Читать книгу: «Un profeta de nuestro tiempo»

Шрифт:

Un profeta de nuestro tiempo

DON ORIONE

Un profeta de nuestro tiempo
LAS MÁS BELLAS PÁGINAS DEL SANTO DE LA CARIDAD


GEO - Grupo de Estudios Orionitas

Argentina - Uruguay - Paraguay

Índice de contenido

Portada

Portadilla

Legales

PRÓLOGO a la tercera edición

PRÓLOGO a la primera edición

1 CATECISMO Y CARIDAD

2 DIOS Y MI MADRE

3 EN EL TRABAJO, BUSCAR SÓLO A DIOS

4 ESA VOZ QUE INVITA A REZAR Y AMAR

5 NO PARA LOS JUSTOS, SINO PARA LOS PECADORES

6 ¡ÁNIMO, HERMANOS: CRISTO AVANZA!

7 HACE FALTA MÁS FE

8 LA IGLESIA DEBERÁ TRATAR CON LOS PUEBLOS

9 ¡TRABAJADORES Y TRABAJADORAS!¡LLEGÓ LA HORA DE LA REIVINDICACIÓN!

10 MUJER, FAMILIA, SOCIEDAD

11 HACER QUE LA SOCIEDAD VUELVA A DIOS

12 UNA GRAN CARIDAD, PRODUCIRÁ UNA GRAN RENOVACIÓN

13 MARCHAR A LA CABEZA DE LOS TIEMPOS

14 QUISO MORIR CON LOS BRAZOS ABIERTOS LLAMANDO A TODOS A SU CORAZÓN TRASPASADO

15 NAVIDAD: ¡DULZURA DE DIOS!

16 UNA NUEVA CIVILIZACIÓN: ¿ESPARTACO O PABLO?

17 HACIA EL TRIUNFO DE LA FE Y DE LA IGLESIA EN LA CARIDAD

18 QUE TODA MI POBRE VIDA SEA UN CÁNTICO DE DIVINA CARIDAD

19 ¡SANTA IGLESIA CATÓLICA, MADRE SANTA Y MADRE DE SANTOS!

20 LA LEYENDA DE FRAY AVEMARÍA

21 LA EUCARISTÍA

22 ¡TODA NUESTRA CONFIANZA ESTÁ EN TI, SANTA PROVIDENCIA DEL SEÑOR!

23 COMO CUANDO era niño e IBA CON MI POBRE MADRE A ESPIGAR

24 DAR LA VIDA POR EL PAPA

25 NI ARROGANTES, NI MIEDOSOS

26 ¡AMO A MARÍA Y CANTO!

27 ESA NOCHE,LA LUZ DE LA LÁMPARA ERA MÁS BRILLANTE

28 DAR LA VIDA CANTANDO AL AMOR

29 SOÑÉ CON LA SANTÍSIMA VIRGEN...

30 ¡HONREMOS Y AMEMOS A MARÍA!

31 ¡TRABAJAR! SEMBRAR E IMPLANTAR A JESUCRISTO EN LA SOCIEDAD

32 ¡AÑO NUEVO, VIDA NUEVA!

33 ¡SIEMPRE ADELANTE EN EL BIEN!

34 ¡CRISTO RESUCITÓ! ABRAMOS NUESTROS HORIZONTES

35 MIENTRAS HAYA LÁGRIMAS Y ESCLAVOS, CRISTO VOLVERÁ SIEMPRE...

36 SALVE, MADRE BONDADOSA

37 ¡NAVIDAD ES PAZ PARA TODOS!

38 SEMBREMOS A NUESTRO PASO OBRAS DE BONDAD Y AMOR

39 LA VICTORIA FINAL ES DE CRISTO, Y VENCERÁ EN LA MISERICORDIA...

40 ABRAMOS NUESTROS CORAZONES A LA CONFIANZA MÁS PLENA

41 ¡CUÁNTAS VECES SENTÍ A JESÚS JUNTO A MI!...

42 LA GRAN MADRE QUE NO MUERE

43 MARÍA, NOS DISTE HAMBRE Y SED DE ALMAS

44 DISPERSOS POR EL MUNDO Y UNIDOS AL PAPA EN LA FE

45 DIFUNDAMOS SERENIDAD Y BONDAD

46 LA ORACIÓN Y LA UNIÓN CON DIOS: SECRETO DE LA PASTORAL

47 LA PEQUEÑA OBRA DE LA DIVINA PROVIDENCIA

48 VER Y SENTIR A CRISTO EN EL HOMBRE

49 ESTAMOS TODOS EN LAS MANOS DE DIOS

50 CADA HOJA QUE CAE ME RECUERDA QUE LA VIDA PASA

51 SERVIR EN LOS HOMBRES, AL HIJO DEL HOMBRE

52 SIEMPRE FELICES Y ALEGRES EN EL SEÑOR

Cronología de la vida de Don Orione


Don OrioneUn profeta de nuestro tiempo : las más bellas páginas del santo de la caridad / Don Orione ; adaptado por Jorge David Silanes ; Santiago Vicente Solavaggione ; prólogo de Card. Eduardo Pironio ; Ramón Dus. - 1a ed adaptada. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : GEO - Grupo de Estudios Orionitas, 2021.Libro digital, EPUBArchivo Digital: descargaTraducción de: Enzo Giustozzi.ISBN 978-987-47702-8-81. Santos Cristianos. 2. Espiritualidad Cristiana. 3. Espiritualidad Sacerdotal. I. Silanes, Jorge David, adapt. II. Solavaggione, Santiago Vicente, adapt. III. Pironio, Eduardo, Card., prolog. IV. Dus, Ramón, prolog. V. Giustozzi, Enzo, trad. VI. Título.CDD 235.2

Original: Le più belle pagine di Don Orione, Tortona, Edizioni Don Orione, 1980

© 2021 GEO - Grupo de Estudios Orionitas

1ª edición digital: octubre 2021

Adaptación y revisión: Jorge Silanes; Santiago Solavaggione

Prólogo: Mons. Ramón Dus; Card. Eduardo Pironio

Traducción: Enzo Giustozzi

Publicación en base a la edición impresa de la misma obra a cargo del Área Generación de Recursos y Comunicación

Diseño de tapa: Marcos Pampin

Foto de tapa: Don Orione, entre 1917 y 1918, imagen editada (fuente: Archivo Don Orione, Roma).

