa censurando a Demóstenes su autoritarismo, y aquél quedó en libertad. Demóstenes, no obstante, lo llevó ante el Areópago, que lo condenó a muerte (cf. para fuentes y pormenores legales, HANSEN [1976], págs. 136 s.)

65 En el arcontado de Teofrasto, en abril del 339 (cf. III 115; DEMÓSTENES , XVIII 149).

66 Imprecisión en las fechas: Esquines abandona Atenas el 330, Alejandro morirá siete años más tarde (323).

67 Cf. el Testimonio anterior de la Suda a este respecto.

68 Epigrama escrito por Esquines y dedicado como exvoto a Asclepio en Epidauro, en agradecimiento por la curación milagrosa, en opinión del orador, de una úlcera que tuvo en la cabeza y que durante un año la medicina humana no logró curar. Este breve poema de cuatro hexámetros dactilicos está recogido en la Antología Griega VI 330 y lleva la firma «del orador Esquines», sólo que los grandes editores de esa Colección (Bergk, Waltz, Beckby) creyeron que se trataba de una ficción literaria, no una dedicatoria real, obra de alguno de los rétores homónimos de época imperial como, por ejemplo, Esquines de Mileto, contemporáneo de Séneca el Viejo. La confirmación de la autoría de nuestro orador ha venido en esta ocasión del campo de la Arqueología y de la Epigrafía: en las excavaciones llevadas a cabo en Epidauro apareció una estela votiva que permite confirmar que esta breve composición poética fue efectivamente una ofrenda a Asclepio de parte de «Esquines hijo de Atrometo, ateniense», lo que de otra parte confirma la vena poética que el propio orador se adjudica en I 135-136 (cf. el testimonio siguiente). Sobre la pequeña peripecia filológica de esta inscripción, cf. FORBES (1967), págs. 443-448. Para la traducción sigo el texto editado en P. A. HANSEN (1989), págs. 187 s. (núm. 776).

69 Asclepio, hijo de Apolo y dios de la medicina. En Epidauro había un santuario, dedicado a él, al que se acudía en busca de la curación milagrosa de las enfermedades.

70 Estela de mármol, fechada en 375-350 a. C., y con la representación de un águila portando entre las garras una serpiente entre la línea de la dedicatoria y los versos propiamente dichos, cuatro hexámetros dactílicos. Es una lápida funeraria en memoria de Cleobulo hijo de Glauco, del demo de Acarnas, que era tío materno de Esquines (cf. II 78). Dada la práctica poética de nuestro orador (cf. testimonio anterior), la crítica filológica se inclina por adjudicar también este epigrama a Esquines. Para la traducción sigo la ed. de Hansen comentada en el Test, anterior (núm. 519, en págs. 33 s.).

71 Erecteo es un héroe ateniense ligado a los orígenes de la ciudad; en un momento dado es incluido en la lista legendaria de los primeros reyes de Atenas. Es un tópico literario aludir a Atenas o a los atenienses como «pueblo de Erecteo».

I

CONTRA TIMARCO


INTRODUCCIÓN

1. Contexto histórico-político

Como ya se ha dicho en la Introducción general, al regreso de Pela en la segunda embajada, Demóstenes comenzó a sentir ya un recelo irrefrenable de los proyectos de Filipo, así como una sospecha igualmente incontenible sobre la posible traición de Esquines. Esta incómoda situación anímica de Demóstenes se agravó con la acogida que se dio finalmente en Atenas a la Paz de Filócrates, por cuanto que, en alguna medida, suponía un cierta victoria para los defensores de una política de aproximación a Filipo, lo que se materializó en los acuerdos que habría de llevar a cabo la referida tercera embajada, acuerdos tomados en la misma sesión de la Asamblea en la que los embajadores daban su informe de la segunda embajada a Pela.

En ese tiempo, y como era preceptivo, los diez embajadores, después de su informe a las dos Cámaras, debían pasar dos tipos de comprobación, la de los logistaí, de carácter meramente económico, y la de los eúthynoi, para los demás aspectos. Pues bien, Demóstenes decidió presentar contra Esquines una acusación de soborno en la segunda parte de la rendición de cuentas. Tales planes llegaron a oídos de éste, y la mejor prueba nos la proporciona su rival 1 : cuando Demóstenes se presentó ante los logistaí para la debida comprobación de la segunda embajada, Esquines con un grupo de gente intentó que se suspendiera el acto, pretextando que ya se había efectuado con ocasión de la embajada primera. La razón última es clara, y Demóstenes lo denuncia en ese otro discurso del 343, aunque con exceso de tendenciosidad: Esquines, enterado del proyecto de su rival de acusarlo ante los eúthynoi, quiso bloquear el intento en esa primera rendición de cuentas, porque si conseguía que no hubiera tal comprobación para con Demóstenes, tampoco él tendría que pasarla. Pero nuestro orador falló en su intento.

Por las mismas fechas debió partir camino de Pela la tercera embajada ante Filipo, e inmediatamente después tuvieron lugar los sucesos de la Fócide. Esquines, escogido en un primer momento para participar en la mencionada tercera embajada, se abstiene de salir en ella por enfermedad, y Demóstenes le reprochará que la tal enfermedad era una excusa para quedarse en Atenas y vigilar la situación. Pero tal vez es una manifestación más de su constante suspicacia, porque a los pocos días vemos a Esquines incorporarse a la embajada ahora con rumbo a Delfos, donde conseguiría de Filipo al menos que el castigo a los focenses fuera menos duro de lo que otros miembros del Consejo anfictiónico propugnaban. Probablemente fue a la vuelta de este viaje cuando Esquines presentó su personal rendición de cuentas por la segunda embajada, y cuando Demóstenes llevó a cabo su planeada acusación ante los eúthynoi en colaboración con Timarco 2 . Pero a continuación debió de producirse una paralización de los mecanismos institucionales, o una detención consciente por parte de Demóstenes en sus planes contra Esquines 3 , puesto que vemos que pasarán algunos años incluso hasta que tenga lugar la vista de la causa. Esquines decidió interponer él a su vez un proceso contra Timarco, lo que detendría la marcha de la causa iniciada por aquéllos contra él. Su estrategia en esta ocasión resultó exitosa.

2. Los personajes

En el proceso contra Timarco hay tres protagonistas y un amplio número de personajes secundarios. En primer lugar tenemos al acusador, Esquines, que busca detener un proceso promovido por Demóstenes contra su actuación política en Pela. Curiosamente es la primera causa judicial que promueve, como él mismo remarca con énfasis en las primeras palabras del discurso, lo que nos pone de manifiesto que tal comportamiento no debía ser corriente entre los políticos de la época, conscientes de la rentabilidad política que tenía la presencia frecuente en procesos judiciales en los que aparentemente se persiguiera la defensa del orden constitucional.

En segundo lugar está Demóstenes. Aunque formalmente la causa afecta a Timarco, toda Atenas era consciente de que se trataba de un enfrentamiento entre los dos políticos rivales, como, además, lo deja bien a las claras el propio acusador: «Sin embargo, un cierto logógrafo, el que le ha fabricado la defensa, dice...» 4 . Cuestión más difícil de determinar es si en la vista del juicio intervino o no personalmente Demóstenes en calidad de abogado defensor (synégoros) 5 . El propio Esquines en su discurso supone su posterior intervención en la parte de la defensa, puesto que advierte cuidadosamente a los miembros del jurado de que Demóstenes no les engañe, desviando su atención del tema del proceso y trasladando el debate al terreno de la política 6 . Pero una parte de la crítica filológica piensa que Demóstenes no compareció en la tribuna, porque no tenemos noticia alguna de su discurso defensa, y dado que luego en su intervención sobre la embajada fraudulenta del 343 utiliza varios argumentos de este proceso, lo que no habría vuelto a utilizar de haberlo hecho ya formalmente en este momento. Pero, dadas las precauciones a que hace alusión Esquines en su discurso, y ante la suposición de que la ausencia de la tribuna fuera interpretada como miedo a Esquines, es difícil aceptar la no-comparecencia de aquél.

