Читать книгу: «Banquete de los eruditos. Libros VI-VII»

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BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 349


Asesor para la sección griega: CARLOS GARCÍA GUAL .

Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por PALOMA ORTIZ GARCÍA .

© EDITORIAL GREDOS, S. A.

Sánchez Pacheco, 85, Madrid, 2006.

www.editorialgredos.com

REF. GEBO427

ISBN 9788424937232.

NOTA PREVIA
1. ACTUALIZACIÓN BIBLIOGRÁFICA

Desde la aparición de la traducción de los libros I-V del Banquete de los eruditos , la bibliografía sobre Ateneo de Náucratis se ha visto incrementada con la aparición de varias traducciones totales o parciales a diversas lenguas modernas, algunas monografías y el importante volumen colectivo editado por D. BRAUND y J. WILKINS , Athenaeus and his World (Éxeter, 2000).

Consignamos a continuación las principales novedades bibliográficas por apartados. Puede consultarse así mismo una bibliografía digital de Ateneo periódicamente actualizada en la página web: www.uniovi.es/lnoriega/Ateneo.html

a) Traducciones

CL . FRIEDRICH , TH . NOTHERS , Athenaios, Das Gelehrtenmahl , 3 vols., Stuttgart, 1998-2000.

E. CAVALLINI , Ateneo di Naucrati, Il banchetto dei sapienti. Libro XIII Sulle donne , Bolonia, 1998.

L. CITELLI , M. L. GAMBATO (coords.), Ateneo. I Deipnosofisti. I dotti a banchetto (primera trad. ital. comentada según proyecto de L. CANFORA . Introd. de CH . JACOB . Trad, y comentarios a cargo de R. CHERUBINA [libr. IX 1-31, Χ, XI], L. CITELLI [libr. IV, XIV], M. L. GAMBATO [libr. I, XII, XIII], E. GRESELIN [com. libr. III], A. MARCHIORI [libr. II, V, VII, VIII], A. RI MEDIO [libr. VI, IX 32-80, XV], M. F. SALVAGNO [trad. libr. III]. Revisión del texto griego a partir de la edición de Kaibel y bibliografía, en colaboración con G. PIRAS , L. CITELLI . Revisión general y elaboración del Repertorio de autores y pasajes citados, G. Russo. Búsqueda iconográfica y notas a las ilustraciones, G. ADORNATO [vol. I-III]. Notas a las ilustraciones del vol. IV, M. LOSACCO ), 3 vols. (I-III, trad.; IV, texto griego), Roma, 2001.

b) Transmisión y estructura

G. ARNOTT , «Athenaeus and the Epitome: Texts, Manuscripts and Early Editions», en D. BRAUND y J. WILKINS , Athenaeus and his World , Éxeter, 2000, págs. 41-52.

A. L. DI LELLO -FINUOLI , «Ateneo e Stobeo alla Biblioteca Vaticana: tracce di codici perduti», Boll. della Badia Greca di Grottaferrata 53 n.s. (1999), págs. 13-55.

—, Per la storia del testo di Ateneo, Misc. Bibl. Apost. Vatic . VII, Ciudad del Vaticano, 2000.

L. RODRÍGUEZ -NORIEGA GUILLÉN , «Are the Fifteen Books of the Deipnosophistae an Excerpt?», en D. BRAUND , J. WILKINS , Athenaeus and his World …, págs. 244-255.

— «La reconstrucción del comienzo del Banquete de los eruditos a la luz de Ateneo V 186 E», en J. M. NIETO IBÁÑEZ (coord.), Lógos Hellenikós. Homenaje al Profesor Gaspar Morocho Gayo , vol. I, León, 2000, págs. 395-403.

J. WILKINS , «Dialogue and Comedy. The Structure of the Deipnosophistae», en D. BRAUND , J. WILKINS , Athenaeus and his World …, págs. 23-37

c) Fuentes de Ateneo

Los estudios citados a continuación están todos recogidos en la obra colectiva D. BRAUND , J. WILKINS (eds.), Athenaeus and his World , Éxeter, 2000:

K. ARAFAT , «The recalcitrant mass. Athenaeus and Pausanias», págs. 191-202.

E. BOWIE , «Athenaeus’ knowledge of early Greek elegiac and iambic poetry», págs. 124-135.

M. BROGGIATO , «Athenaeus, Crates and Attic glosses: A problem of attribution», págs. 364-371.

A. DALBY , «Lynceus and the Anecdotists», págs. 372-394.

J. DAVIES , «Athenaeus’ use of public documents», págs. 203-217.

D. GOUREVITCH , «Hicesius’ fish and chips: a plea for an edition of the fragments and testimonies of the perì hýlēs» , págs. 483-491.

C. JACOB , «Athenaeus the librarian», págs. 85-110.

CH . PELLING , «Fun with fragments. Athenaeus and the historians», págs. 171-190.

K. SIDWELL , «Athenaeus, Lucian and fifth-century comedy», págs. 136-152.

E. VILLARI , «Aristoxenus in Athenaeus», págs. 445-454.

F. WALBANK , «Athenaeus and Polybius», págs. 161-169.

G. ZECCHINI , «Harpocration and Athenaeus. Historiographical relationships», págs. 153-160.

d) Alimentación y medicina

R. BROCK , «Athenaeus on Greek wine», en D. BRAUND , J. WILKINS (eds.), Athenaeus and his World , Éxeter, 2000, págs. 455-465.

J.-N. CORVISIER , «Athenaeus, medicine and demography», en D. BRAUND , J. WILKINS (eds.), Athenaeus and his World …, págs. 492-502.

R. FLEMMING , «The physicians at the Feast: the place of Medical Knowledge at Athenaeus’ dinner-table», en D. BRAUND , J. WILKINS (eds.), Athenaeus and his World …, págs. 476-482.

M. J. GARCÍA SOLER , El arte de comer en la Grecia antigua , Madrid, 2001.

R. STONEMAN , «You are what you eat: diet and Philosophical diaita in Athenaeus’ Deipnosophistae », en D. BRAUND , J. WILKINS (eds.), Athenaeus and his World …, págs. 413-422.

e) Pensamiento

L. ROMERI , «The logódeipnon : Athenaeus between Banquet and Anti-Banquet», en D. BRAUND , J. WILKINS (eds.), Athenaeus and his World , Éxeter, 2000, págs. 256-271.

—, Philosophes entre mots et mets. Plutarque, Lucien et Athénée autour de la table , Grenoble, 2002.

M. TRAPP , «Plato in the Deipnosophistae , en D. BRAUND -J. WIL KINS (eds.), Athenaeus and his World …, págs. 353-363.

2. NOTA TEXTUAL

Se reseñan a continuación los puntos en los que nuestra traducción se aparta de la edición de Kaibel en los libros VI-VII de la obra.




3. EDICIONES DE TEXTOS FRAGMENTARIOS CITADAS EN ABREVIATURA


ALGE. DIEHL , Anthologia Lyrica Graeca , Leipzig, 1925.
Coll. Alex .J. U. POWELL , Collectanea Alexandrina , Oxford, 1925 (1970).
CPGE. L. VON LEUTSCH - F. G. SCHNEIDEWIN , Corpus Paroemiographorum Graecorum, 2 vols., Gotinga, 1839-1851 (Hildesheim, 1958).
DSAF. WEHRLI , Die Schule des Aristoteles. Texte und Kommentar , 10 vols. y 2 supls., Basel-Stuttgart, 1944-1978.
Epicarmo fr. R-NL. RODRÍGUEZ -NORIEGA GUILLÉN , Epicarmo de Siracusa. Testimonios y fragmentos , Oviedo, 1996.
FGrHJ. JACOBY , Die Fragmente der Griechischen Historiker , Berlín-Leiden, 1923-1998.
FHGC. MÜLLER - TH . MÜLLER , Fragmenta Historicorum Graecorum , 5 vols., París, 1841-1870.
FGED. L. PAGE , Further Greek Epigrams , Cambridge, 1981.
HEA. S. GOW , D. L. PAGE , The Greek Anthology. Hellenistic Epigrams, 2 vols., Cambridge, 1965.
IEGM. L. WEST , Iambi et Elegi Graeci, 2 vols., Oxford, 1971-1972 (1989).
PCGR. KASSEL - C. AUSTIN , Poetae Comici Graeci , Berlín, 1983 (IV), 1984 (III 2), 1986 (V), 1989 (VII), 1991 (II), 1995 (VIII), 1998 (VI 2), 2001 (I).
PMGD. L. PAGE , Poetae Melici Graeci , Oxford, 1962 (1967).
PMGrFM. DAVIES , Poetarum Melicorum Graecorum Fragmenta , Oxford, 1991.
Suppl. Hell .H. LLOYD -JONES - P. PARSONS , Supplementum Hellenisticum , Berlín, 1983.
SVFJ. VON ARNIM , Stoicorum Veterum Fragmenta , 3 vols., Leipzig, 1903-1924 (Stuttgart, 1968).
TGFA. NAUCK , Tragicorum Graecorum Fragmenta , Leipzig, 1889, reeditado con un suplemento de B. SNELL , Hildesheim, 1964.
TrGFTragicorum Graecorum Fragmenta , Gotinga: vol. I, B. SNELL , Fragmenta Tragicorum Minorum , 1971; vol. II, R. KANNICHT , B. SNELL , Fragmenta adespota , 1981; vol. IV, S. RADT R. KANNICHT , Fragmenta Sophoclis , 1976.

4. SIGNOS DIACRÍTICOS


***Laguna en el texto.
<>Texto suplido por el editor o el traductor.
[…]Texto corrupto imposible de reconstruir.
†Texto corrupto para el que se da una traducción conjetural.

LIBRO VI 1

Conversación entre Ateneo y Timócrates

Puesto que me reclamas una y otra [222 A] vez cuando me encuentras, amigo Timócrates, lo que se dijo en el banquete de los eruditos, pensando que descubríamos alguna cosa novedosa, te recordaremos las palabras de Antífanes en su Poema , de este modo [PCG II, fr. 189]:

Bienaventurada composición es la tragedia

por todo, si es cierto que, para empezar, los argumentos

son bien conocidos por los espectadores ,

antes incluso de que nadie hable, de tal manera que sólo que sugerir [B]

tiene el poeta. Pues si nombro a Edipo, ***

todo lo demás ya lo saben: su padre era Layo ,

la madre, Yocasta; quiénes sus hijas, sus hijos ,

qué va a padecer él, qué ha hecho. Si a su vez

se cita a Alcmeón 2 , también sus hijos

todos se han mencionado ya, y que, enloquecido, mató

a su madre. Mas, irritándose, Adrasto,. 3 al punto

llegará y de nuevo se irá ***

Después, cuando nada pueden decir ya ,

[C] sino que se han quedado totalmente sin recursos en los sucesos trágicos ,

alzan, como si de un dedo se tratase 4 , la máquina 5 ,

y para los espectadores es suficiente .

[223 A] Nosotros 6 , en cambio, no contamos con eso, sino que todo hay

que inventarlo: nombres nuevos ***

***, y luego †lo que se ha tramado†

antes, la situación actual, el desenlace ,

el preludio. Y si omite uno solo de estos elementos

un Cremes cualquiera, o un Fidón 7 , se le abuchea ..

A Peleo, en cambio, le está permitido hacerlo, y a Teucro 8 .

Dífilo, por su parte, en Los guardianes del olivar [PCG V, fr. 29]:

¡Oh tú, que vigilas y posees

el emplazamiento carísimo a los dioses del santuario de Braurón ,

doncella hija de Leto y Zeus que sometes con el arco! 9 [B]

Así hablan los trágicos 10 , que son los únicos

que tienen licencia para decir cualquier cosa y hacerla .

Timocles el comediógrafo, hablando de que por muchas razones es útil para la vida la tragedia, dice, en Las mujeres en las Dionisias [PCG VII, fr. 6]:

Amigo mío, escucha, si algo he de decirte 11 .

El hombre es una criatura penosa por naturaleza,

y muchas congojas comporta en sí la vida;

así que discurrió estos consuelos

para sus preocupaciones; pues la mente, olvidada de las propias, [C]

y fascinada ante el padecimiento ajeno,

se va del teatro complacida y edificada a la vez.

En efecto, respecto a los trágicos, fíjate en primer lugar, por favor,

en cómo le reportan provecho a todo el mundo. Pues el que es pobre.

cuando se entera de que Télefo se volvió

más miserable que él 12 , sobrelleva ya la pobreza con más facilidad.

El que está enfermo, a su vez. ve a Alcmeón 13 en medio de la locura.

Que uno padece de oftalmia: ciegos son los hijos de Fineo 14 ;

[D] que a alguien se le ha muerto un hijo: Níobe 15 lo deja consolado;

que uno es cojo: ve a Filoctetes 16 ;

que un anciano es desafortunado; observa a Eneo 17 .

En efecto, al darse cuenta de que todas las mayores desgracias

que se pueden padecer les han ocurrido a otros.

personalmente sobrelleva sus propias desdichas con más facilidad 18 .

Pues bien, también nosotros, Timócrates, te devolvemos, que no te damos, los despojos de los «eruditos del banquete», según dice el orador de Cotoce 19 ridiculizando a Demóstenes, el cual, cuando Filipo se disponía a entregarles el [E] Haloneso a los atenienses, les aconsejó que no lo aceptaran «si se lo daba pero no se lo devolvía» 20 . De eso precisamente se burla, haciendo un juego de palabras, Antífanes, en La pollita , de este modo [PCG II, fr. 167]:

A— El amo, a su vez, toda la herencia de su padre

la recobró según la cobró . B— Se hubiera complacido

si hubiese oído esta expresión Demóstenes .

Alexis, por su parte, en El soldado [PCG II, fr. 212]:

A— Ten esto

de vuelta . B— ¿Y qué es esto? A— El niño que cogí yo

de vuestra casa; vengo a devolverlo otra vez .

B— ¿ Cómo, no estabas decidido a criarlo? A— Pero es que no [F]

es nuestro . B— Ni nuestro . A— Pero a mí me lo habéis dado

vosotros . B— Nada de que te lo hemos dado . A— ¿Entonces qué?

B— Te lo hemos devuelto . A— ¿Lo que a mí no me corresponde quedarme?

Y en Los hermanos [PCG II, fr. 7]:

A— ¿Pero les he dado yo algo a ésas? Dime .

B— No, pero sí se lo has devuelto, habiendo recibido una fianza de su parte .

[224 A] Anáxilas, a su vez, en La hombría de bien [PCG II, fr. 8]:

A— También voy a dar las viejas 21 . B— ¡Por la tierra! ¡Tú no es que

las vayas a dar, es que las vas a devolver! A— Y he aquí que salgo llevándolas .

Timocles, por su parte, en Los héroes [PCG VII, fr. 12]:

A— Así que ahora me mandas que dé a conocer cualquier cosa, menos

tus cualidades . B— Exactamente . A— Lo haré por ti .

Y, para empezar, dejará Demóstenes de estar

irritado contigo . B— ¿Quién? A— †Ese Briareo † 22

que se come las catapultas y las lanzas ,

[B] un individuo que odia las palabras y nunca jamás

ha proferido antítesis alguna, sino que parece un Ares 23 .

Así pues, de acuerdo con los poetas mencionados, también nosotros daremos cuenta de los acontecimientos que siguieron a los relatados anteriormente, «devolviendo, y no dando» lo que sigue.

Continuación del relato del banquete

Pues bien, se nos acercaron a continuación unos esclavos trayendo una enorme cantidad de pescados marinos y lacustres en fuentes de plata, de manera que nos quedamos asombrados en medio de aquella riqueza y magnificencia; pues poco le faltó para comprar hasta las Nereidas. Uno de los parásitos y [C] aduladores 24 afirmó incluso que Poseidón le enviaba a nuestro particular Neptunio 25 sus peces, pero no por intermedio de quienes en Roma venden el pescado adulterado, sino que había traído unos de Ancio, otros, de Taracina y de las islas del Ponto que están justo en frente, otros, de Pirgos (se trata de una ciudad tirrena 26 ).

