Читать книгу: «Poliorcética. Estratagemas.»

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BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 157


Asesor para la sección griega: CARLOS GARCÍA GUAL .

Según las normas de la B. C. G., las traducciones del presente volumen han sido revisadas por AURELIO PÉREZ JIMÉNEZ y JUAN ZARAGOZA BOTELLA .

© EDITORIAL GREDOS, S. A.

Sánchez Pacheco, 81, Madrid, 1991.

www.editorialgredos.com

Las introducciones, traducciones y notas han sido llevadas a cabo por: JOSÉ VELA TEJADA ( Poliorcética ) y FRANCISCO MARTÍN GARCÍA (Estratagemas).

REF. GEBO265

ISBN 9788424931940

Gráficas Cóndor, S. A. , Sánchez Pacheco, 81, Madrid, 1991. — 6417.

ENEAS EL TÁCTICO

POLIORCÉTICA

COMENTARIO TÁCTICO SOBRE CÓMO DEBEN DEFENDERSE LOS ASEDIOS

INTRODUCCIÓN

La Poliorcética de Eneas el Táctico es el primer tratado conservado sobre táctica militar, no sólo de la literatura griega, sino también de la literatura universal. Además, sentó las bases de una tradición de escritos técnicos sobre el arte de la guerra que tomaron como modelo la obra del Táctico, con un importante desarrollo en época romana y bizantina.

Por ello es por lo que el estudio de la obra recibió un impulso especial de los investigadores durante el siglo XIX , y las primeras décadas del XX , con sucesivas ediciones 1 que actualizaron y corrigieron el texto, además de traducciones y obras críticas. Pero, a partir de entonces, se abre un largo paréntesis en el cual apenas surgen nuevos estudios, pudiendo afirmarse que las investigaciones se encuentran prácticamente estancadas en el mismo punto en el que lo dejaron los estudiosos del primer cuarto de siglo.

Eneas el Táctico

La tradición nos ha transmitido la Poliorcética ligada al nombre de Eneas el Táctico. Sin embargo, la personalidaddel autor está envuelta en la más absoluta oscuridad y tan sólo la confrontación de las informaciones proporcionadas por la propia obra y, especialmente, por los testimonios de otros autores, permite definir la paternidad del tratado.

Fue Casaubon quien, en 1609, inauguró la cuestión al atribuir la autoría del tratado a Eneas el Táctico, a pesar de que el manuscrito 2 en el que se conserva la obra vacila entre Eneas y Eliano como sus autores. Probablemente, un error del copista 3 explica que en el sobrescrito y subscripción aparezca el nombre de Eliano, sobre todo, si tenemos en cuenta que, en el manuscrito, nuestro tratado viene a continuación de la Táctica de Eliano.

Por otro lado, todos los críticos sin excepción dan como falsa esta autoría por la marcada diferencia de estilo entre nuestro manual y la obra de Eliano y también por la distancia cronológica que separa a ambos tratadistas: los acontecimientos narrados en la Poliorcética son, con seguridad, anteriores al 356 a. C., mientras que Eliano escribió en el siglo II d. C. 4 .

Ciertamente, no aparecen referencias a Eneas en el texto del tratado tal como nos ha sido transmitido, pero en un pasaje de la obra (cap. XXXI 18), pese a las corrupciones que presenta, se puede deducir que el autor está haciendo uso de su propio nombre para ejemplificar un mensaje criptográfico: «por ejemplo, si queréis que con la introducción del hilo de lino se exprese ΑΙΝΕIΑΝ ...». Esta teoría fue propuesta, por primera vez, por Fr. Haase 5 , tras realizar las correcciones oportunas en el texto. Sus planteamientos se confirman en el cap. LII del Apparatus Bellicus 6 de Julio Africano, cuyo texto coincide plenamente con el de nuestro tratado.

Sin embargo, contamos también con opiniones contrarias 7 , como la de R. Hercher, quien, en el apéndice a su edición, hace notar que sólo se puede reconstruir con certeza AIN , porque el resto de letras no se mencionan en el texto. No obstante, las ediciones más recientes, con las correcciones oportunas, aceptan como válida la referencia personal del autor 8 y, en consecuencia, su autoría.

Además de la información que la propia obra contiene, contamos con importantes testimonios de otras fuentes literarias que, pensamos, despejan toda posible duda sobre la autoría del tratado:

I. Por orden cronológico, la primera mención es de Polibio (X 44), que cita a Eneas como escritor de un manual de TÁCTICA , obra que él mismo conoció y que tenía para uso personal.

II. Posteriormente, Eliano, en Táctica I 2, considera a Eneas, después de Homero, el primer autor sobre el arte de la guerra que escribió un considerable número de tratados, epitomizados en época de Pirro por el tesalio Cíneas (amigo y oficial de Pirro), por iniciativa y para uso del propio rey.

III. El mismo autor, en otro capítulo (III 4), alude al hecho de que Eneas fue quien definió la táctica como «ciencia de los movimientos militares».

IV. También, Juan Lydus (siglo VI d. C.), en Perí arkhôn tês Rōmaíō n politeías I 47, definiendo los vocablos adórátores y beteranoí, cita a una serie de autores romanos y, entre los griegos, a Eneas como autoridad sobre poliorcética.

V. Finalmente, contamos con el testimonio del léxico de Suidas (siglo x d. C.), aunque parece tomar como punto de referencia al propio Polibio más que a Eneas.

Parace evidene que la autoría de la Poliorcética corresponde a Eneas el Táctico y es clara, también, la importancia del tratado dentro de la ciencia militar. Pero la vida del autor es totalmente desconocida y su trayectoria personal una incógnita.

Casaubon sugirió, por primera vez, la posibilidad de identificar a nuestro autor con Eneas de Estínfalo, estratego de la Liga Arcadia que en el 367 a. C. derrocó a Eufrón, tirano de Sición, con la ayuda de exiliados sicionios del bando democrático (cf. Jenofonte, Helénicas VII 3, 1). Sin embargo, esta posibilidad no es plenamente aceptada por todos los críticos 9 , basándose en la ausencia de testimonios que prueben esta identificación, aunque sí parece claro que no era ateniense, por la ausencia de referencias en su obra al centro más importante del mundo griego.

Especialmente razonadas son las objeciones de A. C. Lange 10 , a partir de tres cuestiones:

— En el cap. XXVII 1, para referirse al vocablo utilizado por los arcadios para referirse a los pánicos utiliza el indefinido: «llamados pánicos por algunos», lo cual implicaría que no conocía el origen de esta palabra y, por tanto, que no era arcadio.

— La importancia de las referencias a una flota implica que la residencia del autor estaba en una ciudad costera, mientras que Arcadia es una región del interior.

— Los sucesos históricos que aparecen en la obra se localizan, mayoritariamente, fuera del Peloponeso.

H. Sauppe 11 hace otro intento de contextualización del autor y fija arbitrariamente su residencia en el Mar Negro por el gran número de referencias a ciudades de la zona y el detalle en su narración.

No obstante, la propuesta de Casaubon cuenta con cualificados seguidores, firmes partidarios de la identificación de Eneas el Táctico con Eneas de Estínfalo, especialmente, Hug y Hunter- Handford 12 , que desarrollaron y consolidaron esta hipótesis mediante la búsqueda de datos que confirmaran la identidad de escritor y estratego, tanto en fuentes externas como en la propia obra.

En primer lugar, observaron que el nombre de Eneas aparece ligado con Arcadia tanto en fuentes literarias 13 como en inscripciones, incluso, diferentes leyendas locales le relacionan al héroe troyano, probablemente, por intentos de distinción de familias locales. Por otro lado, en Jenofonte encontramos referencias a dos estrategos estinfalios: en Anábasis IV 7, Eneas de Estínfalo es uno de los capitanes del contingente arcadio en la expedición de los Diez Mil (401 a. C.); en Helénicas VII 3, 1, otro Eneas de Estínfalo es el estratego arcadio que tomó la acrópolis de Sición (367 a. C.), al que se identifica con nuestro autor. En consecuencia, podría emparentarse a los dos Eneas que cita Jenofonte y admitir la existencia de una familia de tradición militar 14 ; probablemente, Eneas fue uno de los numerosos jefes de las tropas mercenarias que proliferaron en Grecia en el siglo IV a. C. y que, en su mayoría, eran peloponesios y, sobre todo, arcadios.

En segundo lugar, aunque la Poliorcética no proprociona datos concretos sobre el autor, una lectura cuidadosa permite colegir cierta información sobre su persona y sobre su particular visión del contexto histórico, especialmente sobre la situación del Peloponeso entre el 370 y 350a. C. Se puede entrever el juego de tensiones entre la hegemonía tebana y la espartana, y el intento de la Liga Arcadia por ser un factor independiente bajo el caudillaje de Licomedes. Tras su asesinato (366 a. C.), la Liga se disuelve y las ciudades se integran unas en el bando tebano, otras en el espartano.

Sición es una buena muestra de los conflictos entre ambos bandos. El régimen tiránico de Eufrón es derrocado por la alianza de los sectores democráticos de la ciudad y de las tropas arcadias dirigidas por Eneas de Estínfalo, que, tras hacerse fuerte en la acrópolis, establecieron un gobierno democrático (367 a. C.)

En la Poliorcética, no encontramos referencias concretas a este episodio, pero en el cap. XXIX 12, se menciona la captura de la bahía de Sición por el tebano Pammenses 369 a. C.). Esta alusión no es una prueba definitiva, pero es indudable que ya en el 369 existía una estrecha relación entre nuestro autor y Sición, que se confirmaría con su muy probable intervención en el 367. Hunter- Handford 15 creen además, que, cuando Eneas escribió su tratado, tenía en mente, como lectores, a los sicionios.

En cualquier caso, es lógico considerar que Eneas el Táctico, soldado profesional con gran conocimiento del arte de la guerra y de la psicología de las tropas, experimentado en múltiples conflictos, tuvo que pertenecer a una familia de larga trayectoria militar. Ésta bien pudo ser la estirpe estinfalia que atestiguan diferentes fuentes, especialmente, los Eneas citados por Jenofonte, un testimonio más de los numerosos oficiales arcadios que servían en las filas de los ejércitos mercenarios de la época. Los motivos por los que mantuvo su identidad en el anonimato no se pueden determinar, pero, con seguridad, explican que esta identificación no haya sido recogida por ningún tratadista posterior.

Datación

La gran abundancia de alusiones directas a sucesos contemporáneos permite establecer una estrecha franja de tiempo en la que podemos situar la composición de la obra. Estos hechos se localizan, en su mayoría, entre el 400 y el 360 a. C. (todas las menciones anteriores al 400 están tomadas de fuentes literarias directas) y su frecuencia aumenta a medida que nos aproximamos a la fecha más tardía: 397, 382, 379, 369, 368, 363, 362, 361 y cierra la secuencia en el 360 con la toma de Ilión por Caridemo (XXIV 3). A partir de estos datos, podemos establecer como terminus post quem la fecha del 360 a. C.

Exite también cierta unanimidad en considerar como fecha límite para la redacción del tratado el 346 a. C. En este año, tras la conclusión de la Guerra de Focea, se puso fin, según nos cuenta Timeo 16 , a la costumbre de enviar anualmente dos vírgenes locrias a Ilión, castigo decretado por el oráculo como pena por el rapto de Casandra por Áyax: en el cap. XXXI 24, todavía se menciona esta tradición, por lo que el 346 debe de ser el terminus ante quem.

Dentro de este margen de tiempo, todavía puede intentarse una mayor aproximación.

Schwartz y Hunter- Handford 17 creen que la fecha de redacción no pudo ser anterior al 356, porque no hay ninguna alusión a Filipo de Macedonia, ni a su importante papel en la Guerra Sacra que comenzó en esta fecha.

A partir del mensaje secreto Dionýsios kalós; Herakleídas hēkétō (XXXI 31), que sólo puede interpretarse en el contexto de la guerra que tuvo lugar entre Dionisio II de Siracusa, por un lado, y Dión y Heraclides, por otro, en el 357 a. C., Oldfather y Beljaev 18 proponen como datación más segura esta fecha.

Finalmente, Dain 19 se decanta por una fecha más reciente, 357/356 o, incluso, 356/355, que posibilitaría la interpretación del mensaje secreto en el contexto del 357 y, al mismo tiempo, permitiría explicar como contemporáneos al autor dos sucesos de problemática datación: la intervención de Tebas en Calcis y la posterior reconquista por Atenas en el 357 (IV 1); la revuelta de Quíos (XI 3), que bien pudo ser la que tuvo lugar contra la segunda Confederación Ateniense.

La «Poliorcética »

Dejando al margen la calidad literaria del tratado, uno de los primeros problemas que presenta como obra literaria es el de la autenticidad de su título, para lo cual se han propuesto distintas soluciones: en las ediciones más antiguas, se le da el título de Commentarius de obsidione toleranda y Commentarius poliorceticus, mientras en las más recientes es más frecuente la de Poliorcética.

La obra aparece en el manuscrito M con un sobrescrito que podría ser el título original, pero la denominación τακτικόν ύπόμνημα 19bis , que en otras obras (JEN ., Mem. III 1, 6, y Cir. I 6, 14) se refiere a la «disposición de las tropas», parece dudosa, porque contradice la propia definición del autor recogida por Eliano (Táctica III 4) como «ciencia de los movimientos militares». Casaubon explica taktikón como equivalente a strat ē gikón 20 .

En la subscripción del manuscrito aparece el término Poliork ē tiká, pero algunos críticos 21 hacen notar que designa operaciones de carácter ofensivo, sobre todo de asedio, mientras nuestro manual apenas contiene menciones al asalto de una ciudad, y su contenido se refiere, especialmente a labores de defensa. Otros 22 dejan abierta la posibilidad de que Aineíou Poliork ē tiká fuera el título de una obra perdida de Eneas.

Dain 23 , también asume que el adjetivo Poliork ē tiká no coincide con el contenido del libro, pero cree que el autor, como manifiesta en el Prefacio del tratado, tenía la intención de ocuparse únicamente de la defensa, porque la consideraba más importante que el ataque, ya que, en caso de derrota, son los invadidos quienes más tienen que perder. Por otra parte, el arte de la guerra todavía era rudimentario en su época y da la impresión de que los antiguos tácticos concebían el ataque y la defensa de una plaza como algo unitario, y así puede observarse en Eneas y en Filón de Bizancio.

Además, debemos tener en cuenta que los griegos no tenían el mismo rigor que nosotros al delimitar la acepción de un término. Por ello, es muy probable que Eneas empleara el término Poliork ē tiká para referirse a una composición de temas más variados y que éste significara, en cierta medida, «notas sobre el asedio de las ciudades», expresión lo suficientemente amplia para incluir la variedad de temas tratados.

Otros tratados

Aunque la Poliorcética es la única obra de Eneas conservada, tenemos testimonios que evidencian la existencia de otros tratados. Tanto por sus referencias a otros bíbloi, como por la declaración de Eliano (Táct. I 2) de que «escribió suficientes libros sobre estrategia», podemos deducir que Eneas contemplaba, si es que no llegó a hacerlo, un amplio estudio del arte de la guerra. Su obra literaria podría dividirse en una serie de monografías; Eneas alude, en concreto, a cinco:

1) Paraskeuastikḕ bíblos (VII 4; VIII 5; XXI 1; XL 8): debía de ocuparse de la preparación para una campaña o para resistir una invasión enemiga, y, entre otras cosas, contenía un interesante método de señales de fuego, citado por Polibio (X 44).

2) Poristikḕ bíblos (XIV 2): trataría sobre los aspectos financieros de la guerra y de intendencia en general, cuestiones que empezaban a ser cada vez más importantes por el desarrollo de las técnicas de combate y el creciente empleo de tropas mercenarias.

3) Stratopedeutikḕ bíblos (XXI 2): no sólo afectaría al campamento, sino también a la conducta que el ejército debe tener en campaña, incluyendo algunos tópicos, como los puestos de guardia, señas y contraseñas, prevención de pánicos. Entre los caps. XXII y XXVII, hace una exposición detallada de estos temas, probablemente, con el material que tenía preparado, ya que parece evidente que, a diferencia de los anteriores, el manual debía de estar planificado, pero pendiente de redacción.

4) En el cap. XI 2, se alude a un manual de nombre desconocido, pero que ya debía de estar escrito. Su contenido debía de tratar sobre conspiraciones y traiciones, aspectos que aparecen en repetidas ocasiones a lo largo de la obra. En cuanto a su posible título, Hercher 24 propone la denominación de poristikês bíblos y Kochly- Rüstow 25 la de politikês bíblos. No obstante, es la sugerencia de Schöne 26 , epiboulôn bíblos, la de mayor aceptación.

5) Akoúsmata (XXXVIII 5): puede tratarse de otro manual ya escrito. Pero el principal problema radica en la interpretación de este título. De todas las explicaciones ofrecidas, creemos que la de Dain 27 es la más aproximada, al interpretarlo como un tratado de instrucciones orales en general, incluyendo toda clase de advertencias para mantener la disciplina de la tropa.

Estos cinco títulos son aceptados por la mayoría de los especialistas como obras que completarían la producción literaria de nuestro autor. Sin embargo, surgen divergencias ante la posibilidad de admitir otros títulos en su bibliografía.

6) A partir de la frase en que se interrumpe el tratado (XL 8), proponen algunos críticos que habría que admitir la existencia de otro manual Peri nautikês táxe ō s, aunque creemos que ello no implica la referencia a un tratado distinto sobre la marina, dado que, en las obras de carácter militar, los autores antiguos no tenían por costumbre separar las operaciones navales de las demás.

7) Prescindiendo de la propia obra como fuente y tomando como referencia la cita de Eliano (Táct. III 4) parece probable para Oldfather y Hunter- Handford 28 la existencia de un Taktikè bíblos.

8) Oldfather 29 añade a la relación un Poliorketikè bíblos.

Sin embargo, la mayoría de los especialistas considera que no existen argumento suficientes que avalen la existencia de estos dos últimos tratados.

Transmisión del texto

La Poliorcética única obra conservada de Enas, está recogida en el manuscrito Laurentianus LV - 4, citado por M en las ediciones críticas, y comprende, por este orden, a Asclepiodoto, Eliano, Eneas, Arriano, Onasandro, Rhetorica militaris y los fragmentos o Késtoi de Julio Africano.

El prototipo más antiguo fue establecido por los copistas de Constantino VII en Constantinopla en el siglo x, pasando a Tesalónica en 1407 y llegando, finalmente, a Florencia en 1450, al claustro de San Lorenzo. De la Poliorcética se hicieron cuatro copias: B Parisinus gr. 2522 (entre los años 1510- 1520), A Parisinus gr. 2435 (entre 1525- 1545), S. Schorialensis Φ- III - 2 (antes de 1549), C Parisinus gr. 2443 (1549). De todas estas copias, la de mejor calidad es C, hecha por A. Vergecio, considerada como Vulgata de la obra, ya que fue realizada con mayor trabajo crítico de selección y corrección. Posteriormente, fue utilizada por Casaubon en su editio princeps de 1609, de la que proceden la mayor parte de las ediciones posteriores que, por lo general, mantienen las correcciones hechas por él.

Los problemas fundamentales que ofrece el texto son, en primer lugar, la autenticidad del sobrescrito y subscripción, que parecen interpolaciones del copista, además de la interrupción ex abrupto en su final. No presenta demasiadas lagunas y, como podrá observarse en la traducción, buen número de ellas pueden restituirse por medio de conjeturas con la ayuda del contexto.

Nuestra traducción

No existe ninguna traducción en castellano, ni siquiera estudios aproximativos, de la Poliorcética de Eneas el Táctico, por lo que resultaba perentorio afrontar esta labor, más, cuando los datos que documenta la obra son imprescindibles para un mayor esclarecimiento de la vida interna de la pólis griega en la primera mitad del siglo IV a. C., momento en el que ésta se jugaba su propio destino, que caminaba hacia la desintegración como marco político en favor de la implantación de una idea monárquica, configurada definitivamente bajo Alejandro Magno.

Para el establecimiento de la traducción hemos seguido la edición de Alphonse Dain, culminada por A. M. Bon, la más reciente, con interesantes correcciones textuales y, por lo tanto, perfeccionando las que le preceden desde la ya lejana editio princeps de Casaubon. No obstante, ante algunas lagunas y pasajes corruptos, la hemos confrontado con la de L. W. Hunter y S. A. Handford.

En todo momento hemos tratado de respetar el espíritu del autor, la mano de un soldado profesional y no de un autor literario consagrado, reflejado todo ello en la simplicidad de su estilo y en algunos errores de composición, así como en la reiterativa utilización de conceptos retóricos y de formas gramaticales.

Variantes y conjeturas adoptadas en pasajes lacunosos

IV 11: SCHOENE <κεκελευσμένοι δ’ ἦσαν οἰ Πεισιστράτου στρατιῶται ἐπιθέσθαι τοῖς Μεγαρεῦσι >.

X 1: CASAUBON < εἰσαξιόντων > / DAIN < εἰσαξόντων >.

X 17: SCHOENE < τό ἥμισυ >.

X 20: SCHOENE < τοὺς δυνατωτάτους >.

X 25: TURICENSES (KÖ CHLY - RÜ STOW ) < ὡς εἱς παρατήρησιν >/ DAIN < ὡσεί παρὰ τρισίν >.

XII 1: HUNTER - HANDFORD < εἱσηγμένων >.

XII 3: SCHOENE < Κυζικηνοὶ κίνδυνον παρεσκεύασαν >.

XXVI 5: SCHOENE < τούτους οὕτως τετάχθαι >.

XXVII 11: DAIN < μισθòν λήψεσθαι >.

XXIX 8: HERCHER <ἐξεκένουν >.

XXXI 31: SCHOENE τῷ < πεμπομένῳ γνωστòν ὑπ’ ἀνθρώπου κατατίθεσθαι γνωστοῦ καὶ αὐτοῦ, τῷ δὲ> πεμτομένῳ.

XL 3: CASAUBON < ἐπέστησε > .

Abreviaturas bibliográficas

BERG = H. van den Berg (vid. De obsidione).

DAIN = edición de Eneas; vid. bibliografía.

DE OBSIDIONE = Anonymus de obsidione toleranda (ed. Thév., en concordancia con H. van den Berg [Dissertationes inaugurales Batavae ad res antiquas pertinentes, IV, Leiden, 1947],

D. S. = H. Diels- E. Schramm, Excerpte aus Philons Mechanik (Bücher VII und VIII, vulgo fünftes), Abhandl. der Preuss. Akad. der Wissenschaften, philos. - hist. Kl, 1919, núm. 12.

FILÓN = Filón el Mecánico, de Bizancio, Mechanice Syntaxis ed. Thév. en concordancia con D. S.).

HERÓN = Herón de Bizancio, Poliorcétique (ed. Wescher).

HUNTER - HANDFORD = edición de Eneas; vid. bibliografía.

KÖCHLY - RÜSTOW = edición de Eneas; vid. bibliografía.

Memorandum = A. Dain, «Memorandum inédit sur la défense des places», R.E.G. 53 (1940), 123- 136.

OLDFATHER = edición de Eneas; vid. bibliografía.

SYLLOGE = A. Dain, Sylloge Tacticorum, París, 1938.

THÉV . = M. Thévenot, Veterum mathematicorum opera, París, 1693.

WESCHER = C. Wescher, Poliorcétique, des Grecs. Traités théoriques - Récits historiques, París, 1867, núm. 4.

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2.

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1 Cf., infra, el apartado dedicado a las ediciones de la obra.

2 Cf., infra, problemas de transmisión del texto.

3 Es una de las opiniones más aceptadas, sobre todo, ante el hecho muy probable de que el manual que llega a manos del copista fuera anónimo: cf. A. H UG , Aeneas von Stymphalos, Zúrich, 1877, pág. 2; pág.X de la introducción a la edición de H UNTER -H ANDFORD .

4 Cf. T. H UDSON W ILLIAMS , «The Authorship of the Greek Military manual attributed to Aeneas Tacticus», A. J. Ph. 25 (1904), pág. 390; págs. 1-25 de la introducción a la ed. de W. A. O LDFATHER .

5 F R . H AASE , «Über die griechische und lateinische Kriegsschriftsteller», Neue Jahrb. für Phil. und Päd. 14.1 (1835), págs. 93-97.

6 También llamado Késtoi «qui vulgo dicitur Iulii Africani». Es la compilación más importante de la Poliorcética y, aunque desconocemos la fecha exacta, podemos situarla en época bizantina.

7 Cf. también H UDSON W ILLIAMS , «The Authorship...», pág. 398: «The words... afford no argument in favour of A IN ; they simply tell us to begin on the side that contains the hole for the letter of the alphabet».

8 Cf. nota de la traducción al cap. XXXI 18.

9 E. S CHWARTZ , «Aineias», R.E. 1 (1897), col. 1019: «nur das ist mit Bestimmtheit aus Sprache und Inhalt zu schliessen das Aineias kein Athener war»; cf. también H UDSON W ILLIAMS , «The Autorship...», pág. 403; F. L AMMERT , «Die älteste erhaltene Schrift über Seetaktik und ihre Beziehung zum Anonymus Byzantinus des 6 Jahrhunderts. zu Vegetius und zu Aineias’ Strategika», Klio 15 (1940), pág. 280, y «Poliorketiker», R.E. 21.2 (1952), col. 1383; H. B ENGTSON , «Die griechische Polis bei Aeneas Tacticus», Historia 11 (1962), 458-468.

10 A. C. L ANGE , De Aeneae commentario poliorcetico, Berlín, 1879, págs. 7-22.

11 H. S AUPPE , Ausgewählte Schriften, Berlín, 1896, págs. 730 y sigs. La posibilidad de localizar a Eneas en el Ponto es compartida por L AMMERT , «Poliorketiker», col. 1383.

12 A. H UG , Aeneas von Stymphalus, págs. 28 y sigs.; H UNTER - H ANDFORD , Aeneas on Siegecraft, págs. XIV y sigs. de la introducción; comparte su opinión V. F. B ELJAEV , Aineias Taktikos, sein Platz in der griechischen Literaturgeschichte und seine Rolle bei der Herausbildung der griechischen Koine (en ruso), tesis doct., Moscú, 1966 (cf. resumen en alemán en B. Cl. O. 13 (1968), 228-231).

13 Cf. P ÍNDARO , Olímpicas VI 88; P AUSANIAS , VIII, 12, 8-9; D IONISIO DE H ALICARNASO , Ant. Rom. I 49.

14 H UNTER -H ANDFORD , Aeneas on Siegecrafi, pág. XXVII; A. D AIN , Énée le Tacticien, pág. XI de la introducción.

15 A eneas on S iegecraft ..., págs . XXV y sigs .

16 Cf. J ACOBY , F. Gr. H. 566, fr. 146.

17 S CHWARTZ , «Aineias», col. 1020; H UNTER -H ANDFORD , Aeneas on Siegecratf, págs. XI-XII.

18 O LDFATHER , Aeneas Tacticos..., págs. 5-7; B ELJAEV , «Aeineias Taktikos...», págs. 229.

19 D AIN , Énée le Tacticien, págs. VII-IX.

19bis Taktikón hypómn ēma.

20 Cf. H. K ÖCHLY -W. R ÜSTOW , Aineíou taktikón hypómn ē ma perì toû pôs deî poliorkoúmenon antékhein, en Griechische Kriegsschriftsteller I, Leipzig, 1853, nota ad loc.; H UDSON W ILLIAMS , «The Authorship...», pág. 396.

