Читать книгу: «En sus brazos»
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ISBN: 978-84-1114-101-7
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Prólogo
Estaba acostada en la camilla, con los ojos entrecerrados, sentía mi pulso acelerado y me quedaba sin respiración, tenía un mundo de sensaciones que no podría explicar, entre mis piernas recorría algo líquido, y poco a poco oía como cada gota caía al suelo, decidí levantarme, pero sentía que no tenía fuerzas, mi cabeza me daba vueltas, volvía a enfocarme en las gotas, hasta que logré levantarme y acomodarme de manera que quedara sentada en la camilla; me di cuenta de que el líquido que recorría por mis piernas era sangre, pero ¿por qué sangre? ¿Acaso ya me había convertido en mujer? “No, no creo, apenas tengo doce”, me respondí, me abrí de piernas y sentí dolor y ardor, como si me estuviera quemando, el dolor es demasiado insoportable, “pero ¿qué me ha pasado?”, inquiero. Miré a mi alrededor y estaba en la enfermería de mi colegio, realmente estaba muy confundida, pero ahora el dolor no me dejaba pensar, sentía que cada segundo aumentaba más. Mis lágrimas recorrían mi cara, poco a poco mi mente se fue despejando hasta recordar lo que me había sucedido, después de eso, el dolor de mi cuerpo desapareció. Para reaparecer en mi pecho.
TODO PASA
Sé que no tengo una vida perfecta, soy muy diferente a una chica normal, pero eso no me ha impedido luchar por mis sueños; aunque nunca tuve una familia, siempre tuve algo más que eso, a mi mamá, no he necesitado a otra persona que no sea ella; pero aun así, no dejaba de anhelar a una. Sentir un vacío que por más que lo trates de llenar, nada es suficiente, es algo abrumador, aun así, tengo la mentalidad de que algún día la ficha perdida de mi rompecabezas será encontrada y puesta en su lugar, mientras tanto, seguiré donde mis pies, mi corazón y mi razonamiento me lleven.
Desde que me mudé a otra ciudad, Bogotá, Colombia, mi vida cambió, no sabría decir si para bien o para mal, pero lo que sí sé es que me ha hecho más fuerte; a los 12 años, fui violada brutalmente por mi profesor de inglés. Mi mecanismo de defensa se abrió, no sé si he superado esa etapa, realmente cada noche tengo pesadillas sobre eso, pero creo que ya el hablar del tema no me incomoda. Mi mamá desde entonces no toca el tema, aun con mis 21 años, sigue tratándome como a una niña y sobreprotegiéndome; realmente el hecho de sus acciones no me molesta en su totalidad, pero yo ya debo salir para explorar el mundo, sé que no todo es malo.
Conocí a un chico que se llama Julián en mis citas con la psicóloga, él fue violado por su tío, con él aprendí a manejar esto, yo antes me cortaba las muñecas e intentaba suicidarme, cuando entré al psicólogo, todo fue mejorando y, con la ayuda, de Julián creo que superé esto.
Julián es un gran chico; tiene ojos grises oscuros, cabello color chocolate, su piel es bronceada, tiene una cejas definidas, boca roja, una nariz respingada, unas pestañas largas y crespas, es alto, flaco pero con cuerpo bien ejercitado, lo que más me gusta de él son sus hermosos dientes brillantes y sus grandes manos; al principio solo era la psicóloga y yo, pero con el tiempo, ella decidió formar un grupo de los que tenían casos similares; ella creía que si familiarizábamos con personas que tuvieran traumas parecidos, podríamos encontrar más apoyo en nosotros, realmente su idea no me pareció mala.
Él no hablaba casi, solo se la pasaba observando a cada uno de nosotros; realmente yo soy mala tratando de hablar con alguien que no conozco, y más si se trata de un hombre, ya saben, mi trauma tiene que ver con eso.
Un día estaba afuera del consultorio. Mi mamá siempre estaba allí esperándome, pero esta vez no fue así, me quedé sentada en el andén esperándola, decidí llamarla cuando vi una sombra frente a mí, era mi tío Eduard, colgué el celular y me quedé mirándolo fijamente, mi tío es un ser sin sentimientos, es un tipo de cuerpo grueso y ejercitado, cejas tupidas y negras, sus ojos cafés son intimidantes y profundos, pestañas lisas, labios gruesos y pálidos, una nariz gruesa, con piel morena; a él lo único que le importa son los negocios familiares, realmente mi relación con él es muy lejana.
Él simplemente me extendió la mano para que me levantara, yo la acepté y me levanté, cuando iba pronunciar algo, mi tío alzó su mano y me pegó un bofetón en la cara, de inmediato estaba sangrando la boca; yo quedé perpleja a su acto, no sabía qué hacer, no entendía nada, solo me quedé ahí parada, no podía moverme, estaba en shock; él iba a pegarme de nuevo, cuando una mano detuvo la de él, vi los hermosos ojos de Julián mirándome con cara de preocupación; empujó a mi tío y me cogió de la mano, solo caminábamos rápido sin pronunciar ninguna palabra, hasta que entramos a una gasolinera, él me pidió hielo para mi labio reventado, solo se quedó mirando cómo me lo colocaba, yo ya estaba con mis cinco sentidos en normalidad, aunque quería hablar, mi boca no pronunciaba ninguna palabra, solo lo miraba con vergüenza, Él decidió tomar la iniciativa:
—¿Te duele mucho? —Yo solo asentí tímidamente.
—Te llevaré a tu casa, dame la dirección.
—No te preocupes, llamaré a mi mamá —saqué mi celular y le marqué. Sin darme cuenta ya le estaba hablando.
—Aló, ¿mami?
—Hola, princesa, ¿por qué no estás aquí?
—Lo siento, mami, salí con un amigo a tomar algo, regresaré al consultorio enseguida.
—Está bien, cariño, nos vemos.
Julián se quedó mirándome, levantó su mano y me acarició el labio herido.
—Debes colocarte más hielo cuando estés en casa. ¿Qué le dirás a tu mamá sobre el golpe?
En su mirada notaba su preocupación; yo no me había percatado de eso, no sabía que decirle a mi mamá:
—Le diré que tuve una pelea con una compañera del grupo.
Julián enarca una ceja y luego se ríe.
—Tú no tienes cara de ser peleona, pero supongo que es una buena excusa.
Nos levantamos y fuimos otra vez al consultorio, en el camino Julián me tenía de la mano, su mano es tan cálida, suave; con él me sentía muy segura. Llegamos al parqueadero y allí vi a mi madre, estaba con una sudadera negra, una camisa blanca, el cabello de mi madre es rojizo, largo y ondulado, los ojos de ella son cafés, tiene unas pestañas crespas y largas, unos labios finos, pecas en la cara, ella es delgada y alta.
Se quedó mirando fijamente a Julián, y ya entiendo por qué, él me sujetaba la mano, rápidamente me zafé de él, aceleré un poco mi paso hasta llegar donde estaba mi mamá, sin sentirlo, estaba detrás de mí, mi mamá me saludó con un cálido beso en la mejilla, luego me sujetó la cara, mirando directamente mi labio inferior, su cara se transformó en angustia. Cuando iba a hablar, Julián tomo otra vez la iniciativa:
—Lo siento, fue mi culpa, estábamos saliendo del salón, abrí la puerta y le pegué sin querer —mi mamá me volvió a mirar la pequeña herida.
—Sam, cuántas veces te he dicho que no te hagas cerca de la puerta, cuando lleguemos a casa, te pondré hielo, cariño —mira a dirección de Julián—: ¿Y tú cómo te llamas? —le preguntó a Julián mirándolo de arriba abajo.
—Me llamo Julián Ospina.
—Mucho gusto, me llamo Amanda.
—El gusto es mío, señora.
—Bueno, Julián, si tú no tienes nada que hacer, te invito a nuestra casa para que cenes con nosotras, ¿qué te parece?