Los pescaderos griegos

Y es que los pescaderos de Roma no se quedan muy atrás de los que en otro tiempo fueron caricaturizados a lo largo del Ática. Sobre ellos dice Antífanes, en Los muchachos [PCG II, fr. 164]:

Yo hasta ahora creía que las Gorgonas

eran una leyenda 27 . Pero cada vez que voy

[D] al mercado, me convenzo de su existencia. Pues al mirar allí

a los pescaderos, me quedo de piedra al instante .

De manera que por fuerza tengo que hablarles

con la cara vuelta hacia otro lado, porque si veo de qué tarmaño

es el pescado que tasan tan caro, me quedo tieso seguro .

Anfis, a su vez, en El vagabundo [PCG II, fr. 30]:

Es mil veces más fácil acercarse a los generales ,

que le juzguen a uno digno de consideración

y obtener respuesta a lo que se les pregunta, que

a los malditos pescaderos en la plaza .

[E] Si alguien coge alguna mercancía de las que están expuestas

y les pregunta, 〈el hombre〉 se agacha y, como Télefo ,

primero calla 28 —y eso sí que con razón;

porque todos son unos asesinos, en una palabra—

y, como si no estuviese prestando atención y no hubiera oído nada ,

se dedica a majar un pulpo. Al otro se le hinchan las narices ***

*** y entonces, sin pronunciar enteras

las palabras, sino comiéndose alguna sílaba, 〈responde〉 «’atro

óbolos ’erían». «¿Y el espetón?» 29 « ’cho ’bolos» .

¡Tales son las cosas que tiene que escuchar el que les compra algo!

Alexis, en El enfermo de glaucoma [PCG II, fr. 16]: [F]

Cuando veo a los generales con las cejas

enarcadas, pienso que lo que hacen es indignante ,

mas en absoluto me asombro de que quienes han sido objeto de especial honor

por parte de la ciudad sean un poco más engreídos que el resto .

Pero es que cuando veo a los pescaderos, que mueran de la peor muerte ,

mirando hacia abajo, pero con las cejas

en lo alto de la coronilla, me dan sofocos .

Y si les preguntas: «¿A cuánto vendes los espetones

si llevo dos?», «A diez óbolos», te dice .

«Caro. ¿Aceptarías ocho?» «Si me compras el otro» . [225 A]

«Amigo mío, toma y no te burles». «¿Por ese precio? ¡Pasa de largo!»

¿No es eso más amargo que la hiel?

Dífilo, en El ajetreado [PCG V, fr. 67]:

Creía yo al principio que los pescaderos

atenienses eran los únicos mezquinos .

Pero, según parece, este gremio, como es propio de fieras ,

es insidioso por naturaleza y en todas partes .

Pues bien, he aquí uno que se ha pasado de la raya :

se deja melena, para empezar, por promesa al dios ,

según dice; pero desde luego no es por eso, sino porque está [B] marcado a hierro ,

y la lleva como pantalla por delante de la frente .

Éste te responde, si le preguntas «¿A cuánto

la lubina?», «A diez óbolos», y no añade de qué acuñación .

Luego, si le pagas el dinero ,

te reclama que sea moneda eginética. Pero si él tiene

que darte el vuelto, encima te da moneda ática ,

pues de una y otra tiene cambio 30 .

[C] Jenarco, en La púrpura , dice [PCG VII, fr. 7]:

Los poetas son vana charlatanería, pues nada

novedoso inventan, sino que da vueltas

cada uno de ellos a los mismos temas arriba y abajo .

En cambio, no hay ningún gremio más sapientísimo

que el de los pescaderos, ni más impío .

En efecto, como ya no tienen permiso para

rociar 〈la mercancía〉 31 , sino que eso está prohibido por la ley ,

uno, individuo aborrecible para los dioses en grado sumo ,

al ver que el pescado se le secaba, organizó

[D] una pelea entre ellos, adrede, sin duda alguna .

Hubo golpes y, tras hacer como que había recibido una herida mortal ,

cae al suelo. Y, fingiendo estar sin sentido ,

yacía entre el pescado. Mas alguien grita :

«¡Agua, 〈agua〉!» Alza al punto una vasija

uno de sus compañeros de oficio y vierte encima justo de él

un poquito, y sobre el pescado todo lo demás :

dirías, en efecto, que lo acababan de pescar .

Que venden el pescado incluso muerto y podrido lo señala Antífanes, en Los adúlteros , con estas palabras [PCG II, fr. 159]:

[E] No existe ningún animal más desdichado

que los peces, pues no les basta con morir

cuando los pescan y, devorados a continuación ,

recibir al punto sepultura; los desgraciados, tras ser entregados

a los pescaderos, que mueran de mala muerte ,

se pudren, yaciendo rancios dos días

o tres. Y si finalmente encuentran un comprador

ciego, le conceden el sepelio de los muertos 32 .

Y tras llevarlos a casa los tira *** ,

ateniéndose a la prueba del olor en su nariz .

Y en El filotebano dice [PCG II, fr. 217]: [F]

¿No es terrible que si alguien por casualidad

compra pescado fresco, converse con nosotros

con el ceño fruncido y aspecto sombrío 33 ,

y que si, en cambio, está totalmente putrefacto, bromee y ría?

En efecto, deberían hacer todo lo contrario :

el uno, reír, y el otro, lamentarse profundamente .

Que además lo venden carísimo lo dice Alexis, en La asamblea de las Termópilas [PCG II, fr. 204]:

A — ¡Sí, por Atenea! Aunque yo estoy asombrado [226 A]

de cómo es que entonces los pescaderos no son todos

millonarios, dado que cobran tributos propios de reyes .

B — ¿〈Tributos〉 sólo? ¿Pues no diezman

las haciendas cuando se establecen en las ciudades ,

y las agotan enteras día tras día?

Y en La caldera dice el mismo poeta [PCG II, fr. 130]:

No ha habido mejor legislador que el millonario

Aristonico 34 ***.

En efecto, ahora mismo va a promulgar una ley :

que aquél de los pescaderos que, en el acto de vender pescado

[B] a alguien, tras haberlo tasado, lo entregue por menos

del precio que había dicho, sea inmediatamente llevado

a la cárcel; a fin de que, asustados ,

se contenten con el precio justo, o a la tarde

se lo lleven todo podrido a casa .

Y entonces el enviado, vieja, viejo o muchacho ,

todos comprarán como debe ser .

Y siguiendo adelante dice [PCG II, fr. 131]:

No ha existido desde Solón 35 ningún legislador

mejor que Aristonico. En efecto, ha promulgado todas

[C] las restantes, que son muchas, y además de todo tipo ,

y ahora presenta una nueva ley

de oro: que no vendan ya sentados

los pescaderos, sino siempre de pie .

Luego, para el año próximo, afirma que va a proponer que lo hagan colgados ,

y así despacharán más rápido a los clientes ,

vendiendo desde una máquina 36 , como los dioses .

Pone de manifiesto también su grosería, y además su misantropía, Antífanes, en El que odia al malvado , parangonándolos con los más depravados en su género de vida, con [D] estas palabras [PCG II, fr. 157]:

A— ¿Luego no son de veras sumamente sabios los escitas ,

que a los bebés, tan pronto nacen ,

les dan de beber leche de yegua y vaca?

B— ¡Por Zeus! No llevan a su casa maldicientes amas de cría ,

y además pedagogos 37 , mayor 〈*** que ellos

***〉 38 . A— 〈Después 〉 de las ayas, ¡por Zeus!

Ésas les llevan ventaja . B— Detrás, ¡por Zeus! ,

de los que mendigan para la Diosa Madre, pues éste es, con mucho, el gremio

más infame 39 . A— Si es que, ¡por Zeus!, no [E]

se quiere mencionar a los pescaderos .

*** B— Después de los banqueros; pues no hay ninguna casta

más depravada que ésa .

De modo no poco convincente también Dífilo, en El comerciante , dice así respecto a que venden carísimo el pescado [PCG V, fr. 32]:

Jamás pensé ver el pescado tan caro .

¡Poseidón!, si te hicieras con un décimo

de su precio cada día ,

serías el más rico de los dioses con mucho .

[F] Y, sin embargo, si uno de ésos 40 me sonriera ,

le daría, aun lamentándome, cuanto me pidiera .

Un congrio, como Príamo hizo con Héctor ,

lo compraba pagando tanto como pesase 41 .

Alexis, por su parte, en La griega [PCG II, fr. 76]:

Siempre, tanto vivas como muertas, son

nuestras enemigas las criaturas del mar .

En efecto, si se va a pique un barco y después, como suele suceder ,

atrapan a uno que va nadando, al instante lo tienen ya digerido .

[227 A] Y cuando ellas a su vez son capturadas por los pescadores ,

hasta muertas machacan a quienes las compran ,

pues se venden al precio de nuestras haciendas ,

y el cliente se marcha a continuación hecho un pordiosero .

Menciona por su nombre al pescadero Hermeo, el egipcio, Arquipo, en Los peces , de esta manera [PCG II, fr. 23]:

Un egipcio es el más infame vendedor de pescado ,

Hermeo, que por la fuerza despelleja lijas y cazones, y los vende

y las lubinas las destripa, según nos cuentan.

También Alexis, en La heredera 42 [PCG II, fr. 78, 7], menciona [B] a un pescadero llamado Mición.

Sobre los pescadores

Pues bien, con razón los pescadores están así mismo muy orgullosos de su oficio, más que los mejores generales. Por ejemplo, presenta a uno de ellos Anaxándrides, en Odiseo , diciendo lo siguiente sobre el arte de la pesca [PCG II, fr. 34]:

La hermosa obra de los pintores

es objeto de admiración colgada en los cuadros 43 ,

pero la nuestra es arrebatada solemnemente del plato ,

y desaparece al punto de la sartén .

Porque, ¿en virtud de qué otro arte, tú, noble amigo , [C]

se abrasan las bocas de los jóvenes, o

es tal la riña de dedos 44 ,

o el sofoco si no se puede devorar a toda prisa?

Pues, ¿no es el único que crea las relaciones

el mercado bien surtido de pescado? ¿Y cuál de los mortales cena en compañía

si ha cogido turrados unos corvallos baratos

o una anchoa? Y a un lozano muchachito ,

¿con qué encantamientos o con qué argumentos se lo conquista , [D]

dímelo, si se suprime el arte de los pescadores? Pues éste subyuga

seduciendo con la figura cocida de los peces 45 ,

al conducir bajo los cuerpos mismos la puerta del almuerzo ,

y fuerza a su naturaleza a reclinarse sin pagar el escote 46 .

Compradores pródigos

Con respecto a quienes son demasiado caprichosos al comprar dice esto Alexis, en La heredera [PCG II, fr. 78]:

Quien compra, siendo pobre, mucho pescado

[E] y, apurado para lo demás, para eso tiene medios ,

de noche ése deja desnudos a todos

los que se encuentra; en consecuencia, cada vez que alguien resulta despojado, tiene que

acecharlo ya desde el amanecer en la plaza del pescado .

Y al primero que ve 47 pobre y joven

comprándole anguilas a Mición ,

lo detiene y lo lleva a la cárcel .

Dífilo, por su parte, en El comerciante , afirma que hay incluso una ley en Corinto en estos términos [PCG V, fr. 31]:

A— Esta es la norma, noble amigo, aquí

en Corinto: si vemos a alguien que compra siempre pescado

[F] con esplendidez, le preguntamos de qué

vive y a qué se dedica. Y si posee una hacienda

cuyos ingresos sufragan los gastos ,

le dejamos gozar en adelante de ese género de vida .

Mas si resulta que gasta por encima de su fortuna ,

le prohibimos que lo vuelva a hacer más .

Y a quien no obedece, le ponen una multa .

Y si, pese a no tener nada en absoluto, vive lujosamente ,

se lo entregan al verdugo . B— ¡Por Heracles!

A—Es que no es posible que ése viva sin delito alguno , [228 A]

¿comprendes?, sino que por fuerza tiene

o que robar ropa de noche, o que perforar muros 48 ,

o que ser cómplice de algunos de los que lo hacen ,

o que actuar como sicofanta 49 en el ágora, o que prestar

falso testimonio. Estamos quedando limpios de tal ralea .

B— ¡Y con razón, por Zeus! Pero, ¿qué tiene que ver eso conmigo?

A— Te vemos comprando a diario

no con mesura, noble amigo, sino con prodigalidad .

No es posible, por tu culpa, conseguir algo parecido a un pez . [B]

Tienes a nuestra ciudad congregada en la plaza de la verdura :

nos peleamos por los apios, como en los Juegos Ístmicos 50 .

Ha entrado una liebre: al momento te has hecho con ella .

Y en cuanto a una perdiz o un zorzal, ¡por Zeus!, por vuestra culpa

ya no se los puede ver ni volando ;

y el vino de importación lo has hecho encarecerse mucho .

Considera conveniente que se imponga esta costumbre también en Atenas Sófilo, en Androcles [PCG VII, fr. 2], pidiendo que sean elegidos por el Consejo dos o tres [C] inspectores del pescado 51 . Linceo de Samos 52 escribió incluso un Manual de compra en el mercado , dedicado a uno que no sabe comprar [fr. 19 Dalby], donde le enseña qué les debe decir a esos asesinos de los pescaderos, para que en adelante compre lo que desee a buen precio, y además sin problemas.

Intervención de Ulpiano

Después de esto, Ulpiano, habiendo hecho acopio, una vez más, de los puntos espinosos de lo que se había dicho, preguntó si podríamos demostrar que empleaban vajilla de plata en los banquetes los antiguos, y si pínax (fuente) es palabra griega. Efectivamente, Homero dice en La Odisea [XVI 49]:

También fuentes de carne les sirvió el porquerizo .

[D] Aristófanes de Bizancio 53 afirma [pág. 202 Slater] que servir en fuentes las viandas es costumbre más moderna, ignorando que en otros versos ha dicho así mismo el poeta [Od . I 141]

El trinchante ofreció y sirvió fuentes de carne .

“Mas quiero preguntar también si algunas personas estaban en posesión de gran cantidad de esclavos, lo mismo que nuestros contemporáneos, y si se dice tḗganon (sartén) y no sólo tágēnon , para que no nos lo bebamos o comamos todo como los que por su estómago son llamados parásitos y aduladores”.

«Pínax», «tḗganon» y derivados

Le respondió Emiliano: “Por lo que se refiere a la palabra pínax , tienes [E] el utensilio mencionado también 54 en los Turio-persas de Metágenes el cómico [PCG VII, fr. 8]. En cuanto al término tḗganon (sartén), noble amigo, lo emplea Ferécrates, en Bagatelas , de este modo [PCG VII, fr. 109]:

Y andaba diciendo que había comido pescaditos de una sartén .

Y en Los persas , el mismo autor [PCG VII, fr. 133]:

Sentarme junto a las sartenes y prender fuego a la carricera 55 por debajo .

Filónides, por su parte, en Los coturnos [PCG VII, fr. 2, 1]: [F]

Recibir con rayas marinas y sartenes .

Y de nuevo [id., fr. 2, 2]:

Olfateando ella las sartenes .

Eubulo, a su vez, en Ortanes [PCG V, fr. 75, 7-8] 56 :

Mas el soplillo despierta a las perras guardianas de Hefesto ,

excitándolas con el cálido olor de la sartén .

Y otra vez [PCG V, fr. 75, 1-2]:

Toda mujer hermosa

enamorada viene con frecuencia, y también 〈los muchachitos 〉

criados junto a las sartenes …

[229 A] Y en Los Titanes [PCG V, fr. 108]:

Y, tras sonreírme ,

la cazuela borbotea con extranjera cháchara ,

y salta el pescado en mitad de las sartenes .

