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Colección Investigaciones
Las miradas múltiples. El cine regional peruano, tomo I
Primera edición digital: noviembre, 2017
© Universidad de Lima
Fondo Editorial
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Urb. Fundo Monterrico Chico, Lima 33
Apartado postal 852, Lima 100, Perú
Teléfono: 437-6767, anexo 30131
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Diseño, edición y carátula: Fondo Editorial de la Universidad de Lima
Imagen de portada: Fotografía de Marcial Miranda,
de la película Lágrimas de fuego
Versión ebook 2017
Digitalizado y distribuido por Saxo.com Perú S. A. C.
https://yopublico.saxo.com/
Teléfono: 51-1-221-9998
Avenida Dos de Mayo 534, Of. 304, Miraflores
Lima - Perú
Se prohíbe la reproducción total o parcial de este libro, por cualquier medio, sin permiso expreso del Fondo Editorial.
ISBN versión electrónica: 978-9972-45-405-9
Índice
Presentación
Introducción
Capítulo 1 Un nuevo cine peruano
1.1 Causas de su aparición
1.2 Perfil del cineasta regional
1.3 Producción y realización
1.4 Exhibición y distribución
1.4.1 La exhibición itinerante
1.4.2 Problemas de exhibición en Ayacucho y Puno
1.4.3 La figura de los “promotores”
1.4.4 La exhibición en los multicines
1.4.5 La distribución en DVD
1.4.6 La exhibición en el extranjero
1.4.7 La exhibición en festivales locales
1.5 Géneros
1.5.1 Horror
1.5.2 Melodrama
1.5.3 Realismo social
1.5.4 Comedia
1.5.5 Religioso
1.5.6 Otros géneros de ficción
1.5.7 Documental
1.5.8 Experimental y animación
1.6 Modo narrativo y dramaturgia
1.7 Lenguaje audiovisual
1.8 Estética
1.9 Técnica
1.10 Cinefilia
1.11 Apoyo institucional
1.11.1 Gobiernos regionales y municipales
1.11.2 El Conacine y el Ministerio de Cultura
1.11.3 Prensa y crítica cinematográfica
1.11.4 Trabajos académicos sobre el tema
1.11.5 El cine regional en las obras de los cineastas
1.11.6 Agremiaciones
Capítulo 2 El cine en las regiones
2.1 Áncash
2.2 Apurímac
2.3 Arequipa
2.4 Ayacucho
2.5 Cajamarca
2.6 Cusco
2.7 Huancavelica
2.8 Huánuco
2.9 Junín
2.10 La Libertad
2.11 Lambayeque
2.12 Loreto
2.13 Piura
2.14 Puno
2.15 Tacna
2.16 Ucayali
2.17 Gráficos y tabla
Capítulo 3 Películas. Fichas, sinopsis y comentarios
Áncash
1. Huaraz en el tiempo (2015), director: Tito Olaza
Apurímac
2. El último guerrero chanka (2011), director: Víctor Zarabia Almanza
Arequipa
3. Mónica, más allá de la muerte (2006), director: Roger Acosta Escobar
4. Torero (2009), director: Roger Acosta Escobar
5. Eitianen, el mensajero de la luz (2010), director: Juan Manuel Ojeda
6. Ana de los Ángeles (2012), director: Miguel Barreda Delgado
7. Metanoia (2013), directora: Cecilia Cerdeña
8. Cable a tierra (2013), directora: Karina Cáceres
9. El cura sin cabeza (2014), director: Roger Acosta Escobar
10. Encadenados (2015), director: Miguel Barreda Delgado
Ayacucho
11. Lágrimas de fuego (1996), directores: José Gabriel Huertas y Mélinton Eusebio
12. Dios tarda pero no olvida (1997), director: Palito Ortega Matute
13. Sangre inocente (2001), director: Palito Ortega Matute
14. Qarqacha, el demonio del incesto (2002), director: Mélinton Eusebio Ordaya
15. La maldición de los jarjachas (2002), director: Palito Ortega Matute
16. Gritos de libertad (2003), director: Luis Enrique Berrocal Godoy
17. Pisthaco (2003), director: José Martínez Gamboa
18. Nakaq (2003), director: José Gabriel Huertas Pérez
19. Uma, cabeza de bruja (2005), director: Lalo Parra Bello
20. El rincón de los inocentes (2005-2013), director: Palito Ortega Matute
21. El pecado (2006), director: Palito Ortega Matute
22. Waqra, corazón contento (2006), director: Ramiro Velapatiño Marca
23. Chullpicha (2007), director: Luis Aguilar de la Cruz
24. Supay, el hijo del condenado (2010), director: Miler Eusebio Morales
25. Secuelas del terror (2010), director: Juan Camborda Cruz
26. Apuyaya (2012), director: Juan Camborda Cruz
27. Bullying maldito, la historia de María Marimacha (2015), director: Mélinton Eusebio Ordaya
Cajamarca
28. Justicia santa (2003), director: Héctor Marreros
29. Los rebeldes (2004), director: Héctor Marreros
30. Coraje (2004), director: Héctor Marreros
31. Los taitas (2005), director: Héctor Marreros
32. Zapatos nuevos (2005), director: Héctor Marreros
33. Los caciques (2006), director: Héctor Marreros
34. Milagroso Udilberto Vásquez (2006), director: Héctor Marreros
35. Mi vida es un milagro (2007), director: Héctor Marreros
36. El encuentro de dos mundos, la otra cara (2007), director: Héctor Marreros
37. Madre dolorosa (2008), director: Héctor Marreros
38. Trueque en los Andes (2008), director: Héctor Marreros
39. Sebastián de Callash (2009), director: Héctor Marreros
40. Caminos reales (2009), director: Héctor Marreros
41. Un hombre rico en caridad (2010), director: Héctor Marreros
42. El atardecer de los inocentes (2011), director: Héctor Marreros
43. Trata de blancas en la sierra (2011), director: Héctor Marreros
44. Trata de blancas 2 (2013), director: Héctor Marreros
45. Yo mimo soy (2014), director: Héctor Marreros
46. Udilberto Vásquez, el último fusilado (2015), director: Héctor Marreros
47. El secuestro (2015), director: Héctor Marreros
48. Encuentro pendiente (2011), director: Lenin Salinas Roldán
49. En el corazón de Conga (2012), directores: Isabel Guarniz, Andrea Valencia, Andrés Llanos, Walter Canchanya y Raúl Cartagena
50. La Cuda, la otra cara de la muerte (2013), director: Dante Rubio
Cusco
51. Choquek’irao en la cosmovisión andina (s/f), director: César A. Vivanco Luna
52. Folclore y utopía en los Andes (2010), director: César A. Vivanco Luna
53 Los ch’ukus de Canas. Mito, danza y color en los Andes (s/f), director: César A. Vivanco Luna
54. La guerra de los dioses. Corpus Inti Cristi Raymi (s/f), director: César A. Vivanco Luna
55. Los sentenciados de la selva (2010), director: César A. Vivanco Luna
56. Perú imaginario o Perú de la realidad (2008), director: César A. Vivanco Luna
57. Inkarri: 500 años de resistencia del espíritu inca en el Perú (2012), director: José Huamán Turpo
58. La fiesta del compadre (2014), director: Ángel Romero Pacheco
Huancavelica
59. Don Melcho, amigo o enemigo (2008), director: Arnaldo Soriano Vásquez
Huánuco
60. Los Negritos de Huánuco (2014), director: Elías Cabello Contreras
Junín
61. Huaca (2000), director: Nilo Inga Huamán
62. Sangre y tradición (2005), director: Nilo Inga Huamán
63. El Tunche. Misterios de la selva (2007), director: Nilo Inga Huamán
64. Madre. Una ilusión convertida en pesadilla (2009), director: Daniel Núñez Durán
65. El vástago y su promesa. Madre 2 (2010), director: Daniel Núñez Durán
66. El hijo pródigo (2011), director: Daniel Núñez Durán
67. Rosa (2010), director: Dalmer Quintana
68. Te juro amor eterno (2010), directores: León Cáceres y Luis Gonzales
69. Con nervios de toro (2012), director: Nilo Inga Huamán
70. La promesa (2013), director: Juan Carlos Ambrosio
71. La danza del zorzal (2013), director: Omar Sapaico Vargas
72. Yawar Wanka (2014), director: Jacqueline Riveros Matos
La Libertad
73. Los actores (2006), director: Omar Forero
74. Chicama (2012), director: Omar Forero
75. El ordenador (2012), director: Omar Forero
Lambayeque
76. Trampas de tu lado oscuro (2013), director: Óscar Liza
77. La abuela Genoveva (2008), director: Manuel Eyzaguirre
78. Viajero (2012), director: Manuel Eyzaguirre
79. Verano (2014), director: Manuel Eyzaguirre
Loreto
80. Chullachaqui (2007), director: Dorian Fernández-Moris
81. El último piso (2010), director: Dorian Fernández-Moris
82. Cementerio general (2013), director: Dorian Fernández-Moris
83. Desaparecer (2015), director: Dorian Fernández-Moris
Piura
84. Rumbos inciertos (2010), director: Samuel Eliú Espinoza Parrales
Puno
85. La fuerza de un héroe (2001), director: Ramiro Díaz Tupa
86. El abigeo o Maylli, el abigeo (2001), director: Flaviano Quispe Chaiña
87. El huerfanito o Juanito, el huerfanito (2004), director: Flaviano Quispe Chaiña
88. El misterio del Kharisiri (2004), director: Henry Vallejo Torres
89. Triste realidad (2004), director: Fredy Larico
90. La casa embrujada. Fenómenos inexplicables (2007), director: Joseph Lora
91 Condenado en la pequeña Roma (2007), director: Edwin J. Vilca Yávar
92. El hijo del viento o Buscando a papá (2008), director: Flaviano Quispe Chaiña
93. Amor en las alturas (2008), director: Percy Pacco Lima
94. Marcados por el destino (2009), director: Óscar Gonzales Apaza
95. Casarasiri. La lucha por el verdadero amor (2010), director: Joseph Lora
96. El chillador (2012), director: Oclides Mamanchura
97. Matar para vivir. La cruel decisión (2013), director: Edgar Ticona Mamani
San Martín
98. Enemigos de la cruz (2011), director: Dante Ulloa Pedroso
Tacna
99. ¿Verdad o castigo? (2012), director: Carlos Vera Munárriz
Ucayali
100. La Yara (2005), director: Iván Yance Chávez
Imágenes
Afiches de las películas
Festivales y eventos
Fotogramas
Referencias
Relación de directores entrevistados
Anexos
1. Edad, nivel educativo, profesión u oficio de origen de los cineastas regionales, y profesión u oficio de sus padres
2. Edad, nivel educativo, profesión u oficio de origen de los cineastas regionales, y profesión u oficio de sus padres. Cine regional tipo 1. Características: formato preferente de largometraje, relatos de ficción, filmes de género, modo narrativo clásico y exhibición prioritariamente comercial
3. Edad, nivel educativo, profesión u oficio de origen de los cineastas regionales, y profesión u oficio de sus padres. Cine regional tipo 2. Características: formato mayoritariamente de mediometraje y cortometraje, cine de autor, documental y experimental. Exhibición preferentemente en festivales y salas culturales
4. Películas regionales de más de 45 minutos, por año
5. Películas regionales de más de 45 minutos, por región
6. Películas regionales de más de 45 minutos, por género
7. Películas regionales de más de 75 minutos, por año
8. Películas regionales de más de 75 minutos, por región
9. Películas regionales de más de 75 minutos, por género
10. Proyectos premiados por el Estado peruano en Concursos de Proyectos de Obras de Largometraje de Ficción Exclusivos para Regiones del País (excepto Lima metropolitana y Callao)
11. Largos regionales estrenados en multisalas
12. Películas regionales con mayor cantidad de espectadores
13. El huerfanito. Número de espectadores según cálculo de Flaviano Quispe
14. Largometrajes peruanos estrenados 1996-2015
15. Cronología del cine regional. Año 2016
16 Estrenos regionales 2016. Largometrajes
Presentación
A través de esta publicación queremos hacer conocer un cine que se realiza de manera continua en el Perú desde hace veinte años, pero que es ignorado o menospreciado en la capital del país pese a su innegable valor. El “cine regional”, llamado así para diferenciarlo del cine limeño, ofrece no solo relatos e imágenes que representan una gran variedad cultural y geográfica, sino diversidad de géneros y estéticas. No creemos exagerar si afirmamos que es el movimiento más importante del cine peruano de las últimas décadas.
Este libro, que presentamos en dos volúmenes, está destinado a especialistas, investigadores y estudiantes de cine, arte y comunicación, a autoridades encargadas de diseñar las políticas culturales en nuestro país, a los mismos cineastas y al público en general. Es fruto de un estudio llevado a cabo por los autores para el Instituto de Investigación Científica de la Universidad de Lima (IDIC). Han sido consultados materiales hemerográficos, bibliográficos y páginas web, pero las principales fuentes fueron las entrevistas en profundidad realizadas a 84 directores de cine peruanos, la mayoría de ellas efectuadas en las regiones donde viven y trabajan los entrevistados.
El primer volumen del libro tiene tres partes. En la primera se expone un panorama del llamado cine regional en el Perú. Se señalan las causas de su aparición, se describe el perfil del cineasta regional, se explica el sistema de producción, realización, distribución y exhibición de las películas, se estudian los géneros abordados por los cineastas y se mencionan las principales películas de cada género, así como se comentan los modos narrativos, la dramaturgia, el lenguaje audiovisual empleado en los filmes, su estética y los conocimientos de historia del cine y preferencias cinéfilas de los realizadores. Por último, se analiza el apoyo institucional brindado al cine regional, en especial por parte del Estado a través de los concursos convocados primero por el Consejo Nacional de Cinematografía (Conacine) y después por el Ministerio de Cultura.
En la segunda parte se hace una reseña del desarrollo del cine en cada región estudiada, indicando algunos antecentes históricos, géneros y cineastas más destacados, premios obtenidos y aspectos de la cultura cinematográfica, como cineclubes, festivales y publicaciones especializadas.
La tercera parte contiene fichas técnicas, sinopsis y comentarios de cien películas regionales, seleccionadas por su calidad cinematográfica, importancia histórica y social, o por ser representativas de una región, género o estilo. La mayoría son largometrajes de ficción, pero también se incluyen cortometrajes y documentales. Los autores del libro se han dividido la tarea de la elaboración de sinopsis y comentarios, y los suscriben individualmente con sus iniciales.
En el segundo volumen del libro ofrecemos entrevistas editadas a treinta y dos de los ochenta y cuatro realizadores con quienes pudimos conversar durante nuestra investigación. El número de entrevistados por región que aparece es más o menos proporcional a la producción cinematográfica en cada lugar del país. Las entrevistas se hicieron sobre la base de un cuestionario previamente elaborado, pero la profundidad en el tratamiento de los temas varió de acuerdo a las particularidades del cineasta y su obra.
Queremos expresar nuestro agradecimiento a los ochenta y cuatro directores entrevistados, cuyos nombres figuran en una relación al final del primer volumen, y a otros cineastas (productores, directores, guionistas y técnicos) que nos prestaron también valiosa información: Luis Basilio (Junín), Edgar Pérez Bedregal (Tacna), Tito Catacora (Puno), Luis González-Polar (Loreto), Felipe López (Ayacucho), Carlos Marín (Lima), Ernesto Mendiguri (Arequipa), Carlos Morales (Ayacucho), Ramiro Moreyra Portilla (Cusco), Tito Olaza (Áncash), Pierre Pastor (Arequipa), Saturnina Peñaloza (Junín), Kathy Quio (Ucayali), Henry Ronquillo (Puno), Anita Salinas (Arequipa), Fernando Valdivia (Lima), Julio Vizcarra (Lima), Iván Yance Chávez (Lima) y Laura Zolezzi (Arequipa). A críticos y trabajadores de la cultura cinematográfica fuera de Lima: Milton Calopiña (Lambayeque), Cocó Herrera (Arequipa), Heidi Pastor (Lambayeque), Carlos Valer (Ayacucho), Lady Vinces (Lambayeque), y a César Vargas (Lambayeque), a quien debemos la indagación sobre la primera película chiclayana. A Raúl Castro, autor de una de las tesis pioneras sobre el tema, quien nos dio aceso a su investigación y nos brindó un par de horas de sustanciosa charla. A Natalia Ames y Ana Caridad Sánchez, que nos facilitaron la lectura de sus tesis académicas. A Marcial Miranda, quien nos proporcionó videos y fotografías. A Pierre Emile Vandoorne, con quien sostuvimos esclarecedoras conversaciones. A Grecia Aguinaga y Wendy Agurto, que nos apoyaron en las muestras y conversatorios sobre cine regional que tuvieron lugar en la Universidad de Lima en los años 2013 y 2014. A Lorena Bustamante Durán, Maya Dolorier y Marco Díaz, que contribuyeron con la transcripción de algunas entrevistas.
Introducción
Desde 1996 (año en que se realizó la película ayacuchana Lágrimas de fuego) a la fecha se ha desarrollado de manera continua en el Perú un cine producido fuera de la capital de la República, que cuenta ya con alrededor de ciento cincuenta largometrajes, la mayoría de los cuales se ha exhibido comercialmente en su lugar de origen y sitios aledaños. Además, han sido elaborados decenas de mediometrajes y cortometrajes.
Las regiones de mayor actividad cinematográfica son Ayacucho, Puno, Junín y Cajamarca. También se ha hecho cine en Áncash, Arequipa, Apurímac, Cusco, Huancavelica, Huánuco, La Libertad, Lambayeque, Loreto, Pasco, Piura, San Martín, Tacna y Ucayali. En el presente libro llamaremos cine regional a este cine, producido y exhibido en las regiones fuera de Lima Metropolitana y Callao, realizado en soporte de película cinematográfica o video (digital o analógico), por empresas (formales o informales) domiciliadas en esas regiones y por cineastas que viven y trabajan allí.
En los últimos años se ha hecho notorio que no existe un solo tipo de cine regional, sino varios. Por lo menos tendríamos que distinguir dos: uno constituido por películas de largometraje de ficción, que emplean una narrativa de género y están dirigidos principalmente a un público popular y masivo; otro conformado por películas en su mayoría de cortometraje, que incluye filmes de autor, documentales y experimentales, dirigidas especialmente a un público universitario o de cinéfilos. El primero tiene como fuentes cinematográficas a los filmes de género de Hollywood (en especial películas de horror y acción), las películas de artes marciales de Hong Kong y los melodramas de la India. El segundo, al cine moderno y de autor. El primero es mayoritario en Puno, Ayacucho, Junín y Cajamarca; el segundo, en Arequipa, Lambayeque y Cusco. El primero guarda semejanzas con el llamado cine ecuatoriano “bajo tierra” o manabita y el cine en video de Nigeria y Ghana; el segundo, con el llamado cine independiente limeño. El primero es históricamente anterior, se considera como su punto de partida el filme ayacuchano Lágrimas de fuego, de 1996; el segundo podría fecharse, tentativamente, en el 2006, cuando el trujillano Omar Forero realiza su primer largo, Los actores, aunque él ya había dirigido antes cortometrajes, entre ellos La vida da vueltas (ganador del Festival de Cortometrajes Expecta-Cade en el año 2000). En el surgimiento de ambos tipos de cine tendría gran importancia el abaratamiento de la tecnología digital.
El primero de estos “cines regionales” tiene exhibición comercial, y el segundo mayoritariamente no comercial. La exhibición de las películas del primer tipo es itinerante, se inicia en la capital del departamento, se puede extender a otras provincias y regiones, los lugares donde se proyectan las películas son salas municipales, comunales, escuelas y al aire libre; pocos filmes han tenido exhibición nacional en multicines, pocos se han exhibido en festivales, y varios en el cineclub del Comité de Administración del Fondo de Asistencia y Estímulo de los Trabajadores del Sector Educación (Cafae-SE) en Lima, pero en este espacio de modo gratuito. En regiones como Ayacucho y Puno varias películas han sido vistas por decenas y hasta centenares de miles de espectadores, que han abarrotado los lugares donde han sido exhibidas. Los filmes del segundo tipo se muestran en salas culturales y algunos festivales, muy pocos han llegado a los multicines.
El perfil de los cineastas también varía. En el primer caso, los realizadores son de clase media, pero sus padres han emergido, en su mayoría, de sectores populares (algunos rurales o semirrurales); aunque casi todos tienen estudios superiores (hay, entre ellos, actores, artistas plásticos y profesores), solo algunos han adquirido formación académica en materia audiovisual. En el segundo caso provienen de hogares de clase media urbanos, y tienen estudios superiores en comunicaciones en universidades de su región.
Los cineastas de uno y otro tipo de cine regional han creado eventos (encuentros o festivales) para exhibir sus películas y establecer espacios de conocimiento e intercambio de experiencias. Ha habido encuentros en Ayacucho (2009 y 2010, organizados por la Asociación de Cineastas de Ayacucho, y 2015, organizado por Amaru Producciones, de Lalo Parra), Arequipa (2008 y 2013, organizados por Roger Acosta), Cajamarca (2013 y 2014, organizados por Héctor Marreros), Juliaca (2008, 2014 y 2015, organizados por Joseph Lora) y Huánuco (2014 y 2015, organizados por Elías Cabello), que han reunido a realizadores que cultivan el primer tipo de cine, y han tenido algún respaldo de gobiernos o instituciones locales, e inclusive del Ministerio de Cultura (en el caso del I Festival de Cine Regional Ayacucho 2015, cuyo proyecto ganó uno de los premios de gestión cultural en regiones otorgados por esa entidad).
Encuentros y festivales como Cinesuyu (Cusco); el Festival de Cine de Trujillo; el Festival de Cine Universitario “El cine que nos mueve” de Chiclayo, y Corriente - Encuentro de Desarrollo de Cine de No Ficción de Arequipa, son organizados por cineastas que practican el segundo tipo de cine, con apoyo –en algunos casos– del Ministerio de Cultura en cuanto obtuvieron premios a la gestión cultural en regiones.
La narrativa de género del primer tipo de cine regional tiene un fuerte componente de oralidad. Los géneros más abordados son el melodrama y el horror. Algunas de las películas de este tipo de cine son habladas parcial o totalmente en quechua (Supay, el hijo del condenado, de Miler Eusebio; Casarasiri, de Joseph Lora), y en los parlamentos en castellano se observa una construcción sintáctica heredada del quechua. El vínculo con la cultura popular y con la tradición es muy fuerte. En los filmes del segundo tipo, por el contrario, hay evidencia de una cultura letrada en los parlamentos de los personajes (Ana de los Ángeles, de Miguel Barreda Delgado), y especialmente en la voz de los narradores (Cable a tierra, de Karina Cáceres), y menos contacto con la tradición popular oral.
Los dos tipos de cine regional mencionados coexisten en algunas regiones con ciertos matices particulares. En Arequipa, Roger Acosta y Medardo Medina (este último específicamente de Mollendo) representarían al primero, y Miguel Barreda Delgado, Cecilia Cerdeña, la Asociación Monopelao, Karina Cáceres y los demás miembros del colectivo Okupas, al segundo. En Lambayeque, Óscar Liza se halla más cercano al primero, y Manuel Eyzaguirre se ubica plenamente en el segundo. En Iquitos, Dorian Fernández-Moris empieza a desarrollar su actividad a partir del primero, y Christian Bendayán y los cortos de la Asociación La Restinga se acercarían más al segundo. No obstante, la experiencia de la Asociación La Restinga hace pensar en un tercer tipo de cine promovido por organismos no gubernamentales que generan creaciones audiovisuales de artistas surgidos entre la población hacia la cual se hallan dirigidas sus actividades de promoción social.