21 Cf. F. L AMMERT , «Die älteste erhaltene Schrift...», pág. 284.

22 H UDSON W ILLIAMS , «The Authorship...», págs. 394-395; O LDFATHER , Aeneas Tacticus..., pág. 9.

23 D AIN , Énée le Tacticien, págs. XXII-XXIII.

24 R. H ERCHER , Aeneae Commentarius..., nota ad loc.

25 K ÖCHLY -R ÜSTOW , Aineíou taktikón..., nota ad loc.

26 R. S CHÖNE , Aenea Tactici de obsidione tolerando commentarius, Leipzig, 1911, nota ad loc.

27 D AIN , Énée le Tacticien, págs. XVI-XVII.

28 O LDFATHER , Aeneas Tacticus..., pág. 9; H UNTER -H ANDFORD , Aeneas on Siegecraft, pág. XIV.

29 Ibidem.

POLIORCÉTICA

PREFACIO 1

Cuando aquellos hombres que, al partir de su país, entran [1] en combate y corren peligros lejos de sus fronteras, sufran una derrota por tierra o por mar 2 , queda a salvo para los supervivientes el territorio, la ciudad y la patria, de manera que no serían completamente aniquilados. Pero, cuando se han de arriesgar por conservar sus bienes [2] más preciados, sus templos, su patria, sus progenitores, su prole y todas las demás posesiones, la lucha no es igual, ni siquiera similar; por el contrario, si escapan del peligro y rechazan con firmeza a los enemigos, en el futuro parecerán más temibles e inexpugnables a sus adversarios, mientras que, si tienen un comportamiento cobarde ante el peligro, no les quedará ninguna esperanza de salvación. [3] Así pues, quienes han de luchar por tantas cosas y de tanto valor, no deben carecer de preparación ni de celo y deben tener previstas múltiples y variadas ocupaciones, para evitar, en lo posible, que parezca que han fracasado por [4] su propia responsabilidad. No obstante, si llegara a producirse un desastre, los supervivientes podrían, en otro momento, hacer retornar la situación a su estado anterior, como algunos griegos que, tras llegar a una circunstancia extrema, se restablecieron de nuevo 3 .

I

[1] Así pues, una vez ha sido examinada la ordenación de las tropas según el tamaño de la ciudad y la disposición de los edificios 4 , el establecimiento de los puestos de guardía, de las rondas y de todos los demás servicios que requieren el empleo de tropas, debe hacerse su distribución bajo este criterio.

En efecto, la ordenación de las fuerzas expedicionarias [2] debe realizarse teniendo en cuenta la naturaleza del territorio de paso, según tengan que marchar cerca de lugares peligrosos y fortificados, desfiladeros, llanuras, posiciones elevadas situadas a la derecha 5 y lugares propicios para las emboscadas; hay que prestar especial atención al cruce de los ríos y a la formación de las líneas de combate en tales condiciones. Sin embargo, la disposición de las tropas [3] que guardan los muros 6 , y que se ocupan de la seguridad interna de la ciudad 7 , no debe hacerse bajo los mismos criterios, sino en relación con los emplazamientos internos de la ciudad y con la inminencia del peligro.

En primer lugar, es necesario seleccionar para estos cometidos [4] a los hombres más prudentes y más expertos en la guerra, para que estén al lado de los magistrados 8 . [5] A continuación, hay que elegir a hombres capacitados para soportar un esfuerzo mayor 9 y, una vez repartidos, distribuirlos en compañías 10 , para que estén dispuestos en primera línea y en condiciones de prestar asistencia en las salidas, en las rondas por la ciudad, en el envío de refuerzos a tropas acosadas o en cualquier otro servicio público [6] similar. Es preciso que sean leales y estén satisfechos con el régimen vigente; en efecto, las personas de este talante tienen un gran poder para sofocar las conspiraciones del partido rival, a la manera de una ciudadela, pues podrían infundir temor a la oposición interna de la ciudad. [7] Su jefe y máximo responsable ha de ser, por lo demás, prudente y vigoroso, pero ha de estar expuesto también a correr un grave riesgo en el caso de que hubiera un cambio [8] de régimen 11 . En cuanto a los demás hombres, después de escoger a los más robustos por la fuerza de su juventud, hay que emplazarlos en las guardias de la muralla, y el número restante, una vez repartido, debe ser distribuido según la duración de las noches y el número de guardias; a los del contingente del pueblo 12 , hay que situar [9] a unos en el ágora, a otros en el teatro y al resto en cualquier espacio abierto de la ciudad, con el objeto de que, en la medida de lo posible, ningún lugar de la ciudad quede desguarnecido.

II

Es preferible bloquear los espacios abiertos de la ciudad [1] que no tengan utilidad, para evitar que haya que destinar tropas a ellos cavando fosos 13 y dejándolos tan intransitables como sea posible para quienes quieran provocar un levantamiento y ocupar con antelación dichas posiciones.

Así, los lacedemonios, al ser atacados por los tebanos 14 , [2] destruyeron las casas más próximas y, unos por un lado, otros por otro, llenaron cestos con la tierra y las piedras de sus muros y cercados, y sirviéndose incluso, según se cuenta, de los trípodes de bronce de los templos 15 , numerosos y de gran tamaño, bloquearon con ellos las entradas, las calles y los lugares abiertos de la ciudad, y, de esta manera, los rechazaron cuando intentaban entrar en ella.

[3] Los habitantes de Platea 16 , tras haberse percatado una noche de que los tebanos estaban dentro de la ciudad, al observar que no eran numerosos y que no tomaban las medidas apropiadas, porque creían que, sin duda, eran dueños de la ciudad, consideraron que, de atacarlos, les vencerían con facilidad. Así pues, prepararon al punto el siguíente [4] plan: mientras una parte de los magistrados discutía con los tebanos en el ágora los términos de un acuerdo, otros comunicaban en secreto al resto de los ciudadanos que no salieran de sus casas por separado, sino que de uno en uno o de dos en dos, perforando los medianiles, [5] se reunieran sin el conocimiento del enemigo. Y, cuando un buen número estuvo dispuesto para el combate, obstruyeron con carros sin animales de tiro las calles y pasajes y, reunidos a una señal dada, atacaron a los tebanos. [6] Al mismo tiempo, las mujeres y los esclavos se encontraban sobre los tejados 17 ; de esta manera, cuando los tebanos quisieron atacar y defenderse en la oscuridad, recibieron un daño no menor de los carros que de los atacantes. En efecto, huían sin conocer por dónde podían salvarse, por causa de las barricadas hechas con los carros, mientras que sus perseguidores, perfectos conocedores del terreno, no tardaron en aniquilar a muchos de ellos.

Por otra parte, debemos exponer también argumentos [7] contrarios: hasta qué punto puede resultar peligroso para los ciudadanos la existencia de un único lugar abierto, en el caso de que los conspiradores lo ocupen con antelación; pues si dicho lugar fuera el único desocupado, la ventaja sería de quienes lo tomaran en primer lugar. Si tales lugares fueran dos o tres, la ventaja sería la siguiente: si los asaltantes tomaran una o dos posiciones, la otra quedaría [8] en posesión de sus adversarios; pero, si ocuparan todas, al quedarse bloqueados y divididos, estarían en situación de inferioridad respecto a las fuerzas reagrupadas de sus adversarios, a no ser que en cada cuerpo de ejército sobrepasaran a la totalidad de los ciudadanos.

Al igual que en todas las demás decisiones, se deben tener en consideración las contraindicaciones inherentes a los consejos prescritos, para no elegir cualquiera de las dos irreflexivamente.

III

[OTRA DISPOSICIÓN PARA LAS GUARDIAS DE LA CIUDAD]

En el supuesto de que sobrevenga súbitamente un peligro [1] a una ciudad carente de organización militar, se podría disponer con mayor rapidez su ordenación y custodia si se designara por sorteo, para cada tribu, una parte de la muralla, a la que deberían acudir de inmediato para montar guardia; deben vigilar una extensión proporcional a la [2] importancia numérica de cada tribu. A continuación, se debe elegir, de cada tribu, a los hombres de mayor resistencia física para destinarlos al ágora, a las rondas y a cualquier otro servicio para el que se requiera a dichos hombres. [3] De igual manera, cuando una guarnición esté custodiada por los aliados, debe concederse a cada uno de ellos una parte de la muralla para su vigilancia 18 . Si los ciudadanos sospechan unos de otros, es necesario colocar en las rampas de acceso 19 a la muralla a hombres de confianza, para que impidan que cualquier otro intente subir.

[4] En tiempo de paz, los ciudadanos deben estar dispuestos de la siguiente manera. Antes que nada, hay que nombrar jefe de calle al hombre más capacitado y prudente, en torno al cual se reunirán los ciudadanos, si durante la noche, [5] tiene lugar un suceso inesperado. Los jefes de calle deben conducir al ágora a los habitantes de las calles más próximas al ágora, al teatro a los de las calles vecinas al teatro, y, de manera similar, todos los demás jefes deben reunirse en los lugares públicos más cercanos, en compañía de los [6] hombres que hayan llevado las armas consigo. De esta manera, pues, cada uno podrá llegar con mayor rapidez a los lugares convenientes y estar más cerca de casa; además, podrán dar instrucciones a quienes se quedan en casa —mujer e hijos—, por no permanecer lejos de ellos. Es preciso que previamente haya sido designado por sorteo a qué lugar acudirá cada uno de los magistrados para distribuir a las tropas reunidas sobre las almenas 20 . Además, habrá oficiales que se ocuparán de todo lo demás, en el caso de que asuman de inmediato sus funciones como ya se ha señalado.

IV

[DE LAS CONTRASEÑAS] 21

Es menester que los defensores cuenten inmediatamente [1] con contraseñas, para que puedan reconocer a aquéllos que se les aproximen. En efecto, he aquí lo que sucedió en cierta ocasión: Calcis 22 , en el Euripo, fue tomada por un exiliado que vino de Eretria, tras haber preparado uno [2] de sus habitantes el siguiente plan. Llevó al lugar más desierto de la ciudad, donde las puertas estaban siempre cerradas, una olla con fuego que custodiaba noche y día, hasta que una noche, sin ser visto, quemó la barra del cerrojo de la puerta y, por allí, dejó entrar a unos soldados 23 . [3] Una vez reunidos en el ágora unos dos mil hombres, se dio con precipitación la señal de alarma. Muchos de los calcideos perecieron por no reconocerse, pues, en medio del pánico, se alineaban en armas con los enemigos, como si fueran amigos, al tiempo que cada uno creía que era [4] el último en llegar. Así, de uno en uno o de dos en dos, perecieron en su mayoría, hasta que, al cabo, cuando la ciudad ya estaba sometida, comprendieron lo que había sucedido.

[5] Por consiguiente, en tiempo de guerra y cuando están próximos los enemigos, hay que dar a las tropas enviadas fuera de la ciudad en alguna empresa militar, tanto terrestre como naval, contraseñas convenidas con quienes quedan atrás, diurnas y nocturnas, a fin de que, cuando los adversarios aparezcan ante ellos, puedan reconocer si son [6] amigos e enemigos; además, después que hayan partido a una expedición, deben enviar a algunos exploradores, para que los que se queden atrás conozcan, desde la mayor distancia posible, la situación de los que están ausentes; pues, ciertamente, por lo que pueda suceder en el futuro, sería importante estar preparados con suficiente antelación.

Las consecuencias de no tomar estas precauciones se verán [7] a partir de sucesos reales que pueden ser referidos como ejemplo y testimonio evidente. Pisístrato 24 , cuando era [8] estratego de Atenas, fue informado de que los megareos, tras haber llegado en botes, pretendían atacar durante la noche a las mujeres que celebraban las Tesmoforias 25 en Eleusis. Enterado de ello, Pisístrato les tendió una emboscada. Una vez que los megareos hubieron desembarcado, [9] según creían, sin ser vistos, y se encontraron lejos de la costa, Pisístrato, tras levantarse en armas, los derrotó, aniquilando a la mayor parte, y se apoderó de las embarcaciones con las que habían llegado. Inmediatamente después, a la [10] vez que llenaba las naves con sus propios soldados, llevó consigo a las mujeres más capacitadas para la navegación y desembarcó en Mégara, a cierta distancia de la ciudad. Cuando vieron a los barcos acercarse, una muchedumbre [11] de megareos, magistrados y toda clase de ciudadanos, salió a su encuentro con apresuramiento, porque esperaban que, en buena lógica, traerían a un buen número de esclavas. < Entonces, Pisístrato dio la orden de atacar... > 26 y que, tras desembarcar armados con dagas, abatieran a algunos de ellos, aunque procurando llevarse a las embarcaciones a cuantos ciudadanos notables pudieran capturar. Y así se hizo.

[12] Es evidente, por tanto, que resulta necesario realizar las concentraciones de tropas y los envíos de expediciones con señales convenidas y conocidas por unos y otros.

V

[DE LOS GUARDIANES DE LAS PUERTAS]

[1] A continuación, hay que situar centinelas en las puertas que no sean elegidos por azar, sino que sean prudentes y sagaces, capaces en todo momento de estar alerta ante cualquier objeto sospechoso que sea introducido en la ciudad; además, deben ser expertos y tener intereses en la ciudad —quiero decir mujer e hijos—, pero no hay que servirse de aquellos que, por necesidad, por obligaciones o por cualquier otra dificultad, sean susceptibles de ser persuadidos por otros o de incitar a otros a la sublevación 27 . Leucón 28 , tirano del Bósforo, licenciaba sin paga a los [2] guardias con deudas por juegos de azar o por otros excesos.

VI

[GUARDIAS DIURNAS] 29

Hay que estacionar también delante de la ciudad guardias [1] diurnos en un lugar elevado 30 y visible desde la mayor distancia posible; en cada puesto deben vigilar, al menos tres hombres, no tomados al azar, sino expertos en el arte de la guerra, para evitar que, al imaginar peligros por su ignorancia, den una señal o envíen un mensajero a la ciudad, e inquieten en vano a sus habitantes. Esto [2] suele suceder a quienes carecen de experiencia en formadones militares y en el arte de la guerra, pues desconocen si las operaciones y movimientos del enemigo son premeditados [3] o producto del azar; por el contrario, el soldado experimentado, después de haber sabido interpretar el significado de los preparativos del ejército enemigo, su número, sus rutas de marcha y demás movimientos, transmitirá informaciones veraces.

[4] Si no se cuenta con unos emplazamientos desde los que se puedan enviar señales a la ciudad, deben situarse en diferentes puntos puestos de transmisión para que hagan llegar [5] a la ciudad las señales recibidas. Los guardias diurnos han de ser también veloces para que puedan llegar enseguida y comunicar el mensaje desde la mayor distancia posible, en aquellas circunstancias en las que no resulte posible transmitir las señales pero sea imprescindible que alguno de ellos lleve el mensaje.

[6] Cuando se disponga de caballería y el terreno sea propicio, es mucho mejor disponer relevos de jinetes 31 , para transmitir los mensajes con mayor celeridad. Los guardias diurnos deben partir de la ciudad al alba, o todavía de noche, para evitar que, al efectuar el trayecto hasta los puestos de guardia en pleno día, sean descubieros por los [7] centinelas enemigos. Han de tener una sola consigna, pero < diferente a la de la ciudad > 32 , a fin de que, si llegan a ser capturados por los enemigos, no puedan de buen grado ni por la fuerza revelar la consigna de los habitantes de la ciudad. Hay que dar a los guardias diurnos la orden de enarbolar de vez en cuando las señales convenidas 33 , de manera similar a como alzan las antorchas durante la noche los portadores de las señales de fuego.

VII

Cuando el país está en época de recolección y los enemigos [1] no se encuentran lejos, es de esperar que la mayoría de los habitantes de la ciudad pasen los días en los campos cercanos, sin querer abandonar sus frutos 34 . Por consiguíente, [2] deben reunirse en la ciudad de la siguiente manera: en primer lugar, hay que dar al atardecer la señal de regresar a la ciudad a los que se encuentran fuera; si la mayor parte están dispersos por la campiña, deben dar la señal los puestos de transmisión, con la finalidad de que todos, o al menos la mayoría, se reúnan en la ciudad. Después de dar la señal de regreso, hay que dar otra, asimismo, [3] a los que están en la ciudad, para preparar la comida. En tercer lugar, se debe dar a la guardia la señal de [4] partir y ocupar sus puestos. En mi tratado Sobre la preparación de la guerra 35 se explica de manera exhaustiva cómo es menester llevar a cabo todo ello y cómo hay que enarbolar las antorchas; en él debe buscarse la información, para no tratar dos veces los mismos asuntos.

VIII

[1] A continuación, si se espera la invasión de un ejército enemigo más numerosos y poderoso, es preciso preparar el territorio de manera que el adversario encuentre dificultades para atacar, acampar y recoger víveres, y los ríos han de resultar difíciles de atravesar y deben ser multiplicados en número 36 .

[2] En el caso de que los enemigos desembarquen en lugares arenosos o de piso firme, hay que prever cuántas y qué clase de estratagemas deben prepararse contra ellos, y con qué clase de defensas es conveniente equipar los puertos del territorio 37 o de la ciudad para impedir que puedan entrar en el puerto o zarpar después de haber entrado; cómo se debe dejar inservible o hacer desaparecer, sin destruirlo, [3] todo aquello que ha sido abandonado voluntariamente en el territorio, pero que puede ser de utilidad a los enemigos, por ejemplo, para la edificación de muros, tiendas de campaña o cualquier otra construcción; cómo [4] es necesario [...] la comida, la bebida, los frutos del campo y las restantes existencias del territorio; cómo se debe actuar para que las aguas estancadas no sean potables 38 y cómo el terreno propicio para la caballería se debe dejar impracticable—; la puesta en práctica de todas estas cuestiones, por el momento, se pasa por alto, para no dar demasiadas explicaciones en este punto; éstas ya han sido suficientemente estudiadas en mi tratado Sobre la preparación de la guerra.

IX

[1] Si los asaltantes intentan mostrarse audaces con vosotros, hay que proceder de la siguiente manera 39 . En primer lugar, se debe ocupar con soldados algunas posiciones del propio territorio; a continuación, tras haber convocado en asamblea a vuestros soldados y conciudadanos, hay que hacerles las oportunas recomendaciones, en previsión de que tengan que efectuar un ataque contra el enemigo; y, cuando, durante la noche, se dé la señal con una trompeta, los hombres que están en edad militar deben estar preparados para el combate, después de haber tomado las armas y de haberse reunido en el lugar convenido para seguir a [2] su jefe. Así, cuando estas noticias lleguen hasta el campamento enemigo o a su ciudad, podréis disuadirlos de sus tentativas de ataque; si esto se hace de esta manera, inspiraréis confianza a los vuestros por vuestra capacidad de iniciativa y falta de temor, al tiempo que infundiréis temor a los enemigos, de suerte que permanezcan en paz en sus hogares.

X

[1] Es necesario, también, notificar, a aquellos ciudadanos que posean yuntas o esclavos, que los trasladen a un lugar seguro 40 entre sus vecinos, en vista de que no pueden entrar en la ciudad. Mas, en el caso de que no tengan amista [2] des con que poder dejarlos, los magistrados han de confiarlos por decreto oficial a sus vecinos, adoptando las medidas oportunas para salvaguardar los bienes depositados.

[PROCLAMAS]

A continuación, se deben hacer las siguientes proclamas, [3] a intervalos regulares, para amedrentar y disuadir a los conspiradores:

Que se lleve a la ciudad a los ciudadanos libres y los frutos recogidos; pero si alguien desobedece, que cualquiera pueda tomar y llevarse los frutos de sus tierras sin recibir castigo.

Que las fiestas públicas se celebren dentro de los límites [4] de la ciudad 41 ; que no se lleven a cabo reuniones privadas en ningún lugar, ni de día ni de noche, y las que sean indispensables, que tengan lugar en el pritaneo 42 , en el consejo o en cualquier otro lugar público. Que ningún adivino celebre sacrificios en privado sin la presencia de un [5] magistrado 43 . Que no se hagan comidas comunitarias 44 , sino cada uno en su propia morada, salvo boda o banquete fúnebre 45 , tras haberlo comunicado previamente a los magistrados.

Si hay ciudadanos exiliados, hay que anunciar por medio de un heraldo lo que sucederá a cada ciudadano, extranjero [6] o esclavo que intente evadirse. Y que si alguien tiene contacto con estos exiliados o con sus emisarios, o bien les envía y recibe cartas suyas, correrá un riesgo o sufrirá un castigo; que haya un cuerpo de censores a los que se llevarán las cartas antes de ser enviadas o recibidas 46 .

[7] Las armas de quienes cuenten con más de una deben estar inscritas en un registro y no se debe permitir a nadie que saque arma de la ciudad ni que sea aceptada como garantía. Los soldados no pueden ser contratados ni ofrecerse a salario sin la presencia de magistrados.

Ningún ciudadano ni meteco 47 puede zarpar sin salvoconducto 48 [8] y hay que transmitir con antelación a las naves la orden de anclar junto a las puertas que se mencionen a continuación. Los extranjeros que lleguen a la ciudad, [9] deben llevar las armas visibles y a mano, y deben ser desarmados inmediatamente. Nadie, ni siquiera los posaderos, debe acogerlos sin la presencia de magistrados, quienes, cuando se hospeden, los inscribirán en un registro, junto a las personas con quienes se encuentran. Durante [10] la noche, los albergues deben ser cerrados desde fuera por los magistrados. Periódicamente, cuantos de aquéllos sean vagabundos, deben ser desterrados mediante proclama pública; las personas procedentes de lugares vecinos, que se encuentran en la ciudad por motivos de enseñanza 49 o por cualquier otra razón de utilidad, deben ser inscritas en un [11] registro. Cuando lleguen embajadas públicas de otras ciudades, tiranos o ejércitos, no ha de parlamentar con ellos quien lo desee, sino ciertos ciudadanos dignos de confianza que permanecerán con los embajadores mientras dure su estancia en el país.

[12] Para el importador de aquellos productos de los que carece la ciudad, trigo, aceite o cualquier otro, han de fijarse primas 50 proporcionales a la cantidad importada y debe ser honrado con una corona; en el caso de un armador, estará exento de las tasas de remolque del barco a la entrada y a la salida del puerto 51 .

[13] Se harán frecuentes revistas de armas y, en tales ocasiones, los extranjeros residentes en la ciudad serán trasladados a un lugar convenido o permanecerán en sus casas. Pero, si son vistos en otro lugar, les será impuesto un castigo [14] por haber cometido una falta. Cuando se dé la señal, deben ser cerrados sus almacenes y sus mercados, deben ser apagadas sus luces y tampoco se dejará pasar a ninguno de los otros. Cuando exista una necesidad imperiosa, [15] se circulará con una lámpara, hasta nueva orden 52 .

Para quien denuncie una conspiración contra el Estado o revele la transgresión de cualquiera de las normas prescritas, debe anunciarse una recompensa de plata y el anuncio debe ser expuesto públicamente en el ágora, en un altar o en un templo, con el objeto de que cualquier persona tenga la valentía de denunciar cualquier violación de los reglamentos establecidos.

Contra un monarca, estratego o gobernante en el exilio, [16] hay que hacer las siguientes proclamas: *** 53 . Si muere también el que lo mató, la recompensa prometida debe ser entregada a sus hijos; y, si no tiene hijos, al pariente más cercano. Y, si alguno de los acompañantes del gobernante, [17] del monarca o del estratego exiliado ayuda en algo, se le ha de entregar una [la mitad] 54 de la recompensa y se le debe permitir regresar; con estas medidas se podrían fomentar, en efecto, tales tentativas.

[18] En un campamento mercenario, el heraldo, tras haber ordenado silencio, hará las siguientes proclamas cuando todos [19] estén a la escucha 55 : si alguien se quiere marchar por no estar satisfecho con su situación personal, hay que dejarle partir; sin embargo, después *** 56 será vendido como esclavo. Para las faltas menores, la pena será de prisión o multa, según el reglamento vigente. Pero si alguien perjudica manifiestamente al ejército, sembrando la disensión en el campamento, deberá pagar con la pena de muerte 57 .

[20] A continuación, hay que ocuparse de todas las demás formaciones. En primer lugar, hay que observar si reina la concordia entre los ciudadanos, dado que ello sería la ventaja más importante durante un asedio. Pero, si no sucede así, hay que trasladar sin levantar sospecha, bajo un pretexto verosímil, < a los ciudadanos más notables > 58 cuyas ideas son contrarias al gobierno establecido, y, especialmente, a los que hayan sido dirigentes y responsables de alguna conspiración en la ciudad, enviándolos a otro lugar como embajadores y a otros servicios públicos. Así fue como procedió Dionisio 59 con su hermano Leptines, [21] al ver por numerosos indicios que contaba con muchas simpatías entre el pueblo siracusano y que era muy influyente. Como sospechaba de su lealtad, tomó la resolución de alejarlo, pero no intentó expulsarlo abiertamente, pues tenía la certeza de que contaba con muchos simpatizantes en su entorno y que podría provocar un movimiento revolucionario. En consecuencia, trazó el siguiente plan: le envía con un pequeño grupo de mercenarios a una ciudad [22] llamada Hímera, con la orden de reemplazar a la guarnición allí existente por otra. Cuando llegó a Hímera, le envió un mensaje con la orden de quedarse hasta que él personalmente le hiciera regresar.

Cuando una ciudad entrega rehenes, en caso de que [23] se produzca una expedición contra ella, conviene alejar a sus padres y parientes cercanos hasta que el asedio llegue a su fin, para evitar que, en los asaltos de los enemigos, tengan que ver a sus hijos conducidos delante de ellos y sufriendo una muerte cruel 60 , pues es posible que, de encontrarse [24] en la ciudad, actúen en su contra. Mas, si, como es lógico, resulta difícil enviarlos fuera bajo estos pretextos, es preciso que tengan una participación mínima en trabajos comunitarios y servicios públicos, y que no sepan con antelación dónde van a estar ni qué van a hacer, permaneciendo el menor tiempo posible, de día y de noche, bajo su propia vigilancia. Y por lo que respecta a los demás deberes y servicios públicos, deben concurrir a su alrededor, sin levantar sospecha, un número importante de personas, bajo cuya observación estarán realmente sometidos [25] a vigilancia más que actuando como vigilantes. Han de ser separados †para su supervisión† 61 ; así dispuestos tendrán una capacidad menor para iniciar una revuelta.

Es necesario, además, que nadie lleve linternas ni ninguna otra clase de luz nocturna para ir a acostarse. En efecto, así ha ocurrido en otras ocasiones con ciertas personas que, puesto que se les ha impedido completamente promover una revolución y colaborar con los enemigos, como era su intención, han ideado el siguiente plan: [26] llevando luces a los puestos de guardia —unos, antorchas, y otros, linternas—, con cestos y mantas para tener con qué acostarse, transmiten con estas luces las contraseñas convenidas. Por ello, es preciso desconfiar de todas estas artimañas.

XI

[CONSPIRACIONES]

Es preciso, además, prestar atención a aquellos ciudadanos [1] que son desafectos al régimen y que jamás aceptan las órdenes inmediatamente, por los siguientes motivos. Por ello, haré sucesivo recuento, a modo de ejemplo, a [2] partir de mi tratado 62 sobre la cuestión, de cuántas conspiraciones han sido urdidas por magistrados o ciudadanos particulares y cómo algunas de ellas han sido reprimidas y frustradas.

En efecto, cuando Quíos 63 estaba a punto de ser traicionada, [3] uno de los magistrados que tomaba parte en el complot, convenció con engaños a sus colegas diciendo que, como era tiempo de paz, era necesario sacar las cadenas del puerto 64 a tierra firme para secarlas y embrearlas, vender los viejos aparejos de las naves, reparar las goteras del arsenal, del pórtico próximo a éste y de la torre contigua, donde residían los magistrados, con la finalidad de, bajo este pretexto, procurar escaleras a los que debían ocupar [4] los arsenales, el pórtico y la torre. Aconsejó, asimismo, licenciar a la mayor parte de los hombres de la guarnición, [5] para que la ciudad tuviera un gasto mínimo. Por medio de otros consejos similares convenció a sus colegas para tomar medidas que debían facilitar a los traidores y a los asaltantes la captura de la ciudad. En vista de ello, es siempre necesario tener cuidado con quienes tratan de [6] llevar a término hechos de esta índole. Al mismo tiempo, hizo colgar redes para cazar ciervos y jabalíes atadas en lo alto de la muralla, como si las quisiera secar, y, en otro lugar, velas con las cuerdas tendidas hacia fuera; fue por ellas, precisamente, por donde subieron los soldados durante la noche.