En cuanto al verbo 57 , lo menciona Frínico, en Los tragediógrafos [PCG VII, fr. 60]:

Es agradable comer algo de la sartén sin parte en los gastos .

Y Ferécrates, en Los hombres-hormiga , dice [PCG VII, fr. 128]:

Tú, en cambio, estás comiendo de la sartén .

Por su parte, Hegesandro de Delfos afirma [FHG IV, fr. 38, pág. 420] que los siracusanos llaman tḗganon a la cazuela, [B] y a la sartén, xērotḗganon , y que por eso Teodóridas dice en un poemilla [Suppl. Hell ., fr. 742]:

La cazuela hirvió bien al baño María 58 ,

llamando a la cazuela tḗganon . Los jonios dicen ḗganon , sin la letra «t», como Anacreonte [PMG 436]:

Y poner la mano en la sartén (en ēgánōi ).

La vajilla de plata en la antigüedad

Me plantea dudas, por otro lado, noble Ulpiano, por lo que al uso de vajilla de plata se refiere, lo que dice Alexis en El desterrado 59 [PCG II, fr. 259, 3-4]:

Pues donde está la loza de alquiler

para los cocineros . [C]

En efecto, hasta la época macedónica los comensales eran servidos en vajillas de loza, según dice mi compatriota Juba [FGrH 275, fr. 87]. Pero cuando los romanos viraron hacia el exceso de lujo, alteró su régimen de vida, a imitación suya, Cleopatra la que destruyó el reino de Egipto 60 ; y, no pudiendo darle otro nombre, aplicó el de kéramon (loza) a la vajilla de oro y plata, y dicha «loza» se la regalaba a los comensales para que se la llevaran a casa. Y ése era el mayor de los lujos. En vajilla de Roso 61 , que es la más colori [D] da, se gastaba cinco minas diarias 62 Cleopatra.

El rey Ptolomeo, por su parte, en el libro octavo de sus Memorias , cuando trata sobre el rey Masinisa de Libia 63 dice lo siguiente [FGrH 234, fr. 7]: «Los banquetes se disponían al modo romano, y se proveían de todo tipo de vajilla de plata. A su vez, las mesas de los postres se ornaban conforme a las costumbres itálicas. Las canastillas eran todas de oro, hechas a imitación de las tejidas con juncos. No obstante, empleaban músicos helenos».

[E] Aristófanes el comediógrafo —sobre el que Heliodoro de Atenas, en su escrito Sobre la Acrópolis [FGrH 373, fr. 4], que consta de quince libros, afirma que era de origen naucratita [PCG II 2, test. 12] 64 — cuenta en su obra Pluto que, en el momento de la aparición del dios homónimo, las fuentes de pescado se volvieron de plata, al igual que todo lo demás, diciendo así [Pluto , 812-815]:

Toda vinagrera y escudilla y olla

se ha vuelto de bronce. Las estropeadas fuentuchas

[F] del pescado, de plata, como puede verse .

Y la lámpara se nos ha vuelto de repente de marfil .

Platón, a su vez, en Los embajadores [PCG VII, fr. 127]:

Epícrates y Formisio recibieron

del rey numerosos sobornos 65 ,

vinagreras de oro y bandejitas de plata .

Sofrón, por su parte, en uno de sus mimos femeninos, dice [230 A] [PCG I, fr. 29]: «Resplandecía de objetos de cobre y plata la casa». Filípides, en La desaparición del dinero , se refiere a este uso como vulgar y poco frecuente, pero imitado por algunos metecos nuevos ricos [PCG VII, fr. 9]:

A— Mas una suerte de piedad se apodera por completo de mí

cuando veo en apuros a unos hombres

libres y que, en cambio, otros que son carne de látigo comen, de una fuente

de plata que pesa una mina, pescado en salazón, en ocasiones

por valor de dos o tres óbolos ,

y alcaparras por valor de tres bronces en un cuenco [B]

de plata que pesa cincuenta dracmas .

Antes, en cambio, ver ofrendada una pátera

era realmente difícil . B— Lo es también todavía ahora ;

pues si uno la consagra, inmediatamente otro la roba .

Alexis, en El caballito , cuando presenta a un joven enamorado y que alardea de su riqueza ante su amada, le hace decir lo siguiente [PCG II, fr. 2, 3 ss.] 66 :

A— A los esclavos (porque me traía dos de casa) les dije

que colocaran a la vista las copas

[C] lavadas con natrón 67 . Había un ciato 68 de plata ***

pesaba dos dracmas, una copita de cuatro ,

*** y una enfriaderita de diez óbolos ,

más sutil que Filípides . B— Bueno, todo esto

como fanfarronada no estaba mal inventado .

Mas conozco también yo a un conciudadano nuestro, miserable jactancioso, el cual, aunque toda la plata que poseía pesaba una dracma, gritaba llamando a su criado, que [D] era uno y sólo uno, pero disfrutaba de nombres tan innumerables como las arenas del mar 69 : «Muchacho, Estrombíquides, no nos pongas la vajilla de plata de invierno, sino la de verano». Semejante es también el personaje de Nicóstrato, en el drama titulado Los reyes ; se trata de un soldado fanfarrón, sobre el que dice [PCG VII, fr. 8]:

Queda una vinagrera y una enfriadera

más sutil que su vestido orlado de púrpura ,

pues también entonces se trabajaba la plata hasta que adquiría el aspecto de una fina piel. Antífanes, en Las mujeres de Lemnos , dice [PCG II, fr. 143]:

Se dispuso un trípode

[E] con un buen pastel, ¡oh dioses muy honrados! ,

y miel en un cuenco de plata .

Y Sópatro el parodista, en Orestes [PCG I, fr. 14]:

Una fuente de plata con un siluro podrido .

En el drama titulado Las lentejas dice así mismo [PCG I, fr. 18]:

Pero en los banquetes tiene una vinagrera de plata

guarnecida con relieves en forma de serpiente 70 ,

como la que una vez poseyó también Tibrón 71 el de Tántalo ,

un hombre fácilmente «destalentizado» 72

de sus talentos .

Teopompo de Quíos, en sus Consejos a Alejandro [FGrH [F] 115, fr. 252], dice, cuando trata de su conciudadano Teócrito 73 : «Bebe en copas de plata y oro, y los restantes utensilios que emplea en la mesa son del mismo tipo; él, que antes no podía beber no ya en copas de plata, ni tan siquiera de bronce, sino sólo de cerámica, y a veces desportilladas». Dífilo, en El pintor [PCG V, fr. 43]:

Un desayuno escogido entró bailando ,

cuanto pueda haber de nuevo o deseado: variedades de moluscos [231 A]

de todo tipo, un batallón de lapas en orden de batalla ,

un montón de carne cocida se precipitaba desde la sartén .

Con ello, bebidas especiadas en morteros de plata .

Filemón, en El médico [PCG VII, fr. 35]:

Y un macuto de vajilla de plata .

Menandro, en Su propio torturador [PCG VI 2, fr. 78]:

Un baño, sirvientas , 〈colchas 〉, vajilla de plata .

Y en Himnis [PCG VI 2, fr. 366]:

Sino que vengo

con el propósito de coger la vajilla de plata .

[B] Lisias, por su parte, en Sobre el trípode de oro [fr. 56 Thalheim], si el discurso es auténtico: «Y aún había vajilla de plata (argýrōma ) o de oro (chrýsōma ) para dar». No obstante, los puristas del griego afirman que hay que decir argyroûs kósmos (servicio de plata) y chrysoûs kósmos (servicio de oro)”.

Escasez de oro y plata en la Antigüedad

Después de que Emiliano dijera todas estas cosas 74 , Pontiano afirmó: “En efecto, en la Antigüedad realmente era poco frecuente entre los helenos el oro, y mucho, y escasa la plata que había en las minas. Es también por eso por lo que Filipo, el padre del rey Alejandro Magno —cuenta Duris de Samos [FGrH 76, fr. 37]—, como poseía una pequeña pátera de [C] oro, la tenía siempre puesta bajo la almohada. Y el vellón de oro de Atreo, por el que se produjeron eclipses de sol, cambios de monarquías y aun la mayor parte de las tragedias 75 , dice Herodoro de Heraclea [FGrH 31, fr. 57] que era una pátera de plata que tenía en medio un cordero de oro. A su vez, Anaxímenes de Lámpsaco, en la obra titulada Primeras historias [FGrH 72, fr. 3], afirma que el collar de Erifila 76 se hizo famoso porque en aquel tiempo era escaso el oro entre los helenos; pues hasta ver un vaso de plata era entonces raro. En cambio, tras la toma de Delfos por los focidios 77 , todos los objetos de este tipo se hicieron abundantes. Era en [D] vasos de bronce en lo que bebían los que pasaban por ser muy ricos, y llamaban chalkothḗkes a los muebles donde se guardaban. Heródoto [II 151] cuenta que los sacerdotes de los egipcios bebían en vasos de bronce y que, en una ocasión en que sus reyes ofrecían un sacrificio en común, no se encontraron copas de plata para dar a todos; así que Psamético 78 , que era más joven que los otros reyes, hizo su libación con una pátera de bronce, mientras que los demás realizaron las suyas con páteras de plata.

Los tesoros de Delfos

[E] Ahora bien, cuando fue saqueado el santuario pótico por los despóticos focenses, irrumpió entre los helenos el oro y se introdujo también la plata, aunque fue más tarde, cuando Alejandro Magno se llevó consigo los tesoros de Asia, cuando realmente brotó, como dice Píndaro [Pítica V 1], «muy poderosa la riqueza». Además, las ofrendas de plata y oro de Delfos fueron consagradas por vez primera por el rey Giges de Lidia 79 ; con anterioridad a su reinado aún carecía de ofrendas de plata, e incluso de oro, el dios Pitio, según aseguran [F] Fenias de Éreso [DSA IX, fr. 11] y Teopompo, en el libro cuadragésimo de sus Filípicas [FGrH 115, fr. 193]. En efecto, cuentan estos autores que el santuario pítico fue embellecido por Giges y por su sucesor, Creso, y tras ellos por Gelón y Hierón de Sicilia 80 . Aquél ofrendó un trípode y una Victoria labrada en oro por los tiempos en los que Jerjes hizo la expedición contra la Hélade 81 , y Hierón, objetos semejantes. Pero dice así Teopompo [FGrH 115, fr. 193]: «En efecto, estaba en la Antigüedad el santuario adornado con ofrendas de bronce, no estatuas, sino calderas y trípodes forjados en bronce. Ahora bien, los lacedemonios quisieron [232 A] dorar el rostro del Apolo de Amiclas 82 y, al no encontrar oro en la Hélade, enviaron embajadores, y le preguntaron al dios a quién se lo podrían comprar. Él les respondió que fueran a comprárselo a Creso de Lidia; de manera que ellos fueron y se lo compraron a Creso.

Hierón de Siracusa, por su parte, cuando quiso ofrendar al dios el trípode y la Victoria de oro fino, como pasado largo [B] tiempo no conseguía hacerse con oro, terminó por enviar a sus agentes a la Hélade; éstos, al cabo, llegaron en un momento dado a Corinto y, siguiéndole el rastro, dieron con él en casa de Arquíteles de Corinto 83 , que durante mucho tiempo se había ido haciendo con él en pequeñas cantidades y poseía un tesoro no despreciable. Pues bien, vendió a los enviados de Hierón lo que querían, y después llenó además su mano con cuanto podía contener, y se lo dio por añadidura. En correspondencia, Hierón envió un barco de trigo y otros muchos presentes desde Sicilia». Cuenta lo mismo, [C] igualmente, Fenias, en su obra Sobre los tiranos de Sicilia [DSA IX, fr. 11]: que eran de bronce las antiguas ofrendas, ya fueran trípodes, calderos o dagas. Y afirma que en una de ellas incluso estaba escrito:

Contémplame, pues realmente en la ancha torre de Ilión

estaba yo cuando combatíamos por Helena de hermosa cabellera ,

y a mí me portaba el soberano Helicaón, hijo de Anténor 84 ;

mas ahora me posee el divino suelo del hijo de Leto 85 .

[D] Y en el trípode, que era uno de los premios establecidos en los juegos en honor a Patroclo 86 :

Soy un trípode de bronce, a Apolo Pitio estoy dedicado como ofrenda ,

y me estableció como premio de los juegos en honor a Patroclo Aquiles de pies ligeros .

Mas el Tidida Diomedes, bueno en el grito de guerra, me ofrendó

tras vencer con sus caballos junto al ancho Helesponto .

[E] Éforo o su hijo Demófilo 87 , en el trigésimo libro de sus Historias , hablando sobre el santuario de Delfos, dice [FGrH 70, fr. 96]: «Onomarco, Faílo y Faleco 88 no sólo se llevaron todas las posesiones del dios, sino que, para colmo, sus esposas cogieron el aderezo de Erifila, que Alcmeón había dedicado en Delfos por orden del dios, y el collar de Helena, ofrendado por Menelao. A ambos, en efecto, el dios les había comunicado un oráculo; a Alcmeón, cuando le preguntó cómo podría poner fin a su locura:

Un precioso don me solicitas: que cese tu locura .

Y tú me traes un precioso presente, por el que una vez tu madre 89 [F]

a Anfìarao ocultó bajo tierra con caballos y todo .

Y a Menelao, que consultó cómo podría vengarse de Alejandro 90 :

Coge del cuello de tu esposa, y tráemelo ,

el collar de oro puro que en otro tiempo dio Cipris a Helena, motivo de gran alegría .

De este modo te pagará como satisfacción Alejandro una pena odiosa .

Ahora bien, sucedió que se produjo entre las mujeres una [233 A] disputa sobre cuál de ellas cogería cada uno de los aderezos. Así que se los repartieron a suertes, y una de ellas, que por su género de vida era hosca y llena de gravedad, obtuvo el collar de Erifila, mientras que la otra, que se distinguía por su lozanía y era una impúdica, obtuvo el de Helena. Y ésta se enamoró de un joven epirota y se fugó al extranjero, mientras que la otra tramó la muerte de su esposo» 91 .

Actitud de los filósofos ante los metales preciosos

A su vez, el divino Platón y Licurgo el laconio no consentían que en sus particulares repúblicas se estableciera no ya algún otro tipo de lujo, sino [B] ni siquiera la plata ni el oro 92 , considerando que de lo que se extrae de las minas bastan el hierro y el cobre, y desterraban de ellas aquellos otros metales, en la idea de que perjudican incluso a las ciudades más sanas. Zenón el estoico [SVF I, fr. 239], por su parte, por considerarlos «indiferentes» en todos los demás aspectos, salvo en su uso legítimo y honesto, repudia tanto el imperio de estos metales como su rechazo y, en cambio, prescribe hacer uso de las cosas simples y excelentes, para que, a base de [C] mantener una disposición de alma carente de temor y de admiración hacia todo lo demás que no es ni bueno ni malo, los hombres se sirvan de lo que es acorde con su naturaleza en la mayor medida posible; y para que, en cambio, al no temer nada en absoluto, se aparten de lo que es contrario a ella por reflexión, y no por miedo. Pues la naturaleza no ha desterrado del universo ninguno de los metales mencionados, sino que hizo vetas subterráneas de ellos, las cuales acarrean un trabajo muy penoso y duro, a fin de que quienes se esfuerzan por obtenerlos vayan en pos de su adquisición con dolor, y para que no sólo los que excavan las minas, sino también los que reúnen el mineral excavado, persigan [D] con mil fatigas esa opulencia que atrae todas las miradas.