Además, es preciso reparar en que existen peculiaridades en cada caso. No es igual el cine de horror ayacuchano que el puneño, y el melodrama cajamarquino tiene diferencias con el juliaqueño. El barroquismo de ciertos filmes experimentales cusqueños que se preguntan por la identidad nacional es casi opuesto al minimalismo descarnado de algunas películas chiclayanas y trujillanas que indagan sobre la soledad del individuo.
Debe añadirse que, pese a todo, existen vasos comunicantes entre ambos tipos de cine regional señalados. No solo afrontan problemas similares de exhibición y distribución, así como el escaso conocimiento o difusión de su existencia por parte de la prensa, críticos y académicos limeños, sino que sus representantes han compartido varias veces encuentros y escenarios. Chicama, de Omar Forero, fue seleccionada para el I Festival de Cine Regional Ayacucho 2015, lo mismo que Ana de los Ángeles, de Miguel Barreda Delgado, para el Encuentro de Cine Andino de Arequipa (2013), donde Barreda incluso tuvo a su cargo una conferencia sobre dirección de actores. Flaviano Quispe Chaiña, uno de los principales representantes del primer tipo de cine regional fue uno de los invitados en el Festival de Cine de Trujillo de 2014 (donde Omar Forero fue miembro del consejo consultivo).
Lo que revela, en general, el llamado cine regional es una variedad de tipos, formas y contenidos. Una riqueza que puede crecer con el debido respaldo institucional. Pero, a pesar de su evidente importancia, este cine no es suficientemente difundido en el ámbito nacional, y es casi invisible en Lima. A ello ha contribuido, sin duda, su escasa exhibición en el circuito comercial de los multicines (solo doce largometrajes estrenados allí), pero también la poca atención que le han dedicado los medios de comunicación, la crítica especializada, los cineastas de la capital, los centros académicos y las entidades del Estado.
Cabe anotar que el término cine regional que emplearemos en este libro es discutido por los mismos cineastas. Varios de ellos lo encuentran despectivo, al igual que la denominación ‘cine provinciano’. Prefieren que se hable simplemente de cine peruano; sin embargo, al llamar ‘cine peruano’ a este cine se corre el riesgo de invisibilizarlo. Durante años se ha identificado al cine peruano con el cine hecho en Lima. Algunos de los mismos directores entrevistados, al ser preguntados por las películas peruanas que recordaban, respondieron citando filmes limeños, y solo al pedirles que nombraran películas “regionales” mencionaron a las no producidas en la capital. El director arequipeño Miguel Barreda ha sugerido sobre el particular que se hable de “cine peruano arequipeño”, “cine peruano ayacuchano”, “cine peruano puneño”, etcétera; es decir, de cine peruano como producto con una denominación de origen específica. En cualquier caso, desde hace veinte años estamos ante un nuevo cine peruano que representa escenarios, prácticas culturales, vivencias y sensibilidades antes ausentes en las pantallas del país. Un cine cuyo desarrollo en el futuro depende no solo del talento y tesón de sus realizadores, sino, en gran medida, del apoyo institucional que se le brinde.
Capítulo 1
Un nuevo cine peruano
1.1 Causas de su aparición
La aparición simultánea de cineastas en distintas partes del país es, probablemente, producto de la convergencia de un factor tecnológico y un componente cultural.
Por un lado, el desarrollo de la tecnología, que ha tenido como resultado el abaratamiento de los equipos de grabación en video (primero analógicos y luego digitales) y de las computadoras personales, ha generado un boom de producción cinematográfica independiente a escala global. Es así como el llamado cine regional peruano puede vincularse con el cine ecuatoriano “bajo tierra” (Alvear y León, 2009) o las películas en video de Nigeria y Ghana (Saul y Austen, 2010).
En algunas regiones (Ayacucho, Puno, Junín, Cajamarca) el soporte del video doméstico, usado inicialmente para grabar acontecimientos familiares como bodas o fiestas patronales, se empleó luego para contar historias de ficción. La baja calidad de la imagen y la precaria edición no ahuyentaron a los espectadores de los primeros filmes en video, sino que, por el contrario, habrían permitido –según el antropólogo Raúl Castro (2007)– que reconocieran una estética que ya les era familiar porque se hallaba vinculada a las formas de registro de eventos de sus propias vidas. Además, en varias de esas películas eran representadas también costumbres locales, lo que habría contribuido a que en la exhibición de los filmes se creara –sostiene Castro– un “clima especial” que el espectador local vivía como un “encuentro ritual con preocupaciones de su vida diaria y sus tradiciones”, es decir, con “algunas de las narrativas más significativas de su identidad” (p. 5).
Por su parte, el formato del video les permitió a los jóvenes estudiantes o egresados de las facultades o escuelas de comunicaciones o arte de Arequipa, Lambayeque y Cusco, experimentar con la narrativa y el lenguaje audiovisual con una frecuencia y libertad que les hubiera sido imposibles disfrutar con cámaras y película cinematográficas (mucho más caras y escasas); asimismo, el formato doméstico los indujo a contar historias más íntimas y cotidianas, y exhibirlas en espacios no comerciales.
Por otro lado, gracias al video, culturas predominantemente orales, como la andina y la amazónica, parecen haber encontrado en el lenguaje audiovisual un vehículo expresivo ideal más acorde con su tradición que el lenguaje escrito. Este último fue durante siglos un privilegio de las élites en las regiones andinas y amazónicas; historias orales de los pueblos y comunidades fueron traducidas al castellano (en menor cantidad transcritas en quechua) por frailes o eruditos, pero su lectura siempre estuvo restringida a una minoría de personas alfabetizadas cuando no ilustradas o especialistas. Además, como señala Landeo Muñoz (2014) y antes lo indicara Arguedas (1953), el cuento oral andino o willakuy (en el que son citados animales y seres fantásticos como jarjachas, pishtacos y condenados), pierde mucho de su sentido cuando es plasmado por la escritura, pues la narración constituye una performance donde el cuentista emplea entonaciones de voz, gestos y movimientos corporales que van añadiendo significaciones a los acontecimientos relatados, las mismas que desaparecen en el proceso de transcripción. Esta modalidad de relato parecería demandar el registro audiovisual y se hallaría más cercana a la narración cinematográfica y al teatro que al cuento escrito.
Asimismo, como afirma Raúl Castro (entrevista realizada el 22 de enero del 2015), las culturas andinas y amazónicas no solo tienen una importante tradición oral, sino también visual que se expresa en tejidos, cerámica, mates burilados, tablas pintadas y retablos; y varias de estas manifestaciones artísticas visuales poseen un contenido narrativo compatible con el cine.
1.2 Perfil del cineasta regional
Como sostenemos en la introducción, se pueden distinguir dos modalidades del llamado cine regional, y dos perfiles de directores de acuerdo a cada modalidad.
Un primer grupo de cineastas está conformado por quienes realizan largometrajes de ficción con narrativa de género orientados a un público masivo y popular. En su mayoría trabajan en Ayacucho, Puno, Junín y Cajamarca. Sus películas tienen exhibición comercial, aunque no son programadas en los multicines (con escasas excepciones).
Estos realizadores son de clase media, pero sus padres –en varios casos– han sido campesinos, obreros, artesanos o comerciantes de escasos recursos (los ayacuchanos Mélinton Eusebio y Miler Eusebio, los juliaqueños Óscar Gonzales Apaza y Flaviano Quispe Chaiña, el cajabambino Lenin Salinas, el huancaíno Daniel Núñez Durán). Muchos de ellos han accedido a una educación superior en universidades de sus regiones, aunque muy pocos han llevado o llevan carreras relacionadas con el medio audiovisual (entre estos últimos se hallan los puneños Henry Vallejo y Óscar Catacora, los huancaínos Jacqueline Riveros y José Miguel García). Algunos no han terminado las carreras que iniciaron, debido a falta de dinero o vocación; otros han cambiado de carrera por una que han considerado más afín a sus expectativas profesionales.
En la gran mayoría de casos su afición al cine ha sido temprana y su aprendizaje de la narrativa, lenguaje y técnica audiovisuales ha sido empírico. Muchos coinciden en destacar el internet como fuente de conocimiento (Óscar Gonzales Apaza, Víctor Zarabia, Juan Camborda, Dalmer Quintana); Mélinton Eusebio no duda en afirmar que “ahora el internet es prácticamente una escuela de cine”, y Palito Ortega Matute asegura que “el internet es maravilloso, es una ventana donde entras y haces talleres gratuitos de edición, hay tutoriales para editar, para hacer post, para hacer guiones”.
Otros han estudiado carreras vinculadas con el audiovisual en institutos limeños (Roger Acosta en Anivisa; Jesús Contreras, Juan Camborda y Marcelino Huamán en el Instituto Charles Chaplin; Piero Parra y Ramiro Velapatiño en el Instituto de Educación Superior Tecnológico Público Diseño y Comunicación, IDC) o han seguido talleres relacionados con el audiovisual en instituciones de la capital (Flaviano Quispe y Edward Valenzuela en el Centro de Teleducación de la Universidad Católica, Cetuc; Percy Pacco en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos). Algunos tienen formación teatral (Nilo Inga, Flaviano Quispe, Walter Bustamante, Medardo Medina) y otros en artes plásticas (Lalo Parra, Joseph Lora, Víctor Zarabia, Julio Oré).
Varios han comenzado su quehacer cinematográfico como actores, al estilo de cineastas célebres como Charles Chaplin, Buster Keaton, John Ford, Orson Welles, Ingmar Bergman o Elia Kazan. A semejanza del cine clásico norteamericano, pueden encontrarse algunas genealogías o linajes de cineastas-actores. Por ejemplo, Percy Pacco, el protagonista de El abigeo (2001), de Flaviano Quispe, dirigió luego Amor en las alturas (2008), donde el coprotagonista es Óscar Gonzales, quien a su vez ha dirigido Marcados por el destino (2009). En Amor en las alturas también actúa en un papel secundario Francisco Torres, luego director de La leyenda del condenado (2011). Otro ejemplo es el ayacuchano Lalo Parra, que actuó en varias películas de Palito Ortega y después dirigió Uma, cabeza de bruja (2005). En Huancayo, Daniel Núñez fue actor en Sangre y tradición (2005) y El Tunche (2006) de Nilo Inga antes de dirigir Madre. Una ilusión convertida en pesadilla (2009), El vástago y su promesa. Madre 2 (2010) y El hijo pródigo (2011).
Las edades varían. Los entrevistados de mayor edad son Lalo Parra (60), Adán Díaz (59) y Walter Bustamante (57); los menores: Dante Rubio (29), David Acosta (29), Óscar Catacora (28), Jorge Gaitán (27) y Urpi García (27). La mayoría se encuentra entre los 30 y 39 años. Los mayores recuerdan haber asistido de niños y jóvenes a salas cinematográficas que se hallaban aún en funcionamiento en sus ciudades (Lalo Parra, Flaviano Quispe, Óscar Gonzales Apaza), otros declaran que su primer acercamiento al relato audiovisual fue por medio de la televisión (Nilo Inga, Luis Enrique Berrocal), y los más jóvenes a través del video.
Los cineastas que practican la otra modalidad de cine regional, orientada hacia el cine documental, de autor y experimental, provienen de hogares de clase media urbanos, y tienen estudios superiores en universidades de su región, en Lima, o fuera del país (el arequipeño Mauricio Banda cursó Animación en Barcelona y Bélgica, y la chiclayana Gisella Burga Comunicaciones en Madrid). La mayoría ha estudiado o estudia en facultades de Comunicación, y dos de ellos han seguido específicamente una carrera de cine en instituciones del extranjero: los arequipeños Miguel Barreda (en Alemania) y Karina Cáceres (en Cuba). El trujillano Omar Forero, graduado en Comunicaciones en la Universidad Particular Antenor Orrego de Trujillo (La Libertad), llevó talleres de cine en Estados Unidos. La mayor cantidad de los entrevistados de este grupo también tiene entre 30 y 39 años. El de más edad es el cusqueño César A. Vivanco (78) y el menor es el chiclayano Bryan Aguirre (21).
En ambos tipos de cine regional los realizadores han conformado empresas que, además de producir filmes, suelen brindar servicios audiovisuales como realización de videos institucionales y videoclips.
Mención aparte merece el hecho de que la gran mayoría de cineastas regionales que han llegado a dirigir un largometraje son de sexo masculino. En años más recientes, sin embargo, han aparecido algunas realizadoras que, en casi todos los casos, son egresadas universitarias de clase media, pertenecientes al segundo grupo de cineastas regionales mencionado. Por ejemplo, las arequipeñas Cecilia Cerdeña, Karina Cáceres y Andrea Quevedo. Cecilia Cerdeña estudió psicología y ha realizado varios cortos experimentales y el mediometraje Metanoia (2013). Karina Cáceres estudió publicidad en la Universidad Católica de Santa María y luego dirección de cine en la Escuela Internacional de Cine y Televisión en Cuba; ha dirigido cortos y el mediometraje Cable a tierra (2013). Andrea Quevedo, egresada de Comunicaciones de la Universidad Católica de Santa María, fue una de las fundadoras de la Asociación de Realizadores de Ficción de Arequipa (ARFA), dirigió un corto (El averno), ha sido directora de arte de Eitianen, el mensajero de la luz (2010) de Juan Manuel Ojeda, y asistente de dirección de Encadenados (2015) de Miguel Barreda. La huancaína Nina Peñaloza (fallecida en febrero del 2016) fue productora, guionista y actriz de largos de ficción, entre los que destaca Te juro amor eterno (2010), dirigido por Luis Gonzales y León Cáceres. La también huancaína Geraldine Zuasnábar dirigió el mediometraje Maldita suerte de mi madre (2012), en Huancavelica, cuando aún era estudiante de la Universidad de Lima. La chiclayana Alejandra Seclén, egresada de la Universidad Católica Santo Toribio de Mogrovejo, codirigió con Junior Carlos y Carlos Guerrero, el largometraje Vivir (2010). La cajamarquina Luz Isabel Guarniz, egresada de la Universidad de San Martín de Porres de Lima, ha sido productora de tres documentales en Cajamarca, y codirectora de uno de ellos. La ayacuchana Diose Bendezú Vargas ha codirigido el largometraje El pacto (2015) con su coterráneo Jaime Pacheco.
Otros dos casos son los de Jacqueline Riveros de Huancayo y Gisella Burga de Chiclayo. La primera solo había dirigido un cortometraje durante sus estudios de Ciencias de la Comunicación en la Universidad Nacional del Centro cuando ganó uno de los concursos de proyectos de largometraje del Conacine exclusivo para las regiones en el 2011 con Yawar Wanka, película que exhibió en Huancayo en el 2014. La segunda emigró de niña a España, donde, ya joven, estudió Comunicaciones en la Universidad Complutense de Madrid. Al volver al Perú hace unos años ha dirigido, además de algunos cortos, el mediometraje documental Yuraktukto (2013).
1.3 Producción y realización
Como hemos señalado, la producción de largometrajes ha sido continua desde 1996. Según la ley de cinematografía vigente (Ley 26370, 1994) se considera largometraje a la película cuya duración de proyección es de más de 75 minutos. De acuerdo con esta disposición se habrían realizado en las regiones (con excepción de Lima Metropolitana y el Callao) 147 largometrajes desde 1996 hasta el 2015. No obstante, si contamos las películas de más de 45 minutos que han sido lanzadas como largometrajes y aceptadas como tales por el público al que han estado dirigidas, la cantidad se eleva a 217 películas producidas desde 1996 hasta el 2015.
En cuanto a la producción anual de filmes de más 75 minutos, en 1996 se cuenta 1 película, en 1997 también 1, en 1999 hay 2, en el 2000 solo 1, en el 2001 son 3, igual número en el 2002, en el 2003 crece la cifra a 5, en el 2004 a 6, en el 2005 desciende a 5, en el 2006 sube a 7, en el 2007 crece considerablemente a 10, en el 2008 se registran 11, en el 2009 baja el número a 7, pero en el 2010 crece a 14, en el 2011 son 15, en el 2012 baja ligeramente a 12, en el 2013 sube otra vez a 15, en el 2014 baja a 9, y el 2015 sube a 19. Las regiones de mayor producción de películas que superan los 75 minutos son Ayacucho (37), Puno (36), Junín (21) y Cajamarca (19)1.
Si bien en los últimos años se nota un descenso en la producción de ciertas ciudades (Juliaca y Puno, de la región Puno), se ha incrementado la producción en otras (Chota, de la región Cajamarca, por ejemplo). La merma de la producción en Puno y Ayacucho (en el 2014 no se estrenó ninguna película de la región Puno) es atribuible a la disminución de las expectativas económicas como resultado –en parte– de la instalación de multiplex en Puno y la reducción de salas en Ayacucho. En general, pese a la constante producción regional de los últimos veinte años, existen límites en la exhibición y la distribución a los que nos referiremos en el acápite respectivo.
En el primer tipo de cine regional, aquel orientado preferentemente hacia la realización de largometrajes de ficción para exhibición comercial, los cineastas son, por necesidad, pequeños empresarios que invierten su propio dinero en la producción de una película. Trabajan muchas veces con su familia (hermanos, padres, tíos, primos, esposas e hijos) o amigos y hacen casi siempre el triple rol de directores, productores y guionistas si no son también actores y camarógrafos. Los auspicios o “canjes” publicitarios de empresas privadas son pocos y la contribución económica del Estado se limita a los premios de los concursos convocados por el Ministerio de Cultura. Los gobiernos locales (regional o municipal) no suelen considerar el cine una actividad cultural o artística, y por lo tanto no están dispuestos a entregar recursos a los realizadores.
La informalidad con la que trabajan los cineastas tiene consecuencias laborales, comerciales y artísticas. Por ser amigos o familiares, los actores y los técnicos que participan en la producción de una película regional, salvo excepciones, no reciben retribución económica o apenas se les da una cantidad “simbólica”, con cargo a que esta se incremente luego del estreno del filme y de acuerdo a las ganancias que se generen. Estos acuerdos (verbales) han provocado no pocos conflictos, de todo calibre, desde rompimientos amicales hasta procesos judiciales que han durado años.
Las querellas por la autoría o la propiedad de una película también se han producido con relativa frecuencia. El resultado, en algunos casos, ha sido que existen versiones diferentes de una misma película, como sucede con la ayacuchana Lágrimas de fuego (1996). El primer intento de Héctor Marreros de hacer una película sobre el caso del santo popular cajamarquino Udilberto Vásquez es otro ejemplo. Al no ponerse de acuerdo con sus socios César Bueno y Lizardo Huamán, estos se quedaron con las cintas de toda la grabación y editaron la película Inocencia infinita. Por su parte, Marreros volvió a filmar su guion y el resultado fue su ópera prima Justicia santa (2003). Unos años después hizo un remake titulado Milagroso Udilberto Vásquez (2006). Recientemente, el cineasta de Quinua, Julio Oré, y sus socios ayacuchanos Jorge Gaitán y David Acosta se disputaron la propiedad de la película Marimacha, la Encarnación (2013); al final llegaron a un acuerdo apareciendo los tres como codirectores del filme en el Festival de Cine Regional Ayacucho 2015.
La urgencia de recuperar la inversión obliga a los cineastas de Ayacucho, Puno, Junín y Cajamarca a saltarse frecuentemente el paso de la producción de cortometrajes que normalmente sirve para ensayar la técnica y aprender el lenguaje cinematográfico. Otro tanto sucede con el género documental, que la mayoría no practica porque no les da réditos.
Una estrategia de financiamiento parcial que está bastante extendida entre los realizadores de largometrajes de ficción consiste en convocar a castings que son a la vez talleres de actuación. Debido a que en provincias hay escasez de intérpretes, estas convocatorias suelen tener bastante éxito y utilizan el atractivo de que los mejores alumnos participarán finalmente en la realización de una película. De esta manera, terminan siendo una significativa fuente de ingresos para la producción del filme.
En muchos casos los cineastas no escriben un guion literario con todos y cada uno de los diálogos y las escenas de la película por realizar. Tienen como guía un argumento de unas cuantas páginas junto a esbozos de diálogos y situaciones principales. A pesar de que esta práctica está empezando a cambiar en los últimos años debido, entre otras causas, al aprendizaje autodidacto de los formatos y técnicas del guion que realizan los cineastas a través de internet, todavía muchos debutantes no escriben un guion literario. Sin duda, la oralidad ancestral está detrás de ello, aunque hay motivos más pragmáticos e inmediatos, como el hecho de que los directores se cuidan mucho de que otros cineastas de la región les plagien el proyecto y se adelanten a ellos en la realización y estreno de la cinta. De más está decir que son menos aún los que preparan un guion técnico.
Los rodajes de la mayoría de las películas de ficción se extienden normalmente a lo largo de meses e, incluso, años. Se filma cada vez que se reúne el dinero suficiente y, por lo tanto, el rodaje es esporádico. Una consecuencia negativa de esta forma de trabajo es que los actores suelen abandonar el proyecto por cansancio o debido a que dejan la localidad por razones laborales, económicas o de estudios. Varias películas se han visto afectadas por esto (Uma, cabeza de bruja, de Lalo Parra, es una de ellas). En algunos casos los cineastas han tenido que volver a filmar todas las escenas de un personaje con otro intérprete. En otros, han rehecho el guion hasta donde se ha podido para disimular la súbita desaparición de un personaje o el abandono del actor o la actriz (como ocurrió en Bullying maldito, de Mélinton Eusebio). No es raro encontrar incoherencias narrativas a causa de estas deserciones actorales. El abandono de los técnicos también suele traer consecuencias en el resultado final de una cinta, generalmente porque el camarógrafo es también el dueño de la cámara. Por lo tanto, algunas películas han sido filmadas con cámaras distintas y la diferencia en la calidad del registro es evidente (esto se aprecia en Gritos de libertad, de Luis Enrique Berrocal, que se grabó en dos etapas: 1997 y 2002, y en la pionera Lágrimas de fuego, entre otros filmes).
Se utilizan diversas estrategias para ahorrar gastos de producción. Por ejemplo, se prefieren –en la medida de lo posible– las escenas diurnas para evitar las complicaciones y costos de la iluminación artificial. Las locaciones se reducen al mínimo y muchas veces se filma directamente en la calle con el público real. Cuando se necesita una locación especial se trata de conseguirla prestada (la casa particular de un amigo o un local del Estado) o como canje (en un restaurante o un ómnibus, por ejemplo). En otros casos se opta por el rodaje en las afueras de la ciudad o en pueblos cercanos. La posproducción se realiza normalmente en computadoras domésticas, utilizándose programas de edición piratas o “bajados” gratuitamente de internet.
El rango de costos de las producciones regionales es muy amplio: de algunos cientos de soles a decenas de miles (o cientos de miles, especialmente cuando se trata de un proyecto que ha ganado un premio del Ministerio de Cultura). El puneño Óscar Catacora sostiene que la producción y posproducción de su película El sendero del chulo costaron –en total– solo 500 soles, suma que calcula de este modo:
En alquiler de cámara, 20 soles por día; alimentación, las cintas de video, y la edición que me cobraban un sol por hora. Lo editamos en cabinas de internet, me cobraban por hora. No tenía computadora propia, así que alquilábamos una cabina de internet. Al final me pasé casi un mes editando, hasta más todavía. Tenía que pagar alrededor de 200 soles, creo; pero como al pata le gustaba la película, me rebajó a 100 soles. (Entrevista a Óscar Catacora, 16 de junio del 2012)
En el extremo opuesto se hallaría Cementerio general, del loretano Dorian Fernández-Moris, cuyo presupuesto ha sido calculado por el director en 150 000 dólares, sin contar la inversión en publicidad (entrevista a Dorian Fernández-Moris, 6 de enero del 2013).