El tercer protagonista es el acusado Timarco. Pertenecía a una familia rica, y debió de nacer hacia el 391/390, dado que en 361/360 era miembro del Consejo —lo volverá a ser por segunda vez en 347/346, prueba de su intensa actividad política—. En su juventud debió de poseer un notable atractivo físico, lo que le proporcionó la intensa actividad amorosa con hombres mayores a que se refiere pormenorizadamente Esquines. Luego, ocupó diversos puestos en la administración pública y participó intensamente en política, donde se caracterizó por un acendrado rechazo de cualquier acercamiento a Filipo, lo que nos explica automáticamente su colaboración con Demóstenes en este proceso contra Esquines. Su antimacedonianismo se manifiesta igualmente en la estrecha amistad con otros políticos hostiles a Filipo, como Hegesipo y Hegesandro.

3. Fecha

En términos generales, el proceso tuvo lugar en algún momento entre la segunda mitad del año 346 y la primera del 345. Pero la crítica se esfuerza últimamente por llegar a una fecha más precisa. Los testimonios a nuestra disposición son las referencias en el propio discurso, que pueden reducirse a tres: 1) la revisión del registro de ciudadanos llevada a cabo ese mismo año 7 , y que tuvo que ser completada antes de que el juicio se celebrase; 2) la broma de Esquines sobre los prostituidos al estilo de Timarco que eran mencionados en una representación de las Dionisias rurales en el demo de Colito 8 , fiestas éstas que tenían lugar en el mes de Posidón (nuestro diciembre); 3) la referencia 9 a una sesión del Consejo el día 15 de Esciroforión. A la luz de estos datos la opinión más extendida desde Schäfer 10 es que el juicio tendría lugar en los primeros meses del 345 11 , puesto que las Dionisias aludidas serían las correspondientes al año 346/345. Frente a este criterio Harris 12 piensa que Esquines tenía necesidad de acelerar lo más posible las cosas para adelantarse al proceso en curso contra él, y que la representación teatral de la broma bien pudo ser la celebrada en el invierno anterior (347/346), dado que la revisión de la lista de ciudadanos habría sido rápida; de todo lo cual concluye que la vista de la causa debió celebrarse en el verano del 346 13 .

4. Fundamentación jurídica

El motivo legal a que se acoge Esquines para dar curso a esta causa pública contra Timarco es la llamada «prueba de aptitud de los oradores» (dokimasía tôn rhḗtórōn) 14 , en virtud de la cual podía ser sometido a un control de idoneidad todo ateniense que fuese sospechoso de determinadas descalificaciones, lo que, de ser éstas probadas, le imposibilitaba para hablar en la Asamblea —y, de rechazo, el no poder intervenir ante un tribunal—.

El proceso se iniciaba con la declaración formal, en una sesión de la Asamblea, de que se iba a promover tal causa contra alguien (epangelía dokimasías) 15 . Y es probable que el promotor tuviera que prestar juramento de su iniciativa, lo que automáticamente supondría que al acusado se le prohibía hablar ante la Asamblea hasta que se hubiera resuelto la comprobación ahora puesta en marcha. Luego la causa se presentaba por escrito, probablemente ante los tesmótetas, que luego actuarían como magistrados-presidentes.

En los párrafos 28-32 concreta Esquines cuatro motivos por los que podía abrirse este tipo de proceso: 1) maltratar a sus padres; 2) rehuir las obligaciones militares para con la ciudad, o actuar de manera cobarde; 3) llevar una vida de prostituido; 4) dilapidar el patrimonio heredado. Tal vez en la realidad jurídica ateniense había más razones, pero nuestro orador enumera lógicamente los que él va a tratar en este caso.

La pena, caso de resultar condenado, era la atimía, que normalmente es interpretada como la «pérdida de los derechos civiles», aunque este término legal es confuso y especialmente variable según las épocas 16 .

Realmente la exposición de los hechos y la argumentación por parte de Esquines es bastante débil, puesto que lógicamente la supuesta prostitución era un tema escabroso y difícil de demostrar: nadie iba a testificar haber mantenido relaciones sexuales con Timarco en su alocada juventud. Además, todos los hechos ahora traídos a examen correspondían a una etapa ya antigua, y nadie en el intervalo había llevado a Timarco a los tribunales por vida licenciosa; mientras que en el momento del proceso era un activo político. Y así, a faltas de pruebas reales y concretas, Esquines se dedicará a recurrir a postulados teóricos de moralidad convencional, cuyas reglas Timarco parece haber incumplido sistemáticamente. O acude al rumor como testigo inequívoco de las conductas humanas. Incluso en un momento dado del discurso admite la relación amorosa con jóvenes muchachos, con vistas a dar una impresión de tolerancia y espíritu permisivo 17 , pero siempre y cuando no se llegue al nivel de depravación y prostitución atribuidas al acusado. Y para todo ello Esquines se sirve de citas poéticas de Homero, Hesíodo o Eurípides sobre el poder de la fama o el amor homosexual, lo que de paso le proporciona la ocasión de poner de manifiesto su esmerada educación.

En este discurso más que en ningún otro de Esquines la tradición manuscrita nos ha hecho llegar el texto de una serie de leyes y decretos que en la vista del juicio el secretario leía al tribunal. En general, la crítica ha vacilado sobre el crédito que merecen estos documentos: para unos se trata en todos los casos de interpolaciones espurias de época helenística o imperial, mientras que otros últimamente adoptan una mayor cautela, y piensan que no debe aplicarse una norma general sino que hay que analizar caso por caso 18 . Respecto a los conservados en el discurso contra Timarco, es opinión generalizada que todos los documentos recogidos son apócrifos.

El final de juicio es bien conocido. Timarco fue declarado culpable de los cargos existentes contra él y condenado a la atimía total, lo que en este caso se tradujo en la prohibición hablar ante la Asamblea, así como en no poder intervenir de ningún modo en los tribunales de justicia, lo que le impedía tomar parte en la acusación ya presentada contra Esquines. Y, sobre todo, acabó con su carrera política 19 , puesto que esta sanción suponía la separación de las principales actividades y derechos de todo ciudadano ateniense.

5. Estructura

El Contra Timarco es un discurso notablemente construido, y ello tanto por la trabazón armónica de sus partes como por su originalidad funcional frente al esquema retórico convencional.

Tradicionalmente un discurso tenía cuatro partes, claramente delimitadas formalmente y con una funcionalidad en estrecha relación con el contenido temático concreto. Primero venía el proemio, donde el orador abría su exposición con toda una serie de indicaciones introductorias: el asunto, los motivos, así como los diversos recursos para atraerse la voluntad de los oyentes. A continuación se pasaba a la narración, parte destinada a la exposición de los hechos de la cuestión sobre la que el tribunal debía luego emitir sentencia. En tercer lugar venía la argumentación, en la que se aducían las pruebas y, a continuación, se refutaban los puntos de vista del contrario —aquí, el que intervenía en primer lugar tenía la necesidad de adelantarse a la posible defensa de la parte contraria—. Y el discurso se cerraba con el epílogo, donde se recapitulaba lo dicho, al tiempo que se buscaba una última llamada a los afectos del tribunal.

En este discurso nos encontramos con una alteración importante del esquema tradicional. En la narración se nos van a dar las leyes que rigen la conducta que debe mantener todo ateniense que quiera disfrutar de sus derechos de ciudadano. Es, pues, una exposición del plano teórico de la legalidad moral —o de la moralidad legal— de Atenas. Y tras esto Esquines, en la argumentación, nos va describiendo la vida disoluta e inmoral de Timarco según las normas legales previamente descritas. En la ordenación convencional, primero se habrían descrito los hechos, y luego se habrían cotejado con la realidad legal. Este cambio en la disposición funcional del discurso tiene una finalidad clara: Esquines quiere impresionar primero con el bloque legal, para que así queden más de manifiesto sus pretendidas censuras a la vida de Timarco. Su auténtico apoyo reside en la formulación objetiva de las leyes, puesto que no puede presentar pruebas concretas de la vida irregular de su adversario.