Pequeña Obra de la Divina Providencia - Don Orione

Carlos Pellegrini 1441

C1011AAC – Ciudad de Buenos Aires

Argentina

geo@donorione.org.ar · www.donorione.org.ar

Queda rigurosamente prohibida, sin la autorización escrita de los titulares del “Copyright”, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción parcial o total de esta obra por cualquier medio o procedimiento, incluidos la reprografía y el tratamiento informático.

Versión: 1.0

Digitalización: Proyecto451


En el centenario de la primera llegada

de San Luis Orione a Latinoamérica:

Brasil, Uruguay y Argentina

PRÓLOGO a la tercera edición

“En espíritu de humildad, de bondad, de alegría”

1. La luz en los surcos. He leído todas las páginas de este volumen; varias de ellas más de una vez. Testimonian la vida de un santo que también estuvo en el Noreste argentino; su memoria es presencia y su mensaje tan vigente. Don Orione buscó ser alimento espiritual para la gente hambrienta de verdad y de vida. Sus escritos reflejan la ansiedad de ofrecer el Don de Dios a corazones signados por necesidades y miserias; desafían al servicio para con los indigentes y abandonados. Animan al amor simple y desinteresado; esa caridad que llena con la luz de Dios los surcos de nuestra tierra, que aguarda con alma de pobre.

Estas confidencias escritas tienen la fuerza pura y generosa de un hombre de bondad que tiende las manos y el corazón para recoger debilidades y carencias. Todo es una ofrenda impresa con la marca sagrada de la misericordia y el servicio. Inspiran vivir de su luz con la necesidad de la alegría, de la alegría casta, que nace de un corazón compasivo. Hay un estímulo a la misericordia que trae la paz, y que sostiene en y desde Dios, por encima de cualquier circunstancia. Invocamos a Don Orione para acoger con alegría el desafío de “la caridad, que no puede ser ociosa, que está hambrienta de acción, de actividad que conoce lo eterno y lo divino”, porque “el que escribe esta locura de amor está asistido por la gracia de Dios”.

2. Enviado a los pobres. Este es el espíritu de Don Orione cuando, a inicios de 1937, aceptó la misión en el Chaco, como coronación de su impulso evangelizador: “Pusimos pie en el Chaco, por la insistencia de los dos Obispos y la Nunciatura, y por la necesidad de esas almas. Acepté… cuando todos habían rechazado... Creo que los otros no aceptaron por el calor insoportable y la enorme pobreza; pero nosotros queremos ser pobres y para los pobres... Pensé en todas aquellas almas y en Jesucristo; y lo que mi madre decía que a falta de caballos, trotan los asnos, y nosotros somos precisamente los pequeños asnos de la Providencia o, al menos, deseamos serlo… Pediría ir al Chaco para morir allí, para consumirme y vivir como un verdadero misionero...”.

Para una Iglesia que busca vivir el espíritu de las bienaventuranzas, la presencia de la Obra de Don Orione aparece también hoy como el signo providencial de un carisma destinado a todos. Durante el viaje por barco hacia Chaco y Corrientes (Itatí) escribe: “Esta obra es tan querida al Señor que parecería ser la Obra de su Corazón; ella vive en el nombre y en el espíritu y la Fe en la Divina Providencia: el Señor no me ha mandado a los ricos sino a los pobres, a los más pobres, y al pueblo” (24.06.1937).

La luz de este carisma alienta a nuestra Iglesia a encarnar “el sentido social de la existencia, la dimensión fraterna de la espiritualidad, la convicción sobre la inalienable dignidad de cada persona y las motivaciones para amar y acoger a todos”, como expresa el Papa Francisco (Fratelli tutti, 86). Porque “La inclusión o la exclusión de la persona que sufre al costado del camino define todos los proyectos económicos, políticos, sociales y religiosos” (ib., 69).

3. Para tiempos nuevos. De estas páginas recogemos el compromiso para trabajar con valentía creativa por la Iglesia, por la patria y por la sociedad: “¿Son tiempos nuevos? Fuera los temores y las vacilaciones: marchemos a la conquista de los tiempos con ardiente e intenso espíritu de apostolado, y de sana e inteligente modernidad. Lancémonos a nuevas formas, a los nuevos métodos de acción religiosa y social, bajo la guía de los Obispos, firmes en la fe, pero con amplitud de criterios y de espíritu. Nada de espíritus tristes o cerrados: siempre con el corazón abierto, en espíritu de humildad, de bondad, de alegría. Hay que rezar, estudiar, avanzar. No nos fosilicemos. Los pueblos avanzan: avancemos también nosotros, con la mirada en lo alto, en Dios, con la Iglesia, empujando y no a la rastra” (“¡Trabajar! Sembrar…”; 1934).

Mezclados con la realidad presente estamos desafiados a vivir por el Reino de Dios en la Iglesia de Cristo. Ni arrogantes, ni miedosos, con parresía y entrega generosa, con despojo de sí que se apoya en la confianza de la fe: “¡De la fe, nace la vida! ¡No avanzar, es retroceder!”. Así el santo aconsejaba a sus seguidores. Y estas exhortaciones renovarán, en el oyente o lector, el desafío presente de vivir por la fraternidad y la amistad social que “nos invita a que resurja nuestra vocación de ciudadanos del propio país y del mundo entero, constructores de un nuevo vínculo social” (Fratelli tutti, 66).