En general, por la manera informal de trabajar, los propios cineastas tienen dificultades a la hora de calcular cuánto han gastado en una película. El transporte y la alimentación pueden ser los costos principales, ya que, como hemos señalado, los actores y los técnicos no suelen cobrar, las cámaras se consiguen –en diversas ocasiones– prestadas, se usa el micrófono incorporado de la cámara, la dirección artística es franciscana, en muchos casos los actores utilizan su propia ropa, etcétera.
Por supuesto, el modo de producción varía cuando el proyecto ha obtenido un premio del Estado, aunque para algunos cineastas esto trae otro tipo de problemas, pues no están acostumbrados a trabajar con un presupuesto tan alto ni con técnicos profesionales (generalmente limeños), como se hallan obligados a hacerlo de acuerdo al compromiso con la entidad estatal. El proyecto del largometraje Con nervios de toro (Junín), por ejemplo, ganó un premio del Conacine en el 2009; su director, Nilo Inga Huamán, cuenta así las dificultades que afrontó:
El premio era de 170 000 soles y nosotros creíamos que con 10 000 soles hacíamos la película, pero no fue así. Se contrató un director de fotografía profesional, Henry Outen, que puso sus exigencias técnicas. “¿Vas a iluminar un pueblo?, necesitas luces de 5000 vatios, un generador”. Se compró la cámara JVC HDV. En el sonido sí fallamos, porque no contratamos un sonidista ni compramos un micrófono profesional y se nota que está mal. El gasto se fue sobre todo en las escenas de masas, teníamos 300 personas para recrear una fiesta patronal, una orquesta, corrida de toros. Para la revisión del proyecto me ayudó Alejandro Rossi en retribución porque yo lo había ayudado en una parte del rodaje de Coliseo que se hizo en Huáchac. En el rodaje tuvimos muchas dificultades. No nos comprendimos con Henry Outen. Yo le decía quiero una toma de tal forma, y no me hacía caso. Yo pensaba: “Bueno, como él sabe más estará bien así, ¿no?”; pero no me gustaba su encuadre. Todo fue muy estresante porque era demasiada gente y si no rodaba en el tiempo previsto, [había que] volver a reunir a la orquesta, los extras, que vengan con la misma ropa exactamente. Era muy difícil. La actriz no quería actuar si estaba lloviendo, quería que la comida estuviera a una hora determinada… todo eso finalmente terminó reflejándose en la película. (Entrevista a Nilo Inga Huamán, agosto del 2012)
Nilo Inga Huamán volvió a ganar un premio del Conacine en el 2011, con el proyecto de largometraje Yawar Wanka, presentado por su empresa Inti Films Cine Wanka E. I. R. L. (el proyecto de Con nervios de toro había sido presentado por otra empresa: Max Planck Video- Imágenes). Esta vez el premio fue de 290 000 soles e Inga Huamán asumió funciones de productor (la dirección del filme estuvo a cargo de Jacqueline Riveros). El proceso fue más ordenado y menos tenso:
El rodaje duró un mes. Se hizo en Huancayo, Tarma y Huacho. Para la fotografía se contrató a Marco Alvarado Garazatúa que había trabajado con Palito Ortega en Jarjachas 3 y con Flaviano Quispe en Sobrevivir en los Andes. El sonido lo hizo Franklin Ortega, que tiene un estudio de sonido en Huancayo. Ahora sí usamos Tascam. El protagonista fue Edwin Vásquez y el antagonista Ismael Contreras. No tener que ocuparme de la dirección me permitió dedicarme de lleno a la producción y darme cuenta de todo el despliegue. Ir a un lugar, manejar a la gente, el almuerzo, las luces, la utilería, todo. Funcionó muy bien. Claro que no teníamos 300 extras como en Con nervios de toro. (Entrevista a Nilo Inga Huamán, agosto del 2012)
La obtención de un premio del Estado obliga a los cineatas a terminar la película dentro de un plazo específico, lo que supondría que la producción debería iniciarse casi de inmediato a la entrega del monto. No obstante, dos ganadores de premios, Flaviano Quispe Chaiña y Dorian Fernández-Moris, después de recibidos estos, realizaron otras películas antes de emprender la producción del proyecto galadornado.
El juliaqueño Flaviano Quispe Chaiña ganó en el 2006, con su empresa Contacto Producciones E. I. R. L., el premio de Conacine (104 000 soles) para producir el largo Sobrevivir en los Andes. Quispe Chaiña, sin embargo, hizo antes El hijo del viento (también conocido como Buscando a papá), y explica así sus motivos:
Al principio fue porque yo quería hacerla [Sobrevivir en los Andes] en celuloide. Betín Saco sugirió aplicar a algunos fondos europeos y eso hicimos. Ganamos Ibermedia para la etapa de desarrollo. Jaime [Luna Victoria] hizo un tratamiento narrativo de treinta páginas y eso se tradujo al inglés y al francés. Postulamos a Rotterdam y otros lugares, pero no se ganó. El tiempo pasaba, la plata se gastaba y yo le pedí a Jaime que me ayudara a hacer otro guion rápidamente para grabarlo y con eso recabar el dinero que necesitaba para hacer Sobrevivir en los Andes. Lo escribimos en unas pocas semanas y empecé a grabar a fines del 2007. Para el rodaje vino de Chile el director de fotografía peruano Rafael Millán, que consiguió el apoyo de la Universidad de Artes y Ciencias Sociales (ARCIS), de Santiago, donde es profesor. Vino con equipos de sonido y un par de asistentes. Aprendí mucho de él porque me ayudó no solo en la fotografía, sino en la organización del rodaje. Pero el tiempo y la plata se acabaron a la mitad y se regresó […]. Conseguí un poco más de dinero y tuvimos una segunda etapa de rodaje durante todo el mes de febrero del 2008 para el cual vino de Lima Salomón Senepo a hacer la fotografía […] En setiembre de ese año se estrenó simultáneamente en cinco ciudades: Juliaca, Puno, Arequipa, Moquegua y Tacna. Invertimos bastante dinero en publicidad, afiches, volantes, movilidad. Compramos proyectores, alquilamos equipos de sonido. Arriesgamos con la finalidad de recaudar más rápido. Pensábamos que como ya nos conocían en esos lugares y habíamos tenido tanto éxito con El abigeo y El huerfanito, ahora sería igual. […] Pero el resultado fue desalentador. En Juliaca y Puno nos fue muy bien, pero en el resto no. Y al final me vi en problemas económicos. Tuve entonces que obtener préstamos bancarios para financiar el rodaje de Sobrevivir en los Andes. (Entrevista a Flaviano Quispe Chaiña, 28 y 30 de enero del 2013)
Al loretano Dorian Fernández-Moris le fue mejor que a Quispe Chaiña. Con su empresa Audiovisual Films E. I. R. L. ganó en el 2011 uno de los premios del Conacine (290 000 soles) para realizar el largo Desaparecer; pero antes de culminar este hizo Cementerio general, uno de los mayores éxitos de taquilla del cine peruano de los últimos años. Debido a ese suceso tuvo menos dificultades para terminar Desaparecer, filme para el que contó, además del premio del Conacine, con el apoyo del gobierno regional de Loreto (entrevista a Dorian Fernández-Moris, 6 de enero del 2013).
En cuanto al segundo tipo de cine regional, los cineastas de Arequipa, Cusco y Lambayeque, que en su mayoría lo practican, son cortometrajistas que autofinancian sus películas (muchas de ellas documentales), destinadas a la exhibición no comercial o a presentarse a concursos y festivales. En Chiclayo (Lambayeque), varias de las producciones son de carácter estudiantil y cuentan con el respaldo de las universidades donde se realizan. Los largos chiclayanos ¡Vivir! y Proyección 19 están conformados por cortometrajes realizados por alumnos de la Universidad Católica Santo Toribio de Mogrovejo (USAT). El principal animador de estas producciones, el profesor Manuel Eyzaguirre, es también realizador de cortos, y explica así cómo los ha llevado a cabo:
Pensiones universitarias lo hice con los amigos de la Universidad de Piura. Trébol de dos hojas fue con los chicos del taller de cine que organizamos con Milton Calopiña en la USAT. La abuela Genoveva fue con uno de estos chicos que estuvo en este taller, que además vivía muy cerca a mi casa, era mi vecino. Viajero lo trabajé solo porque éramos mi papá y yo; la edición la hicimos con la gente de Vídea 3.0, Deivid Sandoval, Dalia Carranza, Haise Figueroa. En Verano he trabajado con la misma gente de Vídea 3.0 y con un chico de la [Universidad] San Martín. Son proyectos muy chiquititos porque son casi proyectos familiares, de cosas que yo he estado viviendo en un determinado momento. […] Algunas están determinadas por los personajes. En el caso de La abuela Genoveva, yo quería grabar en diversos períodos de tiempo, un verano, a mitad de año y finalizando el año. En el caso de Viajero sí tuve que hacerlo en un fin de semana, porque era el fin de semana en el que mi papá llegaba de viaje; se quedó un día y aproveché para grabar cómo vivía él solo, porque se había separado de mi mamá y estaba solo en la casa. Lo entrevisté en una tarde completa, y lo grabé en su rutina clásica al llegar luego de un viaje. En los casos de Vidas y Trébol de dos hojas sí fueron como tres meses grabando los fines de semana. En el caso de Verano, que ya estoy editando, lo grabé un verano, tuve que esperar siete meses para que mi hijo crezca un poco, para poder grabar lo que era su “presente”, donde incluso lo tuve que rapar, lo vestí como un viejo, lo solté en Chiclayo para que caminara recordando aquel verano solo en su casa haciendo lo que quería, nada más. (Entrevista a Manuel Eyzaguirre, 31 de octubre del 2013)
Los cortos Viajero (2012) y Verano (2014) fueron premiados por el Ministerio de Cultura y el Festival Iberoamericano de Cine Digital.
En Arequipa, la Asociación Monopelao ha realizado una docena de cortos; los que responden a necesidades expresivas del grupo son financiados con el dinero que reciben de videos encargados por instituciones. En los últimos años la asociación parece más enfocada en la difusión de la cultura cinematográfica, específicamente en lo relativo a la no ficción.
Okupas, otro colectivo arequipeño, financia también proyectos creativos propios con videos de publicidad o institucionales. Uno de sus miembros, Karina Cáceres, es autora –al margen del grupo– de un conjunto de trabajos entre los que destaca Cable a tierra (2013), cuyo origen fue un corto realizado en un taller de performance al que asistió; el costo fue mínimo. Cable a tierra ganó el premio de la Asociación Peruana de Prensa Cinematográfica (Apreci) a la mejor película nacional en el III Festival de Cine Lima Independiente 2013, y el premio del jurado a la mejor película peruana en el III Festival de Cine Iberoamericano (Fiacid) llevado a cabo en Lima en el 2014.
Entre los realizadores de largos en este segundo tipo de cine regional destacan el trujillano Omar Forero y el arequipeño Miguel Barreda. Forero ha realizado tres largos: Los actores, El ordenador y Chicama; los dos primeros producidos por él únicamente. Según sostiene, Los actores costó “más o menos unos 500 dólares” y El ordenador fue de “presupuesto cero”, pues solo les pagó los pasajes a los actores, que eran amigos suyos, y el equipo técnico estuvo compuesto por apenas tres personas. El proyecto de Chicama ganó el concurso convocado por el Conacine en el 2010 (238 000 soles); los productores fueron los limeños Héctor Gálvez y Carolina Denegri, también concurrieron de Lima el director de fotografía Mario Bassino, el sonidista Willy Ilizarbe y el director de arte Ronald García. Los actores eran de Trujillo y del lugar donde se realizó la filmación (Santa Cruz de Toledo). La edición la hicieron Gálvez, Forero y el limeño Eric Williams, el DCP se hizo en Guarango (Lima). El costo de la producción fue de 80 000 dólares y el de la posproducción de 10 000 dólares. Chicama ganó cinco premios en el 16 Festival de Lima, fue elegida como la mejor película peruana del año por la Apreci, y seleccionada por el Ministerio de Cultura para representar al Perú en los premios Goya.
El arequipeño Miguel Barreda tiene también tres largos realizados: Y si te vi no me acuerdo, Ana de los Ángeles y Encadenados. El primero no es exactamente un filme regional, pues aunque Barreda lo hizo en el Perú, residía entonces en Alemania, y la película fue resultado de una coproducción entre Casablanca Films (Lima) y Känguruh Film GmbH (Alemania). Ana de los Ángeles, a su vez, fue una película encomendada por las religiosas del convento de Santa Catalina; el costo de la producción corrió por cuenta de ellas y según Barreda es “secreto de confesión”. El proyecto de Encadenados ganó uno de los premios del Ministerio de Cultura (440 000 soles), fue realizado por la empresa de Barreda (Vía Expresa Cine y Video S. R. L.), tuvo como productoras a las arequipeñas Jimena Valdivia Escobar y Laura Zolezzi, y como asistente de dirección a la arequipeña Andrea Quevedo, el director de fotografía fue el argentino Leandro Pinto (socio de Barreda en la empresa); y el sonidista, el limeño David Romero. Karina Cáceres ejerció de directora de arte y participaron muchos cineastas arequipeños como ella en diferentes áreas de la producción. Los papeles principales fueron interpretados por actores arequipeños y limeños.
1.4 Exhibición y distribución
Problemas serios para los dos tipos de cine regional son los de la exhibición y distribución de sus producciones.
1.4.1 La exhibición itinerante
Ayacucho y Puno son las regiones que por varios años han liderado la explotación comercial de películas regionales del primer tipo. Actualmente, Puno afronta un descenso en su producción que, como hemos anticipado, se atribuye a las pocas expectativas de exhibición y ditribución.
Para exhibir sus películas los cineastas que cultivan el primer tipo de cine regional han utilizado en diversas ocasiones las salas de cine tradicionales que todavía existen en las ciudades de provincias. Algunas de ellas se encuentran en desuso y son reabiertas por gestión de los realizadores, quienes llevan consigo e instalan los equipos multimedia de proyección, sistemas de sonido e incluso pantallas improvisadas. De no contar con estas salas, que suelen tener mucha mayor capacidad que las de los actuales multicines, los cineastas regionales recurren a teatros municipales, coliseos, colegios, auditorios particulares e incluso a la proyección al aire libre.
La exhibición se realiza primero en las ciudades principales y luego en las de menor tamaño, hasta llegar a poblados pequeños. El área de distribución se amplía después a las regiones vecinas e incluso a las más lejanas, aunque esto ya depende del empeño de cada cineasta, que tiene que viajar personalmente con la matriz de su película para evitar la piratería. Palito Ortega Matute recuerda así sus inicios en la exhibición de sus filmes:
Hice un circuito alternativo con Dios tarda pero no olvida 1 y Sangre inocente. Con Dios tarda pero no olvida me fui a Andahuaylas, Abancay, Puno, Juliaca y Huancavelica. Eso fue en el 99. Llevaba mi proyector, parlantes, consola, el écran doblado, metido en una bolsa. Me fue muy bien. Era una cosa novedosa. Cuando hacía estos circuitos no solamente me dirigía a ciudades grandes, sino también, si veía un pueblo regular, decía acá puedo sacar para la comida, el hotel. Esas giras duraban dos, tres meses. Previamente yo me iba solo, para estudiar el lugar. Contrataba el local, daba un adelanto para la radio, la publicidad, me hacían entrevistas. Luego se volanteaba y perifoneaba. Trabajábamos toda la semana en la publicidad, creábamos una expectativa. Por ejemplo, si se programaba la proyección sábado y domingo, entonces hacíamos publicidad lunes, martes, miércoles, jueves, viernes. Cuatro días o cinco días de publicidad bien trabajada. Dependiendo de cuán grande era el pueblo, se hacía una o dos funciones los sábados y domingos. En algunos lugares proyectábamos en días de semana. (Entrevista a Palito Ortega Matute, 30 de abril del 2013, en Lima)
Miler Eusebio, quien obtuvo un gran éxito comercial con Supay, el hijo del condenado (2010), cuenta cómo fue el itinerario que realizó con su película:
En Huamanga ha estado doce semanas en el Cine Municipal. Pero hay un colegio que se llama Jean Piaget, donde lo presenté al mismo tiempo. Ya lo ponía en los dos cines. Sábado y domingo en tres funciones. […] En los dos cines. Doce semanas […]. Salas totalmente llenas […]. Después de Huamanga nos fuimos a Huanta, y a todas las provincias de Ayacucho. En verdad, no hubo ningún lugar donde no tuviera éxito la película. Es como una bomba de Hiroshima que se suelta y se expande. Y se expandió así. Iba a Huanta y ya sabía la gente; iba a Huancavelica, la gente ya sabía, tenía nociones de la película. En Andahuaylas tuvimos un éxito similar al de Ayacucho; pero la diferencia es que allá la capacidad de la sala es de más de 800 espectadores, si no me equivoco; pero igual la llenamos. […] En Andahuaylas estuve dos semanas nomás. Ese ha sido mi error porque no sabía que la película iba a jalar tanta gente. Programé dos semanas nomás, y luego ya tenía otra función programada en Abancay; pero si no programaba la otra, seguía por lo menos un mes en Andahuaylas. De allí estuvimos en Juliaca, en Puno, en Huancavelica […]. Cerca de un año. Prácticamente, todo el 2010 he estado acá en Ayacucho; el 2011 ha sido mi gira. Ya el 2012 mi película ha estado descansando porque también, un poco, había descuidado a mi familia. Traté de descansar, pero igual me siguen pidiendo la película para presentarla en otros departamentos. Pero como yo soy bastante celoso con mi trabajo, no puedo soltarla así fácilmente. Me han propuesto montos para alquilarla por un mes, por una función, por dos semanas; pero no. (Entrevista a Miler Eusebio, 2 de octubre del 2012, en Ayacucho)
Flaviano Quispe Chaiña describe de este modo el estreno y el recorrido de exhibición de su primer largo, El abigeo (2001):
Fueron dos temporadas de un mes cada una en Juliaca. Luego la dimos en el cine Puno, de Puno, durante tres semanas, y allí se repitió el éxito. […] A partir de allí fuimos a Ayaviri, Azángaro, Ilave, Huancané. Luego a Sicuani, en el cine Valencia; al Cusco, en el cine Victoria. Después a Abancay, Quillabamba, Andahuaylas. Luego fuimos a Arequipa, en el cine Fénix y otros cines. Luego en Moquegua hubo más éxito porque hay bastantes paisanos puneños; y en Tacna, donde el cine era bien grande y hubo inmensas colas, estuvimos más de un mes. En casi todos lados hemos llenado las salas. Muchos de estos cines estaban semicerrados y abrían solo esporádicamente, o daban películas porno con poca asistencia de espectadores. Así que cuando nosotros fuimos y volvió a venir mucho público, algunos viejos empleados que tenían muchos años trabajando allí se emocionaban hasta las lágrimas. (Entrevista a Flaviano Quispe Chaiña, 28 y 30 de enero del 2013)
Con El huerfanito (2004), el segundo largo de Quispe Chaiña, el éxito comercial fue mayor y el recorrido más amplio:
[El estreno] Fue en el mismo Teatro Municipal y más exitoso aún que El abigeo. Hicimos bastante promoción por radio y televisión. Hicimos tres o cuatro temporadas con lleno total en Juliaca y luego hemos ido, aparte de los lugares a los que fuimos con El abigeo, a sitios más distantes como Ayacucho, Huancayo, Cerro de Pasco, Chiclayo, Trujillo, Ica y, finalmente, a Lima. (Entrevista a Flaviano Quispe Chaiña, 28 y 30 de enero del 2013)
En Junín y Cajamarca la explotación comercial es bastante más restringida. Se limita a la ciudad de origen y, en la mayoría de los casos, con pocas funciones por película.
La excepción en Junín es Daniel Núñez, quien tuvo gran éxito en Huancayo con su película Madre. Una ilusión convertida en pesadilla (2009). Con la secuela de esta, El vástago y su promesa. Madre 2, hizo un amplio recorrido por distintas regiones, llegando inclusive a La Paz y Cochabamba, en Bolivia; sin embargo, no fue él quien capitalizó el éxito de sus cintas, sino la empresa cristiana que las produjo. El siguiente filme de Núñez, El hijo pródigo (2011), inspirado en la parábola bíblica, pero adaptado a la sierra central del Perú, fue una producción propia. El estreno se hizo en octubre del 2011 en el excine Mantaro (actualmente auditorio del Centro Cultural de la Universidad Privada Los Andes, con capacidad para 1200 espectadores), donde se realizaron cuatro funciones; de allí hizo una gira por Pichanaqui, Satipo, San Martín de Pangoa y Pampas (Tayacaja, Huancavelica), un circuito que siguen otras películas, la mayoría de contenido religioso.
Héctor Marreros tuvo buena taquilla en Cajamarca con algunas de sus primeras películas hasta la exhibición de Milagroso Udilberto Vásquez (2006); pero luego, ante la creciente acogida a los multicines (instalados desde el 2006) por parte del público, optó por ceder sus siguientes producciones a un canal de cable que le facilita los equipos de filmación a cambio de la exclusividad de la emisión. En la provincia cajamarquina de Chota, donde no hay multicines, se ha notado en los últimos años una producción importante (seis largometrajes entre el 2012 y el 2015), pero los lugares de exhibición no son idóneos (El bandolero, de Dante Rubio, uno de los mejores filmes chotanos, se estrenó en un coliseo), y todavía no se ha explorado suficientemente la exhibición itinerante.
Aunque se halla implícita en la modalidad, no está de más recordar que la exhibición itinerante supone también una inversión que no todos los productores están dispuestos a afrontar. Aparte del alquiler del local de proyección, la movilidad, la estadía y la alimentación, implica muchas veces el alquiler de equipos de proyección y sonido (si no son propios), y un monto importante de dinero destinado a la publicidad (entre 3000 y 5000 soles por lugar).
El modo de exhibición itinerante hace difícil el cálculo de la cantidad total de espectadores que han asistido a ver los filmes, y del dinero recaudado2. Además, los realizadores –en general– suelen ser muy reservados cuando se les toca este punto. No obstante, algunos se atreven a dar cifras. Flaviano Quispe Chaiña calcula que 630 000 personas han visto El huerfanito en exhibiciones públicas3, por lo menos 250 000 han pagado entrada para ver El abigeo, y más de 100 000 por El hijo del viento. Miler Eusebio asegura que Supay, el hijo del condenado tuvo 400 000 espectadores. Mélinton Eusebio dice que 300 000 personas vieron su largo Almas en pena y 100 000 acudieron a ver Qarqacha, el demonio del incesto. Roger Acosta sostiene que su película arequipeña, Mónica, más allá de la muerte, llevó alrededor de 200 000 espectadores a los lugares donde fue exhibida. Henry Vallejo, más cauteloso, estima en 50 000 a las personas que fueron a ver El misterio del Kharisiri, y Palito Ortega Matute en 30 000 a quienes espectaron Sangre inocente, una de sus películas más exitosas entre las que se movieron en este sistema de exhibición.