El discurso, por lo tanto, podría estructurarse de la manera siguiente 20 :

1.

Proemio (1-3):

Disculpas por haber promovido el proceso (1).

Contenido y motivo de la acusación (2-3).

2.

Narración del corpus de leyes (4-36):

Introducción:

—

la importancia de las leyes en las constituciones democráticas (4-6).

—

ejemplo: Solón, Dracón y los antiguos legisladores (6-7).

—

estructuración de la exposición de las leyes (8).

Corpus legal (9-36):

—

leyes protectoras de los niños (9-17).

—

leyes sobre la honestidad en los jóvenes (18-21).

—

leyes sobre la honestidad y el decoro en los adultos (22-26).

—

leyes sobre quienes no deben hablar ante la Asamblea (27-35).

—

cierre (36).

3.

Argumentación: contraste entre la vida de Timarco y las leyes antes descritas (37-176):

Exposición de la vida disoluta e inmoral de Timarco (37-115).

—

introducción: confirmación general de la inmoralidad del acusado (37-38).

—

los diversos episodios de prostitución (39-93).

—

dilapidación de la hacienda paterna (94-105).

—

abusos en su gestión de cargos públicos (106-115).

Ataque a la posible defensa posterior (116-176):

—

introducción a la refutación (116-118).

—

supuesto alegato defensivo de Demóstenes (119-131):

-

sobre el impuesto de prostitución (119-124).

-

sobre la fama (125-131).

—

supuesto alegato de otro miembro de la defensa (132-159):

-

sobre el amor honesto (132-140).

-

ejemplos: (141-159: 141-154, personajes de ficción; 155-159, personas históricas).

—

vuelta al ataque contra Demóstenes (160-176):

-

de nuevo sobre el impuesto de prostitución (160-165).

-

posibles digresiones marginales de Demóstenes contra Filipo (166-169).

-

resumen y precauciones ante Demóstenes (170-176).

4.

Epílogo, recapitulación sobre el papel de las leyes (177-196):

—

reflexiones teóricas (177-184).

—

ejemplos: Esparta, Atenas (185-184).

—

necesidad de aplicarlas al caso de Timarco (185-195).

—

cierre (196).


ARGUMENTO 1 1

Los atenienses, incursos en la guerra olintíaca contra Filipo, al final resueltos hicieron la paz con Filipo y, tras votar una alianza con él y con sus descendientes, le enviaron diez embajadores que habrían de recibir de él los juramentos, entre los cuales estaban Demóstenes y Esquines. Cuando [2] estuvo de vuelta la embajada, presentan un escrito de denuncia contra Esquines por embajada fraudulenta el orador Demóstenes y Timarco hijo de Aricelo, de Esfeto, que era destacado en la vida política, solía hablar ante la Asamblea y tenía en su haber la redacción de más de cien propuestas de decreto. Precisamente hacía poco que había presentado [3] un texto de decreto, en su calidad de miembro del Consejo, proponiendo que se castigase con la pena de muerte al que exportara armas a Filipo. Depositado, pues, el escrito de [4] acusación, antes de que el proceso fuese introducido, Esquines presentó un escrito de denuncia contra Timarco por hablar a la Asamblea al margen de las leyes, pues no le era posible intervenir ante ella estando como estaba prostituido. Algunos dicen que Timarco se ahorcó sin esperar el veredicto; [5] otros que, declarado convicto, se vio privado de los derechos civiles, como Demóstenes en el Acerca de la embajada [6] fraudulenta 2 . Pero el asunto resultó tan conocido que a partir de este juicio a los prostituidos se les llamaría [7] en adelante Timarcos. El proemio es bastante teatral: en él, tras presentarse como mesurado a fin de atraer sobre sí buena disposición, y tras denigrar a Timarco y hablar de política, pasa a argumentaciones centrales no específicas del asunto en cuestión, sino generales en contra de todos los juzgados [8] por prostitución. Son las siguientes: si es que los antiguos dispusieron de forma oportuna y precisa las leyes relativas al decoro de los niños, de los muchachos y de las restantes edades; si es que de forma recta prohibieron a los prostituidos hablar ante la Asamblea. Y sucesivamente, si es que Timarco interviene ante la asamblea al margen de las leyes estando como está prostituido, en cuyo caso, si es que es reo de la acusación puesto que se ha prostituido; si es que se prostituyó a sueldo al lado de Misgolao, que era experto en cosas tales; si lo hizo junto a Anticles; si es que, cuando vivía en la casa de juego jugando a los dados, fue acogido por Pitálaco, esclavo público propiedad de la ciudad y, a su lado, se entretuvo en prostituirse; si es que junto a Hegesandro el administrador de Timómaco pasó su tiempo en la prostitución.


ARGUMENTO 2 3

Este discurso Esquines lo escribió como prueba de aptitud contra Timarco. Timarco era de los que intervenían en la tribuna pública y contra el propio Esquines había actuado de sicofanta. Hay leyes establecidas en relación con los oradores: [2] a quiénes es preciso prohibir que hablen, como, por ejemplo, a los que han dilapidado la herencia paterna, a los que se han prostituido; y en el caso de que no obedecieran, hay la posibilidad de que el que lo quiera les exija una prueba de aptitud, de forma que se compruebe si son aptos para hablar. Aunque dos son las cosas que Esquines inculpa a [3] Timarco —el que se había prostituido y el que había dilapidado la herencia paterna—, el discurso es intitulado Acerca de la prostitución, puesto que la mayor parte de la acusación es por causa de aquélla. Parece que resultó ganador del proceso, según dicen los antiguos. Me parece que los discursos fueron puestos por escrito después de las vistas del juicio.


ARGUMENTO 3 4

De vuelta Esquines de la segunda embajada, dos acusadores se le enfrentaron, Demóstenes y Timarco, poniéndolo a prueba. Frente a Demóstenes comparece más tarde haciendo el discurso de defensa, y poniendo de manifiesto que no había desempeñado la embajada de forma fraudulenta, al cual llamó también de la embajada fraudulenta. Pero, entre tanto, interpone ahora contra Timarco primeramente la excepción 5 de que él no debe hablar en calidad de acusador estando como está prostituido, pues a los tales las leyes no les permiten contender judicialmente en asuntos públicos. Y comparece introduciendo tal acusación ante los tesmótetas, pues los procesos contra los prostituidos tienen lugar ante éstos. La cuestión concreta, pues, es tal. Pero el planteamiento 6 del debate en este discurso según Quirísofo 7 es una conjetura 8 , en virtud de la cual se examina si verdaderamente Timarco estaba prostituido; pues, aunque el tema concreto del discurso es una excepción, sin embargo, dice, no hay que caracterizar el planteamiento del debate por la cuestión específica, sino juzgar el tipo de planteamiento por la materia del discurso. No obstante, según algunos otros será, más bien, una traslación 9 a partir del tema concreto, de qué modo interpone contra Timarco la situación de excepción; pero se presenta de forma conjetural, y posee los indicios 10 y la petición de pruebas 11 . Esquines, efectivamente, al acusar a Timarco dice que estaba prostituido, en cuanto convivía con el obsceno Pitálaco; y hace avanzar la convincente defensa cuando dice: «¿Pero el que convive con Pitálaco, no se ha prostituido también totalmente?» 12 . Algunos examinaron si el planteamiento del debate en este discurso es una excepción, lo que equivale a un apartamiento de la acción directa 13 , pero que retorna a la acción directa, pues en esto consiste la excepción. La acción directa en este discurso es que Esquines había transgredido lo convenido en la embajada, respecto a la cual debía defenderse. Decimos, pues, que esto no le ocurría a Esquines, pues le basta con la excepción. Debe saberse que Hermógenes 14 dice que el discurso contra Timarco es una conjetura, cuando en la tercera parte de su obra Sobre la invención 15 afirma así: «Cuando el discurso sea de otro tipo de planteamiento, de forma que vaya a ser dividido en argumentos centrales diferentes y no dispuesto según la norma, en ese caso la norma se convierte en exposición preliminar 16 , tal como sucede en el Contra Timarco donde, al ser el planteamiento una conjetura, la norma se convirtió en exposición preliminar».