—Sí, suena estupendo, pero no quiero molestarlas.
—Oh, claro que no, nos encantaría que vinieras, ¿cierto, Sam?
—Sí, sería muy agradable tu compañía —sonrió apenada.
—Está bien, entonces seguiré su carro.
Él se desplazó a su carro mientras nosotras nos dirigimos al nuestro; estaba ansiosa, pero no sabía realmente por qué, me gustaba la idea de tener un amigo que pudiera entenderme completamente, aunque Julián no es una persona de tener amigos.
En el camino, mi mamá se mantuvo callada, decidí romper el hielo:
—Mami, ¿estás bien? —sin dejar de mirar al frente, me acarició la cara.
—Sí, cariño, solo que no me gusta verte lastimada.
—Mamá, fue un accidente.
—Lo sé, pero igual no me gusta, debes tener más cuidado.
—Sí, está bien, mamá, lo tendré en cuenta.
—Bueno, cariño.
Llegamos a mi casa, Julián se bajó primero y se acercó a nuestro carro, abrió la puerta en la que yo estaba, me extendió la mano para ayudarme a bajar, sentí que me ardían los cachetes, ningún hombre había sido tan educado y cortés como él.
Volteé a ver a mi mamá, nos estaba mirando con cara de picardía y una sonrisa radiante; nos dirigimos a la casa, mi mamá fue directo a la cocina. Mientras Julián y yo estábamos en la sala, sentí mucha tensión entre nosotros, así que decidí mostrarle la casa:
—Ven, te mostraré mi casa —él me miro sorprendido y asintió. Lo guie hacia las escaleras, quería mostrarle mi cuarto. Mi cuarto es la última puerta, color azul.
—Este es mi cuarto, está un poco desordenado, no esperaba visitas hoy.
—No te preocupes, para estar desordenado se ve muy bien —los dos sonreímos, Julián se quedó mirando las fotografías que estaban pegadas a mi pared.
—¿Las tomaste tú?
—Sí, las tomé yo, me gusta fotografiar momentos y a las personas en su estado más natural.
—Están increíbles.
—Gracias, cuando quieras te tomo unas.
—Realmente las fotos no me van, no soy fotogénico.
—No necesitas serlo —en ese momento mi mamá nos llamó desde las escaleras para que bajáramos a cenar.
—Ya voy, mamá —le respondí.
Julián esperó a que yo saliera primero de la habitación para él después seguirme, cuando entramos al comedor, mi madre tenía toda la comida servida, nos sentamos en la mesa.
Julián se veía muy tranquilo. mi mamá hizo mi plato preferido, ajiaco, definitivamente ella es la mejor, volví a mirar a Julián y su expresión al ver la sopa me dio risa, supongo que no la ha probado, me reí al ver su cara y él me miró fijamente y sonrió:
—¿Qué clase de sopa es? —murmuró intrigado, volteé hacia la cocina para ver a mi madre, que seguía haciendo el jugo.
—Se llama ajiaco —susurro—. Es uno de mis platos preferidos, se come con crema de leche.
—Pensé que era leche —los dos volvimos a reír. Unos minutos después entra mi mamá con los vasos de jugo.
—No te pregunté si tomas jugo de lulo —dice colocándolos en la mesa.
—Para serle sincero, señora, no lo he probado —las dos volteamos a vernos sorprendidas.
—Bueno, yo espero que te guste —dice tranquilamente.
Durante la comida, mi mamá lo interroga, al parecer Julián nació en Estados Unidos, su papá es americano y su mamá es colombiana. Por lo visto lleva poco tiempo viviendo aquí, por eso su acento se me hacía tan diferente; su familia exporta vinos artesanales, ahora él se hace cargo de la empresa, sabe tres idiomas, inglés, español y francés. Cada vez estoy más sorprendida, sabe tocar el piano, practica skate, lee en sus tiempos libres; mi mamá está maravillada con él, después de tanta información dada Julián mira a mi madre:
—Señora, gracias por invitarme a cenar; su comida ha sido estupenda.
—El placer es mío, casi visitas no tenemos, así que cuando las hay, me gusta cocinar los mejores platos para que se enamoren y vuelvan —los tres reímos.
—Pues señora, creo que ha conseguido su objetivo —volvimos a reír.
Nos retiramos de la mesa, Julián y yo nos dirigimos a la sala, mientras que mi mamá volvió a la cocina, hubo unos minutos de silencio entre nosotros hasta que decidí hablar primero.
—Quería agradecerte por salvarme —digo suavemente.
—No te preocupes, realmente no fue nada —responde con un susurro.
—Para mí sí lo fue; no entiendo por qué mi tío me agredió, tengo miedo que lo vuelva hacer, para ser honesta.
—Él no lo volverá hacer, por la simple razón de que estaré pendiente de ti, ¿está bien? —su mandíbula se tensa.
Asentí sorprendida, mi impulso fue darle un beso en la mejilla, él solo medio sonrió, se levantó y mirándome fijamente:
—Debo irme, es un poco tarde; te veo mañana, Sam.
Asentí y lo acompañé hasta la puerta.
Unos minutos después, mi madre sale de la cocina:
—¿Y Julián?
—Se fue, mamá, ya era un poco tarde.
—Sí, tienes razón, me agrada ese muchacho, se ve muy educado, además de que está demasiado lindo.
—¡¡Mamá!! Espete, contigo de verdad no se puede —las dos nos reímos.
—Ve a descansar, Sam, y colócate hielo en tu boca, se te ve horrible ese labio, cariño.
—Sí, mamá, descansa tú también, te amo —fui a la cocina por hielo cuando me llega un mensaje de texto:
—Espero que tu amigo mantenga la boca callada, o tendré que cerrársela.
Era mi tío, ¿pero qué pretende ahora? ¿Está amenazándome? Me quedé mirando el celular por unos segundos. Vuelve a vibrar, es otro mensaje, pero esta vez era de Julián:
—Quería saber cómo sigue tu labio y agradecerte por la cena.
No sabía si contarle lo de mi tío para que él tuviera cuidado, pero a la vez me daba miedo que él se alejara de mí en estos momentos; por un momento decidí ser egoísta y preferí omitir el mensaje de mi tío:
—Gracias a ti por ayudarme, realmente estaba muy asustada, mi labio ya está un poco mejor, se ha desinflamado.
—Me alegra saber que esté mejor, te veo mañana, no faltes.
—No lo haré.
Subí con mi vaso lleno de hielo a mi habitación, estaba exhausta; fue un día demasiado raro para mí. Mientras me colocaba hielo en el labio, decidí escuchar música, coloqué mi canción favorita: I’m not the only one, de Sam Smith; me recosté en la cama, cerré los ojos y vi el rostro de Julián. “Es demasiado guapo”. Diciendo eso me quedé dormida.
El rayo de luz entró directamente por la ventana en dirección a mis ojos, lentamente los fui abriendo, haciendo gestos de molestia por la luz, decidí levantarme; entré al baño semidormida, me senté en el retrete mirando fijamente la pared, realmente no pensaba en nada, mi tiempo de meditación en el baño terminó, cuando mi mamá abrió la puerta de mi habitación buscándome, desde el baño le grité que estaba aquí, y sin ninguna vergüenza por violar mi privacidad, abrió la puerta del baño:
—Cariño, ¡Dios mío! Luces terrible, parece que hubieras tenido un nido de pájaros en tu cabello, alístate, debo llevarte a la universidad y de ahí debo ir a trabajar.
—Está bien, mamá, dame unos minutos y me arreglo.
—Perfecto, cariño, el desayuno está encima de la mesa, así que no te demores, te amo.
Cierra la puerta del baño. Unos segundos después se escucha la otra puerta cerrarse; me levanté ya más despierta, me miro en el espejo, sonrío porque mi mamá tiene razón, mi cabello es un desastre, realmente no entiendo por qué está tan horrible, luego miro mi labio y recuerdo que me quede dormida con el hielo en la mano. “Supongo que mi cabello se mojó”, digo suspirando.