1.4.2 Problemas de exhibición en Ayacucho y Puno
Héctor Turco, uno de los especialistas en cine regional, quien desde hace años sigue este movimiento, publicó en su cuenta de Facebook, el 21 de agosto del 2015, un cálculo de las ganancias que se obtendrían actualmente con la exhibición de una película exitosa en Ayacucho durante dos meses:
¿Sabes cuánto dinero se gana con una taquillera película regional aproximadamente? ¡Toma apunte! En Ayacucho se alquila la Sala Municipal que tiene 300 butacas aprox. El precio del boleto es de 10 soles. En cifras ganas 3 mil soles por función. La película se exhibe en tres funciones por día, osea [sic] ganas 9 mil soles por día. Pero como las películas se exhiben solo sábado y domingo, entonces hay 6 funciones que hacen un total de ١٨ mil soles. Y en un mes logras 18 mil soles, y en dos meses 144 mil soles aprox. ¿Cuánto cuesta la película? 30 mil soles aprox. ¿Cuánto inviertes en publicidad? Unos 10 mil aprox. ¿Cuánto pagas por la sala? Unos 15 mil soles aprox. NETO TOTAL GANANCIA: Unos 90 mil soles aprox. (Recuperado de https://www.facebook.com/hectorturco?fref=ts, 30 de noviembre del 2015)
Nadie ha objetado –de manera esencial– este cálculo. Según el cineasta ayacuchano Lalo Parra, el alquiler de la sala del Cine Teatro Municipal de Huamanga está a 250 soles la hora. Las funciones son solo sábado y domingo y se alquila la sala a 375 soles por función. Normalmente se dan dos funciones por día; en un mes sumarían 16 funciones, el costo de alquiler sería –entonces– 6000 soles (comunicación con Lalo Parra vía Facebook, 12 de junio del 2015). Si se alquilara la sala para tres funciones por día (como ha ocurrido en casos de películas muy taquilleras), las funciones sumarían 24 por mes y el costo se elevaría a 9000 soles; es decir, menos de lo que calcula Turco (15 000 soles), por tanto la ganancia sería ligeramente mayor.
No obstante lo rentable que puede ser todavía en Ayacucho exhibir en el Cine Teatro Municipal de Huamanga, los realizadores de la región afrontan la escasez de locales idóneos para proyectar sus películas. El cine Cavero Torres se convirtió desde el 2008 en templo evangélico, y ello privó a la ciudad de su sala cinematográfica de mayor aforo (tenía capacidad para 2000 espectadores). Las exhibiciones de filmes ayacuchanos se limitan desde entonces, prácticamente, al Cine Teatro Municipal, que tiene solo 320 butacas. Hasta el 2015, la municipalidad alquilaba la sala a los productores, quienes la solicitaban con mucha anticipación, reservándosela varias semanas e incluso meses. Algunos cineastas manifestaron su descontento en el sentido de que la sala desde comienzos de año estaba ya separada hasta el final por solo tres o cuatro realizadores, con lo que se restaba la posibilidad de exhibición a otros. La nueva administración planteó cambios, pero el alza del precio del alquiler originó nuevos reclamos.
La sala del Cine Teatro Municipal es el único ámbito donde pueden verse películas en Ayacucho en condiciones más o menos aceptables, pues no existen cadenas de multicines en la ciudad. El ingreso de estas cadenas en Cajamarca y Puno, sin embargo, trajo consigo una reducción importante en el consumo de las películas producidas en esas regiones; el público prefirió ver, mayoritariamente, los blockbusters hollywoodenses en la comodidad de las multisalas. Cabe preguntarse si la gran acogida de espectadores que han obtenido en Huamanga algunas películas ayacuchanas hubiera sido la misma de existir multicines allí4.
La película de éxito más reciente en Ayacucho es Bullying maldito, la historia de María Marimacha (2015), de Mélinton Eusebio, que ha estado varios meses en cartelera en el Cine Teatro Municipal de Huamanga. Eusebio reconoce que la publicidad fue muy importante para el éxito comercial del filme, pero destaca también que los comentarios favorables de los primeros espectadores animaron a otros a ir al cine, de tal manera que la concurrencia se fue incrementando conforme pasaban los días. A las seis semanas de estrenada, Bullying maldito, la historia de María Marimacha ya había sido vista por 15 000 personas, según su director, habiéndose realizado en las primeras semanas cinco funciones diarias (11 a. m., 1 p. m., 3 p. m., 5 p. m. y 7 p. m.), todas con el local repleto. Con base en tal experiencia y en su conocimiento del mercado, Mélinton Eusebio considera que la modalidad de exhibición empleada desde hace casi veinte años se halla aún vigente, y no se siente tentado a buscar estrenar sus futuras películas en los multicines, aunque estos se llegaran a establecer en Huamanga:
La novedad [del multicine] será un año, dos años. Pero las películas de las cadenas jamás van a mostrar a nuestra gente y a nuestros escenarios. Por lo menos en Ayacucho, la gente está acostumbrada a ver a sus actores y a sus paisajes. Entonces, con una buena publicidad, se puede competir. Yo pienso competir. […] Sí veo como una amenaza a las cadenas, pero no nos van a destruir. […] Hay todo un mercado alternativo. Yo empiezo aquí en Ayacucho y el 19 o 20 estoy en Huanta. Allí estaré dos semanas. De allí paso a Andahuaylas, Abancay. De allí voy a ir por toda la ruta de Flaviano [Quispe]; hay otra ruta que es la de Huancayo-Pampas-Huancavelica, y hay otra que es la de Huaraz. Yo he ido a todos esos lugares, he presentado [películas] y he hecho taquilla en esos lugares. Entonces, hay un mercado alternativo que, por el momento, a mí me conviene porque voy, alquilo el local, y el cien por ciento es para mí. En cambio, yendo a Lima yo sé que no va a ser lo mismo. Pienso, más bien, que este mercado alternativo hay que cuidarlo, hay que mejorarlo, dándole mejores películas a los espectadores. […] Los directores, los productores también cada vez van mejorando sus películas. Si los directores [regionales] dan una película de buena calidad, van a competir de igual a igual, porque el público va a querer ver a sus actores. Hay también que buscar nuevas formas. Es lo que yo le decía a [Héctor] Marreros. Si el público ya no va a ver tus películas a Cajamarca porque están las cadenas, haz una coproducción en una ciudad donde no haya este tipo de cadenas, o anda a las provincias de Cajamarca; crea tu propio mercado. (Entrevista a Mélinton Eusebio, 7 de diciembre del 2015, en Ayacucho)
En Juliaca, la acogida a los primeros filmes de Flaviano Quispe Chaiña fue masiva. En Puno, El misterio del Kharisiri, de Henry Vallejo, congregó también a un numeroso público en una primera temporada de siete semanas, y recorrió después Juliaca, Cusco, Arequipa, Tacna, llegando incluso a La Paz, Bolivia. Otros filmes juliaqueños y puneños tuvieron también éxito en esos años y la producción se incrementó considerablemente.
Sin embargo, la instalación de los multicines Cineplanet en Juliaca (2011) y Puno (2012) trajo consigo la disminución de espectadores para películas propias en la región, y la subsecuente caída de la producción. Algunos cineastas puneños y juliaqueños han precisado que no solamente la comodidad de los multicines y su buena calidad de proyección les quitó público a las realizaciones locales, sino también el bajo nivel artístico y técnico de algunas de estas que terminaron por disgustar a la gente que iba a verlas. Para superar la actual situación plantean elevar la calidad del cine regional y alcanzar estándares técnicos que les permitan colocar sus filmes en los multicines o competir con ellos. No obstante, ninguna película puneña o juliaqueña ha logrado entrar hasta hoy a los Cineplanet de la región ni ha podido competir con los blockbusters que allí se estrenan. Otra alternativa fue la propuesta por Cine Aymara Studios, que produjo tres largos de bajo presupuesto de género fantástico para ser exhibidos en zonas periféricas, orientados a un público que no suele ir a los multicines. El proyecto tuvo como uno de sus principales animadores a Óscar Catacora (joven realizador, ganador del premio del Ministerio de Cultura en el 2013), pero dejó de funcionar en el 2014; en diciembre del 2013 Cine Aymara Studios estrenó su último largo, La venganza del Súper Cholo.
Pese a que aún se exhiben filmes en las salas municipales, no se estrenaron películas puneñas ni juliaqueñas en el 2014, lo que resultó preocupante tratándose de Puno, una de las regiones de mayor producción de películas peruanas durante más de una década. En el 2015 sí llegaron a la pantalla nuevos filmes, aunque ninguno congregó a gran cantidad de espectadores.
El éxito obtenido en años anteriores por algunos realizadores provocó que ciertos dueños de salas subieran el precio del alquiler de sus locales o tratasen de imponer nuevas condiciones. Flaviano Quispe Chaiña relata su experiencia en Tacna:
El dueño del cine Pacífico nos subió el porcentaje por el local. Cuando fuimos la primera vez, con El abigeo, nos dijo tantos soles por el alquiler, era un precio alto, pero pagamos. Diría vamos a ver qué hacen estos cholitos. Y llenamos el cine. La segunda vez, cuando fuimos con El huerfanito, ya no nos quería cobrar un monto de alquiler, sino ir en un trato con porcentajes, 50 y 50. Con El hijo del viento quería 60-40, aparte de los gastos de publicidad. Nos quería cobrar tipo Lima. (Entrevista a Flaviano Quispe, 7 de diciembre del 2015, en Ayacucho)
1.4.3 La figura de los “promotores”
En muchas ocasiones, las salas de los teatros municipales u otros locales no son alquilados por los productores mismos de los filmes, sino por distribuidores itinerantes o “promotores” de películas y espectáculos. Ellos conocen y se desplazan por determinados circuitos; pero son, en su mayoría, poco confiables5. El temor de Miler Eusebio, indicado líneas arriba, a entregar su película a un distribuidor o “promotor” se halla justificado. Existen denuncias contra distribuidores que no cumplen con lo pactado con los cineastas, o que exhiben películas pirateadas (nacionales o extranjeras) con títulos cambiados. En algunos casos se les ha acusado de piratear o facilitar el pirateo de películas cuya distribución y publicidad les ha sido encargada. En casos más extremos, sujetos inescrupulosos han exhibido películas regionales pirateadas en funciones por las que han cobrado entrada y se han hecho pasar por los directores de los filmes.
El realizador juliaqueño Flaviano Quispe Chaiña cuenta de este modo su experiencia con uno de estos distribuidores itinerantes, a propósito de la exhibición de su película El hijo del viento (2008):
Me propuso ir a otros lugares que él conocía: Jauja, Concepción, Tarma, Chanchamayo, Satipo, Villarrica. En todos los lugares le fue pésimo por la poca difusión y porque los locales que alquiló no eran adecuados. Eran abiertos y alejados de la ciudad, que es lo peor. Yo le reclamaba, pero él me decía: “No, yo he llenado antes acá, pero quizá no hemos venido en una buena fecha”. Cualquier excusa era válida. Él era el que lo trabajaba [la distribución y la publicidad], yo solo he ido con mi película. Estábamos muy desmoralizados, pero en Pichanaqui nos fue bien. Y eso que era una losa deportiva, proyectábamos solo en una pared. Tenía sus tribunas y ni siquiera era de frente, [los especadores] tenían que ver en diagonal la película. Eran como mil personas en cada función durante dos días. Él me cobraba un porcentaje por función: 50 % y 50 %; pero, antes de la repartición de ese porcentaje, teníamos que descontar todos los gastos de publicidad y una serie de cosas que hace para distribuir la película. Antes de ir a Satipo yo le dije hasta acá nomás, porque yo no estaba de acuerdo. Yo estaba descontento desde Jauja, donde antes de mi película pasó un corto de unos treinta minutos con el nombre de El regreso del pishtaco. Y la publicidad se hacía también con eso. Más la conocían a la película que yo iba a presentar como El pishtaco que como El hijo del viento. Él me dijo: “Yo soy el productor de esa película”. Luego nos fuimos a Concepción, que está cerca de Huancayo. Yo me dije: “Ya que estoy cerca de Huancayo, no puedo irme sin visitar a Nilo [Inga], con quien somos muy amigos”. Así que me fui a Huancayo, me encuentro con Nilo y, conversando con él le cuento que estamos combinando [la exhibición] de mi película con otra, El regreso del pishtaco. ¿Y cómo es el argumento?, me pregunta, inocente. Y yo le cuento que se trata de un evangélico que seduce a una de sus feligresas… Y conforme iba contando, Nilo se quedaba boquiabierto de lo que le estaba diciendo, y me dice: “Flaviano, esa es mi película”, y me dice cuál es el título verdadero: Jardín de horror. El distribuidor le había sacado los créditos. (Entrevista a Flaviano Quispe, 7 de diciembre del 2015, en Ayacucho)
Es debido a este tipo de incidentes que los realizadores prefieren hacer ellos mismos la distribución y exhibición de sus filmes, pero no todos cuentan con el tiempo y los recursos para ello. Es evidente la falta de cadenas de distribución no solo confiables, sino que comprendan a todo el país o circuitos más amplios de los que existen hasta hoy; una película cajamarquina, por ejemplo, difícilmente es vista en Juliaca, y viceversa. En parte para atenuar este desconocimiento recíproco es que los directores han organizado a lo largo de los años los encuentros o festivales (en Arequipa, Ayacucho, Cajamarca, Juliaca y Huánuco, mencionados en la introducción de este libro), en los que pueden mostrar sus películas y compartir experiencias.
1.4.4 La exhibición en los multicines
La exhibición en las cadenas de multicines a escala nacional es prácticamente inalcanzable. Muy pocos largos regionales han llegado a exhibirse en el circuito de multicines, en la mayoría de los casos de manera restringida, es decir, solo en Lima o en su región. Estas películas son: El huerfanito (2004), de Flaviano Quispe; Sin sentimiento (2008), de Jesús Contreras; El pecado (2010), de Palito Ortega Matute; El último guerrero chanka (2011), de Víctor Zarabia; Ana de los Ángeles (2012), de Miguel Barreda (solo en Cinemark, Arequipa); Trampas de tu lado oscuro (2013), de Óscar Liza; Cementerio general (2013), de Dorian Fernández-Moris; Chicama (2013), de Omar Forero; El demonio de los Andes (2014), de Palito Ortega Matute; Yo mimo soy (2015), de Héctor Marreros; Encadenados (2015), de Miguel Barreda (solo en Cinépolis, Arequipa), y Desparecer (2015), de Dorian Fernández-Moris. Los mediometrajes Chullachaqui (2007) y El último piso (2010), de Dorian Fernández-Moris, fueron exhibidos comercialmente en Multicines Iquitos.
Un caso destacable es el de la película loretana Cementerio general, que tuvo distribución de la transnacional United International Pictures (UIP) (empresa que aportó además la publicidad y las copias en DCP), llevó a salas a 747 115 espectadores, y rindió una ganancia de 2 696 065 dólares. Es, hasta hoy, la película regional más exitosa económicamente. No obstante, el filme prácticamente carece de rasgos regionales propios, pues sus realizadores buscaron que se mimetizara con producciones de género internacionales, de acuerdo a los consejos del norteamericano Dov Simens, de quien Fernández-Moris es el principal seguidor en el Perú. El siguiente largometraje de Fernández-Moris, Secreto Matusita (2014), plantea un problema de clasificación, pues si bien está hecha por un cineasta loretano con una empresa loretana, ha sido rodada en Lima sobre una leyenda urbana limeña, con actores y técnicos, en su mayoría, limeños. Fernández-Moris no figuró como director en los afiches ni en la publicidad del filme; en el lugar de su nombre aparecía el de uno de los personajes de la ficción. Secreto Matusita también tuvo distribución nacional en multicines a cargo de la UIP y fue la segunda película peruana más taquillera del 2014.
El problema de la exhibición también lo afronta el cine regional orientado al cine de autor, experimental y documental, producido mayoritariamente en Arequipa, Cusco y Lambayeque. Los canales preferidos por este cine son los centros culturales y festivales (e inclusive la web), y prácticamente no obtiene recompensa económica. Las funciones en las que se exhiben las películas de este tipo suelen ser gratuitas. En algunos casos, la participación en festivales está limitada por el desconocimiento que se tiene sobre los eventos más adecuados donde podrían presentarse, la falta de apoyo del Estado para ello, y, a veces, el incumplimiento del estándar técnico (no artístico) que algunos de estos festivales demandan a los participantes. Una excepción de exhibición comercial de un filme regional de este tipo fue la de Chicama, de Omar Forero, película unánimemente elogiada por la crítica y que, a sus premios en el Festival de Lima del 2012, sumó un premio de distribución del Ministerio de Cultura; pero que llevó apenas 4121 espectadores a las salas comerciales en el 2013, obteniendo una ganancia de 17 979 dólares6. El gran problema para estos realizadores (la mayoría de ellos aún jóvenes) es cómo seguir manteniendo una actividad fílmica constante sin cobrar por sus películas o con la baja rentabilidad de estas. La mayoría declara que se financia con producciones audiovisuales de otra naturaleza (videoclips, publicidad y videos institucionales), las que –sin embargo– a la larga pueden convertirse en prioritarias dentro de su actividad profesional (si es que ya no lo son, como viene ocurriendo en el caso del colectivo arequipeño Okupas).
El cine regional ha encontrado en mercadillos informales de Lima y otras ciudades un circuito de distribución comercial que excluye a casi todos los realizadores. Así, en Mesa Redonda y el Centro Comercial El Hueco es fácil encontrar muchos discos piratas con películas regionales. Es debido a ello que una cinta como El huerfanito, del juliaqueño Flaviano Quispe Chaiña, se ha convertido, en pocos años, en una de las películas más populares del cine peruano de todos los tiempos. No obstante, la inmensa mayoría de los cineastas no reciben dinero por esas ventas. Es más, cuidan mucho que no les pirateen sus filmes, pues ello significa el fin del recorrido comercial de estos. Ha ocurrido que a veces se piratea la película y se le explota con otro nombre, aprovechando el éxito comercial de una anterior; es así como se pueden ver en los mercadillos discos que llevan títulos de películas nunca realizadas, como El huerfanito 2 o Madre 3. También se ha dado el caso de que la película no ha llegado a ser pirateada en su totalidad, pero aún así se vende como si estuviera completa; sucedió esto con El hijo del viento, de Flaviano Quispe Chaiña.
1.4.5 La distribución en DVD
Algunos directores venden directamente los DVD de sus películas cuando ha terminado el circuito de su exhibición pública (Héctor Marreros, Nilo Inga, Daniel Núñez), pero esta operación no suele ser muy rentable, pues los filmes son pirateados de inmediato si es que no lo han sido antes. Dalmer Quintana lamenta que al poco tiempo de mandar a imprimir los DVD de su película Rosa, saliera la versión pirata con una carátula en la que aparecía una joven que no era la protagonista. Después de aparecidas las primeras versiones piratas surgen las “series”, es decir, discos con coloridas carátulas que contienen cuatro o seis películas pirateadas, en baja resolución, agrupadas bajo títulos como El dolor de los pobres, Sufrimiento de madre, Padres e hijos, Violencia y terrorismo, etcétera.
Marcelino Huamán, de Quinua (Ayacucho), ha negociado con distribuidores de DVD de Lima la reproducción y venta de su trilogía religiosa Cántaro. Huamán distingue entre los distribuidores de DVD piratas y no piratas; entre estos últimos menciona a Rosita (que distribuye especialmente videos musicales) y Abraham (dedicado a filmes religiosos).
En noviembre del 2014, la Gerencia de Fiscalización y Control de la Municipalidad de Lima impulsó un festival de películas nacionales en el Centro Comercial El Hueco, en el que participaron los comerciantes de películas y al que se invitó a los productores Flaviano Quispe (Juliaca), Héctor Marreros (Cajamarca) y Germán Laurente (Adonai Films, Junín) con el fin de llegar a acuerdos para fomentar la venta de copias originales de películas en ese lugar. La iniciativa no tuvo continuidad. Flaviano Quispe Chaiña da su versión de lo sucedido:
Creo que ellos [los comerciantes] realizaron ese evento porque tenían una presión de parte del municipio. Querían hacer una muestra de las buenas intenciones que tenían de vender material original. Me dijeron: “Vamos a distribuir tu película, nosotros ponemos las tapas, y solo vamos a descontar los costos de la reproducción, y el resto de lo que se venda te lo damos a ti. Vamos a hacer 1500 copias. Y lo venderemos a 2,50”. Fue un acuerdo verbal, nada más; pero solo para ese momento. Cada puesto estaba obligado a vender ese producto. Nos invitaron a mí, a Marreros y a la empresa Adonai. El mismo de la empresa Adonai era el organizador; había tenido un puesto en El Hueco. Yo no sabía. Él comercializaba y vendía películas evangélicas. Había un cuarto [participante], amigo de él, que había hecho también su película. También tenía su puesto. Llegaron a sacar las copias. Pero allí vino lo curioso. A nosotros mismos nos hizo vender copias en el momento del evento incluso. Mucha gente compraba, incluso querían autógrafos. Cuando le exigí lo que me correspondía de las copias, me descontó la reproducción, las tapas, el arte de las tapas, los taxis… cobró todo, y ya no quedaba casi nada. Sí me pagó, pero creo que no pasaba de 300 soles. (Entrevista a Flaviano Quispe Chaiña, 7 de diciembre del 2015, en Ayacucho)
En el 2015 surgió la posibilidad de llegar a un acuerdo con los comerciantes de videos de Polvos Azules, el mayor mercado de videos piratas en el Perú; pero no se ha concretado nada hasta hoy:
En Polvos Azules hablé con Florencio, del Pasaje 18. Me dijo que habían llegado a un acuerdo para vender películas originales a un costo moderado. Me dijo: “Te pagamos un determinado monto y hacemos una cantidad determinada de copias”. Pero eso es un decir de ellos nomás porque no se sabe cuántas copias harán. Era un trato por dos años. Venden la película por dos años, y si uno quiere continuar por otros dos años, se te hace un nuevo trato. “¿Cuánto me vas a pagar?”, le dije. “Serán unos tres mil soles, me respondió”. (Entrevista a Flaviano Quispe Chaiña, 7 de diciembre del 2015, en Ayacucho)
Otro espacio de exhibición informal lo constituyen los ómnibus interprovinciales que pasan durante sus viajes videos piratas, entre ellos los que contienen películas regionales. El ex fiscal superior decano de Abancay, Luciano Valderrama, ha propuesto que se llegue a un acuerdo entre transportistas y productores regionales para que se emitan solamente videos legalmente autorizados por sus creadores.
1.4.6 La exhibición en el extranjero
La exhibición comercial fuera del país es muy limitada, algunas películas han llegado a ser proyectadas en Bolivia (siempre fuera del circuito de multiplex), como El misterio del Kharisiri y Madre 2, pero en el caso de El misterio del Kharisiri su director, Henry Vallejo, se queja de que el distribuidor no le pagó nunca, y en el de Madre 2, la distribución estuvo a cargo de la productora evangélica y el director, Daniel Núñez Durán, aunque acompañó a la película, no obtuvo mayor ganancia. El cajamarquino Héctor Marreros contó para su película El secuestro con un guion de un autor dominicano y música de un compositor ecuatoriano, con la intención de difundir su película en República Dominicana y Ecuador, pero el filme aún se halla en espera de distribución en esos países.
Los filmes regionales han llegado al extranjero por vía de algunos pocos festivales o muestras. El alemán Klaus Eder, secretario general de la Federación Internacional de la Prensa Cinematográfica (Fipresci), fue el principal motivador de que se presentaran películas regionales dentro de una muestra de cine peruano en el Festival de Múnich del 2007. Se exhibieron El misterio del Kharisiri (Puno, Henry Vallejo), El huerfanito (Juliaca, Flaviano Quispe Chaiña), La maldición de los jarjachas (Ayacucho, Palito Ortega Matute) y El Tunche (Junín, Nilo Inga Huamán); Henry Vallejo acudió al festival en representación de los cineastas7.
En el 2008, El pecado (Ayacucho, Palito Ortega Matute), sobre un transexual en los Andes, participó en el Festival Internacional de Cine Gay y Lésbico de Gran Canaria, y Mónica, más allá de la muerte (Arequipa, Róger Acosta) se presentó en el Festival Archipiélago Audiovisual de Calbuca (Chile).