* * *

Nuestra memoria agradecida se hace comunión con la vida y el mensaje de Don Orione. En este caminar eclesial, recogemos de su inmenso amor a la Virgen, un fragmento de la invocación a María, que nos ayuda a servir a su Hijo, presente en los miembros de su Cuerpo, que es la Iglesia:

“Llévame, Virgen bendita,

a las muchedumbres de las plazas y caminos;

empújame a abrazar huérfanos y pobres,

a los miembros abandonados, dispersos,

sufrientes, del Cuerpo de Cristo,

tesoros de la Iglesia de Dios”

(abril de 1933: Oración a María, fragmento).

+ Mons. Ramón Alfredo Dus

Arzobispo de Resistencia, Chaco.

Argentina

Resistencia (Chaco), 16 de mayo de 2021 Solemnidad de San Luis Orione

PRÓLOGO a la primera edición

He tenido la gracia de conocer personalmente, siendo yo seminarista en La Plata, a Don Orione. “Ese sí que es un santo de verdad”, nos lo presentó el arzobispo Mons. Francisco Alberti, de indudable fama de santidad. Nos hizo besar las manos de ese sacerdote humilde, pequeño, con los ojos bajos. No puedo olvidar su figura y la irradiación serena de su presencia. Los santos contagian santidad e invitan a vivir con humildad. Pero el encuentro con un santo no queda en un momento. Se ahonda y se prolonga. Yo no puedo olvidar aquella mañana fría de agosto (era la fiesta del Santo Cura de Ars), la irradiación del encuentro de dos santos: monseñor Alberti, a quien yo debía espiritualmente la vida y el sacerdocio, y Don Orione, a quien veía por primera vez en su pequeñez de hombre grande. Mi vida y mi ministerio han tenido mucho que ver con la vida y la obra (con la pequeñez y la humildad) de Don Orione.

El encuentro con los santos toca profundamente las almas y las cambia. No es únicamente una presencia pasajera; queda grabada en el alma como una irresistible atracción a la santidad. Yo la encuentro ahora en estas “bellas páginas” que se ofrecen como un don de Dios a las almas sencillas. Harán un bien inmenso a los sacerdotes y religiosos, a los pobres y profesionales, a los que gozan y buscan. En un mundo como el nuestro ‒cargado de dolor y de angustias‒ ¡qué bien nos hacen estas “bellas páginas” que nos hablan de la Divina Providencia, nos invitan a la caridad y nos abren el corazón a la esperanza! ¡Cómo quisiera que las leyeran, con sencillez de pobres, todos los que buscan la paz y la alegría, la seguridad y la fortaleza, la serenidad y la confianza! Que las leyeran sin prisa y sin temor los que buscan la fecundidad de la esperanza y la fortaleza de la caridad.

Nos hace bien leer y releer la Divina Providencia, la confianza en el amor del Padre, la realidad sorprendente de Dios-Madre, en la bondad y el amor de un Dios que habita en nosotros, nos hace fuertes y felices. Y cuánto bien nos hace sentir la presencia materna de la Virgen. Siento la fuerza de la invitación de Don Orione: “Ave María y adelante!”. Quisiera que estas “bellas páginas” que nos ha regalado Dios, por intermedio del beato Don Orione, nos ayudaran a recrear el mundo, a las puertas del Tercer Milenio. Que nos ayudaran a vivir en la bondad y en la sencillez, en la caridad heroica y cotidiana, en la confianza filial, en la entrega gozosa a la Divina Providencia. Que nos abrieran el corazón al amor profundo y sencillo a la Virgen, que nos entregaran gozosamente a su amor de madre y que nos enseñaran a vivir como Ella en la humildad y en el amor a los pobres.

Vuelvo a insistir que estas “bellas páginas” de Don Orione nos harán muchísimo bien y nos abrirán senderos de santidad. Nos darán paz y alegría. Pondrán en nuestro corazón bondad y confianza, amor a la Divina Providencia, caridad a los más necesitados y profundidad de amor a Dios Padre y a María Santísima, nuestra Madre. Acogemos estas “bellas páginas” de Don Orione con amor y gratitud y auguramos para todos un aumento de alegría, de paz y de esperanza.

Eduardo F. Card. Pironio

Roma, 10 de noviembre de 1997

1 CATECISMO Y CARIDAD

Publicado en la revista “L’Opera della Divina Provvidenza (04.09.1898)”; en este escrito de juventud -tenía 26 años- Don Orione se refiere con entusiasmo al anuncio de la verdad cristiana y al testimonio de la caridad.

La Obra de la Divina Providencia [la congregación] comenzó hace siete años, un día de cuaresma en que yo me puse a enseñarle un poco de Catecismo a un niño que se había escapado de la iglesia y estaba llorando.

Así, ese niño fue más bueno y más cristiano, y hoy que está en el servicio militar, sigue recordando con gusto aquel día tormentoso y feliz al mismo tiempo.

Y detrás de ése, ¡cuántos otros niños fueron más buenos y más cristianos, por el Catecismo y la gracia de Dios!

Ah, la eficacia del Catecismo. Hijos míos ¿saben ustedes qué es y qué importancia tiene el Catecismo? Jesús transformó totalmente la sociedad: en las ideas, las costumbres, las leyes, en todo.

¿Con qué medio visible? Con uno muy sencillo. Escuchen. Un día llamó a su alrededor a doce pobres pescadores y, después de haber escrito durante tres años el Catecismo en sus mentes y corazones, les dijo: “Vayan e instruyan a todos los pueblos; y enséñenles lo que yo les he enseñado a ustedes, y que sus sucesores hagan lo mismo hasta el fin de los tiempos”.

Y ellos lo hicieron, y el mundo se convirtió al cristianismo.

¿Y qué es lo que hace la Iglesia, hoy? Le entrega a los misioneros una Cruz y un pequeño libro, el Catecismo, y los envía en medio de los bárbaros y salvajes, y éstos entran de a miles en las pacíficas carpas de la Iglesia.

Así, con la gracia de Dios y con el Catecismo el mundo se convirtió, y se sigue convirtiendo.