Decido ducharme, me gusta sentir el agua tibia caer sobre mi cuerpo, no hay nada en el mundo que me dé más tranquilidad que tomarme una ducha tibia, escuchando una buena canción de Maroon 5, This love. Salí del baño y me apresuré a vestirme, miré mi reloj y ya estaba tarde, me alisté lo mejor que pude, bajé corriendo las escaleras hasta llegar al comedor para desayunar lo más rápido posible; comencé con los deliciosos huevos con salchicha que mi mamá prepara, realmente le quedan estupendos, terminé mi jugo de naranja y regresé a mi habitación a cepillarme los dientes.
Salí disparada de la casa, vi que mi mamá ya estaba esperándome en la puerta.
—Sam, apúrate, vamos a llegar tarde.
—Voy, mamá, estaba cepillándome los dientes —encojo los hombros.
Mi mamá entró al carro. Mientras yo cerraba la puerta, cuando por fin subí al carro, me entra un mensaje, era de Julián:
—Te espero en la entrada de la universidad.
Me quedé mirando el celular unos momentos, hasta que mi mamá interrumpió mis pensamientos.
—¿Vas a entrar o no?
—Sí, mamá, lo siento.
Durante el recorrido, me entró la angustia de qué podía ser, ¿para qué Julián necesitaba hablar conmigo?, ¿no podía esperar hasta que nos viéramos en el grupo de apoyo? Tenía miedo de que se tratara de mi tío, y si era así, ¿qué se supone que debería hacer? Decirle a mi mamá no era una opción.
—Cariño, ¿estás bien?
—Sí, mamá, ¿por qué?
—Te ves muy pálida.
—Estoy bien, mami, solo que no quiero llegar tarde a la universidad.
—No te preocupes, cariño, llegarás a tiempo.
Finalmente llegamos a la universidad, desde el carro no alcanzaba a localizar a Julián, supongo que se cansó de esperarme y se fue. Me giré a la dirección de mi mamá para poder despedirme de ella, bajé del carro lo mas rápido posible dirigiéndome a la entrada de la u, cuando me estaba acercando, lo vi, nuestros ojos se encontraron, sentí cómo mi cuerpo se tensaba y sentía el calor en mis mejillas, caminé hacia él lo mas natural posible, cuando llegué, él esbozo una sonrisa y se acerco a mí, estábamos tan cerca que podía sentir su respiración, cogió mi cara con su grande mano y me tocó el labio suavemente:
—Se te ve mejor el labio, me alegra que ya no esté tan inflamado —yo me quedé sin aliento, no pude pronunciar ninguna palabra hasta que él se retiró un poco y pude recobrar el aliento.
—Gracias, ¿por qué querías verme ahora? —pregunté sin pensar.
—Oh, cierto, hoy no podré ir al grupo de apoyo, tengo un asunto importante que resolver; pero quería saber si quieres acompañarme después de tus clases.
—Sí, está bien, pasa por mí a las 4 pm. Nos vemos en este mismo lugar, debo irme ya, voy muy tarde a clase.
Me empiné y lo besé en la mejilla, su cara fue de asombro, supongo que no lo vio venir. Siendo honesta, yo tampoco, estaba tan nerviosa que realmente mi cuerpo tuvo control de la situación mientras que mi cerebro procesaba todo.
No dejaba de mirar la hora, tampoco coloqué mucha atención en clase, para ser honesta, debí preguntarle qué tipo de compromiso tenía, no sabia si la ropa que traía puesta estaba bien o si debía cambiarme. Después de meditar mucho, decidí quedarme en la universidad y no ir a casa a cambiarme, igual me sentía muy bien con mi pantalón negro, que horma bien mis nalgas, y mi blusa corta de color blanco que resaltaba mis caderas, además, estaba con mis botines negros favoritos.
Mi mejor amiga Ashly se me queda viendo, intuye que algo me pasa; a veces me da miedo que me conozca tan bien. Ashly tiene ojos miel grandes, pestañas largas y crespas, es acuerpada, tiene una hermosa sonrisa, su nariz es pequeña, su estatura es promedio, no hay chico que resista a sus encantos.
Honestamente, es muy hermosa; yo le sonrío para disimular mi nerviosismo; aún no me decido a contarle lo de Julián y mi tío, realmente no quiero involucrarla en esto. Ella me devuelve la sonrisa pero su gesto es de poco convencimiento y se acerca a mí, dispuesta a sacarme información:
—Te noto rara, ¿estás bien? —me mira fijamente a los ojos.
—Sí, solo estoy un poco cansada, anoche no dormí muy bien —le sonrío lo más normal posible, pero insiste:
—Pues realmente no te notas cansada; más bien pareces ansiosa, ¿te preocupa algo?
—No —digo recogiendo mi cabello hacia un lado.
—Supongo que son sugestiones mías —dice después de unos minutos.
—¿Te parece si mejor vamos a comer algo? lo digo sin vacilar para desviar el tema.
—Está bien, realmente tengo hambre.
Me levanto y le extiendo la mano para que ella se levante también. Juntas nos encaminamos a la cafetería; yo de los nervios no quiero comer nada, pero si no compro nada de comida, ella podría sospechar más. Así que pido una ensalada de frutas y ella pide un sándwich con Coca Cola.
Nos sentamos en las mesas que están en la cafetería. Empecé a comer, aun sabiendo que no tenía ganas; solo quiero estar ya con Julián, la incertidumbre me está matando. ¿A qué lugar tiene planeado llevarme? ¿Debía tomar esto como una cita o una salida casual? Sumergida en mis pensamientos, Ashley me trae devuelva a la realidad:
—Sam, ¿en qué piensas? Hoy has actuado muy raro, ¿tienes algún problema? Si me cuentas, tal vez podría ayudarte.
—Estoy bien, solo quiero irme a mi casa.
—¿Quieres que te lleve?
—No, está bien, hoy debo ir a una parte primero; te veo mañana.
—Está bien, te veo mañana, cuídate.
Salí de la cafetería con un nudo en el estómago; sentía que el corazón se me iba a salir del pecho. Pero a la misma vez sentía mucha emoción de verlo. Estaba esperándolo en la entrada de la universidad; saqué un momento el celular para ver si me había escrito. Sentí su mano en mi cintura; rápidamente un corrientazo recorre todo mi cuerpo. En ese momento alcé la mirada, sus ojos se cruzaron con los míos; los dos sonreímos.
—Espero que no hayas esperado mucho tiempo —su gesto es encantador.
—No, realmente acabo de llegar —respondí tímidamente.
—Está bien, parqueé el carro a unas cuadras de la universidad.
Asiento, en el camino no nos dirigimos ni una palabra. Hasta que llegamos al carro.
Me abrió la puerta, subí sin vacilar. Él cerró la puerta del carro y yo me coloqué el cinturón; unos segundos después, él se estaba subiendo al carro.
Durante el camino escuchamos a Frank Sinatra, My Way; uno de mis cantantes favoritos en el mundo del jazz. Media hora después llegamos a un lugar fuera de la ciudad; es una cabaña rodeada de un hermoso bosque. Mi cara de sorpresa lo hizo sonreír:
—¿Impactada?
—¿Es tuya? —replico.
Él me mira fijamente y niega con la cabeza.
—Es un club privado. Donde las personas satisfacen su fantasías más oscuras.
No supe qué responder; pero creo que leyó mi cara de terror. Quería irme, pero las piernas no me daban; y siendo honesta, una parte de mi tenía curiosidad, pero me aterrorizaba la idea de ser parte de esto.
Julián se apresura a explicarme:
—Sé que esto es nuevo para ti; pero créeme que te va a gustar. Solo déjame mostrarte y tú decides si nos vamos o nos quedamos.