Pues bien, a manera de ejemplo, *** hay lugares donde esta clase de metales está a ras de suelo, si es cierto que en los confines del mundo hasta unos riachuelos cualesquiera arrastran pepitas de oro, y mujeres y hombres débiles de cuerpo las separan frotándolas con arena, y después que las lavan las llevan al crisol, como afirma que sucede en territorio de los helvecios mi compatriota Posidonio [fr. 402 Theiler], y en el de algunos otros celtas. También los montes llamados antiguamente Ripeos, luego más tarde denominados Olbios y, actualmente, Alpes (pertenecen a las Galias), [E] en una ocasión en que se incendió espontáneamente su vegetación, rezumaron plata. Sin embargo, la mayor parte de estos metales se encuentra mediante trabajos de extracción en profundidad y a base de padecimientos, porque, como afirma Demetrio de Falero, la codicia espera sacar de las entrañas de la tierra al propio Plutón 93 . Así que dice bromeando [DSA IV, fr. 138 b]: «A menudo, habiendo perdido lo seguro por lo dudoso, no consiguen lo que esperaban, sino que se quedan sin lo que tenían, resultando frustrados, como en una adivinanza» 94 .

Los lacedemonios y el oro

Los lacedemonios, por su parte, aunque tenían prohibido por sus costumbres importarlos a Esparta, según [F] cuenta el mismo Posidonio [fr. 402 Theiler], y adquirir plata y oro, no por eso dejaban de procurárselos, pero se los confiaban a sus vecinos los arcadios. Después los tuvieron por enemigos en vez de amigos, de modo que la desconfianza debida a la enemistad quedase libre de rendir cuentas. Pues bien, cuentan que se depositaron en el templo de Apolo en Delfos el oro y la plata que había anteriormente en Lacedemonia, pero que cuando por decreto oficial los llevó a la ciudad Lisandro fueron causantes de [234 A] muchas desgracias. Por ejemplo, corre la historia de que Gilipo, el libertador de los siracusanos 95 , murió tras ponerse en huelga de hambre al ser acusado por los éforos 96 de haberse apropiado del dinero traído por Lisandro. No era fácil que quedara indiferente el mortal ante lo consagrado a un dios y cedido por el pueblo como adorno y propiedad suya.

Los escordista y el oro

Entre los gálatas, por otro lado, los llamados escordistas 97 no importan [B] oro a su región, pero tampoco lo desaprovechan cuando saquean y someten a sus desmanes la tierra ajena. Esta tribu es lo que queda de los gálatas que bajo el mando de Breno atacaron el oráculo délfico, pero un jefe llamado Batanato los dispersó por las regiones que rodean el Danubio 98 ; *** por eso también llaman Batanaria a la ruta por la que partieron, y los descendientes de aquél se denominan todavía hoy batanatos. Aborrecen éstos el oro y no lo importan a sus territorios patrios, ya que por él sufrieron numerosos y terribles padecimientos; en cambio, se sirven de la plata, y por su causa cometen muchos actos espantosos. Y, sin c embargo, lo que deberían suprimir no es el tipo de metal saqueado, sino la impiedad de cometer robos sacrílegos; si tampoco importasen la plata a su territorio, o bien delinquirían por el bronce y el hierro, o bien —caso de que tampoco los hubiera en su tierra— se pasarían el tiempo luchando furiosamente por la comida, la bebida y las demás necesidades básicas”.

Historia del término ‘parásito’

Después que Pontiano dijo tales cosas 99 —ya que la mayoría rivalizaba por resolver las cuestiones planteadas por Ulpiano—, entre quienes solucionaron las que restaban dijo Plutarco: “El nombre de «parásito» antiguamente era venerable y [D] sagrado. En efecto, Polemón (al que le gustaba llamarse bien de Samos o de Sición, bien de Atenas —según dice Heraclides de Mopsuestia cuando se ocupa de él—, y también de otras ciudades; recibía así mismo el apodo de «Rebuscador de columnas» 100 , de acuerdo con lo que cuenta Heródico 101 el discípulo de Crates), cuando escribe sobre los parásitos, dice lo siguiente [fr. 78 Preller]: «El nombre de «parásito» actualmente tiene mala fama, pero entre los antiguos encontramos que el parásito era una cosa sagrada, y algo semejante [E] a «comensal». Por ejemplo, en el templo de Heracles en Cinosarges 102 hay una estela que contiene un decreto de Alcibíades, actuando como secretario Estéfano, hijo de Tucídides 103 , y en él se dice lo siguiente respecto al término en cuestión: ‘Que celebre los sacrificios mensuales el sacerdote junto con los parásitos. Que los parásitos sean hijos de ciudadano y extranjera, e hijos de éstos, de acuerdo con las costumbres ancestrales. Aquél que no quiera desempeñar el cargo de parásito, que sea llevado ante los tribunales también por esos cargos’. Y en las tablas de las leyes referentes [F] a los deliastas 104 está escrito lo siguiente: ‘Y los dos heraldos del linaje de los Heraldos 105 del (Consejo) para los ritos mistéricos. Éstos tienen que ejercer como parásitos en el templo de Apolo Delio durante un año’. En Palene 106 , a su vez, en las ofrendas votivas está escrito lo siguiente: ‘Lo dedicaron los magistrados y parásitos que en el arcontado de Pitodoro 107 fueron galardonados con una corona de oro. Bajo la sacerdotisa Dífile. Parásitos: Epílico, hijo de ***strato 108 , del demo de Gargeto; Pericles, hijo de Periclito, del demo de Piteo; Carino, hijo de Demócares, del demo de Gargeto’. Y en las leyes del arconte basileo 109 está escrito: ‘Que hagan sacrificios a Apolo los parásitos del demo de Acarnas’».

Por su parte, Clearco de Solos, que es uno de los discípulos de Aristóteles, en el libro primero de sus Vidas , escribe lo siguiente [DSA III, fr. 37]: «Aún más, aunque en la [235 A] actualidad es parásito quien está dispuesto a serlo, en aquel tiempo lo era el elegido para vivir en comunidad con otros; por ejemplo, en las antiguas leyes ***, la mayoría de las ciudades aún hoy en día incluye entre los cargos más honorables a los parásitos». A su vez, Clidemo, en su Historia del Ática , dice [FGrH 323, fr. 11]: «También se elegían parásitos en honor a Heracles». Y Temisón, en su Historia de Palene [FGrH 374 , fr. 1 a]: «Que se ocupen de ello el arconte basileo que ejerza el cargo en cada momento, los parásitos que sean elegidos de entre los demos, los ancianos y las mujeres casadas en primeras nupcias». Puedes también, [B] a raíz de lo dicho, mi noble Ulpiano, preguntar quiénes son las «mujeres casadas en primeras nupcias» 110 . Pero bueno (ya que la conversación va de parásitos), también en el Anaceo 111 está escrito sobre una estela: «De los dos bueyes escogidos que abran la marcha, la tercera parte 112 debe ser para la concurrencia, y de las dos partes restantes, una, para el sacerdote y otra, para los parásitos». Crates, por su parte, en el libro segundo de su Dialecto ático , dice 113 [fr. 66 a Mette]: «También el parásito en la actualidad se ha convertido en algo deshonroso, pero anteriormente se llamaba «parásitos» a las personas elegidas para el cobro del trigo sagrado 114 , [C] y existía una sede oficial de parásitos. Por eso también en la ley del arconte basileo está escrito lo siguiente: ‘Debe ocuparse el basileo, por lo que a los arcontes se refiere, de que sean nombrados, y de que los parásitos sean elegidos de entre los demos conforme a los estatutos. Que los parásitos del Establo 115 seleccionen, cada uno de la porción que le corresponda, la sexta parte de un medimno de cebada, y que la consuman los atenienses presentes en el recinto sagrado, conforme a las costumbres ancestrales. A su vez, que entreguen a los magistrados en honor de Apolo la sexta parte de un medimno los parásitos de Acarnas, después del cobro [D] de la cebada’. Por otro lado, que había incluso una sede oficial de los mismos está escrito de este modo en dicha ley: ‘Para la reparación del templo, del lugar de reunión de los parásitos y de la casa sagrada, debe pagarse el dinero que estipulen los que reparan los lugares sagrados, sea cuanto sea’. A partir de estas palabras queda claro que el lugar en el que los parásitos depositaban las primicias del trigo sagrado se denominaba «lugar de reunión de los parásitos» (parasítion)» . Lo mismo cuenta también Filócoro, en el escrito titulado Tetrápolis [FGrH 328, fr. 73], cuando menciona a los parásitos adscritos a Heracles, así como el comediógrafo Diodoro de Sínope, en La heredera [PCG V, fr. 2], cuyo [E] testimonio ofreceré un poco más adelante 116 . Aristóteles, por su parte, en su Constitución de Metone , dice [fr. 562 Gigon]: «Los magistrados tenían dos parásitos cada uno y cada jefe militar, a su vez, sólo uno; recibían contribuciones fijas de algunas otras personas y pescado de los pescadores».

Los parásitos en la comedia

Por otro lado, el personaje que en la actualidad llamamos «parásito», Caristio de Pérgamo, en su libro Sobre las didascalias [FHG IV, fr. 17, pág. 359], afirma que fue llevado al escenario por primera vez por Alexis 117 , olvidando por completo que Epicarmo, en Esperanza o Riqueza , lo había presentado [F] en escena durante una sobremesa, diciendo [PCG I, fr. 31 (31 R-N)] 118 :

Pero éste otro está así, casi pisando los talones de ése .

Con facilidad lo encontrarás tú; y es que, en efecto ,

es un invitado perpetuo por poco precio. Bueno, como quiera que sea ,

él se bebe la vida de un trago, como una copa .

Y el mismo autor hace al parásito decir lo siguiente a uno que le pregunta [PCG I, fr. 32 (32 R-N)]:

Cenando con quien quiere, sólo tiene que invitarme ,

e incluso con quien no quiere, y ni siquiera hace falta que me invite .

Allí soy encantador y causo mucha

[236 A] risa, y ensalzo al anfitrión .

Y si alguien pretende decir algo contrario a aquél ,

lo insulto, y me vuelvo odioso para él .

Y más tarde, tras mucho engullir y mucho beber ,

me voy. Mas la lámpara no me la lleva, acompañándome, el esclavo ,

sino que camino tropezando y a través de la oscuridad ,

solo. Y si me encuentro con los vigilantes ,

atribuyo a los dioses como una bendición que

no quieran más que azotarme .

[B] Y después que llego a casa destrozado ,

duermo sin manta; y lo anterior no lo noto ,

mientras el vino puro me envuelva el entendimiento .

Y el parásito de Epicarmo continúa diciendo otras cosas por el estilo. El de la obra de Dífilo afirma lo siguiente [PCG V, fr. 61]:

Cuando me invita un hombre rico que celebra una cena ,

no contemplo los triglifos ni los techos ,

ni examino las jarras corintias ,

sino que observo fijamente el humo del cocinero .

[C] Y si corre lanzándose impetuoso en vertical ,

me regocijo y me alegro y sacudo las alas .

En cambio, si es oblicuo y delgado, inmediatamente percibo

que la cena en cuestión tiene para mí… bueno, ni siquiera sangre .

No obstante, según afirman algunos, Homero fue el primero en presentar un parásito, cuando dice que Podes era un grato compañero de convite de Héctor [Il . XVII 575-577]:

Y había entre los troyanos cierto Podes, hijo de Eetión ,

rico y noble; y mucho lo apreciaba Héctor [D]

entre el pueblo, pues su camarada era un grato compañero de convite .

Pues llama «grato en el convite» al grato en el banquete 119 . Por eso hace así mismo que éste sea herido por Menelao en el vientre 120 . Dice Demetrio de Escepsis [fr. 74 Gaede] que también Pándaro, por jurar en falso, lo fue en la lengua. Y lo [E] hiere un espartiata, admirador de la autosuficiencia 121 .

Por otra parte, los poetas antiguos llamaban a los parásitos kólakes (aduladores); por ellos puso también Éupolis el título a su drama, e hizo al coro de Los aduladores decir lo siguiente [PCG V, fr. 172]:

Mas el régimen de vida que llevan los aduladores os

diremos. Pero escuchad, pues somos en todo hombres

ingeniosos. En primer lugar, su esclavo es un servidor

ajeno la mayor parte de las veces, pero por un ratito también es de mi propiedad .

Tengo, por otro lado, estos dos bonitos mantos 122 ,

que sustituyo continuamente entre sí siempre que voy [F]

al mercado. Y cuando le echo allí el ojo a un hombre

necio pero rico, al punto voy hacia él .

Y si acierta a decir algo el ricachón, lo aplaudo mucho

y me quedo atónito, fingiendo que me agradan sus palabras .

Después, vamos a la cena, cada uno de nosotros a un sitio distinto ,

al pan de un extraño, por lo que tiene que decir muchas cosas agradables

sobre la marcha el adulador, o lo ponen en la puerta .

[237 A] Sé que a Acéstor el marcado a hierro 123 le pasó eso ,

porque profirió una broma insolente, y entonces el esclavo

lo condujo a la puerta con una cadena y se lo entregó a Eneo 124 .

El término «parásito» lo menciona Araro, en El himeneo , con estas palabras [PCG II, fr. 16]:

No hay modo de que no seas un parásito, queridísimo .

Mas he aquí a Iscómaco, que resulta ser quien te alimenta .

Aunque el nombre aparece a menudo en los poetas más modernos. En cuanto al verbo, se encuentra en el Laques del filósofo [B] Platón. Dice, en efecto [179 c]: «Y los muchachos comen junto a nosotros (parasiteîn)» . Afirma que hay dos clases de parásitos Alexis, en El piloto , con estas palabras [PCG II, fr. 121]:

PARÁSITO . — Dos son, Nausinico, las clases de parásitos;

una, la común y ridiculizada en la comedia ,

nosotros los negros 125 . Pregunto por un segundo tipo ,

sátrapas parásitos y generales ilustres 126 ,

llamado imparcialmente «parásito respetable» ,

que representa en sus vidas su papel a la perfección, con gesto de orgullo en las cejas , [C]

y despilfarra fortunas de mil talentos .

¿Conoces 〈tú〉 la clase y la situación? NAUSINICO .— Claro que sí .

PAR . — El tipo de ocupación de cada una de estas clases

es uno solo: un certamen de adulación .

Lo mismo que en nuestras vidas el azar a algunos

de nosotros nos asignó a los poderosos, y a otros, a los ínfimos ,

y así, mientras unos somos pudientes, otros estamos desesperados . [D]

¿Me explico, Nausinico? NAUS . — Sin errar el blanco ;

pero es que, si te elogio demasiado, me pedirás algo .

Pinta no sin gracia el carácter del parásito tal cual es Timocles, en Draconcion 127 , de este modo [PCG VII, fr. 8]:

¿Entonces voy yo a permitir a cualquiera que hable

mal de un parásito?¡Ni mucho menos! Pues no hay

en estos asuntos gente más útil .

Y si es la camaradería una de las virtudes ,

un parásito la practica en el más alto grado .

Que estás enamorado: se convierte en un amante adjunto que no pone excusas . [E]

Tienes algún negocio: lleva a cabo, asistiéndote, lo que haga falta ,

considerando justo lo mismo que quien lo alimenta .

¡Qué asombroso panegirista de sus amigos!

Se complacen en placeres gratuitos de banquetes 128 ;

¿y quién no de los mortales? ¿O qué héroe o dios

rechaza este tipo de entretenimiento?

Pero para no alargarme demasiado hablando durante todo el día ,

creo que puedo mencionar una prueba contundente

[F] de que la vida de los parásitos es digna de estima :

en efecto, se les concede el mismo privilegio que a quienes

en los juegos olímpicos, en virtud de su utilidad: ganan

manutención. Pues donde no se aporta escote ,

todos esos lugares se llaman pritaneos 129 .

También Antífanes dice, en Los gemelos [PCG II, fr. 80]:

[238 A] Pues el parásito, si bien lo miras ,

es compañero en ambas cosas: la suerte y la vida .

Ningún parásito pide que les vaya mal a sus amigos ,

sino, al contrario, que a todos les vaya bien siempre .