CONTRA TIMARCO

Aunque contra ninguno hasta ahora de los ciudadanos, atenienses 17 , ni escrito de denuncia pública presenté 18 ni en la rendición de cuentas 19 lo atormenté, sino que, según yo al menos pienso 20 , como persona mesurada me he presentado en cada circunstancia de éstas, sin embargo, viendo quela ciudad estaba siendo en gran medida dañada por obra de este Timarco al hablar ante la Asamblea al margen de las leyes, y yo mismo a título particular siendo acusado con falsedad —de qué manera, lo haré ver en la marcha del discurso—, [2] pensé que una de las cosas más vergonzosas era no acudir en ayuda de la ciudad toda, de las leyes, de vosotros, de mí mismo; y, sabiendo que éste era reo de lo que poco antes habéis oído dar lectura 21 al secretario 22 , le he requerido la presente prueba de aptitud. Y según parece, atenienses, el dicho que suele decirse referente a los debates políticos no es falso: las enemistades particulares rectifican sin duda muchos aspectos de los asuntos públicos. Pues bien, [3] de todo el proceso quedará de manifiesto que ni la ciudad es su motivadora contra Timarco ni las leyes ni vosotros ni yo, sino este mismo contra sí mismo. Y es que, de un lado, las leyes le advirtieron que, dado que había llevado una existencia vergonzosa, no podía hablar ante la Asamblea, imponiendo con ello una disposición, según al menos yo juzgo, no dura sino incluso muy llevadera; y de otro lado, a él le fue posible, si hubiera actuado con sensatez, no calumniarme. Pues bien, de esto espero haber hecho una introducción apropiada.

No desconozco, atenienses, que lo que voy a decir en [4] los primeros momentos, evidentemente también lo habéis oído antes a otros, pero me parece que es el momento oportuno de que yo también ahora me sirva ante vosotros del mismo argumento. Es cosa convenida que tres son los tipos de gobierno entre los hombres 23 : la tiranía, la oligarquía y la democracia; las tiranías y las oligarquías se rigen por la manera de pensar de los que ejercen el poder, mientras que las ciudades con régimen democrático por las leyes establecidas. [5] Bien sabéis además, atenienses, que las vidas de las ciudades democráticas y su régimen político son las leyes quienes los garantizan, mientras que los de las tiránicas y oligárquicas es la desconfianza y la guardia armada. Debe prestarse vigilancia, en consecuencia, por parte de las oligárquicas y de las que se gobiernan según un régimen de desigualdad a quienes tratan de destruir sus regímenes mediante la ley de la fuerza, mientras que por parte de vosotros, que tenéis un régimen igualitario y legal, a quienes hablan o viven al margen de las leyes. De aquí que seréis fuertes cuando establezcáis leyes con decoro y no seáis destruidos [6] por los que las transgreden. Y yo al menos creo que conviene, cuando legislemos, que tengamos esto en consideración, de forma que instituyamos leyes que sean excelentes y útiles para la vida ciudadana, y que, una vez que hayamos legislado, obedezcamos las leyes establecidas, y a los que no obedezcan, los castiguemos, si es preciso que la situación de la ciudad sea próspera. Considerad, atenienses, de cuánta previsión sobre la moralidad hizo gala aquel Solón 24 , el antiguo legislador, y Dracón 25 y los legisladores de por aquellas épocas. En primer lugar, legislaron sobre la [7] moralidad de nuestros niños, y de forma expresa pusieron de manifiesto aquello en lo que es preciso que el niño libre se ocupe, y cómo es necesario que él sea educado; luego, en segundo lugar, sobre los muchachos, y en tercer lugar sucesivamente sobre las demás edades, no sólo sobre los particulares, sino también sobre los que intervienen en público 26 . Y estas leyes, tras registrarlas por escrito, os las confiaron y os erigieron guardianes de ellas. Quiero, pues, también yo [8] ahora ante vosotros seguir en este discurso el mismo camino precisamente que el legislador en las leyes. En primer lugar, os expondré detalladamente las leyes que hay establecidas en relación con la buena educación de nuestros niños; luego, en segundo lugar, las referentes a los muchachos y, en tercer lugar sucesivamente, las referentes a las demás edades, no sólo con referencia a los particulares, sino también a los que intervienen en público. De esta forma, supongo que mis palabras resultarán sobremanera fáciles de entender. Y a la par quiero también, atenienses, exponer detalladamente en primer lugar ante vosotros cómo son las leyes de la ciudad y a su vez, tras esto, examinar en contraste las maneras de Timarco. Descubriréis que es en contra de todas las leyes como ha pasado su vida.

[9] El legislador primeramente respecto a los maestros, a quienes necesariamente confiamos nuestros propios niños y cuya subsistencia proviene del actuar con moralidad, y su indigencia de lo contrario, a pesar de esto parece que no confía en ellos, y de forma expresa manifiesta primero a qué hora conviene que el niño libre vaya a la escuela, además con qué cantidad de niños debe entrar, y cuándo salir 27 . [10] A los maestros las escuelas y a los profesores de gimnasia las palestras les prohíbe abrirlas antes de que salga el sol, y ordena cerrarlas antes de la puesta del sol, dado que los lugares desiertos y la oscuridad las tiene en muy gran sospecha. Y respecto a los jóvenes que los frecuentan quiénes deben ser y qué edades han de tener, y respecto a la magistratura cuál sea la que se cuide de ellos, e igualmente en lo relativo al cuidado de los esclavos que llevan a los niños a la escuela y sobre la fiesta de las Musas en las escuelas 28 y la de Hermes en las palestras 29 y, finalmente, en lo relativo a la concurrencia de los niños en las danzas de rueda 30 . Ordena [11] que el corego 31 que ha de gastar su propio dinero en vosotros, lo haga una vez que haya sobrepasado los cuarenta años 32 , a fin de que, al estar ya en su edad de mayor moralidad, en esas condiciones tome contacto con vuestros hijos. Pues bien, el secretario os leerá estas leyes, para que veáis que el legislador pensó que el niño convenientemente educado, una vez llegase a ser hombre, sería útil a la ciudad; mientras que, cuando la naturaleza del hombre tiene un mal comienzo ya en su educación, los ciudadanos que resultan de niños mal educados pensó que serían semejantes a este Timarco. Léeles estas leyes.

LEYES 33

[12] [Los maestros de niños abran las escuelas no antes de que salga el sol, y cierren antes de que el sol se ponga. Y no esté permitido a los que sobrepasan la edad de los niños entrar mientras los niños estén dentro, a no ser que se trate de un hijo del maestro, o de un hermano o del marido de una hija; y si alguien transgrediendo esto entrase, con la pena de muerte sea castigado. Y los gimnasiarcas 34 en la fiesta de Hermes no permitan de ningún modo que se una a la reunión ninguno que no sea de los de su edad; y si consintiese y no los expulsase del gimnasio, esté sujeto el gimnasiarca a la ley de corrupción de personas libres. Los coregos designados por el pueblo 35 sean de edad por encima de los cuarenta años.]

Después de esto además, atenienses, legisla sobre delitos [13] grandes pero que tienen lugar, creo, en la ciudad, pues por causa de que se hacían cosas que no convenía, es por lo que los antiguos establecieron las leyes. De forma expresa, pues, dice la ley: si a uno lo pone en alquiler para mantener relaciones deshonestas 36 su padre o hermano o tío o tutor o, en general, cualquiera de los que tienen autoridad sobre él, contra el niño mismo no permite que haya acción judicial pública, sino contra el que lo puso en alquiler y contra el que lo tomó, el uno porque lo puso, el otro porque, dice, lo tomó. E igual es la sanción que para cada uno de los dos tiene dispuesta: que no sea obligatorio al niño, cuando llegue a ser hombre, alimentar a su padre 37 ni proporcionarle vivienda, él, que fue puesto en alquiler para mantener relaciones deshonestas; pero al morir entiérrelo y cumpla lo demás prescrito. Observad, pues, cuán adecuadamente, atenienses, [14] mientras vive le priva del beneficio de su procreación, como él al otro del derecho a hablar ante la Asamblea 38 ; pero al morir éste, cuando él, al ser objeto de atención, ya no percibe los favores que experimenta y, por el contrario, son objeto de honra la ley humana y la norma divina, manda entonces enterrarlo y cumplir lo demás prescrito.