Yo solo pude asentir. Realmente no sabía qué clase de emociones estaban surgiendo en mí. Pero no quería irme sin antes ver de qué se trataba todo esto. Nos encaminamos hacia la cabaña; cuando entramos, había una mujer que nos recibió con unas máscaras en la mano. Preguntando si veníamos en pareja o íbamos a jugar por separado, Julián, sin vacilar ni un segundo, dijo:
—Venimos en pareja, somos el señor y la señora Brown.
Perpleja por lo que acabo de escuchar, no podría creer esta parte que estaba conociendo de Julián. Estaba totalmente sorprendida; pero aun así tener la idea de que aquí somos una pareja me agradaba. La mujer le entregó las máscaras a él junto con unos condones. Julián tomó mi mano y me adentró a una sala oscura donde se escuchaba música clásica. Solo podía escuchar murmullos de otras personas, un momento a otro se iluminó y pude ver personas teniendo coito. Mi boca se secó, lo que estaba viendo era nuevo para mí; ni el porno se comparaba con lo que estaba viendo en este instante.
Sentía cómo mi cuerpo se estremecía, tenía mucho calor, las mejillas me ardían, sentía la mano cálida de Julián en mi espalda; sin vacilar, lo volteé a ver, sus ojos se posaron en los míos, se veía tan tranquilo, como si esto no fuera nada del otro mundo. También bien podía ver su cara de excitación; sus ojos estaban buscando mi autorización para que comenzáramos a jugar.
Sin decir ni una sola palabra, me acerqué a él y lo besé; correspondía mi beso suavemente, su lengua y la mía jugaban, podía sentir el calor de mi cuerpo y lo mojada que ya estaba.
Se apartó un poco para ver mi expresión, y sonriendo levemente, me llevó a otro cuarto donde las luces no iluminaban casi; nos sentamos en un sofá grande; él puso su mano en mi muslo y poco a poco fue subiendo hasta llegar al cierre de mi pantalón. Creo que fue un mal día para llevar esto puesto.
Mete su mano dentro de mis bragas, siento sus cálidos dedos masajear mi clítoris. ¡Dios, qué calor!, ¡qué deseo!, no podía quitar la mirada de sus ojos, verlo excitado me volvía loca, un momento a otro cerré los ojos, el placer que él me estaba dando era exquisito.
Pero mi pasión terminó cuando apareció la imagen del profesor que me violó. Mi cuerpo se contrajo y un momento a otro retiré su mano que estaba dándome placer. Perplejo a mi reacción, tomó mi cara con sus manos y me miró fijamente a los ojos, su frente chocó con la mía y lo único que alcancé a escuchar decir fue:
—Tranquila, yo solo quiero que disfrutes. Lo intentaremos otro día —dicho esto, me besa la frente. Toma unas de mis manos y salimos de ese lugar.
Me abre la puerta del carro, entro calladamente. Él se apresura a colocarme el cinturón, cierra la puerta y se sube. Durante el camino estaba hallando una manera para explicar lo que me había pasado, pero como siempre, él tomó la iniciativa:
—La primera vez que fui a un club, me pasó algo similar, sentí que no estaba disfrutando del placer que me daban, solo culpabilidad era lo que reflejaba; solo sabía que no merecía tenerlo ni desearlo, recordaba las noches que fui violado por mi tío, el odio y la depresión se apoderaron de mí por un tiempo. Hasta que decidí que mi felicidad la manejo yo, que esa tormenta no iba a mortificarme toda mi vida. Es difícil dar ese paso Sam; pero ya había sufrido suficiente para que mi presente y futuro se vieran afectados.
Da un fuerte suspiro y continúa:
—Hay muchas maneras de poder afrontar esto —me mira nostálgico—. Tú eliges cómo quieres afrontarlas; solo quiero que sepas que estoy para ti y que puedo ayudarte.
Sus palabras me conmueven, mis lágrimas salen rozando mis mejillas, tengo mucho miedo, rabia, ansiedad, depresión, todo lo que él dice es verdad, pero no estoy segura de ser lo suficientemente fuerte.
Parquea el carro en un estacionamiento, se quita el cinturón; me mira fijamente, tratando de leer mis expresiones:
—¿Estás enfadada conmigo? Lo siento, tal vez fue demasiado pronto.
Me quito el cinturón, me volteo hacia él, tomo su cara con mis manos y lo beso. Sus cálidos labios tocan los míos, su dulce olor mentolado me encanta. Dejamos de besarnos, quiero colocarme ahorcadas de él. Pero no lo intento, seguimos besándonos apasionadamente. Su respiración es acelerada. Mi mano se desliza por su pantalón hasta sentir su bulto, él sonríe entre mis labios y se separa de mí:
—Vayamos sin prisas —me dice lanzándome una mirada complacida.
Yo entorno lo ojos, pero tiene razón, quiero que ese momento sea especial, sé que suena tonto, pero quiero tener un buen recuerdo.
Durante el trayecto ninguno de los dos dice nada, yo miro a través de la ventana. Imaginándome cómo sería follar con él en el carro… le quitaría lentamente la camisa; dejando al descubierto su pecho fornido y sexy. Sin vacilar, comenzaría por desabrochar el cinturón, bajándole la cremallera; él tendría que levantarse un poco para que sus pantalones y bóxer quedaran en el suelo.
¡Madre mía! Imaginármelo todo desnudo para mí, poder percibir su excitación, su corazón acelerado. Sus manos quitándome la blusa y mi sostén, mis pechos quedarían expuestos a él, se los acercaría a su boca, los chuparía, halándolos suavemente, haciéndome gozar, mis manos se posesionarían en su cabello, un mundo de sensaciones pasa por mi cuerpo; no querré que este momento termine el día en el que disfrute de esto placenteramente.
Sus manos lentamente bajarían desabrochándome el pantalón, tendría que levantarme un poco para que mi pantalón y mis bragas cayeran al suelo, una de sus manos va hasta su miembro haciéndola rozar con mi clítoris, eso me haría enloquecer; qué placer más intenso, movería mis caderas de arriba abajo dejándome llevar por mi instinto, colocaría sus manos en mi cara y mirándome fijamente con cara de deseo diría: “¿Lista?”, y yo bien deseosa me abriría para él.
Su voz ronca de excitación, ¡umm! ¡me encanta!. Y sin más rodeos sería yo la que coge su miembro para penetrarlo en mi húmeda vagina.
Subir y bajar, sentirlo dentro de mí; tan cálido, tan suave, tan deleitoso, su respiración se hizo más cortante, mis gemidos de placer lo consumían más, hasta que juntos llegáramos al clímax. Quedar unos segundos metida en él. Mis pensamientos eróticos se espuman cuando él toma de mi mano, los dos nos seguimos mirando y le digo con timidez:
—Lo siento, estaba divagando —me encojo de hombros, sé que mis mejillas deben de estar como un tomate.
—¿En qué estabas pensando? —enarca una ceja, por mi reacción debe suponer qué es.
Julián, con la boca abierta, sorprendido por mis posibles malos pensamientos, solo se limita a sonreir:
—Solo estaba imaginando cómo seria coger contigo —lo digo sorprendida de mis propias palabras.
Me observa por un instante, intenta decir algo pero se calla, me besa la mano.
—Ya tendremos tiempo de hacerlo, nena —el tono de sus palabras es dulce.
Llegamos a un restaurante mexicano, plaza Garibaldi. Comimos enchiladas rellenas; estuvimos tonteando un rato, después hablamos del futuro de cada uno; él tiene varios proyectos para su empresa y yo quiero terminar mi carrera de negocios internacionales para tomar el mando de la empresa de mis abuelos.