Que uno es derrochador en su género de vida: no lo envidia ,

sino que pide participar de esas cosas permaneciendo a su lado .

También es un amigo noble y fiable al mismo tiempo ,

ni belicoso, ni irascible, ni maldiciente ,

bueno para soportar la cólera. Si hablas en broma, ríe;

[B] cariñoso, chistoso, alegre de carácter .

Y después, es buen soldado hasta la exageración ,

con tal de que el rancho sea una cena bien dispuesta .

También Aristofonte dice, en El médico [PCG IV, fr. 5]:

Mas quiero advertirle antes qué clase de persona soy en mis costumbres .

Si alguien da un banquete, estoy allí el primero, de modo que ya hace tiempo

*** que me llaman «Caldo». Que hay que alzar por la cintura a alguno

de los que están borrachos: creerás ver en mí a un luchador argivo . [C]

Que hay que lanzarse contra una casa: un ariete; que subir

por una escalerita ***: un Capaneo 130 ; que soportar golpes: una masa de hierro candente ;

que dar puñetazos: un Telamón 131 ; que tentar a los buenos: como el humo 132 .

Y en El discípulo de Pitágoras dice [PCG IV, fr. 10] 133 :

Respecto a lo de tener hambre y no comer nada ,

imagínate que estás viendo a Titimalo, o a Filípides 134 .

[D] En beber agua es una rana; en disfrutar de la ajedrea

y las verduras, una oruga; de cara a no lavarse, una porquería;

en pasar el invierno al raso, un mirlo ;

en soportar el calor sofocante y charlar al mediodía ,

una cigarra; en no utilizar el aceite 135 , ni verlo ,

una polvareda; en pasear desde la mañana descalzo ,

una garza; en no dormir ni pizca, un murciélago .

Antífanes, en Los antepasados [PCG II, fr. 193]:

Conoces mi carácter ,

[E] y que no hay en él vanidad; al contrario, con mis amigos

soy así, en efecto: en recibir golpes, una masa de hierro candente ;

en dar golpes, un rayo; en dejar ciego a alguien, un relámpago;

en alzar y llevarme a uno, un vendaval; en ahogar, un lazo ;

en apalancar puertas, un terremoto; en saltar, un saltamontes ;

en cenar sin ser invitado, una mosca; en no moverme, un pozo .

Estrangular, matar, testificar, sencillamente cuanto

a uno se le ocurra decir, todo eso lo hago sin reflexionar .

Y me llaman los más jóvenes

[F] por todo ello «Huracán». Pero nada me importan

las burlas; pues como soy amigo de mis amigos ,

nací servicial de hecho y no sólo de palabra .

A su vez, Dífilo, en El parásito , hace que el parásito diga lo siguiente cuando está a punto de celebrarse una boda [PCG V, fr. 62]:

¿Ignoras las consecuencias

de las maldiciones si uno no indica correctamente el camino

o enciende fuego o corrompe el agua [239 A]

o, a alguien que se dispone a dar una cena, se lo impide? 136

Eubulo, por su parte, en Edipo [PCG V, fr. 72]:

El primer hombre que inventó lo de cenar la comida ajena

era un demócrata, según parece, en sus costumbres .

En cambio, quien, habiendo invitado a cenar a un amigo o a un extranjero ,

después le reclama el escote ,

¡que se convierta en un proscrito sin llevarse nada de su casa! 137

Diodoro de Sínope, en La Heredera , respecto al vivir como un parásito dice también él, no sin elegancia, lo siguiente [PCG V, fr. 2] 138 :

Quiero demostrar claramente [B]

que este oficio es venerable, sancionado por la costumbre

y un invento de los dioses. En cambio, las restantes artes

no las dio a conocer dios alguno, sino hombres sabios .

Efectivamente, la vida de parásito la inventó el Zeus de la Amistad ,

reconocidamente el más grande de los dioses .

Él, en efecto, entra en las casas

sin distinguir la pobre o la rica ;

y donde ve un lecho bien extendido ,

y la mesa dispuesta con todo lo que

hace falta, al momento se recuesta elegantemente [C]

y se da un banquete. Después de engullir y beber ,

se marcha a casa sin pagar el escote .

También yo hago eso ahora. Cada vez que veo lechos

bien extendidos, las mesas dispuestas ,

y la puerta abierta, entro

dentro en silencio y me pongo cómodo ,

de modo que no importune al que bebe a mi lado .

Y después de gozar de todo lo que se sirve y de beber ,

[D] me voy a casa como el Zeus de la Amistad .

Pero que esta acción es siempre ilustre y noble

se podría reconocer aún más claramente a partir de esto :

cuando la ciudad honra espléndidamente a Heracles

realizando sacrificios en todos los demos ,

a los parásitos del dios para dichos sacrificios

jamás los eligió a suerte, ni invitó

a los mismos a unos cualesquiera, sino que elegía

cuidadosamente de entre los conciudadanos a doce hombres ,

seleccionando los nacidos de dos ciudadanos ,

[E] poseedores de hacienda y que tuviesen una vida honesta .

Luego, más tarde, imitando a Heracles ,

algunos de los ricos escogieron parásitos

para alimentarlos, y los invitaban, eligiendo

no a los más agradables, sino a los que sabían adularlos

y ensalzarlos en todo. Cuando vomita sobre ellos

después de comer rabanitos y siluro podrido ,

le dicen que ha almorzado violetas y rosas .

Y cuando se tira un pedo mientras está recostado junto a alguno

[F] de ellos, éste, acercándole la nariz, le pregunta :

¿Dónde consigues ese incienso?

Por culpa de los de esa calaña, que se conducen impúdicamente ,

lo honroso y lo noble es ahora vergonzoso .

También Axionico dice, en El calcideo [PCG IV, fr. 6]:

Tan pronto como me enamoré de la vida de parásito en compañía

de Filóxeno Rajajamones, siendo joven todavía ,

comencé a sufrir golpes de puños, de cuencos

y de huesos, de tal calibre, que algunas veces

me llevaba lo menos ocho heridas . 240 [A]

En efecto, me venía bien, pues estoy dominado

por el placer. Más tarde, hasta en cierta manera

he llegado a considerar que la coyuntura me es provechosa .

Por ejemplo, hay alguien pendenciero y se pelea conmigo por algo :

cambio mi opinión por la de él, y gracias a que admito

cuanto de malo me ha dicho, no salgo a continuación lesionado ,

Una persona malvada afirma que es amable :

lo elogio y obtengo su gratitud .

Si hoy me he zampado una tajada hervida de glauco , B

no me disgusto si mañana la tomo recalentada .

Tal es mi actitud y mi naturaleza .

Antídoto, por su parte, en la obra titulada El primer coro , presenta a uno del tipo de los que ahora ejercen su actividad académica en el ala de Claudio del Museo 139 , de quienes no es bueno ni acordarse, que dice lo que sigue respecto al oficio de parásito [PCG II, fr. 2]:

Colocaos ya en vuestro puesto, y escuchadme con atención .

Antes de entrar en el registro público y recibir la clámide 140 ,

[C] si alguna conversación recaía sobre la vida de parásito ,

esta ocupacioncita siempre absorbía mi atención ,

y desde la infancia me educaba en mi magín para ella .

El parásito Titímalo

Parásitos conocidos por su nombre fueron, por otra parte, Titimalo, al que menciona Alexis en La milesia [PCG II, fr. 155] y en Odiseo en el telar [PCG II, fr. 161]; en Los olintios dice [PCG II, fr. 164]:

Pero el tuyo es pobre, querida; y ése ,

según dicen, es el único linaje al que teme la muerte .

[D] Titimalo, por ejemplo, se pasea, inmortal, de un lado a otro .

Dromón, en La arpista [PCG V, fr. 1]:

A— Estaba enormemente abochornado

porque me disponía de nuevo a cenar sin pagar escote, que es

muy vergonzoso . B— Tranquilízate. A Titimalo, por ejemplo, siempre

se lo puede ver paseando más rojo que la grana :

¡tan colorado se pone por no pagar escote!

Timocles, en El centauro o Dexámeno [PCG VII, fr. 21]:

Tachándolo de Titimalo y parásito .

Y en Los caunios [PCG VII, fr. 20]:

[E] Ya se lo ha llevado a la boca ¿A qué espera? ¡Apresúrate ,

amigo, que Titimalo, que estaba completamente muerto ,

volvió a la vida así, aliviado por unos altramuces

de los de a ocho por óbolo! En efecto, no se dejó morir de hambre

aquél, sino que la soportó, querido amigo ,

cuando la tenía .

Y en Las cartas [PCG VII, fr. 10]:

¡Ay de mí, desdichado, qué enamorado estoy! ¡Por los dioses!

Jamás Titimalo deseó tan vehementemente

comer, ni Cormo robar mantos ,

ni Nilo la harina de cebada, ni el Alondra mover [F]

los dientes sin pagar escote .

Antífanes, en El etrusco [PCG II, fr. 208]:

A— Es una virtud ayudar gratis a los amigos .

B— Quieres decir que Titimalo va a ser rico ,

pues si va a obtener una paga, de acuerdo con tu argumento ,

de aquéllos en cuya casa cena de balde, reunirá una gran 〈fortuna 〉.

Alondra el parásito

Estaba también el Alondra entre 241 [A] los parásitos conocidos por su nombre. Lo menciona Timocles, en El que se alegra del mal ajeno , de este modo [PCG VII, fr. 11]:

Ver un mercado bien provisto de pescado para el rico

es grato, mas si uno es pobre, penosísimo .

Por ejemplo, el Alondra, por haberse quedado, pienso yo ,

sin invitación, andaba comprando pescado para llevar a su casa .

Pero su experiencia fue cómica, ¡ay de mí!, porque al hombre ,

que tenía cuatro monedas de cobre, al ver las anguilas ,

atunes, rayas, langostas, se le ponían los dientes largos .

[B] Y después de darles vueltas por todas partes, preguntó

que a cuánto; pero cuando se enteró, se fue corriendo hacia la morralla .

Alexis, en Demetrio o Filetero [PCG II, fr. 48]:

Pero siento vergüenza

ante el Alondra, si va a parecer que como con ciertas personas

de un modo tan dispuesto. No rehusaré, sin embargo .

Pues tampoco lo haría él si se lo invitase .

Y en La nodriza [PCG II, fr. 229]:

A— El Alondra este, el que suele contar

[C] los chistes, quiere ser Blepeo . B— Y con toda la razón ,

porque Blepeo es rico 141 .

Cratino el joven, en Los Titanes [PCG IV, fr. 8]:

Ten vigilado al Alondra el marcado por el bronce .

†Que, aunque no te lo vas a creer, ése no te dejará nada †,

ni partirás jamás pescado a medias con el

Alondra ese, te lo advierto; pues tiene una mano robusta ,

broncínea, infatigable, mucho más poderosa que el propio fuego .

Que el Alondra solía contar chistes y que quería que la gente se riera de ellos, lo cuenta el mismo Alexis, en Los poetas [PCG II, fr. 188]:

En efecto, he aquí que

deseo sobremanera hacer reír y contar chistes a todas horas ;

después del Alondra, el que más de los atenienses con mucho .

Registra sus hechos más memorables Linceo de Samos, quien afirma que en realidad se llamaba Éucrates. Escribe así [fr. 28 Dalby]: «Éucrates el Alondra, cierta vez que bebía en casa de uno cuya vivienda amenazaba ruina, le dijo: ‘Aquí hay que cenar con la mano izquierda sustentando el [E] techo, como las cariátides’».

Filóxeno el Rajajamones, por su parte, en una ocasión en que la conversación vino a dar en que los tordos son caros, y estaba presente el Alondra, que tenía fama de prostituirse, comentó: «Sin embargo, yo recuerdo cuando la alondra costaba un óbolo». Aunque también Filóxeno era uno de los parásitos, según dice Axionico, en El calcideo ; el testimonio ya se ha citado antes 142 . Lo menciona así mismo Menandro, en La redecilla [PCG VI 2, fr. 216], que lo llama solamente Rajajamones. También se refiere a él Macón el [F] comediógrafo, que nació en Corinto o en Sición, pero pasó su vida en mi querida Alejandría, y fue maestro del gramático Aristófanes 143 en las partes referentes a la comedia. Murió también en Alejandría, y está escrito sobre su tumba 144 :

Liviano polvo, haz nacer la hiedra vigorosa amante de las contiendas 145

sobre la tumba de Macón el comediógrafo ,

Pues no tienes a un zángano plagiario, sino que recubres [242 A]

unos restos dignos del antiguo arte .

Esto es lo que dirá el anciano 146 :¡Ciudad de Cécrope 147 , también junto al Nilo

hay ocasiones en que crece un fruto punzante en el jardín de las Musas!

En estos versos muestra claramente que era de origen alejandrino. Pues bien, Macón menciona al Alondra en estos versos [fr. 1 Gow]:

Al Alondra le preguntó una vez Éucrates ,

uno de los que andaban con él, cómo lo había tratado en cierta ocasión

[B] Ptolomeo 148 . «No lo sé aún con seguridad—dijo—

pues me ha dado de beber como un médico —aseguró— ,

lo justo; en cambio, dieta sólida no me la ha prescrito todavía» .

Más parásitos conocidos por su nombre

Linceo, por su parte, en el libro segundo de su Sobre Menandro , relata [fr. 35 Dalby]: «Por sus chistes han alcanzado fama (Euclides) el hijo de Esmicrines y Filóxeno el Rajajamones. De ellos, Euclides, aunque pronunció sentencias no indignas de un libro y de recuerdo, en lo demás fue desagradable y desabrido; en cambio Filóxeno, aunque en conjunto [C] no dijo nada extraordinario cuando charlaba, si estaba irritado con alguno de sus compañeros o contaba algo, lo que decía estaba todo lleno de encanto y gracia. Y así ocurrió que Euclides a lo largo de su vida ***, mientras que Filóxeno fue querido y honrado por todo el mundo».

A un tal Mosquión, un parásito, lo menciona en Trofonio Alexis, que lo llama paramasḗtes (compañero masticador), en estos versos [PCG II, fr. 238]:

Después Mosquión ,

el llamado entre los mortales «compañero masticador» .

En El luchador de pancracio [PCG II, fr. 173], Alexis hace una lista de «caza-cenas» 149 , y dice: [D]

A— En primer lugar, tenías a Calimedonte el Langosta ,

después al Alondra, al Gobio, al Del salvado ,

al Caballa, al Flor de harina . B— ¡Heracles amado!

¡Hablas de mercancías, no de un banquete, mujer!

El Del salvado (Kyrēbíōn ) era como se apodaba Epícrates, el pariente del orador Esquines, según dice Demóstenes en Sobre la embajada fraudulenta [287]. Apodos semejantes, que aplicaban bromeando los atenienses en plan de mofa, los menciona Anaxándrides, en Odiseo , de este modo [PCG II, fr. 35] 150 :

[E] Pues vosotros siempre os estáis burlando unos de otros, lo sé bien .

Si, por ejemplo, uno es de bella apariencia, lo llamáis «Boda sagrada» 151 ;

en cambio, si es un hombrecillo muy pequeñín, «Gota» .

Uno sale resplandeciente: *** ése es «Chillón» .

Democles se pasea brillante de aceite: se le llama «Caldo» 152 .

A uno le gusta estar sucio o mancharse: queda proclamado «Polvareda» .

[F] Un adulador sigue a alguien por la retaguardia: recibe el apodo de «Esquife» .

Quien la mayoría de las veces se pasea sin cenar es un «Mújol ayuno» 153 .

Si uno mira a los guapos, es un «Nuevo constructor de teatros» 154 .

Alguien, por broma, se lleva un cordero de un pastor: se lo llama «Atreo»;

si en cambio es un carnero, «Frixo»; y si un vellón, «Jasón» 155 .