[7] En Argos 65 , se tomaron las siguientes medidas contra los adversarios políticos. Cuando el partido de los ricos estaba a punto de realizar una segunda tentativa contra el pueblo y comenzaban a introducir mercenarios, el jefe del partido popular, que conocía de antemano lo que iba a ocurrir, se hizo cómplice de dos hombres del partido rival justo antes del ataque, y mientras los presentaba como sus enemigos y, como tales, los trataba en público, en privado tenía conocimiento a través de ellos de las resoluciones [8] de los adversarios. Entonces, mientras los ciudadanos ricos estaban ocupados en la introducción de los mercenarios, al tiempo que otros miembros del partido estaban dispuestos dentro de la ciudad, y cuando la sublevación había sido fijada para la noche siguiente, el jefe del partido popular resolvió convocar la asamblea con urgencia, pero sin revelar lo que se estaba tramando para evitar que se agitara la ciudad, diciendo, entre otras cosas, que era conveniente que todos los ciudadanos estuvieran presentes portando sus armas durante la noche siguiente, cada uno en su propia tribu. Pero, si alguno disponía de sus armas de [9] modo diferente y se presentaba con ellas en otro lugar, debía ser castigado como traidor y conspirador contra el pueblo. El propósito de ello era que los ricos, al estar divididos [10] en tribus, no pudieran reunirse y atacar con mercenarios, y que, por el contrario, con la distribución en tribus, estuvieran separados en una pequeña minoría dentro de los miembros de cada tribu. Este plan parece bien preparado y bien pensado para sofocar, con seguridad, un peligro inminente.

Un caso similar tuvo lugar en Heraclea del Ponto 66 , [10a] cuando, bajo el régimen democrático, los ciudadanos ricos conspiraban contra el pueblo y estaban prestos para el ataque. Los líderes del partido popular, que estaban al corriente de lo que se estaba gestando, convencieron al pueblo para que hubiera sesenta centurias en lugar de las tres tribus existentes, con cuatro centurias cada una, para que, con esta nueva división, los ricos participaran regularmente [11] en las guardias y demás servicios públicos 67 . El resultado era que, de este modo, los ciudadanos ricos quedaban diseminados y, en cada una de las centurias, estaban en minoría en medio de un gran número de ciudadanos del pueblo.

[12] Se cuenta también que un incidente similar a éste tuvo lugar hace tiempo en Lacedemonia 68 . En efecto, cuando los magistrados fueron informados de que una conspiración tendría lugar cuando se alzara un gorro de fieltro, frustraron el intento tras anunciar mediante proclama que los que iban a alzar el gorro se abstuvieran de hacerlo.

[13] En Corcira 69 , como ricos y oligarcas tenían la intención de provocar un levantamiento contra el pueblo (además, estaba presente en la ciudad con una guarnición el ateniense Cares, que era favorable al levantamiento), tramaron la siguiente estrategia: algunos oficiales de la guarnición, [14] después de aplicarse ventosas y de practicarse cortes en el cuerpo, corrieron ensangrentados hacia el ágora 70 , como si hubiesen sido golpeados; al mismo tiempo, otros soldados, que ya estaban preparados al efecto, y los corcireos que tomaban parte en la conspiración, tomaron las armas. Mientras los demás ignoraban lo que estaba ocurriendo [15] y habían sido llamados a la asamblea, los líderes del partido popular fueron apresados, como si hubieran sido los causantes de la sublevación, y los conspiradores hicieron los cambios oportunos para sus propios intereses.

XII

[PRECAUCIONES NECESARIAS RESPECTO A LOS ALIADOS]

Cuando los aliados < son introducidos > 71 en la ciudad, [1] jamás se debe permitir que vivan juntos, sino separados en destacamentos, de manera similar a la sugerida con anterioridad y por las mismas razones. Asimismo, cuando [2] se va a realizar una empresa con la ayuda de soldados mercenarios, los ciudadanos que los introducen deben sobrepasar siempre en número y en fuerza a los mercenarios: de lo contrario, ellos y la ciudad quedan a su merced.

[3] Así, a los calcedonios 72 , durante un asedio, la presencia de los aliados [de Cízico, fue causa de peligro] 73 ; estos aliados les habían enviado una guarnición. Mientras deliberaban las medidas que convenían a sus intereses, los de la guarnición dijeron que no darían su consentimiento a nada que no pareciese también conveniente para los de Cízico, hasta el punto de que, para los calcedonios, resultaba mucho más digna de temor la guarnición que había dentro de los muros que los enemigos que les asediaban. [4] Es necesario, por consiguiente, no acoger jamás en la propia ciudad a un ejército extranjero más numeroso que la milicia ciudadana, y cada vez que la ciudad emplee tropas mercenarias, es preciso que su ejército sobrepase, con mucho, el potencial de los mercenarios; pues no es seguro dejarse dominar por tropas extranjeras ni estar en manos de soldados mercenarios.

[5] Esto les ocurrió también a los habitantes de Heraclea Póntica. En efecto, con la llegada de más tropas mercenarias de las estrictamente necesarias consiguieron, en un primer momento, terminar con sus adversarios políticos, pero, después, se encontraron con su propia ruina y con la de su patria, sometidos a la tiranía del hombre que había conducido a los mercenarios 74 .

XIII

[MANTENIMIENTO DE MERCENARIOS]

Si es preciso mantener tropas mercenarias, se puede hacer [1] con mayor seguridad de la manera siguiente: hay que ordenar a los ciudadanos más ricos el mantenimiento de los mercenarios, cada uno según sus posibilidades, unos a tres, otros a dos, algunos a uno. Una vez reunidos cuantos sean necesarios, hay que repartirlos en compañías, poniendo al frente de cada una, como capitanes, a los ciudadanos más fieles. Los mercenarios deben recibir su soldada [2] y manutención de quienes les han contratado, una parte a cargo de estos mismos, otra aportada por los fondos del Estado. Y cada uno debe residir en casa de quienes les [3] han tomado a sueldo, pero, reunidos por sus capitanes, han de estar a su disposición para cumplir los servicios públicos, guardias nocturnas y demás deberes asignados por las autoridades. Debe hacerse el reembolso del dinero, después [4] de algún tiempo, a los que han corrido con el mantenimiento de los mercenarios, una vez deducidas las tasas aportadas por cada uno al Estado 75 . De este modo, la manutención de los mercenarios se hará con mayor rapidez y seguridad, y con un gasto menor.

XIV

[SUGERENCIAS PARA ASEGURAR LA CONCORDIA] 76

[1] Desde luego, con aquellos habitantes que son contrarios al orden establecido, hay que proceder de la manera prescrita.

Es preciso llevar a un espíritu de concordia al conjunto de ciudadanos durante el mayor tiempo posible, ganándoselos con diferentes medidas e incluso aliviando a los deudores con la disminución o supresión total de los intereses de sus deudas; pero, cuando las circunstancias sean demasiado peligrosas, hay que suprimir una parte de las deudas o su totalidad, si es necesario, pues tales hombres, a la espera siempre de su oportunidad, son los más terribles adversarios. Es conveniente, también, dotar de recursos a quienes carecen de las necesidades fundamentales. De qué [2] manera se puede conseguir que ello resulte equitativo y bien aceptado por los ricos, y con qué fondos se pueden afrontar los pagos, está expuesto con claridad en mi tratado Sobre la intendencia 77 .

XV

Una vez tomadas estas disposiciones si llega una petición [1] de ayuda a través de un mensaje o de una señal de fuego, debe partir una expedición a la zona del territorio atacada. Los estrategos han de organizar inmediatamente [2] a los hombres disponibles, para evitar que, con salidas por separado y en grupos reducidos para defender sus propiedades, perezcan víctimas del desorden y de una fatiga prematura, sufriento terribles desastres en las emboscadas de los enemigos. Por el contrario, es necesario reunir ante las [3] puertas a cuantos se presenten, hasta que haya cierta cantidad, aproximadamente un batallón 78 o dos; entonces, una vez organizados y dotados de un jefe capacitado, están ya en condiciones de partir y apresurarse, manteniendo siempre [4] el mayor orden posible. Posteriormente, hay que enviar de la misma manera y con celeridad a un contigente tras otro, hasta que se considere que son suficientes las expediciones de socorro: su finalidad es que los destacamentos vayan seguidos durante la marcha y, si es menester que un destacamento acuda en ayuda de otro o puedan operar todos juntos, que les resulte fácil reunirse unos con [5] otros en lugar de venir desde lejos a la carrera. No obstante, es preciso que, en primer lugar, salgan en avanzadilla la caballería y la infantería ligera disponibles, también en orden, con la misión de rastrear el terreno y de ocupar las posiciones elevadas, a fin de que los hoplitas 79 conozcan con la mayor antelación los planes de los enemigos [6] y no sufran un ataque por sorpresa. Con relación a los recodos de los caminos, las faldas de las colinas, y las bifurcaciones de las encrucijadas de los caminos, han de ser emplazadas señales para que, en las proximidades de estos lugares, no se separen del grupo los soldados que marchan [7] rezagados, por desconocimiento del camino. Al regresar a la ciudad, hay que tomar precauciones por otras muchas razones, especialmente por temor a una emboscada enemiga 80 . En efecto, he aquí lo que le sucedió a una expedición que marchaba desprevenida. Cuando los tribales 81 [8] irrumpieron en territorio de Abdera 82 , los abderitas salieron a su encuentro y trabaron combate, llevando a cabo una lucha muy brillante, pues en este encuentro les causaron un gran número de bajas y vencieron a una fuerzas numerosas y belicosas. Sin embargo, los tribales, irritados [9] por lo sucedido, tras retirarse para recuperar fuerzas, retornaron de nuevo a este territorio y prepararon emboscadas, al tiempo que saqueaban el territorio de los abderitas a corta distancia de la ciudad. Pero los abderitas, al menospreciar al enemigo a raíz del combate librado previamente, salieron a su encuentro a toda prisa, con todas sus fuerzas y enardecidos, siendo los tribales los que los arrastraron hacia las emboscadas. Se cuenta que ésta fue la ocasión [10] en la que perecieron más hombres de una sola ciudad, al menos de un tamaño similar, en menor tiempo. En efecto, los demás ciudadanos, como no tenían noticia de la destrucción de los que habían salido en un primer momento, no suspendían el envío de refuerzos; muy al contrario, exhortándose unos a otros, se apresuraban a acudir en ayuda de quienes habían salido a combatir, hasta quedar la ciudad despoblada de hombres.

XVI

[OTRA FORMA DE EXPEDICIÓN DE AUXILIO]

[1] He aquí, en efecto, otro tipo de expedición que puede [2] ser más efectiva contra unos invasores. En primer lugar, durante la noche, no se deben enviar refuerzos inmediatamente, sabiendo que, antes de la aurora, los hombres podrían encontrarse en un gran desorden y desprovistos de preparación, ansiosos unos por salvar con la mayor celeridad las propiedades de sus campos, algunos por temor a afrontar los peligros, como es natural en caso de alarma súbita, en tanto que otros carecen por completo de preparación. [3] Así pues, se debe disponer de un cuerpo expedicionario reunido sin demora, liberándolos, al mismo tiempo, de su temor, infundiendo valor a unos y armando a otros. [4] Es necesario que sepáis que aquellos enemigos que, desde un principio, entran en combate con inteligencia y conocimiento, conducen en orden a sus mejores tropas, a la espera de un ataque y listos para repelerlos 83 ; unos provocan devastaciones al dispersarse por el territorio, otros, pueden tender emboscadas esperando que algunos de vosotros acudáis en su ayuda sin mantener el orden. Por consiguiente, [5] conviene no acosar a los enemigos, con un ataque inmediato; en principio, es preferible que estén enardecidos y que, con menosprecio hacia vosotros, se lancen a la conquista de un botín y a satisfacer su codicia. Por otra parte, si están saturados de comida y bebida, y si están ebrios, es posible que estén despreocupados y desobedezcan a sus jefes 84 . En consecuencia, es natural que los combates y [6] la retirada les resulten penosos, especialmente, si aguardáis el momento oportuno para atacarlos. En efecto, cuando [7] tengáis preparada una expedición de refuerzo en el modo prescrito y los enemigos estén ya dispersos en busca de su botín, es entonces el momento de atacar, cortándoles la retirada con la caballería, tendiéndoles emboscadas con soldados de élite 85 , presentándose súbitamente ante ellos con el resto de las tropas ligeras, mientras la infantería pesada es conducida en columna no lejos de los destacamentos enviados con anterioridad.

Acosad a los enemigos en una posición en la que no os veáis forzados a trabar combate y en la que no estéis [8] en desventaja en caso de lucha. En consecuencia, por las razones anteriormente expuestas, es beneficioso no poner freno a los enemigos y dejarles que saqueen la mayor parte de vuestro territorio, para que os resulte más fácil castigarlos mientras están en pleno pillaje y cargados con el botín. Pues, todo lo que se han llevado, podrá salvarse y los que [9] han cometido tropelías recibirán un justo castigo. Por otro lado, si efectuarais una expedición de socorro con vuestras tropas sin preparar y en desorden, estaríais en un serio peligro y, aunque los enemigos no hubieran tenido tiempo de causaros daño, podrían regresar impunes por encontrarse [10] todavía en formación. Mucho mejor es, como se ha indicado 86 , atacar después de haber cedido terreno, cuando estén desprevenidos.

[11] No obstante, si no encontráis el botín obtenido en vuestro territorio, o no lo interceptáis, conviene que la persecución no se realice por los mismos caminos y lugares, sino que un pequeño grupo les haga allí una demostración y que, en su persecución, intencionadamente, pero sin levantar sospecha, se abstengan de atacarlos; entre tanto, otro contingente, integrado por una fuerza considerable, debe apresurarse a marchar con mayor rapidez por otros caminos y, adentrándose en el territorio de los asaltantes, tenderles una emboscada en las proximidad de sus fronteras, [12] (es natural que lleguéis antes que ellos a su país, porque, cargados con el botín, marchan con mayor lentitud). Este ataque debéis hacerlo mientras están comiendo 87 , pues los saqueadores, tras hacerse con el botín, por sentirse seguros de estar en su territorio, podrían dejarse llevar por la indolencia y descuidar la vigilancia. Si se cuenta con naves 88 , [13] es preferible efectuar la persecución por mar para disponer de tropas de refresco; en efecto, contaréis con la ventaja de llegar antes que el enemigo y de tener todo dispuesto en el momento oportuno, si no sois descubiertos por ellos en el curso de la travesía.

Se cuenta que Cirene, Barca 89 y algunas otras ciudades [14] enviaron expediciones de auxilio, sirviéndose de bigas y cuádrigas, a través de largos caminos frecuentados por carros. Una vez que llegaron al lugar convenido y los carros fueron ordenados uno tras otros, los hoplitas descendieron de ellos y, puestos en formación, atacaron a los enemigos inmediatamente, porque estaban frescos. Por tanto, quienes [15] tienen abundancia de carros, parten con la ventaja de que sus soldados llegan al lugar requerido con rapidez y sin fatiga. Al mismo tiempo, los carros, pueden servir de protección para los campamentos; los soldados heridos y los que sufran cualquier otro contratiempo pueden ser trasportados en ellos a la ciudad.

[16] Si la invasión del territorio no resulta fácil y, por el contrario, las vías de acceso son escasas y estrechas, hay que emplazar a las tropas en los pasos, tras haberlas preparado con antelación, siguiendo la distribución prescrita, para resistir a los atacantes que tienen la intención de dirigirse a la ciudad, estacionando, además, vigías con señales de fuego que estén al corriente de la suerte de unos y otros, a fin de que los destacamentos puedan ayudarse mutuamente, caso de necesitarlo.

[17] Por el contrario, si la invasión del territorio no resulta difícil y es probable que un ejército numeroso ataque simultáneamente por muchos puntos, hay que ocupar las posiciones idóneas, de manera que a los enemigos les resulte [18] difícil la entrada en la ciudad. Si no existen lugares estratégicos, se deben ocupar los restantes emplazamientos cercanos a la ciudad, aquellos que os ayudarán a luchar con ventaja y a disponer de una posición fácil para la retirada cuando se quiera retornar a la ciudad. Entonces, si los enemigos, tras haber irrumpido en vuestro territorio, marchan hacia la ciudad, debéis comenzar el combate tomando como [19] punto de partida esos emplazamientos. Debéis efectuar siempre los ataques aprovechando la ventaja de estar acostumbrados al terreno; ciertamente, contaréis con la superioridad de tener un conocimiento previo del terreno y de poder conducirlos hacia los lugares que deseéis 90 , aquellos que son conocidos por vosotros y que resultan propicios para defenderse, para perseguir al enemigo, para huir y retirarse a la ciudad en secreto o abiertamente —y, además, sabiendo de antemano en qué parte del territorio tenéis las provisiones—, en tanto que para los enemigos estos lugares son inhabituales y desconocidos, y carecen de esta ventaja. Y, ante la certeza de que, sin estar familiarizados [20] cón el terreno, no sólo es imposible cumplir cualquiera de sus intenciones, sino también ponerse a salvo, si los habitantes del territorio quieren atacarlos, es probable que los enemigos, al actuar sin audacia y con temor ante cualquier situación, fracasen por no ser capaces de advertir ninguna de estas ventajas. Ciertamente, entre ellos y vosotros habría una diferencia tal como si a ellos les tocara en suerte luchar de noche y a vosotros de día, si de alguna manera fuera posible que estos dos casos sucedieran al mismo tiempo 91 .

Si disponéis de una flota 92 , debéis equipar las naves, [21] pues los que están en ellas inquietarán a los enemigos tanto como la infantería, si navegan junto a lugares costeros y junto a las rutas del litoral, con el objeto de que ellos sean acosados, al mismo tiempo, por vosotros y por los ocupantes de las naves que desembarquen a sus espaldas 93 .

De proceder así, atacaréis al enemigo cuando esté peor [22] preparado, y vuestra maniobra le resultará inesperada.

XVII

[1] En una ciudad en la que no reina la concordia y los ciudadanos sospechan unos de otros, hay que tomar precauciones en previsión de las salidas de la muchedumbre para asistir a una carrera de antorchas 94 , a una carrera de caballos y a otros certámenes —todas aquellas celebraciones religiosas y procesiones armadas que se hagan fuera de la ciudad—, y también ante las ceremonias públicas del arrastre de las naves 95 y ante las celebraciones funerarias 96 , pues es posible que, en tales ocasiones, alguno de los partidos [2] políticos sufra alguna desgracia. Pondré como ejemplo un suceso real.

Con motivo de la celebración de una fiesta fuera de la ciudad, los argivos 97 enviaron una procesión de hombres en edad militar, portando sus armas. Entre tanto, un gran número de conspiradores estaba ya preparado y, junto a aquéllos, reclamaban las armas para la procesión.

Una vez que llegaron al templo y al altar, la mayoría, [3] tras dejar las armas a cierta distancia del templo, se dispuso a hacer las súplicas ante el altar. Sin embargo, una parte de los conspiradores mantuvo las armas en su poder y otros se apostaron, durante las súplicas, junto a los magistrados y ciudadanos notables, cada uno al lado de un hombre, con una daga en la mano. Éstos asesinaron a sus [4] víctimas, mientras otros se apresuraban a entrar en la ciudad con sus armas. Otro grupo de conspiradores, que había permanecido en la ciudad con las armas que habían sido reunidas, ocupó con antelación los lugares más ventajosos de la ciudad, de manera que les permitieran dejar entrar en la ciudad solamente a quienes ellos quisieran. Por todo ello, es conveniente estar vigilantes en todo momento antes de tales intrigas.

Cuando los habitantes de Quíos 98 están celebrando los [5] festivales dionisíacos 99 y envían espléndidas procesiones al altar de Dioniso, mandan ocupar previamente los caminos que conducen al ágora, con guarniciones y tropas numerosas, obstáculo realmente no pequeño para los partidarios [6] de un levantamiento. El mejor procedimiento es que los magistrados comiencen las ceremonias religiosas acompañados de la fuerza militar anteriormente citada 100 y, solamente una vez que hayan sido separados del pueblo, deben reunirse todos los demás.

XVIII

[1] Cuando retornen los que han salido y llegue la tarde, se debe dar la señal para cenar y para montar guardia. Mientras los guardias se preparan, hay que preocuparse de que las puertas estén bien cerradas, pues también en lo que se refiere a los cerrojos sobrevienen frecuentes desgracias [2] por la negligencia de los magistrados. Así, cuando uno de ellos se dirige a las puertas y no las cierra personalmente, sino que entrega el cerrojo al portero y le manda cerrarla, he aquí los daños que causan los porteros deseosos de facilitar durante la noche la entrada a los enemigos 101 .

[3] Uno de ellos, durante el día, vertió arena en el pasador del cerrojo, para que permaneciera fuera y no entrara en su cavidad. Se cuenta también que los cerrojos, después de ser introducidos, fueron retirados de la manera siguiente: tras haber introducido, poco a poco, arena en el pasador, [4] el cerrojo podía moverse sin que hiciera ruido, con el objeto de que nadie se diera cuenta; así, el cerrojo quedó elevado por la arena esparcida, de suerte que pudiera ser extraído con facilidad.

En cierta ocasión, un portero que había recibido del [5] estratego el cerrojo para introducirlo en su lugar, tras haber hecho secretamente un corte en éste con una cuchilla o lima, y tras haberlo atado con un lazo de lino, lo puso en su sitio y poco tiempo después lo sacó con la ayuda del hilo. Otro, lo puso dentro de una fina redecilla, que [6] había preparado con anterioridad, atándole un hilo de lino, y después lo retiró. El cerrojo fue extraído, golpeándolo desde abajo, y sirviéndose, igualmente, de la ayuda de una pequeña pinza: una parte de las pinzas debe ser acanalada y la otra plana, de manera que el cerrojo puede ser cogido por debajo con la parte acanalada y asido con la plana. Otro, incluso, movió la barra corrediza, sin ser visto, [7] cuando iba a ser puesta en su lugar, para que el cerrojo no cayese en su cavidad y, posteriormente, se abriese la puerta al ser empujada.

En la ciudad de 102 [...], cerca de Acaya, un grupo de [8] sediciosos que intentaba faciliar en secreto la entrada a unos mercenarios, tomó en primer lugar, las medidas del cerrojo, del modo siguiente: durante el día, introdujeron en el [9] pasador del cerrojo un lazo de fino lino, pero fuerte, dejando sobresalir sus extremos sin que quedaran a la vista; una vez que fue echado el cerrojo durante la noche, lo extrajeron por medio del lazo, tirando de los extremos del hilo, y, después de tomar sus medidas, lo colocaron de nuevo en su posición. A continuación, hicieron un tirador con las medidas del cerrojo, de la siguiente manera: [10] forjaron un tubo hueco y una aguja de coser cestos. El tubo estaba hecho como es habitual; en cuanto a la aguja, la parte más larga, la de la punta, estaba hecha como las demás agujas, pero la cabeza era como el hueco de una [11] contera, donde se inserta el mango. En una forja se le puso un mango, pero, cuando se lo llevaron de allí, lo volvieron a sacar, de manera que se ajustara al cerrojo cuando fuera introducido. Parece ser que obraron con astucia, al evitar que resultara sospechoso al forjador el motivo por el cual se había hecho el tubo y la aguja de tejer y por el cual se procuraban estos instrumentos.

[12] En otra ocasión, se tomaron las medidas del perímetro del cerrojo, mientras estaba en el pasador, del modo siguiente: lo recubrieron con barro cerámico y lo extendieron con una cinta fina, al tiempo que apretaban el barro alrededor del cerrojo con la ayuda de una herramienta. Después, secaron el barro y tomaron el molde del cerrojo con cuya ayuda pudieron hacer un tirador,

[13] Se conjetura [...] que Teos, ciudad importante de Jonia, cayó en manos de Témeno de Rodas 103 con la complicidad del centinela de la puerta. En efecto, entre otras cosas, concretaron una noche oscura y sin luna en la cual era preciso que uno abriera la puerta y el otro entrara acompañado de mercenarios. Cuando se acercaba la noche en [14] que el plan debía ejecutarse, se presentó ante el centinela un hombre que —puesto que ya era tarde, los guardias estaban en la muralla y las puertas estaban a punto de cerrarse, porque ya había oscurecido— se marchó después de haber dejado atado el extremo de ovillo de lino que no podía romperse fácilmente. Desenrollando el ovillo, se [15] alejó de la ciudad cinco estadios 104 hasta el lugar donde iban a llegar los asaltantes. Entonces, cuando se presentó [16] el estratego para cerrar las puertas, y, según era costumbre, entregó el cerrojo al centinela para introducirlo en su sitio, éste lo tomó, y, sin hacer ruido, hizo en secreto una incisión en el cerrojo con una lima o una cuchilla, de manera que el hilo quedara fijado. A continuación, tras rodearlo con un lazo, hizo descender el cerrojo sujetado por el hilo de lino; entonces, al mover la barra corrediza y mostrar al estratego que la puerta estaba cerrada, éste quedó tranquilo. Algún tiempo después, tras quitar el pasador, [17] se ató a sí mismo el extremo de la cuerda, para que si, por casualidad, se quedaba profundamente dormido, se despertara por el tirón del cordón. Témeno, cuando estuvo [18] preparado, se presentó con las tropas que iban a entrar, en el lugar convenido con el hombre que portaba el ovillo. Témeno había convenido con el centinela que, cuando llegara al lugar acordado, tiraría de la cuerda. Y, si este centinela tenía todo dispuesto tal como estaba [19] previsto, ataría un copo de lana en el extremo de la cuerda y la dejaría correr; al ver esto, Témeno debía apresurarse hacia las puertas. Mas, si el centinela fracasaba en su empresa, dejaría correr la cuerda sin atar nada a ella, de manera que Témeno pudiera escapar con suficiente antelación y sin ser descubierto. En efecto, se dieron cuenta durante la noche de que la cuerda estaba *** 105 en la ciudad y no pudieron avanzar.

[20] Otra ciudad fue traicionada por su portero de la siguiente manera. Cuando las puertas estaban a punto de cerrarse, procedió como tenía por costumbre, saliendo con un cántaro como si fuera a buscar agua. Después de llegar a la fuente, colocaba unas piedras en un lugar conocido por los enemigos, los cuales, al pasar regularmente por allí, descubrían a través de ellas aquello que quería hacerles [21] saber el centinela. En efecto, si hacía la primera guardia, ponía una piedra en dicho lugar; si era la segunda, dos; tres, si era la tercera; cuatro en la cuarta. También, por este mismo procedimiento, indicaba en qué lugar de la muralla y cuál de las guardias le había correspondido en suerte. En vista de estos hechos, es menester, por lo tanto, que el magistrado supervise todas las operaciones, cierre personalmente las puertas y no entregue a otra persona el pasador.

[22] Cuando se lleve a cabo cualquier empresa de este género, el cerrojo deber permanecer oculto. Pues se ha dado el caso de que algunos adversarios, que aparecieron súbitamente, obligaron a cerrar de nuevo las puertas por la fuerza, porque el cerrojo todavía estaba allí. Por ello, es necesario tener en consideración tales contingencias.

XIX

[ASERRAMIENTO DE UNA BARRA CORREDIZA] 106

Cuando se sierre la barra de un cerrojo, hay que verter [1] aceite sobre ella, pues se serrará con mayor rapidez y el ruido producido será mucho menor. Y si además se ata una esponja sobre la sierra y la barra, el ruido será, con mucho, más apagado. Se podrían escribir muchas explicaciones similares; sin embargo, hay que pasarlas por alto.

XX

[PREVENCIÓN DE SABOTAJES A BARRAS Y CERROJOS]

Para prevenir que cualquiera de estos objetos sufra un [1] sabotaje, es necesario que el estratego, antes de nada, proceda personalmente al cierre de las puertas y a su inspección, antes de cenar 107 , y que no confíe en ningún otro de manera irresponsable —en situaciones de peligro conviene ser extremadamente prudente con estas cuestiones—. En segundo lugar, es menester que la barra corrediza sea [2] guarnecida, en toda su extensión, con tres o cuatro láminas de hierro, pues resultará imposible serrarla. En tercer lugar, se deben colocar tres cerrojos diferentes y cada uno de los estrategos debe guardar uno. Pero, si fueran más de tres, cada día, se debe designar por sorteo a los responsables. [3] Es preferible que los cerrojos no se puedan extraer, sino que estén sujetos por una placa de hierro, con la finalidad de que, al quitarlos, no se puedan elevar con una pinza más de lo estrictamente necesario para que la barra pueda ser movida al abrir y cerrar las puertas. Las pinzas deben estar preparadas para pasar bajo la placa y poder elevar el cerrojo 108 sin dificultades.