Nos encaminamos al carro, ya era tarde, quería llegar a mi casa a ducharme y acostarme a dormir; sumergida en mis pensamientos, Julián coge mi mano, eso hace que me centre en él, en todo el camino lleva mi mano junto con la suya; no dejamos de sonreír ; esto es todo nuevo para mí, y me encanta; cuando llegamos a mi casa, me quito el cinturón. Mirándolo con picardía, digo:
—Pasa buena noche.
Su expresión es seria, doy un giro para bajarme del carro, pero me toma del brazo y me acerca a él, coge mi cara entre sus manos, junta su cara con la mía; puedo sentir su respiración acelerada, roza sus labios con los míos, yo intento besarlo pero se retira.
—A mí también me gusta jugar, Sam.
Yo con cara de sorprendida por su respuesta lo miro y hago pucheros como si tuviera 7 años; él me mira con ternura, vuelve a acercarse a mí; pero esta vez me besa; me besa con tanta pasión que mi cuerpo se activa otra vez:
—Quiero follarte —digo con voz entrecortada,
—No eres la única, pero ya estamos en tu casa, ya tendremos tiempo para esto. Descansa, Sam.
Se retira colocándose el cinturón. Hago mueca de resignación y me bajo del carro, hoy ha sido un día extraño.
Entrando a mi casa, oigo a mi mamá que está bajando las escaleras:
—Cariño, ¿eres tú?
—Sí, mamá.
La veo bajar con un pijama de osos, realmente mi mamá parece niña pequeña.
—¿Cómo te fue con tu cita?
—Bien, mamá, estuvimos en la playa y después fuimos a comer enchiladas rellenas.
No podía contarle realmente a dónde me llevó y qué hicimos, ella se volvería loca y yo terminaría en un convento.
—Oh, cariño me alegra tanto que te haya ido tan bien.
—Sí, mamá —sonrío al ver su expresión de tranquilidad y felicidad
—Bueno, cariño, ve a dormir, mañana tienes que madrugar. Por cierto, mañana me encuentro con tu tío, dice que quiere hablar de algo conmigo.
Mi cara cambia radical cuando escucho “tío”, esto no puede ser nada bueno. Mi mamá, al ver mi expresión, se apresura a decir:
—Creo que es por la empresa; igual no te preocupes, mi amor, yo sé que tu tío no es tan agradable, pero no es mala persona.
Si mi mamá supiera que él fue que me golpeó; pero sin decir nada más, me dirijo a mi habitación. Quitándome la ropa entro a la ducha, siento cómo el agua caliente cae por mi cuerpo, cierro los ojos, me imagino a Julián, qué hombre más atractivo y fascinante. Recorro mi cuerpo con mi mano imaginando que es él quien me toca, me halo los pechos y ellos reaccionan; estoy tan excitada; bajo mi mano por mis muslos, comienzo a tocarme; qué rico, introduzco un dedo, gimo, luego introduzco dos siento cómo mi cuerpo se acelera, sí, sí, quiero más, dentro y a fuera mis movimientos hasta que llego a mi clímax, me recuesto en la pared y sonrío satisfecha. Creo que esta noche dormiré profundamente.
Salgo de la ducha; me seco el cabello. Destiendo mi cama, me recuesto, me gusta sentir las sábanas en mi piel, me encanta dormir desnuda, me siento libre y placentera. Cojo mi teléfono, hay un mensaje de Julián:
—Espero que no te hayas incomodado mucho, no sé si pasé el límite contigo.
Yo sonrío, si supiera que acabo de masturbarme pensando en él. Pero pienso en algo para responderle sin ser tan obvia:
—No, no te pasaste del límite, solo dame un poco de tiempo, gracias por hoy, descansa.
Le doy enviar, espero no haber sido muy fría.
—Mañana te veo a la misma hora en la universidad, quiero intentar algo.
Me quedo mirando el celular unos segundos, me causa interés lo que quiere intentar.
—Está bien, te veo mañana —respondo con un sonrisa en la cara.
Dejo el celular cargando y me acuesto a dormir.
Oigo un sonido que poco a poco se hace más cerca, entreabro mis ojos miro mi celular que está sonando. Lo cojo sin mirar quién me llama.
—¿Hola?
—Buenos días, señorita Samanta, no puedo creer que sigas durmiendo.
Todavía dormida, miro la pantalla de mi celular y es Julián quien me habla, me despierto totalmente.
—¿Qué haces llamándome tan temprano, acaso no duermes?
—Son las 8 de la mañana, señorita, es la hora que una persona normal debe despertarse.
—Yo no soy una persona normal, debo aprovechar cuando puedo dormir —él suspira.
—Estoy afuera de tu casa, compré desayuno.
Me levanto rápidamente y me asomo por la ventana, alcanzo a ver el carro de Julián, es un Jeep Wrangler color negro, realmente me encanta su carro.
—Está bien, dame unos minutos y bajo —digo al fin.
Corro para un lado y para el otro en busca de una pijama, encuentro una roja, superlinda, tiene lencería, su tela es de satén; entro al baño a cepillarme los dientes, me arreglo un poco el cabello, salgo disparada hacia las escaleras, tomo aire y abro la puerta lo más natural posible; él me mira, yo lo miro, él baja la mirada lentamente y vuelve a subirla.
—Creo que fue una mala idea llevarte desayuno —su mirada me devora, sé que le ha gustado mucho mi pijama.
Doy una vuelta lentamente y me río:
—Buenos días —digo omitiendo mi cometido.
Se acerca a mí y me da un beso en la mejilla, voy a protestar cuando entra y saluda a mi mamá, que estaba detrás de mí.
—Buenos días, señora, yo les traje desayuno.
—Buenos días, no te hubieras molestado, es muy lindo de tu parte.
Me mira con complicidad y yo sonrió.
Nos sentamos en el comedor, Julián y mi mamá han servido el desayuno, al parecer se la llevan muy bien. El desayuno son huevos con cebolla, tomate, pan de queso y chocolate; definitivamente un buen desayuno. Mientras comemos, Julián se ofreció a llevarme a la universidad. Mi madre, encantada por la propuesta, se lo agradece después de comer; recojo los platos y los llevo a la cocina Julián estaba detrás de mí llevando los vasos, entre los dos lavamos, mientras mi mamá se alistaba para irse a trabajar. Lavamos los trastes, nos rozamos nuestras manos y sonreímos, secamos toda la loza. Saliendo de la cocina nos quedamos en la sala, él se sentó en la esquina y yo al frente de él.
No dejaba de mirarme, llevada por el momento de deseo que se desataba entre nosotros, metí mi mano dentro de mis bragas y comencé a tocarme mientras él me miraba.
Sus ojos le brillaban, su cara me decía que le encantaba lo que estaba haciendo, podía ver su erección firme, eso me incitaba más a hacerlo, cuando escuchamos que mi mamá estaba bajando las escaleras, saqué mi mano y él tuvo que taparse la erección con una almohada.
Yo simplemente estaba disfrutando de este momento, riéndome descaradamente. Él me mira con cara de pocos amigos y niega con la cabeza, en ese momento mi mamá llega a la sala; yo me levanto despidiéndome de ella, Julián como pudo se despidió de ella, tratando que no le viera la grande erección que le he causado.
—Cariño, no vayas a llegar tarde y escríbeme, por favor, cuando llegues a la universidad.
—Sí, mamá, está bien.
—Tengan un excelente día chicos —diciendo esto, sale de la casa.
Julián se quitó la almohada y serio fue directo al baño, yo no podía de la risa, eso es lo bueno de ser mujer, no se nota cuándo estás excitada.
Unos minutos después sale del baño y acercándose a mí me dice:
—¿Estás disfrutando mucho del panorama? —acercándose más hasta tumbarme en el sofá—. Pero lo que no sabes es que yo también sé jugar y muy bien —me espeta, con una mirada pícara.
Siento que mi cuerpo se enciende, su entrepierna está en la mitad de mis muslos, así que bajo un poco para que quede en mi clítoris y comienzo a moverme, él con cara de deseo de morbo no se mueve, pero sus manos tocan mi cara, la junta contra la suya para poder besarme.
