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El Corredor Mediterráneo
Desencuentro político y territorial
Eloïse Libourel
Universitat de València
Colección: Desarrollo Territorial, 16
Director de la colección: Joan Romero
Cátedra de Geografía Humana. Universitat de València
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© Del texto: Eloïse Libourel, 2016
Publicacions de la Universitat de València
puv.uv.es
Corrección: Communico, C.B.
Maquetación: JPM Ediciones
Diseño de la cubierta: Luis Gómez
Tratamiento gráfico: Celso Hernández de la Figuera
ISBN: 978-84-9134-067-6
Contenidos
INTRODUCCIÓN
El Corredor Mediterráneo: problemas de definiciones
El Corredor Mediterráneo en el marco científico
¿Omnipresencia o indiferencia?
El Corredor Mediterráneo, un objeto problemático
CAPÍTULO 1. HISTORIA DEL CORREDOR MEDITERRÁNEO
EL CORREDOR MEDITERRÁNEO Y SUS REIVINDICACIONES ANTIGUAS
Génesis del Corredor Mediterráneo
La exportación de cítricos y las primeras reivindicaciones
París-Casablanca: surgimiento de la justificación por el turismo
Estructuración en torno a los primeros congresos y a Ignasi Villalonga
El Corredor Mediterráneo: historia de un desencuentro entre estructuras territoriales y red de transportes
El eje mediterráneo, ¿históricamente estructurante?
Existir en la red ferroviaria
AVATARES RECIENTES DE UN PROYECTO FERROVIARIO A LARGO PLAZO: TREINTA AÑOS DE PLANIFICACIÓN
El Corredor Mediterráneo en los planes de infraestructuras españoles
Una relativa continuidad desde los años noventa
¿Alta velocidad o velocidad alta? Estrella, eje y prioridad a los viajeros
¿Un corredor de mercancías?
El Corredor Mediterráneo en las RTE-T: permanencias y cambios
Los proyectos de «Corredor Mediterráneo» en las RTE-T
El eslabón español: ¿qué importancia en Europa?
CAPÍTULO 2. TRES CONCEPCIONES DEL CORREDOR MEDITERRÁNEO EN EL MARCO INSTITUCIONAL
EL PAPEL AMBIGUO DEL CORREDOR MEDITERRÁNEO EN LA PLANIFICACIÓN NACIONAL
Objetivos y retos del Pitvi
El Pitvi: ¿una ruptura con los documentos anteriores?
Los principales objetivos del Pitvi y sus consecuencias para el Corredor Mediterráneo
El Corredor Mediterráneo en el Pitvi
La inscripción del Corredor Mediterráneo en el Pitvi y en el juego institucional
El Corredor Mediterráneo: presencia-ausencia en el Pitvi
¿Qué posibilidades para el Corredor Mediterráneo?
¿Alta velocidad perdiendo velocidad?
¿Y el transporte ferroviario de mercancías?
Separación de flujos, tráfico mixto y tercer carril
EL CORREDOR MEDITERRÁNEO EN LA PLANIFICACIÓN EUROPEA DE 2013
Un Corredor «Mediterráneo» multimodal y transeuropeo
Cambios de lógica en la planificación europea
Un corredor entre unidad y fragmentación
Dos ramales españoles del Corredor Mediterráneo
La problemática implementación del Corredor Mediterráneo en el marco europeo
El proceso de definición de los corredores: lógicas administrativas y retos políticos
El Corredor Mediterráneo y la implementación de la red central
FERRMED: UNA VISIÓN DEL CORREDOR MEDITERRÁNEO
Propuestas concretas para el Corredor Mediterráneo
Del eje a la red: Ferrmed y la evolución de la política europea
Los estándares de Ferrmed a la prueba de una proposición concreta
La acción de Ferrmed a favor del Corredor Mediterráneo
CAPÍTULO 3. INTERÉS DE LOS ACTORES Y POLITIZACIÓN DEL DISCURSO SOBRE EL CORREDOR MEDITERRÁNEO
PLURALIDAD DE ACTORES, PLURALIDAD DE DISCURSOS
Irreducible pluralidad de los actores del Corredor Mediterráneo
Identificar a los actores del Corredor Mediterráneo
Propuesta de tipología de los actores del Corredor Mediterráneo
Diversidad de discursos y soportes
El Corredor Mediterráneo en la encrucijada de cuatro principales argumentaciones
El argumento de la ordenación del territorio: darle un anclaje al Corredor Mediterráneo
El argumento económico: fundamento de la reivindicación del Corredor Mediterráneo
El argumento técnico: entre constatación y neutralidad
El argumento político: nervio de la guerra
LA RACIONALIDAD DE LOS ACTORES INDIVIDUALES: LÓGICAS ECONÓMICAS Y RETOS TÉCNICOS
Construcción de racionalidades en torno al Corredor Mediterráneo
Una racionalidad portuaria: el caso del Puerto de Alicante
Racionalidades industriales: la automotora Seat y el cluster de la cerámica, dos lógicas distintas
Una racionalidad del sector agrícola: las hortalizas andaluzas
Una racionalidad turística: el caso de Benidorm
Una racionalidad urbana: el caso de Valencia
En la encrucijada de las distintas racionalidades: objetivos comunes y posiciones específicas
LA POLITIZACIÓN DE LOS DISCURSOS POR LOS ACTORES COLECTIVOS
Los actores colectivos: llevar el Corredor Mediterráneo a la escena pública
Agrupaciones más o menos representativas
Construcción de discursos políticos por los actores colectivos
De la politización del discurso al objeto político
Los actores del Corredor Mediterráneo y sus múltiples afiliaciones
Debates políticos
El Corredor Mediterráneo como horizonte de expectativa política
LA MEDIATIZACIÓN DEL CORREDOR MEDITERRÁNEO, REFLEJO DEL JUEGO DE LOS ACTORES
Los medios, el Corredor y la vida política
El papel de la prensa en el debate sobre el Corredor Mediterráneo
La prensa y la actualidad de los actores económicos
La prensa como tribuna política
La prensa, ¿lugar de un debate sobre el Corredor Mediterráneo?
CAPÍTULO 4. EUROPEIZACIÓN DE LA REIVINDICACIÓN DEL CORREDOR MEDITERRÁNEO
GRUPOS DE PRESIÓN Y EUROPEIZACIÓN DEL DEBATE SOBRE EL CORREDOR MEDITERRÁNEO
De Ferrmed a EU Core Net Cities: grupos de presión de dimensión europea
Los grupos de presión y su modo de acción
Lobbies para el Corredor Mediterráneo
El lobbying manos a la obra
Las conferencias como mecanismo de acción privilegiado
Ferrmed y sus conferencias: una demostración de fuerza
EU Core Net Cities: conciliar intereses locales
La iniciativa conjunta Ferrmed/CZF/EU Core Net Cities: el Corredor Mediterráneo, objeto en común
Hacia una despolitización del Corredor Mediterráneo
De los retos políticos a la escenificación de un consenso
Los lobbies y la despolitización de los discursos
LA EUROPEIZACIÓN DEL DISCURSO PARA SERVIR A PROYECTOS MÚLTIPLES
La reivindicación del Corredor Mediterráneo como paradigma europeo
Los transportes en Europa y el interés de los think-tanks
Ferrmed como paradigma
La europeización de las reivindicaciones como instrumento de acción
Una argumentación de la centralidad
Una argumentación de la periferia
Una argumentación por la integración de los países vecinos
CAPÍTULO 5. FORMAS DE TERRITORIALIZACIÓN DEL CORREDOR MEDITERRÁNEO
EL CORREDOR MEDITERRÁNEO Y LA ESTRUCTURACIÓN DEL TERRITORIO EUROPEO
El Corredor Mediterráneo al servicio de la territorialización europea
El Corredor Mediterráneo, herramienta para Europa
El Corredor de los actores institucionales y el Corredor de los actores económicos: de lo local a lo global
¿Tiene el Corredor Mediterráneo un territorio?
Variabilidad de los trazados, estabilidad de los puntos de anclaje
Territorializaciones distintas según el discurso e idea de los actores
EL CORREDOR MEDITERRÁNEO Y LA ESTRUCTURACIÓN DEL TERRITORIO ESPAÑOL
La vertebración del territorio nacional por las redes de transporte
Unidad nacional e integración europea por la fuerza de la red
La «vertebración» del territorio, una idea clave en la planificación de transportes en España
La gobernanza territorial en el reto del Corredor Mediterráneo
De un sistema de gobierno a un proceso de gobernanza
Un Corredor al margen de las lógicas tradicionales del planeamiento
Alta velocidad y mercancías: dos fases del corredor con procesos de territorialización distintos
CAPÍTULO 6. EL CORREDOR MEDITERRÁNEO Y SUS FORMAS LOCALES DE TERRITORIALIZACIÓN
LAS CIUDADES, PUNTO DE ANCLAJE DE UN CORREDOR PARA VIAJEROS
Las estaciones de alta velocidad y el Corredor Mediterráneo
Estaciones de AVE, ¿una especificidad mediterránea de la alta velocidad?
Dos metrópolis en el espejo de sus estaciones: Barcelona Sagrera y Valencia Parque Central
Estaciones para existir en la red: el AVE, ¿modo de transporte o proyecto urbano?
El Corredor en la ciudad: territorialización política y económica por las estaciones
Politización de las estaciones
Las estaciones en el contexto económico
UN CORREDOR DE MERCANCÍAS EN PUNTITOS
La conexión portuaria, elemento primordial del Corredor Mediterráneo
Los puertos mediterráneos españoles y su hinterland
Los puertos secundarios: malas conexiones y opciones estratégicas
Los grandes puertos y la cuestión de los hubs
Las plataformas logísticas, ¿manifestaciones del Corredor Mediterráneo?
Presencia creciente del sector de la logística
¿Plataformas que anticipan el Corredor Mediterráneo?
CONCLUSIONES
Estatuto y funciones de un proyecto de ordenación territorial
Los procesos de planificación en el prisma del Corredor Mediterráneo
Por una aproximación geográfica a los corredores de transporte
BIBLIOGRAFÍA
ANEXOS
Introducción
Soñar el sueño imposible, luchar contra el
enemigo invencible, correr donde valientes no se
atrevieron, alcanzar la estrella inalcanzable.
(Miguel de Cervantes, Don Quijote)
A la hora de escribir este libro se anuncia la constitución del Fòrum Valencià pel Corredor Mediterrani, cuya meta es reunir a los distintos actores de la Comunidad Valenciana que actúan a favor del Corredor Mediterráneo, para posicionarse como una fuerza de reivindicación local y regional frente al Gobierno central español y a la Comisión Europea (Levante-EMV, 2016). El Foro reúne a la Generalitat y a actores del sector público, como las universidades y sindicatos, pero también a actores privados, como las asociaciones empresariales y grandes empresas que ya participaban en el debate sobre el proyecto de Corredor. Con este nuevo grupo de presión, Valencia refuerza su posición central en el eje mediterráneo y afirma la prioridad económica de una infraestructura ferroviaria litoral, tras la promesa, en enero de 2015, al inicio de un año de elecciones crucial para España, del Gobierno de Mariano Rajoy (PP) de llevar el AVE a ocho capitales de provincias más, lo que representa unos mil kilómetros de vías adicionales, conforme con las promesas de los sucesivos gobiernos. La comunicación gubernamental pone de relieve el tren de alta velocidad para viajeros y no el transporte de mercancías. El mapa de los nuevos tramos muestra la voluntad de equilibrar la red hacia el oeste y el norte de España, con excepción de los tramos a Castellón, Murcia y Granada (Alonso, 2014). La línea prevista de Badajoz a Plasencia (Extremadura) confirma el objetivo de llegar en alta velocidad a todas las provincias. Entre las prioridades, el Corredor Mediterráneo tiende a desaparecer como eje, aunque sigue presente como territorio, pues casi todas las provincias de la costa quedan en el mapa de la alta velocidad, excepto Almería. Esta presencia/ausencia en los planes de infraestructuras, que se traduce en un conjunto de operaciones en determinados puntos que llevan a la fragmentación del eje, es un hilo conductor de la larga historia del Corredor Mediterráneo, que desde la década de 1920 ha conocido alternativas fases de gracias y desgracias en la planificación nacional de infraestructuras. El Corredor también es un asunto político de gran importancia, basado en el enfrentamiento de visiones contrarias del territorio. El debate sobre el planeamiento del eje mediterráneo ahora se plantea en la escena europea, lo cual le confiere una legitimidad fuera de su contexto original, una ampliación de su posible financiación y asimismo nuevos retos para el planeamiento y la gobernanza.
El Corredor Mediterráneo: problemas de definiciones
La apelación Corredor Mediterráneo se refiere a un objeto geográfico que corresponde a distintos trazados y proyectos a escala española y europea: es a la vez un proyecto español relativamente antiguo para vincular las regiones litorales y uno de los nueve ejes multimodales definidos por la Comisión Europea en 2013 (Commission européenne, 2013) para constituir la trama básica de la red central de transportes. En la visión europea, el Corredor Mediterráneo se extiende desde el sur de España (país que atraviesa con un doble trazado por la costa y por el interior) hasta la frontera de Ucrania. Además, el Corredor Mediterráneo también se refiere a la propuesta de gran eje ferroviario trans-Europeo de Ferrmed (Ferrmed, 2009), lobby cuya visión hace de la costa mediterránea española el trozo fundamental de un eje de mercancías desde Casablanca (Marruecos) hasta San Petersburgo (Rusia) (mapa 1).