Así como el Cristianismo nació y se arraigó gracias a la predicación simple y pura del evangelio, o sea con el catecismo, así ahora lo tenemos que conservar y reavivar entre los pueblos.

¡Oren, hijos míos! Con la oración de ustedes la doctrina de Jesús volverá a entrar en las familias y las escuelas, como primer elemento de educación moral, como la enseñanza más necesaria y la base de todo lo demás.

¡Padres y madres, recen! Nuestra juventud, principalmente en las ciudades, se está desviando de manera preocupante, ¡pero Dios escuchará la voz de ustedes y tendrá piedad de tantos pobres ilusos! ¡Tendrá piedad de las lágrimas de la Iglesia que, como una nueva Raquel, llora desconsolada la masacre de tantos hijos desviados y miserablemente arrastrados por la impiedad! Hijos de la Providencia, esparcidos en tantos pueblos, ¿no podrían durante las vacaciones ayudar a los párrocos en la tarea catequística?

¿Quieren atraer a la Iglesia el mayor número posible de niños, entusiasmarlos y hacer todo lo posible por instruir en la suavísima doctrina de Jesús las almas de sus compañeros?

¿Quieren conocer el secreto para ganarse el afecto de los niños y lograr que los sigan en masa?

El gran secreto es éste: ¡revístanse de la caridad de Jesucristo!

Para implantar y mantener viva la obra del Catecismo basta una sola cosa: la caridad viviente de Jesucristo.

Si los eligen para el alto privilegio de ayudar al párroco en la enseñanza del Catecismo, pidan al Señor que les dé una gran caridad. Esa caridad paciente y benigna, humilde, amable, que todo lo sufre, todo lo espera, todo lo soporta, y nunca desfallece [1 Cor 13, 7]

Llenos de esta caridad, salgan a buscar a los niños que, especialmente los domingos, andan por calles y plazas, y con esa caridad conquístenlos. No se cansen jamás, pasen por alto los defectos, sepan soportarlo y comprenderlo todo.

Sonrían, tengan una palabra afectuosa y amable para con todos, sin hacer diferencias; hijos míos, háganse todo para todos [cf 1 Cor 9, 22] para llevar todas las almas a Jesús. Estén dispuestos a dar la vida por un alma ¡mil vidas por una sola alma! Queridos hijos, con la dulzura de Jesús ganarán y conquistarán todos los niños de su pueblo.

Hijos y hermanos míos, la caridad de Nuestro Señor Crucificado: ¡éste es el secreto, el arte de atraer y tocar los corazones, y de convertir, iluminar y educar a los niños, esperanza del mañana y delicia del Corazón de Dios!

¡Caridad viviente! ¡caridad grande! ¡caridad, siempre! ¡Con caridad lo lograremos todo; sin caridad, nada!

¡Ven, caridad santa e inefable de Jesús, triunfa y conquista los corazones de todos, y enciende ardientemente mi pobre alma!

2
DIOS Y MI MADRE

A los 27 años, el 26 de noviembre de 1899 Don Orione publica este artículo pedagógico, expresión profunda de su dedicación pastoral por los jóvenes.

¡... Dios y mi madre! Estas dos ideas fundamentales constituyen la luz, la guía de los jóvenes que van por el buen camino.

Pero todo joven sale un día del ámbito familiar y entra en la sociedad. En esa circunstancia difícil se encontrará con personas que hablan un lenguaje totalmente opuesto al que solía escuchar en su casa o en el colegio cristiano donde se educó; personas que desprecian todo lo que su madre y el sacerdote le han enseñado a valorar. Estas personas, con sus máximas, sus ejemplos, su influencia, su desprecio, son lo que suele llamarse “el mundo”.

En ese momento cada uno tiene que hacer una opción. O superar el respeto humano, mis queridos jóvenes, y seguir a Jesús el primer amigo de la infancia, que nos indica el camino de la cruz; o sofocar la voz de la conciencia y optar por el camino del mundo.

Hay muchísimos que optan por el segundo grupo. ¿Por qué? Porque Jesucristo impone una ley de humildad y mortificación, y promete una felicidad a largo plazo, mientras que el mundo promete libertad sin límites y felicidad inmediata.

Si ustedes siguen el mundo tendrán una gran libertad de opinión, sin preocuparse mayormente por su alma. Tendrán una vida libre, sin la incomodidad que suponen los deberes religiosos. Tendrán amplia libertad para sus gustos; ya que mientras Jesucristo nos dice que el que peca comete el mal [cf. 1 Jn 3, 4], el mundo nos asegura que aún haciendo lo que el evangelio llama pecado podemos ser honestos y caminar con la frente alta.

Esto es lo que el mundo promete. Pero, ¿son verdaderas estas promesas de felicidad y libertad? ¡Absolutamente no, hijos míos, de ninguna manera!

Miren, ¡yo he conocido tantos jóvenes! Eran buenos y me querían, y yo también los amaba en el Señor, y eran felices. Pero de pronto se levantó como un viento abrasador y varios se alejaron, ¡pobres hijos míos! se perdieron entre la gente en busca de una felicidad turbia, muy distinta. Y cada tanto alguno, desilusionado y arrepentido, se acuerda de los tiempos felices y me escribe... y son cartas que conmueven y hacen llorar, ¡mis queridos pobres muchachos!

Es verdad que en un primer momento el joven que se entrega a sus pasiones tiene la sensación de respirar más libremente. Ya no siente la obligación de los mandamientos de Dios y los preceptos de la Iglesia, y ello le parece una gran conquista. Como el potro que rompe la cuerda y sale al galope, pisoteando plantas y flores. Pero después, ¿qué pasa? Se cae en una esclavitud peor que la anterior. Jesucristo es un Padre, pero el mundo es un tirano y nos trata como tal.

De ahí que el joven que creía haber conquistado su independencia, rebelándose contra la fe de sus padres, no tardará en caer en manos de compañeros perversos que lo dominarán; y tendrá que pensar como ellos, ir donde van ellos, gastar como gastan ellos... Maldecirá su yugo, pero tendrá que cargarlo.