[4] Los habitantes de Apolonia del Ponto 109 , después de haber sufrido alguna de las experiencias descritas, equiparon sus puertas para ser cerradas con el acompañamiento de un gran martillo, que producía tal estruendo que se escuchaba en la práctica totalidad de la ciudad cada vez que las cuertas eran cerradas y abiertas; hasta tal punto era pesado y guarnecido de hierro el mecanismo de cierre. [5] Lo mismo sucedió en Egina 110 .

Cuando las puertas sean cerradas, los centinelas han de ser enviados a los puestos de guardia, tras haberles dado la seña y la contraseña 111 .

XXI

En cuanto a la provisión de utensilios, a todas las disposiciones [1] que se deben tomar con antelación para un país amigo y al modo en que es preciso hacer desaparecer o dejar inservible para el enemigo los recursos propios, aquí lo pasamos por alto; en mi tratado Sobre la preparación militar 112 queda suficientemente explicado.

Por lo que se refiere a la disposición de las guardias, [2] las rondas, los pánicos, las señas y contraseñas, la mayor parte de las explicaciones debe reservarse para ser anotadas en mi tratado Sobre el establecimiento de un campamento 113 , pero ahora daremos unas breves indicaciones.

XXII

[GUARDIAS]

En tiempo de guerra y cuando el enemigo se encuentra [1] cerca de la ciudad o del campamento, hay que establecer guardias nocturnas.

[2] El comandante en jefe y su Estado Mayor 114 deben instalarse en dependencias oficiales y en el ágora 115 , si están en posiciones de fácil defensa. En caso contrario, debería ocuparse previamente la posición más inexpugnable y que, además, sea visible desde todos los puntos de la ciudad.

[3] El corneta y el correo deben acampar en las proximidades del cuartel general y permanecer allí habitualmente, a fin de que, en caso de que sea necesario dar una señal o transmitir una orden, estén preparados y, tanto los demás guardias como los centinelas que en ese momento puedan encontrarse realizando una ronda, sepan cuál es su cometido.

[4] A continuación, los centinelas de la muralla y los que se encuentran en el ágora, junto a la residencia de oficiales, en las entradas del ágora y del teatro, y en los demás lugares objeto de custodia, deben realizar su vigilancia en breves intervalos; los relevos deben ser frecuentes y con [5] la participación de muchos hombres en cada uno. En efecto, si los turnos de guardia son breves, nadie tendrá ocasión de aprovechar su duración para actuar en favor de los enemigos ni para tomar la iniciativa de provocar una revolución, y los que vigilen durante poco tiempo serán menos proclives a dormirse; por otra parte, al realizar la guardia con un gran número de hombres simultáneamente, será más fácil comunicar cualquiera de los acontecimientos que tengan lugar.

[5a] En caso de peligro, es preferible que estén en vela tantos hombres como sea posible y que, durante la noche, todos monten guardia, para que en cada vigilia haya el mayor número posible de hombres. Pues, si son pocos los [6] hombres y están de vigilancia durante mucho tiempo, es probable que les sobrevenga el sueño por la extensión de las guardias, y, si alguien prepara una tentativa revolucionaria, tendrá tiempo suficiente para tomar la iniciativa y pasar inadvertido en cualquier actuación favorable a los enemigos. Por ello no se deben pasar por alto tales consideraciones. En momentos críticos, se deben tomar, además, [7] otras precauciones. Ningún centinela debe saber con anterioridad el día y el lugar en el que realizará la guardia; no estarán permanentemente bajo el mando de los mismos oficiales; todas aquellas disposiciones concercientes a la seguridad del Estado serán modificadas con la mayor frecuencia posible. De este modo, serán menores las probabilidades de que un traidor haga revelaciones a los que están fuera o que reciba cualquier información de los enemigos, pues no sabrán con antelación en qué parte de la muralla [8] van a estar durante la noche, ni quiénes serán sus compañeros, y desconocerán su futuro destino. Y todos aquellos que estén de guardia durante el día no deben ser empleados durante la noche, pues no es conveniente que cada uno sepa previamente el contenido de su misión 116 .

Los centinelas de los puestos de la muralla deberían [9] prestar su servicio 117 de la siguiente manera: en cada cambio de guardia, un hombre ha de ir desde su puesto de guardia hasta el puesto siguiente, y, desde éste, al otro siguiente, y, desde los demás, otros a los restantes puestos. Debe transmitirse la orden de que todos lo lleven a cabo [10] simultáneamente a la señal acordada. De esta manera, muchos hombres harán la ronda al mismo tiempo y cada uno de ellos se desplazará a corta distancia; no permanecerán de manera continuada junto a las mismas personas, pues unos y otros tomarán parte frecuentemente en guardias diferentes. De hacerlo así, podrá evitarse cualquier acto de traición por parte de los guardias.

[11] Los centinelas han de estar colocados unos frente a otros, pues de esta manera podrán ver su entorno en todas las direcciones y correrán en menor medida, el riesgo de ser apresados por cualquiera que entre en secreto, lo cual, como ya he explicado 118 , ha sucedido en el caso de las [12] guardias diurnas. Durante las oscuras noches de invierno, deben lanzar piedras, una tras otra, a la parte exterior de la muralla y, como si viesen a alguien, deben preguntar ¿quién va?: en efecto, quienquiera que se esté acercando, [13] podrá ser descubierto inmediatamente. Y, si parece procedente, pueden hacer también lo mismo en la parte interior. Sin embargo, hay quienes afirman que esta maniobra es perjudicial, pues los enemigos que avanzan en la oscuridad se dan cuenta, por las voces de los vigilantes de la ronda y por el lanzamiento de piedras, de que no deben continuar por allí, sino preferentemente por un lugar silencioso. [14] El mejor plan, en tales noches, es atar perros fuera de la muralla hasta que se haga de día; los animales descubrirán, desde una distancia mayor, al espía de los enemigos, al desertor que se aproxima sigilosamente a la ciudad o al que, en alguna parte, se dispone a desertar. Al mismo tiempo, despertarán con sus ladridos al guardia que haya podido dormirse 119 .

En las posiciones de la ciudad que son de fácil acceso [15] y están expuestas a un ataque enemigo, hay que situar como guardias a los ciudadanos que poseen más bienes, los más distinguidos, aquellos que, en suma, intervienen en los asuntos más importantes de la ciudad; en efecto, a éstos les interesará, sobre todo, no entregarse a los placeres, sino mantenerse vigilantes, por ser conscientes de su posición personal 120 . Durante las fiestas públicas, todos aquellos [16] guardias que resulten sospechosos en sus destacamentos, y poco fiables a sus compañeros, deben abandonar sus puestos para celebrar la fiesta en su casa: les parecerá [17] que reciben atenciones especiales y, al mismo tiempo, no tendrán oportunidad de emprender acción alguna. En su lugar, se situará en los puestos de guardia a otros hombres dignos de mayor confianza. En efecto, es con ocasión de las fiestas públicas y de acontecimientos similares, cuando, quienes desean provocar un cambio revolucionario suelen [18] intentarlo 121 . En otro momento 122 se han descrito los desastres que han acontecido en tales ocasiones.

[19] Por tanto, es preferible que, además de estas disposiciones, las rampas de acceso a la muralla no permanezcan abiertas, sino cerradas, para evitar que quien quiera entregar a los enemigos una parte de la muralla pueda ocuparla con antelación, y para que, por el contrario, los guardias que hayáis escogido se vean obligados a permanecer en la muralla y a no abandonar su puesto; entonces, si algún enemigo escala el muro sin ser visto desde fuera de la ciudad, no podrá penetrar en la ciudad desde la muralla con facilidad y rapidez, a no ser que quiera correr el riesgo de saltar desde un lugar elevado y no pasar inadvertido ni ser el primero en llegar. Esta medida respecto a las rampas de acceso sería conveniente adoptarla también para la ciudadela de un tirano.

[20] Después de la batalla naval de Naxos 123 , Nicocles 124 , que era comandante de la guarnición, al ser objeto de conspiraciones, estableció guardias en la muralla, después de mandar cerrar la rampa, y dispuso rondas con perros en su parte exterior, pues se esperaba que el complot comenzara con un ataque desde fuera.

Cuando reina la concordia entre los ciudadanos y nadie [21] está bajo sospecha, es menester encender luces en lámparas, durante las noches, en los puestos de guardia establecidos sobre la muralla, a fin de que aquellos centinelas contra quienes se dirige un ataque enemigo levanten la lámpara como señal para el estratego. Pero si la lámpara no [22] es visible para el estratego, por impedirlo la disposición del lugar, un relevo debe coger otra lámpara y transmitir la señal al estratego, y éste, con un sonido de trompeta o por medio del correo, según convenga, debe dar a conocer a otros guardias lo que a él se ha hecho saber.

En estas circunstancias, mientras los guardias se ocupan [23] de esta manera de la vigilancia, hay que hacer saber al resto del pueblo que nadie debe salir cuando se dé la señal. Pero, si alguien sale fuera a alguna misión de obligado cumplimiento, debe marchar con una lámpara para que, desde lejos, resulte visible a las rondas. Ningún artesano [24] o trabajador manual debe trabajar, para que ningún ruido hecho por ellos llegue hasta los centinelas.

La manera de que las guardias sean iguales y similares para todos, cuando las noches sean más largas o más cortas, debe determinarse con una clepsidra 125 y ésta debe [25] cambiarse cada diez días. Pero es mejor procedimiento llenar de cera su cara interior y, cuando las noches sean más largas, quitar una parte de la cera, con el objeto de que tenga cabida más agua, mientras que, cuando sean más cortas, hay que rellenarla de cera para que acoja una cantidad menor. En todo caso, creo que es suficiente esta explicación sobre la equiparación de las guardias.

[26] En momentos de menor peligro, se debe repartir en guardias y rondas a la mitad de los hombres alistados y, así, la mitad del ejército vigilará cada noche. En tiempo de paz, cuando ya no exite peligro, hay que causar mínimas [27] molestias y al menor número de personas. Y, si el estratego necesita enviar patrullas, entregará al primer centinela un bastoncillo 126 con una señal; éste lo pasará al siguiente y cada uno al más próximo, hasta que el bastoncillo haya hecho la ronda completa de la ciudad y retorne al estratego. Éste debe advertir a los puestos de guardia que no lleven el bastoncillo más allá de la guardia siguiente; [28] mas, si al llegar, encuentra vacío el puesto de guardia, debe entregar de nuevo el bastoncillo a aquel de quien lo tomó, al objeto de que el estratego quede enterado y pueda identificar cuál de los centinelas no lo ha recibido y [29] ha abandonado su puesto. Si quien tiene que realizar la guardia no se presenta al lugar ordenado, su capitán debe revender el puesto inmediatamente, cualquiera que sea el precio obtenido, y poner a cualquier otro a vigilar en su lugar. A continuación, el reclutador de mercenarios debe entregar su paga a quien ha comprado el puesto de guardia y, al día siguiente, el comandante del destacamento debe imponerle el castigo acostumbrado 127 .

XXIII

[SALIDAS SECRETAS DURANTE LA NOCHE]

Cuando se lleven a cabo salidas secretas durante la noche [1] contra los enemigos acampados fuera, conviene tomar las siguientes precauciones: en primer lugar, hay que vigilar que no haya ninguna deserción; en segundo lugar, no debe haber luces al aire libre para evitar que el cielo de la ciudad, por ser más brillante que el resto, ponga al descubierto sus preparativos; hay que evitar los aullidos de [2] los perros y los cantos de los gallos, acallándolos a tal efecto meditante la cauterización de alguna parte de su cuerpo 128 , pues sus gritos, cuando suenan antes del alba, pueden descubrir los preparativos.

[3] Ciertas personas usaron la siguiente estratagema para efectuar las salidas: simularon entre ellos una sedición, con un pretexto razonable, y, tras aguardar el momento oportuno y efectuar una salida, atacaron por sorpresa a los enemigos con un éxito total.

[4] En otra ocasión, los asediados sorprendieron al enemigo, con una salida secreta, de la siguiente manera: construyeron un muro delante de las puertas a la vista del enemigo; a continuación, en el lugar que era particularmente propicio para un ataque enemigo, desplegaron una pequeña vela 129 y la recogieron después de algún tiempo, de manera que, en un principio, asombrara a los enemigos, pero después, como la maniobra se repetía muchas veces, no [5] le dieran importancia. Una noche, los habitantes de la ciudad, tras hacer en el muro una abertura del tamaño deseado y construir una falsa estructura en su lugar, desplegaron la vela 130 . Después de esperar la ocasión favorable, efectuaron una salida y atacaron por sorpresa a los enemigos. Mientras hacían todo esto, vigilaban que nadie desertara. En consecuencia, es preciso no descuidar ninguna de estas consideraciones.

[6] Tampoco es conveniente salir de noche con un elevado contingente sin tomar precauciones, puesto que en tales ocasiones algunos de los conspiradores, tanto dentro como fuera de la ciudad, preparan estratagemas, con el objeto de atraerlos con engaños tales como hacer una señal de fuego o incendiar un arsenal, un gimnasio, un templo público o cualquier otro lugar que pueda provocar la salida de un gran número de hombres y, especialmente, de hombres importantes. Es necesario, pues, estar precavidos y no fiarse, de buenas a primeras, de incidentes de esta clase.

Voy a exponer también el procedimiento de unos magistrados. [7] Dispusieron previamente que se produjeran disturbios en el territorio y que desde el campo se transmitiera a la ciudad la noticia del intento de ataque de unos ladrones, a consecuencia de lo cual podía esperarse que los ciudadanos se apresuraran a hacer una expedición de auxilio. Cuando esto tuvo lugar, los magistrados y sus partidarios [8] llamaron a los ciudadanos en su ayuda. Una vez que la totalidad de los ciudadanos se hubo reunido ante las puertas con sus armas, idearon el siguiente plan: los [9] magistrados advirtieron a los allí presentes que, una vez divididos en tres grupos, era menester tender una emboscada a corta distancia de la ciudad; dieron las órdenes que convenían a sus intereses, sin despertar sospechas en quienes les escuchaban. Después de hacerles salir, los apostaron [10] en lugares propicios para tender emboscadas a los invasores. Ellos, por su parte, tomaron hombres implicados en el asunto y se adelantaron como si fueran a verificar las noticias recibidas y a exponerse al peligro antes que los demás, para, desde allí, simulando huir de ellos, llevar a los enemigos hacia las emboscadas. Mas, dirigiéndose [11] a un lugar donde, previamente, tenían preparado un ejército mercenario, que había sido traído en secreto por mar, los tomaron a su cargo y, sin ser vistos, los llevaron a la ciudad por otros caminos, como si retornaran de nuevo con los ciudadanos que habían hecho la salida. Tras ocupar la ciudad con la ayuda de los mercenarios, desterraron a una parte de los ciudadanos apostados en las emboscadas y permitieron regresar a los demás 131 .

Por consiguiente, es preciso sospechar de tales maquinaciones y no efectuar una salida en masa nocturna contra los enemigos, sin tomar precauciones.

XXIV

[CONSIGNAS] 132

[1] Al transmitir las consignas, si se da la circunstancia de que el ejército lo constituyen hombres de diferentes ciudades y pueblos, es preciso tomar medidas para evitar que, si un mismo concepto puede expresarse con dos palabras, ello dé lugar a confusión en el curso de su trasmisión: por ejemplo, Dioscuros y Tindáridas (sobre un mismo concepto, [2] dos nombres diferentes); o, también Ares y Enialio, Atenea y Palas, espada y daga, antorcha y luz, y otros similares a éstos que resultan difíciles de recordar, porque son contrarios a las costumbres de los hombres de cada pueblo, y que son causa de peligro, en el caso de que se transmitan las consignas en su lengua particular en lugar de en una común a todos. En consecuencia, hay que evitar [3] transmitir tales mensajes a mercenarios que proceden de países diferentes y a pueblos aliados.

Así le sucedio a Caridemo 133 de Oreos, en Eolia, cuando tomó Ilión de la siguiente manera. Un magistrado de [4] Ilión tenía un esclavo 134 que salía constantemente a robar; lo hacía preferentemente por las noches y regresaba, cada vez, con el producto de sus rapiñas. Durante este tiempo, [5] Caridemo, que estaba informado de estos hechos, se ganó su amistad y, en conversaciones secretas, se puso de acuerdo con él y le persuadió para que saliera en la noche convenida, como si fuera a robar; esa noche, le sugirió partir con un caballo, a fin de que se le abrieran las puertas, en lugar de regresar por pasadizos o puertecillas, como tenía por costumbre. Una vez que estuvo fuera y habló [6] con Caridemo, recibió de éste aproximadamente treinta mercenarios, armados con corazas y portando dagas, armas 135 y cascos ocultos. Así pues, los condujo durante la noche [7] con modestas vestiduras y ocultó las armas, dándoles la apariencia de cautivos, en compañía de mujeres y niños, como si éstos fueran también prisioneros, y entró en la ciudad, donde tenía las puertas abiertas gracias a su caballo. [8] Inmediatamente después de su llegada, llevaron a término su empresa, asesinando al portero y cometiendo otros crímenes propios de mercenarios, se hicieron dueños de las puertas, antes las cuales se presentaron de inmediato las tropas de Caridemo, pues no se encontraban lejos, y conquistaron [9] la ciudadela. A continuación, el propio Caridemo entró con todo el ejército. Pero, al mismo tiempo, llevó [10] a cabo la siguiente operación: con una parte de su ejército, tendió una emboscada, pues había previsto que una expedición de auxilio se presentara en el lugar, como así fue. En efecto, Atenodoro de Imbros 136 , que no se hallaba muy lejos con sus tropas, tan pronto como se enteró de lo sucedido, intentó acudir con refuerzos a este lugar. [11] Con mucha astucia, tuvo sus sospechas y no marchó hacia Ilion por los caminos que estaban emboscados, sino que prefirió tomar otra dirección, pasando inadvertido en la oscuridad de la noche, y se dirigió hacia las puertas. [12] En medio del alboroto, algunos pudieron entrar en la ciudad sin ser vistos, como si pertenecieran al ejército de [13] Caridemo. Pero entonces, antes de que pudieran entrar más hombres, fueron reconocidos por su consigna; unos cuantos fueron rechazados, mientras otros perecieron ante las puertas, ya que la consigna de aquéllos era Tindáridas, [14] mientras la suya era Dioscuros. Por todo ello, resultó que la ciudad no fue inmediatamente reconquistada por Atenodoro en aquella misma noche.

Lo cierto es que se debe transmitir una señal que sea fácil de recordar y lo más apropiada a los hechos que van a tener lugar: por ejemplo, para los que van cazar, Ártemis [15] la cazadora 137 ; para una empresa clandestina, Hermes el artero; para una acción violenta, Heracles; para los ataques abiertos, Sol y Luna; y, en tanto sea posible, palabras similares a éstas y de uso común. Ifícrates 138 ordenó que [16] el soldado de ronda y el centinela no tuviesen la misma consigna, sino una diferente para cada uno, a fin de que el primero respondiera cuando se le preguntara Zeus Salvador (si se da la circunstancia de que es ésta) y el otro, a su vez, respondiera Posidón. De esta manera correrían un riesgo menor de ser engañados por los enemigos y de que la consigna fuera difundida por los desertores.

Cuando los guardias estén separados unos de otros, deben [17] servirse, para comunicarse entre ellos, de un silbido previamente acordado, pues para los demás, excepto para quien la conozca, la señal resultará desconocida, ya sean griegos o bárbaros. No obstante, hay que tomar precauciones [18] con los perros, para evitar que, al oír el silbido, causen problemas. También en Tebas 139 se sirvieron de este procedimiento, cuando, tras tomar la Cadmea, quedaron dispersos durante la noche y no podían reconocerse unos a otros; pero, con la ayuda del silbido, pudieron reunirse.

[19] Las rondas y los centinelas deben preguntarse la consigna simultáneamente: no es conveniente que solamente uno pregunte al otro, pues también el enemigo podría hacerlo, en caso de hacerse pasar por una ronda.

XV

[CONTRASEÑAS]

[1] Hay quienes hacen uso de las contraseñas para prevenir las situaciones de pánico y para poder reconocer mejor a [2] los suyos. Éstas deben ser, en la medida de lo posible, muy singulares y muy difíciles de reconocer por el enemigo. Pueden ser las siguientes:

En las noches oscuras, hay que pedir la consigna y emitir algún sonido o, simplemente, hacer algún ruido 140 , y el hombre interrogado debe responder dando la consigna y emitir también algún sonido acordado con anterioridad o que haga algún ruido 141 . Por otro lado, en las horas de claridad, quien pida la consigna debe quitarse el gorro 142 [3] o ponérselo si lo lleva en la mano; también puede ponerse el gorro sobre su rostro y luego apartarlo, o puede, [4] también, clavar la lanza en el suelo al acercarse, pasársela a la mano izquierda, mantenerla alzada en su mano o levantarla. La persona interrogada, debe responder dando la consigna y hacer cualquiera de estos gestos previamente acordados.

XXVI

[RONDAS]

En momentos de peligro, es primordial que dos batallones 143 [1] de los que se encuentran reunidos en el ágora realicen las rondas alternativamente, uno tras otro, al pie de la muralla, pertrechados con las armas disponibles y provistos de contraseñas, para que se reconozcan sin error posible desde la mayor distancia. Y aquellos que patrullen [2] durante la primera guardia, deben hacerlo antes de comer 144 , pues los que realizan la primera patrulla justo después de comer suelen ser más descuidados e indisciplinados. Por otro lado, han de patrullar sin linterna, a menos que [3] la noche sea demasiada fría y oscura. De no ser así, la linterna debe alumbrar de este modo: la luz ha de proyectarse no hacia arriba (cubridla con cualquier cosa), sino solamente hacia el suelo y delante de los pies 145 . En una [4] ciudad rica en caballos, se pueden hacer las rondas con jinetes durante el invierno, pues la patrulla terminará más pronto en época de frío, barro y de largas noches 146 . [5] Si, al mismo tiempo, otros patrullan sobre la muralla, [es necesario distribuirlos] 147 de manera que unos inspeccionen la parte exterior de la muralla y otros la parte interior. [6] En las noches oscuras, deberían llevar piedras al hacer la ronda y lanzarlas, una tras otra, a la parte exterior de la muralla. Pero hay quienes no aprueban este procedimiento [7] por los motivos anteriormente citados 148 . En el caso de que los ciudadanos desconfíen unos de otros *** 149 , las rondas deben hacerse en la parte baja de la muralla y nadie, excepto los centinelas, debe subir.

Si el ejército está en mal estado, tras haber sufrido una derrota en combate, o está desmoralizado y abatido por el gran número de bajas causadas por las heridas recibidas, por la defección de los aliados o por cualquier otro contratiempo, y está en peligro por la proximidad de los enemigos, se deben poner en práctica las directrices prescritas [8] con relación a las guardias. Conviene 150 , en tales ocasiones, que las rondas sean frecuentes, pero no se debe poner excesivo celo en encontrar a algunos de los centinelas en franca despreocupación, debido al sueño o a la fatiga. Ciertamente, no es oportuno que un ejército que se encuentra [9] en tal disposición aumente más su desánimo (es natural que un hombre se desmoralice cuando se le descubre comentiendo una falta); en tales ocasiones, la aproximación de las patrullas debe ser manifiesa desde una gran distancia, gritando desde lejos, para que el centinela se despierte si está dormido y se prepare para responder la contraseña. En este caso, es preferible que el propio estratego, [10] con los mismos soldados de élite 151 , haga la ronda con cuidado. Si la disposición del ejército es contraria, debe inspeccionar 152 a los guardias de modo más enérgico. El estratego no ha de hacer jamás la ronda a la misma [11] hora, sino que ha de cambiarla constantemente, para evitar que los soldados, al conocer con mucha antelación la llegada del general, vigilen con especial cuidado durante esta hora.

Algunos aceptan el siguiente plan, que ciertas personas [12] recomiendan y aconsejan. Si el comandante 153 de la ciudad no quiere hacer la ronda por algún temor o por enfermedad, pero desea saber quién descuida la vigilancia en [13] cada guardia, debe hacer lo siguiente: hay que disponer previamente que todos los guardias estacionados sobre la muralla tengan una literna y que en dirección a uno de ellos todos los centinelas alcen las suyas. Debe ser alzada desde un lugar que sea visible a todos los guardias de la [14] muralla 154 . En el caso de que no exista tal lugar, debe prepararse, con cualquier material, una elevación lo más alta posible. A continuación, la lámpara debe ser alzada desde allí y los demás, en respuesta, deben alzar la suya hacia dicho lugar, uno por uno. Posteriormente, se procederá a su recuento para saber si todos los centinelas han respondido o si falta alguno.

XXVII

[DE LAS SITUACIONES DE PÁNICO] 155

[1] En cuanto a los alborotos y a los tumultos que se producen súbitamente en la ciudad, de día o de noche, y que algunos denominan pánicos (es un término peloponesio y, sobre todo, arcadio 156 ), contra estos fenómenos, pues, hacen algunos las siguientes recomendaciones para hacerlos cesar. Hay que convenir previamente con los habitantes [2] de la ciudad señales que reconocerán nada más verlas. He aquí cómo sabrán que hay una situación de pánico: serán apercibidos por medio de un fuego convenido con anterioridad, que esté situado en un lugar bien visible, en lo posible, a todos los habitantes. Pero el mejor sistema es [3] ordenar con antelación, a los soldados que sientan temor, que permanezcan en su posición y canten el peán 157 , o bien, que digan que hay una situación de pánico y, el que lo escuche, que lo comunique al hombre más próximo. Si [4] en alguna parte del ejército no se responde al peán, se sabrá que allí reina el miedo. Pero, si el estratego se apercibe de una circunstancia alarmante, debe darse la señal con la trompeta: ello será entendido como una señal de alarma ante el enemigo. Los temores sobrevienen con mayor frecuencia después de una derrota en combate, en ocasiones de día, pero con mayor frecuencia de noche. Para prevenir [5] que esto ocurra a menudo, se debe ordenar a todos los soldados que, durante la noche, permanezcan armados tanto tiempo como resulte posible, como si algo fuera a suceder [6] en su entorno. En efecto, es natural que, al hacerles esta advertencia, si algo ocurre, no se encuentren desprevenidos ni se espanten por un temor súbito y perezcan.

[7] Éufratas 158 , harmosta laconio en Tracia, al ver que en su ejército se producían reiteradamente situaciones de pánico nocturnas y que no podía poner fin a ellos de ninguna manera, dio las siguientes instrucciones para la noche: [8] en caso de alarma, que los hombres se sentaran inmediatamente en sus camas, con sus armas a mano, y que nadie se levantara; y ordenó que trataran como a un enemigo [9] a todo hombre al que vieran levantarse. De esta manera, pensaba que, por temor a este mandato, nadie lo olvidaría. Por otra parte, para que la orden comportara de veras temor, tras producirse un alboroto, uno de los mejores hombres recibió una herida, aunque no mortal, mientras uno [10] de los peores recibió una que sí le causó la muerte. Como consecuencia de ello, los hombres obedecieron y, tomando las precauciones precisas, finalizaron los altercados y dejaron de levantarse de la cama asustados.

[11] También cesaron los pánicos con el siguiente procedimiento 159 : en un campamento en el que, una noche, hubo alboroto, un heraldo, tras ordenar silencio, anunció que, quien denunciara al hombre que había dejado escapar un caballo, causante del incidente, [recibiría una recompensa] 160 .

Si un ejército está sometido a tales contratiempos durante [12] la noche, deben ser apostados en cada guardia, en los flancos y en el centro, soldados de cada batallón o cuerpo de ejército, para que pongan especial ciudado en que, si se descubre a alguien causando alboroto, por el sueño o por otra circunstancia, el que esté presente lo detenga y le ponga fin de inmediato. Y, entre el resto de la tropa, [13] un hombre de cada sissition 161 debe montar guardia, para que, en caso de alarma, cada uno de ellos ponga fin a los temores de los hombres de su destacamento, sabedores de que carecen de fundamento.