Los distintos trazados que se consideran para el Corredor Mediterráneo y los espacios geográficos en los que se enmarca solo coinciden en la parte española. Además, el proyecto radica en España, donde se encuentran los principales territorios interesados y los actores que lo reivindican. Considerando que el Corredor Mediterráneo se sitúa histórica y geográficamente en el ámbito económico y político nacional, concentraremos el análisis en la parte española, pues los tramos previstos al sur de Gibraltar y al norte de los Pirineos son más recientes, menos estables a lo largo del tiempo y no dan lugar a similares procesos de apropiación territorial o reivindicaciones políticas.
El Corredor Mediterráneo español, aunque sea un proyecto de planeamiento perenne, no puede reducirse a una definición única. Presenta facetas múltiples y cambiantes según el contexto político y económico a distintas escalas. Una primera aproximación puede basarse en tres criterios fundamentales. Primero, se trata de un proyecto de infraestructura ferroviaria cuya finalidad (mercancías, viajeros o tráfico mixto) es variable, localizada a lo largo de la costa mediterránea española y de extensión variable, según la época, desde la frontera francesa hasta Valencia, Alicante, Murcia, Almería o Algeciras. Esta primera definición plantea el problema de los límites espaciales y del contenido del objeto que ofrecen diversas interpretaciones posibles, sucesiva o simultáneamente. Segundo, se trata de un objeto situado en el tiempo y el espacio, cuyo origen se remonta a la década de 1920 en la región de Valencia. Durante casi un siglo, el proyecto conoció sucesivas fases de planeamiento marcadas por documentos de planificación y eventos políticos. Su centro de gravedad se fue desplazando hacia el norte, es decir, hacia Cataluña, al mismo tiempo que iba ensanchando su espacio de referencia a Europa. Tercero, el Corredor Mediterráneo es un proyecto con una dimensión política fundamental en un contexto de tensiones entre los distintos niveles administrativos.
MAPA 1
Trazados del Corredor Mediterráneo a escala europea

El término Corredor Mediterráneo se usa mucho en España, ha sido recuperado por la Comisión Europea y es aceptado por todos los actores implicados a todos los niveles del proyecto, y sin embargo conlleva un problema de terminología, pues los actores lo usan con distintos sentidos. Al abarcar diferentes realidades y visiones, se refiere a otros términos, como los de arco, eje o fachada…, a los que sustituye para mayor comodidad, pero de los cuales se hace eco al construir su sentido. La noción hace referencia a un amplio conjunto que puede abarcar un objeto cual el Corredor Mediterráneo, pero que no se limita a este sentido. Es posible dar una definición a minima de la noción de corredor de transporte como espacio de ancho variable, de orientación longitudinal, ordenado en torno a infraestructuras de transporte que dan acceso al territorio. Se usará a continuación el término neutral de eje para hablar del espacio lineal a lo largo de la costa mediterránea con las propias características económicas, demográficas, etc. Sin embargo, los términos arco, fachada o range, que también se usan con respecto al Corredor Mediterráneo, se refieren a conceptos más precisos en el campo de la ordenación del territorio y a veces a un determinado momento de las políticas europeas de planificación. Como primera aproximación, el Corredor Mediterráneo se puede calificar de «idea territorial», lo cual permite tener en cuenta su complejidad y su relación con el territorio. Nuestro trabajo se focalizará en un objeto geográfico cuya característica esencial es que aún no existe: está inscrito en los documentos de planificación españoles y europeos, está en el centro de un debate político nacional y tiene impactos territoriales a través de determinados equipamientos locales, pero aún no se ha realizado como infraestructura de transporte, lo cual permite la variabilidad de los proyectos y definiciones.
Corredor Mediterráneo es una denominación común para los actores institucionales, políticos y económicos en España, así como para la sociedad civil. Sin embargo, en otras partes de Europa su uso parece reducirse a un pequeño grupo de especialistas de los transportes en la parte sur de Europa o de cuestiones de ordenación del territorio. En efecto, Corredor Mediterráneo se refiere en España, aunque para una realidad mal limitada e imprecisa, a un objeto familiar para todos los interlocutores, incluyendo los que no forman parte de los especialistas o protagonistas del proyecto. Al contrario, es interesante notar hasta qué punto el Corredor Mediterráneo carece de identidad en el resto de Europa, y especialmente en Francia, incluso para investigadores especializados en los temas de transportes o para actores ferroviarios. Parece que haya una diferencia mayor en la percepción del Corredor Mediterráneo como objeto en España y en Francia. Se puede plantear la hipótesis de que ello es debido a su carácter político en el marco nacional: el Corredor Mediterráneo está en el centro de conflictos políticos y territoriales en España.
El Corredor Mediterráneo en el marco científico
El Corredor Mediterráneo se ha estudiado relativamente poco con respecto a su carácter antiguo y generalmente se ha estudiado desde una perspectiva única (mercancías, puertos, alta velocidad…). Casi todos los estudios científicos son españoles y la mayoría realizados por investigadores de las regiones mediterráneas.
Distintos campos científicos dedican análisis al Corredor Mediterráneo con enfoques que realzan diferentes caras del mismo tema. La mayoría de las publicaciones son redactadas por economistas y abordan el Corredor a través de su impacto en la economía general o a través de un determinado sector económico. La cuestión de su impacto y relevancia socioeconómica también alimenta investigaciones, en particular sobre los flujos actuales o potenciales a lo largo del eje mediterráneo (Bel i Queralt, 2010a; Muñoz Martínez, Barreiro Pereira y López de Sabando, 2014; Segarra et al., 2013). Se trata, por una parte, de interrogarnos sobre la relevancia de las inversiones en el Corredor Mediterráneo teniendo en cuenta el tráfico potencial y los retos de la economía globalizada, y por otra parte, de comparar la evaluación de coste-beneficio del Corredor con la de otras grandes infraestructuras, como líneas de alta velocidad, para las cuales se han hecho importantes inversiones en España (Albalate del Sol y Bel i Queralt, 2011). Otros trabajos de investigación se focalizan en un determinado sector, como la agricultura (Morales Gil, 1997; Pérez Mesa y García Barranco, 2015; Vidal Olivares, 1992) o la industria (Milla Bordera, 2013; Serrano, 2014), que son los dos principales focos de reivindicación del Corredor Mediterráneo. Sin embargo, estos estudios no se concentran en el Corredor Mediterráneo, sino que estudian temas más amplios, como las exportaciones a Europa, el transporte de mercancías, la logística o la competencia intermodal (Aguayo González et al., 2007; Cámara Boluda, 2012; Estrada, 2011, 2014).
Los análisis económicos y geográficos del Corredor Mediterráneo no se pueden disociar de un análisis político, pues se interesan por las opciones políticas en cuanto a la construcción de infraestructuras en España y el papel del Corredor en dichas opciones. Estos análisis también son obra de investigadores involucrados en la vida política, como Germà Bel (Bel i Queralt, 2010a, 2011a, 2012) en Cataluña o Josep Boira en Valencia (Boira i Maiques, 2013a; Boira i Maiques y Prytherch, 2015) –ambos autores también escriben en la prensa–. El análisis político también se interesa por las relaciones con Europa, por el Corredor Mediterráneo como apertura hacia el mercado continental (Boira i Maiques, 2002, 2010; Muñoz Martínez, 2012), y sus implicaciones en la política regional (Díez Verdejo y Pinazo Hernandis, 2005; Giménez i Capdevila, 2012).
La cuestión de la integración regional también aparece en la literatura bajo la perspectiva espacial de la constitución en torno al Corredor Mediterráneo de un conjunto litoral coherente de características comunes (Montesinos, 2014; Serrano Martínez, 2012), sobre todo desde el punto de vista de los intereses económicos y comerciales y, asimismo, de la construcción de conjuntos territoriales macrorregionales que puedan favorecer una mejor integración en la Unión Europea y en los mercados globales. El vínculo entre territorio e infraestructura también aparece a escala nacional en la literatura que subraya la posición del Corredor Mediterráneo en el esquema general (Olmos, 2011), a escala regional para poner de relieve la constitución de un territorio mediterráneo (Boira i Maiques, 2010; Català i Oltra, 2013), o a escala local con estudios de impacto de los equipos de transporte (Milla Bordera, 2013; Romera Franco, 2011; Serrano, 2014).
Además de una literatura científica relativamente concentrada en torno a algunos autores claves, existe una importante producción de literatura administrativa (informes, estudios, documentos…, publicados en distintos niveles). En España, los documentos de planificación nacional en su gran mayoría se interesan por el conjunto de la red y, por lo tanto, rara vez le otorgan un peso importante al Corredor Mediterráneo, que tan solo aparece como una de las propuestas. Sin embargo, el Ministerio de Fomento publica notas e informes sobre el Corredor en determinados momentos del debate político. Los gobiernos regionales a menudo tienen la iniciativa del debate, pero publican pocos informes al respecto, excepto la Generalitat de Cataluña (Generalitat de Catalunya, 2011, 2013a, 2013b, 2015). El sector privado –asociaciones empresariales y think-tanks como el Instituto Ignasi Villalonga de Economía y Empresa (IIVEE)– publica informes económicos con frecuencia, encargados a investigadores como Josep Boira, en el caso del IIVEE, o César Camisón, en el caso de la Asociación Valenciana de Empresarios (AVE).
A escala europea, el Corredor Mediterráneo no existe como tal en los proyectos de la Unión Europea hasta que entra en 2013 en los nueve corredores multimodales de la red central (Commission européenne, 2013). La DG-Move (Dirección General de Movilidad y Transportes) publica a propósito de cada corredor un informe que presenta la metodología para su implementación y una bibliografía básica sobre el tema (Commission européenne, 2014), concentrándose en cuestiones de ingeniería y ordenación del territorio como los cuellos de botella. Hasta ahora, solo existe un estudio sobre el conjunto del trazado del Corredor por seis países (Guédel, 2014): tiene en cuenta las oportunidades económicas y modela el potencial de tráfico de la infraestructura con una perspectiva de crecimiento anual del 1,5%. En su informe, la DG-Move subraya que los estudios hechos en España –que a menudo no se publican– sobre todo se concentran en prever la demanda para alta velocidad y en estudiar las infraestructuras dedicadas a mercancías existentes o previstas, con especial atención a la conexión con los puertos y a los cuellos de botella. Finalmente, a nivel europeo, el lobby Ferrmed, especializado en la promoción del Corredor Mediterráneo, también publica con regularidad estudios sobre el tema, como su informe fundamental de 2009 (Ferrmed, 2009) o estudios muy específicos sobre aspectos técnicos del corredor, desde la infraestructura hasta el material rodante (Alstom et al., 2009; Cenit, 2012; Ferrmed, 2012a, 2012b; Ferrmed y Cenit, en prensa; Ferrmed y EU Core Net Cities, 2015; KTH-Railway Group et TÜB, 2010). El objetivo de dichos estudios, que a veces se realizan en cooperación con organizaciones empresariales y organismos de investigación, es convencer a la Comisión Europea y al Gobierno español de que es necesario ir avanzando con el proyecto de Corredor Mediterráneo, usando argumentos técnicos. Sin embargo, al contrario de otros proyectos transeuropeos, como el corredor de Rotterdam a Génova (Austria-Tech, 2009; Niskanen, 2005), no existe ningún grupo de investigación especializado en el Corredor Mediterráneo.
En este contexto, caracterizado por una importante dimensión nacional de las investigaciones sobre el Corredor Mediterráneo y por el predominio de los enfoques económicos, queda por explorar en gran parte la aproximación geográfica del proyecto. Aunque haya pocas publicaciones al respecto, también se puede analizar el Corredor a través de las cuestiones de transporte, de urbanismo, de cooperación euromediterránea y de retos políticos (figura 1).
Adoptaremos el punto de vista de la geografía, con una aproximación basada en las cuestiones territoriales, casi ausentes hasta ahora de la literatura científica y más aún de la literatura administrativa. Integración regional.
FIGURA 1
El Corredor Mediterráneo en la encrucijada de distintas temáticas de investigación

¿Omnipresencia o indiferencia?
El Corredor Mediterráneo está en la encrucijada de retos e intereses múltiples, lo cual lo hace aparecer frágil, equívoco y maleable. El investigador puede sorprenderse ante la diversidad de definiciones y usos de la apelación de Corredor Mediterráneo por los distintos actores, y asimismo ante su uso en la literatura científica.
La sustancial presencia mediática del Corredor Mediterráneo, proliferando el tema sin traducirse en apariencia en una infraestructura, es un primer elemento importante. De hecho, el Corredor Mediterráneo está muy presente en el debate político y económico, y actores de todo tipo y a todos los niveles lo usan como atributo territorial o reivindicación política. Mas el Corredor Mediterráneo sigue desde hace más de un siglo en el estado de proyecto de infraestructura cuya realización está programada aunque siempre postergada. En este contexto, ¿cabe considerar el Corredor Mediterráneo como un objeto únicamente discursivo, señal de otra cosa por averiguar, que no sería principalmente un proyecto de infraestructura ferroviaria?
La segunda clave es la pasión que el Corredor Mediterráneo parece desencadenar en España y que se revela por medio de la audiencia mediática que se le otorga. A nivel nacional, son los actores regionales y locales quienes muestran un interés superior por el tema, porque ven en el carácter transeuropeo del proyecto la garantía de su legitimidad y la certidumbre de su realización. Hasta este punto, parece que el Corredor Mediterráneo sea un problema únicamente español y solo remita a cuestiones de planeamiento y de geopolítica nacional. El desajuste entre el excesivo interés por el Corredor Mediterráneo a escala regional y nacional, y su poca representación a escala europea cuestionan el estatuto de los proyectos transeuropeos como objetos reales de planificación o como elementos para legitimar proyectos anclados en realidades locales.