¡Vaya libertad, la que ha conquistado!

Mis queridos jóvenes, ¡Dios los libre de la libertad y la felicidad que este mundo malvado les promete!

¡En el lecho de muerte, es donde tendrían que ver cómo mantiene sus promesas!

Recuerdo la muerte de un joven que hubiera podido llegar a ser un excelente escritor, pero sólo se dedicó a escribir cosas blasfemas y a ofender las buenas costumbres.

Al acercarse su prematuro fin, sintió la necesidad de la antigua fe y decía:

“De mis sencillos padres, Dios antiguo Dios de mi madre, en quien yo siendo niño,inocente, creí!”

Con todo, pobre, no tuvo la fuerza suficiente como para romper con el mundo. Y, ¿qué pasó? Escuchen lo que escribió un amigo en el prefacio a sus poesías: “La profunda desesperación de esa alma era indescriptible: Su agonía fue terrible, desgarradora”.

Murió en la desesperación.

¿Para qué sirve, entonces, hijos míos, abandonar a Jesucristo y seguir al mundo?

3
EN EL TRABAJO, BUSCAR SÓLO A DIOS

Página con resonancias autobiográficas y de gran valor poético y espiritual, publicada el 3 de septiembre de 1899.

Estaba ayer en la habitación de un buen sacerdote y mi mirada cayó sobre estas palabras: ¡Sólo Dios!

En ese momento tenía yo la vista cansada y dolorida, y por mi cabeza desfilaban infinidad de días agobiantes como el de ayer; pero, por sobre el torbellino de todas mis angustias y el confuso resonar de mis suspiros, me parecía escuchar la voz afable y bondadosa de mi ángel que decía: ¡Sólo Dios!, alma desolada, ¡sólo Dios!

En una ventana había una planta de ciclamino, luego un corredor y algunos sacerdotes en meditación; más allá un crucifijo, un querido y venerado crucifijo que me recordaba hermosos e inolvidables años; y mis ojos cargados de lágrimas, descansaron a los pies del Señor. Y me parecía que mi alma se elevaba, y que una voz de paz y consuelo salía de aquel corazón traspasado y me invitaba a elevarme a las alturas, a ofrecer a Dios mis sufrimientos y a rezar.

¡Qué dulce y lleno de paz, ese silencio...! y en el silencio ¡sólo Dios! repetía dentro de mí, ¡sólo Dios!

¡Y una atmósfera calma y bienhechora parecía envolverme el alma!... Y entonces pude ver en mi pasado la razón de los sufrimientos presentes: y vi que en lugar de buscar ¡sólo a Dios! en mi trabajo, hacía años que andaba mendigando la alabanza de los hombres; y que buscaba y deseaba constantemente que me vieran, me apreciaran, me aplaudieran; y llegué a esta conclusión: también en esto hay que empezar una vida nueva: en el trabajo, buscar ¡sólo a Dios!

Trabajar bajo la mirada de Dios, ¡sólo de Dios! Sí, en estas palabras se encierra toda la nueva regla de vida, todo lo necesario y suficiente para la Obra de la Divina Providencia: ¡la mirada de Dios!

Hay que comenzar una vida nueva, y empeza desde aquí: en el trabajo, buscar ¡sólo a Dios! ¡Trabajar bajo la mirada de Dios! ¡Sólo de Dios!

La mirada de Dios es como rocío que revitaliza, como rayo de luz que fecunda y ensancha el horizonte: trabajemos, pues, sin ruido y sin tregua, bajo la mirada de Dios, ¡sólo de Dios!

La mirada del hombre es un rayo que quema y empalidece aún los colores más resistentes: en nuestro caso sería como el viento helado que dobla, quiebra y destruye el tierno tallo de nuestro pobre arbolito.

Todo lo que se hace para hacer ruido y ser vistos pierde frescura a los ojos de Dios: así como una flor, ajada al pasar por muchas manos, deja de ser presentable.

Pobre Obra de la Divina Providencia, sé la flor del desierto que crece, se abre y florece porque Dios se lo ha dicho, y que no se altera por la mirada del pájaro que pasa, o porque el soplo del viento desparrama sus hojas apenas formadas.

Por nuestra alma y para toda la vida: ¡sólo Dios! ¡sólo Dios! La soledad sin Dios podrá aportar descanso al espíritu pero endurece el corazón: es una planicie florecida y perfumada, pero de sol pálido y muerto.

¡En cambio la soledad con Dios, es una cálida y dulce atmósfera que por sí sola puede curar las angustias del corazón!

¡Sólo Dios! ¡Qué provechoso y consolador es querer sólo a Dios como testigo! ¡Dios solo, es la santidad en su grado más alto! Dios solo, es la seguridad mejor fundada de entrar un día en el cielo.

¡Sólo Dios, hijos míos, sólo Dios!

4
ESA VOZ QUE INVITA A REZAR Y AMAR

Texto tomado de un artículo escrito por Don Orione en mayo de 1903 para una revista diocesana; en él el Santo indica los caminos seguros de la oración y de la Divina Providencia.

En toda Italia, y en el mundo, por otra parte hay una fatal mescla de principios, de la que depende el futuro de esta querida tierra nuestra, tan hermosa y tantas veces tan desafortunada.

La Iglesia tiene la victoria asegurada porque así se lo ha prometido el Señor; pero es voluntad de Dios que sus hijos todos, se ganen esa victoria. La mejor arma que todos podemos usar, sigue siendo siempre la oración. Queridos hermanos, que el ruido de los hombres que no comprenden las cosas del espíritu, no sofoque nunca la suave melodía de nuestras almas. Más aún, a la gritería de los insensatos que pretenden sembrar odio en el corazón del pueblo, opongámosle la armonía y la caridad de nuestras oraciones.