¿Y qué otra ley estableció guardiana de nuestros niños? La del proxenetismo 39 , adscribiendo los mayores castigos 40 si alguien actúa de proxeneta para con un niño libre 41 o mujer.

[15] ¿Y cuál otra? La del ultraje, que resumiéndolo en un solo apartado contiene todo lo siguiente: en ella de forma expresa está prescrito que, si uno ultrajase a un niño —y ultraja sin duda alguna el que lo toma en alquiler— o a un hombre o a una mujer, tanto libre como esclavo, o si algo al margen de la ley hiciese contra cualquiera de éstos, acciones judiciales públicas por ultraje tiene estatuido que haya, y fijó una sanción que, sea la que sea 42 , es preciso expiar o indemnizar. Lee la ley.

LEY 43

[Si algún ateniense cometiese ultraje en la persona de un [16] niño libre, el que tenga autoridad sobre el niño presente un escrito de denuncia ante los tesmótetas 44 , incluyendo en el escrito una demanda de sanción 45 . Si a éste el tribunal de justicia lo condenase 46 , sea entregado a los Once 47 y muera ese mismo día. Y si fuese condenado a una pena en dinero, páguelo en los once días después del juicio, si no pudiese pagarlo en el momento 48 ; y hasta pagarlo sea puesto en prisión. E incursos estén en estas acusaciones también quienes en las personas de sus propios esclavos cometiesen estas faltas.]

[17] Tal vez, pues, alguno tras prestar oído al punto se extrañaría de por qué en la ley del ultraje se pudo añadir esta mención, la de los esclavos. Pero si lo pensáis, atenienses, encontraréis que es la mejor de todas, puesto que no es en defensa de los criados por lo que mostró solicitud el legislador, sino que al querer que vosotros tuvieseis costumbre de estar a mucha distancia de ultrajar a los libres, añadió al texto el no ultrajar ni siquiera a los esclavos. En una palabra, en democracia al que ultraja a cualquier otro, de ése pensó que no era apto para participar en la actividad política. [18] Y recordad conmigo, atenienses, eso de que en este momento el legislador no trata aún con la persona misma del niño, sino con los que están en torno a él: el padre, el hermano, el tutor, los maestros y, en una palabra, los que tienen autoridad sobre él. Pero una vez que uno es inscrito en el registro civil del demo 49 , y conoce las leyes de la ciudad y es ya capaz de distinguir entre lo decoroso y lo que no, ya no trata con otro, sino ya con el propio Timarco. ¿Y cómo [19] dice? Si algún ateniense, manifiesta, mantuviese relaciones deshonestas 50 , no le sea posible llegar a ser de los nueve arcontes —puesto que, creo, el arcontado supone llevar corona 51 —, ni desempeñar función sacerdotal —en la idea de que ni siquiera está limpio en su cuerpo—, ni ser abogado defensor de los intereses del estado 52 ; que tampoco ejerza, dice, ninguna magistratura nunca, ni dentro del país ni fuera de las fronteras, ni por sorteo ni por votación a mano alzada. Que tampoco desempeñe el oficio de heraldo, ni el de embajador [20] —ni a los que han sido embajadores pueda acusarlos 53 , ni pueda ser sicofanta a sueldo 54 —, ni resolución alguna proponga nunca ni ante el Consejo ni ante la asamblea del pueblo, ni siquiera aunque sea el más hábil en hablar. Y si alguno actúa al margen de esto, acciones judiciales públicas por relaciones deshonestas ha dejado estatuidas, y las mayores sanciones dispuso. Léeles también esta ley, para que sepáis qué clase de leyes tenéis establecidas, cuán excelentes y sensatas, a pesar de lo cual Timarco se atrevió a hablar ante la Asamblea, aun siendo tal en su modo de ser como vosotros lo conocéis.

LEY

[Si algún ateniense mantuviese relaciones deshonestas, [21] no le sea posible llegar a ser de los nueve arcontes, ni desempeñar función sacerdotal, ni ser abogado defensor del pueblo, ni ejerza magistratura ninguna, ni dentro del país ni fuera de las fronteras, ni por sorteo ni por votación a mano alzada, ni a misión alguna de heraldo sea enviado, ni moción alguna proponga, ni en los sacrificios a expensas del Estado participe, ni en las ocasiones públicas de coronación lleve corona, ni los límites lustrales 55 del ágora traspase. Y si alguno lo hiciese, una vez que haya sido reconocido culpable de mantener relaciones deshonestas, sea condenado a muerte.]

Esta ley la dispuso con referencia a los jóvenes que de [22] forma usual cometen faltas en sus propios cuerpos. Las que os leyó un poco antes, con referencia a los niños. A las que ahora voy a aludir, con referencia a los restantes atenienses. Descargado ya de estas leyes, consideró de qué forma es preciso que, cuando estamos reunidos en la Asamblea, deliberemos sobre los asuntos más delicados. ¿Y por dónde comienza? «Las leyes, dice, sobre el decoro». Primero comenzó por la moralidad, pues donde hay gran cantidad de decoro, esa ciudad será gobernada de forma excelente. ¿Y [23] cómo ordena a los próedros 56 que den paso a las deliberaciones? Una vez que la ofrenda purificatoria haya sido llevada en derredor 57 , y el heraldo 58 haya rezado las preces patrias 59 , manda que los próedros lleven a cabo una votación preliminar a mano alzada 60 sobre los asuntos sagrados de la patria 61 , y lo que toca a los heraldos y embajadas 62 y sobre los asuntos profanos 63 , y después de esto pregunta el heraldo: «¿Quién de los mayores de cincuenta años quiere hablar?» 64 . Y una vez que todos éstos hayan hablado, entonces ya estipula que hable el que quiera de los demás atenienses, a los que les esté permitido 65 . Observad, pues, [24] qué bien, atenienses. No ignora, creo, el legislador que los hombres de edad están en el punto culminante de la sensatez, pero también que la audacia comienza ya a abandonarlos por la experiencia de las cosas. Con el deseo, pues, de acostumbrar a los de una mayor sensatez a que ellos necesariamente hablen sobre los asuntos en cuestión, puesto que tiene dificultades para dirigirse a cada uno de ellos por su nombre, los engloba con la denominación de toda su generación y los cita a comparecer en la tribuna y los urge a hablar ante la Asamblea. Al tiempo también enseña a los jóvenes a sentir respeto por los mayores, y a hacer todo los últimos, y a honrar la vejez, a la que todos llegaremos, si es [25] que seguimos con vida. Y eran tan sensatos aquellos antiguos oradores, Pericles, Temístocles, Aristides el de sobrenombre distinto al de este Timarco 66 , que lo que ahora todos hacemos por costumbre, hablar manteniendo la mano fuera, en aquella época eso parecía que era cosa atrevida y se guardaban de hacerlo 67 . Y una gran prueba de esto creo de hecho poder mostrárosla a continuación. Sé bien que todos habéis hecho el cruce hasta Salamina 68 , y que habéis contemplado la estatua de Solón, y vosotros mismos podríais testificar que en el ágora de los salaminios Solón está erigido con la mano dentro 69 . Esto es, atenienses, un recuerdo y una representación de la compostura de Solón, de la forma que adoptaba cuando hablaba al pueblo ateniense.