En último término, paradójicamente, el Corredor Mediterráneo también puede suscitar cierta indiferencia, sobre todo en Francia. Considérese el Corredor como proyecto transeuropeo (y por lo tanto que interesa a Francia como a los demás países atravesados por él) o como un proyecto español cuya vocación es asegurar la interconexión con la red francesa, este país ocupa un papel esencial en el dispositivo. El carácter «invisible» del Corredor Mediterráneo al norte de los Pirineos revela la ignorancia casi total en que se mantiene el tema, excepto entre los pocos actores del ámbito ferroviario implicados en los proyectos transfronterizos. Solo los actores de regiones fronterizas, particularmente del Languedoc-Rosellón, implicados en el proyecto de línea de alta velocidad Montpellier-Perpiñán, tienen una visión prospectiva de la interconexión con España, aunque los problemas de dicha línea también se consideren casi exclusivamente en el marco nacional. Para casi todos los demás actores el Corredor Mediterráneo es un problema exclusivamente español, asociado a un debate político nacional y visto únicamente desde el punto de vista de la interoperabilidad de la red, es decir, de la adaptación de las líneas ibéricas a los estándares europeos.
Esta paradoja (Francia es el eslabón central del Corredor Mediterráneo pero parece no interesarse en su realización) hace del Corredor Mediterráneo un objeto variopinto que integra dimensiones variadas que a veces se complementan y a veces se yuxtaponen sin comunicarse. También cabe tener en cuenta el Corredor en su dimensión multiescalar, como objeto que cruza los retos propios de cada nivel institucional y cada territorio.
El Corredor Mediterráneo, un objeto problemático
Este estudio se sitúa en la encrucijada de varios campos epistemológicos, territoriales e institucionales. Distintos elementos participan en la definición del Corredor Mediterráneo aunque no siempre sean específicos de este proyecto. La geopolítica española, las tensiones entre las comunidades autónomas y el Estado central, y asimismo entre las propias regiones, van moldeando el Corredor Mediterráneo como objeto político. La planificación de las Redes Transeuropeas de Transporte (RTE-T) a partir de los años noventa (Commission européenne, 1990) introduce una capa adicional de complejidad en la gobernanza del proyecto. Además, el Corredor Mediterráneo se fundamenta, desde el punto de vista de las regiones que atraviesa, en cuestiones económicas que no dejan de estar en la actualidad del contexto de crisis, lo cual implica encontrar soluciones para reactivar el crecimiento económico, disminuir el paro y favorecer la reindustrialización. Finalmente, el Corredor Mediterráneo está en el centro de retos territoriales a todas las escalas, como el proceso de metropolización de las principales ciudades de la costa, que buscan una imagen positiva para mejorar su atractividad para las actividades turísticas y el sector terciario.
Como proyecto de ordenación territorial, el Corredor Mediterráneo se integra en un contexto multiescalas que compendia retos locales, regionales, nacionales y euromediterráneos. Las lógicas políticas, económicas y de planeamiento que lo sostienen se pueden leer a cuatro niveles perceptibles en los discursos que a él se refieren: Corredor Mediterráneo es a la vez un término común para describir un proyecto ferroviario y un eje litoral, un término técnico que incluye elementos de ingeniería, un término político que pone el proyecto en el escenario nacional y un término científico usado por los investigadores para describir un objeto polimorfo (tabla 1).
TABLA 1
Cuatro niveles del discurso sobre el Corredor Mediterráneo
| Nivel de lenguaje | Actores | Temas asociados al Corredor |
| Lenguaje corriente | Sociedad | Proyecto ferroviarioZona de la costaConjunto de infraestructuras y equipos en el litoral mediterráneo |
| Lenguaje técnico | Actores del transporteActores institucionalesIngenierosLobbies | InteroperabilidadVías y material rodanteSoluciones técnicas (tercer carril…)Seguridad ferroviariaEvaluación de impacto |
| Lenguaje político | Actores políticosActores institucionalesAsociaciones empresariales | Enfrentamiento Madrid/litoralConstrucción de una red nacionalCuestión territorialPlanificación |
| Lenguaje científico | InvestigadoresUniversitariosLobbies | Evaluación socioeconómicaHistoria del CorredorAnálisis de discursos |
A escala infranacional, el Corredor representa a la vez una oportunidad para el planeamiento urbano, un instrumento para el desarrollo regional y un objeto político. Su carácter político es el que cristaliza la relación de fuerzas de los niveles regionales y nacionales. Además, el Corredor Mediterráneo, como proyecto de planeamiento transeuropeo, está en la encrucijada entre la planificación española, que determina la ordenación del territorio por las redes de transporte, y la planificación europea, que define los objetivos de interconexión e interoperabilidad a escala continental. Por último, el Corredor Mediterráneo también se inscribe a escala mundial –aunque con menos vigencia– en los flujos económicos y de mercancías (los puertos tienen un papel de interfaces entre el territorio del Corredor Mediterráneo y su foreland global).
El carácter multiescalas de la inscripción del Corredor Mediterráneo en el territorio plantea tres cuestiones principales para la investigación. Las dos primeras se sitúan en la interfaz entre análisis teórico e interés operacional: se trata por una parte de identificar todos los niveles relevantes de lectura del Corredor Mediterráneo y el conjunto de los actores involucrados en el proyecto, y por otra parte de definir cuáles son los territorios y niveles institucionales relevantes para la realización de los numerosos equipos del Corredor Mediterráneo. La tercera cuestión es teórica: se trata de desarrollar un análisis que permita compendiar las dimensiones propias del proyecto, por una parte, y de los actores, por otra parte, y asimismo las hipotéticas deformaciones con respecto al equilibrio teórico.
La relativa indefinición del Corredor Mediterráneo y el hecho de que el objeto se pueda tener en cuenta en campos muy distintos son una coacción científica contundente, por lo que se plantea cómo abordar dicho objeto con una visión de geógrafo. En seguida se plantea el problema central de la definición del propio objeto de investigación: el Corredor Mediterráneo está omnipresente pero carece de definición clara o unívoca, como si dicha indefinición fuese su razón de ser en el marco complejo de gobernanza. El Corredor Mediterráneo, al ser omnipresente, integra el verdadero objeto de debate que es el de la política española.
Dos preguntas centrales guiarán la investigación. En la medida en que el Corredor Mediterráneo es un proyecto singular en el conjunto de los proyectos de planeamiento e infraestructuras en España y en la medida en que se hace necesaria una lectura multiescalas, ¿cómo interactúa en los procesos de ordenamiento y gobernanza en España? El problema es entender cómo un objeto que al inicio es un proyecto de infraestructuras basado en un proceso institucional clásico de toma de decisiones viene a ser un factor potente de recomposición del juego de los actores y de reinterpretación de los paradigmas del planeamiento a todas las escalas. Entre la dimensión técnica de la implementación de una infraestructura de transportes y la dimensión más apasionada del debate político, el hecho de que el Corredor Mediterráneo no se haya realizado todavía le va otorgando una influencia creciente en el terreno político.
Correlativamente se plantea la pregunta siguiente: ¿qué formas de territorialización puede engendrar un proyecto de infraestructuras de dimensión continental en el espacio del eje mediterráneo español? Se trata de analizar la dialéctica que se establece entre los distintos niveles institucionales así como entre las distintas escalas territoriales (europea, nacional, regional y local) en las que el Corredor Mediterráneo puede tener un efecto al conllevar representaciones territoriales, al participar en la recomposición de la gobernanza o al originar la creación de nuevos equipos. La inscripción del proyecto da lugar a distintas formas de territorialización materiales o inmateriales, desde la construcción de equipos ferroviarios hasta la modificación de la gobernanza en un determinado territorio en torno al proyecto de Corredor. En efecto, parece que el Corredor Mediterráneo pertenezca simultáneamente a tres dimensiones que teóricamente deberían ser sucesivas: es a la vez una representación, un proyecto actual y un proceso de progresiva materialización (figura 2).
FIGURA 2
Las tres dimensiones del Corredor Mediterráneo

Estas dos preguntas centrales llevan hacia la de los actores, institucionales o no, involucrados a todos los niveles, y asimismo a la de su relación de fuerzas. La múltiple inscripción territorial del Corredor Mediterráneo también indaga su carácter fragmentado y la posible definición de un «territorio de Corredor» en sí. ¿Cómo entonces se pueden ponderar las representaciones territoriales del Corredor Mediterráneo, por una parte, y, por otra, un proyecto de ordenación del que determinados tramos se van implementando sin que el corredor se materialice?
El Corredor Mediterráneo es un objeto a la vez múltiple y único, entre permanencias y evoluciones: es un proyecto bien identificado aunque de diversas interpretaciones, pero también de relativa estabilidad desde más o menos un siglo a pesar de sus incesantes modificaciones y constantes enmiendas. Por otra parte, el proyecto solo se puede entender teniendo en cuenta las racionalidades peculiares de los actores involucrados, cada uno persiguiendo objetivos propios. La divergencia y el diálogo entre los distintos intereses son los que permiten definir el proyecto de corredor. Basándose en esos dos planteamientos, la tesis propone analizar el Corredor Mediterráneo apoyándose en tres hipótesis principales que constituyen tres aspectos fundamentales del Corredor.
La primera hipótesis es que el Corredor Mediterráneo puede analizarse como un proyecto de infraestructuras definido por sucesivos documentos de planificación que contribuyen –aunque sea de manera movediza a lo largo del tiempo– a consolidarlo como objeto compartido entre un conjunto heterogéneo de actores. Por lo tanto, la realización de la infraestructura importa menos que la existencia del proyecto y su impacto en el territorio.
La segunda hipótesis es que el proyecto de infraestructura ferroviaria en el eje mediterráneo no es el elemento central, sino que el Corredor Mediterráneo se ha convertido en un tema importante merced a su inscripción en el debate político español. El Corredor tiene un papel distinto del de los demás proyectos de infraestructuras al estar en el centro de un debate que implica a un amplio espectro de actores públicos y privados a todos los niveles institucionales y territoriales. Parece que lo esencial en el debate sea la dimensión simbólica del proyecto como objeto político.
La tercera hipótesis –que es la base del análisis geográfico que se propone hacer– es que el Corredor Mediterráneo está en el centro de procesos de territorialización que a todas las escalas modelan el espacio y la gobernanza independientemente de la propia infraestructura. Sería pues un factor de recomposición de los perímetros relevantes, a distintos niveles, para aplicar los planes de infraestructuras, y en definitiva un elemento de cristalización frente a la profunda desunión del territorio español.
Desde el punto de vista metodológico, se plantea el problema de abordar como geógrafo un objeto aún sin realizar pero que no deja de ser polémico en el ámbito político y económico. Cabe poner la dimensión espacial en el centro del análisis, en un momento en el que el estatuto del Corredor Mediterráneo como proyecto movedizo y discutido sigue siendo problemático porque se encarna a la vez en proyectos locales numerosos y heterogéneos y en discursos múltiples. El punto central de este trabajo es el análisis de estas dos encarnaciones, una territorial y otra discursiva.
El método está basado en entrevistas semiestructuradas, que constituyen la principal fuente de informaciones de primera mano. Se han realizado con aproximativamente cincuenta actores públicos o privados, económicos, políticos, académicos…, con una duración media de más de 2 horas y proporcionan cantidad de datos sobre los conocimientos básicos (incluso en el campo de la ingeniería de transportes), los intereses de los actores, los conocimientos científicos, la política y la economía en general… Se procede a un inventario del contenido de las entrevistas y a su análisis a través de un filtro basado en el análisis de datos provenientes de otras fuentes. Los otros métodos utilizados en su mayoría están relacionados con el trabajo de campo (conferencias, inauguraciones, visitas…). Una estancia de tres meses en el Instituto Interuniversitario de Desarrollo Local de la Universidad de Valencia y varias estancias más cortas en España y en Bruselas fueron necesarias para acceder a los archivos (en particular ferroviarios) y para hacer una encuesta a estudiantes de universidades españolas, lo cual precisaba una presencia prolongada y numerosos viajes entre las distintas ciudades. Las encuestas de campo fueron completadas con un trabajo de documentación y análisis de datos socioeconómicos (por ejemplo, en cuanto a flujos de mercancías) necesarios para dibujar el marco del tema de estudio. Asimismo, la investigación está basada en un conjunto de fuentes diversificadas de literatura científica, de documentos institucionales, de publicaciones en papel o en internet de las asociaciones empresariales y grupos de presión, y en un importante conjunto de artículos de prensa y de blogs.
1 Historia del Corredor Mediterráneo
–Alors, je vous écoute. Qu’est-ce qu’on met
à la place de «conséquences graves»? Je vous écoute.
–On pourrait dire «graves conséquences».
C’est moins fort que «conséquences graves».
–Ils sont comment dans la direction Europe?
–Très inventifs aussi.
(Abel Lanzac, Quai d’Orsay, Tome 2)
La idea de Corredor Mediterráneo inscrita en los documentos de planificación de las Redes Trans-Europeas de Transporte y en los planes de infraestructuras españoles desde los años noventa está basada en casi un siglo de reivindicaciones, de pensamiento territorial y de proyectos que más o menos se han llevado a cabo, entre peticiones de principios y realización de fragmentos de infraestructuras. Las primeras alusiones a la posibilidad de un Corredor Mediterráneo se remontan a los proyectos de unos empresarios valencianos en las décadas de 1920 y 1930, de tal modo que los actuales proyectos –europeos, nacionales o regionales, públicos o privados– reposan en un verdadero palimpsesto de referencias infraestructurales, territoriales, culturales e históricas.