Recemos, pues, hermanos; acudamos a los pies de la Virgen desde donde se derraman sobre la tierra entera las aguas vivificantes de la piedad y del dulce amor de Dios. Corran a los pies de la Santísima Virgen, almas oprimidas por el dolor y acosadas por las adversidades. ¡Vayan hacia Ella, que es bondad, mansedumbre, gracia, que es la Madre de la divina misericordia!

Hay una voz que, como una oleada de bálsamo, nos invita constantemente a elevar los corazones, a rezar y amar a la Santísima Virgen... Esa voz es la voz de la civilización, que se nutre de amor y vive de conductas benévolas; es la voz de la caridad, voz que anuncia que la llama encendida por Jesús entre los hombres, no se ha apagado. Más aún, es la auténtica voz de la humanidad, dado que al hombre le resulta intolerable una vida en medio del odio, la violencia de las pasiones, en medio de crueldades de destrucción y muerte.

¡Ánimo, pues, invoquemos a la Santísima Virgen! Cerremos filas en torno a los altares de nuestra santísima y querida Madre del cielo, y recemos!

Es María, en los planes de Dios, la encargada especial de la obra de la paz universal en el mundo. Nadie mejor que Ella. Invoquémosla con todo el impulso del alma; invoquémosla, sin cesar, llenos de confianza filial; pidámosle que nos ayude a ser mejores, más fervorosos en la oración y en las obras buenas en favor de los humildes.

Y así el Señor estará con nosotros, sin ninguna duda, y la victoria no será para la prepotencia de la fuerza o la impiedad, sino para la fe activa y laboriosa, como el Señor nos lo prometió.

5
NO PARA LOS JUSTOS, SINO PARA LOS PECADORES

Este texto está tomado de apuntes espirituales de 1917; en él se manifiestan los vigorosos rasgos del amplio espíritu pastoral de Don Orione.

El sacerdocio tiene por finalidad la salvación de las almas; y muy especialmente, debe buscar a las que se alejan de Dios y se pierden. A ellas les debo una actitud preferencial, no de ternura sino de paternal consuelo y ayuda para su regreso dejando de lado, si es preciso, las otras almas menos necesitadas de asistencia.

Jesús no vino para los justos sino para los pecadores. [cf. Mt 9, 13; Mc 2, 17; Lc 5, 32]

Por tanto, presérvame, Dios mío, de la funesta ilusión, del engaño diabólico de creer que como sacerdote tengo que ocuparme solamente de los que concurren a la iglesia y a los sacramentos, de las almas fieles y las mujeres piadosas.

Mi ministerio sería seguramente más fácil y agradable, pero yo no viviría del espíritu de caridad pastoral hacia las ovejas perdidas que brilla en todo el Evangelio.

Sólo después de correr tras los pecadores hasta quedar agotado -y muerto tres veces-, sólo entonces podré permitirme descansar con los justos.

Que nunca olvide que el ministerio que se me ha confiado es ministerio de misericordia, y sepa tener yo para con mis hermanos pecadores un poco de esa caridad infatigable que tantas veces tuviste para con mi alma, Dios grande en misericordia.[cf. Ef 2,4]

6
¡ÁNIMO, HERMANOS: CRISTO AVANZA!

Publicado el 2 de marzo de 1918, este artículo es un esperanzado cántico triunfal a Cristo.

¡Llegará el día en que las naciones,

reunidas en torno a Jesucristo, se sentirán hermanas!

Desde el día de Pentecostés los pueblos divididos

tienden a la unidad, y la lograrán;

pero por Jesucristo, nuestro Dios y Señor.

¡CRISTO AVANZA!

¿Quién es el que no ve cómo se prepara gradualmente el terreno

para el triunfo más grande de Jesucristo,

para la unificación espiritual de todo el mundo bajo la Cruz?

Esto no podía completarse en un día,

es obra de los siglos,

debía ser el camino permanente de la Iglesia,

Iglesia que brilla y que vive de la vida de su Cristo,

para que el universo entero sea un solo rebaño,

bajo la guía de un solo Pastor. [cf. Jn 10,16]

¡CRISTO AVANZA!

Y entonces, habrá una palabra, un pensamiento,

un único latir de los siglos: ¡Jesucristo!

Un sola fe, un solo bautismo, un solo Pastor:[cf. Ef. 4,5]

¡Jesucristo en su Vicario, el Papa!

Ésta es la obra de Jesucristo,

la obra para la que nació, vivió y murió:

la obra que realizó y manifestó con su ejemplo,

sus palabras, sus prodigios;

con los Sacramentos, con la Iglesia,

con su sacrificio divino y perenne:

que los seres humanos,

alejados de Dios y divididos entre sí,

vuelvan a unirse con Dios y como hermanos,

en la Iglesia santa de Jesucristo Dios.

¡CRISTO AVANZA!

El nos redimió con su sufrimiento,

y ahora viene a devolverle al género humano

la unidad primordial, por medio del dolor.

Y la vida de su Iglesia,

al mismo tiempo que va hacia una unidad cada vez mayor,

es la continuidad de la vida del Calvario,

y refleja en sí misma a Jesús crucificado,

su dolor y su sacrificio.

¡CRISTO AVANZA!

Y es Él mismo el que ha tomado en sus manos

su propia causa, y la causa de los pueblos.

Él es quien combate por su Iglesia

haciendo justicia a todos los que lo entristecieron;

a todos los que hoy o ayer

hubieran podido o debido defenderlo

y defender al dulce Cristo en la tierra,

y no lo hicieron.

¡Él es quien da batalla,

pero como es el Cordero de Dios,

¡vencerá en la misericordia!

Entonces, ¡ánimo, hermanos!

Alégrense y levanten sus corazones a los más alto,

y griten: ¡Arriba los corazones!

Canten de alegría en la aurora radiante de Dios:

el cielo se abre: ¡El Maestro está aquí!

¡Mírenlo: es Él, Cristo avanza!

7
HACE FALTA MÁS FE

Eficaz y encendida exhortación tomada de un escrito de Don Orione de 1916.

¡Más fe!

Hermanos, no nos dejemos ganar por el desaliento: ¡Tengamos fe, más fe!