Observad, pues, atenienses, cuánto difieren de Timarco [26] Solón y esos hombres que un poco antes he mencionado en mi discurso. Aquéllos, en efecto, sentían vergüenza de hablar manteniendo la mano fuera, éste por el contrario, no hace mucho sino ahora unos pocos días 70 , se quitó el vestido y, medio desnudo, se revolvía cual luchador del pancracio 71 en la Asamblea, mostrando en su cuerpo una disposición tan miserable y vergonzosa por causa de la embriaguez y la desvergüenza que al menos los sensatos se tapaban los ojos, sintiendo vergüenza por la ciudad ante la idea de que [27] nos sirvamos de tales consejeros. Con conciencia de esto el legislador de forma expresa determinó quiénes es preciso que hablen ante la Asamblea y quiénes no deben manifestarse ante ella. Y no excluye a nadie de la tribuna porque no se sea descendiente de antepasados generales, ni tampoco porque se practique algún oficio en ayuda de la necesaria alimentación, sino que a éstos precisamente con especial cariño los acoge, y por eso pregunta repetidas veces «¿quién quiere hablar?».

[28] ¿Y quiénes creía que no debían hablar? 72 . Los que llevan una vida vergonzosa. A éstos no les permite hablar ante la Asamblea. ¿Y dónde lo hace visible? «Prueba de aptitud de los oradores 73 , dice: si hablase ante la Asamblea alguien que golpea a su padre o a su madre o no los alimenta o no les proporciona residencia...», a ése no le permite que hable. Efectivamente, por Zeus, con toda la razón, digo yo al menos. ¿Por qué? Porque si alguien a quienes es preciso honrar por igual que a los dioses, para con ésos es un miserable, ¿qué podrán, dice, experimentar por obra suya los ajenos y [29] la ciudad entera? ¿Y a quiénes en segundo lugar prohibió hablar?: «... o que en las campañas militares, cuantas lo llamaron a filas —dice—, no se enroló, o arrojó el escudo 74 ...», hablando con justicia. ¿Que por qué? Amigo, para la ciudad en cuya ayuda no tomas las armas o por temor no eres capaz de defenderla, en modo alguno creas merecer ser consejero suyo. ¿En tercer lugar a quiénes alude?: «... o que se ha prostituido —dice—, o ha mantenido relaciones deshonestas 75 », pues el que su propio cuerpo ha puesto en venta al precio del ultraje, también los intereses de la ciudad pensó que fácilmente traicionaría. ¿En cuarto lugar a quiénes alude?: [30] «...o que el patrimonio 76 —dice—, ha devorado, o de lo que fuera heredero», pues el que administra mal la propia casa, también los intereses de la ciudad pensó que de forma paralela los dispondría, y no le parecía al legislador que fuera este hombre, capaz de ser en lo particular nulo y en lo público útil, ni creía que el orador debiese subir a la tribuna preocupado preferentemente de las palabras y no de su vida. Y lo que por boca de un hombre de bien se dijese, aunque [31] fuese pronunciado muy torpe y llanamente, pensó que sería útil para los oyentes. Mientras que por boca de una persona desvergonzada, que de forma despreciable se ha servido de su propio cuerpo, y de forma vergonzosa la hacienda paterna ha devorado, ni aunque sea dicho muy bien, pensó que [32] no aprovecharía. Pues bien, a éstos es a quienes excluye de la tribuna pública, a éstos es a quienes prohíbe hablar ante la Asamblea. Y si alguien al margen de estas normas no sólo habla, sino que también es sicofanta y se muestra desalmado, y a ese hombre tal la ciudad ya no puede sobrellevarlo, «solicite —dice—, una prueba de aptitud el que lo quiera de entre los atenienses a los que sea posible»; y a vosotros en ese momento os manda que sobre esto decidáis en el tribunal. Y yo ahora de acuerdo con esta ley he venido ante vosotros.

[33] Pues bien, estas cosas están legisladas de antiguo, pero vosotros aún añadisteis una nueva ley 77 después del hermoso pancracio que éste entabló en la Asamblea 78 , abrumados de vergüenza por el hecho: en cada sesión de la Asamblea elegir por sorteo una tribu 79 para encargarse de la tribuna, la cual ocupará los asientos preferentes de delante 80 . ¿Y qué estipuló el que dispuso la ley? Manda que los miembros de esa tribu ocupen su puesto como ayudas de las leyes y de la democracia, en la idea de que si no hacemos venir de alguna parte ayuda contra los que así viven, tampoco seremos capaces nosotros de deliberar sobre los asuntos en extremo delicados. Ninguna utilidad hay, atenienses, en tratar de apartar [34] de la tribuna pública a hombres tales con griteríos, porque no sienten vergüenza, sino que con sanciones es como hay que desacostumbrarlos, pues sólo así tal vez lleguen a ser soportables.

Os leerá, pues, las leyes que existen en relación con el decoro de los oradores. Respecto a la ley relativa al asiento preferente de las tribus 81 , este Timarco y otros oradores tales han presentado un escrito conjunto denunciando que no es apropiada, a fin de que les sea posible hablar y vivir como ellos quieren.

LEY 82

[Si alguno de los oradores hablase ante el Consejo o [35] ante la asamblea del pueblo no sobre lo propuesto, o no por separado sobre cada cosa, o dos veces sobre lo mismo la misma persona durante la misma sesión 83 , o injuriase, o hablase mal de alguien, o interrumpiese, o levantado en medio de los que estuvieran deliberando hablase de algo sin subir a la tribuna, o diese gritos de ánimo, o tirase del presidente de la Mesa 84 , al disolverse la Asamblea o el Consejo, tengan capacidad legal 85 los próedros de registrar por escrito para los recaudadores 86 una multa de hasta cincuenta dracmas 87 por cada falta. Y si fuese merecedor de un castigo mayor, tras imponerle una sanción de hasta cincuenta dracmas lleven el caso al Consejo o a la próxima sesión de la Asamblea 88 . Y una vez que haya expirado el plazo de las citaciones 89 , procedan al juicio; y si se le condenase en votación secreta, regístrenlo por escrito los próedros para los recaudadores.]

[36] Las leyes, pues, habéis escuchado, atenienses, y sé bien que opináis que son adecuadas. Sin embargo, el que estas leyes sean útiles o inútiles en vosotros está, pues si castigáis a los que van contra la justicia, las leyes os serán adecuadas y soberanas, pero si los dejáis ir, adecuadas sí, pero soberanas ya no 90 .

[37] Quiero, como propuse al comenzar el discurso, una vez que he hablado de las leyes, a su vez tras ello examinar en contraste las costumbres de Timarco, para que veáis en cuánto difieren de vuestras leyes. Y os pido 91 , atenienses, que tengáis comprensión conmigo si, al verme obligado a hablar de actividades de naturaleza no honesta pero que son obra de él, me veo forzado a decir alguna palabra que esté en consonancia con los actos de Timarco. Pues de ningún modo [38] con justicia me censuraríais a mí, si algo dijese por las claras en mi empeño por informar, sino mucho más a éste. Tan vergonzosamente ha estado viviendo que al que ha de exponer con pormenor su comportamiento, le es imposible hablar como él quiere, a no ser que en alguna medida también pronuncie palabras semejantes. Evitaré hacerlo lo más que pueda.

Y observad, atenienses, cuán mesuradamente voy a conducirme [39] con Timarco. Yo, cuanto de niño erró en su propio cuerpo, lo dejo pasar, y sean sin valor esas cosas como sucedió con las que tuvieron lugar durante los Treinta 92 o con las de antes de Euclides 93 , o si alguna otra prescripción de tal tipo hubo antes de ahora 94 . Pero lo que cuando ya tenía juicio y era un muchacho y conocía las leyes de la ciudad llevó a cabo, sobre esto yo por mi parte haré las acusaciones, y a vosotros sobre éstas os pido que os centréis.