En Virginia (Estados Unidos), la peruana Etel Garro Cerrate organizó con el norteamericano Rock Wheeler la muestra Ventana Andina en el 2009. Se presentaron los largos Hanan Pacha (Puno, José y Carlos Vallejo), Caminos reales (Cajamarca, Héctor Marreros), Uma, cabeza de bruja (Ayacucho, Lalo Parra), Sangre y tradición (Junín, Nilo Inga Huamán) y los cortometrajes Reflexiones (Ayacucho, Lalo Parra) y Amapola Green (Arequipa, Cecilia Cerdeña)8. En el 2010 fueron convocados a una segunda versión de Ventana Andina los largos Marcados por el destino (Puno-Juliaca, Óscar Gonzales Apaza) y Don Melcho, amigo o enemigo (Huancavelica, Arnaldo Soriano).
En el 2013 se presentaron ejemplos del trabajo del cajamarquino Héctor Marreros en Casa América Catalunya (Barcelona), dentro de un evento sobre cultura de Cajamarca, y en el 2015 la peruana María Cecilia Saba organizó el primer Andean Horror Film Fest en Vancouver (Canadá), con filmes peruanos que tienen como protagonistas a monstruos andinos: La maldición de los jarjachas (Ayacucho, Palito Ortega Matute), Pishtaco (Ayacucho, José Antonio Martínez Gamboa), y El misterio del Kharisiri (Puno, Henry Vallejo).
Un caso especial es el de Pueblo Viejo, un wéstern andino rodado en la sierra central, dirigido por Hans Matos Cámac y producido por el lambayecano Beyker Bances, que ganó el Premio Almería Western Film Festival 2015 en Almería (España), imponiéndose a The Homesman, de Tommy Lee Jones, entre otros filmes. El proyecto fue uno de los ganadores de premios exclusivos para regiones del Ministerio de Cultura en el 2012.
El largometraje arequipeño Encadenados, de Miguel Barreda Delgado, se presentó en el Festival de Cine Latino de Chicago, en el 2015. El mismo año, otra película de Barreda, Ana de los Ángeles, se exhibió en La Paz con otras dos películas peruanas (La prueba, de Judith Vélez, y Bajo la piel, de Francisco J. Lombardi) dentro de un ciclo organizado por la embajada del Perú en Bolivia y la Secretaría Municipal de Culturas de ese país vecino.
Esta actividad con participación de un organismo del Estado es excepcional, pues, en la mayoría de los casos, las presentaciones fuera del Perú han sido posibles por la iniciativa de los organizadores de las muestras, que han solicitado los filmes a los cineastas. En general, los realizadores regionales tienen dificultades para hacer llegar sus películas a festivales por falta de información, copias adecuadas de su material y estándares técnicos requeridos, o porque no encuentran quién les facilite pasajes y estadía para asistir (en ocasiones los festivales no los costean), así como apoyo para la promoción de sus películas en los eventos.
1.4.7 La exhibición en festivales locales
Dentro del país, las películas regionales se han presentado en los encuentros y festivales de Cajamarca, Trujillo, Huánuco, Arequipa, Cusco (Cinesuyu), Ayacucho (Festival Internacional de Cine de Ayacucho, Festival Regional de Cine de Ayacucho) y Juliaca.
En Lima no han sido muchas las películas presentadas en festivales, aunque algunas de ellas han obtenido premios. Chicama, del trujillano Omar Forero, estuvo en el Festival de Lima del 2012, donde –como ya se ha mencionado– ganó cinco premios. Cable a tierra, de la arequipeña Karina Cáceres, como también ya se ha anotado, participó en el III Festival Lima Independiente, donde recibió el premio de Apreci a la mejor película peruana de la competencia, y en el III Festival de Cine Iberoamericano (Fiacid) realizado en Lima, donde fue considerada por el jurado como la mejor película peruana.
Otro filme arequipeño, Metanoia, de Cecilia Cerdeña, se exhibió en el II Fiacid, en Lima. Los filmes chiclayanos Viajero, de Manuel Eyzaguirre, y Tito Tusán, de María Fernanda Doig, compartieron el premio a mejor cortometraje en el mismo festival, y al siguiente año, Verano, de Manuel Eyzaguirre, fue considerado el mejor cortometraje peruano en el III Fiacid.
Al margen de los festivales, en Lima el espacio que mayor acogida ha brindado al cine regional es el cine club del Cafae-SE, donde Jaime Luna Victoria viene programando desde hace diez años, todas las semanas, películas realizadas fuera de la capital; a las proyecciones siguen, la mayoría de las veces, conversatorios en los que participan los propios realizadores invitados9. En la Universidad de Lima se realizaron dos muestras (en junio del 2013 y febrero del 2014), que incluyeron debates con los cineastas.
Por último, debe mencionarse el espacio virtual. Muchas películas han sido colocadas en la red, especialmente en YouTube, aunque no siempre por sus productores.
1.5 Géneros
La mayoría de las películas regionales son de ficción; pero también se han realizado documentales, experimentales y de animación. Dentro de la ficción los géneros más abordados son el fantástico (especialmente en su variante del horror), y el melodrama. Hay, además, películas de realismo social (algunas sobre el conflicto armado interno), comedias, policiales, filmes de artes marciales y de temática religiosa. En algunos casos encontramos mezclas de géneros. En todos aparece la violencia como un elemento destacado.
1.5.1 Horror10
Ayacucho es la región donde se ha producido la mayor cantidad de películas del género de horror. Estos filmes constituyen textos complejos donde confluyen convenciones del cine de Hollywood con personajes de la tradición oral andina, y la representación de vivencias y temores relacionados con la historia reciente del país. Los monstruos más frecuentes en los filmes ayacuchanos son jarjachas, pishtacos y condenados. Los dos últimos (pishtacos y condenados) aparecen también en películas de otras regiones (Puno y Junín). En las películas ayacuchanas encontramos además a la uma (o cabeza voladora de bruja) y el aya tullu (fantasma de huesos deformes e insepultos). En una película puneña aparece el Kharisiri. Asimismo, hay filmes con seres fantásticos amazónicos (el Tunche y el Chullachaqui).
El jarjacha (qarqacha, qarqaria o jarjaria) es un monstruo andino que toma la forma de un animal (generalmente una llama), emite un sonido característico (“jar-jar-jar” o “qar-qar-qar”), ronda de noche, inmoviliza a sus víctimas (con un escupitajo) y les devora el cerebro. El jarjacha es en el día un ser incestuoso que habita dentro de la comunidad. Aparece en filmes como: Qarquacha, el demonio del incesto (2002), de Mélinton Eusebio; Incesto en los Andes: la maldición de los jarjachas (2002) y La maldición de los jarjachas 2 (2003), de Palito Ortega Matute; Sin sentimiento (2007), de Jesús Contreras Matías; Jarjacha vs. Pishtaco: la batalla final (2011), de Nilo Escriba Palomino; Jarjacha 3 (2012), de Palito Ortega Matute, y El demonio de los Andes (2014), reedición de Jarjacha 3, de Palito Ortega Matute. Su aparición nocturna, la transformación que opera en sus víctimas, a quienes condena, y el modo ritual de ejecutarlo, han dado motivo a que algún autor haya encontrado semejanza entre el jarjacha y Drácula (Cano, 2010). Al respecto, en Qarqacha, el demonio del incesto, de Mélinton Eusebio, las imágenes azuladas de un cementerio nocturno y la de una mujer arrastrando un ataúd por la calle de un pueblo al atardecer, mientras las ventanas de las casas son cerradas por temerosos vecinos, parecen inspiradas en la iconografía cinematográfica del conde rumano.
El pishtaco, también llamado nakaq o ñakaq, es un degollador que extrae la grasa de sus víctimas. Suele atacar de noche, se esconde debajo de los puentes, puede ser blanco, mestizo o indio. Se cree que la grasa que sustrae la destina a la fabricación de las campanas de las iglesias, pues tendría un acuerdo siniestro con las órdenes religiosas. Según algunos testimonios viste una sotana con capucha. Juan Ansión (1987) señala que, a diferencia de otros monstruos andinos, el pishtaco o nakaq no es un ser sobrenatural, sino un sujeto urbano, de Lima o inclusive del extranjero, que saca la grasa de la gente del campo. Para Ansión (1989, p. 177) la grasa extraída por el pishtaco o nakaq sería una representación del plustrabajo que es arrebatado a los campesinos por la gente que los explota. El pishtaco aparece en las películas ayacuchanas Pisthaco11 (2003), de José Antonio Martínez Gamboa; Nakaq (2003), de José Gabriel Huertas; Sin sentimiento (2007), de Jesús Contreras Matías, y Jarjacha vs. Pishtaco: la batalla final (2011), de Nilo Escriba Palomino, y en la película huancaína Sangre y tradición (2005), de Nilo Inga Huamán.
Una variante del degollador es el personaje del Kharisiri, presentado por el puneño Henry Vallejo en su filme El misterio del Kharisiri (2004). Especie de brujo con capacidad de transformarse en animal, que hace pactos con un espíritu maligno a quien le ofrece sacrificios humanos, el Kharisiri del filme de Vallejo extrae la energía de su hechizada víctima, la periodista Mariela, quien, aunque es rescatada antes de que la sacrifiquen, sufre de un malestar continuo para el que no hay remedio de la ciencia y que la va acercando a la muerte. A diferencia del pishtaco común, esta criatura sería un monstruo interno, no externo a la comunidad. En El misterio del Kharisiri se invierte la amenaza del pishtaco tradicional: no es un ser urbano que roba la grasa de los campesinos, sino un individuo rural que sustrae la energía de una citadina.
El monstruo de mayor aparición en las películas fantásticas de terror regionales es el condenado. El cuerpo muerto de ciertos individuos readquiere “el alma que no es admitida en los sitios a los cuales va destinada, por razón de ciertas culpas juzgadas de gravedad excepcional” (Morote Best, 1988, p. 137). En algunos de los filmes ayacuchanos, el condenado –quien suele vestir hábito franciscano– aparece vinculado al jarjacha. En Qarqacha, el demonio del incesto, de Mélinton Eusebio, el jarjacha muerto vuelve al mundo como condenado, atacando a vecinos desprevenidos. En La maldición de los jarjachas 2, de Palito Ortega Matute, el jarjacha convierte en condenados a sus víctimas, quienes empiezan a deambular con apariencia de seres vivos para comer los sesos de otros pobladores. Esta condición de muertos vivientes devoradores de cerebros los asemejan a los zombis caníbales del cine de horror occidental que presentó por primera vez George Romero en Night of the Living Dead (1968).
En Supay, el hijo del condenado (2010), de Miler Eusebio, el niño jorobado –quien es fruto de una relación incestuosa– es ejecutado por el pueblo de la misma manera en que lo fue su padre; luego, retorna como condenado, matando a sus enemigos y devorando sus vísceras. En la segunda parte de este filme, La tumba del Supay (2013), padre e hijo condenados se levantan de sus tumbas para cobrar nuevas víctimas. Otro condenado vengador, pero que parece inspirado en The Crow (1994, Alex Proyas) es el de la película puneña Condenado en la pequeña Roma (2007), de Edwin J. Vilca Yávar, que comprende –además– escenas evocadoras de wésterns italianos.
Una variante del condenado es “el condenado por amor”: aquel enamorado que jura amar a su prometida más allá de la muerte, y regresa como condenado a buscarla para arrastrarla consigo al más allá. Aparece en varios cuentos del valle del Mantaro recopilados por Pedro S. Monge (1993), y Morote Best (1988) lo describe dentro de los relatos de “huida mágica” (pp. 115-128). Protagoniza los filmes Condenado de amor (Puno, 2001), de Ramiro Díaz Tupa, y Te juro amor eterno (Junín, 2010), de Luis Gonzales y Leonidas (León) Cáceres, con guion de Nina Peñaloza. En este último, el condenado adquiere rasgos de zombi caníbal. En El Aya Tullu (2010), del ayacuchano Julio Oré Oriundo, encontramos también a un espíritu maligno enamorado, cuyos huesos deformes permanecen insepultos.
La uma (o cabeza voladora de bruja), mencionada ya en la Crónica de Guamán Poma, inspira la película ayacuchana Uma, cabeza de bruja (2005), de Lalo Parra, y la puneña La casa embrujada (2007), de Joseph Lora.
Según el antropólogo Raúl Castro, entrevistado por José Carlos Cabrejo (2010), las películas de terror regionales representan sociedades donde existe anomia debido a un “terrible conflicto” (Ayacucho) o a una transformación constante, pero sin “supervisión o gerencia por parte de un Estado central” (Puno). Los filmes expresarían la percepción de corrosión moral y falta de legitimidad de las autoridades en esos lugares, así como la necesidad de justicia. Castro dice:
De algún modo estos filmes reflejan una especie de compensación, pues subliman una serie de insatisfacciones, propias de un desorden social en las regiones, a través de sanciones que vienen sobrenaturalmente, desde otro mundo, lo que genera aquel equilibrio que no existe en la realidad. (Cabrejo, 2010, p. 53)
En los filmes ayacuchanos, sin embargo, se observa que frente a la anomia no solo se confía en un castigo sobrenatural a sus causantes, sino que es necesario retomar ciertos ritos y conocimientos ancestrales para combatirla (los implementos para atrapar e inmovilizar a los jarjachas, por ejemplo), así como formas de organización que excluyen al Estado que se ha revelado ineficiente (las rondas para atrapar pishtacos).
En nuestra opinión, habría en los filmes de horror ayacuchanos un simbolismo más concreto aún. Representarían la vivencia del terror experimentado durante el conflicto armado interno de los años 1980-2000, que tuvo como principal escenario a Ayacucho; un terror que tendría tanto agentes externos (simbolizados por los pishtacos) como internos (los jarjachas), y que se teme vuelva a emerger (los condenados, aquello que no está aún definitivamente muerto). Asimismo, se aludiría en estos filmes a la manera como fueron combatidos los enemigos en esos años, mediante los comités de autodefensa civil.
El personaje de Cirilo (encarnado por el actor Edwin Béjar), protagonista de La maldición de los jarjachas y La maldición de los jarjachas 2, aparece en filmes anteriores de Palito Ortega Matute: Dios tarda pero no olvida 1 (1997), Dios tarda pero no olvida 2 (1999) y Sangre inocente (2000), películas que se refieren al conflicto armado interno. En Dios tarda pero no olvida, los padres de Cirilo (aún niño) son asesinados por Sendero Luminoso, y en el tercero, Cirilo (ya adolescente), su tío Alfonso y su amigo Pepito deben huir de las fuerzas armadas que los persiguen injustamente. Es significativo cómo el terror que sufre la población por el enfrentamiento entre Sendero Luminoso y las fuerzas del orden en los primeros tres filmes de Palito Ortega Matute, es reemplazado por el que generan los monstruos fantásticos surgidos del interior mismo de las comunidades en los dos siguientes. En los filmes de horror ayacuchanos, los jarjachas connotarían, pues, al enemigo que emergió del seno mismo de la comunidad durante el conflicto armado interno. Debe recordarse que, por lo menos en las comunidades sureñas de Ayacucho, los cabecillas senderistas eran personas del lugar (Theidon, 2004).
El informe de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) da cuenta de enfrentamientos dentro de las mismas comunidades entre miembros de diferentes generaciones, e inclusive entre familiares cercanos, por razones de adhesión u oposición a Sendero Luminoso. Situaciones estas que dieron pie a delaciones y que se hallarían representadas simbólicamente también en La maldición de los jarjachas, donde un joven denuncia a su padre como jarjacha. El informe de la CVR apunta que las delaciones contribuyeron a crear una atmósfera de desconfianza entre los pobladores (Comisión de Entrega de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, 2004, p. 355). Por cierto, en todas las películas ayacuchanas sobre jarjachas reina la desconfianza entre los habitantes de un mismo pueblo, pues cualquiera puede ser un monstruo oculto.
Las alusiones al conflicto se hallarían, también, en los filmes sobre degolladores. Cabe recordar que en plena época del conflicto armado interno se generó en Ayacucho el rumor de la reaparición de los pishtacos, lo que Ansión (1989) interpretó como “una desconfianza radical hacia el mundo exterior” (p. 9). En Sin sentimiento, el pishtaco tiene rasgos occidentales y no viste hábito de monje como en los relatos de la tradición oral sino luce cabello corto, mochila, botas y cuchillo militares. En Pisthaco, la comunidad poseída por un fuerte sentimiento de vulnerabilidad decide hacer rondas, a semejanza de algunas comunidades andinas durante el conflicto para defenderse de senderistas foráneos que podían entrar a sus tierras. El pishtaco en estas películas representaría al agente de las fuerzas del orden que llegaban de afuera, o al senderista citadino o proveniente de otra comunidad. Theidon (2004) ha explicado cómo algunas comunidades ayacuchanas fueron “externalizando” al senderista, construyéndolo como un otro foráneo, ya fuese adjudicándole rasgos somáticos monstruosos o describiéndolo como un “gringo” (p. 183). Esta construcción imaginaria del senderista no es muy diferente a la de los pishtacos de los filmes mencionados.
El condenado representado en los filmes ayacuchanos tendría, como el jarjacha y el pishtaco, relación con el conflicto armado interno. Analizando las representaciones que algunos artistas plásticos limeños hicieron de la violencia de las décadas de 1980 y 1990 (en particular Eduardo Tokeshi y Jaime Higa, que vinculan en una pieza el fardo funerario prehispánico, los cadáveres envueltos en plástico de los periodistas asesinados en Uchuraccay, y la forma de una semilla), Buntinx (1995) destacó que el término malki tiene las acepciones de “momia”, “feto” y “semilla” en el quechua antiguo, y que la figura del fardo funerario se vincula tanto con la muerte como con la resurrección mítica. La vuelta de lo enterrado puede adquirir caracteres siniestros, representar –en palabras de Buntinx– un “lento pero salvaje despertar de latencias y conflictos largamente adormecidos, muchos de ellos fratricidas” (p. 83). En los filmes de terror andinos (y especialmente los ayacuchanos) ese temor a la emergencia de lo oculto bajo la forma de condenados parecería tener motivos en la violencia política de años atrás. Cabe acotar que la Comisión de la Verdad y Reconciliación constató, años después de concluido el conflicto armado interno, el temor de personas y colectividades a un “hipotético rebrote de la violencia” (Comisión de Entrega de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, 2004, p. 355).
En La maldición de los jarjachas, de Palito Ortega Matute, el jarjacha se apellida –precisamente– Mallqui, advierte cuando lo están ajusticiando que ellos (los jarjachas) nunca morirán y, en cambio, regresarán para “matar a todos”. Como hemos visto, los muertos suelen regresar en los filmes andinos bajo la forma de condenados, y en algunos casos para cobrar venganza. Una de las últimas escenas del mismo filme muestra un cementerio con tumbas que llevan inscritos apellidos repetidos (de presuntos parientes incestuosos, es decir, jarjachas), lo que parece significar que serán muchos quienes emerjan de sus sepulturas como condenados.
Es pertinente acotar que algunos directores ayacuchanos (como Miler Eusebio) respaldan la interpretación de que estos filmes aluden a la violencia política de las décadas pasadas, pero otros (como Piero Parra) la rechazan.
En películas ayacuchanas recientes se aprecia, también, la representación de otro tipo de miedos. Hace varias décadas, en un texto ya clásico, el crítico británico Robin Wood (2003, pp. 63-84) llamaba la atención sobre cómo las películas norteamericanas de horror representaban los temores ocultos de una sociedad conservadora que reprimía la energía creativa y la sexualidad de niños, púberes y mujeres, entre otras poblaciones sometidas a la norma heteropatriarcal. El niño de La profecía (The Omen, 1976, Richard Donner), la adolescente de El exorcista (The Exorcist, 1973, William Friedkin), y la mujer de Cat People (1942, Jacques Tourneur), por ejemplo, adquirían en los filmes citados el carácter de monstruos.
Dos películas ayacuchanas muy exitosas, Supay, el hijo del condenado, de Miler Eusebio, y Bullying maldito, la historia de María Marimacha (2015) de Mélinton Eusebio, presentan, respectivamente, a un niño y a una adolescente que son estigmatizados y ultrajados por una comunidad por apartarse de la norma. Ambos retornan a la comunidad, después de una muerte real o simbólica, convertidos en monstruos vengadores que se ensañan especialmente con figuras autoritarias masculinas (el alcalde del pueblo en el primer caso y el líder de la pandilla juvenil, en el segundo).
1.5.2 Melodrama
El melodrama surge históricamente como un espectáculo basado en el exceso y dirigido a un público urbano de origen campesino que busca una orientación moral en un mundo en transformación (Martín Barbero, 1991; Brooks, 1995). No es casual que el melodrama sea el género más abordado por los cineastas de Juliaca (región Puno), una de las ciudades peruanas con importante migración rural y con más alta tasa de crecimiento en las últimas décadas (Bordas, 2009, p. 232); crecimiento que ha originado profundos cambios no solo económicos, sino también sociales, psicológicos y éticos en la población. Juliaca no es, sin embargo, la única ciudad donde se realizan melodramas; los hay también en Ayacucho, Huancayo y Cajamarca.
Un gran tema del melodrama es el de la filiación. Aparece en filmes sobre niños abandonados y perdidos, bastardía, padres desconocidos e hijos pródigos. La representación de la niñez desamparada es frecuente en los melodramas puneños. Quizá el mayor éxito comercial del cine altiplánico sea El huerfanito (2004), de Flaviano Quispe Chaiña. Tuvo un extenso recorrido por provincias, e inclusive estreno comercial en Lima, como hemos señalado en páginas anteriores; copias en DVD de la película siguen vendiéndose en los mercadillos piratas. La orfandad también se halla presente en los filmes puneños Niños pobres (2009), de Julián Miranda, y Marcados por el destino (2009), de Óscar Gonzales Apaza. La primera película del ayacuchano Palito Ortega Matute, Dios tarda pero no olvida (1997), puede ser considerada también un melodrama de este tipo; aunque cercano al cine social (el protagonista queda huérfano a causa de que Sendero Luminoso asesina a sus padres), la estructura es claramente melodramática, así como el final consolador: después de sufrir hambre y maltratos, y de vencer a la tentación del delito, el niño es rescatado por un sacerdote que lo lleva al templo.
Jesús Martín Barbero (1991) ha escrito que el verdadero movimiento de la trama en el melodrama es “del des-conocimiento al re-conocimiento” (p. 131). El reconocimiento en los melodramas de filiación se presenta de dos maneras: es lo que busca obtener el hijo bastardo del padre; pero es también a lo que arriba el hijo pródigo al final de merecidos sufrimientos: reconocer a los padres que antes ha rechazado. El motivo de la bastardía y el deseo de reconocimiento se hallan en El hijo del viento (2009) de Flaviano Quispe Chaiña, donde un niño campesino huye de su casa para buscar a su padre, a quien no conoce. Hijos pródigos hallamos en los filmes juliaqueños Triste realidad (2004) y Lágrimas de madre (2004), de Fredy Larico, que muestran a humildes madres de origen campesino padecer la incorporación de sus hijos a pandillas urbanas. Cuando los hijos se arrepienten, ya es muy tarde. Algo similar ocurre en la exitosa Madre. Una ilusión convertida en pesadilla (2009), del huancaíno Daniel Núñez Durán, donde un hijo contrito llega a destiempo al sepelio de su madre, a quien ha causado dolor con su mal comportamiento. El filme ha tenido una secuela dirigida por el mismo Núñez (El vástago y su promesa. Madre 2, 2010), y varios imitadores. Pero no solo hay madres que padecen, también existen padres sufrientes. En Lágrimas y carcajadas (2007), del chotano Elmer Mejía Tantaleán, un padre hace grandes esfuerzos para criar a sus hijos, quienes no corresponden a su cariño y abnegación. El ayacuchano Marcelino Huamán narra, en Cántaro, el hijo desobediente (2010), la historia de un joven rebelde con una escena final muy parecida a la de Madre. Una ilusión convertida en pesadilla, pero en este caso referida al entierro del padre. Cántaro… ha tenido también considerable acogida del público; se han realizado ya dos secuelas del filme. Tanto Madre. Una ilusión convertida en pesadilla como Cántaro… son melodramas cristianos respaldados por iglesias evangélicas.