Yo sigo acelerando mis movimientos, él profundiza aún más nuestros besos; un momento a otro se retira y sonriendo con malicia dice:
—Ve a ducharte, se nos va hacer tarde.
Mi cara de sorprendida y enfadada es: “¿En serio? ¿Me va a dejar así?”.
—¿Te estás vengando? —digo molesta.
Julián se ríe aún más, se nota que me está provocando.
—No juegues con las grandes ligas, señorita, o terminarás quemada —dice sonriendo ampliamente.
Yo volteo los ojos y de mala gana me levanto, dirigiéndome a mi habitación cuando coloco un pie en la escalera, me volteo hacia él, entorno los ojos, sigo mi camino, entro a mi habitación, comienzo a quitarme la camisa, lentamente me quito el short sentándome en la cama, veo que él esta parado en la puerta observándome, su expresión es plácida, está disfrutando lo que ve.
Yo solo me limito a verlo, hasta que rompo el silencio:
—Si no te molesta, voy a ducharme.
Él asiente sin decir una palabra, solo me mira, sé que me desea; me encanta ver cómo se controla pero yo, tentándolo aún más, me levanto y me dirijo a hacia donde él está; me empino y lo beso; se deja besar, mi mano trata de bajarle el cierre del pantalón, pero él me detiene.
—No, Sam; no quiero faltarle al respeto a tu mamá e incluso a ti. Después de clases te prometo complacerte.
Molesta, tomó mi ducha como de costumbre; empiezo a jabonarme el cuerpo lentamente, indignada por su rechazo, cuando siento unas manos detrás de mí, que tocan mi trasero y baja en medio de mis piernas llegando a mi clítoris, dándole suaves golpecitos que me hacen vibrar, estoy contra la pared explotada de placer, voy a voltearme pero no me deja, sigue jugando, siento que me mete un dedo, luego dos y gimo, acelera un poco más el ritmo, suelto un gemido, esto es más de lo que podría imaginar, es la primera vez que alguien me masturba.
—¡Sí! ¡Sí! —digo sollozando.
Él acelera los movimientos, puedo sentir su respiración entrecortada, siento que no voy a durar más, sus movimientos me enloquecen y con su voz ronca dice:
—No te vayas a venir aún.
Me voltea, nuestros ojos se encuentran, me mira pidiendo mi aprobación, yo sonrío.
—¿Estás segura?
—Sí, por favor.
Me alza, mis piernas rodean su cintura y mis manos se posicionan en su cabello, él vuelve a penetrarme, esta vez grito de placer, lo puedo sentir más adentro de mí, mi cuerpo se mueve junto a sus embestidas, lo beso, me besa, jadeamos de placer hasta que juntos llegamos al clímax duramos unos minutos abrazados hasta que me baja. Me besa en la frente, toma mi toalla y sale del baño, yo termino de ducharme y cuando voy a salir de la ducha él me arropa con la toalla, e inhala mi cuello, eso me hace estremecer.
—Hueles delicioso, Sam.
—Me encantas —digo sin vacilar, mi respuesta lo ha dejado noqueado. Después de unos segundos dice:
—Tú me encantas más, pero debemos irnos, no quiero que llegues tarde, para evitar tentaciones, te espero en la sala.
Asiento, tiene razón, por más que quiera volver este momento eterno, no puedo. Dicho esto, sale de mi habitación y cierra la puerta.
Veo la hora, son las 10:14 am, hoy entro más tarde, porque mi profesora de ética está enferma, tengo clase a las 11:30 am, debo vestirme rápido si quiero llegar a tiempo, me coloco unos jeans y una blusa corta que muestra parte de mi abdomen, me apliqué loción, me maquillé un poco, ya lista bajé corriendo las escaleras.
Él me mira de arriba abajo.
—¿Vas a ir así a la universidad?
—Sí, ¿no me veo bien? —pregunto desconcertada.
—Te ves preciosa, solo que no me gustaría que otros hombres te vieran de la manera que te veo.
Yo suelto una carcajada.
—No me voy a vestir como monja para complacerte.
Ahora es él el que se ríe de mis palabras.
—No estoy diciendo eso; solo digo que no me agrada la idea de que otros hombres te miren; acuérdate que pasaré a recogerte, iremos a un lugar primero y después al grupo de psicología.
Yo asiento feliz.
Julián se levanta del sofá y juntos nos encaminamos al carro.
En el carro escuchamos Cafune, Micro Tdh, él iba tarareando esa canción, y yo embobada viéndolo hasta que decidí interrumpirlo:
—Entonces me vas a recoger en la universidad, ¿a dónde me llevaras? ―pregunto curiosa..
—Por supuesto. ¿A qué horas sales hoy de clases?
—A las 3:00 pm.
—Perfecto, a esa hora estaré ahí, es sorpresa, nena, no pienses mucho en eso
—Gracias, está bien —digo entornando los ojos.
Me mira con complicidad; tengo curiosidad de lo que está pensando. Pero en unas horas sabré lo que tiene preparado para mí. Llegamos al parqueadero de la universidad. Me quité el cinturón acercándome a él para darle un beso; Julián me corresponde con uno más profundo.
—¡Ummm! ¡Qué delicia!! —digo pegada entre su boca.
No quiero bajarme del carro. Pero terminando el beso, decido bajarme. Me encamino al salón y ahí veo a Ashley leyendo un libro, ella es una comelibros, siempre la verás leyendo; me acerco a ella y le beso la cabeza, ella solo sonríe , me hace señas que me siente al lado de ella:
—¿Ahora qué libro estás leyendo?
—Se llama El amante japonés, de Isabel Allende.
—Suena tentador de leer —digo curiosa.
Ella asiente, cierra el libro y me mira achicando los ojos, yo me coloco nerviosa por su reacción:
—Hoy luces diferente, te ves más hermosa de lo normal.
Coloco mis ojos como platos, realmente no tengo nada diferente. Pero aun así ella sigue mirándome fijamente, tratando de descubrir qué es lo diferente que tengo. Hasta que el profesor entra al salón de clases y su mirada se desvía al frente donde se encuentra el profesor. La clase por fin termina, y yo sigo sumergida en mis pensamientos, ya casi se termina el semestre, todavía tengo tantas cosas por hacer, pero lo único que quiero es estar con Julián, cuando estoy con él, es como si fuera otro mundo, donde no tengo que preocuparme de nada, me siento plena cuando estoy junto a él; recojo mis cosas y salgo del salón, mientras que Ashley habla con el profesor sobre el trabajo final.
Impulsivamente llamo a Julián, dejo que suene una vez y decido colgar, no sé en qué estaba pensando; no quiero parecer intensa con él; a los segundos él me devuelve la llamada; dejo que mi celular timbre dos veces y contesto finalmente:
—Hola, ¿cómo estás?
—Hola, bien, ¿y tú? ¿Me llamaste?
—Sí, quería avisarte que ya terminé mis clases, pero realmente no quiero molestarte, por eso decidí colgar.
—Oh, no entiendo por qué piensas eso, si para mí es un placer recogerte.
—Realmente no quiero incomodarte.
—Jamás me incomodarías, Sam.
—Está bien.
—Ya paso por ti, nena.
Decidí sentarme en el jardín de la universidad, cerré mis ojos, me dejé llevar por los sonidos de la naturaleza; sentía el viento en mi cara, el canto de los pájaros, me relajé tanto que me quedé dormida; el zumbido de mi celular me despierta, miro la pantalla y era Julián. ¡Dios! Ya tuvo que haber llegado:
—Aló.
—Sam, ¿dónde estás?
—Lo siento, me quedé dormida. Estoy en el jardín de la universidad.
—Ok, ya voy para allá.