El propio estratego puede promover un altercado en [14] el ejército enemigo durante la noche, provocando la salida en estampida hacia su campamento de rebaños de terneras con cencerros y de otras bestias, después de haberles hecho beber vino 162 .

[TOQUE DE DIANA]

Cuando se haga de día, es menester que los guardias [15] no abandonen inmediatamente sus puestos, antes de que hayan sido explorados los alrededores y se compruebe que están libres de enemigos. Entonces los guardias deben partir, no todos al mismo tiempo, sino por grupos, para que siempre permanezca alguien en su puesto.

XXVIII

[DE LA GUARDIA DE LAS PUERTAS]

[1] Cuando la ciudad se encuentre en estado de alarma, hay que tomar las siguientes precauciones: todas las puertas han de estar cerradas excepto una, que quedará abierta en el lugar de la ciudad de más difícil acceso y desde el cual pueda verse desde mayor distancia a los que se aproximan; [2] en ella debe haber un postigo a través del cual los hombres puedan entrar y salir de uno en uno. De esta manera, será más difícil que se produzca una deserción o la entrada de un espía sin ser visto, siempre que el portero [3] sea precavido. Es peligroso abrir toda la puerta para la entrada de bestias, carros y mercancías. Y si es imprescindible introducir con urgencia en la ciudad trigo, aceite, vino o suministros similares, por medio de carros o de un pelotón de hombres, hay que transportarlos por las puertas más cercanas [...] y podrán ser introducidos con mayor [4] rapidez y comodidad. Generalmente, no se deben abrir las puertas antes del alba sin tomar precauciones; su apertura debe hacerse más tarde y no se debe permitir que nadie salga fuera antes de ser inspeccionados los alrededores de la ciudad 163 . Asimismo, las naves 164 no deben ser reunidas en las cercanías de las puertas, sino más lejos, puesto que muchas conspiraciones han acontecido ya de día, después de haber sido abiertas ambas puertas por medio de artimañas y bajo pretextos como los siguientes: con un sólo suceso se comprenderán muchos otros realizados de manera análoga.

Pitón de Clazómenas 165 , que tenía algunos partidarios [5] en la ciudad, aguardó con prevención el momento del día de mayor tranquilidad y tomó Clazómenas con la ayuda de unos carros que, de acuerdo con el plan acordado, transportaban unas tinajas: estos carros se estacionaron ante las puertas; entre tanto, unos mercenarios que aguardaban ocultos a no mucha distancia de la ciudad, entraron por ellas y se apoderaron de la ciudad, al pasar inadvertidos a una parte de los ciudadanos, tomar ventaja a otros y por contar, además, con algunos colaboradores dentro de la ciudad 166 .

Ifíades de Abidos 167 , en el Helesponto, durante la captura [6] de Parion, realizó en secreto diferentes preparativos para la escalada del muro durante la noche y, cuando ya estaban cerradas las puertas, envió hacia los muros carros cargados con leña y zarzas, haciéndoles creer que pertenecían a Parion; estos carros, después de su llegada, fueron estacionados ante las puertas, simulando temor al enemigo. [7] En el momento oportuno, debían ser quemados para que ardieran las puertas y, cuando los habitantes de Parion acudieran a apagar el fuego, el propio Ifíades pudiera entrar por otro lugar.

A mí me parece que debo recoger por escrito estos preceptos para mostrar las distintas precauciones que hay que tomar y las ocasiones en que es pertinente hacerlo, con el objeto de que nadie acepte cualquier cosa sin el debido examen.

XXIX

[INTRODUCCIÓN SECRETA DE ARMAS]

[1] Ahora paso a dar una serie de explicaciones sobre la importación a la ciudad de recipientes y cargamentos que puedan contener algo oculto; ello ha sido, en anteriores ocasiones, la causa de que una ciudad y su acrópolis fueran [2] conquistadas. Es preciso estar precavido y no tratar a la ligera estos asuntos, especialmente el portero, cuando, en ocasiones, se teme un ataque desde fuera o desde dentro. Éste debe prestar atención a todos los objetos que son [3] introducidos. Citaré como ejemplo cómo se llevó a cabo una traición. Una ciudad 168 fue conquistada con la complicidad de algunos de sus habitantes, durante una fiesta pública, del modo siguiente.

En primer lugar, para los extranjeros 169 que, en previsión [4] de futuros planes, ya se habían instalado en la ciudad, y para los ciudadanos desarmados que eran cómplices, se introdujeron corazas de lino, cascos, armas, grebas, espadas cortas, arcos y flechas, camuflados en cajas destinadas al comercio, entre mantas y otras mercancías. Los comisaríos [5] del puerto 170 , tras haberlas abierto y ver que sólo había mantas, las sellaron en espera de que los importadores las tasaran. Estas cajas fueron depositadas en el lugar que [6] les correspondía, cerca del ágora. Se introdujeron lanzas y dardos entre remos, esteras y velas medio abiertas, y fueron puestos, sin levantar sospecha, donde más le convenía a cada uno. En recipientes de paja y de lana, iban ocultas rodelas 171 y pequeños escudos entre la paja y la lana; otras armas de menor volumen iban ocultas en cestos llenos de uva pasas e higos, y las dagas, en ánforas de grano, higos secos y olivas. Se introdujeron dagas desenvainadas en melones [7] maduros, tras haberles quitado las pepitas del interior. El instigador y cabecilla de la conspiración fue transportado desde fuera dentro de un cargamento de leña. [8] Cuando cayó la noche, los atacantes se reunieron, tras haber aguardado cada uno el momento oportuno, una vez que el resto de los ciudadanos estuvieron completamente ebrios, como suele suceder en días de fiesta. En primer lugar, fue desatado el cargamento de leña y el cabecilla de la conspiración salió ya preparado. Posteriormente, unos cuantos desplegaron los remos para coger las lanzas y los dardos, otros [vaciaron] 172 los recipientes de paja y de lana, algunos cortaron los cestos y otros abrieron las cajas y tomaron las armas, mientras otro grupo rompía las ánforas para hacer más rápida la recogida de las dagas. [9] Todo esto se hacía simultáneamente y en lugares próximos uno de otro, a una señal dada desde la ciudad, como si [10] se tratara de una formación de combate. Cuando cada hombre estuvo equipado con las armas apropiadas, un grupo se dirigió a tomar las torres y puertas a través de las cuales dieron entrada a los demás; otro grupo se dirigió hacia la residencia de los oficiales y hacia las casas situadas enfrente; el resto se apoderó de otras posiciones.

[11] Ante circunstancias similares a las mencionadas, ciertos hombres que necesitaban escudos y no podían disponer de ellos de ninguna manera, ni importarlos, hicieron llegar grandes cantidades de mimbre junto a artesanos del mimbre 173 . [12] Y, a la luz del día, trenzaban cestos, mientras por las noches fabricaban armas, cascos y escudos, a los que ceñían brazales 174 de cuero y de madera.

Asimismo, es menester que no queden sin vigilancia los barcos que llegan por mar 175 , de noche o de día, ni grandes ni pequeños; por el contrario, los guardias del puerto 176 y los superintendentes de marina 177 , deben subir a bordo e inspecccionar personalmente las mercancías, teniendo en cuenta que los de Sición 178 sufrieron graves daños por no tomar tales precauciones.

XXX

[DE LA IMPORTACIÓN DE ARMAS] 179

Hay que tomar precauciones también ante la importanción [1] de armas para la venta y expuestas en el ágora, las que hay en las tiendas y bazares, cuyo número podría ser considerable si fueran reunidas juntas, para evitar que estén a disposición de cualquiera de los que desean promover una revolución. En efecto, es inútil confiscar las armas [2] de todos los hombres que lleguen a la ciudad 180 , mientras en el ágora y en las hospederías 181 se encuentran reunidos cestos llenos de pequeños escudos y cajas de dagas. En consecuencia, es necesario que las armas importadas de fuera y reunidas, no sean puestas a la venta en el ágora, ni sean dejadas durante la noche en cualquier parte, sino que, con la excepción de la muestra, debe ser requerido un permiso oficial antes de que la totalidad de la mercancía sea puesta a la venta 182 .

XXXI

[DE LOS MENSAJES SECRETOS] 183

[1] Por lo que respecta a los mensajes secretos, existen múltiples formas de envío, pero es imprescindible que previamente exista un acuerdo privado entre el que lo envía y el que lo recibe. He aquí los que, con mayor seguridad, pueden pasar inadvertidos.

[2] Un mensaje fue enviado del modo siguente: un rollo de papiro 184 o algún otro documento, de cualquier tamaño y antigüedad, fue puesto entre equipajes y otros aparejos. En él se había escrito un mensaje, marcando las letras de la primera, de la segunda o de la tercera línea, con punzadas minúsculas y sólo inteligibles para el receptor del mensaje. A continuación, una vez que el papiro hubo llegado al interesado, éste hizo una transcripción y, tras anotar, una tras otra, la letras marcadas de la primera línea, de la segunda y de las restantes, por el mismo procedimiento, descubrió el mensaje. Si se quiere enviar un mensaje [3] breve, se puede utilizar el siguiente método, similar al anterior. Una vez que se haya escrito intrascendentemente con mayor extensión sobre cualquier asunto, hay que hacer lo mismo que en el caso anterior, marcando aquellas letras a través de las cuales se podrá dar a conocer lo que se desee. La inscripción debe ser lo menos evidente posible, con punzadas separadas una de otra o con los trazos de las letras más alargados. Este procedimiento no levantará sospecha alguna a los demás, en tanto que el mensaje resultará fácilmente descifrable para su destinatario. También puede enviarse a un hombre con un mensaje o [4] una carta sobre asuntos generales no confidenciales. Después, cuando vaya a partir, debe ocultar en secreto un mensaje en la suela de sus sandalias 185 y coserlo, pero, en previsión del agua y del barro, ha de ser escrito en una fina lámina de estaño, con el objeto de que las letras no se borren con el agua. Una vez que el mensajero llegue [4a] a su destino y descanse durante la noche, el destinatario debe desatar las costuras de las sandalias, tomar el mensaje y leerlo, y, después de escribir —mientras el mensajero está todavía durmiendo— la respuesta en secreto, y tras haberlo cosido de nuevo, debe volver a enviar a este hombre con otro escrito de respuesta o cualquier otro documento [5] para llevarlo abiertamente. De este modo, ni el portador del mensaje ni ninguna otra persona estará al corriente del mismo. No obstante, es menester que las costuras de las suelas queden lo más ocultas posible.

[6] Un escrito fue llevado a Éfeso del modo siguiente: un hombre fue enviado con una carta escrita en hojas de árbol, hojas que estaban sujetas a una herida que tenía en [7] la pierna. Un escrito también puede ser transportado en las orejas de las mujeres, llevando, a modo de pendientes, finas láminas de plomo enrolladas.

[8] Una carta relativa a una conspiración fue introducida por un sedicioso en el campamento de los enemigos, situado frente a la ciudad, de esta manera: cuando los jinetes salían de la ciudad para forrajear 186 dentro de las líneas enemigas, a uno de ellos le fue cosido un papiro bajo las aletas de la coraza. Se le dio la orden de que, si aparecía ante él alguno de los enemigos, cayera de su caballo simulando un accidente, y se dejase hacer prisionero; posteriormente, una vez en el campamento, debía entregar el papiro a su destinatario. El jinete obedeció como un hermano a su hermano 187 .

[9] Otro envió fuera un jinete con un papiro cosido a las riendas del freno.

He aquí otro suceso a propósito de una carta. Durante el asedio de una ciudad 188 , cuando el portador de las cartas entró en ella, no las entregó al traidor ni a los demás destinatarios, sino que se dirigió al comandante en jefe de la ciudad para denunciar el asunto, y le entregó las cartas. Aquél, tras escucharle, le ordenó que entregara las cartas [9a] a sus destinatarios, pero, en caso de que fuera cierto lo que denunciaba, que le trajera sus respuestas. Y el denunciante así lo hizo. Tras recibir el magistrado dichas cartas, llamó a los personajes en cuestión y les mostró las señales de los sellos que reconocieron como suyas, y, desatando los rollos de papiro, descubrió el complot. Parece evidente [9b] que lo descubrió con habilidad al no detener las cartas enviadas, pues a ellos les hubiera sido posible negarlo y afirmar que eran objeto de las asechanzas de alguien. Mas, por haber interceptado las cartas enviadas en respuesta, pudo demostrar su culpabilidad sin posibilidad de réplica.

Los mensajes también pueden ser transmitidos de esta [10] manera. Hay que sacar una vejiga inflada y atada fuertemente, que tenga las mismas dimensiones que un lecito del tamaño escogido, dependiendo de la extensión de lo que se va a escribir; a continuación, hay que escribir sobre ella lo que se desee con tinta negra mezclada con goma 189 . Cuando las letras estén secas, hay que desinflar la vejiga 11 y ponerla dentro del lecito, bien comprimida; no obstante, la boca de la vejiga debe sobrepasar a la del lecito. Seguidamente, [12] tras haber inflado la vejiga dentro del lecito, para estirarla cuando sea posible, y tras haberla llenado de aceite, hay que cortar la parte de la vejiga que sobresale del lecito y ajustarla a la boca, para que pase inadvertida, y, después de llenarla hasta el borde, hay que transpórtala sin esconderla. En efecto, el aceite será visible en el lecito [13] y ninguna otra cosa se verá en su interior. Cuando llegue ante el hombre al que va destinada, tras vaciar el aceite, se podrá leer el mensaje inflando la vejiga. Y, después de lavarla con una espoja, debe escribir la respuesta en ella, siguiendo el mismo procedimiento, y debe enviarla de regreso.

[14] También se ha dado el caso de que alguien, tras escribir un mensaje sobre una tablilla de madera, derritió cera sobre ella y escribió cualquier otra inscripción sobre la cera 190 . Después, cuando llegó ante la persona deseada, una vez hubo raspado la cera y hubo leído la tablilla, escribió la respuesta y la envió de nuevo, siguiendo el mismo método. Es posible escribir, también, en una tablilla de boj 191 con tinta de la mejor calidad, dejarla secar y después hacer invisibles las letras pintándola de blanco. Entonces, cuando llegue a su destinatario, debe tomar la tablilla y ponerla en agua; efectivamente, dentro del agua aparecerá de manera [15] diáfana todo lo que está escrito. Igualmente, se puede escribir todo lo que se desee en una tablilla votiva dedicada a un héroe. A continuación, hay que pintarla de blanco y, una vez seca, dibujar un jinete refulgente o cualquier imagen, en la que la vestimenta y el caballo estén pintados de blanco; o si no es blanco, de otro color excepto el negro 192 . Posteriormente hay que entregarlo a alguien para que lo cuelgue en cualquier templo que esté ubicado cerca de la ciudad, como si fuera un ofrecimiento votivo. Conviene [16] que el destinatario del escrito, una vez que haya llegado al templo y haya reconocido la tablilla por una contraseña acordada previamente, la lleve a casa y la ponga en aceite: entonces aparecerá todo el escrito.

Pasaré ahora a explicar 193 el método de transmisión más secreto, pero, a la vez, el más laborioso, sin utilizar letras. Es el siguiente:

Haced venticuatro agujeros en un astrágalo 194 de tamaño [17] considerable, seis en cada lado; cada agujero ha de representar una letra. Recordad desde qué lado comienza [18] la alfa y las letras siguientes escritas en cada lado. A continuación, cuando deseéis componer una palabra con ellas, haced pasar un hilo de lino; por ejemplo, si queréis que con la introducción del hilo de lino se exprese ΑΙΝΕIΑΝ 195 , tras haber comenzado desde el lado en que está la alfa, hacedlo pasar y, dejando a un lado las letras que están a continuación, cuando lleguéis al lado en el que está la iota, hacedlo pasar de nuevo; y, dejando a un lado las siguientes, hacedlo pasar por donde se encuentre la ny; y, dejando a un lado una vez más las siguientes, haced pasar el hilo de lino por donde esté la ei 196 , [...] y, transcribiendo así el resto del escrito, hacedlo pasar por los agujeros, siguiendo el mismo procedimiento que, al principio, hicimos [19] servir para el nombre. Lógicamente, habrá un ovillo de lino enrollado alrededor del astrágalo y será necesario que quien lo descifre vaya transcribiendo en una tablilla las letras reveladas por los agujeros. La rebobinación del hilo debe hacerse en sentido inverso a la devanación. El hecho de que las letras estén transcritas a la inversa en la tablilla carece de importancia, pues no por ello será menos inteligible. No obstante, la tarea de descifrar el mensaje conlleva mayor esfuerzo que el de su preparación. [20] Ésta sería más sencilla si la pieza de madera tuviera un palmo de extensión 197 , con tantos agujeros como letras tiene el alfabeto; entonces, haced pasar un hilo por los agujeros de manera análoga. Cada vez que haya que pasar dos veces por el mismo agujero, porque la misma letra está escrita dos veces seguidas, haced pasar el hilo tras liarlo alrededor de las tablilla. También se puede hacer de este [21] modo: en lugar del astrágalo y la tablilla de madera, haced un disco de madera pulida y perforad en él las veinticuatro letras del alfabeto, una tras otra. Con objeto de evitar sospechas, haced otras perforaciones en el centro del disco y entonces haced pasar el hilo de la misma manera por las letras dispuestas en orden. Cada vez que se escriba dos [22] veces la misma letra, haced pasar el hilo por los agujeros del centro, antes de volver a pasarlo por la misma letra. Por letra entiendo agujero.

Algunas personas, después de haber escrito en un papiro [23] lo más fino posible largas líneas con letras pequeñas, a fin de que el mensaje tuviera menos volumen, lo colocaron sobre el hombro de la túnica y replegaron la túnica 198 sobre el hombro. Naturalmente, la transmisión del mensaje no parece levantar sospechas si se viste una túnica y se lleva de esta manera.

Sin embargo, hay pruebas evidentes de que es difícil [24] prevenir la introducción premeditada de objetos. Los habitantes de Ilión, por ejemplo, [...] después de tanto tiempo y de estar tan preparados, no son todavía capaces de evitar la entrada de las vírgenes locrias dentro de la ciudad, a pesar de que ponen un gran empeño en la vigilancia: mas, un puñado de hombres, poniendo su empeño en pasar desapercibidos, han podido introducir periódicamente, a estas muchachas sin ser vistos 199 .

[25] En época de nuestros antepasados 200 , se tramó una vez el siguiente ardid: en efecto, cuando Timóxeno quería entregar Potidea a Artabazo, uno y otro convinieron con anterioridad dos lugares, uno en la ciudad y otro en el campamento, [26] hacia los cuales solían lanzar una flecha 201 que llevaba la información que deseaban comunicarse. He aquí el procedimiento seguido: tras enrollar en la muesca un documento y emplumar la flecha, disparaban hacia el [27] lugar previamente acordado. Pero se descubrió que Timóxeno traicionaba a Potidea, pues Artabazo, al disparar hacia este lugar, erró el disparo por causa del viento y de una emplumación inadecuada, e hirió en el hombro a un habitante de Potidea. Como suele suceder en tiempos de guerra, una muchedumbre se aglomeró en torno al herido. Al punto, recogieron la flecha y la llevaron al estratego, y así la conspiración quedó al descubierto.

[28] Cuando Histieo de Mileto 202 deseaba transmitir a Aristágoras la señal para sublevarse, no contaba con ningún medio de hacerlo con garantías, ya que los caminos estaban vigilados y no era fácil llevar el mensaje sin ser descubierto; no obstante, tras rasurar al más fiel de sus esclavos, lo tatuó y aguardó a que los cabellos le crecieran de [29] nuevo. Tan pronto como crecieron, lo envió a Mileto, con la única instrucción de que, cuando llegara a Mileto y estuviera en presencia de Aristágoras, le invitara a que le rasurase la cabeza y la examinara. El tatuaje indicaba lo que se debía hacer.

También se puede escribir así: una vez que se hayan [30] convenido previamente la expresión de las vocales por medio de puntos, hay que poner en el escrito tantos puntos como corresponda a cada una. Por ejemplo: Dionisio está [31] bien. — Que venga Heráclides 203 .


He aquí otro sistema: en lugar de las vocales poner cualquier otro signo.

O también el siguiente: las cartas enviadas deben ser depositadas en un lugar [convenido con el receptor] 204 . El destinatario sabrá que ha llegado una carta para él y que se encuentra en el lugar convenido, cuando este hombre llegue a la ciudad y compre o venda cualquier cosa. Por este sistema, ni el portador del mensaje sabe a quién se lo ha llevado, ni se sabrá que el destinatario lo recibe.

En el Epiro, muchos se sirvieron a menudo de un perro 205 [32] del modo siguiente. Después de llevarlo atado fuera, le pusieron alrededor del cuello una correa de cuqro, dentro de la cual iba cosida una carta. Posteriormente, durante la noche o el día, le dejaron retornar hacia aquella persona a la que era seguro que se dirigiría, esto es, aquel de quien lo habían tomado. Este método también es usado en Tesalia.

[33] Los escritos deben ser abiertos tan pronto como lleguen. Astianacte, tirano de Lámpsaco 206 , a quien había sido enviada una carta en la que se anunciaba una conspiración por la que iba a ser asesinado, pereció con la carta en la mano, porque no la abrió al momento ni leyó su contenido, sino que se despreocupó de ella, prefiriendo ocuparse [34] antes de otros asuntos. Por la misma causa, fue tomada en Tebas la ciudadela de Cadmea 207 y en Mitilene de Lesbos ocurrió algo similar 208 .

[35] Cuando Glus 209 , navarca del Gran Rey, llegó a su presencia, dado que no le era posible llegar ante él con noticias en un rollo de papiro (y debía comunicarle numerosos e importantes asuntos), escribió en los pliegues de los dedos de su mano las cuestiones que tenían que tratar.

El centinela de la puerta debe esforzarse en el cuidado de tales asuntos, para que nada de lo que es introducido en la ciudad le pase inadvertido, ni armas ni escritos.

XXXII

[MÁQUINAS PARA REPELER LOS ASALTOS] 210

Haré mención, a continuación, a cómo hay que enfrentarse [1] a los asaltos de los enemigos con máquinas de guerra 211 o con tropas.

En primer lugar, contra los objetos que se eleven por encima de la muralla desde torres 212 , mástiles o máquinas similares, deben colocarse, con la ayuda de cabrestantes, velas recubiertas con sustancias impenetrables que obligaría a los proyectiles a sobrepasarlas 213 . Y, entre otras cosas, también sería conveniente hacer mucho humo por debajo de ellas, con materiales que provoquen una gran humareda, [2] e incendiar aquellos que más se inflamen. Hay que levantar en defensa torres de madera u otras elevaciones hechas con cestos llenos de arena 214 , con piedras o con ladrillos. Pueden detener también los proyectiles esteras de [3] paja 215 dispuestas vertical y transversalmente. Se deben preparar, asimismo, las protecciones contra las máquinas, el ariete 216 y otros ingenios del mismo género, dispuestos para atacar las almenas; hay que colgar previamente sacos llenos de paja, talegas llenas de lana y pieles de bueyes recién desollados, infladas o llenas de cualquier material, y otros objetos [4] similares. Y, cuando el ariete esté derribando la puerta o alguna otra parte de la muralla, se debe coger la cabeza del mismo con una cuerda, para evitar que la máquina pueda seguir golpeándola 217 . Hay que tener preparada una [5] piedra, de un tamaño tan grande como para llenar un carro, con el objeto de que, al soltarla, caiga sobre el trépano 218 y lo rompa; hay que dejar caer la piedra desde vigas que sobresalgan sujetas por cangrejos 219 . A fin de que la [6] piedra no falle el golpe al caer sobre el trépano, se debe suspender previamente un plomo y, cuando caiga sobre el trépano, soltar inmediatamente la piedra.

He aquí la mejor medida contra las máquinas que golpean [7] la muralla. Cuando sepáis contra qué parte de la muralla se va a dirigir el ataque, hay que preparar en el mismo punto un contra- ariete desde dentro de la muralla, perforándola únicamente hasta la última hilera de piedras, para que los enemigos no lo descubran con antelación. Cuando la máquina esté cerca, hay que golpear desde dentro con el contra- ariete, que debe ser mucho más poderoso.

Contra las máquinas de gran tamaño, en las que se [8] transportan muchos hombres, y desde las cuales, sobre todo las catapultas 220 y las hondas, lanzan proyectiles y flechas incendiarias sobre las casas cubiertas de caña, contra estas máquinas, digo, es necesario, en primer lugar, que los defensores de la ciudad minen en secreto las vías por donde se aproximan, con la finalidad de que sus ruedas, al caer en las excavaciones, se hundan. A continuación, desde dentro, hay que levantar en su contra parapetos, hechos con esteras llenas de arena y piedras que se tengan a mano, los cuales permitirán dominar a la máquina e inutilizarán [9] los proyectiles de los enemigos. Al mismo tiempo, hay que tender espesas cortinas y velas como protección contra los proyectiles: podrán detener a aquellos que sobrepasen el muro y permitirán recogerlos con facilidad, sin [10] que ninguno caiga por tierra. Conviene hacer lo mismo en cualquier otra parte de la muralla, donde los proyectiles que la sobrepasen puedan dañar o herir a los que están de servicio y pasan por ella.

[11] En aquel punto de la muralla al que el enemigo haya acercado una tortuga 221 que pueda perforarla o derribar una parte, es preciso tener preparado un contraataque. [ 12] Contra la perforación de la muralla, hay que hacer un gran fuego; contra la caída de la muralla, hay que excavar un foso interior, para evitar que puedan entrar; y, simultáneamente, hay que levantar un contra - muro construido en el lugar que ha sido destruido, antes de que caiga, si es que no se les puede detener por otro procedimiento 222 .

XXXIII

[INCENDIOS]

Sobre las tortugas que han sido avanzadas por el enemigo, [1] se debe poner pez, estopa y azufre 223 ; a continuación, tras haber atado un haz de leña y haberle prendido fuego, hay que lanzarlo con una cuerda sobre la tortuga. Materiales similares a éstos pueden ser suspendidos desde la muralla y arrojados contra las máquinas que se aproximan 224 . Es menester prenderles fuego del modo siguiente.

Preparad palos parecidos a los mazos de mortero 225 [2] pero de un tamaño mayor; en los extremos del palo clavad puntas de hierro, unas grandes, otras más pequeñas, y en el resto del palo, arriba y abajo, atad, por separado, preparados altamente incendiarios. Su apariencia debe ser similar a la de un rayo como los representados en las pinturas. Este preparado debe ser lanzado contra la máquina que se esté aproximando, dipuesto de manera que quede fijado sobre la máquina y que el fuego, como está clavado, se mantenga.

[3] Posteriormente, en el caso de que algunas torres 226 de la ciudad o alguna parte de la muralla sean de madera, hay que cubrir las almenas con fieltro 227 o cuero, para [4] evitar que puedan ser incediadas por los enemigos. Si las puertas son incediadas, hay que llevar madera y arrojarla para hacer un fuego todavía mayor, hasta que podáis excavar una fosa dentro y contruir un muro defensivo con lo que tengáis a mano; si no hay materiales a disposición, derribad las casas más cercanas.

XXXIV

[PROCEDIMIENTOS DE EXTINCIÓN CONTRA INCENDIOS]

[1] Si los enemigos intentan quemar cualquier construcción con una preparación altamente incendiaria, hay que apagarlo con vinagre 228 , pues así no será fácil que se reavive de nuevo. No obstante, es mejor embadurnarlo previamente con aceite, dado que el fuego no prende en él. Quienes [2] apaguen el incendio desde posiciones elevadas, deben tener una protección en el rostro, con el objeto de que sufran un daño menor cuando el calor de las llamas les afecte.

XXXV

[MATERIALES INFLAMABLES] 229

Uno mismo puede preparar un fuego intenso y que nunca se apague, de la siguiente manera: quemad una mezcla de pez, azufre, estopa, incienso molido y serrín de pino, y llevadla en recipientes si queréis quemar cualquier obra de los enemigos.