En el 2011, Daniel Núñez Durán, inspirado directamente en la Biblia, y con clara influencia del melodrama hindú, dirigió El hijo pródigo, donde narra la partida de un joven que desprecia la vida que lleva en su hacienda al lado de su padre, y viaja a la ciudad, donde termina como un alcoholizado mendigo y se une a una corte de los milagros formada por otros desamparados. Al final, el personaje retorna arrepentido a la hacienda paterna con todos sus amigos indigentes, y es recibido con amor. El retorno al ambiente bucólico del campo supone un regreso a la virtud, pues la ciudad representa el vicio. El eje vicio-virtud es fundamental en el género.
La ciudad es, en el melodrama, lugar de perdición y ámbito del vicio, engaño y confusión; pero también de movilidad social. En los melodramas rurales, el personaje citadino (o el nativo del campo que regresa con modos urbanos) puede ser agente del mal o factor de renovación. En ambos casos pone en riesgo la estabilidad de costumbres y valores. En Amor en las alturas (2008), del juliaqueño Percy Pacco, el héroe y su familia son apartados por un villano envidioso e hipócrita de su pueblo y terminan en la mina La Rinconada, ámbito infernal. En Casarasiri (2010), del también juliaqueño Joseph Lora, el joven citadino que maneja una moto es un malvado. En la huancaína Te juro amor eterno, de Leonidas Cáceres y Luis Gonzales, el hijo del hacendado, que estudia medicina en la ciudad y retorna en sus vacaciones al campo, se enamora de la hija de un peón y atenta con ello contra el rígido orden social. Tanto en Casarasiri como en Te juro amor eterno la resolución de la trama es conservadora: en Casarasiri, tras descubrirse la perversidad del villano, se celebra una ceremonia de bodas tradicional entre dos jóvenes oriundos de la comunidad; en Te juro amor eterno, el relato sufre un giro radical y el género cambia de melodrama a fantástico: el joven galán, tras morir trágicamente, se convierte en un condenado por amor (con comportamiento de zombi caníbal) y persigue a su amada, para terminar arrastrado por unos demonios al infierno; la trasgresión social es castigada.
No obstante, también hay melodramas rurales de amores contrariados por causas sociales donde la instancia narrativa genera simpatía por la pareja trasgresora; tal es el caso de la películas cajamarquinas El amor de Hupashi (2012), del chotano Obed Díaz Tapia, y Coraje (2004), de Héctor Marreros, esta última con una estructura narrativa más cercana a la de la tragedia. Melodrama juvenil que alerta sobre los peligros de alejarse de la virtud es Trampas de tu lado oscuro (2013), del chiclayano Óscar Liza, sobre una estudiante universitaria que desea tener experiencias intensas y es violada por un profesor quien, después, descubre que la chica es su hermana. El melodrama de adicción lo hallamos en Vicio maldito (2000), de Germán Guevara, donde el protagonista se vuelve alcohólico, pero al percatarse de que ha estado a punto de provocar la muerte de su esposa, decide rehabilitarse. En Marcados por el destino, del puneño Óscar Gonzales Apaza, la lucha es contra la enfermedad mental, y el reconocimiento tiene lugar después de que el protagonista (maltratado de niño y aquejado de esquizofrenia) ocasiona la muerte de su querida hermana. El melodrama bélico se manifiesta en La promesa (2013), del huancaíno Juan Carlos Ambrosio, ambientado en la guerra del Cenepa: un joven jura a la madre de su mejor amigo que protegerá a este aun a costa de su propia vida, como en efecto sucede; la escena final muestra el feliz reencuentro de madre e hijo gracias al sacrificio del héroe. El énfasis estilístico y actoral, la estructura con caída, sufrimiento, reconocimiento y final consolador que afirma valores establecidos, permiten calificar a todos estos filmes como melodramas.
1.5.3 Realismo social
Aunque la mayoría de los melodramas citados tienen un evidente contenido social, hay películas que se alejan de las convenciones de este género y ponen mayor énfasis en la descripción o denuncia de problemas sufridos por individuos de una comunidad en determinadas circunstancias históricas.
Consideraremos como filmes de realismo social tanto a los que Raymond Durgnat (1975) llama “populistas” como a los que ubica específicamente dentro del “realismo social”. Es decir, a los que tienen como protagonistas a personajes de sectores populares y un cierto grado de estilización sin llegar a ser melodramas, y a aquellos otros que pretenden presentar “objetivamente” casos desde una distancia formal y narrativa cercana al documental expositivo.
La película que da inicio al movimiento de cine regional, Lágrimas de fuego (1996), es un filme sobre las pandillas juveniles ayacuchanas que surgieron inmediatamente después de que terminara el conflicto armado interno. Si bien hay muchos elementos melodramáticos en el filme (el protagonista sufre la muerte de su madre a causa de sus acciones violentas, motivo que retomaría Fredy Larico en Triste realidad), existen en la película recursos de distanciamiento que la alejan del melodrama. En una de las mejores escenas, los personajes cuentan sus vidas, uno a uno, durante una reunión, recordando a un pasaje similar de Gregorio (1985), del Grupo Chaski.
La fuerza de un héroe (2001), de Ramiro Díaz Tupa, muestra a un oficial que crea las rondas urbanas y el Comité de Autodefensa de Juliaca a fin de enfrentar al terrorismo y la delincuencia común; se basa en un personaje real. También se inspira en alguien de la vida real El pecado (2006), de Palito Ortega Matute, donde el director cuenta la historia ficcionada de Mario Eduardo Córdova (Yahaira), conocido travesti ayacuchano que practica la prostitución y actúa en la película representándose a sí mismo. En Frágil (2007), Juan Camborda narra alternadamente cinco historias en el Ayacucho después del conflicto armado.
Entre los filmes sobre el conflicto armado interno destaca nítidamente El rincón de los inocentes, de Palito Ortega Matute, grabado en el 2005 y estrenado en Ayacucho el 2013, luego de haber ganado un premio de posproducción del Ministerio de Cultura. Una mujer sufre el asesinato de su hijo mayor y la desaparición de su marido a manos de las fuerzas del orden, clama por justicia al lado de su hijo pequeño, pero también ella es asesinada por los militares. Años después, el hijo sobreviviente (ya joven) acude a una sesión de la Comisión de la Verdad y adopta una posición crítica frente a sus miembros. La primera hora del filme es sumamente intensa. En el 2000, Palito Ortega Matute había realizado ya otra película sobre el tema, Sangre inocente, en torno a ayacuchanos acusados injustamente de terrorismo que son perseguidos y torturados por las fuerzas armadas. Tiene casi terminada La casa rosada, sobre un centro de tortura que funcionó durante la década de 1980 en Ayacucho.
En 1999, Luis Berrocal realizó Mártires del periodismo, donde un periodista español en su afán de investigar la matanza de Uchuraccay, se interna en un infierno bélico del que no logra salir. En el 2003, después de varios años de grabación, Berrocal exhibió Gritos de libertad, con base en testimonios de los ronderos de las comunidades del valle de La Compañía, que lucharon contra Sendero Luminoso; contó con la actuación del líder de los ronderos, llamado Comando Centurión. En Secuelas del terror (2010), Juan Camborda presenta a un exsoldado que sufre alteraciones mentales como consecuencia del conflicto armado interno en el que participó.
En otras películas se sugiere una reflexión sobre la importancia de la tradición, como en las huancaínas Identidad (2007), de Dalmer Quintana, y Con nervios de toro (2012), de Nilo Inga Huamán, y, en cierta medida, en la juliaqueña El abigeo (2001), de Flaviano Quispe Chaiña, en torno al enfrentamiento entre un ladrón y la comunidad que lo castiga. Pero también se censuran costumbres arcaicas como los matrimonios arreglados por los padres en la sorprendente Rosa (2010), de Dalmer Quintana, un filme que representa con crudeza y humor la vida de una adolescente en el campo.
Chicama (2012), del trujillano Omar Forero, cuenta la historia de un profesor de primaria enviado a una zona rural. No obstante la autenticidad que se desprende de los escenarios y los actores naturales (sobre todo los niños), el estilo minimalista empleado en el relato asemeja esta película de Forero a las otras realizadas por este director (Los actores [2006], El ordenador [2012]), y la acerca más al filme de autor.
1.5.4 Comedia
Se aprecian pocas comedias en el cine regional. Ello no quiere decir que no exista demanda de humor en las regiones, pero esta parece cubierta por presentaciones en vivo de comediantes, y por el video cómico que registra sus performances y se ha constituido en todo un género y un rubro comercial, con verdaderos astros como Richard Douglas y El Cholo Juanito (Alfaro Rotondo, 2013).
Un filme puneño, Aprendiendo a vivir (2008), de Javier Cáceres Saravia, cuenta la vida de un cómico de la calle, mezcla de melodrama, comedia y picaresca. En el 2006 el huantino Ramiro Velapatiño estrenó Waqra, corazón contento, con un personaje irresponsable y simpático. En el 2007, el ayacuchano Luis Aguilar de la Cruz exhibió Chullpicha Pipilín, basada en una obra de teatro sobre un campesino enrolado en el ejército; aunque el filme incluía escenas de violación, castración y homicidio, era predominantemente –aunque parezca mentira– una comedia. Híbridos de comedia y filme de horror son las ayacuchanas La maldición de los jarjachas 2 (2003), de Palito Ortega Matute, y Uma, cabeza de bruja (2005), de Lalo Parra. Una sátira sobre españoles e incas es Encuentro de dos mundos. La otra cara (2007), del cajamarquino Héctor Marreros. Comedias intelectuales en formato de cortometraje, con alusiones cinéfilas a los hermanos Coen, Kevin Smith y hasta Ingmar Bergman, son las chiclayanas Mosca muerta y Fiesta en la piscina, de Bryan Aguirre, y Dispárame, dispárame, de Mauricio Burstein.
La ausencia del género musical en el cine regional podría explicarse por su dificultad de producción, y porque la demanda se consideraría cubierta por los videos musicales. Algunos directores de cine regional se dedican también a grabar este tipo de videos (Luis Gonzales en Junín, Henry Vallejo, Joseph Lora y Flaviano Quispe Chaiña en Puno, Maxwell García en Cusco, Luis Aguilar en Ayacucho). Una biopic sobre una cantante que incluye números musicales es Ana María, la voz del valor (2014), de Piero Parra.
1.5.5 Religioso
A los melodramas con “mensaje” religioso como Madre. Una ilusión convertida en pesadilla, El vástago y su promesa. Madre 2, y El hijo pródigo (todas ellas dirigidas por Daniel Núñez Durán), y Cántaro, el hijo desobediente, Cántaro II y La paga del pecado es la muerte, de Marcelino Huamán, habría que agregar otros filmes vinculados a las iglesias evangélicas, como Enemigos de la cruz, de Dante Ulloa Pedroso (San Martín, 2011), y Tiembla el corazón, de Christian Herrera (Pasco, 2011).
Tienen, también, evidente contenido religioso las películas realizadas sobre santos populares. Héctor Marreros ha dedicado tres filmes a la figura de Udilberto Vásquez: Justicia santa (2003), Milagroso Udilberto Vásquez (2006) y Udilberto Vásquez, el último fusilado (2015). El protagonista es un joven acusado de violación y homicidio, a quien se le condena a muerte y ejecuta; existen, sin embargo, dudas sobre su responsabilidad en el crimen imputado, y, después de muerto, obra milagros y se extiende la devoción popular hacia él. Un caso semejante, pero ocurrido en Mollendo, es el que recrea Medardo Medina en El degolladito (2008). Héctor Marreros ha hecho, además, otros filmes de contenido religioso: Mi vida es un milagro (2007), Madre dolorosa (2008), Sebastián de Callash (2008) y Un hombre rico en caridad (2010).
El catolicismo, por su parte, se hace presente en Al encuentro del Nazareno (2005), de Walter Bustamante, un filme sobre una imagen de Cristo (según la leyenda, esculpida por ángeles) que se encuentra en la catedral de Huamanga. Más lograda es Ana de los Ángeles (2012), de Miguel Barreda, película producida por las monjas del convento de Santa Catalina, que recrea la vida de la conocida beata arequipeña.
1.5.6 Otros géneros de ficción
Se hallan también filmes de género criminal, artes marciales, y aquellos donde los personajes tienen como móvil la venganza, en los que se observan algunas convenciones del wéstern. Lo que llama la atención en los argumentos de todos ellos es la débil institucionalidad. No existe Estado legítimo o este es simplemente incapaz de resolver los conflictos, proteger a los inocentes y castigar a los culpables.
En Trata de blancas en la sierra (Cajamarca, 2012), de Héctor Marerros, el protagonista (un policía) dispara a quemarropa a un villano desarmado en la escena final de la película. En Trata de blancas 2 (2013), del mismo Marreros, el delincuente, quien milagrosamente ha sobrevivido, secuestra a la hija del policía para convertirla en prostituta; el policía, a su vez, secuestra a la hija enferma de leucemia del malhechor, para obligarlo a devolverle a su hija. El agente del Estado actúa en ambos filmes al margen de la ley, sin que la instancia narrativa sugiera sanción moral o distanciamiento crítico respecto de sus acciones.
La fuerza del cóndor (2013), del puneño Esaú Mamani, aborda, asimismo, el tema de la trata de blancas. El héroe (un excombatiente del ejército en el conflicto armado interno), interpretado por el mismo director, sufre el secuestro de su hermana, y se enfrenta a una banda de facinerosos encabezada por un brasileño. Antes que en la trama, el énfasis se halla en las escenas de peleas (bastante largas), donde el actor-director trata de lucir sus habilidades en las artes marciales.
También posee conocimientos de artes marciales el personaje principal de El bandolero (2015), encargado de establecer justicia por su cuenta en un pueblo donde el alcalde maneja una red criminal. El filme, deudor de la estética del videojuego y del anime, es dirigido por el chotano Dante Rubio, quien además produce, escribe el guion, hace los efectos especiales e interpreta al héroe, entre otras funciones.
La más conocida película de artes marciales realizada en las regiones es El último guerrero chanka (Apurímac, 2011), dirigida y protagonizada por Víctor Zarabia. Mezcla tradición, aventura, acción y género fantástico; el último heredero de los guerreros chankas combate a fuerzas oscuras con acrobáticos movimientos y certeros golpes.
El sendero del chulo (2007), del puneño Óscar Catacora, tiene imágenes evocadoras del wéstern italiano y de los filmes de Robert Rodríguez. La imagen de una mujer andina vistiendo polleras y blandiendo un arma de fuego recuerda a la película boliviana ¿Quién mató a la llamita blanca? (Rodrigo Bellot, 2006), aunque el personaje tiene un móvil distinto (la venganza y no el robo). Destaca por su bajísimo costo y buen sentido de la composición y el montaje. Otro filme en el que participa Catacora, esta vez como guionista, es La venganza del Súper Cholo (2013), wéstern minimalista de reducido presupuesto, inspirado en el cuento El campeón de la muerte, de Enrique López Albújar.
En la venas de Santana (2011), del huancaíno León Cáceres, se halla también cerca del wéstern. Presenta a otro vengador, un exsoldado que transita paisajes agrestes con sombrero de ala ancha, arma blanca, rostro semicubierto y voz de ultratumba. Va a la caza de quienes violaron y asesinaron a su hermana. En algunos momentos parece inspirado en el forastero sin nombre que interpretara Clint Eastwood en los wésterns de Sergio Leone, y en otros en el antihéroe de V de Venganza (2006, James McTeigue). No obstante, la sangrienta y cruel representación de las muertes que ocasiona acerca a este filme al gore.
Deliberadamente presentado como un wéstern andino es Pueblo Viejo (2015), dirigida por el huancaíno Hans Matos Cámac y producida por el lambayecano Beyker Bances; cuenta con las actuaciones de Cristhian Esquivel, Juan Manuel Ochoa y Mayella Lloclla, y obtuvo, como ya ha sido mencionado, el Premio Almería Western Film Festival 2015.
1.5.7 Documental
La producción de documentales en las regiones es menos notoria que la de ficción. La mayoría de los documentales son de medianometraje o de cortometraje, y no tienen como destino su exhibición pública a cambio del precio de una entrada. Algunos realizadores de ficción hacen trabajos de encargo para instituciones, y no los suelen mencionar dentro de su filmografía. No obstante, existen regiones donde se observa mayor interés en el documental y variedad de propuestas en este género, como Arequipa, Lambayeque, Loreto y Cusco.
1.5.7.1 Arequipa
En Arequipa, Miguel Barreda Delgado dirigió, entre agosto del 2006 y enero del 2007, nueve cortos por encargo de la Municipalidad Provincial de Arequipa para el Museo de la Ciudad. Los cortos llevan los siguientes títulos: Erupciones volcánicas, Tectónica de placas, La extracción de sillar en las canteras de Añahuaysco, El terremoto del 23 de junio de 2001, Empresas emblemáticas de Arequipa: Muñoz Nájar, La Ibérica, Michell, El Ferrocarril del Sur del Perú, Los tranvías de Arequipa (1875-1966), Las picanterías de Arequipa: La Lucila y La rebelión popular de junio de 1950. Tienen una estructura expositiva tradicional, con narrador en off, testimonios y material de archivo. Las mismas características ostentan Oswaldo López Galván (2007) sobre el pintor del mismo nombre, para el Instituto Cultural Peruano Norteamericano; y Hogar de Cristo. Ayudando a los niños trabajadores (2010), donde se informa sobre el trabajo de esa institución.
Documentales informativos cercanos a los reportajes periodísticos pero de duración extendida (más de media hora) son los que realizan Arnulfo Vargas y Jorge Núñez, del grupo El Videógrafo. Destacan: Camino hacia la nieve brillante (Qoyllurit’i) (2011), motivo que veremos repetido en documentales cusqueños; Cementerio de La Apacheta (2011), sobre el cementerio más importante de Arequipa; y Chumbivilcas, tierra brava (Takanakuy) (2012), a propósito de las peleas rituales en Chumbivilcas (Cusco). Vargas y Núñez tienen un programa de televisión en el canal de la Universidad Nacional San Agustín de Arequipa, donde estudiaron, en el que emiten documentales propios y ajenos.
Más inclinada a corrientes modernas de no-ficción, Karina Cáceres ha realizado un filme donde se enfatiza la subjetividad: Cable a tierra (2013), documental de cincuenta minutos, autobiográfico o “performativo” –en el sentido que le da al término Nichols (2001)–, en el que relata su viaje por distintas ciudades del Perú y el extranjero después de graduarse en la Escuela de Cine de San Antonio de los Baños de Cuba, donde estudió. El viaje exterior, por cierto, es paralelo a un viaje interior reflexivo, evocador y de autoconocimiento.
Orientados decididamente hacia el documental y la no-ficción son también los miembros de la Asociación Monopelao, que han establecido vínculos con los limeños de Docuperú y Transcinema para hacer talleres y laboratorios de no-ficción en Arequipa. Han realizado documentales de mediometraje y cortometraje poéticos, de observación y autorreflexivos. Destacan los trabajos de Anita Salinas (Los deseos), Edward de Ybarra (Cuerpo multiplicado), Vicky Arias (Retazos), Christian Maldonado (Amigo diler), Laura Zolezzi (Tambo Ruelas), Pierre Pastor (Castigados), Luis Maldonado y Carlos Subia.
1.5.7.2 Lambayeque
Existen, sin duda, semejanzas de género y estilo entre los documentales producidos por la Asociación Monopelao y los documentales chiclayanos. Los une también la juventud y formación universitaria de sus autores, casi todos de origen urbano y clase media.
En Chiclayo, la Escuela de Comunicación de la Universidad Santo Toribio de Mogrovejo (USAT) ha producido dos largometrajes documentales que contienen trabajos de sus alumnos: Vivir (2010) y Proyección 19 (2013), así como numerosos cortos. Vivir, dirigido por Alejandra Seclén, Junior Carlos y Carlos Guerrero, contiene testimonios de varios personajes anónimos de la ciudad que hablan de sus vidas, pero también de la muerte. Proyección 19 reúne a dieciocho cortometrajes performativos de igual número de alumnos.
El gran animador y asesor de estos proyectos fue el profesor Manuel Eyzaguirre, quien también es realizador. Destaca nítidamente su corto Viajero (2012), un descarnado y sentido testimonio de su propio padre, chofer interprovincial y enfermo de cáncer. El filme fue premiado en el concurso de cortos convocado por el Ministerio de Cultura en el 2012, y compartió con otro documental chiclayano, Tito Tusán (2013) de María Fernanda Doig, el premio a mejor cortometraje del II Festival Iberoamericano de Cine Digital Fiacid 2013, que tuvo lugar en Lima. Tito Tusán es también un retrato fílmico, aunque de menor densidad; se enfoca en un anciano vendedor de objetos de bazar y antiguallas en pleno centro de la ciudad.
Viajero y el siguiente corto de Eyzaguirre, Verano (premiado por el Fiacid y el Ministerio de Cultura en el 2014, con el hijo del realizador como protagonista), fueron producidos por Vídea 3.0, empresa asimismo responsable de Corto amor, dirigido por Dalia Carranza y Deivid Sandoval, filme que contiene distintas versiones de adolescentes sobre el amor. Una autoconsciente puesta en escena, y cierta composición y montaje publicitarios, alejan a Corto amor del mero registro.
Los documentales reseñados se caracterizan por el enfoque en personajes urbanos, y se observa en ellos un estilo que destaca la mirada del autor (o de la instancia narrativa), ya sea que cuente su historia en primera persona o le ceda imagen y palabra a otro. Un tipo de documental distinto a estos es el que hace Gisella Burga, orientado hacia temas sociales, históricos y ambientales, con aspiraciones de utilidad pública. Ha dirigido Yuraktukto (Blanca Flor) en Mamagpampa (Kañaris, alturas de Ferreñafe), siguiendo la labor de una dinámica enfermera asignada a esa localidad de quechuahablantes. Burga, actualmente profesora de la Universidad Señor de Sipán, ha realizado también cortometrajes para el Museo Afroperuano de Zaña, apoyando el rescate y la promoción de los instrumentos musicales afroperuanos del siglo XVIII.
1.5.7.3 Loreto
Documentales de contenido social son también los producidos en Loreto por La Restinga, una asociación creada en 1996 para fomentar la atención a menores en riesgo. Destacan, entre otros, los cortos de Leo Ramírez, Erick Aguilar, Fabricio Linares y Luis González-Polar (Puchín), ex director de La Restinga.
El conocido pintor iquiteño Christian Bendayán ha realizado tres interesantes documentales: Tengo un primo que es pintor (2005), una suerte de manifiesto sobre la condición del artista popular; Los tigres del pincel (2007), donde otorga la palabra y muestra la obra de tres pintores populares; y Altar (2008), que recoge el testimonio de un travesti estudiante de Bellas Artes, quien cuenta la historia de su familia mezclando realismo y mito. El momento más emotivo de Altar tiene lugar cuando el protagonista reposa su cabeza en el regazo de su madre, quien le acaricia el cabello y entona una canción religiosa; los personajes profanos, comúnmente marginados y estigmatizados (la madre pobre, el hijo travesti), componen una imagen de La Piedad y adquieren un carácter sagrado.
Dorian Fernández-Moris ha realizado los documentales IQT (remixes) (2007), basado en el libro de crónicas escrito por Paco Bardales, compuesto de tres partes: una sobre las bailarinas del grupo musical Explosión, otra en torno al pintor Christian Bendayán, y la tercera acerca de la experiencia de la realización del mediometraje Chullachaqui; Iquitos: puerta al Amazonas (2008), por encargo de la Dirección de Turismo; y Mitológicas de Gino Ceccarelli (2010), donde muestra al pintor elaborando cuadros para una exposición. Paco Bardales ha realizado también un video-catálogo sobre una exposición de Ceccarelli: Relatos de amor y seducción de Runamulas y Chullachaquis (2013).