Querefonte el parásito

El parásito Querefonte, a su vez, se mencionaba así mismo en unos versos citados antes que éstos 156 , pero 243 [A] también Menandro alude a él en La redecilla [PCG VI 2, fr. 215]. Y en La cólera dice [PCG VI 2, fr. 265]:

No se diferencia de Querefonte un ápice

el hombre, quienquiera que fuese, que, invitado en una ocasión

a un banquete a la hora en que la sombra del reloj midiera doce pies 157 , al amanecer ,

al ver la sombra de la Luna, salió corriendo

como si llegase tarde y se presentó al rayar el día .

Y en La borrachera [PCG VI 2, fr. 225]:

Pues me entretuvo

el más ingenioso de los hombres, Querefonte, afirmando

que iba a celebrar una boda sagrada el día veintidós [B]

en su casa, para cenar el cuatro en casa de otros ,

pues los augurios de la diosa eran totalmente favorables .

Lo menciona así mismo en El andrógino o El cretense [PCG VI 2, fr. 55]. Por su parte Timocles, en Las cartas , se refiere a él también como parásito de Democión el pródigo [PCG VII, fr. 9]:

Democión, creyendo que le duraría

el dinero, no lo economizaba, sino que daba de comer en su

a quien lo deseaba. Querefonte estaba totalmente casa

[C] convencido de que iba a su propia casa, el muy desgraciado ,

Y aun esto es lo único que se merece,

tomar como «compañero masticador» 158 un cepo horquillado 159 ,

porqué no es ni gracioso ni pobre .

Antífanes, en El escita [PCG II, fr. 197] 160 :

[A]— Parece que vayamos

a una juerga tal como estamos . [B]— Sin llevar

antorchas y coronas. Querefonte *** ha aprendido

a juerguear de ese modo cuando está sin cenar .

Timoteo, en El perrito [PCG VII, fr. 1]:

[D] Procuremos, tras desnudarnos ambos, ir a la cena .

Es para siete lechos, 161 según me aseguraba ,

a no ser que Querefonte «el Apéndice» 162 consiga de algún modo venir .

Apolodoro de Caristo, en La sacerdotisa [PCG II, fr. 29]:

Dicen que un nuevo Querefonte ha entrado

en las bodas en casa de Ofelas sin estar invitado .

En efecto, ha cogido una cesta y una corona, y asegurando, ya que estaba oscuro ,

que era el que venía de parte de la novia con los pájaros ,

al parecer se les ha echado encima y ha cenado . [E]

En La sacrificada [PCG II, fr. 31]:

Invoco a Ares y a la Victoria sobre mi expedición ,

e invoco a Querefonte, pues, aunque no lo llamase ,

vendría sin estar invitado 163 .

Macón el cómico dice [fr. 3 Gow]:

Cierta vez que Querefonte había recorrido un largo camino para ir

a un banquete de bodas desde la ciudad ,

cuentan que le dijo el poeta Dífilo 164 :

«Querefonte, clávate en las mejillas

cuatro clavos a cada lado , [F]

para que no te disloques las mandíbulas cada vez que balancees los brazos

al correr y andes un largo camino» .

Y de nuevo [fr. 4 Gow]:

Querefonte compraba carne troceada en cierta ocasión ,

y como el carnicero, según cuentan, dio la casualidad de que le cortó

un trozo de carne muy huesoso ,

le dijo: «Carnicero, no me peses ese

hueso». Y el otro le respondió: «Pues está rico» .

[244 A] En efecto, dicen que la carne próxima al hueso es sabrosa .

Pero Querefonte replicó: «Puede que esté, excelente amigo ,

muy rico, pero cuando se añade al peso sienta mal en cualquier caso» .

Incluso registra una obra de Querefonte Calímaco, en los Catálogos de todas clases , escribiendo así [fr. 434 Pf.]: «Los que compusieron Banquetes : Querefonte. Dedicado al Del salvado». Inmediatamente después ofrece el comienzo: «‘Puesto que muchas veces me has encargado…’; tiene trescientas setenta y cinco líneas». También se ha dicho antes 165 que «el Del salvado» era un parásito.

Más sobre parásitos conocidos por su nombre

[B] Recordando igualmente al parásito Arquefonte dice Macón [fr. 5 Gow]:

Fue invitado a un banquete el parásito Arquefonte

por el rey Ptolomeo 166 , cuando

volvió por mar a Egipto desde el Ática .

Se sirvió pescado de roca variado

sobre la mesa y langostas auténticas ,

y como remate se ofreció un gran plato

[C] en el que había tres gobios fileteados ,

ante los que quedaron atónitos todos los invitados .

Disfrutaba a lo grande de las viejas coloradas y los salmonetes a una ,

y aún más de los gallanos, Arquefonte ;

el hombre estaba atiborrado de chuclas ,

espadines y morralla de Falero ,

pero se abstenía de los gobios con total autocontrol .

Como el hecho era tan extraño ,

hasta el rey le preguntó a Alcénor 167 : [D]

«¿Acaso habrá pasado por alto Arquefonte los gobios?»

El jorobado replicó: «¡Muy al contrario ,

Ptolomeo! Fue el primero que los vio, pero no los toca ;

respeta ese pescado, y lo teme de algún modo .

Para él no es conforme a la costumbre ancestral, puesto que no paga escote ,

agraviar a ningún pez con voto 168 ».

Alexis, en El brasero , presenta al parásito Estracio disgustado con el que lo mantiene, y diciendo lo siguiente [PCG II, fr. 205]:

ESTRACIO .— Mejor me hubiera sido ser parásito de Pegaso , [E]

o de los hijos de Bóreas 169 , o de alguien que corra aún más rápido ,

que de Demeas hijo de Laqueto, el Eteobutada 170 .

Pues no es que ande las calles, es que vuela .

Y poco después:

DEMEAS .—Estracio, sin duda me quieres , ESTR .— Más que a mi padre ,

pues él no me mantiene, y tú en cambio me alimentas espléndidamente .

DEM .— ¿ Y rezas para que yo viva para siempre? ESTR .—A todos los dioses .

Pues si te ocurre algo, ¿cómo voy a vivir yo?

[F] El cómico Axionico, en El etrusco , menciona al parásito Grilión, en estos versos [PCG IV, fr. 2]:

No hay vino .

†Pídelo a los compañeros† 171 con la excusa de que es para una juerga ,

como acostumbra a hacer siempre Grilión .

Aristodemo, a su vez, en el libro segundo de sus Anécdotas graciosas, [FHG III, fr. 7, pág. 310] hace una relación de parásitos: Sóstrato, del rey Antíoco; Evágoras el Jorobado, [245 A] de Demetrio Poliorcetes; Formión, de Seleuco 172 . Linceo de Samos, por su parte, en sus Dichos , cuenta [fr. 26 Dalby]: «Cuando Grilión era parásito del sátrapa Menandro, cierta vez que se paseaba con un hermoso traje bordado y acompañado de un séquito, al serle preguntado a Silano de Atenas: ‘¿Quién es ése?’, respondió: ‘Una mandíbula digna de Menandro’». Dice por otra parte <Linceo> [fr. 27 Dalby] que el parásito Querefonte acudió a una boda sin estar invitado y se recostó el último. Y cuando los ginecónomos 173 hicieron el recuento de los invitados y le mandaron marcharse, alegando que hacía que, contra la ley, sobrepasaran el número de treinta, les dijo: «Pues contad otra vez empezando por mí». Que era costumbre que los ginecónomos [B] inspeccionaran los banquetes y comprobaran si el número de los invitados era conforme a la ley lo dice así Timocles, en El aficionado a ser juez [PCG VII, fr. 34]:

Abrid ya las puertas, para que a la luz

seamos más visibles, por si al hacer la ronda

quisiera el ginecónomo llevar la cuenta

—como acostumbra a hacer de acuerdo con la nueva ley 174 —

de los comensales. Aunque debería hacer lo contrario ,

inspeccionar las casas de los que no celebran banquetes .

Menandro, en La redecilla [PCG VI 2, fr. 208]:

Mas habiéndose enterado en la oficina de los ginecónomos

de que se había hecho un listado de todos los cocineros [C]

que sirven en las bodas, de acuerdo con una nueva ley ,

a fin de averiguar si resulta que alguien

agasaja a más invitados de los que está permitido ,

tras ir …

También Filócoro, en el libro séptimo de El Ática , dice [FGrH 328, fr. 65]: «Los ginecónomos, junto con los miembros del Areópago 175 , inspeccionaban las reuniones que tenían lugar en las casas durante las bodas y los restantes festines sacrificiales».

[D] Linceo [fr. 29 Dalby] recoge los siguientes dichos del Alondra: «Asistía a un banquete con el Alondra una cortesana 176 cuyo nombre era Gnome (Opinión). Faltó el vinillo, y mandó que cada uno aportara dos óbolos, y que Opinión determinase lo que parecía bien al pueblo 177 . Otra vez que el citaredo Políctor 178 engullía unas lentejas y mordió una piedra, le dijo: ‘¡Desgraciado! ¡Hasta las lentejas te tiran cosas!’». (Quizás lo menciona también Macón, pues dice [fr. 2 Gow]:

Un citaredo muy malo, al parecer ,

que se disponía a construir su casa, le pidió

[E] piedras a un amigo suyo. «Que yo te devolveré

muchas más que éstas», le dijo, «después de mi actuación» 179 ).

En una ocasión en que alguien le dijo al Alondra que algunas veces besaba el cuello, los pechos y el ombligo de su mujer, le replicó: ‘Pues eso ya es penoso, que hasta Heracles ha cambiado de Ónfale a Hebe 180 ’. Cierta vez que Firómaco 181 mojó el pan en las lentejas y volcó el plato, le dijo: ‘Es justo que se le multe, por haberse apuntado sin saber cenar 182 ’. Una vez que en el palacio de Ptolomeo 183 se servía [F] mattýé 184 alrededor de las mesas, y siempre volvía a quedar junto a él 185 , exclamó: ‘Ptolomeo, ¿soy yo que estoy borracho, o tengo razón al creer que esto da vueltas?’. Cuando Querefonte el parásito dijo que no podía soportar el vino, le replicó: ‘Ni tampoco lo que le ponen al vino 186 ’. En cierta ocasión en que Querefonte se levantó desnudo en una cena, le dijo: ‘Querefonte, como en los frascos de perfume, veo hasta dónde estás lleno’. Por el tiempo en el que Demóstenes aceptó la copa de Harpalo 187 , afirmó: ‘Ése que llama a 246 [A] los demás «tazones de vino puro» 188 se tragó personalmente el más grande’. Solía el susodicho llevar panes groseros a los banquetes, pero cuando alguien los llevó más negros aún, le dijo que lo que había llevado no eran panes, sino sombras de panes.

Por su parte, el parásito Filóxeno, apodado Rajajamones, cierta vez que, almorzando en casa de Pitón 189 , se servían aceitunas, y poco después se ofreció un plato de pescado, golpeó el cuenco y declamó ‘Hizo restallar el látigo para que partieran’ 190 . Cuando en un banquete el anfitrión le sirvió [B] panes negros, le espetó: ‘No sirvas muchos, no sea que traigas la oscuridad’».

Respecto al parásito mantenido por la vieja, Pausímaco 191 decía que le ocurría lo contrario de lo normal al vivir con la vieja, pues era él el que siempre tenía tripa 192 . Sobre este personaje también Macón escribe así [fr. 6 Gow]:

Cuentan que Mosquión el llamado *** «Bebedor de agua»

al ver en el Liceo en compañía de otros

a un parásito mantenido por una vieja rica 〈exclamó〉 :

¡Tú, fulano!, sí que estás realizando una empresa extraordinaria :

es la vieja la que hace que tú tengas continuamente tripa .

[C] Éste mismo, al enterarse de que un parásito era mantenido por una vieja y tenía relaciones con ella a diario, (dijo) [fr. 7 Gow]:

Hoy en día, como dicen, todo puede suceder. Ella no se queda embarazada

pero él tiene tripa a diario .

Los parásitos y el poder

Ptolomeo el hijo de Agesargo, de origen megalopolita, en el segundo libro de su Historia de Filopátor [FGrH 161, fr. 2] cuenta que se reclutaban compañeros de banquete para el rey procedentes de todas las ciudades, los cuales eran denominados «graciosos» (geloiastaí ). Posidonio de Apamea, por su parte, en el libro vigésimo tercero de sus Historias , dice [fr. 172 Theiler]: «Los celtas hasta cuando van a la guerra se llevan consigo unos compañeros a los que llaman «parási[D] tos». Éstos cantan sus alabanzas tanto delante de hombres reunidos en grupos numerosos, como de cada uno de quienes los escuchan en privado. Sus cantores son los llamados «bardos». Se trata justamente de poetas que profieren elogios acompañados de canto». En el libro trigésimo cuarto [fr. 204 Theiler] el mismo escritor deja constancia de cierto Apolonio, que era parásito del rey Antíoco de Siria, el apodado Gripo 193 . Aristodemo cuenta [FHG III, fr. 11, pág. [E] 310] que Bitis el parásito del rey Lisímaco 194 , cierta vez que Lisímaco le tiró al manto un escorpión de madera, se puso fuera de sí y saltó hacia atrás agitado; luego, al darse cuenta de lo sucedido, dijo: «También yo voy a darte un susto, majestad: dame un talento»; pues era Lisímaco muy avaro. Agatárquides de Cnido, por otro lado, en el libro vigésimo segundo de su Historia de Europa [FGrH 86, fr. 9], afirma que de Aristómaco el tirano de Argos 195 fue parásito Antemócrito el luchador de pancracio.

Continuación sobre los parásitos

[F] Sobre los parásitos en general habla Timocles, en El boxeador, y los llama episítioi (ganapanes) 196 , en estos versos [PCG VII, fr. 31]:

Mas encontrarás a uno de esos

ganapanes que cenan, atiborrándose ,

los alimentos ajenos, y se ofrecen a los atletas

para que los desuellen en lugar de los sacos de entrenamiento .

Ferécrates, en Las viejas [PCG VII, fr. 37]:

A — Tú, Esmicitión, ¿no vas deprisa a ganarte el pan?

B — ¿De qué conocéis a ése? [A]— Es un mercenario

a sueldo, especialista en el gaznate, que llevo a todas partes .

En efecto, se llaman episítioi los que prestan servicios a 247 [A] cambio de la comida. Platón, en el libro cuarto de la República [420a]: «Y además trabajando a cambio de la comida y sin recibir una paga como los otros, salvo el alimento». Aristófanes, en Las cigüeñas [PCG III 2, fr. 452]:

Pues si tú persigues a un solo hombre malvado ,

testificarán en contra

doce de los que trabajan para los otros por el pan .

Eubulo, en Dédalo [PCG V, fr. 20]:

Sino que está dispuesto a quedarse

en su casa trabajando por el pan, sin jornal .

Dífilo, a su vez, en Sinoris (Sinoris es el nombre de una prostituta 197 ), cita a Eurípides (una jugada de los dados se Β llama así, «Eurípides») y, jugando al mismo tiempo con el nombre del poeta y el tema de los parásitos, dice lo siguiente [PCG V, fr. 74]:

A— Sales estupendamente con esa tirada de dados .

B— Eres muy amable. Pon una dracma . A— Está puesta hace tiempo .

B— ¿Cómo podría sacar un «Eurípides»? A—Jamás Eurípides

salvaría a una mujer. ¿No ves

en sus tragedias cómo las aborrece?

En cambio, ama a los parásitos. Al menos dice, en efecto :

«Pues el hombre que, poseyendo abundantes recursos , [C]

no mantiene gratis por lo menos a tres personas ,

que perezca sin alcanzar jamás el retorno a la patria» 198 .

B— ¿De dónde son esos versos, por los dioses? A— ¿Ya ti qué más te da?

No es el drama, sino su sentido lo que estamos considerando .

Y en la versión revisada de la misma obra dice, hablando de un parásito encolerizado [PCG V, fr. 75]:

A— ¿Está encolerizado? ¿Es un parásito y está encolerizado?