XXXVI

[OBSTÁCULOS CONTRA LA APROXIMACIÓN DE ESCALERAS]

He aquí cómo hay que defenderse de la aproximación [1] de escaleras, Si la escalera, una vez colocada, sobrepasa la muralla, cuando el hombre que sube esté en lo alto, se debe empujar a éste o a la escalera con un palo en forma de horca, en el caso de que no se le pueda detener de otra manera debido a la fechas que son lanzadas desde [2] abajo. Por otra parte, si la escalera es de una altura similar a la muralla, no es posible quitarla, si bien es preciso repeler a los que la escalan. Mas, si esto no parece factible, se debe construir un panel similar a una puerta hecha de tablillas; después, cuando la escalera sea aproximada, hay que colocarlo como punto de apoyo de ésta; una vez que la escalera se acerque al panel, al retirarlo poco a poco, la escalera cae indefectiblemente, si, previamente, se ha colocado bajo ella un rodillo, y será imposible volver a colocarla en posición 230 .

XXXVII

[DETECCIÓN Y PREVENCIÓN DE OPERACIONES DE MINADO]

[1] He aquí cómo hay que impedir los trabajos de quienes construyen minas. Si tenéis la certeza de que se están construyendo minas, hay que excavar una fosa lo más profunda posible en la parte exterior de la muralla 231 , con la finalidad de que la mina desemboque en ella y queden a la [2] vista los zapadores. Si está en vuestra mano, debéis construir también un muro en esta fosa, con piedras muy firmes y de gran tamaño. Pero si no contáis con piedras para construirlo, debéis reunir piezas de madera [...] y, si la [3] mina cae en algún punto de la fosa, arrojad allí madera y serrín, y prendedle fuego, cubriendo el resto para que el humo penetre en la galería y cause daño a los que están en ella; es muy probable que muchos de ellos perezcan por el humo 232 . Hay algunos que en cierta ocasión atormentaron [4] a los que trabajaban en la galería soltando en el foso avispas y abejas 233 . Si se tiene constancia de que en algún [5] lugar los enemigos están excavando minas, es menester construir una contra- mina y rechazarlos haciendo fuego contra los que combaten en la galería.

Se cuenta una antigua historia [...] cuando Ámasis, en 6 el asedio de Barca 234 , trataba de construir una mina. Mas los barceos, al darse cuenta de la tentativa de Ámasis, estaban preocupados de que escapara a su vigilancia o se les anticipara, hasta que un calderero descubrió una solución, que consistía en ir por el perímetro interior de la muralla con un escudo de bronce a cuestas y aplicarlo contra el suelo. En aquellos lugares en los que aplicaba el bronce, [7] no había resonancia, excepto en el lugar que había sido minado. Así pues, tras haber excavado los barceos en este punto contra- minas, dieron muerte a un buen número de zapadores enemigos. Desde entonces, todavía ahora se sirven de este sistema durante la noche, detectando donde se están construyendo galerías 235 .

[8] Ya he explicado los medios con los que conviene rechazar las estratagemas de los enemigos. Respecto a los hombres que deben construir una mina, una protección más [9] segura podría ser la siguiente. Se deben atar juntos los timones de dos carros 236 , después de haberlos desplegado hacia la parte contraria del carro, de manera que los timones converjan en el mismo punto al ser elevados. A continuación, atad sobre ellos además otras maderas, timones y cualquier otra defensa, y embadurnad todo ello con fango. Entonces, podréis acercarlo y retirarlo a donde deseéis, gracias a las ruedas, y podréis poner bajo esta defensa a los zapadores.

XXXVIII

[TROPAS DE RESERVA]

[1] Durante los ataques enemigos contra la muralla, con máquinas o tropas, los defensores de la ciudad deben ser divididos en tres cuerpos de ejército, para que mientras uno lucha, otro descanse y otro esté preparado para la acción; de esta manera, habrá permanentemente en la muralla [2] tropas de refresco. Es menester, asimismo, que otras tropas escogidas, en número considerable, rodeen la muralla junto al estratego, relevando continuamente a cualquier sección que se vea acosada. Efectivamente, los enemigos temen más al atacante que aparece súbitamente que al que ya está ante ellos 237 . En esta ocasión, los perros deben permanecer atados, pues, cuando los hombres corren por [3] la ciudad armados y causan alboroto, los perros por no estar acostumbrados a ello, podrían, al verlos, correr tras ellos y ocasionarles molestias.

Hay que motivar a los que combaten en la muralla con [4] las palabras adecuadas para cada cual: a unos, con alabanzas, y a otros, con requerimientos. No obstante, no hay que reprender con ira a los soldados rasos, porque podríamos provocarles un mayor desánimo. En el caso de que [5] sea preciso reprender a los hombres negligentes e indisciplinados, debéis escoger a los más ricos y poderosos de la ciudad; una actuación semejante sería ejemplar para los demás 238 . Aquellas ocasiones en las que conviene pasar por alto alguna de estas infracciones, están escritas en mi tratado Sobre las instrucciones orales 239 .

No permitáis que se lancen piedras de manera indiscriminada [6] y tomad las siguientes medidas para recoger durante la noche aquellas que han sido lanzadas durante el día: [7] unos cuantos hombres deben descender dentro de unos cestos desde lo alto de la muralla para recogerlas; una vez que hayan recogido las piedras, deben remontar el muro con la ayuda de redes, para cazar jabalíes o ciervos, suspendidas, [8] o con escaleras hechas de cuerdas 240 ; éstas deben ser iguales en número a los hombres que han efectuado la recogida, de manera que, si alguno se encuentra en dificultades, pueda subir con rapidez. Por tanto, no deben abrirse las puertas durante la noche 241 : servíos de escaleras de este tipo o de todo aquello que deseéis.

XXXIX

[ESTRATAGEMAS]

[1] Durante un asedio, hay que servirse también de las siguientes estratagemas. Cavad una fosa delante de las puertas, especialmente en su lado interior 242 , dejando un pasadizo a un lado y a otro; seguidamente, unos cuantos soldados deben efectuar una salida para provocar escaramuzas [2] e incitar a los enemigos a perseguirles hacia la ciudad. Los ciudadanos, al refugiarse, deben correr por los pasadizos dejados a uno y otro lado, mientras es verosímil que sus perseguidores, por desconocer de antemano la existencia de la fosa, que, a tal efecto, está oculta, caigan dentro de ella y sean exterminados de inmediato por los soldados que están dentro de la ciudad 243 ; algunos de ellos deben estar dispuestos en los caminos y emplazamientos próximos a las trincheras de las puertas. Si entra tras ellos un número [3] mayor de enemigos y se les quiere contener, hay que disponer sobre el centro de la puerta un rastrillo de madera, lo más ancho posible, y guarnecerlo de hierro 244 . En efecto, [4] cuando se desee detener a los enemigos que irrumpen, se le deja caer verticalmente: el propio rastrillo, al descender, hará perecer a algunos e impedirá la entrada de los demás, en tanto que los soldados apostados sobre la muralla disparan, simultáneamente, sobre los enemigos detenidos ante las puertas. Es menester tener siempre acordado [5] con antelación un punto de encuentro con vuestros partidarios, en el cual podrán reunirse en el caso de que los enemigos irrumpan en la ciudad al mismo tiempo que ellos, con el objeto de que puedan reconocerse gracias a este emplazamiento: desde luego, no resulta fácil reconocer a los hombres cuando, en la confusión de la refriega, se precipitan unos contra otros en medio del alboroto 245 .

[6] En cierta ocasión, contra enemigos demasiado atrevidos y que se acercaban al muro más de lo que era prudente, de día o de noche, se prepararon redes 246 que permanecían ocultas durante el día, pero que eran utilizadas sin ambages durante la noche: atrayendo al enemigo con escaramuzas, levantaban con ellas a los que caían dentro.

[7] La red tiene que ser de un cordaje lo más fuerte posible y debe tirar de ella una cadena de dos codos de largo, para que no pueda ser cortada; el resto del arrastre debe ser de cuerda. En el interior del muro, todo este aparato es descendido y elevado con la ayuda de cuerdas y básculas 247 . Mas, si los enemigos intentan cortar la cuerda, los defensores replican bajándolo de nuevo con la ayuda de básculas, para impedir que puedan hacerlo: realmente, la utilización de cadenas contra tales tentativas es fatigosa y su manejo resulta difícil, al margen de que tampoco comporta grandes ventajas.

XL

[GUARDIA DE LA CIUDAD]

Si la ciudad es grande y no se cuenta con hombres suficientes [1] para establecer un cordón de centinelas alrededor de ella, pero se desea vigilarla cuidadosamente con los que hay disponibles, se deben construir elevaciones artificiales 248 con los materiales que se tengan a mano, en posiciones de fácil acceso. Entonces, si algún enemigo la escala de manera subrepticia o por la fuerza, cuando se encuentre en una situación inesperada, no podrá saltar desde ella, sino que se verá obligado a retornar sobre sus pasos, por no tener ningún lugar por el que descender. Junto a estas construcciones, hay que montar guardias a uno y otro lado con los hombres disponibles, para aniquilar a los que saltan desde ellas.

Dionisio 249 se apoderó de una ciudad y, pese a que [2] habían perecido algunos de sus hombres y huido otros, deseaba retenerla, pero era demasiado grande para ser custodiada por un número reducido de hombres. Así pues, [3] [nombró] 250 a algunos lugartenientes con las pocas fuerzas de que disponía y casó, con los sirvientes 251 de los ciudadanos más poderosos, a las hijas, mujeres y hermanas de sus señores. Creía firmemente que era el medio de hacerlos más hostiles a sus señores y más fieles a su persona.

[4] Los habitantes de Sínope, en el curso de la guerra contra Datamas 252 , como estaban en peligro y con escasez de hombres, disfrazaron a sus mujeres de la manera más apropiada y las armaron como a hombres, en la medida de lo posible, dándoles, en lugar de armas y yelmos, cubos y objetos de bronce de forma parecida. Se les hizo marchar alrededor de la muralla, por donde a los enemigos les [5] resultara más fácil verlas. Pero no les dejaban disparar, porque se reconocería desde lejos que era una mujer la que lo estaba realizando. Mientras esto hacían, se cuidaban de que los desertores no lo revelaran.

[6] Si deseáis que las rondas de las murallas parezcan más numerosas 253 , es preciso que se haga la ronda en fila de dos, llevando la primera fila sus lanzas sobre el hombro izquierdo, la segunda, sobre el derecho: de esta manera parecerá, vistos de frente, que son cuatro. Si hacen la ronda [7] en fila de tres, el primer hombre debe llevar la lanza en el hombro derecho, el segundo en el izquierdo, y los demás de modo similar: de esta manera un solo hombre parecerá dos.

Sobre la alimentación sin trigo, los productos que escasean [8] durante un asedio y los medios que hay que emplear para hacer potable el agua, ya se ha discutido en mi tratado Sobre los preparativos de guerra 254 . Y, puesto que esto ha sido descrito a vosotros, procedo a tratar lo concerniente a la organización de la marina.

Las flotas de la armada son dos... 255 .

1 Este breve proemio introductorio destaca por su cuidada composición, que contrasta, especialmente, con la sencillez del estilo del resto de la obra. Puede apreciarse un mayor esfuerzo por parte del autor en la construcción de las frases, en la estructura rítmica de los períodos oracionales, con presencia de estudiadas antítesis y paralelismos. Todo ello debe insertarse, en definitiva, dentro de los cánones estilísticos de la tradición prosística jónico-ática precedente, de la cual forma parte la Poliorcélica.

2 La referencia directa a campañas militares por tierra y por mar en esta introducción sugiere la posibilidad de que, a pesar de que el título en sentido estricto delimita su acepción al asedio de ciudades, el autor planteara un estudio integral de la defensa, tanto terrestre como marítima —cuestión que comenzaba a tratar al final del tratado, tal como se nos ha conservado, en el punto en el que la obra se interrumpe ex abrupto —.

3 H UNTER -H ANDFORD , en pág. 102, sugieren la posibilidad de que, cuando Eneas redactó este párrafo, tuviera en mente los sucesivos ataques de Epaminondas contra Esparta, en el invierno del 370-369 a. C. y en el 362 (cf. cap. II 2).

4 En este pasaje encontramos un buen testimonio de la distinción entre ásty y pólis, la primera se refiere a la ciudad en sentido físico y la segunda a la comunidad de ciudadanos (cf. T UCÍDIDES , VI 44). En este caso, pólis parece aludir a la totalidad de la ciudad, incluyendo la acrópolis y el ásty (la ciudad sin la acrópolis); vid. J ENOFONTE , Helénicas VII 4, 13.

5 El soldado griego llevaba el escudo, generalmente, en el brazo izquierdo, por lo que su flanco derecho quedaba desprotegido. De ahí la preocupación de los estrategas militares por proteger el punto más débil de las tropas; así, en las fortificaciones, la disposición de puertas y torres está hecha de manera que obliguen al enemigo a exponer su flanco derecho (cf. F ILÓN DE B IZANCIO , ed. T HÉV ., pág. 82 = ed. D. S., págs. 25-26). Para un estudio de estas cuestiones, véase P. L ÉVÉQUE y P. V IDAL -N AQUET , «Epaminondas Pythagoricien», Historia 9 (1960), 294-308.

6 Eneas hace una distinción semántica entre las tropas que defienden los muros, teikhér ē s, y los cuerpos expedicionarios (cf. cap. XXIII 4).

7 La interpretación de politophylakḗsonta plantea alguna duda, pero parece referirse a la seguridad interna de los ciudadanos, lo mismo que politophylakía (cap. XXII 7), complementaria de la propia defensa exterior a lo largo de toda la obra. A RISTÓTELES (Política 1305b, 29) indica que los magistrados principales de Larisa eran llamados hoi politophýlakes. Vid., asimismo, P OLIBIO , XVIII 39, 4.

8 No se trata de tas guardias personales que K ÖCHLY -R ÜSTOW identifican también en XVI 7; XVII 6; XXVI 10; XXXVIII 2 (cf. H ERÓDOTO , VI 56), sino el equivalente al Estado mayor, que acompaña al general en jefe en los ejércitos contemporáneos: en Atenas, en época de Pericles, diez estrategos eran elegidos directamente por los ciudadanos para acompañar al arconte polemarco.

9 Parece referirse a unidades especiales de combate que eran formadas de acuerdo con la edad, de cuya existencia tenemos constancia en Esparta: cf. J ENOFONTE , Anábasis VI 4, 25, y 5, 4; Helénicas II 4, 32; III 4, 23.

10 Lokhísai: lókhos se corresponde con nuestro término batallón y hace referencia a la unidad táctica más importante. Su número debía de oscilar entre cien y doscientos hombres, aunque en Esparta, podía llegar a 320 hombres (J ENOFONTE , Anábasis II 4, 32; III 4, 23).

11 Vid. cap. X.

12 Se trata, probablemente, de personas que no formaban parte de la milicia popular, careciendo, en consecuencia, de una correcta preparación militar, y que serían utilizadas en situaciones de crisis. En su mayor parte, lo constituían los miembros de la comunidad que carecían de derechos ciudadanos, esclavos y metecos (cf. H UNTER -H ANDFORD , pág. 105).

13 Uno de los preceptos fundamentales de la poliorcética es obstaculizar las posiciones de fácil acceso y las vías de comunicación. Sobre la utilidad de cavar fosos para impedir el paso de los enemigos, remitimos al cap. XXXIX.

14 Este episodio tuvo lugar durante la invasión de Laconia por Epaminondas en el 362 a. C., poco antes de la batalla de Mantinea, cuando Esparta estaba a punto de caer y sólo la heroica actuación de Agesilao pudo salvarla (cf. J ENOFONTE , Helénicas VII 5, 9-10; D IODORO DE S ICI LIA , XV 83, 3; J USTINO , VI 7). La exposición tan detallada que hace el autor podría apoyar la hipótesis de que vivió de cerca estos acontecimientos, aunque no hay constancia de la presencia de un contingente arcadio (cf. E. D ELEBECQUE , Essai sur la vie de Xénophon, París, 1957, pág. 444).

15 No es extraño en la Antigüedad el uso de objetos sagrados en caso de emergencia; vid. T ÁCITO , Historia III 71.

16 Se trata del ataque tebano contra la ciudad de Platea en la primavera del 431 a. C., que abrió la Guerra del Peloponeso. Eneas sigue con fidelidad el relato de T UCÍDIDES (II 2-6). Cf. D EMÓSTENES , Contra Neera 98 y sigs., y D IODORO , XII 91.

17 Desde esta ventajosa posición podían atacar con objetos contundentes a los enemigos que estaban bloqueados en las calles.

18 Esta observación debe interpretarse como una disposición ordinaria y no como un signo de desconfianza hacia los aliados, comprensible en el caso de los mercenarios (cf. cap. XII 4). Después de la batalla de Cícico, el pueblo de Antandro concedió a los siracusanos el título de benefactores por su celo en la vigilancia de la reconstrucción de la flota peloponesia J ENOFONTE , Helénicas I 1, 26).

19 El término anábasin se refiere tanto a las rampas como a las escaleras. En el cap. XXII 19, se recomienda que estos lugares permanezcan cerrados como medida de seguridad.

20 Kheíl ē no es utilizado por ningún otro autor con el sentido de almena. Este vocablo debe interpretarse como una reminiscencia de la tradición literaria que mayor proyección ha tenido sobre nuestro autor, en la que hay testimonios de un significado parecido como borde de una zanja (H OMERO , Ilíada XII 52; H ERÓDOTO , I 179, 2; T UCÍDIDES , III 23, 2).

21 Las señales mencionadas en este capítulo no deben confundirse con las de larga distancia descritas en el cap. VI. Se trata de contraseñas convenidas previamente por medio de las cuales los defensores se reconocerán uno a otros (cf. cap. XXV).

22 Desconocemos la fecha a la que se remonta este suceso. Las ediciones que siguen la tradición de C ASAUBON , como la de O LDFATHER , lo sitúan en la guerra lelantina, que tuvo lugar entre Calcis y Eretria entre los siglos VII - VI a. C. Por el contrario, H UNTER -H ANDFORD , basándose en el gran detalle con el que explica los hechos, que contrasta con la vaguedad con la que suele citar los acontecimientos más lejanos cronológicamente, piensan en las sucesivas intervenciones de Atenas y Tebas en la isla de Eubea, y en su reconquista por los atenienses en el 357 a. C. (D IODORO , XVI 7). Finalmente, según D AIN , los acontecimientos son demasiados cercanos a la fecha de redacción del tratado y podría tratarse de una lucha intestina no documentada.

23 Este relato de una olla con fuego no resulta demasiado claro por la alteraciones textuales (cf. C. B EHRENDT , De Aeneae Tactici Commentario..., págs. 78 y sigs.), ni siquiera con las correcciones pertinentes. No obstante, un procedimiento similar aparece en H ERÓN DE B IZANCIO , (Poliorcética VI, ed. W ESCHER , pág. 219).

24 La fecha de este incidente puede situarse entre el 565 y el 561 a. C., en la guerra entre Atenas y Mégara por la posesión de Salamina: por la popularidad adquirida en esta guerra, Pisístrato accedió a la tiranía en el 560 a. C. Vid. H ERÓDOTO , I 59; A RISTÓTELES , Constitución de los atenienses XIV 1; J USTINO , II 8; F RONTINO , Estratagemas IV 7, 44. No obstante, en las versiones de P LUTARCO (Solón 8) y P OLIENO (I 20), Salamina fue perdida primero por Atenas y volvió a ser recuperada posteriormente por Solón, mientras Pisístrato capturaba el puerto de Nicea.

25 Fiestas celebradas del 9 al 13 del mes Pianepsión (octubre-noviembre) por las mujeres de los demos de Halinunte y de Atenas en honor de Deméter, para rendir gracias tras la siembra del cereal y del trabajo del año finalizado: vid. H ERÓDOTO , II 171.

26 Cf. D AIN , pág. 9, y H UNTER -H ANDFORD , pág. 116.

27 Eneas demuestra, además de un perfecto conocimiento del arte de la guerra, una preocupación especial por aspectos de la psicología humana, trascendentales para una defensa efectiva de la plaza. Vid. A. A YMARD , «Paternité et valeur militaire», R.E.L. 33 (1955), 42-43.

28 Leucón reinó en el Bósforo cimerio, probablemente, entre el 393 y el 348 a. C. (D IODORO , XIV 93, 1). Recibió decretos honoríficos de numerosos estados griegos en recompensa por su generosa conducta, como Atenas, que lo declaró ciudadano honorario (euergét ē s) en agradecimiento a sus envíos de grano (D EMÓSTENES , Contra Leptines 30-33), y la Confederación Arcadia (D ITTENBERGER , Syll. 209).

29 La utilización de puestos avanzados de observación adquiere su mayor importancia estratégica en el siglo IV a. C. Hasta entonces, cuando todavía es dominante la táctica hoplítica y no tiene tanta trascendencia el conocimiento de los movimientos enemigos, su utilidad quedaba restringida a señalar las aproximaciones enemigas para dar tiempo a la debida preparación: así sucede en las Guerras Médicas (H ERÓDOTO , VII 183, 192, 219) y en la Guerra del Peloponeso (T UCÍDIDES , VIII 100, 2; J ENOFONTE , Helénicas I 1, 2). Es con el empleo de tropas ligeras cuando cobra mayor importancia el conocimiento de los movimientos de los enemigos (J ENOFONTE , Ciropedia VI 3, 2).

30 Disposiciones similares encontramos en J ENOFONTE (Helénicas III 2, 14) y P OLIENO , V 39.

31 J ENOFONTE (Hipárquico VII) incide también en la utilidad de la caballería para este tipo de cometidos. Cf. el cap. XXVI 4 de nuestro tratado.

32 Cf. D AIN , pág. 12, y H UNTER -H ANDFORD , págs. 119-120.

33 Existen referencias múltiples a las guardias diurnas en los historiadores, pero no se dan explicaciones sobre el tipo de señales utilizadas. H ERÓDOTO (VII 192 y 219) menciona vigías que transmiten novedades y P OLIENO (V 39), cita la utilización de una trompeta colgada de un árbol como señal. Sin embargo, Eneas no habla de señales visuales; por el contrario, parece referirse a la acción de enarbolar un objeto fácil de ver a distancia, como un escudo bien forjado o una hoja de metal. Ejemplos de escudos alzados al aire encontramos en la batalla de Maratón (H ERÓDOTO , VI 115, 121, 123, 124) y en Egospótamos (J ENOFONTE , Helénicas II 1, 27).

34 Así, Epaminondas atacó Mantinea aprovechando la época de recolección, por la cual la mayor parte de la población se encontraba fuera de la ciudad (J ENOFONTE , Helénicas VII 5, 14).

35 Éste es, probablemente, el tratado citado por P OLIBIO (X 44) al referirse a las señales de fuego. Esta forma primitiva de telégrafo con faros y antorchas, debió de llegar a Grecia a través de Persia. En E SQUILO (Agamenón 281-316) encontramos una descripción completa que apoya la hipótesis de su uso habitual en época de las Guerras Médicas (cf. H ERÓDOTO , IX 3). En el asedio de Paros tenemos constancia de su empleo (É FORO , frag. 63, F. Gr. H. J ACOBY II, A; C ORNELIO N EPOTE , Milcíades VII 3). También en la segunda Guerra Médica (H ERÓDOTO , VIII 183) y en la Guerra del Peloponeso (T UCÍDIDES , II 94, 1; II 22, 7-8; VIII 102, 1). Cf. J. A. D E F OUCAULT , «La télégraphie aérienne dans l’antiquité», Rev. d’Enseignement secondaire et d’Éducation 16 (1943), 111-114.

36 Se trata de fosas y canalizaciones derivadas de ríos (cf. D EMÓSTENES , Sobre la corona 136; P LUTARCO , Agesilao 32), mediante la construcción de represas en ríos o la destrucción de diques para que el agua ocupe canales, valles o depresiones. En cualquier caso, la recomendación de Eneas parece ser un precepto general, inaplicable en muchos lugares del Peloponeso, si tenemos en cuenta el escaso número de caudales importantes.

37 Así procedieron los siracusanos cuando bloquearon la gran bahía para defenderse del ataque ateniense (T UCÍDIDES , VII 59, 3). Cf. cap. XI 3.

38 Esta práctica podía consistir en envenenar el agua, a pesar de que ello estaba en contradicción con los principios de la guerra en Grecia: una de las normas del consejo Anfictiónico era que ninguno de sus miembros podía cortar el suministro de agua a sus oponentes en tiempo de guerra. Sin embargo, en Atenas corría el rumor de que la peste del 430 había sido provocada por el envenenamiento de los manantiales del Pireo (T UCÍDIDES , II 48, 2). Asimismo, P AUSANIAS (X 37, 3) menciona la historia de que Solón habría sugerido envenenar el agua de Crisa con eléboro durante la primera Guerra Sacra (en torno al 590 a. C.).

39 P OLIENO (III 9, 20) alude una estratagema similar por parte de Ifícrates.

40 Hypektíthesthai es el término oficial para conducir a las personas o propiedades a un lugar seguro (cf. J ENOFONTE , Ciropedia VI 1, 26; D IODORO , XVII 41, 2). Vid., asimismo, S.G.D.I. 5040, 1.21, y O.G.I.S. 437, 1.64.

41 La mayor parte de las celebraciones religiosas griegas tenían lugar fuera del recinto urbano, pues los centros de culto estaban ubicados a cierta distancia. Sobre los peligros que comporta este hecho en situaciones de extrema inestabilidad, cf. cap. XVII.

42 El pritaneo era un edificio público de la ciudad donde residía la diosa Hestia —allí se custodiaba el fuego sagrado de la ciudad—, a la que acudían los visitantes suplicantes en busca de protección, donde los pritaneos, jefes políticos y religiosos velaban por la salud del Estado, donde se recibía a los embajadores y huéspedes del Estado, donde eran mantenidos los ciudadanos que habían honrado a la ciudad.

43 La relación entre la política y las predicciones religiosas es patente en el mundo griego en todas las épocas. Notar aquí la desconfianza del autor hacia el estamento religioso: de igual manera, J ENOFONTE (Anábasis V 6, 16-29) narra la falsificación voluntaria de una predicción, aunque se muestra partidario de ellas. Es partidario de que las necesidades del servicio público estén por encima de las manifestaciones religiosas. Vid. R. F LACELIÉRE , Devins et Oracles Grecs, págs. 107 y sigs., y W. R. H ALLIDAY , Greek Divination, págs. 54-98.

44 Syssitía está utilizado en este contexto para indicar una comida comunitaria cualquiera (cf. J ENOFONTE , Económico VII 12). Encontramos syssítion con carácter militar en el cap. XXVII 13, aludiendo a la reunión de soldados en una mesa común, práctica habitual en Esparta.

45 Después de una batalla, el banquete funerario podía celebrarse en la casa privada de algún ciudadano con cierta responsabilidad en la empresa. Así, después de la batalla de Queronea en el 338 a. C., el homenaje a los caídos en el combate tuvo lugar en casa del orador D EMÓSTENES (Sobre la corona 288).

46 Algo parecido es el caso, en Roma, de los portitores, que según P LAUTO (Trinum. 793-5), incluso en tiempo de paz, podían romper los sellos e inspeccionar las cartas.

47 La distinción entre ciudadano y meteco viene dada por los diferentes derechos ciudadanos de los que participaban. En ambos casos se trata de ciudadanos libres, en contraposición con los esclavos. Pero, mientras los ciudadanos disfrutaban del derecho de ciudadanía, los metecos no podían participar en las instituciones públicas, ni siquiera en su elección. Generalmente, este grupo social lo constituían personas inmigradas a los grandes centros económicos; en Atenas, por ejemplo, en época clásica, su número, unido al de los esclavos, superaba a los ciudadanos de pleno derecho.

48 En A RISTÓFANES (Aves 1208 y sigs.) aparece una mención similar al requerimiento por un oficial de un salvoconducto o visado.