Estaba supernerviosa, no podía evitar colocarme así cada vez que lo veía, él causa muchas emociones en mí. De pronto aparece él con una hermosa rosa roja, se inclina, me da un beso mientras la extiende para que la acepte; felizmente lo hago, los dos nos miramos unos segundos sus ojos brillantes y penetrantes; yo me levanto, acerco la rosa a mi nariz aspirando su hermoso olor, sonrió como tonta:
—Es preciosa, gracias.
—Quería tener un lindo detalle contigo.
—Pues lograste tu objetivo —digo complacida.
Nos encaminarnos al parqueadero, durante el camino mantenemos en silencio, veo que llegamos a unos apartamentos, se ve lindos por fuera.
—Llegamos. Sus ojos muestran lujuria; la piel se me pone de gallina.
Subimos tres pisos, llegamos al último pasillo, él se para frente a la puerta, me mira con una amplia sonrisa. Cuando entro, lo primero que veo es una hermosa sala, el apartamento está muy bien distribuido, las paredes son blancas, la cocina es pequeña, pero acogedora, al fondo veo un cuarto, él toma de mi mano, llevándome hasta esta habitación.
Me sienta en la cama, besa mi mano:
—¿Confías en mí?
—Sí, pero no entiendo qué hacemos aquí —me sonrojo al pensar que haremos el amor aquí. Rápidamente aparto esos pensamientos.
—Lo sabrás pronto, nena, solo desnúdate para mí —me mira cuidadosamente, esperando mi reacción.
—Está bien —mi estómago se contrae.
Se queda parado delante de mí, yo comienzo a quitarme prenda por prenda, sus ojos me encantan, su expresión me excita.
—Perfecto, nena, ahora recuéstate en la cama, ya regreso.
Diciendo eso, sale de la habitación, me invaden los nervios, no sé qué está tramando, minutos después regresa. Trae unas cosas en su mano, se acerca a mí, repasa mi cuerpo con la mirada:
—Eres demasiado sensual.
Yo sonrío, sus cumplidos me gustan.
—¿Qué es lo que tienes ahí? —mi voz suena temerosa.
—Es una vela especial para el cuerpo, vas a disfrutar mucho.
—¿Me va a doler?
—No, nena, no haré nada que te inflija dolor.
Él se va quitando la ropa, la deja junto con la mía, luego se sienta a mi lado, enciende la vela, nuestras miradas se cruzan:
—¿Preparada?
—Sí —mi corazón se acelera, tengo miedo de ser quemada
—Cierra lo ojos, te haré un masaje.
Sin decir más, hago caso, me dejo llevar por una suave música que él coloca, segundos después siento sus manos en mis hombros, me masajea suavemente, poco a poco voy relajándome; baja lentamente por mis pechos, sigue con su suave masaje, siento que cae algo caliente pero rápidamente se extiende hasta quedar tibio, la sensación es extraña, siento como si fuera aceite, él masajea el área un poco más, juega con mis pezones hasta colocarlos duro, sigue con el procedimiento, siento cómo mis muslos se contraen, sus manos se paran en mi monte de Venus, siento la misma sensación pero esta vez siento más placer, gimo, no quiero que se detenga, me retuerzo un poco, siento sus dedos jugar con mi clítoris, mis caderas siguen su ritmo, siento que voy a explotar, me enarco para poder liberarme, pero Julián me detiene. Abro los ojos, veo su expresión de satisfacción:
—No, nena, todavía no, date la vuelta, por favor —me esboza su sonrisa malévola.
Yo enarco una ceja, con mi cara de pocos amigos me volteo hasta quedar bocabajo, me hace un masaje en la espalda, sus manos son extraordinarias, me encanta cómo mi cuerpo reacciona a sus manos, sigue bajando hasta llegar a mis caderas, se detiene, siento que se mueve, después regresa y levantándome un poco coloca una almohada que hace que mi culo queda expuesto a él, siento pánico de nuevo, pero masajea haciéndome volver al deseo. Abre mis nalgas, suelto un gemido cuando deja caer el líquido que contiene la vela, la sensación es increíble, masajea el área. Después de unos minutos me introduce dos dedos, yo me retuerzo, el placer aumenta con cada movimiento. De pronto se detiene, escucho el ruido de un papelito, sonrío al pensar que es la envoltura del preservativo, regresa, yo me volteo para verle la cara, veo su cuerpo desnudo, tan firme, tan sexy.
—¿Estás lista?
—Fóllame —replico.
Se sube encima de mí, separa mis piernas, siento su dura erección en mi entrepierna, coloco mis caderas en su cintura, nuestras respiraciones suenan entre cortadas, él se acerca a mí. Mientras me besa, me penetra lentamente, nuestras respiraciones se aceleran, profundizamos el beso, él se mueve más rápido, siento cómo mi vientre se contrae, siento cómo me da pequeños besos en el cuello, cierro los ojos de placer.
—Sí, sí, así —le susurro. Veo como mis palabras lo motivan más.
Un momento a otro aparece recuerdos del día de mi violación, abro los ojos rápidamente, veo la cara de Julián de placer, por mis mejillas brotan mis lágrimas, entonces él se detiene, yo no puedo hablar, pero supongo que por mi cara, deduce lo que está pasando. Sin sacar su miembro, me susurra:
—¿Quieres que intentemos después? —su voz sale entrecortada.
—No, tengo que superar esto, tú no eres él.
Tiro de su cabello para que continúe, me centro en sus hermosos ojos y el deseo vuelve a mí, decidida a venirme con él lo beso ferozmente, cada ves que siento que esas horribles imágenes se van a apoderar de mí, me fijo en Julián, mis caderas se mueven a su ritmo, cada vez más intenso, siento cómo me tiemblan las piernas, me retuerzo hasta enarcar la espalda y liberar mi clímax, él se viene segundos después.
Los dos quedamos tumbados en la cama, desnudos, sin aliento de poder decir algo. Fue maravilloso, me recuesto en su pecho, siento su corazón acelerado, él me besa la oreja, yo sonrío. Nos quedamos así unos minutos, hasta que suena su celular, lo coge, es una alarma que indica que debemos irnos al grupo de psicología. Los dos suspiramos.
Julián se levanta primero, veo su grandioso culo, fornido, qué delicia, él nota que lo estoy viendo, solo sonríe dirigiéndose al baño, aprovecho para cambiarme, aún me cuesta mantener la respiración, sale del baño, se queda parado mirándome:
—Eres preciosa, nena, jamás me cansaría de hacerte el amor.
Me sonrojan sus palabras, no sé si lo he hecho bien, es el primer hombre el cual he tenido coito por decisión mía.
—Lo siento si no lo hice bien —me encojo de hombros.
—Lo hiciste demasiado bien, nena.
Se acerca a mí y me besa.
—Debemos irnos, nena.
Asiento, salimos del apartamento, llegamos a su carro, como siempre me abre la puerta, yo me subo; duramos callados cuando entramos por la autopista, él coloca su mano en mi muslo, yo sonrío.
—¿Estás bien?
—Sí, me siento bien, me siento descansada.
Voltea a verme. Su expresión es calmada.
—No quiero hacer nada que no quieras, nena.
Llegamos al parqueadero del consultorio. Tomados de las manos nos dirigimos al salón donde estaban los demás chicos; le solté la mano a Julián para poder abrir la puerta, me ubiqué donde siempre me hago, pensando que esta vez Julián se sentaría junto a mí, pero para mi sorpresa se sentó justo al frente de mí, con cara divertida me guiña el ojo. Coloco cara de pocos amigos desviando la mirada. Concentrada en la actividad de hoy, me sumerjo en mi pasado y en lo valiente que he sido para combatir con todas las secuelas que este me dejó. Terminando la actividad, Julián se acerca a mí y me susurra:
—Me has ignorado estas dos horas, ¿realmente estás enojada conmigo?
Volteo para poderlo ver a los ojos y digo:
—Claro que sí, eres un odioso.