B— No, es que ha untado la mesa con bilis ,

y se ha destetado, como los niños 199 .

[D] y a continuación [PCG V, fr. 76]:

A— Entonces podrás comer, parásito . B— Mira

cómo ha ridiculizado la profesión. ¿No sabes que

el parásito es considerado junto al citaredo?

Y en el drama titulado El parásito dice [PCG V, fr. 63]:

No se puede ser parásito siendo muy descontentadizo .

Menandro, por su parte, en La cólera , hablando sobre un amigo que no acepta una invitación a un banquete de bodas, afirma [PCG VI 2, fr. 270]:

[E] Este es realmente un camarada. No pregunta a qué hora

es el banquete, como otros, y qué impide cenar

a los presentes, y a continuación pone el ojo en otro banquete para dentro de tres días ,

*** luego de nuevo en un banquete funerario .

También (han hablado de parásitos) Alexis, en Orestes [PCG II, fr. 171], Nicóstrato, en Pluto [PCG VII, fr. 23], Menandro, en La borrachera [PCG VI 2, fr. 228] y El legislador [PCG VI 2, fr. 254], y Filónides, en Los coturnos , de este modo [PCG VII, fr. 1]:

Yo en cambio, aunque estoy sin comer, no voy a soportarlo .

Palabras semejantes a «parásito»

Términos semejantes a «parásito» son: epísitos (ganapán) 200 , sobre el que ya se ha hablado antes, oikósitos (quevive a expensas propias), sitόkouros (chico de pan) y autósitos (que se autoalimenta), además de kakósitos (de mal comer) y oligósitos (de poco comer). Menciona la palabra oikósitos Anaxándrides, en Los cazadores [PCG II, fr. 25]:

Pues un hijo que vive a expensas propias es cosa grata . [F]

Pero también se llama oikósitos al que sirve a la ciudad no por una paga, sino gratuitamente. Antífanes, en El escita [PCG II, fr. 198]:

Pues enseguida hay

un miembro de la asamblea que trabaja a expensas propias .

Menandro, en El anillo [PCG VI 2, fr. 98]:

Hemos dado con un novio

que vive a expensas propias y no necesita dote para nada .

Y en El citarista [fr. 6 Sandbach]:

Arrastras a los oyentes que no viven a expensas propias .

Crates utiliza la palabra episítios (ganapán) en Las audacias [PCG IV, fr. 37]:

Alimenta al ganapán y, aun temblando, en casa de Megabizo 201

†recibirá comida como paga †.

[248 A] Con un sentido peculiar dice (Menandro) en El banquete de las mujeres [PCG VI 2, fr. 340]:

Elegante, eso de no

reunir mujeres, ni invitar a la mesa a una multitud ,

sino haber celebrado las bodas a base de los que comen en casa 202 .

Menciona la palabra sitókouros (chico de pan) Alexis, en La fiesta nocturna o Los jornaleros [PCG II, fr. 182]:

Serás un «chico de pan» que va y viene .

Por otra parte, Menandro llama sitókouros al inútil y mantenido de balde, en El bravucón 203 , de este modo [PCG VI 2, fr. 185]:

[B] Perezoso, todo lo demora, un «chico de pan» que reconoce

que se alimenta a expensas de otro .

Y en Los vendidos [PCG VI 2, fr. 315]:

*** ¡Desdichado! ¿Todavía estás delante de la puerta

después de dejar el equipaje? ¡Un «chico de pan», un desgraciado ,

un inútil es lo que hemos traído a casa!

Utiliza la palabra autósitos (que se autoalimenta) Cróbilo, en El ahorcado [PCG IV, fr. 1]:

Un parásito que se autoalimenta. En efecto, te mantienes a ti mismo ,

y la mayoría de las veces contribuye por ti en los banquetes el amo .

Menciona la palabra kakósitos (de mal comer) Eubulo, en Ganimedes [PCG V, fr. 16]:

Como es de mal comer, lo alimenta el sueño . [C]

Emplea el término oligósitos (de poco comer), Frínico, en El solitario [PCG VII, fr. 24]:

Y Heracles el de poco comer 204 , ¿qué hace allí?

También Ferécrates (o Estratis), en Los nobles [PCG VII, fr. l, 3-4] 205 :

¡Sí que eras de poco comer, entonces, tú que devoras

al día las provisiones de una trirreme grander! ˮ

Aduladores de Filipo de Macedonia

Después que Plutarco contó todo esto en torno a los parásitos 206 , tomó la palabra Demócrito, y dijo: “Pero también yo, «lo mismo que el madero pegado al madero» , como dice el poeta tebano 207 , voy a decir algo sobre los aduladores. «Pues le [D] va mejor que a nadie al adulador» afirmó el noble Menandro 208 , y no está muy lejos el adulador de la fama de los parásitos. Por ejemplo, a Clísofo el citado por todos los autores como adulador del rey Filipo de Macedonia (aunque era de ascendencia ateniense, según dice Sátiro el peripatético en la Vida de Filipo [FHG III, fr. 4, pág. 161]), Linceo de Samos, en sus Memorables , lo llama «parásito», diciendo así [fr. 31 Dalby]: «Clísofo el parásito de Filipo, en una ocasión en que éste lo censuró porque siempre estaba pidiendo, [E] le replicó: ‘Es para que no se me olvide’. Otra vez que Filipo le regaló un caballo herido, lo vendió. Y pasado un tiempo, cuando el rey le preguntó dónde estaba, respondió: ‘Lo vendió aquella herida’. Y otra vez que Filipo le gastó una broma y tuvo éxito, le dijo: ‘¿No iré a ser yo el que te mantenga a ti, verdad?’».

También Hegesandro de Delfos, en sus Comentarios 209 , cuenta lo siguiente sobre Clísofo [FHG IV, fr. 4, pág. 413]: «En una ocasión el rey Filipo comentó que le habían llevado una carta de Cotis el rey de los tracios, y Clísofo, que estaba presente, exclamó: ‘¡Excelente, por los dioses!’ Y cuando Filipo le replicó: ‘¿Pero qué sabes tú sobre lo que me ha escrito?’, [F] le respondió: ‘¡Por Zeus todopoderoso, sí que me has hecho un excelente reproche!’».

Sátiro, por su parte, en la Vida de Filipo , cuenta [FHG III, fr. 3, pág. 161]: «Cuando Filipo se sacó el ojo, lo acompañaba también Clísofo con su propio ojo vendado. Y otra vez, cuando Filipo se fracturó una pierna, caminaba cojeando junto al rey. Y si en alguna ocasión se llevaba a la boca [249 A] algún alimento agrio Filipo, también él arrugaba el ceño como si hubiera comido lo mismo. En la tierra de los árabes no se consideraba adulación hacer esto, sino que era cosa habitual, si un rey sufría algún padecimiento en uno de sus miembros, fingir el mismo mal, pues juzgaban ridículo estar dispuestos a ser enterrados con él después de muerto y, en cambio, no otorgarle el mismo honor del sufrimiento cuando se lesionaba». Nicolao de Damasco, por su parte (era uno de los miembros de la escuela peripatética), en su voluminosa Historia [FGrH 90, fr. 80] (pues consta de ciento cuarenta y cuatro libros), concretamente en el ciento dieciséis, dice Β que Adiátomo, el rey de los sotianos (se trata de un pueblo celta), tenía seiscientos hombres escogidos en torno a sí, que eran llamados por los celtas en su lengua patria silodoúnoi 210 , que en griego significa «ligados por un voto». «Y a estos hombres los reyes los mantienen para que vivan y mueran con ellos, ya que aquéllos hacen ese voto. A cambio, comparten el poder con el rey, llevan sus mismas vestiduras y género de vida, y están obligados a morir con él en cualquier circunstancia, ya termine el rey sus días por enfermedad, en la batalla, o de cualquier otro modo. Y no se puede decir que ninguno de ellos haya temido a la muerte cuando le llegó al rey, o que la haya rehuido».

Cuenta Teopompo, en el libro cuarenta y cuatro de sus [C] Historias [FGrH 115, fr. 209], que Filipo estableció como tirano de sus compatriotas a Trasideo de Tesalia, que era corto de inteligencia, pero un grandísimo adulador. Arcadión de Acaya, en cambio, distaba de ser un adulador. Sobre él transmiten relatos el mismo Teopompo [FGrH 115, fr. 280] y Duris, en el quinto libro de sus Macedónicas [FGrH 76, fr. 3]. Este Arcadión odiaba a Filipo, y huyó de su patria a un exilio voluntario. Era un hombre de muchísimo talento, y se recuerdan numerosos dichos suyos. Pues bien, ocurrió una vez que, hallándose Filipo en Delfos, estaba [D] también allí Arcadión. Lo reconoció el macedonio, lo hizo llamar, y le dijo: «¿Hasta cuándo vas a vivir en el destierro, Arcadión?» Y él respondió:

«Hasta que llegue a los hombres que no conocen a Filipo» 211 .

Filarco, en el libro veintiuno de sus Historias [FGrH 81, fr. 37], cuenta que Filipo, riéndose ante esta contestación, invitó a cenar a Arcadión y de ese modo aplacó su odio.

Aduladores de Alejandro y de los tiranos de Siracusa

Respecto a Nicesias el adulador de Alejandro, Hegesandro cuenta lo siguiente [FHG IV, fr. 6, pág. 414]: «Cierta vez que Alejandro comentó que lo estaban picando las moscas, al [E] tiempo que las ahuyentaba resueltamente, uno de los aduladores, Nicesias, que estaba a su lado, exclamó: ‘Sin duda éstas son mucho más fuertes que las demás moscas, por haber probado tu sangre’». El mismo autor dice también que Quirísofo el adulador de Dionisio 212 , al ver a éste reírse en compañía de algunos conocidos (aunque estaba a bastante distancia de ellos, de manera que no los oía), se echó a reír también. Y cuando Dionisio le preguntó que por qué motivo se reía, si no había escuchado lo que decían, le respondió: «Confío en vosotros: seguro que lo que se dijo es gracioso». [F] También su hijo Dionisio 213 tenía muchísimos que lo adulaban, a los que la mayoría de la gente llamaba Dionysokólakes (Dionisio-aduladores). Éstos fingían no ver bien en los banquetes, pues Dionisio no era agudo de vista, y palpaban los alimentos que se servían como si no los vieran, hasta que Dionisio les acercaba las manos a los platos. Y cuando Dionisio escupía, a menudo presentaban sus caras para que se 250 [A] las escupiera y, al tiempo que lamían la saliva, aseguraban que hasta su vómito era más dulce que la miel.

Timeo, por su parte, en el libro vigésimo segundo de sus Historias [FGrH 566, fr. 32] habla de Democles, el adulador de Dionisio el Joven [TrGF I 76, test. 8]. Aunque era costumbre en Sicilia hacer sacrificios a las Ninfas por las casas, pasar la noche de borrachera alrededor de las estatuas y bailar en torno a las diosas, Democles, sin embargo, dejó a un lado a las Ninfas y, declarando que no hay que ocuparse de divinidades sin alma, se fue a bailar alrededor de Dionisio. Un tiempo después, participó junto con otras personas [B] en una embajada en nombre de Dionisio y, trasladándose todos en trirremes, fue acusado por los demás de sublevarse durante el viaje y entorpecer los asuntos públicos de Dionisio. Y como éste se enfadó mucho, le contó que la discrepancia entre él y sus compañeros de embajada había surgido porque después de la cena aquéllos cogían a algunos marineros y se ponían a cantar peanes de Frínico [TrGF I 3, test. 11] y de Estesícoro y hasta de Píndaro, mientras que él, junto con quienes lo deseaban, interpretaba de cabo a rabo los [C] compuestos por Dionisio; y prometió que ofrecería la prueba fehaciente de ello, pues sus acusadores ni siquiera recordaban el número de las canciones, mientras que él estaba dispuesto a cantarlas todas una tras otra. Y una vez que se disipó la cólera de Dionisio, le dijo de nuevo Democles: «Me harías un favor, Dionisio, si le ordenaras a alguno de los que se lo saben que me enseñase el peán que has compuesto en honor a Asclepio, pues tengo noticias de que has [D] estado ocupado con él». Cierta vez que habían sido invitados a cenar por Dionisio sus amigos, al tiempo que entraba en la habitación, comentó éste: «Nos ha sido remitida una carta, amigos míos, de los generales enviados a Nápoles». Entonces Democles, interrumpiéndolo, dijo: «¡Hicieron bien, por los dioses, Dionisio!». Y éste, mirándolo de frente, le replicó: «¿Y tú qué sabes si lo que han escrito es conforme a mi opinión, o lo contrario?». Y Democles respondió: «¡Por los dioses, me has hecho un buen reproche, Dionisio!». Cita así mismo Timeo a cierto Sátiro, adulador de ambos Dionisios.

Hegesandro, por su parte, cuenta [FHG IV, fr. 9, pág. [E] 415] que también el tirano Hierón 214 se volvió bastante corto de vista, y que aquéllos de sus amigos que cenaban con él no acertaban deliberadamente a alcanzar la comida, para que él los guiara de la mano y diera la impresión de que tenía la vista más penetrante que los demás. Por otro lado, dice Hegesandro que Euclides, apodado «el Acelga» (era un parásito también éste), cierta vez que alguien le sirvió muchas cerrajas en la cena, exclamó: «Capaneo, el personaje presentado en escena por Eurípides, en Las suplicantes , decía, muy fino:

[F] Odiando a quien hinchaba demasiado sus mesas 215 ».

Cuenta también que los que practicaban la demagogia en Atenas en tiempos de la guerra de Cremónides 216 se dedicaban a decir, para adular a los atenienses, que todo lo demás era patrimonio común de los helenos, pero que el camino que lleva a los hombres al cielo lo conocían solamente los atenienses.

Sátiro, por su parte, en sus Vidas [FHG III, fr. 18, pág. 164], afirma que Anaxarco el filósofo eudaimónico 217 se convirtió en uno de los aduladores de Alejandro, y en una ocasión en que viajaba en compañía del rey y hubo un trueno violento y desmesurado, hasta el punto de que los sobresaltó a todos, exclamó: «¿No serías tú el que hizo eso, Alejandro, hijo de Zeus?» Y éste, riéndose, replicó: «No, que [251 A] no quiero ser temible como pretendes hacerme tú, pues me exhortas cuando estoy cenando a que se sirvan las cabezas de los sátrapas y reyes». Aristóbulo de Casandrea cuenta [FGrH 139, fr. 47] que Dioxipo de Atenas 218 el luchador de pancracio, cierta vez que Alejandro había sido herido y sangraba, exclamó [Il . V 340]:

Icor 219 , cual el que justamente fluye por los dioses bienaventurados .

Epícrates de Atenas participó en una embajada ante el rey de Persia, según cuenta Hegesandro [FHG IV, fr. 7, pág. 414] 220 , [B] y como obtuvo de él numerosos presentes, no se avergonzaba de adular al rey de una manera tan notoria y atrevida que hasta decía que había que elegir todos los años no nueve arcontes 221 , sino nueve embajadores ante el rey. Pero yo a mi vez me asombro de cómo los atenienses lo dejaron pasar sin llevarlo a juicio y, en cambio, multaron a Démades con diez talentos porque propuso convertir en dios a Alejandro, y a Timágoras lo condenaron a muerte, porque cuando participó en una embajada enviada al rey de Persia [C] se prosternó ante él. Timón de Fliunte, en el libro tercero de sus Silos 222 [fr. 6 Di Marco], asegura que Aristón de Quíos, discípulo de Zenón de Citio, fue adulador del filósofo Perseo, porque era compañero del rey Antígono 223 . Filarco, a su vez, en el libro sexto de sus Historias [FGrH 81, fr. 46], cuenta que Nicesias el adulador de Alejandro, al ver al rey agitado por convulsiones a causa de una medicina que había tomado, le dijo: «Oh rey, ¿qué debemos hacer nosotros, cuando hasta vosotros los dioses sufrís estos padecimientos?». Y Alejandro, volviendo a abrir los ojos a duras penas, le contestó: «¿Qué dioses? ¡Temo que seamos aborrecibles para los dioses por algún motivo!». En el libro vigésimo octavo, [D] el mismo Filarco cuenta [FGrH 81, fr. 46] que de Antígono el apodado el Regente, el que derrotó a los lacedemonios 224 , fue adulador Apolófanes, el que afirmó que la suerte de Antígono «alejandrizaba» 225 .