49 Es una interesante referencia a un aspecto del que, salvo en Atenas, tenemos muy poca información. Parece que en todas las ciudades griegas de cierta importancia existía un centro de enseñanza: en Quíos (H ERÓDOTO , VI 27); en Micaleso de Beocia (T UCÍDIDES , VII 29, 5); los atenienses que huyeron a Trecén en las Guerras Médicas proporcionaron maestros a los jóvenes (D IODORO , XII 12, 4). Por otro lado, H UNTER -H ANDFORD (págs. 131-132) creen que esta mención alude a la primera escuela establecida en Sición (cf. P LINIO , His. Nat. XXXV 77), lo cual avalaría su hipótesis de que la obra está escrita para los sicionios y la identificación del autor con Eneas de Estínfalo.

50 Tanto D AJN como H UNTER -H ANDFORD aceptan el significado de prima para tókoi, más como premio que como tasa oficial: si un mercader corría el riesgo de introducir, en tiempo de guerra, productos necesarios para la ciudad, obtenía el beneficio de la venta en el mercado o al Estado, además de la prima concedida por éste. Sabemos por T UCÍDIDES (IV 26, 5) que los espartanos sitiados en Esfacteria prometieron fuertes recompensas y la libertad para los hilotas con la finalidad de obtener víveres.

51 K ÖCHLY -R ÜSTOW intrepretan anolkḗn y katholkḗn como tasa a la exportación e importación. No obstante, parece más acertado pensar, como O LDFATHER , que se trata de maniobras para sacar las naves a tierra para secarlas y volverlas a introducir en el agua.

52 La situación descrita es cercana al toque de queda, aunque se establecen diferencias entre ciudadanos y extranjeros. En el cap. XXII 23, observamos una orden similar, con la misma distinción.

53 La laguna existente en el texto griego nos impide conocer la recompensa prescrita para el tiranicida. La cantidad variaba según las ciudades: un decreto de Demofanto en Atenas (410-9 a. C.) prometía la mitad de los bienes confiscados al tirano y, si moría en el intento, sus hijos recibían honores similares a los de Harmodio y Aristogitón (A NDÓCIDES , Sobre los misterios 93 y sigs.; cf. I.G. I 304). En Ilión (comienzos del siglo III a. C.), el tiranicida recibía un talento de plata, se le erigía una estatua de bronce y recibía una pensión vitalicia de dos dracmas diarios. Un extranjero recibía la ciudadanía, además de lo dicho, y un esclavo la libertad y medio talento de plata (cf. D ITTENBERGER , O.G.I.S. 218, I. 19 y sigs.).

54 Cf. D AIN , pág. 18.

55 La llamada de silencio precedía habitualmente a una proclama: cf. E URÍPIDES , Hécuba 532.

56 La edición de H UNTER -H ANDFORD omite esta laguna, señalada por S CHOENE .

57 El sabotaje y la desmoralización del ejército son todavía penalizados con un consejo de guerra (y en caso de guerra puede llegarse a la pena de muerte). Por otra parte, el régimen disciplinario era especialmente duro para las tropas mercenarias, hombres rudos y sin escrúpulos, implicados en frecuentes revueltas internas de la ciudades. Es por ello por lo que Eneas advierte sobre la desconfianza hacia estas tropas y recomienda que su proporción sea siempre menor a las milicias ciudadanas. Vid. cap. XII 4.

58 Conjetura sugerida por la edición de S CHOENE .

59 Se trata de Dionisio I de Siracusa (405-367 a. C.) Aunque no puede darse con certeza una fecha exacta, la decisión narrada debió de ocurrir entre el 379, año en el que Hímera (la nueva ciudad que reemplazó a la que había sido destruida por los cartagineses en el 409) se alió con Siracusa contra Cartago (D IODORO , XIV 47, 6), y el 383, cuando, en la batalla naval de Cronion, Leptines perdió la vida. Leptines, que había servido a su hermano con gran lealtad en las luchas con Cartago, cayó en desgracia, de manera injusta aparentemente, y fue exiliado a Turios en el 386 (D IODORO , XV 7, 3). El hecho de que cayera combatiendo en Cronion presupone que, tras el exilio, hubiera una reconciliación entre ambos (D IODORO , XV 15-17).

60 Agatocles, tirano de Siracusa, hizo uso de esta terrible práctica en el asedio de Útica en el 307 a. C. (D IODORO , XX 54). Estos rehenes podían ser asesinados por los enemigos, a la vista de sus compatriotas; eran utilizados como parapeto, con el objeto de que fueran heridos por sus propios conciudadanos si intentaban defenderse.

61 Cf. H UNTER - H ANDFORD , págs. 134-135.

62 El título de este libro es desconocido: cf. supra, la introducción general.

63 No es posible concretar a cuál de las revueltas que tuvieron lugar en Quíos se refiere Eneas, aunque, por su proximidad, podría remontarse al enfrentamiento de esta isla con la segunda Confederación Ateniense, en el 357 a. C. (D IODORO , XVI 7, 3). No obstante, mientras T UCÍDIDES (VIII 24, 4) hace referencia a que, durante el siglo v, Quíos fue un caso singular de inexistencia de luchas partidistas, otras fuentes atestiguan frecuentes conflictos entre el bando oligárquico y el democrático durante el siglo IV (A RISTÓTELES , Política 1306b; E LIANO , Hist. var. XIV 25).

64 Cf. cap. VIII 2 y nota ad loc.

65 Argos fue durante mucho tiempo un enclave demócratico de gran importancia estratégica en el Peloponeso, pero después de su derrota ante Esparta en Mantinea (418 a. C.), sucumbió a una primera tentativa oligárquica de efímera duración (cf. T UCÍDIDES , V 81-2; E NEAS , XVII 2). En el 415, Alcibíades planeó una segunda tentativa que no llegó a fructificar (T UCÍDIDES , VI 61, 3). Por tanto, es posible que, en este caso, haga referencia a la segunda tentativa oligárquica del 370 a. C. (cf. A. H UG , Aeneas von Stymphalus, pág. 6, n. 6), que se saldó con la terrible masacre de los conspiradores (cf. M. T H . M ITSOS , «Une inscription d’Argos», B.C.H. 107 (1983), pág. 248).

66 Es difícil fijar la fecha de este episodio, aunque podría situarse pocos años antes de que Clearco se convirtiera en tirano (364 a. C.), en el período más turbulento de esta rica y poderosa colonia doria. Cf. D. M. P IPPIDI , «Luchas políticas y conflictos sociales en Heraclea del Ponto en la época clásica» (en rumano), Studii Clasice 11 (1969), 235-238.

67 Cada una de las tres tribus (antigua forma de organización social doria), Hylleîs, Pámphyloi, Dymânes tenía cuatro centurias, por tanto, doce centurias en total, mientras en la antigua Atenas cuatro tribus estaban divididas en tres tercios. Con las nuevas disposiciones, el número de divisiones es quintuple, con lo cual se mantenía una división permanente de los estratos sociales. El término centuria pierde su sentido numérico.

68 Se trata de la revuelta de los partenios (jóvenes nacidos fuera de matrimonio durante la primera Guerra Mesenia), que se resolvió con la fundación de Tarento por indicación del oráculo de Delfos. La fecha dada por la tradición es el 708 a. C., aunque en la actualidad se prefiere la del 706. Cf. P. W UILLEUMIER , «Tarente des origines à la conquête romaine», BEFAR 148 (París, 1939); J. B ÉRARD , La colonisation grecque de l’Italie méridionale et de la Sicilia dans l’antiquité, París, 1957.

69 En esta ocasión, ricos y oligarcas pertenecen a un mismo partido. Los atenienses enviaron a Cares o Corcira en el 361 a. C., la isla que había padecido sangrientas revueltas en varias ocasiones (cf. D IODORO , XV 95, 3).

70 Una estrategia similar fue seguida por Pisístrato, que se causó múltiples heridas para poder contar con una guardia personal (A RISTÓTELES , Constitución de los atenienses XIV 1).

71 Cf. H UNTER - H ANDFORD , pág. 142.

72 Desconocemos a qué asedio de Calcedonia se refiere. H UNTER - H ANDFORD tratan de situarlo entre el 363 y el 360 a. C., momento en el que tuvieron lugar una serie de confusos enfrentamientos entre Atenas y los aliados de la segunda Confederación (D EMÓSTENES , Contra Policies 5-6). Por las frecuentes alusiones a operaciones en esta zona del mundo griego durante estos años y por su perfecto conocimiento de ella, es altamente probable que Eneas prestara servicio allí o, al menos, conociera de primera mano los acontecimientos que allí tuvieron lugar.

73 Cf. H UNTER -H ANDFORD , pág. 142.

74 Es una clara referencia a Clearco (cf. cap. XI 10a), discípulo de Platón e Isócrates, hombre de vida aventurera bien conocida (S UIDAS , s.v. Kléarkhos) . Tras acudir en auxilio de Mitrídates I, rey del Ponto, al mando de una fuerza mercenaria, en el 364 a. C., se hizo con el poder con la ayuda del pueblo, instaurando una tiranía que duró doce años (D IODORO , XV 81, 5; J USTINO , XVI 4; P OLIENO , II 30).

75 Se puede deducir de las palabras del autor que la contribución pagada por los ciudadanos excedía los gastos corrientes del Estado en la manutención de los mercenarios, por lo que la diferencia era deducida de los impuestos generales. El coste de la soldada es deconocido. De una época precedente tenemos los testimonios de T UCÍDIDES (VIII 29, 2, y 45, 2), que nos habla de un sueldo de tres óbolos mensuales para cada marinero de la flota persa, y de J ENOFONTE ( Helénicas I 5, 4-7), que cita un aumento de sueldo a cuatro óbolos para la flota de Lisandro. No obstante, en época de Eneas, no debía de sobrepasar el del mantenimiento de un esclavo. Además, la profunda crisis económica que, a partir del siglo v, experimenta el mundo griego, podría hacernos pensar en una cantidad que no sobrepasara el nivel de supervivencia. Sobre estas cuestiones, véase H. W. P ARKE , Greek mercenary soldiers from the earliest times to the battle of Ipsos , Oxford, 1935; G . T . G RIFFITH , The mercenaries of the Hellenistic world , Cambridge, 1935; M. L AUNEY , «Recherches sur les armées hellénistiques», BEFAR 169 (París, 1949); A. A YMARD , «Mercenariat et histoire grecque», Études d'archéologie classique 2 (1959), 16-27.

76 El mantenimiento del equilibrio interno de la comunidad es una de las constantes de la obra de Eneas, especialmente en un contexto como el de la primera mitad del siglo IV , en el que los conflictos sociales iban a provocar la progresiva desintegración de la pólis como marco político de convivencia (cf. C. M OSSÉ , La fin de la démocratie athénienne. Aspects sociaux et politiques du déclin de la cité grecque au IV e siècle av. J.C., París, 1962). Es conveniente evitar la ruptura del equilibrio social, pues la clase desfavorecida podría buscar en la ayuda enemiga la restitución de su status.

77 Este tratado debía de dar indicaciones puntuales sobre historia económica. Eneas propone que sea el Estado quien se haga cargo de la protección de las clases desfavorecidas y de los gastos que ello ocasione (cf. cap. XIII 2).

78 Parece que en este párrafo el término batallón está tomado en un sentido general, no numérico. Una compañía se componía de unos cien a doscientos hombres, número muy elevado para un destacamento de una pólis pequeña: En J ENOFONTE (Ciropedia VI 3, 21) encontramos un lókhos compuesto por veinticuatro hombres.

79 En el siglo IV , junto a la infantería pesada (hoplîtai) heredada de la táctica hoplítica, cobra especial importancia el empleo de la infantería ligera y de la caballería (hippéas kaì koúphous). También en J ENOFONTE (Ciropedia V 3, 56) aparece el testimonio del uso de la caballería y de la infantería ligera en misiones expedicionarias de rastreo. Cf., asimismo, cap. VI 6.

80 J ENOFONTE (Hipárquico IV 5, 6) recomienda tomar precauciones análogas respecto al reconocimiento de las rutas y al mantenimiento de la cohesión de las tropas en marcha, para evitar que los soldados rezagados puedan sufrir ataques inesperados.

81 Pueblo fronterizo de Tracia cuya grosería y carácter violento era proverbial en Atenas desde el siglo v: cf. A RISTÓFANES , Aves 1529 y sigs.; I SÓCRATES , Sobre la paz 50 y Panatenaico 227.

82 D IODORO (XV 36) sitúa este desastre en el 376 a. C., pero no lo atribuye a una emboscada, sino a la traición de los aliados tracios.

83 Una buena ilustración de este pasaje es lo que acontenció en el asedio de Estrato, en el 429 a. C. (T UCÍDIDES , II 81). Mientras los peloponesios marchaban en orden, sus aliados caonios, por un exceso de confianza, se lanzaron a un ataque desordenado, sucumbiendo de manera estrepitosa ante las emboscadas de los estratenses.

84 No tenemos constancia de que el consumo de bebida durante la marcha fuera habitual en los ejércitos de la época. El único testimonio es la sugerencia de J ENOFONTE (Helénicas VI 4, 8) de que el vino pudo tener alguna influencia en el consejo espartano, antes de la batalla de Leuctra. No obstante, la advertencia del autor parece dirigida a tropas de saqueo, generalmente mercenarios.

85 No encontramos en el tratado otra mención a tropas de élite, pues la cita del cap. I 4 parece referirse a la existencia de un Estado Mayor, que acompaña al arconte polemarco, y no a un cuerpo de élite, aunque H UNTER -H ANDFORD , en págs. 151-152, se decantan por esta posibilidad. No obstante, se puede aceptar que su existencia era habitual en las ciudades y que estaban compuestas por tropas ligeras o peltastas, como el caso de las tropas escogidas de Fliunte, citado por J ENOFONTE (Helénicas VII 2, 10).

86 Se refiere a los §§ 5-7 del mismo capítulo. F RONTINO (Estratagemas I 6, 3) ilustra los consejos dados por Eneas en la campaña de Ifícrates a Tracia (probablemente, la expedición a Anaxibios del 389 a. C.). Recordemos que la estrategia propuesta por Pericles durante la Guerra del Peloponeso era contraria también a la salida en masa para castigar las invasiones de los enemigos (T UCÍDIDES , II 19-24).

87 Los ejemplos de tropas sorprendidas durante el avituallamiento no son extraños en la historia griega: los siracusanos engañaron a los atenienses en la gran bahía de Siracusa y les atacaron antes de que terminaran su comida (T UCÍDIDES , VII 40); Ifícrates venció a los espartanos mientras comían (Ρ ΟLIΕΝΟ , III 9, 53); J ENOFONTE narra un hecho similar en la batalla de Egospótamos (Helénicas II 1, 27). Vid., asimismo, H ERÓDOTO , I 63, y VI 78.

88 Sobre el uso de una flota para este comentido, cf. J ENOFONTE , Hipárquico V 12.

89 Esta región del norte de África era muy celebrada por sus caballos y carros, y parece ser que los libios fueron los primeros en atar carros a los caballos (cf. S ÓFOCLES , Electra 727). J ENOFONTE cita el uso de carros en Cirene desde época homérica (Ciropedia VI 1, 27-28). En el caso que nos ocupa, con syn ō rís se designa un carro de dos caballos (vid. P. C HAN TRAINE , «Deux notes sur le vocabulaire comique d’Aristophane», R.E.G. 75 (1962), 392-394), mientras zeûgos, aunque puede tener el mismo sentido, se aplica a un carro de cuatro caballos (cf. P LATÓN , Apología de Sócrates 36d).

90 Cf. J ENOFONTE , Hipárquico IV 6.

91 Cf. J ENOFONTE , Hipárquico VIII 3.

92 Cf., supra, § 13.

93 En el 431 a. C., las cien naves atenienses encargadas de asolar toda la costa del Peloponeso, en el camino de regreso, actuaban simultáneamente con las tropas terrestres comandadas por Pericles, que había asolado el territorio de Mégara, causando grandes pérdidas (T UCÍDIDES , II 31).

94 Las carreras de antorchas eran especialmente celebradas en Atenas en las fiestas de Atenea, Hefesto y Prometeo, dioses del fuego (cf. P LATÓN , República 328a; A RISTÓFANES , Ranas 131), pero también están atestiguadas en otro lugares de Grecia, como en este pasaje. Cf. P AUSANIAS , VII 27, 3; P ÍNDARO , Olímpicas XIII 40. Se trata de competiciones en las que no se valoraba exclusivamente la rapidez y resistencia de los corredores, sino también la habilidad con la que eran transportadas las antorchas a larga distancia.

95 La navegación se paralizaba durante el invierno y era entonces el momento de sacar las naves a tierra para que se secaran y fueran reparadas. V EGECIO (IV 39) señala que los mares estaban cerrados (clauduntur) desde el 11 de noviembre hasta el 10 de marzo y que la reapertura de la navegación se celebraba con grandes ceremonias. En este pasaje puede hacerse referencia a la fiesta anual que, con este motivo, tenía lugar a comienzos del invierno.

96 Eneas utiliza la misma denominación (synekphorás) con la que Tucídides (II 34) describe las ceremonias públicas de los atenienses en las que se honraba a los caídos en la batalla.

97 Esta celebración es, indudablemente, la de Hera, en el Hereo, a 45 estadios (9 km.) de Argos. Si en el cap. XI 7 Eneas parecía referirse a la revolución oligárquica del 370 a. C., en este caso se admite unánimemente que se trata de la del 418/417, después de la batalla de Mantinea, en una de las épocas más agitadas de la historia de Argos por las tensiones entre Esparta, favorable a establecer un régimen oligárquico, y Atenas, que apoya al bando democrático. En otros autores también está recogido este suceso: T UCÍDIDES , V 81-82; D IODORO , XII 80; P LUTARCO , Alcibíades 15; A RISTÓTELES , Política 1304a, 25-27; pero ninguno de ellos da las precisiones que aporta este pasaje.

98 Cf. nota 2, cap. XI 3. Eneas parece conocer de cerca los asuntos de Quíos.

99 D IODORO (XV 40) hace alusión a un ataque de los aristócratas exiliados de Filea mientras sus habitantes estaban reunidos en el teatro.

100 El sentido de esta precisión no es claro, aunque podría referirse, de nuevo, al Estado Mayor mencionado en el cap. I 4.

101 Para un conocimiento pormenorizado de los mecanismos e instrumentos descritos por el autor en este capítulo, pueden consultarse las ediciones de K ÖCHLY -R ÜSTOW , págs. 164-167, H UNTER -H ANDFORD , págs. 158 y sigs., D AIN , apéndice I, págs. 105-114.

102 C ASAUBON restituyó en esta laguna el nombre de la ciudad de Herea, a partir de una historia análoga narrada por P OLIENO , II 36, pero Herea es una localidad arcadia situada a considerable distancia de Acaya y el acontecimiento descrito por Polieno tuvo lugar entre el 240-235 a. C., un siglo más tarde que la época en que vivió Eneas.

103 Desconocemos la época en que vivió Témeno y la fecha de este evento. Además, el texto presenta muchas alteraciones que impiden desconocer si la ciudad fue finalmente conquistada por el sistema descrito entre §§ 13-19.

104 Distancia equivalente, aproximadamente, a 1 Km.

105 A pesar de la laguna del texto, del sentido general de la frase se desprende que la cuerda había llegado sin el copo de lana atado, pues la alarma había sido dada en la ciudad.

106 Como señala O LDFATHER (pág. 103), este capítulo es el único en el que se hacen recomendaciones para los asaltantes, aunque parece tratarse de una mera explicación técnica.

107 También en el cap. XXVI 2 , el autor recomienda hacer la primera ronda antes de comer.

108 Cf. nota 1, cap. XVIII 2.

109 La puntualización del autor tiene como finalidad evitar la confusión con la colonia corintia del mismo nombre situada en el Adriático. Esta Apolonia fue una colonia fundada por los milesios en la costa tracia, al oeste del Mar Negro. Es poco lo que sabemos sobre su historia, si bien A RISTÓTELES nos cuenta que fue llevada a la ruina por los oligarcas que dilapidaron los fondos públicos (Política 1306a).

110 Esta referencia es desconocida. La concisión de la cita impide, por otra parte cualquier conjetura.

111 Vid. cap. XXV.

112 Es la única referencia a este libro que no aparece en femenino. Probablemente, es debido a que debemos sobreentender bíblos o, como proponen H UNTER -H ANDFORD en pág. 169, enkheiridíos. Vid., asimismo, cap. VII 2-5.

113 De las explicaciones que se dan entre los caps. XXII y XXVII se desprende que este tratado se ocuparía, no sólo de aspectos técnicos, sino también de la disciplina que el ejército debía mantener en campaña, incluyendo algunos tópicos, como las ordenanzas de los puestos de guardia, señas y contraseñas, prevención de situaciones de pánico, etc.

114 Cf. caps. I 4, y XVII 6.

115 En Atenas, el strat ē geîon se encontraba también ubicado en el ágora.

116 Todas estas precauciones son comprensibles en un siglo caracterizado por las constantes luchas políticas intestinas, que ilustran muchos de los sucesos narrados por el autor. Cf. H. B ENGTSON , «Die griechische Polis bei Aeneas Tacticus», Historia 11 (1962), 458-468.

117 Las palabras prophylássein y prophýlax son usadas por Eneas en un sentido diferente al de otros historiadores. En Tucídides, Jenofonte y Polibio, se refiere a los puestos de guardia avanzados, fuera de las murallas, mientras en Eneas se trata de patrullas de reconocimiento, opuesto al sentido estático de phýlakes y phylakeîa.

118 No está claro a qué pasaje hace referencia. Podría tratarse del cap. VI 7, simple alusión a la posible captura de los guardias de día, o al cap. XVI 21-22, donde menciona los ataques por sorpresa. También existe la posibilidad de que esté citando otra obra.

119 Los perros guardianes no sólo fueron utilizados por particulares, sino también por el ejército: por Agesípolis en el asedio de Mantinea en el 385 a. C. (P OLIENO , II 25); por Filipo de Macedonia contra sus enemigos de los Balcanes (ibidem IV 2, 16); por Arato, para vigilar la fortaleza de Acrocorinto tras su captura en el 243 a. C. (P LUTARCO , Aralo 24); finalmente, V EGECIO , IV 26, recomienda que sean utilizados para custodiar los muros durante la noche. Véase en § 20 de este mismo capítulo el empleo de perros por Nicocles.

120 Cf. las sugerencias hechas para los centinelas de las puertas en cap. V 1.

121 Los días en que tenía lugar fiestas públicas eran los más propicios para el ataque. F ILÓN DE B IZANCIO recomienda este tipo de ocasiones como las más propicias para lanzar un ataque (T HÉV ., pág. 96 = D. S., pág. 66, §§ 2-4), lo mismo que H ERÓN (Poliorc. II 1-2 = W ESCHER , pág. 212).

122 Cf. cap. XVII.

123 Si la conjetura de C ASAUBON es correcta, se trata de la batalla de Naxos acaecida en el 376 a. C., en el que Atenas recuperó la supremacía por mar: cf. J ENOFONTE , Helénicas V 4, 61; D IODORO , XV 34; P LUTARCO , Foción 6; P OLIENO , III 11, 2-11.

124 Contrariamente a la opinión de K ÖCHLY -R ÜSTOW , este Nicocles no es el famoso rey de Chipre, hijo de Evágoras, bien conocido por las obras de Isócrates, sino un general desconocido, aparentemente al servicio de Esparta.

125 A RISTÓTELES describe su construcción en Probl. 914b, 9. Esta especie de reloj de agua era una vasija cóncava, en ocasiones ensanchada en su parte superior, con un orificio en la base por el que salía el agua. En los tribunales de justicia, el volumen de agua era el necesario para marcar el tiempo de intervención de cada una de las partes. En su uso cotidiano, un recipiente de tamaño menor dividía el día en doce partes: una barra, con las marcas correspondientes, insertada en una superficie flotante, iba marcando el tiempo a medida que descendía el nivel de agua. La clepsidra a la que alude este capítulo debía de ser de un tamaño mayor, puesto que se menciona un uso posible para diez días. H UNTER -H ANDFORD hacen, en pág. 123, una descripción gráfica.

126 Eneas parece inspirarse en el modelo espartano: el bastón de mando del general en jefe se llamaba skytál ē . En Atenas era utilizada para este cometido una campana (cf. T UCÍDIDES , IV 135).

127 Este pasaje es oscuro, pero parece referirse a tropas mercenarias y no a milicias ciudadanas —en este caso, el castigo por el abandono del puesto de guardia no era económico, sino la pena de atimía. Vid. A NDÓCIDES , Sobre los misterios 74, y D EMÓSTENES , Sobre la libertad de los rodios 32—. Muy poco es lo que sabemos sobre el método de contratación de mercenarios, pero parece que un próxenos se encargaba de su contratación, como agente del Estado, y que no se contrataban ciudadanos. En cuanto a la transacción económica aquí citada, no se trataría de una venta real del puesto de guardia, sino de una señal pagada como garantía por el mercenario, precaución destinada probablemente a evitar su deserción.

128 Esta curiosa recomendación la encontramos también en J ULIO A FRICANO , Késtoi I 7 (V IEILLEFOND , págs. 22-23), que recuerda que también los partos hacían lo mismo con sus caballos para impedirles relinchar.

129 A través de J ENOFONTE (Helénicas VI 2, 27) sabemos que se trata de una vela de tamaño reducido que era utilizada ocasionalmente en la navegación cuando las grandes velas (histía) estaban recogidas.

130 Esta construcción no parece ser un segundo muro defensivo, como en los caps. XXXII 12, y XXXIII 4, sino una edificación ligera destinada a ocultar a los enemigos la brecha por donde iban a salir. Véase un caso similar en T UCÍDIDES , en la segunda defensa de Platea (II 76, 3).

131 Según D AIN , la historia de esta traición podría remontarse a una similar acaecida en Sición en tiempos de Eufrón, sucesos que el autor debió de conocer de cerca; cf. J. M ANDEL , «Zur Geschichte des coup d’État von Euphron I in Sikyon», Euphrosyne 8 (1977), 93-107.

132 Eneas en este capítulo hace referencia con el término sýnth ē ma, a la consigna oral frente a la señal visual, s ē meîon (cap. IV), y al término parasýnth ē ma (cap. XXV), que es una señal física o un sonido de respuesta a la consigna. El uso de consignas está perfectamente documentado en H ERÓDOTO (VIII 7, 2), T UCÍDIDES (IV 112, 1) y P OLIBIO (I 27, 10).

133 Los acontecimientos narrados se remontan al 360 a. C. y es el último acontecimiento al que Eneas hace referencia. Asimismo, P OLIENO (III 14) añade algunos detalles de poca relevancia. Cf. D EMÓSTENES , Contra Aristócrat es 154 y sigs.

134 En cuanto a la frecuente participación de esclavos en conspiraciones y complots políticos, vid. C. M OSSÉ , «Le rôle des esclaves dans les troubles politiques du monde grec à la fin de l’époque classique», Cahiers d’Histoire 6 (1961), 353-360.

135 Según H UNTER - H ANDFORD , pág. 184, hópla tiene el significado de escudo, de manera similar a los caps. XXIX 4 y XL 4. Sin embargo, como opinan O LDFATHER y D AIN , parece hacer alusión a la panoplia.

136 Puede tratarse del mismo Atenodoro que D EMÓSTENES declaró que era ciudadano ateniense (Contra Aristócrates 12). En tal caso, puede interpretarse que, aunque no era natural de Imbros, había residido allí durante una larga etapa de su vida, o bien, que mandaba una fuerza mercenaria imbria. Otras referencias a este personaje aparecen en I SÓCRATES (VIII 24), P LUTARCO (Foción 18), y P OLIENO (V 21).

137 El nombre de Ártemis Agrótera es el de la diosa a la que los espartanos sacrificaban un caballo antes de la batalla (J ENOFONTE , Helénicas IV 2, 20), por lo cual, se puede apreciar en el autor el espíritu de un hombre del Peloponeso.

138 Ésta es la única referencia a Ifícrates (395-355 a. C.), el general ateniense más famoso de la época, aunque ello no implica que Eneas desconociera sus preceptos de organización militar. Entre ellos destacan, sobre todo, la implantación de la infantería ligera y la fortificación del campamento, aplicados con frecuencia por las tropas romanas. Cf. J ENOFONTE , Helénicas VI 2, 29; D IODORO , XV 44; P OLIENO , III 9.