Diciendo eso salgo del salón y me dirijo al baño, Julián me sigue, pero se queda en la entrada del baño:
—No te demores.
Lo miro con cara de pocos amigos.
Entro al baño, mientras hago pis, pienso en todo lo que ha pasado, me sonrojo, en tan poco tiempo he avanzado con mi traumas más que yendo a las citas con la doctora, me demoro un poco en salir, al levantarme me siento un poco mareada, no se por qué pero no me siento bien, tengo un nudo en el estómago, tengo un mal presentimiento, cuando salgo del baño, lo encuentro en el mismo lugar mirando su celular, sube la mirada hasta que nuestras miradas se encuentran.
Camino hacia él y lo abrazo sin pensarlo, él me corresponde el abrazo, era lo único que necesitaba. En sus brazos me sentía segura; incluso fuerte, él me abrazó aún más fuerte, y sentí cómo me besó la cabeza y dijo:
—Todo va estar bien, nena.
Me separo de él, siento las lágrimas caer por mis mejillas, Julián toma mi cara entre sus manos y me limpia las lágrimas, con cara de preocupación me pregunta:
—¿Es por mi culpa que estás llorando?
Niego con la cabeza, no me salen las palabras. Solo quiero llorar.
—Está bien, pequeña, ya después hablaremos de esto, quiero llevarte a un lugar primero.
Asiento y tomando mi mano nos dirigimos al parqueadero.
Cuando llegamos al carro, me da un pico y me abre la puerta, subo más tranquila, como siempre, me coloca el cinturón y cierra la puerta.
Durante el camino escuchamos Dream Girl, de Ir-Sais, decidí recostarme en el carro. Mientras él conduce cierro los ojos, me quedo dormida hasta que Julián me despierta tiernamente con un beso, sonreí entre dormida:
—¿Ya llegamos?
—Sí, espero que sea de tu agrado.
—¿Dónde estamos? —mi cara de impacto le causa gracia.
—Estamos en mi finca a una hora de Bogotá
Miro a mi alrededor, es hermoso, estamos en una finca, la entrada está llena de “pensamientos”: son mis flores favoritas, hay blancos, amarillos y morados; volteo a verlo, está mirándome fijamente, sonreí:
—Es hermosa, ya quiero entrar.
—Perfecto, entonces entremos, pero antes deberías llamar a tu mamá y decirle que nos quedaremos aquí dos días.
Mi cara de sorpresa le hace gracia.
—¿Pero cómo que dos días?
—Sí, necesitas esos días para despejar tu mente.
—No creo que a mi mamá le vaya a agradar esto.
—Está bien, yo hablaré con ella, ¿te parece bien?
Asiento, saco el celular de mi bolso, se lo paso para que llame a mi mamá.
Recibe el celular, busca su contacto y la llama. Segundos después habla con ella, pero decide bajarse del carro, dejándome aquí con la intriga.
Sin querer esperar más, decido bajarme del carro, el frío se apodera de mi cuerpo, empiezo a temblar, me acerco a él pero veo que ya ha terminado de hablar con mi mamá:
—¿Y bien? ¿Qué te dijo? —pregunto intrigada.
—Dijo que no había ningún problema, tampoco tienes que preocuparte por la ropa, en la finca hay ropa de tu talla.
No podía decir nada, estaba analizando la situación, me quedé unos minutos mirándolo fijamente hasta que por fin decidí hablar:
—Pero no entiendo, ¿cómo ella accedió a esto? ¿Tú ya tenías esto planeado?
—Sí, ya lo tenía planeado, quería que pudieras relajarte, pensaba hacerlo el fin de semana, pero hoy te vi tan recaída que me pareció una buena idea hacerlo hoy. Ya había hablado con tu mamá, así que solo le dije que habían cambiado un poco los planes.
—Todo esto es una locura, pero honestamente me encanta. Gracias.
Me acerqué a él y lo bese. Me correspondió el beso, pero se alejó de mí; me sonrió y agarró mi mano:
—Vamos, pequeña.
Entramos a la finca, tiene un jardín inmenso, en la mitad tiene una fuente en forma de sirena. Más adelante está la entrada de una inmensa casa. Julián golpeó y unos minutos después un mayordomo abrió la puerta:
—Señor y señorita, bienvenidos.
—Hola, Guillermo —dijo Julián sonriendo.
El mayordomo se hizo a un lado para darnos paso, lo primero que vi fue un hermoso pasillo que nos dirigía a una inmensa sala, con una hermosa chimenea blanca, había jarrones grandes con bellas flores, un tapete grande artesanal, seguimos encaminándonos más adentro de la casa y nos encontramos con la cocina, Omg! Es hermosa, tiene una barra grande de mármol, tiene un bar, una nevera, un horno, es muy espaciosa, saliendo de la cocina había otro pasillo, con varias puertas, una de ellas me llamo la atención el color del cerrojo es dorado.
Volteé a ver a Julián que estaba mirando hacia la misma dirección que yo.
—Esa va hacer nuestra habitación. ¿Quieres entrar?
Sin responderle, abro la puerta y me quedo petrificada al ver una hermosa cama de madera, con unas mesitas de noche de madera. Sigo mirando hasta toparme con unos ventanales grandes que daban vista al jardín, ¡Dios, es perfecto!
Volteo y hay una puerta con un hermoso closet lleno de ropa y zapatos tanto de hombre como de mujer, veo otra puerta e intuyo que es el baño, cuando lo abro estoy en lo correcto, tiene un espejo grande, veo una tina tipo jacuzzi, estoy saliendo del baño cuando me encuentro con él lleva unas rosas en la mano, las tomo dándole un beso en sus hermosos labios.
—Gracias, realmente me siento en un castillo —digo entre dientes.
Julián me levanta entre sus brazos y me lleva a la cama, entre risas nos besamos lentamente, disfrutamos el roce cada movimiento de nuestros labios y lenguas, poco a poco siento cómo él mete su mano debajo de mi blusa; va acariciando mi cuerpo hasta retirar mi sujetador; mis pechos quedan liberados, Julián juega con ellos hasta colocarlos duros como una piedra, gimo de placer, profundizo nuestro beso. Le quito la camisa, él me quita la mía, mirándonos con deseo, euforia, continuamos jugando con nuestros cuerpos, mis manos bajan hasta el cierre de su pantalón; emotiva, lo bajo; Julián se acomoda de la manera que los pantalones caen en el piso. En frente de mí se quita los bóxeres, yo aprecio la hermosa vista que él me provee, lo miro con morbo. Lo deseo, lo deseo tanto.
Él me abre las piernas, desabrocha mi pantalón y me lo quita, quedo en bragas; acaricia las bragas suavemente hace que mi cuerpo se erice todo; luego las retira mirándome fijamente a los ojos, yo le sonrío sensualmente y él se lanza a mi como un león hambriento. Nuestras respiraciones cada vez se sienten mas agitadas, me besa el cuello haciendo unos círculos en el y luego lo besa, siento como mi sangre arde, sigue bajando y se centra en mis pechos duros, juega con ellos con su lengua, los succiona, me hace gemir, sigue bajando besándome el abdomen para unos segundos para mirarme, con mis manos cojo su cabello haciéndole saber que siga, él va directamente a mi monte de Venus, ¡ummm! ¡Qué delicia! Suelto un grito de placer, siento cómo mi clítoris se hincha, él acelera los movimientos y yo me retuerzo en la cama, muevo mis caderas en busca de más placer. Julián mete un dedo junto con su boca sigue aumentando la velocidad, ¡voy a explotar! Mis caderas siguen su ritmo hasta que las elevo y ahí termino. Agitada, sonrío de satisfacción acomodándome en la cama.
Él se levanta, lame su labio con la lengua y dice:
—Tú eres toda una delicia, Sam.
—Tú no te quedas atrás, quiero que seas todo mío —le tiendo mi mano para que se acerque y continuar con nuestro placer.
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