Continuación sobre los aduladores

Eufanto, por su parte, en el libro cuarto de sus Historias [FGrH 74, fr. 1], dice que del tercer Ptolomeo que reinó en Egipto fue adulador Calícrates 226 , que era tan elocuente que no sólo llevaba en el sello la efigie de Odiseo, sino que incluso les puso a sus hijos los nombres de Telégono y Anticlea 227 , [E] A su vez Polibio, en el libro decimotercero de sus Historias [XIII 4, 4], cuenta que de Filipo el derrotado por los romanos 228 fue adulador Heraclides de Tarento, que llegó a arruinar el reino entero de aquél. En el libro decimocuarto [XIV 11, 1] habla de Filón, que lo fue de Agatocles el hijo de Enantes, camarada del rey Filopátor. A Trasón el apodado «el Mordaz», adulador del tirano Jerónimo de Siracusa, lo menciona Batón de Sínope en su obra Sobre la tiranía de [F] Jerónimo [FGrH 268, fr. 4], afirmando que siempre se servía mucho vino puro 229 . Otro adulador, de nombre Sosis, hizo que aquél fuera eliminado por Jerónimo; también convenció a este mismo Jerónimo de que se pusiera la corona, la púrpura y todo el resto del atuendo que había llevado el tirano Dionisio. Agatárquides, por su parte, en el libro decimotercero de su Historia , dice [FGrH 86, fr. 13]: «El espartiata Heresipo, un hombre malvado sin medida y que ni siquiera fingía ser bueno, pero dotado de una palabra per [252 A] suasiva en la adulación y hábil en lisonjear a las gentes ricas mientras les durase la suerte». Tal era también Heraclides de Maronea, el adulador del rey Seutes de Tracia al que menciona Jenofonte en el libro séptimo de la Anábasis [VII 3, 16]. Teopompo, a su vez, en el libro decimoctavo de sus Historias , hablando de Nicóstrato de Argos y de cómo adulaba al rey de Persia, escribe entre otras cosas lo siguiente [FGrH 115, fr. 124]: «¿Cómo se podría no considerar un malvado a Nicóstrato de Argos, él que, aun habiéndose convertido en figura principal de la ciudad de Argos, y a pesar de que había heredado linaje, dinero y una cuantiosa hacienda de sus antepasados, sobrepasó en adulación y muestras [B] de servilismo no sólo a todos los que por entonces participaron con él en la expedición 230 , sino incluso a los que vivieron antes que él? Pues, en primer lugar, ansiaba hasta tal punto la estima del bárbaro 231 que, queriendo agradarle y ser tratado con más confianza, llevó ante el rey a su hijo; cosa que no se verá que haya hecho ningún otro jamás. En segundo lugar, todos los días, cuando se disponía a cenar, hacía servir una mesa aparte, especificando que era para el genio del rey, tras llenarla de comida y de todos los demás elementos necesarios, pues había oído decir que esto era también lo que hacían los persas que frecuentaban la corte, [C] y creía que con esta muestra de servilismo obtendría más dinero del rey, ya que además estaba ávido de riquezas como no sé de otro que lo estuviese más». Del rey Átalo 232 , a su vez, fue adulador y maestro Lisímaco, que Calímaco [fr. 438 Pf.] registra como discípulo de Teodoro 233 , pero que Hermipo [DSA Suppl . I, fr. 56] incluye entre los de Teofrasto. Este hombre también tiene escritos unos libros sobre la educación de Átalo que dejan traslucir todo tipo de adulación. Polibio, por su parte, en el libro octavo de sus Historias [VIII 22, 3], cuenta: «El gálata Cávaro, aunque por lo [D] demás era un hombre noble, fue maleado por Sóstrato el adulador, que era de origen calcedonio». De Licinio Craso, el que dirigió la expedición contra los partos, dice Nicolao en el libro ciento catorce [FGrH 90, fr. 79] que fue adulador Andrômaco de Carras, y que éste, aunque Craso lo compartía todo con él, lo entregó a traición a los partos, y lo mataron. Pero la divinidad no dejó escapar a Andrómaco sin castigo; en efecto, pese a que recibió como pago por su acción el gobierno de Carras, su patria, como consecuencia de su [E] crueldad y violencia fue quemado con toda su casa por los carrenos. Posidonio de Apamea, que después se llamó de Rodas, en el libro cuarto de sus Historias [fr. 88 Theiler], dice que Hiérax de Antioquía, que en un principio tocaba el aulos acompañando a unos pantomimos 234 , más adelante se hizo hábil adulador del rey Ptolomeo VII 235 , el también llamado Evérgetes, y que aunque gozó del máximo poder en su corte, lo mismo que en la de Filométor, posteriormente [F] fue muerto por él. Nicolao el peripatético [FGrH 90, fr. 94] cita como adulador de Mitrídates a un hechicero llamado Sosípatro. Teopompo, a su vez, en el noveno libro de las Helénicas [FGrH 115, fr. 18], dice que de Sísifo de Fársalo fue adulador y asistente Ateneo de Eretria.

Los atenienses y la adulación

Por otra parte, fue también famoso por su actitud adulatoria el pueblo de Atenas. Por ejemplo, Demócares, el primo de Demóstenes el orador, en el vigésimo libro de sus Historias , cuando [253 A] relata la adulación que mostraban los atenienses hacia Demetrio Poliorcetes 236 , y que esto no entraba en los deseos de aquél, escribe así [FGrH 75 , fr. 1]: «Le disgustaban además algunas de estas cosas, al parecer, pero no así otras totalmente vergonzosas y abyectas, como los templos de Afrodita Leena y Lamia 237 y los altares, santuarios y libaciones dedicados a Búrico, Adimanto y Oxítemis, sus aduladores. En honor a cada uno de ellos se cantaban incluso peanes, hasta el punto de que el propio Demetrio se asombraba de lo que ocurría, y decía que durante su reinado no había surgido [B] ningún ateniense grande y fuerte de espíritu». También los tebanos, para adular a Demetrio, según cuenta Polemón en su obra Sobre el pórtico pintado de Sición [fr. 15 Preller], construyeron un templo de Afrodita Lamia. Ésta era una amante de Demetrio, lo mismo que Leena. ¿Qué hicieron, pues, de extraordinario los atenienses, aduladores entre los aduladores, al cantar en honor del mismo Demetrio peanes y cantos procesionales? Dice, por ejemplo, Demócares, cuando escribe el libro vigésimo primero [FGrH 75 , fr. 2]: «Al regresar Demetrio desde Léucade y Corcira a Atenas 238 , no [C] sólo lo recibían los atenienses quemando incienso, portando coronas y escanciando vino, sino que además le salían al encuentro cantos procesionales, coros y portadores de falos 239 entre danzas y cánticos y, puestos al frente de la muchedumbre, cantaban bailando y repitiendo como acompañamiento que él era el único dios verdadero, mientras que los otros o dormían o estaban ausentes o no existían, y que había nacido de Poseidón y Afrodita, superior en belleza e [D] imparcial en su benevolencia hacia todos. Y le imploraban y lo adoraban suplicándole», dice el autor. Pues bien, tales cosas son las que cuenta Demócares sobre la adulación de los atenienses. Por su parte, Duris de Samos, en el libro veintidós de sus Historias [FGrH 76, fr. 13], ofrece el propio canto itifálico 240 ***:

Que los dioses más poderosos y más amados

están en la ciudad .

Pues aquí a Deméter y Demetrio

a un tiempo ha conducido la ocasión .

También ella ha venido a celebrar

los solemnes misterios de Core 241 ,

y él está aquí alegre, como corresponde a un dios ,

hermoso y sonriente .

Como una visión augusta se muestra, sus amigos todos en torno ,

y en medio él ,

[E] semejante, lo mismo que sus amigos a estrellas ,

a un sol .

¡Hijo del poderosísimo dios Poseidón

y de Afrodita, salve!

Otros dioses o están a gran distancia ,

o no tienen oídos ,

o no existen, o no se ocupan de nosotros en nada .

A ti, en cambio, te vemos presente ,

no de madera ni de piedra, sino de verdad .

Así que te suplicamos :

en primer lugar, procura la paz, amadísimo;

pues tú eres soberano .

De la Esfinge que domina

no sólo Tebas, sino la Hélade entera

—el etolio que está sentado sobre rocas—

que, como la de otros tiempos 242 ,

se lleva nuestros cuerpos tras saquearlo todo ,

y a la que no puedo combatir [F]

(pues es costumbre etolia apoderarse de lo de los vecinos ,

y ahora también de lo que está lejos ),

ocúpate ya, a ser posible, tú mismo. Y si no ,

encuentra a un Edipo

que a esta Esfinge o la arroje por un precipicio

o la convierta en una roca 243 .

Esto era lo que cantaban, no sólo en público, sino incluso en su casa, los que combatieron en Maratón 244 , los que condenaron a muerte al que se prosternó ante el rey de Persia 245 , los que mataron a las incontables miríadas de bárbaros. Alexis, por ejemplo, en El farmacéutico o Cratías , pre [254 A] senta en escena un personaje que brinda por uno de sus compañeros de banquete y le hace decir lo siguiente [PCG II, fr. 116]:

¡Muchacho!, dame la grande, una vez que escancies

cuatro tazones por la amistad de los*** presentes ;

añade a continuación los tres de Eros ,

〈uno 〉 por una victoria a punto sobre el rey Antígono ,

y un tazón por el jovenzuelo Demetrio

*** trae el tercero

por Afrodita Fila 246 . ¡Salud, compañeros de festín!

[B] ¡De cuántos bienes está llena la copa que voy a beber!

Crítica de la adulación

Así se volvieron por entonces los atenienses, cuando la adulación infundió un furor de bestia salvaje a su ciudad. Ésta, que el dios Pitio 247 había proclamado «altar patrio de la Hélade», la calificó de «pritaneo 248 de la Hélade» Teopompo [FGrH 115, fr. 281], que le era muy hostil, el mismo autor que afirma en otro pasaje 249 que Atenas estaba llena de «Dionisio-aduladores», [C] marineros y capeadores, además de testigos falsos, delatores profesionales y falsos ujieres. A éstos yo estoy convencido de que los trajo, como un diluvio o algún castigo terrible de parte de los dioses, toda la antedicha adulación, respecto a la cual decía Diógenes, con razón, que es mucho mejor ir a los cuervos que a los aduladores 250 , que hasta se comían vivos a los hombres de bien. Dice así mismo Anáxilas en *** [PCG II, fr. 32]:

Los aduladores son gusanos de las haciendas

de los ricos. En efecto, cada uno come abriéndose camino

por el carácter cándido de un hombre, y se queda allí ,

hasta que lo deja vacío como a un grano de trigo .

Después, el uno es un mero cascarón, y el otro corroe a un segundo . [D]

Y Platón, en Fedro [240b], dice: «En el adulador, fiera terrible y gran calamidad, sin embargo mezcló la naturaleza un cierto placer no exento de encanto». Teofrasto, por su parte, en su tratado Sobre la adulación [fr. 547 Fort.], cuenta cómo Mirtis de Argos, en una ocasión en que Cleónimo, el bailarín y adulador al mismo tiempo, andaba asediándolos sin cesar a él y a sus compañeros jueces (pues deseaba también que se lo viera con los personajes de la ciudad), lo cogió [E] de una oreja y, arrastrándolo fuera de la sala de sesiones en un momento en que había mucho público presente, le dijo: «No vas a bailar aquí ni a escucharnos a nosotros». Dífilo a su vez, en La boda , dice [PCG V, fr. 23]:

Pues el adulador

al general, al dirigente, a los aliados y a las ciudades

los derriba con su palabra dañina, tras deleitarlos por corto tiempo .

Pero es que ahora, además, algo malsano se ha apoderado del pueblo ,

nuestras resoluciones están enfermas y la mayoría de las cosas se hacen para halagar .

Por eso, los tesalios hicieron bien en asolar así mismo la [F] ciudad llamada Colacía (Adulación) 251 , que habitaban los melios, según dice Teopompo en el libro trigésimo [FGrH 115, fr. 170].

Pero eran así mismo unos aduladores, afirma Filarco en el libro decimotercero de sus Historias [FGrH 81, fr. 29], los atenienses asentados en Lemnos. En efecto, para mostrarles [255 A] su gratitud a los descendientes de Seleuco y Antíoco (puesto que Seleuco no sólo los había liberado cuando eran cruelmente gobernados por Lisímaco, sino que además les había devuelto ambas ciudades 252 ), los atenienses de Lemnos erigieron templos tanto en honor a Seleuco como a su hijo Antíoco. Y el tazón usado para brindar en sus banquetes lo llamaron «de Seleuco Soter».

Pero esta adulación, algunos, cambiándole el nombre, la llaman «deseo de agradar», lo mismo que Anaxándrides en La samia [PCG II, fr. 43]:

[B] Pues el adular ahora tiene por nombre «agradar» .

Mas no saben quienes practican la adulación que esta profesión es efímera. Alexis, por ejemplo, dice, en El mentiroso [PCG II, fr. 262]:

La vida de adulador florece durante un corto tiempo ,

pues nadie se divierte con un parásito de sienes canosas .

Clearco de Solos, por su parte, en el libro primero de sus Eróticos , dice [DSA III, fr. 21]: «Ningún adulador persiste [C] en el afecto, pues desgasta el tiempo la falsedad de su fingimiento. Por otra parte, el enamorado es un adulador del afecto por medio de juventud o belleza». De entre los aduladores del rey Demetrio, los compañeros de Adimanto de Lámpsaco 253 , tras construir un templo y erigir una estatua en Tría, le dieron el nombre de Afrodita Fila y llamaron al lugar Fileo por Fila, la madre de Demetrio, según cuenta Dionisio el discípulo de Trifón 254 , en el libro décimo de su Sobre los nombres .

Noticias dé Charco sobre los aduladores

Clearco de Solos, en la obra titulada Gergicio [DSA III, fr. 19], explica también de dónde procede el nombre de los aduladores, comenzando por el propio Gergicio, del que toma su título el libro, que era uno de los aduladores de Alejandro. [D] Expone del mismo modo, por otro lado, que la adulación vuelve abyectos los caracteres de los aduladores, que son mirados con desprecio por las personas de su alrededor. Y la prueba es que lo aguantan todo, aun a sabiendas de a qué clase de cosas se someten. Pero esto, al henchirse por la lisonja los adulados, al tiempo que los torna frivolos y vanos, propicia que los aduladores sean acogidos en sus casas con preferencia sobre todo el mundo. Y disertando a continuación sobre un muchacho originario de Pafos, de linaje [E] real, dice: «Este muchacho (no menciona su nombre) permanecía recostado con exagerado lujo sobre un lecho de patas de plata cubierto con un tapiz sin pelo, de Sardes, de los más lujosos. Y se ponía encima otro de púrpura, lanoso por ambos lados y envuelto en una funda de fibra de malva. Tenía bajo la cabeza tres almohadones de lino con un reborde púrpura, mediante los que combatía el calor, yotros dos teñidos de escarlata bajo los pies, de los llamados dóricos. [F] Sobre ellos yacía envuelto en un sutil manto blanco.

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Дата выхода на Литрес:
30 января 2026
Объем:
303 стр. 6 иллюстраций
ISBN:
9788424937232
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Bookwire
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