139 Este suceso puede fecharse, aproximadamente, en el 379 a. C., cuando Tebas reconquistó la Cadmea, su ciudadela, que había caído en poder de los espartanos en el 382. En el cap. XXXI 34, tenemos otra alusión al mismo suceso. Cf. J ENOFONTE , Helénicas V 4, 10.

140 Cf. cap. XXIV 1, nota 1.

141 Este tipo de contraseña ha sido tomada de Eneas por F ILÓN DE B IZANCIO (T HÉV ., pág. 93 = D. S. pág. 59, §§ 36-38).

142 Pîlos, en sentido estricto, es un gorro de lana, aunque también puede ser utilizado como denominación de casco.

143 Puede parecer un número elevado para una ciudad de pequeña dimensiones, pero conviene recordar que la cantidad de miembros de un lókhos era variable; cf. cap. I 5.

144 Cf. cap. XX 1.

145 Esta sugerencia aparece también en F ILÓN (T HÉV ., pág. 93 = D. S., págs. 57-58, § 28).

146 Las rondas a caballo no sólo eran útiles para incrementar la rapidez de la ronda, sino también para proteger a los jinetes al pedir el santo y seña. Cf. J ENOFONTE , Helénicas II 4, 24.

147 La edición de H UNTER -H ANDFORD (pág. 64) omite esta laguna, en tanto que la de D AIN (pág. 56) acepta la conjetura de S CHOENE .

148 Cf. cap. XXII 13.

149 Laguna indicada por S CHOENE cuya restitución es imposible.

150 Este pasaje demuestra su capacidad de comprensión de la psicología de las tropas y que se trata de un profesional experimentado de la milicia. En los ejércitos griegos, como en los actuales, se consideraba una falta grave dormirse en las guardias. Ifícrates y, probablemente, también Epaminondas llegaron a matar con sus propias manos a un soldado que se durmió en su puesto (cf. F RONTINO , Estratagema III 12).

151 Cf. cap. I 4.

152 Puede darse a exetázein el sentido militar de pasar revista, función asumida personalmente por el estratego en tiempos de crisis. Vid. Y. G ARLAN , «Remarques sur la nouvelle loi judiciaire thasienne», B.C.H. 38 (1964), 147-150.

153 Según H UNTER -H ANDFORD (pág. 190), se trata del mismo tipo de general mencionado en el cap. XXII 2, pero todo parece indicar que el término designa al jefe civil de la ciudad, que, en estado de guerra, llega a asumir las funciones de jefe militar. Por su parte, O LDFATHER (pág. 137, n. 1) sugiere la posibilidad de que esta figura procediera de la costa Tracia, donde Eneas debió de residir algún tiempo.

154 P OLIENO (I 40, 3) recuerda que, durante la Guerra del Peloponeso, Alcibíades se situaba en la Acrópolis desde donde podía ser visto por los centinelas de la ciudad, de los Muros Largos y del Pireo.

155 Las situaciones de pánico son un fenómeno bien conocido en los ejércitos de todas las épocas (T ÁCITO , Anales I 66 ), pero parece ser que los ejércitos griegos estaban especialmente sometidos a ellos por la indiferente disciplina que en ellos reinaba. Véase A. D AIN , «Memorándum inédit sur la défense des places», R.E.G. 53 (1940), 123-136.

156 El miedo infundado, llamado pánico, era atribuido a una misteriosa deidad de origen arcadio, el dios Pan (cf. P OLIENO , I 2). Este término hace referencia, inicialmente, a la estampida del ganado menor (Pan es, además, una divinidad caprina).

157 Peán era una antigua deidad curativa que, posteriormente, fue identificada fundamentalmente con Apolo y Asclepio. Era invocada con el grito de iḕ Paiḗon o iḗie Paián para prevenir los espíritus malignos o para conjurar la mala fortuna. Aparte de este uso, dio lugar a un himno en honor de Apolo que, al son del estribillo iè Paián, era cantado habitualmente antes de la batalla. En este caso, parece tratarse de una mera invocación, pues no se aprecian signos del comienzo de un combate.

158 Nada sabemos de este personaje, tan sólo que, si fue harmosta espartano en Tracia, el hecho descrito tuvo que ser anterior al 371 a. C., fecha en que los harmostas, tras la batalla de Leuctra, fueron expulsados.

159 Puede tratarse de una alusión inexacta a la misma historia relatada por J ENOFONTE sobre la retirada de Clearco tras la batalla de Cunaxa (Anábasis II 2, 20). Otra actuación similar atribuye P OLIENO a Ifícrates (III 9, 4).

160 Conjetura de D AIN (pág. 60).

161 Syssítion hace referencia a las mesas o grupos de comensales en que se estructuraban las tropas cuando no estaban en activo. No debe confundirse con syssitíai, del cap. X 5, que alude a las agrupaciones militares en que la población adulta estaba permanentemente dividida en Esparta y Creta. Su número solía oscilar en torno a los quince hombres. Cf. J ENOFONTE , Const, de los lacedemonios V y VII.

162 Un procedimiento similar permitió a Aníbal escapar del cerco romano a través de la Campania en el 217 a. C. (cf. P OLIBIO , III 93; T ITO L IVIO , XXII 16-17; P LUTARCO , Fab. 6-7).

163 Repetición de la recomendación hecha en el cap. XXVII 15.

164 Una nueva recomendación de tipo marítimo: cf. cap. X 8.

165 Este personaje es desconocido. H UNTER - H ANDFORD (pág. 196) sugieren la posibilidad de que se trate del mismo personaje citado por DE MÓSTENES (Contra Aristócrates 119), aunque éste le atribuye un origen tracio. Una estratagema similar fue puesta en práctica en Mégara por quienes querían entregar la ciudad a los atenienses en el 424 a. C. (T UCÍDIDES , IV 67, 3-5).

166 A RISTÓTELES (Política 1303b, 9) hace la curiosa observación de que la disposición natural de la ciudad era favorable a la permanente división en dos facciones.

167 Ifíades era el tirano de Abidos en época de Eneas, aunque la fecha en que fue tomada Parion es desconocida. No obstante, a través de los testimonios de D EMÓSTENES (Contra Aristócrates 176-177) y A RISTÓTELES (Política 1306a, 26 y sigs.), puede situarse dentro del período 362-359 a. C., una vez que Atenas había perdido el dominio del Helesponto que había conseguido bajo el mando de Timoteo.

168 M EINEKE , introduciendo algunas enmiendas en el texto, remonta esta historia a la toma de Anfípolis por Brasidas en el 425 a. C., pero los hechos descritos por Eneas no coinciden con la narración de T UCÍDIDES sobre el mismo suceso en IV 103-107.

169 No se trata de mercenarios, sino de extranjeros llegados a la ciudad con antelación en previsión del golpe que se preparaba y, por tanto, menos propicios a infundir sospechas a las autoridades.

170 Su-función es similar a la de los guardias del puerto citados en § 12. En Atenas, según el testimonio de DEMÓSTENES (Contra Formión 34) elaboraban un inventario de las mercancías transportadas por los barcos e imponían una tasa del dos por ciento, tanto para la importación como para inspeccionar la introducción fraudulenta de armas.

171 Se trata de pequeños escudos de cuero de origen tracio, caracterizados por su ligereza. Su implantación definitiva en el armamento griego dio origen, de la mano de Ifícrates, a los cuerpos de peltastas o infantería ligera, a partir del término péltai.

172 H UNTER -H ANDFORD (pág. 72) omiten esta laguna indicada por H ERCHER y recogida en la edición de D AIN (pág. 65).

173 En los últimos momentos de la tiranía de los Treinta, durante el invierno del 404-403, los demócratas refugiados en el Pireo se fabricaron ellos mismos escudos de madera o de mimbre: J ENOFONTE , Helénicas II 4, 25.

174 Su invención, y la renovación del armamento en general se atribuye a los carios (H ERÓDOTO , I 171, 4), por el importante papel que desempeñaron en los ejércitos mercenarios de los siglos VII y VI a. C.

175 Cf. cap. X 8.

176 Cf., supra, § 5.

177 En Atenas era un cuerpo constituido por diez comisionados elegidos por el pueblo para supervisar el perfecto equipamiento de la flota (cf. D EMÓSTENES , Sobre la corona 107).

178 Parece bastante probable que esté haciendo referencia a la toma del puerto de Sición por Pammenes de Tebas en el 369 a. C., suceso recogido también por P OLIENO (V 16, 3).

179 El contenido de este capítulo se centra en la importación regular de armas con fines comerciales, siguiendo los cauces legales, en oposición al anterior, cuyo objeto es la introducción clandestina de armas con fines subversivos.

180 Vid. cap. X 9.

181 Ello quiere decir que los comerciantes que llegaban a la ciudad exponían sus productos para la venta en el mismo lugar en el que estaban alojados.

182 En Esparta, en el 397 a. C., los conjurados del partido de Cinadón contaban con las armas puestas a la venta en el mercado, tan numerosas que podían ser empleadas como útiles o como armas para su equipamiento (J ENOFONTE , Helénicas III 3, 7).

183 En el envío de mensajes secretos los griegos desarrollaron al máximo su ingenio. Este capítulo es una de las exposiciones más detalladas de la literatura griega, cuya influencia puede observarse en F ILÓN DE B I ZANCIO (T HÉV ., pág. 102 = D.S., pág. 79 § 77).

184 Como señala D AIN (pág. 131), byblíon aparece con el significado general de rollo de papiro (cf. H UNTER -H ANDFORD , pág. 203), aunque en sentido temático parece tratarse de un pequeño libro en forma de rollo papiráceo, por oposición al otro escrito al que alude en §§ 8-9 de este mismo capítulo.

185 Esta curiosa sugerencia es mencionada, asimismo, por O VIDIO en Ars amatoria III 621 y sigs. También los romanos siguieron el ingenio griego para el envío de mensajes secretos.

186 Este término técnico aparece por primera vez con carácter militar en J ENOFONTE , Helénicas I 1, 33; II 4, 25.

187 Es una expresión proverbial con uso metafórico que también recoge P LATÓN (República II, 362d), con una fórmula similar: adelphòs andrì pareí ē .

188 Es imposible determinar el lugar al que alude, pues acontecimientos como los narrados no son inhabituales en esta época.

189 Esta mezcla es una de las fórmulas más antiguas para la fabricación de tinta (D IOSCÓRIDES , V 182). También P LINIO ( Hist . Nat. XXXV 43) nos menciona una mezcla similar capaz de resistir el agua, aunque la mezcla citada por Eneas resiste incluso el aceite.

190 Un procedimiento análogo siguió Demarato para prevenir a Esparta de las intenciones de Jerjes, cuando se inició la Segunda Guerra Médica. Aunque no de manera literal, Eneas sigue a H ERÓDOTO (VII 239). Cf. P OLIENO , II 20; J USTINO , II 10, 13; A ULO G ELIO , XVII 9, 16.

191 Las tablillas de boj eran el instrumento habitual de escritura (P ÓLUX , IV 2, § 18), dado el uso restringido del papel en el mundo griego, limitado a los rollos de papiro, de adquisición más costosa.

192 Indudablemente, el color habitual sería el blanco, pues sólo en él podría verse una escritura hecha con tinta negra.

193 El detalle con el que Eneas describe este sistema en §§ 17-22 hizo suponer a Casaubon que era un invento del propio autor, teniendo en cuenta además la dificultad de ponerlo en práctica y la lentitud del proceso. Tanto el sistema del astrágalo como el de la tablilla perforada de manera análoga han sido transmitidos por Filón y recogidos en la Táctica de N ICÉFORO U RANO (115-116). Cf. A . D AIN , La Tactique de Nicephore Ouranos, París, 1937, 64-65.

194 Los estrágalos o tabas, normalmente de oveja o de carnero, eran usados como dados y en los juegos cotidianos de los niños.

195 Es el nombre del propio autor en su forma griega, expresado en el caso acusativo.

196 Ei es el nombre originario de la letra e que, con posterioridad, a partir de época bizantina, pasará a llamarse épsilon. Cf. P LATÓN , Crátilo 426c y 437a.

197 El palmo griego medía, aproximadamente, 22 cm., tomando como puntos de referencia los dedos pulgar y meñique.

198 Khit ō n y khit ō niskós parace usarse como sinónimos, como en A RISTÓFANES , Aves 933 y 946. No obstante, debe tratarse de una túnica militar.

199 El oráculo de Delfos había castigado a los locrios, en venganza por el rapto de Casandra por Áyax, a enviar cada año a Ilion a diez muchachas vírgenes, elegidas por sorteo. Sus habitantes las esperaban para matarlas, quemar sus cuerpos y lanzar sus cenizas al mar; pero si llegaban con vida al templo de Atenea, salvaban la vida y quedaban al servicio de la diosa. Según una cita de T IMEO , hecha por T ZETZES (escolio a L ICOFRÓN , 1141), esta costumbre finalizó después de la guerra focea, tras la paz anfictiónica, en el 346 a. C. (J ACOBY , F. Gr. Hist. 566, fr. 146). Cf. A. W ILHELM , «Die lokrische Mädcheninschrift», Jahresch. d. österr. arch. Inst. 14 (1911), 163-256.

200 Este suceso está tomado directamente de H ERÓDOTO (VIII 128), aunque con alguna alteración que Eneas suele hacer del texto original, y puede fecharse en el 479 a. C.

201 En el mundo antiguo hay numerosos ejemplos de transmisión de mensajes mediante flechas: cf. P LUTARCO , Cimón 12; P OLIENO , II 29, 1; C ÉSAR , Guerra de las Galias V 48, 5.

202 También aquí sigue Eneas la versión de H ERÓDOTO (V 35, 3), suceso fechado en el 499, a. C. Cf. J. A. D E F OUCAULT , «Histiée de Milet et l’esclave tatoué», R.E.G. 80 (1967), 181-186.

203 Dejando al margen cuestiones textuales sobre el significado del mensaje (cf. O LDFATHER , págs. 5-7 de la introducción; H UNTER -H ANDFORD , pág. 215), parece claro que, una vez más, Eneas se remonta a un hecho contemporáneo: la guerra entre Dionisio II de Siracusa y Dión, que, operando desde el Peloponeso, recibió la ayuda de Heraclides. Probablemente, el envío del mensaje puede fecharse no más allá del otoño del 357 a. C. Vid. G. A. L EHMANN , «Dion und Herakleides», Historia 19 (1970), 401-406.

204 Conjetura de S CHOENE ; cf. D AIN , pág. 75.

205 En el cap. XXII 14, el autor recomienda la utilización de perros para las guardias nocturnas.

206 Nada conocemos de este pasaje, si bien puede conjeturarse una fecha cercana al autor para los hechos narrados.

207 Se trata del mismo suceso recogido en el cap. XXIV 18, acaecido en el 379 a. C., cuando Arquías, lider oligárquico, dejó sobre la mesa la carta en la que se denunciaba un complot para asesinarlo. Cf. C ORNELIO N EPOTE , Pelop. III; P LUTARCO , Pelop. 10.

208 El hecho histórico al que hace referencia en este pasaje nos es totalmente desconocido.

209 Glus o Glos (nombre más adecuado, según las ediciones de O LD FATHER y H UNTER -H ANDFORD ) comandaba la flota persa en la guerra contra Evágoras, rey de Chipre, aproximadamente, entre el 386 y el 379 a. C., fecha de su muerte (cf. D IODORO , XV 3, 2). Este personaje es bien conocido a través de la Anábasis de J ENOFONTE , pues fue uno de los que animó al joven Ciro a rebelarse contra su hermano.

210 La cuarta y última parte del tratado, que aquí comienza, tiene un contenido más técnico y, por ello, es la que ha encontrado un mayor eco en los tratadistas militares posteriores, hasta época bizantina, tomándolo, en su mayoría, como modelo. Cf. F. E. W INTER , Greek fortifications, Londres, 1971; Y. G ARLAN , Recherches de poliorcétique grecque, París, 1974; J. P. A DAM , L'architecture militaire grecque, París, 1982.

211 En la obra de Eneas puede observarse que el uso de las máquinas de guerra era habitual en el siglo IV a. C. (cf. cap. XXXVIII 1). Se considera a Dionisio I de Siracusa como el primer estratega griego que se sirvió de estas máquinas: torres, arietes, catapultas, etc. (cf. D IODORO , XIV 48 y sigs.). El origen de estos ingenios era, probablemente, cartaginés, quienes, a su vez, los conocían a través de los fenicios y los asirios. Vid. O. L ENDLE , Texte und Untersuchungen zum technischen Bereich der antiken Poliorketik, Wiesbaden, 1983.

212 Ésta parece ser la primera mención concreta a las torres de asedio, aunque, probablemente, dentro de las m ē khánai a las que alude Tucídides en el asedio de P OTIDEA (II 58), pudieran encontrarse dichas torres.

213 La importancia de la altura viene dada por una concepción estática de los asedios. La conquista de una plaza estaba basada en la búsqueda de la rendición de los asediados y los intentos de asalto respondían a una táctica de desgaste más que a un intento de tomar una plaza por la fuerza. T UCÍDIDES (II 75) narra actuaciones similares en el asedio de Platea durante la Guerra del Peloponeso, por lo que puede deducirse que las tácticas de asedio eran similares en esta época.

214 El uso de sacos y, con mayor frecuencia, de cestos de arena era un procedimiento de fortificación similar al de las grandes guerras de nuestro siglo: H ERÓDOTO (VIII 71, 2) cita su utilización en el Istmo de Corinto para detener el avance persa.

215 Cf. H ERÓDOTO , I 179.

216 Probablemente, el primer testimonio del empleo de un ingenio similar en los asaltos a fortificaciones sea el de T UCÍDIDES en el asedio a Platea (II 76, 4), pese a que su denominación es embot ḗ .

217 Un procedimiento de defensa similar era seguido por los plateos: cf. T UCÍDIDES , II 76, 4.

218 La diferencia que el autor establece en la manera de defenderse de estas máquinas nos indica que se trata de dos ingenios diferentes, el ariete y el trépano, aunque con funciones similares. H ERÓN atribuye su invención a Diades y Quéreas, mecánico de Alejandro (Poliorcética XIII; W ESCHER , pág. 238).

219 Estas piedras se utilizaban también para obstruir las rutas de acceso a las máquinas (J ENOFONTE , Helénicas II 4, 27). La descripción del autor parece indicar que pudiera tratarse de una especie de grúa dotada de un contrapeso capaz de mover la piedra.

220 La invención de la catapulta para lanzar flechas es atribuida también a Dionisio I de Siracusa (cf. P LUTARCO , Moralia 219a), mientras la catapulta para lanzar piedras no aparece hasta el asedio de Tiro por Alejandro. Cf. D IODORO , XX 48, 1.

221 El primer testimonio del empleo de esta protección, habitualmente por parte de los sitiadores, aparece en J ENOFONTE (Helénicas III 1, 7), cuando Tribón, durante el asedio de Larisa en el año 399 a. C., trataba de cortarles el suministro de agua y se servía de una tortuga para defenderse del contrataque de los asediado. No obstante, D IODORO (XII 28, 3) señala que Pericles ya las utilizó durante el asedio a Samos en el 440.

222 En el asedio de Platea, los plateos construyeron un segundo muro defensivo en previsión de que los enemigos pudieran rebasar el primero (T UCÍDIDES , II 76, 3). Siguiendo las pautas de Eneas, F ILÓN (T HÉV ., pág. 92 = D.S, pág. 77) recomienda la construcción de un contra-muro triangular para que el enemigo esté expuesto a recibir disparos desde dos posiciones simultáneamente.

223 Las mezclas incendiarias eran bien conocidas por los griegos, de ahí el nombre de fuego griego. Está perfectamente atestiguado que ya se emplearon en la Guerra del Peloponeso, en el asedio de Platea y de Delión, bien a base de azufre y pez (T UCÍDIDES , II 77, 4), bien con carbón ardiendo (T UCÍDIDES , IV 100, 4). En el cap. XXXV, hace una detallada descripción de los elementos necesarios para estas mezclas; cf. A. D AIN , Apellations grecques du feu grégois, París, 1940. Vid., asimismo, P OLIENO , VI 3.

224 En el asedio de Regio (386 a. C). sus habitantes rechazaron el asalto de Dionisio de Siracusa de manera análoga, retrasando durante unos años la conquista de la plaza (cf. D IODORO , XIV 108, 4).

225 Según el testimonio de H ESÍODO (Trabajos 423), su dimensión era de tres codos y se utilizaba como amasador.

226 Móssyn es una palabra de origen asiático que, probablemente, fue introducida por J ENOFONTE (Anábasis V 4, 26) en el ámbito militar. Cf. D IONISIO DE H ALICARNASO , Ant. Rom. I 26.

227 Un procedimiento similar aparece en H ERÓDOTO (IV 23, 4, 73, 2, y 75, 1) y Ρ ΟLIΕΝΟ (VI 3).

228 Esta sugerencia aparece también en F ILÓN (T HÉV ., pág. 99 = D.S., pág. 72); P OLIENO , VI 3; T EOFRASTO , Sobre el fuego 25; P LINIO , Hist. Nat. XXXIII 94. Cf. A . D AIN , Le Corpus perditum, París, 1939, págs. 39 y sigs.

229 Vid. J. R. P ARTINGTON , A history of Greek fire and gunpowder, Cambridge, 1960.

230 Según H UNTER -H ANDFORD (pág. 227), los preceptos de Eneas pudieron haber sido puestos en práctica en el asalto de Fliunte (cf. J ENOFONTE , Helénicas VII 2, 5-9).

231 La construcción de un foso exterior para contrarrestar la perforación de galerías también se recomienda en F ILÓN (T HÉV ., pág. 91 = D.S., pág. 53), en el Anónimo de Bizancio XII, 6 (K ÖCHLY -R ÜSTOW , II 2, pág. 76), y V ITRUBIO (X, S CHNEIDER , 16). Vid. Du M ESNIL -D U B UISSON , «Les mines et les sapes dans l’antiquité», Bulletin de la Société nationale des Antiquaires de France (1938), págs. 185 y sigs.

232 Los ambraciotas utilizaron un recurso similar contra los zapadores romanos: P OLIBIO , XXI 28, 11 y sigs.; P OLIENO , VI 17.

233 Cf. A PIANO , De Bello Mithrid. 44.

234 Eneas sigue la versión de H ERÓDOTO , IV 200. El suceso puede fecharse en el 512 a. C., cuando el general persa Ámasis sitió Barca.

235 V ITRUBIO (X, S CHNEIDER 16) cuenta que Trifón de Alejandría descubrió de manera análoga las minas que se construían contra la ciudad de Apolonia. La recomendación de que la detección se realice por las noches es comprensible, por ser el momento más silencioso del día. Cf. A. D AIN , «Memorandum inédit sur la défense des places», R.E.G. 53 (1940), 123-136.

236 Podemos suponer, como resultado final, una especie de pirámide con los timones de los carros elevados y atados en su extremo, todo ello recubierto con otras maderas, a manera de tejado. Para mayor información, véase el comentario de H UNTER -H ANDFORD (págs. 230-232), y el Apéndice II (págs. 114 y sigs.) de la edición de D AIN .

237 La táctica de combate con relevos rotatorios es conocida por T UCÍDIDES (V 9, 8) , a quien Eneas parece seguir en este pasaje. Esta táctica tuvo un uso habitual en el siglo IV a. C., sobre todo, a partir de las innovaciones tácticas impulsadas por Ifícrates. En el Memorandum..., publicado por A. D AIN (pág. 125 §§ 16-17), se encuentran observaciones similares.

238 No se debe interpretar esta recomendación como una actitud partidista del autor, sino como una cuestión de prestigio y ecuanimidad del oficial con toda la tropa. Cf. cap. XXII 15.

239 Cf. cap. XXVI 8.

240 Cf. cap. XI 6: en la traición de un magistrado a Quíos, una parte de los conjurados remontaron el muro con la ayuda de cuerdas.

241 La seguridad de las puertas de la muralla es una de las constantes del tratado, cf. cap. XXVIII, especialmente, § 4.

242 Si la fosa llegara hasta el exterior de la puerta se perdería el efecto sorpresa que persigue la artimaña propuesta por el autor.

243 F ILÓN (T HÉV ., pág. 93 = D.S., págs. 58-59) hace una propuesta similar.

244 V EGECIO (IV 4) habla de la antigüedad de la invención del rastrillo y de su colocación a la entrada del recinto, delante de la puerta. En el 208 a. C., fue utilizado por los habitantes de Salapia contra Aníbal (T ITO L IVIO , XXVII 28, 10-12) y por los licios de Janto contra M. Junio Bruto (A PIANO , Bell. Civ. IV 78).

245 Ya en el cap. XXXVIII 3, señala el autor el peligro que estas situaciones conllevan. El Memorandum... (A. DAIN , «Memorandum inédit...», pág. 125, § 22) y el De obsidione tolerando (T HÉV ., pág. 322 = B ERG , pág. 62, § 103 y sigs.) proponen exigir a cada soldado la contraseña, pero, en tal situación, evidentemente, su puesta en práctica parece difícil.

246 Un procedimiento similar siguieron los habitantes de Tiro en el asedio de Alejandro (D IODORO , XVII 43, 10). Su utilización es recomendada también por F ILÓN (T HÉV ., pág. 95 = D.S., pág. 125, § 22) y por H ERÓN (Poliorcética XXII W ESCHER , pág. 261). Por otro lado, se puede pensar que no se trata de redes normales, sino especiales para este cometido y de mayor resistencia.

247 Se trata de una máquina que, originariamente, se empleaba para sacar agua de pozos y manantiales (H ERÓDOTO , I 193, 1). Sobre su utilización con fines militares, vid. V EGECIO , IV 21.

248 En el cap. XXII 19, tenemos una alusión a una construcción similar. Parece tratarse de los muros con almenas sin pasillo de ronda citados por F ILÓN (T HÉV ., pág. 80 = D.S., págs. 21-22, § 15-16). La ascensión no debía de ser complicada, pero el descenso entrañaría un serio peligro para la integridad del asaltante, bien por el peligro de una caída, bien por el ataque de los defensores.

249 Evidentemente, se trata de Dionisio I de Siracusa (cf. cap. X 21), pero se desconoce la referencia histórica precisa. La misma historia es narrada por J USTINO (XVI 5), aunque la atribuye a Clearco y la sitúa en Heraclea del Ponto (364-363 a. C.).

250 Conjetura de C ASAUBON , que H UNTER -H ANDFORD omiten en su edición (pág. 100).

251 Cf. C. M OSSÉ , «Le rôle des esclaves dans les troubles politiques du monde grec à la fin de l’époque classique», Cahiers d'Historie 6 (1961), 353-360.

252 A pesar de que se desconoce la fecha exacta del asedio, puede situarse en torno al 370 a. C. P OLIENO (VII 21, 2 y 5) relata la historia de Datamas, sátrapa cario de Capadocia que, tras independizarse de Artajerjes, conquistó Paflagonia y se rebeló contra el sátrapa de Dascilio. Finalmente, murió asesinado en el 362 a. C. (cf. C ORNELIO N EPOTE , Datamas IV-VIII).

253 J ENOFONTE (Anábasis I 2, 15; IV 8, 11; VII 1, 23; Helénicas II 4, 34) y T UCÍDIDES (IV 93, 4; IV 94, 1; V 68, 3; VI 67, 1-2) dan instrucciones sobre formación militar, pero las estratagemas de Eneas difieren y resultan extrañas. Véase las explicaciones de H UNTER -H ANDFORD , págs. 238-239, y D AIN , págs. 136-138 de las notas complementarias.

254 Aunque esta obra no ha sido conservada, puede deducirse su contenido a través de F ILÓN (T HÉV ., págs. 88-89 = D.S., págs. 45-48, §§ 30-47).

255 El tratado se interrumpe en este punto, cuando se disponía a dar información sobre la organización naval de una pequeña ciudad del siglo IV a. C. Sobre el sentido de la frase, parece claro que organiza la armada en dos flotas que, para D AIN , pág. 138, tendría funciones diferentes.

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30 января 2026
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9788424931940
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