Existen antagonismos políticos y reivindicaciones territoriales en las escalas local, regional y nacional, una fuerte implicación de actores privados que actúan según su arraigo local y según la inscripción de sus actividades en el contexto globalizado, y una integración en el contexto europeo de planificación, que conducen a considerar las escalas imbricadas en las que se presenta el Corredor. Además, las lógicas cronológicas de los empresarios, de los actores políticos o de la planificación europea no siempre encajan. Por eso es necesario colocar los actuales proyectos en su contexto histórico y determinar el impacto de los debates pasados en los actuales trazados. Esta aproximación permite entender la evolución del concepto de Corredor Mediterráneo, la creciente complejidad del objeto y la construcción de visiones del Corredor según los objetivos y reivindicaciones propios de cada momento.
EL CORREDOR MEDITERRÁNEO Y SUS REIVINDICACIONES ANTIGUAS
Génesis del Corredor Mediterráneo
Las primeras reivindicaciones a favor de un eje de transporte ferroviario que enlace las regiones productoras mediterráneas de España con los principales mercados europeos surgen en la década de 1920, en el sector agrícola.
La exportación de cítricos y las primeras reivindicaciones
Las regiones mediterráneas producen frutas y verduras, y el sector agroalimentario es tradicionalmente muy potente. España es el principal abastecedor de hortalizas (producidas en su mayor parte en las regiones mediterráneas) para los mercados de Europa occidental. En la década de 1920 es el único sector que impulsa el comercio exterior del país: «A diferencia de la tendencia hacia la autarquía del conjunto de la economía española durante el primer tercio del siglo XX, los decenios iniciales de la centuria suponen en el País Valenciano un período en el que se consolidan sus vinculaciones con el mercado exterior, como resultado del espectacular aumento de las exportaciones» (Palafox Gamir, 1983: 339).
Después de la Primera Guerra Mundial, las exportaciones de cítricos crecen de manera importante: entre 1920 y 1930, han sido multiplicadas por cuatro, pasando de 257,9 a 1.084,6 miles de toneladas (Hérin, 1968; Palafox Gamir, 1983). En el mismo periodo, Gran Bretaña, que era el primer cliente, representa una parte cada vez menos importante de las exportaciones, que se dirigen de manera creciente hacia Francia y Alemania. Al final de los años veinte, la cuota del ferrocarril en las exportaciones de naranjas se acercaba al 30% (era del 6% a principios de siglo), lo cual se puede relacionar con el mercado y el hecho de que los clientes son en su mayoría continentales. Este crecimiento se hizo perjudicando el transporte marítimo, que hasta este momento era el dominante.
Frente a un sector agrícola dominado por unos pocos compradores extranjeros que controlan las posibilidades de financiación y crédito y por algunos armadores que transportan los cítricos a menudo en condiciones mediocres, surgen varias propuestas de reorganización del sector, particularmente cuando dos episodios de frío amenazan la producción del invierno 1925-1926. Entre dichas propuestas se pueden citar las de José Bellver Mustieles en 1927 y la de Fracisco Doménech Beltrán y Juan B. Doménech Doménech en 1928, que analiza Vicente Abad García (Abad García, 1981). Ambas propuestas subrayan la necesaria reforma del sector y recomiendan –en cuanto a transportes– que se establezca un monopolio para una nueva compañía de navegación, controlada por el Estado según la primera propuesta o por los propios productores de naranjas según la segunda: frente al problema del coste y calidad del transporte marítimo, no se propone cambiar de modo de transporte. Las dos propuestas son rechazadas por las asambleas de productores de naranjas que tienen lugar en Valencia y Castellón en 1928 porque los productores quieren conservar el modelo existente. La mayoría de los profesionales siguen fieles a un principio liberal e individualista reacio al cambio. La década de 1930 es la del individualismo «más cerril e intransigente», según Ignasi Villalonga, jurista y político valenciano (Villalonga, 1934: 113).
Sin embargo, frente al crecimiento de las exportaciones hacia los países continentales y a las carencias del transporte marítimo, una fracción de los productores de cítricos se declaran a favor del transporte por ferrocarril. En 1924 se crea en Valencia la FEN (Federación de Exportadores de Naranjas) en torno al carismático Norberto Ferrer, propietario en Carcaixent, a 45 km al sur de Valencia, de una de las principales plantaciones de naranjos que aún existe hoy en día (Bellveser, 1982; Daràs i Mahiques, 2015). Vicente Abad García, investigador en la Universidad de Valencia, explica que la FEN pide, desde los años veinte, mejores condiciones de transporte por ferrocarril para los cítricos (Abad García, 1984), que alcanza parcialmente con un descenso de los precios del transporte de mercancías. No obstante, su principal reivindicación, que es la implementación de un tercer carril para la circulación de los trenes de ancho europeo,1 no se realiza. Casi un siglo más tarde, esta es sin embargo la propuesta que se está realizando.
Los exportadores de naranjas que estuvieron entre los primeros en pedir un Corredor Mediterráneo conforme al estándar europeo desde los años veinte vuelven a afirmar sus reivindicaciones en los momentos clave del debate. Cuando en 1996 se inscribe el Corredor Mediterráneo en las RTE-T, España sigue siendo el primer productor mundial de cítricos: «España es el país líder en la exportación de frutas frescas debido a su posición dominante en cítricos, incluyendo naranjas, mandarinas y limones. De hecho, España controla alrededor de la mitad del volumen del comercio mundial de mandarinas» (Cook, 1997: 187). Las frutas se exportan en su mayor parte hacia Europa, especialmente Alemania, Francia y Países Bajos. La Comunidad Valenciana por sí sola produce las dos terceras partes de los cítricos españoles y, con excepción de Canarias, las comunidades autónomas mediterráneas producen casi la totalidad de los cítricos (Soria, 1996). En los años 1970-1980 el transporte por ferrocarril de mercancías en general y de hortalizas en particular conoció una caída drástica porque la carretera parecía más idónea para entregar las mercancías a su destinatario final con costes más bajos (García Martínez et al., 2010). Sin embargo, en los últimos cincuenta años el volumen transportado por ferrocarril en España queda estable.
El contexto actual de crisis, combinado con la subida del precio del combustible hasta 2015, con la posibilidad de una «ecotasa» europea, y con crecientes exigencias medioambientales, invita a reconsiderar las ventajas del transporte ferroviario. En 2011 el presidente de la Asociación de Exportadores de Frutas de Castellón (Asociex), Jorge García, lamenta ante la prensa que las infraestructuras ferroviarias ya no sean operativas y considera que un Corredor Mediterráneo de mercancías sería clave para el sector agroalimentario, sobre todo si permite mejorar la intermodalidad entre ferrocarril y carretera (Olivares Ruipérez, 2011).
París-Casablanca: surgimiento de la justificación por el turismo
En la misma época surge la idea de que el ferrocarril podría ser un potente medio para desarrollar el turismo español, especialmente canalizando los flujos de franceses entre Marruecos y la metrópoli. A esta idea se suma la conciencia del potencial turístico de la costa mediterránea española, aunque en esa época se sitúe al margen del principal eje ferroviario que atraviesa la Península.
El Patronato Nacional de Turismo (PNT) se crea en 1928 bajo la dictadura de Primo de Rivera con el objetivo de desarrollar el turismo en España. Para solucionar el problema del viaje entre París y Marruecos por ferrocarril, que carece de conexiones garantizadas en Madrid y Algeciras entre las distintas partes del viaje, el PNT crea en 1932 un tren directo de Casablanca a París vía Córdoba, Madrid y Ávila, es decir, vía un itinerario por el centro de la Península. En el trayecto de ida se prohíben las paradas, pero se entregan folletos turísticos junto con el billete de regreso –válido varios días– y se permite parar en las ciudades atravesadas. Se promocionan las ciudades de Granada, Córdoba, Toledo y Sevilla, que hacen referencia al imaginario orientalista de los viajeros del siglo XIX. La Oficina de Turismo Español (OTE) de París empieza desde entonces a promocionar itinerarios más diversificados para valorizar la ruta de Francia a Marruecos. El itinerario por Irún y Madrid tiene una alternativa por Canfranc y Zaragoza y otra por Port-Bou, Valencia y Almería, primera evocación de un recorrido por el eje mediterráneo (Boumeggouti y Valero, 2006; Valero, 2009), aunque esté reservado a los viajeros en coche porque la costa carece de una red coherente de ferrocarril desde la frontera francesa hasta Algeciras.
Si en los años treinta todavía no existe la reivindicación de un eje ferroviario de viajeros en la costa, la promoción de un eje turístico que pase por dichas ciudades sigue en vigor: hoy en día los actores del turismo piden un Corredor Mediterráneo de alta velocidad con parada en los municipios turísticos para difundir el turismo en todo el eje. Más que un modo de transporte lo que surge en los años treinta es la conciencia de un Corredor Mediterráneo turístico.
Estructuración en torno a los primeros congresos y a Ignasi Villalonga
En los años treinta, los empresarios de la región de Valencia se estructuran en torno a un objetivo común: desarrollar la economía valenciana reforzando su apertura hacia los mercados europeos. En este contexto se creó en 1929 el Centro de Estudios Económicos Valencianos (CEEV), que organiza la Conferencia Económica del País Valenciano de mayo a diciembre de 1934 en varias ciudades de la región, con la meta de poner el conocimiento al servicio del desarrollo económico regional: «Se trataba de crear, en la línea del pensamiento del momento, un “criterio” económico valenciano que pudiese ser defendido unánimemente por los diferentes partidos políticos valencianos, en un contexto cambiante en el que los esfuerzos de unificación europea y de apertura a los flujos económicos mundiales se entrecruzan»2 (Boira i Maiques, 2011a: 8). En el inicio del congreso, Ignasi Villalonga –que tiene vínculos con el valencianismo político– defiende el proyecto de infraestructuras ferroviarias para vincular la región de Valencia con Barcelona y Europa sin pasar por Madrid. Se trata esencialmente de un Corredor Mediterráneo de mercancías, para favorecer la economía valenciana y reforzar su peso en España.
Otros intelectuales de los años treinta también se comprometen a favor del Corredor Mediterráneo en nombre del acercamiento entre Cataluña y Valencia y de la apertura de sus economías hacia Francia y Europa. Romà Perpinyà i Grau, economista valenciano, forma parte del CEEV y participa en la conferencia económica de 1934. Publica en la revista Economia i Finances el texto de su intervención en la Unión Catalana justificando el interés de dicho acercamiento entre las dos regiones catalanohablantes. Se refiere a la crisis económica mundial y explica que la economía valenciana, basada en exportaciones agrícolas y en pequeñas industrias familiares, depende estrechamente del contexto internacional: «Aquí están las necesidades o los requisitos de prosperidad de la economía valenciana: prosperidad europea, libertad comercial, y bajos costes españoles»3 (Perpinyà i Grau, 1931: 374).
Romà Perpinyà también pone en tela de juicio la orientación comercial exclusiva hacia el mercado interior español, que a su parecer es responsable de un desequilibrio en los flujos del puerto de Barcelona, esencialmente importador cuando debería ser exportador al ser potentes las industrias catalanas. Partiendo de la constatación de que los puertos catalanes y valencianos representan el 50% del comercio exterior de la Península, el autor subraya el interés del eje mediterráneo (en particular de la alianza entre Cataluña y Valencia) para la economía ibérica. De esta manera, pone las relaciones entre las principales ciudades españolas y entre las distintas regiones en el centro de su argumentación. A la oposición entre Barcelona y Madrid (sometiéndose supuestamente la primera a la segunda) se añade la cuestión de la relación entre Cataluña y Valencia, dos regiones que se dan la espalda pero cuyos intereses no dejan de ser convergentes. Del análisis de las estructuras económicas de ambas regiones Romà Perpinyà deduce una necesaria ampliación de la cooperación en el marco de una economía abierta sobre Europa. Para él, allí se sitúan los argumentos más contundentes a favor de un corredor ferroviario doblado con un eje de cabotaje:
Mas déjenme observar dos medios de colaboración específicamente catalanovalencianos. Por tierra y por mar. Cataluña como Bélgica está en una situación magnífica de región de tránsito; pero para eso le falta un requisito. Salvar la frontera rápidamente y con los menores gastos posibles. Cabe, por lo tanto, que se establezca una colaboración decidida para que tome cuerpo una vía de ancho internacional desde las ricas regiones valencianas hasta la susodicha frontera catalana del Pirineo.
Por mar, cabe considerar la costa valenciano-catalana no como un mar sino como un río. Cabe intensificar el comercio marítimo entre Cataluña y Valencia. Si lo hacemos así, Valencia absorberá muchos más productos catalanes y Cataluña comprará más a Valencia. Y a lo largo de la costa se establecerá una de las regiones más prósperas de Europa, como se han establecido a lo largo de los grandes ríos europeos los grandes hinterlands de las grandes ciudades europeas4 (Perpinyà i Grau, 1931: 376).