¿Qué nos falta hoy, un poco a todos, a todos nosotros, para que en nombre de Dios y unidos a Jesús nos empeñemos a fondo para salvar el mundo, para impedir que el pueblo se aleje de la Iglesia?

¿Qué es lo que nos falta para que la caridad, la justicia, la verdad no sean derrotadas y vuelvan al seno de Dios maldiciendo a la humanidad, hallada sin frutos? [cf. Mt 21, 19; cf. también Gén 4, 12; Dt 11, 17]

¡Nos falta fe! “Les aseguro que si tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, dijo Jesús dirían a esta montaña: Trasládate de aquí a allá, y la montaña se trasladaría; y nada sería imposible para ustedes” (Mt 17, 20; cf. Lc 17, 6)

¡Fe, hermanos, más fe!

¿Quién de nosotros cree que se pueden transportar montañas, sanar pueblos, hacer triunfar la justicia en el mundo, hacer que la verdad brille e ilumine al espíritu humano, unir en la caridad de Cristo a toda la tierra? ¿Dónde están estos creyentes?

¡Más fe, hermanos, hace falta más fe!

Ciertamente la fe falta en los que hay que salvar; pero a veces y lo digo con dolor en el alma, la fe es escasa o languidece también en mí y en otros, en nosotros que decimos o creemos que queremos iluminar y salvar a las multitudes.

Seamos sinceros. ¿Por qué no logramos renovar la sociedad? ¿Porqué no tenemos fuerza ni arrastre? Porque nos falta fe, ¡una fe ardorosa! Vivimos poco de Dios y mucho del mundo: vivimos una vida espiritual enferma, nos falta esa auténtica vida de fe y de Cristo, que incluye en sí toda aspiración a la verdad y al progreso social; que lo impregna todo y a todos, hasta los trabajadores más humildes. Nos falta esa fe que transforma la vida ferviente pastoral a favor de los desdichados y oprimidos, como es toda la vida de Jesús y su Evangelio.

¡Ese es el problema! Si queremos hacer hoy algo útil para que el mundo vuelva a la luz y a la civilización, para renovar la vida pública y privada, hay que hacer que la fe resucite en nosotros y nos despierte de este letargo que no es sueño sino muerte; hay que provocar un gran renacimiento de fe, y que del corazón de la Iglesia broten los trabajadores de Dios, sembradores de la fe, nuevos y humildes discípulos de Cristo, almas vibrantes de fe.

Debe ser una fe encarnada en la vida. ¡Necesitamos espíritu de fe, ardor de fe, ímpetu de fe; fe de amor, caridad de fe, sacrificio de fe!

Ésta es la oración que se impone: “¡Señor: auméntanos la fe!” [Lc 17, 5]

8
LA IGLESIA DEBERÁ TRATAR CON LOS PUEBLOS

En 1905, cuando la organización política de los pueblos oscilaba entre las monarquías tradicionales que pugnaban por mantenerse, y las democracias limitadas que luchaban por ampliarse, Don Orione toma posición decididamente por la democracia.

Vivimos en un período de transición de la humanidad.

A nuestro alrededor se está produciendo una transformación radical de la sociedad, en el gobierno de los pueblos, en las relaciones de la vida humana.

Todas estas mutaciones pueden resumirse en una palabra: ha llegado la hora de la democracia, de la soberanía de los poderes populares...

Todo esto se cumple por designio de la Divina Providencia. El Evangelio es la semilla de redención de los pueblos. Todo el que tenga los ojos abiertos reconocerá que ha terminado el tiempo de los gobiernos “paternales”.

Hasta ahora, la Iglesia trató con las dinastías. De aquí en más deberá tratar con los pueblos, sin admitir intermediarios. Los pueblos la conocen.

Es la Iglesia quien bautiza a los pueblos. La Iglesia bendijo a los Longobardos y los convirtió en seres civilizados; bendijo a los salvajes y rompió sus cadenas. La redención viene de la Iglesia.

Ahora la democracia avanza y la Iglesia - digámoslo sin temor - sabrá bautizarla. Solamente ella tiene todo lo necesario para esa alta y divina misión, no quien se rebela o se aleja de la Iglesia. Sólo Ella está segura de transitar los caminos de la Providencia, y tan sólo siguiéndola podemos estar tranquilos. Aunque esos caminos puedan parecernos oscuros, siempre son rectos.

Hijos míos de la Divina Providencia y amigos: no basta ya con trabajar, rezar y callar. Ha llegado la hora de tomar una posición clara, en nuestro puesto.

9
¡TRABAJADORES Y TRABAJADORAS!¡LLEGÓ LA HORA DE LA REIVINDICACIÓN!

Como apóstol y en nombre de la Iglesia Don Orione se ocupó de los problemas sociales de su tiempo, con realismo y gran amplitud de miras. Esta es una carta proclama dirigida a los trabajadores y trabajadoras de los arrozales. Salió publicada en un boletín religioso, el 18 de mayo de 1919.

...¡Proletariado de los arrozales, de pie!

Se abre un horizonte nuevo; a la luz de la civilización cristiana, que apuesta siempre al progreso, nace una nueva conciencia social, como flor del Evangelio.

Trabajadores y trabajadoras de los arrozales, en nombre de Cristo, que nació pobre, vivió pobre, murió pobre y entre pobres, que trabajó como ustedes y que amó a los pobres y a los trabajadores, en nombre de Cristo, ha sonado la hora de su reivindicación.

El trabajo debe ser limitado y adecuado a sus fuerzas y sexo. El salario debe tener relación con su esfuerzo y con sus necesidades; las condiciones de trabajo deben ser menos penosas, más humanas, más cristianas. Es un derecho, ¡su derecho!

Nosotros, como católicos y como ciudadanos, emprenderemos éste año la batalla por las ocho horas en los arrozales.

No se dejen explotar por los capataces, no se dejen intimidar por las amenazas de los patrones, no se presten a ciertas maniobras que siempre terminan perjudicando al trabajador.