1.5.7.4 Cusco
En Cusco existe una tradición documental que se remonta a los filmes realizados por los cineastas de la llamada, precisamente, Escuela del Cusco, en la década de 1950. Uno de ellos, Luis Figueroa Yábar (1929-2012), realizó mediometrajes documentales en video para la Pontificia Universidad Católica del Perú en la década de 1990: Corpus Christi en Cusco (1995), Rituales guerreros: el tupay en Chiaraje (1995), Mamita Candelaria (1996) y Toro pucllay: el juego del toro (1998), producidos por el antropólogo Juan Ossio. Aunque realizados por un cineasta cusqueño en los Andes, estos documentales son en realidad producciones limeñas.
Documentales peculiares son los que viene elaborando y exhibiendo desde hace muchos años el antropólogo César A. Vivanco Luna. Se trata de mediometrajes y largometrajes a los que él llama “videoramas”. Están construidos con imágenes fijas y una banda sonora que incluye música, ruidos y la voz de un narrador. Vivanco comenzó en la década de 1960 a exhibir en el paraninfo de la Universidad Nacional de San Antonio Abad del Cusco (UNSAAC) series de diapositivas organizadas sobre la base de un guion y con locución simultánea; denominaba a estas producciones “diaporamas”, y la primera que proyectó fue una sobre el Qoyllurit’i. Más adelante realizó este tipo de documentales en VHS, y ahora lo hace en formato digital. Vivanco se considera un precursor de la antropología visual en el Perú, aunque la mayoría de sus trabajos –en realidad– parecen buscar menos el discurso científico que la expresión personal. Algunos de sus títulos son: Vilcabamba en la bruma del tiempo, Perú imaginario o Perú de la realidad, Choqek’irao en la cosmovisión andina.
Alguna semejanza con los trabajos de Vivanco tienen los documentales y ensayos fotográficos de Alfredo Velarde, quien emplea –por lo general– foto fija en blanco y negro, y prescinde de la voice over, pero recurre a carteles explicativos y música. Velarde ha realizado los cortos Delirios en gris (2011), que busca revelar la condición de los internos del hospital psiquiátrico Juan Pablo II; 1918 (2011), sobre la histórica fábrica de tejidos del valle de Lucre; 789. Crisis en Machu Picchu (2010), en donde rememora un accidente en la línea férrea de Cusco a Machu Picchu, producto de inundaciones y huaicos, que dejó a dos mil personas varadas en el pueblo de Aguas Calientes; y Sara (2011), sobre la importancia del maíz. Ha dirigido, además, Cuetero, ladrones de fuego (2010), documental poético que combina imágenes en movimiento de niños jugando bajo fuegos artificiales en la plaza mayor del Cusco con una voice over que narra una leyenda de la población amazónica kayapó (Brasil) sobre el origen del fuego.
Un documentalista muy activo es Ángel Romero Pacheco, quien también es músico y sonidista. Entre otros cortometrajes ha realizado:: Música barroca del Perú. Dos cachuas del códice Baltazar Jaime Martínez Compañón (2007); Qeswachaka: el puente de ichu (2007); Ch’ayñas. Tradición, música y devoción (2008); Hanaq Pacha Kusikuyinin - Coro de niños de Andahuaylillas, Huaro y Urcos (2008); Batallas rituales Toqto-Chiaraje-Canas (2008); Los barrios tradicionales del Cusco y su gente (2009). La mayoría son documentales de observación hechos con buen registro de sonido e inusual sensibilidad. Su corto La fiesta del compadre (2014), sobre la festividad de un santo popular, fue uno de los ganadores del concurso de cortometrajes exclusivo para la región Cusco organizado por la Dirección Desconcentrada de Cultura de Cusco y la Dirección del Audiovisual, la Fonografía y los Nuevos Medios (DAFO) del Ministerio de Cultura en el 2014.
Qoyllurit’i. Señor de la nieve resplandeciente (2012) de Maxwell García es un documental poético de cinco minutos. Plantea una representación de la peregrinación a partir de otra representación: la del ceramista Ferlyn Sayritupa Cusihuamán. Se escucha una oración en quechua al Señor de Qoyllurit’i y ruidos ambientales, mientras la cámara recorre muy de cerca ceramios que reproducen ukukus y demás personajes, que con su inmovilidad crean un efecto de atemporalidad o permanencia.
En el 2015, Fredy Romero Peralta difundió Hugo, un cortometraje sobre el escultor Hugo Tupayachi que no se limita a exponer una obra valiosa, sino que indaga sutilmente sobre la creación, y revela la sensibilidad y sencillez del artista.
José Huamán Turpo es autor de Inkarri: 500 años de resistencia del espíritu inca en el Perú (2012), largometraje sobre la comunidad Q’eros grabado a lo largo de varios años. Con testimonios de miembros de la comunidad, que se remiten a su organización interna y su pasado inca, y con el registro de sus actividades cotidianas, Huamán Turpo logra comunicar de manera muy cercana una resistencia cultural y política de siglos. Inkarri: 500 años de resistencia del espíritu inca en el Perú está hablado en quechua, y fue uno de los ganadores del concurso extraordinario de proyectos convocado por Conacine en el 2010. En el 2015, Huamán Turpo anunció el estreno de un nuevo documental, Ñawinchasqa. Elegida, realizado en Pinchollo (distrito de Cabanaconde, provincia de Caylloma, región Arequipa) sobre un antiguo rito de culto al agua que se sigue practicando en los Andes desde hace siglos, con una niña bellamente ataviada que encarna el centro de la ceremonia y es ofrecida al nevado tutelar, pero ahora solo simbólicamente, sin sacrificio humano como antaño.
Edward Valenzuela Gil realiza desde 1997 cortos y mediometrajes documentales expositivos con motivos turísticos. Conduce y produce el programa de televisión Turismo Total que se emite los fines de semana en Canal 45 RTV El Diario, donde difunde sus documentales, y tiene un canal de televisión por internet, Neviza Televisión.
Huellas de una misión es un documental de casi una hora dirigido por Marco Antonio Canales Guzmán y Deyci Salcedo Arenaza para el Convento de Santo Domingo, sobre el padre Pablo Zavala, expárroco del templo de San Cristóbal, muy querido por los feligreses, a quien se le sigue la pista hasta una localidad de la selva donde ha sido destacado por la autoridad eclesiástica. El audiovisual se halla entre la crónica periodística y el documental participativo, evidencia una buena recopilación de material de archivo, y –sorprendentemente– no deja de ser crítico con ciertas jerarquías de la Iglesia.
Las jóvenes Urpi García y Grisel Flórez realizaron Víctimas de la pantalla (2012), mediometraje documental expositivo con algunas escenas de ficción sobre spots publicitarios machistas en la radio y la televisión cusqueñas, que fue presentado como trabajo de graduación en la Facultad de Comunicación de la UNSAAC.
Otro joven, César Alberto Venero, organizador de las muestras de cine peruano Cinesuyu, es autor del corto Escúchennos cuando todo acabe (2013), donde cada uno de los integrantes del grupo musical Chintatá habla de sí mismo y de los demás miembros del conjunto poco antes del 21 de diciembre del 2012, la fecha que corresponde al fin del mundo supuestamente anunciado por los mayas. El corto revela influencias de corrientes modernas en la no-ficción, con énfasis en los retratos individuales, y tomas fijas y contemplativas que permiten que los espectadores se percaten del transcurrir del tiempo. Fue el otro ganador del concurso exclusivo para la región Cusco convocado por la Dirección Desconcentrada de Cultura de Cusco y la DAFO en el 2014.
1.5.7.5 El documental en otras regiones
En Cajamarca destacan nítidamente los documentales producidos por Luz Isabel Guarniz: La magia del succha, sobre un instrumento de viento típico de la región; Alegría, la fiesta de Cajamarca, en torno a la fiesta de carnaval; y En el corazón de Conga, auspiciado por el gobierno regional, a propósito del conflicto por la explotación minera.
En Ayacucho, Juan Camborda revela en Apuyaya –con bajo presupuesto pero mirada acuciosa– las tradiciones y ritos sociales, así como la fe popular, en la Semana Santa de Ayacucho; y Luis Berrocal ha editado un documental sobre la historia del cine ayacuchano. En Huanta, Ramiro Velapatiño ha realizado Días de Huanta, sobre su ciudad.
En Junín, Omar Sapaico dirigió La danza del zorzal (2013), largometraje sobre el huaylarsh, con impresionantes imágenes del enérgico baile bajo la lluvia, con el que obtuvo una mención honrosa en la competencia nacional del I Festival Internacional de Cine de Ayacucho.
En Puno, los hermanos Carlos y José Vallejo han realizado Hanan Pacha, sobre la cultura del Altiplano (danzas y costumbres), que ha sido difundido como trabajo turístico, pero se halla cercano al documental poético, con muy buen sentido de la composición, el movimiento, el color y la edición, pese a los pocos recursos económicos empleados. De semejante calidad es el corto Puqllasunchis (2006), de Henry Vallejo, sobre un parque de diversiones con música de Wagner y una fotografía preciosista que crean misterio, solemnidad y apoteosis, sin descuidar el goce del espectáculo expresado a través de la imagen de un niño que contempla los juegos con fascinación.
1.5.7.6 La influencia de Docuperú
En la realización de documentales en las regiones han tenido influencia las caravanas (desde el 2005) y los talleres (desde el 2009) desarrollados por Documental Peruano (Docuperú, antes: Documental Independiente Peruano, DIP), una organización sin fines de lucro dirigida por el profesor y sonidista portorriqueño José Balado. Miembros de la organización recorren anualmente el territorio nacional en la llamada “Caravana documental”, impartiendo educación en medios a grupos de pobladores que luego, bajo su asesoría, producen cortos, fotografías y dibujos sobre su territorio, vivencias y cultura. Como resultado de estas caravanas se han producido cortos documentales en Arequipa, Moquegua, Tacna y Puno (2006), Ayacucho y Apurímac (2007), Cerro de Pasco, Loreto y Ucayali (2008), Piura y Lambayeque (2009), Cajamarca (2010) y nuevamente Ucayali (2011). La realización en muchos casos es colectiva, y la influencia temática y estilística de Docuperú es notoria (rescate de personajes populares, retratos e historias personales, mirada paciente y solidaria, más observadora que de intervención). Algunos de los participantes regionales en estas caravanas ya habían incursionado antes en la realización de películas (como Lalo Parra en Ayacucho y Henry Vallejo en Puno), y otros lo siguieron haciendo a partir de esa experiencia (como Anita Salinas, del colectivo arequipeño Monopelao).
1.5.8 Experimental y animación
En Cusco y Arequipa encontramos cultores de un tipo de videoarte que difícilmente se puede distinguir del cine experimental. Destacan trabajos de Alfredo Velarde, Jorge A. Vargas Prado, Augusto Navarro, César Alberto Venero, Juvenal Zamalloa, Brady Romero Ricalde, Maxwell García y Fredy Romero Peralta. Muchos de ellos mezclan tradición y modernidad (motivos visuales y sonoros autóctonos intervenidos electrónicamente, por ejemplo) e invitan a reflexionar sobre la identidad nacional.
Menos solemne que varios de los anteriores es Jorge Flores Nájar. En su corto El niño, el viejo, el cóndor… y el puente trascendental. Deconstruyendo a Szyszlo. Procesos y principios (2013) se ve cómo sobre la pantalla se van dibujando sucesivamente, y reemplazando uno a otro, los rostros de Bart Simpson, de Homero Simpson, de Condorito y una pintura de Szyszlo. Flores Nájar ha hecho también grabados e instalaciones ironizando sobre la representación de los héroes nacionales.
La animación se halla vinculada al video experimental en Cusco, pero también hay animación narrativa y educativa. Destaca nítidamente Fernando Tagle Carbajal, autor –entre otros cortos muy apreciables– de El cóndor y el zorro. Un reto de altura (2011), recreación de una leyenda andina, y El balcón de un yanakuna (2008), que narra la historia de la captura y decapitación de Túpac Amaru I y su encuentro con el virrey Toledo, elaborado sobre la base de dibujos de Guamán Poma. También pueden mencionarse El milagro del k’antu de Luis Carlos Aliaga Núñez del Prado, una animación digital sencilla y eficaz, ambientada en la época prehispánica, y Erminia, personaje creado por Valerie Velasco y protagonista de varios videos didácticos de brevísima duración producidos por el Centro Guamán Poma de Ayala.
Algunos de estos videos han sido presentados en las muestras internacionales de Video Raymi (tres hasta hoy, desde el 2010), organizadas por Marco Moscoso Velarde (Marco Punk), otros han sido exhibidos en Interfase, Encuentros de Creadores Audiovisuales del Cusco (2010 y 2011), y en el festival Video Babel (2011, 2012 y 2013).
En Cajamarca, James Becerra ha dirigido el corto de animación Aventuras del Tío Lino. El arcángel Gabriel en Campanillas (2015), en el que recrea una de las historias del célebre personaje de la tradición oral de Contumazá.
En Arequipa, los cortos experimentales se presentan en el festival Asim’tria, que tiene como animador a Marco Valdivia, o en el Instituto Cultural Peruano Norteamericano.
La arequipeña Cecilia Cerdeña ha dirigido numerosos cortometrajes que constituyen experimentos narrativos y no narrativos; en varios incluye animación. No carecen de humor e ingenio. Destacan: El asno cornudo (2009), animación con muñecos de tela accionados como títeres, basado en una fábula de Mariano Melgar, la cual relata la historia de un asno que, cansado de que lo maltraten, le pide a Dios que le dé cuernos; Emilia y la serpiente, animación sobre una serpiente que sale de la catedral de Arequipa y tienta a Emilia (la serpiente es un muñeco de tela, Emilia una muñeca rota, y la catedral una maqueta); Vademecum (2005), sobre un hombre enfermo en un hospital que ve venir a la muerte para llevárselo, con fotografía muy granulada, sin diálogos ni sonido ambiental, y música de órgano fúnebre.
Revisten interés también Chamán (2012), de Mauricio Banda, una animación stop motion con plastilina sobre un personaje que trata de escapar de una casa, rodeado de objetos que remiten al encierro; y Pasador (2012), de Karina Cáceres, con guion de ella y Mauricio Banda, sobre un caminante con máscara de Wakón, revestido de coloridos pasadores de zapato. Maurico Banda ganó en el 2012 un premio del Ministerio de Cultura para obras cinematográficas experimentales con Chamán y repitió el premio en el 2015 con Zootrópico.
Otras dos arequipeñas destacan en este género. Gabriela Machicao ganó también un premio del Ministerio de Cultura otorgado a obras experimentales en el 2013 con Extramares, un corto de animación que evoca a Martín Adán. Nereida Apaza Mamani ha realizado los cortos animados Sopa de letras (2013), El corazón de un pájaro (2010), y una serie de talante surrealista con muñecas e hilos que aluden a las moiras: Clotos, Láquesis, Átropos (2009).
En Cusco y Arequipa, además, se han elaborado algunos videopoemas, que han sido presentados en el festival Asim’tria y colgados en la web.
1.6 Modo narrativo y dramaturgia
La mayoría de los filmes de ficción emplean estructuras de género. La influencia del cine norteamericano de género es evidente en los filmes de horror, así como la del cine hindú y el cine mexicano de género en los melodramas. El modo narrativo que adoptan es –en principio– el clásico norteamericano, inspirado en el drama aristotélico, con protagonista, objetivo, conflicto y resolución; no obstante, se alejan de este en cuanto no observan rigurosamente la lógica causal.
Ahora bien, tanto Altman (2011) como Martín Barbero (1991) han llamado la atención sobre el énfasis, en los relatos de género, de la acumulación de acontecimientos emocionantes sobre la causalidad de las acciones, lo que según Martín Barbero estaría vinculada con un modo de narrar heredado del relato oral, regido por el “y entonces” en lugar del “pero por tanto” (pp. 152-153). En géneros como el horror y el melodrama, específicamente, el énfasis en la acumulación de acontecimientos por encima de la causalidad es mayor, inclusive en las producciones de Hollywood, donde se observa una tensión con el modelo narrativo clásico normado por la lógica causal. En la mayoría de las películas regionales de género, sin embargo, la causalidad es mucho más débil que en las películas de Hollywood, y tal debilidad se extiende al interior de los diálogos en las escenas, y hasta el montaje, donde las rupturas de raccord son constantes, sobre todo los saltos de eje.
Muchos cineastas regionales (la mayoría de los que hemos entrevistado) son conscientes de la escasa causalidad en sus relatos, y lo asumen como una falla que deben corregir para poder competir con producciones limeñas y extranjeras. Consideran que tienen que manejar mejor las convenciones del modo narrativo clásico que tácita o explícitamente han elegido, y expresan su deseo de llevar talleres de guion. No obstante, habría aquí un conflicto entre un modo narrativo cuyas convenciones los cineastas aspiran a controlar para poder entrar competitivamente en el mercado, y las matrices culturales que los conducen a narrar de determinada manera (no causal). Por otro lado, los espectadores de origen popular que consumen estos filmes (que son la mayoría) no parece que tuvieran dificultades en seguir el relato pese a la falta de causalidad, pues compartirían con los realizadores las mismas convenciones narrativas enraizadas en la oralidad. Asimismo, algunos cineastas son conscientes de que rompen la lógica causal del relato, pero guiados por una lógica emocional a la que dan prioridad, pues confían en que a través de esta lograrán una mejor sintonía con el público hacia el que se dirigen.
A propósito, puede ser ilustrativa la experiencia que tuvimos respecto del visionado de la película ayacuchana Bullying maldito, la historia de María Marimacha y la posterior conversación que mantuvimos con su director Mélinton Eusebio y con el director juliaqueño Joseph Lora en diciembre del 2015, en Ayacucho. El filme sostiene un relato causal hasta un determinado momento. La adolescente María ha golpeado a Aquiles, el líder de la pandilla escolar. Días después, Aquiles es víctima de burlas por parte de sus compinches, y entonces –furioso– asegura que irá por María para vengarse, y parte –supuestamente– con rumbo hacia donde ella se encuentra. Lo que sigue, sin embargo, es una secuencia en la que Aquiles, vestido con uniforme escolar, deambula con sus compañeros de colegio (chicos y chicas) por los alrededores y termina jugando con ellos a la botella borracha. Solo después se retoma a Aquiles yendo a buscar a María para vengarse. Joseph Lora observó que si bien se rompía la lógica causal, se empleaba la secuencia de la botella borracha como una pausa que aligeraba el relato sin que este perdiera interés, para retomar luego con mayor intensidad la acción anterior. Mélinton Eusebio, por su parte, admitía la ruptura de la causalidad, pero la justificaba porque, tratándose de una historia de escolares, el público esperaba una secuencia de botella borracha, y sentía que debía incluirla en ese momento. Sobre la lógica causal, pues, primaría una “lógica” emocional y la satisfacción de las expectativas del público.
Quienes, en las mismas regiones, rechazan los filmes por su falta de causalidad (aunque también en ocasiones a priori simplemente por tratarse de relatos de género) son jóvenes espectadores citadinos de clase media o alta, e inclusive algunos cineastas dedicados al documental de autor o al cine experimental que conforman el segundo tipo de cine regional.
Por cierto, entre los que cultivan el segundo tipo de cine regional se encuentran también directores de ficción que optan claramente por modos narrativos distintos al clásico; el caso más notorio es el del trujillano Omar Forero.
1.7 Lenguaje audiovisual
La mayoría de los largometrajistas de ficción no lucen un manejo fluido del lenguaje cinematográfico o del modo de representación institucional (para emplear la categoría propuesta por Nöel Burch, en este caso quizá más exacta)12. Sin embargo, declaran aspirar a ello.
En las producciones se nota una mayor asimilación de las convenciones hegemónicas de representación visual y sonora que de las convenciones dramatúrgicas clásicas y de montaje. El empleo de planos, ángulos, movimientos de cámara, composición, ruidos y música, e inclusive de lo profílmico, como la escenografía, suele acercarse bastante a lo convencional; y el aprendizaje del modo de representación institucional es notorio –en la mayoría de los casos– de una producción a la siguiente.
Un problema muy evidente de puesta en escena en la mayoría de las películas de ficción (y ampliamente reconocido como tal por los propios directores) es la actuación, pese a que varios realizadores provienen del teatro y tienen formación teatral (Nilo Inga, Flaviano Quispe, Percy Pacco, Walter Bustamante). La causa sería la falta de escuelas de actuación en las regiones. Como ya se ha señalado, generalmente los actores son empíricos, no profesionales, elegidos en un casting y con solo un precario taller de preparación.
No obstante, es preciso indicar también la responsabilidad de los directores en las actuaciones defectuosas que se observan en varias películas regionales. Muchos de los errores de continuidad, verosimilitud y coherencia que se notan en los diálogos de algunas escenas se deben a la falta de una adecuada dirección de actores o a la inexistencia de parlamentos en el guion (que en ocasiones, como se ha señalado, es solo una escaleta). Algunos directores declaran que ante la ausencia de los parlamentos o la dificultad que tienen los actores para decirlos o memorizarlos, les permiten que improvisen; sin embargo, esta improvisación se realiza sin pautas, sin tomar en cuenta el contexto de la historia, y a veces hasta se pierde de vista en ella el objetivo del personaje en la escena y la acción dramática.
Aun así, debe destacarse la presencia de algunos actores y actrices empíricos de talento como Yosdani Roca Centeno (Rosa, de Dalmer Quintana), Marina Anco Casilla (El hijo del viento, de Flaviano Quispe) y Óscar Gonzales Apaza (Amor en las alturas, de Percy Pacco, y Marcados por el destino, del mismo Óscar Gonzales Apaza). Debe destacarse que el huancaíno Nilo Inga Huamán fue prácticamente el “descubridor” de Carolina Infante (Sangre y tradición), quien después actuó en miniseries de la capital. Por otro lado, como ya se ha mencionado, varios de los actores de filmes regionales han pasado luego a la realización. Mención aparte merecen los actores profesionales de las mismas regiones, como los arequipeños Doris Guillén, Martha Rebaza y Enrique Cassella, que han aportado con su experiencia y talento a producciones como Ana de los Ángeles, Encadenados y El cura sin cabeza.
En los últimos tiempos, los filmes regionales vienen ofreciendo rostros conocidos por el público gracias a la televisión. Se ha hecho cada vez más frecuente la contratación de actores profesionales que se han desempeñado en producciones limeñas, como Reynaldo Arenas (El Tunche, El pecado, Con nervios de toro, Los Negritos de Huánuco), Gustavo Cerrón (El Tunche, El pecado, El hijo del viento), Cristhian Esquivel (Los negritos de Huánuco, Pueblo Viejo) y Mayella Lloclla (El demonio de los Andes, Pueblo Viejo).
1.8 Estética
Un prejuicio respecto del llamado “cine regional” tiene que ver con la estética de sus productos. Desde una óptica superficial se asume que son de baja calidad estética, y que su importancia es más temática y antropológica que artística. Sin embargo, en los dos tipos de cine regional hay formas narrativas y estilísticas novedosas y altamente expresivas que derivan de la convergencia y el conflicto de tradiciones propias y normas institucionales.
En el cine regional popular con pretensiones masivas existe, como hemos señalado, una tensión permanente entre una narración de género con fuerte componente de la tradición oral y una estructura aristotélica que los cineastas tratan de incorporar para asemejar sus productos a los del mercado masivo. Las mayores dificultades narrativas tienen que ver con la causalidad tanto en el aspecto dramatúrgico (macro y microestructura) como en el montaje. No obstante, los planos, los ángulos y la composición de los encuadres, así como la iluminación, e inclusive el concepto de sonido (no la realización), suelen ser “acertados” desde una óptica convencional. Tal como hemos indicado, la mayoría de los realizadores admite “errores” de causalidad en sus trabajos, pero solo cuando estos son puestos en evidencia; en cambio, justifican la menor calidad de sus producciones respecto de algunas limeñas a causa del reducido presupuesto, la baja tecnología empleada y la falta de conocimientos técnicos, razón por la cual algunos proponen la contratación de técnicos profesionales limeños para elevar el estándar de sus películas (Palito Ortega, Dorian Fernández-Moris).