[40] Éste, lo primero de todo, cuando salió de la infancia, se instaló en el Pireo en la clínica 95 de Eutídico 96 , en apariencia como alumno de esa ciencia, pero en la realidad porque se había propuesto ponerse en venta, como el asunto mismo lo demostró. Cuantos comerciantes, pues, o demás extranjeros o ciudadanos nuestros por aquellas épocas se sirvieron del cuerpo de Timarco, voluntariamente también a ésos pasaré por alto, para que nadie diga que examino todo con meticulosidad. Pero de aquellos en cuyas casas estuvo deshonrando su propio cuerpo y a la ciudad, cobrando un salario por eso precisamente que la ley prohíbe hacer o no hablar ante la Asamblea, en torno a éstos haré girar mis palabras.

Misgolao 97 es hijo de Náucrates, atenienses, del demo [41] de Colito 98 , hombre por lo demás de bien, y en ningún aspecto se le podría hacer objeto de censura; pero en este asunto es extraordinariamente diligente, y siempre suele tener en torno a él citarodos o citaristas 99 . Y digo estas cosas no por lo escabroso, sino para que descubráis cómo es él. Éste, al darse cuenta de porqué este Timarco pasaba su tiempo en la clínica, tras gastarse previamente algo de dinero lo sacó y retuvo a su lado, puesto que era de buena presencia, joven, desvergonzado y apropiado para el asunto que aquél se había propuesto hacer, y éste soportar. Y no vaciló [42] este Timarco en hacerlo, sino que se sometió, aunque de nada de lo corriente estaba falto, puesto que su padre le había dejado una fortuna muy grande, que éste ha dilapidado, como yo pondré de manifiesto según vaya avanzando el discurso. Por el contrario, hizo esto porque era esclavo de los placeres más vergonzosos, la glotonería, el despilfarro en las comidas, las flautistas, las prostitutas, los dados y todo lo demás por nada de lo cual debe ser dominado el bien nacido y libre. Y no sintió vergüenza el infame éste de abandonar la casa paterna, y de llevar su existencia al lado de Misgolao —que no era ni amigo de su familia ni de su edad ni tutor, sino un extraño y más viejo que él— al lado de un intemperante en estas cosas, mientras estaba en la flor de la edad. [43] Muchas otras cosas despreciables también llevó a cabo Timarco por aquellas épocas, pero una sola es la que también quiero exponeros. Tenía lugar la procesión de las Dionisias urbanas 100 , y tomaban parte en ella a la vez el Misgolao que se había llevado a éste y Fedro 101 hijo de Calias, de Esfeto. Acordado como estaba que les acompañase en la procesión este Timarco, ellos se ocupaban del restante preparativo, pero éste no llegaba de vuelta. Irritado ante el hecho, Misgolao se dedicaba a su búsqueda en compañía de Fedro y, tras llegarles la información, lo encuentran en una casa de vecindad 102 en compañía de unos extranjeros compartiendo el almuerzo. Y como prorrumpieran Misgolao y Fedro en amenazas contra los extranjeros, y les ordenaran que al punto les acompañasen a la cárcel 103 porque habían arruinado a un muchacho libre, atemorizados los extranjeros se marchaban a escape abandonando lo que estaba preparado. Y que digo [44] esto con verdad, todos cuantos por aquellas épocas conocían a Misgolao y a Timarco lo saben. En este sentido también me alegro mucho de que la acción judicial por mí llevada tenga que ver con un hombre no desconocido por vosotros, y no conocido por ninguna otra cosa que por la misma actividad respecto a la cual también habréis de emitir el voto. Pues respecto a lo desconocido sin duda conviene que el acusador disponga claras las pruebas, pero respecto a lo que se está de común acuerdo, yo al menos pienso que no es en exceso una gran tarea el llevar adelante una acusación, ya que sólo basta con hacer recordar a los oyentes. Pues bien, [45] yo, aunque el asunto es del dominio público, puesto que estamos ante un tribunal, tengo redactada una declaración testifical 104 para Misgolao que es verdadera pero no inadecuada, según yo me creo. Y es que el nombre mismo del asunto que se traía entre manos al lado de éste no lo incluyo en la redacción, ni he puesto en el escrito ninguna otra cosa que sea punible por las leyes en la persona del que testifica la verdad 105 , sino que lo que os es conocido a los que escucháis y libre de riesgo y no vergonzoso para el que testifica, eso es lo que he puesto por escrito.

[46] En tales circunstancias, si Misgolao está dispuesto a presentarse aquí 106 y testificar la verdad, hará lo justo. Pero si prefiere ser citado oficialmente 107 mejor que testificar la verdad, vosotros mismos daos cuenta de todo el asunto. Pues, si el que ha llevado la parte activa siente vergüenza y prefiere antes pagar mil dracmas al erario público 108 , de tal manera que no tenga que mostraros su rostro, mientras que el que ha llevado la parte pasiva trata de hablar ante la Asamblea, sabio es el legislador que aparta de la tribuna a [47] quienes son tan desvergonzados. Y si en verdad comparece, pero se inclina a lo más deshonesto, a negar bajo juramento 109 los hechos verdaderos, con la intención de a Timarco corresponderle con pruebas de agradecimiento, y a los otros darles prueba de que sabe bien ocultar cosas tales, en primer lugar faltará para consigo mismo y, además, nada de provecho conseguirá a su favor, porque otra declaración testifical tengo redactada 110 para quienes saben que este Timarco abandonó la casa paterna y vivía con Misgolao, cosa, creo, difícil de llevar plenamente a cabo con mi intento, ya que no debo presentar como testigos ni a mis propios amigos ni a los enemigos de éstos, ni a quienes no nos conocen a ninguno de nosotros dos, sino a los amigos de éstos. Y si también [48] a éstos persuaden a no testificar —cosa que no creo y, en caso contrario, por lo menos no a todos—, esto al menos nunca lo conseguirán: suprimir la verdad ni la fama que en la ciudad hay en torno a Timarco, la cual no fui yo quien se la creó, sino él para sí mismo. Tan limpia, en efecto, debe ser la vida del hombre prudente, que ni siquiera pueda dar pie a sospecha de inculpación penosa.

Y quiero decir también por adelantado esto, por si acaso [49] Misgolao comparece ante las leyes y vosotros. Hay naturalezas de personas que difieren mucho de las demás al ser vistas en relación con la edad: algunos, a pesar de ser jóvenes, parecen avanzados y más mayores, mientras que otros, aunque hayan ya nacido hace bastante tiempo, totalmente jóvenes. De estos últimos hombres es Misgolao. Precisamente es de mi misma edad y compañero de efebía 111 , y este año cumplimos cuarenta y cinco; y yo tengo tantas canas cuantas vosotros veis, mientras que éste no. ¿Por qué, pues, previamente digo esto? Para que al verlo de improviso no os extrañéis, y en vuestra imaginación supongáis algo semejante: «Heracles, pero si éste no difiere mucho de este otro». Pues en verdad que tal es la naturaleza de este hombre, pero también lo es que ya tenía relación con Timarco cuando éste era muchacho.

[50] Y para no perder más tiempo, primeramente cítame a los que saben que este Timarco vivía en casa de Misgolao, luego lee la declaración testifical de Fedro y, por último, tómame la declaración del propio Misgolao, si es que, temeroso de los dioses y sintiendo respeto por todos los que lo saben y por los demás ciudadanos y por vosotros los jueces, está dispuesto a testificar la verdad.

DECLARACIONES TESTIFICALES

[Misgolao hijo de Nicias, del Pireo 112 , testifica. Timarco, el que en un tiempo residió en la clínica de Eutídico, estuvo en relación íntima conmigo y, desde el primer momento en que lo conocí, no cesé de prestarle mil atenciones hasta el día de hoy.]