Este razonamiento basado en el común interés de Cataluña y Valencia en la construcción del Corredor Mediterráneo subraya que las dos regiones son los motores del proyecto desde los años treinta. La energía con la que Romà Perpinyà defiende este interés común está relacionada con la voluntad de superar las tensiones de identidad y política en nombre de una mejor integración en la economía europea. El tema del hinterland europeo, en efecto, es una parte esencial de su argumentación porque la salida hacia el continente se presenta como un supletorio al mercado interior español, que, aunque sea esencial, según el autor limita el crecimiento de los puertos mediterráneos. Además, es interesante notar la referencia a la organización del comercio europeo a lo largo de grandes rutas fluviales presentada como una expectativa y un modelo de desarrollo económico. El transporte ferroviario, combinado con el cabotaje marítimo, sería para el Mediterráneo español un verdadero corredor, en el sentido de un manojo de infraestructuras de comunicación (Priemus y Zonneveld, 2003) que le permitiría acercarse material (salvando el paso de la frontera) y simbólicamente al centro económico de Europa, intensificando también los intercambios entre Cataluña y Valencia. El último argumento se suma al de la creación de una «megarregión» (Florida y Ayres, 2008) que muchos actores ponen de relieve en una perspectiva de desarrollo basada en los procesos de metropolización. Hoy en día, el Instituto Ignasi Villalonga de Economía y Empresa (IIVEE) –asociación sin ánimo de lucro que reúne a empresas, instituciones y expertos– es heredero de esta corriente de los años treinta. Establecido en Valencia y con perspectiva regionalista, el Instituto sigue publicando informes (Català i Oltra, 2013; Institut Ignasi Villalonga, 2010; Turro, 2010a) y participando de manera activa en el debate y en las reivindicaciones a favor del Corredor Mediterráneo con el objetivo de promover la cooperación entre las regiones del noroeste del Mediterráneo.
Los proyectos de infraestructuras de la primera mitad del siglo XX en el eje Mediterráneo son la base de las actuales reivindicaciones de los lobbies. Cabe notar que si las nuevas perspectivas tecnológicas y la integración europea han ensanchado sus ambiciones, las reivindicaciones siguen siendo idénticas. La continuidad de la visión del Corredor Mediterráneo como columna vertebral saca a la luz los antagonismos territoriales españoles y traduce la búsqueda continua de una posición en la red de transportes que sea el reflejo de la importancia demográfica y económica de las regiones mediterráneas.
El Corredor Mediterráneo: historia de un desencuentro entre estructuras territoriales y red de transportes
El eje mediterráneo, ¿históricamente estructurante?
Las reivindicaciones históricas del Corredor Mediterráneo se fundamentan esencialmente en el argumento de la coherencia económica del eje litoral, basado en el dinamismo de los sectores productivos (industrial y agrícola) españoles, en la intensidad de los intercambios entre las regiones de la costa y en su peso demográfico.
Al final de los años cincuenta una misión del Banco Mundial pone de relieve el interés del eje mediterráneo en España y publica sus conclusiones en un informe de 1963 sobre el desarrollo económico del país (World Bank, 1963) que identifica el eje mediterráneo como uno de los territorios claves para el desarrollo, y subraya que carece de las adecuadas infraestructuras de transporte. Dicho informe se publica en un periodo de poca actividad a favor del Corredor, pero se inscribe en un contexto histórico particular: en los años cincuenta se va abriendo la dictadura franquista, España se adhiere a las principales organizaciones internacionales y acaba con la política de autarquía económica. Al mismo tiempo, los autonomismos de las regiones mediterráneas se van reforzando. En este doble contexto los autores del informe del Banco Mundial proponen un proyecto de autopista a lo largo de la costa mediterránea que sería el eje de comunicación mayor en la península Ibérica:
La única construcción importante susceptible de ser necesaria en un futuro próximo es la autopista de la Costa Oriental, una carretera moderna de acceso limitado con un nuevo trazado, con variantes e interconexiones en las principales áreas urbanas a lo largo de la costa mediterránea desde la frontera francesa hasta Murcia, es decir una distancia de 730 km más o menos. Este proyecto ambicioso está en fase de estudios en España y sostenemos la profundización de sus estudios y planificación. El argumento prima facie a favor de la construcción de semejante carretera es fuerte. Atravesaría los espacios de mayor densidad y de más rápido crecimiento del tráfico en toda España. Pasaría por espacios industriales y agrícolas importantes y prestaría servicio a algunas de las regiones más turísticas del país (World Bank, 1963: 218).5
El proyecto se inscribe en un periodo de fuerte crecimiento del transporte por carretera y es coherente con la apertura de la economía española, que necesita mejorar los enlaces con Francia. De hecho, se inauguran en los años setenta los primeros tramos de la Autopista del Mediterráneo, acorde con una política de vertebración de un eje económicamente importante. Se trata del primer eje de gran envergadura que no pasa por Madrid. Además, el informe subraya las necesarias inversiones en las infraestructuras portuarias y en la mejora de las redes ferroviarias existentes.
La designación de un eje mediterráneo como eje prioritario está estrechamente relacionada con la observación de datos geográficos que el Banco Mundial subrayaba, así como la mayoría de los protagonistas del Corredor Mediterráneo hasta ahora. En efecto, las tendencias del siglo XX ponen este eje entre los más dinámicos de España. En términos demográficos, con excepción de Madrid, las provincias mediterráneas son las más pobladas y tienen las mayores tasas de crecimiento, a menudo superiores al 100% desde 1900, lo cual las pone en la situación más dinámica, junto con el País Vasco (mapa 2).
En términos económicos, las regiones mediterráneas también son muy dinámicas en el sector agrícola, industrial y turístico. El sector agrícola, de hecho, se ha desarrollado históricamente en las regiones mediterráneas, particularmente con la cultura de los cítricos (Abad García, 1984; Hérin, 1968). Desde que la cuestión del transporte de naranjas inició la reivindicación del Corredor Mediterráneo, el sector agrícola evolucionó y el Mediterráneo español se ha vuelto el principal proveedor de hortalizas para una gran parte de Europa, gracias a las sucesivas campañas de mejora e irrigación de las huertas (Courtot, 1986). Sin embargo, el sector agrícola ya no es el motor principal de las reivindicaciones a favor del Corredor Mediterráneo, pues ha sido suplantado por el sector industrial. La industrialización de España en el siglo XIX se apoyó en las tradiciones manufactureras y comerciales del País Vasco, por una parte, y de la región de Barcelona, por otra. Estos dos puntos dominantes del siglo XIX dibujan el eje Cantábrico-Mediterráneo (Tamames y Rueda Serón, 2000; Tortella Casares, 1994). Por otra parte, la industrialización de las ciudades portuarias sigue progresando en torno a estructuras pequeñas que forman la trama densa en la que se apoyan los principales sectores, como el textil, el juguete o el zapato, organizados en clusters (Houssel, 1983; Le Bot et Perrin, 2011). A lo largo del siglo XX, la orientación hacia la siderurgia y la química les otorga a los puertos un papel fundamental y refuerza el peso del eje mediterráneo en la economía española. Los actores industriales, y en primer lugar los de la química y la industria automotora, y las asociaciones de empresas que representan las pequeñas estructuras y los clusters, son los que se hicieron cargo de la reivindicación del Corredor Mediterráneo. Por último, el sector del turismo, que había patrocinado los experimentos ferroviarios de los años treinta, conoció un auge en los años sesenta con un crecimiento anual de más del 10% alimentado sobre todo por turistas de Francia, Alemania y Reino Unido. La apertura económica y la implementación de un modelo fundamentado en los municipios turísticos mediterráneos permitieron que España atrajese a muchos turistas, primero gracias a la autopista litoral y luego con el desarrollo de los aeropuertos. Este modelo está cuestionado, mas sigue representando una actividad bastante importante cuyos actores participan ahora en la reivindicación de un corredor ferroviario mediterráneo.
MAPA 2
Población de las provincias españolas en 2011 y evolución desde 1900

El conjunto de factores y evoluciones que caracterizan la economía de las regiones mediterráneas en el siglo XX explica su interés creciente por un eje ferroviario que las enlace con Europa, que es su mercado histórico. El que parece constituir un eje funcionalmente relevante y un corredor de desarrollo mayor en España, de hecho, está mal conectado con el resto de Europa y sufre de sus malas conexiones internas.
Existir en la red ferroviaria
Con la autopista litoral, el eje mediterráneo representa el 90% de los flujos de mercancías del país (Monzón, Ortega y López, 2010), pero casi exclusivamente por carretera. La tasa del ferrocarril en el transporte de mercancías tiende a disminuir a pesar de que las primeras líneas fueron construidas en Cataluña en la década de 1850 (Comín Comín, 1998; Lentisco, 2005). Si observamos las sucesivas fases de extensión de la red ferroviaria española, es notorio que hasta la década de 1860 su estructura es en su mayoría radial, organizada en forma de estrella alrededor de Madrid, con excepción de cortos tramos que vinculan Barcelona con las ciudades de la región en un radio de 50 km y de un tramo entre Valencia y Játiva. Solo en la última parte del siglo XIX se realiza una verdadera trama reticulada (mapa 3). La constitución de una red nacional al fusionar en 1941 las redes de las distintas compañías en Renfe (Muñoz Rubio, 1995), operadora nacional de la red, se hizo de manera muy centralizada siguiendo el modelo francés de estrella ferroviaria. Así, Madrid está ahora en un extremo de casi todas las líneas de mercancías y viajeros y sus dos estaciones, que tan solo se comunican desde hace poco tiempo, aún no ofrecen un túnel pasante para los trenes de alta velocidad.6 El esquema radial de las líneas convencionales fue reproducido para la implementación del AVE a partir de 1992. Ahora el reto mayor del Corredor Mediterráneo para la ordenación del territorio nacional es complementar la red centrada en Madrid.
La cuestión del Corredor Mediterráneo remite a la de la inserción en una red que, aunque era completa a finales del siglo XIX, dejó de lado los servicios regionales en beneficio de una creciente centralización a lo largo del siglo XX. El informe del Banco Mundial pone de relieve la necesidad de mejorar las infraestructuras ferroviarias en dos etapas: primero, un plan quinquenal debe permitir la renovación de las principales radiales y de la línea litoral mediterránea desde la frontera francesa hasta Alicante; luego se recomienda mejorar las líneas andaluzas y mediterráneas, en particular al sur de Alicante (World Bank, 1963: 199-208). A pesar de ello, durante la segunda mitad del siglo XX no se mejora mucho la red litoral y ciertos tramos que existían en los años cuarenta incluso ya no están en servicio (mapa 4), como por ejemplo entre Murcia y Andalucía. Además, la mayoría de las líneas convencionales son de vía única e incluso la línea de la frontera francesa a Alicante, aunque tenga mucho tráfico de viajeros y mercancías, sigue con un importante cuello de botella entre Tarragona y Vandellós, es decir en su parte central, donde unos cuarenta kilómetros de vía única causan problemas de congestión (Ballester, 2013). Por último, es interesante notar que en cada comunidad autónoma hay una orientación nítida hacia Madrid de la red convencional y de la red de AVE, para la cual la capital regional a menudo es el extremo exclusivo.
MAPA 3
Construcción de la red convencional ferroviaria en España

MAPA 4
Estado actual de la red ferroviaria mediterránea

La orientación radial de la red que se ha privilegiado en el momento de la planificación de los ferrocarriles españoles en los siglos XIX y XX confirma la idea de que el Corredor Mediterráneo puede aparecer como un cuestionamiento del papel de la capital en la organización del territorio nacional. La percepción del Corredor como posible instrumento de afirmación regional en el Mediterráneo contra Madrid es subrayada por investigadores (Bel i Queralt, 2010b; Boira i Maiques, 2010), pero también por los principales protagonistas del proyecto, como los lobbies, que interpretan dicha situación como la razón por la cual el Corredor Mediterráneo está siempre previsto pero postergado.
AVATARES RECIENTES DE UN PROYECTO FERROVIARIO A LARGO PLAZO: TREINTA AÑOS DE PLANIFICACIÓN
En los años noventa el proyecto de Corredor Mediterráneo se encarna en los documentos de ordenación del territorio nacional y europeo. El tema del transporte ferroviario vuelve a surgir a través de la interconexión de la red española con las redes europeas. Además, la perspectiva de financiación por la Unión Europea de una parte de los proyectos en el marco de los fondos estructurales y de cohesión también permitió que se estableciesen nuevas prioridades. Desde este momento, aunque la definición exacta de los proyectos sea variable y el trazado más o menos extenso (tablas 1 y 2) el Corredor Mediterráneo está incluido entre las prioridades nacionales y europeas.
El Corredor Mediterráneo en los planes de infraestructuras españoles
Una relativa continuidad desde los años noventa
El Corredor Mediterráneo aparece en los documentos de planificación de los sucesivos gobiernos españoles a partir del Plan General de Ferrocarriles de 1979 (Renfe y Ministerio de Fomento, 1979), actualizado en el Plan de Transporte Ferroviario de 1987 (Ministerio de Fomento, 1987). Desde entonces, todos los planes de infraestructuras, que a partir del Plan Director de Infraestructuras de 1993 (Ministerio de Fomento, 1993) ya no se dedican específicamente al ferrocarril, mencionan proyectos en el eje mediterráneo. El Corredor Mediterráneo no se identifica bajo esta apelación y no siempre se asimila a un proyecto único, mas está presente a través de diversas acciones programadas para mejorar las conexiones ferroviarias litorales. Dichas acciones son variables por su tipo (desde mejoras de tramos existentes hasta grandes proyectos de eje con varias vías) y por su importancia en el documento (tabla 2). En efecto, entre los años 1979 y 2005 el Corredor rara vez se identifica como tal en los documentos: está presente por primera vez en el PIT 2000-2007 (Ministerio de Fomento, 2000) bajo el nombre «eje mediterráneo», que se refiere a la extensión litoral de la red radial; luego hay que esperar al PEIT 2005-2020 (Ministerio de Fomento, 2005) para que el Corredor Mediterráneo se presente como un proyecto con coherencia propia. Sin embargo, todos los documentos tienen en cuenta el eje mediterráneo y planifican acciones de renovación o creación de vías, lo cual lo transforma en un elemento clave del mapa de la red nacional de transportes.
TABLA 2
El Corredor Mediterráneo en los planes de infraestructuras españoles (1979-2005)


La evolución de la posición del Corredor Mediterráneo en los sucesivos planes de infraestructuras es indicio de la importancia de este eje en la red ferroviaria nacional y de los retos políticos que plantea: es el eje que más cambios conoce en los proyectos. En el PGF 1980-91 de 1979 se representa el Corredor Mediterráneo en toda su longitud pero carece de continuidad y en cada tramo se plantean operaciones diferentes: la línea de Tarragona a Valencia debe adaptarse con doble vía pero el desdoblamiento de la infraestructura no se plantea más hacia el norte, lo cual origina el actual cuello de botella de unos cuarenta kilómetros entre Tarragona y Vandellós. El plan diferencia la red «arterial», término que se hace eco de la metáfora organicista a menudo empleada en España y Europa a propósito de infraestructuras de transporte, que se considera más importante que la red principal. El Corredor Mediterráneo, desde la frontera francesa hasta La Encina en el sur de Valencia, pertenece a la primera categoría. A partir del PTF de 1987 se plantea la cuestión de la realización de una red ferroviaria de alta velocidad: además de la línea Madrid-Sevilla y del proyecto de enlace con el norte del país, se encuentra en dicho plan el eje litoral de Barcelona a Valencia como línea a más de 200 km/h, asociado con las líneas Madrid-Barcelona y Madrid-Valencia para formar un anillo entre la capital y la costa. El eje que conecta las dos principales ciudades litorales es uno de los únicos ejes interurbanos transversales planeados con el eje Cantábrico-Mediterráneo. Los siguientes planes de infraestructuras –el PDI 1993-1997 y su declinación con el PIT 2000-2007– revisan el tema de la alta velocidad: en la primera versión del PDI el eje Barcelona-Valencia ya no aparece como eje de alta velocidad y, frente a la contestación de las regiones mediterráneas, se vuelve a añadir en 1994 como eje de «velocidad alta», es decir, como eje convencional mejorado, pero no como línea de AVE. Solo los mapas del PIT publicado unos años más tarde le devuelven al Corredor Mediterráneo su papel en la red de alta velocidad en construcción. Por último, el principal cambio introducido por el PEIT, publicado después de la revisión de las RTE-T de 2004 que sacaba el Corredor Mediterráneo de los proyectos prioritarios europeos, es la consideración de la cuestión del transporte de mercancías, mientras que los planes previos se concentraban en mejorar las infraestructuras litorales para los viajeros. Este vaivén de la importancia del Corredor Mediterráneo muestra las dudas de los sucesivos gobiernos en cuanto a su afectación y asimismo las presiones que ejercen las comunidades autónomas litorales.
El análisis preciso de los planes de infraestructuras muestra que continuamente hay actuaciones previstas en el eje mediterráneo, pero que cambian a lo largo del tiempo, lo cual hace muy hipotético un corredor continuo y funcional. Al mismo tiempo, los proyectos relativos al Corredor Mediterráneo están cada vez más dispersos en las distintas partes de los planes de infraestructuras. El corredor aparece en los objetivos de los sucesivos gobiernos en cuanto a transporte ferroviario de viajeros y mercancías, pero la presentación de dichos objetivos va cambiando en los planes según el contexto. El Plan de Infraestructuras de Transporte 2000-2007 proponía en su introducción la modernización de España y su conexión con Europa: «Desde esta perspectiva, la política del Ministerio de Fomento tiene como objetivo fundamental la culminación de proyectos básicos en materia de infraestructuras que nos permita avanzar en la modernización de España, desde la solidaridad, de tal manera que logremos acabar con el déficit de infraestructuras existente con respecto a Europa» (Ministerio de Fomento, 2000). Unos años más tarde, el PEIT de 2005 sostiene la idea de que las conexiones transfronterizas deben estudiarse específicamente para facilitar las relaciones culturales y económicas entre España y Europa. La inserción del transporte de mercancías en el mercado internacional consta principalmente de la mejora de las conexiones por ferrocarril y de las autopistas del mar, con el objetivo siguiente: «Estructuración del conjunto del sistema logístico y de transporte de mercancías en torno a una red de nodos regionales, plenamente integrados en el territorio y que constituyen los centros de articulación logística de sus hinterlands. Esos nodos se articulan a través de una serie de corredores multimodales de transporte de mercancías, que añade a los corredores tradicionales (radiales, eje Mediterráneo y Corredor del Ebro) algunos ejes alternativos transversales» (Ministerio de Fomento, 2005: 60). El PEIT es el documento en el que surge, en el capítulo dedicado al transporte de mercancías, la idea de corredores multimodales, originada en los objetivos de las RTE-T establecidas en 2004-2005 por la Comisión Europea (Commission européenne, 2005). Entonces surge una visión territorial organizada en red alrededor de unos grandes ejes que son los corredores españoles. Es interesante notar que en dicho documento el eje mediterráneo se presenta como unos de los «corredores tradicionales», al igual que las grandes radiales, aunque todavía esté en el estado de proyecto. La expresión traduce la historia ya larga del Corredor Mediterráneo en los planes nacionales y europeos, pero también adelanta que se considere como una conquista y ya no como un proyecto prioritario. Este argumento voluntarista también traduce la voluntad de anclar el Corredor Mediterráneo como proyecto central en España en el momento en el que las RTE-T lo han excluido de la lista de prioridades en beneficio único de la conexión con Madrid.
El Corredor Mediterráneo sigue siendo un tema esencial en las ruedas de prensa y comunicaciones del Ministerio de Fomento y en las publicaciones institucionales (de Álamo, 1997; Ordóñez, 1995). Basada en crecientes exigencias medioambientales y en la existencia de importantes intercambios, la necesidad de mejorar el eje ferroviario mediterráneo parece admitida por todos los gobiernos españoles, sin distinción de color político, como se puede comprobar en los sucesivos planes de infraestructuras. El eje también representa una posibilidad de financiación europea al formar parte de las RTE-T definidas en 1996 (Parlement européen, 1996). Sin embargo, más allá de la continuidad del Corredor Mediterráneo en los documentos de planificación, la cuestión del contenido del corredor sigue cambiando, en el doble ámbito del transporte de viajeros, por una parte (especialmente con la estructuración de una red de alta velocidad), y del transporte de mercancías con su conexión a Europa por otra (que corresponde a las primeras reivindicaciones históricas).
¿Alta velocidad o velocidad alta? Estrella, eje y prioridad a los viajeros
El proyecto de Corredor Mediterráneo a menudo se confunde con un proyecto de línea de alta velocidad entre las principales ciudades de la costa y la frontera francesa, conectada con la red de TGV,7 como proponen los documentos de planificación desde 1987. Sin embargo, la alta velocidad solo es una cara del proyecto y sus criterios han variado a lo largo del tiempo: tráfico de viajeros únicamente o transporte mixto de viajeros y mercancías, por una parte, construcción de una línea con estándares europeos o mejora de la infraestructura ibérica existente, por otra parte.
La idea de un Corredor Mediterráneo de alta velocidad surge con los primeros proyectos de red de AVE en España a mediados de los años ochenta (Ministerio de Fomento, 1987). En 1995 el Ministerio de Fomento anuncia la realización del Corredor Mediterráneo en alta velocidad (Ordóñez, 1995) e incluso en 1997 propone su diseño para la circulación de trenes hasta 350 km/h (de Álamo, 1997) y prevé su entrada en servicio a principios del siglo XXI, lo cual hubiese hecho de dicha línea la más moderna de Europa. En aquel entonces se presentaba el Corredor Mediterráneo como una prioridad: «El corredor mediterráneo, que transcurre por Murcia, Alicante, Valencia, Castellón, Tarragona, Barcelona y Girona hasta la frontera francesa, tiene un carácter vertebrador y estructurante, de gran influencia en la actividad productiva española. El MOPTMA invertirá en infraestructura ferroviaria un total de 200.000 millones de pesetas, que mejorarán notablemente uno de los ejes españoles con mayor número de viajeros y mercancías» (Ordóñez, 1995: 23).
Sin embargo, la extensión de la red de AVE desde la inauguración de la primera línea en 1992 se hizo de manera radial, como lo muestra el trazado de la red actual (mapa 5), que es el resultado de un relativo consenso político (Audikana, 2012) y de un periodo de prosperidad económica propicia para los grandes proyectos (Baron-Yellès, 2010).
Esta red está calcada del esquema de la red ferroviaria convencional y de la red de autopistas, ambas muy centralizadas. Su lógica se inspira en el modelo francés de convergencia de los ramales de la red hacia la capital, y el Corredor Mediterráneo sería una ruptura con este modelo. La implementación de la alta velocidad en España es decidida por el gobierno González en 1986 para conectar Andalucía con Madrid. En esa época, la creación de una línea de alta velocidad, pocos años después del primer TGV francés y en el momento de la entrada de España en la Unión Europea, prevalece con respecto al mejoramiento de la línea convencional existente para realizar el «nuevo acceso ferroviario» a Andalucía. Se trata de disminuir drásticamente el tiempo de recorrido gracias a una línea moderna, con alto nivel de servicio y trazado mucho más directo que el de la línea histórica. En 1988 el Gobierno inicia el «contrato del siglo» (Navas y Tizón, 1988) para la adquisición del material rodante que finalmente se otorga a Siemens y Alsthom. En aquel momento se toma la decisión de una red de AVE con ancho europeo, lo cual pone a España en la situación de gestionar dos redes separadas cuya interconexión solo es posible gracias a equipos que permiten el cambio de ancho de los ejes, equipos desarrollados en España desde 1969 para la conexión con Francia y que se adaptan a la red de AVE a partir de 1992.
MAPA 5
Construcción de la red española de AVE

La decisión de conectar Sevilla –y no Barcelona– con Madrid en 1992 se ha tomado con respecto a consideraciones sobre la renovación de la red, por una parte, y a una preocupación por el equilibrio del territorio, por otra parte. El trayecto ferroviario entre la capital y el sur del país era muy largo y de mala calidad, y Andalucía permanecía como una de las regiones menos desarrolladas del país, al contrario de Cataluña. La segunda línea permite enlazar Madrid con Zaragoza y Lérida en 2003 y luego con Barcelona en 2008, y la tercera (la línea Madrid-Levante) conecta Valencia con la capital en 2010 y luego Alicante en 2013, reanudando con la lógica metropolitana: se enlaza con la segunda y la tercera aglomeración del país en prioridad. El gobierno Zapatero es el que reafirma la prioridad de los ejes radiales cuando el presidente del Gobierno (PSOE) promete conectar todas las capitales de provincias con AVE antes de 2020 (Muñoz, 2005). Dos años más tarde, Mariano Rajoy, presidente del PP, hace la misma promesa en nombre de la cohesión territorial (2007). Con estas perspectivas, la posibilidad de un Corredor Mediterráneo de alta velocidad parece alejarse (figura 3).
Siguiendo la lógica enunciada por los sucesivos gobiernos de unir todas las capitales de provincia con Madrid en alta velocidad antes de 2020, las cuatro primeras líneas de alta velocidad que se inauguran son radiales y forman una estrella en torno a la capital. Tres de los ramales y sus extensiones conectan con las regiones mediterráneas y su trazado parece tener en cuenta la reivindicación del Corredor Mediterráneo: la línea Madrid-Barcelona-Francia se desvía por Tarragona y así dibuja un tramo litoral en alta velocidad entre esta ciudad y la frontera; la línea Madrid-Levante conecta por una parte con Valencia y prevé la extensión hacia el norte hasta Castellón, y por otra parte con Alicante con una posible extensión a Murcia y Almería (sin embargo, estando Valencia y Alicante conectadas con Madrid por dos ramales distintos de la línea, la continuidad de la red entre las dos ciudades en alta velocidad no está asegurada); por último, la línea Madrid-Sevilla, con un tramo hacia Málaga, también se está extendiendo a lo largo de la costa hacia el este. Las radiales en alta velocidad son la base para tramos que podrían formar parte de un Corredor Mediterráneo diseñado con pequeñas pinceladas como para afirmar que la lógica radial no es contradictoria con la del Corredor Mediterráneo. Sin embargo, el hecho de que se desarrollen tramos litorales como extensiones de otros proyectos plantea tres problemas: primero, es señal de una falta de voluntad política a nivel nacional para el desarrollo del corredor ferroviario mediterráneo como tal; segundo, al estar cada línea radial inscrita en su temporalidad propia y siendo las líneas litorales (con excepción del tramo Tarragona-Barcelona) sus extensiones, la puesta en servicio de las líneas de alta velocidad litorales no se hace de manera sincronizada y a menudo se retrasa, como en el caso de la conexión con Castellón y con Murcia; tercero, dichos retrasos y el hecho de que las extensiones pertenezcan a radiales implican discontinuidades en el eje litoral, como entre Castellón y Tarragona o entre Murcia y la red Andaluza.
FIGURA 3
Lógicas de evolución de la red de AVE

La política de ordenación del territorio por el tren de alta velocidad, aunque paralelamente se afirme la importancia del Corredor Mediterráneo y su garantía con la implementación de algunos tramos, elige romper el proyecto de Corredor fragmentándolo. El efecto de dicha política es retrasar su realización y asimismo romper la solidaridad entre las regiones litorales en la reivindicación del Corredor Mediterráneo al otorgarle a cada una su acceso en alta velocidad por separado con un tramo litoral que conecta entre sí las principales ciudades de la comunidad autónoma. Al mismo tiempo, el argumento político que justifica la falta de continuidad de la línea de alta velocidad de la costa se fundamenta en la existencia de un servicio asegurado por el Euromed pese a las imperfecciones en su recorrido, y en las dificultades técnicas y los costes de la construcción de una línea de alta velocidad al sur de Alicante. Las últimas propuestas parecen, en el contexto de crisis económica, conceder mayor importancia a la mejora de la infraestructura existente en perjuicio de un proyecto más visible de AVE. En este contexto, la perspectiva de implementar la alta velocidad en el Corredor Mediterráneo se aleja y se privilegia la circulación de trenes a velocidad alta8 en la red convencional.
¿Un corredor de mercancías?
La cuestión del transporte ferroviario de mercancías está en el centro de los proyectos de Corredor Mediterráneo desde las primeras reivindicaciones en los años veinte. El transporte de naranjas y luego de otros productos, industriales por ejemplo, está en el centro de la documentación institucional en la década del 2000 y en las acciones de lobbying de los empresarios. Es en la década del 2000 cuando el reto del transporte de mercancías pasa a ser más importante que el de viajeros en los documentos de planificación europeos, y por consiguiente en los documentos nacionales. También en ese momento los actores privados se reúnen en torno a Ferrmed. Sin embargo, el transporte de mercancías sigue poco presente en los discursos políticos y la comunicación pública del Ministerio de Fomento pone sistemáticamente el enfoque en el transporte de viajeros, pues las mercancías son un tema más lejano a las preocupaciones de los ciudadanos y electores, y tienen menor dimensión simbólica (no le confiere atractividad a los territorios que atraviesa e incluso los menosprecia a causa de las reales o supuestas molestias que origina [Margiocchi et al., 2010; Savy, 2005]).
Las mercancías son el elemento crucial del proyecto de Corredor Mediterráneo identificado como un elemento estratégico por la Comisión Europea desde los primeros proyectos de las RTE-T (Parlement européen, 1996). La importancia de las mercancías también se pone de relieve en los estudios sobre el Corredor Mediterráneo en términos de rentabilidad y desarrollo económico (Bel i Queralt, 2010a; Català i Oltra, 2013; Segarra et al., 2013). Además, es un reto mayor para Europa, que intenta luchar contra la disminución del ferrocarril en el reparto modal y contra las emisiones de CO2: la interoperabilidad, la reducción de las barreras (físicas, aduaneras y reglamentarias) en las fronteras y el crecimiento de los flujos intraeuropeos guían la política de las RTE-T. La evolución del trazado de los corredores prioritarios es el reflejo de las adhesiones a la Unión Europea: en los años noventa se trataba de conectar los países del sur de Europa con su pulmón económico, es decir Francia, Alemania y el Benelux; ahora se trata de integrar las redes de los nuevos países miembros del este de Europa a las redes continentales. En dicho contexto europeo evolutivo (Cruz Villalón, 2013), el Corredor Mediterráneo tiene un papel cambiante. Se observan dos deslizamientos. El primero concierne al papel y el estatuto de España en las RTE-T: el país conserva un proyecto prioritario pero pasa de un estatuto de periferia al sur de Europa de recién integración en la CEE que debe ser conectada, al estatuto de país miembro de largo tiempo comparativamente con los nuevos miembros de Europa del Este. El segundo concierne a las prioridades declaradas para el Corredor Mediterráneo: las mercancías siempre están en el telón de fondo, pero se pasa de una orientación claramente centrada en el desarrollo de una red de alta velocidad para los viajeros a una clara prioridad dada al transporte de mercancías.
El Corredor Mediterráneo en las RTE-T: permanencias y cambios
Los proyectos de «Corredor Mediterráneo» en las RTE-T
La meta de las RTE-T, que se adoptaron en 1990 (Commission européenne, 1990), es definir los grandes ejes prioritarios de transporte que deben recibir presupuestos de la Unión Europea para mejorar la interconexión de los países europeos y la interoperabilidad9 de las redes nacionales (Parlement européen, 1996, 2001).
TABLA 3
El Corredor Mediterráneo en las sucesivas versiones de las RTE-T

En 1993, la entrada en vigor del Tratado de Maastricht le da una base legal a la creación de las Redes Transeuropeas de Transporte, y en 1994 el grupo presidido por Henning Christophersen, vicepresidente de la Comisión Europea, deposita un informe que propone catorce proyectos «prioritarios» de transporte (y diez de energía) que se avalan en el Consejo Europeo de la Cumbre de Essen en diciembre de 1994 (Conseil européen, 1994), antes de ser definitivamente adoptados en 1996 (Parlement européen, 1996) junto con otros proyectos transeuropeos previstos en el horizonte de 2010. En 2004, ante el carácter inacabado de los primeros proyectos se revisan las RTE-T. En el contexto de la ampliación de la Unión Europea al Este, y la española Loyola de Palacio siendo comisaria de Transporte, el número de proyectos se eleva a treinta, a propuesta del informe de Karel Van Miert (Van Miert, 2003), antiguo comisario europeo de la Competencia: dichos proyectos se incluyen en el documento de programación de 2005 (Commission européenne, 2005), en el cual el Corredor Mediterráneo deja de aparecer como tal (tabla 3).
Entre 1994 y 2005 los proyectos de las RTE-T han evolucionado en cuanto a su número y contenido. Los catorce proyectos prioritarios seleccionados por el informe Christophersen y avalados en la Cumbre de Essen prevén actuaciones limitadas en términos de ordenación del territorio. La lista se amplía con las líneas directrices adoptadas en 1996 para tener en cuenta las reivindicaciones y observaciones de los Estados miembros con respecto a la primera lista. Los proyectos ferroviarios presentes en este documento son casi exclusivamente proyectos de transporte de viajeros en alta velocidad. Elaborados en los años noventa, cuando la alta velocidad representaba para Europa un importante potencial de reducción del espacio-tiempo, dichos proyectos aparecían como un elemento de modernidad y cohesión europea, y la construcción de una nueva red era una oportunidad para vincular los Estados miembros entre sí. En el plan de 1996, el Corredor Mediterráneo se materializa mediante una línea de alta velocidad en continuidad con la red francesa hasta Barcelona, y luego por la adaptación de la red existente (el Euromed) a la velocidad alta entre Barcelona y Murcia. En 2005, la revisión de las RTE-T mantiene un límite de treinta proyectos prioritarios e intenta responder a la integración de nuevos países con ejes prioritarios que conectan el este con el oeste de Europa, lo cual es un factor explicativo de la reducción del número de proyectos en los países miembros más antiguos. Si la alta velocidad no deja de ser emblemática, las mercancías aparecen en ese momento como una de las claves de las RTE-T. Los ejes prioritarios de 2005 conservan la mayor parte de las propuestas de red de AVE hechas en 1994 y 1996, pero el Corredor Mediterráneo desaparece al sur de Barcelona, en el mismo momento en el que el PIT 2000-2007 y el PEIT 2005-2020 lo afirman como prioridad nacional.
El eslabón español: ¿qué importancia en Europa?
En el histórico de los proyectos europeos, el Corredor Mediterráneo español es a la vez una constante, porque siempre está representado total o parcialmente, y una variable de ajuste o negociación. En efecto, la parte de la costa española entre la frontera francesa y Barcelona siempre se considera como un eje prioritario en todos los documentos de planificación porque se trata de la mejor conexión con Francia. Al sur de Barcelona, por el contrario, los proyectos litorales se inscriben en los documentos europeos de manera discontinua. Sin embargo, siempre se mantienen uno o varios proyectos en España, de modo que el peso relativo del Corredor Mediterráneo es variable en las prioridades europeas que conciernen a la península Ibérica (mapa 6).
MAPA 6
Los proyectos europeos en España (1994-2005)

Los documentos de planificación europeos de los años 1990 y 2000 le otorgan a España un peso importante en las RTE-T. El centro de la acción europea en la Península es Madrid, donde convergen casi todos los ejes y que, como capital política, es la principal ciudad para conectar con el resto de Europa. Está en la encrucijada de los dos principales ejes seleccionados en las RTE-T: Madrid-Barcelona-Francia y Madrid-Valladolid-País Vasco, que respectivamente conectan con el proyecto de línea de alta velocidad Montpellier-Perpiñán y con el proyecto Sud-Europe-Atlantique. Solo las RTE-T de 1996, que incorporan la red de alta velocidad más extensa y corresponden a las propuestas de los planes de infraestructuras españoles de 1987 y 1993 (Ministerio de Fomento, 1987, 1993), destacan el proyecto de Corredor Mediterráneo como eje que debe ser adaptado para la velocidad alta.
El Corredor Mediterráneo está relativamente poco presente en la planificación europea, pero su inclusión en la primera versión de las RTE-T es un elemento decisivo para legitimar las reivindicaciones litorales que surgen en los años siguientes en torno a la posible financiación europea. Por consiguiente, la decepción que engendra la ausencia del Corredor como eje en el documento siguiente es el punto de partida de una politización masiva en las décadas de 2000 y 2010.
El Corredor Mediterráneo está presente en los debates españoles acerca de las infraestructuras de transporte desde las décadas de 1920 y 1930, y adquiere una dimensión europea que conduce a una reactivación del concepto en España en los años noventa. A lo largo de una historia de casi un siglo, se puede notar la permanencia del objeto «Corredor Mediterráneo» a todos los niveles, pero con importantes cambios de contenido. Estos cambios vienen primero de los promotores del proyecto: las primeras reivindicaciones venían de los actores económicos valencianos y luego catalanes, antes de ser adoptadas en las décadas de 1990 y 2000 por los actores políticos regionales y nacionales como un elemento del debate geopolítico.
La consolidación de los proyectos a nivel europeo y su inclusión en objetivos continentales (cohesión, interconexión, medioambiente…) provoca luego un cambio de escala: los primeros proyectos se fundamentaban en las estructuras locales de producción y en un conocimiento del territorio para proponer conexiones, mientras que los últimos proyectos hacen más hincapié en las negociaciones políticas que desembocan en trazados que permiten incluir, en una segunda fase, los proyectos locales y nacionales. La referencia territorial de los proyectos se invierte, al perder poco a poco la noción de Corredor Mediterráneo su anclaje en beneficio de una visión que tendrá que encontrar a posteriori una aplicación territorial.
1. El ancho estándar en Europa y en la mayoría de los países es de 1.435 mm y corresponde a la normativa de la UIC (Unión Internacional de Ferrocarriles). En España el «ancho ibérico» que tiene la mayor parte de la red es de 1.668 mm, lo cual plantea problemas de conexión en la frontera.
2. «Es tractava de crear, en la línia del pensament del moment, un “criteri” econòmic valencià que poguera ser defensat unànimement pels diferents partits polítics valencians, dins d’un context canviant en què els esforços d’unificació europea i d’obertura als corrents econòmics mundials s’entrecreuaven».
3. «Heus ací les necessitats o requisits de prosperitat de l’economia valenciana: prosperitat europea; llibertat comercial, i baixos costos espanyols».
4. «Però deixeu-me remarquí dues menes de col·laboracions especialment catalano-valencianes. Per terra i per mar. Catalunya com Bèlgica, està en actuació magnífica de regió de transit; per això la falta, però, un requisit. Salvar la frontera ràpidament i amb les menys despenses possibles. Cal, doncs, que s’estableixi una decidida col·laboració per tal de que sigui aviat un fet la via d’ample internacional des de les regions riques valencianes fins a la mateixa frontera catalana dels Pirineus.
Per mar, cal que considerem a la costa valenciano-catalana no com un mar, sinó com un riu. Cal que intensifiquem el comerç marítim entre Catalunya i València. Si això fem, València absorbirà molts més productes catalans i Catalunya comprarà més a València. I al llarg de la costa s’establirà una de les regions més pròsperes d’Europa, com s’han establert al llarg dels graus rius europeus els grans hinterland de les grans ciutats europees».
5. «The only major piece of new construction which is likely to be necessary in the near future is the East Coast autopista, a modern limited access road on a new right of way, with by-passes of, and interconnections with, the major urban areas along the Mediterranean coast from the French border to Murcia, a distance of about 730 km. This ambitious project is under consideration in Spain, and we endorse the further study and planning of it. The prima facie case for building such a road is strong. It would traverse areas of the highest traffic density in Spain and of the most rapid traffic growth. It passes through important industrial and agricultural areas and serves some of the major tourist regions of the country».
6. El primer túnel entre las estaciones de Atocha (al sur) y Chamartín (al norte) debía construirse en 1923 al mismo tiempo que la estación de Chamartín. A causa de la Guerra Civil las obras fueros postergadas hasta 1967. El túnel, ahora insuficiente, se desdobló entre 2004 y 2008 pero aún no pueden pasar los trenes de alta velocidad. Un tercer túnel que cumple con los estándares de la UIC debía ser inaugurado en 2013, pero los recortes presupuestarios y los retrasos de las obras han vuelto a postergar la apertura a 2018.
7. El TGV (Train à Grande Vitesse) es el tren francés de alta velocidad.
8. La alta velocidad permite la circulación de trenes a más de 300 km/h en vías generalmente dedicadas al transporte de viajeros y específicamente diseñadas como líneas de alta velocidad: la electrificación, la pendiente de las vías y los sistemas de transporte son específicos. Por el contrario, la velocidad alta es el resultado de una modificación de las vías convencionales para aumentar la velocidad comercial de los trenes, que queda por debajo de los 300 km/h.
9. La noción de interconexión de las redes de transporte «concierne tanto a la configuración espacial como al funcionamiento de las redes». Debe permitir una continuidad de las infraestructuras entre distintos países y una circulación continua de los servicios de transporte internacionales. En el ámbito ferroviario, la interoperabilidad significa la posibilidad de circulación del mismo material rodante en distintas redes y en particular en países distintos. Consta de los elementos que permiten dicha circulación (infraestructura, coordinación, seguridad…). Es un eje mayor de la política de la Unión Europea.
2 Tres concepciones del Corredor Mediterráneo en el marco institucional
Bien entendu, on peut sauter sur sa chaise comme un
cabri en disant «l’Europe!», «l’Europe!», «l’Europe!»
mais cela n’aboutit à rien et cela ne signifie rien.
(Charles de Gaulle, entretien télévisé, 14 décembre 1965)
Vérité en-deçà des Pyrénées, erreur au-delà.
(Blaise Pascal, Pensées, 294 Brunschvicg, 1669)
El proyecto de Corredor Mediterráneo evoluciona en paralelo con los marcos político-institucionales y con la implicación creciente de numerosos actores. Entre las acepciones del Corredor Mediterráneo elaboradas por los distintos actores, tres provienen de prescriptores de la ordenación del territorio e influyen directamente en la definición de los proyectos actuales. Basada en una sucesión de proyectos de casi un siglo, la primera concepción del Corredor Mediterráneo es la que presentan las instituciones españolas en la planificación vigente del Ministerio de Fomento (Ministerio de Fomento, 2012). Desde este punto de vista, es en Madrid donde se define el Corredor y se toman las medidas presupuestarias y de programación que determinan su realización. La segunda concepción es la de las instituciones europeas: el nombre de «Corredor Mediterráneo» fue integrado en la planificación plurianual en 2013 (Commission européenne, 2013), lo cual le confiere una mayor visibilidad a escala continental y un estatuto de primer plano. La inclusión del proyecto en la planificación a nivel supranacional es importante porque, si la Unión Europea no es quien in fine toma las decisiones de ordenación del territorio, aparece como un factor de legitimidad, desde el punto de vista financiero (gracias a los fondos europeos) y simbólico. Por último, la tercera concepción del Corredor Mediterráneo es la de Ferrmed, que es un lobby inscrito en la Comisión Europea: propone una lectura muy fundamentada del Corredor Mediterráneo que tiene un impacto bastante fuerte (Ferrmed, 2009), aunque Ferrmed no sea un actor institucional, pues su fuerza se respalda en el peso económico de sus miembros y en su acción política de lobbying ante las instituciones españolas y europeas.
Comparando las propuestas de los distintos prescriptores, se trata de entender cuáles son las caras del Corredor Mediterráneo y sus realidades contemporáneas, y cómo se articulan las propuestas. La cuestión es saber de qué manera los documentos de planificación, que son síntesis políticas de retos múltiples y multiescalas, van forjando el Corredor Mediterráneo como proyecto común y objeto compartido. La comparación analítica de los documentos producidos por dichos prescriptores debe permitir entender la construcción institucional del corredor.
Primero analizaremos el tratamiento del Corredor Mediterráneo en los actuales documentos españoles de planificación de los transportes. Luego aclararemos la inclusión del proyecto en los documentos europeos que definen los proyectos prioritarios de las RTE-T y la red central de corredores multimodales. Finalmente, veremos cómo la propuesta de «gran eje» de Ferrmed, que aunque no sea una propuesta institucional tiene peso en las representaciones finales, aclara la génesis y la definición del proyecto actual y cómo la acción del lobby va modificando los proyectos planificados por el Gobierno español y las instituciones europeas.
EL PAPEL AMBIGUO DEL CORREDOR MEDITERRÁNEO EN LA PLANIFICACIÓN NACIONAL
En España, el Gobierno central es competente en cuanto a grandes infraestructuras de transporte. Sus documentos de planificación son el principio rector de la ordenación del territorio y de las normativas: definen los proyectos y establecen la jerarquía de las prioridades. El último plan de infraestructuras que ha publicado el Gobierno Rajoy (siendo Ana Pastor ministra de Fomento), en un contexto de crisis económica, es el Plan de Infraestructuras Transporte y Vivienda (Pitvi) 2012-2024 (Ministerio de Fomento, 2012). Publicado en 2012, en el mismo momento en el que la revisión de las RTE-T y la definición de los nueve corredores multimodales de la red central está por reintegrar el Corredor Mediterráneo en la planificación europea, el Pitvi traduce las prioridades nacionales y es el vehículo de diálogo con las instituciones europeas.
Objetivos y retos del Pitvi
La publicación del Pitvi tiene lugar después del cambio de gobierno, en ruptura con la política que se había aplicado anteriormente. El nuevo documento propone reequilibrar un sistema que se considera demasiado dominado por la carretera, dándole prioridad al ferrocarril, pero también recalca la necesidad de reducir los presupuestos de los proyectos de gran envergadura para concentrarse en mejoras directamente relacionadas con la demanda. Entre la prioridad otorgada al ferrocarril y la reducción de los gastos para los grandes proyectos, el Corredor Mediterráneo se enfrenta a dos lógicas opuestas.
El Pitvi: ¿una ruptura con los documentos anteriores?
La red española de transportes, por ferrocarril o carretera, se construyó de manera puramente radial (Comín Comín, 1998). Sucede lo mismo con la red de AVE, aunque el PIT y el PEIT introduzcan los primeros signos de una estructuración reticular de ejes de gran capacidad, vinculando las capitales regionales sin pasar por Madrid, lo cual apoya el Corredor Mediterráneo como visión renovada de la organización del territorio.
El Pitvi de 2012 establece un diagnóstico grave del transporte ferroviario. Primero subraya que los objetivos que se han planteado para el transporte de mercancías por ferrocarril nunca se realizaron: hoy en día el ferrocarril representa menos del 2,5% del reparto modal, la carretera el 85,3% y el transporte marítimo el 12,2% (Ministerio de Fomento, 2012: II.5). En este contexto se pone de relieve el objetivo de mejorar la intermodalidad entre el ferrocarril y la carretera: según el plan, el fracaso del transporte ferroviario de mercancías sería una consecuencia de las masivas inversiones en el transporte de viajeros en vez del de mercancías. De hecho, el Pitvi subraya que el AVE contribuye a un cambio en los hábitos de movilidad. Sin embargo, su extensión a ejes de menor potencial de tráfico se describe como una inversión insostenible, lo cual va contra las políticas de los anteriores gobiernos de conectar todas las capitales de provincia. El nuevo plan propone limitar la extensión de la red de AVE a los ejes que ya están en obras y supeditar nuevos tramos a la existencia previa de una fuerte demanda. Además, el Pitvi expone la dificultad de mantener eventuales líneas de alta velocidad con tráfico mixto y la falta de interoperabilidad que ese tipo de vías ofrece con las líneas convencionales. Por último, la reorganización del conjunto del sector ferroviario, en el contexto de la apertura a la competencia ferroviaria, se plantea como una necesidad para reducir la dependencia de las subvenciones públicas en un contexto presupuestario complicado, y para cumplir al mismo tiempo con las directivas europeas. El Pitvi se presenta como un documento de ruptura (especialmente para con los grandes proyectos), lo cual puede afectar a la realización del Corredor Mediterráneo.
Después de hacer el diagnóstico, el Pitvi compara una «alternativa continuista» que consistiría en la continuación de la lógica implementada por los anteriores gobiernos, y una «alternativa nueva planificación», que significaría un cambio brutal de lógica. Por supuesto se elige la segunda opción, justificando el nuevo plan. Entonces la lógica de estructuración reticular de la red, que se había considerado como un elemento imprescindible para completarla, se puede considerar obsoleta, y al mismo tiempo el Corredor Mediterráneo, arquetipo del eje transversal, está amenazado en su lógica fundamental por este cambio de prioridades.
Los principales objetivos del Pitvi y sus consecuencias para el Corredor Mediterráneo
El Gobierno Rajoy debe enfrentarse con la crisis económica que afecta a España y gestionar la herencia de los grandes proyectos de infraestructuras anunciando al mismo tiempo de manera nítida el final de las grandes inversiones de prestigio. El Pitvi debe considerarse como un plan de infraestructuras de crisis que tiene en cuenta los recortes presupuestarios: «La inversión pública en infraestructuras es una prioridad del gasto público y un instrumento básico para dinamizar la economía, para el aumento de la productividad, el funcionamiento eficaz del mercado de bienes y servicios, la vertebración del territorio, y el desarrollo de las zonas más desfavorecidas» (Ministerio de Fomento, 2012: II.214). Desde el punto de vista territorial, el plan conserva la idea de una estructuración en torno a grandes ejes y usa el concepto de vertebración que subtiende el debate sobre el Corredor Mediterráneo. También se trata en el plan de adaptar la financiación de los macroproyectos al contexto económico favoreciendo el desarrollo económico y no la conexión europea, como se hacía anteriormente. Para ello, el Pitvi plantea cinco objetivos principales que corresponden a grandes orientaciones de ordenación del territorio y responden al contexto económico:
• Mejorar la eficiencia y competitividad del sistema global del transporte optimizando la utilización de las capacidades existentes;
• Contribuir a un desarrollo económico equilibrado, como herramienta al servicio de la superación de la crisis;
• Promover una movilidad sostenible compatibilizando sus efectos económicos y sociales con el respeto al medio ambiente;
• Reforzar la cohesión territorial y la accesibilidad de todos los territorios del Estado a través del sistema de transportes;
• Favorecer la integración funcional del sistema de transportes en su conjunto mediante un enfoque intermodal (Ministerio de Fomento, 2012: II.64).
Entre dichos objetivos, tres son fundamentales para entender las inflexiones de la política de transportes con respecto al Corredor Mediterráneo. La primera propuesta traduce la voluntad de acabar con la construcción de líneas nuevas, lo cual está en ruptura completa con la política del PEIT que planificaba la construcción de numerosas líneas de AVE: «Las redes de infraestructuras del transporte españolas tienen importantes capacidades disponibles, no siempre utilizadas. […] Por otra parte, y en el fiscalmente restrictivo escenario actual, resulta imprescindible que el tradicional énfasis sobre la nueva inversión se desplace gradualmente hacia la optimización de la gestión» (Ministerio de Fomento, 2012: II.65). El segundo objetivo pone de relieve la idea de que las inversiones en los transportes podría favorecer la recuperación económica:
Los efectos macroeconómicos de las inversiones en infraestructuras tienen un carácter doble:
• En el corto plazo, efectos inducidos sobre la actividad económica y el empleo.
• En el largo plazo, efectos sobre la competitividad de la economía (Ministerio de Fomento, 2012: II.66).
Aquí se expresan dos dogmas distintos: el primero es el de la reactivación económica gracias a los grandes proyectos, idea fundamentada en la intervención pública, como se ha experimentado en muchos países, pero cuyos efectos se notan casi exclusivamente a corto plazo; el segundo se fundamenta en la idea liberal de que las ventajas comparativas creadas por las infraestructuras tienen virtudes económicas a largo plazo (se trata de una retórica de los «efectos estructurantes»). Sin embargo, ambas lógicas se enfrentan a la constatación de las mismas causas de la crisis: la burbuja del sector inmobiliario y de obras públicas. El cuarto objetivo es una referencia a la ordenación centralizada del territorio, pues la idea de accesibilidad de los territorios es una referencia clara a Madrid como punto de partida. Desde este punto de vista, los proyectos españoles de transportes reproducen los planes de infraestructuras más antiguos que han liderado la construcción de las redes actuales, convencional y de AVE, siguiendo el modelo «francés» (Bel i Queralt, 2010b). Este objetivo ilustra perfectamente el fenómeno de «dependencia al sendero» (Priemus y Zonneveld, 2003); sin embargo, el mismo objetivo permite considerar una mejor interconexión a la red europea en nombre del principio de accesibilidad. La segunda modalidad no sustituye a la primera, sino que coexiste en el discurso institucional como si la existencia de las RTE-T produjese un desdoblamiento de la centralidad de referencia: Madrid por una parte y el centro de Europa por otra.
Si la reducción de las inversiones y el cuestionamiento de la organización reticular del territorio pueden ir en contra del proyecto de Corredor Mediterráneo, una parte de los objetivos del Pitvi confirman su utilidad y, en ocasiones, su emergencia. Particularmente en el sector ferroviario, las orientaciones del Pitvi recomiendan, en el contexto de liberalización, trabajar en la articulación de los actores para preparar la apertura a la competencia y estimular el mercado. Desde este punto de vista, el eje mediterráneo, que soporta los principales flujos de mercancías del país (Ministerio de Fomento, s. d.), está en primera línea. Los flujos terrestres dependen estrechamente de los puertos de la fachada mediterránea, que tienen un papel imprescindible en la economía española y en la reivindicación del Corredor Mediterráneo. De manera más concreta, la interconexión europea está en el centro de dos de las principales orientaciones del plan: mejorar la eficacidad del transporte de mercancías y de la cadena logística bajando las barreras físicas, operacionales y económicas por una parte, y mejorar la interconexión en alta velocidad con los demás países europeos por otra. Las principales inversiones para la interconexión con la red europea hasta ahora se han hecho en ambas extremidades de los Pirineos, en el País Vasco y en Cataluña, es decir, en uno de los extremos del Corredor Mediterráneo español y en uno de los puntos estratégicos del Corredor tal y como se percibe en la Unión Europea. Esos elementos son los que han justificado plenamente la inscripción del Corredor Mediterráneo en las RTE-T: las prioridades avanzadas por la Comisión a través de las convocatorias de la INEA se centran sistemáticamente en la reducción de los cuellos de botella y en particular en el paso de las fronteras y en la interoperabilidad e interconexión de las redes nacionales.
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