Para el antropólogo peruano Raúl Castro las “fallas” narrativas de los filmes regionales formarían parte ya de un modo distinto de contar cinematográficamente (Cabrejo, 2010, p. 54); lo mismo piensa el crítico ecuatoriano Christian León (Alvear y León, 2009, p. 22), respecto del cine ecuatoriano “bajo tierra” (muy semejante al primer tipo de cine regional peruano) en cuanto sostiene que las películas que lo componen constituyen palimpsestos que apuntan a la ruptura de los códigos narrativos y estilísticos (y por ende, podría presumirse, anticipan el surgimiento de un nuevo ordenamiento).
En efecto, un devenir posible de la narrativa observada en estos filmes es el de la creación de una modalidad claramente diferenciada de relato audiovisual que se nutra de las convenciones del cine clásico y del modo de representación institucional, pero también de la tradición oral, la mitología local y una racionalidad distinta a la occidental. Se trataría de un relato moderno, correspondiente a cómo es vivida la modernidad hoy por los sectores populares en las regiones, que podría llegar a tener cierta semejanza con determinado cine tailandés (el de Apitchapong Weerasethakul, por ejemplo). Sin embargo, los realizadores de este primer tipo de cine regional (popular y masivo) tienen aspiraciones comerciales concretas. Los más ambiciosos buscan llegar a los mercados nacional e internacional, y se plantea para ello no solo contratar técnicos limeños, sino asimilar cada vez más las convenciones de la narrativa clásica y el modo de representación institucional. El caso más extremo hasta hoy es el de Cementerio general, que busca mimetizarse con películas de género de horror de bajo presupuesto de distribución internacional, según pautas del gurú norteamericano Dov Simens. Los menos ambiciosos circunscriben sus producciones a un ámbito regional sobre la base de una fórmula exitosa que admite pocas variaciones y, por tanto, escasa experimentación en la propuesta narrativa insinuada. La posibilidad del desarrollo de una nueva narrativa y un nuevo lenguaje sería así remota13.
En el caso del segundo tipo de cine regional también existe el riesgo de la mimetización, en este caso con películas modernas de autor, tanto de ficción como documental. Las vivencias representadas por los jóvenes urbanos de Arequipa, Cusco, La Libertad y Lambayeque no son muy distintas de las de cualquier contemporáneo suyo en cualquier ciudad del mundo, y las formas estilísticas (minimalismo) o las modalidades narrativas (documentales performativos, found-footage) parecerían adecuarse a un aire de los tiempos y a una necesidad expresiva mediatizada por una corriente artística de moda. Sin embargo, en varios de los filmes hay un discurso que aborda el tema de la identidad (especialmente en Cusco y Arequipa) o que, teniendo como personajes a individuos urbanos, se refieren indirectamente a las características peculiares del espacio geográfico y las relaciones sociales de la región a partir del tratamiento formal (en las películas del trujillano Forero y el chiclayano Eyzaguirre, por ejemplo).
1.9 Técnica
La búsqueda de una mejor calidad de imagen y sonido es constante en la mayoría de los cineastas, sobre todo entre quienes dicen que desean alcanzar estándares que les permitan competir con filmes limeños y extranjeros en un futuro próximo. Algunos de ellos comenzaron a grabar en formato VHS o S-VHS en la década de 1990 (Nilo Inga Huamán, Palito Ortega Matute), pasaron a usar luego las cámaras de ¾, miniDV, handycam digitales, y actualmente algunos emplean las cámaras fotográficas DSRL, que permiten cambio de lentes y registro en full HD (Joseph Lora, Roger Acosta); recientemente, la empresa de Miguel Barreda Delgado ha adquirido una cámara Black Magic.
Como consecuencia de la adquisición de equipos más sofisticados y el empleo de luces (en muchas películas se filmaba enteramente de día y exteriores para no alquilar lámparas), ha mejorado la calidad de la fotografía. No obstante que algunos realizadores son buenos fotógrafos, e inclusive se ganan la vida en ese oficio (el juliaqueño Joseph Lora, el ayacuchano Jaime Pacheco), reconocen que les falta formación en fotografía cinematográfica. El realizador huancaíno Omar Sapaico (La danza del zorzal) ha expresado su deseo de especializarse en esa área.
La necesidad de capacitación es mayor en sonido; prácticamente no existen especialistas en sonido en el cine regional (una excepción es el músico y realizador cusqueño Ángel Romero Pacheco, quien es sonidista autodidacta). La edición, salvo excepciones (Barreda, Forero, que utilizan Mac y Final Cut), sigue haciéndose en PC con Adobe Premier Pro o programas bajados gratuitamente de internet. Destacan algunos editores como el ayacuchano Carlos Morales (casi no hay película ayacuchana que no pase por sus manos). Las copias en DCP (Digital Cinema Package, formato necesario para la exhibición comercial en salas de estreno con sistema digital) son escasas, como lo ha sido la exhibición en multisalas; en algunos casos se han realizado copias en DCP a un costo menor que el promedio gracias a las habilidades de los mismos cineastas en el manejo de ciertos software, como el chiclayano Óscar Liza y el cusqueño Fernando Tagle.
Algunos realizadores han construido sus propias herramientas de rodaje, como los hermanos Vallejo (Puno), autores de grúas y steadicam, que luego han alquilado o prestado a colegas.
1.10 Cinefilia
Existe poco conocimiento de la historia canónica del cine, en general, entre los realizadores empíricos, que provienen de actividades distintas a las comunicaciones y el cine. Muchos de los directores de largometrajes no conocen los filmes de los grandes cineastas del canon, tanto del cine clásico como del moderno. La mayoría tienen como referentes a películas de género de serie B (terror, acción, melodramas y artes marciales). Además del cine norteamericano, es notoria la influencia del melodrama hindú (sobre todo en Junín, Ayacucho, Puno y Cajamarca), del cine oriental de artes marciales y, en menor medida, del cine mexicano (melodrama y comedia, especialmente entre cineastas mayores de cuarenta años, como Lalo Parra y Flaviano Quispe Chaiña).
Respecto del cine peruano, es también muy poco lo que han consumido la mayoría de los cineastas entrevistados. Llama la atención que cuando se les pregunta sobre películas peruanas que han visto o prefieren, casi todos citan películas limeñas más o menos recientes; solo cuando se les pide que mencionen películas “regionales” admiten haber visto algunas películas ayacuchanas, puneñas, etcétera. Esto se hallaría en contradicción con su demanda de ser reconocidos como cineastas “peruanos” y no “regionales”, pues parecería que ellos mismos consideran como autores de cine “peruano” solo a los limeños y se ven a sí mismos como cineastas “regionales”, o bien (se podría especular) identifican a los limeños con un Perú oficial que les ha sido impuesto. No obstante, debe resaltarse que entre los cineastas andinos es frecuente la mención de Kukuli (1961) de Luis Figueroa como un filme representativo del cine peruano; por otro lado, realizadores como Henry Vallejo, Flaviano Quispe Chaiña y Roger Acosta (partidarios de que se denomine el movimiento de cine “regional” como “cine andino peruano”), no ocultan su admiración por el cineasta boliviano Jorge Sanjinés.
Entre los directores cinéfilos se puede mencionar al arequipeño Miguel Barreda Delgado, el trujillano Omar Forero, el tacneño Carlos Vera Munárriz, el chiclayano Manuel Eyzaguirre, los cusqueños Fredy Romero y César Alberto Venero, y los miembros de los colectivos Monopelao y Okupas de Arequipa. Todos ellos tienen formación académica en cine, arte o comunicaciones, y provienen de la clase media.
1.11 Apoyo institucional
1.11.1 Gobiernos regionales y municipales
Prácticamente todos los cineastas entrevistados lamentaron el hecho de no contar con el apoyo de los gobiernos municipales y regionales para la producción de sus películas. Inclusive se quejaron de que los administradores de algunos locales municipales a los que acudían para exhibir sus filmes les cobraran altas tarifas de alquiler.
Tampoco los eventos que han buscado congregar a los cineastas regionales y mostrar sus obras más allá de los límites de las regiones han tenido un gran apoyo institucional. Roger Acosta, organizador de dos encuentros de cine andino en Arequipa, tuvo el auspicio del municipio, pero lamentó que al segundo de estos eventos, realizado en el 2013, no acudiera el alcalde ni a la inauguración ni a la clausura, pese a que la actividad se desarrollaba en el auditorio de la misma municipalidad. Por el contrario, el alcalde de Huamanga sí acudió a la inauguración y clausura del primer Festival Internacional de Cine de Ayacucho (FICA), que tuvo lugar también en el 2013, y prometió garantizar la segunda edición del festival en el 2014. En el 2015, el FICA se realizó en Huanta. La nueva administración municipal de Huamanga apoyó nominalmente al I Festival de Cine Regional que se realizó en la ciudad de Ayacucho en diciembre del 2015, pero el nuevo alcalde no acudió ni a la inauguración ni a la clausura del evento (en su lugar estuvo el gerente municipal), y los organizadores no lograron que se les exonerara del pago del alquiler por la sala del Cine Teatro Municipal, que fue el principal local de exhibición del festival.
En general, los cineastas consideran que los gobiernos municipales y regionales rechazan invertir en el cine regional porque consideran que el cine no es una actividad o industria cultural sino un negocio del espectáculo. Sin embargo, algunos realizadores admiten deficiencias propias en la oportunidad de solicitar apoyo a los gobiernos, pues muchas veces lo hacen cuando el presupuesto anual de estos ya ha sido aprobado.
Los cineastas reconocen, en cambio, la colaboración de instituciones como la policía y la Iglesia católica. Eitianen, el mensajero de la luz, un thriller con trama que incluía ritos satánicos, fue grabado en varios conventos de Arequipa con autorización de las autoridades eclesiásticas, y contó con la participación de efectivos policiales (el actor protagónico era un policía en actividad). Asimismo, el primer encuentro de cine andino de Cajamarca, organizado por Héctor Marreros, tuvo como una de sus sedes la escuela de policía de la ciudad, donde se exhibieron exclusivamente para los alumnos de la escuela (que llenaron el auditorio) algunas películas. Marreros teminó el rodaje en el verano del 2014 de un nuevo largometraje, Yo mimo soy, con otro policía en actividad de protagonista. Como ya se ha anotado, Ana de los Ángeles, del arequipeño Miguel Barreda Delgado, fue producido por las monjas del convento de Santa Catalina; y las iglesias evangélicas han respaldado directa o indirectamente producciones como las del huancaíno Daniel Núñez Durán (Madre. Una ilusión convertida en pesadilla) y del ayacuchano Marcelino Huamán (Cántaro, el hijo desobediente), la del piurano Samuel Eliú Espinoza Parrales (Rumbos inciertos), y el filme puneño El último testigo, de Manuel Pascal.
1.11.2 El Conacine y el Ministerio de Cultura
El apoyo del Estado en estos años se ha limitado prácticamente a la convocatoria de concursos y la elaboración de efímeros talleres. No ha podido incluir al llamado cine regional dentro de una política cultural coherente porque sencillamente esta no existe.
El Consejo Nacional de Cinematografía (Conacine) fue creado por la Ley 26370 de 1994. Entre sus principales facultades se hallaba la convocatoria de concursos nacionales anuales de corto y largometraje. En el 2006, el Conacine inició la convocatoria de concursos de proyectos exclusivos para las regiones (excepto Lima Metropolitana y Callao). Esta convocatoria parte de la consideración de que los cineastas regionales se hallan en desventaja con relación a los cineastas limeños cuando tienen que competir con ellos en los concursos nacionales, debido al menor presupuesto que manejan, las menores posibilidades de información y formación que tienen, y el menor nivel técnico alcanzado. En virtud de ello, se aplica el criterio de la “discriminación positiva”, excluyendo de la convocatoria de participación a Lima Metropolitana y Callao. Los cineastas regionales, por el contrario, pueden participar tanto en los concursos para las regiones como en los nacionales. Conacine llamó a estos concursos y entregó los premios respectivos en el 2006, el 2007, el 2009, el 2010 y el 2011. En el 2010 se decretó la “fusión por absorción” del Conacine por parte del recientemente creado Ministerio de Cultura, que no se hizo efectiva sino hasta el 2011, lo que trajo consigo la disolución del Conacine. Los concursos fueron convocados en adelante por la Dirección de Industrias Culturales (Dicine) en el 2012, y por la Dirección del Audiovisual, la Fonografía y los Nuevos Medios (DAFO), en el 2013, el 2014 y el 2015.
De dieciséis proyectos de largometraje de ficción ganadores de los premios del Estado exclusivos para regiones, solo han sido estrenadas en el circuito comercial de los multicines la película trujillana Chicama, de Omar Forero; la arequipeña Encadenados, de Miguel Barreda Delgado (en Cinépolis Arequipa), y la loretana Desaparecer, de Dorian Fernández. La huancavelicana Don Melcho, amigo o enemigo (premiada en el 2007), de Arnaldo Soriano, y las huancaínas Con nervios de toro (premiada en el 2009), de Nilo Inga Huamán, y Yawar Wanka (premiada en el 2011), de Jacqueline Riveros Matos, han sido exhibidas en salas culturales.
En el 2012 se realizaron los primeros concursos convocados por la Dicine, luego de la desaparición del Conacine. La Dicine aumentó el monto destinado al concurso de proyectos de largometrajes de ficción exclusivo para las regiones, incorporó premios para la categoría “regional” en otros concursos e invitó a especialistas extranjeros para que formaran parte de los jurados al lado de los nacionales en busca de lograr una mayor objetividad en los fallos. Los resultados no fueron los esperados. El jurado del concurso de proyectos de largometraje documental consideró desiertos los premios en la categoría regional; hubo objeciones a su presidenta (la española Marta Andreu), quien ignoraba por completo la realidad del cine regional. El jurado de cortometrajes premió veinticinco cortos, de ellos apenas cinco cortos regionales. El premio a largometraje regional independiente o experimental también se declaró desierto.
La Dicine también tuvo la iniciativa de pedir a los cineastas regionales que enviaran sus películas a la institución para que fueran emitidas por el canal de televisión del Estado. Aunque algunas películas fueron entregadas y emitidas, hubo cineastas que manifestaron su temor a que la copia que remitieran a Lima (sobre la que perdían control) fuera pirateada, y prefirieron seguir exhibiéndolas en los circuitos regionales. La propuesta, en principio atractiva, no contemplaba –sin embargo– una retribuición económica a los productores por sacar al aire sus filmes. Por otro lado, la publicidad en torno al espacio televisivo dedicado a las películas regionales no fue eficiente, y pasó inadvertido.
En el 2013, ya bajo la DAFO, continuaron declarándose desiertos algunos premios en la categoría regional en los concursos de Obras Cinematográficas Experimentales y Proyectos de Gestión Cultural para el Cine y el Audiovisual. Los jurados justificaron sus decisiones invocando deficiencias en los proyectos.
Los premios desiertos no fueron el único indicador de que algo andaba mal en el apoyo del Estado al cine regional. En comparación con la cantidad de películas que se producían en las regiones, eran pocos los proyectos presentados en los concursos. La abstención de la mayoría de los cineastas regionales tendría varias causas. Muchos de los cineastas entrevistados por nosotros expresaron su desconfianza respecto de los concursos, pues temían que estos se encontraran amañados. Otros destacaron lo trabajoso y oneroso que les resultaría la formalización de su empresa con el objetivo incierto de ganar un concurso; preferían invertir el tiempo y el dinero que emplearían para ello en la producción de una película que les permitiría obtener réditos más seguros en su región. También hubo quienes demandaron una mayor información y capacitación en la elaboración de proyectos; no les parecía suficiente ni del todo accesible la información colgada en internet por el Estado14.
Según el director de la DAFO, Pierre Emile Vandoorne, en los últimos años esta ha buscado mejorar la información sobre la presentación de proyectos en las regiones. Se habrían obtenido resultados positivos de estos esfuerzos. En el 2014 el porcentaje de postulaciones a premios por parte de empresas domiciliadas fuera de Lima Metropolitana y Callao habría llegado hasta cerca del 28 % del total; en el 2015 el porcentaje disminuyó al 23,2 % del total (de 424 postulantes, 326 fueron de Lima y Callao y 98 de otras regiones), pero hubo mayor cantidad de postulaciones. No obstante, la mayor cantidad de postulaciones regionales vinieron de Lambayeque (15), Cusco (14), Arequipa (13) y La Libertad (10), es decir de las regiones vinculadas al segundo tipo de cine regional, con un perfil de realizadores más semejante al de los limeños.
Por otro lado, el Estado no ha definido aún con claridad quién considera que es un cineasta regional, lo que ha motivado que directores no residentes en las regiones se presenten a los concursos. Si bien los concursos están abierto no para individuos, sino para empresas, asociaciones y centros educativos, queda abierta la posibilidad de que se cree una empresa o asociación en una región solamente para acceder a la convocatoria, sin que ello implique una actividad continua en la región ni que los realizadores vivan allí, lo que distorsionaría el objetivo de los concursos. En el 2015 causó malestar que, en el concurso de proyectos de documental, el premio reservado a las regiones (con excepción de Lima Metropolitana y Callao) recayera en la empresa Quechua Films Perú (domiciliada en Cusco, pero vinculada a la empresa Quechua Films de España, con la que tiene proyectos en común, según lo manifestaron por escrito sus propios directivos) y que el director del proyecto fuera el conocido cineasta limeño Javier Corcuera, quien reside en España desde hace varios años. Para evitar que esto suceda nuevamente podría, quizá, precisarse en las bases de los concursos que el director acredite residencia en la región por un número determinado de años.
En las entrevistas realizadas, varios cineastas han demandado no solo talleres de elaboración de proyectos, sino también cursos de duración prolongada sobre escritura de guiones y aspectos técnicos. Estas demandas coinciden con recomendaciones de algunos jurados contenidas en las actas de los concursos. Si bien el Conacine organizó contados talleres, las opiniones de los cineastas que asistieron a ellos no son del todo favorables. Unos reconocen que fueron positivos, pues les permitieron conocer a sus colegas y compartir inquietudes, otros señalan que en lugar de motivarlos, los talleres los desanimaron, pues quienes los impartían no tomaban en cuenta los escasos recursos económicos con los que contaban los cineastas regionales, y hacían aparecer al cine como excesivamente caro y lejano de sus posibilidades reales. Quienes sí encontraron la información recibida en los talleres como positiva, lamentaron que fueran de duración tan corta. Lo adecuado sería, probablemente, la organización de talleres de larga duración (incluso de meses) desarrollados en las mismas regiones. En el caso de los talleres de elaboración de proyectos, se requeriría un monitoreo permanente a cargo de asesores a fin de que los proyectos pudieran presentarse a los concursos con posibilidades de premiación. Sin embargo, se ha expresado también una autocrítica de parte de los cineastas regionales respecto de su actitud ante los talleres de elaboración de proyectos que reclaman. El cineasta Nilo Inga Huamán relata que cuando el productor y director Julio Vizcarra fue a Huancayo a dictar un taller en nombre del Conacine, la asistencia de los realizadores locales fue muy nutrida al inicio, pero después de que sacaron fotocopias a los modelos de proyectos que Vizcarra había llevado, la mayoría de ellos no regresaron al taller.
El trujillano Omar Forero ha llamado la atención sobre la superficialidad que supone dictar talleres solamente de elaboración de proyectos, cuando lo que se requiere es tener claridad sobre las razones por las que se desea hacer cine, el tipo de cine al que se aspira, y el público al que se quiere llegar. Forero considera que más importante que aprender a elaborar un proyecto es la creación de escuelas de cine en las regiones. Agregaríamos que aún más importante es una política cultural del Estado orientada hacia el cine nacional que, como repetimos, no existe.
En el 2015 se apreció que el mayor porcentaje de postulaciones de cineastas de regiones a los premios del Ministerio de Cultura fue en los concursos de formación y gestión. La cifra de formación (siete postulaciones, 31,85 % del total) parecería ratificar la demanda expresada por los cineastas en nuestras entrevistas, a la que nos hemos referido. Sin embargo, otra vez figuraron postulaciones de Arequipa (tres), Lambayeque (dos) y Cusco (una), regiones donde predomina el segundo tipo de cine regional (la otra región con postulación fue Junín, con una); no hubo postulaciones de Ayacucho y Puno, los centros de mayor producción del primer tipo de cine regional en los últimos veinte años. Asimismo, en gestión (31,1 % de las postulaciones), volvieron a figurar Lambayeque (tres) y Arequipa (dos) en los primeros lugares.
En el 2014, la DAFO organizó, con la Dirección Desconcentrada de Cultura de Cusco, un concurso de proyectos de largometraje de ficción en lenguas originarias. No obstante, como era de prever, los concursantes no fueron precisamente cineastas provenientes de sectores populares que tenían como lengua materna el quechua u otra lengua originaria, sino intelectuales y artistas bilingües provenientes de las élites regionales15. En el 2015 no dejó de resultar inquietante que el mayor porcentaje de postulaciones al premio de proyecto en lenguas originarias haya sido de empresas de Lima, cuatro proyectos (66,7 %), contra uno de Puno y uno de Huancavelica (33,3 %), según información proporcionada por la DAFO. Ganó un proyecto limeño16.
En el 2014, la Dirección Desconcentrada de Cultura de Cusco convocó a un concurso de cortometrajes solo para su región. Lo volvió a hacer en el 2015. El ejemplo podría ser tomado por otras direcciones regionales si contaran con recursos económicos similares.
Los directivos de la DAFO hablan de “profesionalizar” a los cineastas regionales y “formalizar” su trabajo, pero una crítica que se hace al Ministerio de Cultura es que los concursos (por sus bases y el monto de los premios) parecerían estar orientados a asimiliar la producción y distribución de películas regionales al modo de producción y distribución de las películas limeñas que se exhiben en los multiplex y aspiran a competir en festivales internacionales, sin tomar suficientemente en cuenta las características propias de la producción y la distribución regionales.
Es preciso subrayar que el Estado no tiene una estrategia específica referida a la distribución y exhibición de películas regionales. Actualmente, como se ha indicado en páginas anteriores, uno de los problemas que afronta el llamado cine regional es el de la falta de un sistema confiable y sostenido de distribución y exhibición. Una manera que tendría el Estado de contribuir al desarrollo del cine en las regiones sería facilitando el alquiler y el uso de locales públicos para los cineastas que desean exhibir sus películas. Como hemos señalado, los cineastas se quejan por los altos costos de alquiler de salas municipales y regionales. El Estado podría también respaldar el estreno de películas regionales (de corto o largometraje) en salas de estreno mediante el régimen de excepción vigente que contempla la Ley 26370, y convocar a premios de posproducción y distribución exclusivos para regiones con montos que permitan la elaboración de copias en DCP. Podría, asimismo, promover la transmisión por la televisión del Estado (TV Perú) de películas regionales, con una publicidad adecuada, y que se paguen los derechos correspondientes a los cineastas por estas emisiones. En un mediano plazo, se podría contemplar la construcción de salas alternativas en las regiones donde se exhiban películas que no tengan un fácil acceso al circuito comercial, emplear de modo planificado los circuitos de exhibición que hoy están en manos de promotores informales, y aprobar una nueva ley de cine donde se considere una cuota de pantalla para que en los multicines comerciales de las regiones se puedan exhibir las películas que allí se producen.
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