Pues bien, atenienses, si este Timarco se hubiese quedado [51] en casa de Misgolao y ya no hubiese ido al lado de otro, habría tenido un comportamiento bastante mesurado —si es que realmente algo de cosas tales es mesurado—, y yo por mi parte no me habría atrevido a acusarlo de ninguna otra cosa que de lo que precisamente el legislador dice a las claras, de haber mantenido relaciones deshonestas solamente. Pues el que hace esto con uno solo y lleva a cabo su cometido por un salario, a mí me parece que precisamente de esto es reo. Pero si forzando el recuerdo os pruebo que [52] —pasando por alto a estos bestias, a Cedónides, a Autoclides, a Tersandro 113 , en cuyas casas estuvo acogido— no sólo al lado de Misgolao tuvo en alquiler su cuerpo, sino también al lado de otro, y de nuevo al lado de otro, y que del lado de éste fue al de otro, sin duda ya no parecerá que sólo ha mantenido relaciones deshonestas, sino también —por Dioniso, que no sé cómo podré andar dando rodeos todo el día— que se ha prostituido. Pues el que al azar y con muchos y a sueldo hace esto, a mí me parece que precisamente de esto es reo.

[53] Pues bien, una vez que Misgolao debido al gasto renunció y lo mandó fuera de su casa, lo acoge Anticles 114 hijo de Calias, de Evónimo 115 . Éste, efectivamente, está fuera en Samos con los colonos 116 , pero diré lo de después de esto. Cuando este Timarco se apartó del lado de Anticles y de Misgolao, no se impuso cordura a sí mismo ni se acogió a mejores ocupaciones, sino que pasaba el día en la casa de juego, donde está la tarima 117 en la que echan los gallos. Creo que ya alguno de vosotros tiene visto lo que estoy diciendo, y si no, en todo caso lo ha oído al menos. De entre [54] los de esta ocupación hay un tal Pitálaco 118 , un esclavo público propiedad de la ciudad 119 . Éste, rebosando de dinero y viéndolo en la ocupación, lo acogió y tuvo a su lado. Y no sentía escrúpulos de ello el malvado este, habiendo como había de vilipendiarse al lado de un esclavo al servicio público de la ciudad. Por el contrario, en que iba a conseguir un mecenas de su propia desvergüenza, en eso sólo es en lo que pensó, pero sobre lo honesto o lo vergonzoso ninguna reflexión previa hizo nunca. Y tales faltas y tales ultrajes yo [55] he oído que este hombre ha llevado a cabo en la persona de Timarco que yo, no, por Zeus Olímpico, no me atrevería a decíroslos. En efecto, de lo que éste no sentía vergüenza al ponerlo en obra, eso yo con sólo decirlo de palabra abiertamente entre vosotros no aceptaría el seguir viviendo.

Por esas mismas épocas en que éste estaba junto a Pitálaco, llega aquí por mar desde el Helesponto Hegesandro 120 , respecto al cual sé bien desde hace rato que os extrañáis de por qué no lo traigo a colación: hasta este punto es de conocido [56] lo que voy a decir. Aquí llega Hegesandro, al que vosotros conocéis mejor que yo. Precisamente en aquella ocasión había acompañado por mar al Helesponto en calidad de intendente 121 al general Timómaco 122 de Acarnas, y ha vuelto aquí después de haber disfrutado de, según se dice, la simpleza de aquél, poseedor de no menos de ochenta minas de plata; y de alguna forma resultó ser culpable en no pequeña medida del fracaso acaecido a Timómaco. En medio [57] de tal opulencia frecuentaba la casa de Pitálaco, su compañero en el juego de dados, y, viendo a éste allí por primera vez, sintió agrado, entró en deseo y quiso conseguírselo para sí, y de algún modo pensó que éste era próximo a su forma de ser. Pues bien, primeramente trató con Pitálaco, pidiéndole que se lo transfiriera; pero como no lo convencía, se aplica a este mismo, y no gastó mucho tiempo, sino que al punto lo tenía convencido, pues también en su ocupación misma es terrible su maldad y falta de fidelidad, de tal forma que incluso por estos mismos defectos debería verosímilmente ser odiado.

Así se apartó del lado de Pitálaco y fue acogido por Hegesandro. [58] Se dolía, creo, Pitálaco de haber gastado en vano, según al menos creía, tanto dinero, y sentía celos de lo que ocurría, y frecuentaba la casa de aquéllos. Y de esa época en que los importunaba, observad un gran golpe de fuerza por parte de Hegesandro y Timarco: estando ebrios en una ocasión éstos y algunos otros cuyos nombres no quiero decir, tras irrumpir de noche en la casa donde vivía Pitálaco, primeramente [59] destrozaron los útiles de juego y los arrojaron a la calle: tabas de tirar 123 , cubiletes y otros utensilios del juego de dados, y a las codornices y gallos, por los cuales mostraba un cariño solícito el tres veces miserable hombre este, los mataron y, finalmente, tras atar a la columna al propio Pitálaco lo estuvieron azotando con golpes inhumanos por un espacio de tiempo tan grande que también los [60] vecinos se enteraron del alboroto. Al día siguiente Pitálaco, indignado sobremanera por el suceso, se dirige desnudo al ágora y se sienta en el altar de la madre de los dioses 124 . Corrió tras él una multitud de gente, como solía suceder, y Hegesandro y Timarco, atemorizados no fuera a ser que su desvergüenza se hiciese pública como proclamada por heraldo a toda la ciudad —e iba a tener lugar la Asamblea—, se dirigen presurosos junto al altar tanto ellos como algunos compañeros de dados, se ponen en derredor y le piden a Pitálaco [61] que se levante, diciéndole que todo el asunto había sido una locura de borrachera, y éste mismo, que aún no era, por Zeus, como ahora desagradable de aspecto, sino aún oportuno, arrodillándose junto a ese hombre le decía que haría todo lo que a él le pareciera bien. Al fin lo convencen de que se levante del altar, en la idea de que habría de obtener en alguna medida justicia. Pero cuando se alejó fuera del ágora, ya no le prestaron atención. Y puesto que el hombre [62] lleva mal la insolencia de éstos, da curso a una acción judicial 125 contra cada uno de los dos.

Cuando tuvo lugar el juicio, observad un gran golpe de fuerza por parte de Hegesandro: a un hombre que en nada había actuado injustamente contra él, sino que al, contrario, había sido objeto de injusticia, y que ni siquiera tenía relación con él, sino que era un esclavo público propiedad de la ciudad, lo reivindicaba a la esclavitud alegando que era de su propiedad 126 . Pitálaco, en medio de una gran fatalidad, se tropieza con un hombre realmente muy honesto: un tal [63] Glaucón de Colargo 127 . Éste lo reclama a la libertad 128 . Lo que siguió a esto lo llevaron a cabo las demandas de los procesos 129 . Con el paso del tiempo encomendaron que diera solución 130 al asunto a Diopites de Sunio 131 , que era del demo de Hegesandro y ya en otro tiempo también había tenido relación con él, cuando era joven; pero Diopites, tras hacerse cargo del asunto, daba moratorias tras moratorias [64] condescendiendo con ellos 132 . Pero cuando se presentó en vuestra tribuna Hegesandro con ocasión también de su polémica con Aristofonte de Acenia —antes de que éste le amenazase con solicitar ante la asamblea del pueblo el mismo requerimiento 133 que precisamente yo a Timarco—, y una vez que Ricitos 134 , el hermano de Hegesandro, estuvo hablando ante la Asamblea y, sobre todo, que éstos se atrevían a aconsejaros en los asuntos de Grecia, en ese momento efectivamente Pitálaco, despreciándose a sí mismo y meditando a fondo quién era y contra quiénes luchaba, tomó una buena deliberación —pues hay que decir la verdad—: se mantuvo inactivo y deseó no atraerse ninguna desgracia nueva. En ese momento ya Hegesandro, tras vencer con esta hermosa victoria sin mancha de polvo 135 , retenía junto a sí a este Timarco. Y que digo esto con verdad, todos lo sabéis. [65] Pues, ¿quién de vosotros en alguna ocasión antes de ahora ha llegado al mercado de pescados y no ha contemplado sus gastos?, o ¿quién topándose con sus cortejos festivos y reyertas no se dolió por la ciudad? Sin embargo, puesto que precisamente estamos en el tribunal, cítame a Glaucón de Colargo, que fue el que reclamó a la libertad a Pitálaco, y da lectura a las otras declaraciones testificales.

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