Y si no hay más remedio, tomen medidas de fuerza; dentro de la legalidad, claro, pero háganlo.

Únanse contra los rompehuelgas y no se dejen engañar por un horario que supere las ocho horas en los arrozales.

Únanse y sean solidarios. Si todos los pueblos de la diócesis que proporcionan trabajadores a los arrozales se unen en una red organizada y firme, sólida y cristiana, los llevaremos a una victoria segura.

Por sus reivindicaciones, por la justicia intrínseca de su santa causa, no nos quedaremos quietos. ¡No! No dejaremos en paz, ni de noche ni de día, a los explotadores de la gente pobre, que va a sacrificarse en los inundados pantanos de los arrozales y en la malaria, que se ve obligada a alejarse de la familia para ganarse el pan.

Pero los patrones no son siempre explotadores, ni son los únicos; los patrones, son como todos: algunos malos, otros buenos; explotadores indignos son también y siempre quienes, por sus negocios deshonestos abusan pérfidamente de ustedes, los que les ofrecen un pan pero les envenenan el alma, los que predican el odio y quitan la fe, que es el gran consuelo de la vida presente y base de la vida futura.

Trabajadores y trabajadoras de los arrozales, ... no confíen en quienes no tienen religión; quienes no tienen religión, no tienen conciencia: ¡no confíen jamás en ellos!

¡Hermanos! ¡ Con la bendición de Dios y de la Iglesia, trabajaremos por ustedes, y triunfaremos con ustedes!

Todos encontrarán trabajo, todos tendrán un salario justo, y asistencia moral y religiosa; descanso en los días de fiesta; control de sus derechos laborales (salarios, horarios, asistencia médica), alojamiento digno. Los defenderemos en todo lo que sea justo: haremos realidad sus legítimas aspiraciones y utilizando las leyes pertinentes vigilaremos, acompañaremos, animaremos.

“¡La unión hace la fuerza!” Tenemos que romper toda cadena que quita la libertad de hijos de Dios; tenemos que abolir toda esclavitud: debe cesar toda servidumbre, y para siempre.

En nombre de Cristo debe suprimirse la explotación del hombre por el hombre. La fuerza divina de éste nombre y su conducta honrada de trabajadores cristianos, les ayudará a conquistar cada uno de sus derechos, así como los llevará a cumplir sus deberes.

¡Proletariado de los arrozales, de pie! Abran los ojos y vean la aurora brillante que ya se insinúa: ¡es para ti, es tu día!

¡Adelante proletariado, adelante, llevando contigo la fuerza moral de tu fe y de tu trabajo, una era se abre: el mundo se renueva!

El Señor es tu Dios, está contigo: camina en la luz de Dios y nadie podrá jamás detener tu marcha triunfal.

Por tu interés, por tu dignidad, por tu alma.

¡Proletariado de los arrozales! ¡De pie y adelante!

10
MUJER, FAMILIA, SOCIEDAD
Un escrito sobre el feminismo

Como confirmación del interés de Don Orione por los problemas sociales, tenemos este texto tomado del borrador de una conferencia o de un artículo, es de principios de los años veinte.

Al igual que un alumno que, en vacaciones, deja el colegio tras un largo año de internado, así también la mujer se ha visto lanzada a una vida de libertad, de cambios y de trabajos, que nunca había conocido; y eso a causa de los nuevos descubrimientos y especialmente durante la larga guerra actual. [1914-1918]

Hasta ayer la mujer estaba recluida en el estrecho círculo de la vida familiar, y las que salían de él eran una excepción.

Hoy la mujer va a todas partes. Las mujeres del pueblo entran en las fábricas, donde se necesita habilidad e inteligencia, ya que la fuerza muscular ha sido reemplazada por la fuerza motriz de la máquina. Además, en la actualidad hay muchos trabajos nuevos en los que pueden emplearse: en las escuelas primarias y secundarias, incluso las de varones; en escuelas técnicas, institutos de enseñanza clásica, institutos terciarios y universidades como profesoras; en las oficinas de correo y telecomunicaciones, oficinas de recaudaciones; como contables, cajeras, conductoras de tranvías eléctricos, cadetes, etc. Todos puestos que llevan a la mujer a trabajar fuera de casa, a valerse por sí misma, a entrar en competencia con el varón, y ser elegida en su lugar. Todo esto plantea una nueva situación social.

Las mujeres son ya la mayoría en todos los países, y en Italia son cada vez más las mujeres solteras.

Es cristiano y caritativo ocuparse del feminismo, o mejor, de la familia cristiana.

Verán que el ataque contra esta fortaleza social que es la familia cristiana, protegida y mantenida gracias a la indisolubilidad del matrimonio, ataque hoy todavía disimulado, en poco tiempo más, será frontal y despiadado.

El feminismo es un aspecto importantísimo de la cuestión social; y como católicos cometimos el error de haberlo comprendido tarde. Fue un gran error.

El día en que la mujer se libere de todo lo que llamamos su esclavitud, y decida ser madre a su placer, esposa sin marido, sin obligaciones con nadie, ese día la sociedad se derrumbará ante la anarquía, peor que Rusia ante el bolchevismo.

Son muy pocos todavía los que comprenden los alcances de la cuestión feminista. Confesémoslo francamente, los católicos hemos tratado el feminismo con una ligereza lamentable. Los más duros siguen repitiendo todavía hoy los viejos chistes de Molière, las ocurrencias de personajes como Gaudissart. Pero lo que se ve es que las ridiculizaciones no matan, y menos al feminismo. Éste se ha ido metiendo en todas partes, constituyendo alianzas y comités, inspirando revistas y diarios, tratando todas las cuestiones que interesan a la mujer.

Бесплатный фрагмент закончился.

538 ₽
Возрастное ограничение:
0+
Объем:
121 стр. 2 иллюстрации
ISBN:
9789874770288
Переводчик:
Правообладатель:
Bookwire
Формат скачивания:

